Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2012.

Compensacion.

COMPENSACION

Dios nos ha dejado una ley
maravillosa de la compensacion.

Por cada sufrimiento
siempre vendra un tiempo de gozo;

Por cada perdida
siempre vendra una provision
gloriosa

y por cada tiempo dedicado a Dios
siempre vendra
un tiempo que Dios dedique para ti.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:04 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Creo en ti amigo.

" CREO EN TI AMIGO "

Creo en ti amigo:
Si tu sonrisa es
como un rayo de luz
que alegra mi existencia.

Creo en ti amigo:
Si tus ojos brillan
de alegría al encontrarnos.

Creo en ti amigo:
Si compartes mis lágrimas
y sabes llorar con los que lloran.

Creo en ti amigo:
Si tu mano está
abierta para dar
y tu voluntad es
generosa para ayudar.

Creo en ti amigo:
Si tus palabras
son sinceras y expresan
lo que siente tu corazón.

Creo en ti amigo:
Si sabes comprender
bondadosamente
mis debilidades
y me defiendes
cuando me calumnian.

Creo en ti amigo:
Si tienes valor
para corregirme
amablemente.

Creo en ti amigo:
Si sabes orar por mí,
y brindarme buen ejemplo.

Creo en ti amigo:
Si tu amistad me lleva
a amar más a DIOS
y a tratar mejor a los demás.

Creo en ti amigo:
Si no te avergüenzas
de ser mi amigo
en las horas tristes y amargas.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:04 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

sábado, 1 de agosto de 2009

EVANGELIO: Jn 6, 24-35

* A veces comenzamos a seguir a Jesús por efecto manada: nuestros amigos van a un grupo parroquial y nosotros vamos tras ellos; alguna necesidad nos impulsa a una devoción y comenzamos a ir a misa más frecuentemente en acción de gracias o para pedir un nuevo favor. A veces, un sacerdote durante sus homilías o en la acción pastoral nos mueve a seguir su ejemplo y a cambiar nuestro dormido estilo de vida.

Eso está muy bien para empezar, pero es el encuentro con Jesús, es el deleite de sus palabras y la realidad que día a día va transformando en nuestro interior el verdadero y auténtico motivo para seguir sus pasos.

Aprovechemos este Evangelio para renovar nuestra confianza en Aquel que no defrauda nunca.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?". Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello". Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que él ha enviado". Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: 'Les dio de comer el pan bajado del cielo'". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".
Palabra del Señor.
(
http://domingoconagustin.blogspot.com.es/2009/08/evangelio-jn-6-24-35.html
).

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.


Jn 6,24-35 


24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, 

subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado

aquí?»

26 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me

buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los

panes y os habéis saciado. 

27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que

permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a

éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»

28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»

29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha

enviado.»

30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos

en ti? ¿Qué obra realizas?

31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: =

Pan del cielo les dio a comer.» =

32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien

os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;

33 porque el pan de es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»

34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»

35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá

hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. 


COMENTARIO


Seguir a Quien lo merece


1.-La perseverancia en la fe y en el amor obtiene sus frutos que son,

siempre, agradables a los ojos de Dios. 


2.-Muchos persiguen, en el buen sentido, a Jesús. Quieren oírle y, si es

posible, que les cure de algún mal físico e, incluso, espiritual.


3.-Pero Jesús quiere algo distinto al simple goce material. Busca que

entiendan que lo que verdaderamente importa es el goce espiritual, buscar

el Reino de Dios y, es más, saber encontrarlo.


4.-Pero los que oyen están ciegos. Sólo quieren hacer lo que Él puede

hacer con oración (los había saciado con pan y peces con su milagro) No les

interesa nada más o, más bien, no comprenden nada más. 


5.-Sin embargo, el Hijo de Dios les dice algo que es muy importante si se

es comprendido: “La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado” 


Ahí está lo que mejor deberían haber entendido: Jesús, el Enviado de Dios,

les estaba hablando y les pedía que le siguieran. 

 

6.-Ni aún así entienden nada. Continúan por su vida material y humana.

Aún le piden una señal al igual que, muchas veces, hacemos nosotros

mismos. 


7.-Él mismo, Jesús, es la prueba que necesitan. El pan que ha bajado

del cielo para ser comido (vemos, aquí, una anticipación de la Eucaristía)

está delante de ellos y a ellos se presenta. Tal es el pan que da la vida al

mundo y por el que pueden salvarse. 


8.- ¿Qué tienen, pues, qué hacer? Si es que quieren alcanzar la salvación

eterna y gozar del Reino de Dios, les dice, exactamente, en Quién tienen

que fijarse y, al fin y al cabo, a Quién tienen que seguir.


9.-La aceptación del mensaje de Cristo y de la doctrina que vino a traer; el

acercarse al Hijo de Dios y seguir sus pasos (entonces, físicamente, y

ahora, espiritualmente) es, exactamente, lo que tenían que hacer. 


Él se presentaba con una realidad divina; ellos tenían que seguir tal realidad

y hacerlo de todo corazón, no teóricamente.


10.-Hay, por tanto (tenían) que creer en el Enviado por Dios, en el Hijo

de Dios. Tal era la verdadera causa de sus vidas o, al menos, debería serlo. 


Así, al beber del agua que sacia el corazón para siempre, la salvación era,

digamos, resultado de la manifestación de voluntad por parte de quien la

 acepta.
(
http://www.homiletica.org/PDF6/aahomiletica022213.html
).

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

San Juan 6,24-35:
Vivir para aquello que no se acaba
Autor: Regnum Christi

Fuente: Regnum Christi       Para suscribirse  

 

Evangelio:

Evangelio: San Juan 6,24-35:

En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus Discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?½. Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que le dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello½. Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?. Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en Aquél a quien Él ha enviado½. Entonces la gente le preguntó a Jesús: ¿Qué señal vas a realizar Tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo½. Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo½. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de ese pan½. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Oración introductoria:

Jesús, yo como esa gente de la que habla el Evangelio, vengo a tu encuentro, quiero hablar contigo y escuchar tus palabras; no busco ningún interés personal, lo único que te pido es que me llenes de ti y me hagas experimentar tu amor para poder corresponderte.

Petición:

Señor, no permitas que pierda nunca las oportunidades de recibirte en la Eucaristía. ¡Dame siempre de ese Pan!

Meditación:

El Señor nos invita a realizar nuestro trabajo con la mirada puesta más allá de este mundo. Jesús nos llama a no poner el fin de nuestras obras en aquello que es pasajero. Hagamos pausas durante el día y orientemos nuestra vida hacia la eternidad. Lo anterior sólo es posible si vivimos de Dios y en Él, mediante la oración y los sacramentos. Nuestra meditación de hoy es un buen momento para examinar cómo participamos en la Santa Misa. La Eucaristía ha de ser el punto central de nuestra vida, la cumbre a la que tienda toda nuestra oración. Es ahí, en el Sacramento del altar, donde se descubre el verdadero valor de las cosas y de la vida; el amor de Cristo nos revela la vanidad de todo lo que no es Dios y la relatividad de lo que nos rodea. Pidamos en esta meditación la gracia de aprender a vivir de mejor manera el misterio de la Eucaristía a fin de que cada vez que comulguemos nos transformemos más en verdaderos cristianos.

Reflexión apostólica:

El miembro del Regnum Christi busca el contacto asiduo y paciente con Cristo vivo en su palabra y en sus sacramentos, principalmente en la Eucaristía, así como en la oración personal. Ahí se tiene el centro de todo el existir y la gran escuela para alcanzar el conocimiento experimental de su amor.

Propósito:

Hacer durante el día varias comuniones espirituales para orientar toda mi vida a Dios.

Diálogo con Cristo:

Gracias Señor por tu Eucaristía, por el gran don de ti mismo, gracias por esta gran prueba de tu amor. Quiero corresponderte siempre. ¡Venga tu Reino a mi corazón!

«Si ustedes desean enamorarse de Cristo, acudan frecuentemente, sin prisas y con mucho amor, a la Eucaristía» (Cristo al centro, n. 3
(
http://homiletica.org/legionarios/legionariosdecristoD0719.htm
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

javier velasco arias
Blog de un entusiasta de la Biblia


martes, 31 de julio de 2012Domingo XVIII del tiempo ordinario - Jn 6,24-35
 
Eucaristía

 
Palabra de Dios


Continuamos con la catequesis eucarística que iniciamos el domingo pasado; el evangelista clarificará lo que en el evangelio anterior estaba insinuado. Jesús habla de un «alimento que perdura hasta la vida eterna», obviamente está hablando de la Eucaristía: «Yo soy el pan de vida», afirmará. Pero, al mismo tiempo, está relacionando esta realidad con la fe, con creer en Él, con escuchar su Palabra: sólo así es posible participar plenamente del «pan del cielo»


La doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía, que fue subrayada en el concilio Vaticano II, es una realidad única, inseparable, insustituible. En ambas Cristo se hace presente. Su Palabra y su Carne son el alimento indispensable de la comunidad cristiana. Sin ambas no hay liturgia, no hay Eucaristía, no hay Iglesia. La Palabra de Dios y la Eucaristía deben ser amadas por la comunidad creyente y frecuentadas con asiduidad; hemos de repetir convencidos: «Señor, danos siempre de este pan»


Publicado por Javier Velasco Arias
(
http://jvelascoa.blogspot.com.es/2012/07/domingo-xviii-del-tiempo-ordinario-jn.html
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Juan 6, 24-35

"El que viene a mí no pasará hambre"

Autor: Padre Juan José Palomino del Alamo

  - Se abre el capítulo 6° de Juan con el relato de la multiplicación de los panes. Hoy, en el evangelio, se analiza en profundidad este gesto de Jesús. Se trata de signos de Jesús, acciones del Señor, que nos expresan el amor gratuito de nuestro Padre Dios.
- La gente busca a Jesús, pero El quiere que comprendan la totalidad de su mensaje, sellado por Dios, su Padre.
Inicialmente, el pueblo sigue a Jesús, porque les daba el alimento que necesitaban. Poco a poco el pueblo se va abriendo a la enseñanza de Jesús y está dispuesto a hacer las obras que Dios quiere.
- Jesús les dice que la primera obra, que deben hacer, es tener fe en El, reconocerle como enviado de Dios. De esta fe en Cristo reciben las otras obras su sentido pleno. Así se presenta ante ellos el Señor como el pan de vida. De toda vida. Y este pan no es como el maná, que comieron sus padres en el desierto, y murieron. El
alimento, que reciben ahora de Jesús, debe traducirse en obras, pues son signos que expresan el pan que da vida al mundo y vida eterna, que no muere. En él debemos creer.
- Nos dice Jesús: "No trabajéis por el alimento que perece sino por el que perdura dando vida.
1) Natural, porque lo que interesa es la vida. Y ésta no depende de que pueda caminar en bicicleta o en coche.
2) Lo que interesa es tener vida, no tener dos prendas de vestir de buen paño. Con ir vestido sencillamente,
es suficiente.
3) Lo que interesa es tener vida, no tener en casa una calefacción tan buena que te obligue a estar en mangas
de camisa, o un aire acondicionado tan intenso que tengas que ponerte en verano ropa de abrigo.
4) Lo que interesa es saber vivir, no disfrutar del mejor cogñac o de los licores más caros.
Si no descubrimos esto, nos pasaremos la vida amontonando cosas que, después de conseguidas, no nos
dejan vivir y nos llenan de inquietud, agobio, preocupación por darles un destino interesado. Son las drogas,
que adormecen nuestra conciencia. Y si no conseguimos esas cosas, nos deprimimos y las ambicionamos más.
El trabajo, que Dios quiere, y que nos interesa a nosotros, consiste en descubrir el sentido de la vida humana,
el proyecto de Dios, que es el verdadero pan, que nos da vida.
¿Para qué nos sirve tener tantas cosas, si estamos vacíos por dentro? Tenemos que interesarnos por lo que
merece la pena. Los mesías, que prometen abundante pan e ilusiones de una vida montada sobre el consumismo
desenfrenado, nos engañan. El quid de la vida está en las palabras de Jesús: "Yo soy el pan de la vida. El que
viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed".
(
http://homiletica.org/juanjosepalo/juanjosepalominodelalamo257.htm
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

San Juan 6,24-35:
"Yo soy el pan de vida"
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant  

 

1.        LA GENTE VIO QUE NI JESÚS NI SUS DISCÍPULOS ESTABAN ALLÍ

El milagro que Jesús ha hecho multiplicando los panes es extraordinario, entonces no quieren separarse de El.

Después que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, despidió a la multitud después de la multiplicación de los panes. Esto fue la misma tarde, al embarcarse los discípulos. El Evangelio dice que: Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla, es decir un pequeño grupo se habría quedado allí, a la espera de Jesús, que no había embarcado, y que acaso es a lo que alude san Juan, es decir, en la región de et-Batiha, donde multiplicó los panes.

Las gentes que se habían retirado, lo mismo que la que se había quedado, habían constatado esto: que Jesús no había embarcado con los discípulos, con eso queda ratificado que Jesús hizo su caminata milagrosa sobre las aguas, y que no había quedado allí más que una barca.

2.        SE EMBARCARON Y FUERON A CAFARNAÚN EN BUSCA DE JESÚS

Mientras tanto, unas barcas de Tiberiades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan Pero al siguiente día de la multiplicación de los panes vinieron a este lugar diversas barcas procedentes de Tiberiades, sin que se diga el motivo de esta arribada. Acaso en busca de Jesús, avisados por algunos de los que hubiesen retornado la víspera, o por el rumor de que se hallase allí. Tiberiades era capital y, situada en el lago, era el puerto principal de Galilea. Josefo, historiador judío, hace ver el gran movimiento de naves que en él había en ese lugar.

Como estas gentes que habían quedado allí se dieron cuenta que no podían encontrar a Jesús, aunque no lo vieron embarcar; y como vieron que los discípulos se dirigieron a Cafarnaúm, aprovecharon la oportunidad de estas barcas que acababan de llegar de Tiberiades, se embarcaron en ellas, dice san Juan: subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Aquí lo van a encontrar, y en esta villa tendrá lugar el discurso sobre el “Pan de vida.”

3.        MAESTRO, - CUÁNDO LLEGASTE

Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: Maestro, - cuándo llegaste - . La pregunta que le hacen con el título honorífico de Maestro, Rabí, lleva un contenido sobre el modo extraordinario como vino. Sabían que no se había embarcado ni venido a pie con ellos. Deben haber estado maravillados, al pensar como había venido Jesús. Era un volver a admitir el prodigio en su vida.

4.        ME BUSCAN, NO PORQUE VIERON SIGNOS, SINO PORQUE HAN COMIDO PAN HASTA SACIARSE

La respuesta de Jesús pasa por alto aparentemente la cuestión para ir directamente al fondo de su preocupación. No le buscan por el milagro como signo que habla de su grandeza y que postula, en consecuencia, obediencia a sus disposiciones, sino que sólo buscan el milagro como provecho, Jesús les respondió: Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

Que busquen, pues, el alimento no temporal, aun dado milagrosamente, sino el inmortal, el que permanece para la vida eterna, y éste es el que dispensa el Hijo del hombre, por eso le dice Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; y cuya garantía es que el Padre, que es al que ellos llaman Dios, el Padre, marcó con su sello. La credencial del que lo envía, son los milagros, los signos.

5.        BUSCAN A DIOS NO POR DIOS, SINO POR LA AYUDA QUE PUDIERAN CONSEGUIR DE EL,

En nuestra realidad de hoy, con cierta pena vemos como sucede que hay personas que buscan en la religión algo que les resulte conveniente, entonces buscan a Dios no por Dios, sino por la ayuda que pudieran conseguir de El, y además exigen rapidez, luego sucede que la respuesta les tarda en llegar, entonces, pierden la fe y le dan la espalda al Señor. No es el alimento material el que debemos buscar, sino el que permanece por siempre, hasta la Vida Eterna.

Hasta aquí las multitudes, y sobre todo los que los guiaban, no tienen dificultad mayor en admitir lo que Jesús les dice, principalmente por la misma incomprensión del hondo pensamiento de Jesús. Por eso, no tienen inconveniente en admitir, como lo vieron en la multiplicación de los panes, que Jesús esté sellado por Dios para que enseñe ese verdadero y misterioso pan que les anuncia, y que es alimento que permanece hasta la vida eterna.

6.        LA OBRA DE DIOS ES QUE USTEDES CREAN EN AQUEL QUE ÉL HA ENVIADO

De ahí el preguntar qué - Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios - es decir, para que Dios les retribuya con ese alimento maravilloso. Piensan, seguramente, que puedan ser determinadas formas de sacrificios, oraciones, ayunos, limosnas, que eran las grandes prácticas religiosas judías.

Pero la respuesta de Jesús es de otro tipo y terminante. En esta hora mesiánica es que - Jesús les respondió: - La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado - Fe que, en San Juan, es con obras (San Juan 2:21; cf. San Juan 13:34). La multitud comprendió muy bien que en estas palabras de Jesús no sólo se exigía reconocerle por legado de Dios, sino la plena entrega al mismo.

7.        EL HOMBRE ESTA PARA SERVIR A DIOS

Esto es lo que nos dice con mucha claridad Jesús, no está Dios para servir al hombre, al contrario, el hombre esta para servir a Dios. Dios atiende nuestras plegarias y necesidades, todo esto por el gran amor que les tiene a los hombres, pero debemos estar siempre dispuestos a servirle, haciendo su voluntad, viviendo una vida y una conducta agradable a Dios, y a El le dejamos su misericordioso auxilio.

Jesús, le dijo a Catalina de Siena: Tu preocúpate de Mi, Yo me preocupare de tí y de tus cosas

8.        ¿QUÉ SIGNOS HACES PARA QUE VEAMOS Y CREAMOS EN TI?

La gente preguntó a Jesús: "¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?, Los que le preguntaban esto a Jesús, aún no están convencidos, en el capitulo anterior de este evangelio, había comentado que las gentes estaban impresionadas, maravilladas con Jesús, el milagro que él hizo multiplicando los panes fue extraordinario, entonces no querían separarse de El. Sin embargo, estos que preguntan vienen, por una lógica insolente, a pedirle un nuevo milagro, y preguntan casi despectivamente: ¿Qué obra realizas?

9.        NUESTROS PADRES COMIERON EL MANÁ EN EL DESIERTO

En ellos, esta presente el hecho del Éxodo. El desierto, la multiplicación de los panes en él, contra el que evocará la multitud el maná y dicen a Jesús: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo. La murmuración de estos judíos contra Jesús, como Israel en el desierto, y, por último, la Pascua próxima, es un nuevo vínculo al Israel en el desierto. Ya el solo hecho de destacarse así a Jesucristo es un modo de superponer planos para indicar con ello, una vez más, la presentación de Jesús como nuevo Moisés: Mesías.

10.    PAN DEL CIELO LES DIO A COMER.

Los judíos exigían fácilmente el milagro como garantía. La multiplicación de los panes les evocaba fácilmente, máxime en aquel lugar desierto en el que habían querido proclamarle Rey-Mesías, el milagro del maná. Y esto es a lo que aluden y alegan. Los padres en el desierto comieron el maná (Ex 16:4ss). La cita, tal como está aquí, evocaba, sobre todo, el relato del maná, pero magnificado en el Salterio, en el que se le llama pan del cielo (Sal 105:40; Neh 9:15; Sal 16:20). La cita era insidiosa. Pues era decirle: Si Moisés dio el maná cuarenta años, y que era pan del cielo, y a una multitud inmensamente mayor, pues era todo el pueblo sacado de Egipto, y, a pesar de todo, no se presentó con las exigencias de entrega a él, como tú te presentas, ¿cómo nos vamos a entregar a ti? Por lo que le dicen que, si tiene tal presunción, lo pruebe con un milagro proporcionado.

Estaba en el ambiente que en los días mesiánicos se renovarían los prodigios del Éxodo (Miq 7:15). El Apocalipsis apócrifo de Baruc dice: “En aquel tiempo descenderá nuevamente de arriba el tesoro del maná, y comerán de él aquellos años.” Y el rabino Berakhah decía, en síntesis, “El primer redentor (Moisés) hizo descender el maná. E igualmente el último redentor (el Mesías) hará descender el maná.”

11.    LES ASEGURO QUE NO ES MOISÉS EL QUE LES DIO EL PAN DEL CIELO

Si el Mesías había de renovar los prodigios del Éxodo, no pasaría con ello de ser otro Moisés. ¿Por quién se tenía a Jesús? ¿Qué señal tenía que hacer para probar su pretensión? Pero la respuesta de Jesús desbarata esta argumentación, entonces respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Jesús es muy claro con ellos, así se los hace ver.

En primer lugar, no fue Moisés el que dio el maná, puesto que Moisés no era más que un instrumento de Dios, así Jesús les dice: mi Padre les da el verdadero pan del cielo porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo. Es decir, aquel pan venía de otra realidad y no era el pan verdadero, porque sólo alimentaba la vida temporal; pero el verdadero pan es el que da la vida eterna; ni el maná tenía universalidad: sólo alimentaba a aquel grupo de israelitas en el desierto, mientras que el pan verdadero es el que desciende del cielo y da la vida al mundo.

12.    ¿A QUIÉN SE REFIERE ESTE PAN QUE BAJA DEL CIELO Y DA LA VIDA AL MUNDO?

Si directamente alude a la naturaleza del verdadero pan del cielo, no está al margen de él su identificación con Jesús. Si la naturaleza del verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo, entonces es Jesucristo el que se identificará luego, explícitamente, con este pan. Los judíos, impresionados o sorprendidos por esta respuesta, tan categórica y precisa, pero interpretada por ellos en sentido de su provecho material, le piden que él les de siempre de ese pan, como la Samaritana (Jn 4:15).

13.    YO SOY EL PAN DE LA VIDA

Es así como ellos le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les respondió: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

Probablemente vuelve a ellos el pensamiento de que Cristo es el Mesías, y esperan de El nuevos prodigios. Pero ignoran en qué consistan, y no rebasan la esperanza de un provecho material. Pero ese pan, que aún no habían discernido lo que fuese, se les revela de pronto: Yo soy el pan de vida

14.    SOLO EN JESUCRISTO PODREMOS SACIAR ESTA HAMBRE

Nosotros estamos con hambre de verdad, sed de felicidad. Jesús, hace que estas aspiraciones sean verdaderas. En efecto, solo en Jesucristo podremos saciar esta hambre, solo con El podremos calmar nuestra sed. Jesús no solo nos entrega la verdad, el mismo es la Verdad del Padre. Entonces si nuestro corazón busca con desesperación la verdad y la felicidad, no la busquemos en otro lugar más que en Jesús.

San Agustín, escribió: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón esta inquieto y sin sosiego, mientras no descansa en TI”

El Señor les Bendiga
(
http://autorescatolicos.org/pedrosergio1478.htm
).

Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B. Mas alla del hambre.

Más allá del hambre
Jn 6,24-35 
INTERNACIONAL | VIDA ESPIRITUAL | ESPIRITUALIDAD 
 
El crecimiento del hombre abarca alimentar el cuerpo y el alma. 
 

Evangelio: Jn 6,24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: "Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?". Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello". Ellos le dijeron: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado". Ellos entonces le dijeron: "¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo". Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo". Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Les dijo Jesús: "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed".

Fruto: Buscar en mi vida el alimento que verdaderamente sacia el alma.

Pautas para la reflexión:
Jesucristo nos muestra que por encima del hambre y sed de satisfacción, está el alimento que nutre el alma, lo que realmente sustenta nuestras vidas y nos fortalece contra cualquier desorden, tentación, alejamiento de la verdad.

1. La necesidad del alimento
Pocos versículos antes, san Juan ha narrado el pasaje de la multiplicación de los panes: Jesucristo ha predicado ampliamente a la multitud, y después, consciente de las necesidades humanas del hombre, les ha alimentado abundantemente. Tanto pan les ha dado, que recogieron las sobras y llenaron 12 cestos. Necesitamos alimentarnos, y nos duele ver a tantos niños malnutridos, que pasan hambre, incluso en nuestra misma ciudad. La Iglesia se preocupa por satisfacer esta necesidad. Son muchas las personas que colaboran con diversas organizaciones y apostolados que realizan obras de caridad cristiana y acción social. Pero no hemos de perder de vista que, incluso en esa labor humanitaria, el hambre del hombre va más allá.

2. El alimento duradero
Jesucristo, en el Evangelio, nos recuerda esta realidad: el cuerpo necesita alimentarse, pero con más razón, el alma tiene necesidad de alimento. Somos cuerpo y alma, y si no estamos plenamente desarrollados si no hacemos crecer ambas cosas... En lo físico, las dos piernas del hombre crecen a la vez; ¡Pobre hombre, aquel que tuviese una pierna de 60 centímetros y otra de 40! Del mismo modo, nuestra alma ha de crecer, igual que se desarrolla nuestro cuerpo. Pero, ¿qué alimento le podemos dar? Jesucristo nos responde: el pan de Dios que es el que baja del cielo y da la vida al mundo, o sea, Él mismo. Nuestra alma se desarrolla y crece cuando recibimos a Cristo en la comunión, cuando le dejamos entrar en un rato de oración, cuando le acogemos amando a nuestros hermanos, cuando somos testigos alegres de un cristianismo vivido con amor y generosidad.

3. Señor, dame siempre de ese pan
El Evangelio concluye con una hermosa petición: Señor, danos siempre de ese pan. El alimento para el alma tiene dos componentes: es fruto de nuestro trabajo, de nuestra búsqueda, de nuestra ascesis personal, pero también es una gracia de Dios, un don que hemos de pedirle todos los días. Señor, dame tu gracia, alimenta mi alma y mi corazón, hazme crecer en el amor a ti y a los demás. Como dice el clásico refrán español, A Dios rogando y con el mazo dando.

Propósito: Pediré a Dios, en unos momentos de oración al inicio del día: Señor alimenta mi alma con tu gracia.
(
http://www.regnumchristi.org/espanol/articulos/articulo.phtml?id=7919&se=363&ca=789&te=734
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

San Juan 6,24-35:
la fe es un riesgo pero al mismo tiempo libertad en el camino de la vida y Dios no deja de darnos lo necesario y sobre todo la Eucaristía
Autor: Padre Llucià Pou Sabaté  

 

Lectura del libro del Éxodo 16,2-4.12-15. En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: -«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.» El Señor dijo a Moisés: - «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."» Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: - «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: - «Es el pan que el Señor os da de comer.»

 

Salmo 77,3 y 4bc.23-24.25 y 54. R. El Señor les dio un trigo celeste.

Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder.

Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste.

Y el hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura. Los hizo entrar por las santas fronteras, hasta el monte que su diestra había adquirido.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,17.20-24. Hermanos: Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre vicio corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,24-35. En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: - «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: - «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: - «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: - «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: - «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

 

Comentario: 1. Ex 16,2-4.12-15: tentación, maná, codornices… episodio importante… no faltan los que quieren encontrar una concordancia con el maná y una secreción dulce que brota del mararisco (tamarix mannifera) al ser picado por unos insectos que abundan en las montañas del Sinaí. Las gotas destiladas se solidifican con el frescor de la noche y algunas llegan a caer al suelo. Son de color blanco, como de cera virgen. Hay que recogerlas temprano porque se derriten a 21º. Los árabes actuales lo siguen recogiendo y apreciando como golosina y como ingrediente para endulzar parte de su repostería. Las codornices cruzan la península del Sinaí en sus vuelos migratorios de ida y vuelta entre África y Europa o Asia. En mayo o junio, cuando retornan de África, suelen posarse en la península del Sinaí, exhaustas después de un largo viaje sobre el mar, y es fácil atraparlas. Que en la costa occidental de la península del Sinaí haya un arbusto llamado tamarisco que produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo, que como se ha dicho por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita, y que fuera este alimento natural el maná que describe la Biblia, esto no quita los hebreos llevaban consigo rebaños y vivieron como nómadas durante la larga travesía del desierto. Que el maná fuera un alimento natural, aunque extraño y desconocido de los israelitas, deja en pie que éstos lo consideraron como "señal" de la protección y ayuda especial de Yavhé a su pueblo. Jesús anunciará la institución de la eucaristía a los judíos, cuando éstos le recuerden el maná con que Dios había alimentado a sus padres en el desierto (Jn 6,31). El pan "llovido del cielo", que "sacia" de verdad y "da vida", es el mismo Jesús, su persona, aceptada en la fe; es la "carne" de Jesús dada "por la vida del mundo" y "para la vida eterna". El significado del "maná", como el de la "nube", se expresará plenamente en el misterio de la carne y de la sangre de Jesús de Nazaret (Jn 6,31-35; 45-48; “Eucaristía 1988”).

Pero aunque estos fenómenos puedan explicarse más o menos de forma natural aquí lo importante es que los israelitas ven la mano de Dios en esas acciones prodigiosas, como leemos en el impacto que el maná produce en el pueblo: man hû (¿qué es esto?)  y el no guardarlo tiene que ver con el sábado y tantos dones gratuitos de Dios (v. 28), y la obediencia reside en aceptarlos. El prodigio del maná tendrá resonancias en toda la Biblia, hasta las palabras de Jesús: “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra (mandamiento) que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3), y el salmista descubre en el maná “el pan de los fuertes (de los ángeles, traduce la Vulgata), dado en abundancia, como corresponde a Dios” (Sal 78,23ss; cf Sal 105,40). El libro de la Sabiduría desarrolla las características de este “pan del cielo que contiene en sí todo deleite” (16,20-29), y el NT revela toda la profundidad de este alimento “espiritual” (1 Co 10,3) como veremos en el Evangelio de hoy, pues “el maná del desierto prefiguraba la Eucaristía, ‘el verdadero Pan del Cielo’ (Jn 6,32)” (Catecismo 1094).

            El monte Sinaí lo localizamos en la cordillera del centro-sur de la península de igual nombre, montañas de 2500 m., al pie de un monte que se ha edificado el convento de S. Catalina (Biblia de Navarra).

En esta lectura veterotestamentaria podemos distinguir dos partes:

a) Importancia de la peregrinación como etapa intermedia (vs. 2-3). La peregrinación de Israel por el desierto es un tiempo intermedio entre la liberación del poder esclavizador del Faraón, de Egipto y la entrada. Israel camina hacia su tierra de promisión (Ex 15,22-17,16; Nm 11-16; 20). El Señor no abandona a su pueblo en su lucha hacia la libertad, pero toda etapa es dura, difícil. Y por eso el pueblo se subleva protestando y murmurando (este es el marco de fondo de muchos de los relatos de esta época). El desierto es lucha, prueba, crisol para probar la madurez del pueblo.

En su peregrinar se acercan al Sinaí (no conocemos el lugar exacto de este relato), y el autor nos recuerda una de tantas murmuraciones y protestas del pueblo contra sus dirigentes, contra Dios. La falta de alimentos provoca la revuelta en la que escuchamos aseveraciones blasfemas: La liberación de Egipto (=salida de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida) es considerada como salida hacia la muerte: "Nos has sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad". Israel añora los tiempos de pan abundante en Egipto (=seguridad con esclavitud) importándole muy poco su libertad (=miedo al riesgo). La libertad es esfuerzo, y el esfuerzo se rehuye.

b) Alimentación en el desierto (vs. 4, 12-15). A pesar de la postura de Israel, Dios no ceja en su afán de liberarlos, y por eso los alimenta en el desierto (el autor de este relato unifica el tema del maná y las codornices; según Nm 11, 2 ss. las codornices sólo se dan después de que el pueblo se haya hastiado del maná). El don divino tiene una finalidad: "para que sepáis que yo soy el Señor vuestro Dios" (v. 12). El Señor está siempre lejano al pueblo y le ayuda: el maná y las codornices son don divino, respuesta de Dios a las reclamaciones de un pueblo hambriento. El maná viene del cielo como lluvia que hace germinar los campos (v. 4); pero Dios pone una prueba: recoger sólo lo necesario para cada día.

También el Israel de hoy peregrina hacia su liberación humana, religiosa. La conquista de esta libertad siempre ha sido dura, y el pueblo de hoy, como el de ayer, murmura y protesta ante cualquier dificultad. Cree que Dios lo ha abandonado, que no sabe guiarlo, y si lo guía es una conducción hacia la muerte. Como dice E. Fromm (cf "El miedo a la libertad"), el hombre de todos los tiempos siempre ha preferido la esclavitud con una relativa comodidad a la libertad con dureza y esfuerzo. La libertad es riesgo, y siempre resulta más cómodo anhelar lo pasado: las ollas de carne en Egipto. Por eso apelamos tanto al pasado, a lo que siempre fue, a la tradición (postura cómoda y egoísta), y nos lamentamos tanto de la nuevas ruta que se emprenden (sólo hacen política...). Anhelamos la esclavitud y rechazamos la libertad, fermento del cristianismo según San Pablo. Y con esta mentalidad nos vamos a ninguna parte.

En el éxodo se considera este alimento como don divino y capaz de saciar (vs. 4.8. 12.16.29...), pero según Nm (vs. 11, 6; 21, 5) el pueblo lo encuentra poco sabroso y se queja contra Dios. El único maná o pan capaz de saciar al hombre es Jesús: su palabra y su carne (cfr. Dt. 8, 3; Jn 6).

El maná es don que viene del cielo, y por eso sólo se recoge el necesario para cada día. La libertad, don divino, también nos ha proporcionado a la larga bienestar, abundancia de bienes materiales... ¿Nos conformamos con los necesarios para cada día? (A. Gil Modrego).

El pueblo que salió de la esclavitud de Egipto empieza ahora a cansarse de la libertad, ahora que tropieza con las primeras dificultades. Este pueblo tiene hambre y el hambre es mala consejera. En medio de él se levanta la sospecha, la crítica y la murmuración contra los caudillos: "Nos habéis sacado a este desierto para matarnos de hambre...". Y son tantas las calamidades presentes, que hacen buenos los tiempos pasados en Egipto. Los murmuradores idealizan la situación anterior, se deforma la memoria y los recuerdos: aunque la carne formara parte de la dieta de los egipcios, no hay que pensar que abundara en la dieta de sus esclavos. La murmuración de este pueblo hambriento alcanza también al mismo Dios y no sólo a sus representantes. Por eso es Dios el que responde a las quejas de Israel; el mismo que lo sacó de Egipto es ahora el que sacará de apuros en el desierto (“Eucaristía 1982”).

Con la liberación de Egipto, el pueblo de Israel entra en una etapa que se caracteriza por la inseguridad del alimento cotidiano. Era normal que surgiera el recuerdo de la situación precedente que, si no daba libertad, garantizaba el alimento y la tranquilidad. Pero el Dios de Israel no es un Dios que condene, sino el Dios que salva. En el maná, el pueblo experimenta la presencia salvífica, aunque la fe queda sometida a prueba. Al no poder acumular, permanece la inseguridad. El tema del libro del Éxodo es la liberación de Egipto y la manifestación de Dios en el Sinaí por medio de la alianza. Al lado de este tema hay unas narraciones sobre la peregrinación de Israel por el desierto. La finalidad de estos relatos es afirmar que en el desierto Yahvé ha hecho de Israel su pueblo. Con algunas incongruencias, el esquema de estas narraciones es: murmuración contra Moisés por alguna situación desagradable; diálogo entre Moisés y Dios; milagro o solución de la dificultad. El tema de la murmuración en el desierto tiene gran variedad de formas. Es la actitud del que se encuentra en una situación nueva en la que está en juego su vida. Es la situación del que se fuga de un campo de concentración o de tantos otros peligros. Se siente libre, pero poco a poco le llega la inseguridad, el hambre, el no dejarse ver ni reconocer. ¿Qué libertad es la que ha adquirido? Surge el miedo de haber tenido el valor de escapar, de haber mirado hacia adelante, de haberse comprometido, y desea volver atrás. Los israelitas no ven claro si Dios quiere liberarlos o quiere destruirlos en el desierto. El dios de Egipto, por medio del Nilo, les aseguraba la vida. Yahvé los ha conducido a un desierto en el que no hay seguridad ni fertilidad. El maná garantiza un mínimo vital, pero cada día hay que sufrir y superar la prueba. Es una actitud difícil para el hombre de hoy, pero que han de soportar tantos hombres. Se quiere prever y programar (P. Franquesa).

Este relato del "milagro" del maná ha sido redactado muy tardíamente; se atribuye a la tradición sacerdotal posexílica. Su género literario es el de una homilía midráshica que amplía algunos datos tradicionales. En estas condiciones no se puede decir que posea un carácter estrictamente histórico. Por ejemplo, se podría admitir que el maná es como hemos visto el resultado de la transpiración de un arbusto, que un día se produjo tan abundantemente que se habría atribuido tal fenómeno a una intervención divina. Probablemente las tradiciones antiguas hablaban del maná como de un fenómeno que ocurrió una sola vez; la ampliación del hecho y de su sentido religioso será obra de tradiciones posteriores.

a) El fondo religioso del relato consiste en que el pueblo ha adquirido certeza de una intervención especial de Dios. Los hebreos pasan por un momento de crisis bastante aguda de desánimo y ponen en tela de juicio la posibilidad misma de poder ser liberados (vv. 2-3), cuando se produce un fenómeno natural excepcional (v. 4). Los hebreos ven en esta coincidencia entre su desaliento y la aparición de este fenómeno una señal de la presencia divina destinada a animarlos. Reducida a este dato esencial, la tradición yahvista sobre el maná resalta la intervención de Dios (v. 4). La tradición sacerdotal añadirá algunos puntos de vista propios al colocar a Aarón al lado de Moisés (vv. 2 y 6), al recordar la legislación referente al sábado (v. 5), al insistir en la función mediadora del sacerdote ("nosotros, ¿qué somos nosotros?", vv. 7 y 8) y al subrayar que el manjar celeste es la base esencial del sustento del pueblo elegido (v. 4).

b) Dentro de los distintos matices propios de cada tradición se desprende, sin embargo, una idea común: la experiencia del desierto es, sobre todo, la experiencia de la providencia divina que guía a su pueblo fielmente, cada día y según las necesidades de cada uno, sin permitir que el hombre por sí mismo haga cálculos sobre su mañana y considerando como una injuria que el hombre busque sus medios de subsistencia. El maná es, por tanto, una prueba: enseña al hebreo a ser "pobre". El aspecto prodigioso de las intervenciones de Dios en el desierto del Sinaí no convierte ya, probablemente, a nadie. Es casi impensable ya la intervención inmediata de Dios en el curso de los acontecimientos humanos. Se dirá que Dios no obra ya más que a través de las causas segundas (en este caso: la transpiración posible de un arbusto del desierto). Pero al fijarse en ellas sigue siendo necesaria la fe para descubrir allí la presencia e intención divinas. Estas no son evidentes en su conjunto y el ateísmo que no concede significación alguna religiosa a las causas segundas obliga a los cristianos a preguntarse por la naturaleza de aquello que constituye la hermenéutica de las mismas, la fe: ¿qué es la fe? Los cristianos coinciden con el ateísmo en no buscar ya más a Dios en el aspecto prodigioso de sus intervenciones milagrosas, sino en descubrirlo en lo más íntimo de la promoción humana (Maertens-Frisque).

Un nuevo capítulo en la larga historia de la prueba humana del don de la libertad, una nueva piedra de toque, que se convierte en piedra de tropiezo, y una nueva intervención de Dios en favor de su pueblo. Pero en esta ocasión la tradición antiquísima del hecho ha sido recogida por la reflexión teológica de un pueblo que busca a Dios y su revelación en cada momento de su historia, y también en el momento que ahora vive. De este modo, la intervención de Dios pasa de ser remedio del hambre del cuerpo a ser alimento del espíritu, hasta llegar a convertirse en presencia real de Dios en la marcha de la comunidad y en la obra de la construcción de la personalidad de cada hombre. Maná -«pan alimento» corporal caído del cielo-, palabra de Dios -"pan del espíritu" que ilumina y orienta-, eucaristía -«pan de la presencia de Cristo» que salva-. A través de este itinerario, la revelación de Dios va conduciendo al hombre como en una larga peregrinación por el desierto de su vida hacia la comunión plena con él. Es la pedagogía de la libertad, que arranca del reconocimiento de la propia realidad, la limitación humana, para poder conducir al hombre hasta el infinito y la eternidad de Dios.

En el texto bíblico encontramos dos temas bien diferenciados, pero que se complementan mutuamente. En el primer tema -la murmuración del pueblo (vv 2-3.6-7.9-12) hay que destacar la reacción negativa del pueblo ante las dificultades que comporta el camino de la libertad (3). El pueblo se cansa pronto de la lucha, y a la hora de optar entre la comodidad y la libertad, cede al encanto de la comodidad. Hay también otro aspecto muy importante en la manera de hacer del pueblo: la murmuración contra los jefes (2): el pueblo, en masa, renuncia fácilmente a las responsabilidades colectivas. Los que habían hecho la opción por la libertad y habían salido de Egipto eran todos. En teoría, todos estaban decididos a todo. Pero ahora, cuando se encuentran con la dura realidad, renuncian a los principios democráticos y hacen recaer la responsabilidad de las dificultades únicamente sobre los jefes. Por eso Moisés tiene que puntualizar: no murmuráis contra nosotros sino contra Yahvé (7). El es el que lleva la iniciativa de la liberación. Los jefes no son más que servidores suyos y del pueblo.

En el segundo tema se nos presenta el contorno providencial del hallazgo de un nuevo alimento. Aquellos hombres se veían obligados a vivir sobre todo de los productos del ganado que habían tomado consigo en el momento del éxodo (cf 23). El descubrimiento de nuevos alimentos en aquellas trágicas circunstancias es recibido como un verdadero milagro de la providencia de Dios. Y ciertamente es Dios el que lleva al hombre a descubrir -"dominar"- las riquezas que él mismo ha puesto como posibilidades de la creación. En lo que se refiere al tema concreto del maná, la reflexión teológica de Israel lo va desarrollando en el sentido de relacionar estrechamente, hasta identificarlos, los conceptos de "pan del cielo" y de "palabra de Dios". Jesús tomará de nuevo esta expresión y la llevará a la plenitud total: el pan-palabra bajado del cielo, que sacia realmente el hambre del hombre y le da «vida», es él mismo, comido en la eucaristía, memorial de su sacrificio salvador (J.M. Aragonés).

La tentación del desierto y las quejas son una oportunidad de conversión. “Aunque Dios podría infligir el castigo a los que condena sin decir nada, no lo hace; al contrario, hasta cuando condena, habla con el culpable y le hace hablar, como medio para evitar la condenación” (Orígenes). La simbología de todo esto es la presencia de Dios que no abandona su gente, a pesar de las dificultades; me recuerda una historia de Almas gemelas entre la santa monja Teresita del niño Jesús y el sacerdote misionero Maurice (“Maurice y Teresa. La salvación por la confianza”. Patrick Ahern. Voz de papel.
www.vozdepapel.info
). Cuando hice el servicio militar, en uno de los puestos de guardia (en Puerta de la carne de Sevilla), donde se pasaba frío y algún compañero debió sentir la soledad, leí estos versos escritos con fuerza en la pared de la garita, al lado de un dibujo con unas manos que rompían cadenas: “No morirá jamás quien de esclavo se libera rompiendo para ser libre con su vida… cadenas…” la libertad es una cualidad interior, que en medio de cualquier circunstancia se desarrolla, aun en medio de circunstancias adversas: Dichoso el hombre que ha soportado la prueba… Quien no ha sido probado, poco sabe de la vida y del amor. La joven Teresita sentiría ese afán de libertad (que siente el pueblo al salir de Egipto), dentro de su amor a Jesús: “Atráeme a ti y correremos juntos”, aunque en los últimos tiempos se le haría invisible su presencia y encontraría a faltar el cariño y el afecto sensible: “El velo de la fe ya no es un velo para mí, sino un muro que se levanta hasta los cielos”. Se sintió unida a Cristo en la Cruz: Dios nunca pide sacrificios superiores a nuestras fuerzas… y cuando pide el sacrificio de lo que nos es más querido en este mundo… como Él: Padre, aparta de mí este cáliz!... pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Jesús tembló ante este cáliz que había deseado ardientemente beber… pensó ella que el mayor honor que Dios puede hacer a un santo no es darle mucho, sino pedirle mucho. Y se sintió unida a Él por la oración y el sufrimiento. Y así como Arquímedes dijo “dame un punto de apoyo y moveré el mundo” ella, en el corazón de la Iglesia que es el amor de Dios, era la primera en mojar los labios en la copa que Jesús nos ofrece para vivir de amor, para ser una hostia escondida que es darse sin medida, sin reclamar salario aquí en la tierra: “mi única riqueza será siempre vivir de amor”. ¿Ser sacerdote? ¿Misionero? ¿Mártir?: “El amor, el medio, la clave de mi vocación, en el corazón de la iglesia. Quería ser todo, y así lo soy, en el amor lo seré todo, y mi sueño se realizará. Lo único que deseo es hacer la voluntad de Dios. Soy alma pequeña en la que Dios ha hecho cosas grandes, lo agradezco cada día, y a quien más se le ha perdonado debe de amar más y procuro hacer de mi vida un acto de amor… y me alegro de ser pequeña… ignorada…” En este camino evangélico de Teresita no importan los fracasos… mejor, que nos veamos ser poca cosa: “lo que agrada a Dios es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… Este es mi único tesoro”, todo se basa en la confianza que lleva a más amor.

Un seminarista, Maurice, escribe al convento, y la superiora le manda a Teresita que mantenga correspondencia con él. Con el tiempo serán “almas gemelas”. Pongo aquí algún trozo de las cartas…

Maurice: -“tengo miedo de que Jesús os vaya a contar todas las penas que le he dado, toda mi miseria que vuestra ternura se enfríe”, le llama “piloto amado” (138): se deja llevar por la fuerza de la santa, en ese vivir de amor. Ella le manda algunas imágenes dedicadas: “el Señor ha encargado a su ángel que os vigile y os guarde en todos vuestros caminos”, le dedica algunas explicaciones sobre aprender el camino de infancia, el padre y 2 hijos que se acercan uno con miedo a recibir el castigo y el otro pide como perdón un beso, y el tema del ascensor (conocidos, que no transcribo aquí). Él está encantado con este camino de infancia espiritual y de la misericordia divina: -“vos sois feliz, querida hermana, viéndome entrar en el amor por la confianza. Yo creo con vos que es la única vía que me puede conducir al Puerto. En mi relación con los seres humanos nunca he hecho algo por miedo. Nunca he podido obedecer a la violencia; los castigos de mis profesores me dejaban frío, entanto que los reproches hechos con afecto y dulzura me arrancaban lágrimas, me movían a excusas y promesas que habitualmente guardaba. Era así incluso casi hasta con Dios. Si se me mostraba un Dios airado, la mano siempre dispuesta a azotarnos, yo me descorazonaba y no hacía nada. Pero si veo un Jesús esperando pacientemente mi regreso a Él, concediéndome una nueva gracia después de haberle pedido perdón por una nueva falta, quedo vencido y vuelvo a recuperar la moral…

Teresita, que ya le habla de que no le tendrá mucho tiempo, pero de que le acompañará desde el cielo toda la vida: “Su alma, así me lo describe, está ‘poco acostumbrada a las cosas sobrenaturales’, pues yo, que para algo soy su hermanita, le prometo hacerle saborear, después de mi partida para la vida eterna, la dicha que puede experimentarse al sentir cerca de sí a un alma amiga… una conversación fraterna que maravillará a los ángeles”. Él le dice que la necesita en la tierra, añorará como hoy los israelitas los potajes, pero Teresita le dice que también las cebollas de Egipto (Nm 11,5) hacen llorar al acercar sin cocinar a los ojos, así las gratificaciones, compensaciones o modos de premio sensible que deseamos en esta vida.

Maurice, que entra en razón: “ahora mi sueño es compartir con usted ‘el maná escondido’ que el Todopoderoso prometió dar ‘al vencedor’… si, mi alma es demasiado grande para apegarse a ningún consuelo de aquí abajo. Tiene que vivir por anticipado en el cielo, pues Jesús nos dijo: ‘donde está tu tesoro, allí está tu corazón’ (Mt 6,21)”, aunque aún está preocupado por su vida pasada, le da reparos acercarse a Jesús…

Teresita: “Hace mucho tiempo que tiene olvidadas sus infidelidades, y sólo tiene presentes sus deseos de perfección para alegrar su corazón” (con todo ello se prueba al justo: para que aprenda a obedecer). Le dice que no vaya a los pies de Jesús, como el “niño educado”, “siga ese ‘primer impulso’ que lo lleva a sus brazos”, y le habla de esas llagas de Jesús “fui herido en casa de mis amigos” (Zac 13,6) cuando no pedimos perdón (Lc 15,22), “pedid sólo que se haga la voluntad de Dios”. (Todo ello es un lenguaje que convence, no son razonamientos fríos, van directos al corazón y de ahí a la cabeza del hombre de hoy, pues son profundamente evangélicos, y además provocan una sonrisa, al ver la sonrisa de Dios, le quita lo trágico al dramatismo humano, se ve mucho más bella la vida. Maurice ve que el tesoro es el Señor, pero añade: -“sin duda Jesús es el Tesoro, pero yo lo encontré gracias a vos… Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”. Le habla de que son almas gemelas, y le repite: “soy de tal naturaleza que el temor me hace retroceder. Con amor, no solamente avanzo, ¡vuelo!”

(Ahí se ve el sueño de Ana de Jesús y ciertas explicaciones de que encontramos a la persona oportuna en el momento oportuno: que Teresita tuviera algo a lo que agarrarse en esos momentos de sufrimiento…) Maurice sentirá participar de la misericordia divina, de su comprensión al recordar sus flaquezas, sentirá la protección de Teresita: -“me convertí en su hermano por elección” (“capellanas” llaman a las carmelitas encargadas de proteger de manera especial a un sacerdote, de hecho es parte integrante de su vocación, sostenerlos). La últimas palabras que escribió Teresita, en una carta, en los últimos momentos de su vida, fueron para Maurice, en 2 estampas, de Jesús: “¡que tierno es abandonarse en sus brazos, sin miedos ni deseos!”

Él le había pedido: “Hasta el último día, si lo podéis, ¿querríais dedicarme alguno de vuestros pensamientos? Esto será también parte de la herencia. Pero, por favor, no os canséis”. Ella, en su último dibujo, le pone: “último recuerdo de la hermana de su alma”, con delicadeza de mujer. Ella ha ido días antes a Lourdes a pedir el milagro, él parte al África con su bendición.

Maurice siente una voz extraña: “cuando mueras descubrirás que después de la muerte no hay nada” cuando necesita más cartas, en ese último día que zarpa en barco recibe dos de ella.  Las nubes se disiparon y las estrellas comenzaron a brillar (ya es conocida la muerte de Teresita, que fallece en esos momentos). Teresita miró al cielo por última vez desde la tierra, vio las estrellas que veía Maurice desde el barco. Maurice miraba al cielo sin saber que ella ya estaba allí para esperarle. Para él supondrá un golpe: -“El último de los tesoros de mi vida ha desaparecido, y ahora ya no me queda nada” (me he acostumbrado a ver desaparecer todo lo que más he querido)… pero tiene dentro su espíritu, que le prepara para el calvario que está para llegarle: “nunca más he de dudar de mi salvación”… y le reza: -“muéstrame qué tengo que hacer”.

(Teresita le había cambiado la  vida y le había transmitido algo de su valioso espíritu, el camino del sufrimiento unido al amor… alegría y cruz. Él participa del Milagro de Navidad, la conversión de Charles de Foucauld, 1886, la confesión del eremita del Sahara, estuvo con Maurice 1 semana). Va madurando en su espíritu, como leemos en sus notas: “Te pido, Jesús, un corazón que te quiera, un corazón que no puede ser derrotado, siempre dispuesto a la batalla después de cada tempestad, un corazón libre, nunca seducido, un corazón recto que nunca camine por sendas tortuosas”. Ordenado sacerdote, es enviado a destino como misionero al África, feliz con su dedicación. Luego, al cabo de un tiempo, comienza a hacer cosas raras como superior, de manera que es llamado al orden y castigado como desobediente. Más tarde será expulsado de la institución religiosa misional a la que pertenece y fracasado humanamente volverá a Francia. Allí, dejó la casa de su madre y comenzó a vagar sin rumbo. Lentamente, iba perdiendo el juicio y ya no era dueño de sus actos. Su viejo amigo… Adam, dio con él, perdido y vagabundo, se lo llevó a Caen y lo confió a hospital mental Bon Savem, un manicomio regido por las hermanas del buen Salvador. Murió el 14.7.1907, recién cumplidos 33 años en Caen, a 1 hora de Liesieux. Estuvo recluido en Aliénés, donde también estuvo recluido el padre de Teresita 3 años y medio, hasta 3 meses antes de morir, con lo que los 2 hombres que más amó en el mundo Teresita pasaron sus últimos días en el mismo lugar. Ella prometió estar con su amado hermano “hasta el final”. Murió en realidad de la enfermedad del sueño, 5 años más tarde de los sucesos vergonzosos por los que fue juzgado como indisciplinado y rebelde, y que en realidad fue mártir de no dormir, de la cruz que sabía que llegaría y por la que Teresita había rezado y le había prometido compañía. Su expediente siguió siendo un juicio de irresponsabilidad: “las explicaciones dadas por el p. Bellière indican que actuó con asombrosa ligereza e inconciencia y sin tener en cuenta la seriedad de su acto. El consejo, por tanto, reconoce la existencia de circunstancias agotadoras”, esta sería su pasión y cruz oculta. A 16 km de Caen en la costa de normandía donde Maurice de pequeño rezaba en Langrune (tierra verde), tierra vikinga, en una pequeña iglesia del siglo XI, allí comenzó a querer ser sacerdote, y allí está enterrado en la entrada del cementerio, junto a su tía, la lapida ya rota, con una breve leyenda: “sacerdote y misionero”, por lo menos hace 20 años. Ahora se ha puesto una lápida más bonita, con un escrito: “hermano espiritual y protegido de santa Teresita”, esa alma gemela que fue olvidada, siguió el caminito con ella, que dijo: “me hice su hermana por decisión propia”. Ella lo quiso en su fragilidad humana, quintaesencia de las “pequeñas almas”, que lo basan todo en confiar en Dios, en la “misericordia y el amor”. Él quería unirse a ella, morir con ella, y de hecho le escribió tiempo atrás: “en África la vida es breve… mi destierro será breve. Mientras muera en mi trabajo todo estará bien. Tanto mejor si pierdo la cabeza”… no sabía que sería todo ello cierto, y más escondido de lo que pensaba, y por una mosca tse-tse, desconocido y despreciado por todos, en Caen…

2. El pueblo de Dios pierde el Arca, pero no es rechazado por el Señor, fue un castigo pero tuvieron un don mejor… salmo que abarca muchos aspectos, aquí se tocan el maná y las codornices, pan de los ángeles, de los fuertes, y Jesús (el Moisés pleno) dará a comer el auténtico maná de la Eucaristía de su cuerpo (Jn 6,31), pan del cielo (32-33). A los pecados renovados sin cesar, Dios responde siempre con el perdón y nuevos beneficios. A pesar de todas las "infidelidades", Dios permanece "fiel" a su Alianza. Es un salmo mesiánico (referido a David) que da pleno sentido de la historia, el sentido de los hechos. Para nosotros los cristianos, Dios no está relegado allá arriba en su eternidad: tenemos con El puntos de contacto... Los acontecimientos de nuestra vida. Dios es un compañero, nuestro "aliado", hace la "Alianza" con nosotros. Mi "historia" le interesa, porque se alió por amor conmigo. Si sé leer los signos de mi vida... Dios está allí. Y participamos en la historia… El pecado colectivo. Una cierta devoción individual ha contribuido a lo largo de los siglos a encerrar el pecado en el secreto de las conciencias, como si se tratara de un asunto estrictamente privado. Ahora bien, este salmo nos recuerda que hay pecados que marcan todo un conjunto humano, todo un pueblo. Hay que tomar conciencia de nuestra participación en mentalidades colectivas gravemente culpables: mentalidades culpables de mi profesión, de mi medio, de los grupos a que pertenezco. Los países occidentales por ejemplo, de consumo exagerado, de despilfarro en algunos casos, son colectivamente culpables hacia los países del Tercer Mundo, cuando éstos reclaman un mejor nivel de vida, un alza en los precios de los productos que venden a los países ricos (Noel Quesson).

Conozco la historia, Señor, y sé la lección que nos enseña. Sé que la marcha de tu pueblo escogido de Egipto a Canaán es diseño y figura de mi propia vida de nacimiento a muerte, de pecado a redención, de cautividad a liberación. Y ahora vuelvo a vivir esa historia en mi corazón y me voy reconociendo a mí mismo en los episodios significativos de la travesía del desierto. La historia es un romance, y el romance tiene un tema y un estribillo. El tema es tu bondad, tu providencia, tu poder siempre a punto para ayudar a tu pueblo en todas sus dificultades y proveerlos en todas sus necesidades; y el estribillo es la ingratitud del pueblo, que, en cuanto recibe un nuevo favor, encuentra una nueva queja, duda de tu poder y se declara en rebeldía. Voy leyendo los capítulos de su peregrinación y voy pensando en las circunstancias de mi vida que en ellos se reflejan. ¿Aprenderé por fin la lección? «Hizo portentos a vista de sus padres, en el país de Egipto, en el campo de Soán: hendió el mar para abrirles paso, sujetando las aguas como muros; los guiaba de día con una nube, de noche con el resplandor del fuego». Esos portentos bastaban para fundar la fe de un pueblo para siempre. Sin embargo, su efecto no duró mucho. Sí, Dios nos ha sacado de Egipto; pero ¿podrá darnos agua en el desierto? «Hendió la roca en el desierto y les dio a beber raudales de agua; sacó arroyos de la peña, hizo correr las aguas como ríos». Nuevas maravillas para robustecer la fe. Y, sin embargo, nuevas dudas y nuevas quejas. Sí, nos ha dado agua; pero ¿podrá darnos pan?, ¿podrá darnos a comer carne en el desierto? «Pero ellos volvieron a pecar contra él y se rebelaron en el desierto contra el Altísimo: tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo una comida a su gusto; hablaron contra Dios: ¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto? El hirió la roca, brotó el agua y desbordaron los torrentes; pero, ¿podrá también darnos pan, proveer de carne a su pueblo? «Lo oyó el Señor y se indignó, porque no tenían fe en su Dios ni confiaban en su auxilio». «Pero dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste, y el hombre comió pan de los ángeles; les mandó provisiones hasta la hartura. Hizo soplar desde el cielo el Levante y dirigió con fuerza el viento Sur: hizo llover carne como una polvareda, y volátiles como arena del mar; los hizo caer en mitad del campamento, alrededor de sus tiendas. Ellos comieron y se hartaron; así satisfizo él su avidez». «Sin embargo ellos siguieron quejándose, con la comida aún en la boca». Esa es la historia de la veleidad de Israel. Portento tras portento; queja tras queja. Fe pasajera que creía un instante, para dudar otra vez el siguiente. Pueblo de dura cerviz, eternamente cerrado ante el poder y la protección de Dios que cada día veían y cada día olvidaban. «Y, con todo, volvieron a pecar y no dieron fe a sus milagros. Su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. ¡Qué rebeldes fueron en el desierto, enojando a Dios en la estepa! Volvían a tentar a Dios, a irritar al Santo de Israel, sin acordarse de aquella mano que un día los rescató de la opresión».

Triste historia de un pueblo rebelde. Y triste historia de mi propia alma. ¿No he visto yo en mi vida tu poder, tu protección, tu providencia? ¿No te he visto actuar yo en mi historia personal, Señor, desde el milagro del nacimiento, a través de la maravilla de la juventud, hasta la plenitud de mi edad madura? ¿No me has rescatado tú de mil peligros?; ¿no me has alimentado con tu gracia en mi alma y energía en mi cuerpo?; ¿no me has hecho sentir tantas veces la belleza de la creación y la alegría de vivir? ¿No he sentido yo tu presencia a mi lado a cada revuelta del camino, tu compañía, tu cariño, tu ayuda? ¿No has demostrado tú hasta la saciedad que eres mi amigo, mi protector, mi padre y mi Dios? Y, sin embargo, yo dudo. Me olvido, me enfado, me quejo, me desespero. Sí, me has dado libertad, pero ¿puedes darme agua? ¿Puedes darme pan? ¿Puedes darme carne? Me has llamado a la vida del espíritu, pero ¿puedes enseñarme a orar? ¿Puedes llevarme a la contemplación? ¿Puedes corregir mis vicios? ¿Puedes controlar mis pasiones? ¿Puedes purificar mis afectos? ¿Puedes suavizar mis depresiones? ¿Puedes darme fe? ¿Puedes darme felicidad? A cada favor tuyo le sigue una queja mía. Cada nuevo despliegue de tu poder me lleva a una nueva duda. Hasta ahora me has sacado adelante, pero ¿podrás sacarme en el futuro? Has hecho mucho, pero ¿podrás hacerlo todo? ¿Podrás hacerme de veras ferviente, libre, santo, entregado, espiritual, alegre, feliz? ¿Podrás? Y si es verdad que puedes, ¿por qué no lo muestras ahora y me transformas de una vez en esa persona ejemplar y radiante con que sueño ser?

«Ellos abusaron de la paciencia de Dios y se rebelaron contra él; no guardaron los preceptos del Altísimo; fueron desertores y traidores como sus padres, fallaron como un arco flojo. Provocaron su ira». Ten aún paciencia conmigo, Señor. Abre mis ojos para que vea tus obras y confíe en tu poder. Que las lecciones del pasado levanten mi confianza en el futuro. Refréscame la memoria para que me acuerde siempre de lo que has hecho, y así cobre seguridad sobre lo que puedes hacer. No me dejes poner límites a tu acción ni enturbiar con dudas mi relación contigo. Enséñame a fiarme de ti ciegamente en cualquier circunstancia y en todo momento: has hecho más que suficiente para merecer esa confianza por siempre. Despeja las nubes y acorta el desierto. No permitas que yo abuse más de tu paciencia. Hazme sentir la seguridad de que tú puedes resolver cualquier conflicto, y quieres hacerlo y lo harás. Déjame que reconozca el historial de tu misericordia. Déjame proclamar la fe con el gesto concreto de dejar de quejarme del presente y de preocuparme del futuro. Quiero proclamar que tú eres el Señor de la creación, de Israel y de mi propia vida, con la generosidad alegre de dejarla en tus manos sin reserva ni preocupación alguna. Te llamo «Señor», y Señor quiero que seas de mi vida, entregándotela con fe total y alegría sincera. Se acabaron las quejas, Señor. Mis dudas y mis culpas me han hecho sufrir en el pasado. Ahora deseo encontrar paz y consuelo en el perdón que ofreces a tu Pueblo a pesar de todas sus infidelidades.

«El, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera y no despertaba todo su furor, acordándose de que eran de carne, un aliento fugaz que no torna. Los hizo entrar por las santas fronteras hasta el monte que su diestra había adquirido; ante ellos rechazó a las naciones, les asignó por suerte su heredad: instaló en sus tiendas a las tribus de Israel». La historia de la salvación tiene un final feliz. Permíteme anticipar esa felicidad en mi vida, Señor (Carlos G. Vallés).

3. Ef 4,17.20-24. En un ambiente invadido por la ciencia y la filosofía griega, como ideal de realización humana, suena una severa y solemne recomendación de Pablo: todo lo que los paganos tienen como ideal es, en realidad, una pura vaciedad. Tal vez en nuestro mundo cosificado por la técnica y el progreso debiera resonar de nuevo la voz de un Pablo, que nos avise y nos prevenga contra tanto ídolo vacío que nos estamos construyendo. Lo único importante es "aprender a Cristo". Pero este "aprender a Cristo" es mucho más que aprender una lección para volver a repetir su contenido. Pablo habla de un aprender una conducta vital. Con lo cual tampoco se refiere a lo que ordinariamente se entiende por "imitación de Cristo", o sea, mirar la figura de Cristo en los evangelios como un modelo que repetir; no. Aprender a Cristo para llegar a una conducta vital significa para Pablo, ante todo, comprender la obra de Cristo, lo que Dios (el Padre como fuente de su naturaleza divina y como creador de su naturaleza humana) ha hecho por él para nosotros, el plan de Dios que nos prepara para una eternidad "en él" y "por él". Este motivo, que es ciencia y es vida, para el que el Padre, hacedor de todo, da un especial sentido, es el que Pablo repitió quince veces cuando repite la palabra "Cristo" todas esas veces en los once versículos del himno introductorio de esta carta... Esto es lo que significa "aprender a Cristo" (“Eucaristía 1988”).

Hay dos caminos o modos distintos y contradictorios de entender y de hacer la vida. Pablo señala en primer lugar y describe después concisamente el camino que siguen los gentiles. Estos hombres incrédulos y alucinados por cosas vanas, obcecados en su lucha contra la verdad, carentes de todo sentido moral, se entregan con desenfreno a los placeres de la carne (vv. 18 y 19, omitidos en la presente lectura; cf Rm 1,18-32). Notemos las siguientes expresiones: "habéis aprendido a Cristo", "él es a quien habéis oído" y, más abajo, "Cristo os ha enseñado", ¿Qué significa esto? Pues sabemos que fue Pablo y no Cristo el que evangelizó a los efesios. Con todo, Pablo entiende que el evangelio es palabra de Jesús en la boca de sus apóstoles y no sólo palabras acerca de Jesús. De manera que el que escucha con fe el evangelio recibe la palabra de Jesús y en la que Jesús se expresa; por lo tanto, recibe al mismo Jesús, que es la Verdad en persona. La fe es un encuentro personal con Cristo y la predicación apostólica, lo mismo que la predicación de la iglesia, está al servicio de este encuentro. La tradición verdadera no es un conjunto de verdades que vienen del Maestro, sino la Verdad que se entrega a sí misma para todos los creyentes y entra en comunión personal con todos los que reciben el evangelio. Pero no olvidemos que la presencia de Cristo en la predicación de la Iglesia halla su complemento en la otra presencia de Cristo en los pobres y necesitados; escuchamos a Cristo cuando escuchamos el evangelio; amamos a Cristo cuando amamos a los pobres. Antes de vestirse de la "nueva condición humana", los discípulos de Jesús deben despojarse del hombre viejo. Esto implica una renovación profunda de la mente y del corazón, que no es posible si nos resistimos a la acción del Espíritu. La penitencia (metanoia) es también cambio de mentalidad y no sólo de actitudes: hay que abandonar los viejos prejuicios (las ideologías) y los intereses egoístas de donde aquéllos brotan. Sólo así podremos escuchar a Jesús en el evangelio y amarlo de verdad en los pobres. En esto consiste toda la justicia y santidad, la nueva condición creada a imagen de Dios (“Eucaristía 1982”).

“Si, pues, no hay más que un vestido salvador, esto es, Cristo, nadie llamará hombre nuevo, el que ha sido creado según Dios, a ninguno fuera de Cristo. Es, pues, evidente, que quien se ha revestido de Cristo se ha revestido del hombre nuevo, de ese hombre nuevo que ha sido creado según Dios” (S. Gregorio de Nisa). En esta vida de fe hemos de iluminar el mundo por la lucha en practicar las virtudes…

4. Jn 6,24-35: El discurso en el que se inscribe este fragmento comienza con una pregunta de los judíos: "¿Cuáles son las obras que Dios nos encomienda?". Y Jesús responde: "La obra que Dios pide es creer". El Padre no exige las "obras", o sea, las prácticas de una ley religiosa, sino más bien la fe. En el capítulo anterior, Jesús ha afirmado que su obra es resucitar a los hombres. Aquí indica la obra nuestra: creer en el enviado del Padre. La palabra clave del discurso es el "pan". Por eso Juan lo repite siete veces en cada sección de este capítulo. Y siete veces aparecerá la expresión: "que ha bajado del cielo". Y ahora se añade que "Jesús se hace nuestro pan cuando creemos en él". Antiguamente Dios facilitó a los israelitas un alimento especial (el maná), cuando les faltó todo en el desierto. Quizá los oyentes esperaban ahora que Dios les solucionara los problemas. Y nosotros hacemos lo mismo pidiéndole constantemente favores. Pero, si Dios se conforma con ser nuestro bienhechor y nosotros aceptamos ser simples limosneros, pronto terminamos por fijarnos solamente en las cosas que Dios nos proporciona; casi no se las agradecemos y, luego, nos volvemos a quejar. Así pasó con esos israelitas que, después de recibir el maná, se rebelaron contra Dios y "murieron en el desierto". Y es que las cosas, aunque vengan del cielo, no nos hacen mejores ni nos confieren la vida eterna. Por eso, ahora Dios propone algo nuevo. El "pan que baja del cielo" no es alguna cosa, sino alguien, y ése es Cristo. Ese pan verdadero nos comunica la vida eterna, pero, para recibirlo, se necesita dar un paso, o sea, creer en Cristo a raíz de un compromiso personal.

El evangelio sitúa el presente diálogo en la sinagoga de Cafarnaún (cf v 59), inmediatamente después de la multiplicación de los panes en el desierto, que se halla a la otra orilla del lago. Juan entiende los milagros como "palabras visibles", esto es, como hechos significativos y no tanto como hechos ostentosos. Normalmente las enseñanzas de Jesús aclaran el significado de sus obras, de sus milagros. Y por ello Juan enlaza aquellas enseñanzas con estos milagros. Jesús, sin responder la pregunta que le hacen, echa en cara a sus interlocutores que le buscan porque ha dado de comer, pero no porque hayan entendido el significado de la multiplicación de los panes. Han comido, pero no "han visto signos"; han recibido pan hasta saciarse, pero no han aprendido nada. Ahora bien, lo que alimenta de verdad y lo que da vida es la palabra de Dios. Este es el pan verdadero. La misión de Jesús, el Hijo del Hombre, no es resolver milagrosamente los problemas humanos, no es multiplicar panes y peces. Y si alguna vez hace también esto, dar de comer, quiere que todos entiendan lo que esto significa, porque se trata de "un signo". El que no cree el signo se queda insatisfecho, se queda sin el verdadero pan que Jesús ha venido a traer al mundo: la palabra de Dios. Este es el alimento que perdura y por el que vale la pena trabajar. De acuerdo con la mentalidad judía y farisaica estos hombres se interesan ahora por los trabajos que Dios quiere, por las obras que deben hacer para alcanzar la vida eterna; pero Jesús responde diciendo que Dios no quiere otra cosa que ésta: que crean en su enviado. La vida que Jesús ofrece a los que creen en él es gracia, no un salario merecido por los que trabajan haciendo muchas buenas obras; basta con creer, el que cree tiene la vida eterna. No obstante, la fe es siempre una respuesta libre del hombre a la palabra de Dios, y, en este sentido, una obra, la obra que Dios quiere. Los que escuchan a Jesús comprenden que éste se presenta como enviado de Dios y que pide fe en su persona como única y necesaria condición para alcanzar la vida eterna. Sin embargo, no les parece suficiente lo que ha hecho Jesús en el desierto, exigen milagros mayores para que crean en él. Mientras esto no suceda, ellos se atienen a las enseñanzas de Moisés, pues éste sí que dio pan del cielo. Jesús responde puntualizando, en primer lugar, no fue Moisés el que dio pan del cielo, sino Dios; en segundo lugar, el verdadero pan del cielo no es el maná. Los que comieron el maná murieron; los que coman ahora el pan que Jesús ofrece, vivirán. Y este pan, el verdadero pan del cielo no es otro que aquél que ha bajado del cielo para dar vida al mundo. Pensando todavía en el maná, estos hombres creen que Jesús les habla de un pan maravilloso que sacia el hambre corporal de una vez por todas. Es el mismo malentendido de la samaritana cuando pide a Jesús que le dé el "agua viva" para no tener ya más sed y ahorrarse la fatiga de ir todos los días a la fuente (4,15). Por fin, Jesús responde con toda claridad: "Yo soy el pan de vida", el que da la verdadera vida. Jesús es la palabra de Dios, y el que la pronuncia, el que cree en él, vive para siempre; pues el hombre vive de la palabra de Dios. El hambre y la sed de vivir que padece el hombre sólo pueden saciarse con el verdadero pan bajado del cielo y con el agua viva que salta hasta la vida eterna. Este pan de vida y esta agua viva es Jesús, la Palabra de Dios (“Eucaristía 1982”).

Cristo acaba de realizar la multiplicación de los panes (Jn 6,1-15). Con este motivo consigue un éxito entre la muchedumbre bastante considerable (vv 22-25) El discurso sobre el pan de vida parte de estos dos hechos. Las gentes han comido un alimento perecedero, pero, hay otro alimento que sirve para la vida eterna (vv 26-27); la muchedumbre ha buscado a un realizador de milagros, pero la personalidad de Jesús es de otro orden (vv 26-27) y las obras realizadas hasta ese momento por el pueblo no son las que van a poder merecerle la salvación: lo único que cuenta es el seguir a Cristo (vv 28-29). Los oyentes se decepcionan evidentemente ante esta argumentación y quieren rebatir las pretensiones de Cristo: su milagro es insignificante, los antiguos vieron cosas mejores (vv 30-31). Así, pues, si Cristo quiere revelar el misterio de su persona, que dé una señal más inteligible. Jesús responde afirmando que El es el pan de vida (vv 32-35).

a) Estos versículos plantean, de manera enigmática, pero excitante, el problema de la persona de Jesús y de la capacidad de la fe para descubrir el misterio que se encierra detrás de los signos que lo manifiestan. Invitan expresamente al oyente a ponerse en estado de búsqueda auténtica para poder descubrir el alcance del discurso que sigue.

b) Choca bastante ver a Cristo presentando este proceso de búsqueda que es, en resumen, la fe (v 29) con términos como "trabajo" (v 27) y "obras a realizar" (v 28). Efectivamente, el trabajo que hay que hacer no es perderse en la multitud de comportamientos que implica la ley, sino comprender que la vida de Cristo es la obra del Padre por excelencia (cf. Jn 5 17). Que los hombres renuncien a discutir inútilmente sobre las muchas obras que ellos tienen que realizar para salvarse y que reconozcan la necesidad de una sola obra: la que el Padre cumple en su hijo y que está marcada con su sello (v 27) y se manifiesta especialmente en el signo del pan.

c) Los signos y obras realizados por Cristo no son solo medios para legitimar su reivindicación o justificar su misión. El problema no está en dar pruebas de tipo intelectual, sino signos que comprometan ya desde ese momento y continúen la obra de salvación que Cristo trae. Con esto no es que El quiera competir con el maná. No se trata de demostrar que Él es superior a Moisés, sino de hacer comprender que tanto el maná del desierto como los panes multiplicados por Jesús son ambos expresión del amor que el Padre ofrece al mundo. Jesús, al ir más allá de la significación material del maná (v 32), estaba completamente en la línea del Antiguo Testamento que buscó con frecuencia ver la Palabra de Dios detrás de este alimento (Dt 8,2-3; Sab 16,26). Jesús deja entender, con esto, que El también, al multiplicar los panes, trasciende la vida material y física por su mensaje y el misterio de su persona simultáneamente (v 35). Pero los interlocutores de Cristo no trascienden el plano material (v 34). En esta situación, a Cristo no le queda otra cosa que hacer que declarar abiertamente que el pan multiplicado va unido a su misión espiritual y a su propia persona hasta el punto de confundirse con ella (v 45).

d) Cuando Cristo revela su propia persona, emplea una fórmula nueva: pan de vida, que era algo desconocido en el Antiguo Testamento. Juan ha, sin duda, forjado esta fórmula, así como creó las expresiones "luz de vida" (Jn 8,12), palabra de vida (1 Jn 1,1), agua de vida (Ap 21,6; 22,1). Probablemente pensó en el árbol de la vida del Paraíso, símbolo de la inmortalidad de la cual el hombre quedó privado por el pecado, que el maná del desierto no fue capaz de restituir, pero que Jesús concede como respuesta a la fe (cf Jn 6,50,54). Existe, pues, en el concepto de pan de vida un matiz paradisíaco y escatológico: Jesús es la verdadera vida inmortal a la que el hombre tiende desde el primer momento y que, finalmente, le es accesible por la fe.

Juan relaciona el misterio eucarístico con la encarnación (v 35): el verdadero pan es el Hijo de Dios que ha venido del cielo. El hambre se sacia recurriendo a El. Todo el que cree en Cristo y en su doctrina se está ya alimentando de El. Pero la dimensión pascual de este pan no puede ser descartada. Es fácil que la proximidad de la Pascua (Jn 6,4) haya sugerido a Cristo el tema del maná, así como las homilías pronunciadas en las sinagogas con motivo de la proximidad de tal festividad (cf Jn 6,59).

La palabra "dar", que se repite tres veces en el pasaje de este día, anuncia ya el don del Calvario y expresa que no existirá pan verdadero más que cuando se haya cumplido totalmente la obra salvífica de Cristo. El pan de vida no puede ser comido solo con la fe; es necesario un pan concreto, que exigirá ser comido realmente y así nos integrará dentro del misterio de la cruz (Maertens-Frisque).
(
http://homiletica.org/lluciapou/lluciapousabateE0398.htm
).

¡Alegrate de estar vivo!

¡ALÉGRATE DE ESTAR VIVO!
Al despertar, alégrate de estar vivo.  Estar vivo es tu oportunidad de ser mejor, de hacer el bien, y de contribuir a la paz comunitaria.
Dios te regala un nuevo día y te ofrece la oportunidad de convivir en armonía con los otros.
El día de hoy es una moneda que recibes, un capital que debes trabajar para hacerlo producir muchos actos de humanización.
Aprovecha esta ocasión sin igual para crecer en el amor hacia ti mismo y hacia los demás, aceptándolos con gusto, acogiéndolos con afecto y sirviéndoles con alegría.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 21:57 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Dia a dia.

EL DÍA A DÍA

Un amigo abrió el cajón de la cómoda de su esposa y levantó un paquete envuelto en papel de seda: “Esto, dijo, no es un simple paquete, es lencería”.

Tiró el papel que lo envolvía y observo la exquisita seda y el encaje.

“Ella compró esto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace nueve años. Nunca lo usó. Lo estaba guardando para una ocasión especial”.

“Bueno... creo que esta es la ocasión”. Se acercó a la cama y colocó la prenda junto con las demás ropas que iba a llevar a la funeraria.

Su esposa acababa de morir.

Volviéndose hacia mí, dijo: “No guardes nada para una ocasión especial, cada día que vives es una ocasión especial”. Todavía estoy pensando en esas palabras... ya han cambiado mi vida.

Ahora estoy leyendo más y limpiando menos. Me siento en la terraza y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Paso más tiempo con mi familia y amigos y menos tiempo trabajando.

He comprendido que la vida debe ser un patrón de experiencias para progresar, no por sobrevivir. Ya no guardo nada, ni tampoco derrocho más allá de lo que puedo permitirme. Uso mis copas de cristal todos los días. Me pongo mi abrigo nuevo para ir al supermercado, si así lo decido y me viene en gana. Ya no guardo mi mejor perfume para las fiestas especiales, lo uso cada vez que me apetece hacerlo, sin más. La frase “algún día...” y “uno de estos días”, están desapareciendo de mi vocabulario.

Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo, quiero verlo, escucharlo o hacerlo ahora. No estoy seguro de lo que habría hecho la esposa de mi amigo si hubiera sabido que no estaría aquí para el mañana que todos tomamos tan a la ligera. Creo que hubiera llamado a sus familiares y amigos cercanos. A lo mejor, hubiera llamado a los antiguos amigos para disculparse y hacer las paces por posibles enojos del pasado. Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida china, su favorita. Son esas cosas dejadas sin hacer, las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojado porque deje de ver a buenos amigos con quienes me iba a poner en contacto “algún día”.

Enojado porque no escribí cartas que pensaba escribir “uno de estos días”. Enojado y triste porque no les dije a mis hermanos y a mis hijos con suficiente frecuencia, cuanto los amo. Ahora trato de no retardar, detener o guardar nada que agregara risa y alegría a nuestras vidas. Y cada mañana me digo a mi mismo que éste es un día especial, cada hora, cada minuto... es especial.

Piensa que ese “uno de estos días” está muy lejano... o puede no llegar nunca.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:12 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

El semaforo.

El semáforo

Aquel día, me desperté con mucho sueño y enojado. Con trabajo, pude levantarme de la cama. Me dirigí al cuarto de baño arrastrando los pies mientras renegaba por tener que levantarme de la cama y no poder quedarme en ella todo el día. Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente. Me sentía tan cansado, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿Para qué tanto trabajo? ¡Es un fastidio!
...Salí de mi casa rumbo a la oficina, desde mi coche observaba el suelo humedecido por la lluvia y no podía evitar la rabia al pensar que tenía que trabajar. El semáforo se puso en rojo y de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.
Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que hacía malabares.
Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó a mi auto pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico". Con su mano izquierda señaló hacia la acera y ahí pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.

El malabarista mientras recibía una monedas, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? De pronto el chico sentado en la silla de ruedas se dio la vuelta y pude leer en el respaldo de su silla:
“Gracias señor por los dones que nos das, contigo nada nos faltará”
Eso me impactó profundamente y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, mi semáforo interior también cambió.
Desde aquél día, nunca más se me volvió a encender la luz roja que me paralizaba por la pereza. Siempre he tratado de mantener la luz verde encendida y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el más necesitado, el más incompleto. Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer.
Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por lo que sí tengo.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:13 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

el tiempo...

EL TIEMPO...


Uno de los errores más extendidos entre la gente
es creer que tenemos mucho tiempo.
No, no tenemos todo el tiempo, la vida es breve
y tenemos que aprovecharla.
Ser esclavos de alguien o de algo
es renunciar a ese tiempo.
No hacer lo que se debe, es desperdiciar tiempo.
No vivir conforme a tu conciencia, es no aprovechar
el tiempo.
Estar enfadado con alguien, es perder el tiempo absurdamente.
Ganar tiempo, es hacer las cosas que nos gustan
y estar con los que apreciamos y nos aportan
algo positivo.
Ganar tiempo también, es vivir el presente sin prejuicios.


 (Gladys Bessy).

01/08/2012 22:14 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

el verdadero tiempo vivido.

El verdadero tiempo vivido


Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es
simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había
aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar
desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo
lejos, Kammir.

Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le
llamó mucho la atención.

Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles,
pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla
pequeña de madera lustrada.

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las
piedras blancas que estaban distribuidas al azar, entre los árboles. Dejó
que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso
multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió,
sobre una de las piedras, aquella inscripción: Abdul Tareg, vivió 8 años, 6
meses, 2 semanas y 3 días. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa
piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar
que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado
también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: Yamir Kalib, vivió
5 años, 8 meses, y 3 semanas. El buscador se sintió terriblemente
conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una,
empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y
el tiempo de vida exacto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue
comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11
años... Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un
rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. "No,
ningún familiar..." -dijo el buscador- "¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa
tan terrible hay en esta ciudad?.. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados
en este lugar?... ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente,
que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?"

El anciano se sonrió y dijo: "Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo
que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un
joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que
tengo aquí, colgando del cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno
disfruta intensamente de algo, abre su libreta y anota en ella: A la
izquierda, qué fue lo disfrutado. A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión
enorme y el placer de conocerla?... ¿una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y
media? Y después la emoción del primer beso, el placer maravilloso del
primer beso ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una
semana?...

¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los
amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve
de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de esas situaciones?...
¿Horas? ¿Días? Así...vamos anotando en la libreta cada momento que
disfrutamos cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el
tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque Ese es, para
nosotros, el único y verdadero tiempo vivido".
(Jorge Bucai).

01/08/2012 22:14 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Estudio exegetico del Evangelio del Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

RECURSOS PARA PREDICAR

Proper 13B
6 de agosto, 2006

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 PASAJE BÍBLICO:     Juan 6:24-35

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULO 6: INTRODUCCIÓN

 

Este capítulo empieza con la alimentación de los cinco mil (vv. 1-15) y continúa con Jesús caminando sobre el agua (vv. 16-21), y la multitud dándose cuenta de que Jesús se ha marchado (vv. 22-23).

 

 

VERSÍCULOS 24-27: NO TRABAJÉIS POR COMIDA QUE PERECE

 

24Como vio pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.  25Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.

27Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios.

 

 

En v. 1, Jesús fue “de la otra parte de la mar de Galilea” – suponiendo que es el lado este.  Entonces, en v. 16, los discípulos “entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum,” en el lado oeste.  Después de remar dos o tres millas, habiendo casi cruzado el lago, Jesús camina sobre el agua para reunirse con ellos.  Después de hacer esto, “el barco llegó á la tierra donde iban” (v. 21).

 

El próximo día la multitud descubre que Jesús y los discípulos se han ido, entonces, se suben a los botes y se van a Capernaum en busca de Jesús (v. 24).  Seguramente, pocas de las cinco mil personas (o diez o veinte mil con mujeres y niños) actualmente cruzan el mar en sus botes pequeños.  Versículo 24 no nos dice porque la multitud está buscando a Jesús, pero la última vez que la vimos, intentaba hacerle rey a Jesús (v. 15).

 

Al encontrar a Jesús, le preguntan, “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” (v. 25).  Mucho de este Evangelio se puede comprender a dos niveles, y eso es verdad de esta pregunta también.  La multitud intenta preguntar solo sobre la manera en la cual Jesús llegó hasta Capernaum, pero este Evangelio ya nos ha dicho que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14).  La encarnación es una respuesta más profunda a la pregunta de cómo Jesús llegó aquí.

 

Jesús ignora la pregunta y les reprende por el interés superficial que demuestran.  “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis” (v. 26).  “En vez de ver la señal en el pan, en la señal solo vieron el pan” (Lange, citado en Morris, 317).  En su jerarquía de necesidades, se enfocan en el estómago en vez del espíritu.  Al alimentar a los cinco mil, Jesús satisfizo su hambre física, y ahora buscan más de lo mismo.

 

El cumplir con las necesidades físicas nunca pierde su atractivo.  “Dios nos dará pan y peces, mejores casas, horas más cortas, salarios más altos, aparatos que nos disminuyen trabajo y añaden a nuestro descanso – éstas son cosas que merecen la pena tener, y le seguiremos a él por ellas.  ¿Pero quién quiere sus regalos espirituales? ¿Qué haríamos con ellos? ¿Qué diferencia harían?” (Gossip, 563).

 

“Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (v. 27a).  Jesús reta a la multitud que alcen la vista y vean más allá de lo físico.  Antes, él dijo de si mismo, “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (4:34).  Ahora reta a la muchedumbre a unirse a su viaje espiritual: Primero oímos estas palabras, “perecer” y “vida eterna” en 3:16, donde Jesús habla de amar al mundo y de dar a su Hijo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

 

Jesús no dice que las necesidades físicas no sean importantes.  En otra parte él habla del alimento, la bebida, y la ropa, asegurándoles a sus oyentes de que “su Padre en el cielo sabe que necesitan todas estas cosas,” y prometiéndoles que, si primero buscan el reino de Dios y su virtud, “recibirán todas estas cosas también” (Mateo 6:32-33).  Mucho de su ministerio terrenal se enfoca en curar las necesidades físicas de la gente.  Pero ahora, pide que la gente acepte su necesidad por “la comida que á vida eterna permanece,” prometiéndoles que el Hijo del Hombre se lo dará.

 

La gente se dirige a Jesús como Rabí (v. 25), pero él se refiere a si mismo como “el Hijo del Hombre (v. 27).” Él podría referirse a si mismo como el Mesías, pero esa palabra crearía expectativas que él no está dispuesto a cumplir.  La gente espera que el Mesías eche a los romanos y que haga  Israel grande de nuevo, pero ése no es el ministerio de Jesús.  La frase, Hijo del Hombre, lleva consigo menos connotaciones políticas y, en este Evangelio, “está más y más asociada…con revelaciones traídas del cielo a la tierra” (Carson, 284).

 

“Porque á éste señaló el Padre, que es Dios” (v. 27b).  En la época de Jesús un sello autenticaba autoridad o propiedad.  Un oficial usaba un anillo con un símbolo para sellar un documento con cera.  Tal sello le daba al documento su estatus oficial, tal como una firma lo hace hoy día.  El propietario de tal documento era recibido con el respeto debido a la persona que lo selló.  Dios Padre ha puesto su sello sobre el Hijo, quien actúa como su emisario del cielo en la tierra (1:51; 3:13).  Jesús no nos dice cuando esto lugar, pero lo más probable es que fuera durante su bautizo, cuando el Espíritu descendió sobre él (1:33) y una voz del cielo dijo, “Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento” (Marcos 1:11).

