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TRIGO DE DIOS, PAN DE VIDA. BLOG CRISTIANO Y CATOLICO.

APRENDE A ORAR

Rezar.

Rezar


Rezar es departir con el Maestro,
es echarse a sus plantas en la yerba,
o entrar en la casita de Betania
para escuchar las charlas de su cena.

Rezar es informarle de un fracaso,
decirle que nos duele la cabeza;
rezar es invitarle a nuestra barca
mientras la red largamos a la pesca,
y mullirle una almohada sobre
un banquillo en popa, a nuestra vera.

Y, si acaso se duerme,
no aflojar el timón mientras Él duerma;
y es rezar despertarle, si, de pronto,
la mar se pone fea.

 

Es rezar –¡que rezar!– decir "te quiero",
y lo es –¡no lo iba a ser! – decir "me pesa",
y el "quiero ver" del ciego,
y el "¡límpiame!" angustioso de la lepra,
la lágrima sin verbo de la viuda,
y el "no hay vino" en Caná de Galilea.

Y es oración, con la cabeza gacha,
después de un desamor gemir "¡qué pena!";
cualquier sincero suspirar del alma,
cualquier contarle a Dios nuestras tristezas,
cualquier poner en Él nuestra confianza...
–y esta vida está llena de "cualquieras"–,
todo tierno decir a nuestro Padre, todo es rezar...
¡Y hay gente que no reza!

 

P. José L. Carreño, S.D.B.
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Conciencia.

Conciencia

 

Durante la oración construyo una conciencia

cada vez mayor de la presencia de Dios en mí.

Esta conciencia de Dios dentro de mí aumenta

mi percepción de Dios en el prójimo.

Percibo una esperanza en situaciones

donde había creído que no había ninguna.

 

Observo un carácter sagrado en las otras

personas, cualquiera sea su personalidad

o su estado de ánimo.

 

Consciente de la belleza en el mundo,

avivo en mí la alegría de vivir.

El estímulo que recibe mi imaginación

me motiva para fijarme nuevas metas.

 

Como soy sensible a los sentimientos ajenos,

escucho con amor y percibo el gozo,

la preocupación o la soledad que está

más allá de las palabras que otros pronuncian.

 

Me regocijo con su gozo y oro con ellos

para que todas sus preocupaciones y

sus necesidades queden satisfechas.

Tengo conciencia de que Dios

está realmente presente en mí

y en mi alrededor).
(Desconozco el autor).

Orar la palabra.

Orar la palabra.

Orar la palabra
Autor: Fray Eusebio Gómez Navarro OCD

Fuente:
http://lafuentequemana.blogspot.mx/2013/06/orar-la-palabra.html


            En la pequeña Iglesia de san Damián había un crucifijo. Un día habló a Francisco y le dijo: “Francisco, vete, repara mi casa, que como ves, se viene del todo al suelo.”

            “A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras” (San Ambrosio).

       En el N. 8 de la Dei Verbum se habla de la revelación que se transmite y se enriquece a través de la Tradición de la Iglesia que ora y celebra.  “Crece, en efecto, la comprensión de las realidades y de las palabras transmitidas, ya sea por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón (Lc 2, 19. 51), Ya sea por la íntima inteligencia experimental de las cosas espirituales”.

            La  Palabra constituye el sustento de la oración. La Palabra es el contacto vivo con el Dios de la Revelación. “En los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual” (DV 21). Y en el N. 25 añade: “Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre”.

