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Meditacion para la Misa del Domingo XI del tiempo Ordinario del ciclo B.

PALABRA DOMINICAL: XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mc. 4, 26-34

http://diocesisdequeretaro.org/documentos/Armendariz/palabra-dominical/xi_domingo_ordinario_170612.html


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LA VITALIDAD DEL EVANGELIO

He escuchado permanentemente como hay una inquietud y esperanza en señalar la pérdida de valores en general, y los deseos de que se implementen estrategias para recuperarlos, de tal manera que las generaciones que vienen detrás de nosotros retomen el camino, que sabemos, nuestros padres nos inculcaron para ser hombres de bien; que fundamentalmente son semillas que se siembran en el terreno de la familia. Mientras esta inquietud se mantenga como un desafío, creo que podemos alimentar la esperanza de lo que mucho podemos rescatar, pero entre todos.

Una realidad es que Dios está entre nosotros, y su misión es la salvación de todos; de que el Reino de Dios está presente ya en este mundo, aunque a veces no lo parezca; este es el tema de las dos parábolas que se nos narran en el texto dominical y que develan los caminos de Dios, en contraste con los humanos. Aquí se resalta su pequeñez inicial frente al resultado final, y nos hablan de paciencia y esperanza ante él.

La parábola de la semilla que crece por sí sola insiste en la fuerza vital que posee el Reino de Dios sembrado ya en la tierra. Una vez sembrado ya no tiene vuelta atrás: crece lento, por pasos, pero de forma permanente a pesar de unos comienzos ocultos. Duerma o se levante el agricultor, de noche o de día, sin que él sepa, como la semilla brota y crece por sí misma. El Reino rompe nuestros esquemas, es don y no depende solo de nuestro trabajo y esfuerzo. Creer en Dios, creer en las personas, creer en el Reino, respetar los ritmos y confiar en la dinámica de su realización aquí es mucho más que hacer. Es dejar hacer y dejarse hacer.

La parábola del grano de mostaza subraya el sorprendente y grandioso resultado final de la acción de Dios, en contraste y continuidad con el comienzo pequeño y débil. Se subraya, al mismo tiempo, el valor decisivo del momento presente, por insignificante que pueda parecer. El Reino de Dios está presente ya en esas pequeñas semillas de la vida y predicación de Jesús y, más tarde, en la vida y predicación de la comunidad cristiana.

En la tarea y proceso misionero de nuestra Iglesia Diocesana vamos constatando esta realidad, especialmente en las visitas pastorales, y donde valoramos el esfuerzo de los sacerdotes y de los agentes de pastoral que de manera tan concienzuda despliegan sus planes parroquiales de pastoral, y admiramos y acogemos su testimonio de quienes en el silencio, y con ello muchos agentes de pastoral, de manera anónima, realizan la misión evangelizadora en el área urbana y en las más alejadas comunidades, geográficamente. La semilla del evangelio la continuaremos diseminando, porque el mandato misionero de Jesús no se puede detener. Donde este dinamismo esté presente allí está el Espíritu de Dios, que da el crecimiento y los frutos abundantes.

Afortunadamente es el Señor quien nos va regalando esos frutos que nos alientan, y que es la contribución fundamental para que las nuevas generaciones tengan el rumbo adecuado en su vida, que les transforme en mejores ciudadanos e hijos agradecidos de Dios.

La vitalidad del evangelio es el ingrediente de esperanza para la Misión evangelizadora. ¡Ánimo!

Bendiciones a todos por su oración y muestras de afecto, en este Primer Aniversario de mi Ministerio Episcopal en esta querida Diócesis de Querétaro.

 

† Faustino Armendáriz Jiménez

IX Obispo de Querétaro

Evangelio diario meditado del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

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Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net
La semilla que crece
Marcos 4, 26-34. Tiempo Ordinario. Cuida tu vida interior que crece como una pequeña semilla.
 
 
La semilla que crece
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega». Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, guía esta oración para que se convierta en esa semilla que fructifique en obras buenas. Creo, espero y te amo, haz que mi fe crezca, mi esperanza se fortalezca y mi caridad se multiplique.

Petición

Señor multiplica, para bien de la Iglesia y el triunfo de tu Reino, los frutos de mi apostolado.

Meditación del Papa

Las parábolas evangélicas son breves narraciones que Jesús utiliza para anunciar los misterios del Reino de los Cielos. Al utilizar imágenes y situaciones de la vida cotidiana, el Señor "quiere indicarnos el auténtico fundamento de todo. Nos muestra... al Dios que actúa, que entra en nuestras vidas y nos quiere tomar de la mano". Con estas reflexiones, el divino Maestro invita a reconocer ante todo la primacía de Dios Padre: donde no está, no puede haber nada bueno. Es una prioridad decisiva para todo. Reino de los cielos significa, precisamente, señorío de Dios, y esto quiere decir que su voluntad debe ser asumida como el criterio-guía de nuestra existencia.
El tema contenido en el Evangelio es precisamente el Reino de los cielos. El "cielo" no debe ser entendido sólo en el sentido de esa altura que está encima de nosotros, pues ese espacio infinito posee también la forma de la interioridad del hombre. Jesús compara el Reino de los cielos con un campo de trigo para darnos a entender que dentro de nosotros se ha sembrado algo pequeño y escondido, que sin embargo tiene una fuerza vital que no puede suprimirse. A pesar de los obstáculos, la semilla se desarrollará y el fruto madurará. Este fruto será bueno sólo si se cultiva el terreno de la vida según la voluntad divina. (Benedicto XVI, 17 de julio de 2011).

Reflexión

¿No es ésta la más pequeña de entre todas las semillas? Y aún así es el más grande de todos los arbustos. Así es la vida interior, y Cristo nos la ha dado ha conocer de esa misma manera.

Lo único que se tiene que hacer para poseer ese magnifico arbusto es cultivar esa pequeña semillita hasta que crezca totalmente. Así la vida interior, en un principio es como una pequeña semilla, posteriormente, dentro de nuestro corazón, crece tanto que llena todo el corazón. Es como el amor que da verdadera felicidad, es tan pequeño al inicio que hay que irlo cultivando para que crezca y se fortalezca. Poco a poco éste se hace más fuerte hasta que se mantiene en pie por sí solo, pero sigue siendo frágil, porque cualquier hachazo puede derribarlo, por lo tanto necesita un cuidado continuo.

Esto es lo que hay que hacer con la vida interior, cuidarla cuando este bien crecidita, para que ningún hacha o sierra eléctrica nos lo vaya a echar para abajo.

Propósito

Como rama viva de la Iglesia, buscaré sostener a otros con mi oración y testimonio de vida cristiana coherente.

Diálogo con Cristo

Jesús, ayúdame a cumplir mi misión de vivir un cristianismo activo al servicio de tu Iglesia. Ayúdame a ser el instrumento para que otras personas encuentren a Dios.


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Evangelio diario meditado del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

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Autor: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net
¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?
Marcos 4, 26-34. Tiempo Ordinario. El reino es como un granito de mostaza. Sembrado en tierra, es una semilla tan pequeña que casi no se ve.
 
 
¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.» Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Oración introductoria

El domingo es día del Señor. Permite, Padre bueno, que sepa orientar todas mis actividades de modo que pueda disfrutar el estar aquí contigo en la oración. Sin prisas, sin agobios, para que la semilla del amor crezca en torno a todas las personas que me rodean.

Petición

Jesús, dame la valentía para arrancar lo que impida crecer vigorosamente la semilla de tu gracia.

Meditación del Papa

Esparcir la semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente. Pero, año tras año, el campesino repite su gesto y lanza su semilla. Cuando esta se convierte en espiga y los campos se llenan de mies, entonces aparece la alegría de quien está ante un prodigio extraordinario. Jesús conocía bien esta experiencia y hablaba de ella con los suyos: "Decía: -Así es el Reino de Dios: como un hombre que lanza la semilla en el terreno; duerma o vele, de noche o de día, la semilla germina y crece. Cómo, él mismo no lo sabe". Es el misterio escondido de la vida, son las maravillosas "cosas grandes" de la salvación que el Señor realiza en la historia de los hombres y cuyo secreto los hombres ignoran. Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011.

Reflexión

Un escritor descreído, no tan agudo como él mismo se pensaba, y bastante atrevido, preguntaba con desdén:
-Dí, Cristo, ¿dónde está tu redención?...

Miraba al mundo y lo veía como un desierto sin plantas, campo estéril que no producía ningún fruto apetecible. Entonces, ¿dónde estaba la obra de Cristo después de dos mil años?...
A este pobre poeta le podríamos haber respondido nosotros que se entretuviese en leer, durante un rato nada más, el encantador Evangelio de este Domingo.
Todo el pueblo esperaba el Reino de Dios que traería el Mesías. Ese Jesús de Nazaret, con los milagros que obraba, parecía que sí, que era el Cristo esperado. Pero el Reino soñado no se notaba por ninguna parte. Los odiados romanos continuaban en Israel con el peso de sus legiones, y el trono de David seguía vacío sin que nadie viniese a ocuparlo. ¿Dónde estaba entonces el Reino prometido?...

Jesús se da cuenta de la preocupación e incertidumbre del pueblo. Pero, ¿cómo hacerles entender que el Reino que ellos esperaban no era político y que no tenía que venir con el ruido de tambores batientes ni el horror de las armas?...
Jesús recurre a las parábolas y les cuenta con sencillez campesina:

- ¿Saben todos a qué se parece el reino de Dios? Es semejante a la semilla del trigo que un labrador echa en la tierra. Tanto da que el sembrador duerma o esté despierto, de noche y de día la simiente germina y se desarrolla. ¿Cómo lo hace? El labrador no lo sabe. Porque la tierra produce espontáneamente el tallo, después la espiga, y finalmente la cabeza llena de grano en la espiga. Cuando todo está maduro, se echa la mano a la hoz o a la guadaña, ¡y a segar!, porque la cosecha ha llegado...

No había nadie en el auditorio de Jesús que no hubiera contemplado muchas veces semejante proceder de los agricultores. La cosecha empezó con la siembra tan callada. Siguió el crecimiento, calladísimo también. Y vino el recoger la mies sin que aquella simiente primera hubiese metido ruido alguno.

Así es el Evangelio. Lo siembra Jesús. Sin prisas, deja que pasen siglos y milenios. Irá creciendo en la tierra sin que nadie se dé cuenta de sus avances. Al final de los tiempos, cuando se haya completado el número de los elegidos, volverá el Señor a recoger la abundante cosecha.

Con parábola semejante nos explica Jesús cómo el Reino esperado llega a su plenitud sin realizar obras espectaculares, y hasta contra todas las apariencias humanas.
Pero añade otra parábola no menos expresiva:
- ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios, o con qué parábola lo podremos expresar? El reino es como un granito de mostaza. Sembrado en tierra, es una semilla tan pequeña que casi no se ve. Pero, una vez sembrado, el granito germina, crece y se convierte en una planta grande, más grande que las hortalizas, hasta echar ramas tan extensas que vienen los pájaros del cielo a cobijarse bajo su sombra.
¡Este Jesús es poeta de verdad! Exquisito como nadie... ¡Y hay que ver cómo hace entender las cosas a la gente más sencilla.
Con la parábola del grano de mostaza nos explica Jesús la extensión que va a alcanzar el Reino de Dios, que llegará a todo el mundo.

Es muy pequeño en sus apariencias primeras. ¿Quién es Jesús, el portador del Reino? Un simple carpintero y campesino de Nazaret. Un predicador perseguido, incomprendido, y que parará en la cruz. Ciudadano de un despreciado rincón del Imperio Romano, ¿quién puede hacer caso de Él?...

Sin embargo, el Evangelio sembrado por este Jesús irá creciendo y se extenderá por todo el Imperio. Tal como se descubran otras naciones, el Evangelio llegará a todas ellas. Al final, no habrá pueblo que no haya escuchado el mensaje de la salvación, de modo que todos los hombres --como los pájaros felices de los aires en las ramas del árbol-- habrán podido conocer la verdad y descansar en el Dios que los cobija.

¿Qué nos toca a nosotros pensar y hacer ante esta realidad del Reino que nos expresa Jesús?

Son dos los sentimientos que suscita en nosotros: confianza y paciencia. Confianza, porque aunque no pensemos en el fruto de nuestros esfuerzos, el Reino avanza sin que nadie lo detenga. Y paciencia, porque Dios no tiene prisa. La cosecha no será sino al final...

El Reino avanza y se desarrolla, ante todo, en cada uno de nosotros. Porque, aunque no pensemos en ello, la obra de nuestra santificación --ya que el Reino lo llevamos dentro por la Gracia-- se realiza día a día, y al llegar la muerte nos veremos con un caudal de méritos que ni sospechamos... -Vuestro esfuerzo no es inútil en el Señor, nos dice San Pablo.

E igualmente avanza en los otros. Todo lo que trabajamos por el Reino de Dios o por la Iglesia, que es la encargada de llevar adelante la edificación del Reino, todo eso no se pierde. Sin que nos demos cuenta, contribuimos fuertemente a la obra de Dios. Todo lo que trabajamos en el apostolado es muy eficaz, aunque nosotros no veamos los resultados. El apóstol San Pablo lo dijo muy enérgicamente a los de Corinto, hablando de su trabajo propio y el de sus colaboradores: -Yo planté, Apolo regó, pero el crecimiento lo dio el Señor. No se pierde nada de lo que hacemos.
En medio del mal del mundo, y aunque algunos no la quieran ver, la acción de Dios, que nos pide y acepta nuestra colaboración en la formación del Reino, es imparable. ¿Queremos mayor premio que ser colaboradores de Dios?....

Propósito

Cada vez que me tope con la adversidad, hacer un acto de confianza en la Providencia Divina.

Diálogo con Cristo

Jesús, aumenta mi esperanza, para que el «sí» de hoy sea el «sí» de mañana y de todos los días. Para que la semilla del amor, que me regalaste el día de mi bautismo, dé los frutos para lo que fue sembrada, alimentada, abonada y cuidada. Es importante perseverar, ser fiel en lo que me toca hacer para no entorpecer su crecimiento.

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo XI Ordinario del ciclo B. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, JUNIO 17

 

Espiritu Santo, ilumina esta oracion para que no la convierta en un momento de vanidad, autocomplacencia o en un ritual sin sentido, como acostumbraban los fariseos. Dame la fortaleza para saber desprenderme de lo que me impida crecer en el amor.

       MISA 17 JUNIO, Santoral, PETICIONES Y REFLEXIONES

DOMINGO 17

XI ORDINARIO

Santos: Ismael, patriarca; Raniero de Pisa, peregrino. Beata Teresa de Portugal, religiosa. (Verde)

 

NOS GUIA LA FE, NO LA VISTA

 

Ez 17, 22-24; 2 Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34

 

La parabola del aguila y el cedro anuncia la futura restauracion de la dinastia davidica rota a partir del exilio. Es el tiempo de la espera, Dios mismo sera quien establecera los tiempos para reorganizar a su pueblo en libertad. La serie de parabolas del Evangelio de san Marcos subrayan los ritmos lentos y los comienzos modestos de la siembra. Jesus es el sembrador y cuantos lo escuchamos, somos tierra que habra de fructificar en su momento. No es una siembra riesgosa, hay probabilidades de cosecha abundante, porque la fecundidad y germinacion de la semilla que Jesus siembra esta garantizada. El resto depende de cada persona. Para asumirse dentro de la logica de este relato el cristiano, como dice San Pablo a los corintios, necesita como todo sembrador, dejarse guiar por la fe y no por la vista.

 

ANTIFONA DE ENTRADA (Sal 26, 7. 9)

Escucha, Senor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, ni me abandones, Dios, Salvador mio.

 

ORACION COLECTA

Dios nuestro, fuerza de todos los que en ti confian, ayudanos con tu gracia, sin la cual nada puede nuestra humana debilidad, para que podamos serte fieles en la observancia de tus mandamientos.

Por nuestro Senor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Elevare los arboles pequenos.

 

Del libro del profeta Ezequiel: 17, 22-24

 

Esto dice el Senor Dios: "Yo tomare un renuevo de la copa de un gran cedro, de su mas alta rama cortare un retono. Lo plantare en la cima de un monte excelso y sublime. Lo plantare en la montana mas alta de Israel. Echara ramas, dara fruto y se convertira en un cedro magnifico. En el anidaran toda clase de pajaros y descansaran al abrigo de sus ramas. Asi, todos los arboles del campo sabran que yo, el Senor, humillo los arboles altos y elevo los arboles pequenos; que seco los arboles lozanos y hago florecer los arboles secos. Yo, el Senor, lo he dicho y lo hare". Palabra de Dios.

Te alabamos, Senor.

 

Del salmo 91

R/. Que bueno es darte gracias, Senor!

 

Que bueno es darte gracias, Dios altisimo, y celebrar tu nombre, pregonando tu amor cada manana y tu fidelidad, todas las noches!

R/. Que bueno es darte gracias, Senor!

 

Los justos creceran como las palmas, como los cedros en los altos montes; plantados en la casa del Senor, en medio de sus atrios daran flores.

R/. Que bueno es darte gracias, Senor!

 

Seguiran dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jovenes, para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen.

R/. Que bueno es darte gracias, Senor!

 

En el destierro o en la patria, nos esforzamos por agradar al Senor.

 

De la segunda carta del apostol san Pablo a los corintios: 5, 6-10

 

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Senor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavia. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Senor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida. Palabra de Dios.

Te alabamos, Senor.

 

ACLAMACION R/. Aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivira para siempre. R/.

 

El hombre siembra su campo, y sin que el sepa como, la semilla germina y crece.

 

LECTURA Evangelio Marcos capitulo 4, versiculos 26 al 34

 

En aquel tiempo, Jesus dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los dias, y sin que el sepa como, la semilla germina y crece; y la tierra, por si sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y despues los granos en las espigas. Y cuando ya estan maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo tambien: "¿Con que compararemos el Reino de Dios? ¿Con que parabola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la mas pequena de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pajaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parabolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podian entender. Y no les hablaba sino en parabolas; pero a sus discipulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Senor.

Gloria a ti, Senor Jesus.

 

Oracion introductoria

Dios mio, me postro ante Ti en esta oracion, quiero escucharte y ser docil a tus inspiraciones, porque solo Tu podras dar plenitud a mi vida.

 

Peticion

Senor, dame la gracia para que nunca contradiga tus mandamientos, concedeme ser un autentico seguidor y testigo de tu amor.

 

REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 4, versiculos 26 al 34

 

Jesus en sus parabolas nos ensena el arte de vivir. Solo El tiene la respuesta a la cuestion fundamental sobre nuestra existencia. El nos ensena el camino de la felicidad mejor dicho, El es el Camino.

 

En nuestra vida de cristianos tenemos mucho que aprender de Jesus, pero este aprendizaje es un camino arduo. Por eso Jesus nos habla de la semilla: esta al inicio es casi insignificante, primero germina en pequenos tallos, luego en espigas es decir, para que el Reino de Dios brote en nuestro corazon se requiere de tiempo, de siembra, de trabajo, de esfuerzo. Esto es asi porque las realidades grandes e importantes empiezan en la humildad.

 

Si queremos seguir a Jesus hemos de comenzar desde lo pequeno, por ejemplo, viviendo mas abandonados a la providencia de Dios en nuestro vivir cotidiano, buscando ser mas obedientes a sus mandamientos en los detalles, fomentando una actitud de caridad y servicio con los demas. De esta manera, la pequena semilla sembrada en nuestro corazon por medio de la gracia ira germinando hasta dar frutos de vida que nos alcancen el cielo.

 

Credo.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Presentemos nuestras plegarias al Padre. El hace crecer su Reino en nosotros, entre nosotros.

Despues de cada peticion diremos: R/. Escuchanos, Padre.

 

Por nuestra diocesis y por todas las comunidades cristianas que la integran. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Por las personas e instituciones que trabajan al servicio de la paz y el desarme. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Por los padres de familia, primeros responsables del bienestar fisico y moral de quienes estan a su cuidado. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Por los miles de hombres y mujeres, de ancianos y ninos, que en todo el mundo pasan hambre. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Por las comunidades de religiosos y religiosas que viven cerca de nosotros. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Por todos los que compartimos esta Eucaristia, y por nuestros familiares y amigos. Oremos. R/. Escuchanos, Padre

 

Padre, miranos bondadoso, y concedenos lo que con fe te hemos pedido.

Por Jesucristo, nuestro Senor.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que en estos dones que te presentamos has otorgado al hombre el pan que lo alimenta y el sacramento que le da nueva vida, has que nunca llegue a faltarnos este sustento del cuerpo y del espiritu.

Por Jesucristo, nuestro Senor.

 

Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.

 

ANTIFONA DE LA COMUNION (Jn 17, 11)

Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean uno, dice el Senor.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que nuestra participacion en este sacramento signo de la union de los fieles en ti, contribuya, Senor, a la unidad de tu Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Senor.

 

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 4, versiculos 26 al 34

 

UNA REFLEXION PARA NUESTRO TIEMPO.- No es nada sencillo echar a andar un proyecto, mucho menos en una sociedad como la nuestra, marcada por la inseguridad y la incertidumbre. Se necesita una fe y una confianza lo suficientemente solidas para dejar atras nuestra pasividad. El creyente es una persona de esperanza. Con esa certeza puede ponerse en camino. No tiene sentido continuar quejandonos de los desaciertos de politicos y gobernantes si no movemos un dedo para participar en un cambio social significativo. La fe nos urge a sembrar la semilla en el nombre de Dios. Los proyectos transformadores no nacen en los escritorios de los funcionarios publicos, brotan de la determinacion de personas organizadas, que se llenan de confianza, trabajan y aunan esfuerzos. Quienes nos identificamos como cristianos tenemos que sembrar, no podemos vivir encerrados en nuestros templos, ni en nuestra comodidad familiar. Nuestra vocacion es vivir como servidores de los demas.

 

REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 4, versiculos 26 al 34

 

Como continuacion de la explicacion de la parabola del sembrador, Jesus nos presenta como es que crece el Reino. Nos deja ver que no es nuestro esfuerzo el que hace crecer el Reino sino la fuerza y la vida que ya esta en el. A veces pensamos que nuestro esfuerzo de evangelizacion no esta resultando y no da fruto. Sin embargo, la accion escondida de Dios en el corazon de aquellos con los que compartimos la Palabra y nuestro testimonio cristiano, va haciendo germinar en ellos la vida del Espiritu. Por otro lado, pareceria que nuestro esfuerzo es muy pequeno, sin embargo, ese pequeno grano, ese esfuerzo por hacer que Dios sea conocido y amado, crecera con la gracia de Dios, hasta ser un gran arbol. Por lo que no debemos de desanimarnos; lo que Dios espera de nosotros es que ayudemos a esparcir la semilla y que tengamos fe en el poder que encierra en si mismo el Evangelio y el testimonio cristiano.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

Junio 17

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado

 

Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Para que las pruebas de Luis, mi marido, sean negativas. No tenga metastasis.

