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Meditaciones para la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Mercaba.org).

SANTA MARÍA MAGDALENA 07-22

VER AÑO CRISTIANO

1. CLARETIANOS 2002

Preparaos, porque esta cuarta semana de julio viene cargada de memorias de grandes figuras. Como aperitivo, hoy celebramos la memoria de Santa María Magdalena (¡no confundir con María de Betania, aunque no faltan exegetas que insisten en que se trata del mismo personaje!).

De ella sabemos muy poco, pero los cuatro rasgos que nos ofrecen los evangelios nos permiten adentrarnos en el misterio de "un amor más fuerte que la muerte". Esta frase del Cantar de los Cantares me parece muy apropiada para resumir la trayectoria personal de la Magdalena. La liturgia nos regala tres hermosos textos. El de la segunda carta a los Corintios pone el acento en la novedad que produce el amor de Cristo. Quien lo experimenta ve las cosas de otra manera, da muerte a su vida vieja y prueba su condición de "criatura nueva". María de Magdala debió de vivir esta experiencia en su encuentro con Jesús. Tan honda fue, tan decisiva, que, a partir de ese encuentro, su vida fue una búsqueda incesante.

Sólo busca quien ha sido encontrado. He aquí la primera lección que la Magdalena nos ofrece y que Agustín de Hipona desarrolló como nadie. Por eso tiene tanta fuerza el salmo responsorial de hoy. Sus palabras parecen escritas para la ocasión: "Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua".

Que el amor hizo de María una buscadora queda patente en la pregunta que el Resucitado le dirige: "¿A quién buscas?". Me llaman la atención dos cosas. La primera es que esta pregunta clave está precedida por otra repetida: "¿Por qué lloras?". Como si la intensidad de la búsqueda fuera proporcional a la magnitud de la pérdida. Sólo se llora por lo que nos ha afectado profundamente. El llanto de la Magdalena es un certificado de un amor "directo al corazón", como suelen decir los cantantes de rock.

La segunda cosa que me llama la atención es el cambio de términos. Para el llanto se busca una causa (¿Por qué?). Para la búsqueda se hace referencia a una persona (¿A quién?). María no busca -como a veces nos gusta decir en el lenguaje de hoy- un ideal, una causa por la que luchar, un sentido. Todo esto vendrá por añadidura. María busca a Aquel que, mirándola "de otra manera", la ha restituido en su dignidad de mujer, a Aquel a quien ha seguido por los caminos de Galilea en compañía de otros hombres y mujeres, a Aquel colgado en un madero y abandonado por casi todos, excepto por ella.

Sólo busca de esta manera quien sabe que, una vez perdonado, no puede ya vivir en la antigua condición. ¿No os parece que la trayectoria de María Magdalena es una propuesta para nuestras búsquedas de hoy?

 Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)

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2. 2002

COMENTARIO 1   -  Jn 20, 1.11-18

 v. 20,1 El primer día de la semana, por la mañana temprano, todavía en tinieblas, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada.

 Terminada la creación del Hombre (19,30) y preparada la verdadera Pas­cua (19,31-42), comienza sin interrupción el nuevo ciclo: el de la creación nueva y la Pascua definitiva. No señala el evangelista intervalo de días entre la muerte-sepultura de Jesús y la llegada del día primero; subraya así que uno y otro hecho son inseparables. “El último día”, que alboreó en la cruz, viene presentado ahora como “el primer día”, que inaugura la nueva época de la humanidad.

 Por la mañana tem­prano indica un momento en que ya hay luz (18,28), dato difícil de conciliar con el que sigue: todavía en tinieblas. Como en este evangelio “la tiniebla” significa una ideología con­traria a la verdad de la vida (1,5; 3,19; 6,17; 12,35), esto quiere decir que María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte y no se da cuenta de que el nuevo día ha comenzado ya. Es clara la alusión al Cantar (3,1: “Por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo busqué y no lo encon­tré”). María es figura de la comunidad-esposa.

 Ella cree que la muerte ha triunfado. Va únicamente a visitar el sepulcro, sin llevar nada. La comunidad ha olvidado la recomendación de Jesús en Betania: guardar aquel perfume, que lo honraba como dador de vida, para el día de su sepultura (12,7). Pero la fe en la vida, simbolizada allí por el perfume, está ausente de María y de los discípulos que aparecerán a continuación. Buscan al dador de vida como a un cadáver.

 Al llegar, vio la losa quitada del sepulcro. La losa puesta habría sido el sello de la muerte definitiva (cf. 11,38s.41); pero la vida de Jesús no se ha interrumpido, su historia no se ha cerrado.

 

 v. 2 Fue entonces corriendo a ver a Simón Pe­dro y también al otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dijo: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto».

La reacción de María es de alarma. Avisa a los dos discípulos por separado. Como lo había anunciado Jesús, su muerte ha provocado la dispersión de los suyos (16,32).

 En vez de anunciarles el dato objetivo, que la losa estaba quitada, María les propone su propia interpretación del hecho: se han llevado al Señor. Lo que era señal de vida (el sepulcro abierto) no lo ve como tal. Llama a Jesús "el Señor", pero para ella es un Señor impotente, que está a merced de lo que quieran hacer con él. El plural no sabemos indica la desorientación de la comunidad.

 Ésta se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda, pero buscan a un Señor muerto. Él era su fuerza y su punto de referencia; al creerlo reducido a la impotencia, la comunidad queda ella misma sin ánimos y sin norte.

 

 vv. 11-13 María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llo­rando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado puesto el cuerpo de Jesús. 3Le preguntaron ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les dijo: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Jesús había anunciado a los suyos la tristeza por su muer­te, pero asegurándoles la brevedad de la prueba y la alegría que les produciría su vuelta (16,16-23a). María, en cambio, llora sin esperanza (cf. 11,33); ha olvidado las palabras de Jesús. No se separa del se­pulcro, donde ya no puede encontrarlo.

 Sin interrumpir su llanto, se asoma al interior del sepulcro. En los extremos del lecho ve dos ángeles o mensajeros de Dios; son los testigos de la re­surrección y están dispuestos a anunciarla. Van vestidos de blanco, color de la gloria di­vina; su presencia es un anuncio de vida. Están sentados: su testimonio del sepulcro vacío es el término de su misión. Colocados a un lado y a otro, como los querubines del arca de la alianza (Éx 25,18), custodian el lugar donde ha brillado la gloria de Dios.

 El vestido de los ángeles indica que no hay razón para el llanto. Siendo mensajeros, si ella les preguntara (cf. Cant 3,2s: "¿Habéis visto al amor de mi alma"?) le darían la información que poseen. Pero no es María la que les pregunta, sino ellos a María («Mujer, ¿por qué lloras?»).

La llaman Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al es­poso, pensando haberlo perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.

 La respuesta de María delata su estado de ánimo. Es el mismo que tenía cuando llegó al sepulcro por primera vez (20,2): sigue pensando que todo ha terminado con la muerte.

 

 vv. 14-15a Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. 15Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Mientras siga mirando al sepulcro, lugar de muerte, María no encontrará a Jesús. En cuanto se vuelve, lo ve de pie, como corresponde a una persona viva, pero la idea de la muerte la domina y no lo reconoce. Habría reconocido a un Jesús yacente, pero no lo reconoce vivo.

 La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles; como ellos, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Añade ¿A quién buscas?, como preguntó a los que iban a prenderlo (18,4.7), y espera la misma respuesta que aquéllos dieron entonces: "A Jesús el Nazoreo". Quiere darse a conocer. Pero María no pronuncia su nombre.

 

 v. 15b Ella, pensando que era el hortelano, le dice: «Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré».

Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Con esta palabra reintroduce el evangelista la idea del huerto-jardín (19,41), volviendo al lenguaje del Cantar. Se prepara el en­cuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). María no se da cuenta aún, pero ya está presente la primera pareja del mundo nuevo, el comienzo de la nueva humanidad.

 Jesús, como los ángeles, la ha llamado “mujer” (esposa); ella, expresando sin saberlo la realidad de Jesús, lo llama “Señor” (esposo, marido).

 Sin embargo, obsesionada con su idea, piensa que si Jesús no está en el sepulcro se debe a la acción de otros (si te lo has llevado tú). No sabe que, al dar su vida libremente, Jesús tenía en su mano recobrarla (10,18). Cree también María que la presencia de Jesús está vinculada a un lugar preciso (dime dónde lo has puesto), donde ella podría encontrarlo. Quiere asegurarse la cercanía a Jesús, aunque sea muerto (y yo me lo llevaré).

 

 vv. 16-17a Le dice Jesús: «María». Volviéndose ella, le dijo en su lengua: «Rabbuni» (que equivale a “Maestro”). Le dijo Jesús: «Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme».

Jesús la llama por su nombre y ella reconoce su voz (10,3; cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pa­sado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11: "Se oirán la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia"; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías.

 Rabbuni, “Señor mío”, era tratamiento dado a los maestros, como lo hace notar el evangelista; pero lo usaba también la mujer para dirigirse al marido. Se combinan así los dos aspectos de la escena. Como término del lenguaje conyugal, Rabbuni expresa la relación de amor y fidelidad que une la co­munidad a Jesús. Como tratamiento para el maestro, indica que ese amor se concibe en términos de discipulado, es decir, de seguimiento, de práctica de un amor como el suyo (1,16; cf. 13,34: Igual que yo os he amado).

 Hay un gesto implícito de María respecto a Jesús (Cant 3,4: “Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré”). A ese gesto responde Jesús al decir a María: Suéltame. Da la razón (aún no he subido al Padre para quedarme). No es aún el momento de la subida definitiva de Jesús al Padre (para quedarme) ni de la fiesta nupcial.

 Con este detalle de la narración, el evangelista llama a la realidad a las comunidades cristianas. Aún no se encuentran en el estadio final. No pueden centrarse en la unión gozosa con el resucitado, olvidando la misión. Hay que continuar la de Jesús, realizando las obras del que lo envió (9,4) y mostrando hasta el fin el amor de Dios al ser humano.

 

 v. 17b «En cambio, ve a decirles a mis hermanos: “Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, mi Dios y vues­tro Dios”».

Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama “sus hermanos”: amor fraterno, comunidad de iguales.

 Antes de la definitiva hay otra subida de Jesús al Padre (Subo a mi Padre), que dará comienzo a la nueva historia. Después volverá con los discípulos (14,18), estará presente con los suyos y seguirá “llegando” a la comunidad. Cuando deje de “llegar” será el momento de la subida definitiva, a la que se incorporará la nueva humanidad, formada a lo largo de la historia y representada aquí en su primicia por María Magdalena. Será la entrada del reino de Dios en su estadio final; la creación habrá quedado plenamente realizada.

 La mención del Pa­dre de Jesús como Padre de los discípulos responde a la promesa de 14,2-3: “En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos, etc.”. Jesús sube ahora para dar a los suyos la condición de hijos de Dios (mis her­manos), mediante la infusión de su Espíritu (14,16s).

 Esta experiencia les hará conocer a Dios como Padre (17,3); será su primera experiencia verdadera de Dios. No van a llamar Padre al que ya creen conocer como Dios, sino al contrario: llamarán Dios al que experimentan por primera vez como Padre. No reconocerán a otro Dios más que al que ha manifestado en la cruz de Jesús su amor gratuito y generoso por el hombre, comunicándole su propia vida. Es el único Dios verdadero (17,3).

 

 v. 18 María fue anunciando a los discípulos: «He visto al Señor en persona, y me ha dicho esto y esto».

Por boca de su representante, la comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús. María, que lo ha visto, se convierte en mensajera. Su anuncio parte de la experiencia personal de Jesús y del mensaje que él le comunica. Con este mensaje va a comenzar la nueva comunidad de hermanos, cuyo centro será Jesús.


 COMENTARIO 2

 La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

 La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

 El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

 ¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

1. Juan Mateos, El evangelio de Juan. Texto y comentario. Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa).

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).

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3. DOMINICOS 2003

De nombre, la Magdalena
 ¿Quién no tiene en sus pupilas una hermosa cabellera rubia que decora el bello rostro de la Magdalena que pintaron nuestros artistas? Magdalena era, según la tradición, mujer inquieta, sumamente afectiva, insaciable en el amor, mujer de contrastes.

 Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud. Abandonó una vida de placer, alejada de Dios, y se hizo discípula de Jesús. Atesoró perfumes que le atrajeran clientes sedientos de placer, y un día rompió el frasco más valioso para perfumar los pies cansados de Jesús.

 Demos gracias a Dios por esta obra de la gracia. Él, Dios, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una codiciosa y licenciosa apasionada, una incondicional discípula del Señor, una heroína presta a acompañar a la Virgen en la cumbre del Calvario donde su Hijo era crucificado.

 ¿Quién ha visto mayor cambio que el de Magdalena en la dirección del amor? Manteniendo igual su fogosidad y entrega, hizo del vivir para sí un tránsito feliz al vivir para los demás; hizo de una vida pecadora, otra vida en santidad..

 En la Pascua de resurrección, Jesús se lo pagó haciéndola su ‘mensajera’ ante los propios apóstoles acobardados y tristes:

 Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, a Dios mío y Dios vuestro (Antífona)

 ORACIÓN:

 Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén.

 

 Palabra encendida
 Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“[Canto de amor] Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

 Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Vísteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Toda la belleza de la palabra amorosa, todo gesto de intimidad, toda búsqueda del amado por el amante, la utilizan la liturgia y la Escritura para hablar del amor de Dios y del alma, del Padre amante a la Hija amada. El amor siempre es un poco loco. Pero ese mismo amor es quien lo comprende.

 Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Éste es un lenguaje nuevo en un reino de nuevo amor: Cristo que nos amó y murió por salvarnos es merecedor del máximo amor que quepa en nuestro corazón.

 Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, después de la muerte de Jesús, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro... Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, dio media vuelta y vio a Jesús de pie, pero sin saber que era él.

 Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”

 

Momento de reflexión
 Para hacer unos minutos de reflexión sobre el amor y la fidelidad en este día, podemos tomar el espíritu de algunos pasajes bíblicos:

 Cantemos al amor verdadero:
 El amor lo necesitamos; siempre lo vamos buscando, y acabamos encontrándolo.

 Si vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos en el amor y del amor. Vivir en desamor es muy triste. Vivir sin amor es estar muriendo.

 El amor cristiano es un amor nuevo.
 Es un amor que germina en las entrañas del Padre y en el corazón de Jesús. Dios ama y nos ama. Jesús, Hijo de Dios, se entregó a nosotros, por amor, y como Hijo que ama nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Él resumió la fuerza del amor diciendo: Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

 María Magdalena, corazón y amor, según el relato evangélico.
 Magdalena asimiló en tal grado el espíritu de amor del hombre nuevo anunciado por Cristo que se volcó sin medida en gratitud: gratitud sobre todo a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

 Nosotros, que todavía vivimos en esta tierra y en esta Iglesia.
 ¿Cómo amamos? ¿a quién amamos? ¿por quién nos ofrecemos?

 Nos apremia el amor de Cristo. Él ha hecho que los que viven no vivan para sí, sino para Cristo que murió y resucitó por ellos (2Cor 5,14-15).

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4. CLARETIANOS 2003

La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

 ¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?

¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando?

Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga.

Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

 Gonzalo (gonzalo@claret.org)

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5.  Martes 22 de julio de 2003 María Magdalena

 Cant 3, 1-4: Buscaba al amor de mi alma
 Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9
 Jn 20, 1-2.11-18: Aparición a María Magdalena

Cuando María Magdalena escucha en su conciencia descubre que el Maestro está vivo.

 En el corazón de María Magdalena todavía hay oscuridad, la invade la tristeza y la angustia y Juan lo expresa diciendo que ella va de madrugada al sepulcro cuando todavía está oscuro. Sin embargo, los obstáculos para reconocer al Resucitado empiezan a desaparecer: Su tristeza se convierte en asombro, la piedra que tapaba la tumba ha dejado la entrada libre, el sepulcro está vacío. Siente la necesidad de compartir esta primera experiencia por eso va a contarla a sus compañeros y se regresa nuevamente al sepulcro y vio que Jesús estaba allí pero no lo reconoció, cuando cae en la cuenta que el sepulcro está vacío, llora. Jesús viéndola llorar le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Pero ella necesita desahogarse, llora a un cadáver, llora un pasado del cual no ha podido desprenderse, ella le responde al que cree que es el encargado del huerto: Dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré, está dispuesta a seguir arrastrando su pasado, pero Jesús la hace reaccionar, con su tono acostumbrado la llama por su nombre y con esa clave ella reconoce al resucitado, volvió a escuchar en su conciencia esa palabra que un día la había liberado y la había hecho encontrarse consigo misma, esa palabra que la había sacado de su muerte espiritual y la había trasladado a la vida, ahora ante el sepulcro vacío, experimenta la nueva forma de vida de su maestro, la experiencia con el resucitado complementa el cambio interior de María Magdalena y aunque siente el deseo de tocarlo, ya no necesita la presencia física de Jesús, ya lo experimenta viviendo dentro de ella porque también la piedra que tapaba la entrada de su corazón ha sido derribada, la luz del resucitado ha transformado totalmente su vida, tendrá que comunicarlo, anunciarlo a los demás, a aquellos que todavía sienten la oscuridad de lo que ha pasado y que les queda difícil dar el paso a descubrirlo resucitado.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO

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6. 2003

Ct 3, 1-4a: He buscado al amor de mi alma
 2 Cor 5, 14-17: Porque el amor de Cristo nos apremia...
 Sal 62, 2-9: Mi alma está sedienta de Ti
 Jn 20, 1-2.11-18: ¡Rabúni!

Movimientos feministas cristianos de todos los continentes han proclamado esta festividad como la fiesta de la presencia de las mujeres en la Iglesia.

María Magdalena se nos presenta como modelo de discipulado, no sólo para las mujeres, sino para el conjunto de cristianos. Es preciso dejarnos interpelar por la fuerza del Evangelio, que no hace acepción de personas, y menos aún por razones de género. Es una mujer la que sabe estar sentada a los pies del Señor, escuchando su Palabra (Lc 10, 39). Son mujeres, encabezadas por María Magdalena, las encargadas de anunciar al Resucitado.

María Magdalena, apóstol de los apóstoles
 María Magdalena fue llamada "Apóstol de los apóstoles" por los Padres de la Iglesia, y sin embargo es bien poco -aunque de enorme importancia- lo que de ella sabemos a través de los Evangelios.

Se suele fusionar a María Magdalena con la "pecadora pública" que lava los pies de Jesús con sus lágrimas en casa de Simón el fariseo y que recibe el elogio de Jesús "porque amó mucho" (Lc. 7, 36-50); también con María de Betania, o con la mujer que unge a Jesús para la muerte (Mc. 14, 3-9; Mt. 26, 6-13; Jn. 12, 1-8). Sin embargo, no hay en los Evangelios canónicos evidencias textuales que nos aseguren que se trate de la misma persona.

Lo que sabemos con certeza de María Magdalena es lo siguiente:

* Era una de las mujeres que, junto con los Doce acompañaban a Jesús "por ciudades y pueblos" mientras "anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios". (Lc 8, 1-2) y le habían seguido desde Galilea hasta Jerusalén, es decir, en toda la gran ruta de Jesús De estas mujeres (siete discípulas según Pistis Sophia) no se dice nada, hasta que las volvemos a encontrar junto a la cruz. Antes como hoy, la presencia de las mujeres es invisibilizada. Estas mujeres que seguían a Jesús habían sido "curadas de espíritus malignos y enfermedades" (Lc 8, 2). Pero de María Magdalena "habían salido siete demonios" es decir, todos los demonios.

* Formaba parte del grupo de mujeres que acompañaban a Jesús en el Calvario . Impotentes ante el martirio, tienen sin embargo el valor y el amor suficientes como para acompañar al Crucificado, cuando uno ha traicionado, otro ha negado, el resto ha huido; los sacerdotes y letrados se burlan. Quienes han tenido la experiencia de acompañar a personas moribundas saben lo difícil que es este simple "estar ahí", más aún en las condiciones de la agonía de Jesús

* Estuvieron con José de Arimatea y Nicodemo cuando sepultaron a Jesús. No necesitan de un profeta poderoso en hechos y en palabras para acompañar al Amado. Están ahí, no sólo en la agonía, sino en el silencio de la puesta en el sepulcro

* Va al sepulcro, junto con otras mujeres, al amanecer del primer día de la semana, cuando aún estaba oscuro, sin temor a los guardas, y desafiando la piedra que tapaba la entrada del sepulcro. Junto con otras mujeres recibe el mensaje de ángel, ve al Resucitado, y anuncia la Buena Nueva. ¡También entonces, como ahora, las palabras de estas mujeres fueron tenidas por desatinos por los discípulos varones, que sólo pudieron creer cuando se apareció a Pedro!

Estos datos hacen que resulte imposible reflexionar sobre María Magdalena sin verla como parte (y líder quizá) del grupo de mujeres, moviéndose con ellas en torno a Jesús. Y esta dificultad es a la vez una de las riquezas de María Magdalena.

Dentro de este conjunto, hay dos rasgos que caracterizan a María Magdalena: por una parte, Jesús expulsó de ella siete demonios; por otra, el encuentro tan peculiar entre la Magdalena y Jesús que nos relata el Cuarto Evangelio.

Jesús expulsa de ella siete demonios
 Según la cultura judía, el número 7 es expresión de totalidad. En otras palabras, Jesús la cura y la salva, expulsa de ella todos los demonios, y hace de ella una primicia de la Nueva Creación. ¿Por qué pasa tan desapercibido este hecho en nuestras reflexiones y predicaciones?

Para que esto fuera posible se requería de una gran audacia de parte de María Magdalena: la audacia de quien es capaz de ponerse totalmente en manos de Dios.

Además, esta salida de los demonios no se efectúa sin costo para la persona. Pensemos si no en el endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que agita violentamente al muchacho antes de salir de él , o el joven que queda como muerto luego de que Jesús sacó de él uno de esos demonios que sólo pueden ser arrojados con el ayuno y la oración .

Quienes han logrado, con la ayuda de Dios, vencer una adicción, como el alcoholismo, las drogas, la ira, la gula u otras, saben por experiencia lo que significa este ponerse totalmente, sin reservas, en manos de Dios. Se requiere de esa fe que es confianza total, entrega total.

¡Rabúni!
 Esa es la exclamación de María de Magdala cuando finalmente reconoce a Jesús.

Mucho se dice sobre la confesión de Pedro, o la de Tomás luego de la Resurrección. Pero qué poco se habla de esta simple palabra de María ante el Resucitado…

María ve a Jesús y no lo reconoce, apegada a la búsqueda del cadáver del Amado. Ha hecho del cuerpo muerto de Jesús un ídolo que le impide ver al Resucitado, al Cristo. Y Jesús-el-Cristo rompe en ella este último apego, este "octavo demonio" sub angelo lucis, que tienta a quienes tienen la audacia de amar como amó María de Magdala.

Llama también la atención el mensaje de Jesús resucitado a María Magdalena en el Cuarto Evangelio: "Anda donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."
 Es diferente al mensaje que recoge Lucas en que el ángel les anuncia la Resurrección y ellas la anuncian a los discípulos varones; o bien en Mateo y Marcos, en que además se les pide que les anuncie que irá a Galilea y ahí le verán.

En este encuentro personalísimo con la Magdalena, el mensaje de Jesucristo es un mensaje teológico: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". María Magdalena debe anunciar, no sólo que resucitó, sino que sube al Padre, que participa de la gloria del Padre, que es además, nuestro Padre y nuestro Dios.

La iconografía de María Magdalena nos la representa a menudo como la eterna penitente sexual. ¿Por qué no recordarla como algunas antiguas pinturas, con una lámpara en la mano, anunciando la Pascua, la luz de Cristo?

María Magdalena, cuya vida inspiró la de muchas mujeres, sigue siendo ejemplo de discipulado: con sus hermanas (y hermanos) siguiendo a Jesús, hasta la cruz y el sepulcro; entregándose por completo, para que Dios haga de ella un ser totalmente transparente a la presencia de Dios; y finalmente, con la luz de Cristo, anunciando la Buena Nueva por excelencia.

Para la revisión de vida
- Ante mis defectos de carácter, ¿tengo la audacia de María Magdalena de ponerme a los pies de Jesús para pedirle que haga de mí una "nueva creación"?
- ¿Me atrevo a defender la dignidad de las mujeres, hijas de Dios, en los diversos ámbitos de la vida eclesial?

Para la reunión de grupo
- Las mujeres siguieron a Jesús durante su ministerio, desde Galilea hasta Jerusalén, hasta la cruz, el sepulcro y la Resurrección. Sin embargo, poco se nos dice de ellas en el Evangelio. ¿Cuál es la situación de las mujeres hoy en día en el seno de nuestras iglesias?
- Si Jesús encargó a las mujeres, y de manera especial a María Magdalena, el anuncio de la Resurrección nada menos a los apóstoles varones, ¿por qué tendríamos hoy las mujeres que callar?
- ¿Qué ministerios están en manos de mujeres? ¿Qué importancia tienen dentro de nuestras comunidades?
- Cuando las mujeres proclamamos la Palabra, somos oídas y creídas, o tenidas por locas, al igual que a las mujeres del siglo I, cuyo mensaje fue tenido por desatino?
- ¿Cuántas veces nos ocurre esto? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación en el seno de nuestras comunidades?
- ¿Hace falta ser mujer para tener que defender los derechos de la mujer tanto en la sociedad como en la Iglesia? ¿Es menos o más hombre el varón que defiende esta Causa?

