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TRIGO DE DIOS, PAN DE VIDA. BLOG CRISTIANO Y CATOLICO.

TIEMPO ORDINARIO. DOMINGO VII DEL CICLO B

Meditacion para el Domingo VII Ordinario del ciclo B.

Dom 19 2 12 El paralítico de Cafarnaúm: Perdón y curación
16.02.12 | 21:34. Archivado en Iglesia Instituciones, Dios, Jesús, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Judaísmo
 

Dom 7, tiempo ordinario, ciclo B. Mc 2, 1-12 El pasado domingo completé con mucha amplitud (a lo largo de cuatro) días el texto del paralítico. Este domingo toca otro texto igualmente poderoso. Es un texto poderoso, que se centra en cuatro motivos:

a. Casa de Jesús, lugar de curación. Aprender a vivir, eso es ser cristianos. El evangelio como novedad que atrae y sorprende

b. Parálisis y pecado… El pecado humano, la incapacidad de andar, en libertad, en autonomía. Una humanidad que corre el riesgo de pararse

c. Curación del pecado, libertad humana, para ser para caminar. Curación humana frente a perdón puramente sacral...

El comentario será razonablemente largo. Pero no quiero dividirlo en tres o cuatro partes, como el domingo anterior. Entre quien quiera dejarse sorprender por el evangelio.

2, 1-12. Paralítico en casa: perdón de los pecados

Jesús había quedado habitando en lugares despoblados, donde venían de todas partes a buscarle, tras haber iniciado por las sinagogas del entorno una misión rural, cortada bruscamente por el “milagro” del leproso, cuyo final parecía introducirnos en el tema de los últimos días de Jesús en Jerusalén (Mc 11-12), donde será condenado por los mismos sacerdotes en cuyas manos había querido “dejar” el tema de este leproso limpiado. Pues bien, pasado un tiempo indeterminado (en el que parece que se purifica “según Ley” de la mancha causada por su contacto con el leproso), Jesús vuelve a Cafarnaúm, quizá a escondidas, pues sólo tras un tiempo se sabe que está “en oikô”, en casa (no en la sinagoga, como en 1, 23-28, donde ya no entra).

Ésa puede ser la casa de la suegra de Simón (y de Andrés, como en 1, 29) o alguna otra donde él prosigue su misión, de nuevo lugares habitados. Pues bien, en este contexto pasamos del tema del leproso (¡a campo abierto!) al del paralítico/pecador, que resulta quizá más conflictivo, en el interior de la ciudad y de la casa. El control sobre los pecados era un elemento clave del poder de los sacerdotes (mucho más que el control de la lepra), y Jesús será también criticado (y condenado) por asumir también ese poder (y por negárselo a los sacerdotes).

Es como si el leproso (que no ha querido someterse a los sacerdotes) le hubiera enseñado (impulsado) a enfrentarse con otros temas, de forma que el mismo Jesús es quien que asume, directamente, desde una perspectiva mucho más alta, un “poder” que los sacerdotes se habían reservado, perdonando los pecados (y diciendo que los hombres pueden perdonarlos). Sobre ese fondo ha de entenderse su gesto, que ratifica, en solemne sacramento, un perdón no sacerdotal, que brota de la fe y solidaridad humana, en el espacio profano de la casa. El texto incluye aspectos de controversia legal y milagro, pero es básicamente un texto de perdón:

Texto. Mc 2, 1-12

(a. Un paralítico) 2, 1 Y entrando de nuevo en Cafarnaúm, después de algunos días, se corrió la voz de que estaba en casa. 2 Y se juntaron tantos, que no cabían ni delante de la puerta y Jesús les decía la Palabra. 3 Y llegaron entonces trayendo un paralítico entre cuatro. 4 Pero, como no podían llegar hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.

(b. Primera intervención) 5 Y, viendo la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

(c. Condena) 6 Había allí algunos escribas sentados, y comenzaron a deliberar en sus corazones: 7 ¿Cómo habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios?

(b’ Segunda intervención) 8 Jesús, percatándose en seguida de lo que estaban deliberando, les dijo:¿Por qué pensáis eso en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados (se volvió al paralítico y le dijo): 11 A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

(d. Curación y conclusión) 12 El paralítico se puso en pie, tomo en seguida la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos quedaron fuera de sí (como extasiados) y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto cosa igual.

Aquí (en 2, 1-3, 6), tras los tres paradigmas anteriores, que tenían cierta unidad (1, 23-45) hallamos el primer gran debate público entre Jesús y las autoridades judías, un debate que se puede dividir en tres paradigmas (2, 1-12: 2, 13-17; 2, 18-22) y en una disputa doble en torno al sábado (2, 23-3, 6). Cf. Dewey, Debate; The Literary Structure of the Controversy Stories in Mark 2, 1-3, 6, en Telford (ed.), Interpretation 141-152 [= JBL 92 (1973) 394-401]; J. D. G. Dunn, Mark 2, 1-3, 6. A Bridge between Jesus and Paul on the Question of the Law, NTS 30 (1984); 395-415; Kilunen, Vollmacht; Thissen, Erzählung; M. Trautmann, Zeichenhafte Handlungen Jesu (FB 37), Echter, Würzburg 1980, 234-258. Sobre el Hijo del hombre y el poder de perdonar pecados, cf. Kingsbury, Christology 157-176; Conflicto 85-89; M. D. Hooker, The Son of Man in Mark, SPCK, London 1967; K. Kertelge, Die Vollmacht der Menschensohnes zur Sündenvergebung (Mk 2, 10), en Fests. J. Schmid, Herder, Freiburg 1973, 205-213; B. Lindars, Jesus Son of Man, SPCK, London, 1983, 101-114. Sobre el perdón ritual de los escribas y el perdón de Jesús, cf. E. P. Sanders, Jesus and Judaism, SCM, London 1985, 174- 211; Judaism. Practice and Belief. 63BCE - 66CE, SCM, London 1992, 190-241.

2, 1-4. Introducción. Un paralítico

Tras los encuentros anteriores (poseso, suegra, leproso) viene (traen a) un paralítico a la casa, convertida en espacio de enseñanza. Ha terminado el ocultamiento (1, 45), pero no ha cesado la polémica, de forma que en la casa donde Jesús dice la Palabra (ton logon), que antes había proclamado el leproso (1, 45) se sientan y vigilan unos escribas (2, 6) y se inicia así un extenso debate con ellos (2, 1-3, 6).

Jesús ha vuelto a la casa, pero no para hacer los milagros que Simón pedía, sino para ofrecer la Palabra, que se expresará en el perdón de los pecados y en la curación del paralítico. Jesús ya no habla (elalei) en la sinagoga (lugar de estudio de ley), ni en el templo (lugar de la presencia suprema de Dios), sino en el hogar de las relaciones cotidianas donde la gente se reúne y le rodea. Surge de nuevo un problema, centrado ahora en el “perdón”. Lógicamente pasamos de la “limpieza” del leproso al perdón del pecador, suscitando así una “polémica” con los representantes de la Ley sagrada (y en el fondo con los sacerdotes). La escena está perfectamente construida, con personajes bien marcados, formando una parábola viviente.

− Una casa. Le rodean muchos, deseosos de participar en el secreto de su nueva palabra y comunión, de manera que no caben en casa, ni siquiera ante la puerta (pros tên thyran, 2, 2), a diferencia de los enfermos de 1, 33 (que sí cabían ante la puerta). Pero Jesús en este caso no comienza a curar (como en 1, 33-4), ni a expulsar demonios, sino a enseñar en la casa, diciendo la Palabra, e iniciando así la construcción de su nueva comunidad, en un contexto familiar (secular), sin necesidad de templo, ni de sinagoga (2, 2). En este contexto podemos recordar que el nuevo judaísmo rabínico (que surgirá tras el 70 d.C.) se iniciará y centrará también en las casas, como el movimiento de Jesús (por lo que, en este campo, en principio, no habrá diferencias entre judíos rabínicos y judíos mesiánicos de Jesús).

− Traen un paralítico... Es un enfermo con amigos. No puede andar, pero cuenta con la solidaridad y la fe de cuatro camilleros que le llevan, le alzan, le introducen por el techo de paja (tên stegên) y le ponen delante de Jesús porque confían en él. Es paralítico, pero tiene una familia verdadera; no está solo en el mundo, no se encuentra abandonado. Sin el primer gesto de solidaridad de los camilleros resulta imposible la escena que sigue.

También aquí, como en casos anteriores, no es Jesús quien toma la iniciativa, sino que la toman otros (como el poseso que grita o el leproso que pide: 1, 24. 40), y ahora lo hacen camilleros amigos, que toman al enfermo, creyendo en él (y en Jesús), y le descuelgan, poniéndole en medio de la casa, sin necesidad de decir nada, pues su mismo gesto es una petición. Estos callados y activos camilleros son los ministros originarios de una Iglesia que comienza con la solidaridad mutua, y donde la Palabra se transformará en perdón. A diferencia de los escribas, que ponen su Ley sobre la Gracia, ellos son servidores de un amor activo, signo de miles y millones de personan que confían en los demás y les ayudan, abriendo un camino a Jesús.

2, 5. Jesús, primera intervención.
Y, viendo la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Parece que los camilleros (y todos) están esperando que Jesús cure de forma inmediata al tullido, para que pueda andar, sin entrar en controversias (como por arte de magia, desde arriba). Pero ahora, como veremos, aparecen los escribas en medio de la gente, vigilando, de manera que la controversia parece inevitable y, además, Jesús no cura por magia, sino por fe (por la fe de los camilleros y por la fe del curado).

Estamos, pues, una casa abierta, en la que pueden entrar no sólo los “amigos” de Jesús, sino sus adversarios, con los camilleros “creyentes” del paralítico. Por eso, el texto sigue diciendo, provocativamente, que Jesús “viendo la fe de ellos” (de los camilleros, que así se oponen a los escribas sin fe), dice al paralítico: ¡Hijo, tus pecados han sido perdonados! En este contexto puede suponerse que el enfermo se mantiene pasivo; simplemente se ha dejado traer por cuatro amigos que buscan a Jesús, pidiéndole su ayuda. Esos “amigos” son el principio del “milagro”:

− Camilleros frente a escribas. Los camilleros quieren ayudar al enfermo, confían en él, le llevan a Jesús; ésta es su religión. Por el contrario, los escribas vigilan para ver si se cumple la ley; ésta es su religión. Pues bien, la fe de “ellos”, de los camilleros, hace que Jesús perdone (=declare perdonados) los pecados, de forma que resultará innecesario el rito de los sacerdotes del templo que realizan la expiación y expresan el perdón a través de sacrificios, y el tipo de ley de los escribas.

Lo que de verdad perdona es la fe activa (pistis) de unos hombres, que confían en el paralítico, poniéndole ante Dios al colocarle ante de Jesús. Frente al rito de los sacerdotes (que no curan, como aparecía claro en el caso del leproso), frente al templo seco que no es signo de perdón, ni medio de oración (como veremos en 11, 20-25), se eleva aquí la fe de los amigos y de aquellos que siguen a Jesús, como en 11, 22 (donde se dice que la fe es el verdadero culto). Estos camilleros inician y cumplen con el paralítico el auténtico gesto sacramental .

− Jesús aprende. Aprendió del leproso y ahora la fe de los camilleros (que acogen y ayudan al leproso) y acepta su lección, de manera que viendo su fe (aprendiendo de ellos), dice al paralítico: ¡Hijo, tus pecados han sido perdonados! (2, 5), en pasivo divino (aphientai), lo que significa que el mismo Dios es quien perdona.

El enfermo no ha hecho nada; simplemente se ha dejado traer por cuatro amigos que buscan a Jesús, pidiéndole su ayuda, y se deja perdonar por el Dios de Jesús. Esta fe de los amigos perdona los pecados, de forma que resulta innecesario el rito (sacerdotes) y la ley (escribas). Los mismos camilleros inician y cumplen el gesto sacramental; Jesús se limita a sancionarlo, diciendo: ¡Dios te ha perdonado!

De esa manera, la misma casa donde está Jesús se vuelve templo, y los camilleros aparecen como ministros de la nueva religión mesiánica. El perdón que los sacerdotes de Israel pedían a Dios y expresaban con sus sacrificios desde el templo (cf. 1 Rey 8) se concede y ratifica ahora en la casa del paralítico, a través de la fe de los camilleros (autôn), cosa que Jesús confirma de un modo solemne, en nombre de Dios. Alguien pudiera parecer que nos hallamos ante un desajuste: camilleros y enfermo buscando la curación física, pero lo que éste recibe es otra cosa (el perdón). Pues bien, de ese desajuste, de la relación entre perdón y curación habla todo lo que sigue.

2, 6-7. Condena de los escribas
¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios?

Están allí como representantes del templo y, quizá de un modo más preciso, de la Ley que ellos mismo están empezando a elaborar y codificar, como expresión de sacralidad suprema (tras la caída del templo, el año 70. d.C., cuando Marcos está escribiendo el evangelio). Esos escribas se encuentran allí (no se dice todavía que vengan de Jerusalén, como en 3, 22); están allí como si formaran parte del judaísmo oficial de Galilea; más aún, es como si ellos no se hubieran separado de la comunidad de Jesús, de manera que la critican desde dentro de la misma casa). Ellos se sienten depositarios del poder sagrado y condenan a Jesús como blasfemo, es decir, como alguien que usurpa el lugar de Dios, asumiendo un poder que es exclusivo de Dios y negando así su diferencia (su trascendencia), como dirán de una forma definitiva los sacerdotes de Jerusalén al condenarle a muerte (cf. 14, 64).

