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TRIGO DE DIOS, PAN DE VIDA. BLOG CRISTIANO Y CATOLICO.

FIESTA DE SANTA MARIA MAGDALENA (22 DE JULIO)

Meditaciones para la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Mercaba.org).

SANTA MARÍA MAGDALENA 07-22

VER AÑO CRISTIANO

1. CLARETIANOS 2002

Preparaos, porque esta cuarta semana de julio viene cargada de memorias de grandes figuras. Como aperitivo, hoy celebramos la memoria de Santa María Magdalena (¡no confundir con María de Betania, aunque no faltan exegetas que insisten en que se trata del mismo personaje!).

De ella sabemos muy poco, pero los cuatro rasgos que nos ofrecen los evangelios nos permiten adentrarnos en el misterio de "un amor más fuerte que la muerte". Esta frase del Cantar de los Cantares me parece muy apropiada para resumir la trayectoria personal de la Magdalena. La liturgia nos regala tres hermosos textos. El de la segunda carta a los Corintios pone el acento en la novedad que produce el amor de Cristo. Quien lo experimenta ve las cosas de otra manera, da muerte a su vida vieja y prueba su condición de "criatura nueva". María de Magdala debió de vivir esta experiencia en su encuentro con Jesús. Tan honda fue, tan decisiva, que, a partir de ese encuentro, su vida fue una búsqueda incesante.

Sólo busca quien ha sido encontrado. He aquí la primera lección que la Magdalena nos ofrece y que Agustín de Hipona desarrolló como nadie. Por eso tiene tanta fuerza el salmo responsorial de hoy. Sus palabras parecen escritas para la ocasión: "Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua".

Que el amor hizo de María una buscadora queda patente en la pregunta que el Resucitado le dirige: "¿A quién buscas?". Me llaman la atención dos cosas. La primera es que esta pregunta clave está precedida por otra repetida: "¿Por qué lloras?". Como si la intensidad de la búsqueda fuera proporcional a la magnitud de la pérdida. Sólo se llora por lo que nos ha afectado profundamente. El llanto de la Magdalena es un certificado de un amor "directo al corazón", como suelen decir los cantantes de rock.

La segunda cosa que me llama la atención es el cambio de términos. Para el llanto se busca una causa (¿Por qué?). Para la búsqueda se hace referencia a una persona (¿A quién?). María no busca -como a veces nos gusta decir en el lenguaje de hoy- un ideal, una causa por la que luchar, un sentido. Todo esto vendrá por añadidura. María busca a Aquel que, mirándola "de otra manera", la ha restituido en su dignidad de mujer, a Aquel a quien ha seguido por los caminos de Galilea en compañía de otros hombres y mujeres, a Aquel colgado en un madero y abandonado por casi todos, excepto por ella.

Sólo busca de esta manera quien sabe que, una vez perdonado, no puede ya vivir en la antigua condición. ¿No os parece que la trayectoria de María Magdalena es una propuesta para nuestras búsquedas de hoy?

 Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)

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2. 2002

COMENTARIO 1   -  Jn 20, 1.11-18

 v. 20,1 El primer día de la semana, por la mañana temprano, todavía en tinieblas, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada.

 Terminada la creación del Hombre (19,30) y preparada la verdadera Pas­cua (19,31-42), comienza sin interrupción el nuevo ciclo: el de la creación nueva y la Pascua definitiva. No señala el evangelista intervalo de días entre la muerte-sepultura de Jesús y la llegada del día primero; subraya así que uno y otro hecho son inseparables. “El último día”, que alboreó en la cruz, viene presentado ahora como “el primer día”, que inaugura la nueva época de la humanidad.

 Por la mañana tem­prano indica un momento en que ya hay luz (18,28), dato difícil de conciliar con el que sigue: todavía en tinieblas. Como en este evangelio “la tiniebla” significa una ideología con­traria a la verdad de la vida (1,5; 3,19; 6,17; 12,35), esto quiere decir que María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte y no se da cuenta de que el nuevo día ha comenzado ya. Es clara la alusión al Cantar (3,1: “Por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo busqué y no lo encon­tré”). María es figura de la comunidad-esposa.

 Ella cree que la muerte ha triunfado. Va únicamente a visitar el sepulcro, sin llevar nada. La comunidad ha olvidado la recomendación de Jesús en Betania: guardar aquel perfume, que lo honraba como dador de vida, para el día de su sepultura (12,7). Pero la fe en la vida, simbolizada allí por el perfume, está ausente de María y de los discípulos que aparecerán a continuación. Buscan al dador de vida como a un cadáver.

 Al llegar, vio la losa quitada del sepulcro. La losa puesta habría sido el sello de la muerte definitiva (cf. 11,38s.41); pero la vida de Jesús no se ha interrumpido, su historia no se ha cerrado.

 

 v. 2 Fue entonces corriendo a ver a Simón Pe­dro y también al otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dijo: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto».

La reacción de María es de alarma. Avisa a los dos discípulos por separado. Como lo había anunciado Jesús, su muerte ha provocado la dispersión de los suyos (16,32).

 En vez de anunciarles el dato objetivo, que la losa estaba quitada, María les propone su propia interpretación del hecho: se han llevado al Señor. Lo que era señal de vida (el sepulcro abierto) no lo ve como tal. Llama a Jesús "el Señor", pero para ella es un Señor impotente, que está a merced de lo que quieran hacer con él. El plural no sabemos indica la desorientación de la comunidad.

 Ésta se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda, pero buscan a un Señor muerto. Él era su fuerza y su punto de referencia; al creerlo reducido a la impotencia, la comunidad queda ella misma sin ánimos y sin norte.

 

 vv. 11-13 María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llo­rando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado puesto el cuerpo de Jesús. 3Le preguntaron ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les dijo: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Jesús había anunciado a los suyos la tristeza por su muer­te, pero asegurándoles la brevedad de la prueba y la alegría que les produciría su vuelta (16,16-23a). María, en cambio, llora sin esperanza (cf. 11,33); ha olvidado las palabras de Jesús. No se separa del se­pulcro, donde ya no puede encontrarlo.

 Sin interrumpir su llanto, se asoma al interior del sepulcro. En los extremos del lecho ve dos ángeles o mensajeros de Dios; son los testigos de la re­surrección y están dispuestos a anunciarla. Van vestidos de blanco, color de la gloria di­vina; su presencia es un anuncio de vida. Están sentados: su testimonio del sepulcro vacío es el término de su misión. Colocados a un lado y a otro, como los querubines del arca de la alianza (Éx 25,18), custodian el lugar donde ha brillado la gloria de Dios.

 El vestido de los ángeles indica que no hay razón para el llanto. Siendo mensajeros, si ella les preguntara (cf. Cant 3,2s: "¿Habéis visto al amor de mi alma"?) le darían la información que poseen. Pero no es María la que les pregunta, sino ellos a María («Mujer, ¿por qué lloras?»).

La llaman Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al es­poso, pensando haberlo perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.

 La respuesta de María delata su estado de ánimo. Es el mismo que tenía cuando llegó al sepulcro por primera vez (20,2): sigue pensando que todo ha terminado con la muerte.

 

 vv. 14-15a Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. 15Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Mientras siga mirando al sepulcro, lugar de muerte, María no encontrará a Jesús. En cuanto se vuelve, lo ve de pie, como corresponde a una persona viva, pero la idea de la muerte la domina y no lo reconoce. Habría reconocido a un Jesús yacente, pero no lo reconoce vivo.

 La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles; como ellos, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Añade ¿A quién buscas?, como preguntó a los que iban a prenderlo (18,4.7), y espera la misma respuesta que aquéllos dieron entonces: "A Jesús el Nazoreo". Quiere darse a conocer. Pero María no pronuncia su nombre.

 

 v. 15b Ella, pensando que era el hortelano, le dice: «Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré».

Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Con esta palabra reintroduce el evangelista la idea del huerto-jardín (19,41), volviendo al lenguaje del Cantar. Se prepara el en­cuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). María no se da cuenta aún, pero ya está presente la primera pareja del mundo nuevo, el comienzo de la nueva humanidad.

 Jesús, como los ángeles, la ha llamado “mujer” (esposa); ella, expresando sin saberlo la realidad de Jesús, lo llama “Señor” (esposo, marido).

 Sin embargo, obsesionada con su idea, piensa que si Jesús no está en el sepulcro se debe a la acción de otros (si te lo has llevado tú). No sabe que, al dar su vida libremente, Jesús tenía en su mano recobrarla (10,18). Cree también María que la presencia de Jesús está vinculada a un lugar preciso (dime dónde lo has puesto), donde ella podría encontrarlo. Quiere asegurarse la cercanía a Jesús, aunque sea muerto (y yo me lo llevaré).

 

 vv. 16-17a Le dice Jesús: «María». Volviéndose ella, le dijo en su lengua: «Rabbuni» (que equivale a “Maestro”). Le dijo Jesús: «Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme».

Jesús la llama por su nombre y ella reconoce su voz (10,3; cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pa­sado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11: "Se oirán la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia"; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías.

 Rabbuni, “Señor mío”, era tratamiento dado a los maestros, como lo hace notar el evangelista; pero lo usaba también la mujer para dirigirse al marido. Se combinan así los dos aspectos de la escena. Como término del lenguaje conyugal, Rabbuni expresa la relación de amor y fidelidad que une la co­munidad a Jesús. Como tratamiento para el maestro, indica que ese amor se concibe en términos de discipulado, es decir, de seguimiento, de práctica de un amor como el suyo (1,16; cf. 13,34: Igual que yo os he amado).

 Hay un gesto implícito de María respecto a Jesús (Cant 3,4: “Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré”). A ese gesto responde Jesús al decir a María: Suéltame. Da la razón (aún no he subido al Padre para quedarme). No es aún el momento de la subida definitiva de Jesús al Padre (para quedarme) ni de la fiesta nupcial.

 Con este detalle de la narración, el evangelista llama a la realidad a las comunidades cristianas. Aún no se encuentran en el estadio final. No pueden centrarse en la unión gozosa con el resucitado, olvidando la misión. Hay que continuar la de Jesús, realizando las obras del que lo envió (9,4) y mostrando hasta el fin el amor de Dios al ser humano.

 

 v. 17b «En cambio, ve a decirles a mis hermanos: “Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, mi Dios y vues­tro Dios”».

Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama “sus hermanos”: amor fraterno, comunidad de iguales.

 Antes de la definitiva hay otra subida de Jesús al Padre (Subo a mi Padre), que dará comienzo a la nueva historia. Después volverá con los discípulos (14,18), estará presente con los suyos y seguirá “llegando” a la comunidad. Cuando deje de “llegar” será el momento de la subida definitiva, a la que se incorporará la nueva humanidad, formada a lo largo de la historia y representada aquí en su primicia por María Magdalena. Será la entrada del reino de Dios en su estadio final; la creación habrá quedado plenamente realizada.

 La mención del Pa­dre de Jesús como Padre de los discípulos responde a la promesa de 14,2-3: “En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos, etc.”. Jesús sube ahora para dar a los suyos la condición de hijos de Dios (mis her­manos), mediante la infusión de su Espíritu (14,16s).

 Esta experiencia les hará conocer a Dios como Padre (17,3); será su primera experiencia verdadera de Dios. No van a llamar Padre al que ya creen conocer como Dios, sino al contrario: llamarán Dios al que experimentan por primera vez como Padre. No reconocerán a otro Dios más que al que ha manifestado en la cruz de Jesús su amor gratuito y generoso por el hombre, comunicándole su propia vida. Es el único Dios verdadero (17,3).

 

 v. 18 María fue anunciando a los discípulos: «He visto al Señor en persona, y me ha dicho esto y esto».

Por boca de su representante, la comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús. María, que lo ha visto, se convierte en mensajera. Su anuncio parte de la experiencia personal de Jesús y del mensaje que él le comunica. Con este mensaje va a comenzar la nueva comunidad de hermanos, cuyo centro será Jesús.


 COMENTARIO 2

 La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

 La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

 El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

 ¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

1. Juan Mateos, El evangelio de Juan. Texto y comentario. Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa).

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).

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3. DOMINICOS 2003

De nombre, la Magdalena
 ¿Quién no tiene en sus pupilas una hermosa cabellera rubia que decora el bello rostro de la Magdalena que pintaron nuestros artistas? Magdalena era, según la tradición, mujer inquieta, sumamente afectiva, insaciable en el amor, mujer de contrastes.

 Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud. Abandonó una vida de placer, alejada de Dios, y se hizo discípula de Jesús. Atesoró perfumes que le atrajeran clientes sedientos de placer, y un día rompió el frasco más valioso para perfumar los pies cansados de Jesús.

 Demos gracias a Dios por esta obra de la gracia. Él, Dios, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una codiciosa y licenciosa apasionada, una incondicional discípula del Señor, una heroína presta a acompañar a la Virgen en la cumbre del Calvario donde su Hijo era crucificado.

 ¿Quién ha visto mayor cambio que el de Magdalena en la dirección del amor? Manteniendo igual su fogosidad y entrega, hizo del vivir para sí un tránsito feliz al vivir para los demás; hizo de una vida pecadora, otra vida en santidad..

 En la Pascua de resurrección, Jesús se lo pagó haciéndola su ‘mensajera’ ante los propios apóstoles acobardados y tristes:

 Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, a Dios mío y Dios vuestro (Antífona)

 ORACIÓN:

 Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén.

 

 Palabra encendida
 Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“[Canto de amor] Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

 Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Vísteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Toda la belleza de la palabra amorosa, todo gesto de intimidad, toda búsqueda del amado por el amante, la utilizan la liturgia y la Escritura para hablar del amor de Dios y del alma, del Padre amante a la Hija amada. El amor siempre es un poco loco. Pero ese mismo amor es quien lo comprende.

 Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Éste es un lenguaje nuevo en un reino de nuevo amor: Cristo que nos amó y murió por salvarnos es merecedor del máximo amor que quepa en nuestro corazón.

 Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, después de la muerte de Jesús, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro... Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, dio media vuelta y vio a Jesús de pie, pero sin saber que era él.

 Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”

 

Momento de reflexión
 Para hacer unos minutos de reflexión sobre el amor y la fidelidad en este día, podemos tomar el espíritu de algunos pasajes bíblicos:

 Cantemos al amor verdadero:
 El amor lo necesitamos; siempre lo vamos buscando, y acabamos encontrándolo.

 Si vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos en el amor y del amor. Vivir en desamor es muy triste. Vivir sin amor es estar muriendo.

