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Homilia para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (P. Francisco Xavier Sanchez)

Lc. 13, 1-9
 
[1]). No prolonguemos el tiempo de respuesta al Señor
 
 
 
Hoy, como en tiempos de Jesús hay acontecimientos y muertes dramáticas que nos conmueven, el último acontecimiento es el atentado en España que ha causado la muerte de más de 200 personas inocentes. Jesús nos diría ¿Piensan que esas personas eran más pecadoras que ustedes? ¿Qué eso lo tenían merecido?  Claro que no, y Jesús quiere dejar claro que no existe relación directa entre las desgracias y el pecado personal. Dios no nos castiga. Más bien lo que Jesús nos quiere decir, es que mientras estemos vivos estamos llamados a dar frutos. La vida no la tenemos segura y la prueba es que pasan acontecimientos, desgracias, accidentes, que terminan con las esperanzas de personas que nunca habían imaginado que iban a morir ese día.
 
Después de comentar esos tristes sucesos de la matanza de los galileos que ofrecían sus sacrificios y de aquellos que murieron aplastados por la torre de Siloé, Jesús cuenta la parábola de la higuera que no da frutos. Con este ejemplo, Jesús dice de algún modo; Ustedes se sienten seguros porque ven que la higuera está frondosa y tiene buenas raíces, pero se han olvidado de que hace años no ha dado fruto alguno, y la finalidad de un árbol frutal no es adornar sino producir frutos. En este caso lo lógico sería cortarla para que no ocupe inútilmente la tierra. Sin embargo la lógica de Jesús es otra. El sigue creyendo en el hombre y espera algo bueno de nosotros. Por eso dice como el viñador que le suplica al propietario: “Señor déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no el año que viene la cortaré”.
 
No dejemos pasar el tiempo de Cuaresma inútilmente, no sabemos cuanto tiempo más el Señor nos permita seguir viviendo y ocupando la tierra. Trabajemos para que nuestra vida, como aquella higuera, pueda producir los frutos que Dios espera de cada uno de nosotros. Para esto es necesario remover nuestra tierra, abonarla, quitarle lo que le impide crecer, destruir ramas secas, etc. No seamos como la higuera estéril y seca encerrada en su propio egoísmo;  sino que seamos como la zarza ardiente que Moisés encontró en su caminar por el desierto, y a partir de la cual él escuchó la voz de Dios. El Señor espera algo más de nosotros que una buena sombra. Amén.





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[1] Comparación de la higuera que no tiene higos. Ex 3, 1-8.13-15; 1 Cor 10, 1-6.10-12. III Domingo de Cuaresma, Ciclo C, Parroquia de Cristo Rey, Nezahualcóyotl, Edo. de México, 14 de Marzo de 2004.
(
http://franciscoxaviersanchez.wordpress.com/homilias/san-lucas/lc-13-1-9/
).

Meditacion para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Desconozco el autor).

EVANGELIO:  Lucas 13:1-9
 
La pregunta difícil
 
¿Por qué las personas sufren en esta vida?
 

El problema del sufrimiento es más que existencial. Prueba la verdadera esencia de la fe. ¿Por qué permite Dios tanto sufrimiento en el mundo? Un Dios amoroso, misericordioso ¿ no debería gobernar un mundo tan frío y despiadado.? "Algo está incorrecto", nos dicen los críticos de la religión. "O bien Dios no es amoroso y misericordioso", o "él no tiene el poder de controlar lo que él creó.
 Por supuesto, los Cristianos tenemos una respuesta; pero no satisface a los críticos. Simplemente, la respuesta exige un cambio del oyente. Dios permite el sufrimiento para darnos a nosotros, pecadores, el tiempo para reflexionar y cambiar. Jesús dio esta respuesta a aquellos que se presumían una razón diferente.
 Jesús retó a su audiencia con algunas novedades regionales y una parábola. En su discurso, pidió a sus contemporáneos para cambiar.
 
1 En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilatos había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. 2 Jesús les hizo este comentario: "¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? 3 Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. 4 Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? 5 Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante".

13:1 "En aquel tiempo" es literalmente "en el mismo momento" la palabra para el momento "kairos" generalmente significa "en el momento adecuado" y tiene matices teológicos de la sentencia de Dios o la metanoia. En este caso, sin embargo, la palabra tiene un sentido general de tiempo.
 "Pilatos había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios en otras versiones se podría leer "...cuya sangre Pilatos mezclaba con (la sangre de) sus sacrificios" Esto es un Hebreismo. En la peregrinación, los Judíos vendrían a Jerusalén, con el fin de ofrecer sus sacrificios en el Templo. Muchas veces trajeron sus propios animales para el sacrificio. Cuando Pilatos "mezclaba sangre humana con la sangre del sacrificio de animales," él había asesinado o ejecutado a los Galileos Judíos. ¿Eran ellos revolucionarios en camino a Jerusalén que provocaría un motín? ¿O, era ésta sólo una frase para describir a los Judíos? El contexto no nos dice cómo, literalmente o en sentido figurado, tomar este dicho. No sabemos si Pilatos actuaba contra algunos Galileos por crímenes desconocidos o por amenazas.
 13:4 Siloé es un barrio en el Viejo Jerusalén, al sur del Templo en la parte baja de la ciudad.
 Las noticias regionales se referían a una serie de ejecuciones y un accidente. Los Galileos fueron ejecutados probablemente por actividades revolucionarias. El despiadado Pilatos se aseguraba de que fueran buenos en su sacrificio [1 - 2]. Dieciocho de los ciudadanos de Jerusalén sufrieron en el colapso de un edificio [4].
 En la época de Jesús, los Judíos creían que su suerte era un castigo de Dios por sus pecados; por el contrario, los Judíos buenos podían escapar de ese castigo. Cuando la gente en la audiencia relataba los sucesos de sus compatriotas, asumían que Jesús estaría de acuerdo que la suerte de los Galileos coincidiría con sus crímenes. A través de Pilatos, Dios juzgaba sus acciones, de una manera rápida y segura. Pero, Jesús comparaba las ejecuciones de los criminales con la tragedia de los inocentes. Por lo tanto, Jesús predicaba lo contrario. Los malos eran malvados por elección. ¿Pero, eran los buenos malos por presunción? ¿No sufrían la misma suerte los culpables y los inocentes?
 En última instancia, Jesús implicaba que la gente no puede leer la mente de Dios y comprender su sentido de la justicia. Tampoco deben intentarlo. Sufren, tanto el bueno y el malo. Dios es Dios, y sus caminos son misteriosos.
 La gente no puede entender por qué existe el sufrimiento, la razón por la que funciona la Divina Providencia de la manera que lo hace. Pero eso no significa que carecen de un sentido de acción. La única opción las personas tienen para enfrentar el juicio de Dios es el arrepentimiento: colocando su enfoque en Dios y confiando en Dios.
 
6 Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. 7 Dijo entonces al viñador: 'Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?'. 8 El viñador le contestó: 'Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, 9 para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré' ".."
 
 
 
13:9" para ver si da fruto..." Esta oración, incompleta, asume una respuesta positiva.
 
La parábola de la Higuera contrarrestaba las sombrías noticias con la esperanza de que el tiempo no se había agotado completamente. Todavía había tiempo para cambiar y el cambio debería dar fruto. Pero el cambio podría ser doloroso y requería ayuda. El tiempo para empezar es ahora!
 La sentencia retrasada no era solamente un rayo de esperanza, la historia implicaba la mediación de un ayudante. El jardinero de la vid abogó por un retraso. Así mismo, los Cristianos siempre han creído que Jesús intercede con su Padre por el mundo. Esta era parte de la respuesta a la crítica. La justicia retrasada permitía al pecador un tiempo para arrepentirse y revelar la mediación misericordioso del Hijo único de Dios.
(Desconozco el autor. Enviado por Ana Martín).


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Homilia para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (musicaliturgica.com).

DOMINGO 3º DE CUARESMA /C
03/03/2013
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Libro del Éxodo (3,1-8a.13-15)

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés.»
Respondió él: «Aquí estoy.»
Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»
Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.»
Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros." Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?»
Dios dijo a Moisés: «"Soy el que soy"; esto dirás a los israelitas: `Yo-soy' me envía a vosotros".»
Dios añadió: «Esto dirás a los israelitas: "Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación".»
 
Salmo 102,1-2.3-4.6-7.8.11

R/. El Señor es compasivo y misericordioso
 
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,1-6.10-12)

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Santo evangelio según san Lucas (13,1-9)

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas".»


COMENTARIO DOMINICAL
 
Autor: José Antonio Pagola
Fuente:
http://www.musicaliturgica.com/index.php
 
ANTES QUE SEA TARDE

Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por
el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca,
abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.
Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza
en despertar en la gente la conversión: "Convertíos y creed en esta Buena Noticia". Ese empeño de Dios en hacer un mundo
más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.
Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen
a escucharlo, pero no acaban de abrirse al "Reino de Dios". Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.
En cierta ocasión cuenta una pequeña parábola. Un propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su
viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y
está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.
Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la
ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.
El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de
escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos
hace pensar en Jesús, "el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido".
Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el "aggiornamento" o cuidar la
adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un "corazón nuevo", una respuesta
responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.
Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de
nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.
Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y
renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la
Iglesia.

Homilia para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Pedro Sergio Antonio Donoso Brant).

San Lucas 13, 1-9:
“Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant   

 

1.      EL RECHAZO QUE LE PRODUCE A JESÚS ALGUNAS CREENCIAS

Narra san Lucas, que algunos hombres fueron a ver a Jesús, pero no dice quienes eran y, solo que le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. El relato de este Evangelio pertenece a Lucas, no lo narran los otros evangelistas. El sentido que manifiesta es mostrarnos el rechazo que le produce a Jesús algunas creencias sobre casos circunstanciales especiales como pensar las desgracias le llegan a las personas como castigo por sus pecados. Por eso es que Jesús les responde a modo de comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?

Jesús finaliza su comentario diciendo; “Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante

2.      DOS CASOS, CONOCIDOS SÓLO POR LOS EVANGELIOS

Si leemos el Evangelio de San Juan 9, 1-3, encontramos el texto siguiente: “Pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron diciendo: Rabí, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”.”

En este fragmento de Lucas, se cita dos casos, conocidos sólo por los evangelios. Uno fue una matanza de galileos que hizo Pilato en el templo mientras ofrecían sacrificios. Este tipo de brutalidades cometidas por los procuradores romanos en el templo, lo mismo que por Arquelao o por otros, no eran situaciones raras. Se conocen por Josefo (historiador judío de esa época) varios casos afines. En todo caso, Pilato era capaz de hacer estas y otras barbaridades.

En el segundo caso, Jesús expone el asunto de los dieciocho hombres que murieron aplastados por la torre de Siloé, y les hace una pregunta ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Como información aparte, durante el año 1914, se ejecutaron excavaciones arqueológicas donde Weil descubrió los cimientos de una torre en esta zona y se pensó que era una de las torres para guardar el acueducto de Siloé, este era una canal que construyó el rey Ezequías y conducía aguas a la piscina de Siloé.

3.      EN EL PLAN DE DIOS HAY HORAS SEÑALADAS

Era una creencia popular, que enseñaban los mismos rabinos, que todo padecimiento físico o moral era castigo al pecado y la respuesta de Cristo hace suponer que la pregunta venía con esta mentalidad ambiental .Pero les dice que eso no es verdad: que su muerte no significa culpa, sino planes de Dios (Jn 9:3). No por morir éstos eran más culpables que los demás galileos o gentes de Jerusalén. Pero les hace una gran advertencia: en el plan de Dios hay horas señaladas para el ejercicio de castigos o desgracias colectivas. Por eso, si no hacen penitencia - galileos y jerosolimitanos -, todos perecerán de la misma manera que estos casos que le contaron.

4.      LA PALABRA PENITENCIA COMO CONVERSIÓN

Hoy día, esta palabra penitencia suena un poco improcedente, como si estuviera desubicada en el tiempo y fuese de otra época. Talvez sea así, porque el mundo dedica muchos esfuerzos para evitar el sufrimiento. Pero debemos interpretar la palabra penitencia como conversión ya que estamos viviendo hasta la segunda venida de Cristo, la parusía, un tiempo de conversión por nuestras faltas y así gozar también de un período de misericordia, que es algo que nos regala el Señor si hacemos un cambio de actitud de vida de pecadores, algo que podemos hacer haciendo el bien.

5.      SI USTEDES NO SE ARREPIENTEN

Básico es arrepentirse, así lo manifiesta Jesús al decir: “Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”. Si hemos pecado, primordial es entonces la penitencia y la conversión para gozar de la vida eterna.

6.      UNA HIGUERA INFRUCTUOSA

En la segunda parte, el Señor nos hace un anuncio explicado con una parábola. Una higuera infructuosa, que sistemáticamente no daba fruto. La higuera simboliza a Israel (Os 9:10) e incluso al que no da fruto (Jer 8:13). Se la pensó cortar pronto, pero aún hubo paciencia, y se la cultivó con esmero por otro año. Mas no dio fruto. Y hubo que cortarla. Así se trató a Israel, cultivándolo repetidamente con avisos y profetas; luego el Bautista, y, por último, Cristo con su obra de enseñanzas y milagros. Pero Israel, los dirigentes, no le reconocieron por Mesías. Sólo fructificó, la muerte del Mesías. Y sucedió que los Israelitas perecieron en la destrucción de Jerusalén, catástrofe del año 70.

Dice la parábola: Dijo entonces al viñador; Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente? Volvemos entonces a interpretar que los frutos de este tiempo de conversión es el arrepentimiento apremiado por la misericordia de Dios. Esto se hace patente en el relato cuando el viñador le contestó: Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono para ver si da fruto; si no, el año que viene la cortaré”. Vemos que Dios tiene derecho a exigirnos frutos de santidad y buenas obras, lo triste es que cuando viene por ellos no los encuentra.

7.      EL SEÑOR ESPERA DE NUESTRA PARTE OBRAS DE SANTIDAD

Si Dios nos da la gracia, esta la debemos corresponder, el Señor espera de nuestra parte obras de santidad, tareas de perfección, y en cualquier minuto viene a buscar si hemos dado frutos. Debemos vivir en el santo temor de Dios, el temor de no rendir lo que Dios espera de nosotros.

El Señor les Bendiga
(
http://autorescatolicos.org/misc11/pedrosergio1562.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Regnum Christi).

La segunda conversión
Lc 13,1-9  
INTERNACIONAL | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD  
 
Cada día vivido sin convertirnos, sin esforzarnos sinceramente por estar más cerca de Dios, es un día que nos aleja y nos dificulta llegar a Él.  
 

Evangelio: Lucas 13,1-9
En aquel tiempo, llegaron unos a contarle a Jesús lo de aquellos galileos, que Pilato había hecho matar, mezclando su sangre con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les dijo: "¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás? Os digo que no; más aún, si no os convertís, también pereceréis del mismo modo. Y aquellos dieciocho que murieron al desplomarse sobre ellos la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis igualmente". Jesús les propuso esta parábola: "Un hombre había plantado una higuera en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en la higuera, no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ´Hace ya tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?´ El viñador le contestó: ´Señor, déjala todavía este año; removeré la tierra y le echaré abono, a ver si comienza a dar fruto; si no lo da, entonces la cortarás´".

Fruto: Ser consciente de que necesito estar en constante conversión. Trabajar en ello sin pausa y con realismo.

Pautas para la reflexión:
Hace tiempo visitando un convento de carmelitas descalzas, una de las monjas, avanzada en edad, me dijo: "Pediré al Señor por tu segunda conversión". "¿Segunda conversión? ¿Qué es eso? Yo trato de vivir cada día como buen cristiano. ¿A qué se refiere, madre?". La religiosa me miró y sentenció: "La vida del cristiano es una constante ´segunda´ conversión".

1. Cristo llama a la conversión
La primera predicación de Cristo fue un "Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos". Después de tres años de predicar por los caminos de Galilea y Judea, no ha cambiado demasiado: "Si no os convertís, todos pereceréis". No habla el Maestro de que si no nos convertimos nos caerá una torre encima, como a los 18 galileos del Evangelio; habla de la muerte del alma, de la infelicidad aquí y en la otra vida. La llamada a la conversión atraviesa toda la predicación de Cristo. La pide Él, y la piden sus apóstoles, cuando son enviados en su nombre. Durante la Cuaresma, esta actitud es también la más recordada por la Iglesia. Cuaresma es tiempo de conversión, de volver a orientar nuestra vida hacia Dios; pero es también la palabra clave del Adviento, la actitud posterior a las apariciones de Cristo resucitado. Podríamos decir que la conversión es un tema que atraviesa toda la vida cristiana, de principio a fin.

2. Una llamada paciente
En el Evangelio de hoy, además de recordarnos esta llamada constante a la conversión, Jesucristo nos muestra la actitud de Dios ante nuestra conversión, o no conversión. Nosotros somos esa higuera que tantas veces no da fruto. El Señor la riega con su sangre, con sus inspiraciones, con tantas y tantas misas y confesiones, con el consejo de personas santas... ¡Cuánto abono pone el Señor en nuestra frágil planta! Y muchas veces, la planta sigue sin dar fruto, seguimos sin convertirnos. Y el divino viñador vuelve a suplicar al dueño de la viña: déjala un año más; yo cavaré al lado de ella, la abonaré, la cuidaré. ¡Cuánta paciencia tienes con nosotros, Señor! Mucha más de la que nos merecemos, y muchísima más de la que tenemos con los que viven a nuestro lado.

3. Pero la vida se acaba
La paciencia de Dios es inmensa, no se cansa de darnos una "segunda oportunidad". Pero la vida sobre esta tierra se acaba. El hombre es un ser libre, y por tanto responsable de sus actos. Dios nos toma en serio, y por eso, aunque tiene mucha paciencia con nosotros, también respeta nuestras opciones libres. No quiere vernos sufrir, pero si nos empeñamos en no hacerle caso, en vivir contra lo que Él nos manda, respeta nuestra libertad. Por ello, sin ponernos dramáticos, no hemos de perder de vista que la vida se acaba. El tiempo para convertirnos es limitado, dura mientras dura la vida; una vez que hayamos franqueado el umbral de la muerte, entrando a la vida eterna, ya no habrá posibilidad de volver atrás, de "convertirnos". Pero también durante esta vida podemos ir dificultando nuestra conversión. Si en una montaña de hielo nos dejamos caer, cada vez será más difícil remontarnos y llegar a la cumbre. Cada día vivido sin convertirnos, sin esforzarnos sinceramente por estar más cerca de Dios, es un día que nos aleja y nos dificulta llegar a la cima.

Propósito: Renovar cada mañana el propósito de convertirme mediante algún detalle concreto de mi vida diaria, especialmente en lo que se refiere a la caridad cristiana con mi familia y con mi prójimo en general.

 
FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-02-27
(
http://www.regnumchristi.org/espanol/articulos/articulo.phtml?se=363&ca=789&te=734&id=9551
).

Estudio exegetico de LC. 13, 1-9 para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Lectionary.org).

RECURSOS PARA PREDICAR


Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 
PASAJE BÍBLICO:     Lucas 13:1-9

 

 

EXÉGESIS:      

 

VERSÍCULOS 12:49, 13-35: EL JUICIO VENIDERO

 

Inmediatamente antes del pasaje para hoy, Jesús advirtió que no vino para traer paz, sino división (12:49-53). También advirtió a las multitudes que, aunque sabían leer las señales del cielo para reconocer el clima, no sabían “cómo reconocer este tiempo” (12:54-56).

 

Inmediatamente después del pasaje para hoy, un líder de la sinagoga criticará a Jesús por sanar en sábado, y Jesús lo avergonzará (13:10-17). Al final del capítulo 13, Jesús lamentará por la recalcitrante Jerusalén, “¡que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti!” (13:31-35).

 

Dado este contexto, es importante reconocer los tintes políticos de (nuestro pasaje bíblico) en su situación original, con la amenaza de un juicio devastador colgando particularmente sobre la nación de Israel si no se arrepiente y reforma rápidamente. Pero de seguro, sería precipitado limitar la amenaza solamente a Israel ¡y presumir que quienes después siguieran los pasos de Israel escaparían de un veredicto similar!

 

 

VERSÍCULOS 1-9: DOS HISTORIAS Y UNA PARÁBOLA

 

Lucas nos da un par de historias que nos llaman al arrepentimiento (vv. 1-5), y una parábola que ilustra la paciencia y el amor de Dios (vv. 6-9). “Esta forma de colocar lado a lado ideas contrastantes es típicamente de Lucas, las unidades contrastantes que forman la paradoja del Evangelio... Lucas no destruye la severidad al infundir la gracia, ni destruye la gracia por infundir severidad" (Craddock, 167).

 

Ambas historias (vv. 1-5) hacen un llamado al arrepentimiento, y  “la parábola de la higuera identifica a los oyentes de Jesús como estando en la última estación de oportunidad para cambiar sus caminos” (Nolland).

 

Los estudiosos tienden a ver las historias (vv. 1-5) llamando por una respuesta individual y la parábola (vv. 6-9) como llamando a que la nación y sus líderes (escribas, fariseos, y otros) den una respuesta (Bock, 239; Bailey, 74).

 

 

VERSÍCULOS 1-5: ARREPENTIRSE O PERECER

 

1Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilatos había mezclado con sus sacrificios.  2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?  3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. 4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén?  5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.

 

 

“Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilatos había mezclado con sus sacrificios” (v. 1). Las noticias en verdad son terribles. Los galileos vinieron al templo a hacer sus sacrificios, y los soldados de Pilatos los masacraron en ese santo lugar – profanaron el altar con sangre humana – y así mezclaron asesinato con sacrilegio. Imaginen un asesinato en su iglesia la mañana del domingo. Imaginen la alfombra empapada con sangre humana y mezclada con el vino que se usa para la Comunión. ¡Definitivamente impactante! No podemos corroborar este evento con fuentes seculares, pero sabemos que estaba de acuerdo con la brutal naturaleza que a veces exhibía Pilatos.

 

“Estaban allí unos” (v. 1). Lucas no nos dice quiénes eran estas personas o por qué le cuentan a Jesús esta historia tan terrible. Lo más probable es que eran personas comunes y corrientes, que esperaban que Jesús le diera sentido a una situación absurda, y que les ayudara a ellos a entender por qué estos Galileos sufrieron algo tan terrible. ¿Habían violado alguna ley Romana? ¿Habían ofendido a Dios?

 

Quienquiera que fueran, de cierto esperaban una respuesta empática de Jesús. En cualquier cultura de victimización (e Israel con razón se siente victimizada por Roma), historias como esta demandan una respuesta como “¿No es esto terrible?” Algunas respuestas aceptables van desde “¡Esos malvados romanos!” a “¡Ya no podemos tolerar esto! ¡Vamos a deshacernos de ellos¡”

Jesús, sin embargo, responde de una manera completamente inesperada, diciendo “¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? (v. 2). Aborda la presuposición no expresada de que, tal vez, esos galileos habían pecado gravemente, provocando el juicio de Dios.

 

De hecho, a través del AT, y en la mente del pueblo de Israel, el pecado y el juicio están muy estrechamente relacionados. Es muy reconfortante creer que el sufrimiento es resultado del pecado, porque elimina la casualidad – explica el sufrimiento – y nos ofrece una manera de evitar los desastres que vemos caer sobre otros.

 

“No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente” (v. 3). Jesús niega que los galileos sufrieran por causa de sus pecados, y llama a sus oyentes a arrepentirse a menos que sufran por los de ellos. La clave para entender esto es el llamado de Jesús al arrepentimiento. Lo que les pasó a los galileos es historia, y nada se puede hacer sobre eso. El destino de los oyentes de Jesús, sin embargo, sigue siendo negociable. Jesús no les condena, en su lugar les muestra el camino. Su propósito es redimir. Aunque no toda tragedia es el resultado del pecado, el pecado algunas veces lleva a la tragedia. Los oyentes de Jesús han pecado (como todos lo hemos hecho), y los llama a arrepentirse para que puedan escapar del desastre.

 

Esta es una respuesta valiente. Ken Bailey dice que sus estudiantes del Medio Oriente, estudiando este pasaje, se admiran de que nadie haya atacado a Jesús físicamente ahí mismo. La gente en una cultura de victimización es santurrona y se resiste a la crítica. Al llamar al arrepentimiento, Jesús parece no simpatizar con la causa nacional, que no le importan las atrocidades cometidas por los romanos. En Nazarea, la gente del pueblo trató de matar a Jesús cuando habló bien de los gentiles (4:16-30). Lo mismo fácilmente podría haber pasado aquí (Bailey, Through Peasant Eye, 78-79).

 

“O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén?” (v. 4). El estanque de Siloé está en Jerusalén (Jn. 9:7) y, probablemente, la torre de Siloé estaba muy cerca del estanque. El asunto es el mismo que en el primer ejemplo: ¿Acaso Dios escogió a estos dieciocho por sus pecados?  Jesús cambia el debate sobre pecado/sufrimiento del contexto de sufrimiento a manos de los romanos y el sufrimiento a manos de Dios, de la masacre a “un acto de Dios”.

 

“No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo” (v. 5). Esta es la misma respuesta que Jesús le dio a la primera historia. Jesús niega que aquellos dieciocho fueran más pecadores que todos los demás, pero usa la oportunidad para llamar a sus oyentes al arrepentimiento. Otra vez, su propósito no es la condenación, sino la redención. El llamado al arrepentimiento nos muestra que no es muy tarde para sus oyentes. La salvación sigue siendo posible.

 

Para el tiempo en que Lucas escribe su evangelio, Roma había destruido Jerusalén. Para Lucas, hay una clara relación de causa-efecto entre el pecado de la ciudad y su destino. El arrepentimiento es un énfasis mayor en el evangelio de Lucas (ver 3:3, 8; 5:32; 13:3, 5; 15:7; 16:30; 17:3; 2:47). No es un llamado molesto, en su lugar es una “palabra de gracia. El llamado al arrepentimiento del pecado siempre lleva consigo no solamente la amenaza de la divina retribución, sino todavía más importante, la promesa del perdón” (Nickle, 145).

 

Necesitamos vivir vidas de arrepentimiento, porque nunca sabemos cuándo un tirano se levantará en contra de nosotros, o un muro caerá encima, o nuestro avión chocará, o si podemos caer del techo, o un camión chocará contra nuestro automóvil, o si tendremos un ataque cardiaco. Ni los galileos que fueron asesinados por Pilatos, ni los dieciocho sobre quienes cayó la torre tuvieron la oportunidad de arrepentirse. Su fin llegó rápidamente, sin advertencia. Así también puede ser para nosotros. El arrepentimiento nos ayuda en la vida y en la muerte: nos ayuda a vivir la vida como personas perdonadas, nos ayuda a enfrentar la muerte sin miedo.

 

Frecuentemente los pastores encuentran personas que han sufrido tragedias que se imagina fueron causadas por su culpa. Este texto nos llama a equilibrar dos ideas opuestas:

 

– Por un lado, la tragedia llega al azar, tal como sucedió con los galileos y los dieciocho jerosolimitanos. En tales casos, no tiene nada que ver con la culpa. El tornado que destruye un club nocturno también destruye una iglesia y mata tanto al que atiende el bar como al maestro de Escuela Dominical. Algunas tragedias son verdaderamente al azar. Sin embargo, nuestro arrepentimiento nos deja a nosotros en buen estado cuando experimentamos una tragedia inevitable. Nos prepara para vivir victoriosamente al enfrentar la tragedia, y también nos prepara para el día de nuestra muerte.

 

– Por el otro lado, el pecado sí lleva a la tragedia. Quienes conducen sus autos borrachos matan personas inocentes. Los abusivos lastiman a sus parejas e hijos. Aunque no toda tragedia es le resultado del pecado, algunas sí lo son. Tal vez la mejor manera de comprender esto es ver un pequeño círculo dentro de un círculo más grande. El círculo grande son todas las tragedias. El círculo pequeño es una tragedia causada por nuestro pecado. No podemos prevenir la tragedia que llega al azar, la que está fuera del círculo pequeño; pero Cristo nos llama a arrepentirnos para que podamos evitar la tragedia provocada por nosotros mismos que se encuentra en el círculo pequeño.

 

La tarea más difícil del pastor es el discernimiento: cuándo afirmar a la gente que no son ellos quienes han causado su propio sufrimiento y cuándo enfatizar la necesidad de arrepentimiento.

 

 

VERSÍCULOS 6-9: LA PARÁBOLA DE LA HIGUERA ESTÉRIL

 

6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.  7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? 8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.  9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.

 

 

“Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló” (v. 6). La viña es una metáfora común para el pueblo de Israel, y el fruto de que se espera de Israel es una vida de acuerdo con Dios. Los oyentes de Jesús entenderían esta conexión cuando Jesús estaba contando la parábola.

 

“He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo” (v. 7). Levítico 19:23-24 prohíbe comer del fruto de un árbol nuevo plantado hace tres años, y requiere que el fruto del cuarto año “será santidad de loores á Jehová”. Solamente en el quinto año es que el dueño puede beneficiarse de la cosecha. No sabemos si este es el tercer año de vida del árbol, o el tercer año que el dueño ha tratado de cosechar (que sería el séptimo año de la vida del árbol). En todo caso, el dueño cree que este árbol ha tenido tiempo para demostrar si será fructífero o no.

 

“...córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?” (v. 7). El dueño ha esperado lo suficiente. ¡El día del juicio ha llegado! La historia de Israel provee numerosos ejemplos donde Dios ha usado el hacha para podar sus pecados. Conocen tanto el dulce sabor de la providencia de Dios, como el amargo sabor del juicio de Dios.

 

El viñador respondió “Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.  Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después” (vv. 8-9). El ruego es para dejar el hacha en el armario lo suficiente y dar a la higuera una estación más, una oportunidad más. Sí, tres años es un largo tiempo, más que suficiente para que el árbol diera fruto. Sin embargo, el dueño ha invertido tres años. Un año más no lo hará quebrar. La ganancia puede ser un árbol fructífero en solamente un año, una ganancia significativa por un año de paciencia. Ese es el argumento, pero tenemos la idea de que el jardinero está más motivado menos por la ganancia que por el corazón. El jardinero plantó el árbol, lo regó, lo fertilizó, y lo vio crecer. Y no quiere perderlo.

 

El jardinero no dejará la salvación del árbol a la suerte. Va a remover la tierra para asegurarse de que el agua encuentra su camino hacia las raíces. Abonará al árbol con estiércol. Si se le redime, el árbol no podrá reclamar el crédito por su redención. Será el trabajo del jardinero más que el mérito del árbol lo que hace posible su salvación. Esto “debe alentar a aquellos de nosotros que se preguntan si nuestro arrepentimiento es adecuado... [Nuestro] arrepentimiento y reforma no ocurren separados del cuidadoso cuidado de Dios” (Cousar, 218).

 

Bailey nota que la palabra “abono” aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento, así que Jesús de seguro la usa a propósito. Como lo dijimos arriba, Bailey cree que los vv. 6-9 fueron para hablar a los líderes de Israel. “Si la higuera representa a los escribas y a los sacerdotes principales, y la parábola habla de la necesidad de poner cierto abono (estiércol), entonces tenemos un claro caso de lo que los comediantes llaman un ‘humor insultante’. Lo que necesitan es que se extienda un poco de estiércol a su alrededor. La audiencia original – sin lugar a duda – encontraron esa imagen cómica” (Bailey, 84).

 

La historia termina sin decirnos si el dueño aceptó la oferta del jardinero, pero Jesús nos deja con la noción de que lo hace. Cualquier respiro, sin embargo, será solamente temporal. Si Israel no se arrepiente, el jardinero no tendrá elección el próximo año sino obedecer al dueño. El hacha será sacada del armario, y ya no será posible hacer ninguna otra negociación.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en
http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Bailey, Kenneth E., Poet & Peasant and Through Peasant Eyes: A Literary-Cultural Approach to the Parables in Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1976)

 

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series: Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

 

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville: Westminster John Knox Press, 1994)

 

Craddock, Fred B., Interpretation: Luke (Louisville: John Knox Press,(1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge: Trinity Press, 1994)

 

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter's Bible, Volume IX. (Nashville: Abingdon, 1995)

 

Evans, Craig A., New International Biblical Commentary: Luke (Peabody, MA, Hendrickson Publishers, Inc., 1990)

 

Gilmour, S. MacLean & Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Volume 8. (Nashville: Abingdon , 1952)

 

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina: The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

 

Nickle, Keith F., Preaching the Gospel of Luke (Louisville: Westminster John Knox, 2000)

 

Nolland, John, Word Biblical Commentary: Luke 9:21 -- 18:34, Vol. 35B (Dallas: Word Books, 1993)

 

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville: Westminster John Knox Press)

 

Rohr, Richard, The Good News According to Luke (NY: Crossroad, 1997)

 

Shuster, Marguerite, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday's Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

 

Stein, Robert H., The New American Commentary: Luke (Nashville: Broadman Press, 1992)

Tannehill, Robert C., Abingdon New Testament Commentaries: Luke (Nashville: Abingdon, 1996)

 

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

Copyright 2004, 2010, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT03-Lucas/Lucas.13.01-09.htm
).

Herramientas para Cuaresma.

Herramientas para Cuaresma

 

1. La mesa de la oración.

Para comprender y entender la voluntad de Dios

en nuestra vida. ¿Qué querrá el Señor de mí?

 

2. El destornillador del perdón.

Para aflojar situaciones tensas y, por lo tanto,

al igual que Jesús Maestro ofrecer el perdón sin exigir

nada a cambio.

 

3. La sierra de la confesión.

Para cortar con todo lo que nos separa del amor de Dios.

Para apartar de nuestro lado aquellas actitudes que no

nos permiten vivir como hijos de Dios y por lo tanto

para permitir que Dios vuelva a recuperar la noble

madera que tenemos en el corazón.

 

4. El martillo de la fe.

Para no desesperar ante un mundo incierto.

Para llegar al fondo de los misterios pascuales.

La fe nos hace comprender que, Dios, es amor

y que  lo ofrece gratuita y generosamente.

Sólo nos pide correspondencia y confianza.

 

5. El metro de la penitencia.

Para marcarnos pequeñas metas que nos inviten

a ponernos en camino saliendo al encuentro del Señor

que sube hacia Jerusalén.

 

6. El torno de la conversión.

Para moldear nuestra persona, nuestro corazón

y nuestra alma con la fuerza del Espíritu.

Dos grandes enemigos salen a nuestro paso:

el todo vale  y el todo da igual.

 

7. El clavo del amor.

Para volcarnos e incrustarnos de lleno allá donde existe

soledad e incomprensión. Cristo fue sensible a los dramas

de las personas. También nosotros podemos llevar

seguridad a aquellos que nos rodean con un poco de afecto.

 

8. El cristal de la transparencia.

Para que el Señor y también los demás nos vea

tal y cual somos. Pedro se comprometió a ser fiel

aún a sabiendas de que, su debilidad, podría más

que sus promesas. Ser transparente significa

también ser humilde. Mostrarnos tal y cual somos.

 

9. Las gafas de la esperanza.

Para ver los acontecimientos del mundo como Dios

mismo los ve. Para ser objetivos en nuestros juicios

y no confundir la falsedad con la verdad, la mediocridad

con la perfección o el interés personal con el bien general.

 

10. Las tijeras del pecado.

Para podar aquello que sobra en el árbol de nuestra vida

social, política, matrimonial o personal. Vivir con Cristo

conlleva buscar el camino de la perfección para encontrarnos

con Aquel que es imagen de la perfección divina.

 

11. Los alicates de la palabra de Dios.

Para perfeccionar nuestra vida y, hacer de nuestra existencia,

una búsqueda de su presencia, de su voluntad y de su amor.

 

12. La llave del corazón.

Para abrirnos sin reservas y sin condiciones ante

un Jesús que nos invita a seguirle, a escucharle

y a ser más y mejores hermanos.

 

P. Javier Leoz
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Homilia para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Catholic.net).

C - Tercer Domingo de Cuaresma
Primera: Ex 3, 1-8.13-15; segunda: 1Cor 10, 1-6.10-12; Evangelio: Lc 13, 1-9
Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net



Sagrada Escritura

Primera: Ex 3, 1-8.13-15
segunda: 1Cor 10, 1-6.10-12
Evangelio: Lc 13, 1-9



Nexo entre las lecturas


Las lecturas de hoy nos describen algunos rasgos del Dios cristiano. En la primera lectura Dios aparece como fuego que no se consume y se define a sí mismo: Yo soy el que soy.

El evangelio por su parte nos presenta un Dios misericordioso que desea ardientemente la conversión del pecador, que sabe esperar antes de intervenir con su justicia. El Dios cristiano es también un Dios providente, que nos pone ante los ojos la historia de Israel para que estemos atentos y nos mantengamos en pie (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. Dios es fuego que no se consume. En la mentalidad antigua el fuego es símbolo de poder y de fuerza divinos. En el Antiguo Testamento es además símbolo de la presencia divina en la creación (el sol, el rayo...) y en el entramado histórico de los hombres. Puesto que Dios es eterno, el fuego de su presencia y de su poder no puede consumirse.

¡Qué hermosa manera de expresar la cercanía constante de Dios para con Moisés y para con los descendientes de Israel! La presencia poderosa de Dios entre los suyos, llega a plena realización en el momento en que el Verbo mismo de Dios se encarna en el seno de María y se hace en todo semejante al hombre, a excepción del pecado.

Jesús, durante su vida pública, dirá: He venido a traer fuego a la tierra y ¿qué es lo que quiero sino que arda?. Se trata del fuego que es Dios mismo, en su misteriosa proximidad al hombre; un fuego, que debe llamear, como una bandera enhiesta, en el corazón de la historia y de cada ser humano.

2. Dios se define a si mismo como EL QUE ES. Yahvéh dice a Moisés: Dirás a los israelitas: Yo Soy me envía a vosotros. El fuego de Dios no es destructor, sino amigo y benefactor del hombre, en quien el hombre puede poner su confianza.

Sin excluir una posible interpretación esencial del nombre divino revelado a Moisés, parece más apropiada, teniendo en cuenta el contexto, una interpretación existencial.

Como si Moisés dijera a los israelitas en Egipto: Me manda a vosotros el Dios en quien podéis tener la confianza y total seguridad de que os va a liberar. No sólo para los israelitas en Egipto, sino también para los judíos en otras épocas de su historia y para los cristianos en diversas ocasiones de estos veinte últimos siglos, la situación puede aparecer desesperada.

No hay horizontes, no hay casi esperanza. ¿Quién podrá salvarnos? ¿Quién podrá sacarnos de esta situación angustiosa? Dios ha repetido y seguirá repitiendo hasta el fin de los tiempos las mismas palabras que hallamos en la primera lectura: Yo soy el que soy. Explícaselo así a los israelitas: ´Yo Soy´ me envía a vosotros. La confianza en estas palabras divinas renueva constantemente la historia.

3. Un Dios que anhela la conversión del hombre. Primeramente Moisés ´se convierte´ a Yahvéh y se pone en marcha hacia Egipto para llevar a cabo, de parte de Dios, la liberación de los israelitas. Jesús en el evangelio nos advierte que Dios no ama el castigo (los galileos asesinados en el templo y los 18 jerosolimitanos muertos al desplomarse la torre de Siloé, no murieron porque Dios los castigó), sino el arrepentimiento y la conversión. La historia de Israel y la historia del cristianismo son para todos nosotros una invitación fuerte a la conversión. Porque, como nos dice el evangelio, si no os convertís, pereceréis.

4. Un Dios paciente, que sabe esperar. Dios sabe que convertirse de verdad no es fácil, ni cosa de unas horas o días. Porque conoce el interior del hombre, Dios sabe esperar, no tiene prisas, cuando ve una disposición sincera para la conversión.

La parábola de la higuera, narrada por Jesús en el evangelio, es de gran consuelo para el hombre débil, y no pocas veces estéril en sus esfuerzos de conversión. Dios no sólo espera, además actúa en la conciencia humana para que se convierta y dé frutos.

¿Será el hombre tan ingrato ante tanta bondad y misericordia de Dios? Somos cristianos. No olvidemos que con Cristo ha llegado la plenitud de los tiempos, como nos recuerda la segunda lectura. Con la plenitud de los tiempos llega también la plenitud de la paciencia divina. ¿La rechazaremos? Señor, líbranos de este mal, el mal supremo.


Sugerencias pastorales

1. Saber esperar al estilo de Dios. Un gran pecado del apóstol, del cristiano comprometido, del misionero es o puede ser la impaciencia, la incapacidad para esperar el momento de Dios.

Un párroco, por ejemplo, puede sentirse impaciente ante ciertas situaciones por las que pasa la parroquia: padres que no bautizan a sus hijos, bautizos más sociológicos que religiosos, parejas de hecho o casadas sólo civilmente, notable disminución de la natalidad, ignorancia religiosa de los fieles, presencia activa y destructiva de los Testigos de Jehová, desintegración familiar, disenso sobre ciertas verdades de fe y de moral cristianas... ¿Para qué seguir, si son problemas diarios en la vida de un párroco?

Ante todo, conviene decir que junto a los problemas existen hechos confortantes dentro de la misma parroquia: una fe más madura y responsable, núcleos de vida cristiana renovada y floreciente, presencia generalmente positiva de grupos y movimientos eclesiales, creciente ayuda económica y moral a los más necesitados, etc. ¿No son estos hechos signos claros de esperanza?

Ante los problemas, que son muy reales, no perder los estribos; mucho menos, gastar las propias energías en lamentarse, impacientarse, mirar hacia el pasado... Hay que actuar, sí, actuar y saber esperar.

Actuar con fe y con amor, los medios más eficaces para cambiar la vida de los hombres. Esperar, sin prisas y sin pausa. Jamás decaer en la espera y esperanza. En la paciencia, nos dice Jesús, poseeréis vuestras almas; en la esperanza encontraremos nuestra salvación y la de nuestros hermanos.

2. No cesar de predicar al Dios cristiano. Dios es uno solo, por eso el Dios cristiano tiene rasgos comunes con el Dios en el que creen los judíos o los musulmanes. A pesar de ello, hay también aspectos diferenciales, que de ninguna manera deben ser callados.

Hay que hablar del Dios presente y cercano al hombre, del Dios misericordioso que sabe esperar... Y hay también que hablar del Dios que, siendo uno, coexiste en tres personas, algo que constituye el rasgo más diferencial de nuestra concepción cristiana de Dios. Por otro lado, es verdad que hay que hablar de problemas morales, de cambios de mentalidad, de laicismo y liberalismo ideológicos..., pero ¿no será algo mucho más importante hablar de Dios?

El cristianismo no es un sistema moral, que implica una religión; el cristianismo es ante todo y sobre todo una religión, una fe, de la que se deduce una moral, un modo de vivir y estar presente en el mundo y en la sociedad.

Puede ser que hablando más del Dios vivo y verdadero, algo cambie también el modo de vivir y de pensar de nuestros contemporáneos. ¡Acepta el reto!

Meditacion para la Misa del Jueves II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Jueves II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Lc 16,19-31): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».
Comentario: Rev. D. Xavier SOBREVÍA i Vidal (Sant Boi de Llobregat, Barcelona, España)
Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite
Hoy, el Evangelio es una parábola que nos descubre las realidades del hombre después de la muerte. Jesús nos habla del premio o del castigo que tendremos según cómo nos hayamos comportado.

El contraste entre el rico y el pobre es muy fuerte. El lujo y la indiferencia del rico; la situación patética de Lázaro, con los perros que le lamen las úlceras (cf. Lc 16,19-21). Todo tiene un gran realismo que hace que entremos en escena.

Podemos pensar, ¿dónde estaría yo si fuera uno de los dos protagonistas de la parábola? Nuestra sociedad, constantemente, nos recuerda que hemos de vivir bien, con confort y bienestar, gozando y sin preocupaciones. Vivir para uno mismo, sin ocuparse de los demás, o preocupándonos justo lo necesario para que la conciencia quede tranquila, pero no por un sentido de justicia, amor o solidaridad.

Hoy se nos presenta la necesidad de escuchar a Dios en esta vida, de convertirnos en ella y aprovechar el tiempo que Él nos concede. Dios pide cuentas. En esta vida nos jugamos la vida.

Jesús deja clara la existencia del infierno y describe algunas de sus características: la pena que sufren los sentidos —«que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama» (Lc 16,24)— y su eternidad —«entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo» (Lc 16,26).

San Gregorio Magno nos dice que «todas estas cosas se dicen para que nadie pueda excusarse a causa de su ignorancia». Hay que despojarse del hombre viejo y ser libre para poder amar al prójimo. Hay que responder al sufrimiento de los pobres, de los enfermos, o de los abandonados. Sería bueno que recordáramos esta parábola con frecuencia para que nos haga más responsables de nuestra vida. A todos nos llega el momento de la muerte. Y hay que estar siempre preparados, porque un día seremos juzgados.
(
http://evangeli.net
).

02/03/2013 20:21 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. JUEVES II No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo III de cuaresma del ciclo C (Carmelitas).

Lectio
 Domingo, 3 Marzo, 2013   
Jesús comenta los hechos del día
Cómo interpretar los signos de los tiempos
Lucas 13,1-9

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma nos presenta dos hechos diversos, ligados entre sí: un comentario de Jesús en relación a los hechos del día y una parábola. Lucas 13,1-5: a petición de la gente, Jesús comenta los hechos actuales: la masacre de los peregrinos decretado por Pilatos y la caída de la torre de Siloé, que mató a dieciocho personas. Lucas 13,6-9: Jesús pronuncia una parábola, la de la higuera que no daba fruto.
Durante la lectura es bueno prestar atención a dos cosas: (i) verificar cómo Jesús contradice la interpretación popular de lo que sucede; (ii) descubrir si existe un nexo entre la parábola y el comentario de lo que acaece.

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Lucas 13,1: La gente da a Jesús la noticia de la masacre de los Galileos
Lucas 13,2-3: Jesús comenta la masacre y extrae una lección para la gente
Lucas 13,4-5: Para reforzar su pensamiento Jesús comenta otro hecho
Lucas 13,6-9: La parábola de la higuera que no daba fruto

c) Texto:

1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. 4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»
6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' 8 Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.'»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o llamado tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Cuál era la interpretación popular de estos dos hechos?
c) ¿Jesús no está de acuerdo con la interpretación popular de los hechos? ¿En qué modo?
d) ¿Cuál es el significado de esta parábola? ¿Hay conexión entre la parábola y el comentario de los hechos?
e) ¿Cuál es el mensaje de este texto para nosotros, que hoy debemos interpretar los signos de los tiempos?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto literario e histórico de entonces y de hoy:

Lucas escribe su Evangelio alrededor del año 85 para los cristianos de la comunidad de Grecia. En general, sigue la narración de Marcos. Aquí y allá introduce pequeñas diferencias o cambia alguna parábola de modo que los ladrillos removidos de Marcos se adapten al nuevo diseño que él, Lucas, imagina para su libro. Además del Evangelio de Marcos, Lucas consulta también otros libros y tiene acceso a otras fuentes: testimonios oculares y ministros de la Palabra (Lc 1,2) Todo este material que no tiene un paralelo en Marcos, Lucas lo organiza de forma literaria: un largo viaje de Jesús desde la Galilea hasta Jerusalén. La descripción de este viaje la vemos en Lucas en los versículos 9,51 hasta 19,28 y ocupa casi dieciocho capítulos, ¡una tercera parte del Evangelio! A lo largo de estos capítulos, Lucas recuerda a los lectores, constantemente, que Jesús va de camino. Raramente dice dónde se encuentra Jesús, pero da a entender claramente que Jesús va de viaje y que el objetivo del viaje es Jerusalén, donde morirá según todo lo anunciado por los profetas (Lc 9,51.53.57; 10,1.38; 11,1; 13,22.33; 14,25; 17,11; 18,31.35; 19,1-11.28). Y también después de que Jesús está ya vecino a Jerusalén, Lucas continúa hablando de un camino hacia el centro (Lc 19,29.41.45; 20,1). Poco antes del comienzo del viaje, con ocasión de la Transfiguración junto a Moisés y Elías sobre la cima del Monte, el ir a Jerusalén es considerado como un éxodo de Jesús (Lc 9,31) y como su asunción o subida al cielo (Lc 9,51). En el Viejo Testamento, Moisés había guiado el primer éxodo liberando a la gente de la opresión del Faraón (Éx 3,10-12) y el profeta Elías había subido al cielo (2 Re 2,11). Jesús es el nuevo Moisés, que viene a liberar al pueblo de la opresión de la Ley. Es el nuevo Elías que viene a preparar la llegada del Reino.

La descripción del largo viaje de Jesús a Jerusalén no es sólo un elemento literario para introducir el material propio de Lucas. Refleja también el largo y doloroso viaje que las comunidades de la Grecia estaban haciendo en el tiempo de Lucas en el vivir cotidiano de sus vidas: pasar de un modo rural de la Palestina al mundo cosmopolita de la cultura griega en las periferias de las grandes ciudades de Asia y Europa. Este pasaje o inculturación estaba marcado por una fuerte tensión entre los cristianos venidos del Judaísmo y por los nuevos que llegaban de otras etnias o culturas. La descripción del largo viaje hacia Jerusalén refleja de hecho el doloroso proceso de conversión que las personas ligadas al Judaísmo debían hacer: salir del mundo de la observancia de la Ley que les acusaba y les condenaba por ir a otro mundo de gratuidad del amor de Dios entre todos los pueblos, por la certeza de que en Cristo todos los pueblos se funden en uno solo delante de Dios; salir del mundo cerrado de la raza hacia el territorio universal de la humanidad. Es también el camino de todos nosotros a lo largo de nuestra vida. ¿Somos capaces de transformar las cruces de la vida en éxodo de liberación?

b) Comentario del texto:

Lucas: La gente hace saber a Jesús la masacre de los Galileos
Como hoy, el pueblo comenta los hechos que suceden y quiere un comentario de aquéllos que pueden influir en la opinión pública. Y es así como algunas personas se acercan a Jesús y cuentan el hecho de la masacre de algunos Galileos, cuya sangre había mezclado Pilatos con las de sus víctimas. Probablemente se trata de un asesinato cometido sobre el Monte Garizín, que continuaba siendo un centro de peregrinación y donde la gente solía ofrecer sacrificios. El hecho confirma la ferocidad y estupidez de algunos gobernantes romanos en Palestina que provocaban la sensibilidad religiosa de los Judíos mediante acciones irracionales de este tipo.

Lucas 13,2-3: Jesús comenta la masacre y extrae una lección de ella para la gente
Constreñido a dar una opinión, Jesús pregunta: “¿Creéis que aquellos galileos fueron más pecadores que todos los galileos por haber tenido tal suerte?” La pregunta de Jesús refleja la interpretación popular común a la época: el sufrimiento y la muerte violenta son el castigo de Dios por cualquier pecado que haya cometido la persona. La reacción de Jesús es categórica: “¡Os digo que no!”Y niega la interpretación popular y transforma el hecho en un examen de conciencia: “¡Si no os convertís, pereceréis todos del mismo modo!” O sea, si no se verifica un verdadero y propio cambio, sucederá para todos la misma masacre. La historia posterior confirma la previsión de Jesús. El cambio no se ha producido. Ellos no se convirtieron y cuarenta años después, en el 70, Jerusalén fue destruida por los Romanos. Fueron masacradas mucha gente. Jesús percibía la gravedad de la situación política de su país. Por un lado, el dominio romano siempre más oneroso e insoportable. Por el otro la religión oficial, cada vez más alienada en entender el valor de la fe para la vida de la gente.

Lucas 13,4-5: Para reforzar su argumento Jesús comenta otro hecho
Jesús mismo toma la iniciativa de comentar otro hecho. Una tormenta hace que se desmorone la torre de Siloé y dieciocho personas mueren aplastadas por las piedras. El comentario de la gente: “¡Castigo de Dios!” Comentario de Jesús: “¡No, os lo aseguro, pero si no os convertís, pereceréis todos del mismo modo!”. Es la misma preocupación de interpretar los hechos de modo tal, que llegue a ellos transparente la llamada de Dios al cambio y a la conversión. Jesús es un místico, un contemplativo. Lee los hechos de un modo diverso. Sabe leer e interpretar los signos de los tiempos. Para Él, el mundo es transparente, revelador de la presencia y de las llamadas de Dios.

Lucas 13,6-9: La parábola de la higuera que no da fruto
Después Jesús pronuncia la parábola de la higuera que no da fruto. Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Durante tres años no había dado fruto. Por esto dice al viñador: “¡Córtala!”. Pero éste respondió: “ ¡Déjala todavía un año. Si no da frutos entonces la cortarás!” No sabemos si Jesús contó esta parábola inmediatamente después del comentario que hizo de la masacre y la caída de la torre de Siloé. Probablemente ha sido Lucas quien coloca en este lugar la parábola, porque él, Lucas, ve alguna relación entre el comentario de los hechos y la parábola de la higuera. Lucas no dice en qué consiste esta relación. Deja el deber de descubrirlo a nosotros ¿Qué significado nos propone Lucas? Oso decir una opinión. Quizás vosotros descubriréis otra. El Dueño de la viña y de la higuera es Dios. La higuera es el pueblo. Jesús es el viñador. El dueño de la viña se ha cansado de buscar frutos en la higuera sin encontrarlos. Decide talar el árbol. Así será reemplazado por un árbol que dé fruto. El pueblo escogido no estaba dando el fruto que Dios esperaba. Quiere dar la Buena Noticia a los paganos. Jesús, el viñador, pide que se deje a la higuera viva un poco más. Aumentará sus esfuerzos para obtener el cambio y la conversión. Más adelante en el Evangelio, Jesús reconoce que el duplicar los esfuerzos no ha dado resultado. Ellos no se convertirán. Jesús lamenta la falta de conversión y llora sobre la ciudad de Jerusalén (Lc 19,41-44).

c) Ampliando informaciones:

Una breve historia de la resistencia popular contra Roma en tiempos de Jesús

En el Evangelio de este Domingo, Lucas hace una clara alusión a la represión de las legiones romanas contra la resistencia popular de los galileos. Por esto, damos aquí una visión esquemática de la resistencia popular de los pueblos de la Judea contra el dominio romano y cómo, a lo largo de los años, esta resistencia se fue profundizando cada vez más hasta entrar en las raíces de la fe de la gente. He aquí un esquema en paralelo con las etapas de la vida de Jesús:

i) Del 63 al 37 antes de Cristo: Revuelta popular sin una dirección. En el 63 antes de Cristo, el imperio romano invade Palestina e impone un pesante tributo. Del 57 hasta el 37, en apenas 20 años, explotan seis revueltas en Galilea. La gente, sin meta, va detrás de cualquiera que promete liberarla del tributo romano.

ii) Del 37 al 4 antes de Cristo: Represión y desarticulación. Es el período del gobierno de Herodes, llamado el Grande, aquél que mató a los inocentes en Belén (Mt 2,16). La represión brutal impide toda manifestación popular. Herodes promovía así la llamada Pax Romana. Esta Paz otorga al imperio una cierta estabilidad económica, pero para los pueblos dominados es una paz de cementerio.

iii) Del 4 al 6 después de Cristo: Revueltas mesiánicas. Es el período del gobierno de Arquelao, en Judea. El día que asume el poder, masacra a 3.000 personas sobre la plaza del Templo. La rebelión explota en todo el país, pero no era sin jefes. Los líderes populares de este período buscan motivaciones ligadas a las antiguas tradiciones y se presentaban como si fuesen reyes mesiánicos. La represión romana destruye Séforis, capital de la Galilea. La violencia marca la infancia de Jesús. En el curso de los diez años del gobierno de Arquelao, ve pasar a la Palestina por uno de los períodos más violentos de toda la historia.

iv) Del 6 al 27: Celo por la Ley: Tiempo de revisión. En el año 6, Rómulo depone a Arquelao y transforma la Galilea en una Provincia Romana, decretando un censo para actualizar el pago del tributo. El censo produce una fuerte reacción popular, inspirada en el Celo por la Ley. El Celo (de esta palabra viene el término celotes) empujaba a la gente a boicotear y no pagar el tributo. Era una nueva forma de resistencia, una especie de desobediencia civil, que crecía como el fuego escondido bajo las cenizas. Pero el Celo limitaba la visión. Los “Celotes” corrían el peligro de reducir la observancia de la Ley a la oposición a los romanos. Y justamente en este período madura en Jesús la conciencia de su misión.

v) Del 27 al 69: Reaparecen en la escena los profetas. Después de estos 20 años, del 6 al 26, la revisión de la meta del camino aparece en la predicación de los profetas que representan un paso adelante en el movimiento popular. Los profetas convocan al pueblo y lo invitan a la conversión y al cambio. Quieren rehacer la historia desde los orígenes. Convocan al pueblo en el desierto (Mc 1,4), para iniciar un nuevo éxodo, anunciado por Isaías (Is 43,16-11). El primero fue Juan el Bautista (Mt 11,9; 14,5; Lc 1,76), que atrae a mucha gente. (Mt 3,5-7). Después viene Jesús, que era considerado por la gente como un profeta (Mt 16,14, 21,11.46; Lc7,16). También Jesús, como Moisés, proclama la nueva ley sobre la Montaña (Mt 5,1) y alimenta al pueblo en el desierto (Mc 6,30-44). Como la caída del muro de Jericó hacia finales de los cuarenta años en el desierto (Is 6,20), Él anuncia la caída de los muros de Jerusalén (Lc 19,44; Mt 24,2). Como los profetas antiguos, Él anuncia la liberación de los opresos y el comienzo de un nuevo año jubilar (Lc 4,18-19) y pide el cambio en el modo de vivir (Mc 1,15; Lc 13,3-5).

Después de Jesús aparecen otros profetas. Por esto las revueltas, el mesianismo, el celo continúan existiendo al mismo tiempo. Las autoridades de la época, tanto los Romanos, como los Herodianos, los sacerdotes, los escribas y fariseos, todos ellos, preocupados solamente por la seguridad del Templo o de la Nación (Jn 11,48) o con la observancia de la Ley (Mt 23,1-23), no se dan cuenta de la diferencia existente entre profetas y líderes populares. Para ellos son todos la misma cosa. Confunden a Jesús con los reyes mesiánicos (Lc 23,2-5). Gamaliel, el gran doctor de la Ley, por ejemplo, compara a Jesús con Judas, jefe de los revoltosos (Act 5,35-37). El mismo Flavio Josefo el historiador, confunde los profetas con “ladrones e impostores”. ¡Hoy serían tachados todos de “charlatanes”!

6. Oración del Salmo 82 (81)

Dios repele a las autoridades humanas
Dios se alza en la asamblea divina,
para juzgar en medio de los dioses:

«¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente
y haréis acepción de los malvados? Pausa.
Defended al débil y al huérfano,
haced justicia al humilde y al pobre;
liberad al débil y al indigente,
arrancadle de la mano del malvado».

No saben ni entienden, caminan a oscuras,
vacilan los cimientos de la tierra.
Yo había dicho: «Vosotros sois dioses,
todos vosotros, hijos del Altísimo».
Pero ahora moriréis como el hombre,
caeréis como un príncipe cualquiera.

¡Alzate, oh Dios, juzga a la tierra,
pues tú eres el señor de las naciones!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
(
http://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-3-domingo-cuaresma-c
).

Tres homilias para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Almudi.org).

Domingo de la semana 3 de Cuaresma; ciclo C



Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

(Ex 3,1-8a.13-15) "Soy el que soy"
(1 Cor 10,1-6.10-12) "El que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga"
(Lc 13,1-9) "Si no os convertís, todos pereceréis"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en el “Metro Centro” de San Salvador (6-III-1983)

--- El pecado, la raíz del mal
--- La Cruz de Cristo sobre el mal
--- El perdón

--- El pecado, la raíz del mal

El cristiano cree en el triunfo de la vida sobre la muerte. Por eso la Iglesia, comunidad pascual del Resucitado, proclama siempre al mundo: “No busquéis entre los muertos al que vive” (Lc 24,5). Por eso halla en Él, en Cristo, el secreto de su energía y esperanza. En Él, que es “Príncipe de la Paz” (Is 9,6), que ha derribado los muros de la enemistad y ha reconciliado mediante su cruz a los pueblos divididos (cfr. Ef. 2,16).

Herida la humanidad por el pecado, fue desgarrada nuestra unidad interior. Alejándose de la amistad de Dios, el corazón del hombre se volvió zona de tormentas, cambio de tensiones y de batallas. De ese corazón dividido vienen los males a la sociedad y al mundo. Este mundo, escenario para el desarrollo del hombre, padece la contaminación del “misterio de la iniquidad” (cfr. Gaudium et spes, 103; cf. 2 Tes 2,7).

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, con definida vocación de trascendencia, de búsqueda de Dios y de fraterna relación con los demás, atormentado y dividido en sí mismo, se aleja de sus semejantes.

Y sin embargo, no es el plan original de Dios que el hombre sea enemigo, lobo para el hombre, sino su hermano. El designio de Dios no revela la dialéctica del enfrentamiento, sino la del amor que todo lo hace nuevo. Amor sacado de esa roca espiritual que es Cristo, como nos indica el texto de la epístola de esta Misa (cfr.1 Cor 10,4).

--- La Cruz de Cristo sobre el mal

Si Dios nos hubiera abandonado a nuestras propias fuerzas, tan limitadas y volubles, no tendríamos razones para esperar que la humanidad viva como familia, como hijos de un mismo Padre. Pero Dios se nos ha acercado definitivamente en Jesús; en su cruz experimentamos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. La cruz antes símbolo de afrenta y amarga derrota, se vuelve manantial de vida.

Desde la cruz mana a torrentes el amor de Dios que perdona y reconcilia. Con la sangre de Cristo podemos vencer al mal con el bien. El mal que penetra en los corazones y en las estructuras sociales. El mal de la división entre los hombres, que han sembrado el mundo con sepulcros con las guerras, con esa terrible espiral del odio que arrasa, aniquila en forma tétrica e insensata.

El perdón de Cristo despunta como una nueva alborada, como un nuevo amanecer. Es la nueva tierra, “buena y espaciosa”, hacia la que Dios nos llama, como hemos leído antes en el libro del Éxodo (Ex 3,8). Esa tierra en la que debe desaparecer la opresión del odio y dejar el puesto a los sentimientos cristianos: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3,12).

--- El perdón

El amor redentor de Cristo no permite que nos encerremos en la prisión del egoísmo que se niega al auténtico diálogo, desconoce los derechos de los demás y los clasifica en la categoría de enemigo que hay que combatir.

Es el momento de escuchar la invitación del Evangelio de este domingo: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13,3.5). Sí, convertirse y cambiar de conducta, porque -como hemos escuchado en el Salmo responsorial- Yavé “hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos” (Sal 102,6). Por eso el cristiano sabe que todos los pecadores pueden ser rescatados: que el rico -despreocupado, injusto, complacido en la egoísta posesión de sus bienes- puede y debe cambiar de actitud; que quien acude al terrorismo, puede y debe cambiar.

El sermón de la montaña es la carta magna del cristiano: “Bienaventurados los artesanos de la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

DP-67 1983


Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

"Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala". Hay un rechazo por parte de Dios y de los demás hacia la ineficacia. Tampoco nosotros la soportamos. Podemos aceptar el desprecio, el sufrimiento y también la muerte, pero admitir que somos unos inútiles no. Dar fruto, servir a Dios y a los demás es, junto a una satisfacción humana, un mandato divino.

Sin embargo, hay en nosotros como un principio de oposición que tiende a la exaltación del propio yo y a la comodidad. Este dictador egoísta y vanidoso, regalón y holgazán, va cancelando compromisos, limitando ese servicio a aquellas tareas que le reportan alguna ventaja o satisfacción personal. Pero sabemos que dentro de nosotros hay también un ser que reconoce que en servir está su mejor ganancia y que debe sobreponerse al comodón y egoísta. "Aprendamos a servir, dice S. Josemaría Escrivá, no hay mejor servicio que querer entregarse voluntariamente a ser útil a los demás. Cuando sentimos el orgullo que barbota dentro de nosotros, la soberbia que nos hace pensar que somos superhombres, es el momento de decir que no, de decir que nuestro único triunfo ha de ser el de la humildad".

¡Cuántas ocasiones para servir al Señor en la vida familiar, profesional y social que nos santifican y contribuyen a crear un ámbito de bienestar tan necesario para hacer más llevadero el peso de los días! Preguntémonos: ¿Vivo encerrado en mis intereses personales, ajeno a las necesidades de quienes me rodean? ¿Me intereso por lo que pueda inquietar a mi mujer, a mi marido, a mis hijos, a los demás miembros de mi familia? ¿Soy sensible y lo demuestro con hechos a los apuros de mis amigos, los compañeros de trabajo, los enfermos, los pobres? ¿Me escudo en la falta de tiempo o en que también yo estoy agobiado con problemas y no puedo cargar con los de los demás?

Todo esto es posible cuando no sofocamos lo que en nosotros hay de más cálido y mejor por vivir en una atmósfera interior dominada por el tic-tac del reloj, cuando sabemos que el Señor nos espera en esos detalles de servicio y cuando hay un amor sincero, afectivo y efectivo a Cristo en los demás. No basta con que lamentemos ciertas desgracias, debemos preguntarnos qué podemos hacer para remediarlas.

Hay una maldición para esa comodidad egoísta que nos torna inútiles. "Córtala. ¿Para qué va a ocupar un terreno en balde?" Pero hay también una recompensa muy grande, un tesoro inaudito en el cielo, para los que contribuyen a aliviar las cargas de los demás y hacerles más llevadera la vida con nuestros pequeños servicios: "Bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: pasa al banquete de tu señor" (Mt 25,23). Esto dirá Jesús a quien hizo fructificar sus talentos.


Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«Fue a buscar fruto... y no lo encontró»

I. LA PALABRA DE DIOS

Ex 3, 1-8a. 13-15: "Yo soy" me envía a vosotros
Sal 102, 1-2.3-4.6-7.8 y 11: El Señor es compasivo y misericordioso
1 Co 10, 1-6. 10-12: La vida del pueblo con Moisés en el desierto se escribió para escarmiento nuestro
Lc 13, 1-9: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera

II. LA FE DE LA IGLESIA

«... la llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos [después del bautismo]. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que "recibe en su propio seno a los pecadores" y que siendo "santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación"» (1428).
«El olvido de la Ley y la infidelidad de la Alianza llevan a la muerte: el exilio, aparente fracaso de las Promesas, es en realidad fidelidad misteriosa del Dios Salvador y comienzo de una restauración prometida, pero según el Espíritu. Era necesario que el Pueblo de Dios sufriese esta purificación; el Exilio lleva ya la sombra de la Cruz en el designio de Dios y el Resto de pobres que vuelven del Exilio es una de las figuras más transparentes de la Iglesia» (710).

III. TESTIMONIO CRISTIANO

«... Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que El quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor» (313).

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

A. Apunte bíblico-litúrgico

Nos faltan datos para determinar, aun aproximadamente, la represión de Pilato. Lo más probable es que el Procurador romano, en venganza a una revuelta, matara a bastantes galileos.
Jesús saca la conclusión: «Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera». El Maestro aplica la enseñanza desprendida de la higuera estéril, que será cultivada, a ruegos del viñador, «a ver si da fruto. Si no, al año que viene la cortarás».
La perícopa plantea el juicio de Dios a los pecadores, ya en este mundo. Pone delante la imagen de un Dios justo y que castiga. Imagen muy popular y que plantea interrogantes a la fe.
La justicia es atributo necesario de Dios, que la sola inteligencia del hombre no acierta a conciliar con su bondad y ternura. Pero justicia y misericordia se afirman en el NT, la profesión de fe de la Iglesia y la experiencia cristiana de los fieles, porque Dios no puede menos de superar nuestros esquemas sobre su modo de ser. El castigo de Dios en este mundo se comprende como castigo pedagógico: Dios sólo permite los males para sacar de ellos mayores bienes (cf Hb 12, 5-11; también 311b, 324).

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

La fe:

Necesidad constante de conversión: 1425-1429.
Fe en los caminos de la Providencia: 309-314.

La respuesta:

La constante «conversión de los bautizados», por la formación de la conciencia: 1783-1789.
La conversión de la sociedad: 1423; 1886-1889.

C. Otras sugerencias

El juicio en este mundo del Dios que nos ama ofrece un avance, sujeto a revisión, del juicio definitivo. Por esto, el juicio de Dios en este mundo busca nuestra conversión.
Hay que adherirse a los caminos de la providencia de Dios, que busca la purificación de nuestros corazones, bajo la sombra de la Cruz, en comunión con el Cristo paciente (Ver 618).
(
http://www.almudi.org
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Catholic.net).

Lectio Divina. 3o. Domingo Cuaresma
Cuaresma. Oración con el Evangelio. Ciclo C.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


Lucas 13, 1-9

1. INVOCA


Ponte en la presencia del Señor, que quiere decirte algo a través de su Palabra.
Pide la iluminación del Espíritu para captar, acoger, entender y vivir la Palabra.
Deja a un lado las distracciones, las tareas. Lo más importante ahora es estar con el Señor.
Pídele a María su actitud reverente ante la escucha de la Palabra. Reza la oración: Señora de la escucha atenta

Señora de la escucha atenta.
Madre del buen oído.
Mujer del corazón abierto.
Virgen de los ojos profundos.
María de la total disponibilidad.
Arca de guardar palabras y secretos.
Patrona de la sorpresa y el desconcierto.
Camino recto de encuentro con él.
Lámpara encendida siempre.
Diccionario del silencio, sin palabras.
Enciclopedia de recuerdos y memoria.
Teóloga del sí.

Estáte a mi lado en la espera,
leyendo conmigo.
Acompáñame en la senda,
escuchando la Palabra.
Préstame tus palabras y tu fe,
modelando mi respuesta.
Entréname en la total disponibilidad,
para que la Palabra se cumpla en mí.
Enséñame a decir Amén.
D.González Cordero


2. LEE LA PALABRA DE DIOS. Evangelio según san Lucas 13, 1-9. (Que dice la Palabra de Dios)

3. MEDITA

Contexto


El tema de la conversión domina el ciclo del año C. Aparece en el Evangelio de este domingo 3º de Cuaresma.
Está ubicado este texto evangélico entre las enseñanzas que Jesús va impartiendo en el camino hacia Jerusalén, que narra Lucas desde 9, 51. Es el nuevo Éxodo, iniciado por Jesús, acompañado de sus discípulos, que formarán el nuevo pueblo, la Iglesia.
Jesús advierte a la gente (12, 54-57) que aprendan a discernir los signos de los tiempos.
Es en este contexto, cuando le cuentan a Jesús los dos trágicos sucesos: la matanza de los galileos por Pilatos y la muerte de los dieciocho de Jerusalén al desplomarse la torre de Siloé.

Texto

1. Interpretar los signos de los tiempos.


Entre los judíos era muy frecuente pensar que las catástrofes, enfermedades y desgracias personales eran un castigo de Dios por sus pecados. Las clases elevadas pensaban así porque ellos se creían los "bendecidos" por Dios, por su buena situación económica y porque todo les iba bien.


Jesús aprovecha la ocasión para rectificar tal modo de pensar. Los que murieron violentamente no fue porque ellos eran más o menos pecadores que los demás. Los acontecimientos históricos adversos no son un castigo de Dios. Hay que interpretar la historia de otra forma. Tales accidentes mortales no son una condena de las víctimas, sino una invitación urgente a la conversión de los supervivientes (v. 2 y 4) Son llamadas a la propia conversión. Todos necesitamos cambiar para recibir el Reino que está presente.


El Vaticano II, en la constitución Gaudium et spes 4, afirma que "es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio".


2. Parábola de la higuera estéril


Para los profetas, la higuera se había convertido en símbolo de la infidelidad de Israel (ver: Jr 8, 13; Os 9, 10; Miq 7, 1). Y en los Evangelios sinópticos, la higuera es objeto de una solicitud paciente y amorosa, que no es correspondida (Mc 11, 12-14; Mt 21, 18-22).


Jesús deja la puerta abierta a la esperanza. El labrador (Jesús) suplica (al Padre) para la higuera (nosotros) un tiempo de espera y de confianza. El Señor está dispuesto a concederlo añorando los frutos tanto tiempo esperados.

3. Camino de conversión


La Iglesia, sobre todo en Cuaresma, se une a este ruego de Jesús, para aprovechar este tiempo favorable, tiempo de salvación (2 Cor 6, 2), a favor de nuestra conversión.


Hacer penitencia significa asumir esta visión nueva para penetrar y entender los signos de los tiempos, lo que nos acontece cada día, para inaugurar los tiempos nuevos de Jesús, que ha puesto fin al pecado.


La parábola nos muestra la paciencia y la misericordia del Padre, que espera que demos frutos de buenas obras.

4. Ayudarse y ayudar a caminar


Un fruto visible de la conversión es emprender de nuevo nuestro camino con Jesús hacia Jerusalén, hacia el misterio pascual: muerte y resurrección. Rodeados como estamos de signos de muerte (guerras, abortos, odios, violencias, difamaciones, extorsiones, corrupciones...), hemos de colaborar con los signos de vida y de resurrección para que nosotros, junto con los demás, produzcamos en la Iglesia y la sociedad frutos para el Reino.


Con nosotros mismos y con los demás, la receta es: paciencia y cultivo. Es decir, esperar contra toda esperanza que nuestra vida dará frutos y que los demás, a pesar de lo signos negativos actuales, algún día también darán frutos.


4. ORA


Le digo al Señor que:
- quiero aprender de él a tener paciencia conmigo mismo y con los demás;
- quiero aprender a escuchar su voluntad, a descubrir los signos o señales que él quiera sugerirme;
- me cuente algo de lo mucho que hace por mí, en mi historia personal y familiar;
- me enseñe a acercarme al sufrimiento del hermano, para colaborar juntos a favor de otros más necesitados;
- no quiero interpretar torcidamente la conducta del prójimo; no quiero juzgarlo ni culparle de nada; más bien, quiero comprenderlo.


5. CONTEMPLA


a Jesús que contradice los malos juicios sobre los demás, acusándoles de pecadores;
a Jesús que nos invita a la conversión y a cambiar nuestra vida;
a Jesús que nos invita a producir frutos de verdadera penitencia.


6. ACTÚA


Voy a concretar en algún propósito sincero estas luces que el Señor me ha dado por medio de su Palabra.


Terminamos este rato de oración, con la oración: Te damos gracias, Señor

Te damos gracias, Señor,
porque tu Palabra pronunciada
hace dos mil años,
sigue siendo viva y eficaz
entre nosotros.

Reconocemos
nuestra impotencia e incapacidad
para comprenderla y dejarla vivir en nosotros.

Ella es más poderosa y más fuerte
que nuestras debilidades,
más eficaz que nuestra fragilidad,
más penetrante que nuestras resistencias.

Por eso, te pedimos
que nos ilumines con tu Palabra,
para tomarla en serio
y abrirnos a aquello que nos manifiesta.
Para que confiemos en ella y le permitamos actuar
en nosotros con la riqueza de su poder .

Madre de Jesús,
que confiaste sin reservas,
pidiendo que se cumpliera en ti
la Palabra que te fue dirigida,
danos el espíritu de disponibilidad,
para que volvamos a encontrar la verdad
sobre nosotros mismos.

Haz que ayudemos al hombre
a encontrar la verdad de Dios en él.

Haz que la encuentren plenamente
el mundo y la sociedad en que vivimos
y a los que queremos humildemente servir .

Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo,
la Palabra encarnada,
por su muerte y resurrección,
y por el Espíritu Santo,
que renueva constantemente
en nosotros la fuerza de esta Palabra. Amén.

Carlo María Martini

Ejercicio de lectio divina para el Sabado XXIX del tiempo Ordinario de los años impares y pares (Carmelitas).

Lectio: Lucas 13,1-9
Lectio: 
Sábado, 27 Octubre, 2012 
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 13,1-9
En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió
Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís,
todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás
hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía
plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en
esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras
tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.'»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos proporciona informaciones que encontramos sólo en el evangelio de Lucas y no tienen pasajes paralelos en otros evangelios. Estamos
meditando el largo caminar de Jesús, desde Galilea hasta Jerusalén, que ocupa casi la mitad del evangelio de Lucas, desde el capítulo 9 hasta el capítulo
19 (Lc 9,51 a 19,28). Es aquí donde Lucas coloca la mayor parte de la información que tiene sobre la vida y la enseñanza de Jesús (Lc 1,1-4).
• Lucas 13,1: El acontecimiento que pide una explicación. “En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había
mezclado Pilatos con la de sus sacrificios.”. Cuando leemos los periódicos o cuando asistimos al noticiario en la TV, recibimos muchas informaciones, pero
no siempre evaluamos todo su significado. Escuchamos todo, pero no sabemos bien qué hacer con tantas informaciones y noticias. Noticias terribles como
el tsunami, el terrorismo, las guerras, el hambre, la violencia, el crimen, los atentados, etc. Así fueron a llevar a Jesús la noticia de la terrible masacre
que Pilatos, gobernador romano, hizo con algunos peregrinos samaritanos. Noticias así nos incomodan. Nos derriban: ¿Qué puedo hacer?” Para apaciguar la
conciencia, muchos se defienden y dicen: “¡Es su culpa! ¡No trabajan! ¡Es gente llena de prejuicios!” En tiempo de Jesús, la gente se defendía diciendo:
“¡Es un castigo de Dios por sus pecados!” (Jn 9,2-3). Desde hace siglos se enseñaba: “Los samaritanos no valen. ¡Siguen una religión equivocada!” (2Re
17,24-41)!
• Lucas 13,2-3: La respuesta de Jesús. Jesús tiene otra opinión. "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han
padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. Jesús ayuda a las personas a leer los hechos con otros
ojos y a sacar una conclusión para su vida. Dice que no fue castigo de Dios. Por el contrario: “Y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” y procura alertar hacia la conversión y el cambio.
• Lucas 13,4-5: Jesús comenta otro hecho. “O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables
que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?” Debe haber sido un desastre muy comentado en la ciudad. Una tormenta derribó la torre de Siloé y mató
a dieciocho personas que se estaban abrigando debajo. El comentario normal era: “¡Castigo de Dios!” Jesús repite: “No, os lo aseguro; y si no os convertís,
todos pereceréis del mismo modo ". Ellos no se convirtieron, no cambiaron, y cuarenta años después Jerusalén fue destruida y mucha gente murió asesinada
en el Templo como los samaritanos, y mucha más murió debajo de los escombros de las murallas de la ciudad. Jesús trató de prevenir, pero no escucharon
la petición de paz: “¡Jerusalén! ¡Jerusalén!” (Lc 13,34). Jesús enseña a descubrir las llamadas que vienen de los acontecimientos de la vida de cada día.
• Lucas 13,6-9: Una parábola para que la gente piense y descubra el proyecto de Dios. " Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en
su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro.
Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor
y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.” Muchas veces la viña es usada tanto para indicar el cariño que Dios tiene hacia su
pueblo o como falta de correspondencia de parte de la gente hacia el amor de Dios (Is 5,1-7; 27,2-5; Jr 2,21; 8,13; Ez 19,10-14; Os 10,1-8; Mq 7,1; Jn
15,1-6). En la parábola, el dueño de la viña es Dios Padre. El agricultor que intercede por la viña es Jesús. Insiste con el Padre para alargar el espacio
de la conversión.
 
