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Meditacion para el Domingo VII Ordinario del ciclo B.

Dom 19 2 12 El paralítico de Cafarnaúm: Perdón y curación
16.02.12 | 21:34. Archivado en Iglesia Instituciones, Dios, Jesús, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Judaísmo
 

Dom 7, tiempo ordinario, ciclo B. Mc 2, 1-12 El pasado domingo completé con mucha amplitud (a lo largo de cuatro) días el texto del paralítico. Este domingo toca otro texto igualmente poderoso. Es un texto poderoso, que se centra en cuatro motivos:

a. Casa de Jesús, lugar de curación. Aprender a vivir, eso es ser cristianos. El evangelio como novedad que atrae y sorprende

b. Parálisis y pecado… El pecado humano, la incapacidad de andar, en libertad, en autonomía. Una humanidad que corre el riesgo de pararse

c. Curación del pecado, libertad humana, para ser para caminar. Curación humana frente a perdón puramente sacral...

El comentario será razonablemente largo. Pero no quiero dividirlo en tres o cuatro partes, como el domingo anterior. Entre quien quiera dejarse sorprender por el evangelio.

2, 1-12. Paralítico en casa: perdón de los pecados

Jesús había quedado habitando en lugares despoblados, donde venían de todas partes a buscarle, tras haber iniciado por las sinagogas del entorno una misión rural, cortada bruscamente por el “milagro” del leproso, cuyo final parecía introducirnos en el tema de los últimos días de Jesús en Jerusalén (Mc 11-12), donde será condenado por los mismos sacerdotes en cuyas manos había querido “dejar” el tema de este leproso limpiado. Pues bien, pasado un tiempo indeterminado (en el que parece que se purifica “según Ley” de la mancha causada por su contacto con el leproso), Jesús vuelve a Cafarnaúm, quizá a escondidas, pues sólo tras un tiempo se sabe que está “en oikô”, en casa (no en la sinagoga, como en 1, 23-28, donde ya no entra).

Ésa puede ser la casa de la suegra de Simón (y de Andrés, como en 1, 29) o alguna otra donde él prosigue su misión, de nuevo lugares habitados. Pues bien, en este contexto pasamos del tema del leproso (¡a campo abierto!) al del paralítico/pecador, que resulta quizá más conflictivo, en el interior de la ciudad y de la casa. El control sobre los pecados era un elemento clave del poder de los sacerdotes (mucho más que el control de la lepra), y Jesús será también criticado (y condenado) por asumir también ese poder (y por negárselo a los sacerdotes).

Es como si el leproso (que no ha querido someterse a los sacerdotes) le hubiera enseñado (impulsado) a enfrentarse con otros temas, de forma que el mismo Jesús es quien que asume, directamente, desde una perspectiva mucho más alta, un “poder” que los sacerdotes se habían reservado, perdonando los pecados (y diciendo que los hombres pueden perdonarlos). Sobre ese fondo ha de entenderse su gesto, que ratifica, en solemne sacramento, un perdón no sacerdotal, que brota de la fe y solidaridad humana, en el espacio profano de la casa. El texto incluye aspectos de controversia legal y milagro, pero es básicamente un texto de perdón:

Texto. Mc 2, 1-12

(a. Un paralítico) 2, 1 Y entrando de nuevo en Cafarnaúm, después de algunos días, se corrió la voz de que estaba en casa. 2 Y se juntaron tantos, que no cabían ni delante de la puerta y Jesús les decía la Palabra. 3 Y llegaron entonces trayendo un paralítico entre cuatro. 4 Pero, como no podían llegar hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.

(b. Primera intervención) 5 Y, viendo la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

(c. Condena) 6 Había allí algunos escribas sentados, y comenzaron a deliberar en sus corazones: 7 ¿Cómo habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios?

(b’ Segunda intervención) 8 Jesús, percatándose en seguida de lo que estaban deliberando, les dijo:¿Por qué pensáis eso en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados (se volvió al paralítico y le dijo): 11 A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

(d. Curación y conclusión) 12 El paralítico se puso en pie, tomo en seguida la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos quedaron fuera de sí (como extasiados) y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto cosa igual.

Aquí (en 2, 1-3, 6), tras los tres paradigmas anteriores, que tenían cierta unidad (1, 23-45) hallamos el primer gran debate público entre Jesús y las autoridades judías, un debate que se puede dividir en tres paradigmas (2, 1-12: 2, 13-17; 2, 18-22) y en una disputa doble en torno al sábado (2, 23-3, 6). Cf. Dewey, Debate; The Literary Structure of the Controversy Stories in Mark 2, 1-3, 6, en Telford (ed.), Interpretation 141-152 [= JBL 92 (1973) 394-401]; J. D. G. Dunn, Mark 2, 1-3, 6. A Bridge between Jesus and Paul on the Question of the Law, NTS 30 (1984); 395-415; Kilunen, Vollmacht; Thissen, Erzählung; M. Trautmann, Zeichenhafte Handlungen Jesu (FB 37), Echter, Würzburg 1980, 234-258. Sobre el Hijo del hombre y el poder de perdonar pecados, cf. Kingsbury, Christology 157-176; Conflicto 85-89; M. D. Hooker, The Son of Man in Mark, SPCK, London 1967; K. Kertelge, Die Vollmacht der Menschensohnes zur Sündenvergebung (Mk 2, 10), en Fests. J. Schmid, Herder, Freiburg 1973, 205-213; B. Lindars, Jesus Son of Man, SPCK, London, 1983, 101-114. Sobre el perdón ritual de los escribas y el perdón de Jesús, cf. E. P. Sanders, Jesus and Judaism, SCM, London 1985, 174- 211; Judaism. Practice and Belief. 63BCE - 66CE, SCM, London 1992, 190-241.

2, 1-4. Introducción. Un paralítico

Tras los encuentros anteriores (poseso, suegra, leproso) viene (traen a) un paralítico a la casa, convertida en espacio de enseñanza. Ha terminado el ocultamiento (1, 45), pero no ha cesado la polémica, de forma que en la casa donde Jesús dice la Palabra (ton logon), que antes había proclamado el leproso (1, 45) se sientan y vigilan unos escribas (2, 6) y se inicia así un extenso debate con ellos (2, 1-3, 6).

Jesús ha vuelto a la casa, pero no para hacer los milagros que Simón pedía, sino para ofrecer la Palabra, que se expresará en el perdón de los pecados y en la curación del paralítico. Jesús ya no habla (elalei) en la sinagoga (lugar de estudio de ley), ni en el templo (lugar de la presencia suprema de Dios), sino en el hogar de las relaciones cotidianas donde la gente se reúne y le rodea. Surge de nuevo un problema, centrado ahora en el “perdón”. Lógicamente pasamos de la “limpieza” del leproso al perdón del pecador, suscitando así una “polémica” con los representantes de la Ley sagrada (y en el fondo con los sacerdotes). La escena está perfectamente construida, con personajes bien marcados, formando una parábola viviente.

− Una casa. Le rodean muchos, deseosos de participar en el secreto de su nueva palabra y comunión, de manera que no caben en casa, ni siquiera ante la puerta (pros tên thyran, 2, 2), a diferencia de los enfermos de 1, 33 (que sí cabían ante la puerta). Pero Jesús en este caso no comienza a curar (como en 1, 33-4), ni a expulsar demonios, sino a enseñar en la casa, diciendo la Palabra, e iniciando así la construcción de su nueva comunidad, en un contexto familiar (secular), sin necesidad de templo, ni de sinagoga (2, 2). En este contexto podemos recordar que el nuevo judaísmo rabínico (que surgirá tras el 70 d.C.) se iniciará y centrará también en las casas, como el movimiento de Jesús (por lo que, en este campo, en principio, no habrá diferencias entre judíos rabínicos y judíos mesiánicos de Jesús).

− Traen un paralítico... Es un enfermo con amigos. No puede andar, pero cuenta con la solidaridad y la fe de cuatro camilleros que le llevan, le alzan, le introducen por el techo de paja (tên stegên) y le ponen delante de Jesús porque confían en él. Es paralítico, pero tiene una familia verdadera; no está solo en el mundo, no se encuentra abandonado. Sin el primer gesto de solidaridad de los camilleros resulta imposible la escena que sigue.

También aquí, como en casos anteriores, no es Jesús quien toma la iniciativa, sino que la toman otros (como el poseso que grita o el leproso que pide: 1, 24. 40), y ahora lo hacen camilleros amigos, que toman al enfermo, creyendo en él (y en Jesús), y le descuelgan, poniéndole en medio de la casa, sin necesidad de decir nada, pues su mismo gesto es una petición. Estos callados y activos camilleros son los ministros originarios de una Iglesia que comienza con la solidaridad mutua, y donde la Palabra se transformará en perdón. A diferencia de los escribas, que ponen su Ley sobre la Gracia, ellos son servidores de un amor activo, signo de miles y millones de personan que confían en los demás y les ayudan, abriendo un camino a Jesús.

2, 5. Jesús, primera intervención.
Y, viendo la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Parece que los camilleros (y todos) están esperando que Jesús cure de forma inmediata al tullido, para que pueda andar, sin entrar en controversias (como por arte de magia, desde arriba). Pero ahora, como veremos, aparecen los escribas en medio de la gente, vigilando, de manera que la controversia parece inevitable y, además, Jesús no cura por magia, sino por fe (por la fe de los camilleros y por la fe del curado).

Estamos, pues, una casa abierta, en la que pueden entrar no sólo los “amigos” de Jesús, sino sus adversarios, con los camilleros “creyentes” del paralítico. Por eso, el texto sigue diciendo, provocativamente, que Jesús “viendo la fe de ellos” (de los camilleros, que así se oponen a los escribas sin fe), dice al paralítico: ¡Hijo, tus pecados han sido perdonados! En este contexto puede suponerse que el enfermo se mantiene pasivo; simplemente se ha dejado traer por cuatro amigos que buscan a Jesús, pidiéndole su ayuda. Esos “amigos” son el principio del “milagro”:

− Camilleros frente a escribas. Los camilleros quieren ayudar al enfermo, confían en él, le llevan a Jesús; ésta es su religión. Por el contrario, los escribas vigilan para ver si se cumple la ley; ésta es su religión. Pues bien, la fe de “ellos”, de los camilleros, hace que Jesús perdone (=declare perdonados) los pecados, de forma que resultará innecesario el rito de los sacerdotes del templo que realizan la expiación y expresan el perdón a través de sacrificios, y el tipo de ley de los escribas.

Lo que de verdad perdona es la fe activa (pistis) de unos hombres, que confían en el paralítico, poniéndole ante Dios al colocarle ante de Jesús. Frente al rito de los sacerdotes (que no curan, como aparecía claro en el caso del leproso), frente al templo seco que no es signo de perdón, ni medio de oración (como veremos en 11, 20-25), se eleva aquí la fe de los amigos y de aquellos que siguen a Jesús, como en 11, 22 (donde se dice que la fe es el verdadero culto). Estos camilleros inician y cumplen con el paralítico el auténtico gesto sacramental .

− Jesús aprende. Aprendió del leproso y ahora la fe de los camilleros (que acogen y ayudan al leproso) y acepta su lección, de manera que viendo su fe (aprendiendo de ellos), dice al paralítico: ¡Hijo, tus pecados han sido perdonados! (2, 5), en pasivo divino (aphientai), lo que significa que el mismo Dios es quien perdona.

El enfermo no ha hecho nada; simplemente se ha dejado traer por cuatro amigos que buscan a Jesús, pidiéndole su ayuda, y se deja perdonar por el Dios de Jesús. Esta fe de los amigos perdona los pecados, de forma que resulta innecesario el rito (sacerdotes) y la ley (escribas). Los mismos camilleros inician y cumplen el gesto sacramental; Jesús se limita a sancionarlo, diciendo: ¡Dios te ha perdonado!

De esa manera, la misma casa donde está Jesús se vuelve templo, y los camilleros aparecen como ministros de la nueva religión mesiánica. El perdón que los sacerdotes de Israel pedían a Dios y expresaban con sus sacrificios desde el templo (cf. 1 Rey 8) se concede y ratifica ahora en la casa del paralítico, a través de la fe de los camilleros (autôn), cosa que Jesús confirma de un modo solemne, en nombre de Dios. Alguien pudiera parecer que nos hallamos ante un desajuste: camilleros y enfermo buscando la curación física, pero lo que éste recibe es otra cosa (el perdón). Pues bien, de ese desajuste, de la relación entre perdón y curación habla todo lo que sigue.

2, 6-7. Condena de los escribas
¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios?

Están allí como representantes del templo y, quizá de un modo más preciso, de la Ley que ellos mismo están empezando a elaborar y codificar, como expresión de sacralidad suprema (tras la caída del templo, el año 70. d.C., cuando Marcos está escribiendo el evangelio). Esos escribas se encuentran allí (no se dice todavía que vengan de Jerusalén, como en 3, 22); están allí como si formaran parte del judaísmo oficial de Galilea; más aún, es como si ellos no se hubieran separado de la comunidad de Jesús, de manera que la critican desde dentro de la misma casa). Ellos se sienten depositarios del poder sagrado y condenan a Jesús como blasfemo, es decir, como alguien que usurpa el lugar de Dios, asumiendo un poder que es exclusivo de Dios y negando así su diferencia (su trascendencia), como dirán de una forma definitiva los sacerdotes de Jerusalén al condenarle a muerte (cf. 14, 64).

Esta acusación contra Jesús (dicen que blasfema: ¡blasphêmei!) es la mayor que se podía formular en Israel. Ella implica una condena perfectamente articulada, por la que se afirma que Jesús, hablando como habla y actuando como actúa, es reo porque está ocupando el lugar del Dios de Israel, rompiendo el mandamiento fundamental del Shema (Dt 6, 4) y del Decálogo (Dt, 5, 6-7), que han sido formulados para defender la Unidad y Diferencia de Dios, que ellos quieren salvaguardar: ¿Quién puede perdonar los pecados sino Uno, que es Dios? (ei mê heis, ho Theos). Está en juego la Unidad de Dios, la afirmación básica de todo israelita (Dios es Uno) porque Jesús está ocupando su puesto o colocándose como divino al lado de Dios.

Evidentemente, Jesús y los cristianos pueden contestar diciendo que sólo Uno (Heis) puede perdonar, y que ese Uno es Dios (y por eso proclaman el Shema: 12, 29).

Ellos añadirán que el problema de fondo no saber es Quién perdona en plano superior (¡todos saben que es Dios!), sino a través de quienes y cómo expresa y despliega su perdón. Se trata, por tanto, de un problema de “mediación”: ¿quién puede expresar y declarar sobre el mundo el perdón de Dios? Los escribas dirían que Dios perdona según Ley, conforme a los ritos de expiación, centrados en el templo (o conforme a otros ritos y gestos, bien regulados por la misma Ley). Jesús, en cambio, está convencido de que Dios no ha vinculado el perdón a esos rituales, ni a las normas de ley que los escribas controlan por oficio, sino que perdona por la fe comprometida de estos cuatro camilleros, desde el fondo de la misma realidad humana, allí en la casa .

2, 8-11. Jesús, segunda intervención
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decirle levántate, toma tu camilla y anda?

Sirve para confirmar lo anterior, y es como una demostración (despliegue) del poder del perdón que Jesús ha declarado, pues ese perdón es lo fundamental, tanto para los escribas como para Jesús. Unos y otros saben que el perdón es lo importante. Pero el tema está en saber cómo se expresa ese perdón y qué consecuencias tiene (si es capaz de hacer andar al paralítico). Desde ese fondo inicia Jesús su argumento (su defensa), relacionando el perdón de los pecados con la fe activa de los camilleros y con la curación del paralítico. Desde ese fondo pregunta: ¿Qué es más fácil: curar o perdonar? Pues bien, ante el silencio de los escribas, Jesús no responde teóricamente, sino de un modo práctico, curando al enfermo: «Para que veáis que el Hijo del humano tiene poder de perdonar, dijo al paralítico.. ¡levántate!...» (2, 10-11).

Los escribas perdonan (o expresan el perdón) a través de unos ritos vinculados a los sacerdotes, en nombre del Dios de la Ley sagrada, pero Marcos supone que ellos no consiguen que el paralítico camine, de manera que su perdón corre el riesgo de quedar cerrado en un ámbito ritual, bajo control del sistema religioso. Ese perdón de los escribas judíos (o de muchos “escribas” cristianos posteriores), vinculado a rituales de leyes y templo, es una ceremonia de personas que no logran caminar. Ciertamente, hay buenas ceremonias, pero los paralíticos siguen atados a la camilla.

Jesús, en cambio, puede descubrir y proclamar entre paralíticos con camilleros un perdón que les capacita para caminar, levantándose del lecho dónde estaban postrados, para ser ellos mismos, sin necesidad de estar atados a sus ritos.

Desde aquí se entiende el conflicto con los escribas. En el relato anterior era el mismo leproso curado quien abría ese conflicto, al proclamar la “palabra” de Jesús (lo que él había hecho al purificarle) en vez de presentarse a los sacerdotes. En nuestro caso es el mismo Jesús quien lo inicia, a partir del gesto de los camilleros, ofreciendo al paralítico, de un modo gratuito, el perdón de Dios (2,5). En este contexto, los que acusan a Jesús no son directamente sacerdotes (como podía suponerse desde 1,44-45), sino los escribas (aliados de los sacerdotes), que aparecen en la casa, bien sentados, en postura de juicio y magisterio, con el libro de la Ley en la mano (como continuadores de los sacerdotes).

Esta controversia del perdón nos sitúa en el centro de la novedad cristiana y en la raíz de su experiencia religiosa. Los escribas del nuevo judaísmo que ahora surge (tras el 70 d.C.) siguen cultivando una religión del perdón legal, codificada en unos ritos que derivan Lev 1-16 y controlada en el fondo por ellos. Ciertamente, saben que Dios perdona, pero añaden que su perdón se expresa a través de la estructura social y religiosa que ellos representan, de manera que sólo donde el pueblo cambia, cumple el rito y acepta el orden de la Ley, puede afirmarse ya que Dios perdona. Para Jesús, en cambio, el perdón es consecuencia de la presencia gratuita de Dios que se expresa en la fe activa de los camilleros, que traen al enfermo/pecador, de manera que él (Jesús) puede decir y dice: «Tus pecados son perdonados» (con pasivo divino: apheontai, Dios te perdona), porque hay amor y fe (un amor que se expresa como fe). Este pasaje ofrece en Marcos un primer paradigma completo de iglesia mesiánica.

(a) El judaísmo de los escribas mantiene la coherencia comunitaria a través del control sobre el pecado: sólo Dios perdona y lo hace por medio de un ritual muy preciso, controlado por los sacerdotes (y después por los escribas del nuevo judaísmo rabínico), que distinguen así a puros e impuros. Siguiendo esa norma, el paralítico seguiría atado a su camilla, no podría caminar, pues ellos organizan la vida de los hombres y mujeres, no la cambian.

(b) El grupo de Jesús se funda en el principio de la solidaridad (camilleros), abierta a un perdón humano (no sacral), fundado en la fe, ratificada por Jesús, y aceptada (creída) por el enfermo. Sin tener que decirlo, Jesús muestra que la vieja institución sacrificial del templo, ideada para perdonar los pecados ha perdido su función. Todo lo que otros querían hacer en el templo (o los escribas quieren hacer según Ley), Jesús y los suyos pueden hacerlo en la casa, de manera que no necesitan sacerdotes ni escribas; le basta la fe y solidaridad de los camilleros que son el verdadero templo y sacerdocio .

El gran “milagro” no es la curación física (aunque ella aparece al final, como consecuencia), ni el cumplimiento de unas obras rituales. El milagro es la fe que transforma (la de los camilleros), con el perdón que ella implica (proclamado por Jesús), y con la curación, que es la consecuencia: Allí donde el paralítico acoge la fe de los camilleros y acepta el perdón de Jesús puede ser curado. La fe es lo primero (como vimos comentando el manifiesto de 1, 15), una fe que puede “convertir”, es decir, transformar a los hombres, una fe que perdona (supera los pecados) y que perdonando es capaz de curar (de hacer que los paralíticos anden), como seguiremos viendo.

Lo primero, por tanto, es la fe (de ellos, de los camilleros y del enfermo), una fe que supera el pecado (perdona), haciendo a los hombres capaces de vivir en plenitud, superando un tipo de parálisis que les impide caminar. Aquí llegamos al punto de conflicto fuerte de Jesús (de la iglesia de Marcos) con el tipo de judaísmo de los escribas, que controlan el poder religioso (perdón), pero no consiguen que los paralíticos caminen. Ésta es la novedad de Jesús, que se expresa en la fe curativa del enfermo, que escucha su palabra, que acoge su mandato, y que se pone en pie.

- Para que veáis que el Hijo del hombre… Es la primera vez que Marcos utiliza esa expresión (Hijo del hombre), que de ahora en adelante veremos con cierta frecuencia. Parece que ella se funda en la historia de Jesús, que se presentó a sí mismo como Hijo de Hombre (un ser humano), sin apelar a otros títulos o prerrogativas, para hacer lo que hacía y decir lo que decía. Así se presenta y actúa aquí, simplemente, como un ser humano “hijo de hombre”, con la autoridad de la Palabra de Dios frente a (sobre) escribas y sacerdotes. A lo largo del evangelio iremos viendo el desarrollo de ese título. Por ahora nos basta con saber que para ratificar el perdón de Dios, Jesús sólo apela a su condición de hijo de hombre, sin prerrogativas angélicas o sacerdotales.

− Tiene el poder de perdonar los pecados… Antes eran los oyentes de sinagoga de Cafarnaúm los que, al escucharle, decían que él enseña con poder (exousia) y no como los escribas, que se limitar a comentar cosas del libro (1, 22). Después era el leproso quien le decía ¡si quieres, “puedes” limpiarme! (1, 40). Ahora, a la vista del paralítico con amigos, Jesús mismo se atreve a decir, como hijo de hombre, que él tiene poder (exousia) para perdonar pecados… Ese poder (que Jesús comparte con aquellos que creen) es lo que importa, es el principio de transformación del judaísmo y de la humanidad.

&#8722ijo al paralítico: Toma tu camilla y vete a casa… Este nueva palabra expande y ratifica la anterior (¡tus pecados quedan perdonados!). Marcos quiere mostrar de esa manera, con la palabra y gesto de Jesús, que la fe y el perdón capacitan al paralitico para caminar, haciendo así posible el surgimiento de una humanidad no sólo reconciliada (perdonada), sino abierta a la vida (es decir, a la capacidad de caminar), sin necesidad de “camillas” religiosas o sociales. Bajo un tipo de ley sacral, el hombre está “postrado” en un lecho (krabatton), como un tullido, al que otros llevan y dirigen. Pues bien, Jesús le dice que tome su camilla y que camine; que no le tengan que llevar, como a un impedido, sino que él tome su camilla y ande, que vaya a su casa, para ser allí persona, en su contexto familiar y social.

Jesús envía al paralítico a su casa, no a los sacerdotes del templo, como en el caso anterior había enviado al leproso (1, 39-45) cuya lección ha comprendido. Éste es un Jesús que ha roto ya con la institución sacerdotal del perdón y por eso, ya no manda al paralítico curado al lugar santo de los sacerdotes, ni a la escuela doctrinal de las sinagogas donde siguen razonando los escribas, sino que le devuelve “a su casa”, esto es, al espacio de la vida cotidiana, que aparece desde ahora como campo donde viene a expandirse y se refleja el perdón ya recibido. La fe activa de los camilleros, que se hace palabra en el mandato de Jesús (¡toma tu camilla!), transforma internamente al tullido que se pone a caminar.

2, 12. Conclusión...
El paralítico se puso en pie, tomo en seguida la camilla y salió...

El sujeto de la frase ya no es Jesús, sino el paralítico que le obedece, de manera que se levanta y va a su casa, con la camilla a cuestas, a la vista de todos. Él milagro es, por tanto, la acción del mismo paralítico, que se pone en pie y camina. Jesús no ha hecho con él ningún trabajo externo, ni siquiera le ha levantado, de forma que (aunque fuera sábado no puede acusarle de nada). Los únicos que han “trabajado” externamente han sido primero los camilleros (que le han traído y le han descolgado) y luego el mismo enfermo, que se ha levantado, ha tomado la camilla y se ha marchado a su casa. Esta decisión y acción del enfermo, que se atreve a creer en Jesús y a ponerse en pie es el auténtico milagro.

Desde aquí se entiende la reacción de los asistentes que se admiran, diciendo ¡nunca hemos visto nada igual! De un modo lógico, en este momento, tras ver lo que han visto, los escribas callan (reaparecerán en 3, 22 acusando a Jesús de estar poseído por Satán). Ellos no dicen nada, pero Marcos recoge la respuesta de la gente, admirada ante el perdón transformador de Jesús, en una casa de Galilea, convertida en alternativa del templo de Jerusalén. Lo que no puede hacerse en el templo, se hace y se vive aquí, en una casa, en Cafarnaúm. Al recoger este relato, Marcos demuestra una confianza plena en el camino y poder de la iglesia de Jesús, porque los adversarios podrían invertir el argumento: Para que veías que no hay perdón en la iglesia: ¡mirad sus paralíticos!

Si Marcos se atreve a seguir manteniendo esta narración y si pone en su centro la palabra de Jesús (¡para que veáis que el Hijo del hombre tiene el poder de perdonar pecados…!) es porque confía que ella puede no sólo repetirse verbalmente, sino cumplirse en su comunidad, que es lugar de fe y perdón activo, una fe que hace posible que los paralíticos “andan”. Este relato sobre la fe-perdón que cura sólo se puede recibir y repetir allí donde se expresa y expande una fe activa como ésta, (la fe de Pablo y de la tradición cristiana), que no sólo perdona, sino que pone en pie y transforma la vida de los creyentes .

Ampliación.

Así se distingue el perdón de la iglesia y un tipo de religión de escribas.

(a) El perdón de la iglesia no es sacrificial: se funda en la fe de los amigos del enfermo (2, 5), ratificada por Jesús. Es perdón mesiánico, vinculado al Hijo del humano (2, 10) que entrega para ello (por ello) su propia vida, como indicará 8, 27-38. Es perdón que se expande en forma de "milagro" (el paralítico camina).

(b) El sistema de los escribas era incapaz de curar al enfermo. Por el contrario, el perdón del Hijo del humano lo hacer. Con el poder que Dios le ha dado, Jesús devuelve a la comunidad de los creyentes su don y riqueza más grande, el poder de perdonar y caminar como liberados. Aquí se ha iniciado la serie de controversias mayores de Jesús con el judaísmo.

Esta curación del paralítico, vinculada al perdón, es un signo mesiánico fundamental de Jesús (y de la iglesia). Por eso, dentro de Marcos, resulta ya imposible separar milagro y perdón, como si fueran realidades o gestos unidos desde fuera; cf. M. Trautmann, Zeichenhafte Handlungen Jesu (FB 37), Würzburg 1980, 234-258. La tradición joanea ha presentado el amor mutuo como prueba mesiánica; pues bien, para Marcos, la prueba del poder/perdón cristiano es que los humanos puedan caminar (que los paralíticos tomen la camilla y anden). Sobre el Hijo del humano en Marcos: cf. Kingsbury, Christology 157-176; Conflicto 85-89; M. D. Hooker, The Son of Man in Mark, SPCK, London 1967; B. Lindars, Jesus Son of Man, SCM, London 1983, 101-114.

Este pasaje (2,1-12) se sitúa en la línea de los anteriores. La enferma de 1, 29-31, el leproso de 1, 39-45 y este paralítico, perdonados y curados, quedan sustraídos de la vigilancia y cuidado de sacerdotes y escribas, de manera que rompen un tipo de vínculos religiosos que les mantenían atados a la institución, y pueden vivir ya la nueva libertad mesiánica de Jesús, que les abre directamente a Dios y a los demás humanos. Sacerdotes y escribas parecían actuar a modo de controladores sagrados, tanto en plano de pureza social como de perdón religioso (que van siempre unidos). Jesús, en cambio, desde el mismo fondo de lo humano, responde a la petición de los leprosos y a la fe de los camilleros, con una palabra de perdón que transforma a los antiguos paralíticos.

La estructura de los escribas había ido extendiendo sus anillos de cohesión sacral sobre los hombres y mujeres, pero no podía curar a enfermos, leprosos y paralíticos. Y así los mantenía de algún modo sometidos dentro del sistema. Pues bien, Jesús ha roto ese sistema, poniéndose al servicio de los más necesitados, que le piden ayuda y le buscan. Por eso, en su proyecto mesiánico, al lado de la suegra de Simón, como primeros liberados para el reino, hallamos al leproso y al paralítico. Ellos forman la avanzadilla de eso que, con un término que no aparece en Marcos podríamos llamar el camino de la Iglesia. El leproso ha empezado a predicar entre los vecinos, el paralítico ha vuelto a casa con su camilla. Ambos llevan en su carne (en su vida entera) la marca de Jesús, Hijo de hombre que ofrece perdón y nueva comunión de Dios sobre la tierra .

Una religión de sacerdotes y escribas (y una Ley cerrada en sí misma) mantiene la coherencia comunitaria como disciplina sobre el pecado. Por un lado pone de relieve el pecado de la gente; por otro se arroga el poder de perdonar, propio de algunos miembros del “clero” sacerdotal o legal. De esa forma, asumiendo el poder de marcar lo que es pecado (de señalar y separar a los pecadores) y de perdonar después con sus ritos y poderes, los gerentes de esa religión se convierten en una máquina de superioridad y dominio sobre los demás. En contra de eso, el grupo cristiano se funda en el principio de la solidaridad (camilleros), abierta a un perdón humano (no sacral), ratificado por Jesús. Es como si de pronto perdiera su sentido la vieja institución sacrificial del templo, ideada para perdonar pecados. Jesús no necesita sacerdotes ni escribas; le basta la fe y solidaridad de los camilleros que representan y realizan algo más hondo que todo el poder de los escribas, más que el templo de Jerusalén, más que el Día de la gran Expiación o Yom Kippur. Ellos son principio de perdón e iglesia para este paralítico .