Sagrado Corazon de Jesus, en Ti confio. Hoy se celebra Tu sagrado Corazon, ten misericordia de Luis. Carmen

 

Pido una oracion por mi hijo Hernan Andres Gomez, por que esta mal de salud, tiene problemas de ataques epilepticos y estoy muy preocupado por su estado de salud mental. Tengo miedo de dejarlo solo, al irme para el trabajo necesito de que dios actue en el. Hernan

 

Pido oracion por Leslie Jorge Lucero, estuvo muerto por unos segundos y al parecer ha dejado secuelas en su organismo, para que JESUS de la Misericordia lo sane y proteja junto a su familia, amen. Conchita Pineda Ayala  FB

 

Porque Dios les conceda la recuperacion de la salud a todos ellos enfermos de cancer y les alivie los dolores, Ana Duque, Norma Huerta, Nelly Ariza (tiene una nina con retardo mental), Jorge (vive solo) algunos con cancer avanzado, otros esperando operacion, otros con quimios y radioterapia, etc. Que el Padre Dios los mire con toda misericordia y les de la salud de cuerpo y de alma, en el Nombre del Senor Jesus.  Jose

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleanos de Dori

 

Le doy gracias a Dios por todas las bendiciones que me ha dado, ruego que perdone mis debilidades...de paz a mi corazon, me conceda la gracia de continuar en su llamamiento. De paz a mi vida. Por las personas que mas necesitan de la misericordia de Dios. Anahi Silveyra Torres

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Hilario Ocampo pide oracion especial por el, ya que en estos momentos de la vida se encuentra pasando por un periido de prueba muy fuerte, por la salud en su cuerpo y por su familia. Hilario

 

Pido cadena de oracion para que se mantenga mi union matrimonial con paz, amor y armonía. Katy

 

Gracias por este dia de vida, padre, te pido me ayudes el dia de manana, para que todas las cosas se puedan arreglar en mi relacion, Padre mi fe esta fallando ayudame, se que me escuchas y lo vas hacer Dios gracias amen. Daniel

 

Hola les pido su oracion por mi familia, por mis hijas en especial por Almendra pues ella esta en una edad dificil, ha hecho cosas que no debio, me cuesta entrar en su corazon y me preocupa mucho, necesito oren por mi vida pues no me atrevo a dar el paso de congregarme en una iglesia, no se porque se que lo necesito. Pido su oracion por toda mi familia. Muchas gracias Dios los bendiga. Maria

Hermanos en Jesus y Maria le ruego eleven sus oracion por Rosamaria Ruelas y su familia (necesidades). Rosita

 

Q. E. P. D.

 

Jorge Lautaro Poveda Chavez

Rosa Barrera Vaca,

Isaac Augusto Vera Zambrano,

Josefina Valdivieso Silva,

Jorge Enrique Ramos Galarza,

Carlos Farinango Simbana

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

 
 
 
ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com

 

wpauta@yahoo.es

 

indicando su nombre y peticion

 
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO

 

http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/

 

http://www.gabitogrupos.com/CURITASPARAELALMA/


http://www.gabitogrupos.com/ESCUELITAMAGICA/


Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
Chistifideles Laici
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Lecturas meditadas de la Misa del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Lecturas del Domingo 17 de Junio de 2012

11º domingo de tiempo ordinario

Santoral: Ismael, Samuel

Ez 17,22-24: Ensalzo los árboles humildes
Salmo Responsorial 91: Es bueno darte gracias, Señor
2 Cor 5,6-10: En destierro o en patria nos esforzamos en agradar al Señor
Mc 4,26-34: La semilla más pequeña se hace más alta que las demás hortalizas

Ezequiel 17,22-24


Ensalzo los árboles humildes
Así dice el Señor Dios: "Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré e la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se hagas un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré."

Salmo responsorial: 91


Es bueno darte gracias, Señor.
Es bueno dar gracias al Señor / y tocar para tu nombre, oh Altísimo, / proclamar por la mañana tu misericordia / y de noche tu fidelidad. R.

El justo crecerá como una palmera, / se alzará como un cedro del Líbano; / plantado en la casa del Señor, / crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

En la vejez seguirá dando fruto / y estará lozano y frondoso, / para proclamar que el Señor es justo, / que en mi Roca no existe la maldad. R


2Corintios 5,6-10


En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor
Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

Marcos 4,26-34


Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."

Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Comentarios

SEMBRAR CON ESPERANZA

         1. "Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré en la montaña más alta de Israel para que eche brotes y de fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma" Ezequiel 17, 22. El retoño crecerá con dimensiones cósmicas, mesiánicas y escatológicas. Porque "El Señor humilla los árboles altos y ensalza los humildes".

         2. Cuando Jesús narra la parábola del grano de mostaza, tiene presente el texto de Ezequiel que hoy leemos Marcos 4, 26. El alto cedro es el judaísmo. Jesús no es amigo de comenzar de cero. Aprovecha lo que ya existe y lo renueva. El judaísmo era el árbol viejo. Arranca una rama de ese árbol y la planta en el monte alto.

         3. En la parábola de la semilla dice que crece sin la ayuda del hombre. En la descripción del proceso no se alude a las tareas del hombre (arar, escardar, limpiar, regar), sólo se destaca la iniciativa divina: "Ni el que planta ni el que riega hace crecer, sólo Dios". El hombre sólo aparece para "meter la hoz porque ha llegado la siega". Es una indudable referencia al juicio escatológico.

         4. El Reino de Dios es una iniciativa divina. Aun aceptando una colaboración humana, el que guía es el Señor, no el hombre. La pequeñez del grano de mostaza nos habla de la capacidad de crecimiento del Reino. Todo el meollo de la parábola está en la antítesis entre la pequeñez de la semilla y la altura del árbol. Pero la Grandeza que destaca no es la extensión cósmica de la Iglesia, sino su grandeza escatológica. El crecimiento anunciado por el Señor no es el intramundano, sino el trascendente. El es el grano de mostaza cuya fuerza y poder ponen en ebullición los sufrimientos y persecuciones (San Hilario). El instrumento del crecimiento es la humilde predicación del evangelio.

         5. "La Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz del Señor hasta que venga". La semilla crece entre éxitos y fracasos. Cuando los apóstoles se acobardan porque la palabra es rechazada, Jesús les dice que la palabra da fruto a su tiempo. Quiere infundirles confianza en que la palabra sembrada sigue avanzando sola. Quiere que la siembren con valor, sin esperar a que se presenten oportunidades mejores. Y quiere meterles hondo que no crean que son ellos los dueños de la palabra. Que no fuercen la libertad, pero que faciliten la acción de Dios. Jesús enseña con cortesía, condescendencia, ternura, misericordia. Jesús no tiene prisa, por eso no lo dice todo inmediatamente. Jesús acepta que no entiendan. Plantea interrogantes; siembra inquietudes.        

         6. Sembrad y podéis ir a acostaros; no penséis más en ella, que por sí sola dará fruto. Tened confianza absoluta en que la palabra fructificará. Sembrad una semilla pequeña, humilde, escondida, y a pesar de las dificultades o en medio de contrariedades, crecerá, fructificará y se hace visible y grande. Al sembrar depositáis en la tierra del corazón la independencia de una vida nueva.

         7. Por tanto, sembrar en nuestro interior y en el de nuestros hermanos, con la conciencia de que estáis confiando una vida a su desarrollo vital; de que se ha iniciado un proceso viviente. Hacedlo con confianza, con valor, paciencia y perseverancia. Hacedlo como Jesús que no nos arroja la palabra a la cara, como un arma, sino que la difunde con el sentido de la oportunidad de los tiempos.

         8. Con frecuencia sembramos la palabra, padres, educadores, sacerdotes, esperando ver la cosecha. Pero la realidad nos confirma que las cosas siguen igual. Parece que nuestra siembra ha caído en saco roto, ha sido estéril. Y nos desanimamos. Hemos de contar con la fuerza de la semilla y de la siembra y tener en cuenta el factor tiempo. "Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares".

         9  ¿No vemos cómo "el justo crece como una palmera, y se alza como cedro del Líbano? Seguirá dando fruto en la vejez, lozano aún y frondoso" Salmo 91.

         10. Quizá nosotros no veamos la cosecha y otros recojan el fruto de nuestra dura siembra. Pero es seguro que habrá cosecha. Y seguramente, aunque oculta hoy a nuestros ojos, ya se han dado esos frutos. Con toda seguridad hay almas en el cielo que son fruto de nuestra oración y flores de nuestra siembra. Hay personas que han rectificado su vida o le han dado una dirección más espiritual y cristiana por una palabra que nos escucharon o por un consejo que de nosotros recibieron. El día de la eternidad ocurrirá la gran manifestación del fruto de la cosecha, que en esta vida terrena queda oculta a nuestros ojos. Trabajar sabiendo que nada se pierde y con la seguridad de que el Reino, aunque ya ha comenzado, sólo está en sus comienzos.

         11. Y aunque no veamos, saber ver. Hay que cerrar los ojos ante lo que parece realidad y abrirlos ante la verdadera realidad y misteriosa del Reino de Dios que está creciendo silenciosamente, mientras no nos damos cuenta y que dará fruto a su debido tiempo. "Alzad vuestros ojos y contemplad las mieses que ya blanquean para la siega". Nosotros cosechamos lo que no sembramos. Otros cosecharán y recogerán los frutos de nuestro trabajo, de nuestro dolor, humillación, sufrimiento, y de lo que parecía nuestro fracaso. Estamos trabajando por el Reino, que a la vez, influye en el desarrollo y perfección del mundo.

         12. Con la fe iluminada de que Jesús se siembra en nuestra persona en la Eucaristía, como semilla de resurrección, ejercitemos la esperanza de que mañana será mejor. De que todo terminará bien.


P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Domingo XI (B) del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Comentario: Fr. Faust BAILO (Toronto, Canadá)
«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra»
Hoy, Jesús nos ofrece dos imágenes de gran intensidad espiritual: la parábola del crecimiento de la semilla y la parábola del grano de mostaza. Son imágenes de la vida ordinaria que resultaban familiares a los hombres y mujeres que le escuchan, acostumbrados como estaban a sembrar, regar y cosechar. Jesús utiliza algo que les era conocido —la agricultura— para ilustrarles sobre algo que no les era tan conocido: el Reino de Dios.

Efectivamente, el Señor les revela algo de su reino espiritual. En la primera parábola les dice: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra» (Mc 4,26). E introduce la segunda diciendo: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios (…)? Es como un grano de mostaza» (Mc 4,30).

La mayor parte de nosotros tenemos ya poco en común con los hombres y mujeres del tiempo de Jesús y, sin embargo, estas parábolas siguen resonando en nuestras mentes modernas, porque detrás del sembrar la semilla, del regar y cosechar, intuimos lo que Jesús nos está diciendo: Dios ha injertado algo divino en nuestros corazones humanos.

¿Qué es el Reino de Dios? «Es Jesús mismo», nos recuerda Benedicto XVI. Y nuestra alma «es el lugar esencial donde se encuentra el Reino de Dios». ¡Dios quiere vivir y crecer en nuestro interior! Busquemos la sabiduría de Dios y obedezcamos sus insinuaciones interiores; si lo hacemos, entonces nuestra vida adquirirá una fuerza e intensidad difíciles de imaginar.

Si correspondemos pacientemente a su gracia, su vida divina crecerá en nuestra alma como la semilla crece en el campo, tal como el místico medieval Meister Eckhart expresó bellamente: «La semilla de Dios está en nosotros. Si el agricultor es inteligente y trabajador, crecerá para ser Dios, cuya semilla es; sus frutos serán de la naturaleza de Dios. La semilla de la pera se vuelve árbol de pera; la semilla de la nuez, árbol de nuez; la semilla de Dios se vuelve Dios».
(
http://evangeli.net
).

Moniciones y meditacion para la Misa del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

UNDÉCIMO DOMINGO

 

Monición de Entrada

La fuerza del grano de mostaza.- Dios proyecta el futuro del hombre sencillo, débil y sin esperanza (1ª lect), Al principio el Reino de Dios aparece insignificante, luego se crece y extiende por el mundo entero.(Ev) . Quien pertenece al Reino debe caminar guiado por la fe y esforzarse en agradar al Señor. (2ª Lec)

 

Canto de Entrada.- Reunidos en el nombre del Señor.

Reunidos en el nombre del Señor,

que nos ha congregado ante su altar,

celebremos el misterio de la fe,

bajo el signo del amor y la unidad

(Cantoral Liturgico nacional: n° 48)

 

Acto Penitencial.

 

- Tú, que nos perdonas de todas nuestras culpas.

- Tú, que viniste a traer la gracia y la paz.

- Tú, que intercedes ante el Padre por todos nosotros.


 LITURGIA DE LA PALADRA

 

Primera Lectura: "Ensalzó los árboles humildes" Ez 17,22-24)

El futuro del hombre.- Las palabras de Ezequiel son esperanza para Israel que cobijará en el futuro a todos los pueblos. La promesa apunta más allá del tiempo. La lectura se enmarca en el cuadro de la parábola del Reino del Evangelio.

Salmo responsorial.- (Sal 91.2-33,13-14,15-16)

R/ "Es bueno darte gracias, Señor. " (Libro del Salmista: págs. 23l-232)

 

Segunda Lectura: "En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor". (2 Cor 5,6-10)

El presente mira hacia el futuro.- Para San Pablo la vida es como un destierro, lejos del Señor. La fe y la confianza nos guian hacia El. El esfuerzo que hace el cristiano por cumplir la voluntad de Dios será premiado.

 

Evangelio. - "Era la semilla más pequeña pero se hace mas alta que las demás hortalizas" (Mc 4,26-34)

El Reino de Dios.- Jesús para explicar la realidad del Reino de Dios emplea la comparación de la semilla que crece sin que el labrador se dé cuenta. En un principio es pequeño como el grano de mostaza, luego crece y acuden a él todos los hombres.

 

 

LITURGIA EUCARISTICA

 

Canto de Comunion: Los que comemos un mismo pan.

 

Los que comemos un mismo pan

caminaremos en la unidad:

así el mundo conocerá

que Dios es amor. (2)
(Cantoral Litúrgico Nacional n° O36)

 

 

Reflexión:

 

Los gobiernos de las naciones para construir su futuro político, económico y social recurren a la propaganda, organizan manipulan instrumentalizan, utilizan y retienen válido todo para conseguir su objetivo.

Dios, sin embargo, constuye su Reino sin propaganda, sin el poder de la fuerza. Lo hace desde el silencio y por medio de personas insignificantes.

El Señor planta y hace crecer el cedro, hace florecer el árbol muerto y endereza al torcido.

Dios reconstruye la vida desde dentro, no desde fuera, actúa principalmente en el pequeño y débil. Las dos parábolas presentan el Reino de Dios como don.

El Reino se construye desde el silencio y no tiene necesidad de recurrir ni a la fuerza ni a otros condicionamientos externos.

 

 

Domingo XI

 

Labrantío de Dios

 

Esto dice el Señor: Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado_ (Ez 17,22-23)

El hombre de campo cuida la tierra con empeño y ternura. El buen labrador rotura la tierra, abriendo anchos surcos para que la semilla se arrope, ahonde sus raíces sanas y eche sus brotes verdes. El que planta y trasplanta, el que injerta y poda. Con una gran ilusión por el fruto que llegará. Con una larga paciencia espera confiadamente en el momento de la cosecha final.

Dios, labrador bueno, hombre de campo que escoge una rama tierna de cedro alto y frondoso para plantarla en la cima de un monte elevado. Con la gran ilusión de quien planta un árbol, soñando con el día en que crezca hasta hacerse un cedro grande y espeso. Y sea un recuerdo perenne de la mano que un día remoto lo plantó.

Cristo es la rama florecida del tronco añoso de Jesé. El alto cedro que creció en la casa de Israel, en el monte Sión. Cedro que une el cielo y la tierra, árbol noble que extiende sus ramas dando sombra y frescor ante el fuego del sol de verano, protección y abrigo en los fríos del duro invierno_ Pájaros sedientos que se asfixian bajo un sol de justicia, pájaros sin nido que se estremecen en el frío de las noches largas. Eso somos muchas veces y sólo tenemos un árbol donde guarecernos, el de la Cruz. Cristo, verde retoño florido que llenará de esperanza el vacío de nuestro dolor desesperanzado.

 

Todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor que humilla a los árboles altos y ensalza a los árboles buenos; que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos (Ez 17,24)

Figura del labrador que Dios se aplica a sí mismo en repetidas ocasiones, dándole diversos sentidos, agotando toda la riqueza de su contenido. Dios ante ti como el labrador ante su viña, como el hortelano ante sus árboles frutales, como el jardinero ante sus flores. Eres un árbol plantado por Dios en su finca, en esta ancha tierra suya que es el mundo. Un árbol plantado con cariño, con mucha esperanza e ilusión.

Y Dios cuida cada día de sus árboles. Poniendo un especial esmero en los que son débiles y pequeños, cortando de raíz a los que van torcidos, sin crecer por las guías que Él mismo ha señalado. Y ese árbol seco lo riega hasta que de nuevo sus hojas sean verdes y sus frutos jugosos. Y a esos otros que sólo tienen hojas, sin acabar de dar fruto, los descuaja, los quema porque están podridos por dentro y sólo sirven para el fuego.

Deja que Dios haga las cosas a su modo, permítele que doblegue tu vida para encaminarla por la dirección que Él conoce mejor que tú. Déjale que corte, que raspe, que pode. Y serás un árbol que dé buenos frutos, el revés de ese árbol seco ennegrecido que eres sin Dios. No seas soberbio, no resistas la acción divina, no te empeñes en torcer tu vida por los vericuetos que te sugiere tu loca imaginación. Crece en el sentido de Dios, y serás, como Cristo, un árbol en forma de Cruz del que penda la salvación del mundo entero.

 

Como cedro del Líbano

 

 

Es bueno dar gracias al Señor.(Ps 91,2)

 

Sí, es bueno agradecer a Dios tantos y tantos beneficios como de continuo nos otorga. Muchas veces incluso sin que nosotros nos enteremos. Beneficios que son tan permanentes y ordinarios, tan habituales, que los recibimos como si tal cosa, como si todo eso fuera algo normal y lo recibiéramos como algo que tiene que ser así, y no de otra forma. Y, sin embargo, bien pudiera ocurrir de manera contraria y vernos privados del aire que respiramos y de la luz que nos alumbra y nos calienta, de esa vida que gozamos sin darnos cuenta que no la hemos merecido ni conseguido nosotros mismos, sino que la hemos recibido y en cierto modo la seguimos recibiendo.

Es bueno porque es justo y correcto, que agradezcamos a Dios todo eso que tenemos y somos. Si lo hubiéramos conseguido tan sólo con nuestro esfuerzo, si la salud dependiera sólo de nosotros, así como el bien que gozamos, si todo eso fuera el resultado de nuestro esfuerzo, entonces tendríamos motivo para olvidarnos de Dios y no agradecer nada, pues nada habríamos recibido. Pero no es así. Por tanto tenemos la obligación de corresponder de alguna forma a los beneficios recibidos. Además, eso es bueno porque de esa forma predisponemos a Dios para que nos siga bendiciendo y ayudando. La gratitud es sin duda un estímulo para el bienhechor. La ingratitud por el contrario, cierra y recorta la generosidad de quien nos beneficia.

 

El justo crecerá como la palmera. (Ps 91,13)

 

El hombre que cumple con su deber, el que hace en cada momento lo que debe, y lo hace con empeño, lo más perfectamente que puede, ése progresará en su vida, se alzará dice el salmo como cedro del Líbano. Será como un árbol frondoso y verde, lleno de promesas y de realidades. Plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. Su vida se irá desgranando cerca de Dios, dentro de Dios podríamos decir. Cuando el hombre vive en gracia hay en su existencia una nueva perspectiva, una nueva realidad, un plano más allá de lo natural, una dimensión sobrenatural que convierte lo más sencillo y ordinario en algo formidable y divino.

Por eso continúa el texto inspirado , en su vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso. Así, es, en efecto. La gracia divina actúa directamente sobre el alma del justo, pero su acción se extiende de alguna forma también a su cuerpo. Esto no quiere decir que el hombre justo no sufra en su carne el paso de los años, pero no hay duda de que en ocasiones la fuerza de Dios anima y empuja, hace posible una vejez serena y alegre, ilusionada y feliz.

 

 

Confiados y esforzados

 

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados lejos del Señor (2Cor 5,6)

El Apóstol es consciente de las dificultades que en ocasiones se interponen en el camino de quienes marchan hacia Dios. Como ninguno otro, él supo de persecuciones, de calumnias, de cárceles y torturas, de ingratitudes e incomprensiones. Sin embargo, predominan en sus escritos palabras de esperanza, la confianza en el poder divino, la persuasión de que, a pesar de su fragilidad, todo lo puede en Aquel que le conforta. Es cierto que su caminar es, en cierto modo, un andar a ciegas. Pero su paso es firme y seguro, guiado en todo momento por la luz radiante de la fe.

Con estas disposiciones nada le hace temer, ni la misma muerte le arredra. Es más, esa muerte le atrae en cierto modo, quisiera incluso ir a su encuentro, pues encontrársela equivaldría a romper las fronteras del cuerpo y dar libre vuelo al espíritu, que ansía remontarse hasta Cristo. Por eso dirá en otra ocasión que se siente constreñido por dos fuerzas. Por un lado quisiera morirse para estar ya con Jesús, pero por otra parte comprende que todavía su presencia es necesaria a aquellos cristianos recién convertidos al Evangelio.

 

Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle (2Cor 5,9)

Ni seguir viviendo le importa, ni el morirse le asusta. Lo único que realmente le importa es agradar en todo al Señor, hacer en cada momento lo que Dios quiera. En eso se esfuerza y por eso lucha. Así se lo escribe a los de Corinto, y así nos lo recuerda la Iglesia a cada uno de nosotros. Para que nos preocupemos seriamente de agradar a Dios con una vida honesta y llena de buenas obras. Hemos de considerar que estamos en camino hacia la eternidad y que hay que recorrer ese itinerario, que el Señor nos ha marcado para toda nuestra vida con ilusión y con esperanza, poniendo el empeño y el esmero de quien vive y muere de amor.

Como razón añade que un día todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios, para rendir cuenta minuciosa de toda nuestra vida. En ese momento definitivo daremos razón de cuanto hayamos hecho. No de lo que hayamos dicho o escrito, no de lo que hubiéramos querido hacer, o de lo que sólo se quedó en simple propósito o buen deseo. Entonces sólo valdrán las obras y no las palabras. Todavía estamos a tiempo, todavía nos quedan unos días de vida, aunque no sabemos cuántos. Ojalá que la incertidumbre del momento final nos estimule y anime a vivir cada instante como si fuera el último de nuestra vida.

 

La mejor siembra

 

El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra (Mc 4,26)

Jesús se acomoda al hablarnos a nuestro modo de entender, usa las imágenes que constituyen el quehacer diario de nuestra vida ordinaria. Desea que comprendamos bien su doctrina para que así podamos más fácilmente llevarla a la práctica. Al fin y al cabo lo que el Señor pretende no es lucir su sabiduría ni deleitar a sus oyentes, sino sencillamente que mejoremos nuestra conducta cada día, que nos asemejemos más y más a Él.

Hoy nos habla de la semilla que se siembra y que día y noche va creciendo sin que se sepa cómo, en silencio y de forma casi desapercibida. Cuando llegue el momento, la espiga habrá granado y la cosecha será una feliz realidad. Así ha de ser también nuestra propia vida, una siembra continua de buenas obras y de buenas palabras. A veces puede ocurrir que nos parezca inútil hacer el bien, dar un consejo a los demás, o llevar a cabo un trabajo sin brillo, ocultos en el mayor de los anonimatos. Entonces hemos de pensar que ni un solo acto hecho por amor de Dios quedará sin recompensa. Hasta la más pequeña de las semillas alcanzará, si se siembra, el gozo de su propio fruto.

La más pequeña semilla, la actividad más insignificante, el papel más sencillo de la gran comedia, todo tiene su dinamismo interno que, día y noche, va creciendo a los ojos de Dios y preparando el fruto, si no estropeamos la sementera con la rutina, el cansancio o la mediocridad. Cuando llegue el momento de bajar el telón y suene el aplauso de Dios, entonces descubriremos el secreto maravilloso de la pequeña semilla que, sin darnos cuenta, creció y dio frutos de vida eterna.

Sembradores incansables que echan a manos llenas, en amplio y generoso abanico, la simiente divina que Dios nos ha entregado desde que, por medio del Bautismo, hemos comenzado a ser hijos suyos. Sembradores que creen en el valor divino de cada uno de los momentos, que viven unidos a Dios por la gracia santificante. Sembradores de sonrisas y de comprensión, de esfuerzos por un trabajo bien hecho. Alegres y esperanzados siempre, persuadidos de que, aunque no se vea, el grano que se siembra nunca se pierde, sino que dará al final su preciado fruto.
(
http://www.serviciocatolico.com/domingo/Ciclo%20B/ordinario/ordin11b.htm
).

Moniciones para la Misa del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

MONICIONES Y ORACIÓN DE LOS FIELES - CICLO B

Undécimo Domingo del Tiempo Ordinario

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio


   Escritura:

Ezequiel 17, 22-24; 2 Corintios 5, 6-10;
Marcos 4, 26-34
 

ENTRADA

Bienvenidos, hermanos, a la celebración del descanso en el Señor, a la fiesta de la fe.

El Señor quiere compartir los secretos del Reino con nosotros.

El domingo es el día de la iniciación cristiana, de la asamblea del pueblo de Dios, de la confesión de nuestra fe.

Celebremos con alegría a nuestro Dios.

Entonemos juntos el canto de entrada.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

El profeta Ezequiel toma el símbolo del árbol para compararlo con la vida de los hombres y con el trabajo de Dios.