 El amor cristiano es un amor nuevo.
 Es un amor que germina en las entrañas del Padre y en el corazón de Jesús. Dios ama y nos ama. Jesús, Hijo de Dios, se entregó a nosotros, por amor, y como Hijo que ama nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Él resumió la fuerza del amor diciendo: Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

 María Magdalena, corazón y amor, según el relato evangélico.
 Magdalena asimiló en tal grado el espíritu de amor del hombre nuevo anunciado por Cristo que se volcó sin medida en gratitud: gratitud sobre todo a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

 Nosotros, que todavía vivimos en esta tierra y en esta Iglesia.
 ¿Cómo amamos? ¿a quién amamos? ¿por quién nos ofrecemos?

 Nos apremia el amor de Cristo. Él ha hecho que los que viven no vivan para sí, sino para Cristo que murió y resucitó por ellos (2Cor 5,14-15).

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4. CLARETIANOS 2003

La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

 ¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?

¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando?

Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga.

Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

 Gonzalo (gonzalo@claret.org)

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5.  Martes 22 de julio de 2003 María Magdalena

 Cant 3, 1-4: Buscaba al amor de mi alma
 Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9
 Jn 20, 1-2.11-18: Aparición a María Magdalena

Cuando María Magdalena escucha en su conciencia descubre que el Maestro está vivo.

 En el corazón de María Magdalena todavía hay oscuridad, la invade la tristeza y la angustia y Juan lo expresa diciendo que ella va de madrugada al sepulcro cuando todavía está oscuro. Sin embargo, los obstáculos para reconocer al Resucitado empiezan a desaparecer: Su tristeza se convierte en asombro, la piedra que tapaba la tumba ha dejado la entrada libre, el sepulcro está vacío. Siente la necesidad de compartir esta primera experiencia por eso va a contarla a sus compañeros y se regresa nuevamente al sepulcro y vio que Jesús estaba allí pero no lo reconoció, cuando cae en la cuenta que el sepulcro está vacío, llora. Jesús viéndola llorar le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Pero ella necesita desahogarse, llora a un cadáver, llora un pasado del cual no ha podido desprenderse, ella le responde al que cree que es el encargado del huerto: Dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré, está dispuesta a seguir arrastrando su pasado, pero Jesús la hace reaccionar, con su tono acostumbrado la llama por su nombre y con esa clave ella reconoce al resucitado, volvió a escuchar en su conciencia esa palabra que un día la había liberado y la había hecho encontrarse consigo misma, esa palabra que la había sacado de su muerte espiritual y la había trasladado a la vida, ahora ante el sepulcro vacío, experimenta la nueva forma de vida de su maestro, la experiencia con el resucitado complementa el cambio interior de María Magdalena y aunque siente el deseo de tocarlo, ya no necesita la presencia física de Jesús, ya lo experimenta viviendo dentro de ella porque también la piedra que tapaba la entrada de su corazón ha sido derribada, la luz del resucitado ha transformado totalmente su vida, tendrá que comunicarlo, anunciarlo a los demás, a aquellos que todavía sienten la oscuridad de lo que ha pasado y que les queda difícil dar el paso a descubrirlo resucitado.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO

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6. 2003

Ct 3, 1-4a: He buscado al amor de mi alma
 2 Cor 5, 14-17: Porque el amor de Cristo nos apremia...
 Sal 62, 2-9: Mi alma está sedienta de Ti
 Jn 20, 1-2.11-18: ¡Rabúni!

Movimientos feministas cristianos de todos los continentes han proclamado esta festividad como la fiesta de la presencia de las mujeres en la Iglesia.

María Magdalena se nos presenta como modelo de discipulado, no sólo para las mujeres, sino para el conjunto de cristianos. Es preciso dejarnos interpelar por la fuerza del Evangelio, que no hace acepción de personas, y menos aún por razones de género. Es una mujer la que sabe estar sentada a los pies del Señor, escuchando su Palabra (Lc 10, 39). Son mujeres, encabezadas por María Magdalena, las encargadas de anunciar al Resucitado.

María Magdalena, apóstol de los apóstoles
 María Magdalena fue llamada "Apóstol de los apóstoles" por los Padres de la Iglesia, y sin embargo es bien poco -aunque de enorme importancia- lo que de ella sabemos a través de los Evangelios.

Se suele fusionar a María Magdalena con la "pecadora pública" que lava los pies de Jesús con sus lágrimas en casa de Simón el fariseo y que recibe el elogio de Jesús "porque amó mucho" (Lc. 7, 36-50); también con María de Betania, o con la mujer que unge a Jesús para la muerte (Mc. 14, 3-9; Mt. 26, 6-13; Jn. 12, 1-8). Sin embargo, no hay en los Evangelios canónicos evidencias textuales que nos aseguren que se trate de la misma persona.

Lo que sabemos con certeza de María Magdalena es lo siguiente:

* Era una de las mujeres que, junto con los Doce acompañaban a Jesús "por ciudades y pueblos" mientras "anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios". (Lc 8, 1-2) y le habían seguido desde Galilea hasta Jerusalén, es decir, en toda la gran ruta de Jesús De estas mujeres (siete discípulas según Pistis Sophia) no se dice nada, hasta que las volvemos a encontrar junto a la cruz. Antes como hoy, la presencia de las mujeres es invisibilizada. Estas mujeres que seguían a Jesús habían sido "curadas de espíritus malignos y enfermedades" (Lc 8, 2). Pero de María Magdalena "habían salido siete demonios" es decir, todos los demonios.

* Formaba parte del grupo de mujeres que acompañaban a Jesús en el Calvario . Impotentes ante el martirio, tienen sin embargo el valor y el amor suficientes como para acompañar al Crucificado, cuando uno ha traicionado, otro ha negado, el resto ha huido; los sacerdotes y letrados se burlan. Quienes han tenido la experiencia de acompañar a personas moribundas saben lo difícil que es este simple "estar ahí", más aún en las condiciones de la agonía de Jesús

* Estuvieron con José de Arimatea y Nicodemo cuando sepultaron a Jesús. No necesitan de un profeta poderoso en hechos y en palabras para acompañar al Amado. Están ahí, no sólo en la agonía, sino en el silencio de la puesta en el sepulcro

* Va al sepulcro, junto con otras mujeres, al amanecer del primer día de la semana, cuando aún estaba oscuro, sin temor a los guardas, y desafiando la piedra que tapaba la entrada del sepulcro. Junto con otras mujeres recibe el mensaje de ángel, ve al Resucitado, y anuncia la Buena Nueva. ¡También entonces, como ahora, las palabras de estas mujeres fueron tenidas por desatinos por los discípulos varones, que sólo pudieron creer cuando se apareció a Pedro!

Estos datos hacen que resulte imposible reflexionar sobre María Magdalena sin verla como parte (y líder quizá) del grupo de mujeres, moviéndose con ellas en torno a Jesús. Y esta dificultad es a la vez una de las riquezas de María Magdalena.

Dentro de este conjunto, hay dos rasgos que caracterizan a María Magdalena: por una parte, Jesús expulsó de ella siete demonios; por otra, el encuentro tan peculiar entre la Magdalena y Jesús que nos relata el Cuarto Evangelio.

Jesús expulsa de ella siete demonios
 Según la cultura judía, el número 7 es expresión de totalidad. En otras palabras, Jesús la cura y la salva, expulsa de ella todos los demonios, y hace de ella una primicia de la Nueva Creación. ¿Por qué pasa tan desapercibido este hecho en nuestras reflexiones y predicaciones?

Para que esto fuera posible se requería de una gran audacia de parte de María Magdalena: la audacia de quien es capaz de ponerse totalmente en manos de Dios.

Además, esta salida de los demonios no se efectúa sin costo para la persona. Pensemos si no en el endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que agita violentamente al muchacho antes de salir de él , o el joven que queda como muerto luego de que Jesús sacó de él uno de esos demonios que sólo pueden ser arrojados con el ayuno y la oración .

Quienes han logrado, con la ayuda de Dios, vencer una adicción, como el alcoholismo, las drogas, la ira, la gula u otras, saben por experiencia lo que significa este ponerse totalmente, sin reservas, en manos de Dios. Se requiere de esa fe que es confianza total, entrega total.

¡Rabúni!
 Esa es la exclamación de María de Magdala cuando finalmente reconoce a Jesús.

Mucho se dice sobre la confesión de Pedro, o la de Tomás luego de la Resurrección. Pero qué poco se habla de esta simple palabra de María ante el Resucitado…

María ve a Jesús y no lo reconoce, apegada a la búsqueda del cadáver del Amado. Ha hecho del cuerpo muerto de Jesús un ídolo que le impide ver al Resucitado, al Cristo. Y Jesús-el-Cristo rompe en ella este último apego, este "octavo demonio" sub angelo lucis, que tienta a quienes tienen la audacia de amar como amó María de Magdala.

Llama también la atención el mensaje de Jesús resucitado a María Magdalena en el Cuarto Evangelio: "Anda donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."
 Es diferente al mensaje que recoge Lucas en que el ángel les anuncia la Resurrección y ellas la anuncian a los discípulos varones; o bien en Mateo y Marcos, en que además se les pide que les anuncie que irá a Galilea y ahí le verán.

En este encuentro personalísimo con la Magdalena, el mensaje de Jesucristo es un mensaje teológico: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". María Magdalena debe anunciar, no sólo que resucitó, sino que sube al Padre, que participa de la gloria del Padre, que es además, nuestro Padre y nuestro Dios.

La iconografía de María Magdalena nos la representa a menudo como la eterna penitente sexual. ¿Por qué no recordarla como algunas antiguas pinturas, con una lámpara en la mano, anunciando la Pascua, la luz de Cristo?

María Magdalena, cuya vida inspiró la de muchas mujeres, sigue siendo ejemplo de discipulado: con sus hermanas (y hermanos) siguiendo a Jesús, hasta la cruz y el sepulcro; entregándose por completo, para que Dios haga de ella un ser totalmente transparente a la presencia de Dios; y finalmente, con la luz de Cristo, anunciando la Buena Nueva por excelencia.

Para la revisión de vida
- Ante mis defectos de carácter, ¿tengo la audacia de María Magdalena de ponerme a los pies de Jesús para pedirle que haga de mí una "nueva creación"?
- ¿Me atrevo a defender la dignidad de las mujeres, hijas de Dios, en los diversos ámbitos de la vida eclesial?

Para la reunión de grupo
- Las mujeres siguieron a Jesús durante su ministerio, desde Galilea hasta Jerusalén, hasta la cruz, el sepulcro y la Resurrección. Sin embargo, poco se nos dice de ellas en el Evangelio. ¿Cuál es la situación de las mujeres hoy en día en el seno de nuestras iglesias?
- Si Jesús encargó a las mujeres, y de manera especial a María Magdalena, el anuncio de la Resurrección nada menos a los apóstoles varones, ¿por qué tendríamos hoy las mujeres que callar?
- ¿Qué ministerios están en manos de mujeres? ¿Qué importancia tienen dentro de nuestras comunidades?
- Cuando las mujeres proclamamos la Palabra, somos oídas y creídas, o tenidas por locas, al igual que a las mujeres del siglo I, cuyo mensaje fue tenido por desatino?
- ¿Cuántas veces nos ocurre esto? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación en el seno de nuestras comunidades?
- ¿Hace falta ser mujer para tener que defender los derechos de la mujer tanto en la sociedad como en la Iglesia? ¿Es menos o más hombre el varón que defiende esta Causa?

Para la oración de los fieles
- Para que las mujeres tengamos la audacia de las primeras seguidoras de Jesús...
- Para que tengamos la audacia de pedir a Jesús que expulsa todos nuestros "demonios" y nos haga partícipes de su Resurrección, como a María Magdalena
- Para que nuestras comunidades se abran a una nueva relación de respeto y dignidad ante las mujeres...
- Para que tengamos el amor y la valentía de estar al pie de las muchas cruces de quienes hoy en día sufren por enfermedad, pobreza, injusticias, discriminaciones...
- Para que tengamos la audacia, como María Magdalena, de anunciar la Resurrección, aún en medio de un sistema de muerte y opresión...

Oración comunitaria
 Danos, Señor Jesús, el amor y la audacia de María de Magdala, para alumbrar nuestras vidas, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestros países con la "luz de Cristo" que proclamamos con ella en la Pascua.

O bien:

Te damos gracias por la sororidad que nos hace tus seguidoras, y te pedimos sabiduría, discernimiento y firmeza para luchar por superar en el seno de nuestras comunidades toda muestra de discriminación hacia las mujeres, de modo que brille tu luz, ésa que pusiste en manos de Sta. María Magdalena para alumbrar al universo entero

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7. DOMINICOS 2004

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

 Magdalena es mujer inquieta e insaciable. Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud; y pasó de alejada de Dios a ser discípula de Jesús.

 Alabemos a Dios por la obra de la gracia que, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una licenciosa apasionada, una incondicional servidora que acompañó a la Virgen en el Calvario...

 ¿Quién ha visto mayor cambio que el de la Magdalena en la dirección del amor, permaneciendo éste igual en su fogosidad y entrega?

 Así son los cambios que hacen santos a los pecadores.


 La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
 Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Visteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...

 El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue el sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro...

 Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero sin saber que era él. Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”


Reflexión para este día
 El amor se necesita, se busca y se acaba encontrando.
 Cuando decimos que vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos del amor. Vivir sin amor es estar muriendo a todo lo que no es amor.

 Nuestro amor cristiano es un amor nuevo.
 Nace del corazón de Jesús que se entregó por nosotros, por amor, y nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

 María Magdalena desbordó de amor,
 Asumió en tal grado el espíritu del hombre nuevo en Cristo, que se volcó sin medida en gratitud a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

 Examinémonos a nosotros mismos, que todavía vivimos en esta tierra.
 ¿Cómo amamos? ¿a quién amamos?, ¿por quién nos sacrificamos y ofrecemos nuestra vida?

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8. CLARETIANOS 2004

Queridos amigos y amigas:

 Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Ella pertenece al grupo de mujeres elegidas por los evangelistas para figurar con nombre propio en los relatos evangélicos. Esto nos hace pensar que tuvo que ser una persona muy significativa en la primera comunidad cristiana, más si tenemos en cuenta lo que la tradición dice de su vida anterior.