Para la oración de los fieles
- Para que las mujeres tengamos la audacia de las primeras seguidoras de Jesús...
- Para que tengamos la audacia de pedir a Jesús que expulsa todos nuestros "demonios" y nos haga partícipes de su Resurrección, como a María Magdalena
- Para que nuestras comunidades se abran a una nueva relación de respeto y dignidad ante las mujeres...
- Para que tengamos el amor y la valentía de estar al pie de las muchas cruces de quienes hoy en día sufren por enfermedad, pobreza, injusticias, discriminaciones...
- Para que tengamos la audacia, como María Magdalena, de anunciar la Resurrección, aún en medio de un sistema de muerte y opresión...

Oración comunitaria
 Danos, Señor Jesús, el amor y la audacia de María de Magdala, para alumbrar nuestras vidas, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestros países con la "luz de Cristo" que proclamamos con ella en la Pascua.

O bien:

Te damos gracias por la sororidad que nos hace tus seguidoras, y te pedimos sabiduría, discernimiento y firmeza para luchar por superar en el seno de nuestras comunidades toda muestra de discriminación hacia las mujeres, de modo que brille tu luz, ésa que pusiste en manos de Sta. María Magdalena para alumbrar al universo entero

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7. DOMINICOS 2004

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

 Magdalena es mujer inquieta e insaciable. Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud; y pasó de alejada de Dios a ser discípula de Jesús.

 Alabemos a Dios por la obra de la gracia que, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una licenciosa apasionada, una incondicional servidora que acompañó a la Virgen en el Calvario...

 ¿Quién ha visto mayor cambio que el de la Magdalena en la dirección del amor, permaneciendo éste igual en su fogosidad y entrega?

 Así son los cambios que hacen santos a los pecadores.


 La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
 Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Visteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...

 El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue el sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro...

 Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero sin saber que era él. Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”


Reflexión para este día
 El amor se necesita, se busca y se acaba encontrando.
 Cuando decimos que vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos del amor. Vivir sin amor es estar muriendo a todo lo que no es amor.

 Nuestro amor cristiano es un amor nuevo.
 Nace del corazón de Jesús que se entregó por nosotros, por amor, y nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

 María Magdalena desbordó de amor,
 Asumió en tal grado el espíritu del hombre nuevo en Cristo, que se volcó sin medida en gratitud a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

 Examinémonos a nosotros mismos, que todavía vivimos en esta tierra.
 ¿Cómo amamos? ¿a quién amamos?, ¿por quién nos sacrificamos y ofrecemos nuestra vida?

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8. CLARETIANOS 2004

Queridos amigos y amigas:

 Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Ella pertenece al grupo de mujeres elegidas por los evangelistas para figurar con nombre propio en los relatos evangélicos. Esto nos hace pensar que tuvo que ser una persona muy significativa en la primera comunidad cristiana, más si tenemos en cuenta lo que la tradición dice de su vida anterior.

 ¿Qué tipo de discipulado encontramos en María Magdalena? Nos encontramos con una mujer inquieta, cautivada por Jesús, apasionada, que busca a Jesús. En María Magdalena también encontramos gestos de ternura hacia Jesús: es capaz de ponerse a sus pies, perfumárselos con el mejor perfume y besárselos. Otro rasgo de su seguimiento es la valentía del saber estar en los momentos clave, no sacando pecho o haciéndose ver, sino sabiendo acompañar con discreción, desde el silencio, un silencio que dice mucho: le acompaña de cerca en el camino al Calvario, permanece junto a María y Juan al pie de la cruz.

 Esta cercanía de María Magdalena a Jesús no podemos decir que es pura relación afectiva que no compromete a nada. María Magdalena también participa de la Misión de Jesús, se siente misionera. Prueba de ello es que tras encontrarse con el Maestro en el sepulcro, corre a contar a los apóstoles lo que ha visto y vivido.

 Ojalá también nosotros sepamos vivir así nuestro seguimiento a Jesús: sintiéndonos acogidos por él, amándole, siendo valientes, estando con él y siendo misioneros.
 Vuestra hermana en la fe,
 Miren Elejalde (Mirenelej@hotmail.com)

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9.

¡Cristo ha resucitado!

 Fuente:
 Autor: Cefid

 Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.

 Enséñame, Cristo resucitado, a descubrirte, para ser un instrumento de tu amor, a buscar las cosas de arriba y a gozar de tu presencia a lo largo del día. Transfórmame, como a los primeros discípulos, en un apóstol convencido de tu resurrección, capaz de darlo todo por Ti.

 1. «Mujer, ¿por qué lloras?»

Las horas amargas del calvario han dejado una huella profunda en los discípulos. Aflora en ellos la duda, el desencanto. Les viene el deseo de regresar al pasado, de no haberse encontrado nunca con Cristo, de no haberle nunca entregado su amor.

 Quizás el prototipo de estos momentos de soledad y abandono es María Magdalena. Ella había cambiado radicalmente su vida para consagrarse completamente al amor de Jesucristo, y sin embargo, ahora no lo encuentra. Llora desconsolada. Cristo se le aparece bajo la forma del jardinero y pregunta...

 A nosotros también nos ocurre que el Señor se nos “esconde”, no lo hallamos con la facilidad de antes, y podría tocar a nuestra puerta el llanto, la desazón... Pero es necesario abrir bien los ojos. María todavía no tiene una fe plena en su Señor. Él ha muerto, y parece que todo ha terminado... ¡Lo tiene delante y no lo reconoce!

 ¿No nos sucede a nosotros otro tanto? Cristo está delante de nosotros en esa situación difícil, en ese fracaso aparente, en las pequeñas cruces de todos los días. Y nos pregunta, nos grita de mil maneras diversas, ¿por qué lloras? ¿No te has dado cuenta que he resucitado y estoy contigo para siempre?

 Nos resulta urgente abrir los ojos de la fe. Cristo no acostumbra aparecer como Yahvé en el Antiguo Testamento. No hay rayos ni temblores. Jesucristo resucitado no quiere que le tengamos miedo y opta por lo sencillo. ¡Cristo camina con nosotros en lo cotidiano! Jesucristo se nos quiere manifestar en el trato con la familia, en la relación con el compañero de trabajo, la vecina, el cumplimiento del deber cotidiano. ¡Lo tenemos delante de los ojos, pero muchas veces no queremos descubrirlo! Da la impresión, en ocasiones, que conocer a Cristo sería más “fácil” si pusiera requisitos más complicados ... pero a Cristo se le conoce en la humildad de lo ordinario vivido de modo extraordinario.

“¡Levántate tú que duermes, y te iluminará Cristo!” nos anuncia la liturgia pascual. Pero podríamos decir también, levántate tú que estás abatido, triste, confundido, y sal al encuentro del Resucitado. Él ha olvidado ya tu pasado, tus traiciones e infidelidades. Él quiere secar hoy tus lágrimas. Es por eso que, como con María Magdalena, quiere iniciar contigo ahora un diálogo de corazón a Corazón...

 2. «Si tú te lo has llevado...»

María Magdalena es una mujer que ama profundamente a Jesucristo. Impresiona que un enamorado sea capaz de ciertas “locuras” para agradar al amado y disfrutar de su presencia. El amor, cuando es auténtico, es donación, y su único límite es no tener límites.

 Este amor que no conoce obstáculos lleva a esta mujer a decir cosas que, a simple vista, pueden parecer delirios o incluso acusaciones sumamente comprometedoras. Primero le insinúa al jardinero que ha sido un profanador del sepulcro de Cristo: “si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto...” Ella no está buscando culpables, sino que pide ayuda a quien sea. Su interés está en recuperar al amor de su vida que se le ha escondido. No reprocha, no reclama, simplemente suplica: “¡Oriéntame para encontrar al Maestro!” ¿También nosotros acudimos con ese interés a nuestra dirección espiritual, a los sacramentos? ¿Le pedimos a la Iglesia, a sus ministros, con verdadero interés, que nos muestren dónde está el Cristo vivo? ¿O nos hemos acostumbrado a su presencia silenciosa en la Eucaristía y en los hermanos?

 Pero el amor de la Magdalena la empuja a más: “...yo lo recogeré”. ¿Cómo podrá una mujer sola cargar una cierta distancia el cuerpo de un hombre de 33 años, con la musculatura propia de un carpintero y peregrino, de un hombre-Dios que pudo expulsar Él solo a los mercaderes del templo? A la Magdalena, nuevamente, no le interesan las dificultades: su amor la empuja a vencerlas.

 En nuestra vida también hay enormes dificultades y algunas nos parecen incluso imposibles. Sin embargo, el amor de un alma convencida se crece ante la adversidad. Su amor es tan intenso que, de un cierto modo, le descubre que Cristo resucitado está a su lado. Sólo le interesa encontrarlo, poseerlo y darse a Él sin medida.

 3. «¡María!»

Cristo resucitado se conmueve ante el amor desinteresado y fiel de la Magdalena y la llama por su nombre. No puede seguir ocultándose y se le descubre. Y es que un amor así, a pesar de nuestras debilidades pasadas, conmueve a nuestro Señor hasta lo más profundo de su ser y se siente “desarmado”, no puede no corresponder a nuestro amor.

 Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

 Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

 La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

 María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.

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10. 2004. Comentarios Servicio Bíblico Latinoamericano

 A María la llamaban «Magdalena» porque venía de un pueblecito de Galilea llamado Magdala. Parece que Jesús la hizo sentirse totalmente sanada. Los evangelios nos dicen que expulsó siete demonios de ella (Mc 16,9; Lc 8,2). Ella le ayudó en su trabajo y fue testigo de su crucifixión.

 Ha sido habitual identificarla con la mujer pecadora de Lucas 7,36-50, pero esa mujer no recibe ningún nombre y no hay razón suficiente para esa identificación.

 En el evangelio de Juan, María Magdalena es la única mujer que se acerca a la tumba (en el de Mateo son dos, en el de Marcos tres y en el de Lucas un número indeterminado). Ellas fueron las primeras que recibieron la noticia de la resurrección de Jesús. Fueron enviadas a llevar la noticia a los hermanos. La palabra «apóstol» viene del griego «apostellein», enviar. ¡Resulta que los primeros apóstoles que proclamaron el mensaje cristiano de la Resurrección fueron mujeres! Por eso, María Magdalena es tradicionalmente conocida como la apóstol de los apóstoles. Es la patrona de los Dominicos, llamados también Orden de Predicadores, y muchos conventos de dominicos llevan el nombre de «María Magdalena». También la podemos ver como la patrona de todas las mujeres que han predicado el Evangelio de muchísimas maneras a través de la historia cristiana.

 La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

 La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

 El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

 ¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

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12.

La aparición a María Magdalena

 Fuente: Catholic.net
 Autor: Clemente González

 Reflexión:

 Es justo para María Magdalena que, en su infinita ternura y misericordia, Jesús Renacido prefiera mostrarse por primera vez a ella con su cuerpo transfigurado. La compasión que Jesús siempre ha demostrado respecto a las almas en pena lo ha llevado a mostrar mayor atención hacia ellas. María Magdalena siguió durante años a Cristo en sus recorridos por las calles de Israel compartiendo alegrías y esperanzas con los otros discípulos, y ahora recibe el consuelo de ser la primera en ver a su Maestro vivo.

 ¿Cuántas veces también nosotros nos sentimos deprimidos, trastornados, embrujados por los hechos que se arremolinan violentamente en nuestra vida? Es precisamente en estos momentos cuando Dios está más cercano a nosotros, ansioso de donarnos el consuelo de su abrazo y su Resurrección, si logramos renunciar a nuestra autocompasión y dejamos de hurgar, orgullosos, en nuestro corazón herido buscando sólo el bien propio. Si nos esforzamos por volver a la luz, entonces secaremos de nuestros ojos las lágrimas de la desesperación. Entonces veremos la esperanza de Cristo, el Hijo de Dios que ha triunfado sobre el dolor, el pecado y la muerte.

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13.

María Magdalena, Santa

 Fuente: Catholic.net
 Autor: Cristina Fernández

 Hoy celebramos a Santa María Magdalena que, de ser una pecadora pública se convirtió en santa, tras un profundo encuentro con Cristo.

 La Iglesia celebra la vida de María Magdalena como una de las más conmovedoras escenas de conversión total del Evangelio.
 Los evangelistas hablan de María Magdalena de tres maneras distintas: como la pecadora arrepentida, como María Magdalena y como María, la hermana de Lázaro. La Liturgia romana las identifica como la misma persona.

 Un poco de historia

 El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, que es una población en la orilla occidental del mar de Galilea. Ella era una pecadora que se presentó a Cristo cuando Él cenaba en la casa de un fariseo y al momento se arrojó al suelo a los pies del Señor.
 Se echó a llorar, bañando con sus lágrimas sus pies y los secó con sus cabellos. Después, los ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. Jesús le hizo ver al fariseo que esta mujer había lavado sus pies con sus lágrimas mientras que él no le había ofrecido agua para lavarse los pies al entrar a su casa, como era costumbre entre los judíos.

 Él no le dio el beso de paz y ella no había cesado de besar sus pies; él no le ungió la cabeza y ella sí le había ungido los pies. Jesús añadió que a María Magdalena se le perdonaban sus muchos pecados porque había amado mucho. Y a ella le dijo: “Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.”

María Magdalena es una de las mujeres que seguían a Cristo en sus viajes, de las que nos hablan en varias ocasiones los Evangelios. Estuvo con Jesús, acompañándolo la víspera de la entrada triunfal en Jerusalén, cuando Él cenó con la familia de Lázaro en Betania. Ahí volvió a ungir al Señor con perfume y los que ahí estaban la criticaron, pensando que con el valor del perfume que ella derramaba, se podría dar de comer a muchos pobres. Cristo les dijo que la dejaran en paz, pues a los pobres siempre los tendrían, pero a Él no.

 Ella fue una de las mujeres que acompañaron a Jesús camino al Calvario y, luego, permaneció junto a la Cruz. Los evangelistas sinópticos la citan siempre en primer lugar. Esto puede ser debido a que fue la mujer más célebre de la primitiva comunidad, después de la Madre de Jesús, por sus cualidades de carácter y su dedicación al Señor.

 Junto con las otras mujeres, estuvo también en el sepulcro observando dónde colocaban el cuerpo del Maestro y, al regresar a casa, preparó perfumes y ungüentos para volver al sepulcro después del sábado y aplicarlos al cuerpo del Señor.

 María Magdalena fue la que descubrió que alguien había quitado la piedra del sepulcro del Señor, cuando llegó al sepulcro con las otras mujeres cargada de aromas.

 Fue la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo Resucitado cuando se quedó junto al sepulcro llorando amargamente, porque creía que habían robado el cuerpo de Jesús.

 Jesús Resucitado quiso tener este encuentro con María Magdalena, con la pecadora arrepentida. Jesús la llamó diciéndole: “¡María!” , y ella le respondió: “¡Maestro!” Jesús le pidió que contara esto a los demás.

 Algunos investigadores dicen que, después de Pentecostés, María Magdalena se fue a vivir a Éfeso con la Virgen María y con San Juan, donde murió. Otros dicen que se fue a vivir con Lázaro y Marta, para evangelizar la provincia y que pasó los últimos treinta años de su vida en esa zona.

 ¿Qué nos enseña la vida de María Magdalena?

 Nos enseña que, aunque tengamos muchos pecados y caigamos muchas veces en los mismos, Dios nos ama y nos puede perdonar.

 Jesús nos deja el Sacramento de la Confesión para perdonar nuestros pecados y darnos las gracias necesarias para seguir adelante.

 Ella supo quién era Jesús. Sabía que era el Hijo de Dios y lo trató como tal. Su trato a Jesús fue delicado y lleno de detalles. No perdió ninguna ocasión para demostrarle su amor.

 Dios vino a todos los hombres, pecadores y no pecadores. Jesús, al recibir a María Magdalena, nos hace ver a todos nosotros que nos ama. Dios nos ama como somos, con nuestros defectos y nuestras cualidades, y busca nuestro amor.

 El amor de María Magdalena a Jesús se manifestó en un verdadero arrepentimiento de sus pecados y en una profunda conversión, en un cambio radical de vida.

 Oración

 María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
 Amén.

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14. Fray Nelson Viernes 22 de Julio de 2005
 Temas de las lecturas: Encontré al amor de mi alma * Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?.

 1. Una imagen compleja
 1.1 De María Magdalena se han dicho las cosas más bellas y las más procaces; se han escrito líneas sublimes y vulgares; se la ha representado como la gran imagen de la misericordia de Dios o como la sombra más persistente al ministerio de Cristo.

 1.2 Esta multiplicación de versiones sólo deja en claro una cosa: hemos mirado a María Magdalena más como un objeto de la imaginación del pueblo o de los guionistas del cine que como una persona que desde las páginas de la Escritura nos saluda y nos comunica su mensaje.

 1.3 O dicho de otro modo: esta fiesta, en este año, puede ser la gran ocasión para encontrarnos no con la fantasía, sino con esa maravillosa y salvífica verdad que el Señor nos regala en su Palabra Viva que es la Escritura.

 2. La primera testigo
 2.1 María Magdalena es testigo de excepción de la muerte de Cristo y testigo de excepción de su resurrección. Allí donde los "valientes" hombres, los apóstoles, han huido detrás de sus miedos, esta mujer, audaz y sencilla en su arrojo ha puesto sus ojos en el lugar preciso para ver, como tal vez nadie ha visto, la Pascua de Cristo.

 2.2 Pero María Magdalena está ahí, al pie de la cruz, no por curiosidad no por causalidad, sino porque, su vida misma ha sido marcada por el ministerio de Cristo. Ella ha sido creada por la palabra, la gracia, la oración y el poder del Espíritu que habita en Jesucristo. Ha hecho un camino, desde Galilea hasta Jerusalén, y por eso ha hecho también ese otro camino, desde la entrada triunfal hasta el Gólgota.

 3. Grandeza de Cristo
 3.1 Así entendemos que en la vida de la Magdalena lo único grande fue y es Cristo; lo único bello fue y es Cristo; lo único poderoso fue y es Cristo. En ella, como en todos los santos, resplandece Jesús, el Cristo de Dios.

 3.2 Fue grande Cristo liberándola de siete demonios. Fue grande perdonando sus culpas. Fue grande instruyéndola en el Evangelio vivo. Fue grande concediéndole fortaleza frente a la natural oposición que su presencia podía causar. Fue grande sobre todo llamándola como primera entre todos los hombres y mujeres que hoy proclamamos la verdad central de nuestra fe: ¡el Señor vive!
(
http://www.mercaba.org
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa de Santa Maria Magdalena. Pedidos de oraciones (Winston Francisco Pauta Avila).

MISA DE HOY
 
«Las vocaciones a la vida consagrada son un don para la Iglesia. Se invita, por ello, a todos los miembros a rogar al Dueño de la mies para que las suscite abundantemente y a promoverlas con acciones oportunas, pues los hombres y mujeres consagrados dan una contribución insustituible a la extensión del Reino de Cristo en el mundo»
MISA, JULIO  22, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
LUNES 22
Santos: María Magdalena, penitente; Gualterio o Walter de Lodi, religioso; Domingo de Carracedo, ermitaño. Memoria (Blanco)
 
LA SUBIDA AL PADRE
 
Ex 14,5-18; Jn 20,1-2. 11-18
 
El libro del Éxodo refiere la salida de Egipto como una subida. Geográficamente hablando la tierra de Israel se encuentra a mayor altitud que Egipto. Mas no se trata simplemente de cuestiones de relieve, simbólicamente hablando el pueblo estaba en el fondo de la opresión y la violencia. La superación de esa circunstancia sería necesariamente un ascenso desde el punto de vista humano. El pueblo pasó de la opresión y la tiranía a la libertad. Como todos los procesos de transformación social, éste también significó tensiones y obstáculos, que necesariamente hubo que vencer. El Evangelio de san Juan también registra una experiencia ascendente. El Señor Jesús supera todas las barreras de su condición mortal y asciende a la plenitud de vida junto al Padre. Esa misma transformación ascendente la vivió también María Magdalena que pasó de una situación de incertidumbre a una confianza indestructible: había visto al Señor resucitado y ya nadie se lo volvería a arrebatar.
 
ANTÍFONA DE ENTRADA (Jn 20, 17)
Jesús dijo a María Magdalena: Ve y diles a mis hermanos: Subo a mi Padre y a su Padre, a mi Dios y a su Dios.
 
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuera la primera en recibir de tu Hijo Unigénito el encargo de anunciar el gozo de la resurrección, concédenos, que siguiendo su ejemplo, demos a conocer a todos que Cristo vive y nos está esperando en el cielo.  Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, sabrán que yo soy el Señor.
 
Del libro del Éxodo: 14, 5-18
 
En aquellos días, cuando le avisaron al faraón que los israelitas habían escapado, el faraón y sus servidores cambiaron de parecer con respecto al pueblo de Israel y exclamaron: "¿Qué hemos hecho? Hemos dejado escapar a nuestros esclavos israelitas". Entonces el faraón mandó enganchar su carro y llevó consigo sus tropas: seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, cada uno con sus respectivos guerreros.
El Señor endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, para que persiguiera a los hijos de Israel, mientras éstos se alejaban jubilosos. Los egipcios los persiguieron con todo un ejército de caballos, carros y guerreros, y les dieron alcance, mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi-ha-Jirot, frente a Baal-Sefón.
Al acercarse el faraón, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios los perseguían, tuvieron miedo, clamaron al Señor y le dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulturas en Egipto, para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿No te dijimos claramente allá: 'Déjanos en paz; queremos servir a los egipcios'? Pues más vale servir a los egipcios que morir en el desierto".
Moisés le contestó al pueblo: "No teman; permanezcan firmes y verán la victoria que el Señor les va a conceder hoy. Los egipcios que ven ahora, no los volverán a ver nunca. El Señor peleará por ustedes, y ustedes no tendrán que preocuparse por nada".
Entonces el Señor le dijo a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Éxodo 15
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, Él es mi salvación; Él es mi Dios, y yo lo alabaré, es el Dios de mis padres, y yo le cantaré.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el Mar Rojo a sus mejores capitanes.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
R/. Alabemos al Señor por su victoria.
 
ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya.
¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. R/.
 
Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?
 
LECTURA Evangelio Juan capitulo 20, versículos 1 al 2 y 11 al 18
 
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".
María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces Él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabbuní!", que en hebreo significa ‘maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje. Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Oración introductoria
Señor, Tú me enseñas que una fe sin amor a los demás, no es verdadera fe. La fe no es un pensamiento, una opinión o una idea, la fe es comunión de vida contigo, la fe se traduce en amor y se manifiesta en la caridad. Acrecienta, Dios mío, en esta oración, mi fe y mi caridad.
 
Petición
Espíritu Santo, dame la coherencia de vida para manifestar mi fe con las obras.
 
REFLEXION Evangelio Juan capitulo 20, versículos 1 al 2 y 11 al 18
 
Testigo de la resurrección.
 
«Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo. No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba. En efecto, al amanecer del primer día después del sábado, Pedro y Juan hallaron la tumba vacía. Magdalena y las otras mujeres encontraron a Jesús resucitado; lo reconocieron también los dos discípulos de Emaús en la fracción del pan; el Resucitado se apareció a los Apóstoles aquella tarde en el Cenáculo y luego a otros muchos discípulos en Galilea. El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos» (Benedicto XVI, 12 de abril de 2009).
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, los dones que te presentamos y acéptalos con el mismo agrado con que tu Hijo Jesucristo aceptó el homenaje de amor de María Magdalena.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (2 Co 5, 14-15)
El amor de Cristo nos compromete a vivir, no para nosotros mismos, sino para Él, que murió y resucitó por nosotros.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el sacramento que hemos recibido encienda, Señor, en nosotros aquel mismo amor ardiente y fiel de santa María Magdalena a Cristo, su maestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
 
MINISTERIO DE ORACION Julio 22
 
Julio 22
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado
 
Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Suplico oraciones para que Dios salve la vida de Teodora, de Gonzalo y de la hija de Edwin. Suplico que salve a mi padre dándole fuerzas físicas y un sistema inmune muy fuerte para no coger gripe o neumonías, pues está débil. Ignacio
 
Ormos por salud de los padres, Salvador Carrillo Alday, Sergio Garcia, Carlos Zezati. Ms. Sp.S. fray Pedro Estrada.o.c.d., Armando Garza Dávila.s.j., por la santidad de todos los sacerdotes, seminaristas y consagrados, por nuestra santidad y la de nuestros hijos familias y nietos. Por el no al aborto hoy. Demos gracias. Ricardo
 
Amadísimo Señor ruego por todos los enfermos de cáncer, Tu los conoces, sana esas partes afectadas y regálales su conversión, la de sus familias y la salvación de sus almas. Roguemos por ellos hermanitos.  Dios los bendiga. Mercedes
 
Papa te pido en nombre de tu hijo nuestro Señor Jesús que me brindes salud física y emocional y te encomiendo la entrevista de mañana a las 3 y 30 de la tarde, dame gracia y misericordia en nombre de Jesús amen. Magda
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleaños de Fr. Franklin Buitrago Rojas, O.P
Cumpleaños de Eric Trincale.- Claremont,
Cumpleaños de Carmen Amanda Castillo P
Cumpleaños de Angela María Ramirez Medina
Cumpleaños de Aparecida de Roca
Cumpleaños de Javier Omar Lerma Villegas
Cumpleaños de Mónica.
 
Aniversario de Matrimonio
 
 Héctor y Nancy
 Luis Fernando Triviño y Edelmira Arévalo N.
 
Un poco de Humor...
 