Esta acusación contra Jesús (dicen que blasfema: ¡blasphêmei!) es la mayor que se podía formular en Israel. Ella implica una condena perfectamente articulada, por la que se afirma que Jesús, hablando como habla y actuando como actúa, es reo porque está ocupando el lugar del Dios de Israel, rompiendo el mandamiento fundamental del Shema (Dt 6, 4) y del Decálogo (Dt, 5, 6-7), que han sido formulados para defender la Unidad y Diferencia de Dios, que ellos quieren salvaguardar: ¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios? (ei mê heis, ho Theos). Está en juego la Unidad de Dios, la afirmación básica de todo israelita (Dios es Uno) porque Jesús está ocupando su puesto o colocándose como divino al lado de Dios.

Evidentemente, Jesús y los cristianos pueden contestar diciendo que sólo Uno (Heis) puede perdonar, y que ese Uno es Dios (y por eso proclaman el Shema: 12, 29).

Ellos añadirán que el problema de fondo no saber es Quién perdona en plano superior (¡todos saben que es Dios!), sino a través de quienes y cómo expresa y despliega su perdón. Se trata, por tanto, de un problema de “mediación”: ¿quién puede expresar y declarar sobre el mundo el perdón de Dios? Los escribas dirían que Dios perdona según Ley, conforme a los ritos de expiación, centrados en el templo (o conforme a otros ritos y gestos, bien regulados por la misma Ley). Jesús, en cambio, está convencido de que Dios no ha vinculado el perdón a esos rituales, ni a las normas de ley que los escribas controlan por oficio, sino que perdona por la fe comprometida de estos cuatro camilleros, desde el fondo de la misma realidad humana, allí en la casa .

2, 8-11. Jesús, segunda intervención
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decirle levántate, toma tu camilla y anda?

Sirve para confirmar lo anterior, y es como una demostración (despliegue) del poder del perdón que Jesús ha declarado, pues ese perdón es lo fundamental, tanto para los escribas como para Jesús. Unos y otros saben que el perdón es lo importante. Pero el tema está en saber cómo se expresa ese perdón y qué consecuencias tiene (si es capaz de hacer andar al paralítico). Desde ese fondo inicia Jesús su argumento (su defensa), relacionando el perdón de los pecados con la fe activa de los camilleros y con la curación del paralítico. Desde ese fondo pregunta: ¿Qué es más fácil: curar o perdonar? Pues bien, ante el silencio de los escribas, Jesús no responde teóricamente, sino de un modo práctico, curando al enfermo: «Para que veáis que el Hijo del humano tiene poder de perdonar, dijo al paralítico.. ¡levántate!...» (2, 10-11).

Los escribas perdonan (o expresan el perdón) a través de unos ritos vinculados a los sacerdotes, en nombre del Dios de la Ley sagrada, pero Marcos supone que ellos no consiguen que el paralítico camine, de manera que su perdón corre el riesgo de quedar cerrado en un ámbito ritual, bajo control del sistema religioso. Ese perdón de los escribas judíos (o de muchos “escribas” cristianos posteriores), vinculado a rituales de leyes y templo, es una ceremonia de personas que no logran caminar. Ciertamente, hay buenas ceremonias, pero los paralíticos siguen atados a la camilla.

Jesús, en cambio, puede descubrir y proclamar entre paralíticos con camilleros un perdón que les capacita para caminar, levantándose del lecho dónde estaban postrados, para ser ellos mismos, sin necesidad de estar atados a sus ritos.

Desde aquí se entiende el conflicto con los escribas. En el relato anterior era el mismo leproso curado quien abría ese conflicto, al proclamar la “palabra” de Jesús (lo que él había hecho al purificarle) en vez de presentarse a los sacerdotes. En nuestro caso es el mismo Jesús quien lo inicia, a partir del gesto de los camilleros, ofreciendo al paralítico, de un modo gratuito, el perdón de Dios (2,5). En este contexto, los que acusan a Jesús no son directamente sacerdotes (como podía suponerse desde 1,44-45), sino los escribas (aliados de los sacerdotes), que aparecen en la casa, bien sentados, en postura de juicio y magisterio, con el libro de la Ley en la mano (como continuadores de los sacerdotes).

Esta controversia del perdón nos sitúa en el centro de la novedad cristiana y en la raíz de su experiencia religiosa. Los escribas del nuevo judaísmo que ahora surge (tras el 70 d.C.) siguen cultivando una religión del perdón legal, codificada en unos ritos que derivan Lev 1-16 y controlada en el fondo por ellos. Ciertamente, saben que Dios perdona, pero añaden que su perdón se expresa a través de la estructura social y religiosa que ellos representan, de manera que sólo donde el pueblo cambia, cumple el rito y acepta el orden de la Ley, puede afirmarse ya que Dios perdona. Para Jesús, en cambio, el perdón es consecuencia de la presencia gratuita de Dios que se expresa en la fe activa de los camilleros, que traen al enfermo/pecador, de manera que él (Jesús) puede decir y dice: «Tus pecados son perdonados» (con pasivo divino: apheontai, Dios te perdona), porque hay amor y fe (un amor que se expresa como fe). Este pasaje ofrece en Marcos un primer paradigma completo de iglesia mesiánica.

(a) El judaísmo de los escribas mantiene la coherencia comunitaria a través del control sobre el pecado: sólo Dios perdona y lo hace por medio de un ritual muy preciso, controlado por los sacerdotes (y después por los escribas del nuevo judaísmo rabínico), que distinguen así a puros e impuros. Siguiendo esa norma, el paralítico seguiría atado a su camilla, no podría caminar, pues ellos organizan la vida de los hombres y mujeres, no la cambian.

(b) El grupo de Jesús se funda en el principio de la solidaridad (camilleros), abierta a un perdón humano (no sacral), fundado en la fe, ratificada por Jesús, y aceptada (creída) por el enfermo. Sin tener que decirlo, Jesús muestra que la vieja institución sacrificial del templo, ideada para perdonar los pecados ha perdido su función. Todo lo que otros querían hacer en el templo (o los escribas quieren hacer según Ley), Jesús y los suyos pueden hacerlo en la casa, de manera que no necesitan sacerdotes ni escribas; le basta la fe y solidaridad de los camilleros que son el verdadero templo y sacerdocio .

El gran “milagro” no es la curación física (aunque ella aparece al final, como consecuencia), ni el cumplimiento de unas obras rituales. El milagro es la fe que transforma (la de los camilleros), con el perdón que ella implica (proclamado por Jesús), y con la curación, que es la consecuencia: Allí donde el paralítico acoge la fe de los camilleros y acepta el perdón de Jesús puede ser curado. La fe es lo primero (como vimos comentando el manifiesto de 1, 15), una fe que puede “convertir”, es decir, transformar a los hombres, una fe que perdona (supera los pecados) y que perdonando es capaz de curar (de hacer que los paralíticos anden), como seguiremos viendo.

Lo primero, por tanto, es la fe (de ellos, de los camilleros y del enfermo), una fe que supera el pecado (perdona), haciendo a los hombres capaces de vivir en plenitud, superando un tipo de parálisis que les impide caminar. Aquí llegamos al punto de conflicto fuerte de Jesús (de la iglesia de Marcos) con el tipo de judaísmo de los escribas, que controlan el poder religioso (perdón), pero no consiguen que los paralíticos caminen. Ésta es la novedad de Jesús, que se expresa en la fe curativa del enfermo, que escucha su palabra, que acoge su mandato, y que se pone en pie.

- Para que veáis que el Hijo del hombre… Es la primera vez que Marcos utiliza esa expresión (Hijo del hombre), que de ahora en adelante veremos con cierta frecuencia. Parece que ella se funda en la historia de Jesús, que se presentó a sí mismo como Hijo de Hombre (un ser humano), sin apelar a otros títulos o prerrogativas, para hacer lo que hacía y decir lo que decía. Así se presenta y actúa aquí, simplemente, como un ser humano “hijo de hombre”, con la autoridad de la Palabra de Dios frente a (sobre) escribas y sacerdotes. A lo largo del evangelio iremos viendo el desarrollo de ese título. Por ahora nos basta con saber que para ratificar el perdón de Dios, Jesús sólo apela a su condición de hijo de hombre, sin prerrogativas angélicas o sacerdotales.

− Tiene el poder de perdonar los pecados… Antes eran los oyentes de sinagoga de Cafarnaúm los que, al escucharle, decían que él enseña con poder (exousia) y no como los escribas, que se limitar a comentar cosas del libro (1, 22). Después era el leproso quien le decía ¡si quieres, “puedes” limpiarme! (1, 40). Ahora, a la vista del paralítico con amigos, Jesús mismo se atreve a decir, como hijo de hombre, que él tiene poder (exousia) para perdonar pecados… Ese poder (que Jesús comparte con aquellos que creen) es lo que importa, es el principio de transformación del judaísmo y de la humanidad.

&#8722ijo al paralítico: Toma tu camilla y vete a casa… Este nueva palabra expande y ratifica la anterior (¡tus pecados quedan perdonados!). Marcos quiere mostrar de esa manera, con la palabra y gesto de Jesús, que la fe y el perdón capacitan al paralitico para caminar, haciendo así posible el surgimiento de una humanidad no sólo reconciliada (perdonada), sino abierta a la vida (es decir, a la capacidad de caminar), sin necesidad de “camillas” religiosas o sociales. Bajo un tipo de ley sacral, el hombre está “postrado” en un lecho (krabatton), como un tullido, al que otros llevan y dirigen. Pues bien, Jesús le dice que tome su camilla y que camine; que no le tengan que llevar, como a un impedido, sino que él tome su camilla y ande, que vaya a su casa, para ser allí persona, en su contexto familiar y social.

Jesús envía al paralítico a su casa, no a los sacerdotes del templo, como en el caso anterior había enviado al leproso (1, 39-45) cuya lección ha comprendido. Éste es un Jesús que ha roto ya con la institución sacerdotal del perdón y por eso, ya no manda al paralítico curado al lugar santo de los sacerdotes, ni a la escuela doctrinal de las sinagogas donde siguen razonando los escribas, sino que le devuelve “a su casa”, esto es, al espacio de la vida cotidiana, que aparece desde ahora como campo donde viene a expandirse y se refleja el perdón ya recibido. La fe activa de los camilleros, que se hace palabra en el mandato de Jesús (¡toma tu camilla!), transforma internamente al tullido que se pone a caminar.

2, 12. Conclusión...
El paralítico se puso en pie, tomo en seguida la camilla y salió...

El sujeto de la frase ya no es Jesús, sino el paralítico que le obedece, de manera que se levanta y va a su casa, con la camilla a cuestas, a la vista de todos. Él milagro es, por tanto, la acción del mismo paralítico, que se pone en pie y camina. Jesús no ha hecho con él ningún trabajo externo, ni siquiera le ha levantado, de forma que (aunque fuera sábado no puede acusarle de nada). Los únicos que han “trabajado” externamente han sido primero los camilleros (que le han traído y le han descolgado) y luego el mismo enfermo, que se ha levantado, ha tomado la camilla y se ha marchado a su casa. Esta decisión y acción del enfermo, que se atreve a creer en Jesús y a ponerse en pie es el auténtico milagro.

Desde aquí se entiende la reacción de los asistentes que se admiran, diciendo ¡nunca hemos visto nada igual! De un modo lógico, en este momento, tras ver lo que han visto, los escribas callan (reaparecerán en 3, 22 acusando a Jesús de estar poseído por Satán). Ellos no dicen nada, pero Marcos recoge la respuesta de la gente, admirada ante el perdón transformador de Jesús, en una casa de Galilea, convertida en alternativa del templo de Jerusalén. Lo que no puede hacerse en el templo, se hace y se vive aquí, en una casa, en Cafarnaúm. Al recoger este relato, Marcos demuestra una confianza plena en el camino y poder de la iglesia de Jesús, porque los adversarios podrían invertir el argumento: Para que veías que no hay perdón en la iglesia: ¡mirad sus paralíticos!

Si Marcos se atreve a seguir manteniendo esta narración y si pone en su centro la palabra de Jesús (¡para que veáis que el Hijo del hombre tiene el poder de perdonar pecados…!) es porque confía que ella puede no sólo repetirse verbalmente, sino cumplirse en su comunidad, que es lugar de fe y perdón activo, una fe que hace posible que los paralíticos “andan”. Este relato sobre la fe-perdón que cura sólo se puede recibir y repetir allí donde se expresa y expande una fe activa como ésta, (la fe de Pablo y de la tradición cristiana), que no sólo perdona, sino que pone en pie y transforma la vida de los creyentes .

Ampliación.

Así se distingue el perdón de la iglesia y un tipo de religión de escribas.

(a) El perdón de la iglesia no es sacrificial: se funda en la fe de los amigos del enfermo (2, 5), ratificada por Jesús. Es perdón mesiánico, vinculado al Hijo del humano (2, 10) que entrega para ello (por ello) su propia vida, como indicará 8, 27-38. Es perdón que se expande en forma de "milagro" (el paralítico camina).

(b) El sistema de los escribas era incapaz de curar al enfermo. Por el contrario, el perdón del Hijo del humano lo hacer. Con el poder que Dios le ha dado, Jesús devuelve a la comunidad de los creyentes su don y riqueza más grande, el poder de perdonar y caminar como liberados. Aquí se ha iniciado la serie de controversias mayores de Jesús con el judaísmo.

Esta curación del paralítico, vinculada al perdón, es un signo mesiánico fundamental de Jesús (y de la iglesia). Por eso, dentro de Marcos, resulta ya imposible separar milagro y perdón, como si fueran realidades o gestos unidos desde fuera; cf. M. Trautmann, Zeichenhafte Handlungen Jesu (FB 37), Würzburg 1980, 234-258. La tradición joanea ha presentado el amor mutuo como prueba mesiánica; pues bien, para Marcos, la prueba del poder/perdón cristiano es que los humanos puedan caminar (que los paralíticos tomen la camilla y anden). Sobre el Hijo del humano en Marcos: cf. Kingsbury, Christology 157-176; Conflicto 85-89; M. D. Hooker, The Son of Man in Mark, SPCK, London 1967; B. Lindars, Jesus Son of Man, SCM, London 1983, 101-114.