 ¿Qué tipo de discipulado encontramos en María Magdalena? Nos encontramos con una mujer inquieta, cautivada por Jesús, apasionada, que busca a Jesús. En María Magdalena también encontramos gestos de ternura hacia Jesús: es capaz de ponerse a sus pies, perfumárselos con el mejor perfume y besárselos. Otro rasgo de su seguimiento es la valentía del saber estar en los momentos clave, no sacando pecho o haciéndose ver, sino sabiendo acompañar con discreción, desde el silencio, un silencio que dice mucho: le acompaña de cerca en el camino al Calvario, permanece junto a María y Juan al pie de la cruz.

 Esta cercanía de María Magdalena a Jesús no podemos decir que es pura relación afectiva que no compromete a nada. María Magdalena también participa de la Misión de Jesús, se siente misionera. Prueba de ello es que tras encontrarse con el Maestro en el sepulcro, corre a contar a los apóstoles lo que ha visto y vivido.

 Ojalá también nosotros sepamos vivir así nuestro seguimiento a Jesús: sintiéndonos acogidos por él, amándole, siendo valientes, estando con él y siendo misioneros.
 Vuestra hermana en la fe,
 Miren Elejalde (Mirenelej@hotmail.com)

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9.

¡Cristo ha resucitado!

 Fuente:
 Autor: Cefid

 Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.

 Enséñame, Cristo resucitado, a descubrirte, para ser un instrumento de tu amor, a buscar las cosas de arriba y a gozar de tu presencia a lo largo del día. Transfórmame, como a los primeros discípulos, en un apóstol convencido de tu resurrección, capaz de darlo todo por Ti.

 1. «Mujer, ¿por qué lloras?»

Las horas amargas del calvario han dejado una huella profunda en los discípulos. Aflora en ellos la duda, el desencanto. Les viene el deseo de regresar al pasado, de no haberse encontrado nunca con Cristo, de no haberle nunca entregado su amor.

 Quizás el prototipo de estos momentos de soledad y abandono es María Magdalena. Ella había cambiado radicalmente su vida para consagrarse completamente al amor de Jesucristo, y sin embargo, ahora no lo encuentra. Llora desconsolada. Cristo se le aparece bajo la forma del jardinero y pregunta...

 A nosotros también nos ocurre que el Señor se nos “esconde”, no lo hallamos con la facilidad de antes, y podría tocar a nuestra puerta el llanto, la desazón... Pero es necesario abrir bien los ojos. María todavía no tiene una fe plena en su Señor. Él ha muerto, y parece que todo ha terminado... ¡Lo tiene delante y no lo reconoce!

 ¿No nos sucede a nosotros otro tanto? Cristo está delante de nosotros en esa situación difícil, en ese fracaso aparente, en las pequeñas cruces de todos los días. Y nos pregunta, nos grita de mil maneras diversas, ¿por qué lloras? ¿No te has dado cuenta que he resucitado y estoy contigo para siempre?

 Nos resulta urgente abrir los ojos de la fe. Cristo no acostumbra aparecer como Yahvé en el Antiguo Testamento. No hay rayos ni temblores. Jesucristo resucitado no quiere que le tengamos miedo y opta por lo sencillo. ¡Cristo camina con nosotros en lo cotidiano! Jesucristo se nos quiere manifestar en el trato con la familia, en la relación con el compañero de trabajo, la vecina, el cumplimiento del deber cotidiano. ¡Lo tenemos delante de los ojos, pero muchas veces no queremos descubrirlo! Da la impresión, en ocasiones, que conocer a Cristo sería más “fácil” si pusiera requisitos más complicados ... pero a Cristo se le conoce en la humildad de lo ordinario vivido de modo extraordinario.

“¡Levántate tú que duermes, y te iluminará Cristo!” nos anuncia la liturgia pascual. Pero podríamos decir también, levántate tú que estás abatido, triste, confundido, y sal al encuentro del Resucitado. Él ha olvidado ya tu pasado, tus traiciones e infidelidades. Él quiere secar hoy tus lágrimas. Es por eso que, como con María Magdalena, quiere iniciar contigo ahora un diálogo de corazón a Corazón...

 2. «Si tú te lo has llevado...»

María Magdalena es una mujer que ama profundamente a Jesucristo. Impresiona que un enamorado sea capaz de ciertas “locuras” para agradar al amado y disfrutar de su presencia. El amor, cuando es auténtico, es donación, y su único límite es no tener límites.

 Este amor que no conoce obstáculos lleva a esta mujer a decir cosas que, a simple vista, pueden parecer delirios o incluso acusaciones sumamente comprometedoras. Primero le insinúa al jardinero que ha sido un profanador del sepulcro de Cristo: “si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto...” Ella no está buscando culpables, sino que pide ayuda a quien sea. Su interés está en recuperar al amor de su vida que se le ha escondido. No reprocha, no reclama, simplemente suplica: “¡Oriéntame para encontrar al Maestro!” ¿También nosotros acudimos con ese interés a nuestra dirección espiritual, a los sacramentos? ¿Le pedimos a la Iglesia, a sus ministros, con verdadero interés, que nos muestren dónde está el Cristo vivo? ¿O nos hemos acostumbrado a su presencia silenciosa en la Eucaristía y en los hermanos?

 Pero el amor de la Magdalena la empuja a más: “...yo lo recogeré”. ¿Cómo podrá una mujer sola cargar una cierta distancia el cuerpo de un hombre de 33 años, con la musculatura propia de un carpintero y peregrino, de un hombre-Dios que pudo expulsar Él solo a los mercaderes del templo? A la Magdalena, nuevamente, no le interesan las dificultades: su amor la empuja a vencerlas.

 En nuestra vida también hay enormes dificultades y algunas nos parecen incluso imposibles. Sin embargo, el amor de un alma convencida se crece ante la adversidad. Su amor es tan intenso que, de un cierto modo, le descubre que Cristo resucitado está a su lado. Sólo le interesa encontrarlo, poseerlo y darse a Él sin medida.

 3. «¡María!»

Cristo resucitado se conmueve ante el amor desinteresado y fiel de la Magdalena y la llama por su nombre. No puede seguir ocultándose y se le descubre. Y es que un amor así, a pesar de nuestras debilidades pasadas, conmueve a nuestro Señor hasta lo más profundo de su ser y se siente “desarmado”, no puede no corresponder a nuestro amor.

 Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

 Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

 La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

 María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.

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10. 2004. Comentarios Servicio Bíblico Latinoamericano

 A María la llamaban «Magdalena» porque venía de un pueblecito de Galilea llamado Magdala. Parece que Jesús la hizo sentirse totalmente sanada. Los evangelios nos dicen que expulsó siete demonios de ella (Mc 16,9; Lc 8,2). Ella le ayudó en su trabajo y fue testigo de su crucifixión.

 Ha sido habitual identificarla con la mujer pecadora de Lucas 7,36-50, pero esa mujer no recibe ningún nombre y no hay razón suficiente para esa identificación.

 En el evangelio de Juan, María Magdalena es la única mujer que se acerca a la tumba (en el de Mateo son dos, en el de Marcos tres y en el de Lucas un número indeterminado). Ellas fueron las primeras que recibieron la noticia de la resurrección de Jesús. Fueron enviadas a llevar la noticia a los hermanos. La palabra «apóstol» viene del griego «apostellein», enviar. ¡Resulta que los primeros apóstoles que proclamaron el mensaje cristiano de la Resurrección fueron mujeres! Por eso, María Magdalena es tradicionalmente conocida como la apóstol de los apóstoles. Es la patrona de los Dominicos, llamados también Orden de Predicadores, y muchos conventos de dominicos llevan el nombre de «María Magdalena». También la podemos ver como la patrona de todas las mujeres que han predicado el Evangelio de muchísimas maneras a través de la historia cristiana.

 La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

 La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

 El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

 ¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

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12.

La aparición a María Magdalena

 Fuente: Catholic.net
 Autor: Clemente González

 Reflexión:

 Es justo para María Magdalena que, en su infinita ternura y misericordia, Jesús Renacido prefiera mostrarse por primera vez a ella con su cuerpo transfigurado. La compasión que Jesús siempre ha demostrado respecto a las almas en pena lo ha llevado a mostrar mayor atención hacia ellas. María Magdalena siguió durante años a Cristo en sus recorridos por las calles de Israel compartiendo alegrías y esperanzas con los otros discípulos, y ahora recibe el consuelo de ser la primera en ver a su Maestro vivo.

 ¿Cuántas veces también nosotros nos sentimos deprimidos, trastornados, embrujados por los hechos que se arremolinan violentamente en nuestra vida? Es precisamente en estos momentos cuando Dios está más cercano a nosotros, ansioso de donarnos el consuelo de su abrazo y su Resurrección, si logramos renunciar a nuestra autocompasión y dejamos de hurgar, orgullosos, en nuestro corazón herido buscando sólo el bien propio. Si nos esforzamos por volver a la luz, entonces secaremos de nuestros ojos las lágrimas de la desesperación. Entonces veremos la esperanza de Cristo, el Hijo de Dios que ha triunfado sobre el dolor, el pecado y la muerte.

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13.

María Magdalena, Santa

 Fuente: Catholic.net
 Autor: Cristina Fernández

 Hoy celebramos a Santa María Magdalena que, de ser una pecadora pública se convirtió en santa, tras un profundo encuentro con Cristo.

 La Iglesia celebra la vida de María Magdalena como una de las más conmovedoras escenas de conversión total del Evangelio.
 Los evangelistas hablan de María Magdalena de tres maneras distintas: como la pecadora arrepentida, como María Magdalena y como María, la hermana de Lázaro. La Liturgia romana las identifica como la misma persona.

 Un poco de historia

 El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, que es una población en la orilla occidental del mar de Galilea. Ella era una pecadora que se presentó a Cristo cuando Él cenaba en la casa de un fariseo y al momento se arrojó al suelo a los pies del Señor.
 Se echó a llorar, bañando con sus lágrimas sus pies y los secó con sus cabellos. Después, los ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. Jesús le hizo ver al fariseo que esta mujer había lavado sus pies con sus lágrimas mientras que él no le había ofrecido agua para lavarse los pies al entrar a su casa, como era costumbre entre los judíos.

 Él no le dio el beso de paz y ella no había cesado de besar sus pies; él no le ungió la cabeza y ella sí le había ungido los pies. Jesús añadió que a María Magdalena se le perdonaban sus muchos pecados porque había amado mucho. Y a ella le dijo: “Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.”

María Magdalena es una de las mujeres que seguían a Cristo en sus viajes, de las que nos hablan en varias ocasiones los Evangelios. Estuvo con Jesús, acompañándolo la víspera de la entrada triunfal en Jerusalén, cuando Él cenó con la familia de Lázaro en Betania. Ahí volvió a ungir al Señor con perfume y los que ahí estaban la criticaron, pensando que con el valor del perfume que ella derramaba, se podría dar de comer a muchos pobres. Cristo les dijo que la dejaran en paz, pues a los pobres siempre los tendrían, pero a Él no.

 Ella fue una de las mujeres que acompañaron a Jesús camino al Calvario y, luego, permaneció junto a la Cruz. Los evangelistas sinópticos la citan siempre en primer lugar. Esto puede ser debido a que fue la mujer más célebre de la primitiva comunidad, después de la Madre de Jesús, por sus cualidades de carácter y su dedicación al Señor.

 Junto con las otras mujeres, estuvo también en el sepulcro observando dónde colocaban el cuerpo del Maestro y, al regresar a casa, preparó perfumes y ungüentos para volver al sepulcro después del sábado y aplicarlos al cuerpo del Señor.

 María Magdalena fue la que descubrió que alguien había quitado la piedra del sepulcro del Señor, cuando llegó al sepulcro con las otras mujeres cargada de aromas.

 Fue la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo Resucitado cuando se quedó junto al sepulcro llorando amargamente, porque creía que habían robado el cuerpo de Jesús.

 Jesús Resucitado quiso tener este encuentro con María Magdalena, con la pecadora arrepentida. Jesús la llamó diciéndole: “¡María!” , y ella le respondió: “¡Maestro!” Jesús le pidió que contara esto a los demás.

 Algunos investigadores dicen que, después de Pentecostés, María Magdalena se fue a vivir a Éfeso con la Virgen María y con San Juan, donde murió. Otros dicen que se fue a vivir con Lázaro y Marta, para evangelizar la provincia y que pasó los últimos treinta años de su vida en esa zona.

 ¿Qué nos enseña la vida de María Magdalena?

 Nos enseña que, aunque tengamos muchos pecados y caigamos muchas veces en los mismos, Dios nos ama y nos puede perdonar.

 Jesús nos deja el Sacramento de la Confesión para perdonar nuestros pecados y darnos las gracias necesarias para seguir adelante.

 Ella supo quién era Jesús. Sabía que era el Hijo de Dios y lo trató como tal. Su trato a Jesús fue delicado y lleno de detalles. No perdió ninguna ocasión para demostrarle su amor.

 Dios vino a todos los hombres, pecadores y no pecadores. Jesús, al recibir a María Magdalena, nos hace ver a todos nosotros que nos ama. Dios nos ama como somos, con nuestros defectos y nuestras cualidades, y busca nuestro amor.

 El amor de María Magdalena a Jesús se manifestó en un verdadero arrepentimiento de sus pecados y en una profunda conversión, en un cambio radical de vida.

 Oración

 María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
 Amén.

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14. Fray Nelson Viernes 22 de Julio de 2005
 Temas de las lecturas: Encontré al amor de mi alma * Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?.

 1. Una imagen compleja
 1.1 De María Magdalena se han dicho las cosas más bellas y las más procaces; se han escrito líneas sublimes y vulgares; se la ha representado como la gran imagen de la misericordia de Dios o como la sombra más persistente al ministerio de Cristo.

 1.2 Esta multiplicación de versiones sólo deja en claro una cosa: hemos mirado a María Magdalena más como un objeto de la imaginación del pueblo o de los guionistas del cine que como una persona que desde las páginas de la Escritura nos saluda y nos comunica su mensaje.

 1.3 O dicho de otro modo: esta fiesta, en este año, puede ser la gran ocasión para encontrarnos no con la fantasía, sino con esa maravillosa y salvífica verdad que el Señor nos regala en su Palabra Viva que es la Escritura.

 2. La primera testigo
 2.1 María Magdalena es testigo de excepción de la muerte de Cristo y testigo de excepción de su resurrección. Allí donde los "valientes" hombres, los apóstoles, han huido detrás de sus miedos, esta mujer, audaz y sencilla en su arrojo ha puesto sus ojos en el lugar preciso para ver, como tal vez nadie ha visto, la Pascua de Cristo.