Matemática financiera
Le dice el padre al hijo en edad escolar:
- Dile a la maestra que te dé la dirección de la carnicería esa que aparecía en el problema de matemáticas, donde el kilo de carne vale un peso.
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Pido oración por mí, para que siga aumentando mi fe. Agradezco este tiempo de calma en la que mi marido no está bebiendo. Siento temor por lo que pueda ocurrir porque no está en tratamiento y solo un milagro hará que él deje la bebida en forma definitiva. Pido oración por eso y mi recuperación. Estela
 
Para que el Señor y la Virgen María tomen en sus brazos a mi hijito para cuidarlo, protegerlo y guiarlo todos los días de su vida. Que lo llenen de amor de paz y de gozo y que pueda ser un niño feliz a pesar de que nosotros los padres estemos separados. Bendiciones, amén. Mariano
 
Hermanos oren para que pueda resolver mi conflicto con las empresas de comunicaciones y pueda retomar mis actividades con ustedes. Héctor Emilio
 
Q. E. P. D.
 
Ángel Puma Cuenca
Nora Cedeño de Calero
Luis Vera Arreaga
Jorge Enrique Sarmiento Iñiguez
 
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio
 
Abra por favor la siguiente pagina WEB
 
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Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS
 
P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.
 
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Lecturas de la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Lunes 22 de Julio de 2013


Santa María Magdalena

Santoral: María Magdalena

Cant 3,1-4ª: Encontré el amor de mi alma
Salmo responsorial 62,2-6.8-9: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Jn 20,1.11-18: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?

Cantar de los cantares 3, 1-4


Encontré el amor de mi alma
Así dice la esposa: “En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi lama: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma."

 

Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9


Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,/ mi alma está sedienta de ti; /mi carne tiene ansia de ti,/ como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Como te contemplaba en el santuario / Viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida,/ te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote./ Me saciaré como de enjundia y de manteca, / Y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio,/ y a la sombra de tus alas canto con jubilo; / mi alma está unida a ti, / y tu diestra me sostiene. R.

 

Juan 20,1.11-18


Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

Comentarios

María Magdalena, una mujer discípula, está vigilante; ha estado ahí, seguramente sufriendo por la muerte de Jesús; pero ella va a ser recompensada, al ser la primera testigo de la resurrección de Jesús y la primera en ser enviada a anunciar que la vida ha triunfado sobre la muerte.

Las comunidades cristianas debieron tardar muchos años discutiendo, huyendo, fortaleciéndose, hasta comprender, desde las más profundas convicciones, que el proyecto no terminó en la cruz y que ahora son ellos los responsables de mantenerlo vivo.

La nueva profesión de fe en Cristo resucitado es una nueva exigencia del discipulado, es decir, la comunidad se declara en formación a los pies del Maestro resucitado.

En este nuevo discipulado también el Maestro pregunta, escucha, consuela y envía para anunciar que el proyecto de Dios no se quedó en el sepulcro.

Hoy como ayer es urgente reconocer el discipulado de la mujer y su capacidad para entender el querer de Dios. Ellas, misioneras en la persona de María Magdalena, son ejemplo de constancia y tenacidad.

Oremos por todas las mujeres del mundo, especialmente por aquellas que dedican su vida a expresar su fe en el compromiso cotidiano de llenar el mundo de ternura y dignidad
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Evangelio meditado de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Evangeliodeldia.org).

EVANGELIO DEL DIA
"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68

 

lunes 22 Julio 2013

Memoria de santa María Magdalena

Santo(s) del día : San Felipe Evans

Ver el comentario abajo, o clic en el título
San Bernardo : ¿Qué buscas?

Cantar de los Cantares 3,1-4a.
En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!
Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!
Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: "¿Han visto al amado de mi alma?".
Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma. Lo agarré, y no lo soltaré hasta que lo haya hecho entrar en la casa de mi madre, en la habitación de la que me engendró. El Amado

 

Salmo 63(62),2.3-4.5-6.8-9.
Oh Dios, tú eres mi Dios, a ti te busco,
mi alma tiene sed de ti;
en pos de ti mi carne languidece
cual tierra seca, sedienta, sin agua.

Por eso vine a verte en el santuario
para admirar tu gloria y tu poder.
Pues tu amor es mejor que la vida,
mis labios tu gloria cantarán.

Quiero bendecirte mientras viva
y con las manos en alto invocar tu Nombre.
Mi alma está repleta, saciada y blanda,
y te alaba mi boca con labios jubilosos.

pues tú fuiste un refugio para mí
y salto de gozo a la sombra de tus alas.
Mi alma se estrecha a ti con fuerte abrazo
y tu diestra me toma de la mano.

 

 

Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

 


Extraído de la Biblia Latinoamericana.

 

Leer el comentario del Evangelio por :

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Cantar de los Cantares, n° 28, 9


¿Qué buscas?


Sólo el sentido del oído puede alcanzar la verdad, porque solo él entiende la palabra… “No me toques”, esto es: desentiéndete de ese sentido seductor;apóyate en la palabra y familiarízate con la fe. La fe ignora el error, la fe abarca lo invisible, no conoce la limitación de los sentidos; además trasciende los límites de la razón humana, el proceso de la naturaleza, los términos de la experiencia ¿Por qué le preguntas a la mirada lo que no puede saber? ¿Para qué se empeñan las manos en palpar lo que le supera? Todo lo que te pueden enseñar es de un nivel inferior. Pero la fe te dirá de mí cosas que no menguan en nada mi majestad. Aprende a poseer con más certeza, a seguir con más seguridad lo que ella te aconseja. "No me toques, que aun no estoy arriba con el Padre". Como si cuando haya subido, quisiera que lo tocasen o fuese ello posible. Claro que podrá; pero con su afecto, no con sus manos; con el deseo, no con la mirada; con la fe, no con los sentidos. ¿Por qué quieres tocarme ahora, si valoras la gloria de mi resurrección por lo que te dicen los sentidos? ¿No sabes que durante el tiempo de mi mortalidad, los ojos de mis discípulos no pudieron soportar la gloria de mi cuerpo transfigurado, que aún debía morir? Todavía complaceré tus sentidos revistiéndome de siervo, para que puedas conocerme como antes. Pero mi gloria es extraordinaria...Prescinde, pues, de tu juicio… de un misterio reservado para la fe... Lo que el ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado (1Co 2,9), la fe lo lleva cerrado y lo guarda sellado dentro de sí misma. Me tocará dignamente la fe, si me acepta sentado a la derecha del Padre (Mc 16,19; Sal. 109,1), no en la forma de siervo, sino en un cuerpo celestial idéntico al anterior, aunque de forma distinta. ¿Por qué quieres tocar mi cuerpo deforme? Espera un poco y tocarás mi cuerpo hermoso. Pues lo que ahora es deforme se volverá bello.
(
http://www.evangeliodeldia.org
).

Evangelio meditado de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Catolicosonline.com).

Evangelio de la Fe


Lunes 22 de julio de 2.013

 

San Juan 20, 1. 11-18

 

Quitada la piedra

 

Joh 20:1  El día primero de la semana, María Magdalena vino muy de madrugada, cuando aún era de noche, al monumento, y vio quitada la piedra del monumento.
Joh 20:11  María se quedó junto al monumento, fuera, llorando. Mientras lloraba, se inclinó hacia el monumento,
Joh 20:12  y vio a dos ángeles vestidos de blanco, uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús.
Joh 20:13  Le dijeron: ¿Por que lloras, mujer? Ella les dijo: Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. En diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí, pero no conoció que fuese Jesús.
Joh 20:14  (TEXTO OMITIDO)
Joh 20:15  Díjole Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto, y yo lo tomaré.
Joh 20:16  Díjole Jesús: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboní!, que quiere decir Maestro.
Joh 20:17  Jesús le dijo: Deja ya de retenerme, porque aún no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."
Joh 20:18  María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor,” y las cosas que le había dicho.

 


Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)


"Palabra del Señor"

"Gloria a ti Señor Jesús"

 


Meditación:

 

 

Quitada la piedra

 


¿Quién ha quitado la piedra de tu fe?; no lo permitas, no le des a nadie más valor que a Cristo; Él, y sólo Él, es tu Dios.

Si te apartan de Dios, de la fe, es que les das permiso a esos, como si fueran Dios.

Pon la piedra y acepta que Jesús, Dios, resucitó. Y verás cosas grandes en tu vida, verás como hallarás a Cristo resucitado, como lo encontró María Magdalena.

Arrójate a los brazos de Jesús, Dios, y dile “Maestro”.

Aprende del único Maestro, que sabe enseñarte con la Palabra y el perfecto ejemplo, y no sólo con palabras.


P. Jesús
(
http://www.catolicosonline.com
).

Dos meditaciones para la fiesta de Santa Maria Magdalena (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: 22 de Julio: Santa María Magdalena
Texto del Evangelio (Jn 20,1-2.11-18): El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»
Hoy celebramos con gozo a santa María Magdalena. ¡Con gozo y provecho para nuestra fe!, porque su camino muy bien podría ser el nuestro. La Magdalena venía de lejos (cf. Lc 7,36-50) y llegó muy lejos…. En efecto, en el amanecer de la Resurrección, María buscó a Jesús, encontró a Jesús resucitado y llegó al Padre de Jesús, el “Padre nuestro”. Aquella mañana, Jesucristo le descubrió lo más grande de nuestra fe: que ella también era hija de Dios.

En el itinerario de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.

Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Papa Benedicto). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?

En la conversión de la Magdalena hubo mucho amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí otro “vehículo” de la fe, porque ni escuchamos, ni vemos, ni creemos a quien no amamos. En el Evangelio de san Juan aparece claramente que «creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver (…)». En aquel amanecer, María Magdalena arriesga por su Amor, oye a su Amor (le basta escuchar «María» para re-conocerle) y conoce al Padre. «En la mañana de la Pascua (…), a María Magdalena que ve a Jesús, se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesión: ‘He visto al Señor’ (Jn 20,18)» (Papa Francisco).

Comentario: Rev. D. Albert SOLS i Lúcia (Barcelona, España)

Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor


Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Suele ser propio de la juventud apasionarse locamente por alguna película llegando a la identificación personal con alguno de los protagonistas. Los cristianos deberíamos ser siempre jóvenes en este sentido ante la vida del mismo Jesús de Nazaret, y sabernos identificar con esta gran mujer de la que habla el Evangelio, María Magdalena. Siguió los caminos de Jesús, escuchó su Palabra. Cristo supo corresponder y le concedió el privilegio histórico de ser la primera a quien le fue comunicado el hecho de la resurrección.

 Dice el evangelista que ella al principio no lo reconoció, sino que lo confundió con un campesino del lugar. Pero cuando el Señor la llamó por su nombre:«María», tal vez por la manera peculiar de decírselo, entonces esta santa mujer no dudó ni un instante: «Ella se vuelve y le dice en hebreo: 'Rabbuní' —que quiere decir: “Maestro”—» (Jn 20,16). Después de su encuentro con Jesús, ella fue la primera que corrió a anunciarlo a los demás discípulos: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras» (Jn 20,18).

 El cristiano, que en su programa diario de vida cuida el trato con Cristo, en la Eucaristía haciendo un rato de oración contemplativa y cultiva la lectura asidua del Evangelio de Jesús, también tendrá el privilegio de escuchar la llamada personal del Señor. Es el mismo Cristo que nos llama personalmente por nuestro nombre y nos anima a seguir el camino firme de la santidad.

«La oración es conversación y diálogo con Dios: contemplación para los que se distraen, seguridad de las cosas que se esperan, igualdad de condición y de honor con los ángeles, progreso e incremento de los bienes, enmienda de los pecados, remedio de los males, fruto de los bienes presentes, garantía de los bienes futuros» (San Gregorio de Nisa).

 Digámosle al Señor: —Jesús, que mi amistad contigo sea tan fuerte y tan profunda que, como María Magdalena, sea capaz de reconocerte en mi vida.
(
http://www.evangeli.net
).

Lecturas meditadas de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Celebrandolavida.org).

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual
 
 
 

 

Lunes, 22 de julio de 2013

Santa María Magdalena

Memoria obligatoria  - Blanco

Éxodo 14, 5-18 / Juan 20, 1-2. 11-18

Salmo Responsorial Ex 15, 1b-6

R/. “¡EI Señor se ha cubierto de gloria!”

 

Santoral:

Santa María Magdalena , San Vandrilio,

Santas Ana Wang, Lucía Wang-Wang,

María Wang y San Andrés W.

Liturgia - Lecturas del día

 

 

 

Lunes, 22 de Julio de 2013

 

Santa María Magdalena

 

Sabrán que soy el Señor,

cuando Yo me cubra de gloria a expensas del Faraón

            

Lectura del libro del Éxodo

14, 5-18

 

Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: «¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios». Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y éste se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.

Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. y dijeron a Moisés: «¿No había tumbas en Egipto para que n(!)s trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: "¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto"».

Moisés respondió al pueblo: «¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada».

Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo vaya endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                  Ex 15, 1b-6

 

R.    ¡EI Señor se ha cubierto de gloria!

 

Él hundió en el mar los caballos y los carros.

El Señor es mi fuerza y mi protección, Él me salvó.

Él es mi Dios y yo lo glorifico,

es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

 

El Señor es un guerrero,

su nombre es "Señor".

Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,

lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

 

El abismo los cubrió,

cayeron como una piedra en lo profundo del mar.

Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,

tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

 

a   Lectura del santo Evangelio

según san Juan

20, 1-2. 11-18

 

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentado uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes"». '

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras».

 

Palabra del Señor.

 

 

 

Reflexión

 

Éxodo 14, 5-18: El sábado leíamos cómo el pueblo de Israel salía de Egipto, pero hoy vemos que el Faraón se arrepiente de haberles dejado escapar -un pueblo numeroso, mano de obra barata- y emprende su persecución.

Por otra parte, qué poca memoria la del pueblo israelita. Acaban de ser liberados de la esclavitud y ya se han olvidado de Dios. Empiezan a murmurar contra Moisés, nada más ver que les persiguen los egipcios. No le ven salida a la situación, acorralados como están entre el mar y los perseguidores. Moisés les tiene que animar: «no tengáis miedo, veréis la victoria que el Señor os va a conceder». Y les invita a seguir adelante con decisión, hacia la libertad.

El relato del paso del Mar Rojo, que continuará mañana, tiene mucho relieve en el Libro del Éxodo. Es explicable: se trata del acontecimiento clave y el mejor símbolo de la liberación. Aunque el camino hacia la tierra prometida esté lleno de dificultades, la travesía del Mar Rojo es el hecho constituyente del pueblo de Israel.

No es una historia científica, imparcial, sino un relato religioso, en el que continuamente aparece el hilo conductor: Dios es fiel a su promesa, salva a su pueblo y lo guía. Cuanto más se exageren las cifras de los adversarios y el carácter épico del paso del Mar, tanto más claramente se proclama la grandeza de Dios y su bondad para con el pueblo.

El salmo no podía ser otro que el cántico que entonó el pueblo al verse ya salvado a la otra orilla del Mar Rojo: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado al mar... El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor... Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible».

Nosotros cantamos ese mismo cántico en la Vigilia Pascual, después de haber proclamado el relato del Éxodo.

En nuestra noche pascual, vemos el sentido pleno de la primera Pascua judía: no sólo admiramos la cercanía que tuvo Dios para con su pueblo, sino, sobre todo, el poder que mostró al resucitar a Cristo de entre los muertos, haciéndole «pasar» (=Pascua) a través de la muerte hacia la nueva existencia, a la que también nos conduce a nosotros por medio de las aguas del Bautismo.

En el Bautismo nos introdujo Dios en la nueva comunidad de los salvados. Y a lo largo de toda nuestra vida -camino de desierto, nos quiere liberar de todos los faraones y de todos los peligros que nos acechan. También a nosotros se nos tiene que repetir: «no tengáis miedo». La Pascua de Cristo es el inicio de nuestra victoria. Con nosotros no hará prodigios cósmicos ni podremos contar hazañas milagrosas. Pero sí somos conscientes de cómo Dios, por los sacramentos de su Iglesia, nos concede la fuerza para nuestro camino y nos quiere liberar de toda esclavitud.

Por desgracia, nos puede pasar lo que a los israelitas, que no estaban muy convencidos de querer ser salvados: ¿no se estaba mejor en Egipto? Esta queja la repetirán a medida que experimenten las dificultades del desierto. ¿Queremos de verdad que Dios nos libere de nuestros males, de nuestras pequeñas o grandes esclavitudes, o nos sentimos a gusto en nuestro Egipto particular? ¿o, tal vez, ni nos hemos enterado de que somos esclavos?

 

J. Aldazabal

Enséñame Tus Caminos

 

Jn. 20, 1-2. 11-18. Jesús, resucitado, se aparece en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. A Jesús no le interesa el pasado de las personas, solamente que, habiendo creído en Él y habiendo recibido el perdón de sus pecados, en adelante acepten su Vida y se dejen guiar por el Espíritu Santo. María Magdalena no sólo es la primera que ve al Señor resucitado, sino que es la primera apóstol de la resurrección, pues el Señor la envía a comunicar este mensaje a los apóstoles. Este mensaje grandioso no es sólo el del acontecimiento de la resurrección, sino el de hacer conciencia de que quienes creen en Jesús ya no son siervos, ni sólo amigos, sino hermanos de Jesús; por lo cual nuestro Dios es también nuestro Padre. La experiencia personal de salvación experimentada por María Magdalena la hace portadora de una Buena Noticia vivida por ella misma. Dios nos llama a todos para hacernos partícipes, en Cristo, de su propia Vida. Sin importarle nuestro pasado Dios quiere salvarnos, y conducirnos al gozo de la Vida eterna a su diestra, junto con Jesús, su Hijo. Mientras llega ese momento, sin perder nuestra unión con el Señor, llevemos a todos su mensaje de amor, de verdad, de vida y de misericordia que Él nos ofrece a todos.

En esta Eucaristía el Señor nos hace la oferta de su propia Vida y Espíritu. Tal vez nuestra existencia no ha sido lo suficientemente recta en la presencia de Dios. No por eso el Señor nos ha cerrado las puertas de su amor. La prueba de que nos ama consiste tanto en hacerse uno con nosotros para comunicarnos su Vida y su mensaje de salvación, que llevaremos a nuestros hermanos, como también el hacernos entrar en comunión de vida entre nosotros mismos, de tal forma que así como el Padre y Él son uno, así lo seamos Él y nosotros. El Señor conoce a profundidad nuestra vida. Pero nos quiere comunicar su Espíritu para vayamos como testigos suyos a darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y su historia. Vivamos unidos al Señor y seamos fieles portadores de su Evangelio de salvación a toda la humanidad.

En la Eucaristía hacemos nuestra la vida que Dios nos ofrece en Cristo Jesús; además, hacemos nuestra su misión. A nosotros corresponde trabajar por construir relaciones más fraternas, de tal forma que desaparezcan las persecuciones injustas y las manifestaciones de poderío egoísta. Somos hermanos y no podemos decirle a Dios: ¿Acaso soy guardián de mi hermano? Ser testigos de la resurrección de Cristo significa que nosotros, con nuestra vida, nuestras obras y palabras, somos un signo del Señor resucitado en medio de nuestros hermanos. Quien en lugar de anunciar con sus obras la vida, anuncia la muerte o la destrucción de su hermano, no puede llamarse, en verdad, hijo de Dios unido a Cristo Jesús. No hagamos de nuestra fe un motivo de dolor, ni de sufrimiento, ni de tristeza, ni de muerte para nuestros hermanos; sino que, por el contrario seamos motivos de paz, de alegría, de gozo, de vida para aquellos que entren en contacto con nosotros.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amarnos y ayudarnos como hermanos. Que con nuestras actitudes de amor fraterno contribuyamos para que, juntos, nos encaminemos hacia la posesión de los bienes definitivos. Amén.

 

Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Meditaciones para la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena (Mercaba.org).

SANTA MARÍA MAGDALENA 07-22

VER AÑO CRISTIANO

1. CLARETIANOS 2002

Preparaos, porque esta cuarta semana de julio viene cargada de memorias de grandes figuras. Como aperitivo, hoy celebramos la memoria de Santa María Magdalena (¡no confundir con María de Betania, aunque no faltan exegetas que insisten en que se trata del mismo personaje!).

De ella sabemos muy poco, pero los cuatro rasgos que nos ofrecen los evangelios nos permiten adentrarnos en el misterio de "un amor más fuerte que la muerte". Esta frase del Cantar de los Cantares me parece muy apropiada para resumir la trayectoria personal de la Magdalena. La liturgia nos regala tres hermosos textos. El de la segunda carta a los Corintios pone el acento en la novedad que produce el amor de Cristo. Quien lo experimenta ve las cosas de otra manera, da muerte a su vida vieja y prueba su condición de "criatura nueva". María de Magdala debió de vivir esta experiencia en su encuentro con Jesús. Tan honda fue, tan decisiva, que, a partir de ese encuentro, su vida fue una búsqueda incesante.

Sólo busca quien ha sido encontrado. He aquí la primera lección que la Magdalena nos ofrece y que Agustín de Hipona desarrolló como nadie. Por eso tiene tanta fuerza el salmo responsorial de hoy. Sus palabras parecen escritas para la ocasión: "Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua".

Que el amor hizo de María una buscadora queda patente en la pregunta que el Resucitado le dirige: "¿A quién buscas?". Me llaman la atención dos cosas. La primera es que esta pregunta clave está precedida por otra repetida: "¿Por qué lloras?". Como si la intensidad de la búsqueda fuera proporcional a la magnitud de la pérdida. Sólo se llora por lo que nos ha afectado profundamente. El llanto de la Magdalena es un certificado de un amor "directo al corazón", como suelen decir los cantantes de rock.

La segunda cosa que me llama la atención es el cambio de términos. Para el llanto se busca una causa (¿Por qué?). Para la búsqueda se hace referencia a una persona (¿A quién?). María no busca -como a veces nos gusta decir en el lenguaje de hoy- un ideal, una causa por la que luchar, un sentido. Todo esto vendrá por añadidura. María busca a Aquel que, mirándola "de otra manera", la ha restituido en su dignidad de mujer, a Aquel a quien ha seguido por los caminos de Galilea en compañía de otros hombres y mujeres, a Aquel colgado en un madero y abandonado por casi todos, excepto por ella.

Sólo busca de esta manera quien sabe que, una vez perdonado, no puede ya vivir en la antigua condición. ¿No os parece que la trayectoria de María Magdalena es una propuesta para nuestras búsquedas de hoy?

Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)


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2. 2002

COMENTARIO 1   -  Jn 20, 1.11-18

v. 20,1 El primer día de la semana, por la mañana temprano, todavía en tinieblas, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada.

Terminada la creación del Hombre (19,30) y preparada la verdadera Pas­cua (19,31-42), comienza sin interrupción el nuevo ciclo: el de la creación nueva y la Pascua definitiva. No señala el evangelista intervalo de días entre la muerte-sepultura de Jesús y la llegada del día primero; subraya así que uno y otro hecho son inseparables. “El último día”, que alboreó en la cruz, viene presentado ahora como “el primer día”, que inaugura la nueva época de la humanidad.

Por la mañana tem­prano indica un momento en que ya hay luz (18,28), dato difícil de conciliar con el que sigue: todavía en tinieblas. Como en este evangelio “la tiniebla” significa una ideología con­traria a la verdad de la vida (1,5; 3,19; 6,17; 12,35), esto quiere decir que María va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte y no se da cuenta de que el nuevo día ha comenzado ya. Es clara la alusión al Cantar (3,1: “Por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo busqué y no lo encon­tré”). María es figura de la comunidad-esposa.

Ella cree que la muerte ha triunfado. Va únicamente a visitar el sepulcro, sin llevar nada. La comunidad ha olvidado la recomendación de Jesús en Betania: guardar aquel perfume, que lo honraba como dador de vida, para el día de su sepultura (12,7). Pero la fe en la vida, simbolizada allí por el perfume, está ausente de María y de los discípulos que aparecerán a continuación. Buscan al dador de vida como a un cadáver.

Al llegar, vio la losa quitada del sepulcro. La losa puesta habría sido el sello de la muerte definitiva (cf. 11,38s.41); pero la vida de Jesús no se ha interrumpido, su historia no se ha cerrado.

 

v. 2 Fue entonces corriendo a ver a Simón Pe­dro y también al otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dijo: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto».

La reacción de María es de alarma. Avisa a los dos discípulos por separado. Como lo había anunciado Jesús, su muerte ha provocado la dispersión de los suyos (16,32).

En vez de anunciarles el dato objetivo, que la losa estaba quitada, María les propone su propia interpretación del hecho: se han llevado al Señor. Lo que era señal de vida (el sepulcro abierto) no lo ve como tal. Llama a Jesús "el Señor", pero para ella es un Señor impotente, que está a merced de lo que quieran hacer con él. El plural no sabemos indica la desorientación de la comunidad.

Ésta se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda, pero buscan a un Señor muerto. Él era su fuerza y su punto de referencia; al creerlo reducido a la impotencia, la comunidad queda ella misma sin ánimos y sin norte.

 

vv. 11-13 María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llo­rando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado puesto el cuerpo de Jesús. 3Le preguntaron ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les dijo: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Jesús había anunciado a los suyos la tristeza por su muer­te, pero asegurándoles la brevedad de la prueba y la alegría que les produciría su vuelta (16,16-23a). María, en cambio, llora sin esperanza (cf. 11,33); ha olvidado las palabras de Jesús. No se separa del se­pulcro, donde ya no puede encontrarlo.

Sin interrumpir su llanto, se asoma al interior del sepulcro. En los extremos del lecho ve dos ángeles o mensajeros de Dios; son los testigos de la re­surrección y están dispuestos a anunciarla. Van vestidos de blanco, color de la gloria di­vina; su presencia es un anuncio de vida. Están sentados: su testimonio del sepulcro vacío es el término de su misión. Colocados a un lado y a otro, como los querubines del arca de la alianza (Éx 25,18), custodian el lugar donde ha brillado la gloria de Dios.

