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Se muestran los artículos pertenecientes al tema FIESTA DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR (6 DE ENERO O DOMINGO II DESPUES DE NAVIDAD).

el pobre riquisimo.

El pobre riquísimo
Un cuento de Navidad
Autor: Michelle Boy Frank | Fuente:
www.es.gaudiumpress.org


Cuando el viejo rico Naabot leyó la carta que le había llegado aquella tarde, dio un largo suspiro... -¡Ah, la familia! Quien escribía era un primo suyo, avisándole de su próxima visita. Zabulón, hijo de Dibón... Su memoria le inspiraba al mismo tiempo pena y cierta aversión. Los dos, de familias acomodadas en Israel, habían sido muy cercanos de jóvenes. Pasados los años, Naabot, emprendedor e incansable comerciante, se convirtió en uno de los hombres más ricos de Jerusalén. Zabulón, por el contrario, vio sus negocios rodar en una trágica serie de desgracias, y por lo que se sabía, estaba ahora al borde de la ruina más completa.

Sin embargo, después de años de separación, sentía curiosidad por verle de nuevo, por lo que marcó una reunión en su casa de campo, a poco más de seis millas al sur de Jerusalén.

El sol se puso detrás de las colinas arenosas, en aquella tarde de diciembre, cuando se reunieron los primos. El contraste entre los dos era casi chocante. Naabot era la figura encarnada de la buena fortuna. Alegre, gordo y exhalando delicados perfumes, vestía una túnica de seda persa, y vistosos anillos brillaban en casi todos sus dedos. Por el contrario, el encanecido Zabulón personificaba el fracaso y la pobreza. Su rostro estaba marcado por una continua y silenciosa resignación. Su cuerpo escuálido estaba cubierto por una túnica tan gastada, que no podía adivinarse el color original. Quien lo viese, no podría creer que un día fuera hombre con muchas posesiones. Compadecido, Naabot le invitó a cenar, invitación humildemente aceptada por el otro.

Durante la cena, que el pobre comprensiblemente devoraba con avidez, hablaron sobre el pasado, recordando la infancia y la juventud de ambos. En un cierto punto, Naabot declaró al primo su modo de ver las cosas:

- Mira, Zabulón, yo respeto profundamente al Dios de Abraham, pero dejemos al Todopoderoso en su templo, que es bastante grande. Aquí, sobre todo en el comercio, debemos utilizar toda la astucia y todos los medios que están a nuestro alcance, para obtener el éxito y la riqueza. Y decía eso crispando las manos, como agarrando un puñado de imaginarias monedas delante de él.

El pobre primo, hombre piadoso, no estuvo de acuerdo con ese punto de vista materialista de Naabot, y también discutieron al respecto un buen tiempo durante la noche. Aunque se respetaban, entre los dos había una profunda divergencia en la forma de ver la vida. Por último, viendo que no llegarían a ninguna conclusión, Naabot interrumpió la conversación y dijo:

- Bueno, vamos a ser sinceros. No habrá sido para discutir filosofía, ni para recordar el pasado, para lo que mi buen primo decidió visitarme. Así que dime, Zabulón, ¿hay algo en que te pueda ayudar?

- Sí, dijo el infeliz, curvando la cabeza. Necesito tu ayuda. Pero no vengo a pedir dinero, sólo a proponerte un trato.

- ¿Qué negocio? - Preguntó curioso el comerciante.

- Como debes saber, he perdido todo lo que tenía. Todo, salvo un pequeño pedazo de tierra, resto de una granja que en otros tiempos era grande, no muy lejos de aquí. ¿Crees que puedes comprarme este terreno? Naabot dio una carcajada.

- ¿Si puedo comprarlo? Mi querido Zabulón, me atrevo a decir sin exagerar ni con arrogancia, que tengo dinero para comprar cualquier cosa en Jerusalén, excepto el Templo y el palacio del gobernador, porque evidentemente no están a la venta. Escucha: si por casualidad el sitio valiese más de lo que estoy pensando en ofrecerte, te entrego todos mis anillos. Y balanceaba ligeramente la mano, haciendo brillar los diamantes y zafiros. ¿Me dices que no está lejos? Entonces cojamos dos caballos y unos hombres, y vamos a ver esa tierra. Así, esta noche te pago para que no digan los fariseos que no ayudé a un familiar necesitado.

Y así fue. Era una noche maravillosamente estrellada, hermosa y clara. Y como Zabulón había dicho, el lugar estaba cerca. Pero al llegar allí, vieron a una cierta distancia, al lado de una colina, algunas siluetas de hombres, camellos y caballos.

- Oh, una caravana. Tu terreno está ocupado por los beduinos, Zabulón. Me va a costar dinero echarlos de allí. Vamos a ver más de cerca cuántos son.

Sin embargo, al acercarse más, Naabot observó preciosos adornos en los camellos, y sorprendido murmuró:

- Por Elías, no son beduinos, son hombres ricos, tal vez hasta sean nobles ¿Qué hacen aquí? Llenos de curiosidad, los dos judíos y sus guardias se acercaron cada vez más sin prestar atención a los integrantes de la caravana, ni éstos en ellos. A las tantas, aparecieron los tres jefes de ese grupo desconocido. Los israelitas estaban atónitos. No eran simplemente nobles, por las coronas que portaban, ¡eran reyes! Tan ricos y suntuosos, que Naabot sintió como su presunta fortuna se reducía hasta el punto de parecer insignificante.

No lo habían percibido, pero a los pies de la elevación había una pequeña y pobre gruta, hacia donde los enigmáticos reyes se dirigieron. Mirando al cielo, Zabulón se dio cuenta que la noche era clara, no tanto por las estrellas en si, sino por una en particular, que superaba a todas en brillo. Ésta parecía asentarse suavemente en la colina.

En el interior de la gruta se encontraban, entre un buey y una mula, un hombre con su joven esposa, que tenía en sus brazos a un bebé recién nacido que sonreía. Era algo fantástico, porque de este Niño parecía irradiar una luz misteriosa, mas tenue, que envolvía la gruta y a todos los presentes. Entonces los reyes, uno por uno, se inclinaron en adoración delante del Niño, tocaron el suelo con su frente, y le ofrecieron magníficos regalos. Más tarde, comenzaron a llegar pastores de la región, y todos de rodillas, se quedaron en respetuoso y admirado silencio ante el extraordinario Niño.

Tras permanecer un largo tiempo en aquella serena y hermosa atmósfera, Naabot y su grupo se dieron cuenta que era momento de partir. Haciendo una última reverencia, salieron sin hacer ruido y caminaron en silencio. Naabot rompió el silencio, y despojándose uno por uno de sus preciosos anillos, se los entregó a su primo mientras decía:

- Cumplo lo que dije. Toma, Zabulón. Eres el pobre más rico que existe. Estos anillos son sólo una migaja. Tu terreno con su gruta no tienen precio. No hay oro en todo el Imperio Romano que pueda pagar lo que vale.

Uno de los guardias, osando dirigirle la palabra, preguntó a su amo:

- Mi señor Naabot, ¿nos ha llegado un nuevo profeta?

Los dos primos se miraron y Zabulón respondió:

- No, hijo mío. Ante nosotros se cumplieron siglos y siglos de profecías ... Esta noche, el Mesías nació en Israel.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

La Epifanía del Señor

“Cuando los magos entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre. Se arrodillaron delante de Él y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro incienso y mirra.” Mt 2, 11.
 
En muchas partes del mundo donde el 06 de enero no es feriado, se celebra este domingo la fiesta de la Epifanía del Señor, para dar oportunidad a que los fieles participen en mayor número a esta gran fiesta de nuestra fe.
 
Epifanía quiere decir manifestación de Dios al mundo, a todas las personas, y su acogida por parte de todos los pueblos. Es por eso que la Iglesia nos propone el evangelio de la visita de los magos, que son tres y que vienen de otros pueblos, diferentes al pueblo judío.
 
Dios hizo todas las cosas, todo el universo y también todas las personas. Todos nosotros llevamos en nosotros mismos las marcas de Dios. Todas las culturas buscaron y buscan encontrarse con un ser superior, que invita a trascender los límites de la existencia terrena y que le llenan de sentido. Por eso, ya que era muy difícil que el hombre por si mismo llegara a comprender el misterio de Dios en su amplitud, Dios decidió entrar en nuestra historia y revelar su misterio. El pueblo judío fue el elegido para ser el medio concreto de esta revelación a todas las naciones.
 
Sin embargo, preocupados con tantas otras cosas, ellos infelizmente no fueron capaces de acoger al Mesías. Tenían todas las indicaciones, pero fueron sorprendidos. El texto de Mateo nos dice que Jerusalén convulsionó con la presencia de los magos y con su pregunta: “¿Dónde está el rey de los judíos?”
 
Como el recién nacido no era solamente el rey de los judíos, sino también el Señor de la historia y de todos los pueblos, estos tres magos vienen en nombre de todas las razas, a manifestar la apertura de todas las culturas al Dios que nos viene al encuentro.
 
Ciertamente es esto lo que quiere significar el numero tres, que en la Biblia siempre nos da una idea de totalidad. Interesante mirar atentamente los gestos de estos tres magos:
 
“entraron en la casa” – revela todo el movimiento de ellos. Entraron en el ambiente de Dios. Dios viene a nosotros, pero también nosotros tenemos que entrar en el lugar de Dios. No somos totalmente pasivos, quien se queda con los brazos cruzados, quien no se mueve, no puede encontrar al Señor.
“vieron al niño con María, su madre” – el niño era el objetivo de los magos, pero ellos no lo encuentran solito, Dios siempre se presenta por medio de los hombres y con ellos, Jesús esta con su madre. Ciertamente el evangelista quiere destacar la importancia de María y en ella del sí de humanidad a Dios.
 
“se arrodillaron delante de Él” – arrodillarse es un gesto de profundo reconocimiento y de sumisión. Los magos están diciendo con este gesto, que mismo no siendo de los judíos, ellos se someten a la presencia de Dios, con sus culturas, con sus diferencias, con sus características.
“lo adoraron” – adorar manifiesta el reconocimiento de su divinidad. Aquellos magos vieron en aquel niñito al Dios hecho carne.
“abrieron sus cofres” – la realidad de Dios exige abrirse. Abrir los cofres, manifestar lo que está escondido, presentar los dones sabiendo que son nuestros, porque Dios nos dio, pero debemos recolocar a su disposición.
“le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” – dar un presente es un gesto muy significativo y revelador, pues cuando debo elegir un presente para alguien manifiesto lo que pienso de aquella persona: esto le gustará, esto le servirá o esto es una cosa de su estilo. También los magos con sus regalos revelan la persona de Jesús. El oro manifiesta que El es rey, el incienso manifiesta que El es Dios y la mirra (que se usaba para ungir a los muertos) que El es mortal, y prefigura ya su donación total en la pasión.
 
La fiesta de la Epifanía, nos invita a ir hasta Jesús, siguiendo las estrellas de la vida que Dios pone en nuestros caminos, a entrar en Su casa, a encontrarlo con María,  a arrodillarnos delante de Él y adorarlo, a abrir nuestros cofres y darles nuestros regalos, que significarán quién es Jesús para nosotros.
 
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.
(Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino).

Cartas a los reyes magos.

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Cartas a los reyes magos

Fuente: Catholic.net
Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma

 


Carta al Rey Melchor

Reconocida Majestad:

Un saludo. Permítenos tutearte. Eso del vos y del usted ya no se lleva hoy día...

Esta carta, Majestad, como bien te habrás percatado no está escrita con garabatos infantiles. No. Está hecha a computadora (un Pentium III). Y está impresa a todo color en una LaserJet de la última generación. ¿Qué te parece? Te gusta, ¿verdad? Claro, nosotros somos gente moderna. Estamos al día. Además queremos ahorrarte el trabajo de estar descifrando caligrafías de patas de mosca. Un poco de seriedad, ¿no?

Como ves, a pesar de ser gente “seria y moderna”, nos hemos animado a escribirte. Y es que, también nosotros queremos este año recibir nuestro “regalo de Reyes”.

Porque también la gente “seria y moderna”, que pretende controlar el mundo con una computadora desde su alfombrada oficina, tiene tantas o más necesidades que los niños, tantos o más caprichos que los niños. Sí, es verdad. No lo podemos negar. Así somos.

Oye, Melchor, hemos estado repasando tu historia. Siempre nos ha admirado tu fe, Majestad. Dejaste tu tierra, tu reino, tu familia. Te aventuraste al desierto siguiendo una estrella durante meses. Llegaste a una cueva miserable y te postraste en adoración ante un recién nacido que yacía entre pajas. Reconociste en Él a un gran Rey, a un Mesías, a un Salvador...

También nos sigue admirando tu generosidad, Melchor. Pusiste a los pies de esa pobre familia el cofre de tu oro. Era evidente que ellos lo necesitaban. Y lo dejaste todo como si a ti ya no te importase en lo más mínimo. Aunque te quedaba aún el camino de regreso...

Sabemos que fuiste a Belén sobre todo por ese Niño. Pero también comprendiste, al encontrar esa entrañable familia, que el oro que llevabas lo iban a agradecer más José y María. Los pobrecillos no es que anduviesen en muy buenas condiciones económicas.

Melchor, nosotros ya tampoco somos niños. Y hemos de admitir que tampoco necesitamos tu oro. Tenemos bastante más que la Sagrada Familia de Belén. Aunque, siendo sinceros, en un principio sí te lo íbamos a pedir, pues a la gente “seria y moderna”, como nosotros, el oro es el regalo que más nos gusta.

Sin embargo, no; no nos des tu oro. Dáselo a los más necesitados, que los hay muchos.

Majestad, pero sí necesitamos de las otras cosas que tú tienes. Necesitamos un poco de tu gigantesca fe. Necesitamos un poco de tu enorme generosidad.

Como regalo de Reyes eso es lo que te pedimos, Melchor: más fe y más generosidad. Fe para arrodillarnos también nosotros, la “gente seria y moderna”, ante el Niño Dios. Generosidad para dejar a los pies de tantas familias pobres parte de nuestro oro y aliviar así un poco sus penurias. Como tu lo hiciste y lo sigues haciendo cada Navidad.

Unos agentes de bolsa.


Carta al Rey Gaspar.

¡Hola, Gaspar!

Al saber que tú eres el del incienso, no hemos pensado dos veces empezar la carta así. Mira, te lo decimos porque el incienso en la actualidad acompaña sólo a los grandes estadistas, a los artistas famosos, a los futbolistas estrellas, a los dueños de las multinacionales... Así que, al enterarnos que eras tú el del incienso, hemos pensado que también deberías ser alguien grande. Y, ya sabes, hoy día el saludar con un ‘hola’ tan familiar a alguien así de importante, como que da nivel y categoría... como que a uno se le pega algo del humillo del incienso que lleva el otro... Además todo el que lo viera pensaría sin duda: ¿quién será éste que saluda así a alguien tan famoso y tan importante?

Ciertamente tienes de verdad motivos muy válidos para llevar incienso. Eres un gran Rey. Eres un sabio genial. Eres un hombre poderoso. Eres alguien muy importante. Lo que nos parece extraño es que no se te haya subido el incienso a la cabeza llevando tanto como llevas. Hoy a otros, con mucho menos, ya les ha puesto bastante tontos.

Pero tú, Gaspar, no eres de esos. Hasta en esto eres medio especial. No dejaste que te despidieran con reverencias y honores los grandes de tu reino. No has permitido que te persiguiese ningún corro de periodistas. No has tolerado el asalto de ninguna cámara de televisión. No has consentido que mandasen en onda, vía satélite, tu salida de Oriente y tu llegada a Belén (ni siquiera en diferido). No has querido, por ningún motivo, que se te inmortalizara en la primera página de la prensa internacional.

Eres un tipo raro, Gaspar. Muy raro. Tanto, que nos parece que llevas todo ese incienso en balde. Hasta se nos ha ocurrido pedirte, como “regalo de Reyes”, -visto que no lo usas- que nos dejes un poco de ese incienso. A nosotros, ya lo habrás leído en nuestros corazones, nos gusta mucho el incienso: nos encanta que nos digan que somos letrados, que somos poderosos, que somos de nivel; que nos digan que somos bonitas, que somos elegantes, que somos famosas...

Pero ahora, acordándonos de ti, nos damos cuenta de que, en el fondo, no somos más que unos pobres estúpidos.

Rey Gaspar, sabemos por tu historia que todo ese incienso lo tenías por completo destinado al Dios niño de Belén. No gastaste ni un granito en ti mismo. Sabías que Él era el único que merecía de verdad todo el incienso del mundo, y tú no le ibas a quitar ni una mínima porción.

Nos has dado una gran lección, Rey Gaspar. Y tienes toda la razón. Ya no hace falta que nos des nada de incienso. En realidad, tampoco lo merecemos.

Pero déjanos ir contigo y ofrecérselo todo al Niño de Belén imitando tu humildad y sencillez.

Algunos y algunas que queríamos ser importantes.


Carta al Rey Baltasar

Amigo Rey Baltasar:

Este año también me he decidido a escribirte. Pero esta vez es distinto. Verás. Tengo un amigo que las está pasando muy mal. Iba a decir que las está pasando negras; pero me acordé de que tú eres el Rey negro... Perdona... Aunque no creo que por eso te sientas ofendido. Eres demasiado bueno.

Pues, resulta que este amigo me escribió hace poco para contarme qué es de su vida. Creo que sus palabras son más elocuentes que las mías. Te las transcribo a continuación. En seguida intuirás lo que quiero pedirte.

Estoy en el hospital. En cancerología. En la habitación número 201 frente a la número 202 donde había un muchacho de poco más de 20 años. Yo ya he cumplido 45. Tengo un cáncer quién sabe dónde y llevo aquí un par de semanas.

Soy un desgraciado y vivo amargado en medio de dolores que no se puede decir lo grandes que son. No puedo dejar de quejarme y retorcerme en la cama maldiciendo el día que me llegó esta enfermedad. Los únicos momentos de tregua son los ratos que dura el efecto de los calmantes. Es realmente desesperante.

Pero en la habitación de enfrente yo notaba algo muy raro. Cuando en algunos momentos al día coincidían las dos puertas abiertas, la de él y la mía, yo no entendía lo que veía. Aquel chaval nunca se quejaba, ni lo más mínimo. Lo veía, sí, a veces retorcerse por los dolores, pero nunca le oí una queja ni una maldición. En su cara yo veía siempre un algo de serenidad, de paz, de gran temple. Al enterarme que tenía un cáncer bastante más doloroso y avanzado que el mío y que los calmantes que le ponían eran como los míos, lo entendía menos aún.

Todo esto al inicio me daba rabia. ¿Cómo era posible que un chaval enclenque como ese fuera capaz de soportar y sobrellevar así esa enfermedad? Rabia porque yo, un veterano cuarentón, curtido por el duro trabajo de largos años, me derretía ante dolores incluso más leves que los suyos.

Un buen día no aguanté más y le dije a una enfermera que por favor me resolviera mi interrogante. La respuesta inmediata de la enfermera me dejó aún más perplejo todavía: "Porque tiene una fe en Dios como una catedral", me dijo rotundamente.

Después yo mismo pude comprobar que era verdad lo que me dijo la enfermera. Lo comprobé cuando supe que diariamente recibía la comunión. Lo comprobé cuando lo veía con el rosario en las manos o leyendo la Biblia. Lo comprobé también la noche que lo vieron morir con la sonrisa en los labios gracias a esa fe y ese amor a Dios que no cabían en el hospital entero.

No tengo más que decir. Sólo que yo nunca habría imaginado que la fe tuviese la fuerza de hacer feliz incluso al hombre que más sufre en la tierra. Pero ahora ya lo sé. Y ya no me da rabia de aquel muchacho. Ahora me da verdadera envidia.

Rey Baltasar, tú eres el de la mirra. Tu tienes ese bálsamo de la fe y de la confianza en Dios que tanto necesita este buen señor, amigo mío. Date una vuelta estas Navidades por la 201 de ese hospital de cancerología. Date una vuelta también por todas las habitaciones del mundo donde hay alguien que sufra sin fe, sin amor, sin confianza. Vete repartiendo de ese bálsamo que suaviza el dolor y lo hace más llevadero.

No creo que se enfade el Niño Jesús si al presentarle el frasco de mirra a la mitad, le explicas en qué la has usado. Al contrario, verás que en su inocente carita se dibuja una sonrisa muy parecida a la que arrancaste de aquel buen hombre de la 201.

Gracias, mi amigo Rey Baltasar.

El autor de estas cartas

La Epifania del Señor.

La Epifanía del Señor

 

La Iglesia en su liturgia considera la obra de la Redención más en su sentido místico que en su sentido demasiado realístico. Más que el simple hecho histórico, le interesa el sacramento, el misterio. En cierto modo, la Iglesia podría decir con San Pablo: "Si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos". En el sentido: que ahora vemos la razón y el fin de todas sus obras. ¡Cuántas veces confiesan los mismos evangelistas que mientras vivió Jesús no comprendieron el alcance y significación de sus actos! Y el mismo Cristo dice: "Lo que yo hago no lo comprendes ahora, lo verás después".

En esta concepción de la obra de Cristo es donde encuentran muchos fieles la mayor dificultad para vivir liturgia. Atados a la letra, a la historia, al hecho concreto, quedan desorientados ante las visiones panorámicas, totales, completas de la liturgia. Si la fiesta de Navidad está ya llena de contrastes de la visión total del misterio, pues Aquel mismo que considera en el pesebre, se le aparece llevando sobre sus hombros las insignias del poder; esto se acentúa más en la fiesta de la Epifanía.

Al fin y al cabo el objeto de la fiesta de Navidad, de origen occidental, romano concretamente, es único y claro como su mismo nombre latino: "Nativitas". En cambio, en la Epifanía no sólo el nombre griego de esta fiesta - aparecida en Oriente - es misterioso, sino que su mismo objeto es complejo. No es extraño que si Navidad para muchos no pasa de ser una feliz nochebuena con cánticos al Niño Jesús, Epifanía quede reducida a "la fiesta de los Reyes".

Es una tendencia espontánea de los pueblos activos de Occidente el convertir los misterios en devociones que a veces no expresan más que aspectos muy secundarios de los mismos, pero que hablan más al sentimiento que a la razón.

Con todo, fundamentalmente, Navidad y Epifanía celebran un mismo hecho: el advenimiento de Dios en este mundo; solo que la primera de estas festividades lo celebra sobre todo bajo el punto de vista histórico, y la segunda bajo el punto de vista teológico e ideológico. Cuando, a fines del siglo IV, Roma aceptó la fiesta oriental del 6 de enero y el Oriente la romana del 25 de diciembre, ambas pudieron conservar su propio carácter y se completaron mutuamente.

Epifanía representa el desarrollo completo del misterio de Navidad. "El que aquel día nació de la Virgen - dice San León -, hoy ha sido reconocido por el mundo entero". Dios ha aparecido en el mundo no solamente tomando carne mortal, sino manifestándose a los hombres, mostrando sus obras y su poder, y tomando posesión de su: Pueblo al modo que los antiguos reyes la tomaban solemnemente de sus ciudades. Todo esto ha significado en el decurso del tiempo la palabra epifanía – o más tarde teofanía – y algo de esto se encuentra en la rica liturgia de esta festividad. En la adoración de los Magos han visto todos los Santos Padres la manifestación de Cristo a los paganos y al mundo en general, en el milagro de las Bodas de Caná la manifestación de su poder y en el Bautismo del Jordán, la purificación y toma de posesión de su Iglesia y de cada una de las almas.

Este es el triple misterio de la Epifanía, que resume admirablemente la antífona del Benedictus de la fiesta que, al mismo tiempo, nos hace ver la vida sacramental de la Iglesia: "Hoy la Iglesia se ha unido al Esposo celestial, pues en el Jordán Él la lavó de sus crímenes. Los Magos corren con sus presentes a las nupcias reales y los invitados se regocijan del agua convertida en vino".

En esta antífona se nos presenta la aparición de Dios en el mundo bajo el símbolo nupcial, tan usado en el Antiguo y Nuevo Testamento para expresar la unión de Dios con su pueblo. Yavé es el esposo; el pueblo de Israel, la esposa. Cristo el esposo, y la Iglesia la esposa. La esposa de Yavé fue infiel y, por lo tanto, repudiada por Dios. La esposa de Cristo, lavada de sus iniquidades en el Jordán - bautismo - como reina, sin arruga ni mancilla, avanza con los Magos, que son sus primicias, hacia el convite real que le prepara su esposo, y se sienta a su lado en la mesa, donde se alimenta de su cuerpo y se llena de gozo con el vino de su sangre. Todavía quedaba subrayada esta idea de las nupcias reales en la Eucaristía con el milagro de la multiplicación del pan y de los peces, que durante muchos siglos se conmemoraba asimismo el día de la Epifanía.

¡He aquí la idea de la manifestación de Dios en el mundo en toda su extensión y profundidad! Dios, que como esposo divino sale de los tálamos eternos para darse a conocer a la humanidad con su presencia, con su poder y con su gracia sacramental, con la cual penetra en lo más profundo del alma, a la que se une más íntimamente que el esposo a la esposa, encarnándose en cierto modo en ella. Esta unión y transformación son el último desplegamiento de la gracia de Navidad.

No basta celebrar Navidad con alegría, entusiasmo y fervor. Para sacar todas las consecuencias del misterio, hay que vivirlo en lo más íntimo del corazón, meditándolo, revolviéndolo, como lo hacía María en estos días: "María, nos dice San Lucas, conservaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón". Como lo hace la Iglesia, que a medida que va alejándose de la festividad parece descubrir más profundas y nuevas perspectivas de aquel "grande y admirable sacramento" de "aquel maravilloso comercio". Todo lo que va de Navidad a Epifanía no es en la liturgia otra cosa que un engolfarse en el misterio.

Imposible exponer aquí todo el riquísimo oficio de la Epifanía; pero sí que tenemos que comentar brevemente la solemne y grandiosa misa de la fiesta que litúrgicamente es de lo mejor que posee nuestro misal romano. En ella encontramos como estereotipada aquella grandeza, aquella sobriedad y aquel orden y lógica de la antigua Roma, pero envuelto todo ello con el carisma de la unción cristiana.

Reunidos espiritualmente en la Basílica de San Pedro - la basílica de la catolicidad - vemos entrar el Papa con toda la esplendidez de ministros, mientras el coro canta la antífona del Introito, canto hoy verdaderamente de entrada. "He aquí cómo viene el Señor dominador y en su mano están el reino, el poder y el imperio".

¿No hemos clamado durante todo el Adviento con aquel fervoroso e impetuoso "ven, Señor"? "He aquí que viene", se nos dice hoy. Y con la fe: en el Papa que entra en la iglesia de la cristiandad, en el obispo que hace su entrada en la catedral, en el párroco en su parroquia o cualquier sacerdote en su iglesia. recibimos nosotros la visita, la concreta epifanía del Señor para cada uno de nosotros. El salmo entero del Introito, cuyos versículos se cantan al avanzar el sacerdote hacia el altar, nos descubre todo el valor profético de la entrada del Señor en este mundo y en su Iglesia.

Como los Magos por la estrella, así nosotros somos conducidos por la fe hacia Dios. Pero la fe debe terminar en la visión de la magnificencia de Dios en su gloria. Es lo que pide la Colecta. La fe fue la primera aparición de Dios en nuestra alma; la fe es la estrella que nos hace hallar a Cristo en nuestra vida - como se lo hizo hallar a los Magos en la suya - y la fe es la que nos conducirá a su plena posesión en la gloria. He aquí la aparición de Cristo en toda su dimensión que nos hace implorar la Colecta.

Esta magnífica aparición de Dios a la humanidad había sido preparada desde todos los siglos y frecuentemente anunciada por los profetas del Antiguo Testamento. La epístola de hoy es una de las más bellas de estas profecías. Con frases de una fuerza y colorido incomparable, nos describe aquí Isaías la gloria y grandeza de la Jerusalén ideal, que espiritualmente se realizan en la Iglesia. La Iglesia ha considerado esta profecía como un himno a su gracia, a su riqueza y a su gloria. Y por eso durante la Edad Media se cantaba esta epístola con una adornada melodía y su canto era envuelto de un rico ceremonial. Si la epístola nos presenta la profecía, el evangelio nos relata su histórica realización.

Como lazo de unión entre las dos lecturas está el canto del gradual y del aleluya. El gradual de hoy es un eco de la epístola, recoge unas frases características de la misma y las medita cantando. El aleluya, en cambio, anticipa, preparándolo, el evangelio, subrayando la idea principal de la fiesta: aparición y adoración, o luz y dones, que es también lo que expresa en otras palabras el gradual.

En el evangelio de hoy se ve claramente el sentido que la Iglesia da a la lectura de la palabra de Dios en la misa. No se trata solamente de escuchar una historia, una doctrina o una exhortación de labios del Señor. Es decir, el evangelio en la misa no es una lección de exégesis, de dogma o de moral, sino una presencia del Señor, el cual, por el sacramental de su palabra, nos prepara al Sacramento de su cuerpo, donde todo lo leído cobra eficacia y una realidad sobrenatural en nuestras almas. "'No digas - decía San Agustín - bienaventurados los que le vieron, oyeron, tocaron..., pues tú lo ves, lo oyes y tocas en su Evangelio". La lectura del evangelio en la misa es una verdadera epifanía del Señor. Por eso la liturgia envuelve esta lectura con un ceremonial tan Solemne como si acompañara al mismo Señor: ministros, incienso, velas, beso y canto solemne.

Hoy no sólo escuchamos la historia de los Magos como si fuera la de nuestra vocación, sino que con ellos y como ellos nos arrodillamos para adorar al Señor.

Ellos le adoraron en el pesebre, envuelto en pañales, y nosotros le adoramos en el cielo reinando y cubierto de gloria. Y así damos pleno sentido a su adoración y a la nuestra.

Con toda verdad podemos, por lo tanto, cantar en el Ofertorio que no sólo los reyes de Tarsis y de las islas, y los reyes de Arabia o de Saba presentan dones y ofrendas, sino que todos los reyes de la tierra le adoran y las gentes le sirven. Entre esta multitud cósmica, nuestra adoración cobra una proporción y un sentido insospechado. ¡Qué bello seria expresar esta adoración y consagración ofreciendo hoy los dones al altar! Dones - el pan y el vino del sacrificio que, como dice admirablemente la Secreta de hoy, no son ya oro, incienso o mirra, sino los dones de la Iglesia en los cuales Cristo, juntamente con ella, será ofrecido e inmolado para entregarse luego como alimento de su esposa. He aquí el don perfecto.

El Señor apareció en nuestra carne mortal para transe inmortalizarla. Siempre que recibimos la Eucaristía somos restaurados "con la nueva luz de su inmortalidad", como dice el Prefacio. Gracias a la misa, hoy tendrá una realidad sublime para cada uno de nosotros la Epifanía del Señor; aquí no sólo la celebramos y la meditamos. sino que la vivimos. ¡Qué significación tiene así la antífona de la Comunión: "Hemos visto su estrella en Oriente y venimos con dones a adorar al Señor"!

Nuestro corazón - después de la Sagrada Comunión - es el pesebre y el trono del Señor a la vez, allí hemos de ofrecerle el oro de nuestro amor, el incienso de nuestra adoración y la mirra de nuestra mortificación.

"Viene", "aparece", "hemos visto", "venimos", son las palabras que se repiten en la misa de hoy y que suponen una sublime realidad.

Pero para poder ver esta luz, y darse cuenta de esta realidad, se necesita tener los ojos claros.

Moisés temblaba ante la presencia de Dios. Isaías exclamaba: "¡Ay de mí, Señor, que soy hombre de labios impuros!"

Los misterios del Señor exigen la pureza de nuestro corazón. Sólo así podemos comprenderlos y vivirlos en una perpetua epifanía allá en lo íntimo de nuestra alma purificada por la gracia de Dios.

Este es el fruto que nos hace pedir la Poscomunión de hoy "que purificado nuestro espíritu, tengamos la inteligencia del misterio que celebramos".

¡Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!

 ADALBERTO M. FRANQUESA, O.S.B.
(
http://mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/EPIFANÍA/06-2.htm
).

La fiesta de Epifania.

LA FIESTA DE EPIFANÍA

La Iglesia celebra la epifanía a los doce días de la navidad. Se trata de una fiesta que tiene un carácter similar al de la anterior. Son fiestas compañeras, si no gemelas. El nombre de "pequeña navidad" dado a la epifanía expresa la idea popular de la fiesta en la Iglesia occidental. Parece como una repetición, a menor escala, de las celebraciones navideñas. Entre los cristianos de Oriente sucedía exactamente lo contrario. También ellos celebran la navidad, pero no le conceden el mismo rango que a la epifanía. Les parece apropiado dar a navidad el título de "pequeña epifanía".

Dejando a un lado la discusión acerca del rango e importancia relativa de estas fiestas, lo cierto es que la Iglesia universal celebra ambas solemnidades. Navidad y epifanía son fiestas complementarias que se enriquecen mutuamente. Ambas celebran, desde diferentes perspectivas, el misterio de la encarnación, la venida y manifestación de Cristo al mundo. Navidad acentúa más la venida, mientras que epifanía subraya la manifestación.

Una mirada a los orígenes. La epifanía es de origen oriental y, probablemente, comenzó a celebrarse en Egipto. De allí pasó a otras iglesias de Oriente, y posteriormente fue traída a Occidente, primero a la Galia, más tarde a Roma y al norte de Africa. La aparición de esta fiesta al principio del siglo IV coincidió aproximadamente con la institución de la navidad en Roma. Durante este siglo tuvo lugar un proceso de imitación recíproca de ambas iglesias. Mientras que las iglesias occidentales adoptaban la fiesta de la epifanía, las orientales, con algunas excepciones, no tardaron mucho en introducir la fiesta de navidad. Como resultado de esta nivelación o "gemelización", ya en el siglo IV o v las iglesias orientales y occidentales celebraban dos grandes fiestas en el tiempo de navidad.

Se ha descrito la fiesta del 6 de enero como la navidad de la Iglesia de Oriente. Podríamos considerar exacta esta descripción si nos atenemos al período de los orígenes. No hay duda de que, en el tiempo de su institución, la epifanía conmemoraba el nacimiento de Cristo y, en este sentido, no era tan diferente de nuestra navidad; ambas eran fiestas de natividad. Sin embargo, esa fiesta experimentó una cierta evolución como resultado de la influencia de la navidad occidental. Parece probable que incluyó desde el principio al menos otro tema: el del bautismo de Jesús en el Jordán. Este tema ganó importancia hasta llegar a convertirse en el objeto primero de la fiesta. La conmemoración de la natividad quedó entonces reservada a navidad.

El término mismo, proveniente del griego epiphaneia ("manifestación"), arroja luz sobre la significación originaria de la fiesta. En el griego clásico, la palabra podía expresar dos ideas, secular una, religiosa la otra. En el uso secular podía referirse a una llegada. Cuando, por ejemplo, un rey visitaba una ciudad y hacía su entrada solemne, se recordaba ese evento como una epifanía. San Pablo utiliza la palabra en este sentido refiriéndose a Cristo. Su venida a la tierra fue una epifanía, como la de un gran monarca que entra en una ciudad. Fijémonos, por ejemplo, en este pasaje de 2 Timoteo 1,10: "Y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y manifestada ahora por la aparición (epiphaneia) de nuestro Señor Jesucristo" 1. Si tenemos presente este uso neotestamentario del término epiphaneia, entenderemos con facilidad cómo la idea de nacimiento entró en la concepción de la fiesta de la epifanía, ya que celebraba la venida, la llegada y la presencia de la palabra encarnada entre nosotros.

Existía, además, el uso religioso del término en la cultura griega. Aquí tiene un sentido bastante diferente. Denotaba alguna manifestación de poder divino en beneficio de los hombres. Aquí estamos más cerca de la interpretación litúrgica de la epifanía. Es una fiesta de manifestación. Dios manifestaba su poder benevolente en la encarnación. La venida de Cristo a la tierra era una epifanía en sí misma. Hubo, además, otras manifestaciones: la adoración de los magos, el bautismo en el Jordán, la conversión del agua en vino y otras más.

Parece, pues, que la fiesta de la epifanía tuvo desde el principio un carácter más bien complejo. Fue una fiesta de natividad pero también fue algo más. No se limitaba a celebrar la venida histórica de nuestro Señor y Salvador Jesucristo a la tierra, sino también los diversos "signos" por los que durante su vida reveló su poder y su gloria.

Hemos señalado con anterioridad que en la Iglesia de Oriente el foco del interés tendía a centrarse en el bautismo de Cristo. Y no sin razón, pues fue precisamente en ese acontecimiento donde el Padre dio testimonio de que éste era su Hijo amado, y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma visible. Esa fue la manifestación que inauguró su ministerio público y le reveló como el Mesías.

Con la introducción de la epifanía en Roma y en otras iglesias de Occidente, el significado de la fiesta experimentó un cambio. Entonces, el episodio de los magos que siguen a la estrella y vienen con sus regalos a adorar al Mesías se convirtió en el tema principal de la fiesta. Se atribuyó un simbolismo profundo al relato evangélico. Representaba la vocación de los gentiles a la Iglesia de Cristo.

La llamada a todas las naciones. Cuando la epifanía se popularizó, se implantó la costumbre de añadir las tres figuras de los magos a la cuna de navidad. Ellos llegaron a conquistar la fantasía popular. La leyenda les dio unos nombres y los convirtió en reyes. En la gran catedral gótica de Colonia se puede ver la urna de los tres reyes. Sus "huesos" fueron llevados allí, desde Milán, en 1164, por Federico Barbarroja.

Los grandes padres latinos, san Agustín, san León, san Gregorio y otros, se sintieron fascinados por esas tres figuras, pero por una razón distinta. No sentían curiosidad por conocer quiénes eran o su lugar de procedencia. No tenían interés alguno en tejer leyendas en torno a ellos. Su interés se centraba en determinar lo que ellos representaban, su función simbólica, la teología subyacente en el relato evangélico. En sus reflexiones sobre Mateo 2,1-12 llegaron a la misma conclusión: los sabios de Oriente representaban a las naciones del mundo. Ellos fueron los primeros frutos de las naciones gentiles que vinieron a rendir homenaje al Señor. Ellos simbolizaban la vocación de todos los hombres a la única Iglesia de Cristo.

Con esta interpretación de epifanía, la fiesta toma un carácter más universal. Amplía nuestro campo de visión, abre nuevos horizontes. Dios deja de manifestarse sólo a una raza, a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena nueva de la salvación es comunicada a todos los hombres. El pueblo de Dios se compone ahora de hombres y mujeres de toda tribu, nación y lengua. La raza humana forma una sola familia, pues el amor de Dios abraza a todos.

Este es el misterio que consideramos, tal vez, como evidente, pero que fue fuente permanente de admiración para san Pablo. En la segunda lectura de la misa (Ef 3,2-6) habla de este misterio, oculto desde generaciones pasadas, pero revelado ahora a través del Espíritu, "que los paganos comparten ahora la misma herencia, que forman parte del mismo cuerpo y que se les ha hecho la misma promesa, en Cristo Jesús, a través del evangelio". Recordemos que también nosotros hemos sido "gentiles". Como san Pedro recordaba a sus conversos paganos: "Los que en un tiempo no erais pueblo de Dios, ahora habéis venido a ser pueblo suyo, habéis conseguido misericordia los que en otro tiempo estabais excluidos de ella" (1 Pe 2,10).

El llamamiento de las naciones es el tema de la homilía de san León para el Oficio de lecturas. Dice así: "Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero". Y después una exhortación: "Celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquel en que comenzó la salvación de los paganos". Estos sabios de Oriente representaban los primeros frutos, las primicias (primitiae) de la gran cosecha de la humanidad. Esta idea reaparece con frecuencia en los sermones patrísticos dedicados a la epifanía.

Al final de su homilía, san León introduce una nota misionera. Observa que la Iglesia celebra no precisamente un acontecimiento de otro tiempo, sino la actividad salvadora que continúa todavía en el mundo. Allí donde se predica el evangelio y las gentes son atraídas a la fe en Cristo, se realiza el misterio de la epifanía. Y todos nosotros compartimos este trabajo de llevar a otros a Cristo. Todos deberíamos ser "servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo".

En la primera lectura de la misma, tomada de Isaías 60,1-6, tenemos una visión espléndida de la entrada de las naciones en la Iglesia. El profeta predice el retorno de los exiliados a Jerusalén. Se representa a la ciudad como a una madre que guarda luto por la dispersión de sus hijos y que se regocijará pronto por su vuelta. La liturgia considera que esta profecía se ha cumplido en la Iglesia. Ella es una madre, y se regocija al ver que sus hijos vienen de lejos:

Alza en torno los ojos y contempla,
todos se reúnen y vienen a ti,
tus hijos llegan de lejos,
y tus hijas son traídas en brazos.

Una visión de universalidad, como una gran procesión de pueblos que proceden de todas las partes del mundo y convergen en la ciudad santa, la Iglesia. Y estos pueblos no vienen con las manos vacías, sino llevando dones: "Porque a ti afluirán las riquezas del mar, y los tesoros de las naciones llegarán a ti". ¿Cómo tenemos que entender esos dones? ¿Se trata simplemente de riquezas y de recursos naturales, o representan riquezas espirituales? En mi opinión, son lo último, los tesoros invisibles; y éstos incluyen la sabiduría, la cultura heredada y las tradiciones religiosas de cada nación. Todo esto tiene que entrar en relación con la Iglesia si ésta ha de ser verdaderamente católica. No se puede aceptar todo. Algunos elementos deberán pasar por una purificación, o incluso deberán ser rechazados; pero la Iglesia reconoce que cuantos valores de verdad y de bondad se encuentran entre esos pueblos son signos de la presencia oculta de Dios entre ellos. Como declara el concilio Vaticano II: "Cuanto de bueno se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres o en los ritos y culturas propios de los pueblos no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios" 2.

En este punto volvemos a los tres reyes, pues parece que los encontramos en el salmo responsorial (Sal 71): "Los reyes de Tarsis y las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Sabá traerán presentes". Tal vez fue este salmo el que dio pie a la tradición, presente ya en Tertuliano, de que los magos eran reyes. Posteriormente se dio una interpretación mística incluso a los dones mismos. Significaban misterios divinos. El oro reconocía el poder regio de Cristo; el incienso, su sumo sacerdocio, y la mirra, su pasión y sepultura.

La estrella que los guiaba. El siguiente elemento de la narración es la estrella que guió a los sabios a Belén. Podemos dejar de lado explicaciones relacionadas con la naturaleza de la estrella. Algunos querrían identificarla con una notable conjunción de planetas registrada en el siglo VII-vI a.C., o incluso con el cometa Halley. La excesiva preocupación por los detalles lleva indefectiblemente a olvidar el punto real de la narración. Efectivamente, la estrella es un elemento indispensable en la narración de san Mateo; pero la tradición cristiana la interpreta no como un fenómeno natural, sino como un símbolo de fe.

La oración principal de la fiesta, oración atribuida a san Gregorio Magno, sugiere este último enfoque. Es una oración que enlaza tres ideas: la vocación de las naciones, la estrella como símbolo de fe y el premio de la fe, que es la visión de Dios cara a cara.

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria.

Esta oración representa nuestra propia vida como un peregrinar, como una peregrinación de fe. Nosotros somos los magos. La fe es la estrella que nos guía. Belén es nuestra meta.

La fe es la luz por la que reconocemos a Dios. Es una estrella que nos lleva a Cristo. Es un don de Dios, una iluminación, no una propiedad nuestra. Cristo dijo: "Nadie puede venir a mí si no es atraído por el Padre que me envió" (Jn 6,44). No se puede llegar a la luz de la verdad revelada mediante el recurso exclusivo de la razón humana. Dios es el que revela; él es el que "iluminó nuestros corazones para que brille el conocimiento de la gloria de Dios, que brilla en el rostro de Cristo" (2 Cor 4,6).

Mediante la fe conocemos realmente a Dios, aunque este conocimiento sea oscuro, "como a través de un espejo, de manera oscura o borrosa". Es un conocimiento que nos une a Dios y lleva consigo, incluso en la tierra, la "garantía" y la sustancia de las cosas esperadas (cf Heb 11,1). Caminamos en fe, no en visión. Nos asemejamos al piloto de aviación que pilota su aeroplano en la noche. No ve absolutamente nada fuera de su cabina. Fiándose de sus instrumentos, sabe que se encuentra en la ruta correcta. También la fe nos sitúa en nuestra ruta, nos muestra el camino que tenemos que recorrer.

En ocasiones podemos llegar a perder nuestra dirección. Tal vez palidezca o llegue a desaparecer la estrella que se nos apareció con tanta brillantez. Pero esto no quiere decir que estemos perdidos. Esa oscuridad es temporal y sirve de prueba de nuestra fe. Tenemos que aprender de los magos. No se pusieron a desandar el camino cuando perdieron la estrella. Por el contrario, buscaron consejo acudiendo a hombres versados en las Escrituras, hombres capaces de decirles dónde nacería Cristo. También nosotros deberíamos consultar con aquellos que, por sus conocimientos y experiencia, están en condiciones de ayudarnos. Necesitamos el consejo de hombres y mujeres que conocen realmente la palabra de Dios. Debemos añadir nuestra oración y nuestra paciencia. Entonces reaparecerá la estrella...

La luz de la fe es algo que puede y debe ser compartido. Necesitamos el testimonio de otros y estamos. obligados a "dar testimonio de la luz". El testimonio de una vida buena, de una fe viva, es mucho más eficaz que toda una torrentera de palabras. Ese es el mensaje de las velas encendidas en pascua y el de la estrella de epifanía. Tendremos que comunicar a nuestros semejantes la luz que hemos recibido. Según san León Magno: "Todo el que vive en la Iglesia piadosa y castamente, el que 'tiene. pensamientos celestiales, no terrenos', se asemeja a esta luz celestial; y mientras preserve en sí mismo el esplendor de una vida santa, como la estrella, revela a muchos el camino que lleva al Señor" 3.

Pero fe no es visión. No apaga el deseo, sino que lo inflama. La felicidad última del hombre descansa en la visión sobrenatural de Dios. Anhelamos verle tal cual es en realidad, ser conducidos a la visión de su gloria. Es algo que nos atrevemos a esperar, pues se nos ha prometido "lo que ojo no vio ni oído escuchó". En la fiesta de hoy, la Iglesia pide este don de los dones para todos sus hijos. Entre tanto, tenemos que contentarnos con la luz que tenemos, la luz de la fe "que luce en lugar tenebroso hasta que alboree el día y el lucero de la mañana despunte en vuestros corazones" (2 Pe 1,19).

Temas secundarios. La liturgia de epifanía incluye otros temas o motivos que, si bien ocupan un segundo plano, son importantes para comprender la fiesta. Tradicionalmente, la Iglesia conmemora tres manifestaciones, que son descritas en la antífona del Magnificat: "Hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos".

Estos son los tres milagros (tria miracula). Hemos tratado del primero. Consideremos ahora los otros dos, comenzando por el bautismo de Jesús. Como hemos señalado, éste llegó a convertirse en el tema principal de la fiesta en las liturgias orientales. Y no sin razón, ya que los evangelistas atribuyeron grandísima importancia a este misterio. Los cuatro lo mencionan. San Marcos comienza su evangelio con la predicación de Juan el Bautista y con el bautismo de nuestro Señor, administrado por aquél.

Jesús fue manifestado como el hijo de Dios en su bautismo. Precisamente entonces se escuchó la voz del Padre que decía: "Este es mi hijo amado, en el que me complazco" (Mt 3,17). El Bautista, movido por el Espíritu, dio también testimonio diciendo: "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29), anunciando de esta manera su misión salvadora. Por parte de Jesús, el bautismo fue un humilde acto de sumisión por el que se colocaba entre los pecadores. De esta manera daba testimonio de su amor al Padre y a las gentes a las que había venido a salvar. Su bautismo marcó el comienzo de su ministerio público y de su investidura solemne como Mesías. El bautismo encerraba también una significación profética. Anunciaba otro bautismo, el de la muerte en cruz, por el que conseguiría de manera definitiva nuestra redención; y predecía la venida del Espíritu Santo en pentecostés y el bautismo de todos los creyentes.

Al contemplar la profunda significación de este hecho, sorprende que el bautismo no ocupara un lugar más prominente en la liturgia romana. No vamos a entrar en los motivos o razones que llevaron a tal situación; pero sí añadiremos que se ha enmendado la situación. Los padres de la Iglesia contemplan y comentan, en las lecturas patrísticas de los días que siguen a la fiesta, los diversos aspectos del misterio. Más aún, el domingo siguiente a la epifanía se ha convertido en la fiesta del bautismo del Señor.

Al celebrar la fiesta del bautismo de nuestro Señor, conmemoramos también nuestro propio bautismo y nuestra adopción como hijos de Dios. Cuando tratamos de la navidad, ya consideramos cómo el misterio de nuestra adopción divina comenzó en la encarnación. En la fiesta de hoy se nos recuerda que nuestra adopción se hizo realidad en el día de nuestro bautismo. La liturgia recuerda este don de Dios y nos hace rememorar nuestra obligación de vivir como hijos de Dios. En una de las peticiones suplicamos: "Tu bautismo nos hizo hijos del Padre. Concede el espíritu de filiación a cuantos te buscan". Y decimos al Padre en la oración final: "Concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y el Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia".

La fiesta de la boda de Caná es el tercer "milagro" conmemorado en la epifanía. Fue el primer signo que hizo Jesús, la primera manifestación de su poder divino. Convirtiendo el agua en vino, "manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos" (Jn 2,11). Joseph Lemarié declara en su conclusión al riquísimo comentario de este episodio: "El milagro del agua convertida en vino es el signo de la nueva dispensación que es la economía del Espíritu. Por este Espíritu, Cristo transforma a la humanidad y hace que pase del estado de pecado y de servidumbre a la gloria y a la libertad de la filiación adoptada. El bautismo y la eucaristía son las dos fuentes de esta nueva vida".

El tema nupcial recorre la Biblia de punta a cabo. La relación de Dios con su pueblo es la de un esposo con su esposa: "Pues tu esposo será tu creador, cuyo nombre es Yavé Sebaot" (Is 54,5). Expresa el amor fiel de Dios a su pueblo, y la alianza es el símbolo de este amor. El creador y sus criaturas están unidos por esta alianza, que es como un pacto matrimonial.

Vino luego la nueva economía: "Porque tanto ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unigénito" (Jn 3,16). La encarnación fue la consumación de la unión de Dios con los hombres. Por eso los padres de la Iglesia gustaban de presentar el misterio de la encarnación como una especie de matrimonio místico. San Gregorio Magno, en una homilía sobre la parábola del banquete nupcial (Mt 22,1-4), explica cómo Dios Padre preparó un banquete nupcial para su Hijo cuando éste unió su naturaleza a la nuestra en el casto vientre de la virgen María (homilía 38 de los evangelios). La imagen es muy adecuada para expresar la caridad divina que motivó la encarnación. La hemos encontrado en la liturgia de navidad, especialmente en las antífonas y en los salmos. Tenemos un ejemplo en la antífona del Magnificat para el día de navidad: "Viene del Padre, como el esposo sale de su cámara nupcial".

En el Nuevo Testamento, el título de esposo se aplica a Cristo. Su esposa es la Iglesia. Su venida a la tierra, los años de su vida oculta y su ministerio público tienen el carácter gozoso de una celebración nupcial. El prohibió a sus discípulos guardar luto mientras el esposo está todavía con ellos (Mt 9,15). Juan el Bautista se sentía orgulloso de ser el "amigo del esposo"; sus apóstoles fueron sus acompañantes, y todos eran sus invitados.

La celebración de la boda de Caná sirve de conclusión gozosa del tiempo de navidad. Expresa de manera gráfica la sobreabundancia de vida, el "vino nuevo" que Cristo regala a su esposa, la Iglesia. Parece entretejer todos los hilos de la liturgia de las festividades navideñas, y está resumida de manera admirable en la antífona de Laudes en la fiesta de la epifanía:

Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.

VINCENT RYAN
ADVIENTO-EPIFANÍA
Paulinas. Madrid 1983, págs. 104-118

.....................

1. Cf también 2 Tes 2,8; 1 Tim 6,14; 2 Tim 4,1.8; Tit 2,13.

2. Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, 9.

3. Sermón 23 para epifanía.
(
http://www.mercaba.org
).

Epifania.

Epifanía

 
Día de Reyes magos, seis de enero.
De niño es preguntar: ¿Qué me trajeron?
De adulto comprobar: ¿Qué me dejaron?
Y es de viejos, incrédulos y avaros:
sospechar que los Reyes les robaron.

Yo considero estos zapatos míos
y los encuentro llenos de...vacío.
Mas ya sólo tenerlos es regalo,
en los tiempos que corren, nada malo.
Así que: ¡gracias por estos zapatos!
Y mientras me los pongo y me los ato,
descubro otro regalo y me enmimismo:
¿no es don poder calzarme por mí mismo?

Y al ir desenvolviendo reflexiones
crece mi gratitud por tantos dones.
Caigo en la cuenta, con sorpresa mía,
de que es un día de Reyes cada día.
Porque al calzarse cada día los pies,
recibe el hombre, en don, cuanto hace y es.
Y lo que da la vida, aunque parezca malo,
es, bien mirado, todo de regalo.

Encuentro al despertarme... de mi engaño,
que es corona de gracias todo el año.
Y que la Epifanía manifiesta
que toda nuestra vida es día de fiesta.

Que nadie el Don de Dios, por tanto, mida
por los puntos que calza en esta vida.
Cuando regala, Dios tiene por norma
rebosar de abundancia toda horma:
deja lo mismo en la alpargata rota
que en los charoles y en las finas botas.
¿No vale más la vida que el vestido?
Descalzos nacen reyes y mendigos.

Fueron los Reyes Magos los primeros
en saberse, sin Cristo, pordioseros;
y en deponer ante los pies del Niño
su ofrenda de fatiga y de cariño.

Los primeros también que comprendieron
que Tú dejabas a estos hijos ruines
colmados de Jesús los escarpines.


Padre Horacio Bojorge
(
http://mercaba.org/Espiritualidad/epifania.htm
).

Pastores y Reyes de Oriente.

Pastores y Reyes de Oriente

Historia y tradición de estos personajes del Belén

Ha nacido el Niño en un pobre portal de un pequeño pueblo. Solos están María y José, acompañados de una mula y un buey. Pero el evangelio y la tradición nos cuentan que, enseguida, Jesús fue visitado y adorado como Dios por unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños y por tres poderosos magos que acudieron inspirados desde las remotas tierras de oriente.

Unos tres kilómetros al este de Belén se encuentra el poblado cristiano de Beith-Sahur, que la más antigua tradición consigna como el lugar en que el ángel se apareció a los pastores, tal y como narra San Lucas (Lc II, 8-21). Y allí mismo, para recordarnoslo, existe hoy una preciosa capillita decagonal.

Una muy antigua tradición afirma que los restos mortales de los tres pastores primeros a los que se apareció el ángel ­Jacobo, Isacio y Josef­, se conservan en la salmantina villa de Ledesma, en cuya iglesia, en efecto, hay una arqueta que contiene diversos restos óseos y en la que se guarda un documento escrito donde se hace constar la autenticidad de tales reliquias.

La figura de los magos, que no falta en ninguna representación belenística, tiene una aparición plástica y testimonial antiquísima.

Melchor, Gaspar, Baltasar

La austera descripción que de ellos realizan los evangelios sucita las más diversas interpretaciones, siempre tendentes a aclarar su lugar de procedencia, su número, así como otros detalles en torno a sus presentes y su presencia ante Jesús. San Mateo cita en el texto evangélico que los Magos proceden de Oriente, y precisar el país concreto del que éstos provendrían fue afán continuo de los primeros apologetas del cristianismo.

La afiliación persa, que desde pronto se dará como definitiva ­el español Prudencio en el siglo IV ya los describe como tales­, la confirman las primitivas representaciones plásticas de los Magos en los primeros siglos, en que aparecen ya con la típica vestimenta persa. Respecto a los presentes que ofrecieron al Niño, ya en un texto irlandés del siglo IX, atribuido a san Hilario, se afirma que Melchor portaba el oro, Gaspar, el incienso y Baltasar, la mirra. Oro, incienso y mirra son, como todos conocemos, presentes de carácter simbólico que recogen la condición divina y humana de Cristo, su redentora resurrección y su preeminencia como nuevo rey de los hombres.

¿Cuál era la condición de aquellos personajes? Todos los tratadistas coinciden en denominarles "magos", término que en lengua vulgar de los persas significa sabio, sacerdote. Serían, pues, miembros de una casta superior, individuos estudiosos e instruidos, capaces de desentrañar la misteriosa aparición de la estrella.

La denominación de "reyes", en sustitución de "magos", en un principio fue combatida por la Iglesia, pero pronto halló fortuna entre las clases populares. A ello contribuyó, en gran medida, la calidad de los regalos ofrecidos, pero, sobre todo, el hecho de que el oficio de mago, se asociaba, por los primeros cristianos, siempre a ritos profanos.

MARY Murillo
(
http://mercaba.org/LITURGIA/Nv/pastores_y_reyes_de_oriente.htm
).

Meditacion liturgica.

MEDITACIÓN LITÚRGICA

Epifanía es la fiesta de Cristo luz de los pueblos. El misal, en la antífona de entrada, centra la atención de los fieles: "Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino, y la potestad y el imperio". Toda la dinámica de la solemnidad subraya el hecho de que el misterio también ha sido revelado a los gentiles.

Los Magos de Oriente son una plasmación amable del fruto de esta revelación. Ellos vienen, de lejos, seducidos por la luz, para encontrar y adorar al Rey de los judíos. Le traen dones, pero el más importante es el de su corazón sincero. Recibirán en paga la luz de la fe. Fe que será la alborada de la luz que verán tantos y tantos pertenecientes a la paganidad.

La Iglesia siente la necesidad de anunciar a toda criatura el Evangelio con la claridad de Cristo, que resplandece sobre su faz.

-La visión de la Jerusalén iluminada

Isaías exhorta a Jerusalén. Debe levantarse y brillar, porque le llega su luz. Se trata de la gloria del Señor. Es decir, de la manifestación y presencia del mismo Dios. Si mira los pueblos, sólo percibe tiniebla. Pero la ciudad de la paz tendrá la luz indeficiente de la gloria que le será dada. Los pueblos se pondrán en marcha hacia esta luz.

La visión es apoteósica. Una inmensa y abigarrada multitud, una enorme caravana, se dirige a Jerusalén. Traen tesoros y proceden cantando las alabanzas del Señor. El salmo responsorial, como eco del texto profético, canta al Señor que es Rey. Todos los pueblos deben optar por servirle. La acción de este Soberano será de liberación del pobre que clama y del afligido sin protector.

Hoy, sin duda, la Iglesia se siente nueva Jerusalén. Se le recuerda cómo debe reflejar la luz de Cristo para todos los pueblos. Ella misma se convierte en estrella que anuncia la presencia del Rey que salva a todos los hombres y que quiere reunirlos bajo la luz de una misma fe y de un idéntico amor. La Iglesia debe estar siempre a punto para recibir a los hombres de toda raza y condición. Ella misma se avanza hacia los hermanos. Puesto que, en palabras de Juan Pablo II, es camino que va hacia el hombre. Ningún miembro del Cuerpo de Cristo está dispensado de anunciar el evangelio a los que lo desconocen. El mandato último de Cristo fue muy claro: "Id a todos los pueblos". La misión apremia.

-Los Magos

La escena de los Magos adorando al Niño, en el regazo de María, ha seducido a los autores de la iconografía cristiana. Y, en verdad, es enormemente simpática. Los Magos -posiblemente astrónomos- son buscadores de la verdad. Han advertido un camino posible para hallarla. No han dudado de emprenderlo y han llegado hasta Jerusalén.

Buena gente estos estudiosos de los fenómenos celestes. Parecen casi ingenuos. Tanto que preguntan a Herodes. Es lógico, puesto que buscan al Rey. Herodes y su corte temen. Las profecías hablan claramente de Belén, lugar de nacimiento de David. El monarca, muy artero, les pedirá que le sirvan de informadores en el regreso. ¡Un rey de este mundo que teme a un Niño que viene en son de paz! Será tanto el desafío temido que costará la vida de muchos inocentes y el exilio de Jesús.

Los Magos prosiguen el camino. La estrella se pondrá ahora exactamente encima de donde está el Niño. Está en brazos de su Madre. Los sabios adoran postrados y le ofrecen regalos. Pero lo más importante es que le dan su corazón y su vida. Marcharán seguros, lejos de todo peligro, porque han hallado al Salvador.

El cristiano que celebra hoy la epifanía se acerca a Cristo, lo adora profundamente como su único rey, su único Dios y su único Salvador. La adoración implica una comunión profunda con su persona y con su mundo de valores. La oración personal, en esta solemnidad, debe alcanzar un alto clima de diálogo a través de la entrega personal al Señor.

Hay un aspecto festivo que llama la atención. Viene dado por la oración sobre las ofrendas. Se dice que los dones de la Iglesia ya no son oro, incienso y mirra, sino el mismo Jesucristo, "que en estos misterios se manifiesta, se inmola y se da en comida". Conviene anotarlo para una espiritualidad que se nutre en el banquete eucarístico. Con el Cristo, ofrecido al Padre, debe también darse el cristiano que tiene la suerte de celebrar los santos misterios.

La oración debe llevar al compromiso personal a favor del apostolado y la evangelización.

-Una plegaria

La plegaria recapituladora será de entrega al Señor y de súplica para que sea siempre la luz que guíe nuestros pasos. Cabrá añadir la petición a fin de saber testimoniar, de palabra y obra, la luz verdadera que ilumina a todo hombre.

Otra súplica será por la misión universal de la Iglesia. Pídase por los misioneros. Y también para que el Señor suscite vocaciones en orden al ofrecimiento del Evangelio.

La mirada universal hará que se ore por la conversión de los no creyentes y paganos, puesto que para ellos es la Promesa en Jesucristo.

JOAN GUITERAS
ORACIÓN DE LAS HORAS 1991, 12.Pág. 423 ss.
(
http://mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/EPIFANÍA/meditacion_liturgica.htm
).

Y le ofrecieron dones... (Mt 2,11)

Y LE OFRECIERON DONES... (Mt 2,11)

Meditación sobre la epifanía del Señor

Mucho más que la sencilla y escueta narración del evangelio de Mateo de la adoración de los magos en Belén, fue la brillante visión del profeta Isaías lo que inspiró el corazón y el espíritu del cristianismo. Nuestros nacimientos sólo toman de Mateo su núcleo principal, pero, en sus detalles, siguen la audaz visión del vidente: los dromedarios, los camellos, las riquezas de los pueblos se toman de este último. Así la hermosura y la grandeza de la tierra se inclinan ante la pobreza, ante el Niño del establo. Pero esto, ¿no es en realidad un sueño, que debe ceder a una realidad más sobria y más modesta? Ahora bien, Isaías no nos muestra un determinado momento, sino que su visión se dirige a la vez a la lejanía de los siglos. Después de tanta oscuridad y tanta desilusión, brilla desde Sión una luz, que irradia su resplandor sobre el mundo, y una peregrinación se organiza hacia allí de toda la tierra; el corazón de Israel palpita de alegría ante ese resplandor inesperado.

¿Pero nuevamente no es esto un sueño? ¿O no es la verdad? ¿No surge de hecho del corazón de Israel una luz que ilumina a través de los siglos? Los magos del evangelio son únicamente el comienzo de una inmensa peregrinación, en la que la magnificencia y la hermosura de esta tierra se ponen a los pies de Cristo: el oro de los mosaicos del antiguo cristianismo, la luz policromada de las vidrieras de nuestras grandes catedrales, la alabanza de las piedras, el canto navideño de los árboles del bosque son para él, y los instrumentos músicos hallaron sus modos más hermosos cuando se postraron a sus pies. También el sufrimiento del mundo, sus penas y trabajos vienen a él para encontrar, al menos durante unos instantes, ante el Dios que se ha hecho pobre, el alivio y la comprensión.

Evidentemente, todos nosotros nos hemos hecho hoy un poco puritanos: ¿no hubiera sido mejor entregar todos esos tesoros a los pobres? Pero nos olvidamos, al hacer esa pregunta, de que la hermosura y la magnificencia que se regaló al Señor es la única propiedad común del mundo. ¡Qué contraste entre las residencias y las iglesias, entre los museos y las catedrales! ¡Qué diferencia se observa si se trabaja en el Louvre, en los Offici, en el Museo Británico o si se coincide rezando en una iglesia viva en la alabanza de las piedras! La riqueza que se ha regalado al Niño de Belén se adecúa a todos y todos la necesitamos como el pan. El que quita lo hermoso a un niño, para convertirlo en algo útil, no le ayuda, sino que le causa daño: le quita la luz sin la cual todos los cálculos son fríos y se convierten en nada.

Ciertamente, si nosotros empalmamos con esta peregrinación de los siglos, que pretende derrochar lo más hermoso de este mundo para el Rey recién nacido, no deberemos por ello olvidar que él siempre sigue viviendo en el establo, en la cárcel, en las favelas y que nosotros no le alabaremos si no somos capaces de encontrarle allí. Pero el conocimiento de ese hecho no debe impulsarnos a una dictadura de lo útil que proscriba la alegría y que dogmatice una austera seriedad. La preocupación por la belleza de la casa de Dios y la preocupación por los pobres de Dios son algo inseparable: no sólo necesita el hombre de lo útil, sino también de lo bello; no sólo de una casa propia, sino de la proximidad de Dios y de sus signos. Donde él es glorificado y exaltado se hace la luz a nuestro corazón. Donde no se le da nada a él se esfuma también lo otro; pero donde son excluidos sus pobres tampoco se hace caso de él.

JOSEPH RATZINGER
EL ROSTRO DE DIOS
SÍGUEME. SALAMANCA-1983..Págs. 71 s.
(
http://mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/EPIFANÍA/ratzinger.htm
).

Los Magos.

LOS MAGOS:
FULGORES, INCERTIDUMBRES
Y CUEVAS TAN SONORAS

Joaquín GARCÍA ROCA
Sacerdote diocesano
Profesor de Filosofía Social
Valencia

Vivimos un período de la historia que asigna nuevos lugares al deseo y al valor; cuando esto sucede, el universo parpadea signos emergentes para iluminar la nueva condición y actualiza claves simbólicas para construir la historia esperanzadamente.

El relato evangélico de los Magos, en el que «resulta difícil trazar la frontera exacta entre el hecho y el símbolo» 1, revela -a la vez que promueve- un modo de ser en la vida y de estar en la realidad que permite recrear las claves de una espiritualidad para nuestro tiempo.

Hay en el mundo y en la sociedad, en la naturaleza y en la historia, fulgores que parpadean aunque sean tan breves; los seres humanos están rodeados de señales, signos e indicaciones, de relatos y narraciones emergentes que traen noticia de Dios. Hay chispas en el interior de nuestra condición, aquí y ahora, que gesticulan su figura. El cántico espiritual de nuestro tiempo, como sugiere Jiménez Lozano, se abre con la pregunta «¿Adonde te escondiste, oh Dios, / que no dejaste / señal de tu figura, tu existencia? / Ni los árboles dicen, ni las rosas, / ni el río plateado / ni los montes, ni riberas, ni los bosques / noticia de ti mismo»; y se cierra con la pregunta: «¿Pero serás Amado, y podré verte / al alba o en la noche?» 2

Hay caminos sin trazos donde sólo la pregunta y la búsqueda se elevan a la condición de encuentro; no hay ingenierías del espíritu. sino tan sólo incertidumbres que el relato de los Magos eleva a la condición de hallazgo; no hay alamedas, sino desiertos donde la pisada del caminante es borrada por el viento. Hay signos de inquietud y de deseo a pesar de que se han fragilizado los mapas. Jesús de Nazaret es como ha intuido poéticamente Pedro Casaldáliga, «cosechador de riesgos y de dudas>> 3.

Hay cuevas tan sonoras que pueden orientar en la noche. La epifanía excepcional del rostro, en palabras de Emmanuel Levinas 4, ya no se produce como una atmósfera densa, plenitud del vacío o murmullo del silencio, sino en forma de una vigilia sin recurso posible al sueño que se contrae y se sustancia en un campo de fuerzas ante las cuevas de Belén y ante los cautiverios de la historia, en el reverso de la historia que estos días deambula por los Grandes Lagos del corazón de África y en el lado oscuro de la existencia que permanentemente nos acompaña. Sigue siendo sonoro el rostro del Otro cuando es acompañado por unos testigos que vienen de cualquier parte, conducidos por una estrella que parpadea y llevados por atajos y rutas poco convencionales. ¿Dónde están hoy los fulgores tan breves, los caminos sin trazos y las cuevas tan sonoras?

La sabiduría de los Magos

El saber del mago está hecho simultáneamente de información y de sentimientos, de razón y de afectos, de inteligencia y de emociones. «Sentipensantes» denominan los pobladores de la costa colombiana a esa rara y sorprendente habilidad que sabe cruzar datos e intuiciones «inteligencia emocional» que incluye el autodominio, el celo y la persistencia, y la capacidad de motivarse uno mismo, como lo ha bautizado el reciente libro de Goleman 5; a ciertas «corazonadas», como las que practican las madres con sus hijos, que no les faltan razones, pero tienen un superávit del que sólo el corazón dispone. El impulso, como instrumento de la emoción, es un saber que nos permite adentrarnos en la realidad sin perdernos, vivir en el interior de la turbulencia sin rompernos, captar los sonidos múltiples sin quedar ensordecidos. Los Magos disponían de un tacto especial para leer en la estrella un mensaje, para captar en la naturaleza una comunicación, para sentir en el aire una llamada.

El mapa del corazón humano que desvela la sabiduría de los Magos desafía a todos aquellos que se adhieren a una visión estrecha de la inteligencia. Cierta racionalidad ilustrada, que impulsó el proyecto modernizador y ha convertido en hegemónico el propio desarrollo tecnológico, ha entronizado la objetividad, que para ser legítima tiene que prescindir de los afectos, ha enfatizado el ejercicio profesional, que para ser correcto tiene que anular los sentimientos, y ha estimado la inteligencia de espaldas a las emociones. Mientras la sabiduría del mago incorpora la experiencia vital, la racionalidad del técnico la reduce a simple experimento; mientras aquélla estima la emoción y el afecto como vehículos del conocimiento, la razón tecnológica los declara innecesarios y perjudiciales. La sabiduría de los Magos ha quedado fragilizada, cuando no aplastada, por el cálculo, el control y la previsión.

Los Magos del relato evangélico no perdieron la pasión por el saber exacto de la astrología, pero les resultó insuficiente para encontrar lo buscado; su gramática estaba repleta de signos, y su laboratorio fue la experiencia vital. Quizá el fulgor mayor de una nueva sabiduría que abre itinerarios espirituales en nuestra época sea el descubrimiento de que la mente emocional y la racional deben operar en ajustada armonía, entrelazando sus diferentes formas de conocimiento para guiarnos por el mundo.

Al revestirse de significados, la realidad se hace interesante, atractiva, repelente y, sobre todo, innumerable. Diecinueve mil lenguas habitan el aire enmarañado, y ni siquiera utilizándolas todas se podría enumerar lo que aparece. Las cosas transmiten a la escucha mensajes no entendidos. Todo está enredado de esperanzas y citas, ofensas y desaires 6. Si los Magos relacionan lo conocido con lo desconocido, la razón socialmente dominante intenta a la inversa, encerrar y encapsular lo desconocido en lo conocido, para de ese modo convertirlo en objeto de dominio. Hay una sabiduría, que ya no es del todo nuestra, que trae noticias de Dios, de igual manera que para el enamorado un nuevo objeto adquiere significado cuando logra traerle mensajes de su amada y aunque no levante el velo de la niebla, sin embargo deja entrever al menos la silueta de una ausencia.

Existe hoy un contencioso grave entre la sabiduría simbolizada en los Magos y la racionalidad funcional que se ha instalado en la civilización actual. Para el historiador, el Zaire es primariamente una antigua colonia; para el «tour operator», una oferta de safari, para el economista se trata de un país con una hiperinflación del 4.300 por 100 y el hundimiento constante de la producción de cobre y de cobalto; para el sociólogo, un país con un conflicto étnico... La sabiduría de los Magos abre todos estos conocimientos a la implicación personal, a la llamada ética, a la autentificación colectiva, a la empatía de un sufrimiento compartido.

Nuestro tiempo tiene un fulgor especial allí donde constata que lo esencial es invisible a los ojos, que no éramos tan soberanos ni autónomos como llegamos a creer, sino que nuestra acción resulta limitada y finita la razón; allí donde llega a creer que las razones se sentimentalizan; allí donde mira al ser humano singular y vinculado, allí donde fenece el antiguo paradigma que sostenía un ideal de razón liberado de la tensión emocional y nos obliga a armonizar cabeza y corazón 7.

La ideología del conquistador

Tres Magos salieron de casa, no para conquistar el mundo, sino para adorar la novedad histórica de un recién nacido. En los Magos se produce una inversión de la ideología del conquistador que siempre ha estado viva en la historia de la humanidad, en forma del guerrero antiguo o del actual ejecutivo.