Dios es el dador de la vida y del crecimiento. Dios exalta y humilla. Dios hace florecer unos árboles y seca otros. Dios es como un gran árbol en cuyas ramas podemos descansar y gozar.

Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

Pablo apunta al día de la cosecha y nos exhorta a estar atentos a ese día y a caer en la cuenta de que el secreto de nuestra vida consiste en agradar a Dios.

Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.

MONICIÓN AL EVANGELIO

La historia del Reino es como la historia de una semilla. Una vez plantada lo que exige del sembrador es paciencia.

Nosotros, los sembrados con la semilla de la fe, tenemos que cuidar y alimentar esa semilla para que llegue a dar los frutos que el sembrador espera.

Escuchemos la proclamación del evangelio.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Oremos por la Iglesia para que siga sembrando con gozo la fe en Jesucristo a los hombres.

Oremos por los gobernantes para que siembren esperanza y ayuden a los más débiles de la sociedad.

Oremos por los niños y los jóvenes para que lo sembrado en sus vidas a lo largo del año escolar produzca frutos y sean agradecidos.

Oremos por nuestra comunidad parroquial para que crezca dando frutos de unidad y de amor.

Oremos por los padres para que asuman con responsabilidad su hermosa tarea de educar a sus hijos como ciudadanos y como cristianos.

Oremos por todos los difuntos de la parroquia y (nombres) para que el Señor les haga florecer en el Reino de los cielos.
(
http://www.parroquiaelpilarsoria.es/moniciodom11b.htm
).

Moniciones para la Misa del Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Moniciones para el Décimo primer Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Moniciones del Domingo. Tiempo Ordinario Ciclo B.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

El crecimiento incontenible del Reino


Monición de entrada

La esperanza del reino mesiánico anunciado por el profeta Ezequiel con la imagen del tallo que, con los cuidados del Señor, se convierte en su cedro noble, se hace realidad en el Reino de Dios que crece incontenible, a pesar de comienzos tan modestos como los de un diminuto grano de mostaza. Esto fundamenta la confianza y el optimismo de quien camina guiado por la fe. Agradecidos por ser parte del Reino, empecemos nuestra liturgia con el canto de entrada. De pie.


Primera lectura: Ez 17, 22-24

El Señor ensalza los árboles humildes

En esta parábola de Ezequiel, leemos que el Señor plantará un ramito insignificante y olvidado que crecerá hasta convertirse en árbol frondoso. Esta rama es el Pueblo de Dios esperando su vuelta a la patria. Jesús la utilizará para explicar el Reino de los cielos. Escuchemos.


Segunda lectura: 2 Cor 5, 6-10

Tenemos confianza y caminamos guiados por la fe

San Pablo dice que, aunque estamos unidos ya de tantas maneras a Cristo, en este mundo vivimos desterrados, lejos de Él. El cristiano gime y anhela la definitiva transformación y la total unión con Cristo. Mientras tanto debemos esforzarnos por agradar a Dios.


Tercera lectura: Mc 4, 26-34

Parábolas de la simiente y del grano de mostaza

En la primera parábola que san Marcos nos da, la semilla que cae en tierra buena germina, crece y madura sin violencia. Así llegará el Reino de Dios. La segunda parábola subraya la capacidad de crecimiento del Reino de Dios. La semilla arrojada por Jesús está todavía extendiendo sus ramas. Antes de escuchar este mensaje, pongámonos de pie para cantar el Aleluya.


Oración Universal

1. Para que el Espíritu de Dios inspire y fortalezca al Papa N. y a nuestro obispo N. Roguemos al Señor.

2. Para que las iglesias cristianas alcancemos la unidad bajo la guía del único pastor que es Jesucristo. Roguemos al Señor.

3. Para que los padres y madres de familias sepan dirigir su familia con sabiduría y corazón humilde y cariñoso. Roguemos al Señor.

4. Para que los que celebramos esta Eucaristía nos mantengamos constantes en el camino del Evangelio. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 337

Bendito sea tu nombre, Padre nuestro, Dios de la paciencia, porque Jesucristo, tu Hijo, inauguró entre nosotros tu reino con los medios pobres que tú prefieres para tus obras, sin espectacularidad deslumbrante, sin impaciencia avasalladora.

Así manifestó la fuerza interior e incontenible del reino, cuyos comienzos humildes y callados, pero eficaces, nos hablan de optimismo esperanzado frente a nuestro derrotismo impaciente.

Concédenos, Señor, ahondar en la oración y la contemplación, en la admiración y e gozo del Espíritu, para captar la gratuidad de tu reino en la pequeña semilla que desafía la intemperie, para saber esperar, aguardando con fe tu gloriosa venida.

Amén.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XI Ordinario del ciclo b.

Parábolas (Mc 4, 26-34)

Parábola de la semilla que crece sola, y del grano de mostaza

Mc 4, 26-34

Oración inicial

Señor, enséñame a escuchar tu Palabra y a acogerla en la vida diaria. Que procure buscar espacios y momentos de silencio y así quede con gozo en tu compañía. Que todo calle en  mi interior para poder escuchar el eco de tu voz y así experimentar tu presencia. Se para mí luz que ilumina mis pasos, fuego que calienta el corazón y viento que todo lo remueve.

¿Qué dice el texto?

Haz una lectura pausada, tranquila. Repítela unas cuantas veces. Descubre la fuerza de las palabras... Es Buena Noticia para ti.

26Decía a la gente: «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. 27Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. 29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.» 30Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? 31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, 32pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.» 33Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. 34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Comentario bíblico

La sección 4,1-34 del evangelio de Marcos nos presenta algunas parábolas de la enseñanza de Jesús. Estas parábolas las encontramos también en Mateo y Lucas. Hay una, sin embargo, que es propia de Marcos: la primera de este fragmento.

Los v. 26-29 nos presentan la parábola de la semilla que crece sola. La fecundidad de las semillas constituía un misterio del que tan sólo Dios conocía el intríngulis. Jesús con su predicación pasa sembrando la semilla de la espera activa de la llegada del Reino de Dios. El crecimiento de esta espera y su extensión entre los discípulos es un misterio que sólo Dios conoce; pero, aunque no se vea, la fecundidad y el dinamismo operan sin interrupción, hasta que llegue el momento de la siega.

Por otro lado la más pequeña de las semillas, la de la mostaza, se convierte en una gran planta. Este contraste indica por un lado el vigor del Reino, ya presente en los hechos y las palabras de Jesús, y por otro lado la voluntad de Dios de convertir una pequeña realidad en un gran cobijo para que todos los pájaros puedan anidar en ella, una presentación velada de la universalidad de la oferta de la salvación que Jesús proclama.

¿Qué te dice el texto?

Con la persona de Jesús se pone de manifiesto cómo Dios actúa en nosotros y en el mundo. Jesús, como hace el sembrador, echa la semilla en la tierra, esparce por todas partes su palabra y llena de emoción a la gente con sus signos: los gestos de bondad sobre todo hacia los pobres. Y no se cansa de hacerlo: el evangelio lo presenta como un hombre activo rodeado de gente, interesado por su vida, siempre interpelador.

A pesar de que cuesta ver los cambios, entender el crecimiento, valorar las cosas pequeñas... él es un hombre que enseña a vivir en la esperanza, a entender que no todo depende de nuestras fuerzas, sino que hay un crecimiento sin intervención humana, pero que hay que esperarlo con paciencia activa.

En la primera parábola Jesús quiere mostrar el contraste entre la espera paciente, día y noche, un día y otro, del campesino y el crecimiento inesperado e irresistible de la semilla. Un crecimiento que supera todas las expectativas. Mientras el sembrador duerme, la semilla, por la fuerza que tiene en su interior, va creciendo “ella sola”, sin que el campesino “sepa cómo”.

¿De qué me está hablando el evangelio? ¿De eficacia por el esfuerzo humano o más bien de fecundidad gratuita? Tal como pasa con la semilla sembrada, así es el crecimiento en tantas realidades humanas y mundanas. Tendríamos que ser más perspicaces para darnos cuenta de realidades que crecen desproporcionadamente respecto a nuestro esfuerzo, que son muy fecundas, a pesar de que nos parecen poco eficaces. Hay realidades que nos parece que no evolucionan, que están estancadas, “enterradas” en la tierra, que nos hacen venir ganas de abandonar, de no insistir, de dedicarnos a una cosa que sea más productiva. Nos cansamos de esperar, nos cansamos de regar un palo seco, nos cansamos de las pequeñeces..., queremos números, resultados, cantidades que justifiquen nuestro trabajo.

Pues bien, Jesús nos pide tener una actitud contemplativa, no menospreciar las cosas pequeñas, confiar en la fuerza interior que Dios ha puesto en nosotros, en las personas, en las realidades humanas, dejarnos sorprender por la novedad que cada día nos ofrece la vida.

¿Qué le dices tú a Dios?

La oración de hoy tiene que ser sobre todo contemplativa, con todo lo que significa esta palabra: contemplar no es quedarse con el pensamiento en blanco ni quedarse embobado ante una imagen o una idea. Para el cristiano, “contemplar” quiere decir “ser contemplado”; más que ver, es ser visto, ser tomado por Cristo Jesús, ser atraído por Él. Por tanto, hoy se tratará de dejarse atraer por la fuerza de la palabra de Jesús y dejarse iluminar por su luz cálida.
Pide al Padre que te atraiga para poder ir hacia Jesús y que Él te resucite (cf. Jn 6,44).

Como el grano de mostaza

Un buen día un joven se presenta en el despacho para apuntarse a un curso. Hago la acogida. Durante 20 minutos escucho su vida: miserias y alegrías, dificultades y avances. Material suficiente para hacer un libro. Le informo. Se va, diciéndome que se lo pensará.

Unos días después me llama. Su voz tiembla un poco cuando acepta la plaza. En la segunda acogida percibo su ilusión. Yo estoy contenta, pero no me manifiesto (¿por qué no manifiesto mi alegría?).

Y comienza el curso. Un joven más procedente... ¿del fracaso?, ¿de un proceso migratorio?, ¿de la calle?, ¿de la soledad de su casa?; ¡de todo a la vez! Un joven más con nosotros. Y sonrío. Y mi corazón comienza nuevamente a trabajar por aquel joven. Sí, sí, con el corazón y con la cabeza poniendo a su alcance: los recursos, el equipo, los compañeros, el temario, las herramientas... Pero noto que ha comenzado también en mí una nueva aventura: ser y estar al lado de este joven.

Y así van pasando horas, días, semanas compartidas. Y el joven se va abriendo. Las distancias se acortan. ¿Tengo que mantener la distancia a que el cargo me obliga o en un momento distendido, en una ocasión puntual... puedo ser yo misma? El corazón me dice que me tendría que mostrar más como soy yo.

En el compartir, casi tocando, es como yo me doy cuenta del grano de mostaza que este joven ha sembrado en mi interior. Sí, ¡es él quien ha sembrado! ¿Por qué tenemos que ser siempre nosotros los sembradores? Este joven -como tantos otros- ha encendido una chispa dentro de mí, que me motiva para trabajar con una mejor calidad, con más cuidado y con más amor. Ya no quiero renunciar a sentir lo que cada joven me aporta; no quiero renunciar a dejarme afectar por este nuevo aliento que tantos jóvenes depositan en mí... Aliento que significa vida, renovación, trabajo, mejora...

Gracias, joven... Gracias por enseñarme a fijarme en el día a día... y en todo lo que tantos jóvenes han depositado en mi interior. (Laura Font, educadora de la PES de Mataró).

Acción de gracias

Da gracias a Dios por el conocimiento que te ha revelado en Jesucristo. Pide al Espíritu que te haga pasar de esta Escritura a la vida.
(
http://www.webdepastoral.salesians.info/index.php?option=com_content&view=article&id=1326&catid=3&lang=es
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XI Ordinario del ciclo b.

 LECTIO DIVINA
1) INVOCACION AL ESPIRITU SANTO
   Fe y apertura al Espíritu
   Pureza de corazón
   Desprendimiento y docilidad
   Espíritu de oración
   Conversión continúa
   Comunión con la Iglesia

 2) LECTIO DIVINA (LECTURA DEL TEXTO BIBLICO)
Contestar la pregunta ¿Qué dice el texto?
a) Leer el texto varias veces

Marcos 4,26-34:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."
Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

BIBLIA DE JERUSALEN
Mc 4, 26-34:
24 Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces.
25 Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.»
26 También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra;
27 duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
28 La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.
29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
30 Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?
31 Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra;
32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»
33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle;
34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
35 Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»
36 Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.


Ubicar el texto en el contexto
Mc 4, 24-36
        b) Que se encuentra antes de nuestro texto:
Parábola del Sembrador (Mc 4, 1-9); Por qué Jesús habla en parábolas (Mc 1, 10-12); Explicación de la parábola del sembrador (Mc 1, 13-20); Cómo recibir y transmitir la enseñanza de Jesús (Mc 1, 21-25)
Mc 1, 1-23:
Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.» Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.» Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.» Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.» Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga.»

        c) Que se encuentra después de nuestro texto:
La tempestad calmada (Mc 1, 35-41); El endemoniado de Gerasa (Mc 5, 1-20)
Mc 4, 37-5,1:
En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»
Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos.

        d) Utilización del aparato critico

Mc 4, 26-34:
24 Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces.
ll Lc 8,18a: Mirad, pues, cómo oís

ll Lc 6,38: Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»

ll Mt 7,2: Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá.

25 Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.»
ll Lc 18b:  porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»

= Lc 19,26: - "Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará."

ll Mt 25,29: Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

26 También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra;
St 5,7: Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías.

27 duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.

28 La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.

29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega*.»
*4,29: El Reino de Dios incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza secreta que le llevará hasta su total perfección.
Jl 4,13: Meted la hoz, porque la mies está madura; venid, pisad, que el lagar está lleno, y las cavas rebosan, tan grande es su maldad.»

Ap 14, 15-16: Luego salió del Santuario otro Ángel gritando con fuerte voz al que estaba sentado en la nube: «Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar; la mies de la tierra está madura.» Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra y se quedó segada la tierra.

Parábola del grano de mostaza
ll Mt 13, 31-32: Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»

ll Lc 13, 18-19: Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?19.Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.»

30 Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

31 Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra;

32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»
Dn 4,9.18: 9 Era hermoso su ramaje, abundante su fruto; había en él comida para todos, a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo, y toda carne se alimentaba de él.
18 que tenía hermoso ramaje y abundante fruto, en el que había alimento para todos, bajo el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo

Conclusión de las parábolas
ll Mt 13, 34-35: Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle;
34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

La tempestad calmada
ll Mt 8,18.23-27: 18 Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.
23 Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. 24 De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. 25 Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» 26 Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. 27 Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

Lc 8, 22-25: Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar. Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro. Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza. Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»

35 Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»

36 Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.

3) MEDITACION (Que me dice a mí el texto)
Rumiar el texto,   o un versículo o una idea o personaje que me diga o que me hable a mí, en mi realidad que estoy viviendo: casado, soltero, abandonado, enfermo, sano, niño, adolescente, joven, adulto, anciano, consagrado, laico, profesionista…etc.

4) ORACION: ¿Qué me hace decir el texto meditado? Una alabanza, una petición, una intercesión, una acción de gracias, un compromiso, una sanación interior, un perdón, conversión, etc.

5) CONTEMPLACION: Me lleva a descubrir el proyecto de Dios en mi vida, como lo que hago o lo que vivo es o no parte del proyecto de Dios. También los momentos de pruebas

6) COMPROMISO: Como voy a trabajar la misión que Dios me ha encomendado desde la realidad descubierta en su Palabra
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Ejercicio de lectio divina para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Lectio Divina - Ciclo B. XI Domingo T. O. (Mc 4,26-34)

José Bartolomé


Predicar el Reino de Dios fue la ocupación principal de Jesús durante su ministerio público, su preocupación más constante. Jesús prefería de ordinario hablar de Dios por medio de parábolas, esas breves historias que hoy nos resultan tan familiares, tan intrascendentes a veces, pero que a Jesús le servían para mostrar cómo era su Dios y cómo se comportaba con los hombres. Para llegar a conocer a Jesús por dentro, para acercarse a lo que pensaba sobre Dios y su reinado, hay que volver a oír, como si fueran nuevas, sus parábolas. Y en este esfuerzo debemos empeñarnos. Dejarse sorprender por algún detalle, prestarle mayor atención a una indicación, significaría poder sorprendernos por algún nuevo detalle de Dios para con nosotros y sabernos en su corazón mejor atendidos. Las parábolas nos trasmiten, en efecto, el Dios en quien Jesús creyó y al que predicó: un Dios cercano a la vida y a sus formas normales de realización, tanto que hablar de la vida era para Jesús hablar de Dios.


Seguimiento:


En aquel tiempo, 26dijo Jesús a la gente:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.
27Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. 29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
30Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? 31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, 32pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
33Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. 34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

I. LEER: entender lo que dice el texto fijándose en como lo dice

Jesús vuelve a la orilla del mar, escenario de importantes decisiones misioneras: lugar apropiado para llamadas al seguimiento (Mc 1,16-20; 2,13), es también, con una barca como cátedra, lugar de enseñanza a multitudes (Mc 3,7-9). Marcos, que concede en su evangelio poco espacio a la enseñanza de Jesús (Mc 7,1-23; 13,1-37), presenta aquí el reino y alguna de sus leyes básicas con imágenes y parábolas (Mc 4,1-34). Refleja con fidelidad un rasgo típico de la predicación de Jesús, quien habitualmente habló de Dios narrando la vida cotidiana. Esta forma de exponer a Dios no era solo simple recurso pedagógico, intento logrado de acercarse a su audiencia y facilitarle la comprensión; está motivada en su fe personal, enraizada en la experiencia de Israel: siendo la vida palabra de Dios, oír la vida es dejar que Dios hable. La parábola puede desvelar a Dios, porque la vida diaria es signo y escenario de su comportamiento.

Quien aquí habla conoce ya el seguimiento y la dedicación de unos pocos (Mc 1,16-20; 2,13-17) y la indiferencia u oposición de muchos (Mc 2,1-12; 3,1-6.22-30): es un evangelizador experimentado. La ilusión y el optimismo que respiran sus palabras no es fruto de su imaginación, ni prueba un exceso de ingenuidad. Si a pesar conocer ya fracasos y obstrucción, sigue confiando en el éxito de la evangelización, la razón de su optimismo no radica en cuanto él consigue, depende de su certeza: el evangelio es siempre fértil, siempre que sea mínimamente acogido. De hecho, Jesús acaba de identificar como íntimos a quienes, estando a su alrededor, oyen su palabra y cumplen la voluntad de Dios; da su querer, voluntariamente, a quienes hacen el querer de su Padre (Mc 3,31-35). No basta, pues, con estarle cercano y serle oyente atento; habrá que realizar puntualmente cuanto enseña.

Llama la atención que, tras haber dicho cuál es la condición para hacerse con su querer, hable ahora en parábolas, crípticamente, de Dios y su reinado (Mc 4,2.34) a quienes le escuchan. Siendo para él decisivo que se le preste atención, no habla con claridad a todos; Jesús predica a todos junto al mar (Mc 4,1-9), pero la explicación se la da a quien le sigue (Mc 4,10-12). Hablar del reino en parábolas (Mc 4,3-9) no es una casualidad; tiene una precisa intencionalidad (Mc 4,10-12): no es fácil entender lo que dice (Mc 4,10-11), como tampoco lo será ponerlo por obra (Mc 4,12). No a todos habla con la misma franqueza, pues no a todos se le ha concedido entrar en el misterio de Dios; ahora bien, a quienes reciban una enseñanza privada y más clara (Mc 4,10-25.33-34), más se les pedirá. El reino exige más lucidez y decisión, cuanto más diáfano se presenta.


II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto a la vida


Jesús pudo muy bien, ya desde los inicios de su ministerio, presentir el fracaso de su predicación. No es improbable que las dos parábolas del evangelio formulen un primer intento de respuesta del mismo Jesús: se evidenciaría así su fe en la fuerza creadora, aunque oculta del reino. Como el sembrador, confiaba en la palabra sembrada que crece, aunque no supiera bien cómo, Jesús estaba seguro de que Dios implantaba, lento pero eficazmente, su voluntad en el mundo; la fuerza vital de la simiente es mayor que su aparente destrucción; la más pequeña de las semillas lleva en sí el árbol que cobijará todas las aves posibles. Ambos símiles explican la naturaleza del reino de Dios y la convicción personal de su predicador: leer lo que sucede a nuestro alrededor como una maravilla de Dios haría maravillosa nuestra vida diaria; quien ve la vida con los ojos de Jesús descubre que no está lejos de su Dios.

Por eso pudo Jesús hablar del reino narrando la vida misma, como en el evangelio de hoy: en la siembra de una semilla que germina sin apenas esfuerzo del sembrador, hasta que llega el momento de la siega, Jesús veía una analogía con el Reino de un Dios, del que, aún sin toparse con él, puede uno estar seguro de que está trabajando en silencio, un Dios cuya actividad no cesa aunque cese nuestra memoria de El o la capacidad de encontrarlo en la vida. El Dios que Jesús predicaba y en quien nosotros creemos, es un Dios que sigue viviendo y trabajando en el mundo, de incógnito quizá pero siempre con eficacia, como la semilla germina y va creciendo, sin que se sepa muy bien cómo. Es un Dios que se sabe que está presente no porque se le vea a Él personalmente, sino porque pueden verse siempre en crecimiento sus obras; como el sembrador sabe que la semilla dará su fruto, duerma él o vele, sin saber bien cómo o por qué, así el cristiano está seguro de que Dios está construyendo su reino en este mundo, imperceptible pero inexorablemente, a pesar de las resistencias de sus enemigos y de los pecados de sus amigos: la tierra va produciendo la cosecha ella sola, dice Jesús. Dios no deja de vivificar su mundo.

La certeza de Jesús ha de crear en nosotros seguridad: tan cierto estaba de tener a Dios en su vida, como el sembrador sabía tener la semilla en su campo. Y como él, contaba ya con el poder de su eficacia. Jesús nos anima, con esta sencilla imagen, a poner nuestra confianza en Dios por encima de nuestras evidencias y más allá de nuestras impresiones: sin verlo en torno nuestro, podemos sentirlo; podemos contar con su presencia, sin tenerlo todavía al descubierto; sabremos contar con Él sin haberle aferrado con nuestras manos; le sentiremos activo y vivo en nuestro mundo, en nuestro corazón, sin tener que haberlo contemplado todavía y sin tener que vivir experiencias fuera de lo ordinario; ¡bastaría que tuviéramos una fe tan pequeña como el grano de mostaza! Si tuviéramos un poco más de fe, entonces nosotros mismos seríamos el milagro: nuestro cambio sería aún mayor y más inaudito que la trasformación en arbusto de la más pequeña semilla.

Porque la parábola de Jesús nos desvela una ley de la naturaleza… y de la fe: en lo más pequeño, en lo cotidiano, en cuanto sucede tan a menudo que no llama la atención, está Dios actuando, escondido. Si no logramos intuir su presencia, no será porque El no esté; únicamente vemos lo que queremos ver: si nos dejáramos maravillar por cuanto de ordinario y natural ocurre en nuestro entorno y en nuestro interior, seguro que presentiríamos a Dios. Solo porque no tenemos la fe suficiente para descubrir su presencia, no logra suscitarnos maravilla ni sorpresa el tenerlo tan cerca de nosotros, más interior a nosotros mismos que nuestros mismos pensamientos o deseos conscientes.

Quien cree en este Dios, latente pero activo, recupera esa paz que sólo Dios produce, tan interior que nadie puede robárnosla, tan evidente que se hace envidiar por quienes no comparte nuestra misma seguridad. La paz del creyente en el Dios de Jesús no es una paz barata, que rehúye el compromiso: si nace de la certeza de tener a Dios disponible en cuanto vive o sufre, presente en cuanto hace o piensa, se fortalecerá viviendo o sufriendo, pensando o actuando. Quien está seguro de la actuación de Dios en él y en su mundo, no se desinteresa de sí ni de su mundo, porque le llevaría a desinteresarse del Dios que está detrás, mejor, dentro de sí y en su propio mundo. El cristiano que, por conservar su fe, evita un mundo que todavía no es bueno, una sociedad que se le está volviendo hostil, está perdiendo la fe en el Dios de Jesús y no es capaz de vivir en paz consigo mismo ni con el mundo donde le ha tocado crecer.