El vestido de los ángeles indica que no hay razón para el llanto. Siendo mensajeros, si ella les preguntara (cf. Cant 3,2s: "¿Habéis visto al amor de mi alma"?) le darían la información que poseen. Pero no es María la que les pregunta, sino ellos a María («Mujer, ¿por qué lloras?»).

La llaman Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al es­poso, pensando haberlo perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.

La respuesta de María delata su estado de ánimo. Es el mismo que tenía cuando llegó al sepulcro por primera vez (20,2): sigue pensando que todo ha terminado con la muerte.

 

vv. 14-15a Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. 15Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Mientras siga mirando al sepulcro, lugar de muerte, María no encontrará a Jesús. En cuanto se vuelve, lo ve de pie, como corresponde a una persona viva, pero la idea de la muerte la domina y no lo reconoce. Habría reconocido a un Jesús yacente, pero no lo reconoce vivo.

La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles; como ellos, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Añade ¿A quién buscas?, como preguntó a los que iban a prenderlo (18,4.7), y espera la misma respuesta que aquéllos dieron entonces: "A Jesús el Nazoreo". Quiere darse a conocer. Pero María no pronuncia su nombre.

 

v. 15b Ella, pensando que era el hortelano, le dice: «Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré».

Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Con esta palabra reintroduce el evangelista la idea del huerto-jardín (19,41), volviendo al lenguaje del Cantar. Se prepara el en­cuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). María no se da cuenta aún, pero ya está presente la primera pareja del mundo nuevo, el comienzo de la nueva humanidad.

Jesús, como los ángeles, la ha llamado “mujer” (esposa); ella, expresando sin saberlo la realidad de Jesús, lo llama “Señor” (esposo, marido).

Sin embargo, obsesionada con su idea, piensa que si Jesús no está en el sepulcro se debe a la acción de otros (si te lo has llevado tú). No sabe que, al dar su vida libremente, Jesús tenía en su mano recobrarla (10,18). Cree también María que la presencia de Jesús está vinculada a un lugar preciso (dime dónde lo has puesto), donde ella podría encontrarlo. Quiere asegurarse la cercanía a Jesús, aunque sea muerto (y yo me lo llevaré).

 

vv. 16-17a Le dice Jesús: «María». Volviéndose ella, le dijo en su lengua: «Rabbuni» (que equivale a “Maestro”). Le dijo Jesús: «Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme».

Jesús la llama por su nombre y ella reconoce su voz (10,3; cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pa­sado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11: "Se oirán la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia"; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías.

Rabbuni, “Señor mío”, era tratamiento dado a los maestros, como lo hace notar el evangelista; pero lo usaba también la mujer para dirigirse al marido. Se combinan así los dos aspectos de la escena. Como término del lenguaje conyugal, Rabbuni expresa la relación de amor y fidelidad que une la co­munidad a Jesús. Como tratamiento para el maestro, indica que ese amor se concibe en términos de discipulado, es decir, de seguimiento, de práctica de un amor como el suyo (1,16; cf. 13,34: Igual que yo os he amado).

Hay un gesto implícito de María respecto a Jesús (Cant 3,4: “Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré”). A ese gesto responde Jesús al decir a María: Suéltame. Da la razón (aún no he subido al Padre para quedarme). No es aún el momento de la subida definitiva de Jesús al Padre (para quedarme) ni de la fiesta nupcial.

Con este detalle de la narración, el evangelista llama a la realidad a las comunidades cristianas. Aún no se encuentran en el estadio final. No pueden centrarse en la unión gozosa con el resucitado, olvidando la misión. Hay que continuar la de Jesús, realizando las obras del que lo envió (9,4) y mostrando hasta el fin el amor de Dios al ser humano.

 

v. 17b «En cambio, ve a decirles a mis hermanos: “Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, mi Dios y vues­tro Dios”».

Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama “sus hermanos”: amor fraterno, comunidad de iguales.

Antes de la definitiva hay otra subida de Jesús al Padre (Subo a mi Padre), que dará comienzo a la nueva historia. Después volverá con los discípulos (14,18), estará presente con los suyos y seguirá “llegando” a la comunidad. Cuando deje de “llegar” será el momento de la subida definitiva, a la que se incorporará la nueva humanidad, formada a lo largo de la historia y representada aquí en su primicia por María Magdalena. Será la entrada del reino de Dios en su estadio final; la creación habrá quedado plenamente realizada.

La mención del Pa­dre de Jesús como Padre de los discípulos responde a la promesa de 14,2-3: “En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos, etc.”. Jesús sube ahora para dar a los suyos la condición de hijos de Dios (mis her­manos), mediante la infusión de su Espíritu (14,16s).

Esta experiencia les hará conocer a Dios como Padre (17,3); será su primera experiencia verdadera de Dios. No van a llamar Padre al que ya creen conocer como Dios, sino al contrario: llamarán Dios al que experimentan por primera vez como Padre. No reconocerán a otro Dios más que al que ha manifestado en la cruz de Jesús su amor gratuito y generoso por el hombre, comunicándole su propia vida. Es el único Dios verdadero (17,3).

 

v. 18 María fue anunciando a los discípulos: «He visto al Señor en persona, y me ha dicho esto y esto».

Por boca de su representante, la comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús. María, que lo ha visto, se convierte en mensajera. Su anuncio parte de la experiencia personal de Jesús y del mensaje que él le comunica. Con este mensaje va a comenzar la nueva comunidad de hermanos, cuyo centro será Jesús.


COMENTARIO 2

La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.

1. Juan Mateos, El evangelio de Juan. Texto y comentario. Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa).

2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).


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3. DOMINICOS 2003

De nombre, la Magdalena
¿Quién no tiene en sus pupilas una hermosa cabellera rubia que decora el bello rostro de la Magdalena que pintaron nuestros artistas? Magdalena era, según la tradición, mujer inquieta, sumamente afectiva, insaciable en el amor, mujer de contrastes.

Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud. Abandonó una vida de placer, alejada de Dios, y se hizo discípula de Jesús. Atesoró perfumes que le atrajeran clientes sedientos de placer, y un día rompió el frasco más valioso para perfumar los pies cansados de Jesús.

Demos gracias a Dios por esta obra de la gracia. Él, Dios, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una codiciosa y licenciosa apasionada, una incondicional discípula del Señor, una heroína presta a acompañar a la Virgen en la cumbre del Calvario donde su Hijo era crucificado.

¿Quién ha visto mayor cambio que el de Magdalena en la dirección del amor? Manteniendo igual su fogosidad y entrega, hizo del vivir para sí un tránsito feliz al vivir para los demás; hizo de una vida pecadora, otra vida en santidad..

En la Pascua de resurrección, Jesús se lo pagó haciéndola su ‘mensajera’ ante los propios apóstoles acobardados y tristes:

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, a Dios mío y Dios vuestro (Antífona)

ORACIÓN:

Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén.

 

Palabra encendida
Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“[Canto de amor] Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré.

Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Vísteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Toda la belleza de la palabra amorosa, todo gesto de intimidad, toda búsqueda del amado por el amante, la utilizan la liturgia y la Escritura para hablar del amor de Dios y del alma, del Padre amante a la Hija amada. El amor siempre es un poco loco. Pero ese mismo amor es quien lo comprende.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Éste es un lenguaje nuevo en un reino de nuevo amor: Cristo que nos amó y murió por salvarnos es merecedor del máximo amor que quepa en nuestro corazón.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, después de la muerte de Jesús, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro... Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, dio media vuelta y vio a Jesús de pie, pero sin saber que era él.

Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”

 

Momento de reflexión
Para hacer unos minutos de reflexión sobre el amor y la fidelidad en este día, podemos tomar el espíritu de algunos pasajes bíblicos:

Cantemos al amor verdadero:
El amor lo necesitamos; siempre lo vamos buscando, y acabamos encontrándolo.

Si vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos en el amor y del amor. Vivir en desamor es muy triste. Vivir sin amor es estar muriendo.

El amor cristiano es un amor nuevo.
Es un amor que germina en las entrañas del Padre y en el corazón de Jesús. Dios ama y nos ama. Jesús, Hijo de Dios, se entregó a nosotros, por amor, y como Hijo que ama nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Él resumió la fuerza del amor diciendo: Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

María Magdalena, corazón y amor, según el relato evangélico.
Magdalena asimiló en tal grado el espíritu de amor del hombre nuevo anunciado por Cristo que se volcó sin medida en gratitud: gratitud sobre todo a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

Nosotros, que todavía vivimos en esta tierra y en esta Iglesia.
¿Cómo amamos? ¿a quién amamos? ¿por quién nos ofrecemos?

Nos apremia el amor de Cristo. Él ha hecho que los que viven no vivan para sí, sino para Cristo que murió y resucitó por ellos (2Cor 5,14-15).


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4. CLARETIANOS 2003

La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?

¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando?

Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga.

Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

Gonzalo (gonzalo@claret.org)


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5.  Martes 22 de julio de 2003 María Magdalena

Cant 3, 1-4: Buscaba al amor de mi alma
Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9
Jn 20, 1-2.11-18: Aparición a María Magdalena

Cuando María Magdalena escucha en su conciencia descubre que el Maestro está vivo.

En el corazón de María Magdalena todavía hay oscuridad, la invade la tristeza y la angustia y Juan lo expresa diciendo que ella va de madrugada al sepulcro cuando todavía está oscuro. Sin embargo, los obstáculos para reconocer al Resucitado empiezan a desaparecer: Su tristeza se convierte en asombro, la piedra que tapaba la tumba ha dejado la entrada libre, el sepulcro está vacío. Siente la necesidad de compartir esta primera experiencia por eso va a contarla a sus compañeros y se regresa nuevamente al sepulcro y vio que Jesús estaba allí pero no lo reconoció, cuando cae en la cuenta que el sepulcro está vacío, llora. Jesús viéndola llorar le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Pero ella necesita desahogarse, llora a un cadáver, llora un pasado del cual no ha podido desprenderse, ella le responde al que cree que es el encargado del huerto: Dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré, está dispuesta a seguir arrastrando su pasado, pero Jesús la hace reaccionar, con su tono acostumbrado la llama por su nombre y con esa clave ella reconoce al resucitado, volvió a escuchar en su conciencia esa palabra que un día la había liberado y la había hecho encontrarse consigo misma, esa palabra que la había sacado de su muerte espiritual y la había trasladado a la vida, ahora ante el sepulcro vacío, experimenta la nueva forma de vida de su maestro, la experiencia con el resucitado complementa el cambio interior de María Magdalena y aunque siente el deseo de tocarlo, ya no necesita la presencia física de Jesús, ya lo experimenta viviendo dentro de ella porque también la piedra que tapaba la entrada de su corazón ha sido derribada, la luz del resucitado ha transformado totalmente su vida, tendrá que comunicarlo, anunciarlo a los demás, a aquellos que todavía sienten la oscuridad de lo que ha pasado y que les queda difícil dar el paso a descubrirlo resucitado.

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO


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6. 2003

Ct 3, 1-4a: He buscado al amor de mi alma
2 Cor 5, 14-17: Porque el amor de Cristo nos apremia...
Sal 62, 2-9: Mi alma está sedienta de Ti
Jn 20, 1-2.11-18: ¡Rabúni!

Movimientos feministas cristianos de todos los continentes han proclamado esta festividad como la fiesta de la presencia de las mujeres en la Iglesia.

María Magdalena se nos presenta como modelo de discipulado, no sólo para las mujeres, sino para el conjunto de cristianos. Es preciso dejarnos interpelar por la fuerza del Evangelio, que no hace acepción de personas, y menos aún por razones de género. Es una mujer la que sabe estar sentada a los pies del Señor, escuchando su Palabra (Lc 10, 39). Son mujeres, encabezadas por María Magdalena, las encargadas de anunciar al Resucitado.

María Magdalena, apóstol de los apóstoles
María Magdalena fue llamada "Apóstol de los apóstoles" por los Padres de la Iglesia, y sin embargo es bien poco -aunque de enorme importancia- lo que de ella sabemos a través de los Evangelios.

Se suele fusionar a María Magdalena con la "pecadora pública" que lava los pies de Jesús con sus lágrimas en casa de Simón el fariseo y que recibe el elogio de Jesús "porque amó mucho" (Lc. 7, 36-50); también con María de Betania, o con la mujer que unge a Jesús para la muerte (Mc. 14, 3-9; Mt. 26, 6-13; Jn. 12, 1-8). Sin embargo, no hay en los Evangelios canónicos evidencias textuales que nos aseguren que se trate de la misma persona.

Lo que sabemos con certeza de María Magdalena es lo siguiente:

* Era una de las mujeres que, junto con los Doce acompañaban a Jesús "por ciudades y pueblos" mientras "anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios". (Lc 8, 1-2) y le habían seguido desde Galilea hasta Jerusalén, es decir, en toda la gran ruta de Jesús De estas mujeres (siete discípulas según Pistis Sophia) no se dice nada, hasta que las volvemos a encontrar junto a la cruz. Antes como hoy, la presencia de las mujeres es invisibilizada. Estas mujeres que seguían a Jesús habían sido "curadas de espíritus malignos y enfermedades" (Lc 8, 2). Pero de María Magdalena "habían salido siete demonios" es decir, todos los demonios.

* Formaba parte del grupo de mujeres que acompañaban a Jesús en el Calvario . Impotentes ante el martirio, tienen sin embargo el valor y el amor suficientes como para acompañar al Crucificado, cuando uno ha traicionado, otro ha negado, el resto ha huido; los sacerdotes y letrados se burlan. Quienes han tenido la experiencia de acompañar a personas moribundas saben lo difícil que es este simple "estar ahí", más aún en las condiciones de la agonía de Jesús

* Estuvieron con José de Arimatea y Nicodemo cuando sepultaron a Jesús. No necesitan de un profeta poderoso en hechos y en palabras para acompañar al Amado. Están ahí, no sólo en la agonía, sino en el silencio de la puesta en el sepulcro

* Va al sepulcro, junto con otras mujeres, al amanecer del primer día de la semana, cuando aún estaba oscuro, sin temor a los guardas, y desafiando la piedra que tapaba la entrada del sepulcro. Junto con otras mujeres recibe el mensaje de ángel, ve al Resucitado, y anuncia la Buena Nueva. ¡También entonces, como ahora, las palabras de estas mujeres fueron tenidas por desatinos por los discípulos varones, que sólo pudieron creer cuando se apareció a Pedro!

Estos datos hacen que resulte imposible reflexionar sobre María Magdalena sin verla como parte (y líder quizá) del grupo de mujeres, moviéndose con ellas en torno a Jesús. Y esta dificultad es a la vez una de las riquezas de María Magdalena.

Dentro de este conjunto, hay dos rasgos que caracterizan a María Magdalena: por una parte, Jesús expulsó de ella siete demonios; por otra, el encuentro tan peculiar entre la Magdalena y Jesús que nos relata el Cuarto Evangelio.

Jesús expulsa de ella siete demonios
Según la cultura judía, el número 7 es expresión de totalidad. En otras palabras, Jesús la cura y la salva, expulsa de ella todos los demonios, y hace de ella una primicia de la Nueva Creación. ¿Por qué pasa tan desapercibido este hecho en nuestras reflexiones y predicaciones?

Para que esto fuera posible se requería de una gran audacia de parte de María Magdalena: la audacia de quien es capaz de ponerse totalmente en manos de Dios.

Además, esta salida de los demonios no se efectúa sin costo para la persona. Pensemos si no en el endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que agita violentamente al muchacho antes de salir de él , o el joven que queda como muerto luego de que Jesús sacó de él uno de esos demonios que sólo pueden ser arrojados con el ayuno y la oración .

Quienes han logrado, con la ayuda de Dios, vencer una adicción, como el alcoholismo, las drogas, la ira, la gula u otras, saben por experiencia lo que significa este ponerse totalmente, sin reservas, en manos de Dios. Se requiere de esa fe que es confianza total, entrega total.

¡Rabúni!
Esa es la exclamación de María de Magdala cuando finalmente reconoce a Jesús.

Mucho se dice sobre la confesión de Pedro, o la de Tomás luego de la Resurrección. Pero qué poco se habla de esta simple palabra de María ante el Resucitado…

María ve a Jesús y no lo reconoce, apegada a la búsqueda del cadáver del Amado. Ha hecho del cuerpo muerto de Jesús un ídolo que le impide ver al Resucitado, al Cristo. Y Jesús-el-Cristo rompe en ella este último apego, este "octavo demonio" sub angelo lucis, que tienta a quienes tienen la audacia de amar como amó María de Magdala.

Llama también la atención el mensaje de Jesús resucitado a María Magdalena en el Cuarto Evangelio: "Anda donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."
Es diferente al mensaje que recoge Lucas en que el ángel les anuncia la Resurrección y ellas la anuncian a los discípulos varones; o bien en Mateo y Marcos, en que además se les pide que les anuncie que irá a Galilea y ahí le verán.

En este encuentro personalísimo con la Magdalena, el mensaje de Jesucristo es un mensaje teológico: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". María Magdalena debe anunciar, no sólo que resucitó, sino que sube al Padre, que participa de la gloria del Padre, que es además, nuestro Padre y nuestro Dios.

La iconografía de María Magdalena nos la representa a menudo como la eterna penitente sexual. ¿Por qué no recordarla como algunas antiguas pinturas, con una lámpara en la mano, anunciando la Pascua, la luz de Cristo?

María Magdalena, cuya vida inspiró la de muchas mujeres, sigue siendo ejemplo de discipulado: con sus hermanas (y hermanos) siguiendo a Jesús, hasta la cruz y el sepulcro; entregándose por completo, para que Dios haga de ella un ser totalmente transparente a la presencia de Dios; y finalmente, con la luz de Cristo, anunciando la Buena Nueva por excelencia.

Para la revisión de vida
- Ante mis defectos de carácter, ¿tengo la audacia de María Magdalena de ponerme a los pies de Jesús para pedirle que haga de mí una "nueva creación"?
- ¿Me atrevo a defender la dignidad de las mujeres, hijas de Dios, en los diversos ámbitos de la vida eclesial?

Para la reunión de grupo
- Las mujeres siguieron a Jesús durante su ministerio, desde Galilea hasta Jerusalén, hasta la cruz, el sepulcro y la Resurrección. Sin embargo, poco se nos dice de ellas en el Evangelio. ¿Cuál es la situación de las mujeres hoy en día en el seno de nuestras iglesias?
- Si Jesús encargó a las mujeres, y de manera especial a María Magdalena, el anuncio de la Resurrección nada menos a los apóstoles varones, ¿por qué tendríamos hoy las mujeres que callar?
- ¿Qué ministerios están en manos de mujeres? ¿Qué importancia tienen dentro de nuestras comunidades?
- Cuando las mujeres proclamamos la Palabra, somos oídas y creídas, o tenidas por locas, al igual que las mujeres del siglo I, cuyo mensaje fue tenido por desatino?
- ¿Cuántas veces nos ocurre esto? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación en el seno de nuestras comunidades?
- ¿Hace falta ser mujer para tener que defender los derechos de la mujer tanto en la sociedad como en la Iglesia? ¿Es menos o más hombre el varón que defiende esta Causa?

Para la oración de los fieles
- Para que las mujeres tengamos la audacia de las primeras seguidoras de Jesús...
- Para que tengamos la audacia de pedir a Jesús que expulse todos nuestros "demonios" y nos haga partícipes de su Resurrección, como a María Magdalena
- Para que nuestras comunidades se abran a una nueva relación de respeto y dignidad ante las mujeres...
- Para que tengamos el amor y la valentía de estar al pie de las muchas cruces de quienes hoy en día sufren por enfermedad, pobreza, injusticias, discriminaciones...
- Para que tengamos la audacia, como María Magdalena, de anunciar la Resurrección, aún en medio de un sistema de muerte y opresión...

Oración comunitaria
Danos, Señor Jesús, el amor y la audacia de María de Magdala, para alumbrar nuestras vidas, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestros países con la "luz de Cristo" que proclamamos con ella en la Pascua.

O bien:

Te damos gracias por la sororidad que nos hace tus seguidoras, y te pedimos sabiduría, discernimiento y firmeza para luchar por superar en el seno de nuestras comunidades toda muestra de discriminación hacia las mujeres, de modo que brille tu luz, ésa que pusiste en manos de Sta. María Magdalena para alumbrar al universo entero


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7. DOMINICOS 2004

Dijo Jesús a María Magdalena: anda, ve a mis hermanos y diles: subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

Magdalena es mujer inquieta e insaciable. Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8, 2), a gozar de buena salud; y pasó de alejada de Dios a ser discípula de Jesús.

Alabemos a Dios por la obra de la gracia que, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una licenciosa apasionada, una incondicional servidora que acompañó a la Virgen en el Calvario...

¿Quién ha visto mayor cambio que el de la Magdalena en la dirección del amor, permaneciendo éste igual en su fogosidad y entrega?

Así son los cambios que hacen santos a los pecadores.


La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
Lectura del Cantar de los Cantares 3, 1-4:
“Así dice la esposa: En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Visteis al amor de mi alma? Y, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma”.

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los corintios 5, 14-17:
“Hermanos: nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos...

El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo”.

Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue el sepulcro al amanecer... , y vio la losa quitada del sepulcro...

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Llorando, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles... que le preguntaron: mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho eso, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero sin saber que era él. Jesús le dice: mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?... Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! ....”


Reflexión para este día
El amor se necesita, se busca y se acaba encontrando.
Cuando decimos que vivimos de verdad en calidad de personas, vivimos del amor. Vivir sin amor es estar muriendo a todo lo que no es amor.

Nuestro amor cristiano es un amor nuevo.
Nace del corazón de Jesús que se entregó por nosotros, por amor, y nos mostró el camino de la entrega, oblación, donación por amor. Nadie ama más y mejor que el que da la vida por sus amigos y enemigos.

María Magdalena desbordó de amor,
Asumió en tal grado el espíritu del hombre nuevo en Cristo, que se volcó sin medida en gratitud a quien primero la amó hasta dar su vida por ella: Cristo Jesús.

Examinémonos a nosotros mismos, que todavía vivimos en esta tierra.
¿Cómo amamos? ¿a quién amamos?, ¿por quién nos sacrificamos y ofrecemos nuestra vida?


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8. CLARETIANOS 2004

Queridos amigos y amigas:

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Ella pertenece al grupo de mujeres elegidas por los evangelistas para figurar con nombre propio en los relatos evangélicos. Esto nos hace pensar que tuvo que ser una persona muy significativa en la primera comunidad cristiana, más si tenemos en cuenta lo que la tradición dice de su vida anterior.

¿Qué tipo de discipulado encontramos en María Magdalena? Nos encontramos con una mujer inquieta, cautivada por Jesús, apasionada, que busca a Jesús. En María Magdalena también encontramos gestos de ternura hacia Jesús: es capaz de ponerse a sus pies, perfumárselos con el mejor perfume y besárselos. Otro rasgo de su seguimiento es la valentía del saber estar en los momentos clave, no sacando pecho o haciéndose ver, sino sabiendo acompañar con discreción, desde el silencio, un silencio que dice mucho: le acompaña de cerca en el camino al Calvario, permanece junto a María y Juan al pie de la cruz.

Esta cercanía de María Magdalena a Jesús no podemos decir que es pura relación afectiva que no compromete a nada. María Magdalena también participa de la Misión de Jesús, se siente misionera. Prueba de ello es que tras encontrarse con el Maestro en el sepulcro, corre a contar a los apóstoles lo que ha visto y vivido.

Ojalá también nosotros sepamos vivir así nuestro seguimiento a Jesús: sintiéndonos acogidos por él, amándole, siendo valientes, estando con él y siendo misioneros.
Vuestra hermana en la fe,
Miren Elejalde (Mirenelej@hotmail.com)


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9.

¡Cristo ha resucitado!

Fuente:
Autor: Cefid

Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.

Enséñame, Cristo resucitado, a descubrirte, para ser un instrumento de tu amor, a buscar las cosas de arriba y a gozar de tu presencia a lo largo del día. Transfórmame, como a los primeros discípulos, en un apóstol convencido de tu resurrección, capaz de darlo todo por Ti.

1. «Mujer, ¿por qué lloras?»

Las horas amargas del calvario han dejado una huella profunda en los discípulos. Aflora en ellos la duda, el desencanto. Les viene el deseo de regresar al pasado, de no haberse encontrado nunca con Cristo, de no haberle nunca entregado su amor.

Quizás el prototipo de estos momentos de soledad y abandono es María Magdalena. Ella había cambiado radicalmente su vida para consagrarse completamente al amor de Jesucristo, y sin embargo, ahora no lo encuentra. Llora desconsolada. Cristo se le aparece bajo la forma del jardinero y pregunta...

A nosotros también nos ocurre que el Señor se nos “esconde”, no lo hallamos con la facilidad de antes, y podría tocar a nuestra puerta el llanto, la desazón... Pero es necesario abrir bien los ojos. María todavía no tiene una fe plena en su Señor. Él ha muerto, y parece que todo ha terminado... ¡Lo tiene delante y no lo reconoce!

¿No nos sucede a nosotros otro tanto? Cristo está delante de nosotros en esa situación difícil, en ese fracaso aparente, en las pequeñas cruces de todos los días. Y nos pregunta, nos grita de mil maneras diversas, ¿por qué lloras? ¿No te has dado cuenta que he resucitado y estoy contigo para siempre?