Este pasaje (2,1-12) se sitúa en la línea de los anteriores. La enferma de 1, 29-31, el leproso de 1, 39-45 y este paralítico, perdonados y curados, quedan sustraídos de la vigilancia y cuidado de sacerdotes y escribas, de manera que rompen un tipo de vínculos religiosos que les mantenían atados a la institución, y pueden vivir ya la nueva libertad mesiánica de Jesús, que les abre directamente a Dios y a los demás humanos. Sacerdotes y escribas parecían actuar a modo de controladores sagrados, tanto en plano de pureza social como de perdón religioso (que van siempre unidos). Jesús, en cambio, desde el mismo fondo de lo humano, responde a la petición de los leprosos y a la fe de los camilleros, con una palabra de perdón que transforma a los antiguos paralíticos.

La estructura de los escribas había ido extendiendo sus anillos de cohesión sacral sobre los hombres y mujeres, pero no podía curar a enfermos, leprosos y paralíticos. Y así los mantenía de algún modo sometidos dentro del sistema. Pues bien, Jesús ha roto ese sistema, poniéndose al servicio de los más necesitados, que le piden ayuda y le buscan. Por eso, en su proyecto mesiánico, al lado de la suegra de Simón, como primeros liberados para el reino, hallamos al leproso y al paralítico. Ellos forman la avanzadilla de eso que, con un término que no aparece en Marcos podríamos llamar el camino de la Iglesia. El leproso ha empezado a predicar entre los vecinos, el paralítico ha vuelto a casa con su camilla. Ambos llevan en su carne (en su vida entera) la marca de Jesús, Hijo de hombre que ofrece perdón y nueva comunión de Dios sobre la tierra .

Una religión de sacerdotes y escribas (y una Ley cerrada en sí misma) mantiene la coherencia comunitaria como disciplina sobre el pecado. Por un lado pone de relieve el pecado de la gente; por otro se arroga el poder de perdonar, propio de algunos miembros del “clero” sacerdotal o legal. De esa forma, asumiendo el poder de marcar lo que es pecado (de señalar y separar a los pecadores) y de perdonar después con sus ritos y poderes, los gerentes de esa religión se convierten en una máquina de superioridad y dominio sobre los demás. En contra de eso, el grupo cristiano se funda en el principio de la solidaridad (camilleros), abierta a un perdón humano (no sacral), ratificado por Jesús. Es como si de pronto perdiera su sentido la vieja institución sacrificial del templo, ideada para perdonar pecados. Jesús no necesita sacerdotes ni escribas; le basta la fe y solidaridad de los camilleros que representan y realizan algo más hondo que todo el poder de los escribas, más que el templo de Jerusalén, más que el Día de la gran Expiación o Yom Kippur. Ellos son principio de perdón e iglesia para este paralítico .

Los romanos tenían el poder político, los griegos el científico; los sacerdotes y escribas judíos del entorno de Jesús se sentían “poderosos” porque se creían dueños del poder sobre el pecado y el perdón. Ciertamente, eran personas de gran capacidad, de fondo bueno, pero corrían el riesgo de construir un mundo de opresión, con los paralíticos atados a su camilla. Pues bien, a diferencia de ellos, los cristianos saben que hay pecado, pero no quieren dominar el mundo a través del control sobre el pecado, sino actuar como transmisores de un perdón que se funda en la fe y se expande en la forma de andar. Desde esa perspectiva debería valorarse la situación actual de las iglesias cristianas. Son muchos los que piensan (pensamos) que el perdón de algunos estamentos eclesiales se parece más al perdón que ofrecían los escribas que al perdón de Jesús y sus amigos camilleros.
(
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/02/16/dom-19-2-12-el-paralitico-de-cafarnaum-p
).

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Ejercicio de lectio divina para el Domingo VII del ciclo B.

"Claves de Lectio Divina para Jóvenes" Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM - SOCIEDADES BÍBLICAS UNIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE

LECTIO DIVINA Domingo 7° Durante el Año Ciclo B
Tú palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino
 Salmo 119.105

TEXTO BÍBLICO: Marcos 2, 1-12

Jesús y el paralítico

1 Después de varios días, Jesús regresó al pueblo de Cafarnaúm. Apenas se supo que Jesús estaba en casa, 2 mucha gente fue a verlo. Era tanta la gente que ya no cabía nadie más frente a la entrada. Entonces Jesús comenzó a anunciarles las buenas noticias.
3 De pronto, llegaron a la casa cuatro personas. Llevaban en una camilla a un hombre que nunca había podido caminar. 4 Como había tanta gente, subieron al techo y abrieron un agujero. Por allí bajaron al enfermo en la camilla donde estaba acostado.
5 Cuando Jesús vio la gran confianza que aquellos hombres tenían en él, le dijo al paralítico: «Amigo, te perdono tus pecados.»
6 Al oír lo que Jesús le dijo al paralítico, unos maestros de la Ley que allí estaban pensaron: 7 «¿Cómo se atreve este a hablar así? ¡Lo que dice es una ofensa contra Dios! Sólo Dios puede perdonar pecados.»
8 Pero Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9 Dí ganme, ¿qué es más fácil? ¿Perdonar a este enfermo, o sanarlo? Pues voy a demostrarles que yo, el Hijo del hombre, tengo autoridad aquí en la tierra para perdonar pecados.»
Entonces le dijo al que no podía caminar: 11 «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
12 En ese mismo instante, y ante la mirada de todos, aquel hombre se levantó, tomó la camilla y salió de allí. Al verlo, todos se quedaron admirados y comenzaron a alabar a Dios diciendo: «¡Nunca habíamos visto nada como esto!»

TRADUCCIÓN EN LENGUAJE ACTUAL
1 - LECTURA

¿ Qué dice el texto?

Pistas para la lectura
Queridos lectionautas:
El texto evangélico de este Domingo nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaúm. Regresa a su "centro misionero" para realizar nuevamente una curación. Es interesante notar la "popularidad" que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en la casa ni en el frente de la casa. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la buena nueva.
. En medio de la enseñanza del Maestro traen a un paralítico entre cuatro personas y, para poder acercarlo a Jesús, hacen un agujero en el techo y de allí lo bajan acostado en su camilla.
En el v. 5 aparecen dos detalles interesantes que van a marcar el núcleo de todo el
relato:
• En primer lugar Jesús percibe la "gran confianza" (literalmente "la fe") de "aquellos hombres" (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro "camilleros" y al hombre enfermo también).
• En segundo lugar le dice al paralítico que sus pecados son perdonados cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama "amigo" (literalmente "hijo"; tener presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
En los v. 6-7 aparece la reacción de los maestros de la ley que "piensan" (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que solo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto...
Jesús en un gesto soberano y divino (solo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10). Esta afirmación es la central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina "Hijo del hombre", es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
El relato termina con la admiración y la alabanza pero aparecen también las primeras reacciones adversas. Se acusa por primera vez de "blasfemia" a Jesús (v. 7); esta acusación
reaparecerá en el final de la vida terrena de Cristo cuando comparece ante el Sanedrín (cfr. Mc 14,62-64).
En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y destruye el corazón del hombre.
La "gran" buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en "el cielo" sino aquí en la tierra.

Para tener presente: La mayoría de las casas en Palestina tenían techo plano. La escalera habitualmente estaba construida a un lado de la casa y permitía un fácil acceso al techo, que estaba construido con vigas y tablones cubiertos con mezcla. El techo de hecho era una especia de terraza o azotea. Así se entiende bien el "movimiento" que se da en el Evangelio de este Domingo.

Otros textos bíblicos para confrontar: Mt 9,1-8; Lc 5,17-26. También Mt 6,12; Lc 1,77; Hch 2,38.

Para proseguir la profundización de estos temas se puede mirar en el Índice Temático de La Biblia de Estudio. Dios habla hoy, la voz "Perdón,
Perdonar"" 
Preguntas para la lectura
¿Qué hace Jesús después de varios días? ¿A dónde regresa?
¿Qué ocurre cuando la gente del pueblo se entera que Jesús está en casa? &       J>~«
¿Qué les anuncia Jesús?
¿Quiénes traen al paralítico? ¿Cómo lo acercan a Jesús? ¿Qué percibe Jesús en estos hombres? ¿Qué le dice entonces al paralítico? ¿Qué piensan los maestros de la Ley?
¿Por qué piensan que es blasfemo que Jesús perdone los pecados? ¿Qué les dice Jesús?
¿Qué implica que Jesús diga al paralítico: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu
casa"?
¿Qué hace el enfermo que recibe la orden de Jesús? ¿Cómo reaccionan los presentes? ¿Qué dicen?
 

2 - MEDITACIÓN

¿ Qué me dice? ¿ Qué nos dice?

Preguntas para la meditación
• ¿Me animo a ser parte de la "gente" que quiere estar cerca de Jesús?
• ¿Me acerco a su "casa" la Iglesia?
• ¿Cuáles son las "buenas nuevas" que hoy Jesús me está anunciando a mí?
• ¿Tengo la actitud "misionera" de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?
• ¿A quién/es "he llevado" más o menos "enfermos" para que se encuentren con el Señor?
• ¿Tengo una fe-confianza en Jesús tan grande como la de estas cuatro personas y el paralítico?
• ¿Me dejo perdonar por Jesús?
• ¿Hace cuanto que no me acerco al Sacramento de la Reconciliación?
• ¿Me alegro del bien que Dios hace en mis hermanos o tengo actitudes legalistas como la de los maestros de la Ley para justificar mi falta de autenticidad?
• ¿Qué experiencias he tenido del poder sanador de Jesús en mi vida?
• ¿He experimentado en mi vida el perdón de Dios? ¿Cómo lo he vivido, qué ha cambiado en mí?
• ¿Me "admiro" del poder de Dios que hace que triunfe el bien, la verdad y la vida a pesar de los signos de muerte que aún percibimos en nuestro transitar histórico?
• ¿Soy capaz de alabar al Señor?
 

3 - ORACIÓN
 

¿ Qué le digo? ¿ Qué le decimos?

Para propiciar la oración se te ofrecen dos números del Catecismo de la Iglesia Católica que iluminan muy bien el tema central del texto evangélico de este Domingo:

Sólo Dios perdona el pecado

1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en
virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.

1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).

El 1441 cita nuestro texto en dos partes. Además, en el 1442, se reflexiona sobre el poder sacramental de Iglesia conferido por Jesús al servicio de los hombres.

4 - CONTEMPLACIÓN

¿ Cómo interiorizo el mensaje? ¿ Cómo interiorizamos el mensaje?

Para poder guardar en el corazón la Lectio Divina de este Domingo te propongo examinar serenamente tu vida detectando tus pecados ante la vista misericordiosa del Señor.
Cada vez que "detectes" una falta anímate a escuchar la palabra de Jesús como dicha directamente a tu corazón: "Amigo/Hijo te perdono tus pecados".
5 - ACCIÖN
^    I¿A que comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

Propuestas personales
• Hacer un sereno examen de conciencia revisando las faltas y pecados que puede haber en tu corazón.
• Buscar crecer en la fe-confianza en el poder de Dios para "sanar" incluso las enfermedades espirituales más serias de nuestro mundo actual.


Propuestas comunitarias
• Buscar espacios de perdón y de reconciliación en el ámbito de tu grupo y de tu familia. Más allá de las tensiones y dificultades del pasado recordar que Dios con su
poder puede dar su gracia para el perdón en todas las circunstancias si hay verdadero arrepentimiento.
•   Pensar en estrategias concretas para ser "camilleros" de otros jóvenes "enfermos" que necesiten acercarse a Jesús para que Él los sane.
 

Homilia para la Misa del Domingo VII Ordinario del ciclo B.

DOMINGO VII CICLO B
22 de febrero de 2009
LA NOVEDAD DEL PERDON DE LOS PECADOS, CONSECUENCIA DE LA NUEVA VIDA

1."Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?" Isaías 43,18. No cabe duda que la apertura nos abre la curiosidad. ¿Qué será eso que está brotando? Si el profeta no continuara diciendo que "abriré un camino en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé", tendríamos motivos para quedarnos intrigados. Recordemos la historia. El pueblo de Dios está cautivo políticamente y más aún, moralmente, en Babilonia, pues en el destierro, se ha olvidado de su Dios, como siempre que se ha visto rodeado de ambiente idolátrico y de dioses babilónicos. El pueblo pagano, que lo ha derrotado militarmente, casi ha destruido también su alma. Y Dios suscita a Isaías para que resucite la esperanza, al grito de ¡Dios va a intervenir!. El librará a su pueblo de la esclavitud y, además, lo renovará interiormente. Va a ocurrir un nuevo Exodo en el que el Señor resucitará a su pueblo paralítico, amado y pecador. El Señor no los ha olvidado y los va a repatriar. Ciro, un pagano rey de Persia, va a ser el instrumento en sus manos para retornar a la patria a los exiliados. ?¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se paralice la mano derecha, ¿Cómo cantar el cántico del Señor en tierra extranjera??. Los ojos del profeta Isaías, consideran un buen augurio la derrota de Babilonia por Ciro, porque "El corazón del rey es una acequia en manos de Dios y la dirige a donde quiere" (Prv 21,1). El que libró a Israel de Egipto, "abrirá ahora un camino por el desierto, hará brotar ríos en el yermo". Estos ríos son el agua sacramental que apagará "la sed del pueblo que yo formé para que proclamara mi alianza". Eso es lo nuevo que ya está brotando. Y voy a hacer esto, no porque vosotros hayáis sido fieles, pues "no me invocabais, ni siquiera me ofrecíais los sacrificios", como cuando estabais en Jerusalén, y "me avasallabais con vuestros pecados y me cansabais con vuestras culpas". "Yo, yo era". Era yo quien "borraba vuestros crímenes y me olvidaba de vuestros pecados". Puro amor, gracia pura de Dios. Total gratuidad. El amor movió a Dios a crear. El amor le mueve a recrear, a hacer una nueva creación.