Los romanos tenían el poder político, los griegos el científico; los sacerdotes y escribas judíos del entorno de Jesús se sentían “poderosos” porque se creían dueños del poder sobre el pecado y el perdón. Ciertamente, eran personas de gran capacidad, de fondo bueno, pero corrían el riesgo de construir un mundo de opresión, con los paralíticos atados a su camilla. Pues bien, a diferencia de ellos, los cristianos saben que hay pecado, pero no quieren dominar el mundo a través del control sobre el pecado, sino actuar como transmisores de un perdón que se funda en la fe y se expande en la forma de andar. Desde esa perspectiva debería valorarse la situación actual de las iglesias cristianas. Son muchos los que piensan (pensamos) que el perdón de algunos estamentos eclesiales se parece más al perdón que ofrecían los escribas que al perdón de Jesús y sus amigos camilleros.
(
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/02/16/dom-19-2-12-el-paralitico-de-cafarnaum-p
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo VII del ciclo B.

"Claves de Lectio Divina para Jóvenes" Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM - SOCIEDADES BÍBLICAS UNIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE

LECTIO DIVINA Domingo 7° Durante el Año Ciclo B
Tú palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino
 Salmo 119.105

TEXTO BÍBLICO: Marcos 2, 1-12

Jesús y el paralítico

1 Después de varios días, Jesús regresó al pueblo de Cafarnaúm. Apenas se supo que Jesús estaba en casa, 2 mucha gente fue a verlo. Era tanta la gente que ya no cabía nadie más frente a la entrada. Entonces Jesús comenzó a anunciarles las buenas noticias.
3 De pronto, llegaron a la casa cuatro personas. Llevaban en una camilla a un hombre que nunca había podido caminar. 4 Como había tanta gente, subieron al techo y abrieron un agujero. Por allí bajaron al enfermo en la camilla donde estaba acostado.
5 Cuando Jesús vio la gran confianza que aquellos hombres tenían en él, le dijo al paralítico: «Amigo, te perdono tus pecados.»
6 Al oír lo que Jesús le dijo al paralítico, unos maestros de la Ley que allí estaban pensaron: 7 «¿Cómo se atreve este a hablar así? ¡Lo que dice es una ofensa contra Dios! Sólo Dios puede perdonar pecados.»
8 Pero Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9 Dí ganme, ¿qué es más fácil? ¿Perdonar a este enfermo, o sanarlo? Pues voy a demostrarles que yo, el Hijo del hombre, tengo autoridad aquí en la tierra para perdonar pecados.»
Entonces le dijo al que no podía caminar: 11 «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
12 En ese mismo instante, y ante la mirada de todos, aquel hombre se levantó, tomó la camilla y salió de allí. Al verlo, todos se quedaron admirados y comenzaron a alabar a Dios diciendo: «¡Nunca habíamos visto nada como esto!»

TRADUCCIÓN EN LENGUAJE ACTUAL
1 - LECTURA

¿ Qué dice el texto?

Pistas para la lectura
Queridos lectionautas:
El texto evangélico de este Domingo nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaúm. Regresa a su "centro misionero" para realizar nuevamente una curación. Es interesante notar la "popularidad" que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en la casa ni en el frente de la casa. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la buena nueva.
. En medio de la enseñanza del Maestro traen a un paralítico entre cuatro personas y, para poder acercarlo a Jesús, hacen un agujero en el techo y de allí lo bajan acostado en su camilla.
En el v. 5 aparecen dos detalles interesantes que van a marcar el núcleo de todo el
relato:
• En primer lugar Jesús percibe la "gran confianza" (literalmente "la fe") de "aquellos hombres" (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro "camilleros" y al hombre enfermo también).
• En segundo lugar le dice al paralítico que sus pecados son perdonados cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama "amigo" (literalmente "hijo"; tener presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
En los v. 6-7 aparece la reacción de los maestros de la ley que "piensan" (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que solo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto...
Jesús en un gesto soberano y divino (solo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10). Esta afirmación es la central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina "Hijo del hombre", es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
El relato termina con la admiración y la alabanza pero aparecen también las primeras reacciones adversas. Se acusa por primera vez de "blasfemia" a Jesús (v. 7); esta acusación
reaparecerá en el final de la vida terrena de Cristo cuando comparece ante el Sanedrín (cfr. Mc 14,62-64).
En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y destruye el corazón del hombre.
La "gran" buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en "el cielo" sino aquí en la tierra.

Para tener presente: La mayoría de las casas en Palestina tenían techo plano. La escalera habitualmente estaba construida a un lado de la casa y permitía un fácil acceso al techo, que estaba construido con vigas y tablones cubiertos con mezcla. El techo de hecho era una especia de terraza o azotea. Así se entiende bien el "movimiento" que se da en el Evangelio de este Domingo.

Otros textos bíblicos para confrontar: Mt 9,1-8; Lc 5,17-26. También Mt 6,12; Lc 1,77; Hch 2,38.

Para proseguir la profundización de estos temas se puede mirar en el Índice Temático de La Biblia de Estudio. Dios habla hoy, la voz "Perdón,
Perdonar"" 
Preguntas para la lectura
¿Qué hace Jesús después de varios días? ¿A dónde regresa?
¿Qué ocurre cuando la gente del pueblo se entera que Jesús está en casa? &       J>~«
¿Qué les anuncia Jesús?
¿Quiénes traen al paralítico? ¿Cómo lo acercan a Jesús? ¿Qué percibe Jesús en estos hombres? ¿Qué le dice entonces al paralítico? ¿Qué piensan los maestros de la Ley?
¿Por qué piensan que es blasfemo que Jesús perdone los pecados? ¿Qué les dice Jesús?
¿Qué implica que Jesús diga al paralítico: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu
casa"?
¿Qué hace el enfermo que recibe la orden de Jesús? ¿Cómo reaccionan los presentes? ¿Qué dicen?
 

2 - MEDITACIÓN

¿ Qué me dice? ¿ Qué nos dice?

Preguntas para la meditación
• ¿Me animo a ser parte de la "gente" que quiere estar cerca de Jesús?
• ¿Me acerco a su "casa" la Iglesia?
• ¿Cuáles son las "buenas nuevas" que hoy Jesús me está anunciando a mí?
• ¿Tengo la actitud "misionera" de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?
• ¿A quién/es "he llevado" más o menos "enfermos" para que se encuentren con el Señor?
• ¿Tengo una fe-confianza en Jesús tan grande como la de estas cuatro personas y el paralítico?
• ¿Me dejo perdonar por Jesús?
• ¿Hace cuanto que no me acerco al Sacramento de la Reconciliación?
• ¿Me alegro del bien que Dios hace en mis hermanos o tengo actitudes legalistas como la de los maestros de la Ley para justificar mi falta de autenticidad?
• ¿Qué experiencias he tenido del poder sanador de Jesús en mi vida?
• ¿He experimentado en mi vida el perdón de Dios? ¿Cómo lo he vivido, qué ha cambiado en mí?
• ¿Me "admiro" del poder de Dios que hace que triunfe el bien, la verdad y la vida a pesar de los signos de muerte que aún percibimos en nuestro transitar histórico?
• ¿Soy capaz de alabar al Señor?
 

3 - ORACIÓN
 

¿ Qué le digo? ¿ Qué le decimos?

Para propiciar la oración se te ofrecen dos números del Catecismo de la Iglesia Católica que iluminan muy bien el tema central del texto evangélico de este Domingo:

Sólo Dios perdona el pecado

1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en
virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.

1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).

El 1441 cita nuestro texto en dos partes. Además, en el 1442, se reflexiona sobre el poder sacramental de Iglesia conferido por Jesús al servicio de los hombres.

4 - CONTEMPLACIÓN

¿ Cómo interiorizo el mensaje? ¿ Cómo interiorizamos el mensaje?

Para poder guardar en el corazón la Lectio Divina de este Domingo te propongo examinar serenamente tu vida detectando tus pecados ante la vista misericordiosa del Señor.
Cada vez que "detectes" una falta anímate a escuchar la palabra de Jesús como dicha directamente a tu corazón: "Amigo/Hijo te perdono tus pecados".
5 - ACCIÖN
^    I¿A que comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

Propuestas personales
• Hacer un sereno examen de conciencia revisando las faltas y pecados que puede haber en tu corazón.
• Buscar crecer en la fe-confianza en el poder de Dios para "sanar" incluso las enfermedades espirituales más serias de nuestro mundo actual.


Propuestas comunitarias
• Buscar espacios de perdón y de reconciliación en el ámbito de tu grupo y de tu familia. Más allá de las tensiones y dificultades del pasado recordar que Dios con su
poder puede dar su gracia para el perdón en todas las circunstancias si hay verdadero arrepentimiento.
•   Pensar en estrategias concretas para ser "camilleros" de otros jóvenes "enfermos" que necesiten acercarse a Jesús para que Él los sane.
 

Homilia para la Misa del Domingo VII Ordinario del ciclo B.

DOMINGO VII CICLO B
22 de febrero de 2009
LA NOVEDAD DEL PERDON DE LOS PECADOS, CONSECUENCIA DE LA NUEVA VIDA

1."Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?" Isaías 43,18. No cabe duda que la apertura nos abre la curiosidad. ¿Qué será eso que está brotando? Si el profeta no continuara diciendo que "abriré un camino en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé", tendríamos motivos para quedarnos intrigados. Recordemos la historia. El pueblo de Dios está cautivo políticamente y más aún, moralmente, en Babilonia, pues en el destierro, se ha olvidado de su Dios, como siempre que se ha visto rodeado de ambiente idolátrico y de dioses babilónicos. El pueblo pagano, que lo ha derrotado militarmente, casi ha destruido también su alma. Y Dios suscita a Isaías para que resucite la esperanza, al grito de ¡Dios va a intervenir!. El librará a su pueblo de la esclavitud y, además, lo renovará interiormente. Va a ocurrir un nuevo Exodo en el que el Señor resucitará a su pueblo paralítico, amado y pecador. El Señor no los ha olvidado y los va a repatriar. Ciro, un pagano rey de Persia, va a ser el instrumento en sus manos para retornar a la patria a los exiliados. ?¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se paralice la mano derecha, ¿Cómo cantar el cántico del Señor en tierra extranjera??. Los ojos del profeta Isaías, consideran un buen augurio la derrota de Babilonia por Ciro, porque "El corazón del rey es una acequia en manos de Dios y la dirige a donde quiere" (Prv 21,1). El que libró a Israel de Egipto, "abrirá ahora un camino por el desierto, hará brotar ríos en el yermo". Estos ríos son el agua sacramental que apagará "la sed del pueblo que yo formé para que proclamara mi alianza". Eso es lo nuevo que ya está brotando. Y voy a hacer esto, no porque vosotros hayáis sido fieles, pues "no me invocabais, ni siquiera me ofrecíais los sacrificios", como cuando estabais en Jerusalén, y "me avasallabais con vuestros pecados y me cansabais con vuestras culpas". "Yo, yo era". Era yo quien "borraba vuestros crímenes y me olvidaba de vuestros pecados". Puro amor, gracia pura de Dios. Total gratuidad. El amor movió a Dios a crear. El amor le mueve a recrear, a hacer una nueva creación.

2. En el primer año de su vida pública, Jesús se ha limitado a predicar, hacer milagros y echar demonios, pero ha hablado muy poco sobre la naturaleza del Reino, del que sólo les ha dicho que no consistía en un bienestar humano, sino en algo más interior y profundo, que venía significado por la expulsión de los demonios, causa del malestar de los hombres, de las guerras, de las enfermedades, del odio, de la envidia, de la idolatría y de las hecatombes universales.

3. Hoy va a dar una fuerte campanada, adjudicándose el poder de perdonar pecados, iniciando la idea de su plan de redención de la humanidad pecadora. Y lo va a realizar, no sólo ante unos sencillos galileos de Cafarnaum, sino también ante unos doctores de la Ley, allí presentes, lo que va a hacer estallar un trueno en medio de la calma. Los galileos quedarán espantados. Y los intelectuales, escandalizados, transmitirán el hecho a Jerusalén, donde comenzará a levantarse la marejada que le conducirá al Calvario. Pero así sembraba ya la semilla de la Redención.

4. "Llegaron cuatro hombres llevando un paralítico" Marcos 2,1. La fama de la curación del leproso y tantas otras se había extendido por toda la comarca, buscando salud, curación, es completamente humano. Para ello cometieron una travesura, que Jesús contemplaría complacido porque testimoniaba su fe, aunque rudimentaria e interesada, pero, al fin y al cabo, fe en el poder de Jesús. En Nazaret no había podido hacer milagros por su falta de fe. Y aquellos hombres demostraban una fe que no se arredraba ante las dificultades. Como la casa de Pedro en Cafarnaum estaba abarrotada, y la gente se había agolpado a la puerta, era imposible presentar ante Jesús al paralítico; pero este paralítico había tenido la suerte de encontrar a unos hombres valerosos, con fantasía y arrojo, para ayudarle. No dudaron en romper el techo, y exponerse a pagar los gastos de los daños y perjuicios, porque la fe en Jesús era muy grande y la caridad, que siempre va unida como hermana gemela con la fe, no era menor. No era el momento de andar con delicadezas y buenas maneras, pidiendo a los demás que dejen paso. Aquella casa, como las de la época y la región, tenía una escalera por la parte de fuera por donde se subía a la azotea. Y sin dudar lo más mínimo, subieron por allí con el paralítico a cuestas. Ya en el techo, desmontaron las tejas, y abrieron un boquete, demostrando que tenían una fe ciega en Cristo, que les infundía valor para todo y para no amedrentarse ante nada. Y el paralítico tenía una gran esperanza en su corazón de verse libre de su enfermedad para poder compartir la vida con los demás. Todo este trabajo audaz no se hizo en un momento. Los de la casa protestaban, porque temían que cayesen sobre sus cabezas, no sólo el polvo, sino alguna teja que les descalabrara. Y escribe Marcos, que, por fin,  pusieron al paralítico ante Jesús, en aquel mundo cerrado y formal que le estaba escuchando.

6. Jesús tiene poder para curar; la gente lo sabe; pero desde el principio, quiere deslindar los campos como cuando le seguirán después de la multiplicación de los panes y los peces. Claro que quiere que todos estén sanos de cuerpo. Pero su venida al mundo alcanza un nivel de una categoría superior. 

Ha venido para que tengan vida y vida abundante, su propia vida divina, y el pecado es el muro en el río, que impide el paso del agua de esa vida. Por eso, para delimitar los niveles de los dos océanos, comienza por perdonar los pecados. Jesús se daba perfecta cuenta de que ni el paralítico ni los que lo llevaban, habían venido a confesarse. Pero, aunque nadie le ha pedido el perdón, cuando ha dejado claro, que su misión principal es perdonar los pecados para hacerlos hijos de Dios, curará también la enfermedad del paralítico. Con lo cual habrá puesto al servicio de lo trascendental, lo accidental, la curación. Que a la vez, será garantía de que tiene el poder de perdonar los pecados, y de que para eso ha venido, como Cordero de Dios.

7. "Hijo, tus pecados quedan perdonados". A los judíos les resultaba inaudito e inaceptable, que un hombre se atreviera a pronunciar una fórmula de perdón tan tremenda. La extrañeza y la incredulidad se removieron en el corazón de los letrados presentes. Jesús descubre sus pensamientos, y los ataja con la pregunta: "¿Qué es más fácil: decirle al paralítico, "tus pecados quedan perdonados", o decirle "levántate, coge tu camilla y echa a andar"?. Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre, tiene poder en la tierra para perdonar pecados...entonces le dice al paralítico: "<Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa>. El paralítico se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos". Si sólo Dios puede perdonar los pecados Jesús se ha manifestado con el mismo poder de Dios.

8. En lo que menos pensaban ni el paralítico, ni los cuatro hombres que lo trajeron, era en conseguir el perdón de los pecados. Ellos habían venido buscando la curación de aquel paralítico, y se iban con la gracia de Dios, lo nuevo, la vida de Dios, en su alma. Y Jesús, que ha venido al mundo para quitar el pecado, y ha visto suficiente fe y generosidad en el corazón de aquellos hombres, que han demostrado una creatividad e iniciativa admirables, después de otorgarle el perdón de sus pecados, manifestándose como Dios, le regala la curación física. Los cuatro hombres de corazón grande y el paralítico, vinieron en busca de la curación de un enfermo, pero su fe, su amor y su iniciativa audaz a favor de aquel hermano, merecieron el perdón de sus pecados, que es un milagro mayor. Pensemos en nuestras Iglesias cerradas sobre sí mismas, en las que cualquier apertura parece imposible.

9. A Pablo, como los fariseos a Jesús, algunos intrigantes de la Iglesia de Corinto también le acusaron y él se defendió, diciéndoles que tenía muy claro su camino y no lo iba a abandonar porque se lo había señalado Jesús, a quien seguía. Y nunca se dejó amilanar por los obstáculos surgidos ante él, respondiendo firme y totalmente a la voluntad divina, llevando a término el designio del Señor. Penetrado por el mismo Espíritu, el apóstol considera que debe continuar su labor a pesar de las críticas infundadas (2 Cor 1,18).

10. Una casa es un lugar de repliegue sobre sí mismo, un lugar de «retiro»; un lugar poseído y cerrado en el que se habita hasta la muerte. El paralítico entró en la casa por el tejado «como un ladrón». Le han llevado allí, tumbado en su camilla, como si estuviesen metiendo un ataúd en una tumba. Pero como a Lázaro, Jesús le dice al paralítico, «levántate», y éste sale de la tumba. Como para el leproso del domingo anterior, también para éste la curación ha sido una resurrección. Cristo es el creador de la vida. El paralítico ya no necesitaba los brancadiers porque se había convertido en un hombre en pie, que salía libre con su camilla bajo el brazo. Al recibir el perdón ya era un hombre libre y vivo. Mientras era prisionero de sí mismo, no podía moverse, pero el perdón de Dios lo había liberado. Ahora camina sin dificultad y puede vivir sin cadenas. Mientras los escribas permanecían encerrados y paralizados, el que estaba inmóvil sale caminando.

11. Hubo como una contradicción entre Jesús y los que trajeron al paralítico, pues no era un penitente que venía a confesarse, sino un enfermo. Ellos vinieron a que lo curara, era su propio nivel, y su deseo. No tenían más horizonte. Pero Jesús no se identifica con ese deseo para no desvirtuar la esencia de su misión. Su nivel es más alto. Y eleva el problema. Es la primera vez que oímos a Jesús hablar del perdón de los pecados. El paralítico no ha abierto la boca para confesarse y pedir perdón. Pero Jesús le ofrece el perdón. «Animo, hijo, tus pecados te son perdonados». No sé si estas palabras de Cristo pudieron defraudar de momento al enfermo, pues él y sus acompañantes probablemente, no habían pensado mucho en ese perdón, y menos impartido por un hombre, y sí en la curación, que deseaban con toda su alma. Si no pudieron captar entonces toda la trascendencia de esas palabras de Cristo, sin duda que luego serían materia de meditación e inmenso gozo.

12. Para la teología de aquellos maestros, Cristo había blasfemado, pues se había atribuido el poder divino, sencillamente se proclamaba Dios, pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Cristo no sólo leyó en sus rostros y en su actitud, que aunque silenciosa, manifestaba la repugnancia que sentían ante aquellas palabras, sino también en sus corazones. Por eso añade: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ?Tus pecados te son perdonados? o decirle: ?Levántate, toma tu camilla y anda?? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, dice al paralítico: ?A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». De este modo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan lleno de majestad, proclamaba Jesús su Divinidad. Nadie se expondría a proferir unas y otras palabras, las del perdón de los pecados y las del imperio sobre una dolencia incurable al mismo tiempo, para probar con unas las otras, si no tuviese la conciencia de ser igual que el Padre, como luego, muy pronto, dirá.

12. En esa camilla llevada por cuatro hombres, se nos insinúa y representa el misterio de la «comunión de los santos», como dice san Pablo: que hemos de aportar algo nosotros a lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para «el bien de la Iglesia». Es un misterio consolador y muy olvidado en nuestros días, en los que sólo se cotiza la aportación personal e inmediata en procurar el bien de los demás, y en que se da preferencia al bien físico o humano sobre el espiritual. La Iglesia se sostiene, y es llevada hacia Cristo, sobre todo por las oraciones de unos por otros, muy especialmente por el amor crucificado de muchos ignorados. Lágrimas de madre han llevado a Agustín a la conversión. Lágrimas, oraciones, penitencias, sacrificios, vidas anodinas y sacrificadas, llevan almas a Cristo, vidas que habrían permanecido en la vulgaridad de los mediocres, elevadas a las cumbres de la contemplación y eficacia. Enfermos, madres de familia escondidas en su oscuro hogar, trabajadores infatigables en su fábrica o taller, simples administradores en una oficina, con su humildad y monotonía, labradores sudorosos del campo que trabajan de sol a sol, una multitud de almas sacrificadas que se han acostumbrado a servir a los demás, pisoteadas mil veces por sus amos, pero llenos de amor ofrecen cada día su trabajo y sufrimiento duro por el bien de la Iglesia, son los que la sostienen y la llevan a Cristo. Éste es el misterio tan poco entendido en el momento actual de las monjas de Clausura, que viven el misterio de la «comunión de los santos», negándose a sí mismas una infinidad de bienes que podrían tener en su familia y en la sociedad, sin pretender nada más que alcanzar el máximo grado de amor sacrificado, muy conscientes de que enriquecen a la Iglesia y a la sociedad, con una riqueza misteriosa, tesoros no apreciado, pero solemnemente reconocidos por la Iglesia en todos los tiempos. Toda esa multitud de almas que viven muy intensamente su fe y su amor a Cristo, son las que llevan sobre sus hombros a una ingente de inválidos o paralíticos, que no tienen fuerzas para caminar hacia Él.

13. Pero y a estas almas que llevan a su vez a las demás, ¿quién lleva? Todas reciben una multitud de gracias de las otras, de todo ese acervo inmenso de amor crucificado que hay en la Iglesia, y todas son llevadas personalísimamente por Cristo. Sin Cristo en su interior, todos seríamos igualmente inválidos para caminar hacia Dios. Quien nos lleva por el áspero camino que sube primero hacia el Calvario y luego hacia la montaña de la Ascensión, es el mismísimo Cristo, instalado en lo más íntimo de nuestro ser para comunicarnos su Vida divina, y nos brinda tantas ocasiones para morir, si no de una vez en una cruz, sí cada día un poco en la infinidad de cruces y dificultades, que encontramos en nuestro camino. Con el perdón ha llegado la virtud de Dios, que permite empezar el camino maravilloso que nos conduce a su Reino porque una nueva fuerza ha surgido en el fondo del alma.

14. Si queremos evangelizar de nuevo al mundo, comencemos por revalorizar el sacramento de la Reconciliación y Misericordia, que desde hace tiempo, aunque aún cotiza en bolsa, ha perdido muchos enteros. Será el comienzo de la implantación del reino de Dios en el mundo nuevo.

15. Y con el sacramento de la reconciliación, el de la Eucaristía, que fervorosamente estamos preparando para sacar nuevas gracias y mayor fruto. Conmovidos por esta verdad y por es amor, diremos con el salmista: "Sáname, Señor, porque he pecado contra tí" Salmo 40."
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Domingo VII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Día 19 VII Domingo del Tiempo Ordinario
 
        Evangelio: Mc 2, 1-12 Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaún. Se supo que estaba en casa y se juntaron tantos, que ni siquiera ante la puerta había ya sitio. Y les predicaba la palabra. Entonces vinieron trayéndole un paralítico, llevado entre cuatro. Y como no podían acercarlo hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
        —Hijo, tus pecados te son perdonados.
        Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?» Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo, les dijo:
        —¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decirle: «Levántate, toma tu camilla y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados —se dirigió al paralítico—, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y se levantó, y al instante tomó la camilla y salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y glorificaron a Dios diciendo:
        —Nunca hemos visto nada parecido.
 
Fe y obras de fe

       Entre las muchas enseñanzas que nos ofrece hoy el pasaje evangélico, en este caso de san Marcos, que se considera en la Liturgia de la Palabra, podemos fijarnos en la actitud de aquellos cuatro que llevan la camilla con el enfermo. Podría parecer accesorio este hecho en el conjunto de la situación que meditamos, que culmina en la absolución de los pecados de aquel hombre y en su curación corporal. Sin embargo, vale la pena, sin duda, que nos detengamos en lo que, según el Evangelista, provocó la reacción primera de Jesús. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
        —Hijo, tus pecados te son perdonados.

        Dios es Amor, según lo define san Juan, y así se manifiesta en Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, con un permanente e inagotable interés por procurar el bien de los hombres. Nos ama porque siempre quiere lo mejor para nosotros. En todo caso, somos capaces de entender ese amor divino –hasta donde nos es posible con nuestra limitada capacidad–, si tenemos fe. Únicamente reconociendo a Jesús como Dios infinitamente Bueno y Todopoderoso, mediante la fe, entendemos su Amor ilimitado por el hombre.

        Jesús pide en bastantes ocasiones la fe explícita de aquellos a quienes auxilia. En otras ocasiones, como ésta que hoy consideramos, la fe se manifiesta ya en el modo de hacer de quienes actúan. Recordemos, por ejemplo, a Bartimeo, el ciego de Jericó, a la mujer sirofenicia, al leproso que recordábamos la semana anterior, a la hemorroisa y tantos otros. Era necesario que Jesús fuera reconocido como Dios, capaz por tanto –a pesar de su apariencia simplemente humana– de lo que sólo Dios puede hacer. Se manifestaba así el sentido de su vida entre los hombres: hacernos saber que Dios, por la Encarnación, Muerte y Resurrección gloriosa del Verbo, desea que participemos de su misma divinidad como hijos suyos, siendo, como somos, simples hombres.

        En la curación de este paralítico podemos observar en detalle la fuerza de la verdadera fe. Constatamos, asimismo, la respuesta coherente del Señor, protagonista siempre de una misión plenamente salvadora para los hombres. Podemos aprovechar la circunstancia favorable de estos versículos que se ofrecen a nuestra meditación, para reflexionar, en el silencio secreto de la propia intimidad, sobre la potencia efectiva de nuestra fe y en el bien que, ante todo, esperamos alcanzar de Dios.

        ¿Se nota en mi conducta ordinaria de cada día que, con medios quizá desproporcionados para la mayoría de la gente, intento agradar a Dios y lograr una eficacia insólita? Sacar al paralítico de su casa, únicamente porque ha llegado Jesús, perseverar en el empeño de ponerlo ante Él –a como dé lugar–, hasta el extremo de no regatear medio alguno, hasta romper incluso el techo de la casa (dispuestos, sin duda, a correr con las consecuencias económicas del siniestro provocado) con tal de lograr su propósito: esto es verdadera fe. Es una fe eficaz, pues las obras visibles responden de ella. De otro modo, la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta, como afirma el apóstol Santiago.

        El cristiano coherente con su fe ha de sorprender con su conducta, sobre todo cuando el ambiente en que se desenvuelve no está impregnado de los ideales del Evangelio, como hoy por hoy suele suceder. El modo de organizar la familia, la forma de divertirse, el empleo del dinero, la ocupación del tiempo, son aspectos, entre otros muchos que se podrían mencionar de una vida corriente, que uno organiza según determinados criterios. Todos esos aspectos quedan poderosamente afectados, en algún sentido, cuando se viven con fe. Y, hasta tal punto, que si no se notara, en lo concreto de la conducta y en lo que es valioso para una persona, su condición de cristiano, habría que entender que cristiano es de nombre, pero no de hecho.

        Entre otras profundas convicciones, el hijo de Dios que intenta vivir cada día como tal, tiene la de que su máximo bien es la santidad y su mayor mal el pecado. En absoluto sorprende, pues, que Jesús limpie de sus pecados primeramente al paralítico. En realidad, el pecado es, para cualquiera, un mal inmensamente mayor que la peor de las desgracias en el orden físico, como sería la parálisis para aquel hombre. El pecado, apartamiento de Dios por ser oposición a su voluntad, supone un fracaso del hombre en cuanto tal, no ya en el orden físico como la enfermedad. El hombre en pecado es un contrasentido por naturaleza. Pues estamos hechos para amar a Dios y sólo en eso está el pleno desarrollo del hombre.

        Santa María es maestra de fe. De fe manifestada en obras, desde el anuncio del Ángel hasta la Cruz de su Hijo. También por esto la llamamos bienaventurada todas las generaciones.
(
http://www.fluvium.org
).

Lecturas meditadas de la Misa del Domingo VII del ciclo B.

Lecturas del Domingo 19 de Febrero de 2012

7º domingo de tiempo ordinario

Santoral: Alvaro, Conrado

Is 43,18-19.21-22.24b-25: Por mi cuenta borraba tus crímenes
Salmo 40: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti
2 Cor 1,18-22: Jesús se ha convertido en un "sí"
Mc 2,1-12: El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados
Isaías 43,18-19.21-22.24b-25


Por mi cuenta borraba tus crímenes
Así dice el Señor: "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados."