Nos resulta urgente abrir los ojos de la fe. Cristo no acostumbra aparecer como Yahvé en el Antiguo Testamento. No hay rayos ni temblores. Jesucristo resucitado no quiere que le tengamos miedo y opta por lo sencillo. ¡Cristo camina con nosotros en lo cotidiano! Jesucristo se nos quiere manifestar en el trato con la familia, en la relación con el compañero de trabajo, la vecina, el cumplimiento del deber cotidiano. ¡Lo tenemos delante de los ojos, pero muchas veces no queremos descubrirlo! Da la impresión, en ocasiones, que conocer a Cristo sería más “fácil” si pusiera requisitos más complicados ... pero a Cristo se le conoce en la humildad de lo ordinario vivido de modo extraordinario.

“¡Levántate tú que duermes, y te iluminará Cristo!” nos anuncia la liturgia pascual. Pero podríamos decir también, levántate tú que estás abatido, triste, confundido, y sal al encuentro del Resucitado. Él ha olvidado ya tu pasado, tus traiciones e infidelidades. Él quiere secar hoy tus lágrimas. Es por eso que, como con María Magdalena, quiere iniciar contigo ahora un diálogo de corazón a Corazón...

2. «Si tú te lo has llevado...»

María Magdalena es una mujer que ama profundamente a Jesucristo. Impresiona que un enamorado sea capaz de ciertas “locuras” para agradar al amado y disfrutar de su presencia. El amor, cuando es auténtico, es donación, y su único límite es no tener límites.

Este amor que no conoce obstáculos lleva a esta mujer a decir cosas que, a simple vista, pueden parecer delirios o incluso acusaciones sumamente comprometedoras. Primero le insinúa al jardinero que ha sido un profanador del sepulcro de Cristo: “si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto...” Ella no está buscando culpables, sino que pide ayuda a quien sea. Su interés está en recuperar al amor de su vida que se le ha escondido. No reprocha, no reclama, simplemente suplica: “¡Oriéntame para encontrar al Maestro!” ¿También nosotros acudimos con ese interés a nuestra dirección espiritual, a los sacramentos? ¿Le pedimos a la Iglesia, a sus ministros, con verdadero interés, que nos muestren dónde está el Cristo vivo? ¿O nos hemos acostumbrado a su presencia silenciosa en la Eucaristía y en los hermanos?

Pero el amor de la Magdalena la empuja a más: “...yo lo recogeré”. ¿Cómo podrá una mujer sola cargar una cierta distancia el cuerpo de un hombre de 33 años, con la musculatura propia de un carpintero y peregrino, de un hombre-Dios que pudo expulsar Él solo a los mercaderes del templo? A la Magdalena, nuevamente, no le interesan las dificultades: su amor la empuja a vencerlas.

En nuestra vida también hay enormes dificultades y algunas nos parecen incluso imposibles. Sin embargo, el amor de un alma convencida se crece ante la adversidad. Su amor es tan intenso que, de un cierto modo, le descubre que Cristo resucitado está a su lado. Sólo le interesa encontrarlo, poseerlo y darse a Él sin medida.

3. «¡María!»

Cristo resucitado se conmueve ante el amor desinteresado y fiel de la Magdalena y la llama por su nombre. No puede seguir ocultándose y se le descubre. Y es que un amor así, a pesar de nuestras debilidades pasadas, conmueve a nuestro Señor hasta lo más profundo de su ser y se siente “desarmado”, no puede no corresponder a nuestro amor.

Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.


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10. 2004. Comentarios Servicio Bíblico Latinoamericano

A María la llamaban «Magdalena» porque venía de un pueblecito de Galilea llamado Magdala. Parece que Jesús la hizo sentirse totalmente sanada. Los evangelios nos dicen que expulsó siete demonios de ella (Mc 16,9; Lc 8,2). Ella le ayudó en su trabajo y fue testigo de su crucifixión.

Ha sido habitual identificarla con la mujer pecadora de Lucas 7,36-50, pero esa mujer no recibe ningún nombre y no hay razón suficiente para esa identificación.

En el evangelio de Juan, María Magdalena es la única mujer que se acerca a la tumba (en el de Mateo son dos, en el de Marcos tres y en el de Lucas un número indeterminado). Ellas fueron las primeras que recibieron la noticia de la resurrección de Jesús. Fueron enviadas a llevar la noticia a los hermanos. La palabra «apóstol» viene del griego «apostellein», enviar. ¡Resulta que los primeros apóstoles que proclamaron el mensaje cristiano de la Resurrección fueron mujeres! Por eso, María Magdalena es tradicionalmente conocida como la apóstol de los apóstoles. Es la patrona de los Dominicos, llamados también Orden de Predicadores, y muchos conventos de dominicos llevan el nombre de «María Magdalena». También la podemos ver como la patrona de todas las mujeres que han predicado el Evangelio de muchísimas maneras a través de la historia cristiana.

La memoria de María Magdalena está asociada indisolublemente a la de la resurrección de Jesús, pues ella fue, como leemos hoy en el evangelio de Juan, y como testimonian los otros evangelistas, la que primero llevó a los discípulos la gran noticia del hallazgo de la tumba vacía donde había sido colocado el cuerpo sin vida del Señor. En épocas distintas de la historia de la Iglesia se ha manifestado fuertemente la admiración por esta mujer, que de pecadora se hizo penitente y santa y que, confundida con otras mujeres que aparecen en los evangelios, manifestó al Señor un amor rendido y tierno, capaz de expresarse en gestos atrevidos que escandalizaron a sus contemporáneos y que nos inspiran a nosotros.

La primera lectura tomada del Cantar de los Cantares nos habla, precisamente, de ese amor desvelado, que en medio de la noche busca por la ciudad al objeto de su anhelo, que pregunta a los centinelas sin encontrar respuesta y que, finalmente, sin ayuda de nadie porque el amor se le hace encontradizo y se le entrega como un don, descansa en el amado. El libro del Cantar de los Cantares es un libro hermoso e inquietante. Escrito en versos apasionados lleno de imágenes y de metáforas audaces, cuenta los amoríos de dos jóvenes que se pierden, se encuentran, vuelven a perderse hasta que al fin, se abrazan definitivamente. Los judíos piadosos tuvieron sus reparos en aceptar este poema amoroso entre sus libros sagrados, terminaron haciéndolo cuando lo interpretaron como una metáfora del amor de Dios por su pueblo, como también lo hicieron los primeros cristianos, que lo aplicaron al misterio de amor de Cristo por la Iglesia. A lo largo de los siglos los místicos lo han convertido en una mina de sus anhelos en busca del amor absoluto, que sólo encuentra reposo al abismarse en Dios. Hoy, la liturgia le presta sus palabras a santa María Magdalena, que lloró al amor de su alma al pie de la tumba vacía, y que lo encontró resucitado, vestido de hortelano, entre las frondas del jardín.

El evangelio, tomado de san Juan, nos presenta a la santa junto al sepulcro de Jesús. Sólo encuentra dos ángeles que le preguntan por qué llora, lo mismo que un hombre a quien ella toma por el guardián del huerto. A todos les responde que llora por su Señor, porque no sabe dónde está, donde lo han colocado. Ella está dispuesta a buscarlo hasta el fin. Sólo la voz de Jesús le revela el misterio de la tumba vacía: su Señor ha resucitado, la llama por su nombre y le encarga la misión de anunciar a los discípulos su ascensión hacia el Padre. La pecadora penitente se convierte en mensajera, misionera de la resurrección, apóstol de los apóstoles.

¿Estamos muy seguros de haber encontrado a Jesús en nuestras vidas? ¿No nos hará falta un poco de la pasión y de la ternura con que lo amó y buscó la Magdalena hasta encontrarlo? ¿No estará oculto, vestido de hortelano, de pobre trabajador, de persona sencilla, muy cerca de nosotros, sin que le hallamos reconocido? Si le reconociéramos en nuestros hermanos, seríamos capaces de convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el dolor, la ausencia y las lágrimas. Seríamos sus entusiastas mensajeros.


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12.

La aparición a María Magdalena

Fuente: Catholic.net
Autor: Clemente González

Reflexión:

Es justo para María Magdalena que, en su infinita ternura y misericordia, Jesús Renacido prefiera mostrarse por primera vez a ella con su cuerpo transfigurado. La compasión que Jesús siempre ha demostrado respecto a las almas en pena lo ha llevado a mostrar mayor atención hacia ellas. María Magdalena siguió durante años a Cristo en sus recorridos por las calles de Israel compartiendo alegrías y esperanzas con los otros discípulos, y ahora recibe el consuelo de ser la primera en ver a su Maestro vivo.

¿Cuántas veces también nosotros nos sentimos deprimidos, trastornados, embrujados por los hechos que se arremolinan violentamente en nuestra vida? Es precisamente en estos momentos cuando Dios está más cercano a nosotros, ansioso de donarnos el consuelo de su abrazo y su Resurrección, si logramos renunciar a nuestra autocompasión y dejamos de hurgar, orgullosos, en nuestro corazón herido buscando sólo el bien propio. Si nos esforzamos por volver a la luz, entonces secaremos de nuestros ojos las lágrimas de la desesperación. Entonces veremos la esperanza de Cristo, el Hijo de Dios que ha triunfado sobre el dolor, el pecado y la muerte.


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13.

María Magdalena, Santa

Fuente: Catholic.net
Autor: Cristina Fernández

Hoy celebramos a Santa María Magdalena que, de ser una pecadora pública se convirtió en santa, tras un profundo encuentro con Cristo.

La Iglesia celebra la vida de María Magdalena como una de las más conmovedoras escenas de conversión total del Evangelio.
Los evangelistas hablan de María Magdalena de tres maneras distintas: como la pecadora arrepentida, como María Magdalena y como María, la hermana de Lázaro. La Liturgia romana las identifica como la misma persona.

Un poco de historia

El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, que es una población en la orilla occidental del mar de Galilea. Ella era una pecadora que se presentó a Cristo cuando Él cenaba en la casa de un fariseo y al momento se arrojó al suelo a los pies del Señor.
Se echó a llorar, bañando con sus lágrimas sus pies y los secó con sus cabellos. Después, los ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. Jesús le hizo ver al fariseo que esta mujer había lavado sus pies con sus lágrimas mientras que él no le había ofrecido agua para lavarse los pies al entrar a su casa, como era costumbre entre los judíos.

Él no le dio el beso de paz y ella no había cesado de besar sus pies; él no le ungió la cabeza y ella sí le había ungido los pies. Jesús añadió que a María Magdalena se le perdonaban sus muchos pecados porque había amado mucho. Y a ella le dijo: “Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.”

María Magdalena es una de las mujeres que seguían a Cristo en sus viajes, de las que nos hablan en varias ocasiones los Evangelios. Estuvo con Jesús, acompañándolo la víspera de la entrada triunfal en Jerusalén, cuando Él cenó con la familia de Lázaro en Betania. Ahí volvió a ungir al Señor con perfume y los que ahí estaban la criticaron, pensando que con el valor del perfume que ella derramaba, se podría dar de comer a muchos pobres. Cristo les dijo que la dejaran en paz, pues a los pobres siempre los tendrían, pero a Él no.

Ella fue una de las mujeres que acompañaron a Jesús camino al Calvario y, luego, permaneció junto a la Cruz. Los evangelistas sinópticos la citan siempre en primer lugar. Esto puede ser debido a que fue la mujer más célebre de la primitiva comunidad, después de la Madre de Jesús, por sus cualidades de carácter y su dedicación al Señor.

Junto con las otras mujeres, estuvo también en el sepulcro observando dónde colocaban el cuerpo del Maestro y, al regresar a casa, preparó perfumes y ungüentos para volver al sepulcro después del sábado y aplicarlos al cuerpo del Señor.

María Magdalena fue la que descubrió que alguien había quitado la piedra del sepulcro del Señor, cuando llegó al sepulcro con las otras mujeres cargada de aromas.

Fue la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo Resucitado cuando se quedó junto al sepulcro llorando amargamente, porque creía que habían robado el cuerpo de Jesús.

Jesús Resucitado quiso tener este encuentro con María Magdalena, con la pecadora arrepentida. Jesús la llamó diciéndole: “¡María!” , y ella le respondió: “¡Maestro!” Jesús le pidió que contara esto a los demás.

Algunos investigadores dicen que, después de Pentecostés, María Magdalena se fue a vivir a Éfeso con la Virgen María y con San Juan, donde murió. Otros dicen que se fue a vivir con Lázaro y Marta, para evangelizar la provincia y que pasó los últimos treinta años de su vida en esa zona.

¿Qué nos enseña la vida de María Magdalena?

Nos enseña que, aunque tengamos muchos pecados y caigamos muchas veces en los mismos, Dios nos ama y nos puede perdonar.

Jesús nos deja el Sacramento de la Confesión para perdonar nuestros pecados y darnos las gracias necesarias para seguir adelante.

Ella supo quién era Jesús. Sabía que era el Hijo de Dios y lo trató como tal. Su trato a Jesús fue delicado y lleno de detalles. No perdió ninguna ocasión para demostrarle su amor.

Dios vino a todos los hombres, pecadores y no pecadores. Jesús, al recibir a María Magdalena, nos hace ver a todos nosotros que nos ama. Dios nos ama como somos, con nuestros defectos y nuestras cualidades, y busca nuestro amor.

El amor de María Magdalena a Jesús se manifestó en un verdadero arrepentimiento de sus pecados y en una profunda conversión, en un cambio radical de vida.

Oración

María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
Amén.


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14. Fray Nelson Viernes 22 de Julio de 2005
Temas de las lecturas: Encontré al amor de mi alma * Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?.

1. Una imagen compleja
1.1 De María Magdalena se han dicho las cosas más bellas y las más procaces; se han escrito líneas sublimes y vulgares; se la ha representado como la gran imagen de la misericordia de Dios o como la sombra más persistente al ministerio de Cristo.

1.2 Esta multiplicación de versiones sólo deja en claro una cosa: hemos mirado a María Magdalena más como un objeto de la imaginación del pueblo o de los guionistas del cine que como una persona que desde las páginas de la Escritura nos saluda y nos comunica su mensaje.

1.3 O dicho de otro modo: esta fiesta, en este año, puede ser la gran ocasión para encontrarnos no con la fantasía, sino con esa maravillosa y salvífica verdad que el Señor nos regala en su Palabra Viva que es la Escritura.

2. La primera testigo
2.1 María Magdalena es testigo de excepción de la muerte de Cristo y testigo de excepción de su resurrección. Allí donde los "valientes" hombres, los apóstoles, han huido detrás de sus miedos, esta mujer, audaz y sencilla en su arrojo ha puesto sus ojos en el lugar preciso para ver, como tal vez nadie ha visto, la Pascua de Cristo.

2.2 Pero María Magdalena está ahí, al pie de la cruz, no por curiosidad no por causalidad, sino porque, su vida misma ha sido marcada por el ministerio de Cristo. Ella ha sido creada por la palabra, la gracia, la oración y el poder del Espíritu que habita en Jesucristo. Ha hecho un camino, desde Galilea hasta Jerusalén, y por eso ha hecho también ese otro camino, desde la entrada triunfal hasta el Gólgota.

3. Grandeza de Cristo
3.1 Así entendemos que en la vida de la Magdalena lo único grande fue y es Cristo; lo único bello fue y es Cristo; lo único poderoso fue y es Cristo. En ella, como en todos los santos, resplandece Jesús, el Cristo de Dios.

3.2 Fue grande Cristo liberándola de siete demonios. Fue grande perdonando sus culpas. Fue grande instruyéndola en el Evangelio vivo. Fue grande concediéndole fortaleza frente a la natural oposición que su presencia podía causar. Fue grande sobre todo llamándola como primera entre todos los hombres y mujeres que hoy proclamamos la verdad central de nuestra fe: ¡el Señor vive!
(
http://www.mercaba.org
).
 

Ejercicio de lectio divina para la fiesta de Santa Maria Magdalena.

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 
 

Lectio: Santa Maria Magdalena
Lectio: Viernes, 22 Julio, 2011
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 20,1-2.11-18
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.» Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.» Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní -que quiere decir: «Maestro»-. Dícele Jesús: «Deja de tocarme, que todavía no he subido al Padre. Pero vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» Fue María Magdalena y dijo a los discípulos: «He visto al Señor» y que había dicho estas palabras.
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la aparición de Jesús a María Magdalena, cuya fiesta celebramos hoy. La muerte de Jesús, su gran amigo, le hace perder el sentido de la vida. Pero ella no desiste de la búsqueda. Va al sepulcro para volver a encontrar a aquel que le habían robado. Hay momentos en la vida en que todo se desmorona. Parece que todo se termina. Muerte, desastre, enfermedad, decepción, traición. Tantas cosas que pueden hacernos faltar la tierra bajo nuestros pies y echarnos en una crisis profunda. Pero también acontece lo siguiente. Como que, de repente, el volverse a encontrar con una persona amiga puede rehacer la vida y puede hacernos descubrir que el amor es más fuerte que la muerte y la derrota. En la manera de describir la aparición de Jesús a María Magdalena aparecen las etapas de la travesía que ella tuvo que hacer, desde la búsqueda dolorosa del fallecido amigo hasta el encuentro con el resucitado. Estas son también las etapas por las que pasamos todos nosotros, a lo largo de la vida, en busca de la dirección hacia Dios y en la vivencia del Evangelio. Es el proceso de la muerte y de la resurrección que se prolonga en el día a día de la vida.
• Juan 20,1: María Magdalena va al sepulcro. Había un amor muy grande entre Jesús y María Magdalena. Ella fue una de las pocas personas que tuvieron el valor de quedarse con Jesús hasta la hora de su muerte en la cruz. Después del reposo obligatorio del sábado, ella volvió al sepulcro para estar en el lugar donde había encontrado al Amado por última vez. Pero, con su gran sorpresa, el sepulcro estaba vacío.
• Juan 20,11-13: María Magdalena llora, pero busca. Llorando, María Magdalena se inclina y mira para dentro del túmulo, donde ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había sido colocado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Los ángeles preguntan: "¿Por qué lloras?" Respuesta: "¡Porqué se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto!" María Magdalena busca al Jesús que ella había conocido, el mismo con quien había convivido durante tres años.
• Juan 20,14-15: María Magdalena conversa con Jesús sin reconocerle. Los discípulos de Emaús vieron a Jesús, pero no le reconocieron (Lc 24,15-16). Lo mismo acontece con María Magdalena. Ella ve a Jesús, pero no le reconoce. Piensa que es el jardinero. Al igual que los ángeles, también Jesús pregunta: "¿Por qué lloras?" Y añade: "¿A quién buscas?" Respuesta: "«Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré." Ella sigue buscando al Jesús del pasado, de hace tres días. La imagen de Jesús del pasado le impide reconocer al Jesús vivo, presente ante ella.
• Juan 20,16: María Magdalena reconoce a Jesús. Jesús pronuncia el nombre: "¡María!" (Miriam) Fue la señal de reconocimiento: la misma voz, la misma manera de pronunciar el nombre. Ella responde: "¡Maestro!" (Rabuni) Jesús había vuelto. La primera impresión es de que la muerte no fue que un accidente doloroso a lo largo del camino, pero que ahora todo había vuelto a ser como antes. María abraza a Jesús con fuerza. Era el mismo Jesús que había muerto en cruz, el mismo que ella había conocido y amado. Aquí se realiza lo que Jesús dijo en la parábola del Buen Pastor: "El las llama por su nombre y ellas reconocen su voz". - "Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen" (Jn 10,3.4.14).
• Juan 20,17: María Magdalena recibe la misión de anunciar a los apóstoles la resurrección. De hecho, es el mismo Jesús, pero lo que ha cambiado es la manera de estar unido a ella: Jesús le dice: "Deja de tocarme, que todavía no he subido al Padre”
Jesús sube al Padre. María Magdalena tiene que soltarle y asumir su misión: “Pero vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. Llama a los discípulos “mis hermanos”. Subiendo al Padre, Jesús nos abrió el camino e hizo con que Dios se quedara de nuevo cerca de nosotros. “Quiero que donde yo esté ellos estén conmigo” (Jn 17,24; 14,3).
• Juan 20,18: La dignidad y la misión de la Magdalena y de las Mujeres. María Magdalena es citada como discípula de Jesús (Lc 8,1-2); como testigo de su crucifixión (Mc 15,40-41; Mt 27,55-56; Jn 19,25), de su sepultura (Mc 15,47; Lc 23,55; Mt 27,61), y de su resurrección (Mc 16,1-8; Mt 28,1-10; Lc 24,1-10; Jn 20,1.11-18). Y ahora recibe la orden, la ordenación, de ir a los Doce y anunciarles que Jesús está vivo. en esta Buena Nueva de la Resurrección, las siete lámparas de los sacramentos se apagarían (Mt 28,10; Jn 20,17-18).
 
4) Para la relación personal
• ¿Has pasado ya por una experiencia que te dio esta sensación de pérdida y de muerte? ¿Qué te dio nueva vida y te devolvió la esperanza y la alegría de vivir?
• María Magdalena buscaba a Jesús de una manera y le encontró de otra. ¿Cómo acontece esto hoy en tu vida?
 
5) Oración final
Dios, tú mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agotado, sin agua. (Sal 63,2)
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-santa-maria-madalena
).

 

Maria Magdalena, la enamorada de Dios.

María Magdalena, la enamorada de Dios
El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor total. "Para mí la vida es Cristo"
Autor: Juan J. Ferrán, L.C. | Fuente: Catholic.net

 

Realmente nos encontramos en el Evangelio a un personaje muy especial del que nos pareciera saberlo todo y del que casi no sabemos nada: María Magdalena. Magdalena no es un apellido, sino un toponímico. Se trata de una María de Magdala, ciudad situada al norte de Tiberíades. Sólo sabemos de ella que Cristo la libró de siete demonios (Lc 8, 2) y que acompañaba a Cristo formando parte de un grupo grande de mujeres que le servían. Los momentos culminantes de su vida fueron su presencia ante la Cruz de Cristo, junto a María, y, sobre todo, el ser testigo directo y casi primero de la Resurrección del Señor. A María Magdalena se le ha querido unir con la pecadora pública que encontró a Cristo en casa de Simón el fariseo y con María de Betania. No se puede afirmar esto y tampoco lo contrario, aunque parece que María Magdalena es otra figura distinta a las anteriores. El rostro de esta mujer en el Evangelio es, sin embargo, muy especial: era una mujer enamorada de Cristo, dispuesta a todo por él, un ejemplo maravilloso de fe en el Hijo de Dios. Todo parece que comenzó cuando Jesús sacó de ella siete demonios, es decir, según el parecer de los entendidos, cuando Cristo la curó de una grave enfermedad.


María Magdalena es un lucero rutilante en la ciencia del amor a Dios en la persona de Jesús. ¿Qué fue lo que a aquella mujer le hechizó en la persona de Cristo? ¿Por qué aquella mujer se convirtió de repente en una seguidora ardiente y fiel de Jesús? ¿Por qué para aquella mujer, tras la muerte de Cristo, todo se había acabado? María Magdalena se encontró con Cristo, después de que él le sacara aquellos "siete demonios". Es como si dijera que encontró el "todo", después de vivir en la "nada", en el "vacío". Y allí comenzó aquella historia.

El amor de María Magdalena a Jesús fue un amor fiel, purificado en el sufrimiento y en el dolor. Cuando todos los apóstoles huyeron tras el prendimiento de Cristo, María Magdalena estuvo siempre a su lado, y así la encontramos de pié al lado de la Cruz. No fue un amor fácil. El amor llevó a María Magdalena a involucrarse en el fracaso de Cristo, a recibir sobre sí los insultos a Cristo, a compartir con él aquella muerte tan horrible en la cruz. Allí el amor de María Magdalena se hizo maduro, adulto, sólido. A quien Dios no le ha costado en la vida, difícilmente entenderá lo que es amarle. Amor y dolor son realidades que siempre van unidas, hasta el punto de que no pueden existir la una sin la otra.


El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor total. "Para mí la vida es Cristo", repetiría después otro de los grandes enamorados de Cristo. Comprobamos este amor en aquella escena tan bella de María Magdalena junto al sepulcro vacío. Está hundida porque le han quitado al Maestro y no sabe dónde lo han puesto. La muerte de Cristo fue para María un golpe terrible. Para ella la vida sin Cristo ya no tenía sentido. Por ello, el Resucitado va enseguida a rescatarla. Se trata seguro de una de las primeras apariciones de Cristo. Era tan profundo su amor que ella no podía concebir una vida sin aquella presencia que daba sentido a todo su ser y a todas sus aspiraciones en esta vida. Tras constatar que ha resucitado se lanza a sus pies con el fin de agarrarse a ellos e impedir que el Señor vuelva a salir de su vida.

El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor de entrega y servicio. Nos dice el Evangelio que María Magdalena formaba parte de aquel grupo de mujeres que seguía y servía a Cristo. El amor la había convertido a esta mujer en una servidora entregada, alegre y generosa. Servir a quien se ama no es una carga, es un honor. El amor siempre exige entrega real, porque el amor no son palabras solo, sino hechos y hechos verdaderos. Un amor no acompañado de obras es falso. Hay quienes dicen "Señor, Señor, pero después no hacen lo que se les pide". María Magdalena no sólo servía a Cristo, sino que encontraba gusto y alegría en aquel servicio. Era para ella, una mujer tal vez pecadora antes, un privilegio haber sido elegida para servir al Señor.


El amor de María Magdalena a Cristo constituye para nosotros una lección viva y clarividente de lo que debe ser nuestro amor a Dios, a Cristo, al Espíritu Santo, a la Trinidad. Hay que despojar el amor de contenidos vacíos y vivirlo más radicalmente. Hay que relacionar más lo que hacemos y por qué lo hacemos con el amor a Dios. No debemos olvidar que al fin y al cabo nuestro amor a Dios más que sentimientos son obras y obras reales. El lenguaje de nuestro amor a Dios está en lo que hacemos por Él.

