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TRIGO DE DIOS, PAN DE VIDA. BLOG CRISTIANO Y CATOLICO.

ADVIENTO. DOMINGO I DEL CICLO C

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

1º Domingo de Adviento
versione testuale
Luca 21:25-28.34-36
1º Domingo de Adviento (C)
La manifestación del Hijo del Hombre
como principio de nuevos tiempos
¡Atención! ¡Dios puede llegar en cada momento!
Lucas 21,25-28.34-36
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con
el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra,
escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos
dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza,
apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra
nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos
experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en
medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti,
Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén
2. Lectura
a) Clave de lectura:
El texto litúrgico de este domingo nos lleva a meditar el discurso de Jesús sobre el fin del
mundo. Hoy, cuando se habla tanto del fin del mundo, las posiciones son muy variadas.
Algunos tienen miedo. Otros permanecen indiferentes. Otros comienzan a vivir con más
seriedad. Y todavía otros, cuando oyen una terrible noticia, exclaman: “¡El fin del mundo
está cerca!” ¿Y tú? ¿Tienes una opinión al respecto? ¿Por qué al principio del año litúrgico,
en este primer domingo de Adviento, la Iglesia nos coloca de frente el fin de la historia?
Teniendo presente estas preguntas, tratemos de leer de modo que nos interpele y nos
interrogue.
Durante la lectura haremos un esfuerzo por prestar atención, no a lo que nos causa
temor, sino más bien a lo que produce esperanza.
b) Una división del texto para ayudar en la lectura:
Lucas 21,25-26. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas
Lucas 21,27: El Hijo del Hombre vendrá sobre una nube
Lucas 21,28: La esperanza que renace en el corazón
Lucas 21,29-33: La lección de la parábola de la higuera
Lucas 21,34-36: Exhortación a la vigilancia
c) El Texto:
25 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente,
trastornada por el estruendo del mar y de las olas. 26 Los hombres se quedarán sin aliento
por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las
fuerzas de los cielos se tambalearán.
27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se
acerca vuestra liberación.»
34 «Cuidad que no se emboten vuestros corazones por
el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupacines
de la vida y venga aquel Día de improviso sobre
vosotros, 35 como un lazo; porque vendrá sobre todos
los que habitan toda la faz de la tierra. 36 Estad en vela,
pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza,
logréis escapar y podáis manteneros en pie delante del
Hijo del hombre.»
3. Un momento de silencio
orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e
iluminar nuestra vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.a) ¿Qué sentimientos has tenido durante la
lectura? ¿De miedo o de paz? ¿Por qué?
b) ¿Has encontrado en el texto algo que te haya dado esperanza y ánimo?
c) ¿Qué es lo que hoy empuja a la gente a tener esperanza o a resistir?
d) ¿Por qué al principio del Adviento la Iglesia nos confronta con el fin del mundo?
e) ¿Qué responderíamos a los que dicen que el fin del mundo está cerca?
f) ¿Cómo entender la imagen de la venida del Hijo del Hombre sobre una nube?
5. Una clave de lectura
para aquéllos que quisieran profundizar en el tema
I. El contexto del discurso de Jesús
El texto del Evangelio de este domingo (Lc 21,25-28.34-36) es parte del así llamado
"discurso escatológico” (Lc 28-36). En el Evangelio de Lucas, este discurso está presentado
como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del
templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: “¡No quedará piedra sobre piedra!”(Lc
21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción
del templo y pedían: “¿Cuándo sucederá esto, Maestro, y cuáles serán las señales de que
estas cosas están a punto de suceder?” (Lc 21,7).
Objetivo del discurso: ayudar a discernir los acontecimientos
En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha
gente decía: “¡El fin del mundo está cerca!” La comunidad del tiempo de Lucas (año 85)
pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la
persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: “¡Dios
no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!” Por esto, la preocupación
principal del discurso es el de ayudar a los discípulos y discípulas a discernir los signos de
los tiempos para no ser engañados por estas conversaciones de la gente sobre el fin del
mundo: “¡Atención! ¡No os dejéis engañar!” (Lc 21,8). El discurso nos da diversas señales
para ayudarnos a discernir.
Seis señales que nos ayudan a discernir los acontecimientos de la vida
Después de una breve introducción (Lc 21,5) comienza el discurso propiamente dicho. En
estilo apocalíptico, Jesús enumera los sucesos que sirven de señales. Bueno será recordar
que Jesús vivía y hablaba en el año 33, pero que los lectores de Lucas vivieron y escucharon
las palabras de Jesús alrededor del año 85. Entre el año 33 y el 85 sucedieron muchas
cosas de todos conocidas, por ejemplo: la destrucción de Jerusalén (año 70), las
persecuciones, guerras por doquier, desastres naturales. El discurso de Jesús anuncia los
acontecimientos como algo que deberá suceder en el futuro. Pero las comunidades los
consideran algo ya pasados, ya sucedidos:
Primera señal: los falsos Mesías que dirán: “¡Soy yo! ¡El tiempo está cerca!”(Lc 21,8);
Segunda señal: guerras y rumores de guerra (Lc 21,9);
Tercera señal: una nación se alzará contra otra (Lc 21,10);
Cuarta señal: hambre, peste y terremotos por todas partes (Lc 21,11);
Quinta señal: persecuciones contra aquéllos que anuncian la palabra de Dios (Lc 21,12-19);
Sexta señal: asedio y destrucción de Jerusalén (Lc 21,20-24).
Las comunidades cristianas del año 85, al oír el anuncio de Jesús podían concluir: “¡Todas
estas cosas han sucedido ya o están sucediendo! ¡Todo se desarrolla según un plano
previsto por Jesús! Por tanto, la historia no se escapa de las manos de Dios”. Especialmente
por lo que se refiere a las señales quinta y sexta podrían decir: “¡Es lo que estamos viviendo
hoy!” “¡Estamos ya en la sexta señal!” Y después viene la pregunta: ¿Cuántas señales faltan
para que venga el fin?
De todas estas cosas, aparentemente muy negativas, Jesús dice en el Evangelio de
Marcos:” Son apenas los comienzos de los dolores de parto” (Mc 13,8). ¡Los dolores de
parto, aunque sean muy dolorosos para una madre, no son señales de muerte, sino más
bien de vida! ¡No son motivo de temor, sino de alegría y de esperanza! Este modo de leer
los hechos da tranquilidad a las personas. Como veremos, Lucas expresará la misma idea,
pero con otras palabras (Lc 21,28).
Después de esta primera parte del discurso (Lc 21,8-24), vemos el texto que se nos da en
el evangelio de la Misa del primer domingo de adviento:
II. Comentarios del texto
Lucas 21,25-26: Señales en el sol, en la luna y en las estrellas
Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos: (1) “Habrá señales en el sol, en la
luna y en las estrellas”; (2) el fragor del mar y de las olas”; (3) “las potencias del cielo se
conmoverán”. En los años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se
habían manifestado. Las comunidades podían afirmar:” ¡Esta es la séptima y última señal
que falta antes del fin!” A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que
Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en los hombres y en las naciones. En
realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo,
a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (cf Ap 21,1).
El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17).
Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.
Lucas 21,27: La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre
Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las
desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7, 1-14), vendrá el Reino de
Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animalesca: león, oso,
pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). Son reinos animalescos. Quitan la vida a la vida (¡incluso
hoy!). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto
humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es
tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya
realización debemos colaborar.
Lucas 21,28: Una esperanza que nace en el corazón
En el Evangelio de Marcos, Jesús decía: ¡Es apenas el comienzo de los dolores de parto!
Aquí, en el Evangelio de Lucas, dice: “Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzad los
ojos y levantad la cabeza, porque vuestra liberación está cerca!” Esta afirmación indica que
el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el
pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban
(y ayudan) a las comunidades a leer los hechos con lentes de esperanza. Deben tener
miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se
ha acabado.
Lucas 21,29-33: La lección de la higuera
Cuando Jesús invita a mirar a la higuera, Jesús pide que analicen los hechos que están
acaeciendo. Es como si dijese: “De la higuera debéis aprender a leer los signos de los
tiempos y poder así descubrir ¡dónde y cuándo Dios entra en vuestra historia! Y termina la
lección de la parábola con estas palabras: “¡El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras
no pasarán!” Mediante esta frase muy conocida, Jesús renueva la esperanza y alude de
nuevo a la creación nueva que ya está en acto.
Lucas 21,34-36: Exhortación a la vigilancia
¡Dios siempre llega! Su venida adviene cuando menos se espera. Puede suceder que Él
venga y la gente no se dé cuenta de la hora de su venida (cf Mt 24,37-39): Jesús da
consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: (1) evitar lo que pueda turbar y
endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); (2) orar siempre
pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. Dicho con
otras palabras, el discurso pide una doble disposición: de un lado, la vigilancia siempre
atenta del que siempre está esperando y por otro lado la serena tranquilidad del que
siempre está en paz. Esta disposición es signo de mucha madurez, porque combina la
conciencia de la seriedad del empeño y la conciencia de la relatividad de todas las cosas.
III. Más información para poder entender mejor el texto
a) Cuando vendrá el fin del mundo
Cuando decimos “fin del mundo”, ¿de qué estamos hablando? ¿El fin del mundo del que
habla la Biblia o el fin de este mundo, donde reina el poder del mal que destroza y oprime
la vida? Este mundo de injusticia tendrá fin. Ninguno sabe cómo será el mundo nuevo,
porque nadie puede imaginarse lo que Dios tiene preparado para aquéllos que lo aman (1
Cor 2,9). El mundo nuevo de la vida sin muerte (Apoc 21,4), sobrepasa a todo, como el
árbol supera a su simiente (1 Cor 15,35-38). Los primeros cristianos estaban ansiosos o
deseaban saber el cuándo de este fin (2 Ts 2,2; Hech 1,11). Pero “no toca a vosotros
conocer los tiempos y los momentos que el Padre ha fijado con su autoridad” (Hech 1,7). El
único modo de contribuir al final "es que nos lleguen los tiempos del refrigerio de parte del
Señor" (Hech 3,20), es dar testimonio al Evangelio en todo momento y acción, hasta los
confines de la tierra (Hech 1,8).
b) ¡Nuestro tiempo! ¡El tiempo de Dios!
“Porque ninguno conoce ni el día, ni la hora; ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino
sólo el Padre” (Mc 13,32; Mat 24,36). Es Dios quien determina la hora del fin. El tiempo de
Dios no se mide con nuestro reloj o calendario. Para Dios un día puede ser igual a mil años
y mil años iguales a un día (Sl 90,4; Pt 3,8). El tiempo de Dios discurre independientemente
del nuestro. Nosotros no podemos interferirlo, pero debemos estar preparados para el
momento en el que la hora de Dios se presenta en nuestro tiempo. Lo que da seguridad, no
es saber la hora del fin del mundo, sino la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo
pasará, pero su palabra no pasará (cf Is 40, 7-8).
c) El contexto en el que se encuentra nuestro texto en el Evangelio de Lucas
Para nosotros, hombres del siglo XXI, el lenguaje apocalíptico es extraño, difícil y confuso.
Pero para la gente de aquel tiempo era el modo de hablar que entendían. Expresaba la
certeza testaruda de la fe de los niños. A pesar de todo y contra todas las apariencias, ellos
continuaban creyendo que Dios es el Señor de la Historia. El objetivo principal del lenguaje
apocalíptico es animar la fe y la esperanza de los pobres. En tiempos de Lucas, mucha
gente de las comunidades pensaban que el fin del mundo estaba cerca y que Jesús habría
vuelto. Pero estos individuos eran personas que nunca trabajaban: “¿Para qué trabajar si
Jesús volverá?” (cf Ts 3,11). Otros permanecían mirando al cielo, aguardando la vuelta de
Jesús sobre las nubes (cf Hech 1,11). El discurso de Jesús indica que ninguno sabe la hora
de la última venida. ¡Hoy sucede la misma cosa! Algunos esperan tanto la venida de Jesús,
que no perciben su presencia en medio de nosotros, en las cosas, en los hechos de cada
día.
6. Salmo 46 (45)
Dios es nuestra fortaleza
Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar,
aunque sus aguas bramen y se agiten,
y su ímpetu sacuda las montañas.
¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios,
santifican la morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacila,
Dios la socorre al despuntar el alba.
Braman las naciones, tiemblan los reinos,
lanza él su voz, la tierra se deshace.
¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Venid a ver los prodigios de Yahvé,
que llena la tierra de estupor.
Detiene las guerras por todo el orbe;
quiebra el arco, rompe la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Basta ya, sabed que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».
¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir
lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no
sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
Fuente:
www.ocarm.org
(con permiso)
(
http://homiletica.org/carmelitasCicloC.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Lecturas del Domingo 02 de Diciembre de 2012

Domingo 1º de Adviento

Santoral: Bibiana, Paulina

Jer 33,14-16: Suscitaré a David un vástago legítimo
Salmo 24: A ti, Señor, levanto mi alma
1 Tes 3,12–4,2: Que el Señor les fortalezca internamente, para cuando vuelva Jesús
Lc 21,25-28.34-36: Se acerca su liberación
Jeremías 33, 14-16


Suscitaré a David un vástago legítimo
"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor-nuestra-justicia"."


Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14


A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza. R.


1Tesalonicenses 3, 12-4, 2


Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva
Herrmanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.

Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.

Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.


Lucas 21, 25-28. 34-36


Se acerca vuestra liberación
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."

Comentarios

EVANGELIO DE SAN LUCAS

DOMINGO 1 ADVIENTO  C

LEVANTAD LA CABEZA; SE ACERCA VUESTRA LIBERACION

         1. "En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo" Jeremías 33, 14. Los israelitas que habían venido del destierro, estaban desilusionados. Habían comenzado a reconstruir el templo y las murallas y, cuando apenas llevaban un tiempo echando los cimientos, ya los habían interrumpido y abandonado. Habían caído en la tibieza. Ellos, que habían sido un grupo religioso, habían decaído en su espiritualidad. Es lo propio del hombre. Comienza, sigue, se desalienta, se amodorra, cae en la tibieza.

         2. En este momento se levanta un discípulo del gran profeta Jeremías e, inspirado, les recuerda y les promete que llegará un día y una hora, en que el Señor suscitará el retoño de David. Vendrá la hora del Señor. Por eso hay que reavivar el fuego escondido bajo las cenizas de la monotonía y del aburrimiento y del acomodarse a las costumbres de los no creyentes.

         3. También Jesús nos previene contra la apatía y la tibieza, y nos dice: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero" Lucas 21, 25.

         Porque siempre estamos expuestos a la tentación del olvido del amor del Señor, es por lo que hay que escuchar la palabra y tratar de penetrar su mensaje; examinar nuestra conciencia cada día, buscando las raíces de nuestra tibieza y flojedad. De una manera especial, en este tiempo de salvación del Adviento, designado por la Iglesia, como tiempo de reflexión y de esperanza, de alto en el camino para revisar los motores y rectificar la ruta.

         4. A la observación y estudio de nuestra vida nos ayudará saber que el día de la venida del Señor "caerá como un lazo sobre los habitantes de la tierra".

         "Estad siempre despiertos". No nos amodorremos. No caigamos en la rutina, a lo que tan propensa es nuestra naturaleza caída. Miremos que de nosotros siempre brota el mal, porque nuestra raíz está dañada. Y, aunque hemos de obrar siempre el bien por amor, es muy prudente acordarnos de que podemos quedar sorprendidos por la llegada del Hijo del hombre.

         5. Después de la destrucción de Jerusalén del año 70, las ruinas de la ciudad eran una advertencia y una constatación de la caducidad de este mundo. Jesús además, habla de "signos en el sol y la luna y las estrellas", y de "angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje". Imaginemos lo que podría ser la colisión de los astros, a juzgar por el impacto del último fragmento del "Shoemaker-Levy", ocurrido estos años pasados y observado por los astrónomos, y que ha abierto un cráter superior a la magnitud de nuestro planeta. A pesar de todo lo que se le viene al mundo encima, Jesús nos previene: "levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación".

         6. Es el aviso y la experiencia científica de que la materia es corruptible y tiene su desgaste y por fin se acaba. Cada día ese fin es alcanzado por miles de criaturas terrenas y de seres humanos. Pero sólo se destruye lo material. El espíritu permanece. Por tanto, no todo fracasa. Por eso Jesús nos alerta: "estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre".

         7. Cuando todo se derrumba y perece, el hombre puede permanecer en pie ante Jesús, triunfador del mal, de la corrupción y de la destrucción. Permanecer en pie cuando todo cae es mantenerse y no perecer. Durar y vivir, cuando todo se destruye y todo muere. En virtud de la victoria de Cristo, que resucita y que vive, está llegando la liberación. 

         8. La vida no es un fracaso. Todo perecerá. Pero el sentido de la historia no se cifra en el fracaso de los pueblos, ni  permanece escondido en un sentido enigmático y lejano. Cristo está sembrado en el cosmos, como grano de trigo, que muere, pero con su muerte trae la salvación. El grano caído en la tierra produce millones de espigas. En la agonía de los hombres que fracasaron sin consuelo; en la falta de sentido de una historia que tritura la vida de sus hijos, está llegando Cristo.

         9. Sobre las ruinas de un mundo ha sido trazada la señal de la verdad y de la vida, que es la muerte y la resurrección de Cristo. No va a triunfar el mal, el pecado, la muerte. Va a triunfar Cristo y los que vivan con él y le sigan sembrando el amor en el mundo. Al final triunfará el amor. La victoria es del amor. De Cristo "Cordero en pie, como degollado", pero viviente. "El es digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque ha sido degollado y ha rescatado para Dios con su sangre a los hombres de todas las tribus, lengua, pueblo y nación".

         10. Aunque los jóvenes crezcan agnósticos; aunque los seminarios se queden vacíos; aunque los matrimonios yazcan rotos; aunque la droga y el vacío tan inmenso y aterrador, amenace con dejarnos desolados; aunque mueran a miles los hombres y los niños; aunque la tierra se vea sacudida "como en el vareo de la aceituna, como en la rebusca de racimos después de la vendimia"; en Cristo todo tiene sentido. Sepamos levantar la cabeza con fe viva. Con la confianza puesta en el vencedor de la muerte, en "el Señor que se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza" Salmo 24.

         11. Que la eucaristía de hoy nos haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, para que nos podamos presentar santos ante Dios nuestro Padre 1 Tesalonicenses 3, 12.

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Domingo I (C) de Adviento
Texto del Evangelio (Lc 21,25-28.34-36): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.

»Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
Estad en vela orando en todo tiempo para que podáis estar en pie delante del Hijo del hombre
Hoy, justo al comenzar un nuevo año litúrgico, hacemos el propósito de renovar nuestra ilusión y nuestra lucha personal con vista a la santidad, propia y de todos. Nos invita a ello la propia Iglesia, recordándonos en el Evangelio de hoy la necesidad de estar siempre preparados, siempre “enamorados” del Señor: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34).

Pero notemos un detalle que es importante entre enamorados: esta actitud de alerta —de preparación— no puede ser intermitente, sino que ha de ser permanente. Por esto, nos dice el Señor: «Estad en vela, pues, orando en todo tiempo» (Lc 21,36). ¡En todo tiempo!: ésta es la justa medida del amor. La fidelidad no se hace a base de un “ahora sí, ahora no”. Es, por tanto, muy conveniente que nuestro ritmo de piedad y de formación espiritual sea un ritmo habitual (día a día y semana a semana). Ojalá que cada jornada de nuestra vida la vivamos con mentalidad de estrenarnos; ojalá que cada mañana —al despertarnos— logremos decir: —Hoy vuelvo a nacer (¡gracias, Dios mío!); hoy vuelvo a recibir el Bautismo; hoy vuelvo a hacer la Primera Comunión; hoy me vuelvo a casar... Para perseverar con aire alegre hay que “re-estrenarse” y renovarse.

En esta vida no tenemos ciudad permanente. Llegará el día en que incluso «las fuerzas de los cielos serán sacudidas» (Lc 25,26). ¡Buen motivo para permanecer en estado de alerta! Pero, en este Adviento, la Iglesia añade un motivo muy bonito para nuestra gozosa preparación: ciertamente, un día los hombres «verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria» (Lc 25,27), pero ahora Dios llega a la tierra con mansedumbre y discreción; en forma de recién nacido, hasta el punto que «Cristo se vio envuelto en pañales dentro de un pesebre» (San Cirilo de Jerusalén). Sólo un espíritu atento descubre en este Niño la magnitud del amor de Dios y su salvación (cf. Sal 84,8).
(
http://evangeli.net
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY DICIEMBRE 2
 
«Siendo el dolor físico y moral una realidad ineludible en la vida humana, acéptenlo con fe, esperanza y paciencia, como medio de purificación interior, y únanse en él a Cristo crucificado, que tomó sobre sí todo sufrimiento humano y le dio dignidad y sentido»
MISA, 2 DICIEMBRE, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
El Señor es mi luz y mi salvación
DOMINGO 2
I DOMINGO DE ADVIENTO (INICIA NUEVO AÑO LITÚRGICO, CICLO C)
Santos: Bibiana de Roma, mártir Roberto de Matallana, abad. Beata María Ángela Astorch, religiosa. (Morado)
 
LEVANTEN LA CABEZA
 
Jr 33,14-16; 1 Ts 3,12-4,2, Lc 21,25-28.34-36
 
En aquellos días profetiza Jeremías, vivirán tranquilos, porque Dios suscitará un nuevo vástago, que, establecerá el derecho en la tierra. El anuncio en manera alguna nos exime de realizar nuestros compromisos como personas y ciudadanos. Las profecías tampoco alientan la evasión del creyente, sino el compromiso más entusiasta. En esa óptica exhorta san Pablo a los cristianos de Tesalónica. La noticia de la venida del Señor implica asumir una actitud activa y responsable, practicando un amor creciente con los hermanos y con la sociedad en general. La certidumbre que nos comparte el Evangelio de san Lucas está fundada en la palabra del Señor. La culminación del Reinado de Dios no implica soñar despiertos Las palabras de Jesús no pasarán como la propaganda que envejece. Sus promesas resultan creíbles porque hay todo un "currículum" personal que lo autentifica como un profeta genuino, el verdadero Hijo de Dios, que da la vida sin regateos.
 
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 24, 1-3)
A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
 
No se dice Gloria
 
ORACIÓN COLECTA
Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Yo haré nacer del tronco de David un vástago santo.
 
Del libro del profeta Jeremías: 33, 14-16
 
"Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura y la llamarán 'el Señor es nuestra justicia' ". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 24
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos. R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Con quien guarda su alianza y sus mandatos, el Señor es leal y bondadoso. El Señor se descubre a quien lo teme y le enseña el sentido de su alianza.
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Que el Señor los fortalezca hasta que Jesús vuelva.
 
De primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 3, 12-4, 2
 
Hermanos: Que el Señor los llene y los haga rebosar de un amor mutuo y hacia todos los demás, como el que yo les tengo a ustedes, para que Él conserve sus corazones irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús, en compañía de todos sus santos.
Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios, según aprendieron de nosotros, a fin de que sigan ustedes progresando. Ya conocen, en efecto, las instrucciones que les hemos dado de parte del Señor Jesús. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACIÓN (Sal 84, 8) R/. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.
 
Se acerca su liberación.
 
Evangelio Lucas capitulo 21, versículos 25-28. 34-36
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.
Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Oración introductoria
Jesús, creo en Ti, mi Creador y Señor. Te hiciste hombre por mí y me has dado todo lo que tengo. Me has perdonado mi infidelidad, mi tibieza. No merezco tanto amor… Guía mi oración para que descubra cómo debo corresponder a tu amor, a tu perdón, a tu cercanía.
 
Petición
Te suplico tu gracia y tu misericordia para ser humilde y digno de presentarme ante Ti en esta oración.
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
Hoy iniciamos un nuevo ciclo liturgico a lo largo del cual conmemoraremos los misterios de nuestra salvacion. Al celebrar el tiempo de Adviento, la Iglesia revive la espera del Mesias. Por eso la lectura del Evangelio nos presenta una serie de imagenes con las que Jesus exhorta a la vigilancia, en espera de su retorno. La venida del Senor no es algo accidental, El viene a librarnos del mal mortal que es el pecado. ¡Cristo viene! No es un Dios lejano, desinteresado de nosotros o de nuestras cosas, se trata de un Dios Amor, Padre misericordioso. Si no tuvieramos el Adviento nos faltaria todo. Este es un tiempo espiritual de esperanza, es un periodo de gracias que Dios nos regala. ¡Salgamos al encuentro del Senor con las buenas obras! El Senor esta cerca, no cesa de llamar a nuestra puerta y busca nuestra acogida. ¿Estamos dispuestos a recibir al Senor, a darle nuestro tiempo y nuestra vida? Este es el sentido del Adviento: que el Senor pueda hacerse presente en el mundo por medio de nosotros
 
Credo
 
PLEGARIA UNIVERSAL
 
Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su amor, su paz y su luz, transformen ya ahora nuestras vidas y las de nuestros hermanos. Después de cada petición diremos:
R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que llegue el día en que todos los hombres y mujeres del mundo entero puedan vivir en paz, con esperanza, confiados ante el futuro.
Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que el Presidente de la República, los legisladores y autoridades públicas que han asumido un cargo recientemente en nuestra patria, trabajen sinceramente por el bienestar de todos, y especialmente de los que menos tienen. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que el pueblo de Israel, que recibió desde muy antiguo la llamada del Señor, se esfuerce al servicio de la paz y muestre ante el mundo el rostro amoroso de Dios. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que nuestros difuntos vivan para siempre la alegría de la vida nueva que Dios nos promete. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que todos nosotros, reunidos al empezar este Tiempo de Adviento para celebrar la Eucaristía, nos convirtamos de corazón para preparar la venida del Señor. Oremos. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Ven, Señor Jesús y renueva el camino de la humanidad. Tú, nuestro hermano, que vives y...
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Prefacio I/A o I/B de Adviento.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 84, 13)
El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRA REFLEXION AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Cuando tengo ocasión de interrogar a los jóvenes sobre su manera de entender la muerte, las opciones se reducen finalmente a dos. La muerte como fin, es decir, como meta para transitar a la plenitud de la vida; o la muerte como final, o sea, como término absoluto de la existencia, como aniquilación definitiva de la vida. Sin pretensiones de ser fabricante de estadísticas, me sorprende reconocer que la mayoría de sus respuestas exhiben, al menos de los dientes para afuera —pues uno no sabe deletrear las convicciones más hondas— su impotencia para abrirse a la trascendencia y a la esperanza cristiana. La cultura de lo tangible y la veneración de las evidencias les dificulta el acceso a la misteriosa esperanza. Los creyentes tenemos un reto en esta sociedad atrapada en la fugacidad del presente: nos corresponde documentar con actitudes congruentes, nuestra condición de forasteros en este mundo. Como dijera un poeta, somos exiliados en la tierra, que caminamos anhelando la patria definitiva.
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
Pensando en Dios, viviendo para agradar a Dios, viviras atento a la venida del Hijo del Hombre, de Cristo, que te ama y no desea la desaparicion total de la fe en el mundo, por eso nos explico lo que ibamos a padecer y a sufrir hasta su nueva venida. Entonces, ¿por que cuando sufres piensas que Dios te ha abandonado, y no piensas que ya te lo habia dicho y que te pidio resistir, y te concedio el don de la gracia, de la oracion y de sus sacramentos? Te dio una Madre intercesora y un Angel de la guarda. Usa de lo que puede ayudarte a salir de todo mal trance, y no te quejes contra Dios. P. Jesus
 
 MINISTERIO DE ORACION DICIEMBRE 2
 
DICIEMBRE 2
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado
 
Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Nuestras oraciones a Dios por la recuperación de la salud de nuestro hermano Juan Navarro. Winston Francisco
 
Oremos por Coco, otra vez ese riñon fastidiando, oré, oro mucho por ella, pero no dudes amigo que Florencia y su familia tienen fe, esperanza solo en Dios que todo lo puede. El decide lo mejor para cada uno. Florencia
 
Elevemos nuestras plegarias al Dios de la Misericordia pidiéndole por la salud de Michel Alberto y de todos los enfermos. Winston Francisco
 
Pidamos a Maria Santisima, nuestra Madrecita para que interceda ante Dios Padre por la salud de Rossyta Rendon Moreno que se encuentra muy enferma. Winston Francisco
 
Pedido de oración para Evita 30 días de nacida internada con neumonía sufre de neumonía está muy grave. Te pido lo mejor para Eva. Zulma
 
Pido oracion por Cristina que va a ser sometida a una intervención quirurgica, con un problema de un tumorcito en una mama. Nora Sampini
 
Porque Dios les conceda la recuperación de la salud a todos ellos enfermos de cáncer y les alivie los dolores, algunos con cáncer avanzado, otros esperando operación, otros con quimios y radioterapia, etc. Que el Padre Dios los mire con toda misericordia y les de la salud de cuerpo y de alma, en el Nombre del Señor Jesùs. Francisco
 
Oremos por Virginia que tiene un embarazo e infelizmente el bebe murio en su vientre, hermanos una vez mas unámonos en oración, que el Señor solo necesita que se lo pidamos con el corazón esperanzado para obrar su divina voluntad. Nora Sampini
 
Por la salud de mi tío Bernardo de Jesús Franco que tiene 72 años. Le operaron una masa que le salió en la cara y está en biopsia para determinar si es cancerígena. Diana
 
Mi buen Dios te imploro y suplico en nombre de tu amado hijo nuestro Señor Jesús, por la intercesión de su santa madre la Virgen María, por todos los ángeles y arcángeles y por todos los santos le suplico por la salud de mi papá, quien se encuentra con problemas de salud, sana su organismo, que los antibióticos hagan su efecto, que se libere de su enfermedad, te lo suplico mi buen padre, que la infección seda y vuelva a ser la misma persona de siempre. Amen. Fernando
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleaños de Gonzalo Andrade
Cumpleaños de Maria Auxiliadora Jaen Diaz
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Dios iluminame para ser feliz a Liliana Perasso y cuida de su salud iluminame para tomar decisiones y te pido tu bendicion para que Liliana y Jorge puedan ser felices el resto de sus vidad juntos a Dios despues de tantos avatares de la vida tu bendicion para Lili y Jorge gracias. Frank
 
Gracias Dios por todas las bendiciones por tu intercesión. Pido Madre para que haya más vocaciones Sacerdotales y religiosas. Para que con la ayuda del Espíritu Santo guíen a tu Iglesia de la mejor manera. En especial Su Santidad Benedicto XVI. Te lo pido Madre Santa. Socorro
 
Tengo cuatro años separada de mi esposo por infidelidad de su parte, dos hijos de 20 y 18 años, pertenezco a un movimiento evangelizador de matrimonios, sirvo en mi parroquia, e orado a mi Señor por restauracion en mi matrimonio, les pido que oren por nosotros, gracias y bendiciones. Norma
 
Para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico, especialmente por las comunidades cristianas. Winston
 
Pido por la conversión de mi esposo Sergio Ismael y que regrese a su hogar para restaurar nuestro matrimonio y familia. Se aleje de todas las personas que lo llevan por el camino y de esa mujer que lo tiene atrapado que sea liberado de las ataduras que tiene. Marina
 
Q. E. P. D.
 
Lorena Govea Cruz,
María Elisa Pianchiche de la Cruz
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio
 
Abra por favor la siguiente pagina WEB
 
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Me inclino reverentemente ante El Señor

M.E. Winston Pauta Avila

Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Christifideles Laici

Domingo I de Adviento del ciclo C, ano 2012. Meditacion de las lecturas de la Misa. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.

   Domingo, 2/12/2012, Domingo I de Adviento del ciclo C.

 

   1. El Señor es justo.

"Suscitaré a David un vástago legítimo

Lectura del libro de Jeremías 33, 1416

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.
En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.
En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor—nuestra—justicia"."".

 

   ¿Qué es la felicidad? Dios nos creó para que alcancemos la plenitud de la felicidad viviendo en su presencia. La felicidad es un estado anímico de complacencia que se manifiesta en nosotros, cuando vivimos sin carencias materiales y no tenemos desavenencias familiares si no creemos en Dios, o cuando intentamos vivir imitando la conducta de Nuestro Salvador, si nos consideramos cristianos practicantes. A este respecto, San Pablo les escribió las siguientes palabras, a los cristianos de Éfeso:

 Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice:
Despierta tú que duermes,
y levántate de entre los muertos,
y te iluminará Cristo" (EF. 5, 14).

   San Pablo animó a sus lectores para que despertaran del sueño en que se convierte nuestra vida cuando vivimos al margen de Dios. Mientras vivimos, establecemos relaciones con familiares y amigos, trabajamos para poder vivir dignamente, y evitamos hablar de la muerte, porque la consideramos tan desagradable, como los romanos consideraban el hecho de hablar de las crucifixiones. San Pablo nos invita a superar  el sueño de "vivir a tope" y a amoldarnos al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre, para que podamos constatar que nacemos a la vida de la gracia, y que Cristo ilumina nuestra existencia.

   En la primera lectura correspondiente a esta primera celebración  eucarística del ciclo C de la Liturgia de la Iglesia, Jeremías hace referencia al cumplimiento de las promesas divinas. Cuando los hebreos fueron deportados a Babilonia, esperaron durante 70 años el cumplimiento de la promesa divina de volver a su tierra. Igualmente, quienes no pensamos que en  este mundo nos toca estar sanos o enfermos, o ser ricos o pobres, por causa de un azar caprichoso que nadie sabe cómo nos puede afectar, también aguardamos la conversión de nuestra tierra en el Reino de Dios, mientras recordamos la triple presencia de Jesús entre nosotros.

   Jesús vivió en Palestina, nos demostró cómo nos ama Dios por medio de su Pasión, muerte y Resurrección, y estableció su Reino en los corazones de quienes decidieron creer en El. Cuando después de que Jesús ascendiera al cielo, los Apóstoles de Nuestro Salvador recibieron el Espíritu Santo en la celebración de Pentecostés, el mundo empezó a vivir una segunda presencia de Jesús, quien se empezó a manifestar, por medio de las palabras y obras de sus seguidores. De alguna manera, todos los cristianos representamos a Jesús en la tierra, y por ello, en cada ocasión que hacemos el bien, estamos hablando de Jesús por medio de las obras que llevamos a cabo, y le demostramos al mundo que nuestras creencias, más que constituir una ideología, son una manera de vivir.

   Si Jesús se manifiesta al mundo por medio de sus seguidores, ello significa que no debemos esperar que Jesús concluya su obra sin contribuir a ello, pues todos tenemos la posibilidad de trabajar para que nuestra tierra sea el cielo en que mora Dios. Recordemos que, al final de las celebraciones eucarísticas, se nos dice: "Podéis ir en paz", y que ello no significa que podemos irnos contentos porque hemos cumplido con Dios, sino que debemos salir de nuestras iglesias, llenos de la paz de Cristo, para transmitírsela a quienes quieran recibirla. Recordemos también que en las celebraciones eucarísticas permanecemos de pie escuchando los textos evangélicos y orando, indicando que nuestros corazones se levantan orantes hacia el cielo de Nuestro Dios, quien nos quiere activos durante los años que se prolongue nuestra vida, cumpliendo su voluntad, que consiste en que hagamos de la humanidad una familia, la familia del Dios Uno y Trino.

   La Palabra Adviento, además de hacer referencia a las dos presencias de Jesús que hemos considerado, también se refiere al anuncio de la Parusía o segunda venida de Jesús que aguardamos, un hecho que acontecerá al final de los tiempos. Jesús nos ha prometido volver a nuestro mundo a hacerles justicia a los oprimidos. Cristo es el vástago -o renuevo- que descendió de David. Cristo es el Hombre conforme al corazón de Dios, cuya venida aguardamos, porque de la misma depende nuestra consecución de la plenitud de la felicidad.

   La salvación de Judá de que se nos habla al final de la primera lectura bíblica que estamos considerando, es un anuncio de la conclusión de la plena instauración del Reino de Dios en el mundo. Dios nos ha prometido que viviremos tranquilos en su Reino de amor y paz, y que llamaremos a Jerusalén Señor-nuestra-justicia, porque veremos cómo Nuestro Santo Padre cumplirá nuestro deseo de ser plenamente felices.

 

   Resumen.

   Jesús vino al mundo, nos redimió, y estableció su Reino en los corazones de quienes lo aceptan.

   Después de que el Señor resucitara y ascendiera al cielo, y de que el Espíritu Santo se manifestara en los Apóstoles de Nuestro Señor, Jesús se hizo -y aún se hace- presente en su Iglesia, y nosotros, como representantes suyos, tenemos que anunciarlo al mundo, hablando de El sin miedo y con profunda convicción, y haciendo el bien, para demostrar que es posible vivir, en conformidad con el cumplimiento de la voluntad divina.

   Jesús volverá a nuestro encuentro al final de los tiempos, y concluirá la plena instauración de su Reino entre nosotros, extinguiendo todas las causas existentes que hacen sufrir a la humanidad, y la muerte.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   ¿Conocemos las promesas que Dios nos ha hecho?

   ¿Cambiaría nuestra vida en algún aspecto si no creyéramos en Dios?

   ¿Creemos que todo lo que nos sucede tiene un significado que algún día podremos descubrir si juzgamos todo lo que nos acaece desde el punto de vista de Dios?

   ¿Conocemos a Jesús profundamente, o solo conocemos los aspectos más relevantes de su vida?

   ¿Notamos la presencia de Jesús en la Iglesia, en el mundo y en nuestra vida?

   ¿Nos creemos necesitados de la acción de Dios en nuestra vida?

 

   2. Vivamos disponiéndonos a recibir a Jesús cuando acontezca su Parusía.

"Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 12—4, 2

Hermanos:
Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.
Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.
En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.
Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús".

 

   Cuando acontezca la Parusía -o segunda venida- de Jesús, Nuestro Señor reunirá a sus creyentes de todos los tiempos, y constituirá con ellos una sociedad que gobernará.

   Quienes queremos formar parte de esa sociedad, tenemos que actuar como si estuviéramos viviendo en la misma, así pues, no olvidemos que la Iglesia es el Reino de Dios. Cuanto más seamos los que imitemos la conducta de Jesús, y más aumentemos la generosidad con que servimos a Dios en sus hijos los hombres, contribuiremos mejor a hacer de nuestra tierra el Reino de Nuestro Santo Padre. No es bueno que nos conformemos al hacer algunas obras de caridad y asistiendo a la Eucaristía dominical. Nuestro mundo necesita que progresemos a pasos agigantados a la hora de demostrarnos que nos amamos y por ello estamos dispuestos a ser colaboradores de Jesús, para extinguir el sufrimiento de la tierra. Tal como fue el amor a Dios y a sus hijos los hombres de San Pablo y de aquellos de sus colaboradores a quienes no les importó padecer para contribuir a la realización de la obra de Jesús en el mundo, debe ser el amor que queremos manifestarnos, si verdaderamente deseamos que nuestra tierra sea el cielo de Dios.

   Quizás tenemos la tentación de orar mucho y de no hacer el bien porque pensamos que no vamos a ganar nada al beneficiar a la gente, o de hacer el bien constantemente, y no orar, por considerar que no hay tiempo para meditar, considerando las necesidades que caracterizan a los pobres, enfermos y desamparados. Es conveniente que no seamos extremistas. Nuestras oraciones indican que creemos en Dios y que Nuestro Santo Padre nos fortalece para que podamos servirlo en nuestros prójimos los hombres. Las oraciones sin caridad hacen de la profesión de nuestra fe una representación teatral, y, el ejercicio de la solidaridad sin oraciones, nos descristianiza, aunque nos hace solidarios (no caritativos) con quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales.

   ¿Se estanca nuestra vida en una rutina de oraciones y/o caridad, y no sentimos que nuestro amor a Dios y a sus hijos aumenta? Con las prácticas religiosas puede sucedernos lo mismo que les acaece a los vendedores que hacen de su trabajo una pesada rutina y no consideran la posibilidad de superarse a sí mismos, lo cual los hace ineficaces, y puede conducirlos a ser obligados a no realizar su actividad laboral, porque se hacen a sí mismos totalmente incompetentes. Si nuestro amor a Dios y a sus hijos no crece, las prácticas religiosas pueden llegar a ser tediosas, podemos caer en la tentación de no llevar a cabo las mismas, y también podemos caer en la tentación de dejar de ayudar a quienes necesitan de nuestras dádivas espirituales y materiales.

   Este primer día de Adviento, es una estupenda ocasión, para renovar nuestros compromisos bautismales. Si nuestra fe y nuestro amor a Dios y a sus hijos se han estancado, pidámosle a Dios que nos llene el corazón de fe y amor, y busquemos ocasiones propicias para demostrarnos que somos cristianos activos, que esperan la Parusía del Salvador de la humanidad.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   ¿Intentamos cumplir la voluntad de Dios?

   ¿Intentamos ser perfectos imitadores de Jesús, o reducimos la fe que profesamos a llevar a cabo algunas prácticas religiosas y/o a ser solidarios en algunas ocasiones?

   ¿Nos percatamos de que nuestra fe y nuestro amor crecen porque buscamos constantemente nuevas formas de servir a Dios cubriendo las carencias de sus hijos los hombres?

   ¿Nos hemos comprometido a meditar la Palabra de Dios diariamente, para llegar a ser perfectos imitadores de la conducta de Jesús?

   ¿Hacemos el bien por amor a Dios y a sus hijos pobres, enfermos y desamparados, o actuamos esperando que nuestras obras nos compren una buena posición en el Reino de Dios?

   ¿Quiénes son nuestros ejemplos de fe a seguir? ¿Por qué?

   ¿En nombre de quién debemos orar y hacer el bien? ¿Por qué?

 

   3. Preparémonos a recibir al Señor.

"Se acerca vuestra liberación


(  Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 2528. 3436

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."".

 

   En el texto evangélico que estamos considerando, aparecen señales indicativas del fin del mundo, que pueden causarles miedo a muchos de nuestros hermanos de fe. Ese miedo puede acrecentarse, cuando, a través de los medios de comunicación, se nos informa de las guerras de que son víctimas muchos países, y de las catástrofes naturales que acontecen frecuentemente.

   Al comparar LC. 21, 25-27, con MC. 13, 24-25, podemos interpretar los símbolos que aparecen en los citados relatos.

   "Dado que en la antigüedad el sol y la luna eran considerados como dioses, el hecho de que dejen de alumbrar -según se nos informa en el Evangelio-, ha de interpretarse pensando que, en el Reino de Dios, ninguna ideología ni ninguna persona, podrá ser considerada superior al Dios Uno y Trino" (José Portillo Pérez. Meditación para el Domingo XXXIII del tiempo Ordinario del ciclo B del año 2012).

   La descripción de los signos cósmicos, los sufrimientos de los hombres y de las catástrofes naturales de que se nos informa en el Evangelio de hoy, no debe ser portadora de temor, sino de fe y alegría. Ello significa que, aunque tengamos que sufrir en esta vida, Dios nos explicará algún día la razón por la que no nos impidió que padeciéramos, y nos hará comprender que, gracias a dicho dolor, llegamos a ser las personas que El pensó que llegáramos a ser, antes de crear el universo.

   Los sufrimientos de la humanidad son indicativos de que el Reino de Dios está cerca de nosotros, porque el mismo se está instaurando lentamente en nuestra tierra, según nos convertimos al Señor, crecemos espiritualmente, y servimos a Nuestro Dios en sus hijos pobres, enfermos y desamparados.

   Antes de aterrorizarnos y perder la fe por causa de los sufrimientos característicos de la humanidad, esperemos confiadamente que acontezca la Parusía del Señor, porque El cumplirá la promesa de hacernos plenamente felices. Si tenemos que sufrir en esta vida, imitemos a los cristianos que se dejaron martirizar, con la esperanza de que Dios recompensará la grandeza de su fe, cuando concluya la instauración de su Reino de amor y paz entre nosotros.

   Han pasado prácticamente 20 siglos desde que Jesús anunció su venida, pero aún no ha regresado. A pesar de esta larga espera marcada por la fe que vivimos, no permitamos que los problemas que tenemos nos impidan ser felices. Evitemos sucumbir bajo el efecto de los vicios que tanto daño les hacen a muchos, porque el Señor vendrá a nuestro encuentro, y quiere encontrarnos ocupados, trabajando en la conversión de la tierra en su Reino de amor y paz.

   Imitemos la actitud de los vigilantes mientras esperamos al Señor. No seamos cristianos mediocres, sino fieles a la hora de profesar nuestra fe. No descuidemos la salud de nuestra alma ni la salvación de nuestros prójimos los hombres. Dispongámonos así a acudir a la llamada a juicio del Señor, para que nos encuentre dignos de vivir en el cielo que nos ha prometido, apenas acontezca nuestra muerte. Que la muerte nos sorprenda con la satisfacción de haber vivido una vida plena de fe, esperanza y caridad.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   Contesta las siguientes preguntas utilizando el texto de LC. 21, 25-28. 34-36, y las tres meditaciones de que se compone el presente trabajo.

   ¿Debemos sentir miedo a la hora de interpretar las señales que según la Biblia son indicativas de que el mundo está a punto de acabarse, y de que Jesús está por concluir la instauración del Reino de dios entre nosotros?

   ¿Debemos interpretar dichas señales literalmente, o debemos pensar que tienen algún significado?

   ¿Por qué tendrán miedo los hombres al ver las señales características del fin del mundo?

   ¿Debemos tener miedo los cristianos al ver tales señales? ¿Por qué?

   ¿Estará causado el citado miedo de los hombres por su desconocimiento de Dios y su carencia de fe en Nuestro Santo Padre?

   ¿Significarán las citadas señales que el Reino de Dios será muy diferente al mundo en que vivimos, porque no existirá en el mismo ningún tipo de exclusión social?

   En LC. 21, 27, se nos dice que el Hijo del hombre (Jesús) vendrá con gran poder y gloria. ¿Será el Reino de Dios como los reinos humanos, o tendremos un Rey que nos tratará como hermanos suyos?

   ¿En qué se diferencia la gloria de dios de la gloria que persiguen muchos hombres?

   ¿Qué se nos dice que debemos hacer en LC. 21, 28, tanto cuando sintamos que vivimos el efecto de las señales características del fin del mundo, como cuando tengamos que afrontar situaciones difíciles?

   ¿Es nuestra fe lo suficientemente fuerte y estable como para que podamos creer que cuanto mayores sean nuestros sufrimientos más cerca estaremos de ser liberados de los mismos?

   ¿De qué nos dice Jesús que nos guardemos en LC. 21, 34? ¿Por qué?

   ¿Cómo podemos evitar sucumbir ante los sufrimientos que pueden aguardarnos y evitar que los vicios nos impidan afrontar nuestras dificultades para que podamos ser felices, según LC. 21, 36?

 

Lee más meditaciones para el Domingo I de Adviento del ciclo C, en

http://is.gd/xsv6o9

 

José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

 

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

LOPCEB – Las señales nos dirán cuando


26th Noviembre 2012 /
1° Adviento (C)
 Lucas 21, 25-28.34-36
 
1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que nos ayude a leer e interpretar la Biblia. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Escritura, en la creación, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».
 
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
 
a. Introducción: Previo al texto de hoy, Lucas habla de la destrucción de Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude al triunfo de Jesús y a la actitud que deberá tener la comunidad cristiana. En este acontecimiento habrá fenómenos extraños y desconcierto pero cuando comienzan, se acerca nuestra liberación y el Reino de Dios. Jesús dice que no debemos preocuparnos ni buscar saber cuándo eso pasará… mas bien, pide que sus discípulos(as) estén prevenidos(as) y orando en todo tiempo. Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios.
 
b. Leer el texto: Lucas 21,25-28,34-36: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
 
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
 
d. ¿Qué dice el texto?
 1.Cada persona lee el versículo o parte del texto te impresionó más.
 2.¿Qué sentimientos han tenido durante la lectura? ¿De miedo o de esperanza? ¿Por qué?
 3.Nombra las señales que aparecerán antes de la venida del Hijo del Hombre.
 4.Según Jesús, ¿qué debe ser nuestra actitud cuando comienza a suceder y por qué?
 5.¿De cuáles conductas se debe cuidar para que no caiga de improviso ese día?
 6.¿Qué debe ser nuestra actitud y conducta mientras llega?
 
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
 
a. Hoy, cuando se habla de la manifestación gloriosa de Jesús, las posiciones son muy variadas. Algunas personas tienen miedo. Otras permanecen indiferentes. Otras comienzan a vivir con más seriedad. Y todavía otras, cuando oyen una noticia preocupante, exclaman: “¡El fin del mundo está cerca!” ¿Y nosotros(as)? ¿Qué pensamos al respecto?
 b. Hay situaciones de muerte que vive el mundo de hoy (injusticia, guerras, desastres naturales, hambre): ¿Qué interpretación hacemos de estas realidades? ¿Como signos del fin del mundo o como situaciones de injusticia que merecen ser rechazadas y corregidas?
 c. ¿Qué signos de desesperanza existen en esta sociedad actual?
 d. ¿Qué es lo que hoy empuja a la gente a tener esperanza o a resistir? ¿Somos testigos de esperanza? ¿Cuál es el ideal que nos anima a continuar luchando por un mundo nuevo?
 e. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
 
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «… tengan ánimo y levantan la cabeza, porque está por llegarles la liberación».
 
5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Ofrecer a Dios una acción concreta que puedes hacer esta semana para construir este Reino que humaniza y libera. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.
 
6. Oración final: Padre bueno, nos llamas a la esperanza. Acoge nuestras limitaciones y temores, y libera toda tu fuerza, para que renazcamos a una esperanza nueva y seamos tus instrumentos en la transformación del mundo. Despierten la fe en nuestra comunidad. Ayúdanos a estar más atentos al Evangelio y cuidar mejor tu presencia en medio de nosotros(as). AMÈN. Padre Nuestro, que estás en el cielo…
 
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más…
 
1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
 
a. Compartir sobre lo que le pasa a la gente en su diario vivir durante la semana.
 b. ¿Cómo hemos experimentado a Jesús en lo que hemos vivido?
 c. ¿Qué hemos hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
 
2. El contexto del discurso de Jesús: El texto de hoy es parte del así llamado «discurso escatológico» (21,5-36). Este discurso está presentado como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: «No quedará piedra sobre piedra» (21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción del templo y pedían: «¿Cuándo sucederá esto … y cuáles serán las señales de que estas cosas están a punto de suceder?» (21,7). En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha gente decía: «El fin del mundo está cerca». La comunidad del tiempo de Lucas (año 85) pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: «Dios no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!». Por esto, la preocupación principal del discurso es el de ayudar a los discípulos(as) a discernir los signos de los tiempos para no ser engañados(as) por estas conversaciones de la gente sobre el fin del mundo: «Atención! ¡No se dejan engañar». (21,8).
 
3. Señales en el sol, en la luna y en las estrellas (21,25-26): Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos. (1) «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas»; (2) el fragor del mar y de las olas”; (3) «las potencias del cielo se conmoverán». En los años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se habían manifestado. Las comunidades podían afirmar, “¡Este es la última señal que falta antes del fin!” A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en la gente y en las naciones. En realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo, a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (Ap 21,1). El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17). Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.
 
4. La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre (21,27): Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7,1-14), vendrá el Reino de Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animal: león, oso, pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya realización debemos colaborar.
 
5. Una esperanza que nace en el corazón (21,28): Lucas, dice: «Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzan los ojos y levantan la cabeza, porque su liberación está cerca!» Esta afirmación índica que el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban a las comunidades a leer los hechos con lentes de esperanza. Deben tener miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se ha acabado.
 
6. Exhortación a la vigilancia (21,34-36): ¡Dios siempre llega! Viene cuando menos se espera. Jesús da consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: (1) evitar lo que pueda turbar y endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); (2) orar siempre pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. La atención a lo que vendrá no elimina la exigencia de hoy. No se trata de una espera pasiva, lo propio es la vigilancia, la atención a los signos de los tiempos (21,29-33), en ellos se manifiesta el Señor. La oración debe ser de «todo tiempo», ella constituye un gesto y una experiencia de gratuidad. De la gratuidad del amor de Dios que da sentido pleno a la exigencia que hace auténtica la esperanza.
 
7. El fin del mundo: Cuando decimos «fin del mundo», ¿de qué estamos hablando? ¿El fin del mundo del que habla la Biblia o el fin de este mundo, donde reina el poder del mal que destroza y oprime la vida? Este mundo de injusticia tendrá fin. Mientras llega ese día, transcurre el tiempo de la comunidad cristiana. La comunidad debe empeñarse en la construcción del «derecho y la justicia». Esto implica compromisos concretos con el «vía crucis cotidiano» que viven los pueblos pobres del mundo. Esa solidaridad debe concretarse en la decisión de forjar una sociedad distinta donde sea posible la justicia, la fraternidad y la paz, en las que se expresa históricamente el Reino, don de Dios. Para que los pobres, todos los seres humanos, puedan llamar a sus países «justicia» y «alegría».
(
http://cebiclar.cl/lopceb-las-senales-nos-diran-cuando/
).

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

TEXTO BIBLICO: Lucas 21, 25-28;34-36

21,25: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.

En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje.
21,26: Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán.
21,27: Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria.
21,28: Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación.
21,33: Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

21,34: Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que aquel día no los sorprenda de repente 21,35: porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

21,36: Estén despiertos y oren incesantemente, pidiendo poder escapar de cuanto va a suceder, así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre.

(BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO)
 
 LECTURA

¿Qué dice el texto?

Nos disponemos a leer el texto en su contexto para no hacer pretextos.

Comenzamos el nuevo año litúrgico y lo hacemos con el Adviento, el tiempo de la espera. Estamos esperando que Cristo vuelva, por eso este texto, que nos prepara a su segunda venida.

Es un texto parecido al que tomamos unos domingos atrás, del evangelista Marcos. Ahora estamos tomando a Lucas. Debemos recordar que Lucas, el médico griego escribe para que los griegos conozcan a Jesús, el Cristo y también acepten la salvación que Él nos ofrece a todos.

Después de las señales que se manifiestan en todo el universo, que es un acontecimiento para todo el cosmos, Lucas dice el texto: “Verán al Hijo del Hombre” (éste es un título mesiánico, con que se reconocía al Señor) y añade que estará rodeado de poder y de gloria. Es tal, la evidencia que muestra el Señor en su segunda venida, que quedarán al descubierto los falsos profetas. No debe ser un motivo de miedo o temor, porque, es cuando nos dice el Señor: “Levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”. Es un momento de alegría, de esperanza cumplida en la promesa.

Pero también es un momento de advertencia, ya que como no hay aviso previo para ese día, nos pide el Señor que estemos preparados: Dejando atrás los vicios que nos aturden y las preocupaciones de la vida cotidiana.

La recomendación es: Estar despiertos y orar, para que ese momento no nos encuentre distraídos, y así podamos presentarnos tal cual somos, frente al Hijo del Hombre que volverá.

Una frase en medio del texto es el versículo 33, que aunque no se lee en el texto litúrgico, es bueno recordarlo: “el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. Porque aquí lo importante es estar atentos al Señor y a la Palabra de Dios. Pues seremos juzgados por esta Palabra dada a la humanidad.

¿Cómo comienza el texto?
¿Quién es el que dirige el discurso?
¿Cuáles son las señales que dice el Evangelista?
¿Quién aparecerá y de qué forma lo hará?
¿Cuándo suceda esto qué debemos hacer los que creemos en Cristo?
¿Qué es lo único que no permanecerá, luego del fin de todo?
¿Cómo debemos estar atentos?
¿Qué significa estar despiertos y orar incesantemente
 Sintetiza cuál es la idea principal de este texto.

Meditación

¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?

El texto sagrado no es sólo para leerlo, sino para dejarse leer por Dios que nos habla a cada uno a través del texto.

Amigo, debemos preguntarnos sinceramente cómo este texto está dirigido directamente a nosotros. Hoy vivimos un mundo donde hay muchas confusiones y muchos hablan de Jesús. Algunos dicen cosas muy distintas de lo que está escrito en el Evangelio. Nosotros queremos conocer a Jesús y lo que Él nos dice a nosotros.

¿Estoy consciente y creo que el Señor Jesús volverá?
¿Qué implicancias tiene para mi vida que Él vuelva?
¿Estoy preparado para afrontar un diálogo sobre mi vida que me hará Jesús como un Juez Universal?
Cuando el Señor dice que debo prestar atención y no dejarme aturdir por el vicio…¿Cómo puedo entender esto en mi vida concreta? ¿Cómo me dejo aturdir? ¿Cómo podría evitarlo?
Jesús habla de la embriaguez, tal vez pueda hacer referencia al alcohol que se consume, pero ¿hay otra forma de embriagarse? ¿Me puede suceder a mí? ¿cómo evitar huir de este mundo y poner los pies sobre la tierra afrontando mi vida y cambiando lo que sea necesario?
¿Son las preocupaciones de la vida cotidiana, algo que te separa de Dios? Cómo podrías incluir estas preocupaciones en tus momentos de oración personal. Así la oración no se convierte en algo “fuera de este mundo”.
¿Tomo conciencia que me voy a presentar con toda mi vida ante un Juez que ya ha dicho cómo será su sentencia y sobre qué me juzgará?
Este texto tan importante ¿qué te lleva a pensar? ¿Cuál sería tu conclusión personal.

ORACIÓN

¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Cuando me hablan es bueno responder. Es Jesús el que está comunicándose conmigo. Debo contestarle. Para eso, la oración es la respuesta a Dios que me habló primero.

Proponernos un diálogo con Jesús que sea personal:

Señor Gracias por este diálogo tan importante. A veces estoy distraído y las cosas de este mundo me hacen olvidar lo más importante.

Te pido, Señor, que me des la fuerza de voluntad para que cada acción de mi vida esté orientada al día que Tú regreses a preguntarme ¡cómo he vivido!

Te doy Gracias Señor, porque me ofreces la liberación. Son tantas las cosas que me atan, tantos los nudos que me aprietan. Pero Tú me ofreces la liberación y ahora estoy consiente de todo esto y agradecido contigo por todo esto.

Señor, que no me deje aturdir por los vicios, la embriaguez y las preocupaciones cotidianas. Que no me envuelva la rutina. Que cada día sea un nuevo momento de encuentro contigo y con tu Palabra Salvadora, porque sólo tu Palabra permanecerá para siempre.

Que viva Señor de acuerdo a Tu Palabra y no de acuerdo a los criterios del mundo.

Amén

 

CONTEMPLACIÓN

¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?

Podemos recordar la frase, dirigiéndola a Jesús:

Estén despiertos y oren incesantemente…

Mientras vamos pidiéndole al Señor repetidamente con esta frase, cómo podemos ser sus seguidores, dando todo, desde nuestra propia vida.

Acción

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Nuestra vida debe tomar un compromiso serio para llegar al proceso de conversión. Esto debe notarse exteriormente.

Individualmente, te propongo mirar interiormente todas las veces que la rutina y las preocupaciones cotidianas, te impiden ver la historia completa, en la que el Señor viene a liberarte. Hacer alguna acción, que rompa esa preocupación tuya personal y atender a alguien que lo necesite.

Si estás en grupo, pueden hablar con tus compañeros de lo que muchos hablan de los últimos días. Recordar que es cuando vuelva el Señor a Liberarnos. En esta liberación, nos proponemos hacer una acción de grupo que pueda ser vista por otros, recordando que debemos estar alegres en la espera. No es para asustarnos, sino para alimentar la esperanza. Hagamos una acción grupal que demuestre esto.
(
http://www.cristonautas.com/tag/ricardo-grzona/
).

Meditacion para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

Meditacion para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

Domingo I Adviento. Ciclo C (Lc 21,25-28.34-36). Ortega y Gasset gritó hace tiempo “Dios a la vista”. La Biblia y la liturgia dicen en Adviento: ¡Hombre a la vista!, pues la humanidad está preñada de Dios.

Por encima del inmenso miedo que nos amenaza, en medio de una gran depresión, se abre un año más el arco iris con el Hijo de Hombre (hombre, mujer) que está llegando, hecho de corazón, rebosante de amor. ¡Que no se emboten vuestros corazones, esperadle!


De la fiesta de Cristo Rey (domingo anterior, fin del mundo) pasamos al Adviento (comienzo del mundo). De un modo sorprendente, las imágenes de fondo son iguales. La liturgia no habla todavía del niño que nace en el campo, de estrellas que guían de oriente a los reyes, de buenos pastores… Habla aún de miedos, de estrellas que caen, de mares enloquecidos.


 Pues bien, precisamente ahí, en el centro del gran terror cósmico, que tiende a convertirse en gran terror humano, puede surgir y surge la esperanza: llega el Hijo del Hombre.

Es como si el Hombre no hubiera nacido todavía, pero va a nacer: Nos parecemos a una mujer encinta, promesa de humanidad (cf. Is 7, 14: he aquí que una virgen-doncella está embarazada...). Nos parecemos a una niña que es capaz de mirar con ojos limpios, asombrados, el comienzo de la vida.

Del miedo cósmico y social podemos pasar y pasaremos al Nacimiento: llega el hombre en colores del arco iris del cielo, con la paloma de la paz, tras el diluvio (Gen 8). Podrá nacer la niña buena, que llevamos dentro. Fuerte y gozoso fin de semana para todos, mejor comienzo de Año Litúrgico, con unas sencillas reflexiones que he querido retomar para vosotros. Volveré otro día a la ordenación de las mujeres y a Jesús el Nazoreo. Hoy os dejo con las palabras de Adviento.

 Texto. Lucas 21, 25-28. 34-36


 1. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. 2. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

2. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

3. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

4. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

5. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."
 
Introducción:

Éste es un texto de larguísima historia en la esperanza de la humanidad, en las profecías de Israel, en el mensaje de Jesús y, de un modo más preciso, en la historia de la Iglesia primitiva.

(a) Hay rasgos de miedo universal (¡todos los pueblos han sufrido terrores ante el cosmos!), vinculados a la experiencia y esperanza de los profetas de Israel y de los apocalípticos judíos. Éste es un texto universal de miedo y de esperanza, muy apto para nuestro tiempo, lleno también de miedos sociales, económicos, humanos.

(b) Este pasaje recoge la experiencia de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, especialmente aquella que se ha expresado en el evangelio de Mc 13 (capítulo del que Lucas toma los temas principales de su texto). Sus palabras nos sitúan en la raíz de la esperanza del principio del cristianismo.

(c) El texto proviene de la comunidad de Lucas, con la propia inspiración del evangelista. Para entenderlo bien hay que leerlo y comprenderlo desde el conjunto del Evangelio de Lucas, a cabello entre el judaísmo y la cultura griega, en un momento de cambios muy fuertes, de tipo social y cultural.

(d) El texto ha sido recortado y pegado por la liturgia católica, que toma unos pasajes y deja otros (de Lc 21, 25-36) para recomponerlos de un modo convencional, creando un collage apropiado para el comienzo del adviento católico, pasando del fin de la historia a su comienzo, iniciando el Adviento.

(e) Éste debe ser un texto mío, un texto nuestro… Cada uno de nosotros debemos elaborarlo, situándolo dentro de nuestras esperanzas, miedos y alegrías. No puedo recoger esa historia, me limito a comentar del modo más sencillo las palabras del texto actual, conforme a mi visión particular, de creyente y lector de la Biblia, que quiero compartir con vosotros.

Primera escena: Un contexto de miedo

a. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;
 b. y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos,
 c. asustados por el estruendo del mar y de sus olas

Dividimos el texto en tres partes que leemos desde los extremos, pasando del a y del c al b, como ahora diremos.


(a) Nos hallamos ante un desquiciamiento cósmico, que se expresa en la tríada celeste cósmica: cielo, tierra, mar. En el cielo están los grandes (sol, luna, estrellas) que empiezan a dar señales falsas, ya no alumbra; lo que era principio de estabilidad suprema aparece como expresión de locura.

(c) Por su parte, el mar destruye sus "amarras", se elevan las olas y tienden a inundar toda la tierra. Según Gen 1, Dios había construido el mundo “domando” los mares, colocando las aguas en sus límites y cauces, permitiendo que surgiera la tierra. Ahora se rompen los límites: sube el agua de los amores en una especie de diluvio invertido, un inmenso tsunami que llega a cubrir los montes más altos.

(b) En medio queda la angustia: los hombres están hechos de un miedo que se va extendiendo como cáncer, y les va dominando desde fuera (y desde dentro) , como un sida que les inunda desde el cielo loco, desde el mar desmadrado.
 
Segunda escena. Superar el miedo: llega el Hombre

(a) Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;
 (b) pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas
 (c) Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

Dividimos también el texto en tres partes, que ahora leemos seguidas, destacando aquellos rasgos que pueden resultar más significativos en nuestro tiempo.


 (a) Vuelve el miedo, un miedo de muerte, terror apocalíptico ante la conmoción del cosmos, la gran sacudida de las “potencias” del cielo. Morir es aquí “salir de sí”, perder la “psyche”, el alma, el aliento. De pronto, al descubrir la fragilidad de los elementos, los hombres pierden el alma, el valor, las ganas de la vida.

(b) Esta muerte por terror (¡puro terror cósmico, más que guerra y peste, más que sida…!) tiene un fundamento: La sacudida de las “potencias”, que en griego se llaman “dynameis”, principios rectores del cosmos, los ángeles astrales, leyes matemáticas que rigen el movimiento de los astros… todo. Pues bien, ese mundo superior de equilibrio en el que estamos sustentados se sacuda y quiebra. Crecen las grietas del gran cosmos, morimos de miedo. Ésta es la más horrorosa de todas las muertes de la humanidad: morir de miedo al descubrir nuestra nada, la nada del cosmos.

(c) Entonces “verán al Hijo del Hombre...”. No se dice que verán a Dios, ni siquiera al Cristo, ni a los ángeles del cielo: Verán al Hijo del Hombre, es decir, a la humanidad verdadera (que para los cristianos está centrada en Cristo).
 Cristo aparece así como arco iris tras la tormenta del diluvio (Gen 9, 13-16), arco iris, el signo de la paz de Dios, del amor de Dios, Puede morir todo, pero el hombre no acabará… Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… (Lc 21, 33). Pues bien, las palabras de Dios se concretan en el Hombre que viene, la nueva humanidad, que nace de arriba, del trono de Dios, con poder y gloria… Éste es el misterio del nacimiento.

Tercera escena. Levantad la cabeza

(a) Cuando empiecen a suceder estas cosas,
 (b) cobrad ánimo y levantad la cabeza,
 (c) porque se acerca vuestra liberación

He dividido también esta estrofa en tres versos sencillos, que comentaré de un modo más breve. Ellos marcan el centro del pasaje, en forma de “llamada.


(a) Estas cosas han empezado a suceder… Los hombres y mujeres vivimos en medio del gran miedo. En la antigüedad era miedo de tipo cósmico, miedo al destino. En el comienzo de la Edad Moderna ha sido miedo a la destrucción social, a la peste, a la locura colectiva de las grandes violencias armadas, a las inquisiciones y autoridades perversas. Ahora, en estos últimos años, es miedo a la bomba y al sida… y miedo sobre todo al gran derrumbamiento económico, que puede llevarnos no sólo a la falta de trabajo, sino a la falta de casa, al deshaucio.

(b) Pues bien, desde el fondo de un terror que parece aumentar, se nos dice que recobremos el ánimo, que no dejemos que se nos vaya o pierda el “alma”, que no nos abajemos y arrastremos. El hombre (hombre-mujer) es un ser que eleva la cabeza y vive de esperanza. Esto es lo que nos dice el texto, que elevemos los ojos y queramos vivir… Se trata de iniciar una vez más el camino de la esperanza, sabiendo lo que somos, reconociendo nuestra limitación, pero sin dejarnos dominar por ella. Vivir “a cuerpo”, es decir, en humanidad, sin llenarnos de puras pastillas, sin andar de mano en mano, de psiquiatra en psiquiatra… Creer en Dios significa elevar la cabeza.

c) Porque se acerca la liberación… Antes se decía que se acerca el “Hijo del Hombre”… Ahora se dice que se acerca la liberación, la “apolytrôsis”: una liberación que se nos ofrece como regalo de Dios (¡don de la vida!), pero que, al mismo tiempo, es regalo de nuestros amigos, es trasformación social (¡justicia!), es plenitud interna… No tener miedo, vivir en el gozo de sabernos Hijos de Dios, llamados a la vida, al nacimiento. Se acerca… ésta es la palabra. Se acerca y nos acercamos.
 
Cuarta escena: Parénesis o advertencia

(a) Procurad que vuestros corazones no se emboten
 por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida,
 (b) porque entonces ese día caerá de improviso sobre vosotros.
 (c) Ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra.

He dividido también esta escena en 3 partes, aunque la primera (a) podría dividirse a su vez en otras dos. Después de la gran esperanza de las estrofas anteriores (segunda y tercera) viene esta estrofa sobria, de advertencia.


(a) Que vuestros corazones no se “emboten” (no se hagan pesados, no se cierren). El tema es el corazón más que la cabeza: Mantener el corazón abierto, tenso hacia la vida, fresco al amor, dispuesto a la ternura. Éste es el lugar del adviento, el principio de la vida, el signo de Dios: ¡Mantener los corazones limpios, capaces de sentir, de mirar de esperar¡ Vivir en dimensión de corazón. Los corazones se embotan por tres cosas, que han de tomarse de un modo simbólico.

(1) La comida: querer tenerlo todo, devorarlo todo, a costa de los demás, mientras sigue extendiéndose el hambre sobre el mundo.

(2) La embriaguez: perder la conciencia en el vino o la droga y, sobre todo, en el frenesí de una vida hecha de olvidos; vivimos de medicinas y drogas, de excitaciones rápidas, como si quisiéramos huir de nosotros mismos.

(3) Las preocupaciones de la vida…: el deseo de tener, la búsqueda de seguridad absoluta... El mundo se nos ha hecho un gran mercado y queremos atesorarlo todo, para que nada pueda sorprendernos…

(b) Pero llegara “ese día”… el día de la plena transparencia, el día del hombre verdadero. Vendrá ese día y corremos el riesgo de no saber acogerlo: estamos perdidos y cuando llegue el momento no sabemos acogerlo. Corremos el peligro de quedar en los elementos externos del miedo, sin “ver al hombre” que viene. Así sucedió en Belén: vino Jesús y sólo unos pastores, fuera del orden social dominante, lograron verle y recibirle. Nosotros, hombres y mujeres del gran mundo occidental: ¿podremos acoger al Hombre que viene? Quizá no. Pero habrá otros, en el margen de nuestro mundo, que sabrán acogerlo, para dejar así que Dios construya (que ellos construyan con Dios) la nueva humanidad.

(c) Porque ese día será como una trampa… Ésta no es la trampa que pone Dios, sino la que nos ponemos nosotros mismos. Nuestros abuelos ponían trampas a los animales del bosque. Los grandes jefes actuales ponen trampas por doquier, bombas y sensores para dominar al mundo de la humanidad. No se dan cuenta (¡no nos damos cuenta!) de que se ponen trampas a sí mismos... Vivimos inmersos en una gran trampa. Por eso nos dice el evangelio: ¡tened cuidado, no se emboten vuestros corazones!

Quinta escena: Conclusión. Estad en vela

(a) Velad, pues, y orad en todo tiempo,
 (b) para que os libréis de todo lo que ha de venir
 (c) y podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre.
 
El tema concluye de forma solemne y sencilla, invitando a vivir en “vela”, es decir, a mantener la humanidad. Antes he dicho que se trata de “vivir a cuerpo”, de un modo directo, sin armaduras de miedo y engaño. Ahora podría decir: ¡Vivid a corazón abierto” (¡que vuestros corazones no se emboten…!


(a) Vivir a corazón abierto es “velad”, mantener el corazón en vela de amor con todos y la mente en diálogo de verdad con el Dios de la vida… Velad significa simplemente ser personas, en esperanza, en confianza, por encima de los miedos cósmicos y las violencias sociales.

(b) Sólo así podremos “liberarnos” de los terrores que vienen. Ciertamente, hay terrores y violencias; no hace falta recordarlos, los terrores de fuera (las bombas, las luchas sociales…), los terrores de dentro (la angustia y locura, la falta de amor…). Hay terrores, pero podemos liberarnos de ellos viviendo en vela de amor, en acogida gozosa y confiada de la vida.

(c) Sabiendo que lo que viene (¡el que viene!) es el verdadero ser humano. Por ahora no sabemos cómo vendrá, pero sabemos que será hombre de amor. Será el Jesús de la Navidad (el niño para ser amado); será la Novia del Apocalipsis, será el Novio Cordero del mismo Apocalipsis… Pero dejemos el tema así. Ya es suficiente, en este primer domingo del Adviento.
 
Conclusión: Dios a la vista, hombre a la vista…

La llegada de Dios se identifica con la llegada del "hombre", es decir, de la nueva humanidad. Preparar la llegada del hombre nuevo, eso es Adviento.
(
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/11/29/dom-2-12-12-adviento-hombre-a-la-vista-
).