 2.2 Pero María Magdalena está ahí, al pie de la cruz, no por curiosidad no por causalidad, sino porque, su vida misma ha sido marcada por el ministerio de Cristo. Ella ha sido creada por la palabra, la gracia, la oración y el poder del Espíritu que habita en Jesucristo. Ha hecho un camino, desde Galilea hasta Jerusalén, y por eso ha hecho también ese otro camino, desde la entrada triunfal hasta el Gólgota.

 3. Grandeza de Cristo
 3.1 Así entendemos que en la vida de la Magdalena lo único grande fue y es Cristo; lo único bello fue y es Cristo; lo único poderoso fue y es Cristo. En ella, como en todos los santos, resplandece Jesús, el Cristo de Dios.

 3.2 Fue grande Cristo liberándola de siete demonios. Fue grande perdonando sus culpas. Fue grande instruyéndola en el Evangelio vivo. Fue grande concediéndole fortaleza frente a la natural oposición que su presencia podía causar. Fue grande sobre todo llamándola como primera entre todos los hombres y mujeres que hoy proclamamos la verdad central de nuestra fe: ¡el Señor vive!
(
http://www.mercaba.org
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa de Santa Maria Magdalena. Pedidos de oraciones (Winston Francisco Pauta Avila).

MISA DE HOY
 
«Las vocaciones a la vida consagrada son un don para la Iglesia. Se invita, por ello, a todos los miembros a rogar al Dueño de la mies para que las suscite abundantemente y a promoverlas con acciones oportunas, pues los hombres y mujeres consagrados dan una contribución insustituible a la extensión del Reino de Cristo en el mundo»
MISA, JULIO  22, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
LUNES 22
Santos: María Magdalena, penitente; Gualterio o Walter de Lodi, religioso; Domingo de Carracedo, ermitaño. Memoria (Blanco)
 
LA SUBIDA AL PADRE
 
Ex 14,5-18; Jn 20,1-2. 11-18
 
El libro del Éxodo refiere la salida de Egipto como una subida. Geográficamente hablando la tierra de Israel se encuentra a mayor altitud que Egipto. Mas no se trata simplemente de cuestiones de relieve, simbólicamente hablando el pueblo estaba en el fondo de la opresión y la violencia. La superación de esa circunstancia sería necesariamente un ascenso desde el punto de vista humano. El pueblo pasó de la opresión y la tiranía a la libertad. Como todos los procesos de transformación social, éste también significó tensiones y obstáculos, que necesariamente hubo que vencer. El Evangelio de san Juan también registra una experiencia ascendente. El Señor Jesús supera todas las barreras de su condición mortal y asciende a la plenitud de vida junto al Padre. Esa misma transformación ascendente la vivió también María Magdalena que pasó de una situación de incertidumbre a una confianza indestructible: había visto al Señor resucitado y ya nadie se lo volvería a arrebatar.
 
ANTÍFONA DE ENTRADA (Jn 20, 17)
Jesús dijo a María Magdalena: Ve y diles a mis hermanos: Subo a mi Padre y a su Padre, a mi Dios y a su Dios.
 
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuera la primera en recibir de tu Hijo Unigénito el encargo de anunciar el gozo de la resurrección, concédenos, que siguiendo su ejemplo, demos a conocer a todos que Cristo vive y nos está esperando en el cielo.  Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, sabrán que yo soy el Señor.
 
Del libro del Éxodo: 14, 5-18
 
En aquellos días, cuando le avisaron al faraón que los israelitas habían escapado, el faraón y sus servidores cambiaron de parecer con respecto al pueblo de Israel y exclamaron: "¿Qué hemos hecho? Hemos dejado escapar a nuestros esclavos israelitas". Entonces el faraón mandó enganchar su carro y llevó consigo sus tropas: seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, cada uno con sus respectivos guerreros.
El Señor endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, para que persiguiera a los hijos de Israel, mientras éstos se alejaban jubilosos. Los egipcios los persiguieron con todo un ejército de caballos, carros y guerreros, y les dieron alcance, mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi-ha-Jirot, frente a Baal-Sefón.
Al acercarse el faraón, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios los perseguían, tuvieron miedo, clamaron al Señor y le dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulturas en Egipto, para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿No te dijimos claramente allá: 'Déjanos en paz; queremos servir a los egipcios'? Pues más vale servir a los egipcios que morir en el desierto".
Moisés le contestó al pueblo: "No teman; permanezcan firmes y verán la victoria que el Señor les va a conceder hoy. Los egipcios que ven ahora, no los volverán a ver nunca. El Señor peleará por ustedes, y ustedes no tendrán que preocuparse por nada".
Entonces el Señor le dijo a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Éxodo 15
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, Él es mi salvación; Él es mi Dios, y yo lo alabaré, es el Dios de mis padres, y yo le cantaré.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el Mar Rojo a sus mejores capitanes.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya.
¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. R/.
 
Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?
 
LECTURA Evangelio Juan capitulo 20, versículos 1 al 2 y 11 al 18
 
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".
María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces Él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabbuní!", que en hebreo significa ‘maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje. Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Oración introductoria
Señor, Tú me enseñas que una fe sin amor a los demás, no es verdadera fe. La fe no es un pensamiento, una opinión o una idea, la fe es comunión de vida contigo, la fe se traduce en amor y se manifiesta en la caridad. Acrecienta, Dios mío, en esta oración, mi fe y mi caridad.
 
Petición
Espíritu Santo, dame la coherencia de vida para manifestar mi fe con las obras.
 
REFLEXION Evangelio Juan capitulo 20, versículos 1 al 2 y 11 al 18
 
Testigo de la resurrección.
 
«Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo. No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba. En efecto, al amanecer del primer día después del sábado, Pedro y Juan hallaron la tumba vacía. Magdalena y las otras mujeres encontraron a Jesús resucitado; lo reconocieron también los dos discípulos de Emaús en la fracción del pan; el Resucitado se apareció a los Apóstoles aquella tarde en el Cenáculo y luego a otros muchos discípulos en Galilea. El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos» (Benedicto XVI, 12 de abril de 2009).
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, los dones que te presentamos y acéptalos con el mismo agrado con que tu Hijo Jesucristo aceptó el homenaje de amor de María Magdalena.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (2 Co 5, 14-15)
El amor de Cristo nos compromete a vivir, no para nosotros mismos, sino para Él, que murió y resucitó por nosotros.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el sacramento que hemos recibido encienda, Señor, en nosotros aquel mismo amor ardiente y fiel de santa María Magdalena a Cristo, su maestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
 
MINISTERIO DE ORACION Julio 22
 
Julio 22
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado
 
Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Suplico oraciones para que Dios salve la vida de Teodora, de Gonzalo y de la hija de Edwin. Suplico que salve a mi padre dándole fuerzas físicas y un sistema inmune muy fuerte para no coger gripe o neumonías, pues está débil. Ignacio
 
Ormos por salud de los padres, Salvador Carrillo Alday, Sergio Garcia, Carlos Zezati. Ms. Sp.S. fray Pedro Estrada.o.c.d., Armando Garza Dávila.s.j., por la santidad de todos los sacerdotes, seminaristas y consagrados, por nuestra santidad y la de nuestros hijos familias y nietos. Por el no al aborto hoy. Demos gracias. Ricardo
 
Amadísimo Señor ruego por todos los enfermos de cáncer, Tu los conoces, sana esas partes afectadas y regálales su conversión, la de sus familias y la salvación de sus almas. Roguemos por ellos hermanitos.  Dios los bendiga. Mercedes
 
Papa te pido en nombre de tu hijo nuestro Señor Jesús que me brindes salud física y emocional y te encomiendo la entrevista de mañana a las 3 y 30 de la tarde, dame gracia y misericordia en nombre de Jesús amen. Magda
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleaños de Fr. Franklin Buitrago Rojas, O.P
Cumpleaños de Eric Trincale.- Claremont,
Cumpleaños de Carmen Amanda Castillo P
Cumpleaños de Angela María Ramirez Medina
Cumpleaños de Aparecida de Roca
Cumpleaños de Javier Omar Lerma Villegas
Cumpleaños de Mónica.
 
Aniversario de Matrimonio
 
 Héctor y Nancy
 Luis Fernando Triviño y Edelmira Arévalo N.
 
Un poco de Humor...
 
Matemática financiera
Le dice el padre al hijo en edad escolar:
- Dile a la maestra que te dé la dirección de la carnicería esa que aparecía en el problema de matemáticas, donde el kilo de carne vale un peso.
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Pido oración por mí, para que siga aumentando mi fe. Agradezco este tiempo de calma en la que mi marido no está bebiendo. Siento temor por lo que pueda ocurrir porque no está en tratamiento y solo un milagro hará que él deje la bebida en forma definitiva. Pido oración por eso y mi recuperación. Estela
 
Para que el Señor y la Virgen María tomen en sus brazos a mi hijito para cuidarlo, protegerlo y guiarlo todos los días de su vida. Que lo llenen de amor de paz y de gozo y que pueda ser un niño feliz a pesar de que nosotros los padres estemos separados. Bendiciones, amén. Mariano
 
Hermanos oren para que pueda resolver mi conflicto con las empresas de comunicaciones y pueda retomar mis actividades con ustedes. Héctor Emilio
 
Q. E. P. D.
 
Ángel Puma Cuenca
Nora Cedeño de Calero
Luis Vera Arreaga
Jorge Enrique Sarmiento Iñiguez
 
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio
 
Abra por favor la siguiente pagina WEB
 
http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/
 
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Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS
 
P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.
 
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Lecturas de la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Lunes 22 de Julio de 2013


Santa María Magdalena

Santoral: María Magdalena

Cant 3,1-4ª: Encontré el amor de mi alma
Salmo responsorial 62,2-6.8-9: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Jn 20,1.11-18: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?

Cantar de los cantares 3, 1-4


Encontré el amor de mi alma
Así dice la esposa: “En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi lama: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma."

 

Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9


Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,/ mi alma está sedienta de ti; /mi carne tiene ansia de ti,/ como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Como te contemplaba en el santuario / Viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida,/ te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote./ Me saciaré como de enjundia y de manteca, / Y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio,/ y a la sombra de tus alas canto con jubilo; / mi alma está unida a ti, / y tu diestra me sostiene. R.

 

Juan 20,1.11-18


Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

Comentarios

María Magdalena, una mujer discípula, está vigilante; ha estado ahí, seguramente sufriendo por la muerte de Jesús; pero ella va a ser recompensada, al ser la primera testigo de la resurrección de Jesús y la primera en ser enviada a anunciar que la vida ha triunfado sobre la muerte.

Las comunidades cristianas debieron tardar muchos años discutiendo, huyendo, fortaleciéndose, hasta comprender, desde las más profundas convicciones, que el proyecto no terminó en la cruz y que ahora son ellos los responsables de mantenerlo vivo.

La nueva profesión de fe en Cristo resucitado es una nueva exigencia del discipulado, es decir, la comunidad se declara en formación a los pies del Maestro resucitado.

En este nuevo discipulado también el Maestro pregunta, escucha, consuela y envía para anunciar que el proyecto de Dios no se quedó en el sepulcro.

Hoy como ayer es urgente reconocer el discipulado de la mujer y su capacidad para entender el querer de Dios. Ellas, misioneras en la persona de María Magdalena, son ejemplo de constancia y tenacidad.

Oremos por todas las mujeres del mundo, especialmente por aquellas que dedican su vida a expresar su fe en el compromiso cotidiano de llenar el mundo de ternura y dignidad
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Evangelio meditado de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Evangeliodeldia.org).

EVANGELIO DEL DIA
"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68

 

lunes 22 Julio 2013

Memoria de santa María Magdalena

Santo(s) del día : San Felipe Evans

Ver el comentario abajo, o clic en el título
San Bernardo : ¿Qué buscas?

Cantar de los Cantares 3,1-4a.
En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!
Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!
Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: "¿Han visto al amado de mi alma?".
Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma. Lo agarré, y no lo soltaré hasta que lo haya hecho entrar en la casa de mi madre, en la habitación de la que me engendró. El Amado

 

Salmo 63(62),2.3-4.5-6.8-9.
Oh Dios, tú eres mi Dios, a ti te busco,
mi alma tiene sed de ti;
en pos de ti mi carne languidece
cual tierra seca, sedienta, sin agua.

Por eso vine a verte en el santuario
para admirar tu gloria y tu poder.
Pues tu amor es mejor que la vida,
mis labios tu gloria cantarán.

Quiero bendecirte mientras viva
y con las manos en alto invocar tu Nombre.
Mi alma está repleta, saciada y blanda,
y te alaba mi boca con labios jubilosos.

pues tú fuiste un refugio para mí
y salto de gozo a la sombra de tus alas.
Mi alma se estrecha a ti con fuerte abrazo
y tu diestra me toma de la mano.

 

 

Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

 


Extraído de la Biblia Latinoamericana.

 

Leer el comentario del Evangelio por :

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Cantar de los Cantares, n° 28, 9


¿Qué buscas?


Sólo el sentido del oído puede alcanzar la verdad, porque solo él entiende la palabra… “No me toques”, esto es: desentiéndete de ese sentido seductor;apóyate en la palabra y familiarízate con la fe. La fe ignora el error, la fe abarca lo invisible, no conoce la limitación de los sentidos; además trasciende los límites de la razón humana, el proceso de la naturaleza, los términos de la experiencia ¿Por qué le preguntas a la mirada lo que no puede saber? ¿Para qué se empeñan las manos en palpar lo que le supera? Todo lo que te pueden enseñar es de un nivel inferior. Pero la fe te dirá de mí cosas que no menguan en nada mi majestad. Aprende a poseer con más certeza, a seguir con más seguridad lo que ella te aconseja. "No me toques, que aun no estoy arriba con el Padre". Como si cuando haya subido, quisiera que lo tocasen o fuese ello posible. Claro que podrá; pero con su afecto, no con sus manos; con el deseo, no con la mirada; con la fe, no con los sentidos. ¿Por qué quieres tocarme ahora, si valoras la gloria de mi resurrección por lo que te dicen los sentidos? ¿No sabes que durante el tiempo de mi mortalidad, los ojos de mis discípulos no pudieron soportar la gloria de mi cuerpo transfigurado, que aún debía morir? Todavía complaceré tus sentidos revistiéndome de siervo, para que puedas conocerme como antes. Pero mi gloria es extraordinaria...Prescinde, pues, de tu juicio… de un misterio reservado para la fe... Lo que el ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado (1Co 2,9), la fe lo lleva cerrado y lo guarda sellado dentro de sí misma. Me tocará dignamente la fe, si me acepta sentado a la derecha del Padre (Mc 16,19; Sal. 109,1), no en la forma de siervo, sino en un cuerpo celestial idéntico al anterior, aunque de forma distinta. ¿Por qué quieres tocar mi cuerpo deforme? Espera un poco y tocarás mi cuerpo hermoso. Pues lo que ahora es deforme se volverá bello.
(
http://www.evangeliodeldia.org
).