            Von Baltasar  habla así de la oración de los cristianos: “Precisamente porque la autorrevelación de Dios se realiza plenamente en ambas direcciones: Dios que habla desde su propia profundidad y que, al hablar como hombre, desvela las profundidades del hombre; así las dimensiones de la meditación cristiana se despliegan claramente. Esta puede empezar sólo allí donde Dios se revela como hombre, por tanto donde este hombre revela a Dios en toda su profundidad. Por ello este punto inicial es insuperable. Y se puede realizar plenamente allí donde el hombre revelador, Jesucristo Hijo de Dios, revela a Dios como su Padre: en el Espíritu Santo de Dios, que él nos transmite verdaderamente, para que nosotros podamos escrutar con él las profundidades de Dios… La meditación cristiana es así, al mismo tiempo, plenamente humana. Nadie debe dar la espalda a la propia humanidad personal y social para encontrar a Dios, para ver el mundo y a sí mismo tal como deben ser contemplados por parte de Dios”.

       Dios habla por su Palabra, hay que escucharlo. Las palabras de san Ambrosio, dirigidas a los predicadores, siguen siendo actuales: “¿por qué no dedicar el tiempo libre a la lectura de las Escrituras?” ¿Por qué no escucháis a Cristo, habláis con Él y le visitáis? Cuando leemos las Escrituras escuchamos a Cristo”. El mismo santo aconsejaba leer y releer la Escritura en familia. “Volved a casa y preparad dos mesas, una con los platos de la comida y otra con la Escritura; que el marido repita lo que ha escuchado en la iglesia... haced de vuestra casa una Iglesia”.

       Y a la hora de leer y orar la Palabra corre el riesgo de escoger lo que conviene, de acomodarla al propio interés. Si es así, no servirá para nada, perderá la fuerza transformadora. Orar la Palabra requiere tiempo y perseverancia. No se aprende en diez días, como tampoco se perfecciona una lengua en un mes o se conoce América  en una semana.

            La Palabra, leída y saboreada con fe, será uno de los mejores medios de encuentro con el Señor. “Buscad en la lectura, encontraréis en la meditación; llamad en la oración, se os abrirá en la contemplación” (Guido).

El Blog contiene las referencias al documento Verbum Dei  y a Guido el cartujo.

La oracion en la Biblia.

Autor: Fray Eusebio Gómez Navarro OCD.
Fuente:
http://lafuentequemana.blogspot.mx/2013/05/la-oracion-en-la-biblia.html

 

La oración en la Biblia
Un astrónomo salía de noche a observar las estrellas. Una vez, cuando estaba absorto viendo el firmamento, no miró dónde ponía los pies y acabó en una zanja.

            Uno que pasaba oyó sus gritos y corrió a sacarlo.

            ¿Cómo quieres descubrir lo que hay en el cielo si no eres capaz ni de ver lo que tienes ante tus narices?

            La Biblia nos enseña a mirar hacia el cielo y caminar por la tierra.

            No cabe duda de que a partir  del  Vaticano  II, se  ha  despertado  gran interés por la Palabra de Dios. Lo  mismo  ha  sucedido  con  la  oración  personal como,  la grupal, no tanto con la familiar.

            La Biblia es el libro de oración. C. Maccise,  en su libro Rezar con la Biblia en el contexto de la vida,  nos da unas sugerencias útiles para rezar con la Biblia. La Biblia nos enseña a no desfallecer a pesar de las dificultades, a orar en todo tiempo (Hb 1,1-2). Las oraciones bíblicas reflejan la experiencia de fe de un pueblo.

            Repasando las páginas de la Escritura encontramos que ella nos revela las bases para que podamos dialogar con Dios y hacerlo a través de oraciones.

            Esas oraciones no son simples fórmulas del pasado. Son también, y sobre todo, oraciones nuestras porque: son Palabra de Dios viva y eficaz (Is 55, 8-9) y brotaron de la vida vista desde una fe que es también la nuestra.

            El Concilio Vaticano II, presentó como un ideal  de la vida cristiana el llegar a tener una actitud contemplativa que, a la luz de la fe y con la meditación de la Palabra de Dios:

– reconozca siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17,28);

– busque su voluntad en todos los acontecimientos;

–  contemple a Cristo en todos los seres humanos, próximos o extraños;

– juzgue con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en  sí mismas como en orden al fin de la persona.

