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Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

1º Domingo de Adviento
versione testuale
Luca 21:25-28.34-36
1º Domingo de Adviento (C)
La manifestación del Hijo del Hombre
como principio de nuevos tiempos
¡Atención! ¡Dios puede llegar en cada momento!
Lucas 21,25-28.34-36
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con
el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra,
escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos
dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza,
apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra
nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos
experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en
medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti,
Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén
2. Lectura
a) Clave de lectura:
El texto litúrgico de este domingo nos lleva a meditar el discurso de Jesús sobre el fin del
mundo. Hoy, cuando se habla tanto del fin del mundo, las posiciones son muy variadas.
Algunos tienen miedo. Otros permanecen indiferentes. Otros comienzan a vivir con más
seriedad. Y todavía otros, cuando oyen una terrible noticia, exclaman: “¡El fin del mundo
está cerca!” ¿Y tú? ¿Tienes una opinión al respecto? ¿Por qué al principio del año litúrgico,
en este primer domingo de Adviento, la Iglesia nos coloca de frente el fin de la historia?
Teniendo presente estas preguntas, tratemos de leer de modo que nos interpele y nos
interrogue.
Durante la lectura haremos un esfuerzo por prestar atención, no a lo que nos causa
temor, sino más bien a lo que produce esperanza.
b) Una división del texto para ayudar en la lectura:
Lucas 21,25-26. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas
Lucas 21,27: El Hijo del Hombre vendrá sobre una nube
Lucas 21,28: La esperanza que renace en el corazón
Lucas 21,29-33: La lección de la parábola de la higuera
Lucas 21,34-36: Exhortación a la vigilancia
c) El Texto:
25 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente,
trastornada por el estruendo del mar y de las olas. 26 Los hombres se quedarán sin aliento
por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las
fuerzas de los cielos se tambalearán.
27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se
acerca vuestra liberación.»
34 «Cuidad que no se emboten vuestros corazones por
el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupacines
de la vida y venga aquel Día de improviso sobre
vosotros, 35 como un lazo; porque vendrá sobre todos
los que habitan toda la faz de la tierra. 36 Estad en vela,
pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza,
logréis escapar y podáis manteneros en pie delante del
Hijo del hombre.»
3. Un momento de silencio
orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e
iluminar nuestra vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.a) ¿Qué sentimientos has tenido durante la
lectura? ¿De miedo o de paz? ¿Por qué?
b) ¿Has encontrado en el texto algo que te haya dado esperanza y ánimo?
c) ¿Qué es lo que hoy empuja a la gente a tener esperanza o a resistir?
d) ¿Por qué al principio del Adviento la Iglesia nos confronta con el fin del mundo?
e) ¿Qué responderíamos a los que dicen que el fin del mundo está cerca?
f) ¿Cómo entender la imagen de la venida del Hijo del Hombre sobre una nube?
5. Una clave de lectura
para aquéllos que quisieran profundizar en el tema
I. El contexto del discurso de Jesús
El texto del Evangelio de este domingo (Lc 21,25-28.34-36) es parte del así llamado
"discurso escatológico” (Lc 28-36). En el Evangelio de Lucas, este discurso está presentado
como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del
templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: “¡No quedará piedra sobre piedra!”(Lc
21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción
del templo y pedían: “¿Cuándo sucederá esto, Maestro, y cuáles serán las señales de que
estas cosas están a punto de suceder?” (Lc 21,7).
Objetivo del discurso: ayudar a discernir los acontecimientos
En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha
gente decía: “¡El fin del mundo está cerca!” La comunidad del tiempo de Lucas (año 85)
pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la
persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: “¡Dios
no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!” Por esto, la preocupación
principal del discurso es el de ayudar a los discípulos y discípulas a discernir los signos de
los tiempos para no ser engañados por estas conversaciones de la gente sobre el fin del
mundo: “¡Atención! ¡No os dejéis engañar!” (Lc 21,8). El discurso nos da diversas señales
para ayudarnos a discernir.
Seis señales que nos ayudan a discernir los acontecimientos de la vida
Después de una breve introducción (Lc 21,5) comienza el discurso propiamente dicho. En
estilo apocalíptico, Jesús enumera los sucesos que sirven de señales. Bueno será recordar
que Jesús vivía y hablaba en el año 33, pero que los lectores de Lucas vivieron y escucharon
las palabras de Jesús alrededor del año 85. Entre el año 33 y el 85 sucedieron muchas
cosas de todos conocidas, por ejemplo: la destrucción de Jerusalén (año 70), las
persecuciones, guerras por doquier, desastres naturales. El discurso de Jesús anuncia los
acontecimientos como algo que deberá suceder en el futuro. Pero las comunidades los
consideran algo ya pasados, ya sucedidos:
Primera señal: los falsos Mesías que dirán: “¡Soy yo! ¡El tiempo está cerca!”(Lc 21,8);
Segunda señal: guerras y rumores de guerra (Lc 21,9);
Tercera señal: una nación se alzará contra otra (Lc 21,10);
Cuarta señal: hambre, peste y terremotos por todas partes (Lc 21,11);
Quinta señal: persecuciones contra aquéllos que anuncian la palabra de Dios (Lc 21,12-19);
Sexta señal: asedio y destrucción de Jerusalén (Lc 21,20-24).
Las comunidades cristianas del año 85, al oír el anuncio de Jesús podían concluir: “¡Todas
estas cosas han sucedido ya o están sucediendo! ¡Todo se desarrolla según un plano
previsto por Jesús! Por tanto, la historia no se escapa de las manos de Dios”. Especialmente
por lo que se refiere a las señales quinta y sexta podrían decir: “¡Es lo que estamos viviendo
hoy!” “¡Estamos ya en la sexta señal!” Y después viene la pregunta: ¿Cuántas señales faltan
para que venga el fin?
De todas estas cosas, aparentemente muy negativas, Jesús dice en el Evangelio de
Marcos:” Son apenas los comienzos de los dolores de parto” (Mc 13,8). ¡Los dolores de
parto, aunque sean muy dolorosos para una madre, no son señales de muerte, sino más
bien de vida! ¡No son motivo de temor, sino de alegría y de esperanza! Este modo de leer
los hechos da tranquilidad a las personas. Como veremos, Lucas expresará la misma idea,
pero con otras palabras (Lc 21,28).
Después de esta primera parte del discurso (Lc 21,8-24), vemos el texto que se nos da en
el evangelio de la Misa del primer domingo de adviento:
II. Comentarios del texto
Lucas 21,25-26: Señales en el sol, en la luna y en las estrellas
Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos: (1) “Habrá señales en el sol, en la
luna y en las estrellas”; (2) el fragor del mar y de las olas”; (3) “las potencias del cielo se
conmoverán”. En los años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se
habían manifestado. Las comunidades podían afirmar:” ¡Esta es la séptima y última señal
que falta antes del fin!” A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que
Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en los hombres y en las naciones. En
realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo,
a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (cf Ap 21,1).
El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17).
Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.
Lucas 21,27: La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre
Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las
desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7, 1-14), vendrá el Reino de
Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animalesca: león, oso,
pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). Son reinos animalescos. Quitan la vida a la vida (¡incluso
hoy!). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto
humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es
tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya
realización debemos colaborar.
Lucas 21,28: Una esperanza que nace en el corazón
En el Evangelio de Marcos, Jesús decía: ¡Es apenas el comienzo de los dolores de parto!
Aquí, en el Evangelio de Lucas, dice: “Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzad los
ojos y levantad la cabeza, porque vuestra liberación está cerca!” Esta afirmación indica que
el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el
pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban
(y ayudan) a las comunidades a leer los hechos con lentes de esperanza. Deben tener
miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se
ha acabado.
Lucas 21,29-33: La lección de la higuera
Cuando Jesús invita a mirar a la higuera, Jesús pide que analicen los hechos que están
acaeciendo. Es como si dijese: “De la higuera debéis aprender a leer los signos de los
tiempos y poder así descubrir ¡dónde y cuándo Dios entra en vuestra historia! Y termina la
lección de la parábola con estas palabras: “¡El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras
no pasarán!” Mediante esta frase muy conocida, Jesús renueva la esperanza y alude de
nuevo a la creación nueva que ya está en acto.
Lucas 21,34-36: Exhortación a la vigilancia
¡Dios siempre llega! Su venida adviene cuando menos se espera. Puede suceder que Él
venga y la gente no se dé cuenta de la hora de su venida (cf Mt 24,37-39): Jesús da
consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: (1) evitar lo que pueda turbar y
endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); (2) orar siempre
pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. Dicho con
otras palabras, el discurso pide una doble disposición: de un lado, la vigilancia siempre
atenta del que siempre está esperando y por otro lado la serena tranquilidad del que
siempre está en paz. Esta disposición es signo de mucha madurez, porque combina la
conciencia de la seriedad del empeño y la conciencia de la relatividad de todas las cosas.
III. Más información para poder entender mejor el texto
a) Cuando vendrá el fin del mundo
Cuando decimos “fin del mundo”, ¿de qué estamos hablando? ¿El fin del mundo del que
habla la Biblia o el fin de este mundo, donde reina el poder del mal que destroza y oprime
la vida? Este mundo de injusticia tendrá fin. Ninguno sabe cómo será el mundo nuevo,
porque nadie puede imaginarse lo que Dios tiene preparado para aquéllos que lo aman (1
Cor 2,9). El mundo nuevo de la vida sin muerte (Apoc 21,4), sobrepasa a todo, como el
árbol supera a su simiente (1 Cor 15,35-38). Los primeros cristianos estaban ansiosos o
deseaban saber el cuándo de este fin (2 Ts 2,2; Hech 1,11). Pero “no toca a vosotros
conocer los tiempos y los momentos que el Padre ha fijado con su autoridad” (Hech 1,7). El
único modo de contribuir al final "es que nos lleguen los tiempos del refrigerio de parte del
Señor" (Hech 3,20), es dar testimonio al Evangelio en todo momento y acción, hasta los
confines de la tierra (Hech 1,8).
b) ¡Nuestro tiempo! ¡El tiempo de Dios!
“Porque ninguno conoce ni el día, ni la hora; ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino
sólo el Padre” (Mc 13,32; Mat 24,36). Es Dios quien determina la hora del fin. El tiempo de
Dios no se mide con nuestro reloj o calendario. Para Dios un día puede ser igual a mil años
y mil años iguales a un día (Sl 90,4; Pt 3,8). El tiempo de Dios discurre independientemente
del nuestro. Nosotros no podemos interferirlo, pero debemos estar preparados para el
momento en el que la hora de Dios se presenta en nuestro tiempo. Lo que da seguridad, no
es saber la hora del fin del mundo, sino la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo
pasará, pero su palabra no pasará (cf Is 40, 7-8).
c) El contexto en el que se encuentra nuestro texto en el Evangelio de Lucas
Para nosotros, hombres del siglo XXI, el lenguaje apocalíptico es extraño, difícil y confuso.
Pero para la gente de aquel tiempo era el modo de hablar que entendían. Expresaba la
certeza testaruda de la fe de los niños. A pesar de todo y contra todas las apariencias, ellos
continuaban creyendo que Dios es el Señor de la Historia. El objetivo principal del lenguaje
apocalíptico es animar la fe y la esperanza de los pobres. En tiempos de Lucas, mucha
gente de las comunidades pensaban que el fin del mundo estaba cerca y que Jesús habría
vuelto. Pero estos individuos eran personas que nunca trabajaban: “¿Para qué trabajar si
Jesús volverá?” (cf Ts 3,11). Otros permanecían mirando al cielo, aguardando la vuelta de
Jesús sobre las nubes (cf Hech 1,11). El discurso de Jesús indica que ninguno sabe la hora
de la última venida. ¡Hoy sucede la misma cosa! Algunos esperan tanto la venida de Jesús,
que no perciben su presencia en medio de nosotros, en las cosas, en los hechos de cada
día.
6. Salmo 46 (45)
Dios es nuestra fortaleza
Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar,
aunque sus aguas bramen y se agiten,
y su ímpetu sacuda las montañas.
¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios,
santifican la morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacila,
Dios la socorre al despuntar el alba.
Braman las naciones, tiemblan los reinos,
lanza él su voz, la tierra se deshace.
¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Venid a ver los prodigios de Yahvé,
que llena la tierra de estupor.
Detiene las guerras por todo el orbe;
quiebra el arco, rompe la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Basta ya, sabed que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».
¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir
lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no
sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
Fuente:
www.ocarm.org
(con permiso)
(
http://homiletica.org/carmelitasCicloC.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Lecturas del Domingo 02 de Diciembre de 2012

Domingo 1º de Adviento

Santoral: Bibiana, Paulina

Jer 33,14-16: Suscitaré a David un vástago legítimo
Salmo 24: A ti, Señor, levanto mi alma
1 Tes 3,12–4,2: Que el Señor les fortalezca internamente, para cuando vuelva Jesús
Lc 21,25-28.34-36: Se acerca su liberación
Jeremías 33, 14-16


Suscitaré a David un vástago legítimo
"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor-nuestra-justicia"."


Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14


A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza. R.


1Tesalonicenses 3, 12-4, 2


Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva
Herrmanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.

Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.

Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.


Lucas 21, 25-28. 34-36


Se acerca vuestra liberación
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."

Comentarios

EVANGELIO DE SAN LUCAS

DOMINGO 1 ADVIENTO  C

LEVANTAD LA CABEZA; SE ACERCA VUESTRA LIBERACION

         1. "En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo" Jeremías 33, 14. Los israelitas que habían venido del destierro, estaban desilusionados. Habían comenzado a reconstruir el templo y las murallas y, cuando apenas llevaban un tiempo echando los cimientos, ya los habían interrumpido y abandonado. Habían caído en la tibieza. Ellos, que habían sido un grupo religioso, habían decaído en su espiritualidad. Es lo propio del hombre. Comienza, sigue, se desalienta, se amodorra, cae en la tibieza.

         2. En este momento se levanta un discípulo del gran profeta Jeremías e, inspirado, les recuerda y les promete que llegará un día y una hora, en que el Señor suscitará el retoño de David. Vendrá la hora del Señor. Por eso hay que reavivar el fuego escondido bajo las cenizas de la monotonía y del aburrimiento y del acomodarse a las costumbres de los no creyentes.

         3. También Jesús nos previene contra la apatía y la tibieza, y nos dice: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero" Lucas 21, 25.

         Porque siempre estamos expuestos a la tentación del olvido del amor del Señor, es por lo que hay que escuchar la palabra y tratar de penetrar su mensaje; examinar nuestra conciencia cada día, buscando las raíces de nuestra tibieza y flojedad. De una manera especial, en este tiempo de salvación del Adviento, designado por la Iglesia, como tiempo de reflexión y de esperanza, de alto en el camino para revisar los motores y rectificar la ruta.

         4. A la observación y estudio de nuestra vida nos ayudará saber que el día de la venida del Señor "caerá como un lazo sobre los habitantes de la tierra".

         "Estad siempre despiertos". No nos amodorremos. No caigamos en la rutina, a lo que tan propensa es nuestra naturaleza caída. Miremos que de nosotros siempre brota el mal, porque nuestra raíz está dañada. Y, aunque hemos de obrar siempre el bien por amor, es muy prudente acordarnos de que podemos quedar sorprendidos por la llegada del Hijo del hombre.

         5. Después de la destrucción de Jerusalén del año 70, las ruinas de la ciudad eran una advertencia y una constatación de la caducidad de este mundo. Jesús además, habla de "signos en el sol y la luna y las estrellas", y de "angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje". Imaginemos lo que podría ser la colisión de los astros, a juzgar por el impacto del último fragmento del "Shoemaker-Levy", ocurrido estos años pasados y observado por los astrónomos, y que ha abierto un cráter superior a la magnitud de nuestro planeta. A pesar de todo lo que se le viene al mundo encima, Jesús nos previene: "levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación".

         6. Es el aviso y la experiencia científica de que la materia es corruptible y tiene su desgaste y por fin se acaba. Cada día ese fin es alcanzado por miles de criaturas terrenas y de seres humanos. Pero sólo se destruye lo material. El espíritu permanece. Por tanto, no todo fracasa. Por eso Jesús nos alerta: "estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre".

         7. Cuando todo se derrumba y perece, el hombre puede permanecer en pie ante Jesús, triunfador del mal, de la corrupción y de la destrucción. Permanecer en pie cuando todo cae es mantenerse y no perecer. Durar y vivir, cuando todo se destruye y todo muere. En virtud de la victoria de Cristo, que resucita y que vive, está llegando la liberación. 

         8. La vida no es un fracaso. Todo perecerá. Pero el sentido de la historia no se cifra en el fracaso de los pueblos, ni  permanece escondido en un sentido enigmático y lejano. Cristo está sembrado en el cosmos, como grano de trigo, que muere, pero con su muerte trae la salvación. El grano caído en la tierra produce millones de espigas. En la agonía de los hombres que fracasaron sin consuelo; en la falta de sentido de una historia que tritura la vida de sus hijos, está llegando Cristo.

         9. Sobre las ruinas de un mundo ha sido trazada la señal de la verdad y de la vida, que es la muerte y la resurrección de Cristo. No va a triunfar el mal, el pecado, la muerte. Va a triunfar Cristo y los que vivan con él y le sigan sembrando el amor en el mundo. Al final triunfará el amor. La victoria es del amor. De Cristo "Cordero en pie, como degollado", pero viviente. "El es digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque ha sido degollado y ha rescatado para Dios con su sangre a los hombres de todas las tribus, lengua, pueblo y nación".

         10. Aunque los jóvenes crezcan agnósticos; aunque los seminarios se queden vacíos; aunque los matrimonios yazcan rotos; aunque la droga y el vacío tan inmenso y aterrador, amenace con dejarnos desolados; aunque mueran a miles los hombres y los niños; aunque la tierra se vea sacudida "como en el vareo de la aceituna, como en la rebusca de racimos después de la vendimia"; en Cristo todo tiene sentido. Sepamos levantar la cabeza con fe viva. Con la confianza puesta en el vencedor de la muerte, en "el Señor que se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza" Salmo 24.

         11. Que la eucaristía de hoy nos haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, para que nos podamos presentar santos ante Dios nuestro Padre 1 Tesalonicenses 3, 12.

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).


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Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Domingo I (C) de Adviento
Texto del Evangelio (Lc 21,25-28.34-36): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.

»Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
Estad en vela orando en todo tiempo para que podáis estar en pie delante del Hijo del hombre
Hoy, justo al comenzar un nuevo año litúrgico, hacemos el propósito de renovar nuestra ilusión y nuestra lucha personal con vista a la santidad, propia y de todos. Nos invita a ello la propia Iglesia, recordándonos en el Evangelio de hoy la necesidad de estar siempre preparados, siempre “enamorados” del Señor: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34).

Pero notemos un detalle que es importante entre enamorados: esta actitud de alerta —de preparación— no puede ser intermitente, sino que ha de ser permanente. Por esto, nos dice el Señor: «Estad en vela, pues, orando en todo tiempo» (Lc 21,36). ¡En todo tiempo!: ésta es la justa medida del amor. La fidelidad no se hace a base de un “ahora sí, ahora no”. Es, por tanto, muy conveniente que nuestro ritmo de piedad y de formación espiritual sea un ritmo habitual (día a día y semana a semana). Ojalá que cada jornada de nuestra vida la vivamos con mentalidad de estrenarnos; ojalá que cada mañana —al despertarnos— logremos decir: —Hoy vuelvo a nacer (¡gracias, Dios mío!); hoy vuelvo a recibir el Bautismo; hoy vuelvo a hacer la Primera Comunión; hoy me vuelvo a casar... Para perseverar con aire alegre hay que “re-estrenarse” y renovarse.

En esta vida no tenemos ciudad permanente. Llegará el día en que incluso «las fuerzas de los cielos serán sacudidas» (Lc 25,26). ¡Buen motivo para permanecer en estado de alerta! Pero, en este Adviento, la Iglesia añade un motivo muy bonito para nuestra gozosa preparación: ciertamente, un día los hombres «verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria» (Lc 25,27), pero ahora Dios llega a la tierra con mansedumbre y discreción; en forma de recién nacido, hasta el punto que «Cristo se vio envuelto en pañales dentro de un pesebre» (San Cirilo de Jerusalén). Sólo un espíritu atento descubre en este Niño la magnitud del amor de Dios y su salvación (cf. Sal 84,8).
(
http://evangeli.net
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY DICIEMBRE 2
 
«Siendo el dolor físico y moral una realidad ineludible en la vida humana, acéptenlo con fe, esperanza y paciencia, como medio de purificación interior, y únanse en él a Cristo crucificado, que tomó sobre sí todo sufrimiento humano y le dio dignidad y sentido»
MISA, 2 DICIEMBRE, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
El Señor es mi luz y mi salvación
DOMINGO 2
I DOMINGO DE ADVIENTO (INICIA NUEVO AÑO LITÚRGICO, CICLO C)
Santos: Bibiana de Roma, mártir Roberto de Matallana, abad. Beata María Ángela Astorch, religiosa. (Morado)
 
LEVANTEN LA CABEZA
 
Jr 33,14-16; 1 Ts 3,12-4,2, Lc 21,25-28.34-36
 
En aquellos días profetiza Jeremías, vivirán tranquilos, porque Dios suscitará un nuevo vástago, que, establecerá el derecho en la tierra. El anuncio en manera alguna nos exime de realizar nuestros compromisos como personas y ciudadanos. Las profecías tampoco alientan la evasión del creyente, sino el compromiso más entusiasta. En esa óptica exhorta san Pablo a los cristianos de Tesalónica. La noticia de la venida del Señor implica asumir una actitud activa y responsable, practicando un amor creciente con los hermanos y con la sociedad en general. La certidumbre que nos comparte el Evangelio de san Lucas está fundada en la palabra del Señor. La culminación del Reinado de Dios no implica soñar despiertos Las palabras de Jesús no pasarán como la propaganda que envejece. Sus promesas resultan creíbles porque hay todo un "currículum" personal que lo autentifica como un profeta genuino, el verdadero Hijo de Dios, que da la vida sin regateos.
 
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 24, 1-3)
A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
 
No se dice Gloria
 
ORACIÓN COLECTA
Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Yo haré nacer del tronco de David un vástago santo.
 
Del libro del profeta Jeremías: 33, 14-16
 
"Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura y la llamarán 'el Señor es nuestra justicia' ". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 24
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos. R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Con quien guarda su alianza y sus mandatos, el Señor es leal y bondadoso. El Señor se descubre a quien lo teme y le enseña el sentido de su alianza.
R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
 
Que el Señor los fortalezca hasta que Jesús vuelva.
 
De primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 3, 12-4, 2
 
Hermanos: Que el Señor los llene y los haga rebosar de un amor mutuo y hacia todos los demás, como el que yo les tengo a ustedes, para que Él conserve sus corazones irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús, en compañía de todos sus santos.
Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios, según aprendieron de nosotros, a fin de que sigan ustedes progresando. Ya conocen, en efecto, las instrucciones que les hemos dado de parte del Señor Jesús. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACIÓN (Sal 84, 8) R/. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.
 
Se acerca su liberación.
 
Evangelio Lucas capitulo 21, versículos 25-28. 34-36
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.
Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Oración introductoria
Jesús, creo en Ti, mi Creador y Señor. Te hiciste hombre por mí y me has dado todo lo que tengo. Me has perdonado mi infidelidad, mi tibieza. No merezco tanto amor… Guía mi oración para que descubra cómo debo corresponder a tu amor, a tu perdón, a tu cercanía.
 
Petición
Te suplico tu gracia y tu misericordia para ser humilde y digno de presentarme ante Ti en esta oración.
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
Hoy iniciamos un nuevo ciclo liturgico a lo largo del cual conmemoraremos los misterios de nuestra salvacion. Al celebrar el tiempo de Adviento, la Iglesia revive la espera del Mesias. Por eso la lectura del Evangelio nos presenta una serie de imagenes con las que Jesus exhorta a la vigilancia, en espera de su retorno. La venida del Senor no es algo accidental, El viene a librarnos del mal mortal que es el pecado. ¡Cristo viene! No es un Dios lejano, desinteresado de nosotros o de nuestras cosas, se trata de un Dios Amor, Padre misericordioso. Si no tuvieramos el Adviento nos faltaria todo. Este es un tiempo espiritual de esperanza, es un periodo de gracias que Dios nos regala. ¡Salgamos al encuentro del Senor con las buenas obras! El Senor esta cerca, no cesa de llamar a nuestra puerta y busca nuestra acogida. ¿Estamos dispuestos a recibir al Senor, a darle nuestro tiempo y nuestra vida? Este es el sentido del Adviento: que el Senor pueda hacerse presente en el mundo por medio de nosotros
 
Credo
 
PLEGARIA UNIVERSAL
 
Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su amor, su paz y su luz, transformen ya ahora nuestras vidas y las de nuestros hermanos. Después de cada petición diremos:
R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que llegue el día en que todos los hombres y mujeres del mundo entero puedan vivir en paz, con esperanza, confiados ante el futuro.
Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que el Presidente de la República, los legisladores y autoridades públicas que han asumido un cargo recientemente en nuestra patria, trabajen sinceramente por el bienestar de todos, y especialmente de los que menos tienen. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que el pueblo de Israel, que recibió desde muy antiguo la llamada del Señor, se esfuerce al servicio de la paz y muestre ante el mundo el rostro amoroso de Dios. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que nuestros difuntos vivan para siempre la alegría de la vida nueva que Dios nos promete. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Para que todos nosotros, reunidos al empezar este Tiempo de Adviento para celebrar la Eucaristía, nos convirtamos de corazón para preparar la venida del Señor. Oremos. Oremos. R/. Ven, Señor Jesús, y aumenta nuestra fe.
 
Ven, Señor Jesús y renueva el camino de la humanidad. Tú, nuestro hermano, que vives y...
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Prefacio I/A o I/B de Adviento.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 84, 13)
El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRA REFLEXION AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Cuando tengo ocasión de interrogar a los jóvenes sobre su manera de entender la muerte, las opciones se reducen finalmente a dos. La muerte como fin, es decir, como meta para transitar a la plenitud de la vida; o la muerte como final, o sea, como término absoluto de la existencia, como aniquilación definitiva de la vida. Sin pretensiones de ser fabricante de estadísticas, me sorprende reconocer que la mayoría de sus respuestas exhiben, al menos de los dientes para afuera —pues uno no sabe deletrear las convicciones más hondas— su impotencia para abrirse a la trascendencia y a la esperanza cristiana. La cultura de lo tangible y la veneración de las evidencias les dificulta el acceso a la misteriosa esperanza. Los creyentes tenemos un reto en esta sociedad atrapada en la fugacidad del presente: nos corresponde documentar con actitudes congruentes, nuestra condición de forasteros en este mundo. Como dijera un poeta, somos exiliados en la tierra, que caminamos anhelando la patria definitiva.
 
REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 21, versiculos 25 al 28 y 34 al 36
 
Pensando en Dios, viviendo para agradar a Dios, viviras atento a la venida del Hijo del Hombre, de Cristo, que te ama y no desea la desaparicion total de la fe en el mundo, por eso nos explico lo que ibamos a padecer y a sufrir hasta su nueva venida. Entonces, ¿por que cuando sufres piensas que Dios te ha abandonado, y no piensas que ya te lo habia dicho y que te pidio resistir, y te concedio el don de la gracia, de la oracion y de sus sacramentos? Te dio una Madre intercesora y un Angel de la guarda. Usa de lo que puede ayudarte a salir de todo mal trance, y no te quejes contra Dios. P. Jesus
 
 MINISTERIO DE ORACION DICIEMBRE 2
 
DICIEMBRE 2
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado
 
Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Nuestras oraciones a Dios por la recuperación de la salud de nuestro hermano Juan Navarro. Winston Francisco
 
Oremos por Coco, otra vez ese riñon fastidiando, oré, oro mucho por ella, pero no dudes amigo que Florencia y su familia tienen fe, esperanza solo en Dios que todo lo puede. El decide lo mejor para cada uno. Florencia
 
Elevemos nuestras plegarias al Dios de la Misericordia pidiéndole por la salud de Michel Alberto y de todos los enfermos. Winston Francisco
 
Pidamos a Maria Santisima, nuestra Madrecita para que interceda ante Dios Padre por la salud de Rossyta Rendon Moreno que se encuentra muy enferma. Winston Francisco
 
Pedido de oración para Evita 30 días de nacida internada con neumonía sufre de neumonía está muy grave. Te pido lo mejor para Eva. Zulma
 
Pido oracion por Cristina que va a ser sometida a una intervención quirurgica, con un problema de un tumorcito en una mama. Nora Sampini
 
Porque Dios les conceda la recuperación de la salud a todos ellos enfermos de cáncer y les alivie los dolores, algunos con cáncer avanzado, otros esperando operación, otros con quimios y radioterapia, etc. Que el Padre Dios los mire con toda misericordia y les de la salud de cuerpo y de alma, en el Nombre del Señor Jesùs. Francisco
 
Oremos por Virginia que tiene un embarazo e infelizmente el bebe murio en su vientre, hermanos una vez mas unámonos en oración, que el Señor solo necesita que se lo pidamos con el corazón esperanzado para obrar su divina voluntad. Nora Sampini
 
Por la salud de mi tío Bernardo de Jesús Franco que tiene 72 años. Le operaron una masa que le salió en la cara y está en biopsia para determinar si es cancerígena. Diana
 
Mi buen Dios te imploro y suplico en nombre de tu amado hijo nuestro Señor Jesús, por la intercesión de su santa madre la Virgen María, por todos los ángeles y arcángeles y por todos los santos le suplico por la salud de mi papá, quien se encuentra con problemas de salud, sana su organismo, que los antibióticos hagan su efecto, que se libere de su enfermedad, te lo suplico mi buen padre, que la infección seda y vuelva a ser la misma persona de siempre. Amen. Fernando
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleaños de Gonzalo Andrade
Cumpleaños de Maria Auxiliadora Jaen Diaz
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Dios iluminame para ser feliz a Liliana Perasso y cuida de su salud iluminame para tomar decisiones y te pido tu bendicion para que Liliana y Jorge puedan ser felices el resto de sus vidad juntos a Dios despues de tantos avatares de la vida tu bendicion para Lili y Jorge gracias. Frank
 
Gracias Dios por todas las bendiciones por tu intercesión. Pido Madre para que haya más vocaciones Sacerdotales y religiosas. Para que con la ayuda del Espíritu Santo guíen a tu Iglesia de la mejor manera. En especial Su Santidad Benedicto XVI. Te lo pido Madre Santa. Socorro
 
Tengo cuatro años separada de mi esposo por infidelidad de su parte, dos hijos de 20 y 18 años, pertenezco a un movimiento evangelizador de matrimonios, sirvo en mi parroquia, e orado a mi Señor por restauracion en mi matrimonio, les pido que oren por nosotros, gracias y bendiciones. Norma
 
Para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico, especialmente por las comunidades cristianas. Winston
 
Pido por la conversión de mi esposo Sergio Ismael y que regrese a su hogar para restaurar nuestro matrimonio y familia. Se aleje de todas las personas que lo llevan por el camino y de esa mujer que lo tiene atrapado que sea liberado de las ataduras que tiene. Marina
 
Q. E. P. D.
 
Lorena Govea Cruz,
María Elisa Pianchiche de la Cruz
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio
 
Abra por favor la siguiente pagina WEB
 
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Me inclino reverentemente ante El Señor

M.E. Winston Pauta Avila

Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Christifideles Laici

Domingo I de Adviento del ciclo C, ano 2012. Meditacion de las lecturas de la Misa. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.

   Domingo, 2/12/2012, Domingo I de Adviento del ciclo C.

 

   1. El Señor es justo.

"Suscitaré a David un vástago legítimo

Lectura del libro de Jeremías 33, 1416

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.
En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.
En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor—nuestra—justicia"."".

 

   ¿Qué es la felicidad? Dios nos creó para que alcancemos la plenitud de la felicidad viviendo en su presencia. La felicidad es un estado anímico de complacencia que se manifiesta en nosotros, cuando vivimos sin carencias materiales y no tenemos desavenencias familiares si no creemos en Dios, o cuando intentamos vivir imitando la conducta de Nuestro Salvador, si nos consideramos cristianos practicantes. A este respecto, San Pablo les escribió las siguientes palabras, a los cristianos de Éfeso:

 Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice:
Despierta tú que duermes,
y levántate de entre los muertos,
y te iluminará Cristo" (EF. 5, 14).

   San Pablo animó a sus lectores para que despertaran del sueño en que se convierte nuestra vida cuando vivimos al margen de Dios. Mientras vivimos, establecemos relaciones con familiares y amigos, trabajamos para poder vivir dignamente, y evitamos hablar de la muerte, porque la consideramos tan desagradable, como los romanos consideraban el hecho de hablar de las crucifixiones. San Pablo nos invita a superar  el sueño de "vivir a tope" y a amoldarnos al cumplimiento de la voluntad de Nuestro Santo Padre, para que podamos constatar que nacemos a la vida de la gracia, y que Cristo ilumina nuestra existencia.

   En la primera lectura correspondiente a esta primera celebración  eucarística del ciclo C de la Liturgia de la Iglesia, Jeremías hace referencia al cumplimiento de las promesas divinas. Cuando los hebreos fueron deportados a Babilonia, esperaron durante 70 años el cumplimiento de la promesa divina de volver a su tierra. Igualmente, quienes no pensamos que en  este mundo nos toca estar sanos o enfermos, o ser ricos o pobres, por causa de un azar caprichoso que nadie sabe cómo nos puede afectar, también aguardamos la conversión de nuestra tierra en el Reino de Dios, mientras recordamos la triple presencia de Jesús entre nosotros.