Evangelio meditado de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Catolicosonline.com).

Evangelio de la Fe


Lunes 22 de julio de 2.013

 

San Juan 20, 1. 11-18

 

Quitada la piedra

 

Joh 20:1  El día primero de la semana, María Magdalena vino muy de madrugada, cuando aún era de noche, al monumento, y vio quitada la piedra del monumento.
Joh 20:11  María se quedó junto al monumento, fuera, llorando. Mientras lloraba, se inclinó hacia el monumento,
Joh 20:12  y vio a dos ángeles vestidos de blanco, uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús.
Joh 20:13  Le dijeron: ¿Por que lloras, mujer? Ella les dijo: Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. En diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí, pero no conoció que fuese Jesús.
Joh 20:14  (TEXTO OMITIDO)
Joh 20:15  Díjole Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto, y yo lo tomaré.
Joh 20:16  Díjole Jesús: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboní!, que quiere decir Maestro.
Joh 20:17  Jesús le dijo: Deja ya de retenerme, porque aún no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."
Joh 20:18  María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor,” y las cosas que le había dicho.

 


Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)


"Palabra del Señor"

"Gloria a ti Señor Jesús"

 


Meditación:

 

 

Quitada la piedra

 


¿Quién ha quitado la piedra de tu fe?; no lo permitas, no le des a nadie más valor que a Cristo; Él, y sólo Él, es tu Dios.

Si te apartan de Dios, de la fe, es que les das permiso a esos, como si fueran Dios.

Pon la piedra y acepta que Jesús, Dios, resucitó. Y verás cosas grandes en tu vida, verás como hallarás a Cristo resucitado, como lo encontró María Magdalena.

Arrójate a los brazos de Jesús, Dios, y dile “Maestro”.

Aprende del único Maestro, que sabe enseñarte con la Palabra y el perfecto ejemplo, y no sólo con palabras.


P. Jesús
(
http://www.catolicosonline.com
).

Dos meditaciones para la fiesta de Santa Maria Magdalena (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: 22 de Julio: Santa María Magdalena
Texto del Evangelio (Jn 20,1-2.11-18): El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»
Hoy celebramos con gozo a santa María Magdalena. ¡Con gozo y provecho para nuestra fe!, porque su camino muy bien podría ser el nuestro. La Magdalena venía de lejos (cf. Lc 7,36-50) y llegó muy lejos…. En efecto, en el amanecer de la Resurrección, María buscó a Jesús, encontró a Jesús resucitado y llegó al Padre de Jesús, el “Padre nuestro”. Aquella mañana, Jesucristo le descubrió lo más grande de nuestra fe: que ella también era hija de Dios.

En el itinerario de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.

Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Papa Benedicto). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?

En la conversión de la Magdalena hubo mucho amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí otro “vehículo” de la fe, porque ni escuchamos, ni vemos, ni creemos a quien no amamos. En el Evangelio de san Juan aparece claramente que «creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver (…)». En aquel amanecer, María Magdalena arriesga por su Amor, oye a su Amor (le basta escuchar «María» para re-conocerle) y conoce al Padre. «En la mañana de la Pascua (…), a María Magdalena que ve a Jesús, se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesión: ‘He visto al Señor’ (Jn 20,18)» (Papa Francisco).

Comentario: Rev. D. Albert SOLS i Lúcia (Barcelona, España)

Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor


Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Suele ser propio de la juventud apasionarse locamente por alguna película llegando a la identificación personal con alguno de los protagonistas. Los cristianos deberíamos ser siempre jóvenes en este sentido ante la vida del mismo Jesús de Nazaret, y sabernos identificar con esta gran mujer de la que habla el Evangelio, María Magdalena. Siguió los caminos de Jesús, escuchó su Palabra. Cristo supo corresponder y le concedió el privilegio histórico de ser la primera a quien le fue comunicado el hecho de la resurrección.

 Dice el evangelista que ella al principio no lo reconoció, sino que lo confundió con un campesino del lugar. Pero cuando el Señor la llamó por su nombre:«María», tal vez por la manera peculiar de decírselo, entonces esta santa mujer no dudó ni un instante: «Ella se vuelve y le dice en hebreo: 'Rabbuní' —que quiere decir: “Maestro”—» (Jn 20,16). Después de su encuentro con Jesús, ella fue la primera que corrió a anunciarlo a los demás discípulos: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras» (Jn 20,18).

 El cristiano, que en su programa diario de vida cuida el trato con Cristo, en la Eucaristía haciendo un rato de oración contemplativa y cultiva la lectura asidua del Evangelio de Jesús, también tendrá el privilegio de escuchar la llamada personal del Señor. Es el mismo Cristo que nos llama personalmente por nuestro nombre y nos anima a seguir el camino firme de la santidad.

«La oración es conversación y diálogo con Dios: contemplación para los que se distraen, seguridad de las cosas que se esperan, igualdad de condición y de honor con los ángeles, progreso e incremento de los bienes, enmienda de los pecados, remedio de los males, fruto de los bienes presentes, garantía de los bienes futuros» (San Gregorio de Nisa).

 Digámosle al Señor: —Jesús, que mi amistad contigo sea tan fuerte y tan profunda que, como María Magdalena, sea capaz de reconocerte en mi vida.
(
http://www.evangeli.net
).

Lecturas meditadas de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Celebrandolavida.org).

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual
 
 
 

 

Lunes, 22 de julio de 2013

Santa María Magdalena

Memoria obligatoria  - Blanco

Éxodo 14, 5-18 / Juan 20, 1-2. 11-18

Salmo Responsorial Ex 15, 1b-6

R/. “¡EI Señor se ha cubierto de gloria!”

 

Santoral:

Santa María Magdalena , San Vandrilio,

Santas Ana Wang, Lucía Wang-Wang,

María Wang y San Andrés W.

Liturgia - Lecturas del día

 

 

 

Lunes, 22 de Julio de 2013

 

Santa María Magdalena

 

Sabrán que soy el Señor,

cuando Yo me cubra de gloria a expensas del Faraón

            

Lectura del libro del Éxodo

14, 5-18

 

Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: «¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios». Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y éste se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.

Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. y dijeron a Moisés: «¿No había tumbas en Egipto para que n(!)s trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: "¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto"».

Moisés respondió al pueblo: «¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada».

Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo vaya endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                  Ex 15, 1b-6

 

R.    ¡EI Señor se ha cubierto de gloria!

 

Él hundió en el mar los caballos y los carros.

El Señor es mi fuerza y mi protección, Él me salvó.

Él es mi Dios y yo lo glorifico,

es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

 

El Señor es un guerrero,

su nombre es "Señor".

Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,

lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

 

El abismo los cubrió,

cayeron como una piedra en lo profundo del mar.

Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,

tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

 

a   Lectura del santo Evangelio

según san Juan

20, 1-2. 11-18

 

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentado uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes"». '

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras».

 

Palabra del Señor.

 

 

 

Reflexión

 

Éxodo 14, 5-18: El sábado leíamos cómo el pueblo de Israel salía de Egipto, pero hoy vemos que el Faraón se arrepiente de haberles dejado escapar -un pueblo numeroso, mano de obra barata- y emprende su persecución.

Por otra parte, qué poca memoria la del pueblo israelita. Acaban de ser liberados de la esclavitud y ya se han olvidado de Dios. Empiezan a murmurar contra Moisés, nada más ver que les persiguen los egipcios. No le ven salida a la situación, acorralados como están entre el mar y los perseguidores. Moisés les tiene que animar: «no tengáis miedo, veréis la victoria que el Señor os va a conceder». Y les invita a seguir adelante con decisión, hacia la libertad.

El relato del paso del Mar Rojo, que continuará mañana, tiene mucho relieve en el Libro del Éxodo. Es explicable: se trata del acontecimiento clave y el mejor símbolo de la liberación. Aunque el camino hacia la tierra prometida esté lleno de dificultades, la travesía del Mar Rojo es el hecho constituyente del pueblo de Israel.

No es una historia científica, imparcial, sino un relato religioso, en el que continuamente aparece el hilo conductor: Dios es fiel a su promesa, salva a su pueblo y lo guía. Cuanto más se exageren las cifras de los adversarios y el carácter épico del paso del Mar, tanto más claramente se proclama la grandeza de Dios y su bondad para con el pueblo.

El salmo no podía ser otro que el cántico que entonó el pueblo al verse ya salvado a la otra orilla del Mar Rojo: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado al mar... El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor... Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible».

Nosotros cantamos ese mismo cántico en la Vigilia Pascual, después de haber proclamado el relato del Éxodo.

En nuestra noche pascual, vemos el sentido pleno de la primera Pascua judía: no sólo admiramos la cercanía que tuvo Dios para con su pueblo, sino, sobre todo, el poder que mostró al resucitar a Cristo de entre los muertos, haciéndole «pasar» (=Pascua) a través de la muerte hacia la nueva existencia, a la que también nos conduce a nosotros por medio de las aguas del Bautismo.

En el Bautismo nos introdujo Dios en la nueva comunidad de los salvados. Y a lo largo de toda nuestra vida -camino de desierto, nos quiere liberar de todos los faraones y de todos los peligros que nos acechan. También a nosotros se nos tiene que repetir: «no tengáis miedo». La Pascua de Cristo es el inicio de nuestra victoria. Con nosotros no hará prodigios cósmicos ni podremos contar hazañas milagrosas. Pero sí somos conscientes de cómo Dios, por los sacramentos de su Iglesia, nos concede la fuerza para nuestro camino y nos quiere liberar de toda esclavitud.

Por desgracia, nos puede pasar lo que a los israelitas, que no estaban muy convencidos de querer ser salvados: ¿no se estaba mejor en Egipto? Esta queja la repetirán a medida que experimenten las dificultades del desierto. ¿Queremos de verdad que Dios nos libere de nuestros males, de nuestras pequeñas o grandes esclavitudes, o nos sentimos a gusto en nuestro Egipto particular? ¿o, tal vez, ni nos hemos enterado de que somos esclavos?

 

J. Aldazabal

Enséñame Tus Caminos

 

Jn. 20, 1-2. 11-18. Jesús, resucitado, se aparece en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. A Jesús no le interesa el pasado de las personas, solamente que, habiendo creído en Él y habiendo recibido el perdón de sus pecados, en adelante acepten su Vida y se dejen guiar por el Espíritu Santo. María Magdalena no sólo es la primera que ve al Señor resucitado, sino que es la primera apóstol de la resurrección, pues el Señor la envía a comunicar este mensaje a los apóstoles. Este mensaje grandioso no es sólo el del acontecimiento de la resurrección, sino el de hacer conciencia de que quienes creen en Jesús ya no son siervos, ni sólo amigos, sino hermanos de Jesús; por lo cual nuestro Dios es también nuestro Padre. La experiencia personal de salvación experimentada por María Magdalena la hace portadora de una Buena Noticia vivida por ella misma. Dios nos llama a todos para hacernos partícipes, en Cristo, de su propia Vida. Sin importarle nuestro pasado Dios quiere salvarnos, y conducirnos al gozo de la Vida eterna a su diestra, junto con Jesús, su Hijo. Mientras llega ese momento, sin perder nuestra unión con el Señor, llevemos a todos su mensaje de amor, de verdad, de vida y de misericordia que Él nos ofrece a todos.

En esta Eucaristía el Señor nos hace la oferta de su propia Vida y Espíritu. Tal vez nuestra existencia no ha sido lo suficientemente recta en la presencia de Dios. No por eso el Señor nos ha cerrado las puertas de su amor. La prueba de que nos ama consiste tanto en hacerse uno con nosotros para comunicarnos su Vida y su mensaje de salvación, que llevaremos a nuestros hermanos, como también el hacernos entrar en comunión de vida entre nosotros mismos, de tal forma que así como el Padre y Él son uno, así lo seamos Él y nosotros. El Señor conoce a profundidad nuestra vida. Pero nos quiere comunicar su Espíritu para vayamos como testigos suyos a darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y su historia. Vivamos unidos al Señor y seamos fieles portadores de su Evangelio de salvación a toda la humanidad.

En la Eucaristía hacemos nuestra la vida que Dios nos ofrece en Cristo Jesús; además, hacemos nuestra su misión. A nosotros corresponde trabajar por construir relaciones más fraternas, de tal forma que desaparezcan las persecuciones injustas y las manifestaciones de poderío egoísta. Somos hermanos y no podemos decirle a Dios: ¿Acaso soy guardián de mi hermano? Ser testigos de la resurrección de Cristo significa que nosotros, con nuestra vida, nuestras obras y palabras, somos un signo del Señor resucitado en medio de nuestros hermanos. Quien en lugar de anunciar con sus obras la vida, anuncia la muerte o la destrucción de su hermano, no puede llamarse, en verdad, hijo de Dios unido a Cristo Jesús. No hagamos de nuestra fe un motivo de dolor, ni de sufrimiento, ni de tristeza, ni de muerte para nuestros hermanos; sino que, por el contrario seamos motivos de paz, de alegría, de gozo, de vida para aquellos que entren en contacto con nosotros.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amarnos y ayudarnos como hermanos. Que con nuestras actitudes de amor fraterno contribuyamos para que, juntos, nos encaminemos hacia la posesión de los bienes definitivos. Amén.

 

Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Meditaciones para la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Mercaba.org).

SANTA MARÍA MAGDALENA 07-22

VER AÑO CRISTIANO

1. CLARETIANOS 2002

Preparaos, porque esta cuarta semana de julio viene cargada de memorias de grandes figuras. Como aperitivo, hoy celebramos la memoria de Santa María Magdalena (¡no confundir con María de Betania, aunque no faltan exegetas que insisten en que se trata del mismo personaje!).