En primer lugar, podemos vivir el amor a Dios en una vida intensa y profunda de oración, que abarca tanto los sacramentos como la oración misma, además de vivir en la presencia de Dios. En estos momentos además nuestra relación con Dios ha de ser íntima, cordial, cálida. Hay que procurar conectar con Dios como persona, como amigo, como confidente. Hay que gozar de las cosas de Dios; hay que sentirse tristes sin las cosas de Dios; hay que llegar a sentir necesarias las cosas de Dios.

En segundo lugar, tenemos que vivir el amor a Dios en la rectitud y coherencia de nuestros actos. Cada cosa que hagamos ha de ser un monumento a su amor. Toda nuestra vida desde que los levantamos hasta que nos acostamos ha de ser en su honor y gloria. No podemos separar nuestra vida diaria con sus pequeñeces y grandezas del amor a Dios. No tenemos más que ofrecerle a Dios. Ahí radica precisamente la grandeza de Dios que acoge con infinito cariño esas obras tan pequeñas. De todas formas la verdad del amor siempre está en lo pequeño, porque lo pequeño es posible, es cotidiano, es frecuente. Las cosas grandes no siempre están al alcance de todos. Además el que es fiel en lo pequeño, lo será en lo mucho.


Y en tercer lugar, tenemos que vivir el amor a Dios en la entrega real y veraz al prójimo por Él. "Si alguno dice: Yo amo a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20). El amor a Dios en el prójimo es difícil, pero es muchas veces el más veraz. Hay que saber que se está amando a Dios cuando se dice NO al egoísmo, al rencor, al odio, a la calumnia, a la crítica, a la acepción de personas, al juicio temerario, al desprecio, a la indiferencia, a etiquetar a los demás; y cuando se dice SÍ a la bondad, a la generosidad, a la mansedumbre, al sacrificio, al respeto, a la amistad, a la comprensión, al buen hablar. La caridad con el prójimo va íntimamente ligada a la caridad hacia Dios. Es una expresión real del amor a Dios.

Santa Maria Magdalena.

Fuente: ewtn.com


 22 de junio.           
 
Santa María Magdalena
 
"Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados."
(Mt 5,5)
 
Su nombre era María, que significa "preferida por Dios", y era natural de Magdala en Galilea; de ahí su sobrenombre de Magdalena. Magdala, ciudad a la orilla del Mar de Galilea, o Lago de Tiberiades.

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Jesús, al dar su Espíritu a sus apóstoles, les dijo que perdonasen los pecados conforme se lo habían visto a Él hacer: y la liturgia nos recuerda hoy un ejemplo, que será siempre famoso, de la misericordia del Salvador con los que se duelen de sus pasados extravíos.
María, hermana de Marta y Lázaro, era pública pecadora, hasta que tocada un día por la gracia, vino a rendirse a los pies del Señor.  “No te acerques a mí, porque estoy puro”, le dirían los soberbios; pero el Señor, al contrario, la recibe y perdona. Por eso Jesús, “acoge bondadoso la ofrenda de sus servicios”, y le ofrece para siempre un sitial de honor en su corte real. La contrición transforma su amor. “Por haber amado mucho, se le perdonan muchos pecados”. Movido por sus ruegos resucita Jesús a Lázaro, su hermano, y cuando Jesús es crucificado, le asiste, más muerta que viva; preguntando, como la esposa de los Cantares, a dónde han puesto su esposo Divino, Cristo la llama por su propio nombre, y mándale llevar a los discípulos la nueva de su Resurrección.
A imitación de la gran Santa María Magdalena, vengamos en espíritu de amor y de compunción, a ofrecer a Jesús, presente en la santa Misa, el tesoro de nuestras alabanzas. Hagámosle compañía, como las dos hermanas Marta y María; adornemos su altar, con ese recio espíritu de fe que no teme el escándalo farisaico, con todo el esplendor que conviene a la casa de Dios. Imitémosla sobre todo en su acendrado amor a Jesús, seguros de que haciéndolo así, lograremos la remisión entera de nuestras pasadas culpas, elevándonos, desde el fondo de nuestra miseria a la sima de la santidad. Al que busca a Dios con gemidos, pronto le abre la puerta de su misericordia y de sus ricos tesoros.   

Cuatro menciones en los Evangelios:
1) Los siete demonios. Lo primero que dice el Evangelio acerca de esta mujer, es que Jesús sacó de ella siete demonios (Lc 8,2), lo cual es un favor grandísimo, porque una persona poseída por siete espíritus inmundos tiene que haber sido impresionantemente infeliz. Esta gran liberación obrada por Jesús debió dejar en Magdalena una gratitud profundísima.
Nuestro Señor decía que cuando una persona logra echar lejos a un mal espíritu, este se va y consigue otros siete espíritus peores que él y la atacan y así su segundo estado llega a ser peor que el primero (Lc 11,24). Eso le pudo suceder a Magdalena. Y que enorme paz habrá experimentado cuando Cristo alejó de su alma estos molestos espíritus.
A nosotros nos consuela esta intervención del Salvador, porque a nuestra alma la atacan también siete espíritus dañosísimos: el orgullo, la avaricia, la ira, la gula, la impureza o lujuria, envidia, la pereza y quizás varios más. ¿Quién puede decir que el espíritu del orgullo no le ataca día por día? ¿Habrá alguien que pueda gloriarse de que el mal espíritu de la impureza no le ha atacado y no le va a atacar ferozmente? Y lo mismo podemos afirmar de los demás.
Pero hay una verdad consoladora: Y es que los espíritus inmundos cuando veían o escuchaban a Jesús empezaban a temblar y salían huyendo. ¿Por qué no pedirle frecuentemente a Cristo que con su inmenso poder aleje de nuestra alma todo mal espíritu? El milagro que hizo en favor de la Magdalena, puede y quiere seguirlo haciendo cada día en favor de todos nosotros.
2) Se dedicó a servirle con sus bienes. Amor con amor se paga. Es lo que hizo la Magdalena. Ya que Jesús le hizo un gran favor al librarla de los malos espíritus, ella se dedicó a hacerle pequeños pero numerosos favores. Se unió al grupo de las santas mujeres que colaboraban con Jesús y sus discípulos (Juana, Susana y otras). San Lucas cuenta que estas mujeres habían sido liberadas por Jesús de malos espíritus o de enfermedades y que se dedicaban a servirle con sus bienes (Lc 8,3). Lavaban la ropa, preparaban los alimentos; quizás cuidaban a los niños mientras los mayores escuchaban al Señor; ayudaban a catequizar niños, ancianos y mujeres, etc...
3) Junto a la cruz. La tercera vez que el Evangelio nombra a Magdalena es para decir que estuvo junto a la cruz, cuando murió Jesús. La ausencia de hombres amigos junto a la cruz del Redentor fue escandalosa. Sencillamente no se atrevieron a aparecer por ahí. No era nada fácil declararse amigo de un condenado a muerte. El único que estuvo junto a Él fue Juan. En cambio las mujeres se mostraron mucho más valerosas en esa hora trágica y fatal. Y una de ellas fue Magdalena.
San Mateo (Mt 27,55), San Marcos (Mc 15, 40) y San Juan (Jn 19, 25) afirman que junto a la cruz de Jesús estaba la Magdalena. En las imágenes religiosas de todo el mundo los artistas han pintado a María Magdalena junto a María, la Madre de Jesús, cerca de la cruz del Redentor agonizante, como un detalle de gratitud a Jesús.
4) Jesús resucitado y la Magdalena. Uno de los datos más consoladores del Evangelio es que Jesús resucitado se aparece primero a dos personas que habían sido pecadoras pero se habían arrepentido: Pedro y Magdalena. Como para animarnos a todos los pecadores, con la esperanza de que si nos arrepentimos y corregimos lograremos volver a ser buenos amigos de Cristo.
Los cuatro evangelistas cuentan como María Magdalena fue el domingo de Resurrección por la mañana a visitar el sepulcro de Jesús. San Juan lo narra de la siguiente manera:
"Estaba María Magdalena llorando fuera, junto al sepulcro y vio dos ángeles donde había estado Jesús. Ellos le dicen: - ¿Mujer, por qué lloras? - Ella les responde: - Porque se han llevado a mi Señor, y no sé donde lo han puesto.
Dicho esto se volvió y vio que Jesús estaba ahí, pero no sabía que era Jesús.
Le dice Jesús: - ¿Mujer por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el encargado de aquella finca le dijo: - Señor, si tú lo has llevado, dime donde lo has puesto, yo me lo llevaré.
Jesús le dice: '¡María!'
Ella lo reconoce y le dice : '¡Oh Maestro!' (y se lanzó a besarle los pies).
Le dijo Jesús: - Suéltame, porque todavía no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: 'Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios a vuestro Dios'.
Fue María Magdalena y les dijo a los discípulos: - He visto al Señor, y me ha dicho esto y esto." (Jn. 27, 11).
Esta mujer tuvo el honor de ser la encargada de comunicar la noticia de la resurrección de Jesús.
(
http://es.groups.yahoo.com/group/listamaria/
).

Lecturas de la Misa de la fiesta de Santa Maria Magdalena meditadas brevemente.

 Lecturas del Viernes 22 de Julio de 2011

Santa María Magdalena

Cant 3,1-4: Encontré el amor de mi alma
Salmo responsorial 62, 2-6.8-9: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Jn 20,1.11-18: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?

Cantar de los cantares 3, 1-4


Encontré el amor de mi alma
Así dice la esposa: “En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi lama: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma."

 

Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9


Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,/ mi alma está sedienta de ti; /mi carne tiene ansia de ti,/ como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Como te contemplaba en el santuario / Viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida,/ te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote./ Me saciaré como de enjundia y de manteca, / Y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio,/ y a la sombra de tus alas canto con jubilo; / mi alma está unida a ti, / y tu diestra me sostiene. R.

 

Juan 20,1.11-18


Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

Comentarios

Hoy la liturgia hace memoria de María Magdalena. Los cuatro evangelios testimonian de manera diferente que ella fue la primera en ver a Jesús resucitado, bien a solas, como en evangelio de Juan, o bien en compañía de los otros discípulos, como en los sinópticos (Mt 28,1-8; Mc 16,1-8; Lc 24,1-9).

El testimonio único de María Magdalena sobre la resurrección en el evangelio de Juan le ha otorgado, a través de la historia de la Iglesia, un puesto inigualable en las narraciones del Señor resucitado.

Dicho testimonio le mereció el título de “apóstol de los apóstoles” que le dieron los Padres de la Iglesia.

Lo más importante de esta escena es el envío que le hace el resucitado a María, que anuncie a los hermanos su mensaje pascual fundamental: Desde este momento, él y sus discípulos van a permanecer inseparablemente unidos como miembros de una única familia.

Ella es la portadora del mensaje de la nueva creación. La exigencia para el “hoy” de la Iglesia es llevar hasta sus últimas consecuencias el papel otorgado por Jesús a las mujeres que lo siguen, como testigos principales de la resurrección, fundamento de nuestra fe.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Evangelio diario meditado de la fiesta de Santa Maria Magdalena.

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Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto
Juan 20, 1-2. 11-18. Tiempo Ordinario. Dios se deja encontrar resucitado para quien lo busca con amor.
Autor: H. Joaquín Sainz | Fuente: Catholic.net

 

Evangelio

Lectura del Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Oración Introductoria

Jesús, gracias por el ejemplo de Santa María de Magdalena, ayúdame a reconocer mi debilidad, vulnerabilidad y pequeñez, para que así mi corazón encuentre en tu Amor la fuerza necesaria para acompañarte hasta la Cruz y compartir contigo la Gloria de la Resurrección. Jesús mío, te pido que me ayudes a contemplar con la fe y el amor de María Magdalena los misterios de tu Pasión y muerte para gozar también la alegría de tu victoria sobre la muerte.

Meditación

María Magdalena es un personaje muy especial en los evangelios, puesto que es claramente identificada como una pecadora. San Lucas precisa que de ella “habían salido siete demonios” (Lc 8,2). Lo cierto es que ese encuentro primero con Jesús cambió de forma radical su vida. Experimentó la debilidad del pecado y la fortaleza de la misericordia de Nuestro Señor.

La Magdalena siguió hasta el Calvario a Cristo, Estuvo presente en la crucifixión, en la muerte y en la sepultura de Jesús. Junto con la Madre Santísima y el discípulo amado recogió su último suspiro y ahí, al pié de la Cruz comprendió que sus pecados estaban siendo perdonados con cada gota de sangre derramada en el madero, que su salvación estaba en aquella muerte, en aquel sacrificio.

Ella fue quien descubrió, la mañana del primer día después del sábado, el sepulcro vacío, junto al cual permaneció llorando hasta que se le apareció Jesús resucitado (cf. Jn 20, 11). Y el Resucitado, como nos narra el evangelio de hoy, quiso mostrar su cuerpo glorioso ante todo a ella, que había llorado intensamente por su muerte. A ella quiso confiarle "el primer anuncio de la alegría pascual" para recordarnos que precisamente a quien contempla con fe y amor el misterio de la pasión y muerte del Señor, se le revela la gloria de su resurrección.

Reflexión Apostólica

La historia de María Magdalena recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él y lo ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo del poder de su amor misericordioso, más fuerte que el pecado y la muerte.

Así María Magdalena nos enseña que nuestra vocación de apóstoles se arraiga en nuestra experiencia personal de Cristo. Nuestro encuentro con él suscita un nuevo estilo de vida, ya no centrado en nosotros mismos, sino en él, que murió y resucitó por nosotros (cf. 2 Co 5, 15), renunciando a todo lo que nos lleva al pecado y conformarnos cada vez más plenamente a Cristo.

Propósito

Ofreceré un momento de mi día y un Ave María por la conversión de los pecadores.

Diálogo con Cristo

Jesús tu bien sabes cuántas veces te he fallado, pero también cuántas veces he intentado seguirte y ser coherente con mi fe. Dame la fuerza de una fe viva y operante que me lleve a proclamar la esperanza de tu Resurrección y que mi actuar cotidiano sea una muestra de la alegría de vivir tu Amor.

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (San Agustín, Confesiones, I, 1, 1).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa de Santa Maria Magdalena. Pedidos de oraciones.

Dios mio, que clara y directa es tu doctrina. Creo, espero, te amo y confio en que sera tu Espiritu Santo quien sigue esta meditacion a fin que sea el medio para crecer en el amor, en la adhesion vital y activa a la mision que me has encomendado.
MISA 22 de JULIO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
VIERNES 22
Santos: Maria Magdalena, penitente; Domingo de Cariacedo, ermitaño. Beato Agustin Fangi, presbitero. Memoria (Blanco)
LA PALABRA PROFETICA DE MARIA MAGDALENA

Ex 20, 1-17; Jn 20, 1-2. 11-18

Las personas religiosas solemos transgredir con frecuencia el mandato que prohibe profanar el nombre de Dios. Cuando queremos afianzar nuestros intereses mezquinos utilizamos el nombre santo a nuestra conveniencia. Los relatos de la resurreccion nos presentan a Maria Magdalena como testigo predilecto del resucitado. Ella aprendio a conocer de cerca al Senor Jesus en los dias de su vida mortal, lo sirvio con generosa entrega y supo reconocer su presencia discreta como resucitado. De esa alegre noticia fue portavoz decidida. Su palabra clarividente la convirtio en interprete autorizada de la Pascua de Jesus.

ANTIFONA DE ENTRADA (Jn 20, 17)
Jesus dijo a Maria Magdalena: Ve y diles a mis hermanos: Subo a mi Padre y a su Padre, a mi Dios y a su Dios.

ORACION COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que santa Maria Magdalena fuera la primera en recibir de tu Hijo Unigenito el encargo de anunciar el gozo de la resurreccion, concedenos, que siguiendo su ejemplo, demos a conocer a todos que Cristo vive y nos esta esperando en el cielo.
Por nuestro Senor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

La ley fue dada por Dios a Moises.

Del libro del Exodo: 20, 1-17

En aquellos dias, el Senor promulgo estos preceptos para su pueblo en el monte Sinai, diciendo: "Yo soy el Senor, tu Dios, que te saco de la tierra de Egipto y de la esclavitud. No tendras otros dioses fuera de mi; no te fabricaras idolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra. No adoraras nada de eso ni le rendiras culto, porque yo, el Senor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generacion de aquellos que me odian; pero soy misericordioso hasta la milesima generacion de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.
No haras mal uso del nombre del Senor, tu Dios, porque no dejara el Senor sin castigo a quien haga mal uso de su nombre.
Acuerdate de santificar el sabado. Seis dias trabajaras y en ellos haras todos tus quehaceres; pero el dia septimo es dia de descanso, dedicado al Senor, tu Dios. No haras en el trabajo alguno, ni tu, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el forastero que viva contigo. Porque en seis dias hizo el Senor el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, pero el septimo, descanso. Por eso bendijo el Senor el sabado y lo santifico.
Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos anos en la tierra que el Senor, tu Dios, te va a dar. No mataras. No cometeras adulterio. No robaras.
No daras falso testimonio contra tu projimo. No codiciaras la casa de tu projimo, ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava, ni su buey, ni su burro ni cosa alguna que le pertenezca". Palabra de Dios.
Te alabamos, Senor.

Del salmo 18
R/. Ayudanos, Senor, a cumplir tu voluntad.

La ley del Senor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Senor y hacen sabio al sencillo.
R/. Ayudanos, Senor, a cumplir tu voluntad.

En los mandamientos de Dios hay rectitud y alegria para el corazon; son luz los preceptos del Senor para alumbrar el camino.
R/. Ayudanos, Senor, a cumplir tu voluntad.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Senor son verdaderos y enteramente justos.
R/. Ayudanos, Senor, a cumplir tu voluntad.

Mas deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Senor, y mas dulces que la miel de un panal que gotea.
R/. Ayudanos, Senor, a cumplir tu voluntad.

ACLAMACION R/. Aleluya, aleluya.
¿Que has visto de camino, Maria, en la manana? A mi Senor glorioso, la tumba abandonada. R/.

Mujer, ¿por que estas llorando? ¿A quien buscas?

LECTURA Evangelio Juan capitulo 20, versiculos 1 al 2 y 11 al 18

El primer dia despues del sabado, estando todavia oscuro, fue Maria Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echo a correr, llego a la casa donde estaban Simon Pedro y el otro discipulo, a quien Jesus amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Senor y no sabemos donde lo habran puesto".
Maria se habia quedado llorando junto al sepulcro de Jesus. Sin dejar de llorar, se asomo al sepulcro y vio dos angeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde habia estado el cuerpo de Jesus, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los angeles le preguntaron: "¿Por que estas llorando, mujer?". Ella les contesto: "Porque se han llevado a mi Senor y no se donde lo habran puesto".
Dicho esto, miro hacia atras y vio a Jesus de pie, pero no sabia que era Jesus. Entonces El le dijo: "Mujer, ¿por que estas llorando? ¿A quien buscas?". Ella, creyendo que era el jardinero, le respondio: "Senor, si tu te lo llevaste, dime donde lo has puesto". Jesus le dijo: "¡Maria!". Ella se volvio y exclamo: "¡Rabbuni!", que en hebreo significa 'maestro'. Jesus le dijo: "Dejame ya, porque todavia no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".
Maria Magdalena se fue a ver a los discipulos para decirles que habia visto al Senor y para darles su mensaje. Palabra del Senor.
Gloria a ti, Senor Jesus.

Oracion introductoria
Maestro, la alegria de tu resurreccion es mi esperanza y la prueba que el amor puede triunfar en el mundo y en mi vida. Quiero reconocerte en este momento de meditacion, ¡iluminame!

Peticion
Padre mio, dame la pasion y presteza que tuvo Maria Magdalena para trasmitir tu mensaje.

REFLEXION Evangelio Juan capitulo 20, versiculos 1 al 2 y 11 al 18

Maria Magdalena permanece junto a la tumba vacia de Jesus con el deseo de saber a donde se han llevado a su Maestro. Luego lo encuentra y lo reconoce cuando El le llama por su nombre. Tambien nosotros, si buscamos al Senor con sencillez y sinceridad de corazon, lo encontraremos, mas aun, sera El quien saldra a nuestro encuentro; se dejara reconocer, nos llamara por nuestro nombre, es decir, nos hara entrar en la intimidad de su amor. Basta pedirle que nos otorgue el don de su amistad y buscarlo sinceramente.

La pagina del Evangelio nos dice que el Senor le dijo a Maria Magdalena que le soltara. Es que Maria Magdalena queria volver a tener a su Maestro como antes. Sin embargo, ya no era posible una relacion meramente humana con el Resucitado. Para encontrarse con El no habia que volver atras, sino entablar una relacion totalmente nueva con El: era necesario ir hacia adelante. La vida de relacion con Dios no puede ser estatica. El Senor nos llama siempre a mas, a crecer en el amor, en la donacion, en el apostolado. ¿Somos pues generosos con el Senor y vamos progresando en la amistad con El?

Asi como Maria Magdalena, y los demas discipulos, estamos llamados a ser testigos de la resurreccion de Cristo. No podemos guardar para nosotros la gran noticia de la salvacion. Debemos llevarla al mundo entero. Hemos de transmitir nuestra experiencia del amor de Dios a todos. Que el ejemplo de Maria Magdalena nos haga amar a Cristo y ser mensajeros suyos como lo hizo ella.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Senor, los dones que te presentamos y aceptalos con el mismo agrado con que tu Hijo Jesucristo acepto el homenaje de amor de Maria Magdalena. Por Jesucristo, nuestro Senor.

ANTIFONA DE LA COMUNION (2 Co 5, 14-15)
El amor de Cristo nos compromete a vivir, no para nosotros mismos, sino para El, que murio y resucito por nosotros.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Que el sacramento que hemos recibido encienda, Senor, en nosotros aquel mismo amor ardiente y fiel de santa Maria Magdalena a Cristo, su maestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

REFLEXION Evangelio Juan capitulo 20, versiculos 1 al 2 y 11 al 18

Este pasaje nos ilustra como, quien ha tenido una experiencia con Jesus resucitado, se convierte inmediatamente en testigo de la Resurreccion y con ello en un evangelizador. La palabra que usa el griego para la accion realizada por Maria Magdalena al ir a anunciar es “Angelusa” – que viene de “Angel” y que identifica a los “portadores de noticias de parte de Dios”. Maria ha sido capaz de reconocer en ese “jardinero” la presencia real de Cristo. El la ha llamado por su nombre y ella le ha dicho: Maestro. Mucha gente piensa que pasar una hora delante del Santisimo Sacramento es perdida de tiempo (algunos ni se lo han propuesto). Es ahi en donde, delante del misterio, el hombre puede llegar a reconocer en ese pedacito de pan la presencia real de Jesus y con ello convertirse tambien en un “Angel”, en un portador y anunciador de buenas noticias para los hermanos. Necesitamos llenar nuestras oficinas, nuestras escuelas, nuestros barrios
 de “angeles”, de hombres y mujeres que, como Maria Magdalena, puedan decir: Jesus esta vivo, yo lo he visto y ha cambiado mi vida; lo que hizo conmigo lo puede hacer tambien contigo.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.
Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.
Pbro. Ernesto Maria Caro

Julio 22
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado

Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

Mi hija y futura nietita sigue en iguales condiciones. Mi desesperacion es grande. Pero agradezco a todos los integrantes del grupo por acompañarme en mis oraciones y hacermelo saber. Senor; hagase tu voluntad y no la mía.
San Expedito; escucha mis suplicas. Santa Maria; Madre de todos nosotros humildemente recojenos en tu Sagrado Manto. Maria del Carmen Arecchia

Padre te suplico que me ayudes a superar este problema de salud, dame valentia para poder realizar la totalidad de los estudios medicos, también te pido por la salud de mi madre Maria Ester. Cristina.

Nuestra amiga Graciela Salerno pide oracion por su papa, Ruben Salerno, que esta internado y necesita de la oración de todos y de la ayuda de Dios. Unamonos en esta peticion. Gracias y bendiciones. Nora.

Oracion por por Oscar Covarrubais Herrera, Celia Covarrubias Ruiz y Anita Paez que se encuentran delicados de salud nos encontramos algunos estado de la republica mexicana Dios me los bendiga solo Dios sabe porque pasan las cosas y lo que es mejor para cada uno de nosotros gracias muchas gracias por este maravillosos medio un saludo de Tijuana Mexico. BLANCA

Ojala y pudieran poner la solicitud de mi intencion. Que si es voluntad de Nuestro Senor me sane del Alma y del Cuerpo, porque tengo 4 anos que me fracture de la tibia y el perone y todavia no me puede sanar. Jose Gabriel Tovar Navarro. "Gra Ciochi" mama79y83@yahoo.com.ar

Mia Villanueva, su mama Yanina se quedo sin liquido amniotico, le adelantan el parto, un millon de besos y gracias a todas. Stella Maris

Pido vuestras mas fervientes oraciones y plegarias por la salud de mi padre Juan, sometido a tratamiento por un tumor cerebral del cual fue operado, para que pueda resistir las sesiones radiologicas.Extended con amor vuestra plegaria para todos los enfermos que padecen esta triste enfermedad, Gracias y que Dios os bendiga y recompense. Alfonso

Padre te pido con todo mi corazón por la salud de mis hijos mario y patricio que padecen de fibrosis quistica para tu le des fuerzas y los fortalezcas en los momentos más críticos de sus vida, señor dale a ellos la alegría de llegar a ser personas de bien y que se desarrollen como personas y que siempre sigan el camino del bien y que los conduzcas hacia tí, aumenta en ellos y en mi la FE y la ESPERANZA, amen. Eliana

AGRADECIMIENTO A DIOS

Cumpleanos de Claudia Yanten
Cumpleanos de Leticia Cardozo
Cumpleanos de Anny

Mi madre ya esta en casa y todo ha ido bien. Dios os bendiga, doy gracias al Padre amoroso cuyo amor sanador todo lo puede. Chiti

Santo Padre gracias por este nuevo dia de vida y por el nuevo dia laboral! Te agradezco que todo haya salido bien para mi mama! Confio llegare bien a Aguada y mi carro no le pasara nada! Te amo y entrego mi vida para q la dirijas de acuerdo a tus ensenanzas.Amen. Lisa

POR LAS NECESIDADES DE

Por Boris junior que el Espiritu Divino y la Stma Trinidad le den hoy iluminacion y sabiduria para elegir lo mejor p. el y no repita errores del pasado. Virgencita envuelvelo en tu manto y presentalo a Tu Hijo para que El lo guie. Amen. Gracias, Dios les de Paz. "L". Elena

Hermanos: pido oracion para que pueda recuperar mi sueldo de marzo 2011. Bendiciones. Beatriz.