Salmo responsorial: 40


Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; / en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. / El Señor lo guarda y lo conserva en vida, / para que sea dichoso en la tierra, / y no lo entrega a la saña de sus enemigos. R.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, / calmará los dolores de su enfermedad. / Yo dije: "Señor, ten misericordia, / sáname, porque he pecado contra ti." R.

A mí, en cambio, me conservas la salud, / me mantienes siempre en tu presencia. / Bendito el Señor, Dios de Israel, / ahora y por siempre. Amén. Amén. R.


2Corintios 1,18-22


Jesús no fue primero "sí" y luego "no"; en él todo se ha convertido en un "sí"
Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero "sí" y luego "no". Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero "sí" y luego "no"; en él todo se ha convertido en un "sí"; en él todas las promesas han recibido un "sí". Y por él podemos responder: "Amén" a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

 

Marcos 2,1-12


El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni en la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados quedan perdonados." Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: "¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?" Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: "¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados..." Entonces le dijo al paralítico: "Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa." Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto una cosa igual."

Comentarios

En la primera lectura del «segundo Isaías», Yahvé se dirige a su pueblo y le reprocha no recordar ni caer en la cuenta del pasado. No sólo han olvidado su historia sino que no han reflexionado sobre la presencia permanente de Dios en ella. Tampoco son capaces de reconocer su actuación histórica presente. ¿No lo reconocen? Ese olvido se manifiesta en una vida de iniquidad y pecado, que ha cansado a Dios, quien ha permanecido fiel en una actitud de perdón. El profeta evidencia la inconciencia del Pueblo, e impele a reconocer al Dios fiel en los acontecimientos de su vida.

Pablo, en su segunda carta a los Corintios recalca esta fidelidad de Dios manifestada en la persona de Jesús, en cuyos actos y palabras no hubo doblez ni ambigüedad. En Jesús Dios mostró su total coherencia: él es el «sí» de Dios a la Humanidad. Esto exige de los cristianos la misma coherencia y honestidad. La actitud de Dios firme y constante, llena de confianza, un “Amén” que implica una aceptación de esa acción de Dios expresada en el proyecto de Jesús. Por su parte Dios, en Cristo, conforta a la comunidad creyente, unge, marca, sella y da “en arras” el Espíritu como signo de la total pertenencia del cristiano a Dios, en una unidad que ha de expresarse en actitudes y palabras coherentes a ejemplo de Jesús.

El evangelio de Marcos nos descubre esa coherencia de Jesús. Regresa a Cafarnaum y corre la voz de que está en casa, y la gente se agolpa en la puerta. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse a las entradas de las casas.

Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso han subido y han abierto un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos. El primero está impedido: su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, y es tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud. Es la ocasión precisa para poner a prueba la coherencia de Jesús.

Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que «realizar», aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!») no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, comunicado, informado, pensado, teorizado), sino construido (hecho, realizado, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada-explicada, sino mostrada-evidenciada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.


Para la revisión de vida
En qué momentos de mi vida he experimentado la fidelidad de Dios?
¿En que momentos he sentido la falta de coherencia entre mi fe, mis palabras y mis acciones?
¿En que situaciones he puesto las leyes por encima de la vida de las personas?

Para la reunión de grupo
- «Predicar y curar»: ¿sería éste un binomio que sintetizaría bien la actitud de Jesús? ¿Por qué?
- La misión del cristiano, ¿es fundamentalmente decir o hacer? ¿Por qué? Justificar la respuesta con referencia a Jesús.
- «Hay momentos en los que la mejor forma de decir es hacer». Comentar.
- «Bonum est faciendum» (Aristóteles: “el bien es algo que ha de ser hecho”). Comentar.
- ¿Qué pasa hoy con el sacramento de la confesión? ¿Qué información y qué percepción tenemos sobre su práctica actual? ¿Por qué está tan olvidado? ¿A qué se debe? Aventurar interpretaciones diciendo sinceramente lo que intuimos, y comentándolo críticamente después en el grupo.


Para la oración de los fieles
-  Por el pueblo santo de Dios, para que sea para toda la humanidad primicia de la salvación y germen fecundo de unidad y de esperanza…
- Por los pastores de la Iglesia, para que sepan recoger en torno a Cristo la entera familia de Dios, y la sirvan humildemente con la Palabra y el ejemplo…
- Por los responsables de las naciones y de los organismos internacionales, para que busquen con conciencia recta lo que lleva al progreso y no se dejen corromper por el dinero o el poder…
- Por todos los que ayudan a aliviar los sufrimientos humanos, para que sepan reconocer a Cristo presente en los más pequeños hermanos, en los enfermos y en los marginados…
- Por nosotros acá reunidos en torno al altar, para que seamos constructores del Reino de Dios en todas nuestras situaciones de vida según los dones recibidos…
- Para que descubramos la acción de Dios que nos perdona los pecados a todos y cada uno y obra misericordia y amor en las situaciones que nosotros menos pensamos…
- Para que tengamos la sabiduría del corazón a fin de comprender y ayudar a los “nuevos pobres”: ancianos, emigrantes, discapacitados, marginados, enfermos… hermanos y hermanas que están a nuestro lado…

Oración comunitaria
 Padre fiel que has permanecido actuando en la historia y que manifestaste tu fidelidad en la vida de Jesús, actuando a favor de la vida y la dignidad de tus hijos e hijas, llénanos de tu espíritu para sepamos leerte en la historia y podamos actuar en ella con coherencia y radicalidad, siendo verdaderos protagonistas en la construcción de la Utopía, ¡tu Reinado!, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que te buscan con la misma pasión que la nuestra. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Domingo VII Ordinario del ciclo B. Meditacion de MC. 2, 1-12.

   Padre nuestro.

   Domingo, 19/02/2012, Domingo VII Ordinario del ciclo B.

 

   Jesús, Dios verdadero, y Hombre admirable.

 

   Meditación de MC. 2, 1-3, 6.

 

Introducción.

 

   Jesús se atraía muchas dificultades con una facilidad asombrosa. El Señor siempre fue muy consecuente con su forma de proceder, pero tenía muchos problemas, porque no padecía de "excusitis", ya que decía lo que creía que debía decir, y hacía lo que debía hacer. El Mesías no quería engañar a nadie ni mentirse a sí mismo imitando a quienes disimulan su miedo y pereza, en aquellas ocasiones en que ven que pueden enredarse en dificultades, hasta el punto de poner en peligro su vida.

   Jesús sabía mejor que nadie que, cuando le llegara la hora de entregar su vida para redimir a la humanidad, Nuestro Santo Padre recompensaría su actitud heroica, aunque también tenía muy claro que no actuaba intentando sobornar a nuestro Creador para ser premiado por ello, pues, el amor a Dios y a los hombres, constituían la fuerza que le impulsaba a llevar a cabo fielmente el cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre.

   Antes de meditar el Evangelio correspondiente a la Eucaristía que estamos celebrando (MC. 2, 1-12), recordemos algunos textos que hemos meditado durante las últimas semanas, para comprender mejor la forma de pensar y proceder de Nuestro Salvador.

   El mensaje predicado por Nuestro Señor, consistía en el hecho de inculcarles a sus oyentes que este mundo en que se mezclan el gozo y el dolor no es nuestra patria definitiva. Vivimos de paso en un mundo destinado a convertirse en el Reino de Dios, y, aunque no sabemos cuánto tiempo falta para que acontezca este portentoso hecho, debemos vivir como si estuviera a punto de suceder, porque, para que seamos habitantes del citado Reino divino, necesitamos ser plenamente purificados de nuestras imperfecciones, y tenemos que aprender a imitar a Jesús. Esta es la razón por la que San Pablo les escribió a los cristianos de Éfeso:

   "Sois hijos amados de Dios. Procurad pareceros a él y haced del amor norma de vuestra vida, pues también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio que Dios recibe con agrado" (EF. 5, 1-2).

   Jesús empezó a predicar el Evangelio, en estos términos:

   "-El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y creed en el mensaje de salvación" (CF. MC. 1, 15).

   Aunque Jesús podría haberse valido de su poder divino para llevar a cabo su misión, quiso inmiscuirnos en la misma a sus seguidores, con el fin de que la continuáramos, a partir del día en que aconteció su Ascensión al cielo. En los Evangelios se nos relata cómo los Apóstoles, a pesar de sus defectos, se sometieron al cumplimiento de la voluntad de Dios, lo cual se refleja de una forma especial en los Hechos de los Apóstoles. Sigamos el ejemplo que los Apóstoles de Nuestro Señor nos dejaron, a la hora de dejarse purificar y convertirse a Nuestro Salvador.

   Andrés, Pedro, Juan y Santiago, fueron llamados por el Hijo de María, para que se convirtieran en pescadores de hombres (MC. 1, 16-20). Aunque todos los cristianos no vivimos exclusivamente para predicar el Evangelio, se nos ha concedido el privilegio de ser ejemplos de fe a imitar en nuestro entorno familiar y social, no sólo por causa de la predicación del Evangelio, pues también debemos ser dignos de ser imitados, a la hora de hacer el bien.

   Jesús tenía muy claro el mensaje que debía predicar, y por eso no se arredraba cuando sus adversarios lo acechaban. Esta es la razón por la que san Marcos nos dice en su Evangelio:

   "Todos quedaban impresionados por sus enseñanzas, porque les enseñaba con verdadera autoridad y no como sus maestros de la Ley" (MC. 1, 22).

   Los escribas -o maestros de la Ley-, se jactaban porque se sabían muchos versículos del Antiguo Testamento, y presumían porque sus discursos no eran de su propia cosecha, sino que se los aprendían de memoria, de boca de sus instructores religiosos.

   ¿Somos nosotros cristianos conocedores de la Biblia, el Derecho Canónico, las Encíclicas papales y el Catecismo de nuestra Santa Madre la Iglesia, y, a pesar de ello, no somos buenos ejemplos a imitar, porque no ejercitamos la caridad, con nuestros prójimos los hombres?

   ¿Somos capaces de predicar el Evangelio de tal manera que quienes nos oyen sienten el deseo de hacerse cristianos?

   ¿Saben quienes nos ven hacer el bien que actuamos movidos por la fe que profesamos, y por amor a Dios y a nuestros prójimos los hombres?

   Jesús expulsaba de los hombres a los demonios que impedían que los mismos pudieran alcanzar la plenitud de la felicidad (MC. 1, 23-27, 32-34), porque tales espíritus satánicos son sus enemigos, y curaba a los enfermos, porque, la recuperación de la salud de los tales, es un signo evidente de la completa instauración del Reino de Dios entre nosotros (MC. 1, 29-35, 40-45).

   El Domingo VI Ordinario, al recordar la curación del leproso (MC. 1, 40-45), vimos que Jesús no sólo vino a predicar el Evangelio, a expulsar demonios de los hombres y a sanar a los enfermos, pues su misión también consistía en ocupar el lugar de los más marginados de la sociedad, para, a partir de la nada de la humanidad, hacer de este mundo el Reino de Dios. Cuando el Señor tocó al leproso (MC. 1, 41), Jesús hubo de esconderse (MC. 1, 45), porque, al transgredir la ley que impedía mantener contacto con los leprosos, se excluyó a sí mismo de la sociedad automáticamente. San Marcos nos dice que la gente le buscaba donde se escondía (MC. 1, 45), pero, dado que se le trataba como excluido del mundo de los humanos, es probable que, quienes iban a su encuentro en aquel tiempo, fueran marginados que, como el citado leproso, necesitaran que el Mesías los fortaleciera, para que se les volviera a aceptar en la sociedad nuevamente.

   Jesús nos enseñó, al curar al leproso, que todos somos iguales ante Dios, independientemente del estado social al que pertenezcamos.

   Durante los próximos Domingos, deberíamos seguir meditando el Evangelio de San Marcos, pero, dado que el próximo Miércoles empezamos a vivir la Cuaresma, no nos será posible seguir esta serie de meditaciones, por lo cuál vamos a meditar brevemente MC. 2, 1-3, 6, pues, si en el capítulo uno de su Evangelio San Marcos nos describió las señales características de la proximidad del Reino de dios a nosotros, en los textos que vamos a considerar, veremos cómo, al no igualarse la doctrina de Nuestro Salvador a la enseñanza de los fariseos, estos se confabularon con los herodianos, -a pesar de que no mantenían muy buenas relaciones-, para eliminarlo lo antes posible (MC. 3, 6).

 

   1. Jesús, por ser Dios, puede curar a los enfermos, y perdonar nuestros pecados.

 

   Meditación de MC. 2, 1-12.

 

   "Algunos días después, Jesús regresó a Cafarnaún. En cuanto se supo en la ciudad que él había vuelto a casa, se reunió tanta gente, que no quedaba sitio ni siquiera ante la puerta. Y Jesús les anunciaba el mensaje de salvación" (MC. 2, 1-2).

   ¿Se decidieron a creer en el Evangelio todos los curiosos que se amontonaron dentro y fuera de la casa en que Jesús se hospedaba?

   ¿Somos cristianos practicantes todos los que asistimos a las celebraciones eucarísticas los Domingos y demás días festivos?

   Jesús, sabiendo que no todos los que lo escuchaban serían sus seguidores, no dejaba de predicarles, con tal de intentar convertir a algunos de ellos al Evangelio. Quizá nos desanimamos cuando tenemos la oportunidad de predicar el Evangelio en nuestro entorno familiar y social, y evitamos hacerlo, por miedo a que nuestras creencias sean rechazadas. Si nos sucede esto, ello significa que tenemos una fe muy débil.

   ¿Pensamos que nadie se burló de Jesús durante los años que se prolongó el Ministerio público de Nuestro Salvador?

   ¿Hemos olvidado cómo se burlaron de Nuestro Salvador los soldados que lo azotaron antes de que fuera crucificado?

   "Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la  cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza" (MT. 27, 27-30).

   "Le trajeron entonces, entre cuatro, un paralítico" (MC. 2, 3).

   El hecho de que el paralítico estuviera en una camilla, hace suponer que estaba acostumbrado a pasar mucho tiempo solo, pues los palestinos eran muy proclives a marginar a los enfermos, culpándolos de padecer las enfermedades que los caracterizaban, por causa de los supuestos pecados cometidos, ora por ellos, ora por sus antepasados. Recordemos que, por ejemplo, los cojos, tenían prohibido participar en el culto religioso, lo cual era un importante motivo de exclusión social.

   Jesús no creía que las enfermedades estaban relacionadas con la comisión de pecados, así pues, recordemos el siguiente extracto del inicio de la curación del ciego de nacimiento, que podemos leer en JN. 9.

   "De camino, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: -Maestro, ¿por qué ha nacido ciego este hombre? ¿Quién tiene la culpa, sus propios pecados o los de sus padres? Jesús respondió: -Ni sus propios pecados ni los de sus padres tienen la culpa; nació así para que el poder de Dios resplandezca en él" (JN. 9, 1-3).

   Los hebreos estaban tan obsesionados con la exigencia que Dios nos hace de que nos dejemos purificar del pecado para merecer estar en su presencia, que, a quienes ejercían el sacerdocio, les exigían que no padeciesen ninguna enfermedad, y, en el caso de que la contrajeran durante su ministerio religioso, podían comer de los productos sacrificados al Señor, pero debían abstenerse de ejercer su oficio, porque, las enfermedades que padecían, los hacían indignos de participar en el culto divino.

   "Como a causa de la multitud no podían llegar a Jesús, levantaron un trozo del techo por encima de donde él estaba y, a través de la abertura, bajaron la camilla con el paralítico" (MC. 2, 4).

   ¿Habéis observado cómo cuando alguien quiere hacer algo que se estima prácticamente imposible de lograr, la mayoría de quienes le rodean no cesan de desanimarle?

   No sabemos si el paralítico tenía fe en Jesús, pero está claro que sus portadores sí la tenían. Es de suponer que la casa en que estaba el Señor era muy humilde, lo cual indica que era fácil romper el techo, pero, si el dueño exigía que se le reparara perfectamente, no era nada fácil evitar que, cuando lloviera, entrara agua en la vivienda.

   A pesar de la dificultad que podría entrañar la reparación de la abertura del techo, los amigos del paralítico, sin estar acostumbrados a portar enfermos probablemente, introdujeron al enfermo en la presencia del Señor, propinándole varios golpes involuntariamente porque la abertura del techo estaría muy ajustada a la anchura de la camilla, y haciendo que el pobre paralítico fuera objeto de vergüenza al ser observado por la multitud, sobre todo, si estaba acostumbrado a vivir aislado.

   "Jesús, viendo la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: -Hijo, tus pecados quedan perdonados" (MC. 2, 5).

   Jesús sabía que las enfermedades no tenían por qué estar relacionadas con la comisión de pecados, pero no ignoraba que, el pobre paralítico, si bien estaba acostumbrado a su situación, había sido estigmatizado durante los años que se prolongó su padecimiento, por el hecho de ser marginado por sus hermanos de raza. Antes de curar físicamente al enfermo, Jesús quiso remediar su padecimiento espiritual, porque el mismo sería como el dolor físico, o aún mayor.

   Es posible que tanto el paralítico como sus portadores se decepcionaran cuando Jesús le perdonó sus pecados al enfermo, porque la recepción del perdón es de carácter psicológico, y el paralítico tenía necesidad de dejar de ser marginado socialmente, y, si era verdad que Jesús hacía milagros tal como se decía del Señor, necesitaba más la curación física, que saberse perdonado por Dios.

   Cuando vivimos una situación difícil, y nos desesperamos porque no podemos resolverla fácilmente, quizá nos impacientamos cuando se nos insta a confiar en Dios, porque no comprendemos que, por causa de la espera que debemos vivir, El quiere hacernos aprender algo importante para nosotros, que quizá tardaremos años en descubrir.

   Aunque nos cueste comprenderlo, todo lo que nos sucede en la vida, contiene lecciones útiles para nuestro crecimiento personal.

   "Había allí también unos maestros de la Ley, que pensaban para sí mismos: ¿Qué dice éste? ¡Está blasfemando! ¡Solamente Dios puede perdonar pecados!" Jesús, que al instante se dio cuenta de lo que estaban pensando, les preguntó: -¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados quedan perdonados, o decirle: "Levántate, recoge tu camilla y anda?" Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene autoridad para perdonar pecados en este mundo. Se volvió al paralítico y le dijo: -A ti te digo: Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa" (MC. 2, 6-11).

   Mientras que Jesús tuvo compasión del enfermo, los escribas, -cuya pretensión era echar por tierra el Ministerio de Nuestro Salvador-, lejos de preocuparse por el paralítico, encontraron una excusa por la que actuar contra el Señor, porque solo Dios se atribuyó el poder de perdonar pecados, porque a nadie ofende como a El el pecado de los hombres, por causa de su divina perfección.

   Jesús, siendo consciente de que no podía demostrar empíricamente que le había perdonado los pecados al paralítico, se vio obligado a curarlo, porque, si le restablecía la salud, para todos los presentes, -exceptuando a los escribas por su terquedad-, sería evidente, que habría perdonado al recién sanado.

   Si en el capítulo primero del Evangelio de San Marcos descubrimos las señales características de la cercanía del Reino de Dios a nosotros (MC. 1, 14-45), en el texto que estamos considerando, descubrimos que Jesús puede realizar dichas señales perfectamente, porque es Dios. Esta es la razón por la que el ciego de nacimiento les dijo a los fariseos, cuando los tales lo presionaron para que les confesara que se había puesto de acuerdo con Jesús, para fingir su falsa curación:

   "Todo el mundo sabe que Dios no escucha a los pecadores; en cambio, escucha a todo aquel que le honra y cumple su voluntad" (JN. 9, 31).

   Dios podía concederle el don de curar enfermedades a cualquiera de sus santos siervos, pero, el poder de perdonar pecados, se lo había reservado a Sí mismo. Jesús, -por ser Dios verdadero-, tiene poder para perdonar pecados, pues El es el Hijo del hombre mencionado en la Profecía de Daniel.

"Yo seguía contemplando en las visiones de la noche:
Y he aquí que en las nubes del cielo venía
como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano
y fue llevado a su presencia.
A él se le dio imperio,
honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás" (DN. 7, 13-14).

   Dios Padre es representado como un anciano, porque, para los hebreos, la ancianidad, era símbolo de sabiduría. Jesús es el Hijo del hombre, el Señor de los señores, a quien Dios, después de su Ascensión al cielo, lo coronó como Rey de la eternidad. Recordemos el siguiente texto de San Pablo:

   "A pesar de su condición divina, Cristo Jesús no quiso hacer de ello ostentación. Se despojó de su grandeza, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los humanos. Más aún, hombre entre hombres, se rebajó a si mismo hasta morir por obediencia y morir en una cruz. Por eso, Dios le exaltó sobre todo lo que existe y le otorgó el más excelso de los nombres, para que todos los seres, en el cielo, en la tierra y en los abismos, caigan de rodillas ante el nombre de Jesús, y todos proclamen que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre" (FLP. 2, 6-11).

   ¿Qué hubiera sucedido si Jesús, después de haberse comprometido a curar al paralítico, hubiera fallado?

   En el Levítico, leemos:

   "Y hablarás así a los israelitas: Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. Quien blasfeme el Nombre de Yahveh, será muerto; toda la comunidad lo lapidará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre (de Dios), morirá" (LV. 24, 15-16).

   Si Jesús no hubiera podido curar al paralítico después de decir que iba a realizar el citado milagro, los escribas hubieran podido denunciarlo para que fuera apedreado, porque, según su mentalidad, al atribuirse el poder de perdonar pecados, había blasfemado.

   "Y él, delante de todos, se levantó, recogió su camilla y se fue. Todos los presentes quedaron asombrados, y alabaron a Dios diciendo: -Nunca habíamos visto cosa semejante" (MC. 2, 12).

   Muchos fueron los testigos presenciales de la curación del paralítico, pero, seguramente, fueron muy pocos, los que se hicieron discípulos de Jesús.

      San Marcos nos muestra a un paralítico que no se resignó a vivir en su estado en espera de la muerte. Nosotros no nos hemos convertido a Dios por iniciativa propia, ha sido el Espíritu Santo quien nos ha movido a creer en nuestro Padre y Dios. A pesar de lo dicho, Jesús necesita que le demos gracias por todo lo que nos ha concedido, incluyendo aquellas cosas que son superfluas a nuestro parecer. De igual manera, las personas que nos transmiten la Palabra de Dios, también necesitan de nuestro agradecimiento, para no perder el ánimo, y así poder seguir comunicándonos las verdades de nuestro Dios Uno y Trino.

   Jesús es Dios, y tiene poder para perdonar pecados y curar enfermedades. Los palestinos no concebían imagen alguna de Dios, así pues, ¿cómo podrían aceptar que Jesús es Dios y Hombre? El pensamiento de los escribas que contemplaron aquella escena, me recuerda a los cristianos que, negándose a dar a conocer a Jesús, no cesan de buscarnos defectos a quienes no perdemos la ilusión de que toda la humanidad se convierta al Señor.

   El paralítico se levantó de su camilla, y se marchó ante la admiración de quienes presenciaron aquel milagro.

   ¿Recibimos a Jesús Sacramentado para salir de la Iglesia haciendo el bien a todos los hombres?

   ¿Tenemos las manos atrofiadas a la hora de concederles dádivas a nuestros familiares?

 

   2. La vocación de San Mateo.

 

    Jesús, acusado de comer con gente de mala reputación.

 

    Meditación de MC. 2, 13-17.

 

   "Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió" (MC. 2, 13-14).

   Al igual que los humildes habitantes de la región de Galilea seguían a Jesús, nosotros debemos hacer lo propio, valiéndonos de la Liturgia de la Iglesia, la Biblia, los documentos de la Iglesia, la asiduidad a la hora de orar, y todas las oportunidades que tengamos de hacer el bien. No seamos como quienes seguían al Señor por curiosidad, y no dieron el paso de convertirse al Evangelio.

   Aunque el trabajo de la recaudación de impuestos estaba bien remunerado, los recaudadores eran muy mal vistos en Palestina, por causa de su colaboración con los dominadores romanos. Los palestinos estaban acostumbrados a pagar impuestos para la realización de obras en el Templo de Jerusalén, pero odiaban hacer lo propio, pensando que los romanos, además de tenerlos subyugados, se iban a beneficiar de sus bienes.

   Es probable que San Mateo siguiera a Jesús porque, aunque ganaba mucho dinero, se sentía abandonado en un mundo cruel, caracterizado por la vivencia de grandes dificultades.

   La conversión al Evangelio supone para nosotros un gran cambio de vida. ¿Estamos dispuestos a adaptarnos al cumplimiento de la voluntad de Dios como lo hizo San Mateo, aunque tengamos que renunciar al trabajo que realizamos, y a algunos hábitos?

   "Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían" (MC. 2, 15).

   El mensaje de Nuestro Señor, y la posibilidad de vivir en familia por ser miembro de la comunidad de creyentes de Jesús, causaron un impacto tan grande en Mateo, que éste tomó la decisión de hacer una fiesta, con el doble propósito de homenajear a Jesús para agradecerle el bien que le hizo, y de invitar a la misma a todos sus conocidos, para darles la oportunidad de conocer al nuevo Profeta de Nazareth.

   ¿Sentimos el deseo de compartir la fe que profesamos con nuestros familiares y amigos?

   ¿Qué estamos haciendo para predicar el Evangelio, y/o para que, por medio de la realización de nuestras obras, en el entorno social en que vivimos, se descubra claramente, que actuamos impulsados por la fe cristiana, y el amor que sentimos, para con Dios, y sus hijos los hombres?

   Los publicanos de que se habla en el texto que estamos considerando, eran los cobradores de impuestos imperiales. Tales cobradores de impuestos, y otros palestinos que observaban conductas irreprobables por los fariseos, eran los pecadores de quienes obtenemos información, en el texto que estamos considerando.

   Los fariseos eran conscientes de que Jesús no solo estaba rodeado de gente maldita según su punto de vista, pues también estaba siendo observado por la gente curiosa del pueblo, que, impacientemente, esperaba a ver en qué acababa el atrevimiento del Señor y de sus amigos, de mezclarse con gente maldita de Dios.

   Dado que los maestros de la Ley sabían que si se enfrentaban abiertamente con Jesús, el Maestro refutaría sus argumentos con gran facilidad, tomaron la decisión de intimidar a sus aún inexpertos discípulos desconocedores del Evangelio, a fin de hacer que los tales huyeran avergonzados, para lograr que Jesús sufriera un gran altibajo, en la realización de su obra evangelizadora, al constatar que se quedaba solo.

   "Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es  que come con los publicanos y pecadores?" (MC. 2, 16).

   Los escribas les preguntaron a los discípulos de Jesús:

   ¿Cómo es posible que vuestro Maestro se mezcle con la gente más vil y pecadora de nuestro país?

   ¿Cómo podéis considerar que vuestro Maestro es un enviado de Dios, si osa comer con los pecadores?

   Quizá los discípulos de Jesús no sabían cómo deshacer aquel angustioso entuerto, pero los escribas no parecían contar con el hecho de que, el mismo Jesús, defendió a sus amigos, magistralmente.

   "Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (MC. 2, 17).

   Jesús les dijo a sus adversarios que no le necesitan quienes creen que tienen asegurada la salvación porque son hijos predilectos de Dios, sino los que no pierden el tiempo presumiendo de su dignidad personal, porque son lo que Dios quiere que sean, -es decir-, son hijos muy humildes del Dios Todopoderoso.

   La segunda máxima que el Señor les dirigió a sus enemigos, debió exasperarlos, y aumentar su deseo de asesinarlo, pues El no vino al mundo a reunir a quienes se consideran santos por excelencia, sino a quienes, aunque son pecadores, reconocen el mal que han hecho, y se muestran dispuestos a ser purificados y santificados, independientemente de lo doloroso que sea el doble proceso, que culminará con su salvación.

 

   3. La cuestión del ayuno.

 

   No llevemos a cabo prácticas religiosas cuyo sentido ignoramos, y seamos buenos cristianos, evangelizando y haciendo el bien, a la manera de Jesús, Nuestro Hermano y Señor.

 

   Meditación de MC. 2, 18-22.

 

   "Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?" Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos" (MC. 2, 18-22).

   Los discípulos de San Juan el Bautista y los seguidores de los escribas, estaban ayunando. Dado que la fe de los fariseos se ejercitaba por la imitación de los escribas, -los cuales actuaban imitando perfectamente a sus antiguos maestros-, resultaba extraño y novedoso, el hecho de que Jesús no obligara a sus seguidores a ayunar, para que imitaran las prácticas, tanto de los discípulos de Juan, como de los seguidores de los fariseos.

   Traslademos el relato evangélico a nuestros días. Imaginemos que en un supuesto retiro de Semana Santa que se lleva a cabo en una casa de espiritualidad, en el que participan cien cristianos, la mayoría de los mismos ayuna el Viernes Santo en conformidad con la tradición católica, y uno se niega a seguir dicha práctica, porque piensa que es más productivo el hecho de hacer el bien, que el ayunar. ¿Podría ser comprendido el citado cristiano por sus hermanos, o los tales le verían como un transgresor de los Mandamientos de la Iglesia?

   Jesús, sabiendo que nuestra relación con Dios es equiparada a un banquete de bodas, les dijo a sus adversarios que, mientras el novio esté con los invitados, es imposible que los mismos ayunen. ¿Qué significan tales palabras de Nuestro Salvador?

   Mientras Jesús estuvo con sus amigos, no quiso someterlos al ayuno, porque, a partir de que El fuera ascendido al cielo, empezaría el tiempo de las privaciones para sus creyentes. Jesús, -el novio de la parábola que estamos considerando-, se iría al cielo, y, los invitados a la boda de la instauración del Reino de Dios en el mundo, tendrían que pasar muchas penalidades, mientras esperaran el retorno de su Salvador, que acontecerá  al final de los tiempos.