 

 

VERSÍCULOS 28-34: ÉSTA ES LA OBRA DE DIOS, QUE CREÁIS

 

28Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras (griego: erga – plural) de Dios? 29Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra (griego: ergon – singular) de Dios, que creáis en el que él ha enviado.  30Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio á comer.  32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.  34Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

 

 

“¿Qué haremos para obrar las obras (plural) de Dios?” (v. 28).  Desde que se estableció la ley del Tora en el Monte de Sinaí (Éxodo 20 ff.) el pueblo judío ha aceptado el obedecer la ley como la manera aceptable de servir a Dios.  Sin embargo, la ley del Tora es compleja, y suena como si esta multitud está pidiéndole a Jesús que les dirija hacia el corazón de la ley – de la misma manera que el joven regidor preguntará, “Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?” (Lucas 18:18).  Comprendiendo que la ley es compleja, no le piden a Jesús que la resuma en un mandamiento, como hará uno de los escribientes (Marcos 12:28) – aunque más adelante Jesús hará lo mismo (13:34; 15:12 – véase también Marcos 12:30-31, donde Jesús resume la ley en dos mandamientos).  En vez, la multitud le pide a Jesús que identifique las obras (plural) – las leyes que son verdaderamente críticas – para que puedan enfocarse en ellas.  Le están pidiendo a Jesús una guía para su fe que les ayude a navegar por el laberinto de leyes y comentarios en los cuales se centra su práctica religiosa.

 

En vez de dirigirles a unas cuantas leyes críticas, Jesús les aleja de la ley y les acerca a él mismo.  “Esta es la obra (singular) de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (v. 29).  Mientras que la multitud parecía segura de que podían cumplir cualquier obra que Jesús identificara como crítica, el hecho es que la obediencia de la ley está repleta de fallos.  Como dijo Pablo, “Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago” (Romanos 7:15).  Nuestros espíritus están dispuestos, pero nuestra carne es débil (Marcos 14:38).  Al invitar a la multitud a creer en él, Jesús les provee una alternativa accesible al trabajo Sisypeano de seguir la ley.  Pablo expresó la misma idea con estas palabras: “Así que, concluimos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

 

“Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?” (v. 30).  Señales han sido parte de la vida humana desde el principio cuando Dios puso un arco en las nubes como señal de su convenio que nunca destruiría la tierra por medio de un diluvio otra vez (Génesis 9:12ff), Dios ha utilizado señales de varios tipos – símbolos o milagros que señalan más allá de si mismos hacia algo más grande.  Por lo tanto, la circuncisión es señal del convenio (Génesis 17:11).  El pan sin levadura de la Pascua es señal que recuerda a Israel de la salvación que Dios proveyó en Egipto (Éxodo 13:9).  El sábado es señal (Éxodo 31:13, 17).  Dios esperaba que los israelitas respondiesen a las señales y maravillas creyendo, pero quedó desilusionado cuando no lo hicieron (Números 14:11, 22; Deuteronomio 4:34).

 

El Éxodo de Egipto y los milagros que lo acompañaron fueron la señal más grande de todas (Josué 24:17).  Señales particulares incluyeron la vara milagrosa de Aarón (Éxodo 7:8-13) – las varias plagas (Éxodo 7:14-12:32) – la Pascua (Éxodo 12) – columnas de nubes y fuego (Éxodo 13:17-22) – cruzar el Mar Rojo (Éxodo 14) – agua amarga hecha dulce (Éxodo 15:22-26) – maná del cielo (Éxodo 16) – y agua de una peña (Éxodo 17).  Estos milagros no solo salvaron a Israel, sino que también sirvieron de señales que verificaban el liderazgo de Moisés y señalaban el amor de Dios y su provisión especial para Israel.

 

Pero la multitud reconoce la naturaleza radical de la invitación de Jesús y le piden que asegure que él tiene la autoridad de pedirles tal alejamiento de su práctica religiosa tradicional.  Por doce siglos, han observado la ley del Tora – la ley Mosaica – la ley de Dios – como la manera de agradar a Dios y de asegurar su propia salvación.  Durante siglos, sus mejores hombres han hecho un gran esfuerzo para comprender la aplicación de la ley para cada situación, y su trabajo ha sido codificado en comentario sagrado de una ley aún más sagrada.  A través de la historia de Israel, Dios les ha llamado una y otra vez para observar fielmente la ley, y ha llamado a profetas para ayudarles a comprenderla.

 

Ahora este producto de treinta y algo años, de un padre sin distinción, y de un pueblo aún menos distinguido les sugiere que abandonen su larga alianza con la ley y que pongan sus vidas sobre él.  ¡No es raro que quieran verificar su autoridad de una manera inconfundible!  ¡Hacer otra cosa sería un descuido!  Sin embargo, la multitud parece haberse olvidado de que Jesús acaba de verificar su conexión a Dios al alimentar los cinco mil (o más), ¡con el almuerzo de un niño!

 

“Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio á comer” (v. 31).  Piden una señal – una obra (v. 30) – y nombran maná como el tipo de señal que esperan (v. 31).  Citan la Escritura, aunque de manera imprecisa – “Pan del cielo les dio á comer” (v. 31) – una compilación de varias escrituras (Éxodo 16:4; Nehemías 9:15; Salmos 78:24; 105:40).  El regalo de maná por parte de Moisés verificó su estatus de profeta.  Si Jesús espera que la multitud le acepte a él como profeta tal como lo hizo con Moisés, debe darles una señal como Moisés les dio.  Han visto falsos profetas ir y venir, y quieren pruebas de que Jesús no es uno de ellos.

 

La demanda de la multitud representa la respuesta de gente común que se ve confrontada con una situación nueva.  Jesús les ha descentrado, y están intentando recobrar el equilibrio.  Y entonces establecen los criterios que Jesús debe cumplir si le han de creer – y se establecen a si mismos como juez y jurado.  “Muéstranos una señal, nosotros veremos, evaluaremos las pruebas, haremos conclusiones, y hasta que podremos decidirnos a creer” (Craddock, 367).

 

Su visión parece sorprendentemente miópica, dado que Jesús acaba de alimentar cinco mil (o los diez o veinte mil) con unos cuantos panes y peces (vv. 1-15), pero el milagro de Jesús palidece cuando se compara con el de Moisés.  Jesús alimentó a unos miles en una ocasión; Moisés alimentó a la nación entera por cuarenta años.  Jesús le dio a la muchedumbre pan corriente; Moisés le dio a Israel pan del cielo.  La gente ha visto a Jesús hacer un milagro, pero ahora esperan más para que su milagro se iguale al de Moisés.

 

Hay una lección aquí para nosotros.  Nosotros, también, sufrimos de miopía espiritual.  Hay cosas maravillosas que pasan a nuestro alrededor todos los días, pero no las vemos.  Habiéndonos acostumbrado a ellas, no las tomamos en cuenta.  Como observó Martin Luther King:

 

“Las obras maravillosas de Dios que ocurren cada día son poco estimadas, no

porque no sean importantes, sino porque pasan tanto y sin interrupción.  El hombre

está acostumbrado al milagro que Dios rige el mundo y mantiene toda creación, y

porque las cosas siguen su curso asignado cada día, parece insignificante.  Ningún

hombre piensa que le merece la pena meditar sobre ello y tratarlo como una obra

maravillosa de Dios.  Aún, es una maravilla más grande que Cristo alimentara a

cinco mil hombres con cinco barras de pan y que hiciera vino del agua.” 

Dios alimenta a billones a diario, pero solo lo notamos cuando nos falta comida – o cuando el alimentar toma lugar bajo circunstancias dramáticas.  Nosotros, también, decimos, “Danos una señal, Jesús. Haz algo espectacular, para que podamos creer en ti.”  A veces, hasta que le presentamos a Jesús con pruebas triviales – “Encuéntrame un lugar para estacionar mi coche, Jesús, y después te creeré.” 

 

Jesús le responde a la multitud, diciéndoles, “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (vv. 32-33).  Jesús marca varios puntos aquí:

 

- Fue Dios, no Moisés, el que les dio maná (v. 32).

 

- El maná no era el pan verdadero del cielo (v. 32), sino que era, “al máximo, un tipo del pan verdadero que Dios, quien en sentido único es el Padre de Jesús, ahora les da” (Smith, 153).

 

- No es que el Padre “dio” (tiempo pasado), pero que el Padre “da” (tiempo presente) (v. 32).

 

- El pan de Dios es de encarnación – que baja del cielo (v. 32).  Esto concuerda con el prólogo de este Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…  Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (1:1, 14).

 

- El pan de Dios nos da vida (v. 33).  El maná sostiene la vida física, pero el pan verdadero de Dios da la vida eterna (véase 3:16).

 

- El alcance de dar vida es amplio e incorpora todo el mundo (v. 33; 3:16).  Maná dio vida a los israelitas, pero solo provisionalmente – los israelitas del desierto habían muerto hace siglos.  El pan verdadero de la vida da la vida eterna – y se la da al mundo entero – no solo a Israel.

 

La multitud dice, “Señor, danos siempre este pan” (v. 34).  Esta respuesta se paralela a la de la mujer samaritana, que dijo, “Señor, dame esta agua” (4:15a).  Ambas suenan como si le están pidiendo a Jesús un regalo espiritual, pero la mujer samaritana añadió, “para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla” (4:15b).  Su comprensión era solo superficial.  Sospechamos que lo mismo es verdad de esta multitud.

 

 

VERSÍCULO 35: YO SOY EL PAN DE VIDA

 

35Y Jesús les dijo: Yo soy (griego: ego eimi) el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

 

 

La multitud no comprendió cuando Jesús habló del “pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (v. 33), entonces, Jesús clarifica su significado.  “Yo soy el pan de vida,” él dice (v. 35a).

 

Ésta es la primera de una serie de declaraciones de “YO SOY” (griego: ego eimi) en este Evangelio, que nos recuerdan al cuento del arbusto en llamas.  Cuando Moisés le preguntó a Dios su nombre, Dios contestó, “Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado” (Éxodo 3:14).  “Yo soy,” claro, puede ser simplemente identificación propia, pero en el Evangelio de Juan claramente significa más.  Las declaraciones de “YO SOY” son:

 

- “Ego eimi, que hablo contigo” (4:26).

- “Ego eimi el pan de vida” (6:35)

- “Ego eimi el pan vivo” (6:51).

- “Ego eimi la luz del mundo” (8:12; 9:5).

- “Antes que Abraham fuese, Ego eimi” (8:58).

- “Ego eimi la puerta de las ovejas” (10:7).

- “Ego eimi la puerta” (10:9).

- “Ego eimi el buen pastor” (10:11).

- “Ego eimi la resurrección y la vida” (11:25).

- “Ego eimi el camino, la verdad, y la vida” (14:6).

- “Ego eimi la vid verdadera” (15:1).

 

“Las frases ‘Yo soy’ forman la base del lenguaje de auto-revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio…  A través de estos símbolos comunes, Jesús declara que las necesidades religiosas y los deseos humanos se cumplen en él” (O´Day, 601).

 

“El que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (v. 35b).  “Según Deuteronomio 8:3, el maná fue regalado para demostrarle a Israel que ‘uno no solo vive de pan, sino de cada palabra que viene de la boca del Señor.’ Claramente, esta declaración tiene el punto de vista del Tora... Philo establece una conexión parecida...del maná como un tipo de Sabiduría... o de los Logos... Ahora, como el que revela divinidad y el que da la vida venidera, Jesús declara que cumple y sobrepasa lo que el Tora, la Sabiduría, y los Logos hubieran significado para el judaísmo del primer siglo.  Esta declaración central de la discusión se relaciona a v. 27 y v. 31.  El alimento que permanece para la vida eterna y el pan del cielo se encuentran en Jesús, el pan de vida” (Lincoln, 228-229).

 

Los comentarios de Jesús crearon quejas entre “los judíos,” que dirán, “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” (v. 42).  No nos debe sorprender que se quejen.  “Un hombre que era solo un hombre y decía las cosas que Jesús decía no sería un buen maestro moral.  O sería un loco – como el hombre que dice que es un huevo cocido – o sería el Demonio del Infierno.  Tú debes elegir.  O este hombre era, y es, el Hijo de Dios, o es un loco o algo peor” (C. S. Lewis, The Case for Christianity).

 

Pablo habla de la ofensa (griego: skandalon – punto de tropezar) de la cruz (Galatos 5:11), y la cruz es seguramente un skandalon para los que esperan que Dios se comporte a nivel de su estatura.  Pero la encarnación es también un skandalon – quizás un skandalon aún mayor.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html
.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Barclay, William, The Daily Study Bible, "The Gospel of John," Vol. 1 (Edinburgh:  The Saint Andrew Press, 1955)

Bruce, F. F., The Gospel of John (Grand Rapids:  Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1983).

 

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D.,  Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV--Year B (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1993)

 

Carson, D. A., The Pillar New Testament Commentary: The Gospel of John (Grand Rapids:  Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1991).

 

Craddock, Fred R.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year B  (Valley Forge:  Trinity Press International, 1993)

 

Gossip, Arthur John and Howard, Wilbert F., The Interpreter's Bible, Volume 8 (Nashville:  Abingdon, 1952)

 

Howard-Brook, Wes, Becoming the Children of God:  John's Gospel and Radical Discipleship (New York:  Maryknoll, 1994)

 

Hoyer, Robert J., Lectionary Bible Studies, "The Year of Mark," Pentecost 1, Teacher's Guide (Minneapolis/Philadelphia:  Augsburg Publishing House/Fortress Press, 1976)

 

Moloney, Francis J., Sacra Pagina:  The Gospel of John (Collegeville:  The Liturgical Press, 1998)

 

Morris, Leon, The New International Commentary on the New Testament:  The Gospel According to John (Grand Rapids:  Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1995).

 

O'Day, Gail R., The New Interpreter's Bible, Volume IX (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Sloyan, Gerald, "John," Interpretation (Atlanta:  John Knox Press, 1988)

 

Smith, D. Moody, Jr., Abingdon New Testament Commentaries:  John (Nashville:  Abingdon, 1999)

www.sermonwriter.com

 

 www.lectionary.org

 

Copyright 2006, 2010, Richard Niell Donovan
(
http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT04-Juan/Juan%2006.24-35.htm
).

He aprendido.

HE APRENDIDO
 
    He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, pero puedo convertirme en alguien a quien se puede amar. El resto depende de los otros.
    He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mí.
    He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.
    He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor, sino las personas que tengo alrededor.
    He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos. Después de eso, necesito poder hacer más.
    He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.
    He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede, sino lo que hago al respecto.
    He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante, y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.
    He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser.
    He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar, y más satisfactorio pensar que reaccionar.
    He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la última vez que las vea.
    He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que creí posible.
    He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.
    He aprendido que si no controlo mis actitudes, ellas me controlan a mí.
    He aprendido que por apasionada que sea una relación en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.
    He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencidos, a pesar de las consecuencias.
    He aprendido que aprender a perdonar requiere de mucha práctica.
    He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de algo o de alguien.
    He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada, y tener el mejor de los momentos.
    He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar, y aquellas que creo que me van a levantar, son las que me patean.
    He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, mas no el derecho de ser cruel.
    He aprendido que el verdadero amor y la verdadera amistad, continúan creciendo a pesar de las distancias.
    He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la misma manera en que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera.
    He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.
    He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son tan humillantes y qué tragedia seria si lo creyera.
    He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.
    He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.
    He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.
    He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias puedan haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.
    He aprendido que porque dos personas discuten, no significa que no se aman; y simplemente porque dos personas no discutan no significa que se aman.
    He aprendido que no tengo que cambiar de amigos, si comprendo que los amigos cambian.
    He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.
    He aprendido que hay muchas maneras de enamorarse y permanecer enamorado.
    He aprendido que sin importar las circunstancias, cuando soy honesto conmigo, llego más lejos en la vida.
    He aprendido que muchas cosas pueden ser generadas por la mente; el truco es el autodominio.
    He aprendido que aún cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fuerza para ayudarlo.
    He aprendido que tanto escribir como hablar, alivia los dolores emocionales.
    He aprendido que el paradigma en el que vivo, no es la única opción que tengo.
    He aprendido que los títulos sobre la pared, no nos convierten en seres humanos decentes.
    He aprendido que las personas se mueren demasiado pronto.
    He aprendido que aunque la palabra amor pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.
    He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.
    He aprendido que yo siempre puedo orar por otro cuando no tengo las fuerzas para ayudarlo de alguna otra manera.
    He aprendido que deberíamos estar contentos de que Dios no nos dio todo lo que pedimos.
    He aprendido que bajo la coraza más dura, hay alguien que quiere ser apreciado y amado.
    He aprendido que El Señor no lo hizo todo en un día. ¿Qué me hace pensar que yo puedo?
    He aprendido que el amor y no el tiempo, cierran todas las heridas.
    He aprendido que debemos mantener nuestras palabras tiernas, porque mañana tal vez debamos tragárnoslas.
    He aprendido que... debo seguir aprendiendo.
 
Dulce María Loynaz   
 
Dulce María Loynaz es conocida como la más grande escritora cubana del siglo veinte, galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987, y con el Premio Miguel de Cervantes en 1992.  Nació en La Habana, Cuba, el 10 de diciembre de 1902. Fue nombrada María Mercedes Loynaz y Muñoz, pero se le conoce, desde la infancia, como Dulce María.
 
Enviado por Adys
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad;
 
 
  
        
Beatriz
Medellín - Colombia
®. Todos los derechos reservados.
 

01/08/2012 22:16 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

B - Domingo 18o. del Tiempo Ordinario
Primera: Éx 16, 2-4.12-15; Segunda: Ef 4, 17.20-24; Evangelio: Jn 6,24-35
Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net


Sagrada Escritura:

Primera: Éx 16, 2-4.12-15
Segunda: Ef 4, 17.20-24
Evangelio: Jn 6,24-35


Nexo entre las lecturas

Se puede decir que en la fe como principio hermeneútico de la existencia humana se concentran los textos litúrgicos. La fe interpreta la vida de los israelitas que caminan exhaustos por el desierto y les asegura que no están abandonados, sino que Dios con su poder y su amor paterno está con ellos (primera lectura). La fe interpreta la vida de los oyentes de Jesús de forma que sean capaces de ver en la multiplicación de los panes un signo de la presencia eficaz de Dios en medio de ellos (Evangelio). La fe interpreta al cristiano haciéndole descubrir que ya no es hombre viejo sino nuevo, y que debe hacer resplandecer la novedad de Cristo en su vida (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. La fe como memoria. El creyente es un hombre de la memoria. Tiene que recordar, recordar siempre. Recordar la historia de la fe cristiana, que no inicia en nuestro siglo, sino que se remonta a siglos muy lejanos, a la historia de Abrahám, prototipo de fe en Dios para todas las generaciones. Recordar tantas maravillas que Dios ha ido realizando en esa historia secular, como por ejemplo, la que nos narra la primera lectura tomada del libro del Éxodo. Aquellos israelitas que habían salido de Egipto victoriosos y contentos, caminan ahora por el desierto fatigados, desalentados, sin horizontes de esperanza; pero Dios, el Dios liberador, no les deja en la estacada; más bien llega a ser ahora el Dios compañero y guía de su marcha por el desierto, sostén y apoyo en sus necesidades. ¿Es que puede un padre abandonar a sus hijos? Recordar también el gran don que Dios nos ha hecho en su Hijo Jesucristo, que ha pasado por este mundo haciendo el bien, como verdadero médico de cuerpos y almas. Recordar el pan multiplicado para alimentar los cuerpos, y recordar el pan de su Palabra y de su Eucaristía para alimentar las almas. Recordar a los primeros cristianos que eran transformados por su inmersión en las aguas del bautismo, y recordar nuestro bautismo por el que hemos sido incorporados a Cristo y a su Iglesia. Este simple ejercicio de memoria, ¡cuánto bien hace al creyente, al cristiano!

2. La fe como hermenéutica. Se quiera o no el creyente es interpretado por su fe. Podríamos decir: dime en quién crees, lo que crees, y te diré quién eres, cómo vives. Por tanto, la fe en Cristo interpreta la vida de todo cristiano. Es decir, su modo de pensar, de actuar, de trabajar, de vivir, de amar, de ejercer su profesión es, debe ser iluminado por la fe en Jesucristo. Cuando esa fe en Cristo no es algo de unos cuantos individuos, sino que forma parte de un grupo o de una mayoría, entonces desemboca en cultura cristiana: la fe impregna todos los sectores de la vida comunitaria y social. En medio de las dificultades y tentaciones experimentadas por los israelitas, en medio de la solicitación puramente política y socio-económica de los oyentes de Jesús, la fe les ayudó a interpretar los acontecimientos y las obras de Dios con otros ojos, purificados precisamente por el colirio de la fe. Esa misma fe interpretó de tal manera la vida de los primeros cristianos, que les convirtió en hombres nuevos, "creados según Dios, en la justicia y santidad de la verdad". En la medida en que los creyentes en Cristo fueron aumentando en el siglo primero y en los siguientes, fueron levadura en la masa humana, fueron creando cultura y finalmente lograron configurar la sociedad en conformidad con la fe en Jesucristo. ¿No es éste un gran reto que tenemos que afrontar hoy en día los cristianos en un medio ambiente así llamado post-cristiano, pero enraizado todavía social y culturalmente en el cristianismo? La misión histórica de los creyentes en Cristo, al comenzar el siglo XXI, es y será, sin duda, hacer florecer esas raíces para que el buen olor de Cristo se expanda de nuevo en nuestra sociedad.


Sugerencias pastorales

1. Pan y fe, fe y Pan. Dios es el primero que no abandona al hombre a sus necesidades más fundamentales de subsistencia. Por eso, socorre a su pueblo con pan, carne y agua en su larga marcha desde Egipto a la Tierra Prometida; Jesús, por su parte, imitando a Dios su Padre, ante una multitud que desfallece de hambre, cumplirá el mismo gesto divino multiplicando los panes y los peces. Pero el pan, aunque necesario, es insuficiente; tiene que ir acompañado por la fe, de modo que Dios no sea un simple benefactor, sino además el Dios trascendente y santo; de modo que la gente no vea en Jesús un candidato a rey, sino el Mesías de Israel y el Hijo de Dios. La dimensión social del cristianismo es obvia, pero nace de la fe en Jesucristo. Y se desvirtuaría si, separándola de la fe, se hiciese del cristianismo un supermercado gratuito o una agencia de beneficencia social. El pan sin la fe carece de sabor cristiano. La fe sin pan simplemente no tiene sabor. Los cristianos somos invitados a unir en nuestro obrar el pan con la fe y la fe con el pan. La separación, por desgracia, ha causado no pocos estragos dentro de la misma vida de la Iglesia y en la imagen que del cristianismo se han formado quienes no son cristianos. Si cada uno acoge la invitación a unir pan y fe, fe y pan, el cristianismo y el mundo serán mejores, y abrirán un buen camino para el tercer milenio cristiano.

2. El poder de la fe. Los hombres estamos acostumbrados a ver el poder en el dinero, en las armas, en las influencias, en el estado, en la autoridad moral, v.g. de Madre Teresa de Calcuta, del Papa Juan Pablo II. Yo quisiera subrayar hoy con la liturgia el poder de la fe. Porque es evidente que la autoridad moral de Madre Teresa o de Juan Pablo II no proviene principalmente de sus cualidades, sino de su fe, una fe tan grande en Dios capaz de romper barreras y destruir muros, una fe tan ardiente que no les detiene en su entrega ni la edad ni la enfermedad ni las dificultades que se puedan interponer en sus trabajos por Dios. Se puede pensar en la obra material y espiritual de Madre Teresa, en el derrumbamiento del muro de Berlín, en los viajes a los Lugares Santos del cristianismo con motivo del Gran Jubileo de la Encarnación, pero hay otros mil aspectos no tan vistosos, pero sumamente eficaces, que muestran en sus vidas el poder de la fe. Reflexionemos sencilla y agradecidamente en el poder de la fe en nosotros mismos, en las personas que están a nuestro alrededor y con las que convivimos, en tantísimos cristianos esparcidos por todos los rincones de nuestro planeta. ¡Cómo brilla el poder de la fe, por ejemplo, en los santuarios marianos: Lourdes, Fátima, Basílica de Guadalupe! Pregúntese cada uno qué puede hacer para que otras personas experimenten en carne propia el poder de la fe. El poder de la fe es la palanca que sostiene y eleva el mundo.
(
http://es.catholic.net
).

Lecturas meditadas de la Misa del Jueves XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual
 
 
 

 

Jueves, 2 de agosto de 2012

Semana 17ª durante el año

Jeremías 18, 1-6 / Juan 11, 19-27

Salmo responsorial Sal 145, 1b-6b

R/. “¡Feliz el que se apoya en el Señor!”

 

Santoral:

San Eusebio de Vercelli

y Beato Francisco Calvo

Liturgia - Lecturas del día

 

 

 

 

 

Jueves, 2 de Agosto de 2012

 

Como la arcilla en la mano del alfarero,

así están ustedes en mi mano

 

Lectura del libro de Jeremías

18, 1-6

 

Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: «Baja ahora mismo al taller del alfarero, y allí te haré oír mis palabras».

Yo bajé al taller del alfarero, mientras él trabajaba en el torno. Y cuando la vasija que estaba haciendo le salía mal, como suele pasar con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra, según le parecía mejor.

Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos: «¿No puedo Yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero? -oráculo del Señor-. Sí, como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                 145, 1b-6b

 

R.    ¡Feliz el que se apoya en el Señor!

 

¡Alaba al Señor, alma mía!

Alabaré al Señor toda mi vida;

mientras yo exista,

cantaré al Señor. R.

 

No confíen en los poderosos,

en simples mortales, que no pueden salvar:

cuando expiran, vuelven al polvo,

y entonces se esfuman sus proyectos. R.

 

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob

y pone su esperanza en el Señor, su Dios:

Él hizo el cielo y la tierra,

el mar y todo lo que hay en ellos. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Juan

11, 19-27

 

En aquel tiempo:

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?»

Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Jer. 18, 1-6. La Escritura nos dice que Dios formó al hombre del barro de la tierra, e insufló en sus narices aliento de vida; y el hombre fue un espíritu viviente. El Profeta Isaías nos dice: ¿Es el alfarero como la arcilla, para que le diga la obra a su hacedor: "No me has hecho", y la vasija diga de su alfarero: "No entiende el oficio"? Tal vez en algunas ocasiones no comprendamos a fondo los planes de Dios sobre nosotros. Si queremos llegar a nuestra perfección en Él, hemos de aprender a escuchar su voz e ir tras Aquel que es el Camino que nos conduce al Padre: Cristo Jesús. Él es el hombre perfecto; y unidos a Él será nuestra la perfección y la gloria que le corresponde como a Hijo único de Dios. Tal vez nosotros quisiéramos hacer nuestro camino de salvación a nuestro modo y a la medida de nuestras aspiraciones, quitando todo aquello que pudiese reportarnos algún sacrificio, renuncia o entrega. Sin embargo el Alfarero Divino es el que llevará a cabo su obra en nosotros para que, conforme a su voluntad, lleguemos a la perfección. ¿Quién será grato a tus ojos Señor? El Hijo amado del Padre, en quien Él se complace, es Aquel que aún siendo Hijo, por los padecimientos aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Quien quiera ser grato a Dios no puede ir por un camino diferente al que nos manifestó el Señor de la Iglesia.

 

Sal. 146 (145). Alabemos al Señor nuestro Dios. Que nuestra alabanza no sea sólo con nuestros labios sino con toda nuestra vida confiada totalmente en Él. Quien confía en los poderosos de este mundo tal vez mientras vivan o detenten el poder tendrá seguridad, pero jamás podrá encontrar en ellos la salvación, pues, al igual que todos los humanos, exhalarán el espíritu y volverán al barro del que fueron formados. Sólo Dios Es y permanece para siempre. Quienes confíen en Él jamás se sentirán defraudados, pues Dios, creador y dueño de todo, velará por ellos y no permitirá que al final vayan a su destrucción total, sino que los hará permanecer con Él eternamente.

 

Jn. 11, 19-27. Es muy distinto profesar: creo en la resurrección de los muertos, que confesar que Jesús es la resurrección y la vida; y, a partir de esa confesión llegar a la profesión más profunda de la misma fe: Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Jesucristo ha de ser buscado no sólo para que remedie nuestras necesidades temporales, como la pobreza, la enfermedad o aquello que nos oprima, angustie o entristezca. Nuestra relación con Él nos ha de conducir a una fe verdadera y profunda, aceptando entrar no sólo en amistad, sino en una auténtica comunión de vida con Él. Aceptarlo como la Vida que nos hace comprometernos a ser signos de vida, portadores de vida, trabajadores esforzados a favor de la vida, nos debe hacer confesar su Nombre no sólo con los labios, sino con el testimonio de una existencia que no se deje dominar por ningún signo de maldad ni de muerte, ni permita que los signos de muerte dominen el corazón de las personas. A pesar de que tengamos que experimentar la muerte, sabemos que ésta no tiene la última palabra, sino la Vida, que es Cristo, vencedor del pecado y de la muerte. Unirnos a Cristo nos hace signos de la Vida, de la Resurrección y de su Espíritu que nos renueva día a día para que la corrupción no nos destruya ni vayamos destruyendo, sino construyendo el Reino de Dios. Al final, si permanecemos fieles al Señor será nuestra la Vida eterna, junto a Él a la diestra de Dios Padre.

En esta Eucaristía nos encontramos con el Señor de la Vida, que se convierte para nosotros en Pan de Vida, para que quien lo coma tenga vida eterna, y el Señor lo resucite el último día. Mediante esta Eucaristía el Señor nos manifiesta su bondad, su misericordia, su clemencia, y nos da su perdón. Así, purificados de nuestras maldades, el Señor nos hace entrar en comunión de vida con Él para que seamos portadores de su amor para todas las personas. Él no nos quiere encerrados en la sepultura de nuestras iniquidades; aun cuando nuestra fe y esperanza parecieran estar a punto de extinguirse como huesos secos y calcinados, el Señor nos comunica su Vida, su Espíritu para que vayamos y, dejando de ser signos de dolor, de sufrimiento y de muerte para los demás, volvamos a ser signos de bondad, de cariño, de respeto, de comprensión, de perdón y de misericordia para todos, amando a nuestro prójimo como nosotros hemos sido amados por Dios.

Ciertamente en la vida nos vamos encontrando con muchas personas, que esperan de nosotros palabras y actitudes que les ayuden a recuperar la esperanza de seguir viviendo con la ilusión de encontrar, en el horizonte de su existencia, un poco más de justicia, de rectitud y de fraternidad. Si hemos hecho nuestro el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte de los demás, cosas que los ha hundido en la depresión, en el desenfreno, en el abuso de drogas, queriendo escapar de la realidad que les oprime en la vida personal o familiar, no nos podemos quedar lamentándonos de todo, ni condenando a quienes se han dispersado por caminos equivocados. El Señor nos invita a continuar su obra de salvación en la historia. Llamar a la vida no es sólo resucitar a los muertos físicamente, sino a quienes han destruido su vida interior, y caminan como muertos llenándolo todo de podredumbre y fetidez. Veamos, ilusionados, con la esperanza que tenemos en Cristo, un mundo renovado por el amor, por la verdad, por la justicia, por la fraternidad, por la unidad entre todos nosotros; y, fortalecidos con el Espíritu del Señor, lancémonos a conquistarlo para que el Reino de Dios no se nos quede sólo en un buen deseo o en un sueño, sino que se haga realidad entre nosotros, no por nuestras débiles fuerzas, sino porque, quienes creemos en Cristo nos dejemos conducir por su Espíritu de Verdad, de Amor y de Vida.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de levantarnos de nuestras miserias; y que, renovados en Cristo, nos convierta para nuestros hermanos en un signo de su amor misericordioso por medio de nuestras palabras, obras, actitudes y de nuestra misma vida. Amén.

 

Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Meditacion para la Misa del Jueves XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Miércoles XVII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 13,44-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».
Comentario: Rev. D. Enric CASES i Martín (Barcelona, España)
Vende todo lo que tiene y compra el campo
Hoy, Mateo pone ante nuestra consideración dos parábolas sobre el Reino de los Cielos. El anuncio del Reino es esencial en la predicación de Jesús y en la esperanza del pueblo elegido. Pero es notorio que la naturaleza de ese Reino no era entendida por la mayoría. No la entendían los sanedritas que le condenaron a muerte, no la entendían Pilatos, ni Herodes, pero tampoco la entendieron en un principio los mismos discípulos. Sólo se encuentra una comprensión como la que Jesús pide en el buen ladrón, clavado junto a Él en la Cruz, cuando le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino» (Lc 23,42). Ambos habían sido acusados como malhechores y estaban a punto de morir; pero, por un motivo que desconocemos, el buen ladrón reconoce a Jesús como Rey de un Reino que vendrá después de aquella terrible muerte. Sólo podía ser un Reino espiritual.

Jesús, en su primera predicación, habla del Reino como de un tesoro escondido cuyo hallazgo causa alegría y estimula a la compra del campo para poder gozar de él para siempre: «Por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mt 13,44). Pero, al mismo tiempo, alcanzar el Reino requiere buscarlo con interés y esfuerzo, hasta el punto de vender todo lo que uno posee: «Al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra» (Mt 13,46). «¿A propósito de qué se dice buscad y quien busca, halla? Arriesgo la idea de que se trata de las perlas y la perla, perla que adquiere el que lo ha dado todo y ha aceptado perderlo todo» (Orígenes).

El Reino es paz, amor, justicia y libertad. Alcanzarlo es, a la vez, don de Dios y responsabilidad humana. Ante la grandeza del don divino constatamos la imperfección e inestabilidad de nuestros esfuerzos, que a veces quedan destruidos por el pecado, las guerras y la malicia que parecen insuperables. No obstante, debemos tener confianza, pues lo que parece imposible para el hombre es posible para Dios.
(
http://evangeli.net
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

jueves, 30 de julio de 2009LECTIO DIVINA: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B: Jesús el pan de vida.

Publicado por Los Carmelitas


1. Oración inicial


Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El Discurso del Pan de Vida no es un texto que hay que discutir o disecar, sino un texto que hay que meditar y rumiar. Por esto, si no se entiende todo, no hay porqué preocuparse. Este texto del Pan de Vida exige toda una vida para meditarlo y profundizarlo. Un testo así, la gente lo debe leer, meditar, rezar, pensar, leer de nuevo, repetir, rumiar, como se hace con un buen caramelo en la boca. Tenerlo en la boca, dándole vueltas, hasta que se acaba. Quien lee el Cuarto Evangelio superficialmente puede quedarse con la impresión de que Juan repite siempre la misma cosa. Leyendo con más atención, es posible percibir que no se trata de repeticiones. El autor del Cuarto Evangelio tiene su propia manera de repetir el mismo asunto, pero a un nivel cada vez más profundo. Parece como una escalera de caracol. Girando uno llega al mismo lugar pero a un nivel más profundo.

b) Una división del 6° capítulo:

Es bueno tener presente la división del capítulo para poder percibir mejor su sentido:
Juan 6,1-15: el pasaje sobre la multiplicación de los panes
Juan 6,16-21: la travesía del lago, y Jesús que camina sobre las aguas
Juan 6,22-71: el diálogo de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos
1º diálogo: 6,22-27 con la gente: la gente busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaún
2º diálogo: 6,28-34 con la gente: la fe como obra de Dios y el maná en el desierto
3º diálogo: 6,35-40 con la gente: el pan verdadero es hacer la voluntad de Dios
4º diálogo: 6,41-51 con los judíos: murmuraciones de los judíos
5º diálogo: 6,52-58 con los judíos: Jesús y los judíos
6º diálogo: 6,59-66 con los discípulos: reacción de los discípulos
7º diálogo: 6,67-71 con los discípulos: confesión de Pedro

c) El texto: Juan 6, 24-35

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
Ellos entonces le dijeron: «¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) La gente tenía hambre, comió el pan y buscó más pan. Buscó el milagro y no la señal de Dios que en el milagro se escondía. ¿Qué es lo que más busco en mi vida: el milagro o la señal?
b) Hambre de pan, hambre de Dios. ¿Cuál de las dos predomina en mí?
c) Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El sacia el hambre y la sed. ¿Qué experiencia tengo de esto?
d) Por un momento, haz silencio dentro de ti y pregúntate: “Creer en Jesús: ¿qué significa esto para mí, bien concretamente en mi vida de cada día?”

5. Para aquéllos que deseen profundizar más en el tema

a) Contexto:

En el evangelio de hoy iniciamos la reflexión sobre el Discurso del Pan de Vida (Jn 6,22-71). Después de la multiplicación de los panes, el pueblo se fue detrás de Jesús. Había visto el milagro, había comido hasta saciarse y ¡quería más! No trató de buscar la señal o la llamada de Dios que había en todo esto. Cuando la gente encontró a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, tuvo con él una larga conversación, llamada el Discurso del Pan de Vida. No es propiamente un discurso, pero se trata de un conjunto de siete breves diálogos que explican el significado de la multiplicación de los panes como símbolo del nuevo Éxodo y de la Cena Eucarística.
La conversación de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos es un diálogo bonito, pero exigente. Jesús trata de abrir los ojos de la gente para que aprenda a leer los acontecimientos y descubra en ellos el rumbo que debe tomar en la vida. Pues no basta ir detrás de las señales milagrosas que multiplican el pan para el cuerpo. No de sólo pan vive el hombre. La lucha por la vida sin una mística no alcanza la raíz. En la medida en que va conversando con Jesús, la gente se queda cada vez más contrariada por las palabras de Jesús, pero él no cede, ni cambia las exigencias. El discurso parece moverse en espiral. En la medida en que la conversación avanza, hay cada vez menos gente que se queda con Jesús. Al final quedan solamente los doce, y Jesús ¡no puede confiar ni siquiera en ellos! Hoy sucede lo mismo. Cuando el evangelio empieza a exigir un compromiso, mucha gente se aleja.

b) Comentarios del texto:

Juan 6,24-27: La gente busca a Jesús porque quiere más pan. La gente va detrás de Jesús. Ve que no ha entrado en la barca con los discípulos y, por ello, no entiende cómo ha hecho para llegar a Cafarnaúm. Tampoco entiende el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que acontece, pero no llega a entender todo esto como una señal de algo más profundo. Se detiene en la superficie: en la hartura de la comida. Busca pan y vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hizo lo que Moisés había hecho en el pasado: alimentar a todos en el desierto, hasta la saciedad. Yendo detrás de Jesús, ellos querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús pide a la gente que dé un paso más. Además del trabajo por el pan que perece, debe trabajar por el alimento que no perece. Este nuevo alimento lo dará el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. El nos da la vida que dura por siempre. El abre para nosotros un horizonte sobre el sentido de la vida y sobre Dios.
Juan 6,28-29: “¿Cuál es la obra de Dios?” La gente pregunta: ¿Qué debemos hacer para realizar este trabajo (obra) de Dios? Jesús responde que la gran obra que Dios nos pide “es creer en aquel que Dios envió”. O sea, ¡creer en Jesús!
Juan 6,30-33: “¿Qué señal realizas para que podamos creer?” La gente había preguntado: “¿Qué debemos hacer para realizar la obra de Dios?” Jesús responde “La obra de Dios es creer en aquel que le ha enviado”, esto es, creer en Jesús. Por esto la gente formula una nueva pregunta: “¿Qué señal realizas para que podamos ver y creer en ti? ¿Cuál es tu obra?” Esto significa que no entendieron la multiplicación de los panes como una señal de parte de Dios para legitimar la multiplicación de los panes como una señal de parte de Dios para legitimar a Jesús ante el pueblo como un enviado de Dios. Y siguen argumentando: En el pasado, nuestros padres comieron el maná que les fue dado por Moisés. Ellos lo llamaron “pan del cielo” (Sab 16,20), o sea, “pan de Dios”. Moisés sigue siendo un gran líder, en quien ellos creen. Si Jesús quiere que la gente crea en el, tiene que hacer una señal mayor que la de Moisés. “¿Cuál es tu obra?”
Jesús responde que el pan dado por Moisés no era el verdadero pan del cielo. Venía de arriba, sí, pero no era el pan de Dios, pues no garantizó la vida para nadie. Todos murieron en el desierto. (Jn 6,49). El verdadero pan del cielo, el pan de Dios, es el pan que vence la muerte y trae vida. Es aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo. ¡Es Jesús! Jesús trata de ayudar a la gente a liberarse de los esquemas del pasado. Para él, fidelidad al pasado no significa encerrarse en las cosas antiguas y no aceptar la renovación. Fidelidad al pasado es aceptar lo nuevo que llega como fruto de la semilla plantada en el pasado.
Juan 6,34-35: “Señor, ¡danos siempre de este pan!” Jesús responde claramente: "¡Yo soy el pan de vida!" Comer el pan del cielo es lo mismo que creer en Jesús y aceptar el camino que él nos ha enseñado, a saber: "¡Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que está en el cielo!" (Jn 4,34). Este es el alimento verdadero que sustenta a la persona, que da un rumbo a la vida, y que trae vida nueva.

6. Plegaria del Salmo 111

¡Aleluya! Doy gracias a Yahvé de todo corazón,
en la reunión de los justos y en la comunidad.
Grandes son las obras de Yahvé,
meditadas por todos que las aman.

Actúa con esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
De sus proezas dejó un memorial.
¡Clemente y compasivo Yahvé!
Dio de comer a quienes lo honran,
se acuerda por siempre de su alianza.

Reveló a su pueblo la fuerza de su acción,
les dio como herencia las naciones.
Su mano actúa con verdad y justicia,
son leales todos sus mandatos,
válidos para siempre jamás,
para cumplirlos con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
determinó para siempre su alianza;
santo y temible es su nombre.
Principio del saber es temer al Señor;
son cuerdos los que lo practican.
Su alabanza permanece para siempre.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
(
http://caminomisionero.blogspot.com.es/2009/07/lectio-divina-xviii-domingo-del-to-jn.html
).

Alguien me enseno...

ALGUIEN ME ENSEÑO...

A ser consciente del privilegio de la vida.
A responder con ello a los talentos que Dios me ha dado.
A ser feliz, siendo yo mismo(a) conforme a mi vocacion 
y a mis sueños.
 
A tener el coraje de ser libre para elegir mis caminos, venciendo mis temores y asumiendo las consecuencias de mis actos.

A tener alegria para construir mi felicidad.
A tener exitos, pero tambien fracasos, que me recuerden mi condicion humana, la grandeza de Dios y el peligro de la soberbia.

A sentirme completo, a amarme y a reconocer que soy unico(a), irrepetible e irremplazable, y que valgo por lo que soy, no por lo que tengo.

A tener la capacidad de gobernarme.
A querer el presente, elegir el futuro y trabajar para conseguirlo.
A recordar el pasado, pero no vivir en el ayer; a soñar en el futuro sin despreciar el presente.

A perdonarme mis errores, mis culpas y mis caidas.
A tener el suficiente valor para pedir perdon y a perdonar a otros, olvidandome de los rencores.

A renacer cada dia.
A sentir que Dios vive en mi y agradecerle su infinito amor, su entrega incondicional y su presencia.
A dejar de sobrevivir y atreverme a vivir.

A ser completo(a), no sustituto(a), menos objeto, a saber querer, saber decir si pero tambien no.
A hacer de cada dia, un dia especial para los demas y para mi.
A entender que, al igual que otros(as), se puede ser
buen(a) hijo(a), hermano(a), esposo(a), guia y amigo(a).
(Desconozco el autor).

01/08/2012 21:58 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Lecturas de la Misa del Lunes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas Biblicas del 30/07/2012

Santoral.-  Abdón y Senén

Jer 13,1-11: El pueblo será como ese cinturón, que ya no sirve para nada
Interleccional Dt 32: Despreciaste a la Roca que te engendró
Mt 13,31-3: El grano de mostaza se hace arbusto, y los pájaros anidan en sus ramas

Comentarios

La mostaza es uno de los condimentos más preciados y más populares en nuestros días. En los tiempos bíblicos tenía múltiples usos, desde la cocina hasta la medicina; incluso, se le usaba como alimento para el ganado y para proteger la tierra entre los cultivos.

La parábola parece recordar este uso, ya que la mostaza tenía la propiedad de retener los nutrientes del suelo y, después de una cosecha, se le permitía crecer para dejarla como abono.

Para la huerta del campesino pobre esta planta era una bendición: sus semillas se transformaban en un rico condimento; sus ramas albergaban los pájaros y su tallo cortado servía de abono para futuras cosechas.

Una modesta realidad de sorprendentes manifestaciones. – Del mismo modo, en nuestra vida personal hay prácticas modestas como la oración, el estudio, la lectura bíblica, el reciclaje de materiales que, en su modestia, producen ricos y abundantes frutos.

Aunque no pueden competir con el televisor, con el internet o con una formación universitaria, sin embargo tiene la cualidad de dejar abonado el terreno de nuestro intelecto y el de nuestros afectos para la Palabra de Dios y su mensaje. ¿Qué prácticas sencillas similares a las mencionadas pueden transformar nuestra vida?
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Lecturas de la Misa del Martes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas del Martes 31 de Julio de 2012
Santoral.-  Ignacio de Loyola

Jer 14,17-22:  Recuerda, Señor, y no rompas tu alianza con nosotros
Salmo responsorial 78: Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre
Mt 13,36-43: Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo
El evangelista nos da un bello ejemplo de la manera cómo los primeros cristianos interpretaban y actualizaban la enseñanza de Jesús.

En la parábola, la prioridad no la recibe la mala hierba, sino la buena semilla. El campesino con sabiduría espera que la maleza se manifieste por sus frutos. La maleza suele ser más robusta y más eficaz en su crecimiento y, con frecuencia, se camufla de tal manera que a duras penas se le distingue. Pero esa misma exuberancia es su tragedia. Es tan eficiente en su tarea que le da tiempo al campesino de poner a salvo la mayor parte de su cosecha.

La vida cristiana se debate también entre la buena semilla y la maleza. El elemento que nos ayuda a discernir esto es precisamente ‘la eficacia’. Algunas personas son asombrosamente eficaces para conseguir riqueza, prestigio y poder a través de ideas, instituciones o, incluso, conocimientos religiosos.

Sus pretensiones riñen abiertamente con el evangelio, pero aprenden a camuflarlas. Es decir, nos dan “gato por liebre”. El evangelio nos da criterios para eliminar esas prácticas en nosotros, en nuestras comunidades y en las instituciones a las que servimos. La eficacia sin caridad sólo es malicia.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Lecturas de la Misa del Miercoles XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas del Miércoles 01 de Agosto de 2012

Miércoles 17ª semana de tiempo ordinario

Santoral: Alfonso María de Ligorio

Jer 15,10.16-21: ¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga? Si vuelves, te haré estar a mi servicio
Salmo responsorial 58: Dios es mi refugio en el peligro
Mt 13,44-46: Vende todas sus posesiones para comprar el campo

Jeremías 15, 10. 16-21


¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga? Si vuelves, estarás en mi presencia
¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de pleitos y contiendas para todo el país! Ni he prestado ni me han prestado, y todos me maldicen.

Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos.

No me senté a disfrutar con los que se divertían; forzado por tu mano, me senté solitario, porque me llenaste de ira. ¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga, y mi herida enconada e incurable? Te me has vuelto arroyo engañoso, de aguas inconstantes.

Entonces respondió el Señor: "Si vuelves, te haré volver a mí, estarás en mi presencia; si separas lo precioso de la escoria, serás mi boca.

Que ellos se conviertan a ti, no te conviertas tú a ellos. Frente a este pueblo te pondré como muralla de bronce inexpugnable; lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte -oráculo del Señor-. Te libraré de manos de los perversos, te rescataré del puño de los opresores."


Salmo responsorial: 58


Dios es mi refugio en el peligro.
Líbrame de mi enemigo, Dios mío; / protégeme de mis agresores; / líbrame de los malhechores, / sálvame de los hombres sanguinarios. R.

Mira que me están acechando, / y me acosan los poderosos: / sin que yo haya pecado ni faltado, Señor, / sin culpa mía, avanzan para acometerme. R.

Estoy velando contigo, fuerza mía, / porque tú, oh Dios, eres mi alcázar; / que tu favor se adelante, oh Dios, / y me haga ver la derrota del enemigo. R.

Pero yo cantaré tu fuerza, / por la mañana aclamaré tu misericordia; / porque has sido mi alcázar / y mi refugio en el peligro. R.

Y tañeré en tu honor, fuerza mía, / porque tú, oh Dios, eres mi alcázar. R.


Mateo 13, 44-46


Vende todo lo que tiene y compra el campo
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra."

Comentarios

En nuestra época, en que los reyes evocan más un pasado remoto que una realidad actual, sería bueno preguntarnos, ¿qué sentido tiene todavía hablar del «Reino de Dios»?

La Biblia nos da una pista importante. Cuando Israel era un conjunto de tribus, cada una con sus propias formas de organización, se consideraba que Dios era el único rey que gobernaba las tribus mediante su Alianza.

Con el paso del tiempo y el crecimiento numérico de las tribus se terminó designando un rey, pero en todo pueblo quedó la conciencia de que este elegido era un segundo al mando, porque el rey seguía siendo Dios.

En la época de Jesús la idea del rey davídico era ya solo una ilusión; Israel estaba gobernado por un rey mestizo, que se había aliado con los invasores romanos. Por esto eso era tan fuerte el deseo de tener únicamente a Dios por rey.

Jesús recupera ese ideal y con él designa esa capacidad que tiene el ser humano, en su individualidad y en su colectividad, para gobernarse de acuerdo a los principios del amor solidario, la justicia y la libertad. – Dios gobierna nuestra realidad cuando optamos por una vida digna y plena para todos.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Llama a Maria.

LLAMA A MARIA.

                       
1.- Si sientes la desesperanza, llama a María.
2.- Si sientes que nadie te quiere, llama a María.
3.- Si le tienes miedo al presente, llama a María.
4.- Si tus actividades comerciales van de mal en peor, llama a María.
5.- Si fuiste humillado(a) por tu jefe, llama a María.
6.- Si tus estudios no van bien y temes perder el año escolar, llama a María.
7.- Si no te confiesas hace más de 30 años, llama a María.
8.- Si crees tener una enfermedad invalidante, llama a María.
9.- Si temes por tus hijos y por su salvación, llama a María.
10.- Si sientes que tienes un complejo físico difícil de superar, llama a María.
11.- Si estás casado(a) y crees estar enamorado(a) de otra persona y temes que no te podrás resistir, llama a María.
12.- Si te hiciste los exámenes médicos y crees que los resultados mostrarán una grave enfermedad, llama a María.
13.- Si tratas, pero no puedes salir de tus malas inclinaciones, llama a María.
14.- Si sientes vergüenza de confesar ese grave pecado a un sacerdote, llama a María.
15.- Si no te sientes respetado(a) en tu matrimonio, llama a María.
16.- Si la gente se burla de ti por ese defecto físico, llama a María.
17.- Si eres soltero(a) y piensas que jamás encontrarás a alguien para formar una familia, llama a María.
18.- Si quieres rezar el Rosario pero nunca lo consigues terminar, llama a María.
19.- Si por más que buscas, no logras conseguir trabajo, llama a María.
20.- Si te encuentras viejo y piensas que eres un estorbo para los demás, llama a María.
21.- Si sientes resentimiento y odio hacia otras personas y no lo puedes controlar, llama a María.
22.- Si sufres de depresión y no puedes salir de ella, llama a María.
23.- Si te sientes terriblemente solo(a), llama a María.
24.- Si estás en medio de un terremoto, llama a María.
25.- Si piensas que tu matrimonio va al despeñadero y no tiene solución, llama a María.
26.- Si dudas de tu capacidad intelectual, llama a María.
27.- Si te has alejado de los sacramentos, llama a María.
28.- Si te dicen que eres soberbio, llama a María.
29.- Si sospechas que tu esposo(a) te engaña, llama a María.
30.- Si ves que un volcán entra en erupción, llama a María.
31.- Si sientes temor de tu futuro y el de tu familia, llama a María.
32.- Si presientes que te van a despedir de tu trabajo, llama a María.
33.- Si sientes que estás atado(a) a una relación sentimental que no te conviene, llama a María.
34.- Si una amistad o familiar muy querido está gravemente enfermo, llama a María.
35.- Si les has perdido la confianza a los sacerdotes, llama a María.
36.- Si estás en peligro de muerte, llama a María.
37.- Si han inventado cosas de ti y sientes que tus conocidos te miran diferente, llama a María.
38.- Si te sientes cautivo(a) en las redes de Satanás y no puedes liberarte, llama a María.
39.- Si crees que no sirves para nada y que eres un perfecto inútil, llama a María.
40.- Si eres anciano(a) y tus hijos te abandonaron, llama a María.
41.- Si crees que deberías amar más a Dios, llama a María.
42.- Si te sientes traicionado y puedes perder tu fuente laboral, llama a María.
43.- Si aún no consigues quedar embarazada, llama a María.
44.- Si te sientes atrapado(a) en medio de un incendio, llama a María.
45.- Si sientes que no te gusta tu cuerpo y piensas que todos son mejores que tú, llama a María.
46.- Si sientes que estas envejeciendo y no estás preparado para ello, llama a María.
47.- Si eres un diácono, sacerdote, obispo, cardenal y sientes inclinaciones carnales, llama a María.
48.- Si le tienes miedo a la muerte, llama a María.
49.- Si tienes alguna fobia, llama a María.
50.- Si ves que viene una bola de fuego hacia la tierra, llama a María.
51.- Si acabas de morir y sientes que te vas a condenar, llama a María.
52.- En fin, en cualquier problema que estés, llama a María, llama a María, llama a María.

Esto, hermano, hermana, no lo olvides jamás:
¡¡¡¡Llama a María!!!!
¿Pero cómo se llama a María?
Así:
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
(Desconozco el autor).

Meditacion para la Misa del Lunes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Lunes XVII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 13,31-35): En aquel tiempo, Jesús propuso todavía otra parábola a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».

Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: ‘Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo’.
Comentario: Rev. D. Josep Mª MANRESA Lamarca (Les Fonts del Vallès, Barcelona, España)
Nada les hablaba sin parábolas
Hoy, el Evangelio nos presenta a Jesús predicando a sus discípulos. Y lo hace, tal como en Él es habitual, en parábolas, es decir, empleando imágenes sencillas y corrientes para explicar los grandes misterios escondidos del Reino. Así podía entender todo el mundo, desde la gente más formada hasta la que tenía menos luces.

«El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza...» (Mt 13,31). Los granitos de mostaza casi no se ven, son muy pequeños, pero si tenemos de ellos buen cuidado y se riegan... acaban formando un gran árbol. «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina...» (Mt 13,33). La levadura no se ve, pero si no estuviera ahí, la pasta no subiría. Así también es la vida cristiana, la vida de la gracia: no se ve exteriormente, no hace ruido, pero... si uno deja que se introduzca en su corazón, la gracia divina va haciendo fructificar la semilla y convierte a las personas de pecadoras en santas.

Esta gracia divina se nos da por la fe, por la oración, por los sacramentos, por la caridad. Pero esta vida de la gracia es sobre todo un don que hay que esperar y desear con humildad. Un don que los sabios y entendidos de este mundo no saben apreciar, pero que Dios Nuestro Señor quiere hacer llegar a los humildes y sencillos.

Ojalá que cuando nos busque a nosotros, nos encuentre no en el grupo de los orgullosos, sino en el de los humildes, que se reconocen débiles y pecadores, pero muy agradecidos y confiados en la bondad del Señor. Así, el grano de mostaza llegará a ser un árbol grande; así la levadura de la Palabra de Dios obrará en nosotros frutos de vida eterna. Porque, «cuanto más se abaja el corazón por la humildad, más se levanta hacia la perfección» (San Agustín).
(
http://evangeli.net
).

Meditacion para la Misa del Martes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Martes XVII deltiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Comentario: Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu (Rubí, Barcelona, España)
Explícanos la parábola de la cizaña del campo
Hoy, mediante la parábola de la cizaña y el trigo, la Iglesia nos invita a meditar acerca de la convivencia del bien y del mal. El bien y el mal dentro de nuestro corazón; el bien y el mal que vemos en los otros, el que vemos que hay en el mundo.

«Explícanos la parábola» (Mt 13,36), le piden a Jesús sus discípulos. Y nosotros, hoy, podemos hacer el propósito de tener más cuidado de nuestra oración personal, nuestro trato cotidiano con Dios. —Señor, le podemos decir, explícame por qué no avanzo suficientemente en mi vida interior. Explícame cómo puedo serte más fiel, cómo puedo buscarte en mi trabajo, o a través de esta circunstancia que no entiendo, o no quiero. Cómo puedo ser un apóstol cualificado. La oración es esto, pedirle “explicaciones” a Dios. ¿Cómo es mi oración? ¿Es sincera?, ¿es constante?, ¿es confiada?

Jesucristo nos invita a tener los ojos fijos en el Cielo, nuestra casa para siempre. Frecuentemente vivimos enloquecidos por la prisa, y casi nunca nos detenemos a pensar que un día —lejano o no, no lo sabemos— deberemos dar cuenta a Dios de nuestra vida, de cómo hemos hecho fructificar las cualidades que nos ha dado. Y nos dice el Señor que al final de los tiempos habrá una tría. El Cielo nos lo hemos de ganar en la tierra, en el día a día, sin esperar situaciones que quizá nunca llegarán. Hemos de vivir heroicamente lo que es ordinario, lo que aparentemente no tiene ninguna trascendencia. ¡Vivir pensando en la eternidad y ayudar a los otros a pensar en ello!: paradójicamente, «se esfuerza para no morir el hombre que ha de morir; y no se esfuerza para no pecar el hombre que ha de vivir eternamente» (San Julián de Toledo).

Recogeremos lo que hayamos sembrado. Hay que luchar por dar hoy el 100%. Y que cuando Dios nos llame a su presencia le podamos presentar las manos llenas: de actos de fe, de esperanza, de amor. Que se concretan en cosas muy pequeñas y en pequeños vencimientos que, vividos diariamente, nos hacen más cristianos, más santos, más humanos.
(
http://evangeli.net
).

Lecturas meditadas de la Misa del Miercoles XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual
 
 
 

 

Miércoles, 1° de agosto de 2012

Semana 17ª durante el año

Jeremías 15, 10. 16-21 / Mateo 13, 44-46

Salmo responsorial Sal 58, 2-4. 10-11. 17-18

R/. “¡Tú eres mi refugio en el peligro, Señor!”

 

Santoral:

San Ignacio de Loyola, Santos Pedro

Doan Cong Quy y Manuel Phung

Liturgia - Lecturas del día

 

 

 

 

 

Miércoles, 1° de Agosto de 2012

 

Por qué es incesante mi dolor?

Si tú vuelves, estarás de pie delante de mí

 

Lectura del libro de Jeremías

15, 10. 16-21

 

¡Qué desgracia, madre mía,

que me hayas dado a luz,

a mí, un hombre discutido y controvertido

por todo el país!

Yo no di ni recibí nada prestado,

pero todos me maldicen.

 

Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba,

tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón,

porque yo soy llamado con tu Nombre,

Señor, Dios de los ejércitos.

 

Yo no me senté a disfrutar

en la reunión de los que se divierten;

forzado por tu mano, me mantuve apartado,

porque Tú me habías llenado de indignación.

¿Por qué es incesante mi dolor,

por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar?

¿Serás para mí como un arroyo engañoso,

de aguas inconstantes?

 

Por eso, así habla el Señor:

«Si tú vuelves, yo te haré volver,

tú estarás de pie delante de mí,

si separas lo precioso de la escoria,

tú serás mi portavoz.

 

Ellos se volverán hacia ti,

pero tú no te volverás hacia ellos.

Yo te pondré frente a este pueblo

como una muralla de bronce inexpugnable.

Te combatirán, pero no podrán contra ti,

porque Yo estoy contigo

para salvarte y librarte -oráculo del Señor-.

Yo te libraré de la mano de los malvados

y te rescataré del poder de los violentos».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    58, 2-4. 10-11. 17-18

 

R.    ¡Tú eres mi refugio en el peligro, Señor!

 

Líbrame de mis enemigos, Dios mío,

defiéndeme de los que se levantan contra mí;

líbrame de los que hacen el mal

y sálvame de los hombres sanguinarios.  R.

 

Mira cómo me están acechando:

los poderosos se conjuran contra mí;

sin rebeldía ni pecado

de mi parte, Señor.  R.

 

Yo miro hacia ti, fuerza mía,

porque Dios es mi baluarte;

Él vendrá a mi encuentro con su gracia

y me hará ver la derrota de mis enemigos.  R.

 

Yo cantaré tu poder,

y celebraré tu amor de madrugada,

porque Tú has sido mi fortaleza

y mi refugio en el peligro.  R.

 

¡Yo te cantaré, fuerza mía,

porque Tú eres mi baluarte,

mi refugio en el peligro,

Dios de misericordia!  R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Vende todo lo que posee y compra el campo

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

13, 44-46

 

Jesús dijo a la multitud:

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

Jer. 15, 10. 16-21. ¡Qué difícil se nos torna a veces el camino de fidelidad al Señor! Todo el mundo se burla de nosotros y nos maldice. El mismo Dios pareciera habérsenos convertido en un arroyo engañoso de aguas inconstantes, o en un espejismo en medio del desierto. Y nos llega la tentación de botarlo todo por la borda y hacer nuestra vida como todo el mundo, cargados de maldades e injusticias. Ya los israelitas habían sentido la tentación de volver a la esclavitud en Egipto por la avidez de las ollas de carne, de las cebollas y los puerros. ¡Qué poca cosa querían cambiar por la libertad, que se debería convertir en una conquista de la tierra prometida! Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles; si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela. El seguimiento del Señor no es nada fácil; Él nos indica que vamos tras de Él pero cargando nuestra cruz de cada día, siendo fieles a la vocación recibida, siendo fieles a la misión confiada. Cueste lo que cueste no podemos vivir en complicidad con los malvados y pecadores. Ante el mundo entero hemos de ser un signo claro y creíble del amor salvador de Dios. Si perseveramos hasta el fin la salvación será nuestra, pues el amor de Dios no se habrá ni diluido ni perdido en nosotros a pesar de todos los riesgos y pruebas por los que hayamos tenido que pasar.

 

Sal. 59 (58). En medio de los momentos difíciles por los que tengamos que pasar por confesar nuestra fe y anunciar el Evangelio, el Salmista nos mueve a confiar en Dios orando de este modo: En ti, Señor, tendré fijos los ojos, porque tú eres mi fuerza y mi refugio. Y Jesús nos dirá: en el mundo tendréis tribulaciones, pero ¡ánimo!, yo he vencido al mundo. Mientras no llegue aún nuestra hora trabajemos constantemente y sin miedo en el anuncio de la Buena Noticia de salvación. Dios siempre velará por los suyos. Confiemos siempre en Él y Él saldrá siempre en nuestra defensa, pues Él no quiere la muerte de los suyos; Él nos ha llamado a vivir eternamente con Él, y, aun cuando experimentemos la muerte, Él nos levantará para que nos alegremos de su bondad y lo alabemos eternamente. Él sea bendito por siempre.

 

Mt. 13, 44-46. El Reino de Dios se ha hecho presente entre nosotros en Cristo Jesús. Él es el Reino. Quien se une a Él por la fe y por el Bautismo, quien permanece fiel a Él y camina como testigo suyo en el mundo, está haciendo presente el Reino de Dios en el mundo. El hombre con una fe auténtica y acendrada en Cristo Jesús no sólo lo buscará para encontrarse con Él, sino que entrará en una Alianza de amor, nueva y eterna, con un corazón indiviso, de pertenencia sólo al Señor. Quien quiera unirse a Él debe renunciar a todo; no puede estar por encima de ese amor ni siquiera la propia familia; hay que renunciar a todo, incluso a uno mismo; y tomar la propia cruz e ir tras las huellas del Señor de la Iglesia, para que, hechos uno con Él, lo hagamos presente con su entrega, con su amor, con su misericordia en el momento de la historia que nos tocó vivir. Todo esto no puede surgir sino de un amor verdadero hacia Cristo; amor que no nos deja en un amor intimista con Él, sino que nos pone en camino de servicio a nuestro prójimo. Entonces realmente el mundo conocerá el amor de Dios desde la Iglesia, esposa de Cristo, que continúa la obra de salvación entre nosotros.

En la Eucaristía nos encontramos con el Señor; Él manifiesta cómo nos ha valorado a nosotros. Nosotros somos para Él como el tesoro escondido en el campo de este mundo, o como la perla de gran valor. Por nosotros Él no retuvo para sí el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la condición de esclavo y nos "compró" para Dios pagando el precio de su propia Sangre. Y Él nos ha llamado en este día para que renovemos con Él la Alianza nueva y eterna; para que nos decidamos a ser suyos para siempre. El Apóstol san Pedro nos dice: Ustedes fueron comprados a precio de la Sangre del Cordero inmaculado. Por eso ya no hemos de vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó. Este es el compromiso que adquirimos al celebrar la Eucaristía, la cual no hemos de ver sólo como un acto de culto a Dios sino como el momento en que nos unimos a Cristo para recibir su Vida y para caminar en adelante, unidos a Él, como hijos de Dios, guiados por su Espíritu Santo.

Vivimos en un mundo con muchos requerimientos tanto personales, como familiares y sociales. A veces quisiéramos vivir nuestra fe como un compromiso mayor con Dios o con el prójimo. Pensamos que seríamos más hombres de fe si tuviésemos más tiempo para orar, pero apenas podemos dedicar un poco de tiempo para esa actividad. Encontrar el Reino de Dios como se encuentra un tesoro o una perla no puede desligarnos de nuestros compromisos temporales. Una persona casada y enamorada no puede dejar a un lado sus diversos compromisos en la vida. Irá a ellos con alegría y seguridad, pues en el fondo sentirá el respaldo del ser amado. Eso mismo es lo que Dios espera de quienes lo tenemos a Él en el centro de nuestra vida. Ciertamente entraremos en una relación de amor a Dios en el culto público y en la oración personal. Pero esto no será como una camisa que nos ponemos en su presencia, y que nos quitamos al salir del templo o de la oración personal. Quien viva enamorado de Dios lo seguirá amando en su prójimo, en el cuidado de la naturaleza y en la transformación del mundo mediante la ciencia y la técnica, colaborando para que lo que Dios creó y puso en nuestras manos, sea cada día una más digna morada del hombre, y para que nuestras relaciones humanas sean cada día más fraternas. Entonces el cielo estará conectado con la tierra; entonces el Reino de los cielos habrá iniciado a abrirse paso entre nosotros.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de saber confiar siempre en Él; pero que esto no nos desligue del cumplimiento fiel de nuestros compromisos temporales; sino que más bien en ellos seamos capaces de hacer brillar un poco más la justicia, la bondad, el amor y la alegría que proceden del mismo Dios, como un don que Él ha hecho a su Iglesia y que le ha confiado el hacerlo llegar a toda la humanidad. Amén.

 

Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Jueves XVII del tiempo Ordinario de los anos pares. Pedidos de oraciones.

Senor, gracias por este momento de oracion, de encuentro personal con tu amor. Para iniciar quiero hacer un acto profundo de humildad, mi Dios, mi Senor, mi Padre, mi Creador. No soy nada. Tu lo eres todo, mas aun, Tu eres mi todo. Gracias, de nuevo, por tu amor, por tu perdon y tu gracia.

MISA 2 AGOSTO, Santoral, PETICIONES Y REFLEXIONES

JUEVES 2

Nuestra Señora de los Angeles

Santos: Pedro Julian Eymard, fundador. Eusebio de Vercelli, obispo. Feria (Verde)

 

COMO EL BARRO EN MANOS DEL ALFARERO

 

Jr 18, 1-6; Mt 13, 47-53

 

La relacion entre el barro y el alfarero le sirvio a Jeremias para describir la soberana libertad con la cual dispone el Señor de su relacion con Israel y con los demas pueblos. La imagen nos podria hacer pensar que Dios maneja caprichosamente la historia humana, pero en realidad no es asi. Dios trata con una paciencia desmedida a todos los pueblos. La docilidad y la obediencia del cristiano hacia Dios son actitudes valiosas cuando se asumen de manera generosa y responsable. El creyente que descubre las bondades del proyecto de Dios se compromete a dejarse moldear de manera corresponsable. Las pequeñas parabolas del Evangelio de san Mateo ponen de relieve el aspecto de la rendición de cuentas. La paciencia divina no equivale a la complacencia. En el momento oportuno Dios reconoce los aciertos y desaciertos de cada persona y admite o excluye en su amistad de forma definitiva.

 

ANTIFONA DE ENTRADA (Hb 7, 24)

Cristo, mediador de la nueva alianza, por el hecho de permanecer para siempre, posee un sacerdocio perpetuo.

 

ORACION COLECTA

Dios nuestro, que para gloria tuya y salvacion de todos los hombres constituiste Sumo y Eterno Sacerdote a tu Hijo, Jesucristo, concede a quienes El ha elegido como ministros suyos y administradores de sus sacramentos y de su Evangelio, la gracia de ser fieles en el cumplimiento de su ministerio. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Como está el barro en las manos del alfarero, asi ustedes están en mis manos.

 

Del libro del profeta Jeremias: 18, 1-6

 

Esto es lo que el Señor me dijo: "Jeremias, ve a la casa del alfarero y ahi te hare oir mis palabras".

Fui, pues, a la casa del alfarero y lo halle trabajando en su torno. Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando, volvia a hacer otra con el mismo barro, como mejor le parecia.

Entonces el Señor me dijo: "¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero? Como esta el barro en las manos del alfarero, así ustedes, casa de Israel, están en mis manos". Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 145

R/. Dichoso el que espera en el Señor.

 

Alaba, alma mia, al Señor; alabare al Señor toda mi vida: tocare y cantare para mi Dios, mientras yo exista. R/. Dichoso el que espera en el Señor.

 

No pongas tu confianza en los que mandan ni en el mortal, que no puede salvarte; pues cuando mueren, se convierten en polvo y ese mismo dia se acaban sus proyectos. R/. Dichoso el que espera en el Señor.

 

Dichoso aquel que es auxiliado por el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto el mar encierra. R/. Dichoso el que espera en el Señor.

 

ACLAMACION (Cfr. Hch 16, 14) R/. Aleluya, aleluya.

Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R/.

 

Los pescadores ponen los pescados buenos en canastos y tiran los malos.

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 47 al 53

 

En aquel tiempo, Jesus dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece tambien a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucedera al final de los tiempos: vendran los angeles, separaran a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Alli sera el llanto y la desesperacion.

¿Han entendido todo esto?". Ellos le contestaron: 'Si". Entonces El les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".

Y cuando acabo de decir estas paabolas, Jesus se marcho de alli.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesus.

 

Oracion preparatoria

Señor, la semilla de tu Palabra siempre produce buenos frutos. No permitas que las distracciones me arrebaten lo que en esta oración quieres revelarme. ¡Ven, Espiritu Santo!

 

Peticion

Señor, dame tu gracia para tu semilla de amor se multiplique en mi vida.

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 47 al 53

 

El mensaje de salvacion que Jesus vino a traer no discrimina a nadie, “echa la red y recoge peces de todas clases”. Entonces, ¿por que de repente, adjudicandonos facultades que no nos corresponden, seleccionamos, etiquetamos y hasta descalificamos a nuestros semejantes, suponiendo que “no reunen los requisitos” para ser del Reino de los Cielos? ¡¿Que no nos damos cuenta de que con tal actitud nos podemos convertir en los “peces malos” que “seran tirados” por los angeles?! ¡¿Que no nos damos cuenta del grandisimo compromiso que tenemos por ser bautizados y por ser parte de un Movimiento en el que convenimos predicar y testimoniar a Cristo?!

 

A la luz del Evangelio pienso, Senor, que con tu venida, una nueva red es la que acoge y recibe a los hombres. La otra, la de la Antigua Alianza, sirvio bien pero ya caduco. La de Cristo esta tejida con su amor, con su misericordia y con los meritos infinitos del Senor. Es una red llena de propuestas para la felicidad autentica, y su fin no es quitar al hombre su libertad sino invitarlo al bien y resguardarlo del mal. Sin embargo, en ella conviven, como el trigo y la cizana, peces buenos y peces malos. Estos molestan a los otros, es verdad, y hasta los pueden convencer de saltar fuera de la red y aventurarse solos en la vida del mar.

 

Pero quien persevere en la red del Senor sabiendo que en ella tiene espacio su libertad, y que desde ella acompana a la Iglesia en su mision de evangelizar, llegara a la orilla final de su vida y con Jesucristo, el Padre celestial lo acogera.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que Jesucristo, nuestro Mediador, haga que te sean aceptables, Señor, nuestras ofrendas y que su sacrificio redentor nos haga vivir cada dia mas unidos a El, para que toda nuestra vida sea grata a tus ojos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE LA COMUNION (Mt 28, 20)

Sepan que yo estare con ustedes todos los dias, hasta el fin del mundo.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos ofrecido en el sacrificio y recibido en la comunion, sean para nosotros, Señor, el principio de una vida nueva, a fin de que, unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 47 al 53

 

Jesus termina esta seccion de parabolas recordandonos lo importante de vivir de acuerdo con lo que El mismo nos ha ido instruyendo, pues si bien es cierto que no sabemos cuando llegara el final del tiempo para toda la humanidad, sabemos con certeza que este llega para cada uno de nosotros el dia en que el Senor nos llama. En ese dia no habra excusas, sino resultados; separara a los que vivieron de acuerdo con los valores del Evangelio, de aquellos que se negaron, que rechazaron la vida evangelica.

 

Cada dia es una nueva oportunidad que Dios nos da para amar, para perdonar, para servir a los demas, para hacer de nuestra vida un instrumento de su gracia y sobre todo para dejar que su amor y su infinita misericordia nos inunden y transformen. El unico dia que tenemos es el de hoy; ayer ya paso y el manana aun esta en las manos de Dios… vivamoslo el hoy con entusiasmo y apertura al Espiritu Santo.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

Agosto 2

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado

 

Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Queridos hermanos les pido oracion para que el Señor me de la salud que necesito, ya que estoy en tratamiento contra un cancer de mama. Oraciones por mi familia y amigos que me apoyan y acompañan, por los que nadie reza y los que necesiten nuestra oracion. Bendiciones. Vivian

 

A mi papa le dio un infarto, lo estan operando ahora, viajo a verlo. Por favor ayudenme a rezar. Beso. Flor

 

Senor te pido por Stephanie que va hacer operada tambien por su familia paraque tengan mucha fortaleza tambien te pido por Juanito que ya se alla recuperado por sus padres sanalo Senor por paola chavez que ya murio hace unos dias te pedimos por su alma descanza en paz amen gracias Senor. Hortensia

 

Les comunico que a Victoria la operaron de la vesícula, se la extirparon solo para calmarla un poco ya que al abrirla se encontraron con un tumor maligno ya ramificado. El parte medico dice que ya no hay mas nada que hacer Solo resta esperar que el Señor la llame a su lado. Yo estoy muy triste porque para mi es como una madre. Gracias por vuestras oraciones y les pido que sigan orando para que no sufra. Cariños. Nelly

 

Pido oracion por la salud de la hna Josefina, por la salud de: Candy, Trinidad, Alejandro, Luis, Jose, Teresa, Olimpia, P. Chachon, P. Antonio. Carlos

 

Venimos a poner bajo tu cuidado y proteccion a Benjas mi sobrino. Se le ha vuelto a abrir la herida y parece ser que la bacteria sigue ahi. Le han hecho unos estudios y los han mandado a diferentes laboratorios. Charito

 

Por la salud mental de mi padre Francis Gonzalez y por que pueda hacer el retiro Juan 23 si es tu voluntad y que lo ilumines para que pueda encontrar mejor trabajo. Fracheska

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleanos de Zenny.

Camelia Martinez

 

Le doy las gracias a Dios todo poderoso que ha escuchado nuestras plegarias para que el Rvdo Padre Manuel Quero sea bendecido por El y porque sus Angeles y Arcangeles lo cubrieron con el manto de la sanidad,y le pido que lo siga acompañando para que pueda volver a sus feligreses y dar enseñanzas,y tambien ñle pido que le siga dando fuerzas a su querida madre para que lo cuide como toda madre sabe hacerlo con Amor y caridad. Cristina Oviedo

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Señor Jesus, te pido por el matrimonio entre Liliana Henriquez y Francesco Narducci, para que lo llenes con Espiritu Santo y las heridas que hay en sus corazones sean sanadas. Virgencita hermosa, acompaña a Lili en estos momentos tandolorosos, no permitas que pierdas su Fe. Amen. Vanessa

 

Necesito pedirte un inmenso favor!!! Por favor puedes poner en oracion a mi hija Maria Belen? Tiene 21 años y no le salieron muy bien unos estudios ginecologicos. Está muy asustada, porque teme que el proximo estudio salga mal y no pueda llegar a ser madre algun dia. Esta en este momento muy deprimida. Rezamos mucho con mi esposo. Blanca Marquez FB

 

Hermanos hoy empieso la novena a san Cayetano les pido oracion por mis intenciones y necesidades en especial por lo economico, por Ana Maria, Moises, Gustabo, Victor, Germain, Marta y familia se conviertan, por las intenciones y necesidades de Gilda, Magaly, Celina, Leonardo y familia, para que encuentre muy pronto un empleo. Cristian

 

Pido por la venta de la casa, para que a Maria le paguen lo que le deben de la indemnización. Para que Noguera le corrija la tesis a Eoc se reciba. Carlos

 

Buenos dias: bueno en primer lugar queria felicitarlos por su gran labor de acercar a las personas hacia nuestro Padre bueno, y tambien queria que me ayuden a rezarle para que me ayude en un examen que me tiene muy nerviosa si porfavor el sabe que yo me esforze y que tengo muchas ganas de continuar con mi carrera que es un poco complicada pero quiero que mis padres se sientan orgullosos de mi y tambien servirle a Dios salvando vidas......les agradezco mucho. Naty

 

Señor Bueno, Buen Pastor, te pedimos que guies con Tu Espiritu a todos los sacerdotes y religiosos, dales la llama de tu amor, que puedan decir si, sean lanzados y valientes, sin temor y con fortaleza, a cumplir tu voluntad y sean testimonios de tu amor. Gracias, alabanzas a vos, Señor. Winston Francisco

 

Q. E. P. D.

 

Ana Rosa Duarte Henao

Ignacio Exzeliano Exkart Rubio

Éber Gonzalo Guerra Socola

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com,

 

wpauta@yahoo.es,

 
 
ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com

 

wpauta@yahoo.es

 

indicando su nombre y peticion

 
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO

 

http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/

 

http://www.gabitogrupos.com/CURITASPARAELALMA/


http://www.gabitogrupos.com/ESCUELITAMAGICA/


Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
Chistifideles Laici
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Martes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, JULIO 31

 
Espíritu Santo, fuente de luz, ilumina mi entendimiento para asimilar mas y mejor tu Palabra, porque el panorama no entusiasma, no me gusta el desprecio de los demas ni los problemas, pero sabiendo que Tu eres mi principio y mi fin, confío plenamente en que serás mi compañia y me daras la fuerza de voluntad para mantenerme siempre fiel a tu amor.

MISA 31 JULIO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

MARTES 31

Santos: Ignacio de Loyola, fundador; German de Auxerre, obispo. Beata Zdenka (Cecilia) Mrtir. Memoria (Blanco)

 

LA HORA DE LA ADVERSIDAD

 

Jr 14, 17-22; Mt 13, 36-43

 

Entre las dos lecturas podemos encontrar un nexo que las aproxima. Tanto el profeta Jeremias como el Evangelio de san Mateo presentan situaciones adversas para los protagonistas. En el texto profetico se nos refiere el lamento intenso que pronuncia Jeremias ante la serie de calamidades que diezmaron a los habitantes de Jerusalen. El profeta reconoce que tales desgracias fueron la merecida sentencia contra la idolatria e infidelidad del pueblo. Lo que Jeremias refiere no es producto de la ficcion, sino es la historia vivida por Israel a principios del siglo VI a. C. El relato, evangelico refiere una situacion imaginaria que acontecera en el futuro, cuando llegue la hora de la rendicion de cuentas, cuando justos y malvados reciban cada cual su respectiva sancion. En cierto sentido, ambos relatos responden a una inquietud profunda: estamos insatisfechos ante tanta impunidad y ante la prepotencia de los abusivos que pisotean descaradamente a los debiles. Creemos que Dios no podra hacerse el desentendido porque ama la justicia.

 

ANTIFONA DE ENTRADA (Flp 2, 10-11)

Que al nombre de Jesus toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra, en los abismos, y que toda lengua confiese que Jesucristo es el Senor, para gloria de Dios Padre.

 

ORACION COLECTA

Dios nuestro, tu que encendiste en san Ignacio de Loyola un apasionado amor por tu Hijo y por tu Iglesia, concedenos por su intercesion un celo infatigable por la salvacion de las almas y una fidelidad inquebrantable al Vicario de Cristo. Por nuestro Senor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Acuerdate, Senor, de tu alianza con nosotros y no la quebrantes.

 

Del libro del profeta Jeremias: 14,17-22

 

Que mis ojos lloren sin cesar de dia y de noche, porque la capital de mi pueblo esta afligida por un gran desastre, por una herida gravisima. Si salgo al campo, encuentro gente muerta por la espada; si entro en la ciudad, hallo gente que se muere de hambre. Hasta los profetas y los sacerdotes andan errantes por el pais y no saben que hacer.

¿Acaso has rechazado, Senor, a Juda? ¿O te has cansado ya de Sion? ¿Por que nos has herido tan gravemente, que ya no tenemos remedio? Esperabamos tranquilidad y solo hay perturbacion; esperabamos la curacion y solo encontramos miedo.

Reconocemos, Senor, nuestras maldades y las culpas de nuestros padres; hemos pecado contra ti. Por ser tu quien eres, no nos rechaces; no deshonres el trono de tu gloria. Acuerdate, Senor, de tu alianza con nosotros y no la quebrantes. ¿Acaso los idolos de los paganos pueden hacer llover? ¿Acaso los cielos, por si solos, pueden darnos la lluvia? Tu solo, Senor y Dios nuestro, haces todas estas cosas, por eso en ti tenemos puesta nuestra esperanza. Palabra de Dios.

Te alabamos, Senor.

 

Del salmo 78

R/. Socorrenos, Senor, y te alabaremos.

 

No recuerdes, Senor, contra nosotros, las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos.

R/. Socorrenos, Senor, y te alabaremos.

 

Para que sepan quien eres, socorrenos, Dios y salvador nuestro. Por el honor de tu nombre, salvanos y perdona nuestros pecados.

R/. Socorrenos, Senor, y te alabaremos.

 

Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebano, te daremos gracias siempre y de generacion en generacion te alabaremos.

R/. Socorrenos, Senor, y te alabaremos.

 

ACLAMACION R/. Aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivira para siempre. R/.

 

Asi como recogen la cizana y lo queman, asi sera el fin del mundo.

 

LECTURA Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 36 al 43

 

En aquel tiempo, Jesus despidio a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discipulos y le dijeron: "Explicanos la parabola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesus les contesto: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizana son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los angeles.

Y asi como recogen la cizana y la queman en el fuego, asi sucedera al fin del mundo: el Hijo del hombre enviara a sus angeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Alli sera el llanto y la desesperacion. Entonces los justos brillaran como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oidos, que oiga". Palabra del Senor.

Gloria a ti, Senor Jesus.

 

Oracion introductoria

Padre nuestro, que estas en el cielo, santificado sea tu nombre, ven a esta oracion para que sea el medio para crecer en el amor que perdona, libra del mal y de la tentacion.

 

Peticion

Ayudame a hacer verdadera oracion, Senor.

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 36 al 43

 

«El Sinodo ha dirigido muchas veces su atencion a los fieles laicos, dandoles las gracias por su generoso compromiso en la difusion del Evangelio en los diferentes ambitos de la vida cotidiana, del trabajo, la escuela, la familia y la educacion. Esta tarea, que proviene del bautismo, ha de desarrollarse mediante una vida cristiana cada vez mas consciente, capaz de dar “razon de la esperanza que tenemos” (cf. 1 P 3,15). Jesus, en el Evangelio de Mateo, dice que “el campo es el mundo. La buena semilla son los ciudadanos del Reino” (13,38). Estas palabras valen particularmente para los laicos cristianos, que viven su propia vocacion a la santidad con una existencia segun el Espiritu, y que se expresa particularmente “en su insercion en las realidades temporales y en su participacion en las actividades terrenas”. Se ha de formar a los laicos a discernir la voluntad de Dios mediante una familiaridad con la Palabra de Dios, leida y estudiada en la Iglesia, bajo la guia de sus legitimos Pastores. Pueden adquirir esta formacion en la escuela de las grandes espiritualidades eclesiales, en cuya raiz esta siempre la Sagrada Escritura. Y, segun sus posibilidades, las diocesis mismas brinden oportunidades formativas en este sentido para los laicos con particulares responsabilidades eclesiales» (Benedicto XVI, Verbum domini, n. 84).

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Senor, los dones que te presentamos y por intercesion de san Ignacio de Loyola, concedenos que este sacrificio, fuente de toda santidad, nos santifique tambien a nosotros. Por Jesucristo, nuestro Senor.

 

ANTIFONA DE LA COMUNION (Lc 12, 49)

He venido a traer fuego a la tierra, y cuanto desearia que ya estuviese ardiendo, dice el Senor.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Que esta Eucaristia, que te hemos ofrecido en la festividad de san Ignacio de Loyola, nos de tu gracia, Senor, para buscar en todo tu mayor gloria.

Por Jesucristo, nuestro Senor.

 

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 36 al 43

 

Dado que el mismo Jesus explica la parabola de manera perfecta y dice: "El que tenga oidos que oiga", referimos hoy nuestro comentario a insistir sobre el uso personal de la Sagrada Escritura. Si hemos ido siguiendo la liturgia de los ultimos dias notaremos que no hay una continuidad en ella. Esto es debido a que la Liturgia solo toma los pasajes que nos van conduciendo a lo largo del mensaje evangelico, pero omite algunos elementos que son importantes. Por ello queremos insistirles en la necesidad de seguir nuestra lectura diaria de la Escritura y no de los misales (o de este mismo servicio), los cuales estan organizados de manera liturgica y que por lo tanto, en ocasiones saltan algunos pasajes como es el caso cuando se atraviesan fiestas especiales u omiten algunos versiculos para centrar solo la reflexion en algunos pasajes de Jesus. Si verdaderamente queremos entender mejor y tener no solo el texto sino tambien el contexto, es necesario hacer nuestra lectura directamente desde nuestra propia Biblia. Esto ademas nos permite tomar algunas notas, subrayar algunas ideas importantes y sobre todo ir directamente al texto, al cual mas adelante nos podremos referir.

Cada cristiano debe tener su propia Biblia, ¿tu ya tienes la tuya?