4) Para la reflexión personal
• El pueblo de Dios, la viña de Dios. Yo soy un pedazo de esta viña. Me aplico la parábola de la viña. ¿Qué conclusiones saco?
• ¿Qué hago con las noticias que recibo? ¿Trato de tener una opinión crítica, o sigo la opinión de la mayoría y de los medios de comunicación?
 
5) Oración final
¿Quién como Yahvé, nuestro Dios,
con su trono arriba, en las alturas,
que se abaja para ver el cielo y la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre del estiércol. (Sal 113,5-7)
(
http://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-131-9
).

Ejercicio de lectio divina para la Misa del Sabado XXIX del tiempo Ordinario de los años impares y pares (Carmelitas).

Lectio: Lucas 13,1-9
Lectio: 
Sábado, 27 Octubre, 2012 
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 13,1-9
En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió
Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís,
todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás
hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía
plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en
esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras
tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.'»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos proporciona informaciones que encontramos sólo en el evangelio de Lucas y no tienen pasajes paralelos en otros evangelios. Estamos
meditando el largo caminar de Jesús, desde Galilea hasta Jerusalén, que ocupa casi la mitad del evangelio de Lucas, desde el capítulo 9 hasta el capítulo
19 (Lc 9,51 a 19,28). Es aquí donde Lucas coloca la mayor parte de la información que tiene sobre la vida y la enseñanza de Jesús (Lc 1,1-4).
• Lucas 13,1: El acontecimiento que pide una explicación. “En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había
mezclado Pilatos con la de sus sacrificios.”. Cuando leemos los periódicos o cuando asistimos al noticiario en la TV, recibimos muchas informaciones, pero
no siempre evaluamos todo su significado. Escuchamos todo, pero no sabemos bien qué hacer con tantas informaciones y noticias. Noticias terribles como
el tsunami, el terrorismo, las guerras, el hambre, la violencia, el crimen, los atentados, etc. Así fueron a llevar a Jesús la noticia de la terrible masacre
que Pilatos, gobernador romano, hizo con algunos peregrinos samaritanos. Noticias así nos incomodan. Nos derriban: ¿Qué puedo hacer?” Para apaciguar la
conciencia, muchos se defienden y dicen: “¡Es su culpa! ¡No trabajan! ¡Es gente llena de prejuicios!” En tiempo de Jesús, la gente se defendía diciendo:
“¡Es un castigo de Dios por sus pecados!” (Jn 9,2-3). Desde hace siglos se enseñaba: “Los samaritanos no valen. ¡Siguen una religión equivocada!” (2Re
17,24-41)!
• Lucas 13,2-3: La respuesta de Jesús. Jesús tiene otra opinión. "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han
padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. Jesús ayuda a las personas a leer los hechos con otros
ojos y a sacar una conclusión para su vida. Dice que no fue castigo de Dios. Por el contrario: “Y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” y procura alertar hacia la conversión y el cambio.
• Lucas 13,4-5: Jesús comenta otro hecho. “O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables
que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?” Debe haber sido un desastre muy comentado en la ciudad. Una tormenta derribó la torre de Siloé y mató
a dieciocho personas que se estaban abrigando debajo. El comentario normal era: “¡Castigo de Dios!” Jesús repite: “No, os lo aseguro; y si no os convertís,
todos pereceréis del mismo modo ". Ellos no se convirtieron, no cambiaron, y cuarenta años después Jerusalén fue destruida y mucha gente murió asesinada
en el Templo como los samaritanos, y mucha más murió debajo de los escombros de las murallas de la ciudad. Jesús trató de prevenir, pero no escucharon
la petición de paz: “¡Jerusalén! ¡Jerusalén!” (Lc 13,34). Jesús enseña a descubrir las llamadas que vienen de los acontecimientos de la vida de cada día.
• Lucas 13,6-9: Una parábola para que la gente piense y descubra el proyecto de Dios. " Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en
su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro.
Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor
y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.” Muchas veces la viña es usada tanto para indicar el cariño que Dios tiene hacia su
pueblo o como falta de correspondencia de parte de la gente hacia el amor de Dios (Is 5,1-7; 27,2-5; Jr 2,21; 8,13; Ez 19,10-14; Os 10,1-8; Mq 7,1; Jn
15,1-6). En la parábola, el dueño de la viña es Dios Padre. El agricultor que intercede por la viña es Jesús. Insiste con el Padre para alargar el espacio
de la conversión.
 
4) Para la reflexión personal
• El pueblo de Dios, la viña de Dios. Yo soy un pedazo de esta viña. Me aplico la parábola de la viña. ¿Qué conclusiones saco?
• ¿Qué hago con las noticias que recibo? ¿Trato de tener una opinión crítica, o sigo la opinión de la mayoría y de los medios de comunicación?
 
5) Oración final
¿Quién como Yahvé, nuestro Dios,
con su trono arriba, en las alturas,
que se abaja para ver el cielo y la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre del estiércol. (Sal 113,5-7)
(
http://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-131-9
).

Lecturas de la Misa del Jueves II de Cuaresma meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Jueves 28 de Febrero de 2013


Jueves 2ª semana de Cuaresma

Santoral: Román

Jr 17,5-10: Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor
Salmo 1:  Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Mt 20,17-28: Recibiste bienes, y Lázaro males: por eso encuentra él aquí consuelo

Jeremías 17,5-10


Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Así dice el Señor: "Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones."

Salmo responsorial: 1


Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre / que no sigue el consejo de los impíos, / ni entra por la senda de los pecadores, / ni se sienta en la reunión de los cínicos; / sino que su gozo es la ley del Señor, / y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol / plantado al borde de la acequia: / da fruto en su sazón / y no se marchitan sus hojas; / y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así; / serán paja que arrebata el viento. / Porque el Señor protege el camino de los justos, / pero el camino de los impíos acaba mal. R.


Lucas 16,19-31


Recibiste tus bienes, y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle la llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.""

Comentarios

Es necesario subrayar que este pasaje es exclusivo de Lucas. Y sacarlo de su propio contexto vital ha dado pié a considerar como pensamiento auténtico de Jesús lo que no era más que una simple concesión del lenguaje de sus adversarios (cielo = seno de Abrahán; infierno =el abismo, lugar de tormentos).

Hay que tener muy presente que Jesús habla a los fariseos. La parábola se adapta forzosamente a sus categorías religiosas. Es importante aclarar que el tema de Lázaro y el Rico Epulón no está definiendo quién sí y quién no va a la casa del Padre.

El asunto es otro y mucho más complicado, pero que hemos de entenderlo en su pleno significado. Lucas está insistiendo en que el pecado de la comunidad es la riqueza mal utilizada.

Y es tan fuerte este pecado, que ni siquiera le hacen caso a Moisés, dador de la Ley, el pedagogo de los inmaduros, de los que necesitan de normas, de legislaciones para actuar en justicia, para servir con bien y desde el bien a la humanidad. A esos mismos que actúan así, los profetas tampoco les sirven.

En la comunidad y sociedad tenemos que superar el egoísmo y la insensibilidad y debemos compartir.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2013 20:29 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. JUEVES II No hay comentarios. Comentar.

Lecturas de la Misa del Lunes II de Cuaresma meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Lunes 25 de Febrero de 2013

Lunes 2ª semana de Cuaresma

Santoral: Justo, Valero, Nestor

Dn 9,4b-10: Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos
Salmo 78: Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados
Lc 6,36-38: Perdonen, y serán perdonados

Daniel 9,4b-10


Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos
Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes.

Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti. Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.


Salmo responsorial: 78


Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
No recuerdes contra nosotros / las culpas de nuestros padres; / que tu compasión nos alcance pronto, / pues estamos agotados. R.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, / por el honor de tu nombre; / líbranos y perdona nuestros pecados / a causa de tu nombre. R.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: / con tu brazo poderoso, / salva a los condenados a muerte. R.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo, / ovejas de tu rebaño, / te daremos gracias siempre, / contaremos tus alabanzas / de generación en generación. R.


Lucas 6,36-38


Perdonad, y seréis perdonados
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros."

Comentarios

Estamos dentro de una unidad literaria que en el Evangelio de Lucas se denomina “sección del Llano”. Y los versículos que nos propone la liturgia hoy pertenecen a la segunda parte de esta sección.

Esta segunda parte va orientada no sólo a los discípulos, sino a todos los oyentes, a todo el pueblo. El tema de fondo en esta parte es el amor generoso y universal.

Ser compasivo es una de las exigencias que Jesús propone como presupuesto de una nueva humanidad. Sólo amando a los seres humanos y viviendo de manera compasiva y misericordiosa es como se aprende a amar a Dios.

Jesús coloca las bases de una nueva sociedad más incluyente, más solidaria, más humana, más conforme al corazón de Dios. El amor hacia los hermanos, como consecuencia y fruto del amor hacia Dios, produce la más estupenda e incomparable reciprocidad en los que aman.

De ahí se logra la concordia, la mutua ayuda, la paz armónica y serena en un crescendo continuo de generosidad, don que hace exultar al creyente seguidor de Jesús con una alegría tal nunca antes conocida ni experimentada.

¿Vamos configurando así nuestra vida con la misma vida del Padre, compasivo y misericordioso?
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2013 20:29 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. LUNES II No hay comentarios. Comentar.

Lecturas de la Misa del Martes II de Cuaresma meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Martes 26 de Febrero de 2013


Martes 2ª semana de Cuaresma

Santoral: Alejandro, Paula Montal

Is 1,10.16-20: Aprendan a obrar bien, busquen el derecho
Salmo 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Mt 23,1-12:  No hacen lo que dicen

Isaías 1,10.16-20


Aprended a obrar bien, buscad el derecho
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor."

Salmo responsorial: 49


Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
"No te reprocho tus sacrificios, / pues siempre están tus holocaustos ante mí. / Pero no aceptaré un becerro de tu casa, / ni un cabrito de tus rebaños. R.

¿Por qué recitas mis preceptos / y tienes siempre en la boca mi alianza, / tú que detestas mi enseñanza / y te echas a la espalda mis mandatos? R.

Esto haces, ¿y me voy a callar? / ¿Crees que soy como tú? / El que me ofrece acción de gracias, / ése me honra; / al que sigue buen camino / le haré ver la salvación de Dios." R.


Mateo 23,1-12


No hacen lo que dicen
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

Comentarios

Esta es una porción del Evangelio cargada de fuerza y dureza. Jesús se enfrenta a los letrados y fariseos. Sus duras críticas las hace sin temor y sin vacilación.

Cada página del Evangelio está escrita para la Iglesia. No podemos perder de vista esta verdad tan clara y clave a la hora de leer los Evangelios. Los escribas y los fariseos, de los que se habla en todo el discurso de Jesús, somos nosotros, llamados a enmendar nuestra forma de actuar y a caminar en fidelidad por la senda de justicia y de vida que Jesús de Nazaret nos propone.

Una tarea urgente en este tiempo de Cuaresma es adherirnos más y mejor a Jesús, para ser fieles a su proyecto de amor y de nueva humanidad. Hemos de esforzarnos por convertirnos.

Convertirse significa ver en nosotros mismos esa actitud de hipocresía que nos hace enseñorearnos sobre los demás y nos coloca como norma suprema frente a los hermanos, dañando la comunión y la vida.

Aprovechemos este hermoso tiempo cuaresmal para que Dios haga de nosotros personas humildes y nuevas, más fieles a su proyecto de amor y más coherentes con el Reino que Jesús predicó e instauró.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2013 20:31 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. MARTES II No hay comentarios. Comentar.

Lecturas de la Misa del Miercoles II de Cuaresma meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Miércoles 27 de Febrero de 2013


Miércoles 2ª semana de Cuaresma

Santoral: Gabriel de la Dolorosa

Jr 18,18-20: Vengan, lo heriremos con su propia lengua
Salmo 30: Sálvame, Señor, por tu misericordia
Mt 20,17-28: Lo condenarán a muerte

Jeremías 18,18-20


Venid, lo heriremos con su propia lengua

Dijeron: "Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos." Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo.

Salmo responsorial: 30


Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Sácame de la red que me han tendido, / porque tú eres mi amparo. / A tus manos encomiendo mi espíritu: / tú, el Dios leal, me librarás. R.

Oigo el cuchicheo de la gente, / y todo me da miedo; / se conjuran contra mí / y traman quitarme la vida. R.

Pero yo confío en ti, Señor, / te digo: "Tú eres mi Dios." / En tu mano están mis azares: / líbrame de los enemigos que me persiguen. R.


Mateo 20,17-28


Lo condenarán a muerte

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: "Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará."

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Pero Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?" Contestaron: "Lo somos." Él les dijo: "Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre."

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos."

Comentarios

La Misión del “Hijo del Hombre” se presenta en oposición al deseo generalizado del hombre. Jesús cumple el designio y la voluntad del Padre. El mundo no entiende esa lógica.

Este evangelio nos muestra un enfrentamiento entre dos maneras de entender la “gloria”. La de Jesús, que es contraria a la fama, al poder y a la exaltación humana, y la de los discípulos, que está enredada en el egoísmo, la codicia y la supremacía del poder.

Para Jesús el asunto consiste en servir, entregarse; para los discípulos en poseer, someter y dar muerte. Es una lucha abierta entre el amor y el egoísmo, donde el amor vence con la propia derrota y el egoísmo pierde con la propia victoria. Los ídolos no ofrecen sino muerte.

El poder es un ídolo que mata, que reduce a polvo, que violenta y elimina. Los ídolos, en lugar de auténtica gloria, ofrecen vana-gloria. Este evangelio es como un diálogo de equívocos entre Jesús y los discípulos, que, como todos, se ciegan ante la “Gloria”. Lo que la madre de los hijos de Zebedeo quiere pedirle a Jesús es la vana-gloria, que también los otros discípulos anhelan.

¿Perseguimos, consciente o inconscientemente, la gloria humana?
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Lecturas de la Misa del Viernes II de Cuaresma meditadas brevemente (Dios existe).

Lecturas del Viernes 01 de Marzo de 2013

Viernes 2ª semana de Cuaresma

Santoral: Rosendo, Albino, Cuarenta Mártires de Sebaste

Gn 37,3-28: Ahí viene el de los sueños, vamos a matarlo
Salmo 104:  Recordarán ustedes las maravillas que hizo el Señor
Mt 21,33-43.45-46: Éste es el heredero: ¡vengan, matémoslo!

Génesis 37,3-28


Ahí viene el de los sueños, vamos a matarlo
José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: "Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos."

José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: "Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños." Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: "No le quitemos la vida." Y añadió: "No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él." Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: "¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra." Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José a Egipto.


Salmo responsorial: 104


Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Llamó al hambre sobre aquella tierra: / cortando el sustento de pan; / por delante había enviado a un hombre, / a José, vendido como esclavo. R.

Le trabaron los pies con grillos, / le metieron el cuello en la argolla, / hasta que se cumplió su predicción, / y la palabra del Señor lo acreditó. R.

El rey lo mandó desatar, / el señor de pueblos le abrió la prisión, / lo nombró administrador de su casa, / señor de todas sus posesiones. R.


Mateo 21,33-43.45-46


Éste es el heredero: venid, lo mataremos
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?"

Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: "¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Comentarios

De manera abierta y decisiva Jesús les dice a los jefes del pueblo que “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. Declara Jesús de este modo, cuál es su origen de quien procede su autoridad.

La piedra desechada, el Crucificado, se convierte en piedra angular, en el Resucitado. Aquí está la lógica y la clave desde donde hemos de leer este pasaje evangélico de hoy. En la muerte del Hijo quedan claros dos proyectos que están en lucha permanente: nuestro egoísmo, marcado por la perversidad y por el acaparamiento, y la bondad de Dios, marcada por su amor humanizador e ilimitado.

El relato nos presenta cómo se entrelaza nuestra infidelidad con la fidelidad de Dios, y nuestro rechazo mezquino con su encarnación cargada de bondad y generosidad.

En este tiempo de Cuaresma, pensemos seriamente cómo estamos viviendo el seguimiento de Jesús y cómo continuamos su obra. Hemos de reconocer y acoger a Jesús, de manera personal y comunitaria, como la verdadera y definitiva manifestación de Dios en la historia.

Pero esta aceptación ha de tocar todas las esferas de nuestra vida: la razón, el corazón, los sentidos, los sentimientos y actitudes, todo nuestro existir.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Meditacion para la Misa del Lunes II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Lunes II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Lc 6,36-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
Comentario: Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona, España)
Dad y se os dará
Hoy, el Evangelio de Lucas nos proclama un mensaje más denso que breve, ¡y eso que es muy breve! Lo podemos reducir a dos puntos: un encuadramiento de misericordia y un contenido de justicia.

En primer lugar, un encuadramiento de misericordia. En efecto, la consigna de Jesús sobresale como una norma y resplandece como un ambiente. Norma absoluta: si nuestro Padre del cielo es misericordioso, nosotros, como hijos suyos, también lo hemos de ser. Y el Padre, ¡es tan misericordioso! El versículo anterior afirma: «(...) y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos» (Lc 6,35).

En segundo lugar, un contenido de justicia. En efecto, nos encontramos ante una especie de “ley del talión” en las antípodas de (inversa a) la rechazada por Jesús («Ojo por ojo, diente por diente»). Aquí, en cuatro momentos sucesivos, el divino Maestro nos alecciona, primero, con dos negaciones; después, con dos afirmaciones. Negaciones: «No juzguéis y no seréis juzgados»; «No condenéis y no seréis condenados». Afirmaciones: «Perdonad y seréis perdonados»; «Dad y se os dará».

Apliquémoslo concisamente a nuestra vida de cada día, deteniéndonos especialmente en la cuarta consigna, como hace Jesús. Hagamos un valiente y claro examen de conciencia: si en materia familiar, cultural, económica y política el Señor juzgara y condenara nuestro mundo como el mundo juzga y condena, ¿quién podría sostenerse ante el tribunal? (Al volver a casa y leer el periódico o al escuchar las noticias, pensamos sólo en el mundo de la política). Si el Señor nos perdonara como lo hacen ordinariamente los hombres, ¿cuántas personas e instituciones alcanzarían la plena reconciliación?

Pero la cuarta consigna merece una reflexión particular, ya que, en ella, la buena ley del talión que estamos considerando deviene de alguna manera superada. En efecto, si damos, ¿nos darán en la misma proporción? ¡No! Si damos, recibiremos —notémoslo bien— «una medida buena, apretada, remecida, rebosante» (Lc 6,38). Y es que es a la luz de esta bendita desproporción que somos exhortados a dar previamente. Preguntémonos: cuando doy, ¿doy bien, doy mirando lo mejor, doy con plenitud?
(
http://evangeli.net
).

02/03/2013 20:33 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. LUNES II No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para la Misa del Lunes II de Cuaresma (P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

Lunes de la segunda semana de Cuaresma.
PRIMERA LECTURA
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos

Lectura de la profecía de Daniel 9,4b-10
Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos.
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos.
No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes.
Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti.
Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona.
No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 78, 8. 9. 11 y 13
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados a causa e tu nombre. R.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación. R.


EVANGELIO
Perdonad, y seréis perdonados

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Palabra del Señor.


En el Antiguo Testamento se decía: "sed Santos como vuestro Dios es Santo". En el nuevo se pone el acento en la compasión, porque el Dios de Jesucristo quiere padecer tanto con su Pueblo que se ha encarnado. Y no sólo eso, el que no había pecado cargó con los pecados de la humanidad. "El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia". son palabras del Papa en la "Deus Caritas est". si él ha usado esta medida con nosotros ¿cuál vamos a usar nosotros con los demás? Feliz día y bendiciones.
(P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

02/03/2013 20:34 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. LUNES II No hay comentarios. Comentar.

Abrazar el dolor.

Abrazar el dolor

 

Cuando abraces el dolor y lo hagas

parte de ti desaparecerá...

 

Al sentir dolor la mayoría nos resistimos...

es como que nos resulta imposible asumir ese sentir...

entonces nos ahogamos en la desesperación,

lo ocultamos, tratamos de que no se note

y allí nuestro interior se quiebra, se desborda,

y una sensación de ahogo nos invade...

y la tristeza se apodera de nosotros...

 

Abrazar el dolor... no rechazarlo... sentirlo...

asumir que es parte de nosotros

en algunos momentos de nuestra vida...

 

Cuando el dolor nos invade es el momento

de decidir entre pegar el salto al salvavidas

o hundirse abrazado al peso del sufrimiento.

 

Hoy recuerdo parte de un texto de Mateo Bautista

que leí hace años y que decía:

"Todo sufrimiento trae un mensaje de crecimiento,

si es escuchado".

 

Conviene identificar verdaderamente las causas

que lo provocan y encontrar nuevas fuentes de sentido:

buenas relaciones humanas, sanas reconciliaciones,

nuevos intereses vitales, motivaciones altruistas...

 

Sufrir sanamente para dejar de sufrir es utilizar

el sufrimiento para pasar del apego al amor,

de la manipulación a la libertad, del vacío a la felicidad,

del sin sentido al sentido.

 

Es poner amor en todo sufrimiento para que me purifique.

Así desaparecerá el sufrimiento, el dolor, dejando como herencia:

"El secreto de la vida..."

 

Por eso abrazar el dolor es importante,

estamos enseñados para combatir el dolor,

y es nuestro desafío elaborar sanamente el sufrimiento.
(
http://www.celebrandolavida.org
).

02/03/2013 20:02 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para la Misa del Martes II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Martes II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores", porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
Comentario: Pbro. Gerardo GÓMEZ (Merlo, Buenos Aires, Argentina)
Uno solo es vuestro Maestro; (...) uno solo es vuestro Padre; (...) uno solo es vuestro Doctor
Hoy, con mayor razón, debemos trabajar por nuestra salvación personal y comunitaria, como dice san Pablo, con respeto y seriedad, pues «ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,2). El tiempo cuaresmal es una oportunidad sagrada dada por nuestro Padre para que, en una actitud de profunda conversión, revitalicemos nuestros valores personales, reconozcamos nuestros errores y nos arrepintamos de nuestros pecados, de modo que nuestra vida se vaya transformando —por la acción del Espíritu Santo— en una vida más plena y madura.

Para adecuar nuestra conducta a la del Señor Jesús es fundamental un gesto de humildad, como dice el Papa Benedicto: «Que [yo] me reconozca como lo que soy, una creatura frágil, hecha de tierra, destinada a la tierra, pero además hecha a imagen de Dios y destinada a Él».

En la época de Jesús había muchos "modelos" que oraban y actuaban para ser vistos, para ser reverenciados: pura fantasía, personajes de cartón, que no podían estimular el crecimiento y la madurez de sus vecinos. Sus actitudes y conductas no mostraban el camino que conduce a Dios: «No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen» (Mt 23,3).

La sociedad actual también nos presenta una infinidad de modelos de conducta que abocan a una existencia vertiginosa, alocada, debilitando el sentido de trascendencia. No dejemos que esos falsos referentes nos hagan perder de vista al verdadero maestro: «Uno solo es vuestro Maestro; (…) uno solo es vuestro Padre; (…) uno solo es vuestro Doctor: Cristo» (Mt 23,8.9.10).

Aprovechemos la cuaresma para fortalecer nuestras convicciones como discípulos de Jesucristo. Tratemos de tener momentos sagrados de "desierto" donde nos reencontremos con nosotros mismos y con el verdadero modelo y maestro. Y frente a las situaciones concretas en las que muchas veces no sabemos cómo reaccionar podríamos preguntarnos: ¿qué diría Jesús?, ¿cómo actuaría Jesús?

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen

 
Hoy, Jesús nos llama a dar testimonio de vida cristiana mediante el ejemplo, la coherencia de vida y la rectitud de intención. El Señor, refiriéndose a los maestros de la Ley y a los fariseos, nos dice: «No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen» (Mt 23,3). ¡Es una acusación terrible!
 
Todos tenemos experiencia del mal y del escándalo —desorientación de las almas— que causa el “antitestimonio”, es decir, el mal ejemplo. A la vez, todos también recordamos el bien que nos han hecho los buenos ejemplos que hemos visto a lo largo de nuestras vidas. No olvidemos el dicho popular que afirma que «más vale una imagen que mil palabras». En definitiva, «hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y lógica interna» (Juan Pablo II).
 
Y una modalidad de mal ejemplo especialmente perniciosa para la evangelización es la falta de coherencia de vida. Un apóstol del tercer milenio, que se encuentra llamado a la santidad en medio de la gestión de los asuntos temporales, ha de tener presente que «sólo la relación entre una verdad consecuente consigo misma y su cumplimiento en la vida puede hacer brillar aquella evidencia de la fe esperada por el corazón humano; solamente a través de esta puerta [de la coherencia] entrará el Espíritu en el mundo» (Benedicto XVI).
 
Finalmente, Jesús se lamenta de quienes «todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres» (Mt 23,5). La autenticidad de nuestra vida de apóstoles de Cristo reclama la rectitud de intención. Hemos de actuar, sobre todo, por amor a Dios, para la gloria del Padre. Tal como lo podemos leer en el Catecismo de la Iglesia, «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». He aquí nuestra grandeza: ¡servir a Dios como hijos suyos!
(
http://evangeli.net
).

02/03/2013 20:35 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. MARTES II No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para la Misa del Martes II de Cuaresma (P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

SEMANA SEGUNDA CUARESMA MARTES


PRIMERA LECTURA

Aprended a obrar bien, buscad el derecho

Lectura del libro de Isaías 1,10.16-20


Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:


«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.


Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.


Entonces, venid y litigaremos – dice el Señor-.


Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.


Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá.


Lo ha dicho el Señor.»Palabra de Dios


Sal 49, 8-9. 16bc- 17. 21 y 23

R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.


«No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.

Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

ni un cabrito de tus rebaños. R.


¿Por qué recitas mis preceptos

y tienes siempre en la boca mi alianza,

tú que detestas mi enseñanza

y te echas a la espalda mis mandatos? R.


Esto haces, ¿y me voy a callar?

¿Crees que soy como tú?

El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;

al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.» R.


EVANGELIO

Dicen pero no hacen

Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12


En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:


- “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.


Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.


Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.


Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.


No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.


El primero entre vosotros será vuestro servidor.


El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»


Palabra del Señor.


Al leer estas palabras este día no puedo dejar de pensar en Roma y en lo que está pasando allí estos días. Es un signo de los tiempos que el primero de todos que se presentó como el «humilde trabajador en la Viña del Señor» le dé una lección de humildad a tantos que se visten de púrpura y piensan que son imprescindibles. Las luchas de poder en la Iglesia son más complejas que la mera política porque en la cabeza de los eclesiásticos está siempre esa conciencia clerical de que esto es “para el bien de la Iglesia…es la voluntad del Señor”. El maligno sabe manipular muy bien la mente de un príncipe de la Iglesia. San Pablo vivió esta experiencia mientras perseguía a los discípulos. Oremos por el próximo “siervo de los siervos” que es el título más evangélico de todos los que utiliza el Obispo de Roma.  Feliz día y bendiciones.
(P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

02/03/2013 20:36 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. MARTES II No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para la Misa del Miercoles II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Miércoles II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Mt 20,17-28): En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
Comentario: Rev. D. Francesc JORDANA i Soler (Mirasol, Barcelona, España)
El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor
Hoy, la Iglesia —inspirada por el Espíritu Santo— nos propone en este tiempo de Cuaresma un texto en el que Jesús plantea a sus discípulos —y, por lo tanto, también a nosotros— un cambio de mentalidad. Jesús hoy voltea las visiones humanas y terrenales de sus discípulos y les abre un nuevo horizonte de comprensión sobre cuál ha de ser el estilo de vida de sus seguidores.

Nuestras inclinaciones naturales nos mueven al deseo de dominar las cosas y a las personas, mandar y dar órdenes, que se haga lo que a nosotros nos gusta, que la gente nos reconozca un status, una posición. Pues bien, el camino que Jesús nos propone es el opuesto: «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo» (Mt 20,26-27). “Servidor”, “esclavo”: ¡no podemos quedarnos en el enunciado de las palabras!; las hemos escuchado cientos de veces, hemos de ser capaces de entrar en contacto con la realidad que significan, y confrontar dicha realidad con nuestras actitudes y comportamientos.

El Concilio Vaticano II ha afirmado que «el hombre adquiere su plenitud a través del servicio y la entrega a los demás». En este caso, nos parece que damos la vida, cuando realmente la estamos encontrando. El hombre que no vive para servir no sirve para vivir. Y en esta actitud, nuestro modelo es el mismo Cristo —el hombre plenamente hombre— pues «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

Ser servidor, ser esclavo, tal y como nos lo pide Jesús es imposible para nosotros. Queda fuera del alcance de nuestra pobre voluntad: hemos de implorar, esperar y desear intensamente que se nos concedan esos dones. La Cuaresma y sus prácticas cuaresmales —ayuno, limosna y oración— nos recuerdan que para recibir esos dones nos debemos disponer adecuadamente.
(
http://evangeli.net
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo II de Cuaresma del ciclo C. Pedidos de oraciones (Winston Francissco Pauta Avila).

-- MISA DE HOY FEBRERO 24
 

 

Señor, qué difícil es servir, e incluso orar, sin buscar una recompensa o satisfacción inmediata. ¡Ven Espíritu Santo! Guía mi oración y dame la luz y la fuerza para saber escuchar humildemente lo que hoy me quieras decir.

MISA, 24 FEBRERO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

DOMINGO 24

II DOMINGO DE CUARESMA

Santos: Lucio y Montano de Cartago, mártires; Pedro Palatino, mártir. Beato Constancio Servoli de Fabriano, presbítero. (Morado)

 

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ RESPLANDECIENTE

 

Gn 15,5-12.17-18; Flp 3.17-4,1; Lc 9, 28-36

 

El relato del libro del Génesis refiere las promesas de tierra y numerosa descendencia que Dios ofreció a Abrahán. El suceso se describe en medio de oscuridad y la fugacidad de un fuego diminuto. El patriarca atraviesa por la región de los cananeos como por un país de sombra e incertidumbre. El futuro es incierto y apenas está iluminado por la débil luz de la promesa divina. En la lógica del relato evangélico de la transfiguración apreciamos un escenario diametralmente diferente: Elías, Moisés y Jesús aparecen resplandecientes en presencia de Pedro y los otros discípulos. El tiempo de la espera y las promesas ha llegado a su término. Los seguidores de Jesús han accedido a la manifestación gloriosa del Hijo predilecto del Padre. Esa escena es un preludio del triunfo definitivo del crucificado sobre la muerte. El Padre que llamó al anciano Abrahán a fundamentar su esperanza en la promesa, sostuvo a Jesús en la sombría noche pascual y lo admitió a la luminosa existencia transfigurada, sentándolo a su diestra.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 26, 8-9)

De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.

 

No se dice Gloria.

 

ORACIÓN COLECTA

Señor, Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo, alimenta nuestra fe con tu palabra y purifica los ojos de nuestro espíritu, para que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Dios hace una alianza con Abram.

 

Del libro del Génesis: 15, 5-12. 17-18

 

En aquellos días, Dios sacó a Abram de su casa y 1e dijo: "Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes". Luego añadió: "Así será tu descendencia".

Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. Entonces le dijo: "Yo soy el Señor, el que te sacó de Ur, ciudad de los caldeos, para entregarte en posesión esta tierra". Abram replicó: "Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?". Dios le dijo: "Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años; una tórtola y un pichón".

Tomó Abram aquellos animales, los partió por la mitad y puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió las aves. Pronto comenzaron los buitres a descender sobre los cadáveres y Abram los ahuyentaba.

Estando ya para ponerse el sol, Abram cayó en un profundo letargo, y un terror intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales partidos.

De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abram, diciendo: "A tus descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates". Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 26

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy. R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

Cristo transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso semejante al suyo.

 

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 3, 17-4, 1

 

Hermanos: Sean todos ustedes imitadores míos y observen la conducta de aquellos que siguen el ejemplo que les he dado a ustedes. Porque, como muchas veces se lo he dicho a ustedes, y ahora se lo repito llorando, hay muchos que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Esos tales acabarán en la perdición, porque su dios es el vientre, se enorgullecen de lo que deberían avergonzarse y sólo piensan en cosas de la tierra.

Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.

Hermanos míos, a quienes tanto quiero y extraño: ustedes, hermanos míos amadísimos, que son mi alegría y mi corona, manténganse fieles al Señor. Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN (Cfr. Mt 17, 5) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo". R/. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto.

 

LECTURA Evangelio Lucas capitulo 9, versículos  28 al 36

 

En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con Él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con Él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: "Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías", sin saber lo que decía.

No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo". Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo.

Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto. Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración introductoria

Señor, gracias por este momento de oración. Posiblemente sea uno de los pocos momentos de calma que tenga durante esta jornada. Tu presencia me asegura que no tendré que afrontar solo las pruebas de este día. Creo que Tú eres mi fuerza y mi paz, me cobijo en tu amor y me alienta el saber que me cuidas, para que no me deje engañar por las tentaciones del mundo.

 

Petición

Señor, concédeme la gracia de seguir confiando siempre en Ti, a pesar de las crisis que pueda tener en mi vida.

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 9, versículos  28 al 36

 

Jesus subio al monte con sus discípulos. Esa ascensión de Jesús a la cima nos ensena que la vida del hombre debe ser un constante progreso, un esfuerzo por alcanzar la unión con Dios a base de oración, obediencia, confianza, esperanza. Jesucristo nos hace ver que Dios ha de ser nuestra prioridad y la meta de nuestra existencia. Los apóstoles habían convivido con Jesús durante un tiempo, conocían su manera de ser, su voz, sus enseñanzas, pero el evangelio nos narra que en aquella ocasión vieron al Señor con unos ojos distintos. Tal vez nosotros, desde pequeños, hemos oído hablar de Jesús, pero necesitamos tener, como los apostoles, una experiencia nueva, distinta, profunda y renovada de El. Esforcémonos por conocer mas a Cristo, por verlo de un modo distinto, transfigurado, atractivo, irresistible. Esto es un don que debemos pedir y que el Padre nos quiere dar. Para ello, fomentemos el trato personal con Jesús, visitemoslo en la Eucaristia, acerquémonos a El en su Palabra y en la Iglesia. Dejemos que Cristo nos transfigure y nos haga mas semejantes a El.

 

Credo

 

PLEGARIA UNIVERSAL

 

Con el corazón en paz, oremos al Señor y pidámosle que tenga piedad de nosotros.

Después de cada petición diremos: R/. Señor, ten piedad de nosotros (o bien: Kyrie, eléison).

 

Por el Papa Benedicto, sucesor de san Pedro y por la Iglesia entera extendida de Oriente a Occidente.

Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Por los sacerdotes y por los seminaristas.

Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Por la paz en todo el mundo, la prosperidad de todos los pueblos, y la unidad de los cristianos. Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Por los que se han quedado sin trabajo, y por todos los que están sufriendo a causa de la crisis económica. Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Por los que están lejos de su tierra, por los prisioneros, por los enfermos, por los afligidos. Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Por todos los que nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía.

Oremos R/. Señor, ten piedad de nosotros

 

Protégenos, Señor; sálvanos y ten piedad de nosotros. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que esta ofrenda, Señor, nos obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

PREFACIO

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque Cristo nuestro Señor, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección.

Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 17, 5)

Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el Cuerpo glorioso de tu Hijo, nos permites participar ya, desde este mundo, de los bienes eternos de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 9, versículos  28 al 36

 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Llevamos varios años en situación de transición, queriendo que termine una época y comience otra, que esperamos será mejor y diferente. Esto lo sentimos y lo anhelamos tanto en relación a nuestra vida ciudadana, como a nuestra condición de creyentes. Del invierno prolongado queremos llegar a una primavera de la fe, a un renacimiento de nuestra comunidad eclesial. En el ámbito de la vida pública también estamos expectantes de transformaciones significativas que modifiquen nuestra cotidianeidad. El Evangelio es una palabra cargada de esperanza. No parece razonable dar crédito a quienes afirman que el cristianismo nos hace conformistas y resignados. La vida cristiana es un acicate hacia la transfiguración personal y social. Los que confesamos a Jesús, sabemos que el Padre lo transfiguró ante sus discípulos, invitándonos a escucharle para consolidar nuestra propia y personal transfiguración.

 

 

MINISTERIO DE ORACION FEBRERO 24

 

Febrero 24

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado

 

Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Yo pido por la salud de mi hermano para que con la itersecion de todos los santos y Maria santisima Dios me conceda el milagro de otorgarle salud, para que deje de sufrir por las curaciones que le hacen. Te lo pido padre arrepentida. Jesus confio en ti. Amen.  Elizabeth

 

Continuamos mejorando con Elias, casi no tiene tos, un poquito nada mas, manana sabado se hace analisis de sangre, tambien a mi hija, le dieron un medicamento. Pero estaba un poco palida. La proxima debo hacerle control a elias del soplo se hace desde los 9 meses, ahora esta con nueve anos Estaba tan preocupada Y continuo con ustedes mis amigos espirituales y pensar que tan cerca les siento. Bendiciones hermanos, gracias por sus oraciones Emilia

 

Para mi amiga Elena Velasquez con algunos problemas de salud de hace tiempo tanto que estuvo tiempo sin trabajar tal vez con descanso medico. Koko

 

Por mi tia Elia, la dializan, por mi madre quien perdio su hijo mayor para que mi Padre Celestial, nos siga dando fuerzas por mis hijos Grecia, que se cure de su ansiedad igual Diego que crescan en la oracion para alcanzar la salvacion Dios los bendigan. Silvia

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleaños de Abrahan Hernandez

Cumpleaños de Jose Rodriguez Brasa

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Pido protección en mi trabajo para progresar en él sin obstáculos malintencionados. Que Dios y la Virgen me defiendan de todos los peligros, y que el Espíritu Santo guíe e ilumine a todos los que deben tomar decisiones sobre mí. Amén. Alejandro

 

Te pido hoy humildemente, que ayudes a mi hermano Juan y mi esposo Antonio, para que puedan encontrar un trabajo estable, que su sueldo sea el adecuado para sus necesidades de casa y de la familia, que sus jefes sean temerosos de Dios. Te pido esto esto Señor con toda la fe y que sea tu voluntad y no la mía. Amen. Hermana

 

Señor te pido por todos los sacerdotes en el mundo para que proclamen tu palabra con amor y fe y no les de miedo decir siempre la verdad, Santísima Virgen cubrelos con tu manto para que así unidos y cumpliendo tus mandamientos lleguemos a ser como los primeros cristianos, Santísima Trinidad gracias. Nancy

 

Pido que me ayuden a orar por mis hijas, para que puedan ser seguras y liberarse de temores que no las dejan desenvolverse correctamente en su vida y que encuentren una pareja que las ame y las respeten como ellas merecen y que conozcan el camino de Dios. Teresa

 

Por mi matrimonio, que muchas veces no encuentro en el una buena razón para tolerar situaciones que no he podido entender después de 19 años. Josefa

 

MARIA: GRACIAS Señor, por ver la luz, de este nuevo día. Te lo ofrezco a Ti, y me pongo en Tus manos para que haga en todo Tu Voluntad. Todo es obra Tuya, la tierra, el sol, el firmamento.... Señor, solo Tu eres digno de alabanza y de adoración... Hazme docil a Tu Palabra... tu hija Maria

 

Q. E. P. D.

 

Pablo Yanqui Moreira

Blanca Montenegro de Veloz

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

Abra por favor la siguiente pagina WEB

 

http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/

 

ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com,

 

 

 

 

P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO


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Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- España
Chistifideles Laici
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Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C. Pedidos de oraciones (Winston Francisco Pauta Avila).

MISA DE HOY MARZO 3

 

«Sin caridad no hay piedad auténtica ni auténtica virtud, pues la caridad es el alma y forma de todas las virtudes»

MISA, 3 MARZO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

DOMINGO 3

III DOMINGO DE CUARESMA

 

Santos: Emeterio y Caledonio o Celedonio de Calahorra, mártires; Teresa Eustoquio Verzeri, fundadora; Cunegunda de Luxemburgo, emperatriz. (Morado)

 

YO CAVARÉ Y LE ECHARÉ ABONO

 

Ex 3,1-8.13-15; 1 Co 10,1-6.10-12; Lc 13,1-9

 

El relato del Evangelio de san Lucas integra dos sucesos diferentes y aparentemente inconexos. De un lado la cruel brutalidad de Pilatos y del otro, la paciente esperanza del viñador que apuesta a una segunda oportunidad. De hecho, un campesino de cuerpo y alma, no cuenta las oportunidades, porque la tierra y los árboles son su pasión y su vida. Siembra, poda, abona y cultiva tantas veces como pueda. Son los gobernantes obsesionados por mantener a toda costa el poder, los que llevan cuentas precisas de sus adversarios más temidos hasta que los aplastan sin compasión. En el libro del Éxodo Moisés experimenta la misma impotencia: ¿Cómo podrá liberar a su pueblo, siendo un esclavo fugitivo condenado a muerte por el faraón? La tradición bíblica no vacila en asemejar los usos del poder acostumbrados por el rey de Egipto con las prácticas de Herodes y Pilato. La moraleja del Evangelio y la de la Carta a los Corintios son curiosamente coincidentes: conviene aprender en cabeza ajena. Los acontecimientos hablan' conviene deletrearlos con sensatez.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 24, 15-16)

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque Él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

 

No se dice Gloria.

 

ORACIÓN COLECTA

Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio del pecado el ayuno, la oración y las obras de misericordia, mira con piedad a quienes reconocemos nuestras miserias y estamos agobiados por nuestras culpas, y reconfórtanos con tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

"Yo soy" me envía a ustedes.

 

Del libro del Éxodo: 3, 1-8. 13-15

 

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro, Jetró, sacerdote de Madián. En cierta ocasión llevó el rebaño más allá del desierto, hasta el Horeb, el monte de Dios, y el Señor se le apareció en una llama que salía de un zarzal. Moisés observó con gran asombro que la zarza ardía sin consumirse y se dijo: "Voy a ver de cerca esa cosa tan extraña, por qué la zarza no se quema".

Viendo el Señor que Moisés se había desviado para mirar, lo llamó desde la zarza: "¡Moisés, Moisés!". Él respondió: "Aquí estoy". Le dijo Dios: "¡No te acerques! Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra sagrada". Y añadió: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob".

Entonces Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor le dijo: "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores y conozco bien sus sufrimientos. He descendido para librar a mi pueblo de la opresión de los egipcios, para sacarlo de aquellas tierras y llevarlo a una tierra buena y espaciosa, una tierra que mana leche y miel".

Moisés le dijo a Dios: "Está bien. Me presentaré a los hijos de Israel y les diré: 'El Dios de sus padres me envía a ustedes'; pero cuando me pregunten cuál es su nombre, ¿qué les voy a responder?".

Dios le contestó a Moisés: "Mi nombre es Yo-soy"; y añadió: "Esto les dirás a los israelitas: 'Yo soy me envía a ustedes'. También les dirás: 'El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a ustedes'. Éste es mi nombre para siempre. Con este nombre me han de recordar de generación en generación". Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 102

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; Él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. A Moisés le mostró su bondad, y sus prodigios al pueblo de Israel.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia. R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

La vida del pueblo escogido, con Moisés, en el desierto, es una advertencia para nosotros.

 

De la primera carta del apóstol Pablo a los corintios: 10, 1-6. 10-12

 

Hermanos: No quiero que olviden que en el desierto nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos cruzaron el Mar Rojo y todos se sometieron a Moisés, por una especie de bautismo en la nube y en el mar. Todos comieron el mismo alimento milagroso y todos bebieron de la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos desagradaron a Dios y murieron en el desierto.

Todo esto sucedió como advertencia para nosotros, a fin de que no codiciemos cosas malas como ellos lo hicieron. No murmuren ustedes como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del ángel exterminador. Todas estas cosas les sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros y fueron puestas en las Escrituras como advertencia para los que vivimos en los últimos tiempos. Así pues, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer. Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN (Mt 4, 17) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Conviértanse, dice el Señor, porque ya está cerca el Reino de los cielos. R/.

 

Si no se convierten, perecerán de manera semejante.

 

LECTURA Evangelio Lucas capitulo 13, versículos 1 al 9

 

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: "¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante". Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?'. El viñador le contestó: 'Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré' ". Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús. Credo.

 

Oración introductoria

Jesús, quiero en esta oración recostarme espiritualmente sobre tu pecho, como lo hizo el apóstol san Juan, hablar contigo durante estos momentos de corazón a corazón, contemplar el inmenso amor que me tienes. Creo en Ti, espero en Ti y te amo.

 

Petición

Jesús, ayúdame a experimentar y a trasmitir la grandeza de tu amor, como lo hizo el apóstol san Juan.

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 13, versiculos 1 al 9

 

La higuera de la parabola del Senor simboliza a Israel, que no supo corresponder a los desvelos que el dueno de la vina, Dios, manifesto una y otra vez sobre el, y nos representa a nosotros toda vez que permanecemos improductivos y esteriles de cara a Dios. El Senor nos ha colocado en el mejor lugar, donde podemos dar mas frutos segun las propias condiciones y los bienes recibidos. Sin embargo, es posible que alguna vez el Senor encuentre en nosotros pocos frutos, y hasta frutos amargos.  A pesar de todo, Dios vuelve una y otra vez con nuevos cuidados. Es la paciencia de Dios con el alma. El no se desanima ante nuestras flaquezas de correspondencia. Sabe esperar, pues, junto a nuestras faltas y debilidades. Conoce la capacidad de bien que hay en cada uno de nosotros. El Senor no da nunca a nadie por perdido. Confia en nosotros.  Examinemos nuestro comportamiento. Sabemos muy bien que cuando no se da toda la gloria a Dios, se convierte la existencia en un vivir esteril. Todo lo que no se hace de cara a Dios, perecera. Aprovechemos el dia de hoy para hacer propositos firmes. Dios nos concede el tiempo que vivimos para servirle. Para dar frutos. No pensemos en un futuro lejano sino en el dia de hoy y decidamonos a dar frutos para el Senor.

 

Edificaste una torre para tu huerta florida; un lagar para tu vino y, para el vino, una vina. Y la vina no dio uvas, ni el lagar buena bebida: solo racimos amargos y zumos de amarga tinta. Edificaste una torre, Senor, para tu guarida; un huerto de dulces frutos, una noria de aguas limpias, un blanco silencio de horas y un verde beso de brisas. Y esta casa que es tu torre, este mi cuerpo de arcilla, esta sangre que es tu sangre y esta herida que es tu herida te dieron frutos amargos, amargas uvas y espinas. ¡Rompe, Senor, tu silencio, rompe tu silencio y grita! Que mi lagar enrojezca cuando tu planta lo pisa, y que tu mesa se endulce con el vino de tu vina. Amen.

 

PLEGARIA UNIVERSAL

Con el corazón muy abierto, abarcando todo el mundo, oremos con fe.

Después de cada petición diremos (cantando): Señor, ten piedad (o bien: Kirie, eléison).

1. Por toda la Iglesia. Para que se renueve de todo corazón para poder celebrar con gozo la Pascua de Jesucristo. Oremos. R/. Señor, ten piedad

 

2. Por los niños, jóvenes y adultos que se preparan para recibir el Bautismo, la primera Comunión o la Confirmación durante el próximo Tiempo de Pascua. Para que el Señor los llene de su gracia. Oremos. R/. Señor, ten piedad

 

3. Por los que se han quedado sin trabajo a causa de la crisis económica. Para que tengan la ayuda que necesitan en su situación.

Oremos. R/. Señor, ten piedad

 

4. Por nuestra parroquia (comunidad). Para que nos esforcemos en crecer en fidelidad, y seamos un buen testimonio de la Buena Noticia de Jesús. Oremos. R/. Señor, ten piedad

 

Señor, ten piedad y derrama sobre nosotros tu misericordia. Tú que vives y reinas por los siglos...

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que esta Eucaristía, Señor, nos obtenga a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio I o II de Cuaresma.

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 83, 4-5)

El ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos. Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has alimentado, ya desde esta vida, con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor, manifestar en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

OTRA REFLEXION AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 13, versiculos 1 al 9

 

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- A los primeros cristianos no les resultó sencillo lidiar con los dueños del poder. Lo mismo el Sanedrín, que Herodes y Pilato, o los funcionarios romanos de uno y otro lugar del imperio, todos pretendían ejercer un control absoluto sobre su vida y sus creencias. Ellos estaban aprendiendo a discernir la voluntad de Dios y no le firmaban ningún cheque en blanco a la autoridad siendo acusados de anarquistas, ateos y sublevados. Ellos, aprendieron a vivir la autoridad como un servicio y a cuestionar los usos despóticos del poder. Como el Dios que se les había manifestado en la persona de Jesús no violentaba su voluntad, ni traspasaba su autonomía, ellos no estaban dispuestos a dejarse aplastar ni vejar. El discernimiento crítico, la colaboración en toda buena iniciativa, la fidelidad a las disposiciones que resguardaban el bien común, eran las coordenadas que orientaban a los discípulos de la primera hora en su interacción con las autoridades. En el presente no podrá ser de otra manera. Los usos del poder exigen una reflexión y sobre todo, una participación responsable y decidida en los asuntos ciudadanos.

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 13, versiculos 1 al 9

 

Un pasaje lleno de enseñanzas nos presenta la liturgia de hoy, pues Jesús nos invita a reflexionar en si nuestra vida verdaderamente ha cambiado; si verdaderamente hemos entrado en un proceso de conversión o somos como la higuera de la parábola.

 

Jesús quiere nuestra conversión, pues esta es la única manera de agradar a Dios en esta vida y aseguraremos nuestra estancia en el cielo. Nos ha insistido sobre esto de una y mil maneras: nos ha invitado a retiros, a pláticas en la Iglesia; nos ha enviado amigos para hablarnos de su amor y de su plan de salvación y quizás nuestra respuesta ha sido la del evangelio de hoy: Yo estoy bien, no necesito de esto. Esto es para los pecadores, para los que están mal, pero yo estoy bien.

 

Hay que revisar a conciencia nuestra relación con Dios y pensar: Si hoy fuera mi último día en la tierra, ¿encontraría el Señor frutos en mi vida? ¿Hallaría frutos de bondad, de justicia, de amor, de perdón, de paciencia? El viñador le pide una nueva oportunidad, y el Señor se la concede. Aprovechemos nosotros también esta oportunidad para que nuestra vida dé frutos en abundancia; esto no sólo dispondrá nuestra vida para la eternidad, sino que además, a los que viven con nosotros, los haremos inmensamente felices.

 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.

Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro

 

MINISTERIO DE ORACION MARZO 3

 

Marzo 3

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado

 

Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Pido oraciones, para Maribel Diciano, tiene 84 años, esta muy enferma y hace dos días tuvo una descompensación muy grande la internaron y ya el cerebro no registra actividad, asi que esta en estado vegetativo, sabemos que no tiene retorno, pero quería pedir una oración y ayuda para que desencarne en paz, Muchas gracias hermanas, un fuerte abrazo Nori

 

Buenas tardes agradezco si colocan en cadena de oración a mi papá Jairo Esteban Sanchez, quien se encuentra muy enfermo… Gracias. Yolima

 

Nuestras al Dios de la Misericordia pidiéndole por la salud de Diego Espinoza que se encuentra enfermo. Maria

 

Pido oración por mi familia, por la unión,la paz el amor y la salud, para que mi marido Marcelo sane, de alma y espíritu, olvide el rencor, perdone los daños realizados a su persona.para q podamos tener nusetro techo propio. Muchas gracias. Alejandra

 

Hermanos les pido oracion por Federico, 18 años internado. No tienen diagnostico. Beatrizs Molina

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleaños de Ignacio

Cumpleaños de George

Cumpleaños de Sandra

Cumpleaños de Marcela

Cecilia Duarte Pereira.

Jaime Polanco, Colombia

Carlos Daniel Ramirez Ramirez. Bellavista

César Augusto Vega

 

Dios infinitas gracias por salir bien los estudios realizados en mi  6ª vértebra cervical. Se sospechaba hernia y operación, desde noviembre. Gracias Señor, por salir todo bien y continuar con el tratamiento. Se que Tú todo lo puedes. Florencia Aranguren

 

Aniversario de Matrimonio

 

Marita y Daniel Kishimoto.-

Daniel Gabaldo Kishimoto y Marita Guerrero.-

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Papito hermoso hoy te pido por mi matrimonio para que comprenda a mi esposo pero tambien te pido que el me comprenda en el caso de que no tenga trabajo y yo tenga que ayudarlo no implica que el no me tiene que ayudar en la casa te pido me ayudes para poder estar bien como tu lo quieres gracias ayúdame. Virginia

 

Padre eterno en el nombre de jesus te pido perdon y misericordia para susana orellana y para mi cubrenos con la sangre de tu hijo curanos con sus llagas.as que tu amor triunfe. Permite que rosa con su hija tengan paz y union. Protejenos del maligno. Gracias abba. Diego

 

Necesito ayuda mi hermano Yony y mi cuñada Karen tiene serios problemas en su matrimonio por que hay una mujer que no deja en paz a mi mi hermano mi cuñada va a la iglesia y esta entregada en las cosas de Dios pero ya no aguanta mas hoy me dijo que se van a separar con mi hermano pero pienso que esa no es la mejor decision tienen 4 hijos y esto les esta afectando se que para Dios no hay nada imposible necesito de sus oraciones para que el enemigo no destruya esta hogar, mi hermano toma mucho y le miente a mi cuñada. Gracias por sus oraciones Dios les bendiga. Monica           

 

Señor Dios Todopoderoso hoy pongo en cadena de oración a toda la familia Bornacelli Narvaez para que saque de nuestros corazones todo lo malo y halla conversión de sanidad, en cada uno de nosotros, que alejes los malos pensamientos, el alcohol, la infidelidad y las contradicciones, que venga el amor, la compresión y la prosperidad a esta familia que pertenece a Dios nuestro Señor. Amen. Luz

 

Oracio por mi hijo Pedro Alonso, que lo fortalezcas e ilumines en estos momentos de crisis emocional, para que encuentre paz en su corazon. Sara

 

Q. E. P. D.

 

Diego Vizcaíno,

José Aníbal García García

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

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Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Martes II de Cuaresma. Pedidos de oraciones (Winston Francisco Pauta Avila).

MISA DE HOY FEBRERO 26

 

Dios mío, estoy arrepentido porque he dejado pasar muchas oportunidades para hacer el bien. Creo, confío y suplico tu misericordia. Ilumina mi oración para que no me aparte de buen camino y busque que otros tengan la experiencia de tu amor.

MISA, 26 FEBRERO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

MARTES 26

Santos: Alejando de Alejandría, patriarca; Leandro de Sevilla, obispo; Paula Montal, fundadora. Feria (Morado)

 

APRENDAN A OBRAR BIEN

 

Is 1,10.16-20; Mt 23,1-12

 

Desde el capítulo primero del libro de Isaías resuena unánime un mensaje idéntico a lo largo de toda su obra profética. Dios no se deja encandilar por las ofrendas y los cánticos de los creyentes esquizofrénicos. No es la liturgia pomposa, ni la abundancia de los sacrificios lo que agrada a Dios, sino la práctica constante del derecho y la vigencia de la justicia. Es necesario desandar y desaprender la práctica de la deshonestidad y aprender a obrar el bien y la compasión. De esa tradición profética eran hábiles conocedores y malos discípulos, los dirigentes de Israel que exhibe el Evangelio de san Mateo. Obsesionados como estaban por los honores, la admiración pública y el poder, abusaban de la buena voluntad de las personas. El Señor Jesús diseña con su propia existencia una manera alternativa de dirigir y guiar a las comunidades de discípulos: viviendo fraternalmente, sin permitir ni propiciar la manipulación ni el control de conciencias de ninguna persona.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 12, 4-5)

Da luz a mis ojos, Señor, para que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga el enemigo: He triunfado sobre él.

 

ORACIÓN COLECTA

Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia y ya que sin ti no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protégela en los peligros y guíala a la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Aprendan a hacer el bien; busquen la justicia.

 

Del libro del profeta Isaías: 1, 10. 16-20

 

Oigan la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "Lávense y purifíquense; aparten de mi vista sus malas acciones. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, auxilien al oprimido, defiendan los derechos del huérfano y la causa de la viuda.

Vengan, pues, y discutamos, dice el Señor. Aunque sus pecados sean rojos como la sangre, quedarán blancos como la nieve. Aunque sean encendidos como la púrpura, vendrán a ser como blanca lana. Si son ustedes dóciles y obedecen, comerán los frutos de la tierra. Pero si se obstinan en la rebeldía, la espada los devorará". Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 49

R/. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

 

No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, pues siempre están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré becerros de tu casa, ni cabritos de tus rebaños. R/. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

 

¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?

R/. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

 

Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso que yo soy como tú? No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados. Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que cumple mi voluntad.

R/. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

 

ACLAMACIÓN (Ez 18, 31) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Purifíquense de todas sus iniquidades; renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor. R/.

 

Los fariseos dicen una cosa y hacen otra.

 

LECTURA Evangelio  Mateo capitulo 23, versículos 1 al 12

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración introductoria

Señor, te suplico tu gracia para poder aceptar con prontitud la guía y las inspiraciones del Espíritu Santo, aunque no comprenda tu camino o me cueste aceptar las pruebas que tenga que afrontar en este día. Que el fruto de esta oración sea la sabiduría para poder amar y seguir tu voluntad, así como el don del entendimiento para comprender con profundidad las verdades de mi fe.

 

Petición

Jesús, en Ti confío. ¡Aumenta mi esperanza y dame la gracia de la perseverancia final!

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 23, versiculos 1 al 12

 

Las palabras de Jesus sobre los fariseos, son una llamada a la serenidad y a la autenticidad en la vida de sus discipulos, pues se trata de responder a las exigencias del Reino, con un testimonio de vida que exige no aparentar mas de lo que se es y no exigir a los demas, mas de lo que se debe.

 

Previenes a tu pueblo, Senor, de la hipocresia de aquellos que, en ese momento, son sus dirigentes espirituales. Leian la Ley a las personas, vivian para imponerla sin ser testimonio de ella, informaban mas no formaban. Al ir citando Tu, Senor, sus grandes fallas, me llevas a pensar en las mias; en lo intimo de mi conciencia cuestionas las pautas que estan rigiendo mi conducta y sus motivaciones. Estas, pueden ser tambien farisaicas, y tu Evangelio me pide las enmiende. La lectura y reflexion diaria de tu Palabra, nos va formando. ¡Pidamos a la Virgen Santisima, nos ayude a dar testimonio de su Hijo Jesucristo, con una vida congruente con sus ensenanzas!

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que este sacrificio que vamos a ofrecerte, Señor, nos santifique, nos cure de nuestro egoísmo y nos haga partícipes de los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio I-V de Cuaresma.

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 9, 2-3)

Proclamaré, Señor, todas tus maravillas; me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que esta comunión nos ayude a vivir más cristianamente y nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 OTRA REFLEXION AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 23, versiculos 1 al 12

 

Aunque este evangelio esta referido especialmente a los lideres religiosos (sean o no clerigos), no podemos negar que presenta la realidad de la soberbia que existe en todos nosotros. O, ¿quién podria negar, que cuando se presenta la ocasion, no busca tomar los puestos de honor, que su nombre esté entre luces de colores, que toda la gente hable de el, ser la estrella de su propia pelicula? Sobre todo, esto ocurre en aquellos a los que Dios ha puesto al frente de cualquier grupo humano, desde el padre de familia hasta el ejecutivo; el politico y el sacerdote. Se nos olvida con frecuencia que nuestra vida cristiana se manifiesta en la humildad, que el unico importante en toda conversacion es Cristo, que El es el unico que merece el poder, el honor y la gloria, y que el elemento que plenifica nuestra vida es el servicio.

 

Entrenemonos tomando los ultimos lugares, dandole el lugar de honor en nuestra vida a Cristo y sirviendo con alegria a los demas.

 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

MINISTERIO DE ORACION FEBRERO 26

 

Febrero 26

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado

 

Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Hagamos oración por Antonio Bobadilla, en vientree materno, 8 meses, problemas de aorta. Maria Isabel

 

Hola hermanos, pido nuevamente por Mario Galeano, lo pasaron a rebilitación y sufrió un acb, ya pasó un transplante, respirador, traqueotomía, perdida de masa muscular y ahora ésto, se que Dios no lo abandona, también pido por su esposa Lidia, cuento con uds como siempre, bendiciones. Zulema

 

Oremos por la salud de Francisca Drew que se encuentra en coma, les rogamos por favor que se pida por ella a Dios, por intersecion de Juan Pablo II. Eloisa

 

Quisiera pedirles que pongan en sus oraciones a nuestra hermanita Mayra Alejandra Alvarez que tiene Cancer y los Doctores dicen ya no hay nada por hacer. Pero lo que ellos no saben es que hay un doctor de Doctores allá  en el cielo que la va a sanar con sus oraciones. Unidos por la Fe. Maria Isabel Lofiego Mocillo:

 

Les pido oraciones por Ian de 7 años con bronquitis plastica y cardiopatias congenitas.Internado en terapia peleando por su vida. Gracias por su generoso y caritativo apostolado. Dios los bendiga. Graciela

 

Pidamos al Medico Celestial que guía a los cirujanos en la operación a Eduardo Gómez, operación de hígado, muy pronto. Maria Isabel

 

Mi petición ha sido ignorada, de nuevo pedí por el restablecimiento de salud de nuestra amiga Florencia Aranguren, y no ha sido atendida, ignoro las causas, dos veces y nada, bueno, lo siento mucho, como quiera muchas gracias, sólo lo indico. Bendiciones P.Winston.  Antonio

   

Nuestra hermana Marlene, será sometida a una operación el martes 26 de vesícula y riñones. Pidamos a Dios que guie la operación. Amen. Maria Isabel

 

Les solicito una pequena plegaria pidiendo al Padre Abba, a Jesus y al Divino Espiritu, Su misericordia alcance las 2 pruebas médicas, de mi  hermana Esperanza (72-Miami). Elenita

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleaños de Ingrid Viacius. USA

Cumpleaños de Wendy Andrea Valencia Montoya.- Medellín,

Cumpleaños de Claudia Salamanca.- Estados Unidos    -

Cumpleaños de Carlos A Arias.- Colombia

Cumpleaños de Luis Antonio Alvarez Ponce.- Perú –

Cumpleaños de Javier Bautista.- Bogotá,

Cumpleaños de Eloy.- Lima,

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Oremos hermanos para que mi esposa pueda dormir bien y descansar.Gracias, Gracias, Jesús y Maria. Javier

 

Oremos por el inicio este jueves 7 de marzo, de los Cenáculos de Oración en Santiago del Estero, por las intenciones depositadas y sus integrantes. Maria Isabel

 

Por favor les pido oracion por 2 compañeros de trabajo que andan metidos en la santeria: José y Antonio,  Antonio quieren ir a Cuba a "hacerse el santo". Pido tambien por mi y por mi familia para qie Dios nos proteja de todo mal. Gracias por sus oraciones. Dios los bendiga. Marisela

 

Señor Jesús; por su intercesión, la de Maria Santisima, la de San José, la de los Santos Angeles y todos los Santos, le pido por la Santa Iglesia Catolica, la conmversiion de todos los pecadores, especialmente la de mi familia Perdomo Cortés. Gracias Señor por ecucharnos. Robert

 

Te pido por favor mi Señor Jesucristo que ayudes tanto a mi familia como a mi en nuestros problemas de salud, sananos Señor, sananos, asi como te pido un buen marido para mi, Dios mio danos los bienes materiales necesarios para vivir. Gracias Padre amoroso y bueno, gracias, Amen.  Teresa

 

Oremos por Manuel Junior, que nunca sea detenido con las bendiciones de nuestro amado Dios y de nuestra santisima Madre, la virgen Maria que sea totalmente exonerado de la investigacion, de toda la actitud y comportamiento se los suplico y les agradezco a ustedes sus oraciones, que Dios nuestro Padre y nuestra Madre santisima la Virgen Maria sea agradecida y los bendiga siempre amen. Manuel Francisco

 

Hermanos les pido sus oraciones por mi esposo Jose Antonio. Hace mas de año y medio que abandono su hogar y empiezo a notar que quiere regresar a casa pero no encuentra el camino. Oremos para que Dios lo ilumine y quite los obstaculos que estan impidiendo que regrese a casa. Dios los bendiga a todos queridos hermanos. Esther

 

Amado Jesus, te suplico bendigas y suplas las necesidades fisicas y espirituales de Mario Cortes, su conversion y la de su familia. Amen Te doy gracias por adelantado por ayudarlo en especial a conseguir un empleo, digno y estable, Te amo te adoro y te glorifico mi amado Jesus. Deysi

 

Q. E. P. D.

 

Patricio Arroyo Landazuri

Manuel Nieto Reyes

Ines Morales Mariscal

Carlos Cevallos Mendez

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

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Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- España
Chistifideles Laici
Barcelona - España

02/03/2013 20:41 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. MARTES II No hay comentarios. Comentar.

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Sabado II de Cuaresma. Pedidos de oraciones (Winston Francisco Pauta Avila).

MISA DE HOY MARZO 2

 

«La fugaz historia de cada vida humana es, para el verdadero apóstol, el escenario de una lucha constante entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, entre el amor y el egoísmo. No hay, por tanto, tiempo que perder cuando se trata de asegurar el destino eterno de toda persona en el bien, en la verdad y en el amor

 

MISA, 2  MARZO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

SÁBADO 2

Santos: Inés de Bohemia o de Praga, abadesa; Ceades de Inglaterra, obispo; Juan Marón, patriarca.

Vísperas I del domingo: 3a semana del Salterio. Tomo II: pp. 1312, 3 y 183. Para los fieles: pp. 642 y 178. Edición popular: pp. 202 y 431. Feria (Morado)

 

ARROJARÁ AL FONDO DEL MAR NUESTROS PECADOS

 

Mi 7,14-15.18-20; Lc 15,1-3.11-32

 

Para los israelitas no existía una imagen más precisa para hablar de la lejanía que el fondo del océano. Navegantes expertos nunca habían sido y no se movían con soltura en el mar. Era un espacio temido y distante. A ese remotísimo sitio lejano enviaría Dios la cuenta de las culpas de su pueblo. Olvidadas y canceladas para siempre quedarían sus faltas. El pueblo podría iniciar un nuevo comienzo en el momento que se decidiera a hacerlo. El Dios misericordioso estaba de su lado. Esta promesa anunciada por el profeta Miqueas se realiza a plenitud en la persona y la obra del Señor Jesús. El hermoso relato parabólico del Padre compasivo que nos transmite el Evangelio de san Lucas exhibe la mezquindad del hijo mayor que se incomoda ante la bondad desmedida del Padre. La lógica amorosa del Padre desajusta los esquemas estrechos de los humanos, que tratamos a los demás con la acostumbrada regla de la reciprocidad y el cálculo.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 144, 8-9)

El Señor es compasivo y misericordioso, lleno de paciencia y amor; el Señor es bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus creaturas.

 

ORACIÓN COLECTA

Tú, Señor, que por medio de los sacramentos nos haces partícipes, ya desde este mundo, de los bienes celestiales, dirige nuestra vida y condúcenos a la luz donde habitas. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Arrojará a lo hondo del mar nuestros delitos.

 

Del libro del profeta Miqueas: 7, 14-15. 18-20

 

Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que vive solitario entre malezas y matorrales silvestres. Pastarán en Basán y en Galaad, como en los días de antaño, como cuando salimos de Egipto y nos mostrabas tus prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel? No mantendrás por siempre tu cólera, pues te complaces en ser misericordioso. Volverás a compadecerte de nosotros, aplastarás con tus pies nuestras iniquidades, arrojarás a lo hondo del mar nuestros delitos. Serás fiel con Jacob y compasivo con Abraham, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos, Señor, Dios nuestro.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 102

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; Él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

El Señor no estará siempre enojado, ni durará para siempre su rencor. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

ACLAMACIÓN (Lc 15, 18) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. R/.

 

Tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida.

 

LECTURA Evangelio Lucas capitulo 15, vers. 1 al 3 y 11 al 32

 

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: `Padre, dame la parte de la herencia que me toca'. Y él les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: `Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.

Pero el padre les dijo a sus criados: ' ¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: `Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.

El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado' ". Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración introductoria

Comienzo esta oración lleno de esperanza y confianza porque contemplando al Niño de Belén, percibo el gran amor que me tienes. Pongo todo mi ser a tu disposición, ilumina mi oración para saber corresponder a tanto amor.

 

Petición

Jesús, dame la gracia de la perseverancia final, convénceme que la cruz es el único camino para llegar a ti y que todos los demás caminos son ilusorios.

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 15, versiculos 1 al 3 y 11 al 32

 

La gran mayoria de los hombres tienen el mismo concepto de vida que tenia el hijo prodigo. El queria vivir sin el peso de los deberes de la casa paterna y gozar de la vida sin limite alguno. Sin embargo, vemos como al final el hijo prodigo termino cuidando cerdos e incluso envidiando a esos animales. ¡Que vana puede resultar la vida en busqueda de la sola libertad! Segun esta concepcion, no hay criterio o norma fuera de uno mismo. Se sigue el solo deseo y la propia voluntad. La Sagrada Escritura, por el contrario, nos ensena que la libertad esta unida con la filiacion. Somos libres, pero tambien somos hijos de Dios. No podemos realizarnos como personas alejandonos de la casa del Padre. Libertad, responsabilidad y dependencia van siempre unidas. En este mundo, en donde se promueven tantas libertades aparentes, aprendamos a vivir como Jesus, demos testimonio de una vida cristiana gozosa; demostremos con las obras que se puede ser libre y al mismo tiempo obedecer a nuestro Padre que esta en los cielos.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por medio de este sacrificio que vamos a ofrecerte, comunícanos, Señor, los frutos de la redención para que nunca se desvíe de ti nuestra vida y podamos alcanzar los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio I-V de Cuaresma.

 

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Lc 15, 32)

Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que la gracia de este sacramento llegue a lo más íntimo de nuestro corazón y nos comunique su fuerza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 OTRA REFLEXION AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Lucas capitulo 15, versiculos 1 al 3 y 11 al 32

 

El texto que nos presenta la liturgia de este dia es uno de los textos clasicos del tiempo de Cuaresma, pues nos muestra por un lado la actitud del padre, que se identifica con el Padre del Cielo, y por otra la del hijo en la cual nos vemos retratados cada uno de nosotros. Viendo al padre de la parabola descubrimos a un Dios amoroso, que como dice la Sagrada Escritura, "no lleva cuentas del mal" y que no se resigna a que ninguno de nosotros nos perdamos. Esta siempre esperando que la vida nos haga ver que lejos de su amor, de su carino y de su casa todo sera ruina, muerte y destruccion. Es increible que no sea hasta que vivimos la experiencia destructiva que sufrio el hijo de este hombre, que hasta que no nos hagamos conscientes de nuestra realidad y de que sin Dios no podremos ser nunca felices, es cuando nos decidiremos a confesarnos y a regresar al estado de gracia. Es por ello necesario valorar la vida de la gracia y todas las bendiciones que el hombre tiene cuando vive al amparo de su Padre del cielo.

 

No nos dejemos cautivar por toda esta publicidad que abarrota las televisoras y el radio, con la cual de mil maneras nos buscan convencer de llevar una vida al margen de Dios. Antes de irnos otra vez de la casa, pensemos con serenidad las consecuencias que este abandono traera para nosotros. Estoy seguro que si nos detenemos un momento a pensar lo que podemos perder y las consecuencias morales, espirituales y algunas veces hasta fisicas, no dejariamos la seguridad de la vida de gracia.

 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

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 MINISTERIO DE ORACION MARZO 2

 

Marzo 2

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que están privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusión un apostolado

 

Desde el más profundo sentido de comunión deseo, de todo corazón, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oír las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Señor te ruego por la cirugia de Rosa Alzate y La salud de Juan Diego Acosta. Maria del Pilar

 

Jorge un muy buen amigo, me envio el mail que reenvio solicitandonos si podemos ponernos en oración por su concuñado Juan Carlos que desde hace un tiempo esta sufriendo mucho.  Pidamosle a Nuestra Madre La Virgen Maria y por intersecion de ella a Jesus que le den la fuerza a Juan Carlos para poder superar estos momentos, que el Espiritu Santo lo ilumine para que esos dolores cesen, y que nuestro Buen Padre Celestial nuestro Dios tenga Misericordia de él, y que su sanación sea posible  Oh Jesús acompaña a Juan Carlos en estos momentos de sufrimientos, a este Cristo que esta sufriendo  Muchas gracias a todos por sus oraciones. Jorge

 

Tambien por mi suegra que tiene cancer y esta muy mal, mi esposa con mi hija de 3 años están con ella a 1000 km de distancia de nuestro hogar. Muchos problemas familiares entre los hermanos y la pobre mujer abandonada a la deriva. Gracias Jesus por lo que estas haciendo en todos ello. Amen. Ariel

 

Quiero pedirles hermanos que oremos por la salud de Vania Hidalgo que esta muy delicada y decaída, oremos al Señor. Jose

 

Quiero pedir por la salud de mi amiguito Nicolas es para mi como un hijo es un bebe de 7 meses nacio delicado, te pido por su salud para que cada dia mi tu mi Señor de los Milagros lo sanes y mejores se que eres el unico doctor que puede sanar todas sus enfermedades tengo mucha fe en ti por que se que Tu a mi nunca me has fallado y tengo mi fe bien puesta en ti es por eso que recurro a ti como siempre lo he hecho. Javier

 

Pido que pongan en oracion a mi hermana Evangelina Garcia, ya que tiene cancer .tambien por la conversion de mi esposo Jose Aguayo. Angélca Aguayo. Saray

 

Pido por la salud de su madre Vanessa en ella quiero por favor que su enfermedad que tiene sean sanadas por tus bendiciones por tu amor y por todo lo bello que tu eres para mi, dale a ella una paz espiritual que tanto lo necesita y que su situacion cambien derrama en su hogar muchas bendiciones y todo ese amor que solo tu sabes dar te amo Sr. de los Milagros. Javier

 

Pidamos al Dios Misericordioso por la salud de nuestra hermana Rossy Belducea. Que esta muy delicada. Winston

 

Solicitan que hagamos oraciones por Violeta de Torres que esta muy enferma, pidamos a Dios por ella. Francisco

 

Elevemos nuestras plegarias al Dios de la salud por nuestro hermano Juan Pablo Cruz y por su familia. Jorge

 

Nuestra querida hermana Monica Cordova se encuentra muy enferma y su familia pide que elevemos nuestras oraciones al Medico Celestias por Monica. Roberto

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleaños de Nany

Cumpleaños de Marlene Gonzales

Cumpleaños de Adriana Gómez. Bogotá

Cumpleaños de Marcela

Cumpleaños de Vicky Florez.  USA

Cumpleaños de José Fuentes Herrera. Bogotá,

Cumpleaños de María Candelaria. Icod tenerife,

Cumpleaños de Andrew Gallo. Miami,

 

Aniversario de Matrimonio

 

 Artemio Cabañas y Teresa Odar.

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Intenciones, necesidades espirituales, materiales, crecimiento de amor, fortaleza, conversion, sanacion espiritual, fisica, fe Sacerdotes, consagrados, religiosos, comprometidos, seminaristas del mundo entero, seminarista Enrique Herrera, seminarista Oscar. Erika

 

Hola el Padre Juan Alberto Benavídez,  Capellán del Hogar de ancianos San Martín perteneciente a la Ciudad de Buenos Aires, pide nuestra ayuda. Los abuelos del hogar necesitan con urgencia Platsul-A crema. Está indicada en patologías dermatológicas infecciosas, en este caso es para tratar las escaras de las personas que están internadas allí. No importa ni la cantidad ni el tamaño de las cremas con las que puedan colaborar, todo ayuda!. Laura

 

Orar par que Jeferson deje el vicio y entienda que va a ser padre y que Dios obre en el a partir de ahora y para siempre. Jeferson

 

Q. E. P. D.

 

Margot Trujillo Valle viuda de Torres

María Angélica Hablich González,

Vanessa Azucena Figueroa Sánchez,

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos también nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Días del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Día, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Señor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Día.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

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M.E. Winston Pauta Avila
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02/03/2013 20:41 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. SABADO II No hay comentarios. Comentar.

Moniciones para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Catholic.net).