2. En el primer año de su vida pública, Jesús se ha limitado a predicar, hacer milagros y echar demonios, pero ha hablado muy poco sobre la naturaleza del Reino, del que sólo les ha dicho que no consistía en un bienestar humano, sino en algo más interior y profundo, que venía significado por la expulsión de los demonios, causa del malestar de los hombres, de las guerras, de las enfermedades, del odio, de la envidia, de la idolatría y de las hecatombes universales.

3. Hoy va a dar una fuerte campanada, adjudicándose el poder de perdonar pecados, iniciando la idea de su plan de redención de la humanidad pecadora. Y lo va a realizar, no sólo ante unos sencillos galileos de Cafarnaum, sino también ante unos doctores de la Ley, allí presentes, lo que va a hacer estallar un trueno en medio de la calma. Los galileos quedarán espantados. Y los intelectuales, escandalizados, transmitirán el hecho a Jerusalén, donde comenzará a levantarse la marejada que le conducirá al Calvario. Pero así sembraba ya la semilla de la Redención.

4. "Llegaron cuatro hombres llevando un paralítico" Marcos 2,1. La fama de la curación del leproso y tantas otras se había extendido por toda la comarca, buscando salud, curación, es completamente humano. Para ello cometieron una travesura, que Jesús contemplaría complacido porque testimoniaba su fe, aunque rudimentaria e interesada, pero, al fin y al cabo, fe en el poder de Jesús. En Nazaret no había podido hacer milagros por su falta de fe. Y aquellos hombres demostraban una fe que no se arredraba ante las dificultades. Como la casa de Pedro en Cafarnaum estaba abarrotada, y la gente se había agolpado a la puerta, era imposible presentar ante Jesús al paralítico; pero este paralítico había tenido la suerte de encontrar a unos hombres valerosos, con fantasía y arrojo, para ayudarle. No dudaron en romper el techo, y exponerse a pagar los gastos de los daños y perjuicios, porque la fe en Jesús era muy grande y la caridad, que siempre va unida como hermana gemela con la fe, no era menor. No era el momento de andar con delicadezas y buenas maneras, pidiendo a los demás que dejen paso. Aquella casa, como las de la época y la región, tenía una escalera por la parte de fuera por donde se subía a la azotea. Y sin dudar lo más mínimo, subieron por allí con el paralítico a cuestas. Ya en el techo, desmontaron las tejas, y abrieron un boquete, demostrando que tenían una fe ciega en Cristo, que les infundía valor para todo y para no amedrentarse ante nada. Y el paralítico tenía una gran esperanza en su corazón de verse libre de su enfermedad para poder compartir la vida con los demás. Todo este trabajo audaz no se hizo en un momento. Los de la casa protestaban, porque temían que cayesen sobre sus cabezas, no sólo el polvo, sino alguna teja que les descalabrara. Y escribe Marcos, que, por fin,  pusieron al paralítico ante Jesús, en aquel mundo cerrado y formal que le estaba escuchando.

6. Jesús tiene poder para curar; la gente lo sabe; pero desde el principio, quiere deslindar los campos como cuando le seguirán después de la multiplicación de los panes y los peces. Claro que quiere que todos estén sanos de cuerpo. Pero su venida al mundo alcanza un nivel de una categoría superior. 

Ha venido para que tengan vida y vida abundante, su propia vida divina, y el pecado es el muro en el río, que impide el paso del agua de esa vida. Por eso, para delimitar los niveles de los dos océanos, comienza por perdonar los pecados. Jesús se daba perfecta cuenta de que ni el paralítico ni los que lo llevaban, habían venido a confesarse. Pero, aunque nadie le ha pedido el perdón, cuando ha dejado claro, que su misión principal es perdonar los pecados para hacerlos hijos de Dios, curará también la enfermedad del paralítico. Con lo cual habrá puesto al servicio de lo trascendental, lo accidental, la curación. Que a la vez, será garantía de que tiene el poder de perdonar los pecados, y de que para eso ha venido, como Cordero de Dios.

7. "Hijo, tus pecados quedan perdonados". A los judíos les resultaba inaudito e inaceptable, que un hombre se atreviera a pronunciar una fórmula de perdón tan tremenda. La extrañeza y la incredulidad se removieron en el corazón de los letrados presentes. Jesús descubre sus pensamientos, y los ataja con la pregunta: "¿Qué es más fácil: decirle al paralítico, "tus pecados quedan perdonados", o decirle "levántate, coge tu camilla y echa a andar"?. Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre, tiene poder en la tierra para perdonar pecados...entonces le dice al paralítico: "<Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa>. El paralítico se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos". Si sólo Dios puede perdonar los pecados Jesús se ha manifestado con el mismo poder de Dios.

8. En lo que menos pensaban ni el paralítico, ni los cuatro hombres que lo trajeron, era en conseguir el perdón de los pecados. Ellos habían venido buscando la curación de aquel paralítico, y se iban con la gracia de Dios, lo nuevo, la vida de Dios, en su alma. Y Jesús, que ha venido al mundo para quitar el pecado, y ha visto suficiente fe y generosidad en el corazón de aquellos hombres, que han demostrado una creatividad e iniciativa admirables, después de otorgarle el perdón de sus pecados, manifestándose como Dios, le regala la curación física. Los cuatro hombres de corazón grande y el paralítico, vinieron en busca de la curación de un enfermo, pero su fe, su amor y su iniciativa audaz a favor de aquel hermano, merecieron el perdón de sus pecados, que es un milagro mayor. Pensemos en nuestras Iglesias cerradas sobre sí mismas, en las que cualquier apertura parece imposible.

9. A Pablo, como los fariseos a Jesús, algunos intrigantes de la Iglesia de Corinto también le acusaron y él se defendió, diciéndoles que tenía muy claro su camino y no lo iba a abandonar porque se lo había señalado Jesús, a quien seguía. Y nunca se dejó amilanar por los obstáculos surgidos ante él, respondiendo firme y totalmente a la voluntad divina, llevando a término el designio del Señor. Penetrado por el mismo Espíritu, el apóstol considera que debe continuar su labor a pesar de las críticas infundadas (2 Cor 1,18).

10. Una casa es un lugar de repliegue sobre sí mismo, un lugar de «retiro»; un lugar poseído y cerrado en el que se habita hasta la muerte. El paralítico entró en la casa por el tejado «como un ladrón». Le han llevado allí, tumbado en su camilla, como si estuviesen metiendo un ataúd en una tumba. Pero como a Lázaro, Jesús le dice al paralítico, «levántate», y éste sale de la tumba. Como para el leproso del domingo anterior, también para éste la curación ha sido una resurrección. Cristo es el creador de la vida. El paralítico ya no necesitaba los brancadiers porque se había convertido en un hombre en pie, que salía libre con su camilla bajo el brazo. Al recibir el perdón ya era un hombre libre y vivo. Mientras era prisionero de sí mismo, no podía moverse, pero el perdón de Dios lo había liberado. Ahora camina sin dificultad y puede vivir sin cadenas. Mientras los escribas permanecían encerrados y paralizados, el que estaba inmóvil sale caminando.

11. Hubo como una contradicción entre Jesús y los que trajeron al paralítico, pues no era un penitente que venía a confesarse, sino un enfermo. Ellos vinieron a que lo curara, era su propio nivel, y su deseo. No tenían más horizonte. Pero Jesús no se identifica con ese deseo para no desvirtuar la esencia de su misión. Su nivel es más alto. Y eleva el problema. Es la primera vez que oímos a Jesús hablar del perdón de los pecados. El paralítico no ha abierto la boca para confesarse y pedir perdón. Pero Jesús le ofrece el perdón. «Animo, hijo, tus pecados te son perdonados». No sé si estas palabras de Cristo pudieron defraudar de momento al enfermo, pues él y sus acompañantes probablemente, no habían pensado mucho en ese perdón, y menos impartido por un hombre, y sí en la curación, que deseaban con toda su alma. Si no pudieron captar entonces toda la trascendencia de esas palabras de Cristo, sin duda que luego serían materia de meditación e inmenso gozo.

12. Para la teología de aquellos maestros, Cristo había blasfemado, pues se había atribuido el poder divino, sencillamente se proclamaba Dios, pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Cristo no sólo leyó en sus rostros y en su actitud, que aunque silenciosa, manifestaba la repugnancia que sentían ante aquellas palabras, sino también en sus corazones. Por eso añade: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ?Tus pecados te son perdonados? o decirle: ?Levántate, toma tu camilla y anda?? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, dice al paralítico: ?A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». De este modo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan lleno de majestad, proclamaba Jesús su Divinidad. Nadie se expondría a proferir unas y otras palabras, las del perdón de los pecados y las del imperio sobre una dolencia incurable al mismo tiempo, para probar con unas las otras, si no tuviese la conciencia de ser igual que el Padre, como luego, muy pronto, dirá.

12. En esa camilla llevada por cuatro hombres, se nos insinúa y representa el misterio de la «comunión de los santos», como dice san Pablo: que hemos de aportar algo nosotros a lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para «el bien de la Iglesia». Es un misterio consolador y muy olvidado en nuestros días, en los que sólo se cotiza la aportación personal e inmediata en procurar el bien de los demás, y en que se da preferencia al bien físico o humano sobre el espiritual. La Iglesia se sostiene, y es llevada hacia Cristo, sobre todo por las oraciones de unos por otros, muy especialmente por el amor crucificado de muchos ignorados. Lágrimas de madre han llevado a Agustín a la conversión. Lágrimas, oraciones, penitencias, sacrificios, vidas anodinas y sacrificadas, llevan almas a Cristo, vidas que habrían permanecido en la vulgaridad de los mediocres, elevadas a las cumbres de la contemplación y eficacia. Enfermos, madres de familia escondidas en su oscuro hogar, trabajadores infatigables en su fábrica o taller, simples administradores en una oficina, con su humildad y monotonía, labradores sudorosos del campo que trabajan de sol a sol, una multitud de almas sacrificadas que se han acostumbrado a servir a los demás, pisoteadas mil veces por sus amos, pero llenos de amor ofrecen cada día su trabajo y sufrimiento duro por el bien de la Iglesia, son los que la sostienen y la llevan a Cristo. Éste es el misterio tan poco entendido en el momento actual de las monjas de Clausura, que viven el misterio de la «comunión de los santos», negándose a sí mismas una infinidad de bienes que podrían tener en su familia y en la sociedad, sin pretender nada más que alcanzar el máximo grado de amor sacrificado, muy conscientes de que enriquecen a la Iglesia y a la sociedad, con una riqueza misteriosa, tesoros no apreciado, pero solemnemente reconocidos por la Iglesia en todos los tiempos. Toda esa multitud de almas que viven muy intensamente su fe y su amor a Cristo, son las que llevan sobre sus hombros a una ingente de inválidos o paralíticos, que no tienen fuerzas para caminar hacia Él.

13. Pero y a estas almas que llevan a su vez a las demás, ¿quién lleva? Todas reciben una multitud de gracias de las otras, de todo ese acervo inmenso de amor crucificado que hay en la Iglesia, y todas son llevadas personalísimamente por Cristo. Sin Cristo en su interior, todos seríamos igualmente inválidos para caminar hacia Dios. Quien nos lleva por el áspero camino que sube primero hacia el Calvario y luego hacia la montaña de la Ascensión, es el mismísimo Cristo, instalado en lo más íntimo de nuestro ser para comunicarnos su Vida divina, y nos brinda tantas ocasiones para morir, si no de una vez en una cruz, sí cada día un poco en la infinidad de cruces y dificultades, que encontramos en nuestro camino. Con el perdón ha llegado la virtud de Dios, que permite empezar el camino maravilloso que nos conduce a su Reino porque una nueva fuerza ha surgido en el fondo del alma.

14. Si queremos evangelizar de nuevo al mundo, comencemos por revalorizar el sacramento de la Reconciliación y Misericordia, que desde hace tiempo, aunque aún cotiza en bolsa, ha perdido muchos enteros. Será el comienzo de la implantación del reino de Dios en el mundo nuevo.

15. Y con el sacramento de la reconciliación, el de la Eucaristía, que fervorosamente estamos preparando para sacar nuevas gracias y mayor fruto. Conmovidos por esta verdad y por es amor, diremos con el salmista: "Sáname, Señor, porque he pecado contra tí" Salmo 40."
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Domingo VII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Día 19 VII Domingo del Tiempo Ordinario
 
        Evangelio: Mc 2, 1-12 Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaún. Se supo que estaba en casa y se juntaron tantos, que ni siquiera ante la puerta había ya sitio. Y les predicaba la palabra. Entonces vinieron trayéndole un paralítico, llevado entre cuatro. Y como no podían acercarlo hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
        —Hijo, tus pecados te son perdonados.
        Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?» Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo, les dijo:
        —¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decirle: «Levántate, toma tu camilla y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados —se dirigió al paralítico—, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y se levantó, y al instante tomó la camilla y salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y glorificaron a Dios diciendo:
        —Nunca hemos visto nada parecido.
 
Fe y obras de fe

       Entre las muchas enseñanzas que nos ofrece hoy el pasaje evangélico, en este caso de san Marcos, que se considera en la Liturgia de la Palabra, podemos fijarnos en la actitud de aquellos cuatro que llevan la camilla con el enfermo. Podría parecer accesorio este hecho en el conjunto de la situación que meditamos, que culmina en la absolución de los pecados de aquel hombre y en su curación corporal. Sin embargo, vale la pena, sin duda, que nos detengamos en lo que, según el Evangelista, provocó la reacción primera de Jesús. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
        —Hijo, tus pecados te son perdonados.