   Jesús les enseñó a sus seguidores una doctrina nueva, de la que ellos tardaron muchos años en comprender, que no era compatible con las antiguas prácticas hebreas. Las palabras con que finaliza el relato que estamos considerando (MC. 20, 21-22), nos hacen comprender que, entre el Judaísmo y el Cristianismo, hay una diferencia muy grande, lo cual indica que, ambas religiones, no son compatibles entre sí, a modo de ejemplos, porque los judíos practicaban la circuncisión y los cristianos el Bautismo, y porque los judíos no podían comer sangre, y los cristianos paganos, -a pesar de la prohibición conciliar de Jerusalén-, terminaron por ignorar su sumisión a la Ley mosaica, la cual no tenía más sentido, que el de contentar a los judíos, que querían forzar a los paganos, a someterse a sus antiguas y tradicionales prácticas.

   ¿Qué pensaron los escribas al ver la soltura con que Jesús se defendía en su presencia?

   Dado que el Señor curó enfermos y expulsó demonios, se arrogó el poder de perdonar pecados, y al mismo tiempo se sentó a la mesa de los pecadores, sus enemigos concluyeron que no actuaba por el poder que había recibido de Dios, sino por el poder que le dio Beelzebub. Aunque no podían demostrar empíricamente quién dotó de poder al Señor para que hiciera milagros, convenía a sus pretensiones, hacer que la gente, creyera que el Mesías actuaba impulsado por el Príncipe de los demonios, a fin de intentar que el público le aislara.

 

   4. Jesús y sus discípulos fueron acusados de transgredir la Ley del descanso sabático.

 

   Meditación de MC. 2, 23-28.

 

   "Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando  espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?" (MC. 2, 23-24).

   No fue casual el hecho de que los fariseos sorprendieran a los discípulos de Jesús cogiendo espigas en día de Shabbat, -el único día de la semana hebrea que tenía nombre, pues los demás eran nombrados desde el primero hasta el sexto, y se corresponden con los días que transcurren entre el Domingo y el Viernes actuales-, pues, por causa de sus eternas controversias, no dejaban de espiar a Jesús, con tal de encontrar un argumento válido, que los autorizara a asesinarlo.

   ¿Incumplieron los discípulos de Jesús alguna Ley bíblica al arrancar espigas?

   En el Deuteronomio, leemos:

   "Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo" (DT. 23, 25).

   Los discípulos de Jesús no incumplieron ninguna Ley bíblica al arrancar espigas con sus manos para comérselas, pero sí incumplieron la ley de los fariseos, los cuales catalogaron treinta y nueve actividades que podían ser realizadas en días festivos, con el doble propósito de que se le rindiera culto a Dios, y de que los trabajadores se dedicaran a descansar, para utilizar todas sus fuerzas, para seguir trabajando, durante los días laborales.

   Jesús les dijo a sus enemigos que sus discípulos no hicieron mal alguno al incumplir la ley de los fariseos, de la misma manera que David tampoco pecó, al comer del pan que sólo estaba destinado a los sacerdotes de Dios, porque tanto sus compañeros como él, tenían necesidad de saciar su hambre. Jesús no quiere que cumplamos la Ley de Moisés al pie de la letra, sino que la interpretemos sabiamente, y nos adaptemos a su cumplimiento de tal manera, que hagamos el mayor bien posible.

   "El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?» Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado"" (MC. 2, 25-28).

   Jesús les dijo a sus enemigos que el hombre ha sido creado por Dios para que se beneficie del trabajo y del cumplimiento de los preceptos religiosos, y que los preceptos legales y religiosos deben beneficiar al hombre, y no esclavizarlo.

   Las palabras del Señor enfadaron a los fariseos, porque ellos se aprovechaban del pueblo sometiéndolo a la realización de sus intereses, pues ello les resultaba económicamente rentable, tal como sucede con muchos líderes religiosos, los cuales obtienen dinero de sus humildes seguidores.

   Jesús terminó su discurso exasperando más a sus enemigos, pues les dijo que El, -el Hijo del hombre mencionado en DN. 7, 13-14, según recordamos anteriormente, al meditar MC. 2, 1-12-, por ser Dios, es el Señor de las leyes cívicas y religiosas.

 

   5. Jesús curó la mano atrofiada de un hombre en Sábado.

 

   Meditación de MC. 3, 1-6.

 

   "Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.» Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» El la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle" (MC. 3, 1-6).

   Jesús interrogó a sus enemigos antes de curar al hombre de la mano atrofiada, pero los tales se callaron, previendo que, la gente del pueblo, en su interior, deseaba más la curación del enfermo, que la sumisión a sus antiguas leyes, pues no habían catalogado la curación de enfermos, para que la misma fuera realizada en día sabático.

 

   6. Reflexión conclusiva.

 

   En MC. 1, leemos el Bautismo del Señor que sigue a la predicación de San Juan el Bautista (MC. 1, 1-11), y descubrimos las señales evidentes de la proximidad del Reino de Dios a nosotros (MC. 1, 14-45).

   En MC. 2, 1-3, 6, descubrimos que Jesús puede llevar a cabo las citadas señales perfectamente, porque es Dios. Una muestra de este hecho, es el poder que tiene de perdonar pecados (MC. 2, 5).

   Al ser Dios, además de tener el poder de perdonar pecados, Jesús tiene el poder de humanizar las prácticas religiosas de su pueblo, poniéndolas al servicio del crecimiento espiritual de los creyentes, pues no quería que dichas prácticas esclavizaran a sus hermanos de raza, tal como sucede con los cristianos que celebran los Sacramentos, en parte por rutina, y en parte por miedo a que los quemen en el infierno.

   Una vez que Jesús diferenció su pensamiento y forma de actuar de las creencias de los fariseos, estos se confabularon con los herodianos para asesinarlo (MC. 3, 6), viendo que la gente seguía a Nuestro Señor, por los prodigios que hacía, y por la sencillez de su estilo de vida.

   Concluyamos esta meditación evangélica, pidiéndole a Dios, -nuestro Padre común-, que nos conceda avanzar en el seguimiento de Cristo, de manera que nunca creamos que nos hemos terminado de convertir a nuestro Padre, para que así podamos adquirir más dones y virtudes, que nos permitan fructificar, para bien de nuestros prójimos y nuestro.

José Portillo Pérez

joseportilloperez@gmail.com

VII Domingo del Tiempo Ordinario.

VII Domingo del Tiempo Ordinario
19 de febrero de 2012
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
LIBRO DE ISAÍAS 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Esto dice el Señor:

-- No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alianza. Pero tú no me invocabas, Jacob; no te esforzabas por mí, Israel; no me saciabas con la grasa de tus sacrificios; pero me avasallabas con tus pecados, y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.

SALMO 40

R.- SÁNAME, SEÑOR, PORQUE HE PECADO CONTRA TI.

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1, 18-22

Hermanos:

¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero “sí” y luego “no”. Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero “sí” y luego “no”; en él todo se ha convertido en un “sí”; en él todas las promesas han recibido un “sí”. Y por él podemos responder: “Amén” a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido. Él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 2, 1- 12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

-- Hijo, tus pecados quedan perdonados

Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

-- ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

-- ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar?” Pues, para- que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...

Entonces le dijo al paralítico:

-- Contigo hablo. Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

-- Nunca hemos visto una cosa igual.

 
COMENTARIO DOMINICAL
 
Autor: José Antonio Pagola
Fuente:
http://www.eclesalia.net
 
Curador de la vida
 
Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.

Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?".

No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.

Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.

¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo VII de los anos pares. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, Febrero 19
 
Bendito seas, Señor, porque siendo Dios te abajas a mi humanidad para que pueda comprender la grandeza de tu amor. Permite que esta oracion me prepare a celebrar santamente la Eucaristia en el gozo de la fe y animado con el empeño de una conversion sincera.
MISA 19 de Febrero Santoral, PETICIONES Y REFLEXIONES
DOMINGO 19
VII DOMINGO ORDINARIO
Santos: Alvaro de Cordoba, presbitero; Lucia Yi-Zhenmei y compañeros, martires. Beato Bonifacio de Lausana, obispo. (Verde)
 
MIREN QUE REALIZO ALGO NUEVO
 
Is 43, 18-19. 21-22. 24-25; 2 Co 1, 18-22; Mc 2, 1-12
 
La curacion del paralitico conducido en una camilla es un nuevo comienzo. Un hombre, laico el, venido de una aldea insignificante como Nazaret, recita un mensaje esperanzador Dios llega para ocuparse de la gente olvidada Los enfermos, lisiados y desempleados que no son recibidos ni atendidos por las autoridades prepotentes de Jerusalen, empezarian a vivir una vida, digna de un ser humano. Dios, fiel a sus promesas, romperia las ataduras del pecado y la enfermedad. Jesus aparece como el portador de una amnistía y un perdon sin condiciones. Esa era una novedad, una verdadera buena noticia. Las metaforas de Isaias no mienten: Jesus es agua en el desierto, es un rio en el yermo, es agua fresca que apaga la sed. San Pablo lo dira mas concisamente. Jesus es el si definitivo de Dios para su pueblo.
 
ANTIFONA DE ENTRADA (Sal 12, 6)
Confio, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazon con tu auxilio. Cantare al Señor por el bien que me ha hecho.
 
ORACION COLECTA
Concedenos, Señor, ser dociles a las inspiraciones de tu Espiritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Yo soy el que ha borrado tus crimenes.
 
Del libro del profeta Isaias: 43, 18-19. 21-22. 24-25
 
Esto dice el Señor: "No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo. Ya esta brotando. ¿No lo notan? Voy a abrir caminos en el desierto y hare que corran los rios en la tierra árida. Entonces el pueblo que me he formado proclamara mis alabanzas. Pero tu, Jacob, no me has invocado; no te has esforzado por servirme, Israel, sino que pusiste sobre mi la carga de tus pecados y me cansaste con tus iniquidades. Si he borrado tus crimenes y no he querido acordarme de tus pecados, ha sido únicamente por amor de mí mismo". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 40
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Dichoso el que cuida de los pobres; en los momentos dificiles lo librara el Señor. El lo cuidara y defendera su vida, hara que viva feliz sobre la tierra y no lo entregara al odio de sus enemigos. El Señor lo confortara en el lecho del dolor y calmara sus sufrimientos.
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Apiadate de mi, Señor, te lo suplico; saname, pues he pecado contra ti. Hazme recobrar la salud y vivir en tu amistad toda mi vida. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, ahora y siempre.
R/. Saname, Señor, pues he pecado contra ti.
 
Jesucristo no fue primero "si" y luego "no". Todo El es un "si".
 
De la segunda carta del apostol san Pablo a los corintios: 1, 18-22
 
Hermanos: Dios es testigo de que la palabra que les dirigimos a ustedes no fue primero "sí" y luego "no". Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo les hemos anunciado, no fue primero "si" y luego "no". Todo El es un "si". En El, todas las promesas han pasado a ser realidad. Por El podemos responder "Amen" a Dios, quien a todos nosotros nos ha dado fortaleza en Cristo y nos ha consagrado. Nos ha marcado con su sello y ha puesto el Espiritu Santo en nuestro corazon, como garantia de lo que vamos a recibir. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACION (Lc 4, 18) R/. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberacion a los cautivos. R/.
El Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados.
 
LECTURA Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Cuando Jesus volvio a Cafarnaum, corrio la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomero tanta gente, que ya no habia sitio frente a la puerta. Mientras El enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralitico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podian acercarse a Jesus por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesus, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesus la fe de aquellos hombres, le dijo al paralitico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban alli sentados comenzaron a pensar: "¿Por que habla este asi? Eso es una blasfemia. ¿Quien puede perdonar los pecados sino solo Dios?".
Conociendo Jesus lo que estaban pensando, les dijo: "¿Por que piensan asi? ¿Que es mas facil, decirle al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados' o decirle: 'Levantate, recoge tu camilla y vete a tu casa'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralitico—: Yo te lo mando: levantate, recoge tu camilla y vete a tu casa".
El hombre se levanto inmediatamente, recogio su camilla y salio de alli a la vista de todos, que se quedaron atonitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habiamos visto cosa igual!". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesus.
 
Oracion introductoria
Señor, soy incapaz de comprender porque frecuentemente caigo en la tentacion de acomodarme en mi propio yo y solo quiero entender lo que me gusta. Por eso hoy me acerco a Ti en esta oracion. Abre mi entendimiento y mi corazon para que sepa ser tu discipulo y misionero.
 
Peticion
Jesus, ayudame a tener un corazon puro y abierto, a escuchar siempre tu Palabra.
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Todo lo que sucede en este pasaje evangelico nos habla de la oracion. Una oracion que no se expresa tanto con palabras sino con los hechos: el paralitico y los cuatro hombres que lo llevaban, oran en silencio. Ni siquiera les vemos pronunciar una palabra. Simplemente tratan de superar todos los obstaculos para acercarse a Jesus: subieron al enfermo en su camilla hasta el techo de aquella casa donde se encontraba el Senor y comenzaron a remover las piezas de la cubierta. Jesus estaba tan sorprendido de su actitud, audaz y filial, que esto le permitio obrar el milagro de perdonar sus pecados y curar al hombre de su paralisis. Los cristianos necesitamos practicar diversas virtudes para poder acercarnos a Jesus como lo hicieron esos hombres. Hace falta paciencia para perseverar en el bien, se requiere constancia para vencer las dificultades, etc. Los hombres que cargaron al paralitico acercaron a su amigo enfermo a Jesus. Hagamos nosotros lo mismo. Que nuestro buen ejemplo lleve a muchos hasta Cristo
 
Credo
 
PLEGARIA UNIVERSAL
 
Presentemos ahora nuestras intenciones, con la certeza de que seremos escuchados.
Despues de cada peticion diremos: R/. Escuchanos, Señor.
 
Por la Iglesia. Que sea portadora de esperanza, de salud y de salvacion para todos. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por todos los cristianos. Que nos mantengamos firmes en la fe y en el amor, a pesar de las dificultades y contratiempos. Oremos.
R/. Escuchanos, Señor.
 
Por nuestra sociedad. Que todos seamos capaces de reconocer los propios errores, y se pueda avanzar por el camino del dialogo y del perdon. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por todos los que pasan dificultades. Que encuentren en Jesus y en los cristianos la palabra y el gesto sanador y salvador que necesitan. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por los hombres y mujeres que forman el Ejercito. Que Jesus sea su modelo de servicio dedicado, atento y respetuoso. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Por nosotros. Que la Eucaristia que celebramos nos ayude a llevar nuestras cruces con fuerza y esperanza, y a avanzar por el camino de la vida con optimismo e ilusion. Oremos. R/. Escuchanos, Señor.
 
Escucha, Padre, nuestras oraciones, y concedenos lo que te hemos pedido con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Que este sacrificio de accion de gracias y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra salvacion eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.
 
ANTIFONA DE LA COMUNION (Jn 11, 27)
Señor, yo creo que tu eres el Mesias, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo.
 
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
UNA REFLEXION PARA NUESTRO TIEMPO.- Las encuestas de opinión pública no dejan lugar a dudas. Las personas estamos perdiendo la confianza en las instituciones publicas a pasos acelerados. Las cifras escandalosas de homicidios y ejecuciones, el aumento de la violencia se han vuelto constantes. Ya no es nada nuevo, contabilizar las muertes por decenas. Lo único nuevo seria el advenimiento de un trabajo seguro, que integrara a cientos de miles de jovenes a una sociedad incluyente y productiva. La mejor cohesion social se opera cuando cada persona encuentra una forma honesta, digna de realizar su vida y sacar adelante los proyectos legitimos de su familia. Esa novedad si que seria una gran noticia. De la paralisis del miedo, el desempleo y el mal funcionamiento de las instituciones publicas necesitamos liberarnos. Algun camino habremos de encontrar para transitar a la paz. Tiene razon el poeta: la paz es el camino.
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Que importante es la fe de los demas, aun para nuestra propia salvacion. En este pasaje nos relata San Marcos que fue precisamente por la fe y la cooperacion de los que acompanaban al paralitico (que lo llevaron y luego se ingeniaron para poder presentarselo), que Jesus le perdono sus pecados y despues hasta le dio la salud fisica.
 
Tu tambien puedes ser el instrumento de Dios para que alguno de tus amigos o amigas se acerquen al sacramento de la reconciliacion. Algunas personas tienen mucho tiempo sin acercarse, pues piensan que saldran reganadas... y estan en un error. El sacramento de la Reconciliacion es el SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS. Es el espacio en que nuestro pecado se encuentra con la misericordia de Dios.
 
Los que llevaban la camilla estaban convencidos de que Jesus haria algo por su amigo. Si tu realmente crees esto, ayuda a quien no conoce bien el sacramento y que esta esperando oir: "Tus pecados te son perdonados".
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.
Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.
Pbro. Ernesto Maria Caro
 
Febrero 19
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado
 
Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Queridos amigos he estado enferma tengo un sangrado intestinal el martes me operan de la vesicula fue una sorpresa para mi en fin asi llegan las enfermedades de sorpresa Dios contigo querido amigo. Soco Valle Vargas
Hermanos pido oracion por Santiago de Vito, 21 años padece leucemia. Gracias por orar. Betty Sanchez
 
Hermanos en Xto., pido oraciones por mi hermano Jose Deyber Vargas de 37 años de edad, esta internado con una enfermadad que se llama derrame pleural, gracias a Dios le sacaron el agua del pulmon, ahora sigue en espera de sus resultados, haber que diasgontico le dan, en  nombre sea de Dios. Gracias, Dios los bendiga. Att. Maritza Vargas.
 
El BB Stefano Valentin Ayala 10 dias: tiene un serio problema en su corazoncito, ya que nacio con una herida que no se le cierra. Ademas ahora tiene complicados los pulmones. Adry
 
Quisiera pedirles una cadena de oracion por la salud de mi nonita Matilde Perez se encuentra delicada de salud para que se recupere muy pronto por favor les agresco alas personas de buen corazon muchas gracias. Gerson
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleanos de Jessica Seron
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
DIOS SANTO te pido tener una novia bellla y buena que me ame mucho a mi sea amable cariñosa de buen corazon sea sabia alegre y comparta conmigo lo bueno de amar en buenas obras que ella me apoye para ser muy feliz. DIOS que llegue para compartir lo bueno de mi arte con ella amen. Jose
 
Pido oracion por todas mis necesidades en especial las que perturban mi paz y tranquilidad. Mariana
 
Mil gracias a ti por orar por Mike e igualmente a Angelica y todos quienes piden por el.  SIGAMOS en oracion y que se la abra ya esa puerta de trabajo que ennoblece. Se define a comienzo de de la semana proxima.  POR FAVOR mantenganlo en sus plegarias. Dios nos toque a todos, nos de sanacion, paz, trabajo y fortaleza para seguir bajo Su Mano. AMEN. Elena
 
Hermanos en Cristo he leido sus mails, gracias por las palabras de aliento, por sentir que no estoy sola, no pude contestar por falta de tiempo, pero los lei, prometo contestar lo mas pronto posible, asi mismo quiero que sigan intercediendo por mi salud espiritual, por mi poca fe, por la salud fisica de mi madre que se llama Norma, por los examenes de mi hno Antonio, que se pone muy nervioso, por la conversion de Juan Manuel y por mis hijas Yessi y Sofi, gracias Dios los bendiga en abundancia. Claudia Fabiana
 
Padre y Señor mio te entrego mis proyectos, que se haga tu voluntad. Jorge Caceres:
 
Antes de todo agradecerte por cuidar a mi y a toda mi familia y a las personas ¡muchas gracias Dios mio! solo pedirte por favor que me ayudes con este mal que me aqueja bastante con mi vida cotidiana por favor ayudame tambien si no es mucho pedir cuida a mi familia y a las personas que necesitan tu ayuda. ¡Gracias Dios mio por escucharme y por todo! Jonathan.
 
Q. E. P. D.
 
Fausto Montesdeoca Vasquez
Noemi Carrion Valle
 
Hermanos por favor les pido oraciones  por desde Cartagena orar por el alma de la niña Manuela Montoya y por sus familiares. Cristina
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio

ECUADOR
 
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Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana
Chistifideles Laici
Barcelona - España

El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados
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"EL HIJO DEL HOMBRE TIENE POTESTAD EN LA TIERRA PARA PERDONAR PECADOS"




19 de febrero de 2012

● Primera lectura ● Is 43, 18-19.21-22.24b-25 ● “Por mi cuenta borraba tus crímenes”.

● Salmo Responsorial ● 40 ● “Sáname, Señor, porque he pecado contra ti”.

● Segunda lectura ● 2 Cor 1, 18-22 ● “Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «si»”.

● Evangelio ● Mc 2, 1-12 ● “El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”.




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Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:
- «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: - «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: - «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados,” o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...»
Entonces le dijo al paralítico: - «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: - «Nunca hemos visto una cosa igual.»

Mc 2, 1-12




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● Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

● Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

● Leo el texto. Después contemplo y subrayo.

● Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Jesús cuestiona mi relación con el dinero, mi consumo... También me puedo preguntar si todas los otros aspectos de mi vida los intento vivir para Dios.

● Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio... ¿Qué testigos encuentro que son libres ante el dinero, tienen coherencia personal, tienen unidad de vida?

● Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.

● Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...


"EMPEZAR DE NUEVO"


VER

Debido a la crisis económica, una persona de mediana edad, que hasta hace poco tenía su vida más o menos estructurada y planificada, está decidida a trasladarse a otra ciudad para “empezar de nuevo” y encontrar nuevas oportunidades, ya que si permanece en donde ahora está no tiene esperanza de futuro. Hay ocasiones en las que por diferentes motivos o circunstancias debemos o necesitamos “empezar de nuevo”, dejar atrás lo pasado y reorientar nuestra vida. Pero no es tan fácil: ¿por dónde empezar? Surgen muchas dudas, incertidumbres, y miedo a lo desconocido.

JUZGAR

Estamos a punto de iniciar la Cuaresma, un tiempo de conversión que no debemos verlo simplemente como un tiempo de penitencias, ayunos y abstinencias, sino como una oportunidad para dejar atrás actitudes que no nos aportan lo que deseamos y poder “empezar de nuevo”. Y la 1ª lectura de hoy nos invita a ello: No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo.
Una invitación a “empezar de nuevo”, pero no como un viaje lleno de dudas, incertidumbres y miedo; ya ahora tenemos “indicios” de a dónde vamos: mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? No “empezamos de nuevo” yendo hacia lo desconocido: sabemos cuál es nuestra meta, como nos ha recordado la 2ª lectura: Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que no es una incógnita, al contrario, en él todo se ha convertido en un «sí». Él es lo nuevo que Dios ofreció y sigue ofreciendo a la humanidad, y que brotó y sigue brotando en nuestro mundo, porque en él todas las promesas han recibido un «sí». ¿No lo notamos? Quizá sea ése el problema: que no notamos la novedad que es Cristo Resucitado, que no notamos que en Él se cumple todo lo que esperamos y anhelamos.


ACTUAR

¿Alguna vez he pensado en “empezar de nuevo”? ¿Lo veo posible? ¿Qué me frena? ¿Me siento “paralítico espiritual”? ¿Por qué? ¿Creo que verdad que algo nuevo ya está brotando gracias a Cristo Jesús? ¿Lo noto? ¿Siento que Cristo es el «sí» para todas mis esperanzas? ¿Siento necesidad de recibir el perdón de Dios? ¿Lo recibo como el «sí» que Dios me da, gracias a Cristo?
Estamos a punto de iniciar la Cuaresma, tiempo en el que nos preparamos para celebrar que, por su pasión, muerte y resurrección, Cristo es el gran «sí» de Dios hacia nosotros. Por eso es
un tiempo de conversión, por eso debemos disponernos a recibir el perdón de nuestros pecados, porque ese «sí» que es Cristo nos mueve a “empezar de nuevo”, a levantarnos y echar a andar. Pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a cumplir, de palabra y de obra, lo que a Dios le complace, para que dejando atrás lo de antaño, lo antiguo, vivamos la novedad de Cristo Jesús y, siguiéndole, avancemos hacia la meta de vida que Él nos propone.

Homilia para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

B - Domingo 7o. del Tiempo Ordinario
Primera: Is 43,18-19.21-22.24-25; Salmo 41; Segunda: 2Cor 1,18-22; Evangelio: Mc 2, 1-12
Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net


Sagrada Escritura:

Primera: Is 43,18-19.21-22.24-25
Salmo 41
Segunda: 2Cor 1,18-22
Evangelio: Mc 2, 1-12

 

 


Nexo entre las lecturas

El binomio pecado-perdón llama la atención en la liturgia de este domingo. Al pueblo en el exilio babilónico y que ha "cansado" a Dios con sus pecados, Isaías anuncia el mensaje liberador de Dios: "Soy yo, yo sólo, quien por mi cuenta borro tus culpas y dejo de recordar tus pecados" (primera lectura). Jesús dice al paralítico: "Perdonados te son tus pecados" (Evangelio). Pablo, a su vez, ante las acusaciones de ambigüedad y falta de seriedad de parte de algunos corintios, reacciona dejando claro que su actitud, al igual que la de Jesucristo, ha sido un sí al hombre, a su bien integral; en Jesús, efectivamente, "todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él" (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. La presencia del pecado. El pecado es una realidad con la que todo hombre tiene que vérselas. Y no solamente el hombre, sino también los grupos humanos y la sociedad. Porque existe el pecado personal, pero hay también pecados sociales, estructuras de pecado. Al hombre y a las sociedades humanas parece costarles renunciar al pecado, aprender de modo definitivo la lección de la gracia y de la misericordia divina. Como nos recuerda la primera lectura, los hombres sea como individuos que como sociedad fácilmente nos cansamos de Dios , y dejamos de invocarle y de darle culto. Así hicieron los desterrados de Babilonia, sin escarmentar ante la desgracia en que viven, lejos de su patria y de la santa ciudad, por su infidelidad.. El pecado está presente también en la sociedad y en los hombres contemporáneos de Jesús, en cuya mentalidad hay una estrecha relación entre enfermedad y pecado: la parálisis y el pecado, el mal físico y el mal moral, el crimen y el castigo. Y las acusaciones de que es objeto Pablo por parte de sus hermanos en la fe -acusaciones sin fundamento y quizá también malévolas-, ¿no es muestra patente de la realidad del pecado en la misma comunidad cristiana? Allí donde existe una comunidad humana, - y cristiana- hay que contar siempre con esta realidad del pecado, bien que no sea la única ni la más importante. Reconocer esta presencia pecadora en el hombre y en el mundo, es ya un paso notable hacia el perdón, la reconciliación fraterna, la misericordia de Dios, Padre y Señor de la humanidad. Porque lo acepte el hombre o no, la autoabsolución no existe, por más métodos psicológicos o psicoanalíticos que se usen para convencer al hombre de ello.

2. La presencia del perdón liberador. Nuestro Dios no sería un Dios rico en misericordia, Padre de nuestro Señor Jesucristo, amigo de los hombres, si ante la presencia del pecado se quedase impasible, indiferente. Deseando y buscando el bien del hombre, le manifiesta su amor sea con el "castigo" pedagógico sea con el perdón. El pecado no merece jamás ni por ningún motivo el perdón, pero el perdón es uno de los nombres del amor. Por eso dice Dios en la primera lectura: "Soy yo, y sólo yo, quien por mi cuenta borro tus culpas y dejo de recordar tus pecados". Las ataduras del pecado sólo Dios las puede desatar; la deuda del pecado sólo Dios la puede borrar; la memoria del pecado sólo Dios la puede olvidar. Jesucristo no se opone a esta afirmación fundamental de la fe israelita; la confirma más bien, insinuando con el poder sobre la parálisis que cura, que en su humanidad Dios se hace presente entre los hombres. De este modo, el pecado de todo el hombre es perdonado en todo el ser humano: en su espíritu e interioridad (perdón de los pecados¿ y en su corporeidad (curación de la parálisis). El perdón, por otra parte, no pertenece al pasado, sino que es siempre actual y presente, como el mismo Dios. Dios perdonó el pecado de Israel, liberándolo de la esclavitud de Egipto, haciéndole pasar a pie enjuto el mar Rojo, pero ahora el perdón de Dios creará algo nuevo: trazará un camino en el desierto para que el pueblo pueda retornar a Jerusalén. Ahora Jesucristo, la Iglesia en nombre de Cristo, siguen diciendo sí al pecador que se arrepiente: "Perdonados te son tus pecados", para que también nosotros glorifiquemos a Dios con nuestro sí. En efecto, por el bautismo hemos recibido el Espíritu del sí, ese sí que por el pecado se hace no, pero cuya fuerza liberadora vuelve a recuperarse por el perdón.


Sugerencias pastorales

1. Liberar al hombre total. En la historia del cristianismo, al menos en algunos períodos, se ha insistido mucho en la liberación espiritual del pecado, y poco o bastante menos en la liberación del hombre en su totalidad (liberación espiritual o religiosa, política, económica, social, cultural). Hoy estamos tal vez más sensibilizados, al menos en el plano de la mentalidad común, a esta liberación que abarca a todo el hombre y a todo hombre, como gusta decir Juan Pablo II. El texto evangélico ofrece una buena base para la comprensión de esta liberación integral. Jesucristo perdona los pecados, pero no detiene su acción liberadora sólo ahí, sino que luego cura al paralítico, liberándole también de su enfermedad. Esta liberación integral -e integradora puesto que no desconecta una de otra- es obra de Dios, pero nosotros, cristianos, hemos sido llamados para facilitar esta obra divina, y para "manifestarla" entre los hombres en cuanto que Dios actúa en la historia con nosotros y por medio de nosotros. Importante es que tampoco nosotros separemos, siguiendo a Jesucristo, ningún tipo de liberación, so pena de reducir y empobrecer la fuerza liberadora del cristianismo y del Evangelio. Entre mis hermanos cristianos, con los que convivo y trabajo, ¿es la fe cristiana una fuerza liberadora? ¿se piensa que la fe cristiana libera al hombre en su totalidad? ¿Qué iniciativas se podrán emprender para, en nuestro medio ambiente y en nuestra sociedad, promover más, como cristianos, la plena liberación del hombre?