Y sin embargo, el creyente que sabe, como Jesús, que el modo de actuar de Dios es como el de la semilla enterrada, tiene la paciencia suficiente, como el sembrador, para esperar una cosecha abundante. ¡De qué no nos estaremos privando, escasos como estamos de esta fe que Jesús tenía y que quiso inculcarnos! No vemos los frutos de la actuación de Dios, en nosotros y en los demás, porque no podemos esperar a que llegue el tiempo oportuno: quien cosecha antes de tiempo no tiene derecho a quejarse por una magra cosecha. Creer, pues, en el Dios de Jesús, ese Dios que vive y actúa dentro de nuestro mundo como la semilla dentro del campo, lleva a vivir esperanzados, sin que la fatiga diaria nos quite el sueño ni el ansia por gozar hoy de los frutos de nuestro esfuerzo nos fuerce a vivir tensos, preocupados, por el día de mañana: 'Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde.. Dios da el pan a sus amigos, mientras duermen', sabe quien reza.

Quien se deja convencer por Jesús y su predicación del Reino, puede experimentar la paz interior aún en medio de la tribulación, la alegría de vivir aunque esté rozándole la muerte, la capacidad de esperar un bien que aún no se ve, la confianza de que el mal, que tan mal sufrimos y el que tan bien procuramos, será un día vencido. Saberse objeto de la ocupación del Dios que trabaja en silencio, de incógnito, escondido tras los aconteci¬mientos que nos abruman y en las personas que nos rodean, nos ha de liberar de cualquier preocupación que no sea la de tenerle fe y confianza, pase lo que pase: si El está ya trabajando, ¿cómo no va a ser mejor un mundo que es objeto de los desvelos de Dios? ¿O qué motivos tendremos para desesperar de nosotros mismos, si dando crédito a Jesús nos sabemos sementera de Dios, campo de su cultivo y objeto de sus cuidados?

No deberíamos los creyentes hoy caracte¬rizarnos por nuestra desconfianza y desánimo frente a los problemas de nuestra sociedad, ni tendríamos que seguir contándonos entre quienes se despreocupan por mejorarla: si sabemos que Dios la está trabajando, nos podemos sentir colaboradores suyos, sus compañeros de ilusiones y fatigas, mientras trabajamos por hacerla mejor. Trabajar este mundo codo a codo con Dios, ¡esa será nuestro salario, la mejor de las recompensas posibles!: ¿o es que podemos aquí desearnos otra mejor?.
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).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Lectio Divina. 11o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


Marcos 4, 26-34


1. INVOCA


Orar es: venir a la luz, a fin de ser iluminados por la transparencia de Dios para las demás personas.
Orar es: creer y confiar en el Señor, que nos libera de los miedos, complejos y pecados.
Orar es: creer y confiar en el Señor y recibir en mi propio ser la alegría de una salvación que nadie ni nada me puede quitar.
Orar es: escuchar al Padre que me dice: "Yo te amo". En todo acontecimiento de mi vida, el Padre me repite: "Yo te amo".
Nos abrimos al Espíritu que nos trae el Amor del Padre y de Jesús, el Hijo y Hermano. Es el mismo Espíritu que inspiró a los escritores sagrados la Palabra de vida.
Cantamos suavemente: Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 4, 26-34 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico


Seguimos leyendo el Evangelio de Marcos, propio del ciclo B, en estos domingos del Tiempo Ordinario.

Contexto bíblico


Las parábolas son un recurso o género literario utilizado por Jesús para presentar sus enseñanzas sobre el Reino de Dios. Jesús fue original en este estilo, no conocido en los libros del AT ni en la literatura rabínica.
En las parábolas, Jesús se manifiesta como "Sabio", de acuerdo a la más pura tradición de los libros sapienciales. Éstos pretenden descubrir el sentido de la vida y dar explicaciones sobre los muchos “porqués” de la existencia humana: nacimiento, muerte, enfermedad, sufrimiento, crecimiento, matrimonio, familia, comunidad, etc.
El tema central de las parábolas de los Evangelios es el Reino de Dios. Jesús, como buen sabio, nos descubre el misterio del Reino, plan o proyecto de Dios sobre la humanidad.
Hoy leemos dos parábolas: la semilla que crece por sí sola y el grano de mostaza.

Texto

1. El grano germina y crece sin que él sepa cómo (v. 27)


El Reino de Dios, sembrado en el campo de la humanidad, en el corazón de la historia, tiene la fuerza y la vitalidad suficientes para ir creciendo y creciendo.
Crece lentamente, pero su crecimiento nadie lo puede detener ni impedir. Primero un tallo, luego la espiga, después el trigo abundante (v. 28).
Los comienzos son sencillos y ocultos. Pero la fuerza interior que tiene la semilla va impulsando el crecimiento en una planta con sus frutos.
Sin que él sepa cómo (v. 27). Las cosas del Reino, las cosas de Dios no se miden al estilo de nuestras medidas, que tenemos metros, básculas, balances, utilidades, productos, etc. En nuestra sociedad rige este criterio: "tanto vales cuanto produces". Así quedamos equiparados a las máquinas.
El principal Trabajador del Reino es el mismo Dios. Jesús les respondió: Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso, yo trabajo también en todo tiempo (Jn 5, 17). El hombre es colaborador en la siembra. Y así debemos comprender cómo los valores del Evangelio van creciendo en la historia humana. La fuerza, oculta pero efectiva, del Evangelio ha ido venciendo muchas injusticias: esclavitud, sacrificios de personas a los dioses, derechos humanos, derechos de la mujer, justicia y solidaridad con los pobres, atención a los enfermos, educación de los indígenas y campesinos, etc...
Cada uno, repasando su propia historia, percibirá que el Señor ha hecho maravillas a lo largo de su vida, dando el crecimiento a la semilla de la fe, que el bautismo sembró en nuestra conciencia.

2. Un grano de mostaza (v. 31)


La simiente de mostaza es mínima, como un punto de aguja. Sin embargo, está dotada de fuerza interior, que le hace crecer, desarrollar y dar cobijo a los pájaros.
La pequeñez y la humildad son virtudes muy cotizadas en los Evangelios. Hay que aprender a valorar tantas actividades, pequeñas y silenciosas, frente a tantas noticias, grandiosas en apariencia.
¿Qué pueden valer nuestros pequeños servicios ante las grandes obras de la técnica moderna y de las grandes empresas? ¿Qué valgo yo en esta sociedad, donde se privilegia lo espectacular?
Esta parábola es una invitación a sembrar pequeñas semillas de una humanidad nueva. Jesús no habla de grandes proyectos. El Reino de Dios, su proyecto de salvación, es algo humilde y modesto en sus orígenes. Así, por ejemplo, el nacimiento de Jesús, conocido solamente por los humildes: María, José y los pastores...
En nuestra vida espiritual, no soñemos con acciones grandiosas. En la sencillez de la vida, pongamos mucho amor, para que el Reino vaya creciendo entre nosotros.
Hay que vivir con gozo el momento presente. No soñar con un futuro prometedor. Sembrar y sembrar cada día, sin cansancios. Tener en cuenta las ocasiones actuales para realizarlas con la mayor entrega y generosidad. La siembra producirá sus frutos. Nos toca sembrar.


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Dos lecciones muy claras nos enseñan estas parábolas:
- el hombre no es el protagonista en el crecimiento del Reino o plan de Dios. Es el mismo Dios. El hombre, el creyente, es un mero colaborador (primera parábola). Lo mismo en el crecimiento espiritual del cristiano.
- Dios actúa en la historia de la humanidad, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La salvación se va realizando. No hay marcha atrás (segunda parábola).


4. ORA (Qué le respondo al Señor)


Padre, Tú que eres el que hace crecer la semilla de nuestras buenas obras, haz que siempre creamos que Tú eres el protagonista de nuestro crecimiento y de nuestra felicidad.
Jesús, Tú eres la buena y fecunda semilla sembrada en nuestra conciencia, en el Amor del Espíritu. Sigue, te rogamos, alimentando nuestra pequeñez y limitación para crecer a tu medida.


5. CONTEMPLA


A Jesús, de origen humilde, procedente de Nazaret, aldea de mala fama. Jesús es la gran semilla, sembrada en la tierra de la humanidad que va produciendo abundantes frutos.
A ti mismo, que, en tu limitación humana, porque crees en Jesús, estás capacitado para realizar obras de amor y servicio.


6. ACTÚA


Agradeceré continuamente al Señor por el gran derroche de su Amor hacia mí.
Repetiré: Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal 89, 2).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 
 

Lectio: 11ª Domingo del tiempo ordinario (B)
Lectio: Domingo, 17 Junio, 2012
Las parábolas del Reino de Dios El Reino es como una semilla

Marcos 4,26-34

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu para que nos ayude a leer la Escritura con la misma mirada con la que tú se la leíste a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia,  les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos estremecedores de tu condena y muerte. De este modo, la cruz que parecía ser el fin de toda esperanza, se mostró a ellos como origen de vida y de resurrección.

Haz en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Que tu Palabra nos oriente para que también nosotros, como los dos discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y dar testimonio a los demás de que tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a tí, Jesús, hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado al Espíritu. Amén.

2. Letcura

a)   Una división del texto para ayudarte en la lectura

Mc 4,26-29: La parábola de la semilla que nace por sí misma

Mc 4,30-32: La parábola del grano de mostaza

Mc 4,33-34: La conclusión sobre la parábola

b) El texto: Marco 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía ( a la multitud): Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.

Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;  y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?

Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.
Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.
Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.

3. Momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a)¿Cuál es el punto que más te ha llamado la atención? ¿Por qué?

b) Jesús no explica la parábola. Cuenta la historia y mueve a los demás a la imaginación y a la reflexión . ¿Qué has descubierto tú en las dos parábolas?
c) El objetivo de las palabras es hacer la vida transparente. ¿ Se ha ido haciendo tu vida más transparente a lo largo de los años o ha sido al contrario?

5. Para quienes quieren profundizar en el tema

a) Para comprender mejor

Por qué Jesús enseña por medio de parábolas: Jesús cuenta muchas parábolas. ¡Todas tratan de la vida de la gente! De este modo ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en la vida de cada día, vida que se hacía transparente. Ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente comprendía las cosas de la vida. En las parábolas recibían la llave para abrir y encontrar en ella los signos de Dios.

Por medio de las parábolas Jesús ayudaba a la gente a percibir la presencia misteriosa del Reino en las cosas de la vida. Una parábola es una comparación. Él usa las cosas conocidas y evidentes de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea comprendía cuándo se hablaba de semilla, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de flores, de peces, de cosecha, etc. Y Jesús usa estas cosas conocidas de la gente en sus parábolas para explicar el misterio del Reino.

La parábola del sembrador es un retrato de la vida de los campesinos. En aquel tiempo no era fácil vivir de la agricultura. Los terrenos estaban llenos de piedras. Muchos arbustos. Poca lluvia, mucho sol. Por otra parte, muchas veces la gente, para acortar las distancias, atravesaban los campos y pisaban las plantas ( Mc 2,23). Pero, a pesar de ello, cada año el agricultor sembraba y plantaba, confiado en la fuerza de la semilla, en la generosidad de la naturaleza.

La parábola no lo da todo hecho sino que mueve a pensar y hace descubrir a partir de la experiencia que los oyentes tienen de la semilla. Mueve a la creatividad y a la participación. No es una doctrina que llega pronto para ser enseñada y adornada. La parábola no da agua embotellada sino que conduce a la fuente. El agricultor que escucha dice: “ La semilla en la tierra y yo ¿qué puedo saber?” Pero Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios: “¿Qué será?” Es posible imaginar las largas conversaciones de la muchedumbre. La parábola se mueve con la gente y la empuja a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.

b)   Comentario del texto

Es hermoso ver a Jesús que , siempre de nuevo, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la gente a percibir y experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy cuenta, una vez más, dos breves historias que suceden todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por sí misma” y “la historia de la pequeña semilla de mostaza que crece y se hace grande."

 La historia de la semilla que crece por sí misma.

El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, fino hilillo  verde, hoja, espiga, grano. El agricultor sabe esperar, no siega el grano antes de tiempo. Pero no sabe cómo la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta de la nada hasta la fruta. Así es el Reino de Dios. Es un proceso con etapas y momentos de crecimiento. Sucede en el tiempo. Produce fruto en el momento justo pero ninguno sabe explicar su fuerza misteriosa. ¡Ninguno , ni aún el dueño! ¡Sólo Dios!

La historia del pequeño grano de mostaza que crece y se hace grande.

El grano de mostaza es pequeño, pero crece y al final los pajarillos hacen su nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza muy pequeño, crece y extiende sus ramas. La parábola deja abierta una pregunta que recibirá respuesta en el evangelio, más tarde: ¿quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que no pueden entrar en la comunidad y participar del Reino.

Jesús explica la parábola a sus discípulos.

En casa, solos con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. No la han comprendido. Jesús se queda atónito ante su ignorancia ( Mc 4,13) y en aquella ocasion responde con una frase difícil y misteriosa. Dice a sus discípulos: “ A vosotros se os ha confiado el misterio del Reino de Dios; sin embargo, a los de fuera todo viene expuesto en parábolas para que miren pero no vean, escuchen pero no entiendan, para que no se conviertan y sean perdonados!”. Esta frase mueve a la gente a preguntarse: Entonces ¿de qué sirve la parábola? ¿Para aclarar o para ocultar? ¿Puede ser que  Jesús se sirva de la parábola con el fin de que la gente continúe viviendo en la ignorancia y no llegue a convertirse? !Por supuesto  que no! Porque  en el evangelio de hoy Marcos dice que Jesús usaba las parábolas “ de acuerdo a lo que podían entender” (Mc 4,33).

¡La parábola revela y esconde al mismo tiempo! Revela a aquellos que están dentro, que aceptan a Jesús, Mesías Siervo. Esconde a aquellos que insisten en considerarlo el Mesías, el Rey grandioso. Estos comprenden las imágenes de la parábola pero no llegan a aceptar su significado.

6. Oración - Salmo 96

Grande es el Señor y digno de toda alabanza

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor toda la tierra.
Cantad al Señor, bendecid su nombre,
anunciad día a día su salvación.
Contad su gloria en medio de los pueblos,
anunciad sus maravillas a todas las naciones.
 
Grande es el Señor y digno de toda alabanza,
terrible sobre todos los dioses.
Todas los dioses de las naciones son nada,
pero el Señor ha hecho los cielos.
Majestad y belleza van delante de él,
poder y gloria en su santuario.
 
Dad al Señor , familias de los pueblos,
dad al Señor gloria y poder,
dad al Señor la gloria de su nombre.
Llevadle ofrendas y entrad en sus atrios,
postraos ante el Señor con ornamentos sacros.
Tema ante él la tierra entera.
Decid al pueblo: “¡El Señor reina!”
Afianzó la tierra  para que no vacile;
juzgará a las naciones con rectitud.
Alégrense los cielos, goce la tierra,
ruja el mar y cuanto encierra;
exulten los campos y cuanto hay en ellos,
regocíjense los árboles del bosque
delante del Señor que ya llega,
porque viene a juzgar toda la tierra.
Juzgará el mundo con justicia
y  a todos los pueblos con fidelidad.
7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir cuanto tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros, como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-11%C2%AA-domingo-del-tiempo-ordinario-b
).

Estudio exegetico de MC. 4, 26-34.

RECURSOS PARA PREDICAR
Proper 6, Año B
18 de junio, 2006
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO: Marcos 4:26-34

 

EXÉGESIS:

 

CAPÍTULOS 1-4: UN RESUMEN

 

En capítulo 1, Jesús llamó sus primeros discípulos y comenzó su ministerio de predicar y sanar.

 

Después, el enfoque pasó a la controversia con líderes religiosos cuando Jesús perdonó los pecados de un paralítico (2:1-12), compartió mesa con recaudadores y pecadores (2:18-22), defendió a sus discípulos por segar espigas en sábado (2:23-28), y sanó en sábado (3:1-6). 

 

Entonces, Jesús se alejó de la controversia, dirigiéndose a multitudes más receptivas y hacia los discípulos (3:7 ff.).

 

En capítulo 4, Jesús presenta cuatro parábolas – el Sembrador (4:1-20), la Antorcha bajo el Almud (4:21-25), la Simiente que Brota (4:26-29), y el Grano de Mostaza (4:30-32) – después, explica su uso de parábolas (4:33-34; véase también 4:10-12).  Relata las cuatro parábolas a las multitudes, pero solo se las explica a sus discípulos (4:10 ff.; 4:34).

 

Tres de las cuatro parábolas tratan de simiente y del brotar de las plantas, pero cada una tiene su punto distintivo.  Específicamente, Jesús nombra la tercera y cuarta parábola (que se encuentran en nuestra lección evangélica) como parábolas del reino (4:26; 30) y da a entender que las cuatro parábolas tratan del reino (4:10).

 

 

VERSÍCULOS 26-29: EL REINO DE DIOS – COMO SIMIENTE ECHADA

 

26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; 27Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe.  28Porque de suyo fructifica la tierra (griego: automate), primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.

 

Ésta es la única parábola particular para el Evangelio de Marcos.

 

“Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra” (v. 26).  Echar simiente parece un comienzo poco importante, pero simiente tiene poder, produce plantas cuyas raíces pueden rajar rocas – plantas que proveen alimento y cubierta a los animales – plantas que hacen posible la vida humana.

 

“Y duerme, y se levanta de noche y de día” (v. 27).  El punto aquí es la calidad cotidiana de estas noches y días – “la vida de siempre” (Guelich, 241).

 

“Y la simiente brota y crece como él no sabe” (v. 27).  Esto parece ocultar el duro trabajo del sembrador, que riega, fertiliza, y arranca malas hierbas entre cada siega y cosecha.  Sin embargo, aún si un segador no hiciera más que echar simiente, mucha de la simiente germinaría y brotaría hasta su madurez.  Billones de semillas toman raíz cada año sin ninguna intervención humana.  ¡Trillones de semillas! Colinas y valles alrededor del mundo se cubren de plantas que ningún humano ha plantado, regado, fertilizado, o protegido de malas hierbas.

 

El punto de este versículo no es la obra del sembrador, sino la obra de la simiente, que brota a causa de una fuerza misteriosa y que crece tan despacio que no la vemos crecer.  Solo cuando nos alejamos y regresamos después de un día o una semana o un mes, podemos ver su crecimiento – y quedamos contentos por ello – y nos maravilla.

 

El reino de Dios es como este crecimiento lento pero constante.  Predicamos, invitamos, y testificamos, pero los resultados son de lo más ordinarios – unos niños se acercan y escuchan el sermón de niños – un adolescente se presenta para el bautizo o la confirmación – una pareja joven decide casarse por la iglesia – un grupo de hombres estudia un popular libro cristiano – un grupo de mujeres reúne dinero para comprar una vaquilla para gente al otro lado del mundo.  Parece no sumar a mucho, pero ¡la simiente brota! ¡Dios está presente! ¡Cuidado! ¡Únete!

 

“Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga” (v. 28).  En la época de Jesús, gente no utilizaba fotografía para ver como se abren las plantas, ni microscopios para estudiar células.  El misterio del brotar de las plantas permanece sin examinar.  Sin embargo, aún con técnicas modernas solo podemos, hasta cierto punto, discernir como crecen las plantas – por qué crecen.  ¿De dónde viene su vida? Podemos explicar las propiedades físicas que causan a la simiente germinar, pero la vida misma sigue siendo un misterio – un misterio que puede conocerse solo a través de la fe.

 

Igual que “de suyo fructifica la tierra” por un proceso que solo conocemos en parte, así también fructifica Dios el reino por un proceso que permanece, en mayor parte, un misterio.  Sin embargo el punto aquí no es el misterio del reino, sino su capacidad de darnos la confianza para depender de él.  Tal como podemos confiar que la tierra producirá grandes plantas de pequeñas semillas, así también podemos confiar que Dios traerá un gran reino.

 

Igual que “de suyo fructifica la tierra (griego: automate)” (v. 28).  La traducción “de suyo,” solo capta en parte el significado de automate.  Esta palabra se refiere al crecimiento de la semilla causado por una fuerza interna que el sembrador no le dio – un poder de vida intrínsico de la planta – una fuerza de vida puesta ahí por Dios.  “De suyo fructifica la tierra” solo porque Dios lo ha hecho posible.  Así es también con el reino de Dios.  Debemos cumplir nuestra parte al proclamar el Evangelio, pero Dios es el que hace llegar el reino.

 

“Esta parábola es significante cuándo y dónde sea que los cristianos tomemos nuestros esfuerzos y a nosotros mismos demasiado en serio, buscando ‘traer el reino de Dios’ a través de nuestros planes y programas.  En contra de tan arrogante amor propio están las palabras ‘de suyo’ (automate), una sutil alusión a la presencia y el poder escondido de Dios” (Williamson, 98).  Nuestro papel es “echar la simiente sobre la tierra, no dictar en qué lugar o en qué momento debe dar fruto.  El éxito está asegurado, pero los detalles precisos de su proceso son conocidos solo por Dios” (Marcus, 326).

 

“Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada” (v. 29).  Estas palabras recuerdan a Joel 3:13: “Echad la hoz, porque la mies está ya madura.”  El contexto de Joel es uno de juicio, que ha tentado a eruditos a interpretar este versículo en términos escatológicos – teniendo que ver con el juicio de la Segunda Venida de Dios.  Estos eruditos son alentados aún más por Revelación 14:14-19, otro texto escatológico que también utiliza la imagen de la hoz.  Su interpretación escatológica, sin embargo, requiere una explicación difícil y complica la parábola hasta el punto de incomprensión.  ¿Puede el sembrador de versículo 28, tan inadvertido e improviso, convertirse en el Cristo que regresa en versículo 29?  Esto es improbable.  Es mejor comprenderlo como una simple parábola de un sembrador ordinario que planta y siega, pero que confía en la gracia de Dios para hacer la cosecha posible.  Así también, trabajadores en el reino de Dios que “está cerca” (1:15), pueden contar con la gracia de Dios para traer el reino, pequeño y aparentemente sin importancia, a su completa fruición.
 
Hay otro significado aquí.  “La siembra de la simiente sobre la tierra ya ha sido inaugurada con el ministerio terrenal de Jesús.  El presente es un tiempo en espera de la siega, la consumación del reino y de la parousia (Segunda Venida) de Jesús.  Aún a pesar de persecución (4:17), la iglesia puede seguir con la seguridad que Dios cumplirá estas realidades.  Aunque nadie sepa la hora de la venida del reino (13:32), nada podrá impedir los propósitos y las promesas de Dios con la comunidad de fe” (Hultgren, 389).

 

Existe la posibilidad que Jesús contara esta parábola, en parte, para contrarrestar los fanáticos que defendían un derrocamiento violento de Roma, pero eso no se sabe por seguro.

 

 

VERSÍCULOS 30-32: EL REINO DE DIOS – COMO GRANO DE MOSTAZA

 

30Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿Ó con qué parábola le compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; 32Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres (griego: lachanon – plantas de jardín, verduras), y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.

 

 

Esta parábola también se encuentra en Mateo 13:31-32 y Lucas 13:18-19.

 

“El reino de Dios...es como el grano de mostaza” (vv. 30-31).  Como a menudo es verdad, el Evangelio comienza de una manera distinta a la que esperamos.  Esperamos que Cristo venga como un poderoso guerrero pero, en vez, viene como un infante.  Esperamos que escoja a los mejores y más inteligentes como sus discípulos pero, en vez, escoge a gente ordinaria – pescadores – y hasta un recaudador de impuestos.  Esperamos que él compare el reino de Dios con un roble o un cedro, pero lo compara con un grano de mostaza – la más pequeña de las semillas.  “Dios no manda su reino como Poseidón manda su trueno.  Dios lo siembra como una semilla, todavía presente en el ministerio de Jesús, escondida e imperceptible, pero que anuncia una siega y un juicio” (Edwards, 143).

 

A menudo, Dios escoge obrar a través de individuos improbables: Jacobo el tramador – Moisés, el asesino y tartamudo – David, el niño cuyo padre casi se olvidó de mencionarle cuando Samuel vino en busca de un rey – Gideón, el comandante de un pequeño ejercito de trescientos hombres.