        Dios es Amor, según lo define san Juan, y así se manifiesta en Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, con un permanente e inagotable interés por procurar el bien de los hombres. Nos ama porque siempre quiere lo mejor para nosotros. En todo caso, somos capaces de entender ese amor divino –hasta donde nos es posible con nuestra limitada capacidad–, si tenemos fe. Únicamente reconociendo a Jesús como Dios infinitamente Bueno y Todopoderoso, mediante la fe, entendemos su Amor ilimitado por el hombre.

        Jesús pide en bastantes ocasiones la fe explícita de aquellos a quienes auxilia. En otras ocasiones, como ésta que hoy consideramos, la fe se manifiesta ya en el modo de hacer de quienes actúan. Recordemos, por ejemplo, a Bartimeo, el ciego de Jericó, a la mujer sirofenicia, al leproso que recordábamos la semana anterior, a la hemorroisa y tantos otros. Era necesario que Jesús fuera reconocido como Dios, capaz por tanto –a pesar de su apariencia simplemente humana– de lo que sólo Dios puede hacer. Se manifestaba así el sentido de su vida entre los hombres: hacernos saber que Dios, por la Encarnación, Muerte y Resurrección gloriosa del Verbo, desea que participemos de su misma divinidad como hijos suyos, siendo, como somos, simples hombres.

        En la curación de este paralítico podemos observar en detalle la fuerza de la verdadera fe. Constatamos, asimismo, la respuesta coherente del Señor, protagonista siempre de una misión plenamente salvadora para los hombres. Podemos aprovechar la circunstancia favorable de estos versículos que se ofrecen a nuestra meditación, para reflexionar, en el silencio secreto de la propia intimidad, sobre la potencia efectiva de nuestra fe y en el bien que, ante todo, esperamos alcanzar de Dios.

        ¿Se nota en mi conducta ordinaria de cada día que, con medios quizá desproporcionados para la mayoría de la gente, intento agradar a Dios y lograr una eficacia insólita? Sacar al paralítico de su casa, únicamente porque ha llegado Jesús, perseverar en el empeño de ponerlo ante Él –a como dé lugar–, hasta el extremo de no regatear medio alguno, hasta romper incluso el techo de la casa (dispuestos, sin duda, a correr con las consecuencias económicas del siniestro provocado) con tal de lograr su propósito: esto es verdadera fe. Es una fe eficaz, pues las obras visibles responden de ella. De otro modo, la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta, como afirma el apóstol Santiago.

        El cristiano coherente con su fe ha de sorprender con su conducta, sobre todo cuando el ambiente en que se desenvuelve no está impregnado de los ideales del Evangelio, como hoy por hoy suele suceder. El modo de organizar la familia, la forma de divertirse, el empleo del dinero, la ocupación del tiempo, son aspectos, entre otros muchos que se podrían mencionar de una vida corriente, que uno organiza según determinados criterios. Todos esos aspectos quedan poderosamente afectados, en algún sentido, cuando se viven con fe. Y, hasta tal punto, que si no se notara, en lo concreto de la conducta y en lo que es valioso para una persona, su condición de cristiano, habría que entender que cristiano es de nombre, pero no de hecho.

        Entre otras profundas convicciones, el hijo de Dios que intenta vivir cada día como tal, tiene la de que su máximo bien es la santidad y su mayor mal el pecado. En absoluto sorprende, pues, que Jesús limpie de sus pecados primeramente al paralítico. En realidad, el pecado es, para cualquiera, un mal inmensamente mayor que la peor de las desgracias en el orden físico, como sería la parálisis para aquel hombre. El pecado, apartamiento de Dios por ser oposición a su voluntad, supone un fracaso del hombre en cuanto tal, no ya en el orden físico como la enfermedad. El hombre en pecado es un contrasentido por naturaleza. Pues estamos hechos para amar a Dios y sólo en eso está el pleno desarrollo del hombre.

        Santa María es maestra de fe. De fe manifestada en obras, desde el anuncio del Ángel hasta la Cruz de su Hijo. También por esto la llamamos bienaventurada todas las generaciones.
(
http://www.fluvium.org
).

Lecturas meditadas de la Misa del Domingo VII del ciclo B.

Lecturas del Domingo 19 de Febrero de 2012

7º domingo de tiempo ordinario

Santoral: Alvaro, Conrado

Is 43,18-19.21-22.24b-25: Por mi cuenta borraba tus crímenes
Salmo 40: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti
2 Cor 1,18-22: Jesús se ha convertido en un "sí"
Mc 2,1-12: El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados
Isaías 43,18-19.21-22.24b-25


Por mi cuenta borraba tus crímenes
Así dice el Señor: "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados."


Salmo responsorial: 40


Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; / en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. / El Señor lo guarda y lo conserva en vida, / para que sea dichoso en la tierra, / y no lo entrega a la saña de sus enemigos. R.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, / calmará los dolores de su enfermedad. / Yo dije: "Señor, ten misericordia, / sáname, porque he pecado contra ti." R.

A mí, en cambio, me conservas la salud, / me mantienes siempre en tu presencia. / Bendito el Señor, Dios de Israel, / ahora y por siempre. Amén. Amén. R.


2Corintios 1,18-22


Jesús no fue primero "sí" y luego "no"; en él todo se ha convertido en un "sí"
Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero "sí" y luego "no". Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero "sí" y luego "no"; en él todo se ha convertido en un "sí"; en él todas las promesas han recibido un "sí". Y por él podemos responder: "Amén" a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

 

Marcos 2,1-12


El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni en la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados quedan perdonados." Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: "¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?" Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: "¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados..." Entonces le dijo al paralítico: "Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa." Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto una cosa igual."

Comentarios

En la primera lectura del «segundo Isaías», Yahvé se dirige a su pueblo y le reprocha no recordar ni caer en la cuenta del pasado. No sólo han olvidado su historia sino que no han reflexionado sobre la presencia permanente de Dios en ella. Tampoco son capaces de reconocer su actuación histórica presente. ¿No lo reconocen? Ese olvido se manifiesta en una vida de iniquidad y pecado, que ha cansado a Dios, quien ha permanecido fiel en una actitud de perdón. El profeta evidencia la inconciencia del Pueblo, e impele a reconocer al Dios fiel en los acontecimientos de su vida.

Pablo, en su segunda carta a los Corintios recalca esta fidelidad de Dios manifestada en la persona de Jesús, en cuyos actos y palabras no hubo doblez ni ambigüedad. En Jesús Dios mostró su total coherencia: él es el «sí» de Dios a la Humanidad. Esto exige de los cristianos la misma coherencia y honestidad. La actitud de Dios firme y constante, llena de confianza, un “Amén” que implica una aceptación de esa acción de Dios expresada en el proyecto de Jesús. Por su parte Dios, en Cristo, conforta a la comunidad creyente, unge, marca, sella y da “en arras” el Espíritu como signo de la total pertenencia del cristiano a Dios, en una unidad que ha de expresarse en actitudes y palabras coherentes a ejemplo de Jesús.

El evangelio de Marcos nos descubre esa coherencia de Jesús. Regresa a Cafarnaum y corre la voz de que está en casa, y la gente se agolpa en la puerta. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse a las entradas de las casas.

Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso han subido y han abierto un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos. El primero está impedido: su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, y es tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud. Es la ocasión precisa para poner a prueba la coherencia de Jesús.

Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que «realizar», aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!») no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, comunicado, informado, pensado, teorizado), sino construido (hecho, realizado, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada-explicada, sino mostrada-evidenciada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.


Para la revisión de vida
En qué momentos de mi vida he experimentado la fidelidad de Dios?
¿En que momentos he sentido la falta de coherencia entre mi fe, mis palabras y mis acciones?
¿En que situaciones he puesto las leyes por encima de la vida de las personas?

Para la reunión de grupo
- «Predicar y curar»: ¿sería éste un binomio que sintetizaría bien la actitud de Jesús? ¿Por qué?
- La misión del cristiano, ¿es fundamentalmente decir o hacer? ¿Por qué? Justificar la respuesta con referencia a Jesús.
- «Hay momentos en los que la mejor forma de decir es hacer». Comentar.
- «Bonum est faciendum» (Aristóteles: “el bien es algo que ha de ser hecho”). Comentar.
- ¿Qué pasa hoy con el sacramento de la confesión? ¿Qué información y qué percepción tenemos sobre su práctica actual? ¿Por qué está tan olvidado? ¿A qué se debe? Aventurar interpretaciones diciendo sinceramente lo que intuimos, y comentándolo críticamente después en el grupo.


Para la oración de los fieles
-  Por el pueblo santo de Dios, para que sea para toda la humanidad primicia de la salvación y germen fecundo de unidad y de esperanza…
- Por los pastores de la Iglesia, para que sepan recoger en torno a Cristo la entera familia de Dios, y la sirvan humildemente con la Palabra y el ejemplo…
- Por los responsables de las naciones y de los organismos internacionales, para que busquen con conciencia recta lo que lleva al progreso y no se dejen corromper por el dinero o el poder…
- Por todos los que ayudan a aliviar los sufrimientos humanos, para que sepan reconocer a Cristo presente en los más pequeños hermanos, en los enfermos y en los marginados…
- Por nosotros acá reunidos en torno al altar, para que seamos constructores del Reino de Dios en todas nuestras situaciones de vida según los dones recibidos…
- Para que descubramos la acción de Dios que nos perdona los pecados a todos y cada uno y obra misericordia y amor en las situaciones que nosotros menos pensamos…
- Para que tengamos la sabiduría del corazón a fin de comprender y ayudar a los “nuevos pobres”: ancianos, emigrantes, discapacitados, marginados, enfermos… hermanos y hermanas que están a nuestro lado…

Oración comunitaria
 Padre fiel que has permanecido actuando en la historia y que manifestaste tu fidelidad en la vida de Jesús, actuando a favor de la vida y la dignidad de tus hijos e hijas, llénanos de tu espíritu para sepamos leerte en la historia y podamos actuar en ella con coherencia y radicalidad, siendo verdaderos protagonistas en la construcción de la Utopía, ¡tu Reinado!, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que te buscan con la misma pasión que la nuestra. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

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Domingo VII Ordinario del ciclo B. Meditacion de MC. 2, 1-12.

   Padre nuestro.

   Domingo, 19/02/2012, Domingo VII Ordinario del ciclo B.

 

   Jesús, Dios verdadero, y Hombre admirable.

 

   Meditación de MC. 2, 1-3, 6.

 

Introducción.

 

   Jesús se atraía muchas dificultades con una facilidad asombrosa. El Señor siempre fue muy consecuente con su forma de proceder, pero tenía muchos problemas, porque no padecía de "excusitis", ya que decía lo que creía que debía decir, y hacía lo que debía hacer. El Mesías no quería engañar a nadie ni mentirse a sí mismo imitando a quienes disimulan su miedo y pereza, en aquellas ocasiones en que ven que pueden enredarse en dificultades, hasta el punto de poner en peligro su vida.

   Jesús sabía mejor que nadie que, cuando le llegara la hora de entregar su vida para redimir a la humanidad, Nuestro Santo Padre recompensaría su actitud heroica, aunque también tenía muy claro que no actuaba intentando sobornar a nuestro Creador para ser premiado por ello, pues, el amor a Dios y a los hombres, constituían la fuerza que le impulsaba a llevar a cabo fielmente el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre.

   Antes de meditar el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando (MC. 2, 1-12), recordemos algunos textos que hemos meditado durante las últimas semanas, para comprender mejor la forma de pensar y proceder de Nuestro Salvador.

   El mensaje predicado por Nuestro Señor, consistía en el hecho de inculcarles a sus oyentes que este mundo en que se mezclan el gozo y el dolor no es nuestra patria definitiva. Vivimos de paso en un mundo destinado a convertirse en el Reino de Dios, y, aunque no sabemos cuánto tiempo falta para que acontezca este portentoso hecho, debemos vivir como si estuviera a punto de suceder, porque, para que seamos habitantes del citado Reino divino, necesitamos ser plenamente purificados de nuestras imperfecciones, y tenemos que aprender a imitar a Jesús. Esta es la razón por la que San Pablo les escribió a los cristianos de Éfeso:

   "Sois hijos amados de Dios. Procurad pareceros a él y haced del amor norma de vuestra vida, pues también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio que Dios recibe con agrado" (EF. 5, 1-2).

   Jesús empezó a predicar el Evangelio, en estos términos:

   "-El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y creed en el mensaje de salvación" (CF. MC. 1, 15).

   Aunque Jesús podría haberse valido de su poder divino para llevar a cabo su misión, quiso inmiscuirnos en la misma a sus seguidores, con el fin de que la continuáramos, a partir del día en que aconteció su Ascensión al cielo. En los Evangelios se nos relata cómo los Apóstoles, a pesar de sus defectos, se sometieron al cumplimiento de la voluntad de Dios, lo cual se refleja de una forma especial en los Hechos de los Apóstoles. Sigamos el ejemplo que los Apóstoles de Nuestro Señor nos dejaron, a la hora de dejarse purificar y convertirse a Nuestro Salvador.

   Andrés, Pedro, Juan y Santiago, fueron llamados por el Hijo de María, para que se convirtieran en pescadores de hombres (MC. 1, 16-20). Aunque todos los cristianos no vivimos exclusivamente para predicar el Evangelio, se nos ha concedido el privilegio de ser ejemplos de fe a imitar en nuestro entorno familiar y social, no sólo por causa de la predicación del Evangelio, pues también debemos ser dignos de ser imitados, a la hora de hacer el bien.