2. El sacramento de la libertad. Entre los siete sacramentos de la Iglesia hay uno que está relacionado de modo particular con el perdón de los pecados. En la historia, según diversas acentuaciones, ha recibido varios nombres: "la confesión", "el sacramento de la penitencia", "el sacramento de la reconciliación". Me gustaría subrayar que es también el sacramento de la libertad. La gracia del sacramento no sólo libera del pecado, sino que libera la libertad para no pecar, otorga el Espíritu del sí al poder de la gracia. En un momento en que este sacramento no acaba de salir de la crisis que sufrió después del concilio Vaticano II, subrayar esta dimensión del mismo puede contribuir a su rehabilitación y a una recepción más frecuente. Esta dimensión encaja y da unidad a las demás: quien se confiesa, se libera de algo que pesa en su conciencia frente a Dios y frente al hermano; quien se arrepiente, al reconocer su culpabilidad, da el primer paso para que Dios le libere de su culpa y para que su conciencia se sienta liberada; quien se reconcilia con Dios y con la Iglesia, predispone su libertad para un ejercicio futuro verdaderamente libre. ¿Qué postura tienes tú ante el sacramento de la libertad? ¿Crees que es algo "pasado de moda"? Si eres sacerdote, ¿dedicas tiempo suficiente a la administración de este sacramento? Si eres religioso o consagrado, ¿encuentras en el sacramento un camino seguro de purificación y perfeccionamiento de tu libertad? Si eres laico, ¿eres consciente de que el sacramento no coarta, sino que potencia tu libertad, tu capacidad de ser enteramente libre, en alma y cuerpo?

Ejercicio de lectio divina para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

La curación de un paralítico en Cafarnaún (Mc 2,1-12), uno entre los primeros milagros que realizó Jesús, fue la primera manifestación pública de su empeño en perdonar pecados. Jesús se arrogó un poder que corresponde sólo a Dios: curar podía hacerlo aquel a quien Dios se lo hubiera concedido; perdonar era oficio de Dios en. Jesús, que no niega el presupuesto de sus antagonistas, realiza lo menos (curar) para dejar claro que puede mucho más (perdonar): promete lo que quiere. Algo muy de Dios actúa en él; tanto como para devolver la salvación más completa al hombre: combate en la raíz el mal que aqueja a los hombres.
Temprano se mostró, pues, Jesús tan divino: perdonó a un enfermo que no quería más que curación y sanó a un pecador como prueba fehaciente de que le había perdonado sus faltas. El paralítico no deseaba más que remedio a su inmovilidad corporal y Jesús le concedió, además, cuanto no había deseado. Si nos deja algo perplejos esta actitud de Jesús, porque no logramos que repita con nosotros lo que hizo en Cafarnaún, tendríamos que preguntarnos qué es lo que está fallando en nuestra forma de ser cristianos: ¿por qué la convivencia con Jesús no nos libra del mal que pervive en nosotros? ¿Por qué las veces, muchas ya, que nos hemos encontrado con él no nos ha conseguido mayor salud de alma y cuerpo?

Seguimiento:

En aquel tiempo, 1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. 2acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.
3Llegaron cuatro llevando un paralítico 4y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:
«Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
7«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
8Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? 9¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados,? o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...»
[Entonces le dijo al paralítico: ]
11«Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
12Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto una cosa igual.»

I. LEER: entender lo que dice el texto fijándose en como lo dice
El relato, que combina dos hechos diversos (Mc 2,3-5a.11-12: la sanación del paralítico; Mc 2,5b-10: el perdón de sus pecados), es un ejemplo de cómo se implanta el reino de Dios (Mc 1,15), la crónica paradigmática de lo que pasa cuando Dios se acerca en Jesús: enseñanza, curación, perdón. Adonde Dios llega, llega el hombre a su más completa recuperación. El Dios aceptado aporta más de cuanto se le pide, cura más allá de lo deseado, sana radicalmente.
Cuando es interrumpido, Jesús está predicando la palabra (Mc 2,2), esa buena noticia del Dios que se aproxima (Mc 1,15). Al cronista no le importa tanto lo que estaba diciendo, cuanto lo que va a hacer, pues Jesús evangeliza haciendo el bien, curando y perdonando: no pide acogida para Dios sin prestársela a sus oyentes.
A causa del gentío, el paralítico no tiene acceso a Jesús; los oyentes se lo impiden; pero sus ayudantes se ingenian, con tanta tozudez como inoportunidad, para llevarle hasta él a través del tejado. Nada anormal hay en que un enfermo tenga que recurrir a familiares o conocidos para llamar la atención de Jesús lo chocante es que Jesús descubra fe en ese esfuerzo, ingenioso y terco, de llevar al enfermo ante él: esos improvisados camilleros no se arredraron ante la dificultad y Jesús no pudo evitar atender al paralítico, al ser testigo de la confianza que depositaban en él. Jesús entiende lo no dicho, sabe leer lo que no se ha expresado: valora lo aún oculto. ¿Qué mal, nuestro o de los nuestros, podrá alejarnos de quien ve nuestra necesidad más allá de nuestros deseos?
Jesús no pide al enfermo previamente fe, ni le exhorta a tener confianza, como en otras ocasiones (Mc 6,50; 10,49). Ni siquiera constatará después que la tuvo (Mc 5,34; 10,52). De ahí que resulte aún más inesperada su promesa; él no vincula enfermedad con pecado como solían sus contemporáneos (cf. Jn 9,2-3); pero, a diferencia también de nuestros contemporáneos, ve en el pecado la raíz de la inmovilidad que sufre el paralítico: sin Dios no se camina por la vida con libertad. Y sorprende tanto a los enemigos como, seguramente, al beneficiario: quiere sanarlo en profundidad, librándole del pecado (Jn 5,14) de forma totalmente gratuita. Da lo que no se le pide, promete mucho más de cuanto es deseado. La gracia que hace deja al descubierto la falta no advertida por el enfermo, al prometerle lo que no tiene. Él pensaba, a lo sumo, en sanar; Jesús quiere, sobre todo, perdonar.
En este momento entran en escena unos escribas, peritos en leyes, que en Marcos son oponentes tempranos de Jesús (Mc 1,22). Antes de que se pronuncien Jesús los desenmascara: lee sus pensamientos más íntimos. Desenmascara a los bienpensantes, que por defender a Dios y sus derechos, no salvan a su prójimo ni le tienen conmiseración. ¿No habría que preguntarse por qué expertos en la ley de Dios fueron quienes criticaron a Jesús y se desinteresaron de sus prójimos necesitados? Bien es verdad que Jesús no cuestionó sus motivos: perdonar pecados es oficio exclusivo de Dios (Ex 34,6-8; Is 43,25; 44,22); los hombres no tienen ni derecho ni el poder, no así el hijo del hombre, quien se atribuye ese derecho porque dispone de ese poder. Es la primera vez que Marcos utiliza la expresión hijo del hombre (cf. Dn 7,13). Jesús se arrogaría la autoridad de salvar al pecador; aquí su pretensión está sujeta a prueba: su poder es verificable, siempre que haga lo que dice. Su palabra realiza en la tierra lo que anuncia sobre ella. Ésos son sus poderes: no dice lo que desea ni manifiesta mera confianza en Dios; perdonando ejerce una autoridad divina.
Y el milagro ratificará lo afirmado: cumple lo más, realizando lo menos. Es más fácil prometer perdón que levantar paralíticos, porque sólo esto último es verificable. La maravilla entre los presentes se produjo no porque dijera que podía perdonar, sino porque hizo andar al paralítico. Y mientras tanto, el hombre, sanado y perdonado, no ha dicho una sola palabra: un paralítico andando es la prueba fehaciente del poder divino que Jesús ejerce en la tierra. La estupefacción está más que justificada: nadie obró así antes. ¿Sigue obrando Jesús así? ¿Qué le estará faltando para poder volver a asombrarnos?

II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto dice a la vida
Tras unas jornadas de enseñanza (Mc 1,21.29.32.35.39), Marcos inicia, de nuevo en Cafarnaún, una serie de controversias (Mc 2,1-3,6). El evangelio anunciado y practicado genera también polémica. El evangelizador ha de ser consciente de que la tarea a la que debe su vida produce, sin que él lo busque, recelo, divisiones y polémica: llevar a Dios a nuestros contemporáneos no significa necesariamente llevarse bien con todos. El evangelio es gracia ofertada, no servidumbre impuesta; de ahí que tanto evangelizados como evangelizadores tengan que optar, soportando las rupturas que imponga el rechazo del evangelio. A pesar de ello, quien evangeliza, como Jesús, evangeliza perdonando, aunque el perdón no sea deseado, incluso cuando es rechazado. Y no ha de considerarse casual que Jesús perdone por vez primera la primera vez que es cuestionado
¡Buenas razones para el escándalo tenían los bienpensantes que oyeron a Jesús perdonar los pecados en vez de curar al impedido! Pues perdonar es prerrogativa divina, mientras que sanar está a la alcance de los hombres. El caso es que Jesús se ve obligado a sanar para que puedan aceptar que tiene también poder de perdonar. La muchedumbre que acudía a Jesús para encontrar la salvación no ponía tanto reparo, hiciera Jesús lo que hiciera; pero también es verdad que no acudía para que se les perdonara los pecados sino para ser sanados. No siempre Jesús da lo que en él buscamos; pero nunca proporciona menos de lo que puede darnos. Encontrarse con Jesús, por mucho que lo necesitemos, puede ser siempre una maravilla imprevista: basta acercarse como somos, sin avergonzarse siquiera de nuestros males. Pero habrá que dejarle que intervenga como desee, para que se realice lo que no hubiéramos nosotros pedido ni siquiera imaginado. Jesús está interesado en curarnos más de cuanto nosotros deseamos.
Quizá, y por ahí deberíamos empezar a caer en la cuenta, nos esté fallando el apoyo de nuestra propia gente. El paralítico llegó a encontrarse con Jesús, porque todo el mundo le buscaba; a la noticia de que estaba entre ellos, respondió la muchedumbre agolpándose ante su casa y escuchando su mensaje. Nos resulta algo insólito el hecho de que todo un pueblo abandonara sus quehaceres por ir a ver a Jesús y oír su doctrina. Y es que, ciertamente, no es Cristo quien suscita hoy más entusiasmo, quien más masas mueve, ni siquiera de creyentes, entre cristianos. Difícilmente nos animaremos a buscar en Jesús la salvación de nuestros males si, a nuestro alrededor, no abundan quienes se interesan por Jesús.
Pero no habría que descargar toda responsabilidad sobre los que ya se preocupan por Jesús. El paralítico tuvo la suerte de estar entre quienes, por acudir ellos a Jesús, le pudieron llevar a su presencia; si no podía moverse él, pudo, al menos, quedarse entre los que iban a la búsqueda de Cristo. Y ése fue el inicio de su suerte. Podría haber sido una buena excusa para un paralítico: al no poder andar él, nadie le obligaba a ir al encuentro de Jesús. Pero de no haber ido, no habría resultado curado; hubiera tenido una buena razón.., para seguir siendo un impedido.
Si eligiéramos mejor nuestros compañeros de camino, si los cristianos viviéramos nuestra vida junto a quienes comparten nuestra fe, nos resultaría más fácil encontrar a quienes, caso de no poder nosotros mismos, nos llevaran ante Jesús en cuanto lo necesitáramos. Si las personas que frecuentamos, si aquellos entre quienes mejor nos sentimos, no nos hacen frecuentar a Dios ni consiguen hacernos sentir mejores, ¿qué beneficio nos reportan? Quien sabe que lo más importante de su vida es su Dios, sabe renunciar a todo lo que de Él lo separe. Si seguimos necesitando de Cristo, para que perdonándonos nos sane interiormente, seguimos necesitando de todo aquel que está dispuesto a dejar lo que tiene entre manos para ocuparse sólo en Cristo Jesús.
Entre quienes se acercaron a Jesús hubo unos cuantos que se acordaron de llevarle al enfermo. Y supieron encontrar el modo de llegar hasta Cristo, con no pequeño esfuerzo y gran maña: se libraron de la gente agolpada a la puerta, descolgando al paralítico por el techo. Antes de que pudieran expresar una petición, Jesús se adelantó, viendo su ingeniosa fe, y aseguró al paralítico el perdón de sus pecados. No era, precisamente, eso lo que buscaban; se hubieran conformado con bastante menos; si llevaban un enfermo a Jesús era para que lo curase; los cuatro que llevaron al paralítico, a pesar de su innegable fe, tuvieron que defraudarse de que Jesús quisiera perdonar a un enfermo que buscaba sólo sanación de su mal. Por darle más de cuanto pedían, no entendieron a Jesús.
Y es que, a veces, Jesús suele despistar a quien, buscándole por un motivo concreto, recibe aún más de cuanto se hubiera atrevido a soñar. Como el paralítico, vamos con frecuencia a Dios, cuando nos decidimos a ir a Él, con necesidades muy importantes para nosotros, pero poco significativas para Él. Y cuando nos concede lo que no esperábamos, porque o no nos habíamos atrevido a pedir o no lo creíamos tan necesario, nos causa una cierta incomodidad. La generosidad de Dios con cuantos le buscan es mayor que la necesidad que nos hace ir en su búsqueda. Y ello, quizá, nos impida gozar más de Dios, a pesar de nuestros evidentes fallos.
Los que iban tras Jesús, con el paralítico a cuestas, tenían una fe admirable; el mismo Jesús lo reconoció públicamente. Pero ni siquiera con esa fe lograron imaginarse lo que Cristo les daría; pedían sanación del cuerpo y obtuvieron perdón de los pecados. Y ahí está lo mejor de la historia. No importa los pecados con los que cargamos o los males que alimenta nuestra vida, si tenemos fe y nos ponemos en camino hacia Él, Jesús nos dará más de cuanto hubiéramos soñado, tanto que nos dejará atónitos. Si nuestros males, físicos o espirituales, no son óbice para acercarse a Jesús, si se va a fijar más en la confianza que le tenemos que en lo malo que somos, no hay razón para demorar nuestro encuentro con Él. No se dejará ganar Dios nunca en generosidad para con quien le busca con fe.
Somos tan ruines que la generosidad, incluso la divina, nos escandaliza; como no sabemos ser magnánimos con los demás, sospechamos de quien pretenda serlo con nosotros. Aunque sea Dios. Y cuantos oyeron que Jesús perdonó los pecados del paralítico, murmuraron en contra: sólo Dios perdona los pecados y quien se arrogue tal poder es un embaucador. En realidad, creían que era más fácil hablar de perdón que hablar de curación; para evitar quedar en ridículo, Jesús habría dicho lo del perdón, que nadie podía comprobar, rehusando curar al paralítico, de lo que todos serían testigos. En el fondo, porque esos pobres hombres, sabios en leyes e ignorantes en Dios, no podían creerse que Jesús fuera tan bueno, le negaban el poder que tenía. Sólo para convencerles de que podía perdonar al paralítico, sanarlo de raíz curando su alma, curó su cuerpo y lo mandó a casa, libre de su camilla y de sus pecados.
La lección es obvia. Nos falta fe, y nos sobran males, para poder presentarnos ante Jesús y suscitar su piedad; aunque no nos concediere lo que nos ha llevado hasta él, no desesperemos de su bondad. Seguro que, como el paralítico, regresaremos a casa más libres de impedimentos y liberados totalmente de nuestros males. Bien sabe Dios lo que nos hace más falta; y por mucho que nos falten los bienes que echamos de menos y que nos motivan que lo busquemos, permitámosle que nos dé cuanto quiere: siempre será más de cuanto pedimos y mucho mejor de lo que pensábamos. Y si para acudir a Dios y encontrarnos con su acogida sólo se fija en nuestra fe, no en nuestros males, nada nos impide que vayamos a su encuentro. Y si no nos confiamos mucho nosotros, pidamos a quien comparte con nosotros vida de fe que nos hagan el favor de acercarnos a Él. No le importó al paralítico que le llevaran otros o que le descolgaran por un techo: le importaba llegar a Jesús. ¿A qué vienen, pues, nuestros temores? ¿O es que nos sentimos ya bien sin estar perdonados y curados?
(
http://say.sdb.org/blogs/JJB/2012/02/12/lectio-divina-ciclo-b-7o-domingo-mc-2-1-12
).

Moniciones para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

Moniciones para el Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Moniciones para la Misa.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net


Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario


Monición de entrada:

Toda la palabra de Dios es creadora, pero congratula de una manera especial que el Señor al crear todo lo haga nuevo. Él siempre transforma y hace renacer. Cuando optamos por seguir a Cristo desde la fe, enseguida aparece la idea de que esta fe no es una ilusión que se desvanece, ni un entusiasmo momentáneo. Es un sí desde lo profundo del corazón. Es el reconocimiento de ese poder sanador de Cristo, que quita el pecado del mundo. Es tomar conciencia de que Él ha entregado su Cuerpo y su Sangre por la remisión de nuestros pecados. Por eso es un momento importante para dar un salto, ponernos en pie, y como el paralítico, dar gloria a Dios por todo lo que hace por nosotros. Puestos de pie, recibiremos a los ministros de esta eucaristía cantando con alegría.


Primera lectura: Is 43, 18-19.21-22.24b-25 (Por mi cuenta borraba tus crímenes)

La profecía de Isaías, que conforma nuestra primera lectura de hoy, es un mensaje de esperanza sobre la generosidad de Dios, que se adelanta incluso a los sentimientos nobles de los hombres de buena voluntad. También, como no, al arrepentimiento de los pecadores, poniéndoles en línea a recuperar su amistad. Texto interesante este del Capítulo 43 del Profeta Isaías que vamos a escuchar a continuación y que debemos meditar en nuestro interior. Pongan atención.


Segunda lectura: 2 Cor 1,18-22 (Jesús no fue sí y no, sino siempre sí)

Comenzamos hoy la lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios y que estaremos leyendo hasta el domingo catorce de este tiempo ordinario, después, incluso, de la interrupción que la liturgia hace de este tiempo con la llegada de la Cuaresma. Esta carta, toda ella, es un ejercicio de sinceridad total por parte de Pablo y una de las más llamativas de las escritas por el Apóstol de los Gentiles. Escuchen con atención este mensaje.


Tercera lectura: Mc 2,1-12 El Hijo del hombre puede perdonar pecados)

San Marcos, en el Evangelio, nos narra el último de los milagros de Jesús de los que hemos ido escuchando en los domingos anteriores y que es una formidable catequesis bautismal para todos aquellos que deseaban acercarse al seguimiento de Jesús. Lo importante de la curación del paralítico es su salvación integral que beneficia a alma y cuerpo y por la cual sus males físicos y sus pecados desaparecen. Y eso hemos de tenerlo en cuenta nosotros, aquí y ahora: la medicina que nos ofrece Jesús en la Eucaristía nos sana del todo. Tengámoslo en cuenta. De pie para entonar el aleluya, antes de escuchar la Buena Nueva.


Oraciones de los fieles

A cada invocación ustedes contestarán:

Señor, apaga la sed de tu pueblo

1.- Por el Papa, los obispos y sacerdotes, que sigan mostrando al mundo la novedad del mensaje de Amor que nos trajo Jesucristo. OREMOS.

2. - Por los enfermos, los desplazados, los que viven en soledad, para que sientan que la Iglesia los acoge y acompaña en su sufrimiento. OREMOS.

3.- Por la paz en todos los países, ciudades, familias y personas de la tierra. OREMOS.

4.- Por todos los que trabajan en las parroquias y movimientos cristianos, para que tengan la misma actitud de servicio que tuvo Jesús en su vida. OREMOS.

5.- Por todos los cristianos que dejaron este mundo, acógelos, Padre, en tu morada eterna. OREMOS.

6.- Por los que celebramos esta eucaristía, para que al compartir tu mesa nos sintamos más unidos a Cristo y a los hermanos. OREMOS.


Exhortación final

Hoy te bendice nuestro corazón, Dios del perdón y del amor,
Porque en Cristo y por la Iglesia nos reconcilias contigo.
Estábamos rotos por el pecado y doblados por el peso de la culpa,
Pero tú alientas a los que paraliza y atenaza el egoísmo estéril,
La mezquindad y el error, la desesperanza y el desamor.

Gracias, Señor, porque, aunque traicionamos muchas veces
Nuestro bautismo, tú no nos rechazas para siempre sino que
Nos invitas a levantarnos y caminar al ritmo de tu amor de Padre.

Reconcílianos, Señor, contigo y con los hermanos;
Haznos sentir el gozo y la alegría de tu perdón que regenera,
Y concédenos un puesto en la ancha mesa de tu fiesta.

Amén.

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 325)

Ejercicio de lectio divina para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 
 

Lectio: 7º Domingo del Tiempo Ordinario (B)
Lectio: Domingo, 19 Febrero, 2012
El primer conflicto por el anuncio de la Buena Nueva
La Buena Nueva de Dios es como una luz:
hace evidente las contradicciones
Marcos 2, 1-12

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

El texto del Evangelio de este domingo trata dos temas mezclándolos: describe la curación de un paralítico y habla de la discusión que tuvo Jesús con los doctores de la ley o escribas sobre el perdón de los pecados.

b) División del texto para ayudar a la lectura:

Marcos 2,1-2: El pueblo busca a Jesús y Jesús anuncia la Palabra.
Marcos 2,3-5: La fe del paralítico y de sus amigos obtienen el perdón de sus pecados.
Marcos 2,6-7: Jesús es acusado de blasfemar por los jefes del poder.
Marcos 2,8-11: Para probar quién tiene el poder de perdonar, Jesús cura al paralítico
Marcos 2,12: La reacción del pueblo: “Jamás vimos cosa parecida”

c) El texto:

1 Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. 2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra.
3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.  4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»
6 Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:  7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»
8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?  9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?'  10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-:  11 `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.'»
12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué punto de este texto os ha gustado más y cual ha llamado más vuestra atención?
b) ¿En qué consiste el conflicto entre Jesús y los escribas? ¿Dónde acaece y quién lo provoca? ¿Cuál es la causa?
c) ¿Qué nos revela este texto sobre Jesús y su Padre Dios?
d) ¿Existe conexión entre enfermedad y pecado? ¿Qué opináis?
e) ¿Cuál es el mensaje de este texto para las comunidades del tiempo de Marcos y para nosotros hoy?

5. Una clave de lectura

para aquellos que quieran profundizar más en el tema.

a) El contexto en el cual se encuentra el texto del Evangelio de Marcos

* En Mc 1,1-15, Marcos ha mostrado cómo la Buena Nueva debe ser preparada y divulgada. Y en seguida, en Mc 1,16-45, enseña cuál es el objetivo de la Buena Nueva y cuál es la misión de la comunidad. Ahora, en el capítulo 2, se muestra cómo el anuncio de la Buena Nueva, cuando se hace con fidelidad, es fuente de conflictos. En Mc 2,1-3,6, están representados cinco conflictos provocados contra Jesús por el anuncio de la Buena Nueva de Dios.

* En los años setenta, tiempo en el que Marcos escribe, el anuncio de la Buena Nueva había creado muchos conflictos a las nuevas comunidades. Estas no siempre sabían cómo afrontarlos y qué responder a las acusaciones de los romanos o judíos. El recuento de los cinco conflictos servía como manual de orientación.

b) Comentario

* Marcos 2,1-2: El pueblo busca a Jesús y quiere escuchar la Palabra de Dios.
Jesús está regresando a casa. El pueblo lo busca. Mucha gente se reúne delante de la puerta. Jesús acoge a todos y Marcos dice que Él anuncia la Palabra al pueblo. Muchas veces Marcos informa que Jesús anuncia la Palabra al pueblo (Mc 1,21,22.27.39; 2,2.13; 4,1; 6,2.6.34; etc.). Pero pocas veces dice qué es lo que decía Jesús. ¿Qué enseñaba Jesús al pueblo? Él hablaba de Dios y usaba para esto ejemplos de la vida (parábolas) e historias del pueblo (Biblia). Hablaba partiendo de la experiencia que Él mismo tenía de Dios. Jesús vivía en Dios. El pueblo lo escuchaba con gusto (Mc 1,22.27). Sus palabras tocaban el corazón. A partir de la predicación de Jesús, Dios en vez de ser un juez severo que amenazaba castigo e infierno, se convertía en una presencia amiga, una Buena Noticia para el pueblo.

* Marcos 2,3-5: La fe del paralítico y de sus amigos obtienen el perdón de los pecados.
Mientras Jesús está hablando llega un paralítico, llevado por cuatro personas. Jesús es la única esperanza para ellos. Suben sobre el terrado, lo descubren y descuelgan al paralítico delante de Jesús. Señal de mucha solidaridad. Jesús, vista su fe, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. En aquellos tiempos la gente pensaba que los defectos físicos, como la parálisis, fuesen castigos de Dios a causa de algún pecado. Los doctores enseñaban que tal persona era impura, incapaz de acercarse a Dios. Por esto, los enfermos, los pobres, los paralíticos y tantos otros, se sentían rechazados por Dios. Pero Jesús no pensaba así. Él pensaba lo contrario. Aquella fe tan grande del paralítico y de sus compañeros era señal de que aquel hombre estaba en paz con Dios, acogido por Él. Por esto Jesús declara: Tus pecados te son perdonados. Esto es: “Tú no estás lejos de Dios”. Con esta afirmación Jesús negaba que la enfermedad fuese un castigo por el pecado de aquel hombre.

* Marcos 2,6-7: Jesús es acusado de blasfemar por los jefes.
La afirmación de Jesús no andaba de acuerdo con la idea que los doctores de la ley tenían de Dios. Por esto reaccionan y acusan a Jesús: ¡Este blasfema! Según su doctrina sólo Dios podía perdonar los pecados. Y solamente el sacerdote podía declarar a una persona perdonada y purificada. ¿Cómo es que Jesús de Nazaret, hombre sin estudios, simple trabajador, carpintero, podía declarar a las personas perdonadas y purificadas del pecado? Además de esto, deben haber pensado: ¡Si fuese verdad lo que Jesús está diciendo, arriesgamos perder el poder y la razón de ser!¡ Perdemos nuestra fuente de ganancias!

* Marcos, 2,8-11: Jesús cura para probar que tiene poder de perdonar los pecados.
Jesús sabía que lo condenaban. Por esto pregunta: ¿Qué cosa es más fácil, decir al paralítico “Te son perdonados tus pecados”, o decir, “Levántate, toma tu camilla y vete”? Evidentemente es mucho más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”. Porque ninguno puede verificar si el pecado ha quedado perdonado o no. Pero si yo le digo: “Levántate y anda”, aquí sí pueden todos verificar si tengo o no el poder de curar. Así, para mostrar que tenía el poder de perdonar los pecados en nombre de Dios, Jesús dice al paralítico: “¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa! Curó a aquella persona. Probó que la parálisis no es un castigo de Dios y que la fe de los pobres es señal de que Dios lo había ya acogido en su amor.

* Marcos, 2,12: La reacción del pueblo: Jamás hemos visto cosa parecida.
El paralítico se levanta, prende su camilla y se va: y todos exclaman: ¡Jamás hemos visto cosa parecida! Es claro el sentido del milagro: 1)Los enfermos no deben pensar que Dios les está castigando por cualquier pecado. 2) Jesús abrió un nuevo camino hacia Dios. Lo que la religión del tiempo llamaba impureza, no era ya un impedimento para que la persona se acercase a Dios. 3) El rostro de Dios que se revela a través de la conducta de Jesús es muy diferente del rostro severo del dios revelado por la conducta de los doctores.

c) Ampliando conocimientos

Los cinco conflictos recogidos por Marcos

* Los temas del conflicto: Los conflictos giran en torno a los temas fundamentales de la religión de la época: el perdón de los pecados, la comunión de la mesa con los pecadores, la práctica del ayuno, la observancia del sábado, la práctica de la medicina o curación de las personas en día de sábado.

* Los adversarios de Jesús: Los escribas representaban la doctrina religiosa, la catequesis. Los fariseos representaban las leyes , las prácticas religiosas, sobre todo aquéllas que tenían relación con la observancia del puro/impuro. Los discípulos de Juan Bautista representaban las otras tendencias mesiánicas. Los herodianos representaban el gobierno de la Galilea. Herodes Antipas gobernaba ya ¡desde hacía treinta años! (4 aC – 39dC). Era, por así decirlo, el patrón de Galilea.

* Causas del conflicto: El primero tiene que ver con la relación con Dios: perdón de los pecados. El segundo con las relaciones con las personas: comer con los pecadores. El tercero con los usos religiosos: observancia del ayuno. El cuarto con la observancia de la ley de Dios: el sábado. Estos cuatro conflictos son provocados por otros contra Jesús. El quinto: provocado por el mismo Jesús, muestra la gravedad del conflicto entre la religión de su tiempo y Él.

