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Se muestran los artículos pertenecientes al tema FIESTA DE SAN PIO DE PIETRELCINA (PADRE PIO) (23 DE SEPTIEMBRE).


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Visitemos San Giovanni Rotondo.

Visitemos San Giovanni Rotondo, el segundo peregrinaje más visitado del mundo y donde el Padre Pio vivió 52 años

El Santuario del Padre Pío en San Giovanni Rotondo, sur de Italia. Se centra en la tumba de San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino y místico con abundantes dones sobrenaturales. Murió en 1968 y fue declarado santo en 2002.

El Padre Pío nació como Francesco Forgione el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia en una familia católica piadosa, Francesco entró en el convento en 1903 y un año más tarde recibió el hábito capuchino, tomando el nombre de Pío. Fue ordenado sacerdote y trasladado a varios lugares, hasta 1916, cuando llegó a San Giovanni Rotondo, donde permaneció durante los últimos 52 años de su vida.

 

DONDE ESTÁ SAN GIOVANNI ROTONDO
San Giovanni Rotondo se encuentra situado en el centro de un gran valle a 20 Km de Monte Sant’Angelo y a 567 metros sobre el nivel del mar, en Puglia, al este de Roma y al norte de Nápoles.

Vista de San Giovanni Rotondo
El centro habitado se desarrolla en el altiplano del Pianoro, a medio camino entre las cimas más altas del Gargano, el Monte Nero y el Monte Calvo. La ciudad conserva todavía la estructura de una antigua aldea de montaña, con edificios blancos techados con la característica teja de barro rojo.

El santuario del Padre Pío recibe 7 millones de peregrinos cada año y ocupa el segundo lugar luego del de la Virgen de Guadalupe en Ciudad de México. En respuesta a esto, una gran vanguardista Iglesia de Peregrinación del Padre Pío fue dedicada en el 2004 por el Papa Juan Pablo II. A partir del año 2000, había más de 50 nuevos hoteles en San Giovanni Rotondo para dar cabida a la multitud creciente de visitantes

La ciudad de San Giovanni Rotondo toma su nombre de la Rotonda di San Giovanni, un antiguo edificio en el borde del casco antiguo. Sin embargo, la ciudad hoy es más conocida por el Santuario del Padre Pío, que se centra en su tumba dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia (Santa Maria delle Grazie), diseñada por el genovés Renzo Piano, que puede albergar a 6.500 personas sentadas y 30.000 personas de pie afuera.

Estatua del padre Pio en la nueva Basílica
 

HISTORIA
Entre el siglo IV y III a. C. la aldea fue romanizada y al este del asentamiento se construyó un templo que estuvo dedicado primero a Apolo, luego a Vesta y, finalmente, a Jano, y que fue apodado “La Rotonda” por su forma circular. Tras las excavaciones se hallaron tumbas pertenecientes a aquella época.

Posteriormente, los habitantes de la zona se convirtieron al Cristianismo; el templo fue demolido y en su lugar se construyó una iglesia dedicada a San Juan Bautista.

En época normando-suabia, el Emperador Federico II fortificó el pueblo rodeándolo de murallas y torres (nada menos que una quincena) convirtiéndolo en una inexpugnable ciudadela.La ciudad pasó a parecerse a un castillo.

Los peregrinos procedentes del Tavoliere de la Pulla y que se dirigían al Monte Sant’Angelo para venerar la cueva en la que apareció el Arcángel San Miguel, recorrían la Via Sacra Langobardorum. Después de una pausa en los santuarios de Santa Maria di Stignano y de San Matteo, en San Marco in Lamis, se detenían casi siempre en San Giovanni Rotondo.

En San Giovanni Rotondo también dejó su huella San Francisco de Asís, en 1222, de regreso de la Sacra Cueva de San Miguel. Se construyó un convento franciscano en la que es actualmente la Via Michele D’Apolito, esquina Via Pietro Giannone, pero sus restos desaparecieron después de 1700.

Convento de los Capucchinos
 

CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS
Apartado del centro habitado se encuentra el Convento de los Capuchinos, donde vivió y realizó sus obras Fray de Pietralcina.

En el convento se halla la celda número 5, que el Padre ocupó desde su llegada a San Giovanni Rotondo hasta 1968. En su interior se encuentra el lecho, el Crucifijo, un arcón para la ropa, una mesilla, un escritorio, dos sillas y un estante colgado de la pared con algunos libros. No se permite visitar la celda ya que forma parte de la zona de clausura. Delante se encuentra una pequeña ermita con una estatua de la Virgen protegida por una hornacina. En esta ermita el Padre Pío celebró la misa durante el periodo de segregación, del 11 de junio al 15 de julio de 1933. La misa duraba cerca de tres horas.

• La construcción del convento se inició en 1538, a petición del pueblo, que también costeó las obras, y con el consenso del arzobispo de Siponto, el cardenal Giovanni Maria de Monte San Sabino, el futuro Papa Julio III.
El solar, que incluye una casa de labradores y un pozo, fue una donación de un tal Orazio Antonio Landi.

Celda 5 del Convento de Capuchinos
• En 1540, los frailes tomaron posesión del convento, siendo testimonios de Dios con su vida santa y recibiendo como compenso la asistencia divina.
• El 1 de febrero de 1575, se alojó en el convento Camillo De Lellis, quien, después de una larga conversación con el Padre Angelo, superior del convento, decidió cambiar de vida.
• 1811: el convento se cierra por primera vez.
• 1818: vuelve a abrirse
• 1867: a comienzos de año el convento vuelve a cerrarse.
• 1867, 20 de octubre: el convento, la iglesia, el terreno, los muebles y demás objetos pasan a ser propiedad del Municipio de San Giovanni Rotondo para ser utilizados conforme al artículo 20 de la ley de desamortización del 7 de julio de 1866. Hasta 1908 el convento se utiliza como hogar de mendigos.
• 1904: el Padre Provincial Pío da Benevento hace varios intentos ante la administración municipal para recuperar el convento.
• 1909: el Padre provincial Benedetto da San Marco in Lamis recupera el convento y, a principios de septiembre, los frailes vuelven a instalarse en él.
• 1916: 28 de julio, llega el Padre Pío de Pietralcina. A partir de ese momento la historia del convento estará ligada a la del beato Padre.

Nave central de la Basílica nueva
 

EL SANTUARIO DE SANTA MARIA DELLE GRAZIE
Consta de la pequeña iglesia antigua y de la nueva basílica. Ambas están dedicadas a la Virgen de los Milagros.

La iglesia antigua:
• 1540: inicio de las obras de construcción.
• 5 de julio de 1576: con gran solemnidad se consagra y se dedica a la Virgen de los Milagros. Posee una bonita luneta en la que aparecen la Virgen con el Niño, San Francisco y San Miguel Arcángel.
A ambos lados de la puerta se hallan dos lápidas instaladas por el Municipio de San Giovanni Rotondo para recordar dos fechas: los cincuenta años de sacerdocio del Padre Pío (10 agosto 1910 – 10 agosto 1960) y sus cincuenta años de residencia en San Giovanni Rotondo (1916 – 1966).
En el interior cabe destacar el altar de San Francisco, en el que el Padre Pío celebró la Santa Misa desde 1945 hasta 1959.

Vitral de la Basílica
Cripta de la Iglesia de abajo (cripta d'oro)
Tumba del Padre Pio
La nueva basílica:
• obra del arquitecto Giuseppe Gentile di Boiano (Campobasso).
• 2 julio 1956: inicio de las obras.
• 1 julio 1959: consagración por monseñor Paolo Carta, obispo de Foggia.
• 2 julio 1959: el cardenal Federico Tedeschini corona el cuadro de la Virgen de los Milagros.
• Tiene tres naves; al fondo de la nave central, en la pared del ábside, destaca el grandioso mosaico, que representa a la Virgen de los Milagros, concebido por el profesor Bedini y realizado por la escuela vaticana de mosaicos.
• En las naves laterales, en los altares, se encuentran ocho mosaicos realizados por la escuela vaticana a partir de dibujos del profesor Antonio Achilli y del Padre Ugolino da Belluno (sólo el mosaico de la Virgen del Rosario).

Base del Via Crucis con la estatua del Padre Pio
Estacion del via Crucis
 

IGLESIA DE SANTA MARIA DEGLI ANGELI
Entre el convento y el nuevo santuario se encuentra la iglesia de Santa Maria degli Angeli. Construida en 1540 con piedra local de Montenero, resultó dañada por el terremoto de 1629. En julio de 1676 fue consagrada y dedicada esta vez a la Virgen de los Milagros

Santuario Santa María de los Angeles
Al lado de la pequeña iglesia, ya insuficiente para recibir el enorme flujo de peregrinos y devotos que acudían a San Giovanni Rotondo, se levantó un nuevo santuario. Las obras finalizaron el 1 de julio de 1959.

Al salir del santuario, a la izquierda, se puede tomar el gran Via Crucis. Las obras de éste se iniciaron en mayo de 1968, poco antes de la muerte del Padre Pío.

Casa Sollievo della Sofferenza
 

CASA SOLLIEVO DELLA SOFFERENZA
El Padre Pío tuvo la idea de construirla ya en 1925, para ofrecer un hospital a los habitantes de San Giovanni Rotondo. Gracias a unas generosas donaciones, el padre logró convertir un antiguo monasterio en el pequeño Ospedale Civile San Francesco, con dos unidades, un equipamiento funcional y veinte camas. En 1938 un terremoto destruyó el edificio. Sin embargo, la idea del Padre Pío era de construir una “clínica” cerca del convento.

Las obras empezaron en mayo de 1947 y, gracias a las donaciones recibidas de todo el mundo, la clínica se inauguró el 5 de mayo de 1956. Llamada por el Padre Pío Casa Sollievo della Sofferenza, la clínica representa el testimonio más elocuente de su obra. Actualmente, la Casa Sollievo della Sofferenza parece una auténtica ciudad hospitalaria y las veinte camas originales son ahora casi 1200.

 

EL MONASTERIO DELLA RESURREZIONE
En un alto, rodeado de verdor, se encuentra el moderno monasterio que da cobijo a una comunidad de clarisas capuchinas. Es un lugar que favorece la oración con su silencio. También, desde ahí se puede contemplar un magnífico panorama que alcanza el golfo de Manfredonia.

Las obras para la construcción del monasterio se iniciaron el 23 de septiembre de 1975, día del aniversario de la muerte del Padre Pío. Al lado del monasterio se halla una pequeña iglesia en la que se puede escuchar la misa.

Actualmente se está construyendo una nueva grandiosa iglesia, proyectada por el arquitecto Renzo Piano, que dará cabida a cerca de 10.000 personas.

Por todo ello San Giovanni Rotondo es hoy una de las etapas mundiales de la espiritualidad

Iglesia Sant'Onofrio
 

SANT’ONOFRIO
Esta iglesia se remonta a 1300. En el 23 abril de 1344 el papa Clemente VI concedió, con una bula pontificia, unas indulgencias especiales a sus visitantes.

A partir de 1500 dejó de ser parroquia pero, por iniciativa de la comunidad de San Giovanni Rotondo, obtuvo de “Consalvus Ferrande, dux terrae novae” el permiso de celebrar, el 11 de junio, la fiesta del santo del mismo nombre.

Iglesia la Redonda
 

IGLESIA DE SAN GIOVANNI BATTISTA O DE LA ROTONDA
Recorriendo los estrechos y empinados callejones de la ciudad pueden visitarse: la iglesia de San Giovanni, también llamada “la Rotonda”, que dio el nombre a la ciudad. Se encuentra en la zona este de ésta y recibe luz de una apertura en el techo.

Los Pirgiani, que se convirtieron al cristianismo gracias a los monjes benedictinos del Convento de San Giovanni in Lamis (actual convento de San Matteo), dedicaron a San Juan Bautista el antiguo templo de forma circular.

 

ERMITA DE LA MADONNA DI LORETO
Se encuentra cerca de la Iglesia de San Onofrio. El edificio original se remonta al siglo XV. Fue construida por los devotos de las Marcas que se dirigían en peregrinación del Arcángel San Miguel. La iglesia fue construida en recuerdo de su constante presencia en nuestra zona.

Iglesia San Leonardo Abad
 

IGLESIA MADRE (SAN LEONARDO ABAD)
La que hoy se encuentra al comienzo del Corso Regina Margherita es una reconstrucción de la antigua iglesia, de la que ya no queda huella. En el lugar de la iglesia se hallaba un templo, construido en el siglo XIII. Se le llamaba “iglesia de San Leonardo” porque, además de estar dedicado al santo abad, cobraba algunas rentas inmobiliarias del monasterio del mismo nombre en Siponto.

Monumento de Fazzini
 

MONUMENTO DE FAZZINI DEDICADO AL PADRE PÍO
En la plaza de los Olmos se puede contemplar la última obra del escultor Pericle Fazzini, llamado por el poeta Ungaretti “el escultor del viento “. Se trata de una estatua del Padre Pío con los brazos levantados para mostrar el ostensorio. En la parte inferior pueden verse cuatro episodios de la vida del Padre Pío: en el primero el padre aparece con torvo semblante en el acto de alejar con una horca a un amigo que trata de disuadirle de su propósito de consagrarse a Dios; en el segundo, la tentación del diablo; en el tercero el padre Pío administra el sacramento de la reconciliación; y en el último recibe las marcas de la pasión de Cristo.

 

IGLESIA DE SANT’ORSOLA
También llamada “iglesia del Purgatorio”, fue construida entre 1596 y 1600.

El estilo es barroco-rococò, la fachada tiene un pórtico de piedra-mármol, una vidriera y dos hornacinas de las que asoman las estatuas de San Francisco de Asís y San Antonio. La espadaña, colocada en posición transversal a la fachada, soporta dos campanas de tamaño distinto. En la más pequeña de ellas se lee la inscripción “verbum caro factum est”, en la grande se ve una representación de San Antonio de Padua.

Iglesia Santa Caterina
 

IGLESIA DE SAN DONATO E SANTA CATERINA
En el centro histórico y en las calles del mismo nombre se levantan dos pequeñas iglesias, ambas construidas en 1200. Lamentablemente no ha quedado huella alguna de su glorioso pasado. En el altar mayor de la primera puede verse un lienzo del siglo XVII, en la segunda, la bóveda pintada al fresco con escenas de la vida de Maria Santísima.

 

IGLESIA DE SANTA MARIA MADDALENA
Llamada también Iglesia de las Monjas, se construyó, junto con el monasterio, por orden del vicario foráneo don Berardino Galassi, quien, en su testamento, manifestó su deseo de legar una suma de dinero a tal efecto. En 1905, las monjas de clausura procedentes de Monte Sant’Angelo se trasladaron a Manfredonia y en el lugar del convento el Padre Pío quiso levantar un hospital.
Sin embargo, un terremoto provocó su cierre. Actualmente de la antigua iglesia queda sólo la fachada, apuntalada ante el peligro de derrumbe.

 

IGLESIA DE SAN NICOLA
La iglesia se remonta al siglo XVII. En la iglesia se halla la estatua de la Virgen de los Dolores, que, la mañana del Viernes Santo, se traslada a la iglesia de Sant’Orsola para la liturgia y, a última hora de la tarde, se lleva en procesión por el Via Crucis, por las calles de la ciudad. El Padre Pío sentía una profunda veneración y devoción por la Virgen de los Dolores, hasta el punto que, en 1965, ordenó él mismo la restauración de la estatua. Una vez terminada la restauración, ese mismo año el Padre Pío quiso bendecir la estatua personalmente.

Iglesia de San Giuseppe Artigiano
 

IGLESIA DE SAN GIUSEPPE ARTIGIANO
Se trata de una iglesia moderna, construida en la Piazza Europa, cerca del monumento a los Caídos.
El Padre Pío asistió a la ceremonia de colocación de la primera piedra, el 1 de mayo de 1958, y firmó el pergamino de recuerdo que quedó enterrado en los cimientos. Las obras finalizaron, tras no pocas dificultades, en agosto de 1965. Para la consagración, prevista el 11 de septiembre de ese mismo año, se invitó al Padre Pío, quien contestó: “¿Qué voy a hacer yo allí? ¡Otra persona más importante que yo acudirá!”. En efecto, de la catedral en la que se encontraba temporalmente se llevó en procesión el cuadro de la Virgen de los Milagros, que se detuvo en la nueva iglesia antes de regresar a su sitio dos días después.

 

IGLESIA DE SAN GIACOMO
En el Corso Regina Margherita puede visitarse esta otra iglesia. Su culto de devoción principal es el Sagrado Corazón. En el pasado estuvo ligada al primer hospital antiguo de San Giovanni Rotondo.

Mapa a San Giovanni Rotondo
 

INFORMACIÓN ÚTIL
En tren: se llega en tren a la estación de Foggia; de ahí se coge un autobús de la compañía Sita hasta el convento de San Giovanni Rotondo. El autobús sale aproximadamente cada hora desde las 5,00 horas hasta las 22,10. Distancia de Foggia 40 Km.

En coche

Desde el norte de Italia

Autopista A14 (Bolonia-Taranto), salir en San Severo, la SS 272 que le lleva a San Marco en Lamis, y luego proceder a San Giovanni Rotondo.

Desde el centro de Italia

Autopista A16 (Napoli-Bari) salida Candela, Foggia, Foggia a tomar la SS 655, luego continuar por la carretera SS 89 a Manfredonia hasta la liberación de SP 45 bis a San Giovanni Rotondo.

Desde el sur de Italia

Autopista A14 (Bolonia-Taranto), salir en Cerignola Est, tomar la SP77 de Manfredonia, luego tomar la carretera SS89 de Manfredonia y continuar hasta el cruce con la SS159, luego continuar por la SS159 en dirección Manfredonia, Manfredonia fuera gire a la izquierda en la autopista SS89 en dirección a Foggia, 45 bis SP luego a San Giovanni Rotondo.
(
http://forosdelavirgen.org
).

Recorremos los primeros anos del Padre Pio en Pietrelcina.

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Recorremos los primeros años del Padre Pío en Pietrelcina

El Padre Pio, cuarto hijo de Grazio Forgione y de Maria Giuseppa De Nunzio, nació el 25 de mayo de 1887. Sus padres eran grandes trabajadores, capaces de ver la vida con alegría, a pesar del esfuerzo y de las dificultades para salir adelante en esa época. Una familia sencilla y muy unida que vivía entre la pequeña casa de Rione Castello y la cuadra, con un trozo de tierra en el barrio de Piana Romana.

Pietrelcina dentro de la Provincia de Benevento
Su noviciado comenzó en el convento de la vecina Morcone, donde el 22 de enero de 1903, a los 16 años, se puso el hábito de capuchino y tomó el nombre de Fray Pio de Pietrelcina, una alegría y un pesar, al mismo tiempo, para su familia, que tuvo que sufrir la separación de Francesco.

Desde ese momento, se trasladó al convento de S. Elia a Pianosi, donde se quedó 2 años. En 1907, pronunció sus votos en la Orden de los Capuchinos y en 1910 recibió la consagración sacerdotal en la Catedral de Benevento.

Su consagración fue acogida con una gran fiesta en la casa agrícola de Piana Romana.

Pietrelcina vista de lejos
El Padre Pio siguió con su peregrinación de convento a convento, trasladándose de Venafro a Foggia, pero sus condiciones de salud empeoraban continuamente, por lo que el superior del convento de San Giovanni Rotondo lo invitó a quedarse una temporada para respirar un poco de aire fresco. Sus condiciones, en efecto, mejoraron notablemente, por lo que desde 1916, y durante toda su vida, el Padre Pio se quedó en ese convento, situado en una cuenca bien cultivada en la ladera sur del Gargano.

Pietrelcina es una ciudad italiana de 3.093 habitantes de la provincia de Benevento , en Campania . Limita con la capital de la provincia y su centro está a unos 12 km. Pietrelcina está situado en una colina, a más de 340 m sobre el nivel del mar en el lado derecho del río Tammaro.

Iglesia de la Sagrada Familia
 

LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA, EL CONVENTO, EL SEMINARIO Y EL MUSEO DE PADRE PIO
Cuando se llega a Pietrelcina, se descubre, antes de todo, un oasis de tranquilidad y de paz. Una avenida fresca y lujuriante conduce delante de la iglesia de la Sagrada Familia y del adyacente convento de los Frailes capuchinos con el museo que contiene muchas reliquias de Padre Pio. El lugar recuerda un paseo del Padre con el párroco de Pietrelcina don Salvatore Pannullo.

Atravesando este sitio, el Padre Pio oyó algunos toques de campanas junto a un coro de ángeles. Algunos años siguientes la hija espiritual de Padre Pio, Mary Pyle, una rica Americana, quiso hacer construir, en el mismo lugar, la iglesia de la Santa Familia, según el deseo del Fraile de los estigmas.

Museo del Convento de los padres capuchinos dedicado al Padre Pio
El Museo recoge objetos personales y litúrgicos de Padre Pio. Hay algunas fotos, libros, y otras reliquias del Fraile de Pietrelcina.

Habito del Padre Pio
Sandalias del padre Pio
Ante el convento hay un jardín con la primera estatua de Padre Pio. Obra, del artista Danilo Andreose, representa al Padre sonriente con tres pequeños frailes que le ofrecen el proyecto del seminario. La estatua fue inaugurada el 6 de septiembre de 1971.

El verde del jardín y de los árboles relajan y ayuda el respiro del alma. Todo estimula el peregrino a rogar, reflejar y encontrarse con los lugares de la memoria viva de Padre Pio de Pietrelcina.

Iglesia de Santa Maria de los Angeles
 

IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARIA DE LOS ANGELES
Ahora dejamos la iglesia de la Sagrada Familia para ir hacia el centro de Pietrelcina. Recorremos el Avenida de los Capuchinos y llegamos a Plaza Santa Maria Annunziata.

He aquí la iglesia de Santa María de los Ángeles, donde está la estatua de la Virgen “Santa María de la Libera”. El Padre Pio tiene una gran devoción para “esta Virgen, que llama “A Madonnella nostra”.

Madonna della Libera patrona de Pietrelcina en Santa Maria de los Angeles
En esta iglesia el joven Fraile Pio, ordenado diacono en el 1909, bautiza, por la primera vez, a un recién nacido: Ermenegildo Masone, que será después sacerdote Redentorista.

Aquí Padre Pio celebra la primera Misa el 14 de agosto de 1910, cuatro días luego de haber recibido la ordinación sacerdotal en la Catedral de Benevento.

“…por muchos días he estado enfermo; la causa de esto, a lo mejor, estaba en la emoción que yo he tenido en este tiempo. La felicidad ha sobreabundado en mi corazón y me siento más fuerte en los sufrimientos, para amar a mi Jesús.”. (Padre Pio a Padre Benedetto de S. Marco en Lamis, 17/8/1910)

“Ayer, fiesta de S. José, solo Dios sabe la felicidad y la dulzura que probaba en mi corazón, particularmente luego de la santa Misa. La boca estaba llena de toda la dulzura del Cuerpo de Jesús (la comunión con la Eucaristía, a. d. a.) (Padre Pio a Padre Agostino)

Porta Madonnella
 

PORTA MADONNELLA
Dejada la plaza “Santa Maria Annunziata”, vamos a visitar el “Castello”, el antiguo centro de Pietrelcina.

Después haber recorrido una callejuela estrecha, llegamos a “Porta Madonnella”. Está caracterizada de tres cuadros en mayólicas que representan a la Virgen Coronada, cuya devoción está muy difundida en Foggia y en toda la Italia del sur. A derecha de la Virgen otro cuadro representa a Santo Antonio con el niño Jesús. A izquierda, el Ángel Miguel que aplasta la cabeza del serpiente.

Muchas veces el pequeño Francesco Forgione (Padre Pio), pasando por este sitio, quedaba impresionado de estas imágenes.

De sacerdote él recoge, a veces, y especialmente durante el mes de mayo, a los habitantes del barrio para rezar el rosario. Y a lo mejor, en estos momentos Padre Pio empieza a idear los “Grupos de Oración”.

Vico Storto Valle
 

VICO STORTO VALLE
Subiendo la rampa que empieza desde “Porta Madonnella”, luego de algunos metros llegamos a una encrucijada. Vamos por la izquierda. Recorridos algunos metros, encontramos una gran piedra que está sobre “Vico Storto Valle”, o “callejuela Storto Valle”.

La roca, las piedras, los guijarros, las callejuelas estrechas, todo recuerda la infancia de Francesco Forgione (Padre Pio). Esta callejuela tiene tres lugares muy importantes en la Vida de Padre Pio. Están: “La Torretta” o torre pequeña, la “Cocina” y la habitación natal.

Torreta, habitacion utilizada como lugar de letcura del Padre Pio
 

LA TORRETTA
Recorriendo la callejuela “Storto Valle”, después de unos metros, encontramos una sugestiva escalinata que conduce sobre una casa, compuesta de una habitación y construida sobre la roca de la “Morgia”. Esta “Torretta”, o bien, torre pequeña, es donde vive el Padre Pio desde 1909 hasta 1911, cuando se muda a la nueva habitación de calle Santa Maria de los Angeles.

El lecho, la mesa y pocas cosas para vivir con oración y sencillez el amor para Dios.

En esta habitación el Padre Pio escribe la primera parte de su “Epistolario”, la colección de las cartas que, juntos a sus obras, enseña la altura mística de su itinerario espiritual y su asimilación, en el padecer, a Jesús crucificado.

Aquí el Padre Pio lucha contra el diablo y vive una extraordinaria vida espiritual: ve, a menudo, a Jesús, a la Virgen María, a san José, a san Francisco y al ángel guardián.

Aquí el fraile capuchino vive un tiempo de grande sufrimiento. Pero con la vecindad de sus padres, hermanos y parientes, puede vivir con amor y serenidad su vida espiritual, preparándose para la gran misión de San Giovanni Rotondo.

“Yo deseo agradecer a Jesús: Él me dona la fuerza para afrontar los sufrimientos y las tentaciones que Él permite”. (Padre Pio a Padre Agostino 1/10/1910)

Casa natal del Padre Pio, Vico Storto Valle
 

LA CASA NATAL DE PADRE PIO
Después la “Torreta”, caminamos hasta la terminación de la callejuela donde está la casa natal del Padre Pio. Aquí él nace el 25 de mayo de 1887.

“Mamá Peppa” está embarazada y, juntos a su marido Grazio, está trabajando el terreno en la calle del campo, en Piana Romana, lejos algunos kilómetros de Pietrelcina.

Repentinamente Peppa siente los dolores del parto. El marido le dice de regresar a casa, mientras él va a llamar la comadrona. A las cinco de la tarde, en esta habitación nace Francesco Forgione, el futuro Padre Pio.

Fuego en torno al cual la familia recitaba el Rosario
“Desde cuando yo nací, Jesús me ha manifestado una predilección particular: Él me ha demostrado ser mi Salvador, mi supremo bienhechor, el amigo cariñoso, sincero, fiel, el amigo del corazón, el amor eterno; la consolación, la felicidad, el consuelo y todo mi Tesoro”. (Letra de Padre Pio a Nina Campanile y su hermana, noviembre 1922)

En esta habitación Francesco Forgione (Padre Pio) duerme con sus padres durante los primeros años de vida. Además va a dormir, con los hermanos, a la otra habitación que está sobre la misma callejuela, y que se llama: la Cocina.

La cocina
 

LA COCINA
Regresando hacia atrás algunos metros, localizamos otra casa compuesta de dos habitaciones muy pequeñas. La Casa es llamada la “La Cocina”, porque en la primera habitación Peppa, la madre de Padre Pio, cocinaba la comida y sobretodo la cena a la tarde cuando Grazio, su marido, volvía de la campaña de Piana Romana. En efecto, apenas entramos en la casa, a la izquierda vemos una chimenea. Aquí mamá Peppa preparaba la comida para la familia.

En la segunda habitación Francesco Forgione (Padre Pio) dormía con algunos hermanos, mientras otros hermanos dormían cerca de los parientes. Es claro que mamá Peppa dormía en la otra habitación, aquélla donde nació Padre Pio.

Dentro la cocina mama Peppa cocinaba con mucho gusto las tortillas que Francesco quería. Pero ella preparaba también el queso a menudo. En las noches de invierno toda la familia estaba reunida ante la chimenea, para decir sus oraciones y particularmente el santo rosario. En cambio, en verano, la familia iba a pasear por la plaza de Pietrelcina o bien iba a la iglesia para rezar.

El domingo es un día particular para la familia “Forgione”. Día de fiesta, día del Señor. Todos los habitantes de Pietrelcina van a la iglesia para participar en la santa misa.

En esta habitación, el futuro Padre Pio empieza a vivir sus primeras experiencias sobrenaturales. Ve a la Virgen María, al ángel Guardián. Suceden los primeros éxtasis y también las primeras luchas contra el demonio.

En esta habitación, algunas veces Francesco Forgione se flagela para reparar los pecados del mundo. Algunas veces mamá Peppa lo ve dormir con la cabeza apoyada sobre una piedra.

“Sí, quiero la cruz. Yo le amo porque la veo siempre sobre los hombros de Jesús. Y Jesús ve muy bien que toda mi vida, todo mi corazón, están donados a Él”. (Padre Pio a Padre Agostino, 1 de febrero de 1913).

Iglesia de Santa Ana donde el Padre Pio fue bautizado
 

LA IGLESIA DE SANTA ANNA
Dejadas las dos casas de la niñez y de la juventud de Francesco Forgione (Padre Pio), subimos ahora, la escalinata que conduce al sitio más elevado del pequeño barrio del “Castello”. Y aquí, donde se puede ver un panorama lujurioso de las colinas del Sannio, está la Iglesia de Santa Anna. Es la Iglesia más antigua de Pietrelcina y en el tiempo del pequeño Francesco Forgione (Padre Pio), era la Iglesia parroquial.

Entrando en la Iglesia, vemos, sobre la pared detrás el altar, un gran cuadro que representa a la Virgen de Loreto.

A la izquierda del altar está el baptisterio, construido en raíz de nogal. Aquí fue bautizado, el 26 de mayo de 1887, Francesco Forgione. La madrina era la misma comadrona Grazia Formichelli.

En la segunda capilla a la derecha del altar mayor, debajo del altar de Santa Anna, están las reliquias del mártir S. Pio, traidas a Pietrelcina en 1801. Y Francesco Forgione elegirá el nombre de este mártir para su vida religiosa. Esta iglesia es uno de los lugares más importantes para el itinerario místico del Padre Pio.

Confesionario del Padre Pio en la iglesia de Santa Ana
Aquí él ve, por la primera vez, a los cinco años, al Señor Jesús. En la penumbra de la Iglesia. Después haber solemnemente apoyado su mano sobre la cabeza de Francesco, Jesús le confirma que acepta su
oferta de consagrarse a Él por siempre.

Aquí Francesco transcurre mucho tiempo rogando delante de Jesús Sacramentado. Él vive muchas experiencias místicas con las apariciones de Jesús, de la Virgen Maria y del Angel guardián.

En esta iglesia, desde 1910, el Padre Pio celebra la Santa Misa a menudo y confiesa la gente del barrio y del pueblo. Y aquí, muchas veces la Virgen Maria acompaña Padre Pio al altar, para la celebración de la Santa Misa.

“Pero eso que más me hace sufrir, padre mío, es el pensar a Jesús sacramentado. El corazón está como atraido por una fuerza superior antes de unirse a Él, la mañana, en la Santa Misa….” (Padre Pio a padre Benedetto, 29/3/1911)

“Mamá querida (la Virgen María) me ama tiernamente. Yo lo he comprobado también este mes de mayo. Esta mañana Ella me ha acompañado al altar. Ha pensado a mi con todo su amor materno. Yo querría tener una voz así fuerte para invitar a los pecadores del mundo para amar a la Virgen María. Ya que no puedo hacerlo, yo ruego y rogaré a mi pequeño Ángel Guardián para difundir este anuncio. (Padre Pio a Padre Agostino, 1 mayo de 1912)

La casa di Zì Michele
 

CASA DE CALLE SANTA MARIA DE LOS ANGELES
Después haber Dejado la pequeña plaza delante de la iglesia de Santa Aña, caminamos derecho la larga callejuela de Santa María de los Ángeles. Recorridos algunos metros, vemos, a la derecha, la habitación donde vivieron los padres de Padre Pio en los primeros años de boda, hasta el nacimiento de Miguel, primer hermano del futuro santo.

Y luego de esta breve visita, doblamos a la derecha y ahora mismo vemos una pequeña escalinata que conduce a una casa. Aquí, en la calle de Santa María de los Ángeles, número 44, hay tres cuartos. El Padre Pio residió aquí desde 1910-1911 hasta el 17 de febrero de 1916.

En la primera habitación que está a izquierda habitó, desde 1941 hasta 1943, durante su estancia en Pietrelcina, Mary Pyle, la hija espiritual del Padre Pio construyó la iglesia de la Sagrada Familia y el anexo convento capuchino.

Aquel que está detrás la primera habitación es el dormitorio de Padre Pio.

Este lugar es muy importante para la vida del Padre Pio de Pietrelcina. Y estos muros son testigos silenciosos de extraordinarios acontecimientos espirituales: “¡Si esos muros pudieran hablar!” (Padre Pio).

En esta habitación el Padre Pio lucha, a menudo, durante la noche contra el diablo. Luchas físicas y espirituales, acompañadas de tentaciones y sufrimientos de todo tipo.

Aquí él ha tenido sensacionales encuentros con lo sobrenatural: con Jesús, la Virgen María, San Francisco y el Ángel Guardián que lo ayuda, a menudo, en las luchas contra el demonio.

“Yo he transcurrido esta noche pasada con el Señor Jesús. He sufrido mucho, pero en diferente manera respeto a la última noche. El sufrimiento ha aumentado en mí la confianza en Dios. Yo Quiero a Jesús cada vez más” (Padre Pio a Padre Agostino, 28/6/1912)

“Siempre me ayuda, esta Mama de ternura (la Virgen María) especialmente en este mes de mayo. Ella me guía con todo su amor materno” (Padre Pio a Padre Agostino, 6 de mayo de 1913)

Via del Rosario
 

VIA DEL ROSARIO
Ahora bajamos del barrio “Castello” para regresar a “Porta Madonnella”, y de aquí, después de haber doblado la esquina a derecha, llegamos al antiguo barrio “Pantaniello” donde está un viejo pozo. Aquí Francisco Forgione (el futuro Padre Pio) siempre se paraba para despedirse de sus amigos del barrio, antes de encaminarse, por el sencillo y sugestivo sendero de campo, para alcanzar a los padres en la calle de “Piana Romana”.

“Todos los agricultores estaban a trabajar sus campos, y también los pastores salían con sus rebaños. Los ruiseñores cantaban dentro los bosques. He aquí las ovejas balar y los corderos brincar” (Padre Pio, temas escolares)

Pequeña Capilla de San Francisco de Asis en Piana Romana
 

PIANA ROMANA
Francesco Forgione viene a menudo a “Piana Romana”, la calle de campo donde sus padres tienen un lote y una pequeña casa. Aquí lleva a pacer las pocas ovejas de la familia, mientras el padre Grazio y la madre Peppa azadonan la tierra.