   Jesús tenía muy claro el mensaje que debía predicar, y por eso no se arredraba cuando sus adversarios lo acechaban. Esta es la razón por la que san Marcos nos dice en su Evangelio:

   "Todos quedaban impresionados por sus enseñanzas, porque les enseñaba con verdadera autoridad y no como sus maestros de la Ley" (MC. 1, 22).

   Los escribas -o maestros de la Ley-, se jactaban porque se sabían muchos versículos del Antiguo Testamento, y presumían porque sus discursos no eran de su propia cosecha, sino que se los aprendían de memoria, de boca de sus instructores religiosos.

   ¿Somos nosotros cristianos conocedores de la Biblia, el Derecho Canónico, las Encíclicas papales y el Catecismo de nuestra Santa Madre la Iglesia, y, a pesar de ello, no somos buenos ejemplos a imitar, porque no ejercitamos la caridad, con nuestros prójimos los hombres?

   ¿Somos capaces de predicar el Evangelio de tal manera que quienes nos oyen sienten el deseo de hacerse cristianos?

   ¿Saben quienes nos ven hacer el bien que actuamos movidos por la fe que profesamos, y por amor a Dios y a nuestros prójimos los hombres?

   Jesús expulsaba de los hombres a los demonios que impedían que los mismos pudieran alcanzar la plenitud de la felicidad (MC. 1, 23-27, 32-34), porque tales espíritus satánicos son sus enemigos, y curaba a los enfermos, porque, la recuperación de la salud de los tales, es un signo evidente de la completa instauración del Reino de Dios entre nosotros (MC. 1, 29-35, 40-45).

   El Domingo VI Ordinario, al recordar la curación del leproso (MC. 1, 40-45), vimos que Jesús no sólo vino a predicar el Evangelio, a expulsar demonios de los hombres y a sanar a los enfermos, pues su misión también consistía en ocupar el lugar de los más marginados de la sociedad, para, a partir de la nada de la humanidad, hacer de este mundo el Reino de Dios. Cuando el Señor tocó al leproso (MC. 1, 41), Jesús hubo de esconderse (MC. 1, 45), porque, al transgredir la ley que impedía mantener contacto con los leprosos, se excluyó a sí mismo de la sociedad automáticamente. San Marcos nos dice que la gente le buscaba donde se escondía (MC. 1, 45), pero, dado que se le trataba como excluido del mundo de los humanos, es probable que, quienes iban a su encuentro en aquel tiempo, fueran marginados que, como el citado leproso, necesitaran que el Mesías los fortaleciera, para que se les volviera a aceptar en la sociedad nuevamente.

   Jesús nos enseñó, al curar al leproso, que todos somos iguales ante Dios, independientemente del estado social al que pertenezcamos.

   Durante los próximos Domingos, deberíamos seguir meditando el Evangelio de San Marcos, pero, dado que el próximo Miércoles empezamos a vivir la Cuaresma, no nos será posible seguir esta serie de meditaciones, por lo cuál vamos a meditar brevemente MC. 2, 1-3, 6, pues, si en el capítulo uno de su Evangelio San Marcos nos describió las señales características de la proximidad del Reino de dios a nosotros, en los textos que vamos a considerar, veremos cómo, al no igualarse la doctrina de Nuestro Salvador a la enseñanza de los fariseos, estos se confabularon con los herodianos, -a pesar de que no mantenían muy buenas relaciones-, para eliminarlo lo antes posible (MC. 3, 6).

 

   1. Jesús, por ser Dios, puede curar a los enfermos, y perdonar nuestros pecados.

 

   Meditación de MC. 2, 1-12.

 

   "Algunos días después, Jesús regresó a Cafarnaún. En cuanto se supo en la ciudad que él había vuelto a casa, se reunió tanta gente, que no quedaba sitio ni siquiera ante la puerta. Y Jesús les anunciaba el mensaje de salvación" (MC. 2, 1-2).

   ¿Se decidieron a creer en el Evangelio todos los curiosos que se amontonaron dentro y fuera de la casa en que Jesús se hospedaba?

   ¿Somos cristianos practicantes todos los que asistimos a las celebraciones eucarísticas los Domingos y demás días festivos?

   Jesús, sabiendo que no todos los que lo escuchaban serían sus seguidores, no dejaba de predicarles, con tal de intentar convertir a algunos de ellos al Evangelio. Quizá nos desanimamos cuando tenemos la oportunidad de predicar el Evangelio en nuestro entorno familiar y social, y evitamos hacerlo, por miedo a que nuestras creencias sean rechazadas. Si nos sucede esto, ello significa que tenemos una fe muy débil.

   ¿Pensamos que nadie se burló de Jesús durante los años que se prolongó el Ministerio público de Nuestro Salvador?

   ¿Hemos olvidado cómo se burlaron de Nuestro Salvador los soldados que lo azotaron antes de que fuera crucificado?

   "Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la  cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza" (MT. 27, 27-30).

   "Le trajeron entonces, entre cuatro, un paralítico" (MC. 2, 3).

   El hecho de que el paralítico estuviera en una camilla, hace suponer que estaba acostumbrado a pasar mucho tiempo solo, pues los palestinos eran muy proclives a marginar a los enfermos, culpándolos de padecer las enfermedades que los caracterizaban, por causa de los supuestos pecados cometidos, ora por ellos, ora por sus antepasados. Recordemos que, por ejemplo, los cojos, tenían prohibido participar en el culto religioso, lo cual era un importante motivo de exclusión social.

   Jesús no creía que las enfermedades estaban relacionadas con la comisión de pecados, así pues, recordemos el siguiente extracto del inicio de la curación del ciego de nacimiento, que podemos leer en JN. 9.

   "De camino, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: -Maestro, ¿por qué ha nacido ciego este hombre? ¿Quién tiene la culpa, sus propios pecados o los de sus padres? Jesús respondió: -Ni sus propios pecados ni los de sus padres tienen la culpa; nació así para que el poder de Dios resplandezca en él" (JN. 9, 1-3).

   Los hebreos estaban tan obsesionados con la exigencia que Dios nos hace de que nos dejemos purificar del pecado para merecer estar en su presencia, que, a quienes ejercían el sacerdocio, les exigían que no padeciesen ninguna enfermedad, y, en el caso de que la contrajeran durante su ministerio religioso, podían comer de los productos sacrificados al Señor, pero debían abstenerse de ejercer su oficio, porque, las enfermedades que padecían, los hacían indignos de participar en el culto divino.

   "Como a causa de la multitud no podían llegar a Jesús, levantaron un trozo del techo por encima de donde él estaba y, a través de la abertura, bajaron la camilla con el paralítico" (MC. 2, 4).

   ¿Habéis observado cómo cuando alguien quiere hacer algo que se estima prácticamente imposible de lograr, la mayoría de quienes le rodean no cesan de desanimarle?

   No sabemos si el paralítico tenía fe en Jesús, pero está claro que sus portadores sí la tenían. Es de suponer que la casa en que estaba el Señor era muy humilde, lo cual indica que era fácil romper el techo, pero, si el dueño exigía que se le reparara perfectamente, no era nada fácil evitar que, cuando lloviera, entrara agua en la vivienda.

   A pesar de la dificultad que podría entrañar la reparación de la abertura del techo, los amigos del paralítico, sin estar acostumbrados a portar enfermos probablemente, introdujeron al enfermo en la presencia del Señor, propinándole varios golpes involuntariamente porque la abertura del techo estaría muy ajustada a la anchura de la camilla, y haciendo que el pobre paralítico fuera objeto de vergüenza al ser observado por la multitud, sobre todo, si estaba acostumbrado a vivir aislado.

   "Jesús, viendo la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: -Hijo, tus pecados quedan perdonados" (MC. 2, 5).

   Jesús sabía que las enfermedades no tenían por qué estar relacionadas con la comisión de pecados, pero no ignoraba que, el pobre paralítico, si bien estaba acostumbrado a su situación, había sido estigmatizado durante los años que se prolongó su padecimiento, por el hecho de ser marginado por sus hermanos de raza. Antes de curar físicamente al enfermo, Jesús quiso remediar su padecimiento espiritual, porque el mismo sería como el dolor físico, o aún mayor.

   Es posible que tanto el paralítico como sus portadores se decepcionaran cuando Jesús le perdonó sus pecados al enfermo, porque la recepción del perdón es de carácter psicológico, y el paralítico tenía necesidad de dejar de ser marginado socialmente, y, si era verdad que Jesús hacía milagros tal como se decía del Señor, necesitaba más la curación física, que saberse perdonado por Dios.

   Cuando vivimos una situación difícil, y nos desesperamos porque no podemos resolverla fácilmente, quizá nos impacientamos cuando se nos insta a confiar en Dios, porque no comprendemos que, por causa de la espera que debemos vivir, El quiere hacernos aprender algo importante para nosotros, que quizá tardaremos años en descubrir.

   Aunque nos cueste comprenderlo, todo lo que nos sucede en la vida, contiene lecciones útiles para nuestro crecimiento personal.

   "Había allí también unos maestros de la Ley, que pensaban para sí mismos: ¿Qué dice éste? ¡Está blasfemando! ¡Solamente Dios puede perdonar pecados!" Jesús, que al instante se dio cuenta de lo que estaban pensando, les preguntó: -¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados quedan perdonados, o decirle: "Levántate, recoge tu camilla y anda?" Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene autoridad para perdonar pecados en este mundo. Se volvió al paralítico y le dijo: -A ti te digo: Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa" (MC. 2, 6-11).

   Mientras que Jesús tuvo compasión del enfermo, los escribas, -cuya pretensión era echar por tierra el Ministerio de Nuestro Salvador-, lejos de preocuparse por el paralítico, encontraron una excusa por la que actuar contra el Señor, porque solo Dios se atribuyó el poder de perdonar pecados, porque a nadie ofende como a El el pecado de los hombres, por causa de su divina perfección.

   Jesús, siendo consciente de que no podía demostrar empíricamente que le había perdonado los pecados al paralítico, se vio obligado a curarlo, porque, si le restablecía la salud, para todos los presentes, -exceptuando a los escribas por su terquedad-, sería evidente, que habría perdonado al recién sanado.

   Si en el capítulo primero del Evangelio de San Marcos descubrimos las señales características de la cercanía del Reino de Dios a nosotros (MC. 1, 14-45), en el texto que estamos considerando, descubrimos que Jesús puede realizar dichas señales perfectamente, porque es Dios. Esta es la razón por la que el ciego de nacimiento les dijo a los fariseos, cuando los tales lo presionaron para que les confesara que se había puesto de acuerdo con Jesús, para fingir su falsa curación:

   "Todo el mundo sabe que Dios no escucha a los pecadores; en cambio, escucha a todo aquel que le honra y cumple su voluntad" (JN. 9, 31).

   Dios podía concederle el don de curar enfermedades a cualquiera de sus santos siervos, pero, el poder de perdonar pecados, se lo había reservado a Sí mismo. Jesús, -por ser Dios verdadero-, tiene poder para perdonar pecados, pues El es el Hijo del hombre mencionado en la Profecía de Daniel.

"Yo seguía contemplando en las visiones de la noche:
Y he aquí que en las nubes del cielo venía
como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano
y fue llevado a su presencia.
A él se le dio imperio,
honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás" (DN. 7, 13-14).

   Dios Padre es representado como un anciano, porque, para los hebreos, la ancianidad, era símbolo de sabiduría. Jesús es el Hijo del hombre, el Señor de los señores, a quien Dios, después de su Ascensión al cielo, lo coronó como Rey de la eternidad. Recordemos el siguiente texto de San Pablo:

   "A pesar de su condición divina, Cristo Jesús no quiso hacer de ello ostentación. Se despojó de su grandeza, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los humanos. Más aún, hombre entre hombres, se rebajó a si mismo hasta morir por obediencia y morir en una cruz. Por eso, Dios le exaltó sobre todo lo que existe y le otorgó el más excelso de los nombres, para que todos los seres, en el cielo, en la tierra y en los abismos, caigan de rodillas ante el nombre de Jesús, y todos proclamen que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre" (FLP. 2, 6-11).

   ¿Qué hubiera sucedido si Jesús, después de haberse comprometido a curar al paralítico, hubiera fallado?

   En el Levítico, leemos:

   "Y hablarás así a los israelitas: Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. Quien blasfeme el Nombre de Yahveh, será muerto; toda la comunidad lo lapidará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre (de Dios), morirá" (LV. 24, 15-16).

   Si Jesús no hubiera podido curar al paralítico después de decir que iba a realizar el citado milagro, los escribas hubieran podido denunciarlo para que fuera apedreado, porque, según su mentalidad, al atribuirse el poder de perdonar pecados, había blasfemado.

   "Y él, delante de todos, se levantó, recogió su camilla y se fue. Todos los presentes quedaron asombrados, y alabaron a Dios diciendo: -Nunca habíamos visto cosa semejante" (MC. 2, 12).

   Muchos fueron los testigos presenciales de la curación del paralítico, pero, seguramente, fueron muy pocos, los que se hicieron discípulos de Jesús.

      San Marcos nos muestra a un paralítico que no se resignó a vivir en su estado en espera de la muerte. Nosotros no nos hemos convertido a Dios por iniciativa propia, ha sido el Espíritu Santo quien nos ha movido a creer en nuestro Padre y Dios. A pesar de lo dicho, Jesús necesita que le demos gracias por todo lo que nos ha concedido, incluyendo aquellas cosas que son superfluas a nuestro parecer. De igual manera, las personas que nos transmiten la Palabra de Dios, también necesitan de nuestro agradecimiento, para no perder el ánimo, y así poder seguir comunicándonos las verdades de nuestro Dios Uno y Trino.