Moniciones para el Tercer Domingo del Tiempo de Cuaresma Ciclo C
Moniciones para la Misa.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

 

Tiempo de Cuaresma

III Domingo: Antes de que sea tarde


Monición de entrada:

Nos encontramos en el tercer domingo de Cuaresma. A partir de hoy la liturgia de la palabra se centra abiertamente en el tema de la conversión para la renovación bautismal. La conversión, antes de que sea demasiado tarde, es la respuesta adecuada a la paciencia de Dios. Así habremos asimilado la lección de la historia del pueblo de Israel, a quien Dios reveló su nombre y lo liberó de la esclavitud de Egipto por medio de Moisés. Puestos de pie, entonamos el canto y recibimos a los ministros de esta Liturgia.


Primera lectura: Éxodo 3, 1-8a. 13-15 ("Yo soy" me envía a ustedes)

Nos preparamos ahora para escuchar un interesante pasaje, tomado del libro del Éxodo, en el cual Dios se manifiesta a Moisés. Antes de recibir su misión, Moisés tiene una experiencia personal de encuentro con el misterio de Dios, simbolizado en la llamarada que no se consume. Presten mucha atención a este mensaje.


Segunda lectura: I Corintios 10, 1-6-10-12 (Como ejemplo y como escarmiento nuestro)

San Pablo, en su carta a los corintios, hace una relectura cristiana del Antiguo Testamento y les advierte del peligro de pensar que después de haberse convertido al cristianismo todo está ya hecho. Escuchemos atentamente a san Pablo.


Tercera lectura: Lucas 13, 1-9 (Si no se convierten, todos perecerán igualmente)

El evangelio que vamos a escuchar tiene dos partes muy bien diferenciadas: Ira. Comentario de Jesús a dos tristes sucesos: muerte violenta de unos galileos y derrumbamiento de la torre de Siloé que aplastó a dieciocho hombres. 2da. Parábola de la higuera estéril. Ambas unidades coinciden en la urgencia de la conversión antes de que se agote la paciencia de Dios. De pie, por favor para escuchar la Buena Noticia de hoy.


Oración Universal:


Por la Iglesia, pueblo de Dios, que peregrina en la Cuaresma hacia la Pascua; para que sepa responder a la llamada de Dios en todo lo que sucede, roguemos al Señor.


Por todos los llamados, como Moisés, a ejercer cargos de responsabilidad al servicio de los demás; para que cumplan su gestión con la mayor generosidad de ánimo, roguemos al Señor.


Por todos los que sufren injusticias, atropellos,... y han perdido la esperanza; para que sus quejas sean oídas, roguemos al Señor.


Por nosotros, a quienes ha tocado vivir en la última de las edades; para que no nos creamos seguros, sepamos comprender los signos de Dios y no se endurezca nuestro corazón, roguemos al Señor.


Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo San Pablo, España, 1993, p. 454)

Te bendecimos, Padre, porque eres paciente y compasivo,
un Dios lento a la ira y rico en clemencia y bondad.
No quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.
Por eso nos invitas continuamente a una conversión liberadora;
pero nosotros estamos instalados muy a gusto en la mezquindad,
en la hojarasca estéril de una frondosidad tan sólo aparente.

Convierte, Señor, nuestro corazón a los valores de tu reino:
pobreza y desprendimiento, perdón y fraternidad, paz y concordia,
amor y justicia, alegría y generosidad, aguante y esperanza.
así seremos hombres y mujeres nuevos, hijos de tu ternura,
cristianos maduros de verdad y guiados por tu Espíritu.

Amén.

Meditacion para la Misa del Sabado II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Sábado II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Lc 15,1-3.11-32): En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».
Comentario: Rev. D. Llucià POU i Sabater (Vic, Barcelona, España)
Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti
Hoy vemos la misericordia, la nota distintiva de Dios Padre, en el momento en que contemplamos una Humanidad “huérfana”, porque —desmemoriada— no sabe que es hija de Dios. Cronin habla de un hijo que marchó de casa, malgastó dinero, salud, el honor de la familia... cayó en la cárcel. Poco antes de salir en libertad, escribió a su casa: si le perdonaban, que pusieran un pañuelo blanco en el manzano, tocando la vía del tren. Si lo veía, volvería a casa; si no, ya no le verían más. El día que salió, llegando, no se atrevía a mirar... ¿Habría pañuelo? «¡Abre tus ojos!... ¡mira!», le dice un compañero. Y se quedó boquiabierto: en el manzano no había un solo pañuelo blanco, sino centenares; estaba lleno de pañuelos blancos.

Nos recuerda aquel cuadro de Rembrandt en el que se ve cómo el hijo que regresa, desvalido y hambriento, es abrazado por un anciano, con dos manos diferentes: una de padre que le abraza fuerte; la otra de madre, afectuosa y dulce, le acaricia. Dios es padre y madre...

«Padre, he pecado» (cf. Lc 15,21), queremos decir también nosotros, y sentir el abrazo de Dios en el sacramento de la confesión, y participar en la fiesta de la Eucaristía: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15,23-24). Así, ya que «Dios nos espera —¡cada día!— como aquel padre de la parábola esperaba a su hijo pródigo» (San Josemaría), recorramos el camino con Jesús hacia el encuentro con el Padre, donde todo se aclara: «El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Concilio Vaticano II).

El protagonista es siempre el Padre. Que el desierto de la Cuaresma nos lleve a interiorizar esta llamada a participar en la misericordia divina, ya que la vida es un ir regresando al Padre.
(
http://evangeli.net
).

02/03/2013 20:43 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. SABADO II No hay comentarios. Comentar.

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo A del año 1981 (Catecismo.com.ar).

1981. ciclo A

3º Domingo de Cuaresma
 22-III-81

Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber". Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva". "Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?". Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna". "Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla". Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí". La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad". La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar". Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad". La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo". Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo". En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?". La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?". Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro. Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro". Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen". Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?". Jesús les respondió: "Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: 'no siembra y otro cosecha. Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos". Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice". Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".

SERMÓN

La lectura de este precioso diálogo entre Jesús y la samaritana ha sido demasiado larga como para poder hacer ahora una exégesis detallada que a todos fatigaría. Toquemos apenas dos o tres puntos.

Antes que nada, el de -comparado con los evangelios sinópticos- este estilo tan característico de Juan que nos presenta las palabras de Jesús redactadas siempre en ese ritmo cadencioso, profundo, misterioso, casi diríamos no-cotidiano, no natural. Algunos hablan de enseñanzas particulares del Señor hechas con más intimidad al círculo estrecho de sus discípulos. Otros de una casi reelaboración del evangelista en vistas a una lectura mística de las palabras de Jesús. Al mismo tiempo Juan, lejos de esa visión majestuosa, se complace en mostrar los rasgos más humanos de Cristo: ayudando a una pareja de recién casados en apuros en Caná; descansando en la casa de una familia amiga de Betania; llorando frente a la muerte de su amigo Lázaro; apenado frente a la dureza de los judíos que pretendían apedrear a la mujer adúltera; casi humorístico en su diálogo con los fariseos después de la curación del ciego y, aquí, sentado al sol del mediodía, cansado, “fatigado” –escribe Juan- y con sed, como cualquiera de nosotros. ¡Bendita, querida y enternecedora fatiga de Jesús!


Bernardo Martorell, 1400-1452
Pero he aquí a Jesús nada menos que hablando con esta pícara y pizpireta samaritana que, probablemente, ha tenido que venir a buscar agua a estas horas inusitadas, bajo el pleno solazo de las doce y no temprano -como lo haría toda mujer hacendosa-, o porque, descuidada, se ha olvidado de hacerlo y viene exigida por su sexto hombre, o porque sus irregularidades matrimoniales hacen que las honestas del poblado le hagan desprecios si baja a la fuente al mismo tiempo que ellas.

Pero solo una samaritana ligera de cascos se hubiera atrevido a hablar con un hombre desconocido. Cualquier otra ni se hubiera acercado al pozo y, de haber tenido urgente necesidad de hacerlo, hubiera guardado digno y ofendido silencio ante la presencia casi provocativa de un hostil judío.

Y solo un judío como Jesús, a su vez, no hubiera tenido prejuicios para hablar con una mujer – según los rabinos de la época seres inferiores a los cuales sus discípulos tenían prohibido dirigir la palabra en las calles y, menos, discutir cosas importantes. Menos todavía, perteneciendo al despreciable pueblo samaritano, ‘casta de mestizos ignorantes' que se habían atrevido a levantar el templo cismático de Garizim, rival del de Jerusalén.

Cuando sus discípulos vuelvan de comprar alimentos y los vean a los dos hablando, no podrán dar crédito a sus escandalizados ojos.

El hilo del diálogo que se entabla, con evidente simpatía muta, entre personajes tan poco convencionales como el formidable galileo y la tunante samaritana, corre en un crescendo en donde el sentido obvio de las palabras, a pesar de la insistencia de la mujer por entenderlas literalmente, va siendo superado por enseñanzas cada vez más hondas bajo el hábil manejo de Jesús.

El tema central, para abreviar, es el del ‘agua' identificada con Cristo.

Cualquiera que conozca los desolados y áridos paisajes palestinos o haya leído historias de beduinos o de aventuras de la Legión Extranjera, podrá darse cuenta de lo que significa un oasis, una cantimplora, una cascada, un pozo de agua, para esa gente. Esa agua que, a pesar de los avisos de Agua y Energía nosotros gastamos pródigamente como el aire que respiramos, para ellos es, en su ausencia, signo de aridez, de sequía y de muerte y, en su aparición, bendición de fertilidad y de vida.

Por eso, fácilmente, en el Antiguo y Nuevo Testamento, pueda adensarse su concepto con ideas de feracidad, exuberancia y sobre todo ‘vida'.

En Isaías se dice que los salvados de los últimos tiempos ‘ sacarán alegres el agua de las fuentes de la salud '. En el Eclesiastés se habla de la ‘sabiduría' como de un ‘agua' que se ha de beber. Las palabras de los sabios y devotos son ‘agua que calma la sed'. En el uso rabínico esta imagen se aplicaba comúnmente a la Torá, a la Ley. En las llamadas “ Odas de Salomón ” se da el nombre de agua a la revelación divina.

Pero la samaritana entiende, solo, que Jesús tiene sed y quiere el agua del pozo para refrescarse y saciarse. Por supuesto que no se equivocaba. Tenía sed Jesús. Quería agua para humedecer su boca reseca.

Pero, leyendo en el corazón de su nueva amiga, aprovecha la ocasión para hablarle de otra agua. Esa allí cuando menciona el ‘agua viva'.

Claro que, para la mujer, el ‘agua viva' sigue siendo simplemente agua.

A diferencia del agua de un pozo, se llamaba `'agua viva' a la que manaba, a la que surgía de una fuente, a la que corría bajando una montaña. Agua viva sería la Villavicencio –antes de la contaminación- o, su plagio insípido, la Villa del Sur.

Pero Jesús, con lo del ‘agua viva', quiere afirmar algo más que ese tipo de liquido límpido y fresco. Aunque la mujer solo quiera entender de aguas minerales.

El asunto es que el diálogo sigue equívocamente. Jesús hablando de ‘otra agua' y la mujer entendiendo el ‘agua potable'. Y aún cuando el Señor, para determinar el significado de su agua, cita las palabras del libro de la Sabiduría: “ el que me beba seguirá teniendo sed ” -corrigiéndolas “ el que beba de esa agua no tendrá jamás sed- ” la samaritana, mujercita práctica y remolona insiste en fingir que no entiende: “ ¡Uh, dame de esa agua, que estoy harta de venir todos los santos días hasta aquí a buscarla! ”

Jesús, entonces, corta por lo sano y, de sopetón, le habla de sus cinco maridos y de su actual compañero. Allí sí, la mujer se da cuenta de que se halla frente a Alguien. Se pone seria y, algo embarazada, desvía la conversación a la secular polémica entre judíos y samaritanos.

Pero a Jesús no le interesan esas polémicas nacionalistas, ya ahora está pensando en la personita que tiene adelante. No deja de afirmar la superioridad judía –“ La salvación viene de los judíos ”, dice- pero se trata de una ventaja parcial que, de hecho, desaparecerá, desmesuradamente superada por Él mismo. Está comenzando algo radicalmente nuevo en la historia de la humanidad, que la nación judía solamente había preparado, preanunciado, pero que quedará atrás ya para siempre con sus pequeñeces y polémicas tribales.

Porque, noten que el sentido de esta parte del diálogo no es decir, ‘lo de si Garizim o Jerusalén no tiene envergadura porque Dios está en todas partes'; ‘no importa el lugar para rezar y encontrarse con Él'; ‘da lo mismo rezar en un templo que en un colectivo'. No: primero porque no da lo mismo. Segundo, porque ese no es el significado de las palabras de Jesús.

Garizim y Jerusalén no son solamente dos templos. Son dos estadios de la revelación. Los samaritanos se habían quedado solamente con el ‘Pentateuco', es decir los cinco primeros libros de la biblia. No aceptaban por ejemplo, los salmos, ni los profetas, no todos los demás escritos que los judíos y nosotros creemos como escritura revelada. Y, para Juan -que es el que transmite este diálogo de Jesús- la medida de la intensidad del encuentro con Dios, de la oración, no se da por las ganas o buenas intenciones que uno tenga al rezar sino, al revés, por la cantidad y calidad de revelación, de verdad, de palabra, que Dios dirige al hombre. Y ciertamente Dios se ha revelado más a los judíos que a los samaritanos. Orar no es cuestión de ‘sentimiento' donde cualquier religión sería lo mismo. Es ponerse, mediante la religión verdadera, en contacto con el Dios verdadero.

Es lo que dice Jesús a la señora samaritana: “ llegará la hora en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad ”. El “ en verdad ” no se refiere a la sinceridad de corazón con la cual el que adora se dirige a Dios, sino, repito, a la verdad de la revelación con la cual Él se manifiesta y se nos presenta como Padre de Jesús y como Dios.

Y “ en espíritu ” no es –ni en hebreo ni en el lenguaje de Juan- lo contrapuesto a lo exterior y material. Como si dijéramos ‘ No necesito capilla ni imágenes ni sacramentos, rezo en el espíritu ”. No.

Cuando se habla de ‘espíritu' –en la Sagrada Escritura- no se trata, como en los dualismos tanto orientales como griegos, de un principio inmaterial contrapuesto a lo corporal. ‘Espíritu' y ‘espiritual', para el cristianismo, es lo que se encuentra más allá de la esfera terrestre, humana y natural. Es lo sobrenatural, lo propiamente divino. “ Adorar en espíritu ”, no es, pues, adorar interiormente, a lo budista o a lo yoga, con la mente, sino adorar, viviendo la misma vida que Dios posee en Sí mismo, más allá de todo lo terreno, de todo lo humano, de lo puramente mental. Como decía Pablo, es adorar y rezar “ con el Espíritu que en nosotros clama ¡Abba!, ¡Padre! ”

A eso apunta Cristo cuando habla a la samaritana del ‘agua de vida', del ‘don de Dios', del ‘adorar al Padre en espíritu y en verdad'.

Es en Él, en Jesús -que es Él mismo el Don de Dios, el Agua verdadera- donde Dios nos entrega la Verdad y el Espíritu que nos permiten acceder a la existencia divina.

Más allá de las revelaciones parciales dadas a samaritanos y judíos, más allá del Garizim y de Jerusalén, -y muchísimo más allá de las tentativas erradas de los hombres por acercarse a lo divino en las falsas religiones-, Jesús es la suprema, insuperable y definitiva revelación de Dios al hombre.

Ya no es solo que Dios habla de Sí mismo. En Cristo ‘vemos a Dios' y lo vemos como Padre.

Ese mismo Cristo, poseedor del Agua de la Vida -de la existencia divina, sobrehumana, del Espíritu-, es el único capaz de transformarnos y elevarnos al tomar el Agua, al comer el Pan y al respirar el Aire –‘ pneuma' en griego, ‘ spiritus' en latín- de la Trinidad.

Pero, para ello hay que ‘encontrarse' con Él, en la Fe. En la Fe verdadera.

Uno puede ‘oír hablar' de Jesús, ‘leer' los evangelios, ‘escuchar' al cura que predica, pero eso no es nada más que charla.

"Ya no creemos por tus palabras” dicen, al final, los samaritanos a la mujer -y el término griego que usa el evangelio es ‘lalein' (1), que significa precisamente charla. Sino que creyeron por su palabra: “ Nosotros mismos lo hemos oído ” -y el griego del versículo 41 escribe ‘logos' (2)-. Porque se han encontrado no con ‘palabras' sino con ‘la Palabra', el Logos, Cristo el Señor.

Tampoco nosotros seremos verdaderos cristianos mientras solo creamos palabras, dogmas, credos, mandamientos. Recién cuando, en la oración, en el conocerLe y amarLe y el entregarnos a Él, nos encontremos con Cristo Jesús, el Agua Viva, el Salvador del mundo, ‘mi' Salvador, recién entonces fluirá por nuestras venas la Vida divina.

Así sí seremos adoradores del Padre en Espíritu y en Verdad.

1- “ dià tèn sèn laliàn ”; “por tu charla”

2- “ dià tòn lógon autoû ”, “por la palabra suya"
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma81_A.htm
).

Benedicto XVI, una gran leccion de liderazgo.

Benedicto XVI, una gran lección de liderazgo

Por Pablo Álamo

http://www.finanzaspersonales.com.co/trabajo-y-educacion/articulo/benedicto-xvi-gran-leccion-liderazgo/48921

 

Decía Stephen Covey que los actos siempre hablan más alto y más claro que las palabras. La renuncia de Benedicto XVI al papado "por falta de fuerzas” ha sido un clarísimo ejemplo.

El motivo de la renuncia, que ha dado la vuelta al mundo y ha conmocionado a millones de personas, podría parecer una falta de liderazgo y de entrega.

Así lo han interpretado algunos analistas como, por ejemplo, Juan Manuel de Prada y Salvador Sostres, quienes, comparando a Benedicto XVI con Juan Pablo II, concluyen que éste fue un ejemplo de “humildad y grandeza, de sacrificio y esperanza”, mientras que Benedicto XVI ha demostrado su fragilidad y debilidad. “Si el Santo Padre no aguanta, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros?”, se pregunta Sostres.

Respeto otras opiniones y, sin embargo, no comparto, por principio, las críticas a las decisiones libres, ponderadas, llenas de sentido común y que, además, se pueden interpretar como una egregia lección de liderazgo.

Pienso que, por encima de todo, está la conciencia de las personas y su libertad de actuar llevado por las propias convicciones, siempre y cuando éstas no sean causa de males a terceros y violaciones de derechos fundamentales.

Puedo aceptar que Benedicto XVI no haya sido un Papa carismático, en el sentido latino y sentimental del término. En cambio, veo positivo el otro lado de la moneda: ha sido un Papa sabio, culto, lógico, racional y honesto intelectualmente.

He dicho que la renuncia que Benedicto XVI se puede interpretar –y yo lo hago- como una gran lección de liderazgo. Los motivos son los siguientes:

1. Un buen líder es una persona coherente. Benedicto XVI dice haber tomado la decisión después de una larga y ponderada reflexión, y no hay motivos para no creerle.

Precisamente el Papa, en el viaje que hizo a Croacia en el 2011, apeló al redescubrimiento de la conciencia como lugar de escucha de la verdad y el bien, que tiene que estar fundada en el don y no en el interés económico o en una ideología, sino en el amor: “La calidad de vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en buena parte de este punto ‘crítico’ que es la conciencia, de cómo se la comprende y de cuánto se invierte en su formación“.

Sólo así se logrará, afirmaba el Papa, construir una polis –una sociedad- acogedora, hospitalaria y llena de ricos contenidos humanos. Si para Benedicto XVI, la conciencia de las personas es inviolable y debe ser respetada y seguirse, ha predicado con el ejemplo.

2. Los buenos líderes aman el cambio. El cambio es bueno y ayuda a las personas a encontrarse más profundamente. El cambio es sano sobre todo en personas que están en ámbitos de alta responsabilidad y de poder, porque éste cambia a las personas, cuando no las corrompe. Decía G. B. Shaw, premio Nobel de Literatura: “La vida no consiste en buscarse a sí mismo, sino en crearse a sí mismo", cosa que se logra en cada proceso de cambio voluntario y libre.

3. Los buenos líderes son humildes. Dejar el poder es más una señal de humildad que de debilidad. La humildad no tiene que ver con la blandenguería sino con la serenidad y firmeza para defender lo que uno cree. Carlos Llano, un experto en liderazgo, sostenía que en la humildad está la base de las decisiones radicales y firmes.

La renuncia de Benedicto XVI lo es sin lugar a dudas, pues se atrevió a romper una tradición que duraba siete siglos. “El dominio de sí”, escribió Carlos Llano, “es el mejor de los imperios. Por contra, el afán de dominar es la verdadera obsesión de los débiles. Su afán efímero de superioridad no es más que el anverso de un complejo de inferioridad que les acompañará toda la vida”.

4. Los buenos líderes saben sacrificarse y saben cuándo hacerlo. Como el poder ejerce una enorme atracción, el liderazgo muchas veces es envidiado. Sin embargo, el buen liderazgo requiere renuncias, sacrificios y superar miedos.

Un líder sabe cuándo debe ceder el poder y cuándo debe retirarse para que otros continúen con la misión, porque el líder no identifica como un absoluto a la persona con la misión. Se requiere de mucha inteligencia y finura de espíritu para saber distinguir y ser flexibles sin perder la identidad personal y el compromiso con la misión. En economía hay un concepto que se llama “coste de oportunidad”, que, como enseña Maxwell, a veces requiere incluso renunciar a una parte importante de la vida personal.

Paulo Coelho tiene una frase magistral al respecto: “No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros”. Hay que ser muy fuerte –intelectual y moralmente- para dar ese paso.

En la vida hay cinco etapas importantes: “aprender a hacer”, “hacer”, “enseñar a hacer”, “hacer hacer” y, finalmente, “dejar hacer”; para la mayoría de los líderes, la más difícil de todas es la última, porque el poder cambia a las personas, y te hace sentir indispensable.

Tomar la decisión de retirarte, cuando estás en lo más alto, cuando todo el mundo te mira como un referente, como una columna, no es nada fácil. No es fácil decir la verdad, hay que tener mucha humildad y fortaleza para decir: “Me voy, porque no tengo fuerzas; lo dejo, porque soy prescindible”. Y si es una decisión que será muy criticada o incomprendida, implica una gran valentía.

Pienso que Benedicto XVI, a sus 85 años, ha conseguido superar esas cinco etapas. No me corresponde juzgar a nadie y mucho menos a un Papa. Como todo ser humano, habrá cometido errores, pero la otra cara de moneda, a mi modo de ver, es una gran lección de liderazgo. Y me permito decirle, por tanto, desde lo más profundo: ¡Gracias!

 

Pablo Álamo

PH. D. c. Economía y Empresa Universidad de Comillas

Empresa y humanismo

Universidad Sergio Arboleda

Twitter: @pabloalamo

02/03/2013 20:03 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. PAPA BENEDICTO XVI No hay comentarios. Comentar.

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo B del año 1997 (Catecismo.com.ar).

1997 Ciclo B

3º domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

SERMÓN

Aún después de haber sido sucesivamente transformado en capilla, en palacio del duque de Atenas, en mezquita y, finalmente, por los turcos, en polvorín -a resultas de lo cual voló en gran parte por el aire durante un bombardeo veneciano en el año 1687- el Partenón de la Acrópolis de Atenas, en su reconstrucción actual por Balanos , sigue siendo el representante más característico y excelso de la arquitectura griega. Aún quien no haya viajado a Grecia lo conoce por las fotos y, si no, por las maravillosas metopas de Fidias dispersas por el Louvre, y el museo Británico.

Ictinos , arquitecto contratado por Pericles, con la ayuda de Calícrates fue quien lo diseño y dirigió las obras, en el siglo V antes de Cristo. Cuidó hasta de hacer pequeñas deformaciones en el frente y sus columnas para que la perspectiva no engañara a la vista y el edificio no se viera ilusoriamente desproporcionado.

Que es uno de los edificios más bellos del mundo resulta una aseveración de aceptación universal. Ha servido de modelo a la arquitectura mundial aún hasta nuestros días.

Partenón se llama por estar dedicado a la deidad virgen de Atenas, llamada justamente Atenea 'la virgen' , Athená Parthénos . Precisamente fue Fidias el encargado de realizar su estatua, en oro y marfil, una de las siete maravillas del mundo antiguo, instalada en la cella de la nave, que también contenía el opistódomos donde se custodiaba el tesoro de la diosa. Lo demás era un estrecho ambulatorio exterior entre sus 62 columnas y las paredes de la nave.

El templo pues no era sino eso: la incómoda mansión de la diosa. Espléndida por fuera con sus columnas dóricas, sus esculturas y bajorrelieves pintados, polícromos, también de Fidias, pero sin ventanas, oscura y tenebrosa por dentro donde, en soledad, el rostro severo de la diosa, si no indiferente, miraba desde su altura solemne a los pocos que se atrevían a adentrarse en esa lóbrega esfera de lo sacro.

En los sacrificios hechos a la divinidad el altar no estaba adentro sino afuera, a 20 metros del frente del grandioso templo, y el pueblo permanecía en el exterior.

Así en realidad eran todos los templos de la antigüedad, no solo los griegos, sino los etruscos, los mesopotámicos, egipcios, romanos, aztecas y mayas. Habitáculos fastuosos de los dioses con sus sirvientes, los magos sacerdotes, y por cuya periferia debían conformarse con transitar los simples mortales que al mismo tiempo tenían que sostener su costoso culto y supersticiones.

Es por ello poco correcto llamar a nuestras iglesias 'templos', porque ellas no quieren ser de ninguna manera mansiones o palacios de Dios, que en realidad sabemos está en todas partes, sino el sitio de encuentro de su pueblo, de sus hijos los bautizados. Por otra parte eso es lo que etimológicamente quiere decir 'iglesia': los llamados, los convocados, los reunidos. No es del todo exacto decir que nuestras iglesias son la 'casa de Dios', en realidad son sobre todo la 'casa de los cristianos llamados en torno al Padre'.

Es verdad que ya el templo judío de Jerusalén, era no solo morada de Jahvé sino lugar privilegiado de reunión de la comunidad de Israel convocada a rendirle gracias. El pueblo israelita tenía la conciencia de su elección y, por lo tanto, de su estado sagrado, separado de la masa pagana de los pueblos gentiles que por eso tenían prohibido bajo pena de muerte entrar en el patio del templo. Aún así, el recinto propiamente sacro, separado, era, el santo de los Santos que, hasta su pérdida, guardaba al arca, símbolo de la presencia del Señor y en donde solo podía ingresar una vez al año el sumo Sacerdote.

Jesús romperá con esa noción -del mismo modo como, según Mateo, en el momento de la muerte en cruz se desgarra el velo del templo que separa de la gente al santo de los santos- Dios no habita en casas construidas por los hombres -y menos a la exclusiva-, a Dios se lo puede encontrar en todas partes. Pero, al mismo tiempo, ese mismo Jesús, mediante su Pascua inaugura una forma de presencia tanto más cercana y personal puesto que desde entonces es Él, Jesús de Nazareth, quien, de un modo inusitado y sorprendente, mediante el Espíritu se transforma en verdadero templo y receptáculo de Dios. No es en una casa de piedra, ni de mármol, ni de madera, donde podemos hallarnos con el verdadero Dios, sino en la persona de Cristo " destruid este templo y lo volveré a reconstruir en tres días ."

Esa presencia de Cristo en el templo que es su cuerpo resucitado, espiritualizado, permanece entre los cristianos sobre todo en su reuniones : "Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo ". Tanto es así que cuando, luego de la Pascua, la comunidad cristiana comienza a congregarse habitualmente, no solo por temor a la policía judía o imperial, sino por principio no siente la necesidad de construir edificios sagrados, santuarios. La comunidad se reúne a escuchar la palabra de Dios y compartir la Eucaristía en cualquier parte, en casas de familia o en salones grandes alquilados, tipo cenáculo, -salones de fiesta, llamaríamos hoy-.

El infundio de que, establecida la paz de Constantino, los templos paganos fueron transformados en Iglesia es una vulgar mentira puesto que esos templos de elementales espacios interiores eran totalmente inadecuados para las grandes reuniones de los cristianos. Tanto es así que el prototipo de edificio institucionalizado para las reuniones del nuevo pueblo de Dios no fue de ningún modo el templo sino la basílica. Y -como bien Vds. saben- entre griegos y romanos las basílicas no eran de ninguna manera edificaciones religiosas sino grandes construcciones civiles en donde por lo general funcionaban tribunales o centros comerciales o donde muy primitivamente daba audiencia el rey, el basileus -de allí basílica-. Se levantaban en lugares vecinos a los foros donde todos se metían cuando el mal tiempo impedía que el pueblo se juntara a la intemperie. Ese fue el modelo que usó Constantino para construir -cuando las iglesias domésticas no bastaron para contener el aflujo de fieles- las primeras grandes basílicas cristianas y que pervivió hasta nuestros días.

En ellas el adorno ahora no era solo exterior: metopas y frontones, estatuas y columnas conmemorativas, sino sobre todo en los ingresos y especialmente en su interior. Las columnas que antes servían de adorno y sostén para el exterior del templo pagano, ahora aparecían adentro de las grandes casas de los cristianos, del pueblo santo de Dios. Las imágenes y pinturas adquieren intención pedagógica, acercan a Jesús y sus santos a la vida cotidiana de la gente, no son escenas mitológicas inverosímiles y lejanas plasmadas para infundir temor sagrado a los que miraban, ni estatuas amenazantes protegiendo el lugar. Y es adentro -no afuera como entre griegos y romanos- donde se realizaron las grandes obras de arte: los frescos y los cuadros, los mosaicos, los relieves y los adornos, incluso los ornamentos y vestiduras de los ministros: al servicio de la gente, no de un Dios escondido y aislado en la oscuridad de su cella. De allí las grandes aberturas luminosas de los ventanales elevados sobre las naves de las basílicas, de allí la joya multicolor de los vitraux que no parecen nada por afuera, pero que adentro se transforman en una explosión maravillosa de formas y color y pedagogía sagrada.

Es la santidad del pueblo de Dios la que santifica el recinto y no el recinto quien santifica a los reunidos. Es verdad que, desde el siglo XIII, cuando empieza a tomarse conciencia de la permanente y especial presencia del Señor en la Eucaristía ese recinto es también el sitio en donde uno puede encontrarse con Jesús sacramentado, pero en todo caso sigue siendo un lugar para los cristianos lugar de encuentro entre todos y lugar de encuentro con el Señor. Es por eso que estrictamente el precepto de la Misa dominical, salvo en caso de necesidad, no puede cumplirse por televisión, sino que debe efectuarse en una verdadera reunión de cristianos en torno a la mesa de la palabra y la mesa de la eucaristía en un concreto edificio, casa nuestra, destinado a ese juntarnos físico y real. No se trata de escuchar Misa, se trata de reunirnos en santa comunidad y santa comunión.

Pero en relación a esa Eucaristía y a la comunión con nuestros hermanos, finalmente cada uno de nosotros, por el Espíritu que nos eleva e inhabita, somos transmutados en portadores de lo divino, en templos de Dios, no de ladrillos o de cemento, sino de carne. La dignidad maravillosa del cristiano consiste efectivamente en ser acarreadores de la presencia de Cristo, del Espíritu, no como meros embajadores o propagandistas o representantes, sino como verdaderos templos materiales. Desde el bautismo no solo nuestra alma: nuestro cuerpo, nuestra realidad física, es sagrado, santo.

Es por ello que Pablo rogaba a los cristianos que tuviéramos conciencia de la sacralidad de nuestro cuerpo. Así como es desdoroso transformar nuestras iglesias en salas de baile o de fiestas mundanas o profanarlas con acciones innobles o liturgias chabacanas y músiquitas imposibles, así también nuestro cuerpo debe ser tratado con el respeto debido a una mansión de Dios, a un templo que llevamos con nosotros a todas partes.

Cuaresma es tiempo de purificación, de limpieza de ese templo que somos nosotros -cada uno y también nuestras comunidades familiares, parroquiales y sociales-. Jesús nos pide hoy que arrojemos a latigazos de entre nosotros todo aquello que profana su templo. Que la Pascua, la conmemoración de la construcción en tres días del definitivo templo de Cristo, nos encuentre unidos a él en su sacralidad, en gracia de Dios, confesados, renovados, con gana y coraje para seguir adelante haciendo presente a Dios a los demás en el templo de nuestro propio cuerpo.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma97.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo B del año 2000 (catecismo.com.ar).

2000. Ciclo B

3º Domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

SERMÓN
(GEP 26-03-00)

Quienes recuerden los diez mandamientos tal cual suelen aprenderse de memoria en los catecismos - 'Amar a Dios sobre todas las cosas' ; 'No tomar el nombre de Dios en vano' ; 'santificar las fiestas' ...- se da cuenta de la diferencia que existe entre esa enumeración árida y despojada, con la de la versión bíblica que acabamos de escuchar. Que es una de ellas, la del Éxodo, porque tenemos otra, con levísimas diferencias, en el Deuteronomio.

Empezando por lo de "diez mandamientos". Las veces que la Escritura los nombra genéricamente no los llama diez mandamientos, sino "decálogo", es decir 'diez palabras'. No imposiciones, sino decires. Porque palabra habla de diálogo, de habla. Y hablar supone uno que dice y otro que escucha; dicente e interlocutor; yo y tu.

Precisamente eso es lo que falta en nuestros mandamientos del catecismo y que resalta en la versión del decálogo de la Escritura. El infinitivo impersonal -' santificar ', ' no matar ', 'no robar' ...-, en las versiones del Éxodo y el Deuteronomio se transforman en enunciados en segunda persona -' santificarás', 'no matarás', 'no robarás' -. Y, antes que nada, se presenta quien pronuncia las palabras. " Yo soy Yhavé tu Dios', ... no te postrarás ante las imágenes porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, misericordioso con los que me aman y guardan mis palabras ..." Las diez palabras de Dios se encuadran en un diálogo interpersonal, en una interpelación, que desde Yahvé Dios, se dirige al pueblo de Israel y a cada uno, hablándonos al corazón... Aún los preceptos que se refieren no a lo divino sino a lo humano, los de la segunda tabla - 'no dirás falso testimonio' , 'no codiciarás los bienes ajenos' ...- también los hemos escuchado en la primera lectura poniendo el énfasis no en el acto prohibido considerado como malo en si, mala acción, sino en sus consecuencias para el otro, llamado 'prójimo': ' no darás falso testimonio contra tu prójimo' -no se trata de un mero 'no mentir'-; ' no codiciarás la casa de tu prójimo' -no 'los bienes ajenos'-; 'no codiciarás la mujer de tu prójimo' - no por los 'malos pensamientos' como nos acusamos nosotros en el confesionario, sino por la injusticia que se infiere al prójimo...

Para darse cuenta de la originalidad de esta legislación del decálogo es bueno saber que no tiene parangón con ningún cuerpo legal conocido de la antigüedad, como el famoso código de Hammurabi , siglo XVIII AC, o las leyes de Ur-Nammu , o de Lipit-Istar , o de los hititas ... alrededor de esa época. Todos ellos atribuyen su codificación a un rey, a una autoridad humana -el rey Hammurabi, por ejemplo, en el primer caso-, además de enunciarse siempre en tercera persona, -'se ha de hacer tal cosa', 'no se hará tal otra'- como por otra parte será luego costumbre, hasta nuestros días en todas las legislaciones del mundo. Aquí, en cambio, en el decálogo nos encontramos con el inédito hecho de que las diez palabras son proferidas directamente por Dios y no se dirigen al aire en tercera persona, sino interpelándonos a cada uno, en segunda: 'harás', 'no harás'.

Es probable que, más allá de las formas, parte de las normas del decálogo sean antiquísimos, sobre todo las que se refieren a las relaciones entre los hombres: no matar, no robar, no cometer adulterio... y, por otra parte, comunes a casi todas las legislaciones antiguas de la humanidad. Algunos etólogos, incluso, perciben sus raíces en normas inscriptas ya en el código genético de los primates. Otros preceptos fueron agregándose luego, no todos novedosos, excepto los que se refieren al culto del único Dios, y, probablemente último, el de la santificación del sábado, de la época del exilio, todo reunido finalmente en diez, y cristalizado en la figura legendaria de Moisés. Pero lo que es singular es que, por una vía o por otra, quinientos años antes de Cristo, el pueblo de Israel tenía clara conciencia de que esas diez palabras no gozaban solo de autoridad humana sino que expresaban el querer de Dios. No solo eso sino que estaban enunciadas a manera de diálogo, de modo que el hombre, al cumplirlas, era como si respondiera con un si de amor al coloquio de amistad que Yahvé quería entablar con él. No se trata solo de un enunciado de artículos, incisos y codicilos que hay que obedecer por temor a la sanción y a la pena, o puras leyes naturales que expresan el correcto ordenamiento y uso de lo humano para que éste no sufra averías, sino de un divino decir que, al tiempo que busca nuestro bien, implora respuesta de amistad.

Pero hay otra característica que hace del decálogo algo inédito en la historia de la humanidad y es la unión, en un mismo conjunto, de las obligaciones que nos tocan con Dios y con los hombres. En cuanta cultura antigua conocemos existen por un lado las leyes que miran a la ética, a la moral, al comportamiento de los hombres entre si y en sociedad, leyes -aunque avaladas y protegidas por los dioses, generalmente identificados con el espíritu de la polis- promulgadas por la autoridad política, civil, y por el otro, leyes cultuales, rituales, religiosas que tienen que ver con lo divino y que son legiferadas por los sacerdotes. En el decálogo, por primera vez en la historia de la humanidad, hallamos que las normas que regulan las relaciones del hombre con lo divino son seguidas homogéneamente por las que tocan lo puramente humano. Todo queda inscripto en un mismo decir de Dios al hombre. Lo moral queda subsumido en lo cultual y lo cultual se prolonga en lo moral.

La religión y la moral quedan indisolublemente unidas. No hay posibilidad de culto legítimo y adecuado en la injusticia y protervia entre los hombres. En ello insistirán los profetas: no basta cumplir los ritos. Ello lo llevará a su plenitud Jesús al resumir todos los preceptos en los dos del amor a Dios y al prójimo y equiparar el segundo al primero. Lo cual plásticamente lo refuerza en aquello de que "si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda (...) y vete primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 23).

Ya no hay posibilidad de culto sin moral: sería pura superstición, temor a lo sagrado, miedo a los tabúes, chantaje a los dioses; ya no puede existir una moral puramente humana, ética horizontal, sola filantropía. El hombre demuestra el amor a lo divino en el amor y respeto por lo humano. Y mi relación con Dios, mi mística, mis oraciones y mi culto, han de ser vividos en los senderos de mi caminar con el prójimo.

Los mandamientos ya no son la receta del médico, ni las instrucciones del fabricante, ni el ordenamiento del tránsito, ni el código de edificación urbano, ni el reglamento del club, son decálogo, diez palabras de amor que Dios pronuncia a mis oídos, requiriéndome, requebrándome. Mis acciones ya no son solo eficaces para la convivencia, valiosas por si mismas, obras lúcidas de la prudencia, actos de virtud, sino respuesta de amor al decir amante de Dios.

Mi culto no se detiene en el ámbito del templo, de mi rosario cotidiano, de mi venida a Misa, de mis oraciones al acostarme y levantarme, sino que se prolonga en mis deberes de justicia, en el trabajo, en mi trato con los demás, en mis estudios, en mis responsabilidades, en mis tareas bien hechas, en mi profesión idóneamente ejercida...

En cuarenta y seis años los judíos poniendo en ello fuerzas y bienes que no tenían, exigidos por la megalomanía de Herodes el Grande, habían construido, sobre las ruinas del viejo templo de Salomón, el edificio de mayores proporciones existente en el país, uno de los templos más grandiosos del imperio romano, del cual finalmente habían llegado a estar orgullosos y que se había transformado en el centro de la vida religiosa, comercial y política de Israel. Se llamaba templo a todo el conjunto de construcciones, empezando por una enorme explanada horizontal levantada sobre la pendiente de la loma y, hacia el centro, lo que sería propiamente el santuario, rodeado de los amurallados atrios de las mujeres, de los israelitas y de los sacerdotes. Es sabido que a esos atrios solo se ingresaba para orar y ofrecer sacrificios. Las actividades de comerciantes, cambistas y vendedores en general se desarrollaba en la explanada. En realidad se trataba de actividades necesarias, ya que en algún lado debían conseguir los fieles las víctimas para los sacrificios y la antigua moneda judía en la cual era obligatorio pagar los impuestos del templo. Pero la acción de Jesús de derribar las mesas de estos funcionarios, más que una acción subversiva contra la simonía, la usura o la codicia de los que con estas actividades mercaban, era un gesto simbólico en el que miraba a superar el culto exterior del templo con la interiorización definitiva de éste en la propia entrega de su vida. Por eso, en una secuencia de tres pasos que nuestra traducción no respeta, el evangelista va como haciendo adentrar a Jesús en la geografía de ese recinto del cual habla. Primero se habla del templo en general - to ierón -: la gran explanada, el mundo no solamente de los comerciantes sino de los políticos, de las noticias, de las discusiones. Todo ese universo de poder, de dinero y bancos, de charlatanería, de prestigio, de influencias, de apariciones públicas, de discursos y declaraciones que constituyen el aderezo obligado, la parte exterior y quizá necesaria, lo que suele aparecer en los diarios, en la televisión, de la Iglesia y sus eclesiásticos. Cuando a Jesús empero le preguntan porqué obra así, responde ya no refiriéndose a ese recinto - to ierón - sino a lo que llama 'Casa de mi Padre, la casa de Israel', y con la imaginación entramos entonces en la segunda porción del templo, la construcción central rodeada de muros y donde solo pueden entrar los israelitas: el lugar del culto y la oración. Nuestras iglesias y ceremonias, nuestros ritos sagrados, nuestros cantos y plegarias, nuestras reuniones parroquiales... Para tantos hombres de Iglesia, para tantos cristianos, el rito para cumplir, para quedar bien, para sentirme bien, para que Dios me proteja, para que me obtenga en mi oración, en mi limosna, en mi ir caminando a Luján, aquello que pido para mi bien material o mi tranquilidad espiritual o de mi familia, o simplemente ir a la iglesia, a la parroquia, para estar con otros, terapia de mi soledad, club de barrio... "Do ut des". Doy para que me des. Yo te rezo, vos me protegés y me ayudás. " No hagáis de la casa de mi Padre casa de comercio ".

Esto ya resulta duro para los que escuchan a Jesús. "¿ Qué signo nos das para obrar así ?" Y Jesús responde: " Destruid este templo y en tres días lo volveré a levantar ". Pero aquí la traducción es mendaz, porque el término griego que ahora traduce templo ya no es ierón sino ' naós', 'santuario', la parte más recóndita, prohibida e íntima de todo ese espacio sagrado: el 'santo de los santos', símbolo de la presencia de Dios y donde no podía entrar sino una vez al año el sumo sacerdote y que ahora será simplemente el cuerpo, lo humano de Jesús. El será el verdadero santuario, en cuanto hecho ofrenda de si al Padre en la cruz y levantado para siempre a los tres días.

Jesús nos hace pasar de la exterioridad del templo a lo más interior y sagrado; de la superficialidad de una religión vivida en estadísticas, actos diplomáticos, negociaciones, diálogo con los políticos o con otras religiones, documentos y comentarios eruditos, pasando por una piedad puramente ritual, supersticiosa o sentimental, devoción y solidaridades puramente humanas, reuniones, al encuentro vivo con Jesús, verdadera presencia, santuario de Dios entre nosotros.

En su persona entregada al Padre y a nosotros, síntesis viviente del último sentido del decálogo, amor a Dios y a los demás plasmado en cruz, da también último sentido al templo de Jerusalén y aún a nuestros propios templos: lugar de encuentro con Cristo para que, en comunión con la ofrenda de su cuerpo, también nosotros nos hagamos hostias vivas e integremos nuestras plegarias de oblación y nuestros ritos de ofrenda y comunión en vida al servicio de los demás. Amor a Dios transportado a amor al prójimo; amor a los nuestros iluminado por el amor a Dios.

Cuaresma tiempo de purificación, tiempo de látigo de cuerdas para quitar de nosotros todo lo que en nuestro querer a Dios subsista de velado comercio y egoísmo y de nuestro amor a los demás todo lo que, puramente humano o aún desviado, no sea compatible, no sepa vivificarse con el amor a Dios.

Que a las diez palabras de amor que nos dice el Padre respondamos haciendo de toda nuestra vida en Cristo un templo luminoso y bello levantado a El.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma00.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo B del año 2003 (Catecismo.com.ar).

2003. Ciclo B

3º Domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

SERMÓN
(GEP 23/03/03)

Jerusalén tenía varios mercados de animales -mercados de ganado común y mercados de víctimas para los sacrificios-. Uno de ellos, el más importante, el Hamuth -el 'mercado'-, situado en el monte de los Olivos, donde se compraba tanto carne destinada al consumo como ganado en pie para el culto. Esos animales provenían de los alrededores de Jerusalén. Los montes de Judea en lo que se refería a corderos, cabras y palomas. (Con importantes palomares allí mismo, en el monte de los Olivos). La llanura de Sarón, hacia la costa, de tierras más feraces, para los novillos y vacunos. Ciertamente, éstos, mucho más caros. Los podían sacrificar y comer los verdaderamente pudientes.

Al precio de compra en su lugar de origen, había que sumar el del transporte y sus riesgos hasta Jerusalén, la alimentación artificial hasta la venta, la ganancia del intermediario, los certificados de pureza que emitían rabinos especializados para garantizar que el animal fuera digno de perecer en el altar del Templo.

Una vez comprado el animal en el Hamuth a precio de oro, el fiel judío debía conducirlo por senderos escabrosos, cruzando el valle del Cedrón y subiendo las empinadas y estrechas callejuelas que conducían al templo, a riesgo de estampidas, de empaques y de que -por su contacto con paganos u otras inmundicias- el animal llegara impuro a la explanada del templo y fuera rechazado por los sacerdotes.

En realidad esto podía suceder frecuentemente ya que, aunque de hecho eran las grandes familias sacerdotales las que manejaban casi todo este comercio, especialmente la de Anás, había pica entre ellas, y era sumamente satisfactorio poner trabas a la venta hecha por las familias rivales. Entonces, aunque saliera más caro, convenía adquirir el ganado directamente en los 'puestos' instalados en la misma gran explanada del templo, en el gran pórtico, recova, oeste, donde, a precios siderales pero sin tanto trabajo y riesgo, el que tenía plata podía comprar cómodamente un animal que seguramente no sería rechazado. ('Puestos' por supuesto alquilados y manejados por los grandes sacerdotes).

Es verdad que durante mucho tiempo allí solo se permitió la venta de palomas y ganado menor. Algo de escrúpulos quedaba en la casta sacerdotal, y el riesgo de que, con sus deposiciones, alguna bestia mayor suelta sobrepasara el patio de los gentiles e ingresara en el santuario y lo profanara, frenaba su comercialización 'in situ'. Pero, cuando hacia la época de Cristo se desató enfrentadamente la rivalidad entre el sanedrín, dominado por los fariseos, y el Sumo Sacerdote, Caifás, las cosas cambiaron. El sanedrín dejó de sesionar en sus dependencias del templo y, momentáneamente, antes de trasladar su sede definitivamente al Tyropéon -allí donde fue juzgado luego Jesús- encontró refugio en el mercado -el Hamuth - del Monte de los Olivos. Para vengarse de los dueños de ese mercado, Caifás decretó que se pudieran vender también bueyes y novillos en el templo. De paso, con las concesiones y vendiendo sus propios animales, acrecentó su ya imponente fortuna.

Porque también era el dueño de los puestos de cambio. Como Vds. saben el superobligatorio impuesto del templo solo se podía pagar con el famoso siclo o medio siclo de plata acuñado en Tiro , ya casi fuera de circulación. Porque todas las demás monedas en curso, tanto griegas como romanas, no solo llevaban grabadas representaciones humanas de reyes y emperadores -figuras prohibidas por la Biblia- sino alusiones netamente paganas. Era dinero 'pecaminoso', el 'dinero de la maldad', la 'mamonna iniquitatis', del cual habla Lucas en la parábola del administrador infiel, no obstante lo cual, según la misma parábola, con él, lo mismo, era posible hacer el bien. Pero no pagar el sagrado impuesto. La única moneda 'no pecaminosa' para este fin era el siclo de Tiro, a pesar de llevar, aunque ya borrado por el uso, la efigie del dios fenicio Melkart. De hecho casi el único lugar en que se podía conseguir esa moneda, para la época de Cristo, era el templo de Jerusalén.

Pingüe negocio: los fieles adquirían sobrevaluados lo siclos en las mesas de cambio: echaban a éstas en las alcancías en forma de trompa del patio del templo que las dirigían directamente al tesoro subterráneo, el gazofilacio. De allí, inmediatamente, retornaban a las mesas de cambio, donde seguían produciendo ganancias sin parar. Todo, por supuesto, para las familias sacerdotales y, sobre todo, para el Sumo Sacerdote, en este caso Caifás.

Claro que la ira de Jesús no va tanto a esta especie de explotación del pueblo piadoso, a la cuestión social, sino a la profanación de lo religioso puesto al servicio de fines de lucro.

Evidentemente su látigo no puede haber sido una gran cosa. No se podía entrar con ninguna clase de arma al templo. "Cuerdas", señala nuestro evangelio, probablemente las que se usaban para atar a los animales. No: no gran cosa. Dicen que el Padre Pío , cuando se veía rodeado de ancianas piadosas que se precipitaban sobre él para tocarlo, revoleaba por el aire su cíngulo franciscano para alejarlas. Pero es verdad que Jesús no era el menudo Padre Pío. A juzgar por sus huellas en la sábana santa, era un tamaño hombrazo de casi uno noventa. Estatura formidable para una época en la cual la mayoría no pasaba de los uno sesenta. Estirpe de guerrero dávida, en la plenitud de la juventud y ardiendo sus ojos en llamas, sería la misma imagen de la cólera divina. Evidentemente para derribar mesas y azotar las espaldas grasosas de los cambistas le tiene que haber sobrado majestuosa energía. Ni siquiera la guardia del templo se atreve a detenerlo.

Sí: linda estampa la de este Cristo viril. Todo lo contrario de un flaco como Mahatma Ghandi o un gordo como el Dalai Lama o un mofletudo morocho rollizo como el Sai Baba o un granoso y chupado flacucho pacifista.

La santa ira de Jesús. Esa ira, por supuesto, que cuando hace perder los estribos, o se extralimita en bruta crueldad, o busca venganza por la soberbia herida, se transforma en pecaminosa cólera, pero que cuando falta, siendo necesario tenerla, se hace pusilanimidad y cobardía. Como afirmaba San Juan Crisóstomo: "Quien habiendo causa no se irrita, peca. La paciencia irracional, siembra vicios, alimenta la negligencia e invita al mal no solo a los malos sino a los mismos buenos ".

Una autoridad que contra el delincuente no toma medidas de coacción llevado por el deseo de la justicia, manejando su justa ira contra éste y permisivamente conteniendo la vindicta, no solo demuestra irresponsable debilidad, sino que provoca cada vez mayores desórdenes, fomenta la comisión de delitos, desalienta a los buenos. Esto lo hemos experimentado a todo nivel: desde la falta de ejercicio de sólida autoridad y justas puniciones de parte de los padres, pasando por la escuela permisiva, hasta el delito soez que ha ganado nuestras calles y el de guante blanco nuestros negocios e instituciones.

Tampoco se puede, en nombre de una falsa paz, o timorata mansedumbre, que a la larga es rendición y cobardía -o, quizá, complicidad-, tolerar los desplantes del terrorismo, el creciente armarse de las izquierdas, de las mafias y de los cárteles de la droga o de los fanatismos fundamentalistas ni de las ideologías y falsas religiones que hacen explícito elogio de la violencia irracional como último y obligatorio instrumento de expansión.

Tan fatídica y destructiva como la ira irracional, es el desprestigio sistemático de la ira como instrumento de la razón y de la justicia. El mismo San Juan Crisóstomo afirmaba " La ira que tiene causa no es cólera, sino juicio. Cuando nos airamos y airadamente actuamos por causa justa no obramos por desordenada pasión, sino por juicio. "

El apetito llamado 'irascible' -no el 'de deseo'- por Aristóteles y Santo Tomás, es fuerza dada al hombre para emprender empresas difíciles, para superar obstáculos, para alcanzar los llamados bienes 'arduos', es decir aquellos que cuesta obtener y para los cuales tenemos que poner garra, empeño, nervio, tener pasta de héroes. El puro deseo, buena intención, querer o amor, aún de los verdaderos bienes, nada pueden lograr si no están acompañados de un poco de adrenalina. El timorato, el vago, el débil, el acomplejado, el medroso, el impasible, no sirve para amar, al menos para amar en serio, para amar a Dios sobre todas las cosas, para ser santo. La caridad sin fuerza, extenuada, apática, incapaz de entusiasmarse por lo bueno y por lo bello y enojarse frente a la injusticia, a la mentira, a la blasfemia, a la corrupción, hablan de un cristianismo sin sangre, sin ese fuego y espada que dice Cristo ha venido a traer a la tierra.

" Cuando con ira se busca vindicta, es decir justicia, conforme al dictado de la recta razón -dice Santo Tomás de Aquino- ello es virtud laudable y se llama 'ira por celo'" -no "por celos"-. " El celo por tu casa me devora ", frase del salmo 69 que recuerdan los discípulos cuando ven a su señor fulgurando su mirada y su derecha empuñando el látigo, a la manera como sus antepasados habían empuñado la espada.

A secuela de Cristo la Iglesia nunca temió la santa ira. Más allá de las llamadas personales y heroicas a poner la otra mejilla, a devolver bien por mal, que es el espíritu mismo del evangelio, siempre defendió en la sociedad, consciente de la fuerza del pecado y la inconsistencia de toda utopía pacifista, la necesidad de oponer al mal la ira y la fuerza racional de la vindicta. La institución de la caballería, las Ordenes militares, la ética del guerrero cristiano, los capellanes castrenses, la bendición de las armas que usan los que pone su espada no al servicio de sus intereses personales sino del bien común, de Cristo, de la justicia y la verdad. El guerrero cristiano no es un hombre simplemente armado que pueda desatar su cólera y su agresividad brutalmente, sino que ha aprendido a dominarla para usarla como instrumento de la verdadera paz. No de la parodia de paz que pregonan algunos y que no es sino claudicación, triunfo de los malos, sometimiento de los buenos, perpetración humillante de la injusticia.

Terrible y trágica la guerra, sobre todo cuando toca a los que no están preparados para ella. La Iglesia siempre la reservó a los hombres de armas, a los guerreros, no solo los que saben matar, sino los que saben domeñar su ira y, sobre todo, los que saben morir.

Por cierto, que, más allá de la tragedia de las guerras exteriores, esa ira y ese celo, tiene que descargarse, sobre todo, contra nuestros enemigos interiores: nuestros vicios, nuestras perezas, nuestro no querer atacar esa materia difícil y ponernos a estudiar, nuestro no enfrentar de una vez el problema y dejarlo crecer, nuestro no cortar con energía la situación de pecado, incinerar todo lo que sabemos nos hace mal. Por supuesto, aprender a controlar nuestras iras irracionales, nuestras cóleras desmedidas, nuestro ego siempre a la defensiva, nuestras agresividades hirientes, nuestra capacidad de causar dolor a los demás, nuestro tentador recurso al derecho del más fuerte y la sumisión de los débiles. Pero tampoco mirar para otro lado cuando aparece la injusticia y el mal. Todo esto debe ser parte de nuestro combate cuaresmal.

Que Cristo nos preste algo de su hombría, de su santa ira, de su celo, de su fuego, de su espada, para que, enfrentando el mal virilmente, sepamos vivir la auténtica caridad y echemos a latigazos, donde los hallemos, adentro o afuera, a los mercaderes del templo.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma03.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 1971 (Catecismo.com.ar).

1971 Ciclo C

3º domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN


No hace mucho tuve la oportunidad de encontrarme con una persona que, aquejada de múltiples desgracias en la familia, en los negocios y en la salud, se había alejado de la práctica religiosa; se había enojado con Dios.

¡Cuántas veces frente a hechos terribles no hemos escuchado la exclamación: ‘¿Cómo es posible que Dios permita estas cosas?'!

Aunque ‘naturales', este tipo de actitudes nace de un conocimiento inexacto de lo que es el cristianismo, y de lo que éste significa para nuestra propia vida.

Muchos católicos de hoy, -muchos, incluso, de los que estamos aquí llenando este templo-, viven su condición de católicos como si ciertas verdades de nuestro Credo no existieran. No que las nieguen explícitamente; pero, en la práctica, proceden como si fueran ideas, lejanas y sin fuerza. Una de estas verdades, de las cuáles hoy poco se habla y que, sin embargo, es fundamental para vivir plenamente el Evangelio, es la de la Vida eterna. La realidad de una existencia más allá del tiempo y el espacio de ésta, nuestra efímera vida terrena.

Porque es para esa vida definitiva que Dios nos ha creado. Para construir ese nuestro destino permanente y acabado Dios nos ha dado la libertad en estos breves años que pasamos por el mundo de la historia humana –a la manera de Moisés por el desierto camino a la Tierra Prometida-.

Mientras estemos aquí en la tierra aún no somos verdaderamente hombres; somos ‘proyecto de hombre'. Lo seremos plenamente recién en el Cielo. Estos setenta, ochenta años que el Señor nos concede en este mundo, no son sino la oportunidad que Él nos da para merecer aquello que es la verdadera y definitiva vida.

Todos aceptan con naturalidad los esfuerzos y sacrificios que hay que hacer para recibirse y tener un título profesional, ser un buen futbolista, comprarse un auto o una heladera; pero muchos parecen rebelarse cuando dichos sacrificios o esfuerzos les son requeridos para alcanzar el único premio que vale la pena y que es el de la eterna felicidad.

San Pablo decía a los primeros cristianos, perseguidos por los judíos, “¿ Qué son estos breves sufrimientos comparados con el premio que les espera? ” Y, sin embargo, pareciera que hoy los cristianos no estamos dispuestos a hacer el mínimo esfuerzo para conseguir aquello que debiera ser la finalidad última de todas nuestras preocupaciones.

¡Cuántos hay capaces de madrugar para ir a un ‘picnic' o a un partido de fútbol, y no lo son para ir de vez en cuando a misa o cumplir el precepto dominical! Se tiene tiempo para perder frente a la televisión o en el café, pero no se dispone ni de un minuto para rezar . Se es capaz de discutir a gritos de política o pavadas, pero se es tímido cuando se trata de defender a Dios o a la Iglesia, o de proclamar virilmente la fe. Yo quisiera encontrar tantos hombres y mujeres dispuestos varonilmente a luchar contra sus propios egoísmos y practicar las penitencias cuaresmales, como hay señoras y señoritas dispuestas a ayunos y sacrificios por mantener la línea.

¡Y no digamos nada si comparamos la paciencia de los mártires - antiguos y modernos-– o el valor de los cruzados y de las órdenes militares, o las penitencias de los cristianos de antaño, con nuestros pobres sacrificios de cristianos modernos y bonaerenses!

Vean Uds. cómo la Iglesia, frente a esta situación del hombre moderno, incapaz de hacer esfuerzos en las cosas de Dios, ha ido mitigando progresivamente todas aquellas exigencias no absolutamente necesarias, para conformarse a nuestro anémico cristianismo: ha reducido el ayuno eucarístico, ha aligerado el ayuno y abstinencia cuaresmales, ha ampliado la posibilidad de cumplir el precepto dominical al sábado por la tarde...

Y -¿por qué no decirlo?- cuántas veces el sacerdote (que, por otra parte, no siempre da el buen ejemplo necesario) debe, en el confesionario y en la predicación, cerrar los ojos y callarse frente a ciertas cosas, por miedo a que, de exigirlas, alejen a los penitentes o fieles de la Iglesia.

No obstante, de vez en cuando tenemos que decirlo. Señores, el cristianismo no es fácil, la Iglesia no es un cómodo club dominical donde nos reunimos todos de vez en cuando, para quedar más o menos tranquilos con nuestra conciencia. Ser verdaderamente católico es difícil, duro: exige hombría, constancia, virilidad... Y, hoy más que nunca, en esta civilización del bienestar y la abundancia, que nos ofrece tantas ocasiones de olvido de Dios y halago de nosotros mismos; civilización en la que, muchas veces, al que quiere ser cristiano en serio se lo mira como a zonzo.

Jesús nos ha venido, sí, a traer la Buena noticia de la Salvación y de la verdadera alegría. Pero, no debemos olvidar nunca que la Resurrección sólo germina en los campos abonados por la Cruz. En este peregrinar por el desierto, hacia la tierra prometida tendremos, sí, el agua fresca de la Roca de la cual habla San Pablo, que es Cristo; y tendremos también, a veces, consuelos materiales y la alegría de la compañía de las personas que queremos ; pero, nuestra mirada, por ello, no debe posarse en el medio de la vía, sino en la estación definitiva a la cual nos encaminamos.

Para acordarnos de ello, también nos sirven las desgracias, los momentos en los que las cosas no van como quisiéramos, los sacrificios voluntarios. Porque, en último término, no es la felicidad en este mundo lo que importa, sino la Felicidad eterna .

 

Por ello, como la higuera estéril del Evangelio de hoy, si no damos fruto, debemos ser podados. Y, en la poda de la penitencia, voluntaria o involuntaria, adquirir fuerzas para fructificar, para germinar definitivamente en la eterna alegría.

Que esta Cuaresma nos sirva para ello.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma71C.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 1983 (Catecismo.com.ar).

1983 Ciclo C

3º domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN


La Gramática de la Real Academia Española , hablando del predicado nominal y los verbos copulativos, dice: “La significación primitiva del verbo ‘ser' que, en su origen ario, fue atributivo con la acepción de ‘existir', se ha ido restringiendo poco a poco, hasta el punto de quedar casi reducida a la de mera cópula o lazo de unión entre el predicado nominal y su sujeto”.

Y el diagnóstico sobre el empobrecimiento del significado del verbo ‘ser' que hace la Real Academia es exactísimo. El verbo ‘ser' se ha trasformado en el más vacío, flotante y tenue de los verbos. Impalpable común denominador de todas las infinitas características de los objetos y acciones del universo que hay que sobreañadirle, para darle tono y color. Decimos “el hombre ‘es' racional”; “el animal ‘es' sensible”, “la planta ‘es' viva”; “la piedra simplemente ‘es' ”. ¿Ven? El verbo ‘ser' solo se usa para caracterizar lo mínimo, lo inferior, lo menos rico en el plano de lo que nos rodea, la piedra muerta. De tal modo que, incluso en el lenguaje común, se oye decir muchas veces, para señalar de una persona que no tiene iniciativas, que no hace nada, que es un opa, un zombi: “es un ente” –el participio latino del verbo ‘ser'-. O, cuando uno pregunta a alguien “¿Cómo va tu vida? ¿Cómo andás?” y le contesta “ahí estoy, soy” se entiende que no pasa nada, que no hay nada importante en su vida, que las cosas no van demasiado bien.

Y de esta pobreza del significado del verbo tienen la culpa, por una parte, la gramática y, por la otra, la filosofía y la lógica, que han convertido a la categoría de ‘ser' en una noción genérica, abstractísima, despojada de toda nota cualificante y con el más vago de los significados.

Pero al principio no fue así, porque, curiosamente, el verbo ser, en su primitiva etimología, proviene de una raíz que significa ‘ comer' y que pasó, luego, a designar el hecho de ‘vivir' (1). Todavía hoy, cuando el enfermo recobra el apetito nos damos cuenta de que está en camino de recuperar la salud, de volver a la vida. El que tiene hambre y come, ese ‘existe', ‘vive', ‘es' en la acepción original del verbo. El ‘ente' verdadero y original, lejos de ser el opa apagado, es el que está lleno de apetito y de vida. Y la vida, por supuesto, para el hombre, no significa solamente el comer y respirar, sino el existir plenamente como ser humano en plenitud de bienes y alegría. “¡Esto no es vida!” decía mamá cuando renegaba y se enojaba con nosotros. “¡Esto es vida!” dijo, ahora, tanta gente durante las vacaciones, o los jeques árabes con sus petrodólares en París. Y, así, pues, el verbo ‘ser' tenía, en su primitivo significado ese sentido de plenitud de vida que hoy ha perdido como cópula y género.

En hebreo sucede lo mismo. Lo que nosotros traducimos como verbo ‘ser' es el verbo ‘ hayah ' que, en su etimología más remota quiere decir ‘soplar', ‘respirar', otra señal, como el comer, de la vida. De allí que su significación pasa a ‘vivir' y, finalmente, a ‘existir', ‘ser'. Pero, a diferencia del español y del latín, en su uso habitual no ha sido trabajo y empobrecido por la filosofía, sino que conserva todas las resonancias vitales de sus raíces primitivas. En hebreo: ‘ser', ‘ hayah' , es ‘vivir' y ‘vivir creciendo', ‘floreciendo', ‘dando frutos', ‘engendrando', ‘proliferando'.

Es precisamente con este verbo ‘hayah' cómo, en el momento sublime de la historia de la humanidad que hemos rememorado en la primera lectura de hoy, la divinidad de Abraham, de Isaac y de Jacob se revela a Moisés afirmando de sí “ Soy el que Soy ”. Pero la traducción castellana no vierte la riqueza del significado de la frase hebrea ‘eyeh asher eyeh' –usando el verbo ‘ hayah '- que quiere decir, mucho más que la traducción obligada “Soy el que Soy”. Más bien, “ Yo Soy el Viviente por antonomasia ”, “Yo Soy la plenitud de la Existencia”, “la suma de todo lo que es lindo y valioso y vivificador”, “Yo Soy el que florece en Riqueza infinita”, “Yo Soy el que da frutos de Vida jugosa y perfumada y bella”.

Y, más aún, porque, vean, en castellano “yo soy el que soy” suena a una especie de afirmación de lejana autosuficiencia, cerrada en sí misma, aislada, estéril.


Moisés y la zarza ardiente
William Blake (1757 - 1827)

En hebreo no es así, el dar el ‘nombre' a alguien no es solo una identificación, no es una definición; es una presentación, un abrirse confiado al otro. ‘Eyeh asher eyeh', “yo soy el que soy” quiere decir más bien: “Yo Soy el Viviente y el que te ofrece Vida”. Es decir, no solamente descubro lo que Soy, te permito saber que hay Alguien que vive, de manera supremamente plena y bella, todo lo que el hombre considera vida y felicidad, Alguien envidiable e inalcanzable, James Bond que todos quisiéramos ser y no podemos, sino que “Soy” el que, poseyendo esta plenitud fabulosa, brutal, nos invita a alcanzarla, a recogerla de sus ramas ofertadas y llenas de fruto.

“El que Vive y causa la Vida”, pues. “Eyeh asher eyeh”. “Yo soy el que soy ”. “Así dirás a los israelitas ‘ Yo Soy' me ha enviado a vosotros”. Y, luego, “así dirás a los israelitas ‘ El que Es' –ahora en tercera persona- me ha enviado a vosotros”. Y si “yo soy” se dice en hebreo ‘ eyeh ', primera persona, ‘ Él Es ', tercera, se dice ‘ Yhavé '. Cuando nosotros leemos en la Biblia Yahvé –o Jehová , en las biblias protestantes, que leyeron mal las vocales- estamos pues diciendo “Él Es” o “El que Vive” o “El que da y ofrece Vida”.

‘Vida', ‘ser', ‘existir', que tanto no es una cuestión de ‘ser abstracto', gramatical y, ni siquiera, puramente biológico, que se traduce inmediatamente, en la historia bíblica, en una acción de ‘dar vida' específicamente humana. Porque el ser, la existencia, que llevaban los hebreos en Egipto “ no era vida ”, porque servidumbre, esclavitud.

Ahora “Yahvé”, “El que Vive”, quiere empezar a darla. Baja a librarlos del poder de los egipcios y hacerlos ‘subir', desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una “tierra que mana leche y miel”. ¿Ven? Siguen las imágenes biológicas, pero lo que importa, en el fondo, de esta biología propia del hombre es ‘la libertad', la vida ‘humana' y, más, en el fondo, la Vida divina que implícitamente se les ofrece.

El presentarse, revelarse, abrirse de Yahvé a Moisés, se traduce de inmediato, pues, en esta acción vitalizadora, liberadora, redentora, descripta por el redactor del Éxodo en dos tiempos: 1) ‘sacar de' y 2) ‘subir a'. ‘Sacar' de Egipto, de la esclavitud. ‘Subir' a la tierra prometida, a la Vida.

‘Dejar' - ‘obtener'. ‘Partir' - ‘llegar'. ‘Abandonar' - ‘conseguir'.

En este esquema de doble movimiento se encerrará toda la acción por medio de la cual ‘Yahvé', ‘El que Vive', quiere transmitir Vida al hombre, como nos enseñará ya claramente el Nuevo Testamento. Pero ello ya está contenido raigalmente en la revelación del nombre de Yahvé. ‘El que da Vida'. Lo que quiere es reglar Su propia Vida al hombre. “Salir de Egipto” será, en última instancia, dejar la pura condición humana, y “subir a la tierra prometida”, alcanzar a Dios, vivir con Él, como El.

Ese es el sentido del Pascua: Cristo ‘deja Egipto', abandona lo humano. Muere. Cristo ‘sube a la tierra prometida', a la derecha del Padre, al Cielo. Vive.

Y ese es el sentido también de toda vida cristiana: ‘dejar' el Egipto, la esclavitud de lo puramente humano, caduco, limitado, aherrojado en tiempo y en muerte, para ser llevado, ‘subido', por la gracia, al lugar de la leche y de la miel, al cual ya ha llegado el primero de los muchos hermanos: Cristo.

Ese es el objeto de la Cuaresma. Así como la Pascua será el anticipo de la ‘subida', de la tierra prometida, de la Vida nueva, la Cuaresma es el tiempo de la ‘salida', de la huída, de la liberación.

Durante ella debemos echar una especial mirada a todo aquello que nos esclaviza en egoísmos, perezas, apegos, desórdenes, vicios, cobardías, comodidades, ambiciones, ignorancias, falsos orgullos. Todo colesterol y grasas del alma. De modo que, así, aligerados, podamos colocarnos, en la Pascua, frente a ‘Yahvé', ‘El que vive', ‘el que regala Vida', para que Él nos inunde con la alegría de Su Existir pleno y fructificante y, así, nos vaya preparando para, un día, ‘subir' triunfantes a gozar con Cristo la plenitud del Ser y de la Vida, banqueteando en la tierra que mana leche y miel.

1- En latín: “sum, es, esse, fui, (esum)”. De la familia de “esus-us” , acto de comer, alimento o comida.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma83C.htm
).

Sermon para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 1992 (Catecismo.com.ar).

1992 Ciclo C

3º domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN
 (GEP, 22-3-92)

Nuestro siglo, ya a punto de terminar, tiene el triste privilegio de haber sido el más prolífico en mortandad bélica de toda la historia de la humanidad. Y ello no solo a consecuencia de una mayor densidad de población del planeta, sino por el penoso hecho de que los conflictos no quedan reducidos a luchas entre guerreros profesionales, como durante la cristiandad, sino que hoy involucran a toda la población, produciendo la mayor parte de las víctimas precisamente entre la gente civil. La cosa se agrava si pensamos que en las guerras ya no existen más normas caballerescas, ni se respeta ningún código ético y cualquier medio se reputa lícito si es conducente al fin.

A pesar de su tradición más bien pacífica nuestro país no ha sido mero espectador de conflictos ajenos, sino que, en su propio territorio, ha debido enfrentarse con enemigos sin escrúpulos: desde la guerrilla subversiva que, tras mucho dolor, fue finalmente derrotada por nuestras fuerzas armadas, hasta la guerra con los ingleses por rescatar nuestras islas usurpadas.

Tanto en una como en otra guerra hemos visto la inmoralidad del adversario: la brutalidad sanguinaria del terrorismo marxista, con sus bombas, secuestros y asesinatos; el cinismo frío y perverso del pirata hereje que, proditoriamente, sin ningún aviso, sin intimar rendición ni prestar después ayuda, aprieta el botón que ahoga a quinientos muchachos argentinos en las heladas aguas del Océano.

Pero, en fin, esos conflictos eran nuestros. Son cicatrices sangrantes que aún llevamos, pero de guerras, al fin, que nos eran propias y sagradas.

Lo que, en cambio, clama al cielo y nos rebela es que extranjeros vengan a dirimir sus propios conflictos en nuestra tierra, y nos en-vuelvan en sus guerras sucias, y maten y hieran a los nuestros.

Una guerra bestial, en la cual, sin ningún límite a los medios empleados, -desde el terrorismo, pasando por el exterminio y exilio en masa de poblaciones, hasta el uso de las armas más sofisticadas-, un grupo de una etnia, unida por oscuros vínculos de raza, nostalgias míticas y ambición de poder, ocupó un territorio ajeno, con el puro derecho de la fuerza, desencadenando una reacción también inescrupulosa y animal, que, en escalada sangrienta, creó un juego de venganzas, represalias y nuevas conquistas, como hacía tiempo la humanidad no había visto desplegado en movidas tan brutales.

Dicho conflicto, estrictamente territorial, político y económico, por medios propagandísticos de masividad sin precedentes, se vio camuflado en problema racial y se mezcló artificialmente con el drama del antisemitismo, apañado por la lástima universal a las supuestas víctimas históricas de la pretendida persecución.

Es indignante que se quiera mezclar una cosa con la otra y, por medio de poderosísimos vínculos raciales, culturales y económicos, universalizar esa hostilidad local y disfrazarla de problema de discriminación mundial.

Aquí lo que hay es una guerra feroz y salvaje, entre invasores e invadidos, en un lejano territorio del medio oriente y en donde ninguna de las partes -ocupantes ambos ilegítimos de una tierra que es, de por si, cristiana- puede despertarnos, por los métodos que usan, simpatía alguna y, mucho menos, pretender nuestro apoyo.

Pero lo que debemos repudiar totalmente es que vengan a pelearse con esos métodos en nuestro propio país, en nuestras ciudades, con total desprecio de nuestros bienes y de la vida de nuestros connacionales. Y de ninguna manera podemos aplaudir a uno de los beligerantes cuando, aquí mismo, en vez de pedirnos disculpas por los terribles daños causados, promete, otra vez más, venganza y represalias.

Y, mientras dure esa su rivalidad inhumana y sigan empleando esos medios bestiales, hemos de pedir a esos países que construyan sus embajadas -con sus arsenales, servicios secretos y polvorines- lejos de nuestras Iglesias, de nuestros niños y de nuestros ancianos.

Mientras tanto, recemos por nuestros muertos y heridos en esta pugna innoble que no nos pertenece, y oremos porque la humildad, la paz y la cordura se instaure también en el seno de esos desdichados países enfrentados.

Jesús hoy se refiere a acontecimientos similares -los galileos masacrados por Pilato; el desplomarse de la torre- de los cuales no tenemos más noticia que la que hoy nos trae Lucas en su evangelio y, por lo tanto, no podemos precisar mejor. De todos modos conocemos el contexto: el historiador Flavio Josefo nos habla en varias ocasiones de matanzas ordenadas por Pilato en Judea y que finalmente le valieron que fuera enviado por Lucio Vitelio, procónsul de Siria, a Roma, para ser juzgado y, finalmente desterrado a las Galias.

Del derrumbe de la torre de Siloé y la muerte de doce personas bajo sus escombros tampoco nos alcanzan más relatos que el del evangelio; pero de esos accidentes están llenas las crónicas de la época.

Cristo, de origen galileo, como las víctimas, podría haber perfectamente aprovechado la ocasión para hacer un discurso patriótico, nacionalista, o político, lanzándose a una crítica encendida del sádico gobernador romano o de la incuria edilicia del intendente de Jerusalén. En vez de eso, aprovecha la conmoción de la tragedia para llevar a su auditorio a una verdadera reflexión.

Siempre la muerte pone un tremendo y definitivo interrogante sobre la vida del hombre. Empero, la muerte que viene con la vejez, la prevista, la que se espera después de largos años, es como si biológicamente no sorprendiera y, por lo tanto, no impresiona, aunque duela. La muerte de los viejos hasta a veces es recibida con alivio. La tragedia del morir es como si se esfuminara con la ancianidad; pierde toda la terribilidad del acabose definitivo de la vida. Es como si el cansancio de los tramos finales hiciera menos penosa la retirada, la zambullida fatal; como si las programaciones animales que promueven el recambio de viejos por jóvenes apaciguaran la sed inapagable de vida de lo humano. La vejez es una especie de anestesia capaz de hacernos aceptar resignados el no retorno del morir.

Por eso no causa tanto interrogante la muerte del viejo, como la del joven, como la de aquel a quien sorprende el repentino estallido de una bomba, como el que es segado de la vida por la pared que cae, por el vidrio que se fragmenta y corta, por el auto que no frena. Allí no hay previsión alguna. La muerte aparece sin preanuncios, sin cloroformo; visita inesperada, imprevista, indeseada.

Peor, cuando no es un accidente, sino producto de la maldad humana, de la delincuencia, del sadismo, o de los manejos políticos sin escrúpulos de los poderosos, que siempre, ellos, quedan a salvo. Allí sí se produce el estupor: la muerte recibe su única respuesta que es la falta de respuesta. Ya no hay palabras, sino la mirada perdida, la mente en blanco, el deseo de una venganza que en el fondo se sabe estéril porque no devolverá la vida a nadie.

La muerte de los viejos solo hace reflexionar a los viejos; los jóvenes se sienten muy lejos todavía de ella y, además, tienen otras muchas cosas de las cuales preocuparse. Pero la imprevista ruina de algunos sí es capaz de hacernos pensar a todos. También podría tocarme a mi.