Pecado y enfermedad

En aquel tiempo se enseñaba que todo sufrimiento era fruto del pecado. De frente al ciego de nacimiento, Pedro preguntó: “¿Quien ha pecado, él o sus padres para que él naciese ciego?” (Jn 9, 1,3). Jesús respondió: “Ni él ni sus padres”. Jesús separa el pecado de la persona enferma. No permite que se use la religión para decir al paralítico: ¡Tú eres un pecador! Jesús afirma lo contrario: ¡Tú no eres un pecador! Dios te acoge, aunque seas paralítico. ¡Tu enfermedad no es fruto de tu pecado! ¡Tener el valor de afirmarlo así delante de las autoridades; era una revolución! Un cambio muy grande. El pueblo se entusiasmaba con Jesús, porque les hacía ser más libre. Este es un lado de la medalla. Pero hay otro lado. Tanto hoy como ayer, muchas dolencias o sufrimientos, de hecho, son fruto de algún pecado. Por ejemplo, el sufrimiento de la madre que llora la matanza de su hijo. También Jesús tiene algo que decir sobre este punto. Una vez en Jerusalén cayó una torre y mató a dieciocho personas (Lc 13,4). En otras circunstancias Pilato masacró a un grupo de galileos y mezcló su sangre con la sangre de los sacrificios (Lc 13,1). Jesús pregunta: “¿Creéis que ellos eran más pecadores que los otros habitantes de Jerusalén? Yo os digo que no, y que, si no hiciéreis penitencia, todos pereceréis del mismo modo.” (Lc 13, 2.4). Jesús transformó los males en una llamada a la conversión y al cambio. Pero no hubo arrepentimiento ni cambio y, cuarenta años después, en el año 70, Jerusalén fue destruída: ¡muchas torres cayeron y mucha sangre se esparció! Aun hoy, muchos de los males que sufrimos no son una fatalidad, sino una consecuencia de acciones pecaminosas. Otros males son fruto de la cultura. Otros son fruto del sistema neo-liberal que nos han impuesto y que nos oprime. Por esto los males que sufrimos son una llamada a la conversión. Una llamada a nuestra responsabilidad. Lo que entró en el mundo como fruto de acciones libres para realizar el mal, puede ser expulsado a través de acciones libres para el bien.

6. Salmo 32 (31)

La confesión y la fe liberan del pecado

¡Dichoso el que perdonan su culpa
y queda cubierto su pecado!
Dichoso el hombre a quien Yahvé
no le imputa delito,
y no hay fraude en su interior.

Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo,
cansado de gemir todo el día,
pues descargabas día y noche
tu mano sobre mí;
mi corazón cambiaba como un campo
que sufre los ardores del estío.

Reconocí mi pecado
y no te oculté mi culpa;
me dije: «Confesaré
a Yahvé mis rebeldías».
Y tú absolviste mi culpa,
perdonaste mi pecado.

Por eso, quien te ama te suplica
llegada la hora de la angustia.
Y aunque aguas caudalosas se desborden
jamás le alcanzarán.
Tú eres mi cobijo,
me guardas de la angustia,
me rodeas para salvarme.

«Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir;
sin quitarte los ojos de encima, seré tu consejero».
No seas lo mismo que caballo o mulo sin sentido,
rienda y freno hacen falta para domar su brío.

Copiosas son las penas del malvado,
mas a quien confía en Yahvé lo protege su amor.
¡Alegraos en Yahvé, justos, exultad,
gritad de gozo los de recto corazón!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-7%C2%BA-domingo-del-tiempo-ordinario-b
).

Ejercicio de lectio divina para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 
 

Lectio: Marcos 2,1-12
Lectio: Viernes, 13 Enero, 2012

 

Tiempo ordinario


 


1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.


 


2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 2,1-12
Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando.¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?' Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.'» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»


 


3) Reflexión
• En Mc 1,1-15, Marcos nos hace ver cómo hay que preparar y divulgar la Buena Nueva de Dios. En Mc 1,16-45, nos ha hecho ver cuál es el objetivo de la Buena Nueva, y cuál es la misión de la comunidad. Ahora, en Mc 2,1 hasta 3,6, aparece el efecto del anuncio de la Buena Nueva. Una comunidad fiel al evangelio vive valores que contrastan con los intereses de la sociedad que la rodea. Por eso, uno de los efectos del anuncio de la Buena Nueva, es el conflicto con aquellos que defienden los intereses de la sociedad. Marcos habla de cinco conflictos que el anuncio de la Buena Nueva causa a Jesús.
• En los años 70, época en la que escribe su evangelio, había muchos conflictos en la vida de las comunidades, pero no siempre sabían cómo comportarse ante las acusaciones que venían de parte de las autoridades romanas y de los líderes judíos. Este conjunto de cinco conflictos de Mc 2,1 a 3,6 servía como una especie de abecedario para orientar a las comunidades, tanto de ayer como de hoy. Porque el conflicto no es un incidente de recorrido, sino que forma parte integrante del camino.
• He aquí el esquema de los cinco conflictos presentes en el evangelio de Marcos:
Textos
1º conflicto: Mc 2,1-12
2º conflicto: Mc 2,13-17
3º conflicto: Mc 2,18-22
4º conflicto: Mc 2,23-28
5º conflicto: Mc 3,1-6
                Adversarios de Jesus
                escribas
                escribas y fariseos
                discípulos de Juan y fariseos
                fariseos
                fariseos y herodianos
                                Causa del conflicto
                                Perdón de los pecados
                                comer con los pecadores
                                práctica del ayuno
                                observancia del sábado
                                sana en día de sábado
• La solidaridad de los amigos hace que el paralítico obtenga el perdón de los pecados. Jesús está de vuelta a Cafarnaún. Se reunió mucha gente ante la puerta de casa. Acoge a todos y empieza a enseñar. Enseñar, hablar de Dios, era lo que Jesús más hacía. Llega un paralítico, cargado por cuatro personas. Jesús es su única esperanza. Ellos no dudan en subir al tejado y abrir un boquete en el techo. Tenía que ser una casa pobre, una chabola cubierta de hojas. Bajan al hombre y lo ponen ante Jesús. Jesús, viendo la fe de esta gente, dice al paralítico: ¡Tus pecados te son perdonados! En aquel tiempo, el pueblo pensaba que los defectos físicos (paralítico) fuesen un castigo de Dios por algún pecado. Los doctores enseñaban que esa persona impura se volvía incapaz de acercarse a Dios. Por esto, los enfermos, los pobres se sentían rechazados por Dios. ¡Pero Jesús no pensaba así! Aquella fe tan grande era una señal evidente de que el paralítico estaba siendo acogido por Dios. Por eso, declaró: ¡Tus pecados te son perdonados! Es decir: “¡Dios no te aleja de él!” Con esta afirmación Jesús niega que la parálisis fuese un castigo debido al pecado del hombre.
• Jesús es acusado de blasfemia por los dueños del poder. La afirmación de Jesús era contraria al catecismo de la época. No combinaba con la idea que tenían de Dios. Por eso reaccionan y acusan a Jesús diciendo: ¡Este se burla de Dios! Para ellos, sólo Dios podía perdonar los pecados. Y sólo el sacerdote podía declarar que alguien había sido perdonado y purificado. ¿Cómo es que Jesús, hombre sin estudios, seglar, un sencillo carpintero, podía declarar a las personas perdonadas y purificadas de los pecados? Y había, además, otro motivo que los llevaba a criticar a Jesús. Ellos probablemente estarían pensando: “Si fuera verdad lo que Jesús está diciendo, ¡vamos a perder todo nuestro poder! Y vamos a perder la fuente de nuestra renta”.
• Curando, Jesús demuestra que tiene poder de perdonar los pecados. Jesús percibe la crítica. Por eso pregunta: ¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o levántate, toma tu camilla y anda? Es mucho más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”. Pues nadie puede comprobar si de hecho el pecado fue o no perdonado. Pero si digo: “¡Levántate y anda!”, allí todos pueden comprobar si tengo o no ese poder de curar. Por esto, para mostrar que tenía el poder de perdonar los pecados en nombre de Dios, Jesús dijo al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa! El hombre se curó. Así, mediante un milagro demostró que la parálisis del hombre no era un castigo de Dios, y mostró que la fe de los pobres es una prueba de que Dios los acoge en su amor.
• El mensaje del milagro y la reacción de la gente. El paralítico se levanta, toma la camilla, empieza a andar y todos dice: ¡Nunca vimos cosa igual! Este milagro reveló tres cosas muy importantes: 1) las enfermedades de las personas no son un castigo por sus pecados. 2) Jesús abre un nuevo camino para llegar hasta Dios. Aquello que el sistema llamaba impureza no era impedimento para que las personas se acercaran a Dios. 3) El rostro de Dios revelado a través de la actitud de Jesús no es el rostro severo de Dios revelado por la actitud de los doctores.
• Esto recuerda lo que dijo un drogadicto que se recuperó y que ahora es miembro de una comunidad en Curitiba, Brasil. Dijo: “Me crié en la religión católica. Dejé de participar. Mis padres eran muy practicantes y querían que los hijos fuesen como ellos. La gente era obligada a ir a la iglesia siempre, todos los domingos y las fiestas. Y cuando no iba, decían: "¡Dios castiga!” Yo no iba a gusto, y cuando crecí, poco a poco fui dejando. El Dios de mis padres no me gustaba. No lograba entender cómo Dios, creador del mundo, se convirtiera en un juez para mí, niño del campo, amenazándome con el castigo y con el infierno. ¡Me gustaba más el Dios de mi tío, que no pisaba la iglesia, pero que todos los días, sin falta, compraba el doble de pan que necesitaba, para darlo a los pobres!"


 


4) Para la reflexión personal
• ¿Te ha gustado el Dios del tío o el Dios de los padres del ex-drogadicto?
• ¿Cuál es el rostro de Dios que revelo a los demás a través de mi comportamiento?


 


5) Oración final
Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo callaremos a sus hijos,
a la otra generación lo contaremos:
Las glorias de Yahvé y su poder,
todas las maravillas que realizó. (Sal 78,3-4)
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-marcos-21-12
).

Ejercicio de lectio divina para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

Lectio Divina. 7o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


Marcos 2, 1-12


1. INVOCA


El Señor te va a comunicar un mensaje de salvación. Es para tu bien. Por eso, debes estar abierto a lo que el mismo Señor quiera decirte para mejorar tu amistad con Él.
El Espíritu te inspirará la voluntad del Padre sobre ti y sobre tu vida.
Tú debes abrirte a esa corriente de luz y amor que el Señor quiere comunicarte. Déjate envolver por su gran amor y escucha atentamente lo que Él quiera decirte.
Invoca al Espíritu que está listo para descubrirte el sentido de la Palabra.
Cantemos suavemente: Veni, Sancte Spiritus, para que nos abramos a la acción del Espíritu:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS

Contexto bíblico


Desde el capítulo 2, Marcos nos va presentando el rechazo que los fariseos oponen al mensaje y a las acciones milagrosas de Jesús. Comienza así el largo y doloroso conflicto que los jefes del pueblo y los fariseos maquinan contra Jesús. Y no cejarán en su empeño hasta verlo crucificado.

Texto

1. Tus pecados te son perdonados (v. 5)


El encuentro de Jesús con el paralítico es, sobre todo, para librar a éste del mal del pecado. (la mentalidad de ese tiempo creía que la enfermedad era consecuencia del pecado personal). Jesús ve más adentro de la enfermedad corporal. Y quiere, sobre todo, sanar el interior, la conciencia.
Jesús viene a hacernos libres y sanos en toda la extensión de la persona. Nos trae la salvación integral. La enfermedad corporal es nada más que un signo de lo que nos esclaviza interiormente. Para ser libres, Cristo nos ha liberado (Gal 5, 1).
Jesús sigue perdonando los pecados. Confió a los discípulos otorgar en su nombre el perdón de los pecados. Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará (Jn 20, 22-23).
El sacramento de la reconciliación es el lugar privilegiado por medio del cual recibimos el perdón de nuestros pecados y nos reintegramos plenamente a la amistad del Señor.

2. Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (v. 11)


El milagro es un signo del poder de Jesús, para que el beneficiado y los presentes se adhieran por la fe a su mensaje y misión. El paralítico recibe la curación completa: cuerpo y espíritu.
El paralítico recibe también el apoyo de sus amigos, que le conducen, a pesar de las dificultades, delante de Jesús. Éste reconoció la buena fe de los que llevaban al enfermo. Jesús, viendo la fe que tenían... (v. 5).
“La fe hace romper el techo”. La confianza en el Señor nos hace superar los problemas de toda clase que nos impiden acercarnos a Jesús. Y los que son verdaderos amigos nos ayudan a llegar hasta Jesús. ¿Será esto parte de lo que se llama la “comunión de los santos”?
Hoy Jesús tiene más poder que en su vida histórica para darnos la salud integral. Él vive resucitado y glorificado y despliega su poder creador y salvador a favor de los que confían en Él. Su poder llega a todo lugar y en todo tiempo. La confianza (esto es la fe) es la clave para levantarnos de nuestras parálisis.

3. Todos se quedaron maravillados (v. 12)


Daban gloria a Dios diciendo: ¡Jamás habíamos visto una cosa semejante! (v. 12).
La gente sencilla se admira de lo que Jesús realiza: perdona los pecados y, en consecuencia, el paralítico puede moverse con toda libertad.
Para los maestros de la ley, Jesús está blasfemando porque se atreve a “perdonar los pecados”, que es algo exclusivo del mismo Dios. Las palabras y acciones de Jesús traen como consecuencia el asombro y la alabanza para los sencillos y humildes.
Hay que abrir bien los ojos de la fe para descubrir las maravillas que realiza el Señor en la historia de la salvación de cada uno y de todos.


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Jesús viene a decirnos, con palabras y obras, que Dios quiere la salvación y la felicidad de los humanos. Así se presenta en todas las páginas de los evangelios. Así lo han descrito, con sencillez y profundidad, los evangelistas. La salud corporal y espiritual, la salud integral de cada persona es lo que quiere Jesús por todos los medios, aun a costa de los reveses y sufrimientos que tiene que soportar de parte de aquellos que ven al hombre y a Dios de otros modos doctrinales y prácticos desviados.
Tal vez, la parálisis interior, la del espíritu sea la enfermedad más grave que tenemos. Y, con frecuencia, vivimos nuestra vida humana sin preocuparnos lo más mínimo de ello. Paralíticos en el espíritu: ¡tantos en nuestra sociedad y en la Iglesia!
De algún modo nos comunicamos con el Señor en la misa, en los rezos. Pero, no permitimos que su acción renovadora llegue más adentro de nuestra piel. Nos contentamos con un maquillaje superficial...
¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Tendré que agradecérselo a Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor! (Rom 7, 24-25).


4. ORA (Qué le respondo al Señor)


También yo, Padre, me siento paralizado por la pereza, la rutina, la indiferencia para contigo. No soy consciente muchas veces del amor que me das y en el que envuelves mi existencia y mi persona. Cualquier dificultad, cualquier ocupación son pretexto para no entrar en comunión y en diálogo, pausado y sincero, contigo.
Esta parálisis me consume. Te gritaré con fuerza: levántame, Padre. Tú tienes capacidad para despertar mi apatía. Y yo quiero estar abierto a tu inmensa corriente de vida y esperanza que me das.
Como Pablo, te agradezco por Jesucristo tu Hijo que me libres de esta condición limitada en la que vivo. Yo sé que Tú eres el único que puedes librarme de esta condición de pecador. Gracias, Padre, por el regalo de tu Hijo Jesús.


5. CONTEMPLA


A Jesús que mira con ojos compasivos la situación lamentable del paralítico.
A Jesús, que por el poder de su Palabra restituye la salud espiritual y corporal del enfermo.
A ti mismo. Siente que Jesús se te acerca. Mírale con ojos de fe. Agradécele la sanación que te ofrece. Y ¡quédate admirado por las maravillas que hace en tu vida!


6. ACTÚA


Con toda la confianza, me acercaré a Jesús que quiere que viva con Él y por Él.
Intentaré sacudir mi pereza para llegar a la comunicación íntima con el Señor.
Repetiré con frecuencia: Devuélveme la alegría de tu salvación (Sal 51, 14).

Exegesis del Evangelio de la Misa del Domingo VII Ordinario del ciclo B.

RECURSOS PARA PREDICAR

Séptimo domingo de Epifanía, Año B
19 de febrero, 2006

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Marcos 2:1-12

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 1:16 – 3:6: EL CONTEXTO

 

El texto de 1:16 – 2:12 se aproxima al de 2:13 – 3:6.  En ambos, una llamada al discipulado es seguida por historias de la actividad de Jesús.  Aun así, las historias en 1:16 – 2:12 son generalmente positivas y terminan con la respuesta de la multitud, “Nunca tal hemos visto” (2:12), mientras que las historias en 2:13 – 3:6 son generalmente negativas y terminan con los fariseos y herodianos conspirando para matar a Jesús (3:6) (Jensen).

 

El tema más importante de 1:16 – 3:6 es la autoridad de Jesús (griego: exousia) y el conflicto que Jesús provoca con líderes religiosos (quienes se consideran autoridades religiosas) al ejercer su autoridad:

 

─ Jesús dijo, “Venid en pos de mí,” y “luego, dejadas sus redes (Simón y Andrés), le siguieron” (1:17-18).  La palabra de Jesús tiene la autoridad de alentar obediencia.

 

─ Jesús, “les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas” (1:22).

 

─ Estaban asombrados, y preguntaban, “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen? (1:27).

 

─ Jesús demuestra su potestad sobre enfermedades y demonios (1:29-34).

 

─ Jesús demuestra su “potestad en la tierra de perdonar los pecados” al sanar al paralítico (2:10-12).

 

Al verse confrontados con las muchas pruebas de que Jesús tiene la autoridad de Dios, fariseos y herodianos no acogen a Jesús, sino que conspiran para destruirle (3:6).

 

2:1-12 es la primera de una serie de cinco historias de controversia que muestran, en estos primeros capítulos de Marcos, como la autoridad de Jesús supera la de las autoridades judías – y como rechazan su autoridad.  No es probable que estas cinco historias ocurrieran en el mismo orden que Marcos las relata.  Es más probable que Marcos coleccionara estas historias de varios lugares y las agrupara al principio de su relato del ministerio de Jesús.  Las cinco historias aparecen estructuradas de la siguiente manera:

 

A: El sanar del paralítico (2:1-12)

     B: La llamada del publicano y el comer con publícanos y pecadores (2:13-17)

          C: La cuestión del ayuno (2:18-22)

     B’: La defensa de los discípulos por parte de Jesús, por cosechar en el sábado (2:23-28)

A’: El sanar del hombre de la mano marchita (3:1-6)

 

En esta estructura, el sanar del paralítico (A) se paralela al sanar del hombre de la mano marchita (A’).  Las otras tres historias “tienen que ver con alimentación y ayuno” (Witherington, 110).

 

Entonces, al comienzo del ministerio de Jesús, Marcos relata cinco historias de controversia.  Hacia el final del ministerio de Jesús, Marcos relatará cinco historias más de controversia (11:27-33; 12:1-12, 13-17, 18-27, 38-44).

 

La historia del sanar del paralítico (2:1-12) – nuestra lección del Evangelio – “es una diminuta versión del Evangelio entero: la enseñanza y el sanar de Jesús, Jesús acusado de blasfemia, Jesús vindicado.  El sanar del hombre paralítico marca la nueva vida que el mismo Jesús tendrá en la resurrección, y compartirá con todos los que la quieren” (Wright, 17).

 

 

VERSÍCULOS 1-2: YA NO CABÍAN NI AUN Á LA PUERTA

 

1Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa. 2Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba (griego: elalei – de laleo – hablar o predicar) la palabra (griego: ho logos).

                

 

“Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa” (v. 1).  Capernaum es el hogar de Jesús (Mateo 4:13; Marcos 2:1) y el centro de su temprano ministerio.  En el Evangelio de Marcos, Jesús comienza su ministerio cerca de Capernaum cuando llama a cuatro discípulos (1:16-20) y al obrar varios milagros de sanar en la ciudad (1:21-34).  Entonces, va predicando por Galilea (1:35ff).  Ahora regresa a Capernaum donde con esta historia le encontramos en casa.  No está claro si tiene su propia casa o si vive con Pedro y Andrés, y sus familias (1:29), esto parece probable.  Es difícil imaginar que Jesús mantuviera un hogar del cual para tanto tiempo fuera.

 

“Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta” (v. 2a).  Una multitud de gente se reúne enfrente de la casa, tapando la puerta.  En este Evangelio, a menudo aparecen multitudes alrededor de Jesús pero, mientras puede que respondan con maravilla a estos milagros, no responden convirtiéndose en discípulos.  Son pasivos y particulares.  “El único y más común atributo de las multitudes en el Evangelio de Marcos es que impiden el acceso a Jesús… Por lo tanto, Jesús disfraza sus enseñanzas hablándoles en parábolas (e.g., 4:33-34; 7:17).

 

Interesantemente, las palabras griegas para ‘multitud’ (ochlos) y ‘casa’ (oikos) producen una rima de aliteración.  Casas o lugares privados, en contraste, proporcionan un lugar de revelación especial e instrucción de los discípulos, inclusive los miembros del círculo íntimo de Marcos… El contraste entre ‘multitud’ y ‘casa’ ayuda a ilustrar un tema más grande en Marcos, que el entusiasmo por Jesús y la proximidad a él no son lo mismo que la fe – y estos dos pueden llegar a oponerse a la fe (e.g., 11:1-11)” (Edwards, 74).

 

“y les predicaba la palabra (griego: logos)” (v. 2b).  Predicar la palabra es clave para el ministerio de Jesús.  Comenzó su ministerio público enseñando la palabra con autoridad en la sinagoga de Capernaum, donde expulsó un demonio (1:21-28), y dejó Capernaum “para que predique” en otro lugar (1:38).  Predicar la palabra también será el centro del ministerio de la iglesia (Hechos 6:4; 8:4; 17:11; Galatos 6:6; Colosos 4:3).  Jesús pronuncia la palabra y, al mismo tiempo, es la Palabra (Juan 1:1).

 

 

VERSÍCULOS 3-5: HIJO, TUS PECADOS TE SON PERDONADOS

 

3Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro. 4Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho (griego: krabatton – un lecho que un pobre podría utilizar de cama y que serviría de camilla) en que yacía el paralítico. 5Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

 

 

“Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro” (v. 3).  No sabemos lo grande que es este grupo.  Cuatro de ellos pueden llevar la camilla, pero hay otros también.

 

“Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba” (v. 4a).  Hacen una abertura en el tejado para bajar a su amigo a la presencia de Jesús.  En una casa típica de aquel día, el tejado sería plano y estaría sostenido por vigas atravesadas sobre las paredes y compuesto de una mezcla de barro y paja.  En las noches calurosas, gente a menudo dormía en el tejado, y el tejado les concedía un retiro privado de un hogar ocupado.  Generalmente, había una escalera afuera que permitía acceso al tejado.  Subir a un hombre paralítico por la escalera no era nada fácil, y requeriría valor por parte del paralítico.  Hacer una abertura en el tejado sería una solución valiente para la falta de acceso a Jesús.  Algunos eruditos dicen que es fácil reparar un tejado de barro y paja, pero es difícil reparar un tejado para que no gotee.  El daño no es trivial.  Incluye “una gran obra de demolición” (France, 123).

 

“y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico” (v. 4b).  Imagine cómo ha de sentirse este hombre paralítico.  No estaría atado a un lecho tieso – esta camilla sería algo floja para llevar a una persona.  Sus amigos seguramente no hicieron una abertura lo suficientemente grande para poder bajarle de manera horizontal.  Ni estarían entrenados en como transportar pacientes en camillas.  Es probable que el hombre paralizado sufriera algunos golpes mientras sus amigos le bajaban por el tejado.

 

Además, seguramente este hombre está acostumbrado al silencio y la soledad de un cuarto de enfermos.  Ser el centro de atención entre una multitud sería una situación muy incómoda para él, tal como sería este difícil trayecto.

 

Pero era un hombre sin esperanza – pero en este momento tiene esperanza que el que sana hará para él lo que ha hecho por otros.  Este sería un momento de anticipación casi inimaginable – y de bastante ansiedad.

 

“Y viendo Jesús la fe de ellos” (v. 5a).  La fe que Jesús ve no se trata simplemente de una fe intelectual o emocional, sino de una fe manifestada por medio de una obra determinada y visible.  Jesús puede leer los corazones de la gente (v. 8), pero aquí no necesita hacerlo.  La fe de estos hombres es obvia y todos la pueden ver.

 

Unos eruditos sugieren que los que llevan la litera son los que tienen fe en lugar del paralítico, pero no hay nada en el texto que lo sugiera.  Supuestamente, el paralítico es pleno partícipe en esta obra.  Nadie le tiene que llevar a la fuerza.  No obstante, es el recipiente de la fe de aquéllos que le llevan.  Es por la fe de ellos tanto como por la suya (quizá aún más que la suya) lo que posibilita su sanar.  Sin su fuerte confianza en que Jesús le ayudará, el hombre nunca habría visto a Jesús.  Sin su fuerte determinación de sobrepasar las dificultades impuestas por la multitud, el sanar nunca habría tomado lugar.

 

En este Evangelio, Jesús premia la fe que persiste frente obstáculos:

 

─ Jairo no es disuadido por vecinos que le piden que no moleste más a Jesús, porque su hija ya ha muerto.  En vez, Jairo y su esposa van con Jesús al lecho de la niña, y Jesús le dice a la niña “levántate” (griego: egeire – la misma palabra que utiliza en 2:11 para mandar al paralítico que se levante y tome su lecho, y una palabra que será utilizada para la resurrección de Jesús).  La niña inmediatamente se levanta y anda – causando el espanto de todos (5:21-24, 35-43).

 

─ El ciego Bartimeo no será disuadido por transeúntes que le mandan callar, en cambio, clama aún más fuerte, “Hijo de David, ten misericordia de mí.”  Jesús le sana, diciendo, “Ve, tu fe te ha salvado” (10:46-52).

 

─ Cuando el padre de un niño que sufre de convulsiones dice, “si puedes algo,” Jesús responde, “Si puedes creer, al que cree todo es posible” (9:23) – y sana al niño cuando el padre responde con fe.

 

Pero en Nazarea Jesús “no pudo hacer allí alguna maravilla” por la incredulidad de ellos (6:1-6a).  En dos ocasiones, regañará a los discípulos por su falta de fe (4:40; 16:14).

 

“dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (v. 5b).  Nosotros (y sin duda el paralítico) esperamos que Jesús diga, “Levántate, y toma tu lecho y anda,” pero eso vendrá más adelante (v. 9).  En vez, Jesús dice “Hijo, tus pecados son perdonados” (v. 5).  Anote que no dice que él perdona los pecados del hombre.  La voz pasiva (“son perdonados”) sugiere dos posibilidades.  Una es que Jesús perdona los pecados del hombre.  La otra es que Dios ha perdonado los pecados del hombre, y que Jesús simplemente obra como agente de Dios al anunciar el perdón de Dios.

 

En cualquier caso (que Jesús perdone o que simplemente anuncie el perdón de Dios), sus palabras hacen surgir dos temas:

─ Primero, ¿qué autoridad tiene Jesús para perdonar los pecados del hombre? Esta es la cuestión que precipita el desacuerdo con los escribas en vv. 6-7.

 

─ Segundo, ¿cuál es la relación entre el pecado y la enfermedad? En aquel entonces, gente podría decir que la enfermedad era el juicio de Dios sobre el pecado.  “La parálisis, como muchas enfermedades, se atribuía al pecado (véase Juan 9:2)…  La cojera constituía una forma de impureza en el Antiguo Testamento (Levítico 21:18), y en Qumran ‘los cojos, ciegos, y minusválidos no podían participar plenamente en la vida de la comunidad” (Donahue & Harrington, 93).

 

Según nuestro punto de vista científico, no estamos de acuerdo.  Los virus y la bacteria causan enfermedades – el remedio son los antibióticos.  Nervios pinchados pueden causar parálisis – el remedio es la cirugía.  Aunque no sabemos la causa ni el remedio de cada enfermedad, sí sabemos mucho y aprendemos cada día más.  No debemos “culpar al enfermo,” atribuyendo la enfermedad al pecado.  Hacer esto solo empeora la vida de la persona que sufre.

 

Como siempre, la verdad se encuentra en algún lugar entre los dos extremos.  Algunas enfermedades, físicas y emocionales, son el resultado de comportamiento específico.  Si creemos en el pecado, hemos de admitir que algunos comportamientos que causan enfermedades son pecado.  En algunos casos, el comportamiento pecador era el de la persona enferma (algunos ejemplos obvios son gente que fuma, abusa drogas, o se involucra en sexo promiscuo).  En otros casos, el comportamiento pecador de una persona causa enfermedad en otros (un hijo que ve como su padre abusa de su madre puede sufrir de una enfermedad emocional como resultado).  Otras enfermedades nos surgen “de la nada.”  Gente santa muere de enfermedades igual que el peor pecador.

 

Jesús dijo, “Hijo, tus pecados son perdonados” como si conociera el corazón del paralítico.  “El orden griego de las palabras enfatiza ‘tus’ (Hare, 36), sugiriendo que Jesús se dirige a la situación particular de este hombre:

 

─ Quizá el hombre ha llevado una vida descuidada que, de alguna manera, ha resultado en parálisis.

 

─ Quizá su parálisis es psicosomática, resultado de su sentido de culpabilidad por el pecado real o imaginado.

 

─ Quizá él es pecador solo en el sentido en que todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:32).

 

─ Quizá simplemente se siente culpable porque interpreta su enfermedad como castigo por sus pecados.  Cualquier persona que sufre de una grave enfermedad o de una pérdida tiende a cuestionar lo que él o ella ha hecho para merecer tal cosa.  Si esto es verdad para la gente de hoy día, imagine cuanto más real sería este sentimiento para la gente de aquel entonces.