   Jesús vivió en Palestina, nos demostró cómo nos ama Dios por medio de su Pasión, muerte y Resurrección, y estableció su Reino en los corazones de quienes decidieron creer en El. Cuando después de que Jesús ascendiera al cielo, los Apóstoles de Nuestro Salvador recibieron el Espíritu Santo en la celebración de Pentecostés, el mundo empezó a vivir una segunda presencia de Jesús, quien se empezó a manifestar, por medio de las palabras y obras de sus seguidores. De alguna manera, todos los cristianos representamos a Jesús en la tierra, y por ello, en cada ocasión que hacemos el bien, estamos hablando de Jesús por medio de las obras que llevamos a cabo, y le demostramos al mundo que nuestras creencias, más que constituir una ideología, son una manera de vivir.

   Si Jesús se manifiesta al mundo por medio de sus seguidores, ello significa que no debemos esperar que Jesús concluya su obra sin contribuir a ello, pues todos tenemos la posibilidad de trabajar para que nuestra tierra sea el cielo en que mora Dios. Recordemos que, al final de las celebraciones eucarísticas, se nos dice: "Podéis ir en paz", y que ello no significa que podemos irnos contentos porque hemos cumplido con Dios, sino que debemos salir de nuestras iglesias, llenos de la paz de Cristo, para transmitírsela a quienes quieran recibirla. Recordemos también que en las celebraciones eucarísticas permanecemos de pie escuchando los textos evangélicos y orando, indicando que nuestros corazones se levantan orantes hacia el cielo de Nuestro Dios, quien nos quiere activos durante los años que se prolongue nuestra vida, cumpliendo su voluntad, que consiste en que hagamos de la humanidad una familia, la familia del Dios Uno y Trino.

   La Palabra Adviento, además de hacer referencia a las dos presencias de Jesús que hemos considerado, también se refiere al anuncio de la Parusía o segunda venida de Jesús que aguardamos, un hecho que acontecerá al final de los tiempos. Jesús nos ha prometido volver a nuestro mundo a hacerles justicia a los oprimidos. Cristo es el vástago -o renuevo- que descendió de David. Cristo es el Hombre conforme al corazón de Dios, cuya venida aguardamos, porque de la misma depende nuestra consecución de la plenitud de la felicidad.

   La salvación de Judá de que se nos habla al final de la primera lectura bíblica que estamos considerando, es un anuncio de la conclusión de la plena instauración del Reino de Dios en el mundo. Dios nos ha prometido que viviremos tranquilos en su Reino de amor y paz, y que llamaremos a Jerusalén Señor-nuestra-justicia, porque veremos cómo Nuestro Santo Padre cumplirá nuestro deseo de ser plenamente felices.

 

   Resumen.

   Jesús vino al mundo, nos redimió, y estableció su Reino en los corazones de quienes lo aceptan.

   Después de que el Señor resucitara y ascendiera al cielo, y de que el Espíritu Santo se manifestara en los Apóstoles de Nuestro Señor, Jesús se hizo -y aún se hace- presente en su Iglesia, y nosotros, como representantes suyos, tenemos que anunciarlo al mundo, hablando de El sin miedo y con profunda convicción, y haciendo el bien, para demostrar que es posible vivir, en conformidad con el cumplimiento de la voluntad divina.

   Jesús volverá a nuestro encuentro al final de los tiempos, y concluirá la plena instauración de su Reino entre nosotros, extinguiendo todas las causas existentes que hacen sufrir a la humanidad, y la muerte.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   ¿Conocemos las promesas que Dios nos ha hecho?

   ¿Cambiaría nuestra vida en algún aspecto si no creyéramos en Dios?

   ¿Creemos que todo lo que nos sucede tiene un significado que algún día podremos descubrir si juzgamos todo lo que nos acaece desde el punto de vista de Dios?

   ¿Conocemos a Jesús profundamente, o solo conocemos los aspectos más relevantes de su vida?

   ¿Notamos la presencia de Jesús en la Iglesia, en el mundo y en nuestra vida?

   ¿Nos creemos necesitados de la acción de Dios en nuestra vida?

 

   2. Vivamos disponiéndonos a recibir a Jesús cuando acontezca su Parusía.

"Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 12—4, 2

Hermanos:
Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.
Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.
En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.
Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús".

 

   Cuando acontezca la Parusía -o segunda venida- de Jesús, Nuestro Señor reunirá a sus creyentes de todos los tiempos, y constituirá con ellos una sociedad que gobernará.

   Quienes queremos formar parte de esa sociedad, tenemos que actuar como si estuviéramos viviendo en la misma, así pues, no olvidemos que la Iglesia es el Reino de Dios. Cuanto más seamos los que imitemos la conducta de Jesús, y más aumentemos la generosidad con que servimos a Dios en sus hijos los hombres, contribuiremos mejor a hacer de nuestra tierra el Reino de Nuestro Santo Padre. No es bueno que nos conformemos al hacer algunas obras de caridad y asistiendo a la Eucaristía dominical. Nuestro mundo necesita que progresemos a pasos agigantados a la hora de demostrarnos que nos amamos y por ello estamos dispuestos a ser colaboradores de Jesús, para extinguir el sufrimiento de la tierra. Tal como fue el amor a Dios y a sus hijos los hombres de San Pablo y de aquellos de sus colaboradores a quienes no les importó padecer para contribuir a la realización de la obra de Jesús en el mundo, debe ser el amor que queremos manifestarnos, si verdaderamente deseamos que nuestra tierra sea el cielo de Dios.

   Quizás tenemos la tentación de orar mucho y de no hacer el bien porque pensamos que no vamos a ganar nada al beneficiar a la gente, o de hacer el bien constantemente, y no orar, por considerar que no hay tiempo para meditar, considerando las necesidades que caracterizan a los pobres, enfermos y desamparados. Es conveniente que no seamos extremistas. Nuestras oraciones indican que creemos en Dios y que Nuestro Santo Padre nos fortalece para que podamos servirlo en nuestros prójimos los hombres. Las oraciones sin caridad hacen de la profesión de nuestra fe una representación teatral, y, el ejercicio de la solidaridad sin oraciones, nos descristianiza, aunque nos hace solidarios (no caritativos) con quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales.

   ¿Se estanca nuestra vida en una rutina de oraciones y/o caridad, y no sentimos que nuestro amor a Dios y a sus hijos aumenta? Con las prácticas religiosas puede sucedernos lo mismo que les acaece a los vendedores que hacen de su trabajo una pesada rutina y no consideran la posibilidad de superarse a sí mismos, lo cual los hace ineficaces, y puede conducirlos a ser obligados a no realizar su actividad laboral, porque se hacen a sí mismos totalmente incompetentes. Si nuestro amor a Dios y a sus hijos no crece, las prácticas religiosas pueden llegar a ser tediosas, podemos caer en la tentación de no llevar a cabo las mismas, y también podemos caer en la tentación de dejar de ayudar a quienes necesitan de nuestras dádivas espirituales y materiales.

   Este primer día de Adviento, es una estupenda ocasión, para renovar nuestros compromisos bautismales. Si nuestra fe y nuestro amor a Dios y a sus hijos se han estancado, pidámosle a Dios que nos llene el corazón de fe y amor, y busquemos ocasiones propicias para demostrarnos que somos cristianos activos, que esperan la Parusía del Salvador de la humanidad.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   ¿Intentamos cumplir la voluntad de Dios?

   ¿Intentamos ser perfectos imitadores de Jesús, o reducimos la fe que profesamos a llevar a cabo algunas prácticas religiosas y/o a ser solidarios en algunas ocasiones?

   ¿Nos percatamos de que nuestra fe y nuestro amor crecen porque buscamos constantemente nuevas formas de servir a Dios cubriendo las carencias de sus hijos los hombres?

   ¿Nos hemos comprometido a meditar la Palabra de Dios diariamente, para llegar a ser perfectos imitadores de la conducta de Jesús?

   ¿Hacemos el bien por amor a Dios y a sus hijos pobres, enfermos y desamparados, o actuamos esperando que nuestras obras nos compren una buena posición en el Reino de Dios?

   ¿Quiénes son nuestros ejemplos de fe a seguir? ¿Por qué?

   ¿En nombre de quién debemos orar y hacer el bien? ¿Por qué?

 

   3. Preparémonos a recibir al Señor.

"Se acerca vuestra liberación


(  Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 2528. 3436

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."".

 

   En el texto evangélico que estamos considerando, aparecen señales indicativas del fin del mundo, que pueden causarles miedo a muchos de nuestros hermanos de fe. Ese miedo puede acrecentarse, cuando, a través de los medios de comunicación, se nos informa de las guerras de que son víctimas muchos países, y de las catástrofes naturales que acontecen frecuentemente.

   Al comparar LC. 21, 25-27, con MC. 13, 24-25, podemos interpretar los símbolos que aparecen en los citados relatos.

   "Dado que en la antigüedad el sol y la luna eran considerados como dioses, el hecho de que dejen de alumbrar -según se nos informa en el Evangelio-, ha de interpretarse pensando que, en el Reino de Dios, ninguna ideología ni ninguna persona, podrá ser considerada superior al Dios Uno y Trino" (José Portillo Pérez. Meditación para el Domingo XXXIII del tiempo Ordinario del ciclo B del año 2012).

   La descripción de los signos cósmicos, los sufrimientos de los hombres y de las catástrofes naturales de que se nos informa en el Evangelio de hoy, no debe ser portadora de temor, sino de fe y alegría. Ello significa que, aunque tengamos que sufrir en esta vida, Dios nos explicará algún día la razón por la que no nos impidió que padeciéramos, y nos hará comprender que, gracias a dicho dolor, llegamos a ser las personas que El pensó que llegáramos a ser, antes de crear el universo.

   Los sufrimientos de la humanidad son indicativos de que el Reino de Dios está cerca de nosotros, porque el mismo se está instaurando lentamente en nuestra tierra, según nos convertimos al Señor, crecemos espiritualmente, y servimos a Nuestro Dios en sus hijos pobres, enfermos y desamparados.

   Antes de aterrorizarnos y perder la fe por causa de los sufrimientos característicos de la humanidad, esperemos confiadamente que acontezca la Parusía del Señor, porque El cumplirá la promesa de hacernos plenamente felices. Si tenemos que sufrir en esta vida, imitemos a los cristianos que se dejaron martirizar, con la esperanza de que Dios recompensará la grandeza de su fe, cuando concluya la instauración de su Reino de amor y paz entre nosotros.

   Han pasado prácticamente 20 siglos desde que Jesús anunció su venida, pero aún no ha regresado. A pesar de esta larga espera marcada por la fe que vivimos, no permitamos que los problemas que tenemos nos impidan ser felices. Evitemos sucumbir bajo el efecto de los vicios que tanto daño les hacen a muchos, porque el Señor vendrá a nuestro encuentro, y quiere encontrarnos ocupados, trabajando en la conversión de la tierra en su Reino de amor y paz.

   Imitemos la actitud de los vigilantes mientras esperamos al Señor. No seamos cristianos mediocres, sino fieles a la hora de profesar nuestra fe. No descuidemos la salud de nuestra alma ni la salvación de nuestros prójimos los hombres. Dispongámonos así a acudir a la llamada a juicio del Señor, para que nos encuentre dignos de vivir en el cielo que nos ha prometido, apenas acontezca nuestra muerte. Que la muerte nos sorprenda con la satisfacción de haber vivido una vida plena de fe, esperanza y caridad.

 

   Apliquemos la Palabra de Dios a nuestra vida.

   Contesta las siguientes preguntas utilizando el texto de LC. 21, 25-28. 34-36, y las tres meditaciones de que se compone el presente trabajo.

   ¿Debemos sentir miedo a la hora de interpretar las señales que según la Biblia son indicativas de que el mundo está a punto de acabarse, y de que Jesús está por concluir la instauración del Reino de dios entre nosotros?

   ¿Debemos interpretar dichas señales literalmente, o debemos pensar que tienen algún significado?

   ¿Por qué tendrán miedo los hombres al ver las señales características del fin del mundo?

   ¿Debemos tener miedo los cristianos al ver tales señales? ¿Por qué?

   ¿Estará causado el citado miedo de los hombres por su desconocimiento de Dios y su carencia de fe en Nuestro Santo Padre?

   ¿Significarán las citadas señales que el Reino de Dios será muy diferente al mundo en que vivimos, porque no existirá en el mismo ningún tipo de exclusión social?

   En LC. 21, 27, se nos dice que el Hijo del hombre (Jesús) vendrá con gran poder y gloria. ¿Será el Reino de Dios como los reinos humanos, o tendremos un Rey que nos tratará como hermanos suyos?

   ¿En qué se diferencia la gloria de dios de la gloria que persiguen muchos hombres?

   ¿Qué se nos dice que debemos hacer en LC. 21, 28, tanto cuando sintamos que vivimos el efecto de las señales características del fin del mundo, como cuando tengamos que afrontar situaciones difíciles?

   ¿Es nuestra fe lo suficientemente fuerte y estable como para que podamos creer que cuanto mayores sean nuestros sufrimientos más cerca estaremos de ser liberados de los mismos?

   ¿De qué nos dice Jesús que nos guardemos en LC. 21, 34? ¿Por qué?

   ¿Cómo podemos evitar sucumbir ante los sufrimientos que pueden aguardarnos y evitar que los vicios nos impidan afrontar nuestras dificultades para que podamos ser felices, según LC. 21, 36?

 

Lee más meditaciones para el Domingo I de Adviento del ciclo C, en

http://is.gd/xsv6o9

 

José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

 

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

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LOPCEB – Las señales nos dirán cuando


26th Noviembre 2012 /
1° Adviento (C)
 Lucas 21, 25-28.34-36
 
1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que nos ayude a leer e interpretar la Biblia. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Escritura, en la creación, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».
 
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
 
a. Introducción: Previo al texto de hoy, Lucas habla de la destrucción de Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude al triunfo de Jesús y a la actitud que deberá tener la comunidad cristiana. En este acontecimiento habrá fenómenos extraños y desconcierto pero cuando comienzan, se acerca nuestra liberación y el Reino de Dios. Jesús dice que no debemos preocuparnos ni buscar saber cuándo eso pasará… mas bien, pide que sus discípulos(as) estén prevenidos(as) y orando en todo tiempo. Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios.
 
b. Leer el texto: Lucas 21,25-28,34-36: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
 
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
 
d. ¿Qué dice el texto?
 1.Cada persona lee el versículo o parte del texto te impresionó más.
 2.¿Qué sentimientos han tenido durante la lectura? ¿De miedo o de esperanza? ¿Por qué?
 3.Nombra las señales que aparecerán antes de la venida del Hijo del Hombre.
 4.Según Jesús, ¿qué debe ser nuestra actitud cuando comienza a suceder y por qué?
 5.¿De cuáles conductas se debe cuidar para que no caiga de improviso ese día?
 6.¿Qué debe ser nuestra actitud y conducta mientras llega?
 
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
 
a. Hoy, cuando se habla de la manifestación gloriosa de Jesús, las posiciones son muy variadas. Algunas personas tienen miedo. Otras permanecen indiferentes. Otras comienzan a vivir con más seriedad. Y todavía otras, cuando oyen una noticia preocupante, exclaman: “¡El fin del mundo está cerca!” ¿Y nosotros(as)? ¿Qué pensamos al respecto?
 b. Hay situaciones de muerte que vive el mundo de hoy (injusticia, guerras, desastres naturales, hambre): ¿Qué interpretación hacemos de estas realidades? ¿Como signos del fin del mundo o como situaciones de injusticia que merecen ser rechazadas y corregidas?
 c. ¿Qué signos de desesperanza existen en esta sociedad actual?
 d. ¿Qué es lo que hoy empuja a la gente a tener esperanza o a resistir? ¿Somos testigos de esperanza? ¿Cuál es el ideal que nos anima a continuar luchando por un mundo nuevo?
 e. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
 
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «… tengan ánimo y levantan la cabeza, porque está por llegarles la liberación».
 
5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Ofrecer a Dios una acción concreta que puedes hacer esta semana para construir este Reino que humaniza y libera. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.
 
6. Oración final: Padre bueno, nos llamas a la esperanza. Acoge nuestras limitaciones y temores, y libera toda tu fuerza, para que renazcamos a una esperanza nueva y seamos tus instrumentos en la transformación del mundo. Despierten la fe en nuestra comunidad. Ayúdanos a estar más atentos al Evangelio y cuidar mejor tu presencia en medio de nosotros(as). AMÈN. Padre Nuestro, que estás en el cielo…
 
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más…
 
1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
 
a. Compartir sobre lo que le pasa a la gente en su diario vivir durante la semana.
 b. ¿Cómo hemos experimentado a Jesús en lo que hemos vivido?
 c. ¿Qué hemos hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
 
2. El contexto del discurso de Jesús: El texto de hoy es parte del así llamado «discurso escatológico» (21,5-36). Este discurso está presentado como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: «No quedará piedra sobre piedra» (21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción del templo y pedían: «¿Cuándo sucederá esto … y cuáles serán las señales de que estas cosas están a punto de suceder?» (21,7). En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha gente decía: «El fin del mundo está cerca». La comunidad del tiempo de Lucas (año 85) pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: «Dios no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!». Por esto, la preocupación principal del discurso es el de ayudar a los discípulos(as) a discernir los signos de los tiempos para no ser engañados(as) por estas conversaciones de la gente sobre el fin del mundo: «Atención! ¡No se dejan engañar». (21,8).
 
3. Señales en el sol, en la luna y en las estrellas (21,25-26): Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos. (1) «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas»; (2) el fragor del mar y de las olas”; (3) «las potencias del cielo se conmoverán». En los años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se habían manifestado. Las comunidades podían afirmar, “¡Este es la última señal que falta antes del fin!” A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en la gente y en las naciones. En realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo, a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (Ap 21,1). El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17). Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.
 
4. La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre (21,27): Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7,1-14), vendrá el Reino de Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animal: león, oso, pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya realización debemos colaborar.
 
5. Una esperanza que nace en el corazón (21,28): Lucas, dice: «Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzan los ojos y levantan la cabeza, porque su liberación está cerca!» Esta afirmación índica que el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban a las comunidades a leer los hechos con lentes de esperanza. Deben tener miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se ha acabado.
 
6. Exhortación a la vigilancia (21,34-36): ¡Dios siempre llega! Viene cuando menos se espera. Jesús da consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: (1) evitar lo que pueda turbar y endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); (2) orar siempre pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. La atención a lo que vendrá no elimina la exigencia de hoy. No se trata de una espera pasiva, lo propio es la vigilancia, la atención a los signos de los tiempos (21,29-33), en ellos se manifiesta el Señor. La oración debe ser de «todo tiempo», ella constituye un gesto y una experiencia de gratuidad. De la gratuidad del amor de Dios que da sentido pleno a la exigencia que hace auténtica la esperanza.
 
7. El fin del mundo: Cuando decimos «fin del mundo», ¿de qué estamos hablando? ¿El fin del mundo del que habla la Biblia o el fin de este mundo, donde reina el poder del mal que destroza y oprime la vida? Este mundo de injusticia tendrá fin. Mientras llega ese día, transcurre el tiempo de la comunidad cristiana. La comunidad debe empeñarse en la construcción del «derecho y la justicia». Esto implica compromisos concretos con el «vía crucis cotidiano» que viven los pueblos pobres del mundo. Esa solidaridad debe concretarse en la decisión de forjar una sociedad distinta donde sea posible la justicia, la fraternidad y la paz, en las que se expresa históricamente el Reino, don de Dios. Para que los pobres, todos los seres humanos, puedan llamar a sus países «justicia» y «alegría».
(
http://cebiclar.cl/lopceb-las-senales-nos-diran-cuando/
).

Meditacion para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

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TEXTO BIBLICO: Lucas 21, 25-28;34-36

21,25: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.

En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje.
21,26: Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán.
21,27: Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria.
21,28: Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación.
21,33: Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

21,34: Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que aquel día no los sorprenda de repente 21,35: porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

21,36: Estén despiertos y oren incesantemente, pidiendo poder escapar de cuanto va a suceder, así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre.

(BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO)
 
 LECTURA

¿Qué dice el texto?

Nos disponemos a leer el texto en su contexto para no hacer pretextos.

Comenzamos el nuevo año litúrgico y lo hacemos con el Adviento, el tiempo de la espera. Estamos esperando que Cristo vuelva, por eso este texto, que nos prepara a su segunda venida.

Es un texto parecido al que tomamos unos domingos atrás, del evangelista Marcos. Ahora estamos tomando a Lucas. Debemos recordar que Lucas, el médico griego escribe para que los griegos conozcan a Jesús, el Cristo y también acepten la salvación que Él nos ofrece a todos.

Después de las señales que se manifiestan en todo el universo, que es un acontecimiento para todo el cosmos, Lucas dice el texto: “Verán al Hijo del Hombre” (éste es un título mesiánico, con que se reconocía al Señor) y añade que estará rodeado de poder y de gloria. Es tal, la evidencia que muestra el Señor en su segunda venida, que quedarán al descubierto los falsos profetas. No debe ser un motivo de miedo o temor, porque, es cuando nos dice el Señor: “Levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”. Es un momento de alegría, de esperanza cumplida en la promesa.

Pero también es un momento de advertencia, ya que como no hay aviso previo para ese día, nos pide el Señor que estemos preparados: Dejando atrás los vicios que nos aturden y las preocupaciones de la vida cotidiana.

La recomendación es: Estar despiertos y orar, para que ese momento no nos encuentre distraídos, y así podamos presentarnos tal cual somos, frente al Hijo del Hombre que volverá.

Una frase en medio del texto es el versículo 33, que aunque no se lee en el texto litúrgico, es bueno recordarlo: “el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. Porque aquí lo importante es estar atentos al Señor y a la Palabra de Dios. Pues seremos juzgados por esta Palabra dada a la humanidad.

¿Cómo comienza el texto?
¿Quién es el que dirige el discurso?
¿Cuáles son las señales que dice el Evangelista?
¿Quién aparecerá y de qué forma lo hará?
¿Cuándo suceda esto qué debemos hacer los que creemos en Cristo?
¿Qué es lo único que no permanecerá, luego del fin de todo?
¿Cómo debemos estar atentos?
¿Qué significa estar despiertos y orar incesantemente
 Sintetiza cuál es la idea principal de este texto.

Meditación

¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?

El texto sagrado no es sólo para leerlo, sino para dejarse leer por Dios que nos habla a cada uno a través del texto.

Amigo, debemos preguntarnos sinceramente cómo este texto está dirigido directamente a nosotros. Hoy vivimos un mundo donde hay muchas confusiones y muchos hablan de Jesús. Algunos dicen cosas muy distintas de lo que está escrito en el Evangelio. Nosotros queremos conocer a Jesús y lo que Él nos dice a nosotros.

¿Estoy consciente y creo que el Señor Jesús volverá?
¿Qué implicancias tiene para mi vida que Él vuelva?
¿Estoy preparado para afrontar un diálogo sobre mi vida que me hará Jesús como un Juez Universal?
Cuando el Señor dice que debo prestar atención y no dejarme aturdir por el vicio…¿Cómo puedo entender esto en mi vida concreta? ¿Cómo me dejo aturdir? ¿Cómo podría evitarlo?
Jesús habla de la embriaguez, tal vez pueda hacer referencia al alcohol que se consume, pero ¿hay otra forma de embriagarse? ¿Me puede suceder a mí? ¿cómo evitar huir de este mundo y poner los pies sobre la tierra afrontando mi vida y cambiando lo que sea necesario?
¿Son las preocupaciones de la vida cotidiana, algo que te separa de Dios? Cómo podrías incluir estas preocupaciones en tus momentos de oración personal. Así la oración no se convierte en algo “fuera de este mundo”.
¿Tomo conciencia que me voy a presentar con toda mi vida ante un Juez que ya ha dicho cómo será su sentencia y sobre qué me juzgará?
Este texto tan importante ¿qué te lleva a pensar? ¿Cuál sería tu conclusión personal.

ORACIÓN

¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Cuando me hablan es bueno responder. Es Jesús el que está comunicándose conmigo. Debo contestarle. Para eso, la oración es la respuesta a Dios que me habló primero.

Proponernos un diálogo con Jesús que sea personal:

Señor Gracias por este diálogo tan importante. A veces estoy distraído y las cosas de este mundo me hacen olvidar lo más importante.

Te pido, Señor, que me des la fuerza de voluntad para que cada acción de mi vida esté orientada al día que Tú regreses a preguntarme ¡cómo he vivido!

Te doy Gracias Señor, porque me ofreces la liberación. Son tantas las cosas que me atan, tantos los nudos que me aprietan. Pero Tú me ofreces la liberación y ahora estoy consiente de todo esto y agradecido contigo por todo esto.

Señor, que no me deje aturdir por los vicios, la embriaguez y las preocupaciones cotidianas. Que no me envuelva la rutina. Que cada día sea un nuevo momento de encuentro contigo y con tu Palabra Salvadora, porque sólo tu Palabra permanecerá para siempre.

Que viva Señor de acuerdo a Tu Palabra y no de acuerdo a los criterios del mundo.

Amén

 

CONTEMPLACIÓN

¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?

Podemos recordar la frase, dirigiéndola a Jesús:

Estén despiertos y oren incesantemente…

Mientras vamos pidiéndole al Señor repetidamente con esta frase, cómo podemos ser sus seguidores, dando todo, desde nuestra propia vida.

Acción

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Nuestra vida debe tomar un compromiso serio para llegar al proceso de conversión. Esto debe notarse exteriormente.

Individualmente, te propongo mirar interiormente todas las veces que la rutina y las preocupaciones cotidianas, te impiden ver la historia completa, en la que el Señor viene a liberarte. Hacer alguna acción, que rompa esa preocupación tuya personal y atender a alguien que lo necesite.

Si estás en grupo, pueden hablar con tus compañeros de lo que muchos hablan de los últimos días. Recordar que es cuando vuelva el Señor a Liberarnos. En esta liberación, nos proponemos hacer una acción de grupo que pueda ser vista por otros, recordando que debemos estar alegres en la espera. No es para asustarnos, sino para alimentar la esperanza. Hagamos una acción grupal que demuestre esto.
(
http://www.cristonautas.com/tag/ricardo-grzona/
).

Meditacion para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

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Domingo I Adviento. Ciclo C (Lc 21,25-28.34-36). Ortega y Gasset gritó hace tiempo “Dios a la vista”. La Biblia y la liturgia dicen en Adviento: ¡Hombre a la vista!, pues la humanidad está preñada de Dios.

Por encima del inmenso miedo que nos amenaza, en medio de una gran depresión, se abre un año más el arco iris con el Hijo de Hombre (hombre, mujer) que está llegando, hecho de corazón, rebosante de amor. ¡Que no se emboten vuestros corazones, esperadle!


De la fiesta de Cristo Rey (domingo anterior, fin del mundo) pasamos al Adviento (comienzo del mundo). De un modo sorprendente, las imágenes de fondo son iguales. La liturgia no habla todavía del niño que nace en el campo, de estrellas que guían de oriente a los reyes, de buenos pastores… Habla aún de miedos, de estrellas que caen, de mares enloquecidos.


 Pues bien, precisamente ahí, en el centro del gran terror cósmico, que tiende a convertirse en gran terror humano, puede surgir y surge la esperanza: llega el Hijo del Hombre.

Es como si el Hombre no hubiera nacido todavía, pero va a nacer: Nos parecemos a una mujer encinta, promesa de humanidad (cf. Is 7, 14: he aquí que una virgen-doncella está embarazada...). Nos parecemos a una niña que es capaz de mirar con ojos limpios, asombrados, el comienzo de la vida.

Del miedo cósmico y social podemos pasar y pasaremos al Nacimiento: llega el hombre en colores del arco iris del cielo, con la paloma de la paz, tras el diluvio (Gen 8). Podrá nacer la niña buena, que llevamos dentro. Fuerte y gozoso fin de semana para todos, mejor comienzo de Año Litúrgico, con unas sencillas reflexiones que he querido retomar para vosotros. Volveré otro día a la ordenación de las mujeres y a Jesús el Nazoreo. Hoy os dejo con las palabras de Adviento.

 Texto. Lucas 21, 25-28. 34-36


 1. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. 2. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

2. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

3. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

4. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

5. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."
 
Introducción:

Éste es un texto de larguísima historia en la esperanza de la humanidad, en las profecías de Israel, en el mensaje de Jesús y, de un modo más preciso, en la historia de la Iglesia primitiva.

(a) Hay rasgos de miedo universal (¡todos los pueblos han sufrido terrores ante el cosmos!), vinculados a la experiencia y esperanza de los profetas de Israel y de los apocalípticos judíos. Éste es un texto universal de miedo y de esperanza, muy apto para nuestro tiempo, lleno también de miedos sociales, económicos, humanos.

(b) Este pasaje recoge la experiencia de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, especialmente aquella que se ha expresado en el evangelio de Mc 13 (capítulo del que Lucas toma los temas principales de su texto). Sus palabras nos sitúan en la raíz de la esperanza del principio del cristianismo.

(c) El texto proviene de la comunidad de Lucas, con la propia inspiración del evangelista. Para entenderlo bien hay que leerlo y comprenderlo desde el conjunto del Evangelio de Lucas, a cabello entre el judaísmo y la cultura griega, en un momento de cambios muy fuertes, de tipo social y cultural.

(d) El texto ha sido recortado y pegado por la liturgia católica, que toma unos pasajes y deja otros (de Lc 21, 25-36) para recomponerlos de un modo convencional, creando un collage apropiado para el comienzo del adviento católico, pasando del fin de la historia a su comienzo, iniciando el Adviento.

(e) Éste debe ser un texto mío, un texto nuestro… Cada uno de nosotros debemos elaborarlo, situándolo dentro de nuestras esperanzas, miedos y alegrías. No puedo recoger esa historia, me limito a comentar del modo más sencillo las palabras del texto actual, conforme a mi visión particular, de creyente y lector de la Biblia, que quiero compartir con vosotros.

Primera escena: Un contexto de miedo

a. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;
 b. y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos,
 c. asustados por el estruendo del mar y de sus olas

Dividimos el texto en tres partes que leemos desde los extremos, pasando del a y del c al b, como ahora diremos.


(a) Nos hallamos ante un desquiciamiento cósmico, que se expresa en la tríada celeste cósmica: cielo, tierra, mar. En el cielo están los grandes (sol, luna, estrellas) que empiezan a dar señales falsas, ya no alumbra; lo que era principio de estabilidad suprema aparece como expresión de locura.

(c) Por su parte, el mar destruye sus "amarras", se elevan las olas y tienden a inundar toda la tierra. Según Gen 1, Dios había construido el mundo “domando” los mares, colocando las aguas en sus límites y cauces, permitiendo que surgiera la tierra. Ahora se rompen los límites: sube el agua de los amores en una especie de diluvio invertido, un inmenso tsunami que llega a cubrir los montes más altos.

(b) En medio queda la angustia: los hombres están hechos de un miedo que se va extendiendo como cáncer, y les va dominando desde fuera (y desde dentro) , como un sida que les inunda desde el cielo loco, desde el mar desmadrado.
 
Segunda escena. Superar el miedo: llega el Hombre

(a) Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;
 (b) pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas
 (c) Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

Dividimos también el texto en tres partes, que ahora leemos seguidas, destacando aquellos rasgos que pueden resultar más significativos en nuestro tiempo.


 (a) Vuelve el miedo, un miedo de muerte, terror apocalíptico ante la conmoción del cosmos, la gran sacudida de las “potencias” del cielo. Morir es aquí “salir de sí”, perder la “psyche”, el alma, el aliento. De pronto, al descubrir la fragilidad de los elementos, los hombres pierden el alma, el valor, las ganas de la vida.

(b) Esta muerte por terror (¡puro terror cósmico, más que guerra y peste, más que sida…!) tiene un fundamento: La sacudida de las “potencias”, que en griego se llaman “dynameis”, principios rectores del cosmos, los ángeles astrales, leyes matemáticas que rigen el movimiento de los astros… todo. Pues bien, ese mundo superior de equilibrio en el que estamos sustentados se sacuda y quiebra. Crecen las grietas del gran cosmos, morimos de miedo. Ésta es la más horrorosa de todas las muertes de la humanidad: morir de miedo al descubrir nuestra nada, la nada del cosmos.

(c) Entonces “verán al Hijo del Hombre...”. No se dice que verán a Dios, ni siquiera al Cristo, ni a los ángeles del cielo: Verán al Hijo del Hombre, es decir, a la humanidad verdadera (que para los cristianos está centrada en Cristo).
 Cristo aparece así como arco iris tras la tormenta del diluvio (Gen 9, 13-16), arco iris, el signo de la paz de Dios, del amor de Dios, Puede morir todo, pero el hombre no acabará… Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… (Lc 21, 33). Pues bien, las palabras de Dios se concretan en el Hombre que viene, la nueva humanidad, que nace de arriba, del trono de Dios, con poder y gloria… Éste es el misterio del nacimiento.

Tercera escena. Levantad la cabeza

(a) Cuando empiecen a suceder estas cosas,
 (b) cobrad ánimo y levantad la cabeza,
 (c) porque se acerca vuestra liberación

He dividido también esta estrofa en tres versos sencillos, que comentaré de un modo más breve. Ellos marcan el centro del pasaje, en forma de “llamada.


(a) Estas cosas han empezado a suceder… Los hombres y mujeres vivimos en medio del gran miedo. En la antigüedad era miedo de tipo cósmico, miedo al destino. En el comienzo de la Edad Moderna ha sido miedo a la destrucción social, a la peste, a la locura colectiva de las grandes violencias armadas, a las inquisiciones y autoridades perversas. Ahora, en estos últimos años, es miedo a la bomba y al sida… y miedo sobre todo al gran derrumbamiento económico, que puede llevarnos no sólo a la falta de trabajo, sino a la falta de casa, al deshaucio.