Y sin embargo la muerte, para el hombre -no para el animal o el que vive como animal- siempre plantea un interrogante, siempre, aun-que no la obtenga, exige respuesta. Porque viene a suscitar, sin dar lugar a evasivas, la pregunta final, la que es capaz de dar sentido o dejar sin él a toda la existencia ¿para qué la vida? ¿por qué vivir? ¿Los instantes fugitivos de felicidad que acompañan nuestra veloz temporalidad acaso justifican la existencia, cuando todo acabará en el vacío de la nada?

Cristo, por eso, en vez de meterse en vanas críticas y polémicas, inmediatamente de esas muertes accidentales hace levantar la mirada de sus interlocutores hacia el sentido de la vida. La parábola de la higuera es una respuesta que cala hondo y es capaz de ser entendida por cualquiera. Vivir es ocupar un lugar en el mundo que hay que justificar. Se vive para dar frutos. Quien no los da no merece el don que ha recibido. Dios, sin embargo, es un granjero paciente: sabe que no todos crecemos de la misma manera y a la misma velocidad: nos alarga el plazo, y remueve nuestra tierra y nos abona de mil maneras. A cada cual le da su tiempo; un tiempo, empero, que sabemos no es ilimitado y que en cualquier momento puede acabar. Eso es la vida.

Quiera Dios que, cuando Él decida hacerlo y nos llame, temprano o tarde, se encuentren nuestros brazos y nuestras ramas cargados de abundantes frutos que germinen en inacabable semilla de eternidad.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma92.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 1995 (Catecismo.com.ar).

1995 Ciclo C

3º domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN

"Dios lo castigó." "Dios te va a castigar." "¿Porqué Dios tiene que castigarme si no he hecho nada malo?"

Frases que salen espontáneas a la gente. Como la rebeldía o escepticismo que cunde entre los buenos cuando ven que al malo y sinvergüenza le va bien y en cambio al honesto no.

¿Dónde está Dios, donde su justicia?

Las concepciones paganas no tenían problemas. Ya se sabía de entrada: los dioses son caprichosos, pequeños déspotas inmortales que no curan del bien de los de abajo, se sirven de ellos; hay que tratar de no molestarlos, de propiciarlos con ritos mágicos, de no incurrir en tabús; aún así finalmente hacen lo que quieren, o incluso, se ceban en los más felices, por envidia y los llevan a la desgracia. Toda la tragedia griega, desde Esquilo hasta Eurípides es un muestrario de antojos de los dioses interviniendo para causar la desdicha de los hombres.

Para el budismo o el hinduismo tampoco existe el problema del mal, porque la vida es esencialmente ilusión, destierro, karma maligno, avatares dolorosos, de los cuales ha de desprenderse el hombre en el nirvana, en el yoga, en la huída del deseo. Alá -en el Islam- tampoco trae problemas: el es el supremo, el altísimo, que predestina la vida de los hombres a su guisa y arbitrio, solo queda agachar la cabeza y aceptar resignadamente su predestinación. El materialista, a su turno, no tiene a nadie contra quien protestar: las cosas son así: leyes físicas, químicas, biológicas que se entrecruzan azarosamente, quánticamente, probabilísticamente y frente a las cuales la única esperanza es oponer la ciencia y la técnica del hombre... No hay cuestionamiento a Dios porque Dios es simplemente la ciega materia, quarks, protones, electrones, las cuatro fuerzas.

O, en concepciones más elevadas de lo divino, como Platón o Aristóteles, Dios está tan por encima del hombre, tan lejos de él, que ni se ocupa de su existencia, que no nota que existe, como el que atraviesa un campo admirando el paisaje y gozando del sol sin darse cuenta de las hormigas y bichos bolitas que mientras camina esta pisando. Las cosas son así y nadie pues puede protestar.

El problema de como justificar a Dios por las calamidades que aquejan al hombre aparece cuando en esa porción de humanidad que fue el pueblo hebreo hace alrededor de tres mil quinientos años comienza a forjarse la novedosa idea de un Dios personal, benigno, bueno, misericordioso, que se ocupaba de hasta el último de los hombres y, al mismo tiempo, sabio y omnipotente.

Precisamente el texto de la primera lectura de hoy es una composición cumbre de la teología hebrea. Una reflexión teológica escrita hacia el siglo VII antes de Cristo y que se refiere a algún hecho perdido en la bruma de la historia sucedido en la segunda mitad del siglo XIII. El hecho, escuetamente, consiste en que un tal Moisés, legendario caudillo que está en el origen de lo que luego fueron las tribus del norte de Israel, adopta como divinidad de su tribu a un dios local de los madianitas, venerado en la montaña del Sinaí -que quiere decir, etimológicamente, zarza -. Dicha divinidad se llamaba Yaho o Yahu. Aún hoy se encuentran en dicho lugar antiquísimas inscripciones con ese nombre.

Cuando más tarde, en tierra cananea o fenicia, se confederan las tribus que formarán al pueblo de Israel, ese dios es aceptado por todas ellas como signo de su unidad. Pero ya en el siglo VI, cuando se elabora el texto que hoy hemos leído, el concepto de Dios se ha depurado de tal manera que los teólogos de Israel especulan con la etimología de ese nombre. En realidad nosotros no sabemos qué idioma hablaba Moisés, sabemos que, más tarde, Israel, cuando ya empieza a ser un pueblo organizado en monarquía, ha adoptado el idioma de los habitantes del país: los fenicios o cananeos. En realidad el hebreo con el cual se escribe la Biblia es un dialecto cananeo. Y, en ese dialecto, el nombre yao o yau suena muy parecido a la tercera persona del verbo ser: yahué o yavé.

Los pensadores de Israel entienden entonces que en ese antiguo nombre del dios del Sinaí, se esconde la revelación de lo que es Dios: ser. Y se compone este relato en idioma hebreo, en dialecto cananeo. Al preguntar Moisés a la presencia que se le manifiesta en la zarza ardiente cual es su nombre: ésta le responde ' eyeh asher eyeh '; eyeh : soy o, mejor, estoy. Soy el que soy o soy el que estoy. Lo curioso es que en hebreo no existe el tiempo verbal: pasado, presente o futuro. De tal manera que aquí se puede traducir yo soy el que era o el que es o el que será o las tres cosas a la vez. Yo soy el que estoy y siempre estuve y estaré.

Cuando el 'yo soy', eyéh , primera persona se conjuga en tercera, se transforma en yavé o yaué . El que es. Con juegos etimológicos artificiales los teólogos judíos llegan a casi una perfecta y profundísima definición de Dios: Yahvé, El que es. Y, como, poco a poco, este nombre, por respeto, dejó de pronunciarse entre los hebreos, cuando en la Escritura lo encontraban escrito lo suplantaban por el título de Señor, Adonai. Es por eso que salvo en las traducciones muy modernas al leer la Biblia encontremos solamente el nombre Dios -que traduce el hebreo Elohim- y el título Señor, que suplanta el nombre de Yahvé. Aún en nuestras traducciones de la Misa, decimos siempre Señor, nunca Yahvé, o "el que es".

Pero -haciendo una disgresión- como Vds. saben el alfabeto hebreo, copiado del arameo, no tiene vocales. Mientras la gente supo hablar hebreo bastaba ver las consonantes para recordar también las vocales. Pero, cuando el hebreo dejó de hablarse, hacia el siglo IV después de Cristo, los rabinos, por medio de unas rayitas y puntitos puestos debajo de las consonantes, recordaban las vocales. Así se editan hoy los textos hebreos con esas rayitas y puntitos. Pues bien, debajo de las consonantes de Jahvé, los viejos rabinos no pusieron las vocales propias, sino las vocales de Adonai , Señor, para que cuando llegaran allí los lectores no pronunciaran el nombre de Jahvé sino Adonai. Cuando los protestantes, hacia el siglo XVI, insistieron en traducir la Biblia no del latín sino del hebreo original, como no sabían estas cosas: mezclaron las consonantes de Javé con las vocales de Adonai y allí nació el disparate del nombre Jehová, que no quiere decir nada.

El asunto es que esta adquisición del pensamiento judío, definir a Dios por la existencia: decir simplemente: Dios es el ser, y por lo tanto el origen creador de todas las cosas, eso no viene sin problemas. Ahora sí el mal, el sufrimiento se transformaba en cuestión: si Dios es el que es, más todavía, si, como decíamos, es el que está; y está junto a nosotros para salvarnos, para librarnos del poder de los egipcios y llevarnos a una tierra que mana leche y miel. E. d., si al mismo tiempo que es, es bueno y se ocupa de nosotros ¿cómo es que permite el mal, el dolor y la injusticia en este mundo?

La vieja teología de Israel elabora una especie de respuesta provisoria: es que Dios ha dejado al hombre en libertad, lo ha hecho señor y dueño de si mismo, puede elegir libremente entre el bien y el mal, como yo puedo elegir entre comer un rico bife con ensalada o tomarme un trago de cianuro: la cosa es clara, si como el bife me alimento, si una copita de cianuro, muero; si elijo el bien me va bien, si elijo el mal me va mal. No porque Dios castigue sino porque el cianuro envenena, es tóxico, -las malas acciones envenenan mi vida, la de mi familia, la de la sociedad-; y el bife, en cambio, provee de proteínas.

Así, alegremente, desde el relato de Adán, hasta las calamidades de la historia de Israel, el pensamiento hebreo defendía a Dios afirmando que todas las calamidades eran producto de pecados, de perversidades o errores de los hombres. El que se portaba bien todo le iba bien. El que se portaba mal sufría tarde o temprano el castigo de Dios. Por otra parte en esas épocas de gran solidaridad tribal y familiar, se sostenía que también era posible heredar o mancharse con el pecado de los padres, parientes o compañeros. De tal manera que la explicación era aparentemente sencilla, si yo no pequé, y lo mismo me va mal, habrán pecado mis padres o alguno de mis hermanos o parientes, o algún mítico ancestro...

El individualismo de pensadores como Jeremías o Ezequiel, negaban esta posibilidad. Cada uno era responsable de sus actos y nadie heredaba el pecado de nadie. Pero este principio, ingenuamente sostenido, llevaba como conclusión lógica a que el infeliz, el baldado, el pobre, aquel a quien le aquejaban males o desgracias era un pecador, público u oculto, consciente o inconsciente, pero pecador al fin; y al que le iba bien, el sano y robusto y con muchos hijos y bienes tenía que ser una persona buena, honesta...

Estas razones, pues, como bien podemos darnos cuenta nosotros, no explican todo. Porque ni todas las acciones moralmente malas hacen mal al que las hace y si muchas veces a los que las sufren inocentemente, ni todos los males que aquejan al hombre pueden atribuirse a sus propios desaguisados. Que haya un terremoto, que se caiga la torre de Siloé, que fallen los motores del avión, que se reviente una arteria en el cerebro, que, finalmente, todos muramos eso no parece responder a ninguna culpa...

En realidad la misma Biblia ya había planteado, por ejemplo en el libro de Job, el problema del justo sufriente, del dolor del inocente. Y no podemos decir que allí la respuesta fuera satisfactoria.

Vean que en el evangelio de hoy Jesús se enfrenta a una problemática parecida: un grupo de hombres ejecutados y reprimidos por Pilato cuando estaban rezando en el templo, dieciocho obreros o peatones aplastados por el derrumbe de un edificio.

Cómo en el caso del ciego de nacimiento por quien preguntan a Jesús: ¿Quién pecó, él o sus padres? Cristo se eleva más allá del simplismo de la cuestión y amplía sus perspectivas. Ninguno de esos hechos se debe estrictamente a castigo de nadie, ni siquiera aprovecha Jesús para hablar de la maldad de Pilato y rebelar a sus oyentes contra el imperialismo romano. Tampoco afirma que la maldad del hombre no vaya sin consecuencias ni castigo. Pero eleva su perspectiva a horizontes más amplios. El mal y el dolor se instalan en el mundo a la vez como fruto de los errores y maldades humanas y, sobre todo, como una misteriosa y terrible pedagogía mediante la cual Dios, el que es, el que da el ser, el que está muy junto de sus creaturas, para salvarlas, a la vez seduce y empuja a la libertad del hombre para que finalmente se encuentre con él.

El tiempo del mundo es tiempo de paciencia, paciencia de Dios y paciencia del hombre: cavar y podar, remover y abonar, crecer y florecer, o secarse y perecer...

Y el verdadero mal no son los sufrimientos y dolores pasajeros de este mundo, sino, con el pecado, cortarse de la fuente del ser y del vivir, no encontrarse con Él.

Y nadie puede reprochar a Dios un universo que aún está en gestación, construyéndose, sin terminar, en el cual nunca encontraremos plena satisfacción, ni esa es su función y cuya meta son los cielos nuevos y la tierra nueva, la leche y la miel, que Jahvé, el que es, el que está conmigo y con vos y especialmente cuando sufro, cuando sufrís, nos ha prometido dar...

Tampoco El te reprocha a vos. Te aconseja, te advierte: "si no te convertís, hijo mío, acabarás igual..." Y no quiere eso, no: te ama y por eso te espera: "Te dejo todavía. Vas a andar, vas a andar. Ya frutos este año vas a empezar a dar"
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma95.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 1998 (Catecismo.com.ar).

1998. Ciclo C

3º Domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma ma­nera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los en­contró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN

El episodio de los galileos asesinados por Pilato del cual nos habla el evangelio no figura en otras fuentes históricas. Un grupo de galileos muertos era noticia de poca monta para que fuera registrada en los anales de la época. Sin embargo coincide con la imagen del procurador que nos pinta Flavio Josefo, acusándolo ante el emperador de fraude, violencia, robo, torturas, ofensas, ejecuciones sin juicio y "crueldades constantes e intolerables". Comparado con los cientos de samaritanos que, solo por querer subir a adorar al monte Garizim, Pilato hizo exterminar en el año 35 enviando sobre ellos un destacamento de caballería y un batallón de infantería, los cuatro o cinco galileos no habían sido gran cosa. De todos modos lo de los samaritanos hizo que Vitelio , procónsul de Siria, enviara a Pilato a Roma para responder de la matanza ante el emperador Tiberio que, finalmente, destierra a Pilato a las Galias. Allí termina oscuramente su vida, aunque hasta el fin del mundo tendrá el raro privilegio de ser mencionado en el Credo por todos los cristianos.

Es probable que el derrumbe de la torre que protegía la fuente de Siloé, que daba agua al famoso depósito de época monárquica, se debiera también a Pilato, cuando ordenó construir un acueducto para abastecer las enormes necesidades hídricas de Jerusalén. También en aquella ocasión había irritado a los judíos pues había mandado saquear el tesoro del templo para financiar la obra.

Jesús podría haber aprovechado ambos incidentes para lanzar una encendida diatriba nacionalista -tanto más que él era de Galilea, como los pobres victimados- y, sin embargo, hace elevar la mirada de su auditorio a razonamientos más profundos.

Al fin y al cabo tanto Jesús como los judíos -aunque a veces éstos, como nosotros, lo olvidemos- saben que todo, en última instancia, lo maneja la omnipotencia divina. No por nada el Dios de Israel, el Dios de Jesucristo, -nuestro Dios-, es Aquel que, frente a las realidades que hoy son y mañana no son de este universo, en donde la existencia es participada limitadamente por todas y cada una de las cosas según distintas medidas y densidades, se proclama, en cambio, ante la pregunta de Moisés, como "Yo soy el que soy". ' Eyeh, asher eyeh' , suena en hebreo; egó eimí to on , traducen los griegos. Y cuando el verbo eyeh se pasa a la tercera persona: 'el que es', suena Yahvé, el tetragrama, el inefable nombre de Dios, que los judíos no se atreven a pronunciar y sustituyen por el término Adonai, Señor.

Yahvé, El que es , supremo señor del universo y de su historia, que maneja tanto el orbitar de las estrellas en los remolinos galácticos como el de los electrones en torno a sus protones y neutrones, de lo más grande a lo más pequeño, es el que encamina cada detalle de nuestras vidas según los designios amorosos de su providencia. Pilato, la torre de Siloe, la bacteria, el terremoto, también son instrumentos del actuar de Dios, a veces enigmática o pedagógicamente, para bien de los suyos. Por eso a Jesús no le interesa detenerse en Pilato ni en la impericia de los arquitectos que levantan el acueducto. Como decía Tomás de Aquino , el hombre de este mundo solo sabe mirar las causas inmediatas, las causas segundas, el cristiano es aquel que sabe elevarse a considerar todo desde Dios, la causa primera, descubriendo así el sentido hondo de las cosas.

De todos modos la primitiva concepción judía pensaba demasiado simplísticamente que el actuar de Dios respondía automáticamente al actuar de los hombres: si alguien pecaba, inmediatamente le acaecía la desgracia, el castigo. De tal modo que la inversa también era correcta: si a alguno le aquejaba la desdicha era porque se trataba de un pecador.

Jesús desmiente esta concepción. ¡Bueno sería, nosotros que sabemos que la mayoría de las desgracias de este mundo provienen no solo de calamidades naturales, sino que, de la protervia y errores de otros, la sufren millones de inocentes!: niños muertos de hambre, huérfanos de guerra, mujeres, pobres gentes atrapadas por las tenazas de grandes decisiones geopolíticas y económicas de pequeñas elites, o por la brutalidad de pequeñas facciones en pugna...

Sin duda que gran parte de esas calamidades derivan de pecados de los hombres, pero pocas veces revierten en quienes los comete. También sabemos que nuestros extravíos y errores son capaces de producir desventuras y tragedias en nuestra propia vida y en la de los que nos rodean, pero nunca como castigo de Dios, sino como consecuencia natural de nuestros propios actos. En todo caso es verdad que las leyes de Dios ínsitas en lo profundo de la psicología, de la ética, de la economía, de la biología, de la ecología, de la química y de la física actúan infaliblemente y se vuelven sin dudar, tarde o temprano, en contra del hombre, cuando no son respetadas.

Pero Jesús va más allá; por ello, al mismo tiempo que descarta la teoría de las desgracias como castigo de Dios en esta vida, relaciona sin más nuestros actos con nuestro triunfo o fracaso definitivos. " Os aseguro que si no os convertís, todos acabaréis de la misma manera ". Jesús ve los acontecimientos, no desde la perspectiva inmediata de los bienes perecederos que podemos usufructuar en el rápido transcurrir de esta vida, sino del destino eterno al cual nos llama en su 'buena noticia', en su evangelio, y que corre el tremendo riesgo de perderse. Y triunfo o fracaso definitivo digo, que no castigo, porque también aquí Dios nos pone claramente las reglas de juego: el que quiera acceder a la vida tiene que libremente aceptar su oferta de amor. El no nos castigará si la rechazamos, pero en ese mismo rechazo que es nuestro, sin que El intervenga, está nuestro castigo. Rechazo que Jesús, reflejando el dolor de Dios, llora hasta el fin de la historia de los hombres clavado en la cruz.

De allí, a la vez que la urgencia, la paciencia de Dios. Era sabido que un judío practicante debía permitir que cualquier árbol estuviera plantado al menos durante nueve años: tres para que creciese hasta poder dar frutos; otros tres durante los cuales no se podía recoger fruto alguno, y tres más para cosecharlo. La higuera de la parábola, pues, ya está en su noveno año, y aún se niega a dar nada a su dueño. El viñador, empero, le pide un año de gracia: removerá la tierra y la abonará...

Nueve años, veinte años, cuarenta años, setenta años... Dios te deja aún, plantado en este mundo, para que le des su respuesta de amor: te esperará -sin duda que te esperará-, aunque quizá ya bastante tiempo de vida tenés ya, y sabés bien que no podrá esperarte para siempre. ¿Y quien sabe el tiempo que Dios ha fijado de paciencia para vos? De allí su urgencia, su gana de que cambies, que de una vez te decidas a que todo lo que te ha dado en el ser, en la vida y en los bienes, todo lo que te ha hablado y llamado, lo hagas frutos de fe y de amor.

Si es necesario, removerá, abonará y aún podará -que no será castigo- para que veas como el tiempo se te escapa inútilmente de las manos, detrás de cosas que ni duran ni pueden llenarte, apoltronado en vos mismo, ocupando infructuosamente tu lugar en el mundo, y ociosamente tu lugar en la Iglesia, sin hacer nada por El y por los demás. Insistirá mientras tenga la esperanza de que te conviertas y te decidas a hacerte santo y justifiques tu porción de tierra en esta vida, y solo te dejará cuanto sepa ya que nunca usarás como corresponde de tu libertad.

Que esta Cuaresma sea ocasión de reflexión, de cambio; que podamos en estos días antes de la Pascua despegarnos de las cosas que apenas son y sin embargo nos atrapan, y adherirnos a Aquel que solo es. Que Pascua nos encuentre vitales, llenos de savia, alzando en oración nuestras ramas y nuestras hojas hacia el sol que las caldee y nutra, abonados y removidos nuestros pecados en la confesión y la penitencia, hundidas nuestras raíces en el limo fértil de la Palabra de Jesús, el viñador, para que este año nos carguemos de frutos, para gloria de Dios y bien y alegría de nuestros hermanos.
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma98.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 2001 (Catecismo.com.ar).

2001. Ciclo C

3º Domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma ma­nera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los en­contró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN
(GEP 18-03-01)

De la crueldad de Pilato hay abundantes testimonios en los historiadores de la época. Es sabido que finalmente, después de una matanza de samaritanos, fue depuesto por el legado de Siria, Vitelio , y exiliado a Vienne por el emperador.

De estas muertes que nos narra hoy el evangelio no hay noticias en otras fuentes históricas - Filón , Flavio Josefo o Tácito , que se refieren en sus obras a Pilato-, pero condicen con los rasgos generales del gobernador. El ambiente levantisco de la época, el nacionalismo judío exacerbado por la ocupación romana, las protestas, hacían que con frecuencia la represión debiera ejercerse severamente para mantener la disciplina. Era corriente que, justamente, el templo de Jerusalén -el gran edificio representante de la identidad judía-, fuera lugar propicio de revueltas y protestas. No es extraño que los soldados de Pilato hubieran realizado en los días de Jesús un escarmiento a un grupo de galileos que, en llegando a Jerusalén, habrían tenido un ataque de nacionalismo extemporáneo.

Pero de ello Jesús -siendo también él galileo-, no saca ninguna consecuencia política, ni se dedica a azuzar el resentimiento de los judíos y galileos que lo escuchan. No se pone a señalar culpables y perderse en los cauces de la politiquería barata. Es sabido que Jesús era un judío de ley, de prosapia davídica, profundamente patriota y, sin embargo, frente al drama único de la muerte, deja de lado cualquier punto de vista pedestre, declina toda manipulación utilitaria del trágico incidente y alza su mirada a los destinos trascendentes del hombre. No se queda en la tragedia de un mero fin o deceso, o en el resentimiento que alimenta deseos de venganza o pide explicaciones, como el de los parientes de los galileos reprimidos por Pilato o los de los muertos en el absurdo accidente del derrumbe de la torre: busca causas y motivos más profundos y apela al llamado de eternidad que Dios nos hace mediante el vivir en este mundo aquende el morir.

Jesús, más allá de las causalidades inmediatas de esos hechos donde se ve implicada la maldad o las inquinas o soberbias raciales o ambiciones de dominio de los hombres o la imprevisión de arquitectos y constructores o la insolvencia de los dirigentes, levanta sus ojos hacia Aquel, omnipotente, El que Es, sin cuya voluntad ni un solo pelo se cae de nuestra cabeza y que mueve todos los hilos de la historia y logra sus fines aún a través de las impiedades y los errores humanos.

Frente a la opinión supersticiosa de sus oyentes que entendían que las desgracias en esta tierra, incluida la muerte imprevista, eran una especie de castigo divino o señal de presuntos pecados de los afectados o de sus familias, Jesús se muestra irónico con sus oyentes y lo niega terminantemente.

Pero, tan pronto lo hace, toma la ocasión para hablarnos de la imprevisibilidad y, al mismo tiempo, la seguridad del momento de la muerte en la cual tan poco pensamos como destino ineluctable de nuestras vidas. Ni siquiera la vejez o las enfermedades terminales nos hacen reflexionar demasiado sobre ella. Nuestro instinto de supervivencia es tan intenso y nuestra huída anestésica al pensamiento de que ella está siempre acechando tan recia que pocos, ni el condenado a muerte, ya en el Puente de los Suspiros, suele tomar conciencia cabal de que su vida termina.

Pero es verdad que si la muerte de los ancianos biológicamente previsible, por algún biograma psicológico hereditario que todos tenemos, es aceptada sin demasiados pensamientos religiosos ni filosóficos, la muerte imprevista, accidental, el deceso de los niños y los jóvenes, siempre suscita en los que quedan una oscura rebeldía, una incógnita, interrogantes enojados en los cuales, más allá de nuestros reproches a Dios o a los causantes, nos obliga a reflexionar.

Eso es lo que aprovecha hoy Jesús en el evangelio -ante esas noticias impactantes de la muerte injusta de los galileos y la de los aplastados por la torre-, para pasar inmediatamente a insistir sobre el sentido último de nuestro temporario estar en este mundo, mediante la expresiva parábola de la higuera.

En los retiros espirituales que algunas veces he predicado a muchachos que están por ordenarse de sacerdotes siempre les digo: "no dejen de ir a un velorio cuando los llamen, aún cuando el difunto haya muerto infiel o sin sacramentos, y hablen, nunca dejen de decir alguna palabra". No tanto por el difunto, cuya suerte ya está jugada, ni por los deudos sumidos en el dolor que apenas escuchan nada, pero para los demás presentes. En este mundo en que las respuestas últimas difícilmente sean buscadas y todos andan preocupados por los problemas económicos, políticos, sociales, laborales, o distraídos por el mundo del deporte o del espectáculo y en donde es tan difícil introducir la palabra de Dios, hay que aprovechar esos instantes críticos en donde ya no tiene ninguna respuesta ni el político, ni el médico, ni el economista, ni ningún charlatán y solo tiene palabras luminosas la Iglesia de Jesús. Porque el mensaje de Cristo no viene a responder a preguntas tontas, ni a dar solución a problemas meramente mundanales, ni técnicos, ni científicos, ni psicológicos, ni te enseña a arreglar el aparato de televisión ni a manejar una computadora ni a conseguir trabajo, el mensaje de Cristo viene simple y sencillamente a responderte sobre el porqué y para qué de tu vida, lo que le da sentido, profundidad y trascendencia, y cómo encaminar tu existencia hacia donde Dios te llama, a la vez que te da las fuerzas y las gracias para hacerlo. No se si resolverá tus problemas laborales, ni de salud, ni de relaciones con los tuyos, ni del país, pero ciertamente, a través de todos los avatares y circunstancias de tu vida, dura o llana, exitosa o difícil, en alegrías y penas, en un campo de concentración o en un piso que mira al río en Libertador, Dios te llama a hacerte santo y te dice que lo único, -¿entendés?-, lo único que importa en este mundo es hacernos santos, abrazarnos enteros al querer amoroso de Dios, para que Él nos acune un día para siempre en la gozosa eternidad.

Así has de vivir el tiempo de esta vida; para eso estás plantado en tu porción de tiempo y de espacio en este mundo: para que crezcas, para que te arraigues en el humus de Cristo, extiendas tus ramas y des fruto, ¡des fruto!: fruto de varón o de mujer cristianos, fruto de redimido por Cristo, fruto de santo.

Y Él te espera, Él sabe bien la carga de inercias y de egoísmos que llevamos y lo difícil que nos resulta crecer en serio, rectificarnos, cambiar, convertirnos... Nos tiene paciencia... Sabe que no somos una computadora, una máquina que arreglamos ajustando un tornillo, un espíritu que pueda decidir en un instante intemporal si acepta o no su oferta de amor... Somos hombres, cada cual con su historia. Por eso te da tiempo. El tiempo que necesites para encontrarlo y amarlo o, al contrario, el que precises para que lúcida, voluntaria, libremente, a pesar de su acoso, de su paciencia, de su tratar de conmover tu corazón, te encierres definitivamente en ti y prefieras la muerte a la vida, lo humano a lo divino, la tierra al cielo...

A todos les da el tiempo suficiente, a los santos inocentes, a los niños mártires, a los soldados jóvenes de Cristo caídos en batalla, a los que llama imprevistamente, a los que chocan en la ruta o se estrellan en el Concord, a los que deja madurar en santa ancianidad... Su providencia paterna sabe cual es el óptimo tiempo que sabremos aprovechar o desaprovechar de vida, en actitud definitiva, frente a su oferta de eterno amor.

Hoy recordamos la fecha de la explosión que destruyera, junto con el edificio de la embajada israelí, nuestro templo, casa parroquial y pensionado de ancianas, segando vidas de todas las edades, entre ellas la de nuestro querido Padre Juan Carlos Brumana y el joven médico de nuestra cristiana comunidad Alexis Quarim, junto con tantos otros cristianos y no cristianos.

No venimos -por lo menos en esta Misa- a reclamar justicia, ni a reavivar rencores, ni a buscar culpables, ni a alimentar pensamientos de vendetta, venimos a rezar por los nuestros y a los nuestros, a los que sabemos que Dios ha llamado en el momento oportuno y han sido recibidos fraternos, filiales, por Jesús y por María. Venimos, también, a rezar por nosotros, que aún ocupamos nuestro lugar prestado en este mundo. Que Dios nos tenga paciencia, que nos de tiempo, para convertirnos, para crecer, para hacernos santos; y fuerzas y bríos para que no nos demoremos:

"Señor déjanos todavía este año, esta cuaresma, removeremos nuestra tierra, la abonaremos con abono de arrepentimiento, de oración, de buenas obras, de sacramentos... Te prometemos, esta vez en serio, dar frutos... Si no, nos cortarás".
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma01.htm
).

Sermon para el Domingo III de Cuaresma del ciclo C del año 2004 (Catecismo.com.ar).

2004. Ciclo C

3º Domingo de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma ma­nera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los en­contró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

SERMÓN
(GEP 14/03/04)

Nuestra población mundial de 6.354 millones de habitantes deja un saldo de millones de muertos anuales y de cientos de miles diarios, entre muertes naturales, accidentales o violentas. En todos los casos, sea cual fuere el modo de morir, la defunción de cada uno resulta del breve período final cuando el individuo altera su estructura, se desequilibra, pierde la unidad y, luego, paulatinamente, llega a la desorganización del citoplasma de todas sus células, con pérdida total de la capacidad de realizar cualquier función vital. Aunque esto sea progresivo, y aquí y allá puedan sobrevivir un tiempo este o aquel órgano, estas o aquellas células, el individuo ha muerto cuando, precisamente, ha perdido eso que lo individualiza, lo unifica, le da su estructura, su forma -su 'alma', dirían los antiguos-...

Sin embargo, en lo que atañe a la vida del hombre, la filosofía siempre ha distinguido distintos aspectos de su vivir y por tanto de su morir. Existen, por lo menos dos tipos de actos vitales de este específico animal racional: están los que son propios de la vitalidad del animal humano en todos sus aspectos, aún los más fisiológicos e inconscientes -los llamados actos ' del hombre' -, y los ' actos ' propiamente ' humanos' , que son aquellos que el hombre realiza mediante sus funciones superiores, su inteligencia y su voluntad; sus actos, digamos, 'libres'... En realidad estos -los actos humanos- son los únicos verdaderamente importantes para su vida ya que es allí, en la libertad, donde Dios puede instaurar su diálogo de amor con cada uno e insertarle un tercer nivel de vitalidad: la vida sobrenatural, la vida de la gracia, la que perdura hacia la vida eterna... Lo fisiológico, de por si solo, no sirve de nada si sobre ello no se enraíza lo humano, lo libre; y lo libre es "libertad destinada a la muerte", como afirmaban Sartre o Heidegger, si no es elevado por la gracia.

Pero antes hay que decir que, de hecho, aunque todo ser humano nace con la posibilidad de ser libre y ejercer acciones libres, inteligentes y queridas, 'actos humanos', no todos acceden, conquistan, esa libertad. Que no se trata solamente de una cuestión política -el "grito sagrado ¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!"-, sino de vida inteligente, de dominio de si mismo, de valentía, de relación personal, no epidérmica, ni de dominio ni sumisión a los demás. Si no supiéramos que pocos seres humanos se han encontrado en su vida con la verdad -y sabemos que sin verdad no hay libertad-, el psicoanálisis contemporáneo ha demostrado hasta el hartazgo el ámbito relativamente estrecho en donde nuestras acciones y pensamientos son auténticamente libres, dueños de si, y no condicionados por múltiples pulsiones y falsas programaciones inconscientes y subconscientes. Extraviados por hipnotismos de culturas y religiones perversas y de los 'mass media'. Hasta podríamos trabajar con la hipótesis de que ha habido y hay 'homo sapiens' que posiblemente jamás hayan realizado un solo acto libre -y por lo tanto 'humano'- en todo el decurso de su vida.

Como digo, esto es tremendo, porque solo en la libertad, en la inteligencia y la voluntad, en los 'actos humanos', puede implantarse la fe y por lo tanto la gracia con su séquito de esperanza y caridad y su proyección de vida eterna. La gracia de Dios no es un fluido mágico o una pócima medicinal que pudiera actuar en el hombre entrando como una pastilla por su aparato digestivo o como una inyección endovenosa. La única entrada que tiene Dios en el hombre para ofrecerle su gracia, su amistad divina y, por tanto, su vida sobrenatural, eterna, es el canal de la libertad. Como por el espléndido y libérrimo y único " hágase en mí según Tu palabra " de María.

Ese es el gran motivo que ha tenido siempre la Iglesia, primero para defender la integridad fisiológica y biológica del hombre, la tutela de la vida, en orden a los 'actos del hombre' -substrato necesario de los 'actos humanos', de su posibilidad de libertad-: un hombre muerto o no nacido no puede ser libre; no puede, si ya no la ha obtenido, ganar la vida eterna. Difícilmente, tampoco, pueda vivir como humano uno hambriento, condenado al subdesarrollo cerebral, imposibilitado de hacer otra cosa que sobrevivir somáticamente...

En segundo lugar, la Iglesia se ha jugado siempre en defensa de la auténtica libertad, la promoción de los valores humanos, la cultura, la familia, el fomento de las virtudes cardinales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza- que hacen a la vida moral y políticamente honesta, a los 'actos humanos' rectos. Pero no porque esa libertad y esos valores, esos actos 'humanos', de por si puedan llevar a nada más que mejorar la corta vida del hombre, acotada en el tiempo y el espacio, y, de ninguna manera, fin en si misma, sino porque la abre a la posibilidad del encuentro con el mensaje evangélico, con la palabra de Dios, con la gracia, con el bautismo, y, de allí, a los 'actos meritorios', ya no solo actos 'del' hombre, ya no solo actos 'humanos', sino sobrenaturales, elevados por las virtudes teologales y capaces de proyectar al hombre a la vida eterna. Sin esa vida eterna que Dios ofrece angustiosamente a todos los hombres, la vida fisiológica, y aún la vida humana y libre dejada a si misma con su destino de muerte, carecen absolutamente de significado.

Que uno muera cargado de años en su lecho de enfermo, o fruto de un accidente, o asesinado, o volado en un atentado homicida, en un vagón de tren o en un rascacielos, carece de importancia. Es el punto final de un vivir fisiológico que solo ha adquirido o no sentido, no por lo largo de los años vividos desde el nacimiento, sino por sus 'actos humanos', libres y, específicamente, solo por sus 'actos meritorios', de fe, de esperanza y de caridad, sin los cuales todo lo demás no sirve para nada.

El evangelio de hoy nos pone frente a dos tipos de accidentes, de muertes no naturales, que son las que llaman la atención a los oyentes de Jesús, aunque, de hecho, murieran todos los días muchísimas más personas por otras causas y todas marcaran exactamente lo mismo el fin de una existencia de hombre.

Son dos casos típicos: uno causado malignamente por una acción política: los galileos muertos injustamente por Pilatos. A la manera de los asesinados bárbaramente por la guerrilla subversiva o islámica, en todo caso, terrorismo anticristiano. Esa misma que nuestro gobierno, a pesar de sus lágrimas de cocodrilo por los madrileños, se empeña en defender y reivindicar regalando valiosos terrenos, edificios e indemnizaciones y puestos a los y las que con sus ideas o apoyo o directamente sembraron de sangre y odio nuestro país; y persiguiendo, despiadada e implacablemente, a los que nos defendieron de ellos.

El otro caso: los muertos en un accidente, el desplome de la torre de Siloé, la caída del Concord, las barcazas que se hunden semanalmente en el Ganges, las víctimas de un terremoto...

Cristo, en su respuesta, no hace distingos: sea lo que fuere de las causas de los decesos, morir es siempre morir, y todos estamos destinados a la muerte.

Y lo importante no es el vivir biológico, ni siquiera el vivir puramente humano, sino el vivir cristiano, nuestros 'actos meritorios', sobrenaturales, productores de vida que no muere, de tiempo que se atesora, de caridad que crece y, con ella, de capacidad de gozo de cielo.

A eso nos insta Jesús hoy. Frente a lo imprevisible de muertes no habituales y que llaman la atención de sus interlocutores, Jesús les recuerda lo totalmente previsible de la muerte de todos y cada uno, aunque no sepamos el día ni la hora. Y nos llama a convertirnos. En un vocablo -'conversión'- que, como Vds. saben, es mucho más que volverse de una vida desordenada a una más recta y honesta. El término conversión en griego habla más allá de un cambio de conducta: habla de cambio de mente, de perspectiva, de visión de la vida, de pulsión vital.

" Vds. también -les dice- si no quieren que su morir sea un verdadero morir para siempre, tienen que ponerse en diálogo libre de respuesta de amor a Dios, de conciencia de su vocación de Vida, de su llamado a algo que no se detiene en los intereses terrenales, y que, a través de ellos, apunta al encuentro con el Señor, que ya está aquí: ' Yo soy el camino, la verdad y la vida' ".

Es en ese encuentro y diálogo de fe, esperanza y caridad como el vivir cristiano es 'meritorio', va dando frutos, sirve para algo... Lo demás es desgastar la vida inútilmente, en cosas pasajeras, sin verdadero fruto, ocupando inútilmente nuestro espacio y nuestro tiempo de existencia, en actos meramente físicos, o puramente humanos y por lo tanto sin frutos... Inútiles. estériles, vacuos, yermos, infecundos, baldíos, improductivos. Inútil una salud que no sustente 'actos humanos', actos libres; inútil una libertad que no se encuentre y se entregue a Dios...

Mientras no nos metamos en la cabeza que para lo único que es importante la vida es para hacernos santos -por supuesto en nuestros empeños humanos de todos los días, en nuestra familia, en nuestros estudios, en nuestro trabajo, en nuestro morir de cada día en Cristo, para que nuestra muerte sea, también con El, el verdadero nacer a la Vida-, mientras pensemos que otras son las cosas valiosas, y la vida sobrenatural un recurso de último momento, secundario, para consolarnos de nuestras humanas falencias y dolores de ausencias; mientras pensemos que el cristianismo es solo útil para defender derechos humanos o justicia social o promover una comunidad más democrática o más próspera o más pacífica o para desterrar la violencia o la guerra, o cualquier otro objetivo que no sea la auténtica vida, la santidad, el luchar y morir por Cristo, no seremos cristianos, ocuparemos vanamente nuestra vida, nuestra libertad, nuestro lugar en el mundo y en la Iglesia; malgastaremos, higuera sin higos, la tierra fértil...

"Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré, Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás "
(
http://www.catecismo.com.ar/sermonescuaresma/3cuaresma04.htm
).

Cargas que parecen insoportables.

Cargas que parecen insoportables

 

Cuando estamos sobrecargados,

todo nos parece indiferente.

El sol puede estar brillando,

pero estamos tan tristes que no lo notamos.

Los pájaros cantan, pero tenemos los oídos llenos

con los gritos de nuestros corazones,

gritos de dolor, de tristeza y desfallecimiento.

 

Ponemos distancia entre nosotros y los demás,

mientras que nuestros problemas

absorben nuestro tiempo y atención.

Quizás estamos cargados por expectativas

no satisfechas, un trauma o una muerte repentina,

o simplemente por tener demasiadas responsabilidades.

 

Otra posibilidad es que el pecado

esté causando abatimiento de corazón.

Pero, sea cual sea la causa, el resultado

es el mismo: un peso aplastante.

Lo único que varía es la cantidad del peso.

 

En medio de nuestra desolación,

viene la voz del Dios todopoderoso

invitándonos a acercarnos

y a encontrar descanso en Él.

"Así dijo Yahvéh: Paraos en los caminos,

y mirad, y preguntad por las sendas antiguas,

cuál sea el buen camino, y andad por él,

y hallaréis descanso para vuestra alma... (Jer. 6,16).

¡Levantemos la mirada

al Padre celestial ahora mismo!

Jesús ofrece el agua de vida;

tomemos tiempo para beberla,

hasta que nuestra alma esté

suficientemente fortalecida

para encontrar el camino.

Con la ayuda del Espíritu Santo,

demos un paso, y luego otro,

hacia esa senda que nos llevará a Jesús,

y Él nos dará la paz

que nuestro corazón necesita.
(
http://www.celebrandolavida.org
).

02/03/2013 20:04 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Ultima audiencia de Benedicto XVI (texto completo).

Última audiencia de Benedicto XVI (Texto completo)
Plaza de San Pedro, 27 de febrero de 2013
Autor: S.S. Benedicto XVI | Fuente: Vatican Information Service

Benedicto XVI ha celebrado hoy la última audiencia general de su pontificado. En la Plaza de San Pedro, abarrotada por decenas de miles de personas que querían saludarlo, el Pontífice,emocionado, ha dicho: "Gracias por haber venido en gran número a la última audiencia general de mi pontificado. Gracias, estoy verdaderamente conmovido. Y veo a la Iglesia viva. Pienso que tenemos que dar también las gracias al Creador por el buen tiempo que nos da, ahora, cuando todavía es invierno".

Ofrecemos a continuación el texto integral pronunciado por el Santo Padre:

"Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, yo también siento en mi corazón que ante todo tengo que dar gracias a Dios que guía a la Iglesia y la hace crecer, que siembra su Palabra y alimenta así la fe en su Pueblo. En este momento mi corazón se expande y abraza a la Iglesia extendida por todo el mundo, y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el cuerpo de la Iglesia y hace que viva en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la plenitud de la vida, hacia la patria celestial".

Siento que os llevo a todos conmigo en la oración, en un presente que es de Dios, en el que recojo cada uno de los encuentros, cada uno de los viajes, cada visita pastoral. Todo y todos reunidos en oración para confiarlos al Señor, porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, y por qué nos comportamos de una manera digna de Él y de su amor, llevando fruto en toda buena obra.

En este momento, dentro de mí hay mucha confianza, porque sé, porque todos sabemos que la palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, en todo lugar donde la comunidad de los creyentes lo escucha y recibe la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando, el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tenía esta firme certeza que siempre me ha acompañado ,esta certeza de la vida de la Iglesia, de la Palabra de Dios. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaban en mi corazón eran: Señor, ¿por qué me pides esto? Y ¿que me pides? Es un gran peso el que colocas sobre mis hombros, pero si Tu me lo pides, con tu palabra, echaré las redes, seguro de que me guiarás, también con todas mis debilidades. Y ocho años después puedo decir que el Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir su presencia todos los días. Ha sido un trozo de camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca del lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en que la pesca ha sido abundante; también ha habido momentos en que las aguas estaban agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es El quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso. Esta ha sido una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios porque no ha dejado nunca que a su Iglesia entera y a mí, nos faltasen su consuelo, su luz, su amor.

Estamos en el Año de la fe, que he proclamado para fortalecer nuestra fe en Dios en un contexto que parece dejarlo cada vez más en segundo plano. Me gustaría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permiten caminar todos los días, también entre las fatigas. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y nos ha mostrado su amor sin límites. Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano. Hay una hermosa oración que se reza todas las mañanas y dice: "Te adoro, Dios mío, y te amo con todo mi corazón. Te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano... " Sí, alegrémonos por el don de la fe; es el don más precioso, que ninguno puede quitarnos! Demos gracias al Señor por ello todos los días, con la oración y con una vida cristiana coherente. !Dios nos ama, pero espera que también nosotros lo amemos!

Pero no es sólo a Dios, a quien quiero dar las gracias en este momento. Un Papa no está sólo en la guía de la barca de Pedro, aunque sea su principal responsabilidad, y yo no me he sentido nunca solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino, el Señor me ha puesto al lado a tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cerca de mi. Ante todo. Vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría y vuestros consejos, vuestra amistad han sido preciosos para mí. Mis colaboradores, empezando por mi Secretario de Estado, quien me ha acompañado fielmente en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, así como a todos aquellos que, en diversos ámbitos, prestan su servicio a la Santa Sede: tantos rostros que no se muestran, que permanecen en la sombra, pero que en silencio, en su trabajo diario, con espíritu de fe y de humildad han sido para mí un apoyo seguro y confiable. Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, ¡mi diócesis! No puedo olvidar a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a las personas consagradas y a todo el Pueblo de Dios en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he recibido mucha atención y un afecto profundo. Pero yo también os he querido, a todos y a cada uno de vosotros sin excepción, con la caridad pastoral, que es el corazón de cada pastor, especialmente del Obispo de Roma, del Sucesor del Apóstol Pedro. Todos los días he tenido a cada uno de vosotros en mis oraciones, con el corazón de un padre.

Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y me gustaría expresar mi gratitud al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que hace presente la gran familia de las Naciones. Aquí también pienso en todos los que trabajan para una buena comunicación y les doy las gracias por su importante servicio.

Ahora me gustaría dar las gracias de todo corazón a tanta gente de todo el mundo que en las últimas semanas me ha enviado pruebas conmovedoras de atención, amistad y oración. Sí, el Papa nunca está solo, ahora lo experimento de nuevo en un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y tantísimas personas se sienten muy cerca de él. Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo - de los Jefes de Estado, líderes religiosos, representantes del mundo de la cultura, etc.-. Pero también recibo muchas cartas de gente ordinaria que me escribe con sencillez, desde lo más profundo de su corazón y me hacen sentir su cariño, que nace de estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe a un príncipe o a un gran personaje que uno no conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, hijos e hijas, con un sentido del vínculo familiar muy cariñoso. Así, se puede sentir que es la Iglesia - no es una organización, no es una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunidad de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de esta manera y casi poder tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es una fuente de alegría, en un tiempo en que muchos hablan de su decadencia. Y, sin embargo, vemos como la Iglesia hoy está viva.

En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me iluminase con su luz para que me hiciera tomar la decisión más justa no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su gravedad y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.

Permitid que vuelva una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión reside precisamente en el hecho de que a partir de aquel momento yo estaba ocupado siempre y para siempre por el Señor. Siempre - quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad-. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. Su vida es, por así decirlo, totalmente carente de la dimensión privada. He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la propia vida cuando la da. Dije antes que mucha gente que ama al Señor ama también al Sucesor de San Pedro y le quieren; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que él se siente seguro en el abrazo de su comunión, porque ya no se pertenece a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.

El "siempre" es también un "para siempre" - no existe un volver al privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio del ministerio activo, no lo revoca. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, reuniones, recepciones, conferencias, etc. No abandono la cruz, sigo de un nuevo modo junto al Señor Crucificado. No ostento la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que me quedo al servicio de la oración, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, me servirá de gran ejemplo en esto. Él nos mostró el camino a una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.

Doy las gracias a todos y cada uno, también por el respeto y la comprensión con la que habéis acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa, que he tratado de vivir hasta ahora cada día y quisiera vivir siempre. Os pido que os acordéis de mí delante de Dios, y sobre todo que recéis por los Cardenales, llamados a un cometido tan importante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: el Señor le acompañe con la luz y el poder de su Espíritu.

Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia para que acompañe a cada uno de nosotros y toda la comunidad eclesial; a Ella nos encomendamos con profunda confianza.

¡Queridos amigos y amigas! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en tiempos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, haya siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!"

02/03/2013 20:54 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. PAPA BENEDICTO XVI No hay comentarios. Comentar.

Ultimo dia del Pontificado de Benedicto XVI.

Fuente: aciprensa.com


El Papa Benedicto XVI se despide de Cardenales: Prometo total obediencia al futuro Papa
VATICANO, 28 Feb. 13 / 06:22 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras de agradecimiento a los Cardenales reunidos en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Papa Benedicto XVI aseguró su “total obediencia y benevolencia” para su sucesor.
El Santo Padre aseguró a los Cardenales que “también ha sido una alegría caminar con ustedes a la luz de la presencia del Señor resucitado. Como he dicho ayer ante los fieles que llenaban la Plaza de San Pedro, vuestra cercanía y vuestro consejo ha sido de gran ayuda para mi ministerio”.
El Papa señaló que durante sus 8 años de pontificado, “hemos vivido momentos bellísimos de luz radiante con la Iglesia, así como momentos que han sido oscuros. En estos momentos hemos tratado de seguir a Cristo y a su Iglesia con amor profundo y total”.
“Quiero alentarlos a crecer en esta amistad profunda, de tal manera que el Colegio de los Cardenales sea expresión de la diversidad de la Iglesia universal, marcada por una concorde armonía”.
El Santo Padre recordó las palabras dedicadas a él por su mentor, el sacerdote y teólogo italiano Romano Guardini, quien le escribió que “la Iglesia no es una realidad pasada, es una realidad viva, ella vive a lo largo del tiempo, en el devenir, como todo ser viviente transformándose, y sin embargo permanece siempre la misma y su corazón es el mismo”.
“Esta es la experiencia que he tenido ayer en la Plaza, que la Iglesia es un cuerpo vivo”, aseguró Benedicto XVI, añadiendo que la Iglesia “está en el mundo, pero no es del mundo”.
El Papa remarcó que “la Iglesia vive, crece y se refleja en las almas, que como la Virgen María acogen la palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo”.
“Permanecemos unidos en este misterio, en la oración, especialmente en la Eucaristía cotidiana”, indicó, “esta es la alegría que nadie podrá quitarnos”.
Benedicto XVI aseguró a los Cardenales que continuará “sirviendo a la Iglesia en la oración, especialmente en los próximos días”, para que la elección del nuevo Papa sea fruto de la docilidad al Espíritu Santo.
Tras concluir sus palabras, el Papa Benedicto XVI recibió el afectuoso saludo de los Cardenales presentes, así como de diversos funcionarios de la Curia Vaticana.
 
La Sede de Pedro está vacante y la Iglesia reza por el nuevo Papa
VATICANO, 28 Feb. 13 / 02:01 pm ACI/EWTN Noticias.- Con el retiro de la Guardia Suiza y el cierre de las puertas de la residencia pontificia de Castel Gandolfo este jueves 28 de febrero a las 8:00 p.m. (hora de Roma) se ha marcado el inicio del periodo conocido como Sede vacante, y los católicos del mundo elevan sus oraciones por los cardenales que en el cónclave elegirán al nuevo Papa y sucesor de Benedicto XVI. El ahora Papa Emérito, Su Santidad Benedicto XVI, se despidió de los lugareños de Castel Gandolfo antes de ingresar a la residencia pontificia adonde llego luego de un vuelo en helicóptero de aproximadamente 20 minutos de duración.
El Romano Pontífice Emérito residirá en estas villas pontificias durante dos meses y luego se trasladará al monasterio Mater Ecclesiae, ubicado en los jardines vaticanos, en donde vivirá una vida de oración luego de casi 8 años de pontificado. El miércoles 27 de febrero, en su última audiencia general, Benedicto XVI dirigió un especial mensaje ante unas 200 mil personas que abarrotaron la Plaza de San Pedro. En su discurso dijo que no abandona la cruz ni a la Iglesia, dio gracias a todos por todo, y señaló que seguirá acompañando a todos los católicos a través de su oración. Ahora, con la Sede vacante, corresponde a los 115 cardenales electores elegir al sucesor de San Pedro en el cónclave que debe ser convocado por el decano del Colegio Cardenalicio, el Cardenal Angelo Sodano. En este periodo las cuestiones de gobierno de la Iglesia la ejerce el cardenal camarlengo, el Cardenal Tarcisio Bertone, que fuera Secretario de Estado de Benedicto XVI. Su cargo es uno de los pocos (como el Penitenciario Mayor también) que no cesa durante la Sede vacante, como sí ocurre con los demás puestos de la curia del Vaticano.
Así se despidió Benedicto XVI desde Castel Gandolfo
Las últimas palabras del pontificado
Gracias queridos amigos.
Estoy feliz de estar con vosotros, rodeado por la belleza del Creador y de vuestra simpatía que me hace mucho bien. ¡Gracias por vuestra amistad, vuestro afecto!
Saben que este día es distinto a los anteriores: seré Sumo Pontífice de la Iglesia Católica hasta las ocho de la noche y no más.
Seré simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinaje en esta tierra. Pero quisiera aún, con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común de la Iglesia y de la humanidad.
Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Sigamos adelante con el Señor por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias.
Os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Gracias. Buenas noches.

02/03/2013 20:56 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. PAPA BENEDICTO XVI No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para la Misa del Viernes II de Cuaresma (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Viernes II de Cuaresma
Texto del Evangelio (Mt 21,33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.
Comentario: Rev. D. Melcior QUEROL i Solà (Ribes de Freser, Girona, España)
La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido
Hoy, Jesús, por medio de la parábola de los viñadores homicidas, nos habla de la infidelidad; compara la viña con Israel y los viñadores con los jefes del pueblo escogido. A ellos y a toda la descendencia de Abraham se les había confiado el Reino de Dios, pero han malversado la heredad: «Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21,43).

Al principio del Evangelio de Mateo, la Buena Nueva parece dirigida únicamente a Israel. El pueblo escogido, ya en la Antigua Alianza, tiene la misión de anunciar y llevar la salvación a todas las naciones. Pero Israel no ha sido fiel a su misión. Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, congregará a su alrededor a los doce Apóstoles, símbolo del “nuevo” Israel, llamado a dar frutos de vida eterna y a anunciar a todos los pueblos la salvación.

Este nuevo Israel es la Iglesia, todos los bautizados. Nosotros hemos recibido, en la persona de Jesús y en su mensaje, un regalo único que hemos de hacer fructificar. No nos podemos conformar con una vivencia individualista y cerrada a nuestra fe; hay que comunicarla y regalarla a cada persona que se nos acerca. De ahí se deriva que el primer fruto es que vivamos nuestra fe en el calor de familia, el de la comunidad cristiana. Esto será sencillo, porque «donde hay dos o más reunidos en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos» (Mt 18,20).

Pero se trata de una comunidad cristiana abierta, es decir, eminentemente misionera (segundo fruto). Por la fuerza y la belleza del Resucitado “en medio nuestro”, la comunidad es atractiva en todos sus gestos y actos, y cada uno de sus miembros goza de la capacidad de engendrar hombres y mujeres a la nueva vida del Resucitado. Y un tercer fruto es que vivamos con la convicción y certeza de que en el Evangelio encontramos la solución a todos los problemas.

Vivamos en el santo temor de Dios, no fuera que nos sea tomado el Reino y dado a otros.
(
http://evangeli.net
).

Meditacion para la Misa del Viernes II de Cuaresma (P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

SEMANA SEGUNDA CUARESMA VIERNES


PRIMERA LECTURA

Ahí viene el soñador, vamos a matarlo

Lectura del libro del Génesis 37, 3-4.12-13a. 17b-28


José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.


Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:


-«Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos.»


José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:


- «Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.»


Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo:


- «No le quitemos la vida.» Y añadió:


- «No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él.»


Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer.


Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos:


«¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra.»


Los hermanos aceptaron.


Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José a Egipto.


Palabra de Dios


Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21

R. Recordad las maravillas que hizo el Señor.


Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre, a José,

vendido como esclavo. R.


Le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó. R.


El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

señor de todas sus posesiones. R.


EVANGELIO

Éste es el heredero: venid, lo mataremos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43.45-46


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:


- «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.


Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.


Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.”


Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.”


Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»


Le contestaron: – «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»


Y Jesús les dice:


- «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»


Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.


Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.


Palabra del Señor.


José y el Hijo de la parábola son piedras desechadas. Pero en los planes de Dios ellos son la piedra con la que Dios construye algo nuevo. ¿Te has sentido alguna vez piedra desechada? Yo sí y también he experimentado cómo Dios ha construido sobre mí. Los medios hablan mucho de la Iglesia Católica estos días, muchos para desecharnos. Por muy fuerte que parezca este “cuerpo vivo” en el fondo es un cuerpo tan frágil como el de cada uno de nosotros. Y es desechado por muchos como útil para la sociedad. Sin victimismo creo que nuestro lugar en el mundo es el de Nuestro Señor Jesucristo, estar con los desechados para ser cimiento de una nueva humanidad. Feliz día y bendiciones.
(P. Francisco Antonio Carrasco Cuadros).

Meditacion para la Misa del Domingo II de Cuaresma del ciclo c (Jules Stragier).

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Comentario evangelio dominical

sábado, 23 de febrero de 20132º Domingo de Cuaresma: Lc 9, 28b-36

 

2º Domingo de Cuaresma:  Lc 9, 28b-36
La Transfiguración


La escena de la Transfiguración aparece en los evangelios sinópticos en el contexto de la pregunta que hace Jesús a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”(Lc 9, 18)  por un lado, y por otro lado, los anuncios de la Pasión y las condiciones para seguir a Jesús: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga” (Lc 9, 23). Esto es muy duro, pero Jesús termina aclarando que “algunos de los presentes no morirán sin ver antes el reinado de Dios” (Lc 9, 27) y se apartará a algunos y les hará “ver”: así sucede en la Transfiguración.
La cruz como dolor, como sufrimiento, hasta “perder su vida por Cristo y su evangelio” (Lc 9, 24) es algo que no va con nuestra natura. Al contrario, nos repugna. Si va contra natura, entonces sólo una persona libre, es decir una persona que decide tomar este camino, puede emprenderlo.
Observemos que durante la escena de la Transfiguración, los discípulos se duermen igual que durante la agonía de Jesús en el monte de los Olivos: así pierden el diálogo entre Jesús con Moisés y Elías, también resplandecientes y que hablaban de su éxodo que iba a completar en Jerusalén: es decir su pascua o paso por la cruz hacia la resurrección. Se les va esa parte (por eso Pedro no entenderá los anuncios de Jesús de su Pasión) y sólo al final vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Es  la parte rica, la parte del espectador: “viene muy bien que estemos aquí” y quieren quedar con lo grato, lo rico, lo confortable del momento: “hagamos tres carpas”.
La transfiguración es un anticipo; es un "eclipse al revés": una luz en medio de la noche. Da un sentido completamente nuevo a la vida, ¡y a la muerte! Hace comprensible la maravillosa reflexión de Hélder Camara: "El que no tiene una razón para vivir, no tiene una razón para morir”. ¡Pobres de nosotros si queremos aburguesarnos, instalarnos o acomodarnos! El «qué bien estamos aquí» es, evidentemente, "no saber qué se está diciendo".  La Cuaresma es tiempo de cambio; pero al igual que Pedro, muchos no quieren saber de cambio para quedarse donde se sienten más confortables.
La Transfiguración nos dice que “tomar cada día su cruz para dar la vida” (Lc 9, 23-24) vale la pena, porque lo que nos espera, es la maravillosa gloria de la Transfiguración. Sin embargo, requiere del compromiso: es una elección, es un jugarse por…Es decidirse por entrar en íntima unión con Dios: eso es la alianza. Como todas las alianzas de la Biblia, la alianza con Abraham se sella con sangre; Jesús, selló -en su sangre- una alianza "nueva y eterna”... Ya no es sangre de animales la que da vida y es signo de la alianza, ahora es la sangre de Cristo, su amor, su vida unida a la sangre de tantos mártires que, con su muerte transfigurada, dan vida a tantos muertos por la violencia y la injusticia.
El amor nunca es más verdadero como cuando llega hasta el final, y en el caso de Jesús, hasta dar la vida, que es el signo de amor por excelencia. Estamos ante una alianza que es amor ofrecido en generosidad, y que cada creyente confirma y reafirma “cada día” en su derramamiento de sangre, sea en el amor cotidiano, como en el martirio doloroso de tantos hermanos nuestros latinoamericanos. Y, si la muerte es el mayor de los absurdos, desde Cristo, desde su muerte y su resurrección (hoy vislumbrada en la Transfiguración), jugarse la vida, gastarla en la lucha por la justicia y la solidaridad, por la verdad y la vida, es el acontecimiento fructífero por excelencia, ya que Cristo asocia a sí mismo a una multitud de hermanos... No es que Dios quiera que nadie muera: Él es Dios de vida, no de muerte- pero nada hay más dador de vida que el amor, por eso es Dios de amor. Dios nos quiere siempre, cada día, dando vida. Es la vida y el amor lo que cuenta, es la vida por el reino, es un dar la vida para que otros vivan. Una muerte que da vida, da sentido a tantas vidas muertas.
Nos ayude el P. Hurtado durante este tiempo de Cuaresma a dar un poco más de nuestra vida a nuestros hermanos carentes de vida: es la verdadera conversión que vale a los ojos de Dios.

Publicado por Jules Stragier
(
http://jstragier.blogspot.com.es/2013/02/2-domingo-de-cuaresma-la.html
).

Meditacion para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Comentario Liturgia).

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Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
 
“Una higuera plantada en su viña…” (Lc 13,1-9; 3º Domingo de Cuaresma)
 

            El santo Evangelio de este domingo, nos invita a un estudio profundo, por un lado de los acontecimientos citados por Jesús y sobre la parábola de la higuera estéril. Bien, el asesinato de los galileos, la muerte accidental de dieciocho personas aplastadas por la torre de Siloé y la parábola de la higuera estéril son exclusivas del Evangelio según Lucas. Jesús, al enterarse de que Pilato ha asesinado a unos galileos en el santuario, saca de ese acontecimiento una moraleja práctica. A pesar de su propio origen galileo, Jesús no apela a sus sentimientos patrióticos, lanzándose a una crítica despiadada del desaprensivo gobernador romano; en vez de eso, aprovecha ese incidente para invitar a su auditorio a un verdadero arrepentimiento y a la conversión. Su argumentación es bien nítida: los galileos asesinados no pagaron con esa muerte tan dramática un pecado mayor que el de sus compatriotas; lo que se deduce del hecho es que una muerte repentina tiene que hacer reflexionar a los vivos e incitarlos a arrepentirse y a reformar su vida, es decir, a aceptar con fe la palabra salvífica de Dios, que él mismo ha venido a proclamar. La existencia de cada persona puede truncarse tan repentinamente como la de esos galileos. Y, sacando partido de ese acontecimiento, Jesús pone en paralelismo el asesinato cruel de los galileos con el accidente que sufrieron dieciocho habitantes de Jerusalén cuando se derrumbó sobre ellos una torre de las antiguas murallas, cercana a la piscina de Siloé. Puede ser que aquellas personas no fueran más culpables que los anteriores –los galileos- o que los demás habitantes de Jerusalén; sin embargo, también fueron sorprendidos por una muerte repentina. Así es la condición humana; la muerte puede presentarse en el momento más imprevisto, como les sucedió a las víctimas de la crueldad de Pilato o a los que sucumbieron bajo los escombros de la torre de Siloé. En cualquier momento, incluso “esta misma noche” (cf. Lc 12,20), puede Dios “reclamarnos la vida”.
 
            Ahora bien, el sentido de la higuera estéril, pone de relieve la fragilidad de la existencia humana y las circunstancias críticas que la rodean. Como se le concedió a la higuera una última oportunidad, salvándola de ser talada, la invitación que hace Jesús al arrepentimiento sigue viva durante el corto tiempo de gracia que precede el juicio de Dios; es la última oportunidad.

            Pero tengamos en consideración algo muy importante. Los galileos mueren por la crueldad de otro ser humano, los dieciocho judíos murieron sólo por un accidente, en cambio en el caso de la higuera estéril, es que ella debe morir porque no da fruto, porque no es más que un parásito. En definitiva, eso es “el pecado más grande”. La culpabilidad que brota de las continuas dilaciones y de la falta de decisión personal es verdaderamente grave; mucho más que la que se pueda superar en una muerte violenta o en un accidente inesperado. Ya es la hora entonces de  aceptar la oportunidad que Dios mismo nos da, dejando la pereza y las incesantes dilaciones y transformar esa actitud en verdaderos frutos de conversión.

            Finalmente, “Una higuera plantada en su viña” ¿Qué significa? No se trata de cualquier viña, sino de una plantada en su propiedad ¿A quién representa? En el Antiguo Testamento, la “higuera” es uno de los símbolos del pueblo de Israel o de la tribu de Judá. Leído hoy este texto para nosotros, significa que esa viña, es hoy la Iglesia, somos nosotros los cristianos, los que debemos dar fruto en el ahora de nuestras vidas.

P. Tony Salinas Avery
(
http://comentarioliturgia.blogspot.com.es/2013/02/una-higuera-plantada-en-su-vina-lc-131.html#!/2013/02/una-higuera-plantada-en-su-vina-lc-131.html
).

Meditacion para la Misa del Domingo II de Cuaresma del ciclo C (Evangeli.net).

Contemplar el Evangelio de hoy Día litúrgico: Domingo II (C) de Cuaresma
Texto del Evangelio (Lc 9,28-36): En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle». Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
Comentario: Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España)
Jesús subió al monte a orar
Hoy, segundo domingo de Cuaresma, la liturgia de la palabra nos trae invariablemente el episodio evangélico de la Transfiguración del Señor. Este año con los matices propios de san Lucas.

El tercer evangelista es quien subraya más intensamente a Jesús orante, el Hijo que está permanentemente unido al Padre a través de la oración personal, a veces íntima, escondida, a veces en presencia de sus discípulos, llena de la alegría del Espíritu Santo.

Fijémonos, pues, que Lucas es el único de los sinópticos que comienza la narración de este relato así: «Jesús (...) subió al monte a orar» (Lc 9,28), y, por tanto, también es el que especifica que la transfiguración del Maestro se produjo «mientras oraba» (Lc 9,29). No es éste un hecho secundario.

La oración es presentada como el contexto idóneo, natural, para la visión de la gloria de Cristo: cuando Pedro, Juan y Santiago se despertaron, «vieron su gloria» (Lc 9,32). Pero no solamente la de Él, sino también la gloria que ya Dios manifestó en la Ley y los Profetas; éstos —dice el evangelista— «aparecían en gloria» (Lc 9,31). Efectivamente, también ellos encuentran el propio esplendor cuando el Hijo habla al Padre en el amor del Espíritu. Así, en el corazón de la Trinidad, la Pascua de Jesús, «su partida, que iba a cumplir en Jerusalén» (Lc 9,31) es el signo que manifiesta el designio de Dios desde siempre, llevado a término en el seno de la historia de Israel, hasta el cumplimiento definitivo, en la plenitud de los tiempos, en la muerte y la resurrección de Jesús, el Hijo encarnado.

Nos viene bien recordar, en esta Cuaresma y siempre, que solamente si dejamos aflorar el Espíritu de piedad en nuestra vida, estableciendo con el Señor una relación familiar, inseparable, podremos gozar de la contemplación de su gloria. Es urgente dejarnos impresionar por la visión del rostro del Transfigurado. A nuestra vivencia cristiana quizá le sobran palabras y le falta estupor, aquel que hizo de Pedro y de sus compañeros testigos auténticos de Cristo viviente.
(http://evangeli.net
).

Meditacion para la Misa del Domingo II de Cuaresma del ciclo C (P. Hernan Quijano).

II Domingo de Cuaresma, Ciclo C.
San Lucas 9, 28b-36: Vieron la Gloria del Hijo
Autor: Padre Hernán Quijano Guesalaga

Sitio Web

 
Génesis 15, 5-12. 17-18; Carta de san Pablo a los cristianos de Filipos  3, 17-4, 1; Evangelio según san Lucas  9, 28b-36

VIERON LA GLORIA DEL HIJO

En el segundo domingo de la Cuaresma proclamamos siempre, en los tres ciclos litúrgicos, uno de los tres relatos evangélicos de la Transfiguración del Señor. Este año se proclama la versión del evangelista san Lucas.

Son elementos propios de Lucas, a diferencia de los otros dos evangelistas (Mateo y Marcos): que Jesús subió al monte a orar y que la Transfiguración ocurrió mientras Él oraba y como fruto de su oración (Lc. 9, 28-29); es el único que señala el tema de conversación de Moisés y Elías con Jesús (Lc. 9, 31), y que los discípulos “vieron la gloria” de Jesús y de Moisés y Elías (Lc.  9, 32)[1].

La Cuaresma es un itinerario litúrgico hacia la Pascua. El episodio de la Transfiguración, en Lucas, se ubica cronológicamente ocho días después del primer anuncio que hace Jesús de su Pasión, Muerte y Resurrección (Lc. 9,  22), y poco antes del segundo anuncio de su Pasión (Lc, 9, 44).

Obediente al Padre, con plena confianza filial, Jesús marcha hacia su Pascua. Éste el sentido de la inclusión, como primera lectura litúrgica de este domingo, del relato del Génesis (15, 5-12. 17-18): Abraham confió en Dios, que le prometió una tierra y una descendencia tan numerosa como las incontables estrellas del cielo, y Dios no lo defraudó y selló con él una alianza.

La obediencia al Padre. Por ello, en el centro del texto de la Transfiguración está la voz del Padre desde la nube que reconoce a Jesús como su Hijo Elegido y manda escucharle (Lc. 9, 35), o sea, seguir su camino de obediencia filial a Dios.

La Transfiguración en la montaña (el Tabor, según la tradición) fue una anticipación, provisoria y breve, de la gloria de la Resurrección del Señor.  

La primera finalidad de esta manifestación del Padre que llama a Jesús su Hijo Elegido, es la de fortalecer al mismo Jesús ante la Pasión y Muerte como paso previo antes de la gloria de la Resurrección. El evangelista san Lucas (Lc. 9, 31), escribe que, con Moisés y Elías, Jesús hablaba de su partida, su éxodo, que se iba a consumar en Jerusalén, o sea de su muerte (sólo Lucas  señala de qué hablaban, ya se dijo más arriba). La Transfiguración es la respuesta robustecedora que el Padre dirige a Jesús.

En el texto a la muerte de Jesús se la llama “éxodo”. La expresión aparece ya en el libro de la Sabiduría (3, 1-3). La muerte no es un acabarse sino un viaje, un traslado hacia Dios.[2] Pero en Lc. 9, 31, el éxodo, la salida de Jesús se refiere a algo más, a su Resurrección y Ascensión, a su Pascua.[3] Y debemos relacionar esto con aquel “y vieron su gloria” (Lc. 9, 32) por parte de los tres discípulos en la Transfiguración. Vieron la gloria de Jesús Resucitado, la gloria del Hijo Elegido del Padre.

En el huerto de los olivos, cuando comience el drama de su Pasión, el mismo Jesús experimentará la oscuridad, el miedo, la tristeza, una tristeza de muerte y hasta pedirá al Padre que de ser posible aparte de Él ese cáliz. Jesús recordará las palabras de su Padre: mi Hijo Elegido, y en ellas encontrará la fuerza  para orar diciendo “no se haga mi  voluntad sino la Tuya”  (Mc. 22, 42).

El mismo Jesús fue sometido a prueba. Desde aquel primer encuentro con Satanás en el desierto (Lc. 4, 1-13), el Señor conoció la tentación, la prueba, y la pasó, la superó venciendo a Satanás y al mal, para siempre en su Pascua, mediante la obediencia filial al Padre: “no se haga mi  voluntad sino la Tuya”  (Mc. 22, 42).

A diferencia de los evangelistas Mateo y Marcos, en Lucas parece que la atención se centra en Jesús y que es Él y no sus discípulos quien se beneficia de esa experiencia mística[4]. Sin embargo, están los tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan (Lc. 9, 28), como testigos. El mensaje de Jesús para sus discípulos parece ser éste: Si en los momentos de oscuridad sientes la tentación de dudar de la divinidad del Señor, vuelve a la escena de la Transfiguración, retorna a lo que has contemplado, gozado y guardado, como un anticipo cierto de lo que será el desenlace final.  

Dice el apóstol san Pablo a los Filipenses: “Nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio” (Fil. 3. 20-21).

De acuerdo al contexto más amplio del relato de la Transfiguración en Lucas: Herodes se pregunta si es Juan Bautista resucitado o Elías aparecido (Lc. 9, 7-9), Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la multitud y ellos mismos que es Él y Pedro respondió “Tú eres el Mesías de Dios” (Lc. 9, 18-21)[5], este hecho, el de la Transfiguración,  quiere revelar la identidad del Señor, del Mesías, su gloria divina sin negar su condición mortal. La Transfiguración responde a la pregunta de Herodes: ¿quién es? Y a la pregunta de Jesús: ¿quién soy yo?

Jesús es el Mesías, y supera a la Ley antigua y los Profetas.

Moisés y Elías recibieron también en un monte la revelación de Dios. “Ahora están en coloquio con Aquel que es la revelación en Persona”. [6] Moisés y Elías fueron en diversas circunstancias interlocutores de Dios. Eso explica su presencia junto a Jesús en la Transfiguración.

Jesús Transfigurado, en la montaña, se nos presenta cual un nuevo Moisés y nuevo Legislador en el nuevo Sinaí, un nuevo Moisés que se encuentra con Dios en medio de la nube (Ex. 24. 15-18), con el rostro luminoso (Ex. 34, 29-35), un nuevo Moisés que supera la antigua Ley y los antiguos Profetas. Por ello, la voz del Padre ordena escucharle. Por eso, después de la visión, desaparecen Moisés y Elías, y el evangelista nos dice que sus discípulos no vieron más que a Jesús solo (Lc. 9, 36).[7]  

Moisés recibió la Ley de Dios; Jesús, en cambio, es la Ley misma, la Ley viviente, toda “la Palabra” de Dios. Por eso los discípulos deben escucharle.[8]

“Escúchenlo”, dice la voz del Padre. A mi Hijo muy Elegido. No a Moisés o Elías.

Con todo, aún señalando las semejanzas entre Moisés en el Sinaí y Jesús en el Monte de la Transfiguración, podemos advertir al menos una diferencia. Después de haber hablado con Dios, la luz de Dios resplandece en el rostro de Moisés pero es una luz que le llega “desde fuera”, mientras que Jesús resplandece desde el interior y no sólo recibe la luz de Dios sino que Él mismo es la Luz.[9]

 

Para la interpretación de la Transfiguración, más claramente en la versión de san Mateo, además del trasfondo del Éxodo y la subida de Moisés al monte Sinaí, confluye también una lectura en relación a la fiesta judía de las Tiendas. La Transfiguración de Jesús habría ocurrido el último día de esa fiesta, que duraba una semana. Esta fiesta recuerda el camino de Israel por el desierto, donde, bajo la protección de Dios, vivían en tiendas (en carpas). La tienda (o carpa) tiene un significado escatológico y alude a la morada eterna de los justos en la vida futura. Cuando llegaran los tiempos mesiánicos, los justos morarían en tiendas. Los tiempos mesiánicos han llegado; Jesús es el Mesías y Él cumple en sí lo que la fiesta de las Tiendas prefiguraba. Por eso escribe el evangelista san Juan que “el Verbo se hizo carne, y plantó su tienda entre nosotros” (Jn. 1, 14). El Señor, al encarnarse, “ha puesto la tienda de su humanidad entre nosotros, inaugurando así los tiempos mesiánicos. La “tienda plantada” por Jesús es la Encarnación del Verbo de Dios, la naturaleza humana del Hijo de Dios. La verdadera y definitiva fiesta de las tiendas ha llegado. Jesús es el Hijo de Dios, así lo proclama el Padre. Y la nube es signo de la presencia de Dios (la nube sobre la tienda del encuentro indicaba la presencia de Dios según el Éxodo). Pedro quiso darle un carácter permanente a esta presencia y encuentro con Dios, y por eso le habló a Jesús de levantar tres tiendas. Pero en ese encuentro estremecedor con la gloria de Dios en lo alto del monte, Pedro, como todo discípulo, debe aprender que hay que bajar del monte, porque sólo por la cruz, por la Pasión y la Muerte de Jesús, se llega a la Resurrección.[10] Pedro no comprende del todo todavía: pide tres tiendas (tres carpas); la Tienda es una: es Cristo.

 

Hay una indudable relación entre la Transfiguración del Señor y el Bautismo, el Bautismo de Jesús y nuestro propio bautismo sacramental. La voz  que el Padre Dios hace oír en el Bautismo de Jesús dice casi las mismas palabras: “Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto” (Lc. 3, 22). En la Transfiguración, se cambia de segunda a tercera persona,  la voz del Padre ya no se dirige sólo a Jesús sino a todos. Por ello dice el Padre: “Éste es mi Hijo Elegido. Escúchenlo” (Lc. 9, 35).

Por el Bautismo sacramental, los cristianos participamos, por adopción, de la condición filial del Hijo Elegido, su relación con el Padre y su deber de obediencia a la Voluntad del Padre.  

En la liturgia bautismal, el signo de la luz del cirio pascual nos recuerda también al Señor Transfigurado, resplandeciente, de quien todo bautizado debe ser reflejo.  Por el Bautismo somos “revestidos de luz con Jesús y nos convertimos nosotros mismos en luz”.[11]

También los vestidos blanqueados en la Transfiguración aluden a los vestidos blancos de los elegidos lavados en la sangre del Cordero, según el Apocalipsis. De esta forma, también el rito bautismal de la vestidura blanca se refiere al vestido original del que fuimos despojados por el pecado y que este sacramento nos devuelve.

 

 En la Eucaristía que estamos celebrando, junto a Jesús subamos al monte, participando de este alimento que es anticipo del banquete de la gloria. Como Pedro a Jesús, en la misa digamos “Maestro, ¡Qué bien se está aquí!” (Lc. 9, 33). Debemos aprender a escucharle, y a imitarle en su obediencia filial a la voluntad del Padre.

 

Nos dice, por otra parte, el Apocalipsis (Apoc. 12, 1) que, al fin de los tiempos, como desde un observatorio o atalaya, desde el monte Sión, será contemplada una mujer vestida de sol, la Bienaventurada Virgen María. Ella, transfigurada en la gloria, es la Madre del Transfigurado. El cuerpo transfigurado de Cristo había sido tomado de su carne. En Ella plantó su Tienda (su Humanidad) el Verbo de Dios.