 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

Julio 31

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado

 

Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Serena Reina del cielo y de la tierra ruega por todos nosotros que recurrimos a ti, ya que eres nuestra madre y abogada ante el trono de la divina misericordia Mama que te pido un bebe. Maria

 

Les pido que sigan teniendo en sus oraciones a Melisa Furnau, 29 años de la ciudad de Olavarría, que el martes proximo sera intervenida por cuarta ves de su desprendimiento de retina. Gracias. Amen. Gracielita

 

Pido oración por mi hermano Jose y su mujer Eunice, para superar una crisis matrimonial, por una necesisdad economica urgente. Por toda mi familia en general para que el Señor nos concede su paz y amor entre todos. Angeles

 

Hermanos, el medico me dijo que los ultimos analisis estan bien. Repetiremos el lunes si todo sale bien mi hijo esta sano!!!!!!!!!!!! suplico sigan orando. Dios los bendiga. Griselda Abatte  FB

 

Padre y Señor nuestro porque en ti confio, te pido de todo corazon esta noche intercedas por la vida de mi hermano Jorge Llanes que esta mañana fue internado, de manera urgente por un tipo de embolia cerebral, te pido mi Dios Todopoderoso, le concedas vida y salud, confio en ti y se de antemano que esta peticion tu me la concedes, te doy toda la gloria y la honra por los siglos de los siglos, los invito a unirse a esta oracion, gracias bendito Dios, gracias Cristo, Cristo vive. Armin Llanes  FB

 

Una vez mas agradesco a todos vuestras oraciones por mi, ya que en verdade he estado viviendo momentos dificiles, varios problemas de diferente indole. Pero Gloria Dios porque si EL lo permite, es siempre para nuestro bien, aunque no comprendamos. Maria Jose Moniz  FB

 

Mamita María te entrego Julio, para que tu la protegas, sanala de sus enfermedades, mamita solo cuento contigo en estos momentos de tanta angustia. Gloria a tí mamita Maria. Amen, Amen, Amen. Noe

 

Hermanos oremos por  la salud de mis amigos Franco, Silvia Patricia y la mia Señor. Rita

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Cumpleaños de Blacki

Cumpleaños de Katherine Contardo

 

Ayer estuve hablando con Loli Romera, mama del Rvdo. P. Manuel Quero. Durante meses ha estado gravemente en cama y después en silla de ruedas por una enfermedad que le afecto muy seriamente el sistema nervioso y se concentro en las extremidades inferiores. Su mamá me ha comentado que despues de que los especialistas han acertado con el tratamiento, ha pasado de la silla de ruedas a las muletas y actualmente ya camina sin necesidad de ellas. Debe seguir todo el mes de agosto siguiendo las instrucciones de los especialistas. Parece ser que la enfermedad esta totalmente controlada y la recuperación total del padre Manuel sera, Dios mediante, una realidad. Paz

 

Amoroso Padre del cielo te doy gracias por tus bendiciones, por haberme curado de cuerpo y alma, por demostrarme a diario Tu amor. Se que estas siempre a mi lado y como tu conoces mis necesidades, se que todo lo debo dejar a tu voluntad, hoy te encargo a mi hijo, Señor hagase Tu voluntad y que el lo acepte, confio en tu amor, deseo es que apruebe su examenes y que se cure su cabecita. Te ofresco a mi esposo, acompañalo Señor Sagrado Corazon de Jesus en vos confio por que se que me amas, y yo a Ti. Rita

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

Señor Jesus te pido humildemente que intercedas por mi ante mi Padre, para que me ilumine en los cambios que estoy haciendo en mi vida y la de mis hijos, te lo pido y te doy las gracias. Amen. Maria Teresa

 

Oremos por las intenciones de María Isabel, de la ciudad de Santiago del Estero. Madre escucha nuestra oración. Gracielita

 

Oremos intensa e inmensamente por las necesidades de esta servidora y hermana de la cadena de oración y por intensiones y necesidades laborales, familiares, afectivas, salud y personales. Que tenga, encuentre paz que necesita en su espíritu y que Jesús la guíe en sus brazos por el sendero correcto y guíe sus palabras y acciones. Que Dios la mantenga en paz y calma para transitar por el camino que el le marca y que dulcifique sus palabras amorosamente para llegar a quien lo necesite .Jesús dale. Lucidez, claridad, fortaleza y bendiciones para este momento necesita Mabel, amen

 

Pido oraciones por el matrimonio de Lourdes y Juan. Pido oraciones para que el Espiritu Santo ilumine a Juan y pueda romper las cadenas de su ceguera espiritual en la que se encuentra hoy. Maria

 

Q. E. P. D.

 

Walter Manuel Piguave Suárez,

Mercedes María  Reyes Anastacio

 

SOLICITUDES DE PALANCA

 

Agosto 01 – 05, 2012

 

- ALEMANIA Diócesis de München-Freising Agosto 02 – 05 Cursillo sekretariat@cursillo-muenchen.de

 

- ALEMANIA Diócesis de Wernau – Stuttgart Vietnamés Agosto 02 – 05 Cursillo 32 de Mujeres  phamvanquy@gmx.de 

 

- ARGENTINA Diócesis de Formosa Agosto 02 – 05 Cursillo 52 de Hombres  juliocesarpatitucci@yahoo.com.ar  y flaca_rios38@hotmail.com

 

- ARGENTINA Mercedes Luján Agosto 02 – 05 Cursillo de Hombres  mbfneila@hotmail.comcomunidadcursillistalujan@hotmail.com

 

- ARGENTINA Diócesis de Obera Misiones Agosto 02 – 06 Cursillo 02 de Hombres  martapaye@hotmail.com

 

- ARGENTINA Diócesis de San Juan Agosto 02 – 05 Cursillo de Mujeres  oscarbettio1@hotmail.com y sanjuan@argentinamcc.com.ar

 

- ARGENTINA Diócesis de San Roque Sáenz Peña Chaco Agosto 02 – 05 Cursillo de Mujeres

 

- ARGENTINA Diócesis de Viedma Río Negro Agosto 02 – 05 Cursillo de Hombres    rufino.esposito@speedy.com.ar

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com,

 

wpauta@yahoo.es,

 
 
 
 
ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com

 

wpauta@yahoo.es

 

indicando su nombre y peticion

 
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO

 

http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/

 

http://www.gabitogrupos.com/CURITASPARAELALMA/


http://www.gabitogrupos.com/ESCUELITAMAGICA/


Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
Chistifideles Laici
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Miercoles XVII del tiempo Ordinario de los anos pares. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, AGOSTO 1
 
 
Senor, creo en Ti y en tu Palabra, confio y espero porque tengo la certeza que me amas. Te quiero sobre todas las cosas y anhelo, con tu gracia, corresponder a tu amor. Concedeme abandonarme con espiritu filial en tu Providencia, que cuida de mis mas pequenas necesidades.
MISA 1 AGOSTO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
MIERCOLES 1
Santos: Alfonso María de Ligorio, fundador; Domingo Hanh, martir. Beata Maria Estela del Santisimo Sacramento y compañeras, martires. Memoria Blanco Miercoles
 
COMO MURALLA DE BRONCE
 
Jr 15, 10. 16-21; Mt 13, 44-46
 
Jeremias fue un profeta intensamente expresivo que ventilo abiertamente sus anhelos, gozos y desilusiones delante del Señor cuya cercania y lejania sentia en carne propia. En el dialogo intimo con Dios superaba sus momentos de desaliento y retomaba con entusiasmo su mision profetica. Las crisis personales le permitian redescubrir la grandeza de su mision y resurgia su incomparable confianza en Dios. Los creyentes que viven de forma personal un encuentro vivo con Dios relativizan todas sus antiguas certidumbres y aprenden a vivir en las manos del Señor. Los conversos operan transformaciones tan radicales en su vida que desconciertan a sus conocidos por la profundidad y firmeza de sus opciones. La experiencia cristiana renueva tan profundamente la vida del creyente que no admite componendas o acomodos.
 
ANTIFONA DE ENTRADA (Sal 36, 30-31)
La boca del justo dice palabras sensatas y su lengua expresa lo recto, porque lleva grabada en el corazon la ley de su Dios.
 
ORACION COLECTA
Dios nuestro, que haces surgir constantemente en tu Iglesia ejemplos admirables de santidad, concedenos imitar la amorosa preocupacion de san Alfonso por la salvacion de todos los hombres y alcanzar, con su ayuda, la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
¿Por que mi dolor no acaba nunca? - Si te vuelves a mi, seguiras a mi servicio.
 
Del libro del profeta Jeremias: 15, 10. 16-21
 
¡Ay de mi, madre mía! ¿Por que me engendraste para que fuera objeto de pleitos y discordias en todo el pais? A nadie debo dinero, ni me lo deben a mi, y sin embargo, todos me maldicen.
Siempre que oi tus palabras, Señor, las acepte con gusto; tus palabras eran mi gozo y la alegria de mi corazon, porque yo defendia tu causa, Señor, Dios de los ejercitos.
No me sente a reir con los que se divertian; forzado por tu mano, me sentaba aparte, porque me habías contagiado con tu propia ira. ¿Por que mi dolor no acaba nunca y mi herida se ha vuelto incurable? ¿Acaso te has convertido para mi, Señor, en espejismo de aguas que no existen?
Entonces el Señor me respondio: "Si te vuelves a mi, yo hare que cambies de actitud, y seguiras a mi servicio; si separas el metal precioso de la escoria, seguiras siendo mi profeta. Ellos cambiaran de actitud para contigo y no tu para con ellos. Yo te convertire frente a este pueblo en una poderosa muralla de bronce: lucharan contra ti, pero no podran contigo, porque yo estare a tu lado para librarte y defenderte, dice el Señor. Te librare de las manos de los perversos, te rescatare de las manos de los poderosos". Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 58
R/. Me alegrare, Señor, por tu bondad.
 
Dios mio, librame de mis enemigos, protegeme de mis agresores; librame de los que hacen injusticias, salvame de los hombres sanguinarios.
R/. Me alegrare, Señor, por tu bondad.
 
Mira cómo se conjuran contra mí los poderosos y esperan el momento de matarme. Sin embargo, Señor, en mí no hay crimen ni pecado; sin culpa mía, avanzan contra mí para atacarme. R/. Me alegrare, Señor, por tu bondad.
 
En ti, Señor, tendre fijos los ojos, porque tu eres mi fuerza y mi refugio. El Dios de mi amor vendra en mi ayuda y me hará ver la derrota de mis enemigos. R/. Me alegrare, Señor, por tu bondad.
 
Yo celebraré tu poder y desde la mañana me alegrare por tu bondad, porque has sido mi defensa y mi refugio en el dia de la tribulacion.
R/. Me alegrare, Señor, por tu bondad.
 
ACLAMACION (Jn 15, 15) R/. Aleluya, aleluya.
A ustedes los llamo amigos, dice el Señor, porque les he dado a conocer todo lo que le he oido a mi Padre. R/.
 
El que encuentra un tesoro en un campo, vende cuanto tiene y compra aquel campo.
 
REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 44 al 46
 
En aquel tiempo, Jesus dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegria, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece tambien a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesus.
 
Oracion introductoria
Señor, me conmueve tu preocupacion por tus discipulos, una muestra mas de tu infinito amor. Me presento hoy ante Ti, porque yo tambien quiero contarte todo lo que he hecho. Quiero darte todo mi corazon y amarte sinceramente. Ayudame a ir a lo profundo, a esos rincones de mi conciencia para descubrir que mas debo entregarte o en que parte de mi vida todavia no te dejo entrar.
 
Peticion
Jesus, que no me distraiga, ayudame a tener una experiencia de tu presencia en esta oracion.
 
REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 44 al 46
 
El Senor nos dice que quien encuentra el tesoro lo vende todo para poder comprar ese campo, porque el tesoro es mas valioso que cualquier cosa. Para nosotros ese tesoro es Jesus en persona. La Eucaristia es el “tesoro” de la Iglesia, donde Cristo esta presente con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad.
 
La Iglesia cuida con el maximo esmero este tesoro de la Eucaristia, celebrando la santa misa diariamente, exponiendola para la adoracion de los cristianos, distribuyendola a todos los fieles. Este tesoro nos lo dejo el Senor a todos, como muestra del amor mas grande, para que podamos acercarnos a El en todo tiempo y en todo lugar. Esta siempre accesible para nosotros, pues Jesus quiere encontrarse con cada persona y acompanarle por el camino de la vida. Aprendamos a recibirlo adecuadamente, a comulgar cada vez con mayor amor.
 
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Inflama y santifica, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu Espiritu, para que podamos celebrar esta Eucaristia con el mismo amor y entrega con que la celebraba san Alfonso. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ANTIFONA DE LA COMUNION (Lc 12, 42)
Este es el siervo fiel y sensato a quien su señor ha puesto al frente de su familia, para darles la racion de trigo a su tiempo.
 
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Dios nuestro, que en san Alfonso Maria de Ligorio concediste a tu Iglesia un fervoroso apostol de la Eucaristía, concedenos participar asiduamente de este sacramento y darte gracias por él eternamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY
 
REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 13, versiculos 44 al 46
 
En esta seccion de su evangelio, Mateo colecciono una serie de Parabolas de Jesus en las cuales ilustra lo que significa el Reino. En este par de parabolas nos deja ver que el Reino es algo tan, pero tan maravilloso que quien lo descubre, podriamos hoy decir, quien lo experimenta, tiene por "basura", como diria san Pablo, todo lo demas. Quien ha tenido la experiencia de Dios, quien ha experimentado que Dios le ama, se da cuenta que la vida en su amor, la vida en el Reino es la unica que vale la pena vivirse... es tal la felicidad, la paz, el gozo que experimenta viviendo en el Reino que desprecia sufrimientos, humillaciones y hasta la misma vida con tal de permanecer en el. La vida vivida en Jesus por medio del Espiritu Santo, es decir la vida del Reino, es tan hermosa que nada se puede comparar a ella. Si hoy el mundo continua fascinado con los placeres, la moda y otras vanidades es porque no ha descubierto esta perla preciosa; es porque no se ha dejado seducir por el amor de Dios; es porque no ha probado la vida que ofrece el Evangelio.
 
Si tu todavia no la has vivido, si todavia no la has experimentado, pidele en tu oracion a Jesus el poder descubrir esa perla, ese tesoro, pues esto cambiara totalmente tu vida.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.
Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.
Pbro. Ernesto Maria Caro
 
Agosto 1
Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)
 
A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado
 
Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren
 
DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD
 
Julio Cesar esta grave en terapia con aunerisma cerebral, compañero de trabajo, nos unimos en oracion, hermanitos, gracias, bendiciones. Monica Amaya FB.
 
Pido oracion por VICTORIA DELICIA y por ROSITA CARMONA. Victoria será operada de vesicula, es una persona mayor y delicada de salud, ruego a Nuestro Señor que pueda soportar la cirugia y Rosita fue operada de los intestinos y está bastante delicada Gracias. Nelly
 
Mis queridos hermanos, pido en este momento oración por mi suegra, María Rosa, la cual esta tiene cancer ya en varias zonas de su cuerpo. Este martes le dan los resultados para saber si la metastasis a llegado a la sangre. Tiene mucho dolor por eso les pido se unan a mi oracion. Dios los bendiga. Maria Fernanda Amaya FB
 
Queridas hermanas y hermanos: Les pido oraciones por Valeria (41), que hoy intentó suicidarse ingiriendo pastillas, presa de una gran angustia existencial y de un avanzado cuiadro depresivo. Esta internada y sus padres están viviendo  -como es logico- momentos extremadamente dificiles. Gracias y que el Señor los bendiga a todos ustedes y sus seres queridos. Paz y Bien. Néstor A. Colombo ofs, Norma Toranzo.
 
Disculpen es que viaje a playa del Carmen y estoy en un problema serio pues mi esposa sera operada de cancer y estoy haciendo las diligencias para que mañana a las 2:30 sea operada de urgencia. Denme un par de dias, gracias.
 
AGRADECIMIENTO A DIOS
 
Cumpleaños Hna Doris Victoria Rodriguez
Cumpleaños de Magdalena
Cumpleaños de Andres  F.d o
Cumpleaños de Vanessa
 
No tengo mas que palabras de agradecimiento para sus invaluables oraciones son de mucha ayuda para mi y mi bebe que ya es un verdadero milagro tenerlo en mi vientre, tengo Fe en Dios y sus sinceras oraciones me dan felicidad y tranquilidad. Gracias. Nancy
 
POR LAS NECESIDADES DE
 
Hola hermano: pido por hijo Gonzalo, por su liberacion, sanacion y que el Señor haga su obra en el. Por su conversion. El esta muy depresivo. Nelida
 
Les pido que sigan rezando por mi salud espiritual y psicologica, por proteccion de mis negocios. En realidad estoy vendiendo ropa para poder solventar mis viajes de visita a mi hija Sofia, les pido por trabajo y vivienda que sigo viviendo prestado...y por la tenencia de Sofia, por Yessi que esta cursando quinto año y tiene que decidir su carrera a seguir. Muchas gracias y Dios los bendiga en abundancia. Claudia Fabiana
 
Señor por mi salud, mis hijos, mi familia, esposo y familares de el que miremos todos a la Sagrada Familia con amor, paz, union, Espiritu Santo derrama tu bendicion, manda fortaleza, perdon, liberacion, sabiduria, restaura mi salud, bipolar, mi matrimonio que esta en crisis hace dos años. Oremos por todas las familas del mundo amen. Teresa
 
Señor Jesus, te pido por el matrimonio entre Liliana Henriquez y Francesco Narducci, para que lo llenes con tu Santo Espiritu y las heridas que hay en sus corazones sean sanadas. Virgencita hermosa, acompaña a Lili en estos momentos tandolorosos, no permitas que pierdas su Fe. Amen. Vanessa
 
Mi buen Dios te entrego toda mi vida, la vida de mis seres queridos, protege a todo nosotros y libera nuestras vidas de todo mal, te entrego nuestro trabajo, nuestras dudas, nuestros miedos, angustias, fobias, en fin todo, todo te lo dejo a ti. Gracias Padre por tus bendiciones. Amen. Felicita
 
Q. E. P. D.
 
Jordan David Loor González
Gladys Esperanza Valencia Cucalón de Santos
Carmen Bélgica Chamorro Rendón
 
PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA
 
Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.
 
Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios
 
Por las benditas almas del Purgatorio
 
ENVIE SU PETICION DE ORACION  a
 
wpauta@gmail.com,
 
wpauta@yahoo.es,

 

 


P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO
 
http://www.facebook.com/groups/228027363944602/


http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/
 
Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad  No. 40
Guayaquil- Ecuador

Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana
Chistifideles Laici
Barcelona - España

Alma de nino.

Alma de niño

La maravillosa inocencia de los niños, es envidiable, en ellos no cabe la malicia, la mentira, o el fingir para disfrazar, algo que es real o verdadero, o sea no saben de contaminar la verdad, no crean, no inventan, su corazon es transparente, puro, inocente, tienen mucha belleza interior.
Los niños son los mejores maestros, acerca del amor, es como si Dios actuara a traves de ellos, se dan naturalmente, con dulzura, con ternura, con generosidad, en especial con las personas mayores, con las mascotas, o a los humildes, u otros ninos, lo cual nos dice, la limpieza o pureza de alma, de corazon que poseen, es por todas estas razones, que Jesus, amaba a los ninos y le encantaba estar cerca de ellos, cuando decia:"Dejad que los ninos vengan a mi, porque es de ellos el Reino de los Cielos", y su mayor deseo, era que nosotros volvieramos a ser ninos, con pureza y limpiez de corazon, de mente, como ellos.
Tratemos de actuar como los ninos, sin malicia, sin mentiras, con transparencia, con amor, para hacernos merecedores a ese Reino Prometido, si nos hacemos como uno de estos ninos y solo lo podremos lograr, cambiando, convirtiendonos para bien, si no estamos viviendo correctamente.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 21:59 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

No hay dificultad.

No hay dificultad

 

No hay dificultad
que no pueda ser conquistada
con suficiente amor...

No hay mal que no se pueda curar
con suficiente amor.

Ninguna puerta que no se pueda abrir
con suficiente amor.

Ningún golfo que no pueda ser atravesado
con suficiente amor.

No hay muro que suficiente amor no pueda derribar.

Ni pecado que suficiente amor no pueda redimir.

No hay diferencia en cuan profundamente

asentada pueda estar la dificultad,
qué tan desesperada sea la perspectiva
o cuan embrollada parezca estar la confusión.

Tampoco importa cuan grande sea el error.

Una suficiente realización de amor lo disolverá todo.

Y si pudieras amar lo suficiente
serías la persona más feliz

poderosa del mundo.
(
http://www.celebrandolavida.org
).

01/08/2012 22:31 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Oracion de una madre por sus hijos.

" ORACION DE UNA MADRE POR SUS HIJOS "

Hazme buena, Señor, para mis hijos,
con la bondad de las cosas sencillas,
en cada mañana, en cada noche,
en la verdad de cada día.

Hazme fuerte, Señor, para darles
las palabras precisas
y mantenerme y mantenerlos
serenamente dignos.

Hazme fuerte, Señor, para llegarle
oportuna y sin prisa,
que sepa aligerarles las tristezas
y compartir sus risas.

Hazme justa, Señor, para formarle
las conciencias tranquilas
para que sean libres de malsanas pasiones;
hondos en el sentir y altos de mirar.

Hazme humilde, Señor, cuando les lleguen
sus triunfos y sus dichas,
que sepan ser prudentes
y no despierten adulación ni envidia.

Hazme humilde, Señor, aún más
cuando le toque atravesar desdichas,
que tus Diez Mandamientos los sostengan,

y mi amor los conforte, y Tu amor los dirija.

Ampárales, Señor, no me los dejes
atravesar peligros sin salida,
que entren limpios y firmes en la prueba,
para encontrar serenos la alegría.

Que sepan compartir y bien escojan
a quien ha de acompañarlos en la vida.
Hazme merecedora de ser Madre,
que para serlo fui por ti escogida.

Amén.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:32 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. ORACIONES VARIADAS No hay comentarios. Comentar.

Oracion para aprender a amar de Madre Teresa de Calcuta.

ORACION PARA APRENDER A AMAR

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien
 que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.
(Madre Teresa de Calcuta M.C).

01/08/2012 22:33 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. ORACIONES VARIADAS No hay comentarios. Comentar.

¿Para que buscar a dios?

¿Para qué buscar a Dios?

¿Para qué buscarte?

Me preguntaba...
¿Qué gano con seguirte?

Me cuestionaba...
¿Por qué he de hacer tu voluntad?

Me replicaba...

Y hoy, estando solo y con miles

de problemas encima,
hoy cuando los que creí mis amigos

me han abandonado,
hoy cuando mas solo me siento,

y atareado me encuentro
vienen a mi mente las respuestas

a estas preguntas, pues en medio

de los problemas, sin importar cuánto

te he fallado, tú sigues firme a mi lado.

 

Y en medio del cansancio
siento tus brazos sostenerme.

Y entre el bullicio de cada día

y los problemas que me agobian,

escucho tu dulce voz susurrarme al oído...

"Calma, estoy contigo"

Y ahora me doy cuenta que todo

vale la pena, y que aquellas dudas

no eran mas que trampas de mi enemigo

para evitar tu consuelo, tu paz, tu compañía.

Gracias Señor porque a pesar de todas

mis dudas, me recibiste en tu seno,

y siempre que te cuestionaba,
sonriendo me decías:

"Tranquilo, que ya llegarán unos de esos días".
(
http://www.celebrandolavida.org
).

01/08/2012 22:33 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

¿Rezar cambia las cosas?

¿REZAR CAMBIA LAS COSAS?

 Dicen que rezar cambia las cosas, pero ¿es REALMENTE cierto que cambia algo? ¿Rezar cambia tu situación presente o tus circunstancias? No, no siempre, pero cambia el modo en el que ves esos acontecimientos.
¿Rezar cambia tu futuro económico ? No, no siempre, pero cambia el modo en que buscas atender tus necesidades diarias.
¿Rezar cambia corazones o el cuerpo dolorido? No, no siempre, pero cambia tu energía interior.
¿Rezar cambia tu querer y tus deseos? No, no siempre, pero cambiará tu querer por el querer de Dios.
¿Rezar cambia el mundo? No, no siempre, pero cambiará los ojos con los que ves el mundo.
¿Rezar cambia tus culpas del pasado? No, no siempre, pero cambiará tu esperanza en el futuro.
¿Rezar cambia a la gente a tu alrededor? No, no siempre, pero te cambiará a ti, pues el problema no está siempre en otros.
¿Rezar cambia tu vida de un modo que no puedes explicar? Ah, sí, siempre. Y ésto te cambiará totalmente.
Entonces, ¿rezar REALMENTE cambia ALGO? Sí, REALMENTE cambia TODO
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:34 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. APRENDE A ORAR No hay comentarios. Comentar.

¿Como sobrevivir cuando los hijos se van de casa?

Cómo sobrevivir cuando los hijos se van de casa


SINDROME DEL NIDO VACIO
Cómo sobrevivir cuando los hijos se van de casa
El silencio aturde. Los padres que ven como sus hijos se independizan o se alejan durante un tiempo del hogar, suelen sentir un inevitable vacío que los pone en situación de melancolía e inseguridad...¿cómo superar el síndrome del nido vacío?
En el momento de la emancipación, se da un cambio que muchos padres sienten: se termina un rol. El rol de cocinar para ellos, de jugar con ellos todos los días, de despertarlos y recibirlos...algunas cosas cambian.
¿Como tomarlo?
El hecho de extrañarlos y querer verlos más seguido es tan inevitable como normal. Pero eso no quita que la separación sea un proceso natural del crecimiento y maduración, producto de la buena educación que los padres les brindaron a sus hijos, y que se deba tomar con paciencia y naturalidad.
Es tiempo de que los padres se dediquen más a ellos mismos, salgan, trabajen, compartan más tiempo con los amigos, se preocupen por su estética en mayor medida, etc.
El tiempo dedicado con pasión a los hijos durante años, puede transformarse ahora en diversión, entretenimiento, dedicación a si mismo. Han pasado años de crianza, incluyendo serias crisis y grandes momentos de felicidad, tomar esta nueva etapa como un “premio” al esfuerzo realizado, no es una mala idea.
Y aun cuando sus hijos los necesiten, actuarán como si no los quisieran ¿por qué no dedican mejor el tiempo a disfrutar el resto de sus vidas? Deje atrás algunas de las preocupaciones que tenia cuando eran chicos y admita que ellos ya han crecido.
Pregúntese a si mismo como quisiera estar a los 85 años, respecto de su vida personal, sus amigos, sus hobbies, sus pasiones, trabajo, etc. como disparador del convencimiento para comenzar a disfrutar un poco más.
No sacrifique sus sueños y metas. Impóngase objetivos y sepa lo que quiere lograr. Continúe con proyectos interrumpidos de su vida que no pudo concretar por una u otra razón.
Identifique las razones por las cuales usted no puede lograr avanzar en sus proyectos, que lo hacen decir “no” cuando quiere decir “sí” y viceversa. Sea paciente y persistente. Por lo menos, tomará 30 días obtener un cambio en la conducta y hacerla un hábito, y como mínimo seis meses, para que un hábito empiece a volverse una parte de su personalidad....pero vale la pena.
(Desconozco el autor).

Sobre la fe.

Sobre la fe

La Fe en forma general, es creer en otro, pero hablando teologicamente, es cuando la mente, cree, acepta, bajo el influjo de la Gracia, una verdad revelada, no por razon de su evidencia intrinseca, sino basandose en la autoridad de Dios.  La Fe es la realidad anticipada de lo que esperamos y la prueba demostrativa, de lo que la mente no ve, interviene la voluntad del hombre, para adquirir esta realidad, y aunque no la entienda o es incomprensible, lo hace en homenaje a Dios, esta determinacion, se llama acto de Fe.
La Fe es el obsequio de Dios, por la razon, por eso es un acto meritorio.
La Fe es obscura, pero de una firmeza y certeza infinitamente superior a todo conocimiento humano, pues se basa en Dios mismo, verdad infinita, infalible, que no puede enganarse, ni enganarnos, por lo tanto, la fe es inquebrantable, si la perdemos o dudamos, es que no creemos, ni confiamos en Dios.
En el caso de los discipulos de Emaus, perdieron esa fe, porque no asimilaron, no confiaron, no creyeron en todo lo que Jesus les habia dicho, acerca de su padecimiento, de su muerte y tambien de su Resurreccion, porque cuando vieron morir a Jesus, pensaron que todo habia terminado.
Sabemos que en la vida, no todo es perfecto, sufrimos en algun momento, el desaliento, la desilusion, el fracaso y sabemos que no es nada agradable, pero si conocemos a Dios, creemos en El, confiamos en El, nos ayudara en esos malos momentos, si no lo conocemos, no le creemos, es una pena terrible, porque no sabemos todo lo que podemos perder, sin fe no podemos agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios, a de creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.(Pablo en carta a los Hebreos).
En la Biblia (Hebreos 11, 1-40), San Pablo, hermosamente expone como la Fe, nos puede ayudar, de lo que podemos obtener de Dios, cuando creemos, confiamos y lo seguimos, se quedaran maravillados, de todo lo que podemos esperar de Dios, si tomamos un poquito de tiempo y lo leemos.
San Pablo empieza diciendo "La Fe es garantia de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve, por ella, fueron alabados nuestros mayores."
"Por la Fe, reconocemos, sabemos que el Universo fue formado por la palabra de Dios, lo visible y lo invisible"...y ademas menciona como la Fe, trabajo en personas que la vivieron en esos tiempos (en la Biblia, estan en el Antiguo testamento).
Abel, sacrificios a Dios, Henoc que se salvo de la muerte, Noe, cuando construyo el Arca, Abraham, cuando su fe inquebrantable, lo llevo a casi sacrificar a su hijo, porque Dios se lo pidio, premiandolo con una descendencia larga, Jacob por la fe, bendijo a los hijos de Jose, Moises por la fe, llego a la tierra prometida con exito, pasando por muchas dificultades y asi sucesivamente, etc.etc.
Y que de Jesus que inicia y consuma la Fe, el cual, por el gozo que se le proponia, soporto la Cruz sin miedo a la ignominia y ahora esta sentado a la derecha del trono de Dios.
Pero como los discipulos de Emaus, podemos recapacitar y tratar de no perder nuestra Fe, volver a Dios, a Jesus y decir, perdon Senor, tratare de nunca mas dudar o desconfiar de ti, porque eres mi Dios, la verdad en si misma.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:36 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Sobre la nostalgia.

Sobre la nostalgia

Nostalgia es echar de menos, un lugar, una persona, o personas, momentos, que nos hacian felices.
La Nostalgia nos hace sentir vacios, tristes, pero a la vez, nos da esperanza, pues no se pierde el deseo de volver a ese lugar o ver a ese alguien nuevamente, o vivir esos momentos.
La Nostalgia esta dentro de nosotros, vive con nosotros, todos sentimos nostalgia en algun momento, por algo o por alguien, pero solo las personas con un corazon sensible, que saben amar o degustar de lo bello, de lo bueno, del amor, lo sienten mas profundamente.
La Nostalgia es como un sueno, que se quiere realizar y depende de nosotros, hacerlo realidad, solo tenemos que decidirnos, buscar que vivir, nuevamente el origen de nuestra nostalgia y generalmente son, momentos, lugares, personas, sentimientos, etc.
La Nostalgia es tambien echar de menos a Dios, echar de menos a las personas que nos mostraron el camino hacia El, nuestros padres, nuestros profesores, nuestros sacerdotes, nuestros amigos, etc., es echar de menos el lugar o lugares donde por primera vez lo conocimos, o escuchamos hablar de El, en casa, en la escuela, en la Iglesia, etc., y es esta nostalgia, la que hermosamente vive en nosotros, con recuerdos de la infancia, mas notoriamente, porque son las que dificilmente se olvidan, porque fue la primera vez que nuestro espiritu degusto la presencia de Dios.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:36 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Tranquilidad interior.

Tranquilidad interior

 

Nunca odies.
¿Quién vive con más paz interior,
el que odia o el que es odiado?

Nunca envidies.
¿Quién vive mejor,
el que envidia o el que es envidiado?

Sé humilde.
¿A quién se le quiere más,
al orgulloso o al humilde?

Nunca mientas.
¿Quién vive más preocupado,
el que miente o el que es mentido?

Nunca aborrezcas.
¿Quién vive mejor,
el que es aborrecido o el que aborrece?

Nunca te preocupes por lo que ya pasó.
¿Acaso puedes cambiar el pasado?

Nunca te preocupes por el que viaja.
¿Acaso lo puedes cuidar desde donde estás?

Nunca te preocupes por algo
que realmente no puedes hacer.
No vale la pena preocuparse por cosas así.

Nunca te preocupes por lo que vas a hacer.
Sólo hazlo.

Nunca peques.
El pecado es la mayor causa de la infelicidad.

Ama a Dios con todo tu corazón
y deja que Él maneje tu vida.

No vivas de la felicidad pasajera,
pues ésta se acaba pronto.

Ama a tu prójimo como a ti mismo
y verás que el prójimo te amará a ti.

Que tu rostro siempre
demuestre una sonrisa interior.
Te ayudara a ser feliz.

 

Germán Darío Montoya
(
http://www.celebrandolavida.org
).

01/08/2012 22:37 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Lecturas meditadas de la Misa del Viernes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual
 
 
 

 

Viernes, 3 de agosto de 2012

Semana 17ª durante el año

Jeremías 26, 1-9 / Mateo 13, 54-58

Salmo responsorial Sal 68, 5. 8-10. 14

R/. “¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!”

 

Santoral:

San Pedro Julián Eymard, Santa Lidia

y Santa Juana de Chantal

Liturgia - Lecturas del día

 

 

 

 

 

Viernes, 3 de Agosto de 2012

 

Todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías

en la casa del Señor

 

Lectura del libro de Jeremías

26, 1-9

 

Al comienzo del reinado de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó esta palabra a Jeremías, de parte del Señor:

«Así habla el Señor: Párate en el atrio de la Casa del Señor y di a toda la gente de las ciudades de Judá que vienen a postrarse en la Casa del Señor todas las palabras que Yo te mandé decirles, sin omitir ni una sola. Tal vez escuchen y se conviertan de su mal camino; entonces Yo me arrepentiré del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus acciones. Tú les dirás: Así habla el Señor: Si ustedes no me escuchan ni caminan según la Ley que Yo les propuse; si no escuchan las palabras de mis servidores los profetas, que Yo les envío incansablemente y a quienes ustedes no han escuchado, entonces Yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra».

Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor, Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: «¡Vas a morir! Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada».

Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                 68, 5. 8-10. 14

 

R.    ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!

 

Más numerosos que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin motivo;

más fuertes que mis huesos,

los que me atacan sin razón.

¡Y hasta tengo que devolver lo que yo no he robado! R.

 

Por ti he soportado afrentas

y la vergüenza cubrió mi rostro;

me convertí en un extraño para mis hermanos,

fui un extranjero para los hijos de mi madre:

porque el celo de tu Casa me devora,

y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. R.

 

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,

en el momento favorable:

respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,

sálvame, por tu fidelidad. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

¿No es éste el hijo del carpintero?

¿De dónde le vendrá todo esto?

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

13, 54-58

 

Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.

«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»

Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia» .

Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

 

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

Jer. 26, 1-9. La Liturgia es la acción sagrada por excelencia de la Iglesia. Mediante ella Dios entra en una relación personal e íntima con nosotros, y nosotros con Él. Sin embargo el lugar de culto no es algo mágico que esté entre nosotros como para pensar que ahí encontraremos la solución a todos nuestros problemas al margen de nuestras propias responsabilidades. No podemos decir que seremos gratos al Señor sólo por ofrecerle un culto vacío de amor y de un verdadero compromiso con el Reino de Dios. Entrar en una relación de fe auténtica con nuestro Dios y Padre nos ha de llevar a vivir totalmente comprometidos en hacer presente al Señor entre nosotros, por medio de su Iglesia, con el mismo amor que nos ha sido manifestado en su Hijo Jesús. Quien ha perdido la fe no es sólo el que se confiesa ateo, sino también aquel que tal vez acuda al culto, pero cierre sus oídos para evitar que la Palabra de Dios le transforme, y le ponga en camino de servicio en el amor fraterno hacia todos aquellos que necesitan del perdón, de la salvación o de la solidaridad de alguien en las diversas necesidades que padecen. Ojalá y al final no se nos desmorone y se nos escape de las manos la salvación a causa de no haber vivido nuestra fe en un auténtico amor comprometido, no sólo hacia Dios, sino también hacia nuestro prójimo.

 

Sal. 69 (68). Quien se decida por anunciar el Evangelio como testigo del mismo, trabajando para que, conforme al designio salvador de Dios, llegue a todos el perdón y la paz, encontrará grandes dificultades, que tendrá que padecer por el mismo Evangelio. A veces tal vez al apóstol le llegue la tentación de pedir no sólo la protección, sino incluso la venganza de parte de Dios. Sin embargo, puestos en manos de Dios sabremos que Dios estará siempre de nuestra parte como poderoso protector, y no dejará sin amparo a sus amigos, ni dejará que sufran la corrupción. Vivamos llenos de paz, sabiendo que trabajamos para el Dueño de la viña. Teniendo a Dios de nuestra parte estamos seguros de que es nuestra la herencia que Él ha prometido a los que le aman y le viven fieles.

 

Mt. 13, 54-58. Pareciera que a veces sólo fuesen dignos de confianza y de ser escuchados como enviados de Dios aquellos que ostentan algún título, o que pertenecen a familias de alcurnia económica. Los de origen sencillo y pobre pareciera que muchas veces estuviesen condenados al ostracismo, a ser despreciados y a volverse ocasión de mofa para los demás. Jesús fue despreciado en su tierra por no pertenecer al grupo de los maestros de Israel, por no ser un Rabí. Despreciado por provenir de una familia pobre, humilde, sencilla. Es el hijo del carpintero, y su madre y hermanos y hermanas son bien conocidos por los del pueblo. ¿Qué caso tiene ir tras de alguien sobre el que se levantan muchas sospechas sobre el origen de su sabiduría y de sus poderes milagrosos? ¿Cómo va a ser el Mesías alguien a quien conocemos desde pequeño? Negarse a creer en Cristo no está sólo significando la incredulidad de la mayoría de los judíos, sino la de todos aquellos que, por evitar un compromiso de fe con el Señor, prefieren continuar lejos de Él para evitar el ser cuestionados ante las propias actitudes pecaminosas. No seamos de aquellos de los que san Juan nos dice: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.

El Señor nos reúne en torno suyo en esta celebración Eucarística, no para celebrar un rito mágico, sino para que renovemos ante Él nuestra Alianza de amor, y volvamos a hacer nuestro el compromiso de proclamar su Evangelio y construir su Reino entre nosotros. El Señor a nadie de nosotros rechaza, ni tiene preferencia por alguna persona o por algún grupo. Más aún, a aquellos que se puedan creer puros y santos los quiere más comprometidos en la salvación de sus hermanos y en el esfuerzo por devolverles su dignidad. No es la ciencia humana, que muchas veces hincha a la persona, lo que le dará eficacia a la acción pastoral de la Iglesia. Es Cristo, con quien entramos en contacto; es Cristo que nos da su Vida y su Espíritu. Es Él, que continúa realizando su obra salvadora en la historia de nuestro mundo por medio de su Iglesia. A la par del ilustrarnos y profundizar en la Palabra de Dios y en el Misterio Pascual de Cristo, que hoy celebramos, debemos tener la apertura suficiente al Espíritu de Dios para dejarnos conducir por Él, pues no somos nosotros sino el Señor quien realiza su obra de salvación en nosotros, y por medio nuestro en el mundo entero, ya que sólo somos débiles instrumentos en sus manos y fieles siervos suyos.

A pesar de que muchas veces la gente que nos conozca nos rechace, no podemos cerrarnos al anuncio y testimonio del Evangelio. El Señor ha encendido en nosotros la Luz de su amor, de su misericordia y de su gracia, y no podemos querer ocultarla cobardemente bajo nuestros miedos y temores, pues no hemos recibido un espíritu de cobardía, sino al Espíritu de Dios que amándonos a todos, quiere que todos nos salvemos y lleguemos al pleno conocimiento de la Verdad. Quienes nos reconocemos pecadores acudimos al Señor para recibir de Él su perdón. Sólo quien se ha sentido comprendido, amado y perdonado por Dios puede convertirse en testigo de Él en el mundo. Quien se siente puro, quien piensa que Dios lo ha consagrado y lo ha alejado del mundo, vivirá aislado de todos; tal vez condenando a los pecadores, con una gran incapacidad de amar y de salvar. Debemos sentirnos pobres y necesitados de Dios para poder comprender la fragilidad de nuestro prójimo, y saber luchar para que también Él alcance la salvación que Dios ofrece a todos sin distinción.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de ser portadores de su amor y de su gracia al mundo entero, sin hacer entre nosotros distinciones inútiles, sino buscando el bien de todos como el Señor lo ha hecho para con todos. Amén.

 

Homiliacatolica.com
(
http://www.celebrandolavida.org
).

Amar a un ser humano.

Amar a un ser humano
( Andrea Weitzner )

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo
verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y
descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas;
contemplar con ternura sus más profundos sentimientos,
sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías,
su dolor y sus anhelos;
es comprender que detrás de su careta y su coraza,
se encuentra un corazón sensible y solitario,
hambriento de una mano amiga,
sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa;
es reconocer, con respetuosa compasión,
que la desarmonía y el caos en los que a veces vive
son el producto de su ignorancia y su inconsciencia,
y darte cuenta de que si genera desdichas
es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías,
y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido,
que no puede confiar ni en si mismo;
es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia,
su verdadera identidad, y apreciar honestamente
su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.
Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde
como para recibir su ternura y su cariño sin representar
el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo
que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea;
es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia
y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero;
es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día
es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne;
es vivir cada instante como si fuese el último que puedes
compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro
sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez
que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano
sea siempre una creación distinta y milagrosa.
Amar a un ser humano es también atreverte a establecer
tus propios limites y mantenerlos firmemente;
es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda
aquello que consideras tus derechos personales;
es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro,
que sin temor a que la relación se perjudique,
te sientas en libertad de expresar tu enojo
sin ofender al ser querido, y puedas manifestar
lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo.
Es reconocer y respetar sus limitaciones
y verlo con aprecio sin idealizarlo;
es compartir y disfrutar de los acuerdos
y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día
en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio,
amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía,
de tal manera que ambos se recuerden con gratitud
por los tesoros compartidos.
Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona;
es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera,
como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable
de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano",
de la cual tu formas parte;
es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza,
con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto
las facetas luminosas y radiantes de la humanidad,
como sus lados obscuros y sombríos;
amar a un ser humano, en realidad,
es amar al ser humano en su totalidad;
es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es,
y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo
y sentirte orgulloso de ser.

01/08/2012 21:59 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Vive hoy... siente hoy.

Vive hoy... siente hoy.

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de terminar la carrera, después de conseguir trabajo, después de casarnos, después de tener un hijo, después de tener un coche, y entonces después de tener un mejor coche...

Luego nos sentimos frustrados porque nuestro coche no es lo suficientemente potente, o nuestros hijos no son lo suficientemente grandes, y pensamos que seremos más felices cuando tengamos más “caballería” en el motor de nuestro vehículo y más dichosos cuando crezcan nuestros hijos y dejen de ser niños, después nos desesperamos porque son adolescentes, difíciles de tratar. Pensamos: seremos más felices cuando salgan de esa etapa.

Luego decidimos que nuestra vida será completa cuando a nuestro esposo/a le vaya mejor, cuando tengamos una casa con jardín, cuando nos podamos ir de vacaciones al lugar deseado, cuando consigamos el ascenso, cuando nos retiremos.

La verdad es que, ¡no hay mejor momento para ser feliz que ahora mismo!

Si no es ahora, ¿cuándo? La vida siempre estará llena de luegos, de retos.

Es mejor admitirlo y decidir disfrutar ahora de todas formas.

No hay un luego, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es el AHORA.

Atesora cada momento que vives, y atesóralo más porque lo compartiste con alguien especial; tan especial que lo llevas en tu corazón y recuerda que el tiempo no espera por nadie.

Así que deja de esperar hasta que termines la Universidad, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que se vayan de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos diez kilos, hasta que el viernes por la noche o hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que justamente ÉSTE para ser feliz.

La felicidad es un trayecto, no un destino.

Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubieran herido, y baila... como si nadie te estuviera viendo.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:39 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

¿... como debe ser un amigo?

20120801224242-image.gif

¿..Como debe ser un amigo?


..Encontrar a personas no es difícil, lo difícil es encontrar
a alguien que te quiera por lo que eres, que comprenda lo que  sientes
 y que no dude de lo que le dices.
..Un amigo te apoya cuando te ve en problemas,
un amigo te consuela cuando sufres
y dice palabras que salen de su corazón.

..A un amigo no le debe de importar en que posición económica estés,
ni tampoco quien sea más inteligente
o tenga más habilidades para tener y hacer las cosas,
además nunca debe de tenerte envidia
porque si te aprecia sabrá que lo que tienes
no es porque tú lo elegiste, sino una causa del destino.

Nunca debe de sentirse superior porque
él debe comprender que nadie es más ni menos que nadie.

El tronco más grande de una amistad es la confianza,
la sinceridad, honestidad, amor, apoyo
entre otras cosas que hacen de la vida un placer
que queda siempre en la memoria hasta el ultimo día de nuestra vida
en las que podemos reconocer el valor de un verdadero amigo
 que siempre ha sido
incondicional en todo.

Que en tus errores te muestre su perspectiva
y un consejo de lo que puedes hacer, que nunca te debe de obligar a nada,
 que no te manipule para su conveniencia y que al verte
 en un verdadero problema
no te deje solo y si es uno de esos problemas
en los que tú no quieras ver la salida,
él te la dará la solución aunque no quieras y te enfurezcas,
pues a él le preocupas y prefiere que te enojes
con él a verte sufriendo siempre.

Entonces si te fijas no todas estas características las tienen todos
 y aunque a veces encuentres a malas amistades aunque
 no lo creas tiene un fin no es que tengas mala suerte,
sino que debes de conocer lo malo para que cuando encuentres
a ese ser especial que se acople a ti no lo dejes ir.

No busques a tu amigo especial porque a veces
lo tienes a  tu lado  y ni cuenta te has dado,
la amistad es como el amor no siempre tienes que buscarlo
sino a veces viene y se va solo y otra cosa tienen en común
y es que necesitas de ellas para ser feliz,
porque un amor que antes no tubo una amistad bella
termina antes de que te des cuenta
y para tener un amor que dure por siempre
tiene que tener una convivencia como lo es la amistad.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:42 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Creemos en ti Jesus.

20120801224409-image1.jpg

CREEMOS EN TI JESUS

Creemos en Ti, Jesús de la Esperanza.

Creemos en tu Resurrección y en tu Presencia entre nosotros.

Creemos en la Vida que prometes y por ello, queremos ser testigos fieles, constructores de fraternidad, sembradores de esperanza, artesanos de paz, apasionados por la justicia.

Creemos, Señor, y por eso, nos comprometemos contigo en la lucha por la Vida, para hacer de cada día una Pascua cotidiana hacia tu Reino.

Que tu Espíritu nos guíe, Dios de la Vida.

Amén.

(Desconozco el autor).

¡No desistas!

20120801224626-i2.jpg

NO DESISTAS!

Cuando vayan mal las cosas
como a veces suelen ir.

Cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir.

Cuando tengas poco haber
pero mucho que pagar,
y precise sonreir
aun teniendo que llorar.

Cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir.

Descansar acaso debes
pero nunca desistir.

Tras la sombra de la duda
ya plateada, ya sombria.

Pueda pues seguir al triunfo
no al fracaso que temias.

Y no es dable a tu ignorancia
figurarse cuan cercano puede estar
el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano.

Lucha pues, por mas que tengas
en la brega que sufrir.

Cuando todo esta peor,
Mas debemos insistir!

Rudyard Kipling
 
 
Mi Pagina Web

http://elrincondemily.webcindario.com/

 
Mis Grupos de Correo

http://www.egrupos.net/grupo/perlitas_de_amor/alta   
http://www.egrupos.net/grupo/compartiendo_perlitas/alta    
http://www.egrupos.net/grupo/tutoriales_de_mily/alta  
http://www.egrupos.net/grupo/firmas_de_mily/alta   
http://www.egrupos.net/grupo/cadena_de_oraciones/alta

01/08/2012 22:46 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Oracion por los amigos.

20120801224718-image3.gif

Oración por los amigos

Hoy dije una oración por ti
sé que Dios la escuchó
sentí su respuesta en mi corazón
a pesar de no escuchar su voz.

No le pedí que te dé fama ni fortuna,
le pedí tesoros que perduran mucho más.

Que esté a tu lado cada día,
que te dé salud y alegría,
y que tengas amigos para compartir tus días.

Le pedí felicidad para ti,
en las cosas grandes y pequeñas,
pero lo que más le pedí,
es que te cuide con su inmenso amor...
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:47 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. ORACIONES VARIADAS No hay comentarios. Comentar.

¿Caracter o mal genio?

¿CARÁCTER O MAL GENIO?

 

Cuando alguien nos dice que tenemos mal genio, casi siempre contestamos aclarando que lo que tenemos es carácter, no mal genio.

 

¿Qué diferencia hay?

 

Tener carácter es algo positivo. Algo reconocido y valorado socialmente. Generalmente estas personas tienen picardía, son hábiles en las relaciones sociales, saben cómo conseguir lo que desean y lo manifiestan.  Son personas inquietas, que cuestionan y triunfan. Contrario a la persona que es dócil y sumisa.  El carácter es sinónimo de vitalidad, energía e inconformismo sin salirse de las normas socialmente establecidas.


El mal genio encierra todo lo negativo. El propio adjetivo lo introduce. Algo que es malo, difícilmente puede ser admirable.  Nadie quiere tener mal genio, ni que se lo recriminen, ni admitirlo.  Es una llamada de atención que nos duele, que nos rebela porque no es algo que podamos incluir en la lista de las virtudes. El mal genio brota sin filtros, se desborda, nos controla e invade. Nos deja abducidos en un cuerpo que grita, impone y no razona. Es un acto visceral.


¿Se puede controlar el mal genio?

 

El mal genio acecha en cada esquina, el tráfico vehicular, en discusiones de familia, etc.  El rencor, el dolor, la angustia y la represión, pueden activarlo. Es tan sencillo, que lo realmente admirable es controlarlo.

 

¿Por qué no nos ayuda el carácter?

 

Un buen uso de esta virtud podría ser controlar todo lo que el mal genio puede producir; enfrentamientos insalvables, daño físico y moral, frustraciones y violencia. Pero no, decimos tener carácter y cuando este tiene que asomar para poner orden, lo escondemos como culebra asustada, y así no nos sirve para nada.  Resumiendo, el mal genio se come al carácter.

 

Personas con mal genio


Algunas personas, independientemente de su edad, exteriorizan con frecuencia sus enfados provocando situaciones desagradables, bien porque no puedan evitar esos brotes de mal humor o bien porque conscientemente no quieran hacerlo. Veamos las distintas actitudes de las personas y algunas prácticas para intentar corregirse.

 

1.    Maduración y autodominio

 

La educación y el autodominio son claves para controlar el mal genio y favorecer la convivencia.  Las manifestaciones continuas de mal genio suponen una falta de control o autodominio. Lo sufren aquellas personas que aún no han aprendido a manejar la rabia y la ira o a tolerar las frustraciones. Es normal tener esos sentimientos. Lo que no es tan normal es que personas con edad avanzada hagan continuas manifestaciones externas de su ira, rabia o frustración. Suelen gritar, hacer gestos exagerados y dejan salir todo lo que sienten sin ningún dominio de la situación y sin respeto hacia los demás.

 

Todos hemos presenciado alguna vez cómo una comida o reunión queda boicoteada por las manifestaciones de mal genio de alguno de los presentes, ante la mirada atónita de los demás que no pueden entender qué es lo que ha provocado esa reacción tan exagerada, nunca justificada entre personas adultas.  Las personas hemos aprendido unas normas de convivencia a través de la educación, hemos ido aprendiendo a controlar nuestras emociones o a no exteriorizarlas. Desde la infancia nos enseñan que gritar cuando estamos enfadados, hablar a voces, etc. no son conductas educadas.

 

Por lo tanto, controlar el mal genio forma parte de un proceso de maduración personal que consiste en poder enfadarse sin perder el control de sí mismo, evitando la exageración y teniendo presente el respeto a los demás.

 

2.    Diferentes caracteres

 

Hay personas que por naturaleza tienen un carácter tranquilo y apacible y otras que por el contrario son más nerviosas y suelen irritarse con facilidad.  Dentro de estas últimas, podemos diferenciar entre las que luchan por modelar su carácter y sienten arrepentimiento cuando han provocado una pelea o discusión fuera de tono, y las que no suelen arrepentirse de sus actos sino que los justifican y no sienten vergüenza de su actitud, pudiendo incluso llegar a ser realmente agresivos.

 

Una característica de las personas que tratan de dominar el mal genio es que tras una discusión en la que ha habido gritos y malas formas, tienen un sentimiento de frustración y lo que realmente les desespera es no haber podido dominar las emociones ni haber controlado la situación. Sufren lo que coloquialmente denominamos "un pronto", pero no son verdaderamente agresivas. Estas personas, mediante el autocontrol pueden con el tiempo evitar estas reacciones, ya que tienen una voluntad positiva en este sentido.

 

En el otro grupo encontramos a aquellas personas que no sólo no se arrepienten de sus airadas reacciones, sino que en muchos casos incluso se jactan de ello. Piensan que por ello son más respetadas y siempre encuentran razones para justificar su actitud.  En estos casos estamos ante un problema más profundo, en muchas ocasiones suelen mezclar soberbia y mala educación y pueden hacer la vida insoportable a los que le rodean, provocando en muchas ocasiones situaciones desagradables. Es más difícil que estas personas corrijan su actitud, ya que no tienen ninguna voluntad de conseguirlo.

 

3.    ¿Cómo corregir el mal genio?

 

    Identifica aquello que te genera malestar. Si eres capaz de investigar lo que desencadena tus sentimientos de ira, podrás tomar mejores decisiones acerca de cómo enfrentarte a esos disparadores. Si estás preparado, podrás contar con estrategias preventivas que te ayudarán a mantener un mejor control de tus emociones negativas.

 

    Tómate un tiempo de espera. Simplemente “contar hasta diez” o esperar un tiempo antes de reaccionar, puede apaciguar tu primera reacción. Los impulsos no suelen ser buenos consejeros, por ello respira profundo y piensa antes de actuar.

 

    Aléjate de personas que te irritan. Procura no estar en compañía de personas con las cuales no te sientes a gusto. Es tu derecho elegir con quién quieres estar o entablar una conversación, y en aquellos momentos en los cuales no es posible elegir, procura hacer uso de tu derecho a decir y contestar lo justo y necesario.

 

    Realiza ejercicio. La actividad física puede proveerte una salida saludable a tus emociones negativas, especialmente si sueles estallar a diario. Elige aquella que sea más acorde a tus capacidades y gustos. Sólo tienes que animarte y empezar a descargar tus tensiones disfrutando de algo que sea de tu agrado.

 

    Practica técnicas de relajación. Desarrollar habilidades y destrezas para relajarse, puede ayudar a controlar el mal genio cuando comience a brotar. Usa tu creatividad, escucha música, escribe, aprende técnicas de respiración y relajación corporal, o intenta con clases de estiramiento y yoga.

 

    Piensa en las consecuencias de tus actos. Decir o hacer cosas que hagan daño suele ser muy peligroso. Te arriesgas a lastimar o herir a alguien. Por ello, mantén la calma cuando te sientas enojado y esfuérzate por postergar la charla o discusión para un momento de mayor tranquilidad, ya que furioso no llegarás a buen puerto.

 

Las personas que son capaces de controlar su mal genio, se enferman con menor frecuencia, y se sienten mejor emocionalmente, además de ser más amigables y sociables.  En caso de que no puedas controlarte, solicita ayuda profesional. Un tratamiento adecuado podrá ayudarte a vivir de manera más plena y satisfactoria.

 

Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga

01/08/2012 22:00 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Ciento por ciento. ¿Como servimos al Senor?

CIENTO por CIENTO
Autor: Adhemar Cuellar
Mateo 21, 28-30  “Jesús agregó, pero díganme su parecer, un hombre tenía dos hijos se acercó al primero para decirle Hijo hoy tienes que ir a trabajar a la viña y él le respondió no quiero pero después de arrepintió y fue luego el padre se acercó al segundo y le mando a lo mismo, este respondió ya voy Señor pero no fue”,
 Trabajar es una palabra que infunde temor en los flojos. En este día especial, es momento oportuno para hablar de trabajo, y que mejor manera de hacerlo meditando en el evangelio que leímos. 
También para nosotros es la invitación de trabajar en la vina del Señor, todos los bautizados tienen el desafío de aceptar esta invitación a trabajar en la iglesia de Cristo.  ¿Te interesa el trabajo? ¿Cuánto por ciento quieres trabajar?
 Un día Lidubino  estaba buscando trabajo, acude a una empresa donde ofrecían una vacante,  luego de una preselección  consigue el puesto, el administrador  de la empresa le advierte: si vas a trabajar en esta empresa necesito que dediques el 100% de tu tiempo al trabajo.
 Libudino comienza  el lunes a trabajar pero se retrasa una hora,  llega a las 9 de la mañana,  el jefe lo estaba observando, el martes también se retrasa aun mas, ese día llego a las 9:30, el miércoles llegó un poco más temprano pero no trabajo mucho, el jueves llegó a las 10, el viernes ya no fue por la mañana y llegó a las 3 de la tarde, al llegar pregunta temeroso a la secretaria: ¿me ha estado buscando el jefe?  La secretaria responde: si y está furioso, de pronto   aparece el jefe y con voz fuerte dice al empleado ¿Qué paso no dijiste que daría el 100% en el trabajo? ¿Tu prometiste trabajar al ciento por ciento? Al instante Lidubino responde diciendo: si esta semana he trabajado el 100%,  ¿Cómo has dicho? Pregunta más enojado el administrador.  Lidubino continua su defensa diciendo: le explico jefe estoy al   100%, por que  el lunes trabaje el 15%, el martes trabaje el 20%, el miércoles el 40%, el jueves el 20% y el viernes 5% sumando da 100%,  no sabe sumar jefecito 15 más 20 más 40, mas 20 más 5 hacen un total de 100%...
Esta historia de humor no está lejos de la realidad de los que creemos ser trabajadores de la vina del Señor,  Lamentablemente no estamos trabajando al ciento por ciento,  cuantas excusas ponemos para evadir nuestra responsabilidad Cristiana.  Hoy e Señor nos esta llamando para que trabajemos, pero esta vez hagámoslo con más entusiasmo,  que este día podamos tomar la decisión de decir ¡Si Señor! Desde hoy voy a trabajar en tu vina al ciento por ciento,  voy a hacerlo con pasión, con emoción, a partir de este día me voy a esforzar,  para  ayudar en la construcción del reino de Dios. 
Oración: Señor quiero darte las gracias por esta nueva oportunidad,  En este día quiero decirte ¡Si Señor! ¡Cuenta conmigo!  A partir de este día me comprometo en poner todo mi esfuerzo, me comprometo a trabajar al 100%,  voy a dar lo mejor de mí para trabajar en tu iglesia.  Gracias Señor
www.mensajeconpoder.com
www.mensajeconpoder.net

Como es la gente.

Cómo es la gente

Un forastero llega a un pueblo y va a ver al sabio maestro. Tiene intención de quedarse a vivir allí

Forastero: (al maestro) ¿Cómo es la gente de este pueblo?

 

Maestro: ¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?

Forastero: Oh, son mentirosos, estafadores y dañinos

 

Maestro: Exactamente así son este pueblo

El forastero se va y al rato llega otro y formula la misma pregunta.

 

Otro forastero: ¿Cómo es la gente aquí?

 

Maestro: ¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?

Otro forastero: Ah, son amables, serviciales y corteses

 

Exactamente así son este pueblo (contesta el maestro)

-Dice Alejandro Jodorowsky a todo aquel que quiera escucharle: “Tienes que ofrecer aquello que quieres conseguir” Lo que das te lo das y lo que no te lo quitas
Quieres amor… pues tienes que dar amor
Quieres respeto…tendrás que dar respeto
Quieres atención…ofrece toda tu atención
“Si lanzas una piedra esta vuelve a tu mano”
Si lanzas insultos y descalificaciones estas también vuelven a ti
Si siembras actos positivos… tu vida se inundará de positividad.
(Desconozco el autor).

01/08/2012 22:02 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

¿Como esta el centro de tu casa?

¿Cómo está el “centro” de tu casa ?

 


Hoy estamos un poco filosóficos y se nos ocurre reflexionar acerca de la importancia del centro.

El centro de una vivienda o edificio es su corazón celestial, y la clave para el mismo es que se mantenga en calma y quietud.

Está contraindicado, por ejemplo, que un edificio tenga los elevadores en el centro, pues el movimiento de los mismos desequilibra su corazón celestial.

Es un interesante concepto y si lo analizamos bien no resulta una recomendación caprichosa, sino que revela un profundo conocimiento de la naturaleza. La física nos enseña que los átomos también tienen su centro – el núcleo atómico. La ruptura del núcleo produce la fisión nuclear… y las explosiones atómicas. Una célula también tiene su corazón celestial, el núcleo celular, en el cual se guarda codificada en el ADN la información genética.

Cualquier mínimo cambio o perturbación de dicha información podría ser el final de la vida de esa célula o aún de todo el organismo. El sistema solar tiene su centro, el sol,  y la vida de nuestro planeta depende de él.

El Universo entero debe tener en alguna parte su corazón celestial ¿Dónde se encontrará? Imagino que debe ser un lugar de infinita paz y armonía.

Tal vez los astrónomos lo encuentren algún día o a lo mejor el centro del universo es lo que llamamos Dios. Mientras tanto, me pregunto también cuál será el centro de nuestro microcosmos, de nuestro universo interior, nuestro propio corazón celestial.

Si un átomo, una célula o todo un sistema solar dependen de la estabilidad de su centro, entonces nuestro mundo interno también. ¿Estará en el corazón? Yo sospecho, que mantener un corazón limpio de emociones negativas que lo perturben es lo más parecido a un corazón celestial.  En él se oculta la clave del equilibrio y de una serena, pacífica y perdurable felicidad.

Entonces, volvemos a lo nuestro, cómo tienes el centro de tu hogar?, y el centro de tu oficina ?, hay orden ?, armonía ?….
(
http://elrincondesusu.wordpress.com/2012/04/18/como-esta-el-centro-de-tu-casa/
).

01/08/2012 22:02 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Compasion y lastima.

Compasion y lastima

 
               Compasión y lástima no son exactamente lo mismo.
           Mientras que la primera refleja el anhelo del corazón
          de fundirse con el otro y asumir parte del sufrimiento,
             la segunda es un conjunto limitado de pensamientos
             concebido para asegurar un estado de separación.
            La compasión es la respuesta espontánea del amor;
              la lástima el reflejo involuntario del miedo.
 (Paul Roud)

01/08/2012 22:03 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B, ano 2012. Por Jose Portillo Perez.

20120803172015-la-multiplicacion-de-los-panes.jpg

   Padre nuestro.

   Domingo, 05/08/2012, Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

   Meditación de JN. 6, 24-35.

 

   Introducción.

   Estimados hermanos y amigos:

   El pasado Domingo XVII del tiempo Ordinario, al meditar JN. 6, 1-15, recordamos cómo Jesús alimentó a una gran multitud, y cómo aquella gente quiso hacerlo su rey en contra de su voluntad, con tal de que atendiera sus necesidades materiales.

   Para Jesús, el hecho de extinguir las carencias materiales de sus oyentes era muy importante, pero, en el texto que estamos considerando, no multiplicó el pan exclusivamente para saciar el hambre de la multitud, pues también lo hizo para que, quienes queramos ser sus seguidores, busquemos ser alimentados con el pan de vida, sobre el que meditaremos hoy, y los Domingos sucesivos.

 

   1. La multitud siguió a Jesús para obligarlo a cumplir su voluntad.

   "La gente, por su parte, al ver aquel milagro, comentaba: -Este hombre tiene que ser el profeta que iba a venir al mundo. Jesús se dio cuenta entonces de que pretendían llevárselo y hacerle rey, y se retiró de nuevo a la colina él solo... Al día siguiente, la gente que continuaba al otro lado del lago advirtió que allí solamente había habido una barca, y, por otra parte, sabían que Jesús no se había embarcado en ella con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. Llegaron entre tanto de la ciudad de Tiberíades unas barcas y atracaron cerca del lugar en que la gente había comido el pan cuando el Señor pronunció la acción de gracias. Al darse cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús" (JN. 6, 14-15. 22-24).

   La multitud se sorprendió de cómo Jesús fue capaz de alimentar a miles de personas con recursos muy escasos, y de cómo apareció junto a sus discípulos sin haberse embarcado con ellos. Jesús no quería que nadie se sorprendiera por causa de las obras que hacía, sino que sus oyentes lo aceptaran como Dios y Salvador. El texto que estamos considerando, nos invita a cuestionarnos sobre la causa por la que creemos en Jesús, con tal de que pensemos si somos los creyentes que el Señor desea.

   Quienes no pudieron hacer a Jesús rey a la fuerza el día anterior, buscaron a Nuestro Señor, con tal de lograr su propósito.

   Jesús aprendió a realizar el trabajo de San José durante los años de su infancia, y fue ayudante de su padre adoptivo durante mucho tiempo. Dado que el Mesías no era miembro de una familia poderosa la cual no tenía que trabajar para sobrevivir por disponer de un a inmensa fortuna, era consciente de la importancia que tienen los bienes materiales, pero, para el Hijo de María, y sus fieles seguidores, también es muy importante, la relación que cultivan, con Nuestro Santo Padre.

   ¿Cómo podemos saber si Dios existe, si no hemos experimentado su acción en nuestra vida?

   En la Biblia se narran casos de personajes que le pidieron a dios señales que les demostraran su existencia, las cuales les fueron concedidas, porque no fueron exigidas con la intención de someter a Yahveh al cumplimiento de los caprichos de los hombres, sino que fueron pedidas con la humildad y confianza que deben caracterizarnos cuando elevemos nuestras peticiones al cielo.

   "Le encontraron al otro lado y le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? Jesús les contestó: -La verdad es que me buscáis no por los milagros que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta saciaros. ¡Ojalá no os preocupase tanto el alimento transitorio y os esforzaseis por conseguir el duradero, el que da vida eterna! Este es el alimento que os dará el Hijo del hombre, a quien Dios Padre ha acreditado con el sello de su autoridad" (JN. 6, 25-27).

   El día en que seamos juzgados para que Dios sea glorificado cuando haga triunfar el bien sobre el mal, cuando sean examinadas nuestras intenciones en la presencia de Nuestro Santo Padre, no queremos que Jesús nos diga que fuimos sus seguidores en esta vida para comprometerlo a hacer milagros en nuestro beneficio. Es cierto que nuestra fe no puede ser plena hasta que no acaece algún hecho mediante el que nos convencemos de que Dios existe y actúa en nuestra vida, pero El no quiere que seamos seguidores de Jesús para forzarlo a beneficiarnos, sino por amor, tanto a El, como a nuestros prójimos los hombres, en quienes tenemos la oportunidad de servirlo, atendiéndolos en sus carencias espirituales y materiales.

   Los bienes materiales son muy importantes para nosotros, y, tal como indiqué más arriba, Jesús era consciente de esta realidad, porque se ganó el pan con el sudor de su frente, durante los años que fue trabajador.

   A pesar de la importancia que tienen los bienes materiales, muchas veces nos sucede que vivimos intentando extinguir nuestras carencias temporales, y nos olvidamos de nuestro crecimiento espiritual, lo cual puede conducirnos a perder la fe que nos caracteriza. Los cristianos tenemos que cubrir nuestras necesidades básicas, y no hacemos nada impropio al intentar mejorar nuestra posición social si se nos ofrece tal oportunidad, pero también tenemos la necesidad de esforzarnos para aumentar nuestra fe y relacionarnos con nuestros prójimos los hombres, en quienes tenemos la oportunidad de vislumbrar la imagen de Dios.

   Mientras que los bienes materiales solo cubren nuestras necesidades durante los años que vivimos en este mundo, el pan que Jesús nos da, es un alimento de carácter eterno. Jesús es el pan de la vida que alimenta nuestro espíritu, y nos dispone a vivir en la presencia del Dios Uno y Trino, plenamente purificados. Los católicos celebramos la Eucaristía, porque mantenemos la creencia de que nos encontramos con el Señor en las Misas en que participamos, lo recibimos como alimento espiritual al comulgar, y ello nos posibilita para desear que toda la humanidad sea una sola familia, -la familia de Dios-, y nos anima a trabajar para lograr tan ansiado propósito, con la esperanza de que no nos faltará la asistencia del Espíritu Santo, para lograr nuestro objetivo.

   Jesús es el pan de vida cuyas enseñanzas estimulan nuestro crecimiento espiritual, porque Nuestro Santo Padre lo ha autorizado para que nos asista y redima.

 

   2. ¿Por qué nos pide Jesús que lo aceptemos como Dios cuando nos convencemos de que el Padre, el Hijo y el Paráclito existen y actúan en nuestra vida?

   "Ellos le preguntaron: -¿Qué debemos hacer para portarnos como Dios quiere? Jesús respondió: -Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en su enviado. Ellos replicaron: -¿Cuáles son tus credenciales para que creamos en ti? ¿Qué es lo que tú haces? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les respondió: -Yo os aseguro que no fue Moisés el que os dio pan del cielo. Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo" (JN. 6, 28-32).

   ¿Nos hemos preguntado en alguna ocasión qué quiere Dios de nosotros?

   ¿Por qué nos ha concedido Dios la dicha de creer en El, y de anhelar la salvación que nos ha prometido si le permanecemos fieles?

   A lo largo de los años que he predicado la Palabra de Dios, tanto en el mundo real como en el virtual, he conocido muchos testimonios de pobres, ancianos y enfermos, que se han cuestionado sobre lo que Dios quiere de ellos, y sobre las posibles causas de su sufrimiento. No debo abordar la cuestión del sufrimiento en esta meditación para no alargarla excesivamente, pero, con respecto a lo que Dios quiere de nosotros, independientemente de nuestra condición social, y de nuestro estado de salud, es que creamos en Jesús, y seamos sus imitadores.

   Tal como los judíos interrogaron a Jesús sobre sus credenciales para que se sintieran motivados a adherirse al Salvador de la humanidad, antes de que nuestra fe en el Señor sea plena, también necesitamos saber por qué debemos vincularnos a Jesús y a su Iglesia.

   ¿Queremos vincularnos a Jesús para que el Señor resuelva nuestros problemas y nos enriquezca a nivel material, tal como deseaban que les sucediera quienes fueron alimentados milagrosamente por el Mesías?

   ¿Queremos unirnos a Jesús porque hemos descubierto que los hijos de Dios más admirables son aquellos que son capaces de asumir más responsabilidades, y deseamos ser colaboradores del Mesías, ya que aún estamos en el tiempo en que podemos ayudar al Señor a concluir la instauración de su Reino de amor y paz entre nosotros?

   Los judíos le dijeron a Jesús que Moisés alimentó a sus antepasados en el desierto con el maná, y no les exigió que le dieran su adhesión por ello, indicándole que debía contentarse si lo hacían rey, a cambio de extinguir sus carencias materiales, pues era mejor tenerlo como rey, que adaptarse plenamente a su forma de ser. Evitemos la tentación de adorar a Jesús en las celebraciones eucarísticas, renunciando a ser imitadores de Nuestro Salvador, en el mundo en que tenemos la oportunidad de vivir en conformidad con la fe que profesamos.

   Quizá pensamos que no es justo el hecho de que, si Dios nos concede un favor, debamos someternos al cumplimiento de su voluntad durante los años que se prolonga nuestra vida a cambio de ello, pues consideramos que esto es abusivo por su parte. Nos es necesario comprender que Dios no nos necesita, así que, si cumplimos su voluntad, no lo vamos a beneficiar en nada, pero nosotros si vamos a obtener una gran ganancia, pues vamos a aprender a ser mejores personas.

 

   3. Jesús es el pan que Nuestro Santo Padre nos da.

   "El pan que Dios da baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: -Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó: -Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí, jamás tendrá hambre; el que cree en mí, jamás tendrá sed" (JN. 6, 33-35).

   Los oyentes de Jesús no comprendían que el Señor les hablaba por medio de la utilización de símbolos.

   Cuando celebramos la Eucaristía, aunque crecemos espiritualmente, según conocemos al Señor, y nos adaptamos al cumplimiento de su voluntad, nuestras dificultades no desaparecen misteriosamente, pero son saciadas nuestra hambre y nuestra sed del conocimiento del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pues ellos le dan sentido a nuestra vida.

   Jesús es el pan que descendió del cielo para vivificar  al mundo, pero tal vida no es la existencia mortal que experimentamos en esta tierra, sino la vida eterna de la gracia, la abundancia de dicha que experimentaremos plenamente, cuando vivamos en la presencia de Nuestro Santo Padre.

   Digámosle a Jesús:

   "Señor, danos siempre de ese pan".

   No seamos como los judíos que pensaban en el pan material del que no les importaba que Jesús dijera que era un alimento espiritual mientras saciara su hambre.

   Recibamos a Jesús como el pan de vida cuya sabiduría nos ayuda a superar unas dificultades y a sobrevivir a otras que afrontamos y confrontamos durante muchos años, y nos concederá la vida eterna, en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.

José Portillo Pérez

joseportilloperez@gmail.com

(Desconozco el autor de la imagen).

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

20120806180227-moria.jpg

Autor: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer
Cristo, nuestro Pan
Ciclo B - Domingo 18 del tiempo ordinario / Juan 6, 24-35. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed
 
 
Cristo, nuestro Pan
"Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.» Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.»"

Reflexión
1. La primera lectura de hoy, Éxodo 16,2-4.12-15, llama nuestra atención sobre un problema fundamental de la vida humana: la preocupación por el pan de cada día. En su marcha por el desierto el pueblo judío tiene hambre y se queja ante Dios. Entonces Dios se compadece de ellos y les da un pan del cielo, al cual los israelitas llaman “Maná”.
El maná es un testimonio del gran amor de Dios por su pueblo y de su presencia siempre eficaz.
En el Evangelio de hoy, la gente que ha comido por la multiplicación de los panes, está buscando a Jesús. Pero no lo buscan por sus enseñanzas o por ser el Mesías, sino porque se preocupan de la comida, del pan material. Jesús se los dice abiertamente: “En realidad, Uds. no me buscan por los signos que han visto, sino por el pan que comieron hasta saciarse”.

2. También nosotros nos preocupamos del pan de cada día. Y es necesario que nos preocupemos de ello, para poder vivir nosotros y nuestras familias.
Pero en esta preocupación y hasta nuestra angustia por lo material, existe el peligro de que nos olvidemos de las cosas más importantes de nuestra vida. Todos conocemos la palabra de Jesús: “El hombre no vive sólo de pan”.
Por eso, Jesús – en el Evangelio de hoy – nos exhorta: “Trabajad no por el alimento que se termina, sino por el alimento que perdura y da vida eterna”.

3. Con ello, Jesús nos invita a poner mayor atención en su persona. Él es el verdadero Pan, necesario y vivificante. Él es el pan de amor, de bondad, de perdón, de vida. Alimentarse de este pan es: acercarse a Él, encontrarse con Él, buscarlo a Él.
Jesús sabe de nuestros problemas, de nuestras necesidades materiales. Por eso nos invita a poner toda nuestra confianza en Él, en su Persona, en su gran Amor por nosotros. Él está con nosotros, está presente en nuestra vida – en cada momento, hoy y también mañana.
Contemos cada día con Él ¡Preocupémonos de Él y entonces Él va a preocuparse de nosotros y de nuestras necesidades! Es por eso que nos dice: “Buscad primero el Reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”.

4. El lugar para encontrarse con el Señor es la Iglesia: Ella es la comunidad de los que creen en Jesús, de los que ponen toda su confianza en Él, de los que quieren asemejarse a Él, de los que quieren entregarse a Él.
La Iglesia se realiza, sobre todo, en la celebración eucarística. Porque la Iglesia vive y se alimenta de este pan sobrenatural, que es Cristo mismo. La Eucaristía es el centro de toda la vida de la Iglesia, de todo su ser y actuar.
En cada comunión, Jesús se nos ofrece de nuevo, para que tengamos su vida y su gracia en abundancia: “Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

5. La otra tierra de encuentro con Cristo es la Sma. Virgen. Ella nos guía y nos conduce hacia su hijo – esa es su misión. Por eso, el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, solía decir: “La Sma. Virgen, el amor a Ella, es el camino más fácil, más corto, más seguro y más fecundo para llegar a Jesucristo”.

Muchos sabemos y sentimos que María es realmente el “remolino” de Cristo, el “anzuelo” de su Hijo. Nuestra historia personal y comunitaria con la Virgen es una historia de acercarnos más a Él, de entregarnos más decididamente a Él, de buscar y encontrar en Él las raíces de nuestro ser para siempre.
Es así como nos vamos convirtiendo en piedras vivas de ese edificio que es Cristo mismo, es decir, su Cuerpo místico, la Iglesia.

Queridos hermanos, los textos bíblicos de hoy nos invitan a examinar nuestra intimidad y nuestro amor a Cristo:
· ¿Amamos realmente a la Iglesia, la familia de Jesús y nos sentimos acogidos en ella?
· ¿Nuestro amor y entrega a la Virgen nos hace también acercarnos a su hijo Jesucristo y arraigarnos en su corazón divino?

¡Meditemos un momento sobre ello!
¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt
(
http://es.catholic.net/escritoresactuales/854/1703/articulo.php?id=41040
).

Formacion para catequistas. 23. ¿Como desarrollar un encuentro catequetico?

¿Cómo desarrollar un encuentro catequético?

Después de todo lo que hemos visto sobre una catequesis, según las directrices de nuestros Obispos en Puebla, podemos preguntar: ¿Cómo desarrollar concretamente un encuentro catequético?

1. Tal vez les llame la atención la palabra "encuentro" y no "clase". Hemos visto que toda la catequesis debe hacerse en la comunidad y llevar a la comunidad. Por tanto, el primer paso es hacer de nuestro propio grupo de catequizandos una comunidad. No vamos a dar una clase. Preparamos todo para que haya una verdadera vivencia comunitaria. La clase es para la escuela. El encuentro es para la comunidad.

En un encuentro anterior, vimos lo que caracteriza a la comunidad. Es la fe, la oración y el amor, la solidaridad. Formemos con nuestros catequizandos una comunidad donde se profundiza el mensaje, donde se hacen experiencias de oración y donde se llega a una vivencia de verdadera fraternidad.

Todo lo que sigue se aplica a cualquier tipo de catequesis, sea con la niñez, con la adolescencia, con jóvenes o gente adulta. El modo de actuar, el desarrollo, es el mismo. Sigue el método VER, JUZGAR, ACTUAR. Sin embargo, tendremos que adaptarlo a la edad del grupo.

Es importante para la comunidad que todos se conozcan, conozcan algo de la vida de los otros, sus problemas y dificultades. Debemos dar atención a los enfermos, a los que cumplen años. Ayudemos a los catequizandos a actuar no sólo a nivel de grupo, sino también en el barrio, en la escuela, en el trabajo.

No podemos perder nunca de vista la ligazón de la pequeña comunidad de los catequizandos con la comunidad mayor: la comunidad parroquial. No puede faltar la relación con otros grupos que actúan en aquella comunidad.

2. El encuentro catequético forma parte de un plan para determinado tiempo: un año, dos años, seis meses, según el tiempo en que se esté con el grupo. Una preparación para la Confirmación requerirá menos tiempo que una catequesis para niñas y niños, que exige más tiempo.

Un trabajo constante con los jóvenes pide una planificación para más tiempo que un encuentro ocasional en un fin de semana. Será conveniente hacer primero un plan global para el tiempo necesario, determinando los temas que deben entrar.

Hay muchos manuales que pueden ayudarnos, pero esto no tiene por que restar creatividad al equipo coordinador de la catequesis, porque las situaciones son diferentes según el lugar y la edad. Es imposible exigir que un plan sea completo.

Dentro de esta visión global, veamos cómo desarrollar cada encuentro catequético.

La preparación del encuentro catequético ha de hacerse con el debido tiempo y no a última hora. Lo mejor sería una preparación con los otros catequistas.

Al comienzo de cada encuentro es bueno preguntarse: ¿Qué queremos conseguir? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cuál es la meta? Será siempre una actitud de vida, un modo de vivir en comunidad. Que las actitudes sean bien concretas para cada encuentro, como por ejemplo: gratitud, escucha, servicio, perdón, solidaridad, compromiso, etc.

Es importante que el mismo catequista interiorice y procure vivir el mensaje a transmitir.

3. El encuentro catequético puede tener el siguiente desarrollo (no es la única manera):

a) Punto de partida: la vida, los acontecimientos y situaciones, experiencias vividas por los catequizandos.

b) Por medio del diálogo, profundizar la experiencia, analizando causas, actitudes, etc.

c) Iluminar la vida con la Palabra de Dios. ¿Cómo ve Dios tal situación? Hágase una lectura de la Palabra de Dios.

d) ¿Cómo vamos a responder a la llamada de Dios? En el momento de la oración dará cada uno su respuesta.

e) Puede profundizarse el mensaje por medio de ciertas actividades fuera del encuentro: en casa, en la comunidad.

f) ¿Cómo vamos a vivir todo esto? Acordemos con los catequizandos que podemos hacer concretamente para vivir mejor en comunidad, y cómo vamos a celebrar la vida en la Liturgia.

A. Punto de partida

Tenemos que partir de la propia vida del catequizando, de los acontecimientos y hechos, de sus experiencias. Cada edad tiene sus problemas, preguntas, necesidades.

Si partimos de la realidad de nuestros catequizandos, ellos se sentirán motivados, porque van a reflexionar sobre algo que les toca de cerca, que les cuestiona o angustia. Si no unimos la catequesis con la vida concreta, el entusiasmo y el interés serán escasos.

Podemos usar murales que plantean un problema o una situación vivida. Es ameno dramatizar ciertos acontecimientos, hacer juegos que revelan una actitud de los participantes o llevan a una cierta experiencia. Podemos partir de un canto o de una narración. Lo importante es que esté siempre ligado a la realidad de los catequizándoos.

B. El diálogo

Analicemos los hechos y acontecimientos por medio del diálogo. Evitemos el "monólogo". No se trata de una "clase". No somos el "maestro" a quien hay que escuchar sin poder hacer comentarios. No. Es un reflexionar juntos. Hablemos con los catequizandos sobre sus experiencias, sus razones, sus preguntas.

Busquemos juntos las causas y las consecuencias de los hechos. Analicemos las actitudes de las personas involucradas. Transmitamos el mensaje del Evangelio. Miremos la realidad con ojos de fe.

Tratando de la catequesis de niños, procuremos que el diálogo no sea demasiado largo. Para los pequeños puede durar unos 10 minutos. Para los mayores, 15 ó 20 minutos. Si es muy largo, desvían su atención y no asimilan nada.

Para la catequesis con la niñez, observen también:

• Usen un vocabulario sencillo, al alcance de los catequizandos. Si emplean palabras nuevas, expliquen primero su sentido.

• El tono de voz, la actitud del catequista, son muy importantes. Que sean de respeto ante la Palabra de Dios que va a transmitir.

• Propicien un ambiente que favorezca el diálogo. Pongan las sillas en círculo. Los catequizandos pueden sentarse en el suelo. Que el ambiente esté alegre, limpio, adornado con flores y carteles.

• Las preguntas que haga el catequista tienen que llevar a la reflexión. Las preguntas serán claras y no sólo dirigidas a los más inteligentes. Todos tienen que reflexionar y participar, inclusive los más tímidos y callados. Valoren siempre las respuestas.

Por medio del diálogo, el catequista da su "recado", transmite el mensaje de Dios.

C. Lectura de la Palabra de Dios

La parte del diálogo puede terminar con la lectura de la Palabra de Dios. Den atención a una buena lectura: pausada, clara, con buena entonación. Que la lectura no sea demasiado larga. Nadie logra mantener la atención durante mucho tiempo en una lectura.

D. La oración

Este es el momento propio para la oración. Se puede orar al comienzo del encuentro, pero el momento para una verdadera respuesta es ahora, después de escuchar el mensaje del Evangelio. Es el "sí" de los catequizandos a la llamada de Dios.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

- BROSHUIS Inés. Para ti catequista, Ed, DABAR. México, D.F. 1995, Págs., 156.

- CANSI F. Bernardo. Símbolos y técnicas de dramatización para la catequesis, Ed, DABAR. México, D.F. 1984, Págs., 110.

- BIBLIOTECA ELECTRONICA. Varios autores.

- ANNE-MARIE AITKEN - JEAN JONCHERAY (Directores), Thabor: la enciclopedia de los catequistas, Desclée, París 1993.

- CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis, CELAM - Paulinas, Bogotá 1998.

- V M. PEDROZA - M. NAVARRO - R. LÁZARO - J. SASTRE (Directores), Nuevo Diccionario de catequética, volumen 1 y 2, San Pablo, Madrid 1999.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 22. El ano liturgico.

20120806180605-ano.png

El año litúrgico

Durante todo el año, la Iglesia celebra los distintos aspectos del gran misterio de nuestra salvación, llamado también el "Misterio Pascual". La Iglesia tiene su año: El AÑO LITÚRGICO, con sus fiestas determinadas. En cada fiesta conmemora un aspecto de nuestra salvación. El Año Litúrgico comienza con el primer domingo de Adviento, a fines de noviembre. Adviento quiere decir venida. Esperamos la venida del Señor en Navidad. Son cuatro semanas que nos preparan para esta fiesta.

La Navidad celebra el Nacimiento de Jesús. Enviado del Padre, vino a poner su tienda de campaña entre nosotros, para ser el camino que nos lleva a Dios, para ser la Verdad y la Vida.

Con el miércoles de ceniza comienza la CUARESMA, 40 días de reflexión y penitencia, para prepararnos a la mayor fiesta de los cristianos: la PASCUA.

En la Semana Santa, conmemoramos el sufrimiento y la muerte de Jesús para, en el día de Pascua, manifestar nuestra alegría por la resurrección del Señor. Jesús está vivo y está en medio de nosotros.

Jesús volvió a la gloria del Padre. Está sentado "a la derecha de Dios". Esto quiere decir que El, después de la humillación de la muerte en la cruz, fue elevado y participa del poder de Dios. Nosotros lo celebramos en la ASCENSIÓN. Cristo nos envía su Espíritu. Jesús está con Dios, en poder y gloria, pero está también con nosotros hasta el fin de los tiempos por medio del Espíritu que El nos regala.

Nos acordamos de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, pero también del Espíritu en nuestra vida, en la fiesta de PENTECOSTÉS. Celebramos el nacimiento de la Iglesia, la gran comunidad de Jesús, unida por el Espíritu Santo.

El ciclo pascual son siete semanas, que van del domingo de Pascua hasta Pentecostés, celebrando las distintas facetas de un único misterio: el Misterio Pascual.

Después de Pentecostés, la Iglesia recuerda el mensaje de Jesús a través de fiestas como Corpus Christi, Sagrado Corazón, Todos los Santos, de Nuestra Señora y algunos santos, hasta la llegada del Adviento.

Todo el tiempo, durante el año, está impregnado de la presencia de Dios y su acción salvadora. Dios mismo camina con su Pueblo hasta el fin de los tiempos.

Estudio en grupos

1.      ¿Que hacer para llevar a nuestros catequizándoos a la celebración de la Liturgia y del Año Litúrgico? ¿Qué estamos haciendo? ¿Que nos falta por hacer?

Lean en casa, o en grupo, CT 23.

Oración

Lectura de Heb. cap. 9. Compartan la reflexión.

• Si es necesario, una breve explicación.

• Unos momentos de silencio.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 21. La historia de la catequesis ilumina nuestro caminar.

20120806180710-historia-catequesis.png

La historia de la catequesis ilumina nuestro caminar

Para entender el caminar de la catequesis en América Latina, para juzgarla y, si es necesario, corregirla, es bueno saber algo sobre la catequesis del pasado. La catequesis atraviesa una historia de casi 20 siglos. Ha tenido sus altos y bajos. Y es mucho lo que podemos aprender para iluminar nuestra catequesis actual.

Desde sus orígenes, la Iglesia ha procurado poner en práctica el mandato de Cristo: 'Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos" (Mt 28,19). Los apóstoles anunciaron el mensaje de Cristo; y, a lo largo de los siglos, los misioneros dejaron su tierra para llevar el Evangelio a todas partes del mundo.

Generalmente se hace una distinción entre "evangelización" y "catequesis". Evangelización sería el anuncio a los hombres.

La catequesis lleva a la celebración de la vida en la liturgia.

Los Obispos en Puebla dijeron que no basta anunciar la Palabra y denunciar el pecado que existe en nuestra realidad. Necesitamos también celebrar nuestra vida y nuestra fe. Nosotros lo hacemos en los sacramentos. En la vida cristiana, los sacramentos son momentos fuertes de comunión de Dios con los seres humanos y de éstos con Dios.


Los Obispos dijeron:

"En toda catequesis integral están inseparablemente unidos:

El conocimiento de la Palabra de Dios,
La  celebración de la fe en los sacramentos,
La conesión de la fe en la vida cotidiana (P. 999).
En la Liturgia celebramos nuestra vida y nuestra fe. La palabra "Liturgia" viene de dos palabras griegas: leito: del pueblo; ergon: obra, acción, servicio.

La Liturgia es, por tanto, la acción de Dios en favor del Pueblo, y la acción del Pueblo en relación con Dios. Nos reunimos ciertos días y en ciertos lugares para rezar y expresar nuestra fe. El lugar es generalmente la Iglesia. Se celebra la Misa y se administran los Sacramentos. Se celebra la Liturgia: el culto del Pueblo a Dios. Y Dios se comunica con su Pueblo.

El acto litúrgico, el culto, es una acción de alabanza a Dios, es un acto comunitario, de comunidad, del Pueblo de Dios. Es un acto ofrecido a Dios en unión con Jesucristo. En la Liturgia, Jesús está en medio de nosotros, como nuestro hermano que, con nosotros, rinde alabanza a Dios Padre. La Liturgia no se dirige, a Jesús, sino al Padre.