   Jesús es Dios, y tiene poder para perdonar pecados y curar enfermedades. Los palestinos no concebían imagen alguna de Dios, así pues, ¿cómo podrían aceptar que Jesús es Dios y Hombre? El pensamiento de los escribas que contemplaron aquella escena, me recuerda a los cristianos que, negándose a dar a conocer a Jesús, no cesan de buscarnos defectos a quienes no perdemos la ilusión de que toda la humanidad se convierta al Señor.

   El paralítico se levantó de su camilla, y se marchó ante la admiración de quienes presenciaron aquel milagro.

   ¿Recibimos a Jesús Sacramentado para salir de la Iglesia haciendo el bien a todos los hombres?

   ¿Tenemos las manos atrofiadas a la hora de concederles dádivas a nuestros familiares?

 

   2. La vocación de San Mateo.

 

    Jesús, acusado de comer con gente de mala reputación.

 

    Meditación de MC. 2, 13-17.

 

   "Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió" (MC. 2, 13-14).

   Al igual que los humildes habitantes de la región de Galilea seguían a Jesús, nosotros debemos hacer lo propio, valiéndonos de la Liturgia de la Iglesia, la Biblia, los documentos de la Iglesia, la asiduidad a la hora de orar, y todas las oportunidades que tengamos de hacer el bien. No seamos como quienes seguían al Señor por curiosidad, y no dieron el paso de convertirse al Evangelio.

   Aunque el trabajo de la recaudación de impuestos estaba bien remunerado, los recaudadores eran muy mal vistos en Palestina, por causa de su colaboración con los dominadores romanos. Los palestinos estaban acostumbrados a pagar impuestos para la realización de obras en el Templo de Jerusalén, pero odiaban hacer lo propio, pensando que los romanos, además de tenerlos subyugados, se iban a beneficiar de sus bienes.

   Es probable que San Mateo siguiera a Jesús porque, aunque ganaba mucho dinero, se sentía abandonado en un mundo cruel, caracterizado por la vivencia de grandes dificultades.

   La conversión al Evangelio supone para nosotros un gran cambio de vida. ¿Estamos dispuestos a adaptarnos al cumplimiento de la voluntad de Dios como lo hizo San Mateo, aunque tengamos que renunciar al trabajo que realizamos, y a algunos hábitos?

   "Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían" (MC. 2, 15).

   El mensaje de Nuestro Señor, y la posibilidad de vivir en familia por ser miembro de la comunidad de creyentes de Jesús, causaron un impacto tan grande en Mateo, que éste tomó la decisión de hacer una fiesta, con el doble propósito de homenajear a Jesús para agradecerle el bien que le hizo, y de invitar a la misma a todos sus conocidos, para darles la oportunidad de conocer al nuevo Profeta de Nazareth.

   ¿Sentimos el deseo de compartir la fe que profesamos con nuestros familiares y amigos?

   ¿Qué estamos haciendo para predicar el Evangelio, y/o para que, por medio de la realización de nuestras obras, en el entorno social en que vivimos, se descubra claramente, que actuamos impulsados por la fe cristiana, y el amor que sentimos, para con Dios, y sus hijos los hombres?

   Los publicanos de que se habla en el texto que estamos considerando, eran los cobradores de impuestos imperiales. Tales cobradores de impuestos, y otros palestinos que observaban conductas irreprobables por los fariseos, eran los pecadores de quienes obtenemos información, en el texto que estamos considerando.

   Los fariseos eran conscientes de que Jesús no solo estaba rodeado de gente maldita según su punto de vista, pues también estaba siendo observado por la gente curiosa del pueblo, que, impacientemente, esperaba a ver en qué acababa el atrevimiento del Señor y de sus amigos, de mezclarse con gente maldita de Dios.

   Dado que los maestros de la Ley sabían que si se enfrentaban abiertamente con Jesús, el Maestro refutaría sus argumentos con gran facilidad, tomaron la decisión de intimidar a sus aún inexpertos discípulos desconocedores del Evangelio, a fin de hacer que los tales huyeran avergonzados, para lograr que Jesús sufriera un gran altibajo, en la realización de su obra evangelizadora, al constatar que se quedaba solo.

   "Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es  que come con los publicanos y pecadores?" (MC. 2, 16).

   Los escribas les preguntaron a los discípulos de Jesús:

   ¿Cómo es posible que vuestro Maestro se mezcle con la gente más vil y pecadora de nuestro país?

   ¿Cómo podéis considerar que vuestro Maestro es un enviado de Dios, si osa comer con los pecadores?

   Quizá los discípulos de Jesús no sabían cómo deshacer aquel angustioso entuerto, pero los escribas no parecían contar con el hecho de que, el mismo Jesús, defendió a sus amigos, magistralmente.

   "Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (MC. 2, 17).

   Jesús les dijo a sus adversarios que no le necesitan quienes creen que tienen asegurada la salvación porque son hijos predilectos de Dios, sino los que no pierden el tiempo presumiendo de su dignidad personal, porque son lo que Dios quiere que sean, -es decir-, son hijos muy humildes del Dios Todopoderoso.

   La segunda máxima que el Señor les dirigió a sus enemigos, debió exasperarlos, y aumentar su deseo de asesinarlo, pues El no vino al mundo a reunir a quienes se consideran santos por excelencia, sino a quienes, aunque son pecadores, reconocen el mal que han hecho, y se muestran dispuestos a ser purificados y santificados, independientemente de lo doloroso que sea el doble proceso, que culminará con su salvación.

 

   3. La cuestión del ayuno.

 

   No llevemos a cabo prácticas religiosas cuyo sentido ignoramos, y seamos buenos cristianos, evangelizando y haciendo el bien, a la manera de Jesús, Nuestro Hermano y Señor.

 

   Meditación de MC. 2, 18-22.

 

   "Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?" Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos" (MC. 2, 18-22).

   Los discípulos de San Juan el Bautista y los seguidores de los escribas, estaban ayunando. Dado que la fe de los fariseos se ejercitaba por la imitación de los escribas, -los cuales actuaban imitando perfectamente a sus antiguos maestros-, resultaba extraño y novedoso, el hecho de que Jesús no obligara a sus seguidores a ayunar, para que imitaran las prácticas, tanto de los discípulos de Juan, como de los seguidores de los fariseos.

   Traslademos el relato evangélico a nuestros días. Imaginemos que en un supuesto retiro de Semana Santa que se lleva a cabo en una casa de espiritualidad, en el que participan cien cristianos, la mayoría de los mismos ayuna el Viernes Santo en conformidad con la tradición católica, y uno se niega a seguir dicha práctica, porque piensa que es más productivo el hecho de hacer el bien, que el ayunar. ¿Podría ser comprendido el citado cristiano por sus hermanos, o los tales le verían como un transgresor de los Mandamientos de la Iglesia?

   Jesús, sabiendo que nuestra relación con Dios es equiparada a un banquete de bodas, les dijo a sus adversarios que, mientras el novio esté con los invitados, es imposible que los mismos ayunen. ¿Qué significan tales palabras de Nuestro Salvador?

   Mientras Jesús estuvo con sus amigos, no quiso someterlos al ayuno, porque, a partir de que El fuera ascendido al cielo, empezaría el tiempo de las privaciones para sus creyentes. Jesús, -el novio de la parábola que estamos considerando-, se iría al cielo, y, los invitados a la boda de la instauración del Reino de Dios en el mundo, tendrían que pasar muchas penalidades, mientras esperaran el retorno de su Salvador, que acontecerá  al final de los tiempos.

   Jesús les enseñó a sus seguidores una doctrina nueva, de la que ellos tardaron muchos años en comprender, que no era compatible con las antiguas prácticas hebreas. Las palabras con que finaliza el relato que estamos considerando (MC. 20, 21-22), nos hacen comprender que, entre el Judaísmo y el Cristianismo, hay una diferencia muy grande, lo cual indica que, ambas religiones, no son compatibles entre sí, a modo de ejemplos, porque los judíos practicaban la circuncisión y los cristianos el Bautismo, y porque los judíos no podían comer sangre, y los cristianos paganos, -a pesar de la prohibición conciliar de Jerusalén-, terminaron por ignorar su sumisión a la Ley mosaica, la cual no tenía más sentido, que el de contentar a los judíos, que querían forzar a los paganos, a someterse a sus antiguas y tradicionales prácticas.

   ¿Qué pensaron los escribas al ver la soltura con que Jesús se defendía en su presencia?

   Dado que el Señor curó enfermos y expulsó demonios, se arrogó el poder de perdonar pecados, y al mismo tiempo se sentó a la mesa de los pecadores, sus enemigos concluyeron que no actuaba por el poder que había recibido de Dios, sino por el poder que le dio Beelzebub. Aunque no podían demostrar empíricamente quién dotó de poder al Señor para que hiciera milagros, convenía a sus pretensiones, hacer que la gente, creyera que el Mesías actuaba impulsado por el Príncipe de los demonios, a fin de intentar que el público le aislara.

 

   4. Jesús y sus discípulos fueron acusados de transgredir la Ley del descanso sabático.

 

   Meditación de MC. 2, 23-28.

 

   "Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando  espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?" (MC. 2, 23-24).

   No fue casual el hecho de que los fariseos sorprendieran a los discípulos de Jesús cogiendo espigas en día de Shabbat, -el único día de la semana hebrea que tenía nombre, pues los demás eran nombrados desde el primero hasta el sexto, y se corresponden con los días que transcurren entre el Domingo y el Viernes actuales-, pues, por causa de sus eternas controversias, no dejaban de espiar a Jesús, con tal de encontrar un argumento válido, que los autorizara a asesinarlo.

   ¿Incumplieron los discípulos de Jesús alguna Ley bíblica al arrancar espigas?

   En el Deuteronomio, leemos:

   "Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo" (DT. 23, 25).

   Los discípulos de Jesús no incumplieron ninguna Ley bíblica al arrancar espigas con sus manos para comérselas, pero sí incumplieron la ley de los fariseos, los cuales catalogaron treinta y nueve actividades que podían ser realizadas en días festivos, con el doble propósito de que se le rindiera culto a Dios, y de que los trabajadores se dedicaran a descansar, para utilizar todas sus fuerzas, para seguir trabajando, durante los días laborales.

   Jesús les dijo a sus enemigos que sus discípulos no hicieron mal alguno al incumplir la ley de los fariseos, de la misma manera que David tampoco pecó, al comer del pan que sólo estaba destinado a los sacerdotes de Dios, porque tanto sus compañeros como él, tenían necesidad de saciar su hambre. Jesús no quiere que cumplamos la Ley de Moisés al pie de la letra, sino que la interpretemos sabiamente, y nos adaptemos a su cumplimiento de tal manera, que hagamos el mayor bien posible.

   "El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?» Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado"" (MC. 2, 25-28).

   Jesús les dijo a sus enemigos que el hombre ha sido creado por Dios para que se beneficie del trabajo y del cumplimiento de los preceptos religiosos, y que los preceptos legales y religiosos deben beneficiar al hombre, y no esclavizarlo.

   Las palabras del Señor enfadaron a los fariseos, porque ellos se aprovechaban del pueblo sometiéndolo a la realización de sus intereses, pues ello les resultaba económicamente rentable, tal como sucede con muchos líderes religiosos, los cuales obtienen dinero de sus humildes seguidores.

   Jesús terminó su discurso exasperando más a sus enemigos, pues les dijo que El, -el Hijo del hombre mencionado en DN. 7, 13-14, según recordamos anteriormente, al meditar MC. 2, 1-12-, por ser Dios, es el Señor de las leyes cívicas y religiosas.

 

   5. Jesús curó la mano atrofiada de un hombre en Sábado.

 

   Meditación de MC. 3, 1-6.

 

   "Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.» Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» El la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle" (MC. 3, 1-6).

   Jesús interrogó a sus enemigos antes de curar al hombre de la mano atrofiada, pero los tales se callaron, previendo que, la gente del pueblo, en su interior, deseaba más la curación del enfermo, que la sumisión a sus antiguas leyes, pues no habían catalogado la curación de enfermos, para que la misma fuera realizada en día sabático.

 

   6. Reflexión conclusiva.

 

   En MC. 1, leemos el Bautismo del Señor que sigue a la predicación de San Juan el Bautista (MC. 1, 1-11), y descubrimos las señales evidentes de la proximidad del Reino de Dios a nosotros (MC. 1, 14-45).

   En MC. 2, 1-3, 6, descubrimos que Jesús puede llevar a cabo las citadas señales perfectamente, porque es Dios. Una muestra de este hecho, es el poder que tiene de perdonar pecados (MC. 2, 5).

   Al ser Dios, además de tener el poder de perdonar pecados, Jesús tiene el poder de humanizar las prácticas religiosas de su pueblo, poniéndolas al servicio del crecimiento espiritual de los creyentes, pues no quería que dichas prácticas esclavizaran a sus hermanos de raza, tal como sucede con los cristianos que celebran los Sacramentos, en parte por rutina, y en parte por miedo a que los quemen en el infierno.

   Una vez que Jesús diferenció su pensamiento y forma de actuar de las creencias de los fariseos, estos se confabularon con los herodianos para asesinarlo (MC. 3, 6), viendo que la gente seguía a Nuestro Señor, por los prodigios que hacía, y por la sencillez de su estilo de vida.

   Concluyamos esta meditación evangélica, pidiéndole a Dios, -nuestro Padre común-, que nos conceda avanzar en el seguimiento de Cristo, de manera que nunca creamos que nos hemos terminado de convertir a nuestro Padre, para que así podamos adquirir más dones y virtudes, que nos permitan fructificar, para bien de nuestros prójimos y nuestro.

José Portillo Pérez

joseportilloperez@gmail.com

VII Domingo del Tiempo Ordinario.

