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Y despues de casados... ¿que?

Y después de casados... ¿qué?
Elia Olivares

Revista Acción Femenina, enero 2011


Cuantas ilusiones y sentimientos ocurren en nosotros cuando decidimos unirnos en matrimonio. Durante el tiempo de noviazgo estamos dispuestos a conciliar, a comunicarnos y, principalmente, estamos motivados y entusiasmados para que la relación crezca. El hombre está en constante conocimiento y observación de la mujer de quien se ha enamorado para así conquistarla y ganarse su amor cada instante y ella se desvive por ser encantadora, alegre y entusiasta para él. ¡Así, emprenderán una vida juntos!

Para algunos, llegar al matrimonio es su meta y no hay más que hacer... sólo se piensa en disfrutar de las mieles del amor; sin embargo, esta es una de las posturas más vulnerables para lograr una vida matrimonial.

EL AMOR EMPIEZA UNA Y OTRA VEZ
El matrimonio es una etapa de la vida que también necesita su tiempo, su esfuerzo, disposición y voluntad. La vida en común es exigente con uno mismo y con el otro principalmente, porque habrá momentos en que no se “sienta” esas ganas de amar a nuestra pareja, en la vida hay dificultades que harán días nublados para el matrimonio.

Es conveniente que desde el noviazgo o en los primeros años de matrimonio, platiquemos de nuestras ilusiones, planes para juntos poder hacer un proyecto de vida conyugal, que nos permita alcanzar objetivos y metas en la vida, permitiendo llegar a buen fin, más unidos, más dispuestos a esa entrega constante, donde el amor no acaba, donde el amor empieza una y otra vez.

El proyecto es un plan de vida, que puede ser para un periodo determinado, corto, mediano y largo plazo, donde los esposos tengan los ojos puestos en una sola meta, con la mirada que cada persona tiene, pero en la misma dirección. El proyecto ayudará a tener acuerdos, disminuir las desavenencias ante las dificultades pero principalmente guiará para conseguir metas propias del matrimonio como el tener hijos, adquirir una casa, buscar los recursos materiales para la familia, mantener la salud física y mental, hacer ejercicio juntos, leer algún libro, escuchar algún programa en radio, asistir a conferencias o cursos de crecimiento personal para ellos y para sus hijos, buscar información y formación que enriquezca la relación familiar, planear vacaciones y actividades que favorezca la cercanía entre ellos... en fin, dependerá de cómo los esposos conciben el matrimonio.

o Debe madurar

o Se necesita esfuerzo

o Atrévete a vivirlo

¡ATRÉVETE A VIVIRLO!
La vivencia emocional en el matrimonio no la debemos descuidar. Como mencionamos, en el noviazgo o en los primeros años aparece de forma natural y con mayor intensidad, esto es normal, sin embargo será conveniente tener presente que la afectividad en el matrimonio debe madurar, ir creciendo, donde la libertad y la voluntad se ejerzan para mantener la unión afectiva que de paso a la vivencia espiritual.

Al realizar el proyecto debemos considerar los aspectos a favor y en contra que intervienen en la relación para fortalecer unos y debilitar los otros como son nuestros vicios, egoísmos o apatía, porque la vida matrimonial es un reto, se necesita de esfuerzo, decisión y principalmente de compromiso, sólo así veremos los frutos.

Sí es posible casarse sólo una vez y para siempre.

La comunicación asertiva, la práctica de la religión, en algunas ocasiones las buenas amistades o la misma familia de origen pueden ser favorables para consolidar un buen matrimonio.

Otras ventajas de llevar a cabo un proyecto es que nos brinda confianza, estabilidad, claridad en la relación, fortalece el compromiso, permite detectar a tiempo fallas en la relación para corregirlas oportunamente, evita frustraciones.

Aunque en nuestra sociedad ya no es común casarse sólo una vez y para siempre, la realidad es que sí es posible: atrévete a vivirlo, emprende tu proyecto.


“La Paz de Cristo en el Reino de Cristo”
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Acción Católica de la Diócesis de Querétaro.
http://accioncatolicaqueretaro.wordpress.com
accioncatolicaqueretaro@yahoo.es

Jose Luis Aboytes
Coordinador Internet
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Una fragil relacion.

UNA FRÁGIL RELACIÓN

 

Todo ocurrió uno de esos días que todos tenemos.  Mi amigo, después de más de ocho años de trabajo ejemplar en su compañía, finalmente había obtenido una esperada promoción en su puesto.  En la charla con su jefe, se entretuvo más de lo acostumbrado en su oficina por lo que llegó a su casa después de la hora de cenar.   Regresó a su casa muy contento y lleno de entusiasmo.  Al llegar se dirigió a la sala, y encendió la televisión para ver si su nombramiento era anunciado en las noticias regionales.  

 

Su esposa había tenido un día completamente diverso.  Al llegar de haber dejado a sus hijos en la escuela y de hacer las compras de la casa, se encontró un mensaje del colegio de su hijo.  Se reportó a la escuela y le dijeron que urgía su presencia en la oficina del Director.   Una vez en el colegio le mostraron las dimensiones del vidrio que su hijo había roto arrojando piedras a sus compañeros.  Además le hicieron saber que por ésta y por otras faltas de disciplina, el niño iba a ser suspendido durante tres días.  Al salir del colegio descubrió que su carro no estaba y uno de los vigilantes le informó que se lo había llevado la grúa por estar mal estacionado.  Después de largos y molestos trámites logró recuperar su carro, acompañada, desde luego, por su malhumorado y malencarado hijo.

 

Había ya perdido toda la mañana y buena parte de la tarde sin que estuviera lista la comida.  Al llegar a su casa tenía un recado en la puerta: precisamente en ese día habían llevado la lavadora del taller de reparaciones, por lo que tuvo que ir a rentar una camioneta para recoger su lavadora.   Finalmente y ya más tranquila, decidió al menos preparar una sabrosa cena para su esposo, para comentarle todo lo ocurrido durante el día, esperando su comprensión y consuelo, pero él nunca llegó a cenar, por lo que ella cenó sola.

 

Ya casi daban las diez de la noche, cuando finalmente su esposo apareció muy eufórico pitando y haciendo escándalo.  Ella, por supuesto no salió, y mucho menos al pensar en la incomodidad de los vecinos.  Después pudo entrever cómo él se tiraba en el sillón y subía los pies sobre la mesita.   Poco después escuchó un grito de su esposo pidiéndole de cenar.  Esto la hizo estallar;  irrumpió en lágrimas, y se retiró a dormir a la alcoba de sus hijas, ante la sorpresa de su esposo.  Él se quedó pensando que era sumamente difícil compartir sus éxitos con su esposa y ahí se rompió la frágil relación y toda oportunidad de diálogo.  Desde ese día hasta el día de hoy, ha transcurrido una semana.

¿A cuántos de nosotros nos ocurrirá lo mismo y todo por falta de comunicación y una ausencia total de diálogo?  Es una pena que para darnos cuenta de lo importante que es la comunicación conyugal, tengamos que vivir decepciones injustificadas como ésta.

Todos los que hemos contraído matrimonio debemos ser conscientes, hoy más que nunca, de la gran cantidad de problemas que amenazan a la vida conyugal.  Por ello es de suponerse que entre todos nosotros se debe formar una fuerte y determinada motivación para luchar contra la destructiva indiferencia que produce la ausencia de diálogo en nuestros matrimonios y que quizá corroe ya las entrañas de nuestra aparentemente apacible vida familiar.  Desgraciadamente nunca nos detenemos a pensar cuánto tiempo pasamos en familia, y de este tiempo cuánto destinamos a un diálogo franco y sincero con nuestra pareja.  Nos resulta casi automático el hecho de tener esposa y de vivir en un hogar.

 

Seguramente muchos matrimonios se estarán yendo a pique por situaciones semejantes a esta.   ¿Cuándo fue la última vez que conversamos y convivimos verdaderamente con nuestra pareja en un diálogo profundo y honesto? Si ni siquiera recordamos esta fecha, quiere decir que en nuestra relación se está gestando el virus de la indiferencia y ésta puede convertirse en una enfermedad progresiva y mortal.  En cambio si usted forma parte de las parejas felices, mire a su alrededor y dese cuenta del inestimable valor que posee el tesoro del diálogo en su familia y conserve este tesoro como el más valioso legado que puede dar a través del ejemplo a sus hijos.

 

Tema Preparado por el Grupo de Semillas de Vida    

 


A VECES

 

    A veces, se nos va el tiempo, en discusiones sin sentido.
    A veces, en vez de decir cuánto amas, te la pasas diciendo tonterías.
    A veces, pierdes a la persona que más amas, por no tratar de entenderla.
    A veces, es bueno decir te amo, en vez de decir otras cosas.
    A veces, es bueno pedir a Dios amarte más y que me entiendas mejor.
    A veces, las mañanas no son, como quisieras que fueran.
    A veces, el sol no brilla como quisieras y tus días son grises.
    A veces, no ves la luna y tus noches son oscuras.
    A veces, hay que tener paciencia con la persona que dices que amas.
    A veces, nos ciega la ira y ofendemos sin querer, a quien más amamos.
    A veces, es bueno pedir perdón, si sabes que has ofendido.
    A veces, es bueno dar gracias a Dios por tenerte.
    A veces, es bueno ofrecer una plegaria a Dios, dando gracias.
    A veces, es bueno decirle a un amigo cuánto lo extrañas.
    A veces, es bueno ver los defectos tuyos antes que los ajenos.

 

Por eso yo hoy te digo:

 

    Que me perdones por todos esos momentos que no disfruté de ti, por andar en discusiones tontas.  

    Quizás olvidaremos, pues hay que olvidar y perdonar.
    Que el sol hoy, está alumbrando este día más que nunca.
    Que mi noche es clara, porque la luna está dándome su luz.
    Que mi Dios escucha mis oraciones y está conmigo.

 

    ¿Por qué si la vida es tan corta, me la tengo que pasar peleándome con todos los que me rodean?
    ¿Por qué no disfrutar de estos momentos, que son tan pocos, que viven en ti y te dan esa energía que necesitas, para luchar en la vida por lo que quieres?

    ¿Por qué no sonreírle a la vida?
    ¿Por qué no rodearme de amor, así la vida la veo de otro color, y las penas son menos y los dolores se curan más rápido?

 

    A veces, es bueno decir estas palabras.  Hoy es un día que quiero decirte esas palabras

 

Autor Desconocido    

 

Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad;
 
         
Beatriz
Medellín - Colombia
semillasdevida@pymex.net
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¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Una mujer no es una flor.

Una mujer no es una flor
que puedes llevar a casa por una temporada
para admirarla, cuidarla y lucirla orgulloso
sólo mientras está fresca.
 
Una mujer no es una flor
para que después de disfrutar de su lozanía,
su aroma y sus colores, la dejes cuando esté marchita.
 
Si tú ya tienes compañera y está en casa,
será sin duda para toda la vida, entonces hazla feliz
y agradece a Dios por dejarte vivir al lado de la mujer que amas.
Millones de hombres que no tienen esa dicha,
darían la vida por lograrlo.
 
Pero el tiempo lo destruye todo,
con los años la belleza de tu amada, ya no será la misma,
su alma estará intacta o tal vez haya enriquecido,
pero físicamente comenzarás a verla de otra manera,
y es que su juventud poco a poco se irá alejando.
 
Cuando eso suceda, ojala recuerdes
que ella no es una flor que llevaste a casa por una temporada,
que es la mujer que despertó en ti el más noble de los sentimientos,
la misma jovencita que elegiste para formar un hogar
y que ella dejando todo, se fue contigo.
 
Ojala que el amor en su plenitud,
te haga seguir a su lado para siempre,
juntos como Dios manda hasta el final del camino,
amándola como merece, sin soberbias de juventud,
porque para entonces, tú también habrás envejecido.
(Desconozco el autor).

Como respondes al conyuge.

Cómo respondes al cónyuge

La respuesta emocional refleja el estado del corazón!
La esencia de una buena comunicación reside en la capacidad de escuchar y responder correctamente. Hemos explicado anteriormente acerca de la necesidad de escuchar bien antes de responder. Lamentablemente la mayoría de personas no escuchan bien, con atención, y terminan adelantando sus respuestas.

Esas personas generalmente no escuchan porque están pensando en la respuesta antes que su interlocutor termine de expresar su pensamiento.

Juan respondió sarcásticamente a su esposa cuando esta le preguntó acerca de unas compras en el supermercado. Ella no entendió la respuesta fuerte y agresiva de su esposo, pero en realidad él estaba expresando su enojo porque ella se negó a tener intimidad con él la noche anterior.

Las respuestas casi siempre responden a la condición emocional de la persona. Si está muy contenta y animada, probablemente su respuesta será muy positiva y hasta puede comprometerse a hacer algo fuera de su capacidad por la emoción de entusiasmo que hay en su corazón en ese momento. Si por el contrario experimenta una emoción de tristeza, desánimo, frustración o algo así, su respuesta a una pregunta sencilla puede llegar a ser muy grosera.

Porqué ocurren estas cosas. Porque los seres humanos nos guiamos más por la condición emocional de la mente que por el conocimiento o la sabiduría que nos revela la palabra de Dios? Porque las emociones son las que gobiernan generalmente la voluntad de las personas.

Proverbios 15, 1  La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor.
Una respuesta suave, tierna, amorosa, cordial, respetuosa, aplaca la ira, pero una respuesta agresiva, venenosa, vengativa, cruel, grosera, hace subir el enojo y la ira.

La respuesta de nuestro Diseñador y Creador Celestial, nuestro Dios padre a la forma en que respondemos, es que no nos conviene usar respuestas que produzcan heridas en el corazón de otras personas. No estamos autorizados a ofender ni lastimar a nadie con nuestras respuestas, y menos aún a su esposa a quien prometiste a Dios que la amarías y la protegerías por siempre, o tu esposo a quién prometiste delante de Dios respetarlo, apoyarlo, animarlo y admirarlo.

Si has tenido una actitud de respuesta agresiva con tu cónyuge, examina la razón de tu corazón, porque muchas veces se debe a frustraciones propias y no realmente de tu cónyuge. Oren juntos y pídanle discernimiento al Señor para entender que pasa con tu vida. Pide perdón a tu cónyuge y reconoce que has tenido esa actitud negativa.

Proverbios 16, 24 Panal de miel son los dichos suaves, suavidad para el alma y medicina para los huesos.
Una respuesta suave, siempre va a producir suavidad al alma y salud a los huesos .

Santiago 1, 19: Escuche con paciencia, luego piense y luego hable. Toma la decisión de controlar tus respuestas. No permitas que de tu boca salgan palabras negativas o respuestas groseras. Respira antes de responder. Ora unos segundos antes de dejar que tu boca sea usada para expresar ofensas. Pide ayuda a Dios para controlar tus emociones.

Tú matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
Luis y Hannia Fernandez
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

La Respuesta Amable En El Matrimonio.

La Respuesta Amable En El Matrimonio.

La manera de contestar puede definir si vamos a edificar o si vamos a destruir.
Una respuesta amable reduce la ira, pero las palabras hirientes hacen subir el furor. Proverbios 15, 1

Responder amablemente, especialmente cuando el otro te alza la voz, es una decisión esencial para mantener una conversación saludable. Sin embargo, no es una decisión fácil. Lo más normal es que cuando nos levantan la voz, respondemos de la misma manera y va subiendo el tono de la conversación, con lo cual se abre la puerta de las ofensas.

Para aprender a responder amablemente, a veces es necesario respirar profundamente, callar unos segundos para no responder de inmediato, analizar la situación con calma. Orar en estos segundos o minutos puede resultar vital para impedir una discusión acalorada.

Recordemos que una ofensa recibida, genera una “cuenta” por cobrar. Una persona que ya esta lastimada o herida emocionalmente, va a tener una predisposición a dar una respuesta hiriente. Por esta razón antes de iniciar una conversación, es muy importante que ambos se pidan perdón por heridas causadas anteriormente.

Todos los seres humanos estamos expuestos a circunstancias en el diario vivir que pueden alterar las emociones y llevarnos a un estado de enojo o frustración que nos puede volver agresivos al conversar. Muchas veces se nos hace muy difícil controlar las emociones y el temperamento y tendemos a hablar y responder agresivamente. El crecimiento espiritual y una vida de FE, es la única llave que puede darnos la capacidad de dominio propio sobre nuestras emociones para evitar herir a nuestro cónyuge.

Hay personas que por su temperamento y su cultura, pueden causar heridas por su forma de hablar. Para estas personas es muy importante comprender que no hay ninguna justificación válida para lastimar u ofender a su cónyuge, la persona a la que le prometió que la amaría toda la vida y se encargaría de su bienestar.

Una respuesta agresiva, va a desencadenar una comunicación que se va a convertir en un debate de ofensas mutuas que lo único que va a generar es dolor y destrucción. Los esposos deben evitar hablar cuando están alterados emocionalmente y esperar a que se enfríen un tiempo prudencial para después reiniciar la conversación en otros términos. Tampoco deben dejar que pase mucho tiempo antes de expresar sus sentimientos.

Responder amablemente debe convertirse en un hábito fundamental en un matrimonio. Si al menos uno de los dos responde amablemente, va a ser difícil que el otro continúe con su actitud grosera.

Si has lastimado a tu cónyuge con una conversación agresiva, pídele perdón hoy mismo y tomen la decisión de responder amablemente y aceptar cuando el otro le indique que se siente lastimado(a) por el tono de su voz.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

Luis y Hannia Fernandez
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Pendientes de un hilo.

PENDIENTES DE UN HILO
Por el Hermano Pablo

Esta debía ser una boda diferente. Una boda que diera de qué hablar. Una boda para fotografiar, para publicar en los diarios y para salir en televisión. Betty Seaver y Marcos Pastore, ambos del estado de Colorado, Estados Unidos, se propusieron realizar su boda a su gusto.

Junto con el clérigo, se subieron a un gran globo aerostático y, mientras flotaban en el aire, se hicieron los votos nupciales. Cuando llegó el momento de prometerse amor hasta que la muerte los separara, ambos saltaron de la barquilla. Todo estaba bien ensayado. Los dos novios estaban atados a una cuerda elástica de veinticinco metros de largo, y el beso de esposos se lo dieron en el aire, balanceándose al extremo de la cuerda.

No hay duda de que los jóvenes de hoy quieren casarse a su manera. Eso en sí no está mal. Desde la década de 1960 los jóvenes quieren hacer las cosas a su gusto, sin importarles reglas y normas, costumbres y tradiciones. Cada cual se rige por su preferencia, y que los viejos se callen, porque son de otra época.

Pero este joven matrimonio, balanceándose en el vacío, es todo un símbolo de muchos de los matrimonios de la actualidad. Penden de un hilo muy delgado, que en muchos casos se va cortando inexorablemente, hebra tras hebra. Y cuando por fin se divorcian, la causa más común es la incompatibilidad.

Veamos las primeras dos letras de esa palabra: «in». El «in» es prefijo privativo latino que indica supresión o negación, y la incompatibilidad en los matrimonios está compuesta de varios «in»es. Para comenzar, consta de incomprensión. Ninguno de los dos quiere entenderse. Luego abarca intolerancia. Marido y mujer no se aguantan el uno al otro. Encierra inflexibilidad. Es esa obstinación terca de los dos. También incluye infidelidad. Ya no importan el honor y la fidelidad mutua.

La incompatibilidad está compuesta además de intemperancia, especialmente en los gastos, y de insensibilidad. Poco importan los sentimientos del otro. Y sobre todo, la caracteriza la incomunicación: los labios silenciosos y los corazones que tampoco se comunican.

No permitamos que nuestro matrimonio cuelgue de una débil hebra que se rompe a la menor provocación. En vez de que nuestra unión esté balanceada en el aire, afirmémosla fuertemente sobre una base segura. Esa base es la norma antigua que ofrece el evangelio de Cristo: firme, estable e inamovible. Con Cristo como Maestro y Guía, se salva nuestro matrimonio, y llega a ser duradero y feliz.

Matrimonio.

Matrimonio

Para todos los casados (MÁS O MENOS),  solteros y próximos a casarse. Espero les agrade esta Historia........... Tomen  unos minutos para leerlo.
Si tú no estás casado, pero tienes amigos que si lo están, compártelo con ellos, talvez aún les sea útil.


MATRIMONIO
 
Cuando llegué a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tomé de la mano y le dije: tengo algo que decirte. Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.
De pronto  ya no sabía cómo abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba. Quiero el divorcio......le dije lo más suave que pude.

Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me preguntó, ¿por qué?

Evité su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiró los utensilios y me gritó, ¡no pareces hombre! Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber qué le había pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya no la amaba, solo me daba lástima.

Con un gran sentido de culpa, redacté un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado diez años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdició conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.
 

Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca.

El siguiente día, llegué a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retiré a dormir.

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importó y sólo me acomodé de nuevo en cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más, me pidió que me acordara cómo la cargué el día de nuestra boda.

Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa....... pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.

Le platiqué a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa......se rió bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad que se van a divorciar.

Desde que le expresé mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargué se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo, papá me da gusto que quieras mucho a mi mamá. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente caminé como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incómodo, la bajé y ella caminó a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo manejé solo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargó ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunté que si yo era el responsable de esto.

A el cuarto día, cuando la cargué sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida.

El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra vez. No le platiqué nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacía más fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedaba. Solo suspiró y dijo, todos mis vestidos me quedan grandes. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy pero muy delgada.

De repente entendí la razón......estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toqué la frente.

Nuestro hijo entró en ese momento y dijo, Papá es tiempo que cargues a mamá. El ver a su papá cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargué, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acarició mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.
Pero su estado físico me causó tristeza. Ese día, cuando la cargué sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abracé fuerte y le dije, nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así.

Me fui a trabajar.....salté fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión.....subí las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije, Lo siento mucho pero ya no me voy a divorciar.

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me tocó la frente y me preguntó si tenía fiebre. Quité su mano de mi frente y le dije de nuevo: lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amáramos.   Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargué por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe.
 
Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerró su puerta. Corriendo bajé las escaleras y me fui de ahí.

Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó qué le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí, " siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe"

Esa noche cuando llegué a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto........solo para encontrar a mi esposa en su cama.....Muerta.

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de tu esposo o esposa, y tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. Que tengan un feliz matrimonio

Si no compartes este correo nada te pasará

Pero si decides compartirlo, quizás salves un matrimonio

Muchos de los fracasos en la vida le sucede a gente que no se da cuenta lo cerca que estaban del éxito cuando se dieron por vencidos.
(
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La venganza de la esclava. Meditación sobre el adulterio.

«LA VENGANZA DE LA ESCLAVA»
Por Carlos Rey
 
«Don Francisco Rodríguez de Rivas, maestre de campo de los reales ejércitos, corregidor de Riobamba, en el antiguo reino de Quito, tomó posesión de la presidencia de la Capitanía General de Centro América el día 4 de octubre de 1716.... Cuando don Francisco empezó a requerir de amores a doña Rosa, ésta... [ordenó] a su esclava Agar el mayor secreto en... llevar y traer... razones y flores.... Agar era una negra... alta, airosa.... [distinguida].... De reina [en África Agar] vino a ser esclava en América....

Cuando Agar [le] presentó [al presidente] el primer recado de su ama, los dos temblaron.... Joven aún..., don Francisco había leído el Cantar de los Cantares y creyó estar viendo a la Sulamita de Salomón....

»—¡Agar!... —dijo el hombre—.... Te amo....

»—... Soy reina,... blanco; [pero] la hija del sol africano es tuya. Júrame no unirte a otra mujer....

»—Lo juro. Agar.

»—Rooth, el dios de los nubios, es vengativo con los perjuros —dijo la negra arrojándose en los brazos del blanco....

»[Pero fue] doña Rosa [la que] se casó... con el señor don Francisco Rodríguez de Rivas.

»Agar.... pensaba en su venganza....

»Seis meses habían pasado desde la noche de la boda.... [cuando] la esclava le [dijo a su ama] con aire distraído, estando asomadas a un balcón:

»—¿No os parece que es agradable ese joven?... Se dice que es el más elegante caballero de Guatemala....

»[Doña] Rosa [respondió]:

»—¡Qué hermoso es!...

»—Señora —le [dijo] Agar—, ese joven es mucho más hermoso que vuestro marido; pero vuestro Dios manda amar al hombre propio únicamente....

»La esclava fue al joven y le dijo lo que había sucedido....

»Un día... [en que don Francisco estaba de] viaje,... la esclava... le dice [a la esposa]:

»—[Aquel joven] ya vendrá....

»—[El] joven se presenta al dintel. Elegante, soberbio..., [ve] a su amada desde la puerta....

»[Se desmaya] la esposa, [la toma] en sus brazos el apasionado joven y desaparece por la puerta de la alcoba con su dulce carga. Agar los mira entrar y se ríe como un demonio....

»Camino de Quetzaltenango, [al] señor presidente... un hombre le sale al camino:

»—Tomad, señor —le dice.

»“Tu mujer te falta en estos momentos”, dice el condenado papel....

»De vuelta [a casa a toda prisa],... [don Francisco]... llega a la puerta de la alcoba: allí está Agar tendida de través, guardando la puerta....

»—¿Qué haces, esclava?

»Agar, [empuñando el vaso de veneno que acaba de tomar,] hace un esfuerzo y [le responde]:

»—Infamia por infamia: ya lo veis, guardo vuestra deshonra....

»Por fin... el caballero... [logra penetrar] en la alcoba, [pero] allí [ya] no [hay] nadie. Los amantes se [han] escapado..., [y] la esclava [está] muerta, con los ojos abiertos que [lo miran].»1

Quiera Dios que aprendamos la moraleja de este trágico cuento del reconocido escritor salvadoreño Francisco Gavidia que Agar, la reina esclava, le cita a su ama: que nuestro Dios manda que los cónyuges se amen mutua y exclusivamente, es decir, que no cometan adulterio ni codicien el cónyuge del prójimo. Pues si cumplimos sus mandamientos, Dios nos promete que siempre nos irá bien, disfrutaremos de larga vida y podremos dormir sin temor alguno.2

 
1.-
 Francisco Gavidia, Cuentos y narraciones (San Salvador: Concultura, 1996), pp. 56‑60.
 
2.-
 Éx 20,14-17; Dt 5,18-21.28; 6,1-3;16-24; Lv 26,:3-6
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

La venganza de la esclava. Meditación sobre el adulterio.

«LA VENGANZA DE LA ESCLAVA»
Por Carlos Rey
 
«Don Francisco Rodríguez de Rivas, maestre de campo de los reales ejércitos, corregidor de Riobamba, en el antiguo reino de Quito, tomó posesión de la presidencia de la Capitanía General de Centro América el día 4 de octubre de 1716.... Cuando don Francisco empezó a requerir de amores a doña Rosa, ésta... [ordenó] a su esclava Agar el mayor secreto en... llevar y traer... razones y flores.... Agar era una negra... alta, airosa.... [distinguida].... De reina [en África Agar] vino a ser esclava en América....

Cuando Agar [le] presentó [al presidente] el primer recado de su ama, los dos temblaron.... Joven aún..., don Francisco había leído el Cantar de los Cantares y creyó estar viendo a la Sulamita de Salomón....

»—¡Agar!... —dijo el hombre—.... Te amo....

»—... Soy reina,... blanco; [pero] la hija del sol africano es tuya. Júrame no unirte a otra mujer....

»—Lo juro. Agar.

»—Rooth, el dios de los nubios, es vengativo con los perjuros —dijo la negra arrojándose en los brazos del blanco....

»[Pero fue] doña Rosa [la que] se casó... con el señor don Francisco Rodríguez de Rivas.

»Agar.... pensaba en su venganza....

»Seis meses habían pasado desde la noche de la boda.... [cuando] la esclava le [dijo a su ama] con aire distraído, estando asomadas a un balcón:

»—¿No os parece que es agradable ese joven?... Se dice que es el más elegante caballero de Guatemala....

»[Doña] Rosa [respondió]:

»—¡Qué hermoso es!...

»—Señora —le [dijo] Agar—, ese joven es mucho más hermoso que vuestro marido; pero vuestro Dios manda amar al hombre propio únicamente....

»La esclava fue al joven y le dijo lo que había sucedido....

»Un día... [en que don Francisco estaba de] viaje,... la esclava... le dice [a la esposa]:

»—[Aquel joven] ya vendrá....

»—[El] joven se presenta al dintel. Elegante, soberbio..., [ve] a su amada desde la puerta....

»[Se desmaya] la esposa, [la toma] en sus brazos el apasionado joven y desaparece por la puerta de la alcoba con su dulce carga. Agar los mira entrar y se ríe como un demonio....

»Camino de Quetzaltenango, [al] señor presidente... un hombre le sale al camino:

»—Tomad, señor —le dice.

»“Tu mujer te falta en estos momentos”, dice el condenado papel....

»De vuelta [a casa a toda prisa],... [don Francisco]... llega a la puerta de la alcoba: allí está Agar tendida de través, guardando la puerta....

»—¿Qué haces, esclava?

»Agar, [empuñando el vaso de veneno que acaba de tomar,] hace un esfuerzo y [le responde]:

»—Infamia por infamia: ya lo veis, guardo vuestra deshonra....

»Por fin... el caballero... [logra penetrar] en la alcoba, [pero] allí [ya] no [hay] nadie. Los amantes se [han] escapado..., [y] la esclava [está] muerta, con los ojos abiertos que [lo miran].»1

Quiera Dios que aprendamos la moraleja de este trágico cuento del reconocido escritor salvadoreño Francisco Gavidia que Agar, la reina esclava, le cita a su ama: que nuestro Dios manda que los cónyuges se amen mutua y exclusivamente, es decir, que no cometan adulterio ni codicien el cónyuge del prójimo. Pues si cumplimos sus mandamientos, Dios nos promete que siempre nos irá bien, disfrutaremos de larga vida y podremos dormir sin temor alguno.2

 
1.-
 Francisco Gavidia, Cuentos y narraciones (San Salvador: Concultura, 1996), pp. 56‑60.
 
2.-
 Éx 20,14-17; Dt 5,18-21.28; 6,1-3;16-24; Lv 26,:3-6
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

¿Cómo solucionamos nuesstros problemas?

Vida de pareja:

¿CÓMO SOLUCIONAMOS NUESTROS PROBLEMAS?-1

En la relación de pareja siempre aparecen problemas por la propia dinámica de la convivencia, pero también es cierto que hay problemas porque los creamos
en nuestra relación diaria. Cuando hay personas que son perfeccionistas, que quieren todo super bien y se dan cuenta que el marido o la mujer no llegan
a ese nivel empiezan dificultades serias.

Hay numerosos problemas que existen sólo en la mente de uno de los cónyuges. Cuando esto sucede la convivencia se vuelve una tortura. Una de las cosas
fundamentales en la convivencia es que la relación entre ambos sea espontánea, no forzada.

En la pareja hay una relación secreta: sé esto para mí y yo seré esto para ti. Cuanto más se pida una cosa, menos se obtendrá de forma espontánea. A veces
se consigue lo contrario. Al otro le atribuyo mis propios gustos y espero que reaccione como yo.

A veces no podemos cambiar las cosas que ocurren en la convivencia, pero sí pueden cambiar el sentido que le atribuyen a la situación. No son las cosas
en sí mismas las que nos preocupan , son las opiniones que tenemos sobre ellas.
Hay que dar forma a los sucesos de tal manera que los pueda manejar y pueda encontrar una solución. Si desde pequeños no hemos aprendido o nos han enseñado
a hacer esto nos costará mucho aprenderlo ahora.
En la pareja nos encontramos con situaciones, al parecer sin salida, en las que cada uno exige que sea el otro el que ceda. Pero ninguno de los dos quieren
dejarse pisar. Es entonces cuando aumenta la voluntad de discutir y pelearse. Nos vuelve el mensaje negativo que nuestro cerebro tiene programado: "No
cedas, saldrás perdiendo..."

Cuando el problema de convivir llega a ser psicológico o emocional, impide toda maniobra de solución. No aguanto y entonces elijo que perdamos los dos.
Los cónyuges empiezan a hacerse daño emocional o psicológico.

Cuando en la relación se produce mucho sufrimiento es difícil de desentrañar. Cuanto antes se traten los problemas matrimoniales mejor y más rápida solución
tendrán.
En la convivencia los seres humanos somos de lo más complicado y tendemos a enredarnos aún más. La convivencia se perturba cuando le damos al otro sólo
dos opciones para elegir: o blanco o negro...

Muchas veces en la convivencia no se dan cuenta que uno ha puesto unas normas y reglas que el otro ignora. Lo lógico sería que si yo me veo con alguna
deficiencia, encuentre en el otro cónyuge ayuda y comprensión y viceversa. Por desgracia esto no sucede siempre, sino que más bien se da todo lo contrario:
tienes deficiencias, el otro te aplasta más insultándote y degradándote.

Muchos problemas en el matrimonio se dan porque quiero que el otro sea como yo quiero y necesito. ¿Por qué nos resulta tan difícil en la convivencia comprender
que uno no necesariamente tiene que tener toda la razón y el otro estar equivocado? Pueden ganar los dos juntos cuando dejan a un lado la idea de vencer
y ser vencido. Cada uno puede poseer su parte de razón.

Ante todo, se deben tener claras las reglas del juego por parte de los dos.

¿CÓMO SOLUCIONAMOS NUESTROS PROBLEMAS? - 2

Las parejas utilizan distintos métodos para superar los problemas que aparecen en ellas. Hay ocasiones que para influir en en la conducta del otro uno de
los miembros utiliza una de estas dos formas:

1.- Haciendo que cambie su mala conducta, siendo más amable, con buena voluntad y con los consejos de familiares y amigos.

- Este es un método que fracasa bastante porque el otro dirá: "Si es que no lo puedo evitar...". El genio, la infidelidad, el callarse... es que le salen
espontáneamente. Siempre pondrá pegas a los consejos.

2.- Insistirle en que se siga comportando igual del mal como lo está haciendo.

- Le mandamos que haga "eso que queremos que evite"; que se enfade a propósito, que tartamudee, que se pelee en el bar...
Como lo que pasa es un síntoma , y por lo tanto involuntario. La persona lo experimenta como algo que no domina. Pero al mandárselo expresamente ya no
es espontáneo y caerá en su propia trampa. La persona sacará la conclusión de que "no puedo evitarlo..."

¿Qué hacer entonces?

En toda la vida humana nos vamos creando muchas ideas que no son reales. En el día a día van apareciendo en nuestras cabezas fantasmas que nos hacen sufrir,
que nos parecen reales hasta que nos damos cuenta de que son fruto de nuestro pasado inconsciente.
En muchos casos el fantasma solamente está en la imaginación, por ejemplo: "estoy segura que mi marido me está engañando..." Tenemos que preguntarnos el
por qué se origina esa desconfianza en nosotros; qué elementos racionales tenemos; por qué no puedo confiar en el otro si me demuestra su cercanía y cariño...

Cuando uno se encuentra en un callejón sin salida haciendo más de lo mismo, entonces la solución es que uno de los dos haga MENOS DE LO MISMO que ahora
está haciendo.

Ten en cuenta que...
- Cuanta menos leña echemos al fuego, antes se apagará.
- Cuanto más enfadado estés, más bajito deberás hablar.
- Cuanto más disgustado estés, más debes reírte del absurdo.
- Cuanto más te quieras imponer, más debes dar la razón al otro.
- Cuanto más quieras convencerte, más debes ver las razones contrarias.
- Donde antes usabas el castigo, usa ahora el premio para ver lo positivo en el otro.
- Nunca corrijas lo malo que ves en el otro, porque eso es lo que reforzarás. Vigoriza la parte positiva.
- Nunca digas "No mientas", sino "La verdad te hará libre".

Una técnica muy interesante para solucionar los problemas en la pareja, y en la vida diaria, es imaginar que todo funciona como realmente debería ser y
llevar a la vida esa manera de vivir.
Tienes que relacionarte con el otro tal y como tú crees que deberías hacerlo para ser feliz con el otro. No hay que estar con continuos reproches sino
intentar vivir lo que en realidad nos gustaría vivir con nuestra pareja.

¿CÓMO SOLUCIONAMOS NUESTROS PROBLEMAS?- y 3

Uno de los peligros que se da en la vida de matrimonio es la monotonía, para ello nada mejor que hacer una o dos cosas que sorprendan gratamente a tu pareja.
No lo digas qué es. El otro cónyuge tiene que descubrir qué has hecho de nuevo. Normalmente las sorpresas se suelen convertir en soluciones.

Otra de las técnicas que ayuda a superar los problemas es tomárselo a la risa. Procura tener momentos de risa después de los enfados. Haz algo que haga
sonreír al otro y a ti.
El comportamiento muda el sentimiento y el sentir te cambia de pensamiento. Lo mejor para cambiar las cosas es ponerse a actuar. Actuar, hacer algo, es
empezar a superar la situación. Cambia tus viejas manías y costumbres.

Cuando hay algo nuevo, el conocimiento anterior deja de tener validez. Hay algo que nos hace caer en la cuenta de algo nuevo y vemos el mundo distinto;
las posibilidades aumentan. Cuando uno de la pareja cambia, de inmediato cambia el otro. El realidad se sigue siendo igual; lo que ha cambiado es la percepción
que se tiene del otro.

Antes de decidirte a hacer, aprende a visualizar. Visualizar es poner en tu mente las imágenes de lo que vas a conseguir y de cómo conseguirlo. Más allá
de las emociones y reacciones físicas, se ha comprobado que las imágenes controlan los impulsos. Imaginar la acción crea energía.

Debemos de buscar más las soluciones que tratar de explicar los problemas. Dar vueltas y vueltas al asunto no sirve para nada. Todo problema tiene en sí
mismo alguna solución, lo que hay que hacer es descubrirla.
Muchas veces, el problema somos nosotros mismos, o lo originaremos nosotros mismos con nuestro falso enfoque.

Cuando se piensa que los problemas aparecen por la relación de convivencia, siempre creeremos que la culpa la tiene el otro. Cuanto más se la achaque al
otro un defecto, más se intensificará. A más vigilancia, más arte para mentir y evitar su control. Cuanto más se insiste, ocurre más y mejor de lo mismo.
Trata entonces de que sea "menos de lo mismo", o lo contrario de lo mismo si quieres arreglar algo. Inténtalo.

Ante los problemas hay que fijarse más en la parte buena de la situación que tú quisieras que continuase ocurriendo. La pregunta que debe hacerse la pareja
es: En los momentos que se llevan bien, ¿qué pasa de diferente a cuando se llevan mal? Cambia de gafas y verás las cosas más claras.

La opinión que tengas del problema aumenta o disminuye la posibilidad de solucionarlo. Tenemos que aprender a ver los problemas de distinta manera. A veces
no existe el problema que creemos que existe. O no existe realmente o el problema está en otro sitio.

Hay que aprender a traducir nuestros problemas. Las formas de hablar también limitan el potencial de acción y de cambio. Cuando sólo veo dificultades,
olvido que también tengo recursos y capacidades. Hay que ver lo bueno y lo menos bueno de nuestra pareja. No podemos quedarnos sólo en ver las dificultades
e inconvenientes del otro.
(Artículo dividido en tres partes, extraído de:
http://www.buzoncatolico.es
).

La persistencia en el matrimonio.

La Persistencia En El Matrimonio.

Persistir es mantenerse firme y constante por largo tiempo!

La persistencia es una actitud indispensable en la relación matrimonial. Todos los matrimonios, aun los más saludables, han pensado al menos una vez en tirar la toalla. Hoy en día muchos matrimonios abortan el proyecto de vida familiar antes de tiempo, ignorando que la persistencia conduce a la victoria.

Sant. 1, 12 Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman.

Constantemente recibimos la tentación de ofender, de reclamar, de controlar, de celar, de molestar, de mentir a nuestro cónyuge. Pero tenemos que aprender y desarrollar la habilidad de soportar esas tentaciones  sabiendo como dice su palabra, que esa habilidad de resistir o rechazar la tentación, nos permitirá recibir la corona de la vida, la victoria sobre nuestra vida y nuestro matrimonio.

Fil 4, 6-7 Por nada estéis angustiados sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

La angustia es un sentimiento que paraliza la persistencia e invita a abortar cualquier proceso de vida en los seres humanos. Por esta razón nuestro amado Padre Celestial nos invita a no angustiarnos, poniendo todas nuestras cargas y nuestras peticiones delante de EL, orando y dando gracias. Y la respuesta de Dios es llenarnos de su paz que sobrepasa todo entendimiento humano y guarda nuestro centro emocional y nuestros pensamientos en aquel que nos dio la lección más poderosa de persistencia en amor sobre los hijos de Dios.

Si tu matrimonio anda mal, o regular, asume una actitud de apoyo, de respeto, de amor, de paciencia, de tolerancia con tu cónyuge y permanece en el llamado y la misión que Dios te ha encomendado de proteger tu relación y tu familia hasta que Cristo venga o la muerte los separe.

Prov. 15, 7 La boca de los sabios siembra sabiduría; no así el corazón de los necios.
Santiago 3, 18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Los matrimonios debemos persistir en mantener la paz, cuidando nuestra lengua y nuestras actitudes. Perseverar en poner los principios bíblicos de vida, no es fácil, pero es el requisito indispensable para mantener la armonía y la paz en el matrimonio. Y entonces obtendremos el fruto de justicia que es la paz, el amor, el gozo, la alegría, la fe, la bondad y la bendición de Dios.

Permanece haciendo lo que Dios te pide en su palabra y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento estará contigo para siempre.

Si tu matrimonio ha estado experimentando problemas, no te canses de hacer el bien y de hacer lo que Dios te pide que hagas. Permanece y a su tiempo alcanzarás la victoria y un matrimonio saludable.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
Luis y Hannia Fernandez
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Honrar nuestros padres.

Honrar nuestros padres

"Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la
enseñanza de tu madre" (Proverbios 6:20).

Dios nos prometió prolongar los días si honramos nuestros
padres. Es un mandamiento del Señor y, a nosotros, cabe
cumplirlo.

(Paulo Barbossa).

El camino del noviazgo de ayer y de hoy es distinto.

El camino del noviazgo de ayer y de hoy es distinto

 

En la época de mi tatarabuelo y también en la de mi abuelo, los padres eran quienes se ocupaban de los matrimonios de sus hijos.

Ellos eran quienes les proponían a otros padres la unión de sus hijos.

 

No se trataba de matrimonios de amor, sino de conveniencia.

Más tarde, quizás, nacía en ellos el amor y se convertían en matrimonios en los cuales se amaban.

Era más fácil, era mucho más sencillo.

Era la manera de ampliar la propiedad de la tierra, asegurar la continuidad del comercio o de la fábrica.

 

Así fue el casamiento de mis abuelos maternos. Mi abuela era la primogénita de dos casas y tierras de labranza y buscaron un hombre bueno, trabajador que atendiera los campos.

Murieron estando juntos ya viejitos, pero hoy cuando miro mi niñez y mi vida con ellos, no encuentro nunca en mis recuerdos que se hayan tenido un gesto de cariño, un beso, un abrazo. Hoy me duele estar convencido que nunca se amaron.

 

De todas formas, los hijos, los que en definitiva se casaban, no tenían derecho a opinar, era lo normal: nadie lo cuestionaba.

Seguramente si alguien les hubiera dicho que esta manera de armar matrimonios no estaba bien, no lo hubieran entendido.

Hoy lo vemos mal, porque la vida evolucionó y las circunstancias cambiaron.

 

Por eso siempre que juzgamos hechos de otra época debemos tener presente como era en aquel entonces las costumbres, las circunstancias.

Juzgar con mente de hoy, hechos del ayer, lleva con frecuencia a no ser justos.

 

Después vinieron las uniones por amor, y está muy bien. Conocíamos a una chica, nos poníamos de novios y nos casábamos.

Durante mucho tiempo funcionó así. Ese era el orden o el camino para convivir con otra persona.

Hoy este camino está algo pozeado.  Está como si hubieran barajado los tiempos, como aquel que baraja un mazo de naipes.

 

Hay quien está de novio, si. Pero hay tantas formas de noviar que uno ya no sabe como es el camino.

Antes eran los padres los que investigaban el cómo era y como convenía que fuera el conyugue. Ahora esta etapa de investigación del otro lo deben hacer los novios y novias y hay que partir del hacerse una pregunta: ¿podré vivir toda la vida con la parte fea del otro?   Porque con la linda es fácil.

 

“Se es tan precavido para cruzar una calle y tan poco atento para cruzar la vida”

Una de las tantas frases del inolvidable Monseñor Antonio Gatti.

Porque convengamos que decidir compartir la vida con otro es el cruce más importante que uno hace en la vida.

 

Me contaba el cura Pepe, mi hermano, que cada día son más las bendiciones a  tres, en el momento del matrimonio religioso y que nada se atreve a decir si previamente no lo ha conversado con los contrayentes.

En el fondo  --me seguía diciendo-- me tengo que alegrar que algo que empezó en una cama, termine en una iglesia.

 

No sé como irá evolucionando, pero si sé que evolucionará, como ha evolucionado la manera que se casó mi abuela.

 

El amor sigue siendo el gran ausente de la historia humana, a pesar de las múltiples historias amorosas que todos los días nos venden.

Cada día el mundo actual está más lleno de personas que ya no saben que es el amor. Llaman amor a cualquier otra cosa.

Muchos creen que el amor es tener alguien encima.

 

¿Será por eso que el hombre no ha aprendido a poner la otra mejilla?

¿Será por eso que el hombre no entendió lo que quería decir lo de poner la otra mejilla?

¿Qué es necesario para poner la otra mejilla, tan importante  en la convivencia?  El ser generoso.

Ser cada uno como es y hacer un solo camino feliz,  se logra cuando se encuentran dos generosidades.

Cuando chocan los dos egoísmos, los caminos se bifurcan.

 

Uno es amado y es feliz, y quiere amar para hacer feliz.

Por eso es tan importante no confundir conceptos  tan necesarios en el tema del amor. ¿Cómo se llega al amor?

Por el camino de siempre: la atracción, el enamoramiento y el amor.

 

Porque al amor verdadero (Felicidad) se llega desde la atracción (Placer) y el enamoramiento (Encanto). Aunque es el amor el que da sentido a la atracción y el enamoramiento. Y saber enamorarse muchas veces de la misma persona, sentirse atraída por ella, garantiza el éxito de esta aventura, que requiere de nuestra inteligencia, voluntad, libertad y sobre todo generosidad.

 Pero, si como dicen los expertos, “el placer es buscado como satisfacción de las necesidades del individuo, el acto sexual pierde su valor esencialmente humano".

Pretender llegar a la felicidad partiendo del placer sexual o de las sensaciones es un engaño, una de las primeras trampas con la que te encontrarás al confundir la pasión con el amor. Creer que amamos cuando sólo deseamos nos lleva a primar el simple placer físico, momentáneo y fugitivo, que deja un pozo de insatisfacción. Porque la satisfacción sexual es en realidad sólo una parte, y quizá la más pequeña, de la alegría de la entrega sexual en cuerpo y alma propia de la entrega total del amor verdadero.(Remedios Falaguera)

 

Es tu decisión vivir --en el infierno o en el cielo--, porque donde quieras que escojas vivir, tendrás que crearlo tu. Nadie lo hará por ti. Tú eres el creador de un cielo o de un infierno. Tú lo tienes que hacer.

No es algo que ya está listo, que sólo necesitas comprar un billete y tomar el tren: es algo que tiene que ser creado y creado por ti.

Y en una vida compartida este cielo o este infierno es creación de a dos.

 

El amor puede crear un paraíso o no, aquí y ahora.

Toda mi enseñanza es “amar más”, hasta que tu mismo te conviertas en el manantial de amor y nada mas.....Asume tu responsabilidad del infierno o del cielo en que vives.

 

Y cuando comprendas tu responsabilidad, no creo que haya quien escoja vivir en el infierno.             (Osho .-The Golden Future)

 

 

El amor o es constructor o destruye lo que está a su alrededor.

Es desde el amor en la familia que superaremos las crisis.

Todas las crisis, las propias y las que nos rodean ya sean comunitarias, barriales o de país.

 

Lo que pasa en nuestro matrimonio, lo que pasa en nuestra familia, siempre......siempre afecta lo que pasa afuera, lo que pasa en la vereda de enfrente.

 

Y los primeros afectados son los hijos. Ellos no pueden entender que se los ame, sin ver que sus padres se amen.

Todo el futuro, todo nuestro cielo o nuestro infierno, se lo pasamos a ellos.

 

                                                                        Salvador Casadevall

                                                                  salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA..........para acompañar a vivir

Galardonado con  la  GAVIOTA DE ORO-Mar del Plata 2007´  “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la “ROSA DE PLATA-Buenos Aires  2007  Programa “Navidad”   

Galardonado con  la  GAVIOTA DE ORO-Mar del Plata 2006  Programa  “Día del Niño”

Mención especial Premio  MAGNIFICAT-Buenos aires 2005   Programa  “Adultos Mayores”

 

Han sido editados cuatro libros sobre estas  reflexiones los cuales son vendidos  por correo.

 

Si estas reflexiones son de su interés puede abrir  GOOGLE  o  YAHOO y poniendo mi nombre en BUSCAR las encontrará en varias páginas que las han publicado y hasta archivado. Para ir a estos archivos hay que usar el mismo camino: poner mi nombre en BUSCAR.
(
http://ar.groups.yahoo.com/group/reddecatequistas
).

10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en el matrimonio.

Boletín 88 de la Comunidad de Psicólogos Católicos
10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en el matrimonio
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net


¡Queridos hermanos y hermanas! No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también las voces de quienes están alrededor, la voz de los otros. Benedicto XVI



10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en el matrimonio

El perdón no es solamente de hecho y sin palabras, ni solo de palabras pero sin hechos.

Voy a poner énfasis en el perdón en los casos graves de: Infidelidades, maltratos físicos o emocionales, abusos infantiles, adicciones a las drogas, juegos, alcohol, derroches económicos, etc. Ejercitar la virtud del perdón es una decisión tanto para la esposa como para el esposo.

Todos tenemos que perdonar no solamente siete veces, si no setenta veces siete, que quiere decir que hay que perdonar siempre.

La convivencia diaria origina pequeños roces que muchas veces requieren el inmediato y sincero perdón, sin más explicaciones. El verdadero perdón es una opción voluntaria, y es un proceso que hay que irlo fomentando poco a poco.

10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en casos de faltas graves.


Que el perdón se solicite antes de otorgarse y que se pida clara, concreta y sinceramente.


Que el ofensor demuestre sin equívocos ni dobleces un firme arrepentimiento.


Que el ofensor exprese claramente el propósito de no volver a repetir la ofensa, bajo la condición de “tolerancia cero” a la más mínima veleidad.


Que se intente restañar las heridas o cicatrices producidas, todavía abiertas o ya cerradas.


Que se proponga un plan con sus fases y fechas para poner los medios necesarios y razonables para evitar las causas que motivaron la culpa grave por la que se pide el perdón. Quien evita la ocasión evita el peligro.


Que haya un proyecto perfectamente claro de seguimiento y control de los medios a emplear y de la consecución de los propósitos u objetivos establecidos, expresándose en “banderas rojas” que avisen con antelación suficiente las modificaciones sobre lo pactado o que avisen la llegada de peligros.


Que haya un nuevo acuerdo de mínimos para la convivencia, como una hoja de ruta, expresada en todos los conceptos: Económicos, religiosos, civiles, sociales, “amorosos”, familiares, etc. Como si fuera unas capitulaciones prematrimoniales.


Que quede bien establecido que no habrá nuevas oportunidades de reconciliación si se repiten las faltas graves.


Que se acepten claramente las graves consecuencias que han supuesto para los otros miembros de la familia, en el presente y supondrán en el futuro las acciones tomadas que ahora se discuten, con el fin de proteger en el futuro de esas malas acciones a los mas indefensos y si es posible repararles el daño causado.


Que se comprometan solemnemente ambas partes a eliminar el rencor, el resentimiento y la desconfianza y a intentar sustituirlos por el amor, la educación y la feliz convivencia.


No es negociable la repetición de las faltas graves, se pueden perdonar pero hay que extirparlas, sea como sea, “por la razón o por la fuerza” como dicen los chilenos. Hay muchas formas de hacerlo, sin ruido pero con energía. Las hogueras hay que apagarlas totalmente enterrándolas, no vaya a ser que quede algún rescoldo y resurja el problema. De nada habría servido el perdón.

En casos graves otorgar el perdón sin ninguna contraprestación es un acto interno lleno de buena voluntad y gran satisfacción para el que lo otorga, pero que no surte ningún efecto externo si no conlleva para el culpable las condiciones comentadas en el párrafo anterior. Si el culpable se siente perdonado sin hacer ningún esfuerzo por su parte, no tendrá muchas ganas de cambiar de actitud y seguramente repetirá las faltas graves tantas veces como le parezca conveniente.

La infidelidad y otras faltas graves son errores que producen daños irreversibles. Pero todo el mundo puede tener don y privilegio de poder ejercer el perdón supeditado a las condiciones anteriormente indicadas. Otros, antes que nosotros nos han dado el maravilloso ejemplo de ejercer el don del perdón, incluso por causas mucho mayores.

El perdón es para comenzar un nuevo camino prometedor, mucho más importante si se tienen hijos dependientes. Ellos tienen amor por sus padres y quieren, necesitan y tienen derecho a ver a sus padres unidos, felices y sin rencores.

El perdón otorgado con amor, inteligencia y sin rencor enaltece a la persona que lo otorga aunque sea la agraviada, además que le libera de las cadenas que los odios y rencores atan al pasado y no permiten disfrutar del presente ni del futuro.

La resiliencia es un concepto que se emplea para demostrar resistencia, flexibilidad y no rotura y es lo que se necesita practicar en muchos matrimonios. Las palmeras resisten a los huracanes, la mayoría de los otros árboles se caen. Un matrimonio sólido y bien formado puede sentarse a dialogar para encontrar soluciones a los graves problemas matrimoniales. Un matrimonio sin formación religiosa, social y humana es muy difícil que puedan llegar a acuerdos que conlleven un firme perdón.

Para muchos culpables de faltas graves es muy difícil pedir perdón, debido al mal entendido orgullo humano, y en el fondo porque no tienen ni arrepentimiento ni propósito de la enmienda. También influye el que no quieren pedir perdón ni cambiar sus hábitos de vida porque saben que la esposa no tiene muchas alternativas de exigir ese perdón y poner condiciones de continuidad en el matrimonio. Saben que por la falta de preparación de la esposa y el instinto maternal hacia los hijos, si es que los hay, la esposa tendrá que asumir y aguantar las faltas graves que su marido le haga, porque no tiene donde poder ir si no es mantenida por su marido.


Hay que intentar no mirar las cosas graves que han sucedido, aunque no se deben olvidar para que no vuelvan a ocurrir. Solamente hay que acordarse de ellas si se puede sacar alguna lección positiva. Si ha habido alguna cosa mal hecha y se puede corregir, hay que correr a hacerlo, nunca es demasiado tarde. Esposo y esposa tienen que abrir sus corazones, intentando una y otra vez dialogar hasta llegar a los acuerdos necesarios. A lo mejor el culpable o ambos están necesitando explicar los motivos de la falta grave pero bajo el prisma del perdón, del no olvido y de la tolerancia cero.

Tienen que esforzarse mutuamente en recomponer sus vidas. De estas desgraciadas situaciones ambos esposos siempre salen perdiendo si no han cumplido las promesas que se hicieron en el matrimonio. Si el o ella han sido unos miserables frente a la heroicidad de la otra parte que ha mantenido la fidelidad, deben demostrarse que el perdón les hará mas fuertes, tan fuertes como para perdonar sin tomar venganza, para rehacer una vida juntos.

No es propio de seres racionales hacer depender a la familia, el apoyo vital sobre el que subsistimos, de una emoción veleidosa, tal como la de perdono o no perdono. Las personas meditan inteligentemente lo que tienen que hacer, cuándo, cómo y porqué lo tienen que hacer. El amor al cónyuge es fruto de que Dios elevó este compromiso del matrimonio entre un hombre y una mujer a categoría de Sacramento indisoluble y para siempre, brindando su apoyo a los que lo reciben en estado de gracia para que puedan consagrar las nuevas vidas como elementos futuros en los que se cimentará la red humana de la convivencia. Eso no quiere decir que no habrá crisis en la vida matrimonial, que normalmente se deben a la soberbia, a la infidelidad, al orgullo, a la mala preparación, etc.

El matrimonio se instituyó como alianza, una alianza que no se puede disolver porque hay demasiado en juego. Se debe velar y poner los medios para que cuando la relación matrimonial se resquebraja, puedan reflotarla.

Los sistemas a emplear varían, desde los buenos propósitos de mejora en aquello que importuna al otro, y/o acudir a profesionales que apuesten por la
supervivencia de los matrimonios a través del perdón y no por su disolución.

Cada separación es fuente de pobreza espiritual y económica para sus protagonistas, para la familia y para la sociedad, además de que genera pesimismo y falta de confianza social en esta institución.

El perdón no es solamente de hecho y sin palabras, ni solo de palabras pero sin hechos. El verdadero perdón se manifiesta con palabras, con hechos y en los casos graves con condiciones.

Si tienes algún comentario, por favor escribe a
francisco@micumbre.com

Nulidad Matrimonial: ¿qué es?

Nulidad matrimonial: ¡qué es?

Uno de los temas más desconocidos por el público en general y por los propios creyentes es el relacionado con las nulidades matrimoniales. Existe incluso
hasta una mala prensa ante este ejercicio de justicia que realiza la comunidad eclesial. Algunos dicen que "la nulidad sólo se dan a los ricos...", "la
nulidad vale millones..." , etc.

Para comprender mejor qué es la nulidad eclesiástica de matrimonio veamos algunas preguntas que intentaremos explicar de una manera asequible a todos y
desde un punto de vista práctico. Recomendamos vivamente que los que deseen profundizar en este tema se pongan en contacto con el Tribunal Eclesiástico
de su zona.

1.- ¿Quiénes pueden solicitar la nulidad matrimonial?
La pueden solicitar uno de los cónyuges que haya contraído matrimonio por la Iglesia. Las personas casadas sólo por lo civil no pueden pedir la nulidad
eclesiástica de matrimonio.

2.- ¿Qué es la nulidad matrimonial?
Es el proceso mediante el cual se puede demostrar que antes de casarse existían motivos lo suficientemente importantes, que hicieron el matrimonio nulo.
No es que la Iglesia anule un matrimonio válido, cosa por otra parte imposible, sino que se constata que hubo motivos anteriores al mismo que hicieron
nulo el matrimonio celebrado.

3.- ¿Cuándo se puede pedir el proceso de nulidad matrimonial?
Lo recomendable es que se luche por salvar la convivencia y el matrimonio y llegar hasta donde se pueda. Hay que buscar ayuda y orientación sobre terapia
matrimonial. Si después de todo ello se ve que hay indicios evidentes de nulidad, se puede solicitar en cualquier momento después del matrimonio.

4.- ¿Y si hay hijos por medio...?
No tiene nada que ver. Un matrimonio que haya tenido hijos sí puede pedir la nulidad matrimonial. Los hijos quedan en la misma situación de hijos con los
mismos derechos y deberes.

5.- ¿Cuáles pueden ser los motivos de nulidad matrimonial? ¿Qué situaciones pueden hacer nulo un matrimonio?
Son variados:

1. Carecer de suficiente uso de razón, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.095,1 del Código de Derecho Canónico).

2. Tener un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio, que hace incapaz para el matrimonio (canon
1.95,2).

3. No poder asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (canon 1.095,3).

4. Ignorar que el matrimonio es un consorcio permanente entre el varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación
sexual (canon 1.096,1). Esta ignorancia no es presumible después de la pubertad. (canon 1.097,2).

5. El error acerca de la persona. (canon 1.097, 1).

6. El error acerca de una cualidad de la persona, cuando esa cualidad es directa y principalmente pretendida (canon 1.097,2).

7. El engaño doloso acerca de una cualidad del otro contrayente que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal (canon 1.098).

8. El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio cuando determina la voluntad. (canon 1.099).

9. La simulación total, que se da cuando el que se casa no quiere el matrimonio mismo (canon 1.101,2).

10. La simulación parcial por la exclusión de la indisolubilidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones
1.101,2 y 1.056).

11. La simulación parcial por exclusión de la fidelidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2
y 1.056).

12. La simulación parcial por haber excluido la unidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2
y 1.056).

13. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la sacramentalidad (canon 1.101,2) ya que entre los bautizados sólo es matrimonio válido el que
es sacramento (canon 1.055,2).

14. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la prole (que es elemento esencial del matrimonio) (canon 1.101,2). El matrimonio está ordenado,
por su misma índole natural, a la generación y educación de la prole (canon 1.055).

15. El matrimonio celebrado bajo condición de que algo se realice en el futuro, que es aquel en el que la voluntad de uno o de ambos subordina el nacimiento
del vínculo al cumplimiento de una circunstancia o acontecimiento (canon 1.102).

16. El matrimonio contraído por violencia o por miedo grave, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse (canon 1.103).

17. Impedimento de edad: el varón antes de los 16 años cumplidos y la mujer antes de los 14 años cumplidos (canon 1.083). El fundamento está en la falta
de madurez psíquica y biológica.

18. La impotencia cierta, antecedente y perpetua (canon 1.084).

19. Impedimento de vínculo por un matrimonio anterior aunque no haya sido consumado (canon 1.085).

20. Impedimento de disparidad de culto: el contraído entre dos personas, una bautizada en la Iglesia católica y otra no bautizada (canon 1.086). Este impedimento
es perfectamente dispensable en determinadas condiciones.

21. Impedimento de orden sagrado, incluyendo el diaconado, el presbiterado y el episcopado (canon 1.087).

22. Impedimento de voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso (canon 1.088).

23. Impedimento de rapto (canon 1.089).

24. Impedimento de crimen (canon 1.090).

25. Impedimento de consanguinidad: siendo nulo el matrimonio de todos los ascendientes y descendientes entre sí, tanto
legítimos como naturales (canon 1.091).

26. Impedimento de afinidad: en línea recta en todos los grados, (canon 1.092).

27. Impedimento de pública honestidad (canon 1.093).

28. Impedimento de parentesco legal por adopción, (canon 1.094).

6.- ¿Cómo puedo saber si mi caso es nulo?
Lo mejor es que te pongas en contacto con el Tribunal Eclesiástico de tu zona (si no sabes dónde está puedes dirigirte a tu párroco o al obispado) y allí
podrás explicar tu caso concreto. Es muy importante que no hagas caso a lo que la gente te pueda decir, pues en muchos casos te confundirán. Infórmate
donde te tienes que informar.
Si lo deseas puedes realizar el cuestionario para saber si tu matrimonio es nulo y seguir los pasos que en él se indican:
Nulidad: Cuestionario previo (ver dicho cuestionario más abajo).


7.- ¿Se necesita abogado para una causa de nulidad?
Sí. Cualquier abogado en activo puede llevar una causa de nulidad.

8.- ¿Qué pasos concretos tengo que seguir?
En primer lugar acude al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicita una entrevista. En ese encuentro te darán toda la información necesaria y podrás preguntar
todo lo que desees.

9.- ¿Cuáles son los pasos que se siguen en un proceso de nulidad matrimonial?
Veamos de una manera esquemática las distintas etapas de un proceso de nulidad:

1. El abogado presenta una demanda de nulidad ante el Tribunal Eclesiástico. Si hay aparentes motivos de nulidad, el Tribunal aceptará la demanda y comenzará
el proceso.

2. Citación al Dubio (contestación a la demanda). Se citan a las dos partes y se les pregunta si están de acuerdo con lo que figura en la demanda. Ambas
partes pueden exponer sus desacuerdos sobre la misma. Pueden acudir sólo los abogados de las partes. En este segundo momento se establece el o los motivos
que se alega para la nulidad.

3. Periodo de pruebas. El abogado presentará las pruebas y la listas de testigos que serán oídos por el Tribunal.

4. Confesión Judicial: es la declaración que tienen que hacer los cónyuges por separado. En esta declaración cada uno tiene que contestar a las preguntas
del Tribunal. Estas declaraciones se hacen bajo juramento.

5. Declaración de testigos. Los testigos son citados a declarar en la causa.

6. Envío a peritos. Esto no se da en todas las causas de nulidad. Se envía a peritos (psicólogo, médico, etc.) cuando el Tribunal lo estime oportuno para
el esclarecimiento de la causa.

7. Conclusión y publicación. Una vez oídas las partes y los testigos presentados y tenido el informe pericial si procede, hay dos momentos:
* Conclusión: el juez da por terminada la investigación de la causa.
* Publicación: los abogados pueden hacer las alegaciones oportunas a los temas que se han reflejado en la causa.

8. Sentencia. Publicada la causa y con el informe final del Defensor del Vínculo, se pasa la causa para ser sentenciada.

9. Se envía la causa y sentencia a otro Tribunal Eclesiástico (cada zona tiene su Tribunal correspondiente a su provincia eclesiástica) para su ratificación.

10. Una vez que el segundo Tribunal ratifica la sentencia se da la nulidad de una manera definitiva. El estado civil de las personas con nulidad matrimonial
es el de "soltero/a" para la Iglesia y en aquellos países que tengan acuerdos sobre este tema con la Santa Sede, también éste sería su estado civil.

10.- ¿Y la Rota...?
A pesar de lo que cree la gente, el Tribunal de la Rota no interviene de ordinario. En el caso de las nulidades matrimoniales no interviene, por ejemplo,
cuando dos Tribunales eclesiásticos sentencian favorablemente una causa. Al tribunal de la Rota sólo se acude si hay discrepancia entre los dos Tribunales
intervinientes, donde, por ejemplo, uno dice que la causa es nula y otro dice que no es nula. Le toca a la Rota dar su veredicto final.

11.- ¿Cuánto tiempo dura y cuánto cuesta un proceso de nulidad matrimonial?
Depende de cada caso y del trabajo de cada Tribunal. Existen unos plazos legales que hay que respetar. Normalmente se puede resolver una causa entre un
año o año y medio e incluso menos. Cada Tribunal tiene estipuladas unas tasas de las cuales te informarán. En cualquier momento del proceso se puede solicitar
"Media Pobreza" (pagar la mitad de los gastos) o "Pobreza" (abonar una cantidad simbólica asequible). A estas peticiones sólo se pueden acoger personas
realmente necesitadas. Los procesos se llevan exactamente iguales sean abonando la cantidad o solicitando pobreza o media pobreza si procede.

Los gastos de abogado, perítos, etc. corren por cuenta del demandante.

© 2002 Mario Santana Bueno.

Cuestionario sobre nulidad eclesiástica de matrimonio.

Les ofrecemos un cuestionario que te invita a reflexionar y recordar numerosas situaciones relacionadas con tu matrimonio. Tómate tiempo en hacerlo. Cuando
lo termines puedes hacer que una persona convenientemente preparada lo lea. También una vez terminada lo puedes acercar al Tribunal Eclesiástico de tu
obispado. Con este cuestionario queremos aportar datos precisos para descubrir alguna posible causa de nulidad.

¿Cómo hacer este cuestionario?

1.- Lee despacio todas las preguntas.
2.- Contesta con precisión sobre lo que se pregunta.
3.- No lo hagas todo de una vez. Es mejor que dediques unos días a pensar y recordar y lo hagas poco a poco. Puede ser que te cause dolor traer de nuevo
a tu mente y a tu corazón el sufrimiento pasado, pero también es cierto que ese recordar puede tener un valor curativo.
4.- Contesta con letra clara y legible. Piensa que tus respuestas las leerá una persona que no ha vivido lo que tú has pasado.
5.- Escribe incluso los detalles que no consideres importante pero que en su día te llamaron la atención.

Cuestionario:

1. Nombre y apellidos de la persona que realiza el cuestionario. Edad. Dirección. Teléfono.

2. Fecha del matrimonio canónico (matrimonio contraído por la Iglesia. La nulidad eclesiástica sólo la pueden solicitar los matrimonios canónicos, no los
casados solamente por lo civil). Lugar y localidad donde contrajeron matrimonio, ¿por qué en ese sitio?

3. ¿Qué edades tenían cuando se casaron? ¿Cuáles eran la situación civil de ustedes antes de casarse? ¿Habían tenido algún problema serio antes de contraer
matrimonio?

4. Hijos habidos en el matrimonio y edades. ¿Cómo vivían los niños los problemas conyugales? ¿Qué piensan los hijos de la solución que ustedes dieron a
su matrimonio?

5. Situación actual del matrimonio: separados, divorciados, viviendo juntos, etc. Si están separados o divorciados indicar fecha de conclusión de los procesos.

6. ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Qué te impactó de la otra persona? ¿Cómo era el otro cuando era soltero/a? ¿Tenía algún problema anterior
al matrimonio?

7. ¿Cuándo empezó el noviazgo? ¿Cuándo empezó una relación en serio? ¿Qué problemas hubo durante el noviazgo? ¿Cuánto duró el noviazgo? ¿Existían otros
noviazgos anteriores? ¿Por qué se rompieron los anteriores noviazgos?

8. ¿Cómo veían sus familias el noviazgo entre ambos? ¿Apoyaban las familias? ¿Rechazaban las familias tal relación?

9. ¿Qué decían los amigos sobre tu noviazgo? ¿Alguno/a se mostró contrario al mismo? ¿Por qué?

10. ¿Cómo era tu ambiente familiar? ¿Cómo era el ambiente familiar de tu cónyuge?

11. ¿De quién partió la idea de casarse? ¿Por qué se plantearon contraer matrimonio y por la Iglesia? ¿Cuál fue la reacción de las familias y de los amigos
ante el anuncio de matrimonio? ¿Por qué? ¿Alguien les expresó su contrariedad o negativa ante el matrimonio que ustedes proyectaban? ¿Por qué? ¿Cómo te
sentiste cuando ustedes plantearon el matrimonio?

12. ¿Quién realizó los trámites y preparación de la boda? ¿Por qué ? ¿Encontraron alguna dificultad en la preparación de la boda? ¿Cuáles?

13. ¿Cuáles eran los estados de ánimo y la relación de ustedes los meses anteriores a la boda? ¿Miedo, agobio, estrés...? ¿Hubo algún contratiempo serio
en este espacio de tiempo? ¿Cuál?

14. ¿Cómo fue la ceremonia de la boda? ¿Hay algo que destacar de la misma que se salga de lo normal en estas situaciones? ¿Cómo estaban las familias ese
día? ¿Cómo viviste ese día?

15. ¿Cómo transcurrió la celebración después de la ceremonia en la Iglesia? ¿Hay algo que destacar que se saliera de lo común? ¿Hubo algún problema?

16. ¿Hubo viaje de bodas? ¿Quién lo decidió y organizó? ¿Ocurrió algo digno de mención en ese viaje? ¿Cómo vivieron ambos ese viaje?

17. ¿Dónde van a vivir después de casados? ¿Por qué? ¿Vivía alguien más con ustedes? ¿Hubo algún problema de convivencia? ¿Cuáles?

18. ¿Cuándo comenzaron los problemas en el matrimonio? ¿Qué pasaba exactamente? Describe y pon ejemplos de las situaciones que consideres que no era normal
en una vida de matrimonio. ¿Qué decía el otro cónyuge?

19. ¿Planteaste tus problemas matrimoniales a alguien? ¿Qué te decía sobre los mismos? ¿Las familias lo sabían? ¿Cómo reaccionaron las familias?

20. ¿Acudieron a algún profesional o persona convenientemente formada para plantear la situación? ¿Qué les dijo?

21. ¿Qué decía el cónyuge que producía el conflicto? ¿A qué achacaba los problemas y dificultades de su matrimonio?

22. ¿De quién partió la idea de separarse? ¿Cómo reaccionó la otra parte? ¿Cuál fue la reacción de las familias?

23. ¿Cómo es la relación personal entre ustedes después de la separación?

24. ¿Crees sinceramente que algún día podría estabilizarse la situación con tu cónyuge y volver al matrimonio? ¿Por qué?

25. Señala cualquier otro aspecto que no se haya reflejado en las anteriores cuestiones.

Tómate tiempo para reflexionar y contestar por escrito. No tengas prisa y recuerda todo lo que puedas. Recordar puede ser doloroso pero también tiene un
fuerte valor terapéutico. Una vez terminado imprímelo y entrégalo a una persona convenientemente formada o entrégalo para su estudio en el Tribunal Eclesiástico
de la zona donde resides. ¡Ánimo!

©2003 Mario Santana Bueno (
http://www.buzoncatolico.es
).

¿Es nulo mi matrimonio?

Nulidad matrimonial: ¿Es nulo mi matrimonio?

Hay ocasiones en las que alguno de los cónyuges de un matrimonio en crisis, se pregunta si puede plantear la demanda de nulidad eclesiástica. ¿Qué hacer
ante estas situaciones? ¿A quién dirigirse? ¿Cuáles son los pasos que hay que dar?

Las dificultades en los matrimonios muchas veces producen efectos beneficiosos. Si la crisis ha servido para reforzar el amor y los vínculos conyugales
ha valido la pena. Si, en cambio, la situación ha creado un ambiente de constante sufrimiento hay que revisar la situación con mayor profundidad.

¿Qué es lo primero que hay que hacer en una crisis matrimonial fuerte?

No dejar pasar la situación como si nada ha ocurrido. Hay que afrontar con realismo la situación que ha generado tan desasosiego. Muchas veces el propio
matrimonio no sabe cómo encontrar la salida de ese contratiempo, en estos casos lo mejor es acudir a un arbitraje, a un psicólogo especializado en matrimonios,
a un consejero familiar, a un sacerdote convenientemente formado, etc. Es muy importante que el profesional al que acudamos sea creyente. No queremos establecer
ningún tipo de discriminación, pero siendo realistas hay que tener en cuenta que la óptica de la vida y de la solución de los problemas es muy distinta
desde una perspectiva creyente a una que no lo sea. Muchas sorpresas se lleva una persona creyente cuando acude a un no creyente, por ejemplo, ante un
problema de infidelidad que le ha destrozado la vida porque realmente ama al otro, y el especialista le dice: "Pero tú te preocupas por eso, ¡con la cantidad
de mujeres que hay en el mundo! Disfruta tú también como hace ella..." Flaco favor hacen esos consejos a una persona con fe y con corazón...

¿Qué valores se deben ejercitar en la crisis?

Para afrontar una dificultad de cualquier tipo hace falta poner en juego varios elementos imprescindibles que normalmente no se daban antes de la misma:

* El diálogo: En la crisis tiene que existir un buen nivel de comunicación entre los dos cónyuges. Muchos problemas en el matrimonio se solucionan con
un adecuado ambiente de diálogo sincero.

* Reconocer con humildad los fallos propios y los del otro. La parte que se siente más afectada tiene que hacer frente al dolor provocado por el otro con
serenidad, sin querer revanchas ni venganzas de ningún tipo.

* Dejarse ayudar y aconsejar por personas preparadas. Muchas veces los amigos no son los mejores consejeros en estas ocasiones. Nos quieren tanto que pueden
hacernos perder la objetividad. La crisis matrimonial necesita de especialistas en el tema. De la misma forma que mis amigos no me pueden ayudar técnicamente
en una enfermedad y acudo al médico, mi matrimonio está enfermo, puede ser que gravemente enfermo, y necesito ayuda especializada. No te "automediques",
es mejor abordar el tema a tiempo para evitar dolores y mayores inconvenientes.

* Darse tiempo. Dice la Biblia que "el amor no tiene prisa", y es verdad. Cuando queremos de verdad a alguien somos capaces de esperar en el otro y de
esforzarnos por encontrar caminos de solución.

* Poner de cada parte todo lo que se pueda. Ambos esposos tienen que hacer un gran ejercicio de donación en el sufrimiento. Tengo que abandonar mis esquemas
cerrados y escuchar lo que el otro me dice. Tengo que analizar la parte de verdad que el otro intenta hacerme ver. Tengo que buscar ayuda para superar
mi forma de ser.

¿Cuándo plantearse la nulidad eclesiástica?

No hay que plantearse la posible nulidad de matrimonio eclesiástico sino después de un tiempo de crisis. Hay que agotar todos los recursos posibles. Hay
que luchar por salvar el matrimonio. Las personas, toda persona, se merece un respeto; las personas no somos de "usar y tirar". Tenemos que respetar a
quien compartió con nosotros momentos claves de nuestra vida a través de proyectos e ilusiones. Si después de dar todos esos pasos y con tiempo por medio,
se ve que realmente hay posibles motivos de nulidad, entonces es cuando se debe acudir al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicitar información. Si
no sabes dónde se encuentra el Tribunal puedes llamar al obispado de tu localidad y te informarán.

Para detectar si hay posible causa de nulidad eclesiástica se hacen algunas preguntas que intentan clarificar la situación. Ten en cuenta que la nulidad
tiene que ser por un motivo presente antes de contraer matrimonio.

©2003 Mario Santana Bueno
(
http://www.buzoncatolico.es
).

Motivos de nulidad.

Nulidad: motivos de nulidad

Nulidades matrimoniales: ¿Cuáles son los motivos para que el matrimonio por la Iglesia sea nulo?

Muchas personas tienen ideas muy equivocadas de lo que es una nulidad matrimonial por la Iglesia. Dicen cosas como: "La Iglesia sólo da la nulidad a los
ricos..." , "La nulidad por la Iglesia vale millones de pesetas..." ¿Es ésto realmente así?

Son 28 los motivos- impedimentos por los cuales un matrimonio celebrado por la Iglesia puede ser declarado nulo. Veamos cuáles son las causas que hacen
nulo un matrimonio por la Iglesia católica:

1. Carecer de suficiente uso de razón, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.095,1 del Código de Derecho Canónico).

2. Tener un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio, que hace incapaz para el matrimonio (canon
1.95,2).

3. No poder asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (canon 1.095,3).

4. Ignorar que el matrimonio es un consorcio permanente entre el varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación
sexual (canon 1.096,1). Esta ignorancia no es presumible después de la pubertad. (canon 1.097,2).

5. El error acerca de la persona. (canon 1.097, 1).

6. El error acerca de una cualidad de la persona, cuando esa cualidad es directa y principalmente pretendida (canon 1.097,2).

7. El engaño doloso acerca de una cualidad del otro contrayente que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal (canon 1.098).

8. El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio cuando determina la voluntad. (canon 1.099).

9. La simulación total, que se da cuando el que se casa no quiere el matrimonio mismo (canon 1.101,2).

10. La simulación parcial por la exclusión de la indisolubilidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones
1.101,2 y 1.056).

11. La simulación parcial por exclusión de la fidelidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2
y 1.056).

12. La simulación parcial por haber excluido la unidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2
y 1.056).

13. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la sacramentalidad (canon 1.101,2) ya que entre los bautizados sólo es matrimonio válido el que
es sacramento (canon 1.055,2).

14. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la prole (que es elemento esencial del matrimonio) (canon 1.101,2). El matrimonio está ordenado,
por su misma índole natural, a la generación y educación de la prole (canon 1.055).

15. El matrimonio celebrado bajo condición de que algo se realice en el futuro, que es aquel en el que la voluntad de uno o de ambos subordina el nacimiento
del vínculo al cumplimiento de una circunstancia o acontecimiento (canon 1.102).

16. El matrimonio contraído por violencia o por miedo grave, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse (canon 1.103).

17. Impidimento de edad: el varón antes de los 16 años cumplidos y la mujer antes de los 14 años cumplidos (canon 1.083). El fundamento está en la falta
de madurez psíquica y biológica.

18. La impotencia cierta, antecedente y perpetua (canon 1.084).

19. Impedimento de vínculo por un matrimonio anterior aunque no haya sido consumado (canon 1.085).

20. Impedimento de disparidad de culto: el contraído entre dos personas, una bautizada en la Iglesia católica y otra no bautizada (canon 1.086). Este impedimento
es perfectamente dispensable en determinadas condiciones.

21. Impedimento de orden sagrado, incluyendo el diaconado, el presbiterado y el episcopado (canon 1.087).

22. Impedimento de voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso (canon 1.088).

23. Impedimento de rapto (canon 1.089).

24. Impedimento de crimen (canon 1.090).

25. Impedimento de consaguinidad: siendo nulo el matrimonio de todos los ascendientes y descendientes entre sí, tanto legítimos como naturales (canon 1.091).

26. Impedimento de afinidad: en línea recta en todos los grados, (canon 1.092).

27. Impedimento de pública honestidad (canon 1.093).

28. Impedimento de parentesco legal por adopción, (canon 1.094).
(
http://www.buzoncatolico.es
).

Nulidad: la verdad.

Nulidad: la verdad

¿Cuál es la verdad de las nulidades matrimoniales?

Entrevista a Rosa Corazón, abogada matrimonialista perteneciente al Tribunal de la Rota (España)
por Vicente Mª Pedrosa.

Estamos ante un tema que nos preocupa a todos, no sólo por la realidad de la inestabilidad de los matrimonios actuales, sino también porque nos desasosiega
no saber a qué atenernos cuando en las conversaciones rutinarias aparece el tema de las nulidades matrimoniales. ¿Qué decir? ¿Podríamos disponer de datos
y de reflexiones de toda garantía?

El libro "Nulidades matrimoniales" (Ed. Desclée, Bilbao 2001, 200 páginas) de Rosa Corazón, abogada matrimonialista perteneciente al Tribunal de la Rota,
la más alta instancia sobre esta materia en España, salió a la venta en abril de 2001 y, en noviembre, la segunda edición. Es un libro eminentemente práctico
que explica qué es una separación, una nulidad, un divorcio, y la diferencia entre ellos.

En el Prólogo, el eminente catedrático de Psiquiatría y escritor, Enrique Rojas. dice: "Estamos ante un buen libro. La autora ha sabido conjugar claridad
expositiva y amenidad, con nitidez en los conceptos y un lenguaje directo y atractivo. Yo lo he saboreado de un tirón. El tema me parece de primera magnitud,
pues este comienzo de siglo se abre con tres epidemias importantes: las drogas (en la etapa juvenil), el SIDA (en una fase juvenil más tardía) y el hecho
masivo de tantos matrimonios rotos (en casi todas las edades)... No hay felicidad sin amor. La peor de las carencias es la falta de amor. Pero no hay amor
sin renuncias. Tiene el amor, por exigencias del guión, un fondo de abnegación, de ofrenda gustosa, de entrega y de generosidad... Amor y sacrificio forman
un binomio inseparable".

Hacemos una entrevista a la prestigiosa autora y ella nos responde amablemente con palabras de su propio libro:

CAD: ¿Es verdad que las nulidades matrimoniales son sólo para los ricos y famosos?

RC: A propósito de los ricos. Todos los abogados que estamos en la lista de abogados de un tribunal eclesiástico estamos obligados a llevar las causas
de gratuito patrocinio que, por turno, nos vayan correspondiendo. El beneficio del gratuito patrocinio supone la gratuidad de todo el procedimiento de
nulidad matrimonial, incluidos el abogado, el procurador y los peritos que sean necesarios, además de la actividad de los jueces y notarios. Después diremos
lo que se necesita para beneficiarse del gratuito patrocinio.

A propósito de esto, vean el contenido de esta carta abierta en ABC: "Señor Director de ABC: En carta enviada a Vd hace un año aproximadamente, me quejaba
de la función de la Iglesia en las anulaciones (nulidades) matrimoniales, en las que sólo se oían nombres como Rocío Jurado, Camilo José Cela, etc... Bueno,
pues "rectificar es de sabios". Acudí al tribunal que me correspondía dentro del Arzobispado de Madrid y como les dije que yo no tenía recursos económicos,
me explicaron lo del gratuito patrocinio y me pidieron unos documentos que acreditaban mi falta de dinero, los cuales yo conseguí sin ninguna dificultad.
Me pusieron a mi lado a un procurador y a una abogada muy importante y capacitada: Dña. Rosa Corazón. Mi matrimonio se declaró nulo en el Arzobispado de
Madrid y la Sentencia fue confirmada por el Tribunal de la Rota. Sólo Tengo palabras para agradecer y pedir disculpas al Arzobispado de Madrid y al Tribunal
de la Rota. Atentamente JC.E." Esta carta es del que, hace años, fue mi primer cliente de gratuito patrocinio.

CAD: Y ¿algo a propósito de los famosos?

RC: Decir que las nulidades matrimoniales son sólo para los famosos es olvidar que, como es lógico, lo que salta a la prensa... incluso a la TV, son las
vidas de estos personajes (...como personas públicas que son)... Pero, la inmensa mayoría de las causas de nulidad matrimonial son de personas que nunca
han salido en los medios de comunicación: más del 70% de éstas son de personas de clase media baja.

CAD: ¿Es verdad que las nulidades matrimoniales son caras?

RC: Un procedimiento de nulidad matrimonial supone el trabajo de las siguientes personas, especialistas en la materia y pertenecientes a la plantilla del
tribunal eclesiástico: Tres jueces en el tribunal de primera instancia (son los que dictarán la sentencia), tres jueces en el tribunal de apelación (son
los que confirman o no la sentencia anterior), un notario y otro adjunto en cada uno de los tribunales y el personal administrativo. Todas estas personas
son pagadas por el tribunal eclesiástico.

Pues bien, globalmente, las tasas totales de un procedimiento de nulidad matrimonial son de unos 481 € (80.000 ptas.) a 901 € (150.000 ptas) para la primera
instancia, y de unos 300 € (50.000 ptas.) para la segunda instancia (cantidades que se actualizan con el paso del tiempo), las cuales cubren el trabajo
de todas las personas indicadas, todo el tiempo que dura el proceso. Y esto es lo único que percibe el Tribunal eclesiástico.

CAD: Y ¿qué sucede con el abogado, el procurador y los peritos que sean necesarios: psiquiatras, psicólogos, ginecólogos... en los casos, en que los demandantes
no se hayan acogido al gratuito patrocinio?

RC: Estos intervienen en el procedimiento, pero trabajan por su cuenta. Por eso, a éstos les pagará el cliente que acuda a ellos. En este sentido, una
nulidad matrimonial resultará cara, porque es caro el abogado que la defiende. Los abogados son como los médicos particulares: se puede ir a uno caro,
a uno no tan caro, o a uno barato. Es mejor que el abogado sea especialista en derecho matrimonial eclesiástico y civil, para que pueda hacer una buena
defensa ante el tribunal de la Iglesia y el civil, y muy posiblemente nos saldrá hasta más barato.

El procurador, en una nulidad matrimonial puede cobrar unos 240 € ó 300 € (40.000 ó 50.000 ptas.). Los peritos (psiquiatras, psicólogos) cobran, por cada
acto pericial, 240 €; y el perito ginecólogo y el urólogo, 180 € (30.000 ptas.) (Madrid).

CAD: ¿Es verdad que el tribunal eclesiástico no percibe más que sus tasas? ¿La Iglesia no percibe nada de la que cobran los abogados, procuradores y peritos?

RC: Rotundamente, no. Sus tasas, como acabo de decir, pueden variar entre 481 y 901 € para la primera instancia —por el trabajo de tres jueces, un notario,
un notario adjunto y el personal del tribunal— y unos 300 € para la segunda instancia —por la tarea del mismo número de personas—. Para la Iglesia el mantenimiento
de los Tribunales es absolutamente deficitario.

CAD: Estas últimas informaciones son muy de agradecer. Es bueno saber lo que, en una causa de nulidad, cobra la Iglesia (el tribunal eclesiástico) y lo
que cobra el resto de los intervinientes: abogados, psiquiatras... Sin embargo, volvamos a los menos pudientes. Abundemos un poco más en las medidas previstas
para favorecer a éstos.

RC: Para que los económicamente débiles puedan ir, como cualquier otra persona, a un proceso de nulidad matrimonial están previstos: el gratuito patrocinio
y la reducción de costas. Por el primero, se llega a la exención total de costas (recordemos lo que hemos dicho más arriba), y, por la segunda, se alcanza
una reducción de las tasas judiciales.

Para obtener el beneficio del gratuito patrocinio hay que aportar los documentos que justifiquen la carencia de recursos para litigar, que suelen ser los
siguientes: Declaración de la Renta o Certificado negativo de la Hacienda Pública. Las nóminas. El Certificado del Registro de la Propiedad en el que consten
los inmuebles que se poseen o negativo si se carece de ellos. En el caso de ser beneficiaria de una pensión de alimentos o de una pensión compensatoria,
determinada por el juez, justificante de la cuantía a que ascienden estas percepciones, cualquier otro documento acreditativo de la situación económica.

CAD: Más o menos ¿qué ingresos favorecen la consecución de este beneficio?

RC: Como regla general: si los ingresos son inferiores al doble del salario mínimo interprofesional, se suele reconocer el derecho al gratuito patrocinio.

En este supuesto, el abogado y el procurador son designados por el tribunal por turno rotativo. Entonces, los designados asumen la defensa y representación
del cliente como una forma de colaborar, con nuestro trabajo, en la administración de justicia que desempeña la Iglesia a favor tanto del que tiene como
del que no tiene recursos económicos, y dentro de su opción preferencial por los pobres.

También es posible pedir la reducción de costas —en un 50% o en otro porcentaje— cuando, sin reunir los requisitos para el gratuito patrocinio, se tiene
insuficiencia de recursos económicos para cubrir todo el proceso.

CAD: El abogado y el procurador ¿trabajarán bien si son de gratuito patrocinio?

RC: He recogido experiencias buenas y otras no tan buenas. Para trabajar bien sin cobrar, hace falta, desde luego, ser un profesional honrado.

CAD: Y, la Iglesia ¿qué hace para que las nulidades matrimoniales no resulten caras?

RC: Además de fomentar el acogerse al gratuito patrocinio y a la reducción de costas, hay tribunales eclesiásticos que marcan un límite a la que puede
cobrar el abogado y el procurador en los casos en que el demandante no se acoja a los beneficios indicados. Pero en esto siempre habrá que estar atentos
a la realidad de cada caso.

CAD: ¿Se puede conseguir una nulidad si el otro cónyuge se opone?

RC: Sí, es posible, porque a la otra parte se le da la posibilidad de comparecer. Si no comparece, ni da excusa razonable de su ausencia, el juez le citará
de nuevo, y si tampoco comparece, la declarará ausente del juicio y el procedimiento seguirá su curso hasta la sentencia definitiva y su ejecución.

Entonces la parte demandante será la que tendrá que probar que ese matrimonio es nulo (se dice que tendrá toda la carga de la prueba). En este caso no
se cuenta con las pruebas que podría aportar la otra parte a favor o en contra de la nulidad, ni con más oposición a su petición que la que haga el defensor
del vinculo.

CAD: ¿Por qué ahora hay más causas de nulidad que hace unos años?

RC: Hay que reconocer que ha cambiado la mentalidad de la sociedad y de las personas. En muchas ocasiones el cambio ha sido para bien y la Iglesia lo ha
asumido, incorporando cuestiones de psiquiatría y de psicología que repercuten en el acto humano del consentimiento matrimonial.

CAD: Para acabar esta interesante entrevista ¿Cuáles son las causas más habituales por las que un matrimonio se declara nulo, no existente?

RC: El carecer de suficiente uso de razón (Derecho Canónico, c.1.095, 2), que puede repercutir en la inteligencia, o en la voluntad, o en la libertad de
los que contraen matrimonio. La libertad puede estar afectada por coacción, por miedo grave, por miedo reverencial (excesivo respeto a una persona) o por
falta de la libertad interna para prestar un consentimiento voluntario y libre.

También se da frecuentemente la incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica de canon 1.095,3,
porque aquí están incluidos muchos y variados supuestos, tales como una enfermedad psíquica grave (por ejemplo, una esquizofrenia), una adición grave (al
alcohol, a las drogas, al juego), supuestos de anorexia, la homosexualidad y asimismo la falta de madurez patológica grave, entre otros. Además de las
dos causas citadas, otra causa habitual, hoy, es la exclusión de los hijos.

Agradecemos a la autora de esta oportuna obra que nos haya dado ocasión de preguntarle algunas de las cuestiones tratadas en ella. Deseamos que se difunda
ampliamente para traer la paz del Señor a muchas conciencias y la oportunidad de "dar razón de la esperanza" que las habita. Sería muy provechoso leer
esta obra, en su III Parte, en donde aborda el tema de las nulidades matrimoniales.

Tomado de www.arvo.net

Rosa Corazón
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Matrimonio y nulidad.

Nulidad: matrimonio y nulidad

El matrimonio, su dignidad y el rigor en las nulidades matrimoniales

El martes 8 de febrero de 2005 la Santa Sede hizo pública una Instrucción que lleva por título la dignidad del matrimonio con el fin de que fuera una ayuda
en la difícil tarea de juzgar en las Causas de Nulidad Matrimonial. Su título es “Dignitas connubii”.

El documento se presentó a la prensa por el Cardenal Julián Herranz por ser en esa fecha el Presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de
los Textos Legislativos, el Consejo que redactó el documento con ayuda de las Congregaciones para la Doctrina de la Fe y para el Culto Divino y del
Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica y del Tribunal de la Rota Romana.

¿QUÉ ES EL TRIBUNAL SUPREMO DE LA SIGNATURA APOSTÓLICA?

Su origen se remonta al siglo XIII. Posteriormente fue suprimido, y fue en el año 1908 cuando San Pío X lo instituyó de nuevo como Signatura Papal de gracia
y de justicia. Es Tribunal Supremo, y a él se puede recurrir contra las Sentencias de la Rota Romana.

¿QUÉ ES EL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA?

Los antecedentes históricos del actual Tribunal de la Rota Romana se remontan al siglo XII, aunque fue en el siglo XIII cuando se constituyó como Tribunal
colegiado. A partir de 1870 su actividad casi desapareció, y fue San Pío X quien lo restauró y le dio su Lex propia. Las nuevas normas de la Rota Romana
son de 7 de febrero de 1994.

La Rota Romana es Tribunal ordinario, constituido por el Romano Pontífice, para recibir los Recursos de Apelación que puedan formularse contra una Sentencia
por quien se considere perjudicado por ella, y también para la tutela de los derechos en la Iglesia. Es el órgano del que emana la jurisprudencia a través
de sus Sentencias.

La “Dignitas Connubii” afirma expresamente que si una parte apela ante el Tribunal de la Rota Romana y la otra parte apela ante otro tribunal, le corresponde
siempre a la Rota Romana la resolución de esa Causa de Nulidad.

¿LAS NULIDADES SON PARA RICOS Y FAMOSOS?, COMO SE DICE POR AHÍ.

La “Dignitas Connubii” es un texto amplio, comprende una introducción seguida de 15 capítulos y consta de 308 artículos. Algunos de ellos son iguales o
semejantes a cánones del Código de Derecho Canónico y otros suponen una importante novedad, aunque indudablemente estos y aquellos respetan íntegramente
lo dispuesto en el Código.

Si se lee con interés el documento, resulta evidente que las Nulidades Matrimoniales nada tienen que ver con algunos rumores, que desgraciadamente circulan
por ahí y hacen daño porque puede ser que no nos detengamos a profundizar buscando la verdad, puesto que las Nulidades matrimoniales no son para ricos
y famosos; son para el que tenga causa de nulidad y la pruebe, sea o no sea rico y/o famoso.

LA COMPLEJIDAD DEL PROCEDIMIENTO DE NULIDAD

Se trata de un procedimiento largo, complejo, que exige ser especialista en la materia, y esta instrucción anima a conseguirlo. Esa complejidad es salvaguarda
de la verdad, de la seriedad y de que lo que se busca es la salvación de las almas, que es la ley suprema en la Iglesia.

Una Causa de Nulidad se juzga primero por el Tribunal de Primera Instancia, que está integrado por tres Jueces, con un Defensor del Vínculo y un Notario.
Posteriormente, la Causa pasa al Tribunal superior o de Segunda Instancia, que está formado por otros tres Jueces, otro Defensor del Vínculo y otro Notario.
Es decir, la nulidad de un matrimonio se juzga por seis Jueces, cuando lo normal para un asunto ordinario es que sólo lo juzgue un juez. Que la sentencia
que declara la nulidad de un matrimonio sea justa afecta indudablemente al bien privado de los contrayentes y de su familia; pero no sólo a ellos, pues
también forma parte del bien público.

Del mismo modo que un matrimonio, un buen matrimonio, es un bien no sólo, aunque sí en primer lugar, para los dos consorte, sino también para su familia,
para la sociedad, para la Iglesia, para el mundo entero. La dignidad del buen matrimonio es inconmensurable.

La Sentencia de Nulidad hace constar que se juzga en el nombre de Dios, sin más miras que la verdad y que a través de las pruebas practicadas se ha llegado
a la certeza moral, que es toda la humanamente posible, de que ese matrimonio es nulo. En caso contrario, lo que afirma la Sentencia es que no ha resultado
probada la nulidad.

El que demanda la nulidad de su matrimonio tiene que probar que, a pesar de la presunción de validez, en su caso no ha habido matrimonio desde el inicio,
ese matrimonio no llegó ni a nacer. Por el contrario, un matrimonio fracasado que nació, no es un matrimonio nulo. El matrimonio puede fracasar porque
se ha descuidado, el éxito en el amor y en el matrimonio exige cuidarlo día a día.

LAS PRUEBAS EN LA NULIDAD

Las pruebas en la Nulidad son las mismas de todo procedimiento judicial: las confesiones de las partes, las declaraciones de los testigos, los documentos
públicos y privados y la pericial.

Las cartas de novios han resultado en alguna ocasión una buena prueba en un procedimiento de nulidad si son reveladoras de la capacidad para el matrimonio
o de la real voluntad interna con la que se fue al altar.

Con las pruebas habrá que conseguir demostrar la incapacidad, o la exclusión de una propiedad esencial del matrimonio: unidad, indisolubilidad, fidelidad,
o de un elemento esencial del mismo: que el matrimonio esté abierto a los hijos.

Cuando hay simulación, el matrimonio es nulo, puesto que interna y realmente no se quería el matrimonio, o bien lo que se quería era un matrimonio al propio
antojo que, en verdad, no es matrimonio.

Sólo será matrimonio el que se constituye entre un hombre y una mujer, con una unión única, indisoluble, fiel, hasta que la muerte nos separe, abierto
a su fruto natural que son los hijos; ese, no hay autoridad en este mundo, ni eclesiástica ni civil, que lo pueda disolver, y para los bautizados este
matrimonio constituye uno de los siete sacramentos.

La verdad sobre el matrimonio es parte integral de la respuesta personal al proyecto que Dios ha previsto y ha encomendado a cada uno.

LAS CAUSAS DE NULIDAD

Dieciséis son las causas que afectando al consentimiento pueden dar lugar a la nulidad matrimonial y doce por razón de algún impedimento. Para todo el
que tenga interés, de un modo asequible y ameno las detallo en mi libro “Nulidades Matrimoniales”, editorial Desclée de Brower, con prólogo del Dr. Enrique
Rojas.

Las tres causas de nulidad más frecuentes son: incapacidad por grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio
que mutuamente se han de dar y aceptar, incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica, exclusión
de la prole.

EL TIEMPO DE UN PROCEDIMIENTO DE NULIDAD

La instrucción vaticana “Dignitas Connubii” recoge lo que señala el Código de Derecho Canónico sobre el tiempo, que le corresponde a los Jueces y Tribunales
cuidar que las causas en el Tribunal de Primera Instancia no duren más de un año, ni más de seis meses en el de Segunda Instancia. Desgraciadamente como
en muchos casos esos plazos no se viven, este documento insta a vivirlos.

EL DEMANDADO DEBE ACUDIR A DECLARAR LA VERDAD

Me he encontrado con personas que me cuentan que, como no están de acuerdo, deciden no contestar al recibir la demanda e incluso posteriormente deciden
no ir a declarar cuando son citadas por el Tribunal, perdiendo la oportunidad de ser oídas y, de ese modo, obstaculizando que el Tribunal conozca la verdad.
Por mi experiencia profesional, considero que actuar así es un craso error, además de que de ese modo la persona no manifiesta que no está de acuerdo con
la demanda.

Una interesante novedad respecto al Código, es que esta instrucción recoge la posibilidad de litigar los dos cónyuges juntos demandando la nulidad de su
matrimonio.

LA PRUEBA PERICIAL PSIQUIÁTRICA O PSICOLÓGICA

El artículo 209 de la Instrucción Vaticana “Dignitas Connubii” detalla unas novedades importantes sobre la prueba pericial para las causas de nulidad matrimonial
por incapacidad.

Si la incapacidad es para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica, indica que el juez debe pedir al perito
que haga un dictamen sobre si ambas partes o una de ellas se encontraban afectadas al casarse por alguna peculiar anomalía, si ésta era habitual o transitoria,
la gravedad de la misma, y cuándo, por qué causa y en qué circunstancias se originó y se manifestó. Detallando incluso que el perito debe dictaminar si
la anomalía psíquica llegó a perturbar gravemente el uso de razón al celebrar el matrimonio, su intensidad e indicios al revelarse. Y para estos casos
insta al juez a distinguir la grave dificultad para el matrimonio de una verdadera imposibilidad para el mismo.

Si la incapacidad es por grave defecto de discreción de juicio, el perito debe dictaminar cómo afectó esa anomalía al discernimiento del contrayente y
a su capacidad para elegir libremente.

Concluyendo que el perito debe responder a cada una de las cuestiones planteadas por el juez, aplicando para ello las reglas de su propia técnica y ciencia;
pero cuidando no extralimitarse en su función emitiendo juicios, que son competencia del juez.

LA SENTENCIA

El artículo 250 de la “Dignitas Connubii” determina que la Sentencia debe: dirimir la controversia, dando una respuesta congruente a cada una de las dudas;
exponer los motivos, de hecho y de derecho, en que se fundamenta el fallo de la sentencia; y para el causante de la nulidad, imponer el “vetitum”, que
es una prohibición para contraer matrimonio sin un permiso especial del Ordinario del lugar.

Importante novedad es que la instrucción vaticana advierte al juez que para dictar una Sentencia afirmativa es necesario que excluya cualquier duda positiva
de error.

GRATUITO PATROCINIO Y REDUCCIÓN DE EXPENSAS

Para la persona que carece de recursos, justificándolo con los documentos oportunos, se le facilita el gratuito patrocinio y la reducción de expensas.
Todo ello lo recoge el documento.

El coste más elevado es el trabajo del abogado. Sus honorarios deben ser justos y ajustados; pero indudablemente como su trabajo es, por tanto, su medio
de vida.

Con el gratuito patrocinio todo el procedimiento es gratis: abogado, procurador, perito y tasas del tribunal.

LA DIGNIDAD DEL MATRIMONIO

La instrucción afirma que el matrimonio es imagen y participación en la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia, que su dignidad reclama que la Iglesia
promueva el matrimonio y la familia fundada en él con la mayor solicitud pastoral, y que con todos los medios posibles lo proteja y defienda.

Esta afirmación me hizo recordar el caso, que cuento en mi libro “Cásate y verás” de la editorial Marova, prólogo de Fernando Vizcaíno Casas, del marido,
bueno y paciente, que me reconocía que sí, que el matrimonio es un bien y hace que salga a flote lo mejor de lo que uno es capaz, y que en su caso ha sido
verdad con no pequeño esfuerzo; pero que mirando a los suyos, puede afirmar, que todo el esfuerzo le ha valido y le sigue valiendo la pena.

Consciente de la grandeza del matrimonio y volcando mi ya dilatada experiencia profesional sobre tantos matrimonios rotos, fracasados y nulos escribí “Cásate
y verás” para ahora, en el siglo XXI, ayudar a casarse bien y al éxito en el matrimonio. Recibo felicitaciones por lo ameno y simpático que es y por la
eficaz ayuda que supone.

Sobre la dignidad, la instrucción vaticana afirma que es sagrado oficio el confiado a los jueces y a los que trabajan en los tribunales eclesiásticos.

Rosa Corazón Corazón
Abogada matrimonialista civil, especialidad Derecho de Familia, matrimonial y Herencias.
Abogada del Tribunal de la Rota, especialidad Nulidades Matrimoniales.
Profesora de Mediación en la Universidad San Pablo-Ceu.
Autora de los libros: “Nulidades Matrimoniales”, editorial Desclée de Brouwer y “Cásate y verás”, editorial Marova.

Rosa Corazón
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No pierdas el amor primero.

No pierdas el amor primero

"Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar a los malos. También sé que has puesto a prueba a quienes
dicen ser apóstoles y no lo son, y has descubierto que son unos mentirosos. Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa. Pero tengo una cosa contra
ti: que ya no tienes el mismo amor que al principio."
(Apocalipsis 2,2-4)

Empezamos las cosas con fuerza, pero al poco tiempo nos desganamos. Fíjate cuántas personas comienzan unos estudios, un trabajo, un proyecto en su vida,
con mucha ilusión y mucha dedicación, pero al poco tiempo se desinflan.

Lo mismo ocurre con algunos matrimonios, o religiosos, o sacerdotes, que por la propia dureza de la vida terminan rechazando aquello por lo que un día
sintieron su corazón vibrar... ¿Por qué aparece el desánimo? Porque perdemos el "amor primero", o sea, la ilusión, la dedicación, la entrega, en una palabra:
la vida orientada hacia algo que nos da sentido.

No es suficiente ser un buen profesional o un buen esposo o esposa, ni una buena o buen religioso o sacerdote. Lo más importante es mantener el amor primero.
La presencia del amor primero nos dará todo lo bueno que podamos hacer.

Cuando veo a un matrimonio que ha perdido el amor primero siempre les digo que recuerden sus años de noviazgo... Cuando un religioso o sacerdote cree que
ha gastado inútilmente la vida, les digo que recuerden sus años de seminario donde la ilusión por la entrega era sólo equiparable al amor a Dios. Tenemos
que mantener siempre fresco el amor primero.

La tarea de la semana:

1. ¿Cuáles fueron tus ilusiones y proyectos de joven? ¿Los conseguiste?
2. ¿Cómo vives ahora las situaciones de tu vida? ¿Eres feliz?
3. Procura reavivar por lo menos en una de esas situaciones "el amor primero?

© 2003 Mario Santana Bueno.
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En busca de la felicidad.

EN BUSCA DE LA FELICIDAD

En esta película del año 2007, el simpático pequeñajo de 5 años, Christopher, que se ve que tenía un gran tino para encestar y soñaba con llegar a ser
jugador profesional del baloncesto, le contó a su padre, Chris, una historia: era un náufrago en el océano, se acercó a él un barco y le preguntaron: ¿quiere
algo?, ¿necesita ayuda?; pero él contestó: no, le he pedido ayuda a Dios y Él me salvará. Al cabo de un rato, pasó cerca de él otro barco y también se
ofrecieron para ayudarle; pero él volvió a contestar que no necesitaba nada, que le había pedido ayuda a Dios y que Dios le salvaría. Después, el náufrago
se ahogó y, al llegar al Cielo, le preguntó a Dios: Dios, ¿por qué no me has ayudado, si te lo he pedido? Y Dios le respondió: pero tonto, si yo fui el
que te mandé a los dos barcos para que te salvaras.

Era sábado por la noche y vimos en casa el DVD “En busca de la felicidad”. La elegimos porque la crítica dijo que era película entretenida, emotiva y grata
de ver. Después fue surgiendo un forum espontáneo. Y, a pesar de la homogeneidad del grupo, era sorprendente ver qué distintas opiniones había sobre lo
mismo, tanto la película como secuencias concretas. Por ejemplo, una señora comentó: me parece sorprendente que, en medio de tanta mala pata del pobre
Chris Gardner, el protagonista, no haya ni una referencia a Dios. Y recibió de inmediato como respuesta: pero, ¿cómo puedes decir eso?, ¿no te acuerdas
de la historia del barco que el niño le contó a su padre? Ese es el mensaje principal de la película: Dios actúa a través del esfuerzo del hombre.

Pensé que, desgraciadamente y con tanto ajetreo, nos puede ocurrir esto, que en la vida ni nos enteremos del mensaje principal; y es que Dios aparece veladamente
y nos pueda faltar tino para verle y encontrarle en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en nuestro trabajo y en la brega, a veces difícil y a veces
tan complicada, de cada vida.

ROSA CORAZÓN
Abogada Matrimonialista y del Tribunal de la Rota y
Profesora de la Universidad San Pablo-Ceu
(
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Pareja: ¿qué puedo esperar de ti?

Pareja: ¿QUÉ PUEDO ESPERAR DE TI?

Nos casamos buscando la felicidad y de hecho podemos encontrar muchas alegrías en el matrimonio. Pero también nos casamos llenos de ilusiones, sobre nuestra
pareja, sobre nosotros mismos y sobre lo que realmente pasa cuando dos seres humanos deciden unirlo todo.
Dios nos ha creado -nadie más lo hará- y nosotros con su ayuda vamos perfeccionándonos, pero siempre vivimos con cierto grado de insatisfacción. El matrimonio
necesita una extensión espiritual en la que respirar.
La otra persona nos podrá ayudar o incluso nos podrá hundir todavía más.

¿Qué puedo esperar razonablemente de mi pareja?

1.- No puedo esperar que mi pareja supla todas nuestras necesidades, incluyendo algunas importantes.
Las personas somos diferentes y tenemos necesidades diferentes. No puedo exigirle al otro que tenga mis mismos puntos de vista u opiniones.
Tengo que tener amigos y amigas con los cuales puedo compartir aspectos que quizá con mi esposo/a no llego a realizarlo.
Tenemos que ver como algo normal que suceda que nuestra pareja no comparte nuestros intereses e inquietudes. Ambos necesitamos vivir en mundos más amplios
de los que podemos constituir entre los dos.

2.- Es razonable esperar que nuestra pareja cometa errores, fracase y peque y que estas cosas no nos resultarán agradables.
No solamente es distinto a ti sino que también se equivoca y peca como lo haces tú.
El amor humano siempre es un amor hacia un pecador y necesita fidelidad, paciencia, sufrimiento.
Tenemos que reconocer que nuestra pareja es imperfecta, pero nosotros también lo somos.

3.- Es razonable que nuestra pareja no sea nuestro mejor amigo.
Puede ser que nuestra pareja no sea la persona más cercana o con la que compartamos nuestras inquietudes más profundas.
Las amistades entre hombres suelen basarse en la realización de actividades conjuntas, mientras que en el caso de las mujeres, normalmente se fundamentan
en el intercambio de intimidades. Las mujeres y los hombres experimentan y expresan de forma diferente sus necesidades de intimidad.
Es bueno tener amigos y amigas fuera del matrimonio siempre y cuando esa amistad no deje en segundo plano nuestro matrimonio. Si la amistad con una persona
determinada es mucho más importante que nuestro cónyuge algo está fallando por algún lado.
Lógicamente no tenemos que llegar con nuestros amigos o amigas a la intimidad sexual ya que esto supondría muchísima mayor tensión en nuestro matrimonio.

4.- Es razonable esperar que nuestro matrimonio pasará por ciertos períodos de crisis.
Una crisis son los malos tragos, los malos momentos que pueden hacer peligrar la relación. Esos malos momentos son muchas veces procesos de adaptación
a las nuevas cosas que viven juntos. Tenemos que ser conscientes que pasaremos por momentos críticos y que también esto es normal en el matrimonio.
No tenemos que esperar demasiado del otro sino ser consciente que el otro está creciendo.
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Pareja: aprender a amar al otro sexo.

Pareja: aprender a amar al otro sexo

CONSEJOS SABIOS PARA APRENDER A AMAR AL OTRO SEXO

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. La queja más frecuente de los hombres respecto a
las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos.
Con frecuencia se escucha en matrimonios con problemas, una expresión muy significativa: "somos muy diferentes". Y no se cae en la cuenta que el problema
no está en ser diferentes, sino en comprender esas diferencias. Lo primero no se puede evitar. Lo segundo es una conquista. Una buena comprensión del sexo
opuesto ha salvado muchos matrimonios.

Diferentes en los valores

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. El hombre generalmente o no le hace caso o escucha
sólo unas palabras y a continuación da una solución. Además el hombre termina confundido, porque a ella parece ser que eso no le basta. Y en general sucede
que la mujer desea solidaridad y comprensión y el hombre piensa que ella necesita soluciones.

La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos. Cuando una mujer quiere a un hombre,
se siente responsable de contribuir a su crecimiento e intenta ayudarle a mejorar su modo de hacer las cosas. Por mucho que se resista a su ayuda, ella
persiste y busca cualquier momento para decirle lo que tiene que hacer. Ella cree que le está ayudando y él que le está controlando. Lo que él desea de
la mujer es aceptación.

¿Por qué pasa esto?

1. El hombre.

Los hombres dan valor al poder, a la competitividad, a la eficiencia, al logro. Siempre están haciendo cosas para demostrar su valía, para desarrollar
su poder y sus capacidades. Eso define su sentimiento del yo. Se realizan a través del éxito y del logro. De ahí incluso sus gustos: el deporte, la caza,
la acción... Les tiene generalmente sin cuidado las novelas románticas y los libros de formación personal. Se interesan más por los objetivos y las cosas
que por la gente y los sentimientos. A los hombres les preocupa las cosas que pueden ayudarles a manifestar poder mediante los resultados y la consecución
de sus objetivos. Y todavía mejor si lo hacen solos. La autonomía es un símbolo de eficiencia, poder y competencia.

Comprender esta característica puede ayudar a las mujeres a entender por qué los hombres muestran tanta resistencia a que se les corrija o se les diga
lo que tienen que hacer. Ofrecer a un hombre un consejo que no ha pedido, equivale a suponer que no sabe lo que debe hacer o que no es capaz de hacerlo
solo. Los hombres son muy sensibles a esta cuestión. También a esta luz debe entender la mujer por qué el hombre habla poco de sus problemas y se los guarda para
sí. Pedir ayuda sería una señal de debilidad. Sin embargo, cuando necesita ayuda, pedirla es una señal de sabiduría. Y en ese caso buscaría a alguien que
le merezca consideración.

Finalmente, todo lo anterior es una de las razones por las que los hombres ofrecen de manera instintiva soluciones cuando las mujeres les hablan de sus
problemas. El hombre en estas situaciones se pone el título de “arreglalotodo” e intenta dar consejos para demostrar su cariño. Quiere ser útil; cree que
con sus consejos va a ser más valorado. No se da cuenta de que puede ayudar a una mujer con solo escucharla.

2. La mujer

Las mujeres no tienen los mismos valores. Dan importancia al amor, a la comunicación, a la belleza, a las relaciones. Dedican más tiempo a apoyarse, a
ayudarse, a cultivarse. Sus sentimientos y la calidad de sus relaciones definen su sentido del yo. En esto encuentran su realización. Y, en consecuencia,
todo en ellas refleja estos valores. Más que construir autopistas, les interesa convivir en armonía, en comunidad y en amorosa cooperación. Es un modo
opuesto al del hombre.

Les encanta una ropa diferente cada día, según se sientan. Es para ellas muy importante la relación personal, especialmente en relación con sus sentimientos.
Pueden incluso cambiarse de ropa varias veces al día según sean sus estados de ánimo.

Importancia primordial tiene para la mujer la comunicación. Manifestar los propios sentimientos es mucho más importante que alcanzar metas o éxitos. Hablar
y relacionarse entre ellas es fuente de enorme satisfacción. Al hombre le resulta difícil entender esto. Las mujeres están orientadas hacia las relaciones
y no los objetivos. Les importa más expresar su bondad, su amor y su afecto. Así por ejemplo dos hombres se encuentran para almorzar porque ven en el hecho
de ir al restaurante una forma práctica de conseguir alimentación y tratar un asunto. Para dos mujeres es una forma de cultivar una relación, en donde
se van a dar apoyo mutuo. Tienden las mujeres incluso a ser muy francas e íntimas.

La mujer además es muy intuitiva, en el sentido de una capacidad de prever las necesidades ajenas. Entre mujeres ofrecer ayuda no es ni una ofensa ni necesitar
ayuda una señal de debilidad. Lo mismo en el hombre sí puede serlo. Para ella el que alguien le ofrezca ayuda es un galardón: hace que se sienta amada
y halagada.

3. Soluciones para estas situaciones

a. Para la mujer: deja de dar consejos. Un ejemplo: se hace un viaje y después de perderse, se dan cuenta que llevan dando vueltas al mismo sitio. Ella
sugiere pedir ayuda. Él se enfada. ¿Qué ha pasado? El mensaje real ha sido el siguiente: ella dice: yo te quiero, me preocupo por ti y te ofrezco mi ayuda.
Él entiende: no confío en que llegues a donde vamos; eres un incompetente. ¿Qué hacer? Tratar de manifestar que se comprende lo que él está haciendo por
ella, aunque sea con el silencio. Cuando una mujer ofrece un consejo que no se le ha pedido e intenta ayudar a un hombre, no se da cuenta de lo crítico
o poco afectuoso que puede parecerle a él su gesto. Más aún, es muy posible que el hombre se sienta más susceptible con las cosas pequeñas que con las
grandes.

b. Para el hombre: aprende a escuchar. Los hombres deben recordar que las mujeres hablan de sus problemas para intimar y no precisamente para conseguir
soluciones. A menudo la mujer sólo quiere manifestar sus sentimientos acerca de cómo le ha ido un día y el esposo creyendo ayudar la interrumpe y le ofrece
una retahíla de soluciones. Y no entiende en consecuencia por qué esto le sienta mal a ella. Un ejemplo: no me queda libre ni un minuto (dice ella). Deberías
dejar ese trabajo (dice él). El trabajo me gusta, lo que pasa es que... (dice ella). Tú haz sólo lo que puedas (dice él). Ya lo hago. Es increíble, pero
hoy no he llamado por teléfono a mi mamá (dice ella). No te preocupes. Lo entenderá (dice él). Pero no te das cuenta que está muy sola (dice ella). Te
preocupas demasiado, y por eso vives infeliz (dice él). Entonces se enfada y grita: es que no me escuchas. Un modo de relacionarse con la mujer es escucharla
con solidaridad y comprensión.

Síntesis: los dos errores que más se cometen:

Cuando la mujer está disgustada, el hombre trata de cambiar sus sentimientos convirtiéndose en el señor “todo arreglado” y ofreciendo para sus problemas
soluciones que descalifican sus sentimientos.

Cuando un hombre comete errores, la mujer intenta cambiar su conducta convirtiéndose en el comité para la mejora del hogar y ofreciendo consejos no solicitados.

4. En defensa de ambos

Al afirmar lo anterior no se dice que no haya cosas buenas en ambos en su forma de intervenir. El error realmente no es de fondo, sino de forma. La mujer
aprecia la presencia del “arreglalotodo”, siempre que no aparezca cuando esté disgustada. El hombre aprecia la presencia del “comité para el arreglo del
hogar siempre y cuando él lo haya pedido”. La comprensión de estas diferencias hace que sea fácil respetar la sensibilidad del otro y prestarle apoyo.

Cuando una mujer se resiste a las soluciones que le ofrece el hombre, éste siente que se está poniendo en cuestión su competencia. Por ello su disposición
a escuchar también sufrirá menoscabo. Breves ejemplos de cómo el hombre puede por error invalidar sentimientos o bien ofrecer soluciones no deseadas: “No
deberías preocuparte tanto”. “Pero eso no es lo que yo te he dicho”, “Muy bien, lo siento. ¿Por qué no lo olvidamos?”, “pero sí hablamos de ello”, “no
deberías tomártelo así”, “muy bien, yo limpio el...”, “si vas a quejarte luego, no lo hagas”, “de ahora en adelante yo me encargo”, “te importaría ir al
grano”.

Cuando el hombre se resiste a las sugerencias de la mujer, ella cree que él es un orgulloso y que no la apoya. Algunos ejemplos de cómo la mujer puede
molestar al hombre dando consejos o críticas aparentemente inofensivas: “¿Cómo se te ocurre comprar eso?”, “los platos están todavía mojados”, “llevas
el pelo muy largo”, “hay sitio para aparcar ahí, no lo has visto?”, “no lo pongas ahí, se va a perder”, “deberías llamar al fontanero, porque...”, “deberías
pasar más tiempo con los niños”, “¿Cómo puedes pensar en ese despacho tan desordenado”, “Conduces demasiado deprisa”, “deberías haber llamado, pues no
sé dónde estabas”, “las patatas fritas tienen mucho aceite, no son buenas para tu corazón”, “esa camisa no va bien con esos pantalones”...

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Para mejorar nuestro amor.

PARA MEJORAR NUESTRO AMOR

En muchos matrimonios el amor va evolucionando hacia otras cosas que no son amor. En muchas ocasiones apenas queda nada de aquel amor primero que les llevó
a casarse.
¿Cuál es el secreto de que el primer amor perdure en el tiempo?
¿Qué hacer para que el amor vaya evolucionando con los propios miembros de la pareja?

Aquí van algunas ideas que pueden ayudar a que la madurez del amor, vaya al mismo ritmo que la madurez de las personas que componen el matrimonio.

1.- Ver a la otra persona como un regalo que Dios te ha hecho. A pesar de sus torpezas, de su inmadurez, de sus fragilidades, puede mejorar si yo sé ayudarle
a ello. Hay pocas cosas en la vida como a la persona que tienes a tu lado decirle: "Eres lo mejor o una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida."

2.- Tengo que valorar las muchas cosas buenas que hay en el otro. Tiene sus defectos pero no puedo estar todo el día echándoselo a la cara. Me fijo en
lo bueno que tiene y lo malo intento combatirlo con amor no con odio o revancha.

3.- Tomar conciencia de que el otro tiene que cambiar sus actitudes, su forma de ser, lo que hace, etc. pero yo también tengo que cambiar. Si yo cambio
el otro se animará también a hacerlo.

4.-Tengo que valorar los esfuerzos que el otro está haciendo por mejorar nuestra vida y nuestra relación.

5.- Tengo que ser lento a la hora de enfadarme y rápido a la hora de mostrar mi cariño hacia la otra persona.

6.- Recuerda que las mejores relaciones son aquellas que sacan lo mejor que hay en ti y que las peores relaciones son aquellas que sacan lo peor que hay
en ti... Tu relación con el otro ¿Qué tipo de relación es?

7.- Aprende a querer al otro desde lo que realmente es el otro. No pretendas quererle por lo que debería de ser.

8.- Expresa tus sentimientos, tu rabia o tu dolor en el momento oportuno. El callarse a tiempo y el buscar el momento adecuado es más importante muchas
veces que lo que vayamos a decir.

9.- Busca siempre el diálogo. El diálogo y la comunicación en general es una de las bases del amor. El amor es comunicación.

10.- Sé positivo ante los problemas y dificultades que surjan. Intenta ver las cosas con realismo no con negatividad. Todo en la vida tiene solución, el
problema está que muchas personas no son capaces de encontrar una solución...

11.- No metan a los hijos en los problemas del matrimonio. No busque partidarios en tus hijos. Los problemas del matrimonio los tiene que resolver el matrimonio
sin poner en peligro el resto de la vida familiar.
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Tu pasado y nuestra pareja.

Pareja: tu pasado y nuestra pareja

Como encajar el pasado personal en la vida de pareja.

Cuando una pareja se casa no cambian las cosas automáticamente. Cada uno de los miembros de la pareja trae su propio pasado y su propia historia, sus propios
traumas y conflictos. Los problemas vividos en la familia de origen surgen una y otra vez en la persona creando más de un conflicto. ¿Cómo influye el pasado
individual en la pareja? ¿Qué podemos hacer para que el pasado del otro no cree tensiones en nuestra actual relación?

Tengamos en cuenta varios elementos:

1.-Nuestras experiencias familiares pasadas influyen en la forma de relacionarnos en la pareja.
2.- Muchas veces respondemos a lo que vivimos en el pasado con las actuaciones de hoy. Es como una respuesta a algo que en su día no pudimos hacer y ahora
sí.
3.- Estas situaciones se dan en todos los matrimonios. Lógicamente dependiendo de la madurez de los miembros se dará con mayor o menor dolor.
4.- Nuestras formas de relacionarnos se basan en lo que aprendimos en nuestras familias de origen.
5.- Un especialista en terapia familiar ha llegado a decir que en toda cama matrimonial existen seis personas: la pareja y sus dos parejas de padres. Cuando
una pareja se casa no es consciente de gran parte de todo esto, sino que se va descubriendo a medida que evoluciona la relación matrimonial. Normalmente
es nuestra pareja la que nos recuerda que somos como nuestros padres y madres.

¿Qué hacer para ir asumiendo nuestro pasado individual en nuestra pareja?

1.- Reconocer que muchas dificultades proceden de las reglas y normas de nuestras familias de procedencia. Muchas veces tenemos una tendencia inconsciente
de volver a lo que vimos en nuestras familias en la infancia. Es necesario que nos demos cuenta de qué aspectos son los que vienen de nuestra infancia
y tratar de cambiarlos.

2.- No debemos de etiquetar las dificultades que proceden de las familias como correctas o erróneas. No debemos de aprovechar los conflictos para menospreciar
a nuestra pareja y a su familia. Por el contrario hay que tomarlo como una señal de que necesitamos aprender a negociar nuestras diferencias.

3.- Tenemos que intentar lograr la conversión cristiana interior hacia el otro. Para poder hacerlo cada uno tendrá que aprender a expresar con claridad
sus propios pensamientos y necesidades.

4.- Muchas veces esperamos que el otro dé respuesta a nuestras necesidades que tienen su origen en la infancia. No nos relacionamos con el otro como si
fuese nuestro marido o esposa sino como si fuera nuestro padre o madre. Tenemos que aprender a ver al otro como lo que es, no como nos gustaría que fuese.

5.- No debemos de descuidar los asuntos irresueltos con nuestras propias familias. Una buena forma de encarar los temas es expresarlos y ver por qué surgieron.
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25 Cosas sensibles que el hombre haría.

25 cosas sensibles que el hombre haría

1. Sabe como hacerte sonreír cuando estás triste.
2. Trata de oler tu pelo secretamente , pero tu SIEMPRE te das cuenta.
3. Te defiende cuando lo necesitas , pero aun así respeta tu Independencia.
4. Te da el control remoto durante el Juego.
5. Va por detrás de ti y pone sus brazos a tu alrededor.
6. Juega con tu pelo.
7. Sus Manos Siempre encuentran las Tuyas.
8. Te ofrece muchos masajes.
9. Baila contigo aunque se sienta como un tonto.
10. NUNCA HUYE DEL AMOR.
11. Es gracioso pero sabe cuando ser serio.
12. Se da cuenta que está siendo gracioso cuando necesita ser serio.
13. Es paciente cuando te tomas más tiempo del necesario.
14. Ríe con gusto.
15. Planea una cita romántica llena de sorpresas que él normalmente no haría porque él sabe que significan mucho para ti.
16. Te Aprecia.
17. Ayuda a los demás.
18. Maneja 5 horas solo para verte un minuto.
19. Siempre te da un beso en la mejilla cuando lo siente aunque sus amigos lo estén viendo.
20. Canta aunque no pueda.
21. Tiene un sentido de humor creativo.
22. Se queda mirándote.
23. Te Llama sin ninguna razón.
24. Deja de Fumar, de beber las drogas porque le importas y te ama tanto que es capaz de dejarlo todo.
25. Sabe dar lugar a las cosas espirituales en su vida.

Sensibilidad es clave en la vida. Sensibilidad con quienes vivimos es determinante. Dejemos que la sensibilidad espiritual nos controle.

Cuando perdemos la sensibilidad le abrimos puertas a la crueldad y a la perversidad.

Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Efesios 4, 19.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra. Efesios 5,  25-26.
(Desconozco el autor).

Un misterio llamado matrimonio.

Autor: Guillermo Urbizu
Un misterio llamado matrimonio
Ante las dificultades objetivas nuestra actitud de entrega, de pureza y de generosidad serán el ejemplo y el impulso cristiano que necesita el mundo
 
El matrimonio necesita de nuestro constante compromiso. Es decir, del amor. Amor diario, esforzado, alegre. Ante las dificultades objetivas nuestra actitud de entrega, de pureza y de generosidad serán el ejemplo y el impulso cristiano que necesita el mundo.

Un hombre y una mujer se enamoran, encuentran su unidad, su destino en común. Insisto: un hombre y una mujer. Así ha sido desde el principio de los tiempos, desde que el hombre es hombre y no esta especie de casuística amorfa, de dirección única, en el que algunos lo quieren convertir. El enamoramiento comienza en la mirada, y transforma todo nuestro existir en un acto infinito. Ya nada es lo mismo. El corazón late desbocado. Queremos al otro en cada detalle de su voluntad, en cada gesto, por nimio que sea. Para siempre. No podemos pasar sin él, sin ella. Nos basta con su presencia, con su perfil, con la gracia de su figura, con la elegancia de su nombre. Desde luego que ya nada es lo mismo. Hemos nacido de nuevo. A un amor limpio, que nos impulsa a ser mejores, a entregar nuestra vida. Es un “camino de perfección” que nos devuelve a la alegría, quizá perdida hace tiempo en el laberinto del yo y sus pasiones alucinógenas. Y poco a poco nos vamos desnudando de nuestro capricho y acariciamos la entraña de la felicidad.

El matrimonio es un conocimiento y un convencimiento, una clara vocación por la espeleología del alma, un sacramento que brota del perfume de los cuerpos. Es una ternura inviolable por la que no pasan los años, ni la unción de las arrugas. Es un noviazgo constante, un compromiso que va mucho más allá de la rutina y del cansancio. Nada que ver con la burocracia, el padrón o las fotocopias del libro de familia. Es un ofrecimiento responsable, un milagro que engendra vida. A pesar de los disgustos y de las lágrimas. Hombre y mujer se entregan al sentido del sacrificio, sin exhibicionismos sospechosos, sin amaneramientos extraños. Y sin vacilaciones. Juntos, sin miedo al camino. La condición masculina se complementa con la femenina (y viceversa), en un misterio solemne e inmemorial. Se funden los labios, se consuman las palabras, en un abrazo tan prodigioso como necesario.

Nuestras sociedades necesitan hoy más que nunca del matrimonio -raíz de la familia- si quieren seguir subsistiendo como tales. Si quieren conservar un ápice de cordura, de esperanza para el futuro. Precisamente ahora es cuando virtudes como la fidelidad, el pudor o la sinceridad son más necesarias, adquieren un sentido más poderoso. A pesar del desuso, de las costumbres viciadas, de la tiranía que ejerce a nuestro alrededor la anomalía. El amor cabal de un hombre y de una mujer se basa en la abnegación, y es la fuente desde donde mana la más urgente solidaridad que necesita el mundo. Esto, y no otra cosa, es el matrimonio.

Proteger al amor matrimonial.

Proteger al amor matrimonial
El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberación" de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al revés: se entrega, y no anhela nada más que atarse para siempre a quien quiere ¡y no dejarle nunca más
Autor: Jutta Burggraf | Fuente: Sontushijos.org


El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberación" de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al revés: se entrega, y no anhela nada más que atarse para siempre a quien quiere ¡y no dejarle nunca más!

Alianza objetiva

Estos son los grandes deseos, los grandes impulsos naturales del amor. Sin embargo, todos conocemos las flaquezas de nuestra naturaleza: hoy, sentimos gran pasión por una persona; mañana, quizá, por otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad; no bastan las promesas secretas o clandestinas. Hace falta llegar a una alianza objetiva: comprometerse también cara a la sociedad, lo que se traduce en este caso en contraer un matrimonio.

Esta alianza es una protección del amor. Es como decir a otra persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No sé todo lo que pasará a lo largo de la vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas, y para probártelo, te doy una promesa oficial."

Conocemos los grandes navegantes de la mitología griega. Estos prometían a sus amigas y amantes volver a casa, después de algún tiempo de aventuras y trabajos, pero nunca volvían. En el mar, escuchaban los cantos de las sirenas, quedaban fascinados y cambiaban de rumbo para estar con ellas. Las mujeres no los veían nunca más...

Pero hubo uno -Ulises- que previó el peligro. Quiso que sus compañeros le ataran al mástil de la nave. Cuando pasaron por la isla de las sirenas, también él escuchó su canto maravilloso, también él se quedó fascinado, pero no podía seguir las voces y los cantos de las sirenas, ya que estaba atado. Así, las sirenas no pudieron seducirle. Fue el único que volvió a casa.

Toda persona -incluso el más acérrimo crítico del matrimonio- anhela, si es sincero consigo mismo, tener alguien en quien poder abandonarse completamente, alguien que siempre esté con él, pase lo que pase, que confíe en él también cuando todo está en contra suya; también cuando sufre fracasos y enfermedades, cuando se hace mayor y más débil.

Nuevos retos

Cada uno desea, en el fondo de su corazón, tener una persona segura, de confianza, a su lado. ¿Porqué, entonces, experimentamos hoy, que tantos hombres y mujeres rechazan de lleno el matrimonio? Muchos de ellos, quizá, no rechacen el matrimonio "en sí", sino un tipo de matrimonio lleno de mentira y de traición tras una imagen respetable. Rechazan a los matrimonios que se cierran, ponen barreras, no tienen amigos, viven una vida cómoda y aburguesada. Hay quienes buscan nuevos caminos, más interioridad y autenticidad, y -por desgracia-terminan frecuentemente en la confusión.

La crítica es dura, pero nos puede servir para plantear de nuevo la vida matrimonial. Es decir, el matrimonio no es anacrónico, pero tampoco debemos vivirlo de un modo que llaman "burgués", con estrechez de miras y falsedad, mirando más el aspecto externo que el amor verdadero entre las personas que lo componen.

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo consiste en demostrar que el matrimonio es atractivo, también para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. Y que, realmente, es el amor el que reina entre los esposos. Conviene demostrar, en definitiva, que la fidelidad matrimonial es posible y que lleva a una felicidad mucho mayor que el amor "espontáneo": éste puede ser muy apasionante, pero queda inmaduro, si huye de la entrega definitiva. Hoy en día, hacen falta parejas que sean un ejemplo de que el matrimonio, como vida en común indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de toda la familia, y para ellos mismos, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad.

El matrimonio no es anacrónico en absoluto. Pero es un reto -hoy más que nunca- mantenerse unidos uno al otro, también en tiempos de crisis o de poca comprensión. Todo matrimonio pasa por crisis, igual que toda persona, cuando crece, experimenta sus crisis de desarrollo. Es muy normal, que haya momentos duros en la vida. Uno nota monotonía, desazón, quizá la falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos de lo que se deseaba. A veces, con los años aparece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que se le podía haber dado... Pero, toda crisis trae consigo un cambio, y puede ser un cambio hacia una madurez mayor, hacia una confianza más plena.

El día de la boda no es la última estación, sino al contrario, es el comienzo de la verdadera aventura de la vida del amor. Si se tiene la conciencia clara de que el matrimonio dura hasta la muerte, entonces se esfuerza uno mucho más para hacer de él una empresa atractiva.

Consejos concretos

¿Cómo se puede llegar a superar las dificultades? ¿Cómo se puede conseguir que el matrimonio sea feliz? No hay recetas fijas. Pero podemos reflexionar sobre lo que puede facilitar la vida cotidiana.

1. Amor decidido. Si, al contraer matrimonio, los cónyuges son conscientes de que toman una decisión de por vida y tienen la firme voluntad de permanecer unidos hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces pueden desarrollarse libremente, en un clima de seguridad y de confianza.

Conviene perder el miedo a las crisis. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas viven en estrecho contacto. Lo decisivo es la actitud que se adopta ante aquellas situaciones difíciles: aprovechar la oportunidad de estrechar los lazos de unión, superando juntos las dificultades, buscar el camino de la reconciliación. A menudo, esta disposición a perdonar es la única esperanza en el camino hacia un nuevo comienzo. Con los años un cónyuge va amando al otro más y más porque quiere amarle, porque se ha decidido por el otro de por vida, y está dispuesto a soportar desilusiones.

2. Respeto mutuo. Hoy en día, casi nadie duda de que el hombre y la mujer se encuentran en el matrimonio uno junto al otro con la misma dignidad, para enfrentarse unidos a la vida: que son, en definitiva, de la misma altura; que tienen los mismos derechos y deberes. Hay, a veces, mucha independencia social y económica entre los cónyuges y, a la vez, una gran dependencia afectiva, que los une de un modo casi enfermizo. Pero sólo aquel que es interiormente libre y autónomo puede entregarse a los demás. Por tanto, hay que reconocer también la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio. La vida en común no debe convertirse en una atadura o cárcel que restringe la libertad del otro. Un cónyuge no puede quitar al otro el aire para respirar, la posibilidad de desarrollarse y llevar adelante iniciativas propias, pensamientos o planes personales: para llegar a una profunda unidad, es necesario seguir siendo dos personas individuales.

No se ama al otro, mientras no se le ama en sí mismo. El "tú" no es la prolon­gación del "yo". El "tú" es el misterio del otro que pide ser afirmado en sí mismo. No existe verdadero amor entre un hombre y una mujer, si no se experimenta -incluso en este amor, que hace de ambos una sola carne- un cierto desapego.

3. Apertura a la vida. Un matrimonio en el que el marido y la mujer viven pendientes sólo el uno del otro, y en sus vidas no hay lugar para nadie más, acabará por cansarse y amargarse. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes, está abierto a otras personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo.

Pero, si la unión sexual se entendiera exclusivamente como la procreación de descendientes, se denigraría al cónyuge al tratarlo como un simple medio; en última instancia se abusaría de él. Esto ha sido reconocido generalmente en nuestro tiempo de manera muy clara. Más, de la misma manera se humilla al cónyuge si se hace de él un mero objeto de placer. En cambio, si están integrados en el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar conseguida la relación.

La fecundidad hace del matrimonio una familia. Por supuesto, los hijos traen consigo desorden e incomodidades para la vida de la pareja, hasta entonces tran­quila, ordenada y controlable. Pero en vez de considerar la maternidad como una esclavitud, hace falta convencerse de nuevo, de que existe una felicidad más profunda que la de la satisfacción por el dinero y el éxito; que no sólo los padres ayudan a los hijos, sino que también los hijos ayudan a sus padres a madurar espiritualmente (precisamente a través de las preocupaciones que aquellos originan). Los adultos pueden aprender mucho de sus hijos.

4. Sentido del humor. La mejor educación es la convivencia familiar alegre y armónica. "Cuando hayas estado un día entero sin reír, habrás perdido totalmente ese día". Este lema es muy importante precisamente para la vida cotidiana de la familia. Las personas carentes de humor e incapaces de reír llevan una vida poco atractiva. Los matrimonios y las fa­milias, que han dejado de reír, están perdidas.

En cambio, el que tiene sentido del humor, puede olvidarse de sí mismo, y de este modo está libre para los demás. Todos tendemos a veces a plantearnos problemas existenciales por cosas insignificantes, y esto afecta a las relaciones entre los hombres. Debemos esforzarnos por no contemplar las múltiples cosas pequeñas de la vida cotidiana desde su aspecto negativo. Cada cosa, como es sabido, tiene dos caras, y vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos reírnos a gusto, o al menos sonreír.

Una persona que se siente querida por su familia, también es capaz de amar; recibe fuerza y apoyo para la lucha diaria. Sólo el que se siente feliz, puede regalar paz, alegría y optimismo a otros; sólo quien se siente protegido, puede ofrecer apoyo y fortaleza. Únicamente quien tiene iniciativa, puede transmitirla y atreverse a cambiar el mundo. En una familia sana, los miembros serán capaces de desprenderse unos de otros y lanzarse activamente al mundo con generosidad. Están abiertos a los problemas de los demás, saben lo que es la amistad, y están dispuestos a gastarse en servicio al prójimo, desinteresadamente y sin miedo a interrumpir con ello la tranquilidad de la tarde.

Comentarios al autor:
jburggraf@unav.es

Las crisis matrimoniales se pueden superar.

Autor: . | Fuente: Vatican Information Service
Las Crisis Matrimoniales se pueden superar
El Santo Padre recibió a 300 participantes en el encuentro internacional del movimiento “Retrouvaille”, cuyo objetivo es ayudar a los matrimonios en crisis
 
El Santo Padre recibió en Castelgandolfo a 300 participantes en el encuentro internacional del movimiento “Retrouvaille”, cuyo objetivo es ayudar a los matrimonios en crisis.

El Papa afirmó que esta iniciativa nació en 1977 en Canadá, gracias “a la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland de ayudar a las parejas en crisis a afrontarla por medio de un programa específico, cuyo fin es reconstruir sus relaciones, no como una alternativa a las terapias psicológicas, sino como un camino distinto y complementario”.

“Vosotros -dijo Benedicto XVI- no sois unos profesionales; sois esposos que a menudo han vivido en primera persona las mismas dificultades, las han superado con la gracia de Dios y el apoyo de “Retrouvaille” y han advertido el deseo y la alegría de poner, a su vez, la propia experiencia al servicio de los demás. Entre vosotros hay varios sacerdotes que acompañan a los esposos en su camino”.

El Papa subrayó que las graves crisis conyugales “son una realidad que tiene dos caras. Por una parte se presenta, especialmente en su fase aguda y más dolorosa, como un fracaso; (....) esta es la cara negativa”. Sin embargo, continuó, “existe otra cara, que con frecuencia desconocemos, pero que Dios ve. Cada crisis -nos lo enseña la naturaleza- es un paso a una nueva fase de vida. (...) En el momento de la ruptura, ofrecéis a la pareja una referencia positiva en la que confiar frente a la desesperación”. De este modo, “vuestros encuentros ofrecen una ayuda para no perderse del todo y superar poco a poco esta situación”.

Recordando el episodio de las bodas de Caná, el Santo Padre señaló que el “buen vino” que se conserva hasta el final “es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial que Jesús vino a realizar con la humanidad”. En este contexto, afirmó que cuando los esposos “atraviesan momentos difíciles o -como demuestra vuestra experiencia- incluso se han separado, si confían en María y se dirigen a Aquel que ha hecho de los dos “una sola carne”, pueden tener la certeza de que aquella crisis, con la ayuda del Señor, les ayudará a crecer, y que el amor se purificará, madurará y se reforzará”.

“Realizáis un servicio “contra-corriente”. Cada vez que una pareja entra en crisis encuentra tantas personas dispuestas a aconsejar la separación. También a los cónyuges que se han casado en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio, olvidando que el ser humano no puede separar lo que Dios ha unido”.

El Papa terminó haciendo hincapié en que para realizar esta misión debían “alimentar continuamente la vida espiritual, poner amor -dijo- en lo que hacéis, para que al estar en contacto con realidades difíciles, no se agote vuestra esperanza ni se reduzca a una fórmula”.

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Discurso completo

Discurso que dirigió Benedicto XVI el viernes al recibir a los participantes en el encuentro internacional del movimiento Retrouvaille.
Ciudad del Vaticano, 26 de septiembre de 2008.

Venerados hermanos y hermanas en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

Os doy la bienvenida con alegría, con motivo del encuentro mundial del movimiento Retrouvaille. Os saludo a todos vosotros, esposos y presbíteros, junto a los responsables internacionales de esta asociación que desde hace más de treinta años trabaja con gran entrega al servicio de las parejas en dificultad. Saludo en particular al cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, y le doy las gracias por sus corteses palabras, así como por haberme ilustrado las finalidades de este movimiento.

Me ha impresionado, queridos amigos, vuestra experiencia que os pone en contacto con familias marcadas por la crisis del matrimonio. Reflexionando en vuestra actividad, una vez más he podido ver el "dedo" de Dios, es decir, la acción del Espíritu Santo, que suscita en la Iglesia respuestas adecuadas a las necesidades y a las emergencias de todas las épocas. Ciertamente en nuestros días la separación y los divorcios se han convertido en una emergencia muy sentida. Por tanto, fue providencial la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland, en 1977, de ayudar a las parejas en grave crisis a afrontarla por medio de un programa específico, cuyo fin es reconstruir sus relaciones, no como una alternativa a las terapias psicológicas, sino como un camino distinto y complementario. De hecho, vosotros no sois profesionales; sois esposos que a menudo han vivido en primera persona las mismas dificultades, las han superado con la gracia de Dios y el apoyo de Retrouvaille y han experimentado el deseo y la alegría de poner, a su vez, la propia experiencia al servicio de los demás. Entre vosotros hay varios sacerdotes que acompañan a los esposos en su camino, partiendo para ellos la Palabra y el Pan de la vida. "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis" (Mateo 10,8): constantemente hacéis referencia a estas palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos.

Como demuestra vuestra experiencia, la crisis conyugal --estamos hablando de crisis serias y graves-- constituye una realidad con dos caras. Por una parte se presenta, especialmente en su fase aguda y más dolorosa, como un fracaso, como la prueba de que el sueño ha terminado o se ha transformado en una pesadilla y, por desgracia, "no hay nada que hacer". Esta es la cara negativa. Pero hay otra cara, que nosotros desconocemos con frecuencia, pero que Dios ve. Toda crisis, de hecho, nos lo enseña la naturaleza, constituye el paso a una nueva fase de la vida. Si bien en el caso de las criaturas inferiores esto sucede de manera automática, en el ser humano implica la libertad, la voluntad y, por tanto, una "esperanza más grande" que la desesperación. En los momentos más oscuros, los cónyuges han perdido la esperanza; entonces se da la necesidad de otras personas que la custodien, de un "nosotros", de una compañía de auténticos amigos que, con el máximo respeto, pero también con sincera voluntad de bien, estén dispuestos a compartir algo de su propia esperanza con quien la ha perdido. Pero no de manera sentimental o superficial, sino organizada y realista. De este modo, en el momento de la ruptura, ofrecéis a la pareja una referencia positiva en la que confiar frente a la desesperación. De hecho, cuando la relación degenera, los cónyuges caen en la soledad, tanto individual como de pareja. Pierden el horizonte de la comunión con Dios, con los demás y con la Iglesia. Entonces, vuestros encuentros ofrecen el "agarradero" para no perderse totalmente, y para volver a subir poco a poco la cuesta. Os veo como a custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han perdido.

La crisis, por tanto, concebida como momento de crecimiento. Desde esta perspectiva se puede leer la narración de las bodas de Caná (Juan 2, 1- 11). La Virgen María se da cuenta de que los esposos "ya no tienen vino" y se lo dice a Jesús. Esta falta de vino hace pensar en el momento en el que, en la vida de pareja, termina el amor, se agota la alegría y se derrumba el entusiasmo del matrimonio. Después de que Jesús transformó el agua en vino, felicitaron al esposo pues, según decían, había guardado hasta ese momento "el vino bueno". Esto significa que el vino de Jesús era mejor que el anterior. Sabemos que este "vino bueno" es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial, que Jesús ha venido a realizar con la humanidad. Y precisamente de ésta es sacramento todo matrimonio cristiano, incluso el más frágil y vacilante, y puede encontrar, por tanto, en la humildad la valentía para pedir ayuda al Señor. Cuando una pareja en dificultad o --como demuestra vuestra experiencia-- incluso ya separada, se encomienda a María y se dirige a Aquél que ha hecho de los dos "una sola carne", puede estar segura de que la crisis se convertirá, con la ayuda del Señor, en un momento de crecimiento, y que el amor quedará purificado, madurado, reforzado. Esto sólo lo puede hacer Dios, que quiere servirse de sus discípulos como de válidos colaboradores para acercarse a las parejas, escucharlas, ayudarlas a redescubrir el tesoro escondido del matrimonio, el fuego que ha quedado sepultado bajo las cenizas. Reaviva y hace que vuelva a arder la llama; ciertamente no como en el enamoramiento, sino de una manera diferente, más intensa y profunda: ahora bien, es siempre la misma llama.

Queridos amigos que habéis querido poneros al servicio de los demás en un campo tan delicado: os aseguro mi oración para que vuestro compromiso no se convierta en mera actividad, sino que sea siempre, en el fondo, testimonio del amor de Dios. Vuestro servicio va "contra la corriente". Hoy, de hecho, cuando una pareja entra en crisis, se encuentra con muchas personas dispuestas a aconsejar la separación. Incluso a los esposos casados en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio, olvidando que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido (Cf. Mateo 19,6; Marcos 10,9). Para desempeñar vuestra misión también vosotros tenéis necesidad de alimentar continuamente vuestra vida espiritual, poner amor en lo que hacéis para que, al entrar en contacto con realidades difíciles, vuestra esperanza no se agote y no quede reducida a una fórmula. Que en esta delicada obra apostólica os ayude la Sagrada Familia de Nazaret, a quien confío vuestro servicio, y especialmente los casos más difíciles. Que esté a vuestro lado María, Reina de la familia, mientras os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros y a todos los que adhieren al movimiento Retrouvaille.

Conoce el programa Retrouvaille en:
http://www.retrouvaille.es/

Divorcio y Psiquiatría.

Autor: Folletos EVC | Fuente: www.laverdadcatolica.org  
Divorcio y Psiquiatría
La Psiquiatría, una ciencia muy de nuestra era y nada retrógrada, se muestra hondamente preocupada ante el problema del divorcio y su repercusión en la salud psíquica
 
Las extraordinarias facilidades concedidas por nuestras leyes para disolver una sociedad conyugal y constituir una nueva y para repetir este proceso una o más veces, han dado por resultado un rápido aumento en el número de divorcios; y esto equivale a decir que cada vez es mayor el número de familias afectadas más o menos directamente por algún caso concreto de divorcio.

No es de extrañar, pues, que con frecuencia oigamos hablar del divorcio como de una conquista de nuestro tiempo, un progreso de la civilización, un paso de avance de la humanidad en su insaciable anhelo de felicidad. Lo "moderno" es aceptar el divorcio sin asustarse, desechando arcaicos temores a los males que acarrea, ya que éstos desaparecerán tan pronto logremos adaptarnos a esta nueva concepción de la vida conyugal. A juicio de muchos de nuestros contemporáneos, sólo mentalidades retrógradas pueden asustarse ante el divorcio y sus consecuencias, en la era de los satélites artificiales y los viajes interplanetarios.

Sin embargo, la Psiquiatría, una ciencia muy de nuestra era y nada retrógrada, se muestra hondamente preocupada ante el problema del divorcio y su repercusión en la salud psíquica.

Esta preocupación es muy explicable, si tenemos en cuenta que la Psiquiatría disfruta de un puesto de observación privilegiado para conocer "por dentro" los efectos perjudiciales del divorcio. Privilegiado, porque puede conocer toda su repercusión consciente, a través de la descripción del paciente, que le habla al médico con una sinceridad que no emplea con las demás personas. Privilegiado, porque puede conocer, además, su repercusión Inconsciente; la que el propio interesado ignora, hasta que la va descubriendo con la ayuda del médico.

Desde este puesto de observación, tristemente "privilegiado", la Psiquiatría contempla un panorama verdaderamente sombrío. Si lo pudiéramos trasladar a las páginas de este folleto, en forma tal que el lector lo viera en su totalidad, con todos sus detalles y matices, se comprendería fácilmente por qué la Psiquiatría se muestra profundamente preocupada ante el problema del divorcio y su repercusión en la salud psíquica.

Lamentablemente, eso es imposible. Tan imposible como encerrar en una descripción, por afortunada que sea, toda la belleza de un paisaje, toda la emoción de un evento deportivo, o toda la tragedia de una acción de guerra. Por eso, no lo intentaremos siquiera, nos limitaremos a esbozar, a grandes pinceladas, algunos trazos esquemáticos de este sombrío panorama; es decir, algunos de los efectos perjudiciales del divorcio en la salud psíquica de los cónyuges y de los hijos.

REPERCUSION DEL DIVORCIO EN LOS CONYUGES.

No podemos detenernos a demostrar que los conflictos psíquicos pueden producir los más variados síntomas psíquicos y físicos. Tenemos que darlo por supuesto. Para los que cultivamos esta especialidad, esto es tan cierto como un axioma matemático o una reacción química. Por otra parte, puede decirse que este concepto es ya del dominio popular.

Tampoco podemos detenernos a explicar cuándo, cómo y por qué los conflictos psíquicos producen dichos síntomas. Para dar alguna idea de ello, diremos que el ser humano tiene lo que pudiéramos llamar un "dintel de resistencia psíquica", el cual le viene dado por factores hereditarios, constitucionales, ambientales, etc. Y que los conflictos psíquicos, especialmente los que están parcial o totalmente "reprimidos" en la zona llamada "inconsciente" del psiquismo, crean un malestar o "tensión" psíquicos. Pues bien; cuando se producen determinadas condiciones, variables para cada individuo, esta tensión rebasa el "dintel de resistencia" y se desborda, por así decirlo, en forma de síntomas. Unas veces serán síntomas psíquicos, como una fobia; otras, repercutiendo en el sistema nervioso neurovegetativo, producirá síntomas físicos como un trastorno digestivo o circulatorio; y otras, las más, producirá ambos tipos de síntomas.

Veamos ahora qué sucede en el psiquismo de los cónyuges, al producirse el divorcio.

FACTORES "EXTERNOS" E "INTERNOS"

Podríamos decir que entra en una etapa de crisis, bajo el peso de los diversos factores emocionales, que gravitan sobre él. De estos factores, los menos importantes (a los efectos de la salud psíquica) son los que pudiéramos llamar "externos" porque se originan fuera del individuo, y abarcan los múltiples inconvenientes y malestares que plantea el nuevo estado, en materia de cambios y adaptaciones en el régimen de vida, en el trato con familiares y amigos, en el aspecto económico, etc.,

Los más importantes son los que pudiéramos llamar "internos", los sentimientos propiamente dichos. Entre los que hemos encontrado en nuestra práctica profesional, están los siguientes: Sensación de fracaso, por no haber sabido o podido lograr que fuera un éxito el matrimonio, acompañada o no por inseguridad en sí mismo y desorientación respecto al futuro. Autoacusación por la parte de culpa que tiene o cree tener, en este fracaso. (A veces, simple remordimiento de conciencia, por haber dado cabida a un amor ¡lícito). Cuando existe esa "tercera persona", (lo cual es muy frecuente) en el otro cónyuge hay celos, rencor, sensación de abandono, de traición, de soledad.

Tampoco suele faltar la acusación al otro cónyuge por la parte de culpa que tiene, o cree que tiene, en la ruptura matrimonial. Y el consiguiente rencor, que a veces llega a límites increíbles. Y esto sucede, muchas veces, sin que se haya destruido completamente el amor, con lo cual se origina (en el consciente o en el inconsciente) una "ambivalencia". (Tener, simultáneamente, dos sentimientos opuestos respecto a un mismo objeto o persona).

Esta suma de factores, este rejuego de fuerzas emocionales en conflicto, va creando ese malestar psíquico o "tensión", que señalábamos hace poco. Y, al ir incrementándose esta tensión, puede llegar al punto de rebasar el "dintel de resistencia", y empezar a producir síntomas, en la forma que explicábamos.

No es de extrañar, pues, que veamos desfilar, por los consultorios psiquiátricos, a un número crecido de personas que consultan por síntomas cuyo factor causa¡ determinante es un conflicto emocional en torno al divorcio. Y al hacer esta última afirmación, no lo hacemos a la ligera. No la basamos solamente en el hecho de haberlo demostrado así la exploración psicológica la basamos, además en ese otro, mucho más elocuente: La modificación o eliminación de los síntomas, al producirse la modificación o eliminación de ese conflicto.

EJEMPLOS TOMADOS DE LA VIDA REAL.

Unas veces, será un hombre de mediana edad, que lleva 18 años de casado y tiene varios hijos. Se divorcia. Dos meses después, se casa civilmente con la que era su amante desde varios meses antes de divorciarse. Una semana después de este matrimonio civil, comienza a temer que su nueva compañera le sea infiel. En el curso de los tres meses siguientes, se va estableciendo un cuadro de ideas de persecución y síntomas depresivos (tristeza, pesimismo, etc.) por el cual consulta.

Otras, será un hombre joven que consulta por una intensa fobia al cáncer, la cual le hace la vida verdaderamente imposible, porque ha ido aumentando en intensidad hasta extremos verdaderamente inverosímiles, los cuales él mismo considera perfectamente absurdos. Y su fobia comienza pocos días antes de su matrimonio civil con la mujer por la cual se divorció de su legítima esposa.

O una mujer de 35años, que consulta por indicación de un especialista de vías digestivas, el último de una larga lista que ha recorrido en el curso de tres años y medio, sin haber logrado más que mejorías transitorias de su colitis ulcerativa. Unos tres meses antes del comienzo de su colitis, había contraído matrimonio civil, poco después de haberse divorciado del hombre con quien estaba unida por matrimonio religioso, y al que le había dado una hijita.

Podríamos multiplicar los ejemplos; pero la enumeración sería interminable, y no lograríamos con ello otra cosa que alargar innecesariamente este folleto.

REPERCUSION DEL DIVORCIO EN LOS HIJOS.

Si grande es la repercusión del divorcio en la salud psíquica de los cónyuges, incomparablemente mayor lo es en la de los hijos; y muy especialmente, si el divorcio se produce durante la niñez o la pubertad, aunque es también muy grande en la adolescencia, y hasta en la edad adulta. Y lo que es más elocuente todavía: El mero temor a que se divorcien sus padres, puede afectar seriamente la salud psíquica del niño.

Para entender por qué esto es así, baste recordar que, para el niño, sus padres son poco menos que todo en su vida.

Sabe que son un hombre y una mujer como los demás; pero, al mismo tiempo, cree que son distintos de los demás; incapaces de tener los defectos y cometer los errores de los demás, por que son sus padres. Así está dispuesto por Dios, para que los padres tengan toda la autoridad moral que necesitan para la adecuada educación de sus hijos.

Al producirse el divorcio de sus padres, el niño siente que todo su mundo se le resquebraja bajo sus pies. Se encuentra, de pronto, frente a un problema de proporciones tales, que su mente no lo puede abarcar. Es demasiado extenso, profundo, complejo, doloroso, insoluble, para él.

FACTORES "EXTERNOS"

Los factores "externos" que mencionábamos al hablar de los cónyuges (porque se originan en el exterior, en el medio ambiente) adquieren una magnitud extraordinaria en los hijos. Ante todo, el niño no puede vivir ya con ambos padres, como él vehementemente desea.

Vive con uno o con el otro. O, alternativamente, por temporadas, con cada uno. Si vive establemente con uno, tiene que resignarse a disfrutar de la compañía del otro, sólo a ratos. Si vive alternativamente con uno y otro, tiene que adaptarse, también alternativamente, a dos ambientes que suelen ser distintos, e incluso antagónicos. Y en ambos casos, está expuesto a ser utilizado por sus padres (inconscientemente, o en forma consciente, y hasta deliberada) como "arma" para molestar al otro excónyuge, o como "espía" para averiguar las andanzas del otro, o como objeto de "soborno", a base de darle gusto en todo, en una pugna insensata por hacerlo preferir la convivencia con uno u otro.

Si a esto añadimos un nuevo matrimonio civil de uno de los cónyuges, el problema se le complica todavía más. Hay un nuevo personaje en su vida: el "progenitor postizo". Y éste puede ya tener hijos. O pueden nacer de esta nueva unión. Si ambos cónyuges contraen nuevo matrimonio civil, la complicación parece haber llegado al límite. Pero desgraciadamente, no es así. Es posible que uno de los cónyuges, o ambos, se divorcien nuevamente, contraigan nuevo matrimonio civil y tengan nuevos hijos.

En cualquiera de estas situaciones, la multiplicidad de recíprocas relaciones humanas, entre personas parcialmente extrañas, que tienen que convivir en intimidad de familia es tal, que resulta difícil de manipular para los propios adultos. ¡Cuánto más para el niño, que se ve envuelto en ese torbellino de sentimientos de diversa índole, procedentes de diversas personas, todas las cuales juegan un papel importante en su vida!

No parece necesario seguir insistiendo en los "factores externos". Pero no se crea que son solamente estos que hemos mencionado. Hay que conocer "por dentro" estas situaciones, para formarse una idea de cuántos y cuán variados son estos factores.

Quien se casa aprisa, tendrá tiempo de arrepentirse. Refrán popular.

FACTORES "INTERNOS"

Como en el caso de los cónyuges, los factores "internos" son todavía más importantes. El divorcio de sus padres provoca un verdadero terremoto en la vida emocional del niño. Y este terremoto resquebraja, ante todo, la seguridad en sí mismo. Si sus padres le han fallado, ¿en quién puede confiar? Creía que los dos eran buenísimos y ahora resulta que uno acusa a otro, o ambos se acusan entre sí. ¿Es cierta la acusación? ... entonces, uno es culpable; ¿es falsa? ... entonces, uno miente... o ambos son culpables y mentirosos. Creía que lo querían por encima de todo, y ahora descubre que no; porque (piensa él) si así fuera, no se divorciasen, por tal de no hacerle sufrir tanto, etc.

Estos dolorosos descubrimientos crean, necesariamente, "ambivalencias"" respecto a sus padres. Siente hacia ellos atracción y repulsión, simultáneamente. Quisiera sentir, hacia ambos, solamente cariño y ya no puede. o se produce la ambivalencia respecto a un "progenitor postizo", hacia el cual siente atracción, porque "le cae bien", y repulsión por haber desplazado al progenitor verdadero. (Lo cual viene a añadir una auto acusación, por "serle infiel" al progenitor verdadero).

Así podríamos ir descubriendo todo un mundo de sentimientos desagradables, variados, complejos, antagónicos, que llegan a producir en el niño un verdadero caos emocional.

Amar no es buscar nuestro bien, sino querer el bien.

Sertillanges.

LA REACCION

Frente a este caos emocional, reaccionará de una u otra manera, según las circunstancias particulares de cada caso; pero en su reacción habrá, casi siempre, este componente: rehuir enfrentarse con el problema. Es tan insoluble y doloroso para él, que no le queda otra salida que rehuirlo.

"Por fuera", este rehuir el problema se traduce en una actitud de "no darse cuenta de lo que está pasando" o de "no me importa". En una palabra, de ocultarlo disimular al máximo la tragedia interna en que vive. Y esta actitud del niño, convertido a veces en consumado actor, da a los mayores que le rodean la impresión errónea de que al niño "apenas le ha afectado" lo que ha sucedido.

"Por dentro", para rehuir el problema, se produce el fenómeno psicológico llamado "represión" mediante el cual (automática e inconscientemente) logra ir eliminando del plano consciente de su vida psíquica, esos conflictos emocionales que le resultan insoportables. En esta forma, aparentemente, ha logrado resolver su problema.

Pero sólo aparentemente, puesto que no ha hecho más que desplazar sus conflictos (sin saberlo él) del plano consciente al inconsciente; y allá, en el inconsciente, esos sentimientos conflictivos siguen en actividad, en ebullición, generando "tensión" psíquica que, como ya hemos explicado, es capaz de producir multitud de síntomas físicos y psíquicos; desde anormalidades de la conducta, más o menos intensas, hasta las psicosis (enfermedades mentales), pasando por las psiconeurosis, con su polimorfa sintomatología. Y con la peculiaridad frecuente de manifestarse los síntomas (o, al menos, llegar al grado de intensidad que motiva la consulta psiquiátrica) varios o muchos años después de producido el trauma psíquico del divorcio de sus padres.

Lo que decíamos de los cónyuges, lo repetimos aquí: Cuando afirmamos que el divorcio de sus padres es el causante de la sintomatología de un hijo, no nos basamos solamente en una exploración psicológica que así lo demuestra; si no, además, en la modificación de sus síntomas al ir modificando ese conflicto, a través de un tratamiento de psicoterapia.

EJEMPLOS TOMADOS DE LA VIDA REAL.

Parecería lógico que, los que no cultivamos la Psiquiatría Infantil, viéramos muy pocos casos de repercusión del divorcio en los hijos; sin embargo, en la práctica, sucede todo lo contrario. Son muchos, muchísimos, los casos de adolescentes o adultos que llegan a nosotros con sintomatología psiquiátrica producida por conflictos emocionales relacionados, directa o indirectamente, con el divorcio de sus padres.

Veremos, por ejemplo, a una jovencita de 17 años, de quien nos informa su madre que la nota triste, irascible, difícil de manejar, (habiendo sido muy dócil) y que últimamente ha estado teniendo dificultades con los estudios, al extremo de negarse a estudiar el último año de bachillerato, habiendo sido antes una alumna brillante. Al irnos adentrando en la exploración psicológica, en el curso de la psicoterapia, descubriremos que el conflicto central de esta jovencita es el temor a que sus padres se divorcien. Y es que este temor se basa en que, durante los últimos dos o tres años, sus padres han hablado varias veces de divorciarse. Y que, en el momento de la consulta, están separados; y el padre parece decidido a divorciarse, para casarse civilmente con su amante.

O vendrá a nuestro consultorio una muchacha de unos 20 años, porque se siente triste, decepcionada, sin ilusión alguna respecto al futuro, que "no cree en el matrimonio", y que a veces piensa que no vale la pena seguir viviendo. Nos explicará que está llevando una vida licenciosa (increíblemente licenciosa para su edad); y que su conducta actual es la culminación de un proceso de transformación de su personalidad, que se inició hacia los 12 años. Y llegaremos a descubrir que ese cambio, esa transformación, tuvo por causa el divorcio de sus padres cuando tenía 5 años de edad.

Y que, a pesar de los 15 años transcurridos, el conflicto emocional creado por el divorcio de sus padres, sigue siendo el más importante en la vida psíquica de esa muchacha. Como dato adicional señalaremos que, después del divorcio, la madre contrajo nuevo matrimonio civil y el padre lo hizo tres veces. (Precedidos, desde luego, por sus correspondientes divorcios).

O nos encontraremos, ingresado en un sanatorio psiquiátrico, a un joven de 23 años, padeciendo una psicosis esquizofrénica (enfermedad mental). Y comprobaremos que, el factor desencadenante de ella, ha sido un conflicto emocional basado en la convicción (errónea) de ser anormal en materia sexual. Y descubriremos que esta convicción errónea, tiene como causa una maduración defectuosa de la personalidad, especialmente en la esfera sexual, a consecuencia del conflicto emocional creado por el divorcio de sus padres, cuando tenía 8 años de edad.

¿Para qué seguir multiplicando ejemplos? Dice el refrán que "para muestra, basta un botón". Y creo que no podemos aspirar a más, sin salirnos de los límites de este folleto.

LA GRAN VERDAD.

Lo que sí considero necesario es formular aquí, de manera clara y definida, una trascendentalísima verdad que se desprende de todo lo que venimos diciendo: Los hijos son las víctimas INOCENTES del divorcio de sus padres. Es una verdad grande, dura, que merece ser meditada a fondo por todos; y muy especialmente por los padres que están contemplando la posibilidad de dar solución a sus problemas conyugales, mediante el divorcio.

EL PROBLEMA Y SU SOLUCION

Con lo dicho hasta aquí, hemos tratado de dar una idea (tipo esquema relámpago) del problema que el divorcio plantea a la Psiquiatría. El hecho cierto, perfectamente comprobado, de existir un crecido número de pacientes cuyos síntomas psiquiátricos tienen por causa, directa o indirecta, el divorcio.

Enfrentada a este grave problema, la Psiquiatría, como es natural, busca afanosamente su solución. La mejor posible, si las hay buenas; la menos mala, si ninguna es buena.

La mejor, sin duda, sería lograr que todos los casados vivieran felizmente, sin pensar siquiera en separarse. Así, no habría un solo paciente cuyos síntomas psiquiátricos fueran causados por el divorcio ... porque no habría divorcios.

Pero esta solución, desgraciadamente, no pasa de ser una utopía. La sociedad conyugal está constituida por seres humanos, y siempre por desgracia habrá casos en los cuales la separación de los cónyuges será, para ellos, y aún para sus hijos, el mal menor. Como habrá siempre casos en los cuales la separación será una verdadera necesidad.

Por tanto, en la realidad de la vida, la solución mejor será aquella que alcance en mayor grado estos dos objetivos:

1º Reducir al mínimo el número de individuos cuyos síntomas psiquiátricos sean producidos por el divorcio;

2º Reducir al mínimo los efectos perjudiciales del divorcio en la salud psíquica de cada Individuo.

No podemos seguir adelante sin abordar una cuestión fundamental, crucial, en el problema del divorcio: La Iglesia Católica no permite contraer un nuevo matrimonio civil, por el mero hecho de existir un divorcio previo. La Psiquiatría, al buscar la solución al problema del divorcio, tiene que hacerlo a través de los individuos que la cultivan; y estos están sujetos a la siguiente disyuntiva: o se ajustan al criterio de la Iglesia, o no se ajustan. Y, lo que no es menos importante, los pacientes psiquiátricos también están sujetos a esa disyuntiva.

De aquí se desprende que podamos distinguir dos tipos de soluciones:Las que incluyen la posibilidad de uno o varios matrimonios civiles, con tal que cada uno vaya precedido de su correspondiente divorcio, y la que no incluye esta posibilidad. Es decir, las soluciones no católicas y la solución católica.

Examinemos ahora en qué medida logran alcanzar, unas y otras, los dos objetivos básicos que debe reunir la solución, señalados más arriba. Y no olvidemos que lo estamos haciendo desde el punto de vista de la Psiquiatría, y en un plano meramente humano, racional, sin tener en cuenta el factor religioso y sobrenatural.

LAS SOLUCIONES NO CATOLICAS

Nos referimos a ellas en plural, porque constituyen en realidad un grupo bastante heterogéneo. Todas tienen en común el no aceptar la prohibición de nuevo matrimonio civil después del divorcio; pero, a partir de este punto, se desdoblan y multiplican en forma proporcionada a la diversidad de opiniones, que invariablemente existen entre los hombres, cuando no se ajustan a un criterio moral único y universal.

Así, no es de extrañar que haya quien vea en el amor libre la solución del problema de los cónyuges y trate de resolver el problema de los hijos a base de organismos especiales creados para ese fin. Aquí sin embargo, nos fijaremos solamente en ese factor fundamental que les es común: la aceptación de nuevo matrimonio civil, con tal que exista un divorcio previo.

Ante el problema de una vida conyugal insostenible, este tipo de soluciones les dice a los cónyuges que se divorcien y rehagan su vida", mediante nuevos matrimonios civiles.

A primera vista, y mirando sólo a ese caso particular, parece una buena solución. Si ya la vida conyugal era insostenible, no quedaba otro recurso que la separación. Al producirse ésta, la vida de esos cónyuges quedaba vacía, rota, desarticulada, lo cual constituía para ellos un problema grave. Al divorciarse y volverse a casar civilmente, ha quedado resuelto este problema.

Con una mirada más penetrante, más profunda, y teniendo en cuenta que ese caso particular se reproduce mil y mil veces en otros similares, veremos que, de esa solución que parecía buena, se derivan consecuencias completamente opuestas al primero de los objetivos básicos señalados más arriba.

En efecto: la mera posibilidad de un nuevo matrimonio civil hace que se multiplique el número de divorcios y, por tanto, el de individuos afectados por síntomas psiquiátricos causados por el divorcio.

FACTORES NEGATIVOS.

Entre los factores que explican este hecho, (comprobado históricamente en los países donde existe el divorcio) podemos mencionar varios, sacados de nuestra experiencia profesional.

1) Citaremos en primer lugar, por la frecuencia con que lo hemos visto actuar como elemento decisivo en la producción de divorcios, la aspiración de las amantes a convertirse en "esposas". (La perspectiva de un matrimonio civil estimula fuertemente a la amante, para tratar de obtener una victoria final, decisiva, sobre la esposa, suplantándola).

2) Una variante de lo anterior, es la facilidad que recibe el "flirteo" de los cónyuges, el cual queda protegido por la coartada de poderse convertir en un "nuevo amor" o "noviazgo", precursor de un nuevo "matrimonio".

3) Otro factor, más sutil, pero no menos importante, es la actitud subjetiva de los esposos frente a las dificultades conyugales. Esto se ve muy claramente en nuestro trabajo profesional. Los matrimonios que admiten la posibilidad de "casarse" nuevamente, afrontan más deficientemente las inevitables fricciones que tiene que haber entre esposos, por lo menos durante los años que dura el proceso de mutua adaptación. La cual hace que para ellos, sean motivo de divorcio dificultades conyugales que son sobrellevadas con éxito por quienes no tienen esa actitud subjetiva.

4) La posibilidad de divorcio y nuevo matrimonio civil llega atener importancia aún antes del matrimonio, en el proceso de elección de cónyuge, que será distinto en quien piensa que elige "para toda la vida", y quien considera que, si se equivoca, fácilmente podrá remediar esta equivocación... volviendo a elegir.

Creemos que con esto basta para afirmar que la solución que parecía buena a primera vista, tiene un defecto fundamental. No solo no alcanza el primero de los objetivos señalados para que sea buena una solución, sino que produce el efecto contrario, opuesto, creando un verdadero círculo vicioso, ya que el remedio para los hogares rotos se convierte en causa de nuevos hogares rotos; y, cuanto más se aplique el remedio, más aumentará el número de hogares rotos y de individuos afectados por ello.

LIMITACIONES A SU EFICACIA

Respecto al segundo objetivo, (disminuir el efecto perjudicial del divorcio sobre la salud psíquica de cada individuo) es indudable que el poder "rehacer la vida" mediante un nuevo matrimonio civil, logra ese objetivo, con ciertas limitaciones.

Esas limitaciones son mucho más importantes de lo que pudiera pensarse. Y su verdadera magnitud es casi imposible de aquilatar para quien no tenga un puesto de observación privilegiado, del tipo del nuestro. Porque "desde afuera", parece que, efectivamente, el nuevo matrimonio civil ha resuelto el problema de la vida de esa persona; pero por dentro vemos los problemas que ha creado, al extremo de producir síntomas psiquiátricos. (Recordemos los tres ejemplos de cónyuges, citados anteriormente).

Son muchos, muchísimos los casos de "divorciados y vueltos a casar" que, si hablaran con absoluta sinceridad, tendrían que reconocer que su nueva vida matrimonial dista mucho de ser lo que habían soñado. Tanto, que con gusto desharían lo hecho, si esto fuera fácil. Pero, con frecuencia, ya han contraído nuevos compromisos (hijos, por ejemplo) que dificultan enormemente el volverse atrás.

Por otra parte, conviene tener presente que no siempre ambos cónyuges pueden "rehacer su vida" con nuevos matrimonios civiles. Muchas veces es uno el que lo hace; (acaso el que quería hacerlo antes de divorciarse); el otro, no lo hace en absoluto, o lo hace más tarde, con una motivación (consciente o inconsciente) de revancha o desquite. Y en ambos casos, es muy fácil que su salud psíquica sufra quebranto.

Al propio tiempo, recordemos el efecto perjudicial de estos nuevos enlaces en la salud psíquica de los hijos, como señalamos al hablar de "Repercusión del Divorcio en los Hijos".

En una palabra, las soluciones no católicas alejan la realización del primer objetivo, porque tienden a aumentar el número de divorcios y, así, el de posibles pacientes psiquiátricos. En cuanto al segundo objetivo, lo alcanzan en forma más aparente que real, y produciendo, simultáneamente, efectos perjudiciales (desde el punto de vista psiquiátrico) sobre otros individuos.

Casarse por pasión es embarcarse para un largo viaje, precisamente cuando la tempestad arrecia y cuando el piloto está borracho y sin sentido.

La Colombiere.

LA SOLUCION CATOLICA

En abierto contraste con lo que acabamos de ver, la solución católica se lanza resueltamente a la conquista del primer objetivo, poniendo los medios eficaces para lograrlo.

Ante el problema de una vida conyugal insostenible trata, ante todo, de agotar los recursos utilizables en orden a convertirla en llevadera. Si esto no se logra, recurre a la separación de los cónyuges; temporal o definitiva, según convenga. (A veces, una separación temporal, más o menos duradera, logra superar la crisis y resolver el problema). Y en los casos en los cuales hay razones que así lo aconsejan, (de orden económico, de educación de hijos, etc.) recurre también al divorcio.

En lo que no cede, porque no puede ceder, es en autorizar a esos cónyuges a contraer nuevo matrimonio. Es una medida heroica, pero necesaria. Como es necesaria y heroica la amputación de un miembro, para detener la gangrena que amenaza a todo el organismo.

Unicamente así se puede detener la avalancha de las secuelas del divorcio, que acabaría por aplastar y desintegrar a la propia sociedad conyugal. Unicamente así se puede evitar el círculo vicioso que crean las soluciones no católicas.

Pero, se dirá, ¿y por qué esos cónyuges tienen que quedarse con su vida rota y vacía?, ¿ Por qué no pueden volver a casarse? Pues...porque no se trata sólo de esos cónyuges, sino de todos los que se encuentren en una situación similar; y, si todos ellos pudieran contraer nuevos matrimonios, se producirían graves perjuicios para el común de los hombres, como acabamos de ver al hablar de las soluciones no católicas. Es decir que, para lograr ese bien de estos individuos, tendría que ocasionarse un mal a toda la comunidad; y el bien del individuo no puede anteponerse al bien de la comunidad. Como no puedo dejar estacionado mi automóvil donde a mí me conviene, si perjudico a los demás. Solo que, en este caso, la ley castiga al transgresor; y en el de los cónyuges, lo respalda.

Por tanto, esas vidas rotas y vacías son, en definitiva, uno de tantos males que tiene que afrontar el hombre a su paso por la vida. Y esos cónyuges tendrán que rehacer nuevamente sus vidas, sin volver a casarse, como el mutilado de guerra tiene que rehacer la suya, sin los brazos o las piernas que le arrancó la metralla.

La diferencia estriba en que el mutilado tiene que hacerlo así, porque no puede hacerlo de otra manera. Y los cónyuges pueden hacerlo de otra manera, aunque no deban. Como el necesitado holgazán puede resolver su problema económico robando, aunque no deba hacerlo.

La consecución del segundo objetivo depende, básicamente, de la medida en que cada uno de esos cónyuges logre afrontar esa mutilación de su vida, sin rebeldías internas, para que no se convierta en un "conflicto", productor de síntomas. Cuanto más plenamente se logre esa actitud subjetiva de aceptación sin rebeldías, menor será la repercusión del problema sobre la salud psíquica. Y aquellos que la logren a plenitud, tendrán el dolor que produce cualquier pena o mal de esta vida; pero será un dolor pacífico, sereno, que en nada altera la normalidad de su vida psíquica.

LA SOLUCION MENOS MALA.

De lo que acabamos de ver se deduce que, ni las soluciones no católicas, ni la solución católica, son enteramente satisfactorias.

Las no católicas, tienen el inconveniente fundamental de agravar el problema de la repercusión del divorcio en la salud psíquica, multiplicando el número de individuos susceptibles de padecer síntomas psiquiátricos causados por el divorcio. Son soluciones "miopes", que concentran todo su esfuerzo en ayudar al individuo, sin ver que, al hacerlo, están perjudicando gravemente a la comunidad en su conjunto. Por otra parte, como hemos visto, su ayuda al individuo es mucho menos eficaz de lo que parece, y suele llevar implícito el perjudicar la salud psíquica de terceras personas. (El otro cónyuge, los hijos, etc.)

La católica, logra eliminar todos estos inconvenientes, pero presenta otro distinto: Las vidas rotas de los excónyuges, quienes no pueden volver a casarse, aunque se hayan divorciado. Y eso, en muchos casos, es un inconveniente muy serio.

Sin embargo, enfocando el problema en su conjunto, es indudable que este inconveniente es mucho menos grave que los que presentan las soluciones no católicas. Por tanto, aún desde el punto de vista exclusivamente terreno, de esta vida mortal que termina en el cementerio, la solución católica es la menos mala.

LA SOLUCION BUENA.

Hasta aquí hemos analizado el problema de la repercusión del divorcio en la salud psíquica, y sus posibles soluciones, como si no existiera más que esta vida. Por eso no hemos encontrado una solución que sea enteramente buena.

En cambio si, como creemos muchos, la muerte no es el fin de todo sino el comienzo de otra vida, de la verdadera vida, para la cual Dios nos sacó de la nada, la cosa es bien distinta.

Veíamos hace poco que la solución católica era buena, salvo por el inconveniente de no poder, los excónyuges, contraer nuevo matrimonio. Pues bien, esa aparente injusticia, de sacrificar al individuo en aras del bien común, quedará plenamente reparada en la otra vida, si no llega a serlo del todo, en ésta.

Por eso, la solución católica es buena. Porque es tan buena como puede ser una solución, en esta vida; y, lo que tiene de mala, será totalmente eliminado, en su día. En esta vida o en la otra; Dios se encarga de ello.

En otras palabras, esta aparente injusticia de los excónyuges no es esencialmente distinta de muchas otras que confronta la humanidad. Las enfermedades congénitas, el problema racial, la desigual distribución de la inteligencia y la belleza, la cuestión social, el triunfo de la fuerza sobre el derecho, y tantísimos otros, son problemas que no tienen, ni tendrán, una solución enteramente justa, si atendemos solamente a esta vida que termina con la muerte.

Porque la vida, en realidad, consta de dos partes: ésta, mortal; y la otra, que no tiene fin. Y querer entender la justicia divina, atendiendo sólo a la vida mortal, es tan absurdo como querer entender una obra de teatro, que consta de dos actos, viendo solamente el primero.

No olvidemos que nuestra justicia humana, tan exquisitamente sensible, no es más que un pálido reflejo de la justicia divina, de la cual procede. Y si nosotros sentimos ese anhelo apremiante y universal de hacer justicia, infinitamente más lo siente Dios. Y si nosotros, muchas veces, no podemos hacerla, El siempre puede. Por tanto, no hay duda que lo hará, a su debido tiempo. Solo que ... Dios tiene toda una eternidad para hacer justicia.

"El amor impuro pone al hombre más hambriento, porque sólo quiere poseer más; el amor purificado lo alimenta, porque sólo pretende dar más".

Gustave Thibon.
(Desconozco el autor de este texto).

Paternidad a cualquier costo. La fecundación artificial.

Paternidad a cualquier costo
Fe y razón

Luis-Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro, 10/10/10

 

Robert G, Edwards, ‘inventor’ de la fecundación ‘invitro’, ha sido galardonado con e! Premio Nobel en ciencias. Es un premio científico con grandes repercusiones éticas. ¿Es moralmente bueno manipular la paternidad y. la maternidad? ¿Es ético todo lo que la ciencia es capaz de conseguir?

El pasado 5 de octubre, Goran K. Hansson, Secretario del Comité de Fisiología y Medicina del Nobel, afirmó que el método creado por Edwards, junto con su colega Patrick Steptoe (fallecido en 1988), es una esperanza para las mujeres con infertilidad. Según Hansson, “la visión de Edwards representó una revolución en ciencia y una oportunidad para muchas mujeres en el mundo”.

Edwards descubrió los principios básicos de la fertilización humana y su método dio resultado el 25 de julio de 1978, cuando nació Lucy Brown, el primer ‘bebé de probeta’. Se estima que, a la fecha, al menos 4 millones de bebés han nacido mediante este proceso.

Sin embargo, desde el punto de vista ético hay mucho que decir. Sin duda, cada una de las personas que haya sido engendrada por este método posee plena dignidad humana y es hija de Dios. Pero esto no le quita importancia a los atropellos a que fueron sometidos otros seres humanos, fallecidos en la fase embrionaria, utilizados en este método.

La fecundación ‘in vitro’ (FIVET) puede ser vista desde dos aspectos: subjetivo y objetivo. El primero hace referencia a los deseos de paternidad y maternidad de un matrimonio que no ha podido engendrar. Es un deseo legítimo, pero que no puede llegar al punto en que se presupone que el embrión no merece pleno respeto, cuando sus padres tienen un deseo que satisfacer. En tal caso, el hijo no es un finen sí mismo, sino un medio utilizado por sus padres.

El aspecto objetivo radica en que el método mismo atropella a seres humanos verdaderos. El proceso de la FIVET consiste en producir una importante cantidad de óvulos, extraerlos de la madre, y fecundarlos en una probeta. De los óvulos fecundados -que ya son un ser humano vivo, distinto de sus padres-, unos son implantados en el útero y otros conservados en refrigeración, por si hacen falta más adelante.

Muchos de esos embriones mueren durante el proceso. En declaración del Dr. Marco Antonio Cruz Téllez, especialista del Centro Médico Nacional La Raza, “el principal reto es que cada intento de fertilización su porcentaje de éxito no rebasa el 20 por ciento, y se debe tener un mayor porcentaje de posibilidades, porque no con el primer procedimiento se consigue un embarazo”.

En otras palabras, cada vez que se intenta un proceso de FIVET, mueren ocho de cada diez seres humanos en estado de embrión. Además, también es muy trágico e inhumano que actualmente hay varios centenares de miles de embriones congelados: son personas que han sido privadas de nacer, en espera de ser implantados... o destruidos.

Desde el punto de vista de la deontología médica, sería poco sensato aprobar un tratamiento contra la enfermedad que fuera, en la que murieran ocho de cada diez pacientes. Sin embargo, en el caso de la FIVET, se ve como algo normal que muera el 80 por ciento délos embriones, los cuales ya son seres humanos.

¿Qué implicaciones éticas tiene este Nobel de medicina? El Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Mons. Ignacio Carrasco de Paula, lo explica: “sin Edwards no habría el mercado de óvulos”, ni habría “congeladores llenos de embriones en espera de ser transferidos a un útero” pese a que “probablemente terminarán por ser abandonados o morir”.

Correo: lfvaldes@gmail.com

http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

Matrimonios de alto riesgo.

Boletín 81 de la Comunidad de Psicólogos Católicos
Matrimonios de alto riesgo
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

 

 

 

Matrimonios de alto riesgo

Autor: Francisco
Fuente: Mi cumbre

Desgraciadamente, hoy más del cincuenta por ciento de los matrimonios, fracasan y se separan. Es la media de la sociedad actual, sin que se libre del flagelo ninguna religión, estado económico, social, profesional o intelectual. Los que se casan por segunda vez, vuelven a tener el mismo porcentaje de separaciones. No han aprendido a prepararse, desde el noviazgo, para el matrimonio y a vivirlo como debe ser, con entrega, amor y un gran respeto hacia la otra persona.

Analice con sinceridad, cuantas banderas rojas tiene su matrimonio. Si tiene una sola, su matrimonio se ha convertido en los de alto riesgo de divorcio. Si tiene más de una bandera roja, Vd. mismo se puede contestar. Y si encuentra alguna bandera roja, que añadir a esta lista, por favor no deje de comunicármela.

 

16 banderas rojas, por orden alfabético:

 

1.Administración. Cuando hay una mala administración de los ingresos y los gastos familiares, sin presupuesto ni control, que originen un endeudamiento o derroche excesivo para la familia.

2.Amistades. Cuando se fomentan malsanas amistades del otros sexo, incumpliendo el compromiso de fidelidad voluntariamente aceptado al casarse.

3.Cambios. Cuando piensan y dicen que, es el otro el que debe cambiar.

4.Comunicación. Falta de comunicación entre ellos, para comentar los posibles problemas, y estar al corriente de las actividades de cada uno y de la vida que les rodea.

5.Dejadez. Cuando empieza una continua dejadez física y mental, engordando desmesuradamente, descuidando la imagen en las ropas, en el orden de la casa, pasando ampliamente de lo que ocurre a su alrededor, que esté relacionado con su persona.

6.Dinero. Cuando tienen economías separadas, ocultas, sin informar de los gastos e ingresos personales y viviendo un ritmo de vida económica, superior a las que debería llevar como familia.

7.Gastos. Excesivos gastos en atenciones personales en el vestir, embellecerse, alternar con amigos, compra de caprichos, juegos, etc.

8.Hijos. Obsesión por tener hijos cuando médicamente han demostrado el grave riesgo, debido a la edad, situación física o de salud. Achancando a la otra persona, su mala voluntad o imposibilidad de tener hijos.

9.Impedimentos. Cuando se impide a la otra persona o a la pareja, que fomente su crecimiento personal en materia religiosa, profesional o social

10.Maltratos. Cuando se maltrata o abusa con palabras, hechos, emociones o físicamente, a la pareja o familia, para dominarla y subyugarla.

11.Matrimonios interraciales, interculturales o intersociales. Cuando no quieren dejar de realizar las costumbres que dañan o enfrían, las relaciones matrimoniales y no existe un deseo de acoplarse uno al otro, dejando a un lado las costumbres que no sumen al matrimonio.

12.Noviazgo. No cumplir con los objetivos y promesas que pactaron en el noviazgo.

13.Obsesiones. Cuando existe una obsesión por llegar a posiciones económicas o sociales inalcanzables, y continuamente se le achaca a la otra persona que, por su culpa, no llegan a alcanzarlas.

14.Tiempo. Cuando el marido o la esposa, pasan mucho tiempo fuera de la casa, alejados de sus obligaciones familiares, dedicándose a otras actividades no prioritarias como: Asistir a reuniones religiosas, salir frecuentemente con amigos, practicar deportes que le lleven mucho tiempo, visitas a la familia, abandonando la propia, etc.

15.Ultima alternativa. Se casaron únicamente por egoísmo mutuo o individual, por deseos de compañía o por egoísmo personal. El amor mutuo y la entrega incondicional, quedaron en segundo lugar.

16.Vida en común. Cuando alguno de los dos, o los dos, hacen su propia vida independiente, sin importarle la vida que realiza su pareja. Solamente regresan a la casa, para comer, dormir y poco más.

17.Yo. Cuando el Yo es superior al Tu o al Nosotros y las acciones que toman los esposos están presididas por el que Yo soy antes que nada. Primero Yo, es egoísmo puro y egocentrismo, incompatible con el Tu, que es amor, entrega y sacrificio.
Los siguientes artículos ya publicados, le complementarán lo anterior.


Desde la cima de la montaña de la edad y la experiencia matrimonial, se va viendo subir a esa montaña, que es la propia vida, a los novios y posteriormente a los matrimonios, en su intento de llegar a la meta de vivir en unión con amor, entrega, respeto y en buena armonía con la persona deseada. Desgraciadamente se puede observar, en muchos casos, como incluso personas con buena voluntad toman acciones, conscientemente o inconscientemente, que llevan a convertir a sus matrimonios en bombas de relojería. Y no será porque no reciben avisos de peligro.

Casi siempre se ven venir las consecuencias, que la mayoría de las veces tienen finales previsibles e irreversibles, debido a que no son puestos en práctica, los principios que deben regir la convivencia matrimonial.

Si el noviazgo no sirve de una buena preparación, cuando llegan al matrimonio cada uno quiere hacer lo que le interesa, sin acordarse de lo que se prometieron en el noviazgo. No vale que defiendan su postura, de que no se involucran en la vida familiar, porque se dedican a ejercitar largos viajes profesionales, lo que llaman obras piadosas, prácticas deportivas que aunque sean buenas para la salud, roban el tiempo que le corresponde a la familia, al esparcimiento social o a que estén fomentando la amistad, que siempre han tenido con sus amigos. La cuestión es que no llevan una vida matrimonial de convivencia continua. Cuando cada uno hace lo que quiere, aunque exhiba las justificaciones que quiera, ese matrimonio lo convierten en matrimonio de alto riesgo.

Se ve inmediatamente cuando los signos externos afloran, en los hechos de falta de comunicación, separación continua y frecuentes discrepancias.

La falta de realidad de algunas personas, que les induce a llevar vidas como si no hubieran formado una familia y continúan haciendo, lo que les parece conveniente para satisfacer sus deseos personales, alegando que esa era su rutina anteriormente y porque no la van a seguir realizando.

Cuando los matrimonios no se han preparado durante el noviazgo, para asumir las ventajas e inconvenientes de la vida matrimonial, llegan a situaciones de riesgo de ruptura. Tiene que haber un cambio sustancial en las relaciones, entre las dos personas, entre ellos y con la sociedad. Las obligaciones y derechos, son diferentes a partir del matrimonio.

Normalmente el matrimonio se rompe, por parte de la persona que no cumple las normas elementales de convivencia y es la persona que las cumple la que tiene que decir ¡Basta ya! ¡Hasta aquí hemos llegado!

Es muy triste ver, cuando se rompe un matrimonio y el que lo rompe es, además, la persona causante de los problemas. La otra persona ha estado aguantando todo su mal comportamiento, con la espera del cambio, para que al final, sea la otra persona, la que lo rompa.

Siempre recomiendo a los matrimonios, principalmente a las esposas que son madres, que tomen medidas preventivas, para que si ocurre una separación matrimonial, puedan seguir viviendo con normalidad y manteniendo a los hijos, que se queden a vivir con ella.

También habrá leído que para evitar la criminal dependencia, que sufren algunas esposas, tolerando las maldades de la pareja, deben educarse ellas mismas, pensando siempre que tienen que tener una rueda de repuesto, bien sea con formación profesional, ahorros económicos, acuerdos prematrimoniales, etc. Repase los artículos del Blog, ahí encontrará consejos prácticos para hacerlo.

Esta rueda de repuesto, es para poder decir cuando sea necesario !Basta ya! ¡Me voy y me llevo a los hijos!. ¡Para mi empezará un Calvario, pero tu desgraciado, vas a podrirte en la cárcel. Es cierto que en el matrimonio, se comprometieron a vivir el resto de su vida con la persona amada, pero también es cierto, que no deben permitir que su vida y la de los hijos, la conviertan en un infierno. Separarse es totalmente diferente a volver a contraer matrimonio.

El católico, desaprueba totalmente el divorcio, pero creo que Dios no quiere mártires, de hijos y madres o padres indefensos y maltratados. La separación por causas justificadas, no quiere decir que tenga que casarse posteriormente. Todas las personas cuando llega el caso de la separación, sufren por que no quisieron, no supieron o no pudieron poner sus condiciones, en el momento de casarse, además de haber instalado un sistema de advertencia y modificación de rumbo, en cuanto lleguen algunas de las banderas rojas indicadas anteriormente. En cada caso específico, consúltelo con un sacerdote, pastor, rabino o imán, los que le darán muy buenos consejos.

El matrimonio, humanamente es comparable, con un viaje en automóvil. Hay que llevar, entre otras cosas, un plan alternativo, por si la carretera está cortada, si se pincha una rueda o si se rompe el motor. La aventura sobre el resultado de un matrimonio, que siempre debe verse venir durante el noviazgo, no se puede hacer al azar, buscando soluciones, cuando vayan surgiendo los problemas, siempre hay que adelantarse para que no sucedan.

Las soluciones dependerán del concepto que tuvieron y tienen, de lo que es su matrimonio, si es una unión para toda la vida o si es una unión mientras vaya bien y luego “ya veremos”. En cada caso, las soluciones que tienen que tomar los esposos, son totalmente diferentes.

La solución en el primer caso será para toda la vida y en el segundo caso será, mientras arreglan los papeles del divorcio.

Si tiene algún comentario, por favor escriba al autor
francisco@micumbre.com

Vale la pena poner límites a los hijos.

OCURRENCIAS DE LA VIDA DIARIA

¡Vale la pena poner límites a los hijos!
Ana Cecilia Guajardo

Revista Acción Femenina. Agosto 2010/año 77/947

 

Hablar acerca de qué normas y límites son necesarios establecer a los niños y adolescentes es un tema que a muchos padres les inquieta y preocupa. “Mí hija siempre se sale con la suya, no respeta horarios”, “no hago entender a mi hijo que, si no estudia, va a perder el lugar en la escuela”, “por más que castigamos a nuestra hija, sigue teniendo su cuarto desordenado”. Estos son ejemplos a los que cotidianamente se enfrentan algunos padres con sus hijos.

Antes que nada, conviene recordar que toda persona necesita de reglas de comportamiento como parte de la organización y estructuración de su personalidad. Por ello, es esencial que los padres eduquen a sus hijos desde los primeros años de edad con base en normas, límites y hábitos; mostrándoles cómo conducirse en el ámbito familiar para que, posteriormente, lo puedan hacer de manera certera fuera de casa.

La educación que reciben los hijos es responsabilidad y función de los padres principalmente. Existen padres autoritarios que marcan reglas y límites rígidos esperando que los hijos obedezcan sin cuestionamiento alguno, todo se centra en el “porque lo digo yo”. Otros padres manejan una autoridad blanda con los hijos, les “sueltan las riendas” dándoles una excesiva libertad para que hagan todo lo que quieren.

También hay padres que son capaces de marcar reglas y límites a los hijos de manera sensata.

CUANDO LOS HIJOS TOMAN EL CONTROL
Hace algún tiempo Juan quería ir a un lugar pero, al no encontrar señalamientos, preguntó a algunas personas por el sitio que buscaba, unos lo mandaban hacia un rumbo y otros, hacia otro lugar. Al no ver nada en claro, Juan se sintió perdido y confundido. Así se pueden sentir los niños y adolescentes al no tener una brújula que oriente y guíe su camino por la vida. De ahí la importancia de que los padres enseñen a sus hijos cómo deben actuar y comportarse, explicando el por qué de una norma o límite.   

Con base en el entendimiento, es más probable aceptar algo que, cuando se siente que ha sido impuesto.  En ocasiones, a los padres se les dificulta ejercer o manejar su autoridad, siendo demasiado blandos o tolerantes con los hijos.

Y, hay que estar muy alerta porque los niños pero, sobre todo los adolescentes utilizan muchos recursos manipuladores para “salirse con la suya”, insistiendo en hacer lo que ellos quieren y no lo que se vale.

Esto puede generar una lucha de poder entre padres e hijos y, muchas veces, los progenitores terminan cediendo, con tal de no seguir discutiendo.

Al ceder, los hijos toman el control de la situación y la autoridad de los padres se pierde.

Otra situación que se da es cuando no hay consistencia en mantener las reglas establecidas.  Por ejemplo, Pablo tiene permiso de ver la tele de 8:00 a 9:00 de la noche y le dice a su mamá:

“Mami ¿me dejas ver más tiempo la tele?, al cabo que mi papá no se va a dar cuenta” y, la mamá accede. Al aceptar esto, la madre de Pablo, le está mandando el mensaje de que “se vale romper las normas y límites”, quedando con esto la autoridad de los padres en entredicho. Y, Pablo estará invitado a volver a hacer lo mismo con otros acuerdos. El límite estaba establecido pero éste se violó y el control del cumplimiento del mismo se perdió.

MAMÁ CONTRA PAPÁ
Cuando existe contradicción entre lo que señala mamá y lo que dice papá, los hijos pueden sacar ventaja. Si mamá dice: “La hora de llegar a la casa es a las 2 a.m.”; pero papá dice: “Puedes llegar hasta las 3:30 a.m.”; por supuesto, los hijos se inclinarán hacia el padre. Siempre preferirán a quien que sea más permisivo, restándole autoridad al otro progenitor. Si los padres no respetan los acuerdos establecidos entre ellos, mucho menos lo harán los hijos. Y, si las reglas son confusas, pueden ser interpretadas por los hijos según más les convenga.

También se puede relajar la autoridad cuando existe un sentimiento de culpa Una madre  dice: “Me siento mal de dejar a mi hijo todo el día en la guardería, por eso cuando estoy con él le doy todo lo que me pide”. Otro ejemplo, los papas de Mari se acaban de divorciar, por tanto, le cumplen a la hija todos sus caprichos (ropa de moda, compu nueva, etc.), debido a la culpa que experimentan.

Claro, si Mari no obtiene lo que pide se vuelve rebelde y grosera, les ha tomado la medida a sus padres y está sacando provecho de la situación de divorcio.

¿Valdrá o no la pena poner límites a los hijos desde temprana edad?

La falta, ambigüedad o inconsistencia de reglas y límites pueden generar niños y adolescentes caprichosos, egoístas y exigentes, agresivos y violentos. Diana, la mamá de Carlos, expresa: “¡Cómo hubiera querido haberle puesto límites a mi hijo cuando era más chico!, ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Él siempre me decía que lo dejara, que él sabía lo que hacía”.

Actualmente la policía le puso límites a Carlos por transgresión a las normas (agresión y robo de dinero para comprar droga), desafortunadamente ahora este joven se encuentra en la cárcel. JF

Cuando mi vida familiar me lastima.

Cuando mi vida familiar me lastima
Psic. Mónica Robles Santamarína

Revista Acción Femenina, México,
nov. 2009/ Año 76 / 938


 

¿Sabías que.,,?

·        En nuestro país, una de cada cuatro mujeres sufre de violencia intrafamiliar.

·        Cada 15 minutos una mujer es agredida.

·        El tipo más común de violencia es la psicológica, un 34 % de las mujeres de nuestro país ha sufrido este tipo de violencia al menos una vez en su vida.

·        Entre un 30 y un 50 % de las mujeres abusadas son menores de 15 años; un 20 % son menores de diez años.

El propósito por el cual hablamos de estas cifras es para darnos cuenta de la realidad de la situación en la que viven muchas mujeres de nuestro país. La violencia intrafamiliar es mucho más común de lo que todas pensamos. Todas probablemente estemos en contacto con una o varias mujeres que la han padecido. Con motivo del día de la no violencia trataremos de aclarar el concepto de violencia, conoceremos los tipos de violencia que existen y también hablaremos de las fases y las consecuencias de ésta.

¿QUÉ ES VIOLENCIA?

Vamos a comenzar definiendo claramente lo que es la violencia intrafamiliar.

La violencia intrafamiliar es cualquier acto de comisión u omisión dentro del ambiente familiar (sin importar qué miembro lo cometa) que arremete en contra de la salud física, mental, emocional o social de cualquier otro miembro del núcleo familiar. Es importante reiterar que puede existir violencia por omisión, es decir, no sólo se consideran violentos actos específicos como el golpear o agredir verbalmente, sino que también, la ignorancia o el repudio de algún miembro de la familia son considerados actos de violencia.

TIPOS DE VIOLENCIA
a)  Física: Se considera violencia física cualquier acto de agresión no accidental en la que se utiliza la fuerza física y en la que se usa cualquier parte del cuerpo, objeto, arma o sustancia para dañar a otro miembro de la familia. La intensidad varía en cada caso, la violencia física puede causar desde lesiones superficiales como raspones o moretones, hasta fracturas, lesiones internas e incluso la muerte.

b)  Emocional o psicológica: Como mencionamos anteriormente, este tipo de violencia es la más común. Se considera violencia psicológica cualquier acto u omisión de acto que cause un daño a la salud psicológica de otra persona. Este tipo de violencia es gradual, no causa un daño inmediato. El daño provocado por la violencia psicológica se consolida y acrecienta con el paso del tiempo.

 

Las siguientes actitudes son claros ejemplos de violencia psicológica:          

·        Hostilidad verbal: gritos, descalificaciones, insultos, críticas constantes, burlas, silencios prolongados.         

·        Actitudes de control excesivas: celar excesivamente a la pareja, prohibiciones o condicionamientos de un miembro de la familia hacia otro.

·        Abandono del hogar.    

·        Chantajes físicos y emocionales.

·        Amenazas de abandono o de disminución de afecto o atenciones.   

·        Manipulación.              

c)  Violencia sexual: La violencia sexual la imposición de actos o preferencias de carácter sexual incluso estando dentro del matrimonio.

d)  Violencia económica: la violencia económica se presenta cuando el miembro de la familia responsable de la manutención de los demás miembros falla en cubrir las necesidades de ellos. También ocurre cuando se ejerce manipulación, o chantaje de los demás miembros de la familia a través de los recursos económicos.

 

CICLO DE VIOLENCIA
No podemos decir que la violencia, en todas sus modalidades, se presenta en todo momento de la vida en familia. Generalmente es gradual, es decir, los actos violentos en un principio son poco perceptibles y van aumentando en intensidad y frecuencia con el paso del tiempo. El ciclo de violencia generalmente consta de tres etapas:

a)  Acumulación de tensiones: Esta etapa puede prolongarse por mucho tiempo.

Se caracteriza por la aparición o un leve incremento en el comportamiento agresivo del agresor hacia el agredido. No existen aún en esta fase episodios agudos de violencia, pero comienzan a existir entre los involucrados roces cada vez más constantes.

La víctima entonces, comienza a cambiar su comportamiento a fin de evitar la violencia y de tratar de controlar la situación.

Generalmente trata de complacer al agresor para evitar la explosión del episodio violento. 

 

b)  Episodio agudo de violencia: En esta etapa ocurren los actos de violencia que mencionamos anteriormente. El agresor descarga sobre la víctima las tensiones. Cuando este episodio finaliza, la víctima suele caer en un estado de negación e incredulidad sobre lo ocurrido, además de que experimenta sentimientos de miedo, angustia y tristeza excesiva.

c)  “Luna de miel”: Durante esta etapa el agresor toma actitudes de arrepentimiento. El agresor comienza entonces a hacer promesas de no repetir los hechos y a mostrar mayor afecto por la víctima. En la víctima se presenta una gran necesidad de creer que no volverá a ser maltratada.

Estas tres etapas se repiten constantemente. Con el paso del tiempo la última etapa va disminuyendo en duración y aumentan la intensidad y frecuencia de las dos primeras etapas.

CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EN LA MUJER

A nivel físico se observa en las mujeres receptoras de violencia síntomas como dolores de espalda y cabeza, lesiones como moretones, raspones, quemaduras, fracturas, etc.

A nivel psicológico la violencia trae consigo los siguientes efectos en la mujer:

·        Sentimientos de depresión, vulnerabilidad e impotencia.

·        Sentimientos de culpa.

·        Insomnio y pesadillas.

·        Aumento de consumo de sustancias como el alcohol o las drogas.  

·        Síndrome de estrés postraumático: un trastorno emocional que se acompaña de síntomas como trastornos en el sueño, ansiedad, depresión, recuerdos paralizantes de los episodios violentos, disfunciones sexuales, etc.

·        Violencia por parte de las víctimas con otros miembros de la familia (hijos).

¿CAMBIOS REALES?

El proceso de rehabilitación tanto del agresor, como de la víctima es un proceso gradual y complicado, no es algo que se logre de la noche a la mañana. Tanto el agresor como la víctima deben vivir un proceso terapéutico con un experto en la materia (psicólogo, psiquiatra, trabajador social...) para que puedan existir cambios reales y duraderos. Recordemos que existe una fase en el ciclo de violencia llamada la “luna de miel”, en la cual la víctima puede caer en el autoengaño y en la falsa creencia de que la situación va a cambiar de un día para otro. La rehabilitación requiere de un compromiso serio por parte de los involucrados y de un trabajo arduo para romper los patrones de conducta desarrollados a lo largo de su vida.

Proteger al amor matrimonial.

Proteger al amor matrimonial

El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberación" de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al
revés: se entrega, y no anhela nada más que atarse para siempre a quien quiere ¡y no dejarle nunca más

Alianza objetiva 

Estos son los grandes deseos, los grandes impulsos naturales del amor. Sin embargo, todos conocemos las flaquezas de nuestra naturaleza: hoy, sentimos gran
pasión por una persona; mañana, quizá, por otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad; no bastan las promesas secretas o clandestinas. Hace falta
llegar a una alianza objetiva: comprometerse también cara a la sociedad, lo que se traduce en este caso en contraer un matrimonio.

Esta alianza es una protección del amor. Es como decir a otra persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No sé todo lo que pasará
a lo largo de la vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas, y para probártelo, te doy una promesa oficial."

Conocemos los grandes navegantes de la mitología griega. Estos prometían a sus amigas y amantes volver a casa, después de algún tiempo de aventuras y trabajos,
pero nunca volvían. En el mar, escuchaban los cantos de las sirenas, quedaban fascinados y cambiaban de rumbo para estar con ellas. Las mujeres no los
veían nunca más...

Pero hubo uno -Ulises- que previó el peligro. Quiso que sus compañeros le ataran al mástil de la nave. Cuando pasaron por la isla de las sirenas, también
él escuchó su canto maravilloso, también él se quedó fascinado, pero no podía seguir las voces y los cantos de las sirenas, ya que estaba atado. Así, las
sirenas no pudieron seducirle. Fue el único que volvió a casa.

Toda persona -incluso el más acérrimo crítico del matrimonio- anhela, si es sincero consigo mismo, tener alguien en quien poder abandonarse completamente,
alguien que siempre esté con él, pase lo que pase, que confíe en él también cuando todo está en contra suya; también cuando sufre fracasos y enfermedades,
cuando se hace mayor y más débil.

Nuevos retos

Cada uno desea, en el fondo de su corazón, tener una persona segura, de confianza, a su lado. ¿Porqué, entonces, experimentamos hoy, que tantos hombres
y mujeres rechazan de lleno el matrimonio? Muchos de ellos, quizá, no rechacen el matrimonio "en sí", sino un tipo de matrimonio lleno de mentira y de
traición tras una imagen respetable. Rechazan a los matrimonios que se cierran, ponen barreras, no tienen amigos, viven una vida cómoda y aburguesada.
Hay quienes buscan nuevos caminos, más interioridad y autenticidad, y -por desgracia-terminan frecuentemente en la confusión.

La crítica es dura, pero nos puede servir para plantear de nuevo la vida matrimonial. Es decir, el matrimonio no es anacrónico, pero tampoco debemos vivirlo
de un modo que llaman "burgués", con estrechez de miras y falsedad, mirando más el aspecto externo que el amor verdadero entre las personas que lo componen.

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo consiste en demostrar que el matrimonio es atractivo, también para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.
Y que, realmente, es el amor el que reina entre los esposos. Conviene demostrar, en definitiva, que la fidelidad matrimonial es posible y que lleva a una
felicidad mucho mayor que el amor "espontáneo": éste puede ser muy apasionante, pero queda inmaduro, si huye de la entrega definitiva. Hoy en día, hacen
falta parejas que sean un ejemplo de que el matrimonio, como vida en común indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de toda la familia, y para
ellos mismos, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad.

El matrimonio no es anacrónico en absoluto. Pero es un reto -hoy más que nunca- mantenerse unidos uno al otro, también en tiempos de crisis o de poca comprensión.
Todo matrimonio pasa por crisis, igual que toda persona, cuando crece, experimenta sus crisis de desarrollo. Es muy normal, que haya momentos duros en
la vida. Uno nota monotonía, desazón, quizá la falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos
de lo que se deseaba. A veces, con los años aparece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que se le podía haber dado... Pero, toda crisis trae
consigo un cambio, y puede ser un cambio hacia una madurez mayor, hacia una confianza más plena.

El día de la boda no es la última estación, sino al contrario, es el comienzo de la verdadera aventura de la vida del amor. Si se tiene la conciencia clara
de que el matrimonio dura hasta la muerte, entonces se esfuerza uno mucho más para hacer de él una empresa atractiva.

Consejos concretos

¿Cómo se puede llegar a superar las dificultades? ¿Cómo se puede conseguir que el matrimonio sea feliz? No hay recetas fijas. Pero podemos reflexionar sobre
lo que puede facilitar la vida cotidiana.

1. Amor decidido. Si, al contraer matrimonio, los cónyuges son conscientes de que toman una decisión de por vida y tienen la firme voluntad de permanecer
unidos hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces pueden desarrollarse libremente, en un clima
de seguridad y de confianza.

Conviene perder el miedo a las crisis. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas viven en estrecho contacto. Lo
decisivo es la actitud que se adopta ante aquellas situaciones difíciles: aprovechar la oportunidad de estrechar los lazos de unión, superando juntos las
dificultades, buscar el camino de la reconciliación. A menudo, esta disposición a perdonar es la única esperanza en el camino hacia un nuevo comienzo.
Con los años un cónyuge va amando al otro más y más porque quiere amarle, porque se ha decidido por el otro de por vida, y está dispuesto a soportar desilusiones.

2. Respeto mutuo. Hoy en día, casi nadie duda de que el hombre y la mujer se encuentran en el matrimonio uno junto al otro con la misma dignidad, para enfrentarse
unidos a la vida: que son, en definitiva, de la misma altura; que tienen los mismos derechos y deberes. Hay, a veces, mucha independencia social y económica
entre los cónyuges y, a la vez, una gran dependencia afectiva, que los une de un modo casi enfermizo. Pero sólo aquel que es interiormente libre y autónomo
puede entregarse a los demás. Por tanto, hay que reconocer también la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio. La vida en común no debe
convertirse en una atadura o cárcel que restringe la libertad del otro. Un cónyuge no puede quitar al otro el aire para respirar, la posibilidad de desarrollarse
y llevar adelante iniciativas propias, pensamientos o planes personales: para llegar a una profunda unidad, es necesario seguir siendo dos personas individuales.

No se ama al otro, mientras no se le ama en sí mismo. El "tú" no es la prolongación del "yo". El "tú" es el misterio del otro que pide ser afirmado en sí
mismo. No existe verdadero amor entre un hombre y una mujer, si no se experimenta -incluso en este amor, que hace de ambos una sola carne- un cierto desapego.

3. Apertura a la vida. Un matrimonio en el que el marido y la mujer viven pendientes sólo el uno del otro, y en sus vidas no hay lugar para nadie más, acabará
por cansarse y amargarse. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes, está abierto a otras personas, también a una futura
descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo.

Pero, si la unión sexual se entendiera exclusivamente como la procreación de descendientes, se denigraría al cónyuge al tratarlo como un simple medio; en
última instancia se abusaría de él. Esto ha sido reconocido generalmente en nuestro tiempo de manera muy clara. Más, de la misma manera se humilla al cónyuge
si se hace de él un mero objeto de placer. En cambio, si están integrados en el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos como la búsqueda de la unión
sexual, se puede considerar conseguida la relación.

La fecundidad hace del matrimonio una familia. Por supuesto, los hijos traen consigo desorden e incomodidades para la vida de la pareja, hasta entonces
tranquila, ordenada y controlable. Pero en vez de considerar la maternidad como una esclavitud, hace falta convencerse de nuevo, de que existe una felicidad
más profunda que la de la satisfacción por el dinero y el éxito; que no sólo los padres ayudan a los hijos, sino que también los hijos ayudan a sus padres
a madurar espiritualmente (precisamente a través de las preocupaciones que aquellos originan). Los adultos pueden aprender mucho de sus hijos.

4. Sentido del humor. La mejor educación es la convivencia familiar alegre y armónica. "Cuando hayas estado un día entero sin reír, habrás perdido totalmente
ese día". Este lema es muy importante precisamente para la vida cotidiana de la familia. Las personas carentes de humor e incapaces de reír llevan una
vida poco atractiva. Los matrimonios y las familias, que han dejado de reír, están perdidas.

En cambio, el que tiene sentido del humor, puede olvidarse de sí mismo, y de este modo está libre para los demás. Todos tendemos a veces a plantearnos problemas
existenciales por cosas insignificantes, y esto afecta a las relaciones entre los hombres. Debemos esforzarnos por no contemplar las múltiples cosas pequeñas
de la vida cotidiana desde su aspecto negativo. Cada cosa, como es sabido, tiene dos caras, y vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos
reírnos a gusto, o al menos sonreír.

Una persona que se siente querida por su familia, también es capaz de amar; recibe fuerza y apoyo para la lucha diaria. Sólo el que se siente feliz, puede
regalar paz, alegría y optimismo a otros; sólo quien se siente protegido, puede ofrecer apoyo y fortaleza. Únicamente quien tiene iniciativa, puede transmitirla
y atreverse a cambiar el mundo. En una familia sana, los miembros serán capaces de desprenderse unos de otros y lanzarse activamente al mundo con generosidad.
Están abiertos a los problemas de los demás, saben lo que es la amistad, y están dispuestos a gastarse en servicio al prójimo, desinteresadamente y sin
miedo a interrumpir con ello la tranquilidad de la tarde.
(Extraído de Movimiento Laical Almatá).

celebración del Sacramento del Matrimonio. Misal de boda.

 
 
 
“Ofrecemos este día a Dios para unir nuestro amor pidiendo su bendición y la de nuestros queridos padres.”
 
 
 
 
Nombre de los novios
 
 
 
 
 
 
 
 
Acudiendo a la Celebración Eucarística presidida por el R.P. (----nombre del Sacerdote----) en (-----lugar donde va a hacer la ceremonia religiosa------)
 
 
 
 
 
-------Fecha--------
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
“En mi corazón Señor, se ha encendido un amor por una creatura que Tú conoces y amas, Tú mismo me la has hecho encontrar y me la has presentado, te doy gracias por este don que me llena de alegría profunda, que me hace semejante a Ti que eres amor y que me hace comprender el valor de la vida que me has dado. Haz que no malgaste esta riqueza que Tú has puesto en mi, enséñame que el amor es don y que no puede mezclarse con ningún egoísmo, que el amor es puro y que no puede quedar en ninguna bajeza, que el amor es fecundo y desde hoy debe de producir un nuevo modo de vivir en los dos. Te pido Señor, por quien me espera y piensa en mi, por quien ha puesto en mi toda la confianza para su futuro, por quien camina a mi lado, haznos dignos el uno del otro, que seamos ayuda y modelo. Ayúdanos en nuestro matrimonio, a su grandeza, a su responsabilidad, a fin de que desde ahora nuestras almas dominen nuestros cuerpos y los conduzca en el amor. Amén.”
 
Oración de los Novios.
 
RITO DE INTRODUCCIÓN
 
Celebrante (C):         Hermanos:  Nos hemos reunido aquí para celebrar la unión sagrada de (----nombre de los novios---), para ser testigos del sacramento del Matrimonio y para unirnos con ellos en oración pidiendo a Dios nuestro Señor para que edifiquen una familia Cristiana.
Nuestra reunión es reunión de la Iglesia de Cristo, presente aquí, por eso nuestra alegría es alegría de la Iglesia. Vamos a escuchar la palabra de Dios, que de un modo eficaz y misterioso se realizará en el sacramento del Matrimonio y la Eucaristía. Participemos en esta celebración unidos en la plegaria por los nuevos esposos.
 
 
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
 
Todos (T):      Amén
C:                    La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo está con todos ustedes.
 
T:                    Y con Tu espíritu.
Monición:
Un amor verdadero es el que lo da todo y sin embargo sigue siendo pleno, es el que cede mil veces y aún así crece continuamente, es el que duele y a pesar de esto es feliz. Cristo nos demostró en la cruz su amor por la Iglesia, el cual fue tan grande que hizo que lo diera todo, incluso su propia vida, y no sólo no perdió nada, sino que nos regaló el cielo. Pidamos durante esta Misa, que el amor que (---nombre de los novios--) hoy se van a prometer, se parezca cada día más al de Cristo por su Iglesia.
Acto Penitencial
 
C:        Hermanos, para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
 
T:         Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes hermanos, para que intercedan por mi, ante Dios nuestro Señor.
 
C:        Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
 
T:         Amén
 
Kirie
 
C:        Señor, ten piedad
T:         Señor, ten piedad
C:        Cristo, ten piedad
T:         Cristo, ten piedad
C:        Señor, ten piedad
T:         Señor, ten piedad
 
Gloria
 
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios Rey Celestial, Dios Padre todopoderoso, Señor hijo único Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del  mundo, atiende a nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque solo Tú eres santo, solo Tú Señor, solo Tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
 
Oración Colecta
 
C:        Oremos.  Señor, Tú que con un designio maravilloso consagraste la unión conyugal para prefigurar en ella la unión de Cristo con su Iglesia, concede a estos hijos tuyos que realizan en su vida de esposos este designio que conocen por la Fe. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
T:         Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Primera Lectura
 
Lectura del libro del Génesis (2, 18-24)
 
En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.
 
Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.
Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y este exclamó:
 
“Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre”.
 
Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa.
 
Palabra de Dios
T:         Te alabamos Señor.
 
Salmo Responsorial
 
(Salmo III)
 
Lector (L):      Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
Todos (T):      Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
L:                    Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia.
 
T:                    Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
L:                    En su casa habrá riqueza y abundancia, su caridad es constante, sin falta. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.
 
T:                    Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
L:                    Dichoso el que se apiada, presta y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo.
 
T:                    Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
L:                    No temerá a las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro sin temor, hasta ver derrotados a sus enemigos.
 
T:                    Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor, Aleluya.
 
Segunda Lectura
 
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios
(12.31-13.8)
 
Hermanos: Aspirad a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostraros el camino mejor de todos.
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden. Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy.
 
Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.
 
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es mal educado ni egoísta, no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.
 
Aunque pasen las profecías, aunque desaparezcan las lenguas, aunque la ciencia sea destruida, el amor no pasará jamás.
 
Palabra de Dios
T: Te alabamos Señor
 
Aclamación antes del Evangelio
 
L:                    Aleluya, Aleluya
T:                    Aleluya, Aleluya
L:                    “Amémonos unos a otros porque el amor procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios Conoce.”
L:                    Aleluya, Aleluya
 
C:                   El Señor esté con ustedes
T:                    Y con tu Espíritu
C:                   Lectura del santo Evangelio según San Juan
T:                    Gloria a ti Señor.
 
Evangelio
(Jn 15, 9-12)
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
 
Palabra del Señor.
 
T:        Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Homilía
 
LITURGIA DEL SACRAMENTO
 
C:       (---nombre de los novios---), han venido aquí para que el Señor, ante el ministro de la Iglesia y ante la comunidad cristiana, consagre con su sello el amor que ustedes tienen.
 
           Este amor Cristo lo bendice abundantemente, y con un nuevo sacramento, a ustedes, a quienes por el bautismo ya ha santificado, los va a enriquecer y a dar fuerza para que se guarden siempre mutua fidelidad y puedan cumplir las demás obligaciones del matrimonio.
           Así pues, ante esta comunidad cristiana que representa a la Iglesia les pregunto:
 
C:        (---nombre de los novios----) ¿Han venido aquí a contraer matrimonio por su libre y plena voluntad sin que nada ni nadie los presione?
 
(---nombre de los novios----):           Si Padre
 
C:        ¿Están dispuestos a amarse y honrarse mutuamente en su matrimonio durante toda la vida?
 
(---nombre de los novios----):           Si Padre
 
C:        ¿Están dispuestos a recibir con amor los hijos que Dios les dé y educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?
 
(---nombre de los novios----):           Si Padre
 
Consentimiento.
 
C:        Así pues, ya que quieren establecer entre ustedes la alianza santa del matrimonio, unan sus manos y expresen su consentimiento delante de Dios y de su Iglesia.
 
(Nombre del Novio) : Yo, (---nombre del novio---), te quiero a ti, (----nombre de la Novia---),
como esposa y me entrego a ti,
            y prometo serte fiel
            en las alegrías y en las penas
            en la salud y en la enfermedad y
            amarte y respetarte todos los días de mi vida.
 
 
(---nombre de la novia----):   Yo, (---nombre de la novia----), te quiero a ti, (---nombre del novio----),
como esposo y me entrego a ti,
            y prometo serte fiel
            en las alegrías y en las penas
            en la salud y en la enfermedad y
            amarte y respetarte todos los días de mi vida.
 
C:        El Señor, que hizo nacer en vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que han manifestado ante la Iglesia.
            Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
 
T:         Bendito sea Dios que les ha unido en Cristo.
 
Entrega de anillos
 
C:        Bendice Señor, estos anillos, símbolo de amor y fidelidad, y haz que les recuerden siempre el amor que hoy les trae a tu altar.
 
(---nombre del novio--):         (---nombre de la novia----), recibe éste anillo ,
como signo de mi amor y de mi fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
(---nombre de la novia----):   (---nombre del novio----), recibe éste anillo,
como signo de mi amor y de mi fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
Entrega de arras
 
C:        Bendice Señor, estas arras, que (---nombre del novio----) pone en manos de (---nombre de la novia----), y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.
(---nombre del novio----):      (---nombre de la novia--) recibe también estas arras,
como prenda del cuidado que tendré,
de que no falte lo necesario en nuestro hogar.
 
(---nombre de la novia----):   (---nombre del novio----), yo las recibo,
en señal del cuidado que tendré,
de que todo se aproveche en nuestro hogar.
 
C:        Bendice Señor esta Biblia, este Rosario y este cirio, para que estos hijos tuyos permanezcan siempre en el camino de la Fe.
 
Oración de los fieles
 
C:        Oremos a Dios para que (---nombre de los novios----) que hoy se unen en matrimonio, alcancen la felicidad en esta vida y en la otra.
 
L1:      Te pedimos Señor, que ayudes a (---nombre de los novios----) para que a través de tu amor y del suyo, formen un matrimonio unido, basado en el amor, la entrega mutua y la generosidad logrando así, ser un matrimonio santo. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L2:      Para que, viviendo la intimidad de su hogar, no sean insensibles a las necesidades y sufrimientos de la gran familia humana. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L3:      Para que nunca les falte el pan en la mesa, el calor en su hogar y la ayuda de sus familiares y amigos en las dificultades. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L4:      Para que sean unos padres responsables y sepan educar a sus hijos en la rectitud de carácter y en la integridad de la fe. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L5:      Señor, te pedimos por sus padres, quienes han llenado su vida de sacrificios para que (---nombre de los novios----)  sean lo que hoy son, para que los bendigas y los llenes de paz estando cada día más cerca de ti. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L6:      Para que nuestros padre, abuelos, familiares y amigos que nos han precedido ya en el cielo, gocen de la felicidad sin fin en compañía de los santos. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
L7:      Te pedimos Señor que bendigas a sus hermanos, abuelos, familiares y amigos, para que encuentren el camino del bien, alcancen la felicidad y el amor verdadero, roguemos al Señor.
R. Te rogamos Señor.
 
L8:      Para que en nuestras familias reine la paz, la libertad y la justicia, logrando perdonar siempre a los que nos han ofendido. Roguemos al Señor. R: Te rogamos Señor.
 
C:        Dios todopoderoso, mira propicio a estos hijos tuyos, consérvalos unidos en tu amor, concédeles los dones de la gracia, a fin de que, después de esta vida merezcan llegar al lugar de la eterna felicidad. Por Jesucristo nuestro Señor.
 
T:         Amén.
 
Imposición de Lazo
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
 
C:        Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
 
T:         El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
C:        Escucha Señor, nuestras súplicas y recibe con agrado estas ofrendas que te presentamos por estos hijos tuyos, unidos en santo matrimonio, para que la celebración de estos misterios los confirme en su amor y en el tuyo. Por Jesucristo Nuestro Señor.
 
T:         Amén
 
Monición:
 
Cristo quedándose en la Eucaristía nos enseña que el amor no termina, que aunque día a día se da, no se agota; nos enseña que debe ser sin límites y que quien esté cerca de él, comienza a vivir. Ofrezcamos hoy este sacrificio eucarístico para que el amor de (---nombre de los novios----) sea capaz de dar al otro la vida eterna.
 
Prefacio
 
C:        El Señor esté con ustedes.
T:         Y con tu espíritu
 
C:        Levantemos el Corazón.
T:         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
C:        Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
T:         Es justo y necesario
 
C:        En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque dignificaste tanto al hombre, creado por bondad tuya, que en la unión del hombre y la mujer has dejado la imagen verdadera de tu amor. Y al que por amor creaste, no cesas de llamarlo a la vida del amor, a fin de hacerlo partícipe de la eternidad del tuyo.
Así , el misterio del santo matrimonio, al mismo tiempo que significa tu amor divino, consagra el amor humano, por Cristo, nuestro Señor. Por él, con los ángeles y los santos, cantamos sin cesar el himno de Tu Gloria.
 
T:         Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo…
 
Plegaria Eucarística
 
RITO DE COMUNIÓN
 
C:         Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
 
T:         Padre nuestro…
 
Oración por los esposos
 
C:         Hermanos, pidámosle a Dios que bendiga y proteja a estos esposos a quienes ha enriquecido con el sacramento del matrimonio. Padre Santo, autor del universo, que creaste a tu imagen al hombre y a la mujer y colmaste de bendiciones su unión conyugal; te pedimos por esta esposa, (---nombre de la novia--), que hoy se une a (---nombre del novio----) su esposo por el sacramento del matrimonio.
 
Que descienda Señor, sobre ella y el compañero de su vida la abundancia de tu bendición, para que al gozo de su vida matrimonial añadan el encanto de los hijos y enriquezcan con ellos a tu Iglesia.
 
Que te alaben Señor sus alegrías, que te busquen en sus tristezas, que en sus trabajos encuentren el gozo de tu ayuda y en la necesidad, sientan cercano tu consuelo; que te invoquen en las reuniones sagradas, que den testimonio de ti entre los hombres, y después de una ancianidad feliz, lleguen al Reino de los cielos, acompañados de quienes hoy comparten su alegría. Por Cristo Nuestro Señor.
 
T:                     Amén
 
C:         Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad, tu que vives y reinas, por los siglos de los siglos.
 
T:         Amén
 
C:         La paz del Señor esté con todos ustedes.
                       T:         Y con tu espíritu.
                       C:         Dense fraternalmente la paz.
 
T:         Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo: ten piedad de nosotros.
            Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo: ten piedad de nosotros.
            Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo: danos la paz.
 
C:        Este es el Cordero de Dios, Jesucristo, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
 
T:         Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
 
COMUNIÓN
 
Oración después de la comunión
 
C:        Tú, que nos has permitido participar de tu mesa, concede, Señor, a (---nombre de los novios----)  que acaban de unir sus vidas por el sacramento del matrimonio, permanecer fieles a ti y dar testimonio de tu amor ante los hombres, Por Cristo nuestro Señor.
 
T:         Amén
 
Rito de Conclusión
 
C:        El señor esté con ustedes.
T:         Y con tu espíritu
 
C:        Que el eterno Padre los conserve unidos en el amor, para que la paz de Cristo habite en ustedes y permanezca en su hogar.
T:         Amén.
 
C:        Que tengan en los hijos una bendición, en los amigos un consuelo y en el trato con todos, una paz verdadera.
T:         Amén.
 
C:        Que sean testigos del amor de Dios en el mundo, para que los pobres y afligidos, habiendo encontrado en ustedes ayuda y consuelo, los reciban con gratitud algún día en la casa eterna del Padre.
T:         Amén.
 
C:        Y que a todos ustedes aquí presentes, les bendiga Dios, todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
T:         Amén.
 
C:        La alegría del Señor sea nuestra fuerza; pueden ir en paz.
 
T:   Demos gracias a Dios.
(Desconozco el redactor).

Originalidad del Matrimonio cristiano. Serie de 5 artículos.

Autor: José Antonio Pagola | Fuente: Parroquia S. Vicente Mártir
Originalidad del Matrimonio Cristiano
Estudio que recoge ponencias dirigidas a parejas que colaboran en la pastoral prematrimonial
 
 
Originalidad del Matrimonio Cristiano
Este pequeño estudio recoge dos ponencias dirigidas a parejas que colaboran en la pastoral prematrimonial.
 
En muy poco tiempo se ha producido entre nosotros un profundo cambio en la concepción que las personas tienen sobre el amor, la sexualidad, el matrimonio, la fidelidad conyugal o la familia.
 
Al mismo tiempo, se ha introducido y revalorizado el matrimonio civil como alternativa al matrimonio eclesiástico. Jóvenes que no aceptan la visión cristiana del matrimonio y sus consecuencias se casan por lo civil. Así mismo, otras parejas se siguen casando por la Iglesia pero no por convicción profunda de fe, sino por razones ambiguas de orden sociológico o familiar.
 
De ahí la importancia que adquiere en estos momentos el responder con cierta lucidez a esta pregunta: ¿Dónde está la originalidad del matrimonio cristiano? ¿Qué es «casarse por la Iglesia»? Es bueno que las jóvenes parejas adopten su propia postura al orientar su futuro matrimonial, pero para ello es necesario conocer en qué consiste la originalidad del matrimonio cristiano.

1. Hacia una visión más correcta del Matrimonio cristiano.

Autor: José Antonio Pagola | Fuente: Parroquia S. Vicente Mártir
Hacia una visión más correcta del matrimonio cristiano
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Antes que nada, me parece que será clarificador señalar, aunque sea de manera breve, los cambios más importantes que se han dado también estos años en la visión teológica del matrimonio cristiano. Podemos decir que la Constitución «Gaudium et spes» marca una visión nueva del matrimonio.
 
1. De una concepción jurídica a una visión más existencial del matrimonio
 
Durante mucho tiempo se ha promovido una visión predominantemente jurídica del matrimonio: el matrimonio como institución, las condiciones para su validez, la naturaleza del matrimonio legal, las dispensas, etc. De esa manera, el amor real y vivo entre los cónyuges quedaba como en un segundo plano. De algún modo, el matrimonio aparecía sencillamente como una institución jurídica dentro de la cual se puede ejercer sin pecar (sin culpabilidad moral) la actividad sexual entre el hombre y la mujer.
 
Pero si prescindimos o no valoramos debidamente la realidad humana del amor mutuo de la pareja estamos omitiendo precisamente lo que es la base y el punto de partida del matrimonio cristiano. Si olvidamos el diálogo amoroso de la pareja y entendemos el matrimonio eclesiástico exclusivamente como una institución jurídica, estamos destruyendo la realidad más profunda del matrimonio cristiano, ya que el matrimonio sólo puede ser sacramento si el amor de Dios es expresado, encarnado y sacramentalizado en el amor mutuo de los cónyuges.
 
2. Del matrimonio como contrato al matrimonio como vocación
 
Desde una visión jurídica, el matrimonio se ve como un contrato realizado libremente por el consentimiento de los dos contrayentes. Un contrato del que se originan unos derechos y unas obligaciones. Así se habla de los deberes matrimoniales, el derecho al cuerpo del otro («débito sexual»), etc.
 
La teología actual y el Vaticano II abordan el matrimonio no como contrato sino como una vocación. Los esposos cristianos «cumpliendo su misión conyugal y familiar, animados por el espíritu de Cristo... llegan cada vez más a su pleno desarrollo personal y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios» (Gaudium et spes, 48).
 
El matrimonio no debe quedar reducido a un contrato. El mutuo compromiso de los nuevos esposos es, más bien, el punto de partida de un proyecto común, de una vida compartida conyugalmente en la que están llamados a alcanzar su pleno desarrollo personal: humano y cristiano.
 
3. De los fines del matrimonio a las exigencias del amor matrimonial
 
La teología tradicional hablaba de los fines del matrimonio. Se presentaba, en primer lugar, el fin primario y específico consistente en la procreación de los hijos. Después se hablaba del fin secundario consistente en la mutua ayuda, la complementación sexual, la comprensión recíproca.
 
Si el matrimonio se considera desde esta perspectiva, el amor queda totalmente subordinado a la procreación y el matrimonio queda reducido a una institución legal necesaria socialmente para garantizar la supervivencia de la humanidad y para regular socialmente la actividad sexual. Se entiende la famosa expresión de K. Marx: «El matrimonio burgués es una prostitución legal».
 
El Vaticano II no ha querido ni siquiera mencionar esta doctrina tradicional de los fines del matrimonio. Al contrario, el matrimonio se considera antes que nada como una comunidad de amor conyugal que se expresa, se realiza y crece en el encuentro sexual. Este amor conyugal tiene valor en sí mismo. Solamente después se dice que esta comunidad de amor conyugal está llamada a ser fuente de vida. El encuentro conyugal está abierto a la fecundidad.
 
4.De los derechos y deberes matrimoniales a una visión del matrimonio como comunidad de amor
 
Desde una perspectiva jurídica fácilmente se reduce la vivencia matrimonial de los esposos a un conjunto de derechos y obligaciones. Como consecuencia del contrato matrimonial, los esposos adquieren unos derechos (uso del cuerpo del otro cónyuge como si fuera el propio, en orden a la procreación; derecho a la fidelidad total del otro...); y contraen unas obligaciones (procreación de los hijos, educación debida, fidelidad conyugal, mutua ayuda...).
 
El Vaticano II entiende el matrimonio como una comunidad de amor. Es el amor conyugal el que vivifica y da sentido a toda la vida matrimonial. Una moral conyugal basada fundamentalmente en la distinción de fines primarios y secundarios, o en el cumplimiento de unos deberes y la exigencia de unos derechos nacidos de un contrato fácilmente puede terminar en puro legalismo vacío de amor. El amor conyugal es la verdadera fuente de responsabilidad matrimonial y familiar y de fidelidad mutua.
 
Resumiendo, a la hora de presentar a las parejas una visión correcta del matrimonio es necesario estar atentos para utilizar el lenguaje más adecuado y ofrecer el contenido apropiado. No es lo mismo hablar de la institución matrimonial que del amor conyugal; del matrimonio como contrato o del matrimonio como vocación; de los fines del matrimonio o de las exigencias del amor matrimonial; de los derechos y deberes matrimoniales o del matrimonio como comunidad de amor.

2. La realidad humana del Matrimonio.

Autor: José antonio Pagola | Fuente: Parroquia S. Vicente Mártir
La Realidad Humana del Matrimonio
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Antes de hablar de la originalidad del matrimonio cristiano, hemos de valorar debidamente toda la riqueza y la hondura del matrimonio como realidad humana, independientemente de que sea vivido en el marco de una religión determinada o en el contexto de la sociedad civil. Quien no sepa valorar debidamente la riqueza natural del matrimonio en sus diferentes dimensiones no sabrá luego valorar ni vivir el matrimonio desde la originalidad cristiana.
 
De manera muy sintética señalamos las principales dimensiones del matrimonio:
 
1. Convivencia sexual
 
El matrimonio es convivencia sexual. Varón y mujer, sexualmente diferentes y complementarios, pueden vivir juntos plenamente el misterio gozoso de la sexualidad humana. La convivencia sexual abarca diversos aspectos. Señalo los niveles más importantes:
 
El varón y la mujer se pueden expresar a través de su corporalidad, a través de sus gestos y de todo el lenguaje de su sexualidad. De esta manera, el hombre y la mujer salen de su interioridad y se desvelan, se revelan, se manifiestan. Naturalmente esta expresión a través de la sexualidad (besos, abrazos, caricias, acogida, abrazo conyugal...) es plenamente humana cuando es sincera y cuando encuentra en el otro una respuesta y una confianza real.
 
Pero el varón y la mujer no sólo se expresan, sino que se comunican y se encuentran sexualmente en el matrimonio. El hombre y la mujer están llamados al encuentro y la comunicación sexual. No se trata de un encuentro puramente biológico, fisiológico. El encuentro sexual es humano cuando a través de los cuerpos se abrazan las personas, es decir; se hacen presentes y se comunican como personas. Esto, naturalmente, pide que el encuentro sexual no sea ambiguo, no sea una máscara que oculte a la persona, sino que sea la comunicación de lo mejor que hay en cada uno de ellos.
 
Pero, además, el varón y la mujer se complementan y enriquecen mutuamente en el encuentro sexual. El ser humano es bisexual, diferenciado, masculino y femenino. El varón y la mujer se sienten mutuamente atraídos y llamados a la complementación. Disfrutan y se enriquecen cuando saben acogerse mutuamente. Se ayudan recíprocamente a crecer, fundiendo sus vidas, compartiendo la existencia desde el encuentro sexual.
 
2. Comunidad de amor
 
Esa convivencia sexual en toda su riqueza es plenamente humana cuando expresa y encarna un amor real entre el varón y la mujer. Cuando el matrimonio es amor responsable al otro, cuidado amoroso, búsqueda del bien del otro, entrega desinteresada y generosa al otro.
 
Ahora bien, el amor conyugal por su propia dinámica pide fidelidad. El amor va más lejos que aquel instante en que está siendo vivido. El amor mira también al futuro. No se le puede poner un término sin destruirlo. No se puede amar de verdad a una persona poniendo un límite temporal, una fecha. Por eso, el amor conyugal exige la promesa de vivirlo para siempre, la promesa de ser fiel a la persona amada.
 
Es muy importante reconocer el valor humano de la fidelidad, al margen de las creencias o de la fe de la pareja. El clima socio-cultural de nuestros tiempos favorece la inconstancia, la infidelidad, la superficialidad de los contactos sexuales y la trivialización de las relaciones interpersonales, pero todos hemos de reconocer que la fidelidad a la persona amada es un valor exigido por la misma naturaleza del amor verdadero.
 
3. Realidad social
 
El amor conyugal y la convivencia sexual piden ser aceptados y reconocidos socialmente. No podemos olvidar que el varón y la mujer que comparten una vida conyugal no son individuos aislados sino miembros de una sociedad concreta. Una concepción romántica del amor como algo que ha de ser vivido exclusivamente en la intimidad o en el ámbito privado no es plenamente humana, porque olvida la dimensión social de la pareja.
 
Un amor secreto, oculto a la sociedad, o no reconocido socialmente difícilmente conducirá a las personas que lo viven a su realización y expansión plenas. Por eso, una convivencia sexual estable está pidiendo un reconocimiento por parte de la sociedad, una integración en el marco social.
 
Es muy importante valorar esta dimensión social del matrimonio independientemente de que sea un matrimonio civil o religioso. Si el vínculo amoroso queda reducido al ámbito de la conducta privada, todavía le falta algo para ser vivido de manera plenamente humana y social.
 
4. Comunidad abierta a la fecundidad
 
El encuentro sexual de una pareja estable está llamado a ser fuente de una nueva vida humana. El encuentro sexual es un encuentro amoroso, pero, por su misma estructura, es un encuentro íntimamente orientado a dar nacimiento a una vida nueva.
 
El acto conyugal expresa y realiza la donación más íntima y absoluta que pueda darse entre un hombre y una mujer, pero, por su misma dinámica, está abierto a un tercero posible: el hijo. En el acto conyugal, el varón no solamente se entrega a sí mismo a la mujer que ama, sino que también le entrega su capacidad de engendrar, su capacidad de ser padre: «Quiero que seas mi mujer y tener un hijo de ti». La mujer no solamente se entrega de manera total e incondicional al varón, sino que también entrega su capacidad de engendrar, ofrece su seno fecundo: «Quiero ser tuya y tener un hijo de ti».
 
Es importante valorar la dimensión de la fecundidad, independientemente de las creencias y la moral de cada uno. El ser humano está llamado a ser fecundo. Los esposos están llamados a ser «una sola carne», pero no han de olvidar que normalmente esta carne puede convertirse en «cuna» de un hijo que viene a sellar y a encarnar de manera natural el amor matrimonial de los padres.
 
Resumiendo, al acoger a las parejas que se preparan al matrimonio, es importante que antes de hablar del matrimonio cristiano, sepáis valorar en toda su hondura y riqueza el matrimonio como realidad humana, en sus diversas dimensiones: como convivencia sexual, comunidad de amor, realidad social, comunidad abierta a la fecundidad.

3. El Matrimonio como Sacramento.

Autor: José Antonio Pagola | Fuente: Parroquia S. Vicente Mártir
El Matrimonio como Sacramento
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Cristo no ha instituido nada nuevo respecto al matrimonio. Lo que ha hecho es restaurar el matrimonio en su primera originalidad y llamar a los hombres y mujeres a que vivan el amor matrimonial respondiendo al primer designio del Creador, que el varón y la mujer sean «una sola carne» como quiso Dios desde siempre.
 
Pero precisamente para vivir ese amor matrimonial natural en toda su autenticidad, Jesús llama a vivir el matrimonio como sacramento del amor de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo. El sacramento no es algo añadido al matrimonio. Es sencillamente el matrimonio vivido desde la fe cristiana, vivido como «signo», como «sacramento» del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo.
 
Por lo tanto, cuando una pareja «se casa por la Iglesia», se compromete a vivir su matrimonio desde la fe cristiana y a vivirlo en concreto como «sacramento» del amor de Dios. Pero, ¿qué quiere decir vivir el matrimonio como sacramento? Para entender bien esto tenemos que comprender qué es un sacramento. Si lo logramos, descubriremos un horizonte insospechado y una riqueza inmensa para vivir el matrimonio.
 
1. El hombre es sacramental
 
Sacramento es una palabra que viene del latín «sacramentum» y significa «signo», «señal». Sacramento es, pues, algo que nos descubre, nos revela, nos manifiesta otra realidad que, de lo contrario, se nos quedaría oculta. Por ejemplo, el anillo de bodas que vemos en la mano de una persona es una señal, un signo, un «sacramento» de que esa persona está comprometida, casada con alguien.
 
Por eso, podemos decir que el hombre es sacramental, tiene una estructura sacramental. En el ser humano hay todo un mundo íntimo, invisible, misterioso que se descubre, se desvela, se manifiesta a través del cuerpo.
 
El hombre es miedo, amor, ternura, gozo, tristeza, proyectos, interrogantes, cansancio, debilidad, entusiasmo, pasión, solidaridad, lucha, esperanza... Es todo un mundo de vida, de interioridad que se revela y se encarna hacia filera a través de la corporalidad.
 
Nuestro cuerpo es el gran sacramento, el medio de expresión que nos permite manifestarnos y comunicarnos con los demás. Las miradas, los gestos, las palabras, la sonrisa, el beso, los abrazos, los golpes, las manos, el rostro... el cuerpo entero nos permite «sacramentalizar», es decir, expresar y vivir todo lo que hay en nuestro interior.
 
Gracias al cuerpo nos expresamos, nos realizamos, nos comunicamos, nos encontramos con los demás. Podemos decir que el hombre es sacramental, es algo interior, invisible, espiritual, que se expresa y se realiza en y a través de un cuerpo visible, sensible, palpable. El ser humano vive, crece, se realiza de manera sacramental.
 
2. La necesidad de sacramentalizar la vida
 
Precisamente, debido a su estructura sacramental, el ser humano siente la necesidad de «sacramentalizar» la vida. Y cuanto más profundamente se vive a sí mismo y más profundamente vive su relación con las personas y con las cosas, más hondamente siente esta necesidad de “sacramentalizar” su vida.
 
Los antropólogos han descubierto que el hombre se hace presente en el mundo a tres niveles:
 
En un primer nivel, el ser humano se asoma al mundo como un extraño. Apenas conoce ni entiende nada. El hombre primitivo (o el niño actual) se admira ante las cosas y los fenómenos. Contempla todo con curiosidad, se asombra, teme, adora, venera. Es la primera actitud, la más primitiva y elemental, básica.
 
En un segundo nivel, el hombre va dominando las cosas y los fenómenos. Los analiza, los controla, los trabaja, los domestica, los transforma, los organiza. Es el «homo faber» que desarrolla la ciencia, la técnica, el dominio del cosmos.
 
Hay un tercer nivel, cuando el hombre se acerca a las cosas y a los hechos para darles un valor simbólico. Las cosas ya no son entonces meros objetos para ser contemplados o para ser trabajados y dominados. Se convierten en signos, señales, llamadas. Entonces las cosas y los hechos son portadores de un mensaje, de una vivencia. Adquieren un valor sacramental. Vamos a verlo de manera más concreta:
 
El hombre sacramentaliza de manera particular algunas cosas: todos los árboles pueden ser recuerdos de experiencias vividas bajo su sombra, pero aquel árbol del caserío tiene algo especial; todas las cocinas pueden ser evocadoras, pero la cocina de la casa donde uno nació guarda algo único.
 
El hombre sacramentaliza de manera particu­lar algunos hechos: se toman muchas copas, pero es distinta la copa para celebrar un encuentro; se come todos los días, pero es diferente un banquete de bodas, una cena íntima...
 
El hombre sacramentaliza algunos momentos o fechas particulares: todos los días parecen iguales, pero es diferente el día del aniversario de bodas, el cumpleaños, la fiesta del pueblo, el día de una despedida, de un encuentro.
 
El hombre sacramentaliza también algunas personas de manera muy especial: todas las personas pueden despertar nuestro amor o amistad, pero hay personas únicas: la novia, el abuelo, la madre, el amigo.
 
Es decir, el hombre no sólo es sacramental sino que va cargando de valor simbólico o sacramental el mundo en que vive. Va sacramentalizan­do su existencia y todas esas cosas, hechos, momentos, personas se convierten en pequeños o grandes «sacramentos» que evocan, alimentan y acrecientan su existencia.
 
3. Jesucristo, Sacramento de Dios
 
Para un creyente, el mundo entero se puede convertir en «sacramento» de Dios. Dios es misterio invisible e insondable, pero está en la raíz misma del mundo y de la vida. Y, por ello mismo, se puede anunciar, sugerir y manifestar a través de hechos, experiencias, fenómenos que nos pueden hablar de El. La creación entera se puede convertir en «señal» de Dios.
 
De manera particular, las personas con su fuerza creadora, su inteligencia, su capacidad de amar, su libertad, su misterio son el mejor signo, la mejor señal que nos puede hablar de Dios.
 
Pero el cosmos está atravesado por el mal y los seres humanos están tocados por la malicia y el pecado. Para el cristiano, hay un hombre único, verdadero Sacramento de Dios, en el que Dios se nos ha manifestado y revelado como en ningún otro: Jesucristo.
 
Por la Encarnación, el misterio insondable de Dios se nos ha manifestado de manera visible en Jesús. Dios es amor insondable, perdón, acogida, respeto, cariño, preocupación por los seres humanos. Pues bien, ese Dios invisible se nos manifiesta, se «sacramentaliza» en Jesús. En él «reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2, 9). En él «se ha hecho visible la bondad de Dios y su amor a los hombres» (Tt 3, 4).
 
El cuerpo de Jesús, sus gestos, sus palabras, sus abrazos a los niños, su bendición, su perdón, sus curaciones, su acogida, sus manos, su cercanía a los necesitados, su entrega hasta la muerte, todo él es Sacramento de Dios. En Jesucristo se expresa y se hace presente de manera eficaz el amor de Dios a los hombres. Jesucristo es el gran Sacramento de Dios, el primer Sacramento de Dios.
 
Estando Jesús presente no hace falta ningún sacramento. El que se encuentra con ese hombre se encuentra con Dios. El que se pone en contacto con Jesús se pone en contacto con Dios. El que escucha de sus labios el perdón, es perdonado por Dios. El que es curado por Jesús queda sanado por Dios. Los hombres pueden encontrarse con el Dios invisible a través de la humanidad de Jesús que es su gran Sacramento.
 
4. La Iglesia, sacramento de Jesucristo
 
Por la resurrección, Jesucristo desaparece del horizonte visible de nuestra vida y queda sustraído del plano visible, sensible en el que nosotros nos movemos. Ya no nos podemos encontrar directamente con el Cuerpo de Jesús. Quedamos, de alguna manera, privados de ese gran Sacramento de Dios que es Jesús.
 
Pero, incluso después de la muerte y resurrección de Jesús, no se pierde la dimensión sacramental en el encuentro con Dios. Respetando la estructura sacramental del hombre profundamente ligado al cuerpo y al mundo de lo sensible, Dios continúa ahora ofreciéndose de manera sacramental a través de la Iglesia.
 
La Iglesia es ahora «el Cuerpo de Cristo», la comunidad que le da cuerpo a Jesucristo, la comunidad donde se ofrece Jesucristo a través de gestos visibles, sensibles, captables. En esta comunidad llena de mediocridad, debilidad y pecado se realiza, sin embargo, algo decisivo: la presencia sacramental de Jesucristo.
 
Podemos decir que la Iglesia entera, en su totalidad es sacramento de Jesucristo. En la Iglesia Cristo se hace presente de manera sacramental en medio de los hombres. Todo en la Iglesia tiene una dimensión sacramental: las personas que formamos esta comunidad, los evangelios que se proclaman entre nosotros, los gestos cristianos que realizamos, el amor a los necesitados, la oración de los creyentes, los ritos sagrados, los símbolos. Todo lo que hacemos y vivimos desde la fe puede sacramentalizar y hacer presente a Jesucristo nuestro Salvador.
 
5.- Los siete sacramentos
 
Todo en la Iglesia es sacramental, pero hay acciones y gestos donde ese carácter sacramental adquiere una densidad particular. De la misma manera que todo puede ser signo de amor entre los esposos, pero el abrazo conyugal sacramentaliza de manera más eficaz e intensa su amor.
 
Hasta el siglo XII se empleaba la palabra «sacramento» para designar a muchos gestos y acciones eclesiales. San Agustín cuenta hasta 304 «sacramentos». A partir del siglo XII, se hace un esfuerzo de selección para delimitar los gestos sacramentales más nucleares. Por fin, el Concilio de Trento define los siete sacramentos no de manera arbitraria sino articulándolos en torno a los ejes fundamentales de la vida o los momentos claves de la vida cristiana.
 
Los sacramentos son, por lo tanto, la concreción y actualización de lo que es la Iglesia: sacramento de Cristo, el cual es, a su vez, Sacramento de Dios. Cuando celebramos o vivimos un sacramento, realizamos un gesto humano al que le damos sentido desde la fe; realizamos ese gesto no de manera privada a nuestro arbitrio, sino de manera eclesial, dentro de la Iglesia sacramento de Jesucristo; y así nos encontramos con Cristo que es el gran Sacramento que nos lleva al encuentro con Dios.
 
Por lo tanto, lo primero es realizar un gesto humano que encierra una fuerza expresiva importante: una comida (Eucaristía), un gesto de perdón (Penitencia), una entrega mutua de dos personas (Matrimonio).
 
En segundo lugar, ese gesto humano tiene sentido cuando es vivido desde la fe. Los sacramen­tos suponen fe. Sin la fe, el sacramento no dice nada, no habla nada. Los sacramentos realizados sin fe se convierten en ceremonias vacías, ritos so­ciales, gestos ridículos.
 
En tercer lugar, ese gesto vivido desde la fe no es algo individual o privado, ni siquiera de un grupo particular. Cada sacramento es una toma de contacto, una inserción en la Iglesia, un gesto eclesial, pues sólo la gran comunidad eclesial es el sacramento de Jesucristo.
 
En cuarto lugar, esos sacramentos no son ritos muertos sino gestos de encuentro personal con Cristo que es el gran Sacramento que nos lleva a Dios. Cada sacramento según su modalidad nos pone en contacto con Jesucristo y por medio de él con Dios. Es Cristo el que perdona, Cristo el que alimenta, Cristo el que une en el amor.
 
6.El Sacramento del Matrimonio
 
Después de este recorrido ciertamente un poco largo, estamos preparados para comprender mejor qué es vivir el Matrimonio como sacramento y cuál es la riqueza y las posibilidades que ofrece el matrimonio cristiano.
 
6.1. Proyecto de vida matrimonial
 
Lo primero que hacen los novios cristianos, como cualquier otra pareja, es comprometerse a una vida matrimonial. Este proyecto de vida es la base humana del sacramento, el gesto que va a ser sacramentalizado desde la fe.
 
Por tanto, los novios se comprometen a compartir sexualmente su vida, como expresión de un amor mutuo que exige fidelidad, como una realidad que desean sea reconocida socialmente y como una comunidad de amor abierta a la fecundidad.
 
La base humana del sacramento del matrimonio no son unos elementos materiales (como el pan y el vino de la Eucaristía), no es un gesto exterior (como el lavado con agua del bautismo), sino la misma vida de los nuevos esposos, su entrega mutua, su encuentro amoroso. Es esta vida matrimonial la que va a convertirse en signo, en sacramento cristiano.
 
6.2. El Matrimonio, sacramento del amor de Dios
 
Lo nuevo y original de los novios cristianos es que, animados por su fe cristiana, se comprometen a vivir su matrimonio como signo, como expresión, manifestación o «sacramento» del amor de Dios que se nos ha revelado en Cristo.
 
Al casarse en Cristo, los novios cristianos dicen públicamente a toda la comunidad cristiana lo siguiente: «Nosotros queremos vivir nuestro amor matrimonial como un signo, una manifestación, una encarnación, un sacramento del amor de Dios. Todos los que veáis cómo nos queremos, podréis intuir de alguna manera cómo nos ama Dios a todos. Queremos que nuestro amor y nuestra vida matrimonial os recuerden a todos cómo os quiere Dios».
 
Precisamente por esto, los novios son los ministros del sacramento del matrimonio. No les casa el sacerdote, sino que se confieren el sacramento el uno al otro y lo reciben el uno del otro. El novio le casa a la novia y ésta le casa al novio. Cada uno de ellos se ofrece al otro como gracia, representa para el otro el amor de Dios hecho visible y sensible en el amor humano matrimonial.
 
Al comprometerse a vivir su amor matrimonial como sacramento, se dicen el uno al otro lo siguiente: «Te amo con tal hondura, con tal verdad, con tal entrega y fidelidad que quiero que veas siempre en mi amor matrimonial el signo más claro, la señal más visible, el «sacramento» mejor de cómo te quiere Dios. Cuando sientas cómo te quiero, cómo te perdono, cómo te cuido, podrás sentir de alguna manera cómo te quiere Dios».
 
Los esposos cristianos pueden descubrir el amor de Dios en muchas experiencias de la vida y en muchos lugares del mundo. Para ellos Cristo es, sobre todo, el Sacramento de Dios y a ese Cristo lo pueden descubrir en la Iglesia de muchas maneras: en la Eucaristía, o en el sacramento de la Reconciliación. Pero para ellos, su propia vida matrimonial, su encuentro, su amor matrimonial es el lugar privilegiado para ahondar, disfrutar y saborear el amor de Dios, encarnado en Cristo y comunicado a través de su Iglesia.
 
6.3. El matrimonio como estado sacramental
 
El matrimonio no es solo un sacramento; es un estado sacramental. La boda no es sino el punto de partida de una vida matrimonial que queda sacramentalizada. Por eso, toda la vida matrimonial, con todas sus vivencias y expresiones, tiene un carácter sacramental para ellos, es fuente de gracia, expresión eficaz del amor de Dios que se hace realmente presente en su amor matrimonial.
 
La mutua entrega, el perdón dado y recibido dentro del matrimonio, las expresiones de amor y ternura, la intimidad sexual compartida, la abnegación de cada día con sus gozos y sufrimientos, con su grandeza y su pequeñez, con sus momentos sublimes y su mediocridad... toda esa vida matrimonial es sacramento, lugar de gracia, experiencia sacramental donde Dios se hace realmente presente para los esposos.
 
Por eso, los esposos cristianos viven toda su experiencia humana y su vida cristiana de manera matrimonial, de manera diferente a los no casados. Los esposos cristianos pueden y deben encontrarse con el perdón de Dios en el sacramento de la Reconciliación, pero pueden y deben encontrarse también con el perdón de Dios que se les ofrece en el perdón que mutuamente se regalan el uno al otro. Los esposos cristianos pueden y deben alimentar su vida y su amor cristiano en la Eucaristía de la comunidad, alimentándose del cuerpo del Señor, pero pueden y deben alimentar su vida y su amor en el disfrute gozoso de su amor matrimonial. Necesitan acercarse a la comunidad eclesial a la que pertenecen, su mismo matrimonio lo viven como sacramento dentro de esa comunidad eclesial, pero ellos viven toda su vida cristiana de manera matrimonial.
 
Este carácter sacramental da una hondura y plenitud diferente a su abrazo conyugal. Los esposos cristianos no «hacen el amor», sino que lo celebran. El acto del amor es una celebración, una fiesta, donde los esposos con su propio cuerpo, con su capacidad erótica, con la fusión de sus cuerpos y sus almas, con el disfrute compartido, hacen presente en medio de ellos a Dios. Es sobre todo en esa experiencia íntima donde mejor pueden entender y saborear su amor matrimonial como sacramento del amor de Dios.

4. Algunas dimensiones de la vida matrimonial.

Autor: José Antonio Pagola | Fuente: Parroquia S. Vicente Mártir
Algunas dimensiones de la vida matrimonial
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Vamos a describir, aunque sea brevemente, algunos rasgos de la vida matrimonial:
 
1. El matrimonio como liberación de la soledad
 
«No es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle una ayuda semejante a él» (Gn 2, 18). El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de liberarse de la soledad y de vivir en diálogo íntimo, personal con otro. La soledad es un mal. El matrimonio ofrece a los esposos uno de los mejo­res caminos para no recorrer la vida en solitario.
 
Pero, además, el matrimonio cristiano ofrece a los esposos creyentes la posibilidad de abrir ese diálogo matrimonial al diálogo con Dios. Desde el diálogo mutuo, desde la mutua escucha, desde el encuentro amoroso recíproco, los esposos cristianos pueden avanzar hacia el diálogo con Dios, la escucha de Dios, el encuentro con El.
 
Naturalmente, todo esto exige a los esposos ir superando su egoísmo, irse abriendo cada vez con más hondura al otro cónyuge, compartir cada vez más los deseos, las aspiraciones, los temores, las alegrías, los gozos, las dificultades, los sufrimientos que entretejen la vida. Es así como va creciendo el matrimonio como sacramento que hace po­sible el encuentro con Dios.
 
2. El matrimonio como mutua complementación
 
«Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2, 23). El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de complementarse, enriquecerse y perfeccionarse el uno al otro. El esposo se enriquece con la presencia femenina en su vida; la esposa con la presencia de lo masculino.
 
Pero, además, los esposos cristianos pueden buscar desde su matrimonio la complementación, el enriquecimiento que sólo nos puede llegar de Dios. Los esposos cristianos saben, en sus momentos de debilidad, de pobreza, de limitación, buscar la gracia y la fortaleza de Dios. Saben, en sus momentos de gozo y de plenitud, abrirse a la alabanza y a la acción de gracias al Creador.
 
Pero, naturalmente, esta mutua complementación exige todo un aprendizaje, un reajuste constante, una actitud de mutuo respeto, de agradecimiento mutuo. El matrimonio va creciendo día a día en ese arte difícil de la convivencia.
 
3. El matrimonio como disfrute de la intimidad sexual
 
«Serán los dos una sola carne» (Gn 2, 24). El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de compartir y disfrutar la intimidad sexual, de descubrir todo el valor del cuerpo como medio de expresión y comunicación de amor. Los esposos viven su amor matrimonial expresándolo corporalmente en su intimidad conyugal.
 
Pero, además, los esposos cristianos celebran su unión sexual como una fiesta de amor, de intimidad, de placer, no sólo bendecida por Dios, sino donde se hace presente el amor gozoso de Dios para aquella pareja. El sacramento del Matrimonio, lejos de destruir el placer o la felicidad matrimonial, ofrece a los esposos la posibilidad de abrir su amor sexual a su dimensión última y trascendente haciendo de su unión amorosa signo y presencia del amor de Dios.
 
Todo esto exige naturalmente que la entrega sexual sea signo de una entrega amorosa, sincera y real. Que la unión de los cuerpos exprese la unión de los corazones.
 
4. El matrimonio como comunidad de amor creciente
 
El matrimonio supone ya un amor inicial entre los nuevos esposos, pero exige que ese amor vaya creciendo y consolidándose día a día. El amor es algo llamado a crecer. Los problemas, las dificultades y adversidades de la vida, vividos conjuntamente por los esposos en actitud matrimonial son ocasión para profundizar y crecer en un amor cada vez más sólido y realista. Lo que en un comienzo pudo ser, sobre todo, «enamoramiento», atracción física, goce erótico... puede irse afianzando como amor fuerte y gozoso.
 
Pero, además, los esposos cristianos pueden crecer desde su matrimonio en el amor a Dios y en el amor a todos los hermanos. Cuando una persona se va llenando de amor, no crece sólo su relación amorosa hacia alguien, sino que crece su capacidad de amar.
 
Naturalmente, esto exige cuidar día a día el amor. La infidelidad, el enfriamiento, la ruptura no es algo que sucede de pronto, de manera imprevista. Es siempre algo que se viene gestando día a día cuando la relación se va contaminando de egoísmo, pequeñez, resentimiento, interés, venganzas, rechazos.
 
5. El matrimonio como comunidad de mutua comprensión y perdón
 
El amor matrimonial muchas veces sólo puede crecer con el perdón. El amor pide siempre respuesta, pero el cónyuge se puede encontrar con que la persona amada no responde como él esperaba. El amor puede sentirse traicionado, decepcionado, no correspondido porque no encuentra una respuesta en la persona amada. Entonces el verdadero amor se convierte en perdón. La vida matrimonial exige una actitud de perdón, de com­prensión de la debilidad del otro, de paciencia, de disponibilidad para la reconciliación. Casarse con una persona es estar dispuesto a perdonarle siempre.
 
Los esposos cristianos tienen que recordar, además, que su matrimonio es sacramento del amor de Dios y Dios perdona siempre. Dios es siempre fiel, aunque nosotros seamos infieles. Esa es la razón más profunda de la indisolubilidad del matrimonio cristiano. Si el matrimonio es sacramento de Dios, está llamado a ser fiel, perenne, para siempre, puesto que así es el amor de Dios.
 
Todo esto exige que los esposos vayan reconquistando y fortaleciendo día a día su amor matrimonial en una actitud de perdón y comprensión mutua.
 
6. El matrimonio como descubrimiento del amor al hermano
 
La vida matrimonial debe ser para los esposos una escuela donde aprendan a amar a todos. Acogiéndose, ayudándose, perdonándose, los esposos aprenden a acoger, ayudar, perdonar. Su amor conyugal los capacita para vivir también el amor filera del propio hogar. Compartiendo sus gozos y sufrimientos han de aprender a compartir más los gozos y sufrimientos de todos. Uno de los riesgos del matrimonio es reducirlo a un «egoísmo compartido». Sin embargo, si el amor matrimonial es verdadero amor no los encerrará en sí mismos, sino que los abrirá a los demás.
 
Los esposos cristianos han de recordar además que se han comprometido a vivir su amor como signo y sacramento del amor de Dios, y el amor de Dios es universal, no olvida a nadie y se ofrece de manera especial a los más indefensos, pobres y olvidados. Si quieren hacer de su amor «sacramento» del amor de Dios, no pueden encerrarse egoístamente en su amor matrimonial.
 
Naturalmente, todo esto exige no encerrarse en los problemas del propio hogar, comprometerse en la vida social, hacerse presentes junto a los necesitados, colaborar en la comunidad cristiana, estar atentos a los más olvidados.
 
7. El matrimonio como fuente de vida
 
El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de crear un hogar, una familia. El nacimiento del hijo no tiene por qué ser una carga penosa, un estorbo, una amenaza para el amor matrimonial. Al contrario, debería ser la culminación, el sello de ese amor.
 
Los esposos cristianos tienen que recordar que su matrimonio es sacramento del amor de Dios, y Dios es creador de vida. Los esposos están llamados a colaborar con el Creador en la difusión de la vida. Y ésta es una tarea que abarca diversos aspectos. Difundir la vida es: hacer nacer nuevos seres humanos sobre la tierra, educarlos, abrir horizonte a las nuevas generaciones que nos sucederán, colaborar en la promoción de la humanidad, hacer un mundo más habitable, promover unos hogares más humanos donde habite el amor, el diálogo, la verdad, es decir, hacer crecer el Reino de Dios.

Naturaleza sacramental del matrimonio entre bautizados. Serie de 3 artículos.

Naturaleza sacramental del matrimonio entre bautizados
 
 
El matrimonio está constituido como uno de los siete sacramentos de la Nueva Ley. Es sabido que el matrimonio tiene, entre los sacramentos, la peculiaridad de que no fue instituido por Jesucristo, sino que el Señor elevó a sacramento una realidad ya existente, puesto que Dios instituyó el matrimonio con la creación de nuestros primeros padres. De modo que se puede afirmar que, además de los matrimonios entre bautizados existen otros matrimonios válidos, que son los que se han celebrado entre personas que no son cristianas. Se debe recordar que estos matrimonios son válidos, e igualmente queridos por Dios.
 
El canon 1055 lo recuerda:
 
Canon 1055 § 1: La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados.
§ 2: Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento.
Como se ve, cualquier matrimonio entre bautizados es un matrimonio sacramental. En la doctrina canonística se viene hablando de la inseparabilidad del contrato y del sacramento: es decir, no es posible separar ambos aspectos del matrimonio entre bautizados. El Papa Juan Pablo II, en su Discurso a la Rota Romana de 2003, recuerda que “la dimensión natural y la relación con Dios [del matrimonio] no son dos aspectos yuxtapuestos; al contrario, están unidos tan íntimamente como la verdad sobre el hombre y la verdad sobre Dios”. Por el contrario, la exclusión de la sacramentalidad del matrimonio es una de las causas de nulidad (cfr. canon 1101 § 2), e igualmente lo es el error determinante acerca de la dignidad sacramental del matrimonio (cfr. canon 1099).
 
Acerca de ambos capítulos de nulidad, el Romano Pontífice indica que “en ambos casos es decisivo tener presente que una actitud de los contrayentes que no tenga en cuenta la dimensión sobrenatural en el matrimonio puede anularlo sólo si niega su validez en el plano natural, en el que se sitúa el mismo signo sacramental”.
 
Efectos de la dignidad sacramental del matrimonio
 
¿Cuáles son los efectos de la naturaleza sacramental del matrimonio? El canon 1134 lo explica: “En el matrimonio cristiano los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado”. No es éste el lugar de extenderse en las características sacramentales o en los medios ascéticos, o en la vocación cristiana a la santidad de los fieles casados, pero se puede recordar, con Juan Pablo II, que si la dignidad de cualquier bautizado es grande, en los bautizados “la unión entre el hombre y la mujer no sólo puede recobrar la santidad originaria, liberándose del pecado, sino que también queda insertada realmente en el mismo misterio de la alianza de Cristo con la Iglesia”. El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium 11, indica que “los esposos cristianos, con la fuerza del sacramento del matrimonio, por el que representan y participan del misterio de la unidad y del amor fecundo entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5, 32) se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial y con la acogida y educación de los hijos”.
 
No se puede decir que existen dos matrimonios, uno canónico al que hace referencia la sacramentalidad del matrimonio y otro civil, que se refiere al contrato entre los contrayentes. Antes bien, de acuerdo con Juan Pablo II en su discurso a la Rota Romana de 2003, “es preciso redescubrir la dimensión trascendente que es intrínseca a la verdad plena sobre el matrimonio y sobre la familia, superando toda dicotomía orientada a separar los aspectos profanos de los religiosos, como si existieran dos matrimonios: uno profano y otro sagrado”.
 
Por otro lado, en el matrimonio sacramental -o, según otra terminología, el matrimonio rato: cfr. canon 1061 § 2- que además haya sido consumado, la indisolubilidad adquiere una especial firmeza: así lo afirma el canon 1141.
 
Qué se debe entender por matrimonio sacramental
 
Obsérvese que no se hace referencia al matrimonio contraído canónicamente. El carácter sacramental del matrimonio se debe entender, por lo tanto referido a los matrimonios válidamente contraídos si ambos contrayentes son bautizados. Incluye, por lo tanto, a los matrimonios contraídos entre bautizados en cualquier confesión cristiana: los requisitos son, como ya vemos, que el bautismo de ambos contrayentes sea válido y que el matrimonio igualmente sea válido. Téngase en cuenta que si ninguno de los dos contrayentes es católico, no rige para ellos el derecho canónico. Así lo afirma el canon 1059, interpretado sensu contrario:
 
Canon 1059: El matrimonio de los católicos, aunque sea católico uno solo de los contrayentes, se rige no sólo por el derecho divino, sino también por el canónico, sin perjuicio de la competencia de la potestad civil sobre los efectos meramente civiles del mismo matrimonio.
Por lo tanto, si ambos contrayentes están válidamente bautizados en una confesión no católica, contraen matrimonio válido si su matrimonio sigue las normas del derecho divino: aunque sea contraído ante el ministro de su confesión religiosa o una autoridad civil. Y además, como venimos viendo, su matrimonio es verdadero sacramento. Pero no acaban aquí las conclusiones que hemos de sacar del canon 1055.
 
En efecto, el canon habla de cualquier contrato matrimonial válido entre bautizados. No se excluye el matrimonio entre católicos. Ciertamente a nadie se le escapa que se incluye el matrimonio celebrado en forma canónica. Pero no se puede olvidar que puede haber matrimonios válidos entre católicos celebrados en forma no canónica: el canon 1117 indica que están obligados a la forma canónica del matrimonio los contrayentes “si al menos uno de los contrayentes fue bautizado en la Iglesia católica o recibido en ella y no se ha apartado de ella por acto formal”, sin perjuicio de la normativa aplicable a los matrimonios mixtos. Por lo tanto, puede haber católicos apartados formalmente de la Iglesia Católica, que por lo tanto no están obligados a la forma canónica. En estos casos los contrayentes contraen válidamente si lo hacen de otra forma, y por efecto del canon 1055, tal matrimonio es sacramental. Entiéndase que si el Código de derecho canónico recuerda la naturaleza sacramental del matrimonio de los católicos, aunque se hayan apartado de la Iglesia, no intenta favorecer -nada más lejano a la intención del Legislador- lo que podríamos llamar un matrimonio “civil” de católicos. El Código de derecho canónico pretende más bien reconocer y facilitar el derecho a contraer matrimonio -el ius conubii- de quienes han tenido la desgracia de apartarse de la Iglesia Católica, dicho esto sin ánimo de juzgar la intención de quien haya hecho esto.
 
Quedan dos posibles dudas: por un lado, el caso de los casados que se bautizan. Y por otro, el caso del matrimonio en que hay disparidad de cultos, es decir, el matrimonio en que uno de los contrayentes es bautizado y el otro no. “La Iglesia católica ha reconocido siempre los matrimonios entre no bautizados, que se convierten en sacramento cristiano mediante el bautismo de los esposos, y no tiene dudas sobre la validez del matrimonio de un católico con una persona no bautizada, si se celebra con la debida dispensa”, de acuerdo con Juan Pablo II, en el Discurso a la Rota Romana de 2003.
 
Por lo tanto, se debe concluir recordando la dignidad de cualquier matrimonio, pero especialmente del matrimonio que además es sacramento.
(Extraído de:
http://www.iuscanonicum.org
).

Discurso de Juan Pablo II a la Rota Romana de 2003.

Discurso de Juan Pablo II a la Rota Romana de 2003
 
 
 
 
Alocución a la Rota Romana de 2003; jueves 30 de enero de 2003.
 
Redescubrir la dimensión trascendente intrínseca a la verdad plena sobre el matrimonio y la familia
 
 
1. La solemne inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota romana me ofrece la oportunidad de renovar la expresión de mi aprecio y mi gratitud por vuestro trabajo, amadísimos prelados auditores, promotores de justicia, defensores del vínculo, oficiales y abogados. Agradezco cordialmente al monseñor decano los sentimientos que ha manifestado en nombre de todos y las reflexiones que ha hecho sobre la naturaleza y los fines de vuestro trabajo.
 
La actividad de vuestro tribunal ha sido siempre muy apreciada por mis venerados predecesores, los cuales han subrayado sin cesar que administrar la justicia en la Rota romana constituye una participación directa en un aspecto importante de las funciones del Pastor de la Iglesia universal.
 
De ahí el valor particular, en el ámbito eclesial, de vuestras decisiones, que constituyen, como afirmé en la Pastor bonus, un punto de referencia seguro y concreto para la administración de la justicia en la Iglesia (cf. art. 126).
 
Dignidad de sacramento
 
2. Teniendo presente el marcado predominio de las causas de nulidad de matrimonio remitidas a la Rota, el monseñor decano ha destacado la profunda crisis que afecta actualmente al matrimonio y a la familia. Un dato importante que brota del estudio de las causas es el ofuscamiento entre los contrayentes de lo que conlleva, en la celebración del matrimonio cristiano, la sacramentalidad del mismo, descuidada hoy con mucha frecuencia en su significado íntimo, en su intrínseco valor sobrenatural y en sus efectos positivos sobre la vida conyugal.
 
Después de haber hablado en los años precedentes de la dimensión natural del matrimonio, quisiera hoy atraer vuestra atención hacia la peculiar relación que el matrimonio de los bautizados tiene con el misterio de Dios, una relación que, en la Alianza nueva y definitiva en Cristo, asume la dignidad de sacramento.
 
La dimensión natural y la relación con Dios no son dos aspectos yuxtapuestos; al contrario, están unidos tan íntimamente como la verdad sobre el hombre y la verdad sobre Dios. Este tema me interesa particularmente: vuelvo a él en este contexto, entre otras cosas, porque la perspectiva de la comunión del hombre con Dios es muy útil, más aún, es necesaria para la actividad misma de los jueces, de los abogados y de todos los agentes del derecho en la Iglesia.
 
Dimensión trascendente
 
3. El nexo entre la secularización y la crisis del matrimonio y de la familia es muy evidente. La crisis sobre el sentido de Dios y sobre el sentido del bien y del mal moral ha llegado a ofuscar el conocimiento de los principios básicos del matrimonio mismo y de la familia que en él se funda. Para una recuperación efectiva de la verdad en este campo, es preciso redescubrir la dimensión trascendente que es intrínseca a la verdad plena sobre el matrimonio y sobre la familia, superando toda dicotomía orientada a separar los aspectos profanos de los religiosos, como si existieran dos matrimonios: uno profano y otro sagrado.
 
"Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó" (Gn 1, 27). La imagen de Dios se encuentra también en la dualidad hombre-mujer y en su comunión interpersonal. Por eso, la trascendencia es inherente al ser mismo del matrimonio, ya desde el principio, porque lo es en la misma distinción natural entre el hombre y la mujer en el orden de la creación. Al ser "una sola carne" (Gn 2, 24), el hombre y la mujer, tanto en su ayuda recíproca como en su fecundidad, participan en algo sagrado y religioso, como puso muy bien de relieve, refiriéndose a la conciencia de los pueblos antiguos sobre el matrimonio, la encíclica Arcanum divinae sapientiae de mi predecesor León XIII (10 de febrero de 1880, en Leonis XIII P.M. Acta, vol. II, p. 22). Al respecto, afirmaba que el matrimonio "desde el principio ha sido casi una figura (adumbratio) de la encarnación del Verbo de Dios" (ib.). En el estado de inocencia originaria, Adán y Eva tenían ya el don sobrenatural de la gracia. De este modo, antes de que la encarnación del Verbo se realizara históricamente, su eficacia de santidad ya actuaba en la humanidad.
 
El plan original de Dios restablecido por Jesús
 
4. Lamentablemente, por efecto del pecado original, lo que es natural en la relación entre el hombre y la mujer corre el riesgo de vivirse de un modo no conforme al plan y a la voluntad de Dios, y alejarse de Dios implica de por sí una deshumanización proporcional de todas las relaciones familiares. Pero en la "plenitud de los tiempos", Jesús mismo restableció el designio primordial sobre el matrimonio (cf. Mt 19, 1-12), y así, en el estado de naturaleza redimida, la unión entre el hombre y la mujer no sólo puede recobrar la santidad originaria, liberándose del pecado, sino que también queda insertada realmente en el mismo misterio de la alianza de Cristo con la Iglesia.
 
La carta de san Pablo a los Efesios vincula la narración del Génesis con este misterio: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gn 2, 24). "Gran misterio es este; lo digo con respecto a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5, 32). El nexo intrínseco entre el matrimonio, instituido al principio, y la unión del Verbo encarnado con la Iglesia se muestra en toda su eficacia salvífica mediante el concepto de sacramento. El concilio Vaticano II expresa esta verdad de fe desde el punto de vista de las mismas personas casadas: "Los esposos cristianos, con la fuerza del sacramento del matrimonio, por el que representan y participan del misterio de la unidad y del amor fecundo entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5, 32), se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial y con la acogida y educación de los hijos. Por eso tienen en su modo y estado de vida su carisma propio dentro del pueblo de Dios" (Lumen gentium, 11). Inmediatamente después, el Concilio presenta la unión entre el orden natural y el orden sobrenatural también con referencia a la familia, inseparable del matrimonio y considerada como "iglesia doméstica" (cf. ib.).
 
La fidelidad de Dios
 
5. La vida y la reflexión cristiana encuentran en esta verdad una fuente inagotable de luz. En efecto, la sacramentalidad del matrimonio constituye una senda fecunda para penetrar en el misterio de las relaciones entre la naturaleza humana y la gracia. En el hecho de que el mismo matrimonio del principio haya llegado a ser en la nueva Ley signo e instrumento de la gracia de Cristo se manifiesta claramente la trascendencia constitutiva de todo lo que pertenece al ser de la persona humana y, en particular, a su índole relacional natural según la distinción y la complementariedad entre el hombre y la mujer.
 
Lo humano y lo divino se entrelazan de modo admirable
 
La mentalidad actual, fuertemente secularizada, tiende a afirmar los valores humanos de la institución familiar separándolos de los valores religiosos y proclamándolos totalmente autónomos de Dios. Sugestionada por los modelos de vida propuestos con demasiada frecuencia por los medios de comunicación social, se pregunta: "¿Por que un cónyuge debe ser siempre fiel al otro?", y esta pregunta se transforma en duda existencial en las situaciones críticas. Las dificultades matrimoniales pueden ser de diferentes tipos, pero todas desembocan al final en un problema de amor. Por eso, la pregunta anterior se puede volver a formular así: ¿Por qué es preciso amar siempre al otro, incluso cuando muchos motivos, aparentemente justificados, inducirían a dejarlo?
 
Se pueden dar muchas respuestas, entre las cuales, sin duda alguna, tienen mucha fuerza el bien de los hijos y el bien de la sociedad entera, pero la respuesta más radical pasa ante todo por el reconocimiento de la objetividad del hecho de ser esposos, considerado como don recíproco, hecho posible y avalado por Dios mismo. Por eso, la razón última del deber de amor fiel es la que está en la base de la alianza divina con el hombre: ¡Dios es fiel! Por consiguiente, para hacer posible la fidelidad de corazón al propio cónyuge, incluso en los casos más duros, es necesario recurrir a Dios, con la certeza de recibir su ayuda. Por lo demás, la senda de la fidelidad mutua pasa por la apertura a la caridad de Cristo, que "disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites" (1 Co 13, 7). En todo matrimonio se hace presente el misterio de la redención, realizada mediante una participación real en la cruz del Salvador, según la paradoja cristiana que une la felicidad a la aceptación del dolor con espíritu de fe.
 
Sentido religioso
 
6. De estos principios se pueden sacar muchas consecuencias prácticas, de índole pastoral, moral y jurídica. Me limito a enunciar algunas, relacionadas de modo especial con vuestra actividad judicial.
 
Ante todo, no podéis olvidar nunca que tenéis en vuestras manos el gran misterio del que habla san Pablo (cf. Ef 5, 32), tanto cuando se trata de un sacramento en sentido estricto, como cuando ese matrimonio lleva en sí la índole sagrada del principio, pues está llamado a convertirse en sacramento mediante el bautismo de los dos esposos. La consideración de la sacramentalidad pone de relieve la trascendencia de vuestra función, el vínculo que la une operativamente a la economía salvífica. Por consiguiente, el sentido religioso debe impregnar todo vuestro trabajo. Desde los estudios científicos sobre esta materia hasta la actividad diaria en la administración de la justicia, no hay espacio en la Iglesia para una visión meramente inmanente y profana del matrimonio, simplemente porque esta visión no es verdadera ni teológica ni jurídicamente.
 
Apoyar siempre al matrimonio y a la familia
 
7. Desde esta perspectiva es preciso, por ejemplo, tomar muy en serio la obligación que el canon 1676 impone formalmente al juez de favorecer o buscar activamente la posible convalidación del matrimonio y la reconciliación. Como es natural, la misma actitud de apoyo al matrimonio y a la familia debe reinar antes del recurso a los tribunales: en la asistencia pastoral hay que iluminar pacientemente las conciencias con la verdad sobre el deber trascendente de la fidelidad, presentada de modo favorable y atractivo. En la obra que se realiza con vistas a una superación positiva de los conflictos matrimoniales, y en la ayuda a los fieles en situación matrimonial irregular, es preciso crear una sinergia que implique a todos en la Iglesia: a los pastores de almas, a los juristas, a los expertos en ciencias psicológicas y psiquiátricas, así como a los demás fieles, de modo particular a los casados y con experiencia de vida. Todos deben tener presente que se trata de una realidad sagrada y de una cuestión que atañe a la salvación de las almas.
 
Sólo existe un modelo de matrimonio
 
8. La importancia de la sacramentalidad del matrimonio, y la necesidad de la fe para conocer y vivir plenamente esta dimensión, podrían también dar lugar a algunos equívocos, tanto en la admisión al matrimonio como en el juicio sobre su validez. La Iglesia no rechaza la celebración del matrimonio a quien está bien dispuesto, aunque esté imperfectamente preparado desde el punto de vista sobrenatural, con tal de que tenga la recta intención de casarse según la realidad natural del matrimonio. En efecto, no se puede configurar, junto al matrimonio natural, otro modelo de matrimonio cristiano con requisitos sobrenaturales específicos.
 
No se debe olvidar esta verdad en el momento de delimitar la exclusión de la sacramentalidad (cf. canon 1101, 2) y el error determinante acerca de la dignidad sacramental (cf. canon 1099) como posibles motivos de nulidad. En ambos casos es decisivo tener presente que una actitud de los contrayentes que no tenga en cuenta la dimensión sobrenatural en el matrimonio puede anularlo sólo si niega su validez en el plano natural, en el que se sitúa el mismo signo sacramental. La Iglesia católica ha reconocido siempre los matrimonios entre no bautizados, que se convierten en sacramento cristiano mediante el bautismo de los esposos, y no tiene dudas sobre la validez del matrimonio de un católico con una persona no bautizada, si se celebra con la debida dispensa.
 
La protección de María
 
9. Al término de este encuentro, mi pensamiento se dirige a los esposos y a las familias, para invocar sobre ellos la protección de la Virgen. También en esta ocasión me complace repetir la exhortación que les dirigí en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae: "La familia que reza unida, permanece unida. El santo rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia" (n. 41).
 
A todos vosotros, queridos prelados auditores, oficiales y abogados de la Rota romana, os imparto con afecto mi bendición.
 
 
 
 
"La dimensión natural y la relación con Dios no son dos aspectos yuxtapuestos; al contrario, están unidos tan íntimamente como la verdad sobre el hombre y la verdad sobre Dios".
(Extraído de:
http://www.iuscanonicum.org
).

Inseparabilidad entre matrimonio y sacramento.

Inseparabilidad entre matrimonio y sacramento
 
 
Autor: Miguel Ángel Torres-Dulce Lifante
 
 
 
Entre bautizados no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento. Esta afirmación contenida en el c. 1055, 2 del Código de Derecho Canónico, idéntica a la reseñada en el Código precedente, recoge la doctrina magisterial de la Iglesia.
 
Sobre la sacramentalidad fue precisa una declaración dogmática en el Concilio de Trento, frente a la negación protestante de lo que era una tradición implícita en la fe de la Iglesia.
 
La inseparabilidad es doctrina católica próxima a la fe, expresamente declarada a partir del Papa Benedicto XIV, que no quiso definirla. Pío IX condena la proposición contraria (Syllabus, 66), donde se señala que negar la inseparabilidad entre matrimonio y sacramento para los cónyuges bautizados es resultado de un error herético sobre la sacramentalidad del mismo. León XIII desarrolla el tema de la inseparabilidad en la encíclica Arcanum, así como Pío XI en la Casti connubii, Pío XII en la encíclica Humani generis.
 
Se considera que es sacramento el matrimonio entre dos bautizados, y también si se bautiza el cónyuge no bautizado, o los dos si no lo estaba ninguno En estos casos se recibe ipso facto el sacramento.
 
Se ha discutido si es sacramento el matrimonio entre un bautizado y un no bautizado. La praxis seguida por la Iglesia y por la mayor parte de los autores -casi la unanimidad- es contraria: el matrimonio es signo de la unión de Cristo con la Iglesia. El signo no lo constituye uno sólo de los cónyuges, sino la unidad. El matrimonio no se instaura por la sola voluntad de uno de los cónyuges y tampoco surge la sacramentalidad por el bautismo de sólo uno de ellos. No puede darse una sacramentalidad parcial en el matrimonio -en un esposo sí y en otro no- porque se considera por su propia naturaleza algo indiviso (una caro) y, es evidente que no sería sacramento para el cónyuge infiel.
 
Intentos de separación
 
1. Doctrinas no católicas
 
1.1 Ortodoxos. El sacramento se recibe con la bendición nupcial del ministro celebrante. Si faltase, habría matrimonio pero no sacramento.
 
1.2 Protestantes. Niegan que el matrimonio entre bautizados sea verdadero sacramento. Queda reducido a un contrato.
 
2. En el ámbito católico (posiciones minoritarias)
 
2.1 Autores que afirman la separación respecto de los matrimonios informes (el Beato Juan Duns Scoto, entre otros). En algunos casos -matrimonio por poderes, de mudos, por escrito- algunos autores entendieron que no se cumple la doctrina agustiniana sobre la validez de los sacramentos: faltaría la forma sacramental, las palabras (verba): aunque hubiese matrimonio, no surgiría el sacramento. El error procede de una interpretación literal y rigorista de los textos de S. Agustín.
 
2.2 Otros (como Melchor Cano) dieron valor esencial a la bendición nupcial, que consideraban la forma propia de este sacramento, de modo que si falta hay matrimonio, pero no sacramento.
 
Reflexiones sobre la inseparabilidad
 
Dejando a un lado los posicionamientos regalistas o laicistas, según los cuales la Iglesia carece de jurisdicción sobre el matrimonio -lo consideran un contrato exclusivamente civil-, podemos analizar algunas consecuencias de la doctrina sobre la inseparabilidad y estudiar algunas propuestas actuales, unas en consonancia y otras derivadas quizá de una inexacta comprensión de los postulados, unidas a un deseo “pastoralista” de atender ciertas demandas de los fieles.
 
Entre bautizados el matrimonio es siempre per se sacramental, con independencia de su fe o de su intención sobre la sacramentalidad, porque el sacramento no depende de la voluntad de los contrayentes, sino de la de Cristo. De la voluntad de los contrayentes depende querer casarse o recibirlo fructíferamente, pero no pueden cambiar el ser del matrimonio. El matrimonio, por ejemplo, entre protestantes es también sacramental, aunque no crean en ello; es fuente de gracia por la misericordia del Señor, aunque ellos lo ignoren.
 
La razón teológica de que todo matrimonio entre bautizados sea sacramento radica precisamente en su bautismo. Por el bautismo los contrayentes viven en Cristo, se casan en Cristo. “Mediante el bautismo, el hombre y la mujer se insertan definitivamente en la Nueva y Eterna Alianza, en la Alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. Y debido a esta inserción indestructible, la comunidad íntima de vida y amor conyugal, fundada por el Creador, es elevada y asumida en la caridad esponsal de Cristo, sostenida y enriquecida por su fuerza redentora” (Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 13).
 
El consentimiento matrimonial expresado por un hombre y una mujer bautizados hace el sacramento. Los ministros son los propios esposos, la materia la donación de su conyugalidad, la forma el consentimiento. La sacramentalidad en el matrimonio no añade nada esencial, lo que hace es incorporar el pacto conyugal al orden de la gracia. Los esposos bautizados no pueden afirmar “quiero el matrimonio, pero no el sacramento”. La voluntad es inviolable, pero no omnipotente, pues está limitada por el orden real de las cosas. Si dos bautizados quisieran un matrimonio sin sacramento, querrían algo imposible porque no está en sus manos suprimir el carácter bautismal.
 
La exigencia de una forma canónica ordinaria -emitir el consentimiento ante un testigo cualificado y dos testigos comunes- no es de índole teológica, sino eclesiástica. Es una ley positiva conveniente por la relevancia social y eclesial del matrimonio, pero constituye una conveniencia, elevada a exigencia jurídica invalidante al margen de la sacramentalidad. No deben confundirse la forma canónica (jurídica) o ritual (litúrgica) con la forma sacramental. Como se ha referido, esta se limita a la mutua manifestación del consentimiento conyugal.
 
Para la validez de un sacramento se requiere la intención en el ministro de hacer lo que hace la Iglesia. Algunos apoyándose en esta premisa concluyen que si los esposos -ministros de su matrimonio- a pesar de estar bautizados no tienen esa intención, o más aún si lo rechazan, se casarían pero no habría sacramento, con la consecuencia añadida de que estarían sólo sujetos a la legislación civil.
 
La premisa referida hay que entenderla adecuadamente. El matrimonio es un sacramento único. Es el único sacramento en el que la Iglesia no tiene nada que hacer, en el plano esencial, para su realización. Como también se ha indicado ya, el rito o la forma canónica no son esenciales. Una cosa es que el consentimiento sea inválido sin la forma canónica por imperativo legal y otra que la forma legal venga exigida por ley natural. De hecho el propio ordenamiento canónico reconoce plena validez al sólo consentimiento de los esposos en ciertos casos (forma extraordinaria).
 
El sacramento lo hacen los propios contrayentes, o dicho de un modo más teológico, puesto que todo sacramento es acción de Cristo, hacen que el Señor otorgue la gracia vivificadora a su alianza a partir de su consentimiento matrimonial.
 
La Exhortación Apostólica Familiaris consortio (nº, 68) afirma que “cuando a pesar de los esfuerzos hechos, los contrayentes dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia propone al celebrar el matrimonio de los bautizados, el pastor de almas no puede admitirlos a la celebración”. Para aplicarlo debidamente conviene subrayar en primer lugar, que ya no se utiliza la expresión “lo que hace la Iglesia”, sino lo que propone, y la Iglesia lo que pide básicamente, como hemos venido comentando, es que tengan verdadera intención de casarse, siendo esta la intención mínima requerida para admitirlos a la celebración, como se señala también en el número citado de la Exhortación Apostólica Familiares consortio. Nunca se ha exigido una expresa intención sacramental, religiosa o eclesial.
 
Debe procurarse que los contrayentes posean una fe conscientemente vivida para una unión santa y santificadora, pero esta conveniencia no es una condición de validez del sacramento, ni la falta de fe constituye un nuevo impedimento matrimonial.
 
Desde esta perspectiva debe entenderse la afirmación del texto del Concilio Vaticano II contenido en la Constitución Dogmática Sacrosanctum Concilium, 59 sobre la liturgia: “los sacramentos presuponen la fe”. Se trata de una directriz pastoral, no teológica. Para vivir los sacramentos se precisa la fe. También como virtud infusa inherente al bautismo, pero no como fe actual. En no pocas ocasiones debe además tenerse en cuenta que los fieles que han dejado, quizá desde hace largo tiempo, la práctica de la fe influidos por el secularismo, dan poco o nulo valor a la ceremonia religiosa del matrimonio, sin que ello equivalga a que hayan dejado de creer en el matrimonio en sí, que es lo que esencialmente les pide la Iglesia a nivel constitutivo.
 
La sacramentalidad del matrimonio no es tampoco una propiedad esencial de la alianza matrimonial, sino el mismo matrimonio. Sí son propiedades esenciales la indisolubilidad o la unidad. El sacramento del matrimonio es el mismo matrimonio contemplado en el plano de la gracia.
 
La sacramentalidad es un don divino, y no puede verse como una imposición. Dios no impone el matrimonio, pero si dos bautizados deciden casarse y lo hacen, sólo pueden casarse en el Señor, y por lo tanto recibir el sacramento: las gracias correlativas o un “derecho” a ellas, según sean sus disposiciones.
 
“La importancia de la sacramentalidad del matrimonio, y la necesidad de la fe para conocer y vivir plenamente esta dimensión, podría también dar lugar a algunos equívocos, tanto en la admisión al matrimonio como en el juicio sobre su validez. La Iglesia no rechaza la celebración del matrimonio a quien está bien dispuesto, aunque esté imperfectamente preparado desde el punto de vista sobrenatural, con tal de que tenga la recta intención de casarse según la realidad natural del matrimonio. En efecto, no se puede configurar, junto al matrimonio natural, otro modelo de matrimonio cristiano o con requisitos específicos” (Juan Pablo II, Discurso a la Rota de 2003, n. 8).
 
 
 
 
"La sacramentalidad es un don divino, y no puede verse como una imposición. Dios no impone el matrimonio, pero si dos bautizados deciden casarse y lo hacen, sólo pueden casarse en el Señor, y por lo tanto recibir el sacramento".
(Extraído de:
http://www.iuscanonicum.org
).

Cursillo prematrimonial de 12 artículos. 1. Matrimonio: naturaleza e institución.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 1: Matrimonio: naturaleza e institución
 
Naturaleza
 
 
 
La unión conyugal tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita compañía. “No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él.” (Gen. 2, 18). “Dios creó al hombre y a la mujer a imagen de Dios, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciéndoles: procread, y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla”.(Gen. 1, 27- 28). Desde el principio de la creación, cuando Dios crea a la primera pareja, la unión entre ambos se convierte en una institución natural, con un vínculo permanente y unidad total (Mt. 19,6). Por lo que no puede ser cambiada en sus fines y en sus características, ya que de hacerlo se iría contra la propia naturaleza del hombre. El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o consecuencia de instintos naturales inconscientes. El matrimonio es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan y crecen mutuamente y colaboran con Dios en la procreación de nuevas vidas.
 
El matrimonio para los bautizados es un sacramento que va unido al amor de Cristo su Iglesia, lo que lo rige es el modelo del amor que Jesucristo le tiene a su Iglesia (Cfr. Ef. 5, 25-32). Sólo hay verdadero matrimonio entre bautizados cuando se contrae el sacramento.
 
El matrimonio se define como la alianza por la cual, - el hombre y la mujer - se unen libremente para toda la vida con el fin de ayudarse mutuamente, procrear y educar a los hijos. Esta unión - basada en el amor – que implica un consentimiento interior y exterior, estando bendecida por Dios, al ser sacramental hace que el vínculo conyugal sea para toda la vida. Nadie puede romper este vínculo. (Cfr. CIC can. 1055).
 
En lo que se refiere a su esencia, los teólogos hacen distinción entre el casarse y el estar casado. El casarse es el contrato matrimonial y el estar casado es el vínculo matrimonial indisoluble.
 
El matrimonio posee todos los elementos de un contrato. Los contrayentes son el hombre y la mujer. El objeto es la donación recíproca de los cuerpos para llevar una vida marital. El consentimiento es lo que ambos contrayentes expresan. Unos fines que son la ayuda mutua, la procreación y educación de los hijos.
 
Institución
 
Hemos dicho que Dios instituyó el matrimonio desde un principio. Cristo lo elevó a la dignidad de sacramento a esta institución natural deseada por el Creador. No se conoce el momento preciso en que lo eleva a la dignidad de sacramento, pero se refería a él en su predicación. Jesucristo explica a sus discípulos el origen divino del matrimonio. “No habéis leído, como Él que creó al hombre al principio, lo hizo varón y mujer? Y dijo: por ello dejará a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne”. (Mt. 19, 4-5). Cristo en el inicio de su vida pública realiza su primer milagro – a petición de su Madre – en las Bodas de Caná. (Cfr. Jn. 2, 1-11). Esta presencia de Él en un matrimonio es muy significativa para la Iglesia, pues significa el signo de que - desde ese momento - la presencia de Cristo será eficaz en el matrimonio. Durante su predicación enseñó el sentido original de esta institución. “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. (Mt. 19, 6). Para un cristiano la unión entre el matrimonio – como institución natural – y el sacramento es total. Por lo tanto, las leyes que rigen al matrimonio no pueden ser cambiadas arbitrariamente por los hombres.

Curso prematrimonial de 12 artículos. 1. Matrimonio: naturaleza e institución.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 1: Matrimonio: naturaleza e institución
 
Naturaleza
 
 
 
La unión conyugal tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita compañía. “No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él.” (Gen. 2, 18). “Dios creó al hombre y a la mujer a imagen de Dios, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciéndoles: procread, y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla”.(Gen. 1, 27- 28). Desde el principio de la creación, cuando Dios crea a la primera pareja, la unión entre ambos se convierte en una institución natural, con un vínculo permanente y unidad total (Mt. 19,6). Por lo que no puede ser cambiada en sus fines y en sus características, ya que de hacerlo se iría contra la propia naturaleza del hombre. El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o consecuencia de instintos naturales inconscientes. El matrimonio es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan y crecen mutuamente y colaboran con Dios en la procreación de nuevas vidas.
 
El matrimonio para los bautizados es un sacramento que va unido al amor de Cristo su Iglesia, lo que lo rige es el modelo del amor que Jesucristo le tiene a su Iglesia (Cfr. Ef. 5, 25-32). Sólo hay verdadero matrimonio entre bautizados cuando se contrae el sacramento.
 
El matrimonio se define como la alianza por la cual, - el hombre y la mujer - se unen libremente para toda la vida con el fin de ayudarse mutuamente, procrear y educar a los hijos. Esta unión - basada en el amor – que implica un consentimiento interior y exterior, estando bendecida por Dios, al ser sacramental hace que el vínculo conyugal sea para toda la vida. Nadie puede romper este vínculo. (Cfr. CIC can. 1055).
 
En lo que se refiere a su esencia, los teólogos hacen distinción entre el casarse y el estar casado. El casarse es el contrato matrimonial y el estar casado es el vínculo matrimonial indisoluble.
 
El matrimonio posee todos los elementos de un contrato. Los contrayentes son el hombre y la mujer. El objeto es la donación recíproca de los cuerpos para llevar una vida marital. El consentimiento es lo que ambos contrayentes expresan. Unos fines que son la ayuda mutua, la procreación y educación de los hijos.
 
Institución
 
Hemos dicho que Dios instituyó el matrimonio desde un principio. Cristo lo elevó a la dignidad de sacramento a esta institución natural deseada por el Creador. No se conoce el momento preciso en que lo eleva a la dignidad de sacramento, pero se refería a él en su predicación. Jesucristo explica a sus discípulos el origen divino del matrimonio. “No habéis leído, como Él que creó al hombre al principio, lo hizo varón y mujer? Y dijo: por ello dejará a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne”. (Mt. 19, 4-5). Cristo en el inicio de su vida pública realiza su primer milagro – a petición de su Madre – en las Bodas de Caná. (Cfr. Jn. 2, 1-11). Esta presencia de Él en un matrimonio es muy significativa para la Iglesia, pues significa el signo de que - desde ese momento - la presencia de Cristo será eficaz en el matrimonio. Durante su predicación enseñó el sentido original de esta institución. “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. (Mt. 19, 6). Para un cristiano la unión entre el matrimonio – como institución natural – y el sacramento es total. Por lo tanto, las leyes que rigen al matrimonio no pueden ser cambiadas arbitrariamente por los hombres.

2. Fines del matrimonio.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 2: Fines del matrimonio
 
 
 
Los fines del matrimonio son el amor y la ayuda mutua, la procreación de los hijos y la educación de estos. (Cfr. CIC no. 1055; Familiaris Consortio nos. 18; 28).
 
El hombre y la mujer se atraen mutuamente, buscando complementarse. Cada uno necesita del otro para llegar al desarrollo pleno - como personas - expresando y viviendo profunda y totalmente su necesidad de amar, de entrega total. Esta necesidad lo lleva a unirse en matrimonio, y así construir una nueva comunidad de fecunda de amor, que implica el compromiso de ayudar al otro en su crecimiento y a alcanzar la salvación. Esta ayuda mutua se debe hacer aportando lo que cada uno tiene y apoyándose el uno al otro. Esto significa que no se debe de imponer el criterio o la manera de ser al otro, que no surjan conflictos por no tener los mismos objetivos en un momento dado. Cada uno se debe aceptar al otro como es y cumplir con las responsabilidades propias de cada quien.
 
El amor que lleva a un hombre y a una mujer a casarse es un reflejo del amor de Dios y debe de ser fecundo (Cfr. Gaudium et Spes, n. 50)
 
Cuando hablamos del matrimonio como institución natural, nos damos cuenta que el hombre o la mujer son seres sexuados, lo que implica una atracción a unirse en cuerpo y alma. A esta unión la llamamos “acto conyugal”. Este acto es el que hace posible la continuación de la especie humana. Entonces, podemos deducir que el hombre y la mujer están llamados a dar vida a nuevos seres humanos, que deben desarrollarse en el seno de una familia que tiene su origen en el matrimonio. Esto es algo que la pareja debe aceptar desde el momento que decidieron casarse. Cuando uno escoge un trabajo – sin ser obligado a ello - tiene el compromiso de cumplir con él. Lo mismo pasa en el matrimonio, cuando la pareja – libremente – elige casarse, se compromete a cumplir con todas las obligaciones que este conlleva. No solamente se cumple teniendo hijos, sino que hay que educarlos con responsabilidad.
 
La paternidad y la maternidad responsable son las funciones que un matrimonio debe de cumplir, ya sea en cuanto a al número de hijos, o según los medios utilizados para procrear, o por el número de hijos que desean tener. Es derecho –únicamente - de los esposos decidir el número de hijos que van a procrear. No se puede olvidar que la paternidad y la maternidad es un don de Dios conferido para colaborar con Él en la obra creadora y redentora. Por ello, antes de tomar la decisión sobre el número de hijos a tener, hay que ponerse en presencia de Dios – haciendo oración – con una actitud de disponibilidad y con toda honestidad tomar la decisión de cuántos tener y cómo educarlos. La procreación es un don supremo de la vida de una persona, cerrarse a ella implica cerrarse al amor, a un bien. Cada hijo es una bendición, por lo tanto se deben de aceptar con amor.
 
El matrimonio está al servicio de la vida. Los esposos han de estar listos y preparados para tener hijos, para amarlos y educarlos.

3. Matrimonio: signo, ministro, sujeto, rito.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 3: Matrimonio: signo, ministro, sujeto, rito
 
Signo: materia y forma
 
 
 
Podemos decir que el matrimonio es verdadero sacramento porque en él se encuentran los elementos necesarios. Es decir, el signo sensible, que en este caso es el contrato, la gracia santificante y sacramental, por último que fue instituido por Cristo.
 
La Iglesia es la única que puede juzgar y determinar sobre todo lo referente al matrimonio. Esto se debe a que es justamente un sacramento de lo que estamos hablando. La autoridad civil sólo puede actuar en los aspectos meramente civiles del matrimonio (Cfr. Nos. 1059 y 1672).
 
El signo externo de este sacramento es el contrato matrimonial, que a la vez conforman la materia y la forma.
 
La Materia remota: son los mismos contrayentes.
 
La Materia próxima: es la donación recíproca de los esposos, se donan toda la persona, todo su ser.
 
La Forma: es el Sí que significa la aceptación recíproca de ese don personal y total.
 
Ministro, Sujeto y Testigos
 
 
 
A diferencia de los otros sacramentos, donde el ministro es – normalmente – el Obispo o el sacerdote, en este sacramento los ministros son los propios cónyuges. Ellos lo confieren y lo reciben al mismo tiempo (Cfr. Catec. nos.1623).
 
La presencia del Obispo, o sacerdote o representante de la Iglesia se requiere como testigo para que el matrimonio sea válido. (Cfr. CIC no. 1108). En casos muy especiales se puede celebrar el matrimonio con la sola presencia de los testigos laicos, siempre y cuando estén autorizados. (Cfr. CIC no. 1110 - 1112).
 
El sujeto puede ser todos los bautizados, ya sean católicos o de otra confesión cristiana: Ejemplo: un luterano, un ortodoxo, un anglicano, pero no con un Testigo de Jehová o Mormón. En el caso de que sea un matrimonio de un católico con un bautizado en otra religión cristiana, se deberá de pedir una dispensa eclesiástica. (Cfr. CIC no. 1124-1129). En el caso de disparidad de culto, es decir, desear casarse con una persona no bautizada, se puede pedir una dispensa, siempre y cuando se cumplan las condiciones mencionadas en el Código de Derecho Canónico nos. 1125 y 1126. (CIC no. 1086 & 1- 2).
 
El Rito y la Celebración
 
 
 
El matrimonio entre dos fieles católicos se celebra – normalmente – dentro de la Santa Misa. En la Eucaristía se realiza el memorial de la Nueva Alianza, en la que Cristo se unió a su esposa, la Iglesia, por la cual se entregó. Por ello, la Iglesia considera conveniente que los cónyuges sellen su consentimiento - de darse el uno al otro - con la ofrenda de sus propias vidas. De esta manera unen su ofrenda a la de Cristo por su Iglesia. La liturgia ora y bendice a la nueva pareja, en el culmen (epíclesis) de este sacramento los esposos reciben el Espíritu Santo. (Cfr. Catec. n. 1621 –1624).
 
Para ello la Iglesia pide una serie de requisitos previos que hay que cumplir. Como son constatar que no exista un vínculo anterior (Cfr. CIC. c. 1066), la instrucción sobre lo que conlleva el sacramento y las amonestaciones o proclamas matrimoniales con el fin de corroborar que no existe ningún impedimento. Debe de celebrarse ante un sacerdote, un diácono, o en un caso especialísimo de un laico autorizado y dos testigos. (Cfr. CIC. n. 1111 – 1112).

4. Propiedades del matrimonio.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 4: Propiedades del matrimonio
 
 
 
Las propiedades del matrimonio son “la unidad” y la “indisolubilidad”, como consecuencia lógica de los fines. Ellas son propiedades que se aplican, tanto a la institución natural que Dios instituyó, como al sacramento porque son características propias de la naturaleza humana.
 
La unidad: es la unión de un solo hombre con una sola mujer. En el matrimonio los cónyuges se donan recíprocamente uno al otro, uniendo sus inteligencias, voluntades, sentimientos, teniendo los mismos deseos y objetivos. La fidelidad – prometida al contraer matrimonio - es requisito indispensable para esta unión, de no existir provocaría un gran desequilibrio en el matrimonio. Por ello la poligamia (unión de un hombre con varias mujeres) y la poliandria (unión de una mujer con varios hombres) atentan contra esta propiedad del matrimonio. Únicamente está permitido volverse a casar cuando el vínculo se deshace al morir uno de los esposos (Cfr. 1 Cor. 7, 39).
 
Un matrimonio se puede desbaratar si no se une sólidamente para hacer frente a todas las dificultades y vencer los muchos obstáculos que surgen durante la vida. No es nada más la unión en una sola carne, sino un solo corazón y una sola alma. Caminar juntos el mismo camino. Hay dificultades en todo matrimonio. No es posible que dos personas piensen igual, pero deben luchar juntos por vencer esas dificultades. Recordemos que ambos tienen la misma dignidad.
 
La indisolubilidad: significa que el vínculo matrimonial dura para toda la vida y nadie lo puede deshacer. El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por causa alguna, sólo la muerte deshace el vínculo. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. (Mt. 19, 6). Otro tipo de unión no se considera como matrimonio.
 
Estas propiedades son necesarias porque - por medio de ellas – se logra conservar y fomentar la fidelidad conyugal, se facilita la ayuda mutua y el perfeccionamiento de ambos cónyuges. Todo esto es muy importante para la educación de los hijos que requiere una estabilidad familiar. Además propician la paz y la armonía en la familia y llena de bendiciones a toda la familia.
 
Existen casos en que el vínculo matrimonial puede ser disuelto, como son:
El matrimonio rato (sacramentado) pero no consumado, es decir sin haberse llevado a cabo el acto conyugal. En este caso puede ser disuelto por causas justas. (Cfr. CIC. no. 1142)
Cuando dos personas no bautizadas están casadas y una se bautiza y la otra se opone a vivir según los designios de Dios. A esto se le llama “privilegio paulino” (Cfr. 1Cor. 7, 12-15; CIC. no. 1143).
 
Siendo el matrimonio la unión del hombre y la mujer para ayudarse mutuamente y transmitir la vida humana, Dios bendice esta unión en el sacramento. El hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro.
El matrimonio cristiano ha de ser fiel, unido, total, indisoluble y fecundo.
 
La fidelidad
Es esencial en el matrimonio. La entrega total no permite el compartir al cónyuge. Ambos deben luchar diariamente por buscar vivir unidos en su corazón, en su mente y en su cuerpo.
 
La totalidad.
Los esposos han de entregarse totalmente el uno al otro: cuerpo, sentimientos, inteligencia y voluntad. Una entrega de todo lo que son. No podemos amar nada más a una parte del otro. Lo debemos amar todo: con sus defectos y cualidades, en todas las circunstancias, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad. Si un esposo o una esposa ama al otro, le podrá decir: tú eres el único que existes para mí, eres mi único amor.
 
El matrimonio es para siempre. No puede haber una entrega total si es nada más por un tiempo. El matrimonio es la base de la familia y la seguridad de los hijos, por eso, a quien más afecta la ruptura es a ellos.

5. Separación, divorcio, matrimonio civil.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 5: Separación, divorcio, matrimonio civil
 
Separación
 
 
 
La separación de los cónyuges es la interrupción de la convivencia matrimonial. Es cuando los cónyuges viven en casas distintas y hacen vidas separadas. Sin embargo, esto no significa que haya desaparecido el vínculo matrimonial, los cónyuges siguen casados y no pueden contraer un nuevo matrimonio. Puede que la causa de la separación cese y la convivencia se restablezca. (CIC. no. 1155).
 
En ocasiones se presentan circunstancias que justifican una separación. El Derecho Canónico vigente en el no. 1153 dice:“Si uno de los cónyuges pone en grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole – los hijos - o de otro modo hace demasiado dura la vida en común, proporciona al otro un motivo legítimo para separarse”. El peligro espiritual se refiere a cuando uno de los cónyuges abandona la fe católica para unirse a una secta y obliga al otro y/o a los hijos a hacer lo mismo, o no permite que su cónyuge practique su fe, o lo obliga a cometer algún acto inmoral. El peligro físico es cuando existe violencia - física o mental - en el trato con el otro cónyuge o los hijos, sea por enfermedad mental, o por vicios. El adulterio sistemático - de alguno de los cónyuges – atenta contra el deber a la fidelidad y podría ser, en caso muy extremo, motivo legítimo de una separación (Cfr. CIC. no. 1152).
 
Divorcio
 
 
 
En el caso del divorcio es la autoridad civil quien determina la disolución del vínculo matrimonial, por lo cual los esposos pueden contraer nuevas nupcias civilmente. Aún habiendo disuelto el vínculo matrimonial la autoridad civil – en este caso - los católicos siguen casados ante Dios y la Iglesia, no pueden volverse a casar. La autoridad civil no tiene poder para disolver el vínculo matrimonial. El divorcio atenta contra la indisolubilidad. Hay ocasiones en que los cónyuges se ven obligados al divorcio civil, como medio de protección de los cónyuges y de los hijos, tales como; el cuidado de los hijos, el sostén económico, la separación de los bienes. En estos casos en que el divorcio ayuda legalmente, la Iglesia no se opone. Pero, los cónyuges siguen casados delante de Dios y de la Iglesia, hasta la muerte de uno de los dos. Como consecuencia, a pesar de estar divorciados, no pueden volver a contraer un nuevo matrimonio, pues subsiste el vínculo.
El divorcio sólo puede ser civil.
 
La Biblia nos dice:
“Se dijo también: ‘El que despida a su mujer le dará un certificado de divorcio’. Pero yo les digo que el que la despide –salvo el caso de unión ilegítima- la empuja al adulterio. Y también el que se case con esa mujer divorciada comete adulterio” (Mt 5, 31-32).
“Todo hombre que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio. Y el que se casa con una mujer divorciada de su marido, comete adulterio” (Lc 16, 18).
 
Jesucristo es muy claro y muy tajante respecto al divorcio, pues lo que Dios ha unido no lo podrá separar el hombre.
También, es muy claro cuando nos dice que el que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio. Y el que se casa con una divorciada, también comete adulterio.
Casarse con una persona divorciada es un pecado, es un adulterio, puesto que esa persona tiene un legítimo esposo.
 
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:
El divorcio es una ofensa grave a la ley natural, pues rompe el contrato aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte.
El divorcio también es inmoral porque causa un desorden grave en la vida de la familia y de la comunidad. Se dañan los esposos entre sí, se daña a los hijos enormemente, haciéndoles vivir situaciones de angustia. Se dice también, que es una “plaga social” por su efecto contagioso y porque destruye directamente a la base de la sociedad, la familia.
 
Por esto, se debe tomar en cuenta que no es lo mismo el cónyuge que se esfuerza por vivir fiel al matrimonio, pero es injustamente abandonado por su pareja, que el cónyuge que por una falta grave de su parte, destruye el matrimonio.
 
El divorcio daña a la familia y a la sociedad porque:
 
 
El divorcio hace que la familia sufra mucho.
 
Los hijos se quedan sin el amor y cariño de sus padres, ese daño lo resentirán toda la vida. Vivirán tristes por la desunión de sus padres.
 
El esposo o esposa abandonado sufre por la traición del otro.
 
Destruye la tranquilidad tanto del esposo o esposa abandonado, como de sus hijos.
 
 
¿Qué exigencias del matrimonio ofende?
1. El divorcio ataca a la unión de los esposos, pues los separa por la ley civil, sabiendo que están casados ante Dios hasta la muerte.
2. Ofende a la fidelidad, pues si los esposos se han divorciado por lo civil buscarán casarse con otra persona. En ese momento cometerán adulterio.
3. Ofende al amor total que se deben de tener los esposos.
4. Es una ofensa muy grave en contra de la indisolubilidad, pues ellos seguirán casados hasta la muerte. El divorciarse por lo civil, no significa que el matrimonio se haya deshecho.
 
El Matrimonio Civil
 
 
El matrimonio civil es el que se contrae ante la autoridad civil. Este matrimonio no es válido para los católicos, el único matrimonio válido entre bautizados es el sacramental. En ocasiones es necesario contraerlo –depende de las leyes del país – porque es útil en cuanto sus efectos legales. Los católicos casados – únicamente – por lo civil, deben casarse por la Iglesia.

6. Otras ofensas al matrimonio.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 6: Otras ofensas al matrimonio
 
El Adulterio
 
 
 
El adulterio es ser infiel a la esposa o al esposo. Cuando un hombre o una mujer casada tienen relaciones sexuales con otra persona, se comete adulterio.
 
En la Biblia encontramos:
“¿Cómo podré perdonarte? Tus hijos se han apartado de mí y juran por aquello que no es Dios. Yo los harté, y se dieron a adulterar y se fueron en tropel a la casa de la prostituta. Sementales bien gordos y lascivos, relinchan ante la mujer de su prójimo. ¿No habré de pedirles cuenta de todo esto?, oráculo de Yahvé, de un pueblo como éste, ¿no habré yo de tomar venganza?” (Jer 5, 7-9).
“No cometas adulterio” (Ex 20, 14; Dt 5,17).
“No codicies la casa de tu prójimo. No codicies su mujer, ni sus servidores, su buey o su burro. No codicies nada de lo que le pertenece” (Ex 20, 17).
 
Jesucristo mismo nos dice:
“Se dijo a los antepasados: ‘No cometerás adulterio’. Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su corazón” (Mt 5, 27-28).
 
La Iglesia:
Podemos ver que Jesucristo está en contra del adulterio. Y no solamente del adulterio físico, sino también cuando se desea en el corazón a otra persona. Si el esposo desea a otra mujer que no sea la suya, ya cometió adulterio en su corazón.
 
En el Catecismo de la Iglesia Católica:
El adulterio es una injusticia. La esposa y el esposo merecen que su pareja sea nada más para ella o él, pues se comprometieron libremente el día de su boda. Sería un cobarde aquél que prometa fidelidad y no la cumpla. El que comete un adulterio peca, porque no está cumpliendo su compromiso como casado. Ofende a su matrimonio, porque el matrimonio debe ser fiel. Pone en peligro al matrimonio porque se puede destruir muy fácilmente. Pone en peligro, también a los hijos, pues ellos necesitan una familia segura y fiel, pues de otra manera sufrirán mucho. Este acto de cobardía que es no ser fiel a la palabra dada tiene resultados graves y a veces irremediables: herir fuertemente a la esposa o esposo y a los hijos y puede destruir el amor de la pareja.
 
El adulterio va en contra del matrimonio porque:
1. En primer lugar, es un pecado contra la fidelidad. El adulterio es la propia infidelidad. Será un mentiroso quien cometa un adulterio. Engañará a aquél a quien prometió fidelidad.
 
2. Lastima también la unidad de los esposos, puesto que al cometerse, destruye la unión entre ellos, pues uno de ellos tiene su corazón y su cuerpo fuera de casa.
 
3. Ofende a la totalidad en la entrega de uno al otro. Uno de los esposos, el adúltero, estará mintiendo al otro.
 
4. Ofende la indisolubilidad, pues el adulterio abre el camino al alejamiento de los esposos. Si tu corazón está fuera de casa, mañana te irás detrás de él.
 
5. La sexualidad se convierte en placer egoísta. El adúltero busca su deleite a espaldas de su pareja.
 
La poligamia
 
 
 
La monogamia es el matrimonio de un sólo hombre con una sóla mujer. La poligamia se da cuando un hombre convive simultáneamente con dos o más mujeres, teniéndolas como esposas. En el caso de una mujer con varios hombres, se llama poliandria.
 
En el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos:
La poligamia va en contra del matrimonio, pues el matrimonio ha de ser de un hombre y una mujer, y no de un hombre con varias mujeres. La poligamia ofende a la esposa, puesto que merece que el hombre la ame sólo a ella. Ofende la dignidad de la esposa, porque el hombre la considera como cosa. Él busca su placer con otras mujeres. Es una traición al amor y al matrimonio. Atenta contra la igual dignidad del hombre y la mujer.
 
¿Qué exigencias del matrimonio ofende?
1. La poligamia va en contra de lo que Dios quiere del matrimonio, pues los esposos al dejar a su padre y a su madre formarán una sola carne. Al formar “una sola carne” el matrimonio ha de ser de uno con una.
 
2. Ofende a la unión. El hombre al vivir con dos no estará unido con ninguna.
 
3. Ofende, también, a la totalidad que debe de haber en el matrimonio, pues el polígamo es un hombre que tiene dividido su corazón. El polígamo es un mentiroso.
 
4. Es un pecado grave contra la fidelidad, pues el polígamo tiene relaciones sexuales con otra mujer que no es su esposa. Es adúltero.
 
5. Ofende la dignidad personal del hombre y de la mujer.
 
El incesto
 
 
 
El incesto es la relación carnal entre parientes que no deben tenerlas por ser familiares. Generalmente, es un adulterio con familiares, sea con los papás, con los hijos, con los abuelos, tíos o primos.
 
En el Catecismo de la Iglesia Católica:
El incesto hace que las relaciones familiares se conviertan en relaciones parecidas a las de los animales.
El incesto puede ser también un abuso sexual a los niños o adolescentes que una persona tiene a su cuidado, como un maestro con sus alumnos. Si esto sucede, el pecado es más grave, porque se daña con escándalo contra la integridad física y moral de los jóvenes. Ellos quedarán marcados y heridos para toda su vida. La persona que comete esto es un irresponsable.
 
¿Qué exigencias del matrimonio ofende?
Es similar la respuesta a la vista en el adulterio, pero es más grave, pues daña las relaciones familiares y es una forma de vida como de los animales.
 
El matrimonio cristiano ha de ser fiel, unido, total, indisoluble y fecundo.
 
Todas estas ofensas destruyen la santidad del matrimonio.

7. Matrimonio: efectos, consentimientos, validez.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 7: Matrimonio: efectos, consentimiento, validez
 
Efectos
 
 
 
El sacramento del matrimonio origina un vínculo para toda la vida. Al dar el consentimiento – libremente – los esposos se dan y se reciben mutuamente y esto queda sellado por Dios. (Cfr. Mc. 10, 9). Por lo tanto, al ser el mismo Dios quien establece este vínculo – el matrimonio celebrado y consumado - no puede ser disuelto jamás. La Iglesia no puede ir en contra de la sabiduría divina. (Cfr. Catec. nos. 1114; 1640)
 
Este sacramento aumenta la gracia santificante.
 
Se recibe la gracia sacramental propia que permite a los esposos perfeccionar su amor y fortalecer su unidad indisoluble. Esta gracia – fuente de Cristo – ayuda a vivir los fines del matrimonio, da la capacidad para que exista un amor sobrenatural y fecundo. Después de varios años de casados, la vida en común puede que se haga más difícil, hay que recurrir a esta gracia para recobrar fuerzas y salir adelante (Cfr. Catec. no. 1641)
 
Consentimiento
 
 
 
Como el signo eficaz de este sacramento – materia y forma – es una aceptación y una donación, implica un consentimiento. Este debe de ser un acto de la voluntad donde los cónyuges se aceptan y se entregan mutuamente a la alianza matrimonial. Ha de ser un acto totalmente libre, verdadero, deliberado, manifestado externamente y sin condición alguna. Debe ser mutuo y ambos deben darlo al mismo tiempo. Esta alianza es un acuerdo entre dos personas libres y conscientes, para toda la vida, corriendo la misma suerte los dos y con una vida común donde predomine el amor. Los cónyuges deben de estar conscientes que el matrimonio es un consorcio para toda la vida entre un hombre y una mujer y ordenado a una procreación. Esta ignorancia no se presupone después de la pubertad. (CIC c. 1096). Si el consentimiento falta, no hay matrimonio.
 
El consentimiento no puede ser condicionado, pues iría contra la esencia misma del matrimonio.
 
Validez
 
 
 
El matrimonio entre bautizados es válido cuando se manifiesta libremente el consentimiento, teniendo como testigo a un ministro legítimo de la Iglesia. El matrimonio es considerado válido, mientras no se pruebe lo contrario. (CIC c. 1060). Antes que se celebre, debe constar que nada se oponga a su celebración válida y lícita. (CIC c. 1058; 1066). El consentimiento no puede estar viciado, es decir, tiene que ser un acto de la voluntad interior y tener todas las capacidades para darlo. El error acerca de la cualidad de una persona no dirime el matrimonio, a no ser que se pretenda esa cualidad directa y principalmente. Ejemplo: que uno de los contrayentes exija y manifieste que la otra parte sea virgen, de lo contrario no se casaría. El error sobre la persona en sí hace inválido el matrimonio. Ejemplo: cuando se cree que se está casando con alguien en particular y resulta que es otro. La esterilidad no hace inválido el matrimonio – ni prohibe, ni dirime- solamente si hay dolo –engaño – en este respecto. Si se conoce que la persona es estéril y no se manifiesta antes del matrimonio, hay engaño.

8. Nulidad, capacidad e incapacidad.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 8: Nulidad, capacidad e incapacidad
 
Nulidad
 
 
 
La nulidad de un matrimonio se declara cuando no existió nunca el vínculo matrimonial – no existió el sacramento - por haberse llevado a cabo bajo algún impedimento. Cuando el tribunal eclesiástico declara nulo un matrimonio, se dice que fue anulado. La Iglesia es la única que tiene el poder de declarar nulo el sacramento. En este caso, las personas se pueden volver a casar, siempre y cuando haya sido la Iglesia quien lo declare nulo y no los cónyuges.
 
Con frecuencia escuchamos que la Iglesia permite el divorcio en ciertos casos. Esto no es cierto, no hay que confundir el matrimonio nulo con un divorcio civil.
 
La nulidad significa que no hubo sacramento, aunque externamente todo pareciera indicar que sí lo hubo, no se creó un vínculo.
 
Las causas para que la Iglesia declare nula una unión deben de existir antes o en el momento de contraer las nupcias.
 
Capacidad e Incapacidad
 
 
 
Tienen la capacidad de contraer matrimonio todo bautizado, que ha recibido el sacramento de la Confirmación y pueden expresar su consentimiento libremente, y que no estén sujetos a algún impedimento. Tales como:
 
 
Los que carecen del suficiente uso de razón.
 
Las personas que tienen un grave defecto para hacer un juicio acerca de los deberes y derechos esenciales del matrimonio.
 
Los que no pueden – por alguna causa psíquica– asumir las obligaciones esenciales del matrimonio. (CIC c. 1095).

9. Impedimentos para el matrimonio.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 9: Impedimentos para el matrimonio
 
 
 
Los impedimentos dirimentes – que anulan - son los que inhabilitan a la persona a contraer matrimonio válidamente y corresponde a la autoridad suprema de la Iglesia, declarar cuando el derecho divino prohibe o dirime el matrimonio. (Cfr. CIC. c. 1075). Estos impedimentos deben de existir antes de que el matrimonio se realice:
 
 
La falta de edad:Esta es marcada por la Conferencia Episcopal.
 
La impotencia que es la imposibilidad de realizar el acto conyugal de forma natural. La impotencia antes del matrimonio y que sea para siempre, sea por una causa física o psicológica, y que puede ser relativa o absoluta, hace nulo el matrimonio. No se puede obtener una dispensa. La esterilidad no es impedimento para contraer el sacramento. (Cfr. CIC no. 1084)
 
Un vínculo matrimonial anterior: no se puede casar una persona que esté unida por un vínculo matrimonial previo. Tiene que existir la certeza y que conste legítimamente que este vínculo fue nulo o disuelto por las autoridades legales correspondientes. (CIC c. 1085)
 
El rapto: esto es cuando un hombre rapta a una mujer con el fin de casarse con ella mientras dura el rapto.
 
Que una de las partes no esté bautizada: Es inválido el matrimonio entre dos personas, una de las cuales este bautizada y la otra no. Este impedimento se puede dispensar, siempre y cuando se cumplan las condiciones que el Derecho Canónico establece en el no. 1125. (CIC c. 1086).
& Es decir, que la parte católica declare estar dispuesta a evitar cualquier peligro que atente contra su fe, que prometa sinceramente que hará todo lo posible para que los hijos se bauticen y se eduquen en la fe católica.
& Que se le informe a la parte no bautizada de las promesas que debe de hacer la parte católica, y de ese modo conste que está consciente de la promesa y de la obligación del bautizado.
& Que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades del matrimonio y que ninguno de los dos pueden excluir. (CIC. n. 1125 & 1 –3).
 
Las personas que han recibido el sacramento del Orden: ya sean diáconos, sacerdotes u Obispos. (CIC n. 1087). Este impedimento tiene su fundamento en el celibato eclesiástico. Puede ser que alguien que haya recibido algún grado de órdenes sagradas, haya sido reducido al estado laical, es decir, ya no está sujeto a las obligaciones del estado clerical, ya no puede ejercer los poderes del Orden. En estas circunstancias, aún queda la obligación del celibato que solamente puede ser dispensado por el Papa. Una vez otorgada la dispensa, y habiendo sido reducido al estado laical, se puede dispensar este impedimento.
 
El voto público y perpetuo de castidad en un instituto religioso: los motivos son igual al anterior.
 
El crimen: cuando una persona – con el fin de contraer matrimonio – causa la muerte del propio cónyuge o del de la otra persona.
 
La consanguinidad: queda totalmente prohibido el matrimonio con parentesco natural, es decir, entre padres e hijos, hermanos y hasta primos hermanos. Algunos de estos casos son impedimentos de derecho natural (padres e hijos, hermanos) y no se pueden dispensar. Otros son de derecho eclesiástico, por lo que se puede solicitar una dispensa.
 
La afinidad: parentesco entre un cónyuge y los consanguíneos del otro en línea recta. Ejemplo: suegro y nuera.
 
La pública honestidad: se considera nulo el matrimonio con los consanguíneos en línea recta de la persona con quien se contrajo matrimonio inválido o se vivió en concubinato público.
 
El parentesco legal: este parentesco proviene de la adopción.
 
Matrimonio con violencia o miedo grave: es inválido cualquier matrimonio contraído por violencia o miedo grave por una causa externa, ya que no existe libertad para dar el consentimiento.

10. Obligaciones y frutos del matrimonio.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 10: Obligaciones y frutos del matrimonio
 
Obligaciones
 
 
 
El amor es la razón principal por la que un hombre y una mujer deciden casarse y de él nace una fuerza que los mantiene unidos. La celebración del vínculo matrimonial fue un acto de amor y la promesa de amarse incondicionalmente para toda la vida. Tiene que convertirse en una forma verdadera de caridad cristiana, teniendo como fin la perfección y salvación del propio cónyuge. No se debe dejar llevar por los problemas que surgen por los diferentes temperamentos, ni por la situación económica, ni por los sentimientos, ni por egoísmos. Se debe fomentar el amor entre ambos, sobre todo en momentos difíciles. Practicar las virtudes sobrenaturales y humanas. Crear un ambiente familiar de amor a Dios y al prójimo.
 
 
 
Cada uno de los esposos tiene la obligación de conceder el débito conyugal al otro, siempre y cuando lo pida de manera seria y razonable. Este acceder a las relaciones conyugales es necesario porque puede dañar la relación y provocar el adulterio. Pero, no hay obligación si hay algún impedimento por salud, por estado de ebriedad, etc. “El marido otorgue lo que es debido a la mujer e igualmente la mujer al marido”. (1Cor. 7, 3)
 
 
 
Los cónyuges están obligados a ser fieles el uno al otro, tal como lo prometieron el día de su matrimonio.
 
 
 
No cerrarse - por egoísmos - a la transmisión de la vida.
 
 
 
Dijimos que otro fin del matrimonio es la procreación de los hijos, pero no basta con darles vida, hay que educarlos. La educación de los hijos es un deber y un derecho de los padres.
 
 
 
Por otro lado, como el matrimonio y la familia constituyen la primera célula de la sociedad- como tal - tienen el deber de participar en la vida de la misma sociedad.
 
 
 
Por último, la familia tiene la misión de participar – de manera activa – en la propia vida de la Iglesia, por medio de su testimonio, con la oración, con el apostolado y en la vida sacramental.
 
 
 
Frutos
 
 
El matrimonio es camino de salvación para los cónyuges porque es vocación divina. Por medio de él, se hace mucho más fácil el camino de santificación y de apostolado. Cuando se pone a Dios como centro de la familia, pues es Él quien nos da las bases sólidas para cimentar la relación, para poder crecer como personas, y lograr una verdadera relación de amor. En el momento que surjan las dificultades obtendremos las gracias necesarias para superarlas.

11. Otros aspectos morales.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 11: Otros aspectos morales
 
 
 
Las relaciones sexuales son lícitas – solamente – dentro del matrimonio sacramental. La unión conyugal debe ser “unitiva” y “procreativa”. Unitiva por que la entrega debe ser total en cuerpo y alma. Procreativa porque debe de estar abierta a la vida, a la posibilidad de crear una nueva vida. El poder procrear es un don de Dios, por lo cual nadie debe cerrarse, voluntariamente, a ese don.
 
El uso de anticonceptivos – o métodos artificiales - está prohibido para evitar tener hijos (Paulo VI, Humanae Vitae nos. 11-14). Así como, tampoco está permitido las operaciones con el fin de no tener hijos. El fundamento está en que van en contra de la naturaleza humana y la dignidad de la persona, pues las dañan o mutilan innecesariamente. Igualmente, atenta contra el “acto conyugal” - que debe ser unitivo y procreativo - al eliminar cualquier posibilidad de procreación. El uso de recursos naturales, como es la continencia periódica, es totalmente lícita cuando existan motivos para ello. Esta continencia implica no tener relaciones conyugales en los períodos de fertilidad de la mujer.
 
La inseminación artificial y la fertilización “in vitro” son ilícitas. Se realizan sin que exista una unión sexual entre los cónyuges. Estas técnicas lesionan el derecho del niño de nacer de un padre y una madre conocidas para él y fruto de una unión conyugal. Cuando se utiliza el óvulo o el espermatozoide de una persona ajena al matrimonio se le llama heteróloga. Cuando es practicada utilizando el óvulo y el espermatozoide de la pareja se le llama homóloga. Ambas son reprobables porque la existencia del hijo no es fruto de una donación, sino que se confía en manos de extraños – médicos y biólogos – la vida y la identidad del embrión. Atenta contra la dignidad del ser naciente. (Cfr. Instrucción Donum vitae no. 2, 1-4; Catec. no. 2376-2377). Hay que recordar que la fecundidad es un “don de Dios” y no es un derecho.
 
La unión libre
 
 
 
La unión libre es cuando una pareja vive como si estuviera casada, pero en realidad no lo están. No están casados ni por la Iglesia, ni por lo civil.
 
Hay unión libre cuando el hombre y la mujer no quieren casarse ni por la Iglesia, ni por lo civil, pero viven en la misma casa y tienen relaciones sexuales.
 
Los casos más frecuentes de unión libre son:
 
a) Matrimonio a prueba o experimental.
Cuando una pareja vive como si estuviera casada probando si su relación funciona o no.
 
Hoy día hay muchas personas que dicen que es bueno este matrimonio a prueba. Sus palabras más frecuentes son: “Vamos a vivir en pareja y veamos si funciona. Si no, cada quien por su lado”.
 
Pero, ¿habrá realmente una unión cuando la pareja no se compromete, por miedo o comodidad? Los que viven así no se tienen la confianza entre los dos de vivir bien un matrimonio comprometido; el hombre y la mujer no confían tampoco en sí mismos, pues creen que posiblemente no funcionará su matrimonio; no confían en el futuro. ¿Puede alguien realmente vivir tranquilo consigo mismo y con la pareja sin esta seguridad?
La mayoría de estas uniones limita también una de las finalidades del matrimonio, que es la procreación. Como es un matrimonio a prueba, no se quieren comprometer con hijos.
 
b) Unión libre de hecho.
Es cuando viven como matrimonio estable, sin haberse casado. Se trata de uniones sin ningún vínculo institucional públicamente reconocido, ni civil ni religioso, donde hay intención de permanecer viviendo así, ni por la ley civil. Son diferentes de las uniones libres llamadas a prueba, porque en las primeras se está experimentando, en las segundas se buscan como una forma de vida para siempre.
 
Las consecuencias de la unión libre son:
 
-El matrimonio no importa como un sacramento donde Dios esté presente, únicamente importa el vivir unidos sin más ni más.
-Se está confiando más en uno mismo y la pareja, que en Dios, pues se excluye a Dios de la vida conyugal.
 
Por lo tanto, la ayuda de Dios por medio de la gracia no existe en este tipo de uniones. Recordemos que Jesucristo se compromete a otorgar su gracia, su ayuda, a los esposos que se casan por la Iglesia, para mantener unido su matrimonio. La gracia también ayuda en la educación de los hijos y a alcanzar la salvación eterna. El matrimonio tiene sus dificultades y, sin esta gracia de Dios, es muy difícil que salga adelante.
-Se vive en pecado, pues las relaciones sexuales únicamente se pueden tener cuando se está casado por la Iglesia. Vivir así es una grave ofensa a Dios.
-Se vive en un escándalo, pues se acepta vivir en pecado.
 
La unión libre también produce consecuencias que afectan a la sociedad:
 
-Destruye directamente lo que debe ser una verdadera familia, pues la pareja no quiere establecerla legalmente.
-La fidelidad peligra, porque al no estar casados, una dificultad puede hacer que la pareja se separe, dañando mucho a los hijos.
-Los hijos sufren mucho, pues saben que sus papás no están casados.
-Esta vida así hace que la pareja se vuelva cada día más egoísta, pues no quieren comprometerse valiente y generosamente.
 
Muchas parejas viven en unión libre porque dicen:
•Que no tienen dinero para casarse, o por que es una costumbre de la comunidad.
•Que si se casan, otras personas los molestarán o dañarán.
•Que sus padres no quieren que se casen.
•Que lo hacen porque quieren vivir como ellos lo desean. Desprecian a la familia y al matrimonio.
•Que no saben para qué sirve el matrimonio.
.Que nadie les ha dicho por qué hay que casarse.
 
En la mayoría de los casos, los que optan por la unión libre, no han sido educados para vivir responsablemente su sexualidad. Únicamente buscan el placer, sin comprometerse.
 
Los que buscan la unión libre no saben amar de verdad. No quieren ser generosos, pues lo más cómodo es gozar sin compromiso. Cada uno busca su propio provecho, sin pensar en el bien de sus hijos y del otro.
 
En otros casos, nos encontramos con personas que no tienen la capacidad para contraer compromisos. Viven como si fueran niños. Les da miedo casarse, porque es una gran responsabilidad.
•Hoy podemos ver que el mundo nos ofrece el gozar sin comprometernos. Muchas parejas son engañadas por esto. Piensan que lo más importante es gozar la vida sin responsabilidad.
 
La unión libre afecta la dignidad del matrimonio en cuanto a que:
1. Ofende la fidelidad, puesto que no hay un compromiso estable, total, generoso, y expone a que dicha unión se rompa con facilidad.
2. Ofende a la unión, porque la unión matrimonial no puede dejarse desprotegida y, mucho menos, ponerse a prueba.
3. Ofende la totalidad, ya que la donación de los esposos debe ser total. La relación sexual es el símbolo real de la donación total de toda la persona.
4. Ofende la indisolubilidad, pues, en el caso de la unión libre a prueba se abre, de entrada, la posibilidad de la separación. En el caso de la unión libre de hecho, al no dar los elementos que garanticen la estabilidad y permanencia de dicha unión, la exponen a que se rompa.
5. Ofende a la fecundidad, puesto que en la unión libre a prueba se trata de evitar tener hijos y si se trata de unión libre de hecho, no existe la seguridad de tener lo que los hijos requieren en su formación, no se pueden transmitir a los hijos los valores que la misma pareja no vive. Por otro lado, no se cuenta con la gracia de Dios para educar a los hijos.
6. Ofende directamente al amor, pues la unión libre se origina por el egoísmo, por ese deseo del placer sin responsabilidad. Si realmente hay amor, ¿por qué no se casan?

12. Matrimonio: Derecho canónico y Derecho Civil.

El Sacramento del Matrimonio
Autor: Cristina Cendoya de Danel
 
Capítulo 12: Matrimonio: Derecho Canónico y Derecho Civil
 
“Análisis comparativo de la naturaleza, principios y fundamentos entre el Derecho Canónico y el Derecho Civil con respecto al Matrimonio: a partir del Concilio de Trento y en el Derecho Civil de San Luis Potosí”
 
 
El objetivo del presente trabajo es el de establecer las relaciones existentes entre dos regímenes legales matrimoniales que por excelencia han sido considerados como polos opuestos aún cuando ambos tienen la consigna de dar paso a la formación de una familia: no importa si hablamos de la legislación civil o religiosa, el matrimonio, como Portalis y otros lo conciben, coinciden en señalar algunos ítems característicos del matrimonio, los cuales serán desglosados y analizados con detalle mas adelante.
 
Desde épocas remotas, el matrimonio ha formado parte de la conciencia humana, ya que como ser social que es, el hombre debió haber formado parte de una familia y aún como Belluscio lo señala, el origen del matrimonio se vincula con el de la familia, persistiendo hasta nuestros días la problemática que surge del ignorar como fue ese proceso histórico – social.
 
Aún cuando cada cultura tiene su peculiar manera de entender el matrimonio, es preciso señalar que éste ha tenido un desarrollo histórico – geográfico muy importante: desde la antigua Roma hasta nuestro México actual, de oriente a occidente, el matrimonio fue y es uno de los temas mas estudiados y menos comprendidos del saber humano por la complejidad que representa el comparar tantas manifestaciones como culturas existen en el mundo, motivo por el cual se analizarán algunas de las principales culturas alrededor del mundo, que si bien no dieron origen de manera directa al derecho canónico o al derecho civil, si influenciaron de manera positiva (¿qué hacer?) o de manera negativa (¿qué no hacer?) con respecto a este tema. El pueblo babilónico influenció al hitita y al asirio, coexistiendo estos con la cultura hebraica que a su vez fue contemporánea del derecho romano, influenciando estos al germano y al español, que de manera inmediata llegó a la Nueva España y a nuestro derecho civil mexicano, y son coexistentes con el derecho canónico que surge en Europa. Al ser tan extenso el tema, el presente estudio se concretará a establecer las semejanzas y diferencias entre el matrimonio como institución y el matrimonio como sacramento, así como las consecuencias que se derivan de su naturaleza. De igual manera se analizarán los aspectos históricos que influenciaron al matrimonio (canónico y civil) como lo vemos en nuestros días.
 
Antecedentes en los pueblos de la antigüedad
Como ya se venía tratando, el matrimonio a pesar de tener semejanzas entre los diversos pueblos, cada uno de ellos le da un sentido particular al mismo, por ejemplo, en Babilonia, el matrimonio era un contrato que reflejaba la naturaleza comercial del pueblo, que veía al matrimonio infundido de factores económicos. Para el pueblo Hitita tenía el matrimonio semejanzas con el anterior, el sistema más utilizado era la monogamia, sin embargo la poligamia era signo de status elevado al igual que entre los asirios, diferenciándose del resto de las culturas del próximo oriente en que ésta no pone límites al poder del hombre con respecto a la esposa e hijas.
 
Para el pueblo judío el matrimonio tiene por características el poderío del hombre sobre la mujer que toma el papel de sumisión frente a sus padres y posteriormente ante su esposo cuando contrae nupcias, siendo ésta complemento creador de vida, y la fecundidad como una bendición de Yahvé , atribuyéndole a la buena mujer judía cualidades de debilidad, sumisión y prudencia entre otras.
 
“Matrimonium est manis et femine conjunctio et consortium omnis vitae divini et humani juris comunicatio”. De esta manera era definido por los romanos de la época justinianea. Para este pueblo, el matrimonio era siempre monogámico, llegando a respetarse esto en el contubernio; de la misma manera eran regulados los esponsales, que eran la petición y promesa de futuras nupcias ya entre los futuros esposos o entre sus respectivos paterfamilias. Aún cuando no había una formalidad para celebrar el matrimonio, pues era considerada una situación de hecho, se le denominaba justas nupcias y los requisitos eran:
 
 
 
Pubertad, que en el derecho clásico no se exige una edad determinada, pero en el justinianeo es de siete años cumplidos.
Consentimiento del paterfamilias o de los contrayentes en caso de que fueran alieni iuris
Que tuvieran el ius conubium, o derecho para contraer válidamente matrimonio
Que no existiera parentesco en línea recta, colateral, por tutela, curatela o entre raptada y raptor.
 
 
Así como existía el iustae nupciae, la IV tabla establecía que la mujer que vivía con su marido por espacio de un año sin separarse de su lado por más de tres meses, caerá en su dominio por usucapión .
 
En Alemania, el Bürgerliche ehe , establece que un hombre no puede contraer matrimonio antes de la producción de la mayoría de edad; una mujer no puede contraer matrimonio antes de los 16 años cumplidos ; y existe impedimento de contraerlo entre parientes en línea recta y afines, así como entre personas de las cuales una ha tenido comunidad sexual con los padres, ascendientes o descendientes de la otra (art. 1.310 del Código civil alemán). La mujer adquiere el apellido del esposo, y ambos el derecho – deber de dar y recibir alimentos.
 
Matrimonio en el Derecho Canónico
El jurista italiano Gangi, nos ofrece la definición más completa de lo que el matrimonio es para el derecho canónico “Il matrimonio e l´unione dell´uomo e della donna per formare una famiglia legitima. E unione stabile deratura per tutta la vitta dei coniugi, sorta nelle forme e secondo le norme stabilite della legge, per il soddisfacimentob dei loro bisogni sessuali, per la procreazione, l´a llevamento e l´educazione della prole, nonche per la luro reciproca assistenza. E una unione stabile e doratora, e come tale esa si distingue da qualsiasi altra unione transitoria, ed e una unione che ha per fine la constituzione di una famiglia legittima, e percio esso si distngue dal concubinato” . Como podemos observar, dicha definición contiene los elementos esenciales del tema a tratar.
 
Existen numerosas conceptualizaciones del matrimonio según autores haya, sin embargo, todas toman como elementos derivados de su naturaleza sacramental, y como atinadamente Goffi menciona creer que el matrimonio es un sacramento, es creer que transforma una situación natural en situación de gracia , proporcionándose con ello los medios para vivirlo a diario de manera idónea , otorgando para ello dos tipos de gracias: (a) Gracia santificante, por tratarse de un sacramento de vivos, y (b) Gracia sacramental, que facilita a los esposos el cumplimiento de los deberes propios de su estado. Todo lo anterior, es resumido por Monseñor Escrivá de Balaguer cuando cita “los matrimonios tienen gracia de estado –la gracia del sacramento- para vivir todas las virtudes humanas y cristianas de la convivencia: la comprensión, el buen humor, la paciencia, el perdón, la delicadeza en el trato mutuo. Lo importante es que no se abandonen, que no dejen que les domine el nerviosismo, el orgullo o las manías personales. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura –por un motivo humano y sobrenatural a la vez- las virtudes de un hogar cristiano”.
 
A consecuencia de la naturaleza sacramental, en el matrimonio canónico se observan dos características principales: la unidad y la indisolubilidad.
La primera de ellas tiene su principio teológico en la biblia “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y vendrán los dos a ser una sola carne” , desarrollándose de manera más exhaustiva en el Concilio de Trento que define a la unidad del matrimonio como la “unión exclusiva de un hombre con una mujer” . El anterior principio no se trata de un capricho canonista, es la reglamentación a lo que podría ser una causa de distanciamiento entre los cónyuges, de manera tal que la familia se viera amenazada, ya que la poliandria incide sobre la duda de paternidad y sus obvias consecuencias en la educación de los hijos, mientras que la poliginia daña los intereses secundarios del matrimonio como la paz familiar y la íntima unión afectiva entre cónyuges.
 
Aún así, existen en el mundo 720 culturas poligámicas, de las cuales 716 practican la poliginia y solamente cuatro la poliandria.
 
A pesar de ser la unidad (y también la indisolubilidad) características propias del matrimonio sacramental, existen en inumerables culturas la misma característica, prueba de ella es un proverbio chino, a la manera típicamente oriental, nos enseña que tanto el hombre como la mujer son indispensables para formar una familia , donde como A. Tennyson dice “la causa de la mujer es la del hombre: los dos se levantan o sucumben juntos”. En conclusión, unidad del matrimonio se entiende en dos sentidos: un solo matrimonio y una sola persona después de éste, donde “a la polaridad del hombre y la mujer corresponden la ayuda mutua o asistencia, es decir, la subsidiaridad”.
 
La segunda consecuencia del matrimonio como sacramento es la indisolubilidad, pudiéndola encontrar de manera explícita en la definición del mismo que se nos ofrece en el código canónico “la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por la misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados” , misma que retoma la visión que los latinos tenían “viri et mulieris coniunctio individuam consuetudinem vitae continens”, mientras que Modestino, otro jurisconsulto romano, lo concebía como “coniunctio viri et foeminae et consortium omnis vitae, divini et humani iuris communicatio”.
 
Como se puede observar, el matrimonio desde tiempos antiquísimos ya denotaba la prohibición de disolverse, sin embargo para la iglesia católica esto no toma verdadero valor sino hasta el inicio de la época cristiana , cuando cuestionado por los fariseos, Jesús el Nazareno contesta “¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer y serán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre“ enseñanza que Pio XI en su encíclica Casti Connubii amplía y ratifica diciendo que “el matrimonio no es obra de los hombres, sino de Dios, y por lo tanto sus leyes no están sujetas al arbitrio humano”. De tal manera que el matrimonio canónico no puede ser disuelto válidamente sino por la muerte de uno de los cónyuges, excepción hecha del matrimonio rato no consumado, o cuando se da entre dos personas no bautizadas para favorecer la fe de uno de ellos cuando fue bautizado con posterioridad , así como en el caso donde se acepta la disolución matrimonial cuando uno de los cónyuges desea ingresar a la vida religiosa, a condición de que el otro no contraiga nuevas nupcias.
 
Los requisitos que deben cumplirse para contraer válidamente matrimonio son, en consecuencia , que por lo menos uno de los cónyuges sea bautizado, encontrarse en estado de gracia, llevar a cabo el procedimiento de preparación para el matrimonio (exámen de los esposos y proclamas o amonestaciones) y obviamente manifestar libremente su consentimiento. Con respecto a los impedimentos dirimentes suelen clasificarse en :
 
a) Edad. “inhabilidad del varón y de la mujer para contraer matrimonio antes de haber cumplido los dieciséis y los catorce años, respectivamente” (c. 1083.1). Con anterioridad, este impedimento estaba condicionado a la realización de la cópula; en la actualidad la transgresión a este cánon anularía de manera invariable el matrimonio. Este impedimento es de derecho eclesiástico y natural.
b) Impotencia. “Incapacidad para realizar el coito” (c. 1084.1). Este impedimento, a través de la historia ha sido sujeto de múltiples variaciones por parte de los canonistas, sin embargo en 1983 se dio la clasificación y enumeración de las clases de impotencia y anomalías que hacen impotente al hombre y a la mujer, clasificándolas en antecedente y consiguiente (según su aparición respecto del matrimonio), temporal y perpetua (dependiendo si puede o no ser erradicada por medios lícitos), absoluta y relativa (dependiendo si la cópula no puede realizarse con el cónyuge solamente, o con ninguna otra persona), orgánica o funcional (si depende de cuestión anatómica o de perturbación en la función de ellos, dividiéndose esta última en física y psíquica). Ahora bien, para que la impotencia constituya un impedimento, debe reunir tres características: Que sea antecedente, perpétua y cierta.
c) Ligamen. “Inhabilidad para contraer nuevo matrimonio mientras permanece el vínculo de un matrimonio anterior, aunque no haya sido consumado” (c. 1085). No puede cesar por dispensa, sino únicamente por muerte.
d) Disparidad de culto. El matrimonio mixto, es decir, en el que uno de los cónyuges no es católico, se regula por los cánones 1124 y 1129; es un impedimento dispensable por el obispo del lugar (c. 1125) cuando concurran dos requiatos: 1) que el cónyuge católico se declare dispuesto a evitar cualquier peligro para la fe, y prometa bautizar y educar a los hijos en la fe católica y 2) que el no bautizado esté enterado de las promesas del otro cónyuge, así como cumplir con una instrucción sobre los fines y propiedades del matrimonio.
e) Orden sacerdotal. “Es la inhabilidad por la que no pueden contraer matrimonio quienes han recibido la ordenación sacerdotal” (c. 1087). Tiene su fundamento en el celibato eclesiástico, sin embargo puede ser dispensable por el Romano Pontífice (c. 291)
f) Voto o profesión religiosa. “Impedimento que afecta a quienes han contraído un voto público de castidad en un instituto religioso” (c. 1088). Al igual que el anterior, su dispensa está reservada al Pontífice.
g) Rapto. “traslado o la retención violenta de una mujer, con la intención de contraer matrimonio con ella” (c. 1089). Tiene su origen en el concilio de Trento, y para que cese el impedimento deben concurrir tres elementos: 1) separación de la mujer de su raptor; 2) colocación de la mujer en un lugar seguro y libre; 3) los calificativos seguro y libre, hacen relación al lugar y no al estado de ánimo de la mujer raptada.
h) Crimen. (c. 1090) Impedimento que consiste en cometer homicidio (por sí o por interpósita persona) en contra del propio cónyuge o en contra de aquel con el que se desea contraer matrimonio.
i) Parentesco. Por consanguinidad (c. 1091): línea recta y colateral hasta en cuarto grado. Por afinidad (c. 1092), es decir entre los consanguineos de uno y los consanguíneos del otro. Pública honestidad (c. 1093) cuando se pretende contraer matrimonio entre afines, pero por cuestión de concubinato. Legal (c. 1094), cuando supone relación entre adoptante y adoptado, así como entre los hermanos de éste.
 
A consecuencia de la naturaleza sacramental del matrimonio, éste no puede disolverse por causas posteriores a él (divorcio), únicamente procede la declaración de nulidad de aquellos matrimonios que desde su inicio fueron inválidos debido que no fueron cumplidos todos los requisitos que la legislación canónica exige.
 
Matrimonio en el derecho civil
Antes de 1852, el matrimonio canónico era suficiente para formar con ello una familia que derivara de un matrimonio válido que le diera solidez, sin embargo, el entonces presidente Benito Juárez García decidió quitarle poder a la iglesia católica, instituyendo el matrimonio civil, mismo que nace en Holanda en 1850, más que como medio de disminuirle el poder, surge para mantener controlados a los disidentes religiosos .
 
Desde las conceptualizaciones más burdas hasta las más complejas, el matrimonio civil es la forma legal (para el Estado) de formar una familia, que debe cumplir con ciertos requisitos que el legislador ha denominado elementos de existencia y de validez; los primeros de ellos (de existencia), tienen por finalidad el surgimiento a la vida jurídica, mientras que los segundos plenifican los efectos, imposibilitando la nulidad.
 
Elementos de existencia: para poder decir que un matrimonio civil es tal, debe contar con tres elementos: voluntad, objeto lícito y solemnidad. La voluntad o consentimiento debe ser manifestada expresamente con un “si” pues de no ser así, la voluntad estaría afectada de manera tal que la violencia inducida a coaccionar la libertad de decisión afectaría la existencia del matrimonio. Para poder manifestar libremente la voluntad de contraer matrimonio, debe, la persona ser consciente del objeto del mismo; desde los comienzos de la regulación civilista del matrimonio, existen dos principales consecuencias del acto matrimonial: fundar una familia o comunidad permanente de vida , así como la ayuda que mutuamente deben de prestarse. Al ser una institución regulada por el estado, deben cumplirse con las solemnidades que el derecho exige :
 
Elementos de validez: la diferencia entre nulidad y divorcio es, precisamente, la temporalidad de los actos que dan causa a éste; el divorcio es por acontecimientos posteriores, mientras que la nulidad, solo declara la inexistencia de lo que nunca fue válido. Una de las finalidades secundarias es la procreación, que sería imposible si la capacidad reproductiva se viera limitada debido a la edad, razón por la cual el código civil manifiesta que la edad mínima para contraer matrimonio es de 14 años para las mujeres y de 16 años para los hombres . La voluntad de los contrayentes debe estar ausente de vicios de la voluntad, mismos que pueden reducirse a cinco casos: Error en la identidad, dolo, mala fe, violencia o intimidación y lesión.
 
El código civil menciona que los impedimentos para contraer matrimonio válido son: La falta de edad, de consentimiento de quien deba ejercerlo, parentesco, el adulterio entre los que pretendan contraer matrimonio, atentado contra la vida de anteriores cónyuges, fuerza o miedo grave, embriaguez habitual, impotencia incurable, idiotismo o imbecilidad, matrimonio subsistente al momento de contraer nuevas nupcias.
 
De no respetarse estos puntos, el matrimonio es nulo de origen, por lo tanto corresponde declarar la nulidad por parte de un juez de lo familiar.
 
Al momento de contraer matrimonio se hace el cambio de estado civil a casado, originando una serie de consecuencias jurídicas con respecto al otro cónyuge, a los bienes y a los hijos.
 
Entre los cónyuges
a) La Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) estatuye el derecho de cada pareja a decidir el número de hijos y el espaciamiento entre ellos, debiendo decidirlo de manera conjunta teniendo en consideración las ideas y costumbres operantes.
b) La cohabitación, aún cuando no es tratada como una consecuencia, hace derivar de ella el trato cotidiano que da origen a la ayuda mutua que entre cónyuges se deben.
c) Derecho – deber de la relación sexual. La sexualidad forma parte de la naturaleza humana, no como un instinto de supervivencia, sino de manera consciente y no siempre teniendo como finalidad la procreación.
d) Ayuda mutua. Es la consecuencia natural de las anteriores, y se refiere al apoyo moral y económico (alimentos ), entre ellos y con los hijos .
e) Fidelidad. Se refiere a la exclusividad sexual de y entre los cónyuges, que aún cuando no está consagrada en la legislación de manera explícita, si menciona el adulterio como causal de divorcio y como delito .
f) Igualdad jurídica entre cónyuges, que se deberá dar en el plano económico y con respecto a la procreación.
 
Con respecto a los hijos
Los derechos y obligaciones que tienen los cónyuges con los hijos son estudiados por la institución civil llamada filiación.
 
Con respecto a los bienes
Existen dos tipos de regímenes con respecto de los bienes del matrimonio: sociedad conyugal, separación de bienes y régimen legal, que en el estado de San Luis Potosí es éste último.
 
Semejanzas y diferencias entre ambos regímenes matrimoniales
Al matrimonio civil se le considera una institución, un acto jurídico a condición, un acto jurídico mixto y un contrato ordinario o de adhesión , mientras que para el derecho canónico es un sacramento. De lo anterior se desprenden las consecuencias respecto a la naturaleza, reglamentación y tutela del mismo.
 
El hecho de que el matrimonio canónico sea de naturaleza sacramentaria determina que no es disoluble, mientras que el matrimonio civil es un contrato sui generis, por lo mismo tiene la posibilidad de concluirse por mutuo consentimiento o bien por responsabilidad de una de las partes (divorcio).
 
Ambos regímenes consideran la posibilidad de la nulidad, pero mientras una la decreta el juez de lo familiar (civil), otra lo hace el Romano Pontífice (canónica). En ambos se tienen las mismas consecuencias jurídicas, sin embargo las causas que dan origen a la nulidad son distintas, pues el código canónico da prioridad a los trastornos psiquiátricos como causales de ella.
 
Ambos tienen las mismas finalidades aún cuando su justificación es, en algunos casos, distinta. Consideran la ayuda mutua, la procreación, la cohabitación y la comunidad permanente de vida. Mientras la legislación civil permite el control natal y la decisión del número y espaciamiento de los hijos, el código canónico lo reprueba, pues considera, basándose en el génesis, que Dios dará los hijos en la medida que Él lo quiera.
 
Teorías existentes
 
Al tratarse del matrimonio desde dos puntos de vista entre sí distintos, se estudiarán dos teorías: la iusnaturalista y la positivista.
 
Teoría Iusnaturalista en cuanto a que el matrimonio canónico es un sacramento, mismo que para la ocasión puede definirse como un “misterio” , o como un “signo sensible y eficaz de la gracia, instituida por Jesucristo, para santificar nuestras almas” y si tomamos en cuenta que para los canonistas el matrimonio es igualado a la unión de Jesucristo con su Iglesia , entonces “La Iglesia es un Cristo como un sacramento; o sea, signo e instrumento de la unión con Dios, y de la unidad del género humano”, es decir, según san Tomás de Aquino, es “un signo que produce lo que significa” .
 
Para concluir, el matrimonio canónico es de corte iusnaturalista porque fue una institución creada por Dios y necesaria para todos los hombres.
 
Respecto al matrimonio civil, es regulado por corrientes positivistas, debido a que las leyes civiles son sancionadas por el Estado y por lo tanto tienen coercibilidad, debiendo cumplirse tal y como la ley lo sanciona, principio que consagra el positivismo.
 
Bibliografía
Libros.
 
BELLUSCIO A. (1991). Manual de derecho de familia. Buenos Aires: De Palma
CALOGENO G. (1945). Il matrimonio. Milán: Dott A. Giufree
ESCRIVÁ de Balaguer J. (1978). Conversaciones. México: ERSA
GOFFI T. ((1963). Moral familiar. Barcelona: Editorial litúrgica española
LOPEZ Palau L. (1996). La familia: sus derechos, sus obligaciones y otras cosas. San Luis Potosí: Autoediciones del Potosí
MONTEJANO B. (1978). Curso de derecho natural. Buenos Aires: Abeledo – Parrot
MONTERO Duhalt S. (1997). Derecho de familia. México: Porrúa
MORALES J.I. (1987). Derecho romano. México: Trillas
MOSTAZA A. (1990). Nuevo derecho parroquial. Madrid: Biblioteca de autores cristianos
PADILLA Sahagún G. (1988). Derecho romano I. México: Mc Graw Hill
ROJINA Villegas R. (1987). Derecho civil mexicano. México: Porrúa
ROMMEN E. (1956). Derecho natural: historia-doctrina. México: Jus
SADA R. Monroy A. (1991). Curso de teología sacramentaria. México: Minos
VELA L. (1976). El derecho natural en Giorgio del Vecchio. Madrid: Universidad Pontificia Comillas
 
 
 
Código Civil para el Estado de San Luis Potosí
Código Penal para el Estado de San Luis Potosí
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Código de Derecho Canónico
Código de Derecho Civil Alemán. Traducción Carlos Melón Infante. Ed. Bosch. Barcelona, 1955. Libro IV “derecho de familia”.
Biblia de Jerusalén
 
páginas web
http://www.vatican.va
http://www.vlex.com
http://www.juritextos.com
http://www.catholic.com

Curso matrimonial de 8 artículos. 1. El matrimonio, origen y sentido.

Autor: P. Felipe
1.- El Matrimonio, origen y sentido.
El matrimonio tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita de compañía
 
 
1.- El Matrimonio, origen y sentido.
 
El matrimonio tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita de compañía. No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él.(Gen. 2,18)
 
Dios creó al hombre a imagen de Dios, lo creó varón y mujer, y los bendijo diciéndoles: procread y multiplicaos y llenad la tierra . (Gen. 1, 27-28)
 
El matrimonio es una institución natural, lo exige la propia naturaleza humana. Por lo que es una institución que no puede ser cambiada en sus fines y en sus características, ya que el hacerlo iría contra la naturaleza del hombre.
 
El matrimonio no es por tanto, efecto de la casualidad o consecuencia de instintos naturales inconscientes. El matrimonio es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan, y crecen mutuamente. Colaborando con Dios en la procreación de nuevas vidas.
 
Jesucristo explica a sus discípulos este origen divino del matrimonio: No habéis leído, como el que creó al hombre al principio, lo hizo varón y mujer? Y dijo: por ello el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos serán una misma carne . (Mt. 19, 4-6)
 
El matrimonio es una llamada de Dios, es una vocación divina.
 
El matrimonio es una comunidad de amor, camino de salvación personal y del otro. Las parejas están llamadas al amor, entre más amen, más cerca estarán de Dios, pues Él es AMOR. Siempre hay que dar, buscar la felicidad del otro, no la propia.
 
Jesucristo eleva la institución natural del matrimonio a la dignidad de sacramento, debido a su importancia. No se conoce el momento preciso, pero conocemos como se refería a él en varias citas bíblicas.
 
El matrimonio no es un contrato, sino una alianza, es decir, es una acuerdo entre dos personas libres y conscientes. Unidad de hombre y mujer. Es para toda la vida, corriendo la misma suerte los dos. Con una vida en común, llamada a amarse.
 
Propiedades del matrimonio:
 
Unidad: Dios instituyó el matrimonio desde un principio, como una unión exclusiva de uno con uno. Es un amor fiel hasta la muerte. Por ello, no se permiten varias esposas o esposos.
 
Indisoluble: nada puede separar al hombre y a la mujer, sólo la muerte. Cuando por razones que no están en nuestras manos, hay una separación, hay que seguir viviendo como si se estuviese casado. El divorcio no se permite entre bautizados.
 
Fines del matrimonio:
El bien de los esposos: tiene que existir un verdadero amor de entrega, de donación. Hay que crecer en el amor y en la fidelidad.
 
Generación y educación de los hijos: Este amor debe de traer como consecuencia los hijos, pero no basta con tenerlos, también hay que educarlos.
 
Efectos del matrimonio:
El vínculo conyugal: es el que une a los esposos para toda la vida.
 
La gracia sacramental: que en este sacramento, es la santificación de los esposos y el fortalecimiento para cumplir con nuestros deberes de casados. Todas las dificultades se pueden vencer, si lo deseamos, acudiendo a la gracia de Dios. Para ello es necesario quitar nuestro egoísmo.
Signo
La materia es el sí , en cuanto a entrega al otro, manifestados con signos o palabras.
La forma: es el sí, en cuanto la aceptación del otro, manifestado con palabras.
Ministro y Sujeto
Ministros: los que se casan. El sacerdote es un testigo imprescindible e imparte la bendición.
 
Sujetos: el hombre y la mujer bautizados que cumplan los requisitos y que no tengan ningún impedimento.
Requisitos para el matrimonio:
Estar bautizados el hombre y la mujer.
 
Estar capacitados para dar el consentimiento libremente.
 
Haber hecho la Confirmación
 
Tener la edad necesaria.
 
Presentar la fe de Bautismo actualizada ante el párroco y el acta de Confirmación.
 
Asistir a las pláticas de preparación.
 
No haber estado casado antes por la Iglesia.
 
No tener parentesco cercano.
 
Conocer y aceptar libremente los fines y propiedades del matrimonio.
 
Presentarse ante el párroco para que autorice la ceremonia.
 
Actividades sugeridas:
 
Contestar las siguientes preguntas:
¿Qué es el matrimonio?
 
¿Quién instituyó el matrimonio?
 
¿Cuáles son los fines del matrimonio?
 
¿Cuáles son las propiedades del matrimonio?
 
¿Cuáles son sus efectos?

2. El matrimonio y la familia, comunidad de amor.

Autor: P.Felipe
2.- El matrimonio y la familia, comunidad de amor
Debemos valorar todas las "gracias" (beneficios) que Dios nos regala al decidirnos casar por la Iglesia
 
 
2.- El matrimonio y la familia, comunidad de amor
 
Si observamos a nuestro alrededor, vemos como hay algunas parejas que nos se casan. Cuando aparece la atracción mutua y el amor, deciden formar una familia a “su manera”, se consiguen un lugar donde vivir y se “arrejuntan” y así viven toda la vida. Luego viene los niños y la familia crece. Lo que no saben es de todo lo que se pierden., al no haber permitido que Dios entre a su hogar. Sin embargo, ustedes sí se han dado cuenta de ello y han decidido casarse.
 
"Después de 55 años de vida conyugal, dos ancianos esposos todavía se querían profundamente.
Un amigo les preguntó: ¿Cómo es posible que vivan ustedes dos tan unidos, y que todavía se quieran tanto?
¿Cómo han logrado educar tan bien a sus hijos?
¿Y luego a sus nietos, siendo tiempos tan difíciles?
Señalando un antiguo Cristo que colgaba de la pared, contestó el anciano:
Pregúnteselo a Él; la vida es dura para todos, pero desde el día de nuestro matrimonio, el lugar de honor en esta casa siempre lo ha ocupado Él.
 
Debemos valorar todas las "gracias" (beneficios) que Dios nos regala al decidirnos casar por la Iglesia. Dios nos fortalece en los momentos de prueba, nos anima en la lucha y nos hace, si lo dejamos, crecer; ya no individualmente, sino en pareja y luego en familia, en la Fe y en el Amor.
 
Todos podemos estar en la situación de esos ancianos que mencionamos, en el que Dios en su matrimonio y hogar, ocupó siempre el primer lugar.
 
El matrimonio implica una entrega total al otro, una donación de todo el ser. Es vivir pensando como hacer feliz al otro antes de pensar en cómo voy a ser feliz yo. Significa “servir” a los demás por amor.
Esto supone "renuncia" y "desprendimiento". Renuncia en el aspecto, que muchas veces nos tendremos que desprender de "nuestros gustos", de "lo que yo quiero" para el beneficio de toda la familia. Si esperamos a que mejor nos hagan felices a nosotros, seguramente vamos hacia el fracaso.
 
Es importante cuidar la vida y el ejemplo cristiano que les transmitimos a nuestros hijos. Educarlos en los valores que JESÚS nos enseña: amor, perdón, servicio, pureza, verdad, etc. Los padres son responsables ante Dios, de la educación de sus hijos y deben ser los primeros educadores. Nadie debe quitarles ese derecho.
 
Es tarea del padre y de la madre el educar y formar a los hijos. El ejemplo es esencial. En una comunidad de amor, como es la familia, es misión de los dos la educación y formación de los hijos.
 
Un elemento muy importante es la comunicación, ésta nunca debe faltar. Dialogando se evitan malos entendidos, y se evitan posibles dificultades o distanciamientos mayores.
 
Los padres tienen el derecho de ejercer la autoridad que Dios les ha dado, pero siempre se debe de llevar a cabo con amor. Nunca se debe ejercer con autoritarismo. Hay que buscar el bien del hijo ante todo.
 
Cuando surjan las dificultades, acudamos a Dios que nos da gracias abundantes para superarlas. Él debe ser el centro de la pareja, de la familia... De esta manera tendremos una familia y auténtica familia llena de Gracia de Dios, cimentada sobre tierra firme. Y así evitaremos que a la primera dificultad, cualquiera de los dos, esposo o esposa, mandemos todo “a volar”, a pesar de los problemas que esto trae.
 
Estos problemas pueden ser de diversos tipos, daremos algunos ejemplos:
 
infidelidades: amantes, pensando buscar en la calle lo que pensamos no hay en casa.
 
vicios: como el alcohol, drogas y todo con el fin de evadir la realidad.
 
abandono de los hijos: No se cumplen los deberes de los padres para con los hijos, lo que trae como consecuencia, graves daños a la personalidad del niño.
 
maltratos al otro: Cuando no se quiere reconocer los propios errores, tendemos a culpar al otro.
Solamente mediante el sacramento del Matrimonio, lograremos que Dios bendiga nuestra unión matrimonial y nos conceda todas las gracias para poderlo vivir cristianamente y lograr en nuestra familia una verdadera comunidad de amor.
 
Aplicaciones en la vida diaria:
 
Reflexionar sobre:
 
¿Qué vida le doy a mi pareja?
 
¿Qué vida le doy a mis hijos?
 
¿Realmente me preocupo por ellos?
 
¿He llegado a considerarlos un estorbo?
 
Actividades sugeridas:
 
Hacer unos cartelones que indiquen “gracias” concedidas por Dios en el Sacramento del Matrimonio y otros que indiquen los problemas más usuales de un matrimonio.

3. Creados por y para el amor.

Autor: P. Felipe
3.- Creados por y para el amor
El ser humano necesita del amor, por ello, es de suma importancia conocer lo que es el verdadero y auténtico amor
 
 
3.- Creados por y para el amor
 
En nuestra vida cotidiana, encontramos a personas que se sienten solas, están tristes, deprimidas y en muchas ocasiones se encuentran rodeadas de familiares. En estas circunstancias lo que sucede es que estas personas necesitan amor.
 
El ser humano necesita del amor, por ello, es de suma importancia conocer lo que es el verdadero y auténtico amor; tomando como modelo el amor de Dios Nuestro Señor.
 
En la juventud cuando empezamos a experimentar el amor por el sexo opuesto y muchas veces pensamos que hemos encontrado nuestra media naranja. Sin embargo, podemos confundir el verdadero amor con lo que es una simple atracción, y esto, desgraciadamente, tendría unas consecuencias desfavorables para nosotros. Esto también puede suceder en otras edades, siempre podemos confundir el verdadero amor con una simple atracción.
 
Es muy importante saber encaminar el noviazgo como cristianos, es decir, según la voluntad de Dios. Para ello, es indispensable que hablemos del amor.
 
En primer lugar, nos enfocaremos en el tema del amor.
 
Debemos partir de la base de que Dios nos crea a todos por amor, puesto que somos sus hijos.
 
Nuestros padres al darnos la vida, cooperaron con Dios en la transmisión de su amor. Y es por esta transmisión de la vida que, el amor de un padre o de una madre a sus hijos, es un amor muy especial. A pesar, de las dificultades que se enfrenta una familia, un padre o una madre siempre sentirá un amor desbordante por cada uno de sus hijos. Este amor se verá claramente reflejado en muchas situaciones de la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando una madre cuida y vela por la salud de su hijo enfermo, cuando un padre trabaja largas horas para darle una educación que le permita desarrollarse como persona, etc.
 
Nosotros hemos encontrado a una persona del sexo opuesto que despierta un interés especial. Esa persona llena los anhelos, las ilusiones, los sueños de compartir nuestra vida con alguien. Y de repente, se desea estar con esa persona todo el tiempo y comienzan los planes...
 
Sabemos que estar enamorado es maravilloso, que el amor es bonito.
El problema que en ocasiones surge, es que reducimos el amor a tan sólo un amor de pareja y nos olvidamos de amar a todos los que nos rodean (parientes, amigos, vecinos, etc.) siguiendo las enseñanzas de Cristo. Cuando estamos enamorados, a veces caemos en el error de sólo amar a la pareja y egoístamente nos olvidamos que tenemos la obligación de amar a todos, incluyendo a los que apenas conocemos.
 
Analicemos el ejemplo de Cristo:
 
Cristo amó a todos por igual, hasta dar la vida por la humanidad en la cruz. Cristo amaba a su Madre muchísimo, de igual modo, amó a sus discípulos, los hombres tenemos un lugar muy especial en el corazón de Jesús, independientemente de nuestros defectos o cualidades.
 
¿cómo era el amor de Cristo?
 
Cristo nos enseñó que el amor es entrega:, por eso se entregó y murió en la cruz para redimirnos de nuestros pecados, entregó su vida por nosotros.
 
Cristo nos enseña que el amor es servicial: siempre se dedicó a servir y a ayudar a todos, curando enfermos, haciendo milagros, enseñando a orar.
 
También nos enseñó que el amor es comprensivo, y sin envidia, pues su vida nos hace ver que sabía comprender todas las situaciones de la gente, fuera rica o pobre.
 
Nos enseñó que el amor no se deja llevar por la ira (enojo) sino que olvida las ofensas y perdona: en la cruz le dice a Dios: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Esto es el verdadero amor. Cuando esperamos que los demás nos den, antes de que nosotros demos, estamos siendo totalmente egoístas. Siempre hay que pensar en hacer feliz al otro, ante todo. Cuando lo logremos encontraremos la verdadera paz y felicidad. Estaremos cumpliendo con la voluntad de Dios.
 
El amor egoísta no trae felicidad, ni paz, sino hay que ocasiona grandes problemas. Por ejemplo: Cuántas veces hay distanciamiento entre hermanos porque los dos son orgullosos y ninguno quiere ceder, ni perdonarse. ¡ Cuántos matrimonios deshechos por no querer dar su brazo a torcer!
 
El que verdaderamente ama, todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo acepta y todo lo soporta. No importa si es una relación de pareja o en cualquier otra circunstancia de la vida.
 
Cristo antes de subir a los cielos, después de su Resurrección, le encargó a sus apóstoles: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado". Y este mandato no es sólo para las parejas, sino para todos ... Amar como Él nos amó ... que sencillo pero a la vez que difícil ...
 
Tenemos que seguir su ejemplo como cristianos. Dios nos creó para amar, somos frutos del amor, y nuestra vida, acciones y palabras deben estar encaminadas al amor.
 
Aplicaciones en la vida diaria:
 
Entender que hemos nacido para amar. Y que todos a través del amor, a ejemplo de Cristo, tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo del mundo, de nuestra familia.
 
Preguntémonos
 
¿Sabemos perdonar? ¿ De verdad olvidamos de corazón las ofensas que recibimos?
¿Estamos dispuestos a ayudar a todos por amor?

4. ¿Amor o emoción?

Autor: P. Felipe
4.- ¿Amor o emoción?
Cuando una relación se estanca en la pura atracción, no hay un verdadero amor
 
 
4.- ¿Amor o emoción?
 
Si analizamos muchos de los casos de matrimonios que han fracasado, llegaremos a la conclusión de que, desde un principio, la unión no debía haber existido. Podríamos decir que desaprovecharon el noviazgo, como un etapa para conocerse y meditar sobre el amor que se tenían.
 
En ocasiones las parejas inician una relación de noviazgo porque se atraen muchísimo, y todo el día desean estar juntos y demostrarse uno al otro lo mucho que se quieren.
 
No ven en su noviazgo la oportunidad, si, "OPORTUNIDAD" de poder descubrir si la persona que creen amar es la que es la adecuada para pensar en algo serio, y formar una familia.
 
Para descubrir si un noviazgo va por buen o mal camino, hay que reflexionar
 
¿ Cuando estoy con mi novio de qué hablamos?
 
¿Hacemos planes a futuro?
 
¿Nuestras conversaciones son superficiales?
 
¿Sólo nos gusta estar pegados el uno del otro?
Si la relación de noviazgo va encaminada hacia el interés por los problemas del otro, por ayudarse mutuamente a crecer en su amor a Dios, a crecer como personas... Va por buen camino.
 
Cuando una relación se estanca en la pura atracción, no hay un verdadero amor, y a las primeras de cambio, terminan de la greña y adiós, cada quién por su lado.
 
Veíamos que el amor es entregarse, es darse al otro, es saber perdonar, es saber soportar. Por eso es vital que vivamos este tipo de amor que nos enseñó Cristo, en nuestro noviazgo... Pero, no hay que confundir el amor de entrega con la entrega de mi cuerpo a mi novio/a, pues eso sería egoísmo, que reduce lo bello del verdadero amor a la relación sexual entre un hombre y una mujer.
 
Esa entrega es válida, Dios la permite y la bendice, PERO SÓLO DESPUÉS DE HABERSE CASADO POR LA IGLESIA.
 
Debemos concientizarnos que el noviazgo es:
 
1. Tiempo de mutuo conocimiento,
2. Tiempo de aprendizaje del amor,
3. Tiempo de preparación a un compromiso futuro definitivo.
 
Por ejemplo:¿ Qué aspectos de la vida de la otra persona se han de ir descubriendo?
 
 
 
Forma de ser de la persona: gustos, sus habilidades, sus cualidades y defectos, su capacidad intelectual, su forma propia de amar y como le gusta ser amado.
 
Sus aspiraciones humanas, sus anhelos más profundos.
 
Su relación con Dios, su capacidad de entrega y de servicio.
 
Si estamos de acuerdo en la educación que queremos darle a nuestros hijos, si es que Dios nos da el don de tenerlos.
 
Siendo que el noviazgo es tiempo de aprendizaje en el amor, hay que preguntarse:
 
¿En qué forma los novios practican y crecen en el verdadero amor? ¿En qué forma yo estoy creciendo en el amor?
 
 
Capacidad de compartir pensamientos, sentimientos, problemas; para ayudarse mutuamente y aprender a pensar en común.
 
Deseo de colaborar en el crecimiento de la otra persona, viviendo con alegría los triunfos del otro animándolo a superarse.
 
Equilibrar respeto y pudor en las expresiones de cariño.
 
No olvidemos que el noviazgo es tiempo de preparación a un compromiso futuro y definitivo. ¿Cómo lo estoy viviendo?
 
Aplicaciones en la vida diaria:
 
 
Unir poco a poco los ideales de la pareja: lecturas comunes, cursos de orientación matrimonial frecuentes en conjunto, pláticas, etc.
Reflexionar sobre puntos de vista sobre la vida matrimonial, hogar, manejo de casa, números de hijos, etc.
 
Vivencia de la castidad: reflexionando sobre los peligros de una relación sexual pre-matrimonial y sobre la importancia de la pureza.

5. Hombre y mujer.

Autor: P. Felipe
5.- Hombre y Mujer
El hombre como la mujer tienen formas muy diferentes de reaccionar, de captar la verdad, y de vivir la fe
 
 
5.- Hombre y Mujer
 
Vemos, cómo de repente, se producen problemas entre un matrimonio, que podían haberse evitado, si estuviésemos conscientes de las diferencias que existen en la manera de pensar y actuar del hombre y la mujer. Estas diferencias no deben de asustarnos, sino, todo lo contrario, pues en ellas radica la manera de complementarnos el hombre y la mujer.
 
El hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios, lo cual nos da una misma dignidad. Es decir, somos personas con igual dignidad, ni uno, ni otro es superior como ser humano.
 
Dios nos creó diferentes, en cuanto a los rasgos propios, pero de tal manera que nos complementemos. En ello se encuentra la belleza de la relación entre el hombre y la mujer.
 
De hecho, el hombre como la mujer tienen formas muy diferentes de reaccionar, de captar la verdad, de vivir la fe ... y si analizamos esto, podremos entender reacciones de nuestra pareja que a simple vista no las podamos comprender.
 
Vamos a reflexionar sobre estas diferencias
 
Elementos generales:
 
 
 
Características masculinas
Actividad
Deseo de dominar
Exigir derechos
Deseo de dirigir, de conducir
Impaciencia, precaución
Deseo de cambiar las cosas
 
 
Características femeninas
Pasividad
Sometimiento
Bondad
Perseverancia
Precavida
Deseo de conservar la tradición
 
 
Elementos fisiológicos
Características masculinas
El hombre está hecho para producir vida,
Para crearla, recogerla y hacerla germinar
Y perfeccionarla.
 
 
Características femeninas
La mujer está hecha para conservarla,para sembrarla.
 
 
Elementos sensitivos
 
Características masculinas
Apasionamiento
Deseo de amar y cortejar
Espíritu de aventura
Capta lo general, lo grande, lo lejano. El hombre prefiere lo razonable.
El peligro lo excita.
 
 
Características femeninas
Afectividad
Deseo de ser amada y cortejada
Castidad, fidelidad.
Capta lo particular, los detalles, lo pequeño.
La mujer prefiere lo verdadero, lo bello, lo bueno.
El peligro la desconcierta.
 
 
Elementos Intelectuales
Características masculinas
Piensa con lógica
Mira al futuro
Se interesa por las cosas
Vive de ideas y planes
 
 
Características femeninas
Actúa con la lógica del corazón, del sentimiento.
Mira, preferentemente al presente, al pasado.
Se interesa por las personas, comprende y se compadece.
Vive de experiencias.
 
 
Elementos volitivos (de la voluntad)
Características masculinas
La voluntad del hombre tiende a su objetivo
El hombre se convence con razones.
Obra más conforme a la realidad de los hechos.
El hombre teme al sufrimiento.
 
 
Características femeninas
La voluntad de la mujer se influencia
por lo personal.
La mujer se convence llegándole al corazón.
Obra más movida por compasión y misericordia.
La mujer enfrenta con mayor resistencia el sufrimiento.
 
 
Elementos religiosos
 
Características masculinas
El hombre trata de conocer a Dios
El hombre ora con la cabeza.
Cuando se convence del ideal religioso y de su seguimiento, se entrega totalmente.
 
 
Características femeninas
La mujer trata de sentir a Dios
La mujer ora con el corazón
Vive en torno al ideal religioso,pero se fija más en las circunstancias que la rodean que en el mismo ideal.
En resumen, el objetivo de comentar todas estas características que distinguen a los hombres de las mujeres, es darnos cuenta, que a pesar de ser diferentes, uno necesita del otro y viceversa, y el ser diferentes hacen que su relación se enriquezca. A pesar de las diferencias físicas y emocionales, no olvidemos que Dios creó al hombre y a la mujer con igualdad de dignidad como personas.
 
En la Biblia, en el antiguo testamento, el Génesis dice:
"No es bueno que el hombre esté sólo, dijo Dios, hagámosle una compañera...
y de su misma costilla formó a la mujer, la presentó al hombre, quien exclamó :
ésta sí que es hueso de mis huesos, carne de mi carne".
 
Descubrirnos mutuamente como diferentes y complementarios es sabiduría humana y cristiana. Dios nos hizo compañeros del camino, para ayudarnos, acompañarnos y complementarnos.
 
Aplicaciones en la vida diaria:
 
Para vivir acertadamente nuestra diferencia y complementariedad entre hombre y mujer:
 
Primero, hay que aceptar realmente que hemos sido creados diferentes por Dios;
 
Segundo, respetar la dignidad de la otra persona y sus valores propios
 
Tercero; descubrir y apreciar lo que nos une y nos complementa.

6. Una correcta visión de la sexualidad.

Autor: P. Felipe
6.- Una correcta visión de la sexualidad
La sexualidad no es, únicamente, nuestro aparato reproductivo, sino es toda la persona
 
 
6.- Una correcta visión de la sexualidad
 
Poco a poco hemos ido planteando los elementos y las consideraciones más importantes que nos pueden llevar a amar como Cristo ama. Parte de ese amor implica una formación correcta en la sexualidad
 
Para esto es necesario plantearnos las siguientes preguntas:
 
¿Consideras que tu cuerpo es importante? ¿Porqué?
 
¿Aceptas cómo es todo tu cuerpo o hay partes que no aceptas ... color, forma, tamaño?
 
¿Según tu criterio, crees que das normalmente a tu cuerpo lo que necesita para desarrollarse? ¿Le das de más o le das de menos?
 
Los antiguos aztecas pensaban que somos corazón y rostro. Algo que somos, pero que no se ve y que refleja lo que somos ... todos manifestamos externamente lo que somos internamente. Lo de dentro y lo de fuera repercute uno sobre el otro. Hay que ser coherente entre el cuerpo y el "corazón" o "alma". Lo de adentro refleja lo de afuera.
 
Nuestro cuerpo es una maravilla ... ojos, agilidad, capacidad de recuperación, capacidad de procreación. Posee la perfección de la Creación. Dios no crea nada imperfecto.
 
Dios nos ha dado a cada uno un cuerpo y uno sólo. No se repone ni se compra otro. Cada uno es responsable de cuidarlo, ejercitarlo, desarrollarlo, fortificarlo ... embellecerlo.
 
Dios nos creó hombre y mujer. Esto significa que somos seres sexuados, que somos diferentes en nuestra sexualidad. La sexualidad no es, únicamente, nuestro aparato reproductivo, sino es toda la persona. Por ello nos comportamos de diferentes formas, como hemos visto antes.
 
En el momento de nuestro Bautismo, se borra el pecado original y recuperamos la capacidad de obtener una amistad con Dios. En él se nos dan las virtudes de fe, esperanza y caridad, los dones del Espíritu Santo y a partir de ese momento la Santísima Trinidad habita en nosotros. Nos convertimos en templos del Espíritu Santo.
 
El quinto mandamiento nos dice :"No matarás". Que no sólo se refiere a matar a una persona, sino también a no "matarnos" a nosotros mismos.
 
Le quitamos la vida a nuestro cuerpo poco a poco con la mala alimentación, falta de descanso, falta de higiene, con las bebidas alcohólicas, drogas, tensión y angustia; y otras cosas más.
 
En la Biblia se nos dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que estamos al servicio del verdadero amor. Por lo tanto, debemos de hacer buen uso de nuestra sexualidad. No dejarnos dominar por ella, no vivir para el placer. Hay que ser castos.
 
¿Han oído hablar de la castidad? ¿En qué consiste esta virtud?
 
La castidad es un don del Espíritu Santo, una virtud. Gracias a la cual logramos dominio sobre nuestra sexualidad y vivimos conforme al corazón de Dios.
 
Es el Espíritu Santo quien nos da la fortaleza para crecer en el dominio de sí y para orientar nuestra capacidad sexual al servicio del amor.
 
Para vivir la castidad se requiere "ascesis personal" (disciplina) es decir, de la mortificación, porque como Cristo murió para resucitar, nosotros como cristianos debemos morir a todas esas actitudes que lastiman el espíritu y/o el cuerpo, para vivir como el "hombre nuevo" en Cristo.
 
A la luz de Cristo, la sexualidad aparece como una vocación a realizar el amor que el Espíritu Santo llena en los corazones, y es el mismo Cristo quien bendice la unión hombre-mujer a través del sacramento del Matrimonio.
 
La unión conyugal, bendecida por Cristo, debe ser un acto de amor, una donación de uno al otro y viceversa. No es satisfacer una tendencia, no es la búsqueda del placer. Este último se da como consecuencia de una entrega amorosa. El placer nunca podrá ser un fin.
 
Nunca será válido utilizar a otra persona para satisfacernos sexualmente. Al ser un acto de amor la unión conyugal, tampoco se puede ver como posesión del otro.
 
En María, encontramos el ejemplo de la pureza que Dios nos pide. Nosotros somos dueños de nuestro cuerpo y podemos dominarlo, no dejando que las pasiones nos dominen.
 
Por el Bautismo llegamos a ser parte de la familia de Dios, que nos hace ser hijos adoptivos de Dios, y se hace presente el Espíritu Santo en nuestra vida, presencia que se reafirma en el Sacramento de la Confirmación.
 
Debemos estar conscientes que Cristo quiere vivir en nuestros corazones. Debemos abrirle nuestro corazón y tenerlo limpio como cuando limpiamos nuestra casa para recibir visitas. Para ello, es necesario hacer lo que Jesús con su vida nos enseñó.
 
Debemos mirarnos con nuevos ojos, admirarnos y agradecerle a Dios la obra que ha realizado con nosotros.
 
De esta manera debemos asumir, en la fe, nuestra sexualidad, es decir como un reto en el proceso de ser cada vez mejores personas.
 
De tal modo, para vivir como hijos de Dios necesitamos:
 
Un constante dominio de nosotros mismos, encauzando nuestros sentimientos y emociones, sobre todo, en el noviazgo. Hay que cuidar vivir el noviazgo como tal y no pretender vivir como matrimonio, puesto que este momento aún no ha llegado. Y una vez casados sacramentalmente, también hay que encauzar nuestros sentimientos y emociones, a través de la castidad. La virtud de la castidad no quiere decir virginidad, si no que es la pureza de nuestros actos y el dominio de nuestras pasiones. Tanto los solteros, como los casados deben de vivirla.
 
Es oportuno pensar en la moralidad de nuestra vida y cuestionarnos en varios puntos :
 
Autorrealización
 
 
 
 
¿ Lo que haces te libera, te hace ser más tu mismo o te esclaviza ?
 
El amor siempre es libre, sino lo es, no es amor.
 
Enriquecimiento de la otra persona :
 
¿Tu relación de pareja busca el crecimiento de la otra persona, a que sea más persona o al contrario la estás rebajando, manipulando, dominando, explotando ?
 
Honradez
 
 
¿ Mi acción es sincera o es simple simulación o engaño ? (Manifiesto por ejemplo cariño, y en realidad únicamente busco mis propios intereses) .
 
Fidelidad
 
 
¿ Este acto fortifica tu deseo de permanencia o es simple capricho momentáneo ?
 
Gozo
 
¿ Vives con gozo la vida que te confía el Creador o actúas simplemente por sumisión pasiva a un deber, por resignación a una exigencia ?
 
Hay que preguntarse: ¿Qué más espera Cristo de mí? porque cristiano es quien pertenece a Cristo en todos sus pensamientos y en todos sus actos ; y si nosotros tenemos el privilegio de serlo, debemos vivir de acuerdo a Él.
 
Aplicaciones en la vida diaria
 
No dejemos en saco roto lo que reflexionamos hoy, vivamos a la altura de lo que Dios quiere que lo hagamos, glorificándolo en todo momento y en todo lugar.

7. Dios en el matrimonio.

Autor: P. Felipe
7.- Dios en el matrimonio
El tener a Dios en primer lugar en una familia, no se logra de la noche a la mañana, hay que empezar desde el noviazgo
 
 
7.- Dios en el matrimonio
Cristo centro de la vida del cristiano en todas sus circunstancias.
 
Existen muchas parejas que en lo que menos piensan es en Cristo, aún cuando están a punto de casarse. Este tipo de actitud va a dificultar, el que una vez casados, tengan presente a Cristo. Lo que les va a acarrear dificultades, al tener que luchar contra muchos obstáculos.
 
El tener a Dios en primer lugar en una familia, no se logra de la noche a la mañana, hay que empezar desde el noviazgo.
 
¿Cómo podremos lograrlo en la vida matrimonial y en la futura familia?
 
Para aprender a amar y formar una familia, debe estar presente Dios en el centro de la pareja, pues sólo Él nos da las bases sólidas para que la relación esté bien cimentada.
 
Vivir a Cristo en el matrimonio significa:
 
 
Fe en Cristo presente, amado y respetado en la pareja.
 
Fe en Cristo que derrama su Espíritu de amor en nuestros corazones.
 
Transformando nuestro amor, en su amor.
 
Fe en Cristo que nos ayuda a superar nuestras dificultades.
 
Fe en Cristo a quien juntos imploramos: porque juntos rezamos, a quien juntos recibimos en la Eucaristía.
 
Tenemos que esforzarnos por llevar nuestra relación de cara a Dios y luchar por que sea una relación constructiva para los dos, es decir, que nos ayude a crecer, a ser más de nosotros mismos, a descubrir y a desarrollar las propias potencialidades, a luchar por tener una relación basada en la verdad con amor: Tratando al otro con cariño y con prudencia, siendo sinceros en el momento oportuno y siempre evitando herir. También tener una relación seria y constante, una relación fiel, viviendo de igual manera: la castidad donde el trato en la pareja sea limpio, sano, amoroso y respetuoso, y no olvidando tener como fundamento primordial a Cristo, en la Fe, en el Señor.
 
No olvidemos que Dios nos llama a la vida matrimonial, y que este es nuestro camino para la santificación.
 
En la sociedad actual, vemos cómo muchas parejas tienen una visión del matrimonio puramente egoísta, donde los hijos no tienen cabida y se hace lo imposible por no tenerlos.
 
Este tipo de pareja sólo piensa en satisfacerse mutuamente. No piensan que cada hijo es una bendición que nos da Dios.
 
La maternidad y la paternidad es un Don de Dios, no es un derecho de la pareja. Por el hecho de estar casado, no quiere decir que se va a procrear un hijo.
 
No cometamos el error de tantos matrimonios, en el momento en que estamos por iniciar el nuestro. ¡Pongamos a Dios como centro de nuestra vida!
 
Aplicaciones en la vida diaria
 
 
Vivamos a Dios en nuestro corazón, y hagamos de nuestra relación un modelo de hijos de Dios, transmitiendo ese amor a los demás.
 
 
Revisar qué debe de cambiar en nuestra relación.

8. La importancia de la comunicación.

Autor: P. Felipe
8.- La importancia de la comunicación
Barreras de la comunicación, reglas de diálogo, ventajas del diálogo y aplicación en la vida diaria
 
 
8.- La importancia de la comunicación
 
La comunicación entre las personas resulta, muchas veces, casi imposible. El error está en el cómo decimos nuestras ideas. Con frecuencia acusamos, agredimos, peleamos, no preguntamos las causas de algún comportamiento, sino que tenemos una idea prefijada y sobre ella hablamos. Tenemos que aprender a comunicarnos.
 
Es muy importante abrirnos a los demás para conocerlos y que nos conozcan. Si no lo hacemos, no podremos conocer la riqueza que hay dentro de cada uno. La falta de comunicación conlleva muchos problemas.
 
Si somos como una caja cerrada nadie va a poder descubrir lo que hay en nuestro interior sea tu novio(a), esposo(a), o tus papás o tus hermanos.
 
Gracias a la comunicación podemos llegar a conocer a las personas, ya que, a través de ella podemos saber todo lo que piensa, siente y hace. Si la gente no se pudiera comunicar, sería imposible llegarse a querer y la convivencia no tendría sentido, porque para querer a alguien lo tenemos que conocer, saber como es.
 
Al convivir diariamente, por medio del diálogo personal, se intercambian ideas, frases y sentimientos. El diálogo nos permite una mayor unión con la pareja. Sin la comunicación, sería imposible conocerse y ayudarse mutuamente.
 
Debemos iniciar apreciando todas las cualidades de la pareja. Si se demuestra interés por lo que le pasa, poco a poco, irán compartiendo todo y se apoyarán mutuamente. La convivencia será más amena, profunda y divertida.
 
 
 
Barreras de la comunicación
 
 
Como ya sabemos, el diálogo es algo maravilloso que une a dos seres. Pero, desgraciadamente, a veces la realidad no es así, es común que la pareja se encuentre con barreras u obstáculos para comunicarse. Estas barreras pueden ser el motivo principal de sus problemas y de su distanciamiento.
 
Las barreras más comunes pueden ser causadas por culpa de uno mismo, de los dos, o por causas ajenas a ambos, como por ejemplo, las preocupaciones económicas.
 
Los obstáculos más comunes que impiden lograr una buena comunicación son:
 
Falta de conocimiento mutuo.
 
El hombre o la mujer, debe entender que el otro no es igual a uno. Cada sexo tiene una manera de ser y de pensar que lo distingue del otro.
 
La mujer es más sensible y el hombre más frío, la mujer se fija mucho en los detalles y el hombre va al grano. A la hora de platicar, estas diferencias se manifiestan, pero si lo tomamos en cuenta será más fácil comprender las reacciones y comportamiento del otro.
 
Es necesario conocer a nuestra pareja,sus gustos, metas, aficiones, intereses, modo de actuar, modo de pensar, y el único modo de hacerlo realmente es interesándonos por sus cosas, preguntándole y platicándole todo lo que en lo personal nos pasa. Así, lograrán tener confianza el uno en el otro y un mayor apoyo mutuo.
 
Cansancio:
 
 
Otro problema de los más frecuentes en la comunicación es el cansancio.
No olvidemos que el tiempo es oro, que pasa y ya no regresa. Hay que hacer un esfuerzo y aprovechar el tiempo libre con la pareja para dialogar tranquilamente, haciendo que su amor crezca.
 
No dejar que el cansancio forme una barrera entre los dos. Encontrarán mayor alivio y calma conversando amenamente con la pareja, que sin hablar.
 
Pocos intereses en común
 
 
El tener pocos intereses en común entre una pareja, es también una barrera para dialogar.
 
A veces no se platican las cosas a la pareja, debido a que él o ella no prestan atención, pero no es tan difícil despertar el interés por lo que al otro le sucede, si se le hace ver lo importante que es eso para uno. De la misma manera, debemos hacerle ver que tenemos interés por sus cosas, se lo podemos demostrar preguntándole diariamente qué hizo durante la mañana, como le fue en su trabajo, como se portaron los niños.
 
Además no olvidemos que cada persona es única y diferente a todas las demás, por lo tanto, también sus intereses son personales.
Sin embargo, por el hecho de que esos intereses sean distintos no debemos dejar de platicar de ello con la pareja, ya que podemos crearle el gusto por ellos.
 
Una pareja feliz es aquella que comparte todo, no únicamente lo bueno, entretenido y de mutuo agrado. El secreto está en compartir.
 
No saber escuchar:
 
 
Muchas personas, si no es que casi todas, tienen el defecto de no saber escuchar, lo que ocasiona fuertes peleas y disgustos entre la pareja.
 
Si este es nuestro caso, podemos aprender a escuchar y hacer que el otro nos escuche. La clave es el respeto.
 
Oír no es lo mismo que escuchar. Oír es simplemente recibir sonidos. Escuchar es, además poner atención a todo lo que nos está diciendo la otra persona. Para que esto resulte, primero hay que dejar hablar a la otra persona, no interrumpirla, ni distraernos. Que ella note que le ponemos atención. Ya que terminó, ahora sí nos toca hablar. Si notamos que no atiende, decírselo de buena manera, y ya veremos como cambia su actitud y escucha.
 
Preocupaciones y estados nerviosos
 
 
Hay causas ajenas a la pareja que también dañan el diálogo. Una muy común son las alteraciones nerviosas y preocupaciones de trabajo y dinero.
 
Casi todos estamos presionados por esos problemas, pero debemos tener cuidado en que no afecten de mala manera la relación con la pareja.
 
Procurar que las dificultades los unan y no los separen, platíquense todo y ayúdense.
 
Los apuros se pasan mejor si estamos acompañados. Y recordar que dos cabezas piensan mejor que una. Será mas fácil que entre los dos encuentren una mejor solución, a la que proponga cada uno por su lado.
 
En ocasiones parece que no vamos a salir bien de nuestro problema, cuando se platica y el otro escucha, y nos animará a seguir adelante. Recordemos que la clave es : platicar, escuchar y compartir.
 
Oportunidad
 
 
El decir las cosas cuando se deben decir y como se deben decir, es algo que cuesta mucho trabajo.
 
Es importante pensar la forma de decir lo que queremos comunicar, y buscar el momento adecuado para hacerlo. Los modos son muy importantes.
 
Podemos llegar a lastimar al otro por el modo como le digamos algo, o si se lo decimos cuando no es oportuno, no vamos a ser escuchados.
 
Un niño que quiere ir a una fiesta le pide permiso a sus papás cuando sabe que están de buen humor, no lo hace cuando están enojados, porque así estará seguro de que no lo dejarán ir. Lo que hace es pedírselo en el mejor momento y de la mejor manera.
 
Nosotros, hagamos lo mismo: buscar el momento más oportuno para platicar con la pareja y fijarse como decimos las cosas.
 
Miedo a la reacción del otro
 
 
La forma de responder de la otra persona es también un motivo muy frecuente que causa problemas en la comunicación. A veces alguno de los dos no acepta que se le digan sus errores y por eso se enoja. O simplemente, si se le dice algo que no le agrada, no contesta ni muestra interés alguno. Esa actitud, si es constante, va ocasionando que el otro ya no le platique nada por miedo a cómo va a reaccionar.
 
Si uno se pone enojado, sin oír antes razones, puede ocasionar que el otro diga mentiras a fin de no causar disgustos.
 
El miedo no es bueno en una relación. Si uno "se pone en los zapatos del otro", habrá comprensión y diálogo.
 
Falta de capacidad para comunicarse
 
 
Frecuentemente sucede que tenemos dificultad para comunicarnos para decir lo que estamos pensando o sintiendo. No sabemos expresarlo. Esto es algo que le pasa a casi toda la gente. Primero, lo que tenemos que hacer es aclarar muy bien qué es lo que realmente queremos comunicarle al otro, para que no se preste a malos entendidos. Procurar que al decírselo, el otro nos entienda muy bien.
 
En ocasiones, ni nosotros mismos tenemos claras las ideas, por eso hay que pensar muy bien las cosas antes de hablar. Lo importante es estar tranquilo y que ninguno de los dos se empiece a enojar. De esta forma acabarán discutiendo y lastimándose el uno al otro.
 
Falta de respeto:
 
 
Una cosa es que una pareja platique y discuta, y otra muy diferente es que se falten al respeto en las discusiones. Muchas veces se gritan, se dicen groserías e incluso se llegan a golpear. Esto es algo muy serio que debe ser evitado a toda costa. Por grave que sea el problema, nunca deben faltarse al respeto, de hacerlo así jamás encontrarán una solución. Además, si tienen hijos, los harán sufrir, ya que no hay algo más triste y doloroso para un hijo, que ver a sus padres discutir y golpearse.
 
No hay que olvidar que se educa con el ejemplo. ¡ Qué diferente es hablar y aclarar las cosas de manera tranquila ! En algunos casos es bueno que toda la familia dé su punto de vista, pero los problemas de pareja los deben arreglar los dos solos y sin faltarse al respeto.
 
Falta de tiempo:
 
 
Muchas veces, por andar con prisas, la pareja no platica sus cosas, andan de un lado a otro y no se dan tiempo para estar solos. Lo que hay que hacer, es fijar un momento para que ambos puedan platicar, y que ninguno de los dos falte a ese acuerdo.
 
Desgraciadamente, la falta de tiempo es la excusa que se utiliza para huir de alguna conversación que tememos. En otras ocasiones, el trabajo invade la vida hogareña, hacemos el trabajo en casa en vez de convivir con la familia, o llevamos los problemas del trabajo a la casa y nunca descansamos.
 
Hay tiempo para todo. Son muy importantes los momentos que se comparten con la pareja para que estemos satisfechos y así todo salga bien.
 
Los amigos:
 
 
Los amigos son, muchísimas veces, causa de fuertes discusiones entre la pareja. No es necesario dejar a los amigos por la pareja, sino saber cómo comportarse. En una fiesta es posible estar con ella, a la vez que con los amigos. Si le damos su lugar, con gusto aceptará que compartas otros momentos con los demás.
 
Televisión:
 
 
La televisión es también una barrera para la comunicación de la pareja. Si al estarla viendo llegan a decirnos algo y no contestamos o no hacemos caso, parece que preferimos el programa. Tal vez no lo pensemos así, pero nuestra pareja puede sentirlo.
 
La televisión es un medio de entretenimiento, pero no hay que abusar de ella. Nunca hay que preferirla a convivir realmente con la familia. Si nos hablan cuando la estamos viendo y no contestamos, es señal de que algo anda mal, y peor aún, si la televisión es causa de pleitos y discusiones, debemos procurar verla mucho menos y darle mayor importancia a lo que realmente la tiene : LA PAREJA.
 
Ahora que ya señalamos algunos de los obstáculos más frecuentes para la comunicación de la pareja, podrás notar que todos tienen solución. Las cosas de la vida diaria, aunque parezcan poco importantes, son indispensable el compartirlas, si no se platica ahora, después será peor la comunicación y habrá mayor alejamiento.
 
Existen unas reglas para el diálogo, las cuales pueden servir para solucionar muchos problemas, o bien, para mejorar y hacer crecer más la relación de pareja. Si se siguen estas reglas, nos podremos relacionar no sólo con nuestra pareja, sino con todos los que nos rodean.
 
 
Reglas del diálogo
 
 
 
Humildad.
El peligro del diálogo es que llegue a ser una acusación en lugar de una ayuda para la comprensión. Al torturar y atacarse el uno al otro, acaban estando más molestos y enojados que antes.
 
Para evitarlo, conviene practicar la humildad. Es muy importante que antes de criticar y acusar al otro, cada uno lo haga primero consigo mismo. Entonces se estará preparando para hablar.
* Hay que tener mucho cuidado a la hora de las críticas, de las preguntas difíciles, de las acusaciones. Al hacer un esfuerzo para comprender al otro, habrá un clima de calma y confianza.
 
 
Paciencia.
En un sólo día no se conseguirá la comprensión de la pareja. Como en todo, dos personas requieren de un largo aprendizaje para vivir juntas.
 
La paciencia consiste, ante todo, en la repetición incansable: en un constante volver a empezar. La clave es una paciencia que no se rompa, aunque a veces será necesario hacer durante toda la vida la misma observación, pedir lo mismo.
 
No pensaremos que el otro no nos hace caso adrede, simplemente se le puede olvidar o no logra crear el hábito que sólo nace de la repetición. Lo importante es saber repetir con paciencia, de buena gana y con calma.
 
 
Oportunidad
No toda verdad es para ser dicha. Algunas veces es mejor callarlas, porque diciéndolas sólo lograríamos herir al otro.
 
Existen silencios que deben de ser respetados, secretos inviolables. No todo ha de decirse, ni tampoco puede preguntarse todo. El respeto y la discreción son la clave del diálogo.
 
Es necesario escoger acertadamente el momento de no decir o preguntar algo: por ejemplo cuando se está muy enojado, celoso o triste.
 
Saber elegir lo que se dice y hablar cuando sea más oportuno, hará que el diálogo sea más eficaz.
 
 
Constancia:
*Existen momentos oportunos para el diálogo, así como épocas mejores y malas rachas.
 
Es preciso aprovechar los días en que uno está totalmente dispuesto a escuchar, el otro a hablar y ambos a explicarse, porque quizás no vuelvan más. En el diálogo hay que ser constantes, y es necesario hacer de la constancia un hábito.
 
El diálogo hace que se acerquen las personas y no basta con hacerlo una vez cada cierto tiempo. Es necesario asegurarse de que los encuentros sean seguidos para evitar así que aumenten las incomprensiones y se acumulen los problemas.
 
Aunque a veces no tengamos ganas de platicar, hagamos un esfuerzo y contémosle a la pareja lo que sea, lo importante es evitar los silencios largos y fríos.
 
 
Renovación:
La constancia exige renovación. Porque es necesario, a pesar de todo, tener algo que decirse para poder hablar, y si no es interesante el diálogo puede volverse aburrido y monótono.
 
Es importante que se hable con entusiasmo y ganas, y que ambos pongan interés. Algunas veces uno será el que se empeñe más, otras veces, lo hará el otro.
 
Es muy frecuente que creamos que, si platicamos algo al otro, le parecerá poco entretenido. La comunicación se alimenta de esas pequeñas cosas que nos suceden diariamente.
 
 
Sinceridad:
Sólo por medio de una comunicación sincera nos podemos llegar a conocer, ya que es imposible que el otro adivine nuestros gustos, nuestros pensamientos, nuestros sueños, nuestros deseos, nuestros sentimientos... Debemos abrirnos para que el otro nos pueda conocer.
 
 
Calidez:
Un peligro que amenaza a todas las parejas es que se acumulen muchas incomprensiones y se guarden enojos, haciendo que la relación se enfríe. En este caso, la comunicación se ve afectada porque, al ignorarse, la pareja no se conocerá más.
 
Debemos acostumbrarnos a ser cálidos en nuestra relación y mantener el diálogo. Donde existe amor, la frialdad no tiene lugar. No guardemos los enojos, porque un día explotaremos sin razón aparente.
 
 
Respeto:
Como se dijo anteriormente, una cosa es aclarar ideas, y otra muy diferente es faltarse al respeto.
El diálogo debe hacerse con respeto, lo que supone el aceptar a la otra persona tal y como es.
A veces nos enojamos cuando nos llevan la contraria y queremos imponernos sin respetar los otros puntos de vista. Esto es un signo de inmadurez. Tenemos que aprender a escuchar a los demás y a reconocer nuestros errores.
 
Con todo lo anterior, habrán notado la importancia del diálogo en la pareja. Los obstáculos más frecuentes tienen soluciones que podemos llevar a cabo.
 
 
Ventajas del diálogo
 
 
 
Una pareja que no platica, que no sabe comunicarse, se encuentra distante y siente un vacío en su relación.
 
Esto se debe a que la comunicación, a través del diálogo, es la que une a la pareja, hace que se encuentren, acepten, adapten y respeten el uno al otro al descubrir, poco a poco sus formas de ser.
 
No es sencillo el que dos personas vivan juntas. La comunicación ayudará a que la convivencia sea más agradable. Por medio del diálogo, uno encuentra apoyo y ayuda en el otro.
 
 
Aplicaciones en la vida diaria
 
 
Proponerse cumplir con las reglas del diálogo para lograr romper barreras y una mayor unión. Sólo se necesita tener interés y ganas de mejorar la relación.

¿Qué hacer cuando su cónyuge está frío?

Que Hacer Cuando Su Cónyuge Está Frío.
 
Muchas veces hay enfriamiento en las relaciones matrimoniales y si no se cuidan resulta ser muy peligroso!
La causa principal del enfriamiento en un matrimonio suele ser la rutina. Ambos cónyuges caen en un estado de inconsciencia con respecto a la realidad de que el matrimonio es como un organismo vivo que necesita alimento y cuidado permanente. La corriente de la vida y las responsabilidades del diario vivir hacen que muchos matrimonios pierdan interés en mantener la relación. Lo más grave es que esta situación es generalmente inconsciente.
Otra causa común del enfriamiento matrimonial ocurre por conflictos no resueltos que van minando la voluntad de uno de los dos o ambos. Esos conflictos no resueltos producen una especie de resentimiento que si no se saca a la luz y se conversa, se va acumulando como carga en una bodega y llega el momento en que la persona tiene una sensación de cansancio y de asfixia y ya no quiere seguir compartiendo con el otro(a).
Frecuentemente ocurre que como consecuencia de los conflictos no resueltos, las constantes discusiones, uno de los dos recibe atención de una tercera persona y esa relación empieza a crecer aprovechándose de la negatividad en el matrimonio. En este proceso naturalmente el cónyuge que está cayendo en la infidelidad se va volviendo cada día más frío y más ausente en el hogar.
Cualquiera que sea la causa del enfriamiento de uno de los cónyuges o de ambos, la medicina es la misma: Deben ponerse de inmediato en campaña para defender el matrimonio. Esto implica un cambio de actitud inmediato. En vez de pelear, asumir una actitud de conciencia y buscar ayuda con un consejero matrimonial, hacer un curso para matrimonios, asistir a eventos para Matrimonios, etc. Por si solos va a ser muy difícil que puedan salir adelante. Por lo general cuando una pareja llega a ese punto de enfriamiento en su relación, ya no tienen la fuerza emocional para arreglar las cosas por si solos, ya que hay mucho resentimiento y además no tienen el conocimiento ni las herramientas para salir adelante. Necesitan buscar ayuda urgente.
Si uno de los cónyuges no quiere buscar ayuda y el otro si, el que tiene la actitud de arreglar las cosas puede buscar ayuda individualmente. Es bastante frecuente que cuando uno de los cónyuges aprende a manejar los conflictos y cambia de actitud con guía y soporte adecuado, el otro cónyuge nota el cambio y poco a poco se dispone a aceptar también la ayuda.
No dejen que el enfriamiento en la relación llegue a niveles muy profundos, porque entre mas distanciamiento se dé, es más difícil y costoso es el regreso. Si ha habido enfriamiento en tu relación matrimonial, reconócelo y busca ayuda de inmediato. Ora y pídele dirección al Señor para buscar la mejor ayuda disponible.
Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
(Luis y Hannia Fernandez).

Noviazgo y relaciones sexuales.

NOVIAZGO Y RELACIONES SEXUALES
 
 
PREGUNTA
 
 
          Tengo 22 años y llevo dos con mi novio, que tiene mi edad. Me ha dicho que le gustaría tener relaciones sexuales. Yo no estoy muy de acuerdo con esa postura, pero él dice que nos uniría mucho más. Por otra parte, mis amigas dicen que si no doy el paso, acabará aburriéndose. Estoy indecisa. ¿Qué me recomienda?
 
 
RESPUESTA
 
 
          ¿Que va a terminar por aburrirse? Yo pregunto: si uno quiere a otra persona para toda la vida, ¿va a dejarla por no tener relaciones? Por otra parte, si tanto unieran las relaciones sexuales, ¿cómo es posible que muchas personas no les digan a su pareja que prefieren las relaciones para después de casarse, por miedo a ser dejadas? ¿No unen tanto? ¿Cómo es que muchas personas, fundamentalmente mujeres, dicen que hubiera sido mejor haber esperado a tener relaciones hasta después de casarse?
 
 
          Muchos noviazgos se rompen después de haber tenido muchas relaciones; si tanto los hubiera unido el sexo, la rotura sería francamente difícil.
 
 
Según mi experiencia, las relaciones a esas edades unen mucho a la mujer, hasta el punto de que le impiden dejar, en bastantes casos, a su novio. Sobre todo si es la primera persona con la que tienen relaciones, y a partir de ese momento se establece una relación desigual. El chico no ha tenido esa sensación de unión y se siente libre para dejar a la chica si el noviazgo no funciona. Mientras, la chica ha perdido, en numerosos, esa libertad.
 
 
          Muchas mujeres me han comunicado su deseo de decir a su novio que debían dejar de tener relaciones.
 
 
          Entre otras cosas, porque quieren saber si el novio es capaz de hacer eso por ellas. Es decir, quieren saber hasta dónde son queridas. Con frecuencia no se atreven a decirlo por miedo a ser dejadas. Si la intuición femenina les dijera que se encuentran muy unidas a su novio, no aparecería esa duda. Yo creo que si una persona deja a otra porque no quiere tener relaciones, es que no la quiere lo suficiente.
 
 
          Esa relación posiblemente no llegará a buen puerto. Es una relación de noviazgo basada en el sexo. Si no lo hay, se rompe. No se le puede pedir todo a una persona a la cual se está conociendo para ver si es la idónea para pasar con ella el resto de la vida. Si usted es cristiana, sería positivo pensar que lo que separa de Dios nunca puede unir al hombre. Aunque a corto plazo parezca que sí.
(Desconozco el autor).

Noviazgo y relaciones sexuales.

NOVIAZGO Y RELACIONES SEXUALES
 
 
PREGUNTA
 
 
          Tengo 22 años y llevo dos con mi novio, que tiene mi edad. Me ha dicho que le gustaría tener relaciones sexuales. Yo no estoy muy de acuerdo con esa postura, pero él dice que nos uniría mucho más. Por otra parte, mis amigas dicen que si no doy el paso, acabará aburriéndose. Estoy indecisa. ¿Qué me recomienda?
 
 
RESPUESTA
 
 
          ¿Que va a terminar por aburrirse? Yo pregunto: si uno quiere a otra persona para toda la vida, ¿va a dejarla por no tener relaciones? Por otra parte, si tanto unieran las relaciones sexuales, ¿cómo es posible que muchas personas no les digan a su pareja que prefieren las relaciones para después de casarse, por miedo a ser dejadas? ¿No unen tanto? ¿Cómo es que muchas personas, fundamentalmente mujeres, dicen que hubiera sido mejor haber esperado a tener relaciones hasta después de casarse?
 
 
          Muchos noviazgos se rompen después de haber tenido muchas relaciones; si tanto los hubiera unido el sexo, la rotura sería francamente difícil.
 
 
Según mi experiencia, las relaciones a esas edades unen mucho a la mujer, hasta el punto de que le impiden dejar, en bastantes casos, a su novio. Sobre todo si es la primera persona con la que tienen relaciones, y a partir de ese momento se establece una relación desigual. El chico no ha tenido esa sensación de unión y se siente libre para dejar a la chica si el noviazgo no funciona. Mientras, la chica ha perdido, en numerosos, esa libertad.
 
 
          Muchas mujeres me han comunicado su deseo de decir a su novio que debían dejar de tener relaciones.
 
 
          Entre otras cosas, porque quieren saber si el novio es capaz de hacer eso por ellas. Es decir, quieren saber hasta dónde son queridas. Con frecuencia no se atreven a decirlo por miedo a ser dejadas. Si la intuición femenina les dijera que se encuentran muy unidas a su novio, no aparecería esa duda. Yo creo que si una persona deja a otra porque no quiere tener relaciones, es que no la quiere lo suficiente.
 
 
          Esa relación posiblemente no llegará a buen puerto. Es una relación de noviazgo basada en el sexo. Si no lo hay, se rompe. No se le puede pedir todo a una persona a la cual se está conociendo para ver si es la idónea para pasar con ella el resto de la vida. Si usted es cristiana, sería positivo pensar que lo que separa de Dios nunca puede unir al hombre. Aunque a corto plazo parezca que sí.
(Desconozco el autor).

Los maratonistas. Meditación sobre el matrimonio.

Los maratonistas
 
Los maratonistas aprenden varias lecciones importantes durante los años de entrenamiento. No importa lo experimentado que sea un corredor, una pequeña piedra en el camino, un paso mal dado, una distracción o miles de otros obstáculos pueden aparecer en cualquier momento, interrumpiendo el paso del corredor y ocasionando un accidente o un daño. Lo mismo ocurre en el matrimonio. El tiempo prolongado que lleven de casados no brinda inmunidad a los problemas.
Los maratonistas aprenden a regular el paso para no agotarse en los primeros kilómetros de la carrera. De la misma manera, las parejas debieran ser sabias al ver la relación como de largo alcance y así poner a los problemas y las diferencias en la perspectiva de un cuadro mayor.
Por último, los maratonistas, a excepción de unos pocos que encabezan el torneo, corren para mejorar sus propios tiempos. Corren para terminar la carrera y tratan de hacer su esfuerzo. La competencia puede arruinar una relación. Lo mejor que cada uno puede hacer es procurar dar lo mejor de sí y esforzarse por lograr que la relación sea lo mejor posible.
La vida de casados es un maratón. No basta con un gran comienzo para un matrimonio duradero. Se necesita determinación.
 
Hebreos 10, 36
Es necesario que con paciencia cumplan la voluntad de Dios, si es que desean que Él les dé lo que les tiene prometido.
(Desconozco el autor).

El último vino es mejor que el primero. Matrimonio y tercera edad.

El último vino es mejor que el primero
 
Recuerdo cuando estaba en el altar esperando a mi amada. Estaba nervioso, no sabía como responder en ese momento. Hace casi 40 años. Muchas preguntas estaban en mi mente. Aún recordaba lo que amigos y familiares me habían dicho acerca del matrimonio. Expresiones como: “No sabes lo que te espera”, “Matrimonio es Martirmonio” o “El primer amor siempre se acaba”. De pronto mis pensamientos recibieron la gran interrupción del momento, ella venía por el pasillo de la Iglesia, parecía radiante, bella y con una sonrisa en sus labios.
 
Solo oí que el romance se acababa y que el Primer amor se desteñía, pero no me dijeron que no siempre es así, sino que el mejor Vino está al final y no al principio.
 
El Primer milagro que el Señor Jesús hizo, lo realizó en unas bodas. Las Bodas de Caná. Veamos lo que dice la Biblia al Respecto:
 
“Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros. Jesús dijo a los sirvientes:
 
—Llenen de agua las tinajas. Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.
—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.
 
Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo:
 
—Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora”. Juan 2, 6-10.
 
 
Hay algunas cosas que necesitamos rescatar al leer este pasaje.
 
• A veces el matrimonio comienza con un vino de mala calidad.
• Cuando la ilusión del primer momento pasa ni el vino malo se ve, sino que nuestro matrimonio se torna como agua, sin color, sin sabor y sin olor.
• Siempre necesitamos esperar un milagro si Jesús está en nuestro matrimonio.
• Con el Señor podemos esperar sorpresas y una de ella es que él puede hacer que el Mejor Vino esté al final y no al principio.
 
La vida matrimonial es similar al desarrollo individual. Tiene sus propias etapas o épocas de desarrollo y como parejas necesitamos comprender que no podemos esperar que Dios lo haga todo en el matrimonio si nosotros no cooperamos con él a lo largo de nuestra unión.
 
“Donde hay matrimonio sin amor, habrá amor sin matrimonio”.
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.
 
Ese proceso de aprendizaje por parte nuestra implica:
 
• Que los años del nido vacío son tumultuosos, pueden llegar a ser los mejores años.
• Necesitamos aprender acerca de los asuntos que el nido vacío enfrenta en los últimos años del matrimonio.
• Entender los ocho desafíos que las parejas enfrentan durante la segunda mitad del matrimonio.
• Aprender cómo definir y hacer las cosas que nunca logró hacer antes en toda su vida.
 
“El matrimonio, como los injertos, prende bien o prende mal”.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
 
Nuestra decisión matrimonial si anhelamos probar el mejor vino al final comienza con aceptar el llamado a una intimidad espiritual y madurez en la segunda mitad del matrimonio.
 
¿Qué es lo que queremos decir con eso de la segunda mitad del matrimonio? El matrimonio está dividido en dos etapas muy determinantes.
 
La primera mitad del matrimonio es gastada levantando hijos y reaccionando a su entrenamiento de padres. Es una etapa desgastante y tiende a afectar nuestra relación de pareja debido a las presiones constantes. Los hijos son absorbentes y si no cuidamos nuestra relación de pareja algo podemos perder en el camino.
 
La segunda mitad del matrimonio guía a un renacer o al divorcio, esta es su elección. Un renacer si hemos cultivado en la Primera mitad nuestra relación y si hemos entendido nuestro proceso de crecimiento como matrimonio. Al descuidar ese proceso de crecimiento puede ser que lo único que nos ha mantenido unidos sean los hijos y al quedar solos entonces damos rienda suelta al deseo oculto del corazón, llamado Divorcio.
 
“En todo matrimonio que ha durado más de una semana, existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio”.
Robert Anderson
 
La segunda mitad del matrimonio es conocido como el Nido Vacío. Sin embargo muchos matrimonios no logran disfrutar del nido vacío por varias razones.
 
• No prepararon el ambiente en la Primera mitad y llegan a esta etapa viviendo con un par de ancianos llenos de resentimientos, archivos del pasado y con conflictos sin resolver.
• Hijos adultos siguen viviendo con ellos o hijos casados han traspasado los nietos para que sus padres se los críen.
• La pareja en esta segunda mitad del matrimonio se ve obligada a tener en su casa a sus padres ancianos para cuidarlos.
• Muchos en esta etapa enfrentan crisis de salud, finanzas, asuntos de profesión y retiro de su carrera.
 
La vida es corta y la desperdiciamos sin invertir para disfrutar cada etapa en la manera diseñada por Dios. Descuidamos nuestros papeles y desperdiciamos nuestros minutos como gotas de agua en una llave sin reparar y luego esperamos milagros. Antes de Jesús hacer el milagro en las bodas de Caná y convertir el agua en vino él pidió a los siervos que buscaran vasijas, las llenaran hasta arriba. En otras palabras el milagro no se podía efectuar si los siervos no preparaban las vasijas para el milagro. Muchas veces queremos que Dios haga el milagro en la familia, pero nosotros no hemos preparado las vasijas.
 
¿Queremos probar el buen vino al final? Entonces veamos los ocho pasos para preparar las vasijas que almacenarán el mejor vino.
 
Ocho Pasos para preparar las vasijas del buen vino en la segunda mitad del matrimonio.
 
1. Cancele los archivos del ayer y decida aceptar a su cónyuge . Muchas parejas pareciera que les encanta vivir del pasado. Tienen archivos completos, archivos empolvados, saturados de telarañas y polilla, pero ahí están para acariciarlos cada vez que un nuevo conflicto se genera. La Biblia dice que Dios ha olvidado nuestros pecados y él desea que aprendamos de él y vivamos como él. No podremos probar el último vino si aún probamos el ajenjo de nuestros quebrantos y debilidades. Somos débiles, humanos, pecadores e imperfectos y sin embargo vivimos a veces mirando nuestro cónyuge como el malo y pecador y nosotros los perfectos, santos e intachables. Es nuestra decisión escoger el camino mejor o el peor. Cada vez que decides perdonar un nuevo amanecer comienza.
 
“El Ayer es historia, el hoy es un presente y el mañana es un misterio” Autor Anónimo.
 
2. Decida ser un compañero del alma y no simplemente un cónyuge mas. Es increíble la cantidad de matrimonios que viven como matrimonios, pero no han desarrollado la habilidad de ser amigos íntimos y compañeros del alma. Con quién mejor podemos compartir nuestros secretos, anhelos, sueños e ilusiones si no es con la persona con quien dormimos, comemos, batallamos y anhelamos? Necesitamos redescubrirnos y encontrarnos en medio de la selva de falsas expectactivas y deseos egoístas.
 
“Antes de poner en duda el buen juicio de tu mujer, fíjate con quien se ha casado ella” . Proverbio egipcio.
 
3. Cultivemos la comunicación del alma y del espíritu. Comunicación sigue siendo un desafío entre los seres humanos. Especialmente en el matrimonio. En un mundo donde las comunicaciones han avanzado a lo satelital, digital, cibernético y futurista, seguimos adolesciendo de la pura y cristalina comunicación del alma y del espíritu. Es la comunicación que va más allá de lo que vemos y oímos, más allá de las heridas y cicatrices, más allá de las barreras y los prejuicios. Pero más cerca del corazón y el espíritu. Es discernir nuestros espíritus bajo la guianza del Espíritu de Dios.
 
4. Aprendamos a usar los conflictos y el enojo para Construir y crecer y no para autodestruirnos. Los conflictos no son malos, el enojo no es negativo, es cómo lo usamos. Los conflictos y el enojo en el matrimonio son como los obstáculos en la pista del deportista que se siente desafiado a vencerlos para ganar la medalla de oro. El deportista no patea los obstáculos, no los destruye sino que los ve como el desafío entre él y su meta. El buen vino comienza a fermentarse cuando decido construir mi relación. Pablo lo expresó de esta manera: “Enojaos,(La orden es explícita, tienen el permiso de Dios para enojarse) pero no pequéis (No se autodestruyan), no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ponle plazo al conflicto y al enojo decidiendo cuando construir).
 
5. Deléitese en su pareja. Mire su cónyuge como alguien creado a la imagen de Dios. Sí, tiene defectos, es imperfecto(a), pero la imagen de Dios está allí en lo profundo del corazón. Haga una lista de las cosas buenas que su cónyuge tiene y deléitese en eso. Comparta sus intereses, entretenimientos y sus detalles. Viva para el otro y te encontrarás tú mismo en el camino.
 
6. Siembre el romance, riegue la intimidad y disfrute el sexo con su pareja. Tres cosas son determinantes en el proceso de encontrarse con el buen vino al final. Romance, Intimidad y Sexo. Recuerde cuando eran novios, recuerde lo que hacías para ser romántico. Vuelva a sembrar esas semillas, vuelva a llevar esas flores, escribir esas notitas, compra ese helado , reconoce esos esfuerzos y abra esa puerta del carro. Intimidad no es sexo, es la capacidad de expresar ternura sin terminar en sexo y finalmente disfrutar de la vida sexual con sorpresas, dulce y sana picardía, y el romper la rutina para reavivar el fuego de la pasión que se ha estado apagando.
 
“El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno”. Gabriel García Márquez (1927-?) Escritor colombiano.
 
7. No se esclavize con sus hijos adultos, sus nietos ni sus padres ancianos. A veces tenemos que enfrentar el desafío de tener hijos adultos en casa cuando debiéramos estar solos, atender nietos o cuidar de nuestros padres. Si no hay otra opción, hagámosla de corazón, pero no se esclavize. Ponga límites claros y distribuya responsabilidades y abra un espacio para su privacidad y su disfrute. NO se sienta culpable si alguna vez tiene que decir NO. Si tienen que viajar para disfrutar hágalo sin sentirse culpable. Haga sentir que usted está dispuesto a poner una parte en el proceso de convivir con ellos, pero que no la tiene toda la responsabilidad. Un paréntesis en la vida abre la puerta para un refrigerio del alma.
 
8. Invente, Aprenda y Disfrute actividades compartidas. Nunca dejemos de crear porque Dios es creador, nunca dejemos de aprender porque la vida es extensa y nunca debiéramos dejar de disfrutar porque la vida es un postre. Hay tantas cosas que podemos hacer juntos y que le dan sabor al buen vino. Leer juntos y platicar del tema, escalar una montaña si nunca lo hemos hecho, pescar si no ha sido una experiencia vivida, caminar bajo la lluvia sin correr para no mojarnos, recordando cuando éramos niños, inventar nuevos platos y tener esa cena prohibida a la luz de los candiles, plantemos las flores que no hemos podido, es bueno reírnos de nosotros mismos y volvamos a comenzar.
 
“No es verdad que el matrimonio sea indisoluble. Se disuelve fácilmente en el aburrimiento”. Chumy Chúmez (1927-2003) Humorista gráfico y escritor español.
 
Nunca es tarde para comenzar. El buen vino te espera. Ya has probado el vino regular de tu matrimonio y estás aburrido del agua insípida, expande tu alma a lo infinito y recuerda Dios está a tu lado listo a hacer el milagro. Recuerda, Dios hará lo que tú no puedes pero jamás hará lo que puedes. Él convertirá el agua en vino (porque tú no lo puedes hacer) pero él no preparará las vasijas ni las llenará ( porque esa es nuestra responsabilidad).
 
Preguntas de Reflexión
 
1. Algunos declaran que la primera mitad del matrimonio está dedicada a levantar hijos y a reaccionar a la educación que ellos recibieron de sus padres. ¿Está UD. De acuerdo con esta posición, o no? ¿Por qué?
 
2. ¿Por qué piensa que muchas parejas se divorcian pronto después que el último hijo deja el hogar? ¿Qué debería hacer la pareja si alguna cosa disipa o invierte esta tendencia?
 
3. Entre las cosas mencionadas para futuras actividades, a ¿qué apelaría UD. más y por qué ? ¿Está UD. Haciendo esto o necesita comprometerse a hacer esto más? ¿Qué tiene que hacer para comenzar a hacerlo pronto?
(Dr. Serafín Contreras Galeano).

Los celos en el matrimonio.

Los Celos En El Matrimonio.
 
Los celos son una manifestación de inmadurez, inseguridad y egoísmo!
 
Los celos son producidos por una actitud de sospecha permanente hacia el cónyuge. Se le conoce como el vicio de la “posesión”. Podríamos definirlo como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee- tiene. En el ámbito sentimental, es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros.
 
Normalmente, quienes padecen preferentemente estos ataques de celos son personas muy centradas en sí mismas, En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro… etc.
 
Todos los seres humanos tenemos algún tipo de celo, pero aquí estamos hablando de esos celos que exceden la normalidad y ponen a la pareja en una posición de ofensa y conflicto. Este tipo de celos enfermizos, son frecuentemente consecuencia de una ausencia de identidad y de debilidad espiritual, que estimula las debilidades emocionales o carnales de las personas.
 
1 Corintios 3, 3 porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?
 
Gálatas 5, 19-21 Manifiesta que son las obras de la carne, adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. En cuanto a esto, os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
 
Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.
 
El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo…..), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo… Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.
 
SANTIAGO 3, 15-17 No es esta la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica, pues donde hay celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
 
Para vencer esa sensación de celos enfermizos, es imperativo, estrictamente necesario, fortalecer la vida espiritual, mediante una mayor exposición a la palabra de Dios, asistiendo a los servicios a la Iglesia, buscando apoyo profesional espiritual, asistiendo a eventos para matrimonios y tomando la decisión de trabajar con su problema de inmediato.
 
El cónyuge objeto de los celos del otro (a), puede ayudar, evitando toda forma posible de alimentar los celos de su cónyuge, afirmándolo (a) en amor y orando y bendiciéndole constantemente, ayudándole a buscar consejería para sanar esa “enfermedad” de los celos.
 
Si has sufrido o sufres de “celos”, pídele perdón a Dios primero y luego a tu cónyuge. Toma el valor para reconocer que has ofendido a tu cónyuge con celos excesivos, aun cuando haya habido alguna razón para ellos. Toma la decisión de perdonar a tu cónyuge. Toma la decisión de no juzgarle, de no criticarle, de no maltratarle en modo alguno.
 
Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
(Luis y Hannia Hernandez).

¿Fin de un romance? Lo malo en el matrimonio es no tener en cuenta a Cristo.

¿FIN DE UN ROMANCE?
 
Por el Hermano Pablo
 
Era el viaje de bodas. Viaje inolvidable. Viaje que coronaría un largo romance amoroso y daría principio a otro. Fue así como Juan Miguel y su nueva esposa Francisca, los dos de Lisboa, Portugal, comenzaron felices el viaje manejando un nuevo auto. Él tenía setenta y siete años de edad; ella, setenta y cuatro.
 
Para ambos era el segundo matrimonio. Los dos habían quedado viudos, y empezaban ahora el viaje llenos de esperanzas, de proyectos, de alegría y de felicidad. Pero no todo en la vida sale bien, y un choque en la carretera le puso fin al viaje. Francisca murió en el acto; Juan, tres días después.
 
El caso conmovió a muchos. En la septuagésima década de su vida, Juan y Francisca se conocieron, se hablaron y se enamoraron. Entre los dos tenían seis hijos y dieciocho nietos. Toda la familia y todos los amigos les auguraban muchísima felicidad y veinte años más de matrimonio feliz. Nadie esperaba un fin del romance tan cercano y tan trágico.
 
Sin embargo, ¿fue este necesariamente un trágico «fin de un romance», como lo calificaron los diarios? Todo depende del modo en que se ve.
 
Trágico es el caso del matrimonio que, después de una gran fiesta de bodas y de una maravillosa luna de miel, el marido comienza a fijarse en otras muchachas y termina cometiendo adulterio.
 
Trágico es también el caso del matrimonio que por desavenencias tontas, por diferencias intrascendentes, por orgullo, por rebelión, por dureza de corazón, por cualquier razón que sea, los dos deciden separarse y destruir lo que Dios quiso que fuera bello y eterno.
 
Y trágico es no tomar en cuenta valores espirituales, no someterse, uno y otro, a las normas dictadas en la Palabra de Dios, y no tener ninguna relación con el Autor de la vida. Eso sí es trágico, porque sin Dios como Huésped invisible del hogar, esa unión perderá su solidaridad al poco tiempo de iniciada.
 
En cambio, si ambos novios creen fielmente en Dios y se someten al señorío de Jesucristo, entregándole las riendas de su vida, entonces asegurarán felicidad eterna, y su unión con Cristo no habrá de terminarse nunca.
 
Pongamos, pues, nuestro matrimonio en las manos de Dios. No tratemos, por cuenta propia, de embarcarnos en el mar de la vida matrimonial. Sin Cristo al mando de nuestro matrimonio, no tendremos seguridad. Él nos ayudará a comprendernos el uno al otro y a determinar a llegar unidos al fin de nuestros días.

Límites en el matrimonio.

Límites en el matrimonio
 
Debe haber ciertos límites en la relación matrimonial, porque son los que lo van a proteger del deterioro.
Estos límites los ha establecido el que diseñó y creó el Matrimonio. Entre ellos están:
 
El Respeto. Este es primer y más importante límite en toda relación humana y especialmente en el Matrimonio; porque si se pierde este límite, la relación puede caer en una onda destructiva. Las faltas de respeto destruyen la confianza y borran las cosas buenas que se hayan hecho. Es normal que tengan diferencias de criterio para tomar decisiones, pero esas diferencias deben manejarlas con respeto, considerando las opiniones del otro como válidas e importantes, igual que las suyas. Entonces exponen sus argumentos, oran pidiéndole sabiduría a Dios y tratan de ceder y ponerse de acuerdo. Si aun así no logran ponerse de acuerdo, busquen alguna ayuda espiritual que les ayude a discernir la situación. Pero nunca traten de imponer su criterio ni de exigir al otro. Eso es una falta de respeto.
 
La Consideración. Este es otro límite importante, que deben tener todos los matrimonios. Tiene que ver con la conciencia del trabajo de cada uno y considerar el esfuerzo que hace el otro. Deben considerarse mutuamente y estar siempre dispuestos a balancear las cargas de trabajo y de la casa. Valorar el trabajo de cada cual.
 
La Fidelidad: Este límite es vital para la estabilidad emocional del Matrimonio. Ambos deben afirmarse constantemente dándose palabras de afirmación hasta que la muerte los separe. Para lograr asegurar a su cónyuge en esta área, es necesario que ambos sientan la libertad de expresar sus sentimientos, sus ideas, sus sueños y anhelos sin que el otro le invalide ni le imponga su propio criterio. La libertad de expresión en el Matrimonio afirma y fortalece la Fidelidad.
 
El Orden de Prioridades. Vivir una vida de obediencia a la palabra de Dios y tener una relación personal con el Señor debe ser la prioridad número 1; luego la atención al cónyuge, después los hijos, después el trabajo, luego los familiares y luego la Iglesia. Este es el orden de prioridades que le da a la familia el marco de estabilidad emocional que necesitan para poder manejar bien las relaciones.
 
La Honestidad. Este límite incluye hablar siempre con la verdad, honesta y transparentemente. La mentira por más pequeña que sea, siempre va a producir problemas en algún momento de la vida. El engaño y la deshonestidad siempre van a traer malas consecuencias tarde o temprano. Ambos cónyuges deben ponerse el límite de la honestidad y hablar la verdad siempre, abriendo el corazón y expresando sentimientos y emociones y orando juntos el uno por el otro.
 
Si alguno de los cónyuges ha fallado en estos límites, no le juzgue ni le condene. La mejor manera de ayudar a un cónyuge que está fallando en alguna de estas áreas no es criticándole ni regañándole. Es hablando al respecto con paz y sabiduría y tomando la decisión de hacer las cosas bien, a la manera de Dios.
 
Tomen la decisión de perdonarse por haber fallado en alguno o varios de esos límites y decidan hacer el esfuerzo de no volver a pasarlos y apoyarse, perdonarse y levantarse cuando alguno falle ocasionalmente.
Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
Luis y Hannia Fernandez).

¿Estás involucrado en una relación verbalmente abusiva?

¿Estás involucrado en una relación verbalmente abusiva?
 
Casi todos han oído de alguien, o conocen a alguien, que ha sido abusado verbalmente. Tal vez usted esté involucrado en una relación verbalmente abusiva. También es posible que nadie conozca su situación siquiera. El abuso verbal es como una golpiza que no deja evidencias, como las magulladuras de las golpizas físicas. Usted (o su amigo) puede estar sufriendo en silencio y en aislamiento.
 
En este artículo quiero abordar este tema muy importante en un esfuerzo por entender este fenómeno y brindar respuestas. Como toda área de la acción humana, comienza en la mente y el corazón. Proverbios 23, 7 dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Lo que una persona piensa en su mente y en su corazón se verá reflejado en sus palabras y en sus acciones. El abuso verbal y el abuso físico son el resultado de una forma de ver el mundo que claramente no es bíblica.
 
El abuso verbal suele ser más difícil de ver, ya que raramente hay cicatrices visibles, a menos que haya habido abuso físico. Pero a menudo es menos visible simplemente porque el abuso tal vez siempre ocurra en privado. La víctima del abuso verbal vive en un mundo cada más confuso. En público, la víctima está con una persona. Cuando está en privado, el abusador puede convertirse en una persona completamente diferente.
 
Frecuentemente, aunque no siempre, el perpetrador del abuso verbal es un varón y la víctima es una mujer. Hay muchos ejemplos de mujeres que son bastante abusivas verbalmente. Pero, para simplificar los pronombres en este artículo, voy a identificar al abusador como masculino y a la víctima como femenina.
 
Uno de los primeros libros en describir el abuso verbal en los adultos fue el de Patricia Evans, The Verbally Abusive Relationship (La relación verbalmente abusiva). [1] Ella entrevistó a cuarenta mujeres abusadas verbalmente de entre 21 y 66 años. La mayoría de las mujeres había salido de una relación verbalmente abusiva. Usaremos algunas de las características y categorías del abuso verbal que estas mujeres describen en este libro.
 
Otro libro importante para entender el abuso verbal, es uno que describe el fenómeno de “volverse loco” (crazymaking). George Bach y Ronald Deutsch escribieron “Stop! You’re Driving Me Crazy (¡Alto! Me estás volviendo loco). [2] Ellos describen cómo es la experiencia de volverse loco. Esto incluye “sentirse temporalmente desequilibrado,” “sentirse perdido y sin saber adónde ir,” y “ser tomado desprevenido.”
 
La víctima suele ser el blanco de arranques de ira, el sarcasmo, o una fría indiferencia. La reacción del abusador ante estas acciones a menudo está recubierta de una actitud de “¿Qué te pasa a ti?” Se la acusa de “hacer de todo una montaña.” Con el tiempo, ella pierde su equilibrio y seguridad y comienza a preguntarse si es ella la que está loca.
 
La clave de la sanidad está en reconocer el abuso verbal por lo que es, y comenzar a tomar pasos deliberados para detenerlo y traer sanidad. Dado que el abusador suele usar la negación, la responsabilidad por reconocer el abuso verbal suele estar en la pareja.
 
.Las características del abuso verbal
 
Ahora quisiera centrarme en algunas de las características del abuso verbal según aparecen en The Verbally Abusive Relationship. [3]
 
1. El abuso verbal es dañino y suele atacar la naturaleza y las capacidades de la pareja. Con el tiempo, la pareja puede comenzar a creer que hay algo de malo con ella o con sus capacidades. Puede llegar a sentir que ella es el problema, y no su pareja.
 
.2. El abuso verbal puede ser abierto (mediante insultos y arranques de ira) o encubierto (a través de comentarios sutiles, con un efecto similar a un lavado de cerebro). El abuso verbal abierto suele incluir reproches y acusaciones, y confunde a la pareja. El abuso verbal encubierto, que es la agresión oculta, confunde aún más a la pareja. Su objetivo es controlarla sin que se dé cuenta.
 
.3. El abuso verbal es manipulador y controlador. Alguien puede hacer comentarios despectivos de una forma sumamente sincera e interesada. Pero el objetivo es controlar y manipular.
 
.4. El abuso verbal es insidioso. La autoestima de la pareja va disminuyendo gradualmente, sin que se dé cuenta. Ella podría tratar de cambiar su comportamiento conscientemente o inconscientemente para no perturbar al abusador.
 
.5. El abuso verbal es imprevisible. De hecho, la imprevisibilidad es una de las características más significativas del abuso verbal. La pareja queda atontada, atónita y desestabilizada por el sarcasmo, la frase hiriente, el desprecio o el comentario injurioso de su pareja.
 
.6. El abuso verbal no es un tema secundario. Es el tema principal en la relación. Cuando una pareja está teniendo una discusión sobre un tema real, el tema puede ser resuelto. En una relación verbalmente abusiva, no hay ningún conflicto específico. El tema es el abuso, y este tema no se resuelve. No tiene un cierre.
 
.7. El abuso verbal expresa un doble mensaje. Hay una incongruencia entre la forma en que habla el abusador y sus verdaderos sentimientos. Por ejemplo, puede sonar muy sincero y honesto mientras está diciendo a su pareja lo que ella tiene de malo.
 
.8. El abuso verbal suele escalar, aumentando en intensidad, frecuencia y variedad. El abuso verbal puede comenzar con frases despectivas disfrazadas como chistes. Luego pueden aparecer otras formas. A veces, el abuso verbal puede escalar hacia el abuso físico, comenzando con empellones “accidentales,” empujones y choques.
 
.Estas son algunas de las características del abuso verbal. A continuación, consideraremos algunas de las categorías de abuso verbal. [4]
 
.Las categorías de abuso verbal
 
.La primera categoría de abuso verbal es retener. Un matrimonio requiere intimidad, y la intimidad requiere empatía. Si una pareja retiene información y sentimientos, entonces el vínculo matrimonial se debilita. El abusador que se rehusa a escuchar a su pareja le niega la experiencia y la deja aislada.
 
.La segunda es rebatir. Esta es la respuesta dominante del abusador verbal que ve en su pareja un adversario. Está constantemente rebatiendo y corrigiendo todo lo que dice y hace. Por adentro, hasta puede estar pensando: “¡Cómo se atreve a tener otro punto de vista!”
 
.El rebatir es muy destructivo para una relación, porque impide que la pareja sepa lo que piensa su compañero acerca de cualquier cosa. A veces el abusador verbal puede cortar la discusión en la mitad de una oración antes que ella pueda terminar su idea. En muchas formas, ni siquiera le permite tener sus propias ideas.
 
.Una tercera categoría de abuso verbal es rebajar. Esto es como tomar un artículo de cien dólares y reducir su precio a un centavo. Rebajar la realidad y la experiencia de la pareja y es sumamente destructivo. Puede ser una forma sumamente insidiosa de abuso verbal, porque niega y distorsiona la percepción real de la pareja del abuso.
 
.A veces el abuso verbal esta disfrazado como chistes. Si bien sus comentarios pueden pasar por humor, hieren a su pareja profundamente. Las pullas verbales pueden ser hechas estúpidamente o con gran habilidad, pero todas tienen el mismo efecto de humillar a la pareja desequilibrándola.
 
.Una quinta forma de abuso verbal es bloquear y desviar. El abusador verbal rehusa la comunicación, dictamina lo que puede ser discutido o retiene información. Puede impedir toda posibilidad de resolver conflictos mediante el bloqueo y el desvío.
 
.Acusar y culpar es otra forma. Un abusador verbal acusará a su pareja de hacer algo malo o alguna violación del acuerdo básico de la relación. Esto tiene el efecto de desviar la conversación y poner a la otra pareja a la defensiva.
 
.Otra forma de abuso verbal es juzgar y criticar. El abusador verbal puede juzgar a su pareja y luego expresar su juicio en una forma crítica. Si ella objeta, puede decirle que simplemente está señalando algo para ayudar, pero en realidad está expresando su falta de aceptación de ella.
 
.Estas son sólo algunas pocas categorías de abuso verbal. A continuación, veamos varias otras formas de abuso verbal.
 
.Otras formas de abuso verbal
 
.Trivializar puede ser también una forma de abuso verbal. Es un intento por tomar algo que se ha dicho o hecho y convertirlo en insignificante. Cuando se hace esto en forma franca y sincera, puede ser difícil de detectar. A menudo, la pareja queda confundida y cree que no ha explicado eficazmente a su compañero la importancia de algunas cosas para ella.
 
.Socavar es también abuso verbal. El abusador no sólo retiene el apoyo emocional sino también erosiona la confianza y la determinación. El abusador a menudo aplastará una idea o sugerencia con un único comentario.
 
.Amenazar es una forma clásica de abuso verbal. Manipula a su pareja haciendo que surjan en ella sus mayores temores. Esto puede incluir la amenaza de irse o divorciarse. En algunos casos, la amenaza puede ser escalar el abuso.
 
.Insultar puede ser también abuso verbal. Llamar a alguien continuamente “estúpida” porque no es tan inteligente como uno o llamarla “torpe” porque no tiene tanta coordinación puede tener un efecto devastador sobre la autoestima de la pareja.
 
.El abuso verbal puede involucrar el olvido también. Esto puede involucrar tanto la manipulación abierta como encubierta. Todos se olvidan de algo de vez en cuando, pero el abusador verbal lo hace en forma consistente. Cuando la pareja se ha serenado, después de recibir los gritos del abusador, y confronta a su compañero, encuentra que él ha “olvidado” el incidente. Algunos abusadores se olvidan de promesas que han hecho que son de gran importancia para sus parejas.
 
.Ordenar es otra forma clásica de abuso verbal. Niega la igualdad y la autonomía de la pareja. Cuando un abusador da órdenes en vez de pedir, la trata como una esclava o una subordinada.
 
.La negación es la última categoría de abuso verbal. Si bien todas las formas de abuso verbal tienen consecuencias serias, la negación puede ser muy insidiosa porque niega la realidad de la pareja. De hecho, un abusador verbal podría leer esta lista de categorías e insistir que no es abusivo.
 
.Por eso es tan importante que la pareja reconozca estas características y categorías, dado que el abusador suele tomar una actitud de negación. Por lo tanto, la responsabilidad de reconocer el abuso verbal y hacer algo al respecto suele descansar en la pareja.
 
.Hemos descrito varias características y hemos discutido varias categorías del abuso verbal. Finalmente, quisiera brindar una perspectiva bíblica.
 
.Una perspectiva bíblica del abuso verbal
 
.La Biblia nos advierte claramente acerca de los peligros de un hombre airado. Proverbios 22, 24 dice: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos.” Y Proverbios 29, 22 dice: “El hombre iracundo levanta contiendas, y el furioso muchas veces peca.”
 
.No es la voluntad de Dios que usted (o su amigo) esté en una relación verbalmente abusiva. Esas palabras airadas y críticas destruirán su confianza y su autoestima. Ser sumisa en una relación de matrimonio (Efesios 5, 22) no significa dejarse ser golpeada verbalmente por su pareja. Es cierto que 1 Pedro 3, 1 enseña que las esposas, al someterse a sus esposos, pueden ganarlos a Cristo por su comportamiento. Pero no enseña que deben permitir que sean abusadas verbalmente o físicamente.
 
.He aquí algunos principios bíblicos clave. Primero, saber que Dios la ama. La Biblia enseña: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmos 34, 18).
 
.Segundo, trate con sus sentimientos de culpa. Tal vez sienta que los problemas de su matrimonio son culpa suya. “Si sólo hiciera las cosas mejor, él no estaría tan enojado conmigo.” La Biblia enseña en Salmos 51:6 que “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” Aún cuando pueda tener sentimientos de culpa, tal vez usted no sea la parte culpable. Yo le recomendaría que lea mi artículo sobre el tema de la falsa culpa. [5]
 
.Un tema relacionado es la vergüenza. Tal vez sienta que usted tiene algo malo. Tal vez sienta que es una mala persona. Salmos 139, 14 dice: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe bien.”
 
.Finalmente, debe darse cuenta que usted puede dejar de ser una víctima y concordar con Dios en que puede ser libre. 2 Corintios 3, 17 dice: “El Señor es el Espíritu; donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.”
 
.Un elemento clave en este área del abuso verbal indudablemente será confrontar al abusador. Es importante que usted se dé cuenta que la confrontación es un principio bíblico. Jesús enseñó acerca de esto en Mateo 18, 15-20. Yo le recomendaría que busque ayuda de un pastor o un consejero. Pero también le recomendaría que consiga hombres y mujeres de Dios que puedan confrontar afectuosamente a la persona que la está abusando. Su objetivo debería ser penetrar a través de su negación y restaurarlo amablemente con un espíritu de mansedumbre (Gálatas 6, 1).
 
.
 
El abuso verbal es un problema emocional difícil, pero hay esperanza si el abusador está dispuesto a confrontar su pecado y conseguir ayuda.
 
.
 
Kerby Anderson.
Notas
 
1. Patricia Evan, The Verbally Abusive Relationship. Holbrook, MA: Adams Media Corporation, 1996.
 
2. George Bach and Ronald Deutsch, Stop! You’re Driving Me Crazy. NewYork: Putnam’s Sons, 1980.
 
3. Evans, 81-84.
 
4. Ibid., 85-104.
 
5. False Guilt (La culpa falsa) http://www.probe.org/docs/falguilt.html
Acerca del autor
 
Traducción: Alejandro Field.

En el matrimonio: 10 consejos para evitar la crisis.

En El Matrimonio:  10 Consejos Para Evitar La Crisis
 
Gloria Elena Franco
 
Revista “Acción Femenina” junio 2010/ año 77/ 945
 
 La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.
 
Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.
 
En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges.
 
1.      Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.
 
2.      Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a “sacar” a tu mujer de casa, preocúpate de “salir con ella” a algo que le agrade.
 
3.      Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. El o ella se enterará de que te escucha.
 
4.      Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.
 
5.      Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.
 
6.      Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.
 
7.      De cara al futuro
Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.
 
8.      “No hay otro como tú”
Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.
 
9.      La importancia de las celebraciones
Recuerda las fechas importantes. Si las celebran juntos, ¡mejor!
 
10.    “¡Ayúdame!”
Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para unirlos.
 
11.    Siempre alabanzas
No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente.
 
12.    “Es una sorpresa”
Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.
 
13.    “Venía pensando en ti”
Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.
 
14.    Un beso al despedirse
No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable.
 
15.    Con la verdad por delante
Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.
 
16.    “Quiero estar contigo”
Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.

El resentimiento en el matrimonio.

El resentimiento en el matrimonio
 
El resentimiento por cosas pasadas que no se han sanado puede destruir un matrimonio.
 
Hay muchos matrimonios que están viviendo consecuencias de errores del pasado que generaron resentimientos y no las han sanado.
 
Todos nosotros como seres humanos cometemos errores de muchas clases que generan consecuencias dolorosas. Cuando cometemos esos errores con nuestro cónyuge, el matrimonio sufre como relación. Ahora, si hay perdón con arrepentimiento, entonces las consecuencias pueden ser minimizadas.
 
Pero cuando se guarda un resentimiento y no se sana, entonces se va desarrollando y se puede convertir en una raíz de amargura que es como un veneno que va dañando las relaciones del matrimonio y toda la familia.
 
Cuando en un matrimonio hay resentimiento no sanado por situaciones vividas en el pasado, la relación se estanca y se va deteriorando y puede llegar un momento en que sientan hasta odio. La única salida al resentimiento es sacar a la luz el problema, hablar sinceramente de los sentimientos y tomar la decisión de perdonar y dejar el pasado. Recuerden que el pasado nunca va a resolver los problemas, pero pedir perdón y perdonar sí puede hacer diferente el futuro.
 
Frecuentemente, es necesario buscar ayuda con guías espirituales calificados y capacitados en el tema de matrimonios y familia para que les puedan ayudar a superar los conflictos y a perdonarse sinceramente.
 
Marcos 11, 25-26: Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas, porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
 
Dios nos manda a tomar la decisión de perdonar incondicionalmente, para que EL nos perdone igual. El perdón sincero con arrepentimiento del que lo pide y la actitud sabia del que lo otorga, activa el perdón del Señor en nuestras vidas y las bendiciones para nosotros y nuestras familias. Perdonar muchas veces no es fácil, pero es un mandato de Dios que nos conviene y nos trae paz a nuestras vidas.
 
Si ha habido situaciones dolorosas del pasado en tu vida, toma la decisión de ponerlas a los pies del Maestro Jesucristo y toma la decisión de obedecer su palabra. Dios te llenará de paz y convertirá cualquier cosa negativa en algo positivo para el Matrimonio y la Familia. Empieza por pedirle perdón a Dios por haber sido desobediente a su palabra y luego pídele perdón a tu cónyuge por haberle ofendido o por haberle juzgado. El perdón se pide con arrepentimiento y se da con humildad!
Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!
(Luis Y Hannia Fernandez).

El matrimonio deseado.

El  matrimonio deseado
 
“Los lazos del matrimonio son como los demás lazos que unen cualquier otra relación, maduran lentamente” Peter De Vries.
 
“Yo esperaba otra clase de matrimonio. Cuando fui al altar tenía en mi mente algo distinto, pero no es lo que ahora tengo. Que puedo hacer ahora? Ya es demasiado tarde para mi”. Así me lo dijo esta señora. Había llegado al matrimonio con falsas expectativas y muy poca realidad en su mente.
 
Matrimonio nació en el corazón de Dios y está cerca del corazón de Dios. El matrimonio está tan cerca del corazón de Dios que la Biblia identifica la relación de Cristo con su iglesia con la relación matrimonial.- Efesios 5, 21-33.
 
Cuando Dios hizo a Adán y a Eva los diseñó para La Intimidad. Intimidad no es sexo. Las mujeres lo entienden muy bien. Ellas a veces quieren Intimidad pero no sexo. Nosotros los hombres asociamos Intimidad con sexo. A veces la abrazamos, la besamos y cuando queremos ir más allá ella dice….solo hasta ahí. Hoy no quiero sexo. El hombre se queda preguntando: Qué pasó?.
 
La razón es que Intimidad no necesariamente tiene que terminar en sexo. Intimidad es acercamiento, expresión de amor y fortaleza de lazos.
 
MATRIMONIO DISEÑADO PARA LA INTIMIDAD.
 
El experto en matrimonio John Gottman explica en sus conferencias que las parejas exitosas y realizadas son aquellas que han mantenido sus mundos emocionales en contacto permanente.
 
“No es bueno que el hombre esté solo” Génesis 2, 18. Eso fue lo que Dios dijo al hacer a Adán. En el original hebreo el significado es más enfático. Lo que Dios dijo fue : “No es nada bueno que el hombre este solo”. La razón de todo esto, es que uno encuentra en la Biblia que Dios, es realmente un Dios social, no es un ermitaño y cuando hizo a Adán y Eva caminaba, compartía, hablaba con ellos y es lo que esperaba que el hombre y la mujer hiciesen.
 
El romance es sagrado. El Romance no tuvo su origen en el hombre sino en Dios. Dios es romántico. Uno lo encuentra en la Biblia buscando al ser humano y nos habla con palabras de amor. Nos ama tanto que él no permite que nuestro pecado, nuestra torpeza, nuestra idolatría nos robe su amor por nosotros. No importa lo que hagamos ni donde vayamos, Él nos sigue amando y nos sigue buscando. Eso es romance. Es ese mismo romance que Dios quiere que guardemos en nuestro matrimonio.
 
MATRIMONIO ES TERRENO SAGRADO.
 
No solamente nuestro matrimonio ha sido diseñado para el romance, sino que Dios lo estableció como un terreno sagrado, donde él quiere moverse y operar. El matrimonio deseado entonces es un matrimonio donde se guarda el romance y donde caminamos como en terreno sagrado.
 
“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.” Génesis 2, 24
 
Acá aparecen en este verso Tres verbos que son determinantes:
 
• Dejar.
• Unir.
• Fundir.
Dejar implica una renuncia a las o los demás. Es decir en el alma: “ He dejado a mis padres y a los demás o a las demás para estar contigo”. Es una Renuncia al hogar de donde vengo y no dejar que haya interferencia alguna de nuestros padres o familiares y va más allá, dejar a los o las demás. Estamos entrando entonces en un nuevo terreno. Un Terreno sagrado que no puede ser invadido.
 
“ Todo lo que vale la pena en la vida implica algo que necesita dejarse atrás” Serafín Contreras G.
 
Unir implica crear por decisión propia un lazo permanente que no puede desatarse fácilmente. Muchos dejan algo pero les falta entrar en el paso de unir. El matrimonio necesita de un pegamento firme que no lo separe cualquier circunstancia adversa en la vida.
 
“ Se necesitan dos para hacer un matrimonio de éxito y solo uno para destruirlo” Herbert Samuel.
 
El último y más profundo verbo en este verso es:
 
Fundir: Y este verbo implica perder algo y mezclarlo con lo que pierde el otro colocándonos en un momento en la vida que no sabemos lo que es del uno y lo que es del otro. Es ser una sola carne.
 
La Biblia habla muy bien de todo esto.
 
Mateo 19, 4-6.
 
Efesios 5, 21-23.
 
MATRIMONIO FORMADO POR SERES IMPERFECTOS.
 
“ El gran secreto del matrimonio de éxito está en tratar todos los desastres como incidentes y ninguno de los incidentes como desastres” Harold Nicolson.
 
Aunque el matrimonio ha sido diseñado para el romance y es un terreno sagrado, no debemos olvidar que quienes lo forman son seres humanos, pecadores, finitos e imperfectos y eso nos introduce a una dimensión de realidad humana.
 
Cerca del 50 % de los matrimonios de hoy están caminando hacia el divorcio. Muchos no lo saben, pero hay grandes grietas en muchas relaciones. Detrás de las puertas cerradas de muchos matrimonios hay profundos dolores, desilusiones y quebrantos. Muchos hogares de líderes cristianos están teniendo serios quebrantos que podrían resquebrarse en cualquier momento.
 
Quién es el responsable? Quién es el culpable. Vaya usted a saber, ya que desde el Edén el hombre y la mujer han usado el juego de la culpa de una manera muy sutil.
 
“ ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió:—La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer:
 
—¿Qué es lo que has hecho?
 
—La serpiente me engañó, y comí —contestó ella. Génesis 3, 11-13.
 
Qué fue lo que realmente pasó en relación al matrimonio? Allí comenzó el juego de la culpa, porque matrimonio lo componen dos seres imperfectos, egoístas y llenos de vanidad.
 
Esos dos seres imperfectos, necesitan de un Dios perfecto que les ayude a encontrar soluciones a las presiones diarias de la vida.
 
Cada día estamos sometidos a presiones que intentan romper el amor y empujarnos al divorcio. Hay por lo menos seis presiones que necesitamos tratar y resolver para empezar a disfrutar el matrimonio deseado.
 
1. La Presión del persistente y no resuelto stress de la vida. Nuestras vidas están llenas de stress, mientras el mundo avanza más nos sentimos acorralados por las demandas de la vida. Necesitamos hacer un alto diariamente y semanalmente. Darnos tiempo como pareja para leer, compartir, descansar, refrescarnos. No permitamos que nada ni nadie nos esclavice.
2. Ataques Satánicos. Recordemos que el primero que llegó en el huerto del Edén a romper las relaciones entre hombre y mujer fue Satanás. Satanás no quiere la felicidad del matrimonio. Él siempre va a atacar la familia y necesitamos comprender cuando eso sucede para hacerle frente con las armas espirituales de la oración, la autoridad en Cristo, la Sangre de Cristo y la Palabra de Dios.
3. Expectativas irreales del matrimonio. Cuando esperamos que suceda algo y eso no sucede, frustración es lo que llena ese vacío y la presión llega.
Si nosotros esperamos que el matrimonio sea una fiesta prolongada, en el momento en que nuestro cónyuge expresa una queja, el stress matrimonial se presenta. Estas son algunas de las expectativas irreales en el matrimonio:
• EL MATRIMONIO ME DARA LO QUE OTROS NO ME HAN DADO. Esto sucede cuando quizás mis padres y mis hermanos no me dieron lo que yo anhelaba y tengo la expectativa de que mi cónyuge si lo va a hacer.
• MI CÒNYUGE JAMÀS ME HERIRÀ. Vemos el matrimonio como un refugio seguro y ante la primera herida, desilusión y temor me arropan.
• LA VIDA SERÀ FÀCIL COMO HASTA AHORA. No esperamos que haya cambios en la vida y cuando eso sucede la frustración es catastrófica.
• TODO LO QUE YO NECESITO ES AMOR, PORQUE ESO ES LO QUE MANTIENE UN MATRIMONIO UNIDO. Cuando ese amor no llega es una presión más por las expectativas irreales y regularmente llegamos con un concepto errado de amor…más una emoción que una decisión.
• EL PROPÓSITO DEL MATRIMONIO ES NUESTRA FELICIDAD PERSONAL. El propósito del matrimonio es ser una sola carn e..no la felicidad. Ser una sola carne envuelve sacrificio y dolor.
• LA META DE MI VIDA COMO CASADO ES LOGRAR QUE MI CÓNYUGE SE SOMETA A MI MANERA DE PENSAR. La meta de muchos esposos es que sus esposas se les sometan…pero olvidan que Efesios 5:21 habla previamente que todos nos sometemos a los demás.
• SÒLO CAMBIOS MENORES ES LO QUE SE NECESITA HACER PARA AJUSTARSE EL UNO AL OTRO EN EL MATRIMONIO. Realmente
en muchos de los casos, reconstrucciones mayores es lo que se necesita. Llegamos siendo orgullosos, egoístas y auto centrados y hay que destruir el orgullo.
• TOMA MUCHO TRABAJO HACER UN BUEN MATRIMONIO. En realidad lo que exige es compromiso y una buena actitud… Toma TIEMPO…no tanto trabajo.
• LA META DEL MATRIMONIO ES LA REALIZACIÓN INDIVIDUAL. La meta real es rendir nuestro individualismo y olvidarnos de quienes somos.
• YO PUEDO CAMBIAR A MI CÓNYUGE. En REALIDAD…usted puede cambiar a una sola persona…... a usted mismo. NO AL OTRO.
RESPUESTA: Lo mejor es establecer expectativas reales.
 
4.- Heridas mutuas. Como seres humanos siempre nos estamos hiriendo. Lo importante es pedir perdón y no acumular facturas del pasado, porque eso destruye el matrimonio que hemos soñado. Nuestra pereza no buscar compañero o compañera perfectos, sino honestos.
 
5.- Libretos traídos desde el pasado y aprendidos quizás en nuestro hogar de origen. No debemos permitir que modelos que hemos visto de personas significativas nos traigan situaciones o falsas creencias de que eso se repetirá en nosotros. Somos llamados “nuevas criaturas en Cristo”, el único modelo a seguir es Jesús , no los modelos del pasado de familiares o amigos.
 
6.- La Generación del Micro Ondas. Vivimos en un mundo de rapidez, conocido como la generación del Microondas. Todo tiene que hacerse rápido. Matrimonios rápidos y divorcios rápidos. No amado. Dios todavía trabaja algunas cosas en forma lenta como la gestación de un bebé aún toma nueve meses, o la semilla del campo antes de dar fruto. Igual es el matrimonio.
 
El Matrimonio deseado no es como el microondas, sino como la olla de cocido lento. Demos tiempo para crecer, perdonarnos, interactuar, corregir y aprender a amarnos y entonces podremos decir que nuestro matrimonio fue diseñado para la intimidad, es un terreno sagrado donde vivimos dos seres imperfectos pero formados y configurados por el amor de Dios en un proceso de crecimiento y madurez que vale la pena experimentar.
 
Dios bendiga tu matrimonio.
 
Dr. Serafín Contreras Galeano.
www.seraincontreras.com
 
Bibliografìa.
• Allendar, Daniel and Longman. ( Tremper 1995). Intimate Allies, Whetaon. IL: Tyndale.
• Clinton, Timothy. (1999) Before a Bad Goodbye. Nashville, TN: Word Publishing.
• Clinton, Timothy and Julie. (2000). The Marriage you´ve always wanted. Nashivile. TN.
• Parrot. Les and Leslie (1995). Saving you marriage befote it Starts. Grand Rapids. MI

Cómo discutir en el matrimonio sin romper relaciones.

Cómo discutir en el matrimonio sin romper relaciones
 
” Yo quisiera no tener que discutir nunca con mi esposo, decía en medio de lágrimas la esposa desconsolada” Otro decía: ” Mi esposa me está volviendo loco, discute por todo, no me entiende, y cada día no hace sino desesperarme”.
 
Es posible vivir como matrimonio sin tener que discutir?.
 
Los Conflictos y las discusiones no son malas, son el mecanismo genuino que nos lleva a crecer como pareja. Lo que necesitamos en nuestro matrimonio es saber tratar con nuestras diferencias y aprender a saltar juntos los obstáculos diarios, como lo hacen los deportistas en el campo de las carreras de obstáculos. La Biblia dice:
 
“Si se enojan, no pequen.»​l​ No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, 27 ni den cabida al diablo”. EFESIOS 4, 26-27
 
La clave en el matrimonio es aprender a tratar nuestras diferencias con mentalidad de adulto. Cuando como adultos hablamos y discutimos sacamos los frutos más sólidos de nuestra relación. He aquí algunos de los elementos determinantes que producirán una saludable discusión de tópicos que fortalecerán nuestra relación de matrimonio.
 
1.- Demuestre a su cónyuge que su amor por él o ella es incondicional. Muchos matrimonios se demuestran amor pero condicional. Si piensas como yo, sì aceptas lo que digo y vas donde quiero, te amo, pero sì discrepas conmigo no te demostraré amor. La Biblia no habla de unidad como producto de la uniformidad, sino de unidad en medio de la diversidad. Nuestro amor no puede ser condicionado. Dios nos ama incondicionalmente y ese tipo de amor tenemos que expresarlo en el matrimonio. Mis ideas no tienes porque alejarme de la persona a quien amo y quién tiene ideas diferentes. Juntos podemos enriquecernos en la combinación de nuestras diferencias.
 
2.- Decida no atacar si usted es atacado. Hay momentos en nuestra relación cuando nuestro cónyuge por su inmadurez, o por su confusión o tal vez por sentirse indefenso, nos ataca. Sì respondemos de la misma manera, con un ataque, creamos un problema y las posibilidades de solución de problemas tenderán a profundizarse.
 
“La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor” Proverbios 15, 1
Esta es una gran verdad revelada en la Escritura. Produce un fruto que se nota en forma casi inmediata.
 
3.- Ejercite el Dominio Propio con el enojo. La Biblia habla claramente que un fruto del Espíritu Santo es el Dominio propio.
 
“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, *fidelidad,23 humildad y dominio propio”. Gàlatas 5, 22.
Cuando la Biblia habla del Dominio propio se refiere a dominar tres cosas. La Lengua, La comida y el Sexo. Entonces en el matrimonio en medio de una discusión necesitamos ejercer el Dominio Propio en la lengua no permitiendo que ella sea el medio rápido de desplegar nuestra ira hacia el cónyuge.
 
4.- No se concentre mucho en la expresión, las palabras o las actitudes que vienen del cónyuge, sino más bien en tus reacciones.
Jesús lo dijo de esta manera: ” ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo” , cuando ahí tienes una viga en el tuyo ¡*Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”. Mateo 7, 3-5.
 
En el matrimonio en medio de discusiones, tendemos a mirar más los ataques que recibimos e ignorar nuestras reacciones. Nosotros no somos responsables de los ataques que vienen pero si de nuestras reacciones. Cuando comienzo a reconocer y tratar mis reacciones, descubro que un cambio comienza a generarse en mi cónyuge con quien tengo ciertas diferencias.
 
5.- Muévàse más allá del dolor a través del entendimiento. Entendimiento en el matrimonio no puede llegar o experimentarse hasta que no logre la claridad de lo que yo estoy recibiendo. Muchas veces nuestro cónyuge no esta expresando claramente lo que esta en su corazón. Especialmente a las mujeres les cuesta expresar claramente lo que tienen dentro de ellas, debido a que son básicamente movidas por las emociones y los hombres somos movidos por la lógica. Es por eso que es común escuchar a un hombre decir: “Tù dijiste esto o aquello” , la esposa dice: ” Yo no dije eso o no quise decir”.
 
Parafrasear es algo vital en la comunicación. Parafraseo es repetir lo que oímos para estar seguros que nuestro cónyuge ha podido expresar lo que está en su corazón. Para eso necesitamos movernos más allá del dolor hacia una genuina comunicación.
 
6.- Decida no culpar a su cónyuge y derrame misericordia sobre él o ella.
 
Recordemos que la Culpa es un instrumento de Dios para llevarnos al arrepentimiento pero lamentablemente Satanás usa la culpa para condenarnos. La culpa en el diseño de Dios produce convicción, pero la culpa en manos del enemigo produce condenación. Culparnos mutuamente solo extiende el abismo entre los dos. Dios es misericordia y él quiere que en nuestro matrimonio no perdamos ni la Misericordia ni la Compasión.
 
El Salmista dijo de Dios: “Ciertamente,el bien y la misericordia me seguirántodos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días”. Salmo 23, 6
 
Ojalá nuestro cónyuge pudiera decir lo mismo de nosotros. ” Desde que decidimos aprender a discutir en nuestro matrimonio, el bien y la misericordia me han seguido de tu parte”.
 
Decida hoy comenzar este sencillo plan de resolución de discusión en tu matrimonio y notarás una gran diferencia.
(Dr. Serafín Contreras Galeano).

Carta del Rey Melchor a los padres.

Carta del Rey Melchor a los padres
Hemos recibido miles de cartas pidiéndonos todo tipo de juguetes y cacharros. Permitidnos que os recordemos los regalos que realmente necesitan vuestros hijos.
Autor: Javier López | Fuente: webcatolicodejavier.org
 
 
Queridos padres:
 
Baltasar, Gaspar y yo flipamos con vosotros. Hemos recibido miles de cartas pidiéndonos todo tipo de juguetes y cacharros. Estáis atiborrando a los niños de cosas superfluas, de regalos inútiles que dejarán abandonados en cualquier rincón en cuanto se pase el primer calentón de la novedad. Permitidnos que os recordemos los regalos que realmente necesitan vuestros hijos.
 
En primer lugar, lo que más necesitan los niños es amor. Debéis achucharlos, besarlos, abrazarlos, acariciarlos. Y todo ello sin medida. Sin amor, los niños no pueden crecer ni madurar. Pero cuidado; no confundáis amor con sensiblería barata, amar no significa consentirlo todo, cumplir todos los caprichos o dejarse chantajear por sus pataletas. Eso sería malcriarlos.
 
Amar significa también establecer límites, enseñarles a distinguir lo que está bien y lo que no, lo que se puede y debe hacer en cada momento y lo que no se puede consentir. Amar también es castigar cuando es preciso.
Y esto enlaza con la segunda necesidad básica de todo niño: educación. Ésa es la mejor herencia que podéis dejarles. Hay que enseñarles a comportarse en cada circunstancia. Tenéis que decirles cómo deben comer, cómo usar los cubiertos, cómo vestir o cómo hablar en cada ocasión.
 
Y, sobre todo, debéis enseñarles a respetar a los demás, y eso implica que aprendan a cuidar el trato con los adultos y, especialmente, con sus profesores. A ver si desterramos de una vez esa falsa idea de que todos somos iguales. Todos somos iguales ante la ley y poco más.
 
No es lo mismo tratar con el Rey o con un obispo, que con un amigo de juegos, y eso hay que enseñárselo a los niños de pequeños; igual que deben aprender que la porquería no se tira al suelo o que no se debe escupir ni blasfemar.
 
Debéis enseñarles las normas de urbanidad y buena educación en casa. Vuestra responsabilidad no la podéis delegar en nadie. Y para educarlos correctamente se empieza predicando con el ejemplo: vosotros, los padres, sois el ejemplo que seguirán vuestros hijos. No lo olvidéis.
 
Debéis enseñarles también que su futuro depende de ellos mismos y de su esfuerzo, y que los sueños sólo se consiguen mediante sacrificio, porque las cosas importantes de la vida nadie se las va a regalar.
 
Por eso tenéis el deber de educar su voluntad para que sepan cuáles son sus obligaciones y las cumplan en cada momento. Debéis inculcarles que en la vida hay que hacer cosas que muchas veces no nos apetecen ni nos gustan, pero que son necesarias.
 
Lo bueno no siempre es lo que me gusta, y lo bueno (estudiar, por ejemplo) hay que hacerlo aunque suponga un esfuerzo. Por supuesto, también tenéis que recompensarles por el trabajo bien hecho, y para ello no siempre es necesario vaciar la cartera. A veces una felicitación cariñosa, un abrazo o un “estoy muy orgulloso de ti” vale más que todo el oro del mundo.
 
¿Queréis que sean buenos estudiantes y que disfruten leyendo? Pues ponedles un libro en la mano desde que son bebés. Estimuladlos. Primero serán libros de dibujos y fotos con palabras; libros de cartón duro que puedan manipular sin romperlos. Luego llegará el momento de los cuentos y más tarde de las novelas.
 
Pocas cosas unen más a un hijo con su padre que la lectura compartida de un libro. Primero los padres les leemos, luego llegará el momento de que lea un rato papá y otro el niño. Al final, el niño leerá solo y además disfrutará haciéndolo.
 
Mi hijo y yo disfrutamos leyendo los primeros libros; ahora ya los lee él (los Reyes Magos no estamos solteros y también tenemos hijos, ¿qué os creíais?).
 
Por último, lo mejor que podéis regalar a vuestros hijos es vuestro tiempo y vuestras personas. Debéis ayudarlos a hacer sus deberes. ¿Para qué os vale dedicar tanto tiempo al trabajo si os perdéis lo más importante: la infancia de vuestros pequeños?
 
Los niños os necesitan a su lado. Necesitan que los acostéis con un cuento y un beso, y los despertéis con un abrazo. Que les digáis a diario lo mucho que los queréis, que respetéis sus horarios, que juguéis con ellos; que os inventéis historias, que os disfracéis de ogros y les hagáis cosquillas, que os los comáis a besos.
 
Bueno, ya me he pasado; pero, por favor, recordadlo siempre: amad a vuestros hijos, educadlos y regaladles vuestro tiempo. Ellos os lo agradecerán algún día. Y si no, ¿qué importa?
 
A fin de cuentas, habréis cumplido con vuestra obligación de padres, que es una de las cosas más importantes y bonitas que puede hacer alguien en este mundo. Y eso llenará vuestra vida de felicidad y de sentido.
 
Atentamente, Melchor, rey.



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