En la Liturgia, no sólo alabamos a Dios. También le damos gracias por los beneficios recibidos.

Pedimos perdón de nuestros pecados y faltas, y pedimos las gracias de Dios.

El acto litúrgico se hace con ceremonias, gestos, oraciones, lecturas, expresiones corporales y momentos de silencio.

El culto a Dios beneficia también al ser humano. Este, al entrar en contacto con Dios, toma conciencia de su condición de criatura. Se siente pequeño y pecador.

Toma conciencia de su tarea y misión. Pide a Dios la gracia de poder concretar en la vida lo que expresa en la Liturgia: Dios tiene que ocupar el primer lugar en la vida. La voluntad de Dios es la primera preocupación. Toma conciencia de que la voluntad de Dios es transformar este mundo en un mundo mejor y hacerlo más cristiano.

La Eucaristía está en el centro de la Liturgia. Alrededor de ella giran los otros sacramentos, todos orientados por ella: el Bautismo, la Confirmación, la Confesión, la Unción de los Enfermos, el Matrimonio, el Orden.

El domingo, sobre todo, la comunidad se reúne para celebrar la Eucaristía, siguiendo la costumbre de los primeros cristianos. Ellos se reunían ese día para conmemorar la muerte y resurrección de Jesús. El domingo se convirtió en "el día del Señor", en que el Pueblo de Dios expresa su unión como familia, su fraternidad y solidaridad.

El pueblo reza, canta, participa del banquete de la unión. Nunca el Pueblo es tan "Pueblo" de Dios como cuando, unido en a misma fe, se expresa y se compromete en la Eucaristía.

Pero este acto de culto sólo tiene sentido si los cristianos, en la vida de cada día, viven lo que están celebrando. Si no hay compromiso, si no hay una vivencia verdaderamente cristiana, no tiene sentido alabar a Dios sólo con palabras. La Liturgia y la vida no pueden separarse nunca.

Los otros sacramentos están orientados a la Eucaristía. Y, preferentemente, deberían celebrarse dentro de la misa. Detengámonos un poco más en este punto:

Para poder participar en la Eucaristía, es necesario pertenecer al Pueblo de Dios, a la comunidad de los cristianos. Entramos en esta comunidad por el BAUTISMO. Y asumimos un compromiso con esa comunidad.

Una vez que pertenecemos a la comunidad cristiana, tenemos que ser miembros responsables, dedicados al servicio del Reino de Dios. Esto se expresa sobre todo por la CONFIRMACIÓN. Este sacramento confirma nuestro compromiso como miembros del Pueblo de Dios. Contamos con la gracia del Espíritu  Santo para vivir nuestro cristianismo hasta las últimas consecuencias.

Cuando fracasamos como miembros de la Iglesia, podemos contar con la misericordia de Dios en el sacramento del PERDÓN. Con nuestro pecado perjudicamos a la comunidad cristiana. Necesitamos volver, confesar nuestros pecados y pedir perdón a Dios y a la comunidad. Perdonados, estaremos más preparados para celebrar el culto a Dios en la Eucaristía, con la comunidad.

Cuando alguien está enfermo o debilitado por la edad, la comunidad cristiana quiere estar presente con la UNCIÓN DE LOS ENFERMOS. No es un sacramento aislado de la comunidad. Expresa la presencia de ella en la enfermedad. Quiere expresar también la presencia del enfermo en la comunidad por la comunión, participando así de la celebración de la Eucaristía.

El MATRIMONIO expresa el amor entre Cristo y la Iglesia, la entrega total del uno al otro, como Cristo la vivió y como nosotros la vivimos en la Eucaristía.

Finalmente, el sacramento del ORDEN ordena a los sacerdotes que presiden la Liturgia, que animan y orientan al Pueblo de Dios y que, por medio de los sacramentos, hacen presente la acción liberadora de Cristo. Así, todos los sacramentos forman una unidad, teniendo a la Eucaristía como centro.
Reflexión en grupos

¿Cómo debe ser nuestra catequesis de manera que forme a los catequizandos para una vivencia litúrgica?

En el plenario, tengamos en cuenta los puntos siguientes:

La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia.
Es el Pueblo que se reúne con Jesús, para rendir culto al Padre. El Padre es el fin. Cristo es el mediador.
3. La Liturgia es siempre comunitaria.

4. Todos los sacramentos están orientados a la Eucaristía.

5. No puede haber culto a Dios sin vivencia cristiana.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 20. El contenido del mensaje catequetico.

El contenido del mensaje catequético

Después de todo lo que hemos visto, tal vez surge en ustedes una pregunta: Si la catequesis es todo un proceso de vivencia comunitaria para iluminar la vida con la Palabra de Dios, ¿no es necesaria una "enseñanza" sistemática?

Hemos visto que la tarea del catequista es ayudar a su grupo a reflexionar sobre la vida, ver cómo el Evangelio ilumina esa vida y lleva a las personas a comportarse de acuerdo a su fe. Podemos hablar de una catequesis ocasional, porque buscamos una iluminación del Evangelio cuando se producen ciertos acontecimientos, situaciones y problemas.

Es cierto que no puede faltar alguna sistematización catequética. En general, las mismas comunidades y movimientos la reclaman. Piden algún curso o algo parecido para esclarecer su fe de un modo más sistemático.

En el trabajo con jóvenes es también necesaria alguna sistematización. Una buena oportunidad es la preparación para la Confirmación.

Para niñas y niños, contamos con la preparación para la Primera Eucaristía, que puede abarcar varios años de preparación y que supone una catequesis sistemática.

Para adolescentes, tenemos la catequesis de Perseverancia.

Es claro que para la niñez y la adolescencia hemos de presentar el contenido de la fe con la debida dosis, según la edad, porque todavía no son capaces de asimilar el mensaje en toda su profundidad.

Los documentos, tanto el de Puebla como Catechesi Tradendae, dicen que la catequesis debe ser fiel a Jesucristo, a la Iglesia y al Ser Humano. "La fidelidad a Dios se expresa en la catequesis como fidelidad a la Palabra dada en Jesucristo. El catequista no se predica a sí mismo, sino a Jesucristo, siendo fiel a su Palabra y a la integridad de su mensaje" (P. 994)

Todo aquel que catequiza sabe que la fidelidad a Jesucristo está indisolublemente unida a la fidelidad a la Iglesia; que el, con su trabajo, está edificando continuamente la comunidad y transmitiendo la imagen de la Iglesia; que debe hacer esto en unión con los obispos y con la misión recibida de ellos". (P. 995)

"La fidelidad a la mujer y al hombre latinoamericanos exige a la catequesis que ella penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por consiguiente, que se esmere en el uso y adaptación del lenguaje catequético" (P. 996)

¿Cómo somos fieles al mensaje de Jesucristo?

Llevemos a los catequizandos a conocer a Jesucristo, que nos revela quién es su Padre y nuestro Padre: Dios.

Jesús vino para liberar al ser humano, con su modo de vivir, de enseñar y de actuar.

El se dio sin medida en la cruz, manifestando así hasta dónde llega el amor. Resucitó y camina con nosotros hasta el fin de los tiempos. Para conocer a Jesús es indispensable el conocimiento del Evangelio.

¿Cómo somos fieles a la Iglesia?

Jesús envió su Espíritu para consolidar y formar la comunidad de la Iglesia. La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, la gran comunidad, la familia de Dios. Es un pueblo que camina, guiado por sus pastores, y que existe para servir al mundo. La Iglesia es la gran comunidad que debe estar en el mundo:

1. Una señal del Reino de Dios, que es un Reino de paz, de justicia y amor.

2. Un instrumento para que ese Reino de justicia y: paz se extienda al mundo entero. Pero ella sólo puede ser | instrumento si es señal, es decir, si ella vive lo que predica.

Así, la Iglesia va caminando a través de la historia de la humanidad, hasta el fin de los tiempos. Entonces, Cristo "volverá", completará su obra y se la entregará a Dios, que será todo en todos.

La vida de cada persona y la vida de la humanidad tienen un fin escatológico. Esto quiere decir que no termina aquí en la tierra, sino que continuará más allá de la muerte.

Durante su peregrinación por esta tierra, la Iglesia hace presentes las señales de la salvación, que son los sacramentos. Por medio de ellos celebra y vive la salvación que Cristo nos trajo y que debe penetrar toda la vida humana, desde la cuna hasta la tumba.

¿Cómo somos fieles a la persona?

Toda la acción pastoral de la Iglesia contempla la salvación concreta del ser humano, de todo el ser humano y de todos los seres humanos. En América Latina se dirige a la mujer y al hombre latinoamericanos, con toda su problemática, con sus angustias y sufrimientos. De modo especial, se dirige a los pobres. (Ya tratamos este punto en encuentros anteriores).

No es éste el lugar para profundizar el contenido de nuestra fe. Para eso existen los libros y cursos que pueden orientar. El Documento de Puebla da una visión general del contenido de la evangelización, en el capitulo I de la 2a parte. (Números 165 a 339)

Es indispensable profundizar la Sagrada Escritura. Hoy no podemos pensar en una catequesis que no sea bíblica.

Otra orientación viene de los documentos de la Iglesia, del Papa, de nuestros Obispos, porque ellos acompañan los acontecimientos y enseñan a interpretar la vida a la luz del Evangelio, en nuestra realidad.

En su discurso en Porto Alegre (Brasil), el Papa hizo una observación sobre el contenido de la catequesis. Dijo:

La catequesis no es simplemente una enseñanza, sino que es transmisión de un mensaje de vida. (...) Quien dice "mensaje", dice algo más que doctrina. (...) El mensaje NO se limita a proponer ideas. Exige una respuesta, pues es una interpelación entre personas, entre el que propone y el que responde".

Trabajo en grupo

1.  ¿Cual es la diferencia entre "contenido" y "mensaje", según el pensamiento del Papa?

2.  ¿Por qué es necesario sistematizar el contenido de la fe?

3.  ¿Cuáles son los principales puntos de ese contenido?

4. ¿Qué quiere decir fidelidad a Jesucristo?

5.  ¿Qué quiere decir fidelidad a la Iglesia? ¿Se limita esa fidelidad sólo a las cuestiones doctrinales?

Plenaria                                  

¿Por qué debemos conocer los documentos de la Iglesia? ¿Cuáles son los documentos que estamos ya leyendo o estudiando?

Lea en casa, o en grupo, CT cap. I y el número 21.

Oración

Lectura de 2 Tim 3,14-17 y 4,1-5. Compartan la reflexión.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 19. Catequesis, proceso permanente y progresivo.

Catequesis, proceso permanente y progresivo

Cuando se habla de catequesis, muchos piensan en la catequesis de niños y niñas. Pero la catequesis no se reduce a la edad infantil.

Los Obispos en Puebla dijeron: "La catequesis es un proceso de conversión y crecimiento permanente y progresivo en la fe" (P. 998).

Los Obispos de Brasil, en febrero de 1980, definieron la catequesis como un proceso dinámico, gradual y permanente. Un proceso es algo que se desarrolla poco a poco. Es un camino a recorrer. Es dinámico, en constante movimiento. Es gradual, porque pasa por etapas. Es permanente. Es un proceso que nunca se termina.

Por eso, se habla hoy de CATEQUESIS PERMANENTE. La catequesis va de la cuna a la tumba. Es para la niñez, para los jóvenes, adultos y ancianos (Ver el Documento de Puebla, N. 1011).

¿Cuáles son las etapas de este proceso permanente? Es difícil presentar un esquema. Hay personas que empiezan a ser catequizados muy pronto, en el ambiente familiar. Otros, sólo cuando son jóvenes o adultos. Para unos, la catequesis, incluso desde la infancia, es pobre, mientras que otros son bien catequizados. Pero, teniendo en cuenta todo esto, podemos presentar un esquema:

la etapa:
 Catequesis preescolar
 Se da en familia, en la vivencia con los padres y hermanos. Es una catequesis ocasional y, generalmente, no sistemática. Se puede Iniciar una catequesis parroquial para los pequeñitos, que en esta fase están muy abiertos a un mensaje religioso (CT36).
 
2a etapa:
 Catequesis de niños y niñas
 Continúa en la familia. Catequesis parroquial. Preparación para la Primera Eucaristía. La enseñanza religiosa en las escuelas (CT 37).
 
3a etapa:
 Catequesis de adolescentes
 Continúa en la familia. Catequesis parroquial (de perseverancia o grupos de muchachitos). La enseñanza religiosa en las escuelas.
 
4a etapa:
 Catequesis de jóvenes
 En la parroquia: Preparación para la Confirmación. Grupos de Jóvenes. Más tarde: Cursos para enamorados y novios. (En este nivel, más bien que de catequesis hablamos de grupos, cursos etc. Es una fase Importante. Puebla hace también una opción preferencial por los jóvenes CT 39-40).
 
5ª etapa:
 Catequesis de adultos
 Comunidades de base, círculos bíblicos, cursos, movimientos.
 

En este esquema podemos ver que hay diferentes lugares de catequesis:

a) LA FAMILIA. Los padres son los primeros catequistas, aunque no den, generalmente, una catequesis sistemática. Los padres catequizan más con el ejemplo que con sus palabras. El niño(a) imita a sus padres en lo que hacen, no en lo que hablan.

En cuanto a los niños(as) mayores y a los jóvenes, ellos también catequizan a los padres. En la familia tiene que haber diálogo, respeto mutuo, deseo de aprender unos de otros. Las reuniones para los padres, hechas en la parroquia, los cursos, movimientos etc., influyen en la formación religiosa de los hijos (CT 68).

b) LA PARROQUIA. Es otro lugar importante de la catequesis. En ella funcionan la catequesis parroquial, los grupos de jóvenes, los movimientos, las comunidades de Base y los círculos bíblicos. Como veremos más tarde, la catequesis contempla la entrada y la vivencia en una comunidad: la comunidad parroquial (CT 67 y 70).

En la parroquia, la Liturgia es también un medio muy importante de catequizar a los fieles (CT 48).

c) LA ESCUELA. Es también un lugar de formación religiosa. Aunque tenga aspectos diferentes de la catequesis parroquial, la escuela puede y debe dar su contribución a la educación religiosa de los alumnos (CT 69).

d) LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: televisión, radio, periódicos, revistas, cine, tienen una fuerza muy grande en la formación de nuestro pueblo, especialmente de los jóvenes y adolescentes. Y no siempre influyen de la manera mejor. Hay todavía un gran campo en que la Iglesia tiene que hacerse presente (CT 46).

Cada tipo de catequesis supone métodos diferentes. También de parte del catequista o del agente de pastoral exige distintos grados de formación y madurez. Pero hay ciertas líneas fundamentales que se aplican a todas las etapas.

Estudio en grupo

1.  ¿Hay en su parroquia o comunidad una catequesis diversificada para todas las edades? ¿Qué es lo que hay? ¿Qué falta todavía? ¿Por qué?

2. ¿Qué puede hacerse para los grupos a los que no se ha llegado todavía?

3.  ¿Con qué edad y en qué lugar prefiere usted trabajar?

Plenario: Pueden estudiar en grupo, o leer en casa, los números de Catechesi Tradendae que hemos citado anteriormente. O pueden leer el capitulo quinto del mismo documento.

Oración

Lectura de Lc, 9,1-6. Comparan la reflexión. Oraciones espontáneas.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 18. El catequista lleva a la persona el mensaje de su liberacion.

El catequista lleva a la persona el mensaje de su liberación

La misión del catequista es llevar a todos el mensaje de salvación que Cristo nos trajo. Este mensaje se dirige a toda la humanidad.

¿Qué entendemos por "salvación" o 'liberación?

Al hablar de salvación, muchos piensan automáticamente en salvar el alma e ir al cielo. La salvación sería, por tanto, algo que viene después de la muerte.

Otros entienden por salvación "estar en amistad con Dios". Ponen la salvación solamente en el aspecto religioso e individual. No es que esta manera de pensar sea totalmente equivocada, pero es incompleta.

El Papa Pablo VI, en su Encíclica Populorum Progressio, dijo que la salvación o liberación de Cristo está destinada a todo el ser humano y a todos los seres humanos (PP 14, 42,87). Y en la Constitución Dogmática. Lumen Gentium leemos que Dios quiere salvar a la persona pero no individualmente sino como "pueblo" (LG 9).

Desarrollemos esta idea.

Salvar a todo el ser humano. Cuando hablamos del ser humano total, tenemos presentes todas las dimensiones de ese ser. No se trata sólo de salvar su alma, garantizándole la felicidad del ciclo. El ser humano no puede dividirse en cuerpo y alma. Es un todo. El espíritu no actúa sin el cuerpo, ni el cuerpo sin el espíritu. Los dos están tan intencionados que es difícil distinguirlos. Además de eso, el ser humano no necesita sólo la salvación después de la muerte, sino aquí y ahora.

Para que el ser humano sea realmente una persona realizada y feliz, tiene que desarrollarse armónicamente en todos los aspectos de su ser.

a)     Lo más importante y la base de toda felicidad es el equilibrio psicológico. Una persona llena de traumas, problemas y angustias, difícilmente encontrará condiciones para una verdadera felicidad y libertad interior.

El equilibrio psicológico está íntimamente ligado con una infancia feliz, dentro de un hogar armónico, donde la niña y el niño pueden sentirse aceptados y amados. Ahí está la importancia de una familia bien formada.

b) Para ser realmente persona, el ser humano necesita, antes que nada, de los demás. Sólo con los otros puede crecer y desarrollarse. Sólo así puede encontrar lo que más falta le hace: la amistad y el amor. El amor es el mayor valor. Con relación a este valor, son secundarios los demás. Yo puedo ser feliz siendo pobre o enfermo. Pero no puedo ser feliz sin amor. La soledad es el mayor sufrimiento.

c) Es necesario también un cierto bienestar material. Es verdad que los bienes materiales pueden esclavizar al ser humano. Pero, por otro lado, necesita estar bien materialmente. Nadie puede vivir sin dinero. Sólo con dinero se consigue el tratamiento de una enfermedad, el alimento, la vivienda, el estudio, la diversión, condiciones necesarias para que el ser humano pueda encontrar su realización. Cuando nos falta la salud, el empleo, la escuela, carecemos de lo necesario para poder desarrollarnos.

d) La persona tiene derecho a la libertad: libertad como ser social y religioso. La persona quiere participar de las decisiones que le afectan. Exige una participación política.

e) Aunque encuentre todo esto en la vida, el ser humano no es todavía plenamente feliz. Busca la razón de su vida y el sentido que ilumina su existencia. ¿Por qué y para qué vivo?

San Agustín dijo: "Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios". Por encima de cualquier valor está Dios, y sólo El da pleno sentido a nuestra vida. Cuando nos falta Dios, estamos inquietos, sentimos el vacío aunque tengamos otros valores.

Cuando decimos que el mensaje de Cristo es un mensaje liberador, hemos de entender que se trata de la eliminación de todos los contravalores que nos impiden encontrar nuestra felicidad como seres humanos y como hijos de Dios.

Salvar a todos los seres humanos

Como ya hemos visto, la salvación es para todos los seres humanos. No es posible que sólo ciertas personas, individualmente o en un pequeño grupo, lleguen a la salvación. Tienen que salvarse todos. Muchos grupos, y hasta países, están todavía lejos de la salvación en el sentido que estamos hablando. Hay muchedumbres de hambrientos, desempleados, enfermos, abandonados, refugiados. Están lejos de la liberación total. ¿Por qué? Porque hay grupos que se apoderan de todos los medios sin pensar en compartir y distribuir los bienes de la tierra y los bienes del espíritu.

¡Cómo salva Dios a los seres humanos?

Dios no salva El solo a las personas. Él invita a mujeres y hombres a participar de su Proyecto de Salvación. Los mismos seres humanos son colaboradores de Dios. Una vez que la persona entra en la creación, Dios no salva solo. El ha querido necesitar de mujeres y hombres para salvar a la humanidad.

Dios nos ha dotado de inteligencia para pensar y hacer planes. El nos ha dado un corazón para amar, y nos ha enseñado en Jesucristo los verdaderos valores de la vida. Nos ha indicado el camino de la verdadera felicidad.

Ahora bien, la persona tiene que comprometerse y hacer todo cuanto esté de su parte. Tiene que colaborar con el Proyecto de Dios. Esto es lo que nos falta muchas veces. Cambiamos la escala de valores. En lugar del amor solidario y la justicia, hacemos del dinero, de la propia ganancia y del poder los valores supremos. En vez de pensar en repartir las riquezas de la tierra, sólo unos pocos acumulan los bienes en sus manos. Y así, impiden la salvación, la liberación de todos los demás. Ahí está precisamente el pecado, el pecado social o comunitario. Los problemas de nuestra sociedad son consecuencia del pecado, del egoísmo y de la omisión.

El papel de la Iglesia

Es misión de la Iglesia anunciar esa salvación. Ella, como Pueblo de Dios, necesita también la salvación. Pero, al mismo tiempo, ella está llamada a ser instrumento en las manos de Dios para salvar al mundo.

¿Cuáles son las consecuencias de todo esto para la catequesis

Para ser liberadora, nuestra catequesis tiene que contemplar siempre la salvación del ser humano concreto, de todo el ser humano, aquí y ahora. Ha de tener muy presente la salvación de todos y no sólo la de algunos grupos.

Podemos sustituir la palabra "salvación" por "felicidad". El catequizando debe llegar a la verdadera felicidad. No es una felicidad falsa, engañosa. Es la felicidad que Jesús vivió y predicó. Sólo por la fraternidad y el verdadero amor, podemos llegar a nuestra plena realización.

Dicen los Obispos de América Latina, reunidos en Puebla: "La liberación en Cristo se va realizando en la historia, en la liberación de nuestros pueblos y en la liberación propia y personal. Abarca las diferentes dimensiones de la existencia: lo social, lo político, lo económico, lo cultural y el conjunto de sus relaciones. Por todo ello ha de circular la riqueza transformadora del Evangelio, con su contribución propia y específica, que debe salvaguardarse. De lo contrario, la Iglesia perdería su sentido más profundo; su mensaje no tendría ninguna originalidad" (P. 483).

Estudio en grupo

1.  ¿Se siente usted plenamente salvado? ¿Qué le falta todavía?

2.  ¿Qué es lo que en su ambiente esclaviza al ser humano? ¿Cuales son los grupos más esclavizados? ¿Por qué?

3. ¿Qué les falta a sus catequizandos?

4   ¿Es nuestra catequesis realmente liberadora? Ponga algunos ejemplos.

Plenaria: en casa o en grupo, lean CT 29.

Oración

Lectura de Mt 5,1-12. Compartan la reflexión. Oraciones espontáneas.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 17. El catequista hoy.

El catequista hoy

¿Puede ser catequista todo el que quiera? Si y no. Para anunciar el Evangelio más explícitamente, son necesarios algunos requisitos. ¿Cómo debe ser el catequista hoy? ¿Cómo tiene que ser el catequista en América Latina?

Antes de continuar este estudio, pueden pensar en las cualidades que ha de tener hoy un buen catequista. Cada quien anota esas cualidades en un papel. Después, uno habla y otro hace el resumen en el tablero. Comenten los resultados.

Para saber lo que se puede esperar de un buen catequista, hay que saber primero cuál es la catequesis que necesita hoy la Iglesia en América Latina. En el desarrollo de los distintos temas, tocaremos varios aspectos de la catequesis hoy en día, dentro de las directrices de nuestros Obispos. Sólo mencionaremos brevemente algunas cualidades de un buen catequista.

1. El catequista ha de tener una espiritualidad profunda de adhesión a Jesucristo y a la Iglesia. Tiene que testificar con su propia vida, más que con sus palabras, su compromiso con Cristo, con la Iglesia y con su comunidad. Necesita ser una persona de oración y alimentar su vida con la Palabra de Dios.

2. Debe ser una persona integrada en su comunidad. La catequesis hoy ha de ser comunitaria. Por eso, el catequista tiene que conocer a su comunidad, caminar con ella y ser sensible a sus problemas.

3. El catequista necesita una conciencia crítica ante los hechos y acontecimientos de la vida. Debe ayudar a la comunidad a reflexionar la propia realidad, a la luz de la Palabra de Dios. Ayudarla a liberarse del egoísmo y del pecado, y llevarla a la celebración de su vida en la Liturgia.

4. Tendrá siempre una actitud de animador. Ha de aprender a oír y a dialogar, caminando junto con la comunidad.

5. Si la catequesis da una visión sistemática del contenido de la fe, el catequista debe conocer a fondo el mensaje que va a transmitir. Conocerá la Biblia y sabrá interpretarla, uniendo siempre la vida con la Palabra de Dios y ésta con la vida.

6. El catequista necesita tener también ciertas cualidades "humanas":

ser una persona psicológicamente equilibrada. Si está lleno de problemas personales, aún no resueltos, difícilmente sabrá orientar a los otros;

saber trabajar en equipo, tener un cierto liderazgo y ser creativo;

ser una persona responsable y perseverante. El mejor catequista puede acabar con el trabajo catequético sí no es asiduo en los encuentros. Son necesarias la responsabilidad y la puntualidad.

amar a los catequizandos y tener algunas nociones de psicología, didáctica y técnica de grupo;

sentir dentro de si la vocación de catequista. Sin esa vocación, se desanimará en seguida ante las exigencias de la catequesis.
7. El catequista ha de cuidar constantemente de su formación. Nunca puede decir que está preparado para su tarea. Como todos los cristianos, necesita una formación permanente, que puede darse de estas formas:

En días de encuentro, reflexión y oración con los catequistas de su comunidad;

Planificando y programando con otros, ayudándose así mutuamente;

Participando de cursos en la propia comunidad o parroquia, o fuera;

leyendo mucho, actualizándose siempre, estudiando los documentos de la   Iglesia sobre catequesis y otros temas actuales;

formando al grupo de catequistas (sobre esto hablaremos más adelante).
Trabajo en grupo

1.  Leyendo las exigencias para ser un buen catequista, ¿cuáles son, en su opinión, las cualidades y exigencias que hay que desarrollar más?

2.  ¿Cómo piensan ustedes cuidar de su formación? Viendo las diferentes posibilidades, ¿qué sugieren ustedes concretamente?

Plenaria:

Lectura en grupo, o en casa, de CT 66.

Oración

Lectura de 1 Cor 9,16-18. Unos momentos de silencio para la reflexión. Compartan esa reflexión. Oraciones espontáneas.
(
http://www.seminariobolota.org
).

Formacion para catequistas. 16. El ministerio del catequista.

El ministerio del catequista

En este encuentro veremos primero de dónde viene el llamado para ser catequista y cual es nuestra misión.

Todos los que quieren seguir a Jesucristo, y que están bautizados como señal de su pertenencia al Señor, forman juntos la "IGLESIA". La palabra "Iglesia" viene del griego, y quiere decir "asamblea" o "convocatoria". Es el pueblo que Dios reúne. Por eso. Iglesia significa también "Pueblo de Dios". Es el Pueblo que marcha a través de los siglos guiado por Jesús, su Pastor, con rumbo a la Tierra Prometida.

Este Pueblo de Dios tiene una misión. Es enviado a todos los seres humanos y a todos los pueblos de la tierra Para anunciar el Evangelio y hacer crecer el reino de Dios. "Vayan y hagan discípulos míos a todos los pueblos, y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado" (Mt 28,19).

La Iglesia, el Pueblo de Dios, es un instrumento en las manos de Dios para llevar la salvación a toda la humanidad. Cuando hablamos de la "salvación" pensamos en la salvación o liberación de todo el ser humano y de todos los seres humanos. Salvar a todo el ser es liberarlo de todo lo que le oprime, esclaviza y perjudica. Es buscar su felicidad, su desarrollo armónico y total. Salvar a todos los seres humanos quiere decir trabajar para que haya una sociedad más justa, en la que todos sean iguales en dignidad, se respeten los derechos de todos, donde nadie domine a nadie, y haya verdadera COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN. Así se hace realidad el proyecto de Dios y despunta su Reino.

Para cumplir su misión, la Iglesia está organizada; tiene sus pastores para acompañar el caminar del Pueblo de Dios y alcanzar su meta. Sin embargo, no sólo los pastores, sino todos los miembros de este Pueblo participan en la misión de la Iglesia.

El Pueblo de Dios es, en primer lugar, un Pueblo profético. El profeta es un vocero de Dios. Así, como Pueblo, la Iglesia habla en nombre de Dios. Anuncia el Evangelio de Jesucristo y denuncia el pecado. Anuncia dónde se manifiesta la presencia de Dios y ayuda a descubrir dónde Él está ausente. El profeta denuncia hechos y estructuras que impiden la libertad y el desarrollo de los seres humanos. Quiere transformar el mundo, sustituyendo los valores que el "mundo" predica por los valores del Evangelio. Quiere dar a conocer a Jesucristo, que indicó el verdadero camino de la salvación.

Por eso, cada cristiano, que por el Bautismo se ha convertido en miembro de este Pueblo, es un profeta. Por el sacramento de la Confirmación ha recibido aún más expresamente la misión de ser un miembro responsable de este Pueblo. Su deber es anunciar y denunciar.

Desde los comienzos de la Iglesia ha habido personas que recibieron una tarea o "ministerio" especial en medio de este Pueblo. Así, los pastores de la Iglesia (Papa, Obispos) son los primeros que ejercen la misión de profetas. Ellos escogen a otros para ayudarles en su ministerio. Llaman a personas para catequizar y concientizar al Pueblo de su gran misión. Los padres ayudan a los obispos en su ministerio profético. Pero también los laicos son llamados para desempeñar ese servicio.

Los obispos de América Latina, reunidos en Puebla (México), en 1979, hablaron así:

"La Iglesia, para el cumplimiento de su misión, cuenta con la diversidad de ministerios. Al lado de los ministros jerárquicos, la Iglesia reconoce el lugar de los ministerios desprovistos del orden sagrado. Por tanto, también los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio a la comunidad eclesial, para el crecimiento y vida de la misma, ejerciendo ministerios diversos, según la gracia y los carismas que el Señor se dignó concederles" (P. 804).

"Los ministerios que se pueden conferir a los laicos son servicios realmente importantes en la vida eclesial (por ejemplo, en el campo de la Palabra, de la liturgia o de la dirección de la comunidad), ejercidos por laicos con estabilidad y que han sido reconocidos públicamente y a ellos confiados por quien tiene la responsabilidad en la Iglesia" (P.805).

Ya en 1972, el Papa Pablo VI había escrito: "Nada impide que las conferencias de los Obispos soliciten a la Santa Sede otros ministerios, cuando lo juzgan necesario o útil en la propia región, como por ejemplo las funciones de hostiario, de exorcista y de catequista" (Motu proprio "Ministeria Quaedam").

La catequesis es un verdadero "ministerio". (La palabra "ministerio" quiere decir "servicio"). Es uno de los servicios más importantes en la Iglesia. El Papa Juan Pablo II ha dicho que la catequesis debe ser la primera preocupación de los obispos. Y los obispos llaman a los catequistas para colaborar en esa tarea.

El catequista no actúa solo. Debe actuar siempre en comunión con la Iglesia. Está ligado a su comunidad parroquial y a su párroco. A través del párroco está también unido al Obispo de la Diócesis.

Hará su trabajo catequético dentro del plan pastoral de la Diócesis y del plan parroquial. Aunque el catequista actúe dentro de una comunidad menor, por ejemplo una Comunidad de Base, no puede estar desligado de la Parroquia y de la Diócesis.

El catequista está también vinculado a otros catequistas de su comunidad. Es interesante observar que los discípulos, en el tiempo de Jesús, formaron una comunidad en torno a él. Ellos fueron enviados por Jesús de dos en dos (Lc 10,1); y Jesús dijo: "donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20).

Este es un llamado de atención para nosotros, catequistas. Los catequistas tienen que trabajar juntos, como grupo o equipo. Así, tendrán la certeza de que Cristo está en medio de ellos y los envía.

La Iglesia está necesitando de miles y miles de catequistas para poder llegar a todos los sectores de la población, a todas las edades y a las distintas realidades que viven nuestros pueblos.

Realmente, el Señor nos llama a trabajar. Su mies es grande.

Trabajo en grupo

1. ¿Se siente usted llamado a ser catequista? ¿Quién es el que llama? ¿Dios? ¿Su comunidad? ¿El párroco? ¿Siente dentro de usted mismo la vocación de catequizar?

2.  ¿Ha hecho usted algún descubrimiento estudiando este capitulo sobre el ministerio del catequista? ¿Cuál?

Plenaria:

Cada grupo lleva sus respuestas al plenario. Puede haber una profundización de las respuestas. En cada encuentro, indicaremos algunos párrafos del documento del Papa Juan Pablo II sobre la catequesis: Catechesi Tradendae (CT). Pueden leer y comentar el texto en grupo, o leerlo individualmente, en casa. Esta semana, podrían leer los números 15 y 16.

Oración

Terminaremos cada encuentro con alguna oración. Hoy podemos leer Lc 10,1-9.

Guardemos unos momentos de silencio para la reflexión. Enseguida, cada uno dice lo que siente ante el texto.

Hagan algunas oraciones espontáneas.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 15. Jesus modelo de catequista.

JESUS MODELO DE CATEQUISTA
 

“Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminaba su oración, uno de sus discípulos le pidió: «Señor, enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos.» El les dijo: «Cuando recen, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino. Danos cada día el pan del día. Perdónanos nuestros pecados, pues nosotros perdonamos a todo el que nos ofende. Y no nos dejes caer en la prueba.»”

Cada uno de nosotros tenemos una vocación específica, un llamado, para el cual y por el cual hemos sido creados; sin este llamado por detrás de todas las cosas nuestra vida no tendría sentido, y es que el Padre Dios nos pensó con tanto amor que no podía dejarnos a la deriva, pero eso si, la última palabra la tenemos nosotros.

La vida del cristiano es un elegir a cada instante, es un optar por esto o por aquello, pero llega un momento en que la opción se vuelve mas seria y debemos elegir ya no una forma de estar, sino una  forma de ser.

Llamados a ser catequistas, no a hacer de catequistas. Cuando empezamos la catequesis, dimos un SI profundo y seguro a Dios, un SI que no se termina en ese momento, sino que se prolonga como una opción de vida, como una forma de ser. El decir SI a ser catequistas es decir SI a ser maestros de la fe, esa fe que la aprendimos de nuestros mayores, que la aceptamos con amor y que ahora la transmitimos con entusiasmo y con la esperanza de que ocurra en los demás lo mismo que ocurrió en nosotros.

La vocación del catequista no es temporal, es desde siempre y para siempre; aunque el día de mañana no tengamos un grupo a nuestro cargo, seguiremos siendo catequistas, de nuestras familias, vecinos, amigos y de todos aquellos que aquí o allá necesiten de nosotros una palabra de aliento, de apoyo... una palabra de Dios. Hoy por hoy, ya sea con los padres o con los chicos, nuestra función es transmitir, enseñar la Palabra de Dios. Esto requiere de nosotros una dedicación de tiempo completo, pero sin dejar de lado nuestras familias, nuestro trabajo, nuestros estudios, sino que también en ese ambiente debemos ser catequistas, por eso no estamos llamados a hacer de catequistas sino a serlo.

La opción de vida que hemos tomado nos compromete hasta tal punto que toda nuestra vida debe verse afectada por nuestro SER CATEQUISTA.

  Los NO del catequista. El catequista no es aquel:
Que se cree el súper cristiano que se las sabe todas.
Que por sus muchos meritos ha llegado hasta donde está.
Que no es coherente entre lo que vive y lo que enseña.
Que se hace “compinche” de su grupo.
Que “dicta clases” de catequesis deshumanizando al grupo.
Que no quiere a su comunidad y se ocupa solo de la catequesis.
Que no prepara los encuentros porque no le interesan.
Los SI del catequista. El catequista es aquel:
Que ha recibido de Dios el llamado a comunicar a otros la misma fe que ha recibido.
Que con generosidad y desinteresadamente se entrega al servicio de los demás.
Que humildemente reconoce su debilidad y su ignorancia pero confía en la obra del espíritu.  
Que vive cada segundo con ansias de conocer más a Dios y así compartirlo con los  hermanos.
Que enseña lo que cree, y practica lo que enseña.
Que se hace uno con su grupo y comparte de igual a igual.
Que quiere al grupo que el Señor le encomendó y se gana la amistad de todos.
Las letras chicas del contrato. Cuando dijimos SI a ser catequistas, firmamos con Dios un contrato de vida, en el cual había muchas letras pequeñas que seguramente no leímos (aquí va una copia del contrato que firmamos con las letras pequeñas agrandadas para que veamos bien).

Sería bueno que pensemos si después de haber leído bien el contrato lo firmaríamos nuevamente asumiendo todo lo que, querramos o no, ya hemos asumido cuando dijimos si al llamado de Dios a ser catequistas.

CONTRATO DEL CATEQUISTA CON DIOS
YO:...................................................................

ME   COMPROMETO A   SER CATEQUISTA.

……..............................................

                                                     Firma del catequista
• Este contrato es de por vida.

• No se puede renunciar.

• El firmante se compromete a:

a.     Hacer hasta lo imposible por construir la comunidad.

b.     Dejarse mover por el Espíritu Santo.

c.      Preparar los encuentros en oración.

d.     Tratar amablemente a los colegas catequistas.

e.      Jamás olvidarse de su condición de servidor.

f.       Entregar su vida por los hermanos.

          Derechos del firmante.

a.   Pedir a Dios la fuerza necesaria para seguir adelante.

b.   Recibir semanalmente la sonrisa de los niños y la gratitud  de los padres.

Quien firme este contrato se compromete a secarse por  completo amando a los que Dios pone a su cargo.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Caminos laicales de perfeccion. Final.

Caminos laicales de perfección. Final.


Final

Laicos con muchas ayudas

Son muchos los cristianos laicos, gracias a Dios, que, buscando la perfección de la santidad en el tejido ordinario de su vida diaria, se ayudan además por la afiliación a una asociación de fieles, se comprometen así de algún modo a una cierta regla de vida, e intentan seguir un camino espiritual determinado, con la ayuda común de sus hermanos y la más específica de un director espiritual.

Eso, pues, que ya hacen, eso es lo que yo aquí he explicado y recomendado, apoyándome en la tradición católica.

Laicos con pocas ayudas

En este sentido, las consideraciones que he desarrollado hasta aquí pueden, más bien, tener especial interés para aquellos cristianos que, buscando la santidad, no reciben de Dios la gracia de buscarla en una asociación de perfección laical; o bien, si están integrados en alguna, sienten, sin embargo, la necesidad interior de fortalecer su vida espiritual con otros medios muy valiosos, no incluidos suficientemente en su asociación.

Y entre los laicos que buscan la perfección, se diría que son muchos los que se encuentran en esta situación. Pues bien, para estos cristianos, la consagración, la regla de vida, el voto, la dirección espiritual, todos estos medios santificantes o algunos de ellos, pueden ser grandes dones de Dios providenciales, que faciliten mucho su camino hacia la santidad.

Muchas ayudas posibles

Es indudable que el Espíritu Santo ha suscitado en el siglo XX una gran variedad de modos para promover la santificación de los laicos. Y no sólamente en los movimientos y asociaciones seglares, sino también -y a veces al mismo tiempo- a través de otros medios personales privados.

«Pensamos en este momento -dice Pío XII- en tantos hombres y mujeres de toda condición, que ejercen en el mundo moderno las profesiones y cargos más diversos, y que, por Dios y para servirle en el prójimo, [1] le consagran su persona y toda su actividad. [2] Se comprometen a la práctica de los consejos evangélicos por medio de votos privados y secretos, conocidos sólo por Dios. Y en lo que toca a la sumisión de la obediencia y a la pobreza, [3] se hacen guiar por personas que la Iglesia ha juzgado aptas para este fin, y a quien ella ha confiado el encargo de dirigir a otros en el ejercicio de la perfección. Ninguno de los elementos constitutivos de la perfección cristiana y de una tendencia efectiva a su consecución falta en estos hombres y mujeres; participan, pues, verdaderamente de ella, aunque no estén encuadrados en ningún estado jurídico o canónico de perfección» (Disc. al Congreso de Estados de Perfección: AAS 1959, 36).

Una consagración personal al Señor, hecha a la justa medida de las personas, con una norma de vida, con unos votos privados o con otros vínculos semejantes, acogiéndose incluso a la guía de un director, es sumamente aconsejable a los laicos que de verdad tienden a la santidad, sean solteros o casados. Y es, quizá, especialmente deseable para aquellos cristianos jóvenes, aún indeterminados en su vocación. Ninguna preparación mejor que ésta para conocer pronto la vocación que Dios quiera darles, y para seguirla luego con fidelidad plena.

Algunos ejemplos

Ya he dado más arriba «algunos ejemplos para obligarse con Dios» (fin cp. 6). Allí señalaba cómo la oración, que vuelve a Dios, el ayuno, que libera del mundo, y la limosna, que vuelve al prójimo, son las materias más indicadas en los seglares para asegurarlas con promesas, votos o reglas de vida.

También recuerdo aquí que, como ya vimos, a un cristiano le conviene formular un voto o una norma de vida cuando ve, en conciencia, que Dios quiere darle hacer ciertas obras buenas, y comprueba que una y otra vez falla a ellas por olvido, pereza, ambiente negativo o por lo que sea. Otras obras buenas, que en la vida del cristiano estén ya más o menos arraigadas -la misa diaria, por ejemplo-, también pueden ser objeto de promesa, regla o voto, pero no es tan necesario.

Una vez recordadas estas condiciones básicas, pongo algunos ejemplos.

—Un joven soltero tiene problemas serios con el uso de la televisión -pérdida de tiempo, curiosidad eventual, aunque sólo sea de un momento, por ciertos programas malos-. Y aunque gana bastante dinero en su trabajo, da muy poco. Pues bien, entendiendo que es por la Virgen por donde ha de venirle la salvación, decide:

«En presencia de la Santísima Trinidad, de los ángeles y de los santos, pongo por un año en las manos de la Virgen María, gracias a ella y en su honor, estos tres votos:

«Rezaré cada día el Rosario.

«No veré la televisión estando solo.

«Daré cada mes un cinco por ciento de mi sueldo.

«Pido al Señor su gracia, por intercesión de la Virgen y de San José, para cumplir estos votos, que por su gracia formulo.

«15 de agosto, Asunción de Nuestra Señora. Firma N. N.»

—Una joven, muy querida por Jesucristo, se asoma hace tiempo a la oración, pero no acaba de entrar en ella, y, por otro lado, se autoriza algunas mínimas concesiones a la vanidad. Por eso mismo, quizá, no acaba de conocer su vocación. Para salir, pues, adelante de una vez, aconsejada por su director, hace este voto:

«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y para pedir sobre todo la gracia de la vocación, hago voto de renovar todos los días los propósitos de esta regla de vida, que me ha dado mi director espiritual, hasta que él la cambie o la quite:

«Cada día: Misa, laudes y vísperas, rosario, media hora de oración, y un rato, si puedo, de lectura espiritual. Decidir cada detalle de mi arreglo personal, buscando agradar lo más posible a Jesús, mi Redentor, con absoluta modestia. Cada mes: confesión y medio día de retiro.

«8 de diciembre... Inmaculada Concepción de la Virgen María. Firma N. N.»

—Un padre de familia, devoto de los Corazones de Jesús y de María, pero que está algo dejado en la práctica sacramental, que discute a veces demasiado con su esposa, y que no está suficientemente cercano a sus hijos, se decide a lo siguiente:

«Por el Corazón Inmaculado de María, me consagro al Corazón de Jesús, ofreciendo al Padre celestial estos tres votos, que he de cumplir por un año con la gracia del Espíritu Santo:

«Iré a Misa todos los días, me confesaré mensualmente, y cumpliré los Primeros Viernes.

«En casos de conflicto con mi esposa, siendo materia dudosa, preferiré siempre seguir su voluntad, sin que ella lo sepa y sin hacer alarde de ello.

«Dedicaré un buen rato cada día, siempre que pueda, a la atención directa de mis hijos.

«Confío especialmente el fiel cumplimiento de estos votos a la intercesión de San José.

«15 de junio de... Inmaculado Corazón de María. Firma N. N.»

En notas aparte, puede ser conveniente añadir ciertas precisiones en cuanto a la interpretación, aplicación, y posible revocación o cambio de estos compromisos.

¿Fundadores?

En ocasiones, podrán ser unos novios, unos esposos, un grupo de amigos, posiblemente heterogéneo -varios laicos seglares, un sacerdote, algunos matrimonios-, los que se unan para comprometerse juntos ante Dios en algunos buenos propósitos. Quizá les conceda el Señor ponerse de acuerdo para sujetarse en común a una cierta norma de vida, o incluso para profesar algunos votos o compromisos. Es indudable que esta iniciativa será a veces muy de Dios, y por tanto, muy provechosa, con el favor de su gracia, pues entra en su Providencia santificadora que «dos o más» se junten en su nombre, para ayudarse mutuamente en el intento de la perfección.

No conviene, sin embargo, que en un caso así se piense fácilmente en fundar algo, recabando para ello -con todas las complicaciones propias del asunto- la aprobación canónica de la Iglesia. Sin tal aprobación, pueden perfectamente esos cristianos asociarse privadamente con un fin espiritual o apostólico (Código 298,1). Ahora bien, en el caso de que ese grupo mínimo se multiplique considerablemente, será entonces el momento de buscar la aprobación o incluso la erección canónica de tal asociación (298,2; 299-301).

Conviene hoy todo esto

Si los religiosos, habiendo dejado el mundo, se ayudan a buscar la perfección con tantas ayudas de reglas, votos y superiores, parece que los cristianos laicos, si de verdad pretenden la perfección, sin dejar el mundo, deben buscarla ayudándose también ellos, a su modo propio, de medios semejantes. Parece, al menos, que ésa será la voluntad de Dios sobre muchos laicos cristianos.

Pero además de ese argumento general, ha de añadirse otro circunstancial. En efecto, si siempre los laicos han debido crecer espiritualmente en lucha contra los escándalos del «mundo» en el que viven, ahora necesitan armarse más que nunca para esa lucha espiritual, pues hoy se ven además obligados a vencer los generalizados escándalos del «mundo cristiano descristianizado», cuyos malos ejemplos -en criterios y costumbres, en modos de vivir la propia identidad cristiana y de relacionarse con el mundo- constituyen para ellos un escándalo permanente, incomparablemente mayor y mucho más peligroso que el ocasionado por el «mundo abiertamente pagano».

Cristianos que sobreviven

Da mucha pena ver la desidia con la que muchos buenos cristianos llevan adelante su vida espiritual. Esta frase, ya me doy cuenta, es un tanto contradictoria, pues los cristianos buenos no llevan su vida espiritual con pereza. En todo caso, al decir «buenos cristianos» me refiero a cristianos practicantes y de fe sincera, que creen en el valor de la oración y de la mortificación, la frecuencia de los sacramentos, la lectura espiritual, el Rosario y todo lo que la tradición católica de la Iglesia enseña y recomienda; y que, en princio, querrían vivir todo eso, aunque su voluntad se muestre ineficaz. Muchos otros no creen, al menos claramente, en esos ideales; ni tienen intención, ni siquiera lejana, de vivirlos. Y éstos sí.

En algún sentido, pues, aunque imperfecto, se puede hablar de ellos como de buenos cristianos. Pero qué poquito hacen luego, en clara inconsecuencia con la fe que profesan. Muchos de ellos apenas tienen programa alguno para su vida espiritual. Y aquellos que tienen un cierto plan de vida, qué planteamientos hacen, tan medidos, recortados y tasaditos.

Un rato breve de oración, aunque no todos los días... Se confiesan... de vez en cuando, pero a veces pasa mucho tiempo. Recuerdan el bien tan grande que les ha proporcionado a veces la lectura espiritual, pero la hacen muy raras veces. Reconocen que convendría realizar esto y lo otro, y también aquello..., pero no hacen casi nada, al menos de forma regular. Y así van en todo. Son como personas que llevaran un régimen mínimo de alimentación, el suficiente para no morirse de hambre, y que se sintieran, como es natural, con achaques de salud y siempre débiles. Eso sí, sobreviven.

No se dan cuenta de que en la vida espiritual no hemos de alimentarnos sólamente para no morirnos, sino para dejarle a Cristo tener en nosotros «vida y vida sobreabundante» (Jn 10,10), de tal modo que crezcamos, estemos sanos y fuertes, e incluso comuniquemos a otros la abundancia de nuestra vitalidad en el Espíritu.

«Estáse el mundo ardiendo...»

No acaban tampoco de entender estos «buenos cristianos» que están llamados a colaborar decisivamente en la obra de la Redención del mundo. «Si tú no ardes, otros muchos morirán de frío», advierte François Mauriac. Y lo mismo enseña Pío XII:

«Misterio verdaderamente tremendo, y que jamás se meditará bastante, el que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo místico de Jesucristo, dirigidas a este objeto, y de la cooperación que Pastores y fieles -singularmente los padres y madres de familia- han de ofrecer a nuestro divino Salvador» (Mystici Corporis 1943,19).

A estos cristianos les duelen los males que afligen al mundo y a la Iglesia; pero, de hecho, al menos, parecen estar aún más interesados en sus estudios, en sus negocios, en su propia salud, en una molestia muscular que les impide hacer su deporte, en el seguimiento del anecdotario político, deportivo, artístico, y en tantas y tantas otras cosas más.

Quizá, por ejemplo, invierten una o dos horas en diarios, telediarios y demás, pero confiesan luego «no hallar tiempo», al menos habitualmente, para el Rosario, o para el rezo de Laudes y Vísperas... ¡Una Hora litúrgica: poco más de cinco minutos! Dios les da veinticuatro horas cada día, y ellos «no pueden» dedicar con regularidad una a Dios, sólo a Él. Está la vida muy ajetreada...

Se diría que, en el fondo, no saben quiénes son, en cuanto cristianos; no saben a qué están llamados; ignoran que forman parte de una comunidad cristiana redentora, en cuyas manos está la llave de la salvación del mundo.

Y por eso mismo, atentos a sus propios asuntos personales, no acaban de entender tampoco la gravísima crisis espiritual del tiempo en que están viviendo. Consiguen ignorar en el mundo actual, mediante recursos inhibitorios eficacísimos, todos los datos negativos para el Evangelio y para la gloria de Cristo.

En Europa, concretamente, durante los últimos treinta años, el número de sacerdotes diocesanos se ha reducido en un tercio; y se prevé que en los próximos quince años el número actual se quede en la mitad. Junto a esto, que sucede en la Iglesia, «el número de los que aún no conocen a Cristo, ni forman parte de la Iglesia, aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio [1965] casi se ha duplicado» (Juan Pablo II, Redemptoris missio 1990,3).

En el siglo XVI Santa Teresa se enteraba de los daños que en Europa estaban causando los luteranos, y «lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal». Es muy de señalar en esta Santa cómo su impulso hacia la santidad personal y hacia la reforma del Carmelo, en buena medida, parte de la captación de cómo estaba en Europa la Iglesia, con ocasión de la gravísima crisis protestante.

«Paréceme que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que veía perder. Y como me vi mujer y ruin, imposibilitada para aprovechar en nada en el servicio del Señor, toda mi ansia era que, pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos. Y así determiné hacer eso poquito que yo puedo, y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí [en los Carmelos renovados] hiciesen lo mismo». Y así «podría yo contentar al Señor en algo, para que todas ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen» (Camino Esc. 1,2).

Metida Teresa de corazón en estos empeños, y poniendo en ellos toda su vida, ella veía a los cristianos que seguían obsesionados en sus propios asuntillos personales como locos, extraviados entre las baraterías de este mundo. Y por ejemplo, se dolía mucho cuando éstos «buenos cristianos» se acercaban a los conventos para rogar a las monjas que pidiesen al Señor por sus intereses mundanos.

«Yo me acongojo de las cosas que aquí nos vienen a encargar, hasta que roguemos a Dios por negocios y pleitos por dineros, a los que querría yo suplicasen a Dios los repisasen todos. Ellos buena intención tienen, y allá lo encomiendo a Dios por decir verdad, mas tengo yo para mí que nunca me oye. Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, pues le levantan mil testimonios, y quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que, por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías; no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia» (ib. 1,5).

Hoy los cristianos, los laicos concretamente, han de tender con toda su alma a la santidad no sólo por amor al Señor, que siempre es el motivo principal -Él nos ha amado cuanto es posible, Él ha dado su vida por nosotros, por nuestra salvación eterna-, sino también por amor a los hombres, es decir, por un amor verdadero a la Iglesia, un amor que es capaz de entender, y de sentir incluso, su situación en el siglo actual.

 

Estáse el mundo ardiendo, las fuerzas del diablo hacen estrago en la Iglesia, frenando trágicamente su acción misionera y sus posibilidades ecuménicas, ¿y será tolerable que los «buenos cristianos» sigan tan flojos, tan atentos a sus asuntos mundanos, tan dejados en su vida religiosa a la gana o al ambiente? Dios les ofrece agua abundante para apagar esos incendios que atormentan a los hombres y arruinan la Iglesia; Dios pone en su mano semillas capaces de convertir en jardines los desiertos, pues les ofrece oración y penitencia, misa y sacramentos. Pero ellos «no tienen tiempo», «se les pasa», «no se acuerdan», o incluso, a su juicio, «no pueden»... No se lo permiten las circunstancias. Las circunstancias que, muchas veces, ellos mismos se crean.

«El que pueda entender,

que entienda»

Si quieres ser discípulo de Cristo, entra por el camino estrecho, y verás que es ancho, luminoso y florido. Entra en una asociación de fieles que estimule y ordene seriamente tu vida. Y si no encuentras una asociación que te venga bien, no sigas llevando una vida desarreglada; decídete a arreglarla, a regularla, a sujetarla a una regla personal, hecha a tu medida, a unos ciertos compromisos personales, incluso si es posible, a una dirección espiritual. No quieras estar abandonado, aunque sólo sea en parte, a los deseos cambiantes de tu corazón. No lo permitas.

Ten piedad de Cristo bendito, que dio su vida por ti, no le dejes solo, y entrégate con Él para la salvación del mundo. Ten piedad de los hombres, aplastados bajo el peso de sus pecados, y necesitados de tu ofrenda total. En fin, cuando todavía es hora -que va pasando-, ten piedad de ti mismo.

Déjale vivir en ti a Jesucristo, abriéndole por completo tu mente, tu corazón y tus obras. No tengas miedo. Déjale entrar en tu vida, en toda tu vida, y procura todos los medios favorables para conseguirlo. Y así entrarás en la luz, en la vitalidad armoniosa, en la fecundidad radiante, en la paz y en la alegría de Dios.
(Desconozco el autor).

Formacion para catequistas. 14. Pistas para la preparacion de un encuentro de catequesis.

Pistas para la preparación de un Encuentro de Catequesis

Preparar un encuentro no es lo mismo que dar una clase. Para transmitir la experiencia de fe, y ayudar a que la misma crezca en otras personas es vital el marco de una comunidad.

El primer paso, por consiguiente, para desarrollar un proceso de catequesis, es crear un ambiente comunitario entre las personas que van a compartir el espacio. Esto no es tarea que se consigue de un día para otro. Más aún, la comunidad es una realidad viva, que se alimenta del encuentro entre las personas que la integran, por lo cual puede crecer o decrecer, según sea la experiencia de las personas que la integran.

¿Cómo crear comunidad en el marco de la catequesis?

Promoviendo el conocimiento personal de los participantes: catequizandos y catequista.

Ayudando a que cada persona se sienta valorada, respetada e integrada al grupo. Que nadie quede al margen.

Preocupándonos e interesándonos por la presencia o ausencia de todos.
 

¿Cómo conseguir esto?

Iniciando los encuentros con algunas preguntas para compartir, que permitan que todos hablen, cuenten algo de su vida, muestren algo de sus intereses, expectativas, deseos, anhelos.

Generando espacios de comunicación extra-reuniones. Por ejemplo, a través de la visita o el llamado por teléfono de las personas que no asistieron a una reunión.

A través del reconocimiento explícito del trabajo, la participación, los aportes personales en la reunión, la producción personal en la carpeta o cuaderno.

El festejo de los cumpleaños, los nacimientos, la celebración de fechas especiales...
Estas simples propuestas, sencillas de implementar ayudan a generar una trama humana sólida e importante para que la Palabra de Dios y el proceso de fe pueda echar raíces sólidas en un grupo humano que vaya creciendo en la conciencia de pequeña comunidad.

¿Cómo preparar un encuentro de catequesis?

Planificar con tiempo, preparar las reuniones con anticipación es el primer paso para generar encuentro. Esto no quiere decir estar atado a un esquema rígido, inviolable, detallado hasta en sus mínimos momentos. Muchas veces la “ficha” del encuentro se constituye en un cerco a la creatividad, pues termina ahogando la iniciativa personal de los catequistas. Pero no se trata de caer en la improvisación total. Un buen esquema de lo que se va a realizar ayuda a establecer tiempos, recursos, preguntas a utilizar, y colabora para que el catequista tenga claro el objetivo del encuentro, y guíe al grupo para alcanzarlo. Muchos encuentros sin planificación terminan a la deriva, pues se carece de un buen “plano” que anticipe a donde se quiere llegar.

Incluir en los encuentros espacios para el diálogo, la reflexión conjunta, el compartir grupal, es decir, favorecer la comunicación dentro del grupo. Esto se logra con actividades o preguntas para que el grupo trabaje en conjunto o en pequeños grupitos. La catequesis abre un espacio para comunicar y encontrarse con la Palabra de Dios. El ejercicio del diálogo, de escuchar al otro, de respetar los turnos, de aprender de lo que el otro dice es un aporte valiosísimo para aprender a escuchar la Palabra de Dios. ¿Cómo escuchar a Dios en un grupo humano que no aprende a escucharse entre sí? La catequesis no es un monólogo del catequista, sino una búsqueda compartida, que implica:

aprender a escuchar;
aprender a participar;
aprender a decir lo que uno piensa, lo que se descubre y tiene en el corazón.

Dar a la Palabra de Dios un lugar central en el encuentro. La lectura de la Palabra de Dios en el encuentro de catequesis debe significar la presencia de Jesús, que se acerca, que comparte nuestra vida, que nos escucha, y que nos habla. Para ir transmitiendo estas vivencias, profundas y complejas, es muy útil ayudarse con signos. Especialmente para los niños el lenguaje simbólico puede ser una excelente puerta de entrada al encuentro con el Señor. En el cuadro de la página siguiente encontramos varias sugerencias para el trabajo con la Palabra en el encuentro.

Crear un espacio de oración. Esto implica generar un clima, ayudar a distenderse, motivar a hablar en voz alta. Las canciones son una excelente herramienta para introducir los espacios de oración. Es importante enseñar a rezar. Una ayuda para aprender a rezar puede ser escribir las oraciones en tarjetas o papeles. Luego de escritas cada uno puede leer la que escribió o si se colocan todas juntas (y se ofrecen) luego cada integrante puede extraer una al azar y leerla. Esto último tiene dos ventajas para grupos o personas que se inician:
favorece el aprendizaje porque permite a las personas más tímidas compartir una oración, que al no ser la propia brinda más libertad para decirla.
Y, por otra parte, como todos van a leer y compartir una oración, se asegura que se leerán todas las oraciones escritas.

Pensar y proponer actividades que tengan en cuenta la situación de los catequizandos. Es decir su edad, sus conocimientos, su cultura, su forma de ser, de sentir, de expresarse. Para evangelizar la vida debemos partir de las situaciones que las personas viven, y esto incluye tener en cuenta sus alegrías, sus tristezas, sus anhelos y esperanzas, sus frustraciones. Partir de la vida e iluminarla con la Palabra son los primeros pasos de la metodología catequística
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 13. El grupo en la catequesis.

El grupo en la catequesis

Todos tenemos la experiencia de haber integrado grupos en nuestra vida. El ser humano por propia naturaleza tiende a agruparse y reunirse, es una característica constitutiva de la persona humana.

Desde pequeños estamos formando y participando de grupos: el primero, la familia; luego, a medida que crecemos, integramos grupos en la escuela, grupos de amigos, grupos que comparten algún interés común, etc. Es importante diferenciar una reunión de personas de un grupo.

Algunas características sencillas nos ayudarán a clarificarlo:

·        Un grupo establece una red de relaciones. En un grupo se dan relaciones entre sus miembros, existe una mutua interdependencia entre sus miembros. Lo que le pasa, vive o dice uno de sus miembros afecta a los demás y viceversa.

·        Un grupo tiene objetivos explícitos, compartidos, existe un para qué estar reunidos. El objetivo es, muchas veces, el motor del grupo y lo que fomenta su cohesión y unidad. Pueden existir grupos formados por personas que piensan y son muy diferentes pero que comparten un objetivo común, y el grupo, funcionar muy bien.

Es importante que el objetivo que guía al grupo sea transparente, claro, conocido por todos y consensuado, es decir aceptado con buena voluntad por todos.

·        Un grupo tiene una cierta permanencia en el tiempo. Esto es muy variable, pues hay grupos que funcionan un lapso corto de tiempo y otros duran toda la vida. Es necesario que el tiempo sea suficiente para permitir la interacción entre sus miembros y el establecimiento de lazos de unión. En los grupos que comparten mucho tiempo esos lazos pueden transformarse en amistad, pero no es necesario que ella existe para formar un grupo.

·        En un grupo existen ciertas normas, o acuerdos, que ayudan a relacionarse y guían el trabajo común de todos en pos del objetivo grupal. Normas explícitas y consensuadas ayudan a anticipar los conflictos y colaboran para solucionarlos si aparecen.

Las normas permiten regular la vida, el trabajo y las relaciones del grupo. Existen normas explícitas, que son las que se enuncian y conversan, y también implícitas. Entre las normas implícitas están muchas relacionadas a la forma de trato entre los integrantes del grupo. El respeto, la apertura, el interés por el otro son algunos ejemplos de aspectos del grupo que suelen funcionar bajo normas implícitas. A veces, especialmente en grupos de niños o jóvenes, resulta necesario y oportuno conversar y explicitar verbalmente estas normas implícitas, pues ayuda a las relaciones del grupo.

·        La interacción y forma de relacionarse que establecen los miembros de un grupo es una característica importante. Algunas formas de relacionarse son perjudiciales para el funcionamiento grupal, otras, que podemos llamar sanas, contribuyen al crecimiento del grupo y al bienestar de todos sus miembros.

·        Los roles que los integrantes de un grupo asumen en el mismo es otra característica importante. Los mismos pueden ser más activos o pasivos, pueden contribuir al bienestar o generar malestar grupal. Los roles están relacionados con el poder y la autoridad dentro de un grupo (“quién puede”, “quién conduce”, “quién lidera”, “quiénes siguen”, “quiénes hablan”, “quiénes callan”, etc.). Si bien los roles están muy relacionados con las características personales de los individuos es importante que en un grupo los roles funcionales (aquellos que tienen alguna responsabilidad o tarea especial) sean rotativos, y se distribuyan de una manera democrática, con participación y acuerdo de todos.

·        En un grupo se van entretejiendo las historias personales de sus miembros con la historia grupal que el encuentro va generando. Se forma una trama donde cada integrante queda vinculado e involucrado en un proceso que es común a todos. La historia grupal es un elemento importante en la identidad de un grupo, en especial, en aquellos que llevan tiempo juntos.

·        Sentido de pertenencia. Todos los miembros del grupo se sienten parte de... Perciben algo que los contiene. Esto permite reconocer al grupo como algo propio y a la vez compartido. La pertenencia genera responsabilidad e interés.

El grupo de fe

Así como al considerar la vida de todos nosotros es inevitable hablar de grupos (pues nuestra vida se desarrolla en y junto a los grupos que integramos), al hablar de catequesis es imprescindible hablar de grupos, también.

La vivencia de la fe es esencialmente grupal. El bautismo, primero de los sacramentos, que nos inicia en la vida de fe, nos integra a un grupo, nuestra comunidad cristiana.

Jesús mismo, formó un grupo de personas para compartir la venida y la fe, al inicio de su predicación, y, nos prometió estar presente cuando haya un grupo reunido en su nombre (Mt. 18, 20).
El grupo de fe tiene todas las características de un grupo humano, pero además tiene otras específicas que le dan identidad propia y que es bueno tener en cuenta para el trabajo catequístico.

“El grupo de fe participa y experimenta las mismas cosas que cualquier otro grupo, por ejemplo, un equipo de fútbol. Un grupo de preadolescentes o de adultos que se juntan para reflexionar sobre su fe viven las mismas realidades humanas que los demás grupos. Entre ellos puede haber incomprensiones, lucha por el poder dentro del grupo, celos, problemas de relaciones, etc.

Pero hay algo diferente que se puede dar en un grupo de fe y que no es esencial en los demás grupos: la manera como se viven las cosas que pasan.

Te pongo un ejemplo que estoy seguro te ayudará a entender lo que quiero decir. Moisés es encargado por Dios de formar un pueblo (un grupo, en definitiva) que salga de la esclavitud de Egipto y camine hacia la tierra de la libertad. Moisés hace lo que Dios le indica y pone en marcha al pueblo. Los que salen de la esclavitud con mucha alegría y euforia se dan cuenta pronto que las cosas no son tan sencillas como parece. Entre ellos empiezan las peleas, las desconfianzas... Vivir en grupo les resulta difícil.

En esto no son originales. Les suceden las mismas cosas que a todos los grupos.

Lo original viene de la manera como viven estos acontecimientos internos del grupo. El grupo aprende a leer estos aconteceres propios del grupo como cosas con mucha importancia, donde se revela la manera de ser que tienen y donde se revela la manera que Dios tiene también de ser. Reflexionando sobre lo que les pasa en la vida de grupo descubren un sentido a sus vidas, y sobre todo descubren la presencia de Dios en sus vidas. El hecho de ser grupo, de llegar a ser pueblo, se hace para ellos algo tan importante que se convierte en lugar donde descubren a Dios y se descubren ellos mismos mucho mejor.

Esta realidad es la que cada grupo de fe está llamado, de alguna manera, a revivir y a rehacer.

El grupo crea un estilo y manera de ser y nos prepara para vivir en la comunidad eclesial rompiendo esquemas de individualismo y abriéndonos a un intercambio de relaciones nuevas”.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas: La pedagogia de la fe. ensenar como Jesus para vivir como El.

La pedagogía de la fe: enseñar como Jesús para vivir como El

La catequesis nace de la acción de la Palabra de Dios y vive para anunciarla y transmitirla a los demás.

En la catequesis el evangelio es central. Y el evangelio, sabemos, es una buena noticia que nace de la vida y de la persona de Jesús. Por ello, cuando pensamos en metodología catequística, es decir, las mejores maneras de hacer catequesis, no podemos dejar de partir de la vida.

La pedagogía de Dios nos muestra cómo iniciar y llevar adelante un proceso de aprendizaje, crecimiento y maduración en la fe.

La catequesis asume la tarea de:

Iniciar en la fe y desarrollar un proceso de crecimiento en la fe e inserción en una comunidad concreta.

Anunciar, transmitir y educar en los valores del Evangelio de Jesús, la Buena Noticia que permite vivir actitudes más humanas, fraternas y solidarias, para la construcción del Reino.
Para llevar adelante su tarea los catequistas reconocen a Jesús como modelo a seguir. Su vida nos transmite las claves para invitar, iniciar y profundizar un proceso de crecimiento en la fe. Un camino de fe. Volviendo los ojos a Jesús encontraremos pautas para seguir, condiciones para recrear, opciones para continuar...

En la catequesis, se trata de enseñar como Jesús lo hizo, para vivir como Jesús vivió. La catequesis no es solamente una transmisión de conocimientos sino, especialmente, la transmisión de una fe y una manera de vivir inspirada y animada por el Evangelio.

Por esto, es importante partir siempre de la vida, iluminarla con la Palabra de Dios, expresarla en la oración y en las celebraciones de la comunidad, para volver a la vida y manifestar, con obras y compromisos concretos, esa vida nueva que recibimos por la acción de la Palabra.

La catequesis centrada en Jesús y en su Palabra tendrá como objetivos:

formar la fe
invitar a la conversión
animar la esperanza
integrar a la comunidad
promover el compromiso
Para lograrlo es importante:

Partir de la vida
Conocer a nuestros catequizandos
Partir de la situación concreta que se vive y que viven los integrantes del grupo de catequesis.
Analizar la realidad. Hacer una lectura evangélica de los sucesos y de los diferentes aspectos de la vida (social, económico, político, familiar).
Iluminar con la Palabra de Dios
Conocer la Palabra, que es conocer a Jesús, conocer a Dios y a su mensaje.
Leer y meditar la Palabra
Buscar en ella criterios para discernir la realidad y las situaciones que vivimos.
Dejarse interpelar y cuestionar por la Palabra, para generar el cambio interior y la conversión.
Expresar en oración y celebración
Promover la actitud de apertura y escucha a lo que Dios nos habla.

Estimular el diálogo con Dios.

Enseñar la capacidad de ofrecer, dar gracias y pedir en la oración.

Celebrar la vida y la presencia de Dios en la vida.

Promover una vida sacramental vivida en comunidad.

Comprometerse en obras concretas

Promover la expresión del cambio en actitudes, gestos y hechos concretos.

Animar a la solidaridad y la búsqueda de la justicia.

Estimular el compromiso activo, constante, paciente, eficaz en el amor concreto por el otro, especialmente por los que más sufren.
... y el compromiso, la vida de fe concretada en lo cotidiano, la Palabra meditada, orada y celebrada, irán despertando nuevas situaciones de vida, para discernir por donde pasa la vida según el Espíritu, y así continuar un proceso catequístico permanente, para aprender siempre más a ser discípulos y seguidores de Jesús.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 11. Abrir la puerta, para que entre el Senor.

Abrir la puerta, para que entre el señor
El Jubileo del año 2000 fue un tiempo de gracia para el encuentro profundo con el Dios de la Vida. Uno de los signos más importantes de ese año jubilar lo constituyó la puerta. El Papa Juan Pablo II inició los festejos del año Santo abriendo una puerta e invitando a toda la Iglesia a pasar por ella para acercarnos a Dios y comprometer nuestras vidas en el seguimiento de su hijo Jesús, construyendo el Reino. La puerta, como símbolo, tiene mucho para decirnos en nuestra vida de catequistas.

La puerta de nuestro corazón
Como catequistas transmitimos lo que llena nuestro interior. Como la planta que orienta y mueve sus hojas hacia la luz que le da vida, también nosotros debemos orientarnos hacia el Dios bueno que vivifica y fortalece.

La lectura de la Palabra, los sacramentos, la oración personal y grupal, la experiencia de comunidad, el compromiso solidario, nos van renovando desde el interior y nos ayudan a mantener abierta la puerta de nuestro corazón.

Pero no siempre abrimos la puerta para que Dios entre y empape nuestra vida. Todos tenemos rincones de nuestra existencia que permanecen inaccesibles a la presencia del  Padre. El crecimiento de la vida de fe, orientada por el Evangelio, puede ir «abriendo» esas puertas cerradas, para que la brisa del Espíritu llegue a toda nuestra persona. Y este es un trabajo de toda la vida, ¡cuánto más para un catequista que busca transmitir a otros la fuerza de la Palabra!

María, madre, modelo y maestra del catequista, es el espejo para mirar nuestra vida y tomar ejemplo. Ella, como ninguna, supo abrir la puerta de su corazón para que Dios habitara en su interior. Se hizo portadora de la Vida que no acaba, lámpara que nos ofrece la llama siempre viva de Jesús. Como María, para engendrar al Dios del Reino y ayudarlo a nacer en nuestras comunidades, digamos sí, al pedido del Señor de abrir el corazón.

La puerta de nuestro entendimiento
Como catequistas tenemos la responsabilidad de ayudar a otros a descubrir a Jesús y a fortalecer su fe, transmitiendo las enseñanzas del Señor, a la luz de la experiencia y guía maternal de la Iglesia. La formación permanente, la lectura espiritual, el intercambio con otros, la asistencia a cursos-talleres-encuentros, irá permitiendo el desarrollo y crecimiento de nuestra fe, para poder razones de ella y enseñarla a los demás. Como la planta, que para crecer y ser fuerte necesita el riego cuidadoso, periódico y permanente, también nosotros precisamos la formación que de cimientos sólidos a nuestra fe.

Abrir la puerta de nuestra mente para que la sabiduría del Señor vaya impregnando nuestro entendimiento. Es una gran responsabilidad del catequista y de su comunidad: formarnos para crecer, para saber, para vivir, para transmitir con más fidelidad.

La puerta de nuestro entendimiento no es sencillo mantenerla abierta. ¡Cuántas veces nos cerramos en posturas y formas de «entender» la vida y la fe que no encuentran su raíz en el evangelio de Jesús! ¡Qué difícil es abrir nuestra mente para que el Dios Sabio sacuda nuestras ideas y nos invite a pensar las cosas desde su punto de vista!

Una vez más la virgencita es quien nos orienta en el caminar de nuestra espiritualidad. Ella vivió la apertura de mente al proyecto de Dios y nos muestra la manera de hacerlo también nosotros. Los textos de la infancia de Jesús en el evangelio de Lucas, cuando hablan de María repiten dos veces una frase que suena a nuestros oídos como letanía de vida.

 «María meditaba estas cosas y las guardaba en su corazón»(Lc. 2, 19; 2, 51).

La virgen nos enseña que para entender las cosas de Dios, primero hay que abrir la puerta del corazón.

La puerta de nuestras manos
Como catequistas somos testigos de lo que anunciamos. Es decir, transmitimos con nuestras vidas lo que presentamos con la palabra. Nuestro ejemplo es la mejor enseñanza y será ciertamente lo que ayude a enraizar el evangelio en los demás.

Como la planta, que bañada por la luz y regada por el agua, brota y da fruto, también nosotros, si abrimos la puerta del corazón y la del entendimiento, podremos abrir las manos para ofrecer las semillas de nuestro trabajo.

Abrir las manos significa practicar lo que anunciamos, lo que anida en nuestro corazón.

Abrir las manos significa vivir, como Jesús, para mostrar con la vida, y con gestos concretos, que es posible una existencia distinta, ofrecida a los demás; generosa con todos, abierta al Padre y a los hermanos.

María nos enseña con su testimonio que la verdadera transmisión de la Buena Noticia comienza con la práctica. Luego de la anunciación sabemos que se dirigió en forma rápida y resuelta a colaborar con su prima Isabel, que necesita una mano pues era mayor y había quedado también embarazada (Lc. 1, 39-56).

El camino espiritual del catequista:

Tener corazón, mentalidad y manos abiertas...
para que Dios abra la puerta,
y su Espíritu habite en nosotros,
y seamos testigos de Jesús,
enseñando con nuestra vida
lo que abunda en nuestro corazón.

Para pensar y meditar

Abrir la puerta, para que entre el señor

• ¿Cómo están las puertas de tu corazón, tu mente y tus manos?

• ¿Cuáles son los cerrojos que impiden que se abran por completo?

• ¿Cómo puedes abrir estas puertas al Señor?

Ofrécele a Dios un compromiso para abrirle la puerta en tu tarea y vocación catequista.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 10. El catequista, una puerta abierta para el encuentro con Dios.

El catequista, una puerta abierta para el encuentro con Dios

La Biblia es rica en imágenes y símbolos para explicarnos las cosas más profundas de Dios. El lenguaje bíblico es un lenguaje sacramental, porque el mismo Dios nos habla de esta manera: con signos y señales que nos ayudan a descubrir su presencia en medio nuestro. Jesús es el gran sacramento de Dios. A través de su vida, sus palabras y su práctica conocemos al Dios de la Vida y nos encontramos con Él.

“Si me conocen a mí, también conocerán al Padre”  Jn. 14, 7

“El que me ha visto a mí ha visto al Padre” Jn. 14, 9

Hablar con imágenes permite recuperar el lenguaje sencillo de la Biblia, que llega al corazón e invita al cambio de vida.

Hay muchas imágenes que podemos asociar para profundizar en la vocación y misión del catequista.

Una de ellas es la imagen de la “puerta”. La puerta es un instrumento que comunica espacios, que abre a una interioridad. Las hay grandes, pequeñas, de madera, metal, vidrio u otros materiales, pesadas, livianas, nuevas, antiguas... todas tienen en común la capacidad de abrirse y dejar paso.

La puerta tiene mucho que decirnos a nuestra vida de catequistas.

¿Somos puertas abiertas para que otros se encuentren con el Dios de la Vida a través nuestro?

¿Nuestras palabras y nuestra práctica ayudan a los demás a abrir sus propias puertas al Señor que vive dentro de cada hombre y mujer?

¿Cómo anda nuestra puerta? ¿Está bien aceitada para su función? ¿O sufre el paso del tiempo y está algo desvencijada, con sus bisagras herrumbradas, perezosa para ser abierta?

¿Y en ese caso, cómo aceitarla para mantenerla en movimiento, y ágil, y dispuesta para su función? ¿Cuál será el aceite indicado y dónde conseguirlo?
Ser puerta significa aceptarse como instrumento y tener claro que nuestra misión es quedar abiertos, ir perdiendo protagonismo para que el otro pueda encontrarse con Dios y su Palabra.

Si en nuestro corazón anida el Señor, será cuestión de abrir la puerta para enseñar que El nos anima, nos da fuerza y esperanza. Abrir la puerta es dar testimonio, hablar desde el corazón y la experiencia. Invitar al encuentro y presentar al Dios que llena nuestros días.

Estamos llamados a ser puertas abiertas, porque el Señor a quien seguimos nos dice

que El mismo es puerta, para el encuentro y la vida.

“Yo soy la puerta: el que entra por mí está a salvo. Circula libremente y encuentra alimento.” Jn. 10, 9

Jesús se presenta como la Puerta. El acceso a la vida. Él, como buen pastor, nos conoce, nos quiere y busca lo mejor para nosotros. Juan lo expresa con imágenes tan delicadas como cuidar, proteger y dar alimento. Ese es nuestro Dios, el que nos abre su vida (nos da su vida) para que podamos vivir mejor.

Para rumiar el texto y rezar la vida

El catequista, una puerta abierta para el encuentro con Dios

·         Relee el texto de Juan.

·         Piensa en tu propia experiencia de fe, ¿de qué manera Jesús ha sido una puerta para tu vida?

·         Piensa en tu tarea catequística, ¿cómo puedes ser “puerta” para que los demás encuentren a Dios.

·         ¿Qué características y actitudes de vida puedes proponerte cambiar en esta Pascua, para mejorar tu misión?

·         Ofrécele tu oración al Señor y pídele fuerzas para ser fiel a su Palabra y a su testimonio.

 

Señor,

que en mi misión de catequista
sea como una puerta sencilla,
abierta, para que otros puedan
pasar a través de ella
para encontrar a Dios.

Ayúdame a no endurecerme,
a no “atrancarme”,
para que mis palabras y mis gestos
y mi persona toda,
sepa hacerse a un lado,
para dar paso a tu presencia,
que con los brazos abiertos
esperas y acudes al encuentro de todos
los que pasen por mi vida,
hecha humilde puerta.

Que así sea, Señor de la vida.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 9. La palabra que da vida.

La palabra que da vida

La fuerza del catequista está en la Palabra de Dios. Como servidores de la Palabra y discípulos del Señor de la Vida debemos esforzarnos en recrear en nosotros una mística que nazca y abreve en la lectura y reflexión de la Biblia.

Y digo recrear porque en el camino de la fe siempre estamos recomenzando y empezando de nuevo. No deben desalentarnos los tropiezos, por el contrario, pueden ser momentos y espacios vitales que alumbren nuevos desafíos y crecimientos.

Seguramente muchas veces nos hemos propuesto releer la Palabra y mantener una rutina de oración con ella, y con el tiempo la vamos perdiendo. Ahora que comienza el año podemos recrear estos propósitos y sumar nuevas fuerzas para incorporarlo a nuestra vida. Porque la Palabra de Dios para el catequista tiene que ser su alimento diario. El contacto con ella despierta las ganas de conocerla más e introduce en la intimidad con Dios. Se trata, simplemente, de hacer de la lectura de la Biblia un hábito cotidiano.

Los grandes maestros de espiritualidad (y no hablo sólo de los que son conocidos sino especialmente de los anónimos que todos encontramos en nuestras comunidades) son personas de una profunda unión con la Palabra.

Piensa en tus maestros en la fe...

-       ¿Qué relación con la Biblia descubres en ellos y ellas?

-       ¿Qué puedes aprender para tu vida?

La Palabra de Dios es la semilla que él mismo nos regala para vivir como discípulos. Nuestra tarea consiste en cuidar esta semilla para que crezca y de frutos.

¿Cómo se cuida la semilla de la Palabra?

• Con su lectura cotidiana

• Orando con la Biblia

• Estudiando y conociendo mejor las Escrituras

• Compartiendo con otros la oración y la reflexión de la Palabra

• Buscando en ella la voluntad de Dios para nuestra vida

• Descubriendo en ella las claves de una conducta que siga los pasos de Jesús

• Dejando que ella penetre y empape nuestra tierra (nuestra vida), aprendiendo a escuchar, saborear y rumiar la Palabra antes de dar respuestas

La Palabra, fuente de espiritualidad
«¡Bendito el que confía en Yahvé, y que en él pone su esperanza! Se asemeja a un árbol plantado a la orilla del agua, y que alarga sus raíces hacia la corriente: no tiene miedo de que llegue el calor, su follaje se mantendrá verde; en año de sequía no se inquieta, ni deja de producir sus frutos.» Jer. 17, 7-8

Confiar en Dios es buscar en su Palabra el alimento. Poner en él la esperanza es descubrir la fuerza que nace de su Palabra viva en nosotros.

Igual que los árboles, cuyas raíces crecen y se introducen en la tierra, abriéndose paso hacia el agua que nutre, como catequistas debemos esforzarnos en buscar diariamente el agua viva de la Palabra de Dios en la Biblia.

Si nuestras raíces están bien cercanas a la Palabra de Dios tendremos fuerzas y ánimo para superar las dificultades de la vida, los tiempos de sequía que todos tenemos (por ser humanos). Cuando sobrevengan estaremos preparados, protegidos, cuidados... y como la planta de la lectura, no dejaremos de producir frutos.

Todos sabemos qué pasa con las plantas que no regamos, en poco tiempo sus hojas se amarillenta, se marchita, se pone rígida y terminará seca, dura y sin vida.

Que no nos pase lo mismo en la vida... que no perdamos el contacto con el agua que nunca deja de fecundar nuestras posibilidades.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La palabra que da vida

• Relee el pequeño texto del profeta Jeremías.

• ¿Estás «plantado» cerca del agua verdadera, o de otros arroyos?

• ¿Qué significa en tu vida el «alargar las raíces»? Piensa en desafíos concretos que debas superar.

• ¿Qué representa en tu vida la tierra dura, las piedras, la profundidad que unas raíces decididas deben enfrentar?

• ¿Tu follaje espiritual se mantiene verde? ¿Cuáles son tus rincones que se han marchitado o están amarillentos? ¿Cómo revivirlos?

• ¿Has pasado tiempos de sequía? ¿Por qué? ¿Cómo superarlos?

Puedes terminar orando con el Salmo 1, que nos invita a la oración con palabras muy parecidas a las de Isaías.

Dichoso el hombre
que no va a reuniones de malvados,
ni sigue el camino de los pecadores
ni se sienta en la junta de burlones,
mas le agrada la Ley del Señor
y medita su Ley de noche y día.

Es como árbol plantado junto al río,
que da fruto a su tiempo
y tiene su follaje siempre verde.

Todo lo que él hace le resulta.

Salmo 1, 1-3
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 8. La importancia del testimonio.

20120806182130-importancia-testimonio.png

La importancia del testimonio

La fe se transmite  a través del testimonio y el ejemplo. Si revisamos nuestra historia seguramente podremos recordar varias personas que, mediante su testimonio de vida, nos acercaron al misterio del Dios de la Vida. Muchas veces no han sido grandes intelectuales los que nos han enseñado el rostro de Dios sino personas sencillas, muchas de ellas en el hogar, el colegio, el barrio, la misión...

A la hora de transmitir la fe y contagiar a los demás la alegría del evangelio la herramienta más eficaz es el propio ejemplo.

Con mis obras te mostraré mi fe

«Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: “Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense”, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso? Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y sería fácil decirle a uno: “Tú tienes tu fe sin obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras”. Sant. 2, 14-18

El testimonio de vida, principal recurso pedagógico del catequista

La carta de Santiago es muy clara al plantear la necesidad de acompañar la fe con obras que la muestren y lleven a la vida práctica. El catequista, como servidor de la Palabra y pedagogo de la fe debe recordar siempre estas sencillas enseñanzas.

Lo que enseñamos con el ejemplo no se olvida fácilmente. La pedagogía de Jesús está llena de gestos y actitudes. Si recorremos los evangelios son muchas las ocasiones en que su manera de vivir despierta interrogantes en los discípulos, y esos interrogantes (profundos, existenciales) abren el camino al don de la fe.

Es común encontrar a muchos catequistas preocupados por la necesidad de actualizar sus recursos para enseñar el evangelio. Y es muy bueno que así sea, pues implica una toma de conciencia de su misión y responsabilidad. Pero a veces los recursos están más cercanos de lo que esperamos.

¿Por qué no planificar algunos encuentros de catequesis alrededor de acciones solidarias?

Los frutos de la sabiduría se aprecian en la conducta, nos enseña el mismo Santiago unos párrafos más adelante que la cita señalada más arriba (Sant. 3, 13)

La forma de vivir del catequista, su manera de ser-para-los-demás, el ejemplo de su entrega y su servicio son herramientas privilegiadas para la transmisión de la fe. Quien ha de confiar y creer en una persona que no muestra con su vida lo que enseña con sus palabras. Vivimos un tiempo histórico en el que las palabras están muy devaluadas.

Estamos acostumbrados a escuchar grandes discursos y promesas de cambio... que quedan en la nada e incrementan el escepticismo de la gente. Por esto es tan importante enseñar con los hechos y el testimonio. Además de seguir los pasos del Señor, que pasó haciendo el bien y nos enseñó con su vida, respondemos a una situación histórica.

En los cursos y talleres para catequistas, cuando hablamos de este tema, siempre dejo estos interrogantes:

• ¿Cuántos libros de la madre Teresa has leído?

• ¿Qué recuerdas de ella?

• ¿Por qué su enseñanza del evangelio es tan transparente?

En la enseñanza de la fe es necesario siempre volver a lo simple, a la sencillez del evangelio vivido todos los días... que tal vez sea mucho más exigente y comprometido que hablar con palabras complicadas y difíciles.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La importancia del testimonio

Relee las palabras de la carta de Santiago.
• ¿Qué te ha llamado la atención?
• ¿Puedes relacionar el texto con tu vida personal y de catequista?
• Tus obras... ¿serían capaces de generar fe y adhesión a Jesús en los demás?
• ¿Qué obras concretas debes vivir como catequista comprometido en el anuncio y transmisión del evangelio de Jesús?
• ¿Qué cambios debes hacer en tu manera de hacer catequesis para incorporar lo que la Palabra de Dios nos señala?

Mis manos abiertas

Enséñame Señor

a vivir mi fe todos los días,

en las cosas sencillas y cotidianas.

Enséñame Señor

a transmitir mi fe todos los días

con gestos sinceros, con manos abiertas.

Enséñame Señor

a contagiar a otros

el espíritu del Evangelio.

A hacer el bien para que venga el Reino.

Enséñame Señor

a ser un espejo de lo que creo,

A mostrar con mis obras

La fe que da sentido a mi vida.

Que así sea, Señor.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 7. La sabiduria del catequista.

La sabiduría del catequista
En todo el país se encuentran catequistas con muchísima y profunda espiritualidad. Muchos de ellos, sencillas mujeres y hombres del pueblo, que enseñan con su testimonio y ejemplo la sabiduría de una vida enraizada en la palabra de Dios.

Feliz la persona que busca la Palabra
«Feliz el que se dedica a la sabiduría y puede responder al que lo interroga; que hace suyos los caminos de la sabiduría y profundiza sus secretos; que sale a cazarla y acecha su paso; que mira a través de sus ventanas y escucha a su puerta; que instala su tienda al lado de su casa y clava las estacas en sus muros. Pone su tienda en manos de la sabiduría y se queda en esa feliz morada. Deja a sus hijos bajo su protección y se tiende al abrigo de sus ramas; lo protege del calor y él se instala en su gloria.» Eclo. (Sir.) 14, 20-27

La Palabra, cimiento de la vida del catequista
Este pequeño texto, escondido en uno de los libros sapienciales de la Biblia, nos ayuda a pensar en el alimento que nutre la vida de un catequista. El autor alaba a la persona que se dedica a la sabiduría, que para el pueblo de Israel estaba contenida en la Palabra de Dios. Ella brinda respuestas de vida y nos orienta para vivir el proyecto de Dios.