“Vieron su gloria”, la gloria de Jesús. Y la de Moisés y Elías. Veremos la gloria de Jesús. Y la gloria de ella.

 

Pbro. Hernán Quijano Guesalaga

Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús,

Capilla Policial San Sebastián,

Paraná, Argentina

Domingo 28 de febrero de 2010





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[1] Benoit, Boismard, Malilos: Sinopsis de los cuatro evangelios, II,Bilbao, Desclée de Brouwer, 1976, pág. 235 y Rivas, Luis: Jesús habla a su pueblo, Ciclo C, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, Buenos Aires, CEA, 2002, pág. 107 sobre la frecuencia con que en el evangelio de san Lucas se dice que Jesús se retira a orar.

[2] Benoit, Boismard, Malilos: Sinopsis de los cuatro evangelios, II,Bilbao, Desclée de Brouwer, 1976, págs. 237-238.

[3] Rivas, Luis: Jesús habla a su pueblo, Ciclo C, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, Buenos Aires, CEA, 2002, pág. 108.

[4] Benoit, Boismard, Malilos: Sinopsis de los cuatro evangelios, II,Bilbao, Desclée de Brouwer, 1976, pág. 235.

[5] Cf. Rivas, Luis: Jesús habla a su pueblo, Ciclo C, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, Buenos Aires, CEA, 2002, págs. 106-107.

[6] Cf. Ratzinger, J., Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, 2007, pág. 361-363.

[7]  Ver nota de la Biblia de Jerusalén a Mt. 17, 1-13.

[8] Cf. Ratzinger, J., Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, 2007, pág. 368-369, citando a H. Gese y R. Pesch.

[9] Cf. Ratzinger, J., Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, 2007, pág. 361-362.

[10] Cf. Ratzinger, J., Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, 2007, pág. 356-370.

[11] Cf. Ratzinger, J., Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, 2007, pág. 362.
(
http://homiletica.org/hernanquijano/hernanquijanoguesalaga150.htm
).

Homilia para el Domingo II de Cuaresma del ciclo C (P. Jesus Marti Ballester).

Comentarios a las lecturas del Domingo 24 de Febrero

LA CARA OCULTA DE JESUS

            1.  La Buena Noticia de Jesús se resume en su Éxodo, que termina en la Resurrección. Moisés sacó al pueblo de Egipto. Hizo su Éxodo. Elías alentó al pueblo en su fe y esperanza, a costa de su descanso y tranquilidad. Fueron actores principales, ministros de la Palabra. Pero Jesús está ahora ya en su lugar, es su confirmación y su relevo. Su complemento y cumplimiento. El Padre habló por los profetas, pero últimamente el Padre habla por Cristo, el hombre que va a la muerte, obediente al Padre: "Escuchadle". La vida no va a terminar con la muerte. Repetidas veces ha dicho Jesús a los discípulos que va a morir, pero al tercer día va a resucitar. ¿Es un fracaso su vida? Aparentemente sí. Allí están los tres discípulos elegidos y más representativos y con ellos la Iglesia, que extenderá y propagará su mismo mensaje de amor hasta la muerte que termina en la gloria cuyo preludio es la Transfiguración.

            2 Antes estuvo Abraham: "Abraham creyó al Señor y se le contó en su haber" Génesis 15,5. Dios, que había sacado a Abraham de Ur de los Caldeos, le dice: "No temas, Abraham, yo soy tu escudo y tu paga será abundante". Abraham, desilusionado, expone al Señor su situación de fracasado: "¿De qué me sirven tus dones, si no me has dado hijos?". Entonces Dios le promete una descendencia numerosa, "como las estrellas", la posesión de aquella tierra, y la bendición. La descendencia es signo de poder. Los hijos son la riqueza de los pobres, por eso en la actualidad los pueblos con descendencia más numerosa son los del tercer mundo. Le promete la posesión de la tierra, que es el sueño de un nómada errabundo sin patria. Y le garantiza la bendición con la acumulación de grandes riquezas.

            3. Bajo el cielo luminoso tachonado de un ejército de estrellas innumerables como testigos de la promesa, Dios garantiza a Abraham la descendencia numerosa. Abraham acepta la descendencia. Es ley biológica y seguro de defensa humana. Pero pregunta al Señor cómo sabrá que va a poseer la tierra. El Señor le pide que le ofrezca unos animales en sacrificio. Por entre los animales descuartizados pasó una antorcha ardiendo y una humareda de horno. En el fuego de la antorcha encendida Dios se hace presente y se compromete a cumplir la palabra, como diciendo: que me suceda lo que a estas víctimas sacrificadas. Cuando estos animales vuelvan a vivir, dejaré yo de cumplir mis promesas. ¡Nunca!. A Abraham le invadió un sueño profundo en el que interiormente vio el compromiso, la lealtad y la fidelidad de Dios. Dijo Dios: "Tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, tendrá que servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años, pero saldrá con grandes riquezas". "Aquel día el Señor hizo alianza con Abraham". Abraham vio, creyó, confió y se sometió incondicionalmente a Dios, con lo que consiguió una descendencia innumerable, la posesión de la tierra y la bendición de Dios.

            4. "Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida" Salmo 26. El salmo trasciende la materialidad de la descendencia, de la posesión de la tierra y de la bendición de la prosperidad, y los eleva a la dimensión de la patria a que están apuntando: el "país de la vida". Donde la vida no tiene muerte, la participación de la vida de Dios que heredaremos con Jesucristo y por él.

             5  "Una voz desde la nube decía: <Escuchadle>" Lucas 9,28. ¿El hombre Jesús ha quedado afectado tras su lucha con Satanás y su opción por el camino de la cruz? A sus amigos ya les ha anunciado su pasión y muerte. La sombra amarga de la suprema humillación y aniquilamiento no pesa sólo sobre ellos, sino también sobre él; ¿acaso no es hombre de carne y sangre? Jesús necesita afirmarse y afirmar su identidad de Hijo de Dios, sobre todo en los más íntimos. Por eso: "Cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a la montaña a orar". Mientras oraba se transfiguró y sus vestidos resplandecían de blancura.

Escribe Santa Teresa que después de haber comulgado, al empezar a dar gracias, vio un día por visión intelectual al Señor y por visión imaginaria sus sacratísimas manos, pies y costado con las cinco llagas, más hermosas y resplandecientes que cinco soles. Díjole su Majestad con grande amor estas palabras: “Mira, si quien recibió estas llagas por ti y con gran gusto pues te tenía presente con otras almas, mis esposas, cuando las recibí te querrá por esposa? Prepárate para serlo”. Así a sus Apóstoles su realidad, que permanecía oculta, se manifestó. Dios le llenó desde dentro. Se expuso lo que llevaba dentro escondido. Entrar en oración es llegar a la fuente fresca de la transfiguración, allí donde la luz tiene su manantial. Todo cambia en la oración. El encuentro de Jesús con su Padre fue confortador y estimulante.

            6. Hoy nos elige a nosotros; nos elige para subir con él. El no esperaba la Transfiguración. El esperaba orar. Conversar con el Padre. Manifestarle su estado, sus luchas, contarle el combate con Satanás, pedirle fuerza, sus Dones del Espíritu, su paciencia. Se los llevó a orar con él. Nos elige y nos llama y acompaña a orar. Tal vez llegue la transfiguración. Seguro la paz y los efectos del contacto con el sol que vigoriza, acrece las defensas, nos pertrecha contra nuestros enemigos, en definitiva, transfigura nuestra vida, nos hace parecernos a Él. Nos elige a nosotros. Podemos poner excusas. El trabajo, la ignorancia, lo que queda al pie de la montaña. Depende de nosotros. El estaba reluciente con vestidos blancos y rostro bellísimo, esplendoroso y radiante. No se ha maquillado. Su hermosura brota de dentro. Su alegría es clara y visible. El Verbo Dios que llevaba escondido, sólo viajaba de incógnito. Ahora se ha manifestado apenas. La belleza que hoy se cotiza es pura baratija. Belleza de fachada. No es que sea rechazable en sí misma, pero puede serlo en la intención, comercio, azuzamientos de los instintos menos nobles del ser humano. De ahí que haya necesidad de un autodominio, una lucha para aprender el lenguaje del amor, que es el lenguaje de Dios, que tiene sus propiedades y normas, para que en el diálogo y en la comunicación nos podamos entender, porque la carne habla un idioma distinto al del Espíritu de Dios.

7. Dos personas conversan con él de su "éxodo". Son Moisés y Elías. Los dos guías máximos de la fe de Israel, que han precedido a Jesús y le han esperado, ahora, como compañeros suyos.  Cuenta en otra ocasión Santa Teresa que hablando de Dios con el Padre García de Toledo, su confesor, vio a Jesús transfigurado que le dijo: "En estas conversaciones yo siempre estoy presente". Y el Padre se hizo presente y su voz desde la nube decía: "Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo". Era como decirles: No os escandalicéis de su muerte en cruz, es mi voluntad y el único camino de la Redención. Ese hombre que camina hacia la muerte es mi Hijo, que no sólo tiene la naturaleza de Dios, sino que también recibe su poder. Seguid el camino que él va a recorrer. Su muerte y vuestra muerte terminarán en una glorificación transfigurada. Esa es la cara oculta de Jesús que no veíais. Estaba oculta y seguirá estándolo, pero ya habéis visto momentáneamente, que la oscuridad de la cruz, encubre la luz encendida y portentosa. Como Israel salió de Egipto en dirección a la tierra prometida, el éxodo de Cristo, va de la muerte a la resurrección. "Escuchadle a Él". Moisés y Elías prepararan su camino. Ahora sólo a Él debéis escuchar y seguir

            8. A Pedro se le ha quedado grabada hondamente la escena y nos lo dice: "El recibió de Dios Padre el honor y la gloria cuando desde la grandiosa gloria se le hizo llegar esta voz: <Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto>. Esta voz llegada del cielo, la oímos nosotros estando con él en la montaña sagrada. Es una lámpara que brilla en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana nazca en vuestros corazones"(2 Pe 1,19).

            9. El nexo de unión donde coinciden la 1ª y 3ª lecturas, es la respuesta de la fe de Abraham a la palabra de Dios y la obediencia del cristiano a Jesús, cuya vida y palabra es el camino trazado por el Padre, que nos manda escucharle para caminar con Jesús en el desierto, hasta la crucifixión solemne, o pequeña y casi siempre escondida, y la resurrección segura, ya que el Apóstol nos asegura que "transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo" (2Cor 3,18).

            10. Dice el Vaticano II: "Ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte que, a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? ¿Qué hay después de esta vida temporal?"(GS 10). El mensaje de las lecturas da respuesta a estas preguntas, porque "cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo"(Ib), para que la humanidad pueda salvarse.

11. "Quería Pedro quedarse, ¡se estaba muy bien allí! Presiente y anhela la meta, el descanso y la plenitud consumada. No quiere pensar que hay que pasar por la muerte. Desciende, Pedro. Tú, que deseabas descansar en el monte, desciende y predica la palabra...Trabaja, suda, “cuando eras joven ibas donde querías, cuando seas viejo, irás a donde te lleven” ¿a dónde me lleváis ahora –preguntaba con gracia el Beato Juan XXIII, cuando entraban los monseñores a su despacho - padece a fin de que poseas por el brillo y hermosura de las obras hechas con amor, lo que simbolizan los vestidos blancos del Señor. Desciende a trabajar en la tierra, a servir en la tierra, a ser despreciado y crucificado en la tierra; porque también la Vida descendió para ser muerta, el Pan a tener hambre, el camino a cansarse de andar, la Fuente a tener sed, como escribe San Agustín. «Pedro y sus compañeros -apunta el evangelio- se caían de sueño.» Es curioso observar que los discípulos se duermen cuando algo no les interesa. También se dormirán en Getsemaní. La idea de un salvador-rey-ungido que salva muriendo, dando la vida y dejándose matar, no les interesaba demasiado. Jesús no le hizo caso. Según los incomprensibles planes de Dios, ese Jesús -que bajaría del monte para subir al Calvario- es su Hijo a quien hay que escuchar. Los demás mesías esperados y soñados son falsos.

      12. Aunque a veces sea necesario un alto en el camino para recobrar fuerzas, hay que completar el camino, hay que llevar a su término la tarea que corresponde a cada uno en este proceso de liberación personal y colectiva al que Jesús nos invita. Y más jugando con la ventaja de saber con certeza cuál será ese final. Jesús, Moisés y Elías. «Hablaban de su éxodo», palabra esta que ya desde el libro de la Sabiduría, 4,10, designa la muerte del justo como salida = éxodo hacia Dios.

      13. Siempre que Jesús ve en peligro la fe de los suyos se va a compartir el problema con el Padre. El anuncio de que iba a ser un mesías bastante distinto de lo que las tradiciones judías hacían esperar, sin buscar ni alcanzar ninguno de los triunfos que todos esperaban -no llegaría a ser rey, no engrandecería a la nación israelita, ni siquiera vería con sus propios ojos cómo se establecía la justicia en su pueblo...-, debió hacer temblar los cimientos, poco firmes todavía, de la fe de los discípulos. A Pedro, Juan y Santiago, se los lleva Jesús consigo para asociarlos a su oración.

14. No olvidemos en el día de la celebración de la vida transfigurada, que estamos celebrando su vida resucitada, y que, aunque velado ahora por los accidentes del pan y del vino, vamos a ver al Jesús que se transfiguró. Su acción ahora, aunque esté oculta a nuestros ojos, es la misma que la de entonces. "Cristo hoy y ayer, el mismo por los siglos" (Hb 13,8).

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Meditacion para el Domingo II de cuaresma del ciclo C (P. Jose Antonio Pagola).

II Domingo de Cuaresma
24 de febrero de 2013
 
LITURGIA DE LA PALABRA
                                   
LIBRO DEL GÉNESIS 15, 5-12.17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrahán y le dijo:

—Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes.

Y añadió:

—Así será tu descendencia.

Abrahán creyó al Señor y se lo contó en su haber. El Señor le dijo:

—Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta

tierra.

Él replicó:

—Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?

Respondió el Señor:

—Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.

Abrahán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrahán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo inundó a Abrahán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaba entre los miembros descuartizados. Aquel día el señor hizo alianza con Abrahán en estos términos:

—A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.

SALMO 26

R.- EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN.

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES 3, 17-4, 1

Hermanos:

Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros por el contrario somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba. El aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablan de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

—Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

—Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaban silencio y, por el momento no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

 
COMENTARIO DOMINICAL
 
Autor: José Antonio Pagola
Fuente: eclesalia.net
 
Escuchar a Jesús
 
Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente "La transfiguración del Señor". Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una "teofanía" o revelación de Dios.

Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente "para orar", no para contemplar una transfiguración.

Todo sucede durante la oración de Jesús: "mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió". Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.

En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.

Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues "se caían de sueño" y solo "al espabilarse", captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que "no sabía lo que decía".

Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: "Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle". La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.

Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente "interiorizar" nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.

Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.

Meditacion para la Misa del Domingo III de Cuaresma del ciclo C (Errieliza.org).

ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 13, 1 – 9)

 1 marzo 2010


*                            III  DOMINGO DE CUARESMA. C. (Marzo 7)
 
*           La oración de hoy, se va a fijar especialmente en la “higuera estéril”.
            La higuera es en la Biblia figura del pueblo de Israel. Los que escuchaban a Jesús entendieron el mensaje de la parábola; iba para ell@s. pero ésta sigue teniendo plena actualidad. Es necesario que nos la apliquemos nosotr@s, individualmente y como comunidad cristiana o Iglesia. Una Iglesia, una comunidad que no dé fruto no tiene razón de ser.
 
          
*                                          O R A C I Ó N
 

*           Dios nuestro, la realidad es que tienes con nosotr@s una paciencia infinita: “TRES AÑOS LLEVO VINIENDO A BUSCAR FRUTO EN ESTA HIGUERA, Y NO LO ENCUENTRO”…

*           Señor, muchas veces nuestra vida está llena de propósitos que no han pasado de eso, de propósitos. Pero sabemos, que Tú, siempre estás ahí, a nuestro lado, contando con nosotr@s, ofreciéndonos una nueva oportunidad de CONVERSIÓN.
 
*           No es la primera vez que vienes y que nuestra higuera muestra sus hojas : verdes, grandes, ásperas… pero SIN FRUTO …
 
*           Sabes que ocupa terreno fértil, que sudaste cuidándola, para que diera los higos mejores, Pero… inútilmente…
 
*           Y aunque tienes ganas de cortarla, Tú corazón hortelano, lleno de paciencia y misericordia, se resiste..
            Le cavarás la tierra, le echarás abono nuevamente…
 
*           Déjala un poco más, Señor Jesús, Maestro y Amigo. Déjanos, un poco más.
            Déjanos un poco más, Señor,
            Y cuídanos…
            Cuídame…
 
*  ¡Gracias, Señor!.  Ayúdanos  a dar frutos. AMÉN
 
*                      Z U R I Ñ E
(
http://www.herrieliza.org/la-palabra/oraciones/orar-con-el-evangelio-lc-13-1-9
).

Semana Santa en familia. Via Crucis infantil (Vive la Semana Santa).

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Autor: Pablo Córdoba | Fuente: Catholic.net
Semana Santa en Familia
Vía Crucis para niños, en forma de cuento.
 
Semana Santa en Familia
La abuela le pide que la acompañen a la Iglesia.

Qué aburrido! –piensa Dalma, la nieta adolescente; pero, al recordar que están en Semana Santa, decide ir.

–¡Vamos! –grita Matías, de ocho, que ve en la invitación una ocasión para atrapar palomas en el campanario.

Es una tarde fría. El cielo está nublado.

Llegan a la Iglesia. Un candado avisa que está cerrada. La abuela les indica ir por el lateral; seguro que, la puerta estará abierta.

Entran por la parte trasera. No hay nadie adentro.

–¿Qué les parece si rezamos el Vía Crucis?

–¿Qué es eso? –pregunta Matías .

–Es recorrer, siguiendo estos cuadritos, el camino que hizo Jesús llevando la Cruz, hasta su muerte –responde su hermana.

El niño se para frente al primer cuadro y lee: “Jesús es con-de-na–do”. Mira a las mujeres y con picardía pide una explicación.

La nona hace un gesto de complicidad y comienza con el relato:

“Eso fue en la mañana del viernes. El gobernador sabía que era inocente. Y, buscando excusas para liberarlo, les dio a elegir al gentío entre Cristo y
Barrabás, un asesino que nadie quería.

“La muchedumbre pidió a gritos que liberen al delincuente; y que crucifiquen a Jesús. ‘¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!’, gritaban enfurecidos.

–Pero... ¿no era bueno? –comentó Matías.

–Buenísimo. Él los había curado, les había dado de comer, les había enseñado las cosas de Dios, como en la catequesis –dijo la mujer acariciando la cabecita
del pequeño y prosiguió con el relato.

“Entonces, para que la gente se calmase, el gobernador mandó azotar al Nazareno.

–Eso es lo más impresionante de la película... –comentó Dalma– ...cuando le arrancan la carne a latigazos.

“Después –continuó la abuela– lo abofetearon y le clavaron una corona de espinas.

“Pero aún faltaba lo peor: la humillación de llevar la cruz hasta la cima del monte Calvario, donde sería crucificado.

“Jesús carga con la Cruz. Apenas sale a la calle, la gente se amontona. Algunos aprovechan para insultarlo y escupirlo. Otros, para demostrarle a los soldados
que no estaban de su lado, le gritan groserías.

“Entre ellos está uno de los que había curado la lepra, está la madre de una niña que había resucitado... Cristo los reconoce. Podría llamarlos por su
nombre. Los mira. Ellos prefieren bajar la cabeza.

Dalma se imagina entre la gente. Se siente parte del relato.

“Se escuchan ruidos de metales. Son los soldados que vienen a exigirle que se apure. Al día siguiente es feriado y quieren terminar temprano. Uno le da
un empujón. Jesús cae por primera vez.

–Acá está el dibujo –dice Matías, señalando la tercera estación.

–¿Alguna vez te caíste?

El niño recuerda cuando se cayó de la bicicleta. Le había sangrado el codo y se había raspado las rodillas. Lo peor había sido cuando su mamá le lavó las
heridas con agua y jabón.

–¡Ay! –exclamó al comprender. La nona siguió contando.

“Los soldados se enfurecieron porque demoraba en ponerse de pie. Uno le tiraba de los pelos, otro lo azotaba.

“Gritó tan fuerte que María, que estaba lejos, lo escuchó.

“Luego se abrió paso entre la multitud.

“Por fin, Jesús se encuentra con su Madre”. Pero está tan desfigurado que ella no lo reconoce. Lo mira a los ojos y consigue ver en ellos, al pequeño que
había crecido entre sus brazos.

“Se contemplan durante unos instantes. El ambiente se llena de ternura. La gente, emocionada, los contempla sin hablar, hasta que otro latigazo obliga
a Cristo a separarse de su mamá.

“La Virgen se queda sola.”

Los niños sienten compasión por la Madre de Dios.

Caminan unos pasos y se detienen en la quinta estación.

–¿Quién es ese hombre?

–Simón de Cirene carga con la Cruz –lee la joven, a modo de respuesta.

“Cristo no tiene más fuerzas para continuar. Entonces, los soldados buscan a un hombre para que le ayude a cargar con los maderos.

“Lleno de miedo, Simón se niega. Se siente poca cosa para estar al lado de Cristo. Éste lo mira y le infunde confianza. El cireneo vence el miedo y le
ayuda con la Cruz.

“Es un aporte ínfimo entre tanto dolor, pero significa mucho para Cristo que recibe agradecido el favor de su nuevo amigo.

–Cuando sea grande, yo le voy a ayudar –agrega el pequeño.

–No hace falta que crezcas. Ahora podés hacerlo: siendo obediente, haciendo las tareas, no peleando... Eso hace muy feliz a Jesús.

Se detienen en la sexta estación. La abuela se inclina hacia la nieta y en la intimidad le comenta:

“Entre la muchedumbre hay una mujer que simpatizaba con su mensaje y con el grupo de mujeres que lo seguía; pero, por tímida, no se había comprometido
a seguirlo.

“Obligan a Cristo a tomar un atajo y, sin esperarlo, pasa delante de ella. Al verlo tan cerca, la mujer rompe con su timidez, arranca un lienzo de su vestido
y, cuidadosamente, Verónica enjuaga el rostro del Señor.

Dalma, recuerda cuando por “timidez”, no defendió el mensaje de la Iglesia entre sus compañeras... y se avergüenza.

La abuela teme que la joven esté aburrida y quiera regresar a casa.

–Seguí contando –dijo el mocoso.

La joven toca el brazo de la abuela con gesto indeciso y también le pide que siga con el relato.

Miran hacia atrás. Las puertas estaban abiertas. Había muchas personas recorriendo el Vía Crucis. Algunos rezaban el Rosario. Otros, en fila, esperaban
para confesarse.

En la casa, no ha dejado de sonar el teléfono. Son las adolescentes que preguntan por su amiga.

“Salió con la abuela” –responde la mamá una y otra vez. Al pasar por la habitación del niño sonríe: no está con los jueguitos de la computadora.

–Si quieren que sigamos, tenemos que cruzar del otro lado.

Los niños aceptan, buscan la séptima estación y se detienen frente a ella.

“Estaba muy cansado, sus pasos eran cada vez más cortos y torpes. De pronto, topa con una piedra y cae por segunda vez.

La abuela piensa en las caídas del alma que suelen ser más dolorosas que las otras. Recuerda las veces que prometió no volver a caer y que igual tropezó
con la misma piedra.

Admite que su carácter, sus caprichos y su egoísmo, terminan siendo las piedras con las que tropieza Cristo. Obstáculos que traicionan el camino espiritual.

–Abuela: ¿quiénes son estas señoras? –la interrumpe en su reflexión, Matías.

–Son un grupo de mujeres que, afligidas por lo que está pasando, lloran sin consuelo. Cristo se detiene ante ellas y les dice: “No lloren por mí, sino
por sus pecados y por sus hijos.

“Les explica que causan más sufrimiento las faltas de caridad y la indiferencia de sus hijos, que los latigazos de los romanos. Así, Jesús consuela a las
mujeres de Jerusalén.

–Voy a pedirte una cosa, –le dijo a Matías que, como a todo niño, le gusta que le hagan encargos importantes–. Quiero que en tus oraciones pidas perdón
por las ofensas de los hombres que no rezan, que no van a Misa y que blasfeman.

–Que rece por los ateos también –agrega Dalma.

–No solamente por ellos sino también por los bautizados que se han ido a otras iglesias, por los que sólo acuden a Dios en los momentos malos y después
se olvidan...

“Por las mujeres que abortan y por las que no transmiten la fe a sus hijos –concluye la abuela y vuelve al Via Crucis:

“Le duele más el corazón que el cuerpo. Es tanta la amargura de su alma, que no resiste más... y cae por tercera vez.

“Sabe que con su sacrificio está pagando el rescate de todos los hombres que somos rehenes del pecado.

–Como los secuestros que aparecen en la tele.

–Algo parecido –responde la mujer con una leve sonrisa.

–Y acá... ¿qué pasó? –pregunta el niño.

“Llegaron al lugar de la crucifixión. Los soldados le quitan la ropa y se la sortean.

“Cristo, permanece en silencio, no se queja ni está enojado.

“Lo acuestan encima del madero que está en el suelo. Toman sus brazos y, traspasándolos a golpe de martillo, lo clavan en la Cruz. Toman sus pies y hacen
lo mismo.

“Una vez clavado, lo elevan junto a dos malhechores. Allí lo dejan: con las heridas, la sangre y los brazos extendidos.

“Todo es desolación y misterio. María no puede creer lo que han hecho con su hijo. Desde la Cruz, Él la consuela con la mirada y le regala una tenue sonrisa.


“Luego llama a su amigo Juan, que estaba junto a María, y le pide que en adelante cuide de su mamá, que no la deje sola.

“María también se acerca para escuchar de labios de su hijo la última petición: “quiero que seas la Madre de todos”.

“El cielo se oscurece. Tiembla la Tierra. Los ángeles lloran en el momento en que Cristo muere en la Cruz.

“Aquel niño nacido en un pesebre, aquel joven que había llorado y reído junto a sus amigos, aquel mismo que había sanado a tantos... estaba muerto.

“La reflexión ganó el corazón de todos. Al ver que habían clavado a un inocente, comenzaron a marcharse. Algunos soldados sintieron el sabor amargo del
arrepentimiento; otros, el de la culpa.

“Lejos quedaron los días de gloria: el milagro de Caná, la pesca milagrosa, la resurrección de Lázaro, la entrada en Jerusalén.

“Hay dos seguidores: José de Arimatea y Nicodemo, que no habían participado de estos momentos pero que estuvieron presente cuando el Señor más los necesitó.

Piden permiso a Pilatos y bajan su cuerpo de la Cruz.

“Su madre lo toma entre sus brazos. Se renueva el dolor al comprobar que el cuerpo de su hijo estaba muerto.

“La tarde llega a su fin. Es de noche, cuando dan sepultura al cuerpo de Jesús. Lo ponen en una cueva cavada en roca y dejan caer una gran piedra sobre
el ingreso.

“Todo hace pensar que sus enemigos tenían razón: Cristo no era más que un gran hombre, un magnífico profeta... pero no era Dios.

“El día sábado, ya muchos se habían olvidado del Maestro, ya nadie hablaba del Nazareno. Todos estaban ocupados en los preparativos de las fiestas.

La nona los invita a sentarse.

“El domingo, antes de que amaneciera, un grupo de mujeres fue a llevarle flores y perfumes. Durante el camino se preguntaron quién movería la piedra. Ellas
no tenían tanta fuerza.

“Cerca del lugar, observaron que la piedra estaba corrida. Corrieron y, al entrar al sepulcro, vieron que no estaba el cuerpo. Pensaron que lo habían robado.
En su lugar, había dos ángeles vestidos de blanco.

“Uno de ellos les dice: ‘¿por qué buscan entre los muertos al que ha resucitado? ¡Cristo está vivo y vivirá por siempre!’, agrega con una amplia sonrisa
entre los labios.

“Es tanta la alegría de las mujeres que tiran las flores al suelo y salen corriendo para contar a los discípulos lo que ha pasado.

Una vecina se acerca para saludar a la abuela, sin embargo, al ver a la adolescente rezando de rodillas, se detiene.

La abuela acomoda a Matías, que está dormido, en su falda. Con tiernas caricias sobre su cabecita da por finalizado el relato.

Dalma mira la imagen del Cristo en la cruz y, emocionada, le anuncia que se anotará en el grupo juvenil de la Parroquia.

Le brillan los ojos de sólo imaginarse enseñando la catequesis a los niños del barrio. Sueña con el campamento de verano. Se imagina misionando, llevando
la alegría cristiana a los más necesitados. Sonríe. 

En tanto, Matías sueña con que defiende al Señor con su espada de juguete. Le asegura a la Virgen que, en adelante, no estará más sola. Él será su protector.

Mientras los nietos imaginan ese porvenir, la abuela recuerda los viernes santos de su época: cuando las mujeres iban vestidas de luto, cubriendo los rostros
con mantillas negras.

Recuerda a su abuela de tez blanca y ojos oscuros que, con la voz clara y temblorosa de las mujeres valientes que hablan en público, decía:

–Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

A lo que los demás respondían:

–Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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03/03/2013 23:50 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. VIA CRUCIS No hay comentarios. Comentar.

Domingo de Ramos (Aciprensa.com).

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Autor: Xavier Villalta | Fuente: ACI Prensa
Domingo de Ramos, Fiesta, 24 de marzo de 2013  
Domingo de Ramos, Fiesta El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en
Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.

En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia
madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria - anamnesis - de la pasión que
marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.

Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético,
que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. .

Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos
así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.

San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: "Bendito
el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".

Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el
esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada
en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.

Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante
del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.

Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja
este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor.
Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.

Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús
en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.


La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita
a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=35661
).

Semana Santa (Iglesia.cl).

Semana Santa

Para vivir la Pascua del año 2012

Cuando en la vigilia pascual, el sacerdote marque el año en curso sobre el cirio, señale las cinco llagas de Cristo y lo encienda con el fuego bendecido,
entraremos una vez más en el misterio más hondo de nuestra fe. En nuestro mundo, en el que conviven la vida y la muerte, Cristo glorioso, muerto y resucitado,
centro de la fe, de la vida y de la liturgia, es la certeza de la victoria de la luz sobre las tinieblas. Eso es lo que querremos significar cuando la
luz del cirio se vaya difundiendo por la asamblea que celebra y, desde ella, por todas las realidades que necesitan de resurrección. 

Ver para creer

La celebración de la Resurrección no tendría fuerza si no fuésemos conscientes de la muerte. Sin “ver” las muertes que nos rodean, no podríamos “creer”
de verdad en Cristo victorioso sobre la muerte y el pecado. Nuestra fe no tendría sentido. Por eso la Cuaresma, tiempo de preparación personal y comunitaria
a la Pascua, nos permite tomar conciencia de las fuerzas de muerte de nuestra sociedad y de nuestra vida personal en cuarenta días de mirada atenta y creyente
al corazón y a nuestro alrededor.

Ver los signos de muerte que hay en nuestro propio interior y en el mundo no es pesimismo, sino un esfuerzo por mirarlo todo con los ojos de Dios, que
está atento al clamor de los que sufren y a lo que destruye su proyecto de amor y salvación. Él es un Dios que ante todo quiere nuestra plenitud, la superación
del dolor y del pecado, y la felicidad de todos sus hijos. 

Convertirnos al Evangelio

La mirada que sabe descubrir los signos de muerte es capaz de anhelar la vida y celebrar la Resurrección. Es capaz de convertirse. El Miércoles de Cenizas,
cuando iniciemos el itinerario cuaresmal de preparación a la Pascua, se nos impondrá la ceniza en la frente, como signo del camino de conversión. Una de
las fórmulas que acompaña el gesto dice: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Son palabras de Jesús tomadas de Mc 1, 15, cuando inicia su predicación,
proclamando la cercanía del Reino y la necesidad de cambiar de vida. La conversión, esfuerzo permanente de todo creyente, es  aprender a vivir según los
criterios de Dios, revelados en Jesús y en su Evangelio.

Esta Cuaresma es una nueva oportunidad que el Señor le regala a su Iglesia para cambiar de vida, de actitud, y de mente. Pero ello sólo es posible si sabemos
“ver” hacia dentro de nosotros mismos y hacia lo que nos rodea: familia, trabajo, barrio y ciudad, país y mundo. Allí descubriremos los signos de la cruz
y los signos de la luz. Descubriremos que Cristo sigue muriendo y resucitando, que la Pasión continúa pero que al mismo tiempo la Resurrección ilumina
toda la historia desde la sencillez de pequeños signos de vida.

Signos de la Cruz

Los medios de comunicación nos muestran un país que presume de éxito económico y de desarrollo sostenido. ¡Qué fácil y qué grato es quedarnos arrellanados
en esa visión exitosa y placentera, sobre todo cuando percibimos en la propia experiencia que no nos falta nada, que a pesar de la crisis que se vive a
nivel mundial, poco a poco mejora la calidad de vida y no hay grandes dolores ni problemas!

La Cuaresma y la Pascua nos invitan, en cambio, a mirar ese diagnóstico con los ojos de Dios, desde la cruz de Jesucristo. Ellos nos permitirán ver, a
la sombra de las cifras optimistas y de las proyecciones promisorias, sin negarlas pero ampliando el ángulo de visión, a los pobres y a los tristes que
están al margen del modelo exitoso. Y también a tantos otros sufrientes a quienes puede no faltarles lo material, pero sí el amor. No son pocos, y aunque
fuesen dos o tres en quince millones, son nuestros hermanos. Y son los predilectos del Señor.

Si no vemos a nuestros hermanos que no tienen acceso a la educación y a los bienes culturales; si no somos conscientes de la creciente desigualdad que
divide a nuestro país en grupos cerrados y sin comunicación; si no reaccionamos ante la avaricia y la falta de solidaridad, ante las descalificaciones
y la dificultad de valorar al otro; si no ponemos atajo al individualismo consumista, a la soberbia de creernos mejores que otros, a la desconfianza mutua
en todos los ámbitos, desde el barrio hasta la política; si no condenamos los brotes de inmoralidad que han aparecido en los casos de corrupción, de pedofilia
y de tantos otros; si no reconocemos nuestras propias complicidades en el descuido de la naturaleza y de los recursos que son de todos, en la contaminación
de nuestro aire, de nuestros ríos, mares, ciudades y campos; si no “vemos” todo esto y no ponemos nuestro corazón en actitud de conversión, no podremos
celebrar realmente la Pascua, la irrupción de la vida, y nos habremos quedado en una oscuridad que el cirio de 2011 no tendrá fuerza para iluminar.

Todos estos signos de muerte nos permiten mirar el interior de nuestro propio corazón y nuestras comunidades, y descubrir si estamos abiertos a los demás
o encerrados en nosotros mismos, si somos manipulados por los modelos culturales dominantes o si luchamos contra ellos. La conversión parte por la conciencia
de los signos de muerte personales y sociales. 

Signos de la Luz

Para los cristianos no hay cruz sin Resurrección, no hay muerte sin vida. Por eso la Pascua, que no es un mero hecho del pasado de Jesús de Nazaret, sino
un hecho del presente de todos nosotros, resplandece en signos luminosos, aunque sean pequeños. Ellos nos hablan de un Dios vivo y salvador, e interpelan
nuestra coherencia con el Evangelio al hacernos constructores de un mundo nuevo, según los criterios de Dios.

Basta elevar un poco el cirio pascual, de modo que ilumine los rincones que normalmente no apreciamos y que no suelen hacer noticia, y allí veremos a voluntarios en las más diversas tareas solidarias, a jóvenes y adultos generosos que regalan su tiempo libre para construir techos y casas, para atender niños, enfermos y abandonados, para dar alimento, calor y un momento de amistad a los habitantes de las veredas, puentes y calles; veremos a muchos hombres y mujeres que buscan a Dios y se abren a la trascendencia en un mundo esclavo de lo material y lo inmediato; veremos el desborde espontáneo de generosidad de miles de chilenos ante las emergencias desastrosas; veremos a tantos padres que se esfuerzan hasta el límite para que sus hijos mejoren sus posibilidades y su calidad de vida; veremos la capacidad festiva inagotable, aun de quienes a menudo tienen poco motivo para festejar; veremos el lado luminoso de la globalización, la conciencia de ser una gran familia de hermanos destinada a la fraternidad y a la paz. ¡Veremos esto y tantos otros signos de vida!

Todos ellos, presentes ya en nuestro mundo, nos llevan a creer en un Dios que envió a su Hijo a darnos vida en abundancia. Nos ayudan a celebrar la Pascua
con sentido, creyendo en la fuerza de la Resurrección porque somos conscientes de la fuerza de la muerte. La luz de Cristo, que alabamos en la noche de
Pascua, realmente vence las tinieblas, las de 2011 y las de siempre, porque la historia está ahora iluminada por la victoria de Cristo resucitado. 

Pan para el camino

El itinerario cuaresmal, camino de cuarenta días, lo recorremos ayudados por el alimento de las prácticas tradicionales de este tiempo litúrgico: la limosna,
la oración y el ayuno (Mt 6, 2.5.16). El ayuno, que es sobriedad de vida y privación del alimento en algunos momentos para significar con ello que el alimento
verdadero no es el material, sino la Palabra de Dios, nos ayuda a centrar la vida en lo esencial; la limosna, que es solidaridad con el pobre y privación
de lo superfluo para acudir en auxilio de quien no tiene lo necesario para vivir, nos abre a los hermanos y nos ayuda a luchar contra el individualismo
y el autocentramiento; y la oración que es intimidad y diálogo con Dios, nutre nuestra fe y nos abre a las necesidades de los pobres y sufrientes.

La escucha atenta de la Palabra, pan cotidiano del creyente, es en este tiempo de Cuaresma acoger al mismo Jesús que nos dice: “Conviértanse y crean en
el Evangelio”. El cirio de 2011 será la celebración de un esfuerzo renovado por cumplir esa Palabra.

Comisión Nacional de Liturgia
Conferencia Episcopal de Chile
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semana_santa_2012/sentido/semana_santa.html
).

03/03/2013 23:56 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo de Ramos del ciclo C (Cebipal).

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Semana Santa 2011

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
 Por la Cruz hacia la Gloria

Lucas 22-23

“Padre, en tus manos pongo mi espíritu”

El Domingo de Ramos nos introduce en Semana Santa colocándonos ante el gran misterio de la exaltación de Jesús, misterio de gloria que brota de la Cruz, revelación del amor de Dios. 

Llegaremos así al evento central de toda la historia de la humanidad: la muerte y resurrección de Jesús. De hecho, la Pascua es el fundamento de la fe cristiana, el corazón de la vida de la Iglesia, la revelación de un Dios que saca del mal bien, vida de la muerte.

 Se podría decir que el Domingo de Ramos es la fiesta del Reino de Dios que comienza a manifestarse, el momento en que comenzamos a ver la respuesta a la oración de Jesús: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti” (Juan 17,1).

La entrada en Jerusalén le da impulso a la “hora” de Jesús, la hora hacia la cual tiende toda su vida, la hora que está en el centro de la historia del mundo. Es la “hora de la gloria” que resplandecerá cuando, desde lo alto de la Cruz, Jesús atraiga a todos hacia Él (ver Jn 12,32).

 Las palmas de la victoria...que se consuma en la Cruz

El relato de la entrada de Jesús en Jerusalén, acompañado por el cortejo de los discípulos que “llenos de alegría se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto” (Lucas 19,37), culmina en una confrontación que tendrá un dramático desenlace.

 Jesús entra como Rey de paz: “Bendito del Rey que viene en nombre del Señor... Paz en el cielo... Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz” (19,38.42). No lo hace a caballo ni con ningún despliegue militar, como haría cualquier rey de su época, sino en la humildad de un pollino y sobre una alfombra compuesta por los mantos que le tendían en el camino (19,35-36).

Pero el camino de este caminante que, sin tener donde reclinar la cabeza (9,58), ha atravesado el país para venir a Jerusalén termina en la Cruz. Por esta razón, el entusiasmo de la procesión de ramos termina en un silencio contemplativo del misterio de la Cruz en la celebración Eucarística.

La contemplación de la Pasión según san Lucas

Dejándonos guiar por el evangelista Lucas, acompañemos el último trecho del camino de Jesús y sumerjámonos en el drama de amor de Dios por la humanidad, drama que también pone a la luz la mezquindad humana. De hecho, Lucas denomina el evento del Calvario “el espectáculo” (23,48), término que en este contexto significa: el evento digno de ser contemplado y absorbido largamente mediante un diálogo de confrontación.

Como gusta insistir Lucas, este es el camino del Mesías que, pasando por la misteriosa ruta de la pasión, entra en la gloria del Padre (ver 24,26).

Para una lectura meditativa de Lucas 22,1 a 23,56, invitamos a considerar atentamente –y en oración- los 16 cuadros que van ordenando la narración de este grandioso acontecimiento. Y puesto que cada uno de los relatos de la pasión tiene un énfasis propio, en esta ocasión trataremos de destacar los énfasis particulares del evangelista Lucas.

(1) El complot contra Jesús (22,1-6) 

El relato de la Pasión comienza con un preludio que nos inserta enseguida en el drama. Satán vuelve al ataque y se activan las fuerzas hostiles que tienen interés en la muerte de Jesús.

(2) La última pascua (22,7-20)

Después de los preparativos por parte de los discípulos para el banquete (22,7-12), se prosigue con la celebración pascual misma (22,14-38).  Lucas destaca el ritual de la cena pascual judía a lo largo de la cual el cabeza de familia hace circular varias copas. Hace un signo sobre el pan, el cual permanece como “Recuerdo mío” (22,19). En las palabras de Jesús sobre la copa (22,20) se cumple la profecía: “He aquí que vienen días –oráculo de Yahveh’ en que yo pactaré con la casa de Israel y la casa de Judá una nueva alianza... pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo... Cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme” (Jeremías 31,31.33.34).

(3) El Testamento de Jesús (22,21-38)

Lucas enriquece la cena pascual con el discurso final de Jesús a sus discípulos.

·       Partiendo del gesto de infidelidad de un miembro de la comunidad (22,21-23), Jesús da las consignas para el comportamiento de la comunidad cristiana que permanece fiel a Él.

·       Desea que el poder no se ejerza a la manera de los paganos. No hay necesidad de títulos rimbombantes. Los reyes paganos se hacen llamar “benefactores”, pero no son el modelo de los discípulos de Jesús. Ellos deben imitar a Cristo quien se hace servidor de todos. Él, quien tiene una dignidad real y quien dispone de un Reino, se pone en medio de los suyos como el que sirve (22,24-27).

·       Desea también que los discípulos compartan su vida futura: la plenitud del Reino. Pero para ello hay que perseverar, como el Maestro, en las pruebas (22,29-30).

·       En medio de la infidelidad del discípulo, Jesús pone en primer lugar su propia fidelidad: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”. Puesto que Satán no permanece inactivo y conociendo la debilidad de su discípulo, Jesús anuncia las sacudidas que va a sufrir Pedro, antes de su caída. La conversión de Pedro será ganancia: para el fortalecimiento de toda la comunidad (22,31-34).

·       Los discípulos vivirán dentro de poco la misión, allí se encontrarán –así como Jesús en la Pasión- con la hostilidad del mundo y evangelizarán un mundo de violencia.  Al respecto, Jesús le da nuevas consignas a los discípulos. A diferencia de lo que dijo en el primer discurso misionero, ya no los envía con las manos vacías. Llegan tiempos difíciles, el camino será peligroso y, en consecuencia, tendrán que protegerse (22,35-38).

(4) La angustiosa oración en el monte de los Olivos (22,39-46).

La atmósfera se pone oscura cuando Jesús y sus discípulos se dirigen hacia el monte de los Olivos, donde la angustiosa oración de Jesús le hace contrapunto al momento de violencia que viene con el arresto. Lucas destaca que Jesús ora y hace orar conforme a la enseñanza que le había dado a los discípulos (en Lc 11,2-4). Retoma dos peticiones del Padre Nuestro. Al comienzo y al final del episodio, Jesús pide a sus discípulos que oren de manera que no caigan en la tentación. Al Padre le dice: “que no se haga mi voluntad sino la tuya”.  Dios acoge su oración y le envía un ángel para que lo reconforte. Lo mismo que Dios ya había hecho con el profeta Elías (ver 1ª Reyes 19,4-8).

(5) El beso del traidor (22,47-53).

No se sabe cómo está compuesta la tropa que viene a capturar a Jesús.  La atención se fija en el traidor, uno de los Doce, y sobre la actitud de Jesús quien pone en práctica lo que ha dicho en el Sermón de la llanura: “Amad a vuestros enemigos”. Al contrario de lo que hacen tanto Judas -quien le entrega a la muerte- como los discípulos –quienes reaccionan con violencia-, el comportamiento de Jesús en este momento es el verdadero modelo de los cristianos.

(6) La caída de Pedro (22,54-62).

En el patio de la casa del sumo sacerdote, en presencia del mismo Jesús (lo deja entender el v.61), Pedro niega ser discípulo (23,56-57), pertenecer a su comunidad (23,58) y haber hecho camino con Él desde Galilea (23,59-60). Las tres formas concretas de la vinculación con Jesús, Pedro las declara inexistentes: “¡No le conozco!... ¡No lo soy!... ¡No sé de qué hablas!”. Pero la mirada del Señor y el recuerdo de sus palabras producen la conversión de Pedro (23,62).

 7) El rostro cubierto (22,63-65).

Los captores, golpean a Jesús y se burlan de él. Al contrario de Pedro, ellos no afrontan la mirada de Jesús: cubren su rostro pidiéndole que juegue con ellos el conocido juego de “la gallina ciega”.

 (8) Jesús ante el Sanedrín (22,66-71).

La mañana del viernes comienza con un primer interrogatorio ante la máxima autoridad judía. Hay que notar el tema. En la anunciación, el ángel del Señor le había anunciado a María que Jesús era Hijo de Dios en cuanto Rey-Mesías, pero también de manera particular, en cuanto participaba de la santidad de Dios.  Lo mismo sucede aquí.  La revelación se hace en dos momentos. Jesús, en primer lugar, deja entender que Él es mucho más que un Rey-Mesías temporal. A partir de la misteriosa figura del Hijo del hombre que viene entre las nubes del cielo (anunciada por el profeta Daniel), enseguida hace entender que Él es el Hijo de Dios. Ante el Sanedrín finalmente no se realiza un proceso judicial: no hay testigos ni acusaciones ni sentencia.

 (9) Jesús ante Pilatos (23,1-7).

Esta vez sí hay proceso judicial. La acusación se basa en motivos políticos: “pervierte al pueblo prohibiendo pagar impuestos y diciendo que es el Cristo Rey”.  Pilatos afirma por primera vez que Jesús es inocente: “Ningún delito encuentro en este hombre”.

 (10) De Pilatos a Herodes (23,8-12).

En lugar de tratar a Jesús como uno de su jurisdicción y de hacerle justicia, Herodes se comporta de forma indigna. Al final le rinde –de manera involuntaria- un homenaje revistiéndolo con un manto real.

 (11) De Herodes a Pilatos (23,13-25).

Pilatos afirma por segunda vez que Jesús es inocente, esta vez coincidiendo con la opinión de Herodes. Con todo, hace flagelar a Jesús con intención de soltarlo después. Pero esto no satisface a los jefes ni al pueblo, que interviene aquí por primera vez. Una ironía trágica aparece en el texto: aquellos que habían acusado a Jesús de subversión son los mismos que solicitan la liberación de un verdadero subversivo, pidiendo la muerte del inocente.  Después de afirmar por tercera vez que Jesús es inocente, Pilatos termina cediendo ante la presión popular. Para Lucas, los principales responsables de la muerte de Jesús son los sumos sacerdotes y los jefes del pueblo.  Se destaca la ausencia de los fariseos. Según el testimonio de Lucas, ellos no son enemigos mortales de Jesús.

 (12) Jesús carga la cruz (23,26-32).

La narración alcanza su vértice dramático durante el camino de la Cruz. Llevando la cruz detrás de Jesús, Simón de Cirene se convierte en modelo del discípulo que toma la cruz. El pueblo también sigue a Jesús, contemplándolo a su paso. Se destacan la actitud de las mujeres y las palabras que Jesús les dirige a ellas. En términos proféticos Jesús anuncia la caída de Jerusalén.

 (13) Una muerte ejemplar (23,33-34).

Hasta el fin de su vida, Jesús pone en práctica lo que ha enseñado: el amor a los enemigos y el perdón de las ofensas. Mientras es crucificado dice: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

 (14) La muerte de un rey (23,35-43).

Los jefes de los judíos, los soldados romanos y uno de los malhechores desafían a Jesús para que se salve a sí mismo (23,35-41).  Jesús no lo hace. Él es “salvador”, pero no ejerce su poder para provecho propio.  Por decisión personal, introduce en el paraíso a un pobre hombre que pone su confianza en Él. La salvación no será solamente al final de los tiempos, cuando vuelva.  Jesús, desde la cruz, anuncia el “hoy” de la salvación (23,42-43).

 (15) La muerte del Hijo (23,44-46).

Las últimas palabras de Jesús en la cruz son una oración expresada en un grito de confianza. Si bien están inspiradas en el Salmo 31,6, ellas evocan sus primeras palabras en el Templo de Jerusalén, cuando cumplió sus doce años. Jesús llama a Dios “Padre” suyo y en sus manos deposita toda su vida, en Él concluye su camino y a Él le entrega su causa.

 (16) Después de la muerte de Jesús (23,47-56).

Comienza una serie de reacciones frente a la muerte heroica de Jesús. Notamos la alusión continua al “ver” al crucificado:

·       El centurión romano “ve” y da su testimonio: la muerte de Jesús es una injusticia (23,47).  Jesús es el inocente ajusticiado profetizado por Isaías como “Siervo de Yahveh” (ver Isaías 53,11-12; Hechos 3,14; 7,52; 22,14).

·       El pueblo “ve” y comienza a convertirse, reconociendo su culpabilidad (23,48).

·       Los amigos que lo han acompañado desde Galilea “ven”, pero de lejos (23,49).

 Viene entonces la sepultura (23,50-54). No todos los miembros del Sanedrín son enemigos de Jesús: José de Arimatea –“persona buena y justa”- le rinde los últimos homenajes a Jesús ofreciéndole una digna sepultura.

 En este momento final, las mujeres “ven” todo hasta el último instante posible (23,55-56). Su fidelidad las lleva más lejos que al resto de la comunidad. Ellas, las testigos de la sepultura de Jesús, serán igualmente las primeras testigos de la resurrección.

 La “visión” del Resucitado no se puede desconectar de la “visión” del crucificado. Es así como la contemplación de las actitudes de Jesús en su Pasión y Crucifixión en esta narración que se desencadena sin pausa –que se escucha con la respiración contenida por la emoción-  es el preludio de la “conversión” pascual que está a punto de suceder.  Tal como lo hace sentir Lucas, el final es tranquilo y lleno de suspenso: una extraña calma que interroga el corazón. La serenidad orante del final abre las puertas a una gran expectativa... que tendrá respuesta (ver el evangelio de la Vigilia Pascual).

 Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón:

 Cuando tomemos las palmas en este domingo hagámoslo con el deseo sincero de iniciar un camino junto con Jesús:

1. ¿Quieres entrar con Jesús a Jerusalén, incluso hasta el Calvario?

2. ¿Qué implica contemplar con serenidad y amor cada uno de los pasos de Jesús en camino de Pasión, allí donde culminan los pasos de tu Dios?

3. ¿Qué vas a hacer para estar con Él allí donde Él está por ti?

Sólo así la alegría del Domingo de Ramos será una verdadera anticipación de la inmensa alegría del Domingo de Pascua.

 Tiene sentido celebrar el Domingo de Ramos si estamos dispuestos a perseverar con esas mismas palmas hasta el Domingo de la Resurrección, recorriendo la procesión que pasa por el triduo pascual, aprendiendo que la verdadera palma de la victoria es la de la Cruz.

Comenzamos así la Semana Santa, de la cual decía San Juan Crisóstomo:

“En ella se han verificado para nosotros dones inefables:

se ha concluido la guerra, se ha extinguido la muerte,

se ha cancelado la maldición, se ha removido toda barrera,

se ha suprimido la esclavitud del pecado. 

En ella el Dios de la paz ha pacificado toda realidad, sea en el cielo sea en la tierra”.

 Oremos

Tú entras, Amado Señor, en la gran Ciudad, como Rey, pero no como cualquier Rey mundano. Si tú aceptas los hosannas de la multitud de tus seguidores es porque tú tienes compasión de esta gente buena y sencilla, cargada de problemas, de fatigas y de inquietudes, que busca la paz y la gloria que vienen de lo alto. A todos ellos les abres horizontes de esperanza en cada uno de tus pasos.

Tú entras, Jesús, en la gran Ciudad, para sellar la Alianza definitiva entre Dios y la humanidad. Desde la Cruz quieres darnos el gran abrazo del Padre, desde allí nos ves como pequeños que necesitan ser sanados con paciencia y amabilidad de nuestros vacíos, resistencias, temores, violencias, ambigüedades. Subes a ella, no para condenarnos sino para dignificar nuestra vida con tu benevolencia, tu confianza, tu afecto.

Recordar hoy tu entrada en Jerusalén, Señor, significa para nosotros dejar que tu misterio entre en lo más profundo de nuestra vida, para que allí hagas tu obra. Amén.
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_dgoramos.html
).

Los siete dolores en honor a la Madre Dolorosa.

Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
Los siete dolores en honor a la Madre Dolorosa Acudamos a nuestra Madre en los momentos de dolor.  

Son siete Gracias que la Virgen Maria concede a las almas que la honren diariamente, considerando sus lágrimas y dolores con siete Avemarías.

GRACIAS: “ Pondré paz en sus familias. Serán iluminados en los Divinos Misterios. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos. Les daré cuanto
me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la salvación de sus almas. Los defenderé en los combates espirituales con
el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida. Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte. Verán el rostro de su Madre.
Los que propaguen esta devoción sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados y mi Hijo
y Yo seremos su eterna consolación y alegría.”

1º DOLOR. LA PROFECÍA DE SIMEON:
Madre nuestra Santísima, por el dolor que tuviste al escuchar la profecía de Simeón, y porque viviste con el temor de Madre de aquella hora, ten compasión
de nosotros y haz que escuchemos siempre la voz de Dios en nuestras almas y no la desoigamos jamás. Avemaría.

2º DOLOR. LA HUIDA A EGIPTO:
Madre Santísima, por el dolor que tuviste al huir a Egipto, viviendo en el destierro y la extrema pobreza ten compasión de nosotros y haz que huyamos de
todo pecado. Avemaría.

3º DOLOR. EL NIÑO PERDIDO:
Madre Santísima por el dolor que tuviste cuando se perdió el Divino Niño Jesús, ten compasión de nosotros y no permitas que perdamos la amistad de Dios
cometiendo voluntariamente un pecado mortal. Avemaría.

4º DOLOR. EL ENCUENTRO DE MARIA CON CRISTO EN EL CAMINO DEL CALVARIO:
Madre nuestra Santísima, por el tremendo dolor que padeciste en la Calle de la Amargura, viendo a tu Hijo destrozado por los azotes y las espinas, el rostro
mas bello cubierto de sangre, ten compasión de nosotros y haz que encontremos a Jesús propicio en la hora de nuestra muerte. Avemaría.

5º DOLOR. LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS :
Madre nuestra Santísima, por la espada que atravesó tu Inmaculado Corazón cuando tu Hijo inocente y puro fue desnudado y crucificado, ten compasión de
nosotros y haz que podamos crucificar nuestros vicios y apetitos desordenados. Avemaría.

6º DOLOR. JESÚS ES DESCENDIDO DE LA CRUZ Y DESCANSA EN EL REGAZO DE SU MADRE:
Madre nuestra Santísima, por la pena que sentiste al recibir el cadáver de Jesús en tu regazo y examinar sus Santas Llagas, ten compasión de nosotros pecadores
con quien El sufrió tanto y haz que lo recibamos cada día con mayor amor en la Sagrada Comunión. Avemaría.

7º DOLOR. LA SOLEDAD DE LA VIRGEN MARIA DESPUÉS DE DEJAR EL SEPULCRO:
Madre nuestra Santísima, por el dolor que tuviste al depositar apresuradamente el cuerpo inerte de Jesús en el sepulcro, dejándolo en la oscuridad y en
el silencio, ten compasión de nosotros Madre de Misericordia y no nos abandones en la hora de nuestra muerte. Avemaría.

ORACIÓN:

Madre Santísima, por tus lágrimas vertidas con tanto dolor al pie de la Cruz, ten piedad de nosotros y alcánzanos un vivo dolor de nuestros pecados, la
gracia de morir en brazos de tu Hijo Jesús y la gloria con El en el Paraíso.

Amen.
(
http://es.catholic.net/aprendeaorar/48/9/articulo.php?id=5319
).

04/03/2013 00:49 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Viernes Santo. Como rezar el Via Crucis. La Virgen de la Soledad (Catholic.net).

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Autor: Teresa Fernández | Fuente: Catholic.net
Viernes Santo Día en que crucificaron a Cristo en el Calvario. Cómo rezar el Via Crucis. La Virgen de la Soledad  
Viernes Santo
Viernes Santo En este día recordamos cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. El sacerdote lee la pasión de Cristo
en la liturgia de la Adoración a la cruz. Ese día no se celebra la Santa Misa.

En las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el sagrario está abierto en señal de que Jesús no está.

El color morado en la liturgia de la Iglesia significa luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo.

Podemos recordar leyendo el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículos 1-19, 42.

¿Cómo podemos vivir este día?

Este día manda la Iglesia guardar el ayuno y la abstinencia.
Se acostumbra rezar el Vía Crucis y meditar en las Siete Palabras de Jesús  en la cruz.
Se participa en la Liturgia de Adoración a la Cruz con mucho amor, respeto y devoción.
Se trata de acompañar a Jesús en su sufrimiento.
A las tres de la tarde, recordamos la crucifixión de Jesús rezando el Credo.

¿Cómo se reza un Via Crucis?

Esta costumbre viene desde finales del siglo V, cuando los cristianos en Jerusalén, se reunían por la mañana del Viernes Santo a venerar la cruz de Jesús.
Volvían a reunirse al empezar la tarde para escuchar la lectura de la Pasión.

El Via Crucis es una manera de recordar la pasión de Jesús y de revivir con Él y acompañarlo en los sufrimientos que tuvo en el camino al Calvario.

Se divide en catorce estaciones que narran, paso a paso, la Pasión de Cristo desde que es condenado a muerte hasta que es colocado en el sepulcro.

El Via Crucis se reza caminando en procesión, como simbolismo del camino que tuvo que recorrer Jesús hasta el Monte Calvario. Hasta adelante, alguno de
los participantes lleva una cruz grande y es el que preside la procesión. Se hacen paradas a lo largo del camino para reflexionar en cada una de las estaciones,
mediante alguna lectura específica.

Si se desea, después de escuchar con atención la estación que se medita y al final de cada una, se puede rezar un Padrenuestro, mientras se camina hasta
la siguiente estación. El que lleva la cruz, se la puede pasar a otra persona.

Via Crucis para jovenes

1.- Jesús es condenado a muerte

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Mi buen Jesús, te han condenado a muerte. ¿Estás triste? ¿ Estás asustado?
En tu lugar yo me sentiría así. Yo quiero quedarme junto a ti para que no te sientas sólo.
Ayúdame, Jesús, a tener fuerzas para quedarme junto a ti.

2.- Jesús es cargado con la cruz

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús mío, te han cargado con la cruz. La veo muy grande y seguramente te pesa mucho. Yo quiero ayudarte.

Dios mío, ayúdame a portarme muy bien y así ayudar a Jesús, tu Hijo, para que la cruz le pese un poco menos este Viernes Santo.

3.- Jesús cae por primera vez

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Te has lastimado, mi buen Jesús, pero te vuelves a levantar. Sabes que debes seguir adelante. Yo quiero seguir contigo.
Dios mío, dame fuerzas para levantarme cuando me caiga y así seguir adelante, como lo hizo Jesús.

4.- Jesús encuentra a María.

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

María, ves pasar a tu Hijo y te duele mucho verlo así. Te duele más que a todos nosotros. Pero tú confías en Dios y Él te hace fuerte y mantiene viva tu
esperanza en la resurrección.

María, déjame estar contigo acompañándote y ayúdame a parecerme cada día más a ti.

5.- Jesús es ayudado por el Cireneo

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

El Cireneo te ayuda a cargar la cruz. Yo también quiero ayudarte cada vez que te vea cansado.

Dios mío, ayúdame a ser generoso y servicial. En mi casa, en la escuela y en todo lugar para así parecerme al Cireneo y ayudar a tu Hijo a cargar la cruz.

6.- La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Una mujer se ha acercado a ti, mi buen Jesús y te ha limpiado la cara. Tú la miras con mucho amor. Así quieres que tratemos a nuestros semejantes.

Dios mío, así como la Verónica se acercó con tu Hijo, yo también quiero hacerlo con mis hermanos.

7.- Jesús cae por segunda vez

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Otra vez te has caído, mi buen Jesús. Es que el camino es muy largo y difícil. Pero nuevamente tú te has levantado. Tú sabes que es necesario levantarse
y seguir adelante hasta el final.

Jesús, ayúdame a levantarme igual que tú, para poder seguir adelante en mi camino hacia ti.

8.- Jesús consuela a las santas mujeres

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Hay unas mujeres en el camino del calvario y tú te has detenido a saludarlas. Es tan grande tu corazón que las consuelas, en lugar de recibirlo. Quieres
darles la esperanza de la Resurrección.

Dios mío, ayúdame a tener el corazón tan grande como el de tu Hijo Jesús, para ayudar siempre a mis hermanos.

9.- Jesús cae por tercera vez

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Una vez más, mi buen Jesús, una vez más has caído. Y una vez más te has levantado. Tú sabes que es necesario llegar hasta el final para así poder salvarnos
del pecado.

Gracias, mi buen Jesús, porque te levantaste y así me salvaste. Ayúdame a mí a levantarme cada vez que me caiga.

10.- Jesús es despojado de sus vestidura

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Mi buen Jesús. Te quitan la única túnica que tienes y los soldados la juegan a los dados. Vas a morir pobre, como también naciste pobre. Pero tú nos dijiste
una vez que tu Reino no es de éste mundo, y son las puertas del cielo las que quieres abrir para nosotros.

Gracias, mi buen Jesús, gracias por querer salvarme.

11.- Jesús es clavado en la cruz

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Has llegado a la parte alta del monte, mi buen Jesús. Y te clavaron en la cruz como si fueras el peor de los ladrones. Pero tú sabes perdonar a quienes
lo hicieron. Y también nos perdonas nuestras faltas.

Jesús mío, también perdóname a mí. Yo te quiero mucho y no me gusta verte así.

12.- Jesús muere en la cruz

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Mi buen Jesús, viniste al mundo a salvarnos y ahora lo has logrado. Con tu muerte en la cruz, con tu obediencia a tu Padre nos has abierto las puertas
del cielo.

Gracias, mi buen Jesús, gracias. Ahora ayúdame para que yo me gane el Cielo.

13.- Jesús es bajado de la cruz

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

María, tu Madre, te detiene entre sus brazos. Está muy triste, pero sigue confiando en Dios. Ella sabe que este no es el final.

María, tú te convertiste en mi Madre desde la cruz. Jesús nos ha querido hacer ese regalo. Ayúdame a estar muy cerca de ti y de tu hijo toda mi vida.

14.- Jesús es colocado en el sepulcro

Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Ahora todo ha terminado. La gente vuelve a su casa. Pero a nosotros nos queda la esperanza de la resurrección.

Sabemos que tú vivirás siempre. En el Cielo, en el Sagrario y también en nuestro corazón.
Ayúdame, mi buen Jesús, ayúdame a resucitar contigo cada día, y a vivir con la alegría de la resurrección.

Vía Crucis para niños

Primera estación: Jesús es condenado a muerte

Jesús mío, tu silencio me enseña a llevar las contradicciones con paciencia.
Padrenuestro.

Segunda estación: Jesús va cargado con la Cruz

Esta Cruz, ¡Jesús mío! Debiera ser mía; mis pecados te crucificaron. Padrenuestro.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez bajo la Cruz

¡Jesús mío! Por esta primera caída, no me dejes caer en pecado mortal. Padrenuestro.

Cuarta estación: Jesús encuentra a su Madre

Que ningún afecto humano, ¡Jesús mío!, me impida seguir el camino de la cruz. Padrenuestro.

Quinta estación: Simón, el cirineo, ayuda a Jesús a llevar la cruz

Jesús, amigo mío, que yo acepte con resignación cualquier prueba que sea tu Voluntad enviarme. Padrenuestro.

Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Imprime, Jesús, tu sagrado rostro sobre mi corazón y concédeme que nunca lo borre el pecado. Padrenuestro.

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez

Jesús mío, déjame ayudarte a levantarte, y cuando yo me caiga, me ayudas tú. Padrenuestro.

Octava estación: Jesús consuela a las santas mujeres

Mi mayor consuelo, ¡Jesús mío!, sería oírte decir: muchos pecados te son perdonados, porque has amado mucho. Padrenuestro.

Novena estación: Jesús cae por tercera vez

Jesús, cuando me sienta cansado en el camino de la vida, sé Tú mi apoyo y mi perseverancia en los trabajos. Padrenuestro.

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Despójame, Jesús, del afecto de las cosas terrenas y revísteme de la túnica del arrepentimiento y penitencia. Padrenuestro.

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz

Enséñame, amado Jesús mío, a perdonar las injurias y olvidarlas. Padrenuestro.

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz

Ya estás en la agonía, Jesús mío, pero tu Sagrado Corazón late de amor por los pobres pecadores. Haz que te ame. Padrenuestro.

Décimo tercera estación: Jesús es bajado de la cruz

Tu cruz se ha quedado vacía y nosotros, tristes. Ayúdanos a saber esperar la alegría de la resurrección. Padrenuestro.

Décimo cuarta estación: Jesús es colocado en el sepulcro

Cuando yo, Jesús, te reciba en mi corazón en la sagrada Eucaristía, haz que halles digna morada, para Ti. Padrenuestro.

El sermón de las Siete Palabras

Esta devoción consiste en reflexionar en las últimas siete frases que pronunció Jesús en la cruz, antes de su muerte.

Primera Palabra

"Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen". (San Lucas 23, 24)

Jesús nos dejó una gran enseñanza con estas palabras, ya que a pesar de ser Dios, no se ocupó de probar su inocencia, ya que la verdad siempre prevalece.
Nosotros debemos ocuparnos del juicio ante Dios y no del de los hombres. Jesús no pidió el perdón para Él porque no tenía pecado, lo pidió para quienes
lo acusaron. Nosotros no somos nadie para juzgar. Dios nos ha perdonado grandes pecados, por lo que nosotros debemos perdonar a los demás. El perdonar
ayuda a quitar el odio. El amor debe ganar al odio. La verdadera prueba del cristiano no consiste en cuánto ama a sus amigos, sino a sus enemigos. Perdonar
a los enemigos es grandeza de alma, perdonar es prueba de amor.

Segunda Palabra

"Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso". (San Lucas 23,43)

Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. La manera como reaccionemos ante el dolor depende de nuestra filosofía de vida. Dice un poeta que dos prisioneros miraron a través de los barrotes de su celda y uno vio lodo y otro vio estrellas. Estas son las actitudes que
se encuentran manifestadas en los dos ladrones crucificados al lado de Jesús: uno no le dio sentido a su dolor y el otro sí lo hizo. Necesitamos espiritualizar
el sufrimiento para ser mejores personas. Jesús en la cruz es una prueba de amor. El ladrón de la derecha, al ver a Jesús en la cruz comprende el valor
del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.

Tercera Palabra

"Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre". (San Juan 19, 26-27)

La Virgen es proclamada Madre de todos los hombres.
El amor busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. Una madre cuando ama quiere tomar el dolor de las heridas de sus hijos. Jesús y María nos aman
con un amor sin límites. María es Madre de cada uno de nosotros. En Juan estamos representados cada uno de nosotros. María es el refugio de los pecadores.
Ella entiende que somos pecadores.

Cuarta Palabra

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (San Marcos 15, 34)

Es una oración, un salmo. Es el hijo que habla con el Padre.
Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. La bondad es el constante rechazo al pecado. El pecado es
el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.

Quinta Palabra

"¡Tengo sed!" (San Juan 19, 28)

La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere.
Él tenía sed por las almas de los hombres. El Pastor estaba sólo, sin sus ovejas. Durante toda su vida Jesús había buscado almas. Los dolores del cuerpo
no eran nada en comparación del dolor del alma. Que el hombre despreciara su amor le dolía profundamente en su corazón. Todo hombre necesita ser feliz
y no se puede ser feliz sin Dios. La sed de todo hombre es la sed del amor.

Sexta Palabra

"Todo está consumado". (San Juan 19, 30)

Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte. El plan estaba realizado.
Nuestro plan no está aún terminado, porque todavía no hemos salvado nuestras almas. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. El sufrimiento,
los tropiezos de la vida nos recuerdan que la felicidad completa solo la podremos alcanzar en el cielo. Aprendemos a morir muriendo a nosotros mismos,
a nuestro orgullo, nuestra envidia, nuestra pereza, miles de veces cada día.

Séptima Palabra

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (San Lucas 23, 46)

Jesús muere con serenidad, con paz, su oración es de confianza en Dios. Se abandona en las manos de su Padre.
Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu
a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Nadie nos puede quitar nuestro espíritu. Es importante recordar cual es nuestro destino
en la vida para no equivocarnos de camino a seguir. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en
la vida es la salvación de nuestras almas.

La Virgen de la Soledad

Bajo el título de la Virgen de la Soledad, se venera a María en muchos lugares y se celebra el viernes santo.

El Viernes Santo se acompaña a María en la experiencia de recibir en brazos a su Hijo muerto con un sentido de condolencia. Se dice que se le va a dar
el pésame a la Virgen, cuya imagen se viste de negro ese día, como señal de luto.

Acompañamos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.

Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir
unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos
a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.

La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido
a los propios sufrimientos.

Se le puede cantar a la Virgen la siguiente canción:

En el sufrimiento
supiste callar,
y junto a tu hijo
enseñas a amar.
Un Viernes Santo, con gran dolor,
sufre en silencio junto al redentor;
desde esa hora, hora de cruz,
es nuestra Madre, nos la dio Jesús.

Sugerencias para vivir la fiesta:

• Realizar un Via Crucis.
• Rezar el Rosario frente a la Virgen Dolorosa.
• Llevar flores a la Virgen para consolarla.
• Hacer oración en familia, en voz alta frente a la Virgen para consolarla.
• Rezar
Los siete dolores en honor a la Madre Dolorosa
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1310
).

04/03/2013 00:50 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Jueves Santo (Catholic.net).

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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
Jueves Santo 28 de marzo de 2013. Jueves en que Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, también conocido como la Última Cena.  
Jueves Santo
Jueves Santo Significado de la celebración

El Jueves Santo se celebra:
la Última Cena,
el Lavatorio de los pies,
la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno
al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de
los Enfermos.

En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando
el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

a)Lecturas bíblicas:

Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15.

b)La Eucaristía

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última
Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.

c)El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle
nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos
los días. Vivir como servidores unos de otros.

d)La noche en el huerto de los Olivos

Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:

Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso
por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia,
la generosidad y la humildad.

Los monumentos y la visita de las siete iglesias

Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los
fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias
preparan sus monumentos. Este es un día solemne.

En la visita de las siete iglesias o siete templos, se acostumbra llevar a cabo una breve oración en la que se dan gracias al Señor por todo su amor al
quedarse con nosotros. Esto se hace en siete templos diferentes y simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición. Es a lo que refieren cuando
dicen “traerte de Herodes a Pilatos”.

La cena de pascua en tiempos de Jesús

Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran carestía y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón
les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José, conocido como El soñador.

Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a
todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y
fue recogido por la hija del faraón.
El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados.

Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto.

La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino.
Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y
le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada
porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas. La hierbas amargas ayudarían a que
tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el
camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran.

Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en
libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo.
Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud
en Egipto.
Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas.

Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto.

La fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar
la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.

Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.

Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto. Comían naror para recordar que los egipcios
amargaron la vida a sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.

Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones
del faraón.

Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.

Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.

Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.

Siete velas: Alumbran dan luz. Esta simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

La cena constaba de ocho partes:

1. Encendido de las luces de la fiesta: El que presidía la celebración encendía las velas, todos permanecían de pie y hacían una oración.

2. La bendición de la fiesta (Kiddush): Se sentaban todos a la mesa. Delante del que presidía la cena, había una gran copa o vasija de vino.
Frente a los demás miembros de la familia había un plato pequeño de agua salada y un plato con matzás, rábano o alguna otra hierba amarga, jaroses y alguna
hierba verde.

Se servía la primera copa de vino, la copa de acción de gracias, y les daban a todos los miembros de la familia. Todos bebían la primera copa de vino.
Después el sirviente presentaba una vasija, jarra y servilleta al que presidía la celebración, para que se lavara sus manos mientras decía la oración.
Se comían la hierba verde, el sirviente llevaba un plato con tres matzás grandes, cada una envuelta en una servilleta. El que presidía la ceremonia desenvolvía
la pieza superior y la levantaba en el plato.

3. La historia de la salida de Egipto (Hagadah) Se servían la segunda copa de vino, la copa de Hagadah. Alguien de la familia leía la salida de Egipto
del libro del Éxodo, capítulo 12. El sirviente traía el cordero pascual que debía ser macho y sin mancha y se asaba en un asador en forma de cruz y no
se le podía romper ningún hueso. Se colocaba delante del que presidía la celebración les preguntaba por el significado de la fiesta de Pesaj. Ellos respondían
que era el cordero pascual que nuestros padres sacrificaron al Señor en memoria de la noche en que Yahvé pasó de largo por las casas de nuestros padres
en Egipto. Luego tomaba la pieza superior del pan ázimo y lo sostenía en alto. Luego levantaba la hierba amarga.

4.Oración de acción de gracias por la salida de Egipto: El que presidía la ceremonia levantaba su copa y hacía una oración de gracias. Colocaba la copa
de vino en su lugar. Todos se ponían de pie y recitaban el salmo 113.

5. La solemne bendición de la comida: Todos se sentaban y se bendecía el pan ázimo y las hierbas amargas. Tomaba primero el pan y lo bendecía. Después
rompía la matzá superior en pequeñas porciones y distribuía un trozo a cada uno de los presentes. Ellos lo sostenían en sus manos y decían una oración.
Cada persona ponía una porción de hierba amarga y algo de jaroses entre dos trozos de matzá y decían juntos una pequeña oración.

6. La cena pascual: Se llevaba a cabo la cena.

7. Bebida de la tercera copa de vino: la copa de la bendición.- Cuando se terminaban la cena, el que presidía tomaba la mitad grande de la matzá en medio
del plato, la partía y la distribuía a todos los ahí reunidos. Todos sostenían la porción de matzá en sus manos mientras el que presidía decía una oración
y luego se lo comían. Se les servía la tercera copa de vino, “la copa de la bendición”. Todos se ponían de pie y tomaban la copa de la bendición.

8. Bendición final: Se llenaban las copas por cuarta vez. Esta cuarta copa era la “Copa de Melquisedec”. Todos levantaban sus copas y decían una oración
de alabanza a Dios. Se las tomaban y el que presidía la ceremonia concluía la celebración con la antigua bendición del Libro de los Números (6, 24-26).

Día de la Caridad:

En México, los obispos, han establecido que el Jueves Santo sea el día de la caridad. El objetivo de esto no es llevar a cabo una colecta para los pobres,
sino mas bien el impulso de seguir el ejemplo de Jesús que compartió todo su ser.

Sugerencias para vivir esta fiesta:

Dedicar un tiempo a la adoración a la Eucaristía
Hacer la visita de las siete casas.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1255
).

04/03/2013 00:52 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Domingo de Ramos (Catholic.net).

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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
Domingo de Ramos Recibieron a Cristo mientras entraba a la ciudad con palmas y ramos en muestra de que era el Mesias  
Domingo de Ramos

Cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en Jerusalén, la gente
tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"

Entró a la ciudad de Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron y recibieron
como a un rey con palmas y ramos gritándole “hosanna” que significa “Viva”. La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? y les respondían: “Es el profeta
Jesús, de Nazaret de Galilea”. Esta fue su entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y niños, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo
interés de seguir a Jesús. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas. Esto los llevó
a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén.

Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más
y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.

¿Qué significado tiene esto en nuestras vidas?

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir
a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos
que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro
amigo en todos los momentos de nuestra vida.

Explicación de la Misa del Domingo de Ramos

La Misa se inicia con la procesión de las palmas. Nosotros recibimos las palmas y decimos o cantamos “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. El
sacerdote bendice las palmas y dirige la procesión. Luego se comienza la Misa. Se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Al terminar la Misa, nos llevamos las palmas benditas a nuestro hogar. Se acostumbra colocarlas detrás de las puertas en forma de cruz. Esto nos debe recordar
que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar. Es importante no hacer de esta costumbre una superstición pensando
que por tener nuestra palma, no van a entrar ladrones a nuestros hogares y que nos vamos a librar de la mala suerte.

Oración para poner las palmas benditas en el hogar:

Bendice Señor nuestro hogar.
Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.
Por tu intercesión danos paz, amor y respeto,
para que respetándonos y amándonos
los sepamos honrar en nuestra vida familiar,
Sé tú, el Rey en nuestro hogar.
Amén.

Sugerencias para vivir la fiesta:

Hacer nuestras propias palmas y llevarlas a bendecir a la Iglesia.