(b) Pues bien, desde el fondo de un terror que parece aumentar, se nos dice que recobremos el ánimo, que no dejemos que se nos vaya o pierda el “alma”, que no nos abajemos y arrastremos. El hombre (hombre-mujer) es un ser que eleva la cabeza y vive de esperanza. Esto es lo que nos dice el texto, que elevemos los ojos y queramos vivir… Se trata de iniciar una vez más el camino de la esperanza, sabiendo lo que somos, reconociendo nuestra limitación, pero sin dejarnos dominar por ella. Vivir “a cuerpo”, es decir, en humanidad, sin llenarnos de puras pastillas, sin andar de mano en mano, de psiquiatra en psiquiatra… Creer en Dios significa elevar la cabeza.

c) Porque se acerca la liberación… Antes se decía que se acerca el “Hijo del Hombre”… Ahora se dice que se acerca la liberación, la “apolytrôsis”: una liberación que se nos ofrece como regalo de Dios (¡don de la vida!), pero que, al mismo tiempo, es regalo de nuestros amigos, es trasformación social (¡justicia!), es plenitud interna… No tener miedo, vivir en el gozo de sabernos Hijos de Dios, llamados a la vida, al nacimiento. Se acerca… ésta es la palabra. Se acerca y nos acercamos.
 
Cuarta escena: Parénesis o advertencia

(a) Procurad que vuestros corazones no se emboten
 por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida,
 (b) porque entonces ese día caerá de improviso sobre vosotros.
 (c) Ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra.

He dividido también esta escena en 3 partes, aunque la primera (a) podría dividirse a su vez en otras dos. Después de la gran esperanza de las estrofas anteriores (segunda y tercera) viene esta estrofa sobria, de advertencia.


(a) Que vuestros corazones no se “emboten” (no se hagan pesados, no se cierren). El tema es el corazón más que la cabeza: Mantener el corazón abierto, tenso hacia la vida, fresco al amor, dispuesto a la ternura. Éste es el lugar del adviento, el principio de la vida, el signo de Dios: ¡Mantener los corazones limpios, capaces de sentir, de mirar de esperar¡ Vivir en dimensión de corazón. Los corazones se embotan por tres cosas, que han de tomarse de un modo simbólico.

(1) La comida: querer tenerlo todo, devorarlo todo, a costa de los demás, mientras sigue extendiéndose el hambre sobre el mundo.

(2) La embriaguez: perder la conciencia en el vino o la droga y, sobre todo, en el frenesí de una vida hecha de olvidos; vivimos de medicinas y drogas, de excitaciones rápidas, como si quisiéramos huir de nosotros mismos.

(3) Las preocupaciones de la vida…: el deseo de tener, la búsqueda de seguridad absoluta... El mundo se nos ha hecho un gran mercado y queremos atesorarlo todo, para que nada pueda sorprendernos…

(b) Pero llegara “ese día”… el día de la plena transparencia, el día del hombre verdadero. Vendrá ese día y corremos el riesgo de no saber acogerlo: estamos perdidos y cuando llegue el momento no sabemos acogerlo. Corremos el peligro de quedar en los elementos externos del miedo, sin “ver al hombre” que viene. Así sucedió en Belén: vino Jesús y sólo unos pastores, fuera del orden social dominante, lograron verle y recibirle. Nosotros, hombres y mujeres del gran mundo occidental: ¿podremos acoger al Hombre que viene? Quizá no. Pero habrá otros, en el margen de nuestro mundo, que sabrán acogerlo, para dejar así que Dios construya (que ellos construyan con Dios) la nueva humanidad.

(c) Porque ese día será como una trampa… Ésta no es la trampa que pone Dios, sino la que nos ponemos nosotros mismos. Nuestros abuelos ponían trampas a los animales del bosque. Los grandes jefes actuales ponen trampas por doquier, bombas y sensores para dominar al mundo de la humanidad. No se dan cuenta (¡no nos damos cuenta!) de que se ponen trampas a sí mismos... Vivimos inmersos en una gran trampa. Por eso nos dice el evangelio: ¡tened cuidado, no se emboten vuestros corazones!

Quinta escena: Conclusión. Estad en vela

(a) Velad, pues, y orad en todo tiempo,
 (b) para que os libréis de todo lo que ha de venir
 (c) y podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre.
 
El tema concluye de forma solemne y sencilla, invitando a vivir en “vela”, es decir, a mantener la humanidad. Antes he dicho que se trata de “vivir a cuerpo”, de un modo directo, sin armaduras de miedo y engaño. Ahora podría decir: ¡Vivid a corazón abierto” (¡que vuestros corazones no se emboten…!


(a) Vivir a corazón abierto es “velad”, mantener el corazón en vela de amor con todos y la mente en diálogo de verdad con el Dios de la vida… Velad significa simplemente ser personas, en esperanza, en confianza, por encima de los miedos cósmicos y las violencias sociales.

(b) Sólo así podremos “liberarnos” de los terrores que vienen. Ciertamente, hay terrores y violencias; no hace falta recordarlos, los terrores de fuera (las bombas, las luchas sociales…), los terrores de dentro (la angustia y locura, la falta de amor…). Hay terrores, pero podemos liberarnos de ellos viviendo en vela de amor, en acogida gozosa y confiada de la vida.

(c) Sabiendo que lo que viene (¡el que viene!) es el verdadero ser humano. Por ahora no sabemos cómo vendrá, pero sabemos que será hombre de amor. Será el Jesús de la Navidad (el niño para ser amado); será la Novia del Apocalipsis, será el Novio Cordero del mismo Apocalipsis… Pero dejemos el tema así. Ya es suficiente, en este primer domingo del Adviento.
 
Conclusión: Dios a la vista, hombre a la vista…

La llegada de Dios se identifica con la llegada del "hombre", es decir, de la nueva humanidad. Preparar la llegada del hombre nuevo, eso es Adviento.
(
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/11/29/dom-2-12-12-adviento-hombre-a-la-vista-
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

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I Domingo de Adviento "C"". Tiempo de gracia

28.11.12 | 19:36.
 

I DOMINGO DE ADVIENTO, “C”
 TIEMPO DE GRACIA

“Llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa”. “En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos” (Jr 33, 14-16)

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día (Lc 21, 25-28. 34-36

“Para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre (Ts 3, 12-4, 2)

INVOCACIÓN:
 “Ven, Señor, Jesús”.

CONSIDERACIÓN

En la apertura del año litúrgico, las tres lecturas hacen referencia al cumplimiento del tiempo de las promesas. El Adviento se define como tiempo de esperanza, de gracia. No es estéril la espera, ni queda baldía la confianza. La Palabra se cumple, los augurios mesiánicos se acercan.

 

El creyente recibe el auxilio del anuncio de la salvación. El universo camina hacia la plenitud. Dios acredita a los profetas. Por graves que hayan sido los delitos, la misericordia puede al juicio y la bondad de Dios sobrepasa la infidelidad humana.

Ante la proximidad de la venida del Señor, que celebraremos litúrgicamente en Navidad, pero que cada uno podemos vivir permanentemente en el propio interior, nos conviene, como señala San Pablo, revestirnos de santidad. Y así, todos avanzaremos hacia el triunfo definitivo.

Hoy recibimos la llamada a romper con toda inercia, acostumbramiento, dependencia o ligadura que nos esclavicen. Deberemos estar atentos, despiertos, sensibles, libres, capaces de acoger con prontitud al que llega en el nombre del Señor.

Es tiempo de hospitalidad, de escucha, de dejar que resuenen en el corazón las palabras más compasivas de Dios a su pueblo, que cada uno podemos recibir también como dirigidas a nuestro propio corazón. ¿Qué palabra, sentimiento, moción de paz percibes? Siguelos.

SÚPLICA

El Adviento tiene resonancias del tiempo del éxodo, del retorno del exilio, de la vuelta a la tierra de la promesa, del regreso a casa. La oración del salmista se centra en pedir que no erremos la dirección, que enderecemos los pasos hacia la meta deseada. Es momento de ponerse en camino, de iniciar la marcha, de acompañarse, si es preciso, con quienes nos sirvan de guías. En el salmo interleccional sobresalen las palabras camino, caminar, senda. “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad”. ¡Buen camino!
(
http://blogs.periodistadigital.com/angel-moreno.php/2012/11/28/p324355#more324355
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

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domingo, 25 de noviembre de 2012Pagola, evangelio domingo 2 diciembre 2012. 1 de Adviento (C). San Lucas 21, 25-28, 34-36


2 de Diciembre de 2012. 1 de Adviento (C). San Lucas 21, 25-28, 34-36.

 

"INDIGNACIÓN Y ESPERANZA


 
Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.


Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará "signos" de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.


Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los "acontecimientos cósmicos" que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte


El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos "Dios".


No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El "último día" no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación". Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.


Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.


Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. "Tened cuidado: que no se os embote la mente". No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. "Estad siempre despiertos". No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.
 
¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.

 
José Antonio Pagola".
(
http://creereenti.blogspot.com.es/2012/11/pagola-evangelio-domingo-2-diciembre.html
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

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Domingo de la 1ª semana de Adviento: Lucas 21, 25-28. 34-36


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»
 
Palabra del Señor.
 
 
 
COMENTARIO
 
Antes de empezar, gracias a tantos que me animáis todas las semanas a continuar, manifestáis que este granito de arena junto a otros muchos “imputs” (cuando lo lea mi hija…) os ayuda a afrontar de un modo más positivo el día a día en vuestras responsabilidades.
 
Y otra cosa, espero no alargarme, decírmelo también, aunque mi esposa ya se encarga de ello, Bua …
 
¿Cómo nos viene el Adviento? Ufff, buenas noches. Para este Domingo 1º de Adviento, tenemos a S. Lucas un poco como si estuviera aquí ¿eh?, no sé, quizá su tiempo fue muy parecido. Las noticias dan que “esto no es nada para lo que tiene que venir”… y en España un poco más. Malos tiempos. Malos tiempos para los que no contaban con esto, dice la escritura que debemos hacer bien los cálculos, empresas y proyectos que nos pueden llevar a la fama o a la ruina, y ¿Cómo se hace eso? ¿Qué cálculos hemos hecho mal? ¿Qué partida no hemos contemplado?, pues nada, eso, ¡¡¡ que nos morimos !!!, que esto de vivir en la tierra es un “momento”, visto así todo cambia ¿verdad?.
 
A ver, Filipinas, 21 decapitados por la lucha por el poder político, Obama ¿es americano?, Extremadura (spain), promociona el manual de enseñanza sexual a los jóvenes, ¿cómo deben masturbarse?,…. ¿crisis de valores?, estamos ante la mayor recesión desde la II guerra mundial, y en España, en el noviembre más caluroso de los últimos 50 años, pero algunos no han tenido bastante y otros con la cabeza bajada.
 
“… alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”.
 
Puede que haya llegado ya el momento, quizá no el definitivo, como pasó en el tiempo de Lucas, pero podemos hablar en este tono apocalíptico, yo creo que es necesario, no para hundirnos en la miseria, paralizar nuestros proyectos, andar hacia atrás, esconder la cabeza, si no todo lo contrario, para asumir una realidad ¡¡¡ que nos morimos !!! ¿Cuándo? Cuando Dios lo tenga previsto, solo Él sabe, pero puede ser mañana ¿Por qué no? ¿Qué cambia en tu vida esta noticia?, analicemos la agenda del lunes, dos reuniones, un viaje, comer con un cliente, estudiar un presupuesto, pagar las nóminas ¿y si no estoy para ello? ¿Cómo vivirías el Domingo? Prueba a responderte.
 
“Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día;..”… “Estad siempre despiertos,…”
 
Bien, pues esta Palabra gris a los ojos del incrédulo se trasforma en Vida para el creyente, verdaderamente, ánimo, no es aquello de que para lo que queda vamos a aprovechar, si no, más bien que no nos agobie el mañana, el futuro no nos pertenece, una vez escuché ¿Qué es el tiempo? Y el mismo autor de la pregunta respondía con palabras de San Agustín “si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé” o algo así, para después dar su versión, apoyada en la definición del diccionario, más o menos “el proceso continuo donde se suceden unos acontecimientos” entonces invitaba a poner todo el empeño en “controlar los acontecimientos para gestionar el tiempo y dirigirlo hacia dónde queremos”, ahí venía la clave ¿hacia dónde queremos que nos lleve el tiempo? Esto está bien preguntárselo y respondernos, pero aquí vino la gran hipótesis falsa “en nuestro interior está todo lo necesario para dominar el tiempo” e invitaba a recuperar una habilidad posiblemente perdida entre los que le escuchaban la de TOMAR DECISIONES, afirmaba rotundamente que esa habilidad, llegó a llamarle don, era la más poderosa para ir hacia donde queremos, por eso yo hoy DECIDO NO MORIRME MAÑANA, je, je.
 
La armas del Espíritu amigos, la oración, el ayuno, la limosna esto, estas son las “habilidades” cuya puesta en práctica nos lleva al DISCERNIMIENTO, para saber leer en este tiempo, todo lo que nos rodea y GESTIONAR BIEN NUESTRO TIEMPO, tomando las decisiones más acertadas, en función solo de una cosa… de que cuando venga el Señor nos encuentre “en pie”.
 
Ánimo, hoy puede ser un Gran día, el día de la liberación, aunque Dios todavía no haya DECIDIDO enviar a su Hijo con poder y majestad en una nube y nos deje otra oportunidad de verlo en los demás, y disfrutar de nuestras responsabilidades, cumpliéndolas con abnegación y misericordia.
 
Abrazos,

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(
http://gabimartinez.wordpress.com/2009/11/28/domingo-de-la-1%C2%AA-semana-de-adviento-lucas-21-25-28-34-36/
).

Moniciones para la Misa del Domingo I de Adviento del ciclo C.

Moniciones para el Primer Domingo de Adviento Ciclo C
Moniciones Ciclo C.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net


Tiempo de Adviento

Primer Domingo - Ciclo C

Monición de entrada

Buenas noches, (días, tardes) hermanos en Cristo. Comenzamos un nuevo año litúrgico, y es san Lucas quien con su evangelio nos va a servir de guía en nuestro intento de llegar a Jesús. Nuestro mundo actual está hecho de violentos contrastes. Los maravillosos progresos de la tecnología no van al paso con lo que parece ser un estancamiento o retroceso de la cultura y la moral. Este mundo podría ser mejor, pero sólo Dios le dará la perfección total al fin de los tiempos, porque ni la vida personal ni la manera de ver el mundo tiene sentido si no damos cabida a Dios entre nosotros. Cristo vino una vez como salvador y creemos que vendrá otra vez como juez. Hasta entonces nos toca responder a las exigencias y retos de la historia. El Señor nos manda a vigilar en la oración para recibirle cuando venga. Vigilancia es reflexión y oración, es fuerza. Pidamos unos por los otros en esta Eucaristía, para poder prepararnos para acoger al Señor en la intimidad del amor. De pie por favor para recibir la procesión con esperanza y alegría con el cántico de entrada.


Primera lectura: Jr, 33:14-16 (Suscitaré a David un vástago legítimo)

Los reyes históricos decepcionaron las esperanzas que en ellos había puesto el pueblo. Pasaron sin establecer el reino de justicia y de paz anhelado por todos. El Mesías esperado descendiente de David, vendrá y revelará a Dios, que verdaderamente es nuestra justicia. Escuchemos.


Segunda lectura: 1 Tes.3, 12-4.2 (El Señor los fortalezca para cuando vuelva Jesús)

La esperanza cristiana se abraza con el amor en su dimensión universal, llegando más allá de toda frontera, de toda discriminación y de todo condicionamiento. Presten atención.


Tercera lectura: Lc. 21. 25-28.34-36 (Se acerca su liberación)

La esperanza cristiana sobresale por encima de todas las tragedias humanas. Los cristianos debemos aprender a interpretar los momentos más difíciles de nuestra historia como pasos que nos llevan a la liberación. Tras ésta interpretación optimista, debemos buscar afanosamente la manera concreta de hacerla realidad. De Pie por favor.


Oración Universal


Por la Iglesia; para que, en medio de la injusticia de este mundo, sepa anunciar al que viene: el "Señor-nuestra-justicia", Roguemos al Señor.


Por los gobernantes; para que, procurando el bien común, defiendan los derechos de todos y principalmente de los más débiles, Roguemos al Señor.


Por los que están angustiados, en trance de desesperación; para que encuentren junto a ellos una mano amiga, que los levante, y sientan cercana la liberación, Roguemos al Señor.


Por todos los difuntos, especialmente los de nuestra parroquia; para que pronto lleguen a la presencia de Dios vivo, Roguemos al Señor.


Por los jovenes de nuestras comunidades y parroquia; para que sepan responder con generosidad a la llamada de Dios a seguirle en la vida religiosa y sacerdotal, Roguemos al Señor.


Por nosotros y por todos los que comparten nuestra esperanza; para que, amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a Dios y, cuando venga el Señor Jesús, podamos presentarnos santos e irreprensibles ante él, Roguemos al Señor.


Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 414)

Gracias, Señor, porque al comienzo del adviento nos das un cariño y amigable toque en el hombro a fin de despertarnos de nuestra habitual somnolencia:
¡Estén alerta porque es inmediata su liberación!
¡Gracias! Tú eres la única esperanza que no nos defrauda.

Haznos capaces de mantener cada día la tensión del amor que vela trabajando, sin permitir que se nos embote la mente
con el vicio, el egoísmo, la soberbia y la ambición.

Queremos vivir preparados, esperándote siempre alegres, como si cada día fuera el definitivo para tu esperada venida.
Así aprobaremos el examen final del curso en marcha.

Amén.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

C 1 ADVIENTO DOMINGO LECTIO DIVINA - INSTITUTO SECULAR SIERVAS SEGLARES DE JESUCRISTO SACERDOTE - LECCIO DIVINA

 

TIEMPO DE ADVIENTO
I DOMINGO (Ciclo C)
 Andrés Huertas
 


  1.- "ALZA LA CABEZA"
 

  " Llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa ... "(Jer 33, 14-16).
   " ... Os rogamos ... habéis aprendido cómo proceder para agradar a Dios " (I Tes 3,12 - 4,2).
 

 

        SÍMBOLOS

 

 


Corona de Adviento


Candelabro con los cuatro cirios


Leccionario de San Lucas - ciclo C -

 

 

  2.- PALABRA

 

 

(Lc 21, 25-28. 34-36). San Lucas con este discurso quiere suscitar en el corazón creyente las actitudes de vigilancia y oración mientras se espera al Señor.

 


Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 21, 25-28. 34-36)

 

 


        25 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
        - "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. 26 Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
        27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. 28 Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
        34 Tened cuidado: no se embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
        36 Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre".


        COMENTARIO

         A pesar del lenguaje apocalíptico y catastrófico, la venida del Hijo del hombre (descrita según la terminología de Dn 7 13) es un gran acontecimiento de liberación. En efecto, una vez que hayan ocurrido esas catástrofes cósmicas, de las que nos hablaba Lucas anteriormente, llegará la liberación definitiva del Hijo del hombre.
        No debemos quedarnos prendidos en estas descripciones que en gran medida son sólo un medio literario de la época (es lo que llamamos literatura apocalíptica) para anunciar la importancia de lo que viene. Nuestra fe no está puesta en los acontecimientos descritos, sino en la venida del Hijo del hombre. Es verdad que el acto último de Dios, por el cual el mundo y la humanidad llegarán a su plenitud, es un dato fundamental de nuestra fe. Pero no dejemos volar la fantasía de forma que nos quedemos anclados en la imaginería apocalíptica que lo describe. Podemos olvidar la realidad mundana y el tiempo que queda por vivir hasta la consumación final (2 Tes 3 10-12).
         En cualquier caso la actitud del cristiano ante el fin es de esperanza y no de temor.
         La segunda parte de este texto es una exhortación a la vigilancia (Lc 21 34-36; véase Lc 12 36-48 y 1 Tes 5 2-10). Los cristianos no deben sucumbir a las atracciones de este mundo que nos pueden apartar del camino evangélico, y para ello la oración vigilante es necesaria (Lc 6 12; 18 1). Así podrán presentarse ante el Señor como juez sin temor a ser rechazados.

Comentario al Nuevo Testamento
 Luis F. García-Viana
 Casa de la Biblia
(
http://www.siervas-seglares.org/lectio_ciclo_c/siervas_lectio_adviento_1c.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
Lectio Divina. Domingo 1o. de Adviento.
Adviento. Oración con el Evangelio. Ciclo C.
 


Lucas 21, 25-28 y 34-36

1. INVOCA


Antes de iniciar este tiempo de oración, nos disponemos con nuestra actitud interior para escuchar la Palabra de Dios. Nuestro Padre nos va a decir su mensaje. Hacemos el silencio exterior (evitar ruidos...) y el silencio interior (evitar distracciones y preocupaciones y mantenernos en paz con nosotros mismos).

Orar es: vivir de la fe, desde la animación de la esperanza del encuentro con el Padre en el Hijo y en el Espíritu.

Orar es: tener la conciencia despierta y esplendorosa de la más viva necesidad de Dios.

Orar es: estar seguro de que el Amor me abrirá las puertas de la admiración y fascinación de mi Dios, en el fondo de la oscuridad de mi conciencia.

Orar es: estar seguro que, por la confianza, el Señor me baña con toda la belleza, verdad y ternura que alimentan todo el universo y todos los humanos.

Invoquemos al Espíritu, el Artífice del encuentro con Jesús y con el Padre: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


Recitamos: Salmo a la escucha,

Venimos a ti, Señor,
para escuchar tu Palabra,
que nos redime y libera
y nos hace fuertes en el combate.
En medio del fuego del mundo
queremos escuchar a tu Hijo amado
para ser verdaderos discípulos.

Sin tu Palabra
no hay alegría posible,
sin estar a tu escucha,
no existe el gozo de seguirte.

Haznos, Señor,
creer verdaderamente en tu amor
para caminar en fidelidad
y ser testigos en el mundo.

A veces, Señor,
cuando llega la prueba,
sólo necesitamos salida en ti,
para seguir hacia delante,
fiándonos de tus planes de amor.

Queremos escucharte siempre
poniendo esperanzas
en nuestros corazones desgarrados
y llenando de tu ternura
nuestro planeta. Amén. (F. Cerro)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Lc 21, 25-28 y 34-36 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico


Con este primer domingo de Adviento, que hoy celebramos, comienza el nuevo año litúrgico de las celebraciones de la Iglesia. En este tiempo, la liturgia nos anima y nos ayuda a prepararnos debidamente a la celebración de la Navidad, el misterio de la presencia humanizada de Dios entre nosotros.

Iniciamos también, en este ciclo litúrgico C, la lectura del Evangelio según san Lucas. Hemos de ir descubriendo, en cada domingo, las características de este Evangelio.

La Palabra de Dios, sobre todo el Evangelio, nos ayudan a ello. Seamos fieles a la lectura y oración con la Palabra de Dios de cada domingo.

Contexto bíblico


El texto de hoy está ubicado en un contexto, narrado por Lucas 21, 5-36, donde el evangelista nos expone la enseñanza de Jesús sobre los últimos días de la historia de la humanidad. También se le llama el discurso escatológico porque nos habla de los últimos tiempos (esjatón significa último, definitivo). También se le llama a este texto el discurso sobre la parusía (parusía significa presencia), y se refiere a la venida gloriosa y definitiva de Jesucristo.

Texto

1. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas (v. 25)


No hay que entender este texto en un sentido literal. Es un lenguaje, llamado apocalíptico (Apocalipsis significa revelación o manifestación). No se trata de señales visibles en los astros del cielo, por las que podamos deducir cuándo es el final de los tiempos. Pues son fenómenos atmosféricos que se dan en cualquier tiempo. Tales palabras quieren decir, sobre todo, que, al final de la historia, todo se irá transformando, sobre todo, las personas.

Lucas también narra de forma parecida cuando muere Jesús en la cruz (Lc 23, 44-45). “Nos quiere decir que la señal de la cruz, no tanto los astros del cielo, ilumina toda la historia humana. Éste es el camino que tendrá como final la manifestación plena de la misericordia de Dios que viene a nuestro encuentro. Es muy importante saber cuál es el fin de la historia humana. El hombre, en definitiva, será, no lo que es ahora, sino lo que llegará a ser. Porque camina hacia la plena manifestación del Amor de Dios. Al final será lo que espera, porque espera lo que ama” (Silvano Fausti).

Las señales de los astros pueden también significar el miedo de algunos que descuidaron la espera del día definitivo. Es la condición de quien no conoce la paternidad y el amor de Dios y ha pasado su vida ignorando la venida permanente y la definitiva de Dios.

2. Se acerca su liberación (v. 28)


Las catástrofes cósmicas son señales de que, al final, caerán todos los poderes injustos, opresores de la dignidad de las personas. Y comenzará un mundo nuevo, por el triunfo y la venida del Mesías y del Reino de Dios para siempre.

Para el cristiano, guiado por la fe, a través de las calamidades personales y sociales, llegará la liberación total. Día a día, la actuación silenciosa, pero profunda, de los corazones sinceros, va engendrando unos cielos nuevos y una nueva tierra donde brille la justicia (2 Pe 3, 13).

Sabemos que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente. Pero no sólo ella; también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para que Dios nos haga sus hijos y libere nuestro cuerpo. Porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza (Rom 8, 22-24). En esperanza vamos gestando nuestro propio alumbramiento a una nueva y gozosa vida.

Es la historia de cada cristiano y de cada persona de buena voluntad, escrita día tras día anónimamente, que no aparece en las noticias televisivas, sino con actos de amor y de servicio y de entrañas de misericordia. Para entender la historia hay que saber leer los signos de los tiempos desde la luz del plan de Dios.

3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Jesús es el sembrador incansable de esperanza, de ánimo, de optimismo. El cristiano es el hombre del presente porque ve con claridad el futuro glorioso de la historia de la humanidad. No hay lugar a la desesperación. Ni hay lugar para el pesimismo de aquellos que dicen: cualquier tiempo pasado fue mejor, hoy todo va de mal en peor.

No nos quedemos instalados en nuestro conformismo, pereza, apatía. Sacudamos nuestro sueño, porque la liberación se está realizando en cada uno de nosotros.

Miramos el futuro, no con un gesto de evasión a lo presente. Sino, para dinamizar con todo interés la actualidad, el tiempo presente. ¡Estamos construyendo el Plan de Dios!


4. ORA (Qué le respondo al Señor)


Descúbrenos, Señor, tus caminos (Salmo responsorial de hoy).

Padre, que sepa caminar por los senderos que Tú me indicas con la enseñanza y testimonio de vida de tu Hijo Jesucristo. Que viva con ilusión y esperanza cada día de mi vida terrena.


5. CONTEMPLA


A Jesús, que nos abre y nos encamina hacia la vida total con Él.

A mí mismo, que, con frecuencia, me encierro en mi egoísmo y no me abro al mensaje liberador de Jesús, mi Salvador.

6. ACTÚA


Repetiré, lleno de esperanza: Que el Señor nos haga rebosar de amor... hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús (1 Tes 3, 12-13).


Recitamos: Lámpara es tu Palabra, Señor

Lámpara es tu Palabra, Señor,
lámpara para mis pies desnudos,
para mis ojos cansados,
para mi corazón sediento.

Lámpara es tu Palabra,
en la cual creo,
pues tú, Señor,
nos pones en camino
hacia la verdadera vida.

Lámpara es tu Palabra
cuando voy entre los hombres,
cuando no puedo más,
cuando desfallezco.

Lámpara eres tú
como Palabra de vida,
capaz de enternecer el corazón
y ayudarnos en el camino.

Lámpara es tu Palabra, Señor,
tú vienes y te acercas
a mí de puntillas,
y me susurras al oído
palabras de vida y amor.

Lámpara es tu Palabra,
luz en mi sendero,
alegría en el camino. Amén. (F. Cerro)

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Lucas 21, 25-28. 34-36

"Se acerca vuestra liberación"

Autor: Padre Juan José Palomino del Alamo

 

 

Comenzamos el Año Litúrgico (Ciclo C), con una preciosa síntesis de la espiritualidad del Adviento,
que hoy nos ofrece Lucas en el evangelio: cercanía y espera, venida de Dios y esperanza. El final
sabe a liberación para el seguidor de Jesús, que -contando con la presencia de tinieblas, desconciertos
etcétera- mantiene intacta su confianza en el sentido último y positivo de la historia. Será capaz así de
leer los signos de los tiempos y descubrir las llamadas y la presencia de Dios en los acontecimientos.
1° Llega la liberación: Resulta difícil el texto del evangelio de hoy:
a) Ya antes nos ha hablado Lucas del asedio y destrucción de Jerusalén. Da un paso más y
habla ahora de la parusía, es decir, de la segunda venida de Jesús, con un lenguaje adaptado a la
cultura de su tiempo. Esta segunda venida del Señor nos manifiesta cómo aparecerá a plena luz la
verdad, hasta entonces oculta. Así nos conoceremos mejor.
b) Todo esto no debe llevarnos al terror, miedo, angustia, espanto, etc., sino todo lo contrario:
llenarnos de ánimo, porque "nuestra liberación está cerca". Pero no, por ello, debemos caer en una
esperanza pasiva. Antes, al contrario, debe primar en nosotros la vigilancia, que nos exigirá estar
atentos a los signos de los tiempos, en los que nos manifestará la presencia del Señor. La oración
constante, humilde y confiada nos revela la gratuidad del amor de Dios y la exigencia de justicia,
que da sentido a la esperanza.
c) El mensaje liberador de Jesús no nos evita la inseguridad ni los problemas, pero nos
enseña cómo podemos salvarlos. Para poder estar alerta siempre y vigilantes, tenemos que ser
dóciles al Espíritu teniendo un corazón limpio. Entonces sentiremos la llamada a la conversión. La
Iglesia quiere que reavivemos nuestra esperanza en Jesús, nuestro Liberador.
2° Amor y justicia: En este Domingo I de Adviento, con el que iniciamos la preparación a la Navidad,
el Evangelio nos lleva a una reflexión sobre la segunda venida del Señor. Un adviento nos lleva al
otro y entre los dos transcurre el tiempo de la comunidad cristiana, que debe comprometerse en hacer
un mundo nuevo, en el que reine "el amor y la justicia", la fraternidad y la paz: único camino para
hacer presente el Reino de Dios.


IMPORTANTE: Esto no se conseguirá "si no sobreabunda el amor", es decir, la entrega generosa y
gratuita de cuantos nos decimos seguidores de Jesús a los más débiles y empobrecidos de la tierra.
(
http://homiletica.org/juanjosepalo/juanjosepalominodelalamo182.htm
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

EVANGELIO Luis Aleman y Pagola
 
 

02 de Diciembre

Primer Domingo de Adviento

Lc 21, 25-28.34-36

 

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas

Y en la tierra angustia de las gentes

Los hombres quedaron si aliento

Entonces verán al Hijo del hombre, con poder y majestad

Levantaos, alzad la cabeza se acerca vuestra liberación

 

Nuevo ciclo. Primavera, verano, otoño, invierno. Y volver a empezar. Es el ciclo de la vida. Es la rueda del tiempo. Es la semilla en los campos. Son las olas en el mar. Es el viaje de las lluvias. La vida. Para el creyente, es la vida eterna la que germina en el tiempo. El tiempo es la riqueza que se nos da. Porque también de nosotros depende el fruto final. Para Jesús, el hombre forma parte del universo.

 

“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas”.  Este evangelio recoge palabras de Jesús a sus seguidores y a los judíos de Jerusalén. Da sentido a un desastre inminente. El desastre cósmico es símbolo del derrumbe de un determinado orden social: como el régimen opresor del Templo con su Torá y su teología de un Iahvé que mantiene toda opresión y que crea esclavos religiosos. Los acontecimientos posteriores (años 70) serán el símbolo de lo que ocurrirá a todos los regímenes podridos.

 

“Y en la tierra angustia de las gentes. Los hombres quedaron sin aliento”. Desde el año 66 hasta el 70, los judíos matan a otros judíos, el Templo perseguirá al pueblo, hasta que los romanos hartos de los judíos destrozan el templo y la ciudad. Cuenta la historia que por las calles de Jerusalén bajaba la sangre como los riachuelos de la lluvia. Se contrataron a los idumeos expertos en degüello. Según cuenta Josefo el historiador, Anás cayó degollado, y con su sangre comenzó la demolición de Jerusalén. La historia no se queda en datos. Además es enseñanza y símbolo.

 

“Entonces verán al Hijo del hombre, con poder y majestad”. Ese ciclo de muerte y vida, tinieblas y luz, es anuncio de la venida del Hijo del Hombre, La historia de Jerusalén también nos ilumina como símbolo de lo que es la historia del hombre en la tierra. Una espera muy dura, como semilla que germina lo humano, con lentitud. Para lo cual tendrán que desaparecer la esclavitud, la injusticia, la opresión, la mentira.

 

“Levantaos, alzad la cabeza se acerca vuestra liberación”. Esa es nuestra fe. Esas nuestras señas de identificación. Ese nuestro mensaje. Esa nuestra buena nueva. Si después de tantos mártires, si después de tanto dolor a nivel personal y social, si después de tantas guerras y tanta hambre, si después de tan largo camino desde que brotó la vida, cuando nace un niño, nace para morir aplastado por los opresores…, o te haces ateo o te construyes un Dios Maldad o te agarras a la palabra de Jesús.

 

 

Luis Alemán Mur
(
http://www.luisaleman.es/evangelio.htm
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

San Lucas 21, 25-28. 34-36:
Se acerca vuestra liberación.
Autor: Padre Julio Cesar Gonzalez Carretti OCD

 

 

Lecturas:

a.- Jr. 33, 14-16: Sucederé a David un vástago legítimo.
b.- Tes. 3,12-4,2: Que el Señor os fortalezca interiormente, para cuando Jesús vuelva.
c.- Lc. 21, 25-28. 34-36: Se acerca vuestra liberación.