De ella sabemos muy poco, pero los cuatro rasgos que nos ofrecen los evangelios nos permiten adentrarnos en el misterio de "un amor más fuerte que la muerte". Esta frase del Cantar de los Cantares me parece muy apropiada para resumir la trayectoria personal de la Magdalena. La liturgia nos regala tres hermosos textos. El de la segunda carta a los Corintios pone el acento en la novedad que produce el amor de Cristo. Quien lo experimenta ve las cosas de otra manera, da muerte a su vida vieja y prueba su condición de "criatura nueva". María de Magdala debió de vivir esta experiencia en su encuentro con Jesús. Tan honda fue, tan decisiva, que, a partir de ese encuentro, su vida fue una búsqueda incesante.

Sólo busca quien ha sido encontrado. He aquí la primera lección que la Magdalena nos ofrece y que Agustín de Hipona desarrolló como nadie. Por eso tiene tanta fuerza el salmo responsorial de hoy. Sus palabras parecen escritas para la ocasión: "Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua".

Que el amor hizo de María una buscadora queda patente en la pregunta que el Resucitado le dirige: "¿A quién buscas?". Me llaman la atención dos cosas. La primera es que esta pregunta clave está precedida por otra repetida: "¿Por qué lloras?". Como si la intensidad de la búsqueda fuera proporcional a la magnitud de la pérdida. Sólo se llora por lo que nos ha afectado profundamente. El llanto de la Magdalena es un certificado de un amor "directo al corazón", como suelen decir los cantantes de rock.

La segunda cosa que me llama la atención es el cambio de términos. Para el llanto se busca una causa (¿Por qué?). Para la búsqueda se hace referencia a una persona (¿A quién?). María no busca -como a veces nos gusta decir en el lenguaje de hoy- un ideal, una causa por la que luchar, un sentido. Todo esto vendrá por añadidura. María busca a Aquel que, mirándola "de otra manera", la ha restituido en su dignidad de mujer, a Aquel a quien ha seguido por los caminos de Galilea en compañía de otros hombres y mujeres, a Aquel colgado en un madero y abandonado por casi todos, excepto por ella.

Sólo busca de esta manera quien sabe que, una vez perdonado, no puede ya vivir en la antigua condición. ¿No os parece que la trayectoria de María Magdalena es una propuesta para nuestras búsquedas de hoy?

Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)


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2. 2002

COMENTARIO 1   -  Jn 20, 1.11-18

v. 20,1 El primer día de la semana, por la mañana temprano, todavía en tinieblas, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada.

Terminada la creación del Hombre (19,30) y preparada la verdadera Pas­cua (19,31-42), comienza sin interrupción el nuevo ciclo: el de la creación nueva y la Pascua definitiva. No señala el evangelista intervalo de días entre la muerte-sepultura de Jesús y la llegada del día primero; subraya así que uno y otro hecho son inseparables. “El último día”, que alboreó en la cruz, viene presentado ahora como “el primer día”, que inaugura la nueva época de la humanidad.

Por la mañana tem­prano indica un momento en que ya hay luz (18,28), dato difícil de conciliar con el que sigue: todavía en tinieblas. Como en este evangelio “la tiniebla” significa una ideología con­traria a la verdad de la vida (1,5; 3,19; 6,17; 12,35), esto quiere decir que María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte y no se da cuenta de que el nuevo día ha comenzado ya. Es clara la alusión al Cantar (3,1: “Por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo busqué y no lo encon­tré”). María es figura de la comunidad-esposa.

Ella cree que la muerte ha triunfado. Va únicamente a visitar el sepulcro, sin llevar nada. La comunidad ha olvidado la recomendación de Jesús en Betania: guardar aquel perfume, que lo honraba como dador de vida, para el día de su sepultura (12,7). Pero la fe en la vida, simbolizada allí por el perfume, está ausente de María y de los discípulos que aparecerán a continuación. Buscan al dador de vida como a un cadáver.

Al llegar, vio la losa quitada del sepulcro. La losa puesta habría sido el sello de la muerte definitiva (cf. 11,38s.41); pero la vida de Jesús no se ha interrumpido, su historia no se ha cerrado.

 

v. 2 Fue entonces corriendo a ver a Simón Pe­dro y también al otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dijo: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto».

La reacción de María es de alarma. Avisa a los dos discípulos por separado. Como lo había anunciado Jesús, su muerte ha provocado la dispersión de los suyos (16,32).

En vez de anunciarles el dato objetivo, que la losa estaba quitada, María les propone su propia interpretación del hecho: se han llevado al Señor. Lo que era señal de vida (el sepulcro abierto) no lo ve como tal. Llama a Jesús "el Señor", pero para ella es un Señor impotente, que está a merced de lo que quieran hacer con él. El plural no sabemos indica la desorientación de la comunidad.

Ésta se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda, pero buscan a un Señor muerto. Él era su fuerza y su punto de referencia; al creerlo reducido a la impotencia, la comunidad queda ella misma sin ánimos y sin norte.

 

vv. 11-13 María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llo­rando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado puesto el cuerpo de Jesús. 3Le preguntaron ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les dijo: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Jesús había anunciado a los suyos la tristeza por su muer­te, pero asegurándoles la brevedad de la prueba y la alegría que les produciría su vuelta (16,16-23a). María, en cambio, llora sin esperanza (cf. 11,33); ha olvidado las palabras de Jesús. No se separa del se­pulcro, donde ya no puede encontrarlo.

Sin interrumpir su llanto, se asoma al interior del sepulcro. En los extremos del lecho ve dos ángeles o mensajeros de Dios; son los testigos de la re­surrección y están dispuestos a anunciarla. Van vestidos de blanco, color de la gloria di­vina; su presencia es un anuncio de vida. Están sentados: su testimonio del sepulcro vacío es el término de su misión. Colocados a un lado y a otro, como los querubines del arca de la alianza (Éx 25,18), custodian el lugar donde ha brillado la gloria de Dios.

El vestido de los ángeles indica que no hay razón para el llanto. Siendo mensajeros, si ella les preguntara (cf. Cant 3,2s: "¿Habéis visto al amor de mi alma"?) le darían la información que poseen. Pero no es María la que les pregunta, sino ellos a María («Mujer, ¿por qué lloras?»).

La llaman Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al es­poso, pensando haberlo perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.

La respuesta de María delata su estado de ánimo. Es el mismo que tenía cuando llegó al sepulcro por primera vez (20,2): sigue pensando que todo ha terminado con la muerte.

 

vv. 14-15a Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. 15Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Mientras siga mirando al sepulcro, lugar de muerte, María no encontrará a Jesús. En cuanto se vuelve, lo ve de pie, como corresponde a una persona viva, pero la idea de la muerte la domina y no lo reconoce. Habría reconocido a un Jesús yacente, pero no lo reconoce vivo.

La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles; como ellos, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Añade ¿A quién buscas?, como preguntó a los que iban a prenderlo (18,4.7), y espera la misma respuesta que aquéllos dieron entonces: "A Jesús el Nazoreo". Quiere darse a conocer. Pero María no pronuncia su nombre.

 

v. 15b Ella, pensando que era el hortelano, le dice: «Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré».

Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Con esta palabra reintroduce el evangelista la idea del huerto-jardín (19,41), volviendo al lenguaje del Cantar. Se prepara el en­cuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). María no se da cuenta aún, pero ya está presente la primera pareja del mundo nuevo, el comienzo de la nueva humanidad.

Jesús, como los ángeles, la ha llamado “mujer” (esposa); ella, expresando sin saberlo la realidad de Jesús, lo llama “Señor” (esposo, marido).

Sin embargo, obsesionada con su idea, piensa que si Jesús no está en el sepulcro se debe a la acción de otros (si te lo has llevado tú). No sabe que, al dar su vida libremente, Jesús tenía en su mano recobrarla (10,18). Cree también María que la presencia de Jesús está vinculada a un lugar preciso (dime dónde lo has puesto), donde ella podría encontrarlo. Quiere asegurarse la cercanía a Jesús, aunque sea muerto (y yo me lo llevaré).

 

vv. 16-17a Le dice Jesús: «María». Volviéndose ella, le dijo en su lengua: «Rabbuni» (que equivale a “Maestro”). Le dijo Jesús: «Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme».

Jesús la llama por su nombre y ella reconoce su voz (10,3; cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pa­sado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11: "Se oirán la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia"; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías.

Rabbuni, “Señor mío”, era tratamiento dado a los maestros, como lo hace notar el evangelista; pero lo usaba también la mujer para dirigirse al marido. Se combinan así los dos aspectos de la escena. Como término del lenguaje conyugal, Rabbuni expresa la relación de amor y fidelidad que une la co­munidad a Jesús. Como tratamiento para el maestro, indica que ese amor se concibe en términos de discipulado, es decir, de seguimiento, de práctica de un amor como el suyo (1,16; cf. 13,34: Igual que yo os he amado).

Hay un gesto implícito de María respecto a Jesús (Cant 3,4: “Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré”). A ese gesto responde Jesús al decir a María: Suéltame. Da la razón (aún no he subido al Padre para quedarme). No es aún el momento de la subida definitiva de Jesús al Padre (para quedarme) ni de la fiesta nupcial.

Con este detalle de la narración, el evangelista llama a la realidad a las comunidades cristianas. Aún no se encuentran en el estadio final. No pueden centrarse en la unión gozosa con el resucitado, olvidando la misión. Hay que continuar la de Jesús, realizando las obras del que lo envió (9,4) y mostrando hasta el fin el amor de Dios al ser humano.

 

v. 17b «En cambio, ve a decirles a mis hermanos: “Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, mi Dios y vues­tro Dios”».

Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama “sus hermanos”: amor fraterno, comunidad de iguales.

Antes de la definitiva hay otra subida de Jesús al Padre (Subo a mi Padre), que dará comienzo a la nueva historia. Después volverá con los discípulos (14,18), estará presente con los suyos y seguirá “llegando” a la comunidad. Cuando deje de “llegar” será el momento de la subida definitiva, a la que se incorporará la nueva humanidad, formada a lo largo de la historia y representada aquí en su primicia por María Magdalena. Será la entrada del reino de Dios en su estadio final; la creación habrá quedado plenamente realizada.

La mención del Pa­dre de Jesús como Padre de los discípulos responde a la promesa de 14,2-3: “En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos, etc.”. Jesús sube ahora para dar a los suyos la condición de hijos de Dios (mis her­manos), mediante la infusión de su Espíritu (14,16s).

Esta experiencia les hará conocer a Dios como Padre (17,3); será su primera experiencia verdadera de Dios. No van a llamar Padre al que ya creen conocer como Dios, sino al contrario: llamarán Dios al que experimentan por primera vez como Padre. No reconocerán a otro Dios más que al que ha manifestado en la cruz de Jesús su amor gratuito y generoso por el hombre, comunicándole su propia vida. Es el único Dios verdadero (17,3).

 

v. 18 María fue anunciando a los discípulos: «He visto al Señor en persona, y me ha dicho esto y esto».

Por boca de su representante, la comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús. María, que lo ha visto, se convierte en mensajera. Su anuncio parte de la experiencia personal de Jesús y del mensaje que él le comunica. Con este mensaje va a comenzar la nueva comunidad de hermanos, cuyo centro será Jesús.


COMENTARIO 2

La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

1. Juan Mateos, El evangelio de Juan. Texto y comentario. Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa).

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).


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3. DOMINICOS 2003

De nombre, la Magdalena
¿Quién no tiene en sus pupilas una hermosa cabellera rubia que decora el bello rostro de la Magdalena que pintaron nuestros artistas? Magdalena era, según la tradición, mujer inquieta, sumamente afectiva, insaciable en el amor, mujer de contrastes.

Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud. Abandonó una vida de placer, alejada de Dios, y se hizo discípula de Jesús. Atesoró perfumes que le atrajeran clientes sedientos de placer, y un día rompió el frasco más valioso para perfumar los pies cansados de Jesús.

Demos gracias a Dios por esta obra de la gracia. Él, Dios, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una codiciosa y licenciosa apasionada, una incondicional discípula del Señor, una heroína presta a acompañar a la Virgen en la cumbre del Calvario donde su Hijo era crucificado.

¿Quién ha visto mayor cambio que el de Magdalena en la dirección del amor? Manteniendo igual su fogosidad y entrega, hizo del vivir para sí un tránsito feliz al vivir para los demás; hizo de una vida pecadora, otra vida en santidad..

En la Pascua de resurrección, Jesús se lo pagó haciéndola su ‘mensajera’ ante los propios apóstoles acobardados y tristes:

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, a Dios mío y Dios vuestro (Antífona)

ORACIÓN:

Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén.

 

Palabra encendida
Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“[Canto de amor] Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Vísteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Toda la belleza de la palabra amorosa, todo gesto de intimidad, toda búsqueda del amado por el amante, la utilizan la liturgia y la Escritura para hablar del amor de Dios y del alma, del Padre amante a la Hija amada. El amor siempre es un poco loco. Pero ese mismo amor es quien lo comprende.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Éste es un lenguaje nuevo en un reino de nuevo amor: Cristo que nos amó y murió por salvarnos es merecedor del máximo amor que quepa en nuestro corazón.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, después de la muerte de Jesús, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro... Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, dio media vuelta y vio a Jesús de pie, pero sin saber que era él.

Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”

 

Momento de reflexión
Para hacer unos minutos de reflexión sobre el amor y la fidelidad en este día, podemos tomar el espíritu de algunos pasajes bíblicos:

Cantemos al amor verdadero:
El amor lo necesitamos; siempre lo vamos buscando, y acabamos encontrándolo.

Si vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos en el amor y del amor. Vivir en desamor es muy triste. Vivir sin amor es estar muriendo.

El amor cristiano es un amor nuevo.
Es un amor que germina en las entrañas del Padre y en el corazón de Jesús. Dios ama y nos ama. Jesús, Hijo de Dios, se entregó a nosotros, por amor, y como Hijo que ama nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Él resumió la fuerza del amor diciendo: Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

María Magdalena, corazón y amor, según el relato evangélico.
Magdalena asimiló en tal grado el espíritu de amor del hombre nuevo anunciado por Cristo que se volcó sin medida en gratitud: gratitud sobre todo a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

Nosotros, que todavía vivimos en esta tierra y en esta Iglesia.
¿Cómo amamos? ¿a quién amamos? ¿por quién nos ofrecemos?

Nos apremia el amor de Cristo. Él ha hecho que los que viven no vivan para sí, sino para Cristo que murió y resucitó por ellos (2Cor 5,14-15).