En “Piana Romana” vemos, después de algunos años, a Francesco Forgione con el nombre de Padre Pio.

Casi cada mañana, especialmente cuando la temporada lo permite, después haber celebrado la Santa Misa, el joven fraile va a Piana Romana, para estar juntos a sus familiares y parientes empeñados en los trabajos de los campos. Y mientras vive y respira el salubre aire del campo que mucho bien aporta a sus pulmones enfermos, lee y estudia dedicando también mucho tiempo a la oración, a la meditación y a la contemplación.

Olmo sobre el cual el Padre Pio recibió los primeros estigmas, custodiado en la Capilla de S.Francesco
Debajo de un Olmo, donde más tarde (en 1958) habrá construida una pequeña capilla, el Padre Pio se aísla en oración y vive extraordinarias experiencias místicas.

Y Aquí el recibe por la primera vez, las llagas de Jesús. En el mes de septiembre de 1910.

“Anoche yo recibí una cosa que no sé aclarar ni comprender. En medio de la palma de las manos ha aparecido un foco rojo, ancho casi como de un céntimo (moneda italiana de ese tiempo) y acompañado también de un intenso dolor en medio de aquellos rojo……También debajo de mis pies yo siento un poco de dolor. Este fenómeno dura hace un año. (Padre Pio a Padre Agostino, 8 de septiembre de 1910)

 

COMO LLEGAR A PIETRELCINA
en avión
aeropuerto más cercano
Napoli Capodichino

en coche • autopista
por Bolonia • Pescara • Bari (A14)
coger la salida de Termoli • Molise, seguir unos 155 km hacia Boiano • Benevento, coger la carretera ss. 212 hacia Pietrelcina, donde se llega después de unos 11 km

por Roma • Nápoles (A1)
coger la salida de Caianello, seguir unos 70 km hasta Benevento, coger la carretera ss. 212 hacia Pietrelcina, donde se llega después de unos 11 km

por Nápoles • Bari • Reggio Calabria • Salerno • Avellino este
coger la salida de Benevento, seguir unos 25 km hacia Benevento, salir en Benevento oeste, coger la carretera ss. 212 hacia Pietrelcina, donde se llega después de unos 11 km

en tren
desde Roma, Nápoles, Bari, Avellino y Campobasso hasta la estación de Benevento. Desde aquí, se llega a Pietrelcina en autobús de línea o en taxi
(
http://forosdelavirgen.org
).

Fiesta del Padre Pio de Pietrelcina (Francisco Forgione).

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Padre Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione), Santo
Presbítero Capuchino, 23 de septiembre


Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org
 


Un hombre de oración y sufrimiento
Martirologio Romano: San Pío de Pietrelcina (Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968)
"Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones."
San Giovanni Rotondo, Italia.

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

Es notable su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

Vivió rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fué canonizado el 16 de julio de 2002.

Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la razón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.

La vida entera del Padre Pío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque SÓLO DIOS ES !

Debemos negarnos a nosotros mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo !

 Libro sobre el Padre Pío

Autor: . | Fuente: www.reinadelcielo.org
Parte 1
 

El momento
La vida mística del Padre Pío cubrió desde los inicios del siglo, hasta fines de los años sesenta, con su muerte. El siglo XX fue marcado, entonces, por su presencia silenciosa pero poderosa. Sus estigmas aparecieron en 1918, inmediatamente después del fin de la primera guerra mundial, de la revolución bolchevique y de la aparición de Fátima, todo ello acontecido en 1917. Pasó a través de la segunda guerra mundial, en una Italia comprometida, invadida primero por sus ex aliados (los alemanes) y luego liberada fundamentalmente por los soldados americanos. Y tuvo sus últimos años en medio de la bonanza económica de la posguerra, que condujeron a la década del sesenta con su contradictorio grito de paz, mezclado con una pérdida total de los valores morales y religiosos.

Nuestro santo no alteraba su vida por la influencia del mundo. Él vivió en su convento, dedicando su vida a la oración, la meditación, el encuentro con Jesús en la Eucaristía y en su trabajo predilecto: la confesión. Sólo Dios importaba, apartar al hombre de la atracción de un mundo que poco tiene que ver con Cristo, y llevar a la mayor cantidad de gente posible a la Verdadera Vida en Dios.

El lugar
El sur de Italia es un lugar pobre en esencia, a pesar de su integración a Europa. Y es en el convento de la Madonna delle Grazie (la Virgen de la Gracia), en San Giovanni Rotondo, pequeño pueblo situado en la ladera del monte Gargano, en la región de Foggia, donde se desarrolla la vida de Pío. El convento de los Hermanos Capuchinos pronto se convierte en el lugar de cita de quienes quieren ver en vida a un santo, tal la fama que acompañó al Padre Pío durante décadas. La gente viaja allí desde los lugares más recónditos, desde toda Italia, Europa, América. A medida que su fama se extiende, San Giovanni Rotondo empieza a tener un significado especial para mucha gente. Y su influencia y fama crece a partir de su muerte, como un viento lleno del Espíritu que grita nuestra necesidad de volver a Dios.

El Santo
Nacido como Francisco Borgione en Pietrelcina, provincia del Benevento, el 25 de mayo de 1887. Rebautizado Padre Pío cuando recibe los votos de Hermano Capuchino el 22 de enero de 1903, se ordena sacerdote el 10 de agosto de 1910. Desde niño el Padre Pío se manifiesta distinto a los demás: oraba en lugar de jugar. No fue buen alumno, alternaba palotes en su cuaderno con Cruces que dibujaba. Sus amigos a veces se atemorizaban por el ensimismamiento en que entraba al orar, por largas horas. Para Francisco esto era normal, él solo meditaba y compartía con Jesús todo su dolor y sufrimiento en la Cruz. Su familia era extremadamente pobre, tan así que su padre debió emigrar a América por un tiempo para poder mantener a los seis hijos y la esposa, María Josefa.

La salud del Padre Pío fue frágil desde temprana edad, y así fue por toda su vida, agravada al recibir los estigmas de Jesús. Siempre supo Pío que su destino era ser un monje capuchino. Solo una temporada en la milicia, cumpliendo el servicio obligatorio, lo apartó de su misión en la vida. Pero fue su salud y la Divina Providencia (a la que Pío siempre siguió con fe), la que lo liberó del servicio obligatorio luego de un tiempo, para poder volver a la vida de convento en alabanza permanente a Dios.

Su vida era muy simple: vivía en su celda de monje, se levantaba de madrugada para preparar la Misa en oración, confesaba durante todo el día, y trabajaba de noche en su celda. Comía muy poco, lo que sumado a la cantidad de sangre que perdía diariamente, intrigaba a los médicos respecto de algo que escapaba a la lógica terrenal. El Padre Pío lo explicaba con simples palabras: su alimento era el Cuerpo de Jesús en la Eucaristía.

Era humilde en extremo: no aceptaba fotografías, ni notas periodísticas, ni que se hable de él. Su carácter alegre y sencillo, se tornaba hosco cuando alguien trataba de poner demasiado acento en su figura o ensalzarlo. Para el Padre Pío la humildad era más que una virtud, era la única forma de vivir la vida, ya que para él sólo Jesús ES, sólo la Santísima Trinidad. Los demás, empezando por la Virgen María, somos seres al servicio permanente de Dios. Nada lo podía apartar de una negación absoluta de sí mismo, ya que él nunca hizo nada por si, siempre actuó en nombre de Jesús, por intercesión de su Madre la Santísima Virgen, o de los ángeles y los santos. Pero nunca el protagonista fue el Padre Pío. Y así, nunca entendió al mundo, que se esfuerza en revalorizar el ego y el propio yo, difundiendo filosofías y disciplinas que lo único que hacen es resaltar el egocentrismo, alejando al hombre más y más de su única fuente: Dios.

El Padre Pío es un faro poderoso, una luz potente que alumbra el mundo y deja al mal expuesto en toda su vileza. Estudiar la virtud sin igual del Santo del Gargano nos permite entender cuán falsa es la forma de vida que nos propone este mundo actual, apóstata y alejado de Dios. La idea de que todo debe y puede ser explicado racionalmente, lleva al mundo a dar las espaldas a la Voluntad de Dios, su Divina Voluntad. El gran misterio es que los misterios del Cielo no pueden ser develados por los hombres. Y cuando se acepta el amor del Padre sin límites, sin dudas ni planteamientos, es que surge una chispa que incendia al mundo: el fuego que el Padre Pío encendió inflama nuestros corazones y nos deja librados a nuestra propia opción, sin excusa alguna !

Los testigos
Sencillamente miles y miles de personas testimonian la avasalladora cantidad de hechos místicos que rodearon al Santo del Gargano. Desde las confesiones donde el monje capuchino desnudaba el alma, el pasado, los miedos y los anhelos de las personas, hasta curaciones que los médicos no pudieron explicar desde el punto de vista médico, pasando por testimonios de personas que lo veían en más de un lugar en el mismo momento. Muchísimos estudios científicos se realizaron sobre sus estigmas, tratando de descubrir su origen, siendo que finalmente muchos médicos resultaron conversos al tomar contacto con el Santo de Foggia. Los medios de comunicación difundieron noticias sobre los prodigios que rodearon al Padre Pío durante décadas, hasta su muerte. Enorme cantidad de gente viajó a San Giovanni Rotondo para tomar contacto con el Cielo hecho presente allí, y volvieron a sus países dando fe de su propia experiencia.

El Padre Pío nunca buscó notoriedad, nunca quiso ser protagonista. Sólo quería que lo dejen orar en paz y ser un fiel confesor, para que las almas que se acerquen a él encuentren el camino de regreso a Cristo. Sin embargo, su fama recorrió el mundo y lo transformó a lo largo de las décadas en un santo viviente, una leyenda de santidad y entrega a Dios. Su obra es la obra de Jesús, que da testimonio desde la humildad y la caridad, sin dejarse atrapar por las trampas que tiende el mundo moderno, que trata de pintar de colores extraños lo que es una simple y pura entrega de amor.

Los estigmas del Padre Pío.
Mientras era un joven, la madre de Pío lo encontró agitando las manos como si las tuviera quemadas. Ella le preguntó, bromeando, si estaba tocando la guitarra, y el joven repuso sonriendo que las palmas de las manos le dolían mucho. Era un viernes, y ese día se conmemoraban en la parroquia los estigmas de San Francisco de Asís. Era un anticipo de lo que ocurriría luego.

Sobre el Monte Alvernia, en el siglo XIII, Cristo dijo a San Francisco de Asís: "¿Sabes lo que acabo de hacerte?. Te he dado los estigmas, que son los signos de mi Pasión, para que seas mi abanderado". El 17 de septiembre de 1918, como todos los años, los Padres Capuchinos celebraron piadosamente la fiesta de los estigmas de San Francisco. El viernes 20 de septiembre, dos días después, poco antes del mediodía, un grito penetrante hizo estremecer a todos los monjes en el convento. ¿Que había ocurrido?

Encontraron al Padre Pío tirado sobre el piso de baldosas, y al levantarlo con cuidado para llevarlo a su celda, percibieron que estaba herido: flechas invisibles habían traspasado sus manos, sus pies y su costado, y esas heridas sangraban.

Según palabras del Padre Pío:
“Después de celebrar Misa, fuí sorprendido por un descanso parecido a un dulce sueño. Mis sentidos internos y externos se encontraban en una quietud indescriptible. Entonces vi frente a mi a un misterioso personaje, cuyas manos, pies y costado manaban sangre. Su vista me aterrorizó, pensé que me moría, y habría muerto si el Señor no hubiese intervenido para sostener mi corazón que parecía salírseme del pecho. La visión del personaje se retiró, y yo me dí cuenta que mis manos, pies y costado estaban perforados y manaban sangre”.

Los fieles, que se encontraban en ese momento en la iglesia, comprendieron lo que había ocurrido. La noticia se propagó bien pronto, los caminos se llenaron de peregrinos y todo el mundo repetía que el Padre Pío era un santo. La policía tuvo que intervenir para poner orden en el tránsito de las multitudes que llegaban de todas las provincias. El Padre Provincial de los Capuchinos del Monasterio de Santa Ana de Foggia, luego de haber hecho fotografiar las manos, los pies y costado del Padre Pío, envió todos esos documentos al Vaticano para su estudio. Pidió al Dr. Luis Romanelli que practicara un examen médico detallado al nuevo estigmatizado, examen que repitió cinco veces en dos años. He aquí los puntos más importantes de su estudio:

"Las lesiones del Padre Pío están recubiertas por una fina membrana de color rojizo. No hay en ellas ni grietas ni hinchazón, como tampoco reacciones inflamatorias en los tejidos. La herida del costado es un tajo limpio, paralelo en sus bordes, de siete u ocho centímetros de longitud, cuya profundidad no se puede medir y que sangra en abundancia. La sangre tiene las características de la sangre arterial, y los bordes de la llaga prueban que ésta no es superficial. He examinado al Padre Pío en el espacio de quince meses, y aunque alguna vez he comprobado ciertas modificaciones en las lesiones, jamás he podido clasificarlas en ningún orden clínico conocido".

Otro informe de un serio catedrático luego concluyó: "Toda lesión bien cuidada debe curar, y mal cuidada se agrava. ¿Es posible explicar científicamente como estas lesiones que no son tratadas como corresponde, sobre todo las de las manos, que se lavan con agua común y están siempre en contacto con guantes de lana y con pañuelos y fregadas con jabón de la peor clase, no se infectan ni tienen complicaciones y tampoco se curan?".

Las heridas de las manos sangran ligeramente y casi de contínuo. Durante el día, el Padre Pío lleva guantes de lana marrón, de tal modo que las manchas de sangre no se ven, y la lana absorbe la humedad. También la herida del costado sangra contínuamente. Él coloca sobre ésta un lienzo que sostiene por medio de una banda ancha enrollada en su torso. Los vecinos del monasterio le proporcionan la tela necesaria

Las manos del Padre Pío, que los fieles pueden ver cuando dice misa, están ensangrentadas. Lavadas con agua, los estigmas aparecen como llagas circulares de unos dos centímetros de diámetro, en el centro de la palma. Por otra parte, se ven exactamente igual en el dorso de las manos, de tal modo que se diría que están traspasadas de parte a parte y son transparentes en su centro. En consecuencia, el Padre no puede nunca cerrar las manos por completo, y escribe con dificultad. No es posible comprobar la profundidad de las heridas a causa de la película que las recubre. Esta película se desprende con frecuencia y se le forma otra. El Padre Pío trata de disimular sus estigmas, mientras que sus superiores le tienen prohibido mostrar sus manos a nadie. Hasta cuando dice misa se empeña en cubrirlas con largas mangas. El estigma de su costado izquierdo es el más extraño de todos, pues sangra en abundancia por más que la llaga parezca más superficial que las otras. De ella brota una taza de sangre por día.

La duración de los estigmas del Padre Pío fue la más prolongada que se conoce en la larga lista de los santos estigmatizados. Se extendió desde el 20 de septiembre de 1918 hasta su muerte acontecida en 1968.

Muchos son los santos que recibieron los estigmas de Jesús, en el pasado y en la actualidad. La gente suele no comprender por qué Dios obra de este modo. Pero es muy simple: si nuestro rol en la vida es imitar a Cristo, en la mayor medida posible, ¿cómo no entender que el mayor acto de amor de Jesús fue entregarse en la Cruz? De este modo, sufrir aunque sea un poco los estigmas del Señor en la Cruz, es el regalo más grande que el Cielo nos puede dar aquí en la tierra. Y así es que este don único lo reciben las almas elegidas por Dios para dar testimonio del deseo de santidad.

¿Sufrió el Padre Pío ataques del Demonio?
Repetidas veces, al entrar en su celda, Pío encontraba sus cosas en desorden, las mantas de su lecho y sus libros desparramados, y la pared llena de manchas de tintas. Espíritus extraños se le aparecían bajo distintos aspectos, a menudo vestidos de frailes. Una noche se dio cuenta de que su cama estaba rodeada de monstruos horribles que lo recibieron con estas palabras: "mirad, el santo va a acostarse!". "Si, con vuestro desprecio", fue la respuesta de Pío. Entonces los monstruos lo empujaron, lo zarandearon, lo arrojaron al suelo y contra las paredes, como tantas veces lo hicieron al Cura de Ars, San Juan Bautista Vianney. Cierta noche vio entrar en su celda a un monje que le recordó por su aspecto a Fray Agustín, su antiguo confesor. El falso monje le dio consejos y lo exhortó a dejar esa vida de ascetismo y de privaciones, afirmando que Dios no podía aprobar tal sistema de vida. Pío, estupefacto de que el Padre Agustín le dijera tales cosas, le ordenó que gritase junto con él: "Viva Jesús!". El extraño personaje desapareció de inmediato, dejando tras de sí un olor pestilente, sulfuroso.

Don Salvador Panullo cuenta un incidente ocurrido en los primeros años de sacerdocio del Padre Pío, cuando aún no estaba estigmatizado. Don Salvador relata lo siguiente: "Un día, le entregué al Padre Pío una carta del Padre Agustín, su superior. Sólo encontré una hoja en blanco dentro del sobre. Pensando que se trataba de una distracción del Padre Agustín, pedí al Padre Pío que escribiese a su superior para preguntarle qué había querido decirle. El joven Pío me contestó: "Oh, esta es una de las bromas favoritas del diablo. No hay por qué preguntarle al Padre Agustín lo que escribió. Yo lo sé, porque me lo dijo mi ángel de la guarda". Y a renglón seguido, reveló a Don Salvador el contenido de la carta. Éste, previas averiguaciones hechas al Padre Agustín, tuvo que reconocer la exactitud de las palabras de Pío.

Don Salvador, abriendo otro día una carta del Padre Agustín, sólo encontró en ella una enorme mancha de tinta. Creyendo estar alucinando, llamó a su sobrina y ésta comprobó la misma cosa. Entonces roció el papel con agua bendita. Lentamente fue desvaneciéndose la mancha y de a poco apareció la escritura en rasgos muy firmes.

El Padre Pío raramente se dormía sólo de noche. Deseaba que otro monje se quedara con él, hasta conciliar el sueño. No le agradaba la oscuridad, ni los desagradables juegos que el demonio solía hacer con él, molesto por la obra que se realizaba desde allí. Pero no temía el Monje del Gargano a Satán, ya que sabía que frente a Dios él nada podía hacer. Temía a su cansancio, a su cuerpo débil y exhausto.

En septiembre de 1947, una pobre italiana poseída por el demonio, fue llevada a la fuerza por sus hijos a la misa del Padre Pío. Apenas llegada a la iglesia, la desdichada se puso a dar alaridos como cada vez que veía un templo o una Cruz. Sus gritos y blasfemias rompieron el silencio en el preciso momento en que el Padre Pío daba la comunión a los fieles. Hacedla salir, ordenó el sacerdote. Antes me matarían!, vociferó la posesa. Entonces, elevando la Hostia consagrada por sobre el copón, el Padre dijo solemnemente: "Ya es tiempo de que esto termine". La mujer cayó con violencia en tierra. ¿Muerta?. No. El vencido era el demonio. Pocos segundos después la mujer se levantó perfectamente serena y fue a sentarse en un banco, liberada de las cadenas del Maligno.

No nos sorprenda el poder sobrehumano concedido por Dios al humilde monje del Gargano. Más debe sorprendernos que no lo posean todos los sacerdotes exorcistas.

El demonio se hace presente cuando hay avances de la obra de Dios. Cuando no se presenta satán en casos de apariciones o presencia de santos, es recomendable sospechar de la veracidad del hecho, y así lo considera la iglesia en sus investigaciones. No se puede creer en Dios sin creer en el demonio, es cuestión de fe en ambos casos. Muchas veces el mundo moderno busca negar a satán, dando una versión de Dios totalmente de manera superficial o edulcorada, donde todos nos salvaremos por obra de la Misericordia Divina. De este modo se niega el juicio de Dios, el pecado y a satán mismo. Esta es una de las obras del príncipe del mundo (lucifer) en nuestros tiempos. No nos dejemos engañar, satán existe tanto como Dios, y es Dios mismo que le permite actuar para, de este modo, someternos a las pruebas que nos permitan ganarnos el Cielo, o condenarnos para siempre.

BILOCACION DE MARÍA EN LA VIRGEN DEL PILAR EN EL AÑO 40
En la noche del 2 de enero del año 40 el apóstol Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro, en la península ibérica, cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio". Se trata entonces de la más antigua advocación de María, y un caso de bilocación de la Madre de Dios, ya que ella estaba en ese entonces aún en la tierra.

El don de bilocación.
Bilocación significa: facultad de estar en dos lugares al mismo tiempo. San Antonio De Padua, por ejemplo, se encontró simultáneamente en Lisboa y en Padua. A San Alfonso María de Ligorio se le vio en los funerales de Clemente XIV cuando no había dejado la Parroquia de Santa Ágata de los Godos. En el caso del Padre Pío, se cuentan por cientos los testimonios de diversa índole, de los que aquí sólo relatamos algunos como ejemplo.

Es conocido el caso de una muchacha que insistía en confesar el mismo pecado una y otra vez. El Padre Pío, luego de advertirle en repetidas ocasiones que Dios ya había perdonado esa falta, y que no debía confesarla más, y ante la desobediencia de la joven, le dijo claramente que si volvía a confesar el mismo pecado iba a recibir un cachetazo. La muchacha, conociendo el temperamento del Santo del Gargano, pero no pudiendo resistir la tentación, confesó su pecado a otro sacerdote en Roma. De inmediato, y ante su sorpresa, recibió un cachetazo en pleno rostro.

Un día, el Ingeniero Todini, de Roma, se quedó hasta muy tarde en San Giovanni Rotondo. En el momento de partir, se dio cuenta de que llovía a torrentes. Pidió entonces al Padre Pío permiso para pasar la noche en el monasterio, pero este se negó.

Padre, dijo entonces el Ingeniero, ¿cómo voy a hacer para volver al pueblo sin paraguas?. Me voy a mojar hasta los huesos!. Yo lo acompañaré, repuso el Padre.

El señor Todini se despidió. Antes de abrir la puerta que da sobre la plaza, oyó la lluvia azotar la calle. Se subió el cuello del sobretodo, se encasquetó el sombrero para que el viento no se lo llevara, y salió. Una ráfaga violenta lo embistió, pero por sorpresa suya, solo le cayeron unas pocas gotas de lluvia. Qué fastidio, vendrá empapado!, le gritaron sus huéspedes no bien entró. Pero si apenas llueve!. Vamos!, cómo que apenas?. Si parece el diluvio universal!. Toldini entonces les mostró que traía la ropa completamente seca, quedando todos estupefactos.

La "bilocación de la voz" es un fenómeno frecuente en él. Sus hijos espirituales, y hasta personas extrañas a él, le han oído a grandes distancias dar noticias o consejos, y hasta amonestaciones, especialmente en medio del sueño, y han oído esa voz suya en forma clara y comprensible, pero sin ver al Padre Pío.

El 8 de mayo de 1926 una docena de fieles venidos de Bolonia esperaban al Padre en el vestíbulo del monasterio. Recordemos que en 1926 no existía la puerta que comunica directamente la sacristía con el monasterio, de modo que el Padre estaba obligado a pasar por la iglesia si quería ir a la sacristía donde él confiesa.

Pasaron horas de vana espera. Luego se acercó al grupo un capuchino: "¿Buscan al Padre Pío?, hace ya rato que está confesando". ¿Cómo era posible, si ellos habían vigilado la entrada durante tres horas largas?. Hay que pensar que se había hecho invisible, y no era esa la primera vez.

Se recuerda la aventura de un actor venido en auto desde Foggia con otros miembros de su compañía. Su actitud era insultante. A ver, ¿dónde está ese Padre Pío?, preguntó con un tono arrogante. Quiero que me convierta, quiero confesarme. Y dejando a sus compañeros a las carcajadas entró a la iglesia. Le dijeron que el Padre debía estar en la sacristía. Pero no se le encontró ni en ésta ni en su celda, ni en el locutorio ni en el jardín. Imposible hallarlo. A fin de cuentas, el hombre gruñó, cansado de esperar: está bien, me voy. Lástima!, me hubiera gustado ver si este fraile era capaz de convertirme.

No bien partió el automóvil, los fieles se encontraron de frente con el sacerdote. Padre, ¿dónde estaba?, hemos registrado por todas partes. Yo estaba aquí, hijos míos, he pasado tres o cuatro veces delante de ustedes, pero no me vieron. Los fieles de San Giovanni comprendieron y se abstuvieron de hacer comentarios.

En San Martino de Pensilis, los miembros de la Tercera Orden tenían costumbre de reunirse en casa de uno de ellos por turno. Una noche, la reunión tuvo lugar en el lugar del Comisario Trombetta. Su hijito Juan corrió de pronto a refugiarse en las faldas de su madre, diciendo: Mama, tengo miedo, el Padre Pío está allí!. ¿Dónde, dónde?, preguntó la madre. Allí, allí, respondió el niño, señalando a un punto. Ah! , ya se ha ido!. "La historia de Juanito" llegó a oídos de quien era su protagonista. Veamos Padre, ¿era realmente usted?. ¿Y quien querían que fuera?, contestó él con tono de fastidio. Siempre se muestra disgustado e intimidado cuando hace alusión a sus dotes sobrenaturales. Pero con la falta de tacto que caracteriza a los paisanos, los buenos vecinos de San Martino, vuelven a la carga. Padre, ¿entonces usted estaba "realmente" en nuestra reunión?. Y la respuesta fue: Cómo!, ¿lo dudan todavía?.

La señora de Devoto, de Génova, estaba seriamente enferma y con la amenaza de que le amputaran una pierna. Una de sus hijas rezaba en un cuarto vecino, pidiendo que se evitara esa operación e invocando la ayuda del Padre Pío. De pronto éste apareció en el umbral de la puerta. El deseo de obtener una gracia para su madre obnubilaba a tal punto la mente de la joven, que ella ni se preguntó cómo podía estar el Padre en Génova estando en San Giovanni, a varios cientos de kilómetros, ni se le ocurrió dudar de lo real de su presencia. Arrojándose a sus pies, le suplicó: "Oh, Padre, salve a mamá!". El santo la miró y le dijo simplemente: "Espere nueve días". Ella iba a pedir una explicación, pero al levantar la vista de nuevo sólo vio la puerta cerrada.

A la mañana siguiente pidió a los médicos que aplazaran la intervención quirúrgica, y ni las advertencias ni los consejos ni las súplicas de sus parientes, ni el mismo estado de la paciente que se agravaba por momentos lograron disuadirla. Al décimo día, cuando los cirujanos examinaron a la enferma, cuál no sería su estupefacción al comprobar que la herida de la pierna estaba completamente cicatrizada y la señora estaba en vías de restablecimiento. Unas semanas más tarde la familia toda se dirigió a San Giovanni para agradecer al Padre la merced que les había alcanzado. Pero nuestro hombre no quiere que se agradezca nada: "Id a la Iglesia a dar gracias a Dios y a la Virgen!", es su abrupta manera de rechazar todo agradecimiento.

Telegramas, mensajes telefónicos, cartas de todas las especies, y numerosos testigos oculares atestiguan sus bilocaciones en Italia, Austria, Uruguay, Estados Unidos.

Para la inauguración de su capilla privada, en la Vía Tritone 56, en Roma, la Condesa Virginia Sili había mandado muchas invitaciones, entre otras a su primo, el Cardenal Gasparri y al Cardenal Sili, su cuñado. La condesa y sus invitados estaban discutiendo el nombre que le darían al oratorio, cuando un novicio entró en la habitación trayendo un relicario que contenía un fragmento de la Cruz de Cristo. Anoche, explicó el joven, el Padre Pío se me apareció en carne y hueso y me ordenó que trajese a la condesa ésta reliquia por la mañana, antes de la consagración de la capilla. Días más tarde, la Condesa se presentó en San Giovanni Rotondo, y escuchó de labios del capuchino la confirmación de ese relato.

Se sabe que San Martín de Porres fue visto en Manila, en África, en Francia y en otras cincos partes al mismo tiempo. Y la explicación que dio cuando se la pidieron, fue ésta: "Si Jesús multiplicó los panes y los peces, ¿acaso no podría multiplicarme también a mi?".

La señora Concepción Bellarmini, de San Vito Luciano, sufrió de pronto un envenenamiento de sangre seguido de una bronconeumonía. La infección le provocó una ictericia terrible, y los médicos la desahuciaron. Una pariente le aconsejó que confiase su situación al Padre Pío, a quien ella no conocía. Así lo hizo, y de pronto se le apareció a plena luz un fraile estigmatizado que le sonrió y la bendijo sin tocarla. La enferma le preguntó entonces si su venida era señal de que había logrado la conversión de sus hijos o su próxima curación. El capuchino afirmó: "El domingo por la mañana usted estará curada" y luego se desvaneció dejando una estela de perfume.

Ya al día siguiente la piel de la enferma fue tomando un color normal, cedía la fiebre y pocos días después la señora pudo levantarse. Acompañada de su hermano, fue a San Giovanni para verificar la identidad de "su" fraile. Cuando divisó al Padre Pío en la iglesia, se dirigió a su hermano y le dijo al oído: "Es él, no hay duda de que es él".

El Sr. Arturo Bugarini, de Ancona, cuenta que estando junto a su hijo muy grave, golpeaban en la espalda tres veces mientras una voz le murmuraba: "Soy el Padre Pío, soy el Padre Pío, soy el Padre Pío". En el mismo momento lo invadió una ola de intenso calor, luego nada más. El niño se salvó.

El 21 de julio de 1921, Monseñor d’Indico de Florencia, estando sólo un su escritorio, tuvo la sensación de que había alguien detrás de él. Se dio vuelta y vio desaparecer un religioso. Interrumpiendo su trabajo, fue en busca de un sacerdote y le contó lo que acababa de ocurrirle. Este le habló de alucinaciones: Monseñor estaba mortalmente angustiado por la salud de su hermana que estaba agonizando. Cuando la fue a visitar, ésta (que estaba casi en coma), había visto al mismo tiempo que su hermano, entrar un fraile a su cuarto, acercarse y decirle: Nada tema. Mañana su fiebre habrá desaparecido y dentro de pocos días ya no quedarán ni rastros de su enfermedad. Pero, Padre, ¿quién es usted entonces?, ¿un santo?. No, repuso el religioso, soy una criatura que sirve al Señor y soy dispersor de sus auxilios. Padre, permítame besar su hábito. Bese mas bien el signo de la Pasión, replicó mostrándole las manos. Y después de bendecirla, desapareció. Inmediatamente la enferma se sintió mejor, y ocho días después estaba sana.

Durante el éxtasis, el Padre Pío se nos aparece como inhibido. Cuando vuelve en sí, diríamos que sale de un síncope. Su cuerpo no reacciona ante ninguna excitación externa, luz enceguecedora, luces de magnesio, etc. Por eso resulta tan fácil sacarle cuantas fotografías se quiera mientras está oficiando: un estruendo de platillos lo deja impasible. Se le creería sordomudo. Santa Teresa escribe: "En la cúspide del éxtasis no se ve ni se oye nada".

Monseñor Damiani, Vicario General De la Diócesis de Salto en el Uruguay, mantenía este diálogo en 1930 con su amigo el Padre Pío: Me gustaría morir aquí para que usted me asistiera en mis últimos momentos. Le contestó el Padre Pío: No, usted morirá en Uruguay. ¿Y usted irá a ayudarme a morir bien?. Naturalmente.

Durante ese mismo viaje, una mañana, Monseñor Damiani tuvo un ligero ataque cardíaco y al punto envió en busca de su amigo. Pero como estaba confesando, el capuchino no acudió al llamado. Cuando éste subió hacia mediodía, el prelado lo retó suavemente: Capuchino, ¿porqué no vino cuando lo mandé a llamar?, podía haber muerto. Hombre de poca fe, ¿no le dije que usted morirá en el Uruguay?. Y veamos ahora el fin de la historia, contada en 1942 por el R. P. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo: En 1942, en la víspera de las bodas de plata sacerdotales del Obispo de Salto, Monseñor Alfredo Viola, que reunía en el Obispado al Delegado Apostólico y a cinco prelados, fui despertado a medianoche por un golpe dado en la puerta de mi cuarto. Al entreabrirla, vi pasar un capuchino y oí una voz que me susurraba: "Vaya al cuarto de Monseñor Damiani, está muriéndose". Me puse la sotana, desperté a algunos sacerdotes y fuimos al cuarto de Monseñor. Sobre la mesa de noche había una hoja de papel con unas palabras escritas de puño y letra: "El Padre Pío ha venido" (el Arzobispo conserva este testimonio). Cuando fui a Italia y vi al Padre Pío, le pregunté: "Padre, ¿era usted el Capuchino que yo vi la noche en que murió Monseñor Damiani?. El Padre pareció confuso, cuando le hubiera sido tan fácil negarlo. Como no insistí él sigue guardando silencio. Yo me eché a reír diciendo: "Ya comprendo". Entonces movió la cabeza y dijo: "Si, usted ha comprendido".

Un día, durante la guerra, el General Cardona, sólo en su despacho, la cabeza entre las manos, pensaba con espanto en todos los jóvenes que iban a dar su vida por su patria, cuando de pronto sintió un violento perfume de rosas que invadía toda la oficina. Levantando la cabeza, quedó estupefacto al ver ante sí a un monje de sonrisa amplia que pasó diciendo: "No tema, nadie le hará mal". Cuando la visión se desvaneció, también se disipó el perfume. El General confió ese episodio a un franciscano, y éste le dijo: "Excelencia, usted ha visto al Padre Pío", y le contó a grandes rasgos la biografía de este hombre extraordinario. Después de oírla, Cardona no tuvo más que un deseo, el de ir a San Giovanni. Fue vestido de civil para no ser reconocido, pero no bien penetró en el monasterio, dos Capuchinos se le acercaron: "Excelencia, el Padre Pío lo espera. Nos mandó para recibirlo".

Ema Meneghetto, jovencita de catorce años, era epiléptica y sufría crisis varias veces por semana. Un día que oraba con fervor, se le apareció el Padre Pío, posó su mano sobre la colcha de la cama, le sonrió y desapareció. La epiléptica se sintió curada, se levantó para besar el lugar donde posara su mano el Padre Pío, y vio impresa una pequeña Cruz de sangre. Cortó el trocito de género y lo colocó bajo un farol de vidrio. La joven curada milagrosamente escribe que desde entonces ella ha obtenido numerosas gracias, especialmente la curación de bebitos a punto de morir.

La Señora Ercilia Magurno, mujer de mucha fe, había velado durante meses junto al lecho de su marido, sumamente grave de angina de pecho. Cierta noche invadió la habitación un penetrante perfume a flores, pero el enfermo seguía empeorando por momentos. Con dos días de intervalo, la señora envió dos telegramas al Padre Pío para implorar su intercesión, pues su marido estaba ya en coma. El 27 de febrero, el enfermo pareció dormirse con sueño profundo y sereno. A la mañana siguiente, al despertar, dijo a su mujer: Estoy curado. Me siento perfectamente. El Padre Pío acaba de dejarme. Por favor, abre los postigos y tómame la temperatura. No tenía ya ni rastros de fiebre. El Padre Pío vino acompañado por otro fraile, explicó el hombre, me examinó el corazón y me dijo: "Mañana se le habrá ido la fiebre y dentro de cuatro días podrá levantarse". Luego miró los remedios que le daban, leyó las recetas y se quedó largo rato junto a mí. Como para confirmar este milagro, una fuerte fragancia de violetas flotaba todavía en la habitación. Cinco meses después, ambos esposos se dirigían a San Giovanni, y el ex-enfermo reconocía a su salvador. El Padre Pío se le acercó, le puso la mano en el hombro y con tono amistoso le dijo: "Como le ha hecho sufrir ese corazón!".