 

“Hijo, tus pecados son perdonados.”  Ésta es una palabra pastoral para alguien herido en espíritu tanto como en cuerpo.  Esta palabra le asegura que no necesita temer que Dios esté esperando a la vuelta de la esquina para hacerle caer de nuevo.  Seguramente, el hombre espera que Jesús tome el próximo paso y sane su cuerpo.  Parece posible, no obstante, que por el momento el hombre sienta el descanso que viene al ver que su alma ha sido sanada.

 

“Hijo, tus pecados son perdonados.”  Éste puede ser un “pasivo divino,” una manera de referirse a la acción de Dios sin pronunciar su nombre.  Los judíos tienen cuidado de no utilizar el nombre de Jesús a no ser que lo tomen en vano.  Quizá Jesús no esté perdonando al hombre, en vez,  simplemente reconoce el perdón de Dios.  Esto se parece al trabajo de un sacerdote, que cumple un rito de redención, solo actuando como intermediario de Dios – Dios es el que perdona (Levítico 4:26, 31).

 

“La ruptura en el orden de la historia (v. 5), reforzada por una declaración del Señor (v. 10), subraya el perdón de pecados como el punto principal de esta historia” (Williamson, 64).

 

Solo existe otra historia más en los Evangelios en que Jesús pronuncia el perdón de los pecados – la historia de la mujer que lava los pies de Jesús con sus lágrimas (Lucas 7:48).

 

Anote que el perdón de los pecados no cura la parálisis de este hombre.  Es perdonado pero, aún así, no puede andar.  Ha recibido una palabra bendita de Jesús, pero todavía necesita otra.

 

 

VERSÍCULOS 6-7: BLASFEMIAS DICE

 

6Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?

 

 

“Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones” (v. 6).  Estos escribas están sentados, la postura en la que enseñan.  Más adelante, Jesús les acusará de buscar los mejores asientos en la sinagoga (12:39).  Su postura gentil parece fuera de lugar en esta entrada tan aglomerada, indicando que Marcos ha combinado dos historias aquí – una historia de sanar y una historia de controversia.  Así es el carácter de Marcos, que también inserta la historia de la mujer con una hemorragia en la historia de la curación de la hija de Jairo (5:21-43) – y la historia de la limpieza del templo dentro de la historia de la higuera (11:12:25).

 

Los escribas son intérpretes ordenados y autorizados por la ley del Tora.  Porque sabemos que se oponen a Jesús, los identificamos rápidamente como malos.  De hecho, están ansiosos de complacerle a Dios y son devotos de la ley de Dios.  Estudian la ley de Dios en detalle meticuloso para que puedan guiar a la gente por el buen camino.  Si a veces fallan al no ver el bosque por los árboles, ¿cuál de nosotros está capacitado para juzgar sus fallos?

 

“¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?” (v. 7).  En silencio, los escribas juzgan a Jesús por usurpar la prerrogativa de Dios al perdonar pecados.  Aunque es posible que una persona perdone un pecado cometido contra él o ella, cada pecado es, al final, un pecado contra Dios.  David capta esta idea perfectamente cuando escribe, “A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4a).  Escribió este salmo después de haber cometido adulterio con Bathsheba y de haber asesinado a Uriah, el marido de Bathsheba.  De hecho, había pecado fuertemente contra Uriah y Bathsheba y como rey, había pecado contra todos sus súbditos.  Sin embargo, su pecado más grande fue en contra de Dios, y solo Dios podía perdonar ese pecado (Salmo 51:1-3; 85:2).  “No hay nada en la literatura judía que sugiera que cualquier hombre – ni siquiera un mesías – tuviera la autoridad de perdonar pecados” (Hooker, 88).

 

Aún los sacerdotes, responsables del sistema de sacrificios, declararían ser solo intermediarios de Dios, porque solo Dios puede perdonar pecados.  Los sacerdotes discutirían, no obstante, que Dios les ha mandado cumplir los ritos de redención.  Por eso, según ellos, es a través de sus varios ministerios que Dios efectúa el perdón de los pecados.  Verían a Jesús como uno que adopta, no solo las prerrogativas de Dios, sino las sacerdotales también.

 

Los escribas declaran a Jesús culpable de blasfemia por haber adoptado la prerrogativa de Dios.  Blasfemia es el más serio de los pecados, y la ley del Tora especifica que el blasfemador ha de ser apedreado hasta morir (Levítico 24:10-23).  Entonces, Marcos hace surgir el tema de blasfemia aún al comenzar el ministerio de Jesús.  Más adelante, el Sanedrín presentará cargos formales de blasfemia contra Jesús, y eso será la base de su crucifixión (14:61-64).

 

 

VERSÍCULOS 8-9: ¿QUÉ ES MÁS FÁCIL?

 

8Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados (griego: aphientai – la voz pasiva sugiere que Dios es el que perdona, en contraste con v. 10), ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

 

 

“Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos” (v. 8a).  Los escribas no han mencionado su descontento pero, como Dios, Jesús conoce sus corazones.

 

“¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?” (vv. 8-10).  Jesús contesta sus preguntas, que aún no han declarado, con una pregunta suya.  No les pregunta cuál es más fácil hacer, sino cuál es más fácil decir.  Es más fácil decir, “Tus pecados te son perdonados”o decir,“Levántate, y toma tu lecho y anda.”

 

La verdad es que es más fácil decir “Tus pecados te son perdonados” que decir “Levántate, y toma tu lecho y anda.”  Los que observan no tienen manera de verificar si los pecados del hombre han sido perdonados, pero fácilmente pueden ver si el hombre se levanta y toma su lecho y anda.  Cuando Jesús dice, “Levántate, y toma tu lecho y anda,” se pone en una posición peligrosa.  Si el hombre logra levantarse y andar, quedará claro que Jesús obra con el poder de Dios y, por lo tanto, está en su derecho al decir “Tus pecados te son perdonados.”  Sin embargo, si el hombre no logra levantarse, Jesús será revelado como un fracaso y un blasfemador.  Si se le acusa de blasfemia, podría ser apedreado a muerte (Levítico 24:16).  Con esta pregunta, entonces, Jesús propone una prueba con la que se pueda verificar su potestad (el sanar) para demostrar lo que, de cualquier otra manera, no se puede verificar (el perdón).  “Jesús insiste que si sana al hombre, sus enemigos han de reconocer su autoridad de perdonar el pecado” (Perkins, 551).

 

 

VERSÍCULOS 10-12: TODOS SE ASOMBRARON Y GLORIFICARON A DIOS

 

10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar(griego: aphienai – la voz activa sugiere que el Hijo del Hombre es el que perdona, a diferencia de v. 9) los pecados, (dice al paralítico): 11A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.12Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.

 

 

“Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados” (v. 10).  El título, Hijo del Hombre, viene de Daniel 7:13, donde Dios “delegó su potestad de absolución a un ‘Hijo del Hombre’ que lleva a cabo su bondadosa voluntad en la esfera terrenal; por lo tanto, ‘sobre la tierra’ el Hijo del Hombre tiene la autoridad de perdonar pecados” (Marcus, 223).  (NOTA: La NRSV traduce Daniel 7:13 como “ser humano” en lugar de “Hijo del Hombre).

 

Este título, Hijo del Hombre, tiene la ventaja de no llevar ninguna connotación militar asociada con el título de Mesías.  Gente espera que el Mesías levante un ejército, expulse a los romanos, y que vuelva a establecer el gran reino davídico.  No tienen ninguna esta expectativa del Hijo del Hombre.

 

Jesús se refiere a si mismo como Hijo del Hombre con frecuencia.  Solo cuatro veces en el Nuevo Testamento (Juan 12:34; Hechos 7:56; Revelación 1:13; 14:14) aparece alguien que no sea Jesús que dice la frase, y cuando se utiliza, es para referirse a Jesús.  En el Evangelio de Marcos, Jesús se refiere a si mismo como el Hijo del Hombre catorce veces.  Doce de estas toman lugar después de que Pedro declare a Jesús el Mesías (8:27-30), y nueve tienen que ver con el sufrimiento y la muerte de Jesús (8:31, 9:9, 12, 31; 10:33, 45; 14:21 dos veces, 41).  Solo dos veces (2:10, 28) utiliza Jesús la frase antes de la confesión de Pedro, ambas veces en conexión con los retos a su autoridad y ortodoxia.  Porque Jesús generalmente utiliza la frase para presentar su pasión a los discípulos, no parece probable que la usara durante la primera parte de su ministerio en presencia de sus enemigos.  En Marcos 2, es probable que Marcos ponga la frase en labios de Jesús.

 

Si Jesús utiliza este título en frente de estos escribas, es significante que no se ofendan cuando lo usa para referirse a si mismo.  Si lo entendieran como un título mesiánico, seguro que se hubieran ofendido.

 

Existen por lo menos tres posibles significados para el título, Hijo del Hombre.  Puede significar (1) la humanidad en general, (2) “Yo el que te habla,” o (3) puede ser un título mesiánico (Guelich, 89-90).  En este contexto de Marcos 2, Jesús parece utilizarlo como “Yo el que te habla,” pero su uso frecuente del título en conexión a su pasión sugiere que a menudo lo utiliza como un título mesiánico.  Está claro que el título tiene significado para Jesús, el cuan irá descubriendo a sus discípulos, pero en esta época de su ministerio, no parece tener mucho significado para nadie mas que Jesús.

 

En Marcos 2:10, Jesús parece referirse de nuevo a Daniel 7:13; clamando que Dios le ha delegado a él la autoridad de perdonar pecados en la tierra; y contrastando el papel de Dios en el cielo con el del Hijo del Hombre en la tierra.  “Este es el único lugar en el Evangelio donde el perdón de pecados se asocia con el Hijo del Hombre… Solo a través de la resurrección, la temprana iglesia pudo reconocer de manera inequívoca la plena extensión de la autoridad de Jesús… El Cristo resucitado todavía ejerce el perdón de los pecados en la tierra” (Lane, 98).

 

“A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa” (v. 11).  Jesús demuestra su autoridad al mandar al paralítico que tome su lecho y ande (vv. 9-10).  El hombre responde rápidamente haciendo lo que Jesús le manda.  La palabra de Jesús, como la Palabra creativa de Dios en Génesis 1, es efectiva – tiene potestad – cumple la obra que se propone cumplir.  El resultado es que todos quedan asombrados y glorifican a Dios – no a Jesús, sino a Dios.  Si Jesús fuera de verdad un blasfemador, como dicen los escribas (v. 7), el resultado final de sus esfuerzos no sería la glorificación de Dios.

 

Cuando Marcos dice que todos se asombraron y glorificaron a Dios, no incluye a los escribas.  Sin duda los escribas están asombrados, pero el éxito de Jesús viene a su coste.  Su continuada oposición (2:13-17) demuestra que no aceptan la autoridad de Jesús y no se puede esperar que glorifiquen a Dios por los milagros de Jesús.

 

“Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto” (v. 12).  “Ellos ya han visto cosas parecidas (1:32-34), pero esta vez la declaración del perdón de los pecados, y la valiente defensa de Jesús de su derecho a hacerlo, añade una nueva dimensión” (France, 129).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en
http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.
Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).


 

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Lectura orante del Evangelio de la Misa del Domingo VII del ciclo B.

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Lectura orante
Marcos 2,1-12

 

 

El pecado necesita el perdón
 

Oración para disponer el corazón

 

1. Leemos la Palabra
 

Marcos 2,1-12

       1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. 2Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.

3Llegaron cuatro llevando un paralítico y, 4como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

        5Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

- Hijo, tus pecados quedan perdonados.

        6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

- 7¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?

        8Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

- ¿Por qué pensáis eso? ¿9Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -entonces, le dijo al paralítico- 11contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.

        12Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

- Nunca hemos visto una cosa igual.

 

  Orientaciones para la lectura

 

 

Nos encontramos en el capítulo 2 del evangelio de Marcos. Jesús ha comenzado ya su misión, anunciando el Evangelio y curando. La narración de hoy da inicio a una serie de cinco discusiones entre Jesús y los escribas y fariseos, entre ley y evangelio (2,1-3,6), entre letra, que mata, y Espíritu, que da vida (2 Cor 3,6). Jesús, desde el comienzo de su ministerio, entra en conflicto con las autoridades religiosas. Él manifiesta su poder sobre el pecado y sobre todo mal; su poder de perdonar pecados viene de Dios. El perdón es Dios mismo, que viene a nosotros con un amor sin límites.

 

Lee, ahora, de nuevo, con atención, cada uno de los versículos del evangelio de hoy y fíjate en lo siguiente:

 

  v.1: Jesús, tras la curación del leproso, solía andar siempre en lugares solitarios (Mc 1,40-45). El relato de hoy nos lo presenta nuevamente en Cafarnaún, en casa de Pedro, donde anteriormente había curado a la suegra de éste (1,29-31). La casa, una figura "materna", es símbolo de una comunidad cristiana en la que las relaciones humanas deberían crecer siempre hacia el amor perfecto.

 

  v. 2: Jesús está en el centro de la casa y comunica la Palabra. A su alrededor se reúnen todos. Comienza la formación de la comunidad, que todavía es sólo una multitud preocupada de sí misma, que no piensa en los demás. La Palabra y la acción de Jesús deben transformar sus corazones.

 

  v. 3: El paralítico: el hombre es creado por Dios como aquel que se encuentra siempre en camino hacia la casa del Padre. Pararse en este camino es retroceder. Por eso, la parálisis de que habla Marcos representa el nivel más profundo de la enfermedad externa. El paralítico en sentido espiritual es aquel que ha perdido la propia identidad, no logra moverse, no vive en plenitud lo que Dios le ofrece. La parálisis puede significar el pecado y todo miedo que impide levantarse y vivir como criaturas nuevas, resucitadas. En este relato, el hombre enfermo no posee un nombre propio: su identidad es la parálisis.

- "Sostenido por cuatro hombres": son las cuatro personas que llevan al paralítico. El "cuatro" es el símbolo de los cuatro elementos, es decir, del cosmos entero. Todo nos puede llevar a Cristo, todo tiende hacia él... (Col 1,16s). Los Padres han visto en estos cuatro hombres a los cuatro evangelistas: su anuncio lleva a todos los hombres a Jesús.

 

  v.4: Alrededor de Jesús se encuentra la multitud; por eso los cuatro no logran entrar. Esta gente es indiferente. No ha aprendido todavía cómo se acoge a los demás, particularmente a los débiles. Así pues, los que llevan al paralítico deben abrir un boquete en el tejado, lo que da una idea de cómo estaban construidas las casas palestinenses: el tejado, generalmente, estaba hecho de vigas y traviesas cubiertas por un material de relleno, ramas y barro pisado, y a él se tenía acceso a través de una escalera externa. Esos hombres estaban convencidos de que el encuentro con Jesús sería para el paralítico la ayuda más importante. Pero, para encontrar a Jesús, a veces era preciso esforzarse mucho e incluso destruir lo que podía resultar un obstáculo, como el tejado. En este caso, la dificultad venía dada, además, por la camilla del paralítico. La camilla es, normalmente, un lugar de reposo, pero para el paralítico, en este caso, era una cárcel. En este texto puede simbolizar la ley (cf. Gál 3,10ss).

 

  v.5: Jesús habla de la fe de los camilleros; no sabemos, sin embargo, si la tenía el paralítico. La fe logra levantar a los otros (cf. Gál 6,2). A causa de la fe de los hombres que llevaban la camilla, Jesús se dirige al paralítico con una ternura materno-paterna pronunciando su nombre nuevo: "hijito...". El hombre inmóvil por su parálisis, excluido de la comunidad, es acogido como un hijo (cf. Rm 8,14 ss). Podemos preguntarnos de dónde le viene esta nueva dignidad. La inmovilidad del paralítico simboliza los efectos del pecado. Jesús le ofrece su poder de perdón y así quita la parálisis más dura, es decir, el pecado: "te son perdonados tus pecados". El pecado es una parálisis difícil de reconocer (Jn 9,41) que nos priva de la gloria de Dios (Rm 3,23). Por ello, el pecado necesita el perdón. Jesús, ofreciéndoselo al paralítico, le hace hijo adoptivo del Padre (cf. Ef 1,4-5). Con ello expresa el deseo de Dios de que todo hombre se salve (cf. 1Tim 2,4).

 

  vv. 6-7: Los escribas son expertos de la ley, los que declaran lo que está bien y lo que está mal. Pero Jesús mismo es el cumplimiento de la ley (cf. Rom 10,4). Marcos pone de relieve la dureza de sus corazones. La resistencia a la Palabra de Jesús crea la cerrazón de sus corazones: callaban, pero sus corazones estaban llenos de un veneno mortal. ¡Ésta es la verdadera parálisis que inmoviliza al hombre! Están en casa con Jesús, pero en realidad están fuera. Esta actitud no permite a la Palabra de Dios entrar dentro del corazón para transformarlo. En la acusación de blasfemia hecha a Jesús late el veredicto final de condena que encontramos en su pasión (14,64).

 

  vv. 8-9: Jesús intenta dialogar con ellos, pero ellos sólo son capaces de hacer un monólogo sin palabras. La pregunta de Jesús desconcierta a sus adversarios: «¿Qué es más fácil, decir al paralítico "tus pecados te son perdonados" o decirle "levántate, toma tu camilla y echa a andar"?». Para el hombre, desde luego, ambas cosas no sólo no son fáciles sino que son imposibles.

 

  vv. 10-11: Jesús se manifiesta como el Hijo del hombre de Dn 7,13, poseedor de la autoridad divina. Él hace "lo invisible" a través de un signo visible. El juicio que realiza el Hijo del hombre es el juicio del amor, del perdón sin límites. Sobre la tierra este don se cumplirá en su muerte y resurrección. Jesús se dirige al paralítico. Hace el signo a través de su poderosa Palabra, llena de autoridad divina: "Levántate", en griego, significa también resucitar de entre los muertos. Jesús trae la vida nueva, el perdón y la resurrección. Ahora el hombre puede llevar su camilla, es capaz de vivir la vida en plenitud. La ley ya no le oprime ni le aprisiona.

- "Vete a tu casa". La casa del hombre es Dios mismo. El hombre sanado puede caminar hacia el Padre, volver a su eterna morada (Qo 12,5). Esta "resurrección" se cumple públicamente, delante de todos. Jesús puede indicar que este don les pertenece a todos. Al final, cada palabra y gesto de Jesús tiende siempre a la gloria del Padre. También ahora es así: la gente glorifica a Dios, porque el hombre liberado de su pecado puede caminar hacia el Padre.


2. Meditamos
El texto de Marcos 2,1-12 nos plantea dos interrogantes:
¿Cómo comprendo y acojo el perdón de Dios que Jesús me ofrece? ¿Siento necesidad de él? ¿Cuál es la parálisis más grande que no me permite vivir la vida con plenitud? También a mí, Jesús me dirige su mirada y dice: "hijo, hija, tus pecados te son perdonados". La Palabra de Jesús está llena de la fuerza de Dios. Escuchándola con fe podemos experimentar su perdón lleno de amor.
¿Cuáles son mis relaciones con mi familia y mi comunidad? ¿Soy indiferente a los otros, como la multitud, o quizá cerrado y duro, como los escribas? Pero podría intentar adoptar la actitud de los cuatro hombres que llevaban la camilla, que se sienten responsables de quien sufre una parálisis. Ayudando a los otros, nosotros mismos recibimos la bendición en abundancia y nos convertimos en colaboradores de Dios.
El paralítico, signo de la humanidad nueva resucitada
Lo central del evangelio de hoy es el dicho de Jesús sobre el Hijo del hombre, que tiene poder para perdonar pecados: "Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados..." (2,10). Jesús, en cuanto Hijo del hombre, habla y actúa con una autoridad que obra novedad de vida en aquellos a quienes sana-salva. La sanación que él obra en quienes se acercan a él con fe es, a la vez, salvación, porque renueva a toda la persona en su raíz. El cuerpo y el espíritu, o mejor, el "espíritu encarnado" que somos, queda habilitado para una nueva vida, transformada, "levantada", en cierto modo "resucitada", capaz de "cargar con" y de "hacerse cargo" de sus propias postraciones.
La vida transformada de aquel que se encuentra con Jesús, Salvador del hombre entero, es testimonio eficaz del Dios, Amigo de la vida, y provoca, en quienes lo ven, asombro y alabanza.
Hay una novedad desconcertante en Jesús, manifestada en palabras y obras a lo largo de todo el evangelio y, especialmente, en los pasajes que presentan un fuerte contraste entre las expectativas de los diversos grupos de personas sobre él (gente, discípulos, fariseos...) y el desajuste de su persona y actuación a esas expectativas. En la sección de Mc 2,1-3,6, ese desajuste y las tensiones que origina desemboca en la decisión de acabar con Jesús. Y es que él es un "hombre" que dice perdonar pecados (2,10), que come con publicanos y pecadores, rescatando al centro de la vida social y religiosa, la periferia marginada y rechazada (2,15), que se dice "vino nuevo", incapaz de ser contenido por estructuras caducas e incapaces de salvar (2,22), que se autoproclama "señor del sábado" (2,27-28), que subraya la primacía absoluta del hombre sobre la ley (3,1-6).
En todos estos pasajes, Jesús revela implícitamente su cercanía y relación única con Dios, al que llama Abbá (Mc 14,36) y su amor al hombre. Revela que es "algo más" que un hombre. Implícitamente está diciendo que es el "Mesías de Dios", un Mesías distinto a todo lo posiblemente esperado. La Buena Nueva de Dios (1,14), que Jesús proclama y actúa, es la salvación integral para la creación de una humanidad nueva, uno de cuyos exponentes, dentro de la limitación y la fragilidad de lo inmanente e histórico, es el paralítico perdonado y curado.

3. Oramos

a) Oración personal

Jesús, verdadero Hijo del hombre,
ayúdame a acoger tu perdón.
Abre mi corazón,
para que pueda experimentar
la fuerza de tu Palabra
que hace florecer la vida en el desierto.
Hazme sentir tu voz, que dice:
"hijo, hija, tus pecados están perdonados".
Dame tu fuerza para el camino
hacia el Padre.

b) Salmo 32 (31)
 


Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se había vuelto un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: "Confesaré al Señor mi culpa",
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.   

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)
(
http://www.discipulasdm.org
).

Tres homilias para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

Domingo de la semana 7 de tiempo ordinario; ciclo B

 

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

(Is 43,18-19.21-22.24b-25) "Abriré un camino por el desierto"
(1 Cor 1,18-22) "Dios es quien nos confirma en Cristo"
(Mc 2,1-12) "Levántate, coge tu camilla y salió a la vista de todos"

 

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en la Parroquia de San Gregorio Magno, de la Magdalena (18-II-1979)

--- El mal del pecado
--- Potencia salvífica de Cristo
--- Hacer la voluntad de Dios

--- El mal del pecado

En el Evangelio de hoy leemos que en Cafarnaún, en la casa donde vivía Jesús “se juntaron tantos” (Mc. 2,2). La casa no podía dar cabida a todos, tan grande era el número de los que deseaban escuchar “la palabra que Él anunciaba” y ver lo que hacía.

En medio de esta muchedumbre Jesús hace una cosa significativa, cuando le ponen delante un paralítico a quien bajaron por una abertura en el tejado, por falta de espacio. Jesús ante todo dice a este hombre: “Hijo tus pecados te son perdonados” (Mc. 2,5). A estas palabras se levanta un murmullo entre los que han seguido la acción de Cristo con recelo. Estos son los escribas (por otra parte, justamente) afirman: “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Mc. 2,7). Pero era sólo la aversión hacia Cristo la que les dictaba esta objeción: “¿Cómo habla así éste? Blasfema” (Mc.2,7). Jesús, en cierto sentido, lee sus pensamientos y da una respuesta: “¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o decirle: levántate, toma tu camilla y vete?” (Mc.2,9). “Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados -se dirige al paralítico-, yo te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mc. 2,10-11).

Todo sucede como Jesús ha ordenado.

Jesús sana a un incurable.

Hace un milagro. Con esto prueba que tiene poder en la tierra para perdonar pecados. Y como los escribas afirmaron que sólo Dios tiene tal poder, deberían sacar ahora la conclusión de lo que ellos mismos han sostenido verbalmente.

Jesús reafirma la presencia de Dios entre la turba.

Jesús reafirma el poder divino de perdonar pecados que le es propio.

Jesús demuestra al mismo tiempo que el mal del pecado es más peligroso y preocupante que el mal físico (en este caso la grave enfermedad crónica). Él es el Salvador que viene ante todo para quitar este grave mal.

--- Potencia salvífica de Cristo

 (…) Jesucristo está presente en medio de todos vosotros para confirmar así cotidianamente la presencia salvífica de Dios. Aquí hay sin duda inmensas necesidades materiales, económicas, sociales; pero sobre todo hay la necesidad de esta fuerza salvífica que está en Dios y que sólo Cristo posee. Ésta es la fuerza que libera al hombre del pecado y lo dirige hacia el bien, a fin de que lleve una vida verdaderamente digna del hombre: a fin de que los esposos, los padres, den a sus niños no sólo la vida, sino también educación, buen ejemplo; a fin de que florezca aquí la vida cristiana, a fin de que no saquen ventaja el odio, la destrucción, la deshonestidad, el escándalo; a fin de que sea respetado el trabajo de los padres y también de las madres, y a fin de que este trabajo cree las condiciones indispensables para mantener la familia; a fin de que sean respetadas las exigencias fundamentales de la justicia social; a fin de que se desarrolle la verdadera cultura comenzando por la cultura de la vida cotidiana.

Para realizar todo esto es necesario mucho trabajo humano, mucha iniciativa, habilidad y buena voluntad. Pero, sobre todo, es necesaria la presencia de Cristo que puede decir a cada uno: “tus pecados te son perdonados”: esto es, que puede liberar a cada uno del mal interior y encauzar desde el interior la mente y el corazón hacia el bien. El hombre, en efecto, la vida humana y todo lo que es humano, se forma primero desde el interior. Y según aquello que hay “en el hombre”, en su conciencia, en su corazón, se modela después toda su vida exterior y la convivencia con los otros hombres. Si dentro del hombre hay el bien, el sentido de la justicia, el amor, la castidad, la benevolencia hacia los otros, un sano deseo de dignidad, entonces el bien irradia al exterior, forma el rostro de las familias, de los ambientes, de las instituciones.

--- Hacer la voluntad de Dios

San Pablo nos dice en el pasaje de la Carta a los Corintios que “por Él (Cristo) decimos 'Amén' para gloria de Dios” (2 Cor 1,20). Precisamente se trata de esto: decir a Dios “Amén”, que quiere decir “sí”, y no decir jamás a Dios “no”. Esta es la tarea de la parroquia. Deseo a todos vosotros, que toda la parroquia, cada vez más coherentemente y cada vez más cordialmente, diga a Cristo y, en unión con Cristo-Redentor, diga al mismo Dios, “sí”. Para que el “no”, la negación de Dios y de lo que corresponde a su santa voluntad en nuestra vida humana, se pronuncie aquí cada vez menos en las palabras y en los hechos.

DP-61 1979


Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

En su libro Las grandes amistades, cuenta la mujer del filósofo francés J. Maritain, cómo fue gracias a la amistad que les unía al poeta L. Bloy, el que ambos se convirtieran al cristianismo. En sus encuentros, el poeta les leía con lágrimas en los ojos –cuenta ella- estas palabras de Jesús a Sta Angela de Foligno: No te he amado en broma. Y añade: “A no ser por la amistad que teníamos con Leon Bloy ¿hubiéramos consentido nunca abrir uno de esos libros de santos con la mala reputación que tenían en la Sorbona?”

La amistad cristiana puede acercar a nuestros amigos a ese Jesús del que están alejados porque la reserva mental, los prejuicios, la confusión doctrinal o una incurable pereza los tiene postrados como al paralítico del que nos habla el Evangelio de hoy. Unos amigos le hablan de quien puede curarle y le llevan hasta donde está Jesús.

A cuantos familiares y amigos que está alejados de Dios y de su Iglesia podríamos decirles en el cálido dédalo de la amistad: ¿quién te ha dicho a ti que la doctrina, los sacramentos, la moral y el culto católico son cosas inoperantes en nuestro mundo y sólo tienen algún valor tonificante en las horas yermas, solitarias o crepusculares de la vida? Los amigos del enfermo, no sin la resistencia inicial de éste y la dificultad por la muchedumbre que se agolpaba en la casa, logran colocarlo a los pies del Señor. Imaginamos la mirada esperanzada del paralítico fija en quien podía devolver la vitalidad a su cuerpo inmóvil durante años. Viendo Jesús la fe del enfermo y la de sus amigos, dijo al enfermo: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. Cristo cura su cuerpo y su alma.

“Viendo Jesús la fe que tenían”, se dice en esta hermosa página cuya enseñanza es, entre otras muchas, doble: 1) Si este hombre no hubiese tenido fe en que Jesús podía curarle y no hubiera dejado que sus amigos le llevasen hasta Él, no se habría operado su curación; y 2) si no hubiera creído en la orden: “levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”, tampoco habría recuperado la salud espiritual.

¡Interesarse por los demás, sus problemas, sus ideas y aficiones es asegurarse un círculo de gente que nos busca, nos aprecia, nos enriquece y nos brinda la oportunidad de influir cristianamente en sus vidas! Entre amigos es fácil una corriente de intercambios de puntos de vista, se confían modos de pensar, y se habla con toda naturalidad de temas que no se tratan con cualquiera. “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila –dice San Josemaría Escrivá-; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente...y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es apostolado de la confidencia” (Camino, nº 973).


Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

"Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?"

Is 43,18-19.21-22.24b-25: "Por mi cuenta borraba tus crímenes"
Sal 40,2-3.4-5.13-14: "Sáname, Señor, porque he pecado contra ti"
2 Co 1,18-22: "En Jesús todo se ha convertido en un  «sí»"
Mc 2,1-12: "El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados"

Con todo lo importante que habían sido las intervenciones de Dios en favor de su pueblo, pide el profeta que no sean comparadas con lo que ahora se prepara. Era el retorno de la cautividad de Babilonia lo que estaba a punto de suceder. Si grande había sido el castigo de la deportación, mayor sería el gozo del retorno. Todo, como siempre, fruto de la gratuidad divina.

La "novedad" del perdón de Cristo no pasa inadvertida: "¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?" Quienes buscaban una cosa (la curación), se encontraron dos (curación y perdón). Los que no aceptaban el perdón, tuvieron que aceptar la evidencia de un paralítico que cogía la camilla y se iba a su casa. Así quien no acepta la posibilidad del perdón de Dios, andará buscando otras explicaciones a las maravillas divinas.

Los técnicos del mercado y los especialistas en publicidad tienen verdadero afán de presentarnos algo novedoso todos los días. Y con el paso del tiempo, vuelve a aparecer como novísimo lo que en otro tiempo apareció como atrasado o anacrónico. La novedad se nos ofrece como "última generación". Esto tiene una consecuencia seria: que las generaciones actuales creen que la historia empezó el día que ellos empezaron a vivir. Y hacer tabla rasa del pasado es injusto.

— "Jesús escandalizó sobre todo porque identificó su conducta misericordiosa hacia los pecadores con la actitud de Dios mismo con respecto a ellos. Llegó incluso a dejar entender que compartiendo la mesa con los pecadores, los admitía al banquete mesiánico. Pero es especialmente, al perdonar los pecados, cuando Jesús puso a las autoridades de Israel ante un dilema. Porque como ellas dicen, justamente asombradas,  «¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?» (Mc 2,7). Al perdonar los pecados, o bien Jesús blasfema porque es un hombre que pretende hacerse igual a Dios o bien dice verdad y su persona hace presente y revela el Nombre de Dios" (589; cf. 1441-1445).

— "Con una audaz confianza hemos empezado a orar a nuestro Padre. Suplicándole que su Nombre sea santificado, le hemos pedido que seamos cada vez más santificados. Pero, aun revestidos de la vestidura bautismal, no dejamos de pecar, de separarnos de Dios. Ahora, en esta nueva petición, nos volvemos a Él, como el hijo pródigo y nos reconocemos pecadores ante Él como el publicano. Nuestra petición empieza con una  «confesión» en la que afirmamos al mismo tiempo nuestra miseria y su Misericordia. Nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo,  «tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados» (Col 1,14). El signo eficaz e indudable de su perdón lo encontramos en los sacramentos de su Iglesia" (2839; cf. 2841).

— "El que confiesa sus pecados actúa ya con Dios. Dios acusa tus pecados, si tú también te acusas, te unes a Dios. El hombre y el pecador, son por así decirlo, dos realidades: cuando oyes hablar del hombre, es Dios quien lo ha hecho; cuando oyes hablar del pecador, es el hombre mismo quien lo ha hecho. Destruye lo que tú has hecho para que Dios salve lo que él ha hecho... Cuando comienzas a detestar lo que has hecho, entonces tus obras buenas comienzan porque reconoces tus obras malas" (San Agustín, ev. Jo. 12,13) (1458).

La gran novedad del perdón que Dios nos da en Jesucristo es el hombre nuevo que surge después de la reconciliación.
(
http://www.almudi.org
).

Evangelio diario meditado de la Misa del Domingo VII del ciclo B.

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Autor: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net
¡Ojalá fuera yo como ese paralítico!
Marcos 2, 1-12. Domingo, Tiempo Ordinario. Jesús nos puede curar, lo que pasa es que, en el fondo, no lo creemos. Y es que somos muy tercos, desconfiados, o demasiado autosuficientes.
 
 
¡Ojalá fuera yo como ese paralítico!
Cuando Jesús volvió a Cafarnaún, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: "¿Por qué habla ése así?. Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?". Conociendo Jesús lo que estaban pensando les dijo: "¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: "Tus pecados te son perdonados" o decirle: "Levantate, recoge tu camilla y vete a tu casa?" Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -le dijo al pralítico- Yo te lo mando: Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa". El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!"


Reflexión


Dicho sea con todo respeto, pero ¡esto ya parece un desfile, no digo de disfraces o de modas, sino de enfermos! Sí, me refiero al Evangelio de hoy. Hace dos semanas veíamos a Jesús curando a una gran multitud de enfermos y de endemoniados traídos de todas partes. La semana pasada aparecía en escena un leproso. Y hoy le toca el turno al paralítico.

Bueno, para que no nos pase aquello de que “por uno nos entra y por el otro nos sale”, parece que la Iglesia, como buena madre, nos quiere recordar y “machacar” bien las cosas y evitar así que se nos olviden, como sucede casi siempre con los niños –y también con los no tan niños, como nosotros–. Porque la verdad es que a veces somos demasiado lentos para aprender las cosas esenciales de la vida y muy rápidos para olvidar lo que jamás tendríamos que olvidar.

Sí. Cristo nos vuelve a recordar hoy que “TODO es posible para el que tiene fe”. Y que basta creer –pero creer de verdad– para que todos nuestros problemas se disipen como la nieve o la bruma ante el sol. También nuestras peores enfermedades y lo que nos parece imposible de solucionar –la lepra, la ceguera o la parálisis– encuentran en Cristo una eficaz y segura curación. Lo que pasa es que, en el fondo, NO nos creemos eso de que Jesús nos puede curar. Y somos muy tercos. O muy desconfiados. O muy descreídos. O demasiado autosuficientes. Nos sentimos Tarzán o Superman, o la mamá de los pollitos, es igual. Pero el caso es que no necesitamos de nada ni de nadie. Ni del mismo Jesús. Nos humilla tener que pedir favores a los demás. Nosotros solos podemos. Sí, tal vez éste sea nuestro verdadero problema: no creemos, ni somos humildes. Somos rebeldes y altaneros. Y por eso nos pasamos la vida así, sufriendo las consecuencias de nuestra incredulidad y de nuestro orgullo. ¡Cuando todo podría ser tan diverso... sólo con un poco de fe y de humildad!

El paralítico de hoy era un pobre hombre, un miserable y un desgraciado. No caminaba ni se movía, ni podía valerse por sí mismo para nada. ¡Pero al menos él reconocía sus miserias! Y deja que le lleven a Jesús. Y le pide ayuda. Pero en este pasaje, en comparación con otras escenas del Evangelio, aparecen muy claras tres cosas: primera, que la peor enfermedad es la espiritual, y ésa se llama “pecado”. Segunda, que Cristo tiene el poder de curar todas las miserias de los hombres desde su raíz, pues Él sí puede perdonar los pecados. Y, finalmente, que la fe y la confianza en Él todo lo pueden.

El peor mal de todos anida en el fondo del corazón del hombre. Y Jesús así nos lo deja ver cuando le presentan al paralítico. Antes de preocuparse por su enfermedad física, se compadece de su mal moral: “Confía, hijo –le dice–Tus pecados te son perdonados”. Ése es el verdadero mal del ser humano, la causa y raíz de todos sus problemas: el pecado que lo esclaviza y paraliza. Y Cristo, Señor de la vida, va a liberar a ese hombre de su mal, comenzando a curar la parálisis de su alma.

Los escribas y fariseos, que escuchan a Jesús, comienzan a murmurar de Él: “Éste blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”. Y Jesús no desmiente esa afirmación. Pero les va a demostrar enseguida, con sus obras, que Él tiene ese poder que sólo pertenece a Dios, porque Él es verdaderamente el Hijo de Dios: “¿Qué es más fácil decir: ‘tus pecados te son perdonados’, o decir ‘levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, le dijo al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Sus obras, sus milagros son sólo una manifestación exterior de lo que su palabra y su poder operan realmente en el interior del ser humano.

¿Por qué, entonces, muchos cristianos dicen que no necesitan confesarse? ¿Que cómo Cristo los va a perdonar a ellos? O que ellos se confiesan en “línea directa” con Dios. Jesús acaba de hacer una confesión sacramental con este hombre. Y les mandó a sus apóstoles hacer ellos lo mismo: “A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retengan, les quedan retenidos” (Jn 20,23). La palabra de Cristo es eficaz y Él sana de verdad las heridas más profundas del alma, nos libera de nuestros males y de nuestras angustias. Nos da vida eterna.

Pero, para ello, nos son necesarias tres cosas muy sencillas: tener fe en Él. Confianza en su poder y en su gracia, en su amor redentor y transformante. Y acercarnos a Él con la humildad del paralítico, sabiendo que Él nos dará la vida que tanto anhelamos.

Homilia para la Misa del Domingo VII del ciclo B.

DOMINGO VII CICLO B
22 de febrero de 2009
LA NOVEDAD DEL PERDON DE LOS PECADOS, CONSECUENCIA DE LA NUEVA VIDA

1."Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?" Isaías 43,18. No cabe duda que la apertura nos abre la curiosidad. ¿Qué será eso que está brotando? Si el profeta no continuara diciendo que "abriré un camino en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé", tendríamos motivos para quedarnos intrigados. Recordemos la historia. El pueblo de Dios está cautivo políticamente y más aún, moralmente, en Babilonia, pues en el destierro, se ha olvidado de su Dios, como siempre que se ha visto rodeado de ambiente idolátrico y de dioses babilónicos. El pueblo pagano, que lo ha derrotado militarmente, casi ha destruido también su alma. Y Dios suscita a Isaías para que resucite la esperanza, al grito de ¡Dios va a intervenir!. El librará a su pueblo de la esclavitud y, además, lo renovará interiormente. Va a ocurrir un nuevo Exodo en el que el Señor resucitará a su pueblo paralítico, amado y pecador. El Señor no los ha olvidado y los va a repatriar. Ciro, un pagano rey de Persia, va a ser el instrumento en sus manos para retornar a la patria a los exiliados. ?¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se paralice la mano derecha, ¿Cómo cantar el cántico del Señor en tierra extranjera??. Los ojos del profeta Isaías, consideran un buen augurio la derrota de Babilonia por Ciro, porque "El corazón del rey es una acequia en manos de Dios y la dirige a donde quiere" (Prv 21,1). El que libró a Israel de Egipto, "abrirá ahora un camino por el desierto, hará brotar ríos en el yermo". Estos ríos son el agua sacramental que apagará "la sed del pueblo que yo formé para que proclamara mi alianza". Eso es lo nuevo que ya está brotando. Y voy a hacer esto, no porque vosotros hayáis sido fieles, pues "no me invocabais, ni siquiera me ofrecíais los sacrificios", como cuando estabais en Jerusalén, y "me avasallabais con vuestros pecados y me cansabais con vuestras culpas". "Yo, yo era". Era yo quien "borraba vuestros crímenes y me olvidaba de vuestros pecados". Puro amor, gracia pura de Dios. Total gratuidad. El amor movió a Dios a crear. El amor le mueve a recrear, a hacer una nueva creación.

2. En el primer año de su vida pública, Jesús se ha limitado a predicar, hacer milagros y echar demonios, pero ha hablado muy poco sobre la naturaleza del Reino, del que sólo les ha dicho que no consistía en un bienestar humano, sino en algo más interior y profundo, que venía significado por la expulsión de los demonios, causa del malestar de los hombres, de las guerras, de las enfermedades, del odio, de la envidia, de la idolatría y de las hecatombes universales.

3. Hoy va a dar una fuerte campanada, adjudicándose el poder de perdonar pecados, iniciando la idea de su plan de redención de la humanidad pecadora. Y lo va a realizar, no sólo ante unos sencillos galileos de Cafarnaum, sino también ante unos doctores de la Ley, allí presentes, lo que va a hacer estallar un trueno en medio de la calma. Los galileos quedarán espantados. Y los intelectuales, escandalizados, transmitirán el hecho a Jerusalén, donde comenzará a levantarse la marejada que le conducirá al Calvario. Pero así sembraba ya la semilla de la Redención.

4. "Llegaron cuatro hombres llevando un paralítico" Marcos 2,1. La fama de la curación del leproso y tantas otras se había extendido por toda la comarca, buscando salud, curación, es completamente humano. Para ello cometieron una travesura, que Jesús contemplaría complacido porque testimoniaba su fe, aunque rudimentaria e interesada, pero, al fin y al cabo, fe en el poder de Jesús. En Nazaret no había podido hacer milagros por su falta de fe. Y aquellos hombres demostraban una fe que no se arredraba ante las dificultades. Como la casa de Pedro en Cafarnaum estaba abarrotada, y la gente se había agolpado a la puerta, era imposible presentar ante Jesús al paralítico; pero este paralítico había tenido la suerte de encontrar a unos hombres valerosos, con fantasía y arrojo, para ayudarle. No dudaron en romper el techo, y exponerse a pagar los gastos de los daños y perjuicios, porque la fe en Jesús era muy grande y la caridad, que siempre va unida como hermana gemela con la fe, no era menor. No era el momento de andar con delicadezas y buenas maneras, pidiendo a los demás que dejen paso. Aquella casa, como las de la época y la región, tenía una escalera por la parte de fuera por donde se subía a la azotea. Y sin dudar lo más mínimo, subieron por allí con el paralítico a cuestas. Ya en el techo, desmontaron las tejas, y abrieron un boquete, demostrando que tenían una fe ciega en Cristo, que les infundía valor para todo y para no amedrentarse ante nada. Y el paralítico tenía una gran esperanza en su corazón de verse libre de su enfermedad para poder compartir la vida con los demás. Todo este trabajo audaz no se hizo en un momento. Los de la casa protestaban, porque temían que cayesen sobre sus cabezas, no sólo el polvo, sino alguna teja que les descalabrara. Y escribe Marcos, que, por fin,  pusieron al paralítico ante Jesús, en aquel mundo cerrado y formal que le estaba escuchando.

6. Jesús tiene poder para curar; la gente lo sabe; pero desde el principio, quiere deslindar los campos como cuando le seguirán después de la multiplicación de los panes y los peces. Claro que quiere que todos estén sanos de cuerpo. Pero su venida al mundo alcanza un nivel de una categoría superior. 

Ha venido para que tengan vida y vida abundante, su propia vida divina, y el pecado es el muro en el río, que impide el paso del agua de esa vida. Por eso, para delimitar los niveles de los dos océanos, comienza por perdonar los pecados. Jesús se daba perfecta cuenta de que ni el paralítico ni los que lo llevaban, habían venido a confesarse. Pero, aunque nadie le ha pedido el perdón, cuando ha dejado claro, que su misión principal es perdonar los pecados para hacerlos hijos de Dios, curará también la enfermedad del paralítico. Con lo cual habrá puesto al servicio de lo trascendental, lo accidental, la curación. Que a la vez, será garantía de que tiene el poder de perdonar los pecados, y de que para eso ha venido, como Cordero de Dios.

7. "Hijo, tus pecados quedan perdonados". A los judíos les resultaba inaudito e inaceptable, que un hombre se atreviera a pronunciar una fórmula de perdón tan tremenda. La extrañeza y la incredulidad se removieron en el corazón de los letrados presentes. Jesús descubre sus pensamientos, y los ataja con la pregunta: "¿Qué es más fácil: decirle al paralítico, "tus pecados quedan perdonados", o decirle "levántate, coge tu camilla y echa a andar"?. Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre, tiene poder en la tierra para perdonar pecados...entonces le dice al paralítico: "<Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa>. El paralítico se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos". Si sólo Dios puede perdonar los pecados Jesús se ha manifestado con el mismo poder de Dios.

8. En lo que menos pensaban ni el paralítico, ni los cuatro hombres que lo trajeron, era en conseguir el perdón de los pecados. Ellos habían venido buscando la curación de aquel paralítico, y se iban con la gracia de Dios, lo nuevo, la vida de Dios, en su alma. Y Jesús, que ha venido al mundo para quitar el pecado, y ha visto suficiente fe y generosidad en el corazón de aquellos hombres, que han demostrado una creatividad e iniciativa admirables, después de otorgarle el perdón de sus pecados, manifestándose como Dios, le regala la curación física. Los cuatro hombres de corazón grande y el paralítico, vinieron en busca de la curación de un enfermo, pero su fe, su amor y su iniciativa audaz a favor de aquel hermano, merecieron el perdón de sus pecados, que es un milagro mayor. Pensemos en nuestras Iglesias cerradas sobre sí mismas, en las que cualquier apertura parece imposible.

9. A Pablo, como los fariseos a Jesús, algunos intrigantes de la Iglesia de Corinto también le acusaron y él se defendió, diciéndoles que tenía muy claro su camino y no lo iba a abandonar porque se lo había señalado Jesús, a quien seguía. Y nunca se dejó amilanar por los obstáculos surgidos ante él, respondiendo firme y totalmente a la voluntad divina, llevando a término el designio del Señor. Penetrado por el mismo Espíritu, el apóstol considera que debe continuar su labor a pesar de las críticas infundadas (2 Cor 1,18).

10. Una casa es un lugar de repliegue sobre sí mismo, un lugar de «retiro»; un lugar poseído y cerrado en el que se habita hasta la muerte. El paralítico entró en la casa por el tejado «como un ladrón». Le han llevado allí, tumbado en su camilla, como si estuviesen metiendo un ataúd en una tumba. Pero como a Lázaro, Jesús le dice al paralítico, «levántate», y éste sale de la tumba. Como para el leproso del domingo anterior, también para éste la curación ha sido una resurrección. Cristo es el creador de la vida. El paralítico ya no necesitaba los brancadiers porque se había convertido en un hombre en pie, que salía libre con su camilla bajo el brazo. Al recibir el perdón ya era un hombre libre y vivo. Mientras era prisionero de sí mismo, no podía moverse, pero el perdón de Dios lo había liberado. Ahora camina sin dificultad y puede vivir sin cadenas. Mientras los escribas permanecían encerrados y paralizados, el que estaba inmóvil sale caminando.

11. Hubo como una contradicción entre Jesús y los que trajeron al paralítico, pues no era un penitente que venía a confesarse, sino un enfermo. Ellos vinieron a que lo curara, era su propio nivel, y su deseo. No tenían más horizonte. Pero Jesús no se identifica con ese deseo para no desvirtuar la esencia de su misión. Su nivel es más alto. Y eleva el problema. Es la primera vez que oímos a Jesús hablar del perdón de los pecados. El paralítico no ha abierto la boca para confesarse y pedir perdón. Pero Jesús le ofrece el perdón. «Animo, hijo, tus pecados te son perdonados». No sé si estas palabras de Cristo pudieron defraudar de momento al enfermo, pues él y sus acompañantes probablemente, no habían pensado mucho en ese perdón, y menos impartido por un hombre, y sí en la curación, que deseaban con toda su alma. Si no pudieron captar entonces toda la trascendencia de esas palabras de Cristo, sin duda que luego serían materia de meditación e inmenso gozo.

12. Para la teología de aquellos maestros, Cristo había blasfemado, pues se había atribuido el poder divino, sencillamente se proclamaba Dios, pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Cristo no sólo leyó en sus rostros y en su actitud, que aunque silenciosa, manifestaba la repugnancia que sentían ante aquellas palabras, sino también en sus corazones. Por eso añade: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ?Tus pecados te son perdonados? o decirle: ?Levántate, toma tu camilla y anda?? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, dice al paralítico: ?A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». De este modo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan lleno de majestad, proclamaba Jesús su Divinidad. Nadie se expondría a proferir unas y otras palabras, las del perdón de los pecados y las del imperio sobre una dolencia incurable al mismo tiempo, para probar con unas las otras, si no tuviese la conciencia de ser igual que el Padre, como luego, muy pronto, dirá.

12. En esa camilla llevada por cuatro hombres, se nos insinúa y representa el misterio de la «comunión de los santos», como dice san Pablo: que hemos de aportar algo nosotros a lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para «el bien de la Iglesia». Es un misterio consolador y muy olvidado en nuestros días, en los que sólo se cotiza la aportación personal e inmediata en procurar el bien de los demás, y en que se da preferencia al bien físico o humano sobre el espiritual. La Iglesia se sostiene, y es llevada hacia Cristo, sobre todo por las oraciones de unos por otros, muy especialmente por el amor crucificado de muchos ignorados. Lágrimas de madre han llevado a Agustín a la conversión. Lágrimas, oraciones, penitencias, sacrificios, vidas anodinas y sacrificadas, llevan almas a Cristo, vidas que habrían permanecido en la vulgaridad de los mediocres, elevadas a las cumbres de la contemplación y eficacia. Enfermos, madres de familia escondidas en su oscuro hogar, trabajadores infatigables en su fábrica o taller, simples administradores en una oficina, con su humildad y monotonía, labradores sudorosos del campo que trabajan de sol a sol, una multitud de almas sacrificadas que se han acostumbrado a servir a los demás, pisoteadas mil veces por sus amos, pero llenos de y amor ofrecen cada día su trabajo y sufrimiento duro por el bien de la Iglesia, son los que la sostienen y la llevan a Cristo. Éste es el misterio tan poco entendido en el momento actual de las monjas de Clausura, que viven el misterio de la «comunión de los santos», negándose a sí mismas una infinidad de bienes que podrían tener en su familia y en la sociedad, sin pretender nada más que alcanzar el máximo grado de amor sacrificado, muy conscientes de que enriquecen a la Iglesia y a la sociedad, con una riqueza misteriosa, tesoros no apreciado, pero solemnemente reconocidos por la Iglesia en todos los tiempos. Toda esa multitud de almas que viven muy intensamente su fe y su amor a Cristo, son las que llevan sobre sus hombros a una ingente de inválidos o paralíticos, que no tienen fuerzas para caminar hacia Él.

13. Pero y a estas almas que llevan a su vez a las demás, ¿quién lleva? Todas reciben una multitud de gracias de las otras, de todo ese acervo inmenso de amor crucificado que hay en la Iglesia, y todas son llevadas personalísimamente por Cristo. Sin Cristo en su interior, todos seríamos igualmente inválidos para caminar hacia Dios. Quien nos lleva por el áspero camino que sube primero hacia el Calvario y luego hacia la montaña de la Ascensión, es el mismísimo Cristo, instalado en lo más íntimo de nuestro ser para comunicarnos su Vida divina, y nos brinda tantas ocasiones para morir, si no de una vez en una cruz, sí cada día un poco en la infinidad de cruces y dificultades, que encontramos en nuestro camino. Con el perdón ha llegado la virtud de Dios, que permite empezar el camino maravilloso que nos conduce a su Reino porque una nueva fuerza ha surgido en el fondo del alma.

14. Si queremos evangelizar de nuevo al mundo, comencemos por revalorizar el sacramento de la Reconciliación y Misericordia, que desde hace tiempo, aunque aún cotiza en bolsa, ha perdido muchos enteros. Será el comienzo de la implantación del reino de Dios en el mundo nuevo.

15. Y con el sacramento de la reconciliación, el de la Eucaristía, que fervorosamente estamos preparando para sacar nuevas gracias y mayor fruto. Conmovidos por esta verdad y por es amor, diremos con el salmista: "Sáname, Señor, porque he pecado contra tí" Salmo 40."
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Domingo VII 2009.

   Domingo VII Ordinario del ciclo B, año 2009.
 
   La forma de proceder característica de los cristianos.
 
   El próximo Miércoles interrumpiremos la vivencia de la primera parte del tiempo Ordinario para empezar a vivir la Cuaresma, así pues, para que dicho tiempo dedicado a la penitencia y la oración en estado de contemplación nos sea provechoso, es conveniente que sigamos pensando en nuestra purificación, y que de alguna manera prolonguemos la meditación del Domingo anterior, la cuál estaba relacionada con el pecado.
   Quienes somos creyentes desde muchos años atrás tenemos la experiencia de que no debemos ocultarle a Dios los pecados que cometemos, así pues, nuestra sinceridad, más que delatarnos como hombres y mujeres malvados e inmerecedores de ser el objeto de la misericordia divina, nos ayuda a emprender el lento y gradual proceso de la conversión, ya que nos ayuda a proceder en nuestra vida tal como Dios desea que lo hagamos, aunque ello nos obligue a hacer una serie de ajustes referentes a la forma que tenemos de ser y de pensar.
   La Iglesia nos recomienda que no creamos nunca que se ha completado nuestra conversión al Señor, por consiguiente, vamos a recordar un texto del primero de los Profetas mayores que nos hace entrever la causa por la que jamás debemos creer que nuestra fe es perfecta.
   En muchas ocasiones, cuando pensamos en los pecados que comete la humanidad, nos vienen a la mente ciertos fraudes históricos, pensamos en asesinatos, violaciones, guerras, etcétera, pero, a pesar de ello, ¿pensamos en el pecado que convirtió al fiel Salomón en un pecador, dado que el mismo puede caracterizarnos a nosotros? Salomón, después del mismo Jesús, fue el hombre más sabio de todos los tiempos, pero, por refugiarse en sus riquezas y negarse a seguir cultivando su sabiduría, la cuál le fue inspirada por Dios, llegó a transgredir el cumplimiento de la Ley del Altísimo. Quizá nosotros, imitando a Salomón inconscientemente, asistimos a la celebración de la Eucaristía todos los Domingos y otros días preceptuales o de guardar, y creemos que ello nos basta para cumplir con Dios. Quizá algún día a lo largo del año, quizás durante la Semana Santa, caminamos detrás de una imagen religiosa, pero, ¿es esto lo único que nuestro Padre celestial quiere de nosotros? Aunque todos somos libres para hacer lo que queremos con nuestra vida -no deseo que nadie tenga la sensación de ser presionado para abrazar mis creencias al leer esta meditación-, Dios dejó clara constancia de lo que desea que hagamos en las páginas de la Biblia.
   Isaías nos dice:
   "¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios?" (CF. IS. 1, 11).
   Obviamente, sabemos que no podemos servir a Dios, porque, mientras que nuestro Padre común es el Todopoderoso, nosotros somos limitados, y porque El se sirve de los ángeles para llevar a cabo sus propósitos. Isaías nos dice que, si no procedemos en nuestra vida en conformidad con la voluntad de Dios, nuestro Padre verá que no lo servimos en nuestros prójimos adecuadamente, lo cuál hará que El se vea imposibilitado para salvarnos, ya que nosotros le negaremos la posibilidad de conducirnos a su presencia.
   "Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos" (IS. 1, 15).
   El hecho de que Dios no verá los sacrificios de sus fieles plenamente conscientes de sus actos pecaminosos y de que no escuchará las oraciones de los mismos, indica que nuestro Padre común ignorará a quienes pretendan justificar lo que no tiene justificación, así pues, un ejemplo de ello es el hecho de no socorrer a los necesitados.
   Os recomiendo que leáis la meditación del Domingo anterior que os envié si aún no lo habéis hecho, para que podáis comprender mejor las palabras que el mismo Yahveh le inspiró a Isaías:
   "Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (IS. 1, 16-18).
   Naturalmente, por nuestra imperfección, y por la carencia de medios en ciertas circunstancias, jamás podremos cumplir la Ley de Dios perfectamente, pero, por muchos que sean nuestros defectos, si trabajamos rindiendo al máximo los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo, nuestras deficiencias no obstaculizarán nuestra vivencia en la presencia de nuestro Creador.
   ¿En qué se diferencian los pecadores de los justos?
   Isaías nos dice:
   "La apariencia de sus rostros (de pecadores) testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí... ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado" (IS. 3, 9. 11).
   Antes de ver la diferencia de los justos con respecto a la forma de proceder de los pecadores, se nos hace preciso recordar que los autores bíblicos no entendían que los justos eran quienes practicaban la justicia, sino quienes abrazaban la fe. A pesar de ello, dado que los justos tienen que practicar forzosamente la justicia porque es de bien nacidos el ser agradecidos, los cristianos católicos no tenemos inconveniente en asociar la acepción de justo con quienes cumplen la Ley a cabalidad. Los justos se aplican las siguientes palabras del quinto libro atribuido a Moisés:
   “No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da” (DT. 16, 19-20).
   A diferencia de los hebreos que deseaban vivir en la Tierra prometida, nosotros queremos vivir en el Reino de Dios, más allá de nuestras miserias actuales.
   ¿Cuál es la causa por la que tenemos que corregir nuestros defectos?
   Tenemos que perfeccionarnos para alabar a Dios agradeciéndole con ello el hecho de habernos llamado a la existencia y la salvación con que nos ha acogido en su presencia sin que merezcamos dicho don celestial, de la misma manera que ello también nos servirá para alcanzar un mayor estado de felicidad en esta vida. Otra utilidad del anhelo de perfeccionarnos se vislumbra de las siguientes palabras de San Pedro:
   “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y, ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1 PE. 4, 7-8).
   Aunque desconocemos el tiempo en que este mundo será transformado y Dios concluirá la instauración de su Reino entre nosotros, no hemos de olvidar la necesidad que tenemos de perfeccionarnos lenta y gradualmente, para que estemos dispuestos a recibir al Señor en el momento menos esperado, ya sea hoy, o dentro de mil años.
   “Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles” (LC. 12, 35-37).
   A pesar de que lo que os voy a decir os puede parecer gracioso a muchos, el hecho de esperar la instauración del Reino de Dios entre nosotros, es la principal razón por la que tenemos que purificarnos, pues debemos desear alabar a nuestro Padre común, por causa del bien que nos ha hecho.
   Finalicemos esta meditación recordando el siguiente texto paulino:
   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (FLP. 3, 20-21).



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