Cantar las canciones de
“Tú reinarás” o “Que viva mi Cristo, que viva mi Rey”.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1248
).

04/03/2013 00:53 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

La Semana Santa (Catholic.net).

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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
La Semana Santa
Es la semana más intensa del Año Litúrgico, en la cual se reza y reflexiona sobre la Pasión y Muerte de Cristo.
 
 
La Semana Santa

Explicación de la celebración

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

Domingo de Ramos:


Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

Jueves Santo:

Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Viernes Santo:

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.


Sábado Santo o Sábado de Gloria:

Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “ la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua:

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?

El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.

En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.

Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

Sugerencias para vivir la Semana Santa

Asistir en familia a los oficios y ceremonias propios de la Semana Santa porque la vivencia cristiana de estos misterios debe ser comunitaria.


Se puede organizar una pequeña representación acerca de la Semana Santa.


Poner algún propósito concreto a seguir para cada uno de los días de la Semana Santa.


Elaborar unos cartelones en los que se escriba acerca de los días de la Semana Santa y algunas ideas importantes acerca de cada uno de los días.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1275
).

04/03/2013 00:54 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Martes I de Adviento (Carmelitas).

Lectio: Lucas 10,21-24
Lectio: Martes, 4 Diciembre, 2012  
1) Oración inicial

Señor y Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y ayúdanos con tu amor en nuestro desvalimiento; que la presencia de tu Hijo, ya cercana, nos renueve y nos libre de  volver a caer en la antigua servidumbre del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 10,21-24
En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»

3) Reflexión

El texto de hoy revela el fondo del corazón de Jesús, la razón de su alegría. Los discípulos habían ido a la misión, y al volver, comparten con Jesús su experiencia misionera. (Lc 10,17-21).
• La razón de la alegría de Jesús es la alegría de los amigos. Al escuchar su experiencia y al percibir su alegría, Jesús también siente una gran alegría. La razón de la alegría de Jesús es el bienestar de los demás.
• No es una alegría superficial. Viene del Espíritu Santo. La razón de la alegría es que los discípulos y las discípulas van a experimentar algo de Jesús durante su experiencia misionera.
• Jesús los llama “pequeños”. ¿Quiénes son los pequeños? Son los setenta y dos discípulos (Lc 10,1) que vuelven de la misión: padres y madres de familia, chicos y chicas, casados y solteros/as, viejos y jóvenes. Ellos no son doctores. Son personas sencillas, sin muchos estudios que entienden las cosas de Dios mejor que los doctores.
• “Sí, Padre, ¡porque así te pareció bien!” Frase muy seria. Le parece bien al Padre que los doctores y los sabios no entiendan las cosas del Reino y que las entiendan los pequeños. Por consiguiente, si los grandes quieren entender las cosas del Reino, tienen que hacerse discípulos de los pequeños.
• Jesús los mira y dice: “¡Bienaventurados!” Y ¿por qué son bienaventurados? Porque están viendo cosas que los profetas quisieran ver, pero no logran ver. Y ¿qué verán? Serán capaces de percibir la acción del Reino en las cosas comunes de la vida: cuidar de los enfermos, consolar a los afligidos, echar los males de la vida.

4) Para la reflexión personal

• Si me pongo en el lugar de la gente: ¿me considero perteneciente al grupo de los pequeños o de los doctores? ¿Por qué?
• Me pongo en el lugar de Jesús: ¿cuál es la raíz de mi alegría? ¿Superficial o profunda?

5) Oración final

"Yo te bendigo, Padre,
porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes
y se las has revelado a ingenuos." (cf Lc 10,21)
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-1021-24
).

04/03/2013 00:55 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. ADVIENTO. MARTES I No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Jueves XXXI del tiempo Ordinario de los años impares y pares (Carmelitas).

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 Lectio: Lucas 15,1-10
Lectio: Jueves, 8 Noviembre, 2012  
Tiempo Ordinario

 
1) Oración inicial
Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 15,1-10
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.
• Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: "¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!". En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).
• Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”
• Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión."
• Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: "O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4)
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Tú irías detrás de la oveja perdida?
• ¿Piensas que la Iglesia de hoy es fiel a esta parábola de Jesús?
 
5) Oración final
¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-151-10
).

Ejercicio de lectio divina para el Jueves XXXXI del tiempo Ordinario de los años impares y pares (Carmelitas).

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 Lectio: Lucas 15,1-10
Lectio: Jueves, 8 Noviembre, 2012  
Tiempo Ordinario

 
1) Oración inicial
Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 15,1-10
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.
• Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: "¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!". En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).
• Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”
• Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión."
• Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: "O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4)
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Tú irías detrás de la oveja perdida?
• ¿Piensas que la Iglesia de hoy es fiel a esta parábola de Jesús?
 
5) Oración final
¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-151-10
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XXIV del tiempo Ordinario del ciclo C (Carmelitas).

"La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”.        Constituciones Carmelitas (n. 82)
 

 

Lectio: 24º Domingo del tiempo ordinario
Lectio: Domingo, 12 Septiembre, 2010  
Las parábolas de las cosas perdidas
Reencontrar a Dios en la vida
Lucas 15,1-32

 

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

 

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El evangelio de hoy nos presenta tres parábolas para ayudarnos a profundizar en nosotros la imagen de Dios. La imagen que una persona tiene de Dios influye mucho en su modo de pensar y de obrar. Por ejemplo, la imagen de Dios, juez severo, da miedo y vuelve a la persona muy sumisa y pasiva o rebelde y revolucionaria. La imagen patriarcal de Dios, o sea, Dios patrón, amo , fue y todavía es usada para legitimar las relaciones de poder y dominio, tanto en la sociedad como en la Iglesia, en la familia como en la comunidad. En tiempos de Jesús, la idea que la gente tenía de Dios era la de uno muy distante, severo, juez que amenazaba con el castigo. Jesús revela una nueva imagen de Dios: Dios Padre, lleno de ternura con todos y con cada uno en particular. Y esto es lo que las tres parábolas de este domingo nos quieren comunicar.
A lo largo de la lectura, trata de fijarte en cada detalle, más bien, deja que las parábolas entren en ti y te provoquen. Intenta descubrir lo que tienen de común y trata de confrontarlas con la idea de Dios que tú tienes. Sólo después, intenta analizar los detalles de cada parábola: conducta, gestos, palabras, lugar, ambiente, etc.

c) Una división del texto para ayudar en la lectura

Lucas 15,1-3: La clave que abre el significado de las tres parábolas
Lucas 15,4-7: En la 1ª parábola, tú estás invitado a buscar la oveja perdida
Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida
Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrar a su hijo perdido
Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor
Lucas 15,14-19: La frustración del hijo menor y el deseo de volver a la casa del Padre
Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrar al hijo menor
Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor
Lucas 15, 28a-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo
Lucas 15, 31-32: La respuesta final del Padre

c) Texto:

1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle.2 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» 3 Entonces les dijo esta parábola:

La oveja perdida
4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? 5 Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros 6y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' 7Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

La dracma perdida
8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' 10 Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

El hijo perdido y el hijo fiel: El hijo pródigo
11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos.12 El menor de ellos dijo al padre: `Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió la hacienda.13 Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14 «Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: `¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.' 20 Y, levantándose, partió hacia su padre.
«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: `Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.' 22 Pero el padre dijo a sus siervos: `Daos prisa; traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron la fiesta.
25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: `Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.' 28 Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba. 29 Pero él replicó a su padre: `Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!'
31 «Pero él le dijo: `Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.'»

 

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

 

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de las tres parábolas que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?
b) ¿Cuál es el punto central de la parábola de la oveja perdida?
c) ¿Cuál es el punto central de parábola de la moneda perdida?
d) ¿Cuál es la conducta del hijo menor y cuál es la idea que se forma del padre?
e) ¿Cuál es la conducta del hijo mayor y cuál es la idea que se forma del padre?
f) ¿Cuál es la conducta del padre con cada uno de los hijos?
g) ¿Con cuál de los dos hijos me identifico: con el mayor o con el menor? ¿Por qué?
h) ¿Qué tienen en común estas tres parábolas?
i) ¿Refleja nuestra comunidad algo de la ternura de Dios Padre?

 


5. Para aquéllos que quisiesen profundizar aun más en el tema

a) Contexto de entonces y de ahora:

El capítulo 15 del evangelio de Lucas ocupa un puesto central en el largo camino de Jesús hacia Jerusalén. Este camino comienza en Lucas 19,20. El capítulo 15 es como la cima de la colina desde la cual se contempla el camino recorrido y desde donde es posible observar lo que falta de camino. Es el capítulo de la ternura y de la misericordia acogedora de Dios, temas que se encuentran en el centro de las preocupaciones de Lucas. Las comunidades deben ser una revelación del rostro de este Dios para la humanidad.
Se trata de tres parábolas. Las parábolas de Jesús tienen un objetivo bien preciso. Por medio de estas breves historias sacadas de la vida real intentan conducir a quien las escucha a reflexionar sobre la propia vida y a descubrir en ella un determinado aspecto de la presencia de Dios. En las parábolas las historias de vida son de dos tipos. Algunas historias no son normales y no suelen suceder en la vida de cada día. Por ejemplo, el comportamiento de bondad del Padre con el hijo menor no es normal. En general, los padres tienen conductas más severas con los hijos que obran como el hijo menor de la parábola. Las otras historias son normales y suelen suceder en la vida cotidiana, como por ejemplo, la conducta de la mujer que barre la casa para buscar la moneda perdida. Como veremos, se trata de diversos modos de obligar a las personas a reflexionar sobre la vida y sobre la presencia de Dios en la vida.

b) Comentario del texto:

Lucas 15,1-2: La clave que abre el sentido de las tres parábolas
Las tres parábolas del capítulo 15 están precedidas de esta información inicial: “Todos los publicanos y pecadores se acercaron para escuchar a Jesús. Pero los fariseos y escribas murmuraban: “¡Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos!” (Lc 15,1). Por un lado están los pecadores y publicanos, por el otro fariseos y escribas, y en medio de los dos grupos Jesús. Era lo que estaba sucediendo también en los años 80, cuando Lucas escribe su evangelio. Los paganos se acercaban a las comunidades cristianas, queriendo entrar y participar. Muchos hermanos judíos murmuraban diciendo que acoger a un pagano era contra las enseñanzas de Jesús. Las tres parábolas les ayudaban a discernir. En las tres se advierte la misma preocupación: mostrar lo que se debe hacer para encontrar lo que se ha perdido: la oveja descarriada (Lc 15,4-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), los dos hijos perdidos (Lc 15,11-32).

Lucas 15,3-7: En la 1ª parábola, la invitación que se te hace es para encontrar la oveja perdida
Jesús se dirige a los que lo escuchan: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas…” Él dice “uno de vosotros” . Lo cual significa que tú/vosotros sois interpelados. ¡Tú, él, todos nosotros somos interpelados! Estamos invitados a confrontarnos con la extraña y poco probable historia de la parábola. Jesús pregunta: “¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras aquella perdida, hasta que la encuentra?” Y tú, ¿qué respondes a la pregunta de Jesús? Viendo como viene formulada la pregunta, se entiende que Jesús piensa que la respuesta debe ser positiva. ¿Pero será así? ¿Será positiva? ¿Tú correrías el riesgo de perder noventa y nueve ovejas por encontrar a la que se ha perdido? En mi corazón oigo otra respuesta: “Lo siento mucho, pero yo no puedo hacer esto. ¡Sería una locura abandonar las noventa y nueve ovejas en el desierto por encontrar la oveja perdida! Pero el amor de Dios supera las normas de comportamiento normales. Sólo Dios puede realizar una semejante locura, tan extraña, tan lejana de lo que normalmente hacen los seres humanos. El contraste de esta parábola es la crítica de los escribas y fariseos contra Jesús (Lc15,2). Ellos se consideraban perfectos y despreciaban a los otros, acusándoles de pecadores. Jesús dice: “Pero yo os digo: habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por los noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión”. Y en otra ocasión dice: “¡Los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos!” (Mt 21,31) Según Jesús, Dios está más satisfecho con la conversión de un publicano o de un pecador, que con noventa y nueve fariseos y escribas justos . Está más satisfecho con la conversión de un ateo que jamás va a la iglesia, que con noventa y nueve católicos que se dicen practicantes y fieles y desprecian a ateos y prostitutas. ¡Es desconcertante esta imagen diversa de Dios que Jesús comunica a los doctores, a los fariseos y a todos nosotros!

Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida
Esta parábola es diversa. La breve historia de la moneda perdida alude al comportamiento normal de las mujeres pobres, que no tienen mucho dinero. La mujer de la parábola apenas tiene diez monedas de plata. En aquel tiempo un dracma valía un día de trabajo. Para las mujeres que son pobres diez dracmas es mucho dinero. Por esto, cuando pierden una de estas monedas, tratan de encontrarla y barren toda la casa hasta que la encuentran. Y cuando la encuentran, la alegría es inmensa. La mujer de la parábola va a hablar con las vecinas: “¡He encontrado la moneda que había perdido!”. Las personas pobres que escuchan la historia, dirán: “¡Muy bien. Así hacemos en casa! ¡Cuando encontramos la moneda perdida la alegría es enorme!” Pues bien, por grande que sea la alegría y muy comprensible de las mujeres pobres, cuando encuentran la moneda perdida, Dios se alegra todavía más por un pecador que se convierte!

Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos
Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. El título tradicional es “El Hijo Pródigo”. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor
Un hombre tenía dos hijos. El menor pide la parte de la herencia que le toca. El padre divide todo entre ellos. Tanto el mayor como el menor reciben su parte. Recibir la herencia no es un mérito. Es un don gratuito. La herencia de los dones de Dios está distribuida entre todos los seres humanos, tanto judíos como paganos, ya sean cristianos o no cristianos. Todos tienen algo de la herencia del Padre. Pero no todos la cuidan de la misma forma. Así, el hijo menor se va lejos, y disipa su heredad con una vida disoluta, olvidando al Padre. Todavía no se habla del hijo mayor que recibió también su parte de la herencia. Más adelante sabremos que él continúa en casa, llevando la vida de siempre, trabajando en el campo. En tiempos de Lucas, el mayor representaría la comunidad venida del judaísmo; el menor la comunidad venida del paganismo. Y hoy , ¿quién es el mayor y quién es el menor? ¿Acaso los dos existen en cada uno de nosotros?

Lucas 15,14-19: La frustración del hijo más joven y el deseo de volver a la casa del Padre
La necesidad de tener que comer hace perder al hijo menor su libertad y se vuelve esclavo para ocuparse de cerdos. Recibe un trato peor que el dado a los puercos. Esta era la condición de millones de esclavos en el imperio romano en los tiempos de Lucas. Esta situación hace que el hijo más joven empiece a acordarse de la casa del Padre: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre!” Examina su propia vida y decide volver a casa. Prepara hasta las palabras que dirá a su Padre: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti: no soy digno de ser llamado tu hijo. Trátame como uno de tus criados!”. El empleado sigue las órdenes, cumple la ley de la servidumbre. El hijo menor quiere cumplir la ley, como querían los fariseos y los escribas en tiempos de Jesús (Lc 15,1). Era lo que los misioneros de los fariseos imponían a los paganos que se convertían al Dios de Abrahán (Mt 23,15). En tiempos de Lucas, los cristianos venidos del judaísmo querían que los cristianos convertidos del paganismo, se sometieran también ellos al yugo de la ley (Act 15,1ss).

Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrarse de nuevo con el hijo menor
La parábola dice que el hijo menor todavía estaba lejos de la casa, pero el Padre lo vio, corrió al encuentro y lo cubrió de besos. Jesús nos da la impresión de que el Padre esperaba todo el tiempo en la ventana, mirando en lontananza, para ver asomar al hijo por el camino. Según nuestro modo de sentir y de pensar, la alegría del Padre nos parece un poco exagerada. Él no deja al hijo pronunciar las palabras que éste había preparado. ¡No escucha! El Padre no quiere que su hijo sea su esclavo. Quiere que sea su hijo. Y esta es la gran Noticia que Jesús nos trae. ¡Túnica nueva, sandalias nuevas, anillo al dedo, cordero, fiesta! En esta inmensa alegría del encuentro, Jesús deja también entrever la gran tristeza del Padre por la pérdida del hijo. Dios estaba muy triste y de esto se da cuenta ahora la gente, viendo la enorme alegría del Padre que se encuentra de nuevo con el hijo. Es una alegría compartida con todos en la fiesta que ordena preparar.

Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor
El hijo mayor vuelve del trabajo y ve que hay fiesta en casa. No entra. Quiere saber qué sucede Cuando se ha puesto al corriente del motivo de la fiesta, siente mucha rabia dentro de sí y no quiere entrar. Encerrado en sí mismo piensa tener su derecho. No le gusta la fiesta y no entiende la alegría del Padre. Señal de que no tenía mucha intimidad con el Padre, aun viviendo en la misma casa. Y si hubiese tenido tal intimidad, hubiera notado la inmensa tristeza del Padre por la pérdida del hijo menor y hubiera entendido su alegría por el regreso. Quien se preocupa mucho de observar la ley de Dios, corre el riesgo de olvidar a Dios mismo. El hijo menor, que ha estado viviendo lejos de la casa, parece conocer al Padre mejor que el mayor, que vive en su misma casa. Y así el más joven tiene el valor de volver a la casa del Padre, mientras el mayor no quiere entrar en la casa del Padre. Este no quiere ser hermano, no se da cuenta que el Padre, sin él, perderá la alegría, porque también él, el mayor, es hijo como el menor.

Lucas 15. 28ª-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo
El Padre sale de la casa y ruega al hijo mayor que entre. Pero éste contesta: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás he dejado de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. Y ahora que este tu hijo, que ha despilfarrado todas sus haberes con prostitutas regresa, para él has matado el novillo cebado.” El hijo mayor se gloría de la observancia cumplida: Jamás he dejado de cumplir una orden tuya. Aunque quiere a su hermano como tal, no lo llama hermano, sino “ este hijo tuyo”, como si no fuese su hermano. Y es él, el mayor, quien habla de prostitutas. Es su malicia la que interpreta así la vida de su joven hermano. ¡Cuántas veces el hermano mayor interpreta mal la vida del hermano menor! ¡Cuántas veces nosotros los católicos interpretamos mal la vida de los otros! El comportamiento del Padre es distinto. Él sale de casa para los dos hijos. Acoge al hijo joven, pero no quiere perder al mayor. Los dos forman parte de la familia. ¡El uno no puede excluir al otro!

Lucas 15,31-32: La respuesta final del Padre
Así como el Padre no presta atención a los argumentos del hijo menor, tampoco tiene en cuenta los argumentos del mayor y le dice: “¡Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo que es mío es tuyo; pero era necesario hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado!” ¿Era consciente el mayor de estar siempre con el Padre y de encontrar en esta presencia la causa de su alegría? La expresión del Padre: “¡Todo lo mío es tuyo!” incluye también al hijo menor que ha vuelto. El mayor no tiene derecho a hacer distinciones. Si él quiere ser hijo del Padre, deberá aceptarlo como es, y no como le gustaría que el Padre fuese. Esto nos toca a nosotros. Pues todos somos hermanos mayores.

c) Ampliando informaciones:

Las dos economías: la Casa del Padre, la Casa del Patrón

Esta parábola es conocida como la parábola de “El hijo pródigo”, y esto deja insinuar el lado económico. En definitiva, pródigo significa aquel que gasta , a mano abierta, aunque esto es un detalle secundario en la parábola. En verdad, el punto central del texto se encuentra en la elección que el seguidor de Jesús debe hacer cada día: elección entre la Casa del Padre o el sistema de compartir y la casa del patrón o el sistema de acumulación.

La parábola comienza con un joven que pide al padre la parte de la herencia, porque se quiere ir de la casa (Lc 15,12). Salir de la casa del Padre exige que la persona tenga una única cosa que el mundo acepta de buen grado: dinero. Sin dinero, el joven no conseguirá a enfrentarse con el mundo. Pero el joven no tenía la madurez suficiente para administrar el dinero con una vida desenfrenada (Lc 15,13). Para colmo de males, después de acabársele el dinero que tenía, pasa por dificultades económicas, que en la Biblia vienen siempre definidas con la palabra “hambre”. En el mundo bíblico existe la carestía, sólo si la estructura económica entra en colapso. Así pues, el joven empieza a encontrarse en la necesidad (Lc 15,14).

Enfrentarse a las dificultades engendra madurez. El joven se da cuenta de que necesita dinero todavía para sobrevivir en este mundo. Y así, por la primera vez en su vida, va en busca de un trabajo (Lc 15,15). Entra por tanto en la Casa del Patrón, que lo manda a ocuparse de los cerdos. Pero el hambre es mucha, el salario no es suficiente y él intenta saciar el hambre comiendo de lo que se le ha dado a los puercos (Lc 15,16). Mientras tanto, en la casa del patrón las cosas no son tan fáciles: la comida de los puercos es para los puercos. El jornalero debe comer del salario que gana sirviendo. Tanto como el hambre del jornalero, es la preocupación del patrón por engordar a los cerdos. El joven descubre que en la casa del patrón se le niega la comida, no se comparte en la casa del patrón, ni siquiera la comida de los cerdos.¡Cada uno para sí!

A partir de la experiencia vivida en la casa del patrón, el joven comienza a comparar la situación actual con la situación que se vive en la casa de su padre. En la Casa del Padre los jornaleros no tienen hambre, porque el pan se comparte con todos los jornaleros. En la casa del Padre ninguno se queda sin comer, mucho menos los jornaleros. El joven decide entonces volver a la casa del Padre. Ahora, ya tiene la suficiente madurez para reconocer que no puede ser considerado como hijo y pide al padre un trabajo. En la casa del padre los trabajadores no tienen hambre, porque se comparte el pan.

Algunos creen que el hijo vuelve porque tiene hambre. Su regreso sería un oportunismo. No se trata de esto, sino más bien de una elección por un determinado modelo de casa. En la casa del patrón, nada se comparte, ni siquiera las algarrobas de los cerdos. En la casa del Padre, ninguno tiene hambre, porque la misión de la Casa del Padre es la de “saciar de bienes a los hambrientos” (Lc 1,53). El compartir es lo que impide que haya hambre en la casa del Padre. Pero el joven descubre esto, porque en la casa del patrón tiene hambre. Comparando los dos modelos de casa el joven hace su elección: prefiere ser un empleado en la casa de su padre, lugar del compartir, lugar en el que nadie tiene hambre, donde todos se sacian. Así regresa a casa del padre pidiendo un trabajo (Lc 15,17-20).

Colocando esta reflexión en el corazón de su Evangelio, Lucas está dando un aviso a las comunidades cristianas que se están organizando en el sistema económico del imperio romano, Este sistema está simbolizado en la parábola por la casa del patrón, donde los cerdos reciben más atención que los trabajadores, o sea, lo invertido más que el trabajo. En la Casa del Padre, o sea, en la casa de los cristianos, no puede dominar este sistema. Los cristianos deben centralizar su vida en el compartir los bienes. Compartir los bienes quiere decir romper con el sistema imperial de la dominación. Quiere decir romper con la casa del patrón. En el libro de las Actas vemos que una de las características de la comunidad cristiana estaba en el compartir los bienes (Act 2,44-45; 4,32-37).

Lucas quiere recordarnos que la señal mayor del Reino es la mesa común en la Casa del Padre, quiere decir, compartir todo en la mesa común de la comunidad. Ninguno puede ser excluido de esta mesa. Todos estamos llamados a compartir. Como recordamos continuamente en nuestras celebraciones: no hay ninguno tan pobre que no pueda compartir algo. Y no hay uno tan rico que no tenga nada que recibir. La mesa común se construye con el compartir de todos. Y así la fiesta en la Casa del Padre será eterna.

Las tres parábolas tienen algo en común: la alegría y la fiesta. Quien experimenta la entrada gratuita y sorprendente del amor de Dios en la propia vida se alegra y quiere comunicar esta alegría a todos. La obra de salvación de Dios es fuente de alegría y gozo: “¡Alegraos conmigo!” (Lc 15,6-9) Y precisamente de esta experiencia de la gratuidad de Dios nace el estar alegres y festejar. (Lc 15,32). Al final de la parábola, el Padre pide que haya alegría y fiesta. La alegría parecía que disminuyese por el hermano mayor que no quiere entrar. Piensa en una alegría sólo con sus amigos y no con todos los demás, de la misma familia humana. Representa a aquellos que se consideran justos y no tienen necesidad de conversión.

 

6. Oración de un Salmo

Salmo 63(62): Tu amor vale más que la vida

Dios, tú mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agotado, sin agua.
Así como te veía en el santuario,
contemplando tu fuerza y tu gloria,
-pues tu amor es mejor que la vida,
por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida,
levantar mis manos en tu nombre;
me saciaré como de grasa y médula,
mis labios te alabarán jubilosos.

Si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene.

Mas los que tratan de acabar conmigo,
¡caigan en las honduras de la tierra!
¡Sean pasados a filo de espada,
sirvan de presa a los chacales!
Pero el rey en Dios se alegrará,
el que jura por él se felicitará,
cuando cierren la boca a los mentirosos.

 

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-24%C2%BA-domingo-del-tiempo-ordinario
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Siervas-seglares.org).

TIEMPO DE CUARESMA
 IV DOMINGO (Ciclo C)
 Andrés Huertas

  1.- ACOGE

  " ...El día siguiente a la Pascua ... comieron del fruto de la tierra ... " (Jos 5, 9-12).
   " ...El que es de Cristo es una criatura nueva ... " ( 2 Cor 5, 17-21).
 

 

        SÍMBOLOS

 


La Cruz.


La Palabra.


El camino.

 

 

  2.- PALABRA

 


(Lc 15, 1-3. 11-32). El amor del Padre no tiene fronteras, ni tiempos, ni hace distinción entre personas: "este hermano tuyo..."

 


Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 15, 1-3. 11-32)
Parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32)
Jr 3 12-14; 31 20; Is 49 14-16
 

 

 

       15 1 Entre tanto, todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para oírle. 2 Los fariseos y los escribas murmuraban:
       - Este recibe a los pecadores y come con ellos.
        3 Entonces Jesús les dijo esta parábola:
       11 - Un hombre tenía dos hijos. 12 El menor dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde". Y el Padre les repartió el patrimonio. 13 A los pocos días, el menor recogió sus cosas, se marchó a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo disolutamente. 14 Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran carestía en aquella comarca, y el muchacho comenzó a padecer necesidad. 15 Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien le mandó a sus campos a cuidar cerdos. 16 Habría deseado llenar su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 17 Entonces recapacitó y se dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, volveré a casa de mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros". 20 Se levantó y se fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre le vio, y, profundamente conmovido, fue corriendo a echarse al cuello de su hijo y le cubrió de besos. 21 El hijo empezó a decirle: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo". 22 Pero el padre dijo a sus criados: "¡Venga! Sacad el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. 23 Traed el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete de fiesta, 24 porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y le hemos encontrado". Y se pusieron a celebrar la fiesta.
       25 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y se acercó a la casa, al oír la música y los cantos, 26 llamó a uno de los criados y le preguntó qué era aquello. 27 El criado le dijo: "Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano". 28 Él se enfadó y no quería entrar. Su padre salió a persuadirle, 29 pero el hijo le contestó: "Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. 30 Pero llega este hijo tuyo que se ha gastado tu patrimonio con prostitutas, y le matas el ternero cebado". 31 Pero el padre le respondió: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32 Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado".


        COMENTARIO

 

        La ley judía preveía que el hijo más joven recibiría un tercio de la fortuna de su padre (Dt 21 15-17). Y aunque la división de las propiedades del padre podía hacerse en vida, los hijos no accedían a la herencia hasta después de su muerte (Eclo 33, 20-24). Conociendo estos datos, la forma de actuar el padre de la parábola, que representa a Dios mismo, está ya insinuada desde el comienzo del relato. Esta parábola, en efecto, nos muestra la bondad del padre que olvida todo lo que hizo contra él el hijo. Una bondad que no es comprendida por el hijo mayor, que representa a los escribas y fariseos.
        Se trata de una parábola propia de Lucas que tiene una lejana analogía con la de Mt 21 28-32. Aparece también el tema de la alegría, como en las dos parábolas anteriores (Lc 15 24. 32), pero se fija sobre todo en la figura del padre y su bondad que perdona. No debemos tampoco de olvidar, aunque no sea el centro de la parábola, el proceso de conversión del hijo menor que le hace dirigirse hacia el padre, aunque se sienta indigno de él (Lc 15 19-21). Pero el padre se adelanta, y sin saber nada del cambio de actitud de su hijo, lleno de emoción, lo abraza y lo perdona. El amor de Dios siempre precede a nuestra conversión.
        La segunda parte (Lc 15 25-32) está dirigida más concretamente al problema que ha suscitado el que Jesús pronuncie esta parábola (Lc 15 1-2). Es una invitación a los fariseos para que sepan acercarse a los pecadores y necesitados, como Jesús lo hacía, y de esta manera participar de la bondad y alegría del Padre por la conversión de aquellos que estaban lejos del cumplimiento de la alianza de Israel.
        El creyente y la Iglesia encuentran en esta parábola y en las dos anteriores un modelo para orientar su actuación de proximidad con respecto a los más necesitados y marginados si quieren ser fieles al seguimiento de Jesús.


El mensaje del Nuevo Testamento
 Luis F. García-Viana
 Casa de la Biblia
(
http://www.siervas-seglares.org/lectio_ciclo_c/siervas_lectio_cuaresma_4c.html
).

Ejercicio de lectio divina para la Vigilia pascual del ciclo C (Cebipal).

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Sábado Santo (noche) 

LA NOCHE SANTA DE LA VIGILIA PASCUAL

¡Ha resucitado Jesús el crucificado! 

Después de haber acompañado a Jesús el Gran Viernes Santo en su camino de pasión hacia la muerte –explicada anticipadamente en la Eucaristía del Jueves-,
y después de habernos detenido en una meditación silenciosa en la aridez del Sábado Santo, celebramos la Vigilia Pascual, la vigilia de las vigilias, “la
madre de todas las vigilias”, como la llamó San Agustín. 

Esta noche es diferente a todas las demás noches del año. San Gregorio de Nisa, en el Siglo IV dC, describió la emoción que se vive en una noche como ésta:

“¿Qué hemos visto? El esplendor de las antorchas que eran llevadas en la noche como en una nube de fuego. Toda la noche hemos oído resonar himnos y cánticos espirituales. Era como un río de gozo que descendía de los oídos a nuestras almas, llenándonos de buena esperanza... Esta noche brillante de luz que unía el esplendor de las antorchas a los primeros rayos del sol ha hecho con ellos un solo día sin dejar intervalos a las tinieblas”. 

Y es que la riqueza de los símbolos que van apareciendo gradualmente nos ayudan a percibir la grandeza del mensaje pascual:

·       El FUEGO nuevo que brilla en el cirio pascual nos recuerda la columna de fuego que acompañó el caminar nocturno del pueblo de Dios en su éxodo,
es el símbolo de Jesús “luz del mundo” y del fuego encendido por el Resucitado en los corazones.

·       El GLORIA, antiguo himno celebrativo de Cristo, cuya alusión a las palabras del ángel en la noche de la navidad evoca en esta otra noche el sentido
pascual de la encarnación y nacimiento del Mesías.

·       El ALELUYA pascual, el himno de los redimidos, cantar de los peregrinos que han emprendido la ruta hacia la patria definitiva.

·       El AGUA regeneradora, signo de la vida nueva en Jesús “fuente de vida”. Renovando nuestra profesión de fe bautismal, declaramos que adherimos a su vida nueva, entrando en comunión con Él.

·       El BANQUETE pascual que celebramos en la liturgia eucarística, comida del y con el Resucitado. De hecho, la Resurrección de Jesús alcanza su sentido
pleno en nosotros cuando lo comulgamos en la Eucaristía, el sacramento pascual por excelencia, poniéndole fin al ayuno cuaresmal. 

Y en medio de esta espera vigilante, la Palabra de Dios –Palabra creadora y salvífica- va diseñando un itinerario digno de ser vivido paso a paso. 

Una vez que hemos cantado el PREGÓN pascual, nos sentamos para escuchar nueve lecturas, siete del Antiguo y dos del Nuevo Testamento. El Templo sigue parcialmente a oscuras –con el Cirio Pascual en lugar destacado- porque hacemos la escucha de la Palabra simbólicamente a la luz de Cristo Resucitado, centro del cosmos y de la historia. Ahora la luz es la Palabra, signo concreto de la presencia del Resucitado. 

De esta forma recorremos emocionados el camino pascual de la Palabra, la cual traza un arco entre la primera creación y la nueva y definitiva creación
en la Resurrección de Jesús, pasando entretanto por los principales acontecimientos de la historia de la salvación. En este marco histórico comprendemos
también el alcance y el significado de las antiguas palabras proféticas. 

En fin, cada acontecimiento y cada palabra de Dios en la historia humana, quiere expresar el amor misericordioso de Dios por nosotros, su deseo de hacernos
participar en la vida de su Hijo, haciéndonos pasar de la noche y de la oscuridad de la muerte a la luz de la vida. 

Es así como contemplamos, paso a paso, todo lo que Dios ha caminado con su pueblo para realizar su plan de hacernos a todos una sola realidad en Jesús
Resucitado, en quien, como dice un Padre de la Iglesia: “Las cosas divididas se reunieron y las discordantes se aplacaron... la misericordia divina reunió
desde todos los lugares, los fragmentos y los fundió en el fuego de su amor, restituyéndoles su unidad primera”. 

Primera lectura: Génesis 1,26-31

“Dios vio que todo lo que había hecho era bueno”

El autor de este hermoso poema de la creación parece escribir para un pueblo que está en el exilio y se encuentra afligido por la tragedia de la deportación.
En esta situación, el pueblo corre el riesgo de perder la esperanza en la bondad de Dios y en su acción creadora. Es por eso que se presenta la creación
como una especie de liberación. Esto lo notamos en la insistencia en el número “siete”, que hace del “descanso-sábado” de Dios el culmen de la creación
(ver Génesis 2,3). 

A lo largo del poema, como si se tratara de un estribillo, se insiste en el hecho de que toda obra creada es buena (ver Génesis 1,10.12.18.25), para terminar
proclamando que Dios se complace en la mayor de todas sus obras: el hombre (“Y vio que todo estaba muy bien”, 1,31). Es así como se reafirma que la esperanza
de la vida tiene su fundamento en la misma creación de Dios. 

Esta acción creadora tiene su fuente en la “Palabra de Dios”, palabra soberana que libera del caos y separa de todo elemento negativo. Es la misma Palabra
que Israel ha conocido en su historia profética. Y esto crea un puente entre la creación y la historia de la salvación. 

Es desde esta perspectiva como comprendemos el primado de Cristo tanto en el orden de la primera creación como el de la nueva creación, ya que Él es plenamente la “imagen de Dios” (ver Colosenses 1,18; Romanos 8,29; Jn 1,2-3), el que conduce a la humanidad hacia el sábado eterno de Dios (ver Hebreos 4,11). 

Segunda lectura: Génesis 22,1-18

“Y Abraham obedeció al Señor” 

En la tradición rabínica se habla de cuatro noches fundamentales en la historia de la salvación: (1) la de la creación, (2) la del sacrificio de Abraham,
(3) la de la salida de Egipto y la última (4) será la de la venida del Mesías (“Poema de las Cuatro Noches”, inserto en el Tárgum palestino de Ex 12,42).

En este momento leemos el relato de la noche de la fe de Abraham: Dios le pide el sacrificio de su hijo. Abraham se presenta como modelo de creyente: su
fe es obediencia, camino en la noche, subida al monte, encuentro con Dios que abre un nuevo futuro. 

Esto es lo ejemplar de Abraham: se requiere la fe y un amor que ponga a Dios por encima de todos los amores, aún los más entrañables. 

Desde esta segunda lectura vislumbramos la experiencia de la fe como inicio de la nueva historia que se realiza en Jesús muerto y resucitado.  De hecho,
el misterio pascual sólo puede ser acogido en una libertad obediente como la de Abraham. Este desafío será vivido en esta misma noche, en la liturgia bautismal,
cuando seamos interrogados por nuestra fe; pero no cualquier fe sino aquella que por el amor a Dios es capaz de cualquier renuncia. 

Tercera lectura: Éxodo 14,15-15,1

“El Pueblo pasó a pie descalzo en medio del mar” 

El del paso del Mar Rojo es relato emocionante que retiene toda nuestra atención. Éste merece un estudio profundo (pero este no es el espacio). 

La Iglesia lee en la riqueza del simbolismo del paso del mar una tipología del bautismo cristiano, así como lo hizo Pablo: “Todos fueron bautizados en
Moisés, por la nube y el mar...Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos” (1ª Corintios
10,2.11). 

Los Padres de la Iglesia vieron en este texto un relato de “nacimiento”, tipo del nuevo nacimiento “en Cristo”.  Este nacimiento es una liberación de todas
las fuerzas del mal, concretado en el pecado. 

En esta celebración este texto es revivido en el lucernario: la procesión de la luz –con el cirio pascual que representa la nube-, enseguida el himno del
“Pregón” pascual, con todas sus referencias poéticas al relato del paso del mar (releído tipológicamente), y más finalmente su inmersión en el agua que
es bendecida para el bautismo. 

Cuarta lectura: Isaías 54,5-14

“Tu redentor es el Señor” 

Después de los relatos fundamentales de la Creación, la fe del patriarca Abraham y el paso del Mar Rojo, comienza el ciclo de las Profecías. 

De nuevo el pueblo de Dios se encuentra en una situación difícil. El profeta Isaías dirige a él para “consolarlo” con palabras de amor como “Mi amor de
tu lado no se apartará” (54,10a).  Se despliega así una serie de imágenes cargadas expresiones afectivas para infundir en el corazón de todos que Dios
se ocupa de verdad de los suyos y que tiene la fuerza para sacarlos de las situaciones dolorosas en que se encuentran. El Señor es un Dios que “quiere”
y “puede” redimir a su pueblo. 

La redención conduce al “matrimonio” con el Amado Dios: “Mi alianza de paz no se moverá” (54,10b). La Alianza es una relación íntima, amorosa y esponsal
con el Dios que nos ha librado y que espera que lo escojamos desde nuestra nueva situación de hombres libres. Nótese en la lectura la fuerza de la imagen
en la que Dios “salva” a la viuda Israel, llevándola al matrimonio (ver 54,11-14). 

La liturgia de esta noche nos llevará a la renovación de la Alianza con Dios que sellamos en el Bautismo. 

Quinta lectura: Isaías 55,1-11

“Así será la palabra que salga de mi boca” 

Esta lectura habla del misterio y de la eficacia de la Palabra de Dios. Así se explica cómo se vive internamente la circularidad de amor y de voluntad
en la Alianza con Dios. 

El énfasis de la profecía está en el anuncio de todas las palabras que él ha pronunciado –en cuanto Palabras de Dios- serán eficaces y verdaderas, ya que
fue Dios mismo quien se comprometió a cumplirlas. 

Es Dios quien proyecta y dirige la historia. Él sabe sacar bien de dentro del mal que padecemos por nuestras malas opciones. Así lo hizo en el exilio.
Es como la lluvia que se esconde en la tierra y allí fecunda el suelo, permitiendo la germinación de nuevos frutos. Así es el obrar de Dios. 

El profeta nos hace entender que Dios es “cercano” y al mismo tiempo “lejano”. Es “cercano” porque nos da su Palabra, nos perdona y nos ofrece tiempos
especiales para el encuentro con Él.  Es “lejano” porque su modo de conducir los proyectos siempre nos sorprende, no se deja aprisionar en la lógica y
el cálculo humano. 

En el misterio pascual de Cristo, la lógica de Dios que “descuadra” todos los raciocinios humanos, es el paradigma definitivo del actuar divino. 

Sexta lectura: Baruc 3,9-15.32-4,4

“Todos los que la retienen alcanzarán la vida” 

Llegamos ahora a una meditación sapiencial contenida en Baruc. Se dice que el pueblo fue al exilio porque abandonó el camino de la sabiduría: “¡Es que
abandonaste la fuente de la sabiduría!... Si hubieras andado por el camino de Dios...” (3,12). El camino de retorno deberá ser un volver a la sabiduría:
“Vuelve, Jacob, y abrázala, camina hacia el esplendor bajo su luz” (4,2). 

Pero, ¡atención!, no se trata de una sabiduría esotérica ni de nada parecido, se trata de la sintonía con Dios a la hora de actuar, es decir, una comunión
de voluntades. En otras palabras, vivir sabiamente es vivir a la manera de Dios. 

El profeta anuncia con mucho vigor que ha aparecido sobre la tierra esta sabiduría, como un don, y que ella ha vivido en medio de los hombres. 

La patrística ha visto en esta sabiduría una alusión a Jesús y una invitación a la conversión. La “vida nueva” en Cristo resucitado es el logro de esta
sabiduría. 

Séptima lectura: Ezequiel 36,16-28

“Os rociaré con agua pura... os daré un corazón nuevo” 

En este pasaje la revelación del Antiguo Testamento alcanza uno de sus vértices: la promesa de la “nueva alianza” (ver también Jeremías 31,31-34). 

La nueva Alianza es una obra de Dios con su pueblo pecador.  Es así como vemos que Dios no interviene en la historia para humillar al hombre sino para
purificarlo de sus pecados. 

Como en la lectura anterior, la situación negativa que vive el pueblo ha sido la consecuencia de su mal obrar. Y esta situación de desgracia ha deshonrado
el “Nombre” de Dios. Los paganos se burlan de Yahveh: ¿Quién es ese Dios que tiene a sus hijos dispersos y sufriendo en tierra extranjera? Esta burla es
una profanación del “Nombre” de Dios: “Y en las naciones donde llegaron profanaron mi santo nombre haciendo que se dijera a propósito de ellos: ‘Son el
pueblo de Yahveh, y han tenido que salir de su tierra’” (36,20). 

Pero de repente, Dios mismo realiza un acto inesperado, para que se vea la santidad del “nombre del nombre del Señor”, Dios repite los prodigios del éxodo
trayendo a sus hijos a casa (“Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo”, 36,24) y sellando con ellos
una nueva Alianza (“Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”, 36,28). 

La “nueva Alianza” tiene como característica distintiva el hecho que transforma al pueblo “desde dentro”, desde lo profundo del corazón, para superar así
el pecado de manera radical: “Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados... Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo...”,
36,25.26).  Se trata de una pascua que culmina en una Alianza definitiva. 

Octava lectura: Romanos 6,3-11

“Sepultados en su muerte para vivir con Él” 

En esta catequesis Bautismal, Pablo nos remite al rito de la inmersión en el agua para poner de relieve que el Bautismo nos une totalmente a la Cruz de
Jesús hasta tal punto que podemos decir que hemos sido crucificados y sepultados con Él. 

Esta participación se extiende, no sólo a la muerte de Cristo, sino también su resurrección: “Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte,
a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (6,4).

Por eso Pablo exhorta para que el bautismo no se vuelva un símbolo que se agota en sí mismo, como si fuera algo pasajero que no va más allá del rito del
agua. 

El bautismo, señala Pablo, compromete la libertad del creyente que hace bautizar: debe llegar a ser lo que verdaderamente es, es decir, vivir adherido
a Cristo y hacer todos los aspectos de su vida una expresión visible de esta condición existencial de muerte al pecado: “Así también vosotros, consideraos
como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús” (6,11). 

El Bautismo sella la Alianza definitiva con Dios haciéndonos una sola realidad con Jesús: “Si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante
a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante” (6,5). En esta tremenda e indisoluble unidad se rompen las cadenas del pecado (ver 6,6) y
se comienza a “vivir para Dios” (6,10). 

Evangelio: Lucas 24, 1-12

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” 

El camino de la Palabra llega a su punto culminante. Celebramos la vivificante resurrección de Cristo proclamando con fuerza el Mensaje Pascual: ¡JESÚS
ESTÁ VIVO! 

Es así como en esta última lectura se anuncia que la creación nueva y definitiva ha sido inaugurada en la gloriosa resurrección de Jesús, la “obra maestra”
de Dios Padre. 

Acompañemos el despliegue del mensaje en esta gran “Buena Noticia”: 

(1) El comienzo de un nuevo día: El “día Señorial” 

“El primer día de la semana...” (24,1).  El evangelista Lucas tiene una manera particular de presentar en mensaje pascual. Lo hace articulando cuatro acontecimientos
en un solo día: el día de la revelación pascual. 

Para ello pone en primer plano la fidelidad de las mujeres a la ley hebrea del reposo sabático (“Y el sábado descansaron según el precepto”, 23,56).  Pero
éste será el último sábado que cumplen según la antigua Ley, porque ahora comienza un nuevo día que permanecerá en adelante como el “día del Señor” (o
“día Señorial”): el día de la Resurrección de Jesús y de su manifestación en el caminar histórico de sus discípulos, obra salvífica internamente eficaz
en todo quehacer libre del creyente. 

Los cuatro acontecimientos del día pascual son: (1) Las mujeres ante la tumba vacía y el mensaje celestial (Lc 24,1-12); (2) los peregrinos de Emaús encuentran
a Jesús, recibiendo la formación de un testigo pascual (24,13-35); (3) en una cena los apóstoles ven a Jesús vivo y reciben el encargo misionero (24,36-49);
(4) la ascensión de Jesús (24,50-53). El hilo conductor de los tres primeros episodios es la instrucción pascual en la que se expone el designio salvífico
revelado en la Escritura, realizado y proclamado por Jesús (ver 24,6-7.26-27.44-47). 

(2) Antes y después del sábado: el hilo conductor del afecto y la fidelidad de las mujeres 

Lucas destaca la presencia de las mujeres en tres momentos clave:

(a) En el Calvario: “Estaban viendo estas cosas... las mujeres que lo habían seguido desde Galilea” (23,49). Ellas siguen siendo fieles a Jesús. Pero,
con todo, Lucas señala un elemento de debilidad: “Estaban a distancia”.  Lo que importa, por lo pronto, es que “ven” y esta primera observación de los
acontecimientos de la muerte de Jesús dará su fruto de fe después de la resurrección. 

(b) En la sepultura: Lucas presenta a las mujeres como las últimas en salir del escenario de los fatídicos eventos, anota que “vieron” la tumba y la reverencia
con que fue depositado allí el cadáver de Jesús (“cómo era colocado su cuerpo”, 23,55). Enseguida se van, pero solamente para preparar el regreso. El poco
tiempo que les queda del viernes es para preparar los óleos perfumados, como conviene a la sepultura real de Jesús, quien fue crucificado como “rey de
los judíos”. 

 (c) En la mañana de la resurrección: las mujeres “fueron llevando las aromas que habían preparado” (24,1). Puesto que tenían todo preparado, pueden madrugar
apenas ha pasado el reposo sabático. 

Notemos la constante de la fidelidad en el amor. En el llevar aromas se revela toda la ternura de estas discípulas de Jesús que permanecen fieles al Maestro
hasta la cruz; esta fidelidad se prolonga tras la noche oscura del sábado santo, cuando van a ungir su cuerpo que todavía creen allí, prisionero de la
muerte. Vienen para conservar lo único que queda de Aquel por quien lo dejaron todo desde Galilea. Esto que pretenden hacer era, en el contexto de esa
época, un gesto propio de los familiares. Las mujeres se comportan como las personas más cercanas, como legítimos familiares de Jesús (ver 8,20-21). 

(3) La tumba vacía y el mensaje pascual 

Según los vv.2-3, en lugar de un sepulcro cerrado las mujeres descubren que la piedra de la entrada ha sido rodada y que la cámara funeraria está vacía.
Lucas le da el título de “Señor” a Jesús: “no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”; un título con sabor pascual. 

Se describe enseguida la “inseguridad” de las mujeres (v.4ª). La aparición de “dos hombres con vestidos resplandecientes”, levanta un nuevo telón para
que se pueda comprender el sentido del acontecimiento (v.4b). El hecho de ser “dos” indica que se trata del anuncio realizado por testigos válidos (ver
10,1; también Deuteronomio 19,15: para que un testimonio sea válido debe haber por lo menos dos testigos oculares). Su vestido resplandeciente nos remite
al estado glorioso (ver el relato de la transfiguración, 9,29; ver una aparición similar en Hechos 1,10 y 10,30). 

Las mujeres se preparan para escuchar el mensaje con una postración profunda (ver Daniel 10,2-12). No dice que “cayeron” sino que “inclinaron el rostro
a tierra”, lo cual indica el clima de adoración con que reciben las palabras de los ángeles (ver 24,5ª). 

Entonces los dos mensajeros hacen el anuncio fundamental de que ¡JESÚS ESTÁ VIVO! (ver en 24,23: los ángeles “decían que él vivía”).  Dicho anuncio tiene
tres partes:

(a) Una pregunta que indica que están buscando a Jesús por el camino equivocado: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” (24,5b). Literalmente:
“al viviente”.

(b) Una novedad: “No está aquí, ha resucitado” (24,6ª).

(c) Una exhortación introducida por un imperativo: “Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea...” (24,6c). Y se agrega el mensaje que hay
que recordar (v.7). 

Veamos cómo nace la fe pascual en este relato. Los mensajeros no le dan una palabra de conforto a las mujeres (“No temáis”, Mc 16,6), sino que por medio
de una pregunta las invitan a buscar al Resucitado en el lugar correcto. Si bien las mujeres están haciendo lo que creen que es correcto, hay un error
fundamental de perspectiva: buscan a un difunto y no al viviente que es Jesús, puesto que todavía no han creído la palabra de Jesús acerca de la resurrección. 

Entonces, ¿Dónde hay que buscar al Viviente? La respuesta de los mensajeros es “¡Recordad!”: 

(a) Jesús ya había dicho que la Pasión estaría seguida de la resurrección (ver 9,22) y que esto obedecía al plan de Dios Padre (sentido de la frase “es
necesario”) quien por el camino de la Cruz conduce a la Gloria. Por lo tanto, se trata de reconocer a través de la fe los dolorosos acontecimientos del
sufrimiento y muerte de Jesús, y que él está vivo. 

(b) No hay que buscar a Jesús en el “memorial” que es la tumba sino en la memoria viva y actualizante de las enseñanzas (palabras y acciones) recibidas
en el proceso de discipulado. En el camino de discipulado se ha pasado de la muerte a la vida (ver 9,60). El mensaje pascual invita a repasar y asumir
la historia completa del evangelio: Jesús, quien había proclamado la salvación de Dios desde Galilea hasta Jerusalén y quien sufrió la prueba de la pasión
y ha triunfado de la muerte. 

 “Y ellas recordaron sus palabras” (24,8).  Esta una forma concreta de decir que las mujeres creyeron en la Palabra. 

(4) Las mujeres son constituidas testigos con pleno derecho 

No se habla de una aparición de Jesús a las mujeres, su fe fue suficiente. Por iniciativa propia van a buscar a los discípulos para anunciar el acontecimiento:
los hechos y el mensaje. Gracias a las mujeres el testimonio pascual comienza a difundirse: “anunciaron todas estas cosas” a la Comunidad. 

Estas discípulas fieles, que no abandonaron a Jesús y que regresaron para terminar lo que quedó faltando en el funeral, se convierten en las primeras testigos
de la resurrección. Las mujeres tienen una mayor responsabilidad. Son constituidas en testigos con pleno derecho, así los discípulos pongan resistencia
para aceptarlo. 

De hecho, como se anota casi enseguida, la fe tenaz de las mujeres está en brusco contraste con la débil reacción por parte de los otros discípulos, quienes
toman el anuncio como “disparate” o “tontería” de las mujeres; de hecho “no creen” (v.11).

(5) La visita de Pedro al sepulcro (24,12) 

Se agrega finalmente que Pedro “se levantó y corrió al sepulcro” (24,12). El episodio nos recuerda lo narrado en Juan 20,3-10, con la diferencia notable
de que Pedro va solo. 

El “ve” y se queda “estupefacto” por lo que ve. Su “ver” no es todavía la comprensión penetrante de la revelación que había transformado al centurión romano
(“Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: ‘Ciertamente este hombre era justo’”, 23,47) o a las mujeres mismas al amanecer. Hasta
que el Resucitado no haya traspasado la mente obtusa de Pedro y de los otros apóstoles, estos no serán capaces de creer plenamente en estupenda realidad
de la resurrección. 

Nuevos signos del Resucitado están por venir. Por lo pronto, la presencia de Pedro, el primero de los apóstoles, es significativa en este momento. Quizás
sea este el preludio del “ver” completo de Pedro que será motivo de proclamación más adelante en Jerusalén: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha
aparecido a Simón!” (24,34). 

¡Jesús, tú que eres el Viviente, ilumina nuestras vidas con el gozo de tu Palabra que le da sentido a todas las cosas y llénanos de la gloria que tú y
sólo tú, nuestra esperanza, puedes darnos venciendo cada una de nuestras amarguras y enjugando nuestros llantos! Amén. 

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón: 

1. ¿Cómo se coordinan las nueve lecturas de la Vigilia Pascual? ¿Qué proceso estoy invitado a vivir?

2. ¿Qué se le pide a las mujeres que iban con aromas en ungir a Jesús? ¿No habrá que buscarlo “viviente” y ungirlo con amor en los hermanos (así como el
buen samaritano con su enemigo)?

3. ¿Qué pasos hay que dar para llegar a la fe pascual?

4. Proclamamos la Resurrección de Jesús, pero a veces nos comportamos como si no lo hubiera hecho. ¿Cuáles son las formas inapropiadas de buscar a Jesús
resucitado que tenemos hoy? ¿En qué circunstancias trato a Jesús como a un difunto y no como al “Señor Viviente”?

5. ¿Qué nos dice este evangelio sobre el misterio y la misión de la mujer en la Iglesia? 

“¿Por qué lloráis al Incorruptible

como si hubiese caído en la corrupción?

Id y anunciad a sus discípulos:

Cristo ha resucitado entre los muertos.

Mujeres evangelistas, levantaos,

dejad la visión e id a anunciar a Sión:

Recibe el anuncio de la alegría:

Cristo ha resucitado.

Alégrate, danza, exulta Jerusalén

y contempla a Cristo tu Rey que sale

del sepulcro como un Esposo”

(De los Estikirás, canto de Pascua de la Iglesia Oriental).
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_sabado.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Carmelitas).

Lectio: 4º Domingo de Cuaresma (C)
Lectio: Domingo, 10 Marzo, 2013  
La Parábola del Hijo Pródigo
Lucas 15,1-3.11-32

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Ven, oh Espíritu Creador, a desvelarnos el gran misterio de Dios Padre y del Hijo unidos en un solo Amor. Haznos ver el gran día del Dios esplendente de santa luz; nace en la sangre de Cristo la aurora de un mundo nuevo. Vuelve a la casa el pródigo, resplandece la luz para el ciego; el buen ladrón agraciado elimina el miedo antiguo. Muriendo sobre el patíbulo Cristo vence la muerte; la muerte da la vida, el amor vence al temor, la culpa busca el perdón. Amén

b) Lectura del Evangelio:

En aquel tiempo, 1 todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle.2 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» 3 Entonces les dijo esta parábola:
11 «Un hombre tenía dos hijos.12 El menor de ellos dijo al padre: `Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió la hacienda.13 Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14 «Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: `¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.' 20 Y, levantándose, partió hacia su padre.
«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: `Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.' 22 Pero el padre dijo a sus siervos: `Daos prisa; traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron la fiesta.
25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: `Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.' 28 Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba. 29 Pero él replicó a su padre: `Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!'
31 «Pero él le dijo: `Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.'»

c) Momentos de silencio orante:

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestras vidas.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

Lucas ha sido llamado por Dante el “escriba de la mansedumbre de Cristo” Es, de hecho, el evangelista que más subraya la misericordia del Maestro por los pecadores y el que más narra escenas de perdón (Lc 7,36-50; 23, 39-43). En el evangelio de Lucas, la misericordia de Dios se manifiesta en Jesucristo. Se puede decir, que el Jesús de Lucas es la encarnación de la presencia misericordiosa de Dios entre nosotros. “Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre” (Lc 6,36). Lucas pone de relieve una imagen de Dios, ya revelada en el Antiguo Testamento (Ex 34,6), pero que desgraciadamente parece que haya sido olvidada por los escribas y fariseos que hacían hincapié en la imagen de un Dios “que castiga la culpa de los padres en los hijos” (Ex 34,7). Los fariseos y los escribas, en efecto, presumían de ser justos a los ojos de Dios, porque no quebrantaban la ley de Dios. Jesús critica esta conducta con su enseñanza y con su modo de obrar. Él, el “justo” de Dios (1Pt 3,18), “recibe a los pecadores y come con ellos” (Lc 15,2). Piénsese en la parábola del publicano que vuelve a casa desde el templo justificado, a diferencia del fariseo que se ensoberbeció delante de Dios juzgando a su prójimo (Lc 18, 9-14). Jesús nos hace ver que el pensar y el obrar de Dios son muy diversos del pensar y obrar humanos. Dios es diverso, y su transcendencia se manifiesta en la misericordia que perdona las culpas. “Mi corazón se conmueve dentro de mí, y mis entrañas se han conmovido. No llevaré a efecto el ardor de mi cólera...porque soy Dios y no un hombre; soy el Santo en medio de ti y no me complazco en destruir” (Os 11, 8-9).

Esta parábola del “hijo pródigo” , ilumina este rostro del Dios Padre misericordioso. Por esto, algunos se refieren a esta narración como “la parábola del Padre pródigo en la misericordia y el perdón”. El pasaje evangélico forma parte de una cadena de tres parábolas sobre la misericordia, con un preámbulo que nos hace contemplar a ”todos los publicanos y pecadores” que se acercan a Jesús para escucharlo (Lc 15,1). Éstos se reflejan en el hijo menor, que entra dentro de sí y comienza a reflexionar sobre su condición y sobre lo que ha perdido yéndose fuera de la casa de su padre (Lc 15,17-20). Es interesante tener en cuenta el verbo “escuchar”, que nos lleva a la escena de María la hermana de Marta, “ la cual, sentada a los pies de Jesús, escuchaba su palabra” (Lc 10, 39); o también a aquella otra de la gente” que habían venido para escucharle y ser curada de sus enfermedades” (Lc 6,18). Jesús reconoce a sus parientes, no por el lazo de la sangre , sino por este comportamiento. María, la Madre de Jesús, ha sido alabada por este comportamiento de escucha contemplativa, ella que “guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19,51). Isabel la proclama dichosa porque “ ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor” (Lc 1,45), revelado en la escena de la anunciación (Lc 1, 26.38).

A la misericordia del padre que se conmueve (Lc 15,20), se contrapone la conducta severa del hijo mayor, que no acepta a su hermano como tal, sino que en el diálogo con el padre lo define “este hijo tuyo que ha malgastado todos sus bienes con prostitutas” (Lc 15,30). Aquí se entrevé la conducta de los escribas y de los fariseos que “murmuraban: «Éste recibe a los pecadores y come con ellos..»”. Ellos no se mezclan con los “pecadores” considerados inmundos, sino que se distancian de ellos. La conducta de Jesús es totalmente diversa y es escandalosa a sus ojos. A Él le gusta entretenerse con los pecadores y alguna vez hasta se invita por su cuenta a visitar sus casas y comer con ellos. (Lc 19, 1-10). La murmuración de los escribas y fariseos impide la escucha de la Palabra.

Muy sugestivo es el contraste entre los dos hermanos. El menor, reconoce su miseria y su culpa, regresa a casa diciendo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo (Lc 15, 18-19,21). El mayor, nos muestra una postura de arrogancia, no sólo con respecto a su hermano, sino ¡hasta con su padre! Sus reproches contrasta mucho con la dulzura del padre que saliendo de la casa, va a su encuentro a “rogarle” que entre en casa. El padre se comporta de igual manera con sus dos hijos, y va al encuentro de ellos para hacerlos entrar en la casa (Lc 15, 20, 28). Es la imagen de Dios Padre que nos invita a la conversión, a volver a Él: “Vuelve, apóstata Israel, dice el Señor. No te mostraré mi rostro indignado, porque yo soy misericordioso, dice el Señor. Reconoce, pues, tu maldad, pues contra tu Dios has pecado dispersando tus caminos hacia los extraños, bajo todo árbol frondoso y desoyendo mi voz. Oráculo del Señor. Volved, hijos rebeldes – dice el Señor – porque yo soy vuestro dueño" (Jer 3, 12 -14).

a) Algunas preguntas:

para orientar la meditación y actualización.

i) Lucas subraya una imagen de Dios misericordioso, ya revelada en el Antiguo Testamento (Ex 34,6), pero que desgraciadamente parece que fue olvidada por escribas y fariseos que recalcaban la imagen de un Dios que “castiga la culpa de los padres en los hijos “ (Ex 34,7). ¿Qué imagen tengo yo de Dios?

ii) Los fariseos y los escribas presumen de ser justos a los ojos de Dios, porque no quebrantan su ley. Jesús critica esta conducta con su enseñanza y también con su modo de obrar. Él, el “justo” de Dios (1Pt 3,18), “recibe a los pecadores y come con ellos” (Lc 15,2). ¿Me considero más justo que los demás, quizás porque observo los mandamientos de Dios? ¿Qué motivaciones me empujan a vivir como “justo”, el amor de Dios o el gusto personal?

iii) “Todos los publicanos y pecadores” se acercaban a Jesús para escucharlo (Lc 15, 1). Lucas parece que le da mucha importancia a esta postura de escucha, reflexión, entrar dentro de sí mismo, meditar y guardar la Palabra en el propio corazón. ¿Qué puesto ocupa la escucha contemplativa de la palabra de Dios en mi vida de cada día?

iv) Los escribas y fariseos no se mezclan con “los pecadores” considerados inmundos, sino que se alejan de ellos. La conducta de Jesús es diversa, y escandalosa a sus ojos. A Él le gusta entretenerse con los pecadores y alguna vez se autoinvita a sus casas para comer con ellos (Lc 19, 1-10). ¿Juzgo a los otros, o más bien, trato de transmitir sentimientos de misericordia y perdón, que reflejen la ternura de Dios Padre – Madre?

v) «“Traed el novillo cebado, matadlo y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta”». En la imagen del padre que ordena un banquete de fiesta por el hijo que ha vuelto a la vida, reconozcamos a Dios Padre que nos ha amado tanto “ hasta dar su Hijo, para que todo aquél que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). En el “novillo cebado” inmolado, podemos reconocer a Cristo, el Cordero de Dios que sufre como víctima de expiación para rescatarnos del pecado. ¿Participo en el banquete eucarístico con sentimientos de gratitud por este amor infinito de Dios que se nos da en su amado hijo, crucificado y resucitado?.

3. ORATIO

a) Salmo 32 (31):

¡Dichoso al que perdonan su culpa
y queda cubierto su pecado!
Dichoso el hombre a quien Yahvé
no le imputa delito,
y no hay fraude en su interior.

Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo,
cansado de gemir todo el día,
pues descargabas día y noche
tu mano sobre mí;
mi corazón cambiaba como un campo
que sufre los ardores del estío.

Reconocí mi pecado
y no te oculté mi culpa;
me dije: «Confesaré
a Yahvé mis rebeldías».
Y tú absolviste mi culpa,
perdonaste mi pecado.

Tú eres mi cobijo,
me guardas de la angustia,
me rodeas para salvarme.

¡Alegraos en Yahvé, justos, exultad,
gritad de gozo los de recto corazón!

b) Oración final:

¡Oh, Dios! que das la recompensa a los justos y no rechazas a los pecadores arrepentidos. Escucha nuestra súplica: la humilde confesión de nuestras culpas nos obtenga tu misericordia.

4. CONTEMPLATIO

La contemplación es el saber unir nuestro corazón y nuestra mente al Señor que con su Palabra nos transforma en nuevas personas que cumplen siempre su voluntad. “Sabiendo estas cosas, seréis dichosos si la ponéis en práctica” (Jn 13,17).
(
http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-4-domingo-cuaresma-c
).

Homilia para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (P. Juan Jose Palomino del Alamo).

Lucas 15, 1-3. 11-32.

Parábola del “Padre bueno”

Autor: Padre Juan José Palomino del Alamo

 

 

Ultimamente se la llama así: del Padre bueno, pues nos muestra a un Dios, que es Padre generoso y paciente, con un amor infinito, cercano a todos sus hijos y hasta detallista. En definitiva, el protagonista de la parábola es el Padre y no el hijo pródigo.

La parábola tiene como oyentes a dos grupos opuestos:

-publicanos y pecadores, que se acercan a escuchar a Jesús;

-fariseos y maestros de la Ley, que murmuran de Jesús.

Jesús nos ofrece en esta parábola la realidad de un Dios, que es Padre lleno de misericordia, que ama a los dos hijos y a los dos los invita a la fiesta de la reconciliación.

En el hijo menor se ven presentes cuantos conservan la bondad y ternura del corazón a pesar de sus fallos y errores y pecados y su vida descarriada...

En el hijo mayor se hacen presentes escribas y fariseos, es decir, cuantos se creen buenos y que no necesitan convertirse, porque nunca se equivocaron, y siempre se ven cerca del padre cumpliendo la ley, aunque el amor sea el gran ausente de su vida.

Y nosotros, ¿a quién nos parecemos?

1° Algo tenemos del hijo menor: para sentirnos libres, nos distanciamos del Padre, pero regresamos pronto, sabedores que el Padre nos ama siempre, nos perdona siempre. Y, como decimos vulgarmente, donde mejor se vive es en casa.

2° Algo tenemos también del hijo mayor, cuando suplantamos a Dios por sentirnos cumplidores de la Ley y, en su nombre, decidimos quiénes son los buenos y quiénes los malos, mientras no reconocemos a los más pequeños como hermanos.

3° Algo tenemos igualmente del criado quien, ante la pregunta del hijo mayor, responde que el motivo de la fiesta es la recuperación por parte del padre del hijo menor, “sano y salvo”. Ve el criado sólo lo exterior y no descubre que, además de “sano y salvo”, lo ha recuperado “convertido y nuevo”.

4° La misericordia de Dios, tal como la manifiesta Jesús, sorprende a todos. Los fariseos y los escribas no creen que Dios pueda amar al pecador antes de que se convierta. Así dice una famosa sentencia de los rabinos: “No te juntes con el impío, ni siquiera para guiarlo en el estudio de la Ley.”

¿Qué tendremos nosotros que hacer, como cristianos, frente a esos “hijos mayores”, que impiden que la misericordia, la justicia y la fraternidad reinen en el mundo?
(
http://homiletica.org/juanjosepalo/juanjosepalominodelalamo97.htm
).

Homilia para el Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Icdc.org).

EVANGELIO:  Lucas 15:1-3, 11-32
 
 
 
Segundas Oportunidades
 
¿Cuando son justas las 'segundas oportunidades'?
 Todos tenemos segundas oportunidades en la vida. Oportunidades para empezar de nuevo, oportunidades para corregir algo que hicimos mal, oportunidades para hacer una diferencia. Por supuesto, muchas veces las segundas oportunidades no son justas. Pero, cuando personalmente recibimos nuestras segundas oportunidades, ¿las merecemos o eran regalos?
 El liderazgo religioso criticaba a Jesús para congregar a los pecadores alrededor de él. En respuesta, el dijo la más famosa parábola acerca de la segunda oportunidad jamás registrada.
 En la parábola del hijo pródigo, Jesús reunió a tres grupos diferentes. Cada grupo pudo crecer a través de un cambio de corazón y auto-entrega.
 
1  Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban para oír a Jesús. 2  Y los Fariseos y los escribas murmuraban: "Este recibe a los pecadores y come con ellos". 15:3  Entonces Jesús les dijo esta parábola:

11  Jesús añadió: "Cierto hombre tenía dos hijos; 12  y el menor de ellos le dijo al padre: 'Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió sus bienes. 13  "No muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente. 14  "Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. 15  "Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. 16  "Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. 17  "Entonces, volviendo en sí, dijo: '¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre! 18  'Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; 19  ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores."'" 20  "Levantándose, fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. 21  "Y el hijo le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.' 22  "Pero el padre dijo a sus siervos: 'Pronto; traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su mano y sandalias en los pies. 23  'Traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y regocijémonos; 24  porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron a regocijarse.
 
 25  "Su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas. 26  "Llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello. 27  "Y él le dijo: 'Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado, porque lo ha recibido sano y salvo.' 28  "Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara. 29  "Pero él le dijo al padre: 'Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos; 30  pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el becerro engordado.' 31  "Y su padre le dijo: 'Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32  'Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.'"
 
15:2 Los líderes religiosos se oponían al hecho de que Jesús basaba su Ministerio en el recaudador de impuestos y en el pecador. Muchos líderes Judíos urbanos destacaban la pureza en la adoración y el estilo de vida. Una perspectiva como tal alentaba la exclusión. El antecedente rural de Jesús le daba una visión más amplia del Ministerio.
 15:11, "... la parte de la propiedad que me pertenece... "es literalmente "la propiedad que me correspondería"
 15:18-19 "... me levantaré..." también tiene el significado de "alzarse," palabra código para resurrección.
 15: 22 "Pronto!" Este adverbio modificaba la obtención de la túnica, el anillo y las sandalias.
"la mejor" es literalmente "la primera." No era sólo la mejor de las túnicas. Representaba el lugar de honor más alto en la familia. El anillo de la familia también indicaba un Estado de honor.
 15: 23 "Traigan el becerro engordado..." en otras versiones se lee " alimentado con trigo... ". El Trigo era el grano de los ricos. La Cebada era el grano de los pobres. No sólo era este ternero criado para una ocasión especial, había sido criado para dar el mejor sabor. No se reparó en ningún gasto en este ternero
 15:24, 32, " estaba perdido... "La palabra "perdido" no significa "perder la ruta, la dirección, el camino...." Su significado se encuentra más bien cerca de la palabra "destruido." El "perdido" era aquel que actuaba de manera autodestructiva. "Perdido" en este sentido es paralelo a "muerte".
 
Los Fariseos criticaron a Jesús por el enfoque de su Ministerio: los parias. En respuesta, Jesús dijo la parábola del hijo perdido, de los justos, el amoroso padre de ambos y la gran fiesta que reunió a los tres. [1-3]
 Según la Ley Judía personalizada, un hijo menor recibía una tercera parte de una herencia a la muerte del padre, pero esa herencia podía ser dividida durante toda la vida del padre. En la parábola, el hijo menor no sólo "cobraba" su herencia en un sentido económico; él rechazaba sus derechos de nacimiento, culturales y religiosos, cuando se movió desde su casa (Israel) a un país extranjero. Para utilizar otro dicho económico, el hijo menor "vendió el Judaísmo." [11-12]
 Cuando el joven gastó su herencia egoísta y tontamente, se dio cuenta que era realmente un extranjero, alguien sin un hogar. Para sobrevivir, estaba dispuesto a trabajar como un pastor porcino; siendo que los Judíos consideran que los cerdos son sucios, el joven se hizo sucio. Ahora estaba realmente solo, porque ningún Judío incluso viviendo en un país extranjero le ayudaría. Aún los paganos locales lo despreciaban ya que no lo alimentarían ni siquiera con comida para cerdos. [13-16]
 
Arrepintiéndose, el hijo decidió regresar a casa y aceptar cualquier castigo que le diesen. Pero, en lugar de un castigo, el hijo recibió una fiesta de su padre, con un lugar de honor. El padre se regocijó, para su hijo, muerto para la familia y la Comunidad, ahora estaba vivo. [17-24] Los primeros seguidores de Jesús podrían verse a sí mismos en la celebración; el ritual era el bautismo en sí mismo, el signo de arrepentimiento, el Renacimiento y la nueva vida con el Padre.
 El hijo mayor, celosamente, se opuso a la celebración del retorno de su hermano más joven [25-30]. El hijo mayor representaba a los Fariseos. Los Fariseos sostenían que Dios estaría satisfecho cuando la Ley fuera cumplida fielmente en el más mínimo detalle. No podían entender el punto de vista Cristiano; los pecadores que no se apegaban a la Ley podrían complacer a Dios por medio del arrepentimiento.
 Si los fariseos no podían entender el impacto del arrepentimiento, entonces no podían entender su conexión con la Resurrección. Dios había levantado a Jesús después de la muerte física; él levanta a los pecadores después de la muerte moral. Volver a Dios es ser "rescatado" por Dios, para dársele una segunda oportunidad. [31-32
(
http://icdcr.org/Homilias/Ciclo_C/Cuaresma/Evangelio_IVDTC_C.html
).

Estudio exegetico de LC. 15, 1-3. 11-32 para el Domingo IV de cuaresma del ciclo C (Lectionary.org).

RECURSOS PARA PREDICAR


Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 15:1-3, 11b-32

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 1-3: LOS FARISEOS Y LOS ESCRIBAS MURMURABAN

 

1Y se llegaban á él todos los publícanos y pecadores á oírle.  2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.  3Y él les propuso esta parábola, diciendo...

 

“Publícanos y pecadores” (v. 1). No se especifica los pecados de los pecadores. Podían ser crímenes o simples faltas a las reglas religiosas. Sin importar los pecados, los fariseos y los escribas guardaban su distancia de los pecadores. Ellos evitaban hacer negocios con los pecadores y mezclarse con ellos socialmente. Cuando Jesús los recibe y come con ellos parece que aprueba su conducta: la mesa de la fraternidad implicaba completa fraternidad. Es esta aceptación de los inaceptables que provoca las murmuraciones.

 

Pero Jesús va donde hay necesidad. Un doctor que rehúsa tocar a una persona enferma no servirá de mucho. Un poco antes Jesús dice: “Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.  No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento” (Lucas 5:31-32; y hay que tener en cuenta que Lucas es un médico).

 

En respuesta a las murmuraciones de los fariseos y escribas, Jesús relata tres parábolas, solamente la tercera de ellas se incluye en el pasaje bíblico de esta semana. Para cuando llegamos al final de esta tercera parábola, es fácil olvidar la murmuración que provocó el relato de estas parábolas. Esto es desafortunado, porque al mero final de ella, el hijo mayor refleja la misma actitud de murmuración de los fariseos y escribas del principio.

 

 

VERSÍCULOS 4-10: LA OVEJA PERDIDA Y LA MONEDA PERDIDA

 

Estas dos parábolas no están incluidas en el pasaje bíblico de hoy, pero aparecerán en lecturas posteriores durante este año. Es importante, sin embargo, recordar que Lucas registra las parábolas como un grupo de tres: (1) La oveja perdida, (2) la moneda perdida, (3) el hijo perdido. Las primeras dos parábolas se parecen mucho, y están unidas por la palabra “O” (v. 8). La tercera parábola es más compleja, pero lo que tiene en común con las otras dos es:

 

–– Algo importante se ha perdido

–– una persona que busca o espera,

–– el redescubrimiento de lo que se había perdido, y

–– la celebración.

 

 

VERSÍCULOS 11-32: LA TERCERA PARÁBOLA

 

La gente ama esta parábola porque el perdón del padre de su hijo menor nos reafirma que, no importa cómo hemos pecado, Dios anhelante nos da la bienvenida al hogar. De cierto eso es parte del mensaje, pero Jesús relató esta parábola en respuesta a la murmuración de los fariseos y los escribas. La historia del hijo mayor les habla a ellos, y a nosotros cuando sucumbimos a la auto-rectitud.

 

Pocas veces oímos la palabra pródigo usada fuera del contexto de esta parábola, y la gente frecuentemente de manera errada asume que significa “malo”. En cambio, pródigo significa generoso, abundante, o derrochador, y la prodigalidad no necesariamente es mala. Dios creó a las especies y recursos pródigamente (abundantemente), y era bueno (Gn. 1:31). Un filántropo puede dar dinero pródigamente (generosamente) para una buena causa. En esta parábola, pródigo toma un tono negativo porque el hijo más joven “desperdició su hacienda viviendo perdidamente” (v. 13), gastó su dinero pródigamente (derrochadoramente).

 

Algunas personas creen que hay dos parábolas aquí. La primera es sobre el hijo menor y la segunda sobre el hijo mayor. Sin embargo, el centro de la  parábola no son los hijos sino el padre, que tiene dos hijos; cada con sus fallas en su propia manera. El padre ama a los dos hijos, y busca restaurar a la familia que se ha roto por (1) la partida del hijo menor de la casa y (2) y el alejamiento del hijo mayor a pesar de estar viviendo en la misma casa. El amor del padre y sus esfuerzos para la reconciliación le dan unidad a la parábola.

 

 

VERSÍCULOS 11-12: PADRE, DAME LA PARTE DE LA HACIENDA QUE ME PERTENECE

 

11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece (griego = bion, que viene de bios): y les repartió la hacienda.

 

 

“Padre, dame la parte de la hacienda (griego = bion, que viene de bios = vida, subsistencia, posesiones) que me pertenece.”  “La palabra usada para ‘herencia’ (bios) también significa ‘vida’, ‘forma de vida’, ‘medios de supervivencia’. Los bienes son lo que sostiene la vida de la familia” (Nolland). Es todo lo que está entre la familia y la pobreza.

Deuteronomio 21:17 especifica que al primer hijo le sea dada una doble porción de la herencia. Así pues, la propiedad del padre debe dividirse entre el número de hijos más uno:

 

–– Si hay dos hijos, la propiedad se debe dividir en tres partes: dos de las cuales (67%) van al hijo mayor y un tercio (33%) va al hijo menor.

 

–– Si hay tres hijos, los bienes deben dividirse en cuatro partes: dos de las cuales (50%) van al hijo mayor y una (25%) a cada uno de los otros dos hijos.

 

–– Si hay diez hijos, la propiedad se debe dividir en once partes: dos de las cuales (18%) van al hijo mayor y una (9%) a cada uno de los otros hijos.

 

–– De alguna manera todos estos porcentajes se deben revisar si hay hijas en la familia, porque parte del dinero debía ponerse aparte para sus dotes (Stein, 405).