El texto invita a acercarse a la Palabra, a profundizar en su lectura, para descubrir significados siempre nuevos. ¡Quién puede decir «ya conozco la Palabra»! Si el mismo Dios nos sale al encuentro cada vez que la leemos con apertura de corazón y sencillez.

La Palabra nos ayuda a comprender la vida que vivimos, nos devuelve la mirada de Dios sobre las cosas, nos introduce en la voluntad del Padre. Por eso es vital para la vida de fe el contemplar la realidad desde su lectura y oración. La Palabra nos ayuda a discernir, nos permite conocer y adentrarnos en los misterios de Dios, siempre infinitamente Otro, cercano y compañero, pero también por descubrir, pura sorpresa y gratuidad.

El texto nos propone instalar nuestra existencia a su lado, abrigarnos a su amparo, permanecer en su presencia: «saborear» su compañía.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La sabiduría del catequista

Dedícale un tiempo a la evaluación y discernimiento de tu tarea. A la luz del texto te invitamos a revisar tu espiritualidad de catequista:

-       ¿Qué presencia tiene la Palabra de Dios en tu vida?

-       ¿Haces tuyos sus caminos? ¿Cómo mejorar?

-       ¿Contemplas la vida a través de sus ventanas...? ¿Te ayuda la lectura de la Palabra a conocer la voluntad de Dios en los tiempos que vivimos? ¿Te guía para interpretar la realidad que vivimos desde la mirada de Dios?

-       ¿Dónde tienes instalada la carpa de tu existencia? ¿Dónde buscas amparo y protección en los momentos difíciles?

-       Como catequista, ¿qué pasos puedes ir dando para dedicar más tiempo a la Palabra de Dios?

-       Aprende a rumiar los textos y rezar la vida con la Palabra. Relee versículo por versículo la cita bíblica sugerida y aplícala a tu propia vida. ¿Qué aprendes? ¿Qué puedes comentarle a Dios? ¿A qué te puedes comprometer para crecer en la sabiduría que nace de la Biblia?

Escribe un propósito concreto en el que expreses un compromiso de crecimiento con relación a la Palabra de Dios en tu vida.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 6. El catequista, servidor de la palabra.

El catequista, servidor de la Palabra

Quiero compartir con ustedes una pequeña reflexión surgida en un encuentro con catequistas. Este encuentro era la segunda etapa de un proceso de formación de dos años que estábamos realizando con los catequistas, rurales y urbanos de una sufrida región de nuestro país. Los catequistas rurales son personas muy sencillas y llenas de Dios, pastores, campesinos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos... en sus  desoladas tierras son los arroyos que llevan el agua viva de la Palabra a sus comunidades.

La Biblia nos habla de las personas que anuncian la Palabra
«Yo, por mi parte, era como un canal salido de un río, como un arroyo que se pierde en un jardín del Paraíso. Yo pensé: voy a regar mi huerta, voy a regar mis flores. Pero mi canal se convirtió en río, y el río en mar. Entonces dije: Haré brillar como la aurora la instrucción, llevaré a lo lejos su luz. Derramaré la instrucción como una profecía y la dejaré a las generaciones venideras. Comprueben ahora que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan la sabiduría.» Eclo. (Sir.) 24, 30-34

La vida del catequista a la luz del texto bíblico
Como catequistas somos servidores de la Palabra. Pequeños canales, sencillos y humildes, que surcan la vida de nuestra comunidad... Cuando tomamos concienciade nuestra vocación y decidimos emplear nuestro tiempo, nuestras capacidades y nuestros dones al servicio de nuestra gente, descubrimos, con alegría y sorpresa, que el Dios generoso multiplica nuestros esfuerzos. Si nos entregamos con confianza a Dios, sabiendo que somos simples canalitos para que su Palabra llegue con su frescura y novedad a los demás, El se encarga de hacer de nosotros arroyos y ríos.

El texto nos habla de la experiencia de un hombre sabio, que ha descubierto la obra de Dios en su propia vida y decide comprometerse en el anuncio de su Palabra. Como catequistas somos llamados a transmitir las enseñanzas de Jesús y promover el encuentro de los demás con el Dios verdadero, que cambia la vida y nos descubreel sentido profundo de la existencia.

¡Qué alegría poder decir como el sabio del texto, he trabajado para los demás, paraque los otros conozcan la sabiduría, es decir la Palabra del Dios de la Vida!

Para rumiar el texto y rezar la vida

El catequista, servidor de la Palabra en su comunidad

-       ¿Somos canales por donde circula el agua viva de la Palabra de Dios?

-       ¿Qué actitudes de nuestra vida «secan» nuestro reserva de agua viva?

-       La Palabra es la Fuente donde nace nuestro canal, ¿está presente en nuestra vida de todos los días? ¿Acudimos a ella? ¿Nos nutrimos con su lectura y oramos con ella? ¿Estudiamos la Palabra para poder transmitirla mejor?

-       Compara las palabras del texto con tu vida, ¿eres un verdadero arroyo para tu comunidad? Los demás ¿se encuentran con el Dios de la Vida a través de tu testimonio y enseñanzas?

-       ¿Qué puedes y debes cambiar de tu manera de ser para ser un arroyo más transparente, más caudaloso, más fecundo?

-       Ofrécele tus reflexiones a Dios a través de una oración escrita por tus propias manos.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 5. El catequista, artesano del encuentro.

20120806182410-artesano.png

El catequista, artesano del encuentro

La catequesis es espacio eclesial para el descubrimiento del Dios de la Vida y el nacimiento de la experiencia de fe y comunidad. A través de un itinerario permanente (que no atañe solamente a los años de la infancia) busca desarrollar un proceso que conduzca a las personas a:

conocer a Dios, amarlo y buscar su voluntad,

fortalecer la fe en Dios, conocer las enseñanzas de su mensaje,

integrarse a una comunidad de fe para vivir lo que Dios propone,

sumarse a la tarea de anunciar la Buena Noticia de Jesús y construir su Reino de vida.
Este proceso es un camino que se inicia en la familia, núcleo privilegiado para la transmisión de la fe, y continúa con las distintas opciones que ofrece la comunidad eclesial, conforme a la edad de las personas y a su iniciación en la fe.

Todos esos espacios que la catequesis ofrece están atravesados por una experiencia que los unifica y da sentido: el encuentro con Dios vivo y el encuentro con los hermanos. La catequesis puede ser el lugar que enseñe y capacite a las personas para el encuentro con Dios y los demás.

Si consideramos esto como el eje que vértebra toda acción catequística de la comunidad, el responsable de animar esta tarea es el catequista que puede descubrir una misión profundamente enraizada en su vocación: ser artesano del encuentro.

Ser artesano
Todos conocemos, seguramente, algún artesano, ya sea por contacto directo o por referencia. A partir de esa/s personas que conocemos, reflexionemos algunas de sus características propias:

Ama profundamente lo que hace (le da sentido a su vida).

Aplica un saber nacido y acrecentado en la experiencia.

Busca nuevas maneras de hacer sus cosas (se renueva).

Es paciente, con sí mismo y con su obra.

Lo que sabe lo aplica (hace con las manos).
¿Puedes agregar otras características que hayas reconocido en artesanos?

Artesano del encuentro
Apliquemos estas características a la tarea catequística para descubrir nuevas luces que iluminen nuestro caminar:

Ser artesano del encuentro, de Dios con los demás y de los demás entre sí, requiere catequistas que:

Amen profundamente a Dios y encuentren en la catequesis el llamado de Dios para sus vidas. Nadie puede dar lo que no tiene. Para enseñar y transmitir las cosas de Dios hay que llevarlo muy adentro en el corazón.

Para ayudar a otros a encontrar a Dios hay que partir de la propia experiencia de haber encontrado a Dios en la propia vida. La transmisión de la fe nace del testimonio vivo (recordemos los relatos de la iglesia naciente, en el libro de los Hechos de los Apóstoles).

El artesano es un innato investigador, busca, desarrolla, experimenta... El catequista que quiera provocar el encuentro debe vivir en permanente búsqueda, desinstalarse y estar abierto a lo nuevo. La capacitación y formación es una herramienta privilegiada para crecer y aprender, para enseñar y transmitir mejor.

Dios enseña que nos espera siempre, y que, pacientemente, sale a nuestroencuentro con la alegría de la primera vez (Parábola del Padre Misericordioso). Sencillamente, si Dios es paciente... nosotros también...

El artesano no es un intelectual teórico. Sabe, posee un saber intelectual, pero no se queda en palabras, su obra es la obra de sus manos. De la misma manera el catequista muestra con sus obras su capacidad de generar encuentro.
Para pensar y meditar

Piensa en la catequesis como en una artesanía del encuentro con Dios: ¿qué actitudes de un catequista favorecen su trabajo?

El mismo Dios es un artesano de tu vida, relee el hermoso pasaje de Jeremías (18, 1-4) y aplícalo a tu vida. ¿Qué características tiene el modelado de tu vida que va proponiéndote Dios?

Piensa en dos actitudes que puedas comprometerte a vivir en tu misión de catequista para generar encuentro con Dios y con los demás.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Caminos laicales de perfeccion. Capitulo 7. Direccion espiritual.

Caminos laicales de perfección. Capítulo 7.


Dirección espiritual

Es cuestión de humildad

Para la edificación de una vida cristiana perfecta el fundamento indudable es la humildad. Por eso, cuando un religioso sigue camino de perfección, sujetándose a las reglas de una determinada Orden religiosa, obligándose a ellas con votos, y sujetándose a la obediencia de unos superiores, lo hace porque es consciente de la debilidad de su carne, y para neutralizar las grandes fuerzas contrarias del mundo y del demonio; es decir, profesa la vida religiosa fundamentalmente movido por una gran humildad. Sin esa humildad, no aceptaría el religioso sujetar su vida a tantos vínculos. No lo creería necesario para aspirar realmente a la perfección.

Por eso, las Iglesias locales más humildes florecen en numerosas vocaciones religiosas, mientras que en las más soberbias se dará necesariamente una escasez extrema de tales vocaciones.

De modo semejante, en la búsqueda de la perfección cristiana, necesita el laico cristiano una gran humildad para sujetarse, incluso con ciertos vínculos obligatorios, a una determinada regla de vida personal o comunitaria, y a la guía de un director. Sin esta gran humildad fundamental, los cristianos procurarán tender hacia la santidad «por libre»: sin camino, a campo traviesa; sin ningún tipo de votos, impulsando uno a uno cada acto cada día; solo, sin compañeros de camino; sin guías, sin un superior o un director espiritual.

Sin embargo, no ignoremos que, efectivamente, hay personas a las que así lleva Dios hacia la perfección, sin reglas, sin votos, sin directores, en esa situación tan pobre de ayudas. Esto es indudable. Pero pongamos también cuidado en saber que muchas veces quiere Dios conducir a aquellos cristianos que tienden fuertemente hacia la santidad más plena con ciertas reglas y votos, y con directores. Así lo ha enseñado la Iglesia reiteradamente, como veremos.

 

Reglas y votos: es cuestión de humildad. ¿Y dirección espiritual? Más humildad aún, si cabe.

«Esto tiene el alma humilde -dice San Juan de la Cruz-: que no se atreve a tratar a solas con Dios, ni se puede acabar de satisfacer, sin gobierno y consejo humano» (2 Subida 22,11).

La dirección espiritual

Ya desde antiguo, ha sido convicción unánime en la Iglesia que la búsqueda de la perfección evangélica debe hacerse, si es posible, procurando la ayuda de un maestro espiritual.

La primera dirección espiritual que conocemos, en cierto modo institucionalizada, es la que se desarrolla en el monacato primitivo. Ya entonces por la dirección espiritual se busca en una persona idónea no sólamente instrucción, consejo y estímulo hacia la perfección, sino también, y casi más todavía, una guía que ayude a salir del propio juicio y voluntad. En efecto, el que busca la santidad teme más que nada verse «abandonado a los deseos del propio corazón» (Rm 1,24), y precisamente por eso procura sujetarse a la guía del director, un sacerdote, ministro del Señor, un senior, un abba, un anciano, un hombre experto en los caminos del Espíritu, a quien toma por conductor espiritual.

Y este planteamiento, con modos y matices diversos -válido, por supuesto, también para los laicos-, se ha mantenido vigente en la búsqueda de la perfección cristiana hasta nuestros días.

Magisterio apostólico

A fines del siglo XIX, sin embargo, León XIII se ve obligado a reafirmar la validez de la dirección espiritual frente a aquellos americanistas que, alegando la primacía de la libre moción del Espíritu Santo, consideran «toda dirección exterior como supérflua, e incluso menos útil para aquellos que quieren tender hacia la perfección cristiana». A los que así piensan les dice: «La ley común de Dios providente establece que, así como los hombres son generalmente salvados por otros hombres, de modo semejante aquellos que Él llama a un grado más alto de santidad sean también conducidos por hombres». Cuando San Pablo, por ejemplo -recuerda el Papa-, recién convertido, pregunta: «¿qué he de hacer, Señor?», es enviado a Damasco, donde Ananías: «allí se te dirá lo que has de hacer» (Hch 22,10) (Carta Testem benevolentiæ, 1899).

San Juan de la Cruz enseñaba esto mismo, haciendo ver que Dios dispone el orden sobrenatural en formas semejantes a las que Él mismo ha dado al orden natural. Y en este sentido, dice, es Dios «muy amigo de que el gobierno y trato del hombre sea también por otro hombre semejante a él»: un padre, un maestro, un médico, un director... (2 Subida 22,9). Por eso, a juicio del santo Doctor, la falta de dirección espiritual trae consigo que muchas almas «no pasan adelante... por no se entender y faltarles guías idóneas y despiertas, que las guíen hasta la cumbre. Y así, es lástima ver muchas almas a quienes Dios da talento y favor para pasar adelante... y quédanse en un bajo modo de trato con Dios, por no querer, o no saber, o no las encaminar y enseñar a desasirse de aquellos principios» (Prólogo Subida 3).

Pío XII enseña: «Al trabajar y avanzar en la vida espiritual, no os fiéis de vosotros mismos, sino que con sencillez y docilidad, buscad y aceptad la ayuda de quien, con sabia moderación, puede guiar vuestra alma, indicaros los peligros, sugeriros los remedios idóneos, y en todas las dificultades internas y externas os puede dirigir rectamente y llevaros a perfección cada vez mayor, según el ejemplo de los santos y las enseñanzas de la ascética cristiana. Sin estos prudentes directores de conciencia, de modo ordinario, es muy difícil secundar convenientemente los impulsos del Espíritu Santo y de la gracia divina» (Menti Nostrae 1950, 27).

Esto es lo que el Papa dice a los seminaristas, que ciertamente pueden y deben tener director espiritual; pero su enseñanza es también válida, en su medida, para todos aquellos cristianos, religiosos o laicos, que, como nos ha dicho León XIII, «quieren tender hacia la perfección cristiana»; o mejor aún, a «aquellos que Dios llama a un grado más alto de santidad».

El Concilio Vaticano II muestra un gran aprecio por la dirección espiritual. Ésta es muy conveniente para la santificación de los sacerdotes (PO 18c), que a su vez deben procurarla, siempre que puedan, a los fieles, especialmente a los jóvenes con indicios de vocación sacerdotal (11a). En los Seminarios, tanto menores como mayores, la dirección ha de emplearse asiduamente en la formación espiritual (OT 3a, 19a), y también ha de ser parte integrante de la vida religiosa, en su formación y en su desarrollo (PC 14c, 18d).

Sin embargo, no obstante lo dicho, tanto la escasez actual de sacerdotes, como la dificultad para hallar entre ellos quien tenga tiempo y preparación adecuada, nos hacen ver que la gracia especial de la dirección espiritual no siempre hoy está ordenada por la Providencia divina para la santificación de muchos cristianos.

En todo caso, los cristianos que con más empeño pretenden la perfección de la santidad, si de verdad son humildes, procuran la dirección espiritual, la piden en la oración y, cuando el Señor así lo dispone para ellos, la reciben con agradecimiento, como un don muy valioso.

Valor grande del ministerio de dirección

Con tanta escasez de sacerdotes y con tantas necesidades pastorales apremiantes, fácilmente la dirección espiritual viene a considerarse como un lujo más bien superfluo, dentro del conjunto de los ministerios pastorales. Y eso es un error muy grave. Jesucristo sólamente disponía de tres años para llevar adelante Él solo la obra entera de la implantación del Reino de Dios sobre la tierra. Y, sin embargo, sabemos que siempre distribuyó su actividad en círculos concéntricos -la muchedumbre, los setenta, los doce, los tres: Pedro, Santiago y Juan-, y que se entregó a formar a estos pocos con una dedicación muy especial de atención y de tiempo. Así nos consta por los Evangelios.

Pues bien, de modo semejante ha de proceder en su conjunto el ministerio sacerdotal, sirviendo al pueblo en cultivos pastorales amplios, como de agricultura: parroquia, catequesis, enfermos, etc.; pero dedicándose también a cultivos más reducidos e intensos, como de jardinería: y ahí se sitúa, entre los demás ministerios, la dirección espiritual. Todos los ministerios son necesarios, aunque cada sacerdote, por supuesto, no es capaz de ejercitarse en todos ellos. Y la dirección espiritual tiene entre todos los ministerios una gran necesidad, pues allí donde no hay un cultivo pastoral suficientemente intenso y profundo, no podrán ser fecundos los cultivos más extensos. No habrá, por ejemplo, vocaciones sacerdotales y religiosas, sin las cuales el servicio apostólico del pueblo se ve tan gravemente comprometido.

Pero por encima de esta última razón práctica, está, como he señalado, la imitación pastoral de Cristo: Él se entregaba apostólicamente a la muchedumbre, en extensión, y se dedicaba muy especialmente, en profundidad, a la formación espiritual de unos pocos. Y esta opción suya pastoral, que es norma perpetua para la actividad apostólica de la Iglesia, afirma y expresa al mismo tiempo una grande y misteriosa verdad: más agrada a Dios y a los hombres un santo, un cristiano perfecto, que diez mil cristianos imperfectos.

Que agrada más a los hombres es algo de experiencia: más le dice a la gente una madre Teresa de Calculta que un millón de cristianos mediocres. Es evidente. Pero eso es también lo que han enseñado siempre los santos y los más grandes teólogos, como Santo Tomás. Así, por ejemplo, sus comentaristas Salmanticenses se atreven a establecer estos principios: «1. Un justo perfecto agrada más a Dios y lo glorifica más que muchos justos tibios e imperfectos... [Por tanto] 2. Más agrada a Dios y le glorifica un predicador o maestro de espíritu que convierte a un solo pecador llevándolo a la perfección, que el que convierte a muchos dejándolos tibios e imperfectos. 3. Hace cosa mejor y glorifica más a Dios el predicador o maestro de espíritu que con su doctrina y ejemplo lleva a gran perfección a un justo imperfecto, que quien convierte a muchos del pecado, dejándolos tibios e imperfectos» (Tractatus de caritate disp.3 dub.3; +L. M. Mendizábal, Dirección espiritual 54-56).

Cualidades del director

A los sacerdotes, generalmente, corresponde el ministerio pastoral de la dirección espiritual, pues por el sacramento del Orden, Dios los ha ungido y confortado especialmente para que, «en persona de Cristo Cabeza», puedan enseñar, guiar y santificar a los fieles (Vat.II, PO 2c). Pero también es cierto que a veces confiere el Señor este mismo carisma a religiosos no ordenados (el hermano jesuita San Alonso Rodríguez, portero en Mallorca de la casa de estudios de la Compañía, fue director de San Pedro Claver), a religiosas (maestras de novicias, como Santa Teresita), o a otros cristianos (como la terciaria Santa Catalina de Siena).

En todo caso, sean sacerdotes, religiosos o laicos, los directores espirituales necesitan tener ciertos dones naturales y espirituales, como es obvio, pues «si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15,14). Por eso San Juan de la Cruz recomienda con tanto empeño al que va a tomar director espiritual «mirar en qué manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo» (Llama 3,30-31).

1. Ciencia

Buena doctrina. Es condición primera y fundamental. El director, aunque no tenga plena experiencia de los caminos del Espíritu, debe tener al menos un conocimiento doctrinal de ellos, para poder enseñarlos a quienes quizá los van a recorrer totalmente. Por otra parte, no sólo los cristianos inexpertos, sino también las personas de altísimas experiencias espirituales necesitan verificarlas, confrontándolas con la buena doctrina. Así, por ejemplo, Santa Teresa, según ella misma dice, «no hacía cosa que no fuese con parecer de letrados» (Vida 36,5). «Es gran cosa letras, porque éstas nos enseñan a los que poco sabemos y nos dan luz, y allegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos; de devociones a bobas líbrenos Dios» (13,16) «Buen letrado nunca me engañó» (5,3).

Por el contrario, como ella misma refiere, durante diecisiete años, «gran daño hicieron a mi alma confesores medio letrados... Lo que era pecado venial decíanme que no era ninguno; lo que era gravísimo mortal, que era venial» (Vida 5,3). Pareciera que, al menos, las verdades fundamentales cualquier director las conocerá; «y es engaño. A mí me acaeció tratar con uno cosas de conciencia, que había oído todo el curso de teología, y me hizo harto daño en cosas que me decía no eran nada. Y sé que no pretendía engañarme, sino que no supo más; y con otros dos o tres, sin éste, me acaeció» (Camino Vall. 5,3). Y de ello se lamenta mucho: «Si hubiera quien me sacara a volar...; mas hay -por nuestros pecados- tan pocos [directores idóneos], que creo es harta causa para que los que comienzan no vayan más presto a gran perfección» (Vida 13,6: +S. Juan de la Cruz, prólogo Subida 3; 2 Subida 18,5; Llama 3,29-31).

2. Experiencia

El maestro espiritual que, personalmente, ha ido adelante en el camino de la perfección, es en Cristo una luz preciosa, que ilumina el camino de quienes buscan la santidad. En él se dan especialmente los dones intelectuales del Espíritu Santo -entendimiento, sabiduría, ciencia, consejo-, y está libre de tantos apegos desordenados que oscurecen el discernimiento y entorpecen el consejo. De hecho, en no pocos casos, los santos han tenido directores espirituales santos, canonizados o no.

El padre Lallemant (+1635) muestra la necesidad del don de consejo en los directores espirituales: «Las personas más idóneas para conducir a otras y darles consejo en las cosas que se refieren a Dios, son aquellas que, teniendo la conciencia pura y el alma libre de pasión y de todo interés propio, teniendo de modo suficiente ciencia y talento natural, aunque no los tengan en un grado eminente, están bien unidas a Dios por la oración y bien sumisas a las mociones del Espíritu Santo» (Doctrine spirituelle IV,4,4).

Parece claro, por el contrario, que un director apenas experimentado en los caminos del Espíritu, y que ha recibido escasamente sus dones, difícilmente podrá guiar a otros por senderos que él no ha andado. Ni será tampoco capaz de entender estados de alma que no conoce ni de lejos. Y esto es así sobre todo en la guía espiritual de los que van más altos; porque para la dirección de los más incipientes, la buena doctrina, aunque la experiencia sea escasa, puede ser suficiente.

San Juan de la Cruz dice que «algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas al camino», y así «doblan el trabajo a la pobre alma» (Prólogo Subida 4-5).

3. Oración

Para hacer el bien al dirigido es preciso un milagro de la gracia, y los milagros, más que hablando y haciendo, se consiguen por la oracion. Por eso, está claro: el director ha de ser un hombre de oración.

Santa Teresa del Niño Jesús dice que parece fácil hacer el bien a las personas; pero estando en ello «se comprueba que hacer el bien [a alguien] es tan imposible sin la ayuda de Dios como hacer brillar el sol en medio de la noche» (Manusc. autob. C, 22v). ¿Cómo conseguir que una persona entienda ciertas cosas que no acaba de captar? ¿Cómo lograr que haga lo que no hace, porque no se decide o porque no lo consigue? ¿Qué puede hacerse para que sienta como Cristo un corazón que es duro o frío, o cerrado en sí mismo, o temeroso, inseguro o triste?...

Sólamente nuestro Señor y Salvador Jesucristo puede hacer que una persona suelte sus nudos interiores y exteriores, y, como Lázaro de su sepulcro, salga fuera de su miseria: entienda y vea, quiera y pueda. Sólo su Espíritu Santo es capaz de realizar en el hombre este milagro: «crearle un corazón puro, y renovarle por dentro con espíritu firme» (Sal 50,12). En efecto, si un milagro del Espíritu es necesario para que un pecador pase del pecado a la gracia, aún más grande es el milagro que ha de obrar -y de hecho lo obra en muchos menos casos- para que un cristiano pase de una bondad mediana a la perfección de la santidad.

Pues bien, los milagros, más que hablando o haciendo esto o lo otro -cosas que no han de omitirse-, se consiguen orando incesantemente con una fe cierta. Y por eso, el cristiano que pretende la santidad con toda su alma, ha de buscar, es cierto, en el director espiritual un maestro en las cosas del Espíritu, un amigo y un guía para andar por los caminos evangélicos, un consejero para las dudas y conflictos. Pero aún más -mucho más todavía- necesita un intercesor orante, alguien que se haga cargo de él en una oración continua, alguien que siempre le esté unido para pedir del amor de Dios los grandes milagros que le son precisos: un hombre de fe capaz de pedir con perseverancia y con firmísima esperanza que, por pura bondad de Dios, se obren esos milagros de la gracia.

En efecto, es palabra de Cristo, que con especial propiedad ha de aplicarse a la dirección espiritual: «Yo os digo de verdad, que si dos de vosotros os uniéreis sobre la tierra para pedir cualquier cosa, os lo concederá mi Padre, que está en los cielos» (Mt 18,19).

«La literatura oriental -escribe el padre Mendizábal- subraya insistentemente que la oración constante por sus dirigidos es función esencial del director espiritual. El dirigido se confía a las oraciones del director, y éste lo asume por título especial como objeto de su intercesión orante. El director debe ser un "ven Espíritu Santo" continuo en el corazón, pidiendo la asistencia del Espíritu para sí y para el dirigido. Puede decirse que invoca al Espíritu Santo "en fuerza de su oficio" y, por tanto, de manera especial, "en el nombre del Señor". En consecuencia, puede hacerlo con confianza y con humilde audacia e insistencia, aun cuando se vea personalmente indigno, porque ora en nombre de Cristo y está seguro de que alcanzará el influjo irresistible del Espíritu» (Dirección 84-85).

4. Discernimiento adquirido y carismático

El director que tiene ciencia, experiencia y oración, tendrá también, en mayor o menor medida, discernimiento, sea éste adquirido o sea infuso.

-El discernimiento adquirido es el arte espiritual de examinar los diversos movimientos del alma, para discernir si vienen 1.-del Espíritu divino, 2.- del espíritu del diablo y del mundo, o 3.- de las inclinaciones, deseos y temores de la propia carne. En la dirección espiritual, en efecto, es necesario «examinar los espíritus», para saber «si son de Dios» (1 Jn 4,1). El director tendrá discernimiento bastante para ayudar a las personas que se le confían, sin hacerles daño alguno, si tiene suficiente ciencia, experiencia y oración, y en la medida en que esté libre de apegos personales desordenados.

Es éste, sin embargo, un discernimiento no infalible, que puede poseerse en mayor o menor grado, y que exige también unas ciertas dotes psicológicas, que no todos tienen. Para su práctica prudente existen ciertas reglas de discernimiento, ya elaboradas por la tradición espiritual, como las de San Ignacio.

Si el director, por el contrario, careciera de discernimiento espiritual bastante, podría practicar el acompañamiento -del que en seguida hablaré-, pero no la dirección espiritual, pues en ésta podría causar en las personas, aún sin pretenderlo, graves males, de los que sería tan responsable como un médico que, sin ser cirujano, se atreviera a hacer operaciones. San Juan de la Cruz advierte en esto, con gran severidad, que «el que temerariamente yerra, estando obligado a acertar, como cada uno lo está en su oficio, no pasará sin castigo, según el daño que hizo» (Llama 3,56).

-El discernimiento carismático es, en cambio, una gracia especial -gratis dada-, que distingue los espíritus de modo infalible, pues actúa por moción inmediata del Espíritu Santo. Por este carisma de discreción de espiritus el director espiritual puede prestar así a las personas una guía inapreciable, dándoles a conocer con toda certeza, en ciertos momentos cruciales, la voluntad de Dios.

Es, sin embargo, un carisma muy infrecuente, pues únicamente suele darse en los santos, en quienes se da una gran plenitud de los dones del Espíritu Santo; y no en todos ellos, por supuesto; o si lo tienen, lo tienen para sí, y no para otros, o para otros, y no para sí. Conviene ser conscientes de esto, para que el director espiritual no crea demasiado fácilmente en su propio discernimiento carismático, y tampoco el dirigido, en este sentido, confíe excesivamente en tal carisma.

San Francisco de Asís -tan seguro, aunque fuera frente a muchos, en tantas cosas del Evangelio-, se muestra a veces vacilante en el gobierno de su Orden, e incluso en el de sí mismo. En una ocasión, por ejemplo, ha de mandar mensajeros a Santa Clara y al hermano Silvestre, para preguntarles a qué debe dedicarse, si a la predicación o a la contemplación (!), y sólo resuelve dedicarse a la predicación cuando los dos le transmiten ese unánime dictamen (San Buenaventura, Leyenda Mayor 12,2).

San Ignacio de Loyola, por su parte -el genial autor de las famosas Reglas para la discreción de espíritus y para conocer la calidad de las diversas mociones que se producen en el alma-, estando en Tierra Santa, hace «propósito muy firme» de arraigarse allí. Y más adelante, durante bastantes años, proyecta con sus primeros compañeros de París irse a vivir en Palestina. Ninguno de los dos propósitos se cumplió. En esos años, como dice su biógrafo Nadal, «era llevado suavemente a donde no sabía». Y puede decirse que toda su vida es conducido así por el Señor. En 1551, por ejemplo, cinco años antes de morir, después de haber examinado mucho la cuestión y de haberla encomendado largamente al Señor en la oración -siendo un hombre de tan altísimas luces contemplativas -, decide renunciar «absolutamente» a la guía de la Compañía (!), al frente de la cual, felizmente, ha de seguir hasta su muerte. Ya lo dice San Juan de la Cruz: «para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes».

Bendito sea Dios, pues, cuando un director posee el carisma maravilloso del discernimiento espiritual. Podrá prestar en el nombre del Señor luces e impulsos valiosísimos al dirigido. Recordemos casos como el de San Alonso Rodríguez, iluminando la vocación americana de San Pedro Claver. Pero sepamos que este carisma no es frecuente, y que por eso la dirección espiritual no puede normalmente fundamentarse en él. Por el contrario, la dirección ha de afincarse más bien, por parte del director, en la buena doctrina, que incluye el conocimiento de las reglas de discernimiento, y en la experiencia espiritual, cualidades más frecuentes y más fácilmente verificables; y por parte del dirigido, en el humilde y confiado espíritu de obediencia. Basta con esto para que la dirección espiritual puede dar frutos excelentes de santificación.

San Bernardo dice que, como la discreción de espíritus «es una rara ave sobre la tierra, supla en nosotros el lugar de la discreción la virtud de la obediencia; de modo que no hagáis nada más, nada menos, ni nada diferente de lo que os está mandado» (Sermón 3 Circuncisión 11). Lo dice a monjes, pero es norma aplicable, mutatis mutandis, a la dirección espiritual de laicos. En seguida vuelvo sobre este tema de la obediencia.

5. Comunicar la propia vida

Es normal que un director comunique a quienes se le confían su misma vida espiritual, incluso con ciertos modos devocionales propios, que él vive o intenta vivir, secundando el don de Dios. Es lo mismo que los padres hacen con los hijos. Entra, sin duda, en el plan de la Providencia divina que muchas de las gracias recibidas por el director se comuniquen a sus hijos espirituales. Esto es así sobre todo cuando el dirigido comienza su camino espiritual, pues cuando ya va más adelante, debe el director concentrar más su cuidado en descubrir las vías particulares por donde Dios quiere llevarle.

De hecho, muchos directores santos han transmitido su propio espíritu por la dirección espiritual. San Pablo de la Cruz, por ejemplo, en sus cartas de dirección, cientos de veces exhorta a que durante la oración se medite en la Pasión del Señor y en los Dolores de la santísima Virgen. Eso es lo que él hacía. Y de modo semejante San Luis María Grignion de Monfort insiste en que se ore y obre todo con la Virgen María, en ella, por ella, para ella. Ésta era su experiencia personal. Y estas comunicaciones del propio espíritu en la dirección de ningún modo han de considerarse como una presión indebida sobre la libertad del cristiano, sino como la realización fiel de un plan de la Providencia divina, que a ese cristiano -al menos por ahora- le ha dado ese director.

Los santos, sin embargo, han aplicado este principio con una gran prudencia. San Pablo de la Cruz, por ejemplo, a una señora «que [según ella dice] no sabe hacer oración si no es sobre la vida, pasión y muerte del Salvador» -es decir, del modo que él mismo le habría enseñado e inculcado tantas veces-, le avisa: «Es óptima cosa y santísima el pensar en la Pasión santísima del Señor, hacer oración sobre ella; es la manera de llegar a la santa unión con Dios. Pero debo advertirle que no siempre el alma puede seguir la misma conducta que al principio; hay que secundar los impulsos del Espíritu Santo y dejarse guiar como quiere su Divina Majestad» (A Mariana de la Escala 3-I-1729).

6. Guardar la libertad del cristiano en la docilidad al Espíritu Santo

Esta norma suprema, que complementa la anterior, es formulada así por San Juan de la Cruz: «Adviertan los que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Santo, que nunca pierde cuidado de ellas, y que ellos sólo son instrumentos para enderezarlas en la perfección por la fe y la ley de Dios, según el espíritu que Dios va dando a cada una. Y así todo su cuidado sea no acomodarlas a su modo y condición propia de ellos, sino mirando si saben el camino por donde Dios las lleva, y, si no lo saben, déjenlas y no las perturben» (Llama 3,46). Y esto ha de ser así porque «a cada uno lleva Dios por diferentes caminos; que apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo del otro» (3,59). Lo mismo dice Santa Teresa: «así como hay muchas moradas en el cielo, hay muchos caminos» para llegar a él (Vida 13,13)

La insistencia de los grandes maestros espirituales en algo tan elemental hace pensar que esta doctrina muchas veces es ignorada en la práctica. En efecto, fácilmente el director estima, aunque sea inconscientemente, que su camino o el camino de su Orden o movimiento es el mejor de los posibles, y trata así, con la mejor voluntad, de inculcarlo a todos sus dirigidos. Es un grave error, que puede darse incluso dentro de un mismo instituto religioso, como lo hace notar Santa Teresa por lo que se refiere al Carmelo: «Una priora era amiga de penitencia. Por ahí llevaba a todas»... Y no ha de ser así, sino que en ese tema, y en todos, hay que «procurar llevar a cada una por donde Su Majestad la lleva» (Fundaciones 18,6-10).

En realidad, las personas son un misterio para ellas mismas y para quien las dirige. Sólo Dios las conoce de verdad, y sólo Él conoce sus designios sobre ellas. Santa Teresita, en su tiempo de maestra de novicias, comprueba que en la formación de las personas «es absolutamente necesario olvidar los gustos personales, renunciar a las propias ideas, y guiar a las almas por el camino que Jesús les ha trazado, sin pretender hacerlas ir por el nuestro» (Manusc. autob. 22v-23r).

«Deben, pues, los maestros espirituales dar libertad a las almas», dice San Juan de la Cruz (Llama 3,61). Por eso, cuando un director se empeña en retener las personas bajo su influjo, como apropiándose de ellas; cuando estima que es capaz de ayudar a todas en todas las fases de su crecimiento; cuando procura evitar que consulten con otros, comete un pecado muy grave. Y así es como «muchos maestros espirituales hacen mucho daño a muchas almas» (3,31; +56-59).

Un médico experto puede salvar una vida, pero otro inexperto puede causar la muerte. De modo semejante, «los negocios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abiertos se han de tratar, mayormente en cosas de tanta importancia y en negocio tan subido como es el de estas almas, donde se aventura casi infinita ganancia, y casi infinita pérdida en errar» (3,56).

Actitudes principales del dirigido

1. Voluntad firme de santidad

Pretender la santidad con todas las fuerzas del alma y por encima de cualquier otra cosa es lo primero que necesita el cristiano que acude a la dirección espiritual. Si no va a la dirección con esta actitud ¿qué es lo que en ella busca? ¿Qué otras cosas pueden buscarse en la dirección espiritual?

Si esa voluntad de santidad falta en el cristiano, el director deberá dedicarse antes que nada a suscitarla; pero si no lo consigue en un tiempo prudencial, es posible que convenga a veces renunciar a esa dirección. «La mies es mucha, los operarios pocos» (Mt 9,37), y éstos deben mirar bien cómo invierten sus limitadísimas fuerzas pastorales, no deteniéndose largamente «a saludar por el camino» (Lc 10,4), y evitando igualmente «toda palabra ociosa». ¿Y las reiteradas entrevistas de dirección, cuando el cristiano no busca en ellas realmente la santidad, no son a veces «palabras ociosas», de las que «habrá que dar cuenta el día del juicio» (Mt 12,36)?

2. Espíritu de fe para ver a Cristo en el director

El espíritu de fe, para ver al Buen Pastor en el director, puede estimarse como la segunda condición más importante. Hemos visto hace un momento cómo Nuestro Salvador actúa su ministerio en círculos concéntricos -de muchos a los doce y a los tres-. Y es claro que pone en estos pocos su mayor amor, es decir, su más intensa voluntad de santificación. Pues bien, de modo semejante, el sacerdote hace visible el amor del Señor a las personas cuando ejercita su servicio pastoral en cultivos amplios; pero aún manifiesta mucho más ese amor personal de Cristo las veces en que su ministerio, como en la dirección espiritual, se dedica intensamente a unas pocas personas.

Y por eso, el cristiano que recibe el cuidado de un director espiritual, ha de ver en su atención reiterada y solícita -aunque muchas veces inevitablemente deficiente- una manifestación conmovedora del amor que Cristo le tiene, y de cuánto interés pone Él en procurar la perfección de su vida temporal y eterna.

San Juan de la Cruz, recordando las palabras de Cristo «donde dos o tres se reúnen en mi nombre...» (Mt 18,20), se atreve a aplicarlas concretamente al ministerio de la dirección espiritual: «"allí estoy yo en medio de ellos"; es a saber, aclarando y confirmando en sus corazones las verdades de Dios» (2 Subida 22,11).

Y esto hace pensar, dicho sea de paso, que el encuentro de dirección espiritual, aun conservando el amistoso ambiente familiar de los encuentros evangélicos de Cristo -junto al pozo de Jacob, en el camino, etc.-, debe tener al mismo tiempo una tonalidad intensamente religiosa, que puede acentuarse, por ejemplo, mediante una breve oración al comienzo y una bendición al final. No olvidemos que es propio del sacerdote bendecir a la persona humana en el nombre de la santísima Trinidad.

3. Sinceridad

La humilde sinceridad de corazón, para manifestarlo todo al director, es otra de las condiciones primeras que siempre han puesto los grandes maestros espirituales. Quien busca la perfección cristiana debe comunicar a su guía, con toda sencillez y confianza, sus pensamientos, inclinaciones, tentaciones y ansiedades, los cambios habidos, así como las gracias recibidas, las victorias y las derrotas. Si fuera posible, decía San Antonio, habría de manifestarle al anciano todo, hasta el número de pasos dados o el número de gotas de agua que se bebieron (Apotegmas, Antonio 38).

Pero sobre todo no ha de ocultarse al director nada importante, nada especialmente significativo en la situación actual de la persona: aquellos pensamientos, temores y deseos que en un momento dado son más persistentes -los «logismoi», que decían los monjes antiguos-. Sencillamente, hay que «decirlo todo» (2 Subida 22,16).

Es ésta una insistencia sumamente tradicional. Casiano (+435), por ejemplo, refiere: «A los que empiezan se les enseña a no esconder, por falsa vergüenza, ninguno de los pensamientos que les dan vueltas en el corazón, sino a manifestarlos al anciano espiritual desde su mismo nacimiento, y para juzgarlos, se les enseña igualmente a no fiarse de su opinión personal, sino creer malo o bueno lo que el anciano, después de examinarlo, declarare como tal. De este modo el astuto enemigo ya no puede embaucar al joven aprovechándose de su inexperiencia e ignorancia» (Instituta 4,9). Grandes males, dicen estos maestros antiguos, sobrevienen a los que ocultan algo que debieran manifestar. Así Juan Colobós: «Nadie regocija tanto al enemigo como los que no manifiestan sus pensamientos» (Apotegmas, Pimén 10).

«Decirlo todo»... ¿Será esto siempre posible y conveniente? Ciertamente no. Conviene tener bien en cuenta que a veces la persona no es capaz de expresar ciertos temas más íntimos o complejos: unas veces porque no se conoce a sí misma suficientemente, otras porque, tratándose de cuestiones muy complicadas, no sabe cómo expresarlas sin desfigurarlas, y por eso prefiere callar. Y en otras ocasiones todavía, porque adolece de una timidez o inhibición tan absoluta, que por el momento le es insuperable. No hay, pues, en casos como éstos voluntad de ocultar, sino más bien incapacidad de manifestar. Lo primero impediría seriamente la dirección, pero lo segundo no la dificulta en absoluto. Son limitaciones personales que, si Dios quiere y cuando Él quiera -que no necesariamente lo querrá siempre y en todo-, irán superándose.

Otras veces -muchas veces- la apertura total al director se ve voluntariamente reducida, porque la persona estima que no hace falta someter a su consejo ciertos asuntos. Y es que viene a hacerse esta reflexión: «En realidad, yo sé perfectamente lo que me conviene en tal asunto, y cómo hacerlo o evitarlo. Lo que a veces me falla en esto es simplemente la voluntad. Ahí está la dificultad. Pero la voluntad únicamente yo puedo ponerla, y el director no me la puede suplir. Así que ¿para qué andar contándole y consultándole esas cosas?»

Pues bien, es éste un grueso error, y algunas veces más aún, un engaño del Maligno. Con frecuencia, la misma persona que ve la paja en el ojo ajeno, no alcanza a ver la viga en el propio (Lc 6,41): no sabe en realidad qué le pasa, ni cuál es su problema; ignora lo que le conviene, no capta toda la importancia y significación de un asunto, y tampoco conoce bien los medios más idóneos para resolverlo.

En fin, de muchos modos sutiles se sirve el Tentador para sujetar a la persona en un silencio y ocultamiento perjudiciales. Cuántos pensamientos que parecen inocuos, o incluso meritorios, son sin embargo como negros moscardones introducidos por el diablo en la conciencia del cristiano para desanimarlo, para quitarle la paz, y sobre todo para distraer su atención de lo central: la presencia de la Santísima Trinidad en el alma, el abandono atento y confiado a la amorosa moción de su gracia. Cuántos pensamientos vanos y nocivos se dan entonces, quizá durante años, en torno a verdaderas o supuestas limitaciones personales, «yo soy incapaz para eso»...; a aparentes solicitudes apostólicas, «habría que hacer tal obra ¿pero cómo, cuándo, con quién?», o a otras cavilaciones igualmente inútiles.

San Benito enseña en esto que el hombre justo, el que vive en la Tienda del Señor y descansa en su Monte Santo, es «aquél que, cuando el Malo, que es el diablo, le sugiere alguna cosa, inmediatamente rechaza lejos de su corazón a él y a su sugerencia, los reduce a la nada y, agarrando sus pensamientos, los estrella contra Cristo» (Prólogo Regla 28). Pues bien, muchas veces, manifestar el propio corazón humildemente al superior o al director, es eso: agarrar nuestros pensamientos y estrellarlos contra Cristo. Ahí se acaban, y sólo entonces se hace en el alma ese silencio interior preciso para que en ella resuene con poderosa dulzura la voz del Verbo encarnado.

4. Obediencia

¡Cuántos trabajos espirituales, más o menos bienintencionados, no dan fruto porque parten más de la voluntad propia que de la voluntad de Dios! Los que así caminan en su vida espiritual -ateniéndose ante todo, y casi exclusivamente, a su juicio y voluntad- muchas veces «corren como a la aventura» y luchan «como quien azota el aire» (1Cor 9,26). Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, veía incluso con reticencia algo tan santo como la comunión frecuente, cuando se practicaba sin consulta -necesaria en aquella época- y por mera voluntad propia. Y así, de una señora que era de comunión diaria, pero que no quería sujetarse a confesor fijo -léase, director-, decía: «Quisiera más verla obedecer a una persona que no tanta comunión» (Fundaciones 6,18). Y es que para ella, como para toda la Tradición espiritual cristiana, «no hay camino que más pronto lleve a la suma perfección que el de la obediencia» (5,10).

Pues bien, en la dirección espiritual se abre para los cristianos una vía privilegiada para el espíritu de obediencia. ¿De obediencia o más bien de docilidad?... Esta cuestión -que en una buena parte se refiere más a palabras que a realidades-, es bastante complicada desde el punto de vista teórico, no poco discutida entre los autores, y requiere innumerables distinciones, según las diversas modalidades posibles de la autoridad que tenga el director. Es, sin embargo, una cuestión «que no tiene transcendencia práctica, porque sería mala la dirección que pensara en recurrir a imposiciones de obligación, y sería mala la postura del dirigido que no siguiera la dirección sino en cuanto le obliga bajo pecado» (Mendizábal, Dirección 57; +56-61).

Aquí, en favor de la brevedad, me limitaré a trazar dos modos fundamentales de plantear la ayuda personal en orden a la perfección. Y haciéndolo, creo que daré una respuesta más o menos suficiente a la cuestión planteada sobre la obediencia.

Una cosa es el acompañamiento espiritual

El trato personal de un sacerdote, o de un cristiano experto en espiritualidad, con otro cristiano que busca la perfección puede revestir modalidades muy diversas y valiosas, que no siempre, sin embargo, responden al concepto pleno de la dirección espiritual. Hay cristianos que en estos encuentros periódicos buscan ante todo una catequesis individual, que les descubra los caminos de la perfección: forman así criterios, aclaran dudas, se aconsejan sobre lecturas. Otros hay que buscan una amistad espiritual, una confortación, un ejemplo, una ocasión de desahogo. Algunos acuden al encuentro personal solo de vez en cuando, en forma ocasional, por ejemplo, para consultar acerca de ciertos problemas doctrinales o personales.

Todos estos elementos, y otros semejantes, son indudablemente buenos: responden a necesidades reales del cristiano, deben ser atendidos en el ministerio pastoral, en cuanto sea posible, y son ciertamente elementos integrantes de la dirección espiritual entendida en su sentido pleno. Sin embargo, si el cristiano en esos encuentros, más o menos frecuentes, no llega a confiarse a la guía del director, con un cierto compromiso de obediencia -o si se prefiere, de docilidad intelectual y volitiva-, debe hablarse, a mi entender, más que de «dirección espiritual», de «acompañamiento espiritual». Y notemos que, de hecho, este término, acompañamiento, y el planteamiento relacional que implica, suelen ser hoy bastante más frecuentes que el de la dirección espiritual en su sentido estricto.

Es perfectamente comprensible, por ejemplo, que un cristiano, más que dirección, busque acompañamiento cuando los sacerdotes accesibles para él son pocos, disponen de poco tiempo, o no los estima muy preparados en temas de espiritualidad. También es normal que eso mismo suceda si el cristiano no capta en su conciencia una interna moción de la gracia, que le incline a dejarse guiar por otra persona, por muy conocedora que ésta sea de los caminos del Espíritu, y aunque tenga tiempo y voluntad para ocuparse de ella. Como se ve, las causas posibles de que el acompañamiento prevalezca hoy con frecuencia sobre la dirección son muy diversas, y de muy distinta calidad espiritual.

Desde luego, el acompañamiento está mucho más próximo al espíritu de nuestro tiempo que la dirección espiritual. Si en la pedagogía familiar o escolar los padres y los maestros procuran evitar lo más posible el mandato, y limitarse a la persuasión; si esa renuncia frecuente a ejercitar la autoridad, en el mandato o la corrección, se extiende también a la acción de los políticos democráticos, que dependen del voto de sus electores, o a la terapia no-intervencionista de los psicólogos, ¿cómo no se reflejará este mismo espíritu de algún modo en la pedagogía pastoral del encuentro personal? Estando así las cosas -y no es, ciertamente, una situación ideal, pero es real- ¿no será incluso prudente en muchas ocasiones que el sacerdote se limite al acompañamiento, cuando prevé que se quebraría el vínculo pastoral con una persona, si le propusiera a ésta la guía de una dirección espiritual plena?

En nuestro tiempo, tan generalizadamente subjetivista, anómico y liberal, surge, por ejemplo, como algo connatural al espíritu del siglo, la psicoterapia no-directiva de Carl Rogers. Se trata de una psicología humanista y existencial que, partiendo de un considerable optimismo antropológico -el hombre, en el fondo, es bueno-, se enfrenta al mismo tiempo con el materialismo behaviorista- conductista y con el pesimismo freudiano. En esta escuela no-directiva, el diálogo terapéutico no-intervencionista, ayudado en lo posible por la dinámica de grupos, pretende la liberación y el perfeccionamiento de la persona, absteniéndose por completo de valoraciones moralistas y, aún más absolutamente, de todo consejo o mandato. ¿No será normal, pues, e incluso previsible, que en tiempos de educación familiar no-directiva, de pedagogía escolar no-directiva, y de psicoterapias igualmente no-directivas, se vayan formando escuelas de «dirección espiritual no-directiva»?...

Y pasando ya del ambiente psicológico y cultural de nuestro tiempo al ambiente espiritual de nuestras Iglesias locales. Es normal que apenas haya dirección espiritual donde apenas surgen vocaciones religiosas, pues tanto aquélla como éstas nacen del espíritu de obediencia. En efecto, cuando el aprecio espiritual de la obediencia está vivo en el pueblo cristiano, son muchos los fieles de toda condición -laicos, sacerdotes y religiosos- que, para salir de sí mismos y entregarse más pronto y ciertamente a la voluntad divina, buscan el beneficio de la dirección espiritual, queriendo así ser conducidos por el Señor por medio de un guía humano. Y donde abunda ese espíritu, surgen en gran número las vocaciones religiosas, no sólamente porque éstas hayan sido mejor cultivadas y descubiertas en la dirección espiritual -que también eso es cierto-, sino, simplemente, porque el mayor bien de la vida religiosa es sin duda la obediencia, según enseña la tradición de la Iglesia:

Santo Tomás: «El voto de obedecer es el principal, porque por el voto de obediencia el hombre ofrece a Dios lo mayor que posee, su misma voluntad, que es más que su propio cuerpo, ofrecido a Dios por la continencia, y que es más que los bienes exteriores, ofrecidos a Dios por el voto de pobreza» (STh II-II, 186,8; +Juan XXII, bula Quorundam exigit 7-X-1317; Juan Pablo II, Aud. gral. 7-XII-1994).

 

Y en paralelismo contrario: allí donde el pueblo cristiano, en su gran mayoría, ignora el valor espiritual de la obediencia, apenas habrá vocaciones a la vida religiosa, y rara vez se buscará la dirección espiritual. Ésta, al menos en su forma plena, se dará muy escasamente, y casi siempre que se dé será en forma de acompañamiento.

Pero volvamos a las afirmaciones primeras básicas. El acompañamiento espiritual, en sus diversas modalidades, es algo pastoral y espiritualmente muy bueno, puede ayudar mucho a una persona en su camino espiritual, y, en todo caso, es lo mejor que hoy puede hacerse, en no pocas ocasiones concretas, al servicio espiritual de una persona. A veces, eso sí, cuando el director se ve excesivamente afectado por los tópicos no-directivos, es posible que el acompañamiento adolezca de algunas deficiencias, o si se quiere, carencias, que le restarán sin duda eficacia pastoral y formativa.

Otra cosa es la dirección espiritual

La dirección incluye el acompañamiento, pero es bastante más que éste. En efecto, la dirección espiritual, en su sentido pleno y estricto, nace de una gracia especial de Dios, por la cual el cristiano se siente inclinado en conciencia a dejarse instruir y guiar por otra persona. El documento, por ejemplo, que he citado de León XIII, dice que en la dirección espiritual se da un cierto magisterio externo («quodam externi magisterii adiumento»), que Dios providente establece en favor de aquéllos que Él llama a un más alto grado de perfección, para que sean guiados por otros hombres («per homines perducendos constituit»).

Los grandes santos y maestros de la tradición católica han entendido en clave de obediencia el valor de la dirección espiritual. Así, por ejemplo, San Vicente Ferrer (+1419): «Es mucho de notar que el siervo de Dios, si tuviese un maestro que le instruyese o enseñase, por el consejo y orden del cual se rigiese y cuya obediencia, así en cosas grandes como pequeñas, con rigor siguiese, con mayor facilidad y en más breve tiempo podría llegar a la perfección, que si él propio se quisiese aprovechar a sí, aunque para esto tenga el mejor y más agudo entendimiento y los mejores y más espirituales libros... Y más digo, que Cristo, sin el cual no somos poderosos de hacer cosa alguna, jamás en tal caso concederá su gracia y favor al que tiene quien le pueda instruir y guiar, y lo menosprecia o hace poco caso de aprovecharse de tal guía, creyendo que harto suficientemente puede valerse de sí, y por sí solo puede rastrear y hallar lo que para su salvación le conviene» (Tratado de la vida espiritual VI).

Según esta concepción, que es sin duda la de más larga tradición teórica y práctica en la Iglesia, el director espiritual cumple -y cumple a fortiori, con especial regularidad y asiduidad- todas las funciones que hemos señalado como propias del acompañamiento: instrucción, consulta, amistad espiritual, estímulo, confortación, etc.; pero desempeña además una función de guía, reconocida y querida por el dirigido, que quiere ayudarse de este modo para salir de su propia voluntad y estar siempre en la de Dios.

 

La dirección espiritual plena abre, pues, a los fieles, religiosos y laicos, un camino de perfección recomendado siempre por los santos y por la Iglesia; un camino que sólo puede recorrerse buscando la santidad con toda el alma; en espíritu de humildad, manifestando sinceramente todo lo que sea conveniente, sin fiarse de uno mismo; en espíritu de fe, reconociendo con facilidad al Señor Jesucristo en el guía espiritual que él ofrece; en espíritu de obediencia y de abnegación de sí mismo, muriendo al propio juicio y voluntad, para abrirse así con una docilidad incondicional al Espíritu Santo. Ésta es la dirección espiritual, que la Iglesia de ayer y de hoy, en Oriente y Occidente, ha visto siempre como un humilde y admirable medio para el perfeccionamiento espiritual (+I. Hausherr, Direction spirituelle en Orient).

El dominico Fabio Giardini distingue entre direction, guidance y counseling. El director ayuda al cristiano a conformarse a la voluntad de Dios; el guía, a adelantar en el seguimiento de Cristo; el consejero, a ser dócil al Espíritu Santo. «Dirigir, guiar o aconsejar son funciones diversas, y cada una requiere un método diferente de asistencia» (The Many Roles of the Christian Spiritual Helper 222).

Por otra parte, ya que el acompañamiento implica tantos elementos integrantes de la dirección espiritual plena, no parece excesivo considerarle dirección espiritual, al menos en un sentido bastante amplio. No parece, en cambio, conveniente identificar ambos términos, como si fueran equivalentes. Es lo que hizo, por ejemplo, la editorial española que tradujo la obra de Yves Raguin, Maître et disciple. La direction spirituelle (1985), por Maestro y discípulo. El acompañamiento espiritual (1986).

Entre acompañamiento y dirección

He descrito el acompañamiento y la dirección espiritual, como dos formas diversas de la atención pastoral aplicada a una persona. Pero ya se comprende que hay una gran diversidad de modos en el planteamiento de esta relación personal entre director y dirigido, y que muchas veces se dan formas mixtas, unas más próximas al acompañamiento, otras más cercanas a la dirección.

No es raro, incluso, que un acompañamiento vaya derivando hacia una dirección espiritual, o que lo que en un principio se inició como dirección se vaya quedando al paso del tiempo en acompañamiento. En todo caso, todas estas formas de ayuda personal son buenas, sin duda, y la dirección espiritual plena es de suyo la mejor. Para andar por los caminos del Señor, bueno es tener un compañero experto, y aún mejor es tener un guía, un director espiritual. Y no es lo mismo lo uno y lo otro, como ya hemos visto.

Ahora bien, cada cristiano en esto, como en todo, ha de procurar aquella forma concreta de acompañamiento o dirección que Dios quiera darle, y no la que a él pueda venirle más en gana, por ser más acorde a su temperamento o más conforme con la mentalidad o costumbre de su ambiente. Desde luego, como ya he señalado, el ambiente de época lleva más al cristiano a buscar acompañamiento que dirección. Por eso hoy sólamente personas muy adelantadas en el Espíritu -y por tanto, muy libres del mundo presente- suelen solicitar una dirección espiritual estricta.

A la gran mayoría de los cristianos actuales ni siquiera les viene a la mente la posibilidad de «ser conducidos» por otra persona, por muy experta que ésta sea, en las cosas de su vida espiritual. Nunca han pensado en que quizá fuera conveniente que alguien les indicara qué deben leer, o cómo han de hacer la oración, arreglar su horario o elegir sus actividades. Sencillamente, no se les ocurre siquiera esa posibilidad. Y es que el valor de la obediencia es algo completamente ajeno al espíritu de nuestro siglo.

Así las cosas, y siendo la dirección tan santificante, tan recomendada por el Magisterio y por los santos, es conveniente que el director ofrezca la dirección espiritual en sentido pleno al cristiano que, buscando ayuda personal, no la conoce suficientemente. Esa oferta, por supuesto, no ha de hacerse a cualquiera, sino que ha de realizarse con suma prudencia: sólamente 1.- cuando el cristiano está en condiciones de valorarla y de tomar una decisión prudente, y 2.- cuando cabe prever que no va a entender tal oferta como un deseo personal que el director tiene de controlar más los detalles de su vida y de ejercer sobre él una mayor autoridad.

Por eso, quizá, es en esto prudente 1.- prestar dirección espiritual a quien la pide; 2.- dar acompañamiento a quien da muestras de buscar eso sólamente; y más tarde, 3.- ofrecer la dirección únicamente a quien, por su abnegación y por su ansia de hacer la voluntad de Dios, da signos suficientes de que, si se le ofrece, va a entender la inmensa virtualidad santificante de la dirección. Esa persona habrá de ver luego en conciencia si Dios le mueve a recibir esa ayuda o no.

Por lo demás, conviene advertir que la frecuencia de los encuentros de acompañamiento o dirección puede ser muy diversa. Esa frecuencia, por supuesto, ha de ser mayor a los comienzos del camino espiritual; en tanto que puede darse una periodicidad más larga en la atención a personas ya más formadas y experimentadas en ese camino.

Y aunque la dirección espiritual parece pedir una atención especialmente asidua, puede darse perfectamente un acompañamiento en el que los encuentros son bastante frecuentes, o una dirección espiritual verdadera en la que, sin embargo, los encuentros son más de tarde en tarde. No está la diferencia en la cantidad de los encuentros -que puede ser muy variable, según las necesidades y posibilidades de la persona-, sino, como ya hemos visto, en la calidad relacional de los mismos. Hay dirección espiritual cuando la voluntad de un cristiano, en espíritu de obediencia, quiere dejarse conducir por el Señor a través de la voluntad de otro, al menos en ciertos sectores de su vida, queriendo realizar así, con más abnegación propia y más certeza, la voluntad de Dios, que es «lo único necesario» para la santidad.

Dirección espiritual de laicos

La dirección espiritual plena es, pues, una gracia especial, que da Dios ciertamente, por ejemplo, a los seminaristas (Código 239,2: spiritus director; +246,4), a los novicios o a los miembros de ciertas familias religiosas, según sus reglas y constituciones; pero que Dios concede también a muchos laicos, de entre aquéllos, se entiende, que -individualmente o dentro de una asociación concreta, que implica la dirección- aspiran con toda su alma a la perfección de la santidad.

Esta gracia, insisto, no es sólamente privilegio excepcional de unos pocos laicos. Por el contrario, si se recuerda la historia de la dirección espiritual en la Iglesia, se comprueba que en todas las épocas ha querido Dios servirse del ministerio pastoral de la dirección para la perfecta santificación de muchos laicos -los discípulos laicos de los monjes, los terciarios de las Ordenes mendicantes, los seglares dirigidos por jesuitas, oratorianos, carmelitas, etc., los movimientos y asociaciones laicales modernas (+AA.VV., direction spirituelle: DSp 3, 1957, 1002-1214)- .

Para dar un solo ejemplo actual, bien característico, podemos recordar el Movimiento de las Familias de Nazaret, fundado en 1985 por el sacerdote polaco Tadeusz Dajczer, que tienen como finalidad, según resume René Laurentin, «la santificación de las familias mediante la dirección espiritual». Según sus Estatutos, en efecto, «se recomienda a los miembros [solteros, casados o célibes] la ayuda espiritual de un sacerdote, ayuda que puede convertirse en dirección espiritual, que es un don del mismo Dios... La idea de la dirección espiritual está conforme con las indicaciones de San Francisco de Sales, que resalta la suma importancia del papel de la dirección espiritual, también en la vida de los seglares. Ella constituye de verdad una ayuda muy importante para poder salir victorioso en las difíciles etapas de la vida interior, haciendo posible evitar muchas faltas en la vida espiritual. En el camino a la santidad, el director espiritual es un guía del alma; ayuda a descubrir los signos de la actuación del Espíritu Santo en ella, la sostiene y anima en las dificultades, facilitando, al mismo tiempo, la formación de su libertad y autonomía personal» (Varsovia 1993: I,5).

San Francisco de Sales (+1622), en efecto, recomienda mucho a los laicos la dirección espiritual. En su Introducción a la vida devota, dedicada a la santificación de los seglares, tiene un precioso capítulo «de la necesidad de un conductor para entrar y hacer progreso en la devoción»:

«¿Quieres con más seguridad caminar a la devoción? Busca algún hombre virtuoso que te adiestre y guíe... Jamás hallarás tan seguramente la voluntad de Dios como por el camino de esta humilde obediencia, practicada y estimada en tanto por todos los antiguos devotos... Más ¿quién hallará este amigo? Los humildes, los que de verdad desean el crecimiento espiritual... Ruega, pues, a Dios con toda tu alma para que te dé un guía que sea según su corazón... Pondrás en él una gran confianza, mezclada de una sagrada reverencia, de suerte que la reverencia no disminuya la confianza y que la confianza no estorbe la reverencia. Confía en él con el respeto de una doncella para con sus padres, y respétale con la confianza de un hijo para con su madre. Esta amistad, en fin, ha de ser firme y dulce, santa, sagrada, divina y espiritual... Pídele a Dios [un guía], y habiéndole hallado, persevera con él, dando gracias a su divina Majestad, y no buscando otras novedades, sino irte siempre por el camino que tu guía te muestra, simple, humilde y confiadamente; y con esto harás un dichoso viaje» (I p., cp.4).

En espíritu de obediencia

En el texto precedente, como en casi todos los de la tradición sobre la dirección espiritual, se habla una y otra vez de la obediencia espiritual que debe vivir el que busca con un guía la perfecta santidad. Hoy algunos prefieren en la dirección espiritual no seguir hablando de obediencia, sino de docilidad o virtudes semejantes. La cuestión a veces, también aquí, es más sobre palabras que sobre realidades espirituales; aunque no siempre. Convendrá, en todo caso, que examinemos aunque sea brevemente la cuestión.

 

Los laicos deben vivir espiritualmente aquellos mismos consejos evangélicos que los religiosos viven espiritual y materialmente. Han de tener, por ejemplo, espíritu de pobreza, aunque su vocación no les permita muchas veces participar de ciertas austeridades normales entre religiosos, ni las realizaciones prácticas de ese espíritu puedan tampoco tener formas tan concretas y predeterminadas como las que se dan en la vida religiosa. Pues bien, de un modo semejante, el laico, aunque no tiene propiamente superiores del fuero externo o interno a quienes obedecer en el sentido canónico estricto, sigue las indicaciones de su director espiritual con un espíritu de obediencia, cuyas aplicaciones concretas no están determinadas en una regla -como en el caso de los religiosos-, ni le obligan estrictamente bajo pecado. Ahora bien, quede claro que tanto en uno como en otro caso se trata en el cristiano laico de vivencias genuinas de la pobreza y de la obediencia evangélicas, con toda su fuerza liberadora de la caridad, y no de sucedáneos meramente ilusorios o verbales.

En la dirección espiritual de los laicos, es verdad, el director no tiene normalmente una autoridad jurídica, que haga de él, en el sentido canónico, un superior externo o interno, al que se debe -incluso a veces bajo pecado- obediencia estricta. El laico cristiano, sin embargo, presta a la autoridad espiritual de su director una verdadera obediencia espiritual, hecha de docilidad intelectual y, en conciencia, de sincera sujeción voluntaria. Y puesto que el campo de la obediencia no está claramente delimitado en el laico -como lo está en el religioso, al menos en ciertos casos-, ejercita su espíritu de obediencia siguiendo en cada caso la luz de la prudencia sobrenatural. Prestará así, por ejemplo, una obediencia más exacta y confiada en ciertas cuestiones -lecturas, prácticas espirituales, actividades caritativas, frecuencia de sacramentos, evitación de ciertas cosas-, mientras que en otras -una decisión vocacional, por ejemplo, o en la venta de una propiedad- habrá de aplicar su espíritu de obediencia obviamente de otros modos.

Y por su parte, igualmente, la autoridad espiritual del director ha de ejercitarse en claves muy diversas, según se trate de unas u otras personas o cuestiones. Más aún, el director espiritual normalmente no da mandatos ni consejos autoritativos al dirigido, sino que le ayuda para que él mismo tome decisiones buenas, plenamente gratas a Dios, libres de los engaños del Maligno, bien iluminadas por la fe y por los ejemplos de los santos. Es decir, le ayuda a tomar decisiones exentas de motivos falsos, de apegos desordenados, de miedos, ambiciones o presiones indebidas del mundo.

En ocasiones, convendrá que el director apruebe ciertas decisiones del dirigido -o no les ponga al menos su veto, exigiendo una demora en el discernimiento-. Pero también, otras veces, en conciencia, el director deberá impulsar firmemente al dirigido con determinados mandatos o consejos, generalmente formulados en diálogo con él, y siempre modificables en base a las experiencias y diálogos posteriores.

Unas veces los motivos dados por el director para justificar lo que prescribe o prohibe resultarán convincentes para el dirigido, y otras no. «Es normal que tal cosa suceda. Pero es el momento de urgirle con suave firmeza a que, a pesar de todo, lo haga, según la palabra del Señor a Simón Pedro: "Lo que hago, tú no lo entiendes ahora; ya lo entenderás más adelante" (Jn 13,7)» (Mendizábal, Dirección 126).

Pues bien, todos esos impulsos del director, no poco diversos en su grado de apremio, han de ser recibidos por el dirigido, según Dios se lo vaya concediendo, en espíritu de obediencia. Y quiero decir con esto que, así como no a todos da el Señor la gracia de la dirección espiritual en su forma plena, tampoco a todos los que les concede tener dirección espiritual les da igualmente su gracia para que sujeten a la guía del director toda su vida, toda en absoluto, o algunos aspectos de ella sólamente. En esta delicada cuestión, como en todo, el cristiano debe aspirar en la dirección a aquella extensión concreta de la obediencia espiritual que Dios quiera concederle. No a otra, más o menos amplia.

Por otra parte, como bien observa el padre Mendizábal, «esta obediencia espiritual, por su naturaleza misma, no es obligatoria bajo pecado. Pero la obligatoriedad bajo pecado no es esencial a la obediencia. Formalmente, lo propio de la obediencia consiste en que tome como regla formal autoritativa de sus acciones la voluntad libre de otra persona constituida en autoridad [en nuestro caso, en autoridad moral o espiritual]. Con fundamento decíamos, por tanto, que los consejos del director ministerial no eran simples consejos, sino consejos autoritativos. Y que su observancia no era simple prudencia y humildad, sino verdadera obediencia, aunque sin obligación de pecado» (Dirección 60-61).

Voto de obediencia al director

Añado, en fin, que el voto de obediencia al director muy pocas veces es aconsejable a los laicos. Puede serlo a veces 1.-dentro de unos límites extremadamente concretos y restringidos; 2.-en algunos casos de escrupulosos; o 3.-en ciertas personas de altísima vida espiritual, que así quieren consumar el sacrificio total de su voluntad. Santa Teresa, por ejemplo, hizo voto privado de obediencia al padre Gracián (Cuenta conciencia 30), y Santa Juana de Chantal a San Francisco de Sales.

En el caso de los laicos, digo, no conviene normalmente que la apertura confiada que les lleva en la fe a un espíritu de obediencia hacia el director, venga por el voto a cambiarse en un vínculo de obediencia estricta. Y más inconvenientes todavía ofrecerá esto si tienen familia y complejas responsabilidades sociales y económicas, ya que con ello se podría dar lugar a problemas muy graves.

La fuerza acrecentadora de la autoridad y la obediencia

Es bien significativa la etimología de la palabra auctoritas. Auctor hace referencia no sólamente a lo que está en el inicio de una criatura (autor, creador, productor), sino también a lo que tiene capacidad para promover su crecimiento (augere, aumentar, acrecentar, engrandecer). Dicho de otro modo, por lo que se refiere a las personas humanas: la autoridad es una fuerza acrecentadora, que las personas hacen suya por la obediencia.

Esta verdad se nos muestra con la máxima claridad si pensamos en la autoridad de Dios, el Autor supremo, la fuente de toda legítima autoridad; pues es evidente, en la fe, que la persona crece en la medida en que le obedece. Pero también hemos de aplicar esa verdad, aunque en su medida propia, a las autoridades que participan de la autoridad de Dios, como es el caso de padres, maestros, gobernantes, párrocos... y directores espirituales. Desde luego, se trata de formas muy diversas de autoridad, que a su vez se ejercen de muy distintos modos según la edad física o espiritual de las personas. Pero todas ellas son participaciones reales de la Autoridad divina, fuente de toda bondad y crecimiento, y por tanto, todas esas autoridades son fuerzas acrecentadoras de las personas que las obedecen.

Esta gran verdad es la que ha llevado a los maestros espirituales cristianos a aconsejar a los fieles, sean laicos, sacerdotes o religiosos, la dirección espiritual. Santa Teresa, por ejemplo, pensaba que, «aunque no sean religiosos, sería gran cosa -como lo hacen muchos- tener a quien acudir, para no hacer en nada su voluntad» (3 Moradas 2,12).

Cuántas veces sucede entonces, que aquello que venía siendo imposible a una persona, se le hace posible por esta nueva gracia de Dios. Y es que, como le dijo el Señor a Santa Teresa, «hija, la obediencia da fuerzas» (Fundaciones pról. 2).

San Francisco de Sales recomendaba: «Haz que tu padre espiritual ordene las obras de piedad que debes observar, porque así ellas serán mejores y poseerán doble gracia y bondad: una, por ellas mismas, pues son obras buenas; otra, por la obediencia que las ha ordenado y en virtud de la cual son hechas» (Introducción a la vida devota III p., cp.11).

Así pues, «aprovéchese de la obediencia a voluntad ajena -exhortaba San Juan de Avila (+1569)-, y comprobará que anda Dios en la tierra para responder a nuestras dudas, para encaminar nuestra ignorancia, y para dar fuerza a los que, obrando por nuestra voluntad, no teníamos fuerza para ello» (Carta 220).

Todo es gracia

Tener una regla de vida, hacer unos votos, recibir la guía de un director espiritual, todo eso son gracias de Dios, dones que pueden y a veces deben procurarse y pedirse, y siempre recibirse, si Dios los da; pero que no se pueden tomar por una simple decisión del hombre -como si sólamente «dependieran de su generosidad»-. De otro modo, reglas, votos y directores más serían para el cristiano estorbo que ayuda. Ésa es la humilde y maravillosa sabiduría del Bautista, cuando dice: «No conviene que el hombre se tome nada, si no le fuere dado del cielo» (Jn 3,27).
(Desconozco el autor).

Formacion de catequistas. 4. Perseverar en la oracion.

Perseverar en la oración

«Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.»

Hech. 1, 14

 

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos señala en varias oportunidades esta actitud de los primeros discípulos de reunirse y orar juntos para escuchar la voluntad de Dios. Los apóstoles habían aprendido de Jesús su manera de orar al Padre. Realmente les había llamado la atención esta disposición de Jesús, expresada en la búsqueda de momentos y lugares para orar, tan diferente a las prácticas de oración del pueblo judío, caracterizadas por lo ritual, la repetición, los horarios fijos.

Jesús les había enseñado a orar en la vida y a orar la vida... para encontrar la voluntad de Dios y la fuerza para ponerla en práctica. Por eso, el primer testimonio que encontramos de la comunidad primitiva es su disposición a orar...

Perseveraban...

La oración no es para un rato, o para hacer de vez en cuando. Es una práctica de vida, un estilo de comunicación con Dios que hay que ejercitar. La oración requiere esfuerzo, dedicación, interés, ganas, constancia...

...juntos...

La oración de los discípulos es compartida, en común, en comunidad. Al Padre nos dirigimos como comunidad. Buscamos su voluntad unidos. Porque así nos damos fuerzas, aliento mutuo y además aprendemos de los demás. Porque Dios, muchas veces, habla a través de los que tenemos al lado.

... en compañía de María...

La madre es mediadora ante el Señor. Ella intercede para llevar nuestra oración. María es maestra de oración. La Biblia nos repite, en los evangelios, que María guardaba la Palabra de Dios y la meditaba en su corazón. Siguiendo su ejemplo podremos descubrir al Dios vivo y verdadero que conoció María. El Dios del Magnificat, el Dios que libera, que hace justicia y hace maravillas en aquellos que siguen sus pasos.

Propuesta para  una reunión de catequistas

1.      Leemos en común Hech. 1,14
En parejas trabajamos:

¿Cómo es tu oración personal?

¿Le dedicas tiempo por día, por semana a la oración?

¿Cómo rezas? (contarle al otro cómo es nuestra manera cotidiana de rezar)
2.      Nos reunimos de a dos parejas:

¿Qué fue lo que más te impactó de lo charlado en el paso anterior?

¿Aprendiste algo del otro? ¿Qué?

¿Como catequistas, como es nuestra oración en común? ¿Rezamos? ¿Cuándo? ¿Cómo?

¿Qué nos enseña María con respecto a la oración?

Ponerse de acuerdo en tres propuestas para mejorar la oración en común del grupo de catequistas. Escribirlas.
3.      Nos reunimos en el grupo grande:

Se ponen en común las propuestas y se eligen dos para intentar vivir en la segunda mitad del año que resta.

Se acuerda reunirse nuevamente a fin de año para evaluar si se han cumplido las propuestas y si han servido para mejorar la oración personal.

Concluir el encuentro con una oración espontánea.

Como signo visible, cada participante toma la Palabra de Dios y la aprieta contra su corazón, dice su oración y pasa la Biblia al compañero del costado, para que repita el gesto, haga su oración... y así recorrer una ronda de oración en común.

Terminar con un canto a María.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 3. Los frutos del Espiritu en la vida del catequista.

Los frutos del espíritu en la vida del catequista

«El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.»

Gálatas 5, 22

El tiempo de Pentecostés es un excelente momento para revisar nuestra vocación y práctica de catequistas.

Ser catequista es anunciar la Palabra de Jesús, dar testimonio del Evangelio, y enseñar a los demás con nuestra palabra y nuestra vida.

El origen de la palabra catequista es «hacer resonar». Siempre que pregunto en los talleres de espiritualidad del catequista, con qué imagen asociamos este significado tan motivador des ser catequista, me responden «con una campana». En nuestros días se escuchan pocas campanas, pero si andamos en este mundo podremos recordar campanas que escuchamos sonar.

Yo me acuerdo mucho de dos:

La campana del colegio... Señalaba el comienzo (¡alegría!) del recreo, y también su finalización (no tanta alegría...)

La campana de la parroquia... Marcaba las horas del día y sonaba con fuerza antes de cada misa dominical llamando a la comunidad.
La campana era una señal, con su tañido nos hablaba de otra realidad más importante y trascendente que su sonido mismo.

Ser catequista tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe ser capaz de evocar algo más importante que nos trasciende: la Palabra de Dios, el encuentro con Jesús.

El sonido de la campana es signo... y también lo es nuestra misión de catequista. Signos de la vida nueva a la que Dios nos invita, signo de la compañía de Dios que camina a nuestro lado-signo de la comunidad que nace en torno a la palabra, a la oración, a la enseñanza, a los sacramentos, al compartir.

El catequista vive animado por el Espíritu de Jesús, pide su guía y su aliento para ser fiel a su misión y poder anunciar el Evangelio.

¿Cómo está «sonando» nuestra campana en estos tiempos?

¿Estamos dando los frutos que el Espíritu espera de nosotros?
Para trabajar en grupos

Los frutos del Espíritu en la vida del catequista

Leemos el texto de Gálatas 5, 22

Recortamos siete campanas de cartulina y le ponemos a cada una el nombre de uno de los frutos del Espíritu (conviene que las campanas sean grandes).

Nos dividimos en parejas (y si somos pocos cada uno trabaja con una campana). A cada pareja se le da una campana y la siguiente guía:

¿Qué significa ser campana de caridad, alegría, paz... (cada uno completa según su campana) en la vida de un catequista?

Nombrar tres actitudes que como catequista ayudan a que suene esa campana.

Nombrar tres actitudes que como catequista no ayudan a que la campana suene, actitudes que ahogan ese fruto, que no lo muestran, que no lo transmiten.

Escribir una pequeña oración que comience con la frase: «Espíritu de Jesús ayúdanos a ser campana de...»
Las actitudes y la oración se escriben dentro de la campana de cartulina.

Se pone en común lo trabajado en los grupos (o individualmente si son pocos).

En ronda realizamos una oración compartida. Si es posible tener una campana de verdad, a medida que cada catequista va haciendo su oración personal en voz alta, al terminar hace sonar la campana y se la pasa al de al lado.

Entre todos escribir una nueva campana con un compromiso común a intentar vivir como catequistas. Colgar esa campana en un lugar visible dentro de la parroquia.

Terminar con un canto al Espíritu Santo.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 2. Dios nos llama a ser catequistas.

20120806182741-abrir.png

Dios nos llama a ser catequistas

 

Antes de iniciar la reflexión de este artículo

Intenta recordar la manera en que Dios te llamó a ser catequista ¿Cuándo fue? ¿Cómo? ¿De qué se valió Dios para irrumpir en tu vida y llamarte?

¿Te acuerdas de personas que supieron transmitirte la Palabra de Dios en tu vida? ¿Quiénes te enseñaron las cosas de Dios, aún sin tener un título de catequista, pero viviendo la misión de un catequista?

Busca en la Palabra de Dios los siguientes textos. Observa en ellos cómo llama Dios y cómo responden las personas.


Abraham         -    Gén. 12, 1-5
Moisés            -    Ex. 3, 1-4, 17
María               -    Lc. 1, 26-38
Discípulos       -    Mc. 1, 16-20
¿Encuentras elementos en común con tu vida? ¿Descubres nuevas maneras de llamado que pueden ayudarte a pensar si Dios te sigue llamando hoy?

Cuando compartimos nuestras experiencias de vida como catequistas, cuando somos capaces de revisar nuestra vocación y descubrir la forma en que Dios nos ha llamado a cada uno... y meditamos nuestra vida a la luz de la Palabra siempre viva de la Biblia, aprendemos como:

Dios utiliza distintos medios para llamarnos:

nos llama a través de personas
nos llama a través de situaciones de la vida
nos llama a través de señales o signos
Sentir el llamado de Dios, darse cuenta que Dios llama
Dios pasa por la vida de todos los días, hay que estar atento para escucharlo.
Tener la capacidad de descubrir la presencia de Dios.
Lo cotidiano, la vida de siempre, ése es el lugar que Dios elige para revelarse, para correr el velo y descubrirnos que está pasando por ahí.
La vocación es un proceso (tiene etapas, tiene momentos, se va viviendo)

El llamado de Dios es progresivo, nuestra vida es una historia de sucesivos llamados.
Hay que aprender a mirar la vida con otros ojos para encontrar las huellas de Dios en nuestro caminar.
La vocación es camino, más que puerta de entrada, y se hace camino al andar...
Todos recibimos dones para que podamos vivir nuestra vocación
Dios no nos deja solos, su garantía es que Él está junto a nosotros.
Todos hemos recibido mucho, hay que descubrir que recibió cada uno, para ponerlo al servicio de los demás (parábola de los talentos).
Dios nos llama constantemente, también nos va mostrando nuevos dones que no sabíamos que teníamos.
A veces nos cuesta vivir la vocación (dudas, miedos, incertidumbres)

El llamado de Dios siempre es un desafío, un cuestionamiento, un compromiso…
Decir sí al Señor compromete la vida.
Las dudas, miedos e incertidumbres son parte del camino, nos ayudan a seguir buscando, nos recuerdan que nunca podremos encontrarlo todo, nos descubren nuestra esencia vital de peregrinos...
Leer la Biblia, la Palabra de Dios, nos ayuda a descubrir nuestra vocación
Cuando leemos la Palabra encontramos ejemplos de personas que vivieron llamados parecidos a los nuestros.
Sus vidas nos muestran que es posible responder al Señor e iniciar un camino de compromiso
Sus experiencias también nos hablan de un lento descubrir que quiere Dios de nosotros y un camino de respuesta que pasa por la vida y no por decir, de palabra, «Señor, Señor...» (la respuesta se da con la vida).
Nuestra respuesta al llamado de Dios es servir y ayudar con disposición y alegría
Dios llama para dar una misión, un compromiso, una tarea en bien de los demás.
La respuesta es estar disponible a la misión que El nos vaya mostrando.
La alegría en el servicio es signo de que nuestra entrega es sincera y fecunda.
Transmitir el mensaje de Dios y el amor de El
Dios nos llama para ser instrumentos de su mensaje y para colaborar con Él en la construcción de su Reino para mostrar con nuestro testimonio (porque a las palabras... se las lleva el viento) que nos ama y quiere que vivamos su amor construyendo la fraternidad real (porque nadie ama a Dios a quien no ve sino ama a su hermano al que ve).

Para trabajar en grupos

Dios nos llama a ser catequistas

Para reflexionar con la Palabra y la vida

Trabajar en pequeños grupos con las preguntas y textos que aparecen al principio del artículo.
Si se pueden formar cuatro grupos, repartir un texto para cada uno.
Comentar con el grupo qué conocemos del personaje bíblico del texto.
Hacer una lista de características de cómo Dios llama y cómo es la respuesta de cada persona ante ese llamado.
Para la puesta en común

Escribir en un afiche, en dos columnas, las características que observamos del llamado y respuesta en el texto bíblico.
Escribir entre todos una oración que relacione el texto leído con la experiencia de catequista de los integrantes del grupo.
Plenario

¿Qué encontramos en común con nuestras vidas?
Compartir las oraciones.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. 1. En la huella del Buen Pastor.

20120806182843-huella-buen-pastor.png

En la huella del buen pastor

La figura de buen Pastor con la cual Jesús se identifica puede ayudarnos a descubrir rasgos poco explorados de nuestra vocación catequística.

Para un pueblo acostumbrado a la vida rural, como era el israelita, la imagen del pastor se asociaba fácilmente a una serie de tareas, rutinas, preocupaciones y cuidados propios de su oficio. La cotidianeidad del ejemplo que señalaba Jesús permitía reconocer de inmediato las situaciones que la comparación sugería.

Andando por el campo he tenido la suerte de poder contemplar pastores cuidando sus ovejas u otros animales... la reflexión de la Biblia conjugada con la vida va enseñando y descubriendo el gran tesoro de esta comparación que Jesús utiliza para darse a conocer. Creo que como catequistas tenemos mucho que andar en la huella del Buen Pastor.

El Buen Pastor, Jn. 10, 1-42
Es bueno leer el capítulo entero, pues a las palabras de Jesús, Juan opone la reacción de los judíos.

1) Ir leyendo el evangelio y anotar las actitudes de buen pastor que Jesús propone.

2) Para cada actitud recordar situaciones de la vida de Jesús donde podamos apreciar cómo la vivió él de manera concreta.

3) Relacionar cada actitud con nuestra práctica de catequistas, ¿cómo incorporar a nuestro ser catequista esta manera de ser de Jesús?

Te presentamos algunas actitudes para ir pensando

• El buen Pastor conoce sus ovejas

¿Conocemos la vida de nuestros catequizandos? ¿Compartimos sus alegrías, sus angustias, sus esperanzas, sus desalientos? ¿Sabemos lo que están viviendo las familias que tenemos a cargo? ¿Nos interesamos por sus situaciones de vida?

• Las llama por su nombre
¿Tenemos un trato personal con nuestros catequizandos? ¿Buscamos llegar a su interioridad? ¿Somos portavoces para que el Señor llame a cada uno por su nombre a través nuestro?

• Camina al frente de sus ovejas
¿Damos testimonio de lo que enseñamos? ¿Intentamos vivir lo que creemos? ¿Somos los primeros en cumplir lo que pedimos a los demás que cumplan? ¿Vivimos en forma coherente como para ir al frente y de frente?

• Da la vida
¿Entregamos lo mejor de nosotros por los demás? ¿Buscamos donar los talentos que recibimos de Dios para beneficio de los otros?

• Sus obras lo dan a conocer
¿Nuestras obras, nuestros gestos, nuestras actitudes de vida muestran a los demás lo que creemos y enseñamos? ¿Somos transparentes: los demás descubren y encuentran al Dios de la Vida a través de nuestra práctica?

¿Nuestra manera de estar con los demás... refleja y testimonia nuestra cercanía a Dios?

Para trabajar en grupos

Para reflexionar:
Leer en silencio el salmo.
Elegir una frase y repetirla en voz alta
Comentar con el grupo por qué elegiste esa frase.
  A partir del salmo descubrir nuevas actitudes y características del catequista.
Para la puesta en común:

Sintetizar en un dibujo las características descubiertas
Escribir entre todos el salmo como si hubiera sido  escrito en nuestro tiempo, usando imágenes, situaciones y palabras de nuestra cultura.
(
http://www.seminariobogota.org
).

Formacion para catequistas. Introduccion.

20120806182938-introduccionh.jpg

Introducción

Este material recopilado de varios libros de formación para catequistas, ofrece sugerencias para encuentros de reflexión sobre los diversos aspectos del catequista hoy.

Este material quiere ser un apoyo para ustedes catequistas. Con el quiero darles algunas pistas para trabajen mejor en el campo de la catequesis. Quiero decirles que su misión es importantísima en la Iglesia hoy. Pues nosotros somos realmente indispensables. Ya que hemos recibido una misión de la comunidad y, a través de ella, del mismo Jesucristo. Tenemos que encarnarla con seriedad. Y paso a paso descubriremos cada vez más su identidad.

Nadie se convierte en un buen catequista de un día para otro. Es un caminar. Puede ser que nosotros tengamos un verdadero don para la catequesis; pero, aunque así sea, necesitamos formación e información. Hoy en día la catequesis da pasos largos y se transforma a pasos agigantados. Pues hay nuevos puntos de vista y nuevos rumbos. Quien no profundiza pierde el tren y queda desubicado en la realidad de hoy. Nuestra misión es muy seria. La catequesis es la primera misión de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II pide a todos los agentes de pastoral, que dediquen especial atención a la catequesis. Y nosotros podemos ayudar en esa misión.

Se trata también de una tarea sumamente ardua y delicada, porque la catequesis no es simplemente una enseñanza, sino la transmisión de un mensaje de vida. Es transmisión del Reino de Dios presente entre nosotros.

El objetivo de este material, es ayudarnos con herramientas  de reflexión para desempeñar mejor la tarea de ser catequistas.

Roberto Carlos Marzola

Seminario Mayor Arquidiocesano de Bogotá
(
http://www.seminariobogota.org
).

Decisiones.

DECISIONES
Por Ma. Julia Braña Fernández

Periódico Noticias de Querétaro, 27/02/12

 
¿Te has dado cuenta que el “poder” más grande que tenemos es decidir?, cada momento del día puedes decidir qué hacer o que no hacer. Decides si te levantas temprano o tarde, decides si desayunas o no o que desayunas, decides que ropa vas a usar, que vas a comer, etc.