Se cuenta que una joven inválida, curada providencialmente, quiso experimentar el don milagroso del Padre Pío y volvió a visitarle simulando su enfermedad pasada. Vuelve a tu casa, le dijo el sacerdote dándole un golpecito en la espalda, vete sin perder tiempo, pues ya sabes que estás perfectamente sana y no se debe tentar a la divina misericordia.

Durante la segunda guerra mundial los norteamericanos instalaron una base aérea a algunos kilómetros de San Giovanni, cuando todavía había alemanes en la región. Llegó a la base la noticia de que allí había un depósito de municiones enemigas, y de inmediato se despachó un bombardeo con el pueblo del Gargano como objetivo. El piloto a cargo de la misión estaba preparándose para lanzar las bombas, cuando ve junto a su avión en pleno vuelo a un monje con hábito capuchino, que con ambas manos le decía: “NO”. El piloto, aterrado, soltó las bombas en el campo y volvió a su base. Cuando narró la historia al oficial a cargo de la base, un italiano del lugar que escuchaba le dijo que allí había un famoso cura milagrero. Juntos fueron a San Giovanni, y grande fue la sorpresa de todos cuando el piloto, viendo al Santo del Gargano, exclamó: es él!.

Podríamos seguir por horas relatando historias de bilocación del Padre Pío, y los libros sobre su vida están llenos de ellas. Pero lo que cuenta aquí es el mensaje Celestial: Para Dios no hay nada imposible, nada. Nuestro pobre entendimiento juzga a las cosas de Dios con la débil perspectiva del hombre, y allí es donde nos alejamos de Dios, atándonos a las reglas y cosas del mundo, que es el reino de Sat´na.

Parte 2
Parte 2
 

La confesión del Padre Pío.
El Padre Pío, dice uno de sus superiores, es un sacerdote que cumple asiduamente con sus deberes de estado. Se levanta a las tres y media y se prepara para la misa en su celda para no molestar a nadie, y luego va directamente a la sacristía.

Al principio, las mujeres formaban fila para confesarse desde las dos de la mañana, y a veces la policía debía dirigir a la multitud que se apiñaba junto al confesionario. Desde enero de 1950, todas las penitentes debieron conseguir un número de orden para evitar confusiones. En 1952 hubo que adoptar el mismo sistema también para los hombres.

Confesar es su principal vocación, la que le permite apaciguar su insaciable sed de almas. Desea ser considerado exclusivamente como confesor. No predica, y el Santo Oficio le ha prohibido escribir desde 1924. Empero, el Padre Pío no tiene en cuenta los límites de la resistencia física. Él examina, juzga, condena y absuelve según lo que Dios le inspira. Su confesionario es más que una cátedra, más que un tribunal, es una clínica para las almas. Acoge a los penitentes de diversas maneras, según las necesidades de cada uno y sin plan preconcebido. Abre los brazos a éste en una exuberancia de alegría, diciéndole de dónde viene aún antes de que haya abierto la boca. Y a otros los llena de reproches, los amonesta y hasta los trata con rudeza. A algunos se niega a recibirlos y les dice que vuelvan más adelante, cuando estén mejor preparados. La misma afabilidad, la misma sonrisa de bienvenida, la misma severidad se prodiga al sabio, al personaje, al paisano humilde e ignorante.

La condición social del penitente nada cuenta, sólo ve su alma, su alma al desnudo. Suele suceder que tenga más indulgencia con un gran pecador que lo conmueve por su ignorancia de las leyes divinas, que un creyente que no cumple con sus deberes religiosos, una de esas personas que se dicen católicas pero que por pereza no dedican a Dios ni una hora por semana. En donde no encuentra hipocresía sino sinceridad, se muestra bondadoso, con una benevolencia que dilata el corazón del penitente cuando le dice: "Ve en paz, Jesús te ha puesto a prueba y te bendice". Pero a veces sorprende por su brusquedad, cuando con palabras duras y cortantes denuncia el escándalo, sobre todo los chismes y mentiras de las mujeres. Se mostraba inflexible con los penitentes que consideran la murmuración como una falta leve. Con mayor severidad aún, condena el Padre Pío los pecados contra la pureza y la maternidad, y no perdona sin estar seguro de un firme y categórico propósito de enmienda. Los malhechores que van contra la generación y el matrimonio, deberán pasar varios meses de prueba antes de ser absueltos.

A menudo cierra la mirilla del confesionario en la cara de un penitente sin interrogarlo. Esto ha ocurrido hasta con personas que se confesaban periódicamente en otro lugar. ¿Por qué?. Porque posee el don divino de ver como en un relámpago lo que se le escapa a los confesores ordinarios.

El Padre Pío, a no dudarlo, sufre una verdadera agonía cuando el Señor le ordena tratar con dureza a un alma, pero lo hace así para que su penitente tome conciencia y comprenda que los Sacramentos y la Comunión no son cosa de juego. Que es algo grave lavar su alma y recibir a Cristo, a ese Cristo Jesús a quien ama el Padre Pío, mientras el pecador y la multitud lo desconocen.

A una de sus hijas espirituales que le confesó que le era insoportable la vista de sus enemigos, le contestó: "Si tú no amas como el Señor quiere que los ames, firmarás tu propia condenación. Haz el bien a tus enemigos por amor a Jesús". Así comenta el texto evangélico que dice: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a quienes aborrecen, rogad por los que os persiguen y calumnian, y así seréis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?".

¿En qué forma confiesa?. A menudo sabe de antemano lo que el penitente le va a decir. Si éste se olvida de mencionar un detalle cualquiera de un pasado lejano, el Padre Pío se lo recuerda. A veces hace breves preguntas que sirven para abreviar las confesiones y que resultan impresionantes prueba de su doble vista.

¿Cómo puede saber?. El Padre conoce a cada penitente mejor de lo que él mismo se conoce, y al arrodillarse ante él, el pecador ve con más claridad sus pecados. Sin embargo, el Padre no dice todo lo que descubre. A veces se queda silencioso, a la espera. El penitente siente su conciencia removida hasta lo más hondo, y no puede mantener en secreto el pecado que ocultaba. Lo confiesa, y el confesor dice simplemente: "Eso es lo que esperaba".

Un joven complotaba matar a su mujer y simular que se trataba de un suicidio, para poder así continuar sin tropiezos una unión ilícita. A fin de apartar toda sospecha de culpabilidad, consintió en escoltar a su compañera a San Giovanni. No bien puso los pies en la Iglesia, ella se sintió atraída por una fuerza magnética hacia la sacristía, que se encuentra en el otro extremo de la Iglesia, detrás del altar mayor. El Padre Pío, desocupado en ese momento, se acercó para interrogarle. El hombre no había pronunciado una sola palabra, cuando sintió que lo tomaban del brazo y lo empujaban con violencia: "Sal , sal de aquí!, le gritaba el fraile. Miserable!, ¿ignoras que no tienes el derecho de manchar tus manos con la sangre de tu esposa?".

El hombre huyó como empujado por la tormenta. Durante dos días vagó sin rumbo. En la imposibilidad de recuperar la calma, volvió al monasterio, y el Padre Pío lo acogió como acogía Jesús a los grandes pecadores. Cuando el hombre hubo terminado su tremenda confesión, le dijo: "No teníais hijos y ambos deseabais uno. Vuelve a tu hogar, y vuestro deseo se cumplirá". Cuando su mujer, a quien nunca había visto el Padre Pío, vino un día a confesarse, a las primeras palabras que pronunció, oyó que el Padre le decía: "No temas nada ya, tu marido no te hará ningún mal". Después de años de esterilidad, ella dio a luz una criatura.

Un sacerdote había ido a San Giovanni para confesarse con el Padre Pío, y tuvo que cambiar tren en Bolonia. Cuando hubo terminado su confesión, el Padre le preguntó si no haba omitido nada. El sacerdote contestó con sinceridad que no recordaba nada más; entonces replicó el Padre Pío: "No lo hizo usted con malicia, pero se trata de una negligencia grave que ha ofendido al Señor. Usted llegó a Bolonia a las cinco de la mañana. Como las iglesias estaban cerradas, usted se fue al hotel para descansar un poco antes de decir misa y se quedó dormido hasta las tres de la tarde. Ya no era hora de la misa, y su negligencia ofendió a Dios".

Antes de que se pronuncie palabra alguna, el Padre Pío sabe si el que se acerca a él es sincero o no, si es un convencido o un simple curioso. Un médico entró cierta vez en la sacristía, pareció cambiar de idea y volvió a salir. ¿Quien es ése?, ya volverá, afirmó rotundamente el Padre. En efecto, el médico volvió bien pronto. Al instante le dijo el Padre: Usted es un delincuente, y quiere eludir el Tribunal. Lea de una vez esa carta!. Se trataba de la recomendación de un amigo. El médico la leyó, palideció, cayó de rodillas a los pies del Padre, imploró perdón y lo obtuvo.

Nuestro capuchino lee también el pensamiento a la distancia, como lo prueba un número incalculable de hechos. He aquí uno como muestra:

Dos hermanas habían logrado a duras penas que su padre les permitiera ir a ver al Padre Pío, pero le habían prometido formalmente no besarle el guante, ese guante besado por tantos labios, por temor al contagio. Las jóvenes lo prometieron, pero cuando vieron entrar al capuchino a la iglesia, y a la gente apiñarse en torno suyo, no pudieron resistir la tentación. Entonces él las miró sonriendo: "¿Han olvidado su promesa? ".

Cuenta un conocido médico italiano que una noche de enero de 1936, estaba en la celda del Padre Pío con éste y otros dos laicos. De pronto el Capuchino se arrodilla y les pide que recen "por un alma que está a punto de compadecer ante el tribunal de Dios". Todos se arrodillaron, y luego el Padre les preguntó: ¿saben ustedes por quién han rezado? - No - fue la respuesta. Pues por el Rey de Inglaterra.

Entonces intervino el doctor: pero Padre, leí en los diarios de hoy que el Rey tiene un ligero resfrío sin ninguna novedad. El Padre Pío se contentó con responder: "Créanme". Cuando llegaron los diarios a mediodía, se vio que el Rey de Inglaterra había fallecido en el momento preciso en que el Padre Pío pidió simultáneamente a sus amigos oración.

Una joven de Benevento, cuyo marido había perdido la vista, recibió esta explicación del Padre Pío: "Su ceguera garantiza su salvación, tiene que permanecer ciego, es un castigo que Dios le envío por haber golpeado a su padre". La pobre mujer no podía creer a sus oídos. En cuanto al lisiado, empezó por negar, pero acabó por reconocer que a la edad de dieciséis años había golpeado brutalmente a su padre con una barra de hierro.

El Padre Pío era un gran trabajador del confesionario. Pero su carisma de visión de almas le daba una herramienta muy especial, en su tarea de convertir a muchos de sus visitantes. Durante décadas las personas peregrinaron de a miles a San Giovanni, buscando la sanación de los pecados a través de un instrumento como el Santo del Gargano. Qué bueno sería encontrar en estos tiempos muchos fieles deseosos de lavar sus almas con el agua de la misericordia, como aquellos que acudían a ver a Pío. Qué bueno sería también encontrar sacerdotes dispuestos a sacrificarse en el confesionario, como lo hacía el Padre Pío.

La Misa del Padre Pío.
Desde que el Padre Pió hace la señal de la Cruz al pie del altar de San Francisco, su rostro se transfigura. Ya no es sólo el sacerdote que celebra el Santo Sacrificio, es también el hombre de Dios, el elegido para dar testimonio de su existencia, elegido para colaborar con Dios en el martirio de las cinco llagas, el oficiante que es crucificado con Él y que muere místicamente con Él en cada una de las misas.

Cristo habita en el Padre Pío y el Padre Pío hace suya la encarnación de Cristo. Si el Padre Pío no estuviese modelado en Cristo, ¿cómo explicar los sufrimientos que se reflejan en su rostro, las contracciones de su cuerpo, sus esfuerzos para levantarse después de sus genuflexiones, como si el peso de la cruz lo abrumara?. ¿Y qué decir de sus estados de éxtasis prolongados, que lo transportan lejos de este mundo caótico?. Se lo ve inclinar la cabeza, sonreír con esa sonrisa luminosa con que acepta los pedidos de sus fieles, y de pronto estalla, y sus lágrimas caen abundantes. Los testigos siguen mudos e inmóviles esta misa cuya celebración dura dos horas. ¿Dos horas?. No!, parecen dos minutos!. Los fieles de ayer, los de todos los momentos y aún los que nunca fueron creyentes, todos de rodillas, parecen clavados al suelo, fijos sus ojos en esas manos diáfanas. Extática persuasión que transforma a los incrédulos, a los masones, a los protestantes, a los ateos, en fervientes católicos. Por pedido de Pío XII, después de la liberación de Roma, miles de soldados americanos recibieron autorización para asistir a la misa del Padre Pío, lo que tuvo como resultado la conversión de muchos muchachos protestantes.

El momento de la Consagración siempre es el punto cúlmine de la Misa de Pío. Eleva la Hostia, el Cuerpo de Cristo, y se queda inmóvil por largos minutos, interminables. Sus oraciones llegan al Cielo, mientras admira a Nuestro Señor Presente en la Eucaristía. Cuando se le pregunta porque toma tanto tiempo en la Consagración, él se limita a responder: ¿acaso existe un tiempo para rezarle al Señor?.

Pío es el testimonio de la importancia de la Eucaristía como centro de nuestras vidas. Cristo Vivo se hace presente en todos los altares, alrededor del mundo, todas las horas de todos los días del año. Ese es el misterio del Sacrificio Perpetuo. Y es el Padre Pío quien mejor nos muestra cómo un alma consagrada debe vivir la entrega de Nuestro Señor. Todos los sacerdotes del mundo debieran tomar su ejemplo de piedad frente a la Celebración de la entrega que Dios hace por nuestra salvación. Este profundo misterio parece ser olvidado por el mundo actual, que tiende a cometer el enorme error de considerar la Misa como una recordación, y no como lo que realmente es: Cristo vivo presente en los Altares !

La Presencia Celestial en la vida de Pío.
El Padre Pío vivió rodeado del Cielo desde temprana edad. El contacto con Jesús, María, los ángeles custodios, santos y almas del purgatorio, era habitual para él. Pero raramente daba testimonio, debido a su humildad. Sin embargo, era imposible ocultar sus contactos. En cierta oportunidad se escucharon aplausos y gritos en la iglesia, sin que nadie fuera visible. Ante la pregunta a Pío, él dijo: he estado orando por muchos soldados muertos en la guerra, y un grupo de ellos ha venido a agradecer mi oración, ya que iban camino del purgatorio hacia el Cielo.

A un niño enfermo, Pío se le presentó en bilocación y le anunció la futura visita de la Virgen. Cuando el niño hubo recibido la Presencia de la Madre del Cielo, Pío se volvió a presentar y le dijo: es hermosa, ¿no?. Yo la he visto muchas veces pero aún no dejo de admirarme de su belleza. Tú la recordarás por el resto de tu vida.

Daba especial importancia a los ángeles custodios. Nuestros ángeles nos siguen durante toda la vida, y aún después, y sin embargo no los consideramos. Debemos orarles, pedirles ayuda, reconocer su presencia como siervos de Dios, puestos allí para nuestra asistencia. La oración de los ángeles custodios debe ser dicha diariamente, así como deben ser invocados para nuestro consuelo y ayuda. Pío tuvo muchas oportunidades para manifestar la presencia de los ángeles a sus circunstanciales visitantes.

Por supuesto que la Presencia de Cristo en la vida de Pío era resaltable, su oración era un diálogo permanente con el Señor, y su testimonio de imitación se manifestaba a través de sus Estigmas.

No puede entenderse al Padre Pío en su acabada magnitud espiritual, sin aceptar abiertamente lo sobrenatural en nuestro mundo. La Presencia Celestial se manifiesta en el mundo de diversas formas, y el Santo del Gargano era como una puerta abierta al Cielo, para dar testimonio de esperanza a quienes tenemos débil nuestra fe.

El perfume a santidad del Padre Pío.
El olor de santidad, no solo en sentido figurado, es cosa familiar en los Siervos de Dios. Es inútil decir que los incrédulos se ríen a carcajadas de él, como también de sus estigmas. Pero también contra eso tropieza la ciencia. Ningún desinfectante, ni la tintura de yodo, ni el fenol, pueden engendrar ese olor agradable, muy peculiar, que emana de la sangre de las llagas del Padre Pío, como lo han confirmado los diversos estudios médicos que se le realizaron. Además estos han observado que la sangre no se corrompe, como ocurriría normalmente, de no tratarse de un fenómeno sobrenatural.

El olor es fugaz. Los visitantes a la celda de Pío sugieren que cuando un individuo lo percibe es señal de que Dios derrama sobre él una gracia por intercesión del Padre Pío. Perfumes de violetas, lirios, rosas, incienso y tabaco fresco, a veces de gran persistencia, como lo atestigua el Dr. Festa ( fallecido en 1940 ). Éste ha escrito: "Cuando examiné por primera vez el costado del Padre Pío, guardé un trocito de género manchado de sangre, pensando examinarlo en el microscopio. Como carezco de olfato, no observé nada extraño. Pero un personaje de importancia y otros señores que volvían conmigo de San Giovanni a Roma, y que nada sabían del género guardado en mi caja de instrumentos, percibieron - pese al viento que entraba por la ventanilla del auto - un olor muy marcado, igual al que según ellos emanaba del Padre Pío.

En Roma, durante largo tiempo, ese género fue conservado en un armario de mi consultorio, y a tal punto llenaba de efluvios la habitación que muchos de mis pacientes me preguntaban espontáneamente de dónde venia ese perfume."

Don Carlos Predriale, escribano genovés esperaba en la sacristía la llegada del Padre Pío, acompañado de su hijito de tres años. No bien entró aquel, el niño tiró de la manga a su padre, preguntando: "¿Papá, qué es lo que tiene tan rico olor?".

Una noche de verano, en el quinto piso de un edificio situado en el centro de Génova, un grupo de señoras hablaban del Padre Pío. De pronto dos de ellas sintieron un efluvio con un característico perfume a violetas, mientras las otras no sintieron nada. Pero un poco más tarde, una tercera señora -un ser de excepción, por otra parte- entrando en la sala tuvo la impresión de entrar en un campo de violetas. Esto no quiere decir que haya que estar en estado de gracia para percibir "el olor de santidad". Por el contrario, hay incrédulos y grandes pecadores que han sido sensibles a él, como primera señal de su conversión. No es, pues, un premio al mérito ni a la fe.

La señora Vera Berlotto Bianco, de Veglio Mosso, escribió: "Siempre tengo muchísimo gusto de hablar de nuestro querido Padre Pío. El sábado pasado recibí la visita de un profesor que goza de gran renombre en Biella: deseaba que le diera unos datos sobre el Padre. Para asombro nuestro, nos inundó de pronto una deliciosa fragancia que persistió desde las nueve hasta las once. Qué alegría para mi marido y para mí!. El profesor se sintió tan conmovido, que decidió ir a San Giovanni. Dichoso de él!".

Otro testimonio de julio de 1949. "Discúlpeme que vuelva a insistir sobre las gracias que ha realizado para mí el Padre Pío. El 11 de febrero mi madre estaba grave. Yo oí una voz - la del Padre Pío - que me urgía a que fuese a verla, porque se moría. Partí sin demora, y después de un viaje de 50 km. llegué justo a tiempo para recoger su último suspiro". "La segunda gracia la obtuve el Jueves Santo. De pronto me inundó un fuerte olor a incienso, luego a rosas, y comprendí que el Padre se me había manifestado en esa forma". "Finalmente, la tercera gracia, la más importante para mí, la recibí el 27 de julio. Esa mañana fui despertado por un violento aroma de violetas, cuya intención comprendí cuando el cartero me trajo una carta de un hermano al que no veía desde treinta y dos años atrás, y al que creía muerto."

Es habitual el caso de perfumes celestiales, rosas, incienso, violetas, en eventos de Presencia Celestial. En muchas apariciones de María se produce este fenómeno, yo da un testimonio de fe y conversión poderoso. Sólo aquellos que lo vivieron saben lo majestuoso que es sentir que el Cielo todo se manifiesta detrás de un hecho tan simple como percibir con los sentidos, algo que físicamente no está allí. Además, es habitual que el Cielo deje testigos que no sienten los perfumes, como forma de corroborar que se trata de un hecho místico o. No son más que señales de Presencia, regalos. La cuestión es qué hacemos con ellos, una vez recibidos. ¿Podemos seguir viviendo como antes?. ¿Nos lo permite nuestra conciencia?.

La reacción de la Iglesia a la existencia del Padre Pío.
Podemos decir sin dudarlo que el santo del Gargano sufrió la incomprensión de muchos sacerdotes durante buena parte de su vida. De hecho tuvo prohibición de escribir desde 1924 hasta su muerte. También estuvo confinado en su celda durante casi una década, sin poder celebrar misa, confesar, tener contacto con el mundo exterior. Muchísimos investigadores de la iglesia fueron enviados desde el vaticano a San Giovanni, con la aparente intención de demostrar que lo que allí ocurría no era cierto ni posible. Sin embargo, Pío siempre amó a la iglesia, cuerpo Místico de Jesús. Con absoluta obediencia y entrega, cumplió todo lo que se le pidió, con la asistencia de Jesús y María. Finalmente, durante la década de 1930 fueron liberándose las limitaciones, y volvió a su vida monacal más abierta. Con el paso de los años, hubo varios intentos de reunirlo con el Santo Padre, que nunca llegaron a realizarse.

Sin embargo fue el pueblo quien dio la nota, más allá del intento oficial de ocultar o acallar sus estigmas y manifestaciones: la gente.

El pueblo siempre creyó, y se volcó de a miles, durante décadas, a visitarlo. Y cuando más se lo limitaba desde la iglesia, más fuerte era el grito pacífico de resistencia. Todo indicó que no podía silenciarse el llamado de Dios a San Giovanni Rotondo. Y es el haber pasado por estas pruebas lo que da más validez y crédito a su santidad.

El Padre Pío fue beatificado, pero ahora estamos frente al hecho tan deseado, reclamado por décadas por cientos de miles de personas alrededor del mundo.

En diciembre de 2001 el Vaticano emitió el decreto de reconocimiento de milagros y virtudes heróicas que allanan el camino para la canonización del Padre Pío. Las puertas están abiertas para que recibamos a San Pío, para nosotros el Padre Pío.

Él ya es santo, vaya si lo es. El Cielo entero canta alabanzas a esta joya tan especial del alhajero de Jesús y María: el Santo del Gargano está más que nunca indicándonos el camino de la gloria eterna, el camino de llegada a la Patria Celestial.

El mensaje del Padre Pío.
A diferencia de otros casos de hechos místicos, Pío no fue instrumento de mensajes específicos sobre el futuro de la humanidad, pese a que existen mensajes falsos atribuidos a él. El mismo Padre Pío fue el mensaje, su vida, su actitud, su deseo de santidad.

Sin embargo, es posible recoger escritos previos a la prohibición que le estableció la iglesia en 1924, y referencias sobre su mensaje espiritual, revelados por quienes lo escucharon.

Tomemos estos verdaderos principios de vida como una balsa de salvación para nuestras almas.

Dijo el Padre Pío: A Dios se le busca en los libros, se le encuentra en la meditación.

La vida del cristiano no es más que un perpetuo esfuerzo contra sí mismo. El alma no florece sino merced al dolor.

A alguien que temía haberse equivocado, el Padre le dijo: "Mientras tema, usted pecará". La persona replicó: "Tal vez, Padre, pero se sufre tanto!". Dijo Pío: "Es indudable que se sufre, pero es menester distinguir entre el temor de Dios y el miedo de Judas. El demasiado miedo nos hace obrar sin amor, mientras que la demasiada confianza nos impide observar con inteligente atención aquel peligro que debemos vencer. Ambos deben ayudarse uno a otro como dos hermanos".

Si logras vencer la tentación, es como si lavaras tu ropa sucia.

Quien no medita, decía cierta vez, me recuerda al hombre que no hecha una mirada al espejo antes de salir, y poco cuidadoso de su aspecto, aparece en público desaliñado sin darse cuenta.

La persona que medita y vuelve su espíritu a Dios, que es el espejo de su alma, despista a sus faltas, las corrige lo mejor que puede y pone en orden su conciencia.

Alguien preguntó un día al Padre: "¿Cómo podemos distinguir la tentación del pecado?". Sonrió el Padre, y contestó con otra pregunta: "¿Cómo distinguir a un asno de un ser razonable?. En que el asno se deja guiar, mientras que el ser razonable tiene las riendas". Él se refería al control de la voluntad, ya que el pecado se materializa cuando el mal toma control de nuestros actos o pensamientos. La tentación es obra de satán, y siempre existirá como amenaza en nuestro interior, tratando de apoderarse de nuestra voluntad.

Por nuestra calma y nuestra perseverancia, no sólo nos encontramos a nosotros mismos, sino también a nuestras almas y al mismo Dios.

Un hombre pidió al Padre Pío que curase a su madre. Le mostró su retrato y le dijo: "Padre, si yo lo merezco, bendígala". "Ma che mérito. En este mundo, ninguno de nosotros merecemos nada. Es el Señor, en su infinita bondad quien es tan amable como para colmarnos de sus dones, porque todo lo perdona".

El Padre Pío detesta la máxima: "Cada uno para sí mismo, Dios para todos". La encuentra egoísta, demasiado de este mundo que sólo piensa en sí mismo. Él propone esta otra de su cosecha: "Dios para todos, pero nadie para sí mismo".

Un día, reporteado sobre la penitencia y la mortificación, el Padre se expresó en estos términos: "Nuestro cuerpo es como un asno al que hay que azotar, pero no demasiado, porque si cae, ¿quien nos llevará a cuestas?".

El demonio no tiene más que una puerta para entrar en nuestra alma: la voluntad. No existen entradas secretas. Ningún pecado es pecado sin nuestro consentimiento. Cuando falta la participación del libre albedrío, no hay pecado sino debilidad humana.

Alguien se lamentaba diciendo que lo torturaba el recuerdo de sus faltas. "Eso es orgullo, le interrumpió el Padre. Es el demonio el que le inspira ese sentimiento, no es una verdadera tristeza". "Pero, ¿cómo podré discernir entre lo que viene del corazón, lo que es inspirado por Nuestro Señor y lo que, por el contrario, proviene del diablo?". "Por este signo inconfundible: el espíritu del demonio excita, exaspera, nos inyecta una especie de angustia, cuando la caridad nos lleva en primer lugar a buscar el bien de nuestra alma. Luego, si ciertos pensamientos lo agitan, tengan por cierto que vienen del diablo".

A una persona que tenía vocación de curar almas y le preguntaba cómo debía proceder con los que son sordos a los llamados de la caridad, el Padre contestó: "Procura atraerlos por el amor y la caridad, dando sin esperar algo a cambio. Y si con esto fracasas, entonces repréndelos. Cristo hizo el Cielo, pero también el infierno".

En algunas ocasiones el Padre Pío dice a sus hijos espirituales: "Pan y azotes ayudan muchas veces a criar espléndidos muchachos".

Un joven le confesó que temía amarlo más que a Dios. A lo que el Padre replicó: "Usted debe amar a Dios con un amor infinito a través de mí. Usted me quiere porque lo dirijo hacia Dios que es el Ser Supremo. Yo no soy más que un medio. Si lo guiara hacia el mal, dejaría de amarme".

Un día una penitente le confió que le parecía imposible vivir lejos de San Giovanni, tanta era la felicidad que sentía en su presencia. El Padre le hizo la siguiente observación: "Para los hijos de Dios no existe la distancia, hija". Como la joven no parecía convencida, sacó su reloj: "Dígame, ¿ que ve en el centro?. El eje, Padre. Exacto. El eje, como Dios, está inamovible, y las agujas corren ligadas al centro, y las agujas miden el tiempo. En resumidas cuentas, el espacio que separa los números del centro, carece de importancia: Dios es el centro, los números son las almas, pero hay también un Padre Pío que sirve de puente".

La prudencia tiene ojos. El amor piernas. El amor, que tiene piernas, querría correr hacia Dios, pero su impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar dirigido por los ojos de la prudencia.

Una mujer joven y bella, viuda de un miembro del Parlamento que murió en la flor de la edad, estaba abrumada por la pena. Quería retirarse del mundo y fundar una Orden religiosa. Consultó al Padre Pío: "Señora, antes de santificar a los demás, piense en santificarse usted misma".

A un masón convertido, el Padre le dijo: "Todos los sentimientos, cualquiera sea su fuente, tienen algo de bueno y algo de malo. A usted corresponde asimilar sólo lo bueno y ofrecérselo a Dios".

Como una señora admitiera que tenía cierta inclinación a la vanidad, el Padre comentó: "¿Ha observado usted un campo de trigo maduro?. Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a prueba a los más altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos".

Una señora le preguntó qué oración era más apreciada por Dios. Él contestó: "Toda oración es buena cuando es sincera y continua".

Es tal el orgullo del hombre, dice el Padre, que cuando es feliz y poderoso se cree igual a Dios. Pero en la desgracia, librado a sus solas fuerzas, se acuerda del Ser Supremo.

Dios enriquece al hombre que ha hecho el vacío en sí mismo.

En la vida espiritual siempre hay que ir adelante, jamás retroceder. De otro modo, le ocurre a uno lo que al barco que ha perdido el timón: es rechazado por los vientos.

No es faltar a la paciencia el implorar a Jesús el fin de nuestros sufrimientos, cuando exceden nuestras fuerzas. Siempre nos quedará el mérito de haber ofrecido nuestros dolores.

La mentira es el engendro de Satanás.

La manía de los ¿Por qué?, ha sido calamitosa para el mundo.

La humildad es verdad. La verdad es humildad.

Una buena acción, cualquiera sea su causa, tiene por madre a la Divina Providencia.

La oración es la llave que abre el corazón.

No lo olvidéis: el eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios. Porque Dios es Amor, como lo dice el Apóstol.

En marzo de 1923, una penitente preguntaba al Padre qué debía hacer para santificarse. "Desate sus lazos con el mundo". Una amiga, sabiendo que ella llevaba una vida muy retirada, hizo un gesto de sorpresa. El santo se volvió hacia ella y le dijo, con bastante sequedad: "Señora, uno puede ahogarse en alta mar, y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua. ¿Dónde está la diferencia?. ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas formas?".

Recuerde, dijo el padre a uno de sus hijos espirituales, que la madre empieza a hacer caminar al niño sosteniéndolo. Pero luego, éste debe caminar sólo. También usted debe aprender a razonar sin ayuda.

A una señora excesivamente servicial, que se quejaba de no poder hacer nada por él: "El general es el único en saber cómo y cuándo ha de emplear al soldado. Espere su turno, señora".

Pecar contra la caridad es como destrozar la pupila de Dios. ¿Qué hay más delicado que la pupila del ojo ?. El pecado contra la caridad equivale a un crimen contra natura.

El amor y el temor deben estar unidos: el temor sin amor se vuelve cobardía. El amor sin temor, se transforma en presunción. Entonces uno pierde el rumbo.

Sin obediencia no hay virtud. Sin virtud no hay bien. Sin bien no hay amor. Sin amor no hay Dios. Y sin Dios no hay Paraíso.

En una estampa representando la Cruz, el Padre escribió estas palabras: "El madero no os aplastará. Si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar".

Para Andrés Lo Guercio, que viniera de América a visitarlo, escribió en una imagen del Sagrado Corazón: La humildad y la pureza son las alas que nos llevan hacia Dios y casi nos divinizan. No se olviden que un malhechor que se sonroja de sus actos está más cerca de Dios que un hombre de bien que se sonroja de tener que trabajar.

Al señor Natal Selvatici, de Bolonia: No olvide que el hombre tiene un espíritu, que tiene un cerebro para razonar y un corazón para sentir, que tiene un alma. El corazón puede estar regido por la cabeza, pero el alma no. Por lo tanto, debe existir un Ser Supremo que la dirija.

A un penitente que había vivido en el vicio, y que le preguntaba si, cambiando de vida, alcanzaría el perdón y moriría en la fe, le contestó: Las puertas del Paraíso están abiertas a toda criatura. Acuérdate de María Magdalena.

El tiempo que se pierde en ganar almas a Dios, no es tiempo tontamente perdido.

Guardad en lo más hondo del espíritu las palabras de Nuestro Señor: "A fuerza de paciencia, poseeréis vuestra alma".

Jesús os guía hacia el Cielo por campos o por desiertos. ¿Qué importancia tiene?. Acomodaos a las pruebas que Él quiera enviaros, como si debieran ser vuestras compañeras para toda la vida. Cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas.

Los grandes corazones ignoran los agravios mezquinos.

El anhelo de la paz eterna es legítimo y santo, pero debe ser moderado para una total resignación a los designios del Altísimo: más vale cumplir la Voluntad Divina en este mundo que gozar en el Paraíso. Sufrir y no morir, era el ‘leit-motiv’ de Santa Teresa. El Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por voluntaria elección de amor.

El demonio es como un perro encadenado: si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido.

Las tentaciones, el bullicio, las preocupaciones, son las armas de nuestro enemigo. No lo olvidéis: si hace tanto ruido, es señal de que está afuera y no dentro. Lo que debiera espantarnos sería que reinase la paz y la armonía entre nuestra alma y el demonio.

Las tentaciones emanan de lo innoble y de las tinieblas. Los sufrimientos, del seno de Dios: Las madres vienen de Babilonia, las hijas de Jerusalén. Despreciad las tentaciones, recibid las vicisitudes con los brazos abiertos.

Gólgota: Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado salvador.

Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle gracias. Si se os oculta, dadle gracias. Todo esto es un juego de amor para atraernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.

El don sagrado de la oración está a la derecha del Verbo, nuestro Salvador, en la medida en que vaciéis vuestro Yo de sí mismo, es decir, del apego a los sentidos y a vuestra propia voluntad. Echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a vuestro corazón.

Practicad con perseverancia la meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas fuertes, o más bien alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma (a su debido tiempo) en una abeja, industriosa obrera de la miel.

El corazón de nuestro Divino Maestro no conoce más que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la tierra y el cielo fallarán antes que la protección de vuestro Salvador.

Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis detestar vuestros pecados, pero con una serena seguridad, no con una punzante inquietud.

Permaneced como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aún más por sus sufrimientos.

Por los golpes reiterados de su martillo, el Artista divino talla las piedras que servirán para construir el Edificio Eterno. Puede decirse con toda justicia que cada alma destinada a la gloria eterna es una de esas piedras indispensables. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad pues, gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos a Él totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.