 

“La más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra” (v. 31).  El grano de mostaza, aunque pequeño, no es la más pequeña de todas las simientes.  Sin embargo, en la época de Jesús mantenía su estatus proverbial como la más pequeña simiente – y sí es, además, muy pequeña.  El punto aquí es que el reino de Dios comienza con pequeños fenómenos, casi inadvertidos y aparentemente inconsecuentes. 

 

“Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres (plantas de jardín)” (v. 32).  El énfasis aquí no está en el crecimiento de la semilla, como en la parábola del Grano de Mostaza, sino en contrastar la gran planta con la pequeña semilla de la que nació.  Puede que el reino de Dios no parezca mucho ahora, pero

“sobrepasará en gloria los más poderosos reinos de la tierra.  Es la consecuencia de la acción soberana de Dios” (Lane, 172).

 

En Mateo y Lucas, la simiente crece hasta convertirse en árbol (Mateo 13:32; Lucas 13:19), pero aquí solo se presenta como “la mayor de todas las legumbres” (griego: lachanon – plantas de jardín).  La planta de mostaza generalmente crece a ser un arbusto de unos 10-12 pies (3-4 metros) de altura.  De nuevo, el punto no es el pequeño tamaño de la simiente ni el gran tamaño de la planta, sino en el contraste entre los dos.

 

“De tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra” (v. 32).  Pájaros de nido sirven para mostrar el gran tamaño de la planta de mostaza, pero también puede servir otro propósito – aludir a la inclusión de gentiles en el reino.  En varias ocasiones, el Antiguo Testamento presenta la imagen de pájaros morando en las ramas de árboles cuando el lenguaje es inclusivo, es decir, “toda cosa que vuela habitará á la sombra de sus ramos” (Ezequiel 17:23) – “á su sombra habitaban muchas gentes” (Ezequiel 31:6) – “manteníase de él toda carne” (Daniel 4:12) – y “su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él” (Daniel 4:21).  Sin embargo, si la inclusión de gentiles es lo que se pretende aquí, es un énfasis secundario.  El punto principal es el contraste entre los pequeños comienzos del reino y la certeza de su gran futuro.

 

Las parábolas de la Simiente que Brota (vv. 26-29) y el Grano de Mostaza (vv. 30-32), “advierten contra minusvalorar la proclamación del reino de Dios, por poco impresionante que sea su impacto inicial.  Lo que ha comenzado con el ministerio de Jesús en Galilea, por el poder de Dios, un día resultará ser sumamente significante.  Si por ahora su poder está escondido, no es por esa razón nada menos cierto, y su crecimiento será espectacular” (France, 217).


 

VERSÍCULOS 33-34: CON TALES PARÁBOLAS LES HABLABA LA PALABRA

 

33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír.  34Y sin Parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.

 

 

“Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír” (v. 33).  Marcos solo relata parábolas de representación.  Lo más probable es que hubiera otras.

 

“Les hablaba la palabra” (v. 33). ¿A quién se refiere Marcos con ‘les’? Seguramente a la multitud, mencionada la última vez en 4:1.  “Les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír.”  Jesús explica sus parábolas a sus discípulos (v. 34), pero no a las multitudes.  Al dar parábolas sin explicación, Jesús enciende una chispa en la imaginación de la gente, en vez de comunicarse con suma claridad.  A los discípulos, su círculo interno – aquéllos que creen – les revela la verdad.  Esto también es verdad hoy - ¡ver es creer!

 

“Y sin parábola no les hablaba” (v. 34).  “Para el Evangelio de Marcos esto no es completamente verídico, porque Jesús enseñará en público sin parábolas en varias ocasiones (por ejemplo, 6:1-2; 7:14-15; 8:34; 10:1).  Quizá Marcos quiera decir que Jesús, en varias ocasiones, les habló a las multitudes de la naturaleza del reino de Dios solo de esta manera indirecta (proclamación abierta se sugiere en 1:15)” (Hare, 60).

 

Quizá Jesús enseñe con parábolas en este momento porque es temprano en su ministerio y aún no está listo para revelar por completo su identidad y propósito.

 

“Mas á sus discípulos en particular declaraba todo” (v. 34).  Por lo tanto, Jesús divide a sus oyentes entre los que están fuera, para quienes las parábolas permanecen sin explicar, y los que están dentro, quienes tienen el privilegio de recibir una interpretación en privado pero cuyo entendimiento será incompleto hasta después de la resurrección.

 

“Aquéllos dispuestos al reino de Dios necesitan la seguridad que el reino, en cual invierten sus vidas, algún día les será manifestado y serán victoriosos sobre los reinos con que compiten.  Este capítulo da esta seguridad.  A pesar del rechazo, una gran cosecha se garantiza...  Aunque no comprendamos el proceso, no debemos dudar el resultado final” (Geddert).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Brooks, James A, The New American Commentary:  Mark (Nashville:  Broadman Press, 1991)

 

Edwards, James R., The Gospel According to Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2002)

 

France, R.T., The New International Greek Testament Commentary:  The Gospel of Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2002)

 

Geddert, Timothy J., Believers Church Bible Commentary:  Mark (Scottdale, PA:  Herald Press, 2001)

 

Guelich, Robert A, Word Biblical Commentary:  Mark 1 -- 8:26 (Dallas:  Word Books, 1989)

 

Hare, Douglas R. A., Westminster Bible Companion:  Mark  (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1996)

 

Hooker, Morna D., The Gospel According to Saint Mark (Hendrickson Publishers, 1991)

 

Hultgren, Arland J., The Parables of Jesus:  A Commentary (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 2000)

 

Lane, William L., The New International Commentary on the New Testament:  The Gospel of Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 1974)

 

Marcus, Joel, The Anchor Bible:  Mark 1-8  (New York:  Doubleday, 1999)

 

Williamson, Lamar Jr., Interpretation:  Mark (Atlanta:  John Knox Press, 1983)

 

www.sermonwriter.com

 

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Copyright 2006, 2010, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT02-Marcos/Marcos%2004.26-34.htm
).

Homilia para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

HOMILÍA DOMINICAL - CICLO B

  UNDÉCIMO DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...


   Escritura:

Ezequiel 17,22-24; 2 Corintios 5,6-10;
Marcos 4, 26-34
 

EVANGELIO

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana: la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con  un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas. Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

HOMILÍA

Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una nueva tienda. El rótulo decía: “Regalos de Dios”. Entré. Un ángel atendía a los compradores.

-¿Qué es lo que vendes?, pregunté.

- Vendo cualquier don de Dios.

-¿Cobras muy caro?

-No, los dones de Dios son siempre gratis.

Miré las estanterías. Estaban llenas de ánforas de amor, frascos de fe, macutos llenos de esperanza… Yo necesitaba un poco de todo.

Le pedí al ángel que me diera una ración de amor, dos de perdón, tres de esperanza, unos gramos de fe y el gran paquete de la salvación.

Cuando el ángel me entregó mi pedido quedé totalmente sorprendido. ¿Cómo puede estar todo lo que he pedido en un paquete tan diminuto?, le pregunté al ángel.

Mira, amigo, Dios nunca da los frutos maduros. Dios sólo da pequeñas semillas que cada uno tiene que cultivar y hacer crecer.

La manía de lo grande anida en cada corazón y en nuestra sociedad. El rascacielos más grande, el coche más potente, el hombre más rápido, el predicador más elocuente… Sólo premiamos al número uno. Lo queremos todo ya, aquí y ahora. Despreciamos lo pequeño y lo invisible.

Saint Exupéry dice que las cosas esenciales sólo se ven con el corazón.

Dios según la parábola del grano de mostaza nos ofrece una enseñanza sorprendente.

Dios no nos necesita pero quiere contar con nosotros. El evangelio, semilla de mostaza sembrada en el campo del mundo, es fuerza de salvación para todos los que creen en él.

La vida de Jesús, semilla sembrada y enterrada, ha dado grandes frutos y se ha convertido en el único árbol en el que todos podemos hacer nuestro nido.

Hoy son muchos los que desconfían de los grandes árboles, las religiones organizadas, que presumen de ser la única solución.

“Es imposible hacer eclesiología sin cristología, y cualquier problema eclesial no puede resolverse sin hacer un recurso previo a Cristo: hay que hablar menos de la Iglesia y más de Cristo; hay que luchar contra el peligro del narcisismo eclesial”. (José M. González Ruiz)

Sólo hay salvación en Jesucristo. En Él tenemos que fijar nuestros ojos. En Él tenemos que poner nuestra fe y nuestra esperanza.

Como la semilla crece y da frutos a pesar de nosotros, dejemos actuar el poder de Dios.

Vivimos muchas veces obsesionados por los grandes problemas de nuestro mundo: la contaminación, la droga, la violencia, los fallos de las personas y sus pecados… Nuestra predicación enfatiza lo negativo como si Dios no existiera y no se preocupara de nuestro mundo.

Son muchísimas las cosas buenas, las personas buenas, los actos solidarios que nos rodean, semillas del Reino, que lo hacen crecer sin que nos demos cuenta. Celebrar la bondad de Dios y cantar su poder para que todo fructifique es la tarea del cristiano.

Lo nuestro es crecer y ayudar a crecer en Cristo a los hermanos.

Lo nuestro es creer en el árbol grande y generoso que es Jesucristo.

Lo nuestro es confiar en que todo depende de Dios y trabajar por el Reino como si todo dependiera de nosotros.
(
http://www.parroquiaelpilarsoria.es/11domb.htm
).
 

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

“(...) lo mismo de noche que de día, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo”
 13.06.12 @ 03:08:54. Archivado en Encuentros, CicloB
Domingo XI del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 4, 26-34) 17 de junio de 2012

El Evangelio de hoy nos recuerda algo fundamental para el proceso de construcción de una comunidad de fe: El crecimiento en la vida de comunión, como en todo lo que implica la vida espiritual de las personas, es un regalo de Dios, una gracia. El crecimiento comunitario es un don que es necesario pedir con humildad. Dietrich Bonhoeffer, teólogo alemán, sostiene que "Comunidad cristiana significa comunión en Jesucristo y por Jesucristo. Ninguna comunidad cristiana podrá ser más ni menos que eso. Y esto es válido para todas las formas de comunidad que puedan formar los creyentes, desde la que nace de un breve encuentro hasta la que resulta de una larga convivencia diaria. Si podemos ser hermanos es únicamente por Jesucristo y en Jesucristo"(DIETRICH BONHOEFFER, Vida en Comunidad).

Hablando del Reino de Dios, que es lo que queremos hacer realidad cuando nos reunimos para construir la comunión fraterna, Jesús nos recuerda que se trata de algo que acontece aún durante nuestros momentos de descanso. El Reino de Dios crece, aunque los que han sembrado la semilla estén despiertos o dormidos: “Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra: que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga. Y cuando el grano ya está maduro, la recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.

En este mismo sentido se expresa Pablo, para quien el constructor principal de la comunidad no es el dueño de ésta, ni el crecimiento puede ser atribuido a alguien en particular. Eso le da una característica muy propia a la comunidad cristiana, porque es de Dios y todos los miembros de una comunidad son sólo servidores unos de otros y del proyecto de comunión: “A fin de cuentas, ¿quién es Apolo?, ¿quién es Pablo? Simplemente servidores, por medio de los cuales ustedes han llegado a la fe. Cada uno de nosotros hizo el trabajo que el Señor le señaló; yo sembré y Apolo regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado. De manera que ni el que siembra ni el que riega son nada, sino que Dios lo es todo, pues él es quien hace crecer lo sembrado. Los que siembran y los que riegan son iguales, aunque Dios pagará a cada uno según su trabajo. Somos compañeros de trabajo al servicio de Dios, y ustedes son un sembrado y una construcción que pertenece a Dios” (1 Corintios 3, 5-9).

Hay algunos superiores o responsables de las comunidades que sienten la obligación de responder por el crecimiento de la comunidad y de cada uno de los miembros. Esto los lleva a tomarse demasiado a pecho la santificación de sus súbditos, como si de ellos dependiera este crecimiento espiritual. Dicen que Dios le dijo una vez a un superior y a un ecónomo de una comunidad: “Ustedes encárguense de hacerlos felices; de hacerlos santos, me encargo yo...”.

Pidamos al Señor que en nuestras comunidades de fe, tengamos muy presente esta enseñanza que nos deja el evangelio de hoy. Que tengamos la humildad de reconocer que el que da el crecimiento es Él mismo y que nosotros sólo somos sus colaboradores.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
(
http://blogs.periodistadigital.com/encuentros-con-la-palabra.php/2012/06/13/p317072#more317072
).

Homilia para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Homilías dominicales del Padre Carmelo
Predicador dominico preparado para dar misiones, retiros y clases de teología en ambos español e inglés. Aquí se ofrecen unos ejemplos de su estilo de predicar.

 

 

El domingo, 17 de junio de 2012
El XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


(Ezequiel 17:22-24; I Corintios 5:6-10; Marcos 4:26-34)


El joven siempre tenía un grupito alrededor de él.  Dondequiera vaya, le fascinaba a la gente con sus historias.  Era paracaidista, y la gente quería saber cómo es saltar de un avión al aire libre.  Asimismo, en el evangelio Jesús llama la atención de la multitud.  Pues le levanta la esperanza con sus cuentos del Reino de Dios.


 El Reino de Dios es la realización de la soberanía del bien sobre las fuerzas del mal.  Es cuando la solidaridad transforma la codicia en el empeño para eliminar la pobreza extrema.  Es cuando la conciencia mueve a las jóvenes embarazadas a no abortar a sus niños. Es cuando la ciencia inventa curas para enfermedades que quiten la vida.  Dice Jesús que el Reino se realiza misteriosamente como lo que sucede cuando la semilla cae en la tierra.  De alguna manera germina, crece, y produce fruto.  Entonces la cosecha se vuelve dorada para nutrir a millones de personas.

 

También el Señor compara el Reino con la cosa más insignificante que se hace un beneficio para todos.  Es como el grano pequeño de mostaza se desarrolla en un arbusto tan grande que dé hospedaje a varios tipos de pájaros.  Así bajo del Reino de Dios diferentes gentes florecen.  Es como las comunidades de la Arca donde los sanos conviven con los severamente discapacitados – los fuertes mostrando la compasión y los débiles, en torno, la paciencia.  Es la promesa de los Estados Unidos en cuyo puerto principal la Estatua de Libertad proclama al mundo: “¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad…!”

 

No se puede decir que el Reino dependa del esfuerzo humano.  Pues, es de Dios, y Dios va a establecerlo definitivamente cuando Él quiera.  Sin embargo, Jesús señala que Dios se aprovecha de los hombres para preparar el mundo para recibirlo.  Dice: “… un hombre siembra la semilla…” y también “…el hombre echa mano a la hoz.”  Ahora honramos a nuestros padres por su parte en prepararnos a experimentar el Reino de Dios.  Un hombre escribe cómo su padre, un florero, le enseñó los valores del Reino.  Cuenta que un día cerca de Navidad un vecino vino a la florería para comprar una corona navideña, pero le faltaba suficiente dinero.  El florero le aseguró que estaba bien.  Dijo: “Pepe, me pagas cuando puedas”.  Después el hijo se quejó que su padre regaló la corona que él (el hijo) había fabricado.  El mayor le replicó: “Aprenderás algún día que no es el dinero que cuenta en los ojos de Dios, es la gente”.


Ciertamente queremos agradecerles a nuestros padres hoy por prepararnos a acoger el Reino de Dios.  Sin embargo, nuestro tributo sería anémico si no está acompañado por  nuestro empeño para pasar adelante los valores del Reino.  Otro escritor alaba a su padre por haber seguido su conciencia cuando le costaba bastante.  Elabora una lista de sacrificios que incluye ayudar a los campesinos en México recuperar de un huracán y marchar por los derechos civiles con el Dr. Martin Luther King.  Al tiempo del escribir el padre está viejo y el hombre sabe que pronto le toca a él alzar la bandera de la justicia.  Espera que sus propios hijos escuchen la voz de Dios dando eco al mismo mensaje en sus conciencias.


A lo mejor el regalo preferido este Día de Padre es el IPad.  Algunos lo alaban como si solo preparara el mundo para el Reino de Dios.  Sin embargo, el IPad no es lo que los padres más quieren.  No, al menos los padres cristianos quieren ver algo más grande.  Más que el IPad o cualquiera otra cosa, los padres quieren ver a sus hijos crecer en los ojos de Dios.  Quieren que sus hijos sean grandes en los ojos de Dios. 
Posted by Padre Carmelo Mele, O.P.
(
http://padrecarmelo.blogspot.com.es/
).

Meditaciones para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc/04/26-34

 
1. PARA/GRANO-MOSTAZA PARA/SEMILLA

Las dos parábolas del campesino perseverante y del grano de mostaza, recogidas en este pasaje, constituyen, junto con la del sembrador (Mc 4, 3-8) y la de la levadura (Mt 13, 33), un grupo de relatos orientados hacia la misma conclusión: la justificación de la actitud del Mesías frente a los fracasos de su predicación.

No es imposible que estas parábolas hayan sido compuestas pensando de manera especial en Simón Zelotes y en Judas Iscariote (o el Sicario), discípulos de una secta particularmente extremista que quería provocar la guerra santa contra Roma con vistas a establecer el reino mesiánico.

a) En la parábola del campesino perseverante (vv. 26-29), el reino de Dios es comparado al lento crecimiento de la semilla hasta su cosecha, y, simultáneamente, con la larga inactividad del campesino antes de su febril actividad de la recolección (que es descrita, por lo demás, partiendo de Jl 4, 13; cf. también Ap 14, 14-16). Esa recolección, de conformidad con toda la Biblia y con la referencia a Joel, es, sin duda alguna, el juicio de Dios que inaugura su reino efectivo. Esto equivale a decir que es Dios el agricultor: es indudable que no va a tardar en intervenir y de forma tan espectacular como un segador en la recolección.

Es verdad que ahora, y de manera especial a lo largo del ministerio de Jesús, Dios parece no intervenir: deja a Cristo aislado, sin éxito, cada vez más rechazado por los suyos. Pero este silencio de Dios no deja por eso de estar vinculado al juicio venidero, lo mismo que la inactividad del agricultor mientras brota la semilla no deja de estar vinculada a su actividad de segador.

Jesús es atacado por los judíos: ¡si se presenta como Mesías que presente los signos precursores del reino! Jesús le responde que no hay signos extraordinarios: Dios deja crecer la semilla lentamente, pero no se pierde nada con esperar: no hay continuidad absoluta entre ese laborioso parto del reino de Dios y su manifestación en plenitud. Que quienes hayan de colaborar en la instauración del reino no pierdan su confianza en Dios: El ha comenzado y no puede haber duda de que, tras el silencio, dé cumplimiento a su obra. Que se le espere con paciencia, sin querer adelantarse a El. Y que quienes no quieran creer en el reino sino en el momento de su manifestación, estén muy atentos: ese reino está ya cerca de ellos en Jesús y hay que saber reconocerlo actuando ya en la pobreza de los medios y la lentitud del crecimiento.

b) La parábola del grano de mostaza alimenta la confianza en Dios al subrayar el contraste entre los humildes comienzos del reino (v. 31) y la magnitud de la tarea escatológica (v. 32, en donde el tema del nido está tomado de las escatologías judías consagradas a la incorporación de los paganos en el pueblo de Dios; cf. Ez 17, 22-24). Con esta parábola Jesús ha querido, seguramente, responder a la objeción de quienes se oponían a la pequeñez de los medios utilizados por Jesús para la gloria del Reino esperado, y que ridiculizaban la pobreza y la ignorancia de los discípulos de Jesús frente al cortejo triunfal que habría de inaugurar los últimos tiempos.

En realidad, en lo minúsculo actúa ya lo grandioso: incluso en el mundo que no conoce el reino, este está ya actuando; incluso en el corazón del pecador más endurecido puede brillar aún una lucecita y convertirse en gloria y fuego devorador. Se trata de tomar a Dios en serio a pesar de todas sus apariencias.

MAERTENS-FRISQUE 5.Pág. 67


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2.

Texto. En un contexto de incomprensión Marcos introducía el domingo pasado el tema de la nueva familia de Jesús (Mc. 3. 20-35). Sigue a continuación el capítulo 4, del que está tomado el texto de hoy. Hasta ese capítulo el contenido de la enseñanza de Jesús ha sido el formulado en Mc. 1, 15: Se ha cumplido el plazo: el Reino de Dios ha llegado. En el capítulo 4 este contenido es formulado y ampliado por medio de parábolas. Marcos nos ofrece unas cuantas, una selección, y además nos informa de que el sentido de estas parábolas no es obvio ni inmediato.

La primera parábola habla de la semilla de cereal desde su siembra hasta la siega, pasando por las etapas intermedias. La segunda habla de la semilla de mostaza desde su pequeñez como semilla hasta su magnitud como hortaliza, capaz de dar cobijo a los pájaros. Ambas parábolas presentan ciclos completos, totalidades. El Reino de Dios es comparado con una totalidad, simplemente constatada en la primera parábola; exuberante y rica en la segunda.

Comentario. Si en vez del abstracto "totalidad" empleamos el concreto "todos", probablemente habremos dado un paso importante para la comprensión que Marcos tiene de la enseñanza de Jesús en parábola. El texto del domingo pasado marca el final de una concepción del Reino de Dios restringida a unos pocos; las parábolas de hoy señalan el comienzo de un Reino de Dios universal, abierto a todos. De la familia según la carne a la familia según el espíritu: de la semilla a la siega; de lo pequeño a lo grande; de lo limitado a lo espacioso. Donde hay totalidad no hay restricción y donde hay pájaros hay libertad de movimientos. Con el lenguaje de las imágenes Jesús habla de un espacio donde todos podemos volar. ¡Y Jesús sabía mucho de esto: pasó mucho tiempo al aire libre! La literatura judía contemporánea de Jesús era más bien reacia a dar cabida a los no judíos en el Reino de Dios. Incluso un escrito, el cuarto libro de Esdras, obra de talante pesimista, consideraba difícil la salvación de los propios israelitas.

A las parábolas de hoy se las suele denominar parábolas del crecimiento progresivo. Queda por ver si la elección de este título es atinada o no, se pregunta un comentarista actual de Marcos.

No es ciertamente atinada la elección si por crecimiento entendemos algo que nosotros podemos forjar con nuestras buenas obras. Si fuese éste el punto de vista de las parábolas, ciertamente no constituiría una novedad reseñable dentro del judaísmo. Es preciso, pues, superar una interpretación de corte moral que relaciona el proceso del Reino de Dios con el progreso del cristiano en el bien. En realidad, las dos parábolas de hoy se sitúan en una óptica distinta y radical: ¿Es o no el Reino de Dios una realidad abierta a todos? Sirviéndose del lenguaje de las imágenes, Jesús abre el Reino de Dios a todos de una vez por todas. El centro de atención de las imágenes es la totalidad de los ciclos, su compleción, no el crecimiento. Desde una óptica así carece de sentido hablar de crecimiento progresivo. En Jesús y gracias a Jesús el Reino de Dios está abierto a todos, es un espacio donde todos podemos volar y anidar. No es, pues, de extrañar que las concepciones religiosas de corte exclusivistas sientan que sus fundamentos se resienten con estas dos parábolas.

ALBERTO BENITO
DABAR 1988/34


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3. Mc/04/26-29.

La parábola de la semilla que crece por sí misma (4, 26-29) es propia de Marcos. Mateo y Lucas prescinden de ella, a pesar de que conocen el discurso.

Jesús habla de la siembra y luego se olvida, voluntariamente, de todo el trabajo que viene después: la poda, la lucha contra la sequía, la preocupación por el mal tiempo... Prescinde de todo esto porque tiene una lección concreta que ofrecernos: el Reino crece de todos modos, "lo mismo que la luz brilla sin que nosotros podamos hacer nada, lo mismo que nada puede ocultarse cuando Dios abre el camino". No son los hombres los que le dan fuerza a la palabra ni son sus resistencias las que pueden detenerla. Por eso el discípulo hará bien en despojarse de toda forma de inútil ansiedad.

MAGGIONI-B.Pág. 74s


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4. Mc/04/30-32.

La breve parábola del grano de mostaza (4, 30-32) encuentra su sentido en el contraste y en la continuidad entre la humildad del punto de partida (un pequeño grano) y la magnitud del punto de llegada (el árbol). El Reino, el Reino grandioso, está ya presente en esta pequeña semilla, o sea, en la vida y en la predicación de Jesús y más tarde en la vida y en la predicación de la comunidad cristiana. Pensamos en la actuación de Jesús: una misión que camina poco a poco hacia el fracaso y un rebaño que se va encogiendo; pueden surgir las dudas y las crisis: ¿cómo compaginar esta situación con la pretensión de universalidad que proclama el Reino? Esta semilla -afirma Jesús- encierra dentro de sí una enorme potencialidad.