Todo el tiempo tomamos decisiones desde las más triviales hasta las que marcan nuestra vida, como si me caso o no, con quien me caso, si estudio, si administro y aprovecho mi tiempo o mi dinero.

A veces estamos decidiendo sin saber, o sin tener consciencia de lo que decida hoy marcará mi vida del mañana. Y aunque es cierto que el futuro no existe en ciertas decisiones que tomamos depende realmente toda nuestra vida.

También el no decidir es decidir, cuando te quedas pasivo y no tomas las decisiones que te pongan en acción, decides desperdiciar tiempo, recursos y Oportunidades que tal vez no se vuelvan a presentar.

Tú puedes decidir qué clase de padre o hijo quieres ser, que clase de pareja con tu esposo o esposa, novio o novia. Qué clase de empleado, trabajador o jefe eres.

Más allá de tu personalidad, de tu temperamento, de hábitos o conductas aprendidas, puedes hacer uso del poder de decidir.

Imagina a alguien que admiras, piensa. Qué es lo que te gusta de esa persona y decide comportarte axial, por ejemplo ser un caballero es una decisión, no serlo, también. Ser una persona educada esta en ti, toma la decisión.

Igual pasa con los niños, ¿Qué clase de hijos quieres?, ¿Estás dispuesto o dispuesta a hacer lo que sea necesario soportando las molestias que esto te ocasiona?.

Toma la decisión de educar a tus niños, tal vez creas que es muy difícil, tal vez creas que no se puede o que este hijo es así y ya no tiene remedio, pero no es así, es solo una decisión.

Cuando los niños saben que es en serio lo que decimos y cumplimos siempre nuestra palabra en el 98% de los casos los pequeños obedecen, cuando lloran hacen berrinche y no te hacen caso es porque no hay certeza, firmeza y credibilidad en tus palabras.

Escoge un objetivo y toma la decisión de cumplirlo, diseña una estrategia para lograrlo y veras qué fácil es.

Toma la decisión hoy de ser la persona que quieres.

Recuerda que no decidir es también una decisión. Suerte

Escríbenos a

fantasy,qro@gmail.com
o

Llama a CENTRO PREESCOLAR FANTASI

06/08/2012 18:30 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

en aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado". Entonces la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".

____________________________________________________________


El evangelio según San Juan estructura el "Discurso del Pan de la Vida" empezando por la invitación a trabajar por el "alimento que dura" y acabando por la petición final: "Señor, danos siempre de ese pan".

El camino tiene tres etapas: a) los que han comido hasta saciarse (del pan que se acaba) son invitados a trabajar "por el alimento que dura"; b) Jesús anuncia: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado"; c) Jesús revela: "Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo".

Hasta el v. 35 el texto deja abierta la cuestión de cuál es este "verdadero pan del cielo". La tradición bíblica a menudo habla del "alimento de la Palabra de Dios".

La gente se muestra dispuesta a lo que sea para "trabajar en lo que Dios quiere"; y Jesús aclara que la obra que Dios quiere es "que crean en aquel a quien él ha enviado". Pero la disposición a creer se enfrenta con un obstáculo: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte?".


¿QUÉ SIGNO VAMOS A REALIZAR NOSOTROS PARA QUE NOS CREAN?


*¿Vamos a seguir aprovechándonos de nuestro puesto en alguna oficina gubernamental para algún negocito - o negociote- chueco?

*¿Vamos a seguir haciendo trampitas -o trampotas- en nuestros comercios o empresas de servicio?

*¿Vamos a seguir haciéndole al "ai se va" en nuestro trabajo en la fábrica, en la oficina, en el taller o en el campo, o en la escuela?

*¿Vamos a seguir diciendo que los problemas particulares de nuestros trabajadores no son asuntos que deban importarle a la empresa?

*¿Vamos los esposos a seguir viviendo como perros y gatos?

*¿Vamos a seguir dejando que se las arreglen como puedan los pobres que viven a nuestro alrededor?

*¿Vamos a seguir en nuestros comercios aligerando los kilos, acortando los metros o los litros e inflando los precios?

*¿Vamos a seguir votando en las elecciones, sin ninguna preocupación por el bien general de nuestro país?

*¿Qué obras vamos a hacer los cristianos para que la gente crea que nuestra religión sirve para algo?
(
http://www.debate.com.mx/eldebate/Articulos/ArticuloOpinion.asp?IdArt=12342516&IdCat=6116
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

miércoles, 1 de agosto de 2012El Pan de vida (Jn 6,24-35)


18º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio
24 Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús. 25 Y al encontrarle en la otra orilla del mar, le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?
26 Jesús les respondió:
—En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los signos, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado. 27 Obrad no por el alimento que se consume sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó Dios Padre con su sello.
28 Ellos le preguntaron:
—¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?
29 Jesús les respondió:
—Ésta es la obra de Dios: que creáis en quien Él ha enviado.
30 Le dijeron:
—¿Y qué signo haces tú, para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obras realizas tú? 31 Nuestros padres comieron en el desierto el maná, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo.
32 Les respondió Jesús:
—En verdad, en verdad os digo que Moisés no os dio el pan del cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da la vida al mundo.
34 —Señor, danos siempre de este pan —le dijeron ellos.
35 Jesús les respondió:
—Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed.
Este discurso de Jesús se abre con una introducción a modo de diálogo entre Él y los judíos, donde se revela cuáles son los bienes mesiánicos que Él trae. Los interlocutores creían que el maná —alimento que diariamente recogían los hebreos en su caminar por el desierto (cfr Ex 16,13ss.)— era símbolo de los bienes que traería el Mesías; por eso piden a Jesús que realice un portento semejante al del maná. Pero no po­dían ni siquiera sospechar que el maná sólo era figura del gran don mesiánico que Dios iba a comunicar a los hombres: su propio Hijo presente en el misterio de la Sagrada Eucaristía. En el diálogo, Jesús intenta conducirles a un acto de fe en Él, para después revelarles abiertamente el misterio de su presencia en la Eucaristía.
«A éste lo confirmó Dios Padre con su sello» (v. 27). Con esta frase alude el Señor a la condición por la que sólo Él, el Hijo del Hombre, puede dar a los hombres los dones mencionados: porque siendo Jesús Dios y hombre, su naturaleza humana es el instrumento por el que actúa la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Santo Tomás de Aquino comenta así esta frase: «Lo que el Hijo del Hombre dará, lo posee en cuanto supera a todos los demás hombres por su singular y eminente plenitud de gracia (...). Cuando un sello se imprime en la cera, ésta recibe toda la forma del sello. Así el Hijo recibió toda la forma del Padre. Y esto de dos modos: uno eterno (generación eterna), del cual no se habla aquí porque el sello y lo sellado son de distinta naturaleza. El otro, que es el que hay que entender aquí, es el misterio de la Encarnación, por el que Dios Padre imprimió en la naturaleza humana el Verbo, que es resplandor y sello de su sustancia, como dice Hebreos (1,3)» (Super Evangelium Ioannis, ad loc.).
Publicado por Francisco Varo
(
http://bibliadenavarra.blogspot.com.es/2012/08/el-pan-de-vida-jn-624-35.html
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

[Evangelio del domingo, 5 de agosto 2012]
 


Juan 6,24-35:
 
En aquel tiempo, cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron:
 «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
 Jesús les contestó:
 «Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello».
 Le preguntaron:
 «¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?».
 Jesús les respondió:
 «Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado».
 Le replicaron:
 «¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».
 Jesús les dijo:
 «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo».
 Ellos le dijeron:
 «Señor, danos siempre de ese pan».
 Jesús les dijo:
 «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
 
Después de que Jesús ha alimentado a la multitud con los cinco panes y los dos peces, y ha tenido que huir porque querían hacerlo rey, la gente sigue persiguiéndolo, buscándolo, esperando de él más signos prodigiosos.
 Cuando lo encuentran, Jesús les echa en cara que no le buscan por haber entendido el signo de los panes, sino porque han quedado saciados. Les está pidiendo que profundicen en su búsqueda, que comprendan que su mensaje va mucho más allá del estómago. Por eso, comienza esta semana un discurso que continuará en próximos domingos y que quiere explicarles que Jesús mismo es el pan de vida que necesitan: el «discurso del pan de vida».
 Ante todo, hace una distinción entre el pan que se puede corromper i el «pan eterno», un pan que da vida plena, auténtica. La comparación es muy interesante, también para nuestro tiempo, porque hoy mucha gente tiende a pensar que la religión es un elemento separado de la vida cotidiana, que la relación con Dios se realiza en unos momentos a la semana, pero el resto del tiempo se vive la «vida real», que no tiene nada que ver con la fe. Por eso Jesús usa la comparación del alimento más común, del pan. Para él, vivir en la presencia de Dios es tan frecuente y tan habitual como el comer; y además, tan necesario.
 La segunda pregunta de la gente también tiene miga: Qué hemos de hacer. De nuevo Jesús rompe una distinción que solemos hacer los cristianos: por una parte está la fe en Dios, la oración, los sacramentos, y por otra están las obras de amor y justicia que nosotros hacemos por nuestra fe. Para Jesús no son dos cosas distintas: Lo que Dios quiere que hagamos no es una acción, sino que «creamos» en Jesús. ¿No es un planteamiento muy pasivo? ¿No nos pide Dios que ayudemos a construir el Reino luchando contra la injusticia y haciendo una sociedad más solidaria? Claro que sí, pero todo esto es lo que Jesús llama «fe». Estamos demasiado acostumbrados a pensar que la «fe» es algo que está dentro de nuestra cabeza, o de nuestra alma, cuando en realidad la «fe» es un estilo de vida que incluye pensamiento, sentimiento y acción, todo unido e inseparable. Por eso, la obra que Dios nos pide es creer en Jesús.
 La tercera pregunta de la gente es sorprendente, le exigen un signo milagroso de parte de Dios, como si alimentar a miles de personas lo hiciese cualquiera. Ellos no han entendido que el signo del pan en realidad estaba indicando quién es Jesús: el verdadero alimento del mundo. Ahora quieren otro milagro, y Jesús no se lo va a dar, porque lo importante es que profundicen en lo que han vivido con Jesús, que comprendan que él es el regalo definitivo de Dios al mundo.
 El evangelista Juan lee la historia del pueblo de Israel como una flecha que apunta hacia Jesús, por eso cuando Dios dio maná a su pueblo en el desierto, estaba dándoles vida para anunciarles que, algún día, les daría vida definitiva. Ese día ya ha llegado, por eso Jesús se compara al pan que ha bajado del cielo enviado por el Padre.
 Para nosotros, cristianos de hoy en día, las palabras de Jesús nos tienen que sugerir muchas cosas. Por un lado, podemos preguntarnos si realmente Jesús es tan cotidiano en nuestras vidas como el pan, si comprendemos que él está siempre a nuestro lado, que la fe no es un adorno de los domingos, sino una forma de vivir a cada momento. También nos ayuda a entender la eucaristía, que no es una celebración obligatoria, porque ninguna ley obliga a comer, sino una reunión en la que Jesús nos alimenta con su vida.
 Podemos rezar confiados y agradecidos al Padre, conscientes de que él nos ha enviado a su Hijo para darnos vida plena, y seguir pidiéndole que «nos dé el pan de cada día». Podemos pedirle también que nos ayude a comprender qué quiere de nosotros: Jesús lo ha dicho claro, que creamos en él, y eso nos tiene que llevar a vivir de una determinada manera, llena de Dios y de vida, que sea capaz de dar vida a los demás.
 
(Domingo 18.º Ordinario – Ciclo B)
(
http://www.bibliayvida.com/2012/08/el-mensaje-de-jesus-tiene-miga-juan-624-35/
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

DOMINGO XVIII T.O. CICLO B. JN 6,24-35. EL PAN DE DIOS DA

 

DOMINGO XVIII T.O. CICLO B. JN 6,24-35.
EL PAN DE DIOS DA VIDA
 
María se esfuerza cada día en trabajar para ganar el pan con el sudor de su frente y alimentar a sus hijos. Salomé más allá espera que le den el alimento gratis sin hacer nada por la vida. Así les sucedía a los oyentes de Jesús, lo buscaban porque les había dado de comer. Hay necesidades profundas de alimento, por el egoísmo de unos pocos que no quieren compartir el pan de la libertad ni del trabajo con los demás. El evangelio de Jn 6,24-35 nos presenta a Jesús interpelándonos: “Trabajen no por un alimento que se acaba, sino por un alimento que permanece para la vida eterna” (v.27). El camino hacia Dios, es un camino de libertad que se construye con el esfuerzo de hacer realidad la obra de Dios. Es la búsqueda del pan del amor, de la reconciliación, de la justicia como signo de la paz. Por eso quiere llevar a sus oyentes a descubrirnos que él es el “enviado de Dios” (v. 29). Y creer en él es realizar la obra de Dios. Y la obra de Dios consiste en superar esta realidad de extrema pobreza, donde no haya niños desnutridos ni hambrientos. A veces queremos justificarnos como los oyentes de Jesús: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto” (v.31). Y Jesús nos lleva a descubrir al Dios de la vida, que no quiere la muerte de sus hijos por la hambruna. Es el Dios de la vida que nos da el pan verdadero para que el mundo tenga vida. Jesús nos invita a reconocer que él es el verdadero Pan de Vida, si superamos el miedo a ser libres, a las falsas seguridades y a los populismos de algunos que piensan en soluciones momentáneas.
 
El reto de Jesús es que los cristianos trabajemos por el Pan de vida que permanece hasta la vida eterna. Él es el pan de Dios que da vida al mundo (v.33). Reconocerlo como el Pan que nos da la vida es esforzarnos por vivir como creyentes, una vida nueva, hacer visible una nueva condición humana, reconocernos que somos imagen viva de Dios en justicia y santidad (Ef 4,17.20-24).
 
Jesús es el Pan de Vida (v.35). Él ha venido para saciar nuestra hambre de justicia, para superar la violencia asesina que ciega la vida de niños inocentes, para crear una sociedad de paz que brinde seguridad por la vida de los ciudadanos. Él es el Pan de vida que nutre nuestra fe, la fortalece, para que hagamos posible la común unión entre hermanos, para quitar la indiferencia y enseñarnos que sólo hay eucaristía donde hay fraternidad.
 
Nuestro alimento será realizar la obra de Dios, cuando todos los cristianos aprendamos a vivir en serio la fraternidad fundada en la justicia, la reconciliación y el respeto por los derechos más fundamentales de todos, entonces podremos sentarnos a la mesa del Señor para compartir la fe y la esperanza que somos hijos, as de un mismo Padre Dios. (Fr. Héctor Herrera,o.p)
(
http://www.cecopros.org/index.php?option=com_content&view=article&id=5720:domingo-xviii-to-ciclo-b-jn-624-35-el-pan-de-dios-da-vida&catid=220&Itemid=400
).

Caminos laicales de perfeccion. Capitulo 6. Oracion, ayuno y limosna.

Caminos laicales de perfección. Capítulo 6.


Oración, ayuno y limosna

Materia de reglas y votos

El cristiano, personal o comunitariamente, puede comprometerse con Dios mediante reglas y votos en una gran variedad de materias. Ya lo vimos antes, al dar algunos ejemplos. En realidad, cualquier aspecto de la vida puede ser sujeto a regla o voto. Sin embargo, estas obligaciones no suelen establecerse en relación a aquellas obras -como el trabajo de cada día- que ya vienen urgidas por el mismo mundo. En orden a la perfección espiritual, esas obras habrán de ser bien hechas, pero no suele haber problema para que, bien o mal, sean hechas.

En cambio, será muchas veces conveniente ayudar con regla y voto aquellas obras que, siendo urgidas por Dios y no por el hombre, se quedan con frecuencia sin hacer. Sobre éstas, pues, suelen versar las reglas y los votos, tanto de religiosos como de seglares. Y como ya vimos, convendrá en concreto obligarse establemente a aquellas obras buenas que, siendo asequibles y muy convenientes a la persona, y habiendo signos de que Dios quiere concedérselas, no acaban de salir adelante con una constancia aceptable sin la ayuda de ley o voto.

Pobreza, obediencia y castidad

El campo normal de los votos en los religiosos son los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia, éste último, el mayor y principal. Tanta fuerza tienen estos tres consejos en la tradición eclesial de los estados de perfección, que, de hecho, no pocas asociaciones de laicos han buscado también la perfección evangélica, y no pocas veces la han encontrado, estableciendo ciertos compromisos en estos mismos tres consejos de Cristo.

No hay, por supuesto, en esto nada que objetar; aunque no se nos escapa que esos tres consejos -que sin duda todo cristiano laico debe vivir en espíritu- ofrecen ciertas dificultades al configurarse en compromisos concretos para los laicos.

Oración, ayuno y limosna

Más conforme a la sagrada Escritura, a la Tradición y a la disciplina de la Iglesia parece, sin embargo, buscar la materia de obligación espiritual para los laicos en la tríada penitencial: oración, ayuno y limosna.

Enseña Pablo VI que la Iglesia ha visto siempre «en la tríada tradicional oración-ayuno-caridad las formas fundamentales para cumplir con el precepto divino de la penitencia» (const. apost. Poenitemini 1966, 60). En otras palabras: la penitencia, es decir, la conversión de lo malo a lo bueno, y de lo bueno a lo mejor, se produce en los cristianos fundamentalmente por el camino de la oración, el ayuno y la limosna -los Padres a veces, en vez de limosna, dicen caridad o misericordia-.

Ésta es la convicción que expresa la liturgia al orar: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que nos otorgas remedio para nuestros pecados por medio del ayuno, la oración y la limosna, mira con amor a tu pueblo penitente, y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas» (Or. 3 dom. cuaresma).

Nuestro Señor Jesucristo, no por casualidad, en el Sermón del Monte, que es como el corazón de su evangelio, enseñó a todos sus discípulos cómo hay que orar, cómo conviene ayunar y cómo se debe hacer limosna (Mt 6,1-18). Son las tres dimensiones fundamentales de la vida espiritual según la Revelación bíblica:«Buena es la oración con el ayuno, y la limosna con la justicia» (Tob 12,8; +Jdt 8,5-6; Dan 10,3; Lc 2,37; 3,11). Y en el desierto, Nuestro Salvador confirma esta tradición ascética, uniendo oración y ayuno durante cuarenta días (Mc 1,13; +Ex 24,18).

Y en la Iglesia primera, oraciones, ayunos y limosnas vienen a formar el marco fundamental de la vida cristiana (Hch 2,44; 4,32-37; 10,2. 4. 31; 13,2-3; 14,23; 1 Cor 9,25-27; 2 Cor 6,5; 11,27).

Tradición patrística y pastoral

Los Padres de la Iglesia y los concilios organizaron la vida del pueblo cristiano precisamente con oraciones (misa dominical y rezo de Horas), ayunos (días penitenciales) y limosnas (diezmos y primicias), considerando que ese triple ejercicio establece el espacio espiritual más favorable para el crecimiento de la vida en Cristo. Y aunque las explicaciones de la tríada sagrada que hallamos en la tradición antigua no siempre coinciden, siempre son convergentes y complementarias. Más o menos todas ellas enseñan que por la oración el hombre se vuelve a Dios, por el ayuno se libera del mundo, y por la limosna se vuelve en caridad y misericordia hacia los hombres.

Véase, por ejemplo, este hermoso texto de San León Magno: «Tres cosas pertenecen principalmente a las acciones religiosas: la oración, el ayuno y la limosna, que se han de realizar en todo tiempo, pero especialmente en el tiempo consagrado por las tradiciones apostólicas [adviento, cuaresma], según hemos recibido. Pues por la oración se busca la propiciación de Dios, por el ayuno se apaga la concupiscencia de la carne, por las limosnas se perdonan los pecados (Dan 4,24). Por todas estas cosas juntamente se restaura en nosotros la imagen de Dios, si estamos siempre preparados para la alabanza divina, si somos incesantemente solícitos para nuestra purificación, y si constantemente procuramos la sustentación del prójimo. Esta triple observancia, amadísimos, sintetiza los afectos de todas las virtudes, nos hace llegar a la imagen y semejanza de Dios y nos hace inseparables del Espíritu Santo. Porque en las oraciones permanece la fe recta; en los ayunos, la vida inocente, y en las limosnas, la benignidad» (Hom. 1ª sobre el ayuno en diciembre 4).

En la tríada sagrada, oración-ayuno-limosna no son, por supuesto, exclusivamente penitenciales, sino que que son las tres obras principales de la vida en el Espíritu Santo: en relación a Dios y al prójimo, por la caridad (oración y limosna), y respecto al mundo (ayuno). Así San Pedro Crisólogo (+450) dice: «Tres son, hermanos, tres las cosas por las cuales dura la fe, subsiste la devoción, permanece la virtud: oración, ayuno y misericordia. Oración, misericordia y ayuno son tres en uno, y se dan vida mutuamente» (ML 52,320). Esta última afirmación -«se dan vida mutuamente»- es una gran verdad, sobre la que he de volver en seguida.

Es cierto, en todo caso, que la triada penitencial produce la conversión perfecta del hombre a Dios y la completa expiación por los pecados. Así explica con razones profundas Santo Tomás la conversión del pecador a Dios por esta triple vía: «La satisfacción por el pecado debe ser tal que por ella nos privemos de algo en honor de Dios. Ahora bien, nosotros no tenemos sino tres clases de bienes: bienes de alma, bienes de cuerpo, y bienes de fortuna o exteriores. Nos privamos de los bienes de fortuna por la limosna; de los bienes del cuerpo por el ayuno; en cuanto a los bienes del alma no conviene que nos privemos de ellos, ni en cuanto a su esencia, ni disminuyéndolos en cantidad, ya que por ellos nos hacemos gratos a Dios; lo que debemos hacer es entregarlos totalmente a Dios, y esto se hace por la oración» (STh Sppl 15,3).

Tres claves decisivas para el crecimiento espiritual

Ciertamente, si una persona asegura por la oración su relación con Dios, por el ayuno su libertad del mundo, y por la limosna su caridad al prójimo, en esa triple coordenada hallará el espacio de gracia más idóneo para su crecimiento en Cristo. Siempre, por supuesto, considero aquí la tríada sagrada para la conversión en un sentido muy amplio. Es la perspectiva en la que se sitúa Juan Pablo II al hacer notar que «oración, limosna y ayuno han de ser comprendidos profundamente. No se trata aquí sólo de prácticas momentáneas, sino de actitudes constantes, que imprimen a nuestra conversión a Dios una forma permanente» (14-III-1979; +21-III-1979).

—El ayuno es restricción del consumo del mundo, es privación del mal, y también privación del bien, en honor de Dios. Hay que ayunar de comida, de gastos, de viajes, de vestidos, lecturas, noticias, relaciones, televisión y prensa, espectáculos, actividad sexual (1 Cor 7,5), de todo lo que es ávido consumo del mundo visible, moderando, reduciendo, simplificando, seleccionando bien. La vida cristiana es, en el más estricto sentido de la palabra, una vida elegante, es decir, una vida personal, desde dentro, que elige siempre y en todo; lo contrario, justamente, de una vida masificada y automática, en la que las necesidades, muchas veces falsas, y las pautas conductuales, muchas veces malas, son impuestas por el ambiente, desde fuera. Es únicamente en esta vida elegante del ayuno donde puede desarrollarse en plenitud la pobreza evangélica.

—La oración hace que el hombre, liberado por el ayuno de una inmersión excesiva en el mundo, se vuelva a Dios, le mire y contemple, le escuche y le hable, lea sus palabras y las medite, se una con él sacramentalmente, celebre con alegría una y otra vez los misterios sagrados de la Redención. Pero sin ayuno, sin ayuno del mundo, si se está cebado en sus estímulos y atractivos, no es posible la oración. Es el ayuno del mundo lo que hace posible el vuelo de la oración. Cualquiera que tenga oración sabe eso por experiencia. Y a su vez, sin oración, sin amistad con el Invisible, no es psicológica ni moralmente posible reducir el consumo de lo visible. Es la oración la que posibilita el ayuno y lo hace fácil.

—La limosna, finalmente, hace que el cristiano se vuelva al prójimo, le conozca, le ame, le escuche, le dé su tiempo y su atención, y le preste ayuda, consejo, presencia, dinero, casa, compañía, afecto. Pero difícilmente está el hombre disponible para el prójimo si no está libre del mundo y encendido en el amor de Dios. El cristiano sin oración, cebado en el consumo de criaturas, no está libre ni para Dios por el ayuno, ni para los hombres por la limosna. Está preso del mundo, está perdido, está muerto.

Ya se ve, según esto, cómo oración, ayuno y limosna se posibilitan y exigen mutuamente, forman un triángulo perfecto, en el que cada lado sostiene los otros dos, un triángulo sagrado que abre la vida del cristiano a todas sus dimensiones fundamentales. Por eso, digo, parece ser una doctrina tradicional en la Iglesia que oración, ayuno y limosna son los tres consejos evangélicos más adecuados para intensificar en los laicos su consagración a Dios por el bautismo.

Algunos ejemplos para obligarse con Dios

Hay muchas formas diversas, inspiradas por la gracia divina, para establecer determinados vínculos de compromiso obligatorio con Dios. Puede un cristiano adherirse a una asociación en la que hay, sin más, un reglamento de deberes. Puede afirmar con un voto su fidelidad a ese conjunto de deberes. Puede comprometerse con un acto de consagración personal a cumplir los estatutos de una asociación. Y si el cristiano no tiene la ayuda de una asociación, puede establecer él solo o con su director espiritual una regla de vida personal, comprometiéndose con voto a guardarla, o puede limitarse a realizar uno o dos votos, con la intención de asegurar una o dos cuestiones fundamentales de su vida espiritual. O tamabién puede integrarse en una comunidad en la que todos sus miembros hacen ciertos votos, pero cada uno los suyos propios, según su gracia y sus posibilidades.

Las posibilidades, evidentemente, son muy diversas; cada una tiene sus ventajas e inconvenientes, y todas son buenas. En todo caso, cada laico cristiano que aspire de verdad a la santidad debe plantearse en conciencia la conveniencia de asegurar y estimular su vida espiritual con alguna de esas fórmulas de compromiso moral.

Aunque las obligaciones espirituales, libremente establecidas, pueden ordenarse útilmente de varios modos, como hemos visto, aquí sugiero algunas, como ejemplo, en torno a la tríada sagrada de la conversión cristiana:

-Oración. Misa diaria, o al menos comunión diaria. Preparación o meditación de la misa con un Misal de fieles. Confesión quincenal o mensual. Lectura espiritual. Ciertos actos diarios de consagración o devoción personal. Rezo del Angelus y del Rosario, si es posible en familia, Laudes y Vísperas. Visitas al Santísimo, Adoración Nocturna. Dirección espiritual. Asistencia a Retiros, primeros Viernes, Ejercicios espirituales anuales. Jaculatorias y oración continua. Etc.

-Ayuno. Moderación total en comida, vestidos, sueño, cuidados corporales. Limitar curiosidades vanas, en charlas, medios de comunicación, lecturas. Uso de la televisión -no verla, no verla nunca solo, no ver sino lo elegido previamente en programa-. Austeridad en gastos y adquisiciones, eliminación de lujos, restricción o supresión de las ocasiones peligrosas -espectáculos, revistas, bailes, piscinas y playas, ciertos viajes-. Alejarse de costumbres mundanas -en planes de vacaciones, conducta entre novios-. Etc.

-Limosna. Dedicaciones de tiempo y de trabajo, en la familia, en el estudio, en el centro laboral. Ayudas materiales -económicas, serviciales- al prójimo. Posibles diezmos. Ayudas espirituales al prójimo, en casa, en catequesis, en la parroquia y otras asociaciones. Colaboración con grupos apostólicos o benéficos. Cuidado de ancianos y enfermos. Procura de familia numerosa. Servicios al bien común de la sociedad civil, de la Iglesia. Etc.

Armas poderosas para tiempos de grandes batallas

Volvamos a lo ya dicho: si los religiosos, con la aprobación de la Iglesia, buscan la perfección con la ayuda de reglas y votos, ¿podrán los cristianos pretender la perfección sin ayudarse con alguna manera de reglamentos, votos o vínculos semejantes? Cuando pueden acudir a estos medios -que no siempre podrán, es cierto- ¿no será falsa su aspiración hacia la santidad, si no quieren obligarse con Dios a nada, de ningún modo, aun siendo a veces bien conscientes de que el hacerlo les ayudaría mucho?

Por lo que se refiere a nuestra sagrada tríada, bien sabemos hasta qué punto la sociedad actual dificulta el ayuno, estimulando sin cesar al hombre a un consumo de criaturas cada vez más ávido y cuantioso; cómo dificulta la oración, cerrando el mundo secular a toda dimensión religiosa, captando la atención del hombre de mil maneras, distrayéndole de Dios, y cebándole obsesivamente en las criaturas; y cómo dificulta la limosna -por mucho que hable de solidaridad y de fórmulas análogas-, al haber cegado sus fuentes, que son la oración y el ayuno, y al estimular indefinidamente el consumo, creando innumerables necesidades inútiles y perjudiciales.

Pues bien, «si alguno tiene oídos, que oiga» (Mc 4,23). No ha cambiado el Señor de idea. La liberación de los cristianos quiere hacerla hoy Jesucristo, como siempre, por el camino de la penitencia, es decir, por el camino de la oración, el ayuno y la caridad. No hay otra vía para salir de Egipto, atravesar el Desierto, y llegar a la la luz, la paz y la alegría propias de la Tierra Prometida. No hay otra salida para los cristianos empantanados en el mundo. Es la de siempre, la enseñada por Cristo.
(Desconozco el autor).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Comentarios Liturgia Dominical


 Domingo 12 de Agosto de 2012
 Eleazar, mártir (siglo II dC)
 19º domingo de Tiempo Ordinario

1 Re 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios
Salmo responsorial 33: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Ef 4,30–5,2: Sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo
Jn 6,41-51: Yo soy el pan de la vida, bajado del cielo
La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10).


Para la revisión de vida
¿Busco a Dios? ¿Vivo hambriento de sabiduría? ¿O me entretengo con alimentos que no sacian?
¿Comulgo con la esperanza cierta de que Dios quiere que todas sus criaturas tengan vida y vida en abundancia? ¿Enseño a otros esta gran noticia?

Para la reunión de grupo
- En 1Re 19,4-8, descubrir los dos momentos contrapuestos de descenso (desánimo) y de ascenso (levantarse). ¿En qué se refleja la superioridad de éste último?
- ¿Qué relación encontramos en Jn 6,45 y los textos de Is 54,13; Jer 31,33s?
- Leer e investigar más sobre la expresión «carne» en el evangelio de Juan.

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que la celebración eucarística aumente la comunión entre los cristianos
-Por la familia cristiana: para que reconstruyan alrededor de la mesa de la comida terrena, el amor y la comunión que proclama la Iglesia alrededor de la mesa de la Eucaristía.
-Por los que participamos en esta Eucaristía: para que sepamos compartir en la vida diaria esta palabra que el Señor hoy nos ha dirigido.

Oración comunitaria
Oh Dios, Padre nuestro, Madre nuestra: te pedimos que nos comprometas a hacer crecer «el pan de vida» en todo el mundo, para que la Humanidad sea feliz y refleje tu felicidad y tu Amor. Nosotros te lo pedimos animados por Jesús, tu Hijo, nuestro Hermano.

Oh «Dios de todos los nombres», que siempre has alimentado a todos tus hijos e hijas con el pan de tu revelación y tu asistencia a todos los pueblos; te rogamos que nunca falte a la Humanidad la acción de tu Espíritu en todos los rincones del mundo, para que en todas las lenguas y bajo todos los nombres podamos sentirnos unidos a Ti y movidos por tu amor. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos.
 


--------------------------------------------------------------------------------
 


Fuente:
www.servicioskoinonia.org 
 
ConJesus.org Derechos Reservados Copyright © 2009  Con Jesus Nada Me Falta...
(
http://www.conjesus.org/feedmore2.cfm?feedid=1
).
 

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

El corazón del cristianismo (Juan 6, 24-35)
Publicada en 05.08.2012

 
 
El corazón del cristianismo (Juan 6, 24-35)   >>
 
 
Los seres humanos necesitan a Jesús y lo buscan. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos, hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante, él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos, pero la gente necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

Las personas intuyen que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?». Hay en ellas, en las personas, un deseo sincero de acertar, quieren trabajar en lo que Dios quiere pero, acostumbradas a pensarlo todo desde la ley, preguntan a Jesús cuáles son las obras, prácticas y observancias nuevas que tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «La obra [¡en singular!] de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que Él envió». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Tal es la nueva exigencia, en esto han de trabajar, lo demás es secundario.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia están en creer en Jesucristo y seguirlo? ¿No es imprescindible pasar de la actitud de adeptos de una religión de «creencias» y de «prácticas» a vivir como discípulos de Jesús?

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del Antiguo Testamento, no. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo.

José Antonio Pagola
(
http://www.cpalsj.org/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?UserActiveTemplate=cpal&sid=5
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Diácono Luis Brea Torrens


Te damos la bienvenida a este sitio web cuyo objetivo es la instauración del Reino de Dios en el mundo. Nuestra meta es que todos los seres humanos alcancen la salvación ya otorgada por Cristo Jesús mediante su encarnación, muerte y resurrección.
-Visítanos regularmente. Aquí siempre encontrarás palabras de vida-

Juan 6,24-35: Yo soy el pan de vida


En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
 


-Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
 

Jesús les contestó:
 
-Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
 

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios. Ellos le preguntaron:
 

-¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?
 

Respondió Jesús:
 

-Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado.
 

Ellos le replicaron:
 

-¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."
 

Jesús les replicó:
 

-Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
 

Entonces le dijeron:
 

 

-Señor, danos siempre de ese pan.
 

 

Jesús les contestó:
 

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.
 

 

REFLEXIÓN: (de la homilía del Papa Juan Pablo II el Domingo 5 de agosto de 1979)
 


Estamos aquí reunidos en torno al altar del Señor, el único que puede iluminarnos sobre el misterio de nuestra vida, drama de amor y de salvación, y el único que puede darnos la fuerza para no caer, o para levantarnos de nuevo; y, sobre todo, para vivir de manera conforme a las exigencias y a los ideales del cristianismo.
 


Este es precisamente, según me parece, el tema central de la liturgia de este domingo, en la que Jesús, pan de vida, se nos presenta como único y verdadero significado de la existencia humana.
 

 

1. En nuestro tiempo, por desgracia, el racionalismo científico y la estructura de la sociedad industrial, caracterizada por la ley férrea de la producción y del consumo. han creado una mentalidad cerrada dentro de un horizonte de valores temporales y terrenos, que quitan a la vida del hombre todo significado trascendente.
 

 

El ateísmo teórico y práctico que serpea ampliamente; la aceptación de una moral evolucionista desvinculada totalmente de los principios sólidos y universales de la ley moral natural y revelada, pero vinculada a las costumbres siempre variables de la historia; la insistente exaltación del hombre como autor autónomo del propio destino y, en el extremo opuesto, su deprimente humillación al rango de pasión inútil, de error cósmico, de peregrino absurdo de la nada en un universo desconocido y engañoso, han hecho perder a muchos el significado de la vida y han empujado a los más débiles y a los más sensibles hacia evasiones funestas y trágicas.
 

 

El hombre tiene necesidad extrema de saber si merece la pena nacer, vivir, luchar, sufrir y morir, si tiene valor comprometerse por algún ideal superior a los intereses materiales y contingentes, si, en una palabra, hay un "porqué" que justifique su existencia.
 

 

Esta es, pues, la cuestión esencial: dar un sentido al hombre, a sus opciones, a su vida, a su historia.
 

 

2. Jesús tiene la respuesta a estos interrogantes nuestros; El puede resolver la "cuestión del sentido" de la vida y de la historia del hombre. Aquí está la lección fundamental de la liturgia de hoy. A la muchedumbre que le ha seguido, desgraciadamente sólo por motivos de interés material, al haber sido saciada gratuitamente con la multiplicación milagrosa de los panes y de los peces, Jesús dice con seriedad y autoridad: "Procuraos no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que el Hijo del hombre os da" (Jn 6, 27).
 

 

Dios se ha encarnado para iluminar, más aún, para ser el significado de la vida del hombre. Es necesario creer esto con profunda y gozosa convicción; es necesario vivirlo con constancia y coherencia; es necesario anunciar y testimoniar esto, a pesar de las tribulaciones de los tiempos y de las ideologías adversas, casi siempre tan insinuantes y perturbadoras.
 

 

Y, ¿de qué modo es Jesús el significado de la existencia del hombre? El mismo lo explica con claridad consoladora: "Mi Padre os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que bajó del cielo y da la vida al mundo... Yo soy el pan de vida; el que viene a mí, ya no tendrá más hambre y el que cree en mí, jamás tendrá sed" (Jn 6, 32-35). Jesús habla simbólicamente, evocando el gran milagro del maná dado por Dios al pueblo judío en la travesía del desierto. Es claro que Jesús no elimina la preocupación normal y la búsqueda del alimento cotidiano y de todo lo que puede hacer que la vida humana progrese más, se desarrolle más y sea más satisfactoria. Pero la vida pasa indefectiblemente. Jesús hace presente que el verdadero significado de nuestro existir terreno está en la eternidad, y que toda la historia humana con sus dramas y alegrías debe ser contemplada en perspectiva eterna.
 

 

También nosotros, como el pueblo de Israel, vivimos sobre la tierra la experiencia del Éxodo; la "tierra prometida" es el cielo. Dios, que no abandonó a su pueblo en el desierto, tampoco abandona al hombre en su peregrinación terrena. Le ha dado un "pan" capaz de sustentarlo a lo largo del camino: el "pan" es Cristo. El es ante todo la comida del alma con la verdad revelada y después con su misma Persona presente en el sacramento de la Eucaristía.
 

 

¡El hombre tiene necesidad de la trascendencia! ¡El hombre tiene necesidad de la presencia de Dios en su historia cotidiana! ¡Sólo así puede encontrar el sentido de la vida! Pues bien, Jesús continúa diciendo a todos: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6); "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida" (Jn 8, 12); "Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré" (Mt 11, 28).
 

 

3. La reflexión ahora recae sobre cada uno de nosotros. En efecto, depende de nosotros captar el significado que Cristo ha venido a ofrecer a la existencia humana y "encarnarlo" en nuestra vida. Depende del interés de todos "encarnar" este significado en la historia humana. ¡Gran responsabilidad y sublime dignidad! Es necesario, para este fin, un testimonio coherente y valiente de la propia fe. San Pablo, escribiendo a los Efesios, traza, en este sentido, un programa concreto de vida:
 

 

- es necesario, ante todo, abandonar !a Mentalidad mundana y pagana: "Os digo, pues. y testifico en el Señor que no os portéis como se conducen los gentiles, en la unidad de su mente";
 

 

- después, es necesario cambiar la mentalidad mundana y terrestre en la mentalidad de Cristo; "Dejando, pues. vuestra antigua conducta, despojaos del hombre viejo, viciado por las concupiscencias seductoras";
 

 

- finalmente, es necesario aceptar todo el mensaje de Cristo, sin reducciones de comodidad, y vivir según su ejemplo: "Renovaos en el espíritu de vuestra mente y vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas" (Ef 4, 17. 20-24).
 

 

Queridísimos, como veis, se trata de un programa muy comprometido, bajo ciertos aspectos podría decirse, desde luego, heroico; sin embargo, debemos presentarlo a nosotros y a los demás en su integridad, contando con la acción de la gracia, que puede dar a cada uno la generosidad de aceptar la responsabilidad de las propias acciones en perspectiva eterna y para el bien de la sociedad.
 

 

Id, pues, adelante con confianza y con interés generoso, buscando cada día nuevo impulso y alegría en la devoción a Jesús Eucarístico y en la confianza en María Santísima.
(
http://diaconoluisbreatorrens.blogspot.com.es/2012/08/juan-624-35-yo-soy-el-pan-de-vida.html
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Yo soy el Pan que da la Vida… (Jn 6,24-35)

agosto 5, 2012 por armandofloresnpbro


XVIII Domingo Tiempo Ordinario
 
Este domingo continuamos la lectura del capítulo 6 del Evangelio según san Juan. Nos ocupamos ahora de 11 versículos. Inicia el discurso del Pan de Vida con el que Jesús, hace comprensible el significado de la multiplicación de los panes.
 
Recordemos. Jesús percibe que la multitud no tiene pan. No fue indiferente a esta necesidad. Alimentó a la muchedumbre hasta la saciedad. Sin embargo la gente no logró comprender el significado del signo y pensando sólo en su conveniencia se lanza sobre Jesús con la pretensión de proclamarlo rey. Jesús huye y queda sólo.
 
La multiplicación de los panes da origen a malos entendidos. Comienza ahora el proceso de clarificación. Jesús comienza a educar a la gente para que pase de la búsqueda del pan que sacia el hambre al pan que da vida eterna. Este es el punto central de la primera parte de la catequesis que leemos este domingo.
 
El texto que leemos desarrolla una catequesis, la forma es el diálogo, preguntas y respuestas entre Jesús y la gente que lo busca. Jesús lleva a sus interlocutores paso a paso, ascendiendo en la comprensión, profundizando en la experiencia espiritual.
 
La búsqueda.
 
Después de la multiplicación de los panes la gente se quedó aquella noche, allí mismo, a orilla del mar de Tiberíades. Al darse cuenta de que Jesús no estaba con ellos comienzan a buscarlo. La multitud corre hacia los botes, cruza el lago hacia Cafarnaúm y encuentra a Jesús junto a la orilla del mar. La gente tiene curiosidad  sobre cómo llegó Jesús a la orilla, Jesús revira cuestionándoles por qué se han desplazado hasta Cafarnaúm buscándolo. Sobre este punto se desarrolla la conversación.
 
Jesús, que conoce lo que hay en el corazón del hombre conoce las verdaderas motivaciones de la multitud. Lo buscan para que les repita el milagro de la multiplicación e los panes, no lo buscan por Él mismo, porque hayan descubierto que detrás del signo se manifiesta el Mesías enviado por Dios.
 
La motivación del discípulo para buscar a Jesús debe ser la fe, la plena comunión con Él y no el interés por los milagros que nos puede hacer o los problemas cotidianos que nos pueda solucionar. Jesús deja claro que Él no es un repartidor de panes. ¿Qué es entonces lo que Él vino a hacer al mundo? ¿Para qué fue enviado? Continúa la catequesis.
 
Orientar la búsqueda.
 
Jesús habla de esforzarse por conseguir lo que en última instancia es un don. La gente no entiende a la primera. Jesús procede despacio, poco a poco. Es necesario un camino de madurez de la mente, del corazón y de las acciones.
 
Cuando Jesús dice «no trabajen por el alimento que perece sino por el que permanece…» en manera alguna quiere decir “despreocúpense por las cosas terrenas.” Lo que quiere decir es “no se limiten a trabajar por sobrevivir”. El alimento es importante, pero no es la única razón de la existencia. Por ello, hay que trabajar por el alimento que permanece hasta la vida eterna.
 
Hoy, como entonces, para muchas personas lo más importante en la vida es sobrevivir. La vida se desgasta por conseguir lo inmediato y se pierde de vista la trascendencia de la vida, el por qué se hacen las cosas. No es lo mismo trabajar para vivir que vivir para trabajar. Más allá de lo inmediato de la vida, que ciertamente es importante, hay necesidades profundas que se tienen que satisfacer.
 
La gente busca a Jesús para que repita el milagro de la multiplicación del pan por la imagen que se han hecho de Él; pensaban en un Mesías Rey, con poder para destruir a los romanos y devolver la gloria al pueblo de Israel, capaz de instaurar un reino en el que los satisfactores básicos estuvieran al alcance de todos sin el menor esfuerzo, un rey capaz de mantenerlos y que con tal de mantener a la multitud contenta nunca pondría correctivos a las actitudes egoístas de la gente.
 
Por ello Jesús habla del pan que les dará el Hijo del Hombre, a quien el Padre ha marcado con su sello. Jesús tiene autoridad y ésta es autentica, le viene porque Dios lo ha ungido con su Espíritu, por ello Él es el único que puede satisfacer el hambre de eternidad de que hay en el corazón de todas las personas.
 
¿Qué hacer para que nuestra vida se realice de acuerdo al proyecto de Dios?
 
Ante el imperativo «no trabajen por el alimento que perece…» la gente parece preguntarse ¿cuáles son las obras buenas que tenemos que hacer para ganarnos el favor de Dios? Al responder Jesús corrige a sus interlocutores presentando una perspectiva más profunda: «La obra de Dios es que crean en quien Él ha enviado». Con ello da a entender que lo que Dios espera del hombre es la fe.
 
Lo que Jesús propone es que construyamos con Dios una nueva relación, menos interesada, que supere la relación de «hago para que me de»; una relación más cercana y profunda, determinada por su Palabra, avivada por la oración, recreada en la comunidad, manifiesta en el estilo de vida y que sea la fuente que de consistencia a nuestras acciones.
 
La nueva relación con Dios desemboca en un estilo de vida, en una manera de ser de la que se desprenden todas las obras buenas de amor y de servicio, porque lo que hacemos lleva la huella de lo que somos.
 
La auto-presentación de Jesús cómo aquél a quien Dios ha marcado con su sello lleva a sus interlocutores a condicionar aceptarlo hasta no tener la certeza de la veracidad de sus palabras, para ello necesitan pruebas, como la que dio Moisés en el desierto al dar maná al pueblo hambriento. Veladamente se le presenta a Jesús la tentación que lo acompañó hasta la cruz: si eres el Mesías ¡demuéstralo!
 
Jesús es interpelado sobre lo que Él «hace». A pesar del signo de la multiplicación de los panes la gente no está satisfecha; piden un signo todavía mayor, al mismo nivel de los grandes signos de la historia de la salvación, como el maná, alimento natural ordinario con el que se alimentaron en el desierto, que fue recibido como una acción de Dios a favor de su pueblo y como un signo identificador del Mesías, que en sintonía con Dios atiende las necesidades vitales del pueblo.  Lo que la gente pide es una provocación para Jesús pues al mismo tiempo que relativizan el signo de la abundancia de pan del que fueron testigos, piden un signo, como el de Moisés, que alimentó a los israelitas del desierto durante cuarenta años.
 
Jesús responde corrigiendo y ampliando la perspectiva. No fue Moisés quien les dio el pan el desierto sino Dios, a quien Jesús reconoce como Padre. En el desierto el maná fue una bendición que permitió sobrevivir, quitó el hambre temporalmente. El pan que Jesús ofrece es un pan que va más allá de la sobrevivencia, es «pan del cielo» y quita definitivamente el hambre, da plenitud a la vida y sentido a la existencia, por eso es «pan verdadero» y no sólo lo es para el pueblo de Israel, como en el caso de Moisés, sino para toda la humanidad.
 
En su diálogo Jesús hace nacer el anhelo de ese pan. La reacción de la gente no se hace esperar «Señor, danos siempre de ese pan». Se dirigen a Jesús con un título que reconoce la divinidad, y reconocen también que lo que Jesús ofrece no se consigue con el propio esfuerzo sino que es un «don» que requiere apertura, receptividad; se reconoce la necesidad de ese pan no para un día o dos, sino para siempre. Ya no se trata del pan multiplicado sino de «ese pan».
 
Yo soy el pan que da la Vida
 
Llegados a este punto Jesús se auto-revela. «Yo soy el pan que da la vida» El Señor partiendo de una necesidad vital explica la importancia, el valor que Él tiene para nosotros. La expresión «Yo soy» nos remite a la revelación divina. Con la definición que da de si mismo, Jesús dice que Dios está presente en Él, en función de la humanidad y que se interesa por nosotros, por nuestra vida.
 
Jesús es la nueva y definitiva forma de la presencia poderosa y activa de Dios, no sólo para guiar o proteger, sino para que establezcamos con Él y en Él una profunda comunión de vida.
 
Jesús es el «pan que da la vida» indicando con ello que así como el alimento es vital para sobrevivir Él es necesario para nosotros. Hay que buscar a Jesús con la misma motivación que buscamos la comida todos los días. La vida verdadera es la nueva relación con Dios, que nos lleva a una nueva auto-comprensión de nosotros mismos definida por el amor. Esta comunión de amor es la verdadera vida, la existencia plena.
 
Para dar a entender la plenitud que se alcanza en la relación con Jesús el evangelio utiliza dos imágenes cotidianas y fuertes para expresar lo que sucede en el encuentro vivo con Él. En Jesús la vida encuentra una nueva satisfacción porque es la respuesta a lo que está en el fondo de todas las búsquedas. El hambre y sed de trascendencia que hay en toda persona se colman cuando conocemos a Jesús  y por medio de él, a Dios.
 
En Jesús la vida deja de ser un mero «sobrevivir» y alcanza su plenitud colocándose por encima del poder destructor de la muerte. Cada instante de nuestra existencia es verdaderamente vida si está lleno de Dios.
 
El don de Dios supone de nuestra parte el creer. Hay que venir a Jesús, acudir a ÉL, acercarse, hacerlo amigo, estrechar las relaciones con Él. Venir a Él es aceptar su invitación. La dinámica de la fe es similar a la búsqueda de alimento. Hay que acercarse a Jesús, como alguien accesible, como amigo que nos acoge en la calidez de su morada. Entonces nuestra vida se fundamenta y se fortalece en la misma vida de Él.
 
Con la expresión «yo soy el pan de vida» Jesús afirma que entre él y nosotros hay una relación profunda, del mismo tipo que la que se da entre el pan y nosotros. En Él, con todo lo que le pertenece, se nos da aquello que nos da el pan y no para una vida limitada y moral, sino la vida eterna, la que ningún pan puede dar y a la que no llega ninguna promesa humana.
 
Por parte nuestra se requiere la acción de nuestra voluntad, comer del pan, es decir, entrar en relación con él, entregarle la propia confianza, apoyarse en él, identificándose con su propuesta. La fe no es certeza intelectual, ni la repetición de fórmulas teológicas. La fe es relación y nexo de persona a persona. Creo en Jesús cuando me uno totalmente a Él y me dejo determinar completamente por Él.
 
La vida eterna que Jesús nos ofrece es vida de calidad, distinta y superior. Vida que es totalmente y sólo vida. Vida que no tiende constantemente a su fin, es vida que no pasa, ilimitada, indestructible, llena de significado, de alegría y armonía. No valoramos a Jesús cuando lo buscamos sólo movidos por nuestros intereses inmediatos y esperamos sólo pan y salud. Él tiene mucho más que darnos, por eso nos dice «Yo soy el pan que da la vida"
(
http://ecosdelapalabra.wordpress.com/2012/08/05/yo-soy-el-pan-que-da-la-vida-jn-624-35/
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Reflexión al Evangelio de S.Juan 6,24-35–Ciclo B–XVIII-T.Ordinario

Posted on agosto 5, 2012

En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».
Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado». Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».
 

El evangelio de hoy nos muestra diferentes actitudes para seguir a Jesús: los que le siguen porque han saciado su hambre gracias a Él,  los que buscan  milagros y por último los que le siguen porque confían, porque en Él han descubierto el sentido del verdadero amor.
 
Jesús, nos dice el evangelista, no quiere que se le siga por interés sino por fe, por creer en Él y en su Palabra. Quiere que tengamos claro que es el Hijo de Dios, que viene para saciar y llenar nuestra vida, para estar cercano a los débiles y necesitados, a los más olvidados de la sociedad y a todos.
 
En estos tiempos difíciles para todos pero de forma especial para  aquellos que carecen de trabajo o tienen un sueldo de miseria, nosotros, los que formamos la Iglesia, deberíamos tomar conciencia y ser el Pan bajado del Cielo, compartir con todos y ser verdaderos hermanos, verdaderos seguidores de Jesús, porque nos limitamos a participar en la Eucaristía de forma rutinaria y no dejamos que su Palabra cale en nuestro interior,  sea verdadero alimento para nosotros y llegue al resto de la humanidad.
 
Nuestra actitud cristiana debe ser la de seguirlo, porque tenemos nuestra confianza puesta en Él, porque ilumina nuestra vida y nosotros debemos ser testigos activos en la sociedad que nos ha tocado vivir.
(
http://eltallerdelaserenidad.wordpress.com/2012/08/05/reflexin-al-evangelio-de-s-juan-624-35ciclo-bxviii-t-ordinario/
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Domingo XVIII (B) del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Jn 6,24-35): En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».

Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado». Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».
Comentario: Rev. D. Joaquim FONT i Gassol (Igualada, Barcelona, España)
Señor, danos siempre de ese pan (…) Yo soy el pan de la vida
Hoy vemos diferentes actitudes en las personas que buscan a Jesús: unos han comido el pan material, otros piden un signo cuando el Señor acaba de hacer uno muy grande, otros se han apresurado para encontrarlo y hacen de buena fe -podríamos decir- una comunión espiritual: «Señor, danos siempre de ese pan» (Jn 6,34).

Jesús debía estar muy contento del esfuerzo en buscarlo y seguirlo. Aleccionaba a todos y los interpelaba de varios modos. A unos les dice: «Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna» (Jn 6,27). Quienes preguntan: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» (Jn 6,28) tendrán un consejo concreto en aquella sinagoga de Cafarnaúm, donde el Señor promete la Sagrada Comunión: «Creed».

Tú y yo, que intentamos meternos en las páginas de este Evangelio, ¿vemos reflejada nuestra actitud? A nosotros, que queremos revivir esta escena, ¿qué expresiones nos punzan más? ¿Somos prontos en el esfuerzo de buscar a Jesús después de tantas gracias, doctrina, ejemplos y lecciones que hemos recibido? ¿Sabemos hacer una buena comunión espiritual: ‘Señor danos siempre de este pan, que calma toda nuestra hambre’?

El mejor atajo para hallar a Jesús es ir a María. Ella es la Madre de Familia que reparte el pan blanco para los hijos en el calor del hogar paterno. La Madre de la Iglesia que quiere alimentar a sus hijos para que crezcan, tengan fuerzas, estén contentos, lleven a cabo una labor santa y sean comunicativos. San Ambrosio, en su tratado sobre los misterios, escribe: «Y el sacramento que realizamos es el cuerpo nacido de la Virgen María. ¿Acaso puedes pedir aquí el orden de la naturaleza en el cuerpo de Cristo, si el mismo Jesús nació de María por encima de las leyes naturales?».

La Iglesia, madre y maestra, nos enseña que la Sagrada Eucaristía es «sacramento de piedad, señal de unidad, vínculo de caridad, convite Pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura» (Concilio Vaticano II).
(
http://evangeli.net
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

18º Domingo Ordinario (Jn 6, 24-35)

5 de agosto de 2012


Homilía/Oración dominical Pbro. Pedro Olalde Biain
 
1-   Lo encontraron al otro lado del mar y le preguntaron: “Maestro, ¿desde cuándo estás aquí?” Les contestó Jesús: “Sí, os lo aseguro: No me buscáis por haber visto señales, sino por haber comido pan hasta saciaros”. Trabajad, no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura dando vida definitiva, el que os va a dar este Hombre; pues a éste el Padre, Dios, lo ha marcado con su sello”. (Jn 6,24-27).
 ■Es la 1ª vez que la multitud habla con Jesús, y muestra deseo de aprender de él. Siguen considerándolo el Profeta-Maestro. No se explican cómo es que Jesús se encuentra en esta orilla del lago.
 ■Jesús no responde a la pregunta, sino al deseo de encontrarlo. Su respuesta les revela sus propias intenciones: ellos habían seguido a Jesús como a un posible liberador (6,2); pero ahora pretenden sólo que les asegure el sustento. Han sido los beneficiarios del amor de Dios expresado a través de Jesús y su comunidad, pero ellos recuerdan sólo la satisfacción de su hambre, y ésa es la que los mueve a buscar a Jesús. La señal había sido una invitación a la generosidad, como respuesta al amor manifestado; no era solamente donación de algo (el pan), expresaba la donación de la persona. Al retener únicamente el aspecto material, la satisfacción de la propia necesidad, la han vaciado de su contenido, y han perdido la oportunidad de responder al amor.
 ■Jesús les da un aviso: hay que trabajar, hay que ganarse el alimento, pero no sólo el que se acaba, sino el que dura sin acabarse y da así vida definitiva. En la oposición establecida por Juan entre carne y espíritu, que constituyen al hombre completo, el Espíritu es el que acaba al hombre y lo lleva a su plenitud.
 ■El reproche de Jesús es que han limitado su horizonte: el alimento que se acaba da solamente una vida que perece; poner  toda la esperanza en ese alimento es negar en el hombre la dimensión del Espíritu y reducirlo a la carne, aceptando la propia destrucción.
 
2-   Le preguntaron: “¿Qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere”? Respondió Jesús: “Este es el trabajo que Dios quiere, que prestéis adhesión al que él ha enviado (6,28-29).
 ■Acostumbrados por la Ley a que Dios dicte mandamientos y observancias, preguntan a Jesús cuáles son las que ahora prescribe, cómo deben trabajar y con qué condiciones  pueden obtener ese pan de Dios. No conocen el amor gratuito, creen que Dios pone precio a sus dones.
 ■La exigencia de dar adhesión a Jesús es nueva y no se la esperaban. Estaban dispuestos a manifestar su adhesión a Dios, de la manera que él pidiese. Han considerado a Jesús un profeta, en la línea de Eliseo, aunque superior a él. Siguen atribuyéndole a Jesús el papel de mediador, no de término de una adhesión. Jesús, en cambio, de parte de Dios les pide adhesión a su propia persona.
 
3-   Le dijeron: “Y ¿qué señal realizas tú para que viéndola te creamos?, ¿qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto; así está escrito: Les dio a comer pan del cielo” (6,30-31).
 ■La gente comprende que Jesús se declara Mesías, ejecutor del designio divino, representante de Dios en la tierra. Al no haber entendido el signo, no les basta como credencial el pan que han comido el día anterior, le piden una señal particular que dé garantías a su exigencia y a la adhesión que requiere. El Mesías había de renovar los prodigios del Éxodo; eso esperan ahora de Jesús.
 ■En el AT se llamó pan del cielo al maná (Éx 16,15; Nm 11,7-9); ellos esperan de Jesús un prodigio semejante.
 ■Hablan de sus padres. Jesús, del Padre (6,27). Siguen apegados a su linaje y se refugian en el pasado (4,12.20). Jesús, en cambio, tiene una perspectiva universal. A nuestros padres corresponde Israel; a el Padre, el mundo.
 ■Se nota aquí la controversia entre judíos y la comunidad cristiana. Ellos oponen los prodigios de Moisés a la falta de espectacularidad de la obra de Jesús. Se exige lo portentoso sin comprometer con el hombre, en vez de lo humano, cotidiano, profundo y de eficacia permanente.
 ■Jesús ha dado su vida por el hombre y le ha comunicado la capacidad de amar como él (13,34): es un prodigio mesiánico superior a los de Moisés.
 
4-   Entonces Jesús les respondió: “Pues sí, os lo aseguro: Nunca os dio Moisés el pan del cielo; no, es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y va dando vida al mundo”. Entonces le dijeron: Señor,  “danos siempre pan de ése” (6,32-34).
 ■La respuesta de Jesús es tajante; la creencia de ellos es ilusoria. Sólo el Padre da el verdadero pan del cielo. El maná es cosa del pasado; el pan de Dios es presente, una comunicación permanente de vida que él hace al mundo. Dado que es Jesús quien da ese pan (6,27), se afirma aquí la comunicación continua de la vida de Dios al hombre a través de Jesús (1,51).
 ■El pan expresa el amor de Dios creador; el pan del cielo es una expresión de ese amor superior a la del pan material. El pan es la vida, don continuo de Dios y que no acaba (6,27: el alimento que dura, dando vida definitiva).
 ■En el pan compartido se descubre el pan del amor, ya que éste sólo se da con aquél. En el amor humano, expresado con dones humanos, se contiene el amor y el don de Dios, como en el Hombre se contiene la presencia divina.
 ■Ante la declaración de Jesús, la gente reacciona pidiéndole aquel pan, que él mismo habla de dar (6,27: el que os va a dar este Hombre. Lo llaman Señor y con respeto y deseo se lo piden, pero no se comprometen al trabajo, no acaban de darle su adhesión. Siguen buscando el beneficio propio.
 
5-   Les contestó Jesús: “Yo soy el pan de la vida. Quien se acerca a mí nunca pasará hambre y quien me presta adhesión nunca pasará sed” (6,35).
 ■Jesús se había presentado como dador de pan, ahora se identifica con el pan, él mismo se da como pan. Comerlo significa, por tanto, dar adhesión, asimilarse con Jesús (6,29). Así se obtiene la calidad de vida que lleva al hombre a su plenitud. El pan que dura es el amor, concretado ahora en Jesús mismo como don de amor. La unión a él comunica  la vida de Dios al mundo. Él es el pan que Dios ofrece a los hombres.
 


El Pan de la libertad

Fr. Benjamín Monroy, OFM
(
http://www.aulajuanxxiii.com/homilias/18%C2%BA-domingo-ordinario-jn-6-24-35/
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

"Yo soy el pan de vida" (Jn. 6, 24-35)

El texto del evangelio de hoy es el comienzo del llamado "Discurso del Pan de Vida", que fue pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, delante de sus discípulos y de la gente que le seguía y donde Él se declara como el "Pan vivo bajado del cielo", el Pan que da vida al mundo.
 
Todo comienza cuando la gente vio que Jesús se fue a Cafarnaún, hasta allá lo siguieron y le preguntaron cuando había llegado y lo primero que les dice Jesús es que lo buscan por interés, porque les dio de comer y quedaron saciados y los invitaba a buscar el pan que perdura hasta la vida eterna. Así, en continuación con el texto del evangelio que leímos el domingo pasado cuando Jesús multiplicó los cinco panes y los dos pescados con los cuales dio de comer a una gran multitud (atendió a sus necesidades básicas); ahora, a esa misma gente que lo busca les presenta la oferta del evangelio, de la Buena Noticia del Reino de Dios; oferta que se centra en su persona, en creer en Él, creerle a Él y comer el Pan no sólo de su Palabra, de su Sabiduría que es eterna, sino comer su propio Cuerpo bajo el signo del pan material, que da vida eterna, que perdura para siempre y que Él mismo dará en la Última Cena. De hecho, como decíamos el domingo pasado, todo este discurso que comienza hoy y que leeremos los domingos que siguen, hacen alusión directa a la Última Cena de Jesús con sus apóstoles. Jesús dice a aquella gente que trabajen por el alimento que no perece y que dará el Hijo del Hombre, porque Él es signo y presencia de Dios Padre en el mundo, el Ungido de Dios.
 
La gente le pregunta a Jesús "¿qué debemos hacer para obrar las obras de Dios?" y Jesús les dice que la obra de Dios es que crean en aquel que Dios ha enviado; es decir, que tengan fe en su persona, que no lo vean como un simple hombre, sino como el Hijo de Dios que se ha encarnado y ha venido a traer el mensaje de la salvación que pasa por su sacrificio en la cruz. La gente pide un signo a Jesús, aludiendo que en el pasado Moisés regaló el maná al pueblo de Israel, aquella especie de harina que en medio del desierto sació el hambre de los israelitas, pero ahora dice Jesús, que es el Padre eterno que les da el verdadero pan del cielo, aquel maná era prefiguración de Jesús; la Palabra del Padre hecha carne que viene a dar vida al mundo y vida en abundancia, que viene a iluminar al hombre con sus enseñanzas y a nutrirlo con su Cuerpo y su Sangre, para que el creyente se fortalezca en el transitar de la vida cotidiana.
 
Ante las palabras de Jesús la gente le pidió: "Señor, danos siempre de ese pan" y Jesús les responde: "Yo soy el Pan de vida. El que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí, nunca tendrá sed". Por tanto, Jesús pide a la gente, que si quieren saciar su hambre y su sed, si quieren paz, alegría, vida plena en esta vida, amor y vida eterna, deben acercarse a Él y creer en Él, tener fe y confianza en su persona, porque Él es Dios en medio del mundo, aquel que ha venido para salvar y rescatar de la muerte y del pecado al hombre creado a imagen y semejanza de Dios, pero extraviado por las seducciones del mundo. (Ef. 4,17-ss).
 
El ser humano no es puro cuerpo, no es sólo cosas materiales, no es sólo tener y gastar; sino también, al mismo tiempo, y en unidad perfecta con su cuerpo es espíritu, tiene la capacidad y la posibilidad de hablar con Dios, de orar, de encontrarse con Jesús por la fe, de trascender, de tener paz, de vivir feliz y alcanzar vida eterna, porque el hombre está llamado por Dios es a la vida y no a la muerte; fue creado por Él para vivir y fuera de Dios queda vacío, sin vida.
 
El cristiano necesita vivir unido a Jesús, creer en Él y creerle a Él; desde aquí debe salir al encuentro de sus hermanos los hombres, llevar esperanza, optimismo, luz a los demás, compartir el pan material y espiritual con el prójimo, vivir en el servicio, "ser pan para el otro", al estilo del Señor que se entrega para dar vida al mundo, para saciar la sed y el hambre de la humanidad, para enseñar cuál es el alimento que permanece para siempre y no se corrompe. El cristiano debe ser solidario, compartir siempre lo mucho o lo poco que tiene en nombre de Dios y como signo de vivir en Dios, de estar sellado por su amor.
 
IDA Y RETORNO: Que Dios bendiga a nuestra juventud cristiana católica venida de varias partes del país y que hoy junto al Señor Cardenal Jorge Urosa, nuestro Arzobispo Reinaldo Del Prette, otros obispos de Venezuela, sacerdotes, seminaristas y religiosas, se reunirán en el Forum de Valencia para celebrar la alegría de vivir en Cristo, celebrar la Santa Misa, que es presencia viva de Jesús en medio de su Iglesia. Ellos representan a esos jóvenes discípulos misioneros que día a día trabajan en nuestras comunidades llevando el mensaje de Jesucristo, siendo testimonio en el mundo de su amor.
 
Felicito a mis padres: Juan y Evangelia que hoy cumplen 51 años de vida matrimonial. Dios los siga bendiciendo y fortaleciendo con su amor y Espíritu Santo.
 


Pjoel_15895@hotmail.com
(
http://www.notitarde.com/notitarde/plantillas/columnista.aspx?idart=1713816&idcat=9852&tipo=2
).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

JESÚS, PAN DE VIDA Juan 6, 24-35

Publicado el 4 agosto, 2012 por Equipo Web Oliverio Largacha


 Eseraldas, domingo 5 de agosto 2012 -  XVIII del T.O.
 
 ¡Ven, Espíritu Santo!… Escuchamos a Dios que nos habla en su Palabra Escrita, la Biblia.
 


Ambientación:   La gente no supo descubrir el signo de la multiplicación de los panes. Querían hacer rey a Jesús porque les había dado de comer. No entendieron que hay dos clases de alimento: uno que perece y otro que perdura. Según Jesús, este último es el que vale la pena, sacia nuestros deseos más profundos y da “vida eterna”. El libro del Éxodo nos ayuda a diferenciar los alimentos. El pueblo se quejaba de que no tenía qué comer en el desierto, mientras que en Egipto comían hasta hartarse. Pero el de Egipto era el pan de la opresión y de la muerte. Un pan que no liberaba. Mientras que Jesús quería para nosotros un pan que dé vida auténtica, que no sea fruto de la esclavitud y del egoísmo sino de la libertad y la solidaridad…  Quien tiene hambre de Dios también hará lo posible para que nadie tenga hambre de pan. Sabrá compartir. Como Jesús que se convirtió en pan partido y compartido para la vida del mundo.
 
1.    LECTURA:  ¿Qué dice el texto?
 ■Juan  6 24-35Saboreamos la Palabra… Hacemos eco.
 
Después de realizar el signo de la multiplicación de los panes, Jesús explica su sentido a través de un largo discurso sobre el pan de vida que comenzamos a leer hoy y nos ocupará todavía tres domingos (Jn 6, 22-59). A través de sus palabras, Jesús se va revelando progresivamente como el verdadero pan del cielo del que debe alimentarse no sólo el pueblo de Israel, sino todo el mundo. Jesús pretende llevar a sus oyentes más allá del pan material  e invitarles a buscar un alimento que da la vida eterna. Como está hablando con judíos, sus palabras contienen constantes alusiones al Antiguo Testamento. En el fondo el evangelista está estableciendo un contraste entre el ayer y el hoy. Lo que sucedió ayer en el desierto con Moisés, ocurre ahora, pero superado, con Jesús.
 
-        ¿Podemos descubrir algunas de las alusiones al Antiguo Testamento en este pasaje?
 
La gente pide más garantías para poder creer en Jesús. Tiene que demostrar que es superior a Moisés. Por eso les responde aclarando que no fue Moisés quien les dio el maná. Era sólo una imagen imperfecta y pasajera de éste verdadero pan del cielo que lo da el Padre, y que   ha venido al mundo procedente de Dios, como don suyo y fuente de vida. Por eso les dice: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre…”. Él es el pan venido del cielo para sostener al nuevo pueblo de Dios. Él es el don de amor hecho por el Padre a cada hombre y mujer. Es la Palabra que deben creer para gustar la vida eterna. La vida eterna que tendrán los que se alimentan de este pan será la resurrección, la participación definitiva de toda la realidad  humana en la vida trinitaria de Dios.
 
-        ¿Cómo se puede comprender que, a pesar del gran signo de la multiplicación de los panes, sigan pensando en Moisés cuyo maná perece y en la Ley que era el otro alimento? ¿Tendrán miedo a las consecuencias del cambio de alimento y por eso preguntan: “Y qué obras tenemos que hacer” para trabajar en lo que Dios quiere?”
 

 

2.    MEDITACIÓN:  ¿Qué me dice el texto?
 
Como la gente que sigue al Señor, estamos invitados a entrar en diálogo con él, a plantearle nuestras dudas, aunque sirvan para poner en entredicho nuestras falsas imágenes y esperanzas con respecto a Dios. Él nos pedirá que tengamos fe en él y nos dejemos llevar de esa confianza. Animados por estos sentimientos, meditemos:
 
-        “Lo que Dios espera de ustedes es que crean en aquel que él ha enviado”.¿Qué lugar ocupa la fe en mi vida? ¿Es algo que tiene que ver con todo lo que hago o sólo me “sirve” en momentos de apuro o dificultad?
 
 -        “Esfuércense por conseguir el alimento permanente que da la vida eterna”.  ¿Hasta qué punto la Palabra de Dios es mi pan cotidiano? ¿Me ayuda esta reflexión a alimentar mi experiencia de fe?
 
 -        Si la  Palabra es de verdad nuestro alimento, hagamos la misma pregunta que la gente dirige a Jesús: ¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?
 
 -        “El pan de Dios da la vida al mundo”.  ¿Qué podríamos hacer para que el pan de la Palabra que compartimos alimente y dé vida a otras personas?
 
 -        “El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed”. Son palabras de esperanza para todos los que se sienten hambrientos o sedientos en el desierto de la vida:  ¿En qué sentido me las aplico? ¿Cómo me invitan a ser para otros portador/a de esperanza?
 
 -        “Este es el trabajo que Dios quiere: que crean en el que él ha enviado”.  Creer en el Enviado de Dios; pero con fe no teórica sino como compromiso con Dios y con el hombre.
 
3.   ORACIÓN:  ¿Qué me hace decirle a Dios?
 
La Palabra de Dios, encarnada en Jesucristo, es un alimento que da la vida eterna.  Hagamos oración inspirándonos en ella.
 ■Proclamemos de nuevo Jn 6, 24-35
 
 Oremos contemplando las muchedumbres hambrientas con un hambre causado por otra hambre más profunda: el hambre y sed de la justicia en una sociedad injusta…
 
Pedimos perdón porque no somos signos de la presencia de Cristo-pan de vida y nos despreocupamos de los demás, buscando sólo nuestros intereses y trabajando únicamente por el alimento que perece…
 
Terminamos rezando el Padre nuestro poniendo especial atención en: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.
 
 De San Juan Crisóstomo:
 
 “¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: `Esto es mi cuerpo`, y su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: `Tuve hambre y me dieron de comer`, y más adelante: `Siempre que dejaron de hacerlo a uno de estos más pequeños, a mí en persona lo dejaron de hacer`. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos”.
 
P. Diego Fernando Gil Murillo.
 
Director RCE
 
Esmeraldas- Ecuador
(
http://www.olilargacha.cl/jesus-pan-de-vida-juan-6-24-35/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=jesus-pan-de-vida-juan-6-24-35
).

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Pedro Heredia Martínez
 
Participa en MUSICALITURGICA.COM en el Servicio Litúrgico, aportando cada semana una homilía para el Domingo correspondiente.
Sacerdote diocesano, de Linares (Jaén)
 

Sábado, 4. Agosto 2012 - 10:42 Hora
 DOMINGO DIECIOCHO
 
DOMINGO DIECIOCHO (Jn.6,24-35)

“Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn.6,35).

1.- En el evangelio de este domingo Jesús nos habla de dos vidas y de dos alimentos básicos que mantienen cada una de esas vidas. Esas dos vidas están íntimamente ligadas entre sí, así como también los dos panes.
- Por una parte Jesús nos habla de esta vida, la vida de carne y hueso que hemos recibido gracias al amor de nuestros padres.
+ Esta vida de carne y hueso tiene una duración corta, está expuesta a todas las contradicciones y a todos los momentos muchas veces no muy favorables para su desarrollo.
Como decía el poeta ruso Yevgeny Yevtushenko: “Esta vida es un arco iris que incluye el color negro.”
 + Esta vida es una vida perecedera y su alimento básico, el pan, es también perecedero, aunque absolutamente necesario.
Sin pan, sin el alimento básico, toda vida terrena está destinada a la muerte.
- El pan de trigo es vida, alimenta la vida, sostiene la vida, mantiene la vida. Es una vida limitada que dura poco tiempo: pero, como toda vida, necesita de su alimento, de su pan.
No puede haber vida sin pan, sin alimento, sin sustento. Por eso aquel proverbio africano que dice: “El mayor enemigo del hombre es su estómago.”

2,- Por otra parte Jesús, en el evangelio de hoy, nos quiere hacer notar a todos que, además de esta vida de carne y hueso, existe otra vida que no es perecedera, que es eterna, y también a esta vida hay que alimentarla con otro alimento, otro pan que tampoco es perecedero. Esta vida tiene su origen, no en los hombres, sino en Dios.
Esta vida surge en nosotros por la fe en Jesús. Jesús es la fuente de esa vida nueva; por eso, creer en Jesús, como él mismo nos dice, es tener vida eterna (Jn.6,47): “En verdad, en verdad os digo: El que cree tiene vida eterna” (Jn.6,47).
Y así como la vida terrena necesita alimentarse, necesita del pan para seguir existiendo, también esa vida nueva que surge de la fe en Jesús, necesita de otro pan; ese pan es también el mismo Jesús, como él mismo nos dice: “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn.6,35), “el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo” (Jn.6,33).

3.- En este mundo nuestro hay mucha gente hambrienta que no tiene cómo alimentar su vida; hay mucha gente que tiene su vida en peligro porque le falta lo más elemental para poder sostenerse en la vida: el pan.
- La crisis en que vivimos ha dejado a mucha gente sin trabajo y, por ello también, sin pan. Sólo nuestra solidaridad podrá hacer que donde no hay pan, se haga el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, y los que no tienen, puedan alimentarse.
Con toda razón decía San Gregorio Nacianceno que “la beneficencia (la solidaridad) es de precepto, no de consejo.”
- Hoy las lecturas vienen a decirnos también que “EL HOMBRE NO SÓLO ES VIENTRE, NI SU VIDA SÓLO SE PUEDE CENTRAR EN EL PAN DE TRIGO” (Filip.3,19).
Como muy bien decía el escritor francés Molier: “Hay que comer para vivir, pero no vivir para comer.”
- La verdad es que hemos construido una sociedad materialista y consumista que produce hombres máquinas con hambre insaciable y que sólo se interesa por tener y llenarse de cosas.
+ El Pan de trigo no es lo ABSOLUTO, aunque es necesario.
 + El pan de trigo no lo es TODO, aunque es parte esencial para la vida.
+ Nuestro Dios no puede ser el VIENTRE, como nos dice San Pablo en su carta a los filipenses (Filip.3,19). Por eso, Jesús, en el evangelio de hoy, al ver que la gente que le buscaba, sólo le buscaban por el pan que milagrosamente habían comido, les dice: "En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que perdura hasta la vida eterna" (Jn.6,27).
- EL MATERIALISMO DE LA VIDA Y EL CONSUMISMO PUEDEN QUE NOS LLENEN EL ESTÓMAGO, PERO NOS DEJAN EL ALMA VACÍA Y NOS EMBRUTECEN.
Por ello decía Teresa de Calcuta: “Cuando las cosas se adueñan de nosotros, nos volvemos muy pobres.”
- NECESITAMOS DE ESA OTRA VIDA DE LA QUE JESÚS NOS HABLA HOY Y QUE SURGE DE LA FE EN ÉL QUE HASTA SE HACE PAN.
- Cristo es la fuente de la vida y el pan que alimenta esa vida nueva: “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn.6,35).
 + En nuestro mundo hay mucha falta del pan perecedero, cosa que nos llama a todos a la solidaridad para que a nadie le falte ese pan; pero también hay mucha escasez del pan que alimenta la fe, fundamento que engendra todos los valores básicos que dignifican esta vida terrena nuestra y nos lleva a multiplicar su pan para que todos vivan dignamente.
Como decía el escritor ruso León Tolstoi: “La fe es la fuerza de la vida.”
+ Hoy nos vendría muy bien hacer todos aquella oración de la canción que dice:
 Señor, tenemos hambre,
 Señor tenemos sed.
 No es un hambre de pan
ni es la sed de agua;
 son motivos de vivir
 lo que nos falta."
(
http://www.musicaliturgica.com/0000009a20071f604.php
).

Caminos laicales de perfeccion. Capitulo 5. Votos.

Caminos laicales de perfección. Capítulo 5.


Votos

Diversos compromisos personales

Puede el hombre comprometerse con otros hombres, y lo hace por medio de contratos, en el vínculo matrimonial, en tratados internacionales, etc. De este modo, un solo acto, largamente preparado, y realizado con especial conciencia y fuerza de libertad, condiciona toda una serie de actos sucesivos, orientándolos en una dirección constante.

También puede el hombre comprometerse con Dios, por medio de votos, de otros vínculos sagrados semejantes, o por la misma adscripción a una cierta asociación, que implica ciertos deberes en sus miembros; y de este modo, consciente y libremente, se obliga a cumplir ciertas obras o a seguir unas normas de vida.

Todas las religiones han conocido la emisión de ciertos votos -budismo, Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma, etc.-, y les han dado una gran variedad de nombres y de formas. Y también, dentro del gran pacto de la Alianza Antigua entre Yavé y el pueblo de Israel, los judíos piadosos establecen con frecuencia ciertos votos o pactos privados con Dios.

Unas veces los votos son condicionales: «Si Yavé me concede... Yo haré o le entregaré...» (Jacob, Gén 28,20; Israel, Núm 21,2; Jefté, Jue 11,29-30; Ana, 1Sam 1,11; Absalón, 2Sam 15, 7-8); otras veces incondicionales (Núm 6,1-21; Lev 27). Y en todo caso, si el voto implica una ofrenda, ésta ha de ser perfecta y sin tacha alguna, pues otra cosa sería ofender a Dios (Lev 22,23; Mal 1,14).

Por lo demás, los votos han de cumplirse al Señor con toda fidelidad. Deben ser cumplidos por fidelidad moral jurídica, pues de otro modo hubiera sido mejor no hacerlos: que «nada te impida cumplir pronto un voto, no esperes a la muerte para cumlirlo. Antes de hacer un voto, míralo bien, no seas como quien tienta al Señor» (Eclo 18,22). Pero, sobre todo, deben cumplirse los votos por fidelidad de amor al Señor, y por tanto, con alegría: «Haced votos al Señor y cumplidlos» (Sal 75,12; +49,14).

Es notable, en este sentido, la alegría que los Salmos reflejan en el cumplimiento de los votos, muchas veces realizado en el Templo de modo solemne, «en presencia de todo el pueblo» (Sal 115,5.9; +22,26). Es la alegría de lo que se hace por amor : «Oh Dios, tú mereces un himno en Sión, y a ti se te cumplen los votos» (64,2). «Yo tañeré siempre en tu honor, y cumpliré mis votos día tras día» (60,9; +22,26; 65,13-15).

El voto en la Iglesia

«El voto, es decir, la promesa deliberada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor, debe cumplirse por la virtud de la religión» (Código c. 1191; +Catecismo 2101-2103, 2135). Es un acto religioso sumamente grato a Dios, y que, por supuesto, es accesible igualmente a los laicos, como a los sacerdotes o los religiosos.

Hay votos condicionales, como hemos visto, en los que se ofrece y promete algo a Dios a cambio de un cierto don: «si recupera la salud tal enfermo, haré tal donación a los pobres». Otros son incondicionales -de éstos trato aquí-, y van ordenados a proteger y estimular la vida espiritual cristiana. Por los votos el cristiano se obliga libremente con una especie de nueva ley personal, que se añade a las leyes generales de la Iglesia.

Unos votos son públicos, es decir, aceptados por la Iglesia, como es el caso de los votos religiosos; otros son privados, formulados individualmente, a veces con el consejo del director o la admisión de una asociación de fieles.

De todos los modos de establecer vínculos con Dios, son los votos los que en la Iglesia tienen más tradición y prestigio (+San Pablo, Hch 18,18; 21,23-24). Y la formulación más perfecta de los votos se da, sin duda, en los religiosos (Catecismo 2103). El texto que sigue, que va referido en concreto a la vida religiosa, muestra cómo la Iglesia considera los votos como la forma más alta de comprometerse a algo con Dios:

«El cristiano, mediante los votos u otros vínculos sagrados -por su propia naturaleza semejantes a los votos-, con los que se obliga a la práctica de los tres consejos evangélicos, hace una total consagración de sí mismo a Dios..., de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un título nuevo y especial. Ya por el bautismo había muerto al pecado y estaba consagrado a Dios; sin embargo, para extraer de la gracia bautismal fruto más copioso, pretende, por la profesión de los consejos evangélicos, liberarse de los impedimentos que podrían apartarle del fervor de la caridad y de la perfección del culto divino, y se consagra más íntimamente al servicio de Dios. La consagración será tanto más perfecta, cuanto, por vínculos más firmes y más estables, represente mejor a Cristo, unido con vínculo indisoluble a su Iglesia» (Vat.II, LG 44a).

Como no es posible estudiar aquí cada uno de los modos posibles de establecer vínculos nuevos con Dios, me limitaré ahora a hacer algunas consideraciones sobre los votos, que serán aplicables, guardadas las proporciones, a esos «otros vínculos sagrados, que por su propia naturaleza son semejantes a los votos». En adelante, pues, al hablar de votos, me referiré a éstos o a otros vínculos análogos.

Materia del voto

La materia de los votos puede ser muy variada. Unos hay que obligan a un deber positivo: «rezaré el Rosario diariamente», en tanto que el contenido de otros es negativo: «no beberé nada alcohólico».

Pueden los votos referirse a una regla de vida, es decir, a todo un conjunto de objetos y prácticas, que obligan a un individuo o a una asociación. Es posible hacer votos para obligarse personalmente a una o a varias materias diversas, como ir a Misa diariamente, obedecer a alguien, dar limosna, privarse de algo, hacer un servicio de caridad o de apostolado, etc. Pío XII, por ejemplo, elogia a quienes hacen voto privado de virginidad (enc. Sacra virginitas 25-III-1954, 3).

Pero sobre todo son los tres consejos evangélicos -pobreza, castidad, obediencia-, o la tríada penitencial -oración, ayuno, limosna-, los campos que dan amplia materia para emitir votos muy valiosos en orden al crecimiento espiritual. En el capítulo 5 veremos este tema más ampliamente.

Obligación

Todo voto obliga al que lo hizo por la virtud de la religión, que es la más alta de todas las virtudes, después de las teologales, pues tiene por objeto nuestras obligaciones morales con el mismo Dios.

Así lo explica el padre Royo Marín: «Su quebrantamiento supone un sacrilegio (ciertamente en el voto público de castidad) o, al menos, un pecado contra la virtud de la religión, grave o leve según la materia del voto y la intención del que lo hizo.

«La circunstancia del voto hay que declararla siempre en confesión, porque supone un pecado distinto del que pueda llevar ya consigo la materia del voto quebrantado. Y así, v. gr., el que quebranta el voto de castidad (aunque sea puramente privado) comete dos pecados: uno contra esa virtud y otro contra la religión. Pero téngase en cuenta lo siguiente:

-De suyo, el voto obliga gravemente en materia grave y levemente en materia leve. Sin embargo, no hay inconveniente en hacerlo bajo pecado venial, aunque se trate de una materia de suyo grave.

-Por el contrario, una cosa en sí leve no puede prometerse bajo obligación grave.

-Si no consta la intención del que hace el voto, se presume obligación grave en materia grave y leve en materia leve» (Teología moral... I,389).

Una alianza sagrada

Como la profesión de un plan o regla de vida, según ya vimos, el voto es una alianza pactada entre Dios y el hombre. El hombre hace voto de una obra buena, porque ha llegado al convencimiento de que Dios quiere dársela hacer, para ayudarse a cumplirla con fidelidad. Es decir, si se compromete con voto a cierto bien posible y mejor, es porque cree prudentemente que también Dios, antes y más, se compromete a asistirle con su gracia en ese intento. Por tanto, en el pacto del voto la parte más preciosa, firme y santificante es, por supuesto, la que corresponde a Dios, la que no se ve.

Esto ya lo entendía así, en el año 529, el concilio II de Orange: «Nadie haría rectamente ningún voto al Señor, si no hubiera recibido de él mismo lo que ha ofrecido en voto; según se lee: "Lo que de tu mano hemos recibido, esto te damos" (1 Crón 29,14)» (Dz 381).

Los tres valores fundamentales del voto

Siguiendo la doctrina de la tradición patrística, tal como fue formulada por Santo Tomás de Aquino (STh II-II,88,6), apreciamos en los votos tres valores fundamentales.

1. -El voto es un acto de la virtud de la religión, que inclina al hombre a dar a Dios el culto debido. Es la principal de las virtudes morales. Así la obra buena, cumplida bajo el imperio de la virtud de la religión, dobla su mérito: por ser buena y por ser ofrendada como un acto de culto espiritual. Y en este sentido, la idea del voto y la de consagración se aproximan notablemente, bajo el impulso de la misma virtud de la religión. Por eso el Catecismo dice que «el voto es un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena. Por tanto, mediante el cumplimiento de sus votos, entrega a Dios lo que le ha prometido y consagrado» (2102).

2. -El voto aumenta el mérito de la obra buena, pues el hombre, en la obra buena prometida con voto, no sólo ofrece a Dios la obra, sino la misma potencialidad optativa de hacerla o no. Como dice Santo Tomás en el lugar citado, «más se entrega a un hombre al que se le da un árbol con sus frutos, que si se le dan los frutos sólamente».

3. -El voto «afirma fijamente la voluntad en el bien», señala el mismo Doctor. Esta fijación de la voluntad, que el voto afirma en un objeto bueno, podemos contemplarla por ejemplo en el matrimonio. La alianza conyugal es, por decirlo así, un voto solemne y perpetuo, por el que dos personas prometen amarse y permanecer unidas para siempre. En adelante, ya cada uno de los cónyuges deberá evitarse toda pregunta acerca de si se propone o no seguir amando a la otra persona: el voto, en este caso sacramental, del matrimonio le asegura que esto, diariamente, es querido y posibilitado por la gracia de Dios. ¿Qué duración, y más aún, qué calidad tiene el amor mutuo de dos personas que no deciden unirse para siempre por ese acto decisivo del matrimonio, y que mantienen su unión amorosa abierta indefinidamente a una separación posible?

El voto inaugura una fuente que manará continuamente

Es propio de la persona humana, después de reflexión suficiente, realizar actos decisivos, que serán seguidos de otros semejantes, en una dirección continua. Un contrato laboral, un vínculo conyugal, y tantos otros, son actos fuertes, profundos, intensos, meditados, que predeterminan todo un conjunto de actos subsiguientes, orientados siempre en una misma dirección. Esto, que introduce en las relaciones entre los hombres un factor valiosísimo de estabilidad previsible, que libera a la persona de la veleidad de la gana o de las continuas vicisitudes circunstanciales, y que abre la posibilidad de obras grandes y duraderas, es introducido por el voto en las relaciones del hombre con Dios. Es privilegio de la persona humana la previsión inteligente de los hechos futuros y la responsabilidad libre para establecer vínculos obligatorios, como también es prerrogativa suya, de una inmensa calidad espiritual, la capacidad de sujetarse a ellos con una fidelidad perseverante, aunque cambien las circunstancias, y aun a costa en ocasiones de grandes sufrimientos personales.