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4. CLARETIANOS 2003

La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?

¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando?

Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga.

Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


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5.  Martes 22 de julio de 2003 María Magdalena

Cant 3, 1-4: Buscaba al amor de mi alma
Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9
Jn 20, 1-2.11-18: Aparición a María Magdalena

Cuando María Magdalena escucha en su conciencia descubre que el Maestro está vivo.

En el corazón de María Magdalena todavía hay oscuridad, la invade la tristeza y la angustia y Juan lo expresa diciendo que ella va de madrugada al sepulcro cuando todavía está oscuro. Sin embargo, los obstáculos para reconocer al Resucitado empiezan a desaparecer: Su tristeza se convierte en asombro, la piedra que tapaba la tumba ha dejado la entrada libre, el sepulcro está vacío. Siente la necesidad de compartir esta primera experiencia por eso va a contarla a sus compañeros y se regresa nuevamente al sepulcro y vio que Jesús estaba allí pero no lo reconoció, cuando cae en la cuenta que el sepulcro está vacío, llora. Jesús viéndola llorar le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Pero ella necesita desahogarse, llora a un cadáver, llora un pasado del cual no ha podido desprenderse, ella le responde al que cree que es el encargado del huerto: Dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré, está dispuesta a seguir arrastrando su pasado, pero Jesús la hace reaccionar, con su tono acostumbrado la llama por su nombre y con esa clave ella reconoce al resucitado, volvió a escuchar en su conciencia esa palabra que un día la había liberado y la había hecho encontrarse consigo misma, esa palabra que la había sacado de su muerte espiritual y la había trasladado a la vida, ahora ante el sepulcro vacío, experimenta la nueva forma de vida de su maestro, la experiencia con el resucitado complementa el cambio interior de María Magdalena y aunque siente el deseo de tocarlo, ya no necesita la presencia física de Jesús, ya lo experimenta viviendo dentro de ella porque también la piedra que tapaba la entrada de su corazón ha sido derribada, la luz del resucitado ha transformado totalmente su vida, tendrá que comunicarlo, anunciarlo a los demás, a aquellos que todavía sienten la oscuridad de lo que ha pasado y que les queda difícil dar el paso a descubrirlo resucitado.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO


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6. 2003

Ct 3, 1-4a: He buscado al amor de mi alma
2 Cor 5, 14-17: Porque el amor de Cristo nos apremia...
Sal 62, 2-9: Mi alma está sedienta de Ti
Jn 20, 1-2.11-18: ¡Rabúni!

Movimientos feministas cristianos de todos los continentes han proclamado esta festividad como la fiesta de la presencia de las mujeres en la Iglesia.

María Magdalena se nos presenta como modelo de discipulado, no sólo para las mujeres, sino para el conjunto de cristianos. Es preciso dejarnos interpelar por la fuerza del Evangelio, que no hace acepción de personas, y menos aún por razones de género. Es una mujer la que sabe estar sentada a los pies del Señor, escuchando su Palabra (Lc 10, 39). Son mujeres, encabezadas por María Magdalena, las encargadas de anunciar al Resucitado.

María Magdalena, apóstol de los apóstoles
María Magdalena fue llamada "Apóstol de los apóstoles" por los Padres de la Iglesia, y sin embargo es bien poco -aunque de enorme importancia- lo que de ella sabemos a través de los Evangelios.

Se suele fusionar a María Magdalena con la "pecadora pública" que lava los pies de Jesús con sus lágrimas en casa de Simón el fariseo y que recibe el elogio de Jesús "porque amó mucho" (Lc. 7, 36-50); también con María de Betania, o con la mujer que unge a Jesús para la muerte (Mc. 14, 3-9; Mt. 26, 6-13; Jn. 12, 1-8). Sin embargo, no hay en los Evangelios canónicos evidencias textuales que nos aseguren que se trate de la misma persona.

Lo que sabemos con certeza de María Magdalena es lo siguiente:

* Era una de las mujeres que, junto con los Doce acompañaban a Jesús "por ciudades y pueblos" mientras "anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios". (Lc 8, 1-2) y le habían seguido desde Galilea hasta Jerusalén, es decir, en toda la gran ruta de Jesús De estas mujeres (siete discípulas según Pistis Sophia) no se dice nada, hasta que las volvemos a encontrar junto a la cruz. Antes como hoy, la presencia de las mujeres es invisibilizada. Estas mujeres que seguían a Jesús habían sido "curadas de espíritus malignos y enfermedades" (Lc 8, 2). Pero de María Magdalena "habían salido siete demonios" es decir, todos los demonios.

* Formaba parte del grupo de mujeres que acompañaban a Jesús en el Calvario . Impotentes ante el martirio, tienen sin embargo el valor y el amor suficientes como para acompañar al Crucificado, cuando uno ha traicionado, otro ha negado, el resto ha huido; los sacerdotes y letrados se burlan. Quienes han tenido la experiencia de acompañar a personas moribundas saben lo difícil que es este simple "estar ahí", más aún en las condiciones de la agonía de Jesús

* Estuvieron con José de Arimatea y Nicodemo cuando sepultaron a Jesús. No necesitan de un profeta poderoso en hechos y en palabras para acompañar al Amado. Están ahí, no sólo en la agonía, sino en el silencio de la puesta en el sepulcro

* Va al sepulcro, junto con otras mujeres, al amanecer del primer día de la semana, cuando aún estaba oscuro, sin temor a los guardas, y desafiando la piedra que tapaba la entrada del sepulcro. Junto con otras mujeres recibe el mensaje de ángel, ve al Resucitado, y anuncia la Buena Nueva. ¡También entonces, como ahora, las palabras de estas mujeres fueron tenidas por desatinos por los discípulos varones, que sólo pudieron creer cuando se apareció a Pedro!

Estos datos hacen que resulte imposible reflexionar sobre María Magdalena sin verla como parte (y líder quizá) del grupo de mujeres, moviéndose con ellas en torno a Jesús. Y esta dificultad es a la vez una de las riquezas de María Magdalena.

Dentro de este conjunto, hay dos rasgos que caracterizan a María Magdalena: por una parte, Jesús expulsó de ella siete demonios; por otra, el encuentro tan peculiar entre la Magdalena y Jesús que nos relata el Cuarto Evangelio.

Jesús expulsa de ella siete demonios
Según la cultura judía, el número 7 es expresión de totalidad. En otras palabras, Jesús la cura y la salva, expulsa de ella todos los demonios, y hace de ella una primicia de la Nueva Creación. ¿Por qué pasa tan desapercibido este hecho en nuestras reflexiones y predicaciones?

Para que esto fuera posible se requería de una gran audacia de parte de María Magdalena: la audacia de quien es capaz de ponerse totalmente en manos de Dios.

Además, esta salida de los demonios no se efectúa sin costo para la persona. Pensemos si no en el endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que agita violentamente al muchacho antes de salir de él , o el joven que queda como muerto luego de que Jesús sacó de él uno de esos demonios que sólo pueden ser arrojados con el ayuno y la oración .

Quienes han logrado, con la ayuda de Dios, vencer una adicción, como el alcoholismo, las drogas, la ira, la gula u otras, saben por experiencia lo que significa este ponerse totalmente, sin reservas, en manos de Dios. Se requiere de esa fe que es confianza total, entrega total.

¡Rabúni!
Esa es la exclamación de María de Magdala cuando finalmente reconoce a Jesús.

Mucho se dice sobre la confesión de Pedro, o la de Tomás luego de la Resurrección. Pero qué poco se habla de esta simple palabra de María ante el Resucitado…

María ve a Jesús y no lo reconoce, apegada a la búsqueda del cadáver del Amado. Ha hecho del cuerpo muerto de Jesús un ídolo que le impide ver al Resucitado, al Cristo. Y Jesús-el-Cristo rompe en ella este último apego, este "octavo demonio" sub angelo lucis, que tienta a quienes tienen la audacia de amar como amó María de Magdala.

Llama también la atención el mensaje de Jesús resucitado a María Magdalena en el Cuarto Evangelio: "Anda donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."
Es diferente al mensaje que recoge Lucas en que el ángel les anuncia la Resurrección y ellas la anuncian a los discípulos varones; o bien en Mateo y Marcos, en que además se les pide que les anuncie que irá a Galilea y ahí le verán.

En este encuentro personalísimo con la Magdalena, el mensaje de Jesucristo es un mensaje teológico: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". María Magdalena debe anunciar, no sólo que resucitó, sino que sube al Padre, que participa de la gloria del Padre, que es además, nuestro Padre y nuestro Dios.

La iconografía de María Magdalena nos la representa a menudo como la eterna penitente sexual. ¿Por qué no recordarla como algunas antiguas pinturas, con una lámpara en la mano, anunciando la Pascua, la luz de Cristo?

María Magdalena, cuya vida inspiró la de muchas mujeres, sigue siendo ejemplo de discipulado: con sus hermanas (y hermanos) siguiendo a Jesús, hasta la cruz y el sepulcro; entregándose por completo, para que Dios haga de ella un ser totalmente transparente a la presencia de Dios; y finalmente, con la luz de Cristo, anunciando la Buena Nueva por excelencia.

Para la revisión de vida
- Ante mis defectos de carácter, ¿tengo la audacia de María Magdalena de ponerme a los pies de Jesús para pedirle que haga de mí una "nueva creación"?
- ¿Me atrevo a defender la dignidad de las mujeres, hijas de Dios, en los diversos ámbitos de la vida eclesial?

Para la reunión de grupo
- Las mujeres siguieron a Jesús durante su ministerio, desde Galilea hasta Jerusalén, hasta la cruz, el sepulcro y la Resurrección. Sin embargo, poco se nos dice de ellas en el Evangelio. ¿Cuál es la situación de las mujeres hoy en día en el seno de nuestras iglesias?
- Si Jesús encargó a las mujeres, y de manera especial a María Magdalena, el anuncio de la Resurrección nada menos a los apóstoles varones, ¿por qué tendríamos hoy las mujeres que callar?
- ¿Qué ministerios están en manos de mujeres? ¿Qué importancia tienen dentro de nuestras comunidades?
- Cuando las mujeres proclamamos la Palabra, somos oídas y creídas, o tenidas por locas, al igual que las mujeres del siglo I, cuyo mensaje fue tenido por desatino?
- ¿Cuántas veces nos ocurre esto? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación en el seno de nuestras comunidades?
- ¿Hace falta ser mujer para tener que defender los derechos de la mujer tanto en la sociedad como en la Iglesia? ¿Es menos o más hombre el varón que defiende esta Causa?

Para la oración de los fieles
- Para que las mujeres tengamos la audacia de las primeras seguidoras de Jesús...
- Para que tengamos la audacia de pedir a Jesús que expulse todos nuestros "demonios" y nos haga partícipes de su Resurrección, como a María Magdalena
- Para que nuestras comunidades se abran a una nueva relación de respeto y dignidad ante las mujeres...
- Para que tengamos el amor y la valentía de estar al pie de las muchas cruces de quienes hoy en día sufren por enfermedad, pobreza, injusticias, discriminaciones...
- Para que tengamos la audacia, como María Magdalena, de anunciar la Resurrección, aún en medio de un sistema de muerte y opresión...

Oración comunitaria
Danos, Señor Jesús, el amor y la audacia de María de Magdala, para alumbrar nuestras vidas, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestros países con la "luz de Cristo" que proclamamos con ella en la Pascua.

O bien:

Te damos gracias por la sororidad que nos hace tus seguidoras, y te pedimos sabiduría, discernimiento y firmeza para luchar por superar en el seno de nuestras comunidades toda muestra de discriminación hacia las mujeres, de modo que brille tu luz, ésa que pusiste en manos de Sta. María Magdalena para alumbrar al universo entero


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7. DOMINICOS 2004

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

Magdalena es mujer inquieta e insaciable. Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud; y pasó de alejada de Dios a ser discípula de Jesús.

Alabemos a Dios por la obra de la gracia que, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una licenciosa apasionada, una incondicional servidora que acompañó a la Virgen en el Calvario...

¿Quién ha visto mayor cambio que el de la Magdalena en la dirección del amor, permaneciendo éste igual en su fogosidad y entrega?

Así son los cambios que hacen santos a los pecadores.


La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Visteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...

El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue el sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro...

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero sin saber que era él. Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”


Reflexión para este día
El amor se necesita, se busca y se acaba encontrando.
Cuando decimos que vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos del amor. Vivir sin amor es estar muriendo a todo lo que no es amor.

Nuestro amor cristiano es un amor nuevo.
Nace del corazón de Jesús que se entregó por nosotros, por amor, y nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

María Magdalena desbordó de amor,
Asumió en tal grado el espíritu del hombre nuevo en Cristo, que se volcó sin medida en gratitud a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

Examinémonos a nosotros mismos, que todavía vivimos en esta tierra.
¿Cómo amamos? ¿a quién amamos?, ¿por quién nos sacrificamos y ofrecemos nuestra vida?


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8. CLARETIANOS 2004

Queridos amigos y amigas:

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Ella pertenece al grupo de mujeres elegidas por los evangelistas para figurar con nombre propio en los relatos evangélicos. Esto nos hace pensar que tuvo que ser una persona muy significativa en la primera comunidad cristiana, más si tenemos en cuenta lo que la tradición dice de su vida anterior.

¿Qué tipo de discipulado encontramos en María Magdalena? Nos encontramos con una mujer inquieta, cautivada por Jesús, apasionada, que busca a Jesús. En María Magdalena también encontramos gestos de ternura hacia Jesús: es capaz de ponerse a sus pies, perfumárselos con el mejor perfume y besárselos. Otro rasgo de su seguimiento es la valentía del saber estar en los momentos clave, no sacando pecho o haciéndose ver, sino sabiendo acompañar con discreción, desde el silencio, un silencio que dice mucho: le acompaña de cerca en el camino al Calvario, permanece junto a María y Juan al pie de la cruz.

Esta cercanía de María Magdalena a Jesús no podemos decir que es pura relación afectiva que no compromete a nada. María Magdalena también participa de la Misión de Jesús, se siente misionera. Prueba de ello es que tras encontrarse con el Maestro en el sepulcro, corre a contar a los apóstoles lo que ha visto y vivido.

Ojalá también nosotros sepamos vivir así nuestro seguimiento a Jesús: sintiéndonos acogidos por él, amándole, siendo valientes, estando con él y siendo misioneros.
Vuestra hermana en la fe,
Miren Elejalde (Mirenelej@hotmail.com)


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9.