Comenzamos el tiempo de Adviento, tiempo de promesas cumplidas y profecías por cumplir; tiempo por tanto de conversión al Señor Jesús que viene; tiempo de tomar en serio nuestra vida cristiana tan próxima a la llegada del Señor a pedirnos cuenta de cómo hemos trabajado nuestra salvación.
La primera lectura nace en una situación difícil para los repatriados inaceptados dentro y fuera de su propio país; estaban desilusionados. Habían comenzado a reconstruir sus casas y fortunas, incluso el templo, pero, a poco comenzar este trabajo lo dejaron, prácticamente habían abandonado su herencia religiosa para comenzar a vivir como los demás. Un discípulo de Jeremías, un fiel yahvista, les lanza un oráculo, que ya su maestro había anunciado, pero con una fe nueva, recordando la promesa de Yahvé hecha a la casa de Israel y de Judá: “Mirad que días vienen, oráculo de Yahvé, en que confirmaré la buena palabra que dije a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En aquellos días estará a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará: «Yahvé, justicia nuestra.» (vv. 14-16; cfr. 23, 5-6). No le fijan a Dios el tiempo, sino lo que está en el designio divino, el mesianismo es cada vez más marcado, es la hora, la misma que no había llegado para Jesús, en las bodas de Caná, pero sí la de su pasión y muerte y resurrección. Dios suscitará un vástago legítimo de David, que implementará en la tierra la justicia. Mientras en el primer anuncio (cfr. Jr. 23, 5-6), el profeta había señalado que Judá estaría seguro, ahora agrega que será en Jerusalén donde se cumpla esta promesa. La propia ciudad será llamada: “Yahvé justicia nuestra”; la justicia del mesías se hará realidad en medio de su pueblo.
El apóstol nos exhorta a preparar la venida del Señor Jesús, dejando que Dios sea Dios en nuestra existencia. ÉL debe tener la primacía, en cuanto a la inspiración y acción, y además debemos reconocer la gratuidad de su acción en cada uno de nosotros. Porque Dios es amor el que nos hace crecer a todos los hombres en amor mutuo y hacia todos; sólo ÉL fortalece nuestros corazones y nos santifica, preparándonos para la venida de Jesús: irreprochables en su presencia el día del juicio. El evangelio nos presenta la venida de Jesús con el lenguaje llamado apocalíptico, donde el uso de imágenes, no de descentrarnos del mensaje global: el mundo no es eterno, tendrá un fin que coincide con la venida de Jesucristo a juzgar a vivos y muertos. El Señor viene con poder y gloria (vv. 25-28). En una segunda parte el evangelista nos exhorta a la vigilancia activa ante su inesperada venida del Señor. El final de la historia, primera parte del texto evangélico, presenta las imágenes que no quieren señalar sino la relatividad e inestabilidad del mundo creado, que algún día tendrá su fin. Lo importante es la venida del Señor; se usa la expresión, “Hijo del Hombre” (v. 27), tomada del profeta Daniel (cfr. Dn. 7, 13). Para los contemporáneos de Lucas, la destrucción de Jerusalén, guerra judía del año 70 y la inestabilidad del cosmos señalan la ruina del mundo. Para los creyentes queda una vía de esperanza, la verdad y el juicio del Señor Jesús. Por eso se puede afirmar: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación” (Lc. 21, 28). El sentido verdadero de la historia y los pueblos no se centra en el fracaso de los pueblos sino en Cristo Jesús, el Hijo del hombre. La victoria no está en el mal ni en la muerte, está en Cristo que nos llama a mantener su testimonio, mantenernos vigilantes y a seguirle en la vía que nos trazó. Ante un mundo que ya no responde las interrogantes del hombre, la respuesta es Cristo, verdad y vida, muerte y resurrección. Desde ahora la apocalíptica viene a significar el triunfo de Jesús, que proclama la exigencia del amor, siembra la esperanza por doquier y muere y resucita. Con estos parámetros debemos medir todas nuestras verdades. La segunda parte del evangelio, nos exhorta a la vigilancia; está cercano el día y es necesario estar despiertos. Hay una verdad de Dios, que fundamenta toda nuestra existencia, como gracia nos lleva a la transformación interior. Ante ese don y esa responsabilidad, hay que mostrarse siempre vigilantes. Es un futuro que se acerca, el Jesús viene y puede destruirnos, pero esperanzados pues estamos injertados por el Bautismo en su resurrección que ha vencido la muerte. Llevamos en la carne las señales de la muerte de Jesús, los dolores propios y de la humanidad, pero también los signos de la pascua, la esperanza de alcanzar la vida eterna.
La Santa Madre Teresa de Jesús, nos invita a prepararse momento del juicio, en la oración, donde la verdad y el amor han de darle impronta a ese diálogo de amor con Dios. “Qué será el día del juicio, , cuando esta Majestad nos mostrará claramente y veremos las ofensas que hemos hecho?” (Vida 40,11).
(
http://homiletica.org/juliocesargonz/juliocesargonzalez0754.htm
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

San Lucas 21, 25-28. 34-36:
Suscitaré a David un vástago legítimo * Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva * Se acerca vuestra liberación
Autor: Fr. Nelson Medina F., O.P
Sitio Web: fraynelson.com 

 

Lecturas de la S. Biblia

Temas de las lecturas: Suscitaré a David un vástago legítimo * Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva * Se acerca vuestra liberación

Textos para este día:

Jeremías 33, 14-16:

"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor-nuestra-justicia"."

1 Tesalonicenses 3, 12-4, 2:

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.

Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.

Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

San Lucas 21, 25-28. 34-36:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."

Homilía

Temas de las lecturas: Suscitaré a David un vástago legítimo * Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva * Se acerca vuestra liberación

1. "Vienen Días...", el Ejercicio de la Esperanza

1.1 Con la celebración de hoy iniciamos el tiempo litúrgico del Adviento. Las lecturas de este domingo, así como todas las de este tiempo, son una enseñanza profunda, coherente y bella sobre la esperanza en su sentido más alto y más vigoroso. Hemos de prepararnos entonces para descubrir la riqueza que se anuncia en eso que parece tan sencillo a veces y tan difícil otras veces: esperar.

1.2 La primera lectura nos da una clave: "vienen días." Hay adviento allí donde hay una mirada al futuro. Cuando nos quedamos mirando sólo al tiempo pasado llegamos a volvernos incapaces de dar un rumbo a nuestra vida, como también sucede al manejar un auto: no es posible conducir hacia delante mirando sólo el espejo retrovisor. Y la vida, queramos o no, sigue, va hacia delante. El adviento es mirada hacia lo que viene.

1.3 Pero no esperamos cualquier clase de día. Los días no vienen por sí solos. Hay Alguien que nos envía los días que vienen, hay Alguien que le da color y calor a la Historia. Tal es el núcleo de la fe judía y de la fe cristiana en cuanto ancladas en un mundo real y humano: hay Alguien que anuncia los días, pues hemos escuchado: "Vienen días, dice el Señor."

1.4 Podemos decir más: Aquel que con su palabra que anuncia un futuro es Aquel que con su palabra selló con su promesa nuestro pasado. La Historia, pues, tiene una cadencia, una dirección que va de la promesa al cumplimiento. La promesa está en el pasado; el cumplimiento está en el futuro. ¿Y en el presente? El presente se posa en la cuerda tensa que va de la promesa al cumplimiento, y cuando se ha posado en esa línea de fuerza y de vida se llama ESPERANZA.

1.5 ¿Y qué anuncia Dios para ese tiempo nuevo? Con ser tan breve el texto de la primera lectura, hay por lo menos cuatro cosas que encontramos ahí. Dios anuncia el restablecimiento de la Casa de David, la práctica de la justicia en la tierra, la paz para Jerusalén y la llegada de la salvación. Estas cuatro claves, que conforman como un "programa", nos orientan también sobre lo que será el tiempo del Adviento, desde estos anuncios más generales hasta la concreción en Cristo de toda nuestra esperanza y nuestra alegría.

2. Aprender a Esperar

2.1 La segunda lectura está tomada de uno de los primeros documentos del Nuevo Testamento, tal vez el primero de todos en ser redactado. Y este dato es importante, porque sabemos bien que aquella primera generación de cristianos vivió de un modo singularmente intenso la esperanza. Aguardaban ellos el pronto, casi inmediato retorno de Cristo. Tal es el clima en el que surge esta Primera Carta a los Tesalonicenses.

2.2 En ese sentido, la segunda lectura de este domingo nos ofrece un perfil interior del alma cristiana en actitud de genuina esperanza. Entresaquemos algunos rasgos que servirán para nuestra propia preparación espiritual en este adviento.

2.3 Pablo insiste en primer lugar en el amor mutuo. Y esto es interesante, porque de entrada quita la idea de una esperanza individualista, que sólo puede ser hija de una falsa idea de la salvación como un acto que sucede en solitario, aislado de la comunidad: "Dios y yo en una botella." Toda esperanza genuina brota del deseo de un bien que nos llega de la Comunidad y apunta a un bien que se anhela para la Comunidad. Lo demás, no viene del Espíritu de Jesús.

2.4 La segunda enseñanza del apóstol es la sobriedad. La conciencia del retorno del Señor es una invitación a tomar en serio toda su palabra, todo su legado, toda la fuerza de su luz. Es hacer conciencia de la gracia que ha bendecido nuestro pasado y la gloria que él anuncia para nuestro futuro.

3. Oración y Vigilancia

3.1 El evangelio, por su parte, nos trae el llamado apremiante de Cristo, en el contexto de la conmoción universal que habrá de preceder a su retorno glorioso.

3.2 De ahí aprendemos varias cosas. Primero, que el adviento es algo más que la preparación para recordar la Navidad. De hecho, el tiempo litúrgico del adviento tiene dos fases bien diferenciadas, como hemos comentado en otras ocasiones: la primera, que empieza este domingo, en realidad mira al retorno de Cristo, es decir a su llegada definitiva; la segunda, que empieza en la semana anterior a la Navidad, sí se centra en las circunstancias propias del nacimiento de Nuestro Señor, como una "prenda" que afianza nuestra esperanza en el cumplimiento definitivo de las promesas.

3.3 Aprendemos también en este evangelio que, así como hay una historia marcada por la esperanza, que es la de los genuinos creyentes, hay también "historias", en un plural de disolución y confusión, que van selladas por la distracción y la dispersión. Cristo es claro: "el exceso de comida, las borracheras y las preocupaciones de la vida" pueden atontarnos, dispersarnos, distraernos hasta un punto en que ya no reconocemos ni la presencia de sus bendiciones ni la promesa de su salvación. Para quienes llegan a este estado, el retorno de Cristo será como una "trampa."

3.4 De ahí los dos grandes consejos que protegen el don de la esperanza: orar y vigilar. Si recordamos, fueron también las dos recomendaciones de Cristo en el Huerto de Getsemaní. Aquella ocasión nos decía: "vigilad y orad" (Mc 14,38); hoy nos dice: "estén atentos, pues, y oren en todo tiempo" (Lc 21,36). Hay algo profundo aquí: el adviento de la Iglesia, aunque marcado con una alegría inmensa, tiene también su aspecto de "Getsemaní." Mientras aguardamos al Señor, de algún modo hemos de recorrer el camino que él anduvo y participar de su pasión para acoger con pleno corazón su pascua.
(
http://www.homiletica.org/nelsonmedina/nelsonmedinahomilias0941.htm
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Homilía Primer Domingo de Adviento, Ciclo C, San Lucas (21, 25-28 34-36).


Escrito por Ivonne Sandoval Nuevo   

 

Viernes, 27 de Noviembre de 2009 12:46

 


  UNA ESPERANZA QUE NO DEFRAUDA.

 

 

1.-  INTRODUCCIÓN.

 

Estamos al comienzo de un año litúrgico, Ciclo C, en el cual leeremos y celebraremos la palabra de Dios con el evangelio de San Lucas. La tradición cristiana de nuestra  Iglesia, ha señalado algunas características que son propias de este Evangelista. Primeramente se le designa el evangelio de la misericordia que se indica con parábolas que la explican. Es también el evangelio de los pobres y el evangelio de la oración. También se caracteriza por ser el evangelio que tiene una verdadera dimensión histórica por el cuidado que San Lucas ha tenido para recurrir a fuentes que han hecho posible su narración acerca de la vida privada y hogareña de Cristo en Nazareth y el despliegue de su vida pública y apostólica.
 
 

Las lecturas bíblicas de hoy culminan precisamente con el evangelio en el cual se subraya el tema central de la esperanza, segura y firme en Cristo y que de ninguna manera defrauda. ¡Cristo es la esperanza de la gloria para todos y cada uno de sus seguidores, mientras van de camino hacia la patria celeste!...
 
 

2.-  LA ESPERANZA EN CRISTO QUE NO DEFRAUDA.

 

Nuestra fe católica nos enseña que la esperanza es un don de Dios que se nos da en el bautismo, junto con los dones de la fe y la caridad. Esta esperanza consiste en la sólida actitud de esperar se cumplan las promesas de Dios para con los hombres a través de la Alianza pactada con ellos y sellada con la sangre de Cristo inmolado en la cruz y con la energía amorosa del Espíritu Santo. La fuerza de la esperanza se funda en la veracidad de Dios por Cristo, que se revela con su designio de salvación. Como suprema verdad que es, no puede defraudarse y defraudarnos.
 
 

Aquí debemos distinguir entre “espera” y “esperanza”. La “espera” se reduce al ámbito meramente humano. Es propia de nuestra condición  limitada pero es un aspecto importante como motor que impulsa siempre hacia delante, en el espacio y el tiempo de la realización histórica del proyecto que se tenga de la propia y ajena existencia.
 
 

Se pueden distinguir tres niveles de “espera”, de acuerdo a las necesidades y deseos: la “pasiva” de los que no se comprometen y están de frente a  lo que acontezca en el futuro como meros espectadores; la “espera creadora” de los hombres y mujeres que son activos y tienen iniciativas para mejorar paso a paso las condiciones de la realización personal y comunitaria. Se da también la “espera” de los que destacan en la vida por crear bienes y fortuna con sus negocios y actividades en orden a vivir más placenteramente en medio de las pruebas y retos que depara la vida en este mundo.
 
 

De estas “esperas” se distingue y destaca “la esperanza” como don y virtud teologal referida directamente a Dios y al fiel cumplimiento de sus promesas de salvación y vida buena en este mundo, cuyo esplendor y realización perfecta y acabada se tendrá en el “más allá”, en la eternidad con Dios y sus santos. Esta esperanza es trascendente y siempre va más allá de lo que el futuro depare, pero dentro  del plan de Dios que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Esta esperanza se consumará al término de la existencia terrena, abierta a la vida trascendente y definitiva del paraíso.
 
 

3.-  CONCLUSIÓN EXHORTATIVA.

 

La liturgia de hoy en sus lecturas, nos empuja a mirar hacia delante, nos pone en estado de espera vigilante y atenta. Es la actitud que la Iglesia nos inculca al finalizar un Ciclo de sus celebraciones eucarísticas dominicales y al empezar otro Ciclo más. Así, nuestra vida cristiana se abre continuamente hacia el horizonte de nuestra esperanza fincada en Cristo, iniciador y consumador de nuestra esperanza. Él nos hace vivir con la fuerza maravillosa de esta esperanza fincada en los méritos y gracia de su Pascua, como paso de la muerte a la vida gozosa y plena de su resurrección.
 
 

En un mundo en el cual vivimos, con angustias y temores de muerte; en ambientes de inseguridad y amarguras; con experiencias dolorosas de aniquilamiento criminal, ante los cambios climáticos que nos afligen con huracanas violentos, inundaciones; marejadas terribles y sequías desoladoras con hambre, soledad y desamparo, debe surgir o emerger nuestra esperanza en Cristo.
 
 

El hombre de hoy, como el de ayer y de siempre, es un ser que espera. No se puede vivir sin esta esperanza que reflexionamos a la luz de la palabra de Dios en este primer Domingo de Adviento del Ciclo C.
 
 

Termino mi homilía diciendo que Cristo es la única esperanza del cristiano y de todo hombre de buena voluntad. Más allá de las enfermedades y la muerte; carencias y búsquedas en este mundo, está nuestra correspondencia al don de Dios, del Padre eterno que nos ama y nos espera en su casa del cielo. Cristo es el fundamento, la “roca angular” de nuestra esperanza, alentada indefectiblemente con los dones, carismas y frutos del Espíritu  Santo.
 
 

¡Señor Jesús, sostén nuestra esperanza que nos mantenga vigilantes y activos realizando las obras de misericordia durante este Adviento que nos prepara para celebrar tu venida  en carne mortal para llenarnos de gozo y paz en medio de las pruebas y vicisitudes de nuestro penoso caminar por este mundo, camino hacia el encuentro definitivo contigo y con los santos quienes son estímulo para ser felices y serenos, en medio de los retos que debemos afrontar con valentía  firme, mientras aguardamos tu gloriosa manifestación al final de nuestras vidas y en la eternidad!…
 
 

Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, a 29 de Noviembre de 2009.

 

 
 
 
 
+  Fernando Mario Chávez Ruvalcaba

Obispo Emérito de Zacatecas
(
http://diocesisdezacatecas.org/index.php?option=com_content&view=article&id=622:homilia-primer-domingo-de-adviento-ciclo-c-san-lucas-21-25-28-34-36&catid=17
).

Domingo I de Adviento del ciclo C. Estudio exegetico de LC. 1, 25-28. 34-36.

RECURSOS PARA PREDICAR

Primer domingo de Adviento, Año C
3 de diciembre, 2006

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 21:25-36

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 5-24: EL CONTEXTO

 

Estamos tentados a ignorar textos apocalípticos como éste.  No solo son difíciles de comprender, pero también nos avergüenzan los excesos de los predicadores apocalípticos de hoy.  Sin embargo, debemos reconocer que Jesús habló claramente de la Segunda Venida (también conocida como Paresia), y de otras escrituras del Nuevo Testamento la enfatizan también.  El leccionario nos hace un favor, ayudándonos a recobrar esta doctrina importante.

 

Nuestra lección del Evangelio para esta semana comienza con la predicción de Jesús de la destrucción del templo (vv. 5-6) y la pregunta de los discípulos, “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?” (v. 7).  Jesús responde hablándoles de guerras y rumores de guerras, terremotos, y pestilencias (vv. 9-11), el arresto de cristianos y las consiguientes oportunidades para proveer testimonio (vv. 12-19), y la destrucción de Jerusalén (vv. 20-24).  Entonces vienen las señales cósmicas de vv. 25-26, donde comienza nuestra lección.

 

Jesús no dice estas cosas para asustarnos, sino para prepararnos.  No nos debemos espantar (v. 9), en vez, debemos evitar ir en pos de falsos maestros (v. 8) y aprovechar las oportunidades creadas por el tumulto para dar testimonio (v. 13).  No debemos preocuparnos por preparar nuestra defensa, “Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán” (v. 15).

 

Esta escena es muy diferente a la que hoy se proclama demasiadas veces desde púlpitos apocalípticos.  No hay un coche que de repente se queda sin conductor a causa del Rapto.  Jesús no nos eleva sobre el tumulto y el sufrimiento, sino que nos deja caer en medio de ellos.  “La ‘redención’ prometida no consiste de un bote privado que salva a unos pocos privilegiados mientras que todo es destruido a su alrededor” (Ringe, 253).

 

El propósito de Jesús no es aislarnos de la incomodidad, sino prepararnos para la redención.  “En contraste al juicio que será pasado sobre el mundo, discípulos cristianos se darán cuenta de que su salvación se acerca” (Fitzmyer, 1349).

 

 

VERSÍCULOS 25-28: HABRÁ SEÑALES

 

25Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: 26Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.  27Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.  28Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención (griego: apolutrosis – a veces utilizado para expresar ‘redimido de esclavitud’) está cerca.

 

 

Jesús ha hablado de la destrucción del templo (vv. 5-6) y Jerusalén (vv. 20-24).  Ahora enfoca su atención al futuro del mundo entero.  La destrucción de Jerusalén se caracteriza por la llegada de ejércitos que traen destrucción (v. 20).  La destrucción del templo se caracteriza por la llegada del Hijo del Hombre que trae redención (v. 27).  Ambos eventos serán cataclismitos, pero la destrucción de Jerusalén será catastrófica, mientras que la venida del Hijo del Hombre será redentora.

 

La venida del Hijo del Hombre es anunciada en Daniel 7:13-14.  Ese capítulo describe la visión de Daniel, donde bestias terribles hacían cosas terribles.  Después, el Anciano de Grande Edad (Dios) tomó juicio, destruyó las bestias, y fue acompañado por “un hijo de hombre” (la traducción en la NRSV “uno como ser humano” es desafortunada) – una figura humana en contraste con las anteriores imágenes de bestias.  A este “hijo de hombre” se le concede el “dominio eterno,” y “que el reino, y el señorío, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo; cuyo reino es reino eterno, y todos los señoríos le servirán y obedecerán” (Daniel 7:27).  La imagen es de un mundo restaurado según la intención de Dios – un final de caos y de maldad – un comienzo de paz y justicia.

 

“Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas” (v. 25).  Cuando Jesús predijo la destrucción del templo, los discípulos preguntaron, “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?” (v. 7).  Después Jesús habló de guerras y terremotos y hambres y pestilencias y grandes señales del cielo y persecución (vv. 11-12).  Esas señales señalarían a la destrucción del templo.  Ahora, en versículo 25, Jesús habla de señales que señalan a la venida del Hijo del Hombre – señales cósmicas que incluyen el sol y la luna y las estrellas.

 

Jesús describe una escena muy parecida a la que se encuentra en el libro de Daniel.  La venida del Hijo del Hombre parecerá catastrófica (vv. 25-26) – y Jesús quiere decir que será catastrófica para los no creyentes – pero que traerá redención a los creyentes (v. 28).  La imagen es del nacimiento de un nuevo mundo – de toda la creación en su obra.  Sin embargo, esa obra dará luz a un maravilloso mundo nuevo donde la maldad terminará – donde la creación será restaurada según el diseño de Dios.  Por eso es un tiempo de esperanza – de ansiosa anticipación – de alegría.

 

“del sonido de la mar y de las ondas” (v. 25b).  “El sol y la luna ejercen gran poder sobre nuestro planeta – piense, por ejemplo, sobre la luna y las mareas – no es sorprendente que el mar también se encuentre profundamente afectado” (Hendricksen, 940).

 

“Secándose (griego: apopsuchonton – desmayarse o morir) los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas” (v. 26).  El temor será tan intenso que la gente se desmayará.  La palabra apopsuchonton también puede significar morir, por eso, parece probable que algunos se murieran de miedo literalmente.

 

“Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.  Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca” (vv. 27-28).  La sorpresa aquí es que las señales no solo apuntan a la destrucción inminente, sino también a la venida del Hijo del Hombre – a la redención.  Gardner Taylor, el gran predicador afro-americano, tenía un sermón sobre este texto que concluía gritando, “¡Mirad hacia arriba! ¡Mirad hacia arriba!”  Después pausaba y, suavizando su voz, procedía de forma muy deliberada: “Para vuestra redención - ¡acercaos!”  ¡Grandes palabras para una congregación afro-americana que ha sufrido más tumulto de lo debido! ¡Grandes palabras para todos!

 

“Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca” (28).  “El ‘vuestro’ en ‘vuestra redención’ se refiere claramente a los fieles – los que han abrazado el proyecto de Dios descubierto por el ministerio de Jesús y que se sitúan a si mismos alrededor de este propósito divino” (Green, 741).

 

El lenguaje de Jesús nos parece extraño pero para sus discípulos, que conocen las escrituras hebreas, ése no sería el caso.  Mire estos ejemplos (véase también Isaías 13:10; Ezequiel 32:7; Joel 2:10; Haggai 2:6).

 

– “Bramaron las gentes, titubearon los reinos; Dio él su voz, derritióse la tierra” (Salmo 46:6).

 

– “Tú tienes dominio sobre la bravura de la mar: Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas” (Salmo 89:9).

 

– “Quebrantárase del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida” (Isaías 24:19).

 

– “Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo” (Joel 2:30).

 

Tal lenguaje es poético.  No hemos de esperar poder asociarlo con eventos específicos, en vez, debemos oír la gran promesa que Dios interviene decisivamente en nuestra historia.  No es una amenaza, sino una promesa.

 

 

VERSÍCULOS 29-33: Y DÍJOLES UNA PARÁBOLA

 

29Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles: 30Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.  31Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.  32De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.  33El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.

 

 

“Mirad la higuera y todos los árboles: Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca” (vv. 29-30).  Brotes en los árboles nos dicen que el verano se acerca.  Jesús acaba de describir el gran tumulto cósmico.  Ahora, pasa a una imagen mucho más conocida.  Todos hemos visto brotes en los árboles, y sabemos que indican la llegada del verano.  De la misma manera, cuando vemos estas grandes señales cósmicas, podemos estar seguros “que está cerca el reino de Dios” (v. 31).

 

La venida del reino de Dios es algo que debemos anticipar con alegría en vez de temor.  Jesús nos enseñó a rezar, “Venga tu reino” (11:2).  Esta oración es para que Jesús venga de nuevo y establezca plenamente el reino de Dios, el cual es solo una realidad parcial en nuestro mundo actual.  La venida del reino será un tiempo cuando los males serán corregidos y el pueblo de Dios será redimido de las cosas que le hace sufrir.  La venida del reino, sin embargo, será un tiempo tumultuoso.

 

“De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho” (v. 32).  Este versículo es difícil porque muchas generaciones han pasado y aún seguimos esperando.  Eruditos proponen gran número de explicaciones posibles:

 

– Algunos (Culpepper, 409; véase también Nolland) piensan que Jesús (y Lucas) creían que el final vendría rápidamente – durante su generación.  Sin embargo, Lucas escribió este Evangelio tres décadas después de la muerte y resurrección de Jesús, cuando gente de la generación de Jesús ya estaba muriendo.  No parece probable que incluyera este versículo si lo conectara con la generación inmediata de Jesús.  También, anote que los Evangelios de Mateo y de Marcos ambos concluyen con la parábola de la higuera, por lo tanto: “Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32; véase también Mateo 24:36).  En la Encarnación, Jesús aceptó ciertas limitaciones humanas.  La sabiduría de esa fecha u hora es una de esas limitaciones.

 

– Otros dicen que la palabra ‘generación’ es imprecisa.  “La palabra puede referirse a un período de tiempo de aproximadamente treinta años, o a un período de años indefinido, pero caracterizado por una cualidad particular como el sufrir o esperar o testificar” (Craddock, Interpretation, 247; Véase también Ringe, 253-254 y Gilmour, 369).

 

– “esta generación” podría significar “la mala generación humana… Jesús se refiere a una cualidad humana: gente malvada no escapará el juicio cuando venga” (Bock, 343; véase también Green, 742).

 

– “esta generación,” “puede referirse a la última generación.  Es decir, …el final ocurrirá dentro de una generación; el mismo grupo que ve el comienzo verá su fin” (Bock, 343-344; Fitzmyer, 1353).

 

– Estas diferencias entre eruditos dejan claro que cualquier interpretación de “esta generación” es, en mayor parte, tentativa.  Sin embargo, también está claro que este asunto no es el énfasis central de este texto.  Por lo tanto, haríamos bien en no darle más atención de la necesaria al predicar sobre él.

 

“El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán” (v. 33).  Las palabras de Jesús, que asombraron a los maestros del templo cuando aún era niño (2:46-47) y a la congregación de la sinagoga cuando habló con tal autoridad (4:31-32), continúan siendo autoritarias.

 

– Dos mil años después de la muerte de Jesús, gente aún hace grandes obras obedeciendo las palabras de Jesús.

 

– Día tras día, los más inesperados encuentran que su vida es transformada por las palabras de Jesús.

 

– Ha caído imperio malvado tras imperio malvado, pero el sol nunca se pone sobre la proclamación de Jesús.

 

– Gobiernos represivos persiguen cristianos y destruyen iglesias, pero son incapaces de impedir que gente proclame las palabras de Jesús.

 

– Podríamos escoger cualquier día de la semana y estar seguros de que más gente oiría las palabras de Jesús por primera vez ese día que las oyeron durante la vida de Jesús.

 

– Las palabras de Jesús no desaparecen al pasar, en vez, siguen cobrando fuerza.  Podemos estar seguros que si las palabras de Jesús duran otros dos mil años, los corazones de ese día estarán llenos de las palabras de Jesús.

 

 

VERSÍCULOS 34-36: Y MIRAD POR VOSOTROS

 

34Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería (griego: kraipale) y embriaguez (griego: methe), y de los cuidados de esta vida (griego: merimnais biotikais), y venga de repente sobre vosotros aquel día.  35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.  36Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.

 

 

¡Ahora llegamos al punto! “Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.  Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra” (vv. 34-35).  Jesús nos ha instruido en cuanto a las señales que debemos esperar, y nos ha explicado el significado de esas señales.  Ahora, nos advierte que debemos estar preparados.  Es como si Jesús nos estuviera preparando para estar alertas para cuando llegue algo maravilloso, como la llegada del novio (Mateo 25:1-13).  Ése será un tiempo de gran alegría para los que están preparados y alertas, pero esperar puede ser aburrido.  ¿Quién puede mantenerse despierto hora tras hora, mirando a la oscuridad? ¿Cuál es el daño si nos dormimos de vez en cuando? La respuesta es que la falta de preparación puede llevarnos al desastre.

 

“El abandono a los cuidados y placeres de la vida cegarán a uno de la cada vez más próxima venida climática del fin del mundo.  Para los que están tan ocupados, ‘ese día’ vendrá de repente, y les atrapará” (Nolland).

 

Jesús menciona tres Comprometedores de Preparación (v. 34):

 

– Glotonería

– Embriaguez

– Las preocupaciones de esta vida

 

El primer comprometedor es glotonería.  La palabra griega, kraipale, se utilizaba comúnmente para referirse a la nausea que sigue la embriaguez (Culpepper, 409, citando a Robertson, World Pictures in the New Testament, Vol. 2).  Mi diccionario define glotonería como “satisfacción de placeres extravagantes, inmoderados, y libertinos,” que concuerda con el significado de la palabra griega.  Anote cuanto tiene en común con el segundo Comprometedor, embriaguez.

 

Sin embargo, mi diccionario también define glotonería como “proceso en el cual se usa o se pierde mucha energía sin el cumplimiento de trabajo útil.”  De nuevo, esto concuerda con embriaguez, una condición en la que se desperdician energía y recursos sin ningún propósito útil.  Glotonería es lo opuesto de servir, que trata de hacer el máximo de los recursos dados por Dios.  Glotonería desperdicia tiempo, dinero, relaciones, y vidas.

 

El segundo gran Comprometedor, embriaguez, generalmente asociado con el alcohol, aplica también a los efectos intoxicantes de otras drogas.  ¿Es estirar demasiado este punto al decir que algunas personas también se intoxican de poder – ambición – conquista sexual?

 

La embriaguez aplana nuestras inhibiciones y nuestro juicio y reduce nuestra capacidad mental y física.  ¿Cómo podemos estar alertas si estamos embriagados?

 

Si glotonería es lo opuesto de servicio, el tercer Comprometedor, la preocupación, es lo opuesto de fe.  Como glotonería, preocupación consume energía sin cumplir nada.  Estamos tan cansados después de un día de preocupación como después de un día de trabajo – pero el trabajo nos deja con un sentimiento de logro mientras que la preocupación solo nos deja con la tensión alta.  La preocupación también paraliza, haciendo difícil que respondamos de manera apropiada cuando vemos que el peligro se acerca.

 

Unos cuantos miembros de nuestra congregación tienen problemas con glotonería y embriaguez, pero muchos tienen problemas con “las preocupaciones de esta vida.”  Éste es un tema posible para un sermón sobre este texto.  Gente sentada en los bancos de la iglesia se sorprenderá al saber que Jesús pone preocupación en el mismo grupo con glotonería y embriaguez. Preocupación parece leve en comparación, pero mata nuestros espíritus y nuestra fe.  Preocupación afecta a más cristianos que la glotonería y la embriaguez juntos.

 

“Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre” (v. 36).  Jesús nos pide que estemos alertas y que oremos.  El orar nos ayuda a evitar la glotonería, la embriaguez, y la ansiedad.  Orar nos mantendrá abiertos y listos para recibir las bendiciones de Dios, y dirigirá nuestra energía espiritual para cumplir la voluntad de Dios.

 

Para los que están en Cristo, este texto no es uno de abatimiento ni sentencia.  Es una llamada para prepararnos y para permanecer preparados, porque nuestra redención se acerca (v. 28).  Para cristianos, estos eventos cósmicos “significarán que sus días de sufrimiento pronto terminarán” (Hendricksen, 941).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en
http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Barclay, William, The Daily Study Bible, The Gospel of Luke (Edinburgh:  Saint Andrew Press, 1953)

 

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series:  Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

 

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1994)

 

Craddock, Fred B., Interpretation: Luke  (Louisville:  John Knox Press,(1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

 

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter's Bible, Volume IX.  (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Evans, Craig A., New International Biblical Commentary:  Luke (Peabody, MA, Hendrickson Publishers, Inc., 1990)

 

Fitzmyer, Joseph A., S.J., The Anchor Bible:  The Gospel According to Luke X-XXIV (New York:  Doubleday, 1985)

 

Gilmour, S. MacLean & Scherer, Paul, The Interpreter's Bible, Volume 8.  (Nashville:  Abingdon , 1952) 

 

Green, Joel B., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Luke (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 1997)

 

Hendriksen, William, New Testament Commentary:  Luke (Grand Rapids:  Baker Book House, 1978)

 

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina:  The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

 

Nolland, John, Word Biblical Commentary:  Luke 18:35 -- 24:53, Vol. 35C (Dallas:  Word Books, 1993)

 

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville:  Westminster John Knox Press)

 

Wilson, Paul Scott, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels  (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

 

www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

 

Copyright 2007, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT03-Lucas/Lucas.21.25-36.htm
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

San Lucas 21, 25-28. 34-36:
¡Cristo viene!
Autor: Regnum Christi

Fuente: Regnum Christi       Para suscribirse  

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.

Oración introductoria

Señor, ¡Tú vienes a nosotros como un niño! ¿Qué demostración de amor puede haber más grande que ésta? Jesús, en tu Encarnación, Tú asumiste nuestra carne, ahora quiero darte yo mi vida entera para que de este modo puedas venir al mundo otra vez y transformarlo. Concédeme alcanzar de Ti esta gracia en la oración.

Petición

¡Ven, Señor, no tardes! ¡Ven que te esperamos! ¡Ven pronto Señor!