Se trata, por tanto, de una lección de confianza válida para entonces y válida, quizás más todavía, para la experiencia de minoría y de diáspora que vive la Iglesia en el seno de la humanidad. Pero no se trata solamente de confianza. Jesús quiere recordar el compromiso que exigen la importancia y el significado de la situación presente: es importante esta ocasión, este encuentro con Cristo; el Reino de Dios está en esta semilla. La humildad de la situación no debe convertirse en motivo de dejadez y de abandono. No se trata de rechazar una cosa sin importancia (como podría sugerir quizás la pequeñez exterior), sino de rechazar ocasiones de consecuencias incalculables. "La enseñanza de esta parábola no concierne propiamente al futuro. No pretende enseñarnos que el Reino de Dios habrá de venir con toda seguridad, o que vendrá pronto, o que el misterio de Jesús dará ciertamente frutos maravillosos. Se trata de hacernos comprender el significado decisivo del tiempo presente". Así pues, la parábola nos enseña a tomar en serio "nuestras" ocasiones, las ocasiones que se ofrecen aquí y ahora, por muy humildes y terrenas que parezcan. Son, en el fondo, ellas las que esconden la presencia del Reino.

Dos conclusiones. Como el Reino está aquí, en medio de las oposiciones y de los fracasos, entonces no tenemos que huir de la historia (aunque ésta sea fragmentaria, equívoca y mezquina). El discípulo sabe ver en todo esto la presencia de Dios. En cierto sentido -y ésta es la segunda conclusión- en el Reino de Dios se desperdician muchas cosas (intentos repetidos, obstinados, como el gesto del sembrador); no se puede ahorrar. Pero se trata sólo de un despilfarro para los que razonan según los cálculos mezquinos de los hombres.

Realmente en el amor no se desperdicia nada, ni tampoco en la actividad de Dios: sólo hay riqueza de obstinación y de fantasía. Dios (y el amor que se le parece) no pretende que cada gesto tenga un fruto, que cada esfuerzo obtenga su recompensa. El amor vale por sí mismo, lo mismo que la atención a los hombres, la obstinación en la solidaridad, la esperanza. Dios se da sin reservas.

MAGGIONI-B.Pág. 75


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5.

La semilla tiene una fuerza que no depende del sembrador. Una vez sembrada, crece misteriosamente hasta dar fruto, sin que el sembrador intervenga. Este ni siquiera sabe cómo acontece todo el proceso de crecimiento de la semilla. Lo mismo ocurre con el reino de Dios, que nadie puede detener y ha de llegar a su plenitud cuando sea la hora. El crecimiento del reino de Dios es un misterio que sólo Dios conoce, él es el que le da el incremento. No debe confundirse a la Iglesia con el reino de Dios y atribuirle una evolución orgánica siempre ascendente en el mundo: la parábola no dice nada de esto. La Iglesia es solamente el "sacramento del reino", es decir, un signo exterior en el que se esconde y anuncia la realidad de la victoria de Dios y la obediencia de los hombres a Dios, en lo que consiste nuestra salvación y el verdadero reino de Dios. Pero la Iglesia está todavía en camino hacia la plena manifestación y el establecimiento definitivo del reino.

Lo importante en esta segunda parábola es la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el arbusto). Así ocurre con el reino de Dios: escondido ahora e insignificante, ha de llegar un día (el "día del Señor"), cuando vuelva con "poder y majestad", en que se manifieste según toda su dimensión.

EUCARISTÍA 1988/29


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6.

-"El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra": Esta lectura evangélica está formada por dos parábolas sobre el Reino. En la primera se compara el Reino con lo que sucede en un proceso de siembra. En este proceso se subraya la pasividad del hombre ("la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo") y la productividad de la tierra ("la tierra va produciendo la cosecha ella sola"). Del mismo modo el Reino irrumpe en el mundo de una forma inexorable, como de una semilla nacerán las espigas, y sin que los hombres puedan hacer nada. Ni a favor ni en contra. El Reino crece a pesar del celo, la pereza o la incredulidad de los hombres. Dios es quien tiene en sus manos el futuro del Reino, pero este futuro será en bien del hombre, es él quien recogerá los frutos salvíficos: "Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega".

-"Con un grano de mostaza": La segunda parábola tiene el cuño del estilo narrativo rabínico. El grano de mostaza, imagen de lo que es insignificante, pero que después se hace muy grande. Nos indica el mismo movimiento de crecimiento que la parábola anterior: el Reino está ya presente y va creciendo por sí mismo.

JOAN NASPLEDA
MISA DOMINICAL 1988/13


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7.

Texto. Está compuesto de dos parábolas sobre el Reino de Dios y de una nota informativa del autor sobre el hecho general de la enseñanza en parábolas y el de la explicación de las mismas a los discípulos.

La fórmula introductoria "el Reino de Dios se parece a" puede dar pie a malentendidos. El parecido no es con el hombre que siembra o con el grano de mostaza sembrado; sino con la totalidad del proceso reseñado. Ambas parábolas, en efecto, reflejan procesos completos: la siembra termina en siega; el grano de mostaza, en planta frondosa. Con el Reino de Dios sucede lo mismo que con la semilla o con el grano de mostaza: tiene una culminación intrínseca. No habría que hablar de parábolas de crecimiento, sino de parábolas de culminación.

En el contexto de Marcos las parábolas no vienen a dar respuesta a dificultades o fracasos en el trabajo de consolidación del Reino de Dios. Las parábolas están al servicio del "misterio del Reino de Dios" (Mc. 4, 11). Este misterio o secreto escondido es el mismo que existe en la semilla o en el grano de mostaza: parece imposible que de ellos pueda surgir una cosecha, una frondosidad. ¡Y sin embargo surge! Lo mismo sucede con el Reino de Dios: desemboca en cosecha y frondosidad. Todos están llamados a él. Ya no hay judío y no judío, esclavo y libre, hombre y mujer, rico y pobre. Existen incluso testimonios antiguos que ven en los pájaros un símbolo de los paganos.

Comentario. El particularismo o exclusivismo adopta hoy, indudablemente, formas distintas a las reflejadas en la polémica judío-pagana de tiempos de Jesús. Pero detrás de formas distintas se esconden siempre unos mismos fondos: afán acaparador, espíritu cerrado, orgullo, pobreza de espíritu, corporativismo. Son increíbles, al respecto, la mezquindad y el miedo a desmerecer.

No obstante nuestras proclamas universalistas, no estamos dispuestos a diluirnos unos en otros, a mezclarnos. ¡Nos ha costado tanto trabajo ser lo que somos y conseguir lo que tenemos! La valía es desgraciadamente egoísta y miope.

El universalismo real empieza por los más próximos. Solemos ser muy universalistas con los que están lejos; cuanto más lejos, más universalistas. El universalismo suele empezar a quebrar con el acortamiento de las distancias.

A. BENITO
DABAR 1991/32
(
http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/11B/Comentarios_evangelio.htm
).

Homilia para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

DOMINGO 11 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" -
17 de Enero de 2012 -
Las lecturas de este domingo nos hablan de agricultura, de cómo la planta comienza por la semilla, hecho que conocemos aún aquéllos que no nos ocupamos de las labores de la tierra.

En el Evangelio (Mc 4, 26-34) para explicarnos lo que es el Reino de Dios, Jesús nos plantea dos parábolas sobre las plantas y las semillas. 

En la primera parábola nos destaca que la semilla hace su trabajo sola, que quien la planta se acuesta a dormir y de la noche a la mañana, la semilla ha germinado y la planta va creciendo sola, sin que éste sepa cómo sucede este crecimiento. 

Jesús nos está recordando que la germinación y el crecimiento de las plantas suceden secretamente en lo profundo de la tierra, sin que nos demos cuenta.

  ¿Qué nos quiere decir el Señor con esta comparación?  Jesús ha usado esta  imagen de la semilla germinando para dar a entender que el Reino de Dios crece de manera escondida, como la semilla escondida bajo la tierra.  Nadie se da mucha cuenta, pero eso tan pequeñito como la semilla tiene una vitalidad y una fuerza de expansión inigualable. 

Efectivamente, el Reino de Dios va creciendo en las personas que se hacen terreno fértil para el crecimiento de la semilla.  Y a veces ni nos damos cuenta, igual como le sucede al labrador que sembró sólo se da cuenta cuando ve el brote que sale de la tierra.

Hacernos terreno fértil significa dejar que Dios penetre en nuestra alma para que, El haga germinar su Gracia dentro de nosotros.  Así, la semilla del Reino va germinando y creciendo secretamente dentro de cada uno.

Venga a nosotros tu Reino, rezamos en el Padre Nuestro.  ¿Cómo viene ese Reino?  Con la siguiente frase del mismo Padre Nuestro:  Hágase tu Voluntad.  El Reino va creciendo en nosotros, secretamente, pero con la fuerza vital de la semilla, cuando buscamos y hacemos la Voluntad de Dios en nuestra vida, tratando de que aquí en la tierra se cumpla la voluntad divina como ya se cumple en el Cielo:  Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo.

Y ese crecimiento del Reino de Dios es obra del Mismo que hace crecer la planta, haciendo que primero la semilla se abra, luego vaya formando su raíz debajo de la tierra, para luego dar paso a las ramas, las hojas y el fruto. 

Observar cómo crece la planta nos recuerda también que los frutos de santidad, de buenas obras, de logros que podamos tener en nuestra vida espiritual, no son nuestros…aunque podamos erróneamente pensar que somos nosotros mismos los que auto-crecemos en santidad. 

Si imaginamos a la semilla germinando dentro de la tierra … ¿se creerá que es ella la que se hace crecer a si misma?  ¿Podemos creer los seres humanos que nuestro crecimiento físico desde que estamos en el vientre materno hasta la edad adulta lo hacemos nosotros mismos?

Pues igual resulta en la vida espiritual.  Ese crecimiento es obra de Dios.  No nos podemos envanecer pensando que si alguna mejora espiritual tenemos, la debemos a nuestro esfuerzo.  Aunque tengamos que esforzarnos,  debemos tener en cuenta que todo es obra de Dios –como en la semilla. 

Cierto que tenemos que disponernos a que El haga su labor de germinación y de crecimiento de nuestra vida espiritual, pero el resultado es de Dios.  ¿No nos damos cuenta que hasta la capacidad de disponernos y de esforzarnos nos viene de Dios?

Otra cosa:  si observamos el crecimiento de una planta desde su estado de semilla, veremos que este proceso se sucede más bien lentamente.  ¿Qué más nos quiere decir el Señor con esta comparación?

Esta parábola es también un llamado a la paciencia.  No podemos decepcionarnos o impacientarnos en nuestro crecimiento espiritual.  El Señor lo va haciendo, y nos va podando dónde y cuándo El considere que es necesario, pero El sabe hacerlo a su ritmo, que es el que más nos conviene.

Hay que perseverar en el esfuerzo hasta el final –es la gracia de la perseverancia final- pero confiando sólo en Dios, no en uno mismo, porque sólo El puede hacer eficaces nuestros esfuerzos y nuestras acciones.

El Reino de Dios no crece aquí en la tierra como un relámpago.  Cuando sea el fin, sí que será como un relámpago.  Jesús mismo lo dijo:  “Como el relámpago brilla en un punto del cielo y resplandece hasta el otro, así sucederá con el Hijo del Hombre cuando llegue su día”. (Lc. 17, 24)

Pero mientras el Reino de Dios va creciendo en la tierra, no lo hace de manera espectacular, ni abrupta.  Dios tiene su ritmo.  Y para seguirlo necesitamos tener paciencia porque el momento de Dios se hace esperar.

La segunda parábola es también sobre una semilla y una planta.  En ésta Jesús designa la semilla de la planta de mostaza.  El granito de esa semilla es pequeñito, pero la planta crece más que otras hortalizas, porque es un arbusto, en donde hasta hacen nido los pájaros.

Lo del grano y el árbol de mostaza pareciera más bien referido a la Iglesia.  ¿Quién hubiera pensado que aquel grupo pequeño de 12 hombres podía resultar en lo que es la Iglesia Católica hoy?

Sólo Dios mismo podía hacer germinar esa semilla desde aquel  pequeño núcleo que comenzó hace 2000 años en Palestina y se expandió por el mundo entero.

¿Quién fue el artífice de ese crecimiento?  El mismo Dios.  Los seres humanos ponemos un granito de arena y El hace el resto.  No fue la elocuencia de los Apóstoles, ni su inteligencia, lo que hizo germinar la Iglesia.  Ellos fueron terrenos fértiles para que el Espíritu Santo hiciera su trabajo de expansión de la Iglesia a todos los rincones de la tierra.

¿Cómo pudieron conquistar un imperio tan poderoso como el Imperio Romano?  ¿Cómo pudieron convencer a los paganos de ir dejando el culto a los ídolos que el poderío romano imponía?  ¿Cómo creció la Iglesia a pesar de la cantidad de cristianos muertos por el martirio?

La expansión de la Iglesia ante la opresión y la persecución de los romanos es una muestra de cómo Dios la hacía germinar igual que al árbol de mostaza.  Y cómo también hacía que en la Iglesia pudieran ir anidando todos los que han querido formar parte de ella. 

Hoy también la Iglesia parece acosada desde muchos ángulos.  Dios también es atacado y negado.  Siguen habiendo ídolos y culto a los ídolos.  Los nuevos ateos nos atacan y acusan a los creyentes de ser lunáticos y tontos. 

Pero las parábolas de este Domingo nos recuerdan que Dios sigue estando al mando.  Que aunque parezca que estamos perdiendo la partida, sabemos Quién gana y nosotros pertenecemos al equipo ganador. 

Igual sucedió en Israel durante el Antiguo Testamento.  Es lo que nos dice la Primera Lectura (Ez 17, 22-24).  En este caso nos habla el Señor a través del Profeta Ezequiel, no de una semilla, sino de la siembra de una rama, la rama de un cedro.  Y dice que lo plantará en la montaña más alta de Israel y allí también anidarán aves.  

Es lo mismo que luego recuerda Jesús con su parábola sobre el grano de mostaza:  allí anidarán los pájaros.  Ezequiel pre- anuncia el Reino de Cristo que es la Iglesia; Cristo la describe de manera similar.   

También Ezequiel nos dice:  “Y todos los árboles silvestres sabrán que Yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos”. ¿No recuerda esto las palabras del Magnificat:  derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos?

¿A qué nos llaman el Magnificat y la profecía de Ezequiel?  A la humildad:  los que se creen grandes serán derribados, pero los humildes –los que se saben pequeños- serán ensalzados y florecerán.  ¡Y Dios tiene sus maneras de derribar y de humillar y de hacer saber que El es el Señor!

La Segunda Lectura de San Pablo  (2ª Co 5,6-10) nos habla del final:  Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.  Las lecturas sobre las semillas también nos hablan del final, cuando mencionan el momento de la siega.

Notemos que se nos habla de premio o castigo según lo que hayamos hecho en esta vida. No se nos habla sólo de premio, como muchos hoy en día tienden a pensar.  Muchos dicen:  “es que Dios es infinitamente Misericordioso”.

Cierto.  Pero Dios no es infinitamente alcahueta, para permitir que nos portemos de manera contraria a sus designios y a su Voluntad.  Eso no es lo que rezamos en el Padre Nuestro.  Recordemos que Dios es también infinitamente Justo.  Misericordioso y Justo.

Misericordioso para hacer crecer nuestra semilla de santidad con todas las gracias que necesitamos.  Justo para actuar en consonancia con nuestro comportamiento:  si hemos aprovechado o desperdiciado todas esas gracias.

Debemos esforzarnos por lograr el premio a la perseverancia final, pues la otra opción es el castigo.  Y el castigo existe.  Dios es infinitamente Misericordioso, por eso nos da todas las gracias para la semilla que fue sembrada en nuestro Bautismo crezca como un árbol frondoso de santidad.  Pero para crecer hay que permitir que Dios haga su labor en nuestra alma.  De lo contrario nos queda la otra opción -el castigo- porque Dios también es infinitamente Justo.

¿Qué vamos a escoger?  ¿A ser árboles frondosos que florecen?  ¿O árboles secos que se queman?

En el Salmo 91 hemos rezado:  El justo crecerá como la palmera, se alzará como cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor.  En la vejez seguirá dando frutos y estará lozano y frondoso; para proclamar que el Señor es justo.  Y por todo esto hemos recitado:  Es bueno dar gracias al Señor.
(
http://www.homilia.org/homilia.htm
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

DEJA CRECER LA SEMILLA QUE HAY EN TI


Mc 4, 26-34

Todos los exegetas están de acuerdo en que el Reino de Dios es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en qué consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que podamos ir intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión aparentemente simple.

Podríamos decir que es un ámbito que abarca a la vez lo humano y lo divino. Todo el follón que se armó en el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir qué significa ser cristiano. El Reino es, a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad terrena que consistiría en su manifestación en nuestra existencia terrena. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: "no está aquí ni está allí". Tampoco puede estar solamente dentro de cada uno de vosotros, porque si está dentro, se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Me habéis oído decir muchas veces que las parábolas no se pueden explicar. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada parábola. Como la postura espiritual de cada uno va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que voy profundizando en mi camino.

Creo que tampoco los elementos que constituyen las dos del evangelio de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y cómo se desenvuelve en su desarrollo hasta producir la planta completa. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Tal vez por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino, que tampoco se puede percibir.

La planta que va apareciendo lentamente no viene de fuera sino que es consecuencia de una evolución interna de los elementos que ya estaban ahí. Este aspecto es muy importante, porque nos obliga a pensar, no en algo estático sino en un proceso que no puede tener fin, porque su meta es el mismo Dios.

El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez, pero su manifestación tiene que ir produciéndose paulatinamente a través del tiempo y del espacio. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar desde las increíbles posibilidades con las que nace hasta la plenitud que tiene que ir consiguiendo a través de su vida. Y también se puede aplicar a la humanidad en su conjunto.

Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de la evolución y podemos entender que los seres humanos no hemos dejado de avanzar en nuestro caminar hacia una vida cada vez más humana. La advertencia para nosotros hoy es que no debemos conformarnos con un progreso material sino aspirar a mayor humanidad.

Otra reflexión interesante es que no podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a dónde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas a las que tienes que llegar. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque toda vida es, ante todo, respuesta a los condicionamientos del entorno. No pretendas ninguna meta, simplemente camina hacia delante.

En cada una de las dos parábolas que hemos leído, se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de la semilla. En la primera, su vitalidad, es decir, la potencia que tiene para desarrollarse por sí misma. En la segunda quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella sale. Parece imposible que de una semilla apenas perceptible, surja, en muy poco tiempo una planta de gran altura. En ambos casos, lo único que necesita la semilla es un ambiente adecuado para desplegar su vitalidad.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia fuerza. Si aún no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra, por impedírselo de alguna manera. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita un mínimo de humedad, de luz y de temperatura para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno. Solo espera una oportunidad.

Con demasiada frecuencia olvidamos que no somos nosotros los que desarrollamos el Reino, sino que él se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer, lo que hacemos es desarraigarla. O damos por perdida la semilla antes de que haya tenido tiempo de germinar.

También puede hundirnos en la miseria el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. También la vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Debemos tener paciencia. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos descubrir el fruto, aunque nos parezca que no llega nunca.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios mismo. Es la semilla divina la que está sembrada en cada uno de nosotros. Ella es la que tiene que desarrollarse y hacerse visible externamente. El Reino de Dios no es nada que podamos ver ni tocar. Es una realidad espiritual. Ahora bien, si está o no está en nosotros lo tenemos que descubrir a través de las obras. Si actuamos de una manera, demostramos que el Reino está en nosotros. Si actuamos de otra demostramos que el Reino aún no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida diaria. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero sin descubrirlo. Jesús hace referencia a esa realidad constantemente. Creo que aún hoy, nos empeñamos en identificar el Reino de Dios con situaciones externas. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismos. Solo cuando lo hayamos dejado crecer dentro, se manifestará al exterior a través nuestro.

Estas dos parábolas desbaratan el afán moralizante que ya enseña la oreja en muchas partes de los evangelios. No nos dicen lo que tenemos que hacer, y mucho menos lo que no tenemos que hacer. Parece más bien que nos invita a no hacer y dejar que otro haga. Este aspecto me encanta, porque creo que nadie tiene derecho a decir a otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Lo importante está en descubrir lo que somos y actuar o dejar de actuar según las exigencias de nuestro verdadero ser. Decían los escolásticos que el obrar sigue al ser. Ser más y aparentar menos. Tal vez debemos olvidarnos de muchas normas que hemos cumplido mecánicamente y tratar de que lo que nos hace más humano surja de lo hondo de nuestro ser y no de las programaciones recibidas de fuera.

 

Meditación- contemplación

 

El Reino de los cielos no se parece a nada.

Solo tú puedes crearlo y mantenerlo.

Dios en ti será siempre único e irrepetible.

La manera de manifestarlo será siempre original.

..........................

El Reino nunca será el fruto de una programación.

No surgirá por muchas doctrinas que atesores.

No lo encontrarás en los ritos litúrgicos.

Tampoco es producto del cumplimiento de unas normas morales.

........................

Surgirá de una intuición de lo que en realidad eres,

manifestada en tus relaciones con los demás;

cuando dejes de considerarte como un yo aislado

y descubras que eres uno con toda la Realidad.

...............................

 

Fray Marcos
(
http://feadulta.com/index.php/es/comentcol1.html
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

17 de junio de 2012

 
DOMINGO XI ORDINARIO

“Dios obra el crecimiento”

 

I. LA PALABRA DE DIOS
II. APUNTES
III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA
IV. PADRES DE LA IGLESIA
V. CATECISMO DE LA IGLESIA
VI. PALABRAS DE LUIS FERNANDO

I. LA PALABRA DE DIOS

Ez 17, 22-24: “Humilla los árboles altos y eleva los árboles humildes”

Así dice el Señor Dios:

— «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y llegará a ser un cedro magnífico.

Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y eleva los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos.

Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».

Sal 91, 2-3.13-16: “Es bueno darte gracias, Señor”

Es bueno dar gracias al Señor
   y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
   proclamar por la mañana tu misericordia
   y de noche tu fidelidad.

El justo crecerá como una palmera,
   se alzará como un cedro del Líbano;
   plantado en la casa del Señor,
   crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto
   y estará lozano y frondoso,
   para proclamar que el Señor es justo,
   que en mi Roca no existe la maldad.

2 Cor 5, 6-10: “En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor”

Hermanos:

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en este cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe.

Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor.

Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.

Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

Mc 4, 26-34: “La semilla más pequeña se hace más alta que las demás hortalizas”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

— «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha».

Dijo también:

— «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Es como un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden cobijarse y anidar en ella».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

II. APUNTES

Nos encontramos con dos parábolas en las que el Señor habla del crecimiento del “Reino de Dios”.

Con la primera comparación resalta su crecimiento silencioso y continuo, casi inevitable. La explicación de la parábola no fue recogida en el Evangelio, ya sea porque Cristo mismo no la explicó o porque el evangelista no consideró necesaria su transmisión, debido a su fácil o conocida interpretación.

El Señor enseña que el Reino prometido por Dios y esperado por los judíos, el Reino que sería instaurado por medio de su Mesías, tendrá un inicio muy sencillo, hasta insignificante. A partir de ese inicio, una vez que la semilla ha sido sembrada, posee un dinamismo propio, desarrollándose por sí mismo, “automáticamente” (el evangelista utiliza la palabra griega autómate). Independientemente de la acción o inacción del agricultor, ya duerma o se levante, “la tierra da el fruto por sí misma”. No será el hombre quien haga germinar o desenvolverse la simiente o el Reino, aun cuando ciertas condiciones externas sean necesarias para favorecer su germinación y crecimiento, sino la misma fuerza intrínseca que portan. San Pablo comprende bien esta realidad cuando escribe: «¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los cuales ustedes han creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento» (1Cor 3, 5-6).

Así pues, el Reino de Dios, una vez inaugurado por el Señor Jesús con su presencia y predicación, con el tiempo llegará necesariamente a su madurez. Nada ni nadie podrá detener su desarrollo y despliegue, y con el paso del tiempo la semilla producirá una cosecha abundante. Entonces, «cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha».