¡Cristo ha resucitado!

Fuente:
Autor: Cefid

Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.

Enséñame, Cristo resucitado, a descubrirte, para ser un instrumento de tu amor, a buscar las cosas de arriba y a gozar de tu presencia a lo largo del día. Transfórmame, como a los primeros discípulos, en un apóstol convencido de tu resurrección, capaz de darlo todo por Ti.

1. «Mujer, ¿por qué lloras?»

Las horas amargas del calvario han dejado una huella profunda en los discípulos. Aflora en ellos la duda, el desencanto. Les viene el deseo de regresar al pasado, de no haberse encontrado nunca con Cristo, de no haberle nunca entregado su amor.

Quizás el prototipo de estos momentos de soledad y abandono es María Magdalena. Ella había cambiado radicalmente su vida para consagrarse completamente al amor de Jesucristo, y sin embargo, ahora no lo encuentra. Llora desconsolada. Cristo se le aparece bajo la forma del jardinero y pregunta...

A nosotros también nos ocurre que el Señor se nos “esconde”, no lo hallamos con la facilidad de antes, y podría tocar a nuestra puerta el llanto, la desazón... Pero es necesario abrir bien los ojos. María todavía no tiene una fe plena en su Señor. Él ha muerto, y parece que todo ha terminado... ¡Lo tiene delante y no lo reconoce!

¿No nos sucede a nosotros otro tanto? Cristo está delante de nosotros en esa situación difícil, en ese fracaso aparente, en las pequeñas cruces de todos los días. Y nos pregunta, nos grita de mil maneras diversas, ¿por qué lloras? ¿No te has dado cuenta que he resucitado y estoy contigo para siempre?

Nos resulta urgente abrir los ojos de la fe. Cristo no acostumbra aparecer como Yahvé en el Antiguo Testamento. No hay rayos ni temblores. Jesucristo resucitado no quiere que le tengamos miedo y opta por lo sencillo. ¡Cristo camina con nosotros en lo cotidiano! Jesucristo se nos quiere manifestar en el trato con la familia, en la relación con el compañero de trabajo, la vecina, el cumplimiento del deber cotidiano. ¡Lo tenemos delante de los ojos, pero muchas veces no queremos descubrirlo! Da la impresión, en ocasiones, que conocer a Cristo sería más “fácil” si pusiera requisitos más complicados ... pero a Cristo se le conoce en la humildad de lo ordinario vivido de modo extraordinario.

“¡Levántate tú que duermes, y te iluminará Cristo!” nos anuncia la liturgia pascual. Pero podríamos decir también, levántate tú que estás abatido, triste, confundido, y sal al encuentro del Resucitado. Él ha olvidado ya tu pasado, tus traiciones e infidelidades. Él quiere secar hoy tus lágrimas. Es por eso que, como con María Magdalena, quiere iniciar contigo ahora un diálogo de corazón a Corazón...

2. «Si tú te lo has llevado...»

María Magdalena es una mujer que ama profundamente a Jesucristo. Impresiona que un enamorado sea capaz de ciertas “locuras” para agradar al amado y disfrutar de su presencia. El amor, cuando es auténtico, es donación, y su único límite es no tener límites.

Este amor que no conoce obstáculos lleva a esta mujer a decir cosas que, a simple vista, pueden parecer delirios o incluso acusaciones sumamente comprometedoras. Primero le insinúa al jardinero que ha sido un profanador del sepulcro de Cristo: “si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto...” Ella no está buscando culpables, sino que pide ayuda a quien sea. Su interés está en recuperar al amor de su vida que se le ha escondido. No reprocha, no reclama, simplemente suplica: “¡Oriéntame para encontrar al Maestro!” ¿También nosotros acudimos con ese interés a nuestra dirección espiritual, a los sacramentos? ¿Le pedimos a la Iglesia, a sus ministros, con verdadero interés, que nos muestren dónde está el Cristo vivo? ¿O nos hemos acostumbrado a su presencia silenciosa en la Eucaristía y en los hermanos?

Pero el amor de la Magdalena la empuja a más: “...yo lo recogeré”. ¿Cómo podrá una mujer sola cargar una cierta distancia el cuerpo de un hombre de 33 años, con la musculatura propia de un carpintero y peregrino, de un hombre-Dios que pudo expulsar Él solo a los mercaderes del templo? A la Magdalena, nuevamente, no le interesan las dificultades: su amor la empuja a vencerlas.

En nuestra vida también hay enormes dificultades y algunas nos parecen incluso imposibles. Sin embargo, el amor de un alma convencida se crece ante la adversidad. Su amor es tan intenso que, de un cierto modo, le descubre que Cristo resucitado está a su lado. Sólo le interesa encontrarlo, poseerlo y darse a Él sin medida.

3. «¡María!»

Cristo resucitado se conmueve ante el amor desinteresado y fiel de la Magdalena y la llama por su nombre. No puede seguir ocultándose y se le descubre. Y es que un amor así, a pesar de nuestras debilidades pasadas, conmueve a nuestro Señor hasta lo más profundo de su ser y se siente “desarmado”, no puede no corresponder a nuestro amor.

Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.


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10. 2004. Comentarios Servicio Bíblico Latinoamericano

A María la llamaban «Magdalena» porque venía de un pueblecito de Galilea llamado Magdala. Parece que Jesús la hizo sentirse totalmente sanada. Los evangelios nos dicen que expulsó siete demonios de ella (Mc 16,9; Lc 8,2). Ella le ayudó en su trabajo y fue testigo de su crucifixión.

Ha sido habitual identificarla con la mujer pecadora de Lucas 7,36-50, pero esa mujer no recibe ningún nombre y no hay razón suficiente para esa identificación.

En el evangelio de Juan, María Magdalena es la única mujer que se acerca a la tumba (en el de Mateo son dos, en el de Marcos tres y en el de Lucas un número indeterminado). Ellas fueron las primeras que recibieron la noticia de la resurrección de Jesús. Fueron enviadas a llevar la noticia a los hermanos. La palabra «apóstol» viene del griego «apostellein», enviar. ¡Resulta que los primeros apóstoles que proclamaron el mensaje cristiano de la Resurrección fueron mujeres! Por eso, María Magdalena es tradicionalmente conocida como la apóstol de los apóstoles. Es la patrona de los Dominicos, llamados también Orden de Predicadores, y muchos conventos de dominicos llevan el nombre de «María Magdalena». También la podemos ver como la patrona de todas las mujeres que han predicado el Evangelio de muchísimas maneras a través de la historia cristiana.

La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.


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12.

La aparición a María Magdalena

Fuente: Catholic.net
Autor: Clemente González

Reflexión:

Es justo para María Magdalena que, en su infinita ternura y misericordia, Jesús Renacido prefiera mostrarse por primera vez a ella con su cuerpo transfigurado. La compasión que Jesús siempre ha demostrado respecto a las almas en pena lo ha llevado a mostrar mayor atención hacia ellas. María Magdalena siguió durante años a Cristo en sus recorridos por las calles de Israel compartiendo alegrías y esperanzas con los otros discípulos, y ahora recibe el consuelo de ser la primera en ver a su Maestro vivo.

¿Cuántas veces también nosotros nos sentimos deprimidos, trastornados, embrujados por los hechos que se arremolinan violentamente en nuestra vida? Es precisamente en estos momentos cuando Dios está más cercano a nosotros, ansioso de donarnos el consuelo de su abrazo y su Resurrección, si logramos renunciar a nuestra autocompasión y dejamos de hurgar, orgullosos, en nuestro corazón herido buscando sólo el bien propio. Si nos esforzamos por volver a la luz, entonces secaremos de nuestros ojos las lágrimas de la desesperación. Entonces veremos la esperanza de Cristo, el Hijo de Dios que ha triunfado sobre el dolor, el pecado y la muerte.


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13.

María Magdalena, Santa

Fuente: Catholic.net
Autor: Cristina Fernández

Hoy celebramos a Santa María Magdalena que, de ser una pecadora pública se convirtió en santa, tras un profundo encuentro con Cristo.

La Iglesia celebra la vida de María Magdalena como una de las más conmovedoras escenas de conversión total del Evangelio.
Los evangelistas hablan de María Magdalena de tres maneras distintas: como la pecadora arrepentida, como María Magdalena y como María, la hermana de Lázaro. La Liturgia romana las identifica como la misma persona.

Un poco de historia

El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, que es una población en la orilla occidental del mar de Galilea. Ella era una pecadora que se presentó a Cristo cuando Él cenaba en la casa de un fariseo y al momento se arrojó al suelo a los pies del Señor.
Se echó a llorar, bañando con sus lágrimas sus pies y los secó con sus cabellos. Después, los ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. Jesús le hizo ver al fariseo que esta mujer había lavado sus pies con sus lágrimas mientras que él no le había ofrecido agua para lavarse los pies al entrar a su casa, como era costumbre entre los judíos.

Él no le dio el beso de paz y ella no había cesado de besar sus pies; él no le ungió la cabeza y ella sí le había ungido los pies. Jesús añadió que a María Magdalena se le perdonaban sus muchos pecados porque había amado mucho. Y a ella le dijo: “Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.”

María Magdalena es una de las mujeres que seguían a Cristo en sus viajes, de las que nos hablan en varias ocasiones los Evangelios. Estuvo con Jesús, acompañándolo la víspera de la entrada triunfal en Jerusalén, cuando Él cenó con la familia de Lázaro en Betania. Ahí volvió a ungir al Señor con perfume y los que ahí estaban la criticaron, pensando que con el valor del perfume que ella derramaba, se podría dar de comer a muchos pobres. Cristo les dijo que la dejaran en paz, pues a los pobres siempre los tendrían, pero a Él no.

Ella fue una de las mujeres que acompañaron a Jesús camino al Calvario y, luego, permaneció junto a la Cruz. Los evangelistas sinópticos la citan siempre en primer lugar. Esto puede ser debido a que fue la mujer más célebre de la primitiva comunidad, después de la Madre de Jesús, por sus cualidades de carácter y su dedicación al Señor.

Junto con las otras mujeres, estuvo también en el sepulcro observando dónde colocaban el cuerpo del Maestro y, al regresar a casa, preparó perfumes y ungüentos para volver al sepulcro después del sábado y aplicarlos al cuerpo del Señor.

María Magdalena fue la que descubrió que alguien había quitado la piedra del sepulcro del Señor, cuando llegó al sepulcro con las otras mujeres cargada de aromas.

Fue la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo Resucitado cuando se quedó junto al sepulcro llorando amargamente, porque creía que habían robado el cuerpo de Jesús.

Jesús Resucitado quiso tener este encuentro con María Magdalena, con la pecadora arrepentida. Jesús la llamó diciéndole: “¡María!” , y ella le respondió: “¡Maestro!” Jesús le pidió que contara esto a los demás.

Algunos investigadores dicen que, después de Pentecostés, María Magdalena se fue a vivir a Éfeso con la Virgen María y con San Juan, donde murió. Otros dicen que se fue a vivir con Lázaro y Marta, para evangelizar la provincia y que pasó los últimos treinta años de su vida en esa zona.

¿Qué nos enseña la vida de María Magdalena?

Nos enseña que, aunque tengamos muchos pecados y caigamos muchas veces en los mismos, Dios nos ama y nos puede perdonar.

Jesús nos deja el Sacramento de la Confesión para perdonar nuestros pecados y darnos las gracias necesarias para seguir adelante.

Ella supo quién era Jesús. Sabía que era el Hijo de Dios y lo trató como tal. Su trato a Jesús fue delicado y lleno de detalles. No perdió ninguna ocasión para demostrarle su amor.

Dios vino a todos los hombres, pecadores y no pecadores. Jesús, al recibir a María Magdalena, nos hace ver a todos nosotros que nos ama. Dios nos ama como somos, con nuestros defectos y nuestras cualidades, y busca nuestro amor.

El amor de María Magdalena a Jesús se manifestó en un verdadero arrepentimiento de sus pecados y en una profunda conversión, en un cambio radical de vida.

Oración

María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
Amén.


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14. Fray Nelson Viernes 22 de Julio de 2005
Temas de las lecturas: Encontré al amor de mi alma * Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?.

1. Una imagen compleja
1.1 De María Magdalena se han dicho las cosas más bellas y las más procaces; se han escrito líneas sublimes y vulgares; se la ha representado como la gran imagen de la misericordia de Dios o como la sombra más persistente al ministerio de Cristo.

1.2 Esta multiplicación de versiones sólo deja en claro una cosa: hemos mirado a María Magdalena más como un objeto de la imaginación del pueblo o de los guionistas del cine que como una persona que desde las páginas de la Escritura nos saluda y nos comunica su mensaje.

1.3 O dicho de otro modo: esta fiesta, en este año, puede ser la gran ocasión para encontrarnos no con la fantasía, sino con esa maravillosa y salvífica verdad que el Señor nos regala en su Palabra Viva que es la Escritura.

2. La primera testigo
2.1 María Magdalena es testigo de excepción de la muerte de Cristo y testigo de excepción de su resurrección. Allí donde los "valientes" hombres, los apóstoles, han huido detrás de sus miedos, esta mujer, audaz y sencilla en su arrojo ha puesto sus ojos en el lugar preciso para ver, como tal vez nadie ha visto, la Pascua de Cristo.

2.2 Pero María Magdalena está ahí, al pie de la cruz, no por curiosidad no por causalidad, sino porque, su vida misma ha sido marcada por el ministerio de Cristo. Ella ha sido creada por la palabra, la gracia, la oración y el poder del Espíritu que habita en Jesucristo. Ha hecho un camino, desde Galilea hasta Jerusalén, y por eso ha hecho también ese otro camino, desde la entrada triunfal hasta el Gólgota.

3. Grandeza de Cristo
3.1 Así entendemos que en la vida de la Magdalena lo único grande fue y es Cristo; lo único bello fue y es Cristo; lo único poderoso fue y es Cristo. En ella, como en todos los santos, resplandece Jesús, el Cristo de Dios.

3.2 Fue grande Cristo liberándola de siete demonios. Fue grande perdonando sus culpas. Fue grande instruyéndola en el Evangelio vivo. Fue grande concediéndole fortaleza frente a la natural oposición que su presencia podía causar. Fue grande sobre todo llamándola como primera entre todos los hombres y mujeres que hoy proclamamos la verdad central de nuestra fe: ¡el Señor vive!
(
http://www.mercaba.org
).