 

Obviamente, el porcentaje que hereda cualquier hijo disminuye por cada hermano o hermana adicional. Sin embargo, en todos los casos, el hijo mayor recibe dos veces más que cualquier otro hijo. En una cultura donde las familias grandes son comunes, la mayor parte de las herencias serían modestas. Sin embargo, en una familia con solamente dos hijos, la herencia del hijo mayor sería bastante grande, e incluso el hijo menor puede contar con heredar un tercio de los bienes de su padre.

 

La petición del hijo menor es imprudente e irrespetuosa: “algo casi igual a decirle a su padre ‘muérete’” (Van Harn, 407). Típicamente, los hijos reciben su herencia después de la muerte de su padre. Un padre podía decidir repartir parte de o toda su herencia antes de tal manera que se pueda jubilar. Pero en ese caso, la iniciativa debe ser del padre, no del hijo. En el caso de que un hijo reciba su herencia antes de la muerte del padre, se esperaba que se quedara en casa para proveer para sus padres en su ancianidad. Eso es parte de lo que significa “honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Ex. 20:12).

 

Recibir una herencia generalmente no implica el derecho de disponer de la herencia como uno quiera. Por ejemplo, vender tierra ancestral y convertirla en dinero en efectivo (Bailey, 164). Sin embargo, en esta parábola, el padre anda una segunda milla, dando al hijo el derecho de vender la propiedad, algo que el hijo hace solamente unos cuantos días después (v. 13) y rompiendo con su hogar tan pronto como fue posible. Tal conducta sería especialmente horrorosa en el Oriente Medio, porque uno deriva su identidad de las relaciones familiares y comunitarias.

 

Así pues, este hijo menor es culpable de:

 

–– Asumir una iniciativa que solamente le corresponde al padre,

–– tratar a su padre como si estuviera muerto,

–– ignorar la obligación que tenía para con sus padres en su ancianidad, y

–– romper las relaciones familiares cuando se va.

 

Tal conducta es vergonzosa. Un padre se sentiría avergonzado de haber criado tal hijo. Los vecinos despreciarían al hijo por no respetar a su padre y al padre por hacer lo que el hijo pidió. Ellos le darían gracias a Dios por no tener un hijo como ese.

 

“Y les repartió (el padre) la hacienda” (v. 12b).  La mayoría de los padres reprenderían al hijo menor, pero este padre divide su propiedad entre sus hijos. Esto significa que el hijo mayor recibe su porción más grande y el hijo menor su porción más pequeña. El hijo mayor debería declinar su herencia como una protesta en contra de la conducta del hijo menor y el consentimiento del padre a ello (Bailey, 168), pero no lo hace.

 

 

VERSÍCULOS 13-16: MAS NADIE SE LAS DABA

 

13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.  14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.  15Y fue y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.  16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.

 

 

“Y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente” (v. 13). No sabemos lo que había en el corazón del hijo menor cuando pidió la parte de su herencia. Tal vez intentaba disfrutar un poco de una vida disoluta, o tal vez soñaba en lograr grandes cosas por sí mismo. Cualquiera que fuera su intención original, cuando ya no estaba sujeto a la supervisión paterna, él gasta y vive salvajemente. Jesús deja el significado de perdidamente a nuestra imaginación. Después el hijo mayor acusará al menor de gastar sus bienes con prostitutas (v. 30), pero no sabemos si esto es verdad.  

 

El hijo menor está vivo y bien en la actualidad. Todos queremos más libertad. Queremos hacer lo que queremos hacer cuando queremos hacerlo. Nos irritamos con la responsabilidad y resentimos la supervisión. Nos imaginamos que podemos hacerla en grande si tuviéramos con qué sostenernos. Si solamente pudiéramos alejarnos del hogar, si pudiéramos tener un carro nuevo, si pudiéramos tener un mejor trabajo, si no tuviéramos la responsabilidad de una familia, si pudiéramos re-financiar los préstamos... si solamente pudiéramos.... La ironía es que las vidas de los nuevos ricos frecuentemente son muy parecidas a las del hijo menor. Las riquezas rápidas no ennoblecen una vida que es débil en su centro.

 

“Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar” (v. 14). Sería muy difícil exagerar la profundidad de la degradación de este joven. La Toráh dice, “Ni puerco: porque tiene uña hendida, mas no rumia, os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos” (Dt. 14:8). Los judíos evitan todo contacto con los cerdos, pero este joven está reducido a servir a los cerdos: poner la mesa, traer su comida, aguantar sus empujones y empellones, soportar sus olores, tolerar sus costumbres, envidiar su estado privilegiado, incluso envidiar su comida de cerdos.

 

“Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos” (v. 16ª). La perspectiva tradicional es que estas son algarrobas, que, aunque no agradables a la vista, pueden ser comidas por los humanos. Si este es el caso, tal vez el joven no puede obligarse a sí mismo a comerlas o el patrón le ha prohibido hacerlo. Bailey nota que una variedad diferente, la algarroba silvestre, es completamente inapropiada para el consumo humano, y cree que esta es la comida de los cerdos (Bailey, 172-173).

 

“Mas nadie se las daba” (v. 16b). ¡Nada! ¡Cero! ¡Ni siquiera una propina de veinticinco centavos!

 

 

VERSÍCULOS 17-19: ME LEVANTARÉ E IRÉ A MI PADRE

 

17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

 

 

Joachim Jeremías dice que “El arrepentimiento significa aprender a Decir ‘Abba’ otra vez, poniendo completamente en el Padre celestial, regresar a la casa del Padre y a los brazos del padre” (Culppeper, 302). Sin embargo, la repentina toma de conciencia de este joven está muy lejos de un arrepentimiento completo. Aunque incluso practica un discurso en que admite sus pecados, parece más calculador que arrepentido, parece un intento más en persuadir a su padre que en expiar sus pecados, está más preocupado por sus circunstancias tan difíciles más que por la injuria que le ha hecho a su familia. Este no era un joven atractivo al principio de la historia, y ahora no se ha hecho atractivo repentinamente. Él simplemente recuerda de qué lado su pan tiene mantequilla, y está buscando cerrar un mejor trato.

 

El padre tiene esclavos (doulos) (vv. 22, 26), pero el hijo, en su discurso practicado, planea pedir que lo reinstalen como un trabajador o trabajador por contrato (misthios) (v. 17, 19). Aunque podemos pensar en un esclavo como más bajo que un trabajador contratado, la teoría prevalente es que un esclavo está en una relación más cercana la familia que el trabajador contratado, es más parte de la familia, y frecuentemente trabaja bajo la supervisión directa de su amo. El trabajador contratado es empleado cuando se necesita, y se le puede dejar ir más fácilmente (Lindeberg, 32). Si esta teoría es verdadera, el hijo más joven está pidiendo regresar al círculo más externo de la constelación familiar.

 

Bailey propone una alternativa. Él cree que el hijo más joven, como un trabajador contratado, disfrutará de una posición similar a la de un artesano independiente. Una posición igual a la de su padre y hermano (Bailey, 176-177). Si esto es verdad, el hijo menor no solamente le está pidiendo a su padre que lo salve, sino que también le confiera un estado sólido. Esto, sin embargo, parece fuera de carácter para un joven que está desesperado para escapar de su miseria. Su practicado discurso (v. 19) debe persuadir a su padre para que lo acepte otra vez, y cualquier indicación de que es un ardid para ganar otra vez su estatus hará que su padre no lo reciba. Es difícil imaginar al hijo menor tomando tal riesgo, puesto que su padre representa su última esperanza. Esta alternativa también parece fuera de carácter con la despreciable actitud del hijo en los versículos 17-19.

 

 

VERSÍCULOS 20-24: VIÓLO SU PADRE, CORRIÓ, Y LO BESÓ

 

20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.  21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.  23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.  Y comenzaron á regocijarse.

 

 

“Y levantándose, vino á su padre” (v. 20a). Una hambruna se convierte en el instrumento de la salvación del hijo menor. Solamente estando en el fondo es capaz de considerar el regreso a su casa. Dios frecuentemente usa la adversidad para que regresemos a la cordura. En la mayoría de los casos, nosotros provocamos nuestra propia miseria, pero Dios siempre está listo para redimir nuestra miseria. Dios maneja el asunto de hacer de Resurrecciones de nuestros Viernes de crucifixión.

 

Debemos darle crédito a este jóven por dar el primer paso. Su padre es su última esperanza, así que debe estar demasiado temeroso de que su padre rechace su propuesta. ¿Qué haría si eso sucede? Sería reducido a hacer las rondas de vecinos poco simpatizantes, o tratar de encontrar empleo con otro granjero de cerdos. Imaginen la ansiedad del jóven mientras camina el largo y polvoroso camino a casa. Podemos imaginarlo practicando su pequeño discurso mientras camina, practicando hasta que se le seca la boca. Pero, a pesar de estar tan temeroso, sigue poniendo un pie en frente del otro, mostrando que su esperanza es más fuerte que su miedo.

 

“Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle” (v. 20b). No parece coincidencia que el padre lo ve desde lejos. Seguramente ha pasado largas y muchas horas viendo al camino, esperando ver a su hijo. Podemos imaginar su pulso acelerándose al primer vistazo, mucho antes de que pueda identificar a su hijo con certeza. Aprieta los ojos y, tal vez, pide a uno de sus esclavos de echar un vistazo. Cuando finalmente se atreve a creer que este es su hijo, su corazón se llena con compasión y sus ojos con lágrimas. Ya sin poder contenerse, hace a un lado toda dignidad y corre para abrazar a su hijo de quien ha temido que estuviera muerto. Es este momento, lleno de gracia, que hace esta una parábola tan amada.

 

Se consideraba indigno que un hombre corriera, pero al padre no le importa esa opinión popular. ¡Tiene un hijo a quien recibir! ¡Este es un momento de resurrección! Su acto tal vez también brota de un motivo secundario: dejar claro a su familia, siervos, esclavos y vecinos que este jóven es su hijo otra vez. El padre da el tono. La gente no puede rechazar al hijo sin también rechazar al padre.

 

El hijo debe verse miserable llegando por el camino: sudando, lleno de polvo, vestido en ropa sucia por el cochinero donde estuvo. ¡Y no hay manera de decir cuándo comió su último alimento!

 

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v. 21). Note que esto es solamente la primera parte del discurso que el hijo había practicado por el camino. Su padre lo detiene antes de que pueda pedir ser tratado como un trabajador contratado.

 

“Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.  Y comenzaron á regocijarse” (v. 22-24). El padre toma decisiones inmediatas para remediar la situación de su hijo. ¡Vistan a este jóven con ropa de hijo! ¡Vístanlo para una fiesta! ¡Denle algo de comer! Es mucho mejor de lo que el hijo esperaba y mucho mejor de lo que se merecía. Es un momento lleno de gracia, uno de esos momentos hermosos cuando todos ganan, el padre y el hijo. El hijo recibe algo mejor de lo que se merece, y el padre recibe, no un trabajador contratado, sino un hijo.

 

Las ropas, el anillo, y las sandalias hablan de dignidad en la misma manera en que un buen traje de seda lo hace hoy día. Estos detalles denotan pertenencia a la familia, significan que el padre está regresando a este jóven a la familia. Los siervos no usan trajes de seda – o túnicas, anillos o sandalias – sino que usan ropas que los señalan como siervos. La túnica, el anillo y las sandalias señalan a este jóven como un vástago de la familia: el hijo del padre.  Algunos estudiosos piensan que el anillo es un anillo-sello, simbolizando así la autoridad del padre, pero esto es estirar demasiado las cosas. “El hijo es honrado, pero no se le hace el plenipotenciario de su padre” (Nolland).

 

La carne no es parte usual de la dieta diaria, sino que se reserva para ocasiones especiales. Cuando la carne se requiere, una familia generalmente matará una oveja, porque el animal pequeño representa una inversión pequeña y puede ser consumida más fácilmente dentro del círculo de la familia. Reservan el becerro gordo para grandes celebraciones, porque su tamaño más grande requiere a los vecinos, y tal vez toda la villa, para que lo consuman y le hagan justicia. Al matar al becerro gordo, el padre no solamente celebra el regreso de su hijo, sino que también involucra a toda la comunidad. Así les envía el mensaje de que ha restaurado a este hijo a su posición y por lo tanto también a la membresía de la comunidad.

 

 

VERSÍCULOS 25-30: Y SU HIJO MAYOR ESTABA EN EL CAMPO

 

25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; 26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.  27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.  28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.  29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: 30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.

 

 

El hijo mayor estaba en el campo haciendo lo que los hijos mayores hacen: trabajar como esclavo (véase v. 29) – sirviendo fielmente – sacando la familia a flote. Parece que, en medio de la emoción, el padre falló para mandar a alguien a decirle al hijo mayor que el hijo menor había regresado. Tal vez sabía que el hijo mayor arruinaría la celebración, y no podía aguantar llamarlo a casa temprano.

 

La primera pista de la fiesta para el hijo mayor fue el sonido de la música y la danza. Debe haber sido un sentimiento de soledad venir de la quieta soledad de los campos al caer la tarde, cansado y sucio, y escuchar la música y las danzas. También los hijos mayores pueden disfrutar la música y la danza, pero necesitan tiempo para prepararse: tiempo para planchar sus pantalones, sacar brillo a sus zapatos y peinarse, necesitan tiempo para entrar en el ambiente. Para este hijo mayor, esta fiesta era más una emboscada que una celebración. Y luego el criado le da el tiro de gracia. El indigno hijo ha regresado, y la fiesta es en su honor. ¡Ni preguntar por qué el hijo mayor está enojado!

 

“Entonces se enojó, y no quería entrar” (v. 28a).  “La negación del hijo (mayor) para unirse a una fiesta en que el padre es el anfitrión deshonra al padre, igual que el hijo menor deshonró al padre al pedir su parte de la herencia prematuramente” (Tannehill, 243). No pasen por alto la ironía: “El hermano que estaba afuera ahora está adentro, mientras que el hermano que había estado adentro ahora está afuera. Una vez más se escuchan las palabras de Jesús: “Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos’” (Block, 260).

 

“Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase”(v. 28b). El padre está lleno de gracia por su desobediente hijo mayor de la misma manera en que lo estaba por su hijo menor. Él sale para reconciliar al hijo mayor de la misma manera en que salió para recibir al hijo menor. La diferencia es que el hijo menor estaba abierto al padre, pero la hija mayor ha endurecido su corazón.

 

Este es un momento tenso. El gozo del padre es hecho pedazos. Estaba celebrando tener a sus dos hijos bajo el mismo techo otra vez, pero ahora halla al hijo mayor afuera, sin querer entrar a la casa para participar de la celebración. El padre estaba celebrando el fin de la ruptura de su familia, pero ahora la encuentra rota en otro lugar.

 

“Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí...”(v. 29a). Una forma de dirigirse respetuosamente al padre comenzaría con la palabra “padre”, y no con “He aquí...” De esta manera el hijo mayor le ordena a su padre que escuche a la trilla que está por dar – y así toma el papel de un padre que reprende – asume una autoridad sobre su padre en lugar de acceder a la autoridad de su padre sobre él.

 

“He aquí, tantos años te sirvo...” (v. 29b). “Aquí descubrimos... que este hijo, también, se ha alienado de su padre, tal vez por un tiempo mucho mayor. Él ha “servido” a su padre por muchos años... Pero él... nunca se ha sentido recompensado” (Johnson, 242). Al igual que el hijo más jóven ha desdeñado su pertenencia a la familia queriendo convertirse en un trabajador, también el hijo mayor ha desdeñado su pertenencia al adoptar una actitud de esclavo.

 

“No habiendo traspasado jamás tu mandamiento...” (v. 29c), pero en ese momento simplemente  se rehúsa a aceptar el ruego del padre para que se una a la celebración (v. 28b). El hijo menor demuestra su alejamiento abandonando el hogar. Ahora el hijo mayor también demuestra que ha estado alejado, a pesar de vivir bajo el mismo techo que su padre y (en su mente) haciendo la voluntad del padre. Ha intentado ganarse el amor del padre, pero nunca se ha permitido creer que su padre lo ama; y, posiblemente, nunca ha amado al padre. Los hijos mayores, al llevar los marcadores y encontrar las faltas, encuentran difícil amar (y pueden ser difícil de amar).

 

“Y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos”(v. 29d). El hijo mayor admite que puede haber encontrado gusto teniendo una fiesta con sus amigos, pero no puede encontrar gusto en tener un hermano que ha regresado de entre los muertos. ¡Y esa es una admisión condenatoria!

 

La queja del hijo mayor tiene mucho en común con la queja de los labradores en la viña: “Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día” (Mt. 20:12). Quienes hemos laborado largas horas bajo un fuerte sol podemos apreciar la dificultad involucrada al ver a un entusiasta, recién bañado y muy bien vestido, llevarse los honores.

 

“El hijo mayor tiene razón: por supuesto, que el penitente regrese a casa,... pero no a pan y agua, no a un becerro gordo; a andrajos y no una nueva túnica; a ceniza, no a joyas; a arrodillarse, no a danzar; a lágrimas, no a felicidad” (Craddock, Preaching, 159). El hijo mayor puede usar otro trabajador: alguien que le aligere la carga, alguien que cargue las órdenes. Lo que NO necesita es una hemorragia de dinero ¡para honrar al derrochador de dinero hermano menor! ¡Lo que NO necesita es un ayudante que usa seda en lugar de ropa de trabajo, un anillo en lugar de guantes de trabajo, sandalias en lugar de botas! Hay que dejar al hijo menor que venga a casa a enfrentar la música: a pagar su deuda a la sociedad, a corregir las cosas. Después, mucho después, habrá tiempo para considerar el perdón. Hay que dejar que el hijo menor sude primero. Hay que darle tiempo para que se pruebe a sí mismo, para que se redima.

 

 

VERSÍCULOS 31-32: TU HERMANO HABÍASE PERDIDO Y ES HALLADO

 

31El entonces le dijo: Hijo (griego = teknon, mi pequeño), tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.  32Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

 

“Hijo tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”(v. 31). El hijo mayor no usó la palabra “padre” para dirigirse a su padre, pero su padre sí usa la palabra “hijo” para dirigirse a él. El padre pudo haber usado huios (hijo), pero en su lugar le dice teknon (mi pequeño), una palabra más tierna y aceptante.

 

El hijo mayor nunca reconoce al hijo menor como su hermano, sino que se refiere a él solamente como “éste tu hijo” (v. 30); pero el padre rehúsa dejar que eso interfiera, y se refiere a su hijo menor como “éste tu hermano” (v. 32).

 

El hijo mayor se rehúsa a entrar a la casa para unirse a la fiesta (v. 28), esta es una tremenda afrenta pública para el padre, porque debe asistir como anfitrión en una celebración. El padre, sin embargo, no lo reprende, en su lugar le ruega para que cambie su decisión (v. 28).

 

En este duro desaire por su hermano y su negación para entrar a la casa, el hermano mayor se coloca aparte, no solamente de su hermano menor, sino también de su padre. Sus acciones sugieren a la comunidad que se ha divorciado a sí mismo de la familia, un acto un poco tan impactante como el de su hermano menor.

 

“La pródiga generosidad mostrada al hijo que estaba perdido fuera del hogar ahora también se extiende al hijo que está perdido dentro del hogar” (Cousar, 227). El padre reafirma al hijo mayor que la presencia del hijo menor no afecta el afecto del padre por el hijo mayor ni la herencia del hijo mayor. Ambos están seguros, y siempre lo han estado. “El amor a los recolectores de impuestos y pecadores para nada niega el amor por los fariseos y escribas” (Craddock, Intepretation, 188). Fariseos y escribas necesitan escuchar que su herencia no se disminuye por el amor de Dios por los pecadores. También necesitan escuchar que no tienen derecho a poner fronteras que excluyan a otros de la presencia de Dios.

 

¿Pero qué puede decir el padre para reafirmar a un hijo que no será reafirmado? Donde el hijo menor era receptivo como una esponja, el hijo mayor era duro como la roca.

 

“Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado”(v. 32). ¿Cómo puede alguien no celebrar la resurrección de alguien amado? El problema, por supuesto, es que el hijo mayor no ama al hermano menor, y hay alguna duda de que ame al padre, e incluso alguna duda de que se ame a sí mismo. Jesús no nos dice el resultado del ruego del padre, pero “el incómodo sentimiento permanece de que tal vez todavía hay un hijo perdido” (Ringe, 209).

 

Jesús relata su parábola en respuesta a las murmuraciones de los fariseos y los escribas. El hijo mayor, obviamente, es un fariseo o un escriba. Él trata de hacer todo bien, y no puede tolerar a cualquiera que haga menos. “Es como aquellos que están tan preocupados con guardar las fronteras de la gracia de Dios que no notan que con el mero acto de pintar líneas se excluyen a sí mismos” (Nickle, 163).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en
http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Bailey, Kenneth E., Poet & Peasant and Through Peasant Eyes: A Literary-Cultural Approach to the Parables in Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1976)

 

Barclay, William, The Daily Study Bible, The Gospel of Luke (Edinburgh: Saint Andrew Press, 1953)

 

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series: Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

 

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville: Westminster John Knox Press, 1994)

 

Craddock, Fred B., Interpretation: Luke (Louisville: John Knox Press,(1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge: Trinity Press, 1994)

 

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter's Bible, Volume IX. (Nashville: Abingdon , 1995)

 

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Gilmour, S. MacLean & Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Volume 8. (Nashville: Abingdon , 1952)

 

Green, Joel B., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1997)

 

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina: The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

 

Nickle, Keith F., Preaching the Gospel of Luke (Louisville: Westminster John Knox, 2000)

 

Nolland, John, Word Biblical Commentary: Luke 9:21 -- 18:34, Vol. 35B (Dallas: Word Books, 1993)

 

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville: Westminster John Knox Press)

Stein, Robert H., The New American Commentary: Luke (Nashville: Broadman Press, 1992)

 

Tannehill, Robert C., Abingdon New Testament Commentaries: Luke (Nashville: Abingdon, 1996)

 

Van Harn, Roger, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday's Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001).

 

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

Copyright 2004, 2010, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT03-Lucas/Lucas.15.01-03,11b-32.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Tercer libro).

C Domingo Cuaresma 4º - Lc 15, 1-3. 11-32 El hijo pródigo
Este capítulo, central en Lucas, expone un comportamiento de Jesús que a continuación justifica con tres parábolas (en la liturgia dominical sólo se lee la tercera).
Los judíos más piadosos (escribas y fariseos) critican Jesús que coma con los judíos más perdidos (cobradores de impuestos -o publicanos- y pecadores), como ya hicieran en 5, 29. En esa sociedad, compartir la comida era una ceremonia muy importante, que identificaba socialmente (en el capítulo anterior 14, 7-14 el mismo Jesús da normas a sus discípulos sobre cómo proceder en ellas). Las invitaciones que hace Jesús son muy llamativas y escandalosas.
Lucas explica en tres parábolas que Dios se alegra de encontrar lo perdido, como el pastor a la oveja, la mujer a la moneda, y el padre a uno de sus dos hijos, siendo las dos últimas propias de él. Identifica a los publicanos y pecadores con los perdidos.
La novedad de la tercera es el papel del primogénito, que no participa de esa alegría, negándose a participar de la comida preparada por el padre. Más que a los escribas y fariseos (que propiamente nunca aceptaron a Jesús), Lucas se refiere a los cristianos que se consideran justos por sus acciones.
Ambos hijos esperaban que el menor recibiera su "merecido", por lo que a los dos les sorprende la inusual reacción del padre.
(
http://tercerlibro.blogspot.com.es/2010/03/c-domingo-cuaresma-4-lc-15-1-3-11-32-el.html
).

Meditacion para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Sannjuanbautista.org.ar).

Lc 15, 1-3,11-32  El hijo pródigo

¿Qué fue lo que tuvo que vivir el hijo que había malgastado la herencia que su padre le había dado? Lc 15:15

El hijo regresa arrepentido a la casa de su padre ¿Qué le dice a su padre? Lc 15:21

¿Cómo reacciona el padre ante el reclamo de su hijo mayor? Lc 15:31-32 

En esta parábola Dios nos revela su imagen como Padre que ama con igual medida al hijo obediente y al que no lo es. Esta historia nos muestra que quien
siempre le ha obedecido  se cree por ello merecedor de su amor por los meritos hechos, considerando así que la conducta de su hermano debe ser castigada.

Sin embargo Jesús nos muestra que el hijo menor obtiene el mismo amor que su hermano de parte de su padre, lo cual le  resulta escandaloso al mayor.

La enseñanza que esta historia nos deja es que no se debe exigir amor como pago de una buena acción, pues el mismo es dado por gracia, por esa misma gracia
divina. Nos invita a arrepentirnos y a buscar el perdón de nuestro Padre, que por ese gran amor que nos tiene nos acoge de inmediato y celebra el regreso
de quien <<estaba muerto y ha vuelto a la vida, de quien estaba perdido y ha sido encontrado>>

Nos invita a recapacitar sobre nuestro accionar cotidiano y lo importante que es reconocer la gran misericordia que nuestro Padre Celestial tiene por nosotros. 

Petición: Te suplicamos no permitas que nos dejemos seducir por las cosas que nos ofrece el mundo. 

Acción de gracias: Gracias por brindarnos tu infinita misericordia a pesar de no ser merecedores de ella por nuestras acciones.
(
http://sanjuanbautista.org.ar/?p=1925
).

Meditacion para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Regnum Christi).

San Lucas 15, 1-3. 11-32:
Parábola del hijo pródigo
Autor: Regnum Christi

Fuente: Regnum Christi       Para suscribirse 

 

 

Evangelio

 
  
 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: “Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’”.

Meditación

Generalmente al meditar en el pasaje del Evangelio de hoy reflexionamos sobre el hijo pródigo. Sin embargo, ¿qué podemos decir del hermano mayor? De algún modo podríamos compartir a primera vista sus razonamientos, pero si profundizamos en ellos descubriremos que el hijo mayor refleja una incapacidad para comprender el amor incondicional del Padre. Este hijo no alcanza a ver más allá de los límites de la justicia, le envuelve la envidia y el orgullo. Se enoja. Y aunque ha vivido cerca de su padre, en el fondo su corazón está alejado de él.

Algunos, al leer el pasaje evangélico se identificarán con el hijo pródigo, y otros con el hijo mayor, pero todos podemos recapacitar en la importancia de captar el sentido del pecado, de nunca mirar el sacramento de la penitencia con indiferencia, como pensando que “a mí no me sirve”, “yo no necesito de él”, “yo no acudo a él porque es muy difícil…” No olvidemos lo que nos dice el apóstol san Juan: "Si decimos: ‘No tenemos pecado’, nos engañamos" (1 Jn 1,8)

Sabemos que la conciencia del propio pecado permitió al hijo pródigo emprender el camino del retorno y experimentar así el gozo de la reconciliación con el Padre. De igual forma, si renovamos nuestro aprecio por el sacramento de la reconciliación podremos experimentar más vivamente la misericordia de Dios Padre.

Reflexión apostólica

Ver si hay algo en mí del “hijo mayor” de la parábola, cuando no perdono a los demás o los juzgo según mis criterios.

Propósito

Hacer un examen de conciencia todos los días durante esta semana.
(
http://homiletica.org/legionarios/legionariosdecristoD0139.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Eqipdisciples).

LA PARÁBOLA DEL PADRE QUE PERDONA A SU HIJO

Estudio 47           

 

Texto:  Lucas 15:1-3, 11-32

 

Temas:   Dios nos ama mucho y perdona a los que no merecen su perdón.

 

Introducción:  Los fariseos y maestros de la ley siempre criticaban a Jesús por estar con

                         gente de mala fama que se acercaban a Jesús.  Un día, Jesús les dijo unas

                         historias explicando que Dios quiere a todos los pecadores y hay gozo en

                         el cielo cuando uno viene a Dios.

 

La Parábola del Padre que Perdona a Su Hijo                                    Lucas 15:1-3, 11-32

 

Todos los que cobraban impuestos para Roma y otra gente de mala fama se acercaban a Jesús, para oírlo.  Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto, diciendo:  --Este recibe a los pecadores y come con ellos. -- Entonces Jesús les dijo esta parábola:

-- ”Un hombre tenía dos hijos, y el más joven le dijo a su padre:  ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca.’  Entonces el padre repartió los bienes entre ellos.  Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo malgastó llevando una vida desenfrenada.  Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre.  Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.  Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.  Al fin se puso a pensar:  ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre!  Regresaré a casa de mi padre, y le diré:  Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores.’  Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre. 

“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de el.  Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos.  El hijo le dijo:  ‘Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’  Pero el padre ordenó a sus criados:  ‘Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies.  Traigan el becerro más gordo y mátenlo.  ¡Vamos a celebrar esto con un banquete!  Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’  Comenzaron la fiesta.

”Entre tanto, el hijo mayor estaba en el campo.  Cuando regresó y llegó cerca de la casa, oyó la música y el baile.  Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó que pasaba.  El criado le dijo:  ‘Es que su hermano ha vuelto; y su padre ha mandado matar el becerro más gordo, porque lo recobró sano y salvo.’  Pero tanto se enojó el hermano mayor, que no quería entrar, así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciera.  Le dijo a su padre:  ‘Tu sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para tener una comida con mis amigos.  En cambio, ahora llega este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro más gordo.’

Él padre le contestó:  ‘Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo.  Pero había que celebrar esto con un banquete y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’

Sí, así es.  Esta es la historia que encontramos en la palabra de Dios.  Ahora, vamos a repasar la historia haciendo algunas preguntas.

 

Preguntas:

 

1.  ¿A quién estaba contando Jesús esta parábola?  -- A los hombres religiosos – los

     fariseos y maestros de la leyes.

2.  ¿Por qué les contaba esta historia?  --  Porque ellos lo criticaban por estar con gente de

     mala fama.

3.  Ahora, mirando a la parábola, ¿qué quería el hijo menor?  -- Quería su herencia. 

4.  ¿Qué hizo el con su herencia?  -- Lo vendió y se fue a otro pais llevando una vida

     desenfrenada.

5.  ¿El puso valor en su herencia?  -- No.

6.  ¿Hasta que punto llegó el hijo menor?  -- Trabajó cuidando cerdos.  Sin embargo, los

     chanchos comieron mejor que él.

7.  ¿Qué decidió hacer?  -- Decidió volver a la casa de su padre.

8.  ¿Qué le iba a decir a su padre?  -- Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no

     merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores.

9.  ¿Cuándo su padre lo vio de lejos, que hizo?  -- Corrió y lo recibió con abrazos y

     besos.

10.  ¿El hijo tenía el coraje para decir a su padre las palabras que él había planeado decir? 

       --  Sí.

11.  ¿El padre lo echó a su hijo?  --  No.  ¿El padre lo puso a trabajar?  --- No 

       ¿Qué hizo el padre?  -- Lo vistió con la mejor ropa, puso un anillo en su dedo y

       sandalias en sus pies.  Mató el mejor becerro para una fiesta grande de celebración.

12.  ¿Este joven mereció la fiesta por lo que había hecho?  -- No.

13.  ¿Por qué su padre hizo así?  --  Por amor de su hijo.

14.  Siempre las parábolas tenía significado.  ¿A quién representa el padre en esta

       historia? --  Dios.      

15.  ¿A quién representa el hijo?  -- Los pecadores; esta gente de mala fama; nosotros.

16.    Ahora, hablemos del otro hijo.  ¿Cómo reaccionó al ver la fiesta por su hermano? 

¿Se alegró con su padre?  -- No, el tenía celos.

17.  ¿Cómo era ese hijo?  -- Un hombre bueno, fiel, no desobeció al padre nunca.

18.  En la historia, ¿a quién representaba el hijo mayor?  -- Los fariseos o la gente

       religiosa, o sea los que siempre son fieles a Dios.

19. ¿El también recibe herencia?  -- Sí

20.  Pensando en esta historia, ¿tu eres como el hijo mayor, en buena relación con el

       Padre, o eres como el hijo menor?  Si eres como el hijo menor, ¿sigues en el otro país

       con una vida desenfrenada, o ya estás queriendo la comida de los chanchos pensando

       en volver al Padre, o ya has vuelto al padre?

21.  ¿Qué quiere Dios?  -- El quiere que todos vuelven a El.

22.  ¿Cuándo un pecador vuelve, qué hace Dios?  -- El perdona al pecador de sus

       pecados. 

23.  ¿Qué nos enseña esta historia sobre Dios?  --  Dios ama a todos; cuando nosotros

       volvamos a El, El nos reciba con gozo.  Hay fiesta en el cielo.

24.  ¿Ahora, quién puede relatar esta historia? 

 

Esta historia se encuentra en el libro de Lucas capitulo 15.
(
http://equipdisciples.org/storying/Spanish/doc/47%20La%20Par%C3%A1bola%20del%20Padre%20que%20Perdona%20a%20Su%20Hijo.htm
).

Meditacion para la Misa del Domingo IV de Cuaresma del ciclo C (Gabi Martinez).

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Domingo semana 4ª de CUARESMA: Lucas 15,1-3. 11-32
Publicado 13/03/2010


En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: – «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: – «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»
 
Palabra del Señor.
 
 
 
COMENTARIO
 
Bien amigos, aquí estamos entre cuaresma y fallas, ya sabéis. Esto mismo me sirve, hoy salen de vacaciones muchos colegas, regresan después de fiestas, ¡¡¡¡ pero hombre !!!! ¿con la crisis?, regresarán, llorarán un poco diciendo, es que esto no puede ser, es imposible llegar a fin de mes y cubrir los gastos, etc, etc y otros les dirán, no te mereces salir de la crisis, tu comportamiento ha sido merecedor del castigo y la condena ….
 
La Palabra de hoy, ya se sale, es decir, que aunque hagamos la mayor de las burradas, nos descapitalicemos por completo en una mala gestión, en el uso del mayor grado de negligencia, aún en esa circunstancia, “el Padre nos tiene las puertas abiertas”, solo si de corazón regresamos con dolor de los pecados, no pidiendo que se nos perdone, si no estando dispuestos a que se nos haga cumplir la condena, nuestros actos serán olvidados y nuestros proyectos de futuro cuya consecución hemos arriesgado, serán alcanzables.
 
Bien, hoy ¿que más podemos decir?, sería suficiente para entrar en el descanso, con la confianza de que si iniciamos un nuevo proyecto y no resulta, fijaros … aún en el caso de que lo hayamos iniciado sin suficiente información y de forma imprudente, la cosa podría tener solución, imaginaros si lo hacemos con todo el apoyo de nuestro equipo, de nuestros técnicos … ¿qué miedo podemos tener?
 
¿Alguien está ahí? Tenemos algún proyecto para iniciar, todo indica que no es el momento, pero los números te dan, tu plan es viable, solo falta perder el miedo, este hijo, el menor, dice, ya está bien, me lanzo, cambio de vida, mis proyectos, quedándome aquí en casa no los puedo alcanzar,  pide su parte de herencia y emigra, y posiblemente contra sus deseos, se arruinó al poco tiempo, no supo aprovechar esa oportunidad.
 
Palabra de ánimo, de confianza en la misericordia del Padre, Dios está siempre esperando al hijo perdido, y también de atención, en lo más profundo de tu corazón, ¿realmente deseas realizar esa idea de negocio consciente de poder conseguir un buen resultado, de traer beneficios para el bien tuyo y de los tuyos? Adelante, ¡¡a toda costa!!, en otro caso, ni te muevas, ¿buscas solo tu propio beneficio, el dinero fácil, el bienestar por las riquezas?, te arruinarás.
 
Bien, al parecer el mundo desde la visión económica, está mostrando un escenario poco acogedor, ya estamos muy bajos en la recesión, el mercado en todos los sectores, está agresivo como nunca, no hay escrúpulos en las relaciones comerciales, me río de la fidelidad de  los clientes, no existe, si tienes una buena cartera, cuídala, porque de lo contrario vendrá otro mejor postor, y recibirás la comunicación de rescisión del contrato comercial, y si tienes un buen equipo humano que confía en ti, que te apoya y te entrega sus consejos, ha entendido la situación, con ello puedes lanzarte a por todo y nosotros, empresarios cristianos, a quienes de modo especial, según hemos avanzado en la Fe, se nos ha descubierto el gran misterio de la salvación, del perdón, los beneficios de la misericordia, tenemos un activo NO CORRIENTE que supera a todos los pasivos alejando nuestros negocios de la suspensión de pagos o quiebra, este valor en nuestro patrimonio, se nos ha concedido gratuitamente, ha sido un don, a cada uno le habrá llegado en un momento concreto de su vida y ahora, en este tiempo difícil es cuando más podemos ponerlo en funcionamiento y obtener la rentabilidad moral y material, que necesitamos.
 
Ah!! Y si alguno se escandaliza de la actitud del padre y deja que a tu imprudente vecino, colega de profesión, competidor, que en tiempo de crisis se ha tirado la manta al cuello, ha hecho uso de todas las técnicas menos éticas conocidas, y después de haber bajado a lo más profundo de la miseria, ahora ves que está saliendo airosamente, si te está escandalizando, hermano mayor, ya sabes “Hijo, tú estás siempre conmigo, todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque ese estaba muerto, perdido y lo hemos encontrado”.
 
Rezad por mi,
 
Gabi Martinez
 g.martinez@martinez-abad.es
(
http://gabimartinez.wordpress.com/2010/03/13/domingo-semana-4%C2%AA-de-cuaresma-lucas-151-3-11-32/
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Pascua de los ciclo A, B y C (Cebipal).

Domingo de la Resurrección del Señor 

En el glorioso día de la Resurrección:

Los gestos contagiosos de un amor gozoso y perenne

Juan 20, 1-9

“Vio y creyó” 

Saludemos con júbilo este nuevo día

En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”. 

Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria
que sea capaz asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas que la muerte no es la última palabra en nuestra
existencia. 

A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús. Efectivamente, somos
cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es manantial
de vida nueva y primicia de nuestra participación en la naturaleza divina, de nuestro fundirnos como una pequeña gota de agua en el inmenso mar del corazón
de Dios. 

Y nos levantamos con una nueva mirada sobre el mundo porque la resurrección de Jesús tiene un significado y una fuerza que vale para toda la humanidad,
para el cosmos entero y, de manera particular, para los dolorosos acontecimientos que afligen a la humanidad.  

La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida.

Por eso en este Tiempo de Pascua que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella
contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva. 

Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala hondo: se entreteje con nuestras dudas, con nuestro ensimismamiento en la tristeza, delatando
nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas. Cristo
resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación
y la consolación. 

San Gregorio Nacianceno, predicando en un día como hoy decía: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra manera de vivir, un cambio en nuestra misma
naturaleza”. ¡Esa es hoy nuestra seguridad! 

Buscadores de los signos del Resucitado

La experiencia pascual desata una dinámica de vida hecha de búsquedas y encuentros, de conversión y de fe, que se delinea con gran riqueza en los relatos
pascuales de los evangelios. 

En Juan 20,1-10, leemos hoy el pasaje que describe el sensacional descubrimiento de la tumba vacía por parte de María Magdalena y de los dos más autorizados
discípulos de Jesús, desatándose así una serie de reacciones. El relato contiene elementos muy valiosos que nos ayudan a dinamizar nuestro propio camino
pascual. 

Esta vez vamos a hacer anotaciones breves sobre las frases más importantes del relato, como una invitación para saborear el texto entero. 

(1) María Magdalena descubre que la tumba está vacía (20,1-2) 

Notemos los movimientos de María Magdalena:

·       María madruga: “Va de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro” (20,1). 

Esta acción es signo evidente de que su corazón latía fuertemente por Jesús. El amor no da espera. Pero también es cierto que la hora de la mañana y los
nuevos acontecimientos tienen correspondencia: de madrugada muchos detalles anuncian un gran y radical cambio, la noche se aleja, el horizonte se aclara
y bajo la luz todas las cosas van dando poco a poco su forma.  Así sucederá con la fe en el Resucitado: habrá signos que anuncian algo grande, pero sólo
en el encuentro personal y comunitario con el Resucitado todo será claro, el nuevo sol se habrá levantado e irradiará la gloria de su vida inmortal. 

·       María “corre” enseguida y va a informarle a los discípulos más autorizados, apenas se percata que el sepulcro del Maestro está vacío (20,2a).

Esta carrera insinúa el amor de María por el Señor. Lo seguirá demostrando en su llanto junto a la tumba vacía (20,11ss). Así María se presenta ante Pedro
y el Discípulo Amado como símbolo y modelo del auténtico discípulo del Señor Jesús, que debe ser siempre movido por un amor vivo por el Hijo de Dios. 

·       María confiesa a Jesús como “Señor”: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto” (20,2b).

A pesar de no haberlo descubierto vivo, para ella Jesús es el “Señor” (Ky´rios), el Dios de la gloria y por lo tanto inmortal (lo seguirá diciendo: 20,13.10).
Ella está animada por una fe vivísima en el Señor Jesús y personifica así a todos los discípulos de Cristo, que reconocen en el Crucificado al Hijo de
Dios y viven para Él. 

He aquí un ejemplo para emular en las diversas circunstancias y expresiones de la existencia, sobre todo en los momentos de dificultad y aún en las tragedias
de la vida. Para la fe y el corazón de esta mujer la muerte en Cruz de Jesús y su sepultura, con todo su amor por el Señor se ha revelado “más fuerte que
la muerte” (Cantar 8,6). 

(2) Los dos discípulos corren a la tumba (20,3-10) 

A diferencia del relato que leíamos ayer en Lucas, según Juan los dos seguidores más cercanos a Jesús se impresionan con la noticia e inmediatamente se
ponen en movimiento, ellos no permanecen indiferentes ni inertes sino que toman en serio un anuncio (que tiene sujeto comunitario: “no sabemos”, v.2). 

Notemos cómo las acciones de los dos discípulos se entrecruzan entre sí y superan cada vez más las primeras observaciones de María Magdalena. 

·       “Se encaminaron al sepulcro” (20,3)

La mención de los dos discípulos no es causal, ambos gozan de amplio prestigio en la comunidad y la representan. Se distingue en primer lugar a Pedro,
a quien Jesús llamó “Kefas” (Roca; 1,42), quien confiesa la fe en nombre de todos (Jn 6,68-69), dialoga con Jesús en la cena (13,6-10.36-38) y al final
del evangelio recibe el encargo de pastorear a sus hermanos (Jn 21,15-17).  Por su parte el Discípulo Amado es el modelo del “amado” por el Señor, pero
también del que “ama” al Señor (13,23; 19,26; 21,7.20). 

·       “El otro discípulo llegó primero al sepulcro” (20,4)

El Discípulo Amado corre más rápido que Pedro (v.4). Esto parece aludir a su juventud, pero también a un amor mayor. ¿No es verdad que correr es propio
de quien ama? 

·       “Se inclinó, vio las vendas en el suelo, pero no entró” (20,5)

El discípulo amado llega primero a la tumba, pero no entra, respeta el rol de Pedro. Se limita a inclinarse y ver las vendas tiradas en la tierra. Él ve
un poco más que María, quien sólo vio la piedra quitada del sepulcro. 

·       “Simón Pedro entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar
aparte” (20,6-7).

Al principio Pedro ve lo mismo que vio el Discipulado Amado, pero luego ve un poco más: ve que también el sudario que estaba sobre la cabeza de Jesús,
estaba doblado aparte en un solo lugar (v.7). 

Este detalle quiere indicar que el cadáver del Maestro no ha sido robado, ya que lo más probable es que los ladrones no se hubieran tomado tanto trabajo.
Por lo tanto Jesús se ha liberado a sí mismo de los lienzos y del sudario que lo envolvían, a diferencia de Lázaro, que debió ser desenvuelto por otros
(ver 11,44). Las ataduras de la muerte han sido rotas por Jesús. 

La tumba y las vendas vacías no son una prueba, son simplemente un signo de que Jesús ha vencido la muerte. Sin embargo Pedro no comprende el signo.

 ·       “Entonces entró también el otro discípulo... vio y creyó” (20,8) “...que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos” (20,9)

El Discípulo Amado ahora entra en la tumba, ve todo lo que vio Pedro y da el nuevo paso que éste no dio: cree en la resurrección de Jesús. 

La constatación de simples detalles despierta la fe del Discípulo Amado en la resurrección de Jesús, para él el orden que reinaba dentro de la tumba fue
suficiente. No necesitó más para creer, como sí necesitó Tomás. A él se le aplica el dicho de Jesús: “dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). 

Pero ¡atención! El Discípulo Amado “vio” y “creyó” en la Escritura que anunciaba la resurrección de Jesús (v.9). Esto ya se había anunciado en Juan 2,22. 
Aquí el evangelista no cita ningún pasaje particular del Antiguo Testamento, tampoco ningún anuncio por parte de Jesús. Pero queda claro que la ignorancia
de la Escritura por parte de los discípulos implica una cierta dosis de incredulidad (ver también 1,26; 7,28; 8,14). 

La asociación entre el “ver” y el “creer” (v.8) formará en adelante uno de los temas centrales del resto del capítulo, donde se describen las apariciones
del resucitado a los discípulos, para terminar diciendo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). Nosotros
los lectores, hacemos el camino del Discípulo Amado mediante a partir de los “signos” testimoniados por él en el Evangelio (20,30-31). 

(3) En la pascua, Jesús se convierte en el centro de la vida y de todos los intereses del discípulo.

En la mañana del Domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo Amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto
sobre la Cruz por amor pero resultado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor
que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando
un camino de fe pascual. 

La búsqueda amorosa del Señor se convierte luego en impulso misionero. Como lo muestra el relato, se trata de una experiencia contagiosa la que los envuelve
a todos, uno tras otro. 

Es así como este pasaje nos enseña que el evento histórico de la resurrección de Jesús no se conoce solamente con áridas especulaciones sino con gestos
contagiosos de amor gozoso y apasionado. El acto de fe brota de uno que se siente amado y que ama, como dice San Agustín: “Puede conocer perfectamente
solamente aquél que se siente perfectamente amado”.

¡Así todos nosotros, discípulos de Jesús, debiéramos amar intensamente a Jesús y buscar los signos de su presencia resucitada en esta nueva Pascua! 

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón: 

1. ¿Qué proceso de fe pascual se va delineando en las sucesivas intervenciones de María, Pedro y el Discípulo Amado en el texto de hoy?

2. ¿Por qué el Discípulo Amado espera a Pedro? ¿Qué me dice este comportamiento para la vivencia eclesial de la Pascua?

3. ¿Qué primeros frutos puedo recoger hoy del camino preparatorio de la Cuaresma, de esta Semana Santa y del Triduo Pascual que hoy culmina?

4. ¿De que manera me invita a vivir el Evangelio la alegría Pascual y cómo voy a “cultivar” la vida nueva en la cincuentena celebrativa que hoy comienza?

5. ¿Con qué signos externos concretos voy a celebrar la Resurrección de Jesús en mi casa y en mi comunidad? 

“Día de la Resurrección.

Resplandezcamos de gozo en esta fiesta.

Abracémonos, hermanos, mutuamente.

Llamemos hermanos nuestros incluso a los que nos odian.

Perdonemos todo por la Resurrección

y cantemos así nuestra alegría:

Cristo ha resucitado de entre los muertos

con su muerte ha vencido la muerte

y a los que estaban en los sepulcros

les ha dado la vida”

(Del Tropario).
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_dgo.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Pascua de los ciclos A, B y C (Cebipal).

Domingo de la Resurrección del Señor 

En el glorioso día de la Resurrección:

Los gestos contagiosos de un amor gozoso y perenne

Juan 20, 1-9

“Vio y creyó” 

Saludemos con júbilo este nuevo día

En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”. 

Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria
que sea capaz asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas que la muerte no es la última palabra en nuestra
existencia. 

A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús. Efectivamente, somos
cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es manantial
de vida nueva y primicia de nuestra participación en la naturaleza divina, de nuestro fundirnos como una pequeña gota de agua en el inmenso mar del corazón
de Dios. 

Y nos levantamos con una nueva mirada sobre el mundo porque la resurrección de Jesús tiene un significado y una fuerza que vale para toda la humanidad,
para el cosmos entero y, de manera particular, para los dolorosos acontecimientos que afligen a la humanidad.  

La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida.

Por eso en este Tiempo de Pascua que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella
contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva. 

Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala hondo: se entreteje con nuestras dudas, con nuestro ensimismamiento en la tristeza, delatando
nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas. Cristo
resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación
y la consolación. 

San Gregorio Nacianceno, predicando en un día como hoy decía: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra manera de vivir, un cambio en nuestra misma
naturaleza”. ¡Esa es hoy nuestra seguridad! 

Buscadores de los signos del Resucitado

La experiencia pascual desata una dinámica de vida hecha de búsquedas y encuentros, de conversión y de fe, que se delinea con gran riqueza en los relatos
pascuales de los evangelios. 

En Juan 20,1-10, leemos hoy el pasaje que describe el sensacional descubrimiento de la tumba vacía por parte de María Magdalena y de los dos más autorizados
discípulos de Jesús, desatándose así una serie de reacciones. El relato contiene elementos muy valiosos que nos ayudan a dinamizar nuestro propio camino
pascual. 

Esta vez vamos a hacer anotaciones breves sobre las frases más importantes del relato, como una invitación para saborear el texto entero. 

(1) María Magdalena descubre que la tumba está vacía (20,1-2) 

Notemos los movimientos de María Magdalena:

·       María madruga: “Va de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro” (20,1). 

Esta acción es signo evidente de que su corazón latía fuertemente por Jesús. El amor no da espera. Pero también es cierto que la hora de la mañana y los
nuevos acontecimientos tienen correspondencia: de madrugada muchos detalles anuncian un gran y radical cambio, la noche se aleja, el horizonte se aclara
y bajo la luz todas las cosas van dando poco a poco su forma.  Así sucederá con la fe en el Resucitado: habrá signos que anuncian algo grande, pero sólo
en el encuentro personal y comunitario con el Resucitado todo será claro, el nuevo sol se habrá levantado e irradiará la gloria de su vida inmortal. 

·       María “corre” enseguida y va a informarle a los discípulos más autorizados, apenas se percata que el sepulcro del Maestro está vacío (20,2a).

Esta carrera insinúa el amor de María por el Señor. Lo seguirá demostrando en su llanto junto a la tumba vacía (20,11ss). Así María se presenta ante Pedro
y el Discípulo Amado como símbolo y modelo del auténtico discípulo del Señor Jesús, que debe ser siempre movido por un amor vivo por el Hijo de Dios. 

·       María confiesa a Jesús como “Señor”: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto” (20,2b).

A pesar de no haberlo descubierto vivo, para ella Jesús es el “Señor” (Ky´rios), el Dios de la gloria y por lo tanto inmortal (lo seguirá diciendo: 20,13.10).
Ella está animada por una fe vivísima en el Señor Jesús y personifica así a todos los discípulos de Cristo, que reconocen en el Crucificado al Hijo de
Dios y viven para Él. 

He aquí un ejemplo para emular en las diversas circunstancias y expresiones de la existencia, sobre todo en los momentos de dificultad y aún en las tragedias
de la vida. Para la fe y el corazón de esta mujer la muerte en Cruz de Jesús y su sepultura, con todo su amor por el Señor se ha revelado “más fuerte que
la muerte” (Cantar 8,6). 

(2) Los dos discípulos corren a la tumba (20,3-10) 

A diferencia del relato que leíamos ayer en Lucas, según Juan los dos seguidores más cercanos a Jesús se impresionan con la noticia e inmediatamente se
ponen en movimiento, ellos no permanecen indiferentes ni inertes sino que toman en serio un anuncio (que tiene sujeto comunitario: “no sabemos”, v.2). 

Notemos cómo las acciones de los dos discípulos se entrecruzan entre sí y superan cada vez más las primeras observaciones de María Magdalena. 

·       “Se encaminaron al sepulcro” (20,3)

La mención de los dos discípulos no es causal, ambos gozan de amplio prestigio en la comunidad y la representan. Se distingue en primer lugar a Pedro,
a quien Jesús llamó “Kefas” (Roca; 1,42), quien confiesa la fe en nombre de todos (Jn 6,68-69), dialoga con Jesús en la cena (13,6-10.36-38) y al final
del evangelio recibe el encargo de pastorear a sus hermanos (Jn 21,15-17).  Por su parte el Discípulo Amado es el modelo del “amado” por el Señor, pero
también del que “ama” al Señor (13,23; 19,26; 21,7.20). 

·       “El otro discípulo llegó primero al sepulcro” (20,4)

El Discípulo Amado corre más rápido que Pedro (v.4). Esto parece aludir a su juventud, pero también a un amor mayor. ¿No es verdad que correr es propio
de quien ama? 

·       “Se inclinó, vio las vendas en el suelo, pero no entró” (20,5)

El discípulo amado llega primero a la tumba, pero no entra, respeta el rol de Pedro. Se limita a inclinarse y ver las vendas tiradas en la tierra. Él ve
un poco más que María, quien sólo vio la piedra quitada del sepulcro. 

·       “Simón Pedro entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar
aparte” (20,6-7).

Al principio Pedro ve lo mismo que vio el Discipulado Amado, pero luego ve un poco más: ve que también el sudario que estaba sobre la cabeza de Jesús,
estaba doblado aparte en un solo lugar (v.7). 

Este detalle quiere indicar que el cadáver del Maestro no ha sido robado, ya que lo más probable es que los ladrones no se hubieran tomado tanto trabajo.
Por lo tanto Jesús se ha liberado a sí mismo de los lienzos y del sudario que lo envolvían, a diferencia de Lázaro, que debió ser desenvuelto por otros
(ver 11,44). Las ataduras de la muerte han sido rotas por Jesús. 

La tumba y las vendas vacías no son una prueba, son simplemente un signo de que Jesús ha vencido la muerte. Sin embargo Pedro no comprende el signo.

 ·       “Entonces entró también el otro discípulo... vio y creyó” (20,8) “...que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos” (20,9)

El Discípulo Amado ahora entra en la tumba, ve todo lo que vio Pedro y da el nuevo paso que éste no dio: cree en la resurrección de Jesús. 

La constatación de simples detalles despierta la fe del Discípulo Amado en la resurrección de Jesús, para él el orden que reinaba dentro de la tumba fue
suficiente. No necesitó más para creer, como sí necesitó Tomás. A él se le aplica el dicho de Jesús: “dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). 

Pero ¡atención! El Discípulo Amado “vio” y “creyó” en la Escritura que anunciaba la resurrección de Jesús (v.9). Esto ya se había anunciado en Juan 2,22. 
Aquí el evangelista no cita ningún pasaje particular del Antiguo Testamento, tampoco ningún anuncio por parte de Jesús. Pero queda claro que la ignorancia
de la Escritura por parte de los discípulos implica una cierta dosis de incredulidad (ver también 1,26; 7,28; 8,14). 

La asociación entre el “ver” y el “creer” (v.8) formará en adelante uno de los temas centrales del resto del capítulo, donde se describen las apariciones
del resucitado a los discípulos, para terminar diciendo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). Nosotros
los lectores, hacemos el camino del Discípulo Amado mediante a partir de los “signos” testimoniados por él en el Evangelio (20,30-31). 

(3) En la pascua, Jesús se convierte en el centro de la vida y de todos los intereses del discípulo.

En la mañana del Domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo Amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto
sobre la Cruz por amor pero resultado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor
que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando
un camino de fe pascual. 

La búsqueda amorosa del Señor se convierte luego en impulso misionero. Como lo muestra el relato, se trata de una experiencia contagiosa la que los envuelve
a todos, uno tras otro. 

Es así como este pasaje nos enseña que el evento histórico de la resurrección de Jesús no se conoce solamente con áridas especulaciones sino con gestos
contagiosos de amor gozoso y apasionado. El acto de fe brota de uno que se siente amado y que ama, como dice San Agustín: “Puede conocer perfectamente
solamente aquél que se siente perfectamente amado”.

¡Así todos nosotros, discípulos de Jesús, debiéramos amar intensamente a Jesús y buscar los signos de su presencia resucitada en esta nueva Pascua! 

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón: 

1. ¿Qué proceso de fe pascual se va delineando en las sucesivas intervenciones de María, Pedro y el Discípulo Amado en el texto de hoy?

2. ¿Por qué el Discípulo Amado espera a Pedro? ¿Qué me dice este comportamiento para la vivencia eclesial de la Pascua?

3. ¿Qué primeros frutos puedo recoger hoy del camino preparatorio de la Cuaresma, de esta Semana Santa y del Triduo Pascual que hoy culmina?

4. ¿De que manera me invita a vivir el Evangelio la alegría Pascual y cómo voy a “cultivar” la vida nueva en la cincuentena celebrativa que hoy comienza?

5. ¿Con qué signos externos concretos voy a celebrar la Resurrección de Jesús en mi casa y en mi comunidad? 

“Día de la Resurrección.

Resplandezcamos de gozo en esta fiesta.

Abracémonos, hermanos, mutuamente.

Llamemos hermanos nuestros incluso a los que nos odian.

Perdonemos todo por la Resurrección

y cantemos así nuestra alegría:

Cristo ha resucitado de entre los muertos

con su muerte ha vencido la muerte

y a los que estaban en los sepulcros

les ha dado la vida”

(Del Tropario).
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_dgo.html
).

ejercicio de lectio divina para el Domingo I de Pascua de los ciclos A, B y C (Cebipal).

Domingo de la Resurrección del Señor 

En el glorioso día de la Resurrección:

Los gestos contagiosos de un amor gozoso y perenne

Juan 20, 1-9

“Vio y creyó” 

Saludemos con júbilo este nuevo día

En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”. 

Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria
que sea capaz asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas que la muerte no es la última palabra en nuestra
existencia. 

A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús. Efectivamente, somos
cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es manantial
de vida nueva y primicia de nuestra participación en la naturaleza divina, de nuestro fundirnos como una pequeña gota de agua en el inmenso mar del corazón
de Dios. 

Y nos levantamos con una nueva mirada sobre el mundo porque la resurrección de Jesús tiene un significado y una fuerza que vale para toda la humanidad,
para el cosmos entero y, de manera particular, para los dolorosos acontecimientos que afligen a la humanidad.  

La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida.

Por eso en este Tiempo de Pascua que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella
contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva. 

Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala hondo: se entreteje con nuestras dudas, con nuestro ensimismamiento en la tristeza, delatando
nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas. Cristo
resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación
y la consolación. 

San Gregorio Nacianceno, predicando en un día como hoy decía: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra manera de vivir, un cambio en nuestra misma
naturaleza”. ¡Esa es hoy nuestra seguridad! 

Buscadores de los signos del Resucitado

La experiencia pascual desata una dinámica de vida hecha de búsquedas y encuentros, de conversión y de fe, que se delinea con gran riqueza en los relatos
pascuales de los evangelios. 

En Juan 20,1-10, leemos hoy el pasaje que describe el sensacional descubrimiento de la tumba vacía por parte de María Magdalena y de los dos más autorizados
discípulos de Jesús, desatándose así una serie de reacciones. El relato contiene elementos muy valiosos que nos ayudan a dinamizar nuestro propio camino
pascual. 

Esta vez vamos a hacer anotaciones breves sobre las frases más importantes del relato, como una invitación para saborear el texto entero. 

(1) María Magdalena descubre que la tumba está vacía (20,1-2) 

Notemos los movimientos de María Magdalena:

·       María madruga: “Va de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro” (20,1). 

Esta acción es signo evidente de que su corazón latía fuertemente por Jesús. El amor no da espera. Pero también es cierto que la hora de la mañana y los
nuevos acontecimientos tienen correspondencia: de madrugada muchos detalles anuncian un gran y radical cambio, la noche se aleja, el horizonte se aclara
y bajo la luz todas las cosas van dando poco a poco su forma.  Así sucederá con la fe en el Resucitado: habrá signos que anuncian algo grande, pero sólo
en el encuentro personal y comunitario con el Resucitado todo será claro, el nuevo sol se habrá levantado e irradiará la gloria de su vida inmortal. 

·       María “corre” enseguida y va a informarle a los discípulos más autorizados, apenas se percata que el sepulcro del Maestro está vacío (20,2a).

Esta carrera insinúa el amor de María por el Señor. Lo seguirá demostrando en su llanto junto a la tumba vacía (20,11ss). Así María se presenta ante Pedro
y el Discípulo Amado como símbolo y modelo del auténtico discípulo del Señor Jesús, que debe ser siempre movido por un amor vivo por el Hijo de Dios. 

·       María confiesa a Jesús como “Señor”: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto” (20,2b).

A pesar de no haberlo descubierto vivo, para ella Jesús es el “Señor” (Ky´rios), el Dios de la gloria y por lo tanto inmortal (lo seguirá diciendo: 20,13.10).
Ella está animada por una fe vivísima en el Señor Jesús y personifica así a todos los discípulos de Cristo, que reconocen en el Crucificado al Hijo de
Dios y viven para Él. 

He aquí un ejemplo para emular en las diversas circunstancias y expresiones de la existencia, sobre todo en los momentos de dificultad y aún en las tragedias
de la vida. Para la fe y el corazón de esta mujer la muerte en Cruz de Jesús y su sepultura, con todo su amor por el Señor se ha revelado “más fuerte que
la muerte” (Cantar 8,6). 

(2) Los dos discípulos corren a la tumba (20,3-10) 

A diferencia del relato que leíamos ayer en Lucas, según Juan los dos seguidores más cercanos a Jesús se impresionan con la noticia e inmediatamente se
ponen en movimiento, ellos no permanecen indiferentes ni inertes sino que toman en serio un anuncio (que tiene sujeto comunitario: “no sabemos”, v.2). 

Notemos cómo las acciones de los dos discípulos se entrecruzan entre sí y superan cada vez más las primeras observaciones de María Magdalena. 

·       “Se encaminaron al sepulcro” (20,3)

La mención de los dos discípulos no es causal, ambos gozan de amplio prestigio en la comunidad y la representan. Se distingue en primer lugar a Pedro,
a quien Jesús llamó “Kefas” (Roca; 1,42), quien confiesa la fe en nombre de todos (Jn 6,68-69), dialoga con Jesús en la cena (13,6-10.36-38) y al final
del evangelio recibe el encargo de pastorear a sus hermanos (Jn 21,15-17).  Por su parte el Discípulo Amado es el modelo del “amado” por el Señor, pero
también del que “ama” al Señor (13,23; 19,26; 21,7.20). 

·       “El otro discípulo llegó primero al sepulcro” (20,4)

El Discípulo Amado corre más rápido que Pedro (v.4). Esto parece aludir a su juventud, pero también a un amor mayor. ¿No es verdad que correr es propio
de quien ama? 

·       “Se inclinó, vio las vendas en el suelo, pero no entró” (20,5)

El discípulo amado llega primero a la tumba, pero no entra, respeta el rol de Pedro. Se limita a inclinarse y ver las vendas tiradas en la tierra. Él ve
un poco más que María, quien sólo vio la piedra quitada del sepulcro. 

·       “Simón Pedro entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar
aparte” (20,6-7).

Al principio Pedro ve lo mismo que vio el Discipulado Amado, pero luego ve un poco más: ve que también el sudario que estaba sobre la cabeza de Jesús,
estaba doblado aparte en un solo lugar (v.7). 

Este detalle quiere indicar que el cadáver del Maestro no ha sido robado, ya que lo más probable es que los ladrones no se hubieran tomado tanto trabajo.
Por lo tanto Jesús se ha liberado a sí mismo de los lienzos y del sudario que lo envolvían, a diferencia de Lázaro, que debió ser desenvuelto por otros
(ver 11,44). Las ataduras de la muerte han sido rotas por Jesús. 

La tumba y las vendas vacías no son una prueba, son simplemente un signo de que Jesús ha vencido la muerte. Sin embargo Pedro no comprende el signo.

 ·       “Entonces entró también el otro discípulo... vio y creyó” (20,8) “...que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos” (20,9)

El Discípulo Amado ahora entra en la tumba, ve todo lo que vio Pedro y da el nuevo paso que éste no dio: cree en la resurrección de Jesús. 

La constatación de simples detalles despierta la fe del Discípulo Amado en la resurrección de Jesús, para él el orden que reinaba dentro de la tumba fue
suficiente. No necesitó más para creer, como sí necesitó Tomás. A él se le aplica el dicho de Jesús: “dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). 

Pero ¡atención! El Discípulo Amado “vio” y “creyó” en la Escritura que anunciaba la resurrección de Jesús (v.9). Esto ya se había anunciado en Juan 2,22. 
Aquí el evangelista no cita ningún pasaje particular del Antiguo Testamento, tampoco ningún anuncio por parte de Jesús. Pero queda claro que la ignorancia
de la Escritura por parte de los discípulos implica una cierta dosis de incredulidad (ver también 1,26; 7,28; 8,14). 

La asociación entre el “ver” y el “creer” (v.8) formará en adelante uno de los temas centrales del resto del capítulo, donde se describen las apariciones
del resucitado a los discípulos, para terminar diciendo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (v.29). Nosotros
los lectores, hacemos el camino del Discípulo Amado mediante a partir de los “signos” testimoniados por él en el Evangelio (20,30-31). 

(3) En la pascua, Jesús se convierte en el centro de la vida y de todos los intereses del discípulo.

En la mañana del Domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo Amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto
sobre la Cruz por amor pero resultado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor
que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando
un camino de fe pascual. 

La búsqueda amorosa del Señor se convierte luego en impulso misionero. Como lo muestra el relato, se trata de una experiencia contagiosa la que los envuelve
a todos, uno tras otro. 

Es así como este pasaje nos enseña que el evento histórico de la resurrección de Jesús no se conoce solamente con áridas especulaciones sino con gestos
contagiosos de amor gozoso y apasionado. El acto de fe brota de uno que se siente amado y que ama, como dice San Agustín: “Puede conocer perfectamente
solamente aquél que se siente perfectamente amado”.

¡Así todos nosotros, discípulos de Jesús, debiéramos amar intensamente a Jesús y buscar los signos de su presencia resucitada en esta nueva Pascua! 

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón: 

1. ¿Qué proceso de fe pascual se va delineando en las sucesivas intervenciones de María, Pedro y el Discípulo Amado en el texto de hoy?

2. ¿Por qué el Discípulo Amado espera a Pedro? ¿Qué me dice este comportamiento para la vivencia eclesial de la Pascua?

3. ¿Qué primeros frutos puedo recoger hoy del camino preparatorio de la Cuaresma, de esta Semana Santa y del Triduo Pascual que hoy culmina?

4. ¿De que manera me invita a vivir el Evangelio la alegría Pascual y cómo voy a “cultivar” la vida nueva en la cincuentena celebrativa que hoy comienza?

5. ¿Con qué signos externos concretos voy a celebrar la Resurrección de Jesús en mi casa y en mi comunidad? 

“Día de la Resurrección.

Resplandezcamos de gozo en esta fiesta.

Abracémonos, hermanos, mutuamente.

Llamemos hermanos nuestros incluso a los que nos odian.

Perdonemos todo por la Resurrección

y cantemos así nuestra alegría:

Cristo ha resucitado de entre los muertos

con su muerte ha vencido la muerte

y a los que estaban en los sepulcros

les ha dado la vida”

(Del Tropario).
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_dgo.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Miercoles Santo (Cebipal).

Miércoles Santo 

El precio de una traición

Mateo 26, 14-25

“¿Acaso soy yo, Señor?” 

El evangelio de hoy enfatiza el tema de la traición de Judas, según la versión del evangelista Mateo. 

También aquí en tres escenas seguidas aparece la progresiva entrada en la Pasión:

- El pacto comercial de Judas con los sumos sacerdotes para realizar la entrega de Jesús (26,14-16).

- La preparación de la cena pascual (26,17-19).

- El comienzo de la cena, en cuyo contexto Jesús desvela la identidad del traidor (26,20-25). 

(1) La entrega de Jesús es pactada por el precio de un esclavo (26,14-16)

El pacto entre Judas y los sumos sacerdotes le da impulso al macabro plan que llevará al arresto de Jesús y finalmente a su muerte. 

Todo empieza con un fuerte contraste. Según Mateo, justo en el momento en que la mujer unge con amor el cuerpo de Jesús para la sepultura (26,6-13), Judas
Iscariote parte donde los sumos sacerdotes con el fin de contratar la traición de Jesús. 

Con la anotación “uno de los Doce” (26,14), se pone en evidencia el escándalo. Mateo muestra el lado oscuro del seguimiento de Jesús, el traidor potencial
en que puede transformarse todo creyente que se encuentre frente a un momento crítico. 

En el diálogo de Judas con los sumos sacerdotes se denuncia que el dinero era una de las motivaciones de la traición: “¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?” (26,15ª).  Mateo da un ejemplo concreto del poder corruptor de la riqueza. Precisamente sobre este punto los discípulos habían sido instruidos en el Sermón de la Montaña (ver 6,19-21.24). Una ilustración de la importancia del tema para el discipulado fue la escena del joven rico y las palabras de Jesús que
le siguieron (ver 19,23). Por lo tanto, los discípulos no deben andar preocupados por los bienes materiales, ante todo deben buscar “primero su Reino y
su justicia” (6,34). 

La avidez de Judas por el dinero lo lleva a abandonar el único tesoro por el cual valía la pena dar la vida. Así, guiado por sus propias motivaciones,
Judas toma una decisión libre: rechaza el Evangelio y escoge el dinero; esto lo conducirá a un destino terrible (ver el v.24). 

Recibe en contraparte “treinta monedas de plata” (26,15b). Se evoca así un texto de Zacarías que dice: “‘Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo’.
Ellos pesaron mi jornal: treinta monedas de plata” (Zc 11,12). Según Éxodo 21,32, éste es el precio de un esclavo. En el texto de Zacarías se indica que
se trata de una suma mezquina que se volverá a colocar en el tesoro del Templo (ver más adelante en Mt 27,9-10). Detrás de todo está la convicción fundamental
de Mateo: la traición de Judas y su muerte parecen ser el triunfo del mal, mientras que misteriosamente hacen parte del gran designio de la salvación de
Dios, ya que la Palabra de Dios se está realizando. 

Judas sigue dando los pasos necesarios para consumar su traición: “andaba buscando una oportunidad para entregarle” (26,16b). La “oportunidad” que aquí
se habla tiene que ver con la frase que Jesús va a decir más adelante: “Mi tiempo está cerca”. Casi irónicamente Jesús y Judas buscan el mismo “tiempo”
(kairós): la entrega del Hijo del hombre en las manos de los pecadores. Judas lo hace para ganarse treinta monedas de plata, mientras que Jesús lo hace
para dar la vida por la salvación de la humanidad. 

(2) La preparación de la cena pascual (26,17-25)

Estamos ya en la vigilia de la Pascua, “el primer día de los Ázimos” (26,17ª). El jueves, durante el día todas las familias hebreas botaban a la basura
el pan con levadura, para celebrar como se debía la Pascua, con pan sin levadura (como lo manda Éxodo 12,15). La verdadera fiesta empezaba al atardecer. 

El evangelio se concentra en las palabras decididas de Jesús y en la obediencia inmediata de los discípulos. Hay un fuerte sentido de autoridad en las
palabras de Jesús: “En tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos” (26,18). 

El énfasis recae en dos frases:

- “Mi tiempo está cerca” (26,18). En la muerte de Jesús irrumpe el nuevo tiempo de la salvación (ver 13,40). Por eso su carácter determinante: anticipa
el final de la historia, cuando se decidirá el destino humano. 

- “Con mis discípulos”, ya que en todo lo que está a punto de suceder estará comprometido el vínculo entre Jesús y sus discípulos. 

La “pascua”, la fiesta hebrea de la liberación, da el horizonte para interpretar el significado de la muerte y resurrección de Jesús y también el nuevo
horizonte de vida que de allí se desprende para los discípulos. 

(3) El desvelamiento de la identidad del traidor (26,20-25)

El sol se acaba de ocultar y comienza el ritual de la cena pascual (26,20). Se trata de una fiesta de alegría, pero para Jesús y sus discípulos el momento
solemne del banquete resulta inserto en un doloroso contexto de traición. El evangelista hace sonar enseguida la nota aguda de la Pasión: “Uno de vosotros me entregará” (26,21).

En el relato, la tensión va aumentando poco a poco hasta que revienta la confrontación final entre Jesús y Judas en el versículo final (26,25):

-        Cuando los discípulos escuchan la profecía tremenda de Jesús, se llenan de miedo y comienzan a preguntar: “¿Acaso soy yo, Señor?” (26,22).  La
indicación “uno por uno” invita al lector a hacerse la misma pregunta.

-        Jesús les responde dando una indicación precisa (26,23). Sus palabras ponen de relieve la tragedia de la traición: él viola el vínculo de amistad
y de confianza que Jesús celebra con sus discípulos. Es el extremo pecado (“¡Ay de aquel!”; 26,24).

-        Cuando Judas hace la pregunta, el evangelista cambia la palabra “Señor” (que habían dicho los anteriores) por la palabra “Rabbí” (26,25a; término
que en Mateo tiene un matiz negativo). Se pone en evidencia el contraste entre las palabras de Judas y la fe absoluta y confiada de los otros discípulos
en Jesús. Llamándolo “Rabbí”, Judas se dirige a Jesús como lo hacían los enemigos, sin reconocer la verdadera identidad de su Maestro. 

Así emerge el rostro del traidor.  En su pregunta hipócrita Judas aparece definitivamente como un discípulo perdido. Sus palabras revelan su voluntad de
hacer eliminar a Jesús y destruir así el sentido profundo de su propia vida. La respuesta final de Jesús (ver 26,25b) no hará sino confirmar lo que proviene
de su libre decisión.

Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida: 

1. ¿Qué motivó la traición de Judas? ¿Cómo se sigue repitiendo hoy su gesto infame?

2. ¿He hecho los preparativos para comenzar mañana la celebración de la Pascua? ¿Qué me falta hacer?

3. ¿Cómo se relaciona Judas con Jesús? ¿Qué me invita a revisar en mi relación con Jesús?
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_miercoles.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Martes Santo (Cebipal).

Martes Santo 

En contraluz con Jesús: traición y negación

Juan 13, 21-33.36-38

“Uno de vosotros me entregará...

No cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces” 

De la cena en Betania pasamos a la última cena, en la cual Jesús se despide de sus discípulos. En medio de ella Jesús le ha lavado los pies a sus discípulos
(evangelio del próximo jueves). La comida se interrumpe bruscamente y se da paso a tres escenas que culminan este capítulo del evangelio de Juan:

- El anuncio de la traición de Judas (13,21-30).

- Una enseñanza de Jesús sobre el sentido profundo de su pasión (13,31-33) y cómo ésta marcará la identidad de los discípulos (13,34-35; versículos que
no leemos hoy).

- El anuncio de las negaciones de Pedro (13,36-38). 

En el centro de todo está la persona de Jesús, quien conduce los acontecimientos que se van narrando y dice las palabras fundamentales. Por eso, es a la
luz de las palabras centrales de Jesús (segunda escena) que hay que entender la contraluz que aparece tanto en Judas (primera escena: traición) como en
Pedro (tercera escena: negación). 

(1) Judas se retira de la comunidad (12,21-30)

La salida de Judas de la sala está subrayada por una observación del evangelista: “Era de noche” (12,30). La indicación es negativa y alude al ambiente
espiritual negativo en que se mueve el discípulo disidente: se pone al servicio del poder de las tinieblas. 

Ya desde el lavatorio de los pies, Jesús había dicho que no todos estaban limpios (ver 12,10-11) aludiendo a quien le iba a entregar. Ahora, mientras continúa
la cena, resulta que no todo es familiaridad en la sala: allí está Judas listo para la traición. Jesús, entonces, pone abiertamente el delicado tema. 

Jesús, quien se ha sentido profundamente conmovido frente a la muerte de Lázaro (ver 12,33), también se siente conmovido frente a la perspectiva casi inmediata de su propia muerte: “se turbó en su interior y declaró...” (13,21; ver también 12,27). Jesús sabe todo, tiene control sobre todo lo que ocurre y aún así
no rehuye ante la situación dolorosa personal: el terror de la muerte que ya se intuye en lo que Judas va a hacer. 

Jesús no dice el nombre del traidor, pero éste se va descubriendo poco a poco. La iniciativa la toma Pedro, quien le pide al discípulo amado que le pregunte
a Jesús quién es el traidor (13,23-24). El discípulo amado hace la pregunta en privado (13,25) y Jesús le responde enseñándole una contraseña: “Es aquel
a quien dé el bocado que voy a mojar” (13,26b). Y efectivamente así lo hace (13,26b), pero curiosamente el discípulo amado no se la cuenta a Pedro, es
una confidencia que el evangelista le cuenta al lector. 

La contraseña dada por Jesús correspondía a la cortesía habitual del anfitrión de un banquete festivo con las personas más allegadas, se subrayaba así
el vínculo que éste tenía con sus comensales. Pero Jesús le ofrece un bocado al invitado indigno. He aquí un eco del Salmo 41,10 (que había sido citado
un poco antes, en Jn 13,18): “Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar”. Jesús está dramatizando
el Salmo. 

Entonces Satán entra en acción (13,27ª). Su derrota ya había sido anunciada (12,31: “ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”). Signo del comienzo
de la victoria sobre el mal es que es Jesús –y no Satán- quien determina el momento de su entrada en acción.  La Pasión de Jesús llevará hasta sus últimas
consecuencias esta confrontación. 

El resto de la comunidad, excepto el discípulo amado, continúan ignorantes de lo que está pasando (13,28-29) en el momento en que Judas se pasa al lado
de las fuerzas de oposición a Jesús, perdiéndose en medio de la noche (13,30). 

(2) La Pasión de Jesús como revelación de la Gloria del Padre (13,31-33)

Jesús comienza una nueva enseñanza apenas sale Judas. Éste ya era un cuerpo extraño en la comunidad, las enseñanzas ya no tenían valor para él. Jesús habla
ahora para quienes están dispuestos a permanecer con Él y con la comunidad. Jesús hace la revelación más grande que les puede dar sobre sí mismo y sobre
la comunidad. 