Pido oracion po mi hijo que esta pasando un momento dificil. Dios los bendiga
Amen. Lucia

Stma.Trinidad prove de salud y paz interior a Boris O. todo se resuelva con Tu poder. AMEN!. que aplique los buenos consejos por su salud, su vida familiar y, que recupere sus derechos a traves de TODAS las gestiones hechas...Asi sea! Elena

Q. E. P. D.

Leonor Luzuriaga Icaza vda. de Vidan
Laurita Correa Tigua
Claudina Pinargote Veliz
Humberto Antonio Garzon Delgado
Pablo Williams Loor Moreira
Olga Obdulia Ortega Toala
Jose Luis Solorzano Loor
Vera Centeno
Eugenio Quijije
Juana Clementina Cedeno

Querido grupo con la noticia de nuestro familiar Lourde de la Cruz Quintero ya partio hacia el Senor les sigo pidiendo oracion por ella.Blanca


PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

Por las benditas almas del Purgatorio


ECUADOR


ENVIE SU PETICION DE ORACION a

wpauta@gmail.com,

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indicando su nombre y peticion
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO

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Me inclino reverentemente ante El Señor


M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana
Chistifideles Laici
Barcelona - España

Lecturas meditadas de la Misa de Santa Maria Magdalena.

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

Viernes, 22 de julio de 2011
Santa María Magdalena
Éxodo 20, 1-17 / Juan 20, 1-2. 11-18
Salmo responsorial Sal  18, 8-11
R/.  "¡Tú tienes palabras de vida eterna, Señor!”
 
Santoral:
Santa María Magdalena , San Vandrilio,
Santas Ana Wang, Lucía Wang-Wang,
María Wang y San Andrés W.

 
Liturgia - Lecturas del día
 
 
 
 
Viernes, 22 de Julio de 2011
 
Santa María Magdalena
 
La Ley fue dada por medio de Moisés
 
Lectura del libro del Éxodo
20, 1-17
 
Dios pronunció estas palabras:
Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud.
No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas.
No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque Yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
No pronunciarás en vano el Nombre del Señor, tu Dios, porque Él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.
Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás Y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ninguna otra cosa que le pertenezca.
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO RESPONSORIAL                                                     18, 8-11
 
R.    ¡Tú tienes palabras de vida eterna, Señor!
 
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
 
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros
iluminan los ojos.  R.
 
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.  R.
 
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
 
 
 
EVANGELIO
 
Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
 
a    Lectura del santo Evangelio
según san Juan
20, 1-2. 11-18
 
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentado uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»
María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»
Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».
Jesús le dijo: «¡María!»
Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes"». '
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras».
 
Palabra del Señor.
 
Reflexión
 
Ex. 20, 1-17. El pueblo peregrino, aun en medio de los vaivenes entre la desesperación y la esperanza, entre la infidelidad y la fe, entre la murmuración y el amor, trata de manifestarle a Dios que le sigue amando con una enorme gratitud por todo lo que de Él ha recibido. Dios llega al colmo de su amor por su pueblo. Efectúa con él una alianza a la manera de la alianza matrimonial. Se compromete a tener a esa multitud como pueblo suyo, su único pueblo. Esa multitud se compromete, por su parte, a tener a Dios como su único Dios. Las cláusulas de esta alianza escritas como diez mandamientos comprometen la fidelidad de Dios y del pueblo. Mediante ellos se construirán relaciones más fraternas y se esforzarán por conseguir la felicidad, tanto terrena como futura. El cumplimiento de los mandamientos divinos nos sitúa en nuestro propio lugar en la vida. Nos hace ver a Dios como Aquel de quien venimos y Aquel hacia quien, finalmente se encaminan nuestros pasos. Vivir los mandamientos de la Ley de Dios no nos salva, pero sí nos acerca al Señor y al prójimo. Jesucristo le vino a dar plenitud a la Ley indicándonos que los mandamientos nos conducían hacia Él, que es Camino, Verdad y Vida. Llegados a Cristo, vivamos el precepto del amor en su plenitud, amando a Dios sobre todas las cosas, y amando a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado a nosotros.

Sal. 19 (18). alabamos a Dios, Creador del universo y Autor de la Ley santa. Así como Dios ha colocado el sol en el cielo para que la tierra se alegre con su luz y todos disfruten de su calor; así, a su pueblo santo le ha dado la Ley que ilumina el corazón del hombre. Gracias a ella el hombre se hace sabio, recto alegre y justo. En Cristo, luz que alumbra a todos los pueblos, nosotros hemos encontrado la paz, la santidad, la justicia; en Él hemos encontrado el perdón de nuestros pecados y la felicidad eterna. Escucharlo a Él es escuchar al Padre Dios, que nos invita a seguir a su Hijo en la fidelidad y el Amor hasta alcanzar en Él, con Él y por Él la vida eterna. En Cristo se hace realidad la profecía de Zacarías, padre del Bautista: Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos ha visitado el Sol que nace de lo Alto, para iluminar a los que están en tinieblas y en sombra de muerte, y para dirigir nuestros pasos por el camino de la paz.

Jn. 20, 1-2. 11-18. Jesús, resucitado, se aparece en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. A Jesús no le interesa el pasado de las personas, solamente que, habiendo creído en Él y habiendo recibido el perdón de sus pecados, en adelante acepten su Vida y se dejen guiar por el Espíritu Santo. María Magdalena no sólo es la primera que ve al Señor resucitado, sino que es la primera apóstol de la resurrección, pues el Señor la envía a comunicar este mensaje a los apóstoles. Este mensaje grandioso no es sólo el del acontecimiento de la resurrección, sino el de hacer conciencia de que quienes creen en Jesús ya no son siervos, ni sólo amigos, sino hermanos de Jesús; por lo cual nuestro Dios es también nuestro Padre. La experiencia personal de salvación experimentada por María Magdalena la hace portadora de una Buena Noticia vivida por ella misma. Dios nos llama a todos para hacernos partícipes, en Cristo, de su propia Vida. Sin importarle nuestro pasado Dios quiere salvarnos, y conducirnos al gozo de la Vida eterna a su diestra, junto con Jesús, su Hijo. Mientras llega ese momento, sin perder nuestra unión con el Señor, llevemos a todos su mensaje de amor, de verdad, de vida y de misericordia que Él nos ofrece a todos.
En esta Eucaristía el Señor nos hace la oferta de su propia Vida y Espíritu. Tal vez nuestra existencia no ha sido lo suficientemente recta en la presencia de Dios. No por eso el Señor nos ha cerrado las puertas de su amor. La prueba de que nos ama consiste tanto en hacerse uno con nosotros para comunicarnos su Vida y su mensaje de salvación, que llevaremos a nuestros hermanos, como también el hacernos entrar en comunión de vida entre nosotros mismos, de tal forma que así como el Padre y Él son uno, así lo seamos Él y nosotros. El Señor conoce a profundidad nuestra vida. Pero nos quiere comunicar su Espíritu para vayamos como testigos suyos a darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y su historia. Vivamos unidos al Señor y seamos fieles portadores de su Evangelio de salvación a toda la humanidad.
En la Eucaristía hacemos nuestra la vida que Dios nos ofrece en Cristo Jesús; además, hacemos nuestra su misión. A nosotros corresponde trabajar por construir relaciones más fraternas, de tal forma que desaparezcan las persecuciones injustas y las manifestaciones de poderío egoísta. Somos hermanos y no podemos decirle a Dios: ¿Acaso soy guardián de mi hermano? Ser testigos de la resurrección de Cristo significa que nosotros, con nuestra vida, nuestras obras y palabras, somos un signo del Señor resucitado en medio de nuestros hermanos. Quien en lugar de anunciar con sus obras la vida, anuncia la muerte o la destrucción de su hermano, no puede llamarse, en verdad, hijo de Dios unido a Cristo Jesús. No hagamos de nuestra fe un motivo de dolor, ni de sufrimiento, ni de tristeza, ni de muerte para nuestros hermanos; sino que, por el contrario seamos motivos de paz, de alegría, de gozo, de vida para aquellos que entren en contacto con nosotros.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amarnos y ayudarnos como hermanos. Que con nuestras actitudes de amor fraterno contribuyamos para que, juntos, nos encaminemos hacia la posesión de los bienes definitivos. Amén.
 
Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

La conversion de Maria Magdalena.

LA CONVERSIÓN DE MARÍA MAGDALENA

La pecadora es ahora una mujer nueva que empleará toda la fuerza del amor que le llevó al pecado a una causa mucho mejor.
Después de la segunda Pascua en Jerusalén, Jesús vuelve a Galilea. Allí, en una población que no nos es fácil identificar, es invitado a comer por un fariseo rico llamado Simón. Jesús acude abierto a toda muestra de buena voluntad, aunque sea con reticencias, como es este caso. En las comidas judías era costumbre tener muestras de hospitalidad como ofrecer abluciones, pero allí hay frialdad. El motivo quizá sea que Simón se sabe observado por otros fariseos que miran con malos ojos esa invitación. No quiere manifestarse demasiado amistoso con Jesús. Quiere observarle, pero, desde luego, no le mueve ninguna clase de amor al nuevo profeta, que se confiesa el Mesías y anuncia el nuevo Reino de Dios.
El ambiente es educado, pero frío. Cuando de repente entra una mujer, se arrodilla ante Jesús, llora y, al tiempo, rompe un frasco de perfume, y baña los pies del Señor con sus lágrimas. El gesto es más elocuente que las palabras: está arrepentida de su vida de pecado.

¿Quién era aquella mujer? Era una pecadora. Los indicios nos llevan a identificarla con la Magdalena –María de Magdala- que es hermana de Lázaro. Una mujer de buen ambiente religioso, pero que pierde la cabeza en una vida de pecado sin recato. Si grande fue la locura que le llevó a malos caminos, mayor aún ha sido la conversión dolorosa de esta mujer.

Jesús calla ante esta explosión de sentimiento. Él sabe bien que, a veces, las palabras tienen que esperar. Pero algo turba aquellos momentos de gozo y reconciliación con Dios. Es el juicio secreto de Simón. Jesús lo advierte y no puede callar.

"Viendo esto el fariseo que lo había invitado decía para sí: Si este fuera profeta sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora. Jesús tomó la palabra y dijo: Simón, tengo que decirte una cosa. Y él contestó: Maestro, di. Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo con que pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? Simón contestó: estimo que aquel a quien se le perdonó más. Entonces Jesús le dijo: Has juzgado con rectitud. Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? entré en tu casa y no me diste agua para limpiarme los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el beso, pero ella desde que entré no ha dejado de besar mis pies. No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho"(Lc). 
Jesús entra, y se coloca sin demasiadas ceremonias en el sofá, se reclinan sobre el brazo derecho, para comer con la mano izquierda, los pies descalzos están colocados hacia el exterior del asiento.

La mujer, desde sus lágrimas, escucha las palabras de Jesús, y se conmueve más aún. Está perdonada. Su gesto, valiente, ha tenido respuesta. Simón calla ante la lección. Jesús muestra el amor misericordioso que perdona al pecador.

"Aquél a quien menos se perdona menos ama. Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados". La sala entera se conmovió ante esas palabras, y, una vez más vuelven los comentarios: ¡Ha perdonado los pecados!. "Y los convidados comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?" Es el señor de la vida que resucitó a un muerto, es el señor del sábado que trabaja en íntima unión con el Padre celestial. Es el Hijo que puede perdonar, porque es igual al Padre y ha venido a traer el perdón a los hombres.

La mujer ha quedado silenciosa en medio del revuelo suscitado por su conducta. Entonces Jesús se dirige a ella, y le dice: "Tu fe te ha salvado; vete en paz". Jesús dice que su pecado es real, pero encuentra la disculpa: "Ha amado mucho". Las últimas palabras del Señor se le quedan fuertemente gravadas en su memoria: "vete en paz". Se le dilata el alma, y asiente con todo su ser cuando oye que "ama más aquél a quien más se le perdona". La pecadora es ahora una mujer nueva que empleará toda la fuerza del amor que le llevó al pecado a una causa mucho mejor: la de amar a Dios con todas las fuerzas por el camino recién descubierto.

Enrique Cases,
Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Fiesta de Santa Maria Magdalena.

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SANTA MARÍA MAGDALENA
22 de Julio
María Magdalena, contemporánea de Jesús de Nazareth, nació en Magdala, identificada con la actual Taricheai, que es una población en la orilla occidental del mar de Galilea, de allí el apelativo de “Magdalena”.

Ella era una de las mujeres que “habían sido curadas de espíritus malignos y de enfermedades” por Jesús y que, con los doce apóstoles, acompañaban a Cristo en su predicación. San Lucas nos dice que Jesucristo expulsó de María Magdalena “siete demonios” (Lucas 8, 1-2).

María Magdalena fue una de las que acompañó a Jesús camino al Calvario y, luego, permaneció junto a Santa María, la Madre de Jesús, cerca de la Cruz (Juan 19, 25). Ella, con otras mujeres, preparó perfumes y ungüentos para ir al sepulcro después del sábado, descubriendo que alguien había quitado la piedra del sepulcro del Señor (Marcos 16, 1-4; Lucas 24, 1-2).

Fue la primera persona a la que se le aparece Jesús Resucitado (Marcos 16, 9). El Evangelio según San Juan nos narra:

“Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.» Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.» Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.” (Juan 20, 11-18).

Impresiona María Magdalena, valerosa y delicada, ardiente e intrépida. Emociona su actitud en el Calvario; su preocupación en la sepultura; el trajín en las primeras horas del domingo; la queja al “encargado del huerto”... y la maravilla del encuentro y de la misión que le encomienda el Señor.

Así, el Hijo de Dios le confió a ella, antes que a nadie, la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual de la Resurrección, convirtiéndose en evangelizadora de los evangelizadores y de los apóstoles. Recordemos, pues, a María Magdalena como testigo privilegiado de la Resurrección, la primera en anunciar a Cristo resucitado, y fiel e intrépida seguidora de su Maestro.

No se tienen datos ciertos sobre su vida después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés; algunos investigadores dicen que se fue a vivir a Éfeso con la Virgen María y con San Juan, donde murió. Otros dicen que se fue a vivir con Lázaro y Marta, y que fue expulsada con ellos hasta Francia, por la primera persecución judía de los cristianos, donde vivió, durante treinta años, una vida piadosa y penitente en una cueva cerca de Saint Baume, donde finalmente concluyó su carrera en este mundo.

ORACIÓN

“María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios. Amén."
(
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Fiesta de Santa Maria Magdalena.

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María Magdalena, Santa
Discípula del Señor, 22 de julio
Autor: Alejandro E. Pomar | Fuente: La Biblia Online


Discípula del Señor
Martirologio Romano: Memoria de santa María Magdalena, que, liberada por el Señor de siete demonios y convertida en su discípula, le siguió hasta el monte Calvario y mereció ser la primera que vio al Señor resucitado en la mañana de Pascua y la que se lo comunicó a los demás discípulos (s. I).
Hoy celebramos a Santa María Magdalen, debemos referirnos a tres personajes bíblicos, que algunos identifican en una sola persona: María Magdalena, María la hermana de Lázaro y Marta, y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús.

Tres personajes para una historia

María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas evangélicas. Ocupa el primer lugar entre las mujeres que acompañan a Jesús (Mt 27, 56; Mc 15, 47; Lc 8, 2); está presente durante la Pasión (Mc 15, 40) y al pie de la cruz con la Madre de Jesús (Jn 19, 25); observa cómo sepultan al Señor (Mc 15, 47); llega antes que Pedro y que Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua (Jn 20, 1-2); es la primera a quien se aparece Jesús resucitado (Mt 28, 1-10; Mc 16, 9; Jn 20, 14), aunque no lo reconoce y lo confunde con el hortelano (Jn 20, 15); es enviada a ser apóstol de los apóstoles (Jn 20, 18). Tanto Marcos como Lucas nos informan que Jesús había expulsado de ella «siete demonios». (Lc 8, 2; Mc 16, 9)

María de Betania es la hermana de Marta y de Lázaro; aparece en el episodio de la resurrección de su hermano (Jn 11); derrama perfume sobre el Señor y le seca los pies con sus cabellos (Jn 11, 1; 12, 3); escucha al Señor sentada a sus pies y se lleva «la mejor parte» (Lc 10, 38-42) mientras su hermana trabaja.

Finalmente, hay un tercer personaje, la pecadora anónima que unge los pies de Jesús (Lc 7, 36-50) en casa de Simón el Fariseo.

Dos en una, tres en una

No era difícil, leyendo todos estos fragmentos, establecer una relación entre la unción de la pecadora y la de María de Betania, es decir, suponer que se trata de una misma unción (aunque las circunstancias difieren), y por lo tanto de una misma persona.

Por otra parte, los «siete demonios» de Magdalena podían significar un grave pecado del que Jesús la habría liberado. No hay que olvidar que Lucas presenta a María Magdalena (Lc 8, 1-2) a renglón seguido del relato de la pecadora arrepentida y perdonada (Lc 7, 36-50).

San Juan, al presentar a los tres hermanos de Betania (Marta, María y Lázaro), dice que «María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos». El lector atento piensa: "Conozco a este personaje: es la pecadora de Lucas 7". Además, en el mismo evangelio de Lucas, inmediatamente después del episodio de la unción, se nos presenta a María Magdalena, de la que habían salido «siete demonios». El lector ratifica su impresión: "María Magdalena es la pecadora que ungió a Jesús". Y por último, en el mismo evangelio de San Lucas, pocos capítulos después (Lc 10), María, hermana de Marta, aparece escuchando al Señor sentada a sus pies. El lector concluye: "María Magdalena y esta María son una misma persona, la pecadora penitente y perdonada, que Juan también menciona por su nombre aclarándonos que vivía en Betania".

Pero esta conclusión no es necesaria porque:

no hay por qué relacionar a Juan con Lucas; los relatos difieren en varios detalles. Así, por ejemplo, la unción, según Lucas, tiene lugar en casa de Simón el Fariseo; su relato hace explícita referencia a los pecados de la mujer que unge a Jesús. Pero Mateo, Marcos y Juan, por su parte, hablan de la unción en Betania en casa de un tal Simón (Juan no aclara el nombre del dueño de casa, sólo señala que Marta servía y que Lázaro estaba presente), y mencionan el gesto hipócrita de Judas en relación con el precio del perfume, sin sugerir que la mujer fuese una pecadora. Sólo Juan nos ofrece el nombre de la mujer, que los demás no mencionan.

los «siete demonios» no significan un gran número de pecados, sino -como lo aclara allí mismo Lucas- «espíritus malignos y enfermedades»; este significado es más conforme con el uso habitual en los evangelios.

Dos teorías

Los argumentos a favor de la identificación de los tres personajes, como vemos, son débiles. Sin embargo, tal identificación cuenta a su favor con una larga tradición, como se ha mencionado. Hay que decir también que los argumentos a favor de la distinción entre las tres mujeres tampoco son totalmente concluyentes. Es decir que ambas teorías cuentan con razones a favor y en contra, y de hecho, a lo largo de la historia, ambas interpretaciones han sido sostenidas por los exégetas: así, por ejemplo, los latinos estuvieron siempre más de acuerdo en identificar a las tres mujeres, y los griegos en distinguirlas.

Una respuesta "oficial"

A pesar de que ambas posturas cuentan con argumentos, hoy en día la Iglesia Católica se ha inclinado claramente por la distinción entre las tres mujeres. Concretamente, en los textos litúrgicos, ya no se hace ninguna referencia -como sí ocurría antes del Concilio- a los pecados de María Magdalena o a su condición de "penitente", ni a las demás características que le provendrían de ser también María de Betania, hermana de Lázaro y de Marta. En efecto, la Iglesia ha considerado oportuno atenerse sólo a los datos seguros que ofrece el evangelio.

Por ello, actualmente se considera que la identificación entre Magdalena, la pecadora y María es más bien una confusión "sin ningún fundamento", como dice la nota al pie en Lc 7, 37 de "El Libro del Pueblo de Dios". No hay dudas de que la Iglesia, a través de su Liturgia, ha optado por la distinción entre la Magdalena, María de Betania y la pecadora, de modo que hoy podemos asegurar que María Magdalena, por lo que nos cuenta la Escritura y por lo que nos afirma la Liturgia, no fue "pecadora pública", "adúltera" ni "prostituta", sino sólo seguidora de Cristo, de cuyo amor ardiente fue contagiada, para anunciar el gozo pascual a los mismos Apóstoles.

La liturgia de su fiesta

Los textos bíblicos que se proclaman en su Memoria (que se celebra el 22 de julio) hablan de la búsqueda del «amado de mi alma» (Cant 3, 1-4a) o de la muerte y resurrección de Jesús como misterio de amor que nos apremia a vivir para «Aquel que murió y resucitó» por nosotros (2 Cor 5, 14-17). Ell evangelio que se proclama en la Misa es Jn 20, 1-2.11-18, es decir, el relato pascual en que Magdalena aparece como primera testigo de la Resurrección de Jesús, lo proclama «¡Maestro!» y va a anunciar a todos que ha visto al Señor. Como se ve, ninguna alusión a sus pecados ni a su supuesta identificación con María de Betania. Sólo pervive de esta supuesta identificación el hecho de que la Memoria litúrgica de Santa Marta se celebra justamente en la Octava de Santa Magdalena, es decir, una semana después, el 29 de julio. Santa María de Betania aun no tiene fiesta propia en el Calendario Litúrgico oficial.

Los textos eucológicos de la Misa de la Memoria de Santa María Magdalena nos dicen, por su parte, que a ella el Hijo de Dios le «confió, antes que a nadie... la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual» (Oración Colecta). Magdalena es aquella «cuya ofrenda de amor aceptó con tanta misericordia tu Hijo Jesucristo» (Oración sobre las Ofrendas) y es modelo de «aquel amor que [la] impulsó a entregarse por siempre a Cristo» (Oración Postcomunión).

En la Liturgia de las Horas ocurre otro tanto, ya que los nuevos himnos compuestos después de la reforma litúrgica (Aurora surgit lúcida para Laudes y Mágdalæ sidus para Vísperas) hacen hincapié en los mismos aspectos: María Magdalena como testigo privilegiado de la Resurrección, primera en anunciar a Cristo resucitado, y fiel e intrépida seguidora de su Maestro. Algo similar se verifica en los demás elementos del Oficio Divino, en los que -nuevamente- no hay alusión ninguna a los supuestos pecados de la Magdalena ni a su condición de hermana de Marta y Lázaro.

Como claro contraste, cabe señalar que en la liturgia previa al Concilio, la Memoria del 22 de julio se llamaba «Santa María Magdalena, penitente», y abundaban las referencias a su pecado perdonado por Jesús y a su condición de hermana de Lázaro. El evangelio que se proclamaba era justamente Lc 7, 36-50, es decir, la unción de Jesús a cargo de «una mujer pecadora que había en la ciudad»: "in civitate peccatrix".

Finalmente, mencionemos que el culto a Santa María Magdalena es muy antiguo, ya que la Iglesia siempre veneró de modo especial a los personajes evangélicos más cercanos a Jesús. La fecha del 22 de julio como su fiesta ya existía antes del siglo X en Oriente, pero en Occidente su culto no se difundió hasta el siglo XII, reuniendo en una sola persona a las tres mujeres que los Orientales consideraban distintas y veneraban en diversas fechas. A partir de la Contrarreforma, el culto a María Magdalena, "pecadora perdonada", adquiere aun más fuerza.

La leyenda oriental señala que después de la Ascensión habría vivido en Éfeso, con María y San Juan; allí habría muerto y sus reliquias habrían sido trasladadas a Constantinopla a fines del siglo IX y depositadas en el monasterio de San Lázaro.

Otra tradición -que prevalece en Occidente- cuenta que los tres "hermanos" (Marta, María "Magdalena" y Lázaro) viajaron a Marsella (en un barco sin velas y sin timón). Allí, en la Provenza, los tres convirtieron a una multitud; luego Magdalena se retiró por treinta años a una gruta (del "Santo Bálsamo") a hacer penitencia. Magdalena muere en Aix-en-Provence, adonde los ángeles la habían llevado para su última comunión, que le da San Máximo. Diversos avatares sufren sus reliquias y su sepulcro a lo largo de los siglos.

Estas leyendas, naturalmente, no tienen ningún fundamento histórico y, como otras tantas, fueron forjadas en la Edad Media para explicar y autentificar la presencia, en una iglesia del lugar, de las supuestas reliquias de Magdalena, meta de innumerables peregrinajes.

Finalmente, cabe consignar que el apelativo "Magdalena" significa "de Magdala", ciudad que ha sido identificada con la actual Taricheai, al norte de Tiberíades, junto al lago de Galilea.

Oración

María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
Amén.
(
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Perder a Cristo.