Para hablar del inicio “insignificante” de este Reino —insignificante a los ojos humanos—, el Señor añade otra parábola, en la que compara al Reino de Dios con una semilla de mostaza, «la semilla más pequeña» de todas las conocidas en la Palestina.

Las semillas de mostaza, en efecto, son pequeñísimas. Redondas y de consistencia dura, tienen entre uno a dos milímetros de diámetro. Al caer en tierra y desarrollarse, llega a ser «más alta que las demás hortalizas», llegando a convertirse en un árbol de entre tres y cuatro metros de altura. En esto consiste justamente la lección del Señor, la enseñanza que quiere transmitir: de lo más pequeño el Reino de Dios pasará a ser lo más grande. Aunque en sus comienzos serán pocos los que lo acepten, llegarán a ser multitudes. A ello se refiere el Señor cuando dice que «echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden cobijarse y anidar en ella». En efecto, la imagen de un árbol que crece y sirve de cobijo a las aves del cielo ya había sido utilizada como metáfora para referirse a los súbditos del Reino que Dios establecerá por encima de los demás (ver 1a. lectura; así también Ez 31, 6; Dan 4, 10ss;).

El Reino de Dios, en el Señor Jesús, tuvo un inicio aparentemente insignificante. Mas la fuerza y potencia que esta “semilla” (ver Jn 12, 34) escondía a los ojos humanos, manifestada en su Resurrección, han llevado al Reino de Dios a un crecimiento espectacular a lo largo de los siglos. Ese Reino es la Iglesia, que a lo largo de los siglos ha cobijado en sus ramas a hombres y mujeres de toda nación, raza o cultura.

III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Aun cuando en nuestros días se tenga el conocimiento científico apropiado que permita comprender el proceso bio-químico que hace que una semilla brote, crezca y produzca fruto, en el fondo el dinamismo y despliegue de la vida sigue siendo un misterio para el hombre. Más aun lo es el crecimiento de la semilla divina sembrada en el campo del corazón de quien la acoge con fe. Por más que sea imperceptible, el crecimiento se lleva a cabo. Por más que uno “duerma”, el crecimiento y maduración sigue su proceso, “sin que uno sepa cómo”.

Esta realidad espiritual ciertamente no constituye una invitación al ocio, a desentenderse de acción alguna, a cruzarse de brazos en el empeño por la propia santificación. ¡De ninguna manera! A la semilla se le deben garantizar condiciones apropiadas para su crecimiento y maduración. Eso es lo que le toca al agricultor: preparar bien la tierra, abonarla, regarla, y luego, proteger los brotes y la planta de cualquier agente externo que pueda dañarla o destruirla. Si por su esforzado trabajo el agricultor proporciona las condiciones adecuadas, el crecimiento de la semilla se dará por su propia potencialidad, por la fuerza y virtud contenidas en la semilla. En la vida espiritual la acción que produce el crecimiento y transformación interior es ciertamente de Dios, obra de su gracia, pero también cooperación humana es necesaria para que esa semilla de la vida divina encuentre tierra buena en la que se pueda desplegar. La potencia del amor y de la gracia divina jamás obrará en contra de la libertad humana, requiere de nuestra generosa cooperación, aún cuando en comparación con la acción divina la acción humana sea insignificante.

Dado que el crecimiento del Reino de Dios en nosotros depende de Dios, presupuesta nuestra cooperación, en cuanto que Él es quien da el crecimiento, no podemos pretender imponer el ritmo nosotros mismos. ¿Cuántas veces nos desalentamos porque “no crecemos espiritualmente como quisiéramos”, porque “en vez de avanzar parece que retrocedo”, porque “esta debilidad ya debería haberla superado hace mucho”, porque a estas alturas “ya debería ser santo”? ¿Somos nosotros quienes marcamos el ritmo del crecimiento, o Dios? Debemos saber esperar de Dios ese crecimiento, sin impacientarnos por nuestras caídas, sin impacientarnos porque no vemos que crecemos al ritmo que deberíamos crecer. ¡Eso dejémoslo en las manos de Dios! A nosotros nos toca día a día disponer la tierra, arrancar toda mala hierba que no dejará de brotar, regarla, para que la semilla de la vida divina germine como Dios quiere que germine. Pretender imponer el ritmo de mi crecimiento espiritual es como querer acelerar el crecimiento y despliegue de una semilla. Nuestro crecimiento no está en nuestras manos, sino en las de Dios. Pretender crecer por mí mismo y en la medida de mis esfuerzos, es prescindir de Dios, es caer en soberbia. Quien espera crecer según sus propias fuerzas no tardará en desalentarse en el camino de la santificación y conformación con el Señor Jesús.

Permanezcamos humildes. Si paciente y perseverantemente hacemos lo que nos toca, Dios hará el resto. No pretendamos imponer el ritmo a Dios, dejemos eso en sus manos, confiadamente. Estemos seguros de que su fuerza y su gracia actuarán en nosotros. Y no desesperemos o nos desalentemos si acaso nos parece que “no crecemos” o retrocedemos. Aún en medio de nuestras caídas crecemos, si es que acudiendo a la misericordia divina con humildad pedimos perdón y volvemos a la lucha de cada día. Aunque a nosotros nos parezca que no crecemos, a los ojos de Dios estamos creciendo, si permanecemos fieles en la lucha. Incluso nuestras repetidas caídas nos llevan a crecer, pues no pocas veces las lecciones de humildad son tan necesarias para progresar en el camino de la vida espiritual. Lo importante es ponernos siempre de pie, acudir humildes al Señor, volver a la batalla, perseverar, y confiar mucho en Dios y su acción en nosotros.

IV. PADRES DE LA IGLESIA

San Juan Crisóstomo: «Presentó primero la parábola de las tres semillas, perdidas de diverso modo, y otra aprovechada, en lo cual se manifiestan tres grados diferentes, según la fe y las obras. Aquí, sin embargo, trata sólo de la semilla aprovechada: “Decía asimismo: El Reino de Dios viene a ser a manera de un hombre que siembra...”».

San Gregorio Magno: «El hombre echa la semilla en la tierra, cuando pone una buena intención en su corazón; duerme, cuando descansa en la esperanza que dan las buenas obras; se levanta de día y de noche, porque avanza entre la prosperidad y la adversidad. Germina la semilla sin que el hombre lo advierta, porque, en tanto que no puede medir su incremento, avanza a su perfecto desarrollo la virtud que una vez ha concebido. Cuando concebimos, pues, buenos deseos, echamos la semilla en la tierra; somos como la hierba, cuando empezamos a obrar bien; cuando llegamos a la perfección somos como la espiga; y, en fin, al afirmarnos en esta perfección, es cuando podemos representarnos en la espiga llena de fruto».

San Ambrosio: «El mismo Señor es un grano de mostaza... Si Cristo es un grano de mostaza, ¿cómo es que es el más pequeño y cómo crece? No es en su naturaleza, sino en su apariencia que llega a ser grande. ¿Queréis saber cómo es el más pequeño? “Lo vimos sin figura ni belleza” (Is 53,2). Enteraos por qué es el más grande: “Es el más bello de los hombres” (Sal 44,3). En efecto, el que no tenía belleza ni esplendor ha llegado a ser superior a los ángeles (Heb 1,4) sobrepasando la gloria de todos los profetas de Israel... Es la más pequeña de todas las simientes, porque no vino con realeza, ni con riquezas, ni con la sabiduría de este mundo. Ahora bien, como un árbol, desarrolló de tal manera la cima elevada de su poder que decimos: “Bajo su deseada sombra me senté” (Cant 2, 3)».

V. CATECISMO DE LA IGLESIA

El Reino de Dios

543: Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones. Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús:

La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega (LG 5).

544: El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para «anunciar la Buena Nueva a los pobres» (Lc 4, 18). Los declara bienaventurados porque de «ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 3); a los «pequeños» es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes. Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre, la sed y la privación. Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino.

546: Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza (ver Mc 4, 33-34). Por medio de ellas invita al banquete del Reino (ver Mt 22, 1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (ver Mt 13, 44-45); las palabras no bastan, hacen falta obras (ver Mt 21, 28-32). Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra (ver Mt 25, 14-30)? ¿Qué hace con los talentos recibidos (ver Mt 25, 14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para «conocer los Misterios del Reino de los cielos» (Mt 13, 11). Para los que están «fuera» (ver Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático (ver Mt 13, 10-15).

567: El Reino de los cielos ha sido inaugurado en la tierra por Cristo. «Se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo». La Iglesia es el germen y el comienzo de este Reino. Sus llaves son confiadas a Pedro.

VI. PALABRAS DE LUIS FERNANDO (transcritas de textos publicados)

«“Venga a nosotros tu Reino”. Podemos preguntarnos con San Gregorio de Nisa: “¿Qué busca, pues, esta petición?”. En cierto sentido se puede entender que el Reino es la realidad dinámica de Dios y su Plan, que operando en la existencia y mediando la gratuita invitación divina, es acogida en la vida humana por la fe, la esperanza y la caridad.

»Se trata de una situación que ya ha comenzado, y que sin embargo espera aún su consumación. “El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo Encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la Muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la Gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre”, explica el Catecismo de la Iglesia (2816). Vivimos esa misteriosa realidad del ‘ya’ pero ‘todavía no’, en la que la Iglesia peregrina espera en perspectiva escatológica, y al mismo tiempo no se aparta “de su misión en este mundo... Porque desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor ‘a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo’” (2818).

»Como miembros de la Iglesia recibimos la misión, cada uno desde el propio llamado y estado, de anunciar el amor y la reconciliación del Reino. A él nos adherimos desde nuestra mismidad. Esa adhesión al Reino implica para el creyente una acogida del Plan de Dios para la propia vida y para la convivencia social. El “venga a nosotros tu Reino” es una imploración que elevamos al Padre pidiéndole nos conceda la gracia de vivir esa adhesión al divino Plan en nuestra vida y en nuestras acciones, cotidianamente, desde las raíces mismas de nuestro ser.

»El pueblo fiel de nuestras tierras canta hermosamente, también, este anhelo cada vez que entona el Tú reinarás. En este sentido resulta interesante la opinión de diversos Padres y comentaristas que ven una unidad entre esta petición de la Oración Dominical y la siguiente: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo...”. Por ejemplo, Tertuliano, quien decía que: “‘Venga tu reino’ se relaciona con ‘hágase tu voluntad’, es decir, en nosotros”. El compromiso por hacer realidad el reinado de Dios en nosotros implica pronunciar un ‘hágase’ generoso y permanente ante el llamado que el Señor nos hace, en sintonía con el “Hágase” de Santa María. Es decir, adherirse afectiva y efectivamente a Dios y a su divino Plan.

»El Reino es vida cristiana y es horizonte hacia el cual encaminarnos y dirigir nuestro quehacer. El Reino es una expresión que sintetiza una dimensión fundamental en la existencia cristiana. Pedir que “venga a nosotros” expresa la conciencia de que la fuerza de Dios auxilia nuestra debilidad para llevarnos por sus senderos, viviendo y acogiendo su Plan de amor y reconciliación».
(
http://www.ducinaltum.info/diesdomini/
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

NUESTRO CORAZÓN ESTÁ SEMBRADO (Mc 4, 26-34)

 

El mundo está sostenido aunque nosotros no nos apercibamos de ello. Alguien, que lo ha creado, lo sostiene y, sin darnos cuenta, se mueve y se producen cambios en él. Sin saber cómo, estos cambios se producen queramos o no, estemos despiertos o dormidos, nos demos cuenta o no. Su marcha es imparable y todo sucede tal cual está previsto.


De la misma forma, Alguien ha sembrado un alma en nosotros. Un alma que aspira a ser feliz eternamente y que lucha por conseguirlo. Se sabe limitada y caduca, pero siente deseos en lo más profundo de su ser esperanza de alcanzar la eternidad. Y no sabe por qué, ni quien le infundió ese sed inagotable de ansias de felicidad eterna, pero la realidad es que la siente.


Y su razón le asiste y le dice que ese Ser existe, que está entre nosotros porque lo siente en sus entrañas. Se siente criatura y ello suscita interrogantes en su corazón. Necesita buscar porque del éxito de esa búsqueda depende su fracaso o frustración. Si no encuentra nada se sentirá perdido, sin rumbo y su vida perderá sentido. De encontrar respuesta a sus deseos y anhelos se sentirá esperanzado, gozoso y feliz. Todo depende de conocer su origen, su por qué, de dónde viene y a dónde va.


La semilla plantada comienza pequeña, como un grano de mostaza, que cuando se siembra en la tierra es la más pequeña, pero cuando crece se hace muy grande. Igual nos sucede a nosotros. Cuando la Palabra de DIOS hecha raíz en nuestro corazón, nuestra fe, por la Gracia de DIOS, crece de forma que nadie puede parar esos frutos que dará. Pero será imposible conocer esos interrogantes si no le son revelados.

Y para eso, DIOS, se nos ha revelado en su HIJO JESUCRISTO, para que en ÉL podamos reconocerlo y descubrirlo, y tomar conciencia que ÉL nos ha creado por amor, y por amor nos quiere salvar para que vivamos a su lado eternamente. Y de ello da testimonio la Tradición y las Sagradas Escrituras que nos hablan, por medio del ESPÍRITU SANTO, de la historia de salvación que alcanza su plenitud en la Muerte y Resurrección de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Nadie puede dar testimonio de la verdad con el fundamento de su vida.

Haz, SEÑOR, que mis ojos
sepan distinguir la verdad
de la mentira. Que no me
deje embaucar por falsos
 profetas sin fundamento
ni sentido.


Sólo TÚ tienes Palabra de
Vida Eterna porque lo has
hecho con tu Muerte y
Resurrección. Amén.
Publicado por Salvador
(
http://deahaba.blogspot.com.es/2011/01/nuestro-corazon-esta-sembrado-mc-4-26_28.html
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Mc 4,26-34: La semilla más pequeña se hace más alta que las demás hortalizasEz 17,22-24: Ensalzo los árboles humildes
Salmo Responsorial 91: Es bueno darte gracias, Señor
2 Cor 5,6-10: En destierro o en patria nos esforzamos en agradar al Señor


La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.

El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.

Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema del Reino, que es el protagonista de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue... la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Por que fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fue perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él.

[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados- que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que los hoy día «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II... En el último milenio de la Iglesia se dio lo que Teófilo Cabestrero denomina «el eclipse del Reino»: la Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica es la expresión de esta confusión en las palabras del P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX que sintetizaba su definición de Reino de Dios en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es la Iglesia, porque la Iglesia sería el Reino de Dios en la tierra...; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior... Ninguna de estas tres definiciones coincide con lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba y soñaba y se exponía por el Reino de Dios...]

Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda-. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libro Espiritualidad de la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema dela transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino...

El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Y no es una «nueva teología», sino el pensamiento mismo de Jesús...

Sería vano quedarse en explicaciones simplonas sobre la semilla y los árboles grandes que acogen a todas las aves... sin entrar en lo que realmente significaba para Jesús el tema del Reino, y sin dejar entrever que esa pasión por conseguir la Utopía del Reino por parte de Jesús, es no sólo la ipsissima verba Iesu, sino también la ipsissima intentio Iesu, o sea, la mismísima intención de Jesús, y por tanto Su mismísima Causa, y –permítasenos llevar a término esta argumentación de consecuencias concatenadas- que, por tanto también ésa debe ser la Causa del cristiano. Mostrar esto es, de hecho, el principal objetivo de la homilía...

 

Para la revisión de vida
¿Da mi vida frutos por la semilla de la Palabra de Dios plantada en mi vida?
¿Es un árbol frondoso o un árbol raquítico?
¿Soy, como Jesús, un/una fanático/a de la Causa del Reino?

Para la reunión de grupo
- Tres preguntas graduales:
- Un primer tema digno de afrontar y estudiar es el del Reino de Dios como causa, motivo, obsesión, manía... de Jesús... Puede ser útil acercarse a la figura histórica de Jesús por medio de alguna adecuada lectura. Por ejemplo, el «Jesús, aproximación histórica» de José Antonio Pagola. (Está replicado ampliamente por internet). Escoger un capítulo, leerlo previamente, y debatirlo en grupo).
- Una cuestión: la Lumen Gentium, la declaración del Vaticano II sobre la Iglesia, dice que la Iglesia es «germen del Reino»... No dice que la Iglesia es «el germen del Reino». El artículo identificaría a la Iglesia como «el germen» del Reino; si artículo, la Iglesia es solamente «uno de los gérmenes del Reino», es decir, que no es su dueña, ni tiene su exclusiva, ni puede sentirse orgullosa de ser la única... Comentar las consecuencias que esto tiene para las relaciones de la Iglesia con el mundo, las relaciones de la Iglesia con el ecumenismo, y sus relaciones también con otras religiones...

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus normas e instituciones sino en dejarse llenar por el Espíritu, y no se anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
- Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.
- Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los seres humanos, para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos al Señor.
- Por todos los pobres del mundo, para que con nuestra fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, ¡el Reino de Dios!, de modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que nos sostiene. Por Jesucristo.

consejo latinoamericano de iglesias   ©  2012.    Nilton Giese
(
http://www.claiweb.org/predicaciones/nuevo_testamento/marcos/42634koinonia12.html
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

"UN CORAZON DESORIENTADO ES UNA FABRICA DE FANTASMAS" ..."DIOS NO TOMA EN CONSIDERACIÓN TUS TALENTOS SINO TU DISPONIBILIDAD. SABE QUE HAS HECHO LO QUE HAS PODIDO, AUNQUE HAYAS FRACASADO EN EL INTENTO, Y CONTABILIZA EN TU FAVOR LO QUE TRATAS DE HACER Y NO HAS PODIDO, COMO SI LO HUBIERAS HECHO DE VERDAD" (San Agustín. In. ps. 80,14; Serm.18,5)

 

viernes, junio 15, 2012EL REINO DE DIOS IX

 

Mc 4,26-34


Oh Dios, que eres siempre el mismo, conózcame a mi, conózcate  a ti”


                                                                         (San Agustín. Sol 1,1,1)


El reino de Dios es una realidad predicada por Jesús, no es algo etéreo, sino constitutivo en la vida de la comunidad de creyentes. La predicación de Jesús empieza con esta realidad porque el tiempo de espera está cumplido: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado” (Mc 1,15; Cfr. Mt 3,2; 4,17; Lc 17,21) es una actitud de corazón que afecta todo el ser y transforma: “Conviértanse y crean en la Buena nueva” (Mc 1,15).


Esta actitud de corazón que trasforma, no se puede entender como un estado físico: el reino es “justicia, paz y gozo en el espíritu” (Rm 14,7) está dentro de nosotros, nace del corazón, es creer en la buena nueva. Es trasmitir esta Buena Nueva, es compartir tu pan con el hambriento, solidarizarse con el que sufre y el oprimido (Cfr. Mt 25,31-40; St 1,27; 2,16; 5,4-6) es no cometer injusticia, porque los injustos no heredarán el reino de Dios (Cfr. Mt 25,41-46; 1Cor 6,9-10)  Por lo tanto, la presencia del reino es una actitud personal y comunitaria, es vivir en el anuncio Kerygmático de Dios:


Es necesario, pues, redescubrir cada vez más la urgencia y la belleza de anunciar la Palabra para que llegue el Reino de Dios, predicado por Cristo mismo. Renovamos en este sentido la conciencia, tan familiar a los Padres de la Iglesia, de que el anuncio de la Palabra tiene como contenido el reino de Dios (Cfr. Mc 1,14-15), que es la persona misma de Jesús (la Autobasileia), como recuerda sugestivamente Orígenes. El Señor ofrece la salvación a los hombres de toda la época. Todos nos damos cuenta de la necesidad de que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social. No se trata de anunciar una palabra solo de consuelo, sino que interpela, que llama a la conversión, que hace accesible el encuentro con Él, por el cual florece una humanidad nueva” (VD 93).


Desde esta perspectiva, el anuncio Kerygmático de la Palabra de Dios es la que crea la comunidad del reino: a- Que vive el amor a Dios y al prójimo (Mt 22,37-40); b- Que perdona las ofensas (Mt 23,21-22; Lc 17,4; Cfr Mt 6,12); c- Que ora al Padre en nombre de Jesús (Mt 18,19-20; Cfr Jn 15, 7.16); d- Que vive las bienaventuranzas (Mt 5,3-12; Lc 6,20-23); e- Que está al lado del necesitado (Mt 25,31-41); f- Que vive la misericordia como prójimo (Lc 10, 29-37). 


Por esta razón, el reino de Dios es un llamado: 1- A combatir el mal, (Cfr. Ef 6,12); 2- A vivir en plenitud la Cruz, la resurrección, la ascensión y la presencia del Espíritu (Jn 19-20). 


El Reino es la realidad de un cielo nuevo y una tierra nueva (Cfr. Is 65,17; 1P 3,13; Ap 21,1; - Rm 8,19-23 -) donde crece la Palabra de Dios “Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mi y yo en ti, que también sean uno en nosotros”  (Jn 17,21; Cfr. Jn 15,1-17) y de esta manera, “Dios sea todo en todos” (Cfr. 1Cor 15, 20-26.8; Col 3,11; Rm 11,32).


Marcos enfatiza que este reino es la presencia de la Palabra de Dios, que como semilla que “cayeron en tierra buena; crecieron, se desarrollaron y dieron fruto” (Mc 4, 8) Es la semilla que crece en silencio y da fruto por si misma hasta que llega su tiempo que es la fuerza que le llevará hasta su perfección.  Esta parábola de la semilla es propia del evangelio de Marcos (Mc 4,26-29) con ella indica que de la misma manera como sucede con la semilla que se siembra en un campo y nace por si sola, sucede con el reino de Dios que irrumpe silenciosamente  en el corazón de la comunidad.


De igual manera, en la parábola del grano de mostaza (Mc 4,30-34) manifiesta el crecimiento del Reino, posibilitando a la comunidad anidar en él, dando los frutos de justicia, concreción del reinado de Dios: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33).

 


A modo de conclusión
1.      El Reino de Dios se da en el silencioso crecimiento de la semilla, de la misma manera como crece la Palabra desde el huerto sensible de Dios (1R 19,12-13) Así va creciendo el reino de Dios: El campo es la Iglesia-comunidad y el árbol que crece más que las otras plantas del huerto, es la misma comunidad en crecimiento. Las demás plantas  del huerto, son los que pertenecen a la Iglesia, pero no se comprometen con Jesús Resucitado. Las ramas son las comunidades creyentes, dentro de la Iglesia comunidad pos-pascual, que darán los frutos requeridos (Cfr. Ez 17,23; Dn 4,12 {9}.20-21 {17-18}) Y allí, anidarán los hijos de Dios que pertenecen al reino[1].
2.      Las parábolas del reino, tienen la particularidad de hacernos entrar en la pedagogía de Dios, que se entrelaza en el caminar de la comunidad que va irrumpiendo en el silencio de la Iglesia-comunidad-pos-pascual, que nos acoge como hijos en el Hijo, nos hace pueblo (Mc 8,31-32ª ;1P 2,9) y nos guía en la “caminada” enviando junto con el Padre al Espíritu (Jn 14,15-20) Por esta razón, la Palabra crea y alimenta la novedad de la conversión (2P 1,19), pero el no asumirla es propiciación de condena y de juicio (Jn 12,44-50; Cfr.  16,8-11)[2].


3.      Hoy la comunidad cristiana debe ser testigo del reinado de Dios, en la Iglesia de la misericordia desde el horizonte de la conversión pastoral, llamado que nos hace el Señor: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15) La conversión es un camino de encuentro y seguimiento con Jesús: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres. Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron” (Mc 1,17-18)[3].

 


“Haz tu lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas (San Agustín. Serm.43)


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[1] CASALINS, Guillermo. OTRO TEXTO PARA NO LEER. Medellín. 2011. Pág. 77
[2] CASALINS, Guillermo. OTRO TEXTO. Op. Cit. Pág. 79
[3] CASALINS, Guillermo. OTRO TEXTO. Op. Cit. Pág. 80
Publicado por Guillermo Manuel Casalins Fontalvo
(
http://gcasalins.blogspot.com.es/2012/06/el-reino-de-dios-ix.html
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Semillas de lo que queremos ser / Decimoprimero Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B – Mc. 4, 26-34 / 17.06.12
12 Junio 2012 | Por Leonardo Biolatto

26 Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.