Notemos los contrastes: Judas salió en medio de la noche (símbolo del mal), ahora Jesús habla de “Gloria” (relacionado con luz). Judas sale como una amenaza
de la vida de Jesús, Jesús por su parte se refiere ahora a la victoria de la vida (“Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre”, 13,31). Judas rompe
la comunión con el Maestro, Jesús habla de la comunión que tratarán de mantener con él los otros discípulos (“Vosotros me buscaréis”, 13,33) y más aún
de la relación profunda que sostiene con su Padre, la cual está a punto de revelarse completamente (“Dios ha sido glorificado en él... le glorificará en
sí mismo y le glorificará pronto”, 13,31-32). Y con qué palabras llenas de ternura ahora llama a sus discípulos: ¡Hijos míos! (13,33). 

La Pasión de Jesús no es una desgracia, detrás de los oscuros acontecimientos hay una revelación: la Pasión es la revelación de la “Gloria”, esto es, de
la honda relación recíproca entre el Padre y el Hijo en la cual circula la plenitud de la vida. “Gloria” es manifestación, visibilización del luminoso
esplendor de esta relación que, por medio del Verbo que encarna la naturaleza humana hasta la muerte, está destinada a impregnar salvíficamente la humanidad
entera. 

(3) La presunción de Pedro: querer salvar al Salvador (13,36-38)

Pedro de nuevo toma la iniciativa y esta vez interpela directamente a Jesús sobre la frase: “A donde yo voy vosotros no podéis venir” (13,33). La pregunta
“¿A dónde vas?” (13,36ª) implica que detrás de la muerte de Jesús hay algo más. Hasta aquí Pedro ha comprendido correctamente. Es justamente lo contrario
de lo que han pensado los adversarios: se va al extranjero a evangelizar griegos (7,35), se va a suicidar (8,22).

Jesús no le responde la pregunta sino que insiste en su enseñanza inicial agregando “me seguirás más tarde” (13,36b). Jesús subraya la imposibilidad de
“seguirlo ahora” (el término “seguir” aquí es importante: indica la vivencia de la Pasión en condición de discípulo). El evangelista Juan está subrayando
así que para que el discípulo esté en condiciones de verdaderamente “tomar la Cruz” tendrá que ser salvado “primero” por ella. En otras palabras, sólo
puede amar a la manera de Jesús (ver 13,34) quien se deje amar completamente por el Crucificado (ver 13,8: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo”). 

Entonces aparece la presunción de Pedro: “Yo daré mi vida por ti” (13,37). Aquí Pedro utiliza los mismos términos del “Buen Pastor” (ver la repetición
de “dar la vida por” en 10,11-18), pero está confundiendo los roles. Pedro no ha comprendido el sentido de la Pasión. Quiere salvar al Salvador, olvida
que el discípulo debe dejar ir a Jesús primero, que intentar seguir a Jesús por sí mismo es exponerse al fracaso en su seguimiento. 

Paradójicamente, y a fin de cuentas, Pedro terminará negando a Jesús para poder salvar su propia vida (13,38).  Su presunción será derrotada cuando agotado
en el límite de sus fuerzas reconozca que Él necesitaba de esa Cruz. Entonces comenzará para él un nuevo día (canto del gallo). 

Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida: 

1. ¿Qué me dicen personalmente las frases relacionadas con Judas: “uno de vosotros”, “aquel a quien dé el bocado”, “salió... era de noche”?

2. ¿Qué me dicen personalmente las frases relacionadas con Pedro: “seguirte ahora”, “daré mi vida por ti”, “me habrás negado tres veces antes del canto
del gallo”?

3. ¿Dónde está el sentido profundo de la Pasión según los términos de Jesús? ¿Qué me ofrece? ¿Qué me pide?
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_martes.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Lunes Santo (Cebipal).

Lunes Santo
La unción de Betania:

Un gesto de amor que desvela la mezquindad de los otros

Juan 12, 1-11

“Ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos”

El evangelio de hoy es una excelente puerta de entrada en el misterio pascual de Jesús, a la manera de Juan. Junto a la melodía aguda del amor, se deja sentir del contrapunto del desamor que rechaza a Jesús. Hoy los amigos le ofrecen una cena a Jesús, pero luego será Él quien la ofrezca y el don mayor será Él mismo.

Llama la atención que los textos escogidos del evangelio desde hoy hasta el jueves, hagan mención todos de la “mesa”. Ésta es signo de comunión, de vínculos profundos. Frente a ella desfilarán personajes y se desvelarán actitudes que nos ayudarán a captar la luz que arroja el misterio de la Pasión de Jesús sobre las pasiones humanas y a percibir, al mismo tiempo, toda la acogida que Dios hace del hombre en el misterio de la Cruz.

La cena en Betania se ubica “seis días antes de la Pascua” (12,1ª). De esta manera el evangelista comienza la cuenta regresiva para la muerte de Jesús. Por otra parte, la mención de Betania como el lugar “donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos” (12,1b) conecta lo que acababa de suceder –la experiencia de fe en la resurrección- y con la Pasión de Jesús que está por comenzar.

Esta escena tiene un desarrollo curioso:

- La descripción con rápidos pincelazos de la cena (12,1-3).

- De repente la atención del evangelista se concentra en un solo punto de la cena: las palabras de Judas y de Jesús acerca del insólito gesto de María de Betania (12,4-8).

- El tiempo queda suspendido (y la cena pasa a un segundo plano) para dar paso al narrador que hace anotaciones sobre las funestas consecuencias que tiene para Jesús y para Lázaro, la afluencia de judíos curiosos por ver a Lázaro (12,9-11).

Pero en realidad el relato tiene dos movimientos internos fundamentales que se desatan frente a Jesús: el amor de los amigos que lo comprenden y lo honran (12,1-4) y el desamor de los adversarios que no lo comprenden y lo ven como una amenaza (12,5-11).

(1) Un banquete de agradecimiento por la vida (12,1-3)

El banquete en honor de Jesús parece estar movido por la gratitud. En torno a la mesa se reencuentra Jesús con el amigo por el cual lloró. Los tres hermanos aparecen en el entorno de Jesús, los tres hacen actos de amor:

- Marta: quien ofrece su servicio amoroso.

- Lázaro: quien acompaña a Jesús en la mesa.

- María: quien unge los pies de Jesús.

Lázaro fue llamado en el capítulo anterior “el que Jesús amaba” (11,3) o “el amigo” de Jesús (11,11). Todavía más, cuando Jesús lloró frente a su tumba la gente se sorprendió “Mirad cómo le quería” (11,36). La dinámica del amor no es la misma con cada persona: la relación de Jesús con Lázaro se caracteriza porque es Jesús quien lo hace todo por él. Esto es importante: Jesús escoge a sus amigos sin necesidad de que tengan alguna característica particular para ello. Lázaro se deja escoger (ver 15,16).

Con María sucede al contrario, es ella quien toma la iniciativa y le rinde su homenaje a Jesús con un gesto cariñoso: lo unge con perfume de la mejor calidad (nardo puro importado) y en abundante cantidad (un litro) (12,3). Su costo es de “trescientos denarios” (12,5), que es el equivalente de trescientos jornales para quien trabaja en el campo. En la precaria economía de la época ¡era mucho dinero! El de María es un amor agradecido que se desborda completamente.

(2) Un amor incomprendido (12,4-7)

Judas Iscariote reacciona negativamente frente al gesto de María de Betania (12,4-6). El evangelista traza un perfil de Judas al tiempo que reporta sus palabras:

- La crítica parte de “uno de los discípulos” (12,4b), precisamente uno que debía comprender como ningún otro el valor del gesto.

- Se trataba precisamente del pérfido discípulo, “el que lo había de entregar” (12,4c), el que haría un gesto polarmente contrario al de la mujer.

- La motivación de su crítica es que “era un ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella” (12,6).

El reproche de Judas refleja su incapacidad de ver más allá, por ello Jesús le va a dar la correcta interpretación del hecho: “Para el día de mi sepultura” (12,7). El suyo es el primer signo de fe de una persona que ha centrado todo en la persona de Jesús y ha entrado en el misterio de su Cruz (lo mismo sucederá con otros, precisamente en la sepultura de Jesús: 19,38-42).

Además, las motivaciones de Judas son ocultas e interesadas, está pensando en sus propios intereses. Se está utilizando para provecho propio el compromiso con los pobres.

La frase “porque pobres siempre tendréis con vosotros” (12,8), eco de Deuteronomio 15,11, no es una negativa para el servicio a los pobres sino precisamente lo contrario. Puesto que esta misma cita enfatiza el “abrir la mano” en su favor, se comprende que ése será el efecto de la muerte de Jesús en el corazón redimido por él: el amor por el crucificado (expresado en la unción) se expresará luego en el amor a los hermanos. La Cruz de Jesús purifica y encamina todo amor. Judas va en contravía de esta propuesta.

(3) Matar al testigo vivo de su victoria sobre la muerte (12,9-11)

Finalmente entran en escena los sumos sacerdotes, quienes también reaccionan negativamente frente a Jesús, pero por un nuevo motivo: “muchos judíos se les iban y creían en Jesús” (12,11). Previamente el evangelista nos ha informado que Betania se ha convertido en foco de afluencia de un gran número de personas atraídas por lo sucedido a Lázaro (12,9).

La decisión de “dar muerte también a Lázaro” (12,10), muestra el deseo de quitar de en medio todo lo que hable de Jesús. Lázaro, de hecho se ha convertido en un testigo vivo que atrae muchas personas hacia el “creer” en Jesús. Como tal, compartirá la persecución del Maestro y Amigo.

Judas es incapaz de abrirse al amor. Los sumos sacerdotes son incapaces de creer, aún frente a la evidencia. Ven incluso en Lázaro una amenaza puesto que “muchos judíos se les iban y creían en Jesús” (12,11). El miedo a perder los privilegios se convierte entonces en envidia y esta se vuelve rechazo, intolerancia y paranoia frente a todo lo que hable de Jesús. La cerrazón es total.

Es así como en torno a Jesús surge el conflicto entre los que aman y buscan la vida y los que solamente piensan en tramar acusaciones, trampas y muerte.

Frente a la fuerza de la amistad bellamente descrita en este pasaje, se revelan también los secretos motivos ocultos de la mezquindad, la superficialidad y la maldad humana. Este es el pecado: no querer dejarse interpelar, ni llamar, ni transformar por el lenguaje del amor de Jesús.

Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón:

1.  ¿Cuál debe ser la motivación interna del amor para actuar frente a Jesús?

2. ¿Qué caracteriza a cada uno de estos personajes: Lázaro, Marta, María, Judas, los judíos que vienen a ver a Lázaro y los sumos sacerdotes? ¿En qué me interpela cada uno de ellos?

3. ¿No es verdad que a veces el discurso sobre los pobres se convierte a veces en pretexto para promoverse a sí mismos en el mundo de la política y en otros campos también? ¿Qué evitaría que esto sucediera? ¿Jesús propone dar migajas asistencialistas o más bien la transformación de cada persona y de la sociedad entera, para ser capaces de amar poniendo al servicio de todos los que somos y tenemos? Comprendiendo que se trata de lo segundo, ¿Qué camino hay que recorrer para lograrlo?
(
http://www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011/lectio/lectio_lunes.html
).

Domingo de Resurreccion.

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Autor: Teresa Fernández | Fuente: Catholic.net
Domingo de Resurrección La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Contempla
los lugares donde Cristo se apareció después de Su Resurrección  
Domingo de Resurrección
Importancia de la fiesta

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido
toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se
enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?


Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles,
llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente
Dios.

Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también,
sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados,
demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.

La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la
Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas
las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

¿Cómo se celebra el Domingo de Pascua?

Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes.
En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen
y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.

En algunos países, se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren,
con base en la leyenda del “conejo de pascua”.

La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.

A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.

La tradición de los “huevos de Pascua”

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos.
Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus
casas.

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de
Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma.
Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los
huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua, de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los
demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

Leyenda del “conejo de Pascua”

Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se
le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos
de chocolate y azúcar en Alemania, esto dio orígen también a una curiosa leyenda que cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado
José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús
había muerto.

El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía preguntándose quien sería ese Señor
a quien querían tanto todas las personas.

Así pasó mucho rato, viéndolo; pasó todo un día y toda una noche, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas
con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca!

El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar
tristes porque Jesús había resucitado.

Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo.

Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús
resucitó y hay que vivir alegres.

Sugerencias para vivir la fiesta

Contemplar los lugares donde Cristo se apareció después de Su Resurrección
Dibujar en una cartulina a Jesús resucitado
Adornar y rellenar cascarones de huevo y regalarlos a los vecinos y amigos explicándoles el significado.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1269
).

04/03/2013 00:45 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Semana santa.

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Autor: Teresa Fernández | Fuente: Catholic.net
Sábado Santo Jesús está sepultado. Es un día de reflexión y silencio.  
Sábado Santo
La Vigilia Pascual

El sábado santo es un día de oración junto a la tumba esperando la resurrección. Es día de reflexión y silencio. Es la preparación para la celebración
de la Vigilia Pascual

Por la noche se lleva a cabo la celebración de la Vigilia Pascual. Dicha celebración tiene tres partes importantes que terminan con la Liturgia Eucarística:

1. Celebración del fuego nuevo.
2. Liturgia de la Palabra.
3. Liturgia Bautismal.

Era costumbre, durante los primeros siglos de la Iglesia, bautizar por la noche del Sábado Santo, a los que querían ser cristianos. Ellos se preparaban
durante los cuarenta días de Cuaresma y acompañados por sus padrinos, ese día se presentaban para recibir el Bautismo.

También, ese día los que hacían penitencia pública por sus faltas y pecados eran admitidos como miembros de la asamblea.
Actualmente, la Vigilia Pascual conserva ese sentido y nos permite renovar nuestras promesas bautismales y acercarnos a la Iglesia con un espíritu renovado.


a) Celebración del fuego nuevo:

Al iniciar la celebración, el sacerdote apaga todas las luces de la Iglesia, enciende un fuego nuevo y con el que prende el cirio pascual, que representa
a Jesús. Sobre el cirio, marca el año y las letras griegas "Alfa" y "Omega", que significan que Jesús es el principio y el fin del tiempo y que este año
le pertenece.

El sacerdote llevará a cabo la bendición del fuego. Luego de la procesión, en la que se van encendiendo las velas y las luces de la Iglesia, el sacerdote
canta el Pregón Pascual.

El Pregón Pascual es un poema muy antiguo (escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús como el fuego nuevo.

b) Liturgia de la Palabra:

Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la lectura de la Palabra de Dios. Se acostumbra leer siete lecturas, empezando con la Creación
hasta llegar a la Resurrección.

Una de las lecturas más importantes es la del libro del Éxodo, en la que se relata el paso por el Mar Rojo, cómo Dios salvó a los israelitas de las tropas
egipcias que los perseguían. Se recuerda que esta noche Dios nos salva por Jesús.

c) Liturgia Bautismal:

Suelen haber bautizos este día, pero aunque no los haya, se bendice la Pila bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía de los Santos.
Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de toda la
Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.

El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de
la familia de Dios.

A todos los que ya estamos bautizados, esta liturgia nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus seducciones
y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a Jesucristo.

Sugerencias para vivir la fiesta

Hay quienes acostumbran este día encender sus velas del bautismo y llevar un cirio pascual a la iglesia o agua bendita, para tener en sus hogares.
(
http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1271
).

04/03/2013 00:48 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. SEMANA SANTA No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo IV de cuaresma del ciclo C del año 2013. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.

   Domingo, 10/03/2013, Domingo IV de Cuaresma del ciclo C.

   Vamos a aceptar, respetar y amar a Dios, y a evitar rechazar a quienes no comparten nuestras creencias.

   Ejercicio de lectio divina de LC. 15, 1-3. 11-32.

   1. Oración inicial.

   Iniciamos nuestro encuentro de oración, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

   R. Amén.

   Hoy iniciamos la cuarta semana de Cuaresma, y por ello es recomendable que, en las iglesias en que se evita tocar instrumentos musicales o se suprimen cantos para instar a los fieles a hacer penitencia, se vuelvan a escuchar melodías y cantos alegres, para concienciar a los fieles, de que se acerca el tiempo de Pascua.

   La Cuaresma es un tiempo en que hacemos lo humanamente posible para experimentar transformaciones profundas, las cuales nos cuestan sacrificios y sufrimientos, pero ello nos merece la pena, si nos ayuda a ser mejores cristianos. Obviamente, no vamos a poder superar plenamente todos nuestros defectos, pero Dios, al ser consciente de nuestra debilidad, no nos exige que nos perfeccionemos por nuestros medios, sino que nos pide que hagamos lo humanamente posible para alcanzar tal fin, pues El hará lo que escape a nuestras posibilidades, para hacernos dignos de vivir en su presencia.

   Los esfuerzos que hacemos para superarnos nos aportan la satisfacción de conseguir lo que deseamos.

   La vivencia de las enfermedades nos enseña a vislumbrar la presencia de dios fortaleciéndonos la fe cuando sufrimos, y, en el caso de que recuperemos parcial o totalmente la salud, nos disponemos a vivir pruebas más difíciles de superar que las circunstancias adversas que caracterizaron nuestro pasado, con la certeza de que Dios jamás nos desamparará.

   En el texto evangélico que meditaremos este Domingo IV de Cuaresma, se nos informa de que Jesús les predicaba el Evangelio a todo tipo de pecadores. Quienes sabemos que los santos no nacen, sino que se hacen, nos alegramos profundamente de este hecho, porque, a pesar de nuestras imperfecciones, Dios quiere que nos convirtamos a Él, por más que ello les moleste a quienes se creen puros, por causa de sus prácticas cultuales, y porque solo hacen las obras de caridad estrictamente necesarias, para tener una buena imagen, ante la sociedad.

   En la llamada parábola del hijo pródigo, se nos narra la historia de un Padre que perdió el amor y la confianza de sus dos hijos. El citado Padre es Dios, el hijo menor representaba en el tiempo de Jesús a los judíos considerados pecadores y a los paganos, y, en nuestros días, representa a los cristianos no practicantes, y a los no creyentes. El hijo mayor de la citada parábola, representaba en el tiempo de Jesús a los legistas (los escribas) y a quienes enseñaban a observar la Ley de Moisés y la tradición de los ancianos (los fariseos), y, en la actualidad, está representado por aquellos cristianos que observan escrupulosamente los Mandamientos de la Ley de Dios, y los Mandamientos de sus denominaciones, creyendo que ello les sirve para comprar la salvación, y desprecian a quienes no comparten sus creencias.

   Oremos pensando con cuál de los dos hijos de Dios nos identificamos.

   El hijo menor buscó la felicidad lejos de Dios, porque los mandamientos religiosos no significaban nada para él, ya que quizás nadie hizo el esfuerzo necesario para enseñarle que tenía un Padre que lo amaba como a Sí mismo. Por el contrario, el hijo mayor, obedecía escrupulosamente todos los mandatos del Padre, pero no lo hacía por amor a su Creador, sino creyendo que ello lo hacía merecedor de la salvación, sin tener en cuenta que su santificación solo podía ser la consecuencia directa del amor de dios hacia él, y que, si debía cumplir los Mandamientos divinos, ello era para agradecerle a su Padre, el amor que jamás dejó de manifestarle.

   Oremos:

   Espíritu Santo, amor que procedes del Padre y del Hijo, y que con ellos recibes una misma adoración y gloria: Ayúdanos a comprender que necesitamos sentirnos amados y protegidos por Dios, y a comprender que, servir a quienes necesitan nuestras dádivas espirituales y materiales, es la única forma que tenemos, de demostrar que te amamos.

   Espíritu Santo, aliento divino que nos das la vida: Quema nuestras impurezas con tu fuego, y haznos imitadores de tu divina caridad.

   Espíritu Santo, amor del Dios ante quien somos pequeños: Enséñanos a ser humildes, para que podamos vivir en la presencia de Nuestro Santo Padre.

   Espíritu Santo, amor del dios para quien no hay nada imposible: Haz de nuestra tierra un paraíso de luz en que la humanidad pueda encontrar la plenitud de la felicidad, más allá de las razones por las que los hombres sufren. Amén.

   2. Leemos atentamente LC. 15, 1-3. 11-32, intentando abarcar el mensaje que San Lucas nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

   Nota: Si este ejercicio de oración y meditación se hace públicamente, puede repartirse la lectura del Evangelio, entre un narrador, y cuatro lectores más, que representen al Padre, al hijo pródigo, al hijo mayor, y a los siervos.

   «Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido»

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:  
—«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»  
Jesús les dijo esta parábola:  
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:  
"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."  
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.  
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.  
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.  
Recapacitando entonces, se dijo:  
"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."  
Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.  
Su hijo le dijo:  
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo."  
Pero el padre dijo a sus criados:  
"Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."  
Y empezaron el banquete.  
Su hijo mayor estaba en el campo.  
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.  
Éste le contestó:  
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."  
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.  
Y él replicó a su padre:  
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo:  
"Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»".

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de LC. 11, 1-3. 11-32.

   3-1. Los pecadores se acercaban a Jesús para oírle predicar el Evangelio.

   "Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle" (LC. 15, 1).

   Los publicanos eran cobradores de impuestos contratados por los romanos, los cuales eran odiados por sus hermanos de raza, porque trabajaban para sus dominadores, y porque muchos de ellos, les exigían a los israelitas más dinero del que debían darles a los romanos, lo cual les hacía amasar grandes fortunas.

   Jesús no marginaba a los pecadores que se le acercaban. Ello nos recuerda que todos somos dignos de tener a Dios por Padre. En la profecía de Ezequiel, se nos dice que Dios nos dará un nuevo corazón, lo cual significa, que todos tendremos una misma forma de pensar y actuar, cuando Jesús concluya la plena instauración del Reino de Dios entre nosotros. Dios nos dará un espíritu nuevo, y nos cambiará el corazón de piedra de pecadores, por un corazón de carne, un corazón humano, que conciba pensamientos y sentimientos de amor, respeto, paz y justicia.

   "Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios" (EZ. 11, 19-20).

   Acojamos la llamada que el Señor nos hace a convertirnos a Nuestro Dios, en este tiempo de Cuaresma.

   3-2. Los escribas y fariseos.

   "Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Éste acoge a los pecadores y come con ellos"" (LC. 15, 2).

   Los intérpretes de la Ley de Moisés y la tradición de los ancianos (los escribas), y quienes les enseñaban sus prescripciones religiosas a los judíos considerados puros (los fariseos), convirtieron el Judaísmo en una acumulación de preceptos, encaminados a sumir en la desdicha a los pobres, a los enfermos, y a los desamparados. Para los escribas y los fariseos, solo los ricos y sanos, eran dignos de ser considerados amigos de Dios. Cuanto más desdichados eran los que sufrían, más consideraban los escribas y fariseos, que los tales habían pecado, lo cual los hacía merecedores de padecer las circunstancias adversas que caracterizaban sus vidas. Esta es una forma muy sutil de justificar el hecho por el cual los que sufrían no eran ayudados, que, desgraciadamente, ha sido heredada, por diferentes denominaciones cristianas.

   Para los judíos, las comidas, no solo representaban relaciones de familia y amistad, pues representaban relaciones comunitarias, que no debían ser perturbadas. En la actualidad, los considerados pecadores, no son excluidos de muchas denominaciones cristianas, aunque hay otras que han heredado el parecer de los escribas y fariseos, las cuales excluyen de entre sus miembros a quienes incumplen algunas de sus normas. Muchos de tales excluidos se sienten desamparados cuando son forzados a abandonar sus comunidades, ya que, para integrarse a las mismas, fueron obligados, a distanciarse de sus familiares, y amigos.

   Dado que las comidas eran para los judíos símbolos representativos del Reino de Dios y de su común unión con Yahveh, estos tenían terminantemente prohibido, comer con los considerados pecadores, con quienes ni siquiera podían sentarse a meditar la Ley de Moisés, pues los suponían distanciados de Dios, e inmerecedores de ser amigos de Yahveh.

   3-3. El Padre de dos hijos muy diferentes entre sí.

   "Entonces les dijo esta parábola:... Dijo: "Un hombre tenía dos hijos" (LC. 15, 3 y 11).

   Dado que Jesús no compartía la opinión de los escribas y fariseos con respecto al trato que se les debía dispensar a los pecadores, en vez de discutir con ellos, les expuso la conocida parábola del hijo pródigo, con tal de manifestarles lo que creía, al respecto del citado tema.

   Dios es Padre de todos los que lo aceptan, pero, a pesar de ello, hay quienes creen que, al cumplir las normas características de sus denominaciones religiosas, se ganan el honor de ser hijos de Dios. ¿Qué piensa Jesús de la opinión de tales hermanos nuestros? Ello es lo que se nos expone, en la perícopa evangélica, que estamos meditando.

   Al pensar en el Padre del que se nos habla en la parábola del hijo pródigo, quizás nos viene a la mente, la imagen que tenemos, de los padres actuales, quienes proveen las necesidades de sus hijos, a veces les conceden muchos de sus deseos, y se relacionan con sus descendientes, manifestándoles amor, amistad, y respeto. Para los oyentes de Jesús, un padre que vivía para satisfacer los deseos de sus descendientes, no se hacía obedecer sin que sus hijos tuvieran derecho a pensar sobre si debían o no debían acatar sus órdenes, y, por si fuera poco, cometía la imprudencia de repartir su herencia entre sus hijos antes de morirse, más que un buen padre, era un insensato. Esta es la causa por la que leemos en el Eclesiástico:

"A hijo y mujer, a hermano y amigo
no des poder sobre ti en vida tuya.
No des a otros tus riquezas,
no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por
ellas.
Mientras vivas y haya aliento en ti,
no te enajenes a ti mismo a nadie.
Pues es mejor que tus hijos te pidan,
que no que tengas que mirar a las manos de tus hijos.
En todas tus obras demuéstrate con dominio,
no pongas mancha en tu gloria.
Cuando se acaben los días de tu vida,
a la hora de la muerte, reparte tu herencia" (ECLO. 33, 20-24).

   En la actualidad, en muchos países, consideramos normal el hecho de equivocarnos, pues comprendemos que es imposible que lo hagamos todo bien, durante los años que se prolonga nuestra vida, pero, en el tiempo que Jesús habitó en Israel, las equivocaciones, eran vistas, como pecados imperdonables.

   3-4. Una petición insólita.

   "el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde"" (LC. 15, 12A).

   En nuestro tiempo, todos los padres son libres de repartir su herencia cuando están vivos, o de hacer un testamento, para que sus bienes sean repartidos, cuando acontezca su fallecimiento. Cada padre es libre de cederle a cualquiera de sus hijos la parte de sus bienes que desee, pero esto no es lo que sucedía en el tiempo que Jesús vivió en Palestina, así pues, los primogénitos tenían derecho a percibir el doble de la cantidad de bienes, que percibían cada uno  de sus hermanos. A modo de ejemplo, un padre que tuviera cuatro hijos, debía dividir su herencia en cinco partes, darle dos partes al mayor de sus descendientes, y una parte, a cada uno de sus otros descendientes.

   "Si un hombre tiene dos mujeres a una de las cuales ama y a la otra no, y tanto la mujer amada como la otra le dan hijos, si resulta que el primogénito es de la mujer a quien no ama, el día que reparta la herencia entre sus hijos no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la mujer que ama, en perjuicio del hijo de la mujer que no ama, que es el primogénito. Sino que reconocerá como primogénito al hijo de ésta, dándole una parte doble de todo lo que posee: porque este hijo, primicias de su vigor, tiene derecho de primogenitura" (DT. 21, 15-17).

   En la actualidad, quienes perciben la herencia de sus padres, pueden considerar la misma, ateniéndose al valor sentimental que representa, o según el valor económico de los bienes que perciben. En el tiempo de Jesús, el hecho de que el hijo pródigo le pidiera la herencia a su padre, significaba que quería romper, tanto con él, como con su hermano mayor. Los oyentes de Jesús, interpretaron el hecho de que tal hijo le pidiera a su padre la parte de la herencia que le correspondía, como si le hubiera dicho: Muérete.

   Tal como hemos recordado en el presente trabajo, el citado hijo menor de la parábola de Jesús, representa a quienes no se amoldan al cumplimiento de las normas características, de las denominaciones cristianas. Tengamos presente que muchos bautizados reniegan de Dios y del Cristianismo en general. En nuestros días, tenemos la tentación de sentirnos libres, y, cuando se nos quiere aconsejar desde el punto de vista del Cristianismo, nos acordamos de los pecados que han caracterizado la vida de muchos cristianos a lo largo de la historia de las diferentes denominaciones de seguidores de Jesús existentes, e inmediatamente pensamos, que no queremos ser manipulados, por los integrantes de ninguna secta.

   3-5. El padre repartió su herencia entre sus descendientes.

   "Y él les repartió la hacienda" (CF. LC. 15, 12B).

   Los escribas y fariseos que le oyeron a Jesús la parábola del hijo pródigo, recibieron una parte mayor de la herencia de Dios que la que recibieron los pecadores a quienes rechazaban, porque tuvieron el privilegio de ser conocedores de la voluntad y de la Ley de Yahveh. Dios no amaba más a los escribas y fariseos que a los pecadores, pero les dio la oportunidad de ayudarlo, a convertir a Él, a sus hermanos de raza, que eran víctimas de la adversidad.

   De alguna manera, los cristianos que tenemos alguna instrucción religiosa, hemos recibido una parte mayor de la hacienda de dios, que la que han recibido, quienes lo rechazan, porque no lo conocen, y no quieren que les enseñemos la Palabra de Dios, porque temen que queramos hacerles desdichados.

   Los escribas y fariseos, no utilizaron la parte de la herencia divina que recibieron, para reunir a sus hermanos de raza, para constituir con ellos, una sola familia. Oremos para no cometer nosotros también el mismo error, pues los dones divinos que recibimos, no son exclusivamente para nosotros, pues debemos compartirlos con quienes deseen recibirlos, en conformidad con las posibilidades que tengamos, para ayudar al Dios Uno y Trino, a evangelizar a la humanidad.

   3-6. El hijo pródigo rompió con su padre.

   "Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino" (LC. 15, 13).

   El hijo menor rompió con su padre y su hermano, juntó todos sus bienes, se marchó a un país lejano donde su familia no pudiera saber nada de él, -pues no quería ser controlado-, y despilfarró sus bienes, viviendo como un libertino. Si, -tal como hemos recordado anteriormente-, los judíos consideraron una insensatez, el hecho de que el Padre repartiera su fortuna entre sus hijos, ¿cómo consideraron la conducta del hijo menor, a quien ya despreciaban, porque se atrevió a disponer de la herencia de su padre como si el mismo hubiera muerto, y se alejó de él, demostrándole su desprecio?

   "Si un hombre tiene un hijo rebelde y díscolo, que no escucha la voz de su padre ni la voz de su madre, y que, castigado por ellos, no por eso les escucha, su padre y su madre le agarrarán y le llevarán afuera donde los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar. Dirán a los ancianos de su ciudad: "Este hijo nuestro es rebelde y díscolo, y no nos escucha, es un libertino y un borracho." Y todos los hombres de su ciudad le apedrearán hasta que muera. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti, y todo Israel, al saberlo, temerá" (DT. 21, 18-21).

   3-7. El fin de la corta e incompleta felicidad del hijo pródigo.

   "Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad" (LC. 15, 14).

   Independientemente de que creamos en Dios, podemos ceder a muchas tentaciones prometedoras de una felicidad incompleta, la cual, solo se prolonga, mientras tengamos dinero, para invertirlo en todo tipo de placeres. ¿Qué importancia tiene el hecho de que, -a modo de ejemplo, porque no consumo alcohol-, yo tenga la costumbre de embriagarme, si no le hago daño a nadie? ¿Qué importa si el alcohol me hace daño? Hay que morir padeciendo alguna enfermedad algún día. Desde el punto de vista de la fe cristiana, ello no es bueno para mí aunque yo lo use como remedio temporal para olvidar mis problemas, porque, al ser seguidor de Jesús, no solo tengo el deber de mirar por mí mismo, pues también tengo la responsabilidad de representar a la denominación cristiana a la que pertenezco, la cual es la Iglesia Católica. Desgraciadamente, a muchos cristianos les falta el sentido de pertenencia a sus denominaciones, y por ello no son responsables, de cómo su forma negativa de proceder, afecta la imagen de las mismas.

   3-8. El tercer error del hijo pródigo.

   "Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos" (LC. 15, 15).

   El primer error del hijo pródigo, consistió en pedirle la herencia a su padre, a quien le demostró un gran desprecio. El segundo error de dicho personaje, consistió en alejarse de su antecesor y de su hermano, para vivir como un libertino. Después de perder todos sus bienes, el hijo pródigo, con tal de no buscar a su padre, para decirle que se había arrepentido de querer ser independiente de él, quiso vivir por sus propios medios, lo cual le condujo a vivir un estrepitoso fracaso como veremos seguidamente, lo cual nos recuerda que, no podemos decir que somos cristianos, si no cumplimos la voluntad, de Nuestro Santo Padre.

   3-9. El hijo pródigo vivió entre puercos.

   "Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada" (LC. 15, 16).

   ¿Por qué dijo Jesús que el hijo pródigo fue enviado a apacentar cerdos? Ello sucedió, porque, los judíos, consideraban que, los puercos, eran animales impuros.

   En el Deuteronomio, leemos:

   "Tampoco el cerdo, que tiene la pezuña partida y hendida, pero no rumia; lo tendréis por impuro. No comeréis su carne ni tocaréis su cadáver" (DT. 14, 8).

   Imaginemos cómo debió sentirse el hijo pródigo, quien, a pesar de la aversión que debía tenerles a los cerdos por su convicción religiosa, tuvo que aguantar sus olores y empujones, tuvo que llevarles la comida, y, por si ello no fuera suficiente, envidió su posición privilegiada con respecto a la suya, ya que su sueldo era insignificante, y por ello llegó a envidiar a los animales que apacentaba, porque, al menos, comían algarrobas todos los días.

   3-10. El hijo pródigo entró en sí mismo.

   "Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!" (LC. 15, 17).

   Si no somos capaces de perdonar una ofensa tan grave como la que el padre de la parábola que estamos considerando le perdonó a su hijo menor, podemos pensar que el hijo pródigo pensó en la posibilidad de ser siervo de su antecesor, no porque lo amaba, sino pensando en tener una vida digna. Tengamos en cuenta que el padre de la parábola tenía una buena posición social, lo cual se demuestra, porque, además de ser dueño de una fortuna, tenía jornaleros a su servicio, a los que no les faltaba el pan. El citado padre, siendo rico, compartía sus bienes, con los que pertenecían a una clase social, inferior a la suya.

   Después de caer en una situación de miseria que quizás no pudo imaginar que existía, el hijo pródigo pensó que su padre jamás le perdonaría, pero quizás lo admitiría como siervo. Cuando los católicos nos confesamos por miedo a la condenación eterna, sentimos un dolor de nuestros pecados, llamado de atrición, porque no nos duele la maldad con que hemos pecado, sino que tememos por nuestras almas.

   3-11. El examen de conciencia del hijo pródigo.

   "Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti" (LC. 15, 18).

   El hijo pródigo sabía que Dios estaba más afectado por su pecado, que su padre carnal. Cuando ofendemos a nuestros prójimos los hombres, también ofendemos al Dios Uno y Trino, por consiguiente, recordemos las siguientes palabras, que forman parte de la parábola, del Juicio de las naciones:

   "Entonces dirá el rey (Jesús) a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."
   Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te  dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
   Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis"" (MT. 25, 34-40).

   3-12. La más dura y gloriosa realidad del hijo pródigo.

   "Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros"" (LC. 15, 19).

   El hijo pródigo sabía lo que significó para su padre el hecho de que le pidió la parte de la herencia que le correspondía, así pues, dado que actuó con plena conciencia, sabía que cometió un grave pecado. A pesar de ello, él descubrió que su vida no tenía sentido sin su padre, y por ello quiso ser su siervo, con tal de tenerlo cerca. Ello nos recuerda a los cristianos que nos es imposible alcanzar la plenitud de la felicidad, si no vivimos, en presencia, de Nuestro Padre celestial.

   Esta realidad era dura para el hijo pródigo, porque le suponía reconocer que su vida carecía de sentido sin su padre, pero al mismo tiempo, era gloriosa, si se ponía a disposición, de quien podía engrandecerlo, más de lo que podía suponer.

   3-13. el hijo pródigo fue a encontrarse con su padre.

   "Y, levantándose, partió hacia su padre" (LC. 15, 20A).

   Si para los católicos la atrición es el temor de no ser perdonados por Dios ante la posibilidad de ser condenados eternamente, la contrición, es el rechazo al pecado, no por miedo a la citada condenación, sino por la conciencia de la maldad de las obras que se han llevado a cabo, sabiendo que se incumplía la voluntad de dios.

   Todos los cristianos hemos pecado, y, al experimentar el perdón divino, hemos descubierto que Dios nos ama inmensamente. Jesús dijo en cierta ocasión con respecto a una pecadora pública que le lavó los pies con perfume, y se los enjugó con sus cabellos:

   "Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra" (LC. 7, 47).

   ¿Seguirán creyendo muchos de nuestros hermanos que son pecadores indignos de ser perdonados por dios, después de haber leído LC. 7, 47?

   Si cuanto más amamos, más pecados se nos perdonan, amemos a Dios, y sirvámosle en sus hijos los hombres, y así sentiremos cómo se nos abre la puerta del cielo.

   3-14. el padre miraba el horizonte esperando al hijo pródigo.

   "Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente" (LC. 15, 20B).

   Los oyentes de Jesús, debieron quedarse perplejos, cuando, el padre de la parábola, quien parecía no haber escarmentado al haber perdido parte de su herencia y a su hijo menor, cuando el mismo apareció a lo lejos, en vez de pensar en castigarlo, corrió, se echó a su cuello, lo abrazó, y lo besó, efusivamente. Dios es un Padre que, a pesar de que le fallamos muchas veces, siempre nos perdona y acoge, aun sabiendo que, con el paso del tiempo, volveremos a traicionarlo. Este hecho es ilógico para nosotros, si tenemos la costumbre de guardarles rencor a quienes nos ofenden, pero, como dice San Juan Evangelista en su primera Carta, "dios es amor (1 JN. 4, 8).

   3-15. El padre no dejó que el hijo pródigo le pidiera que lo hiciera siervo suyo.

   "el hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo"" (LC. 15, 21).

   Al padre le bastó con saber que su hijo se había arrepentido de lo que había hecho, para tener la certeza de haberlo recuperado, sano y salvo. A él le tenían sin cuidado el dinero que su hijo gastó viviendo como un pecador, las acciones pecaminosas que pudo llevar a cabo, y el sufrimiento que le costó pasar mucho tiempo mirando al horizonte, esperando que su hijo menor regresara. Recordemos que Dios vive esperando el momento en que decidamos convertirnos plenamente a Él, muy a pesar de nuestra humana imperfección. Los años de nuestra vida que desperdiciamos sumidos en la contemplación de nuestras dificultades o pecando sin cesar, no tienen importancia, al compararlos con la dicha que nos aguarda, a partir del día en que decidamos, vivir en la presencia, de Nuestro Padre común.

   3-16. Los siervos de Dios deben estar dispuestos permanentemente a reconciliar a la humanidad con Nuestro Santo Padre.

   "Pero el padre dijo a sus siervos: "Daos prisa" (LC. 15, 22A).

   Dado que vivimos según un estilo de vida que nos obliga a hacer muchas cosas en poco tiempo, podemos caer en la tentación, de incumplir la voluntad, de Nuestro Padre celestial. Esta es la causa por la que Él nos dice, en cada ocasión, que nos recuerda que, la gente con la que nos relacionamos, le necesita: "¡Daos prisa!". Dios quiere salvar a la humanidad del sufrimiento, el pecado y la muerte por nuestro medio, haciendo lo que no podamos llevar a cabo, por causa de nuestra imperfección. La parábola del hijo pródigo, debe renovar constantemente el amor y la ilusión, con que empezamos a trabajar, en la viña del Señor, para que, nuestras ocupaciones y preocupaciones ordinarias, no atenten contra nuestra fe.

   3-17. El nuevo vestido del hijo pródigo.

   "Traed el mejor vestido y vestidle" (LC. 15, 22B).

   Imaginemos el aspecto con que el hijo pródigo debió presentarse ante su padre. Después de haber pasado mucho tiempo apacentando cerdos, sin ni siquiera haber podido alimentarse convenientemente, el citado personaje, debió aparecer ante su padre, con la ropa rota, y muy sucia. A pesar de ello, el padre abrazó a su hijo, sin pensar que se le iba a manchar el traje que vestía. Dios se hizo hombre, vivió entre los pecadores sin marginarlos, afrontó la miseria de la humanidad, y aún está purificando, a quienes desean ser como El, en conformidad con sus posibilidades para alcanzar tal fin, mientras concluye la plena instauración, de su Reino, entre nosotros.

   Obviamente, el citado padre, no podía permitir, que su hijo siguiera teniendo el aspecto, con que se presentó ante él. Esta fue la causa por la que les ordenó a sus siervos que vistieran a su hijo, no con un traje cualquiera, sino con el mejor vestido, el que debía ser lucido en las ocasiones más especiales, el que los cristianos no debiéramos quitarnos jamás, porque es la gracia que recibimos gratuitamente de Dios, para que podamos ser purificados y santificados, con tal de que lleguemos a ser dignos, de vivir en su presencia.

   3-18. el anillo del hijo pródigo.

   "Ponedle un anillo en la mano" (LC. 15, 22C).

   El anillo era un objeto de gran valor que representaba la dignidad familiar que el hijo pródigo recuperó, por deseo expreso de su padre. Dios no perdona nuestras infidelidades a medias. Si Dios perdona nuestros pecados, también nos concede la dignidad de hijos suyos. Ahora bien, si Dios nos concede la dignidad de ser sus hijos, evitemos las ocasiones de defraudarlo, porque nadie nos ama como El.

   3-19. Las sandalias del hijo pródigo.

   "Y unas sandalias en los pies" (LC. 15, 22D).

   Las sandalias indicaban que el recién convertido ya no caminaría jamás descalzo, sin un rumbo determinado, inseguro, hacia ninguna parte. El hijo pródigo tenía todo lo necesario para vivir cumpliendo la voluntad de su padre. ¿Qué camino recorremos ahora que hemos sido calzados por el buen Dios?

   3-20. La matanza del novillo cebado.

   "Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta" (LC. 15, 23).

   El novillo cebado fue criado sin escatimar gastos, para celebrar una fiesta muy especial. La matanza del novillo cebado, indicaba el júbilo del Padre de familia que, por haber recuperado al hijo que perdió en el pasado, hizo una gran fiesta, en la que no solo participaron quienes pertenecían a su clase social, pues también participaron sus siervos. El padre no se reconcilió con su hijo a escondidas, aparentando que el mismo nunca se había separado de él, disimulando la vergüenza, de que su hijo menor, no se dejó educar por él, con tal de no llegar a cometer, los pecados que caracterizaron, los años de su extravío. El hizo una gran fiesta, para que todos sus conocidos fueran partícipes, de la buena nueva, que alegraba su corazón.

   3-21. ¿Por qué quiso el padre celebrar una gran fiesta?

   "Porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta" (LC. 15, 24).

   Cuando el hijo pródigo le pidió al padre la parte de la hacienda que le correspondía legalmente, de alguna manera, le dijo que no le importaba que estuviera vivo, porque no quería ser influenciado por él, ya que quería ser plenamente independiente. El padre vio cómo se marchaba su hijo de casa, quizás sin despedirse de él, pensando que le había sucedido lo peor que puede sucederle a un padre, lo cual es, que se le muera un hijo. Esta es la causa por la que, cuando el padre vio regresar al hijo pródigo a la distancia, corrió a su encuentro, porque, el hijo que se le murió, había recuperado la vida, y también estaba llenando de vida, los años de su ancianidad. El hijo perdido había sido hallado por el padre que lo esperó durante muchos años, y por ello dicho padre decidió celebrar una gran fiesta.

   Dado que muchos padres e hijos no mantienen buenas relaciones entre sí, la parábola del hijo pródigo, puede despertarles diversas emociones, a muchos de ellos. Es necesario que padres e hijos se esfuercen por comprender las posiciones que los mantienen divididos, y que no se dejen cegar por el orgullo, con tal de recuperar sus buenas relaciones, o de alentarlas, si nunca han existido.

   3-22. La conducta inesperada del hijo mayor.

   ""Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." Él se irritó y no quería entrar" (LC. 15, 25-28a).

   El hijo mayor regresó del campo y se extrañó al ver que su padre no le había avisado de que iba a celebrar una fiesta. Cuando este personaje supo que su antecesor había mandado matar el novillo cebado en honor de su hermano menor, -el que, a diferencia de él, en vez de luchar denodadamente para enriquecerlo, se había ido a malgastar su parte de la herencia paterna, y regresó cuando se vio arruinado quizá para terminar de dilapidar el patrimonio familiar-, sintió la impotencia de saber que no le había servido de nada su pérdida de tiempo en desprestigiar a su hermano menor ante su padre, pues temió que su antecesor prefiriera a su otro hijo antes que a él.

   El padre de esta parábola descubrió con gran tristeza, cómo su hijo mayor, -de quien creía que lo amaba más que a sí mismo-, no lo había servido por amor, sino pensando en apropiarse de la mayor parte posible de los bienes gananciales de la familia.

   Oremos para que Dios, no descubra con gran tristeza, que los cristianos no lo servimos por amor a Él y a nuestros prójimos los hombres, sino por asegurarnos una buena posición en su Reino celestial. Oremos para no ser descubiertos por Dios, impidiéndoles el acceso a la fe, a quienes tienen una posición social inferior a la nuestra, porque pensamos que la religión es un privilegio exclusivo, que solo nos corresponde a nosotros.

   Un criado le dijo al hijo mayor: "Tu hermano ha vuelto". Oremos para que, quienes predicamos el Evangelio, no nos cansemos de recordarles a todos los creyentes, que, los considerados pecadores irremisibles, también deben ser amados, y tener oportunidades, para cambiar de conducta, y sentirse hijos de dios, y que sus cambios de conducta, no deben ser forzados por nosotros, pues acaecerán, cuando les abran sus corazones, a Nuestro Padre celestial.

   Al no querer participar de la alegría de su padre, el hijo mayor, deshonró a su progenitor, tanto como lo hizo su hermano menor, cuando le pidió su parte de la herencia, y rompió con su familia. ¡Qué paradójico es el hecho de que se nos descubra a los creyentes sirviendo a Dios por interés, y no por amor!

   3-23. Las súplicas del padre.

   "Salió su padre y le rogaba" (LC. 15, 28b).

   En vez de permanecer bajo la afección de la terquedad del orgullo, apliquémonos las palabras de San Pablo:

   "Hermanos, si alguno incurre en falta, vosotros, que sois hombres de espíritu, debéis corregirle con amabilidad. Y manteneos todos sobre aviso, porque nadie está libre de ser puesto a prueba" (GÁL. 6, 1).

   Es muy fácil pensar lo que haríamos nosotros si estuviéramos en la piel de quienes pasan por determinadas situaciones, pero, si verdaderamente ocupáramos en la vida el lugar de quienes juzgamos apresuradamente, y sin tener en cuenta las razones por las que actúan inadecuadamente bajo nuestro punto de vista, quizá haríamos las mismas cosas que los tales hacen, o quizá actuaríamos peor que lo hacen ellos. Precisamente, -dado que todos somos humanos imperfectos-, debemos tratarnos con amor y comprensión, porque estamos expuestos a cometer errores, e incluso a pecar deliberadamente.

   Por increíble que parezca esto, si tenemos en cuenta que Jesús nos pide en los Evangelios que amemos y amparemos a los menesterosos, existen denominaciones cristianas exclusivas de ricos, los cuales tienen prohibido socorrer a los necesitados porque los consideran pecadores, e incluso, si alguno de ellos se empobrece, le expulsan de sus iglesias o congregaciones, haciéndoles creer a sus adeptos que pecó gravemente, con tal de que no le presten ninguna ayuda.

   3-24. La cerrazón mental del hijo mayor.

   "Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" (LC. 15, 29-30).

   Se ha dicho anteriormente que muchos de nuestros hermanos cristianos, -tanto católicos como no católicos-, creen que son merecedores de la salvación, no porque el amor de Dios les ha alcanzado ese premio por mediación de la muerte y Resurrección del Mesías, sino porque cumplen escrupulosamente los mandamientos de sus respectivas denominaciones, al modo que muchos judíos cumplían la Ley de Moisés en el tiempo de Jesús.

   De la misma manera que el hijo mayor de la parábola que estamos considerando se enfadó con su padre al constatar que su hermano no se había preocupado por obtener méritos que lo hicieran digno de la salvación de su alma, los citados hermanos cristianos, pueden tener dificultades para comprender por qué Dios salvará, -cuando lo estime oportuno-, no sólo a quienes no viven bajo la óptica de ellos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que desconocen totalmente nuestra fe universal.

   El hermano mayor se quejó de que su padre no le había dado ni siquiera un cabrito para hacer una fiesta con sus amigos, recordándole a su antecesor que lo había obligado a trabajar afanosamente, recalcando así la exclusividad de su merecimiento de ser tratado como único hijo del hacendado.

   De la misma manera que el citado personaje no tuvo permiso para hacer una fiesta con sus amigos, nuestro Padre común es muy exigente con quienes libremente hacemos su voluntad, así pues, nos pide que no faltemos a la celebración de la Eucaristía dominical, que leamos su Palabra contenida en la Biblia, que meditemos los documentos de la Iglesia, que contribuyamos a la extinción del sufrimiento del mundo... Hay tantas cosas que deben hacerse urgentemente en la viña del Señor, que nuestro Padre celestial, no nos da tregua para que descansemos. Sin embargo, si nos volvemos demasiado ociosos, perderemos la fe, y se debilitarán nuestros valores humanos.
 
   ¿Entendemos por qué Dios es tan exigente con sus hijos?
 
   ¿Entendemos que las exigencias divinas, más que beneficiar a nuestro Padre común, nos benefician a nosotros, para que crezcamos espiritualmente?

   El hijo mayor, llamó a su hermano, en presencia del padre, "ese hijo tuyo", demostrándole a su antecesor, que lo odiaba. Oremos y esforcémonos para no despreciar a nadie, ni por su posición social, ni por la conducta que observe.

   3-25. Todo lo mío es tuyo.

"Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado" (LC. 15, 31-32).

   Independientemente de que en alguna ocasión nos hayamos sentido como hijos pródigos de Dios, no ocupemos la posición del hermano mayor de la parábola. Si somos creyentes, abrámonos a los creyentes no practicantes, a los practicantes que no sirven a Dios por amor, sino por egoísmo, y a quienes pertenecen a otras denominaciones cristianas, o no son creyentes. Dios quiere ser Padre de toda la humanidad, y nosotros vamos a ayudarle, a tener una gran familia. Que así sea.

   3-26. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-27. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en LC. 15, 1-3. 11-32 a nuestra vida.

   Responde las siguientes preguntas, ayudándote del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   3-1.

   ¿Quiénes eran los publicanos?

   ¿Por qué eran odiados los cobradores de impuestos imperiales por sus hermanos de raza?

   ¿Por qué no marginaba Jesús a los pecadores?

   3-2.

   ¿Cuál era la actitud de los escribas y fariseos ante quienes sufrían por cualquier causa?

   ¿Por qué eran las comidas encuentros comunitarios muy importantes para los judíos?

   3-3.

   ¿Por qué les narró Jesús a sus adversarios la parábola del hijo pródigo?

   Si según Jesús se nos concede la dignidad de ser hijos de dios porque tenemos fe en El, ¿qué necesidad tenemos de cumplir los Mandamientos bíblicos y las normas de las denominaciones a que pertenecemos?

   ¿Qué diferencia observamos entre muchos padres de nuestro tiempo y los padres que vivieron en el tiempo de Jesús?

   3-4.

   ¿Qué entendió el padre de la parábola cuando el hijo pródigo le pidió la parte de su hacienda que le correspondía legalmente?

   ¿Por qué muchos cristianos se niegan a cumplir las normas características de las denominaciones a que pertenecen?

   3-5.

   ¿Por qué siente recelo mucha gente cuando se le intenta aconsejar desde la óptica del Cristianismo para que resuelva sus problemas o sobreviva a los mismos con el menor sufrimiento posible?

   ¿En qué sentido hemos recibido el doble de la herencia divina quienes tenemos algún conocimiento de la Biblia que quienes desconocen a Nuestro Padre común?

   ¿Qué debemos hacer con los dones divinos que hemos recibido del Espíritu Santo?

   3-6.

   ¿Por qué se marchó el hijo pródigo de la casa de su padre?

   ¿Qué hizo el citado personaje con los bienes que heredó de su progenitor?

   ¿Qué debían hacer los padres judíos con aquellos de sus hijos que desobedecían sus órdenes y se embriagaban constantemente?

   3-7.

   ¿Crees que podemos encontrar la felicidad plena ignorando a Dios? ¿Por qué?

   ¿Por qué nuestra forma de proceder afecta a la Iglesia a que pertenecemos?

   3-8.

   ¿Sabes cuáles fueron los tres grandes errores que cometió el hijo pródigo?

   ¿Por qué cometió el hijo pródigo el error de buscar trabajo sin recurrir a su padre?

   ¿Por qué no podemos decir que somos cristianos, si no cumplimos la voluntad de dios?

   3-9.

   ¿Por qué dijo Jesús que el hijo pródigo fue enviado a apacentar cerdos?

   ¿Por qué llegó el hijo pródigo a envidiar a los cerdos que apacentó?

   3-10.

   ¿Has entrado alguna vez en ti mismo/a?

   ¿Por qué pensó el hijo pródigo en la posibilidad de ser un jornalero de su padre?

   ¿Qué es para los católicos el dolor de atrición?

   3-11.

   ¿Por qué se siente Dios ofendido cuando pecamos contra sus hijos los hombres?

   3-12.

   ¿Somos conscientes de que hemos pecado?

   ¿En qué sentido quiere llegar Dios a darle sentido a nuestra vida?

   ¿Por qué era dura y gloriosa al mismo tiempo la humillación del hijo pródigo?

   3-13.

   ¿Qué diferencia hay entre el dolor de atrición y el dolor de contrición?

   ¿Creemos que, cuanto más amamos a Dios, más pecados nos han sido perdonados?

   ¿Seguirán creyendo muchos de nuestros hermanos que son pecadores indignos de ser perdonados por dios, después de haber leído LC. 7, 47?

   3-14.

   ¿Por qué corrió el padre al encuentro de su hijo menor, y lo acogió sin pensar en castigarlo?

   3-15.

   ¿Por qué no esperó el padre a que su hijo le dijera que quería ser su siervo, antes de empezar a organizar la celebración del retorno del hijo pródigo?

   3-16.

   ¿Por qué podemos caer en la tentación de hacer muchas cosas, y de incumplir la voluntad de dios?

   ¿Por qué Dios nos pide que nos demos prisa a la hora de servirlo?

   ¿Qué debemos hacer para que nuestras ocupaciones y preocupaciones ordinarias no atenten contra la fe que nos caracteriza?

   3-17.

   ¿Cuál es el traje especial que siempre debemos vestir los cristianos?

   3-18.

   ¿Cuál es el significado del anillo que le fue dado al hijo pródigo?

   ¿Por qué debemos esforzarnos en no defraudar a Dios?

   3-19.

   ¿Cuál es el significado de las sandalias con que fue calzado el hijo pródigo?

   3-20.

   ¿Por qué fue criado el novillo que mandó sacrificar el padre para hacer celebraciones especiales sin escatimar gastos?

   ¿Por qué mandó sacrificar el padre el novillo cebado?

   3-21.

   ¿Por qué quiso el padre celebrar una gran fiesta?

   ¿En qué sentido resucitó el hijo pródigo de entre los muertos, y fue hallado por su padre, cuando estaba perdido?

   3-22.

   ¿Trabajó el hijo mayor afanosamente para aumentar el patrimonio de su padre, o para asegurarse una buena cantidad de bienes, cuando acaeciera el fallecimiento de su progenitor?

   ¿Por qué pensó el hijo mayor que su hermano retornó a la casa de su padre?

   ¿Qué triste descubrimiento hizo el padre con respecto a su hijo mayor?

   ¿Por qué deben tener oportunidades de ser amados y de convertirse a Dios todos los pecadores?

   ¿Por qué deshonró el hijo mayor a su padre, tanto como lo hizo en el pasado el hijo pródigo?

   3-23.

   ¿Sentimos que Dios nos llama a socorrerlo en quienes sufren por cualquier causa?

   ¿Pensamos que somos superiores a quienes consideramos pecadores irremisibles?

   ¿Por qué nos conviene evitar juzgar temerariamente a nadie?

   ¿Por qué existen denominaciones cristianas que consideran pecadores a los pobres?

   3-24.

   ¿Tenía el hijo mayor la certeza de que su hermano había gastado el dinero que heredó de su padre en prostitutas?

   ¿Nos salvaremos porque tenemos fe en Dios, o por cumplir los mandatos bíblicos y de nuestras iglesias o congregaciones?

   ¿Crees que Dios salvará a quienes, si lo hubieran conocido, lo hubieran aceptado como Padre?

   ¿En qué sentido nos pide Dios que nos afanemos para ser buenos cristianos, tal como lo hacemos, a la hora de realizar las actividades que caracterizan nuestra vida?

   ¿Entendemos por qué Dios es exigente con sus hijos?
 
   ¿Entendemos que las exigencias divinas, más que beneficiar a nuestro Padre común, nos benefician a nosotros, para que crezcamos espiritualmente?

   3-25.

   ¿Con cuál de los personajes que aparecen en la parábola del hijo pródigo debemos identificarnos?

   5. Lectura relacionada.

   Lee los capítulos 15-17 del Evangelio de San Lucas lentamente, para comprender mejor lo que debemos hacer, como buenos cristianos.

   6. Contemplación.

   Contemplemos a Jesús predicándoles el Evangelio a los marginados de nuestro tiempo, entre los que nos encontramos nosotros, quizás no porque somos pobres como ellos, pero compartimos su dignidad, porque nuestra grandeza es pequeña, en comparación con lo que llegaremos a ser, si nos confiamos a Nuestro Santo Padre.

   Contemplemos a quienes quieren comprar la salvación por medio de sus prácticas religiosas, rechazando a quienes más necesitan encontrarse con Dios, aunque, el comportamiento de algunos de los tales, parece demostrar justo lo contrario, a esta realidad, que afecta a toda la humanidad.

   Contemplemos al padre de la parábola sufriendo, porque su hijo menor se separó de él, llevándose la parte de su herencia, que le correspondía legalmente. ¿Hemos saboreado traiciones y desengaños?

   Contemplemos al hijo pródigo intentando sobreponerse a su gran fracaso, y disponiéndose a fracasar nuevamente, con tal de no reconocer ante su padre, que cometió un grave error, al separarse de él.

   Imaginemos cómo se sentirían nuestros hermanos cristianos que no comen sangre si se les obligara a transgredir el citado precepto, e imaginemos al hijo pródigo sucio entre los cerdos, y envidiando la posición de tales animales, los cuales podían comer diariamente, lo cual le estaba prohibido.

   Contemplemos al hijo pródigo reflexionando sobre su situación, y utilicemos tal hecho, para hacer nuestro examen de conciencia para confesarnos, antes de celebrar la Semana Santa.

   Contemplemos al padre abrazando y besando efusivamente a su hijo, y colmándolo de dones. ¿Hemos sentido cómo Dios nos ha acogido después de perdonarnos nuestros pecados?

   Contemplemos al hijo mayor, sin querer participar del gozo de su padre, reclamando para sí el derecho de ser el único hijo de su progenitor.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en LC. 15, 1-3. 11-32.

   Recemos lentamente un Padre nuestro por los pecadores y marginados de este mundo, pensando que Dios quiere ser el padre de toda la humanidad, sin hacer distinciones marginales.

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Dios y Padre bueno: No quiero independizarme de ti imitando la conducta del hijo pródigo de la parábola de Jesús, ni quiero marginar a nadie, tal como lo hacía el hijo mayor. Dame un corazón como el tuyo, para que me sienta hermano de la humanidad, sin ceder a la tentación, de hacer distinciones marginales.

   9. Oración final.

   Lee los Salmos 51 y 61.

   Nota: He utilizado en esta meditación el leccionario de la Misa, la Biblia de Jerusalén versionada el año 1976, la biblia Reina Valera versionada el año 1960, y la meditación que escribí, para la Vigilia pascual, del año 2010.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Ejercicio de lectio divina para el Domingo V de Cuaresma del ciclo C del año 2013. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.

   Domingo, 17/03/2013, Domingo V de Cuaresma del ciclo C.

   Amemos a los hijos de dios, y evitemos el hecho de juzgarlos.

   Ejercicio de lectio divina de JN. 8, 1-11.

   1. Oración inicial.

   Estimados hermanos y amigos:

   Olvidemos durante unos minutos nuestras preocupaciones, y meditemos el Evangelio correspondiente a este Domingo V de Cuaresma del ciclo C.

   Dios es el centro de nuestra vida, así pues, para interiorizar su Palabra, y sentir el deseo de cumplir su voluntad, necesitamos meditar la biblia en estado de recogimiento, sin permitir que nuestras preocupaciones ordinarias nos distraigan. No podremos realizar este ejercicio de meditación provechosamente, si no nos olvidamos de nuestros problemas ordinarios mientras reflexionamos.

   Meditemos el Evangelio de hoy desde el punto de vista de todos los personajes que aparecen en el relato que vamos a considerar.

   Pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine para que podamos vislumbrar el mensaje que el Señor nos transmite en el relato joánico que vamos a considerar.

   Oremos:

   Espíritu Santo, amor que procedes de Nuestro Santo Padre y de Jesucristo, Nuestro Redentor, ilumina nuestro entendimiento, para que podamos comprender el fragmento del cuarto Evangelio que vamos a considerar.

   Haznos comprender que no podemos interpretar el designio divino de Nuestro Santo Padre sin tu ayuda.

   Renueva nuestra mentalidad para que cada día seamos más semejantes a Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador, a quien deseamos imitar.

   Concédenos tus dones para que cada día ansiemos más el hecho de alcanzar la divina perfección de Nuestro Santo Creador.

   Irrumpe en nuestra vida, haznos aborrecer el mal, e incúlcanos tu santo temor, para que te amemos y respetemos, y así nos sintamos motivados a vivir bajo tu santa inspiración. Amén.

   2. Leemos atentamente JN. 8, 1-11, intentando abarcar el mensaje que San Juan nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer
se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
—«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
. «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.  Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno,  empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:  —«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?»
Ella contestó:
—«Ninguno, Señor.»
Jesús dijo:
—«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

   2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.

   2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.

   3. Meditación de JN. 8, 1-11.

   3-1. Jesús oraba constantemente.

   “Y Jesús se fue al monte de los Olivos” (JN. 8, 1).

   Jesús fue un gran predicador. El Señor les predicaba el Evangelio a las multitudes durante las horas que se prolongaban los días, instruía a sus Apóstoles en el conocimiento de Dios y de su Evangelio durante las noches, y oraba durante las horas que antecedían a la llegada de los nuevos días. He aquí lo que nos dice San Lucas que sucedió, la noche anterior al día en que Nuestro Señor eligió a sus Apóstoles:

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (LC. 6, 12).

   La oración de petición es un indicio de que tenemos una gran confianza en Dios. Jesús creía plenamente que Nuestro Santo Padre escuchaba sus oraciones. Esta es la causa por la que el Señor les dijo a sus oyentes en cierta ocasión:

   “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá; porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (LC. 6, 10-13).

   Si nosotros que por causa de nuestra imperfección no podemos compararnos con Dios, somos capaces de amar con un amor inferior al amor que Nuestro Padre común siente por nosotros, y en ciertos casos hacemos el bien sin importar el riesgo que ello nos suponga, ¿nos desamparará Dios en nuestras necesidades? Jesús no nos dice solo que Dios nos concederá lo que le pidamos en oración cuando ello convenga a nuestra salvación, sino que nos enviará a su Espíritu Santo, cumpliendo así el siguiente texto profético:

   “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (IS. 64, 4).

   Jesús tenía la costumbre de orar en el huerto de los Olivos. En aquella propiedad de José de Arimatea fue donde sus enemigos lo prendieron mientras oraba.

   “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (LC. 22, 44).

   Jesús amaba sus ratos de oración, por ello deseaba tener el privilegio de estar en los sitios donde podía dirigirse a Nuestro Santo Padre tranquilamente, sin límite de tiempo, y sin ninguna causa que interrumpiera su retiro espiritual.

   Contemplemos a Jesús orando. Percibamos la ternura con que Nuestro Señor oraba insistentemente, y pensemos si somos grandes almas de oración, o si, por el contrario, a duras penas rezamos tarde, mal y nunca, porque aducimos muchos pretextos, antes de reconocer que no oramos, porque nuestra fe es muy pequeña.

   3-2. La morada de Dios.

   “Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba” (JN. 8, 2).

   Cuando el Domingo III de Cuaresma del ciclo B recordamos el episodio de la expulsión de los vendedores y cambistas de monedas del templo de Jerusalén por parte de Jesús (JN. 2, 13-25), también recordamos que el verdadero Templo de Yahveh es su Hijo Jesucristo. Ninguna persona ni ninguna doctrina pueden alcanzarnos la salvación divina tal como lo hizo Jesús, a través de su Pasión, muerte y Resurrección. Unidos a Cristo, llegamos a ser la verdadera morada de Dios.

   Jesús sabía que su doctrina era novedosa, y que, para sus hermanos de raza, el templo jerosolimitano seguía siendo el centro del poder político-religioso, desde el que debía dirigirse a los judíos, con tal de poder predicarles el Evangelio de salvación.

   Siguiendo la costumbre de los maestros de Israel, Jesús predicaba sentado, mientras la gente le escuchaba de pie. Jesús no predicaba sentado para hacer ostentación de su grandeza, sino para darles a entender a sus oyentes que Él es el único a quien debemos llamar Maestro con toda justicia, según leemos sus palabras, en el Evangelio de San Mateo.

   “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (MT. 23, 8).

   ¿Es Jesús nuestro Maestro de espiritualidad, o nos dejamos persuadir por quienes contradicen a Dios imponiéndonos su forma de pensar?

   3-3. La trampa.

   “Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (JN. 8, 3-5).

   Veamos lo que decía la Ley de Moisés que había de hacerse con los adúlteros.

   “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (LV. 20, 10).

   “Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel. Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad (pidiendo ayuda), y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti” (DT. 22, 22-24).

   Puede ser curioso el hecho de que los judíos le presentaran a Jesús a una mujer sorprendida cometiendo adulterio, y que no le presentaran al hombre que estaba con ella. De este hecho podemos deducir que, más que aplicarle la Ley a dicha mujer, los enemigos del Señor, querían utilizarla, para hacerle daño a Nuestro Salvador.

   Los judíos le pidieron a Jesús que juzgara a una víctima de la consecución del interés de desprestigiarlo a quien se negó a condenar, porque ellos habían tomado la decisión de lapidarla.

   Jesús tenía que ser muy astuto para no caer en la trampa que le tendieron sus enemigos. Si el Señor les daba la razón a quienes querían aplicarle la Ley a la mujer adúltera, ellos le acusarían de no defender a los pecadores, enfermos y desposeídos, que, en su mayoría, constituían el grupo de seguidores de Nuestro Redentor. Además, si Jesús decía que debían apedrear a dicha mujer, se le podría acusar ante el poder romano de incumplir su Ley, ya que los colonizadores no permitían que los judíos les aplicaran la pena de muerte a quienes juzgaban. Si, por el contrario, Jesús exculpaba a la adúltera de que se le aplicara la Ley, se le podía acusar de transgredir la Ley mosaica.

   3-4. Jesús escribió en el suelo.

   “Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo” (JN. 8, 6).

   ¿Qué escribió Jesús en el suelo? San Juan no responde esta pregunta en el relato que estamos considerando. Hay quienes sugieren que el Señor escribió los Mandamientos del Decálogo, y hay quienes piensan que no escribió nada, sino que dejó pasar los minutos en las dos ocasiones en que se limitó a escribir en el suelo, con tal de lograr que sus acusadores se examinaran a sí mismos.

   3-5. El examen de conciencia.

   “Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra” (JN. 8, 7-8).

   Jesús logró someter a sus enemigos a un riguroso examen de conciencia, y volvió a escribir en el suelo, para que, quienes se fueron avergonzados por causa de sus actos pasados, no se sintieran acusados ni espiados por El. A este respecto, no deja de impresionarnos la manera tan fina en que hilaba Nuestro Salvador.

   Detengámonos unos minutos a considerar si despreciamos a quienes son de una raza diferente a la nuestra, a las mujeres o a cualquier otro colectivo de personas.

   Metámonos espiritualmente, tanto en la piel de la mujer adúltera que temía por su vida, como en la vida de quienes son injustamente marginados.

   Examinemos nuestra conducta, para ver si aplicamos a nuestra vida, las siguientes palabras de San Pablo:

   “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (GÁL. 3, 28).

   3-6. Enmendemos nuestros errores.

   “Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los más postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio” (JN. 8, 9).

   Los acusadores de la adúltera se fueron al pensar en sus pecados. Los primeros en rectificar su conducta fueron los mayores, quienes, por su edad, tenían fama de ser más sabios que los demás, y debían ser por ello muy estimados, e imitados por los jóvenes y carentes de experiencias vitales.

   ¿Son nuestros jóvenes ejemplos a imitar por los niños?

   ¿Somos los cristianos adultos ejemplos a seguir para quienes serán la generación del futuro?

   ¿Es nuestra fe grande y fiable como para conseguir que los no creyentes se acerquen al Señor?

   Contemplemos a los acusadores de la adúltera dejando solos a Jesús y a la citada mujer, y, en el caso de que discriminemos a alguien, tomemos la decisión de aceptarle, porque tiene deberes que cumplir y derechos que le asisten. Evitemos despreciar a quienes son diferentes a nosotros.

   3-7. Mujer, ¿dónde están tus acusadores?

   “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” (JN. 8, 10).

   Jesús no se enderezó hasta que se percató de que estaba solo con la adúltera. El Señor le preguntó a dicha mujer dos veces por sus acusadores, para prepararla a aprender algo muy importante, lo cual es sentir la tranquilidad y satisfacción que aporta el hecho de vivir cumpliendo la voluntad de Dios, y, por consiguiente, evitando las ocasiones de pecar.

   Por su parte, la adúltera sabía que ninguno de sus acusadores la había condenado, pero, ¿qué haría Jesús de su vida?

   3-8. Vete, y no peques más.

   “Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (JN. 8, 11).

   ¿Por qué no condenó Jesús a la adúltera, si la Ley de Moisés, -de la que se creía había sido escrita en parte por el dedo de Dios-, exigía la lapidación de las mujeres que se prostituían, y cometían adulterio?

   San Juan contesta la pregunta que nos hemos planteado en su Evangelio, con las siguientes palabras de Jesús:

   “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (JN. 3, 16-17).

   Quien cree en Jesús y le ama, merece el perdón de sus pecados y la aceptación por parte de Dios. Recordemos lo que Jesús dijo con respecto a la pecadora pública que vertió perfume sobre sus pies, y se los enjugó con sus cabellos.

   “Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (CF. LC. 7, 47).

   No importa la gravedad de nuestros pecados a la hora de acercarnos a Jesús, pues, cuanto más se nos perdona, mayores son nuestra deuda y nuestro amor para con el Dios Uno y Trino.

   Cuando celebremos la Vigilia pascual durante la noche del Sábado de Gloria, oiremos el siguiente texto, que forma parte del pregón pascual:

Necesario fue el pecado de Adán,
Que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

   3-9. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.

   3-10. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.

   4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en JN. 8, 1-11 a nuestra vida.

   Responde las siguientes preguntas, ayudándote del Evangelio que hemos meditado, y de la meditación que aparece en el apartado 3 de este trabajo.

   ¿Por qué tenía Jesús la costumbre de orar?

   ¿Qué significaba el templo de Jerusalén para los judíos?

   ¿Qué significan para nosotros los templos en que celebramos la Eucaristía?

   ¿Cuál es el Templo en que vive y se manifiesta Dios?

   ¿Contradice a Jesús el hecho de que consideremos que nuestra iglesia (el templo en que celebramos la Eucaristía) es la casa de Dios?

   ¿Por qué predicaba Jesús sentado, y sus oyentes le oían de pie?

   ¿Nos hemos preguntado por qué celebramos la Eucaristía adoptando las posturas de estar sentados y de pie?

   ¿Nos hemos aprovechado de las circunstancias dolorosas de alguien para conseguir algún propósito contrario al cumplimiento de la voluntad de Dios?

   ¿Creemos que seremos salvos porque tenemos fe en Dios, o pensamos que podemos comprar la salud de nuestra alma, cumpliendo los Mandamientos de Dios y de su Santa Iglesia?

   ¿Hacemos el bien porque amamos a Dios y a nuestros prójimos, o porque el cumplimiento de los preceptos bíblicos y eclesiásticos nos obliga a ello?

   En el caso de marginar a algún colectivo de personas, ¿nos disponemos a aceptarlas y a no impedir su crecimiento personal y desarrollo social?

   ¿Somos piadosos con quienes se arrepienten de sus pecados, o vivimos echándoles sus culpas en cara, para que nunca puedan superar las vivencias difíciles y dolorosas del pasado?

   ¿Somos conscientes de que para que se nos perdonen nuestros pecados cuando nos confesamos, debemos adoptar el propósito de asemejar nuestra vida a la de Jesús, en cuanto ello nos sea posible, por obra y gracia del Espíritu Santo?

   5. Lecturas relacionadas.

   5-1. Somos responsables de la santificación de nuestros prójimos los hombres.

   “Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

   Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.

   Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.

   Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano.

   Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma” (EZ. 3, 17-21).

   5-2. Amémonos unos a otros, porque Dios es amor.

   “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 JN. 4, 7-8).

   6. Contemplación.

   Contemplemos a Dios, que envió a su Hijo al mundo, no para que condenara a la humanidad herida por el pecado, sino para ponerse en el lugar de quienes son marginados, para ser nuestro ejemplo a imitar.

   Contemplemos a Jesús, que se apiadó de la mujer adúltera, porque vino al mundo a ser tratado como merecedor de un gran castigo, para demostrarnos que Dios nos ama.

   Contemplemos a la mujer adúltera, cuando temió por su vida, y cuando sus acusadores decidieron no apedrearla porque también ellos habían incumplido la voluntad de Dios, y Jesús la perdonó, diciéndole que no volviera a incurrir en ningún pecado.

   Contemplémonos a nosotros, pues, según las circunstancias que vivamos, podemos ocupar el lugar de la pobre adúltera, o actuar como sus acusadores, tanto a la hora de acusarla, como a la hora de no asesinarla tras hacer un minucioso examen de conciencia, y tenemos el deber de amar a nuestros prójimos los hombres, con tal de llegar a ser perfectos imitadores de Nuestro Salvador.

   7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de dios, expuesta en JN. 8, 1-11.

   Obedezcamos al Apóstol San Pablo, quien nos dice:

   "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados" (EF. 5, 1).

   "Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios.

   Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.

   Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.

   El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

   Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

   Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

   Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

   Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo" (EF. 4, 23-32).

   Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.

   8. Oración personal.

   Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

   Ejemplo de oración personal:

   Señor Jesús: En este día en que nos recuerdas que debemos perdonarnos unos a otros y evitar juzgarnos para que podamos formar parte de la familia del Dios Uno y Trino, ayúdanos a vencer tales tentaciones, que amenazan con impedirnos ser dignos, de vivir en la presencia, de Nuestro Padre común.

   9. Oración final.

"Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.
Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado" (SAL. 32, 1-5).

   Nota: He utilizado en esta meditación el leccionario de la Misa y la Biblia Reina Valera del año 1960, ya que el presente trabajo será leído por cristianos de diferentes denominaciones.

   José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en

joseportilloperez@gmail.com

Meditacion para la Misa del Domingo XXXIII del tiempo Ordinario del ciclo A del año 2002. Por Jose Portillo Perez.

   Padre nuestro.
 
   17/11/2002, Domingo XXXIII Ordinario, ciclo A.
 
   Día de la Iglesia Diocesana.
 
   Lecturas: Proverbios, 31, 31,  10-13. 19-20. 30-31; Salmo 127; 1 Tesalonicenses, 5, 1-6; San Mateo, 25, 14-30.
 
   Meditación:
 
   1. La lectura del libro de los Proverbios es algo más que una alabanza a las mujeres que son dignas de ser alabadas por su forma de aceptar y llevar a cabo sus responsabilidades, así pues, dicha lectura constituye un hermoso himno que glorifica la actitud de los cristianos que oran y laboran esperando la Parusía o segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. A este respecto, San Pablo, en su primera Carta a los cristianos de Tesalónica, nos advierte para que estemos preparados a recibir al Rey que viene pronto a nuestro encuentro.

   2. Las lecturas correspondientes a la Eucaristía que estamos celebrando, pretenden prepararnos a celebrar la Solemnidad de Cristo Rey, la celebración de la victoria lograda por nuestro Hermano y Señor Jesucristo, quien luchó contra toda fuerza que se oponía a su Evangelio, con el fin de hacer que todos los dones que recibió de Dios produjeran fruto abundante. En esta ocasión debemos hacer un exhaustivo examen de conciencia, para ver si estamos haciendo que los talentos que hemos recibido de manos de nuestro Padre celestial estén produciendo el fruto que es consecuencia del amor con que nuestro Señor nos ama.

   3. Es bueno que nos esforcemos por hacer felices a nuestros familiares, y es muy productivo para nuestra sociedad el hecho de que tengamos muchos amigos y nuestro trabajo esté muy bien hecho, independientemente del trato que recibamos. Muchos de los que estáis leyendo esta breve meditación, estáis trabajando sometidos a unas condiciones muy difíciles de soportar, es esta la razón por la cual os pido como lo har&iacut