Cumpliendo lo prometido, perseverando día a día en el voto comprometido, la persona lejos de disminuir su libertad, la perfecciona en grado sumo. La obligación, libremente contraída -como sucede en el matrimonio-, da lugar precisamente a los actos humanos más intensamente voluntarios, más libres y perfectos, aquéllos que son fruto de una fidelidad perseverante.

Siendo ésta la verdad ¿no querrá el cristiano «hacer votos al Señor», dedicando a su Príncipe y Salvador estos actos tan preciosos, tan seguros y constantes, tan protegidos del mundo y de la fragilidad humana? ¿No se los merece el Señor? ¿O es que no los necesita el hombre para amarle y servirle con fidelidad? Los religiosos cristianos sí conocen y se unen a Dios con votos. Pero los cristianos laicos apenas conocen hoy esta maravilla de liberación y de santificación en la gracia divina.

Los actos buenos que han de hacerse uno a uno

Para realizar una obra buena -o para evitar una mala, viene a ser lo mismo- es preciso que el hombre piense, elija y realice. Y este proceso mental-volitivo-ejecutivo, que muchas veces ha de ser realizado con prisa y bajo múltiples presiones circunstanciales, viene a ser como un camino sumamente vulnerable a los engaños y ataques del diablo, que se cierne sobre el caminante como un salteador. Por eso fracasan una y otra vez tantas de aquellas obras buenas, que han de ir decidiéndose en cada caso, una a una. Cien fallos en el discernimiento, más o menos conscientes, y mil demoras en la ejecución, más o menos deliberadas, van abortando innumerables veces el nacimiento de las buenas obras que Dios quería realizar en el cristiano.

Y aunque así van pasando los años, en interminables experiencias de propósitos incumplidos, el cristiano muchas veces no se resuelve a «tomar una decisión de una vez por todas». Prefiere mantener su vida libre de lazos obligatorios, siempre abierta a las invitaciones y solicitaciones del mundo o de su propia gana. O dicho en otras palabras, prefiere «conservar su propia vida»...

Pero la verdad de Jesús es ésta: «El que quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por amor a mí, la salvará» (Lc 9,24). Cuando un cristiano, religioso o laico, se obliga ante Dios con un voto, prometiéndole una obra buena, pierde libertad para ganarla, se obliga para ser más libre, obra de un modo muy grato a Dios, y da un disgusto tremendo al diablo, que ve su labor de engañador y tentador grandemente dificultada.

Es cierto que los actos -positivos o negativos- prometidos en un voto no tienen asegurada su existencia por una inercia automática y necesaria: es preciso que la libertad de la persona, guardando fidelidad a la promesa del voto, los realice. Pero el establecimiento por el voto de una opción fundamental, de un acto-fuente, de un acto-decisivo y pre-determinante, facilita y asegura en gran medida el flujo de los actos subsiguientes.

Un ejemplo nos ayudará a entenderlo con más claridad. Un cristiano tiene habitualmente el propósito (no el pósito) de ayudar a los pobres, pero deja que la realización de su propósito no se ajuste a una forma predeterminada, sino que prefiere sea eventual y cambiante. Pasa el tiempo y, de hecho, da poco y pocas veces, menos de lo que en conciencia quisiera. Pero un día, después de pensarlo y decidirlo bien en la presencia del Señor, realiza un acto decisivo, un acto-predeterminante, pone un acto-fuente: da orden en su Banco de que realicen mensualmente una transferencia en favor de unos pobres o de una cierta Obra. En adelante, el flujo de esta donación no va a ser intermitente, eventual, tantas veces fallida e insuficiente. Y para lograr este portento, antes nunca conseguido, no va a necesitar colosales esfuerzos de su voluntad. Basta, simplemente, que su voluntad -dejándose así mover con toda certeza por la voluntad de Dios- no-retracte su acto decisivo, para que esa caridad suya hacia los pobres continúe manando como una fuente: «hasta nueva orden en contrario».

Las necesidades materiales del mundo son infinitamente apremiantes -miles y miles de personas que se están muriendo de hambre, de enfermedades curables, de frío-, y aún son más indecibles las carencias espirituales del mundo -tantas y tantas personas completamente sumidas en las tinieblas del error, esclavizadas por el demonio y el mundo, totalmente perdidos en este mundo, y caminando derechamente hacia su perdición eterna-... Y al mismo tiempo, los bienes materiales y espirituales que Dios quiere hacer a la humanidad por Jesucristo -un Reino de gloria, de unidad, de luz verdadera- exceden todo lo que podamos imaginar, desear o decir.

Pero, sin embargo, los hombres, los cristianos, no acaban de abrir sus vidas a la plena potencia del amor de Dios Salvador. Aun los más bienintencionados, son muy flojos, cambiantes, siempre atentos a las solicitudes diarias del mundo, y siempre tardos a las invitaciones del Reino (es la eterna parábola de «los invitados descorteses», Lc 14,15-24).

Por eso, no puede uno menos de preguntarse: ¿no querrán los cristianos laicos, concretamente, fortalecer con la gracia de Dios sus propósitos buenos, tantas veces ineficaces, sujetándolos a regla, obligándose con votos, en aquellos aspectos de su vida más decisivos, en aquellos que más claramente requieren esas ayudas?

Algunas observaciones complementarias

-El buen propósito del voto debe ser concebido en la más intensa luz de Dios, cuando la fe y el amor son mayores: en una fiesta litúrgica, al final de unos ejercicios espirituales, leyendo la Biblia, etc. Con un ejemplo: Un hombre camina perdido en un bosque inmenso. Sube a lo más alto de un árbol, divisa desde allí la ciudad a la que se dirige, baja del árbol y, ya sin ver nada, camina en la buena dirección que descubrió desde la altura.

-Conviene formular un voto cuando alguien ve que Dios quiere ciertamente darle hacer algo bueno, y una y otra vez comprueba que por pereza, por olvido o por lo que sea, falla a esa gracia y la pierde.

Una persona, por ejemplo, tiene experiencia, y muy positiva, por cierto, de que durante un año, fue capaz de rezar el Rosario cada día, pues, con ocasión de una enfermedad o de lo que fuere, había hecho promesa de rezarlo. Ahora ya, libre de su promesa, también intenta rezarlo cada día, pero más veces falla que lo consigue. Y, sin embargo, no se decide a renovar su promesa. Dada, pues, esa experiencia personal, claramente favorable, podemos nosotros preguntarnos: ¿de verdad ese cristiano quiere ahora rezar diariamente el Rosario, si al mismo tiempo no quiere comprometerse a ello? Parece claro que no. Querría, pero realmente no quiere.

Otra persona me dice: «Yo quisiera que la Iglesia nos obligara en más cosas; por ejemplo, que así como nos manda ir a misa los domingos, nos mandara entregar un diezmo -en el modo y cantidad que fuese-. Creo, de verdad, que yo cumpliría ese mandato. Pero también sé que sin el mandato, no hago esa buena obra, al menos con seguridad y constancia». (De hecho, la ley de los diezmos, en una u otra forma, ha estado vigente en la Iglesia casi diecinueve siglos, y el hecho de que ahora no exista es más bien una excepción a la tradición secular, de origen apostólico; algo que requeriría una justificación). Pues bien, a esa persona yo le podría decir: «¿Y por qué no te obligas tú mismo con voto a unos ciertos diezmos, si ves que, sin ese vínculo obligatorio, tu buena intención de caridad queda tantas veces estéril, y no estás haciendo lo que tú ves en conciencia que deberías hacer?»

-Conviene, en principio, procurar los vínculos más fuertes y eficaces. El compromiso que se adquiere con Dios, dice el Vaticano II, «será tanto más perfecto cuanto por vínculos más firmes y estables» se haya establecido (LG 44a). En principio, pues, unos votos públicos han de preferirse a otros privados; unos vínculos perpetuos han de ser estimados más que otros temporales.

-Conviene cierta gradualidad prudente en la formulación del voto. Una persona, por ejemplo, se compromete durante un mes a rezar Laudes y Vísperas; después, cuando ve que puede con ello y que le va bien -es decir, cuando comprueba que Dios se lo da-, promete hacerlo durante un año; y finalmente se obliga a todas las Horas de por vida. Perfecto.

-Conviene formular claramente las condiciones del voto -mejor por escrito-, para que el paso del tiempo no dé lugar a olvidos, dudas, escrúpulos de conciencia o infidelidades.

Modificaciones del voto

El voto puede cesar por sí mismo, una vez cumplido, o si la situación de la persona ha cambiado en forma decisiva. También puede ser anulado, dispensado o conmutado (+Royo Marín, Teología moral... I,390-398), y para ello, según los casos, conviene acudir a un confesor. Nunca, de todos modos, los hijos de Dios han de permitir que el voto se transforme en una pesada cadena (así entendían el voto Lutero, Molina y otros: Dz 2203, 3345), sino que ha de ser siempre un medio que ayude a recibir la gracia de Dios, y por tanto a liberarse de la flaqueza de la carne, de los condicionamientos negativos del mundo, y de los engaños del demonio.

Errores

Lutero aborrecía juntamente las reglas y los votos, como si fueran judaizaciones del cristianismo, que destruían la libertad de los cristianos; y donde arraigó su influjo, se acabó la vida religiosa. Por eso el concilio de Trento hubo de rechazar la doctrina de quienes «de tal modo dicen que hay que hacer recordar a los hombres el bautismo recibido, que entiendan que todos los votos que se hacen después del bautismo son nulos, en virtud de la promesa ya hecha en el mismo bautismo» (1547, Dz 865/1622). También la Iglesia rechaza como error la enseñanza de Miguel de Molinos, y de su camino interior, según el cual «los votos de hacer alguna cosa son impedimentos para la perfección» (1687, Dz 1223/2203).

Más recientemente, León XIII, al rechazar los errores del americanismo, señala en especial aquellos que llevan consigo «un desprecio de la vida religiosa». Concretamente, denuncia a los que enseñan que los votos religiosos «se apartan muchísimo del carácter de nuestro tiempo, ya que estrechan los límites de la libertad humana; son más propios de ánimos débiles que de fuertes; y no valen mucho para el aprovechamiento cristiano, ni para el bien de la sociedad humana, sino que más se oponen y dañan a lo uno y a lo otro» (1899. Dz 1973/3345)

Valoración actual de los votos

Para la Tradición católica, por el contrario, los votos son sin duda la forma más perfecta para establecer con Dios ciertos pactos personales, temporales o irrevocables. Y así piensa, también hoy, el Magisterio apostólico, como ya vimos (LG 44a).

Así las cosas, cuando los laicos pretenden la perfección de su vida cristiana han de estimar también a los votos como la forma, en principio, más perfecta de vincularse a Dios de un modo nuevo, en referencia a ciertas obligaciones concretas. Existen, ciertamente, «otros vínculos sagrados, semejantes a los votos», pero éstos, en principio, deben ser apreciados también por los laicos como los vínculos prototípicos, los más perfectos, de suyo, los más santificantes, los más gratos a Dios.

Afirmado esto, también hay que decir que en muchos casos, un prudente discernimiento puede llevar a los laicos a reafirmar su entrega a Dios por «otros vínculos» distintos de los votos, aunque semejantes a éstos. Pero si ese discernimiento ha de ser, como digo, prudente, habrá de partir de una valoración católica de los votos, y no de ciertos malentendidos o de falsas actitudes alérgicas.

Conviene, en efecto, advertir estas alergias, para vacunarse contra ellas mediante la doctrina biblica y tradicional de la Iglesia Católica. Es un hecho que en ciertos institutos de perfección modernos se rehuyen los votos, y se prefieren otras formas de vinculación con Dios. Nada hay que objetar a esto, e incluso hemos de ver en ello a veces un desarrollo en la variedad de los caminos de la perfección cristiana. Por el contrario, sí es de lamentar esa tendencia cuando procede de una cierta alergia, más o menos consciente, hacia los votos sagrados de la Tradición católica.

Y por supuesto, entre los laicos cristianos puede también apreciarse hoy, y con más frecuencia, una cierta alergia semejante hacia los votos -muchas veces inducida y poco consciente, pues suelen tener de ellos un conocimiento más bien escaso-. En unos ambientes, esta relativa aversión procede simplemente de una cierta hostilidad -de trasfondo luterano, molinista, americanista o liberal- hacia cualquier compromiso definitivo, y los votos suenan a ello -aunque, como es sabido, puedan ser temporales-. En otros ambientes, a veces próximos a los anteriores, pero otras veces muy diversos, ese recelo hacia los votos nace de un deseo, mal orientado, de distinguir bien la vocación laical de la vocación religiosa, contraponiendo en cierto modo una y otra, como si los votos hubieran de relacionarse con los religiosos y, por tanto, no con los laicos.

Estos dos recelos carecen de fundamento real, sin duda, pero resultan sumamente operativos, y privan hoy de hecho a muchos laicos de formular votos, esos lazos de oro maravillosos, los más perfectos que existen en el mundo cristiano de la gracia para establecer con Dios nuevos vínculos sobre materias concretas, en libre desarrollo del compromiso sacramental, bautismal y eucarístico.

Los santos ante las Reglas y votos privados

El ejemplo de los santos es siempre para la espiritualidad cristiana la exégesis más viva y cierta del Evangelio de Jesucristo. Y en nuestro tema actual de reglas y votos, el ejemplo de los santos da, también para los laicos, muy valiosas enseñanzas. He aquí algunos ejemplos.

Santa Margarita María de Alacoque sentía gran repugnancia a aceptar cargos, acudir al locutorio y escribir cartas: «sin embargo, fue preciso que me sacrificara a todo eso, y no tuve paz hasta que me obligué a ello con voto... Un voto, bien cumplido, es un arma poderosa para defenderse contra el enemigo de nuestra salvación» (Carta CXXXV, 17-I-1690). En 1686 hizo un voto por el que se obligaba en diecisiete puntos. San Pablo de la Cruz, a los 27 años, durante un largo retiro en el que concibió la fundación de los Pasionistas, hizo «voto de privar al cuerpo de todo gusto superfluo» (Diario espiritual 1-II-1721). Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (+1865), cuando aún vivía como seglar en casa de su hermano, hizo voto de obedecer a su cuñada en todos los asuntos de la casa, sin que ésta lo supiera; lo que a ella le trajo muy grandes progresos en abnegación y caridad, y a la familia mucha paz (Autobiografía 106).

En este aprecio común de los santos por reglas y votos, destaca especialmente San Claudio La Colombière (+1682). «Hay un método particular de entrega a Dios que el Beato [hoy Santo] aprecia, y que ha practicado como punto central en su vida: es hacer voto a Dios, para vivir con mayor plenitud y firmeza la entrega que se le hace». Y así, observa el padre Igartua, «recomienda el voto de hacer oración, aunque con prudentes cautelas de seguridad (Carta LXXI)... Por supuesto, ha aconsejado, en las ocasiones en que lo veía posible y oportuno, el voto de castidad. Y estima tanto el voto que nos liga a Dios, que a propósito de los tres votos religiosos, compromiso con Dios, exclamará con alegría: "¡Oh, si pudiéramos, en lugar de tres, unirnos por un millón de cadenas a ese amable Esposo!"» (Igartua, Escritos... 69).

San Claudio, por su parte, emitió un voto realmente notable, como él mismo refiere. Durante los Ejercicios espirituales de 1674, después de haberlo meditado durante tres o cuatro años, escribe así: «me he entregado enteramente a Vos, oh Dios mío», haciendo voto de guardar todas las Reglas, sin excepción, para «reparar el daño que hasta este momento no he dejado de haceros al ofenderos». Se compromete, pues, con voto a guardar todas las reglas, las de la Compañía de Jesús, las de modestia, escritas por San Ignacio, las propias de todo sacerdote. Y está convencido de «que va a entrar al hacerlo en el reino de la libertad y de la paz».

Y realmente, mirando el conjunto de las obligaciones que contrae, se comprende que él mismo haya escrito en su Retiro de 1677: «Es del todo evidente que, sin una particular protección, sería casi imposible guardar este voto. Lo he renovado con todo mi corazón, y espero que Nuestro Señor no permitirá que jamás lo viole». Durante ese mismo año, en Londres, escribía: «La perfecta observancia de las reglas es una fuente de bendiciones. De mí sé decirle que mis reglas son mi tesoro... ¡Oh santas Reglas, bienaventurada el alma que ha sabido poneros en su corazón y conocer cuán provechosas sois!» (Carta 107; +Escritos... 46-49).

Así es como este gran santo llegó a ser «servidor perfecto y amigo fiel» de Jesucristo. Lo que él pretendía alcanzar, atándose con tanta humildad y obligándose tan estrictamente, era precisamente la perfecta libertad del amor. Y por eso -como recordaba Juan Pablo II en la homilía de su canonización-, solía decir al fin de su vida: «Tengo un corazón libre».

Conveniencia ayer y hoy de reglas de vida y votos laicales

En tiempos de vida cristiana relativamente floreciente no son tan necesarias las ayudas espirituales que pueden hallarse en promesas y votos, planes y reglas de vida, asociaciones laicales, etc. Si también existen entonces estas ayudas complementarias a la vida común de la Iglesia local, existen como complementos perfectivos de una vida cristiana ya en sí relativamente sana y fuerte. Y es que cuando las prácticas de penitencia y de caridad fraterna, la misa y el rosario diario, la confesión frecuente, la austeridad de vida en vestidos, comidas, diversiones, están generalizadas, al menos entre las familias cristianas fervorosas, basta la costumbre, y no es tan necesaria la ley. Para la salud espiritual del pueblo cristiano, ciertamente, es mejor la buena costumbre que la buena ley. Una y otra trazan caminos de vida. Pero aún en tiempos de profunda vida cristiana, carne, mundo y demonio siguen siendo enemigos poderosos de la vida en Cristo, y también entonces tienen pleno sentido los votos, las promesas, las reglas de vida.

Ahora bien, normas de vida y compromisos personales se hacen «casi necesarios» para la perfección cristiana de los laicos cuando éstos han de vivir en Iglesias locales descristianizadas. De otro modo, sin costumbres populares cristianas, más aún, envueltos por todas partes en costumbres paganas, viven como a la intemperie, sin una casa espiritual en la que cobijarse, y se enfrían; caminan sin camino que les vaya llevando en la buena dirección, y se pierden; ven fallar una y otra vez sus buenos propósitos, al tener tan pocas ayudas y tantísimas dificultades. Eso explica, en buena parte, que en los últimos decenios hayan surgido en la Iglesia tan gran número de grupos y comunidades, movimientos y asociaciones laicales, que de un modo u otro se dan a sí mismos una regla de vida.

Por lo demás, tengamos claro que tiene una muy larga tradición en la Iglesia que los cristianos laicos busquen la perfección con ayuda de reglas de vida y vínculos obligatorios de uno u otro género. Es lo que, ya desde la Edad Media a nuestros días, han hecho tantas Ordenes terceras, Cofradías, hermandades de Penitentes, Oratorios, Congregaciones marianas, etc. San Vicente de Paul (+1660), por ejemplo, escribió un buen número de Reglas y Reglamentos para sacerdotes, religiosas y laicos.

San Luis María Grignion de Monfort (+1716), de modo semejante, con ocasión de las Misiones que predicaba al pueblo, elaboró diversos Reglamentos, que asegurasen una santa vida cristiana en las asociaciones de laicos que fundaba. Así compuso el Reglamento de las Cuarenta y Cuatro vírgenes, y también el Reglamento de los Penitentes Blancos, y otros varios. En ellos se dan normas sobre la oración, la frecuencia de misa y sacramentos, mortificaciones corporales, etc., y se proscriben lujos, pleitos judiciales, adornos vanidosos y ciertas costumbres indecentes.

Otras veces, son los directores espirituales los que dan a sus dirigidos un reglamento de vida, un conjunto de normas privadas, específicamente dispuestas para la persona en cuestión. Un conjunto de normas que, por supuesto, es estudiado con el dirigido, y que va cambiando con los años.

San Pablo de la Cruz (+1775), que con motivo de sus muchos viajes apostólicos, hubo de llevar dirección espiritual de muchas personas por carta, escribiendo, por ejemplo, a un cierto Don Juan (1737), le envía un reglamento personal de vida, que incluye oración, misa, comunión, confesión, visitas al Santísimo, jaculatorias, ayunos y mortificaciones, recogimiento de la vista y moderación en las diversiones, concretando frecuencias, modos y maneras. Algo semejante hace en el Breve Reglamento Espiritual para doña María Juana Venturi, una señora casada (24-III-1737; + siete reglas de vida para Lucrecia Bastiani, 9 de ... 1760). Y este gran misionero, que en sus cartas enviaba a veces estas reglas de vida a sus dirigidos, una y otra vez les exhortaba a que las cumpliesen: «Manténgase fiel a las santas reglas que le di» (A Inés Grazi 30-XII-1730).

Estos ejemplos nos certifican que santos pastores, al cultivar la vida perfecta de los laicos en el Evangelio, no les han dado únicamente espíritu, sino también reglas de vida, eventualmente profesadas con ciertos votos o vínculos semejantes.
(Desconozco el autor).

Meditacion para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Lectionary for August 05, 2012

 

Décimo domingo después de Pentecostés

 

 

Juan 6:24-35

 Comentario del Evangelio por Ofelia Dávila Llimpe

La narrativa de Juan describiendo el ministerio de Jesús en esta perícopa del capitulo 6 de su evangelio, es una parte de una pieza en que Juan cuidadosamente va conduciéndonos a un plan mayor en que Jesús se presenta como el Pan de Vida.

El escenario es la ciudad de Capernaúm, ubicada cerca del mar de Galilea.

Alimento que permanece para vida eterna
 Hace unos meses escuché a un estudiante de teología decir lo siguiente: "Visité una congregación vibrante y me gustó tanto que participaré en ella." La palabra "vibrante" está siendo usada en el lenguaje de algunas personas para describir congregaciones en las que la vida congregacional es sumamente activa dentro y fuera de su comunidad. En un contexto latino algunas personas dirían que este estudiante tuvo una experiencia transformadora. Lo cierto es que la palabra "vibrante" según el diccionario expresa algo en constante movimiento, que tiene vida. Ahora, si trasladamos esta palabra "vibrante" al sistema circulatorio del ser humano, podríamos hacer una comparación con el corazón, que está en actividad constante, irrigando el cuerpo y produciendo vida.
 
El texto de Juan 6:24-35 es la continuación del milagro de la multiplicación de los panes. El evangelista Juan no nos dice si son las mismas cinco mil personas las que van en busca de Jesús; lo cierto es que las personas que comieron el pan y los peces se ponen en camino para ir al encuentro de Jesús hasta encontrarlo. El encuentro de Jesús con ellos es en Capernaúm, y aquí Jesús no se retira (Juan 6:15) al monte. Jesús habla con ellos, ayudándoles a reflexionar sobre su propia búsqueda. Según los vv. 26-27, Jesús les respondió: "De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna." Juan nos presenta a las personas que tuvieron la vivencia del milagro, pero que todavía no entienden las señales de Jesús. Ellos vieron, sintieron en sus manos y en sus cuerpos el alimento, pero no entienden y preguntan a Jesús (v. 28): "¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?" Jesús los llama a obrar por un alimento que permanece. Ellos quieren saber qué deben hacer para obrar las obras de Dios. La tardanza de estos hombres y mujeres para entender cómo obrar nos lleva a formular tres hipótesis:
 
1) Ya tienen la ley de Moisés para obrar, pero deben cambiar para obrar las obras de Dios.

2) Está por celebrarse la pascua judía y esta celebración es para ellos un signo del éxodo que vivieron sus antepasados.
 
3) Jesús dice: "Yo soy el pan de vida" (v. 35), y los y las llama a obrar por el alimento no perecedero (v. 27). La ley judía es importante, y la tradición de la pascua es importante. Pero ahora Jesús mismo les está dando la libertad de elegir un alimento para la vida eterna. Ya sus antepasados probaron el maná en el desierto y no fue Moisés quien los alimentó: "Moisés no os dio el pan del cielo, pero mi Padre os da el verdadero pan del cielo" (v. 32).

Jesús es el logos a quien Juan nos presenta al inicio del evangelio en 1:1 "En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios." El maná, lo mismo que los panes y los peces que Jesús multiplica, son alimentos perecederos muy importantes en la vida del ser humano. Los milagros son señales de la grandeza de Dios para alimentar y sustentar el cuerpo y para brindar la vida eterna. Juan nos presenta a estos seguidores que no alcanzan a comprender que Jesús mismo es pan. Por eso Juan nos recuerda las palabras de Jesús en el v. 35: "Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás."

Sugerencias para la prédica:
 1. Jesús es el perfecto amor que alimenta y no rechaza a nadie. Jesús es el que nos hace "vibrantes" ofreciéndose a sí mismo como la Palabra (o el Verbo) que es el pan de vida para la humanidad. El alimento que es Jesús, nos recuerda el evangelista Juan, ofrece sustento para el cuerpo y el alma. No se deja por ello de lado la importancia de que todos y todas tengan el sustento diario en las mesas familiares en nuestro tiempo. Esta es una cuestión primaria de la que Jesús se fija cuando, según Juan 6:5, pregunta a Felipe: "¿De dónde compraremos pan para que coman estos?" El milagro de los panes y peces es necesario para que siga el plan de salvación de la humanidad ahora presente en Jesús. El alimento que permanece tiene como centro a Jesús, y queda la acción humana de creer y obrar. El llamado de Jesús a este grupo de personas que lo busca sólo por una parte del alimento, el perecedero, es que hay algo más. "Yo soy el pan de vida", les dice. Crean y obren. Este sería el signo de vida, que el milagro tenga repercusión y vaya más allá de ver y sentir. Que alimentarse sea creer y obrar.

2. Jesús alimenta a los que están con hambre cuando dice: "Yo soy el pan de vida" (v. 35). Mi pregunta es: ¿Qué hace que una congregación sea vibrante o no vibrante? Hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños que fueron alimentados, atraviesan el mar de Galilea y van en la búsqueda del que los alimentó, y Jesús no se retira al monte (v. 15). Porque él es el alimento. El primer paso de los seguidores de Jesús es la búsqueda de quien los alimentó. El segundo paso es ir con sus dudas, temores o interrogantes y hablar con Jesús. Ellos se presentan tal cual son, y Jesús los escucha y no los rechaza, porque Jesús es el perfecto amor y los motiva para que crean. Y el tercer paso es atender a la recomendación de Jesús de obrar. Son tres pasos importantes también en la vida congregacional: recibir la Palabra, creer en la Palabra y como resultado del amor a Dios, obrar en el día a día. De esta manera la vida congregacional tiene resonancia en la Palabra y se reproduce alrededor de la Palabra. Todo es posible si dejamos que Jesús sea el pan de vida. En la iglesia hemos escuchado decir: "Esta es una congregación vibrante, porque algo impactante o que tiene repercusión ocurre en ella." "Vibrante" es algo que se multiplica y está en actividad constante o teniendo resonancia. Al recordarnos que Jesús se presentó como el pan de vida, Juan nos está diciendo que el corazón de una congregación es Jesús, la Palabra viva que viene a alimentarnos y a llamarnos a creer y obrar.

3. Jesús es el restaurador del ser humano: Las personas en este siglo 21 están en camino de sus propias búsquedas personales, generacionales, sociales, etc. Todo ello tiene su centro en la vida. Ser parte de cualquier movimiento religioso, social, político, empieza con una causa. Haciéndonos eco de las palabras de la gente que está conversando con Jesús en Capernaúm, podemos preguntarnos como seres de esta magnífica creación: ¿Qué estamos haciendo en nuestro día a día para obrar las obras de Dios, del creador? Para las personas que están en su búsqueda personal y/o comunal es importante recordar que somos salvos por gracia. Que nuestras obras son productos de nuestra fe y aun esta fe es un regalo de Dios. Las obras nuestras no contribuyen a nuestra salvación (Gálatas 5:4). Las obras vienen como un fruto de la salvación; no a causa de ella. Jesús es la vida que vino al mundo y está presente; él es el alimento presente y para la vida eterna.


Perfil del Colaborador

 

 Ofelia Dávila Llimpe
Pastora luterana peruana

St. Paul, MN
(
http://www.workingpreacher.org/preaching_print.aspx?commentary_id=1398
).

Dos panes. Dios recompensa nuestra bondad.

Dos panes
 

"Le cortaré las manos, para ejemplar castigo

a quien desde hoy le dé alguna limosna a algún mendigo,

para acabar con esa costumbre inveterada

de andar tanto haraposo, por mi ciudad sagrada".

 

Tal fue la dura orden de un severo sultán...

Nadie les dará dineros ni vestidos ni pan...

Los súbditos del reino, la orden cumplir juraron,

y del país los pobres mendigos emigraron.

 

Pasado un tiempo, un mísero hombre desconocido
cruzó todas las calles, y cuando recorrido hubo todas las casas,

llegó a la de una moza,

mujer de aspecto dulce y sonrisa graciosa.

 

Diciendo: "dame un trozo de pan, buena señora,

que vengo de muy lejos y el hambre me devora.

No hagas como hacen todos, que me rechazan fieros.

Hazlo en nombre de Dios, que creó los graneros".

 

La joven que oyó el nombre de Dios, con mil afanes

y gran temor, al pobre mendigo dio dos panes.

Al saberlo el sultán, mandó inmediatamente,

llevar al palacio a la joven delincuente.

¡Y sin mirarla apenas, hizo que dos villanos

cortaran a la bella mujer sus bellas manos!...

 

Días después, cansado de estar solo,

el severo sultán llamó a su madre y díjole así:

"Quiero, para matar mi hastío, y pues que soy muy ambicioso,

conseguir una esposa que tenga un rostro hermoso"...

 

"Una conozco -díjole con maternal afecto,

pero que tiene ¡oh hijo!, un gran defecto,

y es que no tiene manos, pero ella es tan hermosa

que al mirarla a la cara cree uno que es una rosa."

 

"Tráemela, quiero verla. Tal defecto

es pequeño si tiene un dulce paso y porta un gran ceño"...

Cuando el sultán severo, la joven bella vio,

maravillado de ella, la amó y la desposó.

 

Ella fue la sultana favorita, y un hijo tuvo del casto seno,

con que el cielo bendijo su desgracia,

pues ella se sentía dichosa,

mirando de su hijo la carita hermosa.

 

Mas las otras mujeres, con la envidia del celo

y el dolor del olvido, como la sierpe al suelo rastrea,

malpusieron ante el sultán creído

a la bella mujer, que al fin dio al olvido

y mandó que llevaran a un desierto lejano

a la madre y el hijo... ¡Padre y esposo inhumano!

 

Con el niño a la espalda y buscando agua pura,

hasta un hondo pozo de honda linfa oscura

llegó, y a él asomándose para beber ansiosa

sintió que al frío pozo rodó su carga hermosa.

 

Gimió, lloró dolida. Y cuando loca quiso arrojarse,

dos hombres llegaron de improvisto, y uno le dijo:

-¡Qué vas a hacer?!, desdichada!

¡Sacaremos a tu hijo, mujer desventurada!...

 

Y en tanto que los hombres doblaban la rodilla,

y una oración elevaban al cielo. ¡Oh maravilla!,

sano y salvo del agua el niño fue saliendo,

a los hombres mirando y a la madre sonriendo.

 

Y replico uno de ellos:

¡A quien corto tus manos en vida las dos suyas

tragarán los gusanos!... Mas las tuyas,

sufrida mujer, ¿quieres verlas?

Mira, porque un día fuisteis buena, ¡vas a tenerlas!...

 

Y en tanto que los hombres de rodilla oraban

sobre los dos muñones las manos retornaban!,

y se vieron tan suaves, tan blancas y tan ligeras,

que ella dijo: ¡son estas mejores que las primeras!...

 

Mas ¿quiénes sois vosotros, repuso agradecida,

que dos bienes tan grandes hacéis hoy a mi vida?...

Y respondió uno de ellos con voz dulce de amigo:

¿Nosotros?... los dos panes que le distes al mendigo...
(Desconozco el autor).

06/08/2012 18:47 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

El amor... es la fuente de la vida...

El amor... es la fuente de la Vida...

 

El amor es...
ser honesto contigo mismo en todo momento,
ser honesto con la otra persona siempre,
diciendo, escuchando, respetando la verdad
y sin fingimientos.
El amor es la fuente de la realidad.

El amor es...
un entendimiento tan completo
que sientes como si fueras
una parte de la otra persona,
aceptándola tal y como es,
sin intentar cambiarla.
El amor es la fuente de la unidad.

El amor es...
la libertad para perseguir tus propios deseos
mientras compartes tus experiencias

con la otra persona,
el crecimiento individual de uno al lado del otro,
el crecimiento de los dos en unidad.
El amor es la fuente del éxito.

El amor es...
el entusiasmo de planear cosas juntos,
la emoción de hacer cosas juntos.
El amor es la fuente del futuro.

El amor es...
la furia de la tormenta,
la calma del arco iris.
El amor es la fuente de la pasión.

El amor es...
Dar y tomar diariamente,
siendo pacientes el uno con el otro,
reconociendo las necesidades y deseos de los dos.
El amor es la fuente de compartir.

El amor es...
saber que la otra persona
estará siempre contigo,
sin importar lo que pase,
sintiéndola cuando está lejos,
entendiendo que está en tu corazón todo el tiempo.
El amor es la fuente de la seguridad.

El amor... es la fuente de la Vida.
(Desconozco el autor).

el cofre de vidrios rotos.

EL COFRE DE VIDRIOS ROTOS

Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo
habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.  Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le
había enturbiado demasiado para hacer una costura recta.


Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana. El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.

-No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.

Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.

El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.

-¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.
-Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.

-Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.

Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo. Al fin, el anciano padre enfermó y falleció.

Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por supuesto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.

-¡Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!

-Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.

-Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños. Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre. Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo:

"Honrarás a tu padre y a tu madre."
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:48 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

el costumbrismo en el Matrimonio.

El Costumbrismo En El Matrimonio.

Hay muchas costumbres o mañas, que pueden ser letales para un matrimonio.

Las costumbres son hábitos de comportamiento en la vida regular de las personas, que pueden ser positivos o negativos. Todo matrimonio tiene hábitos buenos y malos. Pero cada matrimonio debe esforzarse por mantener y reforzar los buenos hábitos e ir desechando los malos. Entre más positivo sea el balance de hábitos más saludable será el matrimonio.

La mayoría de costumbres buenas o malas, las aprendemos desde niños en medio de la convivencia familiar y del ambiente en que nos desarrollamos.

Algunos cónyuges tienen por ejemplo la mala costumbre de criticar y juzgar a su pareja constantemente. Es como si estuvieran atentos a cada falla de su cónyuge para criticarle, reclamarle y hasta condenarle. Esta costumbre es destructora de matrimonios, ya que por lo general el cónyuge afectado termina cansándose de esa actitud y reacciona negativamente.

En la Comunicación, hay personas que tienen la costumbre de gritar constantemente, lo cual bloquea la comunicación. Hay personas que tienden a asumir los pensamientos del cónyuge y se indisponen porque creen saber lo que el cónyuge está pensando.

Podríamos enumerar un sinfín de costumbres que afectan los matrimonios. Hay costumbres que quizás para uno no son molestas, pero lo son para el otro y entonces deben respetarse. Los esposos deben abrir el corazón y dejarse saber mutuamente con respeto y suavidad, que costumbres del otro le molestan con el único propósito de informar, para que el otro lo sepa y tome la decisión por si solo(a) de cambiar esas costumbres que le hacen sentir mal a su pareja. No por presión, sino por convicción.

No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. 1 Cor 15, 33.

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque EL dijo: No te dejaré ni te desampararé. Hebreos 13, 5

La primera y más importante costumbre que debe tener todo matrimonio es procurar una relación permanente con nuestro Padre Celestial. O sea, que ambos tomen la decisión de leer la Biblia juntos, orar juntos, asistir regularmente a la Iglesia y practicar la obediencia a la palabra de Dios.

Segundo, deben tomar la decisión de desarrollar hábitos de compartir juntos, afirmarse mutuamente, pensar diariamente en que podemos hacer para el bienestar de nuestro cónyuge. La misión más importante de cada cónyuge en el matrimonio es encargarse del bienestar del otro. Esto debe convertirse en un poderoso hábito de vida en el Matrimonio que les va a dar excelentes beneficios a la relación y a la familia.

Tomen la decisión hoy mismo de cambiar esas malas costumbres en el matrimonio y desarrollar nuevos hábitos de beneficio y bendición para tu familia.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

Luis y Hannia Fernández
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

el dominio del temor.

El dominio del temor

Varios años atrás, un circo de televisión bien conocido desarrolló un acto que incluía tigres de bengala.

El acto se hacía en vivo delante de una gran audiencia. Una noche, el entrenador entró en la jaula con varios tigres y la puerta era cerrada de forma rutinaria detrás de él. Las luces inundaban la jaula y las cámaras de televisión se acercaban para que la audiencia pudiera ver cada detalle mientras él con habilidad ponía a los tigres en el ritmo adecuado.


En medio de la actuación, pasó lo peor: las luces se apagaron.

Por casi treinta largos segundos, el entrenador estuvo encerrado con los tigres en la oscuridad. Con su visión nocturna superior, los tigres podían verlo, pero él no los veía a ellos. Él sobrevivió. Cuando regresaron las luces, con calma terminó su actuación.

Cuando le preguntaron al entrenador cómo se sintió, él admitió sentir un frío temor al principio, pero luego -dijo-, se dió cuenta de que aunque él no podía ver a los felinos, ellos lo sabían. Él dijo: "Solo continué sonando mi látigo y hablándoles hasta que las luces regresaron. Ellos nunca supieron que yo no les podía ver tan bien como ellos me veían a mí."

Sigue hablando a los tigres del temor que parece estar persiguiéndote. ¡Ellos obedecerán tu voz de fe! Salmo 23,4
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:49 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

El gusano atrapado.

EL GUSANO ATRAPADO
Por el Hermano Pablo

Un indígena oriundo de Centroamérica había hallado la paz en Dios. Había cambiado radicalmente, de una vida de depravación, borracheras e infidelidad, a una vida de verdadera satisfacción y paz. Siempre hablaba de su salvación y de lo que Jesucristo había hecho por él. No le importaba dónde estuviera ni quién estuviera viéndolo o escuchándolo. A todos les daba el testimonio de su conversión.

Un día un amigo suyo le preguntó:

—Churunel, ¿por qué hablas tanto de Cristo?

Churunel no respondió de inmediato, sino que comenzó a recoger palitos y hojas secas que fue colocando uno sobre otro en un círculo. Entonces buscó hasta hallar un gusanito, y lo puso en el centro del círculo. Todavía sin decir palabra, encendió un fósforo y lo acercó a las hojas y a los palitos secos.

El fuego dio la vuelta al combustible seco, y el gusanito atrapado comenzó a buscar locamente cómo salir, pero no podía.

Por fin el fuego avanzó hacía el centro, y el calor se fue acercando al gusano. Éste, desesperado, levantó en alto la cabeza como para respirar, cuando menos, un poco de aire fresco. El gusanito sabía que su único refugio tendría que venir de arriba.

Al verlo así, Churunel se inclinó y le extendió sus dedos. El gusano se asió de ellos y el indígena sacó el gusano de en medio del fuego. Fue hasta entonces que emitió su primera palabra.

«Esto —explicó Churunel— es lo que Cristo hizo por mí. Yo estaba atrapado en los vicios del pecado, y no había esperanza de salida. Había tratado, por todos los medios posibles, de salvarme a mí mismo, pero me era imposible.

»Entonces el Señor se inclinó hacia mí y me extendió su mano. Lo único que tuve que hacer fue asirme de Él. Cristo me sacó de esa prisión. Por eso no puedo dejar de contarles a todos lo que hizo por mí.»

Lo cierto es que aquel indígena describió a la perfección lo que Cristo puede y quiere hacer por cada uno de nosotros. Sin Cristo estamos atrapados. Más vale que reconozcamos de una vez por todas que la vida real no respalda el argumento popular que dice: «El día que yo quiera dejar el vicio, puedo dejarlo.» De no ser por una ayuda que venga de arriba, moriremos en nuestros pecados.

Cristo está cerca de nosotros y nos extiende la mano. Sólo tenemos que asirnos de ella. Churunel lo hizo y encontró paz. Así como él lo han hecho millones más, y han hallado la paz. ¿Por qué no hacerlo nosotros también? Cristo quiere rescatarnos y darnos su paz.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:50 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

el marinero.

El marinero

John X se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa. Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida.
Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Ella vivía en Nueva York.

Él le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría cómo ella luciera. Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, ellos arreglaron su primer encuentro: A las 7:00 de la tarde, en la Gran Estación Central de Nueva York: "Tú me reconocerás" ella dijo, "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Así que a las 7 John estaba en la estación buscándola.

Dejaré que el señor X les diga lo que sucedió: "Una joven mujer vino hacia mí, su figura era alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida.
Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: "¿Vas por mi vía, marinero?" Murmuró ella. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces, vi a Hollis Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer de más de 50 años, con cabello grisáceo y bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja. La chica en el traje verde se iba rápidamente.

Sentí como si me partiera en dos: Mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado. Y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible, sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable... No vacilé: Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para identificarme con ella. Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.
Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción. Soy el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento que me pudiera conocer. ¿La puedo llevar a cenar? La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante.

"No sé de qué se trata esto hijo" ella respondió, "pero la señorita en el traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y ella dijo que si usted me invitaba a cenar yo le diría que lo está esperando en el restaurante del frente. Ella dijo que era una clase de prueba!"

No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo no atractivo. "Dime a quien amas" escribió Houssaye, "Y te diré quién eres".

Mateo 22, 37
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
1 Juan 4, 21
Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.
1 Juan 4, 7
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
1 Juan 2, 15
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
1 Juan 2, 10
El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:50 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

El reloj de la oracion

EL RELOJ DE LA ORACIÓN
Por Carlos Rey
 
A la hora indicada, suena la alarma del reloj de pulsera y una pequeña aguja magnética se mueve lentamente, señalando la dirección correcta. Acto seguido, el que lleva el reloj se quita los zapatos, se acomoda el turbante, se arrodilla y comienza a orar, dirigiendo la mirada hacia La Meca, ciudad sagrada del Islam.

Ese reloj de pulsera es especial. Diseñado electrónicamente por una compañía japonesa, avisa puntualmente cinco veces al día que es tiempo de la oración litúrgica del Islam. Y tiene un compás que marca la dirección exacta hacia La Meca, que es hacia donde todo buen musulmán debe dirigirse al orar, ya sea un ejecutivo en París, o un inversionista en Nueva York, o un boxeador en Las Vegas, o un empresario en Buenos Aires, o un profesor universitario en Lima, o un médico en São Paulo o un abogado en el Distrito Federal de México. He ahí la electrónica al servicio de la religión.

Cada ser humano tiene el derecho inalienable de seguir su propia religión y de practicarla tal y como le parezca mejor. Los musulmanes cumplen el deber, prescrito por el Corán, de orar cinco veces al día dondequiera que se encuentren, con el rostro dirigido hacia La Meca. En el transcurso de los siglos el que ha llamado a los fieles desde la torre de su mezquita en las ciudades árabes ha sido el sacerdote musulmán, conocido como el almuecín o almuédano. Pero ahora a los seguidores de Mahoma dispersos por el mundo lo que les recuerda la hora puede ser un reloj electrónico.

¿Habrá algún reloj de oración que les sirva de aviso a los seguidores de Cristo, también dispersos por el mundo? Si no lo hay, entonces ¿qué les recuerda a los cristianos que es tiempo de orar? Y si, por ejemplo, se considerara como tal el repique de las campanas de una iglesia, ¿qué probabilidad habría de que esos cristianos dejaran de inmediato sus actividades cotidianas para dedicarse a la oración?

Es triste tener que admitirlo, pero una gran mayoría de cristianos, sobre todo los de nombre solamente, no se acuerdan nunca de orar. Es más, no saben siquiera cómo hacerlo. Si los acosa algún problema o sufren algún contratiempo, buscan a un guía religioso que ore por ellos. ¿Y por qué no saben orar? Porque han perdido la comunión con Dios. Guardan las distancias en vez de mantener una relación personal con Él.

Dios desea que nos acerquemos y le dirijamos la palabra con regularidad, como una expresión de fe, de amor y de confianza, y no sólo como nuestra última esperanza. Lamentablemente muchos de sus presuntos hijos le hemos quedado mal haciéndolo esperar demasiado tiempo, como espera con anhelo un padre desatendido por sus hijos. ¿Será acaso que a todos nos serviría un reloj de oración como recordatorio?
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:51 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. APRENDE A ORAR No hay comentarios. Comentar.

¿Estoy cosechando lo que he sembrado?

¿Estoy cosechando lo que he sembrado?

“La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto, y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosechas un carácter. Siembra un carácter y cosechas un destino.”  James Allen

He encontrado que cada vez que logramos cosas nos sentimos bien con nosotros mismos, pero cada vez que no logramos no sentimos frustrados y desanimados. Este último pasa muy frecuentemente porque son más los que se rinden cuando fracasan la primera vez, que aquellos que se levantan de una derrota para seguir en la búsqueda de sus sueños.  Creo que todos estamos orientados al logro, es una necesidad humana de querer alcanzar, lograr, ganar, al fin y al cabo hemos nacido para triunfar.

Aunque muchos han perdido, y se sienten perdedores, la verdad es que no les gusta estar así. Ellos anhelan la victoria. Todos quieren lograr éxito en la vida, en su matrimonio, en su empleo o negocio. Todos quieren vivir para disfrutar, nadie se casa para divorciarse, nadie monta un negocio para fracasar. Todos quieren trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

Hay un principio universal que dice: “Cada uno cosechará lo que haya sembrado.” Es decir que cosechamos lo que sembramos. Un ejemplo, si usted ha sembrado naranjas, usted va a cosechar naranjas y no manzanas.

Alguien escribió (desconozco el autor):

Quien planta árboles, cosecha alimento.
Quien planta flores, cosecha perfume.
Quien siembra trigo, cosecha pan.
Quien planta amor, cosecha amistad.
Quien siembra alegría, cosecha felicidad.
Quien planta vida, cosecha milagros.
Quien siembra verdad, cosecha confianza.
Quien siembra fe, cosecha certezas.
Quien siembra cariño, cosecha gratitud.

La cosecha está relacionada con los resultados, la recompensa, las consecuencias de nuestras acciones. En cambio, la siembra está relacionada con trabajo, inversión, esfuerzo, aporte, diligencia, enfoque, acciones.

¿Por qué no logramos nuestros sueños?

No sabemos lo que queremos. ¿He considerado realmente lo que quiero?

No hacemos el esfuerzo necesario. ¿Estoy dando el “extra” en mi vida?

No estamos invirtiendo. ¿Cómo invierto mi tiempo y mis energías? ¿Dónde estoy invirtiendo mi vida?

No estamos dispuestos a trabajar en largo plazo, queremos una solución rápida. ¿Qué aporte puedo dar para acelerar el proceso?

No creemos en nosotros mismos. ¿Cree en usted? ¿Tengo la confianza de que lo voy a lograr? ¿Qué pienso de mí?

No queremos fracasar, queremos tener la certeza de ganar. ¿Qué haría si supiera que no fuera a fracasar?

No nos gusta lo difícil, mientras más fácil mejor. ¿De qué otra manera puedo lograrlo?

Nos tornamos rígidos, es como pensamos o decimos. ¿Estoy dispuesto a cambiar? ¿Qué pasaría si cambio la estrategia o la táctica?  ¿Estoy dispuesto a ser flexible?

No buscamos el apoyo. ¿Quién puede ayudarme? ¿Con quién debo relacionarme para lograr mis sueños?

De seguro hay otras razones por las cuales no está logrando sus sueños, coloque las que considere principales, y junto a ellas, preguntas para desafiarle a ir por más en la vida. Mientras estemos vivos siempre tendremos obstáculos que se interpondrán en nuestro camino. De nosotros depende quedarnos derribados o levantarnos para llegar a la meta.

“Si quieres sembrar, no te quedes mirando al viento;  si quieres cosechar, no te quedes mirando al cielo.” Eclesiastés 11, 4

En amor y liderazgo,

Pedro Sifontes
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

06/08/2012 18:52 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Caminos laicales de perfeccion. Capitulo 4. Regla de vida.

Caminos laicales de perfección. Capítulo 4.


Regla de vida

Hemos recordado antes cómo los religiosos, para mantener toda su vida orientada hacia Dios por el amor, se ayudan con una Regla de vida; en tanto que los laicos, por un cierto desorden hasta cierto punto inevitable de sus vidas, suelen verse desprovistos de este auxilio providencial. Pues bien, consideremos ahora en qué medida es aconsejable que los laicos se ayuden también con algún plan o regla de vida.

Es natural atenerse a una regla

Cuando un hombre pretende algo con verdadero interés —estudiar una carrera, aprender un idioma, ejercitarse en un deporte, sacar adelante un oficio o una profesión laboral, etc.—, en seguida sujeta su vida a regla en esa dirección: adquiere y ordena los medios que sean necesarios, organiza un horario, asegurando bien la protección diaria de ciertos tiempos, y se fija un calendario, de tal modo que su empeño cobre así estabilidad y constancia, y no se vea abandonado a las ganas personales, tan cambiantes, o a las circunstancias exteriores, más cambiantes todavía. De otro modo, es evidente, no saldrá adelante con su intento. Una persona, por ejemplo, que quiera aprender a tocar la guitarra, y en ratos sueltos, cuando no tiene otra cosa que hacer o cuando le viene en gana, se entretiene en rasguear sus cuerdas, nunca aprenderá a tocar decentemente ese instrumento. Para ello habría de dedicarse con más constancia y regularidad.

Pues bien, la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona y la eleva. Sin duda «es Dios quien da el crecimiento» espiritual (1Cor 3,7), por medio de la gracia divina. Pero la acción de la gracia no prescinde de los modos propios de ejercitarse la naturaleza humana, sino que, por el contrario, los suscita, los perfecciona y eleva. Hay gracias, ya lo sabemos, que Dios da al hombre en la vida mística al «modo divino», sin que éste colabore a ellas activamente, es decir, ejercitándose en ellas según sus modos naturales propios, con su pensamiento y voluntad. Pero en la fase ascética del camino de la perfección, que es en la que se halla la mayoría de los cristianos, el modo normal por el que Dios actúa en la persona es el «modo humano», en el que la gracia sobrenatural suscita la actividad del entendimiento (por la fe) y de la voluntad (por la caridad) en sus modos propios de ejercicio.

Según esto, no parece excesivo concluir que no pretenden seriamente la perfección evangélica aquellos cristianos que no se sujetan a una cierta disciplina, es decir, que no dan al intento de su voluntad la ayuda de un cierto plan o regla de vida.

Andando sin camino

Es posible, desde luego, que una persona vaya andando hacia una ciudad sin sujetarse a camino alguno. Pero el intento le resultará mucho más lento, y sumamente fatigoso, pues con frecuencia habrá de atravesar por barrancos, lugares cercados, zonas pantanosas y bosques. Es muy probable que se extravíe más de una vez, que dé muchos rodeos innecesarios, que se pierda totalmente, o que incluso acabe por seguir caminando, pero ya sin intentar mantener una orientación continua hacia la meta que en un principio pretendía.

En la vida espiritual, éstos son los cristianos que rezan de vez en cuando, más o menos, según cómo se sienten, según vaya su devoción. La frecuencia de sus confesiones es muy cambiante, pues depende sobre todo de las circunstancias. Dan limosnas o ejercitan su caridad hacia el prójimo, pero normalmente en respuesta ocasional a los estímulos que eventualmente reciben, cuando los reciben. Quizá leen un libro espiritual, si alguien se lo recomienda con entusiasmo, pero pueden pasar luego meses sin que apenas lean ningún escrito cristiano...

Al paso de los días, las ganas (la carne) y las circunstancias (el mundo) -y con ellas la acción callada del Maligno-, irán dejando sin fruto las semillas preciosas sembradas por la Palabra divina en el corazón de estos cristianos (Mt 13,1-23). A los que así van se les puede asegurar que, si no cambian, ciertamente no llegarán a la santidad.

Esta situación de anomía (anomía, es decir, sin norma, anomos), llevada al extremo, equivale ya simplemente a una vida de pecado, es decir, a una vida frecuentemente desviada de su orientación de amor hacia Dios (+Rom 2,12). Y de ahí es, precisamente, de donde ha de salir todo cristiano, si quiere reorientar y convertir toda su vida hacia Dios.

En efecto, «mientras fuimos niños vivíamos en servidumbre, bajo los elementos del mundo» (Gál 4,3), o por decirlo de otro modo, a merced de las ganas y circunstancias cambiantes. «Hubo un tiempo -dice San Pablo- en que estábais muertos por vuestros delitos y pecados, cuando seguíais la corriente del mundo presente, bajo el príncipe que manda en esta zona inferior, el espíritu que ahora actúa contra Dios en los rebeldes [el demonio]. Antes procedíamos también nosotros así, siguiendo los deseos de la carne, obedeciendo los impulsos de la carne y de la imaginación. Y naturalmente estábamos destinados a la reprobación, como los demás» (Ef 2,1-3).

Conviene andar por un camino

Por el contrario, cuando se anda por un camino, se consigue, con mucho menos esfuerzo mental, volitivo y físico, un avance incomparablemente más rápido y seguro. Y si son varios los que andan juntos por el mismo camino, unos se animan a otros, ayudándose mutuamente, y también el camino les ayuda a mantenerse unidos y a acrecentar esa unidad amistosa. Tanto facilita un camino el avance del caminante, que suele decirse: «Este camino lleva a tal lugar».

Pues bien, si todos los cristianos hemos de realizar un Éxodo espiritual, saliendo del mundo-Egipto, y atravesando el Desierto, hacia la Tierra Prometida -es decir, saliendo del pecado a la gracia, y avanzando hacia la perfecta santidad-, en esa travesía una norma de vida será para nosotros como un camino, que facilite nuestro progreso y asegure siempre la dirección.

Todo esto es, realmente, bastante obvio, tanto en la consideración teórica como en la comprobacion práctica de la experiencia. ¿Por qué hoy, sin embargo, al menos en las naciones ricas descristianizadas, se comprueba la existencia de una aversión generalizada a toda ley que ayude la vida del espíritu? Se trata, sin duda, de una enfermedad de época, cuyos orígenes más definidos podrían hallarse en el luteranismo y el liberalismo.

La alergia luterana a la ley

Puede decirse que, en el siglo XVI, es Lutero quien introduce en la Iglesia el odio a la ley, tanto en los teólogos, como en el pueblo que se sujeta a su influjo. Según su doctrina, existe entre la Ley religiosa y el Evangelio de Cristo  un abismo infranqueable, pues justamente «para que fuésemos libres, Cristo nos libró de la maldición de la ley» (Gál 3,13). La Ley es judía, pertenece al Antiguo Testamento, y nada puede hacer para salvarnos. El Evangelio, en cambio, es la gracia, que nos libera del pecado por la pura fe en Jesús. Hay entre Ley y Espíritu un antagonismo irreconciliable: sencillamente, donde está operante la constricción externa de la Ley, está ausente la acción interior del Espíritu. En efecto, la Ley espera la salvación del cumplimiento de unas ciertas obras por ella prescritas, y hace que el hombre ponga en éstas su esperanza; pero la salvación no es por las obras, sino puramente por la fe en Cristo Salvador: es decir, por pura gracia. Por tanto, la ley eclesial -en cualquiera de sus formas: normas eclesiásticas, generalmente conciliares , que regulen la vida del clero o de los laicos, o Reglas religiosas de vida perfecta- es algo abominable, es una judaización del cristianismo, una falsificación perversa del mismo.

Otros protestantes clásicos -Melanchton, Calvino- o modernos -Barth- no acompañaron a Lutero en ese radicalismo anómico. Pero ya desde entonces el espíritu de la anomía quedó inoculado, si no como tesis, al menos como tentación e inclinación, en el cuerpo eclesial de las antiguas naciones cristianas. De hecho, como es sabido, allí donde arraigó el luteranismo, desapareció la vida religiosa sujeta a Reglas y votos.

La alergia liberal a la ley

La Ilustración del siglo XVIII y el Liberalismo del XIX agudizan la aversión a la ley, enfatizando ahora la autonomía subjetivista del hombre, que sólo en sí mismo ha de hallar su norma de vida. Éstos son ya planteamientos de orientación en el fondo atea, muy diversos de los luteranos, pero que, de hecho, difunden más y más en el antiguo Occidente cristiano un cierto espíritu semejante, que desprecia e incluso odia toda sujeción a ley.

Si el hombre ha de crecer en forma auténtica, ha de verse libre de toda norma fija objetiva, que limite y condicione su desarrollo. Ha de estar siempre disponible a nuevas y muchas veces imprevisibles incitaciones de la vida. La libertad personal sólo puede adquirirse prescindiendo de las ataduras de cualquier regla o atadura de compromiso perpetuo. No tiene sentido, más aún, es una agresión a la dignidad del hombre, todo compromiso definitivo -el matrimonio para siempre, los votos religiosos o los compromisos sacerdotales, entendidos como ataduras insoltables-. La persona únicamente debe ser fiel a sí misma, no a normas exteriores, que pretenden aprisionar su vida y su conducta. Según esto, si en el planteamiento cristiano todo el desarrollo perfectivo del hombre ha de fundamentarse en la verdad -«santifícalos en la verdad» (Jn 17,17); «la verdad os hará libres» (8,32)-, en este planteamiento del liberalismo la verdad se ve cambiada por el valor supremo de la autenticidad. Y un hombre es auténtico en la medida en que obra por sí mismo (autós, uno mismo). Ésta es la atmósfera espiritual que necesariamente envuelve a todo hombre que vive en el siglo XX.

La difusión de este error -de este mal espíritu- ha sido tan grande, sobre todo en los últimos decenios, que una buena parte del pueblo cristiano se ha visto inficcionado. Entre aquellos cristianos, incluso, que de verdad tienden a la perfección, se da con frecuencia una clara repugnancia para obligarse a una cierta disciplina de vida, que tanto podría contribuir a liberar en ellos su caridad, haciéndoles superar las trabas que aún les sujetan en alguna medida a carne, mundo y demonio. Es indudable también que la agudísima carencia actual de vocaciones religiosas se explica en buena parte por esta aversión a sujetar y orientar la propia vida en el Espíritu con la ayuda de una Ley. Y a muchos religiosos actuales, por su parte, les cuesta mucho -no sólo volitiva, sino también mentalmente- buscar la perfección a través de la observancia fiel y cuidadosa de una Regla -y en la obediencia a un superior-.

Pues bien, de modo semejante, hoy es patente en muchos laicos, incluso en los mejores, una cierta aversión instintiva a toda manera de regular su vida con normas que prescriban ciertas obras -o a sujetarla sinceramente a la guía de un director espiritual-. Estamos pues, evidentemente, ante un mal de siècle, hecho sobre todo de soberbia, y al que sólo escapan completamente unos pocos cristianos: aquellos que están más sujetos al Espíritu Santo, aquellos que de verdad buscan con todas sus fuerzas la santidad, aquellos que quieren sobre todas las cosas morir del todo a sí mismos, para vivir plenamente de Cristo.

El amor católico a la ley

El error consiste muchas veces en no conciliar extremos aparentemente contrapuestos. Lutero, ante los binomios gracia/libertad, fe/obras, justicia/misericordia, etc., renuncia a un extremo, y afirma sólamente el otro. Y concretamente, como hemos visto, en el tema ley/gracia, él suprime la ley y afirma la gracia. Pero la verdad de Dios se halla en el misterio de la Iglesia Católica, que, enseñada siempre por el Espíritu Santo, afirma juntamente gracia-libertad, fe-obras, justicia-misericordia, ley-espíritu. Ella sabe, en cuanto al tema que nos ocupa, que Cristo no ha venido «para abrogar la Ley, sino para consumarla» (Mt 5,17). Y por eso da a sus hijos ley y gracia: no les da sólo ley, pero tampoco sola gratia.

La Iglesia, efectivamente, desde sus primeros Concilios, ha sido siempre consciente del poder que Cristo le ha dado de «atar y desatar» (Mt 16,19; 18,18), y ha reconocido, como dice el Vaticano II, que tiene «el sagrado derecho, y ante Dios el deber, de legislar sobre sus súbditos» (LG 27a). Ella sabe muy bien que no hay contraposición entre ley y gracia, pues la ley eclesial es una gracia del Señor: es un camino, que Dios ofrece, para que por él anden sus hijos, bajo la moción de la gracia, con más seguridad, facilidad y prontitud. Y de igual modo, siempre la Iglesia católica, lo mismo en Oriente que en Occidente, ha prestado una indudable veneración hacia las Reglas de vida religiosa, viendo en ellas verdaderos caminos de perfección, y las ha bendecido, reconociendo así con su autoridad que quien ajusta a ellas su vida llegará ciertamente a la santidad.

Procede en esto la Iglesia como una madre en la educación de sus hijos. Una madre, por ejemplo, que quiere inculcar en su hijo la higiene, procura transmitirle el espíritu de la limpieza, que cuando el niño es muy pequeño no está en condiciones de entender. Por eso la madre, no espera a que su hijo tenga el espíritu de la higiene para que entonces se lave por espontáneo impulso, sino que desde el primer momento, antes incluso de que el niño posea ese espíritu, le obliga a cumplir ciertas leyes familiares de higiene. Y el hijo, sujetándose a las prácticas de higiene exigidas por esas normas familiares, va creciendo en el espíritu higiénico. Así llega un tiempo en el que la madre no tiene ya que recordarle al hijo las normas externas de la higiene, pues él mismo, ya humanamente crecido, se lava por la interior exigencia de su espíritu.

De modo semejante, la Santa Madre Iglesia Católica educa a sus hijos dándoles juntamente espíritu y ley, al menos en algunas cuestiones más fundamentales -la misa dominical, la confesión y comunión anual, las penitencias cuaresmales, etc.-. En el precepto eclesiástico de la misa dominical, por ejemplo, se educa a los cristianos para que vivan de la Eucaristía, dándoles no sólamente espíritu (catequesis, predicación, ejemplo, etc.), sino también ley (obligación de la misa dominical: Código c.1246-1247). De este modo, así como San Pablo dice de los judíos que «la Ley fue nuestro pedagogo para llevarnos a Cristo» (Gál 3,24), así también para los cristianos cumple la ley una función pedagógica, que conduce a la plenitud del Espíritu. En efecto, en el pleno crecimiento espiritual, ya el cristiano sólo se mueve por amor, y no por ley: ya «para el justo no hay ley». Pero advirtamos que, precisamente, sólo la ley es cumplida con perfección cuando el cristiano vive ya de la plenitud del Espíritu. Su vida va entonces mucho más allá de las obras prescritas por la ley. El que posee plenamente, por ejemplo, el espíritu de la Eucaristía, no va a misa sólamente los domingos -la ley siempre exige únicamente mínimos vitales-, sino todos los días que puede.

Según esto, la función de la ley va teniendo una importancia cada vez menor en las diversas edades espirituales del cristiano. Pero recordemos aquí que todos los santos, es decir, los cristianos más crecidos en el Espíritu, han dado siempre ejemplo de amor y veneración por las leyes y cánones de la Iglesia -«qué gran cosa es todo lo que está ordenado por la Iglesia», decía Santa Teresa (Vida 31,4)-, y tratándose de santos religiosos, como en seguida veremos, han guardado observancia fidelísima de la Regla de su orden, y han encarecido su obediencia con todo entusiasmo. Y nunca han planteado enfrentamientos esquizoides entre ley y gracia, entre ley y amor, entre norma y Espíritu, pues han entendido que precisamente la fidelidad a las normas va conduciendo hacia la plenitud del Espíritu.

Los religiosos buscan la perfección sujetándose a una Regla

Desde que hacia el siglo IV comienza a organizarse la vida religiosa comunitaria, la Iglesia ha bendecido siempre las Reglas de vida por las que caminan los religiosos, asegurándoles así que su cumplimiento les ayuda a alcanzar la perfección de la caridad. Más aún, la Iglesia nunca ha aprobado como «camino de perfección» un movimiento que sólamente diera espíritu, pero que no lo concretara por ciertas leyes, en unas exigencias estimulantes claramente prescritas, como obligación de conciencia.

La Iglesia sabe que en un río es agua y cauce. Lo más valioso y vivificante es el agua (el espíritu); pero ha querido siempre que esa agua discurra por un cauce bien concreto (la regla). Y si normalmente es la misma agua la que se forma su propio cauce, en todo caso no tendremos un río si no hay más que un cauce sin agua, o un agua dispersa sin cauce. Un río es agua que discurre por un cauce. Y la vida religiosa hace discurrir un espíritu determinado por un cauce cierto, en el que todos los que la profesan coinciden y avanzan.

Por otra parte, todos los santos fundadores han dado suma importancia a la virtualidad santificante de sus Reglas religiosas, y no las han considerado meras orientaciones aconsejables. Ellos sabían perfectamente que la perfección sólamente está en la caridad, y que la Regla sólo impulsa obras mínimas; pero también creían que era imposible llegar a la perfección de la caridad sin guardar fidelísimamente la Regla profesada. Por otra parte, no han considerado que daba más o menos lo mismo que la Regla fuera así o de otromodo. Al contrario, han procurado con enorme empeño la aprobación eclesial de su Regla, tal como el Señor se la había inspirado, y han puesto sumo empeño en que no se modificaran por relajación, sino que se guardaran fielmente.

Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, insiste con sorprendente insistencia en que sus carmelitas guarden con absoluta fidelidad todas las normas de la Orden, que «no las han fundado los hombres... sino la mano poderosa de Dios» (Fundaciones 27,11). Y muestra la Santa un celo sumamente enérgico para que en la fidelidad a las leyes del Carmelo reformado, que tanto ha costado establecer y que tan buenos frutos van dando, «en ninguna manera se consienta en nada relajación. Mirad que de muy pocas cosas se abre puerta para muy grandes, y que sin sentirlo se os irá entrando el mundo» (ib). Es significativo que la Santa hiciera muy poco antes de morir esta última exhortación: «Hijas mías y señoras mías, por amor de Dios les pido tengan gran cuenta con la guarda de la Regla y Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, no es menester otro milagro para canonizarlas» (Mª de S. Francisco).

En fin, baste con esto para que recordemos cómo los grandes espirituales cristianos han dado siempre una gran importancia a la observancia de ciertas reglas de vida, ordenadas todas ellas a conservar y llevar a plenitud la vida de la caridad, en la que consiste la santidad.

La regla de vida en los laicos

A la vista de lo anteriormente expuesto, podemos ya preguntarnos: si los religiosos no pueden buscar la perfección de la caridad sin la ayuda de una regla, a la que se obligan por unos votos, ¿podrán los laicos aspirar a la santidad sin ayudarse de cierto plan o regla de vida, al que de uno u otro modo se obligan en conciencia? Dejo para el próximo capítulo la segunda parte de esta cuestión, y atiendo ahora a la primera. Es una cuestión compleja, que, como veremos, no admite una respuesta única y simple.

Pero antes, una distinción de términos. Por plan de vida entiendo aquí un conjunto de propósitos, firmemente establecido por una o más personas, aunque revisable, no propiamente obligatorio en conciencia. Con el término regla de vida me refiero a un plan de vida al que la persona, sóla o con otras, se obliga en conciencia, con promesa, voto u otras formas de compromiso. Y cuando hablo de vivir según normas, ajustándose a una disciplina, o empleando otras fórmulas equivalentes, me refiero indistintamente, como podrá apreciarse por el contexto, al plan o a la regla de vida.

-1. La Iglesia da a todos los laicos cristianos ciertas leyes, cuyo cumplimiento, por supuesto, es necesario para la perfección. Ya las he aludido antes. Versan sobre cuestiones de suma importancia -eucaristía, confesión, comunión, penitencia, antes diezmos, etc.-, y son llamativamente poco numerosas. Esto último se explica porque «la ley mira la generalidad», y es tal la diversidad de situaciones y de edades espirituales en los fieles laicos, que resulta prácticamente imposible establecer para todos ellos unas leyes que les sean espiritualmente favorables. Consiguientemente, la Iglesia se abstiene de hacerlo, y solamente legisla acerca de lo más imprescindible.

Incluso la Iglesia es consciente de que dar una ley universal no está exento de ciertos peligros, habiendo muchos cristianos carnales, sumamente incipientes. Puede dar ocasión, por ejemplo, a problemas innecesarios de conciencia o a cumplimientos sacrílegos. Viniendo a un caso bien grave: ¿está generalmente en condiciones de comulgar con fruto aquel cristiano que no comulgaría en todo un año si la Iglesia no se lo mandara?... Apunto sólo el problema.

-2. No parece imprescindible para la santificación de los laicos un camino de vida bien trazado. Si no, la Iglesia lo recomendaría vivamente, y no lo hace. No parece tampoco que todos los laicos puedan tenerlo, pues en no pocos casos su vida, inevitablemente, es completamente imprevisible. Sí será necesaria, en un sentido más general, una cierta ordenación de su vida, si de verdad han de tender a la perfección. El orden conduce a Dios («ordo ducit ad Deum», dice San Agustín). Ahora bien, esta ordenación no es sino una finalización de todos los aspectos de la vida hacia Dios, por amor y servicio; sin que implique necesariamente un conjunto de propósitos o de normas bien determinado.

-3. En todo caso, sin un cierto plan de vida no parece viable la búsqueda de la perfección. Aunque sea un plan muy elemental. Ya vimos que es natural a todo intento humano de importancia procurarlo con un cierto plan bien ordenado. O dicho en otras palabras: quien pretende sinceramente la santidad sujeta su vida a una disciplina adecuada a sus circunstancias personales, y no permite que el intento falle una y otra vez, en buena parte por estar abandonado a los discernimientos eventuales de cada ocasión. En la práctica, y dado lo que es el ser humano, muchas veces la búsqueda de la perfección quedará así a merced de su gana interior o de las circunstancias exteriores, cambiantes unas y otras de cada día.

-4. El laico ha de considerar el seguimiento de una regla de vida, a la que se obliga en conciencia, como un gran don de Dios, es decir, como algo sumamente aconsejable. Y aún más deseable, en principio, es que esa regla de vida sea seguida al mismo tiempo por varios laicos, unidos en un solo espíritu. De hecho, ya desde antiguo, terciarios, cofrades, penitentes, como también los miembros de los modernos movimientos o asociaciones de fieles, han protegido y estimulado su caridad ajustando su vida a ciertas reglas, comúnmente profesadas.

En efecto, la profesión fiel de una regla de vida da al laico -como al religioso- una constante orientación hacia la santidad, le facilita grandemente la realización de ciertas obras buenas, y le libra al mismo tiempo de muchos discernimientos aislados, que al haberse de realizar para cada acto, se ven con frecuencia sujetos al error, por atenerse de hecho a los cambiantes estados de ánimo o a las circunstancias. De este modo, obligarse en conciencia a una regla de vida puede ayudar notablemente al cristiano laico para vencer juntamente la debilidad de la carne, los condicionamientos adversos del mundo y los engaños del demonio. Volveré sobre todo esto.

 

-5. No siempre, sin embargo, será posible o aconsejable para un laico sujetarse en conciencia a una regla comunitaria de vida. Esta afiliación a un cierto camino espiritual concreto, realizada en forma asociada, es una gracia que no siempre quiere Dios conceder a todos. Los religiosos sí que pueden obligarse en conciencia al cumplimiento de una regla bien determinante, pues habiendo «dejado el mundo», es decir, estando plenamente descondicionados de trabajos, familia y ambiente social, pueden constituir libremente entre sí, con la gracia de Dios y sin especiales problemas, un medio homogéneo de vida, en el que coinciden tanto en los fines como en los medios. Pero los laicos, viviendo normalmente al interior de una familia, y viéndose en una situaciones sociales y labores, que en buena parte les vienen impuestas y escapan a su dominio, experimentan para esto con frecuencia dificultades especiales.

-6. Una regla individual de vida, obligatoria en conciencia, será en cambio muchas veces posible y aconsejable para el laico. Por lo demás, siendo personal, será siempre una regla revisable, si así lo requieren los cambios individuales o circunstanciales, o si así lo aconsejara el director espiritual.

Obligatoria en conciencia. Del contenido de esta expresión, que he utilizado varias veces, trataré en el próximo capítulo.

Por la regla de vida se establece una alianza con Dios

Cuando, por gracia divina, un cristiano profesa una cierta regla de vida religiosa o laical, establece con Dios una alianza personal. Según el lado visible de esa alianza, el cristiano se obliga en conciencia a la práctica de ciertas obras buenas. Pero el lado más importante de la alianza es invisible: es, si así puede decirse, el compromiso que Dios adquiere para asistir al cristiano en el cumplimiento de esa regla de vida que Él, por su gracia, le ha concedido profesar.

Y toda alianza debe ser guardada con fidelidad. Las obras en ella acordadas entre Dios y el hombre deben ser hechas con obstinada constancia, sean cuales fueren las ganas que el cristiano sienta o las circunstancias de cada momento. Son obras acerca de las cuales el cristiano normalmente no debe ejercitar discernimientos particulares; simplemente, debe hacerlas, pues la misma alianza le asegura que Dios quiere moverle a ellas por su gracia. Sólamente si, en un momento determinado, mandan otra cosa la caridad, la prudencia o la obediencia, deberá omitir toda o parte de la obra acordada.

Y por otra parte, cuando un cristiano religioso o laico profesa una regla común de vida espiritual, establece también una alianza con otros hermanos, que han recibido de Dios también la misma gracia de profesarla. En adelante, por amorosa providencia de Dios, unos y otros se ayudarán a recorrer el mismo camino. Y también aquí la gracia asume le naturaleza, pues es natural al hombre, aunque no necesario, recorrer su camino acompañado y ayudado por otros.

La victoria sobre los tres enemigos

La semilla divina de las buenas intenciones, según enseña el Señor, puede quedar infecunda en el corazón del hombre por la flaqueza de su carne, que es voluble e inconstante, y cede fácilmente ante las dificultades (lo sembrado en tierra pedregosa); por las incesantes fascinaciones del mundo, asuntos propios, seducciones, riquezas (lo sembrado entre espinas); o por la acción del Maligno, que arrebata, como un pájaro perverso, la semilla celeste (lo sembrado en el camino) (Mt 13,1-23).

Pues bien, el cristiano se sujeta a un plan de vida o a una regla, con la gracia de Dios, para poder vencer mejor a sus tres enemigos:

—1. Para librarse de la carne. Quisiera el cristiano, por ejemplo, entregar a Dios diariamente en la oración una hora de las veinticuatro que Él le da con amor cada día. Pero si no está guiado en esto por una norma, consciente y libremente asumida en su momento, si cada vez que va a la oración ha de formular un discernimiento justo en la fe, y ha de impulsar en la caridad un acto volitivo que le lleve a ella y en ella le mantenga, será muy difícil que guarde con fidelidad constante su buen propósito. Una y otra vez fallará el discernimiento de su mente y desfallecerá así el esfuerzo de su voluntad. Un día se dirá «hoy me viene muy mal»; otro decidirá «ahora no, porque estoy muy cansado; después», pero después surgirá otra cosa que lo hará imposible, etc. Y así una y otra vez. «El espíritu está pronto, pero la carne es flaca» (Mt 26,41). La debilidad de nuestro amor se ve confortada no poco por la fidelidad a la ley.

-Los sacerdotes, por ejemplo, que estamos obligados al rezo de las Horas en conciencia, vamos a ellas sin mayores esfuerzos de discernimiento y decisión: nuestra conciencia impulsa una y otra vez esa oración bajo el imperativo directo de una gracia claramente entendida: «debo rezar esta Hora» -Dios lo quiere, Dios ciertamente me lo quiere dar-. Tiene que haber serias causas, que no se dan muchas veces, para que en un momento dado hayamos de pensar lo contrario, y renunciemos al rezo de una Hora. Y así se afirma en nuestra vida una costumbre, mejor, un hábito virtuoso, una virtud, que nos facilita alabar al Señor cada día, y cada día interceder por los hombres. ¿Qué sería en nosotros de las Horas litúrgicas si el rezo de cada Hora quedara condicionado en cada ocasión al discernimiento o al impulso devocional del momento?

-Y los religiosos, del mismo modo, están obligados también a la oración privada y litúrgica, de tal modo que, cuando llega la hora, van a la oración con ganas o sin ellas, lo mismo si durmieron bien o si tuvieron insomnio, sin discernimientos previos innecesarios. Van porque tienen claro que deben ir; mejor aún, van porque saben que Dios, por la alianza de la regla, les quiere dar su gracia para realizar, en compañía de sus hermanos, esa buena obra que la regla prescribe.

-¿Y los laicos? ¿No querrá Dios fomentar la oración en la vida de los laicos cristianos mediante compromisos análogos, aunque no idénticos?

Es tan grande el desgaste energético de la voluntad, valga la expresión, para ir impulsando en cada ocasión, aquí y ahora, una obra buena, que muchas veces queda ésta sin realizarse, paralizada por discernimientos falsos o demorada a otra ocasión, que no llegará a darse. La norma de vida, por el contrario, da a las buenas obras un impulso sostenido, el propio de la virtud, que es un hábito bueno. Por eso, mientras el cristiano no logre para la oración, la lectura espiritual, la misa y la confesión frecuente, etc. un estatuto volitivo tan firme y estable como el que le asiste para ir a trabajar, a comer o a dormir, las prácticas religiosas de su vida espiritual serán normalmente escasas, intermitentes, crónicamente insuficientes.

Esos ejercicios de la vida interior, la más profunda y explícitamente arraigada en Dios, serán siempre el pariente pobre en el conjunto de los asuntos de su vida, y cualquier otra cosa será suficiente para desplazarla. Parece entonces como si todas las cosas del mundo secular -trabajo, comida, sueño, diversión- tuvieran un derecho indiscutible en la vida de los laicos; en tanto que las cosas más vinculadas a Dios sólo con el permiso de todas las demás cosas profanas pudieran lograr un espacio eventual, vergonzante, normalmente escaso -muy medido- y siempre amenazado. Y ésa es una miseria que mantiene a muchos cristianos seglares, año tras año, en una crónica mediocridad.

—2. Para librarse del mundo. Un camino de vida ha de orientar permanentemente la existencia del cristiano a la luz de la fe y de la caridad. Este camino, que se ha trazado, partiendo de la experiencia, en una hora de especial lucidez espiritual, ha de ser defendido de las innumerables llamadas del mundo, muchas veces fascinantes y sumamente persuasivas, que invitan a dejar el camino -¡por una vez, al menos!, que en realidad serán muchas-, y a caminar por otras direcciones. Es así como la fidelidad al camino trazado en Cristo no sólamente conforta la debilidad de la carne, sino también libera de la esclavitud embrutecedora del mundo.

—3. Para liberarse del demonio. Éste, «padre de la mentira» (Jn 8,44), separa de Dios a los cristianos sirviéndose normalmente de la complicidad de la carne y del mundo. Por eso, si una norma de vida, personal o comunitaria, nos ayuda a vencer carne y mundo, nos ayuda también a vencer las insidias continuas del demonio.

Planes y reglas de vida personales o comunitarios

-Cada uno haga en estas cosas lo que Dios le dé hacer, no más, ni menos, ni otra cosa. Si Dios le da comprometerse sólamente a una o dos obras fundamentales, bien está. Mejor aún, en principio, si le concede vivir según un plan completo de vida, o incluso si el don de Dios le lleva a ajustarse con voto a una regla. Todas estas alternativas y otras posibles son buenas, y se trata únicamente de hacer lo que Dios quiera para cada persona. «Cada uno ande según el Señor le dió y le llamó» (1Cor 7,17; +20. 24).

-Trácese el plan o regla personal de vida en la hora de mayor luz espiritual, en unos Ejercicios espirituales, después de mucha oración, tratando del tema con el director espiritual. Y una vez trazado el camino, sígase después siempre con toda fidelidad, especialmente cuando se camina con poca luz, y más aún cuando llega la hora diabólica y «el poder de las tinieblas» (Lc 22,53). Entonces es justamente cuando perseverar en el camino que Dios nos dió muestra todo su valor espiritual. Caminamos a oscuras, guardando la dirección establecida en la hora de luz.

-Si un conjunto de cristianos laicos es bastante heterogéneo, no pretenda vivir según una norma común bien determinada, pues lo que a unos conviene a otros les perjudica. Síga cada uno un camino, eso sí, pero que sea el propio. Y si a pesar de todo pretenden caminar juntos, oblíguense sólamente a ciertas obras comunes, pocas y de segura aceptación unánime : el rezo del Rosario, por ejemplo, los Ejercicios anuales, etc.

-Una norma de vida ofrece ciertas ventajas y desventajas según sea personal o comunitaria. Y habrá que evaluar esto con prudencia en cada caso. Si es personal, puede ser más concreta y determinante, y ajustarse más a la condición de la persona y a su gracia peculiar. Si es común, habrá de ser más amplia y general, pero su seguimiento favorece la unión fraterna de caridad, facilita las mutuas ayudas, y hace posible ciertas actividades, quizá muy valiosas, que de otro modo apenas serían viables.

-En todo caso, suelen convenir a los laicos normas de vida bien sencillas , de pocos y fundamentales preceptos. Ésta ha sido siempre la tradición evangélica y eclesial, como ya he señalado antes. «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros [los apóstoles] no imponeros ninguna carga más, fuera de éstas que son necesarias» (Hch 15,28). Desde luego, un grupo de laicos muy homogéneo puede darse con provecho espiritual una ley de numerosos preceptos. Pero aún entonces tengan cuidado, y no olviden que todas las personas son distintas, y que cada una tiene su gracia peculiar.

Siendo ésta la verdad, ¿cómo un conjunto de personas, por homogéneo que sea, pero integrado por personas tan diversas, se atreverá a darse una ley única, bien minuciosa y determinada?... Basta, además, con asegurar en la vida de los cristianos unos cuantos aspectos fundamentales de la vida espiritual, para que todos los demás se vean fortalecidos y reorientados hacia la santificación.

-Para que convenga sujetar a ley alguna obra de la vida cristiana han de darse estas condiciones, tanto si se trata de una norma personal o de otra comunitaria: 1.- que la experiencia muestre con claridad que sin la ayuda de la ley esa obra no se realiza con una constancia aceptable; 2.- que esa obra sea realmente importante para el crecimiento de la vida espiritual; 3.- que se espere con prudencia espiritual que Dios querrá conceder esa obra a la persona o al grupo; 4.- que haya alguna experiencia, propia o ajena, de que esa ley suele favorecer la realización en el Espíritu de tal obra.

En ocasiones una persona decidirá profesar una regla comunitaria no atendiendo tanto a su propio bien espiritual -pues quizá no vea en esa norma de vida especiales ayudas para ella-, sino al bien de otras personas que sí necesitan ayudarse con esa ley común.

Comprometerse personal o comunitariamente, por ejemplo, al rezo de algunas Horas litúrgicas o a la donación de un cierto diezmo, reune sin duda, al menos en algunos casos, esas cuatro condiciones.

Fidelidad y flexibilidad

-Fidelidad. La fidelidad a la norma conduce a la plenitud del amor y del espíritu. Cumpliendo una norma fielmente, el cristiano descubre una nueva facilidad y seguridad para ejercitarse con sorprendente constancia en obras que, sin norma, durante años había intentado practicar sin conseguirlo. Ya he insistido suficientemente en ello. En efecto, la fidelidad a una norma de vida -que se ha adoptado como querida por Dios- produce grandísimos frutos de paz, perseverancia y fecundidad espiritual y apostólica, pues está hecha de humildad, de abnegación y de caridad. Un cristiano, es verdad, no puede mantenerse fiel a una práctica espiritual si no ejercita mucho, y a veces con heroísmo, la humildad -sin ésta, pronto se sacude la norma, pensando que, después de todo, no le es tan necesaria-, la abnegación de sí mismo, y la caridad a Dios y a los hermanos.

Como es obvio, una cierta disciplina de vida ayuda con tal de que se ponga un gran empeño en cumplirla fielmente. Por eso, según los casos, cuando en la vida concreta de un laico van siendo más frecuentes las excepciones a la norma que las observancias, habrá que pensar si no le convendrá dejar de atenerse a esa ley personal o, a veces, si es comunitaria, abandonar la asociación. Otras veces, en cambio, lo que deberá hacer es convertirse y volver a la fidelidad de la observancia. Un incomplimiento habitual de la norma es intolerable, pues trae muchos males. Por eso, en lo que se refiere a las carmelitas, Santa Teresa manda que se cambie a la priora y se dispersen las monjas en diversos conventos, si en esto de no guardar la Regla «hubiese ya costumbre -lo que Dios no quiera-» (Visitas 23).

-Flexibilidad. Aunque el laico esté sujeto con toda voluntad a un plan de vida personal o incluso a una regla de vida, es evidente que, por las condiciones cambiantes de su existencia secular, no siempre podrá observar las normas concretas por las que quiere regir su vida. Un día irá de viaje, otro día tendrá que estar pendiente de un enfermo o le reclaman de su lugar de trabajo, en ocasiones habrá de plegarse por caridad -¡y por prudencia!- a las exigencias del cónyuge, más o menos razonables... Así las cosas, es claro que un apego inflexible a la norma sería algo carnal, no procedente del Espíritu Santo. Sería buscar más la propia justificación en las obras, que en la fe, la confianza y el amor. Podría equivaler, efectivamente, a una judaización del cristianismo, en la que se olvidara que «Cristo nos redimió de la maldición de la ley» (Gál 3,13). Esta tentación, es cierto, queda muy lejos del espíritu de época hoy predominante; pero debe ser conocida.

Quienes viven en la gracia de Cristo, deben guardar fidelidad a las normas de la Iglesia o a las que ellos mismos han profesado por iniciativa propia, pero deben hacerlo siempre con la peculiar «libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). Desde el bautismo, participamos ya del señorío de nuestro Señor Jesucristo, y a Él le ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Por eso, si los cristianos nos acogemos humildemente a la observancia de leyes y normas de vida, no por eso hemos de olvidar que nuestra ley suprema es la docilidad al Espíritu Santo, que está por encima de todas las leyes, siendo al mismo tiempo Él quien las ha inspirado, suscitándolas como ayudas en nuestro camino de perfección.

Siempre la Iglesia ha enseñado que sus leyes positivas «no obligan con grave inconveniente (grave incommodo)». Y con más razón ha de decirse esto de otras normas personales o asociativas que puedan asumirse por iniciativa personal. Por eso los cristianos laicos, en conciencia, deberán suspender la observancia de un precepto positivo, siempre que ello venga aconsejado 1.- por la caridad, 2.- por la obediencia, o 3.- por la prudencia; o que por las circunstancias 4.- venga a hacerse imposible. «Nadie está obligado a lo imposible (ad impossibilia nemo tenetur)».

«En todo es muy necesario discreción», dice Santa Teresa una y otra vez (Vida 19,13; +11,16; 13,1; 29,9). Y esa discrecionalidad en lo referente a las normas de vida ha de darse, sin duda, con mucha más frecuencia en la vida seglar que en la de los religiosos. Si éstos, en el caso de una observancia especialmente difícil, se atienen al juicio del superior, que puede dar la dispensa prudente de la norma, de modo semejante, los laicos pueden ser dispensados por su confesor o director espiritual, o en el caso concreto, por ellos mismos. Y aunque no sea para ellos estrictamente necesaria esta consulta, puede ser aconsejable en determinadas circunstancias personales. En todo caso, el cristiano religioso o laico habrá de mantenerse siempre atento al Espíritu Santo, y sólo a su luz podrá discernir con verdad, sin trampas, cuándo es la hora de la fidelidad a la norma, aunque cueste mucho, y cuándo es la de una flexibilidad respecto de ella, aconsejada por la caridad, la obediencia y la prudencia, o impuesta por la imposibilidad.

Fidelidad a la norma y santo abandono

Algunos cristianos recelan sujetar sus vidas a unas normas, temiendo que eso disminuya en ellos el santo abandono a la acción del Espíritu Santo. «El espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo nacido del Espíritu» (Jn 3,8).

Sin embargo, ya desde San Francisco de Sales, la espiritualidad providencial del santo abandono se ha formulado siempre en forma binaria: fidelidad y abandono. Es significativo, en este sentido, el título de la obra del P. Réginald Garrigou-Lagrange, La Providence et la confiance en Dieu: fidélité et abandon (1953). En efecto, lejos de haber contraposición alguna entre fidelidad y abandono, ambas actitudes se complementan, buscando siempre lo mismo: conocer y realizar la voluntad de Dios, que es lo único necesario.