30 También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.

33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. 34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. (Mc. 4, 26-34)

 

26

Esta parábola que da inicio aquí narra una situación clásica de la agricultura. Un hombre sembrará, esa semilla sembrada crecerá y, llegado el momento, se cosechará. En general, ese es el proceso de casi todas las siembras. Y ese parece ser el proceso en este caso. Pues bien, el Reino de Dios se parece a esta situación. Tenemos que tener cuidado de no tomar literalmente la traducción clásica: el Reino de Dios es como; parece ser más correcto traducir: el Reino de Dios sucede como sucede lo de un hombre que echa la semilla en la tierra. La clave está en los sucesos, no en la comparación estática. El Reino de Dios no es como ese hombre ni como esa semilla; el Reino de Dios sucede como se da esa situación que describe la parábola.

Los comentaristas se han dividido en cuanto al nombre que debe recibir la parábola. Para algunos es una parábola sobre la semilla que crece por sí sola, y para otros es la parábola del labrador que espera pacientemente. Aplicándonos a lo dicho anteriormente, quizás convenga hablar de la parábola de los tiempos de crecimiento de la semilla, recordando que el relato hace hincapié en el proceso, más que en los personajes. Un tercer grupo de comentaristas consideran que el centro de la parábola está al final, en un mensaje escatológico que tiene toda su fuerza en la imagen de la cosecha; el Reino sería como ese momento de la cosecha, donde cumplido el tiempo estipulado por Dios, la hoz segaría la historia de los humanos.

 

27

A pesar de tratarse de un proceso agrícola común para Palestina, hay algo que este hombre de la parábola no hace y, normalmente, los sembradores de Palestina sí hacían: trabajar alrededor de la semilla sembrada, sobre todo quitando las malezas. Según la descripción de Jesús, el protagonista del relato parece no hacer mucho alrededor de su siembra. Haga lo que haga, la semilla sigue creciendo. No importa si hace vigilia a su lado o se acuesta a dormir. No importa si los tiempos terrenos se suceden entre la noche y el día. La semilla crece.

El hombre no sabe cómo sucede ese crecimiento. Por supuesto, en la época actual, con los conocimientos biológicos de los que disponemos, la afirmación parece caduca. Sabemos cómo crece la semilla. Pero en tiempos de Jesús y de Marcos (y por muchos años más) eso era desconocido. La semilla crecía bajo tierra de alguna forma misteriosa, desconocida, y sólo Dios podía saber el proceso real de la transformación. Por eso tiene tanto sentido para una parábola sobre el misterio del Reino y de su crecimiento.

 

28

Acorde a los conocimientos biológicos de la época, la tierra es el único factor que interviene en el crecimiento. Por la tierra sola es que la semilla crece y se desarrolla. No importa el sol, el agua, los nutrientes. La tierra por sí misma se encarga. Esto debe entenderse, no desde las leyes biológicas, sino desde el sentido del misterio. El fondo de la tierra esconde el misterio del crecimiento. Sólo Dios sabe lo que sucede allí abajo, en lo profundo, donde reposa la semilla. El labrador deja la semilla al cuidado del vientre de la tierra y ésta hace el resto.

Marcos enumera algunas etapas del crecimiento. Hay tallo, luego espiga, luego granos en la espiga. Es el crecimiento que nació del misterio. El hombre ha seguido con su vida, y sin embargo la semilla dio fruto. Siguió con sus ritmos de noche y de día, confiando en la potencia de la tierra, y la semilla maduró. Es una parábola de crecimiento, ciertamente, pero de crecimiento abundante, porque la espiga se llenó (pleres en griego) de granos.

 

29

La hoz y el tiempo de la cosecha son los dos conceptos fundamentales de este versículo con que concluye la parábola. Ambos conceptos se encuentran en Joel 3, 13: “Pongan mano a la hoz: la mies está madura”. En el profeta, la alusión es de ira escatológica. La hoz divina arrasa con lo malvado porque el tiempo se ha cumplido, ya no puede esperarse más; es el Día del Señor.

En Marcos, el contexto no parece indicar la ira escatológica. Más bien es una cosecha feliz, una cosecha de júbilo. El hombre sale a cosechar con su hoz porque finalmente el misterio ha revelado el fruto que tenía en su interior. Esa es la potencia de la semilla, que en su interior pequeño contiene tanto fruto. El labrador confía en la semilla y en la acción misteriosa de la tierra porque sabe el desenlace, aunque no conoce los detalles del proceso. Con el Reino de Dios sucede de manera similar. Jesús y los discípulos saben que el fruto final será abundante, y que la cosecha será jubilosa, pero mientras tanto, el desarrollo es misterioso. Se conoce el inicio y el final (por fe, por esperanza), pero el trayecto es algo que sólo Dios conoce. La comunidad de Marcos cree en un final gozoso, en el momento adecuado, pero mientras tanto debe soportar la cruz y la persecución. Es un misterio cómo Dios, a través de esas tribulaciones, llevará el Reino de Dios a su concreción.

 

30

Esta parábola da inicio con una estructura que, según algunos estudiosos del judaísmo, es clásica del rabinismo. La estructura consta de tres partes donde el maestro lleva adelante un diálogo retórico consigo mismo que es, en realidad, un diálogo ficticio con sus discípulos. En primer lugar, el rabino anuncia de lo que hablará (en este caso, del Reino de Dios); luego se pregunta, retóricamente, cómo hablará de ellos (¿qué parábola servirá?); finalmente, anuncia lo que ha elegido para hablar del tema anunciado primeramente (la figura del grano de mostaza).

 

31

La parábola del grano de mostaza recae sobre la pequeñez de la semilla. Según Jesús es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, lo cual parece, simplemente, una exageración. Pero para algunos refranes palestinos, no era exagerado utilizar la pequeñez del grano de mostaza como comparación. En el plano biológico científico, la mostaza no es la semilla más pequeña del universo, pero en el ideario metafórico puede serlo, y eso es suficiente para utilizarla en una parábola. Porque el Reino de Dios no se parece específicamente al grano de mostaza, sino a lo que sucede con el grano de mostaza cuando es sembrado.

 

32

Las plantas de mostaza, maduras, plantadas a orillas del Mar de Galilea, podían alcanzar una altura de tres o cuatro metros. Y lograban la reproducción de una manera bastante rápida. La parábola clasifica este arbusto entre las hortalizas, o sea, entre aquellas plantas que podían cultivarse a manera de huerto, con una producción dirigida por el ser humano, y no de manera silvestre. Así es que el pequeño grano de mostaza, en comparación con las otras hortalizas, es llamativo, pues en breve tiempo alcanza tamaño de arbusto, sobrepasando a las otras semillas.

La idea de los pájaros que vienen a cobijarse a la sombra del mostacero no está tan relacionada con el arbusto en sí, sino con la imagen, ya veterotestamentaria, del gran árbol donde anidan pájaros diversos. Digamos que la parábola inicial del grano de mostaza es la excusa para culminar con esta alusión que se remonta a los profetas, sobre todo el capítulo 4 de Daniel y los capítulos 17 y 31 de Ezequiel. Para estos inspirados, el árbol representa a los grandes reinos terrenales. Babilonia es un árbol corpulento, Egipto es un cedro del Líbano. De la misma manera, el Reino de Dios es un vegetal grande. Pero la comparación tiene su golpe de efecto, como en todas las parábolas. El Reino de Dios no es un cedro, no es un ciprés que se impone por su robustez. El Reino de Dios es como un grano de mostaza, destinado a la huerta, a estar entre otras hortalizas. Crecerá de golpe y se verá su magnificencia de arbusto, pero diferenciada de la magnificencia de los árboles aplastantes. Es otra manera de Reino, otra forma de estar presente.

En los grandes árboles de los reinos terrenales se cobijan los pájaros del cielo (cf. Ez. 31, 6), y en el arbusto de la mostaza también lo hacen. Los pájaros del cielo son las naciones de la tierra que se ponen al amparo del reino más poderoso, buscando protección, aterrorizados por su poder. Nuevamente, con el mostacero es distinto. Los pájaros que anidan (los gentiles que llegan al Reino) no llegarán por temor, sino que lo harán porque las ramas del mostacero se expanden. Es una atracción antes que una imposición.

 

33

Jesús ha sido un gran narrador de parábolas, y seguramente contaba con una gran colección de relatos. Marcos dice que hay muchas parábolas, pero él sólo cuenta algunas. Las parábolas son utilizadas para anunciar la Palabra (logos), como la anunció en la puerta de aquella casa del capítulo 2 (cf. Mc. 2, 2). Esta Palabra parece ser un concepto para resumir de lo que habla Jesús, y de lo que deberían hablar los cristianos. La Palabra no es sólo vocablo, no es sólo anuncio verbal, sino que está relacionada con hechos concretos, con el alivio del sufrimiento de las personas, con acciones que provocan cambios. La Palabra no es un mero discurso, sino una realidad eficiente. Por eso, en cierto sentido, Palabra y Reino de Dios pueden ser equivalentes en el cristianismo. Cuando se anuncia la Palabra, difícilmente pueda anunciarse algo distinto al Reino. Cuando se trabaja en pos del Reino, difícilmente pueda hacerse sin la Palabra.

Quizás, la diferencia radique en el matiz más religioso de la Palabra en comparación con el matiz más secular del Reino. La Palabra es la Palabra de Dios, y la anuncian los que creen interpretar el interés divino. Digamos que creer en una Palabra es asumir la existencia de un Dios que pronuncia una Palabra. El Reino, en cambio, es una visión macroecuménica, y no implica a un Dios necesariamente. Sí lo implica para los cristianos, pero puede no implicarlo para alguien que trabaja por la justicia social, por la dignidad de los oprimidos, por los marginados del sistema.

Jesús anuncia, evidentemente, una Palabra que es equiparable al Reino de Dios, porque para Jesús la Palabra implica a Yahvé y el Reino implica al Padre. Las parábolas tratan de traer a la realidad explicable el sentido profundo de esta Palabra. Las parábolas son dichas por Jesús en la medida en que la multitud puede asimilarlas. La parábola acerca el misterio del Reino, pero sigue siendo un misterio.

 

34

Este versículo es difícil de congeniar con el anterior. Por momentos parecen decir lo mismo y por momentos parecen contradecirse. Algunos comentaristas de Marcos suponen que todo el versículo es un añadido posterior al autor original, mientras que otros creen que sólo la segunda parte del versículo es un añadido.

Si ponemos ambas frases en espejo, se crea un paralelismo: se dice que Jesús habla en parábolas en el inicio, y se dice algo sobre la comprensión en el final. Aquí parece estar, justamente, la diferenciación. El versículo 33 plantea que las parábolas se van revelando en la medida en que los oyentes son capaces de comprenderlas (todos los oyentes, la multitud en general). El versículo 34, en cambio, separa a los discípulos de la multitud, recibiendo los primeros una explicación detallada y privada de las parábolas. Es probable que esta referencia a la explicación en privado tenga que ver con un momento de las primeras comunidades donde la palabra original pronunciada por Jesús de Nazaret sufre diversas interpretaciones. Algunos creen que las parábolas significan esto, y otros creen que significa aquello. ¿Quién tiene la verdad? Pues, los discípulos. Jesús ha explicado a sus discípulos de qué se trata el Reino, de qué se tratan las parábolas. Esta es la creencia que sustenta doctrinas. Algunos grupos de los cristianismos originarios, ante el desconcierto y la variedad de interpretaciones sobre algunos aspectos de Jesús, suponen (y creen) que Jesús impartió una explicación más detallada a sus más íntimos, y que la transmisión de esa explicación privada es la clave hermenéutica para comprender el mensaje. Obviamente, cada distinto grupo se atribuye la condición de receptor de la explicación verdadera.

En definitiva, es una lucha doctrinal que no es ajena a la actualidad. Variados grupos cristianos auto-otorgándose la interpretación oficial. Pero lo cierto es que las parábolas, así narradas, como buenas poesías repletas de imágenes que son, admiten ser miradas desde distintos ángulos. La parábola dice algo específico, pero también puede decir muchas cosas más, porque es una imagen y no una definición, es una aproximación al misterio, pero no el misterio en sí mismo. La parábola nos permite leerla/escucharla para que ensayemos la diversidad en la unidad.
(
http://blogsdelagente.com/palabrademision/2012/06/12/semillas-de-lo-que-queremos-ser-decimoprimero-domingo-del-tiempo-ordinario-%E2%80%93-ciclo-b-%E2%80%93-mc-4-26-34-17-06-12-2/
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Dios y tú, el mejor equipo (Marcos 4,26-34)
13 jun 2012| Xavi

[Evangelio del domingo, 17 de junio 2012]

Marcos 4,26-34:

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
—El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Decía también:
—¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Las dos parábolas que leemos en el texto de hoy provienen del discurso del capítulo 4 de Marcos. Jesús expone diversas parábolas a la gente y las explica a sus discípulos. La parábola de la semilla que crece por sí sola tiene la habilidad de mezclar la acción del ser humano y la de Dios. Nuestra vida es muy parecida a esta parábola. También nosotros somos como el labrador que ha de esforzarse para preparar la tierra, sembrar, arrancar las malas hierbas, cuidar la cosecha y segar, pero que no ha de preocuparse de «hacer crecer» la semilla, porque eso no le toca hacerlo a él. Dios nos encarga una vida, o mejor dicho, nos la regala para que la hagamos fructificar. Nosotros la podemos desarrollar, si queremos; trabajamos, estudiamos, amamos, nos esforzamos, nos dedicamos a aquello que más nos interesa y, sobre todo, a aquellos que más queremos. Podemos decidir algunas cosas, pero no otras, podemos tener grandes proyectos, podemos esforzarnos por desarrollarlos…, o bien podemos optar por una vida de mínimos, de cumplir y descansar; podemos, también, entregarnos totalmente, en cuerpo y alma, a aquello que deseamos…
Y, después de todo eso, en nuestra vida siempre hay algo que se nos escapa, circunstancias que no podemos controlar, que no podemos decidir, la historia, las decisiones de los demás, los imprevistos. Algunos dicen que, si deseamos algo de verdad, el universo entero conspira para que se haga realidad, otros piensan que existen las casualidades, otros dicen que no las hay, otros son directamente pesimistas y muchos otros ni piensan estas cosas.
Los cristianos ya hace muchos años que tenemos una palabra para esto: la providencia. Es tan sencillo como reconocer que hay un Dios que es amor y que nos cuida de la mejor manera que sabe hacer: dejar que crezcamos por nosotros mismos sin sustituirnos y, al mismo tiempo, estar siempre a nuestro lado, apoyándonos de forma invisible en todas nuestras dificultades.
Cuando más necesitamos de Dios, cuando las cosas nos van mal, muchas veces le echamos de menos diciendo que nos ha abandonado, pero en el fondo del corazón sabemos que no es verdad, que es él quien está haciendo que «la semilla crezca» y pidiendo que «hagamos nuestra parte».
El misterio de la vida se compone de momentos en los que Dios y nosotros estamos trabajando juntos, al mismo tiempo, haciendo realidad su Reino de justicia, paz y solidaridad.
La parábola del grano de mostaza nos avisa de la poca fiabilidad de las apariencias. Decimos muchas veces que no hay que juzgar por lo que parece, pero es difícil superar este peligro. El Reino de Dios es real, está aquí, entre nosotros, y está creciendo. Parece imposible, porque el mundo está, como sabemos, tan mal, pero el evangelista Marcos está convencido de que, si nos fijamos bien, si miramos con los ojos de Dios, podemos verlo entre las malas hierbas de la historia. El auténtico Reino de Dios está brotando dentro de nuestros corazones. Allí se hará una realidad poderosa donde podremos acoger y refugiar a los que lo necesiten, como los pájaros del campo que anidan en el árbol de mostaza.
Dios y tú, haciendo realidad el sueño de un mundo mejor. Son, sin duda, parábolas que nos pueden hacer reflexionar y darnos ánimos. Seguir a Jesús vale la pena, porque nos contrata para construir entre todos un proyecto muy, muy grande, para formar el mejor de los equipos.

(Domingo 11.º Ordinario – Ciclo B)
(
http://www.bibliayvida.com/2012/06/dios-y-tu-el-mejor-equipo-marcos-426-34/
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

miércoles, 13 de junio de 2012La semilla y el grano de mostaza (Mc 4,26-34)


11º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio
26 Y decía:
—El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, 27 y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. 28 Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. 29 Y en cuanto está a punto el fruto, enseguida mete la hoz, porque ha llegado la siega.
30 Y decía:
—¿A qué se parecerá el Reino de Dios?, o ¿con qué parábola lo compararemos? 31 Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32 pero, una vez sembrado, crece y llega a hacerse mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, hasta el punto de que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra.
33 Y con muchas parábolas semejantes les anunciaba la palabra, conforme a lo que podían entender; 34 y no les solía hablar nada sin parábolas. Pero a solas, les explicaba todo a sus discípulos.
La sencillez de las parábolas de la semilla y del grano de mostaza podría velarnos su trasfondo. Contienen la idea de crecimiento, con diversas posibilidades de aplicación: la de la semilla habla de la eficacia intrínseca del Reino y de su desarrollo progresivo (v. 27); la del grano de mostaza, de la desproporción entre el origen, cuando es la más pequeña de las semillas (v. 31), y el final, cuando es como un árbol grandioso (v. 32). La semilla es fecunda, pero necesita que nosotros seamos la buena tierra que la acoge; después, vendrá el fruto de la virtud: «Cuando concebimos buenos deseos, echamos las semilla en la tierra; cuando comenzamos a obrar bien, somos hierba, y cuando, progresando en el buen obrar, crecemos, llegamos a espigas, y cuando ya estamos firmes en obrar el bien con perfección, ya llevamos en la espiga el grano maduro» (S. Gregorio Magno, Homiliae in Ezechielem 2,3,5).
Publicado por Francisco Varo
(
http://bibliadenavarra.blogspot.com.es/2012/06/la-semilla-y-el-grano-de-mostaza-mc-426.html
).

Meditacion para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

Marcos 4, 26-3428 enero 2011
Posted by Miguel Damiani
Texto del evangelio (Mc 4, 26-34)
En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Reflexión: Mc 4, 26-34
Muy bonitas ambas parábolas…Nos recuerdan que el Reino ha llegado, que por Voluntad del Padre, Cristo ha sido el portador del mismo, y que está aquí, entre nosotros, creciendo constantemente, sea que durmamos o estemos despiertos, sea que seamos conscientes o no. El Señor nos necesita, es verdad, pero no depende de ti o de mí, el nos quiere a todos. Y en ese sentido, sea que tú o yo, queramos o no, nos opongamos o seamos indiferentes, el Reino está aquí y sigue creciendo.

Se trata de una maravillosa revelación. No, no es determinismo. Es la muestra de un gran Amor, que una vez resuelto y echado a andar, no hay quien lo pare, porque se trata del Amor de Dios. Esa es la gran bendición; esa la Buena Nueva que debe alegrarnos, regocijarnos y llenarnos de gozo, de esperanza y paz. Esa la Noticia que debemos compartir, porque está destinada a cambiar nuestra vida toda.

No oírla, no mirarla, no enfocar nuestras vidas en función de ella, es obrar con necedad, con irresponsabilidad. Si estamos con Cristo, estamos del lado ganador, del lado vencedor y nada ni nadie podrá detenernos. Ha llegado la hora, ha llegado el momento…Vivamos con rectitud, en la verdad, en la luz…No seamos rencorosos, no alimentemos odios, no seamos soberbios, ni vanidosos. Procuremos la paz y el amor, donde estemos, donde vayamos, con quien estemos…

Y es que la Voluntad de Dios no depende de nosotros. Dicho de otro modo, no hay ningún merecimiento, nada que podamos hacer o dejar de hacer para que Dios nos ame. Él nos ama sin condiciones…Él nos ha amado primero y solo espera que le correspondamos. Que veamos el camino que más nos conviene, el que nos propone y lo sigamos. Pero no nos obliga. Depende de nosotros.

El Reino está aquí, entre nosotros. Nos hacemos parte de él, o lo dejamos, nos abstenemos, nos apartamos. Esa es nuestra decisión. Nos erguimos y vamos por la victoria o continuamos arrastrándonos, engrilletados a nuestros vicios, a nuestras pasiones, a nuestro egoísmo. La decisión es nuestra. Somos libres de optar por el bien o por el mal y sabemos que es lo que más nos conviene por que Cristo nos lo ha Revelado. La pelota está en nuestra cancha.

Oremos:
Padre Justo y Bueno, Tú que por Tu inmenso amor has querido salvarnos, no permitas que caigamos en la tentación y abandonemos el Camino que Jesús nos ha enseñado, por Cristo nuestro Señor. Amén.
(
http://www.aqplink.com/roguemos/2011/01/marcos-4-26-34/
).

Meditaciones para el Domingo XI Ordinario del ciclo B.

EVANGELIO Luis Aleman y Pagola
 
 

17 de Junio

 Semana 11ª Tiempo Ordinario

Mc 4, 26-34

 

Decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme. La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo ella sola.

¿Con que podemos comparar el Reino de Dios? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña. Pero después se hace más alto que las demás hortalizas

Y los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.

“Decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios. Una de las explicaciones más bellas, del gran especialista de los evangelios, J. Jeremías es explicar cómo la expresión “Reino de Dios” es simplemente una forma respetuosa de decir Dios. El judío habla del reino de y así evita referirse directamente a Dios. Es como un circunloquio para que Dios no sea el sujeto de su gramática. Para nosotros,  Reino de Dios es simplemente Dios. Y las parábolas vienen a explicar cómo actúa Dios: Dios es quien germina dentro de nosotros (la tierra) con el silencio y eficacia de una semilla. Y su pueblo en adelante será como una hortaliza grande que acoge a todos.

“Se parece a un hombre que echa simiente en la tierra, él duerme, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo ella sola”. Parece claro que Jesús habla del proceso interior del individuo en quien que ha caído el mensaje. Cómo madura ese hombre al recibir el mensaje. El resultado, (la cosecha) es el hombre nuevo. El que trabaja, el sembrador no sabe cómo se ha producido. Esos son los métodos del (Reino) de Dios.

“Como un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña”. ¿Cómo crece la comunidad del Reino? Producto de una semilla nueva. No es un injerto de árbol antiguo. No se planta en un “monte alto”. Sino en la tierra. Nace un arbolito (como una hortaliza grande) No hay sueños de grandeza. El Reino de Dios es así. Quizás los males vienen a la Iglesia por no haber leído bien las parábolas de Jesús. Poco a poco se construyó el Reino de la tiara: con tres coronas. Desapareció la hortaliza nacida del grano de mostaza.

“Y los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”  Se ofrece acogida a todo hombre. Se trata de un reino sin ambición personal, consciente de que detrás de todo hay una fuerza que lo vitaliza todo. El problema está en que ni los mismos discípulos entendían las parábolas (Mc 4, 13) Ni ellos, ni la multitud que oía las parábolas, atorados de judaísmo

Habrá que quedarse en silencio para no estorbar al mensaje que fermenta, de noche y de día.

 

Luis Alemán Mur

 

CON HUMILDAD Y CONFIANZA

 

                   A Jesús le preocupaba mucho que sus seguidores terminaran un día desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no obtenían el éxito esperado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su confianza en el Padre? Lo más importante es que no olviden nunca cómo han de trabajar.

               Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de Galilea, les anima a trabajar siempre con realismo, con paciencia y con una confianza grande. No es posible abrir caminos al Reino de Dios de cualquier manera. Se tienen que fijar en cómo trabaja él.

               Lo primero que han de saber es que su tarea es sembrar, no cosechar. No vivirán pendientes de los resultados. No les han de preocupar la eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar bien el Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.

               Después de siglos de expansión religiosa y gran poder social, los cristianos hemos de recuperar en la Iglesia el gesto humilde del sembrador. Olvidar la lógica del cosechador que sale siempre a recoger frutos y entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.

               Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el Proyecto de Dios en el ser humano. La  fuerza del Evangelio no es nunca algo espectacular o clamoroso. Según Jesús, es como sembrar algo tan pequeño e insignificante como "un grano de mostaza" que germina secretamente en el corazón de las personas.

               Por eso, el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. El Proyecto de Dios de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros nos desborda.

               En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más indiferente a dogmas religiosos y códigos morales. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.

               Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.

 

José Antonio Pagola
(
http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
).



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