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Homilia Domingo I Cuaresma de 1997. Juan Pablo II.

El bautismo es el sacramento fundamental en el que se hace realidad la Redención
Homilía de S.S. Juan Pablo II en el I Domingo de Cuaresma

16 de febrero de 1997

1. «Yo hago un pacto con vosotros» (Gn 9, 8).

La liturgia de la Palabra de este primer domingo de Cuaresma nos presenta la alianza que Dios establece con los hombres y con la creación, después del diluvio,
a través de Noé. Hemos vuelto a escuchar las solemnes palabras que pronunció Dios: «Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes con todos
los animales que os acompañaron (...). Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra»
(Gn 9, 9-11).

Esta alianza tiene su valor típico en el Antiguo Testamento. Dios, creador del hombre y de todos los seres vivos, en cierto sentido había aniquilado con
el diluvio cuanto él mismo había creado. Ese castigo tuvo como causa el pecado difundido en el mundo después de la caída de nuestros primeros padres.

Sin embargo, las aguas no exterminaron a Noé y a su familia, y tampoco a los animales que había recogido en el arca. De ese modo, se salvaron el hombre
y los demás seres vivos que, habiendo sobrevivido al castigo del Creador constituyeron después del diluvio el comienzo de una nueva alianza entre Dios
y la creación.

Esa alianza tuvo su signo tangible en el arco iris: «Pondré mi arco en el cielo —dice Dios—, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre
la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi pacto con vosotros» (Gn 9, 13-15).

2. Las lecturas de hoy nos permiten, por tanto, mirar de un modo nuevo al hombre y al mundo en el que vivimos. En efecto, el mundo y el hombre no sólo representan
la realidad de la existencia en cuanto expresión de la obra creadora de Dios; también son la imagen de la alianza. Toda la creación habla de esta alianza.

A lo largo de las diversas épocas de la historia los hombres han seguido cometiendo pecados, tal vez incluso mayores que los descritos antes del diluvio.
Sin embargo, las palabras de la alianza que Dios estableció con Noé nos permiten comprender que ya ningún pecado podrá llevar a Dios a aniquilar el mundo
que él mismo creó.

La liturgia de hoy abre ante nuestros ojos una visión nueva del mundo. Nos ayuda a tomar conciencia del valor que el mundo tiene a los ojos de Dios, quien
incluyó toda la obra de la creación en la alianza que selló con Noé, y se comprometió a salvarla de la destrucción.

3. El miércoles pasado, con la imposición de la ceniza, comenzó la Cuaresma, y hoy es el primer domingo de este tiempo fuerte, que hace referencia al ayuno
de cuarenta días que Jesús empezó después de su bautismo en el Jordán. A este propósito, san Marcos, que nos acompaña este año en la liturgia dominical,
escribe: «El Espíritu impulsó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles
le servían» (Mc 1, 12-13).

San Mateo, en el pasaje paralelo, anota sólo la respuesta que el Señor dio al tentador que lo provocaba para que transformara las piedras en panes: «Si
eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes» (Mt 4, 3). Jesús respondió: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale
de la boca de Dios» (Mt 4, 4; cf. Aleluya). Esta es una de las tres respuestas de Cristo a Satanás, que trataba de engañarlo y vencerlo, haciendo referencia
a las tres concupiscencias de la naturaleza humana caída.

En el umbral de la Cuaresma, la victoria de Cristo contra el diablo constituye, en cierta manera, una invitación a vencer el mal con el esfuerzo ascético,
una de cuyas manifestaciones es el ayuno, a fin de vivir este período con autenticidad.

4. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Andrés Avellino, me alegra encontrarme hoy entre vosotros para celebrar el día del Señor en este
primer domingo de Cuaresma. (…)

5. «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Estas palabras del evangelista Marcos resuenan
en nuestro corazón. El evangelio comienza con la misión de Jesús, misión que se cumplirá con los acontecimientos pascuales. La Iglesia prosigue en el tiempo
esta misión, a la que cada uno de nosotros está llamado a dar su propia aportación personal, anunciando y testimoniando a Cristo, muerto y resucitado por
la salvación del mundo.

En este ámbito se inserta la misión ciudadana que, a nivel parroquial, se realizará en la Cuaresma del próximo año. Hoy, precisamente como preparación para
esa misión, empieza oficialmente la distribución del evangelio, para que llegue a todas las familias y a todos los ambientes de la ciudad. También yo,
con gran alegría, acabo de entregar a algunos representantes vuestros un ejemplar del evangelio según san Marcos, discípulo e intérprete fiel del apóstol
Pedro.

6. Escribe san Pedro en su primera carta: «Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables (...). Con este espíritu, fue
a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé mientras
se construía el arca, en la que unos pocos —ocho personas— se salvaron cruzando las aguas» (1 P 3, 18-20). Estas palabras de Pedro hacen referencia a la
alianza de Noé de la que nos ha hablado la primera lectura. Esa alianza representa un modelo, un símbolo, una figura de la nueva alianza que Dios concluyó
con toda la humanidad en Jesucristo, por medio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Si la antigua alianza tenía que ver ante todo con la creación,
la nueva, fundada en el misterio pascual de Cristo, es la alianza de la Redención.

En el texto que hemos escuchado, el apóstol Pedro alude al sacramento del bautismo. Las aguas destructoras del diluvio son sustituidas por las aguas bautismales,
que santifican. El bautismo es el sacramento fundamental en el que se hace realidad la alianza de la redención del hombre. Ya desde el origen de la tradición
cristiana, la Cuaresma era prácticamente una preparación para el bautismo, que se administraba a los catecúmenos en la solemne Vigilia de Pascua.

Amadísimos hermanos y hermanas, renovemos en nosotros mismos, especialmente durante este período cuaresmal, la conciencia de nuestra alianza con Dios. Dios
estableció una alianza con Noé y la inscribió en la obra de la creación. Cristo, Redentor del hombre y de todo el hombre, llevó a plenitud la obra del
Creador con su muerte y su resurrección.

Hemos sido redimidos por la sangre de Cristo. Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables. Amén.
(
http://www.multimedios.org
).

Quedate con nosotros.

QUEDATE CON NOSOTROS

Señor de la esperanza, el mundo que Tú amas, hoy lucha por vivir ya aunque a veces dudemos de tu presencia en casa, no dejes que la noche nos sorprenda sin Ti,

Quédate con nosotros Señor de la pobreza, los pobres y los niños te quieren recibir, tal vez ellos no saben que son tus preferidos, no dejes que la noche nos sorprenda sin Ti

Quédate con nosotros Señor de la justicia, los hombres no aprendemos a dar sin recibir, vivimos muchas veces una justicia falsa, no dejes  que la noche nos sorprenda sin Ti.

Quédate con nosotros Señor de la promesa, Tú mismo aseguraste amarnos hasta el fin, por eso humildemente volvemos a pedirte, no dejes que la noche nos sorprenda sin Ti.
(Desconozco el autor).

Misio Canonica de los profesores de religion.

Autor: Mons. Casimiro López Llorente | Fuente: www.obsegorbecastellon.es
Missio Canónica de los profesores de religión
El profesor de religión y moral católica es, sobre todo, un creyente católico y testigo de su fe, que quiere enseñar en nombre de la Iglesia la Buena Noticia
de la salvación de Dios que se ha manifestado en Cristo y su Evangelio
 
Missio Canónica de los profesores de religión
Queridos profesores y profesoras de Religión:

1.Estamos celebrando vuestra ‘missio canónica’. En esta celebración recibiréis el envío y el encargo para enseñar en nombre de la Iglesia la Religión y
Moral católicas en los distintos niveles formativos de la escuela pública y privada. Si bien sois nombrados por la Administración educativa, vuestra tarea
es un verdadero ministerio eclesial al que sois enviados por la Iglesia; participáis así en el ámbito del anuncio de la Palabra de Dios del ministerio
apostólico, cuya plenitud reside en el ministerio episcopal. Como los mismos apóstoles y sus sucesores, los Obispos, también vosotros sois enviados hoy
por el mismo Señor a través de mis manos al anuncio de la Buena Nueva a vuestros alumnos.

Esta celebración os debe llevar a todos a adquirir una conciencia más viva de esta vuestra condición de enviados por Cristo y por su Iglesia al mundo escolar.
Y como enviados habéis de ser servidores fieles y solícitos del Señor y de su Palabra tal como nos llega a través de la tradición viva de la Iglesia, en
bien de la educación integral de vuestros alumnos. Se trata de un verdadero don, recibido en último término de Dios, y una tarea, que, en palabras de San
Pablo, no es otra sino evangelizar sin alardes literarios para que no se desvirtúe la cruz de Cristo (1 Cor 1, 17). Porque no sois dueños, sino servidores
de la Palabra; y de quien sirve se pide que sea fiel a la tarea encomendada y solícito para que la Palabra llegue plena e íntegra al destinatario.

De nuevo quiero expresaros a los profesores de religión mi más sincero agradecimiento por la acogida del don que recibís en la ‘missio’; y os agradezco
la entrega generosa que día a día demostráis en vuestros respectivos ambientes educativos. Lleváis a cabo una hermosa tarea, que ayuda a vuestros alumnos
a crecer en el conocimiento de Dios, de Jesucristo y de su Evangelio, que les ayudará a dirigir sus vidas por el camino que Dios les ha señalado, confiriéndolas
así sentido y unidad.

2. No sabemos todavía cómo quedará regulada la Clase de religión católica ni el estatuto de los profesores de Religión en los decretos que apliquen la
LOE. No es este momento de entrar en estas cuestiones.

Hoy deseo resaltar el carácter confesional, en nuestro caso católico, que necesariamente ha de tener la enseñanza religiosa para responder al derecho de
los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones religiosas y morales. Los padres, al escoger la formación religiosa y moral católica para sus
hijos, depositan en la Iglesia Católica su confianza para que sus hijos reciban la formación adecuada tal y como la entiende la Iglesia católica. Depende,
pues, de la autoridad de la Iglesia determinar la formación religiosa católica, sus contenidos y su pedagogía; y compete al Obispo diocesano organizarla
y ejercer vigilancia (CIC. c.804).

Para ello, el Ordinario del lugar debe cuidar que los profesores de religión destaquen por su recta doctrina, por su aptitud pedagógica y por el testimonio
de vida cristiana (CIC c. 804 & 2). El derecho de los padres a pedir esta enseñanza para sus hijos implica que se les garantice la idoneidad de sus profesores.
Sin ello quedaría mermado el derecho de los padres a la formación religiosa y moral por la que han optado.

La formación religiosa católica, que impartís, pide que estéis identificados con lo que enseñáis. Vuestra libre opción para ser profesores de religión
no puede basarse en el mero deseo de completar un horario ni tampoco en tener un puesto de trabajo seguro y remunerado. No os podéis limitar tampoco a
ser meros especialistas conocedores de la materia. El profesor de religión y moral católica es, sobre todo, un creyente católico y testigo de su fe, que
quiere enseñar en nombre de la Iglesia la Buena Noticia de la salvación de Dios que se ha manifestado en Cristo y su Evangelio; es un profesor que quiere
transmitir la realidad viva de Dios, que posibilita la dignidad, grandeza, verdad y libertad del hombre, es decir su salvación, y que le hace protagonista
en la construcción de su Reino y da sentido a su vida.

Como profesores de religión participáis de una manera específica de la misión evangelizadora de la Iglesia. La Iglesia ha sido elegida por Dios para continuar
la misión de Jesucristo, que no es otra que evangelizar, hacer presente y operante a Cristo y su Evangelio, para que el Reino crezca como el grano de mostaza
y transforme al hombre y a la sociedad.

Si ya por ser cristianos sois llamados y enviados a proclamar a Cristo y su Evangelio de palabra y por el testimonio de vida, como profesores de religión
sois elegidos y enviados por el Obispo para enseñar en nombre suyo y de la Iglesia. En vuestra misión proclamáis con vuestra vida, con vuestra palabra
y con vuestra especifica enseñanza la comunión con Dios en el seno de la Iglesia que os otorga esta dignidad de enseñar. En vuestra tarea trasmitís no
sólo conocimientos sino ante todo vida, la vida que hace posible ese proyecto que da sentido, dignidad y libertad. La naturaleza misma de la formación
religiosa católica y la naturaleza del profesor de religión, como cristiano católico elegido para participar en la misma misión de la Iglesia, exigen que
exista coherencia entre la vida y lo que se enseña.

La enseñanza de la religión católica se imparte en nombre de la Iglesia, que envía a través del Obispo. Ello implica no sólo que sus contenidos y métodos
respondan a la doctrina y moral católica, pero también que sea impartida desde una actitud y vida confesantes. El profesor de religión y moral católica
no imparte su propia enseñanza ni una formación entendida a su manera sino la enseñanza católica y la formación cristiana tal como la entiende la Iglesia
y la demandan los padres.

3. No se me oculta la situación harto difícil en la que debéis llevar a cabo vuestra tarea educativa. La palabra de Dios, que hemos escuchado, es fuerza
en la dificultad. Dios no se cansa ni fatiga, el reanima al cansado y reconforta al débil (cf. Is 40, 27-31). ‘La debilidad de Dios es más fuerte que los
hombres’, nos dice San Pablo. Porque la semilla de la Palabra siempre encuentra una tierra buena y da su fruto; la Palabra de Dios nunca vuelve vacía a
Él. Las enseñanzas de Jesucristo, su vida y su persona son fuente de valores, de vida y de cultura.

La educación y maduración en la fe y vida cristiana se realiza, de otro lado, por diversos cauces, entre los que destacan la familia, la parroquia y la
escuela; todos ellos, con objetivos y medios diferentes, han de ser convergentes en la acción educativa de niños, adolescentes y jóvenes. Cuando se prescinde
de una de estas vías, se producen vacíos, rupturas y desajustes lamentables en el proceso de maduración y de educación en la fe.

Ante una cultura que en muchos casos presenta antivalores erigidos como nuevos ídolos o referentes vitales, el anuncio del acontecimiento de Jesucristo
en la Iglesia, va contra corriente y exige una respuesta personal y comprometida. Ante los síntomas de debilitamiento de la fe, dudas y desorientación
en el camino, los testigos de la Palabra, -y vosotros y vosotras estáis llamados y enviados a serlo-, deben estar a la escucha de Aquel, que los envía:
El es la Palabra viva, la fuerza y la esperanza.

La enseñanza religiosa se enfrenta hoy a nuevos retos en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Lo que se nos pide es que la enseñanza en la
nueva evangelización no sea sólo hablar de Cristo sino en cierto modo hacerlo ver. En este sentido, la fe y la razón deben ir unidas al testimonio, a fin
de que la transmisión de la fe pueda ser personalizada y vivida. Del Evangelio emerge el rostro de Cristo que hoy debemos transmitir con la humildad y
disponibilidad de aquel que sabe que el hecho revelado y recibido en la comunidad de creyentes es gracia que viene del Padre.

Hoy es necesaria una propuesta de la fe que integre la fe y la vida, que dialogue con la cultura y que promueva una nueva síntesis que muestre la fuerza
humanizadora de la fe. Así se comprende que el anuncio de la fe debe ir unido a la educación del ser humano, para que el mensaje de la fe pueda ser acogido
en la vida, pueda generar cultura, y entre en la historia. La prioridad de la Iglesia debe centrarse, por ello, en el anuncio de Cristo. El mismo se presenta
ante el corazón y la libertad de todos como una compañía humana que se puede ver, tocar y escuchar, y que nos recuerda que la vida tiene un sentido y nos
llama a descubrir nuestra dignidad de hijos de Dios. La transmisión de la fe conlleva la renovación de la fe de los cristianos, redescubrir la sencillez
del mensaje de la fe y conquistar la verdadera libertad cristiana en un mundo que quiere imponer sus valores.

4. Jesús nos pide como a Pedro: “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar” (Lc 5,4). Puede que como Pedro seamos escépticos, en la situación cultural
que nos encontramos. Pero, como Pedro, decimos esta tarde: “puesto que tú lo dices, echaremos las redes” (Lc 5,5). Volvamos nuestra mirada al Señor, confiemos
en su palabra y en su presencia en medio de nosotros. El os dice esta tarde: “remad mar adentro” y “echad de nuevo las redes” en vuestra hermosa tarea
de anunciar a Cristo y su evangelio en la escuela: Cristo y la Iglesia os llama y os envía. Frente a cansancios y temores, ante una situación religiosamente
adversa o simplemente indiferente a la propuesta del Evangelio, acojamos la invitación del Señor, fiémonos de su palabra y se hará posible lo que humanamente
parece impensable. Fiados de su palabra avivemos nuestra confianza en Él y retomemos el aliento necesario para el camino.

¡Que Santa María, la Virgen, que supo acoger con fe y obediencia la Palabra de Dios y transmitirla a los demás sea vuestro modelo en vuestra misión! ¡Que
ella os aliente, os conforte y os proteja! Amén.

Droga, alcohol y sexo.

Boletín 1 de la Comunidad de Jóvenes Católicos
Feliz año 2010
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net


Eliminar la “excesiva seguridad en nosotros mismos, la presunción de conocer perfectamente la realidad” dejándose, por el contrario, contagiar de la alegría de la Verdad, y dejarse tocar por un Dios “que nos espera entre los pobres, el único camino del amor que puede transformar al mundo”.

Benedicto XVI en la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor.








Estimados amigos:

Con gusto les comunicamos que a partir de esta fecha les estaremos enviando un artículo por semana. Esperamos sus comentarios y sus sugerencias.


Caminos equivocados

Comenzamos propiamente nuestra expedición.

Nos toca explorar en este momento un paraje difícil y hasta peligroso. Entramos en el terreno de las falsas felicidades. En cualquier momento de la vida nos podemos topar con alguna de ellas…

¿Tomamos un guía? Creo que nos conviene. Podría ser mi viejo amigo, el del hospital, ¿te acuerdas…? Él desperdició su vida en falsas felicidades. Se desvivió en cosas que no saciaron su sed de felicidad. Y después de todo, sólo obtuvo una felicidad aparente y falsa. Terminó invadido por la tristeza, la amargura y la insatisfacción.

Ya ves, la vida de ese joven nos ofrece algunas pistas valiosas: la droga, el alcohol y el "sexo" son falsas felicidades. Comprobemos si es verdad.


La alucinación de la droga

La droga es uno de esos oasis de alucinados. Hacia él se precipita vertiginosamente cada día más gente. El número de los que engrosan las filas de la adicción a la droga se infla día a día. Es para quedarse pasmado. Sin ir más lejos; ya hasta nos resulta lo más normal que, en determinados lugares de la ciudad en la que vivimos, estén tirados, como las hojas secas de los árboles, grupos cada vez más numerosos de jóvenes con la jeringa en la mano. Esto, como suelen repetir -hasta cansarnos- nuestros mayores, era inconcebible hace algunos años.

Pero, oye: todos esos jóvenes (quizá compañeros tuyos y míos) ahí postrados, se engancharon a la droga, embobados por la alucinación de la curiosidad. Todos cedieron ante el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Y la mayoría iniciaron por poca cosa… algo "sin importancia" -como muchos creen-. "Al fin y al cabo, -ellos mismos afirmaban hace unos meses- fumarse un par de `porros´ de vez en cuando es totalmente inofensivo…". "Además -añadían muy seguros de sí mismos-, lo puedo dejar en cuanto yo quiera".

Por desgracia, a todos los amigos que hace tiempo oí asegurar eso, los he visto uno a uno ir sucumbiendo cada vez más irreversiblemente en el vicio asesino de la drogadicción. Y ahí yacen ahora, esclavizados por esa cadena de la que posiblemente nadie podrá librarlos.

Y no hago teoría. No trato de repetirte el típico sermón contra la droga. Ya bastante saturada de teorías tenemos nuestra mente. No puedo gastar mi tiempo y el tuyo en simples sermones o tejiendo ideas ya trilladas, y carentes muchas veces de utilidad.

Yo no puedo reducir a una simple reflexión moralizante el tema de la droga. Fíjate, aún en el caso de haberlo querido, me sentiría incapaz de hacerlo. Porque tengo amigos que, en este preciso momento, están sufriendo los fatídicos efectos de la drogadicción. Y ésto no me es indiferente.

Te refresco aquellas palabras de mi viejo amigo. Repásalas con atención, y luego dime si se trata de simple teoría o del mismo rollo de siempre.

"Poco tiempo después la heroína llegó a ser tan vital para mí como mi propia existencia. Cuando comencé a tratar de vivir sin ella, me ocurrían cosas terribles. Me ponía muy nervioso y no paraba ni un instante de tiritar. Me asaltaban continuas tandas de frío y luego de calor. Vomitaba durante horas hasta no expulsar más que sangre. Los calambres me recorrían el cuerpo por las piernas y la espalda y me hacían rodar por el suelo a causa del dolor. Me subía y bajaba el ritmo respiratorio, la presión y la temperatura. También tenía repentinas contracciones musculares, diarrea, me ardían los ojos… Te prometo que quería morirme…".

Permíteme completar la escena con algunos datos más, recogidos en la descripción de un doctor con bastante experiencia en estos casos. Comenta este médico, al hablar del drogadicto con síndrome de abstinencia, que la cantidad de agua que segrega por los ojos y por la nariz es enorme, al igual que la cantidad de fluido expulsado proveniente del estómago y de los intestinos. Y el sudor que emana su cuerpo es lo bastante abundante como para empapar la ropa de la cama y el colchón. Sucio, sin afeitar, despeinado, embadurnado con sus propios vómitos y excrementos, el toxicómano presenta en esos momentos un aspecto casi infrahumano. Sin comer y sin beber, adelgaza rápidamente y en veinticuatro horas puede perder hasta cinco kilos. La debilidad en la que se ve abatido puede llegar a impedirle incluso levantar la cabeza. Por eso no es extraño que muchos médicos, llegado este momento, teman por la vida de sus pacientes… ¿Pura teoría esto? No. Pura realidad, y muy cruda. ¿No te parece?

Y todos esos infortunados están donde están porque pensaron hallar en la alucinación de la droga un vergel de bienestar y felicidad. Pero claro, tarde o temprano, como en toda alucinación, despiertan de repente a la cruda realidad de su situación: un cuerpo destrozado, envejecido prematuramente, disminuido notablemente en todas sus capacidades. Y, lo que es peor, un interior vacío, sediento más aún de esa sed de felicidad que la droga no pudo aplacar en lo más mínimo. Han desperdiciado su vida y con ella la posibilidad de alcanzar algún día su ansiada felicidad, la verdadera.

¿Qué más puedo decirte sobre esto? Pues, nada, que no te alucines ante la droga, que no seas tonto. Mira dónde están yendo a parar tantas vidas jóvenes como la nuestra por lanzarse hacia esa alucinación. Encauza la insaciable curiosidad, propia de nuestra edad, a lo seguro, a lo fiable. Mira el ingente mal que la droga causa a tu alrededor. Esto debería bastarte para no caer en el mismo error. Así te ahorrarás un día el tener que arrepentirte cuando quizá ya sea demasiado tarde…


El espejismo del alcohol

Una palabra sobre el alcohol. Si te soy sincero, a mí me da mucha lástima el constatar cómo, durante una fiesta normal, o en una noche ordinaria de discoteca, un buen porcentaje de los chicos y también de las chicas terminan borrachos, tal cual. ¡Con lo genialmente que uno se puede divertir sin necesidad de emborracharse! Pues nada; todos creen llegar a ser muy felices así.

Pero, pensándolo bien, por muy alegre que uno se ponga después de empinar el codo más de la cuenta, no se puede identificar esa "alegría" (propia del borracho) con la felicidad a la que me estoy refiriendo.
Estar "alegre", bajo los efectos de unos cuantos `inocentes´ o `cubatas´, no equivale a haber encontrado la verdadera felicidad. Si así fuese, ser feliz estaría "chupao" (como dicen los niños).

La felicidad no consiste en evadirse por unas horas de la realidad personal a través de la puerta del alcohol. La alegría que proporcionan unas copas de más se esfuma a la vuelta de unas horas. Aunque la resaca quizá un poco más tarde…

No creo que el estar como una cuba eleve y dignifique mucho a una persona. Mas bien al contrario. Cuanto más se te sube el alcohol, más se rebaja tu honor y dignidad. Porque mientras te dura la "mona", no entiendes, no razonas, no eres dueño de ti mismo. Puedes llegar a hacer barbaridad y media. Y eso desdice mucho de la dignidad de una persona humana normal.

Además, echa un vistazo a tu alrededor y advierte (si es que aún no has podido hacerlo) las consecuencias inmediatas que lleva consigo el abuso del alcohol. Anda, pregúntale a un médico cualquiera cómo trata el alcohol en exceso a algunos de nuestros órganos más importantes, como el hígado. O cuestiónale a un neurólogo lo saludable que es para el cerebro saturar con frecuencia nuestro organismo con bebidas alcohólicas. Infórmate un poco en algún hospital a cuánto asciende cada año el número de enfermos graves y de muertes a causa del alcoholismo.
Hace poco leí en una revista científica que el alcohol, en un país como Italia, mata más de 20 mil personas cada año. Se dice rápido, pero ese dato atestigua que el alcohol se ha convertido en uno de los principales asesinos de nuestra época. Mata al año diez veces más que la mafia, el terrorismo y la droga juntos.

Otra cosa. Es impresionante pensar cuántas tragedias se ocasionan continuamente en el mundo sólo porque alguno llevaba encima unas copas de más. Cuántas riñas tontas han terminado siendo infames homicidios porque uno de los contendientes -o ambos- estaban bebidos. Cuántos accidentes automovilísticos mortales sólo porque a quien estaba al volante se le habían pasado las copas (y las noches de los sábados de cada fin de semana me dan toda la razón en esto). Cuántos dramas familiares sólo porque este vicio ha hecho presa en alguno de los miembros de la familia. Cuántos niños vienen al mundo deformes, retrasados o con otras enfermedades o deficiencias precisamente por el alcoholismo de sus padres.

En fin, estando así las cosas, no sería un acierto afirmar que el alcohol en exceso conduce a la verdadera felicidad. El abusar del alcohol nos rebaja moralmente y nos destruye físicamente. La moraleja es obvia. Sácala tú mismo.


El barrizal del "sexo"

Como ves me he estoy atreviendo a meterme con el "sexo". Pero, tranquilo, no te inquietes. Me refiero a un tipo muy concreto de sexo. Por eso lo he puesto entre comillas.
Hablo de un "sexo" comparable a una de esas charcas turbias y semipodridas que pueden presentársenos a la vera del camino de la vida. Siempre, por supuesto, bajo apariencia de pozo o venero de agua pura y fresca, fuente de felicidad.

Y para que no me entiendas mal, empiezo afirmando con pleno convencimiento, que el sexo, en sí, es algo genial, querido por Dios para el hombre. Y personalmente (no tengo ningún reparo en decírtelo), creo que pocas cosas hay en este mundo tan maravillosas como la relación de amor auténtico y que une de un modo tan íntimo y profundo a un hombre y a una mujer.

Pero amigo, lo que no es tan maravilloso y laudable es el uso impropio que a veces las personas hacen de su capacidad sexual.

Los filósofos definen al hombre como animal racional. Según esto, lo propio de la naturaleza del hombre apuntaría no sólo a la animalidad, sino sobre todo, a lo racional. Por eso el hombre, a la hora de usar el sexo, debe hacerlo conforme a su razón, que es aquello que le distingue de los animales. Ésto si de verdad quiere hacer honor a su dignidad humana y respetarla.

Cuando, por ejemplo, un perro hace uso de su sexualidad, lo hace porque le sale instintivamente. No es capaz, -como debería serlo el hombre- de dominar esos instintos básicos. Su ley son los instintos, y por ellos se deja llevar.

Pero el hombre es más que un simple animal. Al menos yo personalmente así me considero y supongo que tú también. Por eso, si en el uso de la sexualidad, no hacemos más que dejarnos llevar de nuestros instintos naturales buscando únicamente nuestra satisfacción, nos estamos quedando en la animalidad. Es más, incluso estaríamos rebajándonos a algo aún peor que un animal. Nosotros lo hacemos libre y conscientemente, mientras que los animales no lo pueden hacer así. En definitiva, estaríamos minando nuestra misma dignidad humana.

Precisamente a ese "sexo" animalesco, que degrada al hombre y lo envilece, me estoy refiriendo ahora. Ese sexo desligado de todo amor auténtico y responsable, buscado únicamente por puro goce egoísta (que es lo más opuesto al verdadero amor). Ese sexo del que usa su propio cuerpo o el de otra persona como un mero objeto de placer, sin tener en cuenta su dignidad. Esa caricatura deforme de sexo, desenfrenado y brutal. Un "sexo" tremendamente mutilado en su finalidad más esencial e inviolable que es la de su apertura a una nueva vida.

Da pena reconocerlo, pero hoy en día se ha entronizado a este sucedáneo de sexo. Se nos invita a todos (especialmente a los jóvenes) de manera obsesiva y a toda costa a postrarnos ante él y rendirle culto. Y muchos así lo hacen.

Pero bueno, yo me pregunto qué alarga la generosidad de ese "dios sexo" para que sean tantos los que lo adoran con su conducta. ¿Es que de verdad otorga algo más que un placer de segundos? Pues, resulta que sí; y mucho más…

Nos regala unas amplias páginas de sucesos sembradas de abusos y violencias sexuales. Nos dona un sinnúmero de embarazos no deseados y sus consecuentes asesinatos o abortos. Nos ofrece una red cada vez más vil y desvergonzada del así llamado "tráfico de blancas" (o niñas obligadas a prostituirse). Nos gratifica con un copioso racimo de enfermedades venéreas. Nos recompensa con un elevado porcentaje de los actuales enfermos de SIDA. Total: casi nada… Vamos, que en regalos a la humanidad la providencia de este "dios sexo" no se queda nada corta…

Cuesta entenderlo, pero da la impresión de que nos tapamos los ojos. No queremos darnos cuenta de que ese tipo de comportamiento sexual nos está haciendo daño. Ese "sexo sin fronteras" o "amor libre" (como lo entienden algunos) nos va sometiendo a la esclavitud de nuestras pasiones y bajos instintos. Dejamos de ser dueños y señores de nosotros mismos. En pocas palabras: está deshumanizándonos.

Porque, oye, el tomar a una pobre criatura de 7 años y obligarla a ser el juguete sexual de todo el que llegue y tenga para pagar, es un atentado infame contra la dignidad de la persona. Como lo es el usar por la fuerza -y también sin ella- a alguien como un mero objeto de placer. Una persona nunca puede ser tenida por un simple objeto sin que venga a menos su dignidad.

De aquí que beber el agua de ese "sexo" contaminado nunca brindará la felicidad verdadera a nadie. Resulta impensable que una persona obtenga felicidad verdadera de aquello que la envilece, la encadena y la destruye. Igualmente es ilusorio pretender llenar una vasija que se resquebraja apenas toca su fondo el líquido destructor del que pretendemos llenarla.

Pasa de largo ante la fachada de felicidad de esos charcos. No pierdas el tiempo (el mejor quizá de tu vida) bordeando la orilla de alguno de ellos. No sueñes en lo que nunca te podrá ofrecer. No lo contiene.
No te dejes engañar. Toca y palpa lo que les ocurre a los que se precipitan hacia este tipo de sexo. Cuánta insatisfacción, desilusión y hastío en su interior, cuánto tedio y asco en sus ojos huidizos, cuánta perversión en sus intenciones, cuánta debilidad y enfermedad en su organismo. En vez de crecer, de llenarse y saciarse, se han vaciado y disminuido. Han salido perdiendo mucho y, a veces, todo.

Te recuerdo lo que escribía mi viejo amigo desde el hospital: "[…] sé por experiencia que el sexo sin amor auténtico, sólo por placer, acaba siendo para cualquiera una asquerosidad […] Así que también con el sexo me llevé un gran chasco. También aquí me equivoqué, apunté y disparé donde no debía. Te lo digo en serio, -aunque me cuesta-, no gano nada con mentirte. Terminé harto de esa vida asquerosa…".

En el fondo con esas palabras él nos está gritando que eso no es la verdadera felicidad. Nos está alertando para que no caigamos en el error de buscarla en ese tipo de sexo, como él lo ha hecho. Nos está pidiendo que aprovechemos de verdad la vida, sin desperdiciarla tirándola a ese cubo de basura.

La droga, el alcohol y el "sexo" no hacen felices de verdad a nadie. Al contrario, terminan destruyendo la felicidad.

Bienaventurada maldad.

BIENAVENTURADA MALDAD
 
    Bienaventurados los malos, porque por ellos sabrán los buenos volver a empezar.
 
    Bienaventurados los que odian, porque por ellos atendemos ahora al poder del amor.
 
    Bienaventurados los que olvidan, porque por ellos recordamos el origen, el camino y el dolor.
 
    Bienaventurados los opresores, porque por ellos reconocemos el valor de la libertad.
 
    Bienaventurados los egoístas, porque por ellos aprendimos el valor de la bondad.
 
    Bienaventurados los soberbios, porque por ellos aprendimos el valor de la paz y la humildad.
 
    Bienaventurados los malos gobernantes, porque por ellos ahora hemos trazado el camino de la solidaridad.
 
    Bienaventurados los que no dan nada, porque gracias a ellos hemos aprendido a cultivar.
 
    Bienaventurados los tiranos, porque gracias a su maldad hemos templado el alma, la sonrisa y la caridad.
 
    Bienaventurados los que odian, porque gracias a ellos aprendimos a amar cada día más, a alegrar el día con pocas cosas, a ver el sol aún entre nubes, y a perdonar sin olvidar.  
 
    Bienaventurados los enemigos, porque gracias a ellos aprendemos el verdadero valor de la amistad.
 
    Bienaventurados los que intentan reinar en la oscuridad, porque gracias a ellos aprendimos a validar la luz, a reconocer las sombras, y a buscar la verdad.
 
    Bienaventurados los malos, porque todas estas lecciones, nos recuerdan siempre lo que "nunca debería pasar".
 
Autor Desconocido    
 
APRENDER
 
¿Qué cómo aprendí a vivir? y ¿Cuándo aprendí a querer?  ¿Qué cómo aprendí a sufrir?  ¿Cuándo? ¿Cómo?  No lo sé.
 
Aprendí a mirar las estrellas, alumbrando los sueños con ellas. A mirar los colores del viento y a sentir el sabor del silencio. Aprendí a encender ilusiones y a escuchar hablar los corazones, con palabras calladas, con matices de mil sensaciones. Cuando un día el dolor tomó mi mano, conocí de frente a la tristeza.  La pena y el llanto se marcharon, al sentir el amor y su grandeza. La soledad, querida compañera, la que con tanto miedo rechazaba, me mostró la paz y la armonía de los momentos que con ella estaba.  Comprendí, el sentido de la vida, viviendo el amor y la desdicha, sintiendo la alegría y la tristeza, conociendo lo breve de la vida.  Aprendí el valor de la paciencia, a calmar los vientos de mi ira, a llenar con mares de esperanza las zonas más oscuras de mi vida.  
 
Vivir es aprender a cada instante, de cada situación, de cada momento, de cada sensación, de cada injusticia o sin razón, del amor, del desamor, de la felicidad, de la infidelidad, de la protección, del abandono.  Hoy reímos, tal vez mañana lloramos, hoy estamos acompañados, tal vez el mañana nos encuentre solos, pero debemos pasar por todas las instancias, por todos los momentos, por todas las situaciones esperadas e inesperadas porque en cada una de ellas nos encontramos, aprendemos, crecemos, nos fortalecemos y día a día nos damos cuenta que somos nosotros los únicos que le podemos dar sentido a nuestra propia vida y eso sólo es posible si iluminamos las zonas que por momentos vemos apagarse dentro de nosotros encendiendo la luz de la esperanza.
 
Autor Desconocido    
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad;
              
Beatriz
Medellín - Colombia
semillasdevida@pymex.net
http://elistas.egrupos.net/grupo/semillas
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02/03/2011 00:29 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Bendecir la mesa.

BENDECIR LA MESA, UNA COSTUMBRE QUE AYUDA A QUE VUESTROS HIJOS VIVAN EN UN AMBIENTE CRISTIANO

Jorge Peñacoba

La Bendición de la mesa es una costumbre antiquísima entre los cristianos; y, antes, entre nuestros hermanos mayores, los judíos. En los relatos evangélicos se puede observar como el propio Jesús, nuestro Señor, lo hacía. No sólo en la última cena, sino que, por ejemplo, antes de multiplicar los panes, bendice al Padre, pronuncia la bendición de agradecimiento… Lo mismo hacen los discípulos, como se puede apreciar en el libro de Los Hechos de los Apóstoles y otros del Nuevo Testamento.

¿Qué significa bendecir algo o a alguien?

         Bendición, bendecir, es un término de raíz latina que significa decir bien, decir algo bueno sobre algo o alguien; desearle un bien (como maldecir es desearle un mal, cargar sobre él una mala palabra y el mal deseo que conlleva. También la lengua griega, en la que fue escrito el Nuevo Testamento tiene una palabra que significa lo mismo: eu-logein

         La Sagrada Escritura está transida de la alegría por las bendiciones de Dios, y exhorta muy a menudo a bendecir a su vez al Autor de todo nuestro bien: ‘Bendecid al Señor sus Ángeles todos, bendecidle, hijos de los hombres: todo ser que alienta bendiga al Señor...’, dice el Cántico de los Tres Jóvenes.

         Una de las Cartas de san Pablo comienza con esta explosión de alegría: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la creación del mundo, para ser santos e sin mancha en su presencia por el amor” (Ep. a los Efesios, cap. 1)

         En realidad es Dios quien nos bendice con su Amor. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don ("bene-dictio", "eu-logia")… Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición.

‘Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la
bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo’ (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1671).

 La Bendición de la mesa o los alimentos

         La bendición de la mesa es una acción de gracias y una sencilla petición, que sigue la estela del Padrenuestro,  la oración que Jesús nos enseñó, donde pedimos: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’, recordando así la procedencia de esos y de todos los bienes -vienen de Dios- que nos deleitan y nos alimentan, y que son completamente necesarios para el hombre.

         Al recordar que vienen de Dios y son para todos, nos alienta a hacer de nuestra parte todo lo que podamos para que a nadie le falten, empezando por la personal moderación en su uso; moderación que debe ser sincera y alegre, y que es señal de que no ponemos en la acumulación y goce de esos bienes fungibles la clave de nuestra felicidad.

         Hay algunas fórmulas de bendición muy ricas de contenido, otras muy sencillas (‘Benedictus benedicat’: ‘que el Bendito nos bendiga’, por ejemplo)  o incluso un tanto infantiles (‘El Niño Jesús que nació en Belén bendiga estos alimentos y a nosotros también’). … Todas pueden ayudar, según las circunstancias y la costumbre de la familia de que se trate… aunque tal vez habría que prescindir de las que tengan un tono demasiado jocoso o incompatible con la idea de oración.

         Lo mismo cabe decir acerca de a quién corresponde en la casa hacer la bendición. En muchas familias es costumbre que lo haga la madre, que tal vez es la que los ha preparado y a la que todos miran esperando (y agradeciendo) que cuide de todos de ese modo tan maravilloso. O el padre, como cabeza de familia. No faltan hogares en que de buena gana se le pide al más pequeño que dirija la bendición, como signo del respeto y cariño a los niños que Jesús enseñó; o que la hacen por turno los hijos… Lo importante en cualquier caso es que es una oración familiar, un detalle que hace brillar el carácter cristiano de aquel hogar.

 Algunas sugerencias prácticas

         Es frecuente en la actualidad que los miembros de la familia coman a distintas horas o en distintos sitios, o que la cena sea poco más que un asunto que cada uno se despacha por su cuenta… Pero siempre hay algunas comidas especiales; tal vez el domingo, o la comida en casa de la abuela… Se le puede dar un valor especial precisamente con la bendición

         También es buena cosa enseñar a bendecir incluso cuando uno come sólo. De ese modo se adquiere el hábito de vivir en presencia de Dios con sencillez a lo largo del día, y no sólo, por ejemplo, en el templo

         Hay quien, para fomentar la costumbre entre los más pequeños, escribe en un papel la fórmula, de un modo más o menos artístico, y lo pone en un imán de la nevera, o en una cartelita para que pueda leerlo en voz clara aquel que le toca ese día…

         Os adjuntamos algunas fórmulas. La primera es la que se recoge en los bendicionales de la Iglesia. Que lo disfrutéis.

                               Fórmulas para la bendición de la mesa

Bendición


  V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar.

  R. Amén.

  V. El Rey de la gloria eterna nos haga partícipes de la mesa celestial.

  R. Amén.

 Acción de gracias

 V. Te damos gracias por todos tus beneficios, omnipotente Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 R. Amén.

 V. El Señor nos dé su paz.

 R. Y la vida eterna. Amén.

          Hay otras muchas fórmulas. Se adjuntan algunas, tanto de bendición antes de comer como de acción de gracias al terminar.

BENDICIÓN AL COMENZAR

 1. En el nombre del Padre...

 Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a tomar para mantenernos en tu santo servicio. Amén.

 2. Bendícenos, Señor, y bendice nuestros alimentos.  Bendice también a quienes nos los han preparado,  y da pan a los que no lo tienen.

 3. Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan Bendice a quienes lo hicieron  y haz que juntos lo comamos en la mesa celestial.

 4. Porque me das de comer, muchas gracias, Señor. Sé que hay muchos hombres que hoy no comerán...  Danos a todos el pan de cada día.

 --------------------------------------------------------------------------------

 ACCIÓN DE GRACIAS AL TERMINAR

 1. Te damos gracias, Señor, por el alimento que nos has dado; haced que de él nos sirvamos siempre para nuestro bien.

 2.   Gracias por todos tus dones. Que el Rey de la eterna gloria nos haga partícipes de la mesa celestial. Amén.

 3. Gracias, Señor, porque, de nuevo, hemos podido alimentarnos con los dones que Tú generosamente nos das. Señor, que no haya más hambre en el mundo.

 4. Te agradezco, Señor, esta alegría de la mesa: el alimento y la compañía de los míos. Bendice siempre a esta familia y a quienes no tienen ni hogar ni pan.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2011 00:31 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Aspectos poco conocidos del Pontificado de Juan Pablo II.

Nota: Este artículo no está completo.

Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net
1978-2005: aspectos poco conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo II
El trabajo de Juan Pablo II
 para la custodia del depósito de la fe
y la preservación de la disciplina eclesiástica
 
1978-2005: aspectos poco conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo II
1978-2005: aspectos poco conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo II
1979 -
Enero. Puebla. Juan Pablo II condena la «Teología de la Liberación», herejía de corte marxista que confunde la liberación política, económica y social,
con la salvación en Jesucristo.
Febrero. La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) amonesta al P. Bernard Häring, sacerdote redentorista, por su oposición abierta a las enseñanzas
de la Humanae Vitae.
La CDF amonesta al dominico francés Jacques Pohier y le prohíbe presidir asambleas litúrgicas y enseñar públicamente, por su visión ambigua y engañosa
acerca de Dios y la Eucaristía.
En USA, reitera a la representante de las religiosas estadounidenses la enseñanza de la Iglesia con respecto al sacerdocio femenino.
Octubre. Les recuerda a las religiosas, la importancia de usar de manifestar su consagración también externamente, mediante el uso de un hábito religioso
sencillo y adecuado.
Diciembre. La CDF amonesta al teólogo holandés Edward Schillebeekx por sus proposiciones ambiguas en materia cristológico que él se niega a rectificar.
El 15 de diciembre, la CDF declara que "El profesor Hans Küng [suizo-alemán] ha dañado en sus escritos, la integridad de la verdad de la fe católica, y
por lo tanto ya no puede ser considerado un teólogo católico y no puede, como tal, llevar a cabo la tarea de enseñar. "

1980
Enero. El Papa corrige, en Holanda, algunas ambigüedades y exageraciones del llamado “Consejo pastoral de los Países bajos” en cuanto a la Eucaristía,
la confesión, el sacerdocio, la catequesis y el ecumenismo.
Octubre 14. La CDF re-establece, en una Carta Circular, las normas para la dispensa del celibato sacerdotal y la reducción al estado laical de sacerdotes
que dejan el ministerio.
Noviembre 20. La CDF vuelve a amonestar al P. Edward Schillebeekx, haciéndole ver que no ha rectificado sus ambigüedades cristológicas.

1981
Febrero 17. La CDF interviene para corregir los errores difundidos en la “Declaración de la Conferencia de Obispos de Alemania” con respecto a la afiliación
de católicos a organizaciones masónicas y ratificando la pena de excomunión a los mismos.
Octubre. Nombra a un delegado de su confianza para socorrer a la Compañía de Jesús en el discernimiento y que, dejando las desviaciones, regrese al seguimiento
de su carisma original.
Noviembre. En la exhortación apostólica Familiaris Consortio, confirma las enseñanzas de la Humanae Vitae con respecto a la inmoralidad de la anticoncepción
y ratifica que los divorciados vueltos a casar no pueden tener acceso a la Eucaristía, a menos que decidan vivir como hermanos.

1982
Marzo 27. La CDF interviene para corregir ambigüedades y lagunas en materia de ecumenismo, que habían quedado plasmadas en el Informe Final de la Conferencia
Internacional Anglicana-Católica Romana
Junio 29. El Papa escribe a los obispos de Nicaragua para condenar la llamada”Iglesia Popular”, ligada a las comunidades de base y fuertemente impregnada
por la Teología de la Liberación.
Agosto 23. Erige la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei

1983
Enero 25. Promulga el nuevo Código de Derecho Canónico, impregnado de una renovada misericordia disciplinaria.
Marzo. Managua. Reprueba públicamente al P. Ernesto Cardenal quien se ha afiliado al gobierno sandinista (feroz régimen socialista). Resiste impávido los
gritos de «las madres de la revolución» durante la misa y, valientemente, reitera su firme condena a la Iglesia popular y al falso ecumenismo de los cristianos
que se comprometen en el proceso revolucionario.
La CDF consigue que Sor Agnes Mary Mansour abandone la congregación de las Hermanas de la Misericordia debido a su activismo en pro del aborto. Será el
primero de una larga serie de abandonos de religiosas atrapadas por el espíritu modernista.
Envía al Arz. de Washington, en su representación, a hacer una visita apostólica a Mons. Raymond Hunthausen, arzobispo de Seattle, para verificar su errónea
posición ante el desarme y la evasión fiscal.

Noviembre 26. La CDF, debido a algunas interpretaciones malintencionadas del nuevo Código de Derecho Canónico, que ya no contiene la palabra “masonería”,
responde confirmando que la fe católica y la masonería son incompatibles y que los cristianos que pertenezcan a logias masónicas están en pecado grave
y excomulgados.

1984
La CDF revisa la obra del teólogo de la liberación peruano Gustavo Gutiérrez por estar fuertemente influenciada por el marxismo.
Junio 13. La CDF pide, una vez más, a Edward Schillebeeckx su adhesión a la doctrina católica del sacerdocio.
Agosto 6. Con la Instrucción Pastoral Libertatis Nuntius la CDF condena una vez más La Teología de la Liberación de corte marxista.
Septiembre 7. La CDF convoca al teologo de la liberación brasileño, Leonardo Boff, para llamarle la atención por su adhesión a la ideología marxista.
Los obispos peruanos son convocados a Roma para hablar de los daños de la Teología de la Liberación.
Diciembre. El general de los jesuitas, el P. Peter Hans Kolvenbach, expulsa de la orden al P. Fernando Cardenal (hermano de Ernesto) por participar en
el gobierno socialista nicaragüense como ministro de educación.
Diciembre 2. Con la exhortación apostólica Reconciliato et paenitentia el Papa recuerda la praxis correcta del Sacramento de la Penitencia y condena absolutamente
el abuso de la confesión comunitaria como medio ordinario para confesarse.

1985
· La CDF llama al P. Gyorgy Bulany, sacerdote húngaro, miembro de las comunidades de base, para reprenderlo por su postura como partidario de la objeción
de conciencia al servicio militar, que él considera algo malo en sí. Los escritos del P. Bulany ya habían sido vetados por la CDF.
· Marzo 11. La CDF publica un anotificación para decir que Las opciones del P. Leonardo Boff en su libro "Iglesia, Carisma y Poder" están tan errados que
pueden poner en peligro la sana doctrina de la fe.
· Algunas congregaciones católicas, fieles a la ortodoxia cristiana, reportan a la CDF algunas desviaciones de los Carmelitas Descalzos.
· El polémico obispo brasileño, Dom Helder Cámara, es reemplazado por Mons. Cardoso Sobrinho, quien tuvo que hacer una profunda reestructuración de la
diócesis enfrentándose a rebeliones por parte de maestros, sacerdotes y religiosas fuertemente influenciados por la teología de la liberación.
· Abril 9 al 13. Congreso de Lorteo de la Iglesia italiana. La intervención del Papa marca el inicio de un camino de renovación profunda en la iglesia
de Italia, para adecuarla a la necesidad de una Nueva Evangelización.

1986

· Marzo 22. La CDF publica la Instrucción «Libertatis Conscientia su Libertà cristiana e liberazione» como una nueva alerta a la influencia marxista de
la Teología de la Liberación en la pastoral.
· Septiembre 15. La CDF emite una Notificación avisando que la concepción del ministerio sacerdotal mostrada por el profesor Schillebeeckx está en desacuerdo
con la enseñanza de la Iglesia.
· Julio 25. La CDF declara al teólogo estadounidense, Charles Curran, como "no apto para enseñar la teología católica" por su postura crítica ante la Humanae
Vitae y por ser simpatizante de "la legitimidad de la disidencia".
· El Arz. de Seattle, Mons. Raymond Hunhausen, escribe una carta a sus sacerdotes avisándoles que renuncia, por indicación de la Santa Sede a su poder
pastoral hacia el tribunal diocesano, la liturgia, la formación del clero,los sacerdotes que han dejado el ministerio y otras cuestiones morales.
·Octubre 1o. Sale a la luz la valiente Carta Pastoral Homosexualitatis problema que pone de relieve que la inclinación homosexual es objetivamente desordenada
y que de ninguna manera puede ser moralmente aceptable el ejercicio de la sexualidad entre personas del mismo sexo. Esta carta desencadenó una violenta
campaña de denigración hacia el Card. Ratzinger.

1987
· El abad de la basílica de San Pablo extramuros, el P. Giusseppe Nardin, es llamado a dimitir y retirarse a un lugar de oración como resultado de las
observaciones sobre su colaboración con el antiguo abad, Giovanni Franzoni, fundador de la Comunidad de base de San Pablo, afiliado al partido comunista.
· La CDF pide a Mons. Mattew Clark, de la diócesis de Rochester, que retire el imprimatur a un muy desviado manual sobre educación sexual para padres de
familia.
· Abril. El Card. Joseph Tomko, prefecto del dicasterio para la Evangelización de los pueblos, pide al padre comboniano Alex Zanotelli que renuncie a la
dirección de la revista Nigrizia. El P. Zanottelli le había dado a la revista una tendencia fuertemente socialista y ya no quedaban en ella rastros de
su carácter misionero de origen.
· La Congregación para los religiosos corrige a la Orden de los Capuchinos de algunas interpretaciones erróneas del Concilio Vaticano II acerca de una
supuesta "igualdad de oportunidades" para los sacerdotes seculares y los religiosos.

1988
· Por orden de la CDF, fueron retirados de la enseñanza universitaria los padres jesuitas José María Castillo y Juan Antonio Estrada. También el claretiano
Benjamín Forcano es retirado de la dirección del periódico "Misión Abierta" por sus desviaciones y alejamiento de la recta doctrina.
· Junio 2. La Congregación para el Culto divino reafirma que de ninguna manera es aceptable que se celebre el Sacrificio Eucarístico en ausencia de un
sacerdote válidamente ordenado.
· Junio 28. Con la Constitución Apostólica Pastor Bonus el Santo Padre hace una reorganización completa de la Sede Apostólica de Roma, dándole un nuevo
impulso.
· Julio 1o. La CDF publica la "Profesión de Fe" y "El juramento de fidelidad" recordando el deber de obedecer, en conciencia, a todo el contenido transmitido
por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, a la verdad sobre la doctrina que resguarda la fe y las costumbres, a las enseñanzas del Papa y
del colegio episcopal cuando ejercita su Magisterio auténtico.
· Julio 1o. La Congregación para los obispos publica el decreto Dominus Marcellus Lefebvre en el que comunica el castigo de excomunión por cisma al arzobispo
tradicionalista junto con sus seguidores.
· Julio 2. El Papa publica el Motu Proprio Ecclesia Dei hablando de Lefebvre y de la necesidad de iluminar la continuidad que debe existir entre el Concilio
y la Tradición.
· Agosto 15. En la carta apostólica Mulieris dignitatem, el Papa reafirma el dogma de la ordenación sacerdotal reservada a los hombres.
· El Nuncio Apostólico en Brasil, Mons. Carlo Furno, entrega una carta a Mons. Pedro Casaldáliga, obispo de San Félix, amonestándolo por su simpatía hacia
la teología de la liberación y limitando sus competencias pastorales. El obispo, con ropa de guerrillero, se niega a recibir la carta.

1989
Enero 6. 163 teólogos y teólogas de habla alemana firman la "Declaración de Colonia" en la que cuestionan el deber de obedecer a la Sede apostólica en
algunas verdades fundamentales de la fe, las enseñanzas de la Humanae Vitae y pidiendo que los obispos sean elegidos de manera democrática, por votación
popular. El Santo Padre responde punto por punto a los rebeldes rechazando cada una de sus propuestas.
· La Santa Sede veta la publicación y difusión del libro que contiene las actas del "Congreso de moralistas católicos" llevado a cabo en Roma en abril
del 88. El libro contiene un informe redactado por el P. Bernard Háring, ya amonestado por la CDF debido a su oposición a las enseñanzas de la Humanae
Vitae.
· Por intervención directa de la Congregación para la Educación Católica, la Universidad Lateranense retira de la cátedra de Ecumenismo al profesor Don
Luigi Sartori por ser uno de los promotores de las ideas rebeldes de la "Declaración de Colonia".
· Marzo. El P. Eugenio Melandri, javeriano, deja, después de diez años, la dirección de la revista "Misión hoy" por petición del Card Tomko, prefecto de
la Congregación para la Evangelización de los pueblos, por haber adquirido la revista un enfoque totalmente político y socialista.
· Se le pide al jesuita Paul Valadier, director de "Estudes" que dimita de su cargo. Valadier fue uno de los 157 teólogos franceses que firmaron una carta
apoyando a los teólogos rebeldes de la "Declaración de Colonia"
·Noviembre. En la víspera de la Asamblea anual de la Conferencia de Obispos de USA, la CDF cancela de la agenda la discusión de un texto ambiguo que trataba
de "La responsabilidad del teólogo en la Iglesia"
· Don Vittorio Cristelli, director del semanario diocesano "Vita trentina" es obligado a dimitir de su cargo por haber publicado en el semanario la carta
en la cual 63 teólogos italianos manifiestan su adhesión a las ideas rebeldes de la "Declaración de Colonia".
· La Congregación para la Educación Católica clausura, en Brasil, el Seminario del Nordeste y el Instituto Teológico de Raficce, ambos fundados por Don
Helder Cámara, por las enseñanzas poco fiables que ahí se imparten.
· La Secretaría de Estado declara que ni la JOC (Juventud Obrera Cristiana)ni la JOCI (Juventud Obrera Cristiana Internacional) son reconocidas como interlocutores
legítimos de la Santa Sede. Esto se debió a la descarada politización de parte de ambos organismos.
· La Congregación para los Institutos religiosos se coordina con la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos) para encontrar la manera de preservar
a los Institutos de la influencia de la Teología de la Liberación.
· Septiembre 19. La CDF publica la Instrucción "I fedeli chiamati"recordando la obligación de una profesión pública de la fe de todos los que han sido
llamados a ejercer un oficio en nombre de la Iglesia.

1990
· Mayo 24. La CDF publica la Instrucción "Donum Veritatis" sobre la vocación eclesial del teólogo con la intención de resolver malentendidos y ambigüedades
difundidas a raíz de las diversas manifestaciones recientes de los teólogos rebeldes.
· La Congregación para la Educación Católica pone el veto a la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo por haber otorgado el grado honoris causa
al obispo de Milwakee, Rembert Weakland, reconocido por sus interpretaciones erróneas del Concilio Vaticano II.

1991
· La Sede apostólica remueve de su cargo al obispo mexicano de Oaxaca, Mons. Bartolomé Carrasco Briseño, comprometido con algunos grupos extremistas de
la Teología de la Liberación.
· La Santa Sede encomienda a la Conferencia Latinoamericana de Religiosos que haga una verificación en todos los Institutos de la infiltración que hay
en ellos de las ideas de la Teología de la liberación.
· Se inicia la revisión del contenido de la Biblia Estampada de Ediciones Paulinas, Brasil, por haber estado apoyada por algunos teólogos de la liberación.
· Visita y acompañamiento a "Vozes" la pubicación católica más antigua del Brasil que tiene como director al franciscano Leonardo Boff. El religioso, coherente
con sus ideas revolucionarias, prefiere dejar la revista y la orden franciscana al año siguiente, antes de retractarse de sus errores.
· Por indicación de la Congregación para la educación católica. el Card. Aloiso Lorscheider, arzobispo de Fortaleza, exige la renuncia de tres curas casados
que enseñaban en el Instituto Teológico y Pastoral de la ciudad brasileña.
· La Santa Sede prohíbe la enseñanza al sacerdote psicoanalista tedesco Eugen Drewermann, cuya obra está plenamente viciada por las tesis anti-científicas
del psicoanálisis, así como de críticas injustificadas al celibato sacerdotal y la organización eclesiástica. Poco después también es vetado para la predicación.
En concordancia con su forma secularizada de pensar, el teólogo rebelde deja el sacerdocio en marzo.

1992
Enero 31. La CDF condena una obra del teólogo moralista canadiense André Guindon, en el tema de la sexualidad, por contener graves disonancias, no sólo
con las enseñanzas recientes del Magisterio, sino con toda la doctrina tradicional de la Iglesia.
· La Orden de los dominicos expulsa al P. Mattew Fox, quien ya había sido reprendido por la CDF por su rebeldía ante las enseñanzas de Cristo respecto
a la moral sexual.
· La Santa Sede declara "fuera de lugar" (que no se discutirá más) la propuesta de Mons. Rembert Weakland, arzobispo de Milwakee, de ordenar sacerdotes
a hombres casados en caso de extrema necesidad.
· Mayo 28. Con la Carta "Communionis Notio" la CDF repropone la doctrina católica frente algunas exageraciones en el tema de la colegialidad episcopal.
· La Santa Sede sugiere una revisión del Nihil Obstat a la obra del sacerdote dominico Phillipe Denis, de la Facultad de Teología de Estrasburgo, por presentar
en ella argumentos falsos en contra del Opus Dei.
· Abril 22. La oficina de prensa del vaticano da a conocer la declaración final del Congreso para la Familia, organizado por Mons López Trujillo. En ella
se reafirma que la anticoncepción corrompe la intimidad conyugal y que la comunidad cristiana debe oponerse a la legalización del divorcio.
· Julio 10. Tres obispos alemanes, entre ellos el Card. Karl Lehman, firman una carta conjunta en la que declaran que si un divorciado vuelto a casar sabe,
en conciencia que su anterior matrimonio está irremediablemente destruido, entonces puede acercarse a la Eucaristía. La CDF publica una carta negando la
legalidad de esta afirmación.
· Octubre 22. El Papa reafirma enérgicamente la ley del celibato sacerdotal para la Iglesia latina. "Debemos atrevernos a permanecer célibes y nunca rendirnos"
· Octubre 28. El Nuncio apostólico en México, Girolamo Prigione, anuncia la posible remoción de Mons. Samuel Ruiz de la Diócesis de San Cristóbal de las
Casas por sus ideas revolucionarias viciadas por la Teología de la Liberación y su franca rebeldía ante las amonestaciones anteriores.

El iphone y la confesion.

Boletín 55 de la Comunidad de Jóvenes Católicos
El Padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, rechaza el uso del i-Phone en el sacramento de Confesión
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net





El Padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, rechaza el uso del i-Phone en el sacramento de Confesión

El director de la Oficina de prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, interpelado por algunos periodistas aclaró dos cuestiones que recientemente están acaparando la atención de la opinión pública: la llamada confesión a través del iPhone y la preparación de un Motu Proprio del Pontífice sobre la transferencia de una competencia técnico -jurídica de la Congregación para el Culto Divino al tribunal de la Rota Romana.

En efecto, recientemente se ha hablado de una aplicación del iPhone que podría ser utilizada para confesarse. De allí la aclaratoria del padre Lombardi quien explicó- que para evitar equívocos- “es esencial entender bien que el sacramento de la penitencia requiere necesariamente la relación de diálogo personal entre el penitente y el confesor y la absolución por parte del confesor presente. “Esto -subrayó el portavoz vaticano- no puede ser substituido de ninguna manera, por cualquier aplicación informática. Por lo tanto, recalcó que “de ninguna manera se puede hablar de “confesión por iPhone”.

No obstante, el padre Lombardi explicó “que en un mundo en el que muchas personas utilizan soportes informáticos para leer y reflexionar -por ejemplo, textos para rezar- no puede excluirse que alguien reflexione en preparación a la confesión ayudándose con instrumentos digitales, como en el pasado se hacía con textos y preguntas escritas en folios de papel, que ayudaban a examinar la propia conciencia. En este caso -agregó-, se trataría de un subsidio pastoral digital que alguien podría encontrar como útil sabiendo bien que por nada del mundo es un sustitutivo del sacramento. Y para cerrar este argumento, advirtió que “naturalmente es también importante que exista una verdadera utilidad pastoral y que no se trate de un negocio alimentado por una realidad religiosa y espiritual importante como un sacramento”.

La empresa Little iApps ha creado una aplicación para el teléfono iPhone, la tableta iPad e iTouch (música) llamada "Confession", para ayudar a los católicos en el sacramento de la reconciliación. Según la agencia EFE, cuesta 1,59 euros y permite prepararse para la confesión a través de la pantalla del aparato, con preguntas, algunas muy íntimas, sobre actitudes y acciones personales.

¿Quieres ser feliz? Meditacion sobre las Bienaventuranzas.

¿Quieres ser feliz?
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino estará pleno de sol.
Autor: Juan Rafael Pacheco | Fuente: Catholic.net




Hay quien piense que para ser feliz basta con ser Bill Gates o Carlos Slim, o quizás llamarse como un artista famoso. Sin embargo, ser feliz no es nada fácil. Parece mentira, pero es así. Ahora bien, todo depende de uno mismo.

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla.

Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida.”

Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida, sin haber logrado encontrar la felicidad, se dijo:

"Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean."

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días encontró que, dentro de sí mismo, en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.

Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como uno es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar... y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que la felicidad está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.

Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser Dios amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.
Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: “¡Cuánto gozamos con lo poco que tenemos, y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos!"

Ser feliz, es una actitud.

Todos conocemos las bienaventuranzas, esas palabras tan hermosas que nos dijo Jesús en el Sermón de la Montaña. Sin embargo, no todos conocemos y practicamos las Bienaventuranzas del Siglo XXI:


Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán portadores de alegría.
Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y con tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino estará pleno de sol.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán en lo imprevisible.
Felices los que saben callar y ojala sonreír cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el amor comienza a penetrar en su corazón.
Felices los que son capaces de interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, porque conocen el valor de la caridad.
Felices los que saben reconocer al Señor en todo lo que encuentran, porque habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.

Si tienes fe en Dios, asume el compromiso de ser cada día más bueno, más humilde, más justo, y podrás cumplir todos los compromisos adquiridos. Él te apoyará y nunca estarás solo, y serás feliz en esta tierra, y lo que es mejor, en la vida eterna.

02/03/2011 00:37 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Vivir sin alimentos. La importancia de leer la Biblia.

VIVIR SIN ALIMENTOS
Por el Hermano Pablo

Padecía de una enfermedad extraña, que tenía un nombre también extraño: Síndrome de Polipéptido Intestinal Vasoactivo. En otras palabras, era alérgico a toda comida. No podía ingerir ninguna clase de alimento. De hacerlo, sufriría terribles calambres y dolores intestinales.

Desde su nacimiento hasta su muerte, lo alimentaron por vía intravenosa. Sin embargo, creció hasta medir dos metros de alto y pesar noventa y cinco kilos. Pero a los veinte años de edad, la vida anormal de Jason White, de Texas, Estados Unidos, hizo crisis. Una mañana el joven amaneció muerto.

Vida extraña la de ese joven. Nunca comió dulces ni chocolates. Nunca ingirió frutas. Nunca probó ninguna carne, ni verduras ni pastas. Nunca se sentó a una mesa llena de sabrosas vituallas. Las delicias de la buena mesa no se habían hecho para él. O quizá él no estaba hecho para ellas. Gozó de muchos placeres en la vida, pero no el de la comida.

Esto mismo les ocurre, aunque en forma diferente, a muchas personas. Académicamente, hay muchos que pasan la vida entera sin alimentar su intelecto con las maravillas de la literatura. A éstos los llamamos analfabetos. Ya sea por injusticia o por desgracia, o simplemente por dejadez, nunca asistieron a una escuela. Y la maravilla y el deleite del lenguaje escrito no los disfrutaron ellos.

Moralmente, hay muchos que pasan la vida entera sin alimentar su alma con algún sentimiento bueno. Nunca beben ni comen de la justicia, de la decencia, de la moralidad, de la vida sana. Pueden comer de todo, pero de un sentimiento noble o de un pensamiento honesto, jamás se alimentan.

Espiritualmente, hay muchos que jamás dan a su corazón la única comida que alimenta el alma: la Palabra de Dios. Pueda que se alimenten de la literatura que circula por todo el mundo. Pueda que beban todas las filosofías inventadas por el hombre. Y pueda que prueben cuanta religión moderna los confronte. Pero nunca leen la Biblia.

Éstos llegarán al fin de su vida hartos de todo lo comestible que este mundo puede darles, tanto para alimentar el cuerpo como el intelecto. Pero su alma quedará al final anémica, raquítica, en absoluta inopia espiritual. Quedarán muertos, doblemente muertos.

La Biblia es el Libro de Dios para toda la humanidad. Es la única fuente del conocimiento de Cristo, la única que puede dar vida plena. Leamos la Biblia. Ella nos dará la fuerza espiritual sin la cual morirá nuestra alma.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2011 00:39 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. BIBLIA No hay comentarios. Comentar.

Mensaje Benedicto XVI 2011 y meditación Evangelios dominicales ciclo A.

Cuaresma

2011

«Con Cristo

sois sepultados

en el Bautismo,

con él también

habéis resucitado»

(cf. Col 2, 12)




 



Acción Católica General

Alfonso XI, 4 5º 28014 Madrid

www.accioncatolicageneral.es
acg@accioncatolicageneral.es



MENSAJE DEL SANTO PADRE

BENEDICTO XVI

PARA LA CUARESMA 2011

«Con Cristo sois sepultados

en el Bautismo,

con él también habéis resucitado»

(cf. Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comu­nidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definiti­vo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor1.

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y re­surrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo»2. San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la ma­yoría de los casos el Bautismo se reciba en la in­fancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comuni­ca al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «co­nocerle a él, el poder de su resurrección y la co­munión en sus padecimientos hasta hacerme se­mejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la exis­tencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cua­resma como momento favorable para experimen­tar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Va­ticano II exhortaron a todos los Pastores de la Igle­sia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal»3. En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sa­cramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nue­va en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espí­ritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser re­avivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven real­mente el Bautismo como un acto decisivo para to­da su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más ade­cuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cris­tiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisi­vos pasos en el seguimiento de Cristo y en la en­trega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La ba­talla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar con­ciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida4. Es una llamada de­cidida a recordar que la fe cristiana implica, si­guiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo te­nebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quie­re acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la diviniza­ción del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escu­chadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de be­ber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer do­mingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristia­nos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos inter­pela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nues­tro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la re­surrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de vol­ver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cris­to en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resu­rrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida so­cial, a la cultura, a la política, a la economía. Priva­do de la luz de la fe todo el universo acaba ence­rrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin espe­ranza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigi­lia de la Noche Santa: al renovar las promesas bau­tismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuan­do renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrec­ción de Cristo mediante el sacramento del Bautis­mo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al pró­jimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical5. Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conver­sión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cris­tiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muer­te; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reser­va para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el pri­mado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su mi­sericordia.

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Me­ditándola e interiorizándola para vivirla diariamen­te, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el ca­mino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspecti­va de la eternidad y de la trascendencia, simple­mente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitar-

nos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sin­cera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sa­cramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, mediante el en­cuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese mo­mento, para que ilumine y guíe todas nuestras ac­ciones. Lo que el Sacramento significa y realiza es­tamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cris­to de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen Ma­ría, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.

Vaticano, 4 de noviembre de 2010 BENEDICTUS PP. XVI.



9 de marzo - Miércoles de Ceniza

• Jl 2, 12-18 • “Rasgad los corazones y no las vestiduras”

• Sal 50 • “Misericordia, Señor: hemos pecado”

• 2Cor 5, 20-6, 2 • “Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable”

• Mt 6, 1-6. 16-18 • “Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”

 

1 Prefacio I de Cuaresma.


2 Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010.

3 Sacrosanctum Concilium, 109.

4 Cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25.

5 Cf. Enc. Deus caritas est, 12.


 


 

•   Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.




 



Guardaos de practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otro modo, no tendréis mérito delante de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando des limosna, no toques la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los hombres los alaben. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando des limos­na, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu li­mosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, que prefieren rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea todo el mundo. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando reces, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está presente en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ayunéis, no estéis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que los hombres no se den cuenta de que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escu­cho... Destaca aquellos aspectos del misterio de Jesucristo que mejor iluminan tu búsqueda personal y apostólica...

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. Pon ros­tro a personas concretas que desde la oración, la sencillez son fieles en la acción y compromiso por los más pobres, en la entrega y servicio al bien común.

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Para situar este evangelio

•    Hasta ayer estábamos de fiesta con los carnavales. Cambia hoy el panorama, al comenzar la cuaresma. En un contraste duro y radical pasamos de la charan­ga a la seriedad, del disfraz a la verdad de nuestra vida. Hemos disimulado la dureza del vivir, y ahora lo miramos de frente. Afrontamos con sinceridad aque­llo que realmente somos, nuestra “nada”.

•    El texto de hoy ocupa el centro literario y teológico del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), sobre todo la ora­ción del Padrenuestro, aunque se silencie aquí, ya que va a ser presentada, por separado, el martes de la primera semana de cuaresma. El contenido del tex­to, en su conjunto, tiene una trascendencia suma no sólo en el cristianismo, también en el judaísmo y el islamismo. Para las tres religiones monoteístas la auténtica religiosidad consiste en sostenerse en estos tres pilares: la limosna, la oración y el ayuno. Y preci­samente las enseñanzas de Jesús hoy se centran en este trío de realidades, que nos exponen la práctica de la justicia, es decir: el ideal moral cristiano con­forme al baremo del Padre bueno de los cielos. La justicia cristiana debe ser superior a la de los escribas y fariseos, sobre todo en la dimensión interna, en la disposición básica a obrar el bien.

•    La Iglesia quiere que al inicio de la cuaresma, tiem­po de penitencia y conversión, se escuchen, como si resonaran por primera vez, las enseñanzas de Jesús en torno al sentido que los creyentes estamos llamados a dar a estas tres acciones, referentes ineludibles de la genuina espiritualidad. Necesitamos de modo constante ayudar al prójimo, orar a Dios y ayunar. Pe­ro se nos amonesta encarecidamente a que lo haga­mos bien, como el Padre quiere, fija nuestra mirada en el Maestro.

•    Entramos en un tiempo “fuerte”. Tiempo fuerte en época de adhesiones y convicciones blandas. Tiem­po de militancia, tiempo de resistencia. La meta final es la Pascua, fiesta de vida nueva.

•    La ceniza es símbolo de conversión (luto y arrepen­timiento) según la Biblia (2 Sam 13, 19; Is 61,3). Las tres prácticas que evoca el evangelio de hoy suponen revi­sar nuestra relación con Dios (oración), con el prójimo (limosna) y con nosotros mismos (ayuno como signo de privación para dominarnos en favor de los hermanos; el ayuno que Dios quiere viene expresado en Is 58,5-7: desatar lazos de maldad, dar libertad, dar pan al hambriento, vestir al desnudo).

Para fijarnos en el Evangelio

•   Mateo inicia el capítulo 5 con el programa de las bienaventuranzas, le sigue una reflexión entorno a la ley
(sentido), e inicia el capitulo 6 con una reflexión sobre
la aplicación más común y cotidiana de la ley (“las
obras de piedad: la limosna, la oración y la peniten­
cia”). Lo hace en un tono de crítica y denuncia, con el
objetivo de revisar estás prácticas para recuperar el
espíritu. El texto tiene un ambiente de polémica entre
cristianos y judíos. Los judíos querían imponer a otros
un cumplimiento externo de la ley de Moisés.

•    Empieza con una advertencia: “cuidado / guardaos...”. Existen dos actitudes para situar nuestra acción (compromiso). Una es buscar nuestro propio yo
-convertir las piedras en pan- y buscar el reconocimiento de los otros -tirarte para que los ángeles te
recojan-. Otra, los que han acogido el reino de los
cielos deben cumplir la voluntad del Padre sin alardes ni ostentaciones de ninguna clase.

•   “Vuestra justicia”... entendida en los círculos judíos
como el conjunto de actos que hacen al hombre merecedor de la salvación (actos de piedad -la limosna,
la oración y el ayuno-); pero para muchos estas prácticas se habían convertido en una cuestión puramente externa y en un motivo de orgullo. La postura de
Mateo no es de rechazo total, porque en su comunidad había judíos que se habían hecho cristianos y
seguían practicándolas, es cauto con las tradiciones
judías (Mt 5,17 -20), sin dejar de ser tajante en lo que le
parece fundamental (Mt 23,1-12). A estos cristianos
procedentes del judaísmo Mateo los exhorta a vivir
en profundidad y hasta las últimas consecuencias las
buenas tradiciones aprendidas de sus mayores, como la limosna, que era una obra buena recomendada
en el Antiguo Testamento (Eclo 3,30; 35,2; Tob 12,9).



•   Tentación y oportunidad de estas obras que hoy
podríamos llamar sociales y religiosas:

La “Limosna” era costumbre pregonarla en la sina­goga sobre todos las grandes... los que las realiza­ban eran la elite social y escondiendo otras prácti­cas de especulación y explotación. Jesús denuncia y propone pasar del bombo al sentido más profundo de la solidaridad (señal profética de la justicia que debería existir para todos/as).

La práctica de la “Oración” varias veces al día ¿se puede orar por exigencia legal? Es como amar por obligación. Jesús insiste en la misma actitud e insis­te que no tiene sentido la oración por obligación ni por autoimagen. Como la declaración de amor y de sentimientos profundos, se hacen en la intimidad. Recuerdo que Mateo escribe para una comunidad que sabe orar (judía, desde niño obligación de 3 ve­ces al día), pero que tiene que aprender ha hacerlo de otra forma (no como los hipócritas). Lucas, por el contrario, es una comunidad que necesita aprender (es pagana) (Lc 11,1).

La “penitencia”, que Jesús la concretiza en el “ayu­no”. Los fariseos ayunaban dos veces por semana (Lc 18,12). Jesús practicó el ayuno al prepararse para su misión (Mt 4,12). La comunidad de Mateo practi­caba el ayuno (Mt 9,15), pero el evangelista insiste en que los cristianos deben dar un sentido nuevo a es­ta práctica. Tiene sentido como toma de conciencia de las propias limitaciones, autodominio y como gesto vivencial de solidaridad que nos pone en co­munión de espíritu y vida con los que sufren.

•     Jesús quiere penetrar en el sentido profundo que viene dado desde la opción fundamental y desde ex­periencia existencial de común-unión con el Padre, que hace absurda e hipócrita cualquier forma de autopromoción y autoimagen por encima de lo que de­bería ser práctica solidaria y gesto profético del Reino.

•     Empezamos la cuaresma, que siempre ha sido con­siderada, con toda la razón, como tiempo de gracia y de conversión.

Gracia es vivir del milagro de Dios, que constante­mente nos sale al paso en Jesús y nos acompaña con el Espíritu. Gracia es no contentarse con vivir lo exterior, sino acoger la interioridad que nos ayuda a conocer lo que la realidad tiene de más auténtico.

Convertirse significa escuchar con detención la Pa­labra de Jesús, que nos invita a cambiar de modo de pensar y especialmente de actuar. Significa, tam­bién, descubrir el rostro del Padre y el rostro de los hermanos, sobre todo de los que salen a nosotros con su dolor, miseria y flaqueza. Significa, en fin, reajustar la praxis cristiana, siguiendo como buenos discípulos el mandamiento nuevo del amor. En este contexto la limosna, la oración y el ayuno se enri­quecen mutuamente y encuentran todo su sentido.



PREGON DE CUARESMA

Éste es un tiempo para convencidos.

Tiempo de entrenamiento,

de ejercicio y de lucha;

de mochila ligera y paso rápido.

Tiempo de camino y discernimiento,

de conversión y compromiso,

de pruebas y encuentros en el desierto,

en la estepa, en el silencio.

Es el tiempo de los proyectos de vida, de las decisiones y desmarques; a veces, de las transfiguraciones.

Tiempo de humanidad rota y dividida



que anhela el paraíso o la tierra prometida.

Tiempo de tentaciones,

tabores y conversiones,

traspiés, heridas y cegueras,

perdones, restauraciones y agua viva.

¡Todo en sólo cuarenta días!

Éste es el tiempo de las personas nuevas,

de las que han soltado el lastre

de ídolos secretos y falsas vanidades

y ya sólo anhelan misericordia

y abrazos del Padre.

Florentino Ulibarri, Al viento del Espíritu



V J A




VER: En una película se escuchaba esta frase: “No hay nada más triste en la vida que el talento malgas­tado”.

Hoy, en este comienzo de Cuaresma, hemos de echar una mirada profunda a nosotros mismos y ver cómo estamos viviendo nuestro ser cristianos, si lo estamos haciendo provechoso para nosotros y para los demás o lo estamos malgastando a base de rutina y de falta de compromiso.



La Cuaresma nos invita a revisar nuestra vida para descubrir qué lugar ocupa en ella la fe en Cristo, Crucificado y Resucitado.

Podemos imaginar que nuestra vida es como un te­rreno, en el cual queremos edificar nuestra fe. Recor­demos el pasaje de Mt 7, 24, edificar nuestra fe sobre la Roca que es Cristo: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a aquél hombre prudente que edificó su casa sobre Roca».

Y quizá nos demos cuenta que ese terreno no está limpio y listo para que pueda construir ahí mi fe; hay toda una historia de circunstancias personales, fami­liares, laborales, una serie de carencias y una serie de apegos que están ahí, algunos profundamente arrai­gados, que a veces ocupan un espacio indebido, e incluso se convierten en obstáculos en principio in­salvables para edificar nuestra fe.

¿Cómo construir, en medio de “eso” que soy yo, una fe bien fundamentada?

JUZGAR: La 2ª lectura de hoy nos invita a «no echar en saco roto la gracia de Dios», esa gracia que hemos recibido en el Bautismo y la Confirmación, y que vamos alimentando con la Eucaristía.

El Evangelio nos da las líneas generales de por dónde encaminar nuestro trabajo. Unas líneas de actuación encaminadas a rehabilitar y mejorar la relación con Dios, con los demás y con uno mismo, y que se sintetizan en los tres consejos de la oración (de cara a Dios), la limosna (de cara a los demás) y el ayuno (de cara a uno mismo).

Desde estas tres líneas, la Palabra de Dios nos irá se­ñalando qué hay que eliminar, qué hay que poten­ciar, qué hay que reordenar... en nuestra vida, la úni­ca vida que tenemos, para que seamos “terreno edi­ficable” en el que pueda existir una fe madura y bien fundamentada. Oración, limosna y ayuno vienen a ser las “normas urbanísticas” que deben guiar la construcción de nuestra fe, y que nosotros hemos de cumplir y respetar, plasmándolas en nuestra vida de acuerdo con nuestra realidad y nuestras posibilida­des.

ACTUAR: Iniciar y vivir la Cuaresma no puede quedarse sólo en una serie de ritos, prácticas y devo­ciones. La Cuaresma es el “tiempo de gracia y salva­ción” que Dios nos ofrece para que edifiquemos nuestra vida de fe. Este tiempo de gracia pide de no­sotros un compromiso de ponernos manos a la obra.

Por eso hoy, en este primer día, lo que haremos será revisar nuestro Proyecto Personal de Vida Cristiana (PPVC), con el firme deseo de edificar una fe madura y fundamentada en la Roca que es Cristo.

Nos comprometemos también a potenciar la oración (relación con Dios), ayuno (relación con uno mismo) y limosna (relación con los demás), según las indicacio­nes que la Palabra de Dios nos vaya sugiriendo durante este tiempo: tendremos que “despejar obstáculos”, tendremos que profundizar en algunos temas, ten­dremos que tener claro cuáles son los “pilares funda­mentales” de nuestra fe, tendremos que crear espacios para Dios, tendremos que “impedir la entrada” de lo que pueda echar a perder lo construido...

Dios se hace especialmente cercano en este tiempo. Que su Gracia, que el don de la Eucaristía, nos dé ánimo para que esta tarea que hoy comenzamos dé lugar a que podamos celebrar la Pascua con la alegría que nos da el tener una fe robusta, bien cimentada, apoyada en la Roca que nunca falla: Jesús Resucitado.



13 de marzo - Domingo I de Cuaresma

• Gn 2, 7-9; 3, 1-7 • “Creación y pecado de los primeros padres”

• Sal 50 • “Misericordia, Señor, hemos pecado”

• Rm 5, 12-19 • “Si creció el pecado, más abundante fue la gracia”

• Mt 4, 1-11 • “Jesús ayuna cuarenta días y es tentado”

• Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.

 



 



Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre. El tentador se acercó y le dijo: «Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo subió al alero del templo y le dijo: «Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Ordenará a sus ángeles que cuiden de ti, que te lleven en las manos para que no tropiece tu pie con ninguna piedra». Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios». De nuevo el diablo lo llevó a un monte muy alto, le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor, y le dijo: «Todo esto te daré si te pones de rodillas y me adoras». Jesús le dijo: «Retírate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás». Entonces el diablo lo dejó, y los ángeles llegaron y se pusieron a servirle.



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... ¿En qué situaciones de mi vida me encuentro actualmente, en las que tenga que decidir entre el sí o el no de Dios, a los demás? ¿Qué criterios tengo en cuenta? ¿Cómo priorizo las opciones que el Evangelio me transmite?

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. ¿En qué per­sonas he encontrado al Jesús que trabaja, que confía en el acompañamiento del Padre y que se pone al servicio de los demás, especialmente de los más pobres?

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Para situar este evangelio y este tiempo de cuaresma

•     Si adviento es tiempo de cultivar la esperanza, la cuaresma es el tiempo de cultivar y afianzar la fe. Las lecturas que se ofrecen son como una catequesis para afianzar nuestro ser cristianos: “todos los que hemos sido bautizados en Cristo vivimos ahora por el poder del Espíritu Santo con Jesús para gloria de Dios Padre”.

•     El primer domingo nos presenta a Jesús en el de­sierto, llevado allí por el poder del Espíritu para ser tentado y puesto a prueba por Satanás. Es un tiempo para que seamos vistos y conocidos por lo que so­mos y lo que pretendemos ser: hijos e hijas de Dios.



•   Con las tentaciones, se nos quiere hablar como entender el mesianismo de Jesús... Mateo hace intervenir al Espíritu que es quien guía a Jesús y le lleva al
desierto.

Para fijarnos en el Evangelio

•   El “desierto”, en la Biblia, es una zona con poca vegetación, poco habitada y con animales peligrosos.
Allí viven los desterrados y perseguidos (Gn 21, 14; 1Mac 2, 29s) y el diablo y los malos espíritus (Mt 12, 43).
Es también lugar de prueba, de corrección, de reflexión y de diálogo-encuentro con Dios, como se
puede ver en esta escena del desierto de Jesús (así
como también a Dt 8, 2-6).



•     Los términos “diablo” y “Satanás” significaban ori­ginariamente “adversario” y “acusador” o fiscal en un juicio. El Antiguo Testamento imagina que a la corte celestial hay un “acusador” que presenta a Dios las infidelidades de los hombres (Za 3, 1-5; Job 1, 6.9) y que ejerce al mismo tiempo el papel de “tentador” (1Cr 21, 1). Después pasa a designar la personificación de las fuerzas del mal y la sabiduría la identifica con la ser­piente del Edén (Gn 3, 15; Sabiduría 2, 24).

•     La cifra “cuarenta” en la Biblia equivale a un perio­do de tiempo largo (en este sentido, estos cuarenta días podrían hacer referencia a toda la misión de Je­sús). Tiempo que puede ser de opresión, de seduc­ción, de camino hacia la libertad, de crisis. Puede hacer alusión a la estancia de Moisés en la montaña (Ex 34, 28), al camino que recorrió Elías por llegar a la montaña de Dios (1Re 19, 8) y a los cuarenta años de peregrinaje de Israel por el desierto (Num 14, 34). También fueron cuarenta los días del Diluvio (Gn 7, 17). El ministerio de Jesús es camino que pasa por la prueba y va a la Pascua.

•     Hay otros elementos del Antiguo Testamento que Mateo hace resonar en esta página: el “templo”, la “montaña” y los “ángeles”. El evangelista pone así en relación Jesús y su misión con la historia del pueblo de Israel que experimenta las dificultades del camino por el desierto, las dificultades de hacerse responsa­ble del don de la libertad, la tentación de romper la Alianza y de ir a lo suyo, adorando a otros dioses.

•     En la escena anterior (Mt 3, 16-17), Mateo nos acaba de decir que “el Espíritu de Dios... posarse encima de Jesús” y que el Padre proclamaba que Jesús es “el Hijo, el estimado”. Ahora el evangelista nos dice que el mismo “Espíritu conduce Jesús al desierto” con una finalidad muy concreta: “para que el diablo lo tentara”. “El Espíritu” es quien conduce toda la vida y misión de Jesús, de principio a final (Mt 12, 18ss). Co­mo toda vida humana, la de Jesús está marcada por la prueba (la tentación), la tarea de decidir en cada momento entre decir sí o decir no a Dios, que invita todos sus hijos y hijas a vivir en libertad su camino. El relato de las tentaciones describe de forma gráfica toda la lucha que Jesús tuvo que mantener por ser fiel a la voluntad del Padre.

•     La primera de las tentaciones es la de vivir y actuar según una idea no-humana del que es ser “Hijo de Dios”. Jesús expresa (citando Dt 8, 3) cómo lo vive Él: ser Hijo es hacer la voluntad del Padre. Y el que el Padre quiere es que Jesús haga el camino de los hombres y mujeres que se tienen que ganar el pan con el trabajo. Una voluntad que Jesús encuentra expresada en la Palabra, verdadero alimento para los hijos e hijas de Dios.

•     La segunda tentación -en boca del diablo que ma­nipula palabras bíblicas (Sal 91, 11-12)- consiste en exi­gir de Dios una señal espectacular. Tentación de toda persona religiosa que duda de si Dios es o no es. Je­sús responde con la referencia a la escritura (Dt 6, 16), afirmando que Dios no puede ser utilizado ni manipulado. Su presencia es un don totalmente gratuito que se manifiesta sobre todo en la pobreza. “Los ángeles” no le ahorrarán a Jesús ningún sufrimiento si­no que, “sirviéndolo”, aparecen como signo de la fi­delidad de Jesús en el servicio a los más pobres.

•     La tercera tentación pasa por ponerse por encima de todo y a costa de lo que sea. Esto es dar al diablo la adoración que tan sólo Dios merece. Dios, por su parte, enviando su Hijo hecho hombre, se ha puesto por debajo, al servicio de toda la creación y de todos los hombres y mujeres. Este Dios que se abaja es el que Jesús adora todo citando, una vez más, la Escri­tura (Dt 6, 13).

•     Se pone en boca de Jesús una respuesta desde la escritura... la cita expresamente. Jesús lee la Escritura teniendo como criterio de fidelidad y comunión con Dios... no la manipulación o instrumentalización de la escritura (típica de juristas y moralistas).

LOS TROPIEZOS DEL PLAN DE DIOS

El pan, el dinero valen mucho, Pero no lo son todo.

La economía, buena o mala,

tiene mucho que ver

con la buena marcha de una persona,

de una familia,

de un pueblo, de una tierra;

pero la economía no es todo.

Más allá de la economía

está Dios y su palabra.

Más allá de mi economía

está la economía de todos.

Más allá de la economía del cuerpo

está la economía del espíritu,

pidiendo un tiempo

solicitando también un orden y un progreso.

No tientes a Dios;

no le pongas en el canto de tu esfuerzo.

No aguardes milagros

donde tiene que haber cuidado,

cálculo y previsión, trabajo serio y ordenado.

No cubras con rezos tu pereza y tus desordenes.

No juegues a poderoso.

No vendas tu corazón,

tu vida es tu verdad por un poco de poder.

No te dobles ante nada y ante nadie.

Solo ten un dueño, solo uno,

al que muestras serenamente, tu adhesión,

tu reconocimiento. Amén.

M. Regal, Un Caxato para o camiño



V J A





Ver: La Cuaresma es tiempo de conversión. Y la conversión consiste en volvernos más hacia Dios mediante un cambio profundo, porque a menudo los bautizados vivimos una fe tibia y poco coherente. Y caemos en una serie de trampas, o tentaciones:

Unas veces, somos unos creyentes muy teóricos: queremos una fe que no nos complique la vida, aceptamos más o menos los artículos del Credo, pe­ro sin llevarlos a la práctica, y Dios queda reducido a “una afición” que no es lo que dirige y guía nuestra vida: vivimos al margen de Dios.

Otras veces, pretendemos manipular a Dios: puesto que somos creyentes, Dios tiene que “cumplir su parte”, y ante un examen, una oferta de trabajo, una operación... pedimos ayuda a Dios como si fuera un mago capaz de hacer los “milagritos” que yo necesi­to; y si la cosa no sale bien, protestamos contra Dios y lo echamos de nuestra vida.

Y otras veces confundimos la fe con poder, y nos gustan los triunfalismos, y marcamos distinciones y categorías dentro de la Iglesia, considerando a unos más importantes que a otros.

juzgar: Jesús sufrió estas mismas tentaciones: organizar su vida sin contar con Dios, manipular a Dios, buscar el poder. No olvidemos que Jesús se hizo en todo semejante a nosotros, excepto en el pe­cado. Por eso él pasa por las tentaciones, y las vence, para que no nos desanimemos en las nuestras, sino que aprendamos de él a superarlas.

La primera tentación se vence dejando espacio en nuestro corazón a Dios, para que su Palabra ilumine y sea la guía de todas las facetas de nuestra vida: “No sólo de pan vive el hombre...”

La segunda tentación se vence con la oración; en la oración vamos conociendo a Dios y nos dejamos co­nocer por él, y así eliminamos el deseo de manipular a Dios: “No tentarás al Señor...”

La tercera tentación se supera con el servicio, siendo desprendidos, compartiendo no sólo nuestros bie­nes, sino nuestro tiempo, nuestra experiencia y sa­ber, aprendiendo de Jesús a servir y no a ser servi­dos, sin buscar el poder y el triunfalismo, sino “ado­rando sólo a Dios”.

ACTUAR: La conversión es un proceso que dura toda la vida, pero que cada vez tenemos que ir inten­sificando más, marcándonos unos objetivos concre­tos y al alcance de nuestra mano:

Para que nuestra vida esté iluminada y guiada por Dios, hemos de darle el espacio que le corresponde: pensemos qué momento del día podemos dedicar a leer el evangelio, o un libro o revista de espirituali­dad. Un momento del día que sea “sólo para eso”, sin otras distracciones ni interrupciones, respetándo­lo tanto como respetamos el fútbol o nuestro pro­grama de TV.

Para conocer mejor a Dios y no pretender manipular­le, hagámonos el propósito de venir antes al templo y aprovechar un rato antes de la Eucaristía para abrirnos a su presencia en el Sagrario. Y si podemos venir varias veces durante la semana, mejor, aunque suponga posponer algunas cosas.

Para aprender a ser serviciales, no nos limitemos al cumplimiento individualista de la fe, siendo sólo suje­tos pasivos: colaboremos con alguna de las activida­des de la Comunidad Parroquial, o participemos en alguno de los grupos, para descubrir que “es más fe­liz el que da que el que recibe”.

El camino de la conversión no es fácil; pero no lo hacemos solos: Jesús nos acompaña, es el Dios con nosotros, hecho hombre, que fue probado como no­sotros, y varias veces a lo largo de su vida, y que nos enseña a no caer en la tentación. Él nos da su Palabra y se nos da él mismo en la Eucaristía, para que, con él, vayamos llevando adelante nuestro proceso de conversión y seamos capaces de llegar adonde, so­los, no podríamos.



20 de marzo - Domingo II de Cuaresma

• Gn 12, 1-4a  » “Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios” • Sal 32 • “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”

• 2Tm 1, 8b-10 • “Dios nos llama y nos ilumina” • Mt 17, 1-9 • “Su rostro resplandecía como el sol”

• Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.



Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó a un monte alto a solas. Y se transfiguró ante ellos. Su rostro brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. Y se le aparecieron Moi­sés y Elías hablando con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, qué bien se está aquí. Si quieres, hago aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Aún estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Éste es mi hijo amado, mi predilecto, escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, aterrados de miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levantaos y no tengáis miedo». Alzaron ellos sus ojos y no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y mientras bajaban del monte, Jesús les orde­nó: «No contéis a nadie esta visión hasta que el hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros Me pregunto si en los hechos vividos esta semana ¿me he parado a escuchar a “Aquel que por su muerte y resurrección esta vivo”, presente y activo en medio de la vida, personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...? Reviso si “escuchar Jesús” lo hago habitualmente y cómo. Y qué tiempo dedico a leer-meditar la Palabra de Dios.

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el evangelio.

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Para situar este evangelio y este tiempo de cuaresma

• Recuerdo que son textos catecumenales (catequesis para introducir en la comunidad cristiana). Así podemos decir:

Si con el primer domingo (Jesús en el desierto y puesto a prueba) se nos presenta un tiempo para que seamos vistos y conocidos por lo que somos y lo que pretendemos ser: hijos e hijas de Dios. Este segundo domingo eleva nuestro espíritu e infunde ánimo a nuestro cuerpo y alma: al subir al monte de la transfiguración con Jesús, para ver-experimentar a Jesús el Mesías, el hijo de Dios... Dios nos invita a prestar atención a la Palabra de Dios hecha carne... seguimiento a Jesús.

En estos dos domingos contemplamos la persona de Jesús en dos experiencias personales básicas: su referencia al mundo (como enfrentamiento y lucha) y su relación con el Padre (como cercanía y contemplación). Estos dos domingos hacen una unidad diciendo quién es Jesús.

Los siguientes tres domingos nos mostrarán la rela­ción de Jesús con el Reino y quién es para nosotros.

•     En cuanto al texto, después de la confesión de Pe­dro y del anuncio de la pasión y muerte (Mt 16,21ss), viene la transfiguración. Tiene, sin duda, una inten­ción pedagógica. Los discípulos han recibido con preocupación el anuncio de la cruz; la transfigura­ción anticipada de algún modo la gloria victoriosa de la resurrección (Mc 8,31-9,13).

•     Literariamente es un género literario que llamamos TEOFANÍA, es decir un relato cuyo centro es la manifes­tación de Dios. La teofanía tiene una serie de elementos que se repiten: suele tener lugar en un monte o en otro lugar sagrado, la manifestación divina suele estar rodeada de unos elementos extraordinarios (apariciones, voz del cielo, luz...), que provocan miedo y turbación -“caer de bruces”- en quienes las presencian.

Para fijarnos en el Evangelio

•     La transfiguración es una palabra de ánimo, pues en ella se manifiesta la gloria de Jesús y se anticipa su victoria sobre la cruz. La gente, que quiere un mesías político y nacionalista, no entiende a Jesús y le abandona; los apóstoles le siguen, aunque sumidos en la tristeza, el desconcierto y el escándalo. Jesús concentra su esfuerzo en la instrucción a los doce. Hay numerosas referencias a la resurrección: los vestidos de Jesús se vuelven blancos como la luz, lo mismo que lo de los ángeles que anunciarán su resurrección (Mt 28,3); Jesús pide a sus discípulos que guarden en secreto esta manifestación hasta que resucite de entre los muertos.

•     Se trata, pues, de una teofanía, sólo que en este caso el centro no es la manifestación de Dios, sino de Jesús, presentado como Hijo de Dios. Si la teofanía provoca miedo turbación, sin embargo Jesús posibilita el acercamiento (“no temáis”).

•     La manifestación de Jesús está rodeada de fenó­menos extraordinarios (transformación de sus vesti­dos y resplandor de su rostro) que muestran su glo­ria. Junto a él aparecen Moisés y Elías, dos personajes a los que la tradición judía relacionaba con la llegada del Mesías. Vamos a ver algunos conceptos:

Los “seis días” hacen referencia a la manifestación de Dios en el Sinaí (Ex 24,15-16), narración en la cual aparece -como en esta de la transfiguración- la “montaña”, lugar de la revelación de Dios, y la “nu­be”, signo de la presencia de Dios (que encontramos también en Ex 40,34-35).

“Moisés y Elías” representan la Ley y los Profetas (las dos primeras partes de la Biblia hebrea) y, por lo tanto, la Antigua Alianza. A través de la Ley y los Profetas el pueblo “escuchaba” a Dios. “Moisés y Elías”, por otra parte, habían hablado con Dios en la “montaña”. Ambos personajes dan testimonio de que Jesús es el Mesías esperado por Israel.

Moisés había anunciado que un día Dios suscitaría un  profeta como él a quien debían escuchar (Dt 18,15).

Elías, por su parte, había desaparecido de este mundo sin morir (2Re2, 11), y la tradición judía pen­saba que su regreso anunciaría la venida del Mesías (Mal 3,23-24).

Las “tiendas” alude a la narración de “la tienda del encuentro” (Ex 33,7-11), de modo que todo el que te­nía que consultar algo a Dios acudía a ella.

La “voz” que, refiriéndose a Jesús, invita a “escuchar­lo”, hace referencia al profeta anunciado por Moisés (Dt 18,15) y que el judaísmo identificaba con el Mesías. La voz que viene del cielo afirma que Jesús es el Hijo de Dios. Las palabras son las mismas que las pronunciadas en el momento del Bautismo de Jesús (Mt 3,17), y en ambos casos se cita el Salmo 2,7. Salmo que can­ta la entronización del nuevo rey como hijo de Dios, y que los primeros cristianos aplicaron a Jesús para confesar que él era el verdadero Hijo de Dios.

Relato de presentación de Jesús. En Jesús se ha ma­nifestado la gloria de Dios; él es verdaderamente el Mesías esperado por Israel, es el Hijo de Dios. Esta presentación tiene como destinatarios a los discípu­los que lo acompañan y, en la mente del evangelis­ta, también a todos los que lean el evangelio. Su propósito es acrecentar la fe de los discípulos en Jesús a través de la contemplación de su victoria sobre la muerte.

“Pedro, Santiago y Juan” son testigos de algunos de los hechos más importantes de la vida de Jesús. Re­presentan la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, que recibe, a través de ellos, la declaración fundamental de la fe-credo: “Jesús es el Hijo de Dios”.

Una curiosidad es que al principio se pone a Jesús, Moisés y Elías al mismo nivel -“tres tiendas”-. La “voz de la nube” corrige esta percepción: “Jesús es el Hijo”; es a Él a quien tendremos que “escuchar”. Él actualiza y da plenitud a la Ley y los Profetas (Mt 5,17), de manera que ahora es la Palabra de Dios, vida para la Iglesia. A través de Moisés, con la Ley, y de los Profe­tas, representados por Elías, Dios se había manifestado anteriormente. Ahora se manifiesta en Jesús, el “Hijo”.

Este relato invita a superar la tentación de su mesianismo glorioso y fácil, animando a los discípulos a emprender con Jesús el camino de la obediencia a la voluntad del padre. La fuerza que vendrá de la expe­riencia pascual -anticipada en la transfiguración-permitirá a los discípulos “bajar”; ya no les hará falta quedarse allá arriba. La vida, por dura que pueda ser (cruz, muerte...), será vivida en otra perspectiva: la resurrección de Cristo lo transfigura todo; el pecado, la injusticia, la muerte... no tendrán la última palabra sobre la vida de nadie.

RESPLANDECE EN MÍ

Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia

allí donde vaya.

Anega mi alma en tu espíritu y vida.

Impregna y posee todo mi ser, hasta que mi vida

sea mero resplandor de la tuya.

Resplandece a través de mí,

para que todas las almas que me rocen

sientan tu presencia en mi alma.

Quédate conmigo y empezaré a brillar

como Tú brillas, con un brillo que iluminará a los demás.

Y esa luz, Señor, saldré de ti, no será mía; serás Tú, iluminando a los demás a través de mí.

Cardenal J.H. Newman



V J A





Ver: En un programa de radio, hablaban sobre un libro que recogía 100 historias de matrimonios “que funcionan”. Y el autor, en la entrevista, decía que una de las razones por las que había escrito el libro era que hoy en día la gente recibe principalmente men­sajes de fracasos matrimoniales, y se va formando la idea de que es imposible alcanzar un amor duradero.

Y  el autor muestra una serie de ejemplos que atesti­guan que es posible tener y mantener una relación amorosa estable, que es posible alcanzar la meta que la pareja busca.

Y  es que muchas veces nos quedamos más con la parte negativa de experiencias y acontecimientos, y nos quedamos con la impresión de que no hay que hacerse grandes proyectos en la vida, porque lo más fácil es que no podamos alcanzarlos; en la práctica, vivimos al día, fijándonos sólo en lo más inmediato.

Pero este “vivir al día” conlleva que, al no hacernos proyectos, nos vamos desilusionando, nos volvemos escépticos, la vida va perdiendo color y sabor, y sur­gen fatalismos y depresiones.

juzgar: Estamos ya metidos de lleno en este tiempo de conversión, y también nos puede acechar el desaliento, y preguntarnos “¿Para qué, si todo va a seguir igual? ¿Vale la pena?”

Por eso hoy la Palabra de Dios nos ofrece la transfi­guración de Jesús. Los discípulos conocían el lado humano de Jesús, pero Jesús es también Dios, y des­pués de hablarles de su futura Pasión, les muestra su gloria divina.

La semana pasada decíamos que Jesús, como verda­dero hombre, fue tentado. Y que las tentaciones las venceríamos mediante nuestra conversión profunda.



Por eso hoy el Señor también nos hace vislumbrar la meta hacia la que nos dirigimos, el sentido de nues­tra conversión, que no es otro que llegar a contem­plar al Señor Resucitado.

El Señor nos muestra su gloria para que veamos que vale la pena el esfuerzo de nuestra conversión, que vale la pena “salir de nuestra tierra”, como Abraham en la primera lectura, salir de nuestras comodidades, de nuestros apegos, de nuestras indecisiones...

El Señor nos muestra su gloria para que nos motive­mos a “tomar parte en los duros trabajos del Evange­lio”, como escuchábamos en la segunda lectura, porque así avanzamos hasta la meta.

ACTUAR: Dios Padre, en el Evangelio, nos ha diri­gido una invitación: “Este es mi Hijo. Escuchadlo”.

Escuchar a Jesús es escuchar sus llamadas a la con­versión, que nos dirige desde distintos ámbitos.

El domingo pasado proponíamos unos objetivos concretos para llevar adelante nuestra conversión.

Leer cada día un fragmento del Evangelio, para dar a Dios el espacio que merece en la vida;

Llegar un poco antes de la Eucaristía al templo, para estar delante del Señor en oración;

Participar en alguna de las actividades o grupos pa­rroquiales, para aprender a ser serviciales...

En este segundo domingo de Cuaresma, podemos pararnos y revisarnos:

Si nos hemos planteado estos objetivos de cara a nuestra conversión, o aún no lo hemos hecho...

Cómo los estamos llevando, o qué es lo que nos im­pide que los cumplamos...

En la medida en que nos marquemos y cumplamos objetivos concretos iremos escuchando lo que Jesús nos dice, y así podremos mejorar nuestro seguimien­to, y llevaremos adelante nuestra conversión. Tome­mos parte en los trabajos del Evangelio según nuestras fuerzas, porque vale la pena asumir el proyecto que el Señor nos ofrece, porque Él nos acompaña dándosenos como alimento en la Eucaristía, para que no nos perdamos la esperanza y tengamos la certeza de llegar a la meta que hoy, en su transfiguración, nos ha mostrado.



27 de marzo - Domingo III de Cuaresma

• Éx 17, 3-7 • “Danos agua de beber”

• Sal 94 • “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»”

• Rm 5, 1-2. 5-8 • “El amor de Dios ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado”

• Jn 4, 5-42 • “Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”

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•   Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.

 

 




 

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, can­sado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del medio­día. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.) La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contesta: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el si­tio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo di­rá todo». Jesús le dice: «Soy yo: el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le di­jo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gen­te: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías?» Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis». Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y al­macenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: “Uno siembra y otro siega”. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escu­cho... veo. ¿En qué aspectos de mi vida siento que tengo sed de Dios, del Evangelio, de una vida nueva?

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. ¿He po­dido “beber” el “agua viva”? ¿Quién me ha dado ocasión de que Jesús se me hiciera encontradizo?

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Para situar este evangelio

•    Durante estos próximos tres domingos se nos pre­senta la relación de Jesús con el Reino y quien es pa­ra nosotros. Los tres pasajes son del evangelio de Juan. Son textos catequéticos que acompañan a los candidatos al bautismo y a la comunidad de creyen­tes en el proceso de fe. El relato de la samaritana ex­presa detalladamente lo que significa creer en Jesús y dar testimonio a otros confesando tanto nuestro pecado como nuestra fe, compartiendo esa expe­riencia con otros como buena noticia. Los otros dos textos de los domingos siguientes serán el del ciego de nacimiento (persona llamada a creer y a convertir­se en discípulo) y la resurrección de Lázaro (por la palabra del Señor viviremos).

•    Los versículos 1-3 nos sitúan a Jesús en un camino: no es comprendido en Judea. Se quiere absolutizar a Juan, aunque él se presenta como precursor (Jn1, 6-8; Jn3, 27-30); Jesús no es un profeta más, es el Hijo de Dios. Jesús es rechazado por la ley-Moisés y se va... el quiere presentar la relación recíproca de amor entre el hombre y Dios (el culto verdadero es la práctica del amor); pero en todos los sitios se presenta la ley, el culto-relación localizada, la institución... ¿qué nos ofrece? Una relación con Dios... y una fe, fruto de una relación. En los versículos anteriores se nos pre­sentan instituciones humanas (divinas=ley, el templo) que quieren ser cauce de comunicación con Dios... pero estas instituciones caducan y se niegan a desaparecer (se convierten en fin en si mismas) y es­ta es su perversión.

•    En este evangelio Jesús se revela a través de diálogos llenos de equívocos y malentendidos. Resulta escan­daloso el que Jesús hable con una mujer samaritana. Un maestro judío no se rebaja a hablar con mujeres (“mejor es entregar la ley a las llamas que entregársela a una mujer”, decía un rabino de la época de Jesús). Además, Jesús le pide agua, con el riesgo de tocar el cántaro perteneciente a una persona impura por ser samaritana. Jesús es libre ante las leyes rituales.

•    Son unos textos muy bonitos, ricos... si los lees antes, los rezas y vas a misa (celebrar con otra gente, sentir con otros/as cerca... gente que no conoces y quieren beber, ver, vivir...) experimentarás lo que es “celebrar”.

Para fijarnos en el Evangelio

•   La relación con Dios se realiza en sitios, lugares...
cada lugar conserva sus tradiciones (obedecen a experiencias y enfrentamientos). Y Sicar (antigua Siquén) es un lugar que conserva los recuerdos de los
orígenes de  Israel  (Jacob, José; cf. Gn 33,18-20; 48,22; Jos 24,32; Os 6,9). Samaria y Judea tienen pendiente recon­ciliarse, como anunció Isaías (Is 11,12); es la voluntad “del Padre” que Jesús “lleva a término”. En Sicar, al pie del Garizin, se cruza el camino de Jesús con el de la Samaritana. Uno trae la Buena Noticia a los que son vistos en Jerusalén como heréticos e impuros, la otra ha venido a sacar agua.

•     El pozo, en un país de desiertos, es lugar de en­cuentro, de reconciliación, y motivo de conflicto (Gn 26,15-22)... y así son conocidos (por pactos y acuer­dos... por conflictos). El manantial de Jacob es llama­do más tarde “pozo”, que en la tradición judía se convierte en elemento mítico, sintetizando los pozos de los patriarcas y el manantial que Moisés abrió en la roca del desierto (cf Gn 29,2-10; Nm 21,16-18). Es figura de la Ley, de la que brota el agua viva de la sabiduría.

•     La “mujer” no tiene nombre propio, representa a Samaría que pretende apagar su sed en la antigua Ley-tradición. El Mesías se encuentra a solas con Samaría (cf Os 2,15) y Jesús le pide una señal de solidaridad ele­mental (“dame de beber”) que une a las personas por encima de culturas y barreras políticas-religiosas. Re­cordemos que la mujer que viene a buscar agua es una persona con su historia concreta; pero aquí, además, representa el pueblo de Samaría; y cuando ex­presa su sed y deseo nos representa a todos.

•     “Don de Dios” no designa algo preciso, hace refe­rencia a los beneficios prometidos a David (Is 55,3) y los que Pedro resume en una palabra: el don del Espíritu Santo (Hechos 2,33). El don de Dios se da en Jesús. El “agua viva” simboliza el Espíritu. Hay una extrañeza de la mujer (como la de Nicodemo) que no conoce más agua que la de la ley (el pozo) y piensa que ha de ex­traerse con esfuerzo humano. No se puede imaginar el don de Dios como algo gratuito. Hay una insatisfac­ción del don hecho por Jacob (nos dio) diciéndonos que la Ley no satisface al hombre (cf Eclo 24,21-23); Jesús ofrece a todos agua/Espíritu (Is 55) que puede satisfacer las aspiraciones más profundas. El Espíritu es un ma­nantial interno, no externo como la ley/pozo; el Espíri­tu personaliza y comunica una vida que supera a la muerte (definitiva)... ¿estoy dispuesto a abandonar la ley-tradición que no calma la sed?

•     Un obstáculo para recibir el agua/Espíritu puede significar los cinco maridos. Los cinco maridos puede tener de trasfondo el libro de Oseas, donde la prosti­tuta (Os1, 2) y la adúltera son símbolo del reino de Israel, que tenía a Samaría por capital. Prostitución y adulterio: la idolatría es el abandono al verdadero Dios (Os 2,4.7-9.15). Alusión a 2Re 17,24-41, donde se narra el origen de la idolatría de los samaritanos y se mencionan cinco ermitas de dioses, además del culto a Yahvé (2Re 17,29-32).

•    Piensa que la relación con Dios es cultual... pero Jesús nos dice que no se trata de elegir entre tem­plos, esa época ha terminado; ya no hay lugares privi­legiados... En todo caso el templo es la persona, los pobres (los predilectos).

•    Nuevo nombre de Dios: el Padre, el dador de vida. Se propone una nueva relación, establecida por la comunidad de Espíritu entre Dios y el hombre; que excluye todo particularismo. El vínculo será familiar y personal, y el culto será también personal (marco de relación hijo-padre). No se dará culto a un Dios lejano, sino se dará culto al Padre. Se honra al Padre siendo como él, colaborando en su obra creadora, actuando a favor del hombre. Así, los antiguos templos-cultos son sustituidos por el amor al hombre (cf 1,14.17). Dios es Espíritu, dinamismo de vida/amor; y el hombre/hijo ha de comportarse como su Padre (revelación del Mesías 25-26). El designio de Padre es comunicar a los hombres el Espíritu, terminar la tarea creadora del hombre comu­nicándole la capacidad de amar.

•    La respuesta de la Samaritana y la de los habitantes abre el horizonte de la cosecha inmediata. Así, reali­zar el designio del Padre esté en función del fruto y el salario, el fruto mismo. Al ocupar la tierra prome­tida, Israel gozó de bienes que no había trabajado (Dt 6,10s; Jos 24,13). Así ocurrirá ahora a los discípulos, quienes gozarán de la vida en la comunidad mesiánica, nueva tierra prometida, sin esfuerzo propio, mientras Israel, que rechaza a Jesús, se verá privado de ella (Dt 28,30; Miq 6,15). La noticia dada por la mujer hace comprender a los samaritanos que ha llegado para ellos la hora de la misericordia de Dios (Os 7,1). Y la fe, fruto del contacto personal con Jesús.

•    El testimonio de la mujer hará posible que muchos otros descubran que Jesús es “el salvador del mundo”.

•    Jesús es el caminante que se cansa y tiene sed, que se quiere rehacer en el pozo. Pero aquí es, también, el representante de Israel, que pidió agua al desierto (Ex 17,1-7); en su petición de agua hay la sed de su pueblo: sed (y hambre) de escuchar la Palabra de Dios (Am 8,11), sed del Dios vivo (Sal 42,2-3). Pero Jesús tiene otra sed expresada también en la cruz: “tengo sed” (Jn 19,28). ¿Sed de qué?: sed de que la mujer y su pueblo acojan el “agua viva” y a aquel quien la da.



• En el diálogo se puede apreciar una progresiva re­velación de la identidad de Jesús hasta su identifica­ción como el Mesías, avanzando desde la extrañeza hasta la adhesión a Jesús por la fe:

•    vv.7-8: “dame de beber”, responde: tu judío y yo samaritana (tu hombre y yo mujer) • vv.10-12: le causa intriga y nace el deseo de esa otra agua... le llama “señor”, pero no cree que sea superior a su padre Jacob • vv.13-15: crece la admiración por Je­sús, aumenta el anhelo de conseguir esa agua • vv.16-19: Jesús apela a su vida íntima... y al sentirse descubierta, confiesa: “Veo que tú eres profeta” • vv.20-24: al profeta le plantea el dilema del culto... adorar a Dios no es cuestión de templos... • vv.27-30: se convierte en apóstol y testigo convincente... “¿será el Mesías?...” “Venid a ver a un hombre...” • vv.34-38: se presenta, de donde come, su misión...

•    vv.39-44: muchos creyeron en él, como Salvador del mundo.

CORRO A LA FUENTE

Corro a la Fuente,

deseo llegar a la Fuente de agua viva,

el Manantial que jamás se agotará.

Corro a la Fuente, deseo la Fuente.

No hay lentitud en el correr,

sino que es un correr incansable,

un continuo anhelar la Fuente.

Sedienta está mi alma de Ti, Dios de la vida.

Padezco sed en el destierro, sed en la carrera, pero no me hartaré sino a la llegada.

Una sola cosa te pido, ésta solicitaré siempre, y es la de habitar en tu casa todos los días de mi vida.

Tanto en las prosperidades

como en las adversidades,

derramo lágrimas de deseo;

y, sin embargo, el ardor de mi deseo no disminuye.

Aún cuando todo en el mundo fuera de mi gusto,

tendré siempre este desasosiego hasta que llegue el momento de presentarme a Ti.

San Agustín



V J A





Ver: Todos sabemos qué supone el agua para la vida: la existencia de cualquier ser vivo depende del agua. Donde hay agua, hay vida, y donde no hay agua, no hay vida. La escasez del agua genera pro­blemas entre países y comunidades autónomas. El agua se ha convertido en un recurso escaso que conviene cuidar y aprovechar al máximo. También nuestro organismo está compuesto en un 80% de agua: podríamos pasar varias semanas sin comer, pe­ro no sin beber.

El ser humano necesita saciar su sed, no sólo la física, sino también de otras cosas de las que andamos se­dientos: Sedientos de trato humano, ternura, afecto, amistad, compañerismo... que hoy es difícil encon­trar. Sedientos de tener, porque parece que nos creemos lo de “tanto tienes, tanto vales”. Sedientos de disfrutar a toda costa, de saciar nuestros deseos, sean cuales sean, del modo que sea.

Pero parece que nada nos sacia: nunca tenemos bas­tante ni nos damos por satisfechos. Es como si a pe­sar de procurar beber de muchas fuentes, no fuese suficiente, y buscamos más y más.

juzgar: La samaritana también andaba sedienta de muchas cosas: de dejar de ir al pozo todos los dí­as, del afecto verdadero de un hombre, de mantener una conversación profunda... muy parecida a nosotros.

Jesús, en el diálogo con ella, comienza hablando de esa “sed” para mostrarse a ella como el agua viva que apagará su sed, como el Mesías esperado, como el Salvador.



Ella había ido a obtener un agua que sólo sacia en el momento y tras un duro esfuerzo, pero tras el encuen­tro con Jesús recibe esa agua viva que Dios nos da.

Es el agua viva que se nos comunica a través del bau­tismo, es una presencia transformadora que nos po­ne en contacto con Dios, que nos orienta hacia él, que nos ayuda a valorar lo realmente importante, y que nos mueve, como a la samaritana, a comunicarlo a los demás.

ACTUAR: Nuestra sociedad, que tanto valora el agua potable, no ha descubierto aún el agua viva de Jesús. Por eso hoy Jesús nos dice también: “Si cono­cieras el don de Dios...”.

Es necesario conocer a Jesús, escuchar su Palabra, acercarse a él sin prisas para abrirle nuestro corazón con sinceridad, para dejarnos preguntar por él sobre cómo vivimos nuestra vida, para dejar que nos indi­que dónde tenemos que beber para saciar nuestra sed más profunda.

Y no sólo nosotros: otras personas también necesitan saciar su sed interior, y nosotros tenemos el encargo del Señor de ser los cauces, los canales que les lle­ven el agua viva, pero si nos quedamos quietos, si vivimos nuestra fe pasivamente, estaremos secos no­sotros y los demás.

El Señor, en la Comunidad Parroquial, nos ofrece ocasiones para acercarnos a él y dejarle que trans­forme nuestra vida: la Eucaristía, los tiempos de ora­ción, los grupos parroquiales, las charlas y otras acti­vidades... Por medio de todo eso, Jesús también nos dice: “Soy yo, el que habla contigo”.

Abramos nuestro corazón al Señor, sin miedo: la Eu­caristía es el agua viva que el Señor nos da. La vida que recibimos en el Bautismo crece y se fortalece con el Cuerpo y la Sangre del Señor.

No desperdiciemos tiempo ni oportunidades: de no­sotros depende que el agua viva de Jesús riegue nuestro ser, de nosotros depende convertirnos de sedientos en cauces que no sólo sienten en sí el agua viva, sino que la transmiten a otros para que también puedan creer.

Hoy el Señor nos dice: “Soy yo, el que habla contigo”. De nosotros depende aprovechar el encuentro con el Señor para que él sacie nuestra sed de eternidad.



3 de abril - Domingo IV de Cuaresma «Lætare»

• 1S 16, 1b. 6-7. 10-13a • “David es ungido rey de Israel”

• Sal 22 • “El Señor es mi pastor, nada me falta”

• Ef 5, 8-14 • “Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz”

• Jn 9, 1-41 • “Fue, se lavó, y volvió con vista”

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•   Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.



 




 

De camino, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús respon­dió: «Ni éste ni sus padres. Nació ciego para que resplandezca en él el poder de Dios. Debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día. Cuando viene la noche nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, le untó con ello los ojos y le dijo: «Ve a lavarte en la piscina de Siloé» (que significa enviado). Fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que solían verlo pidiendo limosna de­cían: «¿No es éste el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «Es éste». Y otros: «No, es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Y le preguntaban: «Pues, ¿cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó con ello los ojos y me dijo: Ve a lavarte a Siloé. Fui, me lavé y vi». Y le preguntaron: «¿Dónde está ése?». Contestó: «No lo sé».

Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego, pues era sábado el día en que Jesús había hecho lodo y abierto sus ojos. Los fariseos, a su vez, le pregunta­ron cómo había obtenido la vista. Él les dijo: «Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos dijeron: «Ése no puede ser un hombre de Dios, pues no guarda el sábado». Otros decían: «¿Cómo puede hacer tales milagros un hombre pecador?». Estaban divididos. Preguntaron de nuevo al ciego: «A ti te ha abierto los ojos: ¿qué piensas de él?». Él contestó: «Que es un profeta».

Los judíos no podían creer que hubiera sido ciego y ahora viese, hasta que llamaron a sus padres y les pregunta­ron: «¿Es éste vuestro hijo, del que decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Los padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo ve ahora, no lo sabemos; ignoramos quién abrió sus ojos. Preguntádselo a él; ya es mayor y os puede responder». Sus padres hablaron así por miedo a los judíos, que habían decidido expulsar de la sinagoga al que reconociera que Jesús era el Mesías. Por eso los padres dije­ron: «Ya es mayor y os puede responder; preguntádselo a él».

Llamaron otra vez al que había sido ciego, y le dijeron: «Di la verdad ante Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador». Él respondió: «No sé si es pecador o no; sólo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Respondió: «Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?». Ellos le insultaron diciendo: «Tú eres su discípulo; nosotros lo somos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero de éste no sabe­mos ni de dónde es». Él les contestó: «Es curioso: Vosotros no sabéis ni de dónde es, y él me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que le es fiel y hace su voluntad. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si él no fuera de Dios, no podría hacer nada». Le respondie­ron: «Todo tú eres pecado desde que naciste, y ¿nos enseñas a nosotros?». Y lo expulsaron de la sinagoga.

Jesús oyó que lo habían expulsado; fue a buscarlo y le dijo: «¿Tú crees en el hijo del Hombre?». Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo; es el que habla contigo». Respondió: «Creo, Señor». Y se puso de rodillas ante él. Jesús dijo: «Yo he venido a este mundo para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos».

Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Somos también nosotros ciegos?». Jesús les dijo: «Si fueseis ciegos, no tendríais culpa; pero como decís que veis, seguís en pecado».



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... ¿Cómo nos situamos ante la Palabra de Jesús: el ciego “abiertos a su acción”; los fariseos “encerrados”?

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. ¿Qué testimonios de Jesús he recibido? ¿Cómo he de dar testimonio de Jesús?

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Para situar este evangelio

•    Seguimos dejándonos acompañar como los prime­ros cristianos por unos textos catequéticos. Si los de la Samaritana expresaba lo que significa creer en Je­sús y dar testimonio a otros confesando nuestro propio pecado como nuestra fe, compartiendo esa experiencia con otros como buena noticia. El relato del ciego de nacimiento extiende este proceso a una persona que no solo es llamada a creer en Jesús (por el encuentro con Jesús, luz del mundo y Dios hecho hombre), sino a convertirse en discípulo y experi­mentar la persecución por estar asociado a Jesús.

•    Hay también una pedagogía de signos: con la sa­maritana se juega con el signo del agua (agua que da vida eterna)... hoy con el signo de la luz (el que cree y confía en la palabra de Jesús llega a la luz). Hay otros signos que son los actuares de Jesús (prodi­gios, fuerzas, milagros), que Juan los designa “sig­nos” (Jn2, 11; Jn4, 53) y tienen la función de interpelar a quienes los ven y, sin debilitar su libertad, hacen po­sible la fe. ¿Qué sucede con el ciego de nacimiento?

•   Un proceso de reconocimiento: 1º “ese hombre que se llama Jesús”; 2º como “profeta”; y 3º como “Señor”: “creo, Señor. Y se postró ante él”.

•    Jesús es la “luz del mundo”. Lo dice, como aquí, en Jn 8,12. Y lo dice de los discípulos en Mateo 5,14. Se­gún como lo recibamos, esta “luz” nos ilumina, co­mo les oscurece a los “fariseos”.

•    Además del tema de la “luz”, tiene importancia la clave de lectura que nos da el diálogo sobre el “pe­cado”. Jesús afirma que la ceguera no proviene del pecado. No tenemos que leer este texto pensando que el ciego simboliza al pecador y la ceguera al pe­cado. Más bien la ceguera es la situación previa a haber acogido a Jesús y su Palabra. Y la visión que Jesús da simboliza la fe. Por tanto, lejos de nosotros lo de pensar que un mal es un castigo por pecar.

•    Que el ciego lo sea “de nacimiento” quiere decir que “ver” -la fe- será algo nuevo, símbolo de una nueva vida: será un nuevo nacimiento (Jn 3,1ss).

Para fijarnos en el Evangelio

Un posible esquema de lectura:

• vv.1-12: Jesús explica su declaración “yo soy la luz del mundo”, dando vista a un ciego • vv.13-34: Verificación del hecho e interpelación de los fari­seos. Ante los signos posturas diferentes • vv. 35-38: Encuentro de Jesús con el hombre, donde él no abandona al que ha sido fiel a una nueva visión de sí mismo y del mundo • vv. 9,39-10,21: La pre­sencia y actividad de Jesús denuncian el modo de obrar del orden opresor. Se presenta la alternativa de Jesús.

•     Fuera del templo. La pregunta de los discípulos obedece a que en el judaísmo se pensaba que la desgracia era efecto del pecado, que Dios castigaba en proporción a la gravedad de la culpa; los defectos congénitos se atribuían a las faltas de los padres. Jesús rechaza esto.

•     Sentido de la ceguera. Representa a los que se han vivido sometidos a la opresión y nunca han vislumbrado lo que significa ser persona (Isaías 6,9-11). Son otros los culpables de su/la ceguera. Contrasta con la ceguera de los fariseos que poseyendo la luz basada en el conocimiento de la ley, siempre se han sentido poseedores de la luz por la ley... Jesús dice que el pecado no es ser ciego, sino serlo voluntariamente, rechazando la evidencia, como lo han hecho ellos; además imponen su mentira como verdad (cfr Is 5,20: “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad...!”). Doble mala fe. Ejercen la opresión con plena conciencia de lo que hacen y se obstinan en su mentira.

•     Los discípulos han de asociarse a la actividad de Jesús. Y librar a la persona de su impotencia, dando capacidad de acción... De la injusticia puede surgir la indignación, el urgirnos a la acción... aprovechar la oportunidad y ser luz (como Jesús, “luz del mundo”), emprender una misión que libera (Is 43,6ss; 49,6ss).

•     “Escupió... hizo barro...” Jesús pasa a la acción y pone ante los ojos el proyecto de Dios sobre el hombre. Jesús crea el hombre nuevo (Gn 2,7; Job 10,9; Is 64,7), compuesto de tierra/carne y saliva/espíritu de Jesús; le pone ante sus ojos su propia humanidad, la del Hombre-Dios, proyecto de divino realizado (untar-ungir) en referencia al Mesías (el ungido), lo invita a ser hombre acabado, ungido e hijo de Dios por el Espíritu.

•     La decisión de obtener la vista queda en la libertad del ciego de ir o no ir. Ha visto la luz gracias a su acción-opción de ir, no por ninguna enseñanza. La vista adquirida le permitirá distinguir los verdaderos valores de los falsos (es la experiencia de liberación Is 29,18ss; 35,5.10; 42,6ss).

•     La gente ve que el que no se movía alguien le ha movilizado... las dudas sobre su identidad pone de manifiesto la transformación habida en uno... El interés por el hecho, por la figura de Jesús suscita una esperanza...



•    Aparecen los fariseos, no les interesa el hecho ni se alegran por él, quieren saber el como, para saber si ha habido infracción de la ley. Aparecen división de opiniones: la ley o el valor del signo (manifestación del poder de Dios). El ciego confiesa a Jesús como profeta, su actividad es de Dios.

•    Fariseos y dirigentes... se refugian en el escepticismo e incredulidad ya que si aceptan el hecho se derrumba su sistema teológico. Interrogatorio a los padres, que sienten miedo, cuentan el hecho... pero el hijo no tiene miedo y hay una presión sobre el pueblo para evitar la adhesión a Jesús.

•     No se puede negar el hecho recurren a su autoridad doctrinal (el actuar de Jesús es contrario a Dios=pecador). El ciego no se mete en cuestiones
teóricas-teológicas, y opone el hecho a la teoría. Se niega a someterse-callarse, contraataca (¿queréis
haceros discípulos suyos?) en lo sensible y les hace decantarse: se quedan en el pasado, optan por la ley sin amor... no quieren leer la realidad donde se
manifiesta el amor de Dios (la miran desde su ideología). El ciego se convierte en militante y ridiculiza el argumento de los dirigentes... y ante eso
surge la coacción moral y la violencia (lo echan fuera). El que ha tenido experiencia de liberación es un obstáculo para su dominación.

•    Jesús no abandona al que ha sido fiel... le pregunta si mantiene su adhesión al ideal de persona que ha visto (ya está aquí, delante de él). Jesús se revela a él. Expulsado de la institución judía, encuentra en Jesús el nuevo santuario, donde brilla la gloria-amor de Dios Padre: “se postró”, es un adorador de los que el Padre busca.

•    No es misión de Jesús juzgar a la humanidad, pero su presencia y actividad denuncian el modo de obrar del orden opresor y abren un proceso contra él: quienes estén por la liberación y la vida se pondrán de parte de Jesús. Y así, los que nunca han podido conocer, como el ciego, experimentarán la acción-amor de Dios, y conocerán. Los que podían conocer, pero engañaban con su doctrina, al rechazar a Jesús perderán para siempre la luz de la vida.

QUIERO CREER

Porque, Señor, yo he visto y quiero volver a ver, quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño

y en agua me bauticé

y, limpio de culpa vieja,

sin velo te pude ver. Quiero creer.



Devuélveme aquellas puras

transparencias de aire fiel,

devuélveme aquellas niñas

de aquellos ojos de ayer. Quiero creer.

Limpia mis ojos cansados,

deslumbrados de cimbel;

lastra de plomo mis párpados

y oscurécemelos bien. Quiero Creer.

Ya todo es sombra y olvido

y abandono de mi ser.

Ponme la venda en los ojos.

Ponme tus manos también. Quiero creer.

Tú que pusiste en las flores

rocío, y debajo miel,

filtra en mis secas pupilas

dos gotas frescas de fe. Quiero creer.

Porque, Señor, yo te he visto

quiero volver a ver,

creo en ti y quiero creer.

Aquí estoy, Señor, como el ciego del camino.

Pasas a mi lado y no te veo.

Tengo los ojos cerrados a la luz

y no puedo verte.

Pero al sentir tus pasos, al oír tu voz,

siento en mí como un manantial que nace,

que grita por ti.

Te necesito, Señor.

¡Me ciegan tantas cosas!

Señor, ábreme los ojos a tu vida.

Quiero ver tu rostro con ojos limpios.

Quiero abrir mis ojos a la luz de tu Evangelio.

Quiero mirar la vida de frente y con sentido.

Quiero que la fe sea antorcha en mi camino.

Quiero verte y quiero aprender

que la vida, el dolor y la muerte,

sin tu luz son caos.

Quiero ver en cada persona un hermano.

Quiero abrir los ojos a mí mismo,

y ver dentro de mi vida.

Quiero poner mis ojos en las cosas de cada día

y buscar en ellas tu huella.

Señor Jesús, ayúdame a ver.

Limpia mi corazón de lo sucio

para que pueda ver desde dentro.

Como el ciego del camino, como el ciego, así te busco. Toca mis ojos con tus dedos

y ábrelos a la luz.

Entonces, Señor,

podré decirte: “Creo, Señor”

y mi camino tendrá rumbo.

¡Gracias, Señor!



V J A





Ver: Si buscamos en el diccionario la palabra CIE­GO, veremos que dice, entre otras acepciones: “Pri­vado del sentido de la vista//Persona que no quiere o no puede darse cuenta con claridad de algo”. Y si buscamos CEGUERA, dice: “Pérdida total o parcial de la visión//Cualquier cosa que impide razonar con cla­ridad”.

Hay, por tanto, una ceguera de la que la persona no es responsable, pero hay también una ceguera, la es­piritual, que en muchas ocasiones sí es responsabili­dad nuestra.

En el habla coloquial, decimos que “no hay peor cie­go que el que no quiere ver”. Y en este cuarto do­mingo de Cuaresma el Señor nos invita a revisar có­mo llevamos ese proceso de curación de nuestras cegueras que es la conversión, a revisar si nos se­guimos empeñando en no querer “ver”.

Revisar nuestros compromisos cuaresmales, los que nos hicimos al comenzar la Cuaresma, para compro­bar si estamos avanzando hacia la luz, o preferimos quedarnos en nuestras oscuridades.

juzgar: En el evangelio, Jesús compara una vida sin fe, o con una fe deformada, a una vida sin vista.

Jesús se encuentra con un ciego de nacimiento; y pa­ra manifestar a sus discípulos las obras que Dios hace a través de él, hace que el ciego recobre la vista. Entonces Jesús le abre los ojos de su interior a la luz de la fe. El gesto físico de dar vista al ciego es utiliza­do por Jesús para ir más allá, para darle una luz más importante, la luz de la fe.



Del mismo modo que necesitamos la vista para ca­minar sin tropezar, necesitamos la luz de la fe para vivir la vida sin tropezar en los muchos obstáculos que se nos presentan.

Jesús es la luz que puede iluminar nuestra vida, disi­pando todo lo que produce tinieblas. Si nos dejamos guiar por él, será capaz de librarnos de nuestras ce­gueras.

ACTUAR: El ciego de nacimiento se curó dejándo­se tocar por Jesús y haciendo lo que él le pidió. Si queremos ser curados de nuestras cegueras y encon­trar la luz en nuestra vida, tenemos que dejarnos “tocar” por Jesús, pero tocar de verdad, en el cora­zón.

Él nos puede tocar con su Palabra: ¿Me leo en casa las lecturas, o por lo menos el evangelio?

Él nos puede tocar en la oración: ¿Me reservo por lo menos cinco minutos al día para orar?

Él nos puede tocar en la Eucaristía: ¿La vivo como un encuentro con el Señor, o como cumplimiento del precepto? ¿Llego con antelación al templo? ¿Presto atención? ¿Participo?

Él nos puede tocar en el sacramento de la Reconci­liación: ¿Cuánto hace que no recibo este sacramen­to? ¿Me limito a decir la lista de pecados, o busco la raíz de mis cegueras para sanarla?

Él nos puede tocar con el encuentro con otras per­sonas: ¿Cómo soy en mis relaciones?

Si cuidamos estos aspectos, y otros, estaremos “ca­minando como hijos de la luz”, como decía San Pa­blo; y estaremos abandonando nuestras cegueras. El Señor sale a nuestro encuentro de diferentes modos, para que podamos acogerle como nuestro Salvador.

La semana pasada él decía a la Samaritana: “Soy yo, el que habla contigo”. Esta semana nos dice, como al ciego: “Lo estás viendo; el que te está hablando, ése es”.

Ojalá no sigamos empeñándonos en estar ciegos vi­viendo una fe rutinaria, sino que aceptemos la Luz que es Jesús dejándonos tocar por él, y así digamos de corazón, como el ciego: “Creo, Señor”.



10 de abril - Domingo V de Cuaresma

• Ez 37, 12-14 • “Os infundiré mi espíritu, y viviréis”

• Sal 129 • “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”

• Rm 8, 8-11 • “El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros”

• Jn 11, 1-45 • “Yo soy la resurrección y la vida”

__________________________________________________________________________

•   Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.

•   Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

•   Leo el texto. Después contemplo y subrayo.



 




 

Había un enfermo, Lázaro, de Betania, el pueblecito de María y de su hermana Mar­ta. María era la que ungió con perfume al Señor y le enjugó los pies con sus cabe­llos; su hermano estaba enfermo. Las hermanas mandaron a decir al Señor: «Tu amigo está enfermo». Jesús, al enterarse, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, sino para que resplandezca la gloria de Dios y la gloria del hijo de Dios». Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Y aunque supo que estaba enfer­mo, se entretuvo aún dos días donde estaba. Sólo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?». Jesús contestó: «¿No tiene doce horas el día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque le falta la luz». Dijo esto, y añadió: «Lázaro, nues­tro amigo, duerme; pero voy a despertarlo». Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se recuperará». Pero Jesús hablaba de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del reposo del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muer­to; y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Vamos a ver­lo». Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a sus compañeros: «Vamos también nosotros a morir con él». A su llegada, Jesús se encontró con que hacía cuatro días que Lázaro estaba muerto. Betania distaba de Jerusalén unos tres kilómetros, y mu­chos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas.

Así que oyó Marta que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras que María se quedó en casa. Marta dijo a Je­sús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero yo sé que Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará cuando la resurrec­ción, el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y to­do el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Le contestó: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo».

Dicho esto, fue a llamar a María, su hermana, y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama». Ella, así que lo oyó, se levantó rápidamente y salió al encuentro de Jesús. Jesús aún no había entrado en el pueblo; estaba toda­vía en el sitio donde lo había encontrado Marta. Los judíos que estaban en casa de María y la consolaban, al verla levantarse y salir tan aprisa, la siguieron, creyendo que iba al sepulcro a llorar. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Je­sús, al verla llorar y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció y, profundamente emo­cionado, dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?». Le contestaron: «Ven a verlo, Señor».

Jesús se echó a llorar, por lo que los judíos decían: «Mirad cuánto lo quería». Pero algunos dijeron: «Éste, que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que Lázaro muriese?» Jesús se estremeció profundamente otra vez al lle­gar al sepulcro, que era una cueva con una gran piedra puesta en la entrada. Jesús dijo: «Quitad la piedra». Marta, la hermana del difunto, le dijo: «Señor, ya huele, pues lleva cuatro días». Jesús le respondió: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo bien sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó muy fuerte: «¡Lázaro, sal fuera!». Y el muerto sa­lió atado de pies y manos con vendas, y envuelta la cara en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María y vieron lo que hizo creyeron en él.



•    Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escu­cho... veo. A la luz de estos últimos textos de Jn 4, 9 y 11... ¿Qué descubro sobre el Bautismo que he recibi­do, sobre mi fe en Jesucristo?

•    Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. ¿He es­cuchado alguna “Marta” que me decía “el Maestro está aquí y te llama”? ¿Cómo he respondido?

•    Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.

•    Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Notas para situar este evangelio

•    Seguimos dejándonos acompañar como los prime­ros cristianos por otro texto catequético. Jesús do­mina la muerte, hace signos desde la cercanía (se contagia del dolor de la gente-se hace carne) para que se manifieste la gloria de Dios y los discípulos crean. Los bautizados serán testigos del poder de la palabra de Dios que nos llama a salir de la oscuridad-tumba, quitar vendas, liberar... el bautizado es el que confiesa la fe en quien es la resurrección y la vida.

•    De ahí que Juan no pretende que encontremos en Jesús a un gran milagrero, sino que contemplemos a quien es “la resurrección y la vida ” para todos.

Para fijarnos en el Evangelio

• vv.1-17: Presentación de una comunidad de discípulos: son de Betania y la enfermedad de Lázaro puede representar la amenaza de muerte de la que no está exenta el discípulo • vv.18-27: Esta Betania no está más hallá del jordán, sino cerca de Jerusalén. La comunidad no ha roto con la institución judía y su modo de pensar; de ahí nacen las falsas concepciones sobre la muerte y la resurrección y sobre la obra del Mesías • vv. 28-38: Jesús y María: El dolor por la muerte. El recado de María en voz baja delata la hostilidad que reinaba contra Jesús en los ambientes judíos. María, que representa a la comunidad apenada por la muerte, reconoce la llamada de Jesús • vv.39-46: La presencia y actividad de Jesús denuncian el modo de obrar del orden opresor. Se presenta la alternativa de Jesús.

•   Este signo, en Juan, es el que hace Jesús antes de su Pascua. La “Resurrección”, tal como la utiliza en el v.25, es palabra que hace falta reservar para el paso de la
muerte a la vida eterna. De ahí que no sea el término más apropiado para hablar de la restitución de la vida
(caso de Lázaro). Y recordar que el objetivo de fondo del signo es “la gloria de Dios”, la gloria que se manifiesta en su muerte y resurrección. Se insiste en el
amor de Jesús. Sin embargo el retraso deliberado deja a Lázaro morir, nos pone de manifiesto que la misión de Jesús no es liberar al hombre de la muerte física, sino
dar a ésta un nuevo sentido.

•     En este signo, Jesús toma la iniciativa y se compromete. En la reflexión que hace de este compromiso, con la imagen de la luz, invita a los
discípulos a superar la reticencia de seguirle y a tomar compromiso. Para los discípulos, Jesús será
Luz que les permitirá trabajar sin  miedo (para los discípulos la muerte sería el final y hay que evitar).

•    La palabra “hermano”, “amigo” era un modo de llamarse los cristianos en las comunidades joaneas (Jn 15). Jesús no puede abandonar al amigo, pero los discípulos lo intentan disuadir porque para ellos, “salvarse” significa evitar la muerte física; para Jesús, tener una vida que supera la muerte. La vuelta a la vida de Lázaro va a mostrarles el entero fundamento de la fe: percibirán todo el alcance del amor de Dios, viendo que la vida vence la muerte.

•    Significado de Tomás el que está dispuesto a morir “con Jesús” será su doble (mellizo de Jesús). (Pedro “por Jesús”, 13,37). Tomás es la expresión máxima de la adhesión humana a Jesús, y ahí se detendrá hasta que palpe la victoria de la vida sobre la muerte.

•    En Betania. La comunidad representada por los tres hermanos ha dado su adhesión a Jesús, pero no ha roto con la institución y forma de pensar judía. Los judíos ahí presentes dan muestras de solidaridad con esa comunidad... no han visto en ellos la ruptura de su Maestro.

•    Marta expresa su confianza en Jesús y, al final, su fe; María, en cambio, está hundida bajo el peso del dolor, solo ve la muerte, la pérdida. María representa la fe del pueblo de Israel; Marta da el paso a la fe en Cristo. Su profesión de fe de Marta expresa quién es Jesús para ella: el enviado de Dios, el Hijo, no solo alguien que tiene relación con Dios, sino Dios mismo.

•    La solidaridad con la muerte se expresa entrando en casa, Jesús no entra, y en la frase de Marta hay un reproche (la muerte ha interrumpido la vida de su hermano). Para Marta Jesús es un mediador ante Dios y no comprende que Jesús y el Padre son uno y que las obras de Jesús son las del Padre. Marta espera una intervención de Jesús como la del profeta Eliseo. Jesús responde restituyendo la esperanza... pero Marta “ya sabe” como para muchos judíos, el último día está lejos, y no comprende la novedad de Jesús.

•   “Yo soy la resurrección y la vida”. Jesús vino a comunicar la vida que él mismo posee y dispone, su mismo Espíritu. La vida que él comunica, al
encontrarse con la muerte, la supera; a esto se llama resurrección; no está relegada al futuro, porque Jesús, que es la vida, está presente.

•   Para que la realidad de vida invencible que es Jesús al hombre se requiere la adhesión, a la que el
responde con el don del Espíritu, nuevo nacimiento a una vida nueva y permanente... y esto es lo que espera Jesús de Marta (¿crees esto?). Marta responde
con la perfecta profesión de fe cristiana; ya no es el profeta, sino el Hijo de Dios, igual al Padre.

•   El creyente está destinado a la vida que no acaba. Pero la vida eterna no es sólo para tras la muerte: por Jesús (por el Bautismo) el creyente es desde ahora
un viviente, ya tiene germen de vida eterna.

•      Los sentimientos, los reproches de María, representan a la comunidad apenada por la muerte. Ante la llamada de Jesús, los judíos interpretan su
salida como otro impulso del dolor, como si el sepulcro la llamase ya que lo único que conciben es el llanto... y la sorpresa es el encuentro con Jesús.

•    María y los invitados lloran desconsolados por la muerte sin esperanza. Jesús se reprime (dolor sereno)... no quiere participar de esa clase de dolor, de la salvación como no morir. Jesús va al sepulcro para manifestar la gloria-amor de Dios, que salva al hombre de una muerte irreparable. Y la fe en El es la condición para “ver” la gloria de Dios.

•    La mención a los sentimientos de Jesús expresan que Jesús se encontró enfrentado a la realidad no sólo de muerte de Lázaro, sino también a la suya, y esto le provoca un combate interior. Su llanto, a la vez que es el del hombre que tiene que consentir a la prueba, es el de Dios ante la muerte de quienes aprecia, de la humanidad que ha creado.

•    Jesús, ¿podría haber evitado la muerte de Lázaro? No lo sé... en cualquier caso, Jesús no rehuyó afrontar la vida y la muerte comprometiéndose con la humanidad.

•    Sepulcro-cueva hace referencia a los patriarcas que están ligados al origen del pueblo (Gn49, 29-32: 50,13). Es el antiguo sepulcro donde todos han sido puestos... en oposición al sepulcro nuevo de Jesús, el de la vida, donde nadie había sido puesto todavía. Lázaro había sido enterrado a la manera y según la concepción judía (Gn 15,15: “para reunirse con sus padres”). La losa, que cierra el paso, simboliza la definitiva muerte. Y Jesús pide que se despoje de esa creencia (“quitad la losa”).

•    Marta no ve la diferencia entre la muerte de un discípulo y la que ha sufrido al humanidad desde siempre (“cuatro días”), la realidad le hace entrar en crisis (huele mal) y Jesús le reprocha su incredulidad. Ante el reproche la comunidad deja su idea de muerte (”se quita la losa”).

•    “Levantó los ojos”. Se muestra la comunicación de Jesús con Dios: no pide, le da gracias porque el Padre se lo ha dado todo. El agradecimiento es expresión del amor. La oración tiene que ver con su “hora”, con su turbación ante la propia muerte.

•    Con su orden, saca a Lázaro (que representa al creyente) del lugar de la muerte, pues sigue vivo.



•    El hedor, las vendas y el sudario subrayan la realidad de la muerte. Las piernas y brazos atados muestran al hombre incapaz de moverse. Paradoja: el
que sale está muerto, pero sale él mismo, porque está vivo. Jesús nos exhorta a la acción, a traducir en la práctica la nueva convicción de que el discípulo no
está sometido al poder de la muerte. Son ellos los que lo ataron y son ellos los que lo tienen que desatar.

•    Jesús no devuelve a Lázaro a la comunidad, lo deja marcharse y haga su propio camino. Se describe la concepción judía del destino del hombre, que impedía a la comunidad comprender el amor de Dios manifestado en Jesús. La losa, las vendas encerraban al muerto en el pasado (tumba de Abrahán), impedían llegar a la casa de Padre. No es que Lázaro tenga aún que irse con el Padre, son ellos los que tienen que dejarlo ir, comprendiendo que Lázaro está vivo en la esfera de Dios, en vez de retenerlo en su mente como un difunto sin vida. Ahora, la comunidad es un testimonio del amor de Dios que libra al hombre del temor más profundo y raíz de toda esclavitud.

•    La muerte como final es expresión de la debilidad humana, que incluye todas las debilidades y humillaciones. El miedo a la muerte como desaparición definitiva deja al hombre impotente ante la opresión y funda el poder de los opresores. Jesús, nos libera de este miedo radical y nos hace libres, dándonos capacidad de entrega generosa y total.

LLAMADOS A LA VIDA

¡Lázaro! ....

Como Lázaro hay muchos, muchos muertos:

jóvenes y viejos muertos;

muertos vivos y muertos muertos.

Los hay que descansan en la paz de su sepulcro, y los hay que cansan en el trasiego de la vida.

Tu eres un muerto, necesitado de vida, yo soy un muerto, necesitado de vida.

Hay personas muertas y hay pueblos muertos.

Hay personas muertas

y hay grupos y “clases” muertas.

Delante de todos, Jesús, amando de corazón,

se le estremece el espíritu,

se conmueve profundamente,

llorando y gritando: ¡ Lázaro, ven fuera!

¿Quién le ayudará a Jesús a apartar las piedras que tapan la sepultura?

(Traducción libre de M.Regal, Un caxato para o caminño, pp.63-64)



V J A





Ver: Estamos a punto de celebrar la Semana Santa y la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Y en esta sociedad en la que “ser cristiano” se ve simplemente como ser seguidor de un conjunto de normas morales, afirmar que creemos en la resurrección
de Jesús y en la nuestra suena a cuento.

Ante la muerte se han dado variadas respuestas: la na­da, la reencarnación, una cierta pervivencia, la resu­rrección... en definitiva, todo se reduce a creer si hay o no hay vida más allá de la muerte física.

Y se han dado argumentos y razones para apoyar todas estas respuestas; pero digamos lo que digamos, nadie tenemos datos objetivos e incuestionables para hacer prevalecer una respuesta.

Pero el ser humano se sigue preguntando, y en esa reflexión podemos llegar a este punto: o bien esta­mos destinados a una vida junto a Dios, o bien esta vida nuestra es el mayor absurdo, una especie de “broma” cruel, el fracaso de la evolución.

Porque si nuestro fin es la nada, ¿qué sentido tiene que la Naturaleza haya producido un ser capaz de pensar, de tener conciencia de sí mismo, capaz de amar, de soñar... para acabar en la nada?

Por eso, ante la variedad de respuestas, hay que adoptar aquella que ofrezca más credibilidad, más razones para creer en ella, sabiendo que estamos hablando de cosas que se nos escapan.

juzgar: Nosotros, si estamos aquí reunidos, es porque creemos en Jesús, en su resurrección y en la vida en plenitud junto a Dios.



Cada semana escuchamos lo que Jesús decía y hacía, igual que los contemporáneos de Jesús escuchaban y veían lo que Jesús hacía y decía. Jesús ha ido mos­trando quién es a través de palabras y signos, y llega un momento en que hay que optar por él.

Pero a veces cuesta sentir su presencia, como cuan­do nos encontramos con la realidad de la muerte. Como Marta y María, también nosotros pensamos en los momentos duros: si de verdad Él estuviese aquí con nosotros, si de verdad fuera el Hijo de Dios, no ocurriría esto.

Jesús nos plantea que, después de conocerle y escu­charle, optemos por él: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá... ¿Crees esto?”

Jesús respeta al máximo nuestra libertad de decisión; él se nos ofrece y nos pide que confiemos en él, que tengamos fe en él. Y nos ofrece “razones para creer”.

Por eso Marta responde lo que nosotros deberíamos responder: “Sí Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

ACTUAR: Ser cristiano no es seguir un código mo­ral, ni saber un conjunto de teorías.

Ser cristiano es creer “a” Jesús, confiar en él, llegar a la certeza de que él es el Hijo de Dios, y decir de co­razón “Sí Señor, yo creo”.

Y hay momentos difíciles, de oscuridad, de muerte, que parecen negar todo lo que Jesús dice. Pero si nuestra fe la hemos formado, la hemos hecho madu­rar, si nuestra fe nos ayuda a educar nuestra mirada para ver la realidad en profundidad, más allá de las apariencias... podremos dar ese “salto” de la fe, y confiar plenamente en Jesús, como hicieron las her­manas de Lázaro, aunque no entendamos; y no será “querer creer” para no enfrentarnos a la nada. Será un verdadero acto de fe.

El Señor quiere que compartamos su resurrección, y por eso se hace presente en los acontecimientos de nuestra vida, respetando nuestra libertad, sin impo­nerse. Él se nos da en la Eucaristía para que, si queremos, lo acojamos y alimentados con su Palabra y su Cuerpo y Sangre se fortalezca nuestra fe y así tenga­mos y ofrezcamos razones para afirmar: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios”.
(
http://ar.groups.yahoo.com/group/reddecatequistas
).

Una imagen perfecta de paz.

UNA IMAGEN PERFECTA DE PAZ
Por Carlos Rey
 
Había una vez un rey que ofreció un gran premio al pintor que pudiera captar en un cuadro la paz perfecta. Muchos artistas hicieron el intento. El rey examinó todas las pinturas, pero sólo hubo dos que realmente le gustaron, así que tuvo que escoger entre ellas.

La primera pintura era de un lago muy tranquilo. El lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre las montañas había un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que vieron esa pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas, pero eran montañas escabrosas. Sobre ellas se veía un cielo tempestuoso y un torrencial aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo, parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Ninguna de estas imágenes transmitía la paz. Sin embargo, al observar con cuidado, el rey vio tras la cascada un delicado arbusto que salía de una grieta en la roca. En el arbusto había un nido. Allí, en medio de la rugiente cascada, se posaba plácidamente un pajarito en su nido... la imagen perfecta de paz.

Esa imagen convenció al rey de que debía escoger como ganadora la segunda pintura. «La paz no significa —explicó el rey— estar en un lugar tranquilo, sin dificultades, sin arduo trabajo o sin dolor. La paz consiste en que, en medio del ruido y de la tempestad, sintamos calma en nuestro corazón.»

Menos mal que la paz que nos vino a traer el niño Dios hace unos dos mil años no dependía de un lugar tranquilo, sin el mugido de las vacas y el balido de las ovejas, sin contratiempos y sin trabajos o dolores como los de parto. Al contrario, el humilde pesebre en el que nació nuestro Señor Jesucristo representa para toda la humanidad un lugar en el que reinó la paz en medio de la adversidad. Porque quien ocupó ese plácido nido era el Salvador del mundo, el Rey del universo, el Príncipe de paz, que vino a identificarse con nosotros en nuestra condición humana, al extremo de sufrir el más cruel martirio muriendo en una cruz por nosotros. Por eso en Nochebuena podemos cantar: «Noche de paz». Y por eso podemos confiar en que cuando Él nos dijo que nos dejaba su paz,1 nos estaba ofreciendo la paz perfecta, paz que Él mismo había perfeccionado y que consiste en mantener la calma en medio de las tormentas de la vida.

 
1.- Jn 14, 27
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

02/03/2011 00:41 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

San Juan Bosco.

SAN JUAN BOSCO

31 de enero

Jesus Marti Ballester

En una modesta casa de Becchi (Italia), el 16 de agosto de 1815, nació de Francisco Bosco y Margarita Occhiena, el que llegará a ser gran apóstol del siglo XIX y taumaturgo imponente. A los dos años, perdió a su padre. Y desde entonces -como él mismo dirá-, todo se lo deberá a su madre, mujer inteligente y ejemplar, fuerte y virtuosa, de gran temple de espíritu, que cuidó del cultivo de sus tierras y de su administración, se enfrentó a todas las dificultades y educó a su con reciedumbre. Juan era juguetón y travieso, guapo y animoso. A los seis años apacentaba el ganado, aprovechando el tiempo para orar y admirar las maravillas de la naturaleza. Cuando hombre de prestigio actuaba, moderaba con la humildad de sus inicios y el recuerdo del pastoreo le mantenía en su verdad.    


LISTO Y AUDAZ

Tan despierto que habiendo sorprendido a un ladrón, consiguió recuperar el  pavo que había robado. En Capriglio, pueblo de su madre, y en casa del abuelo materno, una noche, mientras en familia se contaban cuentos de duendes, se oyeron ruidos extraños, que salían del granero. Todos se asustaron y gritaron: "¡Un duende, un duende!" Juanito sereno, cogió una lámpara de aceite, subió al granero y  le siguieron con miedo. El duende era una gallina que daba tumbos dentro del cesto. "Es uno de los hombres que más han trabajado en el mundo" ha escrito un biógrafo. Apóstol de los niños y de la recuperación social de los jóvenes, con sus "Oratorios Festivos", intuición que desarrolló desde niño entre sus compañeros; aún estudiante instituyó la "Sociedad de la alegría", que animaba con su voz bien timbrada y sus habilidades cómicas y de prestidigitador y animada con su lema: Trabajo y Piedad. Y una gran devoción a la Virgen. Consignas que dejó en herencia a los suyos.

LOS SUEÑOS DE DOM BOSCO. LE HABLAN EL HIJO Y LA MADRE

A los nueve años tiene Juanito un sueño famoso: Se vio en un gran campo, rodeado de muchos niños; algunos blasfemaban y empezó a darles puñetazos; un Personaje, con manto blanco, le dijo que no los conquistaría a golpes, sino con dulzura. ¿quién eres? – preguntó: "Yo soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día", y apareció una Señora, vestida de manto luminoso sembrado de estrellas que, como Maestra para ayudarle en su labor, le dice: "Mira", y al instante, aquellos niños se convirtieron en osos y perros: mas, al contacto de la Señora, se convertían en mansos corderos. La Señora entonces, poniéndole una mano sobre la cabeza, le dijo: "Todo lo comprenderás a su debido tiempo". .):  "Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas". Al referir Juan este sueño a los suyos, todos lo comentaban con risas. Solamente la madre dijo: "¡Quién sabe, hijo mío, si algún día serás sacerdote!"… Este sueño decisivo inicia en Juan su apostolado: adoctrina desde entonces a los niños: especialmente los sábados, en su arado, entre juegos y rezos, volatines, piruetas y cánticos piadosos. A los diez años, en 1826, recibe la Primera Comunión, preparado por su propia madre. A los doce años, estudió con Dom Calosso, un sacerdote ejemplar, que, prendado de las cualidades del niño, le ofreció su ayuda: más tarde sirvió como criado en casa de los Moglia, y reanudó sus estudios con el mismo sacerdote, hasta su fallecimiento. Don Bosco es famoso por sus sueños proféticos, ¡se conocen 159 de ellos! Quizás el mas famoso de sus sueños es el de la Nave que navega en un mar agitado. (Simbolizaba la Nave de la Iglesia).

EN LAS ESCUELAS DE CASTELNUEVO

A los dieciséis años asiste a las Escuelas de Castelnuovo para estudiar latín; en 1831 fue a Chieri para intensificar sus estudios. Durante las vacaciones, en su aldea, y los días festivos en la ciudad, continúa catequizando a los niños, divirtiéndolos a la vez con juegos y pasatiempos. Aconsejado por Dom Cafasso, entra en el Seminario de Chieri, y  a los veinte años, le visten la sotana. Tras los estudios del Seminario, y sin perder la atracción hacia sus compañeros, más activo y animoso cada día en la catequesis, clases dominicales, etc... En junio de 1841 le  ordena Sacerdote Monseñor Fransoni, arzobispo de Turín, celebró la primera Misa en Castelnuovo, donde ejerció los primeros meses su sacerdocio.


CON LOS NIÑOS

El 8 de diciembre de aquel 1841, acogió Dom Bosco en la sacristía de San Francisco de Asís a un jovencito despedido por el sacristán, porque no sabía ayudar a Misa; era Bartolomé Garelli, el primer niño llamado por el Santo para emprender su misión; era el inicio del Oratorio Festivo. El domingo siguiente, volvió Garelli, con otros niños, y de este modo fueron aumentando los catequizandos "en poco tiempo estuve rodeado de jovencitos”, dice él mismo.

DESTINADO AL HOSPITAL DE VALDOCCO

Dom Bosco a Director espiritual del Hospital de Valdocco, los niños no le dejan; se hace el Oratorio allí, habilitando en el Hospital una Capilla para sus discípulos. Como el Oratorio seguía creciendo, reunió a los muchachos en las cercanías de la iglesia aneja al cementerio de San Pedro, y después en la Capilla de San Martín, a orillas del Dora, hasta que alquiló un prado cercano para los juegos de los niños. El Oratorio seguía creciendo, pero algunos sacerdotes y párrocos de Turín, se quejaron de Dom Bosco al arzobispo, creyéndole loco, al verlo entretenido entre los niños y jugando con ellos...

AL MANICOMIO

Envidiosos dos sacerdotes quisieron llevarlo a un sanatorio: invitaron a Dom Bosco a respirar aire puro. - "Un coche nos espera", le dicen. -"De acuerdo", responde el santo; y cogiendo su sombrero les sigue. Al pie del carruaje, le invitaron a subir, -"¡Por favor!, ¡sería una descortesía!... ¡primero ustedes!", dijo Dom Bosco. Aceptan y, cuando se han acomodado, cierra Dom Bosco rápidamente la portezuela y dice al cochero con voz estridente "¡Al manicomio!". Había actuado el Espíritu Santo con su don de consejo. Estos contratiempos y disgustos le enferman, y le cuida su madre y su amigo Dom Borel. Y cuando, restablecido, sale de su habitación, sus niños habían alfombrado con flores el sendero que conducía a la Capilla.

MAMA MARGARITA

Ante el crecimiento constante del Oratorio y después de esta enfermedad, mamá Margarita decide quedarse a cuidar a su hijo y el Oratorio de Valdocco es entonces una maravilla de ternura. En 1847 inaugura un nuevo Oratorio  y en 1849 otro en Vanchiglia. Con ellos y definitivamente fundamentados los Oratorios en su primera y heroica etapa inicial, en la que mientras la madre cocinaba, Dom Bosco acarreaba el agua, barría, y, puesto el delantal, hacía la sopa, llegamos a la segunda etapa social.   Para ganarse a los niños, ejecutaba ante ellos toda clase de acrobacias, llegando a ser un experto. Un domingo por la mañana, un acróbata ambulante dió una función pública, y los niños no acudieron a la iglesia; Juan Bosco desafió al acróbata en su propio terreno, obtuvo el triunfo, y se dirigió victoriosamente con los chicos a la misa.

Un sueño profético: LAS DOS COLUMNAS

Sus tres grandes amores son Jesús Sacramentado, María Auxiliadora y el Sumo Pontífice, quienes fueron protagonistas en uno de sus más famosos sueños proféticos:

"Una gran barca (la Iglesia) navegaba en un mar tempestuoso, piloteada por el Romano Pontífice, y a su alrededor muchísimas navecillas pequeñas (los cristianos). De pronto aparecieron un sinnúmero de naves enemigas armadas de cañones (el ateísmo, la corrupción, la incredulidad, el secularismo, etc.) y empezó una tremenda batalla.

A los cañones enemigos se unen las olas violentas y el viento tempestuoso. Las naves enemigas cercan y rodean completamente a la Nave Grande.  Y cuando ya el ataque es tan pavoroso que todo parece perdido, emergen desde el fondo del mar dos inmensas y poderosas columnas (o pilares). Sobre la primera columna está la Sagrada Eucaristía, y sobre la otra la imagen de la Virgen Santísima. La nave del Papa y las navecillas de los cristianos se acercan a los dos pilares y asegurándose de ellos ya no tienen peligro de hundirse.

Luego, desde las dos columnas sale un viento fortísimo que aleja o hunde a las naves enemigas, y en cambio a las naves amigas les arregla todos sus daños.  Todo el ejército enemigo se retira derrotado, y los cristianos con el Santo Padre a la cabeza entonan un Himno de Acción de Gracias a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora. El sueño es detallado e incluye a varios papas...  «La Iglesia deberá pasar tiempos críticos y sufrir graves daños, pero al fin el Cielo mismo intervendrá para salvarla. Después vendrá la paz y habrá en la Iglesia un nuevo y vigoroso florecimiento».


LA IMPORTANCIA DE LAS BUENAS LECTURAS

Don Bosco se veía también asediado de peticiones para que predicara; la fama de su elocuencia se había extendido enormemente a causa de los milagros y curaciones obradas por la intercesión del santo. Otra forma de actividad, que ejerció durante muchos años, fue la de escribir libros para el gusto popular, pues estaba convencido de la influencia de la lectura.

Él decía que Dios lo había enviado al mundo para educar a los jóvenes pobres y para propagar buenos libros, los cuales, además eran sumamente sencillos y fáciles de entender. "Propagad buenos libros -decía Don Bosco-,  sólo en el cielo sabréis el gran bien que produce una buena lectura".

Bien era una obra de apologética, otras de un libro de historia, de educación o bien de una serie de lecturas católicas. Este trabajo le robaba gran parte de la noche y al fin, tuvo que abandonarlo, porque sus ojos empezaron a debilitarse.

PRIMEROS COLABORADORES

El mayor problema de Don Bosco, durante largo tiempo, fue el de encontrar colaboradores. Muchos jóvenes sacerdotes entusiastas, ofrecían sus servicios, pero acababan por cansarse, ya fuese porque no lograban dominar los métodos impuestos por Don Bosco, o porque carecían de su paciencia para sobrellevar las travesuras de aquel tropel de chicos mal educados y frecuentemente viciosos, o porque perdían la cabeza, al ver que el santo se lanzaba a la construcción de escuelas y talleres, sin contar con un céntimo. En 1850, no quedaba a Don Bosco más que un colaborador y esto le decidió a preparar, por sí mismo, a sus futuros colaboradores.  Así fue como Santo Domingo Savio ingresó en el oratorio, en 1854. El nombre de Salesianos provenía del gran obispo de Ginebra, San Francisco de Sales, el "Santo de la amabilidad".  El momento no parecía muy oportuno para fundar una nueva congregación, pues el Piamonte no había sido nunca más anticlerical que entonces:  Los jesuitas y las Damas del Sagrado Corazón habían sido expulsados; muchos conventos habían sido suprimidos y, cada día se publicaban nuevas leyes que coartaban los derechos de las órdenes religiosas.  

Sin embargo, el ministro Rattazzi, uno de los que más parte había tenido en la legislación, urgió un día a Don Bosco a fundar una congregación para perpetuar su trabajo y le prometió su apoyo ante el rey. En diciembre de 1859, Don Bosco y sus veintidós compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta quince años después, junto con el permiso de ordenación para los candidatos del momento. La nueva congregación creció rápidamente: en 1863 había treinta y nueve salesianos; a la muerte del fundador, eran ya 768, y en la actualidad se cuentan por millares: Diecisiete mil en 105 países, con 1300 colegios y 300 parroquias, y se hallan establecidos en todo el mundo.  Don Bosco realizó uno de sus sueños al enviar sus primeros misioneros a la Patagonia.

EXPANSIÓN SALESIANA

Poco a poco, los Salesianos se extendieron por toda la América del Sur.  Cuando San Juan Bosco murió, la congregación tenía veintiséis casas en el Nuevo Mundo y treinta y ocho en Europa.  Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas de primera y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc., sin omitir las misiones extranjeras y el trabajo pastoral.

El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes, entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fue la cofundadora, a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos o Hijas de María Auxiliadora.

La nueva comunidad se desarrolló casi tan rápidamente como la anterior y emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. "Hoy en día son dieciséis mil, en setenta y cinco países".


CONSTRUCTOR DE IGLESIAS

La primera que erigió era pequeña y resultó pronto insuficiente para la congregación. El santo emprendió entonces la construcción de otra mucho más grande, que terminó en 1868. A ésta siguió una gran basílica en uno de los barrios pobres de Turín, consagrada a San Juan Evangelista.   El esfuerzo para reunir los fondos necesarios había sido inmenso; al terminar la basílica, el santo no tenía un céntimo y estaba muy fatigado, pero su trabajo no había acabado todavía. Durante los últimos años del pontificado de Pío IX, surgió el proyecto de construir una iglesia del Sagrado Corazón en Roma, y el Papa había dado el dinero necesario para comprar el terreno. El sucesor de Pío IX se interesaba en la obra tanto como su predecesor, pero parecía imposible reunir los fondos para la construcción. "Es una pena que no podamos avanzar" -dijo el Papa al terminar un consistorio-. "La gloria de Dios, el honor de la Santa Sede y el bien espiritual de muchos fieles están comprometidos en la empresa. Y no veo cómo podríamos llevarla adelante" –  "Yo puedo sugerir una manera de hacerlo"- dijo el cardenal Alimonda.–  "¿Cuál?–, preguntó el Papa.–  "Confiar el asunto a Don Bosco". –  "¿Y Don Bosco estaría dispuesto a aceptar?  –  "Yo le conozco bien" –dijo el cardenal –; "la simple manifestación del deseo de Vuestra Santidad será una orden para él". Se le propuesta a Don Bosco, quien la aceptó. Cuando ya no pudo obtener más fondos en Italia, se trasladó a Francia, el país en que había nacido la devoción al Sagrado Corazón. Las gentes le aclamaban en todas partes por su santidad y sus milagros,  y el dinero le llovía. El porvenir de la construcción de la nueva iglesia estaba ya asegurado; pero cuando se aproximaba la fecha de la consagración, Don Bosco repetía que, si se retardaba demasiado, no estaría en vida para verla terminada.

TALLERES DE ARTES Y OFICIOS

En este segundo período, implanta Dom Bosco los Talleres de Artes y Oficios, empezando por la zapatería y siguiendo la sastrería, la encuadernación y tipografía, carpintería y ebanistería. Acogía Dom Bosco siempre a todos los niños, aun a los más difíciles y díscolos, con sonrisa bondadosa. Un cardenal quiso comprobar los frutos del apostolado, y se fue un día con Dom Bosco en coche a la plaza del pueblo. Cuando llegaron, se apeó Dom Bosco, mientras el cardenal observaba desde el coche; Don Bosco llegó hasta un grupo de chiquillos, les habló paternalmente y les obsequió con regalos, sin interrumpir sus juegos, tomando él mismo parte en ellos. Ya todos los chiquillos de la plaza le rodeaban alborozados, siguiéndole con algarabía al partir el coche, cautivados por la bondad y dulzura que del mismo emanaba. Para mejor atender al cuidado espiritual de sus muchachos, levantó una iglesia, que dedicó a San Francisco de Sales.

LA CONGREGACIÓN SALESIANA

Continuó teniendo frecuentes sueños, o visiones, en los que comprendió que debía fundar una Congregación Religiosa que, siguiendo sus métodos y enseñanzas, educara a las juventudes, especialmente obreras. Así nació la Congregación Salesiana, cuyos primeros miembros profesaron en 1859 y que fue definitivamente aprobaba en 1868. Muy pronto conquistó a FELIPE RINALDI, cuando ya tenía 21 años, ya declarado Beato, y Domingo Savio, santo canonizado.

Su amor y gran devoción fue la Santísima Virgen, a la que ya en su primer sueño de niño vió como Colaboradora y Maestra. Le hace ponerlo todo siempre bajo su manto y amparo, en la advocación dulce de "María Auxiliadora".

En 1865 logra poner la primera piedra del Santuario que le dedicó, que, a fuerza de sacrificios y casi milagros de la Señora, consiguió ver terminado dos años más tarde. Con el Santuario-Basílica nació la Archicofradía de María Auxiliadora.

Queriendo aplicar las normas que instituyó para rescatar a los niños, que tan maravillosos resultados estaban dando sus Oratorios Festivos, con los mismos fines, fundó en 1872 la Congregación de Hijas de María Auxiliadora para la educación de las niñas y jovencitas.

ANTIGUOS ALUMNOS Y COOPERADORES SALESIANOS

También instituyó luego, para que sus muchachos no perdieran el contacto y la formación recibida, la Asociación de Antiguos Alumnos; y por fin, en 1875, consiguió la "Pía Unión de Cooperadores Salesianos", como una Tercera Orden. El año 1877, redactó el Reglamento con las normas de su ideario: religión y razón, paz y paciencia; amor y piedad; oración y recreo.


SU BONDAD

Todo en Dom Bosco era bondad, amor y alegría, que contagiaba y cautivaba a todos y, quienes le conocían volaban a su encuentro o se confiaban a él sin recelo. Incluso los presos de la cárcel de Turín en 1855, y consiguió que más de 300 de ellos salieran con él de recreo, sin que ni nadie faltara al regreso. A sus niños les decía: "Jugad, corred, divertíos, pero no cometáis pecados: sed siempre alegres, animosos y joviales". Confesaba a los pecadores, y les adivinaba los pecados, con lo que logró innumerables conversiones, sobre todo de pecadores moribundos, a quienes preparaba con habilidad pasmosa. Consolidadas ya sus Obras fue requerido de diversas naciones para que  estableciera Oratorios y Colegios... Viajó por toda Italia, Francia, Austria y España.

BARCELONA

En 1886 visitó Barcelona, donde permaneció desde el 8 de abril al 6 de mayo, residiendo en Sarriá, fundada a requerimiento de doña Dorotea de Chopitea. Las habitaciones que entonces ocupó han sido convertidas en Capilla, dedicada a él y donde se conservan sus recuerdos y los objetos que usó.

EL TIBI-DABO

Cuando llegaba en tren a Barcelona en sueños y al ritmo del trepidar del tren, oía Dom Bosco una voz que  repetía insistentemente: "Tibi dabo", "Tibi dabo"..., El entonces no comprendía; pero cuyo sentido le quedó aclarado cuando le visitó una comisión para hacerle donación de la cumbre de la montaña "Tibidabo", para construir allí una ermita al Sagrado Corazón de Jesús. "No una ermita, sino un gran templo, se alzará sobre esa montaña", profetizó Dom Bosco.

La actividad del Santo no conoce límites en ningún campo del apostolado. A la vez que atiende a nuevas fundaciones, resuelve consultas de los Cardenales, del Papa, y hasta de ministros de Italia; su fama se extendió más cada día y las gentes solicitaban su bendición. Después, se retiró a descansar a las Casas Salesianas próximas a Turín. Ya moribundo dijo: "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero en el Paraíso". Murió víctima de agotamiento, el 31 de enero de 1888. Unas cuarenta mil personas desfilaron estando el santo de cuerpo presente, y sus funerales fueron una marcha triunfal, porque toda la ciudad de Turín salió a la calle durante tres días a honrar a Don Bosco por última vez.

Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo Pontífice Pío XI lo canonizó en 1934 y lo declaró Patrono de los que difunden buenas lecturas y "Padre y maestro de la juventud".  

Jesús Marti Ballester

¿Somos lo que decimos ser?

Virtudes y Valores
 
¿Somos lo que decimos ser?
los cambios no se consiguen simplemente a base de presiones externas, sino desde el interior de cada uno.
Autor: Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores


Confucio estuvo inspirado al explicar algo sencillo y válido para todos los tiempos: uno de los grandes problemas de la humanidad surge cuando no somos lo que decimos ser, cuando no vivimos según lo que significa nuestro nombre.

¿Qué significa ser político? Trabajar por la ciudad o por el estado. ¿Y médico? Buscar la salud y la atención debida a los enfermos. ¿Y arquitecto? Proyectar edificios resistentes y adecuados para la vida de las personas. ¿Y profesor? Enseñar a los alumnos a encontrar la verdad y a vivir las virtudes. ¿Y policía? Velar por el orden público. ¿Y padre o madre de familia? Cuidar a los hijos y orientarlos hacia el buen camino.

Los significados están más o menos claros para muchas profesiones y para muchas dimensiones familiares o sociales. Para otras no hay claridad, o existen opiniones contrastadas: no resulta fácil definir correctamente lo que hace un psicólogo, o la finalidad propia de un literato.

En los casos en que el significado es claro, las dificultades inician cuando uno no es lo que debería ser. El desorden radica en pervertir el propio nombre, en decirse una cosa y actuar de otra manera, en engañar y desorientar a quienes buscan ayuda en quien debería ofrecerla y no lo hace.

Por eso la “solución” propuesta por Confucio parece atractiva: hay que poner en marcha una “rectificación de los nombres”. Es decir, hay que buscar caminos concretos para que cada quien sea lo que su nombre indica.

Esto vale, desde luego, sólo para los casos en los que los nombres son buenos. No tiene sentido pedirle al ladrón que sea lo que su nombre indica. Lo que sí es urgente es exigir al político que nunca sea ladrón, sino que trabaje siempre como un auténtico promotor del bien común.

¿Así de sencillo? Quizá Confucio dio con parte de la solución, pero dejó de lado un punto importante: los cambios no se consiguen simplemente a base de presiones externas, sino desde el interior de cada uno.

Sólo cuando quitamos ambiciones, envidias, odios y perezas que nos apartan de los deberes buenos y nos llevan a distorsiones malignas, podremos empezar a ser no sólo lo que nombres de profesiones honestas indican, sino algo mucho más noble y bello: seres humanos dispuestos a vivir en todo momento según la verdad, la justicia y el bien verdadero.




¡Vence el mal con el bien!

El servicio es gratuito



Si quieres comunicarte con el autor de este artículo, escribe un mensaje a
virtudesyvalores@arcol.org
(
http://es.catholic.net
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02/03/2011 00:44 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Los laicos y las reformas en la Iglesia.

Autor: José María Iraburu, sacerdote | Fuente: Reforma o apostasía
Los laicos y las reformas en la Iglesia
–¿Y qué podemos hacer nosotros, los laicos, sin autoridad alguna en la Iglesia, para colaborar en las reformas que necesita, tanto en lo doctrinal como en lo disciplinar?
 

–Está usted muy equivocado.

Los buenos laicos cristianos colaboran de mil modos a las reformas de la Iglesia. Es cierto que son los Pastores sagrados quienes encabezan las acciones más específicamente orientadas a las reformas necesarias. Pero es muy importante que en esa tarea sobre-humana se vean ayudados por todo el pueblo cristiano: en primer lugar por las personas especialmente consagradas, sacerdotes y religiosos, pero también por los padres de familia, profesores, artistas, escritores, administrativos, empresarios y obreros, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajadores y jubilados.

Estamos en guerra. Los cristianos han de tener siempre presente la enseñanza de Cristo, recordada por el concilio Vaticano II: «toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y ciertamente dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas» (GS 13b). «A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final» (37b). Estamos en guerra, y la guerra la hace todo el pueblo, encabezado por sus generales y capitanes. Dentro de este campo bélico, Pastores y fieles, bien unidos, han de «vigilar en todo tiempo y orar» (Lc 21,36), para no ser engañados y vencidos en el combate. Todos ellos, unos y otros, están gloriosamente llamados a luchar en esta gran batalla, cada uno a su modo, «según el don y la vocación que el Señor les dió» (1Cor 7,17).

Pastores y fieles han de luchar juntos contra la mentira y el pecado. Los laicos cristianos, muy especialmente los padres de familia, colaboran en las reformas necesarias guardando fidelidad a la doctrina y disciplina de la Iglesia, lo que supondrá para ellos no pocas veces actitudes heroicas, colaboran teniendo hijos, educándolos bien en el Evangelio, dándoles buen ejemplo, vacunándoles contra las herejías del tiempo, ayudándoles a liberarse de tantas ocasiones próximas de pecado (modas, TV, playas, internet, viajes peligrosos, etc.), que muchas familias cristianas aceptan sin lucha, cuidando bien su oración y su catequesis, su escolarización, los grupos en que se integran, sus lecturas y actividades, procurando que todo lo vayan configurando a la luz del Evangelio, y no según el mundo: los horarios, los modos de vestir, los trabajos y las vacaciones, las celebraciones, etc.

En todo eso y en tantas cosas más, los laicos están colaborando con Cristo y con sus mejores capitanes en la lucha contra los deformadores y también contra los moderados –lo que a veces será más difícil, pues éstos pasan por buenos, y lo son en muchos aspectos de sus vidas y acciones–. Y así están contribuyendo muy eficazmente a las reformas que la Iglesia necesita. Si hubiéramos de expresar en dos palabras su contribución principal a la obra de reforma, nos limitaríamos a las dos palabras elegidas por la Virgen María de Lourdes, Fátima y en tantos otros lugares: oración y penitencia.

Pero aquí me detendré un poco más indicando otro medio también importante que tienen los laicos para contribuir a las reformas que la Iglesia necesita:

Los laicos han de denunciar los errores doctrinales y los abusos morales y disciplinares. Dentro de la Iglesia, en parroquias, catequesis, colegios, publicaciones, Universidades, congregaciones religiosas, hay ciertos males que, por su naturaleza, difícilmente pueden ser combatidos directamente por los laicos. Y esto es así por diversas causas: porque carecen para ello de misión específica, porque no se les tendrá en cuenta, porque no tienen los medios de acción precisos, porque les faltan a veces conocimientos teológicos y canónicos para argumentar, y por otras causas. Pero, sin embargo, la denuncia de esos errores y abusos siempre está al alcance, o casi siempre, de los fieles.

Jesucristo. El Maestro enseñó a los discípulos que los errores y males internos en la comunidad eclesial deben ser denunciados, y que la corrección fraterna ha de hacerse con una discreta gradualidad, llena de humildad, caridad y prudencia. La corrección se hará primero en privado, advirtiendo de sus errores y abusos a la persona o al grupo desviados. Si esto no basta, convendrá reiterar el intento en compañía de otros fieles. Y «si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano» (Mt 18,15-17).

Vaticano II. La Iglesia quiere que todos sus hijos sean verdaderos confesores activos de la fe católica, y que no soporten pasivamente la presencia impune de herejías y sacrilegios dentro de la comunidad eclesial. Con eso ellos, unidos a sus Pastores, están procurando ciertamente las reformas en la Iglesia.

«Los laicos, como todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y los sacramentos. Manifiéstenles [a sus Pastores] sus necesidades y sus deseos con la libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia. Hágase esto, si las circunstancias lo requieren, a través de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y siempre con veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por razón de su sagrado ministerio, personifican a Cristo» (LG 37a).

«Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo […] Consideren atentamente ante Cristo, con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos […] Ayudados por la experiencia de los laicos, están en condiciones de juzgar con más precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo» (ib. 37cd).

Y no olvidemos en esto que muchas veces el Padre celestial, también entre los hijos que forman su Iglesia, revela a los más pequeños verdades que quedan ocultas a los más sabios y eruditos (Lc 10,31; 1Cor 1,26-29).

Código de Derecho Canónico. La Iglesia, en los cánones 211-213, da forma imperativa y disciplinar a esa misma enseñanza del Vaticano II que acabo de citar, empleando sus mismas palabras. Y añade algo importante:
«Los fieles tienen derecho a tributar culto a Dios según las normas del propio rito aprobado por los legítimos Pastores de la Iglesia, y a practicar su propia forma de vida espiritual, siempre que sea conforme con la doctrina de la Iglesia» (c. 214).

Actualmente hay comunidades parroquiales que, sometidas a un párroco modernista, se ven obligadas a sufrir durante años una violencia enorme, mucho mayor, por ejemplo, que si les obligaran a cambiar de rito, pasando del rito católico al maronita –aunque éste sea un rito ortodoxo y unido a Roma–. Ahora bien, si la Autoridad pastoral no puede cambiar de rito a una comunidad parroquial, menos aún puede permitirse atropellarla sometiéndola a un pastor modernista en doctrina, moral y liturgia. Y los fieles católicos, reclamando su derecho, resistiendo este abuso intolerable, contribuyen mucho a la reforma de la Iglesia.

Redemptionis Sacramentum. Esta instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos (25-III-2004), del tiempo de Juan Pablo II, quiere que los fieles laicos contribuyan activamente en la lucha por la dignidad de la liturgia católica. Y perdonen que les ponga un ejemplo: si hace falta, grabando discretamente una Misa sacrílega, para denunciarla a la Autoridad diocesana pertinente.

«Cuantas veces la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tenga noticia, al menos propable, de un delito o abuso que se refiere a la santísima Eucaristía [o a otra parte esencial de la sagrada Liturgia, obviamente], se lo hará saber al Ordinario, para que investigue el hecho. Cuando resulte un hecho grave, el Ordinario envíe cuanto antes a este Dicasterio un ejemplar de las actas de la investigación realizada y, cuando sea el caso, de la pena impuesta» (n.181).

«De forma muy especial, todos procuren, según sus medios, que el santísimo sacramento de la Eucaristía sea defendido de toda irreverencia y deformación, y que todos los abusos sean completamente corregidos. Esto, por lo tanto, es una tarea gravísima para todos y cada uno, y excluida toda acepción de personas, todos están obligados a cumplir esta labor» (n.183).

«Cualquier católico, sea sacerdote, sea diácono, sea fiel laico, tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico [o por una herejía manifiesta] ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice [can. 1417]. Conviene, sin embargo, que, en cuanto sea posible, la reclamación o queja sea expuesta primero al Obispo diocesano» (n.184).

En otras ocasiones, con el favor de Dios, hemos de considerar más detenidamente las armas apostólicas, espirituales y también canónicas que la Iglesia pone en manos de los fieles laicos para afirmar la ortodoxia y para rechazar la heterodoxia.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Mas alla de la muerte.

Más Alla De La Muerte.

Elisabeth Kübler-Ross. (Zúrich, 1926 – Scottsdale, Arizona, 2004).
Psiquiatra suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en el tema de la muerte.

La Dra. Elisabeth Kubler-Ross (1926-2004) fue una de las primeras personas en estudiar honestamente la relación que tenemos con la muerte. Ella ha sido una de las más famosas expertas en materia de la muerte y trabajó con miles de pacientes terminales.

Estudió 20,000 casos de gente de todo el mundo quienes habían sido declarados clínicamente muertos y quienes después habían regresado a la vida. Algunos habían sido naturalmente y otros fueron reanimados.
A continuación tenemos un resumen con sus propias palabras, tomado de su libro On Life After Death sobre los aspectos más importantes de lo que sucede al momento de morir, a manera de incrementar nuestro conocimiento sobre esto y así, lograr obtener una mayor tranquilidad al pensar en el momento de nuestra muerte o la de nuestros seres queridos y alcanzar una diferente percepción de la vida misma.

Ya no se trata de “creer”       sino de “saber”.

“La experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia la cual puede ser probada de forma muy simple.

Por miles de años te hicieron creer en las cosas del más allá. Pero para mí, ya no se trata de creer sino de saber”.

Una mariposa que emerge…

Existen tres etapas al momento de la muerte. El fallecimiento del cuerpo humano es idéntico a lo que sucede cuando una mariposa emerge de su capullo.

El capullo puede compararse al cuerpo humano, pero no es idéntico a tu ser real, sino que se trata solamente de la casa donde vive por un tiempo.

Morir es mudarse de una casa a otra mucho más bella.

Tan pronto como el capullo se encuentra en condiciones irreparables, la mariposa será liberada.

En esta segunda etapa, el ser humano se alimenta de energía psíquica. Tan pronto como tu alma deja tu cuerpo, te das cuenta inmediatamente de que puedes percibir todo lo que sucede en el lugar donde falleciste.

Sin embargo, no te encuentras registrando todos estos eventos mediante tu conciencia terrena, sino con otra clase de conciencia nueva.

Puedes enterarte de lo que los demás dicen exactamente, de lo que piensan y de cómo actúan.

En esta segunda etapa el que ha fallecido también se dará cuenta de que se encuentra completo nuevamente.

Hicimos un experimento con gente ciega: Aquéllos que tuvieron una experiencia “fuera de su cuerpo” y regresaron, te podían contar en detalle qué colores y qué joyería llevabas si estabas presente en el momento.

Personas que eran ciegas, pueden ver de nuevo, y gente que no podía escuchar y hablar, puede hacerlo otra vez. Aquéllos de mis pacientes que sufrían de esclerosis múltiple, me decían llenos de alegría después de que regresaban de una experiencia cercana a la muerte “Dr. Ross, podía bailar de nuevo”.

Hicimos un experimento con gente ciega: Aquéllos que tuvieron una experiencia “fuera de su cuerpo” y regresaron, te podían contar en detalle qué colores y qué joyería llevabas si estabas presente en el momento.

“La experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia la cual puede ser probada de forma muy simple.

Por miles de años te hicieron creer en las cosas del más allá. Pero para mí, ya no se trata de creer sino de saber”.

Nadie muere solo.

En esta segunda etapa notarás que nadie muere solo.

Cuando uno deja su cuerpo físico, uno no puede hablar más en términos de tiempo, espacio o distancia en el sentido común porque éstos son un fenómeno terrenal.

En este sentido, uno se da cuenta de que nadie muere solo porque el difunto es capaz de visitar a quien desee.

Además, existe gente esperando por ti que fallecieron antes que tú, quienes te quieren y aprecian bastante.
Lo que la iglesia les enseña a los niños pequeños sobre los ángeles de la guarda está basado en un hecho. Existen pruebas de que cada ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte, es guiado por un ser espiritual. Todos tenemos la guía de este "ser espiritual", creamos en ella o no. Algunos niños pequeños los conocen como “amigos imaginarios”.

Una paciente mía, ya anciana llegó a decirme: “Él está de nuevo aquí. Cuando era niña, él estaba siempre conmigo, pero me había olvidado completamente de que existía”.

Ella fallece un día después, llena de dicha sabiendo que alguien que la quiere la está esperando…

En general, la gente que está esperando por nosotros en el otro lado son aquéllos quienes más nos quieren.

En los casos de niños muy pequeños, cuyos padres, abuelos y otros parientes cercanos todavía viven, son recibidos por sus ángeles de la guarda, o por Jesús o alguna otra figura religiosa.

Todos encuentran el cielo que han imaginado.

Antes de que salgas de tu cuerpo físico para realizar la metamorfosis hacia la forma que tendrás por toda la eternidad, pasas por una etapa que se encuentra totalmente impregnada con imágenes terrenas.

Puede ser que te encuentres flotando a través de un túnel, pasando por una gran puerta o cruzando un puente.

Todos encuentran el cielo que han imaginado.

El más grande, indescriptible e incondicional amor.

Después de que has atravesado este túnel, puente o puerta, te encuentras al final de él rodeado por luz.

Esta luz es más blanca que el blanco. Es muy brillante, y cada vez que te aproximas más a ella, te sientes más y más envuelto por el más grande, indescriptible e incondicional amor que te hayas podido imaginar.
Si alguien está teniendo una experiencia cercana a la muerte, le es permitido ver esta luz sólo por un breve instante. Después de esto, debe regresar. Pero cuando mueres realmente, la conexión entre el capullo y la mariposa se rompe.

Después de esto, no es posible regresar a tu cuerpo terrenal. Pero tú no querrías regresar a él de cualquier manera, porque después de ver la luz nadie quiere regresar. En esta luz, tú experimentarás por primera vez lo que el hombre pudo haber sido. Aquí se encontrarás entendimiento sin juzgar, y amor incondicional.

En esta presencia, tú sabrás que toda tu vida en la tierra no fue más que una escuela a la que tuviste que asistir para poder pasar ciertas pruebas y aprender lecciones especiales.

Tan pronto como has finalizado esta escuela y aprendido tus lecciones, será permitido que regreses a casa, que te gradúes!

La mayor lección de todas.

Algunas personas preguntan: “¿Por qué los niños pequeños mueren?”

La respuesta es simple.

Ellos aprendieron en un período muy corto lo que uno tiene que aprender, lo cual pueden ser diferentes cosas.

Hay una cosa que todos tienen que aprender antes de regresar  y es el amor incondicional.

Si tú has aprendido y practicado esto, has aprendido la mayor lección de todas.

En esta presencia de luz, tienes que voltear a ver lo que fue de tu vida desde el primer día hasta el último.
Con esta visualización de tu vida has alcanzado la tercera etapa.

Conocerás en detalle cada pensamiento que tuviste, recordarás cada palabra, cada acto.

Esta recapitulación es sólo una pequeña parte de tu conocimiento porque en este momento también conocerás todas las consecuencias resultantes de cada uno de tus pensamientos, palabras y actos.

Dios es amor incondicional. Durante esta revisión de tu vida terrena no culparás a Dios por tu destino, sino que te darás cuenta de que tú mismo fuiste tu peor enemigo, debido a que te acusarás a ti mismo de haberte negado tantas oportunidades para crecer.

Ahora sabrás que hace mucho tiempo, cuando tu casa se quemó, tu hijo murió, tu esposo se lastimó, todas esas tragedias fueron solamente oportunidades para crecer: para crecer en entendimiento, en amor, en todas esas cosas que tenemos que aprender.

Todos hemos sido creados para vivir una muy simple, bella y maravillosa vida. Mi más grande deseo es que comiences a ver la vida de manera diferente.

Si aceptas tu vida como algo para lo que fuiste creado, ya no volverás a cuestionar cuáles vidas son prolongadas y cuáles no.

Mi deseo es transmitir a cuanta gente sea posible un poco más de amor.

Piensa en todos los regalos costosos que regalas en Navidad, realmente dudo que sea necesario… Amor incondicional sería más apropiado.

Existen 20 millones de niños muriendo de hambre en el mundo. Piensa en toda la gente pobre…

Reparte tus bendiciones…de esta manera, cuando las tormentas azoten tu vida, piensa en aquéllas personas a las que ayudaste como un regalo para ti mismo… por toda la fortaleza que te dieron y las enseñanzas que te transmitieron”.

Bibliografía:
Küubler-Ross, Elisabeth.
On Life after Death.
Ed. Celestial Arts. U. S. A: 1991.
Págs: 2-14.
Traducción: Diana Cantú.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Mirando la Cruz.

Mirando la Cruz

Delante de la cruz los ojos míos,

quédenseme, Señor, así mirando,

y, sin ellos quererlo, estén llorando

porque pecaron mucho y están fríos.

Y estos labios que dicen mis desvíos

quédenseme, Señor, así cantando,

y, sin ellos quererlo, estén orando

porque pecaron mucho y son impíos.

Y así con la mirada en vos prendida,

y así con la palabra prisionera,

como la carne a vuestra cruz asida,

Quédenseme, Señor, el alma entera,

y así clavada en vuestra cruz mi vida,

Señor, así, cuando queráis, me muera.

Rafael Sánchez Mazas.

Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. 1 Corintios 1, 18

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Galatas 6, 14.

Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Efesios 2, 16.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Mi Familia la Iglesia Catolica.

Mi Familia la Iglesia Católica
Nuestra Familia se compone de todas las razas, somos jóvenes y viejos, ricos y pobres, hombres y mujeres, pecadores y santos.

Nuestra familia se ha extendido a través de los siglos, y en el mundo.

Por gracia de Dios, fundamos hospitales, para cuidar a los enfermos.

Establecimos orfanatos y ayudamos a los pobres.

Somos la organización caritativa más grande del mundo, trayendo socorro y alivio a los necesitados.

Educamos a más niños pequeños que cualquier otra institución educativa o religiosa.

Desarrollamos el método científico y las leyes de la evidencia.

Fundamos el sistema universitario.

Defendemos la dignidad de toda vida humana y custodiamos el matrimonio y la familia.

Las ciudades recibieron los nombres de nuestros santos venerados, que viajaron el camino de la santidad que tenemos ante nosotros.

Guiados por el Espíritu Santo, compilamos la Biblia.

Somos transformados por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, que nos han guiado constantemente por dos mil años.

Nosotros somos La Iglesia Católica.

Con más de un mil millones en nuestra familia, compartiendo los sacramentos y la plenitud de la fe cristiana.

Por siglos hemos rezado por usted y por todo el mundo, cada hora, cada día, cuando celebramos la Misa.

Jesús mismo sentó las bases de nuestra fe cuando dijo a Pedro, el primer Papa: “…tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”

Por más de dos mil años hemos tenido una línea ininterrumpida de pastores guiando la Iglesia católica con amor y la verdad, en un mundo confuso y doloroso.

Y en este mundo lleno de caos, dificultades y dolor, es tranquilizador saber que algunas cosas siguen siendo coherentes, verdaderas y fuertes; nuestra Fe
Católica y el eterno amor que Dios tiene para toda la creación.

Si usted ha estado alejado de la Iglesia Católica, le invitamos a una nueva mirada…

Nuestra familia es una sola, unida en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador.
(
http://www.lafecatolica.com
).

Miedo.

Miedo

 

Muchas veces tenemos miedo...

Miedo de lo que podríamos no ser capaces de hacer.

Miedo de lo que podrían pensar si lo intentamos.

Dejamos que nuestros temores se apoderen  

de nuestras esperanzas.

Decimos que no, cuando queremos decir que  sí.

Nos callamos cuando queremos gritar y gritamos

con todos cuando deberíamos cerrar la boca.

¿Por qué? Si sólo vivimos una vez,

no hay tiempo para tener miedo.

 

Entonces basta.

Atrévete, olvídate de que te están mirando.

Intenta la jugada imposible, corre el riesgo.

No te preocupes por ser aceptado.

No te conformes con ser uno más.

Nadie te ata. Nadie te obliga.

 

Muchas veces, esperamos que las cosas sucedan,

y nos olvidamos de lo más importante:

creer en nosotros mismos...

Nos conformamos en vez de arriesgarnos.

Nada está escrito. Nada está hecho.

Ni siquiera lo imposible.

Todo depende de decir "puedo" ante cada desafío.

Cuando estamos decididos, tenemos más poder...

Cuando estamos convencidos, cuando de verdad

queremos algo, los obstáculos son menores...

 

¡Despierta!

Tienes 206 huesos y más de 700 músculos esperando.

Sólo falta tu decisión, tus ganas de jugar como nunca.

Pide la pelota, exígete más; vive sin domingos.

Corre cada día un poco más lejos.

Salta cada día un poco más alto.

Conviértete en tu propio ídolo.

Súmate a dar vuelta el marcador.

Cuando no esperes nada de los demás.

Cuando sientas que cada tanto depende de vos,

tu espíritu se fortalecerá, y poco a poco,

las voces se convertirán en ovación.

Tus respiros se llenarán de logros y tu vida de sentido.

 

Están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas.

Los que siguen jugando cuando se les acaba el aire.

Los que siguen luchando cuando todo parece perdido.

Como si cada vez fuera la última,  convencidos

de que la vida misma es un desafío, sufren pero no se quejan.

Porque saben que el dolor pasa, el sudor se seca y el cansancio termina.

Pero hay algo que nunca desaparecerá:

la satisfacción de haberlo logrado.

En sus cuerpos corre la misma sangre.

Lo que los hace diferentes es su espíritu,

la determinación de alcanzar la cima;

una cima a la que no se llega superando

a los demás, sino superándose a sí mismo.

Tiempo sobra para los mediocres,

¡pero tiempo falta para realizar tus sueños!
(
http://www.celebrandolavida.org
).

02/03/2011 00:53 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Mientras navegamos hacia las costas del cielo.

«MIENTRAS NAVEGAMOS HACIA LAS COSTAS DEL CIELO»
Por el Hermano Pablo
 
Kirk Lynn, joven tenor de excelente calidad de voz, paseó la mirada por el auditorio. Habría, calculó, unas 470 personas. El cantante ejecutaba su música en una iglesia en Pittsburgh, Pennsylvania. Ese día cantó el himno cristiano: «Mientras navegamos hacia las costas del cielo».

Once días más tarde, Lynn canturreaba su canción mientras volaba, con otras 130 personas, de Chicago a Pittsburgh en el fatídico vuelo 427 de la compañía Air West. El avión se precipitó a tierra, y todos los que iban a bordo, 131 personas, perecieron.

No podemos saber el destino eterno de cada una de esas personas. Sólo Dios y la persona misma podían saber si su destino era la gloria eterna. ¿Qué podemos imaginar acerca de Kirk Lynn, el joven tenor que cantaba su himno?

Ya que sabemos que Jesucristo ofrece vida eterna al que tiene fe en Él y vive entregado a su señorío, podemos imaginar que Kirk llegó ese día a las costas del cielo y que su Señor y Dios lo recibió con los brazos abiertos.

Kirk había dedicado su vida a cantar para el Señor. El himno que había escogido dice: «Las tormentas surgen de repente en el embravecido mar; pero comprenderemos lo que es su gracia cuando lleguemos al celeste hogar.»

Viajar por el mar de la vida es vivir sometidos a tormentas. Así es esta vida. Cosas imprevistas suceden a cada paso. Tanto es así que la muerte puede estar aguardándonos a la vuelta de la esquina. Nadie tiene asegurada su existencia en este mundo.

Sin embargo, para el que cree en Jesucristo como Señor y Salvador, aun la contingencia más grave de esta vida, la muerte súbita, es un «llegar sanos y salvos a las puertas del cielo».

Si hay algo que confirma el valor de la fe en Cristo, es la absoluta seguridad de que al morir pasaremos instantáneamente a la presencia de Dios. Porque lo que distingue al creyente en Cristo del que todavía no le ha rendido su vida es la absoluta seguridad que el creyente tiene de que su muerte es el paso seguro a la gloria eterna.

Jesús dijo: «... el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida» (Juan 5, 24). Esa es la seguridad del creyente en Cristo. Ninguna ideología, ninguna religión, ninguna filosofía, ninguna ciencia, da esta seguridad, sino sólo el Señor Jesucristo.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
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Me estoy haciendo viejo.

¿Me estoy haciendo viejo?
¡Cuántos personajes, cuántos seres queridos, de repente, han comenzado a desfilar en la pantalla de mi corazón!
Autor: Marcelino de Andrés, L. C. y Juan Pablo Ledesma, L. C. | Fuente: Catholic.net




Revisando algunos cajones, he dado con este pensamiento. En la misma página aparecía un abuelo fumando en pipa. De su frente cuelgan los años en arrugas. Su mirada es cansina, pero segura. Por momentos me parecía el protagonista de “El viejo y el mar”.

No me he podido resistir y he soltado en mi interior las palomas de los recuerdos. ¡Cuántos personajes, cuántos seres queridos, de repente, han comenzado a desfilar en la pantalla de mi corazón! Y es que me parece un canto a la juventud fresca de nuestros mayores. Léelo despacio, con bastón, si lo necesitas. Percibirás una mirada más profunda, más luminosa de esa etapa final de la existencia terrestre. Son líneas de ilusión y de esperanza.


Me dicen que me estoy
haciendo viejo:
les diré que no es así.
La “casa” en que vivo,
ya sé, se está
deteriorando.
Eso ya lo sé.
Es que hace mucho
tiempo que la habito.
Ha pasado conmigo
muchas tormentas.
Ya está algo débil.

El techo está
cambiando de color.
Las ventanas ya están
un poco empañadas:
ya no se ve bien
hacia afuera.
Las paredes se sienten
débiles, quebradizas:
es que los cimientos ya
no están tan sólidos
como hace unos
cuantos años.
Mi “morada” se ha
vuelto temblorosa,
la estremecen el frío
del invierno, las noches
sin sueño.

Siento que estoy en
plena juventud,
ya que la Eternidad está
a un paso de mí,
una vida llena de vida,
sin posibilidad
de tristezas que
envejecen,
sin ausencias que nos
sacan canas,
sin dolor que atenta
contra la verticalidad
de nuestra existencia.

La Eternidad está a un
paso de mí.
Sin embargo mi “casa”
no soy todo yo.
Mis años, transcurridos
velozmente,
no me pueden hacer
viejo a mí,
alma siempre joven,
lozana y alegre.

Una inacabable vida de
gozo y de verdad.
Yo viviré allá
para siempre,
amando sin temor
de perder el Amor.
Y el Amor es la Vida:
¡que siga la vida!

¿Y decían que me
estoy haciendo viejo?
El que habita en mi
pequeña “casa”
está joven, lleno de luz
y de alegría,
principiando
justamente una vida
que durará, durará,
durará...
Ustedes solamente me ven
por fuera
y me repiten lo que
todos dicen:
anciano arrugado,
cabizbajo, trémulo,
lento...

Parece que se terminan
los horizontes.
No confundan mi
“casa” con lo que soy yo,
conmigo:
un nuevo amanecer,
horizonte con luz
indeficiente,
cielo de azul
indeclinable.
¡Que siga la vida!

¿Todavía dicen que me
estoy haciendo viejo?

02/03/2011 00:56 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Homilía del Domingo V de Cuaresma de 1997. Juan Pablo II.

La redención de Cristo restituye al pecador la alegría de la salvación y el gozo del espíritu
Homilía de S.S. Juan Pablo II en el V Domingo de Cuaresma

16 de marzo de 1997

1. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24).

Con estas palabras, la liturgia de hoy nos invita a preparar el tiempo de la pasión del Señor, en el que entraremos el próximo domingo. Cristo las pronunció
cuando algunos griegos, que deseaban acercarse a él, pidieron a Felipe: «Señor, quisiéramos ver a Jesús» (Jn 12, 21). Cristo pronunció entonces un discurso,
cuyo contenido, a primera vista, resulta difícil y oscuro: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre (...). El que se ama a sí mismo,
se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12, 23. 25).

En realidad, estas palabras contienen, en síntesis, el significado esencial de los acontecimientos de la Semana santa. La «hora», en la que debe ser glorificado
el Hijo del hombre, es la «hora» de su pasión y muerte en la cruz. Precisamente en esa «hora», el grano caído en la tierra, es decir, el Hijo de Dios hecho
hombre, morirá para producir los inestimables frutos de la redención. En él la muerte llevará al triunfo de la vida.

El pasaje evangélico que acabamos de proclamar habla del miedo de Jesús en el umbral del misterio pascual. «Ahora mi alma está agitada y ¿qué diré?: Padre,
líbrame de esta hora» (Jn 12, 27). Parece como si se escuchara en este texto el eco de la oración de Getsemaní, cuando Jesús, experimentando el drama de
la soledad y el miedo, pide al Padre que aparte de él el cáliz del sufrimiento. Pero, al mismo tiempo, acepta cumplir totalmente su voluntad. Después de
haber dicho: «Padre, líbrame de esta hora», prosigue enseguida: «Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre» (Jn 12, 27-28).

2. Del misterio pascual habla también la segunda lectura, que recuerda cómo Cristo, «en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones
y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado» (Hb 5, 7). Podríamos preguntarnos aquí: ¿de qué modo Cristo fue escuchado,
si el que podía salvarlo permitió que soportara la trágica experiencia del Viernes santo?

En la continuación del texto encontramos la respuesta: «Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido
para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna» (Hb 5, 8-9). Por tanto, Cristo fue escuchado como Redentor del mundo, habiéndose convertido
para todos los que creen en él en autor de salvación eterna. Esto se precisa en el pasaje joánico: «El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo,
allí también estará mi servidor» (Jn 12, 26).

3. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Salvador en Lauro me alegra estar en media de vosotros hoy, para celebrar el día del Señor. (…)

5. «Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que haré (...) una alianza nueva» (Jr 31, 31).

Con esta sugestiva visión de la nueva alianza, el profeta Jeremías, en la primera lectura que se ha proclamado, anuncia la futura renovación de las relaciones
entre Dios y su pueblo, mediante el sacrificio de Cristo.

El texto profético funda esta decisiva intervención salvífica de Dios en la entrega de una nueva ley: «Meteré mi ley en su pecho —oráculo del Señor—, la
escribiré en sus corazones yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jr 31, 33).

Para que la ley definitiva de Dios, esto es, el Decálogo completado por Jesús en el mandamiento del amor, pudiera inscribirse en el corazón del hombre,
era necesario ese sacrificio, hacia el que nos está guiando la liturgia de estos días. A la luz de la pasión y muerte de Cristo cobran un significado nuevo
y más profundo también las palabras del rey David, que resuenan en el Salmo responsorial: «Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con
espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu» (Sal 50, 12-13).

Estas palabras encontrarán su cumplimiento en el misterio pascual. En efecto, la redención coincide con la nueva creación, puesto que, a través de ella,
se restituye al hombre pecador la alegría de la salvación y se le concede el gozo del Espíritu Santo.

Mientras nos encaminamos ahora a grandes pasos hacia la pasión, muerte y resurrección del Señor, hagamos nuestra la oración del profeta David: Danos también
a nosotros la alegría de tu salvación y afiánzanos con Espíritu generoso. Renueva la firmeza de nuestro espíritu, a fin de que enseñemos tus caminos también
a nuestros hermanos (cf. Sal 50, 13-14), para que todos vuelvan a ti, y gocen juntos de los frutos de tu redención. Amén.
(
http://www.multimedios.org
).

Limpiando el Templo...

LIMPIANDO EL TEMPLO....

Nuestro deseo de ser mejores nos protege de morir  congelados, pero nuestra falta de valor para vernos tal cuales somos sumerge nuestras raíces en la tierra de las metas no realizadas. Nos paralizamos, temerosos de lo que somos, desesperados por ser mejores, pero petrificados por la idea de los sacrificios requeridos para lograrlo.

Los deseos nos empujan entonces, y los temores nos hacen retroceder.

Sólo podemos gustar unas cuantas gotas del agua viva.

Jesús prometió junto al pozo a la mujer samaritana que aquéllos que bebieran del agua que Él ofrece nunca volverían a tener sed. Claro que Él no hablaba de la sed de Dios que tiene el alma; para ello hay que crecer en Su amor. La sed que habría de quedar saciada en la samaritana era la necesidad de conocerse a sí misma: admitir su culpa, admitir su responsabilidad personal y arrepentirse.

Cuando Jesús le pidió que llamara a su esposo, ella respondió con una verdad a medias. Admitió que no tenía esposo, pero se abstuvo de mencionar que vivía con un hombre que no era su esposo. Tampoco le confesó a Jesús que ella había estado casada cinco veces. Jesús deseaba liberarla de la acuciante conciencia que le robaba la paz y del sentimiento de culpa que la llevaba de un exceso a otro.

Pero una vez derramada su gracia en el alma de la mujer, ella debió admitir su flaqueza al escuchar cómo Jesús ponía al descubierto todos sus pecados. Quedó ella tan aliviada que se puso a correr por todo el pueblo hablando a los pobladores acerca del hombre que le había descubierto todo lo que ella había hecho; que le perdonó sus pecados, dándole con ello tal alegría que sentía que debía compartirla con todos. Había encontrado a Dios; ya no padecería de sed del agua de la honestidad espiritual.

Pocos entre nosotros habrá que hayan alcanzado ese nivel de integridad, de visión clara y de discernimiento humilde que pueda satisfacer nuestras necesidades de arrepentimiento. No poseemos tanto del Espíritu de Jesús como para mantener constante la plenitud y el crecimiento de nuestra capacidad de amor y santidad.

Sabemos cuándo, cómo y qué hacemos mal, pero pocas veces somos conscientes de por qué lo hacemos. Damos por sentado que la sociedad, el diablo y nuestro prójimo son los responsables de nuestras acciones.

Y nos damos prisa para tratar de cambiarlos a ellos en vez de a nosotros mismos. El resultado es una mayor frustración, porque ignoramos la verdadera causa de nuestras debilidades, pecados y frustraciones: nosotros mismos.

Podemos montarnos en la ola de la justicia social, pero mientras seamos injustos aunque sea en un solo aspecto, estaremos dando palos al aire.

Podemos gritar que queremos hacer la voluntad de Dios, pero si nos aferramos a nuestras ideas y opiniones, a lo mucho nos estaremos engañando.

Podemos ver y aborrecer los pecados de otros y predicarles la salvación, pero no vemos la viga en nuestro propio ojo; simplemente reflejamos una imagen en un espejo sucio.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Domingo I de Cuaresma, ano 2011.

   Padre nuestro.

   Domingo, 13/03/2011, Domingo I de Cuaresma, ciclo A.

   Estudio bíblico sobre las tentaciones de Jesús y los cristianos.

   Introducción.

   Dado que durante el tiempo de Cuaresma estudiamos concienzudamente el pecado, sus efectos y consecuencias, al iniciar este tiempo de oración, ayuno y penitencia, la Iglesia nos invita a estudiar profundamente las tentaciones que vivió Jesús, por cuanto las mismas son un bosquejo de las tentaciones que tenemos que vencer a lo largo de nuestra vida en el mundo anticristiano en que vivimos, en que necesitamos poder, riquezas y prestigio para triunfar, en conformidad con nuestros criterios humanos.

   ¿Qué son las tentaciones? Según el Diccionario de la R. A. E., éstos son los significados del término tentación:

   ""Instigación o estímulo que induce el deseo de algo.

   Solicitación al pecado inducida por el demonio".

   Veamos unos ejemplos del primer significado de la palabra tentación.

   Después de percatarse de las dificultades existentes para encontrar trabajo en este tiempo de crisis, un adolescente toma la decisión de dejar sus estudios, pensando que los tales nunca le servirán para nada.

   Jorge y Ana se conocieron hace tres meses y han decidido convivir como pareja, para averiguar si pueden encontrar la felicidad juntos. Dado que han iniciado su relación sin conocerse, y no saben que es normal el hecho de que no tengan la misma forma de pensar y actuar, cuando les surgen oportunidades de discutir, en vez de solventar sus problemas, toman la decisión de separarse, perdiendo, tal vez, una gran oportunidad de ser muy dichosos, después de formarse convenientemente para amarse y servirse, y casarse.

   ¿Es pecaminoso el hecho de tener tentaciones? Las tentaciones por sí mismas no son malas, aunque sí puede serlo el hecho de no rechazar enérgicamente muchas de ellas. No debemos olvidar que todas las tentaciones que nos inducen a hacer lo que no debemos no deben ser consideradas como pecaminosas, dado que no concebimos las tales con el pensamiento de hacer el mal. Un ejemplo de ello es el deseo que muchos enfermos de depresión sienten de aislarse del mundo e incluso de ni siquiera levantarse de la cama, porque no le encuentran un motivo a sus vidas que les fortalezca para vencer sus dificultades.

   Independientemente de que surjan en nuestra mente pensamientos que nos induzcan a pecar o que, aunque no sean concebidos con el propósito de contradecir la voluntad de nuestro Padre común, nos hieran de alguna manera, debemos encontrar la forma de vencer dichas tentaciones. Recordemos que tenemos tentaciones porque carecemos de la perfección de Dios. Vistas de un modo positivo, las tentaciones pueden ser concebidas como las oportunidades que necesitamos para superarnos, aunque fallemos muchas veces en nuestro empeño de superar a nuestros más brutales adversarios, es decir, a nosotros mismos, cuando perdemos el tiempo pensando que no podemos vencer dichas tentaciones, que no sabemos cómo hacerlo adecuadamente, cuando nos encasillamos mentalmente pensando que es mejor sucumbir ante las mismas aunque estamos totalmente seguros de que no sabemos hacerlo, porque estamos seguros de que no las vamos a vencer, aunque no nos esforzamos en poner a prueba nuestra resistencia a dichos pensamientos, etcétera.

   Cuando San Pablo reprendió a los cristianos de Corinto, porque celebraban la Eucaristía en las casas de los creyentes ricos, los cuales participaban en los banquetes en que concluían dichas celebraciones en aquel tiempo, de los que apenas podían participar sus hermanos pobres, los cuales permanecían en los patios de dichas casas avergonzados, esperando tener la dicha de ser alimentados con las sobras de los adinerados, les dijo a sus lectores de dicha ciudad:

   "Para empezar, ha llegado a mis oídos que, cuando os reunís en asamblea, los bandos están a la orden del día. Cosa, por cierto, nada increíble, si se piensa que hasta es conveniente que existan divisiones entre vosotros, para que quede claro quiénes son los que salen airosos de la prueba" (1 COR. 11, 18-19).

   De la misma manera que los estudiantes ponen a prueba los conocimientos de las materias que estudian cuando son examinados por sus profesores, nosotros, por medio de las tentaciones características de nuestra vida, tenemos la oportunidad de demostrarnos tanto a quienes nos rodean como a nosotros mismos, quiénes somos realmente. Sé que no siempre es fácil vencer las tentaciones que  tenemos, pero, cuanto mayores son las dificultades que las mismas nos presentan y las superamos, más grande es el mérito que tenemos al lograr nuestro objetivo de mejorar como personas cristianas.

   San Pablo, durante el tiempo de su primer encarcelamiento, les escribió a los cristianos de Filipo:

   "De toda suerte de pruebas puedo salir airoso, porque Cristo me da las fuerzas" (FLP. 4, 13).

   ¿De qué manera fortaleció Nuestro Señor Jesucristo a San Pablo, para que el citado Apóstol pudiera soportar sus largos años de encarcelamiento? Cuando el citado siervo de Cristo llegó a Roma, alquiló una casa en que les predicaba a quienes le visitaban. Nuestro admirable Santo, vivía encadenado a soldados, los cuales eran reemplazados cada dos horas, que tenían la misión de responder del preso a quien vigilaban estrechamente con su vida. San Pablo soportó esa situación heroicamente, recordando las promesas divinas, predicando la Palabra de Dios, y dedicándole tiempo a la oración.

   Nuestro Señor le hizo soportable el tiempo de su prisión a San Pablo haciéndosele presente espiritualmente, por consiguiente, en el libro de los Salmos, leemos:

"De mi vida errante llevas tú la cuenta,
¡recoge mis lágrimas en tu odre!
Entonces retrocederán mis enemigos,
el día en que yo clame.
Yo sé que Dios está por mí.
En Dios, cuya palabra alabo,
en Yahveh, cuya palabra alabo,
en Dios confío y ya no temo,
¿qué puede hacerme un hombre?" (SAL. 56, 9-12).

   San Pablo fue librado de la condena que por causa de la acusación que cayó sobre él podría haber sufrido, la cual provocó su primer encarcelamiento, porque el pretor Afranio Burro, -amigo de Séneca, y maestro de Nerón-, falló en favor de su causa.

   ¿Cómo nos ayuda Dios cuando sufrimos por cualquier causa? Cuando somos atribulados, puede sucedernos que Dios nos ayude a solventar las dificultades que causan nuestro padecimiento, de la misma forma que también puede suceder que, aunque tengamos que vivir ciertas dificultades durante muchos años, podemos ver en las mismas la mano de Dios, haciéndonoslas soportables, tal como le sucedió a San Pablo, tanto durante los años que se prolongó su ministerio, como en las dos ocasiones en que fue encarcelado.

   1. Las tentaciones de Jesús.

   En la Carta bíblica a los Hebreos, leemos:

   "Y ya que contamos con un sumo sacerdote excepcional, Jesús, el Hijo de Dios, encumbrado hasta el trono mismo de Dios, mantengámonos firmes en la fe que profesamos. Pues no es él un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; todo lo contrario, ya que, excepto el pecado, ha pasado por las mismas pruebas que nosotros" (HEB. 4, 14-15).

   Analicemos las palabras con que finaliza el texto de la Epístola a los Hebreos que acabamos de recordar, dado que las mismas son muy importantes para que las tengan muy presentes aquellos de nuestros hermanos que se amparan en la falsa creencia de que son inútiles. Nuestro Señor no pecó jamás, pero pasó por las mismas pruebas que pasamos nosotros durante los años que se prolonga nuestra vida, es decir, nuestro Salvador fue tentado, así pues, dado que Jesús pasó por circunstancias idénticas a nuestras vivencias y por ello comprende la debilidad que nos caracteriza, es un Sumo Sacerdote capacitado para amarnos, comprendernos y perdonarnos.

   ¿Cómo pudo Jesús evitar el hecho de ceder ante las tentaciones del demonio? ¿Sucedió ello porque el Mesías se valió del poder de su Divinidad para superar las mismas, o logró nuestro Señor su propósito por causa de su amor a Dios y de su perfección?

   Para hallar una respuesta a la pregunta que nos hemos planteado, nos es necesario recordar el pecado de nuestros ancestros. Dado que, al comer del fruto prohibido, nuestros padres renunciaron a una vida semiperfecta, era necesario que esa desobediencia fuese corregida, no por medio de un sacrificio cualquiera, sino por la ofrenda de una víctima sumamente perfecta, porque, aunque nuestro Santo Padre nos ama muy a pesar de nuestra imperfección, El no está relacionado con el pecado de los hombres. Si los hebreos, durante los cuarenta años que se prolongó su peregrinación a través del desierto camino de la tierra prometida, no superaron las tentaciones a que hubieron de enfrentarse, fue necesario que Jesús superara las tentaciones de la humanidad con sus tres tentaciones tipológicas en que se resumen las tentaciones de la humanidad, para que comprendiéramos el valor y la necesidad de aplicar las siguientes palabras de nuestro Salvador a nuestra vida:

   "Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis" (MC. 11, 24).

   Por otra parte, en la profecía de Habacuc, leemos:

"«He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad vivirá"" (HAB. 2, 4).

   Dado que no siempre nos es fácil superar las tentaciones que nos caracterizan, en la Biblia se nos insta a confiar en Dios, imitando la fe inquebrantable de nuestro Redentor.

"Pon tu suerte en Yahveh,
confía en él que él obrará;
hará brillar como la luz tu justicia (tu fe, tu rectitud),
y tu derecho igual que el mediodía" (SAL. 37, 5-6).

   Si las tentaciones son pruebas que debemos vencer para superarnos, ¿debemos pensar que Dios es el tentador que nos impone dichas pruebas?

   "Nadie acosado por la tentación tiene derecho a decir: "Es Dios quien me pone en trance de caer." Dios está fuera del alcance del mal, y él tampoco instiga a nadie al mal" (ST. 1, 13).

   Si Dios no nos induce a pecar, ¿quién nos hace sucumbir bajo nuestra humana fragilidad, para que acabemos pecando una y otra vez?

   "Cada uno es puesto a prueba por su propia pasión desordenada, que le arrastra y le seduce. Semejante pasión coincide y da a luz al pecado; y éste, una vez cometido origina la muerte" (ST. 1, 14-15).

   Jesús superó las tentaciones a que fue sometido por el demonio, porque no actuaba como quienes se dejan arrastrar por las pasiones de que Santiago habla en su Epístola Universal.

   Las tentaciones a que fue sometido Jesús, se narran en los siguientes pasajes bíblicos: MT. 4, 1-11; MC. 1, 11-12, y LC. 4, 1-13. Dado que este año meditamos la gran mayoría de los domingos el Evangelio de San Mateo, estudiaremos dichas tentaciones, siguiendo el orden en que las expone dicho Evangelista.

   1-1. La primera tentación de Jesús. La autosuficiencia excesiva.

   "Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»" (MT. 4, 3).

   ¿Por qué le dijo el demonio a Jesús que se alimentara? San Mateo responde esta pregunta, en los términos que siguen:

   "Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (MT. 4, 1-2).

   ¿Cómo pudo sobrevivir Jesús cuarenta días sin alimentarse? En términos humanos, en el caso de que Jesús tuviera esta vivencia, y la misma no haya sido una invención de los hijos de la Iglesia Madre de Jerusalén, para ilustrar las tentaciones a que Jesús hubo de enfrentarse durante los años que se prolongó su Ministerio público, a menos que no utilizara su poder divino para soportar el hambre, no tenemos más remedio que aceptar el hecho de que el Mesías tuvo que alimentarse de hierbas, con tal de poder sobrevivir a su larga estancia apartado del mundo.

   Hay un detalle en el texto de San Mateo que estamos meditando que no debemos olvidar. En el versículo 1, se nos dice que Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado. En cuanto se hizo Hombre, nuestro Señor, por medio de sus vivencias de Persona humana, tenía que demostrarnos que, a pesar de nuestra fragilidad, -la debilidad que El experimentó hasta el extremo de la muerte-, estamos capacitados, para cumplir la voluntad de nuestro Padre común, en conformidad con nuestras posibilidades.

   ¿Cuál es el significado de la tentación que estamos considerando? Después de pasar cuarenta días sin comer o mal alimentado, nuestro Señor debía ser víctima de los dolores angustiosos que causa el hambre en el Tercer Mundo. Ante la propuesta que le hizo el demonio, Jesús debió haberse interrogado: ¿Debo esperar que Dios me alimente, o debo sustentarme por mi medio? ¿Por qué le voy a pedir a Dios que haga algo que puedo hacer por mí mismo?

   Ante tan desesperado dilema por causa de los dolores que debía producirle el hambre, Jesús decidió confiar en Dios, recordando que, muchas veces, la autosuficiencia excesiva, -el amor propio desmedido-, nos aleja de la presencia de nuestro Creador. No pretendo decir que los desempleados dejen de buscar trabajo y que esperen que Dios les lleve el pan a sus hogares, sino que, aunque nuestra forma de proceder nos conduzca a actuar inadecuadamente, que nunca vivamos al margen de nuestro Santo Padre.

   Jesús, al rechazar la citada tentación, nos recordó que, si tenemos fe en el Dios Uno y Trino, debemos alimentarnos de su Palabra, al mismo tiempo que consumimos alimentos físicos para poder vivir.

   "Mas él respondió: «Está escrito:
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"" (MT. 4, 4).

   1-2. La segunda tentación de Jesús. El empeño humano de probar la fidelidad de Dios.

   "Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
A sus ángeles te encomendará,
y en sus manos te llevarán,
para que no tropiece tu pie en piedra alguna."
Jesús le dijo: «También está escrito:
No tentarás al Señor tu Dios" (MT. 4, 5-7).

   Por medio de la tentación que estamos considerando, el demonio le dijo a Jesús: "Haz lo que quieras, porque Dios está contigo". Existe, desde hace siglos, una peligrosa costumbre, que consiste en interpretar la Biblia, no en conformidad con la voluntad de Dios, sino de acuerdo a los deseos de muchos lectores de la misma. Hay pasajes en la Biblia que, si se interpretan literalmente, pueden ser textos letales para quienes los interpretan inadecuadamente. Desgraciadamente, muchos piensan que, sus interpretaciones bíblicas, les son inspiradas por el Espíritu Santo, lo cual solo les sirve, para hacer, las obras que no deberían llevar a cabo jamás, bajo ningún concepto.

   Hay entre nosotros quienes piensan: "Nosotros vivimos y dejamos que los demás vivan. No pecamos porque no robamos ni matamos". Es verdad que quienes así piensan no cometen los pecados más graves, pero, al no dejarse purificar por la Palabra de Dios, se pierden la dicha de sentirse aceptos por nuestro Padre común.

   El demonio fue muy astuto cuando sometió a Jesús a la tentación que estamos considerando, pues, al citar Sal. 91, 11-12, se saltó la parte del citado texto, referente a que los ángeles le guardarían en todos sus caminos, así pues, dichas palabras son un gran consuelo para quienes vivimos por la fe que profesamos.

"Que él dará orden sobre ti a sus ángeles
de guardarte en todos tus caminos.
Te llevarán ellos en sus manos,
para que en piedra no tropiece tu pie" (SAL. 91, 11-12).

   1-3. La tercera tentación de Jesús. Cambiar la fe y obediencia a Dios por la posesión del poder, fama y prestigio, que son tan necesarios para triunfar en este mundo.

   "Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.» Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito:
Al Señor tu Dios adorarás,
y sólo a él darás culto"" (MT. 4, 8-10).

   Dado que el demonio había fallado en sus dos intentos anteriores de conquistar el corazón de Jesús, proponiéndole en el primer caso que tuviera una existencia fácil y vacía, y, en el segundo, que se ganara el corazón de los hombres, haciéndose para los tales un ídolo y por consiguiente que rechazara a Dios actuando al margen del Padre y del Espíritu Santo, Satanás atacó a Jesús con toda la agresividad y astucia que fue capaz de concentrar en sí mismo, proponiéndole, abiertamente, que le adorara a El, y renegara de Dios, a cambio de cederle su dominio sobre la tierra. Lo que parecía una excelente oportunidad para Jesús de acabar con la miseria que afligía la humanidad, solo era un imperdonable acto de idolatría, pues, en el libro de los Salmos, leemos:

"      ¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte,
alégrense las islas numerosas!" (SAL. 97, 1).

   ¿Qué significa el hecho de que Dios es Rey? Esta realidad le recordó a Jesús que el demonio mentía al intentar hacerle creer, -en vano, por supuesto-, que él era el soberano de la tierra.

   Si Dios no ha solventado los problemas de la humanidad, ello sucede porque aún no ha acabado el tiempo en que hemos de ser probados y purificados, así pues, este hecho no ha de instarnos a ser idólatras, sino, al contrario, ha de entusiasmarnos la idea de vivir en base a la fe que profesamos.

   La Palabra de Dios tiene que fortalecernos para que  podamos resistir las tentaciones que, al convertirse en obras, impiden que seamos aptos para vivir en la presencia de Dios, a no ser que corrijamos nuestra conducta.

   San Pablo les escribió a los cristianos de Éfeso:

   "Y para terminar os pido que os hagáis fuertes, unidos al poder irresistible del Señor. Utilizad todas las armas que Dios os proporciona, y así haréis frente con éxito a las estratagemas del diablo. Porque no estamos luchando contra hombres de carne y hueso, sino contra las potencias invisibles que dominan en este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal habitantes de un mundo supraterreno. Por eso es preciso que empuñéis las armas que Dios os proporciona, a fin de que podáis manteneros firmes en el momento crítico y superar todas las dificultades sin ceder un palmo de terreno. Estad, pues, listos para el combate: ceñida con la verdad vuestra cintura, protegido vuestro pecho con la coraza de la rectitud y calzados vuestros pies con el celo por anunciar el mensaje de la paz. Tened siempre embrazado el escudo de la fe, para que en él se apaguen todas las flechas incendiarias del maligno. Como casco, usad el de la salvación, y como espada, la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios" (EF. 6, 10-17).

   2. ¿Cómo debemos reaccionar los cristianos cuando seamos tentados?

   Como he demostrado en esta meditación, necesitamos ser tentados, con el fin de que seamos probados. El caso de que no superemos esas pruebas, lo único que significa, es que no debemos de dejar de esforzarnos por seguir perfeccionándonos, así pues, solo porque somos humanos, estamos destinados a fallar muchas veces en el periodo de nuestra superación, porque no somos perfectos. Recordemos que Dios probó la fe de Abraham, cuando le mandó que sacrificara a su hijo Isaac.

   "Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.» Díjole: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga"" (GN. 22, 1-2).

   Sabemos que, aunque Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo, Dios no permitió que asesinara al depositario de la promesa de hacerle descendiente de una muchedumbre incontable.

   San Pablo indicó en su segunda Carta a los cristianos de Corinto que tenía derecho a enorgullecerse por causa de ciertas revelaciones que le hizo el mismo Dios. También dijo en la citada carta que tenía un aguijón, -el cual no sabemos si era un vicio, una enfermedad u otro problema-, del cual le pidió a Dios que lo librara, porque se le hacía difícil el hecho de soportarlo. Dios le indicó al citado Santo que no lo iba a librar del citado aguijón, sino que, amparándose en su gracia, tendría que sobrevivir con él, el tiempo que le fuera necesario, en conformidad con su crecimiento espiritual.

   "Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel  de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 COR. 12, 7-10).

   ¿Creemos que en nuestra debilidad se muestra perfecta la fuerza de Dios? ¿Cómo es posible este hecho, si no cesamos de equivocarnos cuando tomamos decisiones, y, en el caso de estar enfermos, tenemos la sensación de no saber sobrellevar como buenos cristianos nuestros padecimientos? Si nos encontramos en esta situación de desconfianza tanto en Dios como en nosotros, nos es conveniente aplicarnos las palabras del Apóstol San Pablo:

   "Seguro estoy de que nada, ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni cualquiera  otra suerte de fuerzas sobrehumanas, ni lo presente, ni lo futuro, ni  poderes sobrenaturales, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni criatura alguna existente, será capaz de arrebatarnos este amor que Dios nos ha mostrado por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro" (ROM. 8, 38-39).

   A pesar de que San Pablo sabía que era inferior a nuestro Señor, no dudó en confiarse a Cristo, para que el Salvador del mundo le hiciera instrumento de la salvación de sus oyentes y lectores.

   "Ya no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios, que me amó y entregó su vida por mí" (GÁL. 2, 20).

   Al mismo tiempo que los hebreos probaron la fidelidad de Yahveh en su peregrinación a través del desierto, Dios probó la fe de su pueblo, por medio de las dificultades que le hizo vivir.

   "Los israelitas, toda la comunidad, llegaron al desierto de Sin el mes primero, y se quedó todo el pueblo en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. No había agua para la comunidad, por lo que se amotinaron contra Moisés y contra Aarón. El pueblo protestó contra Moisés, diciéndole: «Ojalá hubiéramos perecido igual que perecieron nuestros hermanos delante de Yahveh. ¿Por qué habéis traído la asamblea de Yahveh a este desierto, para que muramos en él nosotros y nuestros ganados? ¿Por qué nos habéis subido de Egipto, para traernos a este lugar pésimo: un lugar donde no hay sembrado, ni higuera, ni viña, ni ganado, y donde no hay ni agua para beber?" Moisés y Aarón dejaron la asamblea, se fueron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y cayeron rostro en tierra. Y se les apareció la gloria de Yahveh. Yahveh habló con Moisés y le dijo:
«Toma la vara y reúne a la comunidad, tú con tu hermano Aarón. Hablad luego a la peña en presencia de ellos, y ella dará sus aguas. Harás brotar para ellos agua de la peña, y darás de beber a la comunidad y a sus ganados."
Tomó Moisés la vara de la presencia de Yahveh como se lo había mandado. Convocaron Moisés y Aarón la asamblea ante la peña y él les dijo: «Escuchadme, rebeldes. ¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?» Y Moisés alzó la mano y golpeó la peña con su vara dos veces. El agua brotó en abundancia, y bebió la comunidad  y su ganado. Dijo Yahveh a Moisés y Aarón: «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado.» Estas son las aguas de Meribá, donde protestaron los israelitas contra Yahveh, y con las que él manifestó su santidad" (NM. 20, 1-13).

   San Pablo nos insta a evitar las tentaciones que nos inducen a incumplir la voluntad de nuestro Padre común. Veamos unos ejemplos de ello.

   En la Iglesia de Corinto, había fieles que, aunque estaban casados, querían evitar el hecho de mantener relaciones maritales, con el fin de dedicarse al servicio de Dios. San Pablo, previendo más allá del deseo de sus creyentes discípulos, la posibilidad de que, tanto los tales como sus cónyuges, pudieran caer en el pecado de fornicación, les indicó a sus lectores:

   "No pongáis dificultades a vuestra mutua entrega, a no ser de común acuerdo y por cierto tiempo con el fin de dedicaros más intensamente a la oración. Pero luego debéis volver a la vida normal de matrimonio, no sea que, incapaces de guardar continencia, os arrastre Satanás al pecado" (1 COR. 7, 5).

   San Pablo velaba por la fe de sus oyentes y lectores de Corinto, porque no quería que ninguno de ellos incumpliera la voluntad de Dios.

   "Celoso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo. (La perfecta relación entre Dios y los hombres, es simbolizada con una gran boda en la Biblia). Pero temo que, al igual que la serpiente engañó a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes apartándose de la sinceridad con Cristo" (2 COR. 11, 2-3).

   Es importante que, a pesar de las dificultades que tengamos, nunca dejemos de creer en Dios, por consiguiente, San Pablo les escribió a los cristianos de Tesalónica:

   "Ya os lo dije cuando estuve entre vosotros: "Es preciso que sobrevengan dificultades". Y es lo que ha sucedido, como bien sabéis. Así que, no pudiendo aguantar ya más, envié a Timoteo para que me informara acerca de vuestra fe, no sea que el tentador os lleve por mal camino, y todo mi esfuerzo termine siendo baldío" (1 TES. 3, 4-5).

   En el ambiente de no creyentes en que la mayoría de los cristianos vivimos, se nos presentan muchas oportunidades de renegar de Dios.

   "No os encariñéis con este mundo ni con lo que hay en él, porque no son compatibles el amor al Padre y el amor al mundo. Y es que cuanto hay de malo en el mundo -pasiones carnales, turbios deseos y ostentación orgullosa-, del mundo procede y no del Padre. Pero el mundo y sus pasiones se desvanecen; sólo el que hace la voluntad  de Dios permanece para siempre" (1 JN. 2, 15-17).

   Creo necesario interrumpir la meditación en que estamos ocupados, para hacer una breve aclaración sobre las palabras de San Juan que acabamos de recordar. Para comprender el citado texto, nos es necesario recordar, que, el mismo, fue escrito en un tiempo, en que los cristianos eran ferozmente perseguidos, lo cual hacía que los tales se distinguieran del mundo, por causa de la opresión que padecían. En aquel tiempo, formar parte del mundo, significaba renunciar al Dios de los cristianos, y, por tanto, a su Iglesia. Actualmente, quienes no estamos siendo perseguidos, no debemos odiar este mundo, pero sí debemos rechazar todo lo que se opone a nuestro Dios Uno y Trino. Debemos amar el mundo en que vivimos, no solo porque somos sus hijos, sino porque tenemos el deber de contribuir, con nuestras palabras y obras, a la salvación de nuestros hermanos, independientemente de que los tales sean creyentes en Dios, pues, por esta causa, lleva la Iglesia a acabo, su obra de Evangelización.

   La fuente más poderosa de tentaciones a la que debemos enfrentarnos, somos nosotros mismos.

   "Cada uno es puesto a prueba por su propia pasión desordenada, que le arrastra y le seduce" (ST. 1, 14).

   NO temamos el hecho de ser tentados, pues, San Pablo, nos instruye:

   "Hasta ahora, ninguna prueba os ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Por lo demás, Dios es fiel y no permitirá que seáis  puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la  prueba os proporcionará también la manera de superarla con éxito" (1 COR. 10, 13).

   Somos débiles para superar nuestras tentaciones, por consiguiente, en nosotros se cumplen las palabras que Jesús les dijo a los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan, cuando, en la noche en que Judas le entregó a sus enemigos, les encontró durmiendo, cuando les pidió que oraran, con tal de no caer en tentación.

   "Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil"" (MT. 26, 41).

   En quienes, aunque fallen en su crecimiento espiritual, se mantienen fieles al Señor, se cumple esta promesa magnífica:

   "Tú has sido fiel a mi consigna de aguantar con paciencia el sufrimiento. Por eso, yo lo seré contigo en esta difícil hora que se avecina sobre el mundo entero, en la que serán puestos a prueba los habitantes de la tierra. Estoy a punto de llegar. Conserva, pues, lo que tienes, para que nadie te arrebate la corona. Al vencedor le pondré de columna en el templo de mi Dios, para que ya nunca salga de allí. Y sobre la columna grabaré el nombre de mi Dios, y grabaré también, junto a mi nombre nuevo, el nombre de la ciudad de mi Dios , la Jerusalén nueva, que desciende del trono celeste de mi Dios" (AP. 3, 10-12).

   NO dejemos de orar, para que Dios no permita que pasemos por la prueba de caer en la tentación que nos aparta de El.

   Jesucristo, -el Sembrador de la Palabra de Dios en nuestros corazones-, nos dice:

   "El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y,
          cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida" (MT. 13, 20-21).

   Con tal de que evitemos el hecho de caer en la tentación de pecar, muchos predicadores nos dicen que no nos relacionemos con quienes incumplen la voluntad de Dios. ¿Qué nos dice San Pablo con respecto a este hecho?

   El Apóstol nos dice que todos los hijos de la Iglesia deben ser puros.

   "¡La cosa no es como para que os sintáis orgullosos! ¿No sabéis que un  poco de levadura hace fermentar toda la masa? Eliminad todo resto de vieja levadura (cambiad vuestra antigua condición pecadora por la nueva condición de seguidores de Cristo); vosotros debéis ser panes pascuales, de masa nueva y sin levadura, porque Cristo, que es nuestra víctima pascual, ya ha sido sacrificado. Hagamos, pues, fiesta; pero no a base de la vieja levadura -me refiero a  la maldad y a la perversidad- , sino con los panes pascuales de la    sinceridad y de la verdad. Os decía en mi otra carta que no tuviéseis trato con gente lujuriosa. Es claro que no hablaba en plural, de todos los lujuriosos de este mundo  , como tampoco de todos los avaros, ladrones o idólatras; para evitar todo trato con esta gente tendríais que vivir en otro mundo. Lo que quería deciros en la carta es que no tengáis trato con quien presume de cristiano y es lujurioso, avaro, idólatra, calumniador, borracho  o ladrón. Con alguien así, ¡ni sentarse a la mesa!" (1 COR. 5, 6-11).

   Concluyamos esta meditación, aplicándonos las siguientes palabras de San Pablo:

   "Nosotros, en cambio, que pertenecemos al día (pertenecemos a Cristo), debemos estar vigilantes: que la fe y el amor nos rodeen como una coraza; que la esperanza de la  salvación nos sirva de casco protector" (1 TES. 5, 8).

Homilia Domingo IV Cuaresma de 1999. Juan Pablo II.

Es indispensable proponer el Evangelio a los jóvenes y ayudarles a conjugar fe y vida
Homilía de su S.S. Juan Pablo II en el IV Domíngo de Cuaresma

14 de marzo de 1999

1. «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría» (Antífona de entrada).

Con esta invitación a la alegría, se abre la liturgia de hoy. Ella da un tono particularmente gozoso a este cuarto domingo de Cuaresma llamado tradicionalmente
domingo laetare. Sí, debemos alegrarnos, puesto que el auténtico Espíritu cuaresmal es búsqueda de la alegría profunda, fruto de la amistad con Dios. Nos
alegramos porque la Pascua ya está cerca, y dentro de poco celebraremos nuestra liberación del mal y del pecado, gracias a la vida nueva que nos trajo
Cristo muerto y resucitado.

En este camino hacia la Pascua, la liturgia nos exhorta a recorrer el itinerario catecumenal con los que se preparan para recibir el bautismo. El domingo
pasado meditamos en el don del agua viva del Espíritu (cf. Jn 4, 5-42); hoy nos detenemos con el ciego de nacimiento junto a la piscina de Siloé, para
acoger a Cristo, luz del mundo (cf. Jn 9, 1-41).

«El ciego fue, se lavó, y volvió con vista» (Jn 9, 7). Como él, debemos dejarnos iluminar por Cristo, y renovar la fe en el Mesías sufriente, que se revela
como la luz de nuestra existencia: «Yo soy la luz del mundo, (...) quien me sigue tendrá la luz de la vida» (Aclamación antes del Evangelio).

El agua y la luz son elementos esenciales para la vida. Precisamente por eso, Jesús los elevó a la categoría de signos reveladores del gran misterio de
la participación del hombre en la vida divina.

2. (…)

(hay que lograr que) … todos los bautizados estén dispuestos a responder con valentía a los desafíos humanos y espirituales del momento actual. En este
contexto, es importante aprender a valorar las predisposiciones y las aperturas al Evangelio presentes en la sociedad, sin detenerse en las apariencias,
sino mirando al corazón de las situaciones. Esto es lo que recuerda la primera lectura a través de la figura y la misión del profeta Samuel: «Los hombres
ven la apariencia; el Señor ve el corazón» (1 S 16, 9). En toda persona que encontramos, aún en aquella que afirma explícitamente que no le interesan las
realidades del espíritu, está viva la necesidad de Dios: es tarea de los creyentes anunciar y testimoniar la verdad liberadora del Evangelio, ofreciendo
a todos la luz de Cristo.

3. (…)

¿Acaso no es verdad que hoy más que nunca las jóvenes generaciones tienen un vivísimo deseo de verdad y se sienten cada vez más cansadas de seguir ilusiones
vanas? Es indispensable proponerles con fuerza y amor el Evangelio, y ayudarles a conjugar la fe con la vida para resistir a las múltiples tentaciones
del mundo moderno. Por eso, como sucedió al ciego de nacimiento, del que habla el pasaje evangélico de hoy, es indispensable encontrar personalmente a
Jesús.

4. Al entrar esta mañana en vuestra sugestiva iglesia, he notado cómo también su estructura arquitectónica fue concebida para favorecer la concentración
de la atención de los fieles en el lugar en que se celebra el misterio eucarístico. La Eucaristía, culminación y fuente de la existencia cristiana, es
Jesús presente en medio de nosotros, que se transforma en alimento y bebida para nuestra salvación. Una comunidad podrá ser verdadera, una Iglesia podrá
ser auténtica sólo si aprende a crecer en la escuela de la Eucaristía y si se alimenta en la mesa de la palabra y del pan de vida eterna. Es preciso que
todos aprendamos a dejarnos plasmar por el misterio eucarístico. A este propósito, el pensamiento va naturalmente al Congreso eucarístico internacional,
que tendrá lugar en Roma del 18 al 25 de junio del año 2000.

La Eucaristía, misterio supremo de amor, requiere también el compromiso de la solidaridad y de la cercanía concreta con el necesitado. Deseo animaros a
prodigaros cada vez más en este importante sector, para ser testigos creíbles del amor providente de Dios hacia toda criatura humana. Entre vosotros hay
personas y familias que necesitan apoyo; hay pobres que viven en el ámbito de la parroquia. Acoger a los hermanos que atraviesan dificultades y abrirles
las puertas del corazón, ayuda a aumentar el clima de fraternidad y amistad que el mundo necesita. Sólo así seremos apóstoles auténticos de Jesús que nos
dejó como regla de vida el mandamiento del amor, sólo así seremos hijos de la luz, es decir, de la verdad y del amor.

5. «Caminad como hijos de la luz» (Ef 5, 8). Las palabras del apóstol san Pablo, en la segunda lectura, nos estimulan a recorrer este camino de conversión
y renovación espiritual. En virtud del bautismo, los cristianos son «iluminados»; ya han recibido la luz de Cristo. Por tanto, están llamados a conformar
su existencia con el don de Dios: ¡a ser hijos de la luz

Amadísimos hermanos y hermanas, el Señor os abra los ojos de la fe, como hizo con el ciego de nacimiento, para que aprendáis a reconocer su rostro en el
de vuestros hermanos, especialmente en los más necesitados.

María, que ofreció a Cristo a todo el mundo, nos ayude también a nosotros a acogerlo en nuestras familias, en nuestras comunidades y en todos los ambientes
de vida y trabajo de nuestra ciudad. Amén.
(
http://www.multimedios.org
).

Homilia Domingo IV Cuaresma de 1997. Juan Pablo II.

Esforzaos por formar una comunidad cada vez más generosa y solidaria
Homilía de S.S. Juan Pablo II en el IV Domingo de Cuaresma

9 de marzo de 1997

1. «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3, 16).

Estas palabras, que Jesús pronunció durante el diálogo con Nicodemo, expresan de modo sintético y eficaz el tema principal de la liturgia de hoy. En efecto,
hacen referencia a la salvación que el Hijo unigénito de Dios trajo al mundo, revelándola en su realidad profunda, en cuanto obra del «Dios rico en misericordia»:
Dives in misericordia.

San Pablo, escribiendo a los Efesios, se hace eco del Evangelio: «Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos
por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo» (Ef 2, 4-5). De ese modo, la liturgia nos introduce en la perspectiva pascual, pues ¿qué es la salvación
sino la participación en la muerte y la resurrección de Cristo?

El Apóstol presenta la obra de la salvación, indicando los frutos que produce en la vida de los creyentes. Considera la redención como una nueva creación,
la creación que inserta al hombre en Jesucristo, haciéndolo capaz de realizar obras buenas según el plan de Dios (cf. Ef 2, 10).

2. La salvación y la redención, que Dios da a la humanidad con la muerte de su Hijo unigénito, se describen en la primera lectura y en el Salmo responsorial
como liberación de la esclavitud con referencia a la esclavitud babilónica que padecieron los hijos de Israel con la caída del reino de Judá. Esa experiencia
dolorosa resuena de forma muy poética en las lamentaciones del salmista: «Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión...»
(Sal 136, 1). El autor de este salmo recuerda con imágenes vivas el sufrimiento del exilio y la nostalgia de Jerusalén, que experimentan los deportados:
«Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que mi lengua se me pegue al paladar, si no me acuerdo de ti» (Sal 136, 5-6).

El segundo libro de las Crónicas nos recuerda que la deportación a Babilonia fue un castigo que el Señor infligió a su pueblo por sus graves pecados, especialmente
por el de la idolatría. Sin embargo, el periodo de la esclavitud tenía como fin que se arrepintiera y se convirtiera, y terminó cuando Ciro, rey de Persia,
permitió a los israelitas volver a su patria y reconstruir en Jerusalén el templo destruido.

Ciro representa, en cierto sentido, al Mesías que esperaba Israel. Es la imagen del Redentor prometido, que debía liberar al pueblo de Dios de la esclavitud
del pecado, para introducirlo en el reino de la verdadera libertad.

3. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Gaudencio en Torre Nova, con gran alegría celebro hoy la Eucaristía en esta nueva iglesia parroquial,
junta con vuestra joven comunidad. (…)

5. «La luz vino al mundo, pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz» (Jn 3, 19).

La liturgia de la Palabra presenta la antítesis entre la esclavitud y la libertad, ilustrada por las lecturas del Antiguo Testamento, paralelamente a la
antítesis entre las tinieblas y la luz, que desarrolla el evangelio. Jesús en su diálogo con Nicodemo, propone ésta última contraposición, que recoge,
en forma de discurso, uno de los rasgos característicos del evangelio de Juan, ya presente en las primeras expresiones del Prólogo: «En el principio existía
la Palabra (...). En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron» (Jn 1,
1. 4-5).

En el diálogo con Nicodemo está presente esta misma contraposición radical entre la luz y las tinieblas: «La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz (...). Pues todo el que obra perversamente detesta la luz (...). En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que
se vea que sus obras están hechas según Dios» (Jn 3, 19-21).

¿Cómo no subrayar la alusión al juicio divino? El hombre es juzgado no sólo por un juez externo, sino también por la luz interior que se manifiesta mediante
la voz de una conciencia recta. Es lo que ha recordado el concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo
contemporáneo: «En lo profundo de su conciencia, el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer (...). La conciencia
es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella» (n. 16).

Amadísimos hermanos y hermanas, en nuestro itinerario cuaresmal hacia la Pascua ya cercana, dejémonos guiar por la voz de Dios, que nos llama a través de
la conciencia. Así, podremos salir a su encuentro con una vida santa y rica en obras buenas, siempre conforme con su voluntad y según su corazón. Amen.
(
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Homilia Domingo III Cuaresma de 1999. Juan Pablo II.

El bautismo dio plenamente su fruto
Homilía de S.S. Juan Pablo II del III Domingo de Cuaresma

7 de marzo de 1999

1. «El que beba del agua que yo le daré, no tendrá más sed» (Jn 4, 14).

En este tercer domingo de Cuaresma, el encuentro de Jesús con la samaritana junto al pozo de Jacob constituye una extraordinaria catequesis sobre la fe.
A los catecúmenos que se preparan para recibir el bautismo, y a todos los creyentes en camino hacia la Pascua, el evangelio les muestra hay el «agua viva»
del Espíritu Santo, que regenera interiormente al hombre, haciéndolo renacer «de lo alto» a una vida nueva.

La existencia humana es un «éxodo» de la esclavitud a la tierra prometida, de la muerte a la vida. A lo largo de este camino experimentamos a veces la aridez
y la fatiga de la existencia: la miseria, la soledad, la pérdida de sentido y de esperanza, hasta el punto de que también nosotros podemos llegar a preguntarnos,
como los judíos en camino: «¿Está o no el Señor en medio de nosotros?» (Ex 17, 7).

También aquella mujer de Samaria, tan probada por la vida, habrá pensado muchas veces: «¿Dónde está el Señor?». Hasta que un día encuentra a un hombre que
le revela a ella, mujer y además samaritana, es decir, doblemente despreciada, toda la verdad. En un sencillo diálogo, le ofrece el don de Dios: el Espíritu
Santo, fuente de agua viva para la vida eterna. Se manifiesta a sí mismo como el Mesías esperado y le anuncia al Padre, que quiere ser adorado en espíritu
y verdad.

2. Los santos son los «verdaderos adoradores del Padre»: hombres y mujeres que, como la samaritana, han encontrado a Cristo y han descubierto gracias a
él, el sentido de la vida. Han experimentado personalmente lo que dice el apóstol Pablo en la segunda lectura: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 5).

También en los nuevos beatos la gracia del bautismo dio plenamente su fruto. Hasta tal punto bebieron en la fuente del amor de Cristo, que fueron transformados
íntimamente, y se convirtieron a su vez en manantiales desbordantes para la sed de muchos hermanos y hermanas suyos que encontraron a lo largo del camino
de la vida.

3. «Hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios (...) y nos gloriamos apoyados en la esperanza de los hijos de Dios» (Rm 5, 1-2).
Hoy la Iglesia, al proclamar beatos a los mártires de Motril, pone en sus labios estas palabras de san Pablo. En efecto, Vicente Soler y sus seis compañeros
agustinos recoletos, y Manuel Martín, sacerdote diocesano obtuvieron por el testimonio heroico de su fe el acceso a la «gloria de los hijos de Dios». Ellos
no murieron por una ideología, sino que entregaron libremente su vida por Alguien que ya había muerto antes por ellos. Así devolvieron a Cristo el don
que de él habían recibido.

Por la fe, estos sencillos hombres de paz, alejados del debate político, trabajaron durante años en territorios de misión, sufrieron multitud de penalidades
en Filipinas, regaron con su sudor los campos de Brasil, Argentina y Venezuela, fundaron obras sociales y educativas en Motril y en otras partes de España.
Por la fe, llegado el momento supremo del martirio, afrontaron la muerte con ánimo sereno, confortando a los demás condenados y perdonando a sus verdugos.
¿Cómo es posible esto? —nos preguntamos—, y san Agustín nos responde: «Porque el que reina en el cielo regía la mente y la lengua de sus mártires, y por
medio de ellos en la tierra vencía» (Sermón 329, 1-2).

¡Dichosos vosotros, mártires de Cristo! Que todos se alegren por el honor tributado a estos testigos de la fe. Dios los ayudó en sus tribulaciones y les
dio la corona de la victoria. ¡Ojalá que ellos ayuden a quienes hoy trabajan en España y en el mundo en favor de la reconciliación y de la paz!

4. El pueblo que estaba acampado en el desierto tenía sed, como nos lo recuerda la primera lectura, tomada del libro del Éxodo (cf. 17, 3). El espectáculo
del pueblo espiritualmente sediento también estaba ante la mirada de Nicolás Barre, de la orden de los Mínimos. Su ministerio le ponía continuamente en
contacto con personas que, viviendo en el desierto de la ignorancia religiosa, corrían el riesgo de beber en la fuente corrompida de algunas ideas de su
tiempo. Por eso sintió el deber de convertirse en maestro espiritual y educador de aquellos a quienes llegaba con su acción pastoral. Con el fin de ampliar
su radio de acción, fundó una nueva familia religiosa, las Hermanas del Niño Jesús, con el deber de evangelizar y educar a la juventud abandonada, para
revelarle el amor de Dios, comunicarle plenamente la vida divina y contribuir a la edificación de las personas.

El nuevo beato enraizaba su misión en la contemplación del misterio de la Encarnación, ya que Dios colma la sed de los que viven en intimidad con él. Mostró
que una acción realizada por Dios no puede menos de unir a Dios, y que la santificación pasa también por el apostolado. Nicolás Barré invita a cada uno
a confiar en el Espíritu Santo, que guía a su pueblo por el camino del abandono en Dios, del desapego, de la humildad y de la perseverancia incluso en
las pruebas más duras. Esta actitud abre a la alegría del camino hacia la experiencia de la acción poderosa de Dios vivo.

5. Cuando finalmente dirigimos nuestra mirada a la beata Ana Schäffer, leemos su vida precisamente como un comentario viviente de lo que san Pablo escribió
a los romanos: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm
5, 5).

Cuanto más se transformaba su vida en un calvario, tanto más fuerte era en ella la convicción de que la enfermedad y la debilidad podían ser las líneas
en las que Dios escribía su evangelio. Llamaba a su habitación de enferma «taller del dolor», para conformarse cada vez más con la cruz de Cristo. Hablaba
de tres llaves, que Dios le había concedido: «La más grande es de hierro y muy pesada, son mis sufrimientos. La segunda es la aguja, y la tercera, la pluma.
Con todas estas llaves quiero trabajar día tras día, para poder abrir la puerta del cielo».

Entre atroces dolores, Ana Schäffer tomaba conciencia de la responsabilidad que cada cristiano tiene de la santidad de su prójimo. Por eso utilizó su pluma.
Su lecho de enferma se convierte en la cuna de un apostolado epistolar muy amplio. Las pocas fuerzas que le quedan las emplea en el bordado, para de esta
forma dar a los demás un poco de alegría. Pero, tanto en sus cartas como en sus labores manuales, su razón de vida es el Corazón de Jesús, símbolo del
amor divino. Así, representa las llamas del Corazón de Jesús no como lenguas de fuego, sino como espigas de trigo. La Eucaristía, que Ana Schäffer recibía
diariamente de su párroco, es sin duda, su punto de referencia. Por ello, esa representación del Corazón de Jesús será característica de la nueva beata.

6. Amadísimos hermanos y hermanas: demos gracias a Dios por el don de estos nuevos beatos. Ellos, a pesar de las pruebas de la vida no endurecieron su corazón,
sino que escucharon la voz del Señor, y el Espíritu Santo los colmó del amor de Dios. Así, pudieron experimentar que «la esperanza no defrauda» (Rm 5,
5). Fueron como árboles plantados junto a corrientes de agua, que a su tiempo dieron abundantes frutos (cf. Sal 1, 3).

Por eso, hoy, al admirar su testimonio, toda la Iglesia aclama: ¡Señor, tú eres de verdad el salvador del mundo, tú eres la roca de la que brota el agua
viva para la sed de la humanidad.

Danos siempre, Señor, esta agua, para que conozcamos al Padre y lo adoremos en espíritu y verdad. Amén.
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Homilia Domingo III Cuaresma de 1997. Juan Pablo II.

En Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre, tenemos la fuente de la vida eterna
Homilía de S.S. Juan Pablo II en el III domingo de Cuaresma

2 de marzo de 1997

1. «Señor, tú tienes palabras de vida eterna» (cf. Jn 6, 68).

El Salmo responsorial que acabamos de proclamar nos lleva al corazón del mensaje de la liturgia de hoy. El poder de la Palabra divina se manifestó por primera
vez en la creación del mundo, cuando Dios dijo: «Fiat» (cf. Gn 1, 3) llamando a la existencia a todas las criaturas. Pero las lecturas bíblicas de este
tercer domingo de Cuaresma destacan otra dimensión del poder de la Palabra de Dios: la que se refiere al orden moral.

Dios entregó al pueblo elegido el Decálogo en el monte Sinaí, montaña que reviste singular valor simbólico en la historia de la salvación. Precisamente
por esto, con ocasión del gran jubileo del año 2000, se ha propuesto un encuentro en ese monte (cf. Tertio millennio adveniente, 53). La primera lectura
de hoy, tomada del libro del Éxodo, desarrolla de modo particular los primeros tres mandamientos dados a Israel, esto es, los de la que se suele llamar
«primera tabla»: «Yo soy el Señor, tu Dios (...). No tendrás otros dioses frente a mí (...). No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios en falso (...).
Fíjate en el sábado para santificarlo» (Ex 20, 2. 7-8).

2. Es fundamental el primer mandamiento, en el que se afirma solemnemente la unicidad de Dios: no hay otras divinidades además de él. En la ley dada a Moisés
se manifiesta el Dios invisible, que ninguna imagen realizada por las manos del hombre puede representar dignamente. Con la encarnación del Verbo, Dios
se hizo hombre, y así el Dios invisible se hizo visible y, desde ese momento, la humanidad puede contemplar su gloria. La cuestión de la representación
artística de Dios fue examinada detenidamente en el segundo concilio de Nicea, y se aclaró entonces que, dado que el Dios invisible se había hecho hombre
en la Encarnación, su reproducción artística era legítima para los cristianos.

Al primer mandamiento está muy unido el segundo, que no sólo quiere condenar el abuso del nombre de Dios, sino que también tiene como finalidad advertir
que no se siga la idolatría difundida en las religiones paganas.

De la misma forma, por lo que concierne al tercer mandamiento: «Fíjate en el sábado para santificarlo» (Ex 20, 8) la normativa es detallada y se remonta
al modelo originario del descanso, del que dio ejemplo Dios al término de la creación.

En cambio, se describen de manera sintética los mandamientos de la que se suele llamar «segunda tabla».

3. «Señor, tú tienes palabras de vida eterna». Las palabras que Dios pronuncia en el Antiguo Testamento encuentran pleno cumplimiento en Cristo, Palabra
de Dios encarnada. En la antigua alianza, el poder creador de Dios en el ámbito moral se expresó en el Decálogo; en la nueva alianza en cambio Cristo es
la actuación plena de ese poder, por tanto, no es una ley escrita, sino la persona misma del Salvador.

Se trata de una verdad que san Pablo expresa con eficacia al escribir a los Gálatas y a los Romanos: a la justificación mediante la observancia de la ley
contrapone la justificación mediante la fe en Cristo. Hoy en cambio en la segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios leemos estas palabras:
«Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos— fuerza
de Dios y sabiduría de Dios» (1 Co 1, 22-24).

El poder y la sabiduría que Dios manifestó al crear el mundo y al hombre, hecho «a su imagen y semejanza», (cf. Gn 1, 26), se expresan plenamente en el
orden moral. Por tanto, está al servicio del bien del hombre y de la sociedad humana. Esto lo confirma el Nuevo Testamento que determina con claridad el
papel de la moral al servicio de la salvación eterna del hombre.

Precisamente por esto en la aclamación antes del Evangelio acabamos de proclamar las palabras que Jesús pronunció en el diálogo con Nicodemo: «Tanto amó
Dios al mundo que entregó a su Hijo único. Todo el que cree en él tiene vida eterna» (Jn 3, 16). No sólo los mandamientos, sino sobre todo el Verbo eterno,
que se hizo hombre, es la fuente de la vida eterna.

4. (…) Es muy oportuna la iniciativa de los ejercicios espirituales, que constituyen una gran ayuda para los cristianos, llamados a «renovarse en el Espíritu
(...) y a revestirse del hombre nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad» (Ef 4, 23-24). Los ejercicios espirituales, fruto de
la rica tradición espiritual de la Iglesia, responden auténticamente a los interrogantes profundos del hombre. Por tanto, los recomiendo a los jóvenes,
en el ámbito de su camino de discernimiento vocacional, a los esposos cristianos, a las familias y a todos los que buscan sinceramente a Dios.

5. «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 21).

En el evangelio hemos releído el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. La descripción de san Juan es viva y elocuente: por una parte está
Jesús que, «haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes» (Jn 2, 14-15), y por otra están los judíos en particular los fariseos.
El contraste es fuerte, hasta el punto de que algunos de los presentes preguntan a Jesús: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» (Jn 2, 18).

«Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19), responde Cristo. La gente replica: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo,
¿y tú lo vas a levantar en tres días?» (Jn 2, 20). No habían comprendido —anota san Juan—que el Señor estaba hablando del templo vivo de su cuerpo que,
durante los acontecimientos pascuales, sería destruido con la muerte en la cruz, pero que resucitaría al tercer día. «Y cuando resucitó de entre los muertos
—escribe el evangelista—, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús» (Jn 2, 22).

El acontecimiento pascual da significado auténtico a todos los elementos presentes en las lecturas de hoy. En la Pascua se revela plenamente el poder del
Verbo encarnado, poder del Hijo eterno de Dios, que se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación.

«Señor, tú tienes palabras de vida eterna».

Creemos que tú eres verdaderamente el Hijo de Dios.

Y te damos gracias por habernos hecho partícipes de tu misma vida divina.

Amén.
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Domingo II de Cuaresma. Juan Pablo II.

Que la luz de Cristo ilumine nuestra vida y nos dé la fuerza para anunciar el Evangelio

Homilía de su S.S. Juan Pablo II en el segundo domingo de cuaresma

1. «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadlo» (Mt 17, 5).

La invitación que el Padre dirige a los discípulos, testigos privilegiados del extraordinario acontecimiento de la transfiguración, resuena de nuevo hoy
para nosotros y para toda la Iglesia. Como Pedro, Santiago y Juan, también nosotros estamos invitados a subir al monte Tabor junto con Jesús y a quedar
fascinados por el resplandor de su gloria. En este segundo domingo de Cuaresma contemplamos a Cristo envuelto en luz, en compañía de los autorizados portavoces
del Antiguo Testamento, Moisés y Elías. A él le renovamos nuestra adhesión personal: es el «Hijo amado» del Padre.

Escuchadlo. Esta apremiante exhortación nos impulsa a intensificar el camino cuaresmal. Es una invitación a dejar que la luz de Cristo ilumine nuestra vida
y nos comunique la fuerza para anunciar y testimoniar el Evangelio a nuestros hermanos. Como bien sabemos, es un compromiso que implica a veces muchas
dificultades y sufrimientos. También lo subraya san Pablo, al dirigirse a su fiel discípulo Timoteo: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio» (2
Tm 1, 8).

La experiencia de la transfiguración de Jesús prepara a los Apóstoles para afrontar los dramáticos acontecimientos del Calvario, presentándoles anticipadamente
lo que será la plena y definitiva revelación de la gloria del Maestro en el misterio pascual. Al meditar en esta página evangélica, nos preparamos para
revivir también nosotros los acontecimientos decisivos de la muerte y resurrección del Señor, siguiéndolo por el camino de la cruz para llegar a la luz
y a la gloria. En efecto «sólo por la pasión podemos llegar con él al triunfo de la resurrección» (Prefacio).

2. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa María «Stella maris», me alegra ser hoy huésped de vuestra hermosa comunidad que, aunque desde
el punto de vista geográfico se encuentra lejos de la casa del Obispo de Roma, está siempre muy cerca de su corazón de pastor y siempre presente en sus
oraciones, junto con todas las demás parroquias romanas.

3. A vosotros, queridos jóvenes, os animo cordialmente a continuar vuestro itinerario espiritual, personal y comunitario, para que crezcáis en vuestra conciencia
de ser Iglesia. Mi presencia, hoy, quiere ser una invitación para todos, pero especialmente para vosotros, queridos muchachos y muchachas, a ser apóstoles
de Cristo en esta zona a fin de que el mensaje evangélico sea levadura de auténtico progreso y fraternidad solidaria.

Queridos jóvenes, el Papa tiene confianza en vosotros y os invita a difundir, con el entusiasmo y la sencillez que os caracterizan, el Evangelio en el nuevo
milenio cada vez más cercano. Quiera Dios que en la Jornada mundial de la juventud del año 2000, que tendrá lugar en Roma en agosto del Año santo, también
vosotros, jóvenes de esta parroquia, estéis dispuestos a acoger a vuestros coetáneos procedentes de diferentes naciones del mundo. Estad preparados para
compartir con vuestros hermanos y hermanas en la vida diaria y en los lugares de encuentro y sana diversión, la única fe en Cristo Redentor del hombre
y la alegría de estar unidos en el abrazo de la misma Iglesia, fundada en el testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo. Sentíos «misioneros» de fidelidad
y esperanza en esta Iglesia que es vuestra dentro de la cual cada uno tiene una misión propia que cumplir.

4. Amadísimos feligreses de Santa María, «Stella maris», sé que en vuestra comunidad se presta singular atención a la celebración del sacramento de la penitencia
o confesión. Me complace y doy gracias al Señor por ello. En este «tiempo fuerte» de la Cuaresma más intenso aún por la coincidencia con el año dedicado
a la reflexión sobre Dios Padre, renuevo cordialmente la exhortación a acudir con confianza a este sacramento de curación espiritual, pues actualiza para
cada uno, de modo sacramental, la llamada de Jesús a la conversión y el camino de vuelta al Padre, de quien el hombre se aleja por el pecado. Como recuerda
el Catecismo de la Iglesia católica, este sacramento está destinado a consagrar el proceso personal y eclesial de arrepentimiento y conversión del cristiano
pecador (cf. n. 1423).

Pero, para que el sacramento de la penitencia se celebre en la verdad es necesario que la confesión de los pecados brote de una confrontación seria y atenta
con la palabra de Dios y de un contacto vivo con la persona de Cristo. Para este fin se requiere una catequesis apropiada que, como recuerda el Catecismo,
tiene como objetivo poner en comunión con Jesús, el único que puede guiarnos al amor del Padre, en el Espíritu Santo, introduciéndonos en la vida misma
de la santísima Trinidad (cf. n. 426).

5. Oh Dios «que nos has mandado escuchar a tú Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra» (Oración colecta). Así hemos orado al comienzo
de nuestra celebración eucarística. La actividad pastoral está ordenada totalmente a esta apertura del espíritu, para que el creyente escuche la palabra
del Señor y acepte dócilmente su voluntad. Escuchar realmente a Dios, significa obedecerle. De aquí brota el celo apostólico indispensable para evangelizar:
sólo quien conoce profundamente al Señor y se convierte a su amor podrá transformarse en mensajero y testigo intrépido en toda circunstancia.

¿No es verdad que, precisamente por conocer a Cristo, su persona, su amor y su verdad, cuantos lo experimentan personalmente sienten un deseo irresistible
de anunciarlo a todos, de evangelizar y de guiar también a los demás al descubrimiento de la fe? Os deseo de corazón a cada uno que este anhelo de Cristo,
fuente de auténtico espíritu misionero, os anime cada vez más.

6. «Abraham partió, como le había dicho Yahveh» (Gn 12, 4).

Abraham, ejemplo y modelo del creyente, confía en Dios. Llamado por Yahveh, deja su tierra, con toda la seguridad que implica, sostenido sólo por la fe
y la obediencia confiada en su Señor. Dios le pide el «riesgo» de la fe, y él obedece convirtiéndose así, por la fe, en padre de todos los creyentes.

Como Abraham, también nosotros queremos proseguir nuestro camino cuaresmal, renunciando a nuestra seguridad y abandonándonos a la voluntad divina. Nos anima
la certeza de que el Señor es fiel a sus promesas, a pesar de nuestra debilidad y de nuestros pecados.

Con espíritu auténticamente penitencial, hagamos nuestras las palabras del Salmo responsorial: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti».

Virgen, Estrella de la evangelización, ayúdanos a acoger las palabras de tu Hijo, para anunciarlas con generosidad y coherencia a nuestros hermanos. María,
«Stella maris», protege a esta comunidad parroquial, a los habitantes de Ostia y a toda la diócesis de Roma. Amén.
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Domingo II Cuaresma de 1997. Juan Pablo II.

Sed testigos de Jesucristo
Homilía de S.S. Juan Pablo II en el II Domingo de Cuaresma.

23 de febrero de 1997

1. «Este es mi Hijo amado: escuchadlo» (Mc 9, 7).

Hoy, en el marco de la transfiguración del Señor, volvemos a escuchar estas palabras, que resonaron en el momento del bautismo de Jesús en el Jordán (cf.
Mt 3, 17). «Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan (...), y se transfiguró delante de ellos (...). Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con
Jesús (...). Pedro (...) le dijo a Jesús: «Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"»
(Mc 9, 2-5). En ese preciso instante se oyó una voz: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo» (Mc 9, 7).

No duró mucho esa extraordinaria manifestación de la filiación divina de Jesús. Cuando los Apóstoles alzaron nuevamente su mirada, no vieron más que a Jesús,
el cual, «cuando bajaban de la montaña —prosigue el evangelista— (...), les mandó: "No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre
resucite de entre los muertos"» (Mc 9, 9).

Así, en este segundo domingo de Cuaresma, escuchamos junto con los Apóstoles el anuncio de la Resurrección. Lo escuchamos mientras nos encaminamos con ellos
hacia Jerusalén, donde reviviremos el misterio de la pasión y muerte del Señor. En efecto, el ayuno y la penitencia de este tiempo sagrado se orientan
precisamente hacia este acontecimiento-clave de toda la economía salvífica.

2. La transfiguración del Señor, que según la tradición tuvo lugar en el monte Tabor, sitúa en primer plano la persona y la obra de Dios Padre, presente
junto al Hijo de modo invisible pero real. Esto explica el hecho de que, en el trasfondo del evangelio de la Transfiguración, la liturgia de hoy sitúa
un importante episodio del Antiguo Testamento, en el que se pone de relieve de modo particular la paternidad.

En efecto, la primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos recuerda el sacrificio de Abraham. Este tenía un hijo, Isaac, que había nacido en su vejez.
Era el hijo de la promesa. Pero un día Abraham recibe de Dios la orden de ofrecerlo en sacrificio. El anciano patriarca se encuentra ante la perspectiva
de un sacrificio que para él, padre, es seguramente el mayor que se pueda imaginar. A pesar de ello, no duda ni un instante y, después de haber preparado
lo necesario, parte con Isaac hacia el lugar establecido. Construye un altar, coloca la leña y, una vez atado el muchacho, toma el cuchillo para inmolarlo.
Sólo entonces lo detiene una orden de lo alto: «No alargues tu mano contra tu hijo ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que
no me has negado tu hijo, tu único hijo» (Gn 22, 12).

Es conmovedor este acontecimiento en el que la fe y el abandono de un padre en las manos de Dios alcanzan la cima. Con razón san Pablo llama a Abraham «padre
de todos los creyentes» (Rm 4, 11.17). Tanto la religión judía como la cristiana hacen referencia a su fe. El Corán destaca también la figura de Abraham.
La fe del padre de los creyentes es un espejo en el que se refleja el misterio de Dios, misterio de amor que une al Padre y al Hijo.

3. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de la Santa Cruz, en la vía Flaminia, para mi es una gran alegría celebrar hoy la santa misa en esta hermosa
iglesia, construida por voluntad de mi venerado predecesor san Pío X, y que en 1964 visitó el siervo de Dios Papa Pablo VI, quien la elevó al grado de
basílica mayor. (…)

4. «El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿como no nos dará todo con él?» (Rm 8, 32). Estas palabras de san
Pablo en la carta a los Romanos nos introducen en el tema fundamental de la liturgia de hoy: el misterio del amor divino revelado en el sacrificio de la
cruz.

El sacrificio de Isaac anticipa el de Cristo: el Padre no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó para la salvación del mundo. Él, que detuvo el
brazo de Abraham en el momento en que estaba a punto de inmolar a Isaac, no dudó en sacrificar a su propio Hijo por nuestra redención. De ese modo el sacrificio
de Abraham pone de relieve que nunca y en ningún lugar se deben realizar sacrificios humanos, porque el único sacrificio verdadero y perfecto es el del
Hijo unigénito y eterno de Dios vivo. Jesús, que por nosotros y por nuestra salvación nació de María virgen, se inmoló voluntariamente una vez para siempre,
como víctima de expiación por nuestros pecados, obteniéndonos así la salvación total y definitiva (cf. Hb 10, 5-10). Después del sacrificio del Hijo de
Dios, no se necesita ninguna otra expiación humana, puesto que su sacrificio en la cruz abarca y supera todos los demás sacrificios que el hombre podía
ofrecer a Dios. Aquí nos encontramos en el centro del misterio pascual.

Desde el Tabor, el monte de la transfiguración, el itinerario cuaresmal nos lleva hasta el Gólgota, el monte del sacrificio supremo del único sacerdote de
la alianza nueva y eterna. Dicho sacrificio encierra la mayor fuerza de transformación del hombre y de la historia. Asumiendo en sí mismo todas las consecuencias
del mal y del pecado, Jesús resucitará al tercer día y saldrá de esa dramática experiencia como vencedor de la muerte, del infierno y de Satanás. La Cuaresma
nos prepara para participar personalmente en este gran misterio de la fe, que celebraremos en el triduo de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

Pidamos al Señor la gracia de prepararnos de modo conveniente: «Jesús Hijo amado del Padre, haz que te escuchemos y te sigamos hasta el Calvario, hasta
la cruz, para poder participar contigo en la gloria de la resurrección». Amén.
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Domingo I Cuaresma de 1999. Juan Pablo II.

En el sacramento de la penitencia el cristiano experimenta la misericordia de Dios
Homilía de su S.S. Juan Pablo II del primer Domingo de Cuaresma

21 de Febrero de 1999

1. «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4, 1).

Al comienzo del tiempo cuaresmal, la liturgia nos presenta a Jesús que, en el desierto, afronta al tentador. El Hijo de Dios, probado duramente por el maligno,
supera las tres tentaciones fundamentales que insidian toda existencia humana: la concupiscencia, la manipulación de Dios y la idolatría.

Las tres insinuaciones solapadas de satanás: «Si eres hijo de Dios...» son el contrapunto de la proclamación solemne del Padre celestial en el momento del
bautismo en el Jordán: «Éste es mi Hijo amado» (Mt 3, 17). Constituyen, por tanto, una prueba que guarda una profunda relación con la misión del Salvador.
Y la victoria de Cristo, al comienzo de su vida pública, anuncia su triunfo definitivo sobre el pecado y la muerte, que se realizará en el misterio pascual.

Con su muerte y resurrección, Jesús no sólo borrará el pecado de los primeros padres, sino que también comunicará al hombre, a todo hombre, la sobreabundancia
de la gracia de Dios. Es lo que recuerda el apóstol san Pablo en la segunda lectura, que acabamos de proclamar: «Como por la desobediencia de uno todos
se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos» (Rm 5, 19).

2. «No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4).

Al comienzo de la Cuaresma, tiempo litúrgico «fuerte» que nos invita a la conversión, estas palabras de Jesús resuenan para cada uno de nosotros. Dejemos
que la «palabra que sale de la boca de Dios» nos interpele y alimente nuestro espíritu, puesto que «no sólo de pan vive el hombre». Nuestro corazón tiene
necesidad, sobre todo, de Dios.

Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Ramón Nonato, (…)

4. «Misericordia, Señor: hemos pecado» (Salmo responsorial).

Como todos sabemos, la Cuaresma es un tiempo fuerte de penitencia y de gracia. Este año, invita de manera mucho más significativa al arrepentimiento y a
la conversión, con vistas al jubileo del año 2000. Ya sabéis que la conversión «comprende tanto un aspecto "negativo" de liberación del pecado, como un
aspecto "positivo" de elección del bien, manifestado por los valores éticos contenidos en la ley natural, confirmada y profundizada por el Evangelio» (Tertio
millennio adveniente, 50).

Queridos hermanos, vivamos todos la Cuaresma con este espíritu. Poned especial atención en la celebración del sacramento de la penitencia. En la recepción
frecuente de este sacramento, el cristiano experimenta la misericordia divina y, a su vez, se hace capaz de perdonar y amar. Ojalá que la cercanía del
acontecimiento jubilar despierte en cada creyente un interés activo por este sacramento; que los sacerdotes estén dispuestos a desempeñar con esmero y
dedicación este ministerio sacramental indispensable, que se multipliquen en la ciudad los lugares de celebración de la penitencia, con confesores disponibles
en los diversos horarios de la jornada, preparados para dispensar en abundancia la inagotable misericordia de Dios.

5. «Misericordia Dios mío, por tu bondad, (...) lava del todo mi delito. (...) Crea en mí un corazón puro. (...) Devuélveme la alegría de tu salvación;
afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza» (Salmo responsorial).

Resuena en nuestro espíritu el eco de esta oración de David, conmovido por las palabras del profeta Natán. Es el salmo llamado Miserere, muy utilizado por
la liturgia y apreciado por la piedad popular. La Cuaresma es el tiempo propicio para hacerlo nuestro y suscitar en nuestro corazón las disposiciones oportunas
para encontrar al Dios de la reconciliación y de la paz con «un espíritu contrito, un corazón quebrantado y humillado»

«Misericordia, Dios mío por tu bondad»: como nos sugiere la liturgia de hoy, así emprenderemos, Señor, el camino cuaresmal con la fuerza de tu palabra,
«para vencer las tentaciones del maligno y llegar a la Pascua con la alegría del Espíritu». Amén.
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Domingo II de Cuaresma, ano 2011. La Transfiguracion de Jesus.

   Padre nuestro.

   Domingo, 20/03/2011, Domingo II de Cuaresma, ciclo A.

   Estudio bíblico sobre la Transfiguración del Señor.

   1. ¿En qué contexto sucedió la Transfiguración del Señor?

   Entre los Apóstoles de nuestro Señor, existía el anhelo de que uno de ellos debía ser considerado como el superior de entre sus compañeros. Veamos unos ejemplos de ello:

   Después de que Jesús descendió del monte Tabor, y curó a un joven endemoniado, aconteció el siguiente hecho:

   "Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.» Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado"" (MC. 9, 33-37).

   Durante la celebración de la última Cena de Jesús con sus Apóstoles, también acaeció lo siguiente:

   "Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor. El les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (LC. 22, 24-27).

Para solucionar las discrepancias entre    sus Apóstoles, nuestro Salvador instituyó el Papado, e instituyó a San Pedro, como su primer representante en la tierra.

   "Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres  que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas. Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que  desates en la tierra quedará desatado en los cielos." Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo" (MT. 16, 13-20).

   Meditemos el texto de San Mateo que acabamos de recordar.

   A pesar de que Jesús había convivido mucho tiempo con sus Apóstoles, solo le había revelado su identidad de Mesías abiertamente a la samaritana de Sicar, -cuya conversión recordaremos el próximo Domingo-, en los siguientes términos:

   "Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.» Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»" (JN. 4, 25-26).

   Cuando Jesús hizo que San Pedro fuera su primer sucesor, le dijo que sus enemigos (el hades, el infierno) no exterminarían la fundación de la institución que sería su Reino, la cual nació el día de Pentecostés, cuando sus seguidores más allegados fueron llenos de los dones del Espíritu Santo.

   Aparecen dos símbolos en el versículo 19 de MT. 16 que estamos meditando, los cuales son; las llaves, y el poder de atar y desatar del Papa. Las llaves significan la potestad que el Vicario de Cristo tiene de decidir quiénes son hijos de la Iglesia y quiénes deben ser expulsados de la misma, y, el poder de atar y desatar, es la potestad que el Papa tiene de regir la Iglesia, en nombre y representación de Jesucristo, nuestro Señor.

   Una vez hubo instituido nuestro Señor el Papado, les recordó a sus Apóstoles su futura Pasión, muerte y Resurrección. En este relato, el Apóstol que debía haberles dado ejemplo de fe a sus compañeros, se mostró como el más débil. Dado que el citado Apóstol se llevó al Señor a parte para persuadirlo de su intento de sacrificarse, Jesús le reprendió ante sus compañeros duramente, a fin de que los tales no recelaran del que debían considerar el principal miembro del Colegio Apostólico. Aunque muchos traductores de la Biblia han hecho llamar a San Pedro Satanás por parte de Jesús, la traducción original del texto que vamos a recordar, se limita a hacer que San Pedro recuerde que el cumplimiento de la misión de nuestro Redentor, era ineludible.

   "Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!" Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno  según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino."" (MT. 16, 21-28).

   Dado que, en vez de analizar profundamente los textos en que se sitúa el contexto en que aconteció la Transfiguración del Señor, solo estamos considerando los aspectos más destacables de los mismos, en el caso que nos ocupa, debemos recordar que nuestro Señor no nos prometió jamás ninguna vida fácil o regalada en este mundo, y, especialmente a los predicadores, nos prometió una vida plagada de dificultades.

   El final del texto que estamos considerando, puede confundirnos, así pues, el mismo, bien puede referirse al pasaje de la Transfiguración del Señor, -un pasaje evangélico en que Jesús adoptó su cuerpo de resucitado, con el rostro resplandeciente y vestiduras blancas-, a las apariciones de Jesús Resucitado a sus Apóstoles, -en que nuestro Salvador se les mostró a sus seguidores más allegados como Rey del universo-, o a la segunda venida de nuestro Salvador al mundo. La posibilidad de que MT. 16, 28 se refiera a la Parusía del Mesías, ha hecho que muchos crean que, lo mismo que le sucedió a San Pablo, Jesús debió creer que estaba a punto de acontecer la instauración del Reino de Dios en la tierra, un hecho que, personalmente, no creo que fuera cierto.

   2. La Transfiguración del Señor.

   "Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante" (LC. 8, 29-30).

   "Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos  como la luz" (MT. 17, 2).

   ¿Por qué los Apóstoles Pedro, y los hermanos Juan y Santiago, fueron los que acompañaron a Jesús en momentos muy destacables de su Ministerio público? Ello sucedió porque tales amigos de Jesús debían tener un conocimiento de la Palabra de Dios y un acercamiento al Hijo de Yahveh que no caracterizaba tanto a sus compañeros como a ellos.

   La blancura de los vestidos de Jesús transfigurado, significa la pureza de nuestro Salvador, y la limpieza interior que anhelamos, con tal de poder ser buenos imitadores del Hijo de Dios y de María de Nazaret.

   El resplandor del rostro de Jesús, significa que aún nos queda un largo camino que recorrer en términos espirituales, para que podamos estar listos para ser glorificados con nuestro Salvador.

   Al redactar brevemente su recuerdo de la Transfiguración del Señor, San Pedro afirmó haber visto la Majestad del Redentor de la humanidad.

   "Cuando os anunciamos la venida gloriosa y plena de poder de nuestro  Señor Jesucristo, no lo hicimos como si se tratara de leyendas fantásticas,  sino como testigos oculares de su majestad" (2 PE. 1, 16).

   Sabemos que los Apóstoles tenían dificultades para comprender la razón por la que Jesús quería sacrificarse, así pues, ¿por qué debía el Mesías, -el Hijo del Dios Todopoderoso-, entregar su vida, en beneficio de los pecadores, de quienes los judíos creían que no merecían ninguna consideración? Dado que Jesús no consiguió inculcarles a sus compañeros el valor de su entrega sacrificial, hasta que resucitó de entre los muertos, y el Espíritu Santo iluminó su entendimiento, nuestro Señor quiso que, los más allegados a Sí de sus Apóstoles, tuvieran la dicha de contemplarlo tal como sería después de vencer a la muerte.

   "En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él" (MT. 17, 3).

   Moisés era representante de quienes creían que se salvaban por causa de su estricto cumplimiento de la Ley.

   "Y ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahveh tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?" (DT. 10, 12-13).

   Elías representaba, en el relato de la Transfiguración del Señor, a quienes serán salvos por su fe. Dado que los creyentes seremos vivificados al final de los tiempos, aunque muramos, a este respecto, el hecho de que Elías fue ascendido al cielo sin experimentar la muerte, debe hacernos creer que nuestra fe es cierta.

   Veamos cómo, ante los ojos de Eliseo, -siervo de Elías-, el citado profeta fue ascendido a la presencia de Dios.

   "Esto pasó cuando Yahveh arrebató a Elías en el torbellino al cielo. Elías y Eliseo partieron de Guilgal. Dijo Elías a Eliseo: «Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Betel.» Eliseo dijo: «Vive Yahveh (juro por Dios) y vive tu alma (y juro por tu alma), que no te dejaré.» Y bajaron a Betel. Salió la comunidad de los profetas que había en Betel al encuentro de Eliseo y le dijeron: «¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «También yo lo sé. ¡Callad!» Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Jericó.» Pero él respondió: «Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré», y siguieron hacia Jericó. Se acercó a Eliseo la comunidad de los profetas que había en Jericó y le dijeron: «¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «También yo lo sé. ¡Callad!» Le dijo Elías: «Quédate aquí, porque Yahveh me envía al Jordán.» Respondió: «Vive Yahveh y vive tu alma que no te dejaré», y fueron los dos. Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas vinieron y se quedaron enfrente, a cierta distancia; ellos dos se detuvieron junto al Jordán. Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto. Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Eliseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de ser arrebatado de tu lado.» Dijo Eliseo: «Que tenga dos partes de tu espíritu.» Le dijo: «Pides una cosa difícil; si alcanzas a verme cuando sea llevado de tu lado, lo tendrás; si no, no lo tendrás.» Iban caminando mientras hablaban, cuando un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ellos; y Elías  subió al cielo en el torbellino. Eliseo le veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! Carro y caballos de Israel! ¡Auriga suyo!» Y no le vio más. Asió sus vestidos y los desgarró en dos. Tomó el manto que se le había caído a Elías y se volvió, parándose en la orilla del Jordán. Tomó el manto de Elías y golpeó las aguas diciendo: ¿Dónde está Yahveh, el Dios de Elías?» Golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasó Eliseo. Habiéndole visto la comunidad de los profetas que estaban enfrente, dijeron: «El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron ante él en tierra" (2 RE. 2, 1-15).

   ¿DE qué hablaron los dos Profetas más relevantes del Antiguo Testamento con nuestro Señor?

   "Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén" (LC. 9, 31-32).

   Es importante constatar que Jesús, Moisés y Elías, no hablaban de la muerte de Jesús, como si la misma fuese una tragedia sin sentido, sino que meditaban la partida de nuestro Redentor de este mundo a la presencia de nuestro Padre común. Tales Profetas debieron confortar a Jesús, pues faltaba aproximadamente un año para que el Hijo del carpintero nazaretano experimentara su Pasión, muerte y Resurrección. Jesús sabía que con su Resurrección nos iba a demostrar que la puerta del cielo está abierta para todos nosotros, pero, para lograr su objetivo, tenía que humillarse, hasta experimentar la muerte.

   "Portaos, en fin, como lo hizo Jesucristo. A pesar de su condición divina, Cristo Jesús no quiso hacer de ello ostentación. Se despojó de su grandeza, tomó la condición de siervo (Jesús no se hizo esclavo, sino siervo, porque los siervos actúan libremente, y no obligados, como lo hacen los esclavos)y se hizo semejante a los humanos. Más aún, hombre entre hombres, se rebajó a si mismo hasta morir por obediencia y morir en una cruz. Por eso, Dios le exaltó sobre todo lo que existe y le otorgó el más excelso de los nombres, para que todos los seres, en el cielo, en la tierra y en los abismos, caigan de rodillas ante el nombre de Jesús, y todos proclamen que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre" (FLP. 2, 5-11).

   ¿Cómo contemplaron los Santos Pedro, Juan y Santiago la escena de la Transfiguración del Señor?

   "Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él" (LC. 9, 32).

   El estado de sopor que experimentaron los Apóstoles de Jesús, es perfectamente comprensible. Por una parte, ellos conocían las consecuencias expuestas en el Antiguo Testamento que vivirían quienes vieran a Dios sin haber superado su condición de pecadores. Dado que Yahveh no está relacionado con el pecado, su justicia ha de ejecutar inmisericordemente a los pecadores que se le acerquen sin estar completamente purificados. A pesar de este hecho tan conocido, los tres amigos del Señor debieron asombrarse, al constarles que, al estar delante de quien sabían que era el Mesías de Dios, -el Unigénito de Dios, el mismo Dios-, en vez de ser exterminados instantáneamente, sintieron una dicha inexplicable.

   "Y sucedió que, al separarse ellos de él (Elías y Moisés), dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía" (LC. 9, 33).

   Ilustremos con un ejemplo lo que le sucedió a San Pedro en el monte Tabor. Imaginemos el caso de un hombre a quien le ha salido mal en la vida la gran mayoría de actividades que ha emprendido, y que vive aislado. Al vivir intensamente unos ejercicios espirituales durante tres días, descubre que muchos de sus conceptos son erróneos. Al final de dicha vivencia, el protagonista de esta historia que resumo mucho, siente que no quiere abandonar la casa de espiritualidad en que ha descubierto que la felicidad existe realmente. Después de decirle lo que le sucede al director de los ejercicios que le han revitalizado el alma, éste le dice que es normal que tenga miedo de enfrentarse con sus problemas actuales y los recuerdos amargos del pasado, y le recuerda que los ejercicios espirituales tienen la misión de fortalecer a los creyentes, para que éstos sean fuertes para enfrentarse a sus dificultades, para que, a través de las mismas, maduren la fe y la caridad cristianas en sus corazones, para que sean aptos para vivir en la presencia de nuestro Padre común.

   San Pedro fue uno de los primeros seguidores de nuestro Señor, y, por tanto, uno de los primeros creyentes en tener problemas por causa del Evangelio. Jesús sacaba de la gran mayoría de problemas que vivían a sus Apóstoles, pero, a pesar de ello, el hecho de seguir a Jesús, comportaba algo más que satisfacciones, lo cual, más que agradable, era angustioso muchas veces. Después de pasar años siguiendo a Jesús sin comprenderle plenamente, San Pedro encontró un poco de tranquilidad entre el aturdimiento que vivió en la presencia de Jesús transfigurado, de Moisés y de Elías. Aunque el citado Apóstol aún tenía que engrandecer su fe y practicar las virtudes que le concedió el Espíritu Santo, sintió el deseo de quedarse para siempre en el Tabor, más allá de los sufrimientos que, a fuerza de convivir con ellos, se hacen familiares, pero cuyo peso no disminuye nunca, aunque a veces creemos que ello no es cierto.

   "Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.»" (LC. 9, 34-35).

   Dios Padre, que se hizo presente en la Transfiguración del Señor, no permitió que su justicia se ejecutara contra aquellos hombres que luchaban incesantemente por ser purificados. El Padre Santo de los judíos, cristianos y musulmanes, les dijo a aquellos hombres que escucharan a su Hijo, pues El es el Camino que nos conduce a su presencia, la Verdad que nos santifica y nos hace libres, y la Vida de gracia que anhelamos (CF. JN. 14, 6).

   Jesús se fortaleció después de vivir su Transfiguración para llevar a cabo su misión redentora.

   "Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (LC. 9, 51).

   Jesús sabía el dolor que le iba a costar nuestra salvación. Para poder cumplir su misión, nuestro Señor se empobreció totalmente.

   "Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza»" (LC. 9, 57-58).

   Al meditar la Transfiguración del Mesías, aceptemos el hecho de ser transfigurados y configurados a la imagen y semejanza de nuestro Salvador.

   "Por el amor de Dios os lo pido, hermanos: presentaos a vosotros mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Ese ha de ser vuestro auténtico culto. No os amoldéis a los criterios de este mundo. Dejaos transformar; renovad vuestro interior de tal manera, que sepáis apreciar lo que Dios quiere, es  decir, lo bueno, lo que le es agradable, lo perfecto" (ROM. 12, 2).

   "¡Qué amor tan inmenso el del Padre, que nos proclama y nos hace hijos suyos! Si el mundo nos ignora, es porque no conoce a Dios. Ahora, queridos míos, somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que el día en que se  manifieste seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Esta esperanza que hemos puesto en él es la que nos urge a ser cada día más perfectos, como él es perfecto" (1 JN. 1, 1-3).
   (José Portillo Pérez y María Dolores Meléndez Ortega).

Cambiaste mi luto en danza. Meditacion de las lecturas dominicales del ciclo A.

'CAMBIASTE MI LUTO EN DANZA' (Sal 29 (30), 12)
Esa "escuela de danzantes" que llamamos Cuaresma

Autora: Dolores Aleixandre
Teóloga


Biblioteca de l'École Biblique de los dominicos en Jerusalén: dos de mediodía, allá por abril del año 87. La sala desierta y yo sentada delante de una mesa llena de libros y diccionarios, con toda una tarde de estudio por delante y conectada, como único consuelo, a una emisora de música clásica a través de un pequeño transistor. Desde mi vocación frustrada de directora de orquesta y aprovechando la soledad, me puse a dirigir con la derecha la Sinfonía 40 de Mozart, mientras sostenía un libro con la otra mano. Al cabo de un rato, levanto los ojos y veo a un cura pakistaní, vecino habitual de mesa, parado en el umbral de la puerta mirando hacia mí con asombro. Como de lejos mis pequeños auriculares eran invisibles y sólo percibía el frenesí descontrolado de mi mano, debía pensar: "Esta pobre mujer, tantas horas aquí sentada, ha debido trastornarse un poco...". Hice como que me rascaba la cabeza para disimular, suspendiendo en el acto el concierto. De entrada, me reí por dentro por lo ridículo de la situación, pero luego empecé a verla como una preciosa parábola: ¿y si la fe fuera la música interior a la que damos oído, que nos hace movernos con un determinado ritmo y a realizar unos gestos incomprensibles para quienes no la escuchan?. Y cuando decae nuestra danza ¿no será porque nos hemos desconectado de la frecuencia del Evangelio?

Recuerdo la anécdota al comenzar esta Cuaresma porque me sigue pareciendo que a este tiempo litúrgico le quedan resabios de las costumbres preconciliares y están presentes más componentes de "luto" que de danza. Es verdad que ya no nos dicen aquello de "Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás...", ni vestimos los santos de morado, ni necesitamos tomar la bula (en el colegio nos advertían que no se podía decir "comprar" porque entonces era simonía, pecado con nombre propio que me resultaba a la vez amenazador e interesante). Quizá cantamos otras cosas en vez del "Perdón oh Dios mío, perdón y clemencia, perdón e indulgencia, perdón y piedad", pero aún escucho en alguna parroquia el espantoso "No estés eternamente enojado" que sigue grabando en las conciencias la imagen de un dios enfurecido e iracundo, que se aplaca inexplicablemente cuando nos ve haciendo el Via Crucis o comiendo los viernes pescadilla en vez de pollo.

Pero eso no son más que anécdotas intrascendentes, porque creo que hay algo que nos paraliza más es una excesiva y monotemática insistencia en los aspectos éticos del cristianismo, que hacen de él una cuestión fría y sin alegría. Comentando las consecuencias de fomentar casi únicamente los "imperativos" en vez de los "indicativos", dice Klaus Berger: "Es probable, que esta "espiritualidad", quizá no precisamente dichosa, requiera la ayuda que puede llegarle del modelo del amor y la alegría. Pues probablemente por eso hablan tanto los místicos del siglo XII de amor, de amistad, de abrazar y besar, de alegría contagiosa y de la ternura del corazón: porque la seriedad de la vida austera siempre corre el peligro de malograr el alegre mensaje del Evangelio.(...) Posiblemente son dos las expresiones fundamentales de la espiritualidad cristiana. Una está orientada al Viernes Santo, por mencionar un lugar común, y pone en el centro el pecado, la culpa, el juicio vicario sobre Jesús y la sentencia absolutoria. La otra está orientada hacia la Pascua y pone en el centro la alegría, la bienaventuranza, la transformación y la risa que tiene por objeto la muerte y el diablo. Y no se trata de contraponerlas entre sí, sino de reconocerlas como formas complementarias de piedad." ["¿Qué es espiritualidad bíblica?. Fuentes de la mística cristiana." Sal Terrae, Santander 2001, 202.204]

Vivir la Cuaresma desde la insistencia en nuestra necesidad de conversión como única "banda sonora", puede tener el efecto contrario de lo que pretende y convertirnos (mira por donde...) en gente frustrada por no alcanzar tan altas metas de perfección o, siguiendo la metáfora de la danza, agarrotados tímidamente en un rincón de la sala de baile, torpes de pies y duros de oído para captar la música que intenta seducirnos con su ritmo, incapaces de aventurarnos en un movimiento que no sabemos dónde puede conducirnos.

"¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños que, sentados en la plaza, gritan a otros: "Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis". (Lc 7,31-32). Así se quejaba Jesús, tratando de sacudir, por medio de un refrán popular, la incapacidad de los que le oían para salir de su anquilosamiento y comenzar a moverse en otra dirección diferente de la que esclerotizaba su mente.

Aquí está de nuevo la Cuaresma, dándonos la buena noticia de que tenemos otra oportunidad para danzar, como la tuvo para dar fruto aquella higuera estéril de la parábola de Jesús (Mt 21,18-19). Otra vez resuena en nuestros oídos la invitación de la carta a los Hebreos: "Así pues, nosotros, rodeados de una nube tan densa de testigos, desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala; corramos con constancia la carrera que nos espera, fijos los ojos en el iniciador y consumador de la fe, en Jesús." (Hb 12,1-2) El término griego archegós evoca al que va delante, al cabeza de fila, al que inicia la danza, podríamos traducir nosotros, sin equivocarnos demasiado.

Estas páginas van a tener como telón de fondo cinco lugares a los que nos convocan los evangelios domingos de Cuaresma: el desierto de Judea, la montaña de la transfiguración, el pozo de Siquem, la alberca de Siloé y la tumba de Lázaro.

Son lecturas que nos sabemos de memoria (¿otra vez la samaritana? ¿otra vez el ciego de nacimiento? ¡Son larguísimas...!). De ahí la propuesta de aproximarnos a ellas solamente desde alguno de sus ángulos, sin la pretensión inútil de abarcarlas o agotarlas. Entraremos en cada escena por alguno de sus resquicios, tratando de escuchar la música que las habita, sin escapar de las notas desestabilizadoras que resuenan en ellas, aunque nos creen incomodidad y desconcierto. Asociamos espontáneamente la presencia de Jesús al perdón, la paz, la reconciliación o la misericordia y es cierto que en él encontramos centramiento, armonía y luz. Pero los textos que vamos a leer nos descubren que también lo excéntrico, lo paradójico, lo imprevisible, lo inconveniente o lo intempestivo pueden llevar "marcas" de su presencia y pueden movilizar lo mejor de nosotros mismos, con tal que nos dejemos llevar por su ritmo.

En algunos de esos "escenarios de danza" oiremos además otras voces que desde la poesía, la teología o la espiritualidad "eleven los decibelios" de la melodía evangélica y hagan irresistible en nosotros el deseo de danzar.
Aquí va, como pórtico, uno de esos textos:

BAILE DE LA OBEDIENCIA

Si estuviéramos contentos de ti, Señor,
no podríamos resistir a esa necesidad de danzar que desborda el mundo
y llegaríamos a adivinar
qué danza es la que te gusta hacernos danzar,
siguiendo los pasos de tu Providencia.

Porque pienso que debes estar cansado
de gente que hable siempre de servirte
con aire de capitanes;
de conocerte con ínfulas de profesor;
de alcanzarte a través de reglas de deporte;
de amarte como se ama un viejo matrimonio.

Y un día que deseabas otra cosa
inventaste a San Francisco
e hiciste de él tu juglar.
Y a nosotros nos corresponde dejarnos inventar
para ser gente alegre que dance su vida contigo.

Para ser buen bailarín contigo
no es preciso saber adónde lleva el baile.
Hay que seguir,
ser alegre,
ser ligero y, sobre todo, no mostrarse rígido.
No pedir explicaciones de los pasos que te gusta dar.
Hay que ser como una prolongación ágil y viva de ti mismo
y recibir de ti la transmisión del ritmo de la orquesta.
No hay por qué querer avanzar a toda costa
sino aceptar el dar la vuelta,
ir de lado,
saber detenerse y deslizarse en vez de caminar.
Y esto no sería más que una serie de pasos estúpidos
si la música no formara una armonía.

Pero olvidamos la música de tu Espíritu
y hacemos de nuestra vida un ejercicio de gimnasia;
olvidamos que en tus brazos se danza,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía ni aburrimiento
más que para las viejas almas
que hacen de inmóvil fondo
en el alegre baile de tu amor.

Señor, muéstranos el puesto
que, en este romance eterno iniciado entre tú y nosotros,
debe tener el baile singular de nuestra obediencia.
Revélanos la gran orquesta de tus designios,
donde lo que permites toca notas extrañas
en la serenidad de lo que quieres.

Enséñanos a vestirnos cada día con nuestra condición humana
como un vestido de baile, que nos hará amar de ti
todo detalle como indispensable joya.
Haznos vivir nuestra vida,
no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula,
no como un partido en el que todo es difícil,
no como un teorema que nos rompe la cabeza,
sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo,
como un baile,
como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor.

Señor, ven a invitarnos.

(Madeleine Delbrel)

1. El desierto de las tentaciones (Mt 4,1-11). La danza de lo ex-céntrico

Para entender mejor el texto de las tentaciones y qué es lo que hay en él de qué ex-céntrico, necesitamos leer lo que le precede y lo que le sigue:

Su contexto inmediatamente anterior es el del bautismo de Jesús en el Jordán:

"Jesús, una vez bautizado, salió en seguida del agua. En esto se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. Se oyó una voz del cielo: -Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto." (Mt 3,16-17)

Y el texto que sigue a las tentaciones es éste:

"Al enterarse de que habían detenido a Juan, Jesús se retiró a Galilea. Dejó Nazaret y se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombra de muerte, una luz les brilló. (Is 8, 23-9,1). Desde entonces empezó Jesús a proclamar: -Convertíos, que ya llega el reinado de Dios" (Mt 4,12-17)

La escena del bautismo, Jesús escucha la voz del Padre. Se trata del principal momento teofánico de su vida, junto con la transfiguración. Mateo se sirve de ellos para proclamar que la identidad de Jesús consiste en ser el Hijo amado del Padre. Esa es su identidad y en ella se le revela que su "código genético" consiste en ser el Hijo, el amado, el predilecto del Padre, el objeto de su complacencia. Y podemos entender su marcha al desierto movido por el Espíritu, como una necesidad imperiosa de "procesar" en el silencio y en la soledad esa revelación, de hacer sitio en su interioridad al deslumbramiento y al asombro. El significado del desierto no es prioritariamente el penitencial. "La llevaré al desierto y le hablaré al corazón" había dicho Oseas (2,16), convirtiendo el desierto en un lugar privilegiado de encuentro personal y de escucha de la Palabra. Jesús es conducido a él para acoger la Palabra escuchada en su corazón en el momento de su bautismo. Hablando desde nuestra psicología, podríamos decir que necesitaba tiempo para asentar en los cimientos de su ser una Palabra que le des-centraba para siempre de sí mismo y le situaba a la sombra de la ternura incondicional de Alguien mayor.

Los evangelistas presentan su estancia en el desierto como un tiempo de lucidez, haciéndonos ver que la relación filial de la que Jesús ha tomado plena conciencia ha iluminado de tal manera su mirada, que le ya era imposible confundir a Dios con los falsos ídolos que le presenta el tentador: un dios en busca de un mago y no de un Hijo; un dios contaminado por las vacías pretensiones de lo peor de la condición humana: poseer, brillar, hacer ostentación de poder, ejercer dominio.

En la escena de las tentaciones vemos a Jesús reaccionando lo mismo que a lo largo de toda su vida: aferrado y adherido afectivamente a lo que va descubriendo como el querer de su Padre: la vida abundante de los que ha venido a buscar y salvar. No ha venido a preocuparse de su propio pan, sino de preparar una mesa en la que todos puedan sentarse a comer. No ha venido a que le lleven en volandas los ángeles, a acaparar fama y "hacerse un nombre", sino a dar a conocer el nombre del Padre y a llevar sobre sus hombros a los perdidos, como lleva un pastor a la oveja extraviada. No ha venido a poseer, a dominar o a ser el centro, sino a servir y dar la vida.

Lo que "salva" a Jesús de caer en los engaños del tentador es su ex-centricidad, su estar referido al Padre y a su Palabra, y desde ese Centro recibirá el impulso de abandonar del desierto, y se dejará llevar por la corriente de aproximación de Dios comenzada en la encarnación. A partir de ese momento, lo veremos caminando por Galilea, entrando en relación, anunciando el Reino, creando comunidad, buscando colaboradores, acercándose a la gente, contactando, entrando en casas, acogiendo, curando, enseñando:

"Jesús recorría Galilea entera, enseñando en aquellas sinagogas, proclamando la buena noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad del pueblo. Se hablaba de él en toda Siria: le traían enfermos con toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania." (Mt 4, 23-25)

Mateo, tan aficionado a presentar el cumplimiento de las promesas proféticas, parece estarnos recordando las palabras de Isaías anunciando la llegada de los tiempos mesiánicos: "el niño jugará en el agujero del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente" (Is 11,8). La enfermedad y de la posesión diabólica eran ámbitos de impureza, de oscuridad y de muerte pero Jesús se introduce en ellos con la misma "inconsciencia" y falta de miedo del niño de la profecía de Isaías.

Como si el arresto de Juan, en vez de atemorizarle o silenciarle, le hubiera dado motivación y energía para ponerse a anunciar el Reino. Mateo no nos hablará de su miedo ("se hizo igual a nosotros menos en el pecado...") hasta el huerto de Getsemaní (Mt 26,38).

Invitados a la danza de lo ex-céntrico

Giro y vuelta, parece proponernos el evangelio de este domingo: dad un brinco fuera del espacio estrecho y asfixiante de lo que os atrae como el remolino de un sumidero, y sólo os permite girar en círculo, repitiendo siempre las mismas ideas, las mismas preocupaciones, las mismas imágenes sobre vosotros y sobre Dios.

Escapad de ese falso centro que os promete la posesión de las cosas, reíos de vuestra propensión a trepar a los "aleros del templo" para atraer desde allí admiración o buena opinión de la gente, porque casi nadie levanta la mirada hacia arriba y prefiere mirar los escaparates o la TV.

No os empeñéis en plantar la banderita de vuestro nombre en la cima de algún monte, ni os fatiguéis aparentando parecer lo que no sois. Dejad que Jesús, el "archegós", el iniciador de vuestra fe, os conduzca hacia el Dios a quien él conoció en el desierto: un Dios que no exige de vosotros proezas ni gestos espectaculares, sino solamente vuestra confianza y vuestro agradecimiento. Un Dios que os dirige su Palabra no para imponeros obligaciones o para denunciar vuestros pecados, sino para alimentaros y haceros crecer. Un Dios al que no encontraréis en los lugares de prepotencia o de la posesión, sino en los de la pobreza y la exclusión.

Dejaos bautizar por el nombre nuevo que El ha soñado para vosotros desde toda la eternidad. Acoged con asombro agradecido que os diga: Tú eres mi hijo, te he llamado por tu nombre, tu eres mío. Tu vida no está programada desde el mercado, ni eres una fotocopia del consumidor ejemplar, no eres un "ciudadano NIF", ni un espectador, ni un súbdito del rey Euro. Eres alguien bendecido, eres mi hijo amado. No eres clónico de nadie, eres único y el Pastor te reconoce por tu nombre.

Y aprended también del Maestro a poneros en camino en dirección a los otros. Lo mismo que él, acortad distancias, tended manos, invertid en relaciones, haceos amigos, liberaos de cosas y enganchaos a personas, discurrid cómo incluir, incorporar y tejer redes y disfrutad al sentaros con otros en el banquete de la vida.

2. El monte de la transfiguración (Mt 17,1-13). La danza de lo paradójico

El texto de la transfiguración en Mateo comienza por un dato significativo: "Seis días después... "Inevitablemente el lector se pregunta qué es lo que pudo ocurrir de tanta importancia seis días antes y se encuentra en el contexto anterior con el anuncio de la pasión:

"Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo: ?¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso! Jesús se volvió y dijo a Pedro: ?¡Retírate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas al modo humano, no según Dios. Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque si uno quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierde su vida por mí, la salvará. A ver, ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si malogra su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla? Porque este Hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar a este Hombre como rey". (Mt 16,21-28)

Este es el pórtico de entrada a la escena de la transfiguración y su función parece ser la de evocar el caos y la tiniebla anteriores al día primero en el que dijo Dios: "Que exista la luz . Y la luz existió. (Gen 1,3) .Este "guiño" del relato es una alusión clara a la definitiva Creación y presenta la transfiguración de Jesús como el Sábado definitivo. Pero además, el contexto del anuncio de la pasión y la resistencia de Pedro, nos recuerdan la imposibilidad de separar los aspectos luminosos de la existencia de los momentos oscuros, el dolor del gozo, la muerte de la resurrección. La contigüedad de las dos escenas parece comunicarnos la convicción pascual de que el inundado de Luz es precisamente aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte y accedió a la ganancia por el extraño camino de la pérdida.

Pedro, y con él todos nosotros, intenta retener los momentos de ganancia ("hagamos tres tiendas aquí, donde te manifiestas resplandeciente, donde se escucha la voz del Padre y donde te rodean Moisés y Elías..."), lo mismo que poco antes había rechazado los de pérdida: "¡Líbrete Dios, Señor!"

Invitados a la danza de lo paradójico

"¡Salid de vuestras tinieblas! Dejad atrás la seguridad del valle y emprended sin miedo la subida al monte, porque arriba os espera la luz!". Esta podría ser la propuesta del evangelio de la transfiguración.

"Renunciad a vuestras ideas equivocadas sobre Dios y a lo que creéis que es pérdida o ganancia, abríos a la novedad absoluta de Jesús y de su Evangelio, atreveos a romper con vuestra búsqueda codiciosa y obsesiva de ganar, poseer, conservar y, en lugar de ello, arriesgaos en un camino inverso de pérdida, derroche y entrega, sin más garantía que Su palabra.

Estad dispuestos al vuelco radical que supone llegar a "pensar y sentir como Dios" y a conformar con los criterios del Evangelio vuestra idea de lo que es luz y oscuridad, salvar la vida o perderla. Comportaos como los verdaderos discípulos, disponeos a romper con vuestros viejos esquemas mentales, a cambiar de lenguaje y de significados, a cuestionar vuestra propia lógica y vuestras ideas aprendidas en otras escuelas. Prestad oído a la promesa de vuestro único Maestro: "Al que se venga conmigo, voy a llevarle a la "ganancia" por el extraño camino de la "pérdida": ese es el camino mío y no conozco otro. La única condición que pongo al que quiera seguirme, es que esté dispuesto a fiarse de mí y de mi propia manera de salvar su vida, que sea capaz de confiármela, como yo la confío a Aquél de quien la recibo. La suya será siempre una vida sin garantía y sin pruebas, en el asombro siempre renovado de la confianza: por eso no puedo dar más motivos que el de "por mi causa".

Permaneced en lo alto del monte "firmes como si viérais al Invisible" (He 11,27), hasta que la prioridad del Señor y su Reino polarice y relativice todo lo demás, hasta que vuestras pequeñas preocupaciones y temores vayan pasando a segundo término y la lógica de lo evidente se quede atrás. La luz de la transfiguración os atrae a una manera de creer en la que la fe no es una manera de saber o de comprender, sino la decisión de fiaros de Otro, y de exponer la vida entera a una Palabra que hará saltar los límites de vuestros oscuros hábitos y valoraciones.

Entrad en esa danza y vuestra vida entera se convertirá en una apuesta arriesgada, más allá de cualquier pretensión de poseer certezas definitivas.

En la plaza
Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón
de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso,
con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos
Y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

(Vicente Aleixandre)

3. Un pozo en Samaría (Jn 4,1-45). La danza de lo imprevisible

"Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos. El atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. Quien acepta su testimonio acredita que Dios es veraz. El enviado de Dios habla de las cosas divinas, pues Dios no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, pues lleva encima la ira de Dios." (Jn 3,31-36)

Estas palabras puestas en boca de Jesús son el atrio que antecede al relato de su encuentro con la mujer de Samaria junto al pozo de Jacob. Juan contrapone, a nivel discursivo, dos ámbitos: el cielo y la tierra, las cosas divinas y las terrenas. Y es eso mismo lo que va a hacer a continuación a nivel narrativo en la escena de la samaritana.

La alusión al dueño del pozo, trae a la memoria la escena en la que Jacob vio en sueños una escalera que unía el cielo con la tierra. La comunicación entre "lo de arriba" y "lo de abajo" que parecía imposible, va a convertirse ahora en realidad y el hombre sentado en el brocal del pozo va a ser la escalera y el puente que comunique los dos ámbitos.

La mujer llega al pozo ajena a lo que allí la espera y que nada, en la trivialidad de su vida cotidiana, hacía previsible: va por agua con el cántaro vacío para volverse con él lleno a su casa. No hay más expectativas, ni más planes, ni más deseos.

Pero lo imprevisible la está esperando junto aquel galileo sentado en el brocal del pozo que entabla conversación con ella sobre cosas banales, como para no asustarla: hablan de agua y de sed, de pozos y de viejas rencillas entre pueblos vecinos, cosas de todos los días. De pronto irrumpe el lenguaje de "las cosas de arriba": el don, un agua que se convierte en manantial vivo, la promesa de una sed calmada para siempre, un Dios en búsqueda, fuera de los espacios estrechos de templos o santuarios.

La mujer se defiende e intenta mantenerse en un nivel de trivial superficialidad, huyendo de la irrupción de lo de arriba en su vida. Pero al final de la escena el cántaro que era símbolo de la pequeña capacidad que está dispuesta a ofrecer, se queda olvidado junto al pozo, inútil ya a la hora de contener un agua viva.

Como en tantas otras ocasiones, el evangelio nos sitúa ante un Jesús imprevisible, capaz de vencer la estrechez de nuestras expectativas a la hora de recibirle. Los evangelistas se encargarán¡ de poner de relieve esta presencia de lo desmesurado e imprevisible que parece acompañar las actuaciones de Jesús, desbordando siempre lo que se esperaba de él: Ni los novios de Caná necesitaban tanto vino (Jn 26), ni los discípulos una pesca tan abundante que casi les revienta las redes (Lc 5,6); y para sostener las fuerzas de la gente que le había seguido al desierto bastaba un bocado de pan y pescado, no que sobraran doce cestos (Jn 6,13). El paralítico lo que quería era volver a andar, no esperaba volverse a casa libre de la carga de sus pecados, y Zaqueo, interesado solamente en ver el aspecto de Jesús, se le encontró metido en su casa y compartiendo su mesa (Lc 19); las mujeres sólo pretendían que alguien les descorriera la piedra del sepulcro para embalsamar un cadáver, pero se encontraron al Viviente saliéndoles al encuentro (Mt 28,1-10).

Siempre el mismo derroche por su parte, y siempre la misma resistencia por la nuestra a la hora de ser adentrados en lo imprevisible. Y eso ya desde que Sara se reía por lo bajo, escéptica y reticente ante una promesa que desbordaba por arriba sus previsiones.

Invitados a la danza de lo imprevisible

Abandonad vuestra rigidez entre los brazos del Danzante, dejaos llevar por él más allá de vuestros calculados movimientos, nos diría la samaritana: no temáis la hondura de su pozo, ni el empuje irresistible del manantial que salta hasta la vida eterna. Olvidad vuestro pequeño cántaro, vuestro raquítico sistema de pesas y medidas.

Olvidaos de las pequeñas disputas en torno a montes y templos: ha llegado la hora de adorar en espíritu y en verdad y todos están llamados a hacerlo. No os quedéis únicamente en lo que ya sabéis de Jesús: recorred el proceso de intimidad al que también tenéis la dicha de estar invitados. Al principio yo no vi en él más que a un judío, pero él me fue conduciendo hasta descubrirle como Señor, Profeta, Mesías, como Aquel a quien siempre había estado esperando sin saberlo. Tened vosotros la osadía de nombrarle con nombres nuevos, con esos que no aparecerán nunca en los resecos manuales de vuestras estanterías.

Pero os lo aviso, estad prevenidos: él os puede estar esperando en cualquier lugar , en cualquier mediodía de vuestra vida cotidiana, precisamente cuando andabais enredados en pequeñas historias relacionales, en rencillas mutuas o en rancias ortodoxias en torno a rúbricas o privilegios. Si os detenéis a escucharle, estáis perdidos para siempre por que él al principio os pedirá algo sencillo: "dame de beber", "llama a tu marido"... , pero al final, volveréis a vuestra casa sin agua y sin cántaro, y con la sed, antes desconocida, de atraer hacia él a la ciudad entera.

Cuenta un apotegma de los padres del desierto que el abad Lot dijo una vez al abad José: "Padre, ayuno un poco. Oro y medito; trato de vivir en paz en lo que de mí depende; procuro purificar mis pensamientos. ¿Qué más puedo hacer?.

José se puso de pie y extendió sus manos hacia el cielo. Sus dedos se volvieron como diez llamas y dijo: ¡Si quieres, puedes ser todo fuego!.

4. Una alberca en Siloé (Jn 9): la danza de lo in-conveniente

La curación del ciego de nacimiento es un prodigio narrativo que requiere ser leído en su contexto inmediatamente anterior: se trata de una discusión de Jesús con los judíos (Jn 8,12-59) que comienza con su afirmación: "Yo soy la luz del mundo (8,12). En el diálogo que sigue, el verbo más repetido es hacer (8,28.29.34.39.40.41), unido al sustantivo obras (8, 39.41). Se trata de demostrar que es Jesús quien hace las obras de Dios, mientras que los judíos hacen las obras del diablo, su padre.

La escena de la curación del ciego es la ampliación narrativa de los temas enunciados anteriormente en forma discursiva. En el comienzo, y ante la pregunta de los discípulos acerca del motivo de la ceguera del hombre, Jesús responde: "Ha sucedido para que se revelen en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenéis que obrar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie pueda obrar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo (9, 3-5). A lo largo del relato, el verbo hacer aparece en los vv 6.11.14.16.26.33.

Lo que resulta sorprendente, y es aquí donde vamos a centrar la atención, es que sea el barro el medio extraño y claramente inadecuado empleado por Jesús para hacer su obra (que es la de Dios) de devolver la vista al ciego y para manifestarse él mismo como luz. El barro aparece cuatro veces en el texto, y siempre en manos de Jesús como complemento del verbo hacer ( Jn 9, 6.11.14. 15) y, aparte de la clara alusión al barro de la creación del Adam (cf Gen 2,7), quizá forme parte del humor que acompaña a todo el texto: es precisamente algo opaco y oscuro el instrumento para que el ciego recupere la vista y para que la luz vuelva a sus ojos.

"El Señor está realizando una obra extraña" había dicho Isaías (Is 28,21), haciéndose eco de la extrañeza y el desconcierto que provoca la manera de actuar de Dios Y es que el empleo de medios inapropiados parece pertenecer, según los escritores bíblicos, a las costumbres de Dios: cumplió su promesa de darles una descendencia numerosa a través de la esterilidad de las matriarcas (Gen 17,16); envió a un tartamudo a negociar la salida de Israel Egipto (Ex 4,10) y fueron las ranas, las moscas y los mosquitos los encargados de agotar la paciencia del poderoso faraón (Ex 7-8). Para conseguir la victoria contra los amalecitas, Moisés, en vez de empuñar las armas, extendió los brazos para orar (Ex 17,11-12), la condición para vencer al poderoso ejército de los madianitas fue la disminución drástica de los soldados de Gedeón (Jue 7) y, para vencer a Goliat, David no se servirá de la lanza sino de las chinitas de su zurrón (1Sm 17).

Las acciones simbólicas de los profetas tienen que ver con frecuencia con cosas rotas, mal usadas, deterioradas o gastadas, especialmente en las de Jeremías: un cinturón inservible (Jer 13,1-11), una vasija que se estropea rota en manos del alfarero (Jer 18,1-10; un cántaro quebrado ante las murallas de Jerusalén (Jer 19). La garantía de la protección de Dios a Acaz cuando temblaba de miedo viendo Jerusalén sitiada, fue el anuncio que su joven esposa esperaba un hijo (Is 7). Y no será un ángel quien sacará de Babilonia a los exilados, sino la benevolencia del pagano Ciro (Esd 1).

No es de extrañar que los destinatarios de esas acciones reaccionen irritados cuando la manera de Dios a la hora de realizarlas no coincide con los métodos que les parecerían los adecuados:"¿Acaso dice la arcilla al artesano: -¿Qué estás haciendo? Tu vasija no tiene asas"(...) Y vosotros ¿vais a pedirme cuentas de mis hijos? ¿vais a darme instrucciones sobre la obra de mis manos? (Is 45,9-11)

El Nuevo Testamento acentúa desde su comienzo los medios tan poco "convenientes" que van a caracterizar las acciones de Dios y del propio Jesús: las cuatro únicas mujeres que aparecen en su árbol genealógico según Mateo, son una muestra del "barro" de que se sirvió Dios para modelar al Nuevo Adán: Tamar, recordada por su comportamiento incestuoso (Gen 38); Rahab, una prostituta de Jericó (Jos 2); Rut, una extranjera de Moab; la mujer de Urías, asociada al adulterio de David... (2Sm 11). Descendiendo de abuelas tan insólitas, ya no puede extrañarnos nada de lo que sigue: una cuadra en un descampado como "denominación de origen" del anunciado como "Salvador, Mesías y Señor" (Lc 2,1-20); desperdiciar treinta años trabajando oscuramente en un pueblo perdido y, a la hora de aparecer en público, mezclarse con la gentuza para bautizarse en el Jordán.

Como predicadores de su evangelio elegirá a gente entendida solamente en barcas, peces o impuestos. Para convencer de la prioridad de "hacerse próximo" escoge a un samaritano, prototipo de los alejados (Lc 10,25-37); los modelos de fe que propone a su auditorio de intachables judíos serán una mujer impura por su flujo de sangre (Mc 5,34), una pagana, madre de una endemoniada (Mt 15,21-28) y un capitán del imperio invasor (Mt 8,10).

A los dispuestos a apedrear a la mujer acusada de adulterio no los disuade con un discurso brillante y convincente, sino inclinándose y escribiendo en el polvo (Jn 8); al ciego de Betsaida y a un sordomudo los cura aplicándoles su propia saliva (Mc 7,33; 8,23) y cura a un leproso realizando el gesto prohibido de tocarle.

Para hablar del Reino no acude al lenguaje erudito de los escribas, sino que narra cuentos poblados de personajes y elementos de la vida cotidiana: campesinos que siembran y cosechan, mujeres que amasan y encienden candiles, un pastor desvelado en busca de una oveja perdida, un padre asomándose al camino por si vuelve a casa el hijo que se le fue...

Y además de todos estos intermediarios inadecuados, los medios para alcanzar el Reino tampoco parecen los más convenientes: la pérdida resulta ser el precio de la ganancia (Mc 8,35) y para ser significativo e importante hay que ponerse a aprender de los niños (Mt 18,3); en cambio, el poder, la influencia y la riqueza se revelan como factores de alto riesgo; la posesión no es fuente de alegría sino de pesadumbre (Mt 19,16-22) y la acumulación, objeto de irrisión y ridículo (Lc 12,16-21).

Invitados a la danza de lo in-conveniente

Aflojad la tensión de vuestras manos y dejad que se os escapen las riendas con las que intentáis controlar a Dios, podría decirnos el ciego de nacimiento. Liberaos de vuestra obsesión por fiscalizar los "cómos" y dominar los "porqués" de sus acciones: tampoco yo conseguí entender por qué untaba mis ojos con aquel barro espeso que parecía cegar aún más mis pupilas. Pero me fié de su palabra, me dirigí a tientas a la alberca de Siloé, me lavé y, junto con el barro, se fueron mis tinieblas y me vi sorprendido por la luz como en la primera mañana de la creación. Aceptad el desafío de creer que el barro puede ser portador de luz, confiad en las manos de quien lo aplica a vuestros ojos, reconoceos en la negativa farisea de aceptar que la luz pueda llegar por otro camino que no sea el de los propios candiles y lámparas.

Decidíos a creer que Alguien sabe mejor que vosotros qué es lo que os cura y lo que puede hacer luminosa vuestra vida y no os contentéis con conocerle solamente por el sonido de su voz y el roce de sus manos: porque él os sigue buscando para que podáis contemplar también el rostro del que procede toda luz.

Dad fe a la Palabra que os asegura que vuestras carencias y cegueras no os encierran definitivamente, sino que pueden ser puertas abiertas para el encuentro y entregad vuestra fe y vuestra adoración a Aquel que no pasará nunca de largo por las cunetas de vuestros caminos.

Un día, estaba sentado con Rodleigh, el jefe del grupo, en su caravana, hablando sobre los saltos de los trapecistas. Me dijo: "Como saltador, tengo que confiar por completo en mi portor. El público podría pensar que yo soy la gran estrella del trapecio, pero la verdadera estrella es Joe, mi portor. Tiene que estar allí para mí con una precisión instantánea, y agarrarme en el aire cuando voy a su encuentro después de saltar". "~,Cuál es la clave?", le pregunté. "El secreto", me dijo Rodleigh, "es que el saltador no hace nada, y el portor lo hace todo. Cuando salto al encuentro de Joe, no tengo más que extender mis brazos y mis manos y esperar que él me agarre y me lleve con seguridad al trampolín".
 

"Que tú no haces nada?", pregunté sorprendido. "Nada", repitió Rodleigh. "Lo peor que puede hacer el saltador es tratar de agarrar al portor. Yo no debo agarrar a Joe. Es él quien tiene que agarrarme. Si aprieto las muñecas de Joe, podría partírselas, o él podría partirme las mías, y esto tendría consecuencias fatales para los dos. El saltador tiene que volar, y el portor agarrar; y el saltador debe confiar, con los brazos extendidos, en que su portor esté allí en el momento preciso".

Cuando Joe dijo esto con tanta convicción, en mi mente brillaron las palabras de Jesús: "Padre, en tus manos pongo mi Espíritu". Morir es confiar en el portor. Podemos decir a los moribundos: "Dios se hará presente cuando deis el salto. No tratéis de agarrarlo; él os agarrará a Vosotros. Lo único que debéis hacer es extender Vuestros brazos y Vuestras manos y confiar, confiar, confiar".

5. La tumba de Lázaro (Jn 11). La danza de lo in-tempestivo

En el contexto anterior a la resurrección de Lázaro aparece de nuevo el tema de las obras, esta vez en relación con el verbo creer:"Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a mis obras y reconoceréis de que el Padre está en mí y yo en el Padre". (Jn 10,38)

En la escena siguiente, Jesús va a realizar la obra por excelencia del Padre que es comunicar vida, y una vida que ya estaba en posesión de la muerte. Pero no es esa señal la que obtiene la fe de Marta, sino que la confesión creyente de ésta la antecede: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo" (11, 27), apoyada solamente en la afirmación de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida" (v. 25).

Estamos ante una fe proclamada "a destiempo" ya que su momento adecuado parecería ser el siguiente a la salida de Lázaro de la tumba. Pero entonces, parece decirnos Juan, ya no sería fe, porque lo propio de ésta es adelantarse y preceder a los signos.

Pero hay otro significativo destiempo (más bien contratiempo o llegada intempestiva ) en la narración: el del retraso de Jesús que, aunque sabía de la enfermedad de su amigo, "prolongó su estancia dos días en el lugar" (v.6) y además pronuncia una frase incomprensible ante sus discípulos: "Lázaro ha muerto. Y me alegro por vosotros de no estar allí, para que creáis" (v 15).

Existe por lo tanto para Jesús un "no estar" en el lugar adecuado (devolviendo la salud a Lázaro) que es ocasión de fe, y eso es más importante para él que el consuelo que hubiera dado con su presencia.

Realmente se merecía el reproche de Marta: "Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano..." (v 21) Marta no hace más que sumarse con voz femenina a la multitud de los que a lo largo de los siglos habían protestado, clamado y hasta casi insultado a un Dios acusado de impuntual.

Abraham, el primer creyente, fue también el primero en refunfuñar ante Dios, cansado ya de tanto retraso en la promesa de descendencia: "Señor, ¿de qué me sirven tus dones si soy estéril y Elezer de Damasco será el amo de mi casa? (Gen 15, 2). Y es que, la verdad, ni Sara ni él mismo iban estando ya para nada.

"Que se dé prisa, que apresure su obra para que la veamos; que se cumpla enseguida el plan del Santo de Israel para que lo comprobemos" (Is 5. 18), apremiaban los listillos contemporáneos de Isaías, y Jeremías, después de comprar un campo con el destierro ya encima, se encaraba abiertamente con Dios: "Estás viendo la ciudad ya en manos de los caldeos y en este momento vas tú y me dices: - ¡Cómprate un campo! (Jer 32, 25)

Habacuc fue el primero en preguntarle abiertamente: ¿Hasta cuándo pediré auxilio sin que me escuches? (Hab 1,2) y el impaciente Job tampoco se quedó corto en protestas.

En el NT tampoco los discípulos parecen estar muy de acuerdo con la medición de tiempos propia de Jesús: evidentemente, el durmiente que llevaban en la barca retrasó demasiado el momento de despertarse y calmar la tempestad (Mc 5,38); y cuando llegó aquella otra galerna, podía haber abreviado sus rezos en la montaña y acudir en su ayuda un poco antes (Mc 6, 46-50). Tampoco estuvo atinado de cálculo cuando se le fue la gente detrás : "El lugar es despoblado y la hora es avanzada" (Mc 6,35). O sea, mucha compasión, pero ni idea de que el tiempo pasa y ahora a ver cómo nos arreglamos para que coman. Y no digamos cuando le entró aquella prisa insensata por subir a Jerusalén, con la que estaba cayendo allí (Mc 10,32). En opinión de los de Emaús, los tres días pasados en la tumba eran ya más que suficientes para darles razón en su sospecha de que la promesa de resurrección no había sido más que una pretensión insensata (Lc 24, 21).

El tema del desajuste entre tiempos de Dios y tiempos humanos es reincidente en las parábolas: el amo no llegó hasta el tercer turno de vela (Lc 12, 38) y el novio se retrasó tanto, que el aceite de las lámparas estaba ya en las últimas (Mt 25,5).

Jesús es contundente y nunca aclara los cuándos de Dios ¡Estad en vela!, es lo único que recomienda (Mt 24,42) y, junto con eso la convicción de que la semilla crece sin que el que la sembró sepa cómo (Mc 4,27).

Invitados a la danza de lo in-tempestivo

Es Marta esta vez quien nos invita:

Dejad que sea Otro quien mida vuestros tiempos, ritmos y compases. Recordad que él llega a tiempo pero a su tiempo, no al vuestro, y tendréis que ser pacientes y convertir vuestra prisa en espera y vuestra impaciencia en vigilancia. Acostumbraos a su extraño lenguaje: si decís de alguien: "está muerto" él os dirá "está dormido" y os pedirá también vuestro consentimiento, no sólo ante sus retrasos, sino ante sus anticipaciones: porque en el grano de trigo podrido en tierra él está contemplando la espiga, y cuando una mujer grita de dolor, él escucha ya el llanto del niño que nace.

No temáis permanecer a su lado junto a las tumbas de vuestro mundo, unid vuestro llanto al suyo allí donde parece que la muerte ha puesto ya la última firma y gritad vuestra rebeldía ante su dominio. Pero creed también en la fuerza secreta de la compasión y de la insensata esperanza. Cuando yo le esperaba junto al lecho de Lázaro para ahuyentar su fiebre, él vino a destiempo, a la hora tardía en que creíamos no necesitarle. Y el que no llegó a tiempo para curar a mi hermano, ordenó retirar la piedra del sepulcro, pronunció su nombre y le ordenó con su poderosa voz: -"Lázaro, ¡ven afuera!". Y todos supimos entonces que la última palabra la tenía aquel hombre en quien habitaba el poder de vencer a la muerte. Atreveos a jugar con él el juego de sus retrasos y de sus des-tiempos: apostad fuerte por la Palabra que os asegura que en él está la resurrección y la vida de todos los lázaros olvidados en las tumbas de la historia.

Alegraos de tener como Compañero de danza al Ex-céntrico y al Imprevisible, aunque os conduzca a un ritmo que os parezca paradójico, in-conveniente e intempestivo. Porque lo suyo es cambiar nuestro luto en danza, desatar nuestros sayales, como desató a Lázaro de sus vendas, y revestirnos de fiesta.

La Cuaresma tambien implica el ayuno mediatico.

La Cuaresma también implica el ayuno mediático o de las críticas

Entrevista al presidente del Instituto Pontificio Litúrgico, el padre Juan Javier Flores Arcas, osb
  Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org, es.catholic.net
 
 
 
La Cuaresma también implica el ayuno mediático o de las críticas
El ayuno hoy día no es sólo no comer ni beber. El presidente del Instituto Pontificio Litúrgico, el padre Juan Javier Flores Arcas, osb, cuenta a Zenit que hay otros tipos de ayuno: de radio, televisión, teléfono, o de las críticas a los demás.

«Como Cristo y con Cristo, así debe ser nuestra Cuaresma», afirma en esta entrevista este benedictino en la que explica cómo nació la Cuaresma y qué sentido tiene.

--¿Qué significa «Cuaresma» y cuál es su significado?

--Padre Flores: Ciertamente son los cuarenta días que nos separan de la Pascua, es decir del triduo pascual de la pasión, muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Como el triduo comienza ya la tarde del Jueves Santo con la Celebración de la Cena del Señor, la Cuaresma dura hasta ese momento. Es decir, son más de cuarenta días, en concreto 46, pero no se cuentan los domingos que mantienen su carácter pascual, incluso dentro del tiempo Cuaresmal, el cual tiene un marcado acento penitencial y catecumenal.

La Cuaresma se pensó e ideó en respuesta a los penitentes que hacían penitencia pública y necesitaban estos cuarenta días penitenciales; a su vez se crea pensando en los catecúmenos que van a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana en la noche santa de Pascua y que a lo largo de cuarenta días desarrollan la última etapa de su camino catecumenal.

--¿En qué se diferencia la Cuaresma de hoy de la de antes del Concilio Vaticano II?

--Padre Flores: Fundamentalmente es la misma Cuaresma, con las mismas ideas aunque con la publicación de los nuevos libros litúrgicos y las nuevas situaciones pastorales ha cobrado más vida la preparación de los candidatos a recibir el bautismo, la confirmación y la Eucaristía en la noche de Pascua. El primer domingo de Cuaresma ellos harán el rito de la inscripción del nombre y durante los domingos tercero, cuarto y quinto harán los escrutinios, los exorcismos y las entregas del Padre Nuestro y del Credo, como medio de preparación intensa e inmediata a la recepción de los sacramentos pascuales.

Pensando en los catecúmenos hoy los libros litúrgicos hablan de la Cuaresma como un tiempo de iluminación y purificación. Y lo que se dice de los catecúmenos se aplica a todos los cristianos que deben dejarse iluminar por la Palabra de Dios, tan abundante y rica a lo largo de Cuaresma, y deben purificarse interiormente para llegar a la Santa Pascua y renovarse en su totalidad.

--Se habla de ayuno y abstinencia. ¿No cree que hoy hay otros ayunos más necesarios, como el ayuno de ver la tele o el ayuno del teléfono?

--Padre Flores: Las prácticas tradicionales de la Cuaresma de las que habla la liturgia del Miércoles de Ceniza son el ayuno, la oración y las limosnas. Por supuesto que no han perdido nada de su actualidad.

Pero hay muchos más ayunos que los que la Iglesia nos pide para el Miércoles de Ceniza o el Viernes Santo; debe ayunar el miembro que más peca y cada uno sabrá qué ayuno le viene mejor y debe practicar más: el ayuno mediático, prescindiendo de todo lo que es superfluo en la vida de cristiano; es superfluo el uso indiscriminado del teléfono, de la televisión, del ordenador, de Internet.

Ayuno de aquello que puede hacer daño en nuestras conversaciones y que puede herir al hermano. Ayunar de las faltas de caridad y de delicadeza. Ayunar de las críticas continuas a los demás. Ayunar de la falsedad y la mentira. Ayunar del propio egoísmo. Que ayune el ojo que pecó, la boca que habló mal, la mano que actuó peor, el pie que se movió por el mal camino, el corazón que pecó.

La limosna tiene pleno sentido, pero no sólo dando dinero sino dándonos a nosotros mismos y superando el egoísmo y el pasar totalmente de los que están a nuestro lado.

La oración más que nunca en Cuaresma está llena de sentimientos de perdón y de reconciliación, por tanto será una oración penitencial, que se inspira en la infinita misericordia de un Dios que siempre perdona a quien a El se acerca con humildad.

--¿De qué manera la Cuaresma acerca más al creyente a la persona de Jesús?

--Padre Flores: La Cuaresma nos acerca al Cristo tentado en el desierto, al Cristo que se enfrenta con sus persecutorias, que se encamina a Jerusalén a sufrir su propia pascua; que toma su Cruz y la lleva por las calles de Jerusalén; también al Cristo del Tabor y por supuesto al Cristo de Getsemaní.
De ahí que siguiendo las huellas de Cristo los cristianos se enfrenten a los problemas del hombre de hoy, los desiertos humanos, las infinitas hambres de nuestra humanidad, los «getsemanís» de los países en guerra y en conflicto, las cruces de los hombres que sufren en cualquier parte del mundo.

Como Cristo y con Cristo, así debe ser nuestra Cuaresma. Con el hombre y por el hombre a través de Cristo. Hay que salvar al hombre con esa salvación integral de la que habla el Papa Benedicto en su mensaje de la Cuaresma 2006, una salvación integral a la que nos conduce precisamente la Cuaresma teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre el mal que oprime al hombre.

 

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06/03/2011 17:55 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. EL AYUNO No hay comentarios. Comentar.

Cuaresma.

CUARESMA

Una de las características de la sociedad post-moderna es “el culto al cuerpo”

Para ello se recomienda hacer ejercicio todos los días. Es necesario mantenerse en forma: “se evitan los infartos”.

 

Algunos consejos médicos son:

 

Caminar cinco kilómetros  todos los días.

1.      Ir al gimnasio dos veces por  semana.

2.      Evitar los dulces.

3.      Llevar una dieta sana, dieta  mediterránea.

 

Y, como complemento alimenticio, dos vitaminas antes de acostarse.  De esa manera no se acumularán grasas y se podrá tener un “Cuerpo 10” Todo este ritual podemos  decir que es toda una “ascesis”.

La Cuaresma, en la vida de la Iglesia, no puede quedarse en unas prácticas piadosas más, sino que tiene que ser “ascesis”:

Recorrer ese camino no es fácil. El creyente necesita  un buen “entrenamiento” para no desfallecer  a lo largo del camino y poder llegar a la meta:

“El Misterio de la muerte y resurrección de Cristo que restaura al hombre, la historia y el universo”.

Así como el ejercicio físico ayuda a purificar el cuerpo de toxinas y mantenerse en forma, del mismo modo, la Cuaresma es un tiempo en que el cristiano emprende un camino de purificación de su fe para participar en el Misterio de Cristo:

“Para poder pasar, junto a Él, de la muerte -el pecado, el odio, el egoísmo, el desaliento, el engaño-, a la vida -una sociedad más justa, más fraterna-

Ese entrenamiento, el creyente no puede hacerlo solo; necesita de un entrenador capacitado que le vaya marcando el ritmo a seguir.

La Iglesia, continuadora de la obra de Dios, nos marca algunos ejercicios ascéticos para ir llevándolos a cabo:

La conversión: que consiste  en dar un giro a  nuestra vida.

El eje sobre el que tiene que girar nuestra vida es el Dios de Jesús, que nos conmueve y nos hace virar nuestro rumbo.  

En esta cuaresma hay invitaciones imperiosas para cambiar de dirección:

V      De nuestro narcisismo agotador,  Dios nos llama a escuchar los  gemidos de un mundo sufriente para  que nos volvamos y nos detengamos  a auxiliar, a compartir.

V      Hacia el silencio: sobran  palabras, mensajes, correos  electrónicos, voces. Dios nos  llama al desierto para  encontrarse con nosotros cara  a cara.

V      Del consumo, no para ahorrar,  sino para generar misericordia.  No para gastar con prudencia,  sino para compartir, para dar,  para vaciarnos con generosidad.

V      Recristianizar el corazón.     Esto sólo se consigue teniendo  en la vida experiencia de  Dios.

V      Pasar de una “pastoral de mantenimiento” a una pastoral en clave de “nueva evangelización”, porque los hombres y mujeres de nuestro tiempo necesitan, como siempre, saber en Quién cimentar la esperanza.

V      Dos vitaminas necesarias para oxigenar el alma durante el camino hacia la Pascua:

V      La reflexión de la Palabra de Dios para preguntarle a Jesús: ¿Dónde y cómo quieres que preparemos esta Pascua?

V      La Oración: es necesario sentarse con tranquilidad frente al Señor y esperar su respuesta.

V      Si hemos recorrido el camino cuaresmal experimentaremos un encuentro con Jesucristo, vivo y presente  en medio de nosotros.

En el encuentro con el Resucitado,  el creyente experimenta que todo tiene  sentido y sentido muy pleno.

Celebrar la pascua no significa ser espectadores de este evento inaudito, oír su narración, sino vivirlo juntamente con el protagonista, para perder el miedo y salir, como discípulos, a anunciar la Buena Nueva del Evangelio, prolongando y haciendo resonar la Misión de Cristo entre los hombres y mujeres, llevando a donde todo habla de desesperanza, poniendo signos de vida, allí donde todo habla de muerte, poniendo alegría donde hay tristeza y dolor.

Agustinos Recoletos, Delicias, Chih.

 

LA PASCUA ES NUESTRA. VIVÁMOSLA.


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La Cuaresma.

LA CUARESMA

Julián López Martín

 

«En el tiempo de la gracia te escucho,
en el día de la salvación te ayudo.
Pues mirad: ahora es el tiempo de la gracia,
ahora es el día de la salvación (2 Cor 6,2).

Pocos tiempos litúrgicos, en su retorno anual, habrán dejado tan profunda huella como la Cuaresma en el pueblo cristiano. Este ha sido de verdad uno de los «tiempos fuertes», resultado de una larga historia multisecular de haber convocado a la «milicia cristiana» para la puesta a punto de las armas de la luz (cf. Rom 13,12), para luchar contra nuestro enemigo el diablo (cf. Ef 6,11-17; 1 Pe 5,8).

En efecto, la Cuaresma que nosotros celebramos es una síntesis de un triple itinerario ascético y sacramental: la preparación de los catecúmenos al bautismo, la penitencia pública y la preparación de toda la comunidad cristiana para la Pascua. Denominador común de este triple itinerario interdependiente ha sido la cuarentena de días que el Señor quiso cumplir, como dice San Agustín, «para aleccionarnos para la victoria» (In Ps. 60,3). El simbolismo bíblico de los cuarenta días, como período de prueba y de tentación, de éxodo a través del desierto -el de Israel duró cuarenta años-, pero también de gracia y de acción divina en favor de su pueblo, ha sido decisivo para configurar la fisonomía de la Cuaresma cristiana. Moisés, Elías y, sobre todo, el propio Jesús, cuando a continuación del bautismo es llevado por el Espíritu al desierto (cf. Lc 4,1-2), han consagrado este tiempo, al que la liturgia no duda en llamar «sacramento cuaresmal» (col. dom. I), es decir, período sagrado de salvación y signo de la gracia de Cristo por voluntad de la Iglesia.

La Cuaresma es, entonces, un verdadero sacramental puesto a disposición de toda la comunidad cristiana para que reviva y renueve cada año el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios (cf. Rom 8,21) que un día se realizó en el bautismo de cada uno (cf. Rom 6,3-11; Col 2,12). Es esta dimensión pascual y bautismal la que el concilio Vaticano II quiso poner de relieve al hablar de la Cuaresma:

Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo» (SC 109).

El recuerdo del bautismo y la penitencia, entendida ésta no sólo como práctica ascética, sino especialmente como sacramento, son los principales elementos en que se asienta la Cuaresma y el objetivo que ha presidido la reforma de este tiempo litúrgico después del concilio, a base, naturalmente, de la rica herencia de la tradición cuaresmal.

1. HISTORIA DE LA CUARESMA
Cuaresma/Historia

El tiempo de Cuaresma no es anterior al siglo IV y en muchas Iglesias es ciertamente posterior. Sin embargo, la celebración de la Pascua contó siempre con una cierta preparación, consistente en un ayuno de dos o de tres días de duración. En la antigüedad solamente se celebraba la eucaristía los domingos, pero se ayunaba todos los miércoles y viernes del año, excepto durante el tiempo pascual. Por eso, muy pronto, el ayuno que precedía a la solemnidad de la Pascua, iniciado en realidad el miércoles precedente, terminó por abarcar la semana entera.

Ya en el siglo IV este ayuno se extiende a otras dos semanas más, dejando los domingos, en los que también estaba prohibido ayunar. Esta época es la que conoce el mayor esplendor del catecumenado de adultos, cuya última etapa, la inmediatamente anterior a la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana, se desarrollaba en estas semanas anteriores a la Pascua. También es entonces cuando mayor impulso recibe otra importantísima institución pastoral de la Iglesia antigua: la penitencia pública de los grandes pecados, con el rito de la reconciliación de los penitentes en la mañana del Jueves santo. Aunque este modo de obtener el perdón de los pecados duraba varios años, lo mismo que el catecumenado, sin embargo, todos los años, al comenzar el período de preparación para la Pascua y a su término, en la mañana del Jueves Santo, se celebraban los ritos de entrada en el orden de los penitentes y el rito de la reconciliación, respectivamente.

Entre una y otra celebración terminarán por transcurrir cuarenta días, sin duda por influjo del ayuno del Señor en el desierto. A finales del siglo IV, Roma ya tenía organizada así la Cuaresma, participando en ella no solamente los catecúmenos y los penitentes, sino toda la comunidad. Por cierto que el rito de entrada en la penitencia pública es lo que ha dado lugar al miércoles de Ceniza.

Ahora bien, dado que los domingos no eran días de ayuno, el historiador de la Cuaresma advierte muchas fluctuaciones a la hora de empezar la cuenta atrás de los cuarenta días a partir del comienzo del primitivo ayuno prepascual, o sea, el Jueves Santo, o a partir del domingo de Pascua o incluso del actual domingo de Ramos. El resultado es una acumulación de estratos o períodos superpuestos, de manera que ya en el siglo VII no sólo hay una Cuadragésima -40 días, desde el domingo I de Cuaresma hasta el Jueves Santo inclusive-, sino también una Quincuagésima -50 días, contados desde el domingo anterior al I de Cuaresma hasta el de Pascua-, una Sexagésima -60 días, que avanzan hacia atrás otro domingo más y concluyen, asombrosamente; el miércoles de la octava de Pascua- y una Septuagésima -70 días, a base de ganar otro domingo aún y concluir en el II de Pascua.

Esta especie de Precuaresma, en la que se usaba el color morado y se suprimía el Gloria y el Aleluya, ha durado hasta la promulgación del nuevo Calendario romano en 1969. La reforma litúrgica ha devuelto la Cuaresma al substrato más clásico, el de la Cuadragésima, aunque ha conservado el miércoles de Ceniza y las ferias que le siguen, pero en realidad fuera de la cuenta de los cuarenta días.

En la antigüedad, más importante aún que este movimiento de números fue el modo como progresivamente fueron llenándose de celebraciones las semanas de la Cuaresma, hasta dar lugar a la compleja liturgia estacional de la Iglesia de Roma durante este período. La Cuaresma más antigua tenía únicamente como días litúrgicos, en los que la comunidad se reunía -hacía estación cada vez en una iglesia distinta-, los miércoles y los viernes. Más tarde, en tiempos del papa San León (440-461), se añadieron también los lunes, y, posteriormente, los martes y los sábados. Finalmente, en el siglo VIII, durante el pontificado del papa Gregorio II (715-731), se completará la semana, dotándose de celebración también al jueves.

2. ESTRUCTURA ACTUAL DE LA CUARESMA

El tiempo de Cuaresma dura desde el miércoles de Ceniza hasta las primeras horas de la tarde del Jueves Santo. La misa de la cena del Señor pertenece ya al Triduo pascual. Ahora bien, como el miércoles de Ceniza es un día laboral, para la mayoría de los cristianos la Cuaresma comienza con su domingo I, a pesar de que el citado día es de ayuno y abstinencia.

La Cuaresma descansa sobre los domingos, denominados I, II, III, IV y V de Cuaresma, y Domingo de Ramos, en la pasión del Señor, el último. Las ferias avanzan independientemente de los domingos, aunque en su temática litúrgica guardan una cierta relación con ellos. La importancia de estas ferias es grande, pues ya el mismo Vaticano II (cf. SC 35,4) y ahora el nuevo Código de Derecho Canónico recomiendan convocar al pueblo y tener una breve homilía (can. 767,3).

Para dar cumplimiento a la disposición conciliar, que insistía en la acentuación de los elementos bautismales de la Cuaresma, además de los propios de la penitencia, y dado que el Leccionario dominical comprende tres ciclos de lecturas, se ha querido que el ciclo «A» sea como el prototipo de lo que debe ser este tiempo litúrgico. Para ello, después de mantener en los domingos I y II los temas tradicionales de las tentaciones del Señor y de la transfiguración, por lo demás comunes a los tres ciclos, se han recuperado para los domingos III, IV y V los evangelios clásicos de la Cuaresma catecumenal: la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Estos domingos en los ciclos «B» y «C» se ocupan de aspectos del misterio pascual y de la llamada a la conversión.

El domingo de Ramos se centra en la proclamación de la pasión del Señor, leída cada año según un evangelista sinóptico, de la misma manera que se hace en los domingos I y II, en los que los episodios de las tentaciones y de la transfiguración se toman también de cada uno de los citados evangelistas. Y es que el Leccionario dominical ha asignado un evangelio a cada uno de los tres ciclos de que consta: Mateo para el ciclo «A», Marcos, completado con Juan, para el «B» y Lucas para el «C».

A partir del domingo V de Cuaresma, antes domingo I de Pasión, se mantienen algunos aspectos que recuerdan el antiguo período, dedicado a preparar más intensamente a los fieles para la celebración del misterio  pascual.

Por otra parte, las lecturas del Antiguo Testamento de todos los domingos forman entre sí, dentro de cada uno de los ciclos, unas series dotadas de fisonomía propia, presentando los distintos momentos de la historia de la salvación; todo ello sin romper su relación con el resto de las lecturas del domingo respectivo.

La Cuaresma comprende también las cuatro primeras ferias de la Semana Santa. Estos días tienen un marcado carácter de introducción en la celebración de la pasión del Señor, a excepción de la misa crismal, en la que se bendicen y consagran los óleos en la mañana del Jueves Santo. Esta misa es como un paréntesis dedicado a poner de relieve cómo del misterio pascual brotan los sacramentos de la Iglesia.

3. EL MIERCOLES DE CENIZA

La liturgia renovada ha querido mantener la importancia tradicional de este día, originariamente destinado a introducir a los penitentes en la penitencia pública, entre otros ritos, mediante la imposición de la ceniza. El gesto es de origen bíblico y judío, como señal de luto y de dolor. Cuando en el siglo IX la penitencia pública empezó a dar paso a la confesión privada y a la absolución individual de los pecados, el rito de la imposición de la ceniza, lejos de desaparecer, fue aplicado a todos los fieles.

Hoy la ceniza es contemplada en el Misal no tanto como un recuerdo de que el hombre es polvo (cf. Gén 3,19), cuanto como un signo de una voluntad de conversión y de renovación pascual. Por eso se han introducido nuevos textos y una nueva fórmula al imponerla: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Asimismo resulta significativo el momento en que debe hacerse el rito: después de la homilía, para mostrar cómo la conversión y la penitencia surgen de la interpelación que nos hace la Palabra divina.

Por su parte, las lecturas contienen una fuerte llamada a la interiorización de las obras penitenciales de la Cuaresma (Mt 6,1-6.16-18: ev.) y a la autenticidad de la conversión (JI 2,12-18; l.a lect.). La segunda lectura es un magnífico pregón cuaresmal: «Os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios... Ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación» (2 Cor 5,20-6,2). La Liturgia de las Horas completa todo este programa con textos de los profetas, especialmente Is 58,1-12: «El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas...», y con un rico texto de San Clemente Romano (lect. patr.).

El espíritu que debe presidir la Cuaresma está sintetizado en la oración siguiente:

«Señor, fortalécenos con tu auxilio al empezar la Cuaresma para que nos mantengamos en espíritu de conversión; que la austeridad penitencial de estos días nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal» (col.).

4. DOMINGO I DE CUARESMA: CRISTO TENTADO POR EL DIABLO

El protagonismo que ocupa Cristo en todo el ciclo de los misterios del Señor que se van recordando a lo largo del año litúrgico tiene en este domingo una expresión ejemplar. Para comprenderlo es preciso situarnos en la clave adecuada, es decir, en lo que los distintos hechos y momentos de la vida histórica de Jesús representan para nosotros. Es esta vida completa, evocada en el curso de un año, lo que da la medida de la obra de nuestra progresiva asimilación a Jesucristo, el Hijo de Dios imagen de la gloria del Padre (cf. Rom 8,29; 2 Cor 3,18; 4,6). El episodio de las tentaciones, proclamado por la liturgia de este domingo, no es sólo un momento decisivo en la vida de Jesús; es, sobre todo, el drama de Adán en el paraíso, de Israel en el desierto y de cada cristiano en esta vida. «En Cristo estabas siendo tentado tú», dirá San Agustín, mientras el prefacio de la misa desvela el sentido de este primer domingo cuaresmal:

«Porque Cristo, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba».

 

Jesús, en efecto, atravesó el mar Rojo de su bautismo en el Jordán (cf. Lc 4,1) y se adentra en el desierto, donde es tentado. En el bautismo ha sido investido para la misión, pero antes tiene que superar la prueba del desierto, donde el tentador tratará de impedir la realización de su plan divino, que desemboca en la cruz. Es justamente ésta la experiencia del catecúmeno y del cristiano en su itinerario prebautismal y penitencial de los sacramentos hasta llegar al banquete eucarístico, que sella, en el primero, la iniciación cristiana y, en el segundo, la conversión y la reconciliación con Dios. En esto consiste «el misterio de esta Pascua», como dice el prefacio; es decir, el paso nuestro a través del desierto cuaresmal para llegar cada año a la celebración jubilosa de la resurrección y, al final de nuestra vida, «a la Pascua que no acaba».

Todos los restantes textos bíblicos y litúrgicos de este domingo no hacen sino dar vueltas en torno a este gran contenido fundamental. Las lecturas del Antiguo Testamento nos presentan los primeros momentos del hombre y del pueblo de Dios, momentos de tentación y de caída; las segundas lecturas completan el mensaje haciéndonos reflexionar sobre el pecado, sobre el bautismo y sobre la fe. El evangelio contiene el relato de las tentaciones, cada año según un evangelista. He aquí el cuadro completo de la liturgia de la Palabra:

 Año A Año B Año C
1ª. lect. Gén 2,7-9; 3,1-7 Gén 9,8-15
 Dt 26,4-10
Salmo r. 50  24  90
2ª. lect. Rom 5 12-19 1 Pe 3,18-22 Rom 10,8-13
vers. Mt 4,4b = =
ev. Mt 4,1-11 Mc 1,12-15 Lc 4,1-13

 

Pero el cristiano sólo vencerá la tentación si cumple el gran aviso-consigna para toda la Cuaresma y para toda su vida: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda la palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4 = Dt 8,3). Palabra salida de la boca de Dios, alimento principal del creyente, es el propio Cristo, que se nos da en la mesa doble de la Palabra y del sacramento:

«Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos hagas vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca» (posc.).

 

5. DOMINGO II DE CUARESMA:
CRISTO ES TRANSFIGURADO

He aquí el segundo momento transcendental que la Cuaresma nos pone delante, contemplando a Cristo y mostrándonos en él el misterio de nuestra transformación interior por los sacramentos. Jesús, bautizado para la misión salvadora, superada la tentación que se interponía en su camino, es transfigurado por su propia gloria de Verbo divino y es confirmado por la nube luminosa del Espíritu y la voz del Padre con vistas al sacrificio pascual de la muerte y resurrección. Los creyentes son llamados a escuchar con más fidelidad la Palabra, para que también ellos, bautizados y confirmados, a través de la