VII Domingo del Tiempo Ordinario
19 de febrero de 2012
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
LIBRO DE ISAÍAS 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Esto dice el Señor:

-- No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alianza. Pero tú no me invocabas, Jacob; no te esforzabas por mí, Israel; no me saciabas con la grasa de tus sacrificios; pero me avasallabas con tus pecados, y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.

SALMO 40

R.- SÁNAME, SEÑOR, PORQUE HE PECADO CONTRA TI.

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1, 18-22

Hermanos:

¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero “sí” y luego “no”. Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero “sí” y luego “no”; en él todo se ha convertido en un “sí”; en él todas las promesas han recibido un “sí”. Y por él podemos responder: “Amén” a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido. Él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 2, 1- 12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

-- Hijo, tus pecados quedan perdonados

Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

-- ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

-- ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar?” Pues, para- que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...

Entonces le dijo al paralítico:

-- Contigo hablo. Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

-- Nunca hemos visto una cosa igual.

 
COMENTARIO DOMINICAL
 
Autor: José Antonio Pagola
Fuente:
http://www.eclesalia.net
 
Curador de la vida
 
Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.

Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?".

No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.

Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.

¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo VII de los anos pares. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, Febrero 19
 
Bendito seas, Señor, porque siendo Dios te abajas a mi humanidad para que pueda comprender la grandeza de tu amor. Permite que esta oracion me prepare a celebrar santamente la Eucaristia en el gozo de la fe y animado con el empeño de una conversion sincera.
MISA 19 de Febrero Santoral, PETICIONES Y REFLEXIONES
DOMINGO 19
VII DOMINGO ORDINARIO
Santos: Alvaro de Cordoba, presbitero; Lucia Yi-Zhenmei y compañeros, martires. Beato Bonifacio de Lausana, obispo. (Verde)
 
MIREN QUE REALIZO ALGO NUEVO
 
Is 43, 18-19. 21-22. 24-25; 2 Co 1, 18-22; Mc 2, 1-12
 
La curacion del paralitico conducido en una camilla es un nuevo comienzo. Un hombre, laico el, venido de una aldea insignificante como Nazaret, recita un mensaje esperanzador Dios llega para ocuparse de la gente olvidada Los enfermos, lisiados y desempleados que no son recibidos ni atendidos por las autoridades prepotentes de Jerusalen, empezarian a vivir una vida, digna de un ser humano. Dios, fiel a sus promesas, romperia las ataduras del pecado y la enfermedad. Jesus aparece como el portador de una amnistía y un perdon sin condiciones. Esa era una novedad, una verdadera buena noticia. Las metaforas de Isaias no mienten: Jesus es agua en el desierto, es un rio en el yermo, es agua fresca que apaga la sed. San Pablo lo dira mas concisamente. Jesus es el si definitivo de Dios para su pueblo.
 
ANTIFONA DE ENTRADA (Sal 12, 6)
Confio, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazon con tu auxilio. Cantare al Señor por el bien que me ha hecho.
 
ORACION COLECTA
Concedenos, Señor, ser dociles a las inspiraciones de tu Espiritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Yo soy el que ha borrado tus crimenes.
 
Del libro del profeta Isaias: 43, 18-19. 21-22. 24-25
 
Esto dice el Señor: "No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo. Ya esta brotando. ¿No lo notan? Voy a abrir caminos en el desierto y hare que corran los rios en la tierra árida. Entonces el pueblo que me he formado proclamara mis alabanzas. Pero tu, Jacob, no me has invocado; no te has esforzado por servirme, Israel, sino que pusiste sobre mi la carga de tus pecados y me cansaste con tus iniquidades. Si he borrado tus crimenes y no he querido acordarme de tus pecados, ha sido únicamente por amor de mí mismo". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 40
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Dichoso el que cuida de los pobres; en los momentos dificiles lo librara el Señor. El lo cuidara y defendera su vida, hara que viva feliz sobre la tierra y no lo entregara al odio de sus enemigos. El Señor lo confortara en el lecho del dolor y calmara sus sufrimientos.
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Apiadate de mi, Señor, te lo suplico; saname, pues he pecado contra ti. Hazme recobrar la salud y vivir en tu amistad toda mi vida. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, ahora y siempre.
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Jesucristo no fue primero "si" y luego "no". Todo El es un "si".
 
De la segunda carta del apostol san Pablo a los corintios: 1, 18-22
 
Hermanos: Dios es testigo de que la palabra que les dirigimos a ustedes no fue primero "sí" y luego "no". Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo les hemos anunciado, no fue primero "si" y luego "no". Todo El es un "si". En El, todas las promesas han pasado a ser realidad. Por El podemos responder "Amen" a Dios, quien a todos nosotros nos ha dado fortaleza en Cristo y nos ha consagrado. Nos ha marcado con su sello y ha puesto el Espiritu Santo en nuestro corazon, como garantia de lo que vamos a recibir. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACION (Lc 4, 18) R/. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberacion a los cautivos. R/.
El Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados.
 
LECTURA Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Cuando Jesus volvio a Cafarnaum, corrio la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomero tanta gente, que ya no habia sitio frente a la puerta. Mientras El enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralitico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podian acercarse a Jesus por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesus, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesus la fe de aquellos hombres, le dijo al paralitico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban alli sentados comenzaron a pensar: "¿Por que habla este asi? Eso es una blasfemia. ¿Quien puede perdonar los pecados sino solo Dios?".
Conociendo Jesus lo que estaban pensando, les dijo: "¿Por que piensan asi? ¿Que es mas facil, decirle al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados' o decirle: 'Levantate, recoge tu camilla y vete a tu casa'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralitico—: Yo te lo mando: levantate, recoge tu camilla y vete a tu casa".
El hombre se levanto inmediatamente, recogio su camilla y salio de alli a la vista de todos, que se quedaron atonitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habiamos visto cosa igual!". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesus.
 
Oracion introductoria
Señor, soy incapaz de comprender porque frecuentemente caigo en la tentacion de acomodarme en mi propio yo y solo quiero entender lo que me gusta. Por eso hoy me acerco a Ti en esta oracion. Abre mi entendimiento y mi corazon para que sepa ser tu discipulo y misionero.
 
Peticion
Jesus, ayudame a tener un corazon puro y abierto, a escuchar siempre tu Palabra.
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Todo lo que sucede en este pasaje evangelico nos habla de la oracion. Una oracion que no se expresa tanto con palabras sino con los hechos: el paralitico y los cuatro hombres que lo llevaban, oran en silencio. Ni siquiera les vemos pronunciar una palabra. Simplemente tratan de superar todos los obstaculos para acercarse a Jesus: subieron al enfermo en su camilla hasta el techo de aquella casa donde se encontraba el Senor y comenzaron a remover las piezas de la cubierta. Jesus estaba tan sorprendido de su actitud, audaz y filial, que esto le permitio obrar el milagro de perdonar sus pecados y curar al hombre de su paralisis. Los cristianos necesitamos practicar diversas virtudes para poder acercarnos a Jesus como lo hicieron esos hombres. Hace falta paciencia para perseverar en el bien, se requiere constancia para vencer las dificultades, etc. Los hombres que cargaron al paralitico acercaron a su amigo enfermo a Jesus. Hagamos nosotros lo mismo. Que nuestro buen ejemplo lleve a muchos hasta Cristo
 
Credo
 
PLEGARIA UNIVERSAL
 
Presentemos ahora nuestras intenciones, con la certeza de que seremos escuchados.
Despues de cada peticion diremos: R/. Escuchanos, Señor.
 
Por la Iglesia. Que sea portadora de esperanza, de salud y de salvacion para todos. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por todos los cristianos. Que nos mantengamos firmes en la fe y en el amor, a pesar de las dificultades y contratiempos. Oremos.
R/. Escuchanos, Señor.
 
Por nuestra sociedad. Que todos seamos capaces de reconocer los propios errores, y se pueda avanzar por el camino del dialogo y del perdon. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por todos los que pasan dificultades. Que encuentren en Jesus y en los cristianos la palabra y el gesto sanador y salvador que necesitan. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por los hombres y mujeres que forman el Ejercito. Que Jesus sea su modelo de servicio dedicado, atento y respetuoso. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por nosotros. Que la Eucaristia que celebramos nos ayude a llevar nuestras cruces con fuerza y esperanza, y a avanzar por el camino de la vida con optimismo e ilusion. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Escucha, Padre, nuestras oraciones, y concedenos lo que te hemos pedido con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Que este sacrificio de accion de gracias y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra salvacion eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.
 
ANTIFONA DE LA COMUNION (Jn 11, 27)
Señor, yo creo que tu eres el Mesias, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo.
 
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
UNA REFLEXION PARA NUESTRO TIEMPO.- Las encuestas de opinión pública no dejan lugar a dudas. Las personas estamos perdiendo la confianza en las instituciones publicas a pasos acelerados. Las cifras escandalosas de homicidios y ejecuciones, el aumento de la violencia se han vuelto constantes. Ya no es nada nuevo, contabilizar las muertes por decenas. Lo único nuevo seria el advenimiento de un trabajo seguro, que integrara a cientos de miles de jovenes a una sociedad incluyente y productiva. La mejor cohesion social se opera cuando cada persona encuentra una forma honesta, digna de realizar su vida y sacar adelante los proyectos legitimos de su familia. Esa novedad si que seria una gran noticia. De la paralisis del miedo, el desempleo y el mal funcionamiento de las instituciones publicas necesitamos liberarnos. Algun camino habremos de encontrar para transitar a la paz. Tiene razon el poeta: la paz es el camino.
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Que importante es la fe de los demas, aun para nuestra propia salvacion. En este pasaje nos relata San Marcos que fue precisamente por la fe y la cooperacion de los que acompanaban al paralitico (que lo llevaron y luego se ingeniaron para poder presentarselo), que Jesus le perdono sus pecados y despues hasta le dio la salud fisica.
 
Tu tambien puedes ser el instrumento de Dios para que alguno de tus amigos o amigas se acerquen al sacramento de la reconciliacion. Algunas personas tienen mucho tiempo sin acercarse, pues piensan que saldran reganadas... y estan en un error. El sacramento de la Reconciliacion es el SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS. Es el espacio en que nuestro pecado se encuentra con la misericordia de Dios.
 
Los que llevaban la camilla estaban convencidos de que Jesus haria algo por su amigo. Si tu realmente crees esto, ayuda a quien no conoce bien el sacramento y que esta esperando oir: "Tus pecados te son perdonados".
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.
Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.
Pbro. Ernesto Maria Caro
 
Febrero 19
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado
 
Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Queridos amigos he estado enferma tengo un sangrado intestinal el martes me operan de la vesicula fue una sorpresa para mi en fin asi llegan las enfermedades de sorpresa Dios contigo querido amigo. Soco Valle Vargas
Hermanos pido oracion por Santiago de Vito, 21 años padece leucemia. Gracias por orar. Betty Sanchez
 
Hermanos en Xto., pido oraciones por mi hermano Jose Deyber Vargas de 37 años de edad, esta internado con una enfermadad que se llama derrame pleural, gracias a Dios le sacaron el agua del pulmon, ahora sigue en espera de sus resultados, haber que diasgontico le dan, en  nombre sea de Dios. Gracias, Dios los bendiga. Att. Maritza Vargas.
 
El BB Stefano Valentin Ayala 10 dias: tiene un serio problema en su corazoncito, ya que nacio con una herida que no se le cierra. Ademas ahora tiene complicados los pulmones. Adry
 
Quisiera pedirles una cadena de oracion por la salud de mi nonita Matilde Perez se encuentra delicada de salud para que se recupere muy pronto por favor les agresco alas personas de buen corazon muchas gracias. Gerson
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleanos de Jessica Seron
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
DIOS SANTO te pido tener una novia bellla y buena que me ame mucho a mi sea amable cariñosa de buen corazon sea sabia alegre y comparta conmigo lo bueno de amar en buenas obras que ella me apoye para ser muy feliz. DIOS que llegue para compartir lo bueno de mi arte con ella amen. Jose
 
Pido oracion por todas mis necesidades en especial las que perturban mi paz y tranquilidad. Mariana
 
Mil gracias a ti por orar por Mike e igualmente a Angelica y todos quienes piden por el.  SIGAMOS en oracion y que se la abra ya esa puerta de trabajo que ennoblece. Se define a comienzo de de la semana proxima.  POR FAVOR mantenganlo en sus plegarias. Dios nos toque a todos, nos de sanacion, paz, trabajo y fortaleza para seguir bajo Su Mano. AMEN. Elena
 
Hermanos en Cristo he leido sus mails, gracias por las palabras de aliento, por sentir que no estoy sola, no pude contestar por falta de tiempo, pero los lei, prometo contestar lo mas pronto posible, asi mismo quiero que sigan intercediendo por mi salud espiritual, por mi poca fe, por la salud fisica de mi madre que se llama Norma, por los examenes de mi hno Antonio, que se pone muy nervioso, por la conversion de Juan Manuel y por mis hijas Yessi y Sofi, gracias Dios los bendiga en abundancia. Claudia Fabiana
 
Padre y Señor mio te entrego mis proyectos, que se haga tu voluntad. Jorge Caceres:
 
Antes de todo agradecerte por cuidar a mi y a toda mi familia y a las personas ¡muchas gracias Dios mio! solo pedirte por favor que me ayudes con este mal que me aqueja bastante con mi vida cotidiana por favor ayudame tambien si no es mucho pedir cuida a mi familia y a las personas que necesitan tu ayuda. ¡Gracias Dios mio por escucharme y por todo! Jonathan.
 
Q. E. P. D.
 
Fausto Montesdeoca Vasquez
Noemi Carrion Valle
 
Hermanos por favor les pido oraciones  por desde Cartagena orar por el alma de la niña Manuela Montoya y por sus familiares. Cristina
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio

ECUADOR
 
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P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO
 
http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/
 
Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana
Chistifideles Laici
Barcelona - España

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