            La actitud bíblica orante es más que una experiencia interior e intimista. Es percibir la acción de Dios en la historia. La actitud  bíblica orante pasa por la incertidumbre de la fe y necesita buscar siempre los caminos de Dios en la historia.

             La  Biblia  brota  del  encuentro  de  Dios  con  su pueblo a   lo  largo de toda la historia de la salvación. Para leer y orar la Biblia hay que hacerlo con los ojos de la fe. Por ésta podemos enfocar y encuadrar los acontecimientos de cada día. Es la Biblia la que nos enseña a dialogar con Dios  y  esto lo podemos hacer a través de oraciones. Así podemos:

             – Pedir sabiduría para vivir conforme a la voluntad de Dios (Ef 3,14-19).

             – Estar disponibles a esta voluntad, no quejarnos (Flp 1,1-2) y alabarlo. 

            Hay  que  tener  en  cuenta  que  la  oración del Antiguo Testamento está escrita en un ambiente distinto al nuestro.

Cristo maestro de oración. Cristo  es  la  revelación  plena de Dios. No podemos orar si no tenemos delante al Jesús modelo y maestro de oración.

            Jesús oraba asiduamente. Participaba como uno más los sábados en la Sinagoga. Pero también brotan de él oraciones espontáneas de su relación filial con el Padre.

            Su oración está en conexión con la vida. Su experiencia de Dios (Lc 10,21).

            En la soledad y desde la soledad oraba.

Jesús ora también en los momentos importantes de su vida: cuando es bautizado (Lc 3,21-22); en las tentaciones (Lc 4,1-13); cuando realiza milagros (Jn 11,41-42); en los momentos  de  prueba  (Mc 14,32-36); antes de elegir a los apóstoles (Lc 6,12-13); en  la  transfiguración (Lc 9,28-31); en la  última  Cena, (Jn 17); en el huerto (Mc 14,32,36); en la cruz (Mc 15,34); antes de morir (Lc 23,46).

Los primeros  cristianos se reunían en las casas para la “fracción del pan” (Hch 2, 46) y para orar en común (Hch 4, 23-30), eran constantes en la enseñanza de los apóstoles,  vivían todos unidos (Hch 2,42-45) y se distribuían según lo que necesitaba cada uno (Hch 4, 34-35).
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Cuando Jesus se hace el sordo.

Cuando Jesùs se hace el sordo

Abigail Toledo

En Mateo 15,  22-28 la biblia relata la historia del milagro de la mujer cananea. ¡Como nunca antes me inquietó grandemente la manera en que ella fue intencionalmente ignorada por Jesús! Tal vez te asombres si no lo habías leído antes, pero te aseguro que para cuando termines de leer este artículo será de mucha inspiración para tu vida como lo fue para mí.

Creyendo en los testimonios maravillosos que contaban acerca de Jesús, al pasar El por la región donde vivía esta mujer, ella corrió a su alcance por ayuda para su hija.  La narración cuenta que cuando ella clamó por misericordia y compasión a gritos, Jesús se hizo el sordo y no le respondió palabra alguna.  ¿Cómo puede ser que unos versículos mas adelante Jesús diga que tenia compasión de la gente por que hacían tres días que no comían y a la mujer cananea ni caso le hizo?  Aun cuando los discípulos a su propia conveniencia intercedieron a favor de ella, Jesús no se motivo a contestarle.  ¡Jesús nunca había tratado a alguien así!  El jamás ignoró las quejas y los lamentos de las multitudes que le seguían.  La gente traía ante Jesús a los mudos, a los ciegos, a los paralíticos, y a los pobres entre otros; y los bendecía con milagros de sanidad, de liberación y de provisión entre muchos más.  Creo que si esto le hubiera sucedido a uno de nosotros, estaríamos muy enojados con Jesús, pero la mujer cananea no se enojó ni se angustió.  Ella decidida a recibir el milagro de sanidad que buscaba para su hija, se postró y clamo: ¡Señor socórreme!  Pero, aunque Jesús se vuelve a ella, no le brinda su ayuda sino que arguye que lo que el traía era para su pueblo Israel y no para ella por que era gentil.  ¡Parecía que no había esperanza para ella cuando asombrosamente esta mujer cananea llena de valor y conciente de que estaba justo frente al Rey de reyes y Señor de señores, le expresa la gran fe con la se acercó a El!  Tal insistencia hizo que finalmente Jesús le contestara su petición diciendo: “Oh, mujer grande es tu fe; hágase contigo como quieres.”

Yo no creo que Jesús habría caminado hasta allí solo para rechazar a esta mujer sin ninguna razón.  Jesús se hizo el sordo intencionalmente por que a través de esa prueba había un propósito muy especial y El sabía que podía probar su fe.  ¡Aparentó retirar su favor para que ella insistiera con mayor persistencia!  ¿Podría suceder esto a nosotros? Claro que si.  También Dios prueba nuestra fe “a fin de que sea mucho mas preciosa que el oro” (1 Pedro 1, 7).  Aunque El dijo: “pedid y se os dará, buscad y hallareis”, no significa que siempre obtendremos lo que queremos cuando queremos. La mujer cananea no se conformó con el silencio, no le importo si era judía o gentil, y ni el rechazo del mismo Maestro supero su fe.  Estaba decidida a recibir una respuesta de Su parte porque sabía que en Jesús estaba el milagro para su hija.

¡Este es un gran ejemplo para nosotros hoy para que supliquemos a gritos por ayuda ante el Señor!  Aunque la insistencia y persistencia suelen considerarse como una actitud irritante, en lo espiritual es diferente y resulta que a Dios le agrada.  Cuando creas que Dios se esta haciendo el sordo, suplica con mas fuerza ante su presencia recordándole que el es el Señor y que la promesa que hizo la debe cumplir.  No nos angustiemos ni dudemos, en las situaciones mas difíciles  debemos insistir fervientemente sin dilaciones en nuestra oración creyendo con firmeza que el se dará la vuelta y dirá “grande es tu fe hágase contigo como quieres”.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Salmo 91 en forma de oracion.

Salmo 91 en forma de Oración

Hay varias maneras de clasificar los salmos; muchas son clasificaciones según el contenido: penitenciales, mesiánicos, acción de gracias, salmos de confianza.

Durante el siglo XX surgieron nuevos estudios que han enfatizado más la forma literaria o género de cada salmo.

Podemos decir que no hay y no ha habido ninguna otra literatura que haya tenido tanto uso por un tiempo tan extendido como los salmos del AT. Desde muchos siglos antes de Cristo hasta hoy los que aman a Dios usan los salmos en su vida devocional y en su adoración.

Los salmos y su uso en el culto realmente tuvieron una influencia preponderante en Israel. La sociología nos muestra que cada sociedad va creando su propio mundo (su mundo de valores, modas y costumbres). En Israel fue el culto que iba formando su mundo de creencias y valores y los salmos eran el instrumento principal como “hacedor de su mundo”.

Dios usa los salmos precisamente en el culto, el tiempo cuando los creyentes adoran a Dios juntos.

Sin el culto, es decir, una comunidad que activamente procese las verdades de los Salmos, éstos quedan como literatura inerte. Es en el culto donde el creyente experimenta la convicción, la enseñanza y el poder de Dios en su propia vida.

Culto es un don de Dios por el cual el poder creativo de Dios está mediado. La obra de “hacer el mundo de uno” la obra dramática de adoración está autorizada y legitimada por el poder de Dios para “hacer el mundo” que es obra de Dios pero que es procesada por medio de la acción y habla humanas, obedientes, intencionales, disciplinadas. Estas acciones y habla humanas moldean y articulan el mundo.

Salmo 91 en forma de Oración.

Gracias Señor porque en tu palabra me aseguras que quién habita a tu abrigo será acogido en tu sombra.
Hoy te digo Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío.»

Sólo tu puedes librarme de las trampas del cazador y de las mortíferas plagas,
pues me cubrirás con tus plumas y bajo tus alas hallaré refugio.
 ¡Tu verdad será mi escudo y mi baluarte!
 No temeré el terror de la noche, ni la flecha que vuele de día, 6 ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.

Podrán caer mil a mi izquierda, y diez mil a mi derecha, pero a mi no me afectará.
No tendré más que abrir bien los ojos, para ver a los incrédulos recibir su merecido.

Te he puesto a ti Señor como mi refugio, a ti mi Dios como mi protección,
ningún mal habrá de sobrevenirme, ninguna calamidad llegará a mi hogar.
 Porque tú ordenarás que sus ángeles me cuiden en todos mis caminos.
 Con sus propias manos me levantarán para que no tropezar con piedra alguna.
 Aplastaré al león y a la víbora; ¡hollaré fieras y serpientes!

«Tú Señor me librarás, porque me has unido a ti ; Me protegerás, porque he reconocido tu nombre.
 Te Invocaré Señor, y me responderás; Tú el eterno estarás conmigo en momentos de angustia y me has prometido que me librarás y me llenarás de honores.
Me colmarás con muchos años de vida y me harás gozar de mi salvación.»

Lo creo con todo mi corazón: Amén.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Paz perfecta.

Paz perfecta

 

En lo más profundo de tu alma,
hay un refugio de paz y quietud:
el lugar secreto del Altísimo.
Allí encuentras descanso de las tribulaciones
y la confusión del mundo.
Allí sientes serenidad, tranquilidad, inspiración y guía.
En este lugar secreto, te das cuenta de tu unidad con la vida,
la luz y la bondad abundante de Dios en ti.

Toma tiempo cada día para entrar
en el lugar secreto de Dios en ti para orar y meditar.
Cuando estás a solas con Dios, sintiendo Su presencia,
aguardando Su inspiración
y receptivo a Su poder próspero y sanador,
tu vida y circunstancias se transforman.

Al centrarte en la presencia de Dios,
permites que Su paz fluya a través de ti.
Puedes liberar todo pensamiento tenso o ansioso
y abrir tu mente para recibir
sólo pensamientos de paz y bondad.
Al hacer esto imbuyes tu energía creativa
con pensamientos y palabras afirmativos
que abren el camino a perfecta salud, felicidad
y prosperidad para que entren a tu vida.

A medida que mantienes tu mente centrada
tranquila y confiadamente en el espíritu de Dios en ti,
la luz de la paz de Dios ilumina tu camino,
la corriente de curación de la paz de Dios
se impregna y restaura cada parte de tu cuerpo,
y el poder próspero de la abundante paz de Dios
se encarga de tus necesidades.
Quizás hayas sentido antes el deseo
de decir a Dios cómo obrar en tu vida,
ahora estás dispuesto a permitir que el bien de Dios
fluya a ti de la mejor manera posible.

Permite que tus oraciones por paz interna
antecedan cualquier oración que hagas por otros.
Primero abre tu corazón a la paz de Dios
y afirma su presencia en ti.
Cuando estés tranquilo y firme en tu fe,
entonces afirma la bondad de Dios
para la persona a quien deseas ayudar.
Bien sea necesidad de curación, guía, amor,
liberación, empleo o provisión,
cree en que la respuesta correcta llega en el momento correcto.
Confía en las palabras de Jesús:
“Todo lo que pidáis orando,
creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mc 11, 24)

Tu momento de comunión con el espíritu de Dios en ti
te permite volver renovado a tu día,
sintiendo la paz perfecta de Dios
que te sostiene con fe y serenidad.
Según piensas, hablas, actúas y sirves
con el único propósito de vivir en armonía con Dios,
todo lo que sucede es para tu bien.
Al permanecer en la paz de Dios atraes sólo amor,
aceptación, gozo y éxito a tu vida.

“Tú guardarás en completa paz a aquel

cuyo pensamiento en ti persevera,

porque en ti ha confiado.” (Isaías 26, 3)
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Hablar con Dios.

Hablar con Dios.

Autor: Máximo Alvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net
Hablar con Dios
Pocas cosas hay tan maravillosas como el saber que nunca estamos solos, que Él siempre nos escucha.
 
 
Hablar con Dios


Si la religión se limita a creer que existe un ser superior al que llamamos Dios o a unas ceremonias rutinarias, no es de extrañar que muchos de los que se dicen creyentes terminen por dejar de serlo cayendo en la indiferencia religiosa. Pero cuando consiste en una relación personal de amistad entre el hombre y Dios, entonces se llevan las cosas de otra manera. Uno siente necesidad de hablar y de ser escuchado, experimentando un gran vacío si le falta ese tiempo de diálogo con Dios. Mejor aún, todo el tiempo se convierte en tiempo de oración, porque uno se da cuenta que no puede vivir fuera de su presencia y que cualquier cosa que se haga o se piense está patente a los ojos de Dios.

Pero este diálogo a veces se torna dramático, cuando clamas al cielo ante una dificultad y tienes la sensación de que Dios no te escucha, porque las cosas van mal y no se ve solución. Muchas veces pienso en las personas que tienen familiares desaparecidos y un día y otro día o tal vez después de varios años siguen sin saber nada de ellos, sin poder dormir, con angustia permanente. Se supone que habrán gritado a Dios y sin embargo no hallan respuesta. ¡Qué difícil tiene que hacerse el orar en estas circunstancias y, a pesar de todo, con frecuencia es lo único que se puede hacer!. Es la oración más difícil y al mismo tiempo la más auténtica, como la oración de Jesús en el Huerto. Por una parte suplicaba al Padre que lo librara de la muerte y, por otra, tuvo que resignarse a aceptar que el proceso y condena siguieran adelante. Es cierto que tuvo fuerzas para decir “que se haga tu voluntad”, pero también llegó a exclamar “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

Rezar es hablar con Dios y a veces la gente sólo piensa en la repetición de unas fórmulas aprendidas de memoria o acaso en la oración -muy importante también- hecha en comunidad, junto con otras personas. Pero Jesucristo cuando nos invita a hacer oración dice que entremos en nuestra habitación y que allí, en secreto, podemos hablar con Dios y que Dios nos escucha. Es como una invitación a la intimidad, a hablar a solas con Él. Por eso aquellas personas que no se atreven a rezar, ni siquiera a asistir, en lugares públicos no deberían echar en saco roto esta posibilidad de hablar a solas con Dios, con sus propias palabras, en el lugar más recóndito. Por ahí se empieza y por ahí debería terminar la oración de quienes también rezamos en público.

Pocas cosas hay tan maravillosas como el saber que nunca estamos solos, que Él siempre nos escucha, aunque sólo sea para que le manifestemos nuestras dudas o nuestras quejas... Pero además la oración nunca es un monólogo, una pregunta sin respuesta. Cuando uno está en actitud de oración, al mismo tiempo que conectamos el cable para enviarle nuestros mensajes, Él aprovecha ese mismo hilo para enviarnos los suyos.

Podemos estar “hablando de” Dios constantemente y meditar todas las verdades y misterios del cristianismo de la manera más excelente que podamos imaginar. Pero el hecho de “hablar con” Dios supera con creces todo lo que podamos hablar de Él. Es ya como un anticipo del cielo, es llevar a la práctica en esta vida aquella finalidad para la que fuimos creados; “para el diálogo con Dios”. Nada hay más simple ni más sublime: que nunca dejemos de hablar con Él.