Meditación

Hoy iniciamos un nuevo ciclo litúrgico a lo largo del cual conmemoraremos los misterios de nuestra salvación. Al celebrar el tiempo de Adviento, la Iglesia revive la espera del Mesías. Por eso la lectura del Evangelio nos presenta una serie de imágenes con las que Jesús exhorta a la vigilancia, en espera de su retorno. La venida del Señor no es algo accidental, Él viene a librarnos del mal mortal que es el pecado. ¡Cristo viene! No es un Dios lejano, desinteresado de nosotros o de nuestras cosas, se trata de un Dios Amor, Padre misericordioso. Si no tuviéramos el Adviento nos faltaría todo. Éste es un tiempo espiritual de esperanza, es un período de gracias que Dios nos regala. ¡Salgamos al encuentro del Señor con las buenas obras! El Señor está cerca, no cesa de llamar a nuestra puerta y busca nuestra acogida. ¿Estamos dispuestos a recibir al Señor, a darle nuestro tiempo y nuestra vida? Éste es el sentido del Adviento: que el Señor pueda hacerse presente en el mundo por medio de nosotros.

Reflexión apostólica

La llamada al apostolado es para todos los cristianos y resuena en toda la Iglesia. Todos somos responsables de la evangelización del mundo. Vivimos en un tiempo privilegiado para dar a Cristo. El mundo le espera. Las personas tienen necesidad de Él. Esforcémonos este Adviento por acercar a Cristo a los que tenemos más cerca invitándoles a alguna actividad del Regnum Christi.

Propósito

Hacer una buena confesión para vivir con fruto espiritual el Adviento.

Diálogo con Cristo

Señor, mi corazón se llena de alegría al recordar que una vez más te preparas para nacer en nuestros corazones. Tu entrega por nosotros me enseña a vivir con amor y a descubrir tu imagen en todos los que me rodean.

“¿No te dice nada la encarnación de Cristo por amor a ti?” (Cristo al centro, n.317)
(
http://homiletica.org/legionarios/legionariosdecristoD0858.htm
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Domingo 3 de diciembre 2006

CICLO C. PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Evangelio : Lucas 21, 25-28. 34-36

Primera lectura: Jeremías 33, 14-16
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 3, 12-4, 2

 
 EVANGELIO
Lucas 21, 25-28, 34-36
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)
 
 

25 Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y en la tierra las naciones paganas serán presa de angustia, en vilo por el estruendo del mar y el oleaje, 26 mientras los seres humanos quedarán sin aliento por la temerosa expectación de lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo vacilarán. 27 Entonces verán llegar al Hombre en una nube con gran potencia y gloria. 2 8Cuando empiece a suceder esto, poneos derechos y alzad la cabeza, porque está cerca vuestra liberación.
34 Andaos con cuidado, que no se os embote la mente con el vicio, la borrachera y las preocupaciones de la vida, y el día aquel se os eche encima de improviso; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los que habitan la faz de la tierra. 36 Ahuyentad el sueño y pedid fuerza en cada momento para escapar de todo lo que va a venir y poder manteneros de pie ante el Hombre.
 

PAREMOS EL SIDA, MANTENGAMOS EL COMPROMISO.

Este primer domingo del tiempo de adviento, tiempo en que la comunidad cristiana levanta la  mirada para mirar el horizonte del futuro, se celebra tan cerca del Día Mundial del SIDA 2006 que también nos incita a todos nosotros y nosotras a levantar nuestra mirada y comenzar a comprender que significado tiene la epidemia del vih y del sida para nuestras vidas, para la historia de nuestra comunidad y para el mundo en general.

Indudablemente somos hombres y mujeres de esperanza. Frente al agobio de las estadísticas que hemos considerado en tantos mensajes e información recibida durante estos días, muchos y muchas de nosotros nos hemos parado en las esquinas de nuestras ciudades con un folleto informativo en nuestras manos como única herramienta de transformación. Hemos confiado en ese gesto simple y humilde de entregar información, de ser signos vivientes de disponibilidad para acompañar y ayudar, y hemos pensado que ese era un gesto de liberación. Indudablemente no somos tan inocentes ni ingenuos. Sabemos que los procesos de transfiguración, de cambio y de liberación son mucho más complejos.

Los datos sobre la dimensión de la epidemia, las estadísticas devastadoras, las trabas para el acceso universal a los medicamentos que salvan vida y de los cuales, gran parte de las personas que viven con vih o sida están privados, si bien nos desmoralizan y nos aterran, no pueden inmovilizarnos. Esas estadísticas y esas situaciones de injusticia no pueden matar también nuestra esperanza. Muy por el contrario, esas barreras que parecen tan fuerte y poderosas sabemos que tienen los días contados. El futuro no pertenece a la injusticia y a la falta de equidad entre los seres humanos, sino que el futuro pertenece a una comunidad más justa y solidaria. ¡Hacia allá vamos!

Esta epidemia del vih y del sida, junto con otras situaciones de crísis y catástrofe pueden hacerle perder a los cristianos y a las personas de fe religiosa su esperanza en la liberación de todo sistema de exclusión y opresión. Muy por el contrario, nos tiene que fortalecer. Esa es la lectura que le damos a ese gesto simple que hemos repetido el Día Mundial del SIDA al entregar el pequeño folleto informativo. Ese gesto tiene una dimensión de esperanza y de confianza en que las injusticias tendrán fin porque sabemos que el acceso universal a los medicamentos está cerca, que el fin del estigma y la marginación es posible y que un mundo nuevo está por nacer a la vuelta de la esquina. Por eso nos hemos parado en todas las esquinas de las ciudades del mundo, porque somos una comunidad de hombres y mujeres que tienen confianza y que en ese simple gesto de entregar un folleto reafirmamos nuestro compromiso de trabajar en contra de este sistema destructivo de dignidades y de vidas para juntos con todos esos hombres y mujeres a quienes entregamos el folleto, reafirmamos nuestro compromiso de cumplir las metas que la Declaración de Compromiso firmada por nuestros gobiernos es nuestra esperanza. Trabajamos para el año 2015 sea un año sin vih y sin sida.

En medio de tantas catástrofes que nos anuncian estadísticas y gráficos, informes y mensajes, nosotros y nosotras que trabajamos desde las comunidades de fe en la crisis del vih y del sida, ya comenzamos a contemplar otra nube. Contemplamos aquella nube que nos anuncia la manifestación de Dios, y esa manifestación siempre es manifestación de liberación de temores, de injusticias y de opresión. En este Día Mundial del SIDA anunciamos que ya estamos vislumbrando en el horizonte un mundo nuevo, renovado en la justicia y la comunión. Ninguna estadística ni ninguna legislación internacional de comercio injusto nos pueden separar de esa esperanza que es nuestro compromiso. Es por ello que hoy gritamos que la construcción de ese mundo es nuestro compromiso y que por ello hemos salido a las esquinas del mundo. Ninguna negra realidad nos impedirá reafirmar nuestro compromiso y nuestros miedos y cansancio tampoco serán un obstáculo para que este año lo dediquemos a cumplir y hacer cumplir las promesas y compromisos.

Sabemos que el miedo es un camino sin salida y sin futuro. Por ello interpretamos la epidemia del vih y del sida desde una perspectiva de liberación. Sabemos que el mundo y las iglesias serán y ya son, diferentes. La epidemia esta transformando la realidad, y no desde el punto de vista médico solamente. Si levantamos nuestras miradas podemos ver cantidad de signos positivos y totalmente nuevos en nuestras comunidades de fe. Cada vez más se puede dialogar sobre temas que hasta ayer eran prohibidos. Las puertas de nuestras comunidades, de nuestras mentes y de nuestros corazones se abren a la llegada de los grupos y personas vulnerables al vih y sida. Les vemos llegar desde el norte, desde el sur, desde el este y desde el oeste de nuestros mapas de prejucios y discriminación y las puertas de nuestras comunidades comienzan a abrirse y a recibirles en dignidad y honor. Ya nuestras comunidades no pueden ser las mismas, ya no podemos repetir viejos discursos, ya no leemos las Escrituras ni los signos de Dios de la misma manera. ¡Ya no!

La epidemia del vih y del sida nos ha desafiado y nos desafia a poner palabras allí donde hasta ayer había silencio. La epidemia y nuestra identidad confesional nos compelen a romper el silencio y todos los silencios. Allí donde había exclusión y estigmatización, la epidemia nos compele y empuja a ser comunidad de bienvenida, de acogida incondicional, en definitiva a ser aquella iglesia en la cual Jesús de Nazaret soñó que fuera su cuerpo y su alma en el mundo.

Hemos salido a las esquinas del mundo en el Día Mundial del SIDA porque tenemos algo para decir, algo para vivir y mucho para cumplir. En medio de esta epidemia estamos llamados a elevar nuestra mirada y contemplar en esperanza y fe un mundo y una iglesia renovada en la fidelidad que cumple su compromiso de ser la Casa Común de todos y de todas, sin exclusión, sin oriente ni occidente, sin clases altas o bajas. Estamos llamados a cumplir la promesa de ser el espacio del arco iris que anuncia que los diluvios han cesado y que el amor de Dios se hace realidad en la simple hojita de olivo.

En este Día Mundial del SIDA nos hemos revestido de muchos rojos, en cintas, ropas, estandartes. Esos rojos anuncian el fuego del Espíritu que en medio de las tristezas, de la memoria de tantos amigos y amigas hoy ausentes a causa del vih y del sida, no nos dejamos doblegar y apostamos más fuerte a un futuro lleno de alegría y de mucha más felicidad. Ese es nuestro compromiso. Tenemos confianza en el futuro de la resurrección de un nuevo orden cósmico más humano, porque lo más humano es lo más divino, es lo que más se acerca a la imagen de Ser Humano que viene en esa nueva nube de Dios.

Esta esperanza y esta alegría no es ni boba y ingenua. Sabemos que aún hay mucho prejuicio, estigma, discriminación, injusticia humana y social, muchos conflictos de muerte, pero nos da alegría poder salir a las calles y a las esquinas a renovar nuestro compromiso de trabajar juntos con todas las organizaciones de la sociedad civil y de todos los organismos de gobiernos en la construcción de ese mundo y esa iglesia nueva. Nos hemos comprometido a no quedarnos en nuestros espacios cerrados, nos hemos comprometido a salir a los caminos de Dios y anunciar liberación y esperanza. Esta situación no va a quedar así ni puede quedar así. Anunciamos y renovamos nuestro compromiso de caminar junto a todas las personas vulnerables para que ocupen su lugar de dignidad al cual Dios mismo les ha llamado. Esta realidad nos mueve y nos da coraje. La epidemia nos da miedo pero si la miramos con los ojos de Dios puede ser una herramienta de transformación, reconciliación y empoderamiento. Seamos fieles a nuestra vocación y cumplamos nuestro compromiso de bautismo de ser Cristo que están dispuestos a entregar sus vidas en las muchas cruces que aún hoy el sistema de exclusión levanta pero que no podrá seguir levantando.

Por eso, en el Día Mundial del SIDA nos hemos puesto de pie, hemos salido a los caminos y calles de nuestras ciudades para renovar el compromiso de nuestro bautismo, de nuestra identidad como cristianos y cristianas. Sabemos que contamos con Dios en nuestra tarea, porque esta es su tarea, sin él nada hubiera sido posible. En fe confiamos en su proyecto y pedimos que en su gracia, utilice nuestra simplicidad, nuestros temores, nuestras vidas y nuestras esperanzas para que todo le pertenezca y nos pueda liberar de nuestros egoísmos y nos ayude a liberar a nuestra sociedad y a nuestras iglesias de temores y que también salga a las calles para renovar su compromiso.

Hoy sabemos que los signos apocalípticos no son signos de catástrofes sino de revelación del plan de Dios y ese plan siempre es de liberación. Ante las crisis los cristianos y cristianas las transformamos en oportunidades de liberación. Cumplamos entonces nuestro compromiso de ser signos de esa liberación de Dios que aleja de nosotros todo vestigio de estigma y discriminación. Cumplamos nuestro compromiso de bautismo: seamos signos de justicia, paz y solidaridad.

Para la revisión de vida

Dios se manifiesta allí donde los cristianos y cristianas cumplen su compromiso de ser realmente discípulos de Jesús de Nazaret. Ese es nuestro paradigma de comportamiento y compromiso. No hay mayor amor que dar la vida por los amigos y amigas.

Levantamos nuestra mirada porque sabemos que lo mejor está delante de nosotros. El futuro será diferente si nosotros y nosotras cumplimos nuestro compromiso y dejamos actuar la gracia de Dios. Dios vendrá a juzgar pero siempre a juzgar en el amor. El futuro de nuestra comunidad cristiana se medirá, en la epidemia del vih y sida, en el compromiso de amar en la sorprendente gracia de Dios.

Ya no somos espectadores sino actores y actrices de una historia de liberación construida en la gracia y de acuerdo al proyecto de Dios revelado en Jesús de Nazaret. ¿Cómo interpretamos los signos, estadísticas y desafíos de la epidemia del vih y del sida?

 Para la reunión de grupo

¿Qué signos de esperanza y de futuro anunciamos en el contexto de la epidemia del vih y sida? ¿Solamente vemos alarma, decadencia moral, miedos frente a la realidad social y cultural? ¿Cuál es nuestra propuesta de esperanza que no suene a juicio y castigo?
 

Para la oración de los fieles

Para que las comunidades cristianas vivan intensamente el adviento como preparación a un tiempo de utopias y de cercanía de Dios con nosotros y nosotras. Para que en el Día Mundial del SIDA renovemos nuestro compromiso con el proyecto que la encarnación de Jesús en Belén revela a los impuros, excluidos y excluidas, a los sospechosos de siempre y que la Navidad se transforme en el reencuentro y la reconciliación de todos y todas, roguemos al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
Por todos los que en este Día Mundial del SIDA y en este tiempo de adviento lloran y se desesperan ante la inmensidad de la tarea y los desafíos, para que encuentren fuerza en tu Espíritu, esperanza en el Evangelio de Jesús de Nazaret y apoyo en las comunidades de fe... roguemos al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
Por todas las personas que han renovado su compromiso de hacer posible las metas fijadas en la Declaración de Compromiso firmada en las Naciones Unidas por todos los gobiernos del mundo y apoyados por todas la organizaciones de la sociedad civil, para que nada ni nadie nos aparte de esas metas y de esos sueños para que todos y todas puedan vivir la plenitud de sus vidas, roguemos al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
Por todas las otras personas que viven de espaldas a la realidad de la epidemia del vih y del sida puedan romper los muchos silencios y comprometerse para que esta epidemia sea historia, roguemos al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos....
Por la esperanza de los pobres, las personas que se han transformado en estadísticas de la epidemia del vih  y del sida; para que por nuestro compromiso valiente por la transformación del mundo y de las iglesias seamos espacio de  adviento, esperanza, buena noticia para estos hermanos y hermanas nuestros... roguemos al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
 

Oración comunitaria

            Oh Dios, Alfa y Omega de la vida y de la historia, Fuerza y Origen, Fundamento misterioso del Ser, que llamas a la existencia y siembras los impulsos y los brotes, y llamas a la Esperanza. Al comenzar este nuevo Adviento acoge nuestras limitaciones y temores, y libera toda tu energía en nosotros, para que renazcamos a una esperanza nueva. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.
(
http://www.pastoralsida.com.ar/paginas_internas/desafios_de_la_palabra/1adv_c.htm
).

Homilia para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

Primer domingo de Adviento Ciclo C. Lc. 21,25-28,34-36. Domi. Domingo 29

 

Jueves, 26 de Noviembre de 2009 11:16

 


Se acerca nuestra liberación

Primer domingo de Adviento Ciclo C. Lc. 21,25-28,34-36. Domingo 29.11.09

Comenzamos un nuevo año litúrgico, y un nuevo ciclo, con este primer domingo de Adviento: presencia y llegada de ese Dios que nos humaniza, cuyo proyecto del reino no se impone a la fuerza, sino que nos invita a un cambio de actitudes, de mentalidad, de valores, a transformar nuestra vida. Y comprometernos en comunidad.

El evangelio de Lucas, nos presenta a los discípulos que le preguntan a Jesús, admirados por la grandeza del templo. Y usa un lenguaje de la literatura apocalíptica, no para señalarnos una actitud de miedo o de temor, sino una actitud de esperanza. Cuando una persona o comunidad está en crisis, siempre el Señor nos abre camino a la vida. Es pasar de momentos y tiempos difíciles a una nueva etapa adulta. Y esto sólo lo da la fe, que nos lleva no a agachar la cabeza y hundirnos en la depresión o el miedo, sino en enderezarnos, levanten la cabeza porque su liberación está cerca.

Es Dios que siempre conduce a su pueblo que levanta al oprimido, que venda las heridas, que cuida del huérfano y de la viuda, que frente a los desastres de las guerras, de la destrucción de su pueblo, le ofrece promesas de libertad, de justicia y de paz, que las cumple. Y por eso bien claro nos señala el profeta Jeremías “El Señor es nuestra Justicia”(Jr 33,14-16).

Dios está con nosotros, en medio de las dificultades que deshumanizan a la humanidad: el racismo, la corrupción, la injusticia, los desastres mismos que los provocamos por la insensibilidad de algunos, la destrucción del planeta. En medio de todo esto, Dios llega para salvarnos, en un descendiente de David. El mismo que es nuestra justicia, llega para que seamos mejores, para que preparemos un pueblo justo, para vivir y convivir en paz. El viene para que levantemos la cabeza, nos mantengamos firmes. Pensemos y busquemos soluciones a los problemas de erradicar la pobreza y la miseria, con una mejor distribución de los bienes de la tierra. Para proponer y sugerir a los líderes políticos de crear condiciones más humanas que paren el calentamiento global que afectan a los países más pobres de la tierra.

El quiere que creemos un mundo distinto y mejor. Firmes y seguros con una fe madura. Porque quien siembra con confianza en Dios, el permanece a su lado. Y es esto en forma concreta que a los discípulos nos hace crecer y progresar en el amor mutuo. Estamos llamados a vivir una vida agradable a Dios. Y esto es madurar en la fe, en aquel que nos reviste de nuevos sentimientos y que fortalece nuestros corazones, para animarnos los unos a los otros, cuando estamos desanimados. Firmes en la fe y en la esperanza cristiana podemos ver con mayor optimismo y trabajar para que este mundo sea un lugar más amable y coherente que se rige por la libertad y responsabilidad de los hijos de Dios.(Fr. Héctor Herrera, o.p.)
(
http://www.obispadodechimbote.org/index.php?option=com_content&task=view&id=1791&Itemid=332&date=2009-04-01
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

SIN MATAR LA ESPERANZA

Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Hoy escuchamos su grito de alerta: «Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Pero tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero».

Las palabras de Jesús no han perdido actualidad, pues también hoy seguimos matando la esperanza y estropeando la vida de muchas maneras. No pensemos en los que, al margen de toda fe, viven según aquello de «comamos y bebamos, que mañana moriremos», sino en quienes, llamándonos cristianos, podemos caer en una actitud no muy diferente: «Comamos y bebamos, que mañana vendrá el Mesías».

Cuando en una sociedad se tiene como objetivo casi único de la vida la satisfacción ciega de las apetencias y se encierra cada uno en su propio disfrute, allí muere la esperanza.

Los satisfechos no buscan nada realmente nuevo. No trabajan fondo nos va bastante bien. Desde esta perspectiva, oír hablar de que un día todo puede desaparecer «suena» a «visiones apocalípticas» nacidas del desvarío de mentes tenebrosas.

Todo cambia cuando el mismo Evangelio es leído desde el sufrimiento del Tercer Mundo. Cuando la miseria es ya insoportable y el momento presente es vivido solo como sufrimiento destructor, es fácil sentir exactamente lo contrario. «Gracias a Dios esto no durará para siempre».

Los últimos de la Tierra son quienes mejor pueden comprender el mensaje de Jesús: «Dichosos los que lloran, porque de ellos es el reino de Dios». Estos hombres y mujeres, cuya existencia es hambre y miseria, están esperando algo nuevo y diferente que responda a sus anhelos más hondos de vida y de paz.

Un día «el sol, la luna y las estrellas temblarán», es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, seguridad y progreso se tambalearán. Todo aquello que no conduce al ser humano a la verdad, la justicia y la fraternidad se derrumbará, y «en la tierra habrá angustia de las gentes».

Pero el mensaje de Jesús no es de desesperanza para nadie: Aun entonces, en el momento de la verdad última, no desesperéis, estad despiertos, «manteneos en pie», poned vuestra confianza en Dios. Viendo de cerca el sufrimiento cruel de aquellas gentes de África me sorprendí a mí mismo sintiendo algo que puede parecer extraño en un cristiano. No es propiamente una oración a Dios. Es un deseo ardiente y una invocación ante el misterio del dolor humano. Es esto lo que me salía de dentro: «¡Por favor, que haya Dios!».
(
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
).

Meditaciones para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

Lc 21, 25-28. 34-36

 

1. Texto. El ciclo litúrgico que hoy comienza nos va a familiarizar con Lucas, autor de un evangelio diferente de los de Mateo, Marcos o Juan, a pesar de contar con bastante material común.

El texto de hoy se sitúa dentro del recinto del templo. A la observación hecha por algunos sobre la belleza de este templo, Jesús contrapone el futuro de destrucción que le amenaza. Esta destrucción, sin embargo, no debe confundirse con la implantación definitiva y feliz del Reino de Dios, la cual estará precedida por un tiempo de protagonismo religioso no judío. En este punto entronca el texto de hoy.

Los dos primeros versículos describen un gigantesco cataclismo cósmico y el consiguiente pavor de la humanidad. El cataclismo es calificado como temblor de las potencias celestiales. Sigue a continuación la descripción grandiosa, pero escueta, de la llegada del Hijo del Hombre, que pondrá fin a las dificultades y sufrimientos de los cristianos comprometidos. "Se acerca vuestra liberación". La descripción de la llegada del Hijo del Hombre está tomada también de un libro apocalíptico como es el libro de Daniel. Por último, el texto se hace interpelativo: tened cuidado, estad siempre despiertos. La traducción litúrgica añade inexactamente una tercera interpelación: manteneos en pie. El texto original dice más bien lo siguiente: "Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y poder así manteneros en pie ante el Hijo del Hombre".

Lo que está por venir no se refiere al cataclismo cósmico, sino al futuro de dificultad y de sufrimiento que le espera al cristiano comprometido. Las dos interpelaciones van dirigidas a estos cristianos y quieren ser una invitación a vivir con la atención puesta en el reino de Dios por llegar y a no desfallecer a causa de las dificultades.

Comentario. Es conveniente recordar lo dicho hace un par de domingos a propósito de Marcos. También el texto de Lucas recoge situaciones e imágenes tomadas de la literatura profética y apocalíptica. Se trata de un lenguaje gráfico y metafórico, cuya verdad, por tanto, no hay que buscarla en lo que se describe, sino en lo que se trasluce y sugiere. No estamos ante la crónica de un futuro anunciado, sino ante la magia de un futuro mejor. Evocación y sugerencia no de fin de mundo, sino de fin de un mundo como el que hacemos.

El elemento central del texto es el pronombre personal plural "vosotros". Su referente son los discípulos, término que en Lucas es inequívocamente sinónimo de creyente o cristiano comprometido en la causa del Reino de Dios. Como le pasó a Jesús, también el creyente experimenta la incomprensión y la amenaza de los de dentro y de los de fuera. En una situación así es muy humana la tentación a desentenderse de todo, mandar todo a paseo y refugiarse en agentes inhibidores, llámense diversión, bebida o afán de dinero. El texto de hoy quiere ser una llamada de atención y una invitación al cristianismo comprometido. Una invitación a mirar en perspectiva de utopía. O quizá más exactamente: una palabra de ánimo y una confirmación de la esperanza que él ha depositado en el Hijo del Hombre.

(_DABAR/88/01) ........................................................................

2.Lc/LIBRO:

Comentario: Con el nuevo ciclo litúrgico estrenamos también autor. Ya tendremos tiempo de ir familiarizándonos con Lucas, de descubrir su tacto exquisito, su interés por lo cotidiano y el detalle personal, su atención a los insignificantes y marginados. El ciclo litúrgico quiere que comencemos la andadura con la mirada puesta en el horizonte, hay una coincidencia de fondo y forma entre la descripción de este horizonte por parte de Lucas y de la de Marcos de hace dos domingos. Ambos se sirven del lenguaje figurativo, común en los profetas. Grandes cataclismos y angustias. A propósito de estas imágenes conviene recordar que sobre el origen y el final del mundo la Biblia no hace ninguna descripción científica sino que manifiesta lo que es importante para la salvación del hombre. Y lo que es importante para el hombre (éste es el fondo de las imágenes) es que la historia que éste construye no es buena, pero que no por ello es abocada a la fatalidad. Y no lo está gracias al empeño de Dios. ¿Qué mejor forma de expresar que caminamos hacia un mundo nuevo que hace saltar en añicos el mundo viejo?

La Biblia es cualquier cosa menos un libro pesimista en lo referente al futuro del hombre. Lo que ocurre es que la salvación no espera del hombre, de ese hombre histórico con sus fracasos, mil veces puestos de manifiesto y siempre presentes, sino de Dios, o por lo menos del hombre que se apoya en Dios y le escucha. Expresión perfecta de este tipo de hombre es el Hijo del Hombre. El título mismo es evocador del alcance universal que Lucas le confiere al futuro. Cuando habla de las gentes se está refiriendo a la totalidad de la humanidad. Toda ella está llamada a la plena manifestación de su anhelo. Será la gran liberación. Anclado en lo humano y en lo divino el Hijo del hombre hace posible el ansia de liberación de la humanidad toda.

Cuando se camina es primordial saber que el camino conduce a alguna parte. Gracias al hijo del Hombre sabemos esa parte a la que el camino de la historia humana conduce. Pero así como la maleza del camino puede entorpecer o incluso ocultar la meta, así también las preocupaciones, agobios y crápulas (mejor traducción que vicios). Lucas, el evangelista del camino, dedica la segunda parte del texto de hoy a hacer una llamada a vivir conscientemente con la mirada puesta en la meta. No para tener miedo aquel día, sino para infundirnos ánimo y confianza en medio de las dificultades del camino. ¿No es acaso verdad que muchas veces vivimos como si la historia no tuviera rumbo ni sentido? Surge entonces la mentalidad del "carpe diem": aferrarse al presente porque no hay futuro o éste es problemático. ¡Manteneos en pie ante el Hijo del Hombre!, nos grita hoy Lucas. Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra gran liberación¡ Luchad por ella. ¡Qué gran necesidad de este grito tenemos en nuestros días!

(ALBERTO ·BENITO-A._DABAR/85/01) ........................................................................

3.

Contexto. Jesús está enseñando en el Templo de Jerusalén. En Lc.21, 5-24 su enseñanza ha versado sobre la relatividad de la historia judía. A partir del v. 25 la enseñanza versa sobre la relatividad de la historia no judía. Tengamos en cuenta que las expresiones gentil, gente, designan a toda persona no judía.

Comentario. Se distinguen dos partes. La primera es expositiva.

Se presentan unos hechos (vs. 25-27). A la vista de estos hechos se invita a adoptar una actitud. Segunda parte exhortativa (vs. 28. 34-36). Los hechos expuestos son: conmoción cósmica, angustia humana, presencia majestuosa del Hijo del Hombre. No se habla de desaparición sino de cataclismos. Se pinta una situación caótica de la que cabe esperar lo peor. Y, sin embargo, lo que aparece es una figura majestuosa. Habitualmente se interpretan estos hechos como fin del mundo en el sentido más literal del término. Creo que una tal interpretación no hace justicia a un texto en el que lo verdaderamente importante es la presencia majestuosa del Hijo del Hombre cuando toda esperanza humana parece haber desaparecido. No hay ni una sola página en la Biblia que trate del cosmos, de su origen o su final. La Biblia no es un libro de ciencia. Y sí, en cambio, no hay una sola página en ella que no trate del hombre, de sus esperanzas y desesperanzas. Esta es una de ellas. Frente a la desesperanza, la presencia gloriosa del Hijo del Hombre que devuelve lo que parecía imposible: la ilusión, la certeza de nuestros mejores sueños, es decir, de los sueños utópicos. Alzad la mirada. Estad atentos. No os encerréis y empobrezcáis en las cuatro paredes de una vida sin horizontes.

Huid de una vida miope, rastrera. Se trata de todo un programa, de toda una actitud que debe caracterizar a quien se diga cristiano.

(_DABAR/82/01) ........................................................................

4.

Lc. 21, 25-28 se mueve en el mismo ámbito de realidades que Mc.13, 24-27, comentado hace dos domingos. Vistos comparativamente ambos, el montaje de Lucas tiene un poder de sugestión y una fuerza dramática superiores al de Marcos. La angustia y miedo de unas gentes que corren enloquecidas, el estruendo ensordecedor del mar: nada de esto se encuentra en el relato visionario de Marcos.

El caos fantástico del final de la historia, nos remite al caos fantástico de los comienzos (Gen. 1,2), cuando la Palabra de Dios introdujo armonía, belleza y bondad. Al final de la historia volverá a resonar esa misma Palabra poderosa, pero entonces será la Palabra encarnada, Jesús de Nazaret. Y se producirá armonía y bondad; lo que Lucas llama liberación (v. 28). La humanidad dejará de caminar bajo el yugo de sus propias creaciones injustas, esclavizantes y angustiadoras. Será la nueva creación. Hablando con propiedad, no se tratará de un final, sino de la manifestación desvelada de la verdadera finalidad de toda la existencia humana.

Esta esperanza liberadora no es pasiva. Al contrario, está hecha de esperas activas, de vigilancia, de preparación. Este es el punto que desarrolla Lucas en los vs. 34-36 y que constituye la novedad del evangelio de hoy respecto al de hace dos domingos. La esperanza final debe nutrirse de esperas activas; de ahí la necesidad de evitar todo modo de existencia que impida la visibilidad del horizonte. Hay que vivir con la mirada alta y los brazos ágiles, y no encerrarse en el cuarto oscuro de la propia problemática sin perspectivas, un cuarto en el que cada uno va dando tumbos con ramplonería por falta de amplitud de miras.

(_DABAR/76/01) ........................................................................

5.

En el anuncio original de Jesús, el acontecimiento del último día se concentró totalmente en el retorno del Señor. Ahora bien, en la primera comunidad, esta misma espera se fue clarificando en el sentido de que era precisamente su Señor glorificado el que había de retornar como administrador de la causa de Dios, para llevar a cabo un juicio de purificación y liberación de la creación, y, después, devolver a Dios el dominio sobre el mundo (cf. 1Co/15/25-28).

Así se resume, pues, la expectativa escatológica en la confiada figura del Señor. Los bautizados reconocerán al Hijo del Hombre, que vendrá sobre la nube (v. 27), revestido de la gloria del Señor, la cual -al contrario que las mismas nubes(v. 25s)- no producirá temor: ese temor natural que sobrecoja a los bautizados será vencido de inmediato por el amable (inspirador de confianza) acercamiento del Señor. Aquellos se pondrán en pie y levantarán su cabeza a la vista del poder salvador (v. 28).

Desde esa presentación hace el evangelio una llamada a la firmeza de la fe de los discípulos. Se exige, por tanto, que se atrevan a salir al encuentro de la gloria de Cristo y que, en unión a él, se mantengan firmes ante la magnificencia del suceso, es decir, ante la tremenda magnitud que cobra una confrontación con la poderosa actuación de Dios al descubierto (no oculta ya). El mantenerse firme y levantar la cabeza exige, a su vez, haber crecido y haberse fortalecido, lo cual se aprende precisamente en la "escuela del evangelio".

Adviento significa, por tanto, iluminar los "últimos acontecimientos" en la actual existencia de la iglesia y del individuo. Navidad no es más que un signo de promesa, una bondadosa predicción de lo que está por acontecer. Quien madure para comprender aquellas circunstancias, puede celebrar hasta infantilmente (con la sencillez que exige Jesús a sus discípulos) la fiesta de Belén. Por lo demás, oración y actitud de espera confiada (esperanza) preparan al discípulo para recibir "de pie" al Señor.

(_EUCA/88/56) ........................................................................

6.

Este pasaje pertenece al "apocalipsis sinóptico" según la versión de Lucas. Para comprenderlo mejor, conviene recordar las características comunes a las tres versiones sinópticas.

De acuerdo con el género literario apocalíptico, utilizado ya frecuentemente en el A.T., se habla aquí de cataclismos en la tierra y en el cielo como señales que anteceden a la venida del "día del Señor" (cfr. Is 24, 17-23; 34,4) y a la manifestación sobre las nubes del "Hijo del Hombre". Las "potencias del cielo' son las estrellas, que los antiguos pensaban sólidamente clavadas en el firmamento.

El autor comparte la opinión extendida entre los primeros cristianos sobre la inminente venida del Señor. Con todo, distingue claramente entre la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo. Todos estos fenómenos en la tierra y en el cielo son señales del fin del mundo; pero, hasta que llegue este fin y después de la destrucción de Jerusalén, hay un tiempo indefinido, que el autor llama "tiempo de los gentiles": "Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles' (v. 24). Lucas piensa, lo mismo que Pablo (Rom 11, 11-32), que los gentiles reemplazarán al pueblo de Israel hasta que éste se convierta masivamente. Y sólo entonces será el fin.

El fin del mundo no es para los cristianos motivo de espanto, sino de una gran esperanza, pues entonces serán liberados definitivamente. Mientras la destrucción de Jerusalén se anuncia como un suceso previsible que dará tiempo a la huida (vv. 29-32), "aquel día" (o "Día del Señor") vendrá de pronto sobre todos los hombres y nadie podrá escapar. De manera que sólo se salvarán los que estén preparados, pues para ellos será un día de liberación. Para destacar el carácter repentino de este magno acontecimiento, Lucas lo compara a un "lazo" o trampa de cazador; más exactamente, a la losa que cae sobre los pájaros cuando están comiendo tranquilamente el cebo. Otro símil utilizado por Mateo (24, 42-44) es el del ladrón que horada el muro de barro y entra en la casa cuando sus habitantes están dormidos. También Lucas, en otro lugar, nos dice que "el Hijo del Hombre vendrá cuando nadie lo espere", como un ladrón en la noche (Lc 12, 39s). Por esta razón Jesús exhorta a sus discípulos para que vigilen y estén preparados.