Perder a Cristo
Quien se sienta triste porque le parece encontrarse lejos de Cristo, tenga esperanza, nadie pierde a Cristo "sin querer".
Autor: P. José Luis Richard | Fuente: Catholic.net

 

Le han matado a su Señor y ella no pudo socorrerle. Sus gritos en medio de la multitud no sirvieron de nada y en seguida los sofocaron con golpes y empujones. ¡No había podido hacer nada por Jesús! Seguirle en silencio y acompañarle de pie junto a la cruz. Y nada más.

Lloraba recordando, en cambio, lo bueno que había sido Jesús con ella aquel día en la casa de Simón, la paz que le había inundado siempre al lado del Maestro, su mirada bondadosa y limpia, aquella seguridad... Pero ya todo había acabado. Sus enemigos habían vencido y se habían desecho de Él y ahora ni siquiera le permitían a ella ungir como era debido el cuerpo del Señor.

Ella había creído que ya nunca podría llorar más. Que, después de la muerte de Jesús, quedaría insensible a cualquier otro dolor. Pero sí, aquello era demasiado. ¡Ya no tenía a Cristo! ¡Ni siquiera su cuerpo! Se lo habían quitado. Sintió rabia, amargura, odio, nostalgia. Todo a la vez.

Se le aparecen de pronto unos ángeles, pero ella ni se inmuta. ¿Qué le importa todo si ha perdido a Cristo? Jesús en persona se le acerca. No le oye llegar. Él se insinúa. Nada: está tan inmersa en su desesperación que no distingue la voz de Cristo hasta que Él mismo se le revela.

Ella se arroja sin dudarlo un instante a los pies de Cristo, los abraza llorando de alegría y en un instante cree entender todo lo que había pasado. Nosotros, mientras tanto, observémosla.

Ahí está María, de la que Jesús había expulsado siete demonios. Cristo le había perdonado sus muchos pecados porque ella había amado mucho. Y porque Jesús le había perdonado demasiado pensó que, en adelante, jamás podría decir que ella le amaba ya bastante.

Es una mujer y le ama como ella es: con sencillez, con naturalidad, con esos pequeños detalles que dejan la impronta de una alma delicada. No se le habían presentado oportunidades especiales, pero tampoco había perdido ninguna ocasión para demostrar a Jesús su cariño y su eterno agradecimiento por haberla salvado.

Con fina intuición esta mujer había experimentado que nada era comparable con la posesión de Cristo, con su amistad, con la paz que Él irradia. Y que, por ello, no existe peor tragedia que perderle o disgustarle.

Sólo se había equivocado en un detalle: creía que había perdido a Cristo, que se lo habían quitado. Y nadie pierde a Cristo "sin querer", como extraviamos un llavero o un reloj. María, en realidad lo llevaba muy, pero que muy vivo en su alma. Por eso se había levantado de madrugada. Por eso lloraba.

Quien se sienta triste porque le parece encontrarse lejos de Cristo, tenga esperanza. Si estuviese tan lejos como el demonio le sugiere, ninguna pena le daría. Una de dos: o ya tiene a Cristo o lo está tocando ya. Bastará, como hizo María, darse la vuelta, actuar como si ya lo hubiese hallado y descubrir la presencia de Cristo que le dice: "No me buscarías, si no me hubieses encontrado ya".


Señor, permíteme encontrarte en mi búsqueda de cada día

Fiesta de Santa María Magdalena. 22/07/2009.

SANTA MARIA MAGDALENA
 
 
 
22 DE JULIO
 
 
 
AUTOR: JESUS MARTI BALLESTER
 
 
 
SI ESTE FUERA PROFETA!!!... 
 
 
 
Caminando por Galilea, Jesús ha entrado en Naim, villa graciosa junto al Tabor en el panorama de la llanura del Esdrelón. Ha resucitado al hijo de la viuda. Y el pueblo todo revive la escena, la gratitud y la admiración. Simón es en Naim un representante del fariseísmo. Ha preparado un banquete, y ha invitado a sus amigos. Estima secretamente a Jesús, pero el orgullo farisaico le impide cumplir los deberes de la hospitalidad. Ni lava los pies al invitado ni le besa la mejilla, ni perfuma sus cabellos, según las tradiciones hebreas. Jesús en el banquete habla poco; pero observa y su mirada serena se fija sobre la multitud, como si buscase a alguien.
 
 
 
De repente, una mujer aparece en la puerta, se acerca al Señor y se arrodilla delante de Él. Tímida y audaz, indiferente a la lluvia de miradas que la acribillan, pero con un gesto de infinito respeto, rompe el frasco de alabastro que lleva apretado contra el pecho, y derrama los perfumes sobre los pies de Jesús. Todos los comensales se llenan de admiración y toda la casa se llena del olor del perfume. Con amor y con delicadeza,  rocía los pies portadores de la paz; hasta que, la ola de ternura que le aprieta el corazón, rompe en llanto. La congoja le impide hablar, pero llora; llora en silencio, manifestando, como puede, su humildad, su gratitud, su arrepentimiento. Los pies del Nazareno están humedecidos de llanto y de nardo; la pobre mujer no sabe cómo enjugarlos; pero tiene su cabellera fina y suave. Lentamente, amorosamente, las va pasando por los pies virginales de Jesús, y los cubre de besos.
 
 
 
Los comensales se miraban unos a otros con caras de pasmo. Simón, en el fondo, se sentía satisfecho. Parecíale haber descifrado un enigma. Por fin sabía a qué atenerse con respecto a aquel convidado misterioso, que parecía humillar a los más grandes de Israel con sólo su mirada.
 
 
 
Era un hombre como los demás; a quien pueden engañar y sensible a las caricias de una mujer. "Sí éste fuese profeta—decía en su interior—, debiera saber qué clase de persona es la que le toca." Y revelaba en su ademán la complacencia y el desprecio. Pero Jesús, que ha leído en el corazón de la pecadora, descubre también el pensamiento del fariseo, y le dice: "Simón, tengo una cosa que decirte." Y Simón responde: "Maestro, habla.": "Un acreedor, prosigue Jesús, tenía dos deudores; el uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Y como ni uno ni otro tenían con qué pagar, les perdonó la deuda. ¿Quién de ellos le amará más?" Y Simón respondió; "Supongo que aquel a quien más perdonó." "Has juzgado rectamente", dijo Jesús; y señalando a la mujer, prosiguió: "¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has lavado los pies; pero ella me los ha regado con sus lágrimas y secado con sus cabellos. Tú no me has besado, pero ella, desde que ha entrado, no ha cesado de besarme los pies; no me has ungido con óleo la cabeza, pero ella me ha ungido los pies con perfumes. Por eso te digo que se le ha perdonado mucho, porque ha amado mucho" Luego dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados."
 
 
 
Los invitados de Simón habían seguido la parábola en silencio. Las últimas palabras de Jesús les desconcertaban: "¿Quién es éste que perdona los pecados; Jesús volviéndose hacia la pecadora, le dijo: "Tu fe te ha salvado; vete en paz." Y la pecadora salió, no ya a buscar las amargas alegrías del placer, sino a abrazarse con los rigores de la expiación. Porque esta pecadora, cuyo nombre calla San Lucas, no parece ser otra que la Magdalena. El Evangelio no lo indica claramente, pero Tertuliano, Clemente de Alejandría, San Cipriano, San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y San Cirilo de Alejandría; y entre los modernos, Baronio, Lacordaire, Maldonado y los Bolandistas, defiende la identidad de María de Mágdala, María de Betanía y esta desconocida.
 
 
 
LA LEYENDA DEL TALMUD
 
 
 
Su nombre y su historia han dejado huellas en los libros rabínicos. La leyenda del Talmud nos habla de su espléndida hermosura, de su cabellera famosa, de sus riquezas y de sus escándalos. Casada con un doctor de la Ley, hubo de sufrir los celos rabiosos de su marido, que la encerraba en casa cuando se ausentaba. Altiva e impetuosa, se rebeló contra esta tiranía, sacudió todo yugo, se fugó con un oficial de las tropas del César, y con él se estableció cerca de Cafarnaum, en el pueblecito de Magdala, llenando las cercanías del Lago con sus desórdenes.
 
 
 
Allí, sin duda, oyó hablar del profeta que prometía la felicidad al que sufre y es despreciado y es blanco de ultrajes y de insultos.
 
 
 
En la soledad de las horas vacías que siguen siempre a las horas de placer, debió considerar la tristeza de su vida de pecado: el ocaso de la belleza, la vanidad de un cuerpo que terminaría pasto de los gusanos, la miseria de los paños de seda, de las joyas, de los ungüentos. En esta soledad interior llegaron hasta ella los primeros ecos de la buena nueva; las luces alegres del sermón de la Montaña y de las parábolas del Lago; "Bienaventurados los limpios de corazón... Llamad y se os abrirá; buscad y encontraréis. ¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le daría una piedra?" Estas palabras despertaron en ella una energía sobrenatural, se sintió libre, tuerte, capaz de vivir siempre en humildad de corazón, de regenerarse. Y, buscó a Jesús, el único que no la había de rechazar; le buscó con un amor impetuoso, con una voluntad resuelta de romper con el pasado. Y llegaba transformada, iluminada por la gracia, purificada por la llama de la caridad. Había pecado mucho, y por eso amaba mucho al que la llamó, y la salvó, y la convirtió, y la perdonó; y sus lágrimas, sus perfumes y su silencio, no son más que la expresión humilde de su amor agradecido.
 
 
 
Desde este momento, María Magdalena queda asociada al grupo de los íntimos de Jesús. Todo había cambiado en ella.
 
 
 
SIETE DEMONIOS
 
 
 
Siete espíritus inmundos habían entrado en ella. Ella les abrió su corazón y sus sentidos. La dominaban, la tiranizaban, y sólo vivía para ellos; para la envidia y el rencor, para la concupiscencia y el placer. Toda esta bandada infernal había huido con vuelo de pájaros nocturnos y agoreros. Aquellos ojos, fijos antes sobre las cosas de los sentidos, se habían vuelto hacia la luz de la vida verdadera. Ahora sólo les llenaba: la presencia de Jesús. María Magdalena vivía sólo para la contemplación ardiente y apasionada. Seguía a Jesús silenciosa, le miraba y recogía sus gestos, meditaba sus palabras y presenciaba sus milagros. Se unió a las mujeres que le seguían detrás de los doce, Él rara vez parecía distinguir aquella figura doliente que le miraba con ojos secos e inmóviles, como los que han llorado todas sus lágrimas. Pero ella le sentía dentro de sí, y ese sentimiento dejaba en su alma un consuelo perenne, una luz, una esperanza libre de inquietas incertidumbres. Lo demás la importa poco: el último lugar le basta; un rincón entre los discípulos de Jesús; un puesto humilde entre sus oyentes, lo bastante cerca para poder espiar sus movimientos y no perder el acento de su voz.
 
 
 
EL MAESTRO ESTA AHÍ Y TE LLAMA
 
 
 
María vive ahora en Betania, cerca de Jerusalén; vive con sus hermanos, con Marta, la activa, y con Lázaro, muerto y enterrado, cuya muerte está llorando. María sigue llorando la muerte de su hermano; sabe que Jesús llega a Betania, pero sigue sollozando sin atreverse a salir, hasta que Marta llega y le dice: "El Maestro está ahí fuera y te llama." Las lágrimas de María, la contemplativa, han conmovido a Jesús: “Mirad como le amaba”. Y Lázaro será "el hombre en quien se manifestó la gloria de Dios".
 
 
 
MARIA HA ESCOGIDO LA MEJOR PARTE
 
 
 
Cuando Jesús va a la ciudad santa, y cuando vuelve, el Maestro se detiene en su casa; allí come, duerme, hace sus milagros y predica LA PALABRA. La casa de Lázaro es, en Judea, lo que era la de Pedro en Cafarnaum. Desde que pasa el umbral, Marta empezaba a trajinar por la casa; Lázaro se acercaba con el agua de las abluciones, clavando en el Señor una mirada de gratitud, como de quien había visto a la muerte; María quedaba como arrobada en éxtasis, inmóvil, sin poder hacer otra cosa más que contemplar a Jesús, admirarle, escucharle, sentir la caricia de su acento y el latido de su corazón. Ya era bastante; era lo mejor, lo más perfecto, porque saciaban las ansias de su amor. Ha entregado su alma, toda su alma embelesada. ¿Qué importa el cansancio de las manos y el de los pies, sí puede ofrecer a su Dios el homenaje rendido del corazón? Y el Maestro aprueba su conducta: "María ha escogido la mejor parte, que nadie le arrebatará.
 
 
 
"SE HA ADELANTADO A UNGIR MI CUERPO PARA EL SEPULCRO
 
 
 
Fue también en un banquete, un banquete celebrado en Betania. Marta sirve a la mesa; Lázaro se sienta al lado de Jesús; en la sala hay muchos judíos, que han venido de Jerusalén para ver a Lázaro resucitado. Había adoradores, había espías y había curiosos llenos de admiración y respeto, y miradas llenas de hostilidad. Ya terminaba la comida, y apareció la Magdalena en la sala. Como en el banquete de su conversión, el de las lágrimas que la habían purificado, el de la voz que la había perdonado. Ahora había permanecido oculta y silenciosa, recogiendo la gracia de los labios y de los ojos del Señor. Tal vez en su frente leyó la tragedia sombría que una semana más tarde se iba a desarrollar en el Gólgota. No lloraba, pero toda su alma era llanto. Roja de amor y de vergüenza, inundado el rostro de una tristeza infinita, se acerca a Jesús, y derrama en su cabeza el precioso ungüento de nardo, que le llega hasta los pies. La sala, y la respiración de todos en la noche campesina, quedaron envueltas en la suave fragancia. Jesús volvió la cabeza, y vio el alabastro roto y la mujer que le enjugaba con sus cabellos. Y comprendió una vez más, María de Magdala le hacía el sacrificio de lo mejor que había en su casa, de aquel nardo precioso y sin mezcla, que amó tanto en los tiempos del pecado, y que ahora era el símbolo de su amor y de su adoración. Pero no todos pensaban igual. Judas a la vista del pomo roto, decía: "¡Qué locura! Más de una libra de ungüento, pudo venderse por trescientos denarios, para socorrer a los pobres…." Habla de los pobres, pero lo que le importa es el dinero. Su mirada refleja avaricia y envidia. María, acribillada por aquellos ojos, era una paloma ante el gavilán. Jesús respondió a aquellas palabras como al silencio de Simón: "¿Por qué molestáis a esta mujer por esta obra de ternura que ha hecho conmigo?. A los pobres siempre los tendréis con vosotros; mas no a Mi. Se ha adelantado a ungir mi cuerpo para el sepulcro. En verdad os digo, que mientras se predicare el Evangelio a través del mundo, se contará lo que ha hecho esta mujer, en memoria suya.’’ Jesús palideció; la Magdalena permaneció en una actitud de adoración; Judas se maldijo, y en su alma saltaron todas las víboras aletargadas de la perversidad. Ya no hubo alegría en. el banquete, En vano chispeaban los vinos en los vasos de plata; la sombra de la muerte flotaba entre el parpadeo de las luces, por encima de los comensales.
 
 
 
EN EL CALVARIO
 
 
 
Era un viernes, cuando empezaban a abrirse las flores de los manzanos. Una semana después, el viernes de la parasceve, María Magdalena, sosteniendo a la Virgen María, caminaba pálida y llorosa a través de la calle de la Amargura. Su amor llegaba hasta el fin; era más fuerte que la muerte. Allí, en la cumbre del Calvario, la tuvo clavada durante las horas mortales de la agonía de Jesús. Los ojos del Hijo del hombre la miraron; tal vez pensó que también para ella tendría una palabra, como para su madre, para Juan, para el buen ladrón; pero pensó que no era digna, que debía amarle más aún y llorarle más. Y lloró sobre su cuerpo muerto y besó sus brazos rígidos cuando José de Arimatea los desclavaba de la cruz, y le ungió por última vez antes de colocarle en el sepulcro, cuando ya no podía mirarla ni defenderla. Su amor era tan grande, que no podía apartarse del huerto de José de Arimatea: "Alejándose los discípulos—nos dice ella misma en la liturgia—, yo no me alejaba; y encendida en el fuego de su amor, me abrasaba en deseos," Iba y venía a través del huerto, siempre con los perfumes. Y al fin su anhelo mereció la mayor recompensa. Fue en la mañana memorable de la Resurrección. Ojerosa y pálida, María había llegado al sepulcro. Dos días llorando, dos días sin dormir. De repente, un nuevo dolor: el sepulcro estaba vacío. Muda de espanto, la pobre Magdalena mira en torno, busca huellas humanas entre los olivos, corre entre el follaje, agitada por una angustia infinita. De pronto, envuelto en los primeros rayos de la mañana, aparece un hombre, qué se acerca a ella y le dice: "Mujer, ¿por que lloras? ¿A quién buscas?" Creyó María que era el hortelano, y con voz suplicante le dijo: "Lloro porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto. Si has sido tú, dime dónde lo colocaste, y yo iré por él. ¡La locura del amor que piensa poder levantar ella sola un cadáver!" Enternecido por tan apasionado candor, conmovido por tan amable ingenuidad, el desconocido sólo pronunció una palabra, un nombre, su nombre, el de ella. Pero el acento era bien conocido: el inolvidable acento de los días de Naim y de Betania: "¡María!". Al fin, lo comprendió todo:”Rabboni” "¡Maestro!", clamó cayendo ante él sobre la hierba cubierta de rocío, y esforzándose por besar aquellos pies, con la cicatriz roja de los clavos.
 
 
 
Pero Jesús la detuvo: "No me toques—dijo—, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre. Os precederé en Galilea."
 
 
 
Y mientras se alejaba entre los árboles coronados de luz, María, ciega de felicidad, apóstol de los apóstoles, corría al cenáculo llevando la noticia de la resurrección. Antes que nadie ella, la contemplativa, había logrado ver a Cristo triunfador, Resucitado.
 
 
 
MAGDALENA EN EL CODIGO DA VINCI (P. Löring).
 
 
 
 "Los enemigos de la Iglesia se aprovechan de cualquier cosa, aunque sea una tontería, para atacarla. Empecemos por El Evangelio de Judas. Como si fuera un descubrimiento descomunal. ¡Pero si El Evangelio de Judas se conoce desde el siglo II, y ya San Ireneo en el siglo II dijo que era falso! A que viene ahora que digan: "Hemos descubierto un manuscrito del siglo II", si, pero que es falso. "Es un evangelio apócrifo, que no tiene origen divino. Hay montones de evangelios apócrifos y uno de ellos el de Judas, pero no es el único. Hay un libro de la editorial católica española BAC, dedicado a los evangelios apócrifos. Y ahora dicen que aparece un manuscrito en griego con El Evangelio de Judas. Hay montones y ese es uno de tantos manuscritos de evangelios falsos del siglo II, siglo III o siglo IV. "Los evangelios auténticos, los inspirados por Dios, los bíblicos, son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Y toda la lista de evangelios falsos, no son bíblicos. Por que son falsos. No tienen ninguna autoridad, no tienen ningún valor", sólo tiene el valor de ser un manuscrito antiguo, como hay muchísimos manuscritos antiguos. Pero no está inspirado por Dios y no hay por que darle crédito, y mucho menos cuando sabemos que en los evangelios apócrifos se inventan cosas, se cuentan historias que no tienen fundamento histórico ni son inspirados por Dios".
 
 
 
"El contenido del Evangelio de Judas tiene el propósito de dejar bien a Judas que traicionó a Cristo. De este manuscrito se deduce que Judas cumplió su misión, que hizo lo que estaba escrito, que Jesús iba a ser traicionado y Judas lo cumplió. Se le presenta como un pobrecillo, que le tocó lo feo, que tuvo que traicionar como estaba en las profecías. Quieren hacer pensar en Judas como un pobre hombre que cumplió con la misión que el cielo le había encomendado, traicionar a Cristo. Judas traicionó libre y voluntariamente. Estaba profetizado, por que Dios conoce el futuro y Dios sabía que Judas lo iba a traicionar y en las sagradas escrituras estaba escrito que Cristo iba a ser traicionado, pero Judas lo hizo libremente. Eso de querer presentar a Judas como un mensajero, un realizador de la voluntad de Dios. La novela y película del Código Da Vinci: "En la Última Cena de Leonardo Da Vinci no hay un cáliz. Cristo usó un cáliz. Porque Leonardo Da Vinci no pone cáliz en su cuadro, ¿ no hubo cáliz?. Y si Leonardo pone un gato, ¿ había un gato en la última cena? El artista puede poner lo que le da la gana, pero no tiene nada que ver con la realidad. La última cena fue como fue, y no como la pinte Leonardo Da Vinci".
 
 
 
"Vamos a ver la idiotez que nos quieren hacer creer. Dice el novelista que la figura del apóstol San Juan a un lado de Cristo en la pintura, no es Juan sino María Magdalena. Pues si esta figura es María Magdalena ¿dónde está San Juan? En el cuadro hay 12 apóstoles y si el novelista inventa que uno no es San Juan sino María Magdalena, San Juan ¿no fue a la última cena? ¿Andaba de paseo? ¡Pero que idioteces!".
 
 
 
"Hace años en España en un cine forum, después de ver la película, salieron los comentarios: "esta escena lo que quiere decir…", "pues esta escena, el mensaje que transmite…", "pues tal escena…" y al cabo de un tiempo, salió un señor que estaba de incógnito diciendo: "Soy el director de la película, de cuántas cosas me he enterado que yo no sabía, provocando la risa en el auditorio. "Así pasa, y empiezan a interpretar, "es que Leonardo Da Vinci lo que quería decir"… ¿Usted que sabe de lo que Leonardo Da Vinci quería decir? Si Leonardo Da Vinci levantara la cabeza diría: "Que cantidad de cosas dicen de mi cuadro que yo no sabía".
 
 
 
"Nos quieren hacer creer que el cáliz con la sangre de Cristo, el Santo Cáliz, era el bebé que llevaba María Magdalena en sus entrañas y que había engendrado Jesús. ¡Terrible blasfemia! Y que por eso no hay cáliz, según el novelista, por que el Santo Grial, Grial significa copa, la Santa Copa o Santo Cáliz, era el bebé que Magdalena llevaba en su seno engendrado por Cristo".
 
 
 
La verdad del Santo Grial: "San Marcos el evangelista era de una familia rica. Ellos eran muy amigos de Jesús, y la última cena se celebró en la casa de la familia de Marcos en Jerusalén. Y como es lógico, le pusieron a Jesús la mejor vajilla que tenían. En aquel tiempo las copas finas eran de alguna piedra semipreciosa. El Santo Grial es de Ágata".
 
 
 
"Después de la muerte y resurrección de Cristo, San Marcos se va con San Pedro a Roma y se lleva el cáliz que usó Jesús en la última cena. En ese cáliz decía misa sólo el Papa. Era el Cáliz Papal": "Antes del Concilio Vaticano II todas las misas eran con el Canon Romano, que es el mismo que usaba San Pedro para decir la misa. El texto de la consagración dice: "El Señor Jesús tomando en sus santas manos este cáliz". San Pedro decía "este cáliz" por que era el cáliz que había usado Cristo en la última cena. Cáliz Papal, donde sólo decía misa el Papa".
 
 
 
Pasaron los años, y en tiempos del Papa Sixto II, el Emperador Valeriano se apoderaba de los bienes de la Iglesia. El Papa encargó a San Lorenzo diácono y administrador, que salvara el Santo Grial de la rapiña del emperador. San Lorenzo era español, y le dio el Cáliz Papal a un soldado romano que era de su Jaca para que lo lleve a su familia en Jaca, España, junto con una carta que se conoce. En la basílica actual de San Lorenzo hay una pintura de San Lorenzo entregando un cáliz a un soldado romano que lo recibe de rodillas. La familia de San Lorenzo en Jaca, da el Santo Cáliz al obispo y al llegar la invasión musulmana de España, el obispo esconde el Grial en el Monasterio de San Juan de la Peña en el Pirineo Aragonés y ahí quedó escondido por siglos ". "Cuando terminó la ocupación musulmana, el Santo Grial volvió a ser expuesto a la veneración pública. Entonces el Rey de Valencia Martínez Lugano, da un fuerte donativo al monasterio y se lleva el Santo Grial a su oratorio particular. Después, otro Rey de Valencia, Alfonso el Magnánimo, piensa que tener el Santo Grial en su oratorio particular era una joya demasiado valiosa y se lo da al Obispo de Valencia. El Obispo hace construir una capilla para custodiar el Santo Cáliz y hasta el día de hoy está en Valencia el Santo Grial. Y el que quiera enterarse, se puede enterar". "Que no que me inventen la idiotez de que el Santo Grial es el bebé que lleva la Magdalena dentro. Son invenciones del novelista, la historia es la que es y documentada. Hay documentación y montones de estudios sobre lo el tema.
 
 
 
Cuando el Papa Juan Pablo II fue a Valencia, dijo misa con el Santo Grial, el Cáliz Papal", aseveró con firmeza. "Es triste que por incultura o por moda, o ligereza e irresponsabilidad, la gente se traga la novela del Código Da Vinci como si fuera verdad, es novela, todo es mentira, todo lo inventa el novelista, es mentira y además blasfemia. Por que todo eso que dice, que Jesús se casó con María Magdalena, que tuvo un hijo… ¡Vamos eso es blasfemo, es blasfemia! No tiene ningún fundamento para hacer esas afirmaciones. Todo mentira del novelista y además blasfemia".
 
 
 
"Un católico no debe comprar el libro ni ver la película. No debes dar ni un euro a ese sinvergüenza, que se está enriqueciendo calumniando a la Iglesia y además blasfemando.
 
 
 
JESUS MARTI BALLESTER



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