El Padre Pío es nuestro sendero claro y bien señalizado hacia el amor del Padre Eterno, a través de Jesús y María. Tenemos que tenerlo presente, conocerlo, familiarizarnos con él. Quien sienta un profundo amor por el Santo del Gargano, y llegue a sentir como él sintió, habrá encontrado la forma de vivir esta vida con la alegría y entrega necesarias como para esperar la vida eterna con paz verdadera.

El perder el temor a la muerte, el desapegarse de las cosas de este mundo, es la primer gran puerta al crecimiento espiritual y a la conversión de nuestra alma. Él es un salvavidas tendido a nuestras manos, para que podamos aferrarnos y enfrentar con confianza el oleaje que el demonio nos propone a lo largo de una vida rodeada de miserias, egoísmo, vanidad, cobardía, envidia, odio, tristeza, arrogancia y falta de esperanza y fe.

Busquemos a Dios donde Él se encuentra, Pío es una fuente que no podemos desperdiciar.
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).

San Pio de Pietrelcina.

SAN PIO DE PIETRELCINA

Rp. Jesús Martí Ballester

Ignoro si han sido proyectados en la pantalla grande, pero hay en el mercado videos de dos vidas de Santos, uno del Beato Juan XXIII y otro de San Pío de Pietrelcina. La entrada de uno y de otro video, nos prepara para dos vidas santas, pero cada una bien diferente. El niño que es Juan XXIII, todo serenidad; en la vida del niño que es Pío de Pietrelcina, se anuncia la tragedia; un niño deliciosamente candoroso, espantado huyendo de un perro que le persigue furibundo, presagiando acontecimientos extraordinariamente dolorosos y, a la vez, dotado de unos carismas impresionantes. El Rottweiler, estará presente durante toda la película, denotando la presencia feroz del maligno en la vida entera de aquel hombre elegido, calumniado en su comunidad, en su Curia Capuchina y en la cúpula más alta de la Iglesia. Todo nos lleva a deducir que Dios es un Artista formidable que no repite los clichés en sus criaturas y que, a la vez que nos destina a nuestras misiones respectivas, va preparando nuestra psicología y nuestros ambientes de manera admirable y que, después de acontecidos, nos inducen a admirar la sabiduría con que obra sus maravillas

LA PROPEDEÚTICA

Dios fue preparando a Pío de Pietrelcina. Los acontecimientos vitales extraordinarios de tan gran alcance que él tuvo que protagonizar, siempre llegan acompañados de una propedéutica anterior, como ocurrió con los niños de Fátima con la visión primera del ángel, con Santa Teresa de Jesús con su oración de unión, de quietud y éxtasis iniciales en privado, hasta llegar a sus levitaciones y transverberación; con San Francisco de Asís, quien antes de la impresión de las Llagas vivió dramas y Noches oscuras preparatorias del enorme acontecimiento, el más parecido al reservado para San Pío de Pietrelcina, que les hace más semejantes a Cristo crucificado. En 1910, Pío de Pietrelcina tuvo un éxtasis en el que sintió un dolor agudísimo en las manos y en los pies. En 1912, después de la misa sintió que le herían el corazón con un dardo de fuego, tan vivo y ardiente, que, según escribió a su director espiritual, pensó que se moría. Estos trances eran seguidos de noches oscuras del espíritu, profundas y negras, dolorosísimas. Corresponden al estadio de las Sextas Moradas de Santa Teresa.

El 30 de mayo de 1918, el Padre Pío recibe la herida de amor, que le hace exclamar: "¡Dios mío! ¡Bien mío!, ¿dónde estás? No te encuentro, no te conozco; pero no puedo dejar de buscarte, vida de mi alma, que se está muriendo! ¡Mi Dios y mi Todo! No puedo decirte otra cosa que ésta: ¿Por qué me has abandonado? Fuera de esto, yo ignoro todas las cosas. Hasta ignoro el vivir ya mi propia vida".

UN PERSONAJE CELESTE

El 5 de agosto de 1918, confesando a sus muchachos, de repente, se sintió dominado por el terror a la vista de un personaje celeste, que se le imprimió en la inteligencia. Tenía en su mano un instrumento como una larga lámina de hierro, con una punta muy afilada rematada en fuego. El personaje lanzó el arnés con gran violencia sobre el alma de Pío, que gritó con un desgarrado lamento, pues se sintió morir. Le dijo al niño que estaba confesando que se retirase porque se encontraba mal. Su relato reproduce al pie de la letra, la transverberación de Santa Teresa de Jesús, como la describe ella en el libro de la Vida: "Me veo sumergido en un mar de fuego; la herida, que sigue abierta, continúa siempre sangrando; ella sola me mataría”. Este martirio duró, sin interrupción, hasta la mañana del día 7. Le resulta imposible decir todo lo que sufrió en este tiempo. Sentía que le arrancaban las vísceras y que eran quemadas a fuego y hierro. Desde aquel día se sintió herido de muerte experimentando en lo profundo de su alma una herida que está siempre abierta y que le hace padecer continuos espasmos.

PIES Y MANOS TRASPASADOS Y MANANDO SANGRE

El 20 de septiembre de 1918, estando en el coro después de misa, entró en un sosiego como de un dulce sueño, envuelto en un silencio total; se apoderó de él una gran paz y abandono en un despojo total. Se vio ante un misterioso personaje de cuyos pies y manos manaba abundante sangre. Su vista le llenó de terror. Se sintió morir y parecía que el corazón se le salía del pecho. Desapareció el personaje y entonces se percató de que sus manos, pies y costado estaban traspasados y manaban sangre a borbotones. El dolor, los espasmos y la confusión que le acompañan, junto al derroche de sangre que mana de sus heridas, le hacen temer morir desangrado.

El Padre Pío dice: "Oraba y el gozo y el contento crecían en mí. Un gran resplandor golpeó mis ojos y se me apareció Cristo llagado. No me dijo nada y desapareció. Cuando volví en mí, me encontré caído en tierra, llagado, sangrando las manos y los pies y el corazón y no tenía fuerzas para levantarme. Arrastrándome como pude logré llegar a mi celda, atravesando el largo corredor. Todos los padres estaban fuera del convento; me acosté y pedí ver de nuevo a Jesús. Cuando entré dentro de mí y me di cuenta, miré despacio mis llagas y prorrumpí en himnos de adoración y acción de gracias".

LA ESTIGMATIZACION COMO LA DE CRISTO

Su estigmatización tiene el mismo origen y el mismo fin que la de Cristo. El Amor. La salvación del mundo. Que los hombres lleguen al Reino de Dios. El amor al Reino: Esta es una frase fácil de pronunciar, pero difícil de entender tal cual la vive el corazón de un santo. Hoy decimos que todo puede ser amor del Reino y que todo es trabajar por el Reino y movilizamos organismos complicados, material de todas clases en favor de una idea más o menos digna. Pero a estos movimientos casi siempre les sobra nerviosismo y confusión interior. Rara vez hay en el fondo la firmeza sencilla y jugosa de la vivencia del amor. Por eso abortan o se quedan a mitad de camino tantas iniciativas emprendidas por amor del Reino, que hacen mucho ruido pero pocas transformaciones. Todo se queda en efectos humanos, resultados averiados, por la razón de que el fondo de las almas sólo lo toca Dios.

A IMAGEN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

En agosto de 1224, Francisco se retiró con tres compañeros para ayunar cuarenta días. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron en el tema de sus meditaciones. Mientras oraba tuvo la visión del serafín, y aparecieron en su cuerpo las señales visibles de las cinco llagas del Crucificado. Un día se le apareció un ángel y le dijo: "Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti". "Estoy preparado para lo que él quiera", respondió. Por la mañana del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes de amanecer, estaba orando de cara a Oriente, y pedía al Señor "experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de lo posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores"; y también, "que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, ya que tú te has dignado morir por amor a mi". De repente, vio bajar del cielo un Serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado.

Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. No eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones. Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo que muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día.

El Hermano León nos ha dejado con la bendición autógrafa del santo, que se conserva en Asís, una narración simple y clara del milagro. Describe el costado derecho del santo como mostrando una herida abierta por una lanza, mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de carne, cuyas puntas estaban dobladas hacia atrás. Después de recibir los estigmas Francisco sufrió dolores cada vez mayores en todo su cuerpo frágil, ya de por sí debilitado por la continua mortificación. La diferencia de época, inicios del siglo XIII, creyente, religioso y sacralizado, le ahorrará a Francisco lo que el positivismo racionalista del siglo XX atormentó a Pío de Pietrelcina.

EL AMOR AL REINO COMO FIN

Cuando un Santo realiza una obra grande, siempre le mueve el amor al Reino. Unas veces por su elección y características de su personalidad, otras veces por pura y extraordinaria disposición divina. En uno y en otro caso el santo se sitúa allí donde sabe que pasan las almas de los hombres. Las almas y el ambiente van metidos en su carne y son los que desencadenan la acción. Cuando se trae en la carne propia un destino salvador de si mismo y de los que le rodean, la acción no puede estar pendiente de un suceso extraño que surja de improviso, pero el gran apostolado, la acción poderosa sobre las almas, sólo se ejerce desde el amor, amor que es olvido de sí, amor que es caridad de filigrana, amor que es valoración de los demás, amor que es gratitud, generosidad, donación y no búsqueda de medros ni sociales ni populares ni eclesiales, amor que no es trepa, que no es buscador de sus alabanzas y negación de las estimulaciones a los hermanos.

Dicen que para que no sucumban a las tentaciones de vanidad y es mentira, porque si hay caridad de verdad hay que saber que son más numerosas las tentaciones de desaliento que necesitan estímulo y reconocimiento, que las de vanidad. Y se sumergen en el silencio. Silencio porque la palabra que alaba nos parece que si la damos a los demás, nos la restamos a nosotros. Llega el ostracismo. Lo que no se alaba no existe, y la indiferencia, si no la malquerencia y la rivalidad, intentan eso infantilmente, que el mérito no exista. Y el apostolado, en este caso, es sólo apariencia, no realidad. Y por ese camino se acaba en el desierto.

SALVAR ALMAS

Salvar almas por el amor y con el sacrificio es muy lento, costoso, angustioso y doloroso. Hay que preparar el instrumento, pulirlo, purificarlo, sanarlo, santificarlo. Sólo el instrumento identificado con el Agente de la salvación por la gracia que es Dios, puede hacer las grandes obras de Dios. De no ser así, sólo se consiguen chapuzas. Hacer milagros para atraer a la gente, u organizar actos folklóricos para que nos sigan, sería tentar a Dios. Jesús, frente a esta seducción, que tanto atraía a sus contemporáneos e incluso a sus discípulos, acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente, profetizado por Isaías, con los medios humildes y pobres propios del Reino de Dios. Es la tentación del exhibicionismo, tan frecuente en los que están empeñados en algún apostolado. Manifestarse. Dispuestos a gestos brillantes y espectaculares, a dejarse llevar en olor de popularidad; rehuirán todo lo que sea trabajo oscuro, anónimo, abnegado, silencioso. Dispuestos a llevar la bandera, pero remisos a cargar con la cruz.

NO A LOS ÉXITOS FÁCILES

El evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. ¿Sal o azúcar? ¿Hay que eliminar la cruz para hacer un cristianismo más fácil? "Cuando la verdadera doctrina es impopular, no es lícito buscar una fácil popularidad" (Juan Pablo II. Cruzando el umbral de la esperanza). Es la tentación que sufrirá ya en la cruz: "Baja para que creamos en ti". "Todo esto te daré"... Si te ven sentado en un trono de oro, te seguirán los hombres mejor que si te ven en la cruz... Es la tentación de la idolatría; y la del mesianismo triunfalista, humano y terreno. Si en las otras tentaciones no ha conseguido Satanás que Cristo rebaje su mesianismo al simple materialismo de un reformador social, o al brillo de un milagrero, intenta ahora que se limite al puro poder humano. Que se contente con el mundo y se olvide de las almas: Da mihi coetera, animas tolle". Los reinos de la tierra están fundados en la fuerza y se mantienen con la mentira. ¿Cuántas veces se ha creído que el poder, el dinero, eran caminos apostólicos?

PAGAR EL PRECIO

Pero no vamos a ser tan ingenuos de pensar que las multitudes que llenaban la plaza de San Pedro hasta el Tíber eran movidas por la veneración de las llagas del Padre Pío. Son los innumerables milagros suyos, los favores que las almas han recibido y reciben. Después de multiplicar los panes el pueblo de Israel quiso aclamar Rey a Jesús. Pero son menos los que le siguen desinteresadamente y se detienen a pensar que tantos milagros y misericordia y frutos de su apostolado han sido comprados con sangre humana, lágrimas de un hombre, sufrimientos indecibles de una persona doliente durante su larga vida Me parece que son pocos los cristianos dispuestos a pagar el precio de la extensión del reino de Dios, aunque no sea tan alto como el que pagó San Pío de Pietrelcina y, más aún, el Maestro, el Crucificado del Calvario.

Quizá se busca el Reino, pero también el éxito y el triunfo. ¿Somos capaces de posponer nuestro medro personal al éxito del Reino? Nos hemos creado un cristianismo fácil y acomodaticio, y esto ya viene de lejos. Cuando Lutero comienza en el siglo XVI la Reforma, lo primero que suprime es el sacrificio de la Misa. Cristo nos ha redimido y ha pagado por todos en la Cruz. La Redención ha sido hecha para siempre, pero eso ya ha pasado. A continuación abolirá el celibato sacerdotal, comenzando él a dar ejemplo sacando a Catalina Bora del Convento para casarse con ella. Sembrada la semilla las cosechas se multiplicarán, sobre todo las más halagadoras del hombre terreno. Pagar el precio del pecado cuando hay un eclipse de pecado resulta una acción innecesaria y escasamente rentable en los enteros de la vida actual.

SUPLO EN MI CARNE

Nunca debemos olvidar que San Pablo nos enseña cómo supera él con alegría sus tribulaciones: “Suplo en mi carne lo que le falta a la pasión de Cristo”. ¿Es que no fue completa? –Superabundante. – Pero en la cabeza, y ahora es a nosotros, los miembros de esa cabeza a quienes nos corresponde ayudarle a corredimir las almas del pecado con nuestros propios padecimientos por su amor y el de los hombres, que nos vendrán dados o que con generosidad habremos de proporcionarnos nosotros de acuerdo con nuestra diligencia amorosa.

Los dolores del Padre Pío, no son sólo fisiológicos e incómodos. Sus llagas no estaban allí de adorno. Su sufrimiento misterioso, es una participación del de Cristo agonizante. Es un miembro eminente de la Iglesia que compadece con el Redentor y que con El redime. Su eficacia en el Cuerpo Místico de Jesús es enorme. Visiblemente contemplamos el día de su canonización la extensión, si no la intensidad de su dimensión. Ejemplar lección para este mundo nuestro de eficacia y de ejecución, que sólo cuenta lo que aparece y lo que se ve y lo que se cuenta. El Padre Pío de Pietrelcina, "el pobre fraile que reza", completa en su cuerpo lo que le falta a la Pasión de Cristo, porque lleva en su carne las llagas de su Señor Jesús, que se actualiza cada día en la celebración de la Eucaristía.

EL CALVARIO Y LA MISA

Por eso, Benedicto XVI, en el Año dedicado a la Eucaristía, nos invita a meditar en el profundo e indisoluble lazo que une la celebración eucarística con el misterio de la Cruz. Cada misa actualiza el sacrificio redentor de Cristo. Al Gólgota y a la hora de la muerte en la cruz, según la encíclica «Ecclesia de Eucharistia» «vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella» (4). La Eucaristía es el memorial de todo el misterio pascual: pasión, muerte, descenso a los infiernos, resurrección y ascensión al cielo, y la Cruz es la manifestación impactante del acto de amor infinito con el que el Hijo de Dios ha salvado al hombre y al mundo del pecado y de la muerte. Después de la consagración, la asamblea de los fieles, consciente de estar ante la presencia real de Cristo crucificado y resucitado, aclama: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!».

Con los ojos de la fe la comunidad reconoce a Jesús vivo con los signos de su pasión y, junto a Tomás, llena de maravilla, puede repetir: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28). La Eucaristía es misterio de muerte y de gloria como la Cruz, que no es un incidente en el camino, sino el pasaje por el que Cristo entró en su gloria y reconcilió a la humanidad entera, derrotando toda enemistad. Por este motivo, la liturgia nos invita a implorar con esperanza confiada: ¡Quédate con nosotros, Señor, que por tu santa cruz has redimido al mundo! “La mayor caridad es arrancar almas atraídas por Satanás y ganarlas para Cristo”.

LAS MISAS MISTERIOSAS DEL PADRE PIO

Nadie mejor que María nos puede enseñar a comprender y a vivir con fe y amor la santa Misa, uniéndonos al sacrificio redentor de Cristo. Cuando recibimos la comunión, como María y unidos a ella, nos abrazamos al madero que Jesús con su amor ha transformado en instrumento de salvación y pronunciamos nuestro «amén», nuestro «sí» al Amor crucificado y resucitado. Siempre eran impresionantes las misas del Padre Pío. Duraban hasta tres o cuatro horas y la Jerarquía hubo de intervenir para ponerle tasa que él con gracejo respondió que en el Calvario no había relojes. Sus lágrimas y sollozos eran constantes, como lo fueron los del cura de Ars y antes los de San Ignacio de Loyola. Hoy cualquier neurólogo o psiquiatra diagnosticaría depresión, neurastenia o psicopatía. Pero como María estuvo en el Calvario ante su Hijo crucificado y agonizante, está también llorosa con la Iglesia y como Madre de la Iglesia, en nuestras celebraciones eucarísticas («Ecclesia de Eucharistia», 57).

CALVARIO EXTERNO

A pesar de que el doctor Fiesta publica el libro: "Entre los misterios de la ciencia y las luces de la fe", el carácter sobrenatural de los estigmas de Padre Pío"... El Papa Benedicto XV y el Santo Oficio envían a San Giovanni Rotondo, observadores de confianza. El 20 de marzo de 1920, llega por orden de Papa, el arzobispo de Simla, Anselmo Eduardo Kenealy, desconfiado de las manifestaciones místicas. Al término de la visita, escribe: “He venido, he visto y he sido vencido”. En San Giovanni Rotondo tenemos un verdadero santo, privilegiado por Dios con las cinco llagas de la pasión y con otros regalos que leemos en la vida de los grandes santos. No hay la mínima afectación en el comportamiento o en la conversación del Padre Pío. Es observante y laborioso, recibe grandes regalos del Dios. Sabe sufrir, y también sabe sonreír.

LA GRAN PRUEBA

Sobre el estigmatizado se acumulan las nubes de la gran "Prueba". Satanás se prepara a desencadenar un violento ataque sobre el débil, enfermo, doliente Padre Pío. El 18 de abril de 1920 llega a San Giovanni Rotondo el padre Agustín Gemelli, fraile franciscano, médico, psicólogo, científico de fama mundial, que ha fundado en Milán, la universidad del Sagrado Corazón. Se encuentra con el padre Pío y recibe una favorable impresión y escribe: "Cada día constatamos que el árbol franciscano da nuevos frutos y esto es el consuelo más grande para quien se alimenta y vive de este maravilloso árbol". Pero su actitud cambia cuando no le dejan ver y examinar como médico, los estigmas del padre Pío sin un permiso del Papa. Decepcionado e irritado, vierte afirmaciones imprudentes en una publicación sobre los estigmas de San Francisco, sobre el fraile estigmatizado de Pietrelcina y manifiesta juicios discutibles sobre él, azuzando, durante años disputas, polémicas, juicios superficiales, incredulidad y escepticismo sobre sus estigmas, sus fenómenos de bilocación, el perfume de violeta, de rosas y otras flores que le acompaña. Con las intervenciones del padre Gemelli, la actitud de las autoridades eclesiásticas empieza a cambiar hacia el padre Pío. En enero 1922, muere el Papa y le sucede Achille Ratti, Pío XI, milanés, amigo del Padre Gemelli. Fue tal la prueba que el padre Pío confiesa: “Estoy extremadamente amargado y si Jesús no viene pronto en mi ayuda veo que tendré que sucumbir bajo la prueba"

SUSPENDIDO A DIVINIS

Desde el 31 de mayo de 1923 hasta el 16 de julio de 1933 el Padre Pío permanece, con intermitencias, suspendido a divinis por el "Santo Oficio", a pesar de que Pío XI, ante la extrañeza de su bilocación ante él, pues mientras hablaba con algunos cardenales y prelados sobre la decisión de "suspenderle a divinis", entró de repente, en el estudio del Papa, un fraile capuchino. Todos se miran y el mismo Papa se pregunta quien le ha dejado entrar. El fraile se acerca al Pontífice, se arrodilla, le besa el pie y le dice: "Santidad, por el bien de la Iglesia, no permita esto". Se levanta, va hacia la puerta y sale. El Papa ordena a su secretario preguntar a todas las personas para descubrir porque aquel fraile ha entrado sin haber sido detenido. Pero ni los conserjes, ni los guardias, ni los secretarios han visto ningún fraile.

El Papa encarga al cardenal Silj, amigo y admirador de padre Pío, que pregunte al superior del convento de San Giovanni Rotondo, si tal día y la misma y a tal hora el padre Pío ha salido del convento. El Padre Pío no ha dejado el convento ni un instante. Al oírlo el Papa dice: "Aquí está el dedo de Dios". A pesar de ello, el 23 mayo de 1931 el Santo Oficio dicta: "Al Padre Pío de Pietrelcina le son retiradas todas las facultades ministeriales menos la de celebrar la Misa, pero sólo dentro del convento, sin participación de fieles". Dócil, acepta con paciencia y resignación, consciente que en los Superiores se manifiesta la voluntad de Dios. Satanás se ha aprovechado de las estructuras eclesiásticas para tratar de derribar a este sacerdote. Era demasiado peligroso para el demonio el ministerio sacerdotal de este gigante de la historia de la Iglesia, en quien se repite el caso del Cura de Ars. Hay un duelo feroz entre Satanás y este humilde ministro de Dios, que ha reconciliado, durante más de sesenta años, a millares de pecadores con Dios Misericordioso. El Padre Pío se dedica a la oración y el estudio. Celebra la Misa que dura dos horas…y hasta cuatro. En el Calvario, dice, no había relojes. Se dedica al estudio. Lee la Divina Comedia, la Historia de la Iglesia de Rohrbracher, otros textos clásicos de espiritualidad y los Padres de la Iglesia.

Se manifiesta: sereno y tranquilo. Come poco y no cena nunca, por la mañana no desayuna ni toma el café. Los estigmas le causan pérdida continua de sangre, un vaso pierde cada día. Le resulta doloroso caminar por los estigmas de los pies. Le ven en el coro rezar, y que a menudo se seca las lágrimas. La figura dulce y tierna de su hija espiritual predilecta, Cleonice Morcaldi, que renunció al matrimonio dirigida por el Padre Pío a la santidad, es su consuelo Durante el período del castigo del Padre Pío, una de las pocas personas que pudo verlo cada día era Pedro el ciego, a quien Cleonice le entregó una carta para el Padre, confirmándole que ella y sus otras hijas espirituales están serenas y llevan con paz la cruz de su separación. Cleonice Morcaldi describe la desolación en que viven por la separación del Padre Pío: Le destituyeron del cargo de Director de la Tercera Orden franciscana. Trasladaron el colegio de los frailes a otro convento. Allí sólo quedó el Padre Superior y otro fraile. Las hijas espirituales de San Giovanni Rotondo ya no subieron al convento. Y la dulce víctima quedó sola, como Jesús en el desierto, en el huerto, en el Calvario.

MEDIO MILLÓN  ASISTEN A LA CANONIZACION

Para Juan Pablo II canonizar al padre Pío fue una satisfacción personal, pues siendo joven sacerdote en 1947, visitó al capuchino y se confesó con él; le visitó otras dos veces en San Giovanni Rotondo, siendo cardenal de Cracovia en 1974 y siendo Papa, el 23 de mayo de 1987. Desde Cracovia le había escrito dos cartas, pidiéndole oraciones para que Wanda Poltawska, conocida suya y madre de familia, fuera curada de cáncer; y agradeciéndole la "gracia recibida". El domingo 16 de junio de 2002, el Sumo Pontífice pronunció, con emoción y dificultad, la fórmula de la canonización: «Declaramos y definimos que el Beato Pío de Pietrelcina es Santo y le inscribimos en el catálogo de los santos». Su fiesta será celebrada en toda la Iglesia universal el 23 de septiembre, fecha de su fallecimiento o "nacimiento para el cielo.

Pero no vamos a ser tan ingenuos de pensar que las multitudes que llenaban la plaza de San Pedro hasta el Tíber lo hacían movidas por la veneración de las llagas del Padre Pío. Eran los innumerables milagros suyos, los favores que las almas habían recibido y reciben. Insisto; ¿cala el pensamiento de que tantos milagros y misericordia y frutos de su apostolado han sido comprados con sangre humana, lágrimas de un hombre, sufrimientos indecibles de una persona doliente durante su larga vida? ¿Estamos los cristianos dispuestos a pagar el precio de la extensión del reino de Dios, aunque no sea tan alto como el que pagó San Pío de Pietrelcina y, más aún, el Maestro, el Crucificado del Calvario? ¿O, por el contrario, buscamos el Reino, pero también nuestro éxito y nuestro triunfo? ¿Somos capaces de posponer nuestro medro personal al éxito del Reino? De todas formas, su apoteosis fue un plebiscito de cariño al que tanto debían y de cuyo dolor sigue viviendo la Iglesia que tiene una Cabeza coronada de espinas y el Corazón roto y sus miembros dolientes tratando de hacerse cada vez más conscientes por el estudio y la formación de su deber de suplir en su carne lo que le falta a la Pasión de Cristo.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
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Biografía de San Pio de Pietrelcina (23 de septiembre)

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Biografía de San Pio de Pietrelcina (23 de septiembre)

Modelo de sacerdote. Ofreció su vida a Dios como víctima por la conversión de los pecadores. Atrajo a multitudes para Cristo.

“Solo quiero ser un fraile que reza…”
“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración… La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón…” -Padre Pío

Francisco Forgione (El Beato Padre Pío) nació en el seno de una humilde y religiosa familia, el Miércoles 25 de mayo de 1887 a las 5 de la tarde, hora en que las campanas de la Iglesia sonaban para llamar a todos los fieles a honrar a la Virgen Santísima en su mes. Padre Pío nació en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina, una pequeña villa en la provincia de Benevento, Italia. Sus padres, Horacio Forgione y María Giuseppa de Nunzio Forgione, ambos agricultores, encomendaron la protección de su recién nacido a San Francisco de Asís, por esta razón le bautizaron con el nombre de Francisco al día siguiente de su nacimiento.

El Padre Pío, cuando era aún un bebé, lloraba desconsoladamente al grado que su padre no lograba descansar por la noche de lo fuerte y constante de su llanto, su padre decía que “al bebé nunca se le acababa el aire”. Una vez que se encontraba con su papá a solas en casa, este no pudo consolarle para que parara de llorar y lo arrojó en la cama exclamando: “Parece que el diablo hubiese nacido en mi casa”. Relata el Padre Pío que desde ese preciso momento, nunca más volvió a llorar así.

La familia Forgione vivía en el sector más pobre de Pietrelcina. Francisco fue pobre, pero como él mismo diría más adelante, nunca careció de nada… Los valores eran diferentes en aquella época; un niño se consideraba dichoso si tenía lo básico para vivir. Fue un niño muy sensible y espiritual.

 

INICIO DE SUS EXPERIENCIAS EXTRAORDINARIAS

Su vida transcurrió en los alrededores de la Iglesia Santa María de los Ángeles, que podríamos decir fue como su “hogar”. Aquí fue bautizado, hizo su Primera Comunión, su Confirmación, y precisamente aquí, a los cinco años de edad, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor posó Su mano sobre la cabeza de Francisco y este prometió a San Francisco que sería un fiel seguidor suyo. El curso de su vida y su vocación quedaría desde ese momento sellado. Padre Pío se ofrece a tan corta edad como víctima. Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, que continuarían por el resto de su vida. También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que él recibiría de Dios.

Es también a esta edad que los demonios comenzaron a torturarlo. El niño acostumbraba a cobijarse bajo la sombra de un árbol particular durante los cálidos y soleados días de verano. Amigos y vecinos testificaron que fueron en más de una ocasión las veces que le vieron pelear con lo que parecía su propia sombra. Estas luchas continuarían por el resto de su vida.

Fue un niño callado, diferente y tímido, muchos dicen que a tan corta edad ya mostraba signos de una profunda espiritualidad. Era piadoso, permanecía largas horas en la iglesia después de Misa. Hizo hasta arreglos con el sacristán para que le permitiera visitar al Señor en la Eucaristía, en los momentos en los cuales la iglesia permaneciera cerrada.

 

CURADO POR LOS CHILES

En tiempos en que el Padre era aún pequeño, la tifoidea era una enfermedad mortal y el pequeño Francisco se vio al borde de la muerte a consecuencia de ella. La fiebre le llego tan alta, que el mismo doctor le informó a su madre que al pequeño Francisco le quedaban unas cuantas horas de vida. La madre, aun con el dolor que experimentaba su corazón, debió continuar sus labores domésticas y preparó, como de costumbre, alimentos para los trabajadores que les ayudaban con sus tierras. La comida que Guiseppa preparó fueron chiles fritos y los trabajadores no se los terminaron por ser tan picosos. Al pequeño enfermo, el olor de los chiles le resultó muy apetecible y en cuanto se encontró a solas, no pudiendo caminar, se arrastró hasta el lugar en el que se encontraban los chiles que tanto le apetecían y se los comió todos.

Cuando terminó de comer, se regresó a su cama y sintió una gran sed. Llamó a su hermano Miguel para que le trajera algo de tomar. Su hermano le llevó una botella de leche y le sirvió un poco en una cuchara, como lo habían estado haciendo. Francisco, tomó la botella y se la tomó toda para la sorpresa de su hermano.

Cuando su madre regresó más tarde a buscar los chiles, encontró el plato vacío y no se imaginó que hubiese sido Francisco el que se los hubiese comido. Aunque esta comida podría haber sido fatal para su salud, produjo cambios radicales. Desde ese momento, Francisco se curó de la tifoidea y su salud se restauró por completo.

 

UN MILAGRO EN SU PRESENCIA

Un día, siendo aún pequeño, acompañó a su padre, Horacio, en una peregrinación al Santuario de San Peregrino. La iglesia estaba llena de fieles de todas partes. Francisco se arrodilló para orar al frente del Santuario y observaba la angustia de una madre que se acercó al altar con un niño deforme en sus brazos e imploraba al Santo que intercediera por la sanación de su hijo.

Mientras su padre se preparaba para salir de la Iglesia, Francisco no se movía en profunda oración de intercesión por el niño. La madre de este, en un arrebato de desesperación dijo en voz alta frente a la imagen del Santo: “Cura a mi hijo, si no lo quieres curar, tómalo, yo no lo quiero” y diciendo esto, arrojó al niño en el altar. En el preciso momento en que el niño tocó el altar, éste sanó por completo. Esta experiencia del poder de la oración, afianzó grandemente la confianza de Francisco en el poder de la intercesión de los Santos.

 

PRIMEROS ESTUDIOS

Francisco tenía gran sed de aprender. Por no haber escuelas en la villa, unos granjeros se voluntarizaron para enseñar a los niños del área. Su mayor ambición era que los niños pudieran aprender a leer y los más brillantes a escribir. La enseñanza se llevaba a cabo durante la noche por la necesidad existente de trabajar, tanto adultos como niños durante el día. Francisco estudiaba durante este tiempo. Otros niños preferían jugar, pero esto no era una de sus prioridades. Su preferencia era siempre pasar la mayor parte del tiempo en oración y estudiar en el tiempo destinado para el aprendizaje. Padre Pío fue un niño disciplinado, que entendía el sacrificio que era para sus padres patrocinar su tiempo de aprendizaje.

 

ESTUDIOS PARA PREPARARLO A LA VIDA RELIGIOSA

Llegó el momento en el cual Francisco manifestará su deseo de ser religioso. Su padre, al ver la limitación existente de educación en la villa, emigró a los Estados Unidos y a Jamaica buscando mejor solvencia económica que le permitiera sufragar los gastos de educación para Francisco. Sus padres, aunque humildes, recibieron gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir. Hicieron grandes sacrificios para que se hiciera posible.

Fue durante este tiempo en que su madre, Giuseppa, hizo arreglos para que su hijo recibiera la formación necesaria para poder ingresar en el seminario. La única posibilidad en ese momento era recibir clases con Don Domenico Tizzani, un ex-sacerdote que habiendo abandonado el ministerio, había contraído matrimonio. Don Domenico tenía la reputación de ser muy buen maestro, pero algo pasaba con el joven Francisco que parecía tener un bloqueo mental en su presencia.

Doña Giuseppa buscó otro maestro para Francisco y lo encontró en el maestro Angelo Cavacco. Con él, el joven Francisco avanzó con gran rapidez y mostró tener gran capacidad.

 

PREPARACIÓN PARA EL NOVICIADO

Los días antes de entrar al seminario fueron días de visiones del Señor, que le prepararían para grandes luchas. Jesús le permitió ver a Francisco el campo de batalla, los obstáculos y enemigos. A un lado habían hombres radiantes, con vestiduras blancas, al otro lado, inmensas bestias espantosas de color oscuro. Era una escena aterradora y las rodillas del joven Francisco comenzaron a temblar. Jesús le dice que se tiene que enfrentar con la horrenda criatura, a lo que Francisco responde temeroso, rogándole al Señor que no le pidiera cosa semejante de la cual no podría salir victorioso. Jesús vuelve a repetir su petición dejándole saber que estaría a su lado. Francisco entonces entra en un feroz combate, los dolores infligidos en su cuerpo eran intolerables, pero salió triunfante. Jesús alertó a Francisco de que entraría en combate nuevamente con este demonio a lo largo de toda su vida, que no temiera: “Yo estaré protegiéndote, ayudándote, siempre a tu lado hasta el fin del mundo”. Esta visión particular petrificó a Padre Pío por 20 años.

El día antes de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En esta visión, Jesús posa Su mano en el hombro de Francisco, dándole valor y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habla suavemente, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma.

 

INGRESO EN EL NOVICIADO DE MORCONE

Padre Pío siempre caminó el sendero estrecho, no permitiéndose lujos ni nada que le pudiera desviar de su relación con Jesús. A los 15 años de edad, Francisco había adelantado lo suficiente como para entrar al Seminario; sería Fraile Capuchino. Ingresó con la Orden Franciscana de Morcone el 3 de enero de 1902. Quince días después de su entrada, el día 22 de enero de 1902, Francisco recibió el hábito franciscano que está hecho en forma de una cruz y percibió que desde ese momento su vida estaría “crucificada en Cristo”, tomó además, por nombre religioso, Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V.

La Fraternidad Capuchina en la cual ingresó era una de las más austeras de la Orden Franciscana y una de las más fieles a la regla original de San Francisco de Asís. El ayuno y la penitencia eran prácticas habituales. El Fraile Pío abrazó todas las formas de autoprivación, comiendo siempre muy poco, en una ocasión se alimentó únicamente de la Eucaristía por 20 días y aunque débil físicamente se presentaba a clases con preclara alegría. Fue una de las mejores épocas de su vida: “Soy inmensamente feliz cuando sufro, y si consintiera los impulsos de mi corazón, le pediría a que Jesús me diera todo el sufrimiento de los hombres”.

 

PRIMERA BILOCACIÓN

En 1905, solo dos años después de haber entrado al Seminario, el Fraile Pío experimenta por primera vez la bilocación. Rezando acompañado de otro fraile en el coro, una noche fría de enero, alrededor de las 11:00 de la noche, se encontró a sí mismo muy lejos, en una casa muy elegante en la cual un padre de familia agonizaba en el mismo momento que su hija nacía. Nuestra Santísima Madre se le apareció al Fraile Pío diciéndole: “Encomiendo esta criatura a tus cuidados; es una piedra preciosa sin pulir. Trabaja en ella, lústrala, hazla brillar lo más posible, porque un día me quiero adornar con ella”. A lo que él contestó: “¿Cómo puede ser esto posible si soy un pobre estudiante, y todavía ni siquiera sé si tendré la fortuna de llegar a ser sacerdote? Y si no llegara a ser sacerdote, ¿cómo podría ocuparme de esta niña estando tan lejos?”. La Virgen le contestó: “No dudes. Será ella quien venga a ti, pero la conocerás de antemano en la Basílica de San Pedro”. Inmediatamente se encontró de nuevo en el coro donde había estado rezando minutos antes.

Dieciocho años más tarde esta niña se presentó en la Basílica de San Pedro, agobiada y buscando a un sacerdote con quien pudiera confesarse y recibir dirección espiritual. Ya era tarde y la Basílica iba a cerrar, miró a su alrededor y vio a un fraile entrar en el confesionario y cerrar la puerta. La joven se le acercó y comenzó a compartirle sus problemas. El sacerdote absolvió sus pecados y le dio la bendición. La joven en agradecimiento quiso besarle la mano, pero al abrir el confesionario solo encontró una silla vacía.

Un año después, la joven fue en peregrinación a San Giovanni Rotondo. Padre Pío caminaba por los pasillos de las celdas repletos de peregrinos y al ver a la joven entre ellos, la señaló diciendo: “Yo te conozco, tu naciste el día que tu padre murió”, la joven, sorprendida, esperó largo rato para poderse confesar con el Padre y aclarar sus inquietudes. Padre Pío le recibe en el confesionario con estas palabras: “Mi hija, has venido finalmente; he esperando tantos años por ti!”. La joven aún más sorprendida le manifestó que él estaba equivocado, siendo ésta la primera vez que ella visitaba San Giovanni. A lo que Padre Pío contestó: “Ya tú me conoces, viniste a mí el año pasado en la Basílica de San Pedro”.

La joven se convirtió en su hija espiritual, obedeciendo siempre a sus consejos. Se casó y formó una sólida y ejemplar familia cristiana.

 

ORDENACIÓN SACERDOTAL

El 10 de agosto de 1910, Padre Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, Italia. La tarde de aquel día, escribe esta oración: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”.

El día de su ordenación, su padre se encontraba en América, pero su madre, su hermano Miguel y su esposa, y sus tres hermanas le acompañaron en ese día tan especial. Al finalizar la Santa Misa, su madre y sus hermanos se acercaron a la baranda para recibir su primera bendición. Su madre no podía contener sus lágrimas, tanto de la emoción como del dolor de pensar en la ausencia de su esposo, cuyo sacrificio había hecho posible la ordenación de su hijo.

Como era la costumbre, el nuevo Padre celebraría su primera Misa en la iglesia de su pueblo, en Santa María de los Ángeles. En la misma iglesia en la que 23 años antes había sido bautizado, en donde había recibido la Primera Comunión y el Sacramento de la Confirmación.

El padre solía decirles a sus hijos espirituales “Si ustedes desean asistir a la Sagrada Misa con devoción y obtener frutos, piensen en la Madre Dolorosa al pie del Calvario”.

 

DE REGRESO EN PIETRELCINA

Mientras más alto escalaba el joven sacerdote hacia la perfección, más era asechado por el demonio. Y mientras más atormentado era por Satanás, más crecía en fe y en amor al Señor.

Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y fue enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud.

Cada vez que se hacía el intento para restaurarlo a la vida religiosa dentro del monasterio, este fracasaba, pues su salud empeoraba. Su vida sacerdotal en Pietrelcina incluía mucha oración acompañada de muchas funciones religiosas, así como estudios teológicos, catecismo para los niños del pueblo y reuniones con individuos y familias.

Durante este período en Pietrelcina, su antiguo profesor, el ex sacerdote Tizzani, agonizaba. Su hija, viéndolo cerca a la muerte, llamó al Padre Pío para que asistiera a su padre, quien providencialmente pasaba por su casa en ese momento. El moribundo recibió del Padre la gracia de Dios y la salvación eterna de su alma, hizo su confesión con lágrimas de arrepentimiento y murió en paz.

 

PRIMERA APARICIÓN DE LOS ESTIGMAS

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifiesta los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”. Estos dolores en la manos y los pies del Padre Pío, son los primeros recuentos de las estigmas que fueron invisibles hasta el año 1918.

Una vez el dolor que el Padre Pío experimentó fue tan agudo, que se sacudió las manos, las cuales sentía que se le quemaban, a lo que su madre le preguntó: “Que es eso?, es que ahora también tocas la guitarra?”. El Padre se limitó a no responder.

Este tiempo en su pueblo natal fue un período de grandes combates espirituales con el demonio, pero también de grandes consuelos a través de éxtasis y fenómenos místicos, tanto interiores como exteriores, espirituales y físicos. El demonio solía aparecérsele de distintas maneras. Algunas veces lo hacía en la apariencia de animales, de mujeres bailando danzas impuras, de carceleros que lo azotaban e incluso bajo la apariencia de Cristo Crucificado, de su Ángel de la Guarda, San Francisco de Asís, la Virgen María, también bajo la apariencia de su director espiritual, su provincial, etc. pero después de estos asaltos del demonio, era consolado con éxtasis y apariciones de Jesús, la Santísima Virgen María, su Ángel Guardián, San Francisco y otros santos.

El día 12 de agosto de 1912 experimentó por primera vez la “llaga del amor”. El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: “Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir”.

Por siete años, Padre Pío permanece fuera del Convento, en Pietrelcina. Naturalmente, esta vida estaba en contraste con la regla franciscana y algunos hermanos frailes se quejaron de esto. Fue entonces cuando el Superior General de la Orden pidió a la Sagrada Congregación de los Religiosos la exclaustración del P. Pío. Fue un golpe muy duro para él y en un éxtasis se quejó con San Francisco de Asís. La Congregación de los Religiosos no escuchó la solicitud del Superior General y concedió que el Padre Pío siguiera viviendo fuera del convento, hasta que estuviera completamente restablecida su salud.

 

DE REGRESO A LA VIDA MONÁSTICA

El día 17 de febrero de 1916, el Padre Pío salió de Pietrelcina rumbo a Foggia, donde los superiores lo llamaron para dar un servicio espiritual. Gracias a las oraciones de Rafaelina Cerase, una señora muy enferma y cercana a la muerte, el Padre Pío puede regresar definitivamente a la vida comunitaria. Esta buena señora se ofreció a Dios como víctima para que el Padre pudiese oír confesiones y con ello traer gran beneficio a las almas.

Aunque el Padre nunca más pudo regresar a Pietrelcina, su amor por ella nunca disminuyó. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Padre, refiriéndose a su pueblo dijo: “Pietrelcina será preservada como la niña de mis ojos”. Y antes de morir, hablando proféticamente dijo: “Durante mi vida he favorecido a San Giovanni Rotondo. Después de mi muerte, favoreceré a Pietrelcina”.

 

PRIMERA VISITA A SAN GIOVANNI ROTONDO

El día 28 de julio de 1916, el Padre Pío llega a San Giovanni Rotondo por primera vez. San Giovanni Rotondo era en ese entonces una pequeña villa en la península del Gargano, rodeada por casas muy pobres, sin luz, sin agua potable ni cañería, sin caminos pavimentados y sin formas de comunicación modernos, muy parecido a la forma de vida en las villas pequeñas de aquel entonces.

El monasterio se encontraba a unos dos kilómetros del pueblo y para llegar a este, era necesario ir en mula. El monasterio contaba con una pequeña y rústica Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia del siglo XIV.

 

REGRESO PERMANENTE A SAN GIOVANNI ROTONDO

Padre Pío fue invitado a San Giovanni por el Padre Guardián y su breve visita fue del 28 de julio al 5 de agosto. Durante esta visita, la salud del Padre parece haber mejorado un poco lo cual agradó al Padre Provincial y este lo mandó bajo obediencia a regresar a San Giovanni por un tiempo, hasta que mejorase más su salud. El Padre regresó al Monasterio del Gargano el día 4 de septiembre de 1916. En los designios del Señor, lo que en un inicio se pensó sería temporal, duró 52 años, hasta la muerte del Padre.

 

EXPERIENCIA MILITAR

El Padre Pío fue llamado a las filas militares tres veces durante la Primera Guerra Mundial y las tres veces fue regresado luego de un corto período por motivos de salud. La última vez que fue llamado, su salud desmejoró tanto, que los mismos médicos le dieron de baja para “permitirle morir en paz en su hogar”. Las cortas permanencias en las filas militares causaron en él grandes dolores en su alma, a causa de la dureza de los soldados, las blasfemias que escuchó y el verse alejado de la vida monástica. Otro gran dolor era el no poder ofrecer la Santa Misa todos los días.

El Padre fue dado de baja de las filas militares con papeles que atestiguaban su buena conducta, su honor y fidelidad a la patria, aunque se salvó de haber confrontado cargos de deserción por no presentarse a una cita, a causa de un error del cartero de San Giovanni Rotondo. Este no sabía que Francisco Forgione y el Padre Pío eran la misma persona y por ello no supo a quién darle la cita.

 

EL SEMINARIO MENOR

El Padre Pío sirvió como padre espiritual de los jóvenes que formaban parte del seminario seráfico menor, que en ese momento estaba en San Giovanni Rotondo. Él se encargaba de proveerles meditaciones, de confesarlos y de tener conversaciones espirituales con ellos. Oraba mucho y vigilaba su avance espiritual y hasta llegó a pedir permiso para ofrecerse como víctima al Señor por la perfección de este grupo a quienes como él mismo decía “amaba con ternura”.

Un día en que daba un paseo con los jóvenes les dijo: “Uno de ustedes me traspasó el corazón”. Los jóvenes quedaron perplejos ante este comentario, pero no se atrevían a preguntar quién había sido el culpable. “Uno de ustedes esta mañana hizo una Comunión sacrílega. Y saber que fui yo el que se la dio hoy durante la Misa”. El joven culpable se arrojó a sus pies y confesó ser él el culpable. El Padre hizo seña a los demás para que se retiraran un poco y ahí mismo en la calle escuchó su confesión y lo restauró a la gracia de Dios.

 

TRANSVERBERACIÓN DEL CORAZÓN

La transverberación es una gracia extraordinaria que algunos santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios es traspasado por una flecha misteriosa o experimentado como un dardo que al penetrar deja tras de sí una herida de amor que quema mientras el alma es elevada a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor.

El Padre Pío recibió esta gracia extraordinaria el 5 de agosto de 1918. En gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual lo sucedido: “Yo estaba escuchando las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto cuando, de repente, me asusté grandemente al ver con los ojos de mi mente a un visitante celestial que se apareció frente a mí. En su mano llevaba algo que parecía como una lanza larga de hierro, con una punta muy aguda. Parecía que salía fuego de la punta.

Vi a la persona hundir la lanza violentamente en mi alma. Apenas pude quejarme y sentí como que me moría. Le dije al muchacho que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo y no tenía fuerzas para continuar.

Este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día siento una gran aflicción y una herida en mi alma que está siempre abierta y me causa agonía.”

 

LAS ESTIGMAS DE CRISTO

Sin duda alguna lo que ha hecho famoso al Padre Pío es el fenómeno de los estigmas: las cinco llagas de Cristo crucificado que llevó en su cuerpo visiblemente durante 50 años.

Un poco más de un mes después de haber recibido el traspaso del corazón, el Padre Pío recibe las señas, ahora visibles, de la Pasión de Cristo.

El Padre describe este fenómeno y gracia espiritual a su director por obediencia: “Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa y sentí poco a poco que me elevaba a una oración siempre más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado.

Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”.

Los estigmas del Padre Pío eran heridas profundas en el centro de las manos, de los pies y el costado izquierdo. Tenía manos y pies literalmente traspasados y le salía sangre viva de ambos lados, haciendo del Padre Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).

El provincial de los Capuchinos de Foggia invitó al Profesor Romanelli, médico y director de un prestigioso hospital, para que estudiara el caso y diera su parecer. El Doctor Romanelli no tuvo la menor duda del carácter sobrenatural del fenómeno. Poco después la Curia Generalicia de los Capuchinos en Roma envió a San Gionanni Rotondo a otro especialista, el profesor Jorge Festa. Sus conclusiones fueron que “los estigmas del Padre Pío tenían un origen que los conocimientos científicos estaban muy lejos de explicar. La razón de su existencia está mas allá de la ciencia humana”.

La noticia de que el Padre Pío tenía los estigmas se extendió rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle sus manos, confesarse con él y asistir a sus Misas.

La palabra ESTIGMA viene del griego y significa “marca” o “señal en el cuerpo”, y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual marcaban a los esclavos. En sentido médico, estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel, que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero nunca llega a ser perforación. En cambio los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como, en este caso, las han descrito los doctores Romanelli y Festa.

 

LA SANTA SEDE INTERVIENE EN LAS INVESTIGACIONES

Después de minuciosas investigaciones, la Santa Sede quiso intervenir directamente. En aquel entonces era una gran celebridad en materia de psicología experimental, el Padre Agustín Gimelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y gran amigo del Papa Pío XI.

El Padre Gimelli fue a visitar al Padre Pío, pero como no llevaba permiso escrito para examinar sus llagas, este rehúso a mostrárselas. El Padre Gimelli se fue de San Giovanni con la idea de que los estigmas eran falsos, de naturaleza neurótica y publicó su pensamiento en un artículo publicado en una revista muy popular. El Santo Oficio se valió de la opinión de este gran psicólogo e hizo público un decreto el cual declaraba la poca constancia en la sobrenaturalidad de los hechos.

 

PRIMERA GRAN PRUEBA. DIEZ AÑOS DE AISLAMIENTO

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, prohibiendo las visitas al Padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar.

Como consecuencia, el Padre Pío pasó 10 años -de 1923 a 1933- aislado completamente del mundo exterior, entre la paredes de su celda. Durante estos años no solo sufría los dolores de la Pasión del Señor en su cuerpo, también sentía en su alma el dolor del aislamiento y el peso de la sospecha. Su humildad, obediencia y caridad no se desmintieron nunca.

 

EL SACRIFICIO DE LA MISA

El Padre Pío se levantaba todas la mañanas a las tres y media y rezaba el oficio de las lecturas. Fue un sacerdote orante y amante de la oración. Solía repetir: “La oración es el pan y la vida del alma; es el respiro del corazón, no quiero ser más que esto, un fraile que ama”. Celebraba la Santa Misa en las mañanas acompañado de dos religiosos. Todos querían verlo y hasta tocarlo, pero su presencia inspiraba tanto respeto que nadie se atrevía a moverse en lo más mínimo. La Misa duraba casi dos horas y todos los presentes se sumergían de forma particular en el misterio del sacrificio de Cristo, multitudes se volcaban apretadas alrededor del altar deteniendo la respiración. Aunque no existe diferencia esencial en la celebración de la Santa Misa de cualquier otro sacerdote, porque el sacerdote y la víctima es siempre Cristo, con el Padre Pío la imagen del Salvador -traspasado en sus manos, pies y costado- era más transparente.

El Padre Pío vive la Santa Misa, sufriendo los dolores del Crucificado y dando profundo sentido a las oraciones litúrgicas de la Iglesia. En los anales de la Iglesia, Padre Pío es el primer sacerdote estigmatizado; el fue esencialmente sacerdote, y su santidad fue esencialmente sacerdotal. Toda su vida giraba alrededor de esta realidad en la cual prestaba su boca a Cristo, sus manos y sus ojos. Cuando decía: “Esto es mi Cuerpo…Esta es mi Sangre”, su rostro se transfiguraba. Olas de emoción lo sacudían, todo su cuerpo se proyectaba en una muda imploración. “La Misa”, dijo una vez a un hijo espiritual, “es Cristo en al Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”. Mientras el Padre celebraba el Santo Sacrificio, el tiempo parecía detenerse.

Una vez se le preguntó al Padre cómo podía pasar tanto tiempo de pie en sus llagas durante toda la Santa Misa, a lo que él respondió: “Hija mía, durante la Misa no estoy de pie: estoy suspendido con Jesús en la cruz”.

El Padre amaba a Jesús con tanta fuerza, que experimentaba en su propio cuerpo una verdadera hambre y sed de Él. “Tengo tal hambre y sed antes de recibir a Jesús, que falta poco para que muera de la angustia. Y precisamente, porque no puedo estar sin unirme a Jesús, muchas veces, aun con fiebre, me veo obligado a ir a alimentarme de su cuerpo”… “El mundo, solía decir el Padre Pío, puede subsistir sin el sol, pero nunca sin la Misa”.

En una ocasión se le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual él respondió: “Sí, ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría. Ella está siempre presente. ¿Como podría ser que la Madre de Jesús, presente en el Calvario al pie de la cruz, que ofreció a su Hijo como víctima por la salvación de nuestras almas, no esté presente en el calvario místico del altar?”.

 

MÁRTIR DEL SACRAMENTO DE LA MISERICORDIA

Quien participara en la celebración Eucarística del Padre Pío no podía quedar tranquilo en su pecado. Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario por largas horas, dándole preferencia a los hombres, pues él decía que eran los que más necesitaban de la confesión. Al ser tantos los que acudían a la confesión, fue necesario establecer un orden, y confesarse con el Padre Pío podía tomarse fácilmente tres o cuatro días de espera.

Son muchos los impresionantes testimonios y las emotivas conversiones generadas a través de las Confesiones con el Padre Pío. Severo con los curiosos, hipócritas y mentirosos, y amoroso y compasivo con los verdaderamente arrepentidos. Uno de los dones que más impresionaba a la gente era que podía leer los corazones.

Una vez se le preguntó al Padre por qué echaba a los penitentes del confesionario sin darles la absolución, a lo que él respondió: “Los echo, pero los acompaño con la oración y el sufrimiento, y regresarán”. El enojo era solamente superficial. A un hermano le explicó una vez: “Hijo mío, sólo en lo exterior he asumido una forma distinta. Lo interior no se ha movido para nada. Si no lo hago así, no se convierten a Dios. Es mejor ser reprochado por un hombre en este mundo, que ser reprochado por Dios en el otro”. Un ejemplo de ello sucedió un día en que el Padre se encontró con un joven que lloraba sin importarle el gentío que lo rodeaba. El Padre se le acercó y le preguntó el porqué de su llanto. El muchacho respondió que “lloraba, porque no le había dado la absolución”. Padre Pío lo consoló con ternura diciendo: “Hijo, ves, la absolución no es que te la he negado para mandarte al infierno sino al Paraíso”.

 

EL APOSTOLADO DE LA ALEGRÍA

El Padre Pío era un hombre muy duro contra todo tipo de pecado, pero tierno, jovial y amante de la vida. Era un conversador brillante, con la astucia para mantener en suspenso a sus oyentes. Le gustaban mucho los chistes, y en su repertorio, no faltaban los que se referían a los soldados, políticos y religiosos. De la boca del Padre Pío, el chiste y la anécdota no eran solo sano humorismo y simple distracción, sino también una especie de apostolado: el apostolado de la alegría y el buen humor.

Una tarde calurosa, en que paseaba, como frecuentaba hacer con sus hermanos e hijos espirituales, les contó esta anécdota: “Una vez entró de monje un joven juglar que no conseguía cantar los salmos ni rezar las oraciones con los hermanos, pero en cuanto el coro quedaba vacío, se acercaba a la estatua de la Santísima Virgen y le hacía piruetas para congraciarse con ella y con el Niño Jesús. Una vez lo vio el fraile sacristán y avisó al Abad. Este después de haberlo observado un rato, se maravilló de ver que la estatua de la Virgen tomó vida. María sonreía y el Niño Jesús aplaudía con sus manitas. Cada uno de nosotros, decía el Padre, hace de bufón en el puesto que Dios le ha asignado. El fraile más ignorante, ofrecía a la Reina del Cielo lo único que sabía hacer, y Ella lo aceptaba con gusto”.

 

AUXILIO SEGURO

A muchos que acudían a él para pedir su intercesión en momentos de necesidad, el Padre no faltaba en darles una mano con su oración. En una ocasión contaba un monseñor que a un campesino conocido de él, al cual le vino un fuerte y repentino dolor de muelas una noche, en su desesperación por sentirse que el Padre no había escuchado su súplica de intercesión, tomó un zapato y lo arrojó contra el cuadrito en el que estaba la foto del Padre. Pasado el tiempo y habiendo olvidado el gesto irreverente, fue a confesarse con el Padre, el cual le replicó en el confesionario: “Y todavía tienes el coraje, después del zapatazo que me distes en la cara…”.

 

SANACIÓN MILAGROSA

Una de las sanaciones más conocidas del Padre Pío fue la de una niña llamada Gema, que había nacido sin pupilas en los ojos. La abuelita de ésta la llevó a San Giovanni Rotondo con la esperanza de que el Señor obrara un milagro a través de la intercesión del Padre. El Padre la bendijo e hizo la señal de la cruz sobre sus ojos. La niña recuperó la vista, aunque el milagro no terminó allí. Gema vio desde ese momento, sin nunca tener pupilas. Ya de adulta, Gema entró en la Vida Religiosa.

 

EL PADRE Y LOS NIÑOS

El Padre tenía también un gran amor por los niños. Cuando se le pedía la intercesión por el nacimiento de algún bebé que viniese con problemas, o por algún niño que estuviese enfermo, intercedía hasta conseguir la gracia. Un canciller a cuya esposa se le aproximaba el parto que se presentaba lleno de dificultades, fue a consultar con el Padre y a pedir sus oraciones. “Vete tranquilo, le dijo el Padre, y nada de operaciones”. En el momento del parto la situación se complicó y los médicos le dijeron que si no operaban enseguida temían por la vida, tanto de la madre como del bebé. El canciller desesperado se fue al cuarto que estaba al lado donde había una fotografía del Padre Pío en la pared y delante de ella comenzó a insultarlo y a decirle palabrotas. No había terminado de desahogarse cuando escuchó el llanto de un bebé. Salió corriendo hacia el cuarto de su esposa y encontró un hermoso varoncito nacido “sin operaciones”, para sorpresa de los médicos. Después de algunos días, el canciller fue a San Giovanni a confesarse y a darle las gracias al Padre, el cual le respondió: “Está bien, pero todas las palabrotas y los insultos que dijiste delante de mi fotografía, no tienes que decirlos más”.

En otra ocasión, un niño de San Giovanni Rotondo que estaba gravemente enfermo y el cual se esperaba que podía morir en cualquier momento, se echó a reír y recuperó la salud de forma casi instantánea. La madre le preguntó que qué sentía y el niño le respondió: “Mamá, Padre Pío me hizo cosquillas en el pie”. El Padre le había hecho cosquillas en el pie y se sanó.

 

HIJOS ESPIRITUALES

El Padre Pío tenía entre aquellos que se lo solicitaban, un grupo de hijos espirituales a quienes prometía asistir con sus oraciones y cuidados a cambio de llevar una vida fervorosa de oración, virtud y obras de caridad. Entre este grupo de devotos hay un sinnúmero de anécdotas en las que el cuidado real y oportuno del Padre se manifestó de forma extraordinaria. Entre estas anécdotas está la de un joven cuya madre lo llevaba a donde el Padre desde que este era muy pequeño y un día, saliendo del convento para tomar el autobús de regreso a casa, un coche lo atropelló por la espalda haciendolo volar por los aires. Mientras este volaba sobre el coche, viendo la imagen de la Virgencita del convento al revés, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Solo logró gritar: “Virgencita mía, ayúdame”. Lo llevaron de inmediato al hospital y todos los exámenes mostraban que todo estaba en orden, aunque no se explicaban de dónde provenía la sangre que había en su camisa. En cuanto este pudo salió corriendo hacia el convento para darle las gracias al Padre que estaba rezando en el coro. “No me des las gracias a mí, le respondió el Padre, dáselas a la Virgen, fue Ella”. Después de mirarlo con los ojos llenos de amor y con una gran sonrisa en los labios, le dijo: “Hijo mío, no te puedo dejar solo ni un minuto…”.

 

LLAMADO A LA CO-REDENCIÓN

La vida del Padre Pío está tan llena de acontecimientos extraordinarios que es necesario buscar las causas de ellos en su vida íntima. Quien es llamado a servir en la misión redentora de Jesucristo tiene que sufrir mucho moral y físicamente. Estos sufrimientos lo purifican y encienden cada vez más del amor de Dios. En una carta escrita por el Padre en 1913 decía: “El Señor me hace ver como en un espejo, que toda mi vida será un martirio”. Desde que ingresó a la vida religiosa hasta que recibió los estigmas, la vida del Padre Pío fue un vía crucis. En 1912 escribe: “Sufro, sufro mucho pero no deseo para nada que mi cruz sea aliviada, porque sufrir con Jesús es muy agradable”. A una hija espiritual le dijo un día: “El sufrimiento es mi pan de cada día. Sufro cuando no sufro. Las cruces son las joyas del Esposo, y de ellas soy celoso. ¡Ay de aquel que quiera meterse entre las cruces y yo!”.

 

SU PROYECTO MÁS GRANDE EN LA TIERRA

La tarde del 9 de enero de 1940, el Padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como “su obra más grande aquí en la tierra”: la fundación de un hospital que habría de llamarse “Casa Alivio del Sufrimiento”. El Padre sacó una moneda de oro de su bolsillo que había recibido en una ocasión como regalo y dijo: “Esta es la primera piedra”. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar al enfermo tanto espiritual como físicamente: la fe y la ciencia, la mística y la medicina, todos de acuerdo para auxiliar la persona entera del enfermo: cuerpo y alma.

 

GRUPOS DE ORACIÓN

“Lo que le falta a la humanidad, repetía con frecuencia, es la oración”. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los “Grupos de Oración del Padre Pío”. Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1.400 grupos con más de 150.000 miembros. “Yo invito a las almas a orar y esto ciertamente fastidia a Satanás. Siempre recomiendo a los Grupos la vida cristiana, las buenas obras y, especialmente, la obediencia a la Santa Iglesia”.

 

SEGUNDA PRUEBA Y PERSECUCIÓN

La envidia humana se echó encima de la obra del Padre Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la “Casa Alivio del Sufrimiento”. Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él.

El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: “Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre”.

 

50 AÑOS DE DOLOR Y SANGRE

El viernes 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor. Fue grande la celebración en San Giovanni. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre… De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

 

EL PASO A LA VIDA ETERNA

Tres días después, murmurando por largas horas “¡Jesús, María!”, muere el Padre Pío, el 23 de septiembre de 1968. Los que estaban presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración. Después estalló un largo e irrefrenable llanto.
Los funerales del Padre Pío fueron impresionantes. Se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo. Se calcula que más de 100 mil personas participaron del entierro.

 

UNA PROMESA DE AMOR

Un día se le preguntó al Padre: “¿Jesús le mostró los lugares de sus hijos espirituales en el paraíso?”. “Claro, un lugar para todos los hijos que Dios me confiará hasta el fin del mundo, si son constantes en el camino que lleva al cielo. Es la promesa que Dios hizo a este miserable”. “Y en el paraíso, ¿estaremos cerca de usted?”. “Ah tontita, ¿y qué paraíso sería para mí si no tuviera cerca de mí a todos mis hijos?”. “Pero yo le tengo miedo a la muerte”. “El amor excluye el temor. La llamamos muerte, pero en realidad es el inicio de la verdadera vida. Y luego, si yo les asisto durante la vida, ¡cuánto más los ayudaré en la batalla decisiva!”.

 

PROCESO DE LA CAUSA DEL PADRE PÍO

Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.
Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso. El venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficiente. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

 

UN GRAN SANTO PARA LA IGLESIA DE HOY

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizó al Beato Padre Pío. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.

Fuente: corazones.org
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

El Padre Pío y la Virgen María ( 23 de septiembre)

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El Padre Pío y la Virgen María ( 23 de septiembre)

El 23 de septiembre la Iglesia celebra la fecha de San Pio de Pietrelcina (el padre Pio), que fue un devoto de la Virgen María y del Rosario, por eso traemos unos textos que relatan como el padre Pio expresa su amor y relación con María.

El Padre Tiberio Munari nos explica la Espiritualidad mariana de Padre Pío, en su libro, con las siguientes palabras:

 

LA DEVOCIÓN DE SU INFANCIA
Un verdadero retrato de Padre Pío estaría incompleto si no se diera el debido realce a su devoción mariana.
Cuando niño, Francisco entraba en la iglesia de Pietrelcina a saludar a la Virgen de la “Libera”. En 1901, cuando tenía 14 años, fue a visitar el santuario de nuestra Señora del Rosario de Pompeya, con otros 7 compañeros de escuela y acompañados por el maestro Don Ángel. El 6 de mayo de 1913 escribe al P. Agustín, su director espiritual: “Esta Madre tan tierna, en su gran misericordia, sabiduría y bondad ha querido verter en mi corazón tantas y tales gracias que, cuando me hallo en su presencia y en la de Jesús, me siento estrechamente unido y ligado al Hijo por medio de esta Madre!”.

EL MES DE MAYO DEDICADO A MARÍA

El Padre Pío llamaba el mes de mayo: “el mes de la hermosa mamita”. El 1 de mayo de 1912, él escribía a su padre espiritual: “¡oh el hermoso mes de mayo! El más bonito del año. Si, padre mío ¡este mes nos recuerda muy bien las dulzuras y la belleza de María! Pensando en los muchos beneficios que me ha hecho esta querida Mamita, tengo vergüenza de mí mismo por no haberla amado y servido lo bastante: en cambio, a sus cuidados afectuosos he respuesto con ingratitudes”
“El mes de mayo para mí es el mes de las gracias y este año espero recibir dos: que me recoja consigo para no seguir viendo esas caras feas (demonios); la otra, usted la conoce. Quisiera tener una voz poderosa para invitar a todos los pecadores del mundo a amar a la Virgen”

Para mostrar su devoción a la Virgen y obtener más fácilmente sus gracias, él le ofrece sus sacrificios. El 21 de julio de 1913, escribe al padre espiritual: “Le pido el permiso de abstenerme de la fruta el miércoles en honor de la Virgen” y el 6 de enero de 1917 le pide el permiso de ayunar dos veces por mes, una vez en honor de la Virgen y la otra en honor de San Antonio.

“Su amor a la Virgen era muy grande -cuenta un sacerdote-. Recuerdo que una vez le pedimos a Padre Pío, en la fiesta de la Asunción, un pensamiento sobre la Virgen para ese día. Se le iluminó el rostro y sollozando nos dijo:”Hijos míos amemos a la Virgen. Ella (y aquí se emocionó) es nuestra Madre”. También nosotros nos pusimos a llorar, confundidos y humillados ante a tanto amor”.

Un día Cleonice Morcaldi, su hija espiritual, le preguntó a Padre Pío:
- Padre, ¿la Virgen viene uno que otro día a su celda?
-Mejor dile -contestó Padre Pío- si algún día no viene…
-¿Se le aparece como en Lourdes?- siguió preguntando atrevida Cleonice
-Eh, si. Allá se apareció, pero aquí nada.
-¡Oh qué paraíso, Padre” Dígame un pensamiento sobre la grandeza de María para que me anime a amarla.
-¿No te basta saber que es Madre de Dios? ¿Que todos los ángeles y santos no llegan a alabarla dignamente? Dios es el Padre del Verbo, María es la Madre del Verbo, hecho carne. Nada nos concede el Señor si no pasa por las manos de la Reina del Cielo. Si Dios es la fuente de agua viva, María es el acueducto que la lleva a nosotros. Ámala en la tierra y la contemplarás en el cielo.

SU ARMA PREFERIDA

Su amor a la Virgen se expresaba en particular por el rezo del Santo rosario que llevaba siempre enrollado en la mano o en el brazo, como si fuera un arma siempre empuñada.
Una tarde Padre Pío estaba en cama y lo asistía su sobrino Mario. El tío le dijo:
-Mario, tráeme el arma.
El sobrino buscó por aquí y por allá en la celda, sobre la mesa, en el cajón.
-Pero tío, no encuentro ninguna arma.
-Mira en el bolsillo de mi hábito.
El sobrino hurgó en el amplio bolsillo, y nada.
-Tío está sólo la corona del rosario.
-Tonto-, ¿no es esa el arma?
-”Toma esta arma”, le había dicho una vez en sueño la Virgen.
Sus cohermanos llamaban a Padre Pío “El rosario viviente” ¿hay oración mas bella -decía él- que aquella que nos enseñó Ella misma? Recen siempre el rosario”.

Y con el rosario en la mano, pronunciando dulcemente los nombres de Jesús y María, entregó su hermosa alma a Dios.
Le gustaba al Padre Pío contar ese sueño:
“Una noche soñé que estaba asomado a la ventana del coro y veía la plaza llena de gente. Les grité:
-¿Qué quieren?-La muerte de Padre Pío-contestaron
-Ah, entonces ustedes son comunistas! -les dije yo, y me metí al coro.
En aquel momento me viene al encuentro la Virgen y me dice:
-No le tengas miedo, aquí estoy yo. Toma esta arma, vuelve a la ventana y úsala.
Yo obedecí y todos se cayeron muertos.

“EN NOMBRE DE LA VIRGEN TE CURARÁS”

Una joven enfermera de Bolonia fue hospitalizada en octubre de 1952 por una forma nefrítica muy grave, necesitando la operación. Una noche le apareció en sueño Padre Pío diciéndole.

”En nombre de la Virgen María tus riñones desde este momento, no sangrarán más” y la avisó que volvería. La mañana siguiente los médicos la encontraron clínicamente curada y la dieron de alta. Sin embargo ella dijo que los médicos la habían curado.

Se le apreció nuevamente Padre Pío, muy serio, reprochándole su mentira. “Ha sido la Virgen quien vino a curarte, recuérdate y repíteselo a todo el mundo, porque hay muchas jóvenes de tu edad que se están perdiendo, pero cuando sepan lo que te ocurrió, podrán rehabilitarse”.

“¿Quién no recuerda -escribe Curci- la oración de la “Visita de María Santísima” que Padre Pío rezaba todas la tardes, delante del Santísimo Sacramento? su corazón latía por Ella, y su alma se enternecía hasta las lágrimas cuando llegaba a aquella palabras “No me desampares mientras no me veas salvo en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad”.


Fuente: http://padrepiodepietrelcina.wordpress.com

 

NO SE PUEDE IMAGINAR AL PADRE PIO SIN LA MADRE DE DIOS
Muchas veces la Madre de Dios manifestó a Él, hasta acompañándolo al altar durante la Santa Misa celebrada en la iglesia de Santa Ana.

La Virgen de la Libre, venerada en la iglesia parroquial de Pietrelcina, ha representado indudablemente la primera referencia de la devoción Mariana del pequeño Francesco Forgione. Un culto que ha ido cada vez más desarrollándose en los años hasta volverse expresión de un extraordinario cariño de hijo.

“La Madonnella nuestra”, así Padre Pio siempre llamará tiernamente a la protectora de Pietrelcina. Pero no está solo con este título que Maria es venerada por Padre Pio. También la Virgen del Rosario de Pompeya, y sucesivamente la Virgen de las Gracias de San Giovanni Rotondo y la Virgen de Fatima, serán al centro de un culto Mariano que reviste un papel peculiar en la espiritualidad del fraile franciscano.

Padre Pio siempre ha siguió con atención la Historia de las Apariciones de Fatima. Cuando la Madre de Dios apareció la primera vez a Lucia, Giacinta y Francesco a Cova da Iria, el joven fraile se encontró a Foggia. Él, luego, de S. Giovanni Rotondo siguió cuidadosamente el desarrollarse de las apariciones y sobre todo el mensaje que irradió de Fatima. Un hilo invisible unió Fatima con S.Giovanni Rotondo. La misma Armada Azul, movimiento internacional de ruego provocado por los mensajes Mariano de Fatima, se volverá, junto a su fundador, parte de la familia espiritual de Padre Pio.

En el 1959 llega a Italia, por un Peregrinatio Mariae organizado por el Comité Nacional Mariano, de que hacen parte entre los otros el cardenal Lercaro y don Gabriele Amorth, el famoso exorcista, ambos hijos espirituales de Padre Pio.

La estatua de la Virgen de Fatima llega directamente desde Cova de Iria y en Italia es llevada a visitar todas las capitales de provincia, en cada una de la que sería acogida y hospedada por un período que va de uno a tres días. S.Giovanni Rotondo parece por lo tanto predestinada a ser excluida por esta Visita privilegiada. Pero Justa la ciudad de Benevento, a través del arzobispo mons. Calabria, renuncia a un día para permitirle a Padre Pio de saludar la imagen de la Virgen de Fatima a que él es particularmente atado.

Misteriosamente, como por un Dibujo Divino, en cuanto el simulacro de la Bianca Señora de Fatima está sobre el suelo italiano, Padre Pio cae enfermo, golpeado por una grave pleuresía essudativa que, prolongándose a largo, del 5 de mayo le prohibe de celebrar la Santa Misa. La tarde del 27 de julio, él anuncia el principio de la novena “por la visita de la Mamá Celeste”, y exhorta todos los fieles a prepararse a esta visita con cristiana renovación. Por todas las tardes, vuelve a llamar la alegría, la suerte, y “la gracia toda especial” de esta visita invitando los fieles en acoger dignamente la imagen de Maria.

La tarde del 4 de agosto, Padre Pio anuncia que faltan pocas horas a la visita de la Madre de Dios, invitando una vez más los hijos espirituales y los fieles a prepararse dignamente a este gran acontecimiento Mariano.

Por fin, el día mismo de la llegada, expresa así su alegría incontenible: “Dentro de pocos minutos la Madre de Dios estará en nuestra casa… Ampliamos nuestros corazones.”

LA VIRGEN DE FATIMA LLEGA A SAN GIOVANNI ROTONDO

El 5 agosto del 1959 llega, a S.Giovanni Rotondo, la estatua de la Virgen de Fatima que es llevada en helicóptero en todas las capitales de provincia. Por S.Giovanni Rotondo es hecha una excepción. Preparada por una serie de breves catequesis desarrolladas justo de Padre Pio enfermo, la visita se revela carga de sugestión más allá de que de cariño hacia la Virgen.

Durante la mañana del 6 de agosto el Padre puede bajar a iglesia, deteniéndose más veces, sentado porque agotado y en serio enfermo, delante de la imagen de la Virgen de Fatima. Y, cuál gesto cariñoso de ternura filial ofrece, al blanco simulacro de Maria, la corona del rosario.

Es el momento tópico de la visita del simulacro de la Virgen a S.Giovanni Rotondo. La estatua de la Virgen es bajada hasta la cara del Padre que puede besarla por fin tiernamente. Es el mismo hombre, el mismo enamorado de Maria, el sacerdote, que quarantaquattro años antes, escribiéndole a padre Agostino tuvo tan exprés sus tiernos sentimientos hacia lo inmaculada:

“Querría tener una voz él fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a querer a la Virgen. Pero ya que eso no está en mi poder, he rogado, y rogaré mi angelito para cumplir, por mí, esta misión” (a Padre Agostino, el 1° de mayo de 1912, Epistolario pág. 277).

A las horas 3 acerca de de la tarde, el helicóptero con la estatua de la Virgen de Fatima se levanta en vuelo de la terraza de la Casa Alivio del sufrimiento.

Delante de Padre Pio que se encuentra asomado a la ventana del coro de la Iglesia, el helicóptero cumple tres vueltas alrededor de la plaza repleta de fieles. Luego se aleja en dirección de Sicilia.

A este punto, con los ojos humedecidos por la conmoción, padre Pio le dirige a Maria un breve quejido empapado de abandono filial: “Virgen, Madre mía, llegaste a Italia y  yo me enfermé; ahora vas y todavía me dejas enfermo”.

En este mismo instante Padre Pio advierte un escalofrío como correr por toda la persona y cura milagrosamente del mal que los médicos le diagnosticaron: un tumor a la pleura.

Es el mismo Padre Agostino, amigo y director espiritual de Padre Pio desde los años de seminario, a confirmar la curación inmediata del fraile estigmatizado: “En un momento el Padre se oyó como una fuerza misteriosa en su cuerpo y les dijo a los cofrades: Soy curado! “.

Para dar plenitud a la narración de lo que ocurrido, hace falta reconducir el testimonio del doctor Giuseppe Sala, el que precisa que “en aquel tiempo, el Padre ya fue clínicamente curado por la pleuresía; se previo una convalecencia, que se habría podido dilatar por meses y meses, salvo complicaciones, ignorando de ello el resultado y obligando el paciente a suspender la usual actividad. Sin embargo, el doctor Sala, reconoce que Padre Pio ha tenido una curación imprevista.

Un grupo de médicos tiene la ocasión de visitar a Padre Pio y hacerse plenamente consciente de una curación instantánea y rápida.

Fuente: página de Donato Calabrese

 

EL PADRE PÍO DE PIETRELCINA Y EL SANTO ROSARIO
Desde muy pequeñito el Beato P Pío experimenta un amor muy grande por la Santísima Virgen María, su “mammusia”, como cariñosamente la llamaba, que significa en dialecto “mamita”. Su primer peregrinaje siendo un niño de 8 años fue a la Virgen de Pompey, la Virgen del Rosario, cerca de Nápoles.

En su casa de Pietralcina, como en todas las familias italianas de la época, el rosario era la oración familiar. Se encontraban alrededor del fuego todas las noches antes de ir a dormir rezando el Rosario. Pero cuando la Virgen apareció en Fátima como la Virgen del Rosario y recomendó el rosario como oración potente para obtener todo bien y alejar todo mal, Padre Pío hizo del rosario su oración incesante e incansable de día a día. Decía el Beato Padre Pío: “¿si la Virgen Santa lo ha siempre calurosamente recomendado donde quiera que ha aparecido, no nos parece que deba ser por un motivo especial?”.

Entre más crecía su clientela mundial, como la llamó el Papa Pablo VI, de sus hijos espirituales, más él aumentaba las coronas del Rosario de recitar. Era su secreto, con esta cadena que lo unía al Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, él alejaba los males y obtenía las gracias para sus hijos. Llegó a recitar, en el curso de un día un número incalculable de rosarios. Su oración asidua lo hizo un “Hombre hecho Rosario” o como podría ser llamado el “Santo del Rosario”.

Una vez lo oyeron decir: “quisiera que los días tuvieran 48 horas para poder redoblar los Rosarios”. Todo los dones y prodigios para las almas los obtenía a través del Santo Rosario.

Un día le pidieron sus hijos espirituales les dejara su herencia espiritual. Padre Pío respondió inmediatamente sin pensar siquiera: “El Rosario”.

Y poco antes de la muerte a su amigo y hermano Fray Modestino le dijo: “¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!”. El Padre Pío vivió su vida del altar al confesionario. Siempre con el rosario en la mano, unido al Corazón Inmaculado de María, quien lo formó imagen encarnada de la misericordia del Corazón Eucarístico de Jesús para con el siglo XX. Este siglo de tantos pecados y desafíos a los derechos de Dios como nuestro creador y de ataques horrendos a la dignidad del Hombre.

UNA HISTORIA SOBRE SU AMOR AL ROSARIO

Nos narra P. Stefano Manelli, uno de sus hijos espirituales y gran conocedor de su espiritualidad, una historia de cuando aún era un seminarista capuchino:

“P. Pío oraba mucho aún fuera de las horas de oración comunitaria. Encontrarlo en el coro (lugar donde rezan los religiosos en las iglesias), o en su cuarto haciendo oración, era una cosa normal. Le gustaba mucho ya entonces la oración del Santo Rosario. En sus propósitos espirituales escribió de rezar cada día quince rosarios.

Llegó a comprometerse en una competencia (maravilloso y santo deporte) con un compañero Fray Anastasio, a ver quien rezaba un mayor numero de rosarios. Una noche sintió un ruido y alguien que se movía en el cuarto cerca del suyo. Se despertó y pensó que los ruidos eran causados por fray Anastasio que estaba todavía despierto para hacer rosarios, siempre en competencia (santa competencia) con este hermano capuchino.

Un cierto momento, desde la ventana, llamó a fray Anastasio y cual fue su sorpresa cuando de la ventana no se asomó su compañero sino un enorme perro negro con los ojos de fuego. Fray Pío se quedó como piedra, y el horrible perro, con un salto formidable, desapareció. Fray Pío apenas pudo llegar a la cama casi desmayado. Al día siguiente supo que a su hermano Fray Anastasio lo habían cambiado de cuarto la noche anterior.”

Su batalla contra Satanás, el mundo y la carne las libró en modo eficaz a través de la recitación del Santo Rosario.
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

El Padre Pio y las apariciones de Garabandal.

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El Padre Pio y las apariciones de Garabandal

En 1962, fue la voluntad de Dios que su siervo, el Padre Pio de Pietrelcina, se involucrara en los acontecimientos de Garabandal.

El 3 de marzo de 1962 las cuatro jóvenes videntes, Conchita, Mari Loli, Jacinta y Mari Cruz recibieron una carta anónima en San Sebastián de Garabandal. Este incidente fue reportado por el Dr. Celestino Ortiz, un incuestionable testigo, y sobre él hace un recuento el Padre Eusebio García de Pesquera en su libro “Ella fue Afanosamente a la Montaña”…

Félix López, un antiguo alumno del Seminario Mayor de Derio (Bilbao) quien es hoy día el profesor de escuela de Garabandal, estaba reunido con algunas personas en la cocina de Conchita. La niña recibió una carta que no entendió, así que le solicitó a Félix que se la tradujera. Estaba escrita en italiano y Félix, después de leerla dijo: «Por su estilo bien podría ser del Padre Pío». Conchita le preguntó si conocía la dirección del Padre Pío y al recibir una contestación afirmativa le pidió que le ayudara a escribirle una carta para dar respuesta a la suya y manifestarle su agradecimiento.

Habiendo terminado la carta la dejaron sobre la mesa de la cocina, sin doblarla. Después de un rato, Conchita entró en éxtasis y rezó el Rosario. Al regresar a su estado normal Félix le preguntó: «¿Preguntaste a la Virgen sí la carta era del Padre Pío?». «Sí, y me dio una respuesta secreta para enviarle.» La niña subió a su habitación, regresando poco más tarde con un papel escrito a mano. Delante de todos metió el papel en el sobre, que había ya sido dirigido al Padre Pío por el profesor, sellándolo luego.

 

LA CARTA DEL PADRE PIO A LAS VIDENTES

La carta que había llegado a Conchita, sin firma y sin dirección de regreso pero con estampilla italiana, decía lo siguiente:

Mis queridos niños:
A las nueve de la mañana, la Santísima Virgen me encomendó que les dijera lo siguiente: «¡Oh benditas niñas de San Sebastián de Garabandal! Yo les prometo que estaré con ustedes hasta el fin de los siglos y que ustedes estarán conmigo durante el fin del mundo y después, unidos conmigo en la gloria del Paraíso.

Estoy enviándoles una copia del santo Rosario de Fátima, que la Virgen me pidió les enviara. El Rosario fue compuesto por la Virgen y debe ser propagado para la salvación de los pecadores y para la preservación de la humanidad de los terribles castigos con los que el buen Dios la amenaza.
Les doy un consejo: Recen y hagan que los demás recen porque el mundo está a comienzos de la perdición. No creen en ustedes ni en sus conversaciones con la Dama de Blanco; lo harán cuando ya sea demasiado tarde.

En febrero 9 de 1975, el personal de la revista NEEDLES (ahora GARABANDAL) condujo una entrevista grabada con Conchita, durante la cual le preguntaron sobre esta sorprendente carta que se decía había sido dictada por el Padre Pío:P. Conchita, ¿recuerdas algo sobre esta carta?
Conchita: Recuerdo haber recibido en el correo una carta dirigida a mí y a las otras tres niñas, Jacinta, Loli y Mari Cruz. Me preguntaba qué contenía y, como no estaba firmada, la metí en el bolsillo hasta que vi a la Santísima Virgen ese día. Cuando se apareció le mostré la carta y le pregunté quién nos la había enviado. La Virgen dijo que era del Padre Pío. Como no sabía quien era el Padre Pío, no pregunté nada más. Después de la aparición conté a la gente sobre la carta; un seminarista que estaba presente me explicó acerca del Padre Pío y de dónde era él. Entonces le escribí una carta diciéndole que me gustaría verle cuando visitase mi país. El entonces me envió una pequeña carta diciendo: «¿Crees que puedo subir por la chimenea?» Yo sólo tenía 12 años en esa época y no sabía nada de los claustros.

 

LA VISITA DE CONCHITA A PADRE PÍO

En febrero de 1967, Conchita llegó a Roma con su madre, un sacerdote español, el padre Luis Luna, el Profesor Enrico Medi y la Princesa Cecilia de Borbón-Parma. Había sido llamada allí por el Cardenal Ottaviani, prefecto del Santo Oficio, llamado hoy la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue durante esta visita que Conchita tuvo una audiencia privada con el Papa Pablo VI, durante la cual sólo cinco personas estuvieron presentes con el Pontífice. Tenemos sobre esto el confiable testimonio del Profesor Medi, entonces presidente de la Asociación Europea de Energía Atómica y amigo del Papa, y quien era uno de los cinco presentes.

Como Conchita tuvo que esperar un día antes de su reunión con el Cardenal Ottaviani, el Profesor Medi sugirió que ya que tenían algo de tiempo libre fueran a San Giovanni Rotondo a ver al Padre Pío.

A continuación el recuento de la propia Conchita acerca de la visita, tomado de la entrevista de NEEDLES de 1975:

… Todos estuvimos de acuerdo, así que salimos para el Monasterio en el auto alquilado del Profesor Medi. Llegamos como a las nueve de la noche y nos dijeron que no podríamos ver al Padre Pío hasta la mañana siguiente en su Misa de cinco.
El Padre Pío dijo entonces al Padre Luna: «No me siento bien y no podré verla hasta más tarde hoy»
El Profesor Medi dijo entonces: «Hay otra persona que quiere verlo también. Conchita quiere hablar con usted.»
Padre Pío dijo entonces: «¿Conchita de Garabandal? Vengan a las ocho de la mañana».
Al llegar, fuimos conducidos a un pequeño cuarto, una celda, que tenía una cama, una silla y una pequeña mesita. Le pregunté al Padre Pío si este era su cuarto y si él dormía ahí, a lo cual respondió: «Oh, no. No pueden ver mi cuarto. Este es un cuarto rico». En ese momento no sabía la clase de hombre santo que era el Padre Pío, como ahora sí lo sé. Entonces yo era muy joven; tenía sólo 16 años.La entrevista de NEEDLES continúa:
P. ¿Quién estaba en el cuarto contigo?
Conchita: Sólo mi madre, el Padre Luna y un sacerdote del Monasterio que hablaba español y estaba tomando muchas fotos. No recuerdo que la Princesa y el Profesor hubieran estado allí.
P. Puedes decirnos ¿qué se dijo durante tu visita al Padre Pío?
Conchita: Sólo recuerdo un poco. Sí recuerdo que el sacerdote que había estado tomando fotos pidió permiso para ello al Padre Pío, quien le respondió: «Has estado tomándolas desde que llegaste».
Recuerdo que tenía el crucifijo besado por Nuestra Señora, y que dije al Padre Pío: «Esta es la Cruz besada por la Santísima Virgen. ¿Quisiera besarla?» Padre Pío tomó entonces el Cristo y lo colocó en la palma de su mano izquierda, sobre el estigma. Tomó entonces mi mano, que colocó sobre el crucifijo, cerrando los dedos de esa mano sobre mi mano; con su mano derecha bendijo mi mano y la cruz. Lo mismo hizo con mi madre cuando ella le dijo que por favor bendijera su rosario, también besado por la Virgen. Yo estuve de rodillas durante todo el tiempo que estuve ante él. Me tomó de la mano, con la cruz, mientras que me hablaba.

El sacerdote que tomó las fotos de Conchita con el Padre Pío vive aún en San Giovanni Rotondo. Estuvo en los Estados Unidos hace varios años promoviendo la Causa de Beatificación del Padre Pío y visitando a Conchita en su casa. Debido a que la Causa se está adelantando, los frailes no están muy dispuestos a mostrar las fotos, aparentemente porque las apariciones de Garabandal no han sido reconocidas aún por la Iglesia. La fotos fueron nuevamente mencionadas por otro de los frailes de San Giovanni Rotondo quien las vio, confirmando más tarde el hecho a los funcionarios de la revista que estuvieron en la peregrinación de 1987, y que fue promovida por el Centro de Garabandal de Nueva York. Sobra decir que estas fotos son importantes documentos que confirman la entrevista de Conchita con el Padre Pío.

Antes de Misa, el Padre Luna y el Profesor fueron a la sacristía. El Profesor me contó más tarde lo que ocurrió allí. Dijo que el Padre Luna había dicho al Padre Pío que la Princesa de España estaba allí para verle.
 

 PADRE PÍO Y EL MILAGRO

La forma como el Padre Pío se involucró en los eventos de Garabandal fue en parte la causa de que le hubiese sido concedido un privilegio que tan sólo a otra persona [En la noche del 8 de agosto de 1961, Fr. Luis Andreu S.J. tuvo una visión del Milagro mientras observaba a las videntes en éxtasis en los pinos sobre una colina cerca del pueblo de Garabandal. El Padre Andreu murió a la mañana siguiente durante su regreso a casa. Vio el gran Milagro antes de morir.

Una de las profecías de Nuestra Señora en Garabandal en relación con el Milagro fue que el Santo Padre lo verá desde cualquier sitio donde esté, y que el Padre Pío lo vería también. Al morir el Padre Pío en 1968, Conchita quedó perpleja, preguntándose por qué la profecía aparentemente no se había cumplido. Un mes más tarde fue tranquilizada, recibiendo además un regalo precioso.

En octubre 16 de 1968, Conchita recibió un telegrama de Lourdes, proveniente de una mujer de Roma a quien Conchita conocía. El telegrama pedía a Conchita ir a Lourdes a recibir una carta del Padre Pío dirigida a ella. El Padre Alfred Combe y Bernard L’Huillier de Francia estaban en ese momento en el pueblo y accedieron a llevar a Conchita y a su madre a Lourdes. Partieron esa misma noche. Con el afán, Conchita olvidó su pasaporte. Al llegar a la frontera fueron detenidos durante seis horas, y sólo gracias a un pasaporte especial, firmado por el Gobernador Militar de Irun, pudieron pasar la frontera hacia Francia.

En Lourdes se entrevistaron con los emisarios del Padre Pío de Italia, entre los cuales estaba el Padre Bernardino Cennamo, O.F.M. El Padre Cennamo no era realmente de San Giovanni Rotondo, sino que pertenecía a otro monasterio. Era, sin embargo, bien conocido por el Padre Pío y por el Padre Pellegrino; éste último fue quien cuidó al Padre Pío durante sus últimos años y quien transcribió la nota para Conchita dictada por el Padre Pío.

El Padre Cennamo dijo a Conchita que no había creído en las apariciones de Garabandal hasta que el Padre Pío le pidió darle el velo que cubriría su cara después de su muerte.

El velo y la carta fueron entregados a Conchita, quien preguntó al Padre Cennamo: «¿Por qué la Virgen me dijo que el Padre Pío iba a ver el Milagro y él ha muerto?»Al regresar a casa Conchita decidió escribir sobre el incidente a un amigo en Madrid. De nuevo nos referimos a lo dicho por Conchita en la entrevista de NEEDLES de 1975:
… Tenia el velo ante mis ojos mientras escribía cuando, de repente, toda la habitación se llenó con una fragancia. Había oído sobre las fragancias del Padre Pío, pero nunca les había dado mayor importancia. El cuarto entero olía con un perfume tan fuerte que comencé a llorar. Era la primera vez que experimentaba esto. Ocurrió después de su muerte.

El Padre le respondió: «El vio el Milagro antes de morir. Me lo dijo él mismo.»

 

PADRE PÍO Y JOEY LOMANGINO

En 1947 Joey Lomangino perdió la vista y el olfato en un absurdo accidente que le cortó el nervio óptico y el olfativo. Luego de un prolongado y penoso período de reajuste, salió triunfante convertido en un importante hombre de negocios, pero muy cansado por el esfuerzo y el exceso de trabajo. Su médico le sugirió que tomara unas vacaciones en Europa, así que salió de su casa en Lindenhurst, Nueva York, con algunos familiares a visitar a su tío en el sur de Italia.

Joey no era practicante en aquellos tiempos, y fue sólo para complacer a su tío que accedió a un largo viaje en auto, el cual concluyó en San Giovanni Rotondo donde vivía el Padre Pío. Joey no sabía nada del Padre Pío en aquel entonces, y ciertamente no esperaba tener un encuentro personal con él. Al terminar la Misa se encontró en un cuarto con otros hombres que esperaban recibir la bendición del Padre Pío cuando éste pasara por allí. Joey recuerda los hechos:

Cuando el Padre Pío entró en la habitación todos nos arrodillamos para recibir la bendición. Entró por el costado izquierdo del cuarto y lo atravesó por el frente. Oí movimiento de rodillas, sin saber qué pasaba. De repente, el Padre Pío puso sus brazos sobre mí. Me besó en la frente y me dijo: «¡Joey, me alegro tanto de verte!». Fue mi tío quien me dijo que era el Padre Pío quien me abrazaba; yo no sabía qué decir, pues había sido casi el último en entrar, y nadie sabía que yo iba a ir, ni yo mismo.

Joey quedó profundamente impresionado. No pudo regresar en 1962, pero lo hizo en 1963. En esta ocasión decidió ir a confesarse con el Padre Pío.

Fuí a ver al Padre Pío al confesionario, arrodillándome en el reclinatorio. El Padre Pío estaba sentado frente a mí. Me tomó de la mano, cosa que me impactó por su contraste con el confesionario americano, con páneles entre el sacerdote y el penitente. Me dijo entonces: «Joey, confiésate». Para ser muy franco, encontré esto muy embarazoso pues no estaba llevando una vida correcta. Estaba confundido y no sabía qué decir. Entonces el Padre Pío me dijo en italiano: «Confiésate». Pero de nuevo no encontraba palabras qué decirle.

Entonces, en perfecto inglés, me dijo: «Joey, ¿recuerdas cuando estuviste en un bar con una mujer de nombre Bárbara? ¿Recuerdas los pecados que cometiste?» Y, en perfecto inglés, me recordó los sitios donde había estado, las personas con las que había estado, y los pecados que había cometido. Sudando de angustia, tuve la gracia de reconocer que valía la pena soportar todo eso si ello significaba volver a ser feliz.

Realmente creía que el Padre Pío podría ayudarme. Cuando llegó al fondo de lodos mis pecados, después de lo que me pareció como un millar de años, me dijo en italiano: «¿Estás arrepentido?» Y yo contesté: «Si, lo estoy, Padre Pío».

Al darme la absolución, los ojos comenzaron a rodarme en la cabeza. Me restregué los ojos con las manos, mientras la cabeza me daba vueltas y más vueltas. De repente, mi mente se aclaró total y completamente. Entonces puso su mano estigmatizada sobre mis labios y yo besé los estigmas. Me dio entonces un ligero golpe en la cara y me dijo en italiano: «Joey, un poco de paciencia y coraje y vas a estar bien».

Tenía 33 años y me sentía de 16. Tenía el firme propósito de enmendar mi vida. Estaba arrepentido de todos los pecados que había cometido durante mi vida. Me sentía tan bien, tan limpio, que no quería siquiera involucrarme con nadie por miedo a perder la gracia recibida por sólo hablar con alguien.

Pero había aún otra gracia más preparada para Joey mientras se arrodillaba con otros hombres para recibir la bendición del Padre Pío.

Cuando sufrí el accidente en 1947, perdí no sólo la vista sino el sentido del olfato. Al arrodillarme para recibir la bendición, quedó atónito al percibir la fragancia de rosas que venía de la sangre en sus manos. Me eché hacia atrás contra la pared y levanté los brazos para protegerme, pues no sabía qué pasaba. El Padre Pío bajó mis brazos y me dijo en italiano: «Joey, no tengas miedo», y me tocó en el puente de la nariz, devolviéndome el sentido del olfato después de estar sin él desde el día del accidente, en junio de 1947, hacía 16 años.

Joey estaba sobrecogido de paz y alegría y no quería abandonar San Giovanni Rotondo. Sin embargo, su compañero de viaje, Mario Corvais, le recordó su compromiso de pasar parte de sus vacaciones en un sitio llamado Garabandal.

Cuando Mario me recordó que teníamos que irnos para Garabandal le dije: «Mario, ¿cómo sabemos que es verdad? Tal vez no es una aparición verdadera; tal vez es un truco del demonio para hacerme perder las gracias que acabo de recibir. Vamos a preguntarle al Padre Pio».

Siempre fuimos objeto de una muy calurosa bienvenida por parte de los sacerdotes donde el Padre Pío. Fuimos donde ellos y les dije: «Me gustaría hablar con el Padre Pío, ¿está bien?» Y el sacerdote me contestó: «Ah, bueno, Joey». Así que hizo los arreglos necesarios y volvimos de nuevo más tarde para reunimos con él en el claustro.Al arrodillarme frente a él, dije »Padre Pío, ¿es cierto que la Virgen se está apareciendo a cuatro niñas en Garabandal?».. Y él dijo: «Sí.» Entonces le dije: «Padre Pío, ¿debo ir allá?» Y el respondió; «Sí. ¿Por qué no?» Y así es como pasó. Fue debido a que el Padre Pío me aseguró que la Virgen se estaba apareciendo aliá, y me permitió ir.

Después de esa primera visita a Garabandal en 1963, Joey Lomangino hizo muchas más. Se hizo amigo de Conchita y de las demás videntes, y al regresar a los Estados Unidos comenzó a difundir la historia del Padre Pío y de las apariciones de Garabandal. En 1968 fundó la organización de los Trabajadores de Nuestra Señora del Monte Carmelo (The Workers of Our Lady of Mount Carmel).
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
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).

Milagros por Intercesion del Padre Pio.

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Milagros por Intercesión del Padre Pío

Es muy difícil establecer una definición para la palabra “milagro”. Los Milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. También podemos decir que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen a ¡la voluntad de Dios!

Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero tenemos que prestar  atención a la naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de todo milagro.
 

Un milagro que se ha atribuido como el primero  del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día en que él fuè al bosque a coleccionar los alazanes en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Tía Daría días después,  estaba buscando algo en un cajón dónde su marido normalmente tenía  polvo. Era de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente;  el cajón se incendió. Tía Daría fuè alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarrò la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la  puso en la cara. Inmediatamente, su dolor desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían en su cara.

 

Durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron antes de  sentarse a comer. El Padre Pío entró en la Iglesia, y  rato después  regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: “¿Dónde usted ha encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dìò un peregrino en la puerta”. Nadie habló,  pero todos pensábamos que sólo el  Padre Pío  podía encontrar a ese peregrino.

 

Una vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de organizar  el personal para la Sagrada Comunión. Por esta razón habían  solamente unas pocas personas  disponibles. Pero después que terminó de confesar; el Padre Pío organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y permaneciendo  en el servicio, fueron mucho más de las que anteriormente habían.

 

Una hija espiritual del Padre Pío estaba leyendo una carta del Padre Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta, hasta el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se  detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la mujer pudo recuperar su carta. El día, en que  después ella encontró al Padre Pío éste  le dijo: “Usted tiene que prestar más atención al viento la próxima vez. Si yo no hubiera puesto mi pie en la carta, ésta se hubiera perdido.”

 

La señora Cleonice, hija espiritual del Padre Pío dijo: – “Durante la segunda guerra  mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto.  Sus padres pensaban lo mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario.  “Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que UD no me conteste”. El  Padre Pío simpatizó con ella  y teniendo piedad de sus lágrimas le dijo: “Levántese, y quédese tranquila”.  “Días  después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre Pío. Yo dije fielmente: “voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián llevarán le llevarán la carta. “El Padre Pío no contestó, yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para por la mañana siguiente entregarla al Padre Pío.  Para mi gran sorpresa,   asombro y miedo; la carta se desapareció. Inmediatamente le dì gracias al Padre Pío y él me dijo: “Dé sus gracias a Nuestra Señora”. Casi quince días después nuestro sobrino contestó  la carta.  Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío.”

 

Durante la segunda guerra  mundial, el hijo de  la señora Luisa; Oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su madre; pues ésta oraba todos los días por la conversión  y la salvación de su hijo. Un día llegó un peregrino inglés a San Giovanni Rotondo, y trajo algunos periódicos ingleses. Luisa quiso leerlos. Ella leyó la noticia del hundimiento del barco en que su hijo viajaba Llorando va a ver al Padre Pío quien la consoló inmediatamente: ¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto? De hecho, el Padre Pío; le pudo explicar exactamente el nombre y la dirección del hotel en dónde estaba su hijo, después de que él escapó del naufragio en el Atlántico. Él se acomodó en ese Hotel, mientras esperaba un nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta; y a los 15 días,  su hijo le respondió.

 

Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar  al Padre Pío y pedirle ayuda.  Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos, nada más!  Algunos días después, al principio de la Séptima hora,  las cosas cambiaron. De hecho él  pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: “Ella  se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío. Él les contestó: “Ella  resucitará” y  fuè al altar para dar la Santa Misa. Cuando el  Padre Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y  oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. “Ella resucitó”. De hecho el  Padre Pío no había dicho, “ella se recuperará” sino “ella resucitará”. Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: “Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz,  y de pronto regresé.

 

Testimonio de una madre: “Mi primera hija,  nació en 1953; el  Padre Pío, le salvó la vida en forma repentina y milagrosa, hace 18 meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa  y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente,  y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse debido a su estado de suma gravedad… Por esta razón él no nos dio ninguna medicina.  Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fuè; invoqué fuertemente al Padre Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba  para llevarla al hospital, ya casi era la hora del medio día; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó “Mamà, mamà, ya no tengo ninguna herida”. ¿Y quién ha desaparecido tus heridas, pregunté asustada y con gran  curiosidad? Ella contestó. “mamà el Padre Pío vino, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura”. Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba completamente sano, y pensar que unos minutos antes el medico la desahució.

 

Los campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente millones de orugas voraces llegaron y devoraron  las hojas y  las flores.  No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa invasión, los campesinos  estaban muy preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso económico – decidieron contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía una hermosa  vista de  los árboles a través  de su ventana  en el convento y  decidió bendecirlos.  Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando  terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en  dirección a los árboles. De inmediato desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían desaparecido,  los árboles de  almendras,  parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la cosecha  estaba perdida.  ¡Lo que pasó luego es realmente increíble!  Teníamos de repente la cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales habíamos tenido una cosecha así. Los científicos nunca han podido dar una explicación a éste fenómeno.

 

En el jardín del convento habían varios tipos de  árboles; los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer  ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío se molestó por la sinfonía, y  mirando a los pájaros les dijo: “silencio “  En ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron callados.  ¡Las personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre Pío había hablado a los pájaros, al igual que  San Francisco.

 

Otro testimonio, de un señor que contó: “Mi madre vino de Foggia y era una de las primeras hijas espirituales del Padre Pío. Ella le había pedido al Padre Pío la conversión  y protección  de mi padre”; cuando en abril de 1945 lo iban a fusilar. Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto viô al padre Pío delante de él  para protegerlo. El comandante del pelotón dìò  la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón; apuntó  de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo mismo. Los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a  casa y se convirtió, recibió  los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera mi madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre Pío: ¡la conversión de su marido!

 

Testimonio del Padre Honorato: “Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo  en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar  al Padre Pío y  besar su mano. Debe tenerse en cuenta que mi modelo de  motocicleta se llamaba  “avispa”. Al verme el Padre  Pío me dijo: “Muchacho,  ¿la “avispa” lo pinchó? ” Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había visto cuando  llegué al convento, pero él sabía qué tipo de transporte yo usaba. La mañana siguiente  de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo con mi “avispa”  y partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo. El tanque de gasolina iba vacío, por lo que  nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo. Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil… Pero sin la gasolina, a  los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer  ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con  tristeza  le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dìò un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos  la razón  de porque la motocicleta había arrancado sin  gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento  la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la gasolina! Yo entré  al convento mientras los hermanos estaban bajando para el almuerzo, y cuando  Fui a buscar  al padre Pío, éste; se quedó mirándome y se reía.

 

En mayo de 1925.  María tenía su bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás  se podría recuperar.  María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre Pío, del fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía  milagros, a los enfermos y daba  esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran fe e  inmediatamente se fuè de viaje, pero durante el trayecto  el bebé se murió. Ella había vigilado su cuerpecito toda la noche, y lo puso en la maleta y la  cerró…  Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San Giovanni Rotondo.  ¡Ya no había ninguna  esperanza! El niño estaba muerto. Pero Maria no había perdido su fe. Por la tarde  estaba delante del Padre Pío. Se encontraba en la  fila de la confesión y tenía en sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. Se había muerto veinticuatro horas antes. Se arrodilló delante del Padre Pío y  lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de su hijo  al Padre Pío. El pobre Padre se condolió hasta las entrañas por el dolor de ésta madre. Tomó el pequeño cuerpo y puso sus manos estigmatizadas en su cabeza, y entonces  oró mirando al cielo. Después de un rato, la  pobre criatura  estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de los pies, los brazos… parecía dormido y simplemente se despertó después de un sueño largo. Hablando a la madre le dijo: “¿Mima, por qué usted está llorando? Su hijo está durmiendo ” La madre y los gritos de la muchedumbre llenaron  la iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro!

 

Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando decide irse comenzó a llover… Así que él le dijo al Padre Pío: “Yo no tengo ningún paraguas ” “¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana? Si no,  me mojaré.” – “Yo lo siento mi estimado, no es posible. ¡Pero no se preocupe! ¡Yo lo acompañaré! “le contestó el  Padre Pío. Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar dos millas entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él salió  viô con sorpresa que ya no estaba lloviendo. Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa. “Mi Dios”, la mujer exclamó, cuando abrió la puerta “Usted también debe estar  mojado hasta  los huesos”  “en absoluto” el ingeniero contestó – “no está lloviendo”. Los campesinos que estaban enmudecen: “¿Qué! ya no está lloviendo? ¡Está vertiendo! ¡Escuche! “ellos abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo demasiado fuerte Y le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin  interrupción. “¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? Ellos le preguntaron. El ingeniero contestó: “El Padre Pío me dijo, que me acompañaría”; entonces, los campesinos comprendieron que había sido un milagro más  del Padre Pío. “Ahora todo está claro, y se encontraron en la cocina para cenar cuando la mujer dijo: “Con seguridad la compañía del Padre Pío es mucho mejor que un paraguas ”

 

Un señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo: “Hacia el fin de los años 1950, yo fuì a San Giovanni Rotondo con mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después del consejo del Padre Pío y  efectuada la penitencia. Por la tarde  estaba todavía en el convento y el Padre Pío me viô de nuevo y me dijo: ¿Usted todavía está aquí?  “Mi ratón no arrancó” le contesté: ¿Qué es exactamente el ratón? el Padre Pío preguntó “Es mi automóvil” contesté. “Vamos y démosle una mirada” me dijo. Él me invitó a dejar el monasterio, cosa  que nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico.  Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando  le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible  cubrir doscientas millas, entre San Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquél estado, entonces yo comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado.

 

Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta 3 días. Así durante la  Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente  decidió decirle   su problema, y pidió en ese instante la ayuda del Padre Pío a Nuestra Señora. Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para hablar con él… Finalmente ella logró  alcanzar el corredor por donde el pasaría. En cuanto el padre Pío la miró, le dijo: “mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí, a  mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo està bien. Cuando llegò a su casa; su esposo estaba completamente sanado.

 

En la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953, se puede leer esta anotación.

“Esta mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de su confesión ella le ha preguntado al Padre Pío por su vista. El Padre le ha contestado: “Ten fe y ruega mucho”. En el mismo instante la joven chica vio al Padre Pío: el rostro, la mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los estigmas.  La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre Pío acerca del milagro y él dijo: “Demos gracias a Dios.”

Luego la joven los preguntó al padre Pío si tendría la vista completa y contestó: “poco a poco vendrá todo.”

Fuente: www.padrepio.catholicwebservices.com
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

Anecdotas del Padre Pio de Pietrelcina.

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Anécdotas del Padre Pío de Pietrelcina

CUIDA POR DÓNDE CAMINAS!

Un hombre fue a San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío pero era tal la cantidad de gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado.
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos inhalando el exquisito olor. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que estaba al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del padre hubiera seguido caminando… Decidió ir inmediatamente a San Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo:- “¡Hijo mío! ¡Cuida por dónde caminas!”.
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DEBAJO DEL COLCHÓN

Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: -“Pues mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del padre debajo de su colchón.
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre. Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”.

LOS CONSEJOS DEL PADRE PÍO

Un sacerdote argentino había oído hablar tanto sobre los consejos del Padre Pío que decidió viajar desde su país a Italia con el único objeto de que el padre le diera alguna recomendación útil para su vida espiritual. Llegó a Italia, se confesó con el padre y se tuvo que volver sin que el padre le diera ningún consejo. El padre le dio la absolución, lo bendijo y eso fue todo. Llegó a la Argentina tan desilusionado que se desahogaba contando el episodio a todo el mundo. “No entiendo por qué el padre no me dijo nada”, decía, “¡y yo que viajé desde la Argentina sólo para eso!” “-El Padre Pío lee las consciencias y sabía que yo había ido con la esperanza de que me diera alguna recomendación”, etc, etc. Así se quejaba una y otra vez hasta que sus fieles le empezaron a preguntar: “Padre, ¿está seguro que el padre Pío no le dijo nada?¿no habrá hecho algún gesto, algo fuera de lo común??”. Entonces el sacerdote se puso a pensar y finalmente se acordó que el Padre Pío sí había hecho algo un poco extraño. “-Me dio la bendición final haciendo la señal de la cruz sumamente despacio, tan despacio que yo pensé: ¿es que no va a acabar nunca?”, contó a sus fieles. “¡He ahí el consejo!”, le dijeron, “usted la hace tan rápido cuando nos bendice que más que una cruz parece un garabato”. El sacerdote quedó contentísimo con esta forma tan original de aconsejar que tenía el Padre Pío.

EL VIGILANTE Y LOS LADRONES

“Unos ladrones merodeaban en mi barrio, en Roma, y esto me impedía ir a visitar al Padre Pío. Al final me decidí después de haber hecho un pacto mental con él: “Padre, yo iré a visitarte si tú me cuidas la casa…”.
Una vez en San Giovanni Rotondo, me confesé con el Padre y al día siguiente, cuando fui a saludarle, me reprendió: “¿Aún estás aquí? ¡Y yo que estoy sudando para sostenerte la puerta!”.
Me puse de viaje inmediatamente, sin haber comprendido qué había querido decirme. Habían forzado la cerradura, pero en casa no faltaba nada.”

NIÑOS Y CARAMELOS

“Hacía tanto tiempo que no iba a visitar al Padre Pío que me sentía obsesionada por la idea de que se hubiera olvidado de mí.
Una mañana, después de haberle confiado, como de costumbre, mi hija bajo su protección, fui a Misa. De regreso, encontré a la pequeña saboreando un caramelo. Sorprendida le pregunté quién le había dado el “melito”, como ella llamaba a los caramelitos, y muy contenta me señaló el retrato del Padre Pío que dominaba sobre el corralito donde dejaba a la pequeña durante mis breves ausencias.
No di ninguna importancia al episodio y no pensé más en él.
Después de algún tiempo, no logrando sacarme de la cabeza la idea de que el Padre Pío se hubiera olvidado de mí, pude finalmente ir a visitarlo. Inmediatamente después de la confesión, cuando fui a besarle la mano, me dijo riendo: “…¿también tú querías un “melito”?”.

UN CALVO

“No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío y le dije: “Padre, ruegue para que no se me caiga el cabello”.
El Padre en ese momento bajaba por la escalera del coro. Yo lo miraba ansioso esperando una contestación. Cuando estuvo cerca de mí cambió el semblante y con una mirada expresiva señaló a alguien que estaba detrás y me dijo: “Encomiéndate a él”. Me di vuelta. Detrás había un sacerdote completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo. Todos nos echamos a reír.

EL ZAPATAZO

Una vez un paisano del Padre Pío tenía un fuertísimo dolor de muelas. Como el dolor no lo dejaba tranquilo su esposa le dijo: “¿Por qué no rezas al Padre Pío para que te quite el dolor de muelas?? Mira aquí está su foto, rézale”. El hombre se enojó y gritó furibundo: “¿Con el dolor que tengo quieres que me ponga a rezar???”. Inmediatamente cogió un zapato y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la foto del Padre Pío.
Algunos meses más tarde su esposa lo convenció de irse a confesar con el Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se arrodilló en el confesionario del Padre y, luego de decir todos los pecados que se acordaba, el Padre le dijo: “¿Qué más recuerdas?” “Nada más”, contestó el hombre. “¿¿Nada más?? ¡¿Y qué hay del zapatazo que me diste en plena cara?!.”

EL SALUDO “GRANDE, GRANDE”

Una hija espiritual del Padre Pío se había quedado en San Giovanni Rotondo tres semanas con el único propósito de poder confesarse con él. Al no lograrlo, ya se marchaba para Suiza profundamente triste, cuando se acordó que el Padre Pío daba todos los días la bendición desde la ventana de su celda. Se animó con la idea de que por lo menos recibiría su bendición antes de partir y salió corriendo hacia el convento. Por el camino iba diciendo para sus adentros: “quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. Cuando llegó se encontró con que la gente se había marchado pues el Padre había dado ya su bendición, los había saludado a todos agitando su pañuelo desde su ventana y se había retirado a descansar. Un grupo de mujeres que rezaban el Rosario se lo confirmaron. Era inútil esperar. La señora no se desanimó por eso y se arrodilló con las demás mujeres diciendo para sí: “no importa, yo quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. A los pocos minutos se abrió la ventana de la celda del Padre y éste, luego de dar nuevamente su bendición, se puso a agitar una sábana a modo de saludo en vez de usar su pañuelo. Todos se echaron a reír y una mujer comentó: “-¡Miren, el padre se ha vuelto loco!”. La hija espiritual del padre comenzó a llorar emocionada. Sabía que era el saludo “grande, grande” que había pedido para sí.

UN NIÑO Y LOS CARAMELOS

Un niño, hijo de un guardia civil, deseaba tener un trencito eléctrico desde hacía mucho tiempo. Acercándose la fiesta de Reyes, se dirigió a un retrato del Padre Pío colgado en la pared, y le hizo esta promesa: “Oye, Padre Pío, si haces que me regalen un trencito eléctrico, yo te llevaré un paquete de caramelos”.
El día de los Santos Reyes el niño recibió el trencito tan deseado.
Pasado algún tiempo, el niño fue con su tía a San Giovanni Rotondo. El padre Pío, paternal y sonriente, le preguntó: “-Y los caramelos, ¿dónde están?”.

¡POR DOS HIGOS!

Una señora devota del Padre Pío comió un día un par de higos de más. Asaltada por los escrúpulos, pues le parecía que había cometido un pecado de gula, prometió que iría en cuánto pudiera a confesarse con el Padre Pío. Al tiempo se dirigió a San Giovanni Rotondo y al final de la confesión le dijo al padre muy preocupada: “Padre, tengo la sensación de que me estoy olvidando de algún pecado, quizá sea algo grave”. El Padre le dijo: “No se preocupe más. No vale la pena. ¡Por dos higos!”.

¿ESPERAS QUE ME CASE YO CON ELLA?

El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito.
El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: “¡¿En fin, quieres decir este “sí” o esperas que me case yo con ella?!”

¡PADRE, RUEGUE POR MIS HIJITOS!

Una señora muy devota del Padre Pío nunca se iba a dormir sin haberle encomendado antes a sus hijos. Todos las noches se arrodillaba frente a la imagen del Padre y le decía: “Padre Pío, ruegue por mis hijitos”. Después de tres años de rezar todos los días la misma jaculatoria pudo ir a San Giovanni Rotondo. Cuando vio al Padre le dijo: “Padre, ruegue por mis hijitos”. “Lo sé, hija mía”, le dijo el Padre, “¡hace tres años que me vienes repitiendo lo mismo todos los días!”.

¡Y TÚ TE BURLAS!

Una devota del Padre Pío se arrodillaba todos los días frente a la imagen del padre y le pedía su bendición. Su marido, a pesar de ser también devoto del padre, se moría de la risa y se burlaba de ella pues consideraba que aquello era una exageración. Todas las noches se repetía la misma escena entre los esposos. Una vez fueron los dos a visitar al Padre Pío y el señor le dijo: “Padre, mi esposa le pide su bendición todas las noches”. “Lo sé”, contestó el Padre, “¡y tú te burlas!”.

BILOCACIONES

PADRE PÍO REZA A SAN PÍO X

Una vez el Cardenal Merry del Val contó al Papa Pío XII que había visto al Padre Pío rezando en San Pedro frente a la tumba de San Pío X, el día de la canonización de Santa Teresita. El Papa preguntó al Beato Don Orione qué pensaba del asunto. Don Orione respondió: “Yo también lo vi. Estaba arrodillado rezando a San Pío X. Me miró sonriente y luego desapareció”.

PADRE PÍO EN URUGUAY

Monseñor Damiani, obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento. Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los últimos sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo le dijo:
“Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás algunos años más para gloria de Dios y bien de las almas”. “Bueno”, contestó Monseñor Damiani, “me iré pero si usted me promete que irá a asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y luego le dijo “Te lo prometo”.
Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su diócesis.
En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los obispos uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina pectoris. Hacia la medianoche el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su habitación que le dijo: “Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en el palacio espiscopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a varias personas.
En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su convento.
Hoy día hay en Salto una gruta que recuerda esta bilocación y desde allí el padre ha hecho varios milagros.

NOS HEMOS SALVADO POR LOS PELOS AQUELLA TARDE ¿EH GENERAL?

El General Cardona, después de la derrota de Caporetto, cayó en un estado de profunda depresión y decidió acabar con su vida. Una tarde se retiró a su habitación exigiéndo a su ordenanza que no dejara pasar a nadie. Se dirigió a un cajón, extrajo una pistola y mientras se apuntaba la sien oyó una voz que le decía: “Vamos, General, ¿realmente quiere hacer esta tontería?”. Aquella voz y la presencia de un fraile lo disuadieron de su propósito, dejándolo petrificado. Pero ¿cómo había podido entrar ese personaje en su habitación? Pidió explicaciones a su ordenanza y este le contestó que no había visto pasar a nadie. Años más tarde, el General supo por la prensa que un fraile que vivía en el Gargano hacía milagros. Se dirigió a San Giovanni Rotondo de incógnito y ¡cuál no fue su sorpresa cuando reconoció en el fraile al capuchino que había visto en su habitación! “Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General?”, le susurró el Padre Pío.

AMOR DEL PADRE PÍO POR SAN PÍO X Y PÍO XII

El Padre Pío solía decir que San Pío X era el papa más simpático desde San Pedro hasta nuestros días. “Un verdadero santo”, decía siempre, “la auténtica figura de Nuestro Señor”. Cuando murió San Pío X Padre Pío lloraba como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la guerra.

Una vez Padre Pío dijo a un sacerdote que iba para Roma: “Dile a su Santidad (Pío XII) que con gusto ofrezco mi vida por él”. Cuando murió Pío XII el Padre Pío también lloraba desconsoladamente. Al día siguiente de la muerte no lloraba más y entonces le preguntaron: “Padre, ¿ya no llora por el Papa?” “No”, contestó el padre, “pues Cristo ya me lo ha mostrado en Su gloria”.

Fuente: http://webcatolicodejavier.org
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

La Santa Misa explicada por San Pio de Pietrelcina.

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La Santa Misa explicada por San Pío de Pietrelcina

TESTIMONIO DEL P. DE ROBERT, HIJO ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO
Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.


Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta “marea negra” de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.

El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado…

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta “Hora”.

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el “momento” a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El “Por él, con él y en él” corresponde al grito de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombre en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: “Padre Nuestro…..”

La fracción del Pan marca la muerte de Jesús…..

La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte…) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.

La bendición del Sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno….

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino…lo que hago cada día…¡y con cuánta alegría!.

 
ASÍ HABLÓ EL PADRE PÍO SOBRE LA MISA EN UN REPORTAJE
En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así habló el Padre Pio» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.
En este presente trabajo sacamos algunos pasajes en los que el Padre Pío hablaba de la Santa Misa:

Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.

¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.

¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.

Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.

Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.

Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo -decía llorando.

¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.

Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una creatura humana. Y esto, a pesar de cada uno de mis faltas y por su sola bondad.

Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.

¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.

Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.

¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.

Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!

¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»…?
Llora conmigo de ternura.

Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus creaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.

Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
¡Hereje!

Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.

¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
Nadie.

Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.

Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.

¿No le distraen los ruidos?
Para nada.

Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
No seas malo… (no quiero que me preguntes eso…).

Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.

Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?

Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo…

Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.

En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?

¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.

Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.

¿A Vd. también se los clavan?
¡Y de qué manera!

¿También acuestan la Cruz para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.

Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.

Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.

¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
Sí.

¿En qué momento?
Después de la Consagración.

¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.

Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesus.

¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.

Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues… no lo siento.

Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?

¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.

Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?
El ser entero.

¿Qué hace Jesús en la Comunión?
Se deleita en su creatura.

Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿que quiere que le pidamos al Señor por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.

¿Sufre Vd. también en la Comunión?
Es el punto culminante.

Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.

¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.

Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.

¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.

¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.

Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.

Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.

Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!

¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.

Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?

¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.

¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?

¿Y los ángeles?
En multitudes.

¿Qué hacen?
Adoran y aman.

Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.

¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.

Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar…
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).

¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).

Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.

La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor. Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:

Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.

Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?

Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.

Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

Casos de Bilocacion del Padre Pio.

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Casos de Bilocación del Padre Pío

La Bilocación puede ser definida como la presencia simultánea de una persona en dos lugares diferentes. Numerosos testimonios unidos a la tradición religiosa cristiana cuentan varios sucesos de bilocación atribuidos al Padre Pío. Éstos son algunos testimonios:

La Señora María, hija espiritual del Padre Pío, contó que su hermano, una tarde, mientras oraba, se durmió. De repente fuè golpeado con una bofetada sobre la mejilla derecha y él tuvo la sensación de sentir que la mano que lo golpeó fuera cubierta por un medio guante. Pensó enseguida en el  Padre Pío y al  otro día después de la misa  se fue a saludarlo: “¿Es  lícito dormirse cuándo se ruega”?, contestó el  Padre Pío. Fue  el Padre Pío quien lo  “despertó”.

Un ex oficial del ejército, un día entró a la  Sacristía y mirando al Padre Pío le dijo “Es justo él, no se equivoca”. se acercó, cayó de rodillas y llorando repitió – Padre gracias  por salvarme  la vida en el campo de batalla. Sucesivamente el hombre contó a los presentes: “fui un Capitán de infantería y un día, sobre el campo de batalla, en una hora terrible de fuego, algo lejos de mí vi a un fraile, pálido y de  ojos expresivos, me dijo: “Sr. Capitán,  aléjese de  ese sitio” -  Inmediatamente corrí y antes de que llegara, al sitio dónde antes me encontraba, estalló una granada enorme que abrió un remolino. Me volví hacia el monje para agradecerle pero ya había desaparecido”.  El Padre Pío en bilocación le salvó la vida.

El Padre Alberto,  a quien el Padre Pío conoció en 1917, contó: “Vi hablar al Padre Pío mientras se encontraba de pié cerca de la ventana con la mirada fija sobre la montaña. Me acerqué a él  para besarle la mano pero él no se dio cuenta de mi presencia y  tuve la sensación de  que su mano estaba entumecida. En aquel entonces lo escuché que con voz muy clara, en el momento en que dio la absolución a alguien. Después de un instante el padre se sacudió como si se se despertara. Volteándose hacia mí, me dijo: – ¿Estáis aquí?, no me enteré de ello -. Algún día después llegó de Turín un telegrama de agradecimiento al Padre Superior por haber mandado al Padre Pío a asistir a un moribundo. Del telegrama se pudo intuir que el moribundo estaba muriendo en el momento en que el Padre Pío en San Giovanni Rotondo, pronunció las palabras de absolución. Obviamente el Superior no envió al Padre Pío al moribundo, sino que el  Padre Pío lo visitó en bilocación. 

Una familia americana vino de Filadelfia a San Giovanni Rotondo, en el 1946, para agradecer al Padre Pío. El hijo piloto de un avión de bombardeo, en la II Guerra Mundial, fue salvado por el Padre Pío en el cielo en el Océano Pacífico. El avión cerca de aterrizar en el  aeropuerto, después de haber efectuado un bombardeo, fue golpeado por los cazatorpederos japoneses. “El avión” – contó el hijo, “Se precipitó y estalló apenas que la tripulación pudiera tirarse en paracaídas. Solamente yo, no sé como, logrè salir a tiempo del avión. Traté de abrir el paracaídas pero no se abrió; me habría estrellado, por tanto, al suelo si de repente no hubiera comparecido un fraile con la barba que tomándome entre los brazos me depuso dulcemente delante de la entrada del mando de la base.  Imagináis el estupor que provocó mi cuento. Fue increíble pero mi presencia “obligó” a  todos a creerme. Reconocí al fraile que me salvó la vida cuando, un día, mandado con permiso, llegué a casa y  mi madre me enseñó la fotografía del Padre Pío, el fraile a cuya protección en sus oraciones y lágrimas de madre me había encomendado. ¡Qué grande e importante es la oración de una madre!

Una señora, mujer de un empresario naval, era huésped de su hija en Bolonia. Tenía un tumor maligno  en un brazo y la señora con la ayuda de su hija decidió hacerse operar. El cirujano aconsejó tener paciencia y  esperar, por lo tanto  posteriormente fijaría la fecha para la intervención quirúrgica. En la espera el marido de la hija mandó un telegrama al Padre Pío; suplicando por la salud de su suegra. A la hora en que el telegrama llegó a manos del Padre Pío, la señora, que estuvo sola en el cuarto de estar de la casa de la hija, vio abrir la puerta y entrar a  un fraile capuchino. “Soy  el Padre Pío de Pietrelcina” le dijo. Después de  preguntarle  algunas cosas del cirujano, la  exhortó a tener confianza en la Virgen, el Padre Pío  le hizo una señal de  la cruz en el brazo, por lo tanto, saludándola, salió. La señora llamó a la camarera, la hija y el yerno. Preguntó porque hicieron entrar al Padre Pío sin anunciarlo, pero  le contestaron que no  lo vieron y que, en todo caso, no abrieron la puerta a nadie. Al día siguiente el cirujano visitó a la señora para prepararla para la operación, pero no encontró ningún tumor. El tumor se desapareció apenas el Padre Pío le dio la bendición.

El obispo que el 10 de agosto de 1910, en la catedral de Benevento, fue preparado para la muerte por el Padre Pío que, en bilocación, fue a hacerle una visita.

Hasta el beato don Orión declaró  lo siguiente sobre la bilocación del Padre Pío: “En la Basílica de San Pietro, en la ceremonia de beatificación de Santa Teresa del Niño Jesús, estaba también  el Padre Pío, en bilocación. Lo vi venir hacia mí, sonriendo. Fui a su  encuentro,  a través de la muchedumbre, pero cuando llegué, él desapareció.”

El Padre Pío en bilocación celebró una Misa en la Capilla de un monasterio de monjas en Checoslovaquia, en 1951. Después de la celebración de la Misa las monjas fueron a  la Sacristía para ofrecerle al Padre una tacita de café y darle las gracias por la Misa y la inesperada visita, pero en la Sacristía no había nadie. Las monjas pudieron constatar así que;  el Padre Pío fuè a efectuar  la Santa Misa  en bilocación. 

El Padre Pío, en bilocación, dio la Misa al primado de Hungría, en la  cárcel, en Budapest, en 1956. Alguien, que  conocía del episodio preguntó: “Padre Pío,  UD le ha dado la Misa y le ha hablado, pero entonces, si  UD ha estado en cárcel, y lo ha visto” – “Cierto, si le he hablado también lo he visto”… contestó el Padre Pío.

La Madre Esperanza, fundadora de las Criadas del amor Misericordioso, contó de haber visto al Padre Pío, por un año entero, todos los días en Roma. Sabemos muy bien que el Padre no ha estado nunca en Roma, si no una vez para acompañar a la hermana que decidió entrar al monasterio de clausura en el año  1917. Estuvo en bilocación todos los días. 

El General Cadorna, después de la derrota de Caporetto cayó en un estado de depresión severa  y decidió  suicidarse. Una tarde se  encerró en su habitación  y dìò  orden a su ordenanza de no dejar pasar a nadie. Entrado en su habitación, extrajo de un cajón una pistola y mientras se estaba apuntando a la sien oyó una voz que le dijo: “General, ¿no querréis cumplir en absoluto esta tontería”? Aquella voz y la presencia de un Fraile apartaron el General de su propósito, dejándolo petrificado. ¿Pero, como fue que pudo entrar este personaje en su habitación? Pidió explicaciones al ordenanza pero  le contestó  no haber visto pasar a nadie. Años después, el general, se enteró por la prensa, que un Fraile que vivía sobre el Gargano hacia milagros. Se fuè de incógnito a San Giovanni Rotondo y con gran asombro al fraile capuchino  aquella tarde reconoció. “Ha corrido un riesgo enorme  aquella tarde, ¿eh general?”, le dijo el  Padre Pío.

El Padre Agostino escribió: “puesto que una monja de Florencia me dijo que, después de la comunión, el Padre Pío se le apareció para confortarla y bendecirla, yo quise preguntarle al Padre Pío. 

´¿A menudo haces también viajes hasta Florencia? una monja ha dicho esto´.

El padre me contestó humildemente que fue a Florencia en bilocación”.

La última bilocación conocida del Padre Pío fue la tarde anterior al día de su muerte. El Padre Pío fue a saludar a Génova al cofrade Padre Humilde que se accidentó por una caída ocurrida el 29 de agosto de 1968.

Hacia las 16.30 del 22 de septiembre 1968 sor Ludovica va a ver al padre Humilde para llevarle una taza de té. La religiosa siente un fuerte perfume de flores que inunda todo el entorno. Como ella no conoce el origen del perfume, mira al fraile por una explicación.

El Padre Humilde con espontaneidad le dice: “el Padre Pío ha venido a saludarme y me ha dado su último adiós.”

Al día siguiente se difunde la noticia de la muerte de Padre Pío.

Fuente www.padrepio.catholicwebservices.com

 

Es conocido el caso de una muchacha que insistía en confesar el mismo pecado una y otra vez. El Padre Pío, luego de advertirle en repetidas ocasiones que Dios ya había perdonado esa falta, y que no debía confesarla más, y ante la desobediencia de la joven, le dijo claramente que si volvía a confesar el mismo pecado iba a recibir un cachetazo. La muchacha, conociendo el temperamento del Santo del Gargano, pero no pudiendo resistir la tentación, confesó su pecado a otro sacerdote en Roma. De inmediato, y ante su sorpresa, recibió un cachetazo en pleno rostro.

Un día, el Ingeniero Todini, de Roma, se quedó hasta muy tarde en San Giovanni Rotondo. En el momento de partir, se dio cuenta de que llovía a torrentes. Pidió entonces al Padre Pío permiso para pasar la noche en el monasterio, pero este se negó.
Padre, dijo entonces el Ingeniero, ¿cómo voy a hacer para volver al pueblo sin paraguas?. Me voy a mojar hasta los huesos!. Yo lo acompañaré, repuso el Padre.
El señor Todini se despidió. Antes de abrir la puerta que da sobre la plaza, oyó la lluvia azotar la calle. Se subió el cuello del sobretodo, se encasquetó el sombrero para que el viento no se lo llevara, y salió. Una ráfaga violenta lo embistió, pero por sorpresa suya, solo le cayeron unas pocas gotas de lluvia. Qué fastidio, vendrá empapado!, le gritaron sus huéspedes no bien entró. Pero si apenas llueve!. Vamos!, cómo que apenas?. Si parece el diluvio universal!. Toldini entonces les mostró que traía la ropa completamente seca, quedando todos estupefactos.

La “bilocación de la voz” es un fenómeno frecuente en él. Sus hijos espirituales, y hasta personas extrañas a él, le han oído a grandes distancias dar noticias o consejos, y hasta amonestaciones, especialmente en medio del sueño, y han oído esa voz suya en forma clara y comprensible, pero sin ver al Padre Pío.

El 8 de mayo de 1926 una docena de fieles venidos de Bolonia esperaban al Padre en el vestíbulo del monasterio. Recordemos que en 1926 no existía la puerta que comunica directamente la sacristía con el monasterio, de modo que el Padre estaba obligado a pasar por la iglesia si quería ir a la sacristía donde él confiesa.
Pasaron horas de vana espera. Luego se acercó al grupo un capuchino: “¿Buscan al Padre Pío?, hace ya rato que está confesando”. ¿Cómo era posible, si ellos habían vigilado la entrada durante tres horas largas?. Hay que pensar que se había hecho invisible, y no era esa la primera vez.

Se recuerda la aventura de un actor venido en auto desde Foggia con otros miembros de su compañía. Su actitud era insultante. A ver, ¿dónde está ese Padre Pío?, preguntó con un tono arrogante. Quiero que me convierta, quiero confesarme. Y dejando a sus compañeros a las carcajadas entró a la iglesia. Le dijeron que el Padre debía estar en la sacristía. Pero no se le encontró ni en ésta ni en su celda, ni en el locutorio ni en el jardín. Imposible hallarlo. A fin de cuentas, el hombre gruñó, cansado de esperar: está bien, me voy. Lástima!, me hubiera gustado ver si este fraile era capaz de convertirme.
No bien partió el automóvil, los fieles se encontraron de frente con el sacerdote. Padre, ¿dónde estaba?, hemos registrado por todas partes. Yo estaba aquí, hijos míos, he pasado tres o cuatro veces delante de ustedes, pero no me vieron. Los fieles de San Giovanni comprendieron y se abstuvieron de hacer comentarios.

En San Martino de Pensilis, los miembros de la Tercera Orden tenían costumbre de reunirse en casa de uno de ellos por turno. Una noche, la reunión tuvo lugar en el lugar del Comisario Trombetta. Su hijito Juan corrió de pronto a refugiarse en las faldas de su madre, diciendo: Mama, tengo miedo, el Padre Pío está allí!. ¿Dónde, dónde?, preguntó la madre. Allí, allí, respondió el niño, señalando a un punto. Ah! , ya se ha ido!. “La historia de Juanito” llegó a oídos de quien era su protagonista. Veamos Padre, ¿era realmente usted?. ¿Y quien querían que fuera?, contestó él con tono de fastidio. Siempre se muestra disgustado e intimidado cuando hace alusión a sus dotes sobrenaturales. Pero con la falta de tacto que caracteriza a los paisanos, los buenos vecinos de San Martino, vuelven a la carga. Padre, ¿entonces usted estaba “realmente” en nuestra reunión?. Y la respuesta fue: Cómo!, ¿lo dudan todavía?.

La señora de Devoto, de Génova, estaba seriamente enferma y con la amenaza de que le amputaran una pierna. Una de sus hijas rezaba en un cuarto vecino, pidiendo que se evitara esa operación e invocando la ayuda del Padre Pío. De pronto éste apareció en el umbral de la puerta. El deseo de obtener una gracia para su madre obnubilaba a tal punto la mente de la joven, que ella ni se preguntó cómo podía estar el Padre en Génova estando en San Giovanni, a varios cientos de kilómetros, ni se le ocurrió dudar de lo real de su presencia. Arrojándose a sus pies, le suplicó: “Oh, Padre, salve a mamá!”. El santo la miró y le dijo simplemente: “Espere nueve días”. Ella iba a pedir una explicación, pero al levantar la vista de nuevo sólo vio la puerta cerrada.
A la mañana siguiente pidió a los médicos que aplazaran la intervención quirúrgica, y ni las advertencias ni los consejos ni las súplicas de sus parientes, ni el mismo estado de la paciente que se agravaba por momentos lograron disuadirla. Al décimo día, cuando los cirujanos examinaron a la enferma, cuál no sería su estupefacción al comprobar que la herida de la pierna estaba completamente cicatrizada y la señora estaba en vías de restablecimiento. Unas semanas más tarde la familia toda se dirigió a San Giovanni para agradecer al Padre la merced que les había alcanzado. Pero nuestro hombre no quiere que se agradezca nada: “Id a la Iglesia a dar gracias a Dios y a la Virgen!”, es su abrupta manera de rechazar todo agradecimiento.

Telegramas, mensajes telefónicos, cartas de todas las especies, y numerosos testigos oculares atestiguan sus bilocaciones en Italia, Austria, Uruguay, Estados Unidos.

Para la inauguración de su capilla privada, en la Vía Tritone 56, en Roma, la Condesa Virginia Sili había mandado muchas invitaciones, entre otras a su primo, el Cardenal Gasparri y al Cardenal Sili, su cuñado. La condesa y sus invitados estaban discutiendo el nombre que le darían al oratorio, cuando un novicio entró en la habitación trayendo un relicario que contenía un fragmento de la Cruz de Cristo. Anoche, explicó el joven, el Padre Pío se me apareció en carne y hueso y me ordenó que trajese a la condesa ésta reliquia por la mañana, antes de la consagración de la capilla. Días más tarde, la Condesa se presentó en San Giovanni Rotondo, y escuchó de labios del capuchino la confirmación de ese relato.

Se sabe que San Martín de Porres fue visto en Manila, en África, en Francia y en otras cincos partes al mismo tiempo. Y la explicación que dio cuando se la pidieron, fue ésta: “Si Jesús multiplicó los panes y los peces, ¿acaso no podría multiplicarme también a mi?”.

La señora Concepción Bellarmini, de San Vito Luciano, sufrió de pronto un envenenamiento de sangre seguido de una bronconeumonía. La infección le provocó una ictericia terrible, y los médicos la desahuciaron. Una pariente le aconsejó que confiase su situación al Padre Pío, a quien ella no conocía. Así lo hizo, y de pronto se le apareció a plena luz un fraile estigmatizado que le sonrió y la bendijo sin tocarla. La enferma le preguntó entonces si su venida era señal de que había logrado la conversión de sus hijos o su próxima curación. El capuchino afirmó: “El domingo por la mañana usted estará curada” y luego se desvaneció dejando una estela de perfume.
Ya al día siguiente la piel de la enferma fue tomando un color normal, cedía la fiebre y pocos días después la señora pudo levantarse. Acompañada de su hermano, fue a San Giovanni para verificar la identidad de “su” fraile. Cuando divisó al Padre Pío en la iglesia, se dirigió a su hermano y le dijo al oído: “Es él, no hay duda de que es él”.

El Sr. Arturo Bugarini, de Ancona, cuenta que estando junto a su hijo muy grave, golpeaban en la espalda tres veces mientras una voz le murmuraba: “Soy el Padre Pío, soy el Padre Pío, soy el Padre Pío”. En el mismo momento lo invadió una ola de intenso calor, luego nada más. El niño se salvó.

El 21 de julio de 1921, Monseñor d’Indico de Florencia, estando sólo un su escritorio, tuvo la sensación de que había alguien detrás de él. Se dio vuelta y vio desaparecer un religioso. Interrumpiendo su trabajo, fue en busca de un sacerdote y le contó lo que acababa de ocurrirle. Este le habló de alucinaciones: Monseñor estaba mortalmente angustiado por la salud de su hermana que estaba agonizando. Cuando la fue a visitar, ésta (que estaba casi en coma), había visto al mismo tiempo que su hermano, entrar un fraile a su cuarto, acercarse y decirle: Nada tema. Mañana su fiebre habrá desaparecido y dentro de pocos días ya no quedarán ni rastros de su enfermedad. Pero, Padre, ¿quién es usted entonces?, ¿un santo?. No, repuso el religioso, soy una criatura que sirve al Señor y soy dispersor de sus auxilios. Padre, permítame besar su hábito. Bese mas bien el signo de la Pasión, replicó mostrándole las manos. Y después de bendecirla, desapareció. Inmediatamente la enferma se sintió mejor, y ocho días después estaba sana.

Durante el éxtasis, el Padre Pío se nos aparece como inhibido. Cuando vuelve en sí, diríamos que sale de un síncope. Su cuerpo no reacciona ante ninguna excitación externa, luz enceguecedora, luces de magnesio, etc. Por eso resulta tan fácil sacarle cuantas fotografías se quiera mientras está oficiando: un estruendo de platillos lo deja impasible. Se le creería sordomudo. Santa Teresa escribe: “En la cúspide del éxtasis no se ve ni se oye nada”.

Monseñor Damiani, Vicario General De la Diócesis de Salto en el Uruguay, mantenía este diálogo en 1930 con su amigo el Padre Pío: Me gustaría morir aquí para que usted me asistiera en mis últimos momentos. Le contestó el Padre Pío: No, usted morirá en Uruguay. ¿Y usted irá a ayudarme a morir bien?. Naturalmente.
Durante ese mismo viaje, una mañana, Monseñor Damiani tuvo un ligero ataque cardíaco y al punto envió en busca de su amigo. Pero como estaba confesando, el capuchino no acudió al llamado. Cuando éste subió hacia mediodía, el prelado lo retó suavemente: Capuchino, ¿porqué no vino cuando lo mandé a llamar?, podía haber muerto. Hombre de poca fe, ¿no le dije que usted morirá en el Uruguay?.
Y veamos ahora el fin de la historia, contada en 1942 por el R. P. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo: En 1942, en la víspera de las bodas de plata sacerdotales del Obispo de Salto, Monseñor Alfredo Viola, que reunía en el Obispado al Delegado Apostólico y a cinco prelados, fui despertado a medianoche por un golpe dado en la puerta de mi cuarto.
Al entreabrirla, vi pasar un capuchino y oí una voz que me susurraba: “Vaya al cuarto de Monseñor Damiani, está muriéndose”. Me puse la sotana, desperté a algunos sacerdotes y fuimos al cuarto de Monseñor. Sobre la mesa de noche había una hoja de papel con unas palabras escritas de puño y letra: “El Padre Pío ha venido” (el Arzobispo conserva este testimonio). Cuando fui a Italia y vi al Padre Pío, le pregunté: “Padre, ¿era usted el Capuchino que yo vi la noche en que murió Monseñor Damiani?. El Padre pareció confuso, cuando le hubiera sido tan fácil negarlo. Como no insistí él sigue guardando silencio. Yo me eché a reír diciendo: “Ya comprendo”. Entonces movió la cabeza y dijo: “Si, usted ha comprendido”.

Ema Meneghetto, jovencita de catorce años, era epiléptica y sufría crisis varias veces por semana. Un día que oraba con fervor, se le apareció el Padre Pío, posó su mano sobre la colcha de la cama, le sonrió y desapareció. La epiléptica se sintió curada, se levantó para besar el lugar donde posara su mano el Padre Pío, y vio impresa una pequeña Cruz de sangre. Cortó el trocito de género y lo colocó bajo un farol de vidrio. La joven curada milagrosamente escribe que desde entonces ella ha obtenido numerosas gracias, especialmente la curación de bebitos a punto de morir.

La Señora Ercilia Magurno, mujer de mucha fe, había velado durante meses junto al lecho de su marido, sumamente grave de angina de pecho. Cierta noche invadió la habitación un penetrante perfume a flores, pero el enfermo seguía empeorando por momentos. Con dos días de intervalo, la señora envió dos telegramas al Padre Pío para implorar su intercesión, pues su marido estaba ya en coma. El 27 de febrero, el enfermo pareció dormirse con sueño profundo y sereno. A la mañana siguiente, al despertar, dijo a su mujer: Estoy curado. Me siento perfectamente. El Padre Pío acaba de dejarme. Por favor, abre los postigos y tómame la temperatura. No tenía ya ni rastros de fiebre. El Padre Pío vino acompañado por otro fraile, explicó el hombre, me examinó el corazón y me dijo: “Mañana se le habrá ido la fiebre y dentro de cuatro días podrá levantarse”. Luego miró los remedios que le daban, leyó las recetas y se quedó largo rato junto a mí. Como para confirmar este milagro, una fuerte fragancia de violetas flotaba todavía en la habitación. Cinco meses después, ambos esposos se dirigían a San Giovanni, y el ex-enfermo reconocía a su salvador. El Padre Pío se le acercó, le puso la mano en el hombro y con tono amistoso le dijo: “Como le ha hecho sufrir ese corazón!”.

Se cuenta que una joven inválida, curada providencialmente, quiso experimentar el don milagroso del Padre Pío y volvió a visitarle simulando su enfermedad pasada. Vuelve a tu casa, le dijo el sacerdote dándole un golpecito en la espalda, vete sin perder tiempo, pues ya sabes que estás perfectamente sana y no se debe tentar a la divina misericordia.

Durante la segunda guerra mundial los norteamericanos instalaron una base aérea a algunos kilómetros de San Giovanni, cuando todavía había alemanes en la región. Llegó a la base la noticia de que allí había un depósito de municiones enemigas, y de inmediato se despachó un bombardeo con el pueblo del Gargano como objetivo. El piloto a cargo de la misión estaba preparándose para lanzar las bombas, cuando ve junto a su avión en pleno vuelo a un monje con hábito capuchino, que con ambas manos le decía: “NO”. El piloto, aterrado, soltó las bombas en el campo y volvió a su base. Cuando narró la historia al oficial a cargo de la base, un italiano del lugar que escuchaba le dijo que allí había un famoso cura milagrero. Juntos fueron a San Giovanni, y grande fue la sorpresa de todos cuando el piloto, viendo al Santo del Gargano, exclamó: es él!.
(
Envío de Josep Puig
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http://forosdelavirgen.org
).

Entrevista al Padre Cristóforo Bove, experto en Bilocación.

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Entrevista al Padre Cristóforo Bove, experto en Bilocación

Entrevista realizada por Javier Serra en julio de 2007 en la Congregación para las Causas de los Santos de Roma, y publicada en www.masalladelaciencia.es

El relator para las Causas de los Santos, Cristóforo Bove, franciscano, pertenece a una élite de varones del Vaticano responsables de dar luz verde o cerrar el paso a los cientos de candidatos que esperan ocupar un lugar en los altares. Su trabajo consiste en examinar cuantas fuentes autobiográficas, biográficas, procesales, iconográficas o documentales existan sobre esos aspirantes.

Para redactar cada una de esas Positios el padre Bove se sirve de colaboradores externos. Son especialistas en cualquier rama del saber: desde traductores de idiomas extraños en los que un beato pueda haber hablado durante un éxtasis, a peritos calígrafos, médicos o periodistas. En 1983, cuando se creó la figura del relator, la Congregación para las Causas de los Santos contaba ya con un pequeño ejército de ellos. Estaba integrado por dos decenas de monseñores, sacerdotes y legos, veintitrés abogados y hasta un par de monjas mecanógrafas. Bove está hoy en la cima de ese equipo. Forma parte de un cuarteto de sabios que se reparte las tareas según el “grupo lingüístico” al que pertenezca el aspirante a los altares, con el fin de facilitar la recopilación de materiales en su lengua original.

 
EL HOMBRE QUE EXAMINÓ AL PADRE PIO
El padre Bove fue, por ejemplo, tuvo la responsabilidad de armar los ocho voluminosos tomos de pastas rojas de la causa de santificación del Padre Pio Tardó seis años. Y con razón. “Fue una causa complejísima”, dice ahora. “Sus fenómenos místicos, como los estigmas o su capacidad de videncia, tuvieron que ser estudiados a conciencia. Precisamente lo hizo un español, el padre Peralta.” Su caso me interesa particularmente. A fin de cuentas, el venerado capuchino de Pietrelcina es el último religioso contemporáneo, junto al ya santo brasileño Fray Galvão, al que Roma ha reconocido un extraordinario don que sigue desafiando a la ciencia: el de la bilocación. Y de eso, precisamente, fui a hablar con Bove a Roma.

 
ESTAR EN DOS LUGARES A LA VEZ
–Déjeme, primero, que le precise el propio término de bilocación –mi interlocutor habla lentamente, como si impartiera una lección magistral–. Fue acuñado en el ámbito de la literatura eclesiástica y tiene una clara orientación mística. Hoy se suele preferir el de “desdoblamiento corporal”. Así, la bilocación o desdoblamiento corporal es la simultánea presencia de un individuo en dos lugares a la vez.

Y añade,
–La bilocación así entendida consta de dos aspectos fundamentales: el primero es subjetivo, esto es, la bilocación tal y como es percibida por el sujeto. Por ejemplo, San Pio de Pietrelcina escribe a menudo a sus fieles y les confirma que ha ido a visitarles “en espíritu”; no se trata de una bilocación corpórea, sino subjetiva, percibida desde el interior del sujeto. Estas bilocaciones espirituales suelen estar rodeadas de una nebulosidad onírica, ligadas incluso a la fantasmogénesis o la capacidad de producción de imágenes según principios aún no establecidos por la ciencia. Ya en tiempos de San Agustín, en el siglo V de nuestra era, este escribió sobre un joven que mientras dormía iba a visitar a penitentes a las que no podía ver durante el día porque el acceso al beaterio en el que ellas se encontraban estaba prohibido a los varones. Nunca fue una bilocación absoluta; se trataba de un desdoblamiento subjetivo. Hay ejemplos en toda la literatura patrística, especialmente en la Alta Edad Media, a partir de los siglos XII, XIII y XIV.

El proceso de beatificación de Sor María Jesús de Ágreda, la monja de clausura barroca a la que se atribuyó la conversión de miles de indígenas americanos en el siglo XVII, no está en manos del padre Cristóforo Bove. El relator que lleva la causa de la llamada Dama Azul es el monseñor vasco José Luis Gutiérrez–nos dicen– es lento. Entre las miles de afirmaciones que este relator deberá investigar está la leyenda de que sor María Jesús –o su doble o “ángel”, como ella misma lo definió– llevó a América cálices y rosarios que distribuyó entre los indígenas… sin salir jamás físicamente de su convento en Soria. Hace algunos años, mientras documentaba mi novela La dama azul en Nuevo México, visité varias parroquias y misiones antiguas con objeto de estudiar las marcas de platería de sus cálices y custodias. De haber identificado solo una de origen castellano y haber probado una antigüedad anterior a 1680 –fecha de una revuelta indígena local que acabó con el saqueo de muchos templos–, estaríamos ante la prueba física definitiva de sus bilocaciones. Pero hasta el momento no se ha encontrado tal cosa. Mientras, algunos comunicadores católicos como Vittorio Messori han propuesto incluso a la monja de Ágreda como patrona del estado de Texas, donde también fue vista esa misteriosa Dama Azul que convirtió a tantos indios en el siglo XVII.

¿Y ha estudiado casos de bilocaciones objetivas?
–Ese es otro asunto. La bilocación objetiva, aquella testimoniada por terceros, es muy rara. Por lo general, sabemos de ella por gentes que han visto con sus ojos, casi tocado, a esa persona junto a ellos. En la vida del Padre Pio se recogen algunas decenas de estas. Unas son no controladas, otras sí. Le pongo un ejemplo. En 1917, un capitán del ejército italiano que se encontraba en el frente vio aparecer delante suyo a un fraile capuchino que le dijo: “Muévete hacia aquí. ¡Muévete! Ven junto a mí”. El militar, curioso, lo siguió y al instante una bomba estalló justo en el lugar en el que se encontraba un segundo antes. Aquel hombre, impresionado, acudió a San Giovanni Rotondo, el monasterio del Padre Pio, y comprobó que el fraile que le había salvado la vida estaba viviendo allí. Era, claro, San Pio. Cristóforo Bove se levanta para examinar uno de los tomos de la causa del capuchino y busca una de las páginas que tiene marcadas con un pequeño postit azul:

–Otro caso ocurrió durante la II Guerra Mundial. Muchos pilotos americanos que tenían la misión de bombardear la zona del Gargano, donde vivía el Padre Pio, afirmaban que cada vez que sobrevolaban aquella área veían frente a ellos un fraile que les pedía que no la bombardearan. De hecho, no lo hicieron nunca. Más tarde, también ellos pudieron verificar que aquel fraile que se les manifestaba era el Padre Pio. Son muchísimos los casos en los que este santo se ha aparecido a penitentes y devotos y, aunque en general parecen bilocaciones objetivas, estas se producen en un entorno muy difuso en el que es difícil hablar de una objetividad absoluta.

Dígame, padre: ¿cuáles son las hipótesis para explicar este fenómeno?
–Algunas están vinculadas a la visión cosmogónica que cada uno de nosotros tiene. Por ejemplo, existen las hipótesis de la “doble alma” o del “cuerpo etéreo”, la espírita –que habla de fluidos emitidos por el cuerpo que consuman ese desdoblamiento– e incluso la hipótesis teológica. En la literatura mística se explica que estos casos obedecen a una intervención directa de Dios, un hecho sobrenatural que irrumpe en nuestro mundo.

¿Y si uno no cree en nada de eso?
También se han dado casos de bilocación fuera del contexto cristiano o espírita, por ejemplo.
–Por supuesto –acepta con una sonrisa–. Este fenómeno no es exclusivo de los santos católicos. Relatos similares se cuentan entre personas fuera de ambientes religiosos. Y no es que la Iglesia tenga una doctrina sobre estos episodios; no estamos ante un asunto de fe. Es importante señalar que esta fenomenología ni siquiera es decisiva cuando abrimos un proceso de beatificación o de canonización. Se estudia, se tiene en cuenta en una vía marginal, pero no determinante. Lo que determina un proceso de esa naturaleza es siempre el ejercicio heroico de la virtud. Si atribuyéramos a todas las bilocaciones el contenido milagroso que se les suele conceder no haríamos una aproximación de estudio, sino de fe. –Muchos de estos fenómenos, como la bilocación, se interpretan en el mundo laico como pruebas de la existencia del alma.

¿Cuál es la posición de la Iglesia a ese respecto?
–Toda esta fenomenología, cualquiera que sea su hipótesis de estudio o de aproximación, pone de manifiesto la gran espiritualidad del ser humano. Esto es: que al hombre no podemos reducirlo solo a lo material. Nos dice que nuestra especie tiene esa profundidad, que en la tradición cristiana llamamos existencia del alma, de un principio vital que otras tradiciones religiosas contemplan del mismo modo. Esta fenomenología, sobre todo aquella ligada a los presuntos fenómenos demoniacos, metapsíquicos o místicos, representa una línea de frontera en la que predomina la fe. Nosotros hacemos filosofía y teología, pero siempre tras nosotros se encuentra el depósito de lo revelado. Tratamos de explicarnos las cosas, no de explicarlas. Por eso buscamos un mensaje ligado a la experiencia de la fe. Esta fenomenología, cuando no está excesivamente instrumentalizada, representa una búsqueda espiritual en torno al ser humano.

 
UN FENÓMENO MUY RARO
–Usted está trabajando ahora en más de un centenar de causas. ¿Se presenta con frecuencia en esos candidatos a la santidad el fenómeno de la bilocación?
–No. De hecho, se trata de un fenómeno bastante raro. En mi experiencia reciente lo he encontrado en su aspecto subjetivo en Fray Antonio Galvão. Él es el primer santo autóctono de Brasil, fallecido en 1822. Aunque también, claro, aparece en la alta personalidad de San Pio de Pietrelcina. Junto a ellos hay otras figuras de no menor envergadura que presentan, si no exactamente este fenómeno de bilocación, sí fenómenos de osmogénesis (como el olor de santidad) o ligados a la densidad de su experiencia mística… Pero no puedo adelantar nada en concreto porque las causas que tengo aquí –dice mirando de reojo a sus archivadores– están aún en fase de estudio.

¿Y desde cuándo hay constancia del fenómeno de la bilocación?
 –Tenga presente que esta fenomenología se reveló en ciertos ambientes de la Alta Edad Media y se desarrolló plenamente en el siglo XVI, con el acceso a la “fiesta” de la experiencia religiosa. En especial durante la eclosión del arte barroco, que condujo a la cristiandad a una especie de danza mística, una glorificación que hizo que se extendieran muchas vivencias extraordinarias entre los místicos. Por referirnos a España, tenemos a San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz, que experimentaron esta clase de vivencias y otras de carácter místico que aún hoy son objeto de estudio. Pero insisto en que mucha de esta fenomenología está ligada a la percepción cosmogónica que el sujeto tiene en ese período particular de la Historia. Pasamos de una cierta cultura medieval de la sangre, del penitente, de la flagelación, a una nueva cultura de buscar el camino hacia Dios a través del ascenso de la montaña, la espiritualidad del Carmelo… Una vía que se abandonará en el siglo XX a favor de otros fenómenos como la estigmatización, que supone una nueva cultura de la sangre. Estatuas que lloran, gentes que reciben los estigmas y un largo etcétera…

–Me llama la atención esa observación suya de que ciertos fenómenos físicos del misticismo están ligados a la época, como la bilocación al Barroco. ¿Ha encontrado usted alguna causa objetiva que pudiera haber impulsado esa clase de experiencias? ¿Existe alguna hipótesis concreta para explicar por qué en el Barroco se dispararon los casos de bilocación?

–Entre la Alta Edad Media y el Barroco, del siglo XIII al XVII, se asiste en la vida religiosa de la Iglesia al fenómeno de las clausuras más estrictas. Es un momento ligado a una estrecha observación de las reglas monásticas, muy común en el Quattrocento y el Cinquecento.En el Barroco, frente a la fantasmagoría del arte y la literatura, se impuso un aumento de la rigidez de las formas claustrales, es decir, un severo bloqueo del movimiento de personas en el interior de las instituciones religiosas. Nacen justo aquí, en ese ambiente de reclusión acentuadísima, esas bilocaciones subjetivas y objetivas de personas que se hacen presentes más allá de sus clausuras. Pongo un ejemplo: San José de Copertino, nacido en el sur de Italia en 1600 y muerto en 1663, quien en cierta ocasión mientras estaba orando se trasladó en bilocación hasta el cabecero de la cama de su madre, que estaba agonizando en Copertino, a 400 km de donde él se encontraba. La madre se alegró de ver a su hijo ausente y de que la asistiera en el momento de su muerte. Cuando emerge de esa experiencia interior, San José de Copertino le dice a su hermano: “Mi madre ha muerto”. “¿Cómo lo sabes?” –contesta el hermano. “La he asistido yo”, respondió.

 
LOS CASOS SON INCONTABLES
–Sí. Me llamó mucho la atención uno de inicios del siglo XVIII. Otro fraile, el beato Bonaventura da Potenza, vivió algo parecido a lo de San José de Copertino. Bonaventura dejó Nápoles para ir a su ciudad natal y atender a su madre moribunda. A mitad del viaje se dio la vuelta y le dijo a su compañero: “Es mejor que no vayamos, mi madre ya ha fallecido”. Le contó que él había estado allí y que la había visto. Yo creo que este fenómeno es una reacción frente a la excesiva clausura, la excesiva inmovilidad espacio-temporal en torno a la que se vertebraba la vida religiosa de ese tiempo. Es una hipótesis de carácter sociológico que explicaría por qué las bilocaciones fueron más frecuentes en los siglos XVI y XVII que en cualquier otra etapa de la Iglesia.

Nunca había escuchado una explicación así.
–Es un análisis personal al que vengo dando vueltas desde hace mucho…

Dígame: ¿se ha preocupado usted por buscar posibles explicaciones científicas al fenómeno de la bilocación?
–Sí. Hace casi veintiocho años que leo, experimento, estudio, observo, anoto y, francamente, sobre todo en la vida de los santos más recientes, me cuesta mucho encontrar episodios de bilocación objetiva a los que aplicar el método científico. De las subjetivas, en cambio, hay muchísimas. En cuanto a las primeras, muchos dicen haberlas experimentado, pero lo que divide a los estudiosos no es la veracidad de las bilocaciones, sino su modalidad. Por ejemplo, cuando algunas personas afirman que el Padre Pio comparecía ante ellas mientras él estaba en el convento y lo veían en un campo de batalla, en un avión o junto a su cama, hacen afirmaciones de carácter visual, relativas a uno solo de los sentidos. Dicen la verdad: ha habido una presencia en dos lugares a la vez de esa imagen corporal. Pero ¿de qué está hecha esa imagen? Por desgracia, no tenemos experiencias táctiles. Ninguno ha tocado. No contamos con una descripción objetiva de alguien que haya podido palpar a un bilocado, porque de haberlo hecho deberíamos enfrentarnos a otro problema: ¿dónde estaba, entonces, el cuerpo “verdadero”? ¿En el convento o junto a la cama del testigo? ¿En el campo de batalla o en la celda del religioso? Así pues, ninguna hipótesis científica resume aún lo que hay tras las bilocaciones; se quedan solo en la modalidad.

¿Tiene usted alguna idea?
–Bueno, tenemos la teoría de la “doble alma”, una idea extraña pero presente en la Edad Media; o la de que nos enfrentamos a un “cuerpo etéreo” que se desprende del físico; o la del fluido que produce un fantasma, o la de que estamos ante una realidad no cuantificable ni definible, protagonizada por unA meta-entidad, esto es, por un ser que va más allá del cuerpo y la psique. Una entidad sobre la que no se puede especular más porque faltan, lo repito, experiencias táctiles.

–Entonces, ¿la Iglesia no tiene pruebas para que demuestren la existencia de la bilocación?
–Lo que existen son pruebas sui generis que nos conducen a la opción, para los cristianos fundamental, de la fe. O a otras hipótesis, incluida la espírita, que se ha abierto camino incluso entre los autores más serios que se interesan por esta materia. No hablamos, pues, de pruebas científicas en el sentido espacio-temporal y cuántico, sino de algo, repito, sui generis. Como la Teología, que no es una ciencia propiamente dicha sino una ciencia sui generis. ¿Me comprende? Asiento. Definitivamente, el suyo es uno de los oficios más fascinantes del mundo.

 
NOMBRES DE ALGUNOS QUE EXPERIMENTARON BILOCACIONES
SOR MARÍA JESÚS DE ÁGREDA
Es la “campeona” de las bilocaciones. Entre 1623 y 1629 aseguró haberse desdoblado no menos de quinientas veces entre su convento de Soria y Nuevo México.

SOR MARÍA LUISA DE LA ASCENSIÓN
A la “monja de Carrión” se le atribuyó originalmente la evangelización en bilocación de Nuevo México, dada su amplia experiencia en este terreno. Luego se corrigió el error.

SAN FRANCISCO DE ASÍS
De este santo del siglo XIII se cuenta que llegó a estar a la vez en su convento italiano y predicando ante unos monjes en Arlés (Francia). Muchos miembros posteriores de su orden experimentarían ese don.

FRAY MARTÍN DE PORRES
Más conocido como Fray Escoba, vivió en la Lima del siglo XVII. Del primer santo negro de América son famosas sus bilocaciones: se dice que así era capaz de traer flores de Japón y colocarlas en su iglesia peruana.

SAN ALFONSO DE LIBORIO
Es otro virtuoso del Barroco. Nació a finales del siglo XVII en Nápoles. Célebre es su bilocación de 1774, en la que, mientras yacía en estado de coma en su celda, fue visto atendiendo al papa Clemente XIV

SAN JUAN BOSCO
El fundador de los salesianos tuvo una vida marcada por sus sueños premonitorios. Protagonizó varias bilocaciones en el siglo XIX, siendo visto en una de ellas, a la vez, en Turín y Barcelona.

TERESA NEUMANN
Esta “Sierva de Dios” en proceso de beatificación fue la primera mujer estigmatizada del siglo XX. Como el Padre Pio, además de las heridas de la crucifixión protagonizó episodios de bilocación subjetiva.

SAN PIO DE PIETRELCINA
Sus bilocaciones se han convertido en las más célebres del siglo XX, siendo especialmente comunes en tiempos de crisis como las dos guerras mundiales.

FRAY ANTONIO GALVÃO
Este franciscano vivió en el siglo XVIII en Brasil y fue recientemente llevado a los altares por Benedicto XVI. Entre sus méritos se cuentan varios casos de bilocación, el don de la profecía, la telepatía e incluso la levitación.

PADRE TIBURCIO ARNAIZ
Este jesuita vallisoletano vivió experiencias místicas de todo tipo a principios del siglo XX. Gozó, entre otros, del don de la profecía, de la sanación y de, al menos, un caso de bilocación, según consta en su proceso de beatificación.
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).

Que es el Don de Bilocacion.

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Que es el Don de Bilocación

La bilocación es la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares. 
Se han dado casos en la vida de los santos. Los más notables son: el Papa San Clemente, San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, Santa Ludwina, San
Francisco Javier, San Martín de Porres, San José de Cupertino, San Alfonso de Ligorio, San Juan Bosco y San Pío de Pietrelcina.

No hay ningún otro fenómeno de la mística que cause tantas dificultades como éste para poder explicarlo satisfactoriamente. Se han formulado muchas teorías
al respecto pero todavía ninguna de ellas ha logrado producir una luz definitiva en torno a éste fenómeno.

Santo Tomás de Aquino enseña que la presencia de un mismo cuerpo en dos lugares diferentes al mismo tiempo es contradictoria porque la materia ocupa unas
dimensiones específicas y no las puede ocupar en diferentes lugares simultáneamente.

Pero sí puede ocurrir que mientras un cuerpo está en un lugar, en otro lugar esté una representación o figura aparente del mismo. Esta representación puede
darse “sobrenaturalmente” (por intervención divina) o preternaturalmente, por intervención diabólica. Esta explicación no ofrece ninguna dificultad y es
una de las formas más aceptadas para explicar este fenómeno.

 
BILOCACIONES SOBRENATURALES

Los fenómenos de bilocación sobrenatural se dan por una representación sensible, hecha milagrosamente por Dios, en uno de los lugares de la bilocación.

La bilocación puede ser de dos maneras: o puramente en espíritu o bien en cuerpo y alma, es decir la persona completa.

Cuando se realiza únicamente en espíritu y va acompañada de aparición, la presencia de la persona es física en el punto de partida, y es puramente representativa
en donde tiene lugar la aparición, o sea, donde el espíritu se representa visiblemente revestido de un cuerpo.

Cuando la bilocación se hace en cuerpo y alma, la presencia de la persona es física allí donde el cuerpo y el alma se presentan y aparecen de una manera
visible, y es representativa en el sitio que la persona abandona.

En el primer caso, el cuerpo que el espíritu toma para hacerse visible a lo lejos representa a la persona que físicamente está en otra parte. En el segundo
caso, el cuerpo que parece permanecer en el lugar de origen, y que las personas creen que no se ha movido para nada, no es más que una representación de
la persona hecha por el ministerio de un ángel (o de otro modo desconocido por nosotros), mientras que la verdadera persona se ha trasladado en cuerpo
y alma a la otra parte.

Esta doble presencia, representativa en un lado, y física, del otro, es esencial a la bilocación de cualquier manera que se verifique, ya sea en cuerpo
y alma, o sea puramente en espíritu, pero de manera visible. También se debe insistir en que esta doble presencia de la que hablamos, la una física, la
otra representativa, supone necesariamente, para constituir verdadera bilocación, la traslación, es decir, el paso de la persona de un lugar a otro, ya
sea en cuerpo y alma, ya al menos en espíritu.

 
BILOCACIONES PRETERNATURALES

El fenómeno de la bilocación puede tener a veces, sin duda ninguna, un origen preternatural o diabólico. El demonio puede -permitiéndolo Dios- encargarse
de realizar la representación de la persona “bilocada” en uno de los lugares de la bilocación. “El contexto y las circunstancias que acompañan a esas bilocaciones
será el criterio diferencial para distinguirlas de las sobrenaturales, de acuerdo con las normas y reglas del discernimiento de los espíritus.”(Cf. P.
Serafín en su libro Principios de la Teología Mística p. 430.).

Los ocultistas, espiritistas, teósofos y otros se refieren a la bilocación como el Viaje Astral. El cuerpo físico, real, quedaría como muerto y el alma,
con su “Periespírito”, actuaría en otro lugar.

Los parasicólogos pretenden explicar la bilocación como algo natural. Hablan de ideoplastia, fantasmogénesis, ectoplasma. Pero no logran dar una explicación
razonable.

 
CASOS DE BILOCACIÓN

Estos son algunos casos de bilocación

San Alfonso María de Ligorio - Del proceso de canonización

“El venerable siervo de Dios, en cuanto residía en Arionzo, un lugarejo de su diócese, en 21 de septiembre de 1774 sufrió un desmayo. Quedó por casi dos
días sentado en una silla de brazos, sumergjdo en dulce y profundo sueño. Uno de los empleados quería despertarlo. Además su Vicario General, Don Rubino,
ordenó que no lo tocasen y que se quedasen vigilándolo constantemente en un cuarto próximo. Cuando al final se despertó y tocó una campanilla, todas las
personas de la casa acudieron. Al verlas pasmadas, les preguntó el porqué. Respondieron: “Oy!, Monseñor, ya hace dos días que Ud. no habla, ni come, ni
da señal alguna de vida!”

- “Entonces”, – respondió él, – “Uds. pensaban que yo estuviese durmiendo, pero no fue bien eso; Uds. no saben que fui a asistir al Papa, que ahora ya no
se encuentra más en la lista de los vivos”. Con efecto, después de breve lapso de tiempo, se supo que Clemente XIV falleciera el 22 de septiembre, a las
ocho de la mañana, ésto es, exactamente en la hora en que el siervo de Dios había tocado la campanilla.

Santo Antonio de Padua

Durante su estancia en Padua, según refieren Bartolomeu Pisano y Marcos de Lisboa, hubo dos demostraciones de bilocación.

El primero cuenta:

“Estando Santo Antonio en Padua, tuvo una visión, que llegó a mis oídos por medio de un religioso digno de fe”.

“En la su ciudad natal, Lisboa, vivían aún sus parientes: el padre, la madre, los hermanos y las hermanas, que se encontraban implicados en un caso de homicidio,
cometido por otros”.

“Había en aquella ciudad dos personas que se odiaban mortalmente. Uno de ellos, encontrándose cierta noche con el hijo del rival, decidió vengarse en el
heredero y, favorecido por la oscuridad, lo sorprendió, lo arrastró a su propia casa y allí lo asesinó bárbaramente. Después, sepultó el cuerpo en el jardín
de la casa de los parientes de Antonio”.

“Tratándose del desaparecimiento de un noble, la magistratura procedió enseguida a una investigación. Sabiendo que el joven había sido visto aquella noche
en las proximidades del palacio de Martinho, buscaron por los alrededores y por toda la propiedad. Guiándose por la tierra removida hacía poco, llegaron
al cadáver, lleno de heridas”.

“Bastó ese indicio para que las sospechas del homicidio cayesen sobre Martinho, que fue preso con toda la familia, según la costumbre de la época”.

“Aproximábase el día de la sentencia, que habría sido una condenación, si el Santo no hubiese venido en auxilio de los suyos”.

“Cierta noche, él pidió licencia a su superior para salir del convento y se puso camino de Lisboa. Allá llegó prodigiosamente en la mañana siguiente, cuando
no serían suficientes tres meses para recorrer la distancia entre Padua y Lisboa”.

“Llegando a su tierra natal, se presentó al tribunal para pedir la libertad de su familia. Como érase de esperar, no fue atendido, visto ser por demás graves
los indicios acumulados contra ella”.

“El Santo pidió entonces que le trajesen el cadáver de la víctima. Al verlo, le ordenó en nombre de Cristo que volviese momentáneamente a la vida para indicar
su asesino. Y el cadáver se animó, confesó abiertamente que ningún miembro de la familia de Antonio era culpado de su muerte y después cayó nuevamente
en su sueño de muerte”.

“La novedad del milagro y la solemne declaración de tal testimonio fueron suficientes para libertar la familia de Antonio, con la cual él pasó aquel día.
Se despidió al caer de la noche y en el día siguiente encontrábase nuevamente en su convento de Padua”.

El escritor portugués relata otro hecho de la siguiente manera:

“Siendo el padre de Santo Antonio de alta posición social y muy considerado por sus cualidades morales, le fueron confiados cargos administrativos por cuenta
del gobierno y de la casa real. De su administración él prestó cuentas a los ministros, entregándoles el dinero que recibía, sin preocuparse en pedir recibos.
Tenía a los ministros en la cuenta de personas responsables; creíalos honrados como él propio”.

“Sucedió que, algún tiempo después, fue llamado a prestar cuentas de su administración. No obstante las tentativas del padre de Antonio para recordarles
que la liquidación ya había sido hecha y a pesar de sus consejos para que no manchasen la conciencia con tamaño pecado y para que no lo arruinasen financiera
y moralmente, ellos continuaron a negar, con el intuito de perderlo y arruinarlo, haciéndolo pasar ante el soberano por ladrón de los bienes de la corte.
Vivía el buen Martinho en la mayor de las angustias y los ministros ya se regocijaban con la su ruina que significaría para ellos nuevas honras y cargos
más altos. Estaban las cosas en ese pié, cuando en plena reunión solemne, Antonio surgió en medio de ellos. Después de recordar a todos las menores circunstancias
de la liquidación efectuada, les ordenó inmediatamente que presentasen todos los recibos a su padre. Los amenazó, caso se negasen, con los más terribles
castigos y con el castigo divino. Impresionados y tomados de pánico, los ministros firmaron enseguida el recibo del dinero. El excelente Martinho volvió
para casa agradeciendo a Dios por haberle concedido tal hijo”.

El Padre jesuita Eduardo Rodríguez

Toda España fue testigo de una de las bilocaciones milagrosas. Al mismo tiempo que predicaba en la Catedral de Toledo, siendo irradiado el sermón por Radio
Toledo, estaba predicando otro sermón en la Iglesia San Francisco El Grande, siendo irradiado por Radio Nacional de España.

San José de Copertino

San José de Copertino asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Estando ella a punto de expirar
gritó con gran acento de dolor: “¡Oh fray José, hijo mío, ya no te veré más!” Al instante apareció una gran luz que iluminó la habitación, y la moribunda,
viendo a su hijo, gritó de nuevo llena de júbilo: “¡Oh fray José, hijo mío!”. Al mismo tiempo el bienaventurado se encontraba en Asís; salía llorando de
su celda, encaminándose a la Iglesia a orar. El padre guardián le encontró y le preguntó la causa de su llanto. Su respuesta fue: “Mi pobre madre acaba
de morir”. La carta que llegó muy pronto confirmó la noticia; pero también se supo que el Santo había asistido personalmente a su madre moribunda. Todos
estos hechos constan en el proceso de beatificación.

Este don, como muchos otros dones extraordinarios, es un regalo de Dios que la Iglesia trata de entender y explicar pero que, ante el misterio de la acción
de Dios, las palabras se hacen cortas e insuficientes. Nos basta el asentimiento de la fe, y el saber que para Dios no hay nada imposible.

Como todos los dones, la bilocación no es para beneficio del que lo experimenta sino más bien para el beneficio de las almas de los demás, ya que siempre
cuando se manifiesta este don es para auxiliar a alguien que está en necesidad.

Fuente: corazones.org
(
Envío de Josep Puig
jesucrist@jesucrist.jazztel.es
http://forosdelavirgen.org
).



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