 

La fidelidad a lo que Dios quiere nos lleva a adherirnos cada día, nos agrade o nos duela, a la voluntad de Dios, claramente significada en sus mandamientos, en los preceptos de la Iglesia o en aquellas normas que Él nos ha concedido adoptar, individual o comunitariamente, para el más libre y constante crecimiento de nuestra vida espiritual.

 

El abandono a lo que Dios quiera nos lleva, a su vez, a adherirnos a esa voluntad de la divina Providencia, que día a día se nos va manifestando en las circunstancias cambiantes de nuestra vida. Si el plan o regla de vida es sin duda un camino divino, también éste constituye ciertamente un camino diario misterioso, por el cual Dios, a través de las pequeñas cosas de la vida nos va conduciendo, si nos dejamos llevar, por donde su amor dispone.

No hay contrariedad alguna entre fidelidad y abandono. Por ejemplo, el pleno y absoluto abandono de San Claudio La Colombière al libre beneplácito de la divina Providencia jamás dificultó en él su extrema fidelidad a las reglas de la Compañía de Jesús.

Modificación de las normas

Las Reglas comunitarias de vida no deben modificarse fácilmente, pues ellas conducen a muchas personas. Sólo por graves razones y en los modos convenientes -en un capítulo, en una asamblea- podrán ser modificadas.

 

Pero los planes o reglas de vida personales sí deben a veces modificarse, a medida que se desarrolla la persona espiritualmente, o si cambian las circunstancias de su vida. También los vestidos de una persona deben ir haciéndose nuevos en las diversas fases de su crecimiento.

Téngase en cuenta en esto que las normas exigen siempre deberes mínimos -ir a misa tres veces por semana, al menos-, y por eso mismo, en la medida en que Dios va dando el crecimiento espiritual, deben ser modificadas y llevadas a más -ir a misa todos los días-. De otro modo, la sujeción a ciertos planes o reglas de vida espiritual llevaría en sí el peligro de frenar el crecimiento, cuando en realidad se han dispuesto sólamente para estimularlo.

Andar sin camino

Es indudable que el cristiano carnal suele sentir repugnancia a sujetar su vida a normas, y ve con recelo todo lo que sea plan o regla de vida, por muy modificables que sean. Él prefiere vivir con «más libertad» (?), haciendo nacer sus obras buenas una a una, según su ánimo y el momento. Es la tentación más común.

Pero también existe la tentación contraria. Es indudable que el cristiano carnal tiende a apoyarse en sí mismo, procura controlar su propia vida espiritual, y pretende -con la mejor voluntad (?)- avanzar en ella según sus propias ideas sobre la vida cristiana y según su temperamento personal. En vez de perderse de sí mismo, dejándose conducir por Dios, muchas veces a ciegas, a él le gusta caminar con mapa, por un camino claro y previsible. Pues bien, también esta tentación debe ser conocida por aquellos que pretenden ayudar su espíritu con ciertas leyes personales o comunitarias.

Conviene, pues, saber en esto que algunas veces dispone Dios que ciertos hijos suyos vayan conducidos día a día por su mano, sin un camino bien trazado, en completa disponibilidad a su gracia providente, lo que implica un despojamiento personal no pequeño. Quizá estos cristianos pretenden clarificar y asegurar sus vidas encauzándolas por ciertos caminos bien determinados. Pero si eso no está de Dios, al menos por ahora, y ellos son realmente de los que «obran la verdad» (Jn 3,21), acabarán por entender y aceptar que el Señor no quiere para ellos camino cierto, al menos por ahora, y que pretenderlo, asumiendo, por ejemplo, un buen conjunto de normas, sería contrariar su bendita voluntad. ¡Qué más querrían que tener un camino bien trazado! Pero Dios no se los da. Sólo tienen a Cristo, que les dice: «yo mismo soy cada día vuestro Camino. ¿No os basto?».

Quédense, pues, estos cristianos con los diez mandamientos de Dios y los cinco de la Iglesia, y busquen con toda su alma la perfección evangélica, dejándose llevar por Dios, y no pretendan tomar sobre sí otras normas positivas más concretas, que a ellos no les serían ayuda sino estorbo.
(Desconozco el autor).

¡Gracias por tocar mi vida!

¡Gracias por tocar mi vida!

Hay personas importantes y otras no tan importantes para tí, que cruzan por tu vida y la tocan con amor o sin cuidado y continúan.

Existen personas que se alejan y tú suspiras con alivio y cuestionas por qué tuviste que haber tenido contacto con ellas.

Existen personas que se alejan y tú suspiras con nostalgia y te cuestionas por qué tuvieron que alejarse y dejar ese enorme vacío en tí.

Los hijos se alejan de sus padres, los amigos se separan, y la vida sigue.

Personas cambian de hogar, personas crecen separadas, enemigos odian y se alejan.

Piensas en todos aquellos que han pasado por tu memoria, miras a los presentes y te cuestionas.

Yo creo en el Plan de Vida de Dios, el pone y quita personas en nuestra vida y cada una de ellas deja huella en nosotros.

Descubres que estás hecho de pequeñas piezas de todos aquellos que han pasado
por tu vida.

Eres más por ellos y serías menos si no hubieran tocado tu vida.

Si seguimos juntos o si algún día nos tendremos que separar,

¡Gracias por tocar mi vida!
(Desconozco el autor).

06/08/2012 18:52 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Homilia para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Homilías

 

 Ciclo
 B
 XVIII Domingo del tiempo ordinario
 05/08/2012
Infantil

 

 

XVIII Domingo del tiempo ordinario - 5 de agosto de 2012

 

 En la sinagoga de Cafarnaún
 Juan   6, 24-35

Evangelio

 En aquel Tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban alli, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: -Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna; el que os dará el Hijo del hombre, pues a éste lo ha señalado el padre Dios. Ellos le preguntaron: -¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere? Respondió Jesús: - Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado. Ellos le replicaron: -¿Y que signo vemos que haces tú para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo». Jesús les replicó: - Os lo aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: - Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

 Explicación

 Después de la multiplicación de los panes, la gente al día siguiente se puso a buscar a Jesús y no lo encontraron y atravesaron el lago. Al verlo a la otra orilla, le preguntaron como había llegado allí. Pero Jesús se puso a decirles que se preocupasen más por el pan que baja del cielo. Ellos se creían que hablaba del maná, pero Jesús les aclaró que el se refería a él mismo y dijo: "Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo".

 Evangelio dialogado

 Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Textos: Fr. Emilio Díez y Fr. Javier Espinosa
Dibujos: Fr. Félix Hernández


 En la sinagoga de Cafarnaún - Juan   6, 24-35

DECIMOOCTAVO DOMINGO ORDINARIO – CICLO “B” - (JUAN 6, 24-35)
 
NARRADOR: En aquel tiempo, cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
 Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron:
 
NIÑO 1: "Maestro, te estábamos buscando, ¿cuándo llegaste?".
 
JESÚS: Os lo aseguro, no me buscabais a mí por los signos que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
 
NIÑO 2: Maestro ¿crees que somos egoístas?
 
JESÚS: Trabajad, no por el alimento que caduca, sino por el alimento que dura para siempre, el que da vida eterna; ese es el que dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.
 
NIÑOS: ¿Cómo podremos ocuparnos de los trabajos que Dios quiere?
 
JESÚS: Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado?
 
NIÑO 1: ¿Y qué signos vemos que haces tú, para que creamos en ti?
 
JESÚS: ¡Qué poca confianza tenéis en mí y en mi Padre!
 
NIÑO 2: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio de comer el pan del cielo”.
 
JESÚS: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.
 
NIÑOS: Señor, queremos que nos des siempre de ese pan.
 
JESÚS: Yo soy el verdadero pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.


                © Orden de Predicadores 2012
www.dominicos.org

Meditacion para el Jueves XVII del tiempo Ordinario de los anos pares.

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Jueves XVII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 13,47-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)
Recogen en cestos los buenos y tiran los malos
Hoy, el Evangelio constituye una llamada vital a la conversión. Jesús no nos ahorra la dureza de la realidad: «Saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego» (Mt 13,49-50). ¡La advertencia es clara! No podemos quedarnos dormidos.

Ahora debemos optar libremente: o buscamos a Dios y el bien con todas nuestras fuerzas, o colocamos nuestra vida en el precipicio de la muerte. O estamos con Cristo o estamos contra Él. Convertirse significa, en este caso, optar totalmente por pertenecer a los justos y llevar una vida digna de hijos. Sin embargo, tenemos en nuestro interior la experiencia del pecado: vemos el bien que deberíamos hacer y en cambio obramos el mal; ¿cómo intentamos dar una verdadera unidad a nuestras vidas? Nosotros solos no podemos hacer mucho. Sólo si nos ponemos en manos de Dios podremos lograr hacer el bien y pertenecer a los justos.

«Por el hecho de no estar seguros del tiempo en que vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada jornada como si nos tuviera que juzgar al día siguiente» (San Jerónimo). Esta frase es una invitación a vivir con intensidad y responsabilidad nuestro ser cristiano. No se trata de tener miedo, sino de vivir en la esperanza este tiempo que es de gracia, alabanza y gloria.

Cristo nos enseña el camino de nuestra propia glorificación. Cristo es el camino del hombre, por tanto, nuestra salvación, nuestra felicidad y todo lo que podamos imaginar pasa por Él. Y si todo lo tenemos en Cristo, no podemos dejar de amar a la Iglesia que nos lo muestra y es su cuerpo místico. Contra las visiones puramente humanas de esta realidad es necesario que recuperemos la visión divino-espiritual: ¡nada mejor que Cristo y que el cumplimiento de su voluntad!
(
http://evangeli.net
).

Las dudas destruyen la amistad.

Las dudas destruyen la amistad

Había una vez un gusano y un escarabajo que eran amigos,

pasaban charlando horas y horas.

El escarabajo entendía que su amigo era limitado en movilidad,

tenía una visibilidad muy restringida y era muy tranquilo comparado con los de su especie.

El gusano era consciente que su amigo escarabajo venía de otro ambiente,

comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.

Eran muy amigos y el escarabajo visitaba cada día al gusano. Lo pasaban muy bien..

Un día, la pareja del escarabajo le cuestionó la amistad hacia el gusano.
---¿Como era posible que caminara tanto para ir al encuentro del gusano?
---Le respondió que el gusano estaba limitado en sus movimientos.
---¿Por que seguía siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía desde lejos?
---Esto es porque el gusano tiene limitada visión.

A veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba..

Ante la opinión de su pareja, la duda se instaló en el escarabajo. Se cuestionó la amistad.

Decidió poner a prueba la amistad alejándose un tiempo y esperar que el gusano lo buscara.

Pasó el tiempo y la noticia llegó:

El gusano estaba muriendo,

pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen.

El escarabajo decidió visitarlo
---sin preguntar a su nadie que opinaba---

En el camino varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber que le había pasado a su amigo.

Le contaron de como se exponía día a día para ir a donde el se encontraba,

pasando cerca del nido de los pájaros.

De como sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.

Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida.

El gusano, al verlo acercarse, con las últimas fuerzas de vida, le dijo cuanto le alegraba que se encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado.

El escarabajo avergonzado de si mismo,

por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos,

entendió que había perdido muchas horas de felicidad que las charlas con su amigo le proporcionaban.

Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente,

tan limitado y tan distinto de lo que el era,

era su amigo, a quien respetaba y quería no tanto por la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció su amistad.

El escarabajo aprendió varias lecciones ese día.
(Desconozco el autor).

06/08/2012 18:55 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Lectio Divina. 18o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

Juan 6, 24-35


1. INVOCA


En este tiempo de oración, que vas a comenzar, ten presente que el Señor es el protagonista. Pues, Él te va a dirigir su Palabra, te va a invitar a estar con Él, te va a motivar por su Espíritu a acoger su mensaje y te va a dar la fortaleza para que la Palabra, el Verbo, te haga caminar por sus caminos.
No te distraigas con otras cosas. Esto es lo más importante que vas a hacer. Y que conformará tus actos según la Palabra escuchada y meditada por ti.
Recuerda que: la eficacia de nuestras actividades está dentro de la oración. Y en la acción comprobaremos la calidad de nuestra oración.
Una oración bien hecha inspira en el orante: libertad, audacia, creatividad, fortaleza, porque se alimenta sólo de Amor.
Invoca al Espíritu, para que te inspire el sentido verdadero de la Palabra y te anime a llevarla a la práctica.


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 6, 24-35 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico


Seguimos leyendo el capítulo 6 del Evangelio según san Juan. Podemos enfocar todo este capítulo en dos actitudes:
- una, a la que motiva y lleva el mensaje de Jesús, que es la fe;
- la otra, la que proviene de la gente, que es la incomprensión y el rechazo.

Texto

1. Esfuércense por conseguir, no el alimento transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna (v. 27)


Jesús descubre las intenciones de la multitud que le busca. Quedaron saciados con el pan y los peces multiplicados milagrosamente. Y seguían buscando a Jesús, porque les aseguraba el alimento corporal gratuitamente, sin esfuerzo propio.
Jesús pretende rectificar aquellas razones por las cuales la gente le buscaba. Y les anima a buscar el alimento que dura y que da la vida verdadera.
La gente pregunta a Jesús por las obras que ellos pueden realizar para cumplir lo que Dios quiere. Y Jesús les responde apuntando a una actitud más profunda: creer y confiar en Él, como Enviado del Padre.
La multitud, entonces, exige pruebas visibles, como la señal del maná, que sus antepasados recibieron y comieron en el desierto.
Jesús señala la gran diferencia entre el maná, que no dio la vida total, y el Pan, que Él les ofrece. Este Pan sí que da la vida verdadera, porque lo da el mismo Padre y viene del cielo. Este Pan es el mismo Jesús, que viene al mundo como verdadero Pan, que da la vida eterna.
Jesús intenta motivar a la gente, para que siga en la búsqueda del verdadero alimento, superando sus ansias de saciarse con un pan que no da la vida. El maná alimentó a sus antepasados sólo corporalmente, ya que, al fin, murieron. El Pan que da Jesús es el alimento total, que da la vida eterna.

2 .Yo soy el Pan de vida (v. 35)


A la gente que seguía pidiendo el pan material, parecido al maná, Jesús se presenta con toda claridad: Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed (v. 35). Es la gran auto-afirmación de Jesús: Yo soy el Pan de vida. El Evangelio de Juan nos relata varias auto-presentaciones que hace Jesús de su persona y misión, con las palabras: Yo soy...
Ya no hay duda ante la propuesta de Jesús. Ya no pueden soñar con el maná. Ya tienen que buscar y aceptar el verdadero Pan. Es el mismo que multiplicó el pan material, es el verdadero signo de que Él mismo se convierte en su alimento total, el gran signo de que el mismo Dios está en este profeta llamado Jesús de Nazaret. No sólo les trasmite la enseñanza de salvación. Sino que se ofrece como el verdadero alimento que les conducirá a la Vida total en Dios.
La gente, de algún modo, busca el alimento verdadero. Pide a Jesús: Señor, danos siempre de ese pan (v. 34). Y Jesús les abre a la gran revelación: Yo soy el Pan de vida (v. 35).
Pero, al final, la multitud no comprende el valor de lo que les pide Jesús: la fe. Y se queda sólo en su deseo de solucionar la necesidad material, el pan que sacia el hambre corporal. No da el paso a la búsqueda por la fe del verdadero alimento, que es Jesús.
Si se alimentan de Jesús, ya no tendrán más hambre. Él es la satisfacción de toda aspiración humana que busque con sinceridad a Dios. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed (v. 35).


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)


Ahora las palabras de Jesús las dice para mí: Yo soy el Pan de vida para ti. Si comes de este Pan no tendrás más hambre... Es Él la Palabra que alimenta, el Pan que da la vida. Sinceramente, ¿lo creo así?
¿Cómo me acerco a Jesús, que está actual y vivo en la Palabra y en la Eucaristía? ¿Comulgo su Palabra y comulgo su Pan, con verdadera fe? ¿Cómo puedo mejorar y aumentar la fe que necesito y que espera Jesús de mí?


4. ORACIÓN (Qué le respondo a la Palabra)


Jesús, aumenta mi fe. Para que anhele y desee la Vida que Tú me ofreces constantemente y que la Iglesia celebra y nos entrega para saciar nuestra hambre y nuestra sed.
Jesús, haz que los cristianos entendamos que en Ti está la Vida auténtica. Que no busquen la realización de sus planes en las supercherías, en pequeños gestos de religiosidad, sino que la encuentren en el verdadero Pan, que eres Tú mismo.
Haz que los fieles y los sacerdotes nos esmeremos en hacer crecer a los cristianos en su fe, para que tengan apetito del verdadero Pan de la Palabra y de la Eucaristía.


5. CONTEMPLA


A Jesús que sigue ofreciéndose a si mismo, como el alimento que te va a llenar y saciar todas tus apetencias y deseos.
A ti mismo, que buscas saciar tu hambre y tu sed en fuentes que no te satisfacen.


6. ACTÚA


Haré resonar con frecuencia en mi interior la gran afirmación de Jesús: Yo soy el Pan de vida (Jn 6, 35).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Lectio Divina, XVIII Domingo ordinario: “Yo soy el pan de vida”


Escrito por P. Toribio Tapia Bahena

 

Juan 6,24-35
 

1. Lectura
 
Leamos desde el v. 22: ¿Qué notó la gente que se había quedado al otro lado del mar? ¿Estaba Jesús con los discípulos? Puedes leer también el v. 16 para recordar cómo inmediatamente después de la multiplicación de los panes los discípulos se separan de Jesús.
 
¿A dónde llegaron barcas de Tiberíades? Según 6,1 ¿dónde fue la multiplicación de los panes? ¿Qué hizo la gente cuando vio que Jesús y los discípulos no estaban ahí? ¿Hacia dónde se fueron? ¿A quién buscaban? ¿Dónde se encontraban? ¿Con qué título se dirigen a Jesús? ¿Qué le preguntan?
 
¿Con qué frase comienza la respuesta de Jesús? Según Jesús ¿por qué lo buscan? ¿Lo buscaban porque habían visto sus signos? ¿Recuerdas con qué término se refiere el evangelista a la multiplicación de los panes (v. 14)?
 
¿Por qué tipo de alimento les pide Jesús que trabajen? De acuerdo a lo que hemos descubierto desde el domingo anterior  ¿a qué podría estarse refiriendo el alimento perecedero? ¿Para qué tipo de vida es el alimento que permanece? ¿Quién da ese alimento? ¿Por qué?
 
¿Qué preguntan ellos? No olvides quiénes son “ellos” (vv. 22-24. 26).
 
¿Qué le preguntan? De acuerdo a la respuesta de Jesús ¿en qué consiste la obra de Dios? De acuerdo a los versículos anteriores ¿ellos creían en él como enviado o sólo lo seguían porque les había dado de comer? Recuerda el v. 15.
 
¿Qué le preguntan de acuerdo al v. 30? Tomando en cuenta que Jesús había realizado el signo de la multiplicación de los panes ¿tiene sentido que le pregunten sobre qué signo o qué obra hace para que crean en él?
 
¿A qué tiempo se remontan? ¿Quiénes habían comido el maná en el desierto? En la respuesta de Jesús ¿había sido Moisés quien les había dado de comer? ¿Quién entonces? ¿Qué tipo de pan da el Padre de Jesús? ¿De dónde baja el pan de Dios? ¿A quién le da vida?
 
¿Qué le dicen ellos?
 
¿Quién es el pan de vida? ¿Tendrá hambre el que se acerque a Jesús, pan de vida? ¿Qué sucederá con quien crea en Él?
 
Lee también los vv. 36-40 y descubre algunas relaciones de contenido con los versículos anteriores.
 

_________________
 

Para comprender mejor este evangelio tengamos presente, en primer lugar, que los versículos 22-35 forman parte de la amplia explicación (hasta el v. 71) que es introducida para aclarar el verdadero sentido de la multiplicación de los panes. El signo de los panes había insinuado la necesidad de comprender más a fondo ese acontecimiento con algunos detalles. Así, por ejemplo, se había dejado claro que era un signo, es decir, un hecho que pide ser comprendido a fondo para que realmente sea un acontecimiento salvífico (v. 14). Además, se había dejado claro que la gente que había presenciado el signo lo había aprovechado pero sin comprenderlo a profundidad (v. 15); en esta incomprensión están los discípulos que desde el comienzo aparecen ubicados entre quienes no comprenden suficientemente lo que hará Jesús (vv. 5-9). Y sobre todo se había adelantado el sentido eucarístico de la multiplicación: “tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados…” (v. 11). Recordemos que Juan lo que pudo haber dicho en la última cena (cap. 13) lo desplazó a esta sección después de la multiplicación de los panes.
 
En segundo lugar, tengamos en cuenta que con la multiplicación de los panes Jesús realiza algo semejante a lo que había hecho Moisés con Israel (Ex 16,15); de ahí la identificación inmediata que la gente hace con el maná (Jn 6,31). Sin embargo, como el evangelio correctamente insinúa, están en dos niveles de comprensión totalmente distintos. A la gente le entusiasmaba que Jesús les diera de comer; por eso lo buscaban (v. 26); a Jesús lo que le interesa es que vivan con sentido. Ellos estaban entusiasmados por el pan para comer, Jesús les pide que se fijen en el pan que baja del cielo. Pero para la mentalidad israelita el maná no significaba sólo el pan sino también la ley que habían recibido en el Sinaí y que constituía su alimento cotidiano; de ahí que, cuando Jesús habla de alimento, la gente lo interpreta en el sentido de la ley y le pregunta sobre que deben hacer.
 
En tercer lugar, el cuarto evangelio ubica el discurso en el punto que le interesa: el reconocimiento de Jesús como el pan de vida; así lo deja suficientemente claro en sus palabras: “Yo soy el pan de vida” (v. 35). De manera muy clara el evangelio prepara al lector para esta declaración. Así, por ejemplo, una vez aclarado el mal entendido de que la gente busca a Jesús sólo porque les dio de comer (v. 26) se precisa que hay otro tipo de alimento, uno que permanece para la vida eterna (v. 27); ese pan lo da Jesús, el Hijo del Hombre. Habiendo dicho que hay otro pan el evangelista da un paso más: este pan viene del cielo y es Jesús. Da la impresión de que se pretende hacer una catequesis progresiva para que la gente del relato –y entre ellos cada lector- vaya comprendiendo que aunque hay un pan que satisface una necesidad inmediata existe otro, el Hijo de Dios, que le da sentido a la existencia. Juan lo explica con dos precisiones: “el que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”[1].
 
Por último, Jesucristo el pan bajando del cielo, proporciona vida. La vida eterna en el evangelio de Juan es la vida que no tiene fin; es la vida que abarca todo, el presente y el futuro. De este modo el calificativo eterna refiere que es para siempre y, según Juan, comienza desde ahora (11,25-26). Tener vida eterna no significa ser inmune a la muerte; quiere decir más bien que se garantiza vivir con sentido.
 

2. Meditación
 
No basta con beneficiarse de Jesús y querer que Él nos solucione la vida; es indispensable alimentarnos de Él, es decir, aprovecharlo para darle sentido a nuestra existencia.
 
¿En qué nos hace reflexionar esto?
 
El reconocimiento de Jesucristo como el Pan de Vida nos debe entusiasmar por la vida eterna, por la vida que no acaba, por la existencia plena.
 
¿Qué podemos reflexionar a partir de este convencimiento que nos transmite el evangelio de Juan?
 

3. Oración
 
Hagamos una oración en la que agradezcamos a Dios la presencia de su Hijo Jesucristo en nuestras vidas.
 
Pidámosle que nos ayude a darle sentido a nuestra vida a partir de su Hijo Jesucristo.
 
Roguémosle que nos ayude a tomar conciencia de que si nos alimentamos de Jesucristo (su Palabra, la Eucaristía…) es porque deseamos vivir con más sentido cada momento de nuestra vida para que la existencia de quienes nos rodean sea también mejor.
 

4. Contemplación – acción
 
Identifiquemos algún aspecto de nuestra vida en el que nos ha faltado vivir con más sentido e intensidad. Hagamos un propósito.
 
¿En qué urge que le echemos más ganas para que nuestra relación con Jesucristo nos ayude a vivir con sentido cada día.
 

P. Toribio Tapia Bahena
Diócesis de Cd. Lázaro Cárdenas
Dimensión para la Animación Bíblica de la Vida Pastoral (CEPP – CEM)
 

[1] Para indicar la plenitud de este nuevo pan (Jesucristo) el evangelista introduce en griego una doble negación que podríamos traducir como “claro que no”, “jamás”.
(
http://www.cem.org.mx/index.php/voces-de-los-obispos/399-lectio-divina-xviii-domingo-ordinario-yo-soy-el-pan-de-vida
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

Lectio Divina: XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
Editado por Webmaster

Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma
Rector del Seminario Conciliar de Nuestra Señora de Guadalupe
http://diocesisqro.org/
 
1. Lectura del texto: Jn 6,24-35
(Se pide la luz del Espíritu Santo)

Jesús mío, Maestro y Señor de nuestra vida,
envíanos tu Espíritu Santo prometido
para que nos explique las Escrituras
y nos abra a la salvación que,
como a tantos hombres y mujeres de Galilea,
quieres regalarnos hoy.


Espíritu Santo que conoces nuestras debilidades,
fortalécenos y consuélanos con tu acción divina.
Suscita en cada uno el deseo de la plena unidad,
para ser verdaderamente en el mundo signo
e instrumento de la íntima unión con Dios
y de la unidad del género humano. Amén 

 

(Cada uno lee en su Sagrada Escritura)

En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”. Entonces la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿cuáles son tus obras? nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Palabra del Señor.

 


Repasar el texto leído

(Se pregunta a los participantes y responden leyendo los versículos en su Biblia)

¿Qué le pregunta la gente a Jesús? ¿Por qué no se darían cuenta de su presencia? v.25
¿Qué reprocha Jesús a sus discípulos? v. 26
¿Cuál es la respuesta de Jesús ante la pregunta de “qué hacer para obrar según Dios”? v 29
¿Qué señal hace Jesús para mostrar que hace la obra de Dios? vv.32-36
¿Cuál es la petición que hacen a Jesús? v. 34

 

Explicación del texto

El encuentro de Cristo con las multitudes en la región de Cafarnaúm da lugar a este primer diálogo. La pregunta que le hacen con el título honorífico de “Rabí”: “¿cuándo has venido aquí?” lleva un contenido sobre el modo extraordinario como vino. Sabían que no se había embarcado ni venido a pie con ellos. ¿Cómo, pues, había venido? Era volver a admitir el prodigio en su vida.

La respuesta va dirigida directamente al fondo de su preocupación. No le buscan por el milagro como “signo” que habla y muestra su grandeza y que postula, en consecuencia, obediencia a sus disposiciones, sino que sólo buscan el milagro como provecho: porque comieron el pan milagrosamente multiplicado.  Un legado lleva las credenciales del que lo envía. Y éstos son los milagros, los “signos.” Así les dice: pero “ustedes no habéis visto los signos” (v.26).

Hasta aquí la gente, y sobre todo los directivos que intervienen, no tienen dificultad mayor en admitir lo que Cristo les dice, principalmente por la misma incomprensión del hondo pensamiento de Cristo. Por eso, no tienen inconveniente en admitir, como lo vieron en la multiplicación de los panes, que Cristo esté “sellado” por Dios para que enseñe ese verdadero y misterioso pan que les anuncia, y que es “alimento que permanece hasta la vida eterna”.

De ahí el preguntar qué “obras” han de practicar para “hacer obras de Dios,” es decir, para que Dios les retribuya con ese alimento maravilloso. Piensan, seguramente, que puedan ser determinadas formas de sacrificios, oraciones, ayunos, limosnas, que eran las grandes prácticas religiosas judías.

Pero la respuesta de Cristo es de otro tipo y terminante. En esta hora mesiánica es que “crean en aquel que Él ha enviado.” Fe que se manifiesta con obras (Jn 2:21; cf. Jn 13:34). La gente comprendió muy bien que en estas palabras de Cristo no sólo se exigía reconocerle por legado de Dios, sino la plena entrega en el sacrificio de su vida, lo cual san Juan toca frecuentemente y es tema de su evangelio.

Los oyentes le piden un nuevo milagro como el maná en el desierto recordando el éxodo. La “murmuración” de estos judíos contra Cristo, es semejante a la de Israel en el desierto, y, por último, la Pascua próxima, es un nuevo vínculo al Israel en el desierto. Ya el solo hecho de destacarse así a Cristo es un modo de superponer planos para indicar con ello, una vez más, la presentación de Cristo como nuevo Moisés: Mesías.

Pero la respuesta de Cristo enseña en primer lugar, que no fue Moisés el que dio el maná, puesto que Moisés no era más que un instrumento de Dios, sino “mi Padre”; ni aquel pan venía, en realidad, del cielo, sino de sólo el cielo atmosférico; ni era el pan verdadero, porque sólo alimentaba la vida temporal; pero el verdadero pan es el que da la vida eterna; ni el maná tenía universalidad: sólo alimentaba a aquel grupo de israelitas en el desierto, mientras que el “pan verdadero es el que desciende del cielo y da la vida al mundo”.

¿A quién se refiere este pan que “baja” del cielo y da la vida al mundo? Si directamente alude a la naturaleza del verdadero pan del cielo, no está al margen de él su identificación con Cristo Si la naturaleza del verdadero pan de Dios es el que “baja” del cielo y da “la vida al mundo,” éste es Cristo, que se identificará luego, explícitamente, con este pan (v.35).

 


2. Meditación del texto
(Cada participante puede compartir su reflexión personal)

El domingo pasado escuchamos el relato de la multiplicación de los panes. Jesús realizó el prodigio de alimentar a una multitud con panes que multiplicó con el fin de que este milagro se convirtiera en un signo y una prueba del verdadero pan de vida. Tenían un precedente sobre su modo de obrar.

A pesar de que le siguen y se dan cuenta de lo inusual de su modo de hacerse presente ante la dificultad de llegar antes que todo pues solo hay una barca, Jesús se da cuenta que sólo le siguen por un cierto “interés” terreno de satisfacción material. ¿Puede ser posible que ese deseo de saciar las necesidades materiales sea el único móvil para aproximarse también hoy a la presencia de Jesús? ¿Podrá ser posible que no hayan visto en estos prodigios la revelación de algo más profundo?

Jesús pide no seguirlo sólo por los prodigios y milagros sino llevar a cabo las obras del Padre, que consisten sencillamente en creer. Pero este creer o tener fe está animado además por una promesa-realidad que a nosotros ha llegado y que en aquel momento era sólo una promesa. Esta es el poder alimentarnos del alimento que permanece para vida eterna.

Basta entonces creer para poder cumplir la voluntad de Dios y alimentarnos de ese Pan. Hoy en día muchos de nosotros dudamos y no nos basta la presencia de Jesús en la Eucaristía, buscamos forzosamente el que manifieste grandes prodigios en nuestra vida para constatar esa presencia viva de Él en medio de nosotros. Cuántas veces ante la realidad de la desesperación de las necesidades de trabajo, dolor físico y moral de nuestra vida no nos basta recibir su Cuerpo para sostenernos  nutrirnos en esos momentos límite, exigimos el milagro de la sanación física, la resucitación del ser querido, el obtener un trabajo de la nada, obtener bienes… la preocupación y la vista sigue clavada en la tierra, en lo temporal y perecedero.

¿Cuántas veces no es sino el interés lo que nos mueve a acercarnos a Jesús? Tal vez, como aquellos Si en este momento supiéramos como aquella gente de Galilea que en nuestra ciudad existe una persona poseedora de un carisma tan especial como nos dice el evangelio que tenía Jesús, que con solo una mirada, un roce o con solo pronunciar su palabra vivificante, nos levantara de nuestra postración, nos curara de nuestras fiebres y nos librara de los demonios que limitan nuestra alegría de servir, nos agolparíamos a su puerta aguardando nuestro turno, aunque tuviésemos que esperar horas a la intemperie. Mientras que Él espera para nutrirnos con ese alimento que todo lo sacia y que prepara para la Vida Eterna.

 


3. Compromiso Personal y Comunitario
(Cada participante puede proponer compromisos personales y comunitarios)

Busquemos centrar nuestra fe en Jesús en una recta intención de amor hacia Él y no por los prodigios que pueda hacer en nuestra vida.
Animemos nuestra conducta a construir las obras de Dios cimentadas en una fe auténtica en Jesús promoviendo en nuestra familia el fiel discipulado independientemente de que no obtengamos los prodigios o milagros que pedimos.
Valoremos la importancia, frutos y don que representa y es en sí misma la Eucaristía y busquemos acercarnos y recibirla con frecuencia tal que se equipare al alimento corporal sin el cual no podemos vivir.
Hagamos espacio en nuestra vida ordinaria para encontrarnos con Jesús adorándolo en las Horas Santas en el Templo.

 

4. Oración
(Se puede hacer alguna oración en voz alta donde participen quienes gusten dando gracias a Dios por la Palabra escuchada. Se puede recitar algún Salmo o alguna oración ya formulada)

Señor Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo,
Tú has tomado nuestras debilidades
y has cargado nuestras enfermedades,
que eres el Señor de vivos y muertos
por haber pasado de la muerte a la vida.
 
Hoy el Espíritu  nos impulsa a decir:
Señor, sana las heridas  que sufre nuestro pueblo,
Por tanta violencia, causada por tanto egoísmo
Y la ambición de algunos hermanos nuestros.
A nosotros siervos tuyos sánanos de nuestras
Enfermedades y parálisis
que limitan nuestra entrega a tu servicio.


Señor, que tu Espíritu nos haga buenos discípulos misioneros
para que hablemos de ti ante el mundo:
Señor, danos fidelidad creciente
la paz y alegría que de ella brotan.
Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

TIEMPO ORDINARIO
XVIII DOMINGO (Ciclo B)

  1.- EL PAN DE VIDA

  " Al atardecer comeréis carne, por la mañana os artaréis de pan ... " (Ex 16, 2-4. 12-15 ).
   " Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir ... " (Ef 4, 17. 20-24).


        SÍMBOLOS


Manojo de espigas.


Pan.

 

 

  2.- PALABRA

 

 

(Jn 6, 24-35). Después de la multiplicación de los panes, en Cafarnaún, Jesús pronuncia el largo discurso del pan de vida. Jesús se ofrece a sí mismo como alimento.
 

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 6, 24-35)
 

 


        24 En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25 Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron:
        - "Maestro, ¿cuándo has venido aquí?".
        26 Jesús les contestó:
        - "Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros".
        27 Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios".
        28 Ellos le preguntaron:
        - "Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?".
         29 Respondió Jesús:
         - "La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que Él ha enviado".
        30 Le replicaron:
         - "¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en tí? ¿Cuál es tu obra? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo»".
         32 Jesús les replicó:
        - "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo".
         34 Entonces le dijeron:
        - "Señor, danos siempre de ese pan".
        35 Jesús les contestó:
        - "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed".


        COMENTARIO

 
        Comienza la explicación del episodio de los panes. Los que habían comido acuden a Jesús, deseosos de continuar en aquella situación de éxodo, que les aseguraba el sustento, gracias a la acción de un lider, sin esfuerzo propio.
        Jesús les explica entonces que no basta encontrar solución a la necesidad material, sino que hay que aspirar a la plenitud humana, y esto requiere colaboración del hombre. Para ello, les propone en primer lugar la diferencia entre dos clases de alimento, que producen dos clases de vida, la pasajera y la definitiva. La condición para obtener la segunda es la adhesión personal a él, el Hombre sellado por el Padre.
        Ante la exigencia de un prodigio semejante al del maná, el pan del cielo, para darle esa adhesión, Jesús repite la distinción en otros términos: el maná no era pan de Dios ni dio vida definitiva; ésta la da otro pan que tiene su origen en el Padre, que no cesa de llover sobre la humanidad, dándole vida. Ese pan es Jesús mismo, don continuo del Padre a los hombres, que hay que aceptar y comer por la adhesión a su persona, y que comunica incesantemente vida definitiva, que supera la muerte. Tal es el designio de Dios.
          La perícopa comienza con una escena introductoria: la gente que se había quedado en la otra orilla del lago busca a Jesús (6, 22-24). Al encontrarlo, éste les advierte que su búsqueda es equivocada; los incita a trabajar por el alimento que dura, dándole adhesión a él como enviado de Dios (6, 25-29). La multitud, entonces, pone condiciones, pidiéndole una señal parecida a la del maná del desierto. Es Jesús el verdadero maná, el alimento que da vida al mundo y satisface toda necesidad del hombre. El deseo de ellos es ineficaz porque no quieren comprometerse con Jesús (6, 30-36).

El Evangelio de Juan
 J. Mateos - J. Barreto
(
http://www.siervas-seglares.org/lectio_ciclo_b/siervas_lectio_tordinario_18b.html
).

Ejercicio de lectio divina para el Domingo XVIII del tiempo Ordinario del ciclo B.

18° Tiempo Ordinario (B)
Juan 6,24-35

1. Oración Inicial: Padre Nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesús para conducirnos a la verdad, abre nuestra mente para comprender las Escrituras. Purifica nuestros corazones de todo lo que pone resistencia a tu Palabra. Haz que el pan cotidiano suscite en nosotros(as) hambre y sed de Ti, para que aprendamos a escuchar con corazón bueno la Palabra y mensaje que nos envías en este texto bíblico. AMÉN.   Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Después de la multiplicación de los panes, el pueblo se va detrás de Jesús. Cuando la gente lo encontró, tuvo con él una larga conversación, llamada el Discurso del Pan de Vida (6,22-71). Jesús les reprocha porque lo buscan porque comieron pan hasta saciarse y no por el significado de la acción. Les aconseja que no se preocupen tanto por la comida que se acaba sino por la que es duradera y da vida eterna. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 6,24-35: Leemos este texto de Juan con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Releerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto le impresionó más.
2) ¿Cómo comienza el relato? ¿Qué le pregunta la gente a Jesús cuando lo encuentra?
3) ¿Qué le reprocha Jesús a la gente que lo andaba buscando?
4) ¿Qué les propone Jesús y qué le pregunta la gente?
5) ¿Cómo se revela Jesús? ¿Cómo se define y qué promete?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a) Jesús ha realizado signos para revelar el sentido de su persona, pero la gente sólo los han entendido en la línea de sus necesidades materiales: ¿Qué es lo que más buscamos en nuestras vidas? ¿el milagro o la señal? ¿Qué es lo que quiere hoy la gente en su seguimiento del Señor?
b) ¿Es nuestra fe capaz de descubrir la presencia de Dios (signos) en los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra existencia? Señalar ejemplos.
c) Durante una visita del Papa Juan Pablo II al Perú, escuchó el testimonio de un matrimonio sobre la realidad de la pobreza existente y de la fe y el compromiso de las comunidades cristianas. Conmovido el Papa lanzó su famosa frase, «hambre de Dios sí, hambre de pan no». ¿Qué significa sus palabras para nosotros(as)?
d) «Yo soy el pan de vida». La persona que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Compartir sus experiencias al respecto.

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Señor, danos siempre de ese pan».

5. Contemplar a Dios, volver la mirada al mundo y comprometerse con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Si aceptamos el camino de vida de Jesús es porque creemos en El. Que nuestra conducta esta semana sea un signo de la presencia de Cristo en nuestra vida. Llevamos una "palabra". Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente.

6. Oración final: Dios Padre bueno que en Jesús de Nazaret nos has presentado verdaderamente el pan del cielo, enséñanos y ayúdanos a no fatigarnos por el pan que perece, sino a procurar el pan que no perece. Aumenta nuestra fe para que, recibiéndolo, sacie el hambre de Verdad que hay dentro de cada ser humano. El pan que dura para siempre y nos mantiene unidos a Ti, y confiando en tu infinita misericordia. Padre Nuestro que estás en el cielo...  AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

 1. Es bueno tener presente la división del capítulo para poder percibir mejor su sentido:

• 6,1-15: el pasaje sobre la multiplicación de los panes
• 6,16-21: la travesía del lago, y Jesús que camina sobre las aguas
• 1º diálogo: 6,22-27  con la gente: la gente busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaúm
• 2º diálogo: 6,28-34  con la gente: la fe como obra de Dios y el maná en el desierto
• 3º diálogo: 6,35-40  con la gente: el pan verdadero es hacer la voluntad de Dios
• 4º diálogo: 6,41-51  con los judíos: murmuraciones de los judíos
• 5º diálogo: 6,52-58  con los judíos: Jesús y los judíos
• 6º diálogo: 6,59-66  con los discípulos: reacción de los discípulos
• 7º diálogo: 6,67-71  con los discípulos: confesión de Pedro

2. La gente busca a Jesús porque quiere más pan (6,24-27): La gente va detrás de Jesús. Ve que no ha entrado en la barca con los discípulos y, por ello, no entiende cómo ha hecho para llegar a Cafarnaúm. Tampoco entiende el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que acontece, pero no llega a entender todo esto como una señal de algo más profundo. Se detiene en la superficie: en la hartura de la comida. Busca pan y vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hizo lo que Moisés había hecho en el pasado: alimentar a todos en el desierto, hasta la saciedad. Yendo detrás de Jesús, ellos querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús pide a la gente que dé un paso más. Además del trabajo por el pan que perece, debe trabajar por el alimento que no perece. Este nuevo alimento lo dará el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. El nos da la vida que dura por siempre. El abre para nosotros un horizonte sobre el sentido de la vida y sobre Dios.

3. “¿Cuál es la obra de Dios?” (6,28-29): La gente pregunta: ¿Qué debemos hacer para realizar este trabajo (obra) de Dios? Jesús responde que la gran obra que Dios nos pide «es creer en aquel que Dios envió».  O sea, ¡creer en Jesús!

4. «¿Qué señal realizas para que podamos creer?» (6,30-33): La gente había preguntado: “¿Qué debemos hacer para realizar la obra de Dios?” Jesús responde “La obra de Dios es creer en aquel que le ha enviado”, esto es, creer en Jesús. Por esto la gente formula una nueva pregunta: “¿Qué señal realizas para que podamos ver y creer en ti? ¿Cuál es tu obra?” Esto significa que no entendieron la multiplicación de los panes como una señal de parte de Dios para legitimar a Jesús ante el pueblo como un enviado de Dios. Y siguen argumentando: En el pasado, nuestros padres comieron el maná que les fue dado por Moisés. Ellos lo llamaron “pan del cielo” (Sab 16,20), o sea, “pan de Dios”. Moisés sigue siendo un gran líder, en quien ellos creen. Si Jesús quiere que la gente crea en el, tiene que hacer una señal mayor que la de Moisés. “¿Cuál es tu obra?” Jesús responde que el pan dado por Moisés no era el verdadero pan del cielo. Venía de arriba, sí, pero no era el pan de Dios, pues no garantizó la vida para nadie. Todos murieron en el desierto (Jn 6,49). El verdadero pan del cielo, el pan de Dios, es el pan que vence la muerte y trae vida. Es aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo. ¡Es Jesús! Jesús trata de ayudar a la gente a liberarse de los esquemas del pasado. Para él, fidelidad al pasado no significa encerrarse en las cosas antiguas y no aceptar la renovación. Fidelidad al pasado es aceptar lo nuevo que llega como fruto de la semilla plantada en el pasado.

5. «Señor, ¡danos siempre de este pan!» (6,34-35): Jesús responde claramente: "¡Yo soy el pan de vida!" Comer el pan del cielo es lo mismo que creer en Jesús y aceptar el camino que él nos ha enseñado, a saber: "¡Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que está en el cielo!" (Jn 4,34). Este es el alimento verdadero que sustenta a la persona, que da un rumbo a la vida, y que trae vida nueva.

6. La conversación de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos es un diálogo bonito, pero exigente. Jesús trata de abrir los ojos de la gente para que aprenda a leer los acontecimientos y descubra en ellos el rumbo que debe tomar en la vida. Pues no basta ir detrás de las señales milagrosas que multiplican el pan para el cuerpo. No sólo de pan vive el ser humano. La lucha por la vida, sin una mística, no alcanza la raíz. En la medida en que va conversando con Jesús, la gente queda cada vez más contrariada por las palabras de Jesús, pero él no cede, ni cambia las exigencias. El discurso parece moverse en espiral. En la medida en que la conversación avanza, hay cada vez menos gente que se queda con Jesús. Al final quedan solamente los doce, y Jesús ¡no puede confiar ni siquiera en ellos! Hoy sucede lo mismo. Cuando el evangelio empieza a exigir un compromiso, mucha gente se aleja.
(Envío de Ana Martín. Desconocemos el autor).

Lecturas de la Misa del Jueves XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas del Jueves 02 de Agosto de 2012

Jueves 17ª semana de tiempo ordinario

Santoral: Eusebio de Vercelli

Jer 18,1-6: Como está el barro en manos del alfarero, así están ustedes en mis manos
Salmo responsorial 145: Dichoso aquel a quien auxilia el Dios de Jacob
Mt 13,7-53: Reúnen los peces buenos en cestas y los que no valen los tiran

Jeremías 18, 1-6


Como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano
Palabra del Señor que recibió Jeremías: Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra."

Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero.

Entonces me vino la palabra del Señor: ¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? -oráculo del Señor-.

Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel."


Salmo responsorial: 145


Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.
Alaba, alma mía, al Señor: / alabaré al Señor mientras viva, / tañeré para mi Dios mientras exista. R.

No confiéis en los príncipes, / seres de polvo que no pueden salvar; / exhalan el espíritu y vuelven al polvo, / ese día perecen sus planes. R.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, / el que espera en el Señor, su Dios, / que hizo el cielo y la tierra, / el mar y cuanto hay en él. R.


Mateo 13, 47-53


Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Entendéis bien todo esto?"

Ellos le contestaron: "Sí."

Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo bueno y lo antiguo."

Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Comentarios

El evangelio nos habla de “hacernos discípulos del Reino” para discernir qué parte de nuestras tradiciones contribuye al crecimiento en la fe y qué otras partes debemos descartar.

El creyente debe aprender a determinar qué es lo conveniente para la vida cristiana de acuerdo al discernimiento de los ‘signos de los tiempos’. Cada época ofrece unas bondades, unas posibilidades que deben ser abrazadas inmediatamente y sin reservas; pero, al mismo tiempo, cada época tiene sus perversidades, y es un deber aprender a manejarlas.

El momento presente nos ofrece algunas bondades, como la posibilidad de comunicarnos simultáneamente con cualquier persona, y ésta es una clara oportunidad para aumentar la difusión del evangelio.

Nuestra época también permite que todas las personas tengan acceso a la Biblia, y esto nos exige prepararnos para su lectura y ayudar a otras personas a formarse como lectores.

Nosotros ahora podemos contribuir a conservar la integridad de la creación al seleccionar los desechos que producimos en casa o en el trabajo, pero debemos luchar contra la contaminación, el calentamiento y el oscurecimiento global. ¿Qué retos nos plantea la realidad y cómo podemos actuar para ser verdaderos discípulos del Reino?
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Caminos laicales de perfeccion. Capitulo 3. Consagraciones.

Caminos laicales de perfección. Capítulo 3


Consagraciones

Noción general

La consagración hace sagrada una cosa o una persona, es decir, la dedica más inmediata y exclusivamente a Dios, vinculándola a Él de una manera especial. Según los casos, esta dedicación positiva puede implicar un apartamiento negativo, mayor o menor, del uso común profano de esa criatura -un cáliz, un templo, una persona-.

Eso nos hace ver la proximidad del término consagrar a:

-Sacrificar, hacer sagrado, «sacrum facere». Pero en el término sacrificio hay una connotación de destrucción e inmolación, realizada de uno u otro modo, que no está igualmente presente en la idea de consagración.

-Ofrecer algo viene a equivaler a consagrarlo especialmente a Dios, a la Virgen: «yo me ofrezco del todo a ti.... y te consagro en este día mis ojos, mis oídos», etc.

-Dedicar es muy semejante a consagrar. Por ejemplo, la consagración de un templo o de un altar se encuentra en el Ritual litúrgico de la dedicación de iglesias y altares. Y la dedicación total de una mujer soltera al Señor se contiene actualmente en el Ritual de consagración de vírgenes. Para San Cipriano (+258), por ejemplo, vírgenes son las cristianas solteras dedicadas (dicatæ), es decir, consagradas, a Cristo.

Según esto, en el orden de las personas, es claro que la consagración significa una especial ofrenda, oblación, entrega, donación y dedicación a Dios. De estas consagraciones personales, y en el ámbito sobre todo de la vida cristiana laical, trataré en lo que sigue.

Consagración bautismal

Los cristianos estamos ya «consagrados» a Cristo por el bautismo; es decir, quedamos realmente dados, entregados, dedicados a Él, como miembros suyos, por la acción sacramental de Dios y de la Iglesia, esto es, «por el agua y el Espíritu» (Jn 3,5). Y con el sacramento de la Confirmación y la participación en la Eucaristía se profundiza maravillosamente esa consagración y dedicación. Por tanto, ya no nos pertenecemos, sino que Cristo nos ha adquirido y somos suyos (1Cor 6,19). Nos ha comprado no al precio de oro o plata, sino pagando con su propia sangre (1Pe 1,18). Y Él ve a los cristianos -en palabras suyas- como los hombres «que el Padre me ha dado» (Jn 10,29; 17,24).

Por eso desde el bautismo «hemos sido hechos una sola cosa con Él» (Rm 6,5); somos de Cristo, y Cristo, de Dios (1Cor 3,22). Ahora ya, «si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos. Que para esto murió Cristo y resucitó, para ser Señor de muertos y de vivos» (Rm 14,8-9).

Un cristiano que día a día viva este estado bautismal de consagrado y entregado a Jesucristo puede no experimentar espiritualmente la necesidad de consagrarse y entregarse a Él en un acto especial, pues eso es lo que intenta hacer en todos los momentos de su vida, muy especialmente en la Eucaristía diaria. Pero esa misma vivencia espiritual puede llevar a otro a la necesidad de consagrarse al Señor en un acto nuevo, mil veces renovado. «Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Espíritu» (1Cor 12,4).

De hecho, las consagraciones personales a Dios, realizadas por los religiosos mediante los votos o por las vírgenes consagradas, siempre han sido tenidas por la Iglesia en suma veneración. Y de modo semejante, en los últimos siglos, las consagraciones al Corazón de Jesús, a la Santísima Virgen o en otras modalidades, han sido muchas veces recomendadas por la Iglesia a los laicos, y tienen, como veremos, un profundo sentido religioso y una clara virtualidad para favorecer, con la gracia divina, el crecimiento espiritual. De estas últimas consagraciones trataré en seguida, pues se ofrecen a todos los laicos -y a todos los cristianos- como modos muy idóneos para procurar por ellos la perfección evangélica.

Consagraciones litúrgicas

Son litúrgicas aquellas consagraciones que realiza el mismo Dios por medio de su ministro, y que afectan al ser de la persona. Las tres principales consagraciones a Dios que existen en la Iglesia son sacramentales: el bautismo, la confirmación y el orden. Y las tres marcan para siempre a la persona con el sello ontológico del carácter indeleble. Son, pues, algo más que un vínculo moral o jurídico.

Por otra parte, las consagraciones de las personas realizadas por una acción litúrgica -con ministro de Dios y con Ritual propio- en los votos religiosos o en la consagración de vírgenes se aproximan, sin llegar, a las tres consagraciones sacramentales del cristiano, y son desarrollos perfectivos de aquéllas. En efecto, por los votos religiosos y por la virginidad consagrada la persona, ya consagrada por los sacramentos de la iniciación cristiana, intensifica, por don especial de la gracia, esa donación al Señor, primera y radical, propia de toda vida cristiana. Estas consagraciones personales, obradas por los votos religiosos o por la dedicación de la virginidad a nuestro Señor Jesucristo, vendrán a ser los prototipos de las consagraciones personales de que hablaré seguidamente.

El Vaticano II, siguiendo la tradición, afirma de los sacerdotes que han sido «consagrados de manera nueva a Dios (novo modo consecrati) por la recepción del Orden» (PO 12a). Y enseña también que el religioso, al profesar los tres consejos evangélicos mediante votos o vínculos semejantes, «hace una total consagración de sí mismo (intimius consecratur) a Dios, amado sobre todas las cosas, de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un título nuevo y especial», respecto del bautismo (LG 44a). Los religiosos, pues, «se dedican de modo especial a Dios (peculiariter devovent), siguiendo a Cristo» en los tres consejos (PC 1c).

Consagraciones privadas

Una libre e intensa determinación moral del cristiano para entregarse plenamente a Dios -reafirmando así, consciente y libremente, la primera consagración bautismal-, puede dar lugar a diversos modos de consagraciones personales. No interviene en estas consagraciones el ministro de Dios en una acción litúrgica, ni se produce una inmutación en el propio ser de la persona; pero indudablemente estas consagraciones poseen una profunda y muy fecunda significación religiosa. No son, tampoco, estas consagraciones -como los sacramentos o los votos- acciones que pueden realizarse de una vez por todas, aunque intencionalmente así se realicen normalmente. Por eso precisamente, las consagraciones suelen renovarse una y otra vez, por ejemplo, cada día, o cada año en forma más solemne, de modo que la consagración primera se mantenga siempre actualizada por la voluntad personal. No se alcanza a vivir realmente en estado de consagración si no se renueva frecuentemente el acto de consagración.

Puede haber, por supuesto, consagraciones que se realicen con voto o con votos. Pero en este capítulo trato más bien de las simples y comunes consagraciones personales.

Historia

En las consideraciones que voy haciendo, como fácilmente se advertirá, las ideas religiosas de fondo van en buena parte relacionadas con cuestiones terminológicas muy delicadas y cambiantes, variables, por supuesto, de unas lenguas a otras, y también en las distintas épocas de la Iglesia. La expresión «consagrarse» a Dios, es poco frecuente en la antigüedad cristiana (+«consecrare» o «consecratio» en Thesaurus linguæ latinæ). Es el mismo Dios quien, por mediación de su ministro litúrgico, «consagra» una persona, un templo, un objeto litúrgico. No es, pues, de uso normal la expresión consagrarse a Dios (+J. de Finance, Voeu...1580).

Vuelvo a señalar que el tema que nos ocupa tiene una parte no pequeña en la que presenta más cuestiones de verbis, que de re. Pero téngase en cuenta que siempre las palabras concretas y los símbolos preferidos son muy importantes a la hora de configurar una determinada espiritualidad. La tan conocida oración de San Ignacio de Loyola, por ejemplo, no emplea la palabra consagración, pero afirma clarísimamente su contenido real : «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer»... Hay en es vibrante súplica ofrenda, entrega, dedicación, consagración total. Igual habría que decir de la oración de Santa Teresa de Jesús: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí? Dadme muerte, dadme vida, dad salud o enfermedad... que a todo diré que sí». Éstas, y tantas otras oraciones cristianas, en substancia son verdaderas y perfectísimas oraciones de consagración, reafirmadoras del bautismo.

Es, sin embargo, al parecer, en las Congregaciones dedicadas a la devoción de la Virgen María donde, ya desde el siglo XVI, se van generalizando fórmulas cada vez más claras de consagración personal, que vienen a difundir en el pueblo cristiano la inspiración antigua de San Ildefonso de Toledo (+667) acerca de la esclavitud mariana.

Y estas fórmulas hallan, sin duda, su impulso decisivo en los autores de la Escuela francesa de espiritualidad, como en el Cardenal de Bérull (+1629: Oblation à Jésus en état de servitude). También para San Juan Eudes (+1681), la consagración es una reafirmación profunda de la primera consagración bautismal. Él ofrece una fórmula de consagración al Sagrado Corazón de Jesús y otra al Santo Corazón de María. La costumbre de consagrarse a la Virgen -al renovar las promesas bautismales en la primera comunión, en otras ocasiones de los adultos, o de consagrarle un niño recién bautizado- es ya en el siglo XVII una forma usual de devoción a la Santísima Virgen.

Veamos, pues, ahora las dos consagraciones que tienen más tradición en el pueblo católico.

Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

La doctrina espiritual del Sagrado Corazón de Jesús, aunque tiene en la Revelación sus raíces más profundas, halla en las revelaciones recibidas por Santa Margarita María de Alacoque (+1690) su referencia más decisiva. Ha sido recomendada por la Iglesia en múltiples documentos del Magisterio apostólico, como Annum Sacrum (León XIII, 1899), Miserentissimus Redemptor (Pío XI, 1928), Caritate Christi compulsi (Pío XI, 1932) y Summi Pontificatus (Pío XII, 1934), Investigabiles divitias (Pablo VI, 1965). Todos los elementos fundamentales del misterio de la Salvación -la revelación del amor de Dios en la verdadera humanidad del amor de Cristo, la centralidad del Misterio pascual y, por tanto, de la Eucaristía, el sentido sacerdotal-victimal de todo el pueblo cristiano, el espíritu de adoración y expiación, la confianza en la misericordia divina, la realeza grandiosa de Jesucristo, y tantos otros aspectos- están aquí perfectamente sintetizados. Y es en la Eucaristía y en la consagración personal al Corazón de Jesús donde halla su centro esta devoción y culto.

Como bien señala el padre Jesús Solano, «el culto al corazón del Salvador está centrado en la Eucaristía» (Teología... II/1,28). Es en ella donde nuestra donación y consagración personal al Corazón de Jesús, nuestra unión de amor con Él, se hace máxima en esta vida. Pero, como complemento moral intensivo -si vale la expresión- ya Santa Margarita María de Alacoque y San Claudio La Colombière (+1682) se consagran al Sagrado Corazón de Jesús (21-VI-1675), con un sentido profundo de donación personal, total e irrevocable, obrada en espíritu de amor y servicio. Y el desarrollo pujante en toda la Iglesia de la devoción al Corazón de Jesús generaliza en el pueblo cristiano esa misma devoción de la consagración personal (+J. Solano, Teología... I,197-303).

Especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Apostolado de la Oración, fundado por el padre jesuita Henri Ramière (+1884), difunde hasta nuestros días por todo el mundo la costumbre de consagrar al Corazón de Jesús la propia persona, la familia, la parroquia, la diócesis o incluso la nación -como el Ecuador, en 1875, con el presidente García Moreno, de santa memoria, o España, en 1919, con Alfonso XII-. En el «acto de consagración», tal como lo propone el P. Ramière para los celadores de esta Asociación, el cristiano se consagra al Sagrado Corazón de Jesús y también al Purísimo Corazón de María (Apostolado de la Oración 354-356). León XIII, en 1899, consagra al Corazón de Jesús todo el género humano, y varios Papas, hasta nuestro tiempo, renovarán posteriormente esta consagración, que no pocas naciones harán suya también expresamente.

Consagración al Corazón Inmaculado de María

Las consagraciones personales antiguas, como esclavos o siervos de María, a las que ya aludí, van a encontrar su plenitud teológica y espiritual en la doctrina de San Luis María Grignion de Monfort (+1716), concretamente en su gran Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, y en El secreto de María, obras en las que recomienda la consagración a Jesús por María, continuando una tradición espiritual cuyos precedentes más próximos se hallan en la Escuela francesa. Para Monfort «la devoción a la Santísima Virgen, después de la que se tiene a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, es la más santa y sólida de todas» (Tratado 99).

En efecto, «la plenitud de nuestra perfección consiste en ser conformes, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la criatura más conforme a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y conforma a Nuestro Señor es la devoción a su Santisima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo.

«La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste, en otras palabras, en una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales» (120). Una consagración a la Virgen que le entrega todos los bienes del cuerpo, del alma, exteriores e interiores, así como los méritos de las obras buenas pasadas, presentes y futuras (121). Eso es «entregarse a Jesucristo, en calidad de esclavos de amor, por las manos de María» (231). «Consiste en consagrarte totalmente, en calidad de esclavo, a María, y por Ella a Jesucristo. Te comprometes, por tanto, a hacerlo todo con María, en María, por María y para María» (Secreto 28).

Y para evitar objeciones vanas de tantos «sabios engreídos, presumidos y críticos» como hoy tiene el mundo, «vale más decir la esclavitud de Jesucristo en María y llamarse esclavo de Jesucristo, que esclavo de María. Se puede, sin embargo, emplear una u otra expresión, como yo lo hago» (245). Al final de su gran obra El amor a la Sabiduría eterna, expresa San Luis María esta misma doctrina espiritual en la amplia fórmula de Consagración de sí mismo a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, por medio de María (223-227). En fin, «¡feliz, una y mil veces, el que, después de haber sacudido por el bautismo la tiránica esclavitud del demonio, se consagra a Jesús por María, como esclavo de amor!» (El secreto 34).

Dehecho, al paso de los siglos, han ido creciendo las expresiones de la devoción a la Virgen María, y también se han multiplicado las fórmulas de consagración a Ella. Entre estas fórmulas, una de las más populares, hasta nuestros días, es aquélla indulgenciada por Pío IX (1851): «O Domina mea! O Mater mea! Tibi me totum offero, atque... consecro tibi...»; «Oh Señora mía y Madre mía, yo me ofrezco del todo a ti... y te consagro...»

La Iglesia, por otra parte, no sólamente ha impulsado las consagraciones personales a María, sino que también en los tiempos modernos ha consagrado el mundo entero al Inmaculado Corazón de María, especialmente en actos de Pío XII (1942) y de Juan Pablo II (1982). Éste, como es sabido, elige como lema de su Pontificado ese Totus tuus que San Luis María profesaba (Tratado 216). Y elogia esta forma de devoción monfortiana en su encíclica Redemptoris Mater (1987,48).

Consagraciones, reglas de vida y votos

La consagración personal a Dios, a Jesucristo, a la Virgen María, una y otra vez renovada en la vida cristiana de cada día y con las fórmulas oracionales apropiadas, ha contribuído en los últimos siglos notablemente al perfeccionamiento espiritual de muchos cristianos, y concretamente de los laicos, actualizando y profundizando en ellos su consagración bautismal y eucarística.

Y en determinadas asociaciones laicales, los cristianos han formulado estas consagraciones comprometiéndose con ellas a ciertas reglas de vida, a las que a veces se han obligado incluso con votos u otros modos de vínculos personales, renovados periódicamente. Todo esto es indudablemente bueno y aconsejable. La consagración, en efecto, tiene el valor propio de lo que es una entrega intensa y universal -«mis ojos, mis oídos, mi boca, mi corazón, en una palabra todo mi ser»-. La regla de vida y el voto o la promesa, a su vez, tienen el valor peculiar de obligar a unas entregas concretas, frecuentes y bien precisas, por ejemplo: el rezo diario del Rosario, la entrega de un diezmo de todas las ganancias personales, no beber vino, etc. Y sin éstos u otros compromisos concretos, siempre se dará el peligro de que la consagración se quede en poco, y no tenga en la vida personal las consecuencias que, de suyo, está llamada a tener. Por eso se hace fácil entender que consagración, regla de vida y votos se complementan y refuerzan mutuamente.
(Desconozco el autor).

Lecturas de la Misa del Sabado XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas del Sábado 04 de Agosto de 2012

Sábado 17ª semana de tiempo ordinario

Santoral: Juan María Vianney

Jer 26,11-16.24:  El Señor me envió a profetizar todo lo que han oído
Salmo responsorial 68: Escúchame, Señor, el día de tu favor
Mt 14,1-12: Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús

Jeremías 26, 11-16. 24


Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar estas palabras

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: "Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos."

Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído.

Pero, ahora, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros.

Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que meJor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras."

Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios." Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.


Salmo responsorial: 68


Escúchame, Señor, el día de tu favor

Arráncame del cieno, que no me hunda; / líbrame de los que me aborrecen, / y de las aguas sin fondo. / Que no me arrastre la corriente, / que no me trague el torbellino, / que no se cierre la poza sobre mí. R.

Yo soy un pobre malherido; / Dios mío, tu salvación me levante. / Alabaré el nombre de Dios con cantos, / proclamaré su grandeza con acción de gracias. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos, / buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. / Que el Señor escucha a sus pobres, / no desprecia a sus cautivos. R.


Mateo 14, 1-12


Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: "Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él". Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: "Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista". El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.

Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Comentarios

Si bien Juan murió víctima de una conspiración palaciega, la razón de su martirio se encuentra en el ministerio que él ejerció a orillas del Jordán, en el desierto de Judea.

Una primera característica de su carisma fue la vestimenta que asumió, que lo asemejaba a los profetas de antaño, como Elías, que vestían un sencillo traje de lana de camello. Además de esto, le recordó a Israel la necesidad de volver al desierto, al lugar de encuentro con Dios.

Por esta razón se ubicó en ese paraje aislado, por donde Josué pasó de camino en la búsqueda de la Tierra Prometida. Juan además asumió la dieta del nazareo, es decir de la persona que hacía votos de consagración a Dios y los vivía por medio de las prescripciones dietéticas y por su vinculación a la actividad de los santuarios.

Todos estos gestos proféticos herían gravemente la sensibilidad y el prestigio de las autoridades de Jerusalén, caracterizadas por su corrupción, por su connivencia con los invasores y por la relajación de las auténticas exigencias religiosas.

Pero, tal vez, lo más radical de todo fue la denuncia del trato inmisericorde que los hijos de Herodes se daban entre sí mismos y contra su propio pueblo.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Lecturas de la Misa del Viernes XVII del tiempo Ordinario de los anos pares meditadas brevemente.

Lecturas del Viernes 03 de Agosto de 2012

Viernes 17ª semana de tiempo ordinario

Santoral: Lidia

Jer 26,1-9: La gente se amotinó contra Jeremías en el templo.
Salmo responsorial 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor
Mt 13,54-58: ¿No es éste el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?

Jeremías 26, 1-9


El pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor
Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor a Jeremías: Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo y di a todos los ciudadanos de Judá que entran en el templo para adorar, las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola.

A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y me arrepiento del mal que medito hacerles a causa de sus malas acciones. Les dirás: "Así dice el Señor: Si no me obedecéis, cumpliendo la ley que os di en vuestra presencia, y escuchando las palabras de mis siervos, los profetas, que os enviaba sin cesar (y vosotros no escuchabais), entonces trataré a este templo como al de Silo, a esta ciudad la haré fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra.""

Los profetas, los sacerdotes y el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras, en el templo del Señor.

Y, cuando terminó Jeremías de decir cuanto el Señor le había mandado decir al pueblo, lo agarraron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo: Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo será como el de Silo, y esta ciudad quedará en ruinas, deshabitada?"

Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor.


Salmo responsorial: 68


Que me escuche tu gran bondad, Señor.
Más que los pelos de mi cabeza / son los que me odian sin razón; / más duros que mis huesos, / los que me atacan injustamente. / ¿Es que voy a devolver / lo que no he robado? R.

Por ti he aguantado afrentas, / la vergüenza cubrió mi rostro. / Soy un extraño para mis hermanos, / un extranjero para los hijos de mi madre; / porque me devora el celo de tu templo, / y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti, / Dios mío, el día de tu favor; / que me escuche tu gran bondad, / que tu fidelidad me ayude. R.


Mateo 13, 54-58


¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?
En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: "¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?".Y aquello les resultaba escandaloso.

Jesús les dijo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta". Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Comentarios

Sus paisanos rechazan a Jesús porque consideran que no tiene las credenciales de maestro y de profeta. Y preguntan, ¿de dónde saca todo esto?

Para descalificarlo por ser un artesano, el hijo de una vecina, y por no ser “teólogo de raza”, es decir por no haber recibido instrucción superior en alguna escuela de Jerusalén o de un rabino acreditado.

La humildad, la sencillez y sobretodo la audacia y el carisma de Jesús se convierte en un obstáculo ante sus paisanos y de allí se pasa a la incredulidad.

El problema de fondo de todo esto no era sólo que descalificaran a Jesús por su origen, oficio y formación, sino que en esa descalificación también desechaban el mensaje del evangelio. –

Nosotros ahora afrontamos una realidad semejante. Tendemos a creer más en lo que dicen en la televisión o en el internet sobre Jesús que lo que nos dicen nuestros compañeros de iglesia o nuestros pastores.

Incluso creemos más en lo que dice la publicidad de Jesús que en lo que dice la misma Biblia. Y todo porque pensamos que lo que sale en una pantalla o en un aviso publicitario es más real que la realidad misma.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa del Sabado XVII del tiempo Ordinario de los anos pares. Pedidos de oraciones.

Senor, creo en Ti, creo que caminas conmigo y me acompanas. Hoy me presento ante Ti para que bendigas mi oracion y me santifiques con tu amistad. No soy digno de tanto amor, pero tu amor me da la posibilidad de acercarme a Ti, muchas gracias!

MISA 4 AGOSTO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

SABADO 4

Santos: Juan Maria Vianney, presbitero. Aristarco de Tesalonica, obispo. Beato Federico Jansoon, presbitero.

Visperas I del domingo: 2a semana del Salterio. Tomo IV: pp. 806 y 8. Para los fieles: pp. 555 y 408. Edicion popular: pp. 108 y 474. Memoria (Blanco)

 

LA PERSECUCION CONTRA LOS PROFETAS

 

Jr 26, 11-16. 24; Mt 14, 1-12

 

Jeremias y Juan Bautista descubrieron la llamada poderosa y terminante de Dios. Un fuego quemante y un impulso poderoso los empujo a confrontarse con sus contemporaneos para desautorizar sus practicas y costumbres religiosas. Juan y Jeremias juzgaban que no era suficiente presentarse en el templo de Jerusalen con ofrendas y dadivas al Señor, sin llevar a cabo una profunda renovación interior. Jeremias padecio encarcelamiento y el destierro forzado a Egipto. Juan Bautista reprochaba la infidelidad de Herodes Antipas a los mandatos y preceptos de la Ley de Dios. Era un profeta popular que atraia a gente de toda condicion y suscitaba la suspicacia del virrey Herodes. La razon definitiva de su muerte martirial fue la intolerancia de Herodes ante los cuestionamientos profeticos del Bautista y el temor de que suscitara un movimiento popular en Israel que le hiciera perder el poder.

 

ANTIFONA DE ENTRADA (Lc 4, 18)

El Espiritu del Señor esta sobre mi, porque me ha ungido pare llevar la Buena Nueva a los pobres y anunciar su liberacion a los cautivos.

 

ORACION COLECTA

Dios omnipotente y misericordioso, que hiciste admirable a san Juan Maria Vianney por su amor a las almas, concedenos que, por amor a Cristo, trabajemos por la salvacion de nuestros hermanos y podamos llegar con ellos a la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Es cierto que el Señor me ha enviado a ustedes para predicarles todas estas cosas.

 

Del libro del profeta Jeremias: 26, 11-16. 24

 

En aquellos dias, los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y al pueblo: "Ese hombre, Jeremias, merece la muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes mismos lo han oido".

Pero Jeremias les dijo a los jefes y al pueblo: "El Señor me ha enviado a profetizar todo lo que han oido contra este templo y esta ciudad. Pues bien, corrijan su conducta y sus obras, escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se retractara de la amenaza que ha pronunciado contra ustedes. Por mi parte, yo estoy en manos de ustedes: hagan de mi lo que les parezca justo y conveniente. Pero sepanlo bien: si me matan, ustedes, la ciudad y sus habitantes seran responsables de la muerte de un inocente, porque es cierto que el Señor me ha enviado a ustedes para anunciarles todas estas cosas".

Los jefes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: "Este hombre no merece sentencia de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios".

Entonces Ajicam, hijo de Safan, defendio a Jeremias, para que no fuera entregado en manos del pueblo y lo mataran. Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 68

R/. Defiendeme y ayudame, Dios mio.

 

Sacame de este cieno, no vaya a ser que me hunda; ponme a salvo, Señor, de los que me odian y de estas aguas tan profundas.

R/. Defiendeme y ayudame, Dios mio.

 

No dejes que me arrastre la corriente y que me trague el remolino; no dejes que se cierre sobre mi la boca del abismo.

R/. Defiendeme y ayudame, Dios mio.

 

Mirame enfermo y afligido; defiendeme y ayudame, Dios mio. En mi cantar exaltare tu nombre, proclamare tu gloria, agradecido.

R/. Defiendeme y ayudame, Dios mio.

 

Se alegraran al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendran mas animo, porque el Señor jamas desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado.  R/. Defiendeme y ayudame, Dios mio.

 

 

ACLAMACION (Mt 5, 10) R/. Aleluya, aleluya.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor. R/.

 

Herodes mando degollar a Juan. Los discipulos de Juan fueron a avisarle a Jesus.

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 14, versiculos 1 al 12

 

En aquel tiempo, el rey Herodes oyo lo que contaban de Jesus y les dijo a sus cortesanos: "Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actuan en El fuerzas milagrosas".

Herodes habia apresado a Juan y lo habia encadenado en la carcel por causa de Herodias, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decia a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque queria quitarle la vida, le tenia miedo a la gente, porque creian que Juan era un profeta.

Pero llego el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodias bailo delante de todos y le gusto tanto a Herodes, que juro darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: "Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristecio, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordeno que se la dieran; y entonces mando degollar a Juan en la carcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevo a su madre.

Despues vinieron los discipulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesus. Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesus.

 

Oracion introductoria

El Evangelio no comenta como reacciono Maria ante las palabras de Jesus porque sabemos que ella guardaba todo en su corazon. Dame esa luz y confianza, Señor, para ser una persona de oracion, de reflexion, de acoger en el silencio tus inspiraciones, para luego meditar y vivir tu voluntad. 

 

Peticion

Maria, intercede por mi para que la voluntad de Dios sea todo en mi vida.

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 14, versiculos 1 al 12

 

Juan el Bautista es un testigo excepcional de Cristo porque prefirio proclamar valientemente la ley de Dios antes que ceder ante las presiones de Herodes o de sus enemigos.

 

En realidad, el deber de dar testimonio de Cristo corresponde a cada cristiano. Pero para que dicho testimonio sea eficaz ha de estar respaldado por la coherencia de vida. Cuantas veces tememos presentarnos como cristianos y nos volvemos muy susceptibles a lo que piensan las personas, entonces callamos por temor y evitamos contradecir a los otros aunque esten equivocados, dejamos de vivir nuestros principios y valores por temor al que diran, nos vamos haciendo debiles para defender nuestra fe y preferimos cuidar nuestra imagen antes que darle a Dios el primer lugar en nuestra vida.

 

Aprendamos de Juan el Bautista, el no dejo silenciar su conciencia, no dejo de cumplir su deber como profeta y prefirio agradar a Dios aunque le tacharan de extrano o de retrograda.

 

Aparentemente Juan el Bautista fue humillado al punto de darle muerte, sin embargo, vemos que hoy es honrado en todas partes del mundo. Esto nos ensena que la aparente derrota que nos puede traer el vivir conforme al Evangelio, da paso al verdadero triunfo, al que nos alcanza el premio en el cielo. Asi hemos de vivir nosotros, como el Bautista: seguros en el Senor, confiados en El, pendientes mas de su juicio que el de los hombres.

 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que estos dones, Señor, que te presentamos en honor de tus santos y que van a dar testimonio de tu poder y de tu gloria, nos alcancen de ti la salvacion eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ANTIFONA DE LA COMUNION (Mt 28. 20)

Yo estare con ustedes todos los dias, hasta el fin del mundo, dice el Señor.

 

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Fortalecidos con el pan de la vida, te pedimos, Señor, que a ejemplo de san Juan Maria, podamos servirte con entrega absoluta y amar a nuestros hermanos con amor incansable. Por Jesucristo, nuestro Señor

 

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

 

REFLEXION Evangelio Mateo capitulo 14, versiculos 1 al 12

 

Este pasaje evangelico nos deja al menos dos grandes ensenanzas: la primera es que no debemos dejarnos llevar por nuestras emociones, pues por lo general en ese momento nuestra cabeza no esta conectada con el cerebro y podemos, como en el caso de hoy, cometer graves imprudencias que incluso pueden desarrollar graves e irreversibles consecuencias en nuestra vida y en la de los demas. Cuando uno se emociona o las pasiones se excitan, el demonio sabe que tenemos poco poder sobre la voluntad y ni tardo ni perezoso vendra a sugerirnos una tonteria. La otra ensenanza es que las promesas que se hacen cuando estas nos llevan a un pecado, no podemos bajo ninguna circunstancia cumplirlas y es mejor pasar por ridiculo, enemigo o cualquier clase de humillacion antes que hacer algo que Dios reprueba. Esto incluye cualquier situacion embarazosa en la que podemos caer en el trabajo, con los amigos, etc. Estas dos situaciones generalmente vienen juntas (aunque no forzosamente), y debemos tener siempre el coraje de afrontarlas y de negarnos rotundamente a hacer lo que no le es propio a un cristiano, incluso cuando esto nos pudiera llevar a la misma muerte. Es por ello peligroso el tomar mas de lo que se debe, o ponerse en situaciones en donde la emocion y las pasiones nos puedan ganar. Una vida moderada es siempre la mejor alidada para vivir con paz y alegria.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazon.

Como Maria, todo por Jesus y para Jesus.

Pbro. Ernesto Maria Caro

 

Agosto 4

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

 

A las almas adoloridas, que cargan pesos insufribles, a quienes sus cruces pareciera aplastar sin remedio, el recuerdo del valor pleno de sentido del dolor otorga al sufrimiento una trascendencia del que estan privados los paganos. Recomendamos vivamente su lectura y hacer de su difusion un apostolado

 

Desde el mas profundo sentido de comunion deseo, de todo corazon, que a este tiempo de quejas, llantos y reproches dirigidos al Padre por tantas personas que viven en sus carnes un dolor tan hondo, le sigan algunos momentos de paz y silencio, suficientes como para poder oir las respuestas y consuelos que el Buen Dios susurra a sus hijos que sufren

 

DIOS PODEROSO DADOR DE LA SALUD

 

Por la salud de mi hija Jeannette que ese tumor que sera extraido sea benigno y que se recupere sun ningun atraso. Te lo pido con el corazon en la mano. Amen. Lorena

 

Les pido hermanos oracion por mi hija Jimena que inicio su tratamiento oncologico de nuevo. Mirta

 

Oremos por Maria Eugenia Arecha que sera intervenida mañana 9hs del corazon, tiene 5 añitos, les pido la pongan en oracion, para que nuestro Señor Jesus la cubra con su manto. Miles de bendiciones a todos y muchas gracias. anamirta reyes <anamirtareyes@hotmail.com>,

 

Hermanos oremos a Dios Padre por Marilu, mañana a las 16 hs, cirugia de intestino. Ana Daneri

 

Oracion, por favor, Guillermina, de Santiago del Estero, nació con 900 gramos, y siete meses de gestación,  sus familia ruega los acompañemos en oración. Gracielita

 

Hola hermanos, les quiero pedir una oración particular, por el tío de una amiga mía, su nombre es Juan Carlos Merolla que el sábado a la madrugada sufrió un infarto, al parecer esta grave y el martes lo operan. Gracias por todo! Gabi.

 

Madrecita Bella, protege bajo tu Manto Misericordioso a tu hijo  BB Valentino y dale la oportunidad de amarte cm Tu lo amas.Tatita Dios en tus manos coloco dulcemente a tu angelito Valentino por que Tu como único médico Divino realices el milagro de sanacion.AMÉN. Vero Sosa Cilauro   FB

 

Maximo, nueve meses, operado del corazón, estaba muy bien, pero ahora internado por bronquitis que al toser produce aceleración de su corazón, de Tandil. (Argentina). Gracielita

 

Pido oracion por la salud de mi amiga Victoria Solano, para que el Señor todo poderoso tenga misericordia de ella y pase su santisima mano por su estomago y tambien por todos nuestros hermanos que se encuentran enfermos tanto del cuerpo como del alma; Mi alma te alaba, mi alma te bendice, mi alma te glorifica en la vida de Victoria Solano. Nubia

 

AGRADECIMIENTO A DIOS

 

Aniversario Boda Maritere

Cumpleaños de Sol

Cumpleaños de Dellius

 

POR LAS NECESIDADES DE

 

En mi nada, suplico humildemente a mi Señor por mi toda mi familia Lopez Dominguez y Dominguez Arriaga, especialmente le suplico por su conversion y nos conceda sanar de cuerpo y alma, te lo pido y te doy gracias. Monica

 

Buenos dias hermanos en la fe por favor oren por mi estoy muy enferma y muy triste porque cada dia recibo mas decepciones de las personas pero se que cuento con su valiosa oracion que el DIOS de la vida les bendiga gracias

Claudia

 

Les pido sus oraciones por Karla y Victor, que están atravesando problemas en su matrimonio, para que se vuelvan a unir y salga adelante de esta etapa. Hector

 

Oren por mi hijo Augusto, que me odia, y no encuentro la manera de llegar a su orazón y me permita ver mis nietos. Gracias. Mirta

 

Elevemos nuestras oraciones por las necesidades de Jorge temas laborales.  Por mi familia y por Nicolás. Ana Daneri

 

Q. E. P. D.

 

Víctor Hugo Neira Reyes

Julio Alejandro Moreno Govea

Javier Vicente Núñez Táquez

Priscila Alvarado Tapia

 

PALANCAS POR QUIENES HAN PARTIDO A SU QUINTO DIA

 

Ofrezcamos tambien nuestras PALANCAS y oraciones por aquellos que, habiendo vivido los 3 Dias del Cursillo de Cristiandad, compartieron con nosotros su CUARTO Dia, fermentando de Evangelio los ambientes, y que hoy, llamados por el Senor a su presencia, se encuentran viviendo su QUINTO Dia.

 

Por los que llegaran a su destino final hoy, que lo hagan en Gracia de Dios

 

Por las benditas almas del Purgatorio

 

ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com,

 

wpauta@yahoo.es,

 
 
ENVIE SU PETICION DE ORACION  a

 

wpauta@gmail.com

 

wpauta@yahoo.es

 

indicando su nombre y peticion

 
P.D. Si Ud., quiere referirse a este envio por favor copiar el ASUNTO

 

http://grupodeoraciondivinonio.blogspot.com/

 

http://www.gabitogrupos.com/CURITASPARAELALMA/


http://www.gabitogrupos.com/ESCUELITAMAGICA/


Me inclino reverentemente ante El Señor

 
M.E. Winston Pauta Avila
Grupo de Oracion "DIVINO NINO"   
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
Chistifideles Laici
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- Espana

Lecturas meditadas y oraciones de la Misa de la fiesta de la Transfiguracion del Senor. Pedidos de oraciones.

MISA DE HOY, AGOSTO 6, LUNES
 
Padre Santo, me pongo en tu presencia mientras contemplo a tu Hijo en la cruz… Te imploro por la luz de tu Espiritu Santo, para comprender en esta oracion que es lo que tengo que hacer para crecer en el amor. Dame tu gracia para amar como Tu amas.
MISA 6 AGOSTO, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
LUNES 6
La Transfiguracion del Señor
Santos: Esteban de Cerdeña y compañeros, martires; Hormisdas I, Papa. Fiesta (Blanco)
 
EL PREDILECTO DE DIOS
 
2P 1, 16-19, Mc 9, 2-10
 
El testimonio que recoge la Segunda carta de Pedro es directo y elocuente. Los discipulos preferidos de Jesus, entre los cuales se contaba el apostol Pedro, tuvieron acceso a una manifestacion gloriosa de su condicion divina. El elemento central que destaca este pasaje es la invitacion a escuchar al predilecto de Dios. En la perspectiva del autor, los cristianos atravesamos en las circunstancias historicas por una situacion de oscuridad y necesitamos de la lampara de la Palabra para orientarnos. Los discipulos que aparecen en el relato de la Transfiguracion permanecieron un tanto confundidos sobre el verdadero alcance del anuncio de la futura resurreccion del Señor. Cuando el acontecimiento pascual del Señor tuvo lugar, desvelaron sus dudas y reorientaron su existencia a partir de su encuentro decisivo con Jesus resucitado. Asi como los discipulos escucharon al Hijo predilecto, tenemos que escuchar el testimonio de los profetas cristianos que nos proclaman el triunfo del Señor sobre la muerte.
 
ANTIFONA DE ENTRADA (Cfr. Mt 17, 5)
El dia de la Transfiguracion aparecio el Espiritu Santo en una nube luminosa y se oyo la voz del Padre celestial que decia: Este es mi Hijo unigenito, en quien he puesto todo mi amor. Escuchenlo.
 
Se dice Gloria.
 
ORACION COLECTA
Dios nuestro, que en la Transfiguracion gloriosa de tu Hijo unigenito fortaleciste nuestra fe con el testimonio de Moises y Elias y nos dejaste entrever la gloria que nos espera, como hijos tuyos, concedenos seguir el Evangelio de Cristo para compartir con El la herencia de tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Nosotros escuchamos esta voz venida del cielo.
 
De la segunda carta del apostol san Pedro: 1, 16-19
 
Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fabulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo lleno de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resono sobre El, diciendo: "Este es mi Hijo amado, en quien yo me complazco". Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estabamos con el Señor en el monte santo.
Tenemos tambien la firmisima palabra de los profetas, a la que con toda razon ustedes consideran como una lampara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el dia y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
 
Del salmo 96
R/. Reina el Señor, alegrese la tierra.
 
Reina el Señor, alegrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor que se asienta en la justicia y el derecho. R/. Reina el Señor, alegrese la tierra.
 
Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos.
R/. Reina el Señor, alegrese la tierra.
 
Tú, Señor altisimo, estas muy por encima de la tierra y mucho mas en alto que los dioses. R/. Reina el Señor, alegrese la tierra.
 
ACLAMACION (Mt 17, 5) R/. Aleluya, aleluya.
Este es mi Hijo muy amado, dice el Señor, en quien tengo puestas todas mis complacencias; escuchenlo. R/
 
Este es mi Hijo amado.
 
LECTURA Evangelio Marcos capitulo 9, versiculos 2 al 10
 
En aquel tiempo, Jesus tomo aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subio con ellos a un monte alto y se transfiguro en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Despues se les aparecieron Elias y Moises, conversando con Jesus.
Entonces Pedro le dijo a Jesus: "Maestro, ¡que a gusto estamos aqui! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moises y otra para Elias". En realidad no sabia lo que decia, porque estaban asustados.
Se formo entonces una nube, que los cubrio con su sombra, y de esta nube salio una voz que decia: "Este es mi Hijo amado; escuchenlo".
En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesus, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesus les mando que no contaran a nadie lo que habian visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre si que querría decir eso de "resucitar de entre los muertos". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Oracion preparatoria
Jesus, la fe, esperanza y caridad son los bienes espirituales que me has regalado en mi bautismo. Cuando ejercito mi fe, mi esperanza y mi amor, tu gracia se multiplica y me enriquece. En esta oracion, ademas de agradecerte estos dones, que son la dicha de mi vida, te suplico me permitas ver y oír lo que me quieres decir hoy.
 
Peticion
Señor, dame mas fe, esperanza y amor, para corresponder mejor a tu gracia.
 
REFLEXION Evangelio Marcos capitulo 9, versiculos 2 al 10
 
Nosotros tenemos solo una morada: Cristo
 
«La Transfiguracion no es un cambio de Jesus, sino que es la revelacion de su divinidad, “la intima compenetracion de su ser con Dios, que se convierte en pura luz. En su ser uno con el Padre, Jesus mismo es Luz de Luz". Pedro, Santiago y Juan, contemplando la divinidad del Señor, son preparados para afrontar el escandalo de la cruz, como se canta en un antiguo himno: “En el monte te transfiguraste y tus discipulos, en cuanto eran capaces, contemplaron tu gloria, para que, viendote crucificado, comprendieran que tu pasion era voluntaria y anunciaran al mundo que tu eres verdaderamente el esplendor del Padre".
 
Queridos amigos, participemos tambien nosotros de esta vision y de este don sobrenatural, dando espacio a la oracion y a la escucha de la Palabra de Dios. Ademas, especialmente en este tiempo de Cuaresma, os exhorto, como escribe el Siervo de Dios Pablo VI, “a responder al precepto divino de la penitencia con algun acto voluntario, ademas de las renuncias impuestas por el peso de la vida cotidiana". Invoquemos a la Virgen Maria, para que nos ayude a escuchar y seguir siempre al Señor Jesus, hasta la pasion y la cruz, para participar tambien en su gloria» (Benedicto XVI, 20 de marzo de 2011).
 
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, los dones que te presentamos y, por la Transfiguracion de tu Hijo, haz que esta Eucaristia nos purifique de todos nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvacion darte gracias siempre y en todo lugar Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo nuestro Señor revelo su gloria ante los testigos que El escogio; y revistio con maximo esplendor su cuerpo, en todo semejante al nuestro, para quitar del corazon de sus discipulos el escandalo de la cruz y an