El guerrero de ayer ha sido la gran figura de Occidente que convirtió el mundo en objeto de conquista, y a los otros en objeto de dominio. Nuestro tiempo también es prisionero de la ideología del conquistador en la forma del ejecutivo que se mueve por el afán de éxito y el deseo de acumulación, contabilizando su cuota de poder, su capacidad adquisitiva y su fama individual y sacralizando su ambición. La tendencia más generalizada de nuestro modelo cultural es la equiparación del sentido de la vida al éxito. Está impregnado por el «mito de la cima>>, que se plasma en la idealización de la hombría que celebra los atributos duros de la masculinidad, los esterotipos viriles, las imágenes provocadoras del macho bravío, cuya figura suele estar representada por el hombre agresivo, implacable, duro y despiadado, que se hace impermeable a la invitación tanto en forma de oferta como de gracia 8. Le gusta la propiedad, y de este modo siempre está encarado hacia sí mismo, lo cual le hace blindarse en su propio autismo. El símbolo máximo hoy de esta forma de pensar es la tarjeta de crédito, fruto de una conquista y de una acumulación 9. Atrapado por la productividad, la eficacia y la ganancia, se cierra a la experiencia de la gratuidad. Se le somete al permanente desgaste de la competitividad con todo y con todos. Obligado a ser más que los demás, ha cambiado la vinculación a las personas por la dependencia de un sistema monetario abstracto y burocrático, negando de plano la posibilidad de alimentarse de la gratuidad de la existencia. La norma es invertir siempre en nosotros mismos, para seguir compitiendo con ventaja, si es posible, sobre los demás.

Ambos -el guerrero y el ejecutivo- ignoran el perpetuo y constante nacimiento de la vida, que sorprende incluso en una estrella fugaz o en un pesebre tan frágil, y en su lugar lo pueblan de objetos, salarios y mercancías. Ambos establecen con la naturaleza y con las personas una relación funcional, tratan las aguas, los bosques y los animales como «recursos» aptos para ser dominados o para integrarlos a la dinámica del mercado. Nada debe sentir el cazador de ballenas o el talador de árboles por aquellos seres singulares a los que considera simples objetos a manipular. Nada debe sentir el conquistador -bien sea el esclavista de siglos anteriores o el actual ejecutivo multinacional que pueda distraerlo de su objetivo único y grandioso: someter a los demás a su hegemonía política y económica 10. Nuestro tiempo tiene un fulgor especial en la gratuidad, en el gesto desinteresado, en las organizaciones que cuestionan y desacreditan la sagrada competitividad que fomenta la violencia y la frustración de los débiles, en los seres humanos que hacen de sus vidas un tejido marcado por asombros y abismos, en todos aquellos que han conquistado el derecho a deshabitar la rutina de la vida diaria para entrar en relación con mundos posibles.

El arte de viajar en la incertidumbre

El secreto del viaje de los Magos consistió en aprovechar a su favor las fuerzas que estaban en su contra; como el navegante que convierte las amenazas del mar en oportunidades para llegar al puerto, así los Magos se acercaron al palacio de Herodes. El arte de navegar consiste en hacer entrar el viento entre las velas, para así vencer al mar, y que salga por donde pueda, que es por donde el navegante quiere.

Propiamente, los Magos no conocieron los caminos trillados ni las rutas señalizadas, pero se mantuvieron a flote y llegaron a buen puerto. Y si pudieron sobrevivir, fue porque no desfallecieron ni se abandonaron. La pérdida del ánimo es la herida por donde sangra el alma. La actitud animosa, que preside la búsqueda de los Magos, incluye la energía para emprender y la disposición para mantener el empeño.

Desde la perspectiva de la inteligencia emocional que presidió el impulso de los Magos, abrigar esperanzas significa que uno no cederá a la ansiedad abrumadora, ni a una actitud derrotista, ni a la depresión, cuando se enfrente a desafíos o contratiempos 11.

El naufragio en el itinerario religioso se produce cuando se da por perdida la búsqueda, cuando nos abandona la confianza, cuando no aprendemos a interpretar las propias señales que te indican tus propios límites, cuando no superamos nuestro narcisismo y nuestra estructura existencial posesiva.

El relato simbólico de los Magos consagra el derecho a caminar y a buscar sin metas claras, sin controles previos ni predicciones lineales. Es posible ponerse en camino sin planos, con la sensibilidad abierta hacia lo impredecible. La meta nunca puede ser predicha con certeza, ya que siempre tiene un componente de regalo. La posibilidad del azar pertenece a la riqueza humana. Es el azar el que desata los patrones de alerta y de búsqueda. Los Magos consagran el derecho a encontrar sin reglamentar los pasos, a convivir con amplias zonas de incertidumbre.

El arte de viajar que practicaron los Magos tiene hoy una máxima actualidad cultural, ya que permite superar el determinismo y la impotencia que preside un cierto clima cultural, mantenerse en pie a costa del oleaje, engañar a las olas para avanzar hacia donde se quiere, plantar cara al aire encrespado... La invención y la creatividad triunfan sobre la necesidad, en un viaje donde la perplejidad de las metas obligaba a nadar contracorriente, a mantener el pulso con Herodes y a cambiar incluso el camino de regreso. El estatuto de los signos es titubeante: ni tan fuerte como para suprimir la libertad ni tan débil como para pasar desapercibido.

Tan poco convencional era la ruta y tan perpleja la intención que les llevó a Herodes, justo la parada que no procedía. Las estrellas desaparecen, y sólo queda la resistencia, ya que los signos no son transcribibles, sino que a veces van unidos al encubrimiento, a la apariencia, a la oscuridad. Como intuyó Kafka, «cuando oscurece, se enciende una candela; y cuando la candela acaba, entonces hay que quedarse sosegados, esperando en lo oscuro».

Cuevas tan sonoras

Los Magos representan en los relatos de la infancia la indicación de que ciertos acontecimientos llevan una estela de luz especial; son hechos que crean en su entorno un orden nuevo; situaciones que hacen señas y emiten no ya sólo fulgores, sino bramidos; hechos que lo vulcanizan todo detrás de la bruma y todo lo imantan sin dejar nada indiferente. ¿Qué acontecimiento son éstos? ¿Qué hechos poseen estas características? No resulta indiferente que los Magos no sean reyes sino astrólogos, actividad que en aquella época suscitaba recelo y hostilidad: circunstancia que los vincula al resto del escenario, especialmente a los pastores desheredados, desvalidos y despreciados 12.

Como ha cantado Pedro Casaldáliga, «la noche de los pobres está en vela / y el dueño de la tierra ha decretado / abrir todos los surcos y graneros / porque el eón del lucro ya ha pasado» 13. Con nosotros quedaron las cuevas tan sonoras, donde se oyen las voces de los que han muerto sin ayuda, se escucha el silencio de los pobres humanos con su vida tan breve, se oye a los empobrecidos con la mano tendida al cielo en actitud de súplica. Venidos del extranjero, convierten al otro y al diverso en una categoría salvífica y testimonial. El que está naciendo rompe la distinción entre los de dentro y los de fuera. No es indiferente que los evangelios apócrifos de la infancia de Jesús subrayen con énfasis la triple procedencia de los reyes de la India (Gaspar), Arabia (Baltasar) y Melkon (Persia) 14. Hay testigos que vienen de fuera y deslegitiman así la posesion y la primogenitura. La cultura planetaria solicita una colaboracion con tintes ecuménicos, que sea producida por el conjunto de los seres humanos, sin distinción de razas, credos o culturas. La cultura en una sociedad mundial se despliega, de este modo, como un ejercicio que rompe el aislamiento de cada entidad, supera la fragmentación institucional y busca lo que une para la promoción de la vida digna. La baja intensidad que tiene hoy la preocupación por las poblaciones sobrantes exige buscar vinculaciones, alianzas, espacios de encuentro y zonas de convergencia, dentro de una diversidad cultural. Estas alianzas deben practicarse también entre religiones: o se producen alianzas entre las religiones o no habrá respuesta para los excluidos 15. El ecumenismo de lo social es la nueva agenda de las Iglesias. Significa asimismo recrear la interdependencia, no ya como lucha, según la interpretó la ideología darwinista, ni como la ha actualizado el neoliberalismo al consagrar la fuerza como raíz de la supervivencia, sino más bien como colaboración. La pregunta radical de las culturas ya no es contra quién luchas, sino con quién vives y de quién dependes. El actual nacionalismo europeo se está construyendo bajo la pregunta «contra quién luchas»: hemos de luchar, se dice. contra los tigres del Pacífico, contra la competencia de los paises del Sur... Si la pregunta fuese: «Con quién vives y de quién dependes», sabríamos que de los emigrantes, de los agricultores, de los mineros.

Los Magos lo buscaron en palacio, pero lo encontraron en la cueva. Lo persiguieron por el salón de Herodes, y Él se les mostró en la periferia. En ese Niño tan débil y vencido, «en la oquedad de nuestro barro breve», está «la versión de Dios en pequeñez humana» 16. La estrella anuncia y señala hacia la fragilidad del Niño, no hacia el Dios metafísico como fundamento único, ni hacia la absolutez de su mostración como verdad única. Dios acontece como anonadamiento. No es voluntad de poder, sino vocación de abajamiento, y de este modo desmiente los rasgos naturales de la divinidad. La kénosis (Flp.2,7) no es negación de Dios, sino la forma propia de acontecer en la historia de Jesús. Lo frágil se convierte así en la revelación de Dios, que inaugura distintas moradas. La fragilidad ha quedado vinculada a la trascendencia como su perspectiva propia, que desmiente la potencia. Nuestro tiempo rastrea la experiencia de la trascendencia por los lugares de la fragilidad. Esta apelación adquiere incluso su fuerza heterodoxa cuando José Jiménez Lozano escribe su poema «Oración»: «¡Oh Dios.', te lo suplico: / envía al mundo al ángel / de tu izquierda, el que es jinete / y a su paso atropella mitras y tiaras / y hace cucuruchos con las Bulas papales / para que los niños transporten leche y miel, / ¡oh, Dios! y luego envía tu otro ángel, / cuyo nombre es Desolación, el que clausura las puertas de los templos, descuelga las campanas / y enmudece las bocas y los cantos. / Y al fin, baja tú mismo, como sueles, / con el disfraz que sueles, y arrastra nuestra gloria / por el barro y crucifica nuestros sueños. / ¡Oh Dios!, yo te pido / porque no sufro verte más con túnica de Rey, / ropas de seda y entre los triunfadores. / Está como encerrado en el salón de Herodes, / el lujurioso príncipe, y ya nadie / lee tu pasión y muerte»17.

Solidarios con los pobres y con los extranjeros, pero frágiles, con todo, son las estelas que indican también hoy la dirección del nacimiento. La solidaridad frágil, en expresión de Walter Benjamín, es como una especie de chispa mesiánica que explosiona en contacto con la exclusión, con la antihistoria y con la cruel inhumanidad; una chispa que se activa en contraste con los pueblos saqueados y en contacto con el reverso de la historia. Confiere a las culturas actuales una nueva sensibilidad frente al olvido que la cultura occidental ha tenido con respecto al sufrimiento humano, ya que ha pasado como de puntillas por todo el lado oscuro del ser humano y de la historia 18; este olvido ha tenido que pagar un alto peaje en los planteamientos de las políticas sociales cuando han tenido que acercarse a lo quebrantado, al sufrimiento humano o, en palabras de Antonio Machado, a los «lugares de sombra eterna».

Con este déficit de solidaridad, las prácticas sociales han sido erráticas y han soportado mal el sufrimiento humano. La severa admonición que Metz dirige a Habermas al advertir en él «muy poca paciencia con la negatividad, con la no-identidad, con la prohibición de imágenes y la teología negativa» 19, puede extenderse con razón a la cultura moderna, que carece a menudo de sensibilidad para captar lo irreductible del sufrimiento humano. El imperativo mayor que pesa hoy sobre la cultura actual, con sus políticas sociales, consiste en enfrentarse al sufrimiento humano. Su posición ante el mismo marca, en definitiva, la orientación de cada una de las políticas en acto. De suerte que la vigencia cultural del neo-liberalismo sólo se explica desde una determinada concepción del sufrimiento, que opera con conceptos y referencias genéricas y se incapacita para tomarse en serio la existencia individual.

La solidaridad es la cueva sonora de nuestro tiempo. a partir de la cual nuestra sociedad toma conciencia de sí misma y de sus disfunciones, y busca a menudo, con urgencia y confusión, soluciones a sus problemas 20. Su actualidad se sostiene sobre tres ejes que constituyen su radical novedad. En primer lugar, la irrupción del Tercer Mundo en la escena mundial no sólo ha ampliado las poblaciones marginalizadas del progreso económico y de la participación en los beneficios sociales. sino que solicita nuevos entoques en la órbita de la mundialización. Ya no se trata sólo de buscar los verdaderos problemas de la desigualdad social, sino de modificar las bases mismas de su respuesta a través del abajamiento de la sociedad del bienestar.

Esta realidad obliga a buscar un nuevo vínculo mundial, ya que el nexo con los pueblos dominados no fue considerado digno de ser teorizado, y ello ha servido secularmente para ocultar los derechos sociales y políticos de aquellos pueblos. Justamente, el que tales pueblos carecieran de Estado ha sido el argumento tanto para colonizarlos como para excluirlos de la teoría social moderna 21. Tras la globalización económica por la vía de los mercados, la interdependencia por la via ecológica, la internacionalización por la via tecnológica y la homogeneización por la vía social, está por nacer la mundialización cuyo norte y guía sea la creación de la única familia humana. Como advertía Juan Pablo II ante las Naciones Unidas, el concepto de familia de las naciones puede ser ese nuevo vínculo mundial que se necesita: «El concepto de familia evoca inmediatamente algo que va más allá de las simples relaciones funcionales o de la sola convergencia de intereses. La familia es, por naturaleza, una comunidad fundada sobre la confianza mutua, sobre el apoyo reciproco y sobre el respeto sincero. En una auténtica familia no existe el dominio de los fuertes; al contrario, los miembros más débiles son por su debilidad, doblemente escuchados y servidos»22.

De este modo se conmovió culturalmente el lugar de lo santo, que queda así vinculado a la inf'rahistoria, al lado oscuro de la realidad, a las víctimas de la historia, que andan como si buscaran un alfarero, mientras que los triunfadores lo hacen como si necesitaran una Desolación: comienzan así los itinerarios del «Deus absconditus».

Un fulgor tan breve

Junto a los bramidos de la solidaridad, que son hoy la estrella polar de la constelación de lo santo, amanecen también fulgores culturales en los que parpadea igualmente lo sagrado. En el interior de ciertos procesos culturales que se enuclean en torno a la vulnerabilidad social y a la fragilidad personal hay estelas que gesticulan. La significación de los Magos subsiste hoy en aquella tradición cristiana que vincula la encarnación a la fragilidad y en aquellas tradiciones culturales que disuelven lo sagrado como violencia simbólica, debilitan las estructuras fuertes y confunden el poder absoluto. «Es en el cristianismo -reconocerá el gran teórico de la posmodernidad Gianni Vattimo- donde encuentro el texto original de la ontología débil. E incluso es probable que haya llegado a ella a causa de mis raíces cristianas» 23. Desde todos esos procesos culturales, Dios gesticula y parpadea para nosotros.

Parpadea en el debilitamiento del sujeto como propietario. La aparición histórica del sujeto posesivo como última instancia de verdad y de valor desplazó los signos de lo sagrado para sustituirlo por el narcisismo del yo. En la actualidad, lo que parecía un pilar inconmovible de la cultura moderna y su última apelación, muestra grietas. Por el contrario, amanece una cultura que vincula al ser humano con la naturaleza, lo integra en la comunidad y lo muestra dependiente 24. La singularidad del ser humano, que se abre con fuerza en la cultura emergente, se mueve entre dos polos antitéticos y bien conexos: la dependencia y la singularidad. La crisis mayor de nuestro tiempo ha consistido en contraponer ambos tropismos hasta el extremo de vivirse de modo excluyente: la singularidad se afirma a costa de la dependencia, la libertad a costa de la vinculación, la autonomía a costa de la convivencialidad. El fulgor mayor de nuestro tiempo consiste en promover auténticos procesos de singularización y sólidos lazos de interdependencia. Gracias a la dependencia se mantienen las cadenas energéticas y tróficas de las que todos los seres vivos se alimentan; gracias a la singularidad se mantienen la diversidad de especies e individuos que aseguran la riqueza y la estabilidad del bioma 25.

Gesticula y parpadea en la mirada ecológica, cuya actualidad define las grandes propensiones de la cultura actual. Como los Magos, que se dejaron asaltar por las intensidades ambientales y mantuvieron un intercambio afectivo con la naturaleza, así la cultura actual descubre el ecosistema humano, es decir, la vinculación fundante que el ser humano establece con la naturaleza y con los otros. Se ha recuperado la reflexión ecológica como una forma de racionalidad surgida de una experiencia de finitud que experimenta conmocionada una cultura que había pensado no tener límites. Esta sensibilidad ecológica intenta recrear el valor de la tierra como hogar y como una realidad orgánica e integrada y reconstruir el medio ambiente interhumano, cuidando de no contaminar nuestras redes de dependencia afectivas y el entorno comunicativo; y finalmente, como señalaba Juan Pablo II en su mensaje a los artistas (octubre de 1986), «la sociedad contemporánea no sólo está amenazada por las armas nucleares y los desastres ecológicos; se hace necesario además, para beneficio del hombre, poner en práctica una ecología del espíritu». La eclosión ecológica ha puesto en entredicho tres de los grandes mitos de la era moderna: el mito de la soberanía de los estados, especialmente de los mas industrializados, el mito del crecimiento continuo de las economías -si todos los habitantes del globo vivieran según los patrones de consumo habituales en los países industrializados, la vida sería imposible sobre el planeta- y el mito del mercado como solución universal, ya que preservar el medio ambiente supone sacrificar alternativas económicas rentables a corto y medio plazo 26.

Gesticula y parpadea en el debilitamiento del poder absoluto, que le despoja de su absolutez y le orienta hacia el servicio, hacia la no-violencia, hacia el diálogo, hacia la participación y hacia la cooperación. Las estructuras fuertes e impositivas se conmueven, y de su interior surge la voz de la estrella. Como ha escrito Gianni Vattimo, «la herencia cristiana que retorna en el pensamiento débil es también, y sobre todo, la herencia del precepto cristiano de la caridad y de su rechazo a la violencia». Se conmueven las estructuras sagradas de la sociedad cristiana, con el consiguiente alumbramiento de la laicidad del estado; de este modo nacen nuevas estrellas que conducen hacia la personalización de la fe y su expresión comunitaria. Asimismo, en la constelación de la moral hay estrellas ascendentes como la general reprobación del racismo, el rechazo de la idea de la guerra, la convulsión ocasionada por el empobrecimiento del Tercer Mundo, la humildad de la razón científica, la relatividad de la técnica para producir la felicidad... Se puede observar la general descalificación del autoritarismo y la vigencia del anonadamiento de Dios, que renuncia a su poder para llegar a ser amigo, que revela las cosas esenciales a los pequeños y los oculta a los sabios, que salva el alma a quien se le ha perdido.

La eco-ternura

El privilegio de abrazar al niño se reserva en la tradición cristiana a los Magos, no a los pastores que le adoraron y bailaron. Llegar después de tan largo periplo merecía una caricia, un contacto; la mano que acaricia es proveedora de ternura. Algo particular sucede en aquel encuentro que consagra el derecho a la ternura. No sólo hubo mirada sino tacto; no sólo hubo adoración, sino caricia. La ternura es el auténtico punto de encuentro entre el que busca y el encontrado; es abrirse al mundo y también a los abismos que nos surcan; es, de manera simultánea, símbolo de nuestra finitud y reafirmación del deseo inaplazable de ampliar las fronteras de la piel en busca de un éxtasis esquivo 27.

Si algo caracteriza a la ideología del conquistador y a la racionalidad funcional, es su incapacidad para sentir y su imposibilidad de amar, ya que se mueve en el mundo de lo impersonal. La sabiduría de los Magos y el talante del adorador es inseparable de la invocación cálida. Los Magos no encontraron al Absoluto hipostasiado, ni al Misterio abstracto, ni al Sagrado fascinante, ni a un «gran Otro», sino a un niño provisto de carnalidad. Si para ser guerrero o ejecutivo hay que mantenerse a distancia, para ser mago hay que recuperar el derecho a la ternura. Tanto la ideología del conquistador como la lógica del mercado o el dinamismo del universalismo abstracto mutilan o condenan al olvido el poder de la ternura.

Asistimos hoy a un nuevo fulgor cultural que recrea los dispositivos de la ternura. Tras la imposición epistemológica de la cultura, que silencia lo táctil en beneficio de lo visual, se esconde la tensión por generar un sujeto capaz de moverse en el territorio genérico de la abstracción, tal como conviene a la racionalidad occidental de la fábrica o del ejército. Si la ideología del conquistador homogeneíza los espacios que caen bajo su dominio, quien anida en la ternura está, de entrada, asaltado y derrotado, fracturado y tensionado. «Y cayendo de rodillas le rindieron homenaje...» La identidad prepotente se debilita, la potencia se agrieta. Lo único que no se permitirán los guerreros ni los ejecutivos, ni comprenderá siquiera la razón tecnológica, es el derecho a la ternura. A los guerreros de ayer, sólo después de alcanzar la victoria se les consentía la vivencia del cariño como la casa del guerrero; los ejecutivos de hoy han de tener la piel dura del elefante para triunfar; la racionalidad funcional lo convierte todo en prostitución general.

Abrirnos a la dinámica de la ternura parece ser el testamento de los Magos y es hoy el gran advenimiento de nuestra época, como ha subrayado el psiquiatra colombiano Luis Carlos Restrepo. Somos tiernos cuando abandonamos la ideología de los conquistadores, la arrogancia de la certeza y de la lógica universal, y nos sentimos afectados por el otro. Somos tiernos cuando nos abrimos al lenguaje de la sensibilidad, captando en nuestras vísceras el gozo o el dolor del otro. Somos tiernos cuando reconocemos nuestros límites y entendemos que la fuerza nace del compartir con los demás el alimento afectivo. Somos tiernos cuando fomentamos el crecimiento de la diferencia sin intentar aplastar aquello que nos contrasta. Somos tiernos cuando abandonamos la lógica de la guerra, protegiendo los nichos afectivos y vitales para que no se vean contaminados por las exigencias de funcionalidad y productividad a ultranza que pululan en el mundo contemporáneo 28.

JOAQUÍN GARCÍA ROCA
SAL TERRAE, 1996, nº 11, págs. 829-843


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1. Ch-H. DODD. Le fondateur du christianisme, Seuil, Paris 1972 p. 37.

2. J. JIMÉNEZ LOZANO, Un fulgor tan breve. Hiperion. Madrid 1995, p. 33.

3. P CASALDÁLIGA, Sonetos neobíblicos precisamente, Nueva Utopía, Madrid 1996, p. 35.

4. E. LEVINAS, El Tiempo y el Otro, Paidós. Barcelona 1993, PP. 84-85.

5. D. GOLEMAN, La inteligencia emocional, Vergara Editor. Buenos Aires 1996.

6. J. A. MARINA. El laberinto sentimental, Anagrama, Barcelona 1996, p. 17.

7. D. GOLEMAN, op cit., pp. 27, 49.

8. J. GARCIA ROCA. «Dificultades sociales para creer en el Dios de Jesús»: Iglesia Viva, 1996.

9. La libreta de ahorro, máximo orgullo de los moralistas, es para el psiquiatra L.C. RESTREPO una manera de endurecernos, momificarnos y hacernos impermeables a la gracia; cfr. El derecho a la ternura, Arango Editores. Bogotá 1994. p 153.

10. L.C. RESTREPO, op. cit., p. 45.

11. D. GOLEMAN, op cit., p. 113.

12. J. DUQUESNE, Jesús. Seix Barral. Barcelona 1996, p 48.

13. Ibid.. p. 65.

14. «Evangelio armenio dc la infancia de Jesucristo», en Evangelios de la infancia de Jesucristo. Obelisco. Barcelona 1987, p. 56.

15. Véase mi articulo «La exclusión como llamada»; Sal Terrae 81/5 (mayo 1993), pp. 327-341.

16. P CASALDÁLIGA, op. cit. p. 25 .

17. J. JIMÉNEZ LOZANO, op. cit., p. 27.

18. M.R. MATE. Prólogo a (J-B. Metz. E. Wiesel) Esperar a pasar de rodo. Trotta. Madrid 1996.

19. J-B. METZ - E. WIESEL, Esperar a pesar de todo, op cit., p. 42.

20. AA.VV, L'exclusion: l'état des savoirs, Serge Paugam - Ed. La Découverte. Paris 1996. pp. 7-9.

21. A. GONZÁLEZ «Orden mundial y liberación»: Estudios Centroomericanos 549 (1994), p. 637.

22. ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU, 5-10-1995, «Discurso al cuerpo diplomático», en L'Osservatore Romano 14-1-998.

23. G VATTINO, Credere di credere, Garzanti, Milano 1996, pp. 69-70.

24. P. BARCELLONA. Postmodernidad y comunidad. Trotta. Madrid 1992, p. 107.

25. L.C. RESTREPO. Ecología humana. Una estrategia de intervención cultural, San Pablo. Bogotá 1996. p. 58.

26. A. GONZÁEEZ art. cit., p. 643.

27. Cfr. El derecho a la ternura, p. 84.

28. L.C. RESTREPO op. cit., pp. 139-140.
(
http://mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/EPIFANÍA/magos.htm
).

A la luz de una estrella.

Gentileza de
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para la
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A la luz de una estrella
Por Antonio Orozco

 
De Oriente llegan a Jerusalén unos «Magos»: hombres sabios y ricos, de pupilas dilatadas por el insistente escrutar los tenues resplandores de las estrellas en la oscuridad de las noches. Estudiaban la asombrosa constancia de su curso. Compartían quizá la falsa opinión difundida en ese entonces y ahora, sobre el supuesto influjo de los astros en la vida de los humanos. Los de mayor relevancia histórica habrían de nacer bajo un signo celeste notorio y singular. Seguramente se sumaban a esta idea antiguas tradiciones, incluso verdaderas profecías procedentes del pueblo de Israel.

Lo cierto es que Dios, Señor de cielo y tierra, de la eternidad, el tiempo y la Historia, condesciende: enciende, con la buena fe de aquella idea, una luz divina: pone un lucero en la noche «que impresiona por su misma grandeza y hermosura». Y no es menos vigoroso y grávido de misterio el que prende en la intimidad invisible de aquellos corazones regios, abiertos del todo a la verdad que salva. Son hombres santos, saben leer en los sucesos en apariencia triviales o azarosos palabras escritas no por la mano del hombre sino por el pensamiento de Dios. De ahí que su aventura resulte incomprendida, incluso negada, por quienes carecen de experiencia sobrenatural y no se han adentrado con las luces de la fe en el Evangelio. Aferrados con exclusividad a una ciencia humana, con frecuencia certera, pero insuficiente para comprender lo que escapa a la lógica racional, se resisten a reconocer cuanto tiene origen en el libérrimo, amoroso y sapientísimo querer del Señor.

Imán es aquella luz. Abandonan ricos palacios. Cruzan desiertos que abrasan, hielan, o azotan con arena disparada por desabridos vientos. No cesan de andar tras la luz bella. Sólo una importa. En Jerusalén el lucero se oculta. ¿Habrá sido un sueño, todo? El corazón grande repele el desaliento. Si no hay lucero en lo alto, en la tierra hay hombres a quienes preguntar: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues hemos visto su estrella y hemos venido a adorarle»

¿Oyes, Madre? ¡Han venido a adorar al Niño! También los gentiles, los poderosos y sabios, príncipes de la tierra - no hay más que una raza-, vienen a adorar al Niño. Han sido informados y prosiguen su andadura hacia el Belén ya cercano. Y Dios que juega ¡como un Niño! en el universo, pone de nuevo allá arriba la luz, confirma la buena senda.

Los Magos «se llenaron de enormísima alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y postrándose le adoraron». Conmueve la escena, hoy como nunca. Hombres de prestigio grande se postran ante un niño inerme, Jesús, arrebujado entre los brazos de su Madre Virgen. Incontables leguas anduvieron para vivir en plenitud ese instante de adoración.

Adorar es justicia y amor

«Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto». También estaba escrito: «conoce el buey a su dueño, y el asno al pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne». Con excesiva frecuencia, el seso asnal y ovinesco me aventajan. ¡Jesús, que nunca me falte la sabiduría del buey y de la mula! Que yo sepa reconocer tu pesebre. Yo no sería humano si no te adorase con profunda reverencia. ¿Qué es la religión sino «la mayor rebelión del hombre que no quiere vivir como una bestia, que no se conforma que no se aquieta si no trata y conoce al Creador» [1]. Me hallaría enceguecido de colosal soberbia si no acogiese gustoso en mi pecho la verdad más probada y cierta: ¡DIOS ES!.

Que yo sepa hacer como los Magos de Oriente: «entrando en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y postrándose le adoraron».

 

Yo soy Gaspar. Aquí traigo incienso.
Vengo a decir: la vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina estrella! [2]

 

Reconocer gustoso la soberanía de Dios y la personal dependencia de quien es EL QUE ES, esto es adorar: «El nos hizo, de Él somos» [3]; sin Él, nada. Cuanto más hondamente conozco esa verdad sin cuestión, tanto más vehemente es el impulso de postrarme en tu presencia. Será, seguramente, por aquello que suele llamar el Papa «lenguaje natural del cuerpo».

El cuerpo humano, animado de espíritu inteligente, por instinto se yergue como señor sobre la tierra; pero ante el señorío absoluto del Creador, se postra. Es natural. Ante Dios no basta alzarse en pie o inclinar la cabeza, como hacemos ante personas iguales a nosotros en dignidad. La majestad de Dios es infinita, y el cuerpo hinca sus rodillas. Primero se anonada Dios «tomando la forma de siervo..., haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz». Entonces, el Padre le ensalza y le da un nombre superior a todo nombre, «a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y en el infierno» [4] ¡Hasta las rodillas de los negadores obstinados se doblarán al pronunciarse el nombre de Jesús! Yo quisiera, Señor, adorarte con amor inmenso.

¡Quién como dios!

¡Adórenle todos los ángeles de Dios! [5]. Que todas las criaturas se unan, para dilatarlo en el espacio, en el tiempo y en la eternidad, al grito inmenso de la fe amorosa del primero de los Arcángeles: ¡Michael! ¡Quién como Dios!. «Es [ésta] -dice conmovido Juan Pablo II- la primerísima adoración que brotó de la profundidad espiritual de los seres angélicos, que se alza triunfante sobre la «plenitud de odio» a cargo del diablo y sus soberbios, tristísimos, ángeles» (...). Sumergirse con todo el ser en la realidad magnífica del ¡Quién como Dios! (...), esto es adorar en la hondura del corazón, escenario, así, de doble epifanía: de la inmensa dignidad de Dios y de la finita ¡pero asombrosa! dignidad del hombre veraz.

Postrarse ante Dios, en modo alguno es «humillación». Adorar eleva, dignifica. Indica la necesaria y constante conversión de mi yo entero al Tú trino de Dios Uno. No hay pérdida sino de soberbia y de su reata; ganancia, pues, de humildad, esto es, del gozo de andar bien asentado sobre el fundamento mismo de la verdad.

Adorar es hallar en el Tú divino las raíces de mi yo auténtico, recio y flexible como el acero bien templado, sereno, generoso, puro, exultante. Adorar es percibir en el paladar del alma el grato y sabroso frescor de la Fuente de Vida y Amor plenos. El corazón humano se convierte así en hontanar caudaloso de gratitud por el don inmenso de la personal existencia. Y en lo más pleno de la adoración, como premio del todo gratuito, se escuchan los ecos eternos de una melodía inefable: «No temas: yo te he redimido, y te he llamado por tu nombre; eres mío» ([6](64))

Dios me llama por mi nombre más propio; con el nombre que nadie sabe ni yo mismo sino Él. Porque solo Él conoce mi yo en toda su extensión y hondura. Sólo en su infinita sabiduría creadora se halla el nombre que me expresa con exhaustiva fidelidad, con la precisión más exacta. Sólo ante Dios me hallo entero y patente, llamado por mi nombre más propio. Lejos de ensombrecer, Dios ama infinitamente más mi yo que yo mismo; y me llama a la cumbre del amor. Tanto ama mi ser como mi deber ser, en su radical e indisoluble unidad. Dios me toma, muy de veras, en serio. Justo es, por tanto, que yo me tome en serio, muy de veras, a mi Dios. Si no, al cabo, me aguardaría alguna de las múltiples y grotescas formas de idolatría.

Idolatrías de siempre

¿Son idólatras los que se postran ante el sol? Quizá estos adoran al Ser supremo, celado por las brumas de una ignorancia invencible; le rinden culto de alabanza, gratitud y desagravio. Ciertamente el sol no es Dios, pero Dios está en el fuego del sol, como en la fascinante policromía del mar sereno a contraluz cuando comienza la tarde, y en las frondas verdes, en los páramos pardos, en la lluvia fecunda y hasta en el rayo fulminante. Todo cuanto es, es punto y sugerencia de adoración.

Idólatras, más bien, son quienes sostienen, en el colmo delirante de la soberbia, que «el hombre es para sí mismo el verdadero sol»; y se rinden culto a sí mismos, como si fuesen soberanos autónomos del universo, creadores de sí mismos. Ególatras, que se adoran a sí propios, con humo hediondo de adulterado incienso. Adoran su humana inteligencia, su voluntad, su poder político, económico, social; o la belleza «impar» de la arquitectura de su cuerpo, o quizá su sexo o su estómago: «Su Dios es el vientre», su Dios es la panza... [7]. ¡Se han lucido! Idólatras son quienes tienen como supremo fin intocable la obra de sus manos: becerros de oro, obras de arte, prodigiosos artefactos capaces de subirles a las estrellas; y no advierten lo obvio: la luz divina que resplandece en toda la creación, incluso la humana. No ven ni oyen, no comprenden lo que son ni lo que hacen, ni la vida ni la muerte, ni el mundo ni la historia: ¡nada!

Preferir algo - lo que sea a Dios -, es idolatría. «Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto» [8]. ¿Dónde, cuándo, cómo? Ya lo sé: en todo tiempo y lugar, en toda criatura, pues todas son epifanía de la gloria del Creador. Y ahora sobre todo en ese Niño que nos ha nacido:

 

Cuando te miro Niño,
Dios te contemplo.
Cuando Dios te miro,
Niño te veo.

 

Dos altares

Es mi corazón un altar perenne donde se ofrecen víctimas espirituales, agradables a Dios por Jesucristo [9]. Los granitos de personal incienso son mis pequeñas obras buenas, mis pocas virtudes. Pero también aroma mi altar íntimo la combustión de mis pecados y grandes defectos en el fuego de Amor encendido por el Espíritu Santo. «Todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia [10].

Altare Dei cor nostrum [11], mi corazón es un altar donde se adora, se agradece, se expía, se impetra, por Cristo, con Cristo y en Cristo (hablo de lo que debe ser); y se ofrece el don de mi vida dedicada por entero a Dios, de mi trabajo esforzado bien hecho, por Amor, de los pequeños sacrificios que exigen la caridad y la justicia a mi vida ordinaria.

Y todo ese pequeño tesoro que, por bondad divina, se va ofreciendo en mi corazón íntimo altar, espera impaciente el gran momento de ser ofrecido en el otro altar, donde se confecciona la Sagrada Eucaristía al celebrarse el Santo Sacrificio de la Misa; donde por misterio sublime e inefable, mi incienso se confunde y enriquece infinitamente con el de Cristo, y mi adoración se integra en la perfecta de mi Redentor.

Hemos visto una estrella, se ha encendido un nuevo resplandor: «el deseo de ser plenamente cristianos; si me permitís la expresión, la ansiedad de tomarnos a Dios en serio»[12], de «tomar en serio la fe que profesamos» [13]. ¡Venid, adoremos! Adoremos todos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser.

«Los Reyes Magos no son recibidos por un rey encumbrado en su trono, sino por un Niño en brazos de su Madre. Pidamos a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo» [14].

Así, la estrella se convierte en Sol; la noche, en el gran Día que hizo el Señor. Estamos llamados a una vida de Amor. «Considerad con qué finura nos invita el Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado por tu nombre... Tú eres mío (Is 43, 1). Dios, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para no desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. Fe como la de los Reyes Magos: la convicción de que ni el desierto, ni las tempestades, ni la tranquilidad de los oasis nos impedirán llegar a la meta del Belén eterno: la vida definitiva en Dios»[15].

 

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
«porque donde el Sol está
no tienen luz las estrellas».

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
«porque donde el Sol está
no tienen luz las estrellas»

No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen aurora [16]/

 

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[1] Amigos de Dios, n. 38.
[2] RUBEN DARIO, Los Tres Reyes Magos, en Cantos de vida y esperanza, 1976, pág. 3.
[3] Sal 99
[4] Flp 2, 9-11.
[5]. Hbr 1, 6.
[6] Is 43, 1.
[7] Flp 3, 19.
[8] Mt 4, 10.
[9] Ped 2,5; Cfr. Vat II, LG. 10.
[10] Es Cristo que pasa, núm. 120.
[11] SAN GREGORIO MAGNO, Moral, 15, 17.
[12] Es Cristo que pasa, núm. 32
[13] Ibid. 96.
[14] Ibid.
[15] Es Cristo que pasa, núm. 32.
[16] RUBEN DARIO, Los Tres Reyes Magos, en Cantos de vida y esperanza, 1976, pág. 3.
(
http://mercaba.org/FICHAS/arvo.net/a_la_luz_de_una_estrella_por_ant.htm
).

La fiesta de los Magos.

La fiesta de los Magos
 

 
Antoni Pou, osb. Apou@santuari-montserrat.com 02/01/2003
e-cristians.net
 
 

El pasaje de la infancia de Jesús del evangelio de Mateo donde se presenta el relato de los magos no dice que fuesen tres, ni que fueran reyes. Se ha creído desde muy antiguo que eran tres -y así lo representa un dibujo en el cementerio de Priscila, del siglo II, con los magos- porque son tres los regalos que hacen: oro, incienso y mirra. El texto bíblico dice que llegaron de Oriente, pero tampoco nos dice exactamente de dónde. El fresco de Priscila los representa con vestidos persas, pero los dones parecen ser más propios de Arabia y, además, para la Biblia de Oriente suele significar el país más allá del río Jordán y del mar Muerto. El hecho de ser guiados por una estrella puede querer decir que son unos astrólogos, y el término ''magos'' puede referirse a este oficio.

Los escasos datos bíblicos fueron interpretados a partir de las profecías del Antiguo Testamento que se referían al Mesías, que podrían ser perfectamente también fuente de inspiración del relato por parte del evangelista: ''Los reyes de Tarsis y las islas le llevarán obsequios; los reyes de Arabia y de Sebá le ofrecerán presentes'' (Sal 71, 10) y de aquí viene que popularmente se les conozca como ''los reyes''; y ''te cubrirán oleadas de camellos, dromedarios de Madian y de Efá; todos vendrán de Saba llevando oro e incienso y proclamando la grandeza del Señor'' (Is 60, 6). En la Biblia también encontramos la metáfora de la estrella, aplicada al rey, para significar el carácter sagrado y divino de la realeza; por tanto, el nacimiento de una estrella especial puede simbolizar el nacimiento de ese rey tan particular que es el Mesías. Y además, la profecía de Balaam también cita el nacimiento del Mesías como el surgido de una estrella: ''Sale de Jacob una estrella, se levanta un cetro en Israel'' (Nm 24, 17).

El significado teológico, teniendo en cuenta el contexto de todo el relato bíblico, está claro: el Mesías es reconocido por los paganos y la gente sencilla, y no por los representantes del poder religioso y político de Israel. ¿Qué significado existencial podemos dar hoy a esta fiesta? Decimos que nuestra sociedad está cada vez más paganizada. Y, si quitásemos de esta palabra el sentido peyorativo que a veces se le da -como degenerado o perverso- y mantuviésemos el sentido original, de personas que no comparten nuestras creencias, podríamos decir que esto es realmente cierto.

Asistimos, sobre todo en Europa, a una progresiva descristianización. A los alejados, pues, está dedicada esta serie de preguntas. ¿Cuántas personas hoy en día no están en proceso de búsqueda? ¿Cuántas no consultan la astrología, para encontrar algún sentido a sus vidas? ¿Cuántas no empiezan a interesarse por las religiones de otras culturas, porque creen que la de sus padres ya no puede ser para ellos fuente de salvación? ¿Encuentran en los entendidos de la Sagrada Escritura pistas para poder seguir la luz de la estrella que orienta su búsqueda? ¿O la novedad de la búsqueda ya es tan grande que necesitan también nuevas formulaciones, y la creatividad de los viejos rabinos empieza a agotarse?

Pero lo importante es que los paganos no sólo tienen visión oscura, sino que tienen la capacidad también de captar una estrella: el deseo interior y la sed de Dios... Si la siguen, llegarán al Mesías. Quizá les decepcionará la consulta a los rabinos, o a lo mejor les ayudará. ¿Quién sabe? Pero si siguen la estrella, encontrarán: ''porque todo el que busca encuentra; a todo el que llama se le abre''. El pasaje de los magos de oriente es una esperanza para nuestro mundo desorientado. Aunque no se conozca la Biblia, en el corazón del hombre siempre estará el deseo de Dios. El deseo de infinito puede estar más o menos despierto, pero existe... ¡Estamos hechos para mirar al cielo!

Aquél que busca la verdad con sinceridad de corazón, por muy lejos que esté de Cristo... Si la busca de verdad, sin prejuicios, en lo viejo y en lo nuevo, encontrará a Cristo... porque Él es la Verdad y se hace el encontradizo. ¿Ojalá que quien busque pueda encontrar en la Iglesia a gente preparada que le oriente, consultando las Escrituras, con ganas de adorar al Mesías -sin que se convierta en una frase irónica, como fue en boca de Herodes- y capaz de reconocerlo en la debilidad.

Los regalos de los magos son oro, incienso y mirra, interpretados por la tradición como regalos reales de reconocimiento a Jesús como el Mesías: el oro es la piedra preciosa propia de los reyes; el incienso era el perfume utilizado en el culto, pero también en la corte; y la mirra servía para la sepultura real. Otros analistas, San Basilio, por ejemplo, han visto en los tres regalos la triple realidad del Mesías: rey (oro), sacerdote (incienso), mirra (hombre mortal). San Efrén considera los dones de los magos no explicativos de la realidad del Mesías, sino símbolos de su obra en la humanidad: ofreciendo el oro, los magos se pasan de los ídolos de oro -a quienes adoraban- a Cristo, el único Señor. Y las ofrendas de la mirra y el incienso significaban el médico que venía a curar las heridas de Adán, las heridas de la humanidad.

La fiesta de los Reyes Magos, que traen los regalos, ciertamente dista ya mucho de la realidad teológica que significan estos personajes en los textos bíblicos, pero quizá conservan aún la experiencia universal y también propia del misterio de Navidad, que es la gratuidad del don. Lo mejor de la vida, también la máxima revelación de Dios que es Jesucristo, nos viene ofrecido. No está a nuestro alcance, sino que lo hemos de recibir y agradecer siempre como un don inmerecido.
(
http://mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/EPIFANÍA/la_fiesta_de_los_magos.htm
).

Lecturas meditadas de la fiesta de la Epifanía del Señor.

Lecturas del Domingo 06 de Enero de 2013


Epifanía del Señor

Santoral: Melchor, Gaspar y Baltasar

Is 60,1-6:  La gloria del Señor amanece sobre ti
Salmo responsorial 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra
Ef 3,2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos
Mt 2,1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

Isaías 60, 1-6


La gloria del Señor amanece sobre ti

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo responsorial: 71


Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes: para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos; que los reyes de Sabá y de Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R.

Porque él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.


Efesios 3, 2-6


Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Mateo 2, 1-12


Venimos de Oriente para dorar al Rey

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"".

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Comentarios

La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (parte llamada del «Tercer Isaías») corresponde a «la restauración», es decir, al regreso a Jerusalén de los israelitas que habían sido deportados a Babilonia. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el Templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la Epifanía, confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.


En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. 

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo o astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los reyes magos habrían sido astrónomos o conocedores del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo.


Para la revisión de vida
Dios se da a conocer a todas las gentes; no sólo al pueblo elegido, sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de universalidad de Dios, o creo que sólo nosotros conocemos a Dios y estamos en la verdad? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra religión es verdadera, que las demás son "falsas"?

Para la oración de los fieles
- Para que estemos siempre dispuestos a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a quien nos lo pida. Roguemos al Señor.
- Para que todos los catequistas sepan unir el testimonio de su propia vida a una buena preparación para ejercer su ministerio. Roguemos…
- Para que cuantos viven sumidos en la duda, el temor o la intranquilidad se encuentren con Dios vivo y alcancen la luz y la paz que buscan y necesitan. Roguemos…
- Por cuantos buscan un mundo más justo y en paz, para que encuentren la recompensa a sus trabajos y desvelos. Roguemos…
- Para que vivamos de tal modo la fraternidad con quienes nos rodean que seamos para todos un verdadero testimonio de fe y de amor. Roguemos…

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro: el relato evangélico nos narra que en un día como éste Jesús fue reconocido por unos magos venidos de Oriente en su búsqueda; haz que quienes te buscan, encuentren y sigan las estrellas que Tú pones en su camino, y quienes ya te hemos encontrado podamos contemplar un día, cara a cara, la gloria de tu rostro. Por Jesucristo.

Oh Dios, Dios único, «Dios de todos los nombres» con los que los humanos de todos los tiempos te han buscado. Tú que te has hecho buscar por todos los pueblos, y a todos ellos también les has salido al encuentro en su propia vida espiritual, en su religión, concédenos apertura de corazón para sentir tu presencia omnímoda en todas las religiones de la tierra. Tú que vives y das vida, y dialogas con todos los pueblos, por los siglos de los siglos. Amén.
(
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).

La celebracion de la fiesta de la Epifania del Señor.

La celebración de la fiesta de la Epifanía del Señor
Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo.
 
 
La Epifanía (del griego epi-faneia: manifestación) es la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre, que tuvo lugar con la adoración de los Magos referida por S. Mateo 2,1-12. El pasaje, con la cita del profeta Miqueas, es uno de los cinco episodios que constituyen el llamado Evangelio de la Infancia en S. Mateo (cap. 1 y 2). El Evangelio de la Infancia en Lucas 1-2 no lo menciona.
 
Para entender adecuadamente este relato y percibir su contenido teológico es necesario precisar de antemano el alcance de la cita de Miqueas, quiénes eran los Magos y qué era la estrella que se dice haberlos guiado hasta la cuna del Niño.
 

El texto de Miqueas
 
El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Mt 2,5 ss.).
     
El pasaje profético es ciertamente mesiánico. Miqueas consuela a su pueblo, frente a la amenaza de Asiria, con la promesa de un futuro Libertador, descendiente de David. Del simple texto no deriva que fuese necesario que el Mesías naciera materialmente en Belén; bastaba con que fuera oriundo de allí por su ascendencia davídica.
 

El texto de Miqueas en labios de los escribas y en la pluma del evangelista significa que para los primeros el Mesías debía nacer en Belén de la descendencia de David, y el segundo hace constar que Jesús cumplía estos requisitos.
 
 
¿Quiénes eran los magos?
 
El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto. En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente; un fresco del cementerio de S. Pedro y S. Marcelino en Roma representa a dos; tres muestra un sarcófago que se conserva en el Museo de Letrán; cuatro aparecen en el cementerio de Santa Domitila, y hasta ocho en un vaso del Museo Kircheriano. En las tradiciones orales sirias y armenias llega a hablarse de doce. Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Los nombres que se les dan (Melchor, Gaspar, Baltasar) son relativamente recientes. Aparecen en un manuscrito anónimo italiano del s. IX, y poco antes, en otro parisino de fines del s. VII, bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa. En otros autores y regiones se los conoce con nombres totalmente distintos. Su condición de reyes, que carece absolutamente de fundamento histórico, parece haberse introducido por una interpretación demasiado literal del Salmo 72,10: «Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecerán dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos». Nunca en las antiguas representaciones del arte cristiano aparecen con atributos regios, sino simplemente con gorro frigio y hábitos de nobles persas.
 
También sobre el lugar de su origen discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia.
 
Refiere una carta sinodal del Conc. de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.
 
 
La estrella de los magos

En el relato de S. Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entonces se mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.
 
Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, quedaría por explicar por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle.      
 
Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él.
 
Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.
 
 
La celebración de la fiesta de la Epifanía del Señor

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente –a excepción de la ciudad de Roma y, probablemente, de las provincias de África–  la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo, fiesta posteriormente conocida como Epifanía.

 
En efecto, ya en el siglo II se encuentran referencias acerca de una conmemoración del bautismo de  Jesús, por parte de algunas sectas gnósticas. De todos modos, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo IV para recoger los primeros testimonios procedentes de ámbitos ortodoxos.

El origen de la solemnidad de Epifanía es bastante oscuro. Una tras otra se han sucedido las más variadas hipótesis, si bien, en cualquier caso, parece que la fiesta surgió dentro del proceso de inculturación de la fe, como cristianización de una celebración pagana del Sol naciente, de gran arraigo en la región oriental del Imperio.

Muy pronto, en Occidente, la fiesta de Epifanía revistió un triple contenido teológico, como celebración de la manifestación a los gentiles del Dios encarnado –adoración de los Reyes Magos–, manifestación de la filiación divina de Jesús –bautismo en el Jordán– y manifestación del poder divino del Señor – milagro de las bodas de Caná–.

En Oriente, con la introducción de la fiesta de la Navidad, el 25 de diciembre, la solemnidad de Epifanía perdió su carácter de celebración del nacimiento de Cristo, y se centró en la conmemoración del Bautismo en el Jordán.

En la Iglesia romana, la celebración litúrgica de la Epifanía gira hoy día en torno a la universalidad del designio salvífico divino. Así, las lecturas refieren la vocación salvífica de los gentiles, ya anunciada por los profetas (IS 60: 1-6) y realizada plenamente en Cristo (Ef 3: 2-3. 5-6 y Mt 2: 1-12). Esta misma perspectiva puede advertirse en los textos eucológicos.


 
BIBL.: J. ENCISO VIANA, La estrella de Jesús, en Por los senderos de la Biblia, t. II, Madrid-Buenos Aires 1957, 155-160; J, RACETTE, L'Évangile de 1'Enfance selon S. Matthieu, «Sciences Ecclésiastiques» 9 (1957) 77-82; S. MUÑOZ IGLESIAS, El género literario del Evang. de la Infancia en S. Mateo, «Estudios Bíblicos» 17 (1958) 245-273, especialmente 264-268; ÍD, Venez, adorons-le, en Assemblés du Seigneur, 13,31-44; A. M. DENIS, L'adoration des Mages vue par Saint Matthieu, «Nouvelle Revue Théologique» 82 (1960) 32-39; G. D. GORDINI, A. M. RAGGI, Magi, en Bibl. Sanct. 8,494-528 (con abundante bibl.).
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
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Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: La Epifanía del Señor
Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
Comentario: Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España)
Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron
Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.
(
http://evangeli.net
).

La Fe de los Magos.

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La Fe de los Magos
 


Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de oriente a Jerusalén (Mateo 2, 1). Estos tres sabios que estudiaban el firmamento, en cuanto vieron una estrella grande y maravillosa se pusieron en camino.
 
Dejaron familia, comodidad y bienes. No les debió ser fácil explicar el motivo de su viaje, que tuvo que ser largo y difícil.
 
Estos hombres decididos y sin respetos humanos (es decir, siguiendo la verdad digan lo que digan los demás) nos enseñan lo que hemos de hacer para llegar a Jesús, dejando a un lado todo lo que pueda desviarnos y retrasarnos del camino.
 
También nosotros hemos visto una estrella en la intimidad del corazón, que nos invita al desprendimiento de las cosas que nos atan y a vencer cualquier respeto humano que nos impida llegar a Jesús.
 
Pidamos con la Iglesia a Dios nuestro Padre: Tú, que iluminaste a los sabios de oriente y les encaminaste para que adoraran a tu Hijo, ilumina nuestra fe y acepta la ofrenda de nuestra oración (Vísperas de la Epifanía, Preces).
 
Los Magos debieron pasar por malos caminos y dormir en lugares incómodos... pero la estrella les indicaba el camino y les enseñaba el sentido de su vida. La estrella alegra su caminar.
 
Los sacrificios se llevan con garbo y alegría si el fin vale la pena. Pero la estrella desaparece al llegar a Jerusalén y ellos se hallan desorientados. ¿Qué hacen? Preguntan a quien debe saberlo.
 
Nosotros debemos aprender de estos hombres sabios. A veces nos encontramos desorientados y a oscuras, porque vamos alumbrando nuestra vida con la luz de nuestros propios caprichos que nos llevan por sendas fáciles, en lugar de buscar la voluntad de Dios.
 
Toda nuestra vida es un camino hacia Jesús. Es un camino que andamos a la luz de la fe. Y la fe nos llevará a preguntar y a dejarnos guiar, a ser dóciles. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar y conducir por el camino adecuado.
 
Nosotros, como los Magos, queremos llegar hasta Jesús, aunque tengamos que dejar las cosas que otros aprecian. Cada propósito que hacemos por seguir a Cristo es como una luz pequeña que se enciende, y si somos fieles nosotros podemos ser claridad para otros que andan buscando a Cristo.
 
Hoy, como los Magos, pongámonos en camino. Pidamos al Señor que en nuestro caminar nos conceda tal firmeza en la fe, que alcancemos los dones que nos tiene prometidos.
 
Muy cerca de Jesús, como lo hicieron los Magos, vamos a encontrar a María.
(
http://www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/la-fe-de-los-magos.php
).

Reyes que venis por ellas.

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Reyes que venis por ellas
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
 


Reyes que veneis de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.
 
 

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la buestra ya
porque donde el sol está
no tiene luz las estrellas.
 

 
No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recien nacido.
en esta Virgen Aurora.
 
 

Ya no hallaréis luz en ellas
el niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tiene luz las estrellas.
 
 

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.
 

 
Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurece ya
porque donde el sol está
no tiene luz las estrellas.
(Lope de Vega.
Desconozco el autor de la imagen).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

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¿SÓLO JESÚS PUEDE SALVARNOS?

Epifanía del Señor – B / 6 enero 2013


 Mateo 2, 1-12. Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando:  ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.  Herodes… reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá”. Los Magos se dirigieron hacia Belén, y de pronto la estrella se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al entrar a la casa encontraron al niño con María, su madre; se arrodillaron y lo adoraron.

Isaías 60, 1-6 -  ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.

Efesios 3, 2-6- Hermanos: Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas. Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

Epifanía del Señor – B / 6 enero 2013

Mateo 2, 1-12
Los judíos pretendían que el Mesías esperado fuera sólo para ellos, como también hoy muchos católicos y no católicos pretenden que Jesús, el Salvador del mundo, les pertenezca en exclusiva.
Pero el mismo Jesús, recién nacido, ya hizo llegar su salvación también a los paganos, los reyes magos, y luego empezó su misión pública predicando en una zona de paganos: Galilea. Y casi todos los apóstoles, después de Pentecostés, fueron a predicar la salvación de Jesús por todo el mundo pagano entonces conocido. San Pablo es el abanderado de la evangelización de los paganos.
La fiesta de la Epifanía - manifestación de Dios - nos recuerda que Jesús vino para salvar a todos los hijos de Dios en todo el mundo: “A quienes lo acogen, les da el poder ser hijos de Dios”. “Ha aparecido la bondad y misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. La verdad de Dios y la dicha de la eternidad feliz
Dios realiza su salvación no sólo dentro de los límites de la Iglesia católica. Sin embargo, “fuera de Cristo no hay salvación”. Con todo, en la Iglesia católica tenemos los máximos medios de salvación, pero no la exclusiva de la salvación de Cristo, el único Salvador universal. No hay otro. El católico que no aprovecha con gratitud los máximos medios de salvación de la Iglesia, se autoexcluye de la salvación.
Por otra parte, el Salvador llega a multitudes de no católicos con la difusión multimedial de su Palabra, y sobre todo desde la Eucaristía celebrada en la Iglesia, “sacramento universal de salvación”.
Para multitud de hijos de Dios en todo el mundo, que no reciben el bautismo de la Iglesia católica, sigue vigente el bautismo de deseo y el bautismo de sangre, con la misma eficacia redentora y salvadora que tiene el bautismo católico, pues en los tres el mismo Espíritu es quien bautiza y salva.
Sigue vigente la comunión con Cristo de quienes “comulgan”, como buenos samaritanos, con el prójimo necesitado, con el cual Jesús mismo se identifica: “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer…, vengan benditos de mi Padre a poseer el reino preparado para ustedes desde el principio del mundo”; “Todo lo que hagan a uno de estos, a mí me lo hacen”. “Si perdonan, serán perdonados”. Actitudes que medios de salvación también fuera de la Iglesia.
La Palabra de Dios, comunicada por los medios de masas, sigue siendo sacramento de salvación para la humanidad: “A toda la tierra llega su mensaje”. “Ustedes están limpios por la palabra que les he dicho”. “Quien escucha mi Palabra y la cumple, tiene vida eterna”. ¡Y la cumplen muchos que ni siquiera conocen a Dios, su Padre ni a Jesús, su hermano y Salvador. Pero el Espíritu Santo, “sopla donde quiere”, y graba la Palabra Dios en sus conciencias y en sus corazones.
Un sin número de gente vive las Bienaventuranzas fuera de la Iglesia católica, aunque no las conozcan. Y cada una de ellas, cumplida por amor, es una tabla de salvación para quienes no pueden subir a la “barca preferida de Jesús”, la Iglesia. “Tengo otras ovejas que no son de este redil y las traeré hacia mí”.
Colaboremos con la misión salvadora universal de Jesús también fuera de la Iglesia, con la oración, los sufrimientos ofrecidos, el testimonio y la utilización de los medios a nuestro alcance.
P. J.
Isaías 60, 1-6

Mientras los falsos profetas se fijan sólo en los acontecimientos terroríficos de los últimos tiempos –y en parte, de todos los tiempos-, los verdaderos profetas enviados por Dios, como Isaías y muchos otros a través de la historia, se fijan en el portentoso y glorioso acontecimiento de Cristo triunfante, que viene a liberar a su pueblo, a quienes le han sido fieles y establecer su reino universal en un mundo nuevo, donde no habrá ya mas desastres, sufrimiento, muerte.
Los verdaderos profetas minimizan los acontecimientos dolorosos, haciéndolos insignificantes frente la aparición triunfante y gloriosa de Cristo, y la creación de un mundo nuevo, maravilloso, cuyos pobladores estarán radiantes, y sus corazones palpitarán de gozo y deleites insospechados.
Vale la pena vigilar y estar preparados, como Jesús nos aconseja, con la gozosa esperanza de ser acogidos por Él.

Efesios 3, 2-6
El misterio que Pablo quiere revelar, no es el misterio de la Redención, del que habla en otros escritos, sino el misterio que consiste en que también los paganos recibirán la herencia eterna, serán miembros del Cuerpo de Cristo (la Iglesia) y destinatarios de la promesa de Cristo: la salvación.
Por eso el Apóstol se dedicó plenamente a evangelizar a los paganos, y no a los judíos, como hicieron otros apóstoles. Y nosotros descendemos de los paganos evangelizados por Pablo por otros apóstoles. Estemos agradecidos por tan sublime beneficio, haciéndonos a nuestra vez evangelizadores de los paganos que viven al alcance de nuestra oración, sufrimientos ofrecidos, testimonio, palabra y obra.
(J. Álvarez, ssp).

Homilia para la fiesta de la Epifania del Señor.

La Epifanía del Señor
6 de enero de 2013
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
LIBRO DE ISAÍAS 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora: Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, viene a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre tilos los tesoros del mar, y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

SALMO 71

R.- SE POSTRARÁN ANTE TI, SEÑOR, TODOS LOS REYES DE LA TIERRA.

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 3, 2-3a 5-6
Hermanos:

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado a favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-- ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

-- En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: "Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:

-- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 
COMENTARIO DOMINICAL
 
Autor: José Antonio Pagola
Fuente:
http://www.musicaliturgica.com/index.php
 
RELATO DESCONCERTANTE


Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro. Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad. En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.
Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada. Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.
El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.
Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.
Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.
El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

Ejercicio de lectio divina para la fiesta de la Epifania del Señor.

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viernes, 4 de enero de 2008


 

LECTIO DIVINA - EPIFANÍA DEL SEÑOR- CICLO A.

 

Epifanía del Señor (A)
El recorrido de fe de los Magos - La adoración del Niño Jesús, como Rey y Señor
Mateo 2, 1-12
1. Oración inicial
Padre misericordioso, Tú me has llamado para encontrarte en esta palabra del Evangelio, porque Tú quieres hacerme vivir, darte entero a mí. Te ruego, que mandes ahora sobre mí tu Espíritu Santo, para que pueda dejarme conducir por el camino santo de este pasaje evangélico.
Pueda también yo, hoy, salir de mis encierros para ponerme en viaje y venir a buscarte; que yo pueda reconocer la estrella que tú enciendes, como signo de tu amor, en mi camino, para seguirla sin cansarme, con intensidad, con el compromiso de mi vida; que yo pueda, finalmente, entrar en tu casa y ver al Señor; que yo pueda arrodillarme con humildad, delante de Ti, para adorarte y entregarte mi vida, con todo lo que soy y tengo.
Y finalmente, Señor, que yo pueda regresar, por tu gracia, por un camino nuevo, sin pasar ya por los antiguos senderos del pecado

2. Lectura
a) Para colocar el pasaje en su contexto:
Este pasaje pertenece a los dos primeros capítulos de Mateo, que constituyen una especie de prólogo a toda su obra; en él se nos presenta el origen histórico del Mesías, como hijo de David y el origen divino de Jesucristo, el Dios-con-nosotros. En seguida Mateo nos guía en una meditación profunda e impeñativa, poniéndonos de frente a una elección bien precisa, a través de los personajes que él introduce en su relato: o reconocemos y acogemos al Señor, que ha nacido, o permanecemos indiferentes, hasta tratar de eliminarlo, de matarlo. Estas perícopas nos ofrecen el bello relato del recorrido de los magos, que vienen de lejos, porque quieren buscar y acoger, amar y adorar al Señor Jesús. Pero su largo viaje, su búsqueda incansable, la conversión de sus corazones son realidades que nos hablan, están ya escritos en el rótulo de nuestra historia sagrada.

b) Para ayudar en la lectura del pasaje:
El pasaje puede ser subdividido en dos partes principales, determinadas por el lugar en el que se desenvuelven las escenas:
la primera parte (2, 1-9ª) sucede en Jerusalén, mientras la segunda tiene como punto focal Belén (2, 9b-12).

2,1-2: El pasaje se abre con las indicaciones precisas del lugar y del tiempo del nacimiento de Cristo: en Belén de Judea, al tiempo del rey Herodes. Dentro de esta realidad bien especificada, acompañan enseguida los Magos, viniendo de lejos, llegan a Jerusalén bajo la guía de una estrella: son ellos los que anuncian el nacimiento del Rey Señor. Preguntan dónde poder encontrarlo, porque quieren adorarlo.

2, 3-6: A las palabras de los Magos, el rey Herodes, y con él toda Jerusalén, se turban y tienen miedo; en vez de acoger al Señor y aceptarlo, buscan el modo de eliminarlo. Herodes convoca a las autoridades del pueblo hebreo y a los expertos de las Escrituras: son ellos, con las antiguas profecías, los que deben decir y revelar que es Belén el lugar en el que se encuentra el Mesías.

2, 7-8: Herodes llama secretamente a los Magos, porque quiere usarlos para sus fines malvados. Su interés de búsqueda está dirigido a la eliminación de Cristo.

2, 9a: Los Magos por la fuerza de la fe, y guiados por la estrella, parten y se dirigen hacia Belén.

2, 9b-11: Reaparece la estrella, que camina junto a los Magos y los conduce hasta el lugar preciso de la presencia del Señor. Llenos de gozo, entran en la casa y se postran en adoración; ofrecen al Niño dones preciosos, porque reconocen en él el Rey y Señor.

2, 12: Habiendo contemplado y adorado al Señor, los Magos reciben de Dios mismo la revelación; es Él mismo quien les habla. Son hombres nuevos; tienen consigo un nuevo cielo y una tierra nueva. Están libres de los engaños del Herodes del mundo y por eso regresan a la vida por un camino totalmente nuevo.

c) El texto:
1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, 2 diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» 3 Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4 Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: 6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» 7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. 8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

3. Un momento de silencio orante
Me sitúo en profunda escucha de la voz silenciosa del Señor y dejo que el soplo de su Espíritu me alcance y me penetre. En este silencio me pongo a la búsqueda del Señor y repito en mi corazón: “¿Dónde estás, Dios mío?”

4. Algunas preguntas
a) Recojo las primeras palabras que salen de la boca de los Magos y las hago mías:
¿Dónde está el rey de los Judíos? ¿Me siento de verdad atraído hacia el lugar del Señor, porque ardo en deseos de encontrarlo, de estar con Él?

¿Estoy dispuesto a salir de los lugares vacíos y viejos de mis costumbres, de mis comodidades, para emprender el viaje santo de la fe, de la búsqueda de Jesús?

b) “Hemos venido para adorarlo” Aquí la Palabra del Señor me prueba, me pasa por el crisol: ¿Vivo de verdad una relación de amor con Dios? ¿Sé abrir mi vida a su presencia, lo dejo alguna vez entrar en el latido mismo de mi corazón?

c) “De ti saldrá un caudillo, que apacentará a mi pueblo” ¿Logro poner y entregar mi existencia bajo la guía del Señor, fiarme de Él de su amor, de su presencia tan cierta, aunque invisible? ¿A quién me confío, en realidad? ¿A quién entrego mis tesoros, mis esfuerzos, mi trabajo en este mundo?

d) “Entrados en la casa, vieron al Niño”. Es precisamente por que aceptan entrar, de comunicar, de donarse de manera plena y verdadera, por lo que sus ojos pueden ver, contemplar, reconocer.¿Por qué no me acuerdo que cuando más fuera esté, más me alejo de la vida de mis hermanos y estoy más triste?

5. Una clave de lectura
Intento buscar algunas palabras claves, algunos temas principales, que me sean de guía y me ayuden a penetrar mejor el significado de este pasaje del Evangelio, de manera que mi vida pueda ser iluminada y cambiada por esta Palabra del Señor.

* El viaje: Este pasaje parece atravesado por el gran tema del viaje, del éxodo, de la salida; los Magos, personajes misteriosos, se ponen en marcha, se alejan de su tierra y caminan a la búsqueda del Rey, del Señor. Mateo subraya esta realidad con algunos verbos, que acompañan al desarrollo de la aventura: llegaron, hemos venido, los envió, andad, partieron, les precedía, entrados, no volver, hicieron el regreso. El recorrido físico de los Magos esconde en sí un viaje muy importante y significativo, que es el de la fe; es el movimiento del alma, que nace del deseo de encontrar y conocer al Señor. Pero al mismo tiempo es también una invitación de Dios, que nos llama y nos atrae con fuerza hacia sí; es Él quien nos pone de pie y nos pone en movimiento, el que nos ofrece las indicaciones y el que no deja de acompañarnos. La Escritura nos ofrece muchos ejemplos importantes, que nos ayudan a entrar en este sendero de gracia y bendición. Dios dice a Abrahán: “Sal de tu país y de la casa de tu padre hacia el país que yo te indicaré” (Gén 12, 1). También Jacob fue peregrino de fe y conversión; de él , en efecto, se ha escrito: “Jacob partió de Bersabé y se dirigió a Carran” (Gén 28,10), y: “Después Jacob se puso en camino y se fue al país de los orientales” (Gén 29, 1). Después de muchos años el Señor le habló y le dijo: “Vuelve al país de tus padres y yo estaré contigo” (Gén 31, 3). También Moisés fue un hombre del camino: Dios mismo le señaló la vía, el éxodo, dentro del corazón, en las entrañas y ha hecho de toda su vida una larga marcha de salvación para sí y para sus hermanos: “¡Ahora ve! Yo te mando al Faraón. ¡Haz salir de Egipto a mi pueblo!” (Éx 3, 10). También el nuevo pueblo de Dios, nosotros, los hijos de la promesa y de la nueva alianza, estamos llamados a salir siempre, a ponernos en viaje, en el seguimiento del Señor Jesús. El éxodo no se ha interrumpido, la liberación, que viene de la fe, es siempre un acto. Miramos a Jesús, a sus discípulos, a Pablo: ninguno está quieto, ninguno se esconde. Todos estos testimonios nos hablan hoy, a través de sus actos y nos repiten: “Dichoso quien encuentra en Ti su fuerza y decide en su corazón el santo viaje” (Sal 83, 6).

* La estrella: Es un elemento muy importante en este pasaje, central, porque a ella se le confía la tarea de guiar a los Magos a su meta, de aclarar sus notas de viajes, de indicar con precisión el lugar de la presencia del Señor, de alegrar grandemente sus corazones. En la Biblia las estrellas acompañan siempre como signos de bendición y de gloria, son como una personificación de Dios, que no abandona a su pueblo, y al mismo tiempo, una personificación del pueblo, que no se olvida de su Dios y lo alaba, lo bendice (cfr. Sal 148, 3; Bar 3, 34). Por primera vez el término estrella aparece, en la Escritura en el Génesis 1,16, cuando , llegado el cuarto día, el relato de la creación cuenta la aparición en los cielos del sol, la luna y las estrellas, como signos y como luz para regular y para iluminar. El término hebraico “estrella” kokhab es muy bello y denso de significado; las letras que lo forman, de hecho, nos revelan la inmensidad de la presencia que estos elementos celestes portan consigo. Encontramos dos caf, que significan “mano” y que encierran en sí una waw, o sea el hombre, entendido en su estructura vital, en su columna vertebral, que lo mantiene en posición erecta, que lo hace subir al cielo, hacia el encuentro con su Dios y Creador. Por tanto, dentro de las estrellas, aparecen dos manos, caf y caf que se estrechan entre sí, con amor , al hombre: son las manos de Dios, que no cesan de sostenernos.

Finalmente aparece la letra bet, que es la casa. Las estrellas nos hablan, por tanto, de nuestro camino hacia la casa, de nuestro continuo emigrar y volver allá, de donde hemos venido, desde el día de nuestra creación, de siempre.Muchas veces Dios compara la descendencia de Abrahán a las estrellas del cielo, como si cada hombre fuese una estrella, que nace para iluminar las noches: “Mira al cielo y cuenta las estrellas, si consigue contarlas” y añade: “Tal será tu descendencia” (Gén 15,5). También Jesús es una estrella, la estrella que sale de Jacob (Núm 24,17) que surge de lo alto, la estrella radiante de la mañana, como dice el Apocalipsis (22,16). En Él, de hecho, ha tomado carne aquel amor infinito de Dios, que se inclina hacia nosotros, sus hijos y abre las palmas de las manos para recogernos y acogernos. Sólo un amor así puede dar a nuestra verdadera debilidad la capacidad y el coraje, que nos lleva hasta Belén, al lugar donde Dios aparece para nosotros.

* La adoración: El gesto de la adoración es tan antiguo como el hombre, porque, de siempre, la relación con la divinidad ha estado acompañada de esta exigencia íntima de afecto, de humildad, de propia entrega. Delante de la grandeza de Dios, nosotros, pequeños, nos sentimos y nos descubrimos cada vez más pura nada, un grano de polvo, una gota de un pozo. Ya en el Antiguo Testamento el gesto de la adoración aparece como un acto de profundo amor hacia el Señor, que pide la participación de toda la persona: la mente, la voluntad que escoge, el afecto que desea y el cuerpo que se inclina, se postra en tierra. Muchas veces se ha dicho que la adoración va acompañada de la postración rostro en tierra; el rostro del hombre, su mirada, su respiración, vuelve al polvo del que ha sido sacado y allí se reconoce como creatura de Dios, como aliento de su nariz. “Venid, adoremos postrados, de rodillas delante del Señor que nos ha creado” (Sal 94, 6): es la invitación que la Escritura todos los días nos hace, indicándonos el camino a seguir, para llegar siempre de nuevo a la verdad y así, poder vivir en plenitud.El Nuevo Testamento profundiza todavía más la reflexión espiritual sobre esta realidad y parece querernos acompañar en un recorrido pedagógico de conversión y madurez de nuestro hombre interior. En los Evangelios vemos mujeres y discípulos que adoran al Señor Jesús después de su resurrección (Mt 28,9; Lc 24,52), porque lo reconocen como Dios. Pero las palabras de Jesús, en su diálogo con la Samaritana, nos hace entrar bien en la verdad de este gesto, que es, por tanto, toda una vida, es una actitud del corazón: la adoración es sólo para Dios Padre y no está ligado a un sitio o a otro, sino en el Espíritu y en la Verdad, o sea en el Espíritu Santo y en el Hijo Jesús. No nos engañemos; no es yendo de un sitio a otro, no es buscando ésta o aquélla persona espiritual el modo como podamos adorar a Dios. El movimiento, la partida, el viaje, es interior, se da en la profundidad y es una entrega plena de nosotros mismos, de nuestra vida, de toda nuestra realidad a las alas del Espíritu Santo y a los brazos de Jesús levantado en la cruz, con las cuales Él continúa atrayendo todo hacia Él. También San Pedro lo dice claramente: “Adorad al Señor, Cristo, en vuestros corazones” (1 Pe 3, 15). El doblarse en tierra, el postrarse delante del Señor sale en verdad del corazón; si nos dejamos tocar y alcanzar allí, transformará toda nuestra persona y hará de nosotros hombre y mujeres nuevos.

6. Un momento de oración:
Salmo 84
Canto de confianza del hombre en camino hacia la casa de Dios
Rit. ¡He visto tu estrella, Señor y he venido para adorarte!
¡Qué amables son tus moradas,Yahvé Sebaot!Mi ser languidece anhelandolos atrios de Yahvé;mi mente y mi cuerpo se alegranpor el Dios vivo.Hasta el gorrión ha encontrado una casa,para sí la golondrina un nidodonde poner a sus crías:¡Tus altares, Yahvé Sebaot,rey mío y Dios mío!Dichosos los que moran en tu casay pueden alabarte siempre;dichoso el que saca de ti fuerzascuando piensa en las subidas.Al pasar por el valle del Bálsamo,lo van transformando en hontanary las lluvias lo cubren de bendiciones.Caminan de altura en altura,y Dios se les muestra en Sión.¡Yahvé, Dios Sebaot, escucha mi plegaria,hazme caso, oh Dios de Jacob! Oh Dios, nuestro escudo, mira,fíjate en el rostro de tu ungido.Vale más un día en tus atriosque mil en mis mansiones,pisar el umbral de la Casa de mi Diosque habitar en la tienda del malvado.Porque Yahvé es almena y escudo,él otorga gracia y gloria;Yahvé no niega la felicidadal que camina con rectitud.¡Oh Yahvé Sebaot,dichoso quien confía en ti!

7. Oración final
Señor, Padre mío, verdaderamente yo he visto tu estrella,
he abierto mis ojos a tu presencia de amor y de salvación y he recibido la luz de la vida.
He contemplado la noche transformada en claridad, el dolor en danza, la soledad en comunión: todo esto, sí, ha sucedido delante de Tí, en tu Palabra, Tú me has conducido por el desierto, me has hecho llegar a tu casa y has abierto la puerta para que yo entrase.
Allí te he visto a Ti, a tu Hijo Jesús, Salvador de mi vida: allí he rezado y adorado, he llorado y he recuperado la sonrisa, he callado y he aprendido a hablar.
¡En tu casa, oh Padre, he encontrado la vida!Y ahora estoy regresando, he tomado de nuevo mi camino, pero la vía no es la misma de la primera;
tu Palabra me ha dejado un corazón nuevo, capaz de abrirse, para amar, para escuchar, para acoger dentro de sí y hacerse casa para tantos hermanos que tú me pondrás cerca. No me he dado cuenta, pero Tú me has hecho ser de nuevo niño, me has hecho nacer de nuevo con Jesús.
¡ Gracias Padre, Padre mío!
FUENTE : www.ocarm.org/esp
ENVIÓ : PATRICIO GALLARDO V.
(
http://caminodeemauschile.blogspot.com.es/2008/01/lectio-divina-epifana-del-seor-ciclo.html
).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

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Los Magos de Oriente (Mateo 2,1-12)

 

31 dic 2012

| Xavi

 

[Evangelio del domingo, 6 de enero 2013]
 


Mateo 2,1-12:
 
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
 —¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
 Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
 —En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”
 Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
 —Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
 
Los evangelios de la infancia de Jesús son textos muy pensados, mucho más de lo que estamos acostumbrados en nuestras culturas, que producen cada día miles de páginas para ser consumidas sin demasiada transcendencia. No se hacía así hace dos mil años, cuando solo unos pocos sabían leer y escribir. El pasaje que leemos hoy fue compuesto con atención, destilado gota a gota por personas enamoradas de Jesús y de su mensaje que querían expresar a sus comunidades quién era él y qué significado tenía para sus vidas.
 
Su preocupación no era histórica. Ellos eran muy conscientes de la importancia de la historia, y por eso presentan el nacimiento de Jesús en un lugar y una época precisos: en tiempos de Herodes el grande, en la Judea dominada por los romanos. Junto a los cristianos, había muchos otros grupos religiosos que elevaban sus reflexiones al absoluto divino, al infinito sobrenatural, y negaban toda importancia a la cotidianidad. Los cristianos no eran así; sabía que sus raíces estaban fuertemente asentadas en la historia de un niño que nació empapado en sangre, como cualquier otro niño, e hinchó sus pulmones por primera vez con sus gritos estridentes.
 
La historia es importante, pero la preocupación de quienes escribían los evangelios de la infancia no eran los detalles históricos, sino mostrarnos la verdad más profunda de este Jesús recién nacido: él es el Mesías esperado, que va a ser rechazado por los judíos pero acogido por muchos paganos, cuando sus enviados lo anunciarán por todo el Mediterráneo.
 
Los magos que vienen de Oriente representan a esos paganos que han sido capaces de leer los signos de los tiempos. Dios está creando algo nuevo y eso queda simbolizado con la aparición de una estrella, un signo celestial habitual en las biografías de la época para hablar del nacimiento de grandes personajes. El punto importante, para nosotros, no es mirar al cielo y buscar la estrella con un telescopio, o peor, imaginar que era un cometa y hacer cálculos astronómicos para averiguar la fecha exacta de la aparición de la luz en el cielo, eso sería el colmo del absurdo. Mateo nos pide que miremos más a dentro, y no más arriba; al corazón y la actitud de los Magos y de Herodes. La contraposición es muy fuerte: unos viajan, están atentos a los signos, preguntan con toda sinceridad y se alegran inmensamente cuando encuentran al niño. El otro es incapaz de moverse, de cambiar, hace cálculos con engaño, tiene miedo del adversario que le pueda quitar el trono… Son dos formas de ver la vida, de pensar en el futuro, de reaccionar ante las cosas nuevas que Dios nos regala a cada momento.
 
(Epifanía del Señor – Navidad – Ciclo C)
(
http://www.bibliayvida.com/2012/12/los-magos-de-oriente-mateo-21-12/
).

Tres homilias para la fiesta de la Epifania del Señor.

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HOMILÍAS - PARA LOS TRES CICLOS

  Epifanía del Señor

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Escritura:

Isaías 60, 1-6; Efesios 3, 2-3.5-6; Mateo 2, 1-12
 

EVANGELIO

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: - ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel".

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: -Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, par ir yo también a adorarlo.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

 


HOMILÍA 1


Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:

No puedo dividir en tres partes lo que poseo. Os tocaría muy poco. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más astuto y sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo. Encima de la mesa hay una moneda para cada uno. Tomadla. El que compre con esa moneda algo que pueda llenar toda la casa se quedará con todo.

Se fueron.

El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo compró sacos de plumas y tampoco la llenó.

El tercero -que consiguió la herencia- sólo compró un pequeño objeto. Una vela.

Éste esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.


La Navidad es la historia de un viaje de ida y vuelta.

Dios vino en pobreza y en debilidad y los suyos no lo reconocieron ni lo recibieron.

Este viaje es una epifanía, una manifestación de Dios.

La vida del creyente es también la historia de un viaje, un viaje al encuentro con Dios. Si Dios viene a mi encuentro, yo también tengo que salir a su encuentro.

Navidad es la cita del amor. En el amor verdadero siempre hay dos corazones latiendo al mismo ritmo.

Navidad es la cita del amor de Dios con cada uno de sus hijos.

Navidad es el viaje de Dios que sale a nuestro encuentro.

De pequeños todos hemos jugado a lanzar piedras en algún río, estanque..

¿Quién lanzaba la piedra más lejos? ¿Quién hacía más ondas?

Jesús fue, por así decir, como una piedra lanzada en Oriente.

La primera onda alcanzó a los judíos.

La segunda onda alcanzó a los gentiles.

La tercera, la cuarta…. Hasta llegar a nosotros.

Ondas de amor y de luz emanan de la piedra que es Cristo y llegan hasta nuestra orilla.

El evangelio que hemos proclamado hoy, debería ser nuestra historia personal.

No basta que digas qué suerte tuvieron los tres Magos de Oriente.

No, tienes que dejarte tocar por el evangelio.

Mi vida es una pregunta: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido para ir a adorarlo?

Mi vida es esta búsqueda y este viaje hacia Dios.

Búsqueda a pesar de las dificultades del camino, a pesar de que la estrella se esconda, a pesar de que la vida no me sonríe, a pesar de las traiciones y los escándalos…

Los Magos tuvieron que hacer un largo viaje, la cita era en Belén, con el rey, el pastor de Israel, con un niño recién nacido.

Los Magos que no tenían ni los profetas, ni las promesas, ni las tradiciones, ni la esperanza de un Mesías… se pusieron a viajar en busca de Dios.

Los Magos, unos extranjeros, vinieron a enseñar a los judíos, los herederos, que el Salvador ya había viajado hasta nosotros.

Los judíos, los sacerdotes, los escribas, Herodes… siguieron estudiando la Biblia, pero no se pusieron en camino. Nunca hicieron el viaje al lugar de la cita, a Belén, a la cita con Jesús.

Los profesionales y los funcionarios de la religión no encontraron al Dios de la vida.

Su libro santo no les sirvió de nada. Porque Jesús no es un libro sino el Salvador.

Más tarde los funcionarios de la religión rechazaron y mataron a Jesús y a sus seguidores.

Hermanos, hay que viajar al lugar de la cita del amor y con el amor.

Hay que viajar y preguntar el camino como los Magos y no descansar hasta encontrar al rey.

Hay que viajar, sin regresar a los Herodes que quieren matar el amor que llevamos todos dentro.

Hay que viajar, ahora que es Navidad, ahora que hay una oferta, ahora que vemos la estrella.

Hay que viajar sin maletas, sin regalos, con el corazón abierto para adorar a Dios.

"Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo".

Cada domingo tenemos una cita con el amor. Un cortísimo viaje nos separa de la casa donde nace el amor.

¿Dónde encajamos nosotros en esta fiesta de la Epifanía?

Aquí venimos a tener una visión nueva, una epifanía.

Nuestra fe no es una propiedad privada y vallada. Somos parte de una comunidad, la iglesia y viajamos en caravana. Nadie viaja solo. Nadie se salva solo.

Todos necesitamos una estrella que nos guíe: un consejo, una palabra de ánimo de los hermanos, escrutar las escrituras, preguntar…

Todos estamos en diferentes etapas del viaje: los viejos buscadores y los novatos, los que dudan, los que pecan, los que tienen un problema como Herodes, los que saben todo como los escribas, los que caminan rápido y los que caminan lentamente…

Lo importante es alcanzar la meta y contemplar el rostro del Mesías.

Epifanía, fiesta de la esperanza, fiesta de la luz para todos.

 

HOMILÍA 2

¿Qué es la vida? Un largo viaje. Un viaje con muchas turbulencias y muchas escalas. ¿Cuántos de nosotros vivimos en el pueblo que nos vio nacer?

Dejamos atrás nuestro pueblo... y seguimos viajando porque ninguna ciudad es el final del viaje.

El viaje de los pies y de los pasaportes pone a millones de personas en camino pero hay un viaje espiritual, el viaje del corazón, que todos estamos llamados a hacer. El viaje hacia Dios, hacia su hijo Jesucristo.

Nosotros, los aquí reunidos, somos la familia que viaja unida hacia el mismo destino: el Kennedy del cielo.

La Palabra de Dios, hoy, nos enseña que Jesucristo no es un Salvador local sino un Mesías y Salvador global: para todos. En Cristo la salvación es universal.

Ayer un joven se me acercó y me dijo que él ya no esperaba regalos de los reyes. Yo le dije que la estrella que brilló y guió a los tres Reyes , hoy, brilla también para usted y para mi. Dios no está limitado como nosotros. Dios habla de mil maneras y en esta fiesta de la Epifanía Dios habló y guió a nuestros tres Reyes mediante una estrella.

Ustedes no emplean la palabra "epifanía" en su vida diaria pero no porque no tengan pequeñas o grandes epifanías:

una intuición súbita: una epifanía,

un grito de alegría: una epifanía,

una mujer hermosa a la que siguen con la vista durante cinco minutos: una epifanía,

su primer amor: una epifanía,

su primer hijo: una epifanía,

su primer fracaso: una epifanía...

Abrir los ojos grandes, ver lo que otros no ven, sentir lo que nadie siente, descubrir lo secreto... epifanías muy humanas.

Dicen que todas las zarzas arden con el fuego de Dios que no se consume. Los que ven -epifanía- se quitan los zapatos y adoran a Dios escondido. Los que no ven, -no epifanía- se acercan a la zarza y cogen sus frutos.

La epifanía que hoy celebramos es la fiesta de la imaginación, de una corazonada. Aquellos tres hombres vieron una estrella y la siguieron y encontraron a la estrella, a Jesús. Le ofrecieron sus dones y regresaron a su país. El evangelio no nos dice lo que ellos recibieron.

Cuenta una leyenda que hubo un cuarto rey, llamado Artabán. Este tardó en ponerse en camino y seguir la estrella. Cuando llegó a Jerusalén ya Jesús no estaba. Habiendo oído decir que había huido a Egipto se dirigió hacia allí.

En el camino encontró muchos necesitados. Movido por la compasión vendió dos de las joyas que llevaba para Jesús.

Siguió buscando a Jesús durante treinta años. Llegó a Jerusalén, después de tantos años de búsqueda, y estaban celebrando la fiesta de la Pascua. La ciudad estaba revuelta. Iban a crucificar a un tal Jesús de Nazaret, el rey de los judíos. Artabán comprendió que su viaje había llegado a su término.

Quiso abrirse camino entre la multitud para acercarse hasta Jesús y oyó los gritos de una joven que iba a ser vendida como esclava. Y vendió la tercera joya para rescatarla. En ese momento el cielo se oscureció, la tierra tembló y una piedra enorme le cayó encima.

Mientras moría en los brazos de la joven una voz del cielo dijo: "Lo que has hecho por uno de mis hermanos más pequeños lo has hecho por mi".

El cuarto rey podemos serlo cada uno de nosotros.

¿Dónde encajamos nosotros en esta fiesta de la Epifanía?

Somos parte de una comunidad, la iglesia, juntos formamos una caravana en búsqueda.

Nadie viaja solo. Nadie se salva solo. Necesitamos una estrella que nos guíe: el consejo de un hermano, consultar las escrituras, preguntar el camino...

Estamos en diferentes etapas del viaje: viejos buscadores y novatos, los que arrastran los pies, los que dudan, los que pecan, los que tienen problemas como Herodes, los que saben la respuesta como los escribas.

Fiesta de la esperanza. Fiesta de la luz para todos.

Llegar al final del viaje y ver el rostro del Mesías.

¿Hasta donde estás dispuesto a viajar?

 


HOMILÍA 4

El día de Reyes una señora suplicaba a su marido que la acompañara a la iglesia. Éste se negó. La idea de que Dios se hiciera hombre y que una estrella guiara a los tres Reyes hasta Belén le parecía tan absurda que se negaba a creer.

Desde su ventana veía la nieve caer copiosamente y pensaba en los pájaros que no encontraban las semillas que les había dejado para que se alimentaran. Se puso el abrigo y salió para abrir de par en par la puerta de la cochera y echar allí más semillas pero los pájaros no entraron. Dio todas las luces para que entraran, pero estaban demasiado asustados. Se van a morir de hambre pensaba. Estaban a unos metros de la comida y del agua y no la encontraban.

"Oh, si yo fuera un pájaro", pensó para sus adentros, "yo les enseñaría el camino y los llevaría hasta el agua y la comida".

En ese momento sonaron las campanas de la iglesia y cayó en la cuenta de que el hijo de Dios y su estrella se hicieron presentes para enseñarnos el camino que lleva a la vida eterna. Dios sólo podía enseñarnos el camino haciéndose como uno de nosotros.


La liturgia nos recuerda hoy la simbólica historia de los tres reyes magos.

La historia de tres hombres que se pusieron en camino para dejarse llevar confiadamente a donde una estrella misteriosa los quisiera guiar.

La fe, por definición, implica la idea de un largo y complicado viaje.

A Dios no se le puede encontrar por apoderados, por poderes. Este fue el error de Herodes.

Los tres reyes magos sabían que era importante seguir la estrella, era su búsqueda personal, su gran oportunidad de encontrarse y adorar al Rey de Reyes.

No basta conocer la biografía de un tal Jesús. La fe no se hereda como las joyas familiares, ni se nos da repitiendo lo que otros han dicho muy bien y bonito sobre Jesús.

Como los tres reyes tenemos que viajar, tenemos que buscar y tenemos que decidir creer en Jesús personalmente y con la gracia de Dios.

Los tres reyes pidieron ayuda a otras personas en su búsqueda del Rey.

En nuestro afán de independencia, de resolver nuestros problemas a solas, no pedimos ayuda a los demás. Unas veces por no molestar y otras por miedo a parecer débiles o tontos nos privamos de la sabiduría de los hermanos.

Cuando nuestros tres reyes llegaron a Jerusalén sabían que estaban en la zona buena pero no encontraban el lugar exacto. El GPS no lo localizaba. Pero preguntaron a los expertos y lo encontraron. Preguntaron y recibieron. De nuevo se pusieron en camino y la estrella volvió a brillar.

En el viaje de la fe hay muchas personas que nos pueden ayudar si somos atrevidos y sabios para preguntar. Ni somos islas ni lo sabemos todo, todos somos deudores, todos necesitamos de los demás y en el terreno de la fe necesitamos toda la ayuda que los demás y Dios nos pueden brindar. Aceptémosla con humildad y sigamos nuestro viaje hasta el final.

En esta historia enfatizamos más de la cuenta lo que los tres reyes ofrecieron, sus regalos. No nos fijamos en lo que recibieron.

Buscan un rey y se encuentran con un establo, un carpintero, una pobre mujer y un niño. Nada maravilloso. Todos los signos externos parecen contradecirles. Pero lo aceptan ya que la estrella que han seguido, fija en el cielo, apunta al establo. Aceptan el signo de Dios e ignoran el resto.

No esperemos ni la alfombra roja ni una salva de 21 cañonazos, Dios se manifiesta en los aspectos más cotidianos de la vida, en la casa, en el trabajo, en el juego…

El secreto está en

buscar la sabiduría,

viajar con fe a un encuentro personal con Dios,

pedir ayuda a lo largo del camino,

aceptar lo que encontremos aún disfrazado de debilidad,

creer
(
http://www.parroquiaelpilarsoria.es/epifaniadelsenorf.htm
).

Moniciones para la fiesta de la Epifania del Señor.

Moniciones para la Fiesta de la Epifanía del Señor
  
Moniciones para la Misa.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net


Fiesta de la Epifanía del Señor


Entrada:

En esta fiesta de hoy, celebramos la manifestación de Jesús. Es la fiesta de la luz que nos ilumina y de regalos porque hemos recibido el don más precioso: Jesucristo mismo. En esta celebración, unidos a todos los hombres, caminemos como un solo pueblo hacia el reconocimiento de Jesús como el Salvador. Expresemos nuestra alegría cantando con ánimo...


Primera lectura: Is 60, 1-6 (La gloria del Señor amanece sobre ti)

Isaías proclama con gran exaltación la Buena Nueva a las gentes que andaban en la oscuridad. Una luz brilla; la gloria de Dios aparece. Cristo es esta estrella radiante de la mañana que nos guía en la vida. Él vino al mundo para que lleguemos hasta él. Escuchemos esta primera lectura.


Segunda lectura: Ef 3, 2-3a.5-6 (También los gentiles son coherederos)

San Pablo, en la carta a los efesios, nos habla de la gracia que Dios nos ha dado. Por nuestro bautismo somos coherederos y copartícipes de la promesa de Dios. Nosotros sentimos alegría ya que en Cristo somos un pueblo de reyes, pueblo sacerdotal, una asamblea santa.


Tercera lectura: Mt 2, 1-12 (Venimos de Oriente para adorar al Rey)

El siguiente relato es muy conocido por todos nosotros. Los magos buscan con plena sinceridad a Cristo para ofrecerle sus riquezas, su fe, su amor y ofrecerse a sí mismos. Estamos invitados a encontrar a Cristo en este Evangelio y en la eucaristía. Antes de la proclamación del Evangelio nos ponemos de pie, para entonar el Aleluya.


Oraciones de los fieles

1. Por la Iglesia, nuestra madre: para que haga resplandecer ante los pueblos la luz del Evangelio. Roguemos al Señor.

2. Por todos los niños: para que ellos gocen hoy y siempre de un sincero amor familiar. Roguemos al Señor.

3. Por todos nosotros aquí reunidos: para que vivamos abiertos a los signos de los tiempos y respondamos con prontitud a la llamada de Dios y de nuestros hermanos, especialmente los más pobres. Roguemos al Señor.

4. Por nuestro país (se dice el nombre) y todos sus habitantes: para que hoy llegue la luz de Cristo a cada hogar. Roguemos al Señor.

5. Por nuestras comunidades: para que reciban los dones del Señor. Roguemos al Señor.


Exhortación final

Es justo bendecirte y darte gracias, Dios Padre nuestro,
Entre otras muchas, por estas cuatro razones fundamentales:
Porque Cristo, tu Hijo y nuestro hermano, plantó su tienda
En nuestro campamento humano, haciéndonos presente tu rostro;
Porque hoy has revelado a Cristo, para luz de los pueblos,
Tu oferta de salvación universal para todos los hombres;
Porque al manifestarse Jesús en nuestra carne mortal
Nos hace partícipes de su inmortalidad bienaventurada;
Y finalmente porque así has elevado y dignificado tanto
Nuestra naturaleza que nos concedes tu filiación adoptiva.
Por todo ello y por tantos detalles, ¡gracias, Señor!

Amén.

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 244)

Ejercicio de lectio divina para la fiesta de la Epifania del Señor.

Lectio Divina. Epifanía del Señor.
Oración con el Evangelio. Epifanía
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

 

 

Mateo 2, 1-12

1. INVOCA


Prepara tu ánimo para entrar en diálogo con el Señor, que te va a dirigir su Palabra.
Deja a un lado tus ocupaciones habituales. Porque este tiempo es el más importante para tu vida.
Ábrete al Espíritu que desea inspirarte el sentido de la Palabra y quiere animarte a vivirla.
Invoca al Espíritu, para que te ilumine y te fortalezca. Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mt 2, 1-12 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico


Epifanía significa manifestación. Celebramos en este día la manifestación de Jesús, el Salvador, al mundo pagano, representado por los sabios de oriente.
Este gesto del Señor nos desvela el sentido de su venida a la tierra. Ha venido con la misión de ofrecer la salvación a todas las gentes, de todos los lugares y de todos los tiempos.
Es el día en que también nosotros, que no somos del pueblo judío por nacimiento, hemos recibido el don de la fe en Jesucristo, enviado del Padre para la salvación del mundo.
Este relato de Mateo es una catequesis que nos indica cómo se manifiesta el Señor en todo tiempo y cómo nosotros podemos encontrarlo. Por lo tanto, lo hemos de leer más como un relato de fe que como una narración de tipo histórico.

1. Unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén (v. 1)


Estos personajes, (magos, sabios) presentados por Mateo, significan:
- la necesidad de los humanos de encontrarse con el verdadero Dios;
- desde la realidad de la vida de cada uno (familia, profesión, trabajo...), cada persona ha de preguntarse siempre dónde y cómo se presenta Dios en la vida de cada uno;
- la decisión de abandonar su casa y su país simboliza el proceso que constantemente realiza el que con sinceridad quiere encontrarse con el Señor;
- la estrella que les guía es la luz de la fe, la llamada de Dios, que comienza a iluminar la oscuridad de su situación religiosa;
- estos rasgos manifiestan el deseo de iniciar un camino, un proceso, para encontrar a Dios.


En Jerusalén, los sabios
- dan testimonio de la llamada de Dios: Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo (v. 2);
- vencen las malas intenciones de Herodes;
- y la ignorancia de los sacerdotes y de los maestros de la ley;
- se dejan orientar por la Palabra de Dios, en la profecía de Miqueas (5, 2), que los maestros de la Ley indican (vs. 5-6);
- nuevamente la estrella de la fe los guía hasta Belén (v. 9).

2. Vieron al Niño con su madre María y lo adoraron (v. 11)


Al experimentar de nuevo la iluminación de la fe en su camino, se llenaron de una inmensa alegría (v. 10). El esfuerzo de los viajeros por seguir la luz incipiente de la fe logró, al fin, encontrar al Niño con su Madre. María es figura de la Iglesia, en la cual encontramos al Salvador.
Lo adoraron como a Dios postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra (v. 11).
Los sabios de oriente reconocen al Mesías en aquel Niño desvalido y pobre. Dios los ha orientado y fortalecido a lo largo de su camino de fe, poniendo de su parte el interés y el sacrificio por salvar enormes dificultades y, al fin, encontrar al Salvador.
Los dones que ofrecen al Niño son símbolo de su propio reconocimiento, agradecimiento y ofrenda de sí mismos y de sus vidas.
Lo adoraron. Adorar es, sobre todo, reconocer y agradecer el don de la vida en Dios, recibido gratuitamente, que nos lo regala desde su infinito amor. La semilla de la fe la recibimos en el bautismo, de manos de nuestra Madre la Iglesia, sin nosotros merecerla ni buscarla.
La catequesis nos tiene que conducir a reconocer en Jesús al mismo Dios, que nos ama y nos llena de sus dones, del mejor don, que es Él mismo, con Jesús en el Espíritu.
Regresaron a su país por otro camino (v. 12). Una vez que los sabios de oriente adoraron al Señor, entregándose a Él, quedaron transformados por el encuentro con el Mesías. Y regresaron a su tierra, convertidos, como personas nuevas, contentos de la experiencia vivida en aquella humilde vivienda.


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Cada uno de nosotros ha de reemprender muchas veces el camino de la fe, que nos lleva a Jesús. No es cuestión de saber muchas cosas de Jesús, del Evangelio. Es, sobre todo, seguir y estar con Jesús, para conformar nuestros valores, criterios, actitudes, sentimientos y conducta según lo que el mismo Jesús vivió y enseñó.
En cada momento de nuestra vida el Señor nos va llamando a una entrega más generosa y total. Con mirada y escucha de fe, podemos percibir que el Señor nos convoca desde la realidad de los sucesos diarios, agradables o desagradables, desde la Palabra leída en la Biblia y meditada, desde un buen consejo que recibimos, desde un buen testimonio que vemos, desde la oración y celebración de los sacramentos. Todo ello son luces de pequeñas estrellas que el Señor pone en el firmamento de nuestra conciencia.
El encuentro con Jesús, en brazos de María, nos llena de alegría y experimentamos la paz.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)


Te doy gracias, Padre, porque te preocupas de mi persona y me llamas constantemente para que sea feliz, siguiendo a tu Hijo Jesús.
Te doy gracias, Jesús, porque Tú me indicas el camino de tu seguimiento y quieres que sea tu discípulo y tu misionero.
Te doy gracias, María, buena Madre, que nos muestras y nos regalas siempre a tu Hijo para nuestro bien.


5. CONTEMPLA


A Jesús Niño, en brazos de María, que nos ofrece amorosamente a su Hijo.
A los sabios (magos) que salvan dificultades y llegan gozosos donde Jesús. Y luego reemprenden un nuevo estilo de vida.


6. ACTÚA


Agradeceré siempre el don de la fe, que el Señor me regala desde el bautismo.
Trataré de buscar al Señor cada día en los sucesos, en su Palabra, en la oración.
Ayudaré a que otros bautizados vivan su fe en la Iglesia.
Recitamos el salmo 72, repitiendo el versículo: Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

¡Quien fuera rey en este dia!

¡Quien fuera Rey en este día!

 

Y ante el REY DE REYES, alabar y bendecir la grandeza

de un Dios, que sin necesidad de tanto, tan en el llano ha caído.

Y, dejar detrás de mí, palacios e imperios,

tronos y vasallos, dominaciones y castillos,

para postrarme ante Aquel que sólo tiene

el amor como almena,

la pequeñez como defensa indefensa,

y, como siervos y guardianes,

un José y María que, sólo saben mirar,

contemplar y emocionarse ante el Misterio.

Pastores que, sorprendidos por tal mensaje,

dejaron tierras y ganados y marcharon a adorarle.

 

¡Quien fuera Melchor!

Y decirte que, como Rey, mereces ya no sólo el oro,

sino que toda rodilla se doble ante el AMOR.

 

¡Quien fuera Gaspar!

Y perfumar, con el incienso, al que siendo hombre,

es Dios y hombre a la vez,

o que, el aroma se desparramase

por todos los valles donde los hombres

todavía desconocen

la noticia de tu Nacimiento

 

¡Quien fuera Baltasar!

Para ofrendarte, además de cómo Rey y Dios,

la debilidad de lo que somos y que Tú compartes:

nuestra humanidad.

Te doy gracias, Señor,

porque –sin ser rey– he visto una estrella.

Una estrella que, en la noche oscura,

me ha invitado a seguirle, incluso en las horas amargas,

y, sus destellos, han hablado a mi corazón,

despertando mis sentimientos y mi curiosidad.

Una estrella que ha hecho posible el que yo,

hombre y débil, me postre ante Ti con la misma fe

y con la misma emoción de aquellos Reyes Magos.

Haz Señor, que después de haberte contemplado y rezado,

después de haberte ofrecido mi pobreza,

vuelva a mi hogar con la firme promesa

de que tu nombre sea conocido, amado y publicado,

por todos los confines de la tierra.

¡Gracias, Señor! ¡Gracias, mi Rey!

 

P. Javier Leoz
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Ejercicio de lectio divina para la fiesta de la Epifania del Señor.

B EPIFANÍA DEL SEÑOR TIEMPO DE NAVIDAD LECTIO DIVINA

TIEMPO DE NAVIDAD
EPIFANÍA DEL SEÑOR (Ciclo B)

 

  1.- " HEMOS VISTO SU ESTRELLA"

 

 

  "La gloria del Señor amanece sobre ti" (Is 60, 1-6)
   "También los gentiles son herederos de la promesa ... " (Ef 3, 2-3. 5-6)

 


        SÍMBOLOS

 

 

 Una gran estrella.


 Tantas estrellas como miembros de la familia.

 


 

  2.- PALABRA

 

 

(Mt 2, 1-12). Jesús se manifiesta a la gentilidad. Los magos en su búsqueda y en su fe contrastan con la increencia e indiferencia de los habitantes de la ciudad.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 2 1-12)
 

 


       1 Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando:
       - "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo".
       3 Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; 4 convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le contestaron:
       -« En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el Profeta: 6 "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel" ».
       7 Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, 8 y los mandó a Belén, diciéndoles:
       - "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo".
        9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
       10 Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
       12 Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.


        COMENTARIO

 

 
2,1-12. Los magos de oriente. Cuanto se dice en este pasaje y en el siguiente acerca de Herodes el Grande concuerda básicamente con el testimonio de las fuentes históricas de la época. Sin embargo, numerosos detalles del relato descubren en seguida que el propósito del evangelista no es de tipo histórico, sino que su principal intención es completar lo que ha dicho en los pasajes anteriores acerca de Jesús.
        Notemos, en primer lugar, que Mateo insiste en el hecho de que Jesús nació en Belén de Judá (Mt 2,1.5.6.7). Para entender esta insistencia conviene saber que, en la cultura en la que vivían él y sus destinatarios, el lugar de origen definía en cierto modo a las personas. Los pueblos y ciudades, como las familias, eran los depositarios del honor acumulado por sus habitantes ilustres en el pasado, y esta herencia pasaba a los que nacían en ellos. Ahora bien, sobre el lugar de origen de Jesús había diversas opiniones. Algunos pensaban que había nacido en Nazaret y esto era un obstáculo para reconocerle como Mesías: ¿Acaso va a venir el Mesías de Galilea? ¿No afirma la Escritura que el Mesías tiene que ser de la familia de David y de su mismo pueblo, de Belén? (Jn 7,41-42. Véase también Jn 1,45-46). Mateo quiere aclarar que Jesús ha nacido en Belén, la patria de David. De este modo muestra que Jesús hereda el honor acumulado en la familia de David, no sólo porque es descendiente suyo, sino porque ha nacido en su mismo pueblo. Belén era, además, el lugar en el que, según las Escrituras, debía nacer el Mesías (Miq 5,1.3; 2 Sm 5,2).
        En el relato aparecen también otros elementos que refuerzan esta presentación de Jesús. Según la creencia popular, el nacimiento de un personaje importante iba unido a la aparición de una nueva estrella. También la tradición judía anunciaba al Mesías como la estrella que surge de Jacob (Nm 24,17). Además, según las profecías del Antiguo Testamento, los pueblos paganos habrían de rendir homenaje al Mesías (Is 49,23; 60,6; Sal 72,10-15). Todo contribuye a presentar a Jesús como el Mesías enviado a Israel. No olvidemos que Mateo se dirige a los cristianos de su comunidad y quiere darles argumentos para rebatir a quienes negaban que Jesús es el Mesías.
         Además de completar la presentación de Jesús, este relato recoge de forma paradigmática dos actitudes que luego se repiten a lo largo de todo el evangelio: su pueblo rechaza a Jesús, pero los magos de oriente, que son paganos, le adoran. Mientras que Herodes y Jerusalén se turban ante la noticia del nacimiento de Jesús y planean su muerte, los paganos experimentan una gran alegría y le reconocen como el rey de los judíos.
        El rechazo de Jesús por parte de Herodes y de Jerusalén anticipa la experiencia de Jesús, rechazado por su pueblo, y la que vivió la comunidad cristiana, rechazada por el judaísmo; por su parte, la acogida de los magos anuncia la apertura del evangelio a los paganos y su entrada en la comunidad cristiana. El itinerario que siguen los magos refleja el proceso que siguieron los paganos para encontrar a Jesús: al descubrir los signos (la estrella) se ponen decididamente en camino y preguntan a los judíos, que conocen las Escrituras y finalmente encuentran a Jesús y lo adoran. Es muy posible que muchos de los paganos que formaban parte de la comunidad a la que se dirige Mateo descubrieran en este relato la historia de su propio camino hacia Jesús.

Comentario al Nuevo Testamento
 Casa de la Biblia

  3.- RESUENA LA PALABRA

 

        El relato de San Mateo pone de manifiesto una verdad de fondo: "Dios hace guiños a todos los pueblos".

 


•Dios toma la iniciativa de llamar desde lejos; Dios se ha movido, ha salido al encuentro del extraño.


•Los tres personajes se ponen en camino, en búsqueda, en movimiento ...
 Dios se deja conocer, se manifiesta a conocidos y a desconocidos, Dios se manifiesta a todos. "La estrella ... vino a pararse encima de donde estaba el niño" (Mt 2,9). En ese momento pasan del signo a la realidad significada; el signo ha sido espectacular, la realidad es modesta, sencilla ... una casa cualquiera, una escena común, una persona sencilla ...
 "Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre" (Mt 2,10). Pasaron del signo grandioso al significado de lo sencillo, lo profundo, lo misterioso de un amor cotidiano escondido en el hogar de Belén. ◦Adoramos no la trascendencia, adoramos la profunda inmanencia.
◦Adoraron la transparencia del amor de una madre, la debilidad de un niño, adoraron lo escondido de Dios en nuestra naturaleza.

        MEDITACIÓN, ORACIÓN DE QUIETUD

 
        Mantras

 

Tú eres nuestra alegría.


Paz a los hombres.


Gloria a Dios.

        PARA LA REFLEXIÓN Y VIVENCIA

 


¿Buscamos el significado de lo escondido en lo sencillo y cotidiano? ◦¿Aprendemos a buscar más allá de lo aparente?
◦¿Sabemos leer lo profundo?

 



¿Estamos abiertos a "los guiños" que Dios nos hace?


◦¿En los extraños y alejados?
◦ ¿En los increyentes y extranjeros?
◦ ¿En los que no piensan como nosotros?
 
  4.- PARA EL DIÁLOGO Y LA EXPERIENCIA

 


Ponemos en común: "los guiños que Dios nos hace en la actualidad". ◦¿Dónde encontramos luces, estrellas relucientes?
◦¿En quién o quienes nos indica caminos nuevos de amor?
◦¿Cómo se nos manifiesta hoy en lo cotidiano?
 

 


Podría estar en nuestro hogar y no haberle descubierto ...

 

 

Terminamos con la oración de San Francisco.

 


Oh Señor, haz de mi un instrumento de tu paz:
Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la unión.
Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.
 Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
A ser consolado, sino a consolar.
A ser comprendido, sino a comprender.
A ser amado, sino a amar.
Porque:
Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
 


 


ANDRÉS HUERTAS
(
http://www.siervas-seglares.org/lectio_ciclo_b/siervas_lectio_epifania_b.html
).

Fiesta de la Epifania del Señor. Exegesis de MT. 2, 1-12.

RECURSOS PARA PREDICAR

Epifanía, Año B

Por Richard Niell Donovan
Traducción por r Emmanuel Vargas Alavez

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Mateo 2:1-12

 

 

EXÉGESIS:      

 

EPIFANÍA: La palabra significa la aparición o manifestación, y la epifanía marca la primera manifestación de Jesús a los gentiles. Celebramos la epifanía en Enero 6. Mientras que los cristianos enfatizan la Navidad y la Pascua hoy, la Pascua, Pentecostés y Epifanía eran los días santos importantes para la iglesia primitiva.

 

 

VERSÍCULOS 1-12: VISTA GENERAL

 

“La sublime historia de Mateo de la adoración de los magos frecuentemente ha sido mejor entendida por los poetas y artistas que por los eruditos, cuyo análisis microscópico ha perdido la esencia” (Hare, 12). ¡Que maravillosa intuición! La diferencia es una de actitud. El poeta y el artista abordan la Escritura con asombro y afecto, con el corazón. El erudito se acerca a la Escritura sistemática y analíticamente, con la cabeza. Ambos tienen su lugar, y necesitamos a ambos. Esta historia, sin embargo, muestra cómo Cristo enriquece a quienes le traen su corazón. Los magos vinieron con gozo en sus corazones para ver al Cristo niño, y Dios les permitió ver cosas maravillosas.

 

Mateo nos cuenta una historia muy diferente a la de Lucas:

 

• En lugar de pastores, Mateo nos da a los Magos del oriente.

• En lugar de un establo, Mateo nos lleva al palacio de Herodes.

• En lugar de un pesebre, Mateo nos muestra regalos dignos de un rey.

• En lugar de ángeles, Mateo nos cuenta de sueños.

 

Aunque tendemos a pensar que los pastores y los magos de oriente se reunieron alrededor del pesebre, los pastores llegaron de cerca y los magos de lejos. La visita de los magos probablemente se dio mucho después de que los pastores habían partido. María y José permanecieron por los alrededores de Belén y Jerusalén hasta que Jesús había sido circuncidado y presentado en el templo (Lucas 2:22-38). María también necesitaba tiempo para recuperarse del parto antes de viajar a Nazarea. Probablemente los magos los visitaron durante la última parte de la estancia de María y José en Belén y Jerusalén.

 

Mateo incluye un número de elementos sombríos en su historia:

 

• José decide abandonar a María secretamente (1:19).

• Herodes mata a los niños intentando deshacerse del rey recién nacido (2:16-18).

• José y su familia huyen a Egipto para escapar del rey asesino (2:13-15).

• Cuando José  y su familia regresan de Egipto, van a Nazarea y no a Belén porque otro violento rey estaba gobernando en Judea (2:19-23).

 

Existe un importante número de paralelismo entre las historias de Moisés y Jesús:

 

• El faraón ordena que todos los niños hebreos sean ejecutados (Éxodo 1:16, 22), igual que lo hace Herodes (2:16-18).

 

• Moisés es salvado por la intervención de la hija del faraón (Éxodo 2:1-10), al igual que Jesús es salvado por el sueño donde se le avisó a José y María de huir (v. 11).

 

• Como joven, Moisés, temiendo por su vida, huye del faraón (Éxodo 2:15).

 

• El Señor le dijo a Moisés, “Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte” (Éxodo 4:19), al igual que el ángel le dice a José, “Levántate, y toma al niño y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del niño” (Mateo 2:19-20).

 

“Cuando Mateo 2 se toma como un todo literal y se lee con el trasfondo de Éxodo 1-2, Jesús emerge como un tipo de Moisés… Con las varias historias en el capítulo 2, Mateo buscaba expresar la continuidad entre Moisés y Jesús” (Harrington, 49).

 

 

VERSÍCULOS 1-2: ¿DÓNDE ESTÁ EL REY?

 

1Y como fue nacido Jesús en Belem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente á Jerusalén, 2diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle.

 

 

Este es Herodes el grande. Sus hijos, Herodes Arquéalo, Herodes Felipe, y Herodes Antipas, sucederán a su padre después de su muerte en el año 4 a.C. Herodes el Grande fue, de muchas maneras, un verdadero gran rey. Conservó la paz, construyó el Templo, algunas veces fue generoso. Sin embargo, parece genuinamente paranoico asesinando rivales, ya fueran reales o imaginarios. Ejecutó a su esposa y a tres de sus hijos. La masacre de los inocentes (2:16-18), que tiene como modelo la matanza del faraón de los bebés israelitas (Éxodo 2:1-10), afirma ese carácter.

 

Es irónico que estos hombres pregunten a Herodes, cuyo título oficial es rey de los judíos, sobre un bebé que ha nacido como rey de los judíos. Ellos parecen no sospechar que esa pregunta hará sonar la alarma para Herodes. Este título, Rey de los Judíos, reaparecerá al final de este evangelio cuando Pilatos pregunta “¿Eres tú el rey de los judíos?” (27:11); y cuando los soldados se burlan de él diciendo “¡Salve, Rey de los judíos!” (27:29); y como un letrero colocado sobre la cruz señalando el cargo en contra de él, “Este es Jesús, el Rey de los judíos” (27:37).

 

Sabemos poco sobre los magos o sabios (griego = magoi) del oriente:

 

• Probablemente eran miembros de una casta sacerdotal en la antigua Persia, posiblemente seguidores de Zoroastro.

 

• Los llamamos reyes, pero Mateo los llama magoi. La palabra, reyes, puede venir del Salmo 72:10, que habla de reyes de Tarsis rindiendo tributo y los reyes de Saba y Sebá trayendo regalos. También hay que ver Isaías 60:6, que habla sobre el pueblo de Sebá trayendo oro y mirra.

 

• Pensamos sobre ellos como astrólogos porque habían observado las estrellas (v. 2), y la astrología era considerada una ocupación de la gente culta. La palabra magoi también se encuentra en Hechos 8:9-24 y 13:6-11, donde se traduce como mago o hechicero. Desde la perspectiva del pueblo judío, los magoi estudiaban las estrellas para buscar respuestas que legítimamente vienen solo de Dios, o hacían magia usando poderes demoníacos. Están muy lejos del reino de Dios, que los hace especialmente útiles para los propósitos de Mateo al mostrar cómo el Mesías trae la salvación para los gentiles.

 

Como una nota al margen, la astrología y los horóscopos siguen siendo populares. Aunque Mateo trata a estos magoi amablemente, eso no significa que la astrología o los horóscopos son legítimos. Estos constituyen un sistema religioso alternativo, incompatible con la fe Cristiana. Dios es quien está en control, no las estrellas. Los medios principales de la revelación de Dios son los profetas, las Escrituras, los sacramentos, y su Hijo; aunque Dios puede usar incluso a las estrellas para guiarnos a Cristo.

 

• Más significativamente, los sabios son gentiles. El evangelio de Mateo es muy judío, pero introduce a estos gentiles adoradores al principio, preparándonos para las últimas palabras de Jesús a sus discípulos “id, y doctrinad á todos los Gentiles....” (28:19). Nos asombra el contraste entre estos gentiles, que seguían a la estrella hasta llegar a Jesús, y los principales sacerdotes y escribas, que conocían las Escrituras pero que no hicieron nada para buscar al Mesías, y que habían determinado que estaba más o menos a 7 kilómetros en Belén (v. 5). El pueblo de Dios ignora al Mesías, mientras que los paganos ansiosamente lo buscan.

 

Mateo tratará favorablemente al centurión romano (8:5-13) y a la mujer cananea (15:21-28). También incluye a mujeres, incluso mujeres de reputación dudosa, en la genealogía de Jesús. Mateo deja claro que las barreras que separan a los humanos de los humanos no separan a los humanos del amor de Dios. Como el escritor de Efesios más tarde lo diría “Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…” (Efesios 2:14). Esa obra comenzó en la navidad. La epifanía nos desafía a considerar a quién podemos considerar que sea indigno (madres solteras, muchachos con pantalones guangos, fumadores, musulmanes, etc.) y cómo nosotros, la iglesia, los puede alcanzar en amor cristiano.

 

-- Pensamos que estos sabios eran tres porque dan tres presentes, pero podría ser cualquier número. La leyenda los ha llamado Melchor, Gaspar y Baltasar, pero esos nombre no se encuentran en la Escritura, por primera vez “aparecen en un mosaico de una iglesia construida en el siglo seis en Ravena, Italia” (Encarta). Estos sabios son bien intencionados, pero ingenuos, al no entender que un monarca reinante pueda sentirse amenazado por el nacimiento de un posible rival.

 

Los eruditos han tratado de identificar a la estrella que guió a los sabios. El cometa Halley se vio en el año 11 a.C., y hubo una brillante conjunción de Júpiter y Saturno en el año 7 a.C. Sin embargo, no ha habido acuerdo con respecto a la estrella, ni parece que lo habrá. Esta estrella no se comporta como lo hacen las estrellas, sino que se para sobre el lugar donde se encuentra el niño (v. 9-10). Este es un suceso supernatural, más que algo natural.

 

 

VERSÍCULOS 3-6: EN BELÉN DE JUDEA

 

3Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él.  4Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.  5Y ellos le dijeron: En Belem de Judea; porque así está escrito por el profeta:

6Y tú, Belén, de tierra de Judea, No eres muy pequeña entre los príncipes de Judea; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.

 

 

Las diferencias entre Jesús y Herodes no podían ser más grandes.

 

• Jesús nació en un establo; Herodes en un palacio.

• Jesús es un bebé indefenso; Herodes posee gran poder.

• Jesús probará que es un hombre de gran compasión; Herodes es cruel y violento.

 

Herodes está asustado. ¿Por qué un rey temería a un bebé? Tal vez es paranoia. Tal vez su paranoia está alimentada por sentimientos de su ilegitimidad. Mucha gente en posiciones altas se sienten como impostores, preguntándose cuándo su legitimidad será cuestionada y se les arrebatará su poder. Herodes tenía mucho más razones que muchos otros para sentirse ilegítimo. Era de ascendencia árabe, y gobernaba con la simpatía de Roma. Su padre había ganado poder apoyando a Julio César, y fue nombrado procurador de Judea por el César en el año 47 a.C. Su familia había gobernado el área por un siglo y medio. Los judíos, queriendo un rey propio, resentían a Herodes. Si se les diera una pequeña oportunidad lo derrocarían. Aunque Herodes no es un hombre religioso, se preocuparía por un rey ordenado por Dios nacido muy cerca de ahí.

 

El comentario de Mateo “y toda Jerusalén con él” es interesante. Dado el temperamento de Herodes, temían lo que podría hacer en un arranque de ira. Además, Mateo ya está implicando al pueblo judío desde aquí. Después compartirán la culpa de la crucifixión, pero Mateo los liga a Herodes incluso desde el mismo principio de la historia.

 

En los versículos 3-4, Mateo reúne a la gente que servirá como los opositores de Jesús a través de toda su vida: toda Jerusalén, los principales sacerdotes y los escribas. Caifás es el sumo sacerdote (Mateo 26:3, 57; Juan 18:13, 24), pero su nombre está ligado al de Anás, su suegro, que probablemente lo había precedido en ese cargo (Juan 18:13; Lucas 3:2). Vemos a Anás y Caifás otra vez cuando Jesús se prepara para la crucifixión (Juan 18:13, 24). Los escribas son expertos en la ley judía. Veremos frecuentemente a los escribas en el evangelio de Mateo, donde estarán en conflicto con Jesús casi en cada ocasión.

 

Belén, más o menos siete kilómetros al sur de Jerusalén, fue donde nació David. Mateo lo identifica como Belén de Judea para distinguirlo de Belén de Galilea, que estaba a unos kilómetros al norte de Nazarea. Belén es un pequeño pueblo, un lugar bajo, un lugar apropiado para el humilde nacimiento de Jesús. Sin embargo, también es un pueblo con orgullo, por haberle dado al pueblo judío su más grande rey. Es digno de hacerse notar que el origen del rey David también fue humilde. Sirvió como pastor, una ocupación baja. Cuando Samuel le preguntó a Isaí, el padre de David, traer a sus hijos para que Samuel pudiera determinar a cual Dios había escogido para ser rey, Isaí ni siquiera pensó en incluir a David, el más chico de todos. Solamente hasta que David había descalificado a los otros hijos fue que Isaí envió a David. La fama inicial de David provino de cuando, incapaz de aguantar la armadura de un hombre, enfrentó a Goliat armado solamente con una honda. Inicios humildes, ¡finales grandiosos! Ahora este humilde pueblo le da a Israel su Mesías. ¡Nunca más sería una villa desconocida, atrasada!

 

Los profetas citaban a Miqueas 5:2 y 2 Samuel 5:2. Mateo tiene un mayor interés en el cumplimiento de la Escritura que cualquier otro escritor de los evangelios. Aquí no solamente establece que los profetas predijeron el nacimiento de Jesús en Belén, pero que también el orden religioso tenía razón para entender lo que estaba pasando y aun así no hacía nada.

 

Los sabios de oriente obtienen su primera pista de la naturaleza; ven una estrella en el Este. La información de esa fuente, sin embargo, está incompleta. Necesitan las Escrituras para informarse más completamente. Deben venir a Jerusalén, el centro del culto judío, para que las Escrituras los guíen a Belén. “Por otro lado, simplemente conocer las Escrituras no es suficiente para atraer a uno al auténtico culto cristiano. Los principales sacerdotes y los escribas conocían la Biblia, pero se perdieron al Mesías…” (Long, 19).

 

 

VERSÍCULOS 7-8: HACÉDMELO SABER

 

7Entonces Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella; 8Y enviándolos á Belén, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

 

 

Herodes está preocupado sobre el tiempo exacto en que apareció la estrella, porque esa información le ayudaría a encontrar al niño. Decide matar a todos los niños en Belén que tuvieran dos años de edad y menos, poniendo los límites bastante amplios para asegurarse de remover al niño que amenaza su trono (2:16-18). Sus esfuerzos son inútiles, sin embargo, porque Dios advierte tanto a los sabios como a José, que escapa a Egipto con su pequeña familia (2:13-15).

 

La traición que Jesús soportará después en su vida comienza desde su infancia, al igual que la hipocresía de sus enemigos.

 

 

VERSÍCULOS 9-11: LE OFRECIERON DONES

 

9Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño.  10Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  11Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.

 

 

Las estrellas no se detienen en sus órbitas. Esto no es un fenómeno natural, sino una señal de Dios. Los magos encuentran a Jesús en una casa (v. 11). No se menciona un establo o pesebre en Mateo. Tal vez las multitudes que habían llegado para el censo han disminuido en los días siguientes al nacimiento de Jesús, permitiendo a la Santa Familia mejorar su alojamiento.

 

Note el contraste entre el gozo de estos gentiles y el miedo de Herodes y Jerusalén. La gente que debería recibir al Cristo con gran gozo en su lugar está temerosa. Aquellos a quienes menos les interesaría algo sobre un Mesías judío lo reciben gozosos. Durante su ministerio, Jesús les devolverá muchas presuposiciones a sus oídos, y comenzó a hacer esto desde su infancia.

 

Los magos se arrodillan ante Jesús, “sin proponérselo anticipando ese día cuando todos se arrodillarán y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:10-11)” (Hare, 13).

 

Los presentes parecen extraños para un bebé. Esperamos ropa para bebé y juguetes. Oro, incienso y mirra, sin embargo, hablan sobre el futuro de Jesús. El oro es presente para un rey. El incienso es usado en el culto del templo (Éxodo 30:34), que es un presente para un sacerdote. El sumo sacerdote usa la mirra como un aceite para ungir (Éxodo 30:23). También es usado para preparar cuerpos para su entierro, y Nicodemo traerá una mezcla de áloe y mirra para preparar el cuerpo de Jesús para su entierro (Juan 19:39-40).

 

El oro, el incienso, y la mirra no solamente son regalos costosos, sino también portátiles. Muy pronto (2:13), un ángel le dirá a José que escape de Herodes. José no será capaz de llevar muchas posesiones con ellos, pero puede cargar el oro, el incienso, y la mirra para venderlos por el camino y así financiar su jornada hasta Egipto. Tal vez estos presentes son la manera en que Dios proveyó los medios para la jornada que les esperaba.

 

 

VERSÍCULOS 12: PERO SIENDO AVISADOS

 

12Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino.

 

 

A pesar de que trate tanto como pueda, Herodes no puede descarrilar el plan de Dios para la salvación del mundo. Los Herodes de este mundo no son competencia para Dios, o para el pueblo de Dios. Dios ilumina a estos sabios con respecto a las intenciones de Herodes, así que evitan regresar a Herodes en su camino de regreso.

 

La palabra traducida como “camino” es hodos, una palabra que Mateo usaría para describir el “camino angosto” (7:13-14) y el “camino de justicia” (21:32). Bruner encuentra aquí “la verdad de que el encuentro con Jesús no solamente significa una nueva relación metafísica (culto), sino también nuevas relaciones morales, materiales o sociales: significa ‘ir por otro camino’” (Bruner, 50).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en
http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

 

dick@sermonwriter.com

 

Copyright, 2002, 2010, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT01-Mateo/Mateo.02.01-12.htm
).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

San Mateo 2, 1-12:
Reflexiones de la Peregrinación
Autor: Regnum Christi

Fuente: Regnum Christi       Para suscribirse

 

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Meditación

No podemos desaprovechar la oportunidad que nos da la liturgia de hoy para profundizar en el sentido de la existencia humana como “peregrinación”, el significado de la vida como camino en busca de Dios, como los Reyes Magos. Para ello, hemos de reflexionar muy bien sobre nuestras decisiones cotidianas y ver si el camino de nuestra vida nos va acercando cada vez más a Dios o si debemos rectificar el camino, de modo que al final de nuestra peregrinación, lleguemos hasta donde Dios y no vayamos por caminos que nos alejen de Él.

En este peregrinar de la fe puede surgir la pregunta: ¿qué camino tomar? La Iglesia nos invita a creer, pero el mundo nos empuja al agnosticismo, a la falta de fe; Cristo nos pide tomar nuestra cruz, y el mundo nos va llevando por un camino cómodo y sin esfuerzo. Veamos el ejemplo de los Magos, ellos no se detuvieron ante los cansancios, tentaciones o dificultades, y decidieron continuar el camino que les indicaba Dios hasta el final, hasta el encuentro con Jesús.
Por otra parte, podemos también imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales. Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel niño al Dios al que la estrella los había guiado. De igual modo, nosotros hemos de descubrir a Dios oculto en la Eucaristía.

Reflexión Apostólica

Ver si soy capaz de dar ejemplo como los Reyes Magos, de seguir a Jesús hasta el final.

Propósito

Incrementar mi fe en Cristo Eucaristía y siempre que me encuentre frente a él comportarme con reverencia.
(
http://homiletica.org/legionarios/legionariosdecristoD0089.htm
).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

Y postrándose en tierra, lo adoraron
Mt 2,1-12  
INTERNACIONAL | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD  
 
El camino de los Magos en su descubrimiento de Jesús. Ellos creyeron en la estrella.  
 

Evangelio: Mt 2, 1-12
Después de haber nacido Jesús en Belén de Judá, en el tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo. Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén; y convocando a todos los pontífices y a todos los escribas del pueblo, les preguntaba el lugar del nacimiento del Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá; pues así está escrito por el profeta: ´Y tu Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel´". Entonces Herodes, llamando aparte a los magos, se informó cuidadosamente de ellos del tiempo de la aparición de la estrella y, enviándolos a Belén, les dijo: "Id e informaos diligentemente sobre ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que vaya yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se marcharon; y la estrella, que habían visto en Oriente, iba delante de ellos hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Luego, habiendo sido avisados a en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Pautas para la acción:
Es tradición que en este día, se repartan regalos a los niños, los "reyes del hogar". Pero veamos el aspecto espiritual de la fiesta de la Epifanía, de esta manifestación donde Dios viene a nosotros y la respuesta inmediata de las personas es ofrecerle lo mejor: oro, incienso y mirra.

1. El niño Dios quiere encontrarte en la Eucaristía
Estamos en una misa dominical. La parroquia está abarrotada de gente. Un bebé empieza a llorar. La madre lo calma. Oímos los susurros de la mamá que no quiere distraer la misa. El lloriqueo inicial pasa a berrinche, casi alarido. Parece que toda la parroquia está pendiente del niño. El Padre, que está en plena homilía, se pone nervioso. La señora, por respeto y reverencia a lo sagrado, sale por unos instantes fuera de la Iglesia, con la cabeza agachada y un poco enrojecida. Ponemos de nuevo nuestra atención en la homilía... Tal vez, no nos demos cuenta de que delante de nosotros, en la Eucaristía, lloriquea, sonríe, sufre, descansa, otro bebé. También él quiere llamar la atención, también él necesita de nuestro cariño, de nuestros susurros, de nuestras caricias, de nuestro corazón. Este bebe quiere que lo consolemos y que le hagamos compañía. La Eucaristía es como un nuevo Belén.

2. Siguiendo la estrella
Estamos, pues, con Jesús en este nuevo Belén, pasando frío, al lado de María. A unos kilómetros de distancia unos enigmáticos Magos entran en Jerusalén. Gentes de ciencia y saber, que han visto una estrella. Han sido capaces de ver en un fenómeno natural la presencia de Dios que les habla a sus conciencias y les dice a cada uno individualmente: "ponte en camino, ven a buscarme". Al llegar a Jerusalén perdieron la estrella, pero no la fe ni la confianza. Continuaron buscando al Mesías. A veces sentimos la presencia de Dios, vemos claro el camino de nuestra fe y vivencia cristiana. Sentimos a Dios, lo tocamos y palpamos. A veces, por el contrario, parece que se esconde, que no está, que ya no nos habla. Un fracaso, una dificultad en la vida, en la familia, ofuscan la presencia de Dios. Creer es lanzarse en la oscuridad de la noche, siguiendo una estrella que un día vemos, aunque no sepamos dónde nos va a llevar. Lo importante es que hemos visto la estrella, hemos experimentado a Dios en nuestra vida, y esta certeza nos debe impulsar a continuar la búsqueda.

3. La alegría de Belén
Los Magos dejan Jerusalén, la estrella vuelve a aparecer y experimentan una gran alegría. Es la alegría profunda del cristiano. Es la alegría de quien adora a Jesús Niño. Durante el período navideño, las calles del mundo entero se visten de luz, pero sólo pocos encontrarán la verdadera luz. La alegría de los Magos se hace plena cuando encuentran a Jesús, a quien buscaban. Por él habían dejado su tierra, y sus palacios y sus familias. Por él preguntaron en Jerusalén. Por fin lo encuentran y, lo más importante, lo adoran. La humildad de Belén envolvió sus corazones, se dejaron impresionar por ese Niño pobre y sencillo. Sus padres no eran reyes, ni nobles, ni sabios, tan sólo un carpintero y una adolescente nazarena. Era verdadera sabiduría la de estos hombres, que al ver tal escena, guiados por la fe, descubrieron al Mesías, revestido de humildad. Ese bebé, tierno y cariñoso, envuelto en pañales, era Dios. Se postraron, se pusieron de rodillas y lo adoraron. Los reyes magos descubrieron en aquel recién nacido la realeza; por ello le ofrecieron oro. Descubrieron su divinidad, y por ello le entregaron incienso. Creyeron en su humanidad, motivo por el cual le regalaron la mirra. También hoy tenemos que postrarnos ante ese tierno Niño y adorarlo. En vez de ofrecerle símbolos materiales, entreguémosle nuestra adoración hecha oración, como reconocimiento de su divinidad. Sirvámosle como verdadero rey, trabajemos por la extensión de su Reino, seamos consoladores del Cristo Hombre que sufre por la humanidad.

4. Mira la estrella, invoca a María
Ante todas las estrellas que puedan aparecer en nuestra vida, existe una que resplandece más que las demás, que nunca se apaga y está siempre presente. Es la estrella de la mañana, que también brilla al caer la tarde, en la oscuridad de la noche. Es faro del mar. Como nos dice San Bernardo: "Mira la estrella, invoca a María". En toda nuestra vida invoquemos a María, nuestra Madre. Ella vivió en primera persona la Navidad, ella vio a Jesús llorar y sonreír, ella lo acompañó en el primer Belén, ella lo cuidó y lo vistió. Que ella nos enseñe a vivir, a encontrar a Jesús, a adorarlo con auténtica humildad y a ofrecerle toda nuestra vida.

Propósito: Ofrecer un juguete o regalo a algún niño de escasos recursos, para que también él pueda disfrutar de un "día de reyes". Y también pedir por él en nuestras oraciones.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-01-04
(
http://www.regnumchristi.org/espanol/articulos/articulo.phtml?id=2029&se=363&ca=789&te=734
).

Meditacion para la fiesta de la Epifania del Señor.

EL EVANGELIO DE MATEO, 2:1-12

   
EL EVANGELIO DE MATEO

Por Mark Copeland
Versión castellana de estos estudios:
Nicolás Hernández

La Visita de los Magos (2:1-12)
 

INTRODUCCIÓN

1. Común a muchas escenas navideñas conmemorando el nacimiento de Jesús es la presencia de los “tres magos”...
   a. Se implica que estos hombres, tres en número, visitaron a Jesús cuando estaba aún en el pesebre
   b. ¿Es esto lo que enseña realmente la Biblia?

2. Mateo es el escritor del evangelio que registró esta visita...
   a. Que es encontrada en Mt 2:1-12
   b. La que sirve como texto para nuestro estudio de hoy

[Esta historia de “La Visita de los Magos” es tanto interesante como de valor práctico. Habiendo leído el texto, permítanme primero notar algunas...]

I. CARACTERÍSTICAS IMPORTANTES DE
   ESTA HISTORIA

  A. POR LO QUE MATEO NO NOS DICE...
          1. ¿Quiénes fueron exactamente estos “magos del oriente”?
       a. Algunos piensan que fueron un grupo de sacerdotes de Persia
       b. Otros creen que fueron astrólogos de Babilonia
     2. ¿Cuántos fueron?
        a. No es dado ningún número real
        b. Son mencionados tres tipos de regalos (Mt 2:11), pero la cantidad de regalos no necesariamente indica la cantidad de donadores

     3. ¿Cuál es la naturaleza de la “estrella”?
        a. ¿Era una “estrella” real?
        b. ¿Era el planeta Júpiter, relacionado con frecuencia con el nacimiento de reyes?
        c. ¿Era una conjunción de Júpiter y Saturno en el Signo de Piscis?
        d. ¿Era un cometa actuando de manera irregular?

     4. ¿Cómo relacionaron estos magos a la estrella con el nacimiento del Rey de los Judíos?
        a. ¿Habían sido enseñados por los judíos de la Dispersión a esperar al Mesías?
        b. ¿Se les había dado una revelación especial de Dios no registrada en las Escrituras?

  B. POR LO QUE LAS LEYENDAS HAN ORIGINADO...
     1. Que estos magos eran “tres reyes del oriente”
     2. Que sus nombres eran Melchor, Gaspar y Baltazar
     3. Que visitaron al niño Jesús junto con los pastores la noche del nacimiento
        a. Pero fue algún tiempo después (¡superior a los dos años!) - Mt 2:1,16
        b. Visitaron a María y al niño en una casa, ¡no en un pesebre! – Mt 2:11
     4. Que posteriormente fueron bautizados por Tomás

[Estos hechos son los pocos registros bíblicos acerca de QUIENES fueron estos hombres. Tal vez porque el énfasis está en lo QUE ellos hicieron: “Venimos a ADORARLE” (Mt 2:2,11) Que lo importante es que Jesús es digno de adoración, ¡lo que solo puede significar que Él es verdaderamente la DEIDAD (“Emanuel”, o “Dios con nosotros”)!

Pero hay otras lecciones que pueden ser recogidas de “La visita de los Magos”...]

II. LECCIONES PARA SER APRENDIDAS

   A. ES FÁCIL QUE LA FICCIÓN SEA TOMADA COMO UN HECHO...
      1. Hemos visto lo que la gente ha hecho con la historia del nacimiento de Jesús
         a. Haciendo que el número de sabios sea tres
         b. Teniendo que ellos visitaron a Jesús en el establo
      2. Hay otros ejemplos
         a. Haciendo que el “fruto prohibido” del huerto sea una “manzana”
         b. Representando el bautismo en la Biblia como vertimiento o rociamiento

-- Necesitamos ser como los de Berea (Hch 17:11), ¡y asegurarnos de
obtener los hechos en forma correcta!

B. PODRÍA HABER VERADEROS SIERVOS DE DIOS EN
   LUGARES DONDE PODRÍAMOS NO ESPERAR
   ENCONTRARLOS...
   1. El Señor podría tener muchos “ocultos” (por ejemplo, ocultos a nuestro conocimiento) como los magos
   2. Su historia en la tierra podría ser tan poco conocida como la de Melquisedec, Job, Jetro
   3. No debemos asumir que el pueblo de Dios consiste solo de aquellos sobre los que conocemos, apuntados en “nuestros” directorios
      a. Pueden existir muchos cristianos fieles en otros países
      b. Podríamos no saber sobre ellos, ¡pero Dios si los conoce! – 2 Tim 2:19

-- Aunque desconocidos para nosotros, ¡aún así podemos orar por ellos!

   C. NO SIEMPRE AQUELLOS QUE TIENEN LA MAYORÍA
      DE LOS PRIVILEGIOS RELIGIOSOS, SON LOS
      QUE DAN A CRISTO EL MAYOR HONOR...
      1. Uno podría pensar que los principales sacerdotes y los escribas deberían haber sido los primeros en ir a Belén, oyendo los rumores de que el Salvador había nacido
         a. Pero no, fueron unos cuantos extranjeros desconocidos de una tierra distante
         b. Como escribió Juan en su evangelio, “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” – Jn 1:11
     2. Desgraciadamente, hoy es con frecuencia verdad lo mismo
        a. Aquellos que están en la iglesia del Señor con frecuencia muestran menos amor y adoración que aquellos que están en denominaciones de hombres
        b. Los hijos de padres cristianos con frecuencia muestran menos interés que los hijos de padres no cristianos

D. PODRÍA HABER CONOCIMIENTO EN LA MENTE, EN
   TANTO QUE NO HAY GRACIA EN EL CORAZÓN...
   1. Los principales sacerdotes y los escribas fueron rápidos para proporcionar a Herodes la respuesta a su pregunta
      a. Pero hasta donde sabemos, no actuaron conforme a tal conocimiento
      b. No fueron a Belén, y algunos nunca creyeron en Él
   2. ¿Qué acerca de nosotros hoy en día?
      a. Podríamos tener conocimiento en la mente (conocemos la verdad), pero, ¿tenemos gracia en nuestros corazones (actuamos en ella)?
      b. Necesitamos crecer siempre en gracia y en conocimiento – 2 Ped 3:18

E. LOS MAGOS SON UN ESPLÉNDIDO EJEMPLO DE
   DILIGENCIA ESPIRITUAL...
   1. Considerare lo que pudo costarles viajar
      a. En dinero
      b. En tiempo
      c. En peligros
   2. ¿Y qué sobre nuestra diligencia? ¿Estamos con la voluntad de pagar el precio...
      a. para encontrar a Cristo?
      b. para servirle?
      c. para adorarlo?

-- Ellos viajaron a un gran costo y riesgo para adorar a Jesús; ¡muchos cristianos no desean ni aun tomarse el tiempo para atender una reunión relacionada con el evangelio o un segundo servicio en domingo!

   F. LOS MAGOS SON UN EJEMPLO IMPRESIONANTE DE
      FE...
      1. Ellos creyeron en Cristo...
         a. Cuando nunca lo habían visto antes de su viaje
         b. Cuando los escribas y los principales sacerdotes eran incrédulos
         c. ¡Cuando todo lo que vieron fue un niño pequeño en las rodillas de su madre!
            1) Sin milagros para convencerlos (excepto la estrella)
            2) Sin mucha enseñanza para persuadirlos

-- Aún así ellos “postrándose, lo adoraron”

      2. ¡Este es el tipo de fe que Dios se deleita que le honren!
         a. Por esto Dios vio conveniente registrar su ejemplo de fe para nosotros
         b. Y cada vez que es leído este pasaje, ¡es honrado su ejemplo de fe!

-- Como Jesús dijo posteriormente, “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” – Jn 20:29

CONCLUSIÓN

1. ¿Podría la fe y la diligencia de los magos servir para inspirarnos a un servicio más grande para nuestro Señor?

2. Aunque el mundo que nos rodea permanece sin el cuidado y sin creer, no permitamos ser avergonzados por creer en Jesús y confesarlo

3. Tenemos muchas más razones para creer en Él y adorarlo...
   a. Sus milagros, Su resurrección de entre los muertos
   b. Sus enseñanzas, Su muerte en la cruz por nuestros pecados

¿Estamos con la voluntad de hacer el esfuerzo para encontrar, adorar y servir a este gran Rey? Como declaró un popular letrero publicitario:

“Los magos [sabios] aún lo buscan”

NOTA: Algunos de los principales puntos de esta lección fueron tomados del “Expository Thoughts On The Gospels” por J. C. Ryle
(
http://www.amigoval.com/Copeland/Mateo/Mateo2-1-12.htm
).

Dos homilias para la fiesta de la Epifania del Señor.

EVANGELIO Luis Aleman y Pagola
 
 

06 de Enero

Epifanía de Jesús

Mt 2, 1-12

 

Unos magos de Oriente.

Herodes convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta.

Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.

Y cayendo de rodillas, lo adoraron.

 

“Unos magos de Oriente”.

“Los estudiosos del evangelio de Mateo están de acuerdo en que el relato de los Magos no es histórico. Se trata de una leyenda que, según la interpretación más plausible, quiere decir que Jesús trasciende una religión determinada, y, por tanto acoge a todos los hombres de buena voluntad sean de donde sean y tengan las creencias que tengan. Jesús transciende las culturas, las religiones, las prácticas religiosas” (J. Mª Castillo)

 

“Herodes convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías”. La única fuente de información eran las Escrituras. La autoridad de la que gozaba el Antiguo Testamento judío, era del género mágico. Las escrituras (Ley-Profetas) eran respetadas idolátricamente. Incluso para nuestros evangelistas el continuo recurso al “según las escrituras” era sencillamente por considerar que si Jesús coincidía con lo escrito es que era el Mesías. Hay pasajes en los evangelios, desde el nacimiento de Jesús hasta su muerte, en los que es difícil distinguir qué responde a la descripción del profeta y qué al hecho histórico. Como nosotros no somos judíos, estamos empeñados en investigar, sobre todo, cómo fue el Jesús de la historia.

 

“En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta”. Miqueas nacido en Moreset Gat, pequeña aldea. Hombre de gran fe. En Jerusalén conoció y siguió a Isaías. Vivió tiempos turbulentos en política y corrupción (años 700 y pico). Clamó con dureza contra los presuntuosos dirigentes de Israel. Para Miqueas, la salvación de Israel estaba en volver a sus humildes orígenes: frente a la soberbia de Jerusalén, la pequeña Belén tierra del padre de David. Lejos de la mente de Miqueas la manipulación que sufrirán sus palabras.

 

“Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”. Cualquiera que haya vivido la experiencia de la fe, comprenderá este versículo y habrá experimentado esa inmensa alegría. Cuando a los evangelios se va con fe, se descubren vibraciones que sólo con la fe se entienden.

 

Bien nos vendría un Miqueas que nos explique cómo las iglesias cristianas deben volver a sus orígenes aldeanos y abandonar palacios y fastuosidades de imperios paganos.

 

Para comer el pan en recuerdo de Jesús no hacen falta grandes ritos en grandes edificios.

 

 

Luis Alemán Mur

 

RELATO DESCONCERTANTE

 

            Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

         Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

         En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

         Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

         Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

         El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.

            Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

         Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

         El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola
(
http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
).

Ejercicio de lectio divina para la fiesta de la Epifania del Señor del año 2013. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.

   Domingo, 06/01/2013, fiesta de la Epifanía del Señor.

   ¿Qué le vamos a regalar a Jesús, Nuestro Salvador?

   Ejercicio de lectio divina de MT. 2, 1-12.

    1. Oración inicial.

   Orar es buscar los momentos, las situaciones y las palabras necesarias, para encontrarnos con el Dios Uno y Trino.

   Orar es buscar a Dios en la lectura pausada de la Biblia y los documentos de la Iglesia.

   Orar es buscar a Dios en la vivencia de los hechos que conforman nuestra vida.

   Orar es buscar a Dios en este mundo en que la fe brilla por su ausencia en muchas ocasiones.

   Orar es vivir intentando imitar la conducta que observó Jesús, sin esconder la fe que profesamos, a pesar de que a veces nos sintamos humanamente solos o incomprendidos por ello.

   Orar es mentalizarnos de que, si en nuestra vida no se opera ningún cambio que haga de nosotros mejores cristianos, no hemos acogido sinceramente la Palabra de Dios en nuestros corazones.

   Orar es concienciarnos de que para conocer, aceptar y amar a Dios en nuestra vida, nos es necesario adquirir una buena formación bíblica y eclesiástica, y aprender el arte de la oración, que nos ayuda a profesar la fe que nos caracteriza, a solucionar algunos de nuestros problemas, y a convivir con las dificultades que marquen nuestra vida, durante espacios de tiempo cortos y largos.

   Orar es reconocer que, para mantener una buena relación con Dios, necesitamos vivir siendo humildes. Ello no significa que debemos renunciar a nuestras posesiones, sino que debemos aprovechar la oportunidad que la imitación de Cristo nos ofrece, para hacer el bien.

   Orar es pensar que la fe que profesamos es la estrella que ilumina el cielo de nuestra vida.

   Orar es pensar que dicha estrella es la seguridad que tenemos de que dios jamás nos desamparará, especialmente cuando tengamos dificultades que superar, pues las mismas nos ayudarán a crecer espiritualmente, y a confiar más, tanto en Dios y en nuestros prójimos los hombres, como en nosotros.

   Orar es maravillarnos al contemplar a Dios hecho un Niño indefenso, abrir los cerrojos que cierran nuestro corazón a la aceptación de dios y al ejercicio de la caridad para con sus hijos los hombres, y ofrecerle a Jesús los regalos con los que alabaremos a Dios, y ayudaremos a sus hijos los hombres, a que vivan dignamente.

   Orar es saber que Dios es nuestra única riqueza.

   Orar es consagrarle a Dios nuestra vida.

   Orar es pensar que la muerte no es el fin de la vida para la que Dios nos ha creado, sino el inicio de la misma.

   Orar es recorrer el camino mediante el que dios sabe que podremos llevar a cabo la vocación que de El hemos recibido, la cual tiene la misión de ayudarnos a ser purificados y santificados, a fin de que seamos aptos para vivir en su presencia.

   Oremos:

   Espíritu Santo, amor del Dios hecho Hombre, que quiere divinizar a la humanidad: Gracias por concedernos la fe, la estrella que, desde el cielo, brilla segura, para conducirnos a tu presencia.

   Mantén encendida la estrella de la fe que nos has concedido, para que no nos dejemos conquistar, por ningún amor que consideremos superior a ti.

   Mantén encendida la estrella de la fe que de ti hemos recibido, para que podamos encontrarte tanto en el mundo como en nuestro interior.

   Haznos comprender que la vida es un largo viaje que debemos aprovechar para vivir según la sabiduría que nos hace aptos para ser salvos.

   Haznos comprender que, para que hagas maravillas en nuestra vida, debemos abrirte el corazón.

   A pesar de nuestra imperfección, en esta Navidad te ofrecemos nuestra debilidad, para que la transformes en fortaleza.

   Que los débiles pecadores que adoran al Dios Uno y Trino, y se presentan ante El reconociéndose pequeños, sean convertidos en reyes, sacerdotes y profetas, y así puedan ser dignos de vivir en tu presencia, y de evangelizar a los no creyentes.

   2. Leemos atentamente MT. 2, 1-12, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

"Venimos de Oriente a adorar al Rey

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. 
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: 
—«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» 
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 
Ellos le contestaron: 
—«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 
"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» 
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: 
—«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» 
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino".

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de MT. 2, 1-12.

   3-1. La situación histórica en que acaece el relato mateano que estamos considerando.

   "Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían desde Oriente se presentaron en Jerusalén" (MT. 2, 1).

   3-1-1. Belén de Judea.

   Belén Efrata era un pueblo pequeño localizado aproximadamente a tres kilómetros al sur de Jerusalén, en una colina situada a 600 metros sobre el nivel del mar. A pesar de ser el lugar en que se fundó el linaje davídico, tal pueblo era marginado, por causa de la pobreza de sus habitantes.

   3-1-2. Herodes el Grande.

   Cuando acaeció el relato evangélico que estamos considerando en esta celebración de la Epifanía del Señor, Judea estaba gobernada por Herodes el Grande, quien era hijo del idumeo Antipas -a quien también se conocía como Antipáter- y de la princesa Cipros, que también era de la misma raza. Antipas recibió el título de procurador de Judea el año 47 antes de Cristo, y dio el gobierno de Jerusalén y sus alrededores a su primogénito Fasael, y a Herodes el de Galilea. Cuando Antipáter fue asesinado el año 43 antes de Cristo, Marco Antonio les concedió a los citados hermanos el título de tetrarcas, encomendándoles la misión de conducir los asuntos políticos de los judíos.

   Antígono, el último rey de la dinastía asmonea, -de la que procedió Mariamna, la mujer a la que Herodes asesinó, después de haberla amado apasionadamente-, se alió con los partos, y guerreó contra los hijos de Antipáter. Fasael, después de caer en manos de los partos, tomó la decisión de suicidarse, antes de afrontar la humillación, de ser asesinado por los tales. Herodes huyó a Roma, y, ayudado por Marco Antonio, reconquistó Jerusalén, y llegó a ser rey de Judea, el año 37 antes de Cristo.

   Herodes tuvo 10 esposas, las cuales, junto a sus hijos, se envolvieron en intrigas que en bastantes ocasiones fueron terribles, con tal de conseguir alcanzar una parte del poder. Dado que entre las tales se idearon planes -unos reales y otros imaginados por dicho Rey- para asesinar a Herodes, Este, acosado por su carácter celoso, y por una grave manía persecutoria, hizo ejecutar a Mariamna, y a los dos hijos que tuvo con ella, cuyos nombres eran Alejandro y Aristóbulo, y, cinco días antes de morir, también ordenó la muerte de su hijo Antipáter.

   Dado que Herodes era consciente de que su muerte sería un motivo de gran gozo para los judíos, ordenó que se ejecutasen a los principales líderes judíos en el preciso momento en que él falleciera, para aparentar un duelo honorable durante sus funerales, pero dicha orden no fue llevada a cabo.

   Dado que los crímenes que Herodes cometió echaron por tierra su popularidad, reconstruyó y enriqueció el Templo jerosolimitano, y embelleció la ciudad santa, lo cual le ayudó a ser apreciado por muchos judíos. Herodes también erigió un monumento sobre las tumbas de los antiguos reyes hebreos, y reconstruyó el templo de Samaria.

   3-1-3. Los magos de Oriente.

   Dado que los relatos bíblicos no son crónicas exactas de los sucesos que narran, sino que contienen mensajes relacionados con nuestro crecimiento espiritual, es difícil saber cuantos fueron los magos que adoraron a Nuestro Salvador, y cuál fue su lugar de procedencia. Hay quienes piensan que tales magos eran procedentes de Partia, -es decir, de cerca de Babilonia-.

   ¿Cómo supieron los magos que la estrella que vieron en Oriente representaba al Mesías? Podemos responder esta pregunta, tanto a través de dos posibilidades racionales, como apelando a la fe que nos caracteriza.

   en el caso de que los magos fueran descendientes de los judíos que fueron deportados en el pasado a Babilonia, podían ser conocedores de las profecías de las antiguas Escrituras, en que se anunciaba la venida del Mesías al mundo.

   en el caso de que los magos fueran astrólogos, ya que quienes trabajaban tal rama del Esoterismo estudiaban minuciosamente los antiguos documentos de todas las culturas conocidas, pudieron haberse hecho conocedores de las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con la venida del Mesías al mundo, si cayó en sus manos alguna copia de los libros sagrados de los hebreos, de las que debieron quedarse en Babilonia, cuando, los hermanos de raza de Jesús, tuvieron la oportunidad de volver a su tierra.

   Desde el punto de vista de nuestra fe cristiana, podemos dar por cierto el hecho de que Dios les reveló a los citados magos el lugar en que habitaba el Mesías, ya que no creemos en la Astrología ni en ninguna otra ciencia esotérica.

   La visión de los expositores bíblicos que han llegado a la conclusión de que los magos procedían de diferentes civilizaciones, favorece el pensamiento de que Jesús no solo es el Dios de los judíos, sino de toda la humanidad.

   Los magos recibieron un mensaje divino para que adoraran al Mesías, y se dejaron conducir por Nuestro Santo Padre, a fin de encontrarse con el Niño Jesús. Los magos reconocieron la realeza de Jesús, cosa que no hicieron los grandes líderes religiosos, ni los sabios de Israel.

   ¿Reconocemos a Jesús como  Nuestro Dios y Salvador?

   Los magos hicieron un viaje de miles de kilómetros para encontrarse con Jesús, gozarse por ello, adorar al Señor, y ofrecerle regalos. Ello nos recuerda que la vida es un viaje en que se nos ofrece la oportunidad de acrecentar la fe que nos caracteriza.

   A diferencia de los magos, nosotros queremos que dios se nos manifieste, nos busque y nos conceda las dádivas que le pidamos. Los cristianos sabios que verdaderamente aman al Dios Uno y Trino, no lo aman pensando en los dones que les pueda conceder, sino en quién es para ellos.

   ¿Para qué queremos que se nos manifieste Dios?

   3-2. La estrella de Jesús.

   "Diciendo: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle."" (MT. 2, 2).

   Desde el punto de vista de la fe que profesamos, podemos pensar que Dios creó una estrella para que les anunciase a los magos el lugar en que encontrarían al Mesías para adorarlo, la cual fue destruida por Nuestro Padre, después de que se cumplió la misión por la que la creó, pero dado que Dios utiliza para manifestársenos por medio de milagros las causas naturales, nos es lícito encontrar posibles explicaciones racionales, para saber cuál fue la estrella, el cometa o la conjunción planetaria, que condujo a los magos, a la presencia de Nuestro Redentor.

   Orígenes, -uno de los padres de la Iglesia-, afirmó que, la estrella de Belén, tenía una naturaleza semejante a la de los cometas. La ciencia ha desmentido a quienes han creído que los magos vieron el cometa Halley, demostrando que el mismo transitó por el sistema solar el año 11 antes de Cristo, -es decir, antes de que naciera Nuestro Salvador-.

   Hay quienes piensan que los magos vieron una supernova, -es decir, la explosión de un sol cuya brillante luz puede ser vista tanto de día como de noche durante meses-, pero las supernovas que fueron vistas más cercanas al tiempo en que aconteció el relato bíblico que estamos considerando, aparecieron en los años 135 antes de Cristo, y 173, después del Nacimiento del Señor.

   La hipótesis más aceptada referente a la aparición de la estrella de Belén, la propuso el astrónomo Johannes Kepler, en el año 1606. Para el citado científico, la estrella de los magos fue la luz muy brillante producida por la triple conjunción de los planetas Tierra, Júpiter y Saturno, que fueron vistos como un solo planeta. Según Kepler, la citada conjunción se dio el año siete antes de Cristo, lo cual la relaciona con el año del Nacimiento de Nuestro Salvador, que acaeció entre los años seis y cuatro antes de Cristo. Según el comentario de la profecía de Daniel escrito por el sabio judío Arbabanel el año 1497, se produjo una conjunción entre Saturno y Júpiter cuando nació Moisés, y la misma se repitió nuevamente cuando nació el Mesías.

   Arbabanel relacionó NM. 24, 17 con la estrella de Belén.

"Lo veo, aunque no para ahora,
lo diviso, pero no de cerca:
de Jacob avanza una estrella,
un cetro surge de Israel.
Aplasta las sienes de Moab,
el cráneo de todos los hijos de Set" (NM. 24, 17).

   Dado que en la Biblia se condenan las prácticas esotéricas, parece inconcebible el hecho de que Dios se valiera de Balaam, -un adivino-, para profetizar el Nacimiento del Mesías, pero, a pesar de ello, este hecho nos recuerda que dios puede valerse del medio que desee, para llevar a cabo sus propósitos. Al valerse de un hechicero, Dios no afirmó que el Esoterismo no es pecaminoso, sino que mostró que puede redimir a quienes, aunque hayan hecho el mal, se confíen a su divina Providencia.

   3-3. Herodes recibió una noticia de los magos que lo alertó.

   "Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén" (MT. 2, 3).

   La lógica más elemental, nos dice que Herodes no tenía nada que temer ante un bebé, pero, aquel rey acosado por sus celos y su manía persecutoria, tenía que mostrarse dispuesto a acabar con cualquier indicio de un levantamiento popular, por parte de quienes lo rechazaban como rey. Recordemos que Herodes no era heredero del trono de David, así pues, los idumeos no eran judíos. Cuando Juan Hircano guerreó contra ellos y los derrotó el año 125 antes de Cristo, les impuso la obligatoriedad de circuncidarse como señal de que habían sido derrotados y sublevados, pero no por ello llegaron a ser considerados como judíos. Dado que Herodes no era ascendiente del Rey David, -de cuya descendencia tendría que nacer el Mesías-, muchos judíos lo consideraron como usurpador del trono davídico. Si además de estar caracterizados por dicho odio algunos judíos contra Herodes, los tales, al ser guiados por un rey religioso, se sentirían más fortalecidos para guerrear contra él. Herodes no tenía ninguna razón por la que temerles a los judíos, pero quiso sofocar lo que pensó podría haberse considerado una gran rebelión mesiánica.

   Herodes tenía muchos enemigos de los que temía que le quitaran el reino e incluso la vida. En el caso de que los magos fueran ascendientes de los judíos que fueron deportados a Babilonia, obviamente, gozarían al pensar en el nacimiento de un líder religioso que pudiera arrebatarle Palestina a Roma. Esto hubiera sido fácil para los habitantes de Partia, si consideramos que Jerusalén estaba lejos de Roma, y Partia era la potencia más poderosa del mundo, después de la capital de los césares.

   ¿Por qué se sobresaltaron los habitantes de Jerusalén ante lo que los magos le dijeron a su rey? Ellos conocían el carácter de Herodes, y también conocían las consecuencias de las guerras, pero no vivieron inspirados en la creencia que afirmaba que el Mesías debía venir al mundo precisamente en aquel tiempo. Los dirigentes religioso-políticos de los judíos se aprovecharon de los privilegios que les ofrecieron los romanos, a cambio de que les ayudaran a someter al pueblo, de entre quienes muchos habitantes se resignaron ante su situación, y otros se convirtieron en asesinos, con tal de obtener los recursos necesarios, para combatir a sus dominadores.

   3-4. Los intérpretes de las Escrituras de Israel.

   "Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: "en Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel." (MT. 2, 4-6).

   Si los escribas de Israel hubieran creído que el Mesías estaba por venir a su tierra a redimir a su pueblo, no se hubieran puesto de parte del tirano Herodes. Ellos se valieron de la Profecía de Miqueas para poner en peligro la vida de Jesús, quien fue salvado de la muerte, gracias al ángel que se le apareció en sueños a San José.

   La mayoría de los judíos que esperaban el advenimiento del Mesías, no pensaban en un Niño humilde y necesitado de amor y cuidados humanos, sino en un gran militar y libertador político, como Alejandro Magno. Herodes no les tenía miedo a los judíos, pero quiso evitar un levantamiento popular, y una matanza que aumentaran su fama de asesino sin escrúpulos. Recordemos que Tiberio ironizaba diciendo que "más vale ser el cerdo de Herodes que el hijo de Herodes", por causa de cómo el citado rey mandó ejecutar a varios de sus hijos.

   Irónicamente, los líderes religiosos  que creían en el cumplimiento literal de las profecías, cuando fueron alertados por los magos de que su Redentor había nacido, a pesar de que recordaron profecías como la de Miq. 5, 2, y 2 SAM. 5, 2, no creyeron tal hecho, ni jamás aceptaron a Jesús, cuando Nuestro Salvador comenzó su Ministerio público. ¿Nos percatamos de lo triste que es que alguien se aproveche de la religión del amor para conseguir bienes materiales, sin considerar el sufrimiento que tenga que causarles a los creyentes, con tal de alcanzar su propósito?

   3-5. Herodes acechó al Mesías para asesinarlo.

   "Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: "Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir yo también a adorarle." (MT. 2, 7-8).

   Es difícil creer cómo unos hombres cultos y ricos como los magos orientales, no captaron la astucia de Herodes, quien no quería localizar al Rey de los judíos para adorarlo, sino, para darle muerte.

   3-6. Caminemos mirando la estrella de la fe.

   "Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño" (MT. 2, 9).

   Quizás nos hemos imaginado que los Reyes Magos adoraron al pequeño Jesús en el establo en que nació el Hijo de Dios y María. Dado que Jesús tenía entre uno y dos años cuando sucedió el pasaje mateano que estamos meditando, la Sagrada Familia se instaló en una casa, pues decidió permanecer en Belén.

   Pensemos en la decepción que debieron llevarse los magos, cuando ni Herodes, ni los sacerdotes ni los intérpretes de la Ley de los judíos, sabían dónde estaba el Rey de los judíos, que ellos habían buscado durante meses, exponiéndose a peligros, y a las inclemencias climatológicas. Los hombres que abandonaron sus comodidades para caminar siguiendo la estrella de la fe, nos enseñan a no desanimarnos, cuando tenemos la impresión de que hemos fracasado, pues el fracaso significa que aún no nos hemos esforzado lo suficiente para conseguir lo que deseamos, o que Dios tiene para nosotros planes que, sin duda, son mejores que los nuestros.

   3-7. Los magos se alegraron al ver al pequeño Jesús, le adoraron, y le hicieron regalos muy significativos.

   "al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (MT. 2, 10-11).

   Como todos los grandes personajes, Jesús debía haber tenido una estrella, por medio de la que los magos, si eran astrólogos, debían haber adivinado su destino. Los magos se arrodillaron ante Jesús, porque reconocían la grandeza de Nuestro Salvador.

   Según una antigua tradición, los magos le obsequiaron oro a Jesús, para ayudar a sus padres, a sobrellevar su pobreza. El oro que los magos le ofrendaron a Jesús, significa la realeza del Hijo de Dios y María.

   el incienso, es un símbolo de la Deidad de Nuestro Salvador, y de su sacerdocio.

   La mirra significa el profetismo de Jesús, y es un recordatorio de la Pasión, muerte y Resurrección del Señor.

   Honremos a Cristo pensando en lo que significa para nosotros, y no en lo que esperamos de El.

   Mostrémonos dispuestos a ofrendarle a Jesús lo más valioso que tengamos en cada momento de nuestra vida.

   3-8. El cambio de planes de los magos.

   "Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino" (MT. 2, 12).

   Aunque los magos tenían la intención de volver a Jerusalén para comunicarle a Herodes dónde podía encontrar al Rey de los judíos, recibieron una revelación, mediante la que supieron que debían volver a su tierra, -según nos indica la tradición-, tomando un atajo por el río Jordán.

   Encontrarnos con Jesús, puede significar para nosotros que tenemos que cambiar radicalmente de vida. ¿Somos capaces de abrirnos a la Palabra de Dios, para que el Espíritu Santo pueda purificarnos y santificarnos?

   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 2, 1-12 a nuestra vida.

   Responde las siguientes preguntas, ayudándote del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1-1.

   ¿Dónde estaba el pueblo de Belén?

   3-1-2.

   ¿Cómo se llamaban los padres de Herodes el Grande?

   ¿A quién le cedió Antipáter el gobierno de Jerusalén y sus alrededores después de recibir el título de Procurador de Judea?

   ¿Quién les concedió a Fasael y a Herodes el título de Tetrarcas después de que Antipas fuera asesinado el año 43 antes de Cristo?

   ¿Qué rey judío se alió con los partos para combatir a los dos hijos de Antipas?

   ¿Por qué decidió suicidarse Fasael?

   ¿En qué año llegó a ser Herodes el Grande rey de Judea?

   ¿Por qué mandó Herodes ejecutar a su esposa Mariamna, a los dos hijos de ambos llamados Alejandro y Aristóbulo, y a su otro hijo Antipáter?

   ¿Con qué intención ordenó Herodes que los principales líderes judíos fueran asesinados en el mismo instante en que acaeciera su muerte?

   ¿Qué hizo Herodes para conseguir ser respetado por muchos judíos?

   3-1-3.

   ¿De qué tierra procedían los magos que adoraron a Jesús en Belén?

   ¿Cuántos fueron los magos que adoraron a Jesús?

   ¿Cómo supieron los magos que la estrella que vieron en Oriente representaba al Mesías?

   ¿Qué enseñanza podemos extraer de la hipótesis de que los magos procedían de diferentes culturas?

   ¿Por qué los grandes líderes y sabios de Israel no reconocieron el cumplimiento de las profecías relacionadas con el Nacimiento del Mesías, y los magos sí lo hicieron?

   ¿Reconocemos a Jesús como Nuestro Dios y Salvador?

   ¿En qué nos diferenciamos de los magos?

   ¿En qué deben pensar los fieles adoradores del Señor al abrazar la fe que profesamos?

   ¿Por qué buscamos a dios?

   3-2.

   ¿Por qué nos es lícito querer obtener información referente a la causa que condujo a los magos a adorar al Mesías desde tierras lejanas?

   ¿Por qué no fueron los magos a Belén a adorar a Jesús siguiendo la luz del cometa Halley?

   ¿Recuerdas los años más cercanos al Nacimiento de Jesús en que fueron vistas supernovas?

   ¿Qué pensaba Johannes Kepler que vieron los magos que adoraron a Jesús, y por qué su hipótesis es la más aceptada de cuantas existen referentes a la aparición de la estrella de Belén?

   ¿Recuerdas el nombre del sabio judío que relacionó NM. 24, 17 con la estrella de Belén?

   ¿Qué podemos aprender del hecho de que Dios se valió de un hechicero para anunciar el Nacimiento del Mesías?

   3-3.

   Expón las razones por las que Herodes sabía que muchos judíos lo odiaban, y por las que los tales hubieran estado dispuestos a seguir a un rey religioso, con tal de conseguir derrocarlo.

   ¿Por qué los idumeos no eran considerados como judíos, pero se les impuso el rito de la circuncisión?

   En el caso de sospechar que los magos fueran de Partia, ¿qué hubiera podido Herodes pensar de ellos?

   ¿Por qué se sobresaltaron los habitantes de Jerusalén al oír lo que los magos le dijeron a su rey?

   ¿Vivimos inspirados en la fe que profesamos, o nos aprovechamos de la religión para obtener bienes materiales?

   3-4.

   ¿Por qué se pusieron los sacerdotes y escribas de Jerusalén de parte de Herodes?

   ¿Qué Mesías esperaban la mayoría de los judíos?

   ¿Por qué quiso Herodes asesinar a Jesús antes de que creciera?

   ¿Por qué ironizaba Tiberio al recordar a Herodes el Grande?

   ¿Cómo explicas el contradictorio hecho de que los líderes religiosos que pensaban que las profecías debían cumplirse literalmente no creyeran que el Mesías había nacido, y despreciaran a Jesús, después de que el Señor iniciara su Ministerio público?

   3-5.

   ¿Para qué quería Herodes localizar al Mesías?

   3-6.

   ¿Qué piensas que puede significar el hecho de que la estrella iba delante de los magos?

   ¿Qué podemos aprender de la insistencia de los magos en buscar a Jesús para adorarlo?

   ¿Qué significan nuestros fracasos?

   3-7.

   ¿Cómo conocieron los magos el destino de Jesús, si eran astrólogos?

   ¿Por qué adoraron los magos a Jesús?

   ¿Sabes los significados de los regalos que los magos le hicieron a Jesús?

   ¿Es correcto adorar a Cristo pensando en lo que esperamos de El?

   3-8.

   ¿Por qué no volvieron los magos a Jerusalén a decirle a Herodes dónde podía encontrar al Rey de Israel?

   ¿Qué puede significar nuestro encuentro con Jesús?

   ¿Somos capaces de abrirnos a la Palabra de Dios, para que el Espíritu Santo pueda purificarnos y santificarnos?

   5. Lectura relacionada.

   Lee 1 RE. 10, 1-13.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a los magos en su viaje a Belén. Contemplémoslos viajando sin temor a ningún peligro, y soportando las inclemencias del tiempo.

   Contemplémonos quejándonos por problemas que tenemos, cuya gravedad puede ser prácticamente inexistente.

   Contemplemos a Herodes buscando la manera de conservar su poder, sin importarle la vida de nadie que se interpusiera en su camino, incluyendo a sus familiares.

   Contemplemos a los magos desorientados, porque ni Herodes ni los sacerdotes y escribas de Jerusalén, sabían dónde había nacido el Rey de Israel, y perseverando en su empeño, en vez de desistir, como quizás lo hubiéramos hecho nosotros.

   Contemplemos a los líderes religiosos de Jerusalén, más ocupados en defender sus privilegios, que en profesar la fe que supuestamente los caracterizaba.

   Contemplemos a los magos adorando a Jesús, y a María Santísima con el pequeño Mesías en sus brazos.

   Contemplemos a Jesús, de quien San Pablo les escribió a los Corintios:

   "Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 COR. 8, 9).

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 2, 1-12.

   Comprometámonos a hacerle un regalo a Jesús durante la próxima semana. Tal regalo puede ser la asistencia a la Eucaristía uno o varios días, la recitación de una oración, o el servicio a un necesitado de nuestras dádivas espirituales y/o materiales.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Querido Jesús: Gracias por venir a nuestro encuentro como un Niño necesitado de amor y cuidados, para enseñarme a no sentir vergüenza, cuando mis familiares y amigos, sepan que soy débil. En mis momentos difíciles, quienes me vean debilitado, sabrán que soy semejante a ti, cuando experimentaste mis padecimientos.

   Gracias por ser un ejemplo de humildad digno de ser imitado, pues el deseo de destacar en mi ambiente, puede hacerme querer considerarme superior a mis familiares y amigos, y ello puede separarme de ti, si me hace pecar.

   Gracias por amarme incondicionalmente, pues ello me ayuda a comprender que el amor es mi riqueza definitiva, porque la he recibido de ti.

   Gracias por tu empeño en enseñarme a experimentar tu grandeza a partir de la vivencia de mi pequeñez.

   9. Oración final.

   Lee el Salmo 72.

   Nota: He utilizado en esta meditación el leccionario de la Misa y la Biblia de Jerusalén.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Homilia de Benedicto XVI para la Solemnidad de la Epifania del Senor del ano 2012. Hombres de todas las culturas y pueblos.

Hombres de todas las culturas y pueblos 
Este viernes por la mañana, a las 9,30 horas, festividad de la Epifanía del Señor, Benedicto XVI presidió la celebración de la eucaristía en la basílica de San Pedro. Ofrecemos a los lectores el texto de la homilía pronunciada por el Papa en esta celebración.
 
Ciudad del Vaticano, viernes 6 enero 2012.

Queridos hermanos y hermanas:

        La Epifanía es una fiesta de la luz. «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60,1). Con estas palabras del profeta Isaías, la Iglesia describe el contenido de la fiesta. Sí, ha venido al mundo aquél que es la luz verdadera, aquél que hace que los hombres sean luz. Él les da el poder de ser hijos de Dios (cf. Jn 1,9.12). Para la liturgia, el camino de los Magos de Oriente es sólo el comienzo de una gran procesión que continúa en la historia. Con estos hombres comienza la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20). La Iglesia lee la narración del evangelio de Mateo junto con la visión del profeta Isaías, que hemos escuchado en la primera lectura: el camino de estos hombres es solo un comienzo.

        Antes habían llegado los pastores, las almas sencillas que estaban más cerca del Dios que se ha hecho niño y que con más facilidad podían «ir allí» (cf. Lc 2, 15) hacia él y reconocerlo como Señor. Ahora, en cambio, también se acercan los sabios de este mundo. Vienen grandes y pequeños, reyes y siervos, hombres de todas las culturas y pueblos. Los hombres de Oriente son los primeros, a través de los siglos les seguirán muchos más. Después de la gran visión de Isaías, la lectura de la carta a los Efesios expresa lo mismo con sobriedad y sencillez: que también los gentiles son coherederos (cf. Ef 3, 6). El salmo 2 lo formula así: «Te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra» (Sal 2,8).

        Los Magos de Oriente van delante. Inauguran el camino de los pueblos hacia Cristo. Durante esta santa Misa conferiré a dos sacerdotes la ordenación episcopal, los consagraré pastores del pueblo de Dios. Según las palabras de Jesús, ir delante del rebaño pertenece a la misión del pastor (cf. Jn 10,4). Por tanto, en estos personajes que, como los primeros de entre los paganos, encontraron el camino hacia Cristo, podemos encontrar tal vez algunas indicaciones para la misión de los obispos, a pesar de las diferencias en las vocaciones y en las tareas. ¿Qué tipo de hombres eran ellos? Los expertos nos dicen que pertenecían a la gran tradición astronómica que se había desarrollado en Mesopotamia a lo largo de los siglos y que todavía era floreciente. Pero esta información no basta por sí sola. Es probable que hubiera muchos astrónomos en la antigua Babilonia, pero sólo estos pocos se encaminaron y siguieron la estrella que habían reconocido como la de la promesa, que muestra el camino hacia el verdadero Rey y Salvador. Podemos decir que eran hombres de ciencia, pero no solo en el sentido de que querían saber muchas cosas: querían algo más. Querían saber cuál es la importancia de ser hombre. Posiblemente habían oído hablar de la profecía del profeta pagano Balaán: «Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel» (Nm 24,17).

        Ellos profundizaron en esa promesa. Eran personas con un corazón inquieto, que no se conformaban con lo que es aparente o habitual. Eran hombres en busca de la promesa, en busca de Dios. Y eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y perseverante. Pero eran también hombres valientes a la vez que humildes: podemos imaginar las burlas que debieron sufrir por encaminarse hacia el Rey de los Judíos, enfrentándose por eso a grandes dificultades. No consideraban decisivo lo que algunos, incluso personas influyentes e inteligentes, pudieran pensar o decir de ellos. Lo que les importaba era la verdad misma, no la opinión de los hombres. Por eso afrontaron las renuncias y fatigas de un camino largo e inseguro. Su humilde valentía fue la que les permitió postrarse ante un niño de pobre familia y descubrir en él al Rey prometido, cuya búsqueda y reconocimiento había sido el objetivo de su camino exterior e interior.

        Queridos amigos, en todo esto podemos ver algunas características esenciales del ministerio episcopal. El obispo debe de ser también un hombre de corazón inquieto, que no se conforma con las cosas habituales de este mundo sino que sigue la inquietud del corazón que lo empuja a acercarse interiormente a Dios, a buscar su rostro, a conocerlo mejor para poder amarlo cada vez más. El obispo debe de ser también un hombre de corazón vigilante que perciba el lenguaje callado de Dios y sepa discernir lo verdadero de lo aparente. El obispo debe de estar lleno también de una valiente humildad, que no se interese por lo que la opinión dominante diga de él, sino que siga como criterio la verdad de Dios, comprometiéndose por ella: «opportune-importune». Debe de ser capaz de ir por delante y señalar el camino. Ha de ir por delante siguiendo a aquel que nos ha precedido a todos, porque es el verdadero pastor, la verdadera estrella de la promesa: Jesucristo. Y debe de tener la humildad de postrarse ante ese Dios que haciéndose tan concreto y sencillo contradice la necedad de nuestro orgullo, que no quiere ver a Dios tan cerca y tan pequeño. Debe de vivir la adoración del Hijo de Dios hecho hombre, aquella adoración que siempre le muestra el camino.

        La liturgia de la ordenación episcopal recoge lo esencial de este ministerio con ocho preguntas dirigidas a los que van a ser consagrados, y que comienzan siempre con la palabra: «Vultis?-¿queréis?». Las preguntas orientan a la voluntad mostrándole el camino a seguir. Quisiera aquí mencionar brevemente algunas de las palabras clave de esa orientación, y en las que se concreta lo que poco antes hemos reflexionado sobre los Magos en la fiesta de hoy. La misión de los obispos es «predicare Evangelium Christi», custodire y dirigere, «pauperibus se misericordes praebere» e «indesinenter orare». El anuncio del evangelio de Jesucristo, el ir delante y dirigir, custodiar el patrimonio sagrado de nuestra fe, la misericordia y la caridad hacia los necesitados y pobres, en la que se refleja el amor misericordioso de Dios por nosotros y, en fin, la oración constante son características fundamentales del ministerio episcopal. La oración constante significa no perder nunca el contacto con Dios; sentirlo en la intimidad del corazón y ser así inundados por su luz. Solo el que conoce personalmente a Dios puede guiar a los demás hacia él. Solo el que guía a los hombres hacia Dios, los lleva por el camino de la vida.

        El corazón inquieto, del que hemos hablado evocando a san Agustín, es el corazón que no se conforma en definitiva con nada que no sea Dios, convirtiéndose así en un corazón que ama. Nuestro corazón está inquieto con relación a Dios y no deja de estarlo aun cuando hoy se busque, con «narcóticos» muy eficaces, liberar al hombre de esta inquietud. Pero no solo estamos inquietos nosotros, los seres humanos, con relación a Dios. El corazón de Dios está inquieto con relación al hombre. Dios nos aguarda. Nos busca. Tampoco él descansa hasta dar con nosotros. El corazón de Dios está inquieto, y por eso se ha puesto en camino hacia nosotros, hacia Belén, hacia el Calvario, desde Jerusalén a Galilea y hasta los confines de la tierra. Dios está inquieto por nosotros, busca personas que se dejen contagiar de su misma inquietud, de su pasión por nosotros. Personas que lleven consigo esa búsqueda que hay en sus corazones y, al mismo tiempo, que dejan que sus corazones sean tocados por la búsqueda de Dios por nosotros. Queridos amigos, esta era la misión de los apóstoles: acoger la inquietud de Dios por el hombre y llevar a Dios mismo a los hombres. Y esta es vuestra misión siguiendo las huellas de los apóstoles: dejaros tocar por la inquietud de Dios, para que el deseo de Dios por el hombre se satisfaga.

        Los Magos siguieron la estrella. A través del lenguaje de la creación encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creación no es suficiente por sí mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les podía mostrar definitivamente el camino. Creación y Escritura, razón y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qué clase de estrella fue la que guió a los Magos. Se piensa en una conjunción de planetas, en una supernova, es decir, una de esas estrellas muy débiles al principio pero que debido a una explosión interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y así sucesivamente. Que los científicos sigan discutiéndolo. La gran estrella, la verdadera supernova que nos guía es el mismo Cristo. Él es, por decirlo así, la explosión del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su corazón. Y podemos añadir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, así como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo así, una explosión de luz, a través de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos guíen hacia aquel que anhela nuestro ser. Queridos amigos, cuando habéis dado vuestro «sí» al sacerdocio y al ministerio episcopal, habéis seguido la estrella Jesucristo. Y ciertamente han brillado también para vosotros estrellas menores, que os han ayudado a no perder el camino. En las letanías de los santos invocamos a todas estas estrellas de Dios, para que brillen siempre para vosotros y os muestren el camino. Al ser ordenados obispos estáis llamados a ser vosotros mismos estrellas de Dios para los hombres, a guiarlos en el camino hacia la verdadera luz, hacia Cristo. Recemos por tanto en este momento a todos los santos para que siempre podáis cumplir vuestra misión mostrando a los hombres la luz de Dios. Amén.
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Evangelio diario meditado de la Misa de la Solemnidad de la Epifania del Senor.

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Autor: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net
¿Soñadores en pos de una estrella?
Mateo 2, 1-12. Navidad. Solemnidad de la Epifanía. ¿Qué le vas a regalar hoy al Niño Jesús? ¿Cuál va a ser tu oro, tu incienso y tu mirra? 
 
 
Del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» AL oír esto, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Oración introductoria

Jesús, vengo a este rato de meditación para contemplarte y adorarte, como aquellos magos de Oriente. Ayúdame a encontrarte, como ellos lo hicieron, en los brazos de María.

Petición

Jesús, dame la gracia de buscarte siempre. Que nunca me canse de seguir la estrella que me lleva a Ti.

Meditación del Papa

Por consiguiente, desde su primera aparición, la luz de Cristo comienza a atraer hacia sí a los hombres "que ama el Señor", de toda lengua, pueblo y cultura. Es la fuerza del Espíritu Santo que mueve los corazones y las inteligencias que buscan la verdad, la belleza, la justicia y la paz. Es lo que afirma el siervo de Dios Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio: "El hombre se encuentra en un camino de búsqueda, humanamente interminable: búsqueda de verdad y búsqueda de una persona de quien fiarse: los Magos encontraron ambas realidades en el Niño de Belén."
Los hombres y las mujeres de toda generación, en su peregrinación, necesitan orientarse: entonces, ¿qué estrella podemos seguir? La estrella que había guiado a los Magos, después de detenerse "encima del lugar donde se encontraba el niño", terminó su función, pero su luz espiritual está siempre presente en la palabra del Evangelio, que también hoy puede guiar a todo hombre a Jesús» (Benedicto XVI, 6 de enero de 2008).

Reflexión


“Epifanía” es una palabra griega que significa, literalmente, “manifestación, revelación”. Celebra, ni más ni menos, la “manifestación” del Hijo de Dios al mundo, su revelación a los pueblos gentiles, representados en los Reyes Magos.

El día de Reyes es, tradicionalmente, un día de alegría, de luz, de fiesta. Es el día de los regalos. Todos guardamos vivencias entrañables de nuestra infancia. Decir “día de Reyes” equivale a poner en marcha toda la fantasía infantil para soñar cosas maravillosas: los tres Reyes Magos, con espléndidas caravanas y rico séquito, procedentes de Oriente, cargados de regalos para todos los niños del mundo. Sus Majestades reales –que la tradición llama Melchor, Gaspar y Baltasar—vienen de las lejanas tierras de Arabia, Persia y Mesopotamia, montados en camellos y dromedarios, trayendo al Niño Dios exóticos regalos.

Diríamos que en este día se mezclan los sueños, la poesía, el folklore, la religiosidad y la leyenda. Y, aunque el Evangelio de san Mateo nos ofrece elementos interesantes, basados en la literatura profética de Isaías y en la tradición mesiánica del pueblo judío, con cierto aire escatológico, en realidad no sabemos exactamente cómo sucedieron las cosas. Aún hoy en día discuten los teólogos y los exegetas para interpretar el prodigioso suceso de la Epifanía: el misterio inaudito de la estrella, los magos que siguen señales celestes, los espléndidos regalos, etc.

Pero dejemos nosotros a un lado las complicaciones hermenéuticas de los eruditos para centrarnos, con sencillez, en lo esencial del misterio. Estos Reyes Magos tienen muchísimas cosas que enseñarnos, sobre todo al hombre moderno, tan contaminado de racionalismo, pragmatismo y materialismo. El hombre de hoy exige argumentos palpables, empíricamente cuantificables y “seguros” para poder dar un paso hacia adelante, sobre todo cuando se ven comprometidas sus decisiones vitales.

Pero estos personajes de Oriente, sin haber recibido el don de la fe monoteísta del Pueblo elegido ni la esperanza en un Mesías Salvador como lo entendía Israel, sin pruebas contundentes y científicamente verificables, se ponen en marcha hacia lo desconocido, siguiendo la luz de una estrella. Para la mentalidad del mundo, esos hombres serían unos pobres ilusos, unos simples “soñadores” o unos aventureros a ultranza. Sin embargo, ellos seguían la estrella de una fe, en la que descubrían mucho más que un dato astrológico; para ellos, ése era un lenguaje divino, un signo trascendente que hablaba directamente a sus corazones y los invitaba a buscar a ese “Rey” de los judíos, que ellos intuían como el Mesías esperado de los pueblos. Seguramente conocían las Escrituras y en esa señal del cielo descubrieron la voz misma de Dios que los llamaba a buscarlo.

¿Cuántos de nosotros somos capaces de descubrir en una “estrella” –que pueden ser las mil circunstancias de cada día: un encuentro, una noticia alegre o desagradable, una enfermedad, etc.— a través de la cual nos habla Dios nuestro Señor y nos revela su voluntad santísima sobre nosotros? ¿Y cuántos tenemos el valor de seguir esa estrella, aunque eso nos exija romper nuestras seguridades demasiado “humanas” y terrenas, confiar en la voz de Dios y ponernos en camino –como los Reyes Magos, como Abraham, como la Santísima Virgen— “hacia el lugar que Él nos mostrará”? ¿Por qué no dejarnos guiar, también nosotros, por esa “estrella” de la fe? ¡Ojalá que también nosotros tengamos el valor de seguir la estrella que Dios nos manda!

Pero, ¡atención!, porque esa estrella puede también ocultársenos de cuando en cuando, como les pasó a los Magos. Y es entonces cuando necesitamos de una fe todavía más grande y fuerte para seguir caminando, a oscuras; es decir, aunque no vemos ya casi nada, aunque no sepamos por dónde nos conduce Dios, aunque no comprendemos por qué nos trata de una manera o de otra –por ejemplo, cuando permite un gran sufrimiento moral, una desgracia personal o la enfermedad de un ser querido—. A veces no vemos la estrella. Pero es preciso seguir confiando.

Ella sigue allí, arriba, en el cielo, aunque de momento no la veamos. Ya reaparecerá. Es la seguridad de Dios la que ha de impulsarnos a continuar hacia adelante, hasta llegar al lugar en donde se encuentra el Niño Dios junto con su Madre santísima y san José.

Pero también en este momento necesitamos la fe, para descubrir en ese Bebé recién nacido al Hijo de Dios, encarnado para redimirnos. No pensemos en un Mesías poderoso, en un palacio adornado de oro y marfil, rodeado por miles de servidores… No. Es un Mesías pequeñito, humilde, pobre, indefenso. ¡Y ése es Dios! También se requiere la fe para descubrir a Dios en las cosas pequeñas, en un niño pobre, en un mendigo, en un hombre que sufre, en un borrachito, en una pobre prostituta… Dios se esconde entre esas pajas humanas y es su modo de actuar, tan inaudito e insospechado para nuestra mente humana.

Propósito

¿Qué le vas a regalar hoy al Niño Jesús? ¿Cuál va a ser tu oro, tu incienso y tu mirra?

Diálogo con Cristo

Una vez más, en la gruta de Belén, nos postramos ante Ti para adorarte y ofrecerte nuestros regalos, como los Reyes Magos. Ellos te ofrecieron: oro, el regalo propio de los reyes; incienso, oferta tributada sólo a Dios; y mirra, don ofrecido al Hombre verdadero. Ellos te llevaron el regalo más preciado de su tierra de origen. También nosotros te ofrecemos lo mejor de nuestra alma: el oro de nuestro amor, de nuestra fe y confianza en Ti; el incienso de nuestra piedad y adoración; la mirra de nuestra obediencia y humildad.

Para todos los hombres.

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Día 6 Solemnidad: Epifanía del Señor
 
 
        Evangelio: Mt 2, 1-12 Después de nacer Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando:
        —¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.
        Al oír esto, el rey Herodes se inquietó, y con él toda Jerusalén. Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías.
        —En Belén de Judá –le dijeron–, pues así está escrito por medio del Profeta:
     Y tú, Belén, tierra de Judá,
     ciertamente no eres la menor
     entre las principales ciudades de Judá;
     pues de ti saldrá un jefe
     que apacentará a mi pueblo, Israel.
        Entonces, Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella; y les envió a Belén, diciéndoles:
        —Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que también yo vaya a adorarle.
        Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y entonces, la estrella que habían visto en el Oriente se colocó delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y, después de recibir en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino. 

Para todos los hombres

       Celebramos en este día la Epifanía del Señor: su manifestación a todo el mundo como Salvador. Dios que, en su Providencia, se manifiesta de modos diversos a los hombres, también a aquellos a quienes –podríamos pensar– no llega su Revelación de modo pleno. Pensemos, por ejemplo, en los Magos de los que nos habla san Mateo. No pertenecían al pueblo escogido y, sin embargo, de un modo peculiar, ciertamente extraño para nosotros, tienen noticia de Jesús, hasta comprender que debían emprender un largo viaje para adorarle.

        Algunos hemos crecido en un ambiente muy cristiano y hemos visto valorar siempre, por encima de todo, los bienes sobrenaturales y la doctrina de la Iglesia, aunque contempláramos también que muchos se mostraran más atraídos por ideales inmediatos y materiales. Otros, en cambio, casi sólo se han relacionado con visiones del mundo y de la vida humana intranscendentes. Sus ideales, por altos que sean, finalmente se han quedado "de tejas abajo". Tal vez, con dificultad, puedan hablar de una cierta esperanza ultramundana, que suele ser tan inconcreta como inalcanzable.

        Proclamemos en este día la bondad del Señor. Por su misericordia, sin repetirse nunca –cada encuentro personal con Él y con el sentido incomparable de la vida humana es una historia...–, todos los hombres tenemos ocasión de penetrar en su intimidad, aunque sea en grados diferentes según los "talentos" que otorga a cada uno. Esos "talentos" son las circunstancias personales de antecedentes familiares, sociales y culturales, fortaleza, inteligencia, carácter, etc., que configuran nuestro modo de ser, con independencia de las propias decisiones que vendrán luego. Sobre ese "material" básico de que estamos hechos cada uno, y a partir de la multitud de circunstancias accidentales que configuran nuestra historia, de las que no somos responsables, la libertad individual lleva a cabo su tarea de conformación de la persona, de la que sí es responsable el individuo.

        La Iglesia afirma con san Pablo la bondad de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Todos los hombres –¡todos!–, si quieren, pueden lograr el destino eterno en Él, que ha previsto Dios para cada uno, aunque no hayan tenido ocasión de recibir adecuada noticia de Jesucristo. Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta.

        Así hablaba la Iglesia en su último gran concilio reafirmando la misericordia divina. No pensemos, pues, en un Dios arbitrario o desconsiderado con sus criaturas. ¿Cómo no va a ser comprensivo con sus hijos este Padre bueno? El propio Jesús, hablando en parábolas, se refería a la justicia de Dios, que tiene en cuenta las posibilidades objetivas de cada uno para cumplir sus preceptos: El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no fue previsor ni actuó conforme a la voluntad de aquél, será muy azotado; en cambio, el que sin saberlo hizo algo digno de castigo, será poco azotado. A todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá, y al que le encomendaron mucho, mucho le pedirán.

        Deseemos entregar a Dios todo lo posible como expresión viva de amor filial. Tal vez entonces sintamos por momentos toda nuestra pequeñez y se nos haga ardua la tarea de corresponder a la singular elección que ha hecho el Señor de nosotros. Será entonces también el momento de acudir a María: ¡ruega por nosotros, pecadores, ahora.
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El mejor don de los Magos fue su fe.

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Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net
El mejor don de los Magos fue su fe
La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas como los Magos a la estrella. Carta a cada Rey Mago. 
 
 
El seguimiento de Cristo significa dejar algo y buscar algo

Como todo movimiento el seguimiento de Cristo implica un punto de partida y un punto de llegada. Para hacerlo hay que dejar algo y tender hacia algo. Es responder en la fe al llamado de Dios. El episodio de los Magos ha sido el paradigma de la fe. La fe nos lleva a dejar algo atrás para buscar el ideal. Es como el barco que debe dejar el puerto para poder atravesar el mar y llegar a su destino.

Los Magos eran sabios de oriente, tal vez de Arabia. Allí había muchos estudiosos de diferentes materias: la medicina, la agricultura, la astronomía... Se ve, por el relato evangélico, que estos Magos estudiaban las estrellas. Seguramente fueron estimados por los otros estudiosos y vivían una vida acomodada y holgada. Todo esto resalta el mérito de estos hombres, pues, dejaron todo para seguir una estrella incierta, una señal vaga, un signo borroso. En el firmamento que cubría la tierra árabe, había muchas estrellas. Sin embargo, los Magos se fijaron en una solamente. Así es la dinámica de la fe: es una preferencia por la Palabra de Dios entre muchas otras palabras que uno podría aceptar.

No hay duda de que la noche de cada uno de nosotros está poblada de muchas estrellas. Tenemos muchas posibilidades, muchos ideales que nos totalizan. Dios, con su Revelación, nos interpela como un día lo hizo con Abrahám, como lo hizo con los profetas, como lo hizo con María y San José...

La fe siempre es una opción y ésta a veces cuesta, pues hay que dejar a un lado nuestro racionalismo y nuestra sed de seguridades humanas. No nos gusta nadar en las aguas profundas porque preferimos tener unas agarraderas. En la vida espiritual la única agarradera es la veracidad y fidelidad de Dios.

Para mí creer es lanzarme en la oscuridad de la noche, siguiendo una estrella que un día vi, aunque no sepa a dónde me va a llevar. Para mí creer es sobrellevar con alegría las confusiones, las sorpresas, las fatigas y los sobresaltos de mi fidelidad. Para mí creer es fiarme de Dios y confiar en Él.

La fe se templa con las dificultades

Para templar una espada hay que meterla en el fuego. La fe también se forja en la tribulación. Hay gente que quiere tener una fe gigante, pero sin chamuscarse. Es como el atleta que quiere ganar la carrera, pero sin entrenarse, sin sufrir, sin lastimarse nunca.

La fe es un camino hermoso tapizado de rosas que están llenas de espinas. Los Magos tuvieron una experiencia profunda de la fe. Podemos imaginarlos llegando a un oasis para cargar provisiones y agua. Seguramente les vino a la mente la posibilidad de desistir. Tal vez en sus noches fueron visitados por sueños que les acosaban como fantasmas. El recuerdo de las burlas de sus compatriotas, el escepticismo de sus compañeros de estudios les perseguía. Hubo momentos de titubeos, de incertidumbre, de duda...

Sin embargo, siempre venció su fe. De hecho, su brújula no era tanto el astro luminoso en la bóveda de la noche, sino la luz de su fe encendida en sus almas.

En nuestros momentos de dificultad, también tiene que prevalecer la luz de la fe. Creer cuando todo va viento en popa es fácil; creer cuando el temporal de la adversidad choca cruelmente contra nuestra pequeña embarcación es más difícil. Pero, esto es lo que nos hace gigantes en la fe. Nunca ha existido un santo sin una fe probada, como nunca ha existido un atleta que haya tenido éxito sin esforzarse en los momentos de desánimo.

Este mundo es como un gran gimnasio en el cual, el cristiano tiene que ejercitarse en la fe: un día puede ser la penuria económica, otro día el sufrir el látigo cruel de la maledicencia propagada por nuestro mejor amigo, otro día el desamor de un ser querido...

La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas

Después de viajar muchos kilómetros, los Magos encontraron al Rey de los Judíos, el Salvador del mundo, el Rey de reyes, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en una cueva de una aldea de mala muerte, fuera de la ciudad de Jerusalén.

Era suficiente para obligar al corazón bajar a los pies. Sin embargo, lo aceptaron plenamente: se arrodillaron delante de Él. Vieron a Dios en un bebé que lloraba.

El Catecismo nos habla del sentido de la Epifanía (manifestación de Cristo) en el n.528:

La epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná, la epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente. En estos “magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la encarnación, la Buena Nueva de la salvación.

Un día alguien dijo a un amigo que había encontrado el teléfono de Dios. El amigo se sorprendió y muy irónicamente le preguntó cual era. Recibió una respuesta sublime: el teléfono de Dios es la fe.

Con la fe puede uno “conectarse” con Dios en cualquier momento. Al contemplar la belleza de la naturaleza, el estruendo del mar, la brisa entre los árboles... se puede ver a Dios si uno tiene fe.

También se le puede ver en el sacerdote que se sienta en el confesionario para escuchar nuestra miseria moral y darnos con seguridad el perdón de Dios. Con la fe se ve a Cristo presente en el Pan sagrado, en las manos del ministro en la Misa. La fe permite ver a Cristo en su Vicario en la tierra, el Santo Padre....

La fe abre horizontes y nos hace ver más lejos de lo que podríamos con la sola luz de la razón. Nuestra pobre razón es como el ojo desnudo que sólo ve un poco del universo al contemplar las estrellas que desfilan delante de él en la noche clara. Pero con un telescopio potente se puede penetrar en los espacios siderales y descubrir mundos nuevos. Así es la fe para un creyente: es un nuevo ojo para ver. En lo que parece sólo un trozo de pan le permite ver el Cuerpo de Cristo; en el vagabundo que toca a la puerta pidiendo una ayuda le revela la presencia del Cristo Místico; en el jefe enojón que da un mandato, la manifestación de la Voluntad de Dios...

El mejor don de los Magos fue su fe

Impresiona el regalo costoso del oro, incienso y mirra. Pero más impresionante todavía fue la fe, tamaño gigante, de estos hombres. Aquel día cuando los Magos se acercaron a la cueva de Belén y pidieron permiso para traspasar el dintel más pobre que habían visto en su vida, los papás del Niño accedieron a la petición de personas tan ilustres. Se maravillaron al verlos caer al suelo, manchar su ropa, e inclinar la cabeza delante del Bebé.

Cuando nosotros lleguemos al Cielo, ciertamente no vamos a entrar con unos lingotes de oro, una caja de incienso y un bote de mirra. Lo que vamos a llevar va a ser, como dijo San Pablo, nuestra fe, esperanza y caridad.

No juzguemos el valor de nuestra vida por las cosas que tenemos o las obras que hacemos. Lo que es la fe y el amor con que obramos eso es lo que vale delante de Dios. Mejor ir pobre al Cielo que rico al Infierno; mejor ir analfabeta al Cielo que con un doctorado al Infierno. Desde un punto de vista espiritual, el valor de los Magos no era el tamaño de sus dones materiales, sino la medida de su fe.

Unas preguntas

1. ¿Cómo es nuestra fe? ¿lánguida? ¿depende de como nos sentimos? ¿una fe fuerte?

2. ¿Si la fe exige dejar algo para seguir más de cerca a Cristo, ¿qué nos está pidiendo Cristo que dejemos?

3. ¿Está nuestra fe basada en la Palabra de Dios o en una serie de sentimientos movedizos?

Cartas a los Reyes Magos.

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Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net
Cartas a los reyes magos
Como regalo de Reyes eso es lo que les pedimos: más fe y más generosidad.
 
 
Cartas a los reyes magos
Carta al Rey Melchor

Reconocida Majestad:

Un saludo. Permítenos tutearte. Eso del vos y del usted ya no se lleva hoy día...

Esta carta, Majestad, como bien te habrás percatado no está escrita con garabatos infantiles. No. Está hecha a computadora. Y está impresa a todo color en una impresora de la última generación. ¿Qué te parece? Te gusta, ¿verdad? Claro, nosotros somos gente moderna. Estamos al día. Además queremos ahorrarte el trabajo de estar descifrando caligrafías de patas de mosca. Un poco de seriedad, ¿no?

Como ves, a pesar de ser gente “seria y moderna”, nos hemos animado a escribirte. Y es que, también nosotros queremos este año recibir nuestro “regalo de Reyes”.

Porque también la gente “seria y moderna”, que pretende controlar el mundo con una computadora desde su alfombrada oficina, tiene tantas o más necesidades que los niños, tantos o más caprichos que los niños. Sí, es verdad. No lo podemos negar. Así somos.

Oye, Melchor, hemos estado repasando tu historia. Siempre nos ha admirado tu fe, Majestad. Dejaste tu tierra, tu reino, tu familia. Te aventuraste al desierto siguiendo una estrella durante meses. Llegaste a una cueva miserable y te postraste en adoración ante un recién nacido que yacía entre pajas. Reconociste en Él a un gran Rey, a un Mesías, a un Salvador...

También nos sigue admirando tu generosidad, Melchor. Pusiste a los pies de esa pobre familia el cofre de tu oro. Era evidente que ellos lo necesitaban. Y lo dejaste todo como si a ti ya no te importase en lo más mínimo. Aunque te quedaba aún el camino de regreso...

Sabemos que fuiste a Belén sobre todo por ese Niño. Pero también comprendiste, al encontrar esa entrañable familia, que el oro que llevabas lo iban a agradecer más José y María. Los pobrecillos no es que anduviesen en muy buenas condiciones económicas.

Melchor, nosotros ya tampoco somos niños. Y hemos de admitir que tampoco necesitamos tu oro. Tenemos bastante más que la Sagrada Familia de Belén. Aunque, siendo sinceros, en un principio sí te lo íbamos a pedir, pues a la gente “seria y moderna”, como nosotros, el oro es el regalo que más nos gusta.

Sin embargo, no; no nos des tu oro. Dáselo a los más necesitados, que los hay muchos.

Majestad, pero sí necesitamos de las otras cosas que tú tienes. Necesitamos un poco de tu gigantesca fe. Necesitamos un poco de tu enorme generosidad.

Como regalo de Reyes eso es lo que te pedimos, Melchor: más fe y más generosidad. Fe para arrodillarnos también nosotros, la “gente seria y moderna”, ante el Niño Dios. Generosidad para dejar a los pies de tantas familias pobres parte de nuestro oro y aliviar así un poco sus penurias. Como tu lo hiciste y lo sigues haciendo cada Navidad.

Unos agentes de bolsa.


Carta al Rey Gaspar.

¡Hola, Gaspar!

Al saber que tú eres el del incienso, no hemos pensado dos veces empezar la carta así. Mira, te lo decimos porque el incienso en la actualidad acompaña sólo a los grandes estadistas, a los artistas famosos, a los futbolistas estrellas, a los dueños de las multinacionales... Así que, al enterarnos que eras tú el del incienso, hemos pensado que también deberías ser alguien grande. Y, ya sabes, hoy día el saludar con un ‘hola’ tan familiar a alguien así de importante, como que da nivel y categoría... como que a uno se le pega algo del humillo del incienso que lleva el otro... Además todo el que lo viera pensaría sin duda: ¿quién será éste que saluda así a alguien tan famoso y tan importante?

Ciertamente tienes de verdad motivos muy válidos para llevar incienso. Eres un gran Rey. Eres un sabio genial. Eres un hombre poderoso. Eres alguien muy importante. Lo que nos parece extraño es que no se te haya subido el incienso a la cabeza llevando tanto como llevas. Hoy a otros, con mucho menos, ya les ha puesto bastante tontos.

Pero tú, Gaspar, no eres de esos. Hasta en esto eres medio especial. No dejaste que te despidieran con reverencias y honores los grandes de tu reino. No has permitido que te persiguiese ningún corro de periodistas. No has tolerado el asalto de ninguna cámara de televisión. No has consentido que mandasen en onda, vía satélite, tu salida de Oriente y tu llegada a Belén (ni siquiera en diferido). No has querido, por ningún motivo, que se te inmortalizara en la primera página de la prensa internacional.

Eres un tipo raro, Gaspar. Muy raro. Tanto, que nos parece que llevas todo ese incienso en balde. Hasta se nos ha ocurrido pedirte, como “regalo de Reyes”, -visto que no lo usas- que nos dejes un poco de ese incienso. A nosotros, ya lo habrás leído en nuestros corazones, nos gusta mucho el incienso: nos encanta que nos digan que somos letrados, que somos poderosos, que somos de nivel; que nos digan que somos bonitas, que somos elegantes, que somos famosas...

Pero ahora, acordándonos de ti, nos damos cuenta de que, en el fondo, no somos más que unos pobres estúpidos.

Rey Gaspar, sabemos por tu historia que todo ese incienso lo tenías por completo destinado al Dios niño de Belén. No gastaste ni un granito en ti mismo. Sabías que Él era el único que merecía de verdad todo el incienso del mundo, y tú no le ibas a quitar ni una mínima porción.

Nos has dado una gran lección, Rey Gaspar. Y tienes toda la razón. Ya no hace falta que nos des nada de incienso. En realidad, tampoco lo merecemos.

Pero déjanos ir contigo y ofrecérselo todo al Niño de Belén imitando tu humildad y sencillez.

Algunos y algunas que queríamos ser importantes.


Carta al Rey Baltasar

Amigo Rey Baltasar:

Este año también me he decidido a escribirte. Pero esta vez es distinto. Verás. Tengo un amigo que las está pasando muy mal. Iba a decir que las está pasando negras; pero me acordé de que tú eres el Rey negro... Perdona... Aunque no creo que por eso te sientas ofendido. Eres demasiado bueno.

Pues, resulta que este amigo me escribió hace poco para contarme qué es de su vida. Creo que sus palabras son más elocuentes que las mías. Te las transcribo a continuación. En seguida intuirás lo que quiero pedirte.

Estoy en el hospital. En cancerología. En la habitación número 201 frente a la número 202 donde había un muchacho de poco más de 20 años. Yo ya he cumplido 45. Tengo un cáncer quién sabe dónde y llevo aquí un par de semanas.

Soy un desgraciado y vivo amargado en medio de dolores que no se puede decir lo grandes que son. No puedo dejar de quejarme y retorcerme en la cama maldiciendo el día que me llegó esta enfermedad. Los únicos momentos de tregua son los ratos que dura el efecto de los calmantes. Es realmente desesperante.

Pero en la habitación de enfrente yo notaba algo muy raro. Cuando en algunos momentos al día coincidían las dos puertas abiertas, la de él y la mía, yo no entendía lo que veía. Aquel chaval nunca se quejada, ni lo más mínimo. Lo veía, sí, a veces retorcerse por los dolores, pero nunca le oí una queja ni una maldición. En su cara yo veía siempre un algo de serenidad, de paz, de gran temple. Al enterarme que tenía un cáncer bastante más doloroso y avanzado que el mío y que los calmantes que le ponían eran como los míos, lo entendía menos aún.

Todo esto al inicio me daba rabia. ¿Cómo era posible que un chaval enclenque como ese fuera capaz de soportar y sobrellevar así esa enfermedad? Rabia porque yo, un veterano cuarentón, curtido por el duro trabajo de largos años, me derretía ante dolores incluso más leves que los suyos.

Un buen día no aguanté más y le dije a una enfermera que por favor me resolviera mi interrogante. La respuesta inmediata de la enfermera me dejó aún más perplejo todavía: "Porque tiene una fe en Dios como una catedral", me dijo rotundamente.

Después yo mismo pude comprobar que era verdad lo que me dijo la enfermera. Lo comprobé cuando supe que diariamente recibía la comunión. Lo comprobé cuando lo veía con el rosario en las manos o leyendo la Biblia. Lo comprobé también la noche que lo vieron morir con la sonrisa en los labios gracias a esa fe y ese amor a Dios que no cabían en el hospital entero.

No tengo más que decir. Sólo que yo nunca habría imaginado que la fe tuviese la fuerza de hacer feliz incluso al hombre que más sufre en la tierra. Pero ahora ya lo sé. Y ya no me da rabia de aquel muchacho. Ahora me da verdadera envidia.

Rey Baltasar, tú eres el de la mirra. Tu tienes ese bálsamo de la fe y de la confianza en Dios que tanto necesita este buen señor, amigo mío. Date una vuelta estas Navidades por la 201 de ese hospital de cancerología. Date una vuelta también por todas las habitaciones del mundo donde hay alguien que sufra sin fe, sin amor, sin confianza. Vete repartiendo de ese bálsamo que suaviza el dolor y lo hace más llevadero.

No creo que se enfade el Niño Jesús si al presentarle el frasco de mirra a la mitad, le explicas en qué la has usado. Al contrario, verás que en su inocente carita se dibuja una sonrisa muy parecida a la que arrancaste de aquel buen hombre de la 201.

Gracias, mi amigo Rey Baltasar.

SIGNOS POPULARES NAVIDEÑOS III - EPIFANÍA.

Autor: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice
SIGNOS POPULARES NAVIDEÑOS III - EPIFANÍA.
Significado de la Fiesta. Los Reyes Magos, ¿eran Reyes, eran tres? La cuestión de la Estrella. La Rosca de Reyes, ¿qué es?.
 

La Epifanía.

Epifanía quiere decir manifestación. En este caso manifestación de Dios. Ya en el Antiguo Testamento se habla de manifestaciones de Dios, es decir, de epifanías. Sin duda que la más grande fue a Moisés en el Monte Sinaí, entre rayos, truenos y relámpagos (Ex. 19, 6 ss.). Pero no menos importante fue la acaecida a Elías, en el suave murmullo del viento (I Re 19, 12b-13).

En el Nuevo Testamento o Nueva Alianza hay una teofanía singular en la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor (Mt. 17, 1-5), cuando sus vestidos resplandecían de luz y su rostro brillaba como el sol.
Sin duda significaba el nuevo y definitivo Moisés que, haciendo Alianza con Dios, nos conduce a la verdadera Tierra de la libertad, a la Resurrección y la Vida.

Testigos de esta Transfiguración fueron Pedro, Santiago y Juan, por el Nuevo Testamento, y por el Antiguo Testamento Moisés (la Ley) y Elías (los Profetas) que se aparecieron con Jesús (¿resucitados?).

¿Qué es, entonces, esta Solemnidad de la Epifanía que se celebra el 6 de enero, en pleno tiempo de Navidad y antes de él concluir este Tiempo al domingo siguiente con la Fiesta del Bautismo del Señor?

Popularmente quedó como la Fiesta de los Reyes Magos, como una manifestación de Jesús a pueblos que no lo conocían ni habían sentido hablar de Él.

Pero vayamos por partes.

Qué se celebra en la Epifanía.

Si bien ha tomado preponderancia popular lo que señalábamos antes, en este día se celebran tres acontecimientos o manifestaciones de Jesús, que están hermosamente señaladas en las
antífonas de los Cánticos Evangélicos de Laudes (oración de la mañana) y Vísperas (oración de la tarde).

1. La manifestación a sus discípulos.

El primero de ellos es la manifestación de Jesús al círculo íntimo de sus discípulos.
Fue en las Bodas de Caná, cuando fue invitado con su Madre y sus discípulos, y ante el pedido de aquella, cambia el agua en el mejor vino (ya que estaba faltando), (signo del cambio de la Antigua Alianza por la Nueva),y la Escritura dice que entonces sus discípulos creyeron en Él” (Jn. 2, 11).

De una simple relación de amistad o de maestro a discípulos, éstos pasan a ver en Jesús algo más, manifestado en el signo que acaba de realizar.

2. La manifestación al Pueblo de Israel.

El segundo acontecimiento que se celebra en este día es la manifestación de Jesús al Pueblo de Israel en su Bautismo.

Tan cargada de acontecimientos está esta Solemnidad de Epifanía, que el Bautismo del Señor se lo celebra también separadamente al domingo siguiente, culminando así el Tiempo de Navidad y comenzando el Tiempo Ordinario al otro día.

Si vamos al texto de Mateo 3, 16-17, contemplamos que cuando Jesús es bautizado por Juan (solidarizándose con la raza humana y santificando con su descenso a las aguas todo el universo), varios signos lo acompañan.

Desde el cielo desciende una paloma, signo del Pueblo de Israel, corporización del Espíritu Santo (Mt. 3, 16c), que lo unge para la misión de la vida pública.

También una paloma soltó Noé en el final del Diluvio para ver si las aguas habían bajado (Génesis 8, 8-12), hasta que se posó en Tierra Firme para no regresar.

Ahora regresa sobre la Nueva Tierra del Cuerpo limpio del Señor, libre de las aguas borrascosas del pecado.

Los cielos cerrados a nuestros primeros padres (Génesis 4, 23-24) se abren (Mt. 3, 16b), y la voz del Padre (Mt. 3, 17) da testimonio de que Jesús de Nazareth es su Hijo muy amado, igual a Él, a Quien debemos escuchar para ser hijos en el Hijo:

Ahora por nuestro Bautismo (sumergirnos en Cristo) recibimos el Espíritu Santo que nos hace hijos amados del Padre Celestial.

Es de notar, a manera de ilustración, como el Padre profesa su amor a su Hijo, signo de que toda paternidad debe manifestar su amor explícitamente a los hijos que engendra para la vida, y decírselo.

Y así con todos los que queremos, dando testimonio de ese amor aún ante los otros.

3. La manifestación a todos los hombres.

Los Magos venidos de oriente significan la más amplia manifestación de Jesús.

No ya a sus discípulos, ni al Pueblo de Israel, sino a los que no tenían la fe del Pueblo elegido ni esperaban al Mesías Prometido.

Está hermosamente detallado en el Evangelio de Mateo (2, 1-12),
recibido posiblemente por el evangelista de la familia de José, ya que es en Mateo donde las comunicaciones del Ángel del Señor se hacen a José, mientras que en Lucas se hacen a la Virgen (posiblemente entrevistada por el médico griego).

Vayamos ahora directamente a la cuestión de los Magos de Oriente, tratando de responder si eran Reyes, cuántos eran, qué significación tienen las ofrendas, dones o regalos que entregaron a Jesús y la cuestión de la estrella.
Finalmente, el fruto del encuentro con Jesús.

a. ¿Eran Reyes?

La Escritura nada dice al respecto. En el v. 1 del cap. 2 de Mateo sólo se habla de unos Magos de Oriente.

Pareciera que a los primeros teólogos no les cerraba esta cuestión de unos “magos” que visiten al Mesías, ya que el término podía parecer emparentado con el oscurantismo, la magia, la brujería o la hechicería.

Además, en los dones que le traían a Jesús, vieron cumplido el Salmo 71, o 72, según sea tomado del hebreo o del griego, mesiánico, en que dice que los “reyes de Tarsis y de las islas, los de Arabia y de Sebá, le traerán regalos”, y “que se postren ante él todos los reyes” (vv. 10-11).

En realidad, serían sacerdotes persas, astrólogos, que habían visto una constelación que ya pasaremos a explicar.

Buscaban a Dios en el sagrario de su conciencia, y allí se encontraron con la Verdad que cambió el rumbo de sus vidas (Mt. 2, 12b).

b) ¿Cuántos eran?.

Nada dice la Escritura acerca del número.

Como tres eran los obsequios, pronto se identificó un rey mago por regalo, y así se introdujo el número de tres, aunque a veces se han hablado de cuatro y hasta de dos.

Y para hacerlo “más redondito”, se colocó uno por cada continente conocido: el blanco europeo, el amarillo achinado asiático y el negro africano.

c) El significado de los dones.

El oro era propio de los reyes, por eso se lo ofrecen a Jesús, Rey de Reyes y Señor de Señores. Rey de la vida y del corazón, de la historia y del universo. Del tiempo presente y del tiempo final. El que es, el que era y el que va a venir.

El incienso es propio de la divinidad. A ella se ofrece su aroma y se eleva nuestra oración..

La mirra es propia de la condición mortal. Con ella se ungen los cuerpos para la sepultura, y era un signo de la pasión redentora que nos salvaría por Jesús.

e) La estrella.

Según estudios del renombrado astrofísico Kepler, corroborado luego por muchos más y por los padres jesuitas, que se dedican con pasión muchos de ellos a la ciencia astronómica y astrológica, alrededor del año 7-6 antes de Cristo, se produjo una conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis.
Recordemos que para algunos historiadores, a raíz de errores de calendario, Jesús habría nacido alrededor del año 4 a.C.
Por lo tanto, la estrella sería avistada unos dos años antes según corroboran los datos de los mismos Magos.

Esta conjunción se repetiría varias veces luego en el transcurso de nuestra era.
Hace aparecer una estrella brillantísima que, yendo de Jerusalén a Belén, pareciera que se moviera (cfr. v. 9b.c de Mt. 2)

Según el significado antiguo de las conjunciones de planetas y constelación, quería decir lo siguiente, y por eso los Magos se ponen en camino hacia Palestina, a pesar de la distancia (2 años hacía que habían visto aparecer el fenómeno, según los datos proporcionados a Herodes ):

Saturno era la estrella que guiaba al pueblo que estaba en Palestina.

Júpiter indicaba un gran Rey que habría de nacer.

Y la constelación de Piscis significaba la estrella del Final de los Tiempos.

Por lo tanto quedaría así: “El Gran Rey del Final de los Tiempos iba a nacer en Palestina”.

Y acuden a adorarlo, ya que una lumbre mayor esclarecía sus mentes y corazones.

f) El cambio de rumbo.

Un apartado simple y final para la epopeya de los magos.

Habiendo encontrado a Jesús, no siguen ya sus caminos, sino que cambian de rumbo para seguirlo a Él.

Nadie que se encuentre con Jesús puede seguir por el mismo camino que andaba hasta que lo encontró (Mt. 2, 12b).
Es más, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, y hay que andar por Él (Jn. 14,6).

Significado de la Fiesta de Epifanía.

1. Los buscadores de la luz.

Los magos representan a todos aquellos que sin una revelación explícita del Dios judeo-cristiano, sin embargo buscan la luz, la verdad, la vida, la paz, la justicia, el amor, lo bello, el bien, ya sea porque está revelado en sus religiones por las “semillas del Verbo” esparcidas en ellas (Concilio Vaticano II), o bien porque son fieles al Dios que les habla en el Sagrario de su conciencia, aún sin creer en Él o sin buscarlo explícitamente; pero sí implícitamente en los valores señalados.

2. La entrega generosa y alegre.

Los magos se llenan de alegría al ver la estrella sobre la Gruta de Belén (Mt. 2, 10), y le entregan con generosidad y desprendimiento sus dones de oro, incienso y mirra (v. 11b).

3. El cambio de rumbo.

Ya mencionado, el encuentro sincero con Jesús produce el retornar desde Él por camino distintos (v. 12b). Recordemos que Jesús mismo es el Camino (Juan 14, 6), y en el libro de los Hechos de los Apóstoles escrito por San Lucas, el Camino será la comunidad cristiana, continuadora de la Obra de Jesús.

4. La estrella.

Significa todos aquellos signos que nos llevan hacia Dios, incluso naturales, pero que en última instancia son también mensajes y creación suya.
La Sagrada Escritura completa y perfecciona este mensaje (Mt. 2, 4-6), pero hay que saber descubrirlos porque la vida está llena de ellos.
Acontecimientos, circunstancias, éxitos, fracasos, alegrías, decepciones, etc., etc.

5. Dejarlo todo. Las dificultades.

Los magos dejaron todo para ir hacia lo desconocido ante el mensaje de Dios.
Lo mismo hizo en otro tiempo Abraham, el padre de la fe (cfr. Génesis 12, 1-4a).
Dejaron sus comodidades, sus palacios, sus familias, su entorno conocido, para ir hacia lo que no sabían.
No temieron las dificultades del larguísimo camino ni, al llegar, o antes de irse,
pasaron por la posada a descansar o se quejaron ante María y José de las seguras callosidades y dolores de los pies.
Van y vienen guiados por esa luz interior que no les hace desviarse un ápice de su camino
(anticipando en su actitud lo que Jesús recomendaría a sus discípulos al partir en misión:
cfr. Lucas 10, 4: “no se detengan -ni distraigan-...por el camino”).

6. El pesebre y el palacio.

Venían a adorar a un Rey.
Lo lógico es que estuviera en un Palacio.
Jesús es de la descendencia de David, Salomón, etc., cuna de los esplendores de Israel, por parte de su padre virginal José, por medio de quien se consideraba la ascendencia davídica
(Mateo 1, 6.16).
Era una casa real venida a menos, pobre.
Que para y pare (da a luz) en un establo.
Los magos seguramente vendrían de sus palacios de oriente, pero no se escandalizan al ver al Rey en el establo, ya que una Luz mayor los ilumina.

7. El ser “estrellas”.

No quiere decir esto el ser o creernos los mejores, según lo entiende el mundo vanidoso.
Significa el ser estrella para los demás como lo fue la estrella para los magos.
Que sepamos conducirlos a donde está Jesús y luego desaparecer sin querer hacer notar el fulgor que tuvimos al conducirlos (cfr. el testimonio de Juan Bautista en Juan 3, 20: “es necesario que Él crezca y que yo disminuya” –y me apague- (n.a.).
Todo padre, educador, amigo, es en algún momento “estrella” para otro,
con su escucha, su guía, su consejo.

La rosca de reyes.

Según sabemos, Herodes mandó a matar a todos los niñitos menores de 2 años, según era la fecha en que había aparecido la constelación astronómica (Mt. 2, 16b).

Jesús se salvó por el mensaje del Ángel a José (Mt. 2, 13), yendo para Egipto como anteriormente lo había hecho su Pueblo.

No hay fecundidad apostólica ni vida en abundancia sin antes haber pasado por “Egipto”, signo y realidad del desierto, el sufrimiento, la esclavitud, la marginación, la opresión injusta, manteniendo en todo ello siempre la fidelidad al Señor que nos llamó, la justicia, las virtudes y los valores.

Las mujeres hebreas de Belén, para no perder a sus niños, los escondían en tinajas de harina.

Más adelante, celebraban los judíos la salvación de muchos ese día haciendo y comiendo panes ácimos para esa fecha.

La tradición cristiana, celebrando la liberación de Jesús niño en su huída que dejó desairado al perseguidor, elaboró una rosca de gustosos ingredientes:
La forma circular de la misma significa la eternidad de Dios, que no tiene principio ni fin: Quien fue el liberador de Jesús.

Dentro de esta rosca signo del Dios eterno que salvó a Jesús Niño de la muerte prematura, se colocan uno o dos muñequitos que representan al Niño Dios, inmerso en el Dios eterno.

Las confituras, pasas, cerezas, nueces, frutas abrillantadas, que tanto nos gustan y la decoran, significan las distracciones banales del mundo, que nos alejan y separan del encuentro con Jesús.

El que encuentra al Niñito en su interior, es celebrado y se transforma en el centro de la reunión (ganó, diríamos en criollo).

Tiene esto un profundo significado:
Las distracciones y tentaciones del mundo no deben apartarnos del encuentro con Jesús, por muy bonitas y dulces que parezcan ser.

Y Jesús está inmerso en la eternidad de Dios, por más que se comunica salvadoramente en el tiempo y el espacio de este mundo, y haya penetrado por la Encarnación en la historia témporo-espacial humana.


Gustavo Daniel D´Apice - Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica

http://es.catholic.net/gustavodaniel

http://gustavodaniel.autorcatolico.org

http://sfn.org.ar/dialogando

gusdada@uolsinectis.com.ar
(
http://es.catholic.net
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa de la Epifania del Senor. Pedidos de oraciones.

Señor, ¡escojo la mejor parte! Permite que tenga un momento de intimidad contigo en esta oracion. Necesito tanto de tu misericordia y de tu compasion. Acogeme como recibiste tanto a Marta como a Maria, porque creo, confio y te amo, dame tu gracia.
MISA 8 de ENERO SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
DOMINGO 8
EPIFANIA DEL SEÑOR
Santos: San Apolinar de Hierapolis, obispo. Beata Eurosia Fabris de Barban, laica. (Blanco)
 
SOBRE TI AMANECERA EL SEÑOR
 
Is 60,1-6; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2,1-12
 
Las tres lecturas giran en torno de una misma tematica: Dios ensanchara el alcance de su amor. Ningun pueblo quedara excluido de su amistad. El llamado es universal. El profeta Isaias recurre a la imagen de la luz y las tinieblas para mostrar el claroscuro. Los pueblos vecinos a Israel viven en la confusion, no atinan a llamar cada cosa por su nombre. Herodes, en el segundo Evangelio tampoco consigue descifrar el mensaje que le comunican los sabios de Oriente. Se queda sin poder contemplar al rey de los judios. En la carta a los Efesios, san Pablo expone la mision que da sentido a su vida: vivira al servicio de esa nueva mision. Los hombres de cualquier raza o nacion participaran de la herencia reservada a Israel. Quien quiera ser amigo de Dios, basta que acoja con fe la buena nueva de la resurreccion de Jesus.
 
ANTIFONA DE ENTRADA (cfr. MI 3, 1; 1 Cro 19, 12)
Miren que ya viene el Señor de los ejercitos; en su mano estan el reino y la potestad y el imperio.
 
Se dice Gloria.
 
ORACION COLECTA
Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella, diste a conocer en este día, a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
La gloria del Señor alborea sobre ti.
 
Del libro del profeta Isaias: 60, 1-6
 
Levantate y resplandece, Jerusalen, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminaran los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.
Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reunen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces veras esto radiante de alegria; tu corazon se alegrara, y se ensanchara, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundara una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madian y de Efa. Vendran todos los de Saba trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 71
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 
Comunica, Señor, al rey tu juicio, y tu justicia al que es hijo de reyes; asi tu siervo saldra en defensa de tus pobres y regira a tu pueblo justamente. R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 
Florecera en sus dias la justicia y reinara la paz, era tras era. De mar a mar se extendera su reino y de un extremo al otro de la tierra.
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 
Los reyes de occidente y de las islas le ofreceran sus dones. Ante el se postraran todos los reyes y todas las naciones.
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 
Al debil librara del poderoso y ayudara al que se encuentra sin amparo; se apiadara del desvalido y pobre y salvara la vida al desdichado.
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 
Tambien los paganos participan de la misma herencia que nosotros.
 
De la carta del apostol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6
 
Hermanos: Han oido hablar de la distribucion de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelacion se me dio a conocer este misterio, que no habia sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espiritu a sus santos apostoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, tambien los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y participes de la misma promesa en Jesucristo. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACION (Mt 2, 2) R/. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor. R/.
 
Hemos venido de oriente para adorar al rey de los judios.
 
LECTURA Evangelio Mateo capitulo  2, versiculos 1 al 12
 
Jesus nacio en Belen de Juda en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalen y preguntaron: "¿Donde esta el rey de los judios que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresalto y toda Jerusalen con el. Convoco entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les pregunto donde tenia que nacer el Mesias. Ellos le contestaron: "En Belen de Juda, porque asi lo ha escrito el profeta: Y tu, Belen, tierra de Juda, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Juda, pues de ti saldra un jefe, que sera el pastor de mi pueblo, Israel".
Entonces Herodes llamo en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les habia aparecido la estrella y los mando a Belen, diciendoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente que hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avisenme para que yo tambien vaya a adorarlo".
Despues de oir al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habian visto surgir, comenzo a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegria. Entraron en la casa y vieron al niño con Maña, su madre, y postrandose, lo adoraron. Despues, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesus.
 
Oracion introductoria
Dios mio, en estos dias cercanos a la Navidad te suplico me concedas la gracia de orar con profundidad para contemplar y saber agradecer el gran misterio de la Encarnacion de tu Hijo.
 
Peticion
Señor, dame la gracia de mantener siempre viva la disposicion de reconocerte y seguirte, con totalidad y desinteres.
 
REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
Al leer el evangelio descubrimos distintas actitudes. Primero la de los Magos de Oriente. Al seguir la estrella, iniciaron una peregrinacion que cambio toda su vida. Cuando encontraron al Nino se sorprendieron de hallarse ante un Rey distinto de lo que esperaban, pero su corazon no vacilo y lo adoraron. Comenzaron a comprender que el poder de Dios se manifiesta en el amor. Para imitar a los Magos hemos de atrevernos a salir de la tierra de nuestra rutina y buscar constantemente a Dios en nuestra vida. Atrevamonos a formar parte de la cadena de hombres y mujeres que se han dejado a si mismos para seguir a Jesus. Unamonos a aquellos que se han decidido a ser santos en lo cotidiano de la vida. Una segunda actitud que descubrimos en el evangelio es la de Herodes. Este se alarma porque considera a Jesus como un rival. Cuanto nos equivocamos si pensamos que Dios viene a quitarnos algo. El no quita nada y nos lo da todo. Que el nacimiento de Jesus nos haga empezar una nueva vida llena de generosidad.
 
Credo
 
PLEGARIA UNIVERSAL
 
La luz de Jesus ha venido para el mundo entero. Por ello nuestra oracion debe ser verdaderamente universal. Oremos con el espiritu muy abierto.
Despues de cada peticion diremos: R/.Escuchanos, Padre.
 
Por toda la Iglesia, extendida de Oriente a Occidente. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Por las comunidades cristianas de los paises de mision, y por sus responsables. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, por todos los que se esfuerzan en poner amor y esperanza a su alrededor, especialmente por las enfermeras. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Por los niños, aquellos que viven esta fiesta de Reyes llenos de ilusion y alegria, y por los que sufren la pobreza o el abandono. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Por el reinicio del curso escolar, por los trabajadores de la educacion y los alumnos. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Por nosotros, por nuestras familias, y por nuestros amigos. Oremos. R/.Escuchanos, Padre.
 
Escucha, Padre, nuestra oracion, y haz que la luz de Jesucristo alcance a todos los rincones de nuestro mundo. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a darsenos en alimento, El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvacion darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, el misterio de nuestra salvacion, para iluminar con su luz a todos los pueblos; ya que, al manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos has restaurado con la gloria de su inmortalidad.
Por eso, con los angeles y los arcangeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
 
ANTIFONA DE LA COMUNION (Cfr. Mt 2, 2)
Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.
 
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Que tu luz, Señor, nos guie y nos acompañe siempre para que comprendamos, cada dia mas, este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Mateo capitulo  2, versiculos 1 al 12
 
UNA REFLEXION PARA NUESTRO TIEMPO.- Las relaciones entre razas y pueblos nunca han sido faciles de organizar. Los pueblos poderosos se imponen con sus ejercitos sobre los pueblos debiles. Para justificar el dominio y la violencia se han alegado razones de todo tipo. Conquistas en el nombre de Dios o destrucciones de pueblos enteros, alegando ideas tan mezquinas como la supremacia de una raza o una cultura, han ocurrido en repetidas ocasiones. La convivencia pacifica entre pueblos y naciones es una esperanza insatisfecha. La fiesta de la Epifania no es ajena a esos anhelos. Los pueblos buscan la paz. Las creencias religiosas de numerosos creyentes pueden contribuir a la mejora de dichas relaciones. Confesar a un Dios Padre amoroso que busca la amistad de todas las personas, sin distincion de razas o de cualquier otra condicion, nos ha de motivar a vivir como constructores de la paz.
 
REFLEXION Mateo capitulo 2, versiculos 1 al 12
 
La adoracion de los Magos
 
Adorar a Dios lo hicieron los Magos que, conociendo las leyes de los astros, sabian por esta ciencia que naceria Dios en el mundo, y fueron a verle, y fueron a buscarle porque sabian que era un acontecimiento mundial la venida del Hijo de Dios.
 
¿Y tu, que haces? Tu que tienes la historia para saber donde esta Jesus de Nazaret, ¿vas a buscarlo?... ¿A que esperas? No dejes pasar mas tiempo, porque el tiempo es para encontrar a Dios, a Jesus; y Dios esta en la Santa Iglesia Catolica; Dios esta en la Iglesia, en el Sagrario, en los sacramentos; pues, coge la brujula de tu buena conciencia y ve a la Iglesia, y sal a su encuentro y dile que le amas, que le has amado siempre, aun cuando no creias en El, pero que estabas vacio y algo te decia que Dios te queria fiel a El.
 
Se fiel a Dios y adoralo con todo tu corazon.
P. Jesus
 
Enero 8
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado
 
Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Señor amado te glorifico y te bendigo, te doy gracias por todas las cosas que tengo y por tu amor. Me pongo en oracion por mi madre, para que la sanes de todas esas enfermedades, por que tu si puedes tu eres maravilloso Señor. Te lo pido Señor amado. Teresita
 
Por mi salud mental y fisica hoy dia de la Epifania ruego señora mia y niño Jesus por salud espiritual, paz, amor ruego por y mis hermamos hijos Marisela y Jose Antonio, mi madre Luisa Teresa. Marisela
 
Te ruego por la salud de Lc, Candy, T y J. Suplico por Eoc que esta sola, deprimida y ha comenzado a leer un posible tema para su tesis, ayudala le cuesta mucho. Suplico para que Eoc encuentre un buen chico que la ame como es su persona que la acepte con su enfermedad, que la cuide. Ruego por todos los enfermos, los presos y los que no tienen a nadie. Amen. Jose
 
Hoy fui a visitar a Cecilia por la cual en dos oportunidades te he pedido que rezáramos, su situación sigue complicada, tiene 14 años y hace 4 meses que los médicos no saben que tiene, no puede moverse, ni hablar desde ese entonces. Es muy triste, es una nena con necesidades especiales que siempre estaba sonriendo y era muy dulce, hoy solo puede mover sus ojitos. La mama esta agotada y el papa en pleno tratamiento de quimioterapia. Nos necesitan mucho! Un beso, Bea V. Constanza
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Pido por mi vida, por mi familia, por las personas que han orado por mi, para que siga conviviendo con el profesor Salvador, tenga la oportunidad de verlo, si Dios me permite de tener una relacion afectiva, para que siga preparandome en mis estudios,tenga buena actitud frente a las situaciones de la vida, para que algun dia tenga un trabajo estable, por la amistad de verdadera de Eduardo Figueroa, por todas aquellas personas que están a mi alrededor, por los niños que atendere y por sus familias. ANAHI
 
Por favor oren por un cambio en mi trabajo, estoy desesperada, pues tenemos una supervisora enferma de perversidad. Lety
 
Mi Señor, ayudame para conseguir el permiso de mi escuela sabes que llevo cuatro años con este tramite por favor ayudame, de igual forma te pido que guies a mi esposo para que encuentre trabajo o iluminalo para saber que negocio pone, ayudanos  Padre y Señor nuestro. Lucti
 
Hermano Jesus, que este tiiempo de oscuridad y dificultades, refuerze nuestra fe con el ejemplo del silencio de tu santa madre, Paz. Manuel
 
Padre Bueno te pido por mi hijo Bruno Nahuel tiene un retraso y problemas del habla, que mi hijo me ame, me quiera mucho y quiera estar conmigo para siempre y quiera venir a vivir conmigo, te pido por Martin Dardo que tiene un retraso y problema del habla as que se enamore de mi y que deje todo por mi a que deje a su madre para ser feliz y que Olga Neatriz Vargas pague por a verme separado de Martin y de mi hijo, que podamos ser feliz en este año besos. Marcela Nuñez
 
Pido Dios mio que pueda crecer en la fe, en la sabiduria dia tras dia. De esa manera serte util a lo que quiere tu Santa voluntad y tratar de agradarte siempre. Por intercesion de tu Madre Santa, te lo pido Señor. Jose
 
Pido me ayuden a rogar que mi marido Andres Fabian Avarez  usa el nombre Fabian vuelva a casa pronto, se tomo un tiempo para alejarse y poder valorar y volver a sentir, sintio que lo deje de lado por nuestro hijo por el trabajo y por siempre ocuparme de los demas se que podemos volver a intentarlo y ser felices, hay mucho amor. Ayudenme a pedir que pronto regrese a casa y para siempre. Gracias. Mariana Laura Mollo
 
Que Dios los bendiga por esta gran labor, les quiero pedir que oren para que Dios me ayude a adaptarme a mi nueva situacion en la vida, pido por mi padre y por que pueda verlo pronto, por mi hija que Dios le ayude a realizar sus suenos en la vida, por mis hermanos y por una nueva y sana relacion con ellos, gracias. Lourdes Fernandez
 
Orad por Angelica que fue injustamente despedida de su trabajo. Es una niña de lucha fe. Que el Señor la sostenga en estos momentos y que le abra nuevas puertas. Confiamos en que el Señor nunca abandona a sus hijos. Isabel
 
Q. E. P. D.
 
Emilia Serrano Pazmiño de Pazmiño
Daniel Enrique Chavez De La Rosa
Roberto Ricardo Bordes Noriega
Maria Orrantia de Bruckmann
Hector Martinez Torres
Pedro Cain Guaman
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio

 


ECUADOR
 
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indicando su nombre y peticion
 
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO
 
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Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana
Chistifideles Laici
Barcelona - España

Lectura orante del Evangelio de la Misa de la Epifania del Senor.

Lectura orante del Evangelio de la Epifanía del Señor


Mateo 2,1-12

[1]Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, [2] diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» [3]En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. [4]Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. [5]Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:

[6] Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo
que apacentará a mi pueblo Israel.»

[7]Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. [8]Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» [9]Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. [10]Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. [11]Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. [12]Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

 

La Navidad es una fiesta tardía en la tradición cristiana. Se comienza a celebrar en el siglo IV, mientras que la Pascua se celebró muy pronto. Es el fruto de una mirada hacia el pasado desde la Pascua…si éste es hijo de Dios, todo lo que ha vivido es divino y paradigma por nosotros… Al final descubriremos su misterio… Nuestro empeño es seguirlo paso a paso hasta el final, a quien es “Camino, Verdad y Vida” (Jn. 14,6). Como Mateo nos sorprendemos de las “promesas” del AT que Dios hizo al pueblo de Israel y que Jesús lleva a “cumplimento” (Mt. 5,17).

Sal. 32,8: “Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir;  fijos en ti los ojos, seré tu consejero”
Isaias 30,19-21: “Sí, pueblo de Sión que habitas en Jerusalén, no llorarás ya más; de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto lo oyere, te responderá. Os dará el Señor pan de asedio y aguas de opresión, y después no será ya ocultado el que te enseña; con tus ojos verás al que te enseña, y con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras: «Ese es el camino, id por él», ya sea a la derecha, ya a la izquierda.


Cuando leas

Los reyes magos, Magos: se puede entender una casta sacerdotal de Oriente (¿Siria oriental? ¿Arabia?) que probablemente eran también astrólogos… habitual en aquel tiempo.
Reyes: en ningún lugar se dice que eran reyes. Si se puede reconocer a los magos cierta majestad. Interpretación muy antigua que se refiere al trasfondo del AT por el que Mateo ve cumplirse las promesas de Dios:
Isaias 60,3: “Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada”
Sal 72,10-11: “los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones”
Tres, no se dice en el texto pero la tradición posterior lo ha deducido del numero de los dones.
Son extranjeros, que no viven la Alianza con Dios, no son de cultura judía, ni de su idioma…

¿Qué salvación es la que aquí se empieza a entender? Los judeo-cristianos se dan cuenta que a través de su historia Dios quiere manifestarse al mundo como el Salvador de todos los hombres, sin distinciones… La comunidad de Mateo formada por judeo-cristianos rechazados por el judaísmo “oficial” y de paganos de diferentes proveniencias se descubre como quien debe continuar el anuncio de este evangelio, de esta buena noticia…

Herodes, vasallo de el Emperador Romano (rex socius), reinó desde el 37 a.C. hasta el 4 a.C. Uno de los reyes más importantes del Israel post-exílico. Llamado “el Grande” por las grandes infraestructuras que realizó. Rey extranjero, Idumeo, que parte de la población considera ilegítimo. Fue también uno de los más crueles y sanguinarios…

Mateo acentúa la reflexión sobre la realeza: Herodes, rey todopoderoso, que en todo se hace servir… la tentación de cada hombre… el principio del mal… Jesús nace como descendiente de David, potencialmente sucesor legítimo. Mateo señala que el Herodes se turba con miedo a perder poder y piensa en Jesús como posible rival. El extremo opuesto será Jesús “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo…” ( Fil 2,6-8)

Belén, en arameo: Bet-Lahamn, es decir: la casa del pan: Bet (casa) Lahmm (pan). No solo es la ciudad de David de donde debe salir el Mesías, no es solo la ciudad de Rut la “Moabita”. En esta ciudad Dios ha preparado para toda la humanidad el “pan de la vida” (Jn 6,51): “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo”

Estrella, estudios de expertos intentan mostrar cómo en aquel momento aparece una estrella/cometa o más probablemente la conjunción de Júpiter y Saturno. Como  símbolo nos puede remitir a las creencias de aquel entonces (y de ¡hoy!) a que la vida del hombre es ordenada y decidida por las estrellas, el destino, las fuerzas superiores. Al nacer Jesús es la estrella quien ha debido moverse Ya que es el Niño que nace quien determina el camino. San Ignacio de Antioquia afirma que así se ha destruido la astrología, el gobierno inexorable del destino. Se reconoce en el hombre-Dios al dueño de las fuerzas cósmicas.

Dones, Oro, incienso, y mirra: la sobreabundancia de la referencia simbólica frente a lo que e ve. La Fe de los magos hace ver la realidad con los ojos de Dios. Los padres de la Iglesia han leído estos dones en clave cristológica con un sentido particular para cada uno: El Oro señala la majestad de Jesús; el incienso indica la divinidad; y la mirra (goma resinosa aromática para de la que se extrae perfume y bálsamos) señala la muerte que va a sufrir.


Cuando medites:

Lee y reflexiona: ¿que quiere decirte Dios? ¿Donde se encuentra el Dios-con-nosotros? ¿Qué nos revela?

La búsqueda de los Magos: Gente instruida, acomodada (casi como muchos de nosotros) pero que se preguntan sobre el sentido de la vida, de la muerte, del sufrimiento, del amor… y las mismas preguntas les ponen en marcha. Los vemos como personas insatisfechas de lo superficial, de los lugares comunes. ¿Por qué alguien ve en la estrella un signo y otros no son capaces de ver? Quizás porque la estrella solamente puede verla quien la busca. Aunque ponerse en marcha sea un riesgo… abrirse a la novedad, dejar mi ambiente…

Herodes y la corte… nos dicen que ¡no basta conocer la Escritura para encontrar el Señor! “Donde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Belén… la Escritura lo dice (Mi. 5,1).

La manifestación de Dios en la pequeñez, en la debilidad, en la fragilidad de un niño ¿Por qué débil y sin poder?  El amor verdadero es libre y gratuito.  Le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre: una vida para ser “comido”. Así como la mirra que simboliza la muerte: una vida… para morir… Jesús nos enseña que la vida es para darla ( pro-existencia…vivir por…).

Los magos vuelven por otro camino. Se relativizan los poderes (no obedecen a Herodes) y se vive otro camino, nuevo camino, el de la vida verdadera que dirá San Ignacio, el camino de “en todo amar y servir”.


Cuando ores (cuando respondas a Dios con tu oración):

Agradecerle que nos muestra el camino de la vida verdadera, del verdadero ser humano, del verdadero Dios, y del verdadero amor.
Pedir de entender su lógica frente a la del mundo.
Pedir la gracia de descubrir  “¿dónde está el Señor?”

* El más pequeño, lo mínimo, es el criterio de la elección de Dios, opuesto a aquel de Herodes y de cada hombre. Dios elige Israel como su pueblo porque es el más pequeño entre los pueblos, (Dt. 7,7). Así elige como rey David, el más pequeño entre sus hermanos, (1Sam 16,1). Dios elige las cosas que no son "para reducir a nada las que son", (1 Cor 1,28). Por este nadie de los potente y los sabios de este mundo puede reconocerlo, (1 Cor. 2,8). Para encontrar "dónde" es el Dios, hace falta mirar en la dirección en que él es. Y él, el más pequeño entre los "hermanos", (Mt. 25,40.45), está entre los pequeños.
(
http://www.discipulasdm.org
).

Epifania del Senor - Ano A.

Autor: Jorge Loring
Epifanía del Señor - Año A
Celebramos hoy la Fiesta de los TRES REYES MAGOS que en frase de un humorista ni fueron tres, ni fueron reyes ni fueron magos.
 

Epifanía del Señor Mt. 2:1-12

1.- Celebramos hoy la Fiesta de los TRES REYES MAGOS que en frase de un humorista ni fueron tres, ni fueron reyes ni fueron magos.

2.- La tradición los llama Melchor, Gaspar y Baltasar, pero San Mateo ni da sus nombres ni dice que fueran tres. Habla de unos...

3.- Tampoco dice que fueran reyes. Y los llama MAGOS porque este era el nombre que los persas y los caldeos daban a los hombres doctos y sabios que cultivaban las ciencias, sobre todo la astronomía. Entre nosotros la magia es el arte de hacer juegos de manos.

4.- Lo de la estrella pudo ser un milagro o un fenómeno natural.

El astrónomo y matemático KEPLER dice que en el año del nacimiento de Cristo hubo una conjunción de Júpiter y Saturno, es decir, que al ponerse uno detrás del otro se provocó una luz intensa, a la altura de las palmeras, y que llamo la atención de aquellos hombres sabios.

5.- El Padre jesuita Severiano del Páramo, Profesor de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia de Comillas (Santander), opina que pudo ser un meteoro luminoso creado por Dios para este fin.

6.- Pero sea lo que fuere, lo importante es la lección que nos dan los MAGOS: su seguimiento a la luz de Dios.

7.-Imitemos el ejemplo de los MAGOS: sigamos la llamada de Dios, que aunque nos traiga contratiempos, como a los MAGOS, al final nos encontraremos con Jesús, que es lo importante.

6.- Que María nos ayude en este caminar para que sea Ella la que nos presente a Jesús.
(
http://es.catholic.net
).

Oficio de Lectura de la Liturgia de las Horas de la fiesta de la Epifania del Senor.

Oficio de Lectura, de la Epifanía

Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo
De los sermones de san León Magno, papa
Sermón 3 en la Epifanía del Señor, 1-3.5
La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo.

De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca, Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe, descendencia comparada a la multitud de las estrellas, para que de este modo el padre de todas las naciones esperara una posteridad no terrestre, sino celeste.

Así pues, que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán, a la cual renuncian los hijos según la carne. Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya solo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel.

Instruidos en estos misterios de la gracia divina, queridos míos, celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos. Demos gracias al Dios misericordioso quien, según palabras del Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz; el nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Porque, como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. También a propósito de ellos dice el propio Isaías al Señor: Naciones que no te conocían te invocarán, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.

Abrahán vio este día, y se llenó de alegría, cuando supo que sus hijos según la fe serían benditos en su descendencia, a saber, en Cristo, y él se vio a sí mismo, por su fe, como futuro padre de todos los pueblos, dando gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete.

También David anunciaba este día en los salmos cuando decía: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia.

Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo.

Animados por este celo, debéis aplicaros, queridos míos, a seros útiles los unos a los otros, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo que, con Dios Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Oración

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
(
http://www.corazones.org
).

Los Reyes Magos. Oracion.

LOS REYES MAGOS

En muchos países celebran el 6 de enero, el día de los Reyes Magos, como una fecha muy especial para darles regalos a los niños.  Sin embargo, a muchos niños les cuentan que los Reyes Magos no existen y son muchos los padres que no saben cómo explicar este hecho.

Existe una hermosa historia para padres y niños que puedan explicar este hecho con facilidad.

Una vez una niña le preguntó a sus padres:
-    ¿Los Reyes Magos existen?

Los padres de la niña se quedaron mudos, mirándose, e intentando descubrir el origen de aquella pregunta:
-    ¿Y tú qué crees, hijita?
-    Yo no lo sé.  A veces creo que sí, y otras que no.  Por un lado, me parece que sí existen porque ustedes no me van a engañar; pero mis compañeras del colegio me dicen que no existen.
-    Mira, hija, es cierto que somos los padres los que ponemos los regalos, pero…
-    ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos llenos de lágrimas-.  ¡Ustedes me han engañado!
-    No, hija, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí existen. -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la carita de la pequeña.
-    ¿Entonces?, no lo entiendo papá.
-    Siéntate cariño y escucha esta historia que te vamos a contar:

Cuando el niño Dios nació, Tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella, se acercaron al portal para adorarle.  Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el niño se puso tan contento y parecía tan feliz, que el más anciano de los reyes, Melchor, dijo:
-    ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
-    ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-.  Es una buena idea, pero sería muy difícil hacer esto. No seríamos capaces de poder llevar regalos a tantos niños que hay en el mundo.
-    Baltasar, el tercero de los reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: Es verdad, sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. ¡Pero sería tan bonito…!

El niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el portal:
-    Ustedes son muy buenos, queridos reyes, y les agradezco sus regalos.  Yo voy a ayudarlos a realizar su hermoso deseo.  Díganme: ¿Qué necesitan para poder llevar regalos a todos los niños?
-    ¡Oh, Señor! -dijeron los tres reyes postrándose de rodillas.  Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño, que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
-    No se preocupen por eso. -dijo Dios-.  Yo les voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
-    Díganme, ¿Los pajes que les gustaría tener, deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios-.
-    Sí, claro, eso es fundamental, asintieron los tres reyes.
-    Y, ¿Es verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
-    Sí, sí.  Eso es lo que quisiéramos de un paje. -respondieron muy entusiasmados los tres Reyes Magos.
-    Queridos reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Puesto que así lo han querido y para que en nombre de los tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que, todos los padres se conviertan en pajes, y que en su nombre, y de parte de ustedes, regalen a sus hijos los regalos que desean. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños se haga como si lo hicieran los propios Reyes Magos. Y cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las festividades de mi nacimiento, los niños también harán regalos a sus padres en prueba de su cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los tres Reyes Magos todos somos más felices.

Cuando acabaron con su explicación, la niña se levantó y dando un beso a sus padres les dijo:
-    Ahora sí que lo he entendido todo, papás.  Estoy muy contenta de saber que me quieren y que no me han engañado. 

Y todos se abrazaron, mientras desde el cielo, los tres Reyes Magos contemplaban la escena muy satisfechos.

Autor Desconocido   
 
ORACIÓN
 
Jesús, los tres Reyes Magos, buscando entre las estrellas, descubrieron la tuya y la siguieron.  Haznos descubrir tu presencia en medio del ruido y de nuestros ajetreos cotidianos.  Muéstranos tu estrella, danos fuerza y valor para seguirla.  Ayúdanos a ser pequeñas y alegres estrellas para guiar y conducir a otros hasta ti.
 
Jesús, te estábamos esperando, teníamos muchas ganas de que nos visitaras. Gracias por venir a habitar entre nosotros, y por hacerte niño como nosotros. Sabemos que vienes para conducirnos al Padre, y para enseñarnos el camino, para que todos seamos hermanos y convivamos en paz.
 
Con gozo y alegría te acogemos.  ¡Ven Señor Jesús! Eres nuestra luz y guía, acompáñanos, bendícenos, e ilumínanos en nuestra oscuridad.
 
Amén   
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad;
 

        
Beatriz
Medellín - Colombia
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La Epifania del Senor.

La Epifanía del Señor
6 de enero de 2010

LOS CRISTIANOS, ESTRELLAS PARA EL MUNDO

Por Jesús Martí Ballester

1.-. El Cántico de gloria entonado por Isaías a la futura Jerusalén de los tiempos mesiánicos, lleno de lirismo, que es una de las más altas cimas de la poesía hebrea, e incluso universal, describe la presencia del Señor en medio de su pueblo, cuando contempla, radiante de alegría, el regreso de los hijos desterrados de Israel a la ciudad luminosa. Pero los que hoy vienen al resplandor de la aurora que inunda Jerusalén, son también los magos, representantes de los pueblos todos, todas las gentes. "Los tesoros del mar", (los habitantes del Mediterráneo), nosotros también. Madián y Efa (los del Golfo de Akaba), y los de Sabá(Yemen), convertidos todos en hijos de Abraham por la fe con sus productos preciosos de oro e incienso, cantando las glorias del Señor. Isaías 60,1. El Profeta no ha querido hacer un relato histórico, sino anunciar poéticamente el triunfo del Señor y de su Mesías, manifestado a los gentiles.

2.- Mateo utiliza el episodio de los Magos, una leyenda con base sólida, para narrar una manifestación extraordinaria que guía a los Magos a descubrir al Rey de los judíos. Después de haber contado la genealogía de Jesús, como hijo del hombre, Mateo, ratifica la dignidad de Jesús, Hijo de Dios, valiéndose de los Magos como figuras teológicas. Los magos como paganos, desconocen la Escritura. Y a partir de ahora Mateo introduce una dialéctica que estará presente en todo su evangelio. Mientras los doctores de la Ley, expertos en las escrituras, no reconocen al Mesías, lo reconocen los paganos. Jesús es rechazado por el pueblo de Dios y acogido por los gentiles. Dios no hace acepción de personas. El particularismo judío cede el paso al universalismo de la salvación que se ofrece a todos. Primero los pastores, los incultos, después los sabios, los magos. En Jesús se cumplen todas las esperanzas de todos los hombres, judíos o griegos, romanos o persas, o babilonios. Jesús es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se alegra, lo adora como rey de su vida y se entrega a él, como los magos. Los regalos que le ofrecen, son productos de un país oriental, propios de los reyes.

3.- Cuando nos parece que Dios calla, hay que saber que habla distinto lenguaje y no con palabras humanas. Después de haber hablado por los profetas, nos ha hablado por Cristo y se ha quedado mudo, (San Juan de la Cruz). Hay que tener sensibilidad para captar el lenguaje de Dios, ser dóciles a su mensaje y estar dispuestos a soportar la Noche de la fe, que la purifica. Llama a tres para que se ayuden en la noche, ese es el sentido de la dirección espiritual y el vivir la fe en comunidad. Hay que acrecentar la confianza en Dios. La estrella se oculta porque ella no produce la fe; ésta es fruto de la palabra, que está en Jerusalén. Como los magos, hay que practicar la humildad buscando y preguntando. Los evangelistas vieron cumplida esta profecía al nacer el Sol de Justicia. "Reyes que buscáis estrellas, No busquéis estrellas ya, porque donde el Sol está, no tienen luz las estrellas". Ha nacido el Sol que a todos nos atrae, mientras no queme demasiado. Pero el Sol ha nacido para iluminar a todo hombre de esta tierra y quemar los pecados.

4.- Cantemos al Señor ante quien "se postrarán todos los reyes de la tierra y le ofrecerán sus dones, y supliquémosle que todos los pueblos le sirvan, para que por nuestra oración libre al pobre que clama, y al afligido que no tiene quien le proteja, y para que el pobre y el indigente sean protegidos por él" Salmo 71. Vieron una estrella en el cielo y este suceso los sacó de su país. "Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle" Mateo 2,1. Cuando el pueblo de Israel estaba en los campos de Moab, su rey Balac, exigió a Balaam, que profetizara contra Israel, lo único que consiguió fue decir bendiciones sobre aquel pueblo. De entre los largos capítulos, destaca este texto: "Veo una estrella que se destaca de Jacob" (Nm 24,17). Esa es la estrella que han visto, doce siglos después, hoy los Magos. Como ellos hemos de recorrer el camino de la fe. Un día comenzamos a buscar, a caminar... Después, la luz ha ido palideciendo, hasta llegar a desaparecer. Sentimos la tentación de regresar a Egipto. Nos tentaban las ollas de carne. La vida fácil, el camino trillado. Y titubeamos. Hemos de proceder como los Magos: Consultad a los especialistas de la Palabra porque sólo en ella encontramos sentido a nuestra vida. Estos nos dicen que hay que ir a Belén. Como los magos hemos de prestar la obediencia de la fe. Cuando Abraham fue llamado a salir de su tierra, lo dejó todo (Gn 12,1). Había encontrado la perla preciosa. Hay que seguir la estrella con prontitud, venciendo el qué dirán, con generosidad, con alegría y amor, con perseverancia.

5.- Herodes, que teme que le quiten el reino, se sobresaltó. Cuando en vez de servir desde el cargo que se tiene, uno se sirve del cargo que tiene, posee el cargo y se sobresalta ante cualquier atisbo de superación, suplantación. La vida se hace amarga y la amargura repercute en los demás, porque no se tiene paz. La noche y el mundo del mal nos rodean. Los peligros son más inminentes, las tentaciones se presentan más atractivas e insinuantes. Herodes, nuevo Faraón, nos quiere hacer esclavos suyos. Los Magos avisados en lo más profundo de su ser, desbaratan las trampas, aceptan la Palabra que les ofrecen, y vuelve a hacerse de día. En medio de la oscuridad de la Noche, sale de nuevo la estrella. Al fin, hemos llegado a Belén. Lo sabemos por la alegría interior que nos invade: "Se llenaron de gozo". Como quien ha encontrado la perla y el tesoro. En Belén adoramos y ofrecemos a Cristo nuestra vida, unidos a su Sacrificio.

6.- "Y se marcharon a su tierra por otro camino". No podemos vivir como antes. Hemos de tomar otro camino. El camino del amor y de la fidelidad, del sacrificio y de la abnegación, del trabajo de cada día bien hecho, de la paciencia en las contradicciones y de la afabilidad y justicia en el trato con nuestros hermanos. El camino de la compasión activa con todos los que sufren. Y nos hemos de convertir en Epifanía para nuestros hermanos por la predicación, los sacramentos, la vida. Cuando por la cultura del consumismo fomentada por la formidable publicidad, se acentúa el materialismo, los cristianos debemos privilegiar la primacía del espíritu y de las actividades espirituales, como la contemplación, el amor, la fidelidad, el ejemplo = testimonio, convirtiéndonos en estrellas de justicia y fidelidad para el mundo pagano en tinieblas.

Jesús Martí Ballester

http://www.jmarti.ciberia.es

Epifania.

Epifanía
La manifestación del Señor
El Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer.   Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Manifestación a los paganos.

Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.

Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.

Los Magos

La Epifanía que mas celebramos en el occidente es la de los Magos, la manifestación a los paganos. Esta debe ser causa particular de alegría y agradecimiento para nuestros pueblos, convertidos del paganismo.

Dios llama a todos los pueblos, de todas las razas, culturas y religiones. Pero la llamada requiere respuesta. Hay que salir de donde estamos e ir al Señor hasta encontrarlo en los brazos de María.

"Reyes Magos"
En aquella época, los persas llamaban "magos" al sacerdote.  Mas tarde la tradición les llamó "reyes", por alusión al salmo 72,10-11 : "Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones"

De oriente: El oriente, para los judíos, era Arabia, Persia o Caldea.

La estrella que vieron ha suscitado varias hipótesis. Antiguamente se dijo que fue un cometa. Pero estudios astronómicos parecen indicar que fue la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter >>>

Sus nombres y regalos
Sus nombres no aparecen en la Biblia, solo sabemos que vienen de oriente. Pero la tradición les ha dado nombres:

Melchor, tradicionalmente un anciano blanco con barbas, trae como regalo oro que representa la realeza de Cristo.

Gaspar, joven, de piel morena, trae incienso, representando la divinidad de Cristo.

Baltasar, de raza negra, ofrece al Niño Dios mirra (sustancia que se utiliza para embalsamar cadáveres) representando Su humanidad, el sufrimiento y la muerte del Señor.

Las tradiciones populares han ido añadiendo detalles sobre lo que en verdad se conoce. Por ejemplo, se dice que los reyes eran, uno rubio, uno moreno, otro negro.

Muy posible los magos conocían algunas profecías mesiánicas de los judíos porque estos residían en todos los países, por eso llegaron a Jerusalén y acuden al palacio de Herodes preguntando por el rey de los judíos, cuya estrella habían visto.

Los Padres de la Iglesia reconocían en la adoración del Niño por los Reyes Magos, la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos no eran parte del pueblo de Israel, pero supieron utilizar sus conocimientos (astronomía) para descubrir al Salvador.  Se cumplió primero en ellos la profecía de que por medio de Israel, Dios se manifestaría a todos los hombres. Jesús vino para salvar a todos, no solo los judíos.

Herodes descubre en el anuncio del nacimiento de un rey una amenaza para sus intereses. Utiliza la mentira con intenciones criminales. No se sentía seguro en su trono porque los judíos lo odiaban. Era hijo del idumeo Antipatro, quien ayudó a los romanos a conquistar a Palestina. Su título de rey se lo debía a los romanos y los judíos no aceptaban que un extranjero fuese su rey. Herodes se había casado con una princesa judía pero la mandó a asesinar junto con los hijos que tuvo con ella.

Los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, por su parte, supieron informar a los Reyes Magos sobre donde debía nacer el Mesías según las profecías (Miqueas 5,2): en Belén de Judá; sin embargo ellos mismos no fueron a adorarlo.

Los magos buscaban a Dios en las estrellas, pero estas les guiaron para encontrarlo en la tierra, en la humildad, junto con María, Su Madre.
(
http://www.corazones.org
).

Fiesta de la Epifania o Dia de Reyes.

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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
Fiesta de la Epifanía o Día de Reyes
Los pastores y reyes del Oriente visitan a Jesús el Mesias, le llevan regalos y lo adoran con oro, incienso y mirra.
 
 
Fiesta de la Epifanía o Día de Reyes
Origen de la fiesta:

El 6 de enero se celebraba desde tiempos inmemoriales en Oriente, pero con un sentido pagano: En Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía hacia el 6 de Enero. En esta misma fecha, se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos.
La fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy es Francia.

La historia de los Reyes Magos se puede encontrar en San Mateo 2, 1-11.

“Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del Rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.
Al oír esto, el Rey Herodes se puso muy preocupado; entonces llamó a unos señores que se llamaban Pontífices y Escribas (que eran los que conocían las escrituras) y les preguntó el lugar del nacimiento del Mesías, del Salvador que el pueblo judío esperaba hacia mucho tiempo.
Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el Profeta:

Y tú, Belén tierra de Judá
de ningún modo eres la menor
entre las principales ciudades de Judá
porque de ti saldrá un jefe
que será el pastor de mi pueblo Israel

Entonces Herodes, llamando aparte a los magos, los envió a la ciudad de Belén y les dijo: Vayan e infórmense muy bien sobre ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo.
Los Reyes Magos se marcharon y la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos hasta que fue a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella, sintieron una gran alegría.
Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre. Se hincaron y lo adoraron. Abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego, habiendo sido avisados en sueños que no volvieran a Herodes, (pues él quería buscar al Niño para matarlo), regresaron a su país por otro camino.”

Podemos aprovechar esta fiesta de la Iglesia para reflexionar en las enseñanzas que nos da este pasaje evangélico:

*Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen.

* La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús.

* Los Reyes Magos no eran judíos como José y María. Venían de otras tierras lejanas (de Oriente: Persia y Babilonia), siguiendo a la estrella que les llevaría a encontrar al Salvador del Mundo. Representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo han llegado al conocimiento del Evangelio.

* Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena.

* Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos.

Los Reyes Magos fueron generosos al ir a ver a Jesús, no llegaron con las manos vacías. Le llevaron:

 

oro: que se les da a los reyes, ya que Jesús ha venido de parte de Dios, como rey del mundo, para traer la justicia y la paz a todos los pueblos;

incienso: que se le da a Dios, ya que Jesús es el hijo de Dios hecho hombre;

mirra: que se untaba a los hombres escogidos, ya que adoraron a Jesús como Hombre entre los hombres.


Esto nos ayuda a reflexionar en la clase de regalos que nosotros le ofrecemos a Dios y a reconocer que lo importante no es el regalo en sí, sino el saber darse a los demás. En la vida debemos buscar a Dios sin cansarnos y ofrecerle con alegría todo lo que tenemos.

* Los Reyes Magos sintieron una gran alegría al ver al niño Jesús. Supieron valorar el gran amor de Dios por el hombre.

* Debemos ser estrella que conduzca a los demás hacia Dios.

Significado de la fiesta:

Antes de la llegada del Señor, los hombres vivían en tinieblas, sin esperanza. Pero el Señor ha venido, y es como si una gran luz hubiera amanecido sobre todos y la alegría y la paz, la felicidad y el amor hubieran iluminado todos los corazones. Jesús es la luz que ha venido a iluminar y transformar a todos los hombres.

Con la venida de Cristo se cumplieron las promesas hechas a Israel. En la Epifanía celebramos que Jesús vino a salvar no sólo a Israel sino a todos los pueblos.
Epifanía quiere decir "manifestación", iluminación. Celebramos la manifestación de Dios a todos los hombres del mundo, a todas las regiones de la tierra. Jesús ha venido para revelar el amor de Dios a todos los pueblos y ser luz de todas las naciones.

En la Epifanía celebramos el amor de Dios que se revela a todos los hombres. Dios quiere la felicidad del mundo entero. Él ama a cada uno de los hombres, y ha venido a salvar a todos los hombres, sin importar su nacionalidad, su color o su raza.
Es un día de alegría y agradecimiento porque al ver la luz del Evangelio, salimos al encuentro de Jesús, lo encontramos y le rendimos nuestra adoración como los magos.

Origen de la Rosca de Reyes

 
Después de que los Reyes adoraron a Jesús, un ángel les avisó que no regresaran donde Herodes y ellos regresaron por otro camino. Herodes al enterarse que había nacido el Rey que todos esperaban, tuvo miedo de perder su puesto y ordenó matar a todos los niños menores de dos años entre los cuales se encontraría dicho Rey.
La Sagrada Familia huyó a Egipto y el niño Dios se salvó, otras familias escondieron a los bebés en tinajas de harina y así no fueron vistios y salvaron sus vidas. Desde entonces, los judíos comían pan ázimo el 6 de enero en el que escondían un muñeco de barro recordando este acontecimiento.

Los primeros cristianos tomaron un poco de esta tradición y la mezclaron con la historia de la visita de los Reyes Magos para la celebración de la Epifanía: cambiaron el pan ázimo por pan de harina blanca y levadura, cocida en forma de Rosca, endulzándolo con miel y adornándolo con frutos del desierto, como higos, dátiles y algunas nueces.

Para los cristianos, la forma circular de la rosca simboliza el amor eterno de Dios, que no tiene principio ni fin. Los confites son las distracciones del mundo que nos impiden encontrar a Jesús.

El muñequito escondido dentro de la rosca, simboliza al Niño Jesús que los reyes no encontraban porque la estrella desaparecía.

Esta costumbre de los cristianos de Palestina llegó a Europa y posteriormente a América.

En México, el que encuentra el muñequito de la rosca se convierte en el centro de la fiesta: se le pone una corona hecha de cartón y cubierta de papel dorado y se le da el nombramiento de “padrino del Niño Jesús”.

El padrino deberá vestir con ropas nuevas a la imagen del niño Jesús del nacimiento y presentarlo en la Iglesia el día 2 de Febrero, día de la Candelaria. Después hará una fiesta con tamales y atole.

Sugerencias para vivir esta fiesta

 

Reflexionar y contestar las siguientes preguntas: ¿qué regalo le voy a dar a Jesús este año que comienza?; ¿qué puedo cambiar para ser mejor?; ,qué regalos le voy a ofrecer a Jesús?; ¿me encuentro alegre porque Dios me ama?; ¿tengo fe en Dios?; ¿sé vivir en la pobreza?; ¿soy generoso (con mi tiempo, con mi persona, con los demás)?; ¿suelo perseverar en mi vida espiritual a pesar de las dificultades que se me presentan?; ¿obedezco a Dios con prontitud?

Solemnidad de la Epifania del Senor.

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SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
6 de enero

 

El Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Se trata de una manifestación a los paganos, para poner de relieve que el Niño Dios que nace, viene para salvarnos a todos, independientemente de nuestra raza.

Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.

Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.


LOS OBSEQUIOS

Melchor, que representa a los europeos, ofreció al Niño Dios un presente de oro que atestigua su realeza. Gaspar, representante de los semitas de Asia, cuyo bien más preciado es el incienso, lo ofreció al Niño como símbolo de su divinidad. Y por último, Baltasar, negro y con barba, se identifica con los hijos de Cam, los africanos, que entregan la mirra, en alusión a su futura pasión y resurrección.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS
según las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich.

"Vi la caravana de los tres Reyes llegando a una puerta situada hacia el Sur.
Un grupo de hombres los siguió hasta un arroyo que hay delante de la ciudad, volviéndose luego. Cuando hubieron pasado el arroyo, se detuvieron un momento para buscar la estrella en el cielo. Habiéndola divisado dieron un grito de alegría y continuaron su marcha cantando. La estrella no los conducía en línea recta, sino por un camino que se desviaba un poco al Oeste.

La gran estrella
"La estrella, que brillaba durante la noche como un globo de fuego, se parecía ahora a la luna vista durante el día; no era perfectamente redonda, sino como recortada; a menudo la vi oculta por las nubes (...) El camino que seguían los Reyes era solitario, y Dios los llevaba sin duda por allí para que pudieran llegar a Belén durante la noche, sin llamar demasiado la atención.
Los vi ponerse en camino cuando ya el sol se hallaba muy bajo. Iban en el mismo orden, en que habían venido ; Ménsor, el más joven, iba delante; luego venía Saír, el cetrino, y por fin Teóceno, el blanco, que era también el de más edad.
"Les hablaron del valle de los pastores como de un buen lugar para levantar sus carpas. Ellos se quedaron durante largo rato indecisos. Yo no les oí preguntar nada acerca del rey de los judíos recién nacido. Sabían que Belén era el sitio designado por la profecía; pero, a causa de lo que Herodes les había dicho, temían llamar la atención.
"Pronto vieron brillar en el cielo, sobre un lado de Belén, un meteoro semejante a la luna cuando aparece; montaron entonces nuevamente en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros ruinosos, dieron la vuelta a Belén, por el Sur, y se dirigieron al Oriente hacia la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura donde los ángeles se habían aparecido a los pastores (...) "El campamento se hallaba en parte arreglado, cuando los Reyes vieron aparecer la estrella, clara y brillante, sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia ella perpendicularmente sus rayos de luz. La estrella pareció crecer mucho y derramó una cantidad extraordinaria de luz (...)

Un gran júbilo
"De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz, la figura resplandeciente de un niño. Todos se destocaron para demostrar su respeto; luego los tres Reyes fueron hacia la colina y encontraron la puerta de la gruta. Ménsor la abrió, viéndola llena de una luz celeste, y al fondo, a la Virgen, sentada, sosteniendo al Niño, tal como él y sus compañeros la habían visto en sus visiones.
³Volvió sobre sus pasos para contar a los otros lo que acababa de ver (...) Los vi ponerse unos grandes mantos, blancos con una cola que tocaba el suelo. Tenían un reflejo brillante, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban ligeramente a su alrededor. Eran éstas las vestiduras ordinarias para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban unas bolsas y unas cajas de oro colgadas de cadenas, cubriendo todo esto con sus amplios mantos. Cada uno de los Reyes venía seguido por cuatro personas de su familia, además de algunos servidores de Ménsor que llevaban una mesa pequeña, un tapete con flecos y otros objetos.
"Los Reyes siguieron a San José, y al llegar bajo el alero que estaba delante de la gruta, cubrieron la mesa con el tapete y cada uno de ellos puso encima las cajas de oro y los vasos que desprendieron de su cintura :
eran los presentes que ofrecían entre todos.

En el pesebre
"Ménsor y los demás se quitaron las sandalias, y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Ménsor iban delante de él; tendieron una tela sobre el piso de la gruta, retirándose luego hacia atrás ; otros dos los siguieron con la mesa, sobre la que estaban los presentes.
Una vez llegado delante de la Santísima Virgen, Ménsor los tomó, y poniendo una rodilla en tierra, los depositó respetuosamente a sus plantas. Detrás de Ménsor se hallaban los cuatro hombres de su familia que se inclinaban con humildad. Saír y Teóceno, con sus acompañantes, se habían quedado atrás, cerca de la entrada.
"María, apoyada sobre un brazo, se hallaba más bien recostada que sentada sobre una especie de alfombra, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado en el lugar en que había nacido; pero en el momento en que ellos entraron, la Santísima Virgen se sentó, se cubrió con su velo y tomó entre sus brazos al Niño Jesús, cubierto también por su amplio velo.
Entre tanto, María había desnudado el busto del Niño, el cual miraba con semblante amable desde el centro del velo en que se hallaba envuelto; su madre sostenía su cabecita con uno de sus brazos y lo rodeaba con el otro.
Tenía sus manitas juntas sobre el pecho, y a menudo las tendía graciosamente a su alrededor (...)  Vi entonces a Ménsor que sacaba de una bolsa, colgada de su cintura, un puñado de pequeñas barras compactas, pesadas, del largo de un dedo, afiladas en la extremidad y brillantes como el oro; era su regalo, que colocó humildemente sobre las rodillas de la Santísima Virgen al lado del Niño Jesús (...) Después se retiró, retrocediendo con sus cuatro acompañantes, y Saír, el Rey cetrino, se adelantó con los suyos y se arrodilló con una profunda humildad, ofreciendo su presente con palabras conmovedoras. Era un vaso de oro para poner el incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verdoso; lo puso sobre la mesa delante del Niño Jesús.
Luego vino Teóceno, el mayor de los tres. Tenía mucha edad; sus miembros estaban endurecidos, no siéndole posible arrodillarse; pero se puso de pie, profundamente inclinado, y colocó sobre la mesa un vaso de oro con una hermosa planta verde. Era un precioso arbusto de tallo recto, con pequeños ramos crespos coronados por lindas flores blancas: era la mirra (...) Las palabras de los Reyes y de todos sus acompañantes eran llenas de simplicidad y siempre muy conmovedoras. En el momento de prosternarse y al ofrecer sus presentes, se expresaban más o menos en estos términos: «Hemos visto su estrella; sabemos que Él es el Rey de todos los reyes; venimos a adorarlo y a ofrecerle nuestro homenaje y nuestros presentes». Y así sucesivamente (...)

Dulce y amable gratitud
La madre de Dios aceptó todo con humilde acción de gracias; al principio no dijo nada, pero un simple movimiento bajo su velo expresaba su piadosa emoción. El cuerpecito del Niño se mostraba brillante entre los pliegues de su manto.
Por fin, Ella dijo a cada uno algunas palabras humildes y llenas de gracia, y echó un poco su velo hacia atrás. Allí pude recibir una nueva lección.
Pensé: «con qué dulce y amable gratitud recibe cada presente! Ella, que no tiene necesidad de nada, que posee a Jesús, acoge con humildad todos los dones de la caridad. Yo también, en lo futuro, recibiré humildemente y con agradecimiento todas las dádivas caritativas» ¡Cuánta bondad en María y en José! No guardaban casi nada para ellos, y distribuían todo entre los pobres
(...)
Los honores solemnes rendidos al Niño Jesús, a quien ellos se veían obligados a alojar tan pobremente, y cuya dignidad suprema quedaba escondida en sus corazones, los consolaba infinitamente. Veían que la Providencia todopoderosa de Dios, a pesar de la ceguera de los hombres, había preparado para el Niño de la Promesa, y le había enviado desde las regiones más lejanas, lo que ellos por sí no podían darle: la adoración debida a su dignidad, y ofrecida por los poderosos de la tierra con una santa magnificencia. Adoraban a Jesús con los santos Reyes. Los homenajes ofrecidos los hacían muy felices (...)

Agasajo
"Entre tanto, José, con la ayuda de dos viejos pastores, había preparado una comida frugal en la tienda de los tres Reyes. Trajeron pan, frutas, panales de miel, algunas hierbas y frascos de bálsamo, poniéndolo todo sobre una mesa baja, cubierta con un tapete. José había conseguido estas cosas desde la mañana para recibir a los Reyes, cuya venida le había sido anunciada de antemano por la Santísima Virgen (...) En Jerusalén vi hoy, durante el día, a Herodes leyendo todavía unos rollos en compañía de unos escribas, y hablando de lo que habían dicho los tres Reyes. Después todo entró nuevamente en calma, como si se hubiera querido acallar este asunto.
"Hoy por la mañana temprano vi a los Reyes y a algunas personas de su séquito, visitando sucesivamente a la Sagrada Familia. Los vi también, durante el día, cerca de su campamento y de sus bestias de carga, ocupados en hacer diversas distribuciones. Estaban llenos de júbilo y de felicidad, y repartían muchos regalos. Vi que entonces, se solía siempre hacer esto, en ocasión de acontecimientos felices.
"Por la noche, fueron al Pesebre para despedirse. Primero fue sólo Ménsor.
María le puso al Niño Jesús en los brazos; él lloraba y resplandecía de alegría.
Luego vinieron los otros dos, y derramaron lágrimas al despedirse. Trajeron todavía muchos presentes; piezas de tejidos diversos, entre los cuales algunos que parecían de seda sin teñir, y otros de color rojo o floreados; también trajeron muy hermosas colchas. Quisieron además dejar sus grandes mantos de color amarillo pálido, que parecían hechos con una lana extremadamente fina; eran muy livianos y el menor soplo de aire los agitaba.
Traían también varias copas, puestas las unas sobre las otras, cajas llenas de granos, y en una cesta, unos tiestos donde había hermosos ramos de una planta verde con lindas flores blancas. Aquellos tiestos se hallaban colocados unos encima de otros dentro de la canasta. Era mirra. Dieron igualmente a José unos jaulones llenos de pájaros, que habían traído en gran cantidad sobre sus dromedarios para alimentarse con ellos.

La despedida
"Cuando se separaron de María y del Niño, todos derramaron muchas lágrimas.
Vi a la Santísima Virgen de pie junto a ellos en el momento de despedirse.
Llevaba sobre su brazo al Niño Jesús envuelto en su velo, y dio algunos pasos para acompañar a los Reyes hasta la puerta de la gruta; allí se detuvo en silencio, y para dar un recuerdo a aquellos hombres excelentes, desprendió de su cabeza el gran velo transparente de tejido amarillo que la envolvía, así como al Niño Jesús, y lo puso en las manos de Ménsor. Los Reyes recibieron aquel presente inclinándose profundamente, y un júbilo lleno de respeto hizo palpitar sus corazones, cuando vieron ante ellos a la Santísima Virgen sin velo, teniendo al pequeño Jesús. ¡Cuántas dulces lágrimas derramaron al abandonar la gruta! El velo fue para ellos desde entonces la más santa de las reliquias que poseían.
"Hacia la medianoche, tuve de pronto una visión. Vi a los Reyes descansando en su carpa sobre unas colchas tendidas en el suelo, y cerca de ellos percibí a un hombre joven y resplandeciente. Era un ángel que los despertaba y les decía que debían partir de inmediato, sin volver por Jerusalén, sino a través del desierto, siguiendo las orillas del Mar Muerto.
"Los Reyes se levantaron enseguida de sus lechos, y todo su séquito pronto estuvo en pie. Mientras los Reyes se despedían en forma conmovedora de san José una vez más delante de la gruta del Pesebre, su séquito partía en destacamentos separados para tomar la delantera, y se dirigía hacia el Sur con el fin de costear el Mar Muerto atravesando el desierto de Engaddi.
"Los Reyes instaron a la Sagrada Familia a que partiera con ellos, porque sin duda alguna un gran peligro la amenazaba; luego aconsejaron a María que se ocultara con el pequeño Jesús, para no ser molestada a causa de ellos.
Lloraron entonces como niños, y abrazaron a san José diciéndole palabras conmovedoras; luego montaron sus dromedarios, ligeramente cargados, y se alejaron a través del desierto. Vi al ángel cerca de ellos, en la llanura, señalarles el camino. Pronto desaparecieron. Seguían rutas separadas, a un cuarto de legua unos de otros, dirigiéndose durante una legua hacia el Oriente, y enseguida hacia el Sur, en el desierto.
(
http://www.webcatolicodejavier.org
).

Reyes Magos.

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REYES MAGOS

Los Magos de oriente
Padre Jordi Rivero

El El Evangelio Mt 2s. nos relata un hecho histórico de gran relevancia para comprender la actitud que Dios espera de nosotros.

El evento es confirmado por descubrimientos arqueológicos y científicos

Cuando ocurrió:
Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo del imperio ordenado por César Augusto, cuando Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes, quien falleció el mes de marzo del año 4 a.C. Para los historiadores, por lo tanto, Jesús nació unos siete años antes del año «0».

Al llegar los magos a Jerusalén, éstos preguntaron en la corte el paradero del "Rey de los judíos". Los sacerdotes y maestros de la ley supieron informarles que el Mesías debía nacer en Belén, ciudad natal de David; sin embargo no fueron a adorarlo. Los magos ofrecieron oro, incienso y mirra, sustancias en las que la tradición ve la realeza mesiánica de Cristo (oro), de su divinidad (incienso) y de su humanidad (mirra).

Se les atribuyen los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Los orientales llamaban magos a los doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.

La Estrella de Belén identificada por la astronomía  -Fuente: Zenit
El evangelista Mateo (2, 2) relaciona el nacimiento de Jesús en Belén con la aparición de una estrella particularmente luminosa en el cielo de Palestina.

Johannes Kepler, 1603, astrónomo y matemático de la corte al observar desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno. Hizo cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C.

 Encuentro de una tablilla
En 1925 el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias  acuñadas en una tabla de arcilla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 a.C., en tres ocasiones, durante pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.

La triple conjunción de los dos planetas explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio.  La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, «delante de ellos» (Mt 2, 9).

Por que los Magos deciden viajar en busca del Mesías

El viaje en busca del Mesías recién nacido es de cientos de Km. hasta Jerusalén. Representa grandes peligros de ser atacados por ladrones ya que llevaban tesoros.

Según explica el catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani: «en la antigua astrología,

      Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo
La constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos.
El planeta Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina.
 

Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecerá este año en Palestina.

Entonces, ¿Es valida la astrología?

Hay que distinguir entre astrología y astronomía. La segunda es una ciencia mientras la primera suele mezclar conocimientos de las estrellas con mitología.  Dios se manifiesta al hombre según este pueda entender. Los Magos ("magoi" en griego) eran una casta de sacerdotes persas o babilonios. No conocían la revelación divina como los judíos. Pero en su deseo de buscar a Dios estudiaban las estrellas. Ellos levantaron sus ojos al cielo buscando en la luz de las estrellas una guía.  Dios es el Señor de los astros y los guió desde ahí hacia la verdadera luz que es Cristo.  

¿Da igual toda religión?

NO. Dios se ha dado a conocer a través de los siglos llegando a la plenitud en la revelación de su Hijo Jesucristo.  Los magos no se quedaron satisfechos donde estaban. Fueron a buscar al Mesías. Cuando llegaron a Jesús le adoraron.

Dios no rechaza a nadie. Pero si nos llama a todos a buscar la verdad y a la conversión. 

Mas tarde Jesús confirmará que los paganos pueden encontrar la verdad si la buscan:
Ej.: Jesús y el centurión: Pagano. Mateo 8:8-10  “Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado  quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis ordenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro:  "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.» 

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.”

El centurión abrió su corazón y razonó bien.  La gracia iluminó su razón.

Mateo 8,11-12  “Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino  de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»”

Ej: Samaritana en el Pozo: Jesús le dice  Juan 4:22   “Vosotros adoráis lo que no conocéis;  nosotros adoramos lo que conocemos,  porque la salvación viene de los judíos.”

Un corazón cerrado a la verdad no se puede justificar. En el juicio final:

Unos apelarán a su ignorancia:   Mt 25,43 “Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.  Mt 25:44  “Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

Otros apelarán a su conocimiento de Cristo: Mateo 7,22  “Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"

Pero Jesús conoce cada corazón.

Los magos nos dan gran ejemplo en su búsqueda de la verdad.  Estuvieron dispuestos a correr grandes riesgos. Hombres en camellos, llevando tesoros por el desierto donde hay bandas de ladrones.

Ellos buscaban al Mesías y nada ni nadie los detuvo. Fueron humildes, preguntaron a otros como llegar.

Los Magos llegan a Jerusalén, Mateo 2,2». «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» preguntan a los habitantes de Jerusalén.

Mateo 2:3  “oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.

Los de Jerusalén sabían donde debía nacer el Mesías. Conocían las Sagradas Escrituras. Pero eso no es suficiente: Pudieron dar instrucciones para que los Magos lleguen. Pero ellos mismos no fueron a adorarlo.  Son como tantos hoy: Religión a mi manera, según mi opinión.

Ya no esperan mas de Dios. Democracia espiritual.

¡Que fácil caer en esa actitud! !Que común es! Desisten de la verdad cuando el camino es estrecho y escabroso. Viven absortos en su pequeño mundo.

De todo Jerusalén fue Herodes quien demostró mas interés por el nacimiento del Mesías.

Mateo 2,11(Los Magos) entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

Oro: rey  / Incienso: Dios /  Mirra: ungüento para las heridas.

Pero los Magos se llevaron MAYOR RIQUEZA: conocieron a Jesús.
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http://www.corazones.org
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Los Magos de Oriente ni eran reyes ni eran tres.

Autor: e-cristians
Los Magos de Oriente ni eran reyes ni eran tres
Según el historiador italiano Franco Cardini
 

Según explica el historiador italiano Franco Cardini, autor del libro Los Reyes Magos, historia y Leyenda, los Magos de Oriente que fueron a Belén a adorar a Jesús, no eran Reyes ni eran tres, y ni siquiera viajaban en dromedario, sino que todas estas singularidades les fueron atribuidas en interpretaciones teológicas posteriores al evangelio.

En una entrevista concedida a la agencia Efe, Franco Cardini resaltó que el único evangelio de los cuatro canónicos que hace referencia a estos populares personajes es el de San Mateo. El evangelista se limita a consignar que «unos magos que venían del Oriente», sin especificar cuántos, se presentaron en Jerusalén conducidos por una estrella, que señalaba el nacimiento del Rey de los Judíos.

Los historiadores consideran que, con el término «mago», San Mateo se refería a astrólogos o sacerdotes persas que profesaban el mazdeísmo, la religión de Zaratustra, explica Cardini en su libro, recientemente publicado en español por Península.

El evangelio de San Mateo especifica también que los magos ofrecieron al niño Jesús como presentes oro, incienso y mirra. A partir de aquí, explica Cardini, «el número de tres magos se fija bastante rápidamente» entre los Padres de la Iglesia, dado que «se hace una relación entre el número de regalos y el número de magos» No obstante, hasta entrado el siglo V, en algunos escritos seguían hablando aún de cuatro magos. El primero que convirtió en Reyes a los magos fue Tertuliano, quien descubrió en el Antiguo Testamento, concretamente en los Salmos de David, un pasaje que aseguraba que unos Reyes acudirían a ver al Mesías poco después de su nacimiento. El tratamiento de Reyes era mucho más aceptable para los teólogos que el de Magos que «se asociaba con nigromantes o brujos», explica Cardini.

San Agustín, por su parte, determinó que los Reyes habían llegado hasta Belén montados en dromedarios para salvar una incongruencia temporal. «Según la tradición cristiana occidental, la estrella subió al cielo en el momento en que Jesús nació, el 25 de diciembre, y los Reyes llegaron desde Asia a Belén en 13 días, lo que es difícil de creer para la época», indica Cardini. Ante esta contradicción, y haciéndose eco de un evangelio apócrifo que aseguraba que los Magos viajaron en camellos, San Agustín dedujo que los Reyes debieron montar en dromedarios «porque él era africano y sabía que eran más veloces que los camellos».

Según Cardini, los Reyes Magos acabaron convirtiéndose en la tradición teológica e iconográfica occidental en «un símbolo de todos los paganos que se convierten al cristianismo sin pasar por la tradición judía». «Los tres Magos son los representantes de todos los pueblos de la Tierra y cada uno de ellos se convierte en rey de uno de los tres continentes conocidos y en encarnación de las razas humanas: hay un europeo, un asiático y un africano», asegura el historiador italiano, quien precisa que, a partir, del siglo XII y XIII, se coloca ya habitualmente «un mago negro».

Franco Cardini relata como los Reyes Magos «son también símbolo del tiempo, del pasado, el presente y el futuro, y por eso sus figuras representan un hombre anciano, uno de mediana edad y uno joven». Además, los Magos son símbolos de la Trinidad y encarnan los tres papeles de Cristo como Dios (la divinidad), como Rey (el alma) y como hombre (el cuerpo), según el historiador italiano. Asimismo, sus regalos representan el poder político (oro), la divinidad (el incienso) y la resurrección (la mirra).
(
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Los Reyes Magos.

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Autor: Ángel Llorente M. | Fuente: Catholic.net
Los Reyes Magos
Una ilusión, una empresa, una fe. Una sola era la fuerza y uno solo el objetivo: llegar a Belén y encontrar a Jesús
 
 
Los Reyes Magos
Hacia el final del reinado de Herodes, cierto día llegaron a Jerusalén unos "Magos" provenientes de la región de Persia, preguntando por el lugar donde había nacido el Rey de los Judíos o Mesías, tan anunciado por los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.

- ¿Cómo os ha llegado a vosotros, tan lejos, la noticia si todavía no se ha inventado la radio ni la televisión? -dijo Herodes.

- Por las estrellas que hemos visto brillar. Por una estrella nueva, misteriosa, brillante más que el sol, que acaba de nacer. Hemos estudiado todas las escrituras: las de los Bedas, los libros antiguos de los Persas, las predicciones de Egipto y las profecías vuestras. Hemos llegado a la conclusión, sin lugar a dudas, que la estrella recientemente descubierta por nosotros es la que está anunciada en el Libro de los Números y el Rey que ha nacido es el que anuncia el profeta Zacarías: humilde y justo. Sin duda que el pueblo judío es el más privilegiado de las naciones, porque ha nacido en él, el Rey que gobernará naciones con justicia y mansedumbre, sin espada, sólo con la sabiduría de su inteligencia. Pero..., no sabemos dónde.

- Ese es un asunto fácil para mis letrados y sabios -dijo Herodes a los Magos. Seguro que no lo habéis leído todo. Ya veréis cómo mis doctores de la Ley y los sabios de Israel en poco tiempo nos resuelven el problema.

En efecto, llamó Herodes a los sacerdotes y escribas y les ordenó al punto:

- Quiero que investiguéis dónde y cuándo tiene que nacer el Mesías. No me lo digáis ahora. Mantened el "suspense" hasta los postres. ¡Hoy tengo una cena importante!

Los letrados se pusieron al punto a investigar en las Escrituras sobre el asunto y no tardaron en encontrarlo en los "rollos" de los profetas Isaías y Miqueas.

Mientras tanto, Herodes dio un banquete suculento a los extraños Magos. Consumieron vinos generosos de ambas riberas del Jordán, en copas romanas de doble asa. Les hizo obsequios y recibió de ellos regalos.

Después de hablar un rato con ellos y de mostrarles todas sus maravillosas reformas, con talante autosuficiente les dijo:

- Sepamos ahora lo que dicen mis escribanos sobre las profecías de ese nuevo rey. ¡Quizás pueda ser el Mesías! Aunque yo, en política, soy de la opinión de que hay que pactar con los romanos. Son generosos y bravos. Ellos son el progreso. Así lo aconsejan los tiempos modernos... ¡Veamos!

Los escribas se presentaron y con voz altisonante leyeron sus conclusiones:

- Majestad, ilustres magos orientales, señoras y señores. Hemos encontrado una frase que indica el lugar exacto del nacimiento del Rey de la Paz:

Y tú, Belén de Efratá, aunque eres la menor entre los clanes de Judá, de tí ha de salir aquel que ha de dominar en Israel y cuyos orígenes son desde antiguo, desde muy antaño.

Entonces Herodes hizo desalojar la sala de oídos indiscretos y dijo a los Magos:

Teniéndolo tan fácil no estaba yo suficientemente informado. He estado muy atareado en la reconstrucción del templo. He embellecido la ciudad, que estaba arruinada después de medio siglo de luchas. Bajo mi mandato se ha establecido la paz gracias a más tratados con los romanos. No es bueno dar publicidad al nacimiento de "otro" rey nuevo. Id vosotros a Belén e informáos de todo lo referente a ese niño y a sus padres. Luego yo, en el momento oportuno, también iré a postrarme ante él y adorarle. Haré preparativos y dispondré tambien mis regalos para hacerle honores divinos.

Los inocentes magos quedaron admirados de la discreción del rey y le dijeron: Así lo haremos, gran rey Herodes.

Después de dormir ese día en palacio, se despertaron muy temprano y emprendieron el camino del sur, por donde está Belén a sólo media jornada. Al amanecer de ese día, volvieron a ver la estrella y cabalgaron hacia ella hipnotizados. Cuando la estrella quedó encima de ellos, estaban entrando en el poblado de Belén.

No sabemos si los Reyes Magos eran tres, o cinco, o más. Fueran los que fueran les unía una misma estrella o cometa; una ilusión, una empresa, una fe. Una sola era la fuerza y uno solo el objetivo: llegar a Belén. La fe es la única razón para llegar a Belén y encontrar a Jesús.

Pero volvamos a los Magos nuestros. Los hemos dejado entrando en Belén. Están buscando a un niño y solamente tienen como pista las luces que se van encendiendo aquí y allá. Belén es una algarabía. Aunque el poblado no es grande,hay gente de todas partes y por todas partes; gente altiva y orgullosa de ser de Belén, la tierra de David, el fundador de la casa de Belén.

Los Magos pasaron aquel día preguntando... explicando..., buscando... Pero fue en vano. ¡Qué distraida va la gente aún cuando Dios está a su lado! -pensaron.

Y cayó la tarde, y entró la noche cerrada. Rebuznos; mugidos; ladridos; lloros de niños. ¡Nada! De pronto, una de las muchas cuevas de la montaña quedó iluminada: ¡Qué raro! ¡Mirad, mirad! ¡Lo encontramos! ¿No veis aquella cueva iluminada?

- No. No vemos nada.¡Locos! ¡Visionarios!

Pero aquellos magos ya no oían más que la voz que les hablaba por dentro: ¡Lo hemos encontrado! ¡Lo hemos encontrado!

Y se fueron a aquella cueva con sus camellos y sus criados. Y tuvieron que entrar con la cabeza gacha... porque la puerta era baja. Y vieron un Niño en brazos de una mujer con carita de niña. Se postraron... Y a José le dieron los tres besos rituales en las barbas. Luego, estuvieron un rato sin decir nada... ¡Sólo contemplando! Miraban a María... Miraban al Niño... Y miraban todo el interior de la cueva iluminada con una luz que no se sabía de dónde partía. Pero eso, ¿qué importaba? Lo verdaderamente importante es que estaba iluminada.

Los Magos eran unos hombres que tenían cabeza de sabios y corazón de niños. Eran almas evangélicas desde antes que Jesús predicara. Su aventura debía ser coronada con el éxito porque habían descubierto que un Niño es el más grande. No venían a buscar a Herodes el Grande, sino al más grande, que era, precisamente un niño: ESTE NIÑO.

Epifania del Senor.

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Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
Epifanía del Señor
Fiesta, 6 de enero
 
 
Epifanía del Señor
Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues... tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más..., pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.
(
http://es.catholic.net
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Homilia para la Misa de la fiesta de la Epifania del Senor.

Solemnidad de la Epifanía del Señor
Primera: Is 60, 1-6; Segunda: Ef 3, 2-3.5; Salmo 71; Evangelio: Mt 2, 1-12
Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net


Sagrada Escritura

Is 60, 1-6;
Sal 71;
Ef 3, 2-3. 5-6;
Mt 2, 1-12

 

 

Nexo entre las lecturas

Jesucristo, desde su nacimiento, es un signo de contradicción para los hombres. Para unos, como los sabios que vienen de Oriente (evangelio) o como para Pablo, proveniente de la diáspora, es epifanía, manifestación fulgurante de su misterio (segunda lectura); epifanía prefigurada en la primera lectura, según la cual todos los pueblos se sentirán atraídos por la luz y la gloria de Jerusalén. Para otros, que viven en Jerusalén, capital del judaísmo, y que detentan la autoridad política (Herodes) o religiosa del pueblo judío (sacerdotes y maestros de la ley), Jesús, el Mesías, no es sino un rival peligroso (para Herodes) o un simple objeto de ciencia sagrada, sobre el que informan con la objetividad del experto (sacerdotes, escribas).


Mensaje doctrinal

1. Actitudes paradigmáticas ante Jesús. Ya desde los comienzos mismos de su vida, y luego en todo el Evangelio, se hallan dos actitudes fundamentales de los hombres hacia Jesús: aceptación o rechazo. María, José, los pastores, los sabios de Oriente o Magos (evangelio de hoy), Simeón y la profetisa Ana aceptan la realidad y el misterio que envuelven a Jesús de Nazaret. El rey Herodes, los sacerdotes y maestros de la ley (evangelio), los betlemitas, toman una postura de rechazo. Desde los comienzos Jesús es una bandera discutida: unos, llenos de gozo, quieren llevarla siempre muy alta; otros, hostiles, quieren abajarla y destruirla. No es el caso, pero es fácil de percibir, que ya en el Antiguo Testamento éstas dos son las actitudes de los hombres ante Dios, que en el Nuevo Testamento son las posturas de los individuos y de los pueblos ante Jesucristo y ante la primitiva Iglesia, y que esas posturas han continuado en la historia hasta el presente. Quiera o no quiera el hombre, lo sepa o no lo sepa, la persona de Jesús tiene que ver con su vida, y no precisamente de un modo puramente accidental. Jesús es el parteaguas de la vida humana y de la historia. La razón está en que todo hombre en el fondo de su conciencia busca un Salvador, y el único verdadero Salvador es Jesucristo. Esta verdad no es un axioma filosófico ni una deducción silogística, sino una amorosa revelación de Dios "a los apóstoles y profetas" y a través de ellos a todos los hombres (segunda lectura). Los hombres pueden equivocarse en la búsqueda del Salvador, pueden incluso pensar y buscar otros salvadores, pero en cualquier caso a quien buscan, el blanco hacia el que dirigen la flecha de su corazón es Jesús de Nazaret, el Redentor del mundo.

2. De las actitudes a los hechos. Las actitudes conducen lógicamente a la acción. Los Magos descubren en el firmamento la estrella del Mesías, se ponen diligentemente en camino, vencen no pocas dificultades, y, ante el niño Jesús, se postran, le adoran y le ofrecen sus regalos: oro, incienso y mirra. Son hechos concretos con los que manifiestan su alegre aceptación. Ellos son los representantes de los pueblos gentiles, prefigurados en la primera lectura, tomada de Isaías: "A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora". Herodes se sobresalta, indaga, disimula sus intenciones, trama la muerte de ese niño. Los sumos sacerdotes y escribas, por su parte, muestran su conocimiento de la Escritura, limitándose simplemente a informar. A lo largo de la vida de Jesús y en los veintiún siglos de cristianismo, ¡cuántos millones de acciones a favor y en contra de Jesús, de rechazo y de aceptación! Ésta es una clave de valor extraordinario para leer y entender la historia de Occidente, pero también de Oriente: la historia universal. Los grandes derrocamientos y caída de los imperios, los grandes fenómenos de cambio de paradigma político, cultural o social, con todas las consecuencias que conlleva, los grandes movimientos ideológicos, ¿no reciben su luz más potente del "evento Cristo", rechazado por unos, aceptado por otros? Todos, pero especialmente los historiadores, debemos reflexionar sobre esta clave histórica.


Sugerencias pastorales

1. ¡Atentos a los signos de Dios! Los Magos vieron una estrella nueva en el firmamento, y ésta suscitó su interés y su búsqueda. Fue un signo que Dios les envió y no lo dejaron pasar sin más, sino que descifraron su sentido y se pusieron en marcha. En efecto, el año 7 a.C. se efectuó la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación Piscis. Júpiter representaba la soberanía universal, Saturno era la estrella del pueblo judío, y Piscis significaba el fin de los tiempos. Conclusión: en Judea ha nacido el rey universal, en la plenitud de los tiempos. ¡Atención, reflexión, acción! Hemos de estar atentos porque Dios va sembrando, día tras día, no pocos signos de su presencia y de su amor eficaz, en la pequeña realidad de nuestra vida y en los diversos acontecimientos de la historia local, nacional o internacional. Hemos de reflexionar porque se trata de signos, no de evidencias, y porque los signos por su misma naturaleza remiten a otra realidad más allá de ellos mismos. Una vez interpretado correctamente el signo, hemos de pasar, de la atención y de la reflexión a la acción, para que el signo de Dios fructifique en la tierra de los hechos concretos. Dios sigue hoy hablando al hombre con palabras y con acciones, quizás lo que suceda es que los hombres no estamos preparados para descifrar su lenguaje. Los mártires del siglo XX, ¿no son un signo de Dios? Dos millones de jóvenes reunidos en Roma para la Jornada Mundial y el Jubileo de la Juventud, ¿no es acaso una palabra significativa que Dios nos dirige? ¿Y los Movimientos eclesiales? ¿Y el renacer del espíritu religioso y del ansia de trascendencia?...

2. Un mundo con algo que ofrecer a Dios. Cada año los cristianos celebramos la Navidad, la Epifanía. Dios se nos da, pequeño e impotente, sobre un pesebre o en manos de su Madre, María. Se nos da como Salvador, como Amor, como camino de vida, a todos sin excepción. ¿Qué ofrece, en cambio, el mundo al Salvador? ¿Qué le ofrecemos nosotros, cada uno de nosotros? ¿Tiene el mundo un poco más de paz que ofrecer a quien es llamado el "príncipe de la paz"? ¿Tiene el mundo algo más de solidaridad para con los más necesitados, sean individuos o naciones, para ofrecer a quien quiso hacerse en todo solidario con los hombres, menos en el pecado? ¿Ofrece el mundo más pan a los que tienen hambre, más medicinas a los que están enfermos, más ayuda para la educación a quienes no tienen posibilidades, sabiendo que "cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis"? ¿Cuenta el mundo con más verdad, más honestidad, con más justicia para quien es la Verdad, para quien es el Justo por excelencia? El mundo, cada nuevo año, puede ofrecer muchas cosas buenas a Dios. Cada uno de nosotros es parte de ese mundo, y puede y debe contribuir para ofrecer "algo" a Dios.

La noche de los Reyes Magos.

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Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
La noche de los Reyes Magos
Noche mágica y misteriosa...¡Qué bonito sería pensar que esta noche todos duermen con esta espera maravillosa! 
 
 
Noche de Reyes...

Noche mágica y misteriosa...

Noche que hace palpitar aceleradamente los corazones infantiles y que al cerrar sus ojos para dormir, los hará soñar con la tierna ilusión de una muñeca o de un tren de bonitos colores. Porque a pesar de que ahora los juguetes han alcanzado perfecciones insospechadas y técnicas admirables, nada podrá igualar al maravilloso encanto y tierna sencillez de una muñeca "vestida de azul" o de un tren de alegres y vivos colores.

Sueñan los niños y porque sus almas son inocentes y tienen fe, encontrarán sobre sus zapatitos, que esta noche brillan de tan limpios que están, los juguetes anhelados... "porque se portaron bien" y escribieron una carta que siempre empezó así: Queridos Reyes Magos....y los mágicos personajes, Melchor, Gaspar y Baltasar, vendrán al conjuro de esos deseos ingenuos, con sus hermosas capas, con dos coronas y un turbante, para dejar sus regalos.

De tanto pensar en ellos, sienten los niños que en el silencio de esta noche han oído como un rumor de pasos, roce de sedas, terciopelos y brocados... Son los tres Reyes Magos que han pasado. Y ojalá que esos niños guarden para siempre la ilusión y magia de esta noche tan singularmente bella para que, cuando adultos, en sus nuevos hogares, siempre haya una "noche de Reyes". ¡Qué bonito sería pensar que esta noche todos los niños duermen con esta espera maravillosa!

Pero el cuadro tiene su claro-oscuro. Las sombras que nos estrujan el corazón de miles y miles de niños que esta noche no pondrán sus zapatitos porque no los tienen, porque sus pies caminan descalzos sobre la tierra de este Planeta. Que no pedirán ni un tren ni una muñeca sino un mendrugo de pan para tener algo que comer en esta noche de Reyes. Estos niños nos están gritando con el grito silencioso de su presencia, que de nada sirven los tecnicismos de esta era si a los hombres se nos ha endurecido el corazón. Pobre humanidad, envanecida y orgullosa...¡de qué podemos estarlo! si los hombres se matan y los niños tienen hambre.

Hacer a los niños felices sería el mejor regalo y más aún para nuestras conciencias. Que la mejor meta al llegar el año 2012 sería que no existiera un solo niño sobre la faz de la tierra, en la calle, con hambre y descalzo.

Será sin duda el mas severo juicio al que seremos sometidos ante el Creador, porque estuvieron a nuestro lado y no los quisimos ver, tuvieron hambre y no les dimos de comer, tuvieron sed y no les dimos de beber...

Esta noche, noche de Reyes, la humanidad entera y cada uno de nosotros, tendríamos que convertirnos en un Rey Mago, abrazar contra nuestro pecho a un chiquitín, besar sus mejillas sucias, sus ojos tristes y caer de rodillas y pedirles perdón.

Los origenes de la fiesta de la Epifania.

LOS ORÍGENES DE LA FIESTA DE LA EPIFANÍA

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo.
La Epifanía (del griego epi-faneia: manifestación) es la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre, que tuvo lugar con la adoración de los Magos referida por S. Mateo 2,1-12. El pasaje, con la cita del profeta Miqueas, es uno de los cinco episodios que constituyen el llamado Evangelio de la Infancia en S. Mateo (cap. 1 y 2). El Evangelio de la Infancia en Lucas 1-2 no lo menciona.
Para entender adecuadamente este relato y percibir su contenido teológico es necesario precisar de antemano el alcance de la cita de Miqueas, quiénes eran los Magos y qué era la estrella que se dice haberlos guiado hasta la cuna del Niño.

El texto de Miqueas
 El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Mt 2,5 ss.).
     
El pasaje profético es ciertamente mesiánico. Miqueas consuela a su pueblo, frente a la amenaza de Asiria, con la promesa de un futuro Libertador, descendiente de David. Del simple texto no deriva que fuese necesario que el Mesías naciera materialmente en Belén; bastaba con que fuera oriundo de allí por su ascendencia davídica.


El texto de Miqueas en labios de los escribas y en lá pluma del evangelista significa que para los primeros el Mesías debía nacer en Belén de la descendencia de David, y el segundo hace constar que Jesús cumplía estos requisitos.
¿Quiénes eran los magos?
 
El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto. En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente; un fresco del cementerio de S. Pedro y S. Marcelino en Roma representa a dos; tres muestra un sarcófago que se conserva en el Museo de Letrán; cuatro aparecen en el cementerio de Santa Domitila, y hasta ocho en un vaso del Museo Kircheriano. En las tradiciones orales sirias y armenias llega a hablarse de doce. Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Los nombres que se les dan (Melchor, Gaspar, Baltasar) son relativamente recientes. Aparecen en un manuscrito anónimo italiano del s. IX, y poco antes, en otro parisino de fines del s. VII, bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa. En otros autores y regiones se los conoce con nombres totalmente distintos. Su condición de reyes, que carece absolutamente de fundamento histórico, parece haberse introducido por una interpretación demasiado literal del Salmo 72,10: «Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecerán dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos». Nunca en las antiguas representaciones del arte cristiano aparecen con atributos regios, sino simplemente con gorro frigio y hábitos de nobles persas.
También sobre el lugar de su origen discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia. Refiere una carta sinodal del Conc. de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.
La estrella de los magos

En el relato de S. Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entonces se mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.
Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, quedaría por explicar por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle.      
Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él. Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.
 
 
La celebración de la fiesta de la Epifanía del Señor   

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente –a excepción de la ciudad de Roma y, probablemente, de las provincias de África–  la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo, fiesta posteriormente conocida como Epifanía. En efecto, ya en el siglo II se encuentran referencias acerca de una conmemoración del bautismo de  Jesús, por parte de algunas sectas gnósticas. De todos modos, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo IV para recoger los primeros testimonios procedentes de ámbitos ortodoxos.

El origen de la solemnidad de Epifanía es bastante oscuro. Una tras otra se han sucedido las más variadas hipótesis, si bien, en cualquier caso, parece que la fiesta surgió dentro del proceso de inculturación de la fe, como cristianización de una celebración pagana del Sol naciente, de gran arraigo en la región oriental del Imperio.

Muy pronto, en Occidente, la fiesta de Epifanía revistió un triple contenido teológico, como celebración de la manifestación a los gentiles del Dios encarnado –adoración de los Reyes Magos–, manifestación de la filiación divina de Jesús –bautismo en el Jordán– y manifestación del poder divino del Señor – milagro de las bodas de Caná–. En Oriente, con la introducción de la fiesta de la Navidad, el 25 de diciembre, la solemnidad de Epifanía perdió su carácter de celebración del nacimiento de Cristo, y se centró en la conmemoración del Bautismo en el Jordán.

En la Iglesia romana, la celebración litúrgica de la Epifanía gira hoy día en torno a la universalidad del designio salvífico divino. Así, las lecturas refieren la vocación salvífica de los gentiles, ya anunciada por los profetas (IS 60: 1-6) y realizada plenamente en Cristo (Ef 3: 2-3. 5-6 y Mt 2: 1-12). Esta misma perspectiva puede advertirse en los textos eucológicos.

BIBL.: J. ENCISO VIANA, La estrella de Jesús, en Por los senderos de la Biblia, t. II, Madrid-Buenos Aires 1957, 155-160; J, RACETTE, L'Évangile de 1'Enfance selon S. Matthieu, «Sciences Ecclésiastiques» 9 (1957) 77-82; S. MUÑOZ IGLESIAS, El género literario del Evang. de la Infancia en S. Mateo, «Estudios Bíblicos» 17 (1958) 245-273, especialmente 264-268; ÍD, Venez, adorons-le, en Assemblés du Seigneur, 13,31-44; A. M. DENIS, L'adoration des Mages vue par Saint Matthieu, «Nouvelle Revue Théologique» 82 (1960) 32-39; G. D. GORDINI, A. M. RAGGI, Magi, en Bibl. Sanct. 8,494-528 (con abundante bibl.).
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Moniciones para la Misa de la fiesta de la Epifania del Senor.

Monición para la Solemnidad de la Epifanía del Señor
Ciclo A, B y C
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net


Tiempo de Navidad

SOLEMNIDAD de la Epifanía del Señor: La manifestación de Dios hoy


Monición de entrada:

Hoy celebramos la gran fiesta de los Reyes. En ella se conmemora la manifestación de Jesús: hoy a los gentiles, luego en el bautismo y las bodas de Caná. Es la fiesta de la luz que nos ilumina y de regalos porque hemos recibido el don más precioso: Jesucristo mismo. Expresemos nuestra alegría cantando con entusiasmo el cántico de entrada.


Primera lectura Isaías 60, 1-6 (La gloria del Señor amanece sobre ti)

El profeta Isaías proclama con gran exaltación la Buena Nueva a la gente que andaban en la oscuridad. Una luz brilla; la gloria de Dios aparece. Cristo es esa estrella radiante de la mañana que nos guía en la vida y que vino al mundo para que lleguemos a Él. Escuchemos esta primera lectura.


Salmo Responsorial 71


Segunda lectura Efesios 3,2-3a.5-6 (También los gentiles son coherederos)

San Pablo, en su carta a los efesios, nos habla de la gracia que Dios nos ha dado. Por nuestro bautismo somos coherederos y copartícipes de la promesa de Dios. Nosotros sentimos alegría ya que en Cristo somos un pueblo de Reyes, pueblo sacerdotal, una asamblea santa. Escuchemos esta lectura con atención.


Tercera lectura Mateo 2, 1-12 (Venimos de Oriente para adorar al Rey)

Este relato de los Reyes Magos es muy conocido por todos nosotros. Los Magos buscaban con plena sinceridad a Cristo para ofrecerle sus riquezas, su fe, amor, y ofrecerse ellos mismos. Estamos invitados a encontrar a Cristo especialmente en el Evangelio y en la Eucaristía. Escuchemos, con mucha atención.


Oración Universal


Por la Iglesia, para que lleve la luz del Evangelio a todas las partes del mundo, especialmente a los más pobres y abandonados. Roguemos al Señor.


Por los paganos y los que habiendo conocido a Cristo, la luz del mundo, se han apartado de su camino, para que ellos también reciban la manifestación de Cristo. Roguemos al Señor.


Por todos los niños, para que ellos gocen hoy de un sincero amor familiar. Roguemos al Señor.


Por todos los que este planeta, para que hoy lleguemos a la luz de Cristo y su luz ilumine nuestros hogares. Roguemos al Señor.


Por nosotros aquí reunidos, para que recibamos los dones de la manifestación del Señor. Roguemos al Señor.


Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 42)

Bendito seas, Señor Dios, padre de todos los hombres,
porque tu amor salvador no tiene fronteras de raza ni lengua.
Hoy alcanza a todos los pueblos tu salvación por Cristo.
Él ha dejado su obra y evangelio en nuestras manos,
como ascuas encendidas para prender fuego a la tierra.
Pero nosotros somos luz que se esconde y sal desvirtuada.

Perdona nuestra cobardía y comodidad que todo lo malogra,
y llévanos de la fuerza, valentía y audacia de tu Espíritu
para poder manifestar hoy tu rostro a nuestros hermanos
que preguntan por ti en la desierta soledad de tu ausencia,
Así te manifestaremos presente hoy entre los hombres.

Amén.

Ejercicio de lectio divina para la Epifania del Senor.

Lectio Divina. Epifanía del Señor.
Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


Mt 2, 1-12

1. INVOCA


Prepara tu ánimo para entrar en diálogo con el Señor, que te va a dirigir su Palabra.
Deja a un lado tus ocupaciones habituales. Porque este tiempo es el más importante para tu vida.
Ábrete al Espíritu que desea inspirarte el sentido de la Palabra y quiere animarte a vivirla.
Invoca al Espíritu, para que te ilumine y te fortalezca. Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mt 2, 1-12 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico


Epifanía significa manifestación. Celebramos en este día la manifestación de Jesús, el Salvador, al mundo pagano, representado por los sabios de oriente.
Este gesto del Señor nos desvela el sentido de su venida a la tierra. Ha venido con la misión de ofrecer la salvación a todas las gentes, de todos los lugares y de todos los tiempos.
Es el día en que también nosotros, que no somos del pueblo judío por nacimiento, hemos recibido el don de la fe en Jesucristo, enviado del Padre para la salvación del mundo.
Este relato de Mateo es una catequesis que nos indica cómo se manifiesta el Señor en todo tiempo y cómo nosotros podemos encontrarlo. Por lo tanto, lo hemos de leer más como un relato de fe que como una narración de tipo histórico.

1. Unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén (v. 1)


Estos personajes, (magos, sabios) presentados por Mateo, significan:
- la necesidad de los humanos de encontrarse con el verdadero Dios;
- desde la realidad de la vida de cada uno (familia, profesión, trabajo...), cada persona ha de preguntarse siempre dónde y cómo se presenta Dios en la vida de cada uno;
- la decisión de abandonar su casa y su país simboliza el proceso que constantemente realiza el que con sinceridad quiere encontrarse con el Señor;
- la estrella que les guía es la luz de la fe, la llamada de Dios, que comienza a iluminar la oscuridad de su situación religiosa;
- estos rasgos manifiestan el deseo de iniciar un camino, un proceso, para encontrar a Dios.


En Jerusalén, los sabios
- dan testimonio de la llamada de Dios: Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo (v. 2);
- vencen las malas intenciones de Herodes;
- y la ignorancia de los sacerdotes y de los maestros de la ley;
- se dejan orientar por la Palabra de Dios, en la profecía de Miqueas (5, 2), que los maestros de la Ley indican (vs. 5-6);
- nuevamente la estrella de la fe los guía hasta Belén (v. 9).

2. Vieron al Niño con su madre María y lo adoraron (v. 11)


Al experimentar de nuevo la iluminación de la fe en su camino, se llenaron de una inmensa alegría (v. 10). El esfuerzo de los viajeros por seguir la luz incipiente de la fe logró, al fin, encontrar al Niño con su Madre. María es figura de la Iglesia, en la cual encontramos al Salvador.
Lo adoraron como a Dios postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra (v. 11).
Los sabios de oriente reconocen al Mesías en aquel Niño desvalido y pobre. Dios los ha orientado y fortalecido a lo largo de su camino de fe, poniendo de su parte el interés y el sacrificio por salvar enormes dificultades y, al fin, encontrar al Salvador.
Los dones que ofrecen al Niño son símbolo de su propio reconocimiento, agradecimiento y ofrenda de sí mismos y de sus vidas.
Lo adoraron. Adorar es, sobre todo, reconocer y agradecer el don de la vida en Dios, recibido gratuitamente, que nos lo regala desde su infinito amor. La semilla de la fe la recibimos en el bautismo, de manos de nuestra Madre la Iglesia, sin nosotros merecerla ni buscarla.
La catequesis nos tiene que conducir a reconocer en Jesús al mismo Dios, que nos ama y nos llena de sus dones, del mejor don, que es Él mismo, con Jesús en el Espíritu.
Regresaron a su país por otro camino (v. 12). Una vez que los sabios de oriente adoraron al Señor, entregándose a Él, quedaron transformados por el encuentro con el Mesías. Y regresaron a su tierra, convertidos, como personas nuevas, contentos de la experiencia vivida en aquella humilde vivienda.


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Cada uno de nosotros ha de reemprender muchas veces el camino de la fe, que nos lleva a Jesús. No es cuestión de saber muchas cosas de Jesús, del Evangelio. Es, sobre todo, seguir y estar con Jesús, para conformar nuestros valores, criterios, actitudes, sentimientos y conducta según lo que el mismo Jesús vivió y enseñó.
En cada momento de nuestra vida el Señor nos va llamando a una entrega más generosa y total. Con mirada y escucha de fe, podemos percibir que el Señor nos convoca desde la realidad de los sucesos diarios, agradables o desagradables, desde la Palabra leída en la Biblia y meditada, desde un buen consejo que recibimos, desde un buen testimonio que vemos, desde la oración y celebración de los sacramentos. Todo ello son luces de pequeñas estrellas que el Señor pone en el firmamento de nuestra conciencia.
El encuentro con Jesús, en brazos de María, nos llena de alegría y experimentamos la paz.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)


Te doy gracias, Padre, porque te preocupas de mi persona y me llamas constantemente para que sea feliz, siguiendo a tu Hijo Jesús.
Te doy gracias, Jesús, porque Tú me indicas el camino de tu seguimiento y quieres que sea tu discípulo y tu misionero.
Te doy gracias, María, buena Madre, que nos muestras y nos regalas siempre a tu Hijo para nuestro bien.


5. CONTEMPLA


A Jesús Niño, en brazos de María, que nos ofrece amorosamente a su Hijo.
A los sabios (magos) que salvan dificultades y llegan gozosos donde Jesús. Y luego reemprenden un nuevo estilo de vida.


6. ACTÚA


Agradeceré siempre el don de la fe, que el Señor me regala desde el bautismo.
Trataré de buscar al Señor cada día en los sucesos, en su Palabra, en la oración.
Ayudaré a que otros bautizados vivan su fe en la Iglesia.
Recitamos el salmo 72, repitiendo el versículo: Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Fiesta de la Epifanía del Señor, Universal ( 6 de enero).

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Fiesta de la Epifanía del Señor, Universal ( 6 de enero)

Se llama Epifanía (del griego epi-faneia: manifestación) a la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre. La Epifanía occidental fue fijada el duodécimo día de Navidad, esto es el 6 de Enero.

De acuerdo a una teoría, la asociación de la Epifanía con los sabios del Oriente pudo haberse debido al traslado, en el siglo cuarto, de las supuestas reliquias de los Magos desde Constantinopla a Milán, tradición reavivada en la Edad Media.

 

 EPIFANÍA OCCIDENTAL Y ORIENTAL

La Epifanía occidental celebra la veneración del Cristo recién nacido por los sabios magos orientales como el evento que marca la manifestación de la divinidad de Cristo a las naciones. Especialmente desde tiempos medievales, el cristianismo occidental desarrolló una elaborada tradición alrededor de estas figuras orientales —fijando su número en tres e identificándolos con tres reyes, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar—, una tradición que incluía el redescubrimiento de sus cuerpos en la iglesia de san Eustorgio en Milán (1158), donde habían sido trasladados desde Constantinopla en el siglo IV, y su retraslado y depósito en la catedral de Colonia por Federico Barbarroja (1164).

¿Cuál es el significado de la Epifanía para la Iglesia occidental? Es principalmente la manifestación de Cristo, divino salvador, a los gentiles; mas es también el reconocimiento de Cristo por parte de los gentiles. Este doble significado es expresado por la forma en que la Iglesia de Occidente interpreta la ofrenda de oro, incienso y mirra por los sabios Magos. Por un lado, se vio a estos dones como símbolos de tres aspectos de la vida de Cristo, como rey, sacerdote y profeta. Por el otro, re-presentó la ofrenda, en varios sentidos, por medio de la institución de adecuados actos de ofrecimiento: al pobre, a la Iglesia y al enfermo.

Se logra una mejor perspectiva de la Epifanía occidental cuando se recurre a los seis Domingos de Epifanía, que siguen luego de esta y conducen a la Tradición occidental al nuevo tiempo de Cuaresma. Estos Domingos de Epifanía conmemoran la auto-manifestación de Cristo: 1) a la edad de doce años en el templo; 2) en su primer milagro en Caná de Galilea; 3) en su curación del leproso y del esclavo del centurión romano; 4) en el apaciguamiento de la tormenta en el mar de Galilea por el bien de sus discípulos; 5) en su enseñanza sobre el bien y el mal expuesta en su parábola del trigo y la cizaña y, 6) en su enseñanza sobre la gloria futura, tal como está expuesta en su parábola del grano de mostaza.

La epifanía oriental celebra el Bautismo de Cristo en el río Jordán por Juan el Bautista o “Precursor” (en griego prodromos), como el evento de la manifestación de Cristo como el Hijo de Dios y su corolario, la manifestación de Dios en la Trinidad, y también como el evento que marca el comienzo de la misión salvífica de Cristo. Esto se manifiesta particularmente en la celebración de la Gran Bendición de las Aguas (Megas Agiasmos), que evoca el Bautismo de Cristo y constituye un aspecto conspicuo de la celebración oriental.

 

LA FECHA DEL 6 DE ENERO

No fue una fecha, sino solamente un pensamiento teológico el que dio el primer impulso a la celebración de la manifestación de Cristo sobre la tierra.

Fueron, sobre todo, los cristianos de Oriente los que reflexionaron acerca del misterio de la manifestación de Dios al mundo bajo la forma de una persona humana. Ahora bien, había varios modos de representar este acontecimiento: a) La posición herética (gnóstico Basílides) afirma que fue únicamente en el momento del Bautismo cuando el Cristo divino se manifestó temporalmente sobre la tierra en la persona de Jesús. b) La posición ortodoxa-católica enseña que Dios se manifestó realmente en la persona histórica de Jesús y, en este caso, la Palabra de Dios entra en el mundo en el momento de su Nacimiento.

Partiendo de estas concepciones teológicas, descubrimos los primeros rasgos de la fiesta cristiana de Navidad. Efectivamente, sabemos por Clemente de Alejandría que en el s.II se celebraba en Egipto (Alejandría) el día 10 o el 6 de enero el bautismo de Cristo. Éste es, hasta el momento, el primer origen conocido de la fiesta de Navidad.

¿Por qué celebraban la fiesta del bautismo en los primeros días de enero, y concretamente el día 6? Los Evangelios no mencionan la fecha del bautismo de Jesús. Obsérvese que el 6 de enero los paganos celebraban una fiesta en honor de Dionisios, fiesta que estaba relacionada con la prolongación del día; que en tal día se celebraba en Alejandría el Nacimiento de Eón, nacido de la virgen Core; y que este día estaba también consagrado a Osiris. En la noche del 6 de enero —se decía— las aguas del Nilo recibían un poder milagroso del todo particular.

¿Qué tiene todo esto de común con la Navidad? Esta fiesta del bautismo, celebrada el 6 de enero en Egipto, adquirió igualmente derecho de ciudadanía en la Gran Iglesia Oriental. El bautismo de Cristo se celebró, al principio, solamente bajo el aspecto de «manifestación» de Cristo, o de Epifanía. En esta fiesta la noción preeminente era la de manifestación.

Ahora bien, en la Iglesia, de acuerdo con los relatos evangélicos del Nacimiento, se tenía como la auténtica «manifestación» de Cristo sobre la tierra no ya solamente el bautismo, sino también el Nacimiento de Jesús. A consecuencia de las controversias de principios del s. IV sobre la divinidad de Cristo, se debió sentir una imperiosa necesidad de considerar la fecha del Nacimiento de Cristo como la de su «manifestación”. Y lo hacía el 6 de enero. No se suprimió nada de la fiesta original del bautismo: solamente se le añadió la fiesta del Nacimiento.

En su celebración externa, la festividad se dividía en dos partes. La noche del 5 al 6 de enero: fiesta del Nacimiento de Cristo; el día 6: su bautismo. Por tanto, antes de celebrar la fiesta del Nacimiento el día 25 de diciembre, la Iglesia conmemoraba en la noche del 5 al 6 de enero este gozoso acontecimiento.

Poseemos una hoja de papiro descubierta en Egipto, y que data del principio del s. IV, que transmite una especie de formulario litúrgico destinado a un coro eclesiástico. indica que la Navidad se celebraba todavía en la noche del 5 al 6 de enero. Así, pues, a principios del s.IV se celebraba la fiesta del Nacimiento de Cristo en la noche del 5 al 6 de enero. Y se añadía su manifestación: a los magos, en el bautismo y en los milagros (Caná de Galilea). Era la fiesta de la Epifanía en su totalidad. San Efrén (s.IV) llama a la fiesta del 6 de enero la más sublime de todas las fiestas cristianas y describe la desbordante alegría que, en tal día, invade a la Iglesia entera. Se celebra en ella el Nacimiento, la adoración de los pastores y la aparición de la estrella. El día siguiente está consagrado a la adoración de los magos y al bautismo de Cristo en las aguas del Jordan.

En Palestina se celebró durante mucho tiempo con un esplendor particular la fiesta de Epifanía. Poseemos a este respecto la célebre narración de la noble peregrina Eteria ( o Egeria), que vivió tres años en Palestina. Describe el esplendor de esta fiesta, la belleza de los cantos que brotan del seno de una turba inmensa. Cuenta cómo, en la noche del 5 al 6 de enero, todos, formando un solemne cortejo con el obispo, se dirigen a Belén para celebrar allí la liturgia nocturna en la gruta que se cree ser aquella en la que nació Jesús. Antes de amanecer, todo el cortejo se dirige a Jerusalén cantando himnos de gloria a Cristo que ha venido a la tierra. Al alba del día 6 de enero llegan a Jerusalén, van a la iglesia de la Resurrección, cuyo interior está iluminado por el resplandor de millares de antorchas. Se cantan salmos y los sacerdotes pronuncian oraciones. Hacia el mediodía vuelven de nuevo a la iglesia de la Resurrección y se termina la primera parte de la fiesta; al atardecer empieza la segunda parte con nuevo esplendor.

En estas tres descripciones juega un papel principal la noción de luz que tiene asimismo un sentido simbólico (Luz que brilla en las tinieblas) y esta imagen es tan antigua como el mismo cristianismo, y se pueden encontrar trazos de ella en todo el NT. Todas las ideas cristianas que gravitan en torno a nuestra fiesta de Navidad existen ya en esta celebración litúrgica.

El elemento primordial era el pensamiento que presidía la fiesta de la “manifestación”, y no la fecha. De esta forma, efectivamente, se pudo cambiar con toda comodidad, durante el s.IV, la fecha del Nacimiento. Así llegamos a la fiesta del 25 de diciembre.

 

DEL 25 DE DICIEMBRE AL 6 DE ENERO

¿En qué momento y por qué causa se separó la fiesta del Nacimiento de la celebración de la Epifanía y se trasladó a una fecha particular, al 25 de diciembre? Este hecho parece que se produjo en Roma, entre el 325 y el 354. El 25 de diciembre, como aniversario del Nacimiento de Cristo, está atestiguado en Roma desde el 336; es posible que en un principio se celebrara, durante algún tiempo, la antigua fiesta de Epifanía en su forma original, mientras la nueva fiesta iba adquiriendo derecho de ciudadanía.

¿Qué móviles hubo, en esta época, que llevaron a separar la fiesta del Nacimiento de Cristo de la de Epifanía y trasladarla al 25 de diciembre? Dos razones principales. Primera: El desarrollo dogmático del problema cristológico, tal como se presentaba al principio del s.IV. En el Concilio Ecuménico de Nicea, año 325, la Iglesia condenó formalmente la doctrina que negaba que en el Nacimiento de Jesús el mismo Dios se había hecho hombre. Esta condenación descartaba todas las demás interpretaciones, comprendida incluso la que afirmaba que Jesús no habría sido adoptado por Dios sino a partir del momento de su bautismo. La Iglesia de Roma tuvo un papel importante en las decisiones del Concilio. Es comprensible la propagación de la fiesta del Nacimiento de Cristo en cuanto tal, es decir, sin que al principio se planteara la cuestión de la fecha. Así se explica, por motivos teológicos cristianos, la tendencia a separar la fiesta del Nacimiento de la de Epifanía.

Segunda razón: En el ámbito pagano, el 25 de diciembre se celebraba como día de fiesta muy importante en honor del sol. El emperador Constantino pretendió unir el culto solar al culto cristiano. Para encontrar una nueva fecha al Nacimiento de Jesús jugó un papel importante la presencia en el Imperio romano, en el seno de la religión muy extendida de Mitra, un culto solar cuya fiesta principal se celebraba el 25 de diciembre, día del solsticio de invierno. Como quiera que el símbolo de la luz que brilla en las tinieblas aparecía ya en la elección de la fecha del 6 de enero, se impuso un día en el que el mundo pagano celebraba de modo particular las fiestas señaladas de la luz y del sol: el 25 de diciembre. Desde antes de la introducción del culto de Mitra, los emperadores romanos habían construido templos al “Sol invencible”. En el s. III se celebraron juegos solemnes y pomposos el 25 de diciembre, en honor de este dios cuyo curso se elevaba de nuevo. Se encendían grandes fuegos, destinados sin duda a ayudar al sol a elevarse sobre el horizonte. En el culto de Mitra, particularmente favorecido entre los soldados romanos, la adoración del “Sol invencible” revistió formas más concretas.

Se comprende así que de modo especial la Iglesia de Roma se preocupara por oponer al culto pagano de la naturaleza su propia fiesta de la luz, la fiesta del Nacimiento de Cristo, del Niño Jesús, Luz de las naciones. Se recordaba sin cesar que el pasaje de Malaquías 4, 2: «Se levantará para vosotros el Sol de justicia», era una profecía sobre Cristo.

El esfuerzo realizado por el emperador Constantino por juntar el culto solar y el culto cristiano, tuvo su influjo. Quiso realizar la síntesis del cristianismo con algunos elementos de valor que contenía el paganismo. Es cierto también que la idea de Constantino de unir el culto solar al culto cristiano se basaba en el simbolismo que parangonaba a Cristo con el Sol. Quiso bautizar la fiesta pagana. ¿Lo logró? Es muy discutible.

A partir de entonces, exhortaciones como las de S. Agustín y del Papa S. León, se hacen evidentemente necesarias. Porque esta fiesta pagana del “Sol invencible”, tan sólidamente enraizada, no se olvidaba; al contrario, se perpetuaba en muchas costumbres que, a partir de entonces, se trasladaron a la fiesta cristiana. De esta forma la Navidad quedó separada de la otra fiesta cristiana, la del bautismo, pero también a partir de entonces quedó muy influida por una fiesta pagana en las costumbres de Navidad. El pensamiento de que Cristo es la Luz del mundo que luce en las tinieblas, no depende de la fiesta del 25 de diciembre; ya existía en la fiesta del 6 de enero, y también antes dentro del cristianismo, independientemente de toda fiesta.

 

PROPAGACIÓN DE LA FIESTA DEL 25 DE DICIEMBRE

A partir de la segunda mitad del s. IV, la fiesta del 25 de diciembre se propagó desde Roma por toda la cristiandad. Roma procura, en este tiempo, imponer la fiesta de Navidad como distinta de la de Epifanía a las Iglesias de Oriente. Pero no lo consiguió fácilmente. Porque entre las Iglesias de Oriente muchos se mantenían firmes y perseverantes en la celebración de la fiesta del Nacimiento de Cristo bajo la forma antigua de la fiesta de la Epifanía, los días 5 y 6 de enero.

En Siria la resistencia fue particularmente obstinada. En Antioquía se intentó, en vano, durante diez años imponer la fecha del 25 de diciembre. Sólo se pudo lograr con ayuda del gran orador S. Juan Crisóstomo. En su célebre sermón sobre la Navidad, el Crisóstomo intentó persuadir a los cristianos de su Iglesia de que era necesario celebrar la fiesta del Nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, porque era realmente el día en que Cristo había nacido. De esta forma Crisóstomo logra hacer triunfar para siempre en su Iglesia la fiesta del 25 de diciembre.

En Constantinopla había sido introducida esta fecha el año 379 por S. Gregorio Nacianceno, el defensor de la divinidad de Cristo. Y la Iglesia de Egipto se resistió todavía más, y esta oposición no cesó, de una manera clara, hasta el año 431.

Pero fue principalmente en Jerusalén donde no se logró privar a la antigua fiesta de Epifanía, celebrada el día 6 de enero, de su contenido principal en favor de una fiesta nueva. San Jerónimo desplegó en vano toda su elocuencia. Sólo a partir de la mitad del s.VI probablemente la Iglesia de Palestina cesó también en su oposición a la fecha del 25 de diciembre. Una sola Iglesia, la de los Armenios, se mantuvo firme y no aceptó celebrar la fiesta del Nacimiento de Cristo el 25 de diciembre; todavía hoy la celebra el 6 de enero.

Fuente: Gerardo Sánchez Mielgo, o.p. y otras
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LA EPIFANÍA DE DIOS Y LA VIRGEN MARÍA DE JUAN PABLO II.

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LA EPIFANÍA DE DIOS Y LA VIRGEN MARÍA DE JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL DE JUAN PABLO II
Miércoles 4 de enero de 1989

Queridos hermanos y hermanas:

El designio salvífico de Dios se manifiesta, durante el período navideño que estamos viviendo intensamente, con una cadena de festividades litúrgicas muy idóneas para presentarnos a lo largo de pocos días una amplia visión de conjunto. De la contemplación del Hijo de Dios, que se hizo Niño por nosotros en la gruta de Belén, pasamos a través del modelo inalcanzable de la Sagrada Familia, y así sucesivamente hasta llegar al acontecimiento del Bautismo del Señor, al comienzo de su vida pública.

La audiencia general de este miércoles cae en medio de dos festividades características: La Maternidad divina de María, y la Epifanía. Son dos misterios altamente significativos, que tienen entre ellos una profunda vinculación, sobre la cual hay que reflexionar.

2. El término “epifanía” significa manifestación: en ella se celebra la primera manifestación al mundo pagano del Salvador recién nacido.

En la historia de la Iglesia, la Epifanía aparece como una de las fiestas más antiguas, con vestigios ya en el siglo II, y es vivida como el día “teofánico” por excelencia, “dies sanctus”. En los primeros tiempos, la celebración estuvo sobre todo vinculada al recuerdo del Bautismo del Señor, cuando el Padre celestial dio testimonio público de su Hijo en la tierra, invitando a todos a escuchar su Palabra. Pero muy pronto prevaleció la visita de los Magos, en los cuales se reconocen los representantes de los pueblos, llamados a conocer a Cristo desde fuera de la comunidad de Israel.

San Agustín, testigo atento de la tradición eclesial, explica sus razones de alcance universal afirmando que los Magos, primeros paganos en conocer al Redentor, merecieron significar la salvación de todas las gentes (cf. Hom. 203). Y así, en el arte cristiano primitivo, la escena fascinante de hombres doctos, ricos y poderosos, que hablan venido de lejos para arrodillarse ante el Niño, mereció el honor de ser la más representada de entre los acontecimientos de la infancia de Jesús.

Más tarde, en la misma festividad, se empezó a celebrar también la teofanía de las Bodas de Caná, cuando Jesús, al realizar su primer milagro, se manifestó públicamente como Dios. Muchas son, pues, las epifanías, porque son varios los caminos por los que Dios se manifiesta a los hombres. Hoy quiero subrayar cómo una de ellas, más aún, la que es fundamento de todas las demás, es la Maternidad de María.

3. En la antiquísima profesión de fe, llamada “Símbolo Apostólico”, el cristiano proclama que Jesús nació “de” la Virgen María. En este artículo del “Credo” están contenidas dos Verdades esenciales del Evangelio.

La primera es que Dios nació de una Mujer (Gál 4, 4). Él quiso ser concebido, permanecer nueve meses en el seno de la Madre y nacer de Ella de modo virginal. Todo esto indica claramente que la Maternidad de María entra como parte integrante en el misterio de Cristo para el plan divino de salvación.

La segunda es que la concepción de Jesús en el seno de María sucedió por obra del Espíritu Santo, es decir, sin colaboración de padre humano. “No conozco varón” (Lc 1, 34), puntualiza María al enviado del Señor, y el arcángel le asegura que nada hay imposible para Dios (Lc 1, 37). María es el único origen humano del Verbo Encarnado.

4. En este contexto dogmático es fácil ver cómo la Maternidad de María constituye una epifanía nueva y totalmente característica de Dios en el mundo.

En efecto, la misma opción de virginidad perpetua que hizo María antes de la Anunciación, tiene ya un valor “epifánico” como llamada a las realidades escatológicas, que están más allá de los horizontes de la vida terrena. Pues esa opción indica una voluntad decidida de consagración total a Dios y a su amor, capaz por si solo de apagar plenamente las exigencias del corazón humano. Y el hecho de la concepción del Hijo, que sucede fuera del contexto de las leyes biológicas naturales, es otra manifestación de la presencia activa de Dios. Finalmente, el alegre suceso del nacimiento de Jesús constituye el culmen de la revelación de Dios al mundo en María y por medio de María.

Es significativo que el Evangelio ponga también a la Virgen en el centro de la visita de los Magos, cuando dice que ellos “entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre y, postrándose, lo adoraron” (Mt 2, 11).

A la luz de la fe, la Maternidad de la Virgen aparece de este modo como signo elocuente de la divinidad de Jesús, que se hace hombre en el seno de una Mujer, sin renunciar a la personalidad de Hijo de Dios. Ya los Santos Padres, como San Juan Damasceno, habían hecho notar que la Maternidad de la Santa Virgen de Nazaret contiene en sí todo el misterio de la salvación, que es puro don proveniente de Dios.

María es la Theotokos, como proclamó el Concilio de Éfeso, pues en su seno virginal se hizo carne el Verbo para revelarse al mundo. Ella es el lugar privilegiado escogido por Dios para hacerse visiblemente presente entre los hombres.

Al mirar a la Virgen Santísima estos días de Navidad, cada uno ha de sentir un interés más vivo en acoger, como Ella, a Cristo en su vida, para convertirse luego en su portador al mundo. Cada uno ha de esforzarse, dentro de su familia y en su ambiente de trabajo, por ser una pequeña, pero luminosa, “epifanía de Cristo”.

Este es el deseo que dirijo a todos vosotros, amadísimos, en esta primera audiencia general del año nuevo.
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LA EPIFANÍA DE DIOS Y LA VIRGEN MARÍA DE BENEDICTO XVI.

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LA EPIFANÍA DE DIOS Y LA VIRGEN MARÍA DE BENEDICTO XVI
Homilía en la Santa Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor. 6 de enero de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

La luz que en Navidad brilló en la noche iluminando la gruta de Belén, donde están en silenciosa adoración María, José y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos.

La Epifanía es el misterio de luz, simbólicamente indicado por la estrella que guió en su viaje a los Magos. Ahora bien, el verdadero manantial luminoso, el “Sol que surge de lo alto» (Lucas, 1, 78), es Cristo. En el misterio de la Navidad, la luz de Cristo se irradia sobre la tierra, como si se difundiera en círculos concéntricos. Ante todo, sobre la Sagrada Familia de Nazaret: la Virgen María y José quedan iluminados por la divina presencia del Niño Jesús, manifestándose después esta luz del Redentor a los pastores de Belén, los cuales, informados por el ángel, acuden inmediatamente a la gruta y encuentran el «signo» que se les había preanunciado: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Cf. Lucas 2, 12). Los pastores, junto a María y José, representan ese «resto de Israel», los pobres, los «anawim», a quienes se les anuncia la Buena Nueva. Por último, este fulgor de Cristo, alcaza también a los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan ensombrecidos los palacios del poder de Jerusalén, adonde la noticia del nacimiento del Mesías llega, paradójicamente, a través de los Magos, sin que suscite felicidad, sino más bien temor y reacciones hostiles. Misterioso designio divino: «Vino la Luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3,19).

¿Pero qué es esta Luz? ¿Es sólo una sugerente metáfora o a esta imagen le corresponde una realidad? El apóstol Juan escribe en su primera carta: «Dios es Luz, en Él no hay tiniebla alguna» (1 Jn 1,5); y a más adelante añade: «Dios es Amor». Estas dos afirmaciones, unidas, nos ayudan a comprender mejor: la Luz, que aparece en Navidad, y que hoy se manifiesta a las gentes es el Amor de Dios, revelado en la Persona del Verbo Encarnado. Atraídos por esta Luz, vienen los Magos de Oriente.

En el misterio de la Epifanía, por tanto, junto a un movimiento de irradiación hacia el exterior, se manifiesta un movimiento de atracción hacia el centro, que lleva a su cumplimiento el movimiento ya inscrito en la Antigua Alianza. El manantial de este dinamismo es Dios, uno en su sustancia y trino en las personas, que atrae todo y a todos hacia sí. La Persona encarnada del Verbo se presenta como principio de recapitulación universal (Cf. Efesios 1, 9-10). Él es la meta final de la historia, el punto de llegada de un «éxodo», de un providencial camino de Redención, que culmina con su Muerte y Resurrección. Por este motivo, en la Solemnidad de la Epifanía, la liturgia prevé el llamado «Anuncio de Pascua»: el año litúrgico, de hecho, resume toda la historia de la salvación, en cuyo centro está «el Triduo del Señor Crucificado, Sepultado y Resucitado».

En la liturgia del Tiempo de Navidad se recurre a menudo, como estribillo, a un versículo del Salmo 97: «El Señor ha manifestado su salvación, a los ojos de los pueblos ha revelado su justicia» (v, 2). Son palabras que la Iglesia utiliza para subrayar la dimensión de «epifanía» de la Encarnación: el momento en el que el Hijo de Dios se hace hombre, entra en la historia, es el momento culminante de la autorrevelación de Dios a Israel y a todas las gentes. En el Niño de Belén, Dios se ha revelado con la humildad de la «forma humana», con la «condición de siervo», es más, de crucificado (Cf. Filipenses 2, 6-8). Es la paradoja cristiana. Este escondimiento constituye precisamente la más elocuente «manifestación» de Dios: la humildad, la pobreza, la misma ignominia de la Pasión, nos permiten saber cómo es Dios verdaderamente. El Rostro del Hijo revela fielmente al del Padre. Por este motivo, el misterio de la Navidad es, por así decir, todo una «epifanía». La manifestación a los Magos no añade nada ajeno al designio de Dios, sino que desvela una dimensión perenne y constitutiva, es decir: «que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo por medio del Evangelio» (Ef. 3, 6).

Si se analiza superficialmente, la fidelidad de Dios a Israel y su manifestación a las gentes podrían parecer aspectos divergentes; en realidad son las dos caras de una misma moneda. De hecho, según las Escrituras, al ser fiel al pacto de amor con el pueblo de Israel, Dios revela su gloria también a los demás pueblos. «Gracia y fidelidad» (Salmo 88, 2), «Misericordia y verdad» (Salmo 84, 11) son el contenido de la gloria de Dios, son su «nombre», destinado a ser conocido y santificado por los hombres de toda lengua y nación. Pero este «contenido» es inseparable del «método» que Dios eligió para revelarse: la fidelidad absoluta a la alianza, que alcanza su cumbre en Cristo. El Señor Jesús es al mismo tiempo y de manera inseparable «Luz para iluminar a las gentes y gloria del pueblo de Israel» (Lucas 2,32), como exclamará el anciano Simeón, inspirado por Dios, al tomar al Niño entre sus brazos, cuando los padres lo presentaron en el templo. La luz que ilumina a las gentes, la luz de la Epifanía, emana de la gloria de Israel, la gloria del Mesías, nacido según las Escrituras, en Belén, «ciudad de David» (Cf. Lucas, 2, 4). Los Magos adoraron a un simple Niño en brazos de su Madre, María, porque en Él reconocieron el manantial de la doble luz que les había guiado: la luz de la estrella, y la luz de las Escrituras. Reconocieron en Él, al Rey de los judíos, gloria de Israel, pero también, al Rey de todas las gentes.

En el contexto de la Epifanía se manifiesta también el misterio de la Iglesia y su dimensión misionera. Está llamada a hacer resplandecer en el mundo la luz de Cristo, reflejándola en sí misma como la luna refleja la luz del sol. En la Iglesia, se han cumplido las antiguas profecías referidas a la ciudad santa, Jerusalén, como es el caso de la estupenda profecía de Isaías que acabamos de escuchar: «¡Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz…! Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada» (Isaías 60, 1-3). Es lo que tendrán que hacer los discípulos de Cristo: habiendo aprendido de Él a vivir con el estilo de las Bienaventuranzas, tendrán que atraer, a través del testimonio del amor, a todos los hombres a Dios. «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5, 16). Escuchando estas palabras de Jesús, nosotros, miembros de la Iglesia tenemos que experimentar toda la insuficiencia de nuestra condición humana, marcada por el pecado.

La Iglesia es santa, pero está formada por hombres y mujeres con sus limitaciones y sus errores. Cristo, sólo Él, al darnos el Espíritu Santo, puede transformar nuestra miseria y renovarnos constantemente. Es Él la luz de las gentes, «Lumen Gentium», que ha querido iluminar el mundo a través de su Iglesia (Cf. Concilio Vaticano II, Constitución «Lumen Gentium», 1).

«¿Cómo podrá suceder esto?» nos preguntamos también nosotros con las palabras que la Virgen dirigió al arcángel Gabriel. Pues, es justo Ella, la Madre de Cristo y de la Iglesia, quien nos da la respuesta: con su ejemplo de disponibilidad total a la Voluntad de Dios –«fiat mihi secundum verbum tuum» [He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra] (Lucas 1, 38)–, nos enseña a ser «epifanía» del Señor, con la apertura del corazón a la fuerza de la gracia y con la adhesión a la palabra de su Hijo, Luz del mundo y meta final de la historia.”.
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Quienes eran los Reyes Magos.

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Quienes eran los Reyes Magos

Los «sabios de Oriente» que vinieron a adorar a Jesús en Belén (Mateo 2).

Juan y Marcos callan. Esto se debe a que comienzan sus Evangelios con la vida pública de Jesús. Que Juan conoció la historia de los Magos puede deducirse del hecho que Ireneo (Adv. Haer., III, ix, 2) lo testimonia; por Ireneo nos ha llegado la tradición juánica.


Lucas calla. Naturalmente, porque el hecho es narrado de modo adecuado en el otro sinóptico. Lucas narra la Anunciación, detalles sobre el Nacimiento, la Circuncisión y la Presentación de Cristo en el Templo, hechos de la infancia de Jesús que el silencio de los otros tres Evangelistas no hace legendarios.

Lucas contradice a Mateo y hace volver al Niño Jesús a Nazaret inmediatamente después de la Presentación (Lucas 2, 39). Este regreso a Nazaret debió de ser o antes que los Magos viniesen a Belén o después del exilio en Egipto. La no contradicción está comprometida.

 

QUIÉNES ERAN LOS MAGOS

A. Evidencia no-bíblica

Podemos conjeturar la evidencia no-bíblica a partir de un significado probable de la palabra magoi. Herodoto (I, ci) es nuestra autoridad para suponer que los Magos eran de la casta sagrada de los Medos. Proveían de sacerdotes para Persia y, dejando de lado vicisitudes dinásticas, siempre mantuvieron sobre sus dominios influencia religiosa.

Al jefe de esta casta, Nergal Sharezan, Jeremías da el título de Rab-Mag, «Mago-Jefe» (Jeremías 39, 3; 39, 13, en el hebreo original -las traducciones de los Setenta y de la Vulgata son aquí erróneas).

Después de la caída del poder de Asiria y de Babilonia, la religión de los Magos perdió influencia en Persia. Ciro sometió totalmente a la casta sagrada; su hijo Cambises la reprimió severamente. Los Magos se sublevaron y pusieron a Gaumata, su jefe, como Rey de Persia con el nombre de Smerdis. Sin embargo, fue asesinado (521 a. C.), y Darío fue nombrado rey.

Esta caída de los Magos fue celebrada en Persia con una fiesta nacional llamada magophonia (Her., III, lxiii, lxxiii, lxxix). No obstante, la influencia religiosa de esta casta sacerdotal continuó en Persia a través del gobierno de la dinastía Aquemenida (Ctesias, «Persia», X-XV); y no es inverosímil pensar que en tiempos del nacimiento de Cristo fuese bastante floreciente bajo el dominio parto. Estrabon (XI, ix, 3) dice que los sacerdotes magos formaron uno de los dos consejos del Imperio parto.

B. Evidencia bíblica

La palabra magoi frecuentemente tiene el significado de «mago» [magician], tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (ver Hch 8, 9; 13, 6, 8; también los Setenta en Daniel 1, 20; 2, 2, 10, 27; 4, 4; 5, 7; 11, 15). San Justino (Tryph., lxxxviii), Orígenes (Cels., I, lx), San Agustín (Serm. xx, «De epiphania») y San Jerónimo (In Isa. xix, 1) encontraron el mismo significado en el segundo capítulo de Mateo, aunque esta no es la interpretación común.

C. Evidencia Patrística

Ningún Padre de la Iglesia sostuvo que los Magos tenían que ser reyes. Tertuliano (Adv. Marcion., III, xiii) dice que fueron de estirpe real (fere reges), y por eso coincide con lo que hemos concluido en la evidencia no-bíblica.

Por otra parte, la Iglesia en su liturgia aplica a los Magos las palabras: «Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán presentes; los reyes de Arabia y de Saba le traerán sus regalos: y todos los reyes de la tierra le adorarán» (Salmo 71, 10). Pero este uso del texto refiriéndose a ellos no prueba más que eran reyes que viajaban desde Tarsis, Arabia y Saba. Como frecuentemente sucede, una acomodación litúrgica de un texto ha venido a ser considerada con el tiempo una interpretación auténtica fuera de él.

No eran magos [magicians): el significado correcto de magoi, aunque no se halla en la Biblia, es requerido por le contexto en el segundo capítulo de San Mateo. Estos Magos pueden no haber sido otros que miembros de la casta sacerdotal anteriormente referida. La religión de los Magos era fundamentalmente la de Zoroastro y prohibía la hechicería; su astrología y habilidad para interpretar sueños fue ocasión de su encuentro con Cristo»

La narración evangélica no menciona el número de Magos, y no hay una tradición cierta sobre esta materia. Varios Padres hablan de tres Magos; en realidad se hallan influenciados por el número de regalos. En el Oriente, la tradición habla de doce obsequios. En el cristianismo primitivo el arte no es un testimonio consistente:
* una pintura en el cementerio de San Pedro y San Marcelino muestra a dos;
* otra en el Museo Laterano, tres;
* otra en el cementerio de Domitila, cuatro;
* un jarrón en el Museo Kircher, ocho (Marucchi, «Eléments d'archéologie chrétienne», Paris, 1899, I 197).

Los nombres de los Magos son tan inciertos como su número. Entre los Latinos, desde el siglo VII, encontramos ligeras variantes en los nombres, Gaspar, Melchor y Baltasar; el Martirologio menciona a San Gaspar el primero de Enero, San Melchor el día seis y San Baltasar el once (Acta SS., I, 8, 323, 664). Los sirios tienen a Larvandad, Hormisdas, Gushnasaph, etc.; los armenios Kagba, Badadilma, etc. (Cf. Acta Sanctorum, May, I, 1780).

Dejando de lado la noción puramente legendaria según la cual representan a las tres familias que descienden de Noé, aparecen como provenientes de «oriente»  (Mat., ii, 1, 2, 9). Al oriente de Palestina sólo la antigua Media, Persia, Asiria y Babilonia tienen un sacerdocio de Magos en el tiempo del nacimiento de Cristo.

Los Magos vinieron desde alguna parte del Imperio Parto. Probablemente cruzaron el desierto de Siria, entre el Eufrates y Siria, llegando a Haleb (Aleppo) o Tudmor (Palmyra), recorriendo el trayecto hasta Damasco y hacia el sur, en lo que ahora es la gran ruta a la Meca (darb elhaj, «el camino de los peregrinos»), continuando por el Mar de Galilea y el Jordán por el oeste hasta cruzar el vado cerca de Jericó. No hay tradición precisa de la denominada tierra «del oriente».

Según San Máximo (Homil. xviii in Epiphan.) es Babilonia; también Teodoto de Ancyra (Homil. de Nativitate, I, x); según San Clemente de Alejandría (Strom., I, xv) y San Cirilo de Alejandría (In Is. xlix, 12) es Persia; según San Justino (Cont. Tryphon., lxxvii), Tertuliano (Adv. Jud., ix) y San Epifanio (Expos. fidei, viii) es Arabia.

 

TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS DE SU VISITA

La visita de los Magos tuvo lugar después de la Presentación del Niño en el Templo (Lucas 2, 38). Los Magos habían partido poco antes de que el ángel dijese a José que tomase al Niño y a su Madre y fuese a Egipto (Mateo 2, 13).

Antes Herodes había intentado infructuosamente que los Magos retornasen, lo que deja fuera de toda duda que la presentación ya habría tenido lugar. Surge con ello una nueva dificultad: después de la presentación, la Sagrada Familia volvió a Galilea (Lucas 2, 39). Se piensa que este retorno no fue inmediato.

Lucas omite los incidentes de los Magos, la huida a Egipto, la matanza de los Inocentes y el retorno desde Egipto, y retoma la historia con la vuelta de la Sagrada Familia a Galilea.

Nosotros preferimos interpretar las palabras de Lucas como indicando un retorno a Galilea inmediatamente después de la presentación. La estancia en Nazaret fue muy breve.

Tiempo después la Sagrada Familia volvió probablemente a permanecer en Belén. Entonces vinieron los Magos. Era «en tiempos del rey Herodes» (Mateo 2, 1), i. e., antes del 4 a. C. (A.V.C. 750), fecha probable de la muerte de Herodes en Jericó. No obstante, sabemos que Arquelao, hijo de Herodes, sucedió como etnarca a su padre en una parte del reino, y fue depuesto o en su noveno año (Josefo, Bel. Jud., II, vii, 3) o en el décimo (Josefo, Antiq., XVII, xviii, 2), durante el consulado de Lepido y Arruntio (Dion Cassis, lv, 27), i. e., 6 d. C.

Por otra parte, los Magos vinieron mientras el rey Herodes estaba en Jerusalén (vv. 3, 7), no en Jericó, i. e., o al comienzo del 4 a. C. o al final del 5 a. C. Por último, eso fue probablemente un año, o un poco más de un año, después del nacimiento de Cristo.

Herodes preguntó a los Magos el tiempo en que apareció la estrella. Considerando esto como el tiempo del nacimiento del Niño, mató a los varones de dos años para abajo en Belén y sus alrededores (v. 16).

Algunos Padres concluyen de esta cruel matanza que los Magos llegaron a Jerusalén dos años después de la Navidad (San Epifanio, «Haer.», LI, 9; Juvencio, «Hist. Evang.», I, 259). Su conclusión tiene visos de probabilidad; aunque la matanza de los niños de dos años puede haberse debido a alguna otra razón -por ejemplo, al temor de Herodes de que los Magos le hubiesen engañado en lo que a la aparición de la estrella se refiere o que los Magos se hubiesen equivocado en la unión de la aparición de la estrella con el nacimiento del Niño. Arte y arqueología favorecen nuestro punto de vista.

Únicamente un monumento primitivo representa al Niño en el pesebre mientras los magos adoran; en otros Jesús permanece sobre las rodillas de María y bastante crecido (ver Cornely, «Introd. Special in N. T.», p. 203).

Desde Persia, de donde supuestamente vinieron los Magos, hasta Jerusalén había un trayecto de entre 1000 y 1200 millas. En semejante distancia debieron emplear entre tres y doce meses en camello. Además del tiempo del viaje, emplearon probablemente varias semanas de preparación. Los Magos pudieron haber llegado a Jerusalén un año o más después de la aparición de la estrella.

San Agustín (De consensu Evang., II, v, 17) opina que la fecha de la Epifanía, el seis de Enero, prueba que los Magos llegaron a Belén trece días después de la Natividad, i. e., después del 25 de Diciembre. Su argumento conforme a las fechas litúrgicas era incorrecto. Ninguna fecha litúrgica es, ciertamente, fecha histórica.

En el siglo IV las Iglesias de Oriente celebraban el 6 de Enero como la fiesta del Nacimiento de Cristo, la Adoración de los Magos y el Bautismo de Cristo, mientras que en el Occidente el Nacimiento de Cristo era celebrado el 25 de Diciembre. Esa fecha tardía de la Natividad fue introducida en la Iglesia de Antioquía en tiempos de San Juan Crisóstomo (P. G., XLIX, 351), y todavía más tarde en las Iglesias de Jerusalén y Alejandría.

Que los Magos pensaron que la estrella les dirigía es evidente por las palabras (eidomen gar autou ton astera) que emplea Mateo en 2, 2. ¿Era realmente una estrella? Los racionalistas y los protestantes racionalistas, en sus esfuerzos por evadirse del sobrenatural, elaboraron algunas hipótesis:
* La palabra aster puede significar un cometa; la estrella de los Magos era un cometa.
* La estrella pudo haber sido la conjunción de Júpiter y Saturno (7 a. C.), o de Júpiter y Venus (6 a. C.).
* Los Magos pudieron haber visto una stella nova, una estrella que aumenta de repente en tamaño y brillo y luego disminuye de nuevo.

Estas teorías dejan de lado la explicación de que «la estrella que habían visto en el oriente, estaba delante de ellos hasta que vino a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño» (Mateo 2,9).

La posición de una estrella fija en el cielo varía al menos un grado cada día. Una estrella no fija pudo moverse delante de los Magos hasta conducirles a Belén; ninguna estrella fija ni ningún cometa pudo haber desaparecido y aparecido ni tampoco pararse.

La Estrella de Belén sólo pudo haber sido un fenómeno milagroso, como fue la columna de fuego que permaneció en el campamento durante el Éxodo de Israel (Éxodo 13, 21), o el «resplandor de Dios» que brilló en torno a los pastores (Lucas 2, 9), o «la luz proveniente del cielo» que abatió a Saulo (Hechos 9, 3).

La filosofía de los Magos, aunque errónea, les condujo en su viaje hasta que encontraron a Cristo. La astrología de los Magos postulaba una contrapartida celestial como complemento del hombre terreno y condicionaba por completo la personalidad humana. Su «doble» (los fravashi de los parsis) se desarrollaba junto con cada hombre bueno, unidos los dos hasta la muerte.

La aparición repentina de una nueva y brillante estrella sugirió a los Magos el nacimiento de una persona importante. Ellos vinieron a adorarlo -i. e., a conocer la divinidad de este Rey recién nacido (vv. 2, 8, 11).

Algunos Padres (San Ireneo, «Adv. Haer.», III, ix, 2; Progem. «in Num.», homil. xiii, 7) pensaron que los Magos vieron en «su estrella» un cumplimiento de la profecía de Balaam: «Una estrella brillará sobre Jacob y un cetro brotará de Israel» (Números 24, 17). Pero en el paralelismo de la profecía, la «Estrella» de Balaam es un gran príncipe, no un cuerpo celeste; no es probable que en virtud de este mensaje profético los Magos siguieran a una estrella especial del firmamento como un signo del Mesías. Además, es probable que los Magos estuvieran familiarizados con las grandes profecías mesiánicas.

Muchos judíos no volvieron del exilio con Nehemías. Cuando nació Cristo, había indudablemente población hebrea en Babilonia, y probablemente también en Persia. Por alguna razón, la tradición hebrea sobrevivió en Persia. Por otra parte, Virgilio, Horacio, Tácito (Hist., V, xiii) y Suetonio (Vespas., iv) dan testimonio de que, en tiempos del nacimiento de Cristo, había por todo el Imperio Romano una inquietud y expectación generalizadas de una Edad de Oro y un gran liberador. Podemos admitir sin dificultad que los Magos estaban guiados por tales influencias hebraicas y gentiles para esperar al Mesías que pronto vendría.

Pero debió de ser alguna revelación especial divina el motivo por el cual conocieron que «su estrella» significaba el nacimiento de un rey, que ese rey recién nacido era verdadero Dios y que debían seguir «su estrella» hasta el lugar del nacimiento del Dios-Rey (San León, Serm. xxxiv, «In Epiphan.», IV, 3).

La venida de los Magos causó gran conmoción en Jerusalén; todos, incluso el rey Herodes, escucharon su pregunta. Herodes y sus sacerdotes deberían haberse puesto contentos con las noticias, pero estaban tristes. Llama la atención que los sacerdotes mostrasen a los Magos el camino, de lo cual se deduce que no habrían hecho el camino por sí mismos.

Los Magos siguieron la estrella unas 6 millas hacia el sur de Belén, «y entrando en la casa [eis ten oikian], encontraron al niño» (v. 11). No hay razón para suponer, con algunos Padres (San Agustín, Serm. cc, «In Epiphan.», I, 2), que el Niño aún estaba en el establo.

Los Magos adoraron (prosekynesan) al Niño Dios, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Dar regalos obedecía a una costumbre oriental. La intención del oro es clara: el Niño era pobre. No conocemos la intención de los otros regalos. Los Magos no pretenden probablemente un significado simbólico. Los Padres han encontrado numerosos y variados significados simbólicos en los tres regalos; no está claro que alguno de estos significados sea inspirado (cf. Knabenbauer, «in Matth.», 1892).

Los Magos escucharon en sueños que no volviesen a Herodes y «volvieron a su país por otro camino» (v. 12). Ese camino pudo haber sido un camino por el Jordán, de tal manera que eludiese Jerusalén y Jericó; o un rodeo hacia el sur a través de Berseba, al este del camino principal (ahora la ruta de la Meca) en el territorio de Moab y allende el Mar Muerto.

Se dice que después de su retorno a su patria los Magos fueron bautizados por Santo Tomás y trabajaron mucho para la propagación de la fe en Cristo. La historia es narrada por un escritor arriano no antes del siglo VI, cuya obra está impresa como «Opus imperfectum in Mattheum» entre los escritos de San Juan Crisóstomo (P. G. LVI, 644). Este autor admite que lo ha descrito a partir del apócrifo Libro de Seth, y escribe sobre los Magos algo que es claramente legendario.

La catedral de Colonia contiene los que pretenden ser los restos de los Magos; éstos, se dice, fueron descubiertos en Persia, llevados a Constantinopla por Santa Elena, transferidos a Milán en el siglo V y a Colonia en 1163 (Acta SS., I, 323).

Fuente: Enciclopedia Católica, autor Walter Drum
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La estrella de Belén, entre Dios y la astronomía.

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La estrella de Belén, entre Dios y la astronomía

La estrella de Belén, que según la Biblia guió a los Magos hasta Belén, es materia de estudio astronómico desde la antigüedad, tratando de descifrar su historicidad y que la produjo.

A todas luces parece que la estrella fue una intervención directa de Dios, pero el punto hoy es como se plasmó: ¿fue un hecho astronómico natural, fue una creación divina para ese momento?

En las Sagradas Escrituras nos encontramos a Dios muchas veces comunicarse a los hombres por medio de señales en la naturaleza: la brisa de la tarde en el Paraíso, el arco iris después del diluvio, la zarza ardiente, la diáfana nube de San Elías, etc… Y en su propio nacimiento, Él quiso usar de una señal en el cielo, la Estrella de Belén.

 Este hecho es narrado únicamente por un evangelista: San Mateo.

En verdad, en aquella época se admitía que el nacimiento de personas importantes estaba relacionado con ciertos movimientos de los astros celestiales.

Así, se decía de Alejandro Magno, Julio César, Augusto, y hasta filósofos como Platón tuvieron su estrella, aparecida en el cielo cuando ellos vinieron al mundo.

Mucho se ha hablado respecto de la estrella aparecida a los tres Reyes Magos, guiándolos hasta el lugar bendito en donde el Salvador había de nacer. Y no han faltado hombres de ciencia que han intentado encontrar una explicación natural para ese suceso sobrenatural, centro de la historia humana.

 

NACIMIENTO DE JESUS

Los mismos evangelios permiten aproximar tal fecha, al momento que señalan hechos históricos claves como el reinado de Herodes, la realización en esa época de un censo de población y el hecho de que Cirinio era gobernador de Siria. Los períodos de tiempo de tales hechos están bien acotados.

Tomando en cuenta la variación en el calendario, se logra establecer que en realidad el año en que habría ocurrido la Natividad sería el 5 después dela era cristiana y no el año uno como lo determinó Dionisio el Exiguo. Por otra parte, considerando las descripciones del suceso, tales como el pastoreo de la época durmiendo al raso, lo que normalmente se hacía en la primavera, indican que el nacimiento habría ocurrido entre los meses de marzo y abril. Otros historiadores incluso indican la fecha 25 de abril del año 5.

En realidad, la celebración de la Navidad el 25 de diciembre tiene orígenes paganos, ya que se celebraba el solsticio de invierno, que en esa época ocurría en esa fecha. El solsticio se ha recorrido en el tiempo debido a la lenta rotación del eje de la Tierra conocida como precesión. Fue entre los años 352 y 366 cuando se comentó a imponer la celebración de la Natividad la noche del 24 de diciembre, por influencia de los monjes griegos San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno.

 

LOS REYES MAGOS

Según narra el Evangelio de San Mateo 2:2: “…llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?. Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle.

¿Quiénes eran los magos? Si investigamos, el término mago no es la idea actual que tenemos de ese personaje. Mago viene del griego magoi.

Un magoi significa matemático, astrónomo y astrólogo. Por lo tanto, en una época donde todavía no se separaba la Astronomía de la astrología, eran personajes que estudiaban las estrellas.

¿De dónde procedían? Esto es importante al momento de marcar una dirección y así poder ubicar hacia dónde veían la estrella.

Muchos historiadores los ubican en la antigua Persia, hoy Irán. Pero para los Persas, una estrella más no habría sido elemento relevante. Por lo tanto, aunque originarios de Persia, los reyes magos habrían sido Babilonios, quienes si tenían interés y estudiaban las estrellas.

Finalmente, ¿Qué fue lo que vieron? Los relatos indican “…su estrella hemos visto hacia el oriente”, “Una estrella indescriptiblemente grande…”. “…un astro brillaba en el cielo más que todos los restantes…”.

 

LA POSICIÓN DE SANTO TOMAS DE AQUINO

Algunos teólogos defienden que San Mateo hizo una interpretación de las tradiciones de la época, refiriéndose al astro no como una estrella en el sentido literal, sino como símbolo del nacimiento de un personaje importante.

Pero Santo Tomás, el doctor angélico, ya pensó en eso en su época y resolvió la cuestión en la Suma Teológica (III q. 36 a. 7), usando cinco argumentos de San Juan Crisóstomo:

1º.- Esta estrella siguió un camino de norte a sur, que no es lo común en las estrellas.
2º.- Ella aparecía no solo de noche, sino también durante el día
3º.- Algunas veces ella aparecía y otras, se ocultaba.
4º.- No tenía un movimiento continuo: avanzaba cuando era preciso que los magos caminasen, y se detenía cuando ellos debían detenerse, como la columna de nubes en el desierto.
5º.- La estrella mostró el parto de la Virgen no sólo permaneciendo en lo alto, sino también descendiendo, pues no podía indicar claramente la casa si no estuviese cercana a la Tierra.

Pero si ese astro no fue propiamente una estrella ¿qué era?
Según el propio Santo Tomás, todavía citando al Crisóstomo, podría ser:
1º.- El Espíritu Santo así como apareció en forma de paloma sobre Nuestro Señor en Su Bautismo, también apareció a los Reyes Magos en forma de estrella.
2º.- Un ángel, el mismo que apareció a los pastores, apareció a los Reyes Magos en forma de estrella.
3º.- Una especie de estrella creada aparte de las otras, no en el cielo sino en la atmósfera próxima a la tierra, y que se movía según la voluntad de Dios.

Como solución al misterio de la estrella de Belén, Santo Tomás afirmaba ser más probable y correcta esta última alternativa.

 

LA ESTRELLA DE BELEN Y EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO ACTUAL

¿Existió realmente la estrella de Belén?. Los hombres de Ciencia, particularmente los astrónomos, vienen haciéndose esa pregunta desde hace mucho tiempo. Aunque todavía no se puede dar una explicación científica al respecto.

Podemos saber que en la zona aproximada, en donde se sitúa el nacimiento de Jesús, tuvieron lugar algunos acontecimientos astronómicos importantes e inusuales.

 

CONJUNCIONES ASTRONÓMICAS

Algunas veces debido al movimiento aparente en el cielo de los planetas puede darse que dos planetas se encuentren tan juntos en el cielo que incluso en ocasiones (las menos), ambos cuerpos sean indistinguibles a simple vista. Este tipo de situaciones reciben el nombre de conjunciones planetarias. Aunque la posibilidad de que se den es más pequeña, puede suceder que en lugar de dos sean tres los planetas que estén muy cerca en el cielo. Dichas conjunciones planetarias han sido consideradas a lo largo de la historia como el acontecimiento astronómico que inició la marcha de los Reyes Magos a Belén.

Entre esos acontecimientos astronómicos destaca la conjunción de Júpiter y Saturno en Piscis que tuvo lugar en el año 7 a.C.,en tres ocasiones, un fenómeno que ocurre cada 900 años. La primera de las tres grandes aproximaciones de los planetas, se produjo el 22 de mayo, del año 7 a.C. tal como se recogió en ciertos papiros egipcios. Este fenómeno, tan espectacular e infrecuente, pudo servirles a los Magos para iniciar su viaje, con lo que la segunda conjunción, a finales de septiembre, coincidiría con su visita a Herodes. Si procedían de Arabia, Mesopotamia o lugar análogo, la duración de su viaje podría alargarse a unos 4 meses. La tercera conjunción, ocurrió a comienzos de diciembre. La hipótesis de que la estrella de Belén se trató de esa triple conjunción tuvo su origen, a principios del siglo XIX, en el obispo danés Munter.

La gran conjunción de los planetas Marte, Júpiter y Saturno en Piscis, en un arco de menos de 8º, en febrero del año 6 a.C., fenómeno que necesita 800 años para repetirse. Y no olvidemos que, en la astrología, a Piscis se le asociaba con el pueblo judío, a Júpiter con la realeza y a Saturno con la deidad mesopotámica protectora de Israel.

 

COMETAS

La aparición de cometas como símbolo de la estrella de Belén es un hecho procedente de la Edad Media y claramente representado en el cuadro La Adoración de los Reyes Magos pintado por el italiano Giotto di Bondone sobre el año 1304. Giotto pintó su “estrella de Belén” en el cuadro, probablemente por la sorpresa que le habría supuesto la aparición en 1301 del cometa que hoy conocemos con el nombre de Halley. La iconografía fue adaptando poco a poco esta figura en todas las escenas que hacían referencia a la Natividad y, de alguna u otra forma, nos ha llegado a nuestros días.

Otros científicos han analizado la posibilidad de que la estrella de Belén se tratase de un cometa que viajase visible desde el este al sur durante 2-4 meses. Sin embargo, la astronomía china no registró por esos tiempos ningún fenómeno de ese tipo. Tan solo existe la posibilidad del cometa Halley, pero su aparición tuvo lugar hacia el año 12 a.C., lo que parece alejarse de la posible fecha del nacimiento de Jesús.

 

UNA SUPERNOVA

Otra posibilidad planteada es la aparición de una supernova en los cielos. Una supernova es una estrella muy masiva que aumenta bruscamente su luminosidad, de tal forma que no es posible que pase inadvertida en el cielo.

Ciertamente es difícil que la estrella de Belén pudiera interpretarse como una supernova. La explicación es clara. Cuando una estrella se convierte en una supernova, su estadio final es una envoltura gaseosa que va expandiendo con el tiempo. Con los telescopios y radiotelescopios que existen hoy día, es fácil observar donde se encuentra éste remanente de supernova y no se ha detectado ningún resto de supernova en la zona.

 

ESTRELLAS NOVAS

Antes sugerimos una supernova como un candidato ideal para ser la estrella de Belén. Hubiera sido, cuanto menos, curioso. Pero ¿y si en lugar de ser un objeto tan espectacular como una supernova fuera una nova?

Una nova es una estrella que, como consecuencia de las reacciones nucleares explosivas que se dan en las capas más superficiales de la estrella, sufre un aumento de brillo considerable aunque no se acerca al excepcional aumento que sufren las supernovas

¿Acaso pudo ser la estrella de Belén una nova, una nueva estrella?. Datos procedentes de los astrónomos chinos indican el registro de una nueva estrella en la constelación de Capricornio hacia marzo-abril del año 5 a.C., estrella que fue muy brillante y visible durante 70 días. Esa estrella parece ser que, efectivamente, apareció por el este varias horas antes del amanecer, lo que concuerda con el relato de Mateo, sin embargo, lo que se cuenta en Mateo 2:9, implica que posteriormente fue visible hacia el sur, cuando los Magos se dirigían a Belén, tras su visita al rey Herodes. Una nova no hubiera podido moverse tanto, por lo que la hipótesis de la nova resulta difícil de creer.

 

PLANETA JÚPITER

El astrónomo Ivor Bulmer-Thomas propuso que las conjunciones, antes mencionadas, de Marte, Júpiter y Saturno en los años 7 y 6 a.C. alertaron a los Magos para otra señal celestial. Y esta tuvo lugar en mayo del año 5 a.C., consistente en el llamado movimiento retrógrado de Júpiter, cuando el planeta hace una especie de lazo en el cielo y al final del mismo parece permanecer estacionario durante una semana. Los astrónomos babilonios tenían un gran interés por este fenómeno y los Magos podrían haber iniciado el viaje cuando Júpiter emergió desde detrás del Sol en el mes de mayo del año 5 a.C., con lo que, cuatro meses después, al final del viaje en Belén, el luminoso planeta Júpiter se encontraría aparentemente parado, estacionario.

La suposición de que el planeta Júpiter fue realmente la estrella de Belén es la aceptada también por numerosos astrónomos como los del Observatorio Griffith. Se basan también en el hecho de que Júpiter estuvo en conjunción próxima con Venus dos veces, y con Regulus tres veces en un periodo de 10 meses cercanos al tiempo supuesto del nacimiento de Jesús.


OTRAS HIPÓTESIS

Algunos astrónomos como Mark Kidger (investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias) o Humphreys (de la Royal Astronomical Society) disponen de una hipótesis no centrada en un objeto u acontecimiento en concreto, sino en varios.

Su hipótesis se basa en centrarnos primeramente en la conjunción planetaria del año 7 a.C.; Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis le habría llamado poderosamente la atención a los Reyes Magos como ya hemos explicado. Posteriormente en el año 6 a.C. Marte, Júpiter y Saturno se agruparon muy cerca entre ellos en una zona del cielo reducida, de nuevo en la constelación de Piscis. Si bien el suceso no tuvo nada en especial los Reyes Magos estaban ya sobreavisados, así que a la menor señal de alarma, iniciarían la partida. Algo que llegaría con la nova del año 5 a.C la cual se mantendría visible durante más de 70 días, tiempo suficiente para que los Reyes Magos llegaran a ver a Jesús. De ésta forma Kidger y Humphreys sitúan a la Estrella de Belén como una sucesión de acontecimientos astronómicos sucedidos durante dos años.
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La Virgen Santísima presiente la llegada de los Reyes: visión de Catalina Emmerich.

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La Virgen Santísima presiente la llegada de los Reyes: visión de Catalina Emmerich

María había tenido una visión de la próxima llegada de los Reyes, cuando éstos se detuvieron con el rey de Causur, y vio también que este rey quería levantar un altar para honrar al Niño…

Comunicólo a José y a Isabel, diciéndoles que sería preciso vaciar cuanto se pudiera la gruta del Pesebre y preparar la recepción de los Reyes. María se retiró ayer de la gruta por causa de unos visitantes curiosos, que acudieron muchos más en estos últimos días.

Hoy Isabel se volvió a Gruta en compañía de un criado. En estos dos últimos días hubo más tranquilidad en la gruta del Pesebre y la Sagrada Familia permaneció sola la mayor parte del tiempo. Una criada de María, mujer de unos treinta años, grave y humilde, era la única persona que los acompañaba. Esta mujer, viuda, sin hijos, era parienta de Ana, quien le había dado asilo en su casa. Había sufrido mucho con su esposo, hombre duro, porque siendo ella piadosa y buena, iba a menudo a ver a los esenios con la esperanza del Salvador de Israel. El hombre se irritaba por esto, como hacen los hombres perversos de nuestros días, a quienes les parece que sus mujeres van demasiado a la iglesia. Después de haber abandonado a su mujer, murió al poco tiempo.

Aquellos vagabundos que, mendigando, habían proferido injurias y maldiciones cerca de la gruta de Belén, e iban a Jerusalén para la fiesta de la Dedicación del Templo, instituida por los Macabeos, no volvieron por estos contornos. José celebró el sábado bajo la lámpara del Pesebre con María y la criada. Esta noche empezó la fiesta de la Dedicación del Templo y reina gran tranquilidad. Los visitantes, bastante numerosos, son gentes que van a la fiesta. Ana envía a menudo mensajeros para traer presentes e inquirir noticias.

Como las madres judías no amamantan mucho tiempo a sus criaturas, sino que les dan otros alimentos, así el Niño Jesús tomaba también, después de los primeros días, una papilla hecha con la médula de una especie de caña. Es un alimento dulce, liviano y nutritivo. José enciende su lámpara por la noche y por la mañana para celebrar la fiesta de la Dedicación. Desde que ha empezado la fiesta en Jerusalén, aquí están muy tranquilos. Llegó hoy un criado mandado por Santa Ana trayendo, además de varios objetos, todo lo necesario para trabajar en un ceñidor y un cesto lleno de hermosas frutas cubiertas de rosas. Las flores puestas sobre las frutas conservaban toda su frescura. El cesto era alto y fino, y las rosas no eran del mismo color que las nuestras, sino de un tinte pálido y color de carne, entre otras amarillas y blancas y algunos capullos. Me pareció que le agradó a María este cesto y lo colocó a su lado.

Mientras tanto yo veía varias veces a los Reyes en su viaje. Iban por un camino montañoso, franqueando aquellas montañas donde había piedras parecidas a fragmentos de cerámica. Me agradaría tener algunas de ellas, pues son bonitas y pulidas.

Hay algunas montañas con piedras transparentes, semejantes a huevos de pájaros, y mucha arena blancuzca. Más tarde vi a los Reyes en la comarca donde se establecieron posteriormente y donde Jesús los visitó en el tercer año de su predicación. Me pareció que José, deseando permanecer en Belén, pensaba habitar allí después de la Purificación de María y que había tomado ya informes al respecto.

Hace tres días vinieron algunas personas pudientes de Belén a la gruta. Ahora aceptarían de muy buena gana a la Sagrada Familia en sus casas; pero María se ocultó en la gruta lateral y José rehusó modestamente sus ofrecimientos. Santa Ana está por visitar a María. La he visto muy preocupada en estos últimos días revisando sus rebaños y haciendo la separación de la parte de los pobres y la del Templo. De la misma manera la Sagrada Familia reparte todo lo que recibe en regalos.

La festividad de la Dedicación seguía aún por la mañana y por la noche, y deben de haber agregado otra fiesta el día 13, pues pude ver que en Jerusalén hacían cambios en las ceremonias. Vi también a un sacerdote junto a José, con un rollo, orando al lado de una mesa pequeña cubierta con una carpeta roja y blanca. Me pareció que el sacerdote venía a ver si José celebraba la fiesta o para anunciar otra festividad.

En estos últimos días la gruta estuvo muy tranquila porque no tenía visitantes. La fiesta de la Dedicación terminó con el sábado, y José dejó de encender las lámparas.

El domingo 16 y el lunes 17 muchos de los alrededores acudieron a la gruta del Pesebre, y aquellos mendigos descarados se mostraron en la entrada. Todos volvían de las fiestas de la Dedicación. El 17 llegaron dos mensajeros de parte de Ana, con alimentos y diversos objetos, y María, que es más generosa que yo, pronto distribuyó todo lo que tenía. Vi a José haciendo diversos arreglos en la gruta del pesebre, en las grutas laterales y en la tumba de Maraha. Según la visión que había tenido María, esperaban próximamente a Ana y a los Reyes Magos.
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La Virgen Santísima presiente la llegada de los Reyes: visión de Catalina Emmerich

María había tenido una visión de la próxima llegada de los Reyes, cuando éstos se detuvieron con el rey de Causur, y vio también que este rey quería levantar un altar para honrar al Niño…

Comunicólo a José y a Isabel, diciéndoles que sería preciso vaciar cuanto se pudiera la gruta del Pesebre y preparar la recepción de los Reyes. María se retiró ayer de la gruta por causa de unos visitantes curiosos, que acudieron muchos más en estos últimos días.

Hoy Isabel se volvió a Gruta en compañía de un criado. En estos dos últimos días hubo más tranquilidad en la gruta del Pesebre y la Sagrada Familia permaneció sola la mayor parte del tiempo. Una criada de María, mujer de unos treinta años, grave y humilde, era la única persona que los acompañaba. Esta mujer, viuda, sin hijos, era parienta de Ana, quien le había dado asilo en su casa. Había sufrido mucho con su esposo, hombre duro, porque siendo ella piadosa y buena, iba a menudo a ver a los esenios con la esperanza del Salvador de Israel. El hombre se irritaba por esto, como hacen los hombres perversos de nuestros días, a quienes les parece que sus mujeres van demasiado a la iglesia. Después de haber abandonado a su mujer, murió al poco tiempo.

Aquellos vagabundos que, mendigando, habían proferido injurias y maldiciones cerca de la gruta de Belén, e iban a Jerusalén para la fiesta de la Dedicación del Templo, instituida por los Macabeos, no volvieron por estos contornos. José celebró el sábado bajo la lámpara del Pesebre con María y la criada. Esta noche empezó la fiesta de la Dedicación del Templo y reina gran tranquilidad. Los visitantes, bastante numerosos, son gentes que van a la fiesta. Ana envía a menudo mensajeros para traer presentes e inquirir noticias.

Como las madres judías no amamantan mucho tiempo a sus criaturas, sino que les dan otros alimentos, así el Niño Jesús tomaba también, después de los primeros días, una papilla hecha con la médula de una especie de caña. Es un alimento dulce, liviano y nutritivo. José enciende su lámpara por la noche y por la mañana para celebrar la fiesta de la Dedicación. Desde que ha empezado la fiesta en Jerusalén, aquí están muy tranquilos. Llegó hoy un criado mandado por Santa Ana trayendo, además de varios objetos, todo lo necesario para trabajar en un ceñidor y un cesto lleno de hermosas frutas cubiertas de rosas. Las flores puestas sobre las frutas conservaban toda su frescura. El cesto era alto y fino, y las rosas no eran del mismo color que las nuestras, sino de un tinte pálido y color de carne, entre otras amarillas y blancas y algunos capullos. Me pareció que le agradó a María este cesto y lo colocó a su lado.

Mientras tanto yo veía varias veces a los Reyes en su viaje. Iban por un camino montañoso, franqueando aquellas montañas donde había piedras parecidas a fragmentos de cerámica. Me agradaría tener algunas de ellas, pues son bonitas y pulidas.

Hay algunas montañas con piedras transparentes, semejantes a huevos de pájaros, y mucha arena blancuzca. Más tarde vi a los Reyes en la comarca donde se establecieron posteriormente y donde Jesús los visitó en el tercer año de su predicación. Me pareció que José, deseando permanecer en Belén, pensaba habitar allí después de la Purificación de María y que había tomado ya informes al respecto.

Hace tres días vinieron algunas personas pudientes de Belén a la gruta. Ahora aceptarían de muy buena gana a la Sagrada Familia en sus casas; pero María se ocultó en la gruta lateral y José rehusó modestamente sus ofrecimientos. Santa Ana está por visitar a María. La he visto muy preocupada en estos últimos días revisando sus rebaños y haciendo la separación de la parte de los pobres y la del Templo. De la misma manera la Sagrada Familia reparte todo lo que recibe en regalos.

La festividad de la Dedicación seguía aún por la mañana y por la noche, y deben de haber agregado otra fiesta el día 13, pues pude ver que en Jerusalén hacían cambios en las ceremonias. Vi también a un sacerdote junto a José, con un rollo, orando al lado de una mesa pequeña cubierta con una carpeta roja y blanca. Me pareció que el sacerdote venía a ver si José celebraba la fiesta o para anunciar otra festividad.

En estos últimos días la gruta estuvo muy tranquila porque no tenía visitantes. La fiesta de la Dedicación terminó con el sábado, y José dejó de encender las lámparas.

El domingo 16 y el lunes 17 muchos de los alrededores acudieron a la gruta del Pesebre, y aquellos mendigos descarados se mostraron en la entrada. Todos volvían de las fiestas de la Dedicación. El 17 llegaron dos mensajeros de parte de Ana, con alimentos y diversos objetos, y María, que es más generosa que yo, pronto distribuyó todo lo que tenía. Vi a José haciendo diversos arreglos en la gruta del pesebre, en las grutas laterales y en la tumba de Maraha. Según la visión que había tenido María, esperaban próximamente a Ana y a los Reyes Magos.
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El viaje de los Reyes Magos a Belén: visión de Catalina Emmerich.

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El viaje de los Reyes Magos a Belén: visión de Catalina Emmerich

He visto llegar hoy la caravana de los Reyes, por la noche, a una población pequeña con casas dispersas, algunas rodeadas de grandes vallas. Me parece que es éste el primer lugar donde se entra en la Judea…

Aunque aquella era la dirección de Belén, los Reyes torcieron hacia la derecha, quizás por no hallar otro camino más directo. Al llegar allí su canto era más expresivo y animado; estaban más contentos porque la estrella tenía un brillo extraordinario: era como la claridad de la luna llena, y las sombras se veían con mucha nitidez. A pesar de todo, los habitantes parecían no reparar en ella. Por otra parte eran buenos y serviciales.

Algunos viajeros habían desmontado y los habitantes ayudaban a dar de beber a las bestias. Pensé en los tiempos de Abrahán, cuando todos los hombres eran serviciales y benévolos. Muchas personas acompañaron a la comitiva de los Reyes Magos llevando palmas y ramas de árboles cuando pasaron por la ciudad. La estrella no tenía siempre el mismo brillo: a veces se oscurecía un tanto; parecía que daba más claridad según fueran mejores los lugares que cruzaban.

Cuando vieron los Reyes resplandecer más a la estrella, se alegraron mucho pensando que sería allí donde encontrarían al Mesías. Esta mañana pasaron al lado de una ciudad sombría, cubierta de tinieblas, sin detenerse en ella, y poco después atravesaron un arroyo que se echa en el Mar Muerto. Algunas de las personas que los acompañaban se quedaron en estos sitios. He sabido que una de aquellas ciudades había servido de refugio a alguien en ocasión de un combate, antes que Salomón subiera al trono. Atravesando el torrente, encontraron un buen camino.

Esta noche volví a ver el acompañamiento de los Reyes que había aumentado a unas doscientas personas porque la generosidad de ellos había hecho que muchos se agregaran al cortejo. Ahora se acercaban por el Oriente a una ciudad cerca de la cual pasó Jesús, sin entrar, el 31 de Julio del segundo año de su predicación. El nombre de esa ciudad me pareció Manatea, Metanea, Medana o Madián. Había allí judíos y paganos; en general eran malos. A pesar de atravesarla una gran ruta, no quisieron entrar por ella los Reyes y pasaron frente al lado oriental para llegar a un lugar amurallado donde había cobertizos y caballerizas. En este lugar levantaron sus carpas, dieron de beber y comer a sus animales y tomaron también ellos su alimento.

Los Reyes se detuvieron allí el jueves 20 y el viernes 21 y se pusieron muy pesarosos al comprobar que allí tampoco nadie sabía nada del Rey recién nacido. Les oí relatar a los habitantes las causas porque habían venido, lo largo del viaje y varias circunstancias del camino. Recuerdo algo de lo que dijeron. El Rey recién nacido les había sido anunciado mucho tiempo antes. Me parece que fue poco después de Job, antes que Abrahán pasara a Egipto, pues unos trescientos hombres de la Media, del país de Job (con otros de diferentes lugares) habían viajado hasta Egipto llegando hasta la región de Heliópolis. No recuerdo por qué habían ido tan lejos; pero era una expedición militar y me parece que habían venido en auxilio de otros. Su expedición era digna de reprobación, porque entendí que habían ido contra algo santo, no recuerdo si contra hombres buenos o contra algún misterio religioso relacionado con la realización de la Promesa divina.

En los alrededores de Heliópolis varios jefes tuvieron una revelación con la aparición de un ángel que no les permitió ir más lejos. Este ángel les anunció que nacería un Salvador de una Virgen, que debía ser honrado por sus descendientes. Ya no sé cómo sucedió todo esto; pero volvieron a su país y comenzaron a observar los astros.

Los he visto en Egipto organizando fiestas regocijantes, alzando allí arcos de triunfo y altares, que adornaban con flores, y después regresaron a sus tierras. Eran gentes de la Media, que tenían el culto de los astros. Eran de alta estatura, casi gigantes, de una hermosa piel morena amarillenta. Iban como nómadas con sus rebaños y dominaban en todas partes por su fuerza superior. No recuerdo el nombre de un profeta principal que se encontraba entre ellos. Tenían conocimiento de muchas predicciones y observaban ciertas señales trasmitidas por los animales. Si éstos se cruzaban en su camino y se dejaban matar, sin huir, era un signo para ellos y se apartaban de aquellos caminos.

Los Medos, al volver de la tierra de Egipto, según contaban los Reyes, habían sido los primeros en hablar de la profecía y desde entonces se habían puesto a observar los astros. Estas observaciones cayeron algún tiempo en desuso; pero fueron renovadas por un discípulo de Balaam y mil años después las tres profetisas, hijas de los antepasados de los tres Reyes, las volvieron a poner en práctica.

Cincuenta años más tarde, es decir, en la época a que habían llegado, apareció la estrella que ahora seguían para adorar al nuevo Rey recién nacido. Estas cosas relataban los Reyes a sus oyentes con mucha sencillez y sinceridad, entristeciéndose mucho al ver que aquéllos no parecían querer prestar fe a lo que desde dos mil años atrás había sido el objeto de la esperanza y deseos de sus antepasados.

A la caída de la tarde se oscureció un poco la estrella a causa de algunos vapores, pero por la noche se mostró muy brillante entre las nubes que corrían, y parecía más cerca de la tierra. Se levantaron entonces rápidamente, despertaron a los habitantes del país y les mostraron el espléndido astro. Aquella gente miró con extrañeza, asombro y alguna conmoción el cielo; pero muchos se irritaron aun contra los santos Reyes, y la mayoría sólo trató de sacar provecho de la generosidad con que trataban a todos. Les oí también decir cosas referentes a su jornada hasta allí. Contaban el camino por jornadas a pie, calculando en doce leguas cada jornada. Montando en sus dromedarios, que eran más rápidos que los caballos, hacían treinta y seis leguas diarias, contando la noche y los descansos. De este modo, el Rey que vivía más lejos pudo hacer, en dos días, cinco veces las doce leguas que los separaban del sitio donde se habían reunido, y los que vivían más cerca podían hacer en un día y una noche tres veces doce leguas. Desde el lugar donde se habían reunido hasta aquí habían completado 672 leguas de camino, y para hacerlo, calculando desde el nacimiento de Jesucristo, habían empleado más o menos veinticinco días con sus noches, contando también los dos días de reposo.

La noche del viernes 21, habiendo comenzado el sábado para los judíos que habitaban allí, los Reyes prepararon su partida. Los habitantes del lugar habían ido a la sinagoga de un lugar vecino pasando sobre un puente hacia el Oeste. He visto que estos judíos miraban con gran asombro la estrella que guiaba a los Magos; pero no por eso se mostraron más respetuosos. Aquellos hombres desvergonzados estuvieron muy importunos, apretándose como enjambres de avispas alrededor de los Reyes, demostrando ser viles y pedigüeños, mientras los Reyes, llenos de paciencia, les daban sin cesar pequeñas piezas amarillas, triangulares, muy delgadas, y granos de metal oscuro. Creo por eso que debían ser muy ricos estos Reyes. Acompañados por los habitantes del lugar dieron vueltas a los muros de la ciudad, donde vi algunos templos con ídolos; más tarde atravesaron el torrente sobre un puente, y costearon la aldea judía. Desde aquí tenían un camino de veinticuatro leguas para llegar a Jerusalén.
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La adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús: visión de Catalina Emmerich.

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La adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús: visión de Catalina Emmerich

Se apearon al llegar cerca de la gruta de la tumba de Maraña, en el valle, detrás de la gruta del Pesebre. Los criados desliaron muchos paquetes, levantaron una gran carpa e hicieron otros arreglos con la ayuda de algunos pastores que les señalaron los lugares más apropiados…


Se encontraba ya en parte arreglado el campamento cuando los Reyes vieron la estrella aparecer brillante y muy clara sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia la gruta sus rayos en línea recta. La estrella estaba muy crecida y derramaba mucha luz; por eso la miraban con grande asombro. No se veía casa alguna por la densa oscuridad, y la colina aparecía en forma de una muralla. De pronto vieron dentro de la luz la forma de un Niño resplandeciente y sintieron extraordinaria alegría. Todos procuraron manifestar su respeto y veneración.

Los tres Reyes se dirigieron a la colina, hasta la puerta de la gruta. Mensor la abrió, y vio su interior lleno de luz celestial, y a la Virgen, en el fondo, sentada, teniendo al Niño tal como él y sus compañeros la habían contemplado en sus visiones. Volvió para contar a sus compañeros lo que había visto. En esto José salió de la gruta acompañado de un pastor anciano y fue a su encuentro. Los tres Reyes le dijeron con simplicidad que habían venido para adorar al Rey de los Judíos recién Nacido, cuya estrella habían observado, y querían ofrecerle sus presentes. José los recibió con mucho afecto. El pastor anciano los acompañó hasta donde estaban los demás y les ayudó en los preparativos, juntamente con otros pastores allí presentes.

Los Reyes se dispusieron para una ceremonia solemne. Les vi revestirse de mantos muy amplios y blancos, con una cola que tocaba el suelo. Brillaban con reflejos, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban en torno de sus personas. Eran las vestiduras para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban bolsas y cajas de oro colgadas de cadenillas, y cubríanlo todo con sus grandes mantos. Cada uno de los Reyes iba seguido por cuatro personas de su familia, además, de algunos criados de Mensor que llevaban una pequeña mesa, una carpeta con flecos y otros objetos.

Los Reyes siguieron a José, y al llegar bajo el alero, delante de la gruta, cubrieron la mesa con la carpeta y cada uno de ellos ponía sobre ella las cajitas de oro y los recipientes que desprendían de su cintura. Así ofrecieron los presentes comunes a los tres. Mensor y los demás se quitaron las sandalias y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Mensor, que le precedían, tendieron una alfombra sobre el piso de la gruta, retirándose después hacia atrás, siguiéndoles otros dos con la mesita donde estaban colocados los presentes. Cuando estuvo delante de la Santísima Virgen, el rey Mensor depositó estos presentes a sus pies, con todo respeto, poniendo una rodilla en tierra. Detrás de Mensor estaban los cuatro de su familia, que se inclinaban con toda humildad y respeto.

Mientras tanto Sair y Teokeno aguardaban atrás, cerca de la entrada de la gruta. Se adelantaron a su vez llenos de alegría y de emoción, envueltos en la gran luz que llenaba la gruta, a pesar de no haber allí otra luz que el que es Luz del mundo. María se hallaba como recostada sobre la alfombra, apoyada sobre un brazo, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado dentro de la gamella, cubierta con un lienzo y colocada sobre una tarima en el sitio donde había nacido.

Cuando entraron los Reyes la Virgen se puso el velo, tomó al Niño en sus brazos, cubriéndolo con un velo amplio. El rey Mensor se arrodilló y ofreciendo los dones pronunció tiernas palabras, cruzó las manos sobre el pecho, y con la cabeza descubierta e inclinada, rindió homenaje al Niño. Entre tanto María había descubierto un poco la parte superior del Niño, quien miraba con semblante amable desde el centro del velo que lo envolvía. María sostenía su cabecita con un brazo y lo rodeaba con el otro. El Niño tenía sus manecitas juntas sobre el pecho y las tendía graciosamente a su alrededor. ¡Oh, qué felices se sentían aquellos hombres venidos del Oriente para adorar al Niño Rey!.

Viendo esto decía entre mí: “Sus corazones son puros y sin mancha; están llenos de ternura y de inocencia como los corazones de los niños inocentes y piadosos. No se ve en ellos nada de violento, a pesar de estar llenos del fuego del amor”. Yo pensaba: “Estoy muerta; no soy más que un espíritu: de otro modo no podría ver estas cosas que ya no existen, y que, sin embargo, existen en este momento. Pero esto no existe en el tiempo, porque en Dios no hay tiempo: en Dios todo es presente. Yo debo estar muerta; no debo ser más que un espíritu”. Mientras pensaba estas cosas, oí una voz que me dijo: “¿Qué puede importarte todo esto que piensas?… Contempla y alaba a Dios, que es Eterno, y en Quien todo es eterno”.

Vi que el rey Mensor sacaba de una bolsa, colgada de la cintura, un puñado de barritas compactas del tamaño de un dedo, pesadas, afiladas en la extremidad, que brillaban como oro. Era su obsequio. Lo colocó humildemente sobre las rodillas de María, al lado del Niño Jesús. María tomó el regalo con un agradecimiento lleno de sencillez y de gracia, y lo cubrió con el extremo de su manto. Mensor ofrecía las pequeñas barras de oro virgen, porque era sincero y caritativo, buscando la verdad con ardor constante e inquebrantable.

Después se retiró, retrocediendo, con sus cuatro acompañantes; mientras Sair, el rey cetrino, se adelantaba con los suyos y se arrodillaba con profunda humildad, ofreciendo su presente con expresiones muy conmovedoras. Era un recipiente de incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verde, que puso sobre la mesa, delante del Niño Jesús. Sair ofreció incienso porque era un hombre que se conformaba respetuosamente con la Voluntad de Dios, de todo corazón y seguía esta voluntad con amor. Se quedó largo rato arrodillado, con gran fervor.

Se retiró y se adelantó Teokeno, el mayor de los tres, ya de mucha edad. Sus miembros algo endurecidos no le permitían arrodillarse: permaneció de pie, profundamente inclinado, y puso sobre la mesa un vaso de oro que tenía una hermosa planta verde. Era un arbusto precioso, de tallo recto, con pequeñas ramitas crespas coronadas de hermosas flores blancas: la planta de la mirra. Ofreció la mirra por ser el símbolo de la mortificación y de la victoria sobre las pasiones, pues este excelente hombre había sostenido lucha constante contra la idolatría, la poligamia y las costumbres estragadas de sus compatriotas. Lleno de emoción estuvo largo tiempo con sus cuatro acompañantes ante el Niño Jesús.

Yo tenía lástima por los demás que estaban fuera de la gruta esperando turno para ver al Niño. Las frases que decían los Reyes y sus acompañantes estaban llenas de simplicidad y fervor. En el momento de hincarse y ofrecer sus dones decían más o menos lo siguiente: “Hemos visto su estrella; sabemos que Él es el Rey de los Reyes; venimos a adorarle, a ofrecerle nuestros homenajes y nuestros regalos”. Estaban como fuera de sí, y en sus simples e inocentes plegarias encomendaban al Niño Jesús sus propias personas, sus familias, el país, los bienes y todo lo que tenía para ellos algún valor sobre la tierra. Le ofrecían sus corazones, sus almas, sus pensamientos y todas sus acciones. Pedían inteligencia clara, virtud, felicidad, paz y amor. Se mostraban llenos de amor y derramaban lágrimas de alegría, que caían sobre sus mejillas y sus barbas. Se sentían plenamente felices. Habían llegado hasta aquella estrella, hacia la cual desde miles de años sus antepasados habían dirigido sus miradas y sus ansias, con un deseo tan constante. Había en ellos toda la alegría de la Promesa realizada después de tan largos siglos de espera.

María aceptó los presentes con actitud de humilde acción de gracias. Al principio no decía nada: sólo expresaba su reconocimiento con un simple movimiento de cabeza, bajo el velo. El cuerpecito del Niño brillaba bajo los pliegues del manto de María. Después la Virgen dijo palabras humildes y llenas de gracia a cada uno de los Reyes, y echó su velo un tanto hacia atrás.

Aquí recibí una lección muy útil. Yo pensaba: “¡Con qué dulce y amable gratitud recibe María cada regalo! Ella, que no tiene necesidad de nada, que tiene a Jesús, recibe los dones con humildad. Yo también recibiré con gratitud todos los regalos que me hagan en lo futuro”. ¡Cuánta bondad hay en María y en José! No guardaban casi nada para ellos, todo lo distribuían entre los pobres.
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Queridos Reyes Magos ¡Feliz fin de viaje!

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Queridos Reyes Magos ¡Feliz fin de viaje!
Estamos celebrando el día de la Manifestación del Señor... así que ¡ánimo! El día de encontrar lo que están buscando ha llegado.
Autor: P Idar Hidalgo | Fuente: Catholic.net


Queridos Reyes Magos:

Se muy bien que desde que han visto la estrella aparecer en el firmamento y después de consultar sus mapas de astronómicos, y sobre todo sondear su corazón, se han puesto en camino con gran docilidad para ir al encuentro del Rey hecho niño, del Salvador del Mundo.

Y llevan sus regalos, que han elegido de una manera extraordinaria, Oro, Incienso, y Mirra; porque lo reconocen como Rey, como Dios, y como hombre. Y se han puesto en camino dejándose guiar por aquella estrella, que solo se deja ver por las noches... y les va marcando el rumbo y les va orientando sus pasos.

Y ustedes con gran alegría, venciendo el cansancio y la sed de tanto caminar, el calor y el frío del desierto, han continuado su camino y están por llegar. También venciendo innumerables dificultades, como los engaños de Herodes, que sabiamente han podido burlar, siendo obedientes al ángel.

Estamos celebrando el día de la Manifestación del Señor... así que ¡ánimo! El día de encontrar lo que están buscando ha llegado.

Gracias por su fidelidad, por su obediencia, y por esos regalos que llevan en sus manos. Pero más agradezco el signo que nos regalan a toda la humanidad de que la salvación es para todos los pueblos.

Desde que ha empezado el tiempo de Adviento, he pensado en ustedes, y en la carta que habría de escribirles para pedirles, como lo hice cuando era niño, algunos regalos. Pero el tiempo se ha pasado tan rápido, entre posadas, la Fiesta de Navidad, Fin de año, Fiesta de Nuestra Santísima Madre... que es hasta este momento en la solemnidad de su venida que les escribo mi carta. De todas maneras tengo la confianza que les llegará a tiempo porque le pediré a mi Ángel de la Guarda que se las haga llegar en forma prioritaria.

Les pido, con humildad que me compartan:

La sencillez  para saber distinguir en los signos de los tiempos la presencia de la Buena Noticia, para saber observar desde la fe todas la realidades tanto de la tierra como del cielo.

Que puedan compartir conmigo la docilidad  a las divinas inspiraciones del alma, y seguir el camino que me marque la estrella. A ustedes los ha guiado una estrella en el cielo, para mi esa estrella que me lleva a Jesús es María, por eso pido tener esa docilidad de ustedes para saber descubrirla en todo momento, para no perder el rumbo que conduce al Salvador de todas las naciones, al Rey de todos los Pueblos.

Valentía para hacerme al camino, para saber dejarlo todo y lanzarme a la aventura de un camino, a desinstalarme con frecuencia para vivir de la fe y no de la seguridad de mis reinos, de mis posesiones. Confiar que, dejando todo, es la única forma de encontrar El Todo.

Obediencia a las guías que tengo en el camino, obediencia a lo que se cree, a lo que se espera, a lo que se ama. Obediencia humilde a las inspiraciones y a los ángeles, especialmente a mi Ángel de la Guarda, para que no pierda el camino, y tenga la alegría de que todo se me ha dado como regalo, confiando y dependiendo totalmente en Aquel que me ha llamado a un encuentro.

Alegría de un encuentro, del encuentro que más se desea: encontrarse con Dios, por eso ese encuentro es una Celebración. Porque es el encuentro de la criatura con su Creador, alegría de encuentro porque es la manifestación de Dios hecho hombre como Dios, como Rey, y como hombre. Quiero, tener esa alegría de encuentro que para mi se realiza en cada Eucaristía, en cada sacramento, en cada encuentro con el más necesitado. Alegría de encuentro, que es una gran celebración, porque cuando el encuentro esta tocado por el amor solo puede ser celebrativo, y toda nuestra vida es encuentro y toda nuestra vida es celebración si lo vivimos en la dimensión del amor.

Abusando de su generosidad, pido la paciencia para seguir en el camino, para que el cansancio no me haga desistir, para que las dificultades no resten el ánimo, para que los obstáculos del camino solo sean oportunidades de crecimiento, que sean retos que me permitan crecer como persona, como cristiano, como discípulo del Maestro.

Que no pierda la esperanza del encuentro, que no pierda la esperanza que la promesa se hará realidad.

Que no pierda la esperanza que en el camino no se anda solo, que ángeles, estrellas y hermanos caminamos juntos. Tener siempre y cada día, la esperanza de que es posible vivir la caridad entre los hermanos que caminamos en comunidad como lo hicieron ustedes, que se acompañaron hasta el final.

Todo lo anterior no lo pido solo para mi, lo pido para poder compartirlo con todos mis hermanos, quiero descubrir en cada hermano a Cristo, quiero descubrirlo especialmente en los más pobres, en los más necesitados, los enfermos, los encarcelados, los que están solos o se sienten solos; quiero reconocer al Rey en aquellos que llevan con humildad la cruz de cada día, en los que se esfuerzan por dar testimonio del amor, en las personas que perdonan y aquellos que se niegan a recibir el perdón, recocerlo en los amigos y también en los enemigos.

Quiero compartir todo lo que les he pedido con todos aquellos que se acerquen a mi vida, y quiero ser yo el que se ponga en camino hacia el encuentro. Me gustaría, ser el primero que tienda un puente por donde el otro se pueda acercar a mi, y por donde yo me pueda acercar a él.

Todo lo que les he pedido, también se los pido para todos mis amigos, familiares y benefactores... para que todos seamos instrumentos de paz. Para que todos busquemos el reino de Dios, sabiendo que si Dios reina en nuestros corazones, reinará en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, y en nuestras naciones.

Les deseo a ustedes queridos Reyes Magos, feliz fin de viaje. Y me despido agradecido por la ilusión que guardaron en mi cuando era un niño.

Gracias porque un día los esperé con la ilusión de niño y hoy los puedo esperar con la ilusión de sacerdote.

Con afecto, en el Señor que buscamos y que encontramos en la Eucaristía.

Las reliquias de los Reyes Magos.

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Autor: Jesús Bustamante Ibarra | Fuente: boletinturistico.com
Las reliquias de los Reyes Magos (Colonia, Alemania)
Para darle al sarcófago un digno lugar, en 1248 empezaron a construir la catedral de Colonia
 
Las reliquias de los Reyes Magos (Colonia, Alemania)
Las reliquias de los Reyes Magos (Colonia, Alemania)
En 1164, el emperador alemán Federico Barbarroja regaló a la ciudad de Colonia las reliquias de los Reyes Magos, mismas que fueron trasladadas desde la
Tierra Santa a Milán, y desde ahí a Colonia. Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia para ver el rico tesoro de los legendarios Reyes Magos. Así,
en 1248 inició la construcción de una catedral que estaría a la altura de tal tesoro, la de Colonia. Hoy, dicha catedral es uno de los monumentos góticos
más impresionantes de Europa cuya construcción duró más de 600 años.

Fue largo el camino que recorrieron las reliquias antes de llegar a su actual hogar. Todo inició en el año 300 de nuestra era cuando la emperatriz Elena
—madre del emperador romano Constantino— se dedicó a rescatar reliquias religiosas. Aunque no se sabe cómo, en Saba localizó los cadáveres de los Reyes
Magos y ordenó su traslado a Constantinopla —la actual Estambul— donde permanecieron durante tres siglos en una capilla ortodoxa. Después, las reliquias
fueron trasladadas a Milán para dar prestigio a dicha ciudad. Pero fue Federico Barbarroja quien, en sus guerras de conquista, saqueó el norte de Italia
y la ciudad de Milán, y se llevó consigo las reliquias a Colonia en un accidentado viaje.

Los peregrinos, como los turistas en la actualidad, se asombraban al ver las dimensiones y los fastuosos decorados de la iglesia. Y es que sus torres se
elevan 157 metros por encima de la ciudad, sus puertas de bronce son colosales, y su longitud es de 144 metros por 45 de ancho y 43 de altura, lo que la
coloca entre las 10 iglesias más grandes del planeta. Además de todos los datos arquitectónicos colosales de la catedral, el Tesoro de los Reyes Magos
es igualmente importante. Está situado detrás del altar mayor y es una pieza de orfebrería medieval en oro macizo finamente decorada con personajes bíblicos.
Contiene los restos y reliquias de Melchor, Gaspar y Baltasar, los Reyes Magos.

El relicario en forma de basílica tiene proporciones gigantescas para esta clase de urnas: dos metros 20 centímetros de longitud de oro y plata macizos,
esmaltes y joyas de incalculable valor. El relicario fue realizado por el mejor artista francés de la época, Nicolás Verdún, y los maestros orfebres de
Colonia la terminaron hace 800 años. Dentro del relicario reposan los cráneos de Melchor, Gaspar y Baltasar, en tres cajas forradas de terciopelo y brocado.
Cada hueso está envuelto en la seda más fina y se considera que es el sarcófago más grande del mundo, domina toda la catedral. Su peso es de 350 kilos
de oro, plata y vermeil —una mezcla de metales perciosos—, incrustaciones con piedras preciosas, esmaltes y figuras de marfil ricamente adornadas que representan
a la Virgen María, a los Reyes Magos y a los profetas. Por estas reliquias, Colonia se ha convertido, junto con Roma y Compostela, en uno de los grandes
centros cristianos de peregrinación. En la Capilla de los Tres Reyes, frente al Tesoro, hay un maravilloso vitral, el célebre retablo de “La adoración
de los Reyes”, de Dombild, y una serie de alegorías relativas al momento en que los Reyes Magos arriban a Belén a ofrecer sus presentes al recién nacido
Niño Jesús.
bustamante@maintours.com

Epifanía del Señor.

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Epifanía del Señor
Fiesta, 6 de enero
Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid


Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues... tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más..., pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.

La Epifania del Senor.

La Epifanía del Señor
6 de enero de 2010

LOS CRISTIANOS, ESTRELLAS PARA EL MUNDO
Por Jesús Martí Ballester

1.-. El Cántico de gloria entonado por Isaías a la futura Jerusalén de los tiempos mesiánicos, lleno de lirismo, que es una de las más altas cimas de la poesía hebrea, e incluso universal, describe la presencia del Señor en medio de su pueblo, cuando contempla, radiante de alegría, el regreso de los hijos desterrados de Israel a la ciudad luminosa. Pero los que hoy vienen al resplandor de la aurora que inunda Jerusalén, son también los magos, representantes de los pueblos todos, todas las gentes. "Los tesoros del mar", (los habitantes del Mediterráneo), nosotros también. Madián y Efa (los del Golfo de Akaba), y los de Sabá(Yemen), convertidos todos en hijos de Abraham por la fe con sus productos preciosos de oro e incienso, cantando las glorias del Señor. Isaías 60,1. El Profeta no ha querido hacer un relato histórico, sino anunciar poéticamente el triunfo del Señor y de su Mesías, manifestado a los gentiles.

2.- Mateo utiliza el episodio de los Magos, una leyenda con base sólida, para narrar una manifestación extraordinaria que guía a los Magos a descubrir al Rey de los judíos. Después de haber contado la genealogía de Jesús, como hijo del hombre, Mateo, ratifica la dignidad de Jesús, Hijo de Dios, valiéndose de los Magos como figuras teológicas. Los magos como paganos, desconocen la Escritura. Y a partir de ahora Mateo introduce una dialéctica que estará presente en todo su evangelio. Mientras los doctores de la Ley, expertos en las escrituras, no reconocen al Mesías, lo reconocen los paganos. Jesús es rechazado por el pueblo de Dios y acogido por los gentiles. Dios no hace acepción de personas. El particularismo judío cede el paso al universalismo de la salvación que se ofrece a todos. Primero los pastores, los incultos, después los sabios, los magos. En Jesús se cumplen todas las esperanzas de todos los hombres, judíos o griegos, romanos o persas, o babilonios. Jesús es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se alegra, lo adora como rey de su vida y se entrega a él, como los magos. Los regalos que le ofrecen, son productos de un país oriental, propios de los reyes.

3.- Cuando nos parece que Dios calla, hay que saber que habla distinto lenguaje y no con palabras humanas. Después de haber hablado por los profetas, nos ha hablado por Cristo y se ha quedado mudo, (San Juan de la Cruz). Hay que tener sensibilidad para captar el lenguaje de Dios, ser dóciles a su mensaje y estar dispuestos a soportar la Noche de la fe, que la purifica. Llama a tres para que se ayuden en la noche, ese es el sentido de la dirección espiritual y el vivir la fe en comunidad. Hay que acrecentar la confianza en Dios. La estrella se oculta porque ella no produce la fe; ésta es fruto de la palabra, que está en Jerusalén. Como los magos, hay practicar la humildad buscando y preguntando. Los evangelistas vieron cumplida esta profecía al nacer el Sol de Justicia. "Reyes que buscáis estrellas, No busquéis estrellas ya, porque donde el Sol está, no tienen luz las estrellas". Ha nacido el Sol que a todos nos atrae, mientras no queme demasiado. Pero el Sol ha nacido para iluminar a todo hombre de esta tierra y quemar los pecados.

4.- Cantemos al Señor ante quien "se postrarán todos los reyes de la tierra y le ofrecerán sus dones, y supliquémosle que todos los pueblos le sirvan, para que por nuestra oración libre al pobre que clama, y al afligido que no tiene quien le proteja, y para que el pobre y el indigente sean protegidos por él" Salmo 71. Vieron una estrella en el cielo y este suceso los sacó de su país. "Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle" Mateo 2,1. Cuando el pueblo de Israel estaba en los campos de Moab, su rey Balac, exigió a Balaam, que profetizara contra Israel, lo único que consiguió fue decir bendiciones sobre aquel pueblo. De entre los largos capítulos, destaca este texto: "Veo una estrella que se destaca de Jacob" (Nm 24,17). Esa es la estrella que han visto, doce siglos después, hoy los Magos. Como ellos hemos de recorrer el camino de la fe. Un día comenzamos a buscar, a caminar... Después, la luz ha ido palideciendo, hasta llegar a desaparecer. Sentimos la tentación de regresar a Egipto. Nos tentaban las ollas de carne. La vida fácil, el camino trillado. Y titubeamos. Hemos de proceder como los Magos: Consultad a los especialistas de la Palabra porque sólo en ella encontramos sentido a nuestra vida. Estos nos dicen que hay que ir a Belén. Como los magos hemos de prestar la obediencia de la fe. Cuando Abraham fue llamado a salir de su tierra, lo dejó todo (Gn 12,1). Había encontrado la perla preciosa. Hay que seguir la estrella con prontitud, venciendo el qué dirán, con generosidad, con alegría y amor, con perseverancia.

5.- Herodes, que teme que le quiten el reino, se sobresaltó. Cuando en vez de servir desde el cargo que se tiene, uno se sirve del cargo que tiene, posee el cargo y se sobresalta ante cualquier atisbo de superación, suplantación. La vida se hace amarga y la amargura repercute en los demás, porque no se tiene paz. La noche y el mundo del mal nos rodean. Los peligros son más inminentes, las tentaciones se presentan más atractivas e insinuantes. Herodes, nuevo Faraón, nos quiere hacer esclavos suyos. Los Magos avisados en lo más profundo de su ser, desbaratan las trampas, aceptan la Palabra que les ofrecen, y vuelve a hacerse de día. En medio de la oscuridad de la Noche, sale de nuevo la estrella. Al fin, hemos llegado a Belén. Lo sabemos por la alegría interior que nos invade: "Se llenaron de gozo". Como quien ha encontrado la perla y el tesoro. En Belén adoramos y ofrecemos a Cristo nuestra vida, unidos a su Sacrificio.

6.- "Y se marcharon a su tierra por otro camino". No podemos vivir como antes. Hemos de tomar otro camino. El camino del amor y de la fidelidad, del sacrificio y de la abnegación, del trabajo de cada día bien hecho, de la paciencia en las contradicciones y de la afabilidad y justicia en el trato con nuestros hermanos. El camino de la compasión activa con todos los que sufren. Y nos hemos de convertir en Epifanía para nuestros hermanos por la predicación, los sacramentos, la vida. Cuando por la cultura del consumismo fomentada por la formidable publicidad, se acentúa el materialismo, los cristianos debemos privilegiar la primacía del espíritu y de las actividades espirituales, como la contemplación, el amor, la fidelidad, el ejemplo = testimonio, convirtiéndonos en estrellas de justicia y fidelidad para el mundo pagano en tinieblas.
(
http://www.jmarti.ciberia.es
).

Siguiendo la estrella.

SIGUIENDO LA ESTRELLA

El único, que menciona la estrella de Navidad o de Belén, es San Mateo.

Dice que la estrella precedía a los reyes magos hasta que se paró encima del lugar donde estaba el niño Jesús. Ya en la antigüedad se defendía a la estrella como verdadera.

El teólogo Orígenes (c. 185-253) decía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas. Muchas hipótesis aparecieron para explicar el "milagro de la estrella de Belén", tratándolo como un fenómeno astronómico real.

Unas hipótesis apuntan al brillante planeta Venus, pero este planeta ya era conocido en aquellos tiempos, difícilmente pudo ser tomado como algo extraordinario.

Otros señalan el paso de un cometa, concretamente del Halley, pero éste ya había transitado por nuestro sistema solar el año 11 a.C., bastante antes del nacimiento de Cristo. Los hay también que atribuyen la "estrella" a una supernova (explosión de un sol cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día), pero no hay registros históricos de esa época al respecto pese a que si lo hay de novas observadas en el 135 a. C. y el 173 d. C.

La opinión más razonable y aceptada por muchos la propuso el astrónomo Johannes Kepler en 1606.
Para Kepler, la estrella de los magos no fue otra cosa que la rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno. En esta conjunción los planetas se ven como uno solo, los que los hace una luz muy brillante. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. C., lo que resulta compatible con las fechas asignadas al nacimiento de Jesús esbozadas mas arriba.

Un evento como este se dio en 1940-41 y no se volverá a dar hasta el 2198. Kepler conocía los comentarios que sobre el profeta Daniel había escrito en 1497 Arbabanel, un sabio judío. Según Arbabanel la conjunción de Saturno y Júpiter había tenido lugar cuando el nacimiento de Moisés, y tendría lugar otra vez cuando naciera el Mesías.

Arbabanel creía que la liberación traída por el Mesías se efectuaría de acuerdo con Números 24, 17 ) de la Biblia que dice "Y de Jacob se levantará una estrella y de Israel surgirá un cetro."

La explicación mas común consiste naturalmente en creer que Dios creó una estrella que guiase a los Reyes de Oriente y una vez cumplida su misión desapareciera tan rápida y misteriosamente como había sido creada. Fué un milagro? Por qué no, pero también Dios usa muchas veces para sus milagros las causas naturales, y el milagro consiste en que estas se realicen en el momento y lugar justos.

Sin embargo, lo más importante en ese tiempo no fue la estrella en el firmamento, sino la Estrella de la Mañana, Jesús viniendo a la tierra para dar su vida por tí y por mí.

¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Mateo 2, 2

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Mateo 2, 7

Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Mateo 2, 10
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

La Epifanía del Señor, año 2010. Los magos y la Astrología.

   Padre nuestro.

   Jueves, 06/01/2011, Epifanía del Señor.

   ¿Qué se dice en la Biblia de los magos y de la adivinación en general?

   1. Los magos.

   En la Biblia se nos habla de los magos, a quienes, si en la antigüedad muchos los tenían por sabios, (yiddeoni se traduce como sabio), los tales trabajaban el terreno de la adivinación. En el primer Isaías, con tal de que comprendamos el poder persuasivo de los tales, se nos dice:

"Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes
y a los adivinos que bisbisean y murmujean;
¿es que no consulta un pueblo a sus dioses,
por los vivos a los muertos?"" (IS. 8, 19).

   Aunque el terreno de la adivinación aparenta ser prometedor, para quienes creen que les sería positivo el hecho de conocer su futuro, a muchos de los tales no les queda otro remedio que comprobar que ello es un engaño muy peligroso, en el sentido de que paraliza la vida de quienes creen que sólo han nacido para sufrir, y evita que muchos que pueden hacer el bien hagan lo que deben hacer, dado que, para los defensores de la New Age, hasta el suicidio es positivo. Es esta la razón por la que, la Biblia, -la Palabra de Dios-, nos dice:

   "Cuando hayas entrado en la tierra que Yahveh tu Dios te da, no aprenderás a cometer abominaciones como las de esas naciones. No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que practique adivinación, astrología, hechicería o magia, ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos. Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahveh tu Dios y por causa de estas abominaciones desaloja Yahveh tu Dios a esas naciones delante de ti. Has de ser íntegro con Yahveh tu Dios. Porque esas naciones que vas a desalojar escuchan a astrólogos y adivinos, pero a ti Yahveh tu Dios no te permite semejante cosa" (DT. 18, 9-14).

   Sabemos que Dios no nos prohíbe pecar por simple capricho, sino porque sabe que el hecho de no cumplir su voluntad acaba perjudicándonos, porque, según San Juan, "el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 JN. 4, 8).

   Desde el punto de vista religioso, la adivinación es idolátrica, porque, quienes la practican, depositan su confianza en espíritus que no están relacionados con Dios, así pues, San Pablo, nos dice:

   "Y aprovechad cualquier oportunidad (de cumplir la voluntad de Dios), pues corren tiempos malos. No seáis irreflexivos; tratad, más bien, de descubrir cuál es la voluntad de Dios" (EF. 5, 16-17).

   Dado que muchos estamos acostumbrados a vivir en países en que podemos tener muchos bienes, por lo que, en consecuencia, podemos resolver muchos problemas sin apenas realizar ningún esfuerzo, hemos caído en la trampa de olvidar que, si queremos superarnos en la vida, tenemos que aprender a ser luchadores incansables. Dado que no podemos ver a Dios cara a cara, y somos impacientes a la hora de esperar la llegada de la resolución de nuestras dificultades, puede sernos fácil caer en la tentación de contratar los servicios de algún adivino, que no nos diga lo  que nos va a suceder en el futuro, sino lo que queremos oír, con tal de que el mismo nos devuelva la serenidad. Es preciso que recordemos que, tanto los judíos justos del pasado como muchos buenos cristianos, han tenido que sufrir mucho por causa de la profesión de su fe, así pues, aunque cueste creerlo, aún en nuestros días son crucificados algunos seguidores de Jesús. Los cristianos seremos capaces de soportar cualquier dificultad que nos sobrevenga, si le pedimos a Dios que nos colme de los dones y frutos de su Santo Espíritu.

   2. Los Magos de Oriente.

   Si Dios no está de acuerdo con la práctica de la magia, ¿por qué se valió de los astrólogos orientales, para simbolizar que el Evangelio, no sólo incumbe a los judíos, sino que es una doctrina universal?

   Aunque nuestro Santo Padre no está relacionado con el pecado, tiene suficiente amor y paciencia con nosotros, como para manifestársenos, aprovechándose de las realidades que caracterizan nuestra vida, así pues, Yahveh se valió de la creencia de que los grandes personajes tenían una estrella a través de la cuál se podía adivinar el futuro de los mismos, para hacer que dichos Magos emprendieran su viaje, en pos de la estrella de Belén, para conocer, al Rey de Israel, en persona.

   No podemos determinar el número de los Magos orientales teniendo en cuenta los presentes que le ofrecieron a nuestro Salvador, dado que dichos dones tenían significados simbólicos, así pues, el oro era símbolo de magnificencia, el incienso era el símbolo de la Divinidad, y, la mirra, con que los orientales embalsamaban a sus difuntos, era una especie de anuncio de la Pasión y muerte del Mesías.

   ¿Eran reyes los citados Magos, como muchos creen? Según los siguientes textos bíblicos, no lo eran.

"¡Manda, Dios mío, según tu poder,
el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,
desde tu Templo en lo alto de Jerusalén,
donde vienen los reyes a ofrecerte presentes!
Increpa a la bestia del cañaveral,
a la manada de toros y novillos de los pueblos.
¡Que se sometan con lingotes de plata!
¡Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra!
Los magnates acudan desde Egipto,
tienda hacia Dios sus manos Etiopía" (SAL. 68, 29-32).

"Así dice Yahveh,
el que rescata a Israel, el Santo suyo,
a aquel cuya vida es despreciada, y es abominado de
las gentes,
al esclavo de los dominadores:
Veránlo reyes y se pondrán en pie,
príncipes y se postrarán
por respeto a Yahveh, que es leal,
al Santo de Israel, que te ha elegido" (IS. 49, 7).

"¡Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz,
y la gloria de Yahveh sobre ti ha amanecido!
Pues mira cómo la oscuridad cubre la tierra,
y espesa nube a los pueblos,
mas sobre ti amanece Yahveh
y su gloria sobre ti aparece.
Caminarán las naciones a tu luz,
y los reyes al resplandor de tu alborada.
Alza los ojos en torno y mira:
todos se reúnen y vienen a ti.
Tus hijos vienen de lejos,
y tus hijas son llevadas en brazos.
Tú entonces al verlo te pondrás radiante,
se estremecerá y se ensanchará tu corazón,
porque vendrán a ti los tesoros del mar,
las riquezas de las naciones vendrán a ti.
Un sin fin de camellos te cubrirá,
jóvenes dromedarios de Madián y Efá.
Todos ellos de Sabá vienen
portadores de oro e incienso
y pregonando alabanzas a Yahveh.
Todas las ovejas de Quedar se apiñarán junto a ti,
los machos cabríos de Nebayot estarán a tu servicio.
Subirán en holocausto agradable a mi altar,
y mi hermosa Casa hermosearé aún más.
¿Quiénes son éstos que como nube vuelan,
como palomas a sus palomares?
Los barcos se juntan para mí,
los navíos de Tarsis en cabeza,
para traer a tus hijos de lejos,
junto con su plata y su oro,
por el nombre de Yahveh tu Dios
y por el Santo de Israel, que te hermosea.
Hijos de extranjeros construirán tus muros,
y sus reyes se pondrán a tu servicio,
porque en mi cólera te herí,
pero en mi benevolencia he tenido compasión de ti" (IS. 60, 1-10).

   En los textos anteriores, hemos visto que los Reyes de la tierra adorarán a Jesús, el gran Rey, por lo que deducimos que los Magos de Oriente, no eran Reyes, en el sentido de que los tales eran inferiores al Mesías.

   No seamos como los habitantes de Jerusalén, que, en vez de alegrarse al pensar que había llegado el tiempo de que naciera su Redentor, temieron las consecuencias que ello tendría, si el poder romano se sentía provocado por un nuevo líder sedicioso. Recordemos los valores que caracterizan la Navidad tales como el amor y la comprensión, y hagamos que los tales formen parte de nuestra vida todo el año.

La Epifanía del Señor, ciclo C, 2010. Estudio sobre la manifestación del Señor a los gentiles.

   Padre nuestro.
 
   Miércoles, 6/01/2010, Epifanía del Señor, ciclo C.
 
   La epifanía o manifestación de Jesús.
 
   1. Origen de la celebración de la Epifanía.
 
   Los antiguos habitantes de Egipto y de Arabia, durante la noche del cinco al seis de enero, celebraban la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, el cual se manifestaba de una manera especial al renacer el sol, pues para ellos el solsticio de invierno acontecía en torno a la citada fecha. En la citada fecha también se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos, el cual, lo mismo que le sucedió a Jesús, fue asesinado y resucitado según quienes creían en él, y se hacía comer por sus creyentes, los cuales celebraban ese significativo hecho en medio de una gran fiesta marcada por los placeres que actualmente caracterizan la Navidad de mucha gente. De la misma forma que los cristianos occidentales comenzaron a celebrar la Navidad el veinticinco de diciembre con la intención de hacer desaparecer los saturnales romanos, los cristianos orientales comenzaron a celebrar la Epifanía del Mesías el seis de enero, con el propósito de cristianizar las celebraciones paganas relacionadas con el culto al sol y al dios Dionisio.
   Los cristianos occidentales empezaron a celebrar la Epifanía del Señor a mediados del siglo IV.
 
   2. ¿Qué información hay en la Biblia referente a la Epifanía del Señor?
 
   "Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido  a adorarle. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo
que apacentará a mi pueblo Israel.".
   Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba  delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y  le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino" (MT. 2, 1-12).
 
   3. Interpretación del anterior texto de San Mateo y enseñanzas que podemos extraer de la fiesta de la Epifanía del Señor.
 
   -Los Reyes Magos, -los cuales no eran judíos-, representan a los paganos, y a quienes buscan la luz de Dios, porque comprenden que la libertad sin contar con el Mesías se convierte en prisión, la fe en oscuridad y el amor en vacío espiritual. Cuando los cristianos auténticos se encuentran con el Señor, le dan a nuestro Salvador todo lo que tienen, y se ponen a su servicio. Un ejemplo de ello es San Pablo, el Santo Apóstol de los gentiles, que les escribió a los Filipenses:
   "Quiero conocer a Cristo, experimentar el poder de su resurrección, compartir sus padecimientos y morir su misma muerte. Espero así alcanzar en la resurrección el triunfo sobre la muerte. No quiero decir que haya logrado ese ideal o conseguido la perfección, pero me esfuerzo en conquistar aquello para lo que yo mismo he sido conquistado por Cristo Jesús. No, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero, eso sí, olvido lo que he dejado atrás, y me lanzo hacia adelante en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde lo alto. Esto deberíamos pensar cuantos presumimos de auténticos creyentes. Y si  en algo pensáis de otra manera, que Dios os ilumine también en este punto" (FLP. 3, 10-15).
   -Dado que los Reyes Magos no eran hermanos de raza de Jesús, creemos que la estrella que les condujo a la presencia del Mesías es símbolo del Evangelio, la Buena Noticia divina de que Dios, por medio de la Pasión, muerte y Resurrección de su Hijo, ha redimido a la humanidad, independientemente de que actualmente sigamos siendo víctimas del dolor y del pecado, y símbolo de la fe que debemos comunicarles a nuestros prójimos los hombres.
   San Pablo escribió:
   "Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a una vida consagrada a él, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque tal ha sido su designio salvador. Es un don que nos concedió por medio de Cristo Jesús antes incluso que el tiempo existiese, y que ahora se ha hecho manifiesto por la aparición de Cristo Jesús, nuestro Salvador, cuyo mensaje de salvación ha destruido a la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad" (2 TIM. 1, 9-10).
   -Los Reyes Magos hicieron un gran sacrificio al dejar sus comodidades para aventurarse en el seguimiento de la estrella que los condujo a la presencia del Mesías, así pues, cuando llegaron a Jerusalén, debieron sufrir un golpe duro cuando ni Herodes ni los judíos sabían que había nacido el Rey del Israel espiritual de Dios, pero, a pesar de ello, no renunciaron a la realización de la misión que los condujo a Palestina. Los Reyes Magos son el ejemplo perfecto que deben recordar los que no son capaces de hacer muchas cosas ante el miedo que les produce la posibilidad de fracasar.
   Ya que los predicadores, -independientemente de que seamos religiosos o laicos-, tenemos que llevar a feliz término una empresa muy difícil, si consideramos que el Evangelio es rechazado por la mayor parte de la humanidad, apliquémonos las palabras del Apóstol:
   "Proclama el mensaje e insiste en todo momento, tanto si gusta como si no gusta. Argumenta, reprende, exhorta, echando mano de toda tu paciencia y tu competencia en enseñar" (2 TIM. 4, 2).
   -Aunque probablemente los Reyes Magos tenían la esperanza de encontrar al Redentor de las naciones en un palacio, no les flaqueó la fe cuando encontraron a Jesús en una casa que sólo podía ser habitada por una familia muy pobre. Este hecho nos enseña a dejar que Dios sea Dios, y no lo que nos convenga en cada momento de nuestra vida.
   San Juan nos instruye:
   "Si vamos diciendo que estamos unidos a Dios pero vivimos en tinieblas,  mentimos y no practicamos la verdad. Pero, si vivimos en la luz, como él vive en la luz, entonces todos participamos de la misma vida, y la muerte de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado" (1 JN. 1, 6-7).
   -De la misma forma que los Reyes Magos le hicieron regalos a Jesús, nosotros, no sólo deberíamos hacerle regalos al Señor, sino hacer lo posible por purificar nuestras intenciones, para que nuestros dones sean frutos de corazones marcados por el amor y la sinceridad.
   -Deberíamos pensar de qué manera ha marcado nuestra vida (si ello ha sucedido) nuestro Hermano y Señor Jesús, pues, ya que Él nos ha redimido, deberíamos corresponder su amor predicándoles la Palabra de Dios a nuestros prójimos los hombres.
 
   4. Lo esencial del Cristianismo.
 
   Ya que al aceptar la revelación de Dios a nosotros sus hijos la Iglesia nos pide que les transmitamos a nuestros prójimos el gozo que significa para nosotros el hecho de ser hijos de un mismo Padre celestial, permitidme que os proponga que hagamos un ejercicio entre nuestros familiares y/o amigos, el cual consiste en que les digamos a los mismos lo esencial del Cristianismo, con el fin de que los tales se conviertan a nuestro Padre y Dios.
   ¿Qué es para nosotros lo esencial del Cristianismo?
   ¿Cómo podríamos sintetizar el contenido de nuestra fe para que quienes no creen en Dios sientan el deseo de leer los Evangelios y de asistir a las celebraciones eucarísticas?
   Lo esencial del Cristianismo es que Dios se nos ha revelado por medio de su Hijo amado. Lo esencial del Cristianismo es que Dios se nos ha revelado de una forma sensible, según nos narra este hecho San Juan en su Evangelio:
   "Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, la que le corresponde como Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad" (JN. 1, 14).
   El autor de la Carta a los Hebreos, escribió:
   "Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora, llegada la etapa final, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien trajo el universo a la existencia" (HEB. 1, 1-2).
   Lo esencial del Cristianismo es que Dios, compadecido del hecho de que el mal en todas las formas que el mismo se manifiesta ha azotado a la humanidad desde que el hombre existe sobre la haz de la tierra, en la pequeñez de un Niño indefenso necesitado de los cuidados sin los que cualquier niño moriría irremisiblemente, y por medio de la Pasión, muerte y Resurrección de su Hijo, nos ha manifestado su omnipotencia, con el fin de hacernos vivir en su presencia, cuando aprendamos a ser tan bondadosos como lo es Él.
 
   "   5. Jesús y los ateos.
 
   Aunque actualmente podemos dedicarle mucho tiempo a la evangelización de nuestros oyentes en el supuesto caso de que encontremos a algunas personas que estén dispuestas a conocer nuestra fe, en los primeros tiempos del Cristianismo, los minutos que los creyentes podían dedicarle a la evangelización de sus oyentes, eran decisivos para que los tales aceptaran o rechazaran nuestra fe. Hay que dar por supuesto que muchos de quienes decidían creer en Dios en esas charlas circunstanciales no tenían una fe completa y mucho menos el tiempo necesario para ser instruidos en el conocimiento del Señor y de su Iglesia, pero, a pesar de ello, entre aciertos y errores, los tales tenían que dejarse conducir por el Espíritu Santo, para que la tercera Persona de la Santísima Trinidad, atendiendo a la capacidad de ser perfeccionado de cada uno, los ayudara a abrazar sus nuevas creencias. Os digo esto porque muchos de nuestros hermanos consideran que el ciclo de evangelización de cada persona necesariamente tiene que pasar por un largo periodo catequético, pero, por razones que escapan a nuestra capacidad de retener a quienes nos escuchan predicar el Evangelio, -dado que somos sembradores de la Palabra de Dios, y no recolectores de los frutos que nuestra predicación produce en quienes nos escuchan-, tenemos que orar para que el Espíritu Santo complete nuestra tarea, la cuál fue comenzada por nosotros, bajo la inspiración del amor procedente del Padre y del Hijo.
   Supongamos el hipotético caso de que le predicamos el Evangelio a alguien que, aunque se compromete a leer los Evangelios, y cree en la Persona de Jesús, rechaza nuestra fe, pero vive los valores predicados por nuestro Señor. Mi experiencia personal me ha hecho comprender que muchos ateos, aunque no creen que Jesús es Dios, ven en nuestro Señor a un gran hombre digno de imitar, por causa de sus valores, los cuales, al irse extinguiendo de nuestras sociedades actuales, nos hacen constatar cómo muchos hombres actúan irracionalmente.
   El no creer en Jesús como Dios, sino como hombre digno de imitar, no significa una negación de nuestro Señor, sino la adquisición del compromiso de comunicarles a los hombres la necesidad que tenemos de vivir inspirados por los valores de nuestro Salvador.
   Los no creyentes, al leer la Biblia, pueden encontrar un reflejo de su vida, y una síntesis de la historia de la humanidad, la cuál, en algunas ocasiones, ha estado marcada por la vivencia de valores humanos positivos, y, en otras ocasiones, ha registrado episodios de tiranía que únicamente han servido para cometer injusticias y hacerles sufrir a los débiles.
   A veces, los éxitos que alcanzamos provocan estados de crisis, cuando comprobamos que los mismos nos aportan nuevas exigencias, así pues, aunque a partir de la Revolución Industrial se cambiaron muchas estructuras sociales, la historia es testigo de que el citado cambio político-económico social no le aportó al hombre del siglo XIX ni del XX -ni nos aportará a quienes vivimos en este siglo- la felicidad completa, pues los valores espirituales no dependen ni de la riqueza ni de la pobreza que caracterice nuestra vida.
   A pesar de que los ateos rechazan todos los conocimientos que no les son aportados por la ciencia, muchos millones de ellos tienen que aceptar el hecho de que la ciencia nos aporta muchas enseñanzas, pero no nos hace conscientes del deber que debemos realizar en nuestra vida, dado que, quienes se han sacrificado por alguna causa a lo largo de la historia, no lo han hecho por amor a la ciencia, sino teniendo presentes sus valores morales.
   Si muchos cristianos podemos asimilar nuestra religión como una forma de vida, y aquellos de nuestros hermanos que temen por la salvación de su alma asimilan la misma como una exigencia ineludible, los no creyentes ven en la Biblia la máxima expresión de los sentimientos del hombre, la necesidad que este tiene de encontrar el sentido de su vida, y la comprensión de que los avances que nuestras sociedades modernas experimentan carecen de sentido, si no están inspirados en un maduro crecimiento psicológico y moral de toda la humanidad.
   Las palabras del Señor: "«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva."" (MC. 1, 15), pueden significar para quienes no son creyentes: El tiempo se ha cumplido y es posible la existencia de un mundo perfecto, es decir, lo que en el principio de la existencia del Socialismo parecía una utopía, es totalmente posible; fortaleceos moralmente y luchad denodadamente para que lo más pronto posible vivamos esa realidad.
   Jesús nos exige a los creyentes que vivamos totalmente entregados a nuestros compromisos cristianos, y, si somos honrados en la vivencia de los mismos, toda la humanidad, -creyentes y no creyentes-, nos daremos cuenta de que debemos exigirnos a nosotros más de lo que les exigimos a los demás, dado que la sociedad perfecta llamada Reino de Dios será resultante del sacrificio personal y no de la explotación de los débiles.
   Es necesario que los cristianos nos comprometamos con la evangelización, pero, si no conseguimos convertir a algunos de nuestros oyentes al Evangelio, deberemos evitar el hecho de juzgarlos, porque, quienes mucho se exigen a sí mismos, al comprender lo difícil que es el hecho de crecer a cualquier nivel en la vida, evitarán el hecho de juzgar temerariamente a los demás.
   Quienes no creen en Dios, pero creen que el hombre puede crear un mundo perfecto, al comprender que el bien se consigue por el camino del sacrificio personal, no ven en la muerte de Jesús un fracaso a pesar de que no son cristianos, sino la máxima expresión de lo que deberíamos estar dispuestos a hacer, cada cuál, desde nuestro estado actual, con el fin de alcanzar la vivencia en el mundo perfecto añorado por los comunistas y los socialistas.
   Finalizo esta meditación diciéndoos que depende en gran parte de nosotros los cristianos el hecho de que todos -creyentes y no creyentes-  nos esforcemos para lograr la pronta instauración del Reino de Dios en el mundo, para lo cuál, nos es preciso respetar a quienes no comparten nuestras creencias, ora porque no son católicos, ora porque no creen en nuestro Padre común" (De: "¿Por qué debemos predicar el Evangelio los cristianos?", un artículo que os puedo enviar completo por correo electrónico, si me lo pedís a:
loli627167575@gmail.com
).

Epifanía del Señor, ciclo B, 2009.

   Navidad.
 
   La Epifanía del Señor, ciclo B, año 2009.
 
   Introducción.
 
   La Epifanía es la manifestación de nuestro Señor Jesús a los gentiles. El Antiguo Testamento fue escrito para el pueblo de Israel, pues el pueblo de la Alianza fue la primera nación que Dios escogió como heredad suya, antes de manifestársenos a los paganos. A pesar de ello, en la primera parte de la Biblia, existen textos proféticos que fueron escritos previendo que nuestro Creador también es el Dios de los gentiles. He aquí un ejemplo de dicha revelación, referida a Jesucristo: "He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones... Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en las tinieblas" (IS. 42, 1; 6-7).
   En muchos países se dan por finalizadas en este día las celebraciones navideñas, pero la Iglesia seguirá celebrando la Navidad hasta el próximo Domingo, día en que finalizará este periodo con la celebración del Bautismo del Señor, para empezar a vivir, a partir del lunes de la próxima semana, la primera parte del tiempo ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma.
   Quienes pensamos que la Navidad no es únicamente una sucesión de actos sociales, nos alegramos intensamente en esta celebración eucarística, considerando lo que la misma significa para nosotros, pues, si bien es verdad que Cristo se nos ha revelado mediante la adoración de los magos de Oriente como Dios de toda la humanidad, ello no es para nosotros un don únicamente, pues también es un compromiso, porque, si nos consideramos hijos de Dios, no podemos guardarnos nuestro conocimiento de nuestro Padre común, y tenemos el deber de vivir como verdaderos hijos de nuestro Creador. "Pero la piedad de Dios es grande -escribió San Pablo en su Carta a los cristianos de Efeso-, e inmenso su amor hacia nosotros. Muertos estábamos en razón de nuestras culpas, Dios nos hizo revivir a una con Cristo -¡vuestra salvación es pura generosidad de Dios!-, nos resucitó y nos sentó con Cristo Jesús en el cielo. Desplegó así, ante los siglos venideros, toda la riqueza impresionante de su gracia, hecha bondad para nosotros en Cristo Jesús. La bondad de Dios os ha salvado, en efecto, mediante la fe. Y eso no es algo que provenga de vosotros; es un don de Dios" (EF. 2, 4-8). "En efecto, todos vosotros, los que creéis en Cristo Jesús, sois hijos de Dios. Incorporados a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judío y no judío, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer. En Cristo Jesús, todos sois uno. Y si sois de Cristo, también sois descendientes de Abraham y herederos, según la promesa (que Dios le hizo a dicho Patriarca de hacer su descendencia incontable como las estrellas del cielo y la arena del mar)" (GAL. 3, 26-29).
   Dado que la manifestación de nuestro Señor a la humanidad es un don y un compromiso para los cristianos, vamos a recordar las principales celebraciones navideñas, exceptuando el Bautismo de Jesús que celebraremos el próximo Domingo, con el fin de valorar lo que Dios ha hecho por nosotros, y de recordar cuál es nuestro compromiso cristiano.
   Si hay una época anual en que la alegría de los niños y la tristeza de los enfermos y de quienes se sienten desamparados son muy palpables, ese tiempo es la Navidad, una sucesión de fiestas que, cristianos y no creyentes, vivimos, a nuestra manera, independientemente de nuestro estado social. Al igual que todas las festividades eclesiásticas, las celebraciones navideñas, son vividas por nosotros, a los niveles material y espiritual. Muchos de nuestros hermanos cristianos rechazan las celebraciones navideñas, porque piensan que, si nos atiborramos de comida y nos entregamos exclusivamente a la diversión, no podremos celebrar el Nacimiento de nuestro Señor convenientemente en términos espirituales, pero, para nosotros, es obvio que, los cristianos practicantes, aprovechan las celebraciones sociales, para fortalecer su fe, y para acercar a sus familiares y amigos al portal de Belén, de manera que, todos juntos, puedan adorar al Hijo de José y María.
   todos conocemos las tradicionales representaciones del Nacimiento de nuestro Señor que presiden nuestras celebraciones navideñas en nuestros hogares y los templos en que celebramos los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Muchos de nuestros hermanos han sustituido las representaciones del Nacimiento de nuestro Señor por el árbol de Navidad, una fiel representación del Misterio de la Santísima Trinidad, rechazado por muchos católicos, que sólo ven en ello una intrusión del progreso, que difiere, negativamente, en la celebración religiosa de la Natividad del Hijo de Dios.
   En éste tiempo, los paracientíficos obtienen múltiples ganancias y las consultas de muchos psicólogos y psiquiatras se ven llenas de gente que necesita ser consolada. Esto sucede porque, independientemente de que creamos en Dios o de que rechacemos a nuestro Padre común, hemos convertido la Navidad en una serie  de celebraciones vacías de espiritualidad y a veces también de calor humano que nos hacen rechazar el aislamiento en que estamos inmersos, curiosamente, en una sociedad que dispone de muchos medios de comunicación, a pesar de que sus miembros no somos muy comunicativos, porque hemos creado una forma de vida que no nos permite permanecer vinculados a nuestros prójimos.
   Con respecto al hecho de si debemos celebrar la Navidad fuera de nuestros templos, la Iglesia nos dice que no ve que ello sea perjudicial para nuestra salud o salvación, siempre que:
   1. No nos olvidemos de la primacía que tanto nuestras carencias como las necesidades de nuestros prójimos en especial los más marginados de la sociedad tienen antes de celebrar fiestas que supongan la inversión de dinero en alimentos que no vamos a consumir o en ropa de la que podemos prescindir o en juguetes que no son indispensables para nuestros niños, pues ellos pueden recibir regalos que, no por ser económicos, carecen de valor sentimental.
   2. No abusemos de nada que nos pueda hacer daño, por consiguiente, existe una diferencia notable entre brindar por los amigos y familiares, y consumir una excesiva cantidad de alcohol.
   En España comenzamos la celebración de la Navidad social el 22 de diciembre, día en que la Onlae celebra su sorteo nacional de Navidad, la lotería que más se comercializa en mi país. A nivel religioso, la Navidad comienza durante la noche del 24 al 25 de diciembre, pues, en esa ocasión, celebramos la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.
   Las celebraciones más importantes del tiempo de Navidad, son las siguientes:
   La Navidad propiamente dicha, que celebramos el 25 de diciembre. La Eucaristía Vespertina (de la tarde) del 24 de diciembre, nos insta a meditar sobre las dos venidas de nuestro señor al mundo. La Liturgia eucarística de la Misa de media noche del 25 de diciembre, nos recuerda el Nacimiento del Hijo de María. La Liturgia tanto de la Misa del alba como la de la Misa del día 25 de diciembre, nos recuerda que el día de Navidad simboliza el día del fin de la instauración del Reino de Dios en el nuevo mundo que esperamos, y nos invita a aceptar a Jesús, dándonos a conocer, esquemáticamente, por medio del prólogo del Evangelio de San Juan (JN. 1, 1-18), la vida, la obra, la Pasión, la muerte, y la Resurrección de nuestro señor.
   La Solemnidad de la Sagrada Familia se suele celebrar el Domingo después de Navidad. En esa ocasión, la Iglesia insta a todas las familias cristianas a que sean imitadoras de la Sagrada Familia de Nazaret.
   El 28 de diciembre, conmemoramos a los Santos inocentes, cuyo exterminio recordaremos brevemente, cuando meditemos sobre la infancia de Jesús.
   El 1 de enero, celebramos a Santa María, Madre de Dios, y recordamos la purificación de María, la circuncisión de Jesús, la entrega de nuestro Señor a Dios y su rescate por parte de José, su padre adoptivo -según veremos cuando recordemos la infancia del Señor-, y celebramos la Jornada Mundial de la Paz.
   El 6 de enero celebramos la Epifanía del Señor, es decir, su manifestación a los no judíos, y la adoración de los Reyes Magos, según recordaremos la citada festividad.
   La celebración de la Navidad cristiana culmina con el recuerdo del Bautismo del Señor, según recordamos anteriormente.
 
   La Misa Vespertina de Navidad.
 
   El día anterior a la conmemoración del Nacimiento de nuestro Señor, la Iglesia celebra la Eucaristía con que finaliza el Adviento (la Misa matutina o de la mañana), y la Misa Vespertina de Navidad, una celebración en que culmina la preparación de los católicos a recibir a Jesús en su doble advenimiento, así pues, los textos correspondientes a la citada celebración de los 3 ciclos en que se divide el calendario litúrgico, son aplicables a las dos venidas del Mesías al mundo.
   A continuación recordaremos un texto que puede ayudarnos a comprender el doble propósito con que celebramos dicha Misa Vespertina.
   "Por amor de Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha" (IS. 62, 1). fueron muchos los judíos consolados por la visión escatológica del tercer Isaías cuando vivieron el difícil episodio de la historia del pueblo de Dios del destierro en Babilonia. Isaías veló por el fortalecimiento de la fe de su pueblo. Nosotros vemos en Jesús a un nuevo Profeta capacitado para velar por el establecimiento de la justicia en el mundo, una labor que nuestro Señor inició cuando comenzó su Ministerio público, y que concluirá cuando acontezca su Parusía.
   El autor del tercer Isaías nos sigue diciendo con respecto a las dos venidas del Mesías: "Verán las naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo que la boca de Yahveh declarará" (IS. 62, 2). Si en el tiempo que vivió Isaías Israel era el único pueblo de Dios, desde que nuestro Señor instituyó la Iglesia, la Jerusalén espiritual y mundial ha crecido notablemente. Isaías nos dice que, cuando acontezca la segunda venida de Jesús, todos seremos confirmados en la aceptación y vivencia de lo que creemos con un nombre nuevo, que será el instintivo de santidad que nos caracterizará, cuando haya concluido el proceso de nuestra conversión al Señor nuestro Dios.
   Sigamos meditando el texto profético: "Serás corona de adorno en la mano de Yahveh, y tiara real en la palma de tu Dios" (IS. 62, 3). Isaías nos hace entender que Dios nos ama inmensamente, por lo que, cuando concluya el tiempo en que tenemos que ser probados y habitemos en su presencia y nuestra conducta sea intachable, sentiremos más intensamente su amor para con nosotros, ya que encontraremos respuestas a las preguntas que siempre nos hacemos, pues las mismas no dejan de inquietarnos.
   Isaías nos sigue diciendo: "No se dirá de ti jamás abandonada, ni de tu tierra se dirá jamás desolada, sino que a ti se te llamará mi complacencia, y a tu tierra, desposada. Porque Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada. Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios" (IS. 62, 4-5)). La Parusía de Jesús, y la culminación de la instauración del Reino de Dios en el mundo, unidos estos hechos a nuestra conversión al Señor, son los significados atribuibles a la boda del Cordero de Dios con la humanidad, la celebración que caracterizará el fin de éste orden mundial, y el comienzo de una existencia sin fin para nosotros. Ahora nos preguntamos: ¿Quién es el Cordero de Dios? San Juan Bautista dijo en cierta ocasión con respecto a Jesús: "-Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (JN. 1, 29). En su descripción profética de la Pasión de Jesús, Isaías escribió con respecto al Emmanuel (Dios con nosotros): "Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca" (IS. 53, 7). En AP. 5, 6, vemos a Jesús como Cordero de Dios ante el trono de nuestro Padre común, con las marcas de sus llagas, lleno del Espíritu Santo, el cuál estaba dispuesto a colmar de dicha a la humanidad, impartiéndole sus 7 dones.
   Os propongo que consideremos una de las lecturas significativas de la Eucaristía Vespertina de Navidad. El Apóstol Juan nos dice: "Os anuncio la palabra de la vida que existe desde siempre. Nosotros la hemos oído y la hemos visto con nuestros propios ojos; la hemos contemplado y la hemos tocado con nuestras manos" (1 JN. 1, 1). El Apóstol nos dice que Jesús es la Palabra de Dios, y que tanto él como sus compañeros Apóstoles vivieron con el Señor, lo vieron, lo tocaron, lo contemplaron, y, finalmente, lo conocieron.
   Prosigamos la meditación del texto sagrado: "Porque la vida que estaba junto al Padre se ha hecho visible, y la hemos visto y oído y somos testigos de ella" (1 JN. 1, 2). Los Apóstoles, fieles testigos de Jesús, fueron los mejores catequistas que la Iglesia haya podido tener, así pues, sus enseñanzas seguirán siendo vigentes, hasta el final de los tiempos. "Ahora os la anunciamos (a la Palabra de Dios) para que juntos participemos en la unión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 JN. 1, 3).
 
   La Misa de media noche del 25 de diciembre.
 
   "Os ha nacido hoy -les dijo un ángel a los pastores-, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo señor (LC. 2, 11). La celebración eucarística de media noche del 25 de diciembre es muy significativa, pues durante la misma conmemoramos la Natividad de nuestro Señor. Esta celebración puede comenzar con las siguientes palabras proféticas: "Una criatura nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de paz". Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo (amor) de Yahveh Sebaot (Dios el señor) hará eso" (IS. 9, 5-6). Isaías nos dice que, en la noche del 25 de diciembre, nos nace un Hijo, por consiguiente, he aquí la razón por la que nuestro Señor se hacía conocer como Hijo del hombre. Un ejemplo de esta realidad, es el siguiente versículo bíblico: "Nadie ha subido al cielo, excepto el que de allí vino, es decir, el Hijo del hombre" (JN. 3, 13). Dios le dijo al Mesías cuando su Hijo se encarnó en María y en el día de su Natividad: ""Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy" (SAL. 2, 7).
   Por su parte, San Pablo nos dice con respecto al nacimiento de nuestro Señor y a la Parusía de Jesucristo: "Porque se ha hecho visible la bondad de Dios, que trae la salvación a todos los hombres" (TT. 2, 11).
   Los dos relatos bíblicos del Nacimiento de nuestro Señor, podéis encontrarlos en MT. 1, 18-25, y en LC. 2, 1-20.
   Recordemos que, en el relato de la Anunciación que podéis encontrar en LC. 1, 26-38, San Gabriel le anunció a nuestra Señora su Maternidad divina, y le dijo que daría a luz a un Hijo, al cuál le pondría por nombre Jesús.
   San Mateo nos dice en su relato del Nacimiento de Jesús: "El nacimiento de Jesús el Mesías fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de vivir con él como esposa, quedó embarazada por la acción del Espíritu Santo" (MT. 1, 18). Gracias al autor del Protoevangelio de Santiago (uno de los Evangelios Apócrifos, es decir, un evangelio no recogido en el canon bíblico), sabemos que María era hija de Joaquín y de Ana. Los padres de María no podían tener hijos porque Ana era estéril. Joaquín se retiró al desierto para hacer penitencia y orar mucho, con el fin de que Yahveh permitiera que él tuviera hijos. Por su parte, Dios escuchó la oración de los padres de la Virgen, y les concedió a María, que, sin duda alguna, es la mujer más venerada por los católicos de todos los tiempos.
   Según una tradición que parece ser incierta, cuando María era muy pequeña, fue presentada por sus padres en el Templo de Jerusalén, para que sirviera a Dios. Esta ofrenda le fue hecha a nuestro Criador por Joaquín y Ana, pues esa era su manera de agradecerle al Todopoderoso el favor que les había hecho al concederles a su hija, la que supuestamente le fue consagrada a El-Shadday (el Dios de la montaña), para que lo sirviera hasta el fin de sus días.
   Con respecto a José disponemos de información escasa, así pues, del Patrón de la Iglesia Universal, sabemos lo siguiente: Nuestro Santo era hijo de Jacob (CF. MT. 1, 16). En su genealogía de Jesús, San Lucas escribió que el Patrón de los seminaristas y de la buena muerte descendía de Elí (LC. 3, 23). Según LC. 1, 27, sabemos que María estaba comprometida con José en matrimonio, cuando san Gabriel le comunicó que sería la Madre del Hijo de Dios.
   San Mateo, nos dice que, antes de que María viviera con José como esposa, quedó embarazada por la acción del Espíritu Santo, según recordamos anteriormente. Con respecto a este hecho tan misterioso, lo único que puedo deciros, con la intención de no polemizar, es las palabras que San Gabriel le dijo a María, cuando le anunció que su parienta Elisabeth estaba embarazada: "Ninguna cosa es imposible para Dios" (LC. 1, 37).
   San Mateo nos dice: "José, su esposo, que era un hombre justo, no quiso denunciar públicamente a María, sino que decidió separarse de ella de una manera discreta" (MT, 1, 19). María quedó encinta por la acción del Espíritu Santo, pero ella no podía demostrarle a José esta realidad, de forma que le era totalmente imposible hacerle creer a su futuro marido que no le había sido infiel. José tenía el amparo de la Ley para lapidar a su prometida por haber cometido adulterio, pero, el Hagiógrafo cuyo texto estamos meditando, nos dice que él era justo, y que por esta razón no quiso exterminar a María, ora porque la amaba, ora porque quería evitar que se extendiera el rumor de que su futura mujer le había sido infiel.
   "Andaba él (José) pensando en este asunto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -José, descendiente de David, no tengas reparo en recibir en tu casa a María, tu esposa, pues el hijo que ha concebido es por la acción del Espíritu Santo" (MT. 1, 20). El ángel le dijo a José: No seas rencoroso con María, y recíbela en tu casa, pues ella será tu mujer, y el Hijo que de ella nacerá, le ha sido engendrado por el Espíritu de Dios. Tengamos en cuenta que, en aquel tiempo, las mujeres tenían que vivir sometidas forzosamente a sus maridos o a sus padres (no a sus madres) o tutores.
   El ángel también le dijo a José con respecto a María: "Y cuando dé a luz a su hijo, tú le pondrás por nombre "Jesús", ", porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (MT. 1, 21). Recordemos que San Gabriel le dijo a María santísima en el episodio de la Anunciación: "Vas a concebir en el seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús" (LC. 1, 31). Se nos hace preciso meditar brevemente sobre la misión que Jesús llevó a cabo, con el fin de comprender mejor el significado de su nombre, traducido a nuestro idioma: Recordemos que, en MT, 1, 21, leemos con respecto a nuestro Señor: "El salvará a su pueblo de sus pecados" El Mesías fue enviado por nuestro Padre común al mundo para redimirnos de nuestros pecados, es decir, para librarnos del castigo que merecemos por el mal que nos causamos a nosotros o a nuestros prójimos los hombres conscientemente. Este mal es conocido como pecado, no por la repercusión que el mismo tiene sobre nosotros o en las personas de nuestras víctimas, sino porque la Iglesia nos enseña que ello constituye una ofensa contra Dios, a pesar de que muchos católicos consideramos que, si el amor de nuestro Padre celestial es perfecto, es imposible el hecho de que El pueda ofenderse por causa de nuestras acciones. Dependiendo de la gravedad que conlleve ese mal, podemos catalogar nuestras acciones impropias como veniales o graves.
   Nuestro Señor, además de venir al mundo para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados, también vino para, después de pagar dicha culpa nuestra, concedernos una existencia ilimitada, cuando acontezca el fin de los tiempos, una vida en la que no padeceremos ningún tipo de miseria.
   "Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que el Señor había dicho por medio del profeta: La virgen quedará embarazada, y dará a luz un hijo, a quien llamarán "Emmanuel", que significa "Dios con nosotros"" (MT. 1, 23). No olvidemos que la obra de Isaías es llamada precisamente Emmanuel, y, en sus páginas, podemos leer: "He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre "Emmanuel"" (IS. 7, 14).
   San Lucas escribió en su Evangelio: "Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia (descendencia), para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento" (LC. 2, 4-7).
   La Iglesia nos invita, después de la celebración tradicional de la cena navideña, a acompañar a los pastores que adoraron al Mesías en la cueva de Belén y a venerar a María y a José, desde el comienzo de la Misa del Gallo, hasta la llegada del alba, cuando se celebra la llamada Misa del alba, en la que se vuelven a tener presentes las dos venidas de nuestro Señor. "Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será exaltado solo Yahveh en aquel día" (IS. 2, 11). "Repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas (el mal y el dolor) tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía" (IS. 58, 10).
   En la Misa del día 25 de diciembre, San Pablo nos dice: "Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora, llegada la etapa final, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien trajo el universo a la existencia" (HEB. 1, 1-2).
   En dicha celebración de la Eucaristía, se nos recuerda la historia de la salvación brevemente, y la vida, las palabras y la obra del Señor, es decir, nuestra redención.
 
   La Solemnidad de la Sagrada Familia y la infancia de Jesús.
 
   La Iglesia desea que todos los católicos imitemos a Jesús, a María y a José. Nos es imposible imitar la conducta de la Sagrada Familia sin conocer las vivencias de los miembros de la primera Iglesia doméstica que podemos leer en la Biblia.
   Anteriormente recordamos que en el Protoevangelio de Santiago podemos leer que María era hija de Joaquín y Ana, y que José era descendiente de Jacob o de Elí, según escribieron los hagiógrafos San Mateo y San Lucas. Con respecto a la clase social a la que pertenecía la Sagrada Familia, no disponemos de datos muy fiables, así pues, en la narración de la Natividad de nuestro Señor  según San Lucas, leemos: "María dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento" (LC. 2, 7). Jesús realizó su primer milagro en la celebración de un banquete de bodas en Caná de Galilea, pues tanto su Madre como El fueron invitados a aquella celebración, porque María supuestamente era pariente de uno de los cónyuges, según quienes desean hacernos creer que la Sagrada Familia no era pobre. Se dice que la citada familia pertenecía a la clase social que actualmente conocemos como media alta. Otra prueba de que Jesús pertenecía a la clase alta de los burgueses la encontramos en la narración de la Pasión y muerte de nuestro Señor, que escribió San Juan: "Los soldados, una vez que hubieron terminado de crucificar a Jesús, se quedaron con sus ropas y las repartieron en cuatro lotes, uno para cada uno. Aparte dejaron la túnica. Como era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba a abajo, llegaron a este acuerdo: -No debemos partirla; lo que procede es sortearla para ver a quién le toca. Así se cumplió el pasaje de la Escritura que dice: Dividieron entre ellos mis ropas y echaron a suertes mi túnica" (JN. 19, 23-24). Jesús era íntimo amigo de los hermanos de Betania Lázaro, María y Marta, una familia bien situada, en cuya casa, nuestro Señor solía hospedarse con sus discípulos, cuando iban de camino. San Juan nos dice: "Un hombre llamado Lázaro había caído enfermo... Era natural de Betania... Las hermanas de Lázaro mandaron a Jesús este recado: señor, tu amigo está enfermo" (JN. 11, 1; 3).
   Independientemente de que Jesús fuera rico o pobre, sabemos que nuestro Señor optó por la vivencia radical de la humildad, así pues, El le dijo a un joven rico que le preguntó lo que tenía que hacer para convertirse en seguidor o discípulo suyo, después de que él le asegurara que cumplía cabalmente todos los Mandamientos de la Ley: "-Una cosa te falta: -Ve, vende todo lo que posees y reparte el producto entre los pobres. Así te harás un tesoro en el cielo. Luego vuelve aquí y sígueme" (MC. 10, 21). Jesús no rechazaba los bienes materiales, así pues, El sufragaba los gastos de sus compañeros y suyos gracias al dinero que recibía de ciertas mujeres cuyos maridos tenían cierta influencia en Palestina, y repartía limosnas a los marginados.
   Jesús defendía la pobreza espiritual, es decir, era humilde, y no despilfarraba su dinero.
   Con respecto a algunas de las mujeres que ayudaban al señor con sus aportaciones económicas, leemos en el Evangelio de San Lucas: "Sucedió a continuación que (Jesús) iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían (al Señor y a sus discípulos) con sus bienes" (LC. 8, 1-3).
   desde que María se quedó embarazada de Jesús y José la aceptó como esposa, ¿qué hizo el Sagrado Titular de la Iglesia Católica para obtener el dinero que ambos necesitaban para vivir? Tanto en MC. 6, 3, como en MT. 13, 55, se nos dice que Jesús era carpintero, e hijo del carpintero. ES difícil suponer que José fuera escultor, porque, aunque Palestina había sido invadida por el ejército romano el año 63 antes de Cristo, los judíos rechazaban el culto a las imágenes, porque consideraban que ello constituía una ofensa muy grave contra Yahveh, ya que a Dios ni se le puede representar ni se le puede sustituir por divinidades falsas. No hay que echar a volar la imaginación para suponer que, a pesar de que José era carpintero, en más de una ocasión, quizá tuvo que improvisar haciendo trabajos diferentes al suyo, si pertenecía a la clase social más humilde del país.
   ¿Qué nos dice la Biblia con respecto a la Sagrada Familia desde que aconteció el Nacimiento de Jesús hasta que el Mesías inició su Ministerio público?
   Los judíos, por causa de un mandato divino muy antiguo, circuncidaban a sus hijos, el octavo día del nacimiento de los mismos, simbolizando la consagración de sus descendientes a Dios. Esta era una forma de hacer que Yahveh siempre tuviera servidores dispuestos a trabajar obedeciendo a los dirigentes político-religiosos de Palestina. En el Evangelio de San Lucas, leemos: "Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle (a Jesús), se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno" (LC. 2, 21). Recordemos lo que José le oyó al ángel que se le manifestó en el sueño en que le comunicó que no tuviera reparo en aceptar a María como esposa: "... Tu le pondrás por nombre "Jesús", porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (MT. 1, 21). Recordemos también lo que San Gabriel le dijo a María en el episodio de la Anunciación: "Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús" (LC. 1, 31). A la luz de los versículos bíblicos que estamos meditando, podemos comprender, recordando la misión que le fue encomendada a nuestro Señor, la razón por la que, Jesús, se traduce al español como Libertador o Salvador.
   No olvidemos que Jesús no necesitaba ser consagrado al Altísimo porque El procedía de Dios, pero nuestro Salvador no quiso diferenciarse de los demás mortales de todos los tiempos, así pues, si sus hermanos de raza eran circuncidados, El tenía que ser circuncidado también, porque se hizo en todos los aspectos de la vida igual a nosotros, exceptuando la contaminación del pecado, y porque era descendiente de Adán y Eva, según el Génesis, los primeros pecadores. Recordemos que, por causa del relato del pecado original, que se puede leer en el capítulo 3 de dicho primer libro de la Biblia, los judíos primero y los cristianos después, tenían que tener un rito, a través del cuál, le demostraran a Dios que deseaban reconciliarse con El. Por otra parte, pensemos que en la gran mayoría de religiones existentes a través del transcurso de la historia, ha existido la costumbre de sacrificar a uno o a varios hijos, ya sea quitándoles la vida, u obligándolos a servir a la divinidad a la que sus adeptos adoran.
   Cuando se cumplieron 40 días a partir de la Natividad de Jesús, sus padres, en conformidad con otras prescripciones ancestrales, fueron al Templo de Jerusalén, para ofrendarle a Dios a su descendiente, y recuperarlo nuevamente, pues tenían que formarlo convenientemente para que desarrollara la misión que le fue encomendada por nuestro Creador, ya fuera trabajando como José y fundando un hogar, o realizando grandes portentos, tal como lo hicieron en el pasado, grandes siervos de Dios, como, por ejemplo, Moisés. Pensemos que José y María conocían la misión que le fue encomendada a Jesús, pero desconocían la forma en que su Hijo cumpliría su deber.
   En aquella ocasión, María llevó a cabo el rito de la purificación de su largo periodo menstrual, pues los judíos creían que las mujeres que tenían la regla eran impuras ante Dios y su pueblo.
   La Sagrada Familia sacrificó en el Templo 2 pichones, si eran pobres, o, un cordero, si pertenecían a una clase social acomodada.
   San Lucas nos cuenta estos hechos brevemente: "Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al señor" y para ofrecer en sacrificio "un par de tórtolas o dos pichones", conforme a lo que se dice en la Ley del Señor" (LC. 2, 22-24).
   Aquel día, José y María, se asombraron en gran manera, cuando un anciano, cuyo nombre era Simeón, les predijo lo que le sucedería al pequeño Jesús el día en que el Mesías fue asesinado. San Lucas escribió en su Evangelio con respecto a este hecho tan singular: "Y He aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo" (LC. 2, 25). San Lucas nos hace entender que, el Espíritu del señor, estaba sobre Simeón, en virtud de la justicia y piedad que caracterizaban al mismo. Dios valora mucho la bondad humana, así pues, el ángel que le anunció a Zacarías el nacimiento de su hijo, le dijo que la misión del Bautista consistiría en "hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al señor un pueblo bien dispuesto" (LC. 1, 17). San Lucas también nos dice con respecto a los padres de San Juan el Bautista: "Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor" (LC. 1, 6). En su oración de acción de gracias por el nacimiento de su hijo y por haber recuperado la voz, Zacarías manifestó su deseo de que todos "podamos servirle (a Dios) sin temor en santidad y justicia delante de él todos nuestros días" (LC. 1, 74-75). El Salmista nos dice: "Dichoso el hombre que se apiada y presta y  arregla rectamente sus asuntos" (SAL. 112, 5).
   San Lucas nos sigue diciendo con respecto a Simeón: "Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del señor" (LC. 2, 26). Hemos visto anteriormente que los judíos esperaban el advenimiento del Mesías, unos para que el enviado de Dios estableciera el Reino de Dios en el mundo, y, otros, para que liberara a Palestina de la opresión que los romanos ejercían sobre los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob o Israel. en aquel tiempo eran pocos los que creían en la verdadera imagen del Mesías, pues la misma  había sido distorsionada por quienes deseaban que el Redentor de las naciones se convirtiera en un líder político-militar, capacitado para librar al pueblo de Yahveh de sus opresores. Simeón creía en el Mesías, y concebía al enviado de Dios como Salvador, y, por causa de su justicia y piedad, el Espíritu Santo le reveló que no moriría, sin haber contemplado al Mesías. Simeón, "movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya (muera) en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel" (LC. 2, 27-32).
   Quienes tienen la costumbre de orar ayudándose para ello de la Liturgia de las horas, repiten la oración anterior de Simeón todas las noches, y le dan gracias a Dios, por haberles permitido conocer a su Cristo o Mesías. Jesús es amado por nosotros porque es nuestro Hermano y Salvador.
   San Lucas nos sigue instruyendo: "Su padre y su madre (de Jesús) estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones" (LC. 2, 33-35).
   José murió durante la adolescencia de Jesús, así pues, María acompañó a Jesús durante el trágico episodio de su Pasión y muerte, pues el Espíritu Santo la previno para que, desde que su Hijo le fue consagrado a Yahveh, ella fuera consciente de que su Hijo tenía que padecer, como si cargara con el peso de todos los crímenes que se habían cometido y quedaban por llevar a cabo, desde la creación del mundo hasta el final de los tiempos. A través de la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús, se descubrieron las intenciones de quienes estaban a favor y en contra del Hijo de Dios.
   Ignoramos en qué medida llegaron a captar los padres de Jesús el mensaje tan extraño que Simeón les transmitió basándose para ello en la forma de hablar de los Profetas del pasado. Supongo que ellos debieron comprender que Jesús vino al mundo para ensalzar a los buenos y humillar a los enemigos de Dios, con el fin de que la humanidad expiara el mal que había  provocado a través del curso de su historia.
   ¿Por qué le dijo Simeón a María que Jesús era un signo de contradicción? A pesar de que basándonos en la vivencia que Jesús tuvo de su Ministerio sabemos que el Cristo o Ungido de Dios para llevar a cabo la misión que le fue encomendada hizo acopio de una humildad ejemplar para nosotros, todos interpretamos el mensaje de Jesús personalmente de la forma que más se adapta a la imagen de Dios que más se adecua a la realidad que creemos razonable. Como ejemplo de esta contradicción lamentable, he de deciros que los católicos celebramos la Eucaristía, mientras que otros cristianos consideran que Jesús, la noche en que fue entregado a sus enemigos, no hizo del pan el maná celestial que tan necesario nos es a nosotros, sino que hizo un gesto simbólico, que significaba su entrega sacrificial. Es lamentable el hecho de que todos los cristianos no nos pongamos de acuerdo para interpretar la Palabra de Dios, a veces, ni en el caso de que pertenezcamos a una misma iglesia o congregación. Existen comunidades cerradas cuyos miembros comparten una ideología difícil de vivir que los diferencia del resto de cristianos del mundo, pero, lamentablemente, estos hermanos nuestros, no son libres para pensar por sí mismos, pues sus líderes se encargan de mentalizarlos con respecto a lo que tienen que creer, de manera que anulan su capacidad de discernimiento. Por el contrario, existen otras comunidades abiertas, cuyos miembros son más libres para aceptar lo que crean más conveniente, aunque suelen coincidir en la interpretación de los aspectos más trascendentales de la fe que profesan.
   San Pablo les escribió a los cristianos de la comunidad que fundó en corinto con respecto a las diferencias que nos separan y a algunos aspectos relacionados con nuestra conducta: "Ha llegado a mis oídos que, cuando os reunís en asamblea (celebraciones, reuniones, catequesis...), los bandos están a la orden del día. Cosa, por cierto, nada increíble, si se piensa que hasta es conveniente que existan divisiones entre vosotros, para que quede claro quiénes son los que salen airosos de la prueba" (1 COR. 11, 18-19).
   Aprovecho esta ocasión para pediros que oréis por quienes trabajan por la unión de todos los cristianos del mundo, pues no es razonable el hecho de que los hijos de Dios interpretemos la Palabra de nuestro Criador de diferentes formas.
   San Lucas nos dice con respecto al episodio de la infancia de Jesús que estamos considerando: "Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones" (LC. 2, 36-37). En los anteriores versículos del segundo libro de San Lucas aparecen varios nombres  que nos son desconocidos. ¿Por qué nos dice el Hagiógrafo sagrado que Ana era hija de Fanuel? Los judíos tenían la costumbre de conocerse entre sí, anteponiéndoles a sus nombres la palabra bar, que significa: hijo de. Un ejemplo de ello lo encontramos en MC. 10, 46-52, un pasaje bíblico en que San Marcos nos habla de la curación por parte de Jesús del ciego Bartimeo, es decir, hijo de Timeo. No sabemos cuál era el nombre del citado ciego, pero sabemos que el nombre de su antecesor era Timeo. San Lucas nos habla de la tribu de Aser, es decir, uno de los doce hijos de Jacob o Israel. El Evangelista también nos habla del servicio que Ana le ofreció a Dios con sus ayunos y oraciones, por lo cuál nos preguntamos: ¿Qué necesidad tiene Dios de nuestros ayunos y oraciones? Nuestro creador no necesita nada de nosotros, porque El es Todopoderoso, pero, con esos y otros gestos, le pedimos que sea generoso con nuestros prójimos, y con nosotros.
   San Lucas nos sigue diciendo: "Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él" (LC. 2, 38-40). La gracia de Dios estaba sobre Jesús. El poder y el amor de Dios estaban sobre el Hijo de María.
   A partir del relato que hemos meditado, San Lucas no dejó nada escrito con respecto a los sucesos que vivió nuestro Señor durante sus primeros 12 años de existencia mortal. Sin embargo, en el Evangelio de San Mateo, encontramos otros datos de la infancia de Jesús.
   San Lucas nos ayuda a calcular aproximadamente la fecha del Nacimiento de Jesús, aportándonos para ello los siguientes datos históricos: "Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos (los judíos) a empadronarse, cada uno a su ciudad" (LC. 2, 1-3).
   Por su parte, el autor del primer Evangelio escribió: "Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, durante el reinado de Herodes. Por entonces llegaron a Jerusalén unos sabios de Oriente, que preguntaban: -¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Nosotros hemos visto aparecer su estrella y venimos a adorarle" (MT. 2, 1-2). Imaginemos cómo debieron sentirse los astrólogos orientales, cuando, después de haber hecho un largo viaje, se encontraron con que los judíos desconocían a su Rey. Imaginemos, también, la debilidad de la fe de los judíos, pues, siendo ellos los primeros elegidos por Dios para manifestárseles, desconocían el designio salvífico de nuestro Criador, y, por tanto, a aquél a quien El ungió para que fuera nuestro Redentor. Los israelitas tenían desde hacía muchos siglos la costumbre de ungir con aceite a los sacerdotes, profetas y reyes, con el fin de constatar que Dios les había elegido para desempeñar las actividades que les eran propias.
   "El rey Herodes se inquietó mucho cuando llegó esto a sus oídos, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén" (MT. 2, 3). Palestina había sido invadida por el ejército romano el año 63 antes de Cristo. Roma respetaba los cultos religiosos de las tierras que conquistaba, aunque imponía la exhibición de las imágenes de sus césares en los lugares más destacados. En aquel tiempo, dado que los judíos esperaban la inminente aparición del Mesías porque el Profeta Miqueas vaticinó aquel extraordinario hecho para aquellos años, aparecían muchos Mesías en Israel, unos como líderes religiosos, y, otros, con tendencias políticas. El pueblo oprimido por sus invasores se dejaba arrastrar por las convicciones de los citados Mesías, de los cuales, Pilato, para complacer a los miembros constituyentes del Sanedrín o Sinedrio (alto Tribunal de Israel), crucificó entre 48 y 70. En esas circunstancias tan dramáticas, ¿de qué forma podía reaccionar Herodes el idumeo si sospechaba que podía perder su reinado, o si el pueblo pensaba que uno de sus hijos podía ser criado y preparado para levantarse contra él? Herodes "ordenó que se reunieran los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley para averiguar por medio de ellos dónde había de nacer el Mesías" (MT. 2, 4). Si los magos averiguaron que el Mesías había nacido porque habían visto aparecer su estrella en el cielo y habían viajado siguiendo la ruta que les había indicado la misma, Herodes tenía que valerse de ellos y de los intérpretes de las Escrituras, con el propósito de encontrar al supuesto futuro Rey de Israel, y degollarlo, sin dejarlo que creciera, para que nadie pudiera revelarse contra él, y unirse a su futuro enemigo.
   San Mateo nos dice que los intérpretes de la Ley le dieron esta respuesta (a Herodes): -En Belén de Judá (Judea), porque así lo escribió el profeta (Miqueas): Tú, Belén de Judá, no eres la menor entre las ciudades importantes de Judá, pues de ti saldrá un caudillo que guiará a mi pueblo Israel" (MT. 2, 5-6. CF. MI. 5, 2).
   "Entonces Herodes hizo llamar en secreto a los sabios de Oriente, y por lo que le dijeron llegó a precisar el tiempo en que habían visto la estrella (con la intención de calcular la fecha aproximada del Nacimiento de Jesús). Luego los envió a Belén y les dijo: -Id allá y averiguad cuanto os sea posible acerca de ese niño. Y cuando le halláis encontrado, hacédmelo saber, para ir también yo a adorarle. Los sabios, después de oír al rey, salieron para Belén, y la estrella que habían visto aparecer les guió hasta el lugar donde estaba el niño. Llenos de alegría porque seguían viendo la estrella, entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Entonces cayeron de rodillas ante él y, sacando los tesoros que llevaban consigo, le ofrecieron oro, incienso y mirra" (MT. 2, 7-11). Después de que aconteciera el Nacimiento de nuestro Señor, José buscó una casa en Belén, para no seguir viviendo junto a su Familia en la cueva que los pastores utilizaban para guarecer sus ganados. De la misma forma que Simeón habló con María en la Presentación de Jesús a Dios en el Templo de Jerusalén, José no tuvo la oportunidad de ver cómo aquellos astrólogos extranjeros se postraban ante su Hijo putativo.
   ¿Qué significado tenían los regalos que los sabios orientales le ofrecieron a Jesús? El oro significaba que Jesús fue hombre. Nuestro señor es Dios, y, como tal, es dueño y señor del universo. El oro, dada la humildad de nuestro Señor, significaba la riqueza espiritual del Mesías. El incienso significaba la Divinidad de Jesús, y, la mirra, fue uno de los ungüentos sepulcrales, con que fue ungido nuestro Señor, el día en que le sepultaron José de Arimatea y Nicodemo, en el sepulcro que el primero se había hecho excavar para sí.
   "después, los sabios se volvieron a su país; pero tomaron otro camino, porque en sueños se les había advertido que no volvieran a donde estaba Herodes. Cuando ya se habían ido los sabios de Oriente, un ángel del Señor, se apareció en sueños a José y le dijo: -Levántate, toma al niño y a su madre y huye con ellos a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarle. José se levantó, tomó al niño y a la madre y partió de noche con ellos camino de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que el señor había dicho por medio del profeta (Jeremías): De Egipto llamé a mi hijo. Cuando Herodes cayó en la cuenta de que había sido burlado por los sabios de Oriente, montó en cólera y mandó matar en Belén y sus alrededores a todos los niños menores de dos años, conforme al tiempo que calculó a partir de los informes de los sabios. Así se cumplió la palabra (profecía) del profeta Jeremías: En Ramá (en Belén y sus alrededores) se oye un clamor de muchos llantos y lamentos. Es Raquel (mujer predilecta de Jacob), que llora por sus hijos y no quiere consolarse, porque están muertos" (MT. 2, 12-18).
   El pasaje de San Mateo que estamos considerando, no es un relato de ficción cuyo héroe es rescatado inesperada y prodigiosamente de las garras de la muerte, así pues, este episodio de la infancia del Hijo de Dios y María, nos insta a sumirnos en la meditación profunda del significado del dolor. Anteriormente vimos que Jesús fue circuncidado porque El vino al mundo para ser semejante a nosotros en todos los aspectos de la vida, con la excepción del pecado. Ahora bien, es inevitable el hecho de pensar: Si Jesús vino al mundo para ser semejante a nosotros en todos los aspectos de nuestra vida, ¿por qué permitió Dios que los niños conocidos como Santos inocentes de Belén perecieran después de que sus cabezas fueran amputadas por los componentes de la centuria que aterrorizaron a los habitantes de Belén? También nos preguntamos: ¿Por qué permitió Dios los conocidos atentados del 11S, el 11M, y otras tantas injusticias? Con respecto al episodio de la matanza de los inocentes de Belén, nos preguntamos: ¿Por qué no salvó Dios a aquellos niños, y rescató a su Primogénito de la muerte? La cuestión del dolor no se debe tratar superficialmente, así pues, es preciso que la abordemos en otra ocasión, no sólo con la intención de tratarla debidamente, sino porque, si la contemplamos en esta meditación, la misma sería excesivamente larga.
   "Después de muerto Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José, allá en Egipto, y le dijo: -Ponte en camino con el niño y con su madre y regresa con ellos a Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño. José preparó el viaje, tomó al niño y a la madre y regresó con ellos a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao, hijo de Herodes, reinaba en Judea en lugar de su padre, tuvo miedo de ir allá. Así que, nuevamente advertido en sueños, se dirigió a la región de Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. DE esta manera se cumplió lo que habían anunciado los profetas: que Jesús sería llamado Nazareno" (MT. 2, 19-23).
   Cuando José supo que su prometida estaba embarazada, quiso separarse de ella secretamente, pero, cuando obedeció el mandato divino de regresar a Nazaret, saldó la deuda que tenía con él, con Dios, con su Hijo adoptivo y María.
   A partir del regreso de la Sagrada Familia a Nazaret, comenzó un periodo de silencio del que hablé anteriormente, que culminó cuando nuestro Señor tenía 12 años, y, en conformidad con la Ley de Israel, acompañó a sus predecesores, por primera vez, a Jerusalén, a celebrar la Pascua. San Lucas escribió en su Evangelio: "Sus padres iban todos los años a Jerusalén a celebrar la fiesta de la Pascua. cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: -Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. El les dijo: ¿Y por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio" (LC. 2, 41-50).
   No debe extrañarnos el hecho de que José y María buscaran a su Hijo desesperadamente, de hecho, conocemos pocos casos de padres  que no se preocupen por sus descendientes. La preocupación de los padres de Jesús estaba muy justificada, si tenemos en cuenta que, los mayores enemigos de los invasores romanos, los celotes, pudieron haberse revelado contra sus colonizadores precisamente en aquellos días, aprovechando la celebración de la Pascua, una ocasión en la que podían tener a flor de piel su exagerado espíritu nacionalista.
   San Lucas nos dice que cuando José y María encontraron al Niño en el Templo se quedaron sorprendidos, así pues, aquél era precisamente el lugar en que menos posibilidades creían tener de encontrar a su Hijo, y, mucho menos, conversando tranquilamente con los intérpretes de la Ley y con una sabiduría equiparable a la de los mismos, pues los citados maestros eran formadores de los fariseos, que, a su vez, instruían a quienes lo deseaban en el conocimiento de la Ley.
   Quizá no nos hubiera sorprendido el hecho de que José y María se hubieran desahogado golpeando a Jesús, alegando que su Hijo les había causado un gran dolor para justificar su acción, pero, sin embargo, cuando estaban a solas en Nazaret, meditaron mucho sobre la respuesta con que su Hijo se dirigió a ellos, a pesar de que José no le había interrogado, pero Jesús sentía que también le debía una explicación razonable a su padre, para justificar su conducta. Los padres de nuestro Señor sufrieron mucho aquel día, porque recordaron que Jesús vivía para cumplir la voluntad de Dios, en una sociedad en que, por causa de su pobreza, muchas familias eran incrementadas, para que sus miembros trabajaran y pudieran ayudarse unos a otros, a poder sobrevivir.
   Jesús "bajó con ellos (sus padres) y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (LC. 2, 51-52). María conservaba el recuerdo de los hechos extraordinarios que marcaban la infancia de su Hijo, y los meditaba, oraba, y, se inquietaba, porque no sabía de qué forma se llevaría a cabo el designio salvífico de Dios, por medio de su Hijo.
   Ya que conocemos la infancia de nuestro Señor, sabemos cuál es la causa por la que la Iglesia desea que los cristianos imitemos a la Sagrada Familia de Nazaret. Los modelos familiares cristianos fueron inspirados en las instrucciones que se dan indicando las pautas de comportamiento que todos hemos de seguir con nuestros familiares en los primeros cinco libros de la Biblia (el Pentateuco). Los tiempos han cambiado, así pues, actualmente, las mujeres, en muchos países, no tienen que estar necesariamente sometidas a sus padres ni a sus maridos o tutores legales, ya los padres no acuerdan relaciones matrimoniales sin que los contrayentes tengan la oportunidad de conocerse... No ha de sorprendernos en absoluto el hecho de que San Pablo les escribiera a los cristianos de Efeso: "La Iglesia es dócil a Cristo, séanlo también, y sin reserva alguna las mujeres a sus maridos" (EF. 5, 24). San Pablo no habla en el versículo citado de la fidelidad conyugal, sino de la obediencia indiscutible de las mujeres con respecto a sus  maridos. Si alguien no interpreta el citado versículo que he interpretado literalmente y difiere de la interpretación que he hecho,  no tendré reparo alguno en reconocer que dicho Apóstol no era feminista precisamente, así pues, él escribió: "Las mujeres deben guardar silencio en la asamblea; no les está, pues, permitido tomar la palabra, sino que deben mostrar el mayor acatamiento. Así lo manda la misma Ley. Si desean saber algo, que se lo pregunten en casa a sus maridos, porque no está bien que la mujer hable en la asamblea" (1 COR. 14, 34-35). Acepto el hecho de que las mujeres en los primeros siglos del Cristianismo no pudieran predicar en las reuniones, ya que se las veía inferiores a los hombres, pero creo abusivo el hecho de que ni siquiera se les permitiera hablar con sus familiares. Puedo decir, en defensa de San Pablo, que hacía bien en impedir que las mujeres predicaran, porque así evitaba maltratos y muertes innecesarios. Actualmente, cuando leemos los escritos paulinos y encontramos referencias con respecto de la sumisión de las mujeres a sus cónyuges, muchos cristianos interpretamos que la sumisión tiene que ser mutua, en beneficio de las relaciones matrimoniales.
   Recordemos algunos versículos paulinos de gran belleza:
   "Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia. Por ella entregó su vida a fin de consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y por la palabra" (EF. 5, 25-26). San Pablo instó a los hombres casados a que amaran a sus mujeres, y a que las prepararan para que no incurrieran en ningún pecado, para que así ellas pudieran ser salvas, cuando aconteciera la venida de nuestro Señor al mundo. Tengamos en cuenta que, San Pablo, durante mucho tiempo, vivió creyendo que Cristo estaba a punto de volver al mundo, para concluir nuestra redención.
   Sería muy complicado el hecho de interpretar la forma en que todos hemos de actuar con respecto a nuestros familiares basándonos en los textos bíblicos, dado que nuestras sociedades han evolucionado mucho, así pues, San Pablo fue un gran innovador cuando escribió, en un tiempo en que sólo se hablaba de que los hijos tenían que obedecer a sus padres, sin plantearse que lo que sus progenitores pensaban era lo correcto, pues estaban obligados a aceptarlo como indiscutible: "Vosotros, los padres, no hagáis de vuestros hijos unos resentidos, sino educadlos, instruidlos y corregidlos como lo haría el Señor" (EF. 6, 4). Tengamos en cuenta que, aunque la Biblia contiene consejos muy provechosos para ayudarnos a alcanzar la felicidad entre nuestros familiares, la Palabra de Dios no es un manual de Psicología para ayudarnos a solventar nuestros problemas.
   ¿Por qué quiere la Iglesia que imitemos a la Sagrada Familia de Nazaret? El tiempo en que vivieron Jesús, María y José, estaba marcado por grandes dificultades, por consiguiente, los saduceos, miembros de la clase sacerdotal, pensaban que ellos debían dirigir al pueblo a los niveles político y religioso. Los fariseos eran grandes hipócritas que pensaban que todo el pueblo estaba infestado de gente imperfecta maldita por causa de sus pecados de entre quienes lógicamente ellos destacaban como lumbreras por su perfección. Los celotes robaban y asesinaban a judíos, romanos y otros extranjeros, con el fin de obtener el dinero que necesitaban para construir armas con las que asesinaban a sus mayores enemigos. Cuando María se vio embarazada y supo que su vida dependía de José porque él tenía el deber de lapidarla por causa de su supuesta relación adúltera con otro hombre, lo único que pudo hacer es refugiarse en la oración, especialmente cuando José la envió a casa de los padres de San Juan el Bautista, con el fin de separarse de ella secretamente. José pagó el desprecio que le iba a hacer a María, según vimos anteriormente, y Jesús fue educado en medio de dificultades, como la rebelión de Judas el Galileo contra Roma.
   María y José no tuvieron en sus manos ningún libro de autoayuda para solventar sus múltiples dificultades, y, actualmente, un gesto insignificante, puede significar el fin de una relación matrimonial. Actualmente, la gente se conoce, y, o posterga sus relaciones de noviazgo indefinidamente, o contrae matrimonio rápidamente. Estos últimos no suelen conocerse, por lo que, cuando les surge una discusión o un problema fácil de solucionar, prefieren separarse de su cónyuge, antes de llegar a un acuerdo con su pareja. El mundo avanza muy deprisa, pero, en ciertos aspectos, quienes estamos casados, tenemos que caminar cogidos de la mano de nuestros mejores amigos, nuestros cónyuges.

Epifanía del Señor, ciclo B, 2003.

   Padre nuestro.
 
   6/01/2003, Epifanía del Señor, ciclo B.
 
   Lecturas: Isaías, 60, 1-6; Salmo 71; Efesios, 3, 2-6; San Mateo, 2, 1-12.
 
   Homilía:
 
   1. Celebramos la primera Epifanía del Señor, excelente revelación de la luz divina sobre nuestras carencias materiales y espirituales. Isaías nos dice en la primera lectura correspondiente a esta Solemnidad de la Epifanía del Señor que Dios ha amanecido sobre nosotros, así pues, cuando el pasado 25 de diciembre celebramos la Natividad de nuestro Niño de Belén, quiso Dios que volviera a nacer en nuestros corazones nuestra existencia sobrenatural, los abundantes dones y virtudes que nos configuran y transfiguran a imagen y semejanza de aquel que nos ha concedido participar de su vida eterna, por consiguiente, debemos recordar en esta ocasión las palabras del prólogo del Evangelio de San Juan referentes a que nuestro Jesús nos ha concedido gracia sobre gracia por los méritos que le han merecido su vida y obra.
   2. "Brilla, Jerusalén" -dice Isaías en su Emmanuel- ¿Hemos recibido a Jesucristo, Palabra de Dios, y actuamos impulsados por la inspiración del Espíritu Santo? Si Dios nos ha dotado de dones y virtudes, podemos decir que tales maravillas de nuestro Padre son nuestras porque nuestro Señor nos las ha concedido, pero esa concesión celestial nos exige que brillemos por nuestra propia luz. Si mi hermano es donante de sangre, puede ofrecerle a Dios su sacrificio para la redención de mis pecados, pero, aún así, yo no puedo brillar con la luz de mi hermano, no puedo sentirme realizado hasta que no cumpla la voluntad de Dios escuchando a Jesucristo, Palabra de Dios, y dejándome inspirar por el Espíritu Santo.
   3. "Caminarán los pueblos a tu luz" Con gran acierto, Jesús decía que no se puede encender una luz para esconderla, pues no se puede disimular el brillo y claridad de la luz. Puede acontecernos que no seamos conscientes de si el mundo se percata de que somos cristianos, pues no conocemos los pensamientos de nuestros prójimos, no sabemos si nuestra luz hace que otros hermanos nuestros, creyentes o no cristianos, brillen por su propia luz. Ocupémonos de sembrar la semilla divina, y el Espíritu Santo, a su tiempo, se servirá de nuestras palabras y obras para convertir a la humanidad al Evangelio del amor divino.
   4. En la segunda lectura que escuchamos hace unos minutos, San Pablo nos insta a creer que el Evangelio de Jesucristo es universal, así pues, cuando Pablo escribió sus Epístolas, los judíos creían que Dios aborrecía a los extranjeros, y que el Señor sólo se complacía en la raza de aquellos a quienes se reveló antes de que las naciones del mundo conocieran la Santidad de nuestro Padre común.
   5. Para que esta homilía no sea excesivamente larga, prefiero pasar por alto la lectura de la Carta a los Efesios, y contemplar las escenas que San Mateo nos narra en el Evangelio de la adoración de los magos. Herodes se sobresaltó al percatarse de que había sucedido un hecho extraordinario, había nacido el Rey de quien Miqueas, Isaías, Jeremías y otros grandes Profetas habían hablado en los días de su existencia mortal. Era imposible creer que fuera verdad que había aparecido una estrella que conducía a aquellos magos orientales a adorar a Jesús, pero, ¿qué ocurriría si aquella profecía tan antigua del capítulo 5 de Miqueas se hubiese cumplido? Resulta curioso ver que ni siquiera los instruidos en la Ley del Señor podían creer que verdaderamente empezaba a llevarse a cabo el designio salvífico de Dios. Herodes pensaba que podían quitarle el trono, los judíos se alarmaban pensando que algún espabilado podía reformar sus complicadas estructuras religiosas, nosotros sufriríamos mucho si nos viéramos obligados a ser buenos Santos en un momento sin que Dios nos transformara tocándonos con su varita mágica...
   6. Los tres regalos que Jesús recibió de los magos tienen un gran significado teológico, según hemos visto en envíos anteriores que han llegado a Trigo de Dios. El pasado día 5 os envié tres cartas de Catholic que hablaban de nuestra percepción actual y mundana de los reyes magos.
   El oro de Melchor, significaba que Jesús es el más sabio y poderoso Hombre de todos los tiempos.
   El incienso de Gaspar, resaltaba la Deidad de Jesús, el más famoso y humilde Hombre de todos los tiempos.
   La mirra de Baltasar, es signo de penitencia, muerte para resucitar, sacrificio de goces terrenales para encontrar la felicidad, contradicción de quienes ignoran cómo renunciando al sin sentido del placer excesivo nosotros encontramos la Santidad, paz, y, amor de nuestro Padre y Dios.
   7. Es importante la forma en que nuestros niños han recibido sus tradicionales regalos. Estoy cansado de ver cómo muchos padres chinchan a sus hijos ilusionándolos con comprarles lo que jamás les van a comprar, y me duele ver cómo otros hacen que sus hijos hagan travesuras y después los torturan física y psíquicamente para justificar su comportamiento ante los vendedores de los centros comerciales... Desde luego, muchos estamos bautizados, pero no todos somos Santos, muy a pesar de que Dios sí es Santo.
   8. Antes de comenzar la procesión de los magos, oremos juntos, elevemos a Dios, con amor e imaginación, nuestras preces y la oración conclusiva.

Epifanía del Señor, ciclo A, 2005.

   Padre nuestro.
 
   Jueves, 6-01-2005, Epifanía del Señor, ciclo A.
 
   Edición número 11.
 
   En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos:
   -Sagrarios vivos. Cita de las lecturas eucarísticas, oraciones y homilía dominical.
 
   Sagrarios vivos.
 
   La Epifanía del Señor.
 
   Antífona de entrada:
 
   V. Mirad que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio (MAL. 3, 1; 1 CRON. 19, 12).
 
   Saludo inicial del sacerdote:
 
   V. La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con vosotros.
   R. Y con tu espíritu
 
   Cantemos o recitemos con gran devoción el Gloria, pidiéndole a Dios perdón porque hemos transgredido conscientemente el cumplimiento de su Ley, y elevemos nuestras peticiones al cielo.
 
   Monición de entrada:
 
   Los Magos de Oriente hicieron un viaje muy largo siguiendo la estrella de la fe que anunciaba el Nacimiento del Mesías. Los citados Magos le ofrecieron al Señor oro, incienso y mirra. ¿Qué le vamos a ofrecer a Jesús en el día en que el unigénito de Dios se nos revela como Dios de todas las naciones por la adoración de los Magos? Jesús fue adorado por gentiles (sabemos que los Magos no eran judíos), así pues, alegrémonos al saber que el Dios de los Patriarcas es Dios y Señor de todas las naciones.
 
   Oración colecta:
 
   Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
 
   Liturgia de la Palabra.
 
   Lecturas:
 
   1. La gloria del Señor alborea sobre ti (IS. 60, 1-6). En el día en que celebramos la Epifanía del Señor, nos gozamos porque la luz de Cristo resplandece sobre nosotros y el medio en que vivimos. El fragmento del tercer Isaías que será proclamado a continuación, simboliza la instauración del Reino de Dios, el júbilo con que todas las naciones vivirán eternamente en la presencia de su Criador.
 
   2. Que te adoren, Señor, todos los pueblos (SAL. 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13. R.: CF. 11). Al meditar el fragmento del Salmo 71 que cantaremos o escucharemos a continuación, tendremos presente la misión del Mesías, pensando en las razones por las que le adoramos, y le agradecemos la misericordia con que nos hace dignos de vivir en su presencia.
 
   3. También los paganos participan de la misma herencia que nosotros (Ef. 3, 2-3. 5-6). San Pablo nos dice que, las revelaciones que el pueblo judío recibió por medio de los Profetas sobre las que meditamos brevemente en el tiempo de Adviento, también nos afectan a nosotros, porque nuestro Dios es Dios de judíos y no judíos.
 
   4. Aleluya, Aleluya: Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorar al Señor (MT. 2, 2).
 
   5. Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos (MT. 2, 1-12). Imitemos la fe de los Magos orientales, los cuales emprendieron un largo y difícil viaje para adorar al Mesías. Acerquémonos a María, la estrella de la fe, para que ella nos enseñe a confiar en Jesús, su Hijo amado.
 
   Homilía:
 
   1. Dios ha amanecido sobre nosotros en este día de la Epifanía o manifestación de nuestro Señor Jesucristo porque estamos dispuestos a aceptar su Palabra como verdad suprema y nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de nuestro Padre común. Isaías nos dice en la primera lectura que Dios es todopoderoso, nuestra fuerza salvadora, la luz que nos guía en medio de las tinieblas en que vivimos cuando no sabemos vencer nuestras dificultades o cuando carecemos de la fuerza que necesitamos para afrontar y confrontar todos los aspectos de la vida que nos hacen sufrir. Quienes no creen en Dios viven en tinieblas, no porque son pecadores, sino porque están privados de la gran alegría que significa para nosotros la seguridad plena de que no estamos solos ante nuestras dificultades. Quienes aprendimos a tener fe siendo adolescentes o adultos, sabemos que la vida que rechaza la luz de Dios está llena de incertidumbres. Dios es nuestro Salvador, y su poder es infinito. En la primera lectura, el Profeta nos hace entender que Dios irradiará su luz a la humanidad desde Jerusalén, y que todas las naciones le adorarán en la ciudad tres veces santa, según los cultos judío, cristiano y musulmán. Pensemos, queridos hermanos y amigos, que nuestro Hermano y Señor Jesús, nos redimió a escasos kilómetros de Jerusalén. "No cabe que un profeta (él) perezca fuera de Jerusalén" (LC. 13, 33). El día en que acontezca la segunda venida o Parusía de Jesús, todos los habitantes del mundo iremos a la ciudad santa, portando nuestros tesoros espirituales, así pues, nuestro Señor nos juzgará, limpiándonos de nuestras imperfecciones e impurezas.
   2. El Salmo que meditamos hace varios minutos constituye una alabanza a Dios que se le puede aplicar a Cristo, nuestro Rey, quien, en actitud suplicante, le pidió al Padre que lo facultara para llevar a cabo la misión que él le encomendó sin fracasar. La súplica sobre la que meditamos en el citado Salmo era confiada, así pues, no estaba marcada por la desesperación ni la carencia de fe, sino por el vivo deseo de un Jesús joven, carente de experiencias vitales, dispuesto para que el Espíritu Santo le amoldara al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común, con gran sabiduría, y sin admitir ninguna vacilación. Cristo es el Rey cabal y perfecto que necesitamos, de hecho, sólo él nos puede salvar.
   3. Cuando los Magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, ni siquiera los más instruidos en el conocimiento del Verbo divino, pensaron que se les interrogaba sobre la Natividad del Mesías, así pues, los citados Magos fueron conducidos al palacio de Herodes. Para bochorno de Jerusalén y para gloria de los Magos gentiles, el pueblo que tantas revelaciones de Dios había recibido, dormía aletargado por la difícil situación de subyugación con respecto a Roma, el terrorismo interno y la manipulación religiosa que padecía. No podemos culpar a todos los habitantes de Jerusalén por carecer de fe, pero, cuando los Magos visitaron el palacio de Herodes, Yahveh debió sentirse descorazonado al pensar que su pueblo le ignoraba, a pesar de las múltiples formas que se le había manifestado en el pasado. Los Magos les señalaron a los israelitas el camino para encontrar al Mesías. Recuerdo el día en que los Príncipes de Asturias celebraron su enlace conyugal. Millones de personas estuvimos pendientes a aquel trascendental evento que sin duda alguna ha marcado la Historia de mi país. Nuestra fe es pequeña, porque aún no hemos tomado la decisión de caminar, mirando al cielo, con los pies muy firmes sobre la tierra, buscando la estrella de la fe. ¿Por qué no descansamos durante el día y caminamos afectados por el abrazo de las tinieblas buscando la estrella que ha de darle a nuestra vida un sentido nuevo caracterizado por la eternidad?
   Ante el estamento social de los grandes personajes que aparecen en el Evangelio de hoy, Jesús aparece marcado por la debilidad, la ignorancia, el desprecio y la persecución.
   ¿Cómo puede explicarse el hecho de que Herodes emprendiera una persecución contra un niño indefenso?
   ¿Qué sentido tuvo la matanza de los niños de Belén menores de dos años que llevaron a cabo los componentes de una centuria?
   ¿Cómo pudo ver Herodes a un adversario en medio de la miseria en que aquel tiempo vivía la Sagrada Familia?
   Herodes asesinó impasiblemente a los niños de Belén, sin que ninguno de ellos fuera la víctima que más deseaba ejecutar.
   Con cuánta naturalidad preguntaron los Magos en Jerusalén por el Rey de los judíos, y con qué miedo se les informó con respecto a la Profecía de Miqueas, el cuál afirmó en su tiempo que el enviado de Dios nacería en la pequeña ciudad de Belén de la región de Judea.
   ¿Qué les decimos a quienes nos preguntan si tenemos fe?
   ¿Somos capaces de vencer la pereza que nos impide asistir a las celebraciones eucarísticas?
   ¿Somos conscientes de que al no celebrar la Eucaristía rechazamos el hecho de recibir a nuestro Señor en la Comunión?
   ¿Es nuestra desestimación del Señor lo suficientemente considerable como para rechazar a Jesús?
   ¿Cumplimos la voluntad de Dios?
   ¿Nos amparamos en un continuo ciclo de formación, acción y oración para vivir en conformidad con el cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre y Dios?
   Los Magos no intuyeron la pretensión con que Herodes les envió a informarse del lugar exacto en que estaba la Sagrada Familia. El Espíritu Santo quiso que los Magos regresaran a su tierra tomando un atajo por el río Jordán, para evitar su improcedente encuentro con Herodes, el cuál, al verse burlado, montó en cólera, y ordenó el cruel asesinato de los niños de Belén.
   4. A pesar de que hoy muchos niños han amanecido rodeados de regalos, no debemos olvidar que, la mayoría de los niños del mundo, están padeciendo circunstancias difíciles. El día de los Reyes Magos es un cúmulo de esperanza e ilusión que es mantenido por los regalos y el cariño que los niños reciben de parte de quienes les aman, sus queridos familiares, los cuáles, se hacen pasar por los Magos de Oriente, pues la magia y el sacrificio de no delatar a quienes invierten su dinero, hacen de este día un recuerdo entrañable para los pequeños. Tengamos un recuerdo solidario en virtud de ofrecerles nuestra ayuda a los niños que pasan hambre, a los sin techo, y, si nos es posible, regalémosle un juguete a un niño pobre, para que sean muchos los niños que, al menos un día a lo largo de su vida, puedan derramar lágrimas de alegría, y puedan quedarse bloqueados instantáneamente al recibir un don que quizá creen que no merecen, bien por su pobreza, o por pertenecer a una clase social inferior.
   5. Hablando de regalos, sus Majestades de Oriente también tuvieron el detalle de ofrendarle a Jesús unas dádivas que le prepararon. No sabemos cuántos eran los Magos, pero creemos que son tres, en consideración de los regalos que le hicieron al Mesías. A estos tres astrólogos los llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar. A Melchor le atribuimos los lingotes de oro que le dio a Jesús, con lo cuál quiso afirmar que Jesús es el Hombre más poderoso y prestigioso de todos los tiempos. El segundo Mago, Gaspar, le ofrendó a Jesús incienso, la ofrenda que sólo se les hace a los dioses, afirmando la Deidad del Hijo de María. Baltasar, el negro más querido por los niños, envuelto en un halo de misterio, le ofrendó a Jesús un poco de mirra, la sustancia con que embalsamaban en aquel tiempo a quienes fallecían, indicando que, por su muerte y Resurrección, nuestro Señor habría de llevar a cabo su misión redentora.
   6. El próximo Domingo, con la celebración del Bautismo del Señor, -la segunda Epifanía de Jesús-, concluiremos el tiempo de Navidad, e iniciaremos el primer ciclo del tiempo ordinario, que será interrumpido por el inicio de la Cuaresma, y, después de la celebración de la Ascensión del Señor y Pentecostés, se prolongará hasta la Solemnidad de Cristo Rey, para volver a comenzar un nuevo periodo de Adviento.
   Todos recordamos las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tiempo de Adviento porque aún tenemos muy presentes los textos litúrgicos que meditamos durante las cuatro semanas que precedieron a la Natividad de Jesús. La meditación de las Profecías del Antiguo Testamento nos hizo copartícipes de la historia de la revelación de Dios a los hombres en la presencia de María, reflexionando sobre el dolor de nuestra Madre común, la maestra que ayuda a quienes padecen a vivir las circunstancias difíciles a que se enfrentan cada día.
   El tiempo de Navidad comienza con la celebración de las Vísperas de Navidad y la Natividad de Jesús, y se prolonga hasta el Bautismo del Señor, que se celebra el Domingo siguiente a la Epifanía o manifestación de Jesucristo. En este tiempo nos estamos concienciando de que el Verbo de Dios se ha hecho hombre, y se ha puesto a nuestro servicio para redimirnos, para cumplir la voluntad de Dios.
   En sus dos ciclos, el tiempo ordinario es una sucesión de 34 semanas, durante las cuales, como peregrinos que recorren el mundo buscando la fuente que extinga su sed, meditaremos rápida y eficazmente la Palabra de Dios, pues no deseamos que nuestra fe se debilite en el tiempo en que viviremos escasas celebraciones.
   La Cuaresma es un periodo de 40 días que finaliza el Jueves Santo, y es sucedido por el Santo Triduo de Pascua, los tres días en que meditamos la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, para celebrar el más jubiloso de todos los acontecimientos históricos durante 40 días. La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia, tiempo de desandar los caminos inciertos, tiempo de reconstruir lo que hemos destruido, y tiempo en que debemos mejorar como personas cristianas.
   La Semana Santa es el periodo en que finaliza la Cuaresma y comenzamos la Pascua. Durante la citada semana meditamos los misterios centrales de nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y la Penitencia, y la Pasión, muerte y Resurrección del Señor.
   La Pascua se prolonga durante los cuarenta días siguientes al Domingo de Pascua o Resurrección. En ese tiempo nos esforzamos por seguir perfeccionándonos como si no hubiera finalizado la Cuaresma, con la alegría de saber que Jesús nos espera en el cielo y de que el Espíritu Santo nos guía en nuestro camino, según recordamos en las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, antes de iniciar el segundo ciclo ordinario, celebrando a la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y los Sagrados Corazones de Jesús y María.
   El tiempo ordinario concluirá con la Solemnidad de Cristo Rey, para que comprendamos que el Señor concluyó la obra que el Padre le encomendó, y que él desea que nos dejemos santificar, para concluir la instauración del Reino de nuestro Padre común.
   Queridos hermanos y amigos que no tenéis la costumbre de celebrar la Eucaristía dominical pero que habéis compartido la alegría de las fiestas navideñas con nosotros, os invito a no alejaros de la Iglesia, y me pongo a vuestra disposición, para fortalecer vuestra fe.
   Pidámosles a Dios y María Santísima, antes de finalizar esta meditación, que la luz de Cristo irradie sobre nuestra vida, el ambiente en que nos perfeccionamos, la Iglesia, nuestros hermanos cristianos de otras confesiones, y los no creyentes.
 
   Oración de los fieles:
 
   V. Presentamos, hermanos, hermanas, nuestras oraciones al Señor, en este día santo en que Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria. A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, ilumínanos.
 
   1. Por la santa Iglesia de Dios: para que ilumine a los hombres con la luz que resplandece en el rostro de Cristo, disipe las tinieblas de los que viven en el error y dé ánimo a los fieles, para que, con valentía, hagan brillar la luz del Evangelio ante todas las naciones, roguemos al Señor.
   2. Por las Iglesias que acaban de nacer en los diversos pueblos: para que su juventud y vigor sean levadura de vida para todas las comunidades cristianas, roguemos al Señor.
   3. Por los pueblos que aún no han sido iluminados por el Evangelio y por aquellos que, habiendo conocido a Cristo, han abandonado el camino de la verdad: para que confiesen a Cristo como Señor y le adoren como a Dios verdadero, roguemos al Señor.
   4. Por nosotros, que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo: para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas del Evangelio, roguemos al Señor.
   5. Añadir más peticiones.
 
   V. Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los que hemos conocido y adorado a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, vivamos siempre como hijos de la luz y nos esforcemos para iluminar con la luz de Cristo a todos los pueblos y naciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
   Liturgia eucarística.
 
   Oración sobre las ofrendas:
 
   Mira, Señor, los dones de tu Iglesia que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento, y que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
   Prefacio:
 
   V. El Señor esté con vosotros.
   R. Y con tu espíritu.
   V. Levantemos el corazón.
   R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
   V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
   R. Es justo y necesario.
 
   V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
 
   Santo, Santo, Santo...
 
   Antífona de la Comunión:
 
   Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor (CFR. MT. 2, 2).
 
   Oración después de la Comunión:
 
   Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre: para que comprendamos cada día más este Sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
   Bendición solemne de la Epifanía:
 
   V. Que Dios, cuya misericordia os llamó de las tinieblas a su luz admirable, derrame su bendición sobre vosotros y fortalezca vuestro corazón en la fe, la esperanza y la caridad.
   R. Amén.
   V. Y puesto que seguís confiadamente a Cristo, que hoy se manifestó al mundo, como una luz que brilla en las tinieblas, que os haga también a vosotros ser luz para vuestros hermanos.
   R. Amén.
   V. Para que así, cuando termine vuestra peregrinación terrena, os encontréis con Cristo, el Señor, luz de luz, a quien los magos buscaron guiados por la estrella y, llenos de gozo, lograron encontrar.
   R. Amén.
   V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
   R. Amén.
   V. Podéis ir en paz.
   R. Demos gracias a Dios.
 
   Exhortación de despedida:
 
   Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, dispongámonos a meditar sobre todo lo que hemos aprendido durante el Adviento y la Navidad, y, posteriormente, hagamos un examen de conciencia, con la finalidad de comprobar si nuestro corazón está más dispuesto a cumplir la voluntad de Dios sin vacilar.