VICIA/QUÉ-ES:Que el objetivo del "apocalipsis sinóptico" no sea otro que llamar a la vigilancia y, consiguientemente, a la oración, está claro. De ahí que Mateo se extienda después con una serie de parábolas alusivas a la vigilancia (como aquella tan conocida de las vírgenes fatuas y las prudentes). Vigilar es estar atentos a lo verdaderamente importante y decisivo, cuando todos nos empuja al despiste y al aturdimiento, al sueño. Vigilar es tener los ojos muy abiertos en medio de la noche. El que vigila está en pie, siempre "de puntillas" por la esperanza, a la expectativa de lo sorprendente, de la sorprendente venida del Señor. Esto es también fijarse en las señales o signos de los tiempos, responder en cada momento y situación a las concretas exigencias del evangelio. La esperanza cristiana no es simplemente estar a la espera, no es aguardar, sino preparar los caminos para la pronta venida del Señor.  ESPERA/ESPERANZA

(_EUCA/82/54) ........................................................................

7.

Jesús se expresó en las imágenes de la apocalíptica judía. Lo mismo hizo la comunidad primitiva. En los sinópticos hay una evidente evolución en el contenido de las afirmaciones escatológicas.

En Marcos se siente el entusiasmo escatológico de la primera comunidad. En Mateo la época de la Iglesia es ya más larga y en Lucas el fin se traslada a una época lejana porque la etapa de la Iglesia apenas ha empezado. Los sinópticos no intentan descubrir el fin del mundo, sino exhortar a la perseverancia. Lucas insiste en la vigilancia para no dejarse absorber por las preocupaciones terrenas.

El discurso sobre la parusía, en Lucas, tiene un carácter mucho más parenético que en Marcos. En el centro del discurso hay una apremiante invitación a la constancia sobria y vigilante. Lucas no elimina la parusía, pero insiste en la disponibilidad. En este pasaje no se trata de apocalíptica sino de escatología. MUNDO/FIN:Las imágenes apocalípticas se usan para afirmaciones escatológicas. La escatología significa simplemente espera y estructuración del futuro sobre la base del pasado. Es inexacto hablar del fin del mundo, sino el inicio del mundo tal como lo quiso y lo programó Dios. En lenguaje bíblico lo que llamamos fin del mundo habría que llamarlo "el futuro del mundo". Es la transformación del mundo, no su aniquilación. El mundo es el lugar de la encarnación de Dios. Es evidente que la creación y la redención no actúan la una contra la otra, sino la una en la otra... Hay que tomarse este mundo en serio. Dios se lo ha tomado tan en serio que le dio a su propio Hijo (Jn 3,16).

(PERE ·FRANQUESA-P._MI-DO/85/23) ........................................................................

8.

Este pasaje hay que situarlo, lo mismo que los dos evangelios anteriores (ciclos A y B), dentro de ese difícil contexto del anuncio de la ruina de Jerusalén. Sirviéndose de los términos habituales de la apocalíptica y de la escatología judías para describir esa caída, el Señor atribuía a ese acontecimiento la amplitud misma de cumplimiento de los últimos tiempos.

a) El pasaje de este día sigue inmediatamente a la descripción del asedio de Jerusalén (vv. 20-24). Todo sucede como si se tratara de una catástrofe cósmica que trastorna incluso los astros y sume a los hombres en la mayor confusión (vv.25-26). Era un procedimiento clásico de los apocalipsis judíos describir la ruina de una ciudad como un "Día de Yahveh" que llevaba consigo catástrofes de orden cósmico (Is 24, 10-23; 13, 6-10; Jer 4, 23-26). Así, después de Babilonia, Samaria, Gomorra y otras muchas ciudades paganas, Jerusalén va a experimentar a su vez el "Día de Yahvé". Al comentar (más discretamente por lo demás, que el texto paralelo de Mateo) la descripción de la destrucción de Jerusalén mediante ciertas imágenes de orden cósmico, Lucas no pretende necesariamente anunciar el fin del mundo, no hace más que amoldarse al género literario de los apocalipsis para decir, tan sólo, que la caída de Jerusalén será una etapa decisiva en la implantación del reino de Yahvé en el mundo. La intervención de toda la naturaleza en el momento de la caída de Jerusalén sigue siendo un reflejo de una concepción bíblica que presenta el reino mesiánico como una nueva creación que pone en entredicho los fundamentos de la antigua (Jl 3, 1-5; Ag 2, 6; Is 65, 17). La caída de Jerusalén es, así, la aurora de una creación de nuevo cuño.

b) Después de haber subrayado la repercusión cósmica del hundimiento de Jerusalén, Lucas anuncia la "venida del Hijo del hombre entre nubes" (v. 27). Se trata, evidentemente, del misterioso personaje anunciado por Daniel (7, 13-14) y a quien se confiará el juicio de las naciones. Para Lucas, esta manifestación del Hijo del hombre-Señor de los pueblos coincide con la caída de Jerusalén. Se comprende mejor esta sustitución si se tiene presente que el templo era considerado precisamente como el punto de la gran concentración de las naciones bajo el imperio de Yahvé (Is 60) y que Cristo tuvo especial cuidado en atribuir esa prerrogativa a "aquel que viene" o a "aquel que viene sobre la nube" (Mt 21, 61-64; 23, 37-39). "Venir sobre la nube" designa un personaje aureolado por la gloria divina: los cristianos aplicarán, pues, sin dificultad, esta expresión a Cristo resucitado. Cristo "viene sobre la nube" desde el momento de su resurrección, y todo acontecimiento que sirve para establecer su soberanía sobre el mundo es una nueva "venida sobre la nube" de aquel que ha adquirido todo imperio sobre el mundo, para ser siempre y hasta el fin de los tiempos "El que viene" (Ap 1, 7; cf. Ap 14, 14). Se puede, pues, decir que el tiempo de la Iglesia, inaugurada con la resurrección, y, más concretamente, el día en que la Iglesia se liberó totalmente del judaísmo, constituye la "venida del Hijo del hombre".

c) Después de haber hecho de la caída de Sión el acontecimiento inaugural de la nueva creación y que constituye una etapa importante en la "venida del Señor", San Lucas pasa a las aplicaciones morales. Se dirige en particular a la "generación" de sus contemporáneos (vv. 31-32) para enseñarla a ver en la caída de Sión un "signo" de la "proximidad" del Reino (vv. 27-31). Por lo demás, esa proximidad no es esencialmente de orden temporal, como si el fin del mundo fuera a producirse de inmediato; se trata más bien de una proximidad ontológica: en cada acontecimiento de la historia de la salvación y de la historia de los hombres, el Reino futuro está presente y se trata de aprender a descubrirlo. La vigilancia es precisamente la virtud de aquel que está bastante preocupado por la extensión de la soberanía del Hijo del hombre para descubrirla en germen en cada uno y "en todo". La caída de Jerusalén ha sido un jalón en la venida del Señor sobre la nube porque ha obligado a la Iglesia a abrirse decididamente a las naciones y a establecer un culto espiritual, liberado del particularismo del templo. Pero cada etapa de la evangelización del mundo, vinculada, por lo demás, a cada etapa de humanización del planeta, es también un jalón de esa venida del Hijo del hombre. Cada conversión del corazón, mediante la que el hombre se abre más y más a la acción del Espíritu del Resucitado y cuenta un poco menos con la "carne", es una nueva manifestación de esa venida. Cada asamblea eucarística, reunida precisamente "hasta que El vuelva" y beneficiaria de esa gloria y de ese poder del Hijo del hombre sobre la nube, es, finalmente, el jalón por excelencia de ese acontecimiento.

(·MAERTENS-1.Pág. 30) ........................................................................

9.

Esta es una parte del Apocalipsis sinóptico. Parece que aquí también se inspiran algunos de los mensajes que ayer u hoy nos llegan del cielo. Pero si lo traducimos en anuncio profético o evangélico, veríamos que el acento no se pone en la angustia, sino en la liberación; no en las potencias del cielo, sino en el Hijo del hombre, que está en el cielo. No es un mensaje de terror, sino de vigilancia y esperanza. Nuestro problema ahora no es el miedo, sino el conformismo, la despreocupación, el aturdimiento: «mente embotada» por el consumo de cada día.

El mundo no es bueno; por eso no podemos dormir hasta que no venga el Hijo del hombre, o sea, hasta que no se construya un mundo nuevo, hasta que todos los hijos de los hombres no se traten como hermanos.

(_CARITAS/91-2.Págs. 24 s.)
(
http://mercaba.org/FICHAS/BIBLIA/Lc/21_25-28-34-36.htm
).

Homilia para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

EVANGELIO:  Lucas 21:25-28, 34-36
 
Gran Anticipación
 
¿Qué deseas en esta Navidad? ¿Qué es lo que le temes en estas festividades? ¿Por qué?

 
"Llega la Navidad!" ¿Cuál es tu reacción cuando esas palabras provienen de la boca de los niños? ¿Ves la alegría de la temporada? O ¿ves el rojo del monto de las deudas? (Honestamente, la mayoría de nosotros vemos ambas cosas!)

 
La anticipación y la ansiedad durante la temporada de vacaciones van de la mano. A veces queremos saborear la temporada. A veces sólo queremos que las festividades pasen. A veces anticipamos. A veces estamos ansiosos.
 Cuando Jesús señalaba a su venida, se dio cuenta de que habría ansiedad. Pero quería anticipación. Quería que su pueblo estuviera listo y que elevaran sus cabezas. Quería que tuvieran esperanza.

 
La ansiedad y la anticipación van de la mano. Hace dos semanas, estudiábamos la ansiedad que las personas tienen por los tiempos del fin. Con el inicio del Adviento, nuestro enfoque se desplaza a la anticipación. A diferencia de la breve declaración profética en Marcos 13: 24 - 32, Lucas inyecta una nota de esperanza, en su opinión, para los tiempos del fin. Esperanza que sólo puede provenir de la fe.

 
Jesús dijo a sus Discípulos:
 21:25  "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas, 21:26  desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas. 21:27  "Entonces verán AL HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE EN UNA NUBE con poder y gran gloria. 21:28  "Cuando estas cosas empiecen a suceder, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su redención."


21: 25 - 26 En estos dos versos, Jesús describía los tiempos finales de forma simétrica. Él comenzó con las numerosas señales en todo el cielo, eventos reflejados y reacciones en la tierra, y después volvió a la agitación del cielo. En el tiempo de Jesús, la mayoría de las personas creían que los eventos nocturnos en el cielo reflejaban eventos próximos en la tierra (el cielo nocturno revelaba la voluntad de los dioses). Si hay problemas en una área donde las personas no tenían control (el cielo), sin duda los problemas seguirían en la tierra.

 
Estos dos versos forman tres frases en dos oraciones. "Habrá..." abarca las dos frases en la primera oración (la oración acerca de las señales en el cielo y la angustia de las Naciones). La segunda frase se hizo independiente para hacerla inteligible.
 "en la tierra (habrá) angustia entre las Naciones, siendo una manera más libre (para explicar) el rugido del mar y las (sucesión de las) olas, mientras los hombres se debilitarían del miedo y la expectativa de los (eventos) acontecimientos que vendrían sobre el mundo (conocido)." Las tormentas violentas en el mar y en las costas dejaría a las gentes preocupados acerca de la voluntad divina y averiguando sobre el futuro.

 
21: 27 El significado sutil de esta frase se ha explicado en profundidad en el 33 Domingo en el Tiempo Ordinario, ciclo B (hace dos semanas). El versículo de Lucas paralelo a Marcos 13: 26. Ambos se basan en Daniel 7: 13.

 
21: 28 "enderécense y levanten su cabeza" la actitud del cristiano es exactamente lo contrario a  21: 26. El Cristiano debe estar orgulloso y lleno de expectativas, en lugar de "desmayarse del miedo".
 "porque se acerca tu liberación" la liberación o redención mencionada se refiere al fin del mundo.
 
En estos cortos versos, Jesús describía el comienzo de la iniciativa final de Dios. Él daría signos de advertencia a través del cielo, causaría ansiedad en la tierra con violentas tormentas marinas y sacudiría los cielos. Lo que explicaríamos científicamente como eclipses, lluvias de meteoros y el resultado de los sistemas de tormentas en la tierra, los antiguos lo atribuían a la intervención de Dios en el orden del cosmos. Dios sacudiría las cosas.
 

La ansiedad de la gente crecería debido a los fracasos de sus sistemas de fe y rituales. Ya no controlarían los espíritus maléficos que impulsaban el sol, la luna, las estrellas o los mares. Sin la seguridad que les dieron sus ídolos, ellos se desvanecerían en los próximos eventos, debido a que estos eventos serían desconocidos, caóticos y devastadores.
 

Pero, los cristianos tenian que alegrarse. Su Salvador estaba al alcance de la mano! Ahora, su visión del mundo y su estilo de vida podrían ser vindicados, debido  a que los cristianos veían el mundo y vivían en el mundo de manera diferente. Observe que Lucas implicaba la división entre los creyentes y los no creyentes. Además, él implicaba, que los cristianos tenían algo de lo que serían liberados: la persecución. Por último, Lucas presentaba un momento de esperanza. A través de gran poder y gloria, el Hijo del Hombre vendría y liberaría a sus seguidores. A diferencia de la gente ansiosa del mundo, los Cristianos tenían que anticiparse al final con esperanza.

 
21:34  "Estén alerta, no sea que sus corazones se carguen con disipación, embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes como un lazo; 21:35  porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la superficie de toda la tierra. 21:36  "Pero velen en todo tiempo, orando para que tengan fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre."

¿Cómo tenía el Cristiano que anticiparse al final? Una simple profesión de fe no era suficiente. Porque uno podría ser cristiano de nombre, pero su corazón podría pertenecer al mundo, sus placeres engañosos y sus inquietudes; obviamente, el autocontrol es esencial.
 

En Lucas, Jesús añade otra condición: oración incesante. A diferencia de los contemporáneos del primer siglo, los primeros cristianos centraron su oración, no necesariamente en sus necesidades presentes, sino en la liberación futura. Ellos ruegan por la venida del Reino. Jesús los alentó a orar para el fortalecimiento de la fe que los capacitaría ya fuese para los últimos días y para presentarse antes de la sede de la sentencia.
 Por lo tanto, el cristiano tenía que anticipar el final de dos maneras: una vida de auto-control moral, y de oración para tener fuerza espiritual futura. ¿No deberíamos acercarnos a las festividades de la misma manera?
(
http://icdcr.org/Homilias/Ciclo_C/Evangelio_IDA_C.html
).

Homilia para el Domingo I de ADviento del ciclo C.

jueves, 26 de noviembre de 2009Homilías y Recursos para la Homilía: I Domingo de Adviento (Lucas, 21,25-28. 34-36) - Ciclo C

Comenzamos el Adviento
Publicado por Agustinos España

 

Hoy comenzamos el Tiempo de Adviento. El Adviento es una espera. Es un tiempo litúrgico que prepara la Navidad y no es muy largo, dura algo más de tres semanas. No es fundamentalmente un tiempo de penitencia, pero tiene sus privaciones, como todo preparativo. El Adviento es una espera activa. Somos invitados a preparar el ambiente y a disponernos nosotros mismos para poder recibir en plenitud al que va a llegar.

Por eso este tiempo es tiempo para acompañar la vida. Nuestra memoria tiene guardados muchos momentos de espera ya vividos, y la Biblia nos ha dejado muchos textos que narran esperas cumplidas. La Iglesia en este tiempo de Adviento nos va a hacer reflexionar sobre esas esperas cumplidas.

En este primer domingo de Adviento la palabra de Dios nos exhorta a estar atentos y vigilantes y a orar.

En la primera lectura de este domingo se lee en el libro del profeta Jeremías que nos relata que a un pueblo que ha sufrido tantas veces las fallas de sus dirigentes, Dios le promete un rey que realizará la justicia hacia adentro. En la adversidad, la palabra de Dios trae un mensaje de esperanza. Y a nosotros que también tenemos momentos en que hemos perdido la esperanza, Dios nos promete al germen justo, a Jesús.

Para el Evangelio, la Iglesia ha elegido para este domingo una lectura en la que el mismo Cristo nos exhorta a estar atentos, vigilantes y nos recomienda orar incesantemente.

San Lucas trata de dar ánimo y esperanza a una Iglesia, que en medio de las dificultades e incluso de la muerte de algunos de sus miembros, no vislumbra puntos claros en el futuro, cuando ya se ha perdido el entusiasmo inicial que suscitara Jesús al marchar.

El Evangelista quiere mostrarnos hoy, la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros por nuestro futuro. Hoy y ahora, transcurre nuestra vida y optamos por vivir un cristianismo en serio, vigilando nuestra vida, permaneciendo unidos a Dios en oración Si hoy y ahora permanecemos atentos y en oración, nuestra esperanza de encuentro futuro con el Señor es una esperanza confiada.

No importa las dificultades con que nos encontremos, no importa que no veamos el final del camino. El Adviento, hace resonar una voz de esperanza: El Señor nos anuncia a su Hijo que trae la Justicia.

Por eso hoy queremos:
Estar atentos y descubrir en los signos de los tiempos a Dios que nos sigue hablando hoy.
Estar atentos para no caer en las tentaciones de nuestra sociedad, que a veces pretende cautivarnos con una religiosidad mágica y facilista y Rezar

Rezar alabando a Dios Padre que nos quiere y nos cuida; a Jesús que nos alimenta e ilumina, al Espíritu Santo que nos sostiene y nos anima. Rezar ofreciendo nuestro esfuerzo y nuestras ganas por ser cada vez un poco mejores. Rezar agradeciendo los bienes recibidos, regalos de Dios que se manifiestan en cada minuto de nuestra vida.

El Apóstol San Pablo en su carta a los Tesalonicenses dice:
Que el Señor fortalezca sus corazones en la santidad, y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día de la venida del Señor Jesús con todos sus santos.

Nuestra vida debe encaminarse hacia la santidad, como dice San Pablo para hacernos irreprochables para el Día de la venida de Jesús. El adviento es un tiempo de desafío, y nosotros podemos estancarnos a la espera de un milagro que nos salve, o podemos decidirnos a realizar el
proyecto de Navidad: el nacimiento del Hombre que debe nacer en nosotros hoy.

Los hombres de hoy, invocamos poco a Dios, estamos creando un mundo bajo la advocación de nuevos dioses, que se llaman, prosperidad, fama, poder, dinero, sexo; y también los cristianos podemos dejarnos confundir por este ambiente, por estos nuevos dioses.

Pensemos si muchas veces, las cosas que hacemos, las metas que nos ponemos no son simplemente piedras para levantar el altar de nuestro yo. Vivimos en un mundo egoísta, y corremos el riesgo de dejarnos tentar por ese egoísmo.

En el hombre el egoísmo le impide tener un proyecto de vida, y los cristianos tenemos un proyecto de vida que es el nacimiento de un hombre nuevo en Cristo. Pero si nos dejamos ganar por el egoísmo, no podremos construir un proyecto de vida. Quien no sale de sí mismo no puede proyectar. Si ese es nuestro caso, estamos construyendo una vida sin adviento, porque nuestra vida no va a ninguna parte.

Los cristianos fuimos llamados en Cristo a participar de la vida nueva, como hombres conscientes, libres y responsables. Por eso en cada hombre que nace, en cada época y en cada lugar, el cristiano debe actualizar, modernizar, ampliar, corregir y superar el proyecto de ser humano. Ningún hombre puede darle plenitud a ese proyecto por sí solo, es en Cristo en quien le halla plenitud. Este tiempo de Navidad, no debe ser sólo para recordar el nacimiento histórico de Jesús en Belén, porque Jesús pudo haber nacido en otro lugar y en otra época, este tiempo tiene que servirnos para trabajar en nuestro propio nacimiento como hombres nuevos. Por eso el Evangelio nos invita a la vigilancia y a la oración.

Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros un proyecto , y debemos realizarlo con urgencia, porque sólo disponemos de esta vida para llevarlo a cabo. Ese proyecto abarca la totalidad de nuestra vida. Y como en cualquier momento puede llegar el fin, nuestra parte debe estar concluida. Cada día, cada momento, es Adviento, porque Dios llega y hay que esperarlo. Cada día el Señor debe sorprendernos trabajando en este único y absoluto proyecto: ser nosotros mismos y hacernos a nosotros mismos.

Se cuenta que un discípulo le preguntó a su maestro ¿Qué sabía de Dios? El maestro le contestó: Sé que Dios me ama....Que te ama. ¿Y nada más? le dijo el discípulo. Nada más, pero con eso sé todo lo que necesito saber y puedo sobrellevar todo lo que ignoro de El Sería terrible, saber todo lo que desconozco de Dios, pero ignorar que me ama.

En este Adviento, vamos a pedirle al Señor la gracia de tener la certeza de que nos ama, para que así en nuestra vida reine la esperanza.
(
http://caminomisionero.blogspot.com.es/2009/11/homilias-y-recursos-para-la-homilia-i.html
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

EVANGELIO: Lucas 21, 25-28. 34-36, DOMINGO: día 2 de Diciembre, 1·SEMANA DE ADVIENTO


1·SEMANA DE ADVIENTO
 
DOMINGO: día 2 de Diciembre
 
 
EVANGELIO: Lucas 21, 25-28. 34-36
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.


Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.


Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

 


CLAVES para la LECTURA


- El relato del evangelio se compone de dos fragmentos del llamado “discurso apocalíptico” de Jesús en la versión de Lucas. En la primera parte (vv. 25-28) el discurso se centra en la venida del Hijo del hombre. El Hijo del hombre es el que ha sido humillado y ha padecido por toda la humanidad y al que Dios ha resucitado de entre los muertos; reconociéndolo como Hijo, salvador universal. El cristiano espera el día de su manifestación «con gran poder y majestad» (v. 27), espera que aparezca, plenamente visible, su victoria sobre el mal y su señorío universal.


- En la segunda parte el evangelista resalta dos imperativos: «Procurad» (v. 34), y «velad y orad» (v. 36). Es preciso tener cuidado con lo que embota el corazón y apaga la esperanza. Hay que vigilar -y aquí aparece la añadidura de la preciosa invitación a la oración- para evitar la perversa fascinación del mal y estar lúcidos para esperar al único que da sentido a nuestra historia: al Hijo del hombre.

 


CLAVES para la VIDA


- Jesús fue un creador incansable de ESPERANZA. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Hoy escuchamos su grito de alerta: «Levantaos, alzad la cabeza; tened cuidado, no se os embote la mente».


- Estas palabras no han perdido actualidad. Nuestra cultura sufre de una “patología de la abundancia”, y en la que, tantas veces, el objetivo único de la vida es la satisfacción de las apetencias, y para ello se encierra en un disfrute “a tope” de ese bienestar, y ahí fácilmente muere la ESPERANZA. Entonces la frivolidad y la superficialidad lo invade todo; los problemas serios de la vida “se aparcan” como inútiles e inservibles, o en el mejor de los casos, se dejan como “diversión” para los “utópicos y soñadores”. El presente les satisface y... basta. En realidad, para ellos, “el cielo” es ya este mundo y a toda costa lo quieren mantener y para ello están dispuestos a cualquier esfuerzo.

 


ORACIÓN PARA ESTE DÍA


“Haz, Señor, que estemos despiertos a tu venida, siendo esperanza viva para nuestros hermanos”.


Publicado por Alejandro Miras Barbera
(
http://assertum.blogspot.com.es/2012/11/evangelio-lucas-21-25-28-34-36-domingo.html
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C.

Reflexiones Católicas sobre la Biblia
“Por esto ustedes enderécense y levanten sus cabezas cuando se presenten los primeros signos, pues habrá llegado el día de su liberación”. (Lucas 21, 25-28).


 
Adviento comienza el 30 de noviembre este año, es una época de gozo que nos prepara para la conmemoración de la encarnación y anticipa la segunda venida de Cristo al final de los tiempos.
 
 
 
 

30 de noviembre de 2003
Primer domingo de Adviento [Ciclo C]
Comienza hoy el Año Litúrgico de la Iglesia

Lectura del Evangelio según San Lucas 21,25-28, 34-36
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:”Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán las naciones, asustadas por el ruido del mar y de las olas. Los hombres morirán de espanto, con sólo pensar en lo que le espera al mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas. Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo poderoso y glorioso en medio de la Nube. Por esto ustedes enderécense y levanten sus cabezas cuando se presenten los primeros signos, pues habrá llegado el día de su liberación. Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida. No sea que ese día caiga de repente sobre ustedes y como la trampa que se cierra. Pues vendrá sobre todos los habitantes de toda la tierra. Por eso, estén despiertos y orando en todo tiempo. Así tendrán fuerzas para escapar de todo lo que debe suceder y podrán estar de pie delante del Hijo del Hombre”.

Comentario breve:

Con este texto el evangelista quiere colocarnos con alegría y gozo ante la venida del Hijo del Hombre. A pesar de su lenguaje catastrófico, esa vuelta es vista como la gran liberación definitiva que debe provocar en los cristianos la más grande esperanza y no el temor.

El mandato de enderezarse y levantar la cabeza es exclusivo de Lucas y alude a la actitud que se espera de nosotros ante cualquiera de los signos escatológicos* esperados; debemos enderezarnos como prueba de nuestra libertad y dignidad y levantar la cabeza como signo de que no nos hemos distraído del camino de Jesús y de que, a pesar de la fragilidad de nuestro compromiso estamos decididos a dejarnos guiar por la fe en un Dios que es en todo momento liberador y salvador.

* La escatología se refiere a “los últimos tiempos”, tiempos de salvación que ya han comenzado con la efusión del Espíritu Santo.

La lectura presenta tres ideas importantes:

Lo típico de la fe cristiana es la esperanza. Los cristianos somos los “que esperamos”, no con temor, sino con gozo y confianza.

La fe en la victoria escatológica (última, final) ofrece un fuerte apoyo a los cristianos que sufren en cualquier época, pero especialmente cuando el Evangelio fue escrito, alrededor de los años 80, durante las persecuciones de los romanos.

Es una espera activa y no pasiva en la que nos debemos mantener fieles a la oración y seguros de que si llevamos una vida recta podremos estar de pie delante de Dios.

Para la reflexión:

¿En quién pongo mi esperanza?¿Qué espero en realidad de Dios?

 ¿Cómo puedo contagiar a otros con mi esperanza?
(
http://www.alexlib.com/vozcatolica/66/reflexiones_biblicas.htm
).

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C, ano 2009. Matriculate en la escuela de la fe, la esperanza y la caridad. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.
 
   Domingo, 29/11/2009, Domingo I de Adviento, ciclo C.
 
   Matricúlate en la escuela de la fe, la esperanza y la caridad.
 
   Con frecuencia, cuando intento convencer a quienes no tienen la costumbre de asistir a las celebraciones eucarísticas para que adquieran la costumbre de ir a la Iglesia al menos los Domingos, me exponen la siguiente objeción: "La Misa siempre es igual, y nosotros no nos enteramos apenas de nada de lo que dicen los curas, y, si comprendemos algo, simplemente, no nos lo creemos, porque, eso de que Dios va a venir al mundo, está fuera de toda lógica". Es cierto que las celebraciones eucarísticas son muy parecidas, así pues, las lecturas de las Misas dominicales, se repiten cada tres años, siempre en Viernes Santo se lee la Pasión del Señor escrita por San Juan Evangelista, los años litúrgicos siempre comienzan en el tiempo de Adviento y concluyen en la celebración de Jesucristo, Rey del Universo, etcétera. A pesar de la rutina en que vivimos los cristianos, no hemos de pensar que el sentido de la Liturgia de la Iglesia consiste en sumirnos en un aletargamiento inútil, pues, la sucesión de ciclos litúrgicos, es semejante al cuidado que las mujeres que sois madres tenéis de vuestros hijos pequeños. Todas las mañanas os encargáis de despertar a vuestros pequeñuelos para que no lleguen tarde a la escuela, estáis pendientes a que desayunen convenientemente para que no pasen hambre, les revisáis los bolsos para aseguraros de que llevan a la escuela los libros que utilizarán todos los días, los lleváis a la parada de autobús o a la escuela para aseguraros de que llegarán a su lugar de estudio sin correr ningún riesgo, etc.

   De la misma manera que las madres vivís sumidas en el rutinario cuidado de vuestros hijos, la Iglesia hace lo propio con sus hijos, con el fin de que los mismos seamos aptos para vivir en la presencia de nuestro Padre común. Es mi deseo instaros este año a que nos unamos para vivir un Adviento especial, de manera que no veamos la enseñanza que la Iglesia nos imparte todos los años durante el periodo que antecede al tiempo de Navidad como una rutina invariable y molesta, sino como la aventura emocionante de crecer, tanto a nivel espiritual, como a nivel material. De la misma manera que Jesús nació haciéndose a Sí mismo muy poca cosa en el último rincón del mundo, seamos nosotros humildes para aprender el mensaje que nuestra Santa Madre la Iglesia nos quiere transmitir en este inicio del nuevo año litúrgico, pues San Pablo les escribió a los cristianos de Roma:

   "Sed diligentes en el trabajo, espiritualmente dispuestos, prontos para el servicio del Señor. Que la esperanza os mantenga alegres, las dificultades no os hagan perder el ánimo y la oración no cese en vuestros labios. Solidarizaos con las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad" (ROM. 12, 11-13).

   "El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley (de Dios) es el amor. Y esto, conociendo el tiempo (del fin del mundo en que vivimos), que es ya hora de levantarnos del sueño (de la desobediencia a Dios); porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos (cuando decidimos tener fe en Dios). La noche (del sufrimiento del mundo) está ya avanzada, y se acerca el día (de la completa instauración del Reino de Dios entre nosotros). Desechemos, pues, las obras de las tinieblas (el pecado), y vistámonos las armas de la luz (vivamos inspirados por los dones y virtudes que recibimos del Espíritu Santo)" (ROM. 13, 10-12).

   Ya que en el tiempo de Navidad tendremos la oportunidad de recordar que Jesús vino al mundo a darnos a conocer su innovador estilo de relacionarse con quienes le recibieron, seamos imitadores del Hijo de María, y aceptemos la gran esperanza de vivir en un Reino que no estará marcado por el sufrimiento, como lo está nuestro mundo actual.

   Vivamos el consejo que San Pablo les dio a los cristianos de Éfeso:

   "Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos" (EF. 5, 1).

   A pesar de que nuestro mundo es víctima del mal y del dolor, no podemos decir que el Reino de Dios es una utopía que sólo existe en nuestra imaginación, pues nuestro Hermano y Señor, dijo en cierta ocasión:

   ""El Reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" Él les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.""... Él respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga"" (CF. MT. 13, 24-30. 37-43).

   A pesar de que somos muy pocos los que creemos en Dios, y de que todavía somos menos los que intentamos vivir inspirados por la fe que profesamos, no podemos decir que el Reino de Dios sólo existe en nuestra imaginación, pues, a medida que nos fortalecemos espiritualmente y de que servimos a Dios en nuestros prójimos los hombres, sigue acercándose el día en que Dios culminará la instauración de su Reino de paz y de amor entre nosotros, pues, a pesar de la incredulidad con respecto a nuestro Padre común que caracteriza a nuestro medio social, aún no deja de seguir cumpliéndose la Profecía de Joel:

""Sucederá después de esto
que yo derramaré mi Espíritu en toda carne.
Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños,
y vuestros jóvenes verán visiones.
Hasta en los siervos y las siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días (del fin del mundo)" (JL. 3, 1-2).

   La palabra Adviento es la traducción del término latino Adventus, el cuál significa venida, así pues, en las semanas precedentes al tiempo de Navidad, recordamos las dos venidas de Jesús a nuestro mundo. En este tiempo tenemos la oportunidad de recordar el pasado tanto de la humanidad como los años que hemos vivido a los niveles particular y comunitario, pues Dios nos estimula a vivir el presente amoldados al cumplimiento de la voluntad de nuestro Padre común, para que así podamos vivir en el futuro en el Reino de Dios, limpios de todo pecado, y sanos de las enfermedades que podamos padecer a lo largo de nuestra existencia actual.

   En este tiempo de Adviento recordamos uno de los hechos históricos más importantes, el cuál es la venida de nuestro Hermano y Señor Jesús al mundo, pues, por su Pasión, muerte y Resurrección, nos ha abierto las puertas del cielo. San Pablo les escribió a los cristianos de Éfeso:

   "La bondad de Dios os ha salvado, en efecto, mediante la fe. Y eso no es algo que provenga de vosotros; es un don de Dios" (EF. 2, 8).

   En el presente, sabiendo que nuestro Hermano y Señor se nos da en la Eucaristía, y permanece tanto en nuestros prójimos los hombres como en nosotros, y lo hace de una forma especial en quienes por su sufrimiento son ejemplos de fe viva para los cristianos, tenemos que permanecer vigilantes, -con el fin de no pecar-, intentando cumplir la voluntad de nuestro Padre celestial, dado que somos emigrantes que vivimos en este mundo de paso, un tiempo bastante limitado, que esperamos ser acogidos en la morada celestial de nuestro Padre común.

   Aunque nadie sabe qué día ni qué hora acontecerá el hecho que esperamos durante el adviento de nuestra vida, es necesario que nos preparemos para recibir al Señor en su Parusía o segunda venida, no sólo estudiando la Biblia con el fin de conocer al Dios Uno y Trino, sino revisando constantemente nuestra vida, y disponiéndonos a recibir a nuestro Creador, cuando acontezca su Parusía, haciendo todas las obras buenas que podamos.

   Es preciso que revisemos nuestra vida para ver en qué aspectos de la misma podemos mejorar, así pues, -a modo de ejemplos-, si somos perezosos a la hora de realizar algún trabajo, intentaremos llevar a cabo el mismo con más ganas. Si nos resulta aburrido el hecho de hablar con alguna persona mayor (quizá un familiar) dado que la misma siempre nos cuenta los mismos hechos de su vida, intentaremos comprender a la misma, y, cada vez que nos cuente las anécdotas que tanto nos aburren, actuaremos como si fuera la primera vez que nos las contara, dado que ello le hará la vida más agradable.

   De la misma manera que podemos mejorar la calidad de nuestra vida material, también podemos enriquecer nuestra vida espiritual, aumentando gradualmente nuestro tiempo de lectura de la Biblia y de oración, intentando asistir a las celebraciones eucarísticas, haciendo un profundo examen de conciencia para confesarnos antes de Navidad con el fin de vivir dicho período de tiempo totalmente purificados, haciendo el propósito de asistir a algunas catequesis para mejorar nuestro conocimiento de Dios y de su Iglesia, etc.

   En este tiempo litúrgico debemos identificar las cosas que suponen para nosotros mayores dificultades, con el fin de que podamos hacer las mismas en el futuro. A modo de ejemplo, os cuento el caso de ana, una señora a la que le gusta mucho leer, la cuál, por causa de una depresión que sufrió, tenía problemas para concentrarse, y, por causa de la desconfianza que tenía en sí misma, se quejaba de que era incapaz de recordar lo que leía. El psicólogo que la atendía, le sugirió que volviera a su normalidad, primero leyendo y recordando líneas, después párrafos, después textos muy sencillos tanto de leer como de recordar, y que posteriormente trabajara con textos más complicados. Ana comenzó sus prácticas con el cuento de Caperucita roja y, hace algunos meses, concluyó la lectura de la Biblia de Jerusalén del año 1973.

   El Adviento no es tiempo para hacer teatro, así pues, todo lo que aprendamos durante las semanas precedentes a la Navidad, formará parte nuestra durante todos los días que vivamos.

   No es necesario que recordemos que, hasta que finalice la Navidad, vamos a estar sometidos a un gran bombardeo publicitario, pero sí es necesario recordar que, las fiestas que se aproximan, bajo ninguna circunstancia, deben ser para nosotros las oportunidades de alejarnos de Dios ni de nuestros prójimos los hombres.

   Os deseo que este año litúrgico de gracia y salvación que hoy comenzamos a vivir, sea para vuestros familiares y para vosotros una excelente oportunidad de mejorar vuestra vida, tanto a nivel espiritual como a nivel material.

 

José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C, ano 2006. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.
 
   Domingo, 3/12/2006, Domingo I de Adviento del ciclo C.
 
   Edición número 70.
 
   En esta edición de Padre nuestro, encontraréis los siguientes contenidos

   -Celebremos la Eucaristía. Lecturas eucarísticas, oraciones, meditación dominical y lectura después de la Comunión.

   -Padre nuestro, escucha nuestra oración. Con María, conociendo a Juana Lojo, Co-fundadora del Cenáculo de María. Por Susana Ratero.
 
 
   Celebremos la Eucaristía.
 
   Domingo I de Adviento del ciclo C.
 
   Canto de entrada:
 
Vamos a preparar
el camino del Señor.
Vamos a construir
la ciudad de nuestro Dios.
Vendrá el Señor
con la aurora,
él brillará en la mañana,
pregonará la verdad.
Vendrá el Señor con su fuerza,
él romperá las cadenas,
él nos dará la libertad.
 
él estará a nuestro lado.
él guiará nuestros pasos.
él nos dará la salvación.
Nos limpiará del pecado,
ya no seremos esclavos.
él nos dará la libertad.
 
Visitará nuestras casas,
nos llenará de esperanza.
él nos dará la salvación.
Compartirá nuestros cantos,
todos seremos hermanos.
él nos dará la libertad.
 
Caminará con nosotros,
nunca estaremos ya solos.
él nos dará la salvación.
él cumplirá la promesa
y llevará nuestras penas.
él nos dará la libertad.
(Desconozco el autor de esta canción).
 
   Antífona de entrada:
 
   V. A ti, Señor, elevo mi alma, Dios mío, yo pongo en ti mi confianza; ¡Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos! Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse (CF. SAL. 24, 1-3).
 
   Saludo del sacerdote:
 
   V. El Señor, que viene a salvarnos, esté con vosotros.
   R. Y con tu espíritu.
 
   Monición de entrada:
 
   Sed bienvenidos a la casa de nuestro Padre y Dios.

   Hoy comenzamos un nuevo año litúrgico, así pues, un año más, vamos a disponer nuestro corazón a recibir a Jesús en sus dos venidas, así pues, dispongámonos a recibir al Niño Dios que vendrá a nuestro encuentro en el tiempo de Navidad, y preparémonos a recibir a Cristo, el Rey del universo, pues nuestro Señor, al final de los tiempos, vendrá a nuestro encuentro, para concluir la instauración del Reino de Dios en el mundo, y para librarnos de las miserias que caracterizan nuestra existencia mortal.

   Iniciemos esta celebración eucarística disponiendo nuestro corazón a pasar un nuevo año junto a nuestro Padre común, comprometámonos a leer al menos un pasaje evangélico todos los días de este ciclo litúrgico que hoy comenzamos, y pidámosle a nuestro Padre común que aumente nuestra fe en él.
 
   Acto penitencial:
 
   V. Hermanos:
   Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
 
   O bien:
 
   V. El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
 
   Todos. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
   V. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad.
   R. Señor, ten piedad.
   V. Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
   R. Cristo, ten piedad.
   V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.
   R. Señor, ten piedad.
 
   V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
   R. Amén.
  
   Durante el tiempo de Adviento no rezamos el Gloria, así pues, nuestro corazón penitente eleva sus peticiones al cielo, pidiéndole a nuestro Criador, que envíe al mundo su luz indeficiente.
 
   Oración colecta:
 
   Dios todopoderoso, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene a nosotros, para que merezcamos estar a su lado en el Reino de los cielos. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
   R. Amén.
 
   Liturgia de la Palabra.
 
   Lecturas eucarísticas y moniciones que anteceden a las mismas.
 
   Monición de la primera lectura:
 
   En la primera lectura correspondiente a esta celebración eucarística, escucharemos un anuncio trascendental para los judíos y los cristianos, , un mensaje que puede ser interpretado bajo la óptica de las dos venidas de Jesús al mundo, así pues, creemos firmemente que el Mesías nacerá en Navidad y , al final de los tiempos, nuestro Señor concluirá la instauración de su Reino de amor entre nosotros.
 
   Primera lectura:
 
   Suscitaré a David un vástago legítimo.
 
   Lectura del profeta Jeremías, 33, 14-16.
 
   Mirad que días vienen-oráculo de Yahveh- en que confirmaré la buena palabra que dije a la casa de Israel y a la casa de Judá.
   En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En aquellos días estará
a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará: "Yahveh, justicia nuestra."
 
   Palabra de Dios.
   R. te alabamos, Señor.
 
   Monición del Salmo responsorial:
 
   El fragmento del Salmo 24 que entonaremos o será recitado a continuación nos insta a poner nuestra confianza en nuestro Padre común, pues él llevará a cabo nuestras más ansiadas aspiraciones cuando vivamos en su presencia.
 
   Salmo responsorial:
 
   SAL. 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14.
   R. A ti, Señor, levanto mi alma.
 
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad;
enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
 
El Señor es bueno y recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.
 
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad,
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza. R.
 
   Monición de la segunda lectura:
 
   A continuación, San Pablo nos instará a que esperemos pacientemente la llegada del día en que podremos vivir en la presencia del Dios Uno y Trino, sin que la fe medie entre la Divinidad del Altísimo y nosotros, pues lo veremos cara a cara.
 
   Segunda lectura:
 
   Que el Señor os fortalezca interiormente, para cuando Jesús vuelva.
 
   Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, 3, 12- 4,2.
 
   En cuanto a vosotros, que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros. Sabéis, en efecto las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús.
 
   Palabra de Dios.
   R. te alabamos, Señor.
 
   Cita bíblica antes del Evangelio:
 
   ¿No ves que estoy llamando a la puerta? -dice el Señor-. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré en su compañía (AP. 3, 20).
 
   Monición del Evangelio:
 
   San Lucas, mediante una serie de símbolos, nos habla en el Evangelio de la segunda venida del Señor al mundo. Quienes creemos en el Dios Uno y Trino, deseamos estar preparados a recibir a nuestro Señor, pues, si nuestra fe fuera una utopía, nuestra vida carecería de sentido, ya que vivimos anhelando el encuentro con nuestro Padre común.
 
   Evangelio:
 
   Se acerca vuestra liberación.
 
   Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 21, 25-28. 34-36.
R. Gloria a ti, Señor.
 
   "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustias de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación."
   "Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improvisto sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre."
 
   Palabra del Señor.
   R. gloria a ti, señor Jesús.
 
   Meditación:
 
   Estimados hermanos y amigos:

   Antes de compartir con vosotros mi primera meditación correspondiente al ciclo litúrgico que hoy iniciamos, quiero desearos que, este año litúrgico que hoy estamos comenzando, sea muy provechoso para vosotros. Os doy las más sinceras gracias a quienes leéis mis meditaciones todas las semanas o de vez en cuando, y a los moderadores de las listas de correo y de los portales que habéis conseguido que mi trabajo en la red no haya sido inútil.

   En esta ocasión os envío un trabajo un poco extenso que escribí en el año 2004, que espero que os sirva para vivir intensamente el tiempo de Adviento.
 
   ¿Qué es el Adviento?.
 
   La palabra Adviento es la traducción castellana del vocablo latino Adventus. Llamamos Adviento a las cuatro semanas durante las que la Iglesia, a través de su Liturgia nos prepara a conmemorar las dos venidas de Cristo primeramente en la carne y la debilidad, en el Espíritu Santo y en el amor, y posteriormente en la gloria y el poder. . La Iglesia nos insta a esperar la Parusía o segunda venida de Jesús, un acontecimiento trascendental de la historia de la salvación, que revivimos utilizando a tal efecto los textos bíblicos mesiánicos escatológicos del Antiguo Testamento, adecuándolos, al mismo tiempo, a la primera venida de Jesús, así pues, aunque muchas de las profecías bíblicas se han cumplido puntualmente, aún no se han cumplido todas las promesas que Dios quiso que sus Santos Hagiógrafos incluyeran en los dos Testamentos en que se dividen las Sagradas Escrituras. Sabemos que Dios ha cumplido todas las promesas que les hizo a los miembros de su pueblo con respecto a la primera venida de Jesús. Esta es, pues, la causa por la cuál el Magisterio nos adoctrina para que no perdamos la esperanza con respecto al cumplimiento de todas las promesas divinas, porque ello supondrá para nosotros el fin de los estados que erróneamente calificamos como adversos.

   Los cristianos vivimos el Adviento con el corazón henchido de esperanza. La Iglesia, con la intención de conseguir que la fe que profesa se arraigue en nuestros corazones, nos anima a orar de la misma forma que se dirigían a nuestro Señor los cristianos de la Iglesia primitiva, recitando las siguientes palabras bíblicas:

   "Marana-tha" ,(Ven Señor)", o "Maran-athá" (el Señor viene) (1 COR. 16, 22; AP. 22, 20).

   Las sencillas palabras citadas en este párrafo constituyen una ferviente oración que los fieles del Señor Jesús repiten con el corazón lleno de esperanza en cada ocasión que se formulan las peticiones o preces en las celebraciones eucarísticas.

   Los textos del Antiguo Testamento que meditaremos a lo largo del Adviento nos instarán a imitar la vida de los justos que vivieron antes de que naciera Jesús. La certeza de la primera venida de nuestro Señor nos anima a esperar que Cristo Rey concluya el establecimiento de su Reino entre nosotros, pues es necesario que tengamos presente que las promesas que Dios le hizo a su pueblo a lo largo de muchos siglos las cuáles también nos atañen a nosotros porque somos el pueblo resultante de la última Alianza o pacto de Dios con los hombres, sólo se han cumplido parcialmente. La primera Profecía o anuncio del nacimiento del Mesías le fue revelado por Dios a Eva en el Paraíso, inmediatamente después de que Adán y ella comieran del fruto prohibido, y después de que la madre del género humano hubo comprobado que su marido se convirtió en su enemigo en su intento desesperado y cobarde de aplacar la ira de Dios. El texto del esperanzador anuncio con que Dios inflamó de esperanza el corazón de Eva marcado por la incertidumbre es el contenido de la maldición con la que Dios se dirigió a la serpiente, símbolo del demonio.

   "Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (GEN. 3, 14-15).

   El texto del Génesis que hemos meditado es conocido con el nombre de Protoevangelio, porque constituye el primer anuncio del Nacimiento de Jesús, el predicador del Evangelio.

   El primer Prefacio del Adviento expresa con gran belleza nuestra esperanza en el tiempo que estamos conmemorando. El citado texto eucarístico contiene la siguiente oración:

   "En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar..."

   La Eucaristía correspondiente al Domingo I de Adviento comienza con la siguiente Antífona:

   "A ti, Señor levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados" (SAL. 24, 1-3)

   La oración colecta correspondiente a la citada Eucaristía expresa el siguiente deseo de los fieles:

   "Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo"

   En los días que preceden a la Navidad, los católicos nos sumergimos en la lectura de los oráculos o revelaciones mesiánicos. Recordamos a nuestros padres en la fe, recordamos a los Santos y Profetas que más se han esforzado a lo largo de la historia para que no olvidemos nuestra esperanza cristocéntrica, escuchamos con especial énfasis a Isaías, uno de los grandes predicadores de nuestra fe en este periodo litúrgico junto a San Juan Bautista, nos llenamos de alegría recordando a los pocos pero fieles miembros del grupo de los que esperaron con una ilusión indescriptible la Natividad del Niño Dios: Zacarías, el incrédulo padre de San Juan Bautista que no tuvo reparo en predecir la gloria referente al futuro de su hijo después que Dios permitió que recuperara su voz perdida, Isabel, su fervorosa mujer, el Bautista, el exagerado e incansable predicador mesiánico, José, y, María, los padres de Jesús.

   En el tiempo de Adviento tenemos muy presente la ciencia moral llamada Cristología, que consiste en aplicarle a nuestro Señor todos los anuncios proféticos que les fueron revelados a los judíos antes de que el Hijo de María fuese concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, de forma que todas las profecías contenidas en el Antiguo Testamento, y todos los hechos y personajes citados en el mismo, están relacionados con el Mesías de manera que profetizan la existencia y la ejecución del plan salvífico divino por parte de Jesús, al mismo tiempo que nos otorgan las suficientes razones para creer que nosotros, a nivel individual y comunitario, estamos inmersos en la historia de la salvación que se nos narra en la Biblia, que comienza por la Creación del mundo por parte de Dios, y finaliza anunciando lo que aún no se ha cumplido, esto es: la instauración del Reino de Dios entre nosotros.

   Al aplicar la historia de la salvación refiriéndola a Jesús y a nosotros, la Iglesia nos hace meditar con gran insistencia sobre la Persona y el mensaje de Jesús (el Evangelio), utilizando a tal efecto los títulos con los que denominamos al Hijo de Dios: "Mesías" (vocablo griego que se traduce como Ungido), "Libertador", "Salvador", "Esperado de las naciones", y "Anunciado por los Profetas". Estos títulos nos son repetidos con mucha frecuencia en las lecturas bíblicas del Adviento y en las Antífonas que recitamos al celebrar la Eucaristía durante las semanas que anteceden al tiempo de Navidad, de forma que descubrimos que Cristo es el personaje central de la historia de la humanidad, y de nuestra vivencia personal y comunitaria.
 
   La confianza y la esperanza de María.
 
   María es la mujer por excelencia del Adviento, así pues, en el primer tiempo litúrgico anual en que intentamos aumentar nuestra fe de manera que nos sea imposible desconfiar de Dios, la Iglesia nos muestra a María como un alto modelo de santidad que nos ayuda a aumentar nuestra esperanza en el cumplimiento de las promesas divinas. El texto que los católicos utilizamos para dar a conocer a María Santísima es el pasaje de la Anunciación, que San Lucas nos narra entre los versículos 26 y 38 del capítulo 1 de su Evangelio. Este texto lo leemos el día 8 de diciembre al celebrar la Inmaculada Concepción de María, y el último Domingo antes de Navidad (Domingo mariano prenatalicio), el día en el que la Liturgia nos anima a ser devotos confiados del Señor a imitación de la Madre de Dios.

   Cuando concluyeron seis meses desde que la mujer de Zacarías concibiera a su hijo, Gabriel, un ángel de Dios, fue enviado por el Todopoderoso a una ciudad de la región Palestina de Galilea llamada Nazareth, a una virgen desposada o prometida en matrimonio con un varón llamado José, del linaje del rey David. El nombre de la bienaventurada doncella era María. María era hija de los Santos Joaquín y Ana. Son muchos los investigadores que afirman que, como los padres de María no podían tener hijos porque Ana era estéril, Joaquín se separó de su mujer y se dirigió al desierto para hacer penitencia con la intención de hacer que Dios escuchara sus súplicas. La oración de Joaquín y las lágrimas de Ana, la mujer que en su entorno era considerada maldita por causa de su esterilidad, fueron tenidas en cuenta en la presencia de Dios. Nuestro Padre común quiso que como compendio del amor de los citados cónyuges naciera María, la niña divina y la Diosa humana que, como mujer, fue
desposada con José para realizar el sueño de sus píos padres de verla con el futuro asegurado en cuanto a su status social, y también cumplió su tarea de Diosa, al convertirse en la Madre del Dios hecho Hombre, Jesucristo.

   Cuando Gabriel entró en la habitación en la que estaba María, exclamó devotamente: "¡Dios te salve, María! El Señor tu Dios está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres" La reacción que tuvo la joven nazaretana ante aquel saludo nos deja constancia de que María no estaba acostumbrada a tener apariciones frecuentes, así pues, cuando la hija de Joaquín y Ana oyó aquella extraña y misteriosa salutación, se turbó. ¿Cómo pudo entrar aquel hombre en el lugar en que ella estaba, ora orando, ora llevando a cabo el cumplimiento de sus labores?

   Gabriel tranquilizó a la futura Madre del Mesías diciéndole: "María, no temas, porque has hallado ante Dios la gracia con respecto al hecho de que él ha decidido que ha llegado el tiempo de concederte lo que le has pedido en tus oraciones. Ahora, quedarás embarazada, y darás a luz un Hijo, al que llamarás con el nombre de Jesús, es decir: Salvador, Libertador. Tu Hijo será grande, y será conocido como Hijo del Dios Altísimo, y el Señor Dios le dará el reinado de David su padre por causa de su grandeza"

   La forma de actuar de Dios va más allá de toda lógica humana. En ciertas ocasiones no podemos entender el designio salvífico de Dios al intentar comparar los anuncios divinos de las Escrituras con nuestra forma de comprender los acontecimientos que atañen a nuestra vida. Como no estamos capacitados para ver los acontecimientos que vivimos bajo el punto de vista de Dios por causa de nuestra impaciencia y de nuestro sometimiento al reducido número de años que vivimos, no hemos de tacharnos de pecadores por ello. A María le sucedió este caso, así pues, ella creía el anuncio del ángel y se sentía feliz al pensar que Dios cumpliría en ella la promesa de enviar a su Hijo al mundo para redimir a su pueblo del pecado y su dolor, pero, de pronto, la asaltó una duda que la hizo sufrir mucho. María interrogó a Gabriel con el miedo que le producía la posibilidad de ser lapidada y la decisión de quien opta por defender un ideal aunque en ello le vaya la vida: "¿Cómo será posible el hecho de que yo conciba a un Niño? Yo no me he relacionado nunca con ningún varón"

   Gabriel le dijo a María: "El Espíritu Santo se posará sobre ti con la delicadeza de una paloma, y el poder del Dios Altísimo te cubrirá con su sombra. Esta es, pues, la causa por la que el Santo Ser que nacerá de tus entrañas, será llamado Hijo de Dios. Tu parienta Isabel ha concebido hijo en su vejez. Este es el sexto mes de gestación de aquella mujer a la que llamaban estéril, porque nada hay imposible para el Dios Omnipotente"

   María exclamó: "En tu presencia está la esclava del Señor. Deseo que Dios haga conmigo lo que tú me has anunciado en el momento y lugar que El lo considere oportuno"

   Gabriel desapareció de la presencia de María, y ella quedó sola, orando, sufriendo porque, al aceptar el reto de convertirse en la Corredentora del pueblo de Dios, estaba arriesgando la vida de su Hijo y su existencia, pues, su prometido, amparado por la Ley religiosa de Palestina, tenía potestad para lapidarla por haber cometido supuestamente adulterio contra su persona. En este estado de tensión, y en el doloroso estado en que José decidió aceptar a su futura mujer para desmentir los rumores de quienes se burlaban de él porque decían que su prometida le había sido infiel, María es para nosotros modelo de fe, esperanza y obediencia, especialmente en las ocasiones en las que no sabemos si debemos creer en Dios por causa de nuestra turbación.

   Tengan presente, los defensores del aborto, que, en cada ocasión que una chica desamparada decida abortar porque se sienta abandonada y todos sus seres queridos se nieguen a prestarle apoyo, optarán por asesinar a Jesús de Nazareth.

   Desde el primer día del Adviento hasta el 16 de diciembre, María se identifica con los protagonistas y las promesas del Antiguo Testamento, de forma que nos ayuda a interrelacionar a los citados personajes y a los hechos que constituyen la vida de los mismos con Jesús, su vida, su mensaje, y sus actos. La celebración del dogma de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) constituye el principio de la preparación radical del tiempo de Navidad, así pues, en la citada fiesta, la Iglesia nos insta a imitar a María en su pureza virginal. Entiendo que todos debemos observar la castidad desde nuestro estado de vida actual, porque, decir que la citada virtud está relacionada únicamente con la posibilidad de mantener relaciones sexuales, es empobrecerla, ya que se refiere principalmente a obtenernos de Dios la purificación de nuestros defectos, por cuya causa en ciertas ocasiones incurrimos en el incumplimiento de la Ley de Dios, por lo cuál decimos que pecamos, quizá sin tener en cuenta la imperfección que nos conduce a ello.

   El Adviento se divide en dos partes. La primera parte del citado periodo litúrgico de oración y penitencia comienza en torno a finales de noviembre y culmina el 16 de diciembre. Durante el citado periodo nos disponemos a recibir al Mesías en su Parusía o segunda venida. Entre los días 17 y 24 de diciembre conmemoramos la segunda parte de este tiempo, poniendo especial énfasis en recordar la humildad y la sencillez que caracterizaron a María.

   El segundo Prefacio de Adviento contiene el siguiente texto:

   "En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. A quien todos los profetas anunciaron y la Virgen esperó con inefable amor de madre; Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres. él es quien nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza..."

   El tercer Prefacio de Adviento nos insta a meditar en los siguientes términos:

   "En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado. Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y juez de la historia, aparecerá, revestido de poder y de gloria sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino..."

   La unidad de comparativas con respecto a las dos venidas de Jesús y la ejemplaridad de nuestra Señora también se hacen constar en algunas oraciones litúrgicas, como es el caso de la Antífona del Domingo II de Adviento.

   "Destilad, cielo, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador" (IS. 45, 8)

   Esta es la oración colecta del 20 de diciembre:

   "A ejemplo de la Virgen Inmaculada que, al aceptar tu voluntad, anunciada por el ángel, recibió en su seno a tu Hijo, fue llena de la gracia del Espíritu Santo y se convirtió en templo de la divinidad, concédenos, Padre todopoderoso, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo"

   La oración sobre las ofrendas del Domingo IV de Adviento nos recuerda el ente trinitario existente entre Dios, María, y nosotros, los miembros de la Iglesia.

   "Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor"

   Es muy significativa la celebración eucarística del 18 de diciembre, ya que en ese día, una semana antes de conmemorar la Natividad del Niño de Belén, nos disponemos a recordar el inicio del viaje que hizo la Sagrada Familia desde Nazareth hasta Belén para empadronarse, según consta en el Evangelio de San Lucas, el gran amigo de San Pablo que quizá tuvo la dicha de conocer a María personalmente y que es llamado el pintor de María, porque describió con gran belleza los pasajes referentes a la Madre de Dios.

   "Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.... Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad (el Hagiógrafo se refiere a la ciudad originaria del linaje de cada familia que fue empadronada). Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David (el linaje davídico se fundó en Belén), que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David" (LC. 2, 1. 3-4).

   María es la Virgen del Adviento. María es "la llena de gracia", porque, con las citadas palabras, el ángel Gabriel intentó tranquilizarla cuando le anunció su Maternidad divina. María es "la llena de gracia" según consta en la oración del Ave María, porque al manifestar que estaba dispuesta a que se hiciera en ella la voluntad de Dios, demostró su disponibilidad a acatar el mandato divino de aceptar la voluntad del Dios Altísimo. María es "la llena de gracia", porque, nuestra Señora, a pesar de que podía ser asesinada por causa de un pecado que no cometió jamás, decidió confiar en Dios sin escatimar el sufrimiento a que fue sometida, las humillaciones que sufrió, y la posibilidad de que segaran la vida de su hijo y de que José iniciara su martirio tirándole una piedra al corazón, para extirpar el adulterio de las mujeres de Israel, y para hacer más breve el agudo dolor de su prometida, según constaba en la Ley de Israel.

   Por aceptar el cumplimiento de la voluntad de Dios en su vida, María merece ser considerada "bendita entre las mujeres", porque no podemos considerar que, a pesar de que sólo su disponibilidad para servir a Dios la diferenció con respecto a otras mujeres, que nuestra Santa Madre disponía de virtudes excepcionales que la capacitaban para obedecer a Dios ciegamente, pues, de haber sucedido esto, María no tendría el mérito que le atribuimos desde nuestra perspectiva católica.

   Fue tan considerable la fidelidad con que María se entregó a aceptar su Maternidad, tan notable su castidad, tan digna su pureza, y tan ciega su obediencia, que no podemos evitar el hecho de afirmar con la mayor rotundidad posible que, la Madre de Dios, es la "Virgen" por antonomasia.

   María es la "Esposa del Espíritu Santo", porque concibió al Hijo de Dios por obra y gracia de la tercera Persona de la Santísima Trinidad, así pues, si el Hijo es el reflejo del Padre, es justo creer que el amor de Dios se encarnó en ella por obra del Espíritu Santo, pues todos sabemos que la Trinidad Beatísima es poderosa, y por ende puede llevar a cabo lo que se propone.

   María también es la "Esposa del Padre¿, por cuanto se entregó a Dios dócilmente para que él dispusiera de su vida sin evitar el peligro y las humillaciones que tuvo que afrontar en varias ocasiones.

   María también es como si fuera la "Esposa de Jesús" ¿Puede una mujer ser madre y esposa de su hijo? María es Madre de Jesús porque se consagró a formar y a cuidar convenientemente al Niño que recibió de su Protectora tantos besos en sus manos que jamás se ha oído a nadie que haya vivido negativas de Jesús, a menos que ello no haya estado justificado por causas que no podemos comprender fácilmente. María es como si fuera la "Esposa de Jesús", porque, además de haber cumplido puntualmente su deber maternal, nuestra Señora vivió para cumplir la voluntad de su Hijo, pues ella no ignoraba que Jesús hubo de realizarse como Hombre y como Dios, con todas las consecuencias que ello suponía para ambos.

   María también es la "esclava del Señor", porque no fue capaz de considerar su vida si ello le suponía evitar el cumplimiento del amoroso designio de Dios desde su seno virginal y la castidad que caracterizó a su espíritu de niña que se hizo mujer en muy pocos meses para abarcar la realidad del Señor desde la sencillez propia de su adolescencia.

   La Madre de Dios es la "mujer nueva", la "nueva Eva" que se hace cómplice de Dios para restaurar el orden divino que nosotros, simbolizados por Adán y su mujer, alteramos al no evitar actuar en contradicción con los preceptos que constituyen la Ley de Dios. Según consta en el capítulo 3 del Génesis, Eva actuó obedeciendo la voz de su interior que le pedía que se convirtiera en diosa, por lo cuál, más que a una pecadora, veo en ella a un símbolo de María, la concepción de un sueño que se realizó en la Madre de Jesús, pues todos aspiramos a ser dioses, lo cuál, más que un pecado, constituye el motivo por el que, mientras vivamos y nuestra salud física y psíquica nos lo permita, jamás dejaremos de esforzarnos para superarnos y seguir alcanzando metas por lo que seremos más felices al constatar que Dios actuará en nuestra vida en cada ocasión que logremos alguno de los objetivos que nos propongamos.

   María es la "Hija de Sión", porque en su vida se encierran las vivencias del Israel del Antiguo Testamento, y la experiencia de la Iglesia que no ha sucumbido ante las persecuciones que ha sufrido durante los últimos 2000 años.

   María es la "Virgen del fiat" (hágase), porque nos insta a hacer la voluntad de Dios. María es la "Virgen fecunda", de hecho, la fecundidad de su vida consistió en producir frutos cumpliendo puntualmente la labor que Dios le encomendó cuando aconteció el episodio de la Anunciación. Ella es la "Virgen de la escucha", por cuanto escuchó lo que Dios le dijo por medio de Gabriel en la Anunciación y de Elisabeth en la Visitación, y es la "Virgen de la acogida", por cuanto acogió el designio de Dios y al Hijo del Altísimo en sus entrañas purísimas.

   María transforma la espera de nuestra vida en presencia de Dios en nuestros corazones, y las promesas divinas en los dones que todos hemos recibido y seguiremos recibiendo de Dios. Esta realidad es palpable en las celebraciones eucarísticas del Adviento, así como también lo es la ejemplaridad de nuestra Madre de la que se vale la Iglesia, para ayudarnos a aceptar el mensaje divino que nos transmite durante el Adviento y la Navidad.
 
   ¿Qué gestos han de caracterizarnos a los católicos durante el Adviento?.
 
   La Iglesia nos insta a conservar en nuestros corazones las realidades que nos inculca en el Adviento, así pues, como aún no se han cumplido todas las promesas divinas que constituyen el objeto de nuestra fe, es conveniente que ejercitemos las virtudes que Dios nos concede durante este tiempo porque las tales nos serán muy útiles durante todos los días de nuestra vida. El Adviento constituye el principio del ciclo o año litúrgico de la Iglesia, así pues, esta es la razón por la que se nos insta a albergar en nuestro corazón la intención de alcanzar nuevas metas entre las que destaca nuestra permanencia eterna en el Reino de Dios desde nuestro estado de vida actual. Jesús decía:

   "El Reino de Dios está entre vosotros" (LC. 17, 21)

   Esta realidad nos anima a cumplir las promesas que hacemos todos los años al conmemorar la Natividad de Jesús el 24 de diciembre que nunca llevamos a cabo, ora por pereza, ora por la incapacidad que se apodera de nosotros cuando nos olvidamos de que no podemos cambiar el mundo hasta que no nos dejemos transformar por el Espíritu Santo a imagen física de Jesús y semejanza espiritual de Dios Padre, así pues, estas son las palabras que Dios pronunció antes de crear el género humano:

   "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (GN. 1, 26)

   Como somos incapaces de lograr nuestros objetivos porque somos imperfectos, a lo largo del año litúrgico, la Iglesia nos insta a superar nuestra acritud en varias ocasiones, según podemos constatar en los ritos de la Cuaresma, la Pascua de Resurrección, en varias ocasiones celebrativas del tiempo ordinario, y en las celebraciones de Pentecostés, la Ascensión, la Asunción de María, y de muchos otros Santos, entre los que destacan por su incapacidad de producir frutos y su empeño de seguir luchando contra su imperfección San José de Cupertino, el pobrecillo que, para no sumirse en un mortal estado de amargura, decía de sí mismo que su nombre era "Frai Asno".

   El Adviento es para nosotros un tiempo de oración y penitencia, en el que le pedimos a Dios que le restablezca al hombre la confianza en Sí mismo por mediación de su Palabra y sus obras, pues deseamos que llegue el día en que podamos decir que asistiremos al encuentro de Dios, para poder constatar la realidad de la salvación universal con respecto al dolor, la muerte y el pecado o transgresión de la Ley de Dios por nuestra parte. El Adviento es tiempo de penitencia porque le decimos a Dios a través de la recepción del Sacramento de la Penitencia que somos débiles, y que le confiamos nuestra incapacidad para hacer lo que debemos hacer bien para que nos ayude a combatir nuestra imperfección.

   La Iglesia nos forma para que nos pongamos en el lugar de los creyentes que creyeron en la venida del Mesías contra toda esperanza antes de que el Señor viniera al mundo, para que así podamos comprender y agradecerle a nuestro Dios la virtud teologal de la fe que recibimos por causa de su benevolencia. Nosotros nos diferenciamos de los antepasados del Señor en que somos testigos de alguna forma del cumplimiento de las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento que de cierto modo ha sido llevado a cabo por el Todopoderoso. El Adviento no es para nosotros un tiempo para mirar los pormenores que vivieron los personajes más relevantes del Antiguo Testamento, así pues, debemos prepararnos para constatar el cumplimiento de todas las promesas divinas cuando acontezca la Parusía de Cristo Rey, pues, aún no se han cumplido todas las revelaciones proféticas.

   Preparemos a quienes no conocen al Señor Jesús durante este tiempo de Adviento para que acepten en su corazón la realidad de las dos venidas del Mesías, teniendo presente que este periodo litúrgico constituye una gran oportunidad para que ellos se conviertan al Señor, y para que nosotros, lejos de creer que se ha llevado a cabo en nuestra vida la conversión total, le pidamos a nuestro Padre común que aumente nuestra fe.

   Además de esforzarnos para que quienes no conocen al Señor se unan a nosotros para celebrar las dos venidas de Jesús durante el tiempo de Navidad, no hemos de olvidarnos de quienes circunstancialmente han perdido la fe, pues debemos prestarles una especial atención para que se unan a la Iglesia después de que constaten que sus dudas con respecto a nuestras creencias son resueltas a través de la oración, la meditación, y la unilateralidad de nuestra vida con el misterio de Dios.

   Todos los católicos tenemos el deber de alabar a Dios durante el Adviento al recordar todas sus promesas divinas, las que se han cumplido y las que tendrán su acabado cumplimiento cuando acontezca la Parusía de nuestro Jesús, pues es de bien nacidos el ser agradecidos según reza el conocido refrán español.
 
   ¿Cómo podremos reconocer las venidas de Cristo?.
 
   Jesucristo vino al mundo hace 2000 años como Hombre-Dios. Jesús nació enmarcado en nuestra debilidad. Nuestro Señor nace constantemente en nuestro corazón por la acción del Espíritu Santo, el amor de Dios que es derramado en nuestra vida constantemente. Cuando se produzca la Parusía del Señor, Jesús vendrá henchido de gloria y poder a reinar sobre nosotros, así pues, según el Autor de los Salmos, "El Señor reinará eternamente" (SAL. 10, 16). Jesús se encarnó en María para que, al hacerse semejante a nosotros, nos fuera fácil comprender el sufrimiento que supuso para El el hecho de redimirnos por mediación de su muerte y Resurrección. En el segundo Isaías encontramos las siguientes palabras que fueron escritas por el vidente que previó el padecimiento de Jesús:

   "Sus cardenales nos han curado" (IS. 53, 5).

   Cuando permitimos que Cristo habite en nuestros corazones le pedimos al Espíritu Santo que nos santifique a través del contacto que tenemos con Dios por mediación de la oración y nuestras vivencias ordinarias. Cuando se produzca la segunda venida de Cristo, nuestro Señor instituirá la paz, el amor y la justicia a nivel mundial, y nos hará a todos copartícipes de la verdad que tanto deseamos conocer.
 
   Penitencia y alegría.
 
   He aquí, pues, el mensaje del Adviento: Dios viene a nuestro encuentro. Hacer penitencia en este tiempo significa que deseamos prepararnos a recibir al Señor con la certeza de que El nos ha perdonado todas las transgresiones que hemos llevado a cabo con respecto a los Mandamientos de su Ley. El sentido de la penitencia durante este tiempo litúrgico ha de basarse en que Dios no vendrá solamente a redimir a la humanidad, sino en que nuestro Santo Padre vendrá al mundo a encontrarse con nosotros de forma individual, así pues, aunque tú, amigo lector, fueras la única persona que hubiera existido a lo largo de la Historia, Dios hubiera enviado a su Hijo para que, muriendo y resucitando, te hubiera enseñado a creer en el, y te hubiera demostrado por su padecimiento y glorificación que serás elevado a la categoría de Dios.

    Finalizo esta meditación diciéndoos que San Alberto Magno nos habla en uno de sus escritos de tres plenitudes, tres formas de existencia muy diferentes que pueden caracterizar nuestra vida. San Alberto Magno nos dice que los hombres vaso, son aquellos que se llenan de sabiduría, bienes materiales y espirituales, quizá se hacen grandes místicos, pero nadie puede quitarles su gran pobreza, que consiste en que no comparten sus posesiones con sus prójimos. Los hombres canal, son aquellos que dan indiscriminadamente todo cuanto poseen, pero tienen el gran defecto de no amarse a sí mismos, de tal forma que, los demás, los utilizan como si fuesen marionetas, pues saben que siempre pueden obtener de ellos lo que desean. San Alberto Magno llama hombres fuente, aquellos que tienen capacidad para crear, retener y distribuir al mismo tiempo. Estos son los santos que la humanidad necesita para prepararse a recibir al Rey que vendrá a nuestro encuentro la próxima Navidad y al final de los tiempos.
 
   Oración de los fieles
 
   V. Al recordar nuevamente que nuestro Padre común nos ama en esta celebración de la Eucaristía, dispongámonos a orar, así pues, si en verdad deseamos que Dios concluya la instauración de su Reino de amor y de paz entre nosotros, hemos de ayudarle a realizar su propósito, llevando a cabo la realización de nuestras aspiraciones y esforzándonos para que nuestros prójimos puedan alcanzar la consecución de los logros que anhelan. Démosle las más sinceras gracias a nuestro Padre común por haberle dado a nuestra vida el sentido que, a modo de impulso, nos ayuda a sentir que somos felices, a pesar de que hemos de sobrevivir a nuestras carencias.
 
   Respondemos a cada petición: Padre nuestro, escucha nuestra oración.
 
   V. Para el Papa Benedicto XVI te pedimos, Santo Padre, que lo fortalezcas para que pueda llevar a cabo el trabajo que le has encomendado. Oremos.
 
   V. Te pedimos por los religiosos y laicos que trabajan marcados por la ilusión de vivir eternamente en tu presencia, para que puedan hacer que el mundo te acepte mediante su ejemplo de vida cristiana. Oremos.
 
   V. Por todos los miembros de la Iglesia peregrina, para que, al vivir intensamente el ciclo litúrgico que hoy comenzamos, podamos constatar que tú aumentarás nuestra fe, al revelártenos. Oremos.
 
   V. Te pedimos que los gobernantes del mundo lleven a cabo su trabajo inspirados por tu amor y tu justicia. Oremos.
 
   V. Te pedimos, Santo Padre, por quienes recibirán durante este ciclo los Sacramentos del Bautismo, la Comunión, la Confirmación, el Matrimonio, el Orden sacerdotal y la Penitencia, para que su fe les haga esperar llenos de alegría el día en que puedan vivir en tu presencia. Oremos.
 
   V. Fortalece a los enfermos para que puedan vivir su difícil situación. Consuela a los pobres solidarizándonos con ellos. Ayúdanos a comprender que, si colaboramos en tu proyecto, apresuraremos la instauración de tu Reino entre nosotros. Oremos.
 
   Liturgia eucarística.
 
   Canto del Ofertorio:
 
Saber que vendrás.
 
En este mundo que Cristo nos da
hacemos la ofrenda del pan,
el pan de nuestro trabajo sin fin
y el vino de nuestro cantar.
Traigo ante ti nuestra justa inquietud,
amar la justicia y la paz.
Saber que vendrás, saber que estarás
partiendo a los pobres tu pan.
 
La sed de todos los hombres sin fin,
las penas y el triste llorar,
el odio de los que mueren sin fe
cansados de tanto luchar.
En la patena de nuestra oblación
acepta la vida Señor.
Saber que vendrás, saber que estarás
partiendo a los pobres tu pan.
(Desconozco el autor de esta canción).
 
   Oración sobre las ofrendas:
 
   De todo lo que hemos recibido de tu generosidad, acepta, Padre, los dones que te presentamos, y que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros, anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
   R. Amén.
 
   Prefacio de Adviento I:
 
   Las dos venidas de Cristo.
 
   V. El Señor esté con vosotros.
   R. Y con tu espíritu.
   V. Levantemos el corazón.
   R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
   V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
   R. Es justo y necesario.
 
   V. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
 
   Santo, Santo, Santo...
 
   Antífona de la Comunión:
 
   El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos (SAL. 84, 13).
 
   Canto de Comunión:
 
VEN SEÑOR NO TARDES.
 
- ESTRIBILLO: Ven, ven Señor no tardes, ven, ven que te esperamos. Ven, ven Señor no tardes, ven pronto Señor.
 
El mundo muere de frío, el alma perdió el calor, los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor.
 
3        ESTRIBILLO:
4         
5           Lectura después de la Comunión:
 
    Dios te llama a una vida plenamente feliz
 
   ¿Te has preguntado alguna vez porqué tu vida frecuentemente es superficial, vacía, insignificante? ¿Has pensado que de algún modo andas como esclavizado y experimentas adentro de ti un ansia viva de amar y ser amado tal como eres? ¿Te has percatado ya de que tú no eres el quicio del universo y de que eres frágil, débil? ¿Sabes que todos tenemos que morirnos y que ninguno escoge el día o la hora? ¿Sabes ya que no estás en el mundo por casualidad ? Si quieres experimentar un Amor que salva, sin juzgarte ni condenarte, un Amor que ama porque nos conoce sin tapujos ni máscaras porque sabe como somos realmente, escucha y acepta que:
 
   1º.- Dios te ama y tiene un plan para tu vida. Su amor incluye a todo ser humano. "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Juan 3,16 s.)
 
   2º.- Acepta que El pecado te separa de Dios. El pecado es la rebelión del hombre contra Dios, que resulta de la desobediencia a la voluntad de Dios. Todos hemos pecado "Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3,23). De ordinario el hombre trata de encontrar significado a los distintos sucesos y acontecimientos de su vida y busca la felicidad en las cosas, en el dinero, en el trabajo, en la filosofía, etc. Hasta que se percata de que sus propios esfuerzos no pueden salvar. Ignora que Dios se manifiesta en la historia porque Dios hace que la historia se convierta en salvación por su gracia: "Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús" (Rom. 3, 24). "Porque habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2,8-9)
 
   3º.- Acepta que Cristo Jesús murió por nuestros pecados. Él murió en nuestro lugar. "En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; - en verdad, apenas habrá quién muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Romanos 5,6-8)
 
   4º.- Acepta que eres un pecador y pídele perdón a Dios. El arrepentimiento incluye:
   1.reconocimiento de nuestros pecados,
   2.dolor por nuestros pecados,
   3.confesión de nuestros pecados,
   4.estar dispuestos a abandonar nuestros pecados.
   Dios a prometido perdonarnos: "si confesamos nuestros pecados, Él fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1ª de Juan 1,9)
   (Desconozco el autor de este texto).
 
   Oración después de la Comunión:
 
   Te pedimos, Padre, que la celebración de estos santos misterios produzca su fruto en nosotros, y nos enseñe a amar los bienes eternos mientras peregrinamos en medio de las cosas transitorias. Por Jesucristo, nuestro Señor.
   R. Amén.
 
   Bendición solemne de Adviento:
 
   V. Que Dios omnipotente y misericordioso os santifique con la celebración de este Adviento y os llene de sus bendiciones, ya que creéis que Cristo vino al mundo y esperáis su retorno glorioso.
   R. Amén.
   V. Que durante toda la vida os conceda permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y eficaces en la caridad.
   R. Amén.
   V. Que os enriquezca con los premios eternos cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria aquel de cuya encarnación, llenos de fe, os alegráis ahora.
   R. Amén.
   V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
   R. Amén.
   V. Podéis ir en paz.
   R. Demos gracias a Dios.
 
   Exhortación de despedida:
 
   Después de recibir a Jesús en esta celebración eucarística, volvamos a realizar nuestras actividades ordinarias, y hagamos el propósito de conocer la Palabra de Dios, para así poder acercar a nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo a nuestro Padre común.
 
Canto final:
 
MARÍA, SIEMPRE MADRE.
 
Un gran corazón, una sonrisa,
unos labios abiertos... a la verdad.
Unos ojos limpios, un gran caminar,
una vida abierta a Dios.
Así eres Tú.

María siempre Madre,
mujer incomparable, capaz de amar,
junto a ella siempre venceremos.
Pero mi promesa ha de ser algo mejor,
hacer feliz a Dios
enseñando a la juventud
a ser eco del amor.

Y por eso Madre, venimos hoy a Ti,
queremos ir de tu mano
para abrir caminos cerrados
y sembrar allí una flor.(2)

Quiero tener tu mirada reflejada
en el mundo de un Si total.
La grandeza de Tu Sí, la pureza en Tu vivir
nos dio un Redentor,
nos dio un Salvador
(Desconozco el autor de esta canción).
 
   Padre nuestro, escucha nuestra oración.
 
Con Maria, conociendo a Juana Lojo, Co-fundadora del Cenáculo de María.
 
   María, Madre mía, hoy has cruzado en mi camino a una mujer que ha elegido como hogar, tu Corazón.
 
   Escucha misa junto al altar de la pequeña Capilla del Cenáculo de María en Los Hornos, La Plata, Argentina.
 
   Es... toda ofrenda... toda entrega. Sus manos juntas y su cabeza inclinada hacia la izquierda descansan en un trono que el mundo no comprende: Una silla
de ruedas.
 
   Y las preguntas llegan al alma sin permiso: ¿Por qué, Madre? ¿Porqué este destino para Juana? ¿Porqué esta prueba?
 
   Al costado del altar, y desde un pequeño cuadro, tus ojos parecen mostrar una respuesta:
 
-         Verás, hija mía, no puedes comprender el final si no conoces la historia.
 
-         ¿Podrías contármela, Madre? Digo, si quieres.
 
-         Lo haré, para que tu corazón aprenda a ver más allá de lo exterior, más allá de lo que ve el mundo. Hace cuarenta y cinco años, Juana caminaba
con un grupo de mujeres que seguían a Jesús. Yo estaba en medio de ellas y la vi. Su figura serena y humilde, la mirada limpia e inocente de sus ojos castaños,
me alegraron el alma... y quise tenerla más cerca de mi corazón. De manera que envié por ella.
 
-         Y ¿A quién enviaste, Madre?
 
-         A un alma muy especial, Monseñor Roberto Lodigiani. Corría el año 1961 y este amado hijo de mi Corazón estaba fundando el Instituto Secular Diocesano
“Cenáculo de María”, y necesitaba un alma dócil y entregada a Mi corazón que le secundara. Entonces le pedí que susurrara en el corazón de Juana unas palabras:
“ Madre, en tu Corazón, nuestros corazones, todo lo que estamos haciendo y nos pasa”
 
A Juana se le estremeció el alma y se preguntó que podían significar esas palabras para su vida.
 
  Entonces, su mirada y la Mía se cruzaron y San Luís María Grignion de Montfort extendió sus manos, tomó las nuestras y las juntó para siempre.
 
   Así, de mi mano, Juana empezó a seguir al Maestro por los caminos polvorientos de la vida. Sirvió a los pobres el pan multiplicado y asistió a la resurrección,
en la esperanza, de tantos Lázaros cotidianos y olvidados.
 
   Poco a poco ella iba entrando, no sin esfuerzo, en mi corazón Inmaculado, para estar más cerca de Jesús.
 
   Cuando mi Hijo se donaba a sí mismo en infinitas cunas de harina blanca, Juana estaba allí, haciendo de su corazón una cuna en el Mío.
 
   Renunció a sí misma, tomó su cruz y siguió a Jesús. Me acompañó hasta el pié de la Cruz. Yo inclinaba mi cabeza para ver el rostro de mi Hijo, y Juana
también lo hacía...
 
   Has notado que su cabeza aún sigue inclinada. Aún sigue mirando a Jesús que sufre en cada hermano, en cada alma solitaria y sin esperanza.
 
   Mi Juana, hija querida, te está enseñando que aún desde el dolor y por el dolor, ella puede seguir ayudándome, con su entrega, sus oraciones y su ofrenda
de vida, a salvar almas.
 
   Amigo que lees estas líneas. Cada vez que visites a Juana, honra su cabeza inclinada, inclínate ante su trono que es su cruz...  No sabes, quizás...
quizás tu alma alcance gracias que no imaginas, gracias que María Santísima te alcanza por besar la frente de una cabeza inclinada.
 
María Susana Ratero
 
susanaratero@yahoo.com.ar
 
NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que
he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."
 
 Bajo el manto de María
la su de María

Meditacion para el Domingo I de Adviento del ciclo C, ano 2003. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.
 
   Domingo, 30/11/2003, Domingo I de Adviento, ciclo C.
 
   En esta edición de Padre nuestro, podréis encontrar los siguientes contenidos
 
   -“Sí”, una meditación sobre el Adviento

   -“Quiero hablar con Dios”. Dios nos habla a través de los sucesos que nos acontecen en nuestra vida ordinaria.

   -Meditación correspondiente al Domingo I de Adviento del ciclo C.
 
   Sí.
 
   Estimados hermanos y amigos:

   1. Hoy comenzamos los cristianos católicos a vivir un nuevo ciclo o año litúrgico. Recibid mi más cordial felicitación en el primer día de un nuevo año eclesiástico en el que empezamos a meditar sobre la importancia del Adviento, un camino que recorremos anualmente para preparar la celebración de la Navidad cristiana. Este año, el Adviento comprende los 26 primeros días del año eclesiástico.

   2. A principios del presente mes, el día 3 concretamente, pudimos constatar cómo nuestra sociedad empezaba a preparar la celebración de la Navidad interreligiosa. Un año más, las calles de nuestros pueblos y ciudades se están llenando de luces, y los centros comerciales cuentan con especialistas en ventas que están muy capacitados para llamar nuestra atención e incitarnos a caer en las redes del consumismo. Yo, como cristiano y como vendedor de lotería, ante la crisis de fe que padece nuestra sociedad, os pido que entre todos hagamos un gran esfuerzo para que nuestra fe cristiana no se extinga ante el avance imparable del hedonismo. Los cristianos, según nuestras posibilidades económicas, debemos adquirir todo lo que necesitemos para celebrar la Navidad, tenemos que ser solidarios con los más desfavorecidos de nuestro entorno social, y no vamos a dejar de tener presentes los valores religiosos que constituyen la base sobre la que se fundamenta nuestra espiritualidad.

   3. La mejor forma que tenemos de prepararnos para celebrar la Navidad, consiste en que aprendamos a imitar a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, cuyas dos venidas recordaremos durante los próximos 26 días.

   ¿Cuál es la causa por la que debemos estar pendientes a conmemorar las dos venidas de Jesús de Nazaret al mundo?

   ¿Realmente tenemos necesidad de Dios para conmemorar esos dos eventos tan transcendentales?

   El autor de los Salmos responde nuestras preguntas orando en estos términos:

   "Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío" (SAL. 42, 2).

   Muchos grandes predicadores del Evangelio dicen que tenemos necesidad de que Dios nos socorra porque vivimos en un mundo en que podemos ser víctimas de grandes desastres naturales, y porque los débiles siempre terminan por ser las víctimas de los más poderosos y ambiciosos del mundo. Si nos olvidamos de los avances que se han observado recientemente en los campos de la Filosofía y la Psicología, podemos decir que tenemos una gran necesidad de Dios, porque El nos ha creado, y porque somos marionetas en sus manos, y de su misericordia depende nuestra salvación. Todos tenemos nuestros propios argumentos para justificar nuestra adhesión a Dios, o la indiferencia que nos puede causar el hecho religioso. Personalmente creo que nuestra sociedad ya no cree en Dios porque muchos sacerdotes han dejado de gritar desde los púlpitos en los que predican que este mundo infame será destruido el día que menos lo esperemos. Hemos de tener en cuenta que la Psicología moderna priva de su pseudofe a todos aquellos que se adhieren a Dios porque temen por la salvación de sus almas, ya que la citada ciencia dispone de argumentos racionalistas con los cuales podemos alcanzar un nivel de felicidad muy codiciado por la humanidad, ya que la creencia en la condenación ha sido trocada por un camino tras recorrer el cual todos los que cometen errores disponen de todas las oportunidades que se deseen conceder para superarse. Fiel a esta creencia tan útil, nuestra sociedad avanza a pasos agigantados, de forma que se adecua a crear ambientes en los cuales todos los colectivos de personas puedan alcanzar el más alto nivel de realización personal.

   4. Este año quiero proponeros que nos esforcemos todos -yo también lo haré- para vivir un Adviento muy especial. Vamos a intentar no impacientarnos ante la cercanía de las vacaciones de Navidad, y vamos a perfeccionarnos un poco para decir sí a la realización de los planes de Dios, sí a la superación de nuestras dificultades personales, sí al alcance de nuestras metas, sí a la conservación de nuestros valores morales y éticos, y sí a la solidaridad con respecto a quienes sufren más carencias en nuestra sociedad. La verdadera caridad empieza por salvarnos a nosotros mismos de las circunstancias que nos duelen en la medida que nos sea posible llevar a cabo el citado propósito. En segundo término, la misericordia que ha de emanar de nuestro corazón, ha de producir frutos en nuestro hogar, en nuestro entorno social, y en toda la haz de la tierra. Tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que el mundo note que el Espíritu Santo actúa por nuestro medio para redimir a los hombres del dolor, el error, la muerte y el pecado. Vamos a luchar para que ninguna persona que carezca de fe vuelva a preguntarse: ¿Dónde están los cristianos? Si imitamos a Jesús constantemente en el trabajo y el tiempo de relajarnos, y en la alegría, la tristeza y el dolor, el mundo sabrá que el único argumento que realmente puede justificar nuestra necesidad de Dios, es el amor.

   Sé que algunos hermanos me preguntaréis: ¿Niegas el hecho de que somos obra de las manos de Dios? No niego esa realidad, pues Dios nos tiene asidos de la mano, pero, como nos ha concedido la salvación y nos ha colmado de dones y virtudes, y con la Pasión, muerte y resurrección de Jesús nos ha asegurado la vida eterna, y nos ha prometido librarnos del dolor, el error y la muerte, ¿con qué argumentos podemos decir que amamos a Dios porque lo necesitamos?

   Con respecto a la necesidad de Dios por amor, ¿no es esta realidad una consecuencia de falta de estima personal? No necesitamos a Dios para que nos ame, porque son muchas las personas que han vivido intensos periodos de soledad a lo largo de su vida, y sólo han fallecido en esos periodos de tiempo quienes han creído que no se realizaban personalmente si no se sentían amados constantemente. ¿Tenemos necesidad de Dios? Si hablamos en términos espirituales, Dios es uno más entre nosotros, no lo necesitamos para que nos ame, lo necesitamos porque dar es tan importante como recibir, porque lo amamos simplemente porque El es uno más entre nosotros.

   5. Nuestra misión cristiana en este tiempo de Adviento la encontramos en el Evangelio según San Mateo:

   "Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos, expulsad a los demonios. Pero hacedlo todo gratuitamente, puesto que gratis recibisteis el poder" (MT. 10, 8).

   ¿Cómo podemos curar a los enfermos?

   No podemos curar enfermedades físicas, pero, si la ceguera antiguamente significaba la carencia de fe, podemos abrirles los ojos a quienes se sienten necesitados de Dios, y no encuentran a nuestro Padre celestial en ninguna parte, porque no caen en el detalle de mirar la parte más profunda de su corazón.

   6. El anuncio principal del Adviento es el siguiente: Dios vendrá a nuestro encuentro. San Juan Bautista, cuando hablaba de la primera venida de Jesús, decía:

   "Detrás de mí viene uno que es más poderoso que yo" (MT. 3, 11).

   Con respecto a la segunda venida de Jesús, nos anunciaba el Apóstol San Juan:

   "¡Miradle cómo viene entre las nubes! Todos le verán, incluso los que lo traspasaron, y todas las naciones de la tierra prorrumpirán en llanto por su causa" (AP. 1, 7).

   En los días de Navidad recordaremos cómo Jesús vino al mundo por primera vez, y, durante el Adviento, meditaremos sobre las dos venidas de nuestro Señor. Es importante meditar la primera venida de Jesús, su Nacimiento, su vida oculta y su Ministerio, sus palabras y hechos, su Pasión, muerte y Resurrección, pues deseamos asemejarnos a nuestro querido Hermano, pero también es de transcendental importancia para nosotros reflexionar sobre la Parusía del Señor, porque, si Jesús no viene a concluir su obra concediéndonos a todos los hombres de todos los tiempos la oportunidad de que abramos los ojos y miremos con su mirada, no habrá concluido la realización del llamado plan salvífico de nuestro Padre y Dios.

   Nuestra vida es un camino que nos conduce al Reino de Dios, así pues, vamos a pedirle a nuestro Santo Padre que, a través de la vivencia de este ciclo litúrgico, podamos comprobar cómo es aumentada nuestra fe, y que nos haga fuertes para seguir venciendo los obstáculos de nuestra vida ordinaria.

 

   Quiero hablar con Dios.
 
   El autor de los Salmos solía hacer la siguiente meditación:

   "Ojalá escuchéis hoy su voz (la voz del Señor)" (SAL. 95, 7).

   Este es, pues, el preciso instante en el que hemos de escuchar la voz de Dios, pero, ¿cómo podremos lograr nuestro propósito si la forma en que nuestro Padre celestial habla es completamente misteriosa para nosotros?

   La Iglesia siempre se ha manifestado con respecto a este tema diciéndonos que Dios nos habla a través de las Sagradas Escrituras, los religiosos y demás predicadores laicos, las circunstancias que nos acaecen a lo largo de nuestra existencia mortal y la naturaleza, a través de la cual contemplamos parte de las grandezas del Todopoderoso. A pesar de la citada forma en que la Iglesia nos hace entender que podemos hablar con Dios, sigue siendo para nosotros un misterio el hecho de que nuestro Criador se comunica con nosotros.

   ¿Por qué Dios no utiliza nuestras formas de expresión para que creamos en El?

   Para responder esta pregunta, nos vamos a remitir al Evangelio de San Lucas, concretamente a la parábola del rico avaro (LC. 16, 19-31). El principal protagonista del citado texto lucano era un hombre rico que no se solidarizaba con la miseria que azotaba a un pobre llamado Lázaro, que se alimentaba con las migajas de pan que le sobraban a aquel a quien le aguardaba una fatal existencia en el infierno. El pobre Lázaro, por causa de su carestía, obtuvo la salvación, pero, el rico avaro, fue condenado a sufrir eternamente entre las llamas del infierno.

   En cierta ocasión en que el rico epulón vio a Abraham junto a Lázaro, éste le dijo al Patriarca: Padre Abraham, manda a Lázaro al mundo para que mis 5 hermanos que viven igual que lo hice yo no sean condenados a vivir eternamente este suplicio infernal.

   Abraham le contestó: Ellos ya tienen a Moisés y a los Profetas, de hecho, con cumplir la Ley, se salvarán.

   Epulón replicó: Ellos no harán caso de la Palabra de Dios.

   Abraham dijo: Si ellos no obedecen la Palabra de Dios, no se salvarán si un muerto resucita para advertirles del riesgo que corren de ser condenados.

   Cuántas veces nos han advertido nuestros seres queridos de lo que nos podía suceder si cometíamos ciertos errores, pero nosotros, fieles a nuestra terquedad, hasta que no hemos caído en las trampas que nosotros mismos nos hemos preparado, no nos hemos dado a torcer el brazo.

   Si las formas de expresarnos que tenemos los hombres no nos sirven siempre para corregirnos unos a otros, ¿no se verá Dios obligado a recurrir a una forma de comunicarse con nosotros diferente a nuestros hábitos comunicativos para captar nuestra atención?

   Cuando yo era adolescente, uno de mis mejores amigos me decía: "Yo no niego lo que la Iglesia dice respecto de que Dios habla con nosotros a través del significado que tienen los acontecimientos de nuestra vida ordinaria, así pues, considerando este hecho como verdadero, debemos pensar que, para entender la forma que Dios tiene de hablarnos, debemos aprender a interpretar los hechos de nuestra vida. ¿Cómo se hace esa interpretación de los hechos buenos y malos que se suceden en nuestra vida? Con respecto a eso, los autores de la Biblia y el Magisterio de la Iglesia no se han pronunciado en muchas ocasiones". Aquel amigo mío tenía un don que era positivo y negativo, que consistía en darle vueltas a todo para encontrar el mayor número de respuestas posibles, algo así como buscarle la quinta pata a los gatos. Nosotros, según la experiencia que adquirimos a través de la vivencia de nuestras experiencias vitales, podemos aprender a interpretar algunos aspectos referentes a las circunstancias de nuestra vida. Os doy un ejemplo gráfico de lo que estoy diciendo. Yo nací en un entorno rural, en el que se consideraba que, al ser ciego, mi valía personal era nula, ya que no estaba posibilitado para realizarme personalmente. Si yo hubiera nacido siendo "normal", como se decía en mi entorno, en el momento en que estoy escribiendo esta meditación, no estaría vendiendo cupones de la Once. Probablemente estaría sentado frente al televisor dándole órdenes a una mujer que no sería la que tengo actualmente porque es medio ciega, o quizá estaría viendo un partido de fútbol en un bar, o preparándome para salir de marcha, porque hoy es sábado. En esas circunstancias, probablemente sería campesino o trabajaría en la construcción. En ese caso, yo no creería en Dios, y mi moral ética sería muy diferente a mis concepciones filosóficas actuales.

   Mi realidad es muy diferente a la vivencia que en el entorno en el que nací se suponía para cualquier hombre "normal". Soy ciego, no soy un Santo ejemplar, soy un ciego normal, de los que venden cupones, casado con una mujer que ve algo más que yo, soy feliz, y, al ser consciente de que deseo hacer que quienes sufren por alguna circunstancia me imiten al menos en mi felicidad, estoy muy contento de moderar una asociación católica en Internet. La gente que me conoce se admira porque soy diferente a la gran mayoría, porque comparto todo tipo de trabajos con mi mujer. Os he contado esta anécdota para dar a entender que todos sabemos interpretar algunos aspectos de nuestra vida, este es, pues, el hecho por el cual hemos encontrado un buen canal para hablar con nuestro Padre y Dios, que es, a saber: Las circunstancias que se suceden en nuestra vida ordinaria, especialmente las casuísticas adversas que se dan en nuestra existencia mortal, ya que tenemos tendencia a pensar más en lo que es negativo que en lo positivo.


 
   Cita de las lecturas correspondientes al Domingo I de Adviento: Jeremías, 33, 14-16; Salmo 24, 4 b-c-5 a. 8-9. 10 y 14; Antífona: 1 b. 1 Tesalonicenses, 3, 12--4, 2; San Lucas, 21, 25-28. 34-36.
 
   Meditación:
 
   1. Un año más, comenzamos el tiempo de Adviento con la esperanza fundada en el cumplimiento de las promesas que nuestro Padre y Dios les hizo a los personajes principales del Antiguo Testamento. Nosotros esperamos que se cumpla el citado designio del Señor porque "Dios mantiene fielmente su palabra, aunque todos los hombres sean desleales.

   "Ya lo dice la Escritura: Tus palabras pondrán de manifiesto que eres fiel, y en cualquier litigio saldrás vencedor" (ROM. 3, 4).

   2.    La lectura de la Profecía de Jeremías  nos insta a sobreponernos con respecto al dolor que hemos de soportar en los días adversos de nuestra vida. Un antiguo refrán dice: A Dios orando, y con el mazo dando, así pues, el hecho de que esperamos que nuestro Padre y Dios cumpla la promesa de revestirnos de inmortalidad, no significa que debemos renunciar a las posibilidades que tenemos de seguir alcanzando metas mientras tengamos la oportunidad de hacerlo. El texto de Jeremías sirvió en su tiempo para que los judíos deportados a Babilonia no perdieran su fe, y, después de la deportación, el citado texto sirvió para alentar la fe de quienes esperaban que Dios enviara al Mesías al mundo, un Hombre capacitado para vencer el pecado, el error, la enfermedad y la muerte. No debemos molestarnos si en nuestro entorno social hay personas que piensan que el hecho de que esperemos que el Señor venga a concluir la realización del designio salvífico de Dios no es más que una utopía, pues no todos los hombres han tenido la oportunidad de experimentar a nuestro Padre y Dios. Nosotros amamos, tenemos y vivimos a Dios "por Cristo, con El y en El", según oramos siempre que celebramos la Eucaristía. Vivimos con Cristo porque somos "herederos de Dios y coherederos de Cristo" (ROM. 8, 17). Vivimos con Cristo y en la misma persona de Jesús de Nazaret, "porque vuestros cuerpos son miembros del cuerpo de Cristo" (1 COR. 6, 15).

   2. El Adviento es tiempo de esperanza y de acción. No podemos permitir que nuestra esperanza cristiana se quede estancada en nuestros corazones, no podemos dejar que la incomprensión de quienes carecen de nuestra fe haga menguar nuestra fe. Creo que debemos proponernos como meta a alcanzar que, cuando celebremos la Navidad, hayamos contribuido a romper en nuestro entorno la barrera que nos impide comunicarnos abiertamente con nuestros familiares y amigos. Muchos trabajamos durante bastantes horas, nos divertimos o hacemos labores necesarias para nosotros en las horas que tenemos libres, pero quizá tenemos en nuestra casa a nuestro cónyuge o a alguno de los niños con algún problema que no nos quiere dar a conocer, porque dispone de poco tiempo para hablar con nosotros, o quizá porque piensa que no lo podemos comprender, porque no hemos vivido esa situación. Creo que todos deberíamos sentarnos junto a nuestros familiares y amigos periódicamente y que deberíamos abrir nuestra alma con confianza ante las personas de nuestro entorno familiar, para eliminar los sentimientos que nos impiden ser felices.

   3. El pequeño Apocalipsis de San Lucas está lleno de imágenes simbólicas cuya doble finalidad consiste en animarnos para que seamos fuertes en los días adversos de nuestra vida, y recordarnos que Jesús vendrá por segunda vez a concluir el designio salvífico de Dios. Para nosotros es absurdo el hecho de mirar al futuro con miedo, así pues, San Lucas nos dice con respecto a las catástrofes que se han sucedido a lo largo de la historia y las circunstancias dolorosas de nuestra vida:

   "Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación" (LC. 21, 28).

   Antes de que Jesús viniera a la tierra la primera vez, podíamos reprocharle a Dios la dureza de nuestro trabajo, la pobreza de los sin techo, y las dificultades a las que han de sobrevivir los ancianos, los huérfanos, las viudas y los que padecen depresión. Ahora, mientras esperamos la nueva manifestación de Jesús, no podemos argumentar ante Dios que estamos indefensos ante las contrariedades de nuestra vida, dado que Jesús fue un hombre normal semejante a nosotros, y no escatimó la posibilidad de enfrentarse a la adversidad hasta vencerla al resucitar tres días después de ser crucificado en el Gólgota. Jesús pudo vencer la acritud, y nosotros también podremos vencer la adversidad si caminamos sabiendo que nuestro Hermano nos tiene asidos de la mano y no nos suelta. Lo que Jesucristo no puede hacer por nosotros es coger una varita mágica e inspirarnos confianza en El y en nosotros para que podamos vencer dificultades, pues somos nosotros quienes debemos decidir si nuestro Hermano es una Persona en la que se puede confiar plenamente. El Salmista nos dice:

   "Fuiste tú quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre, desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios, no te quedes lejos que el peligro está cerca y nadie me socorre" (SAL. 22, 10-12).

   "Hazme justicia, Señor, que camino honradamente,
confiado en el Señor no flaqueo" (SAL. 26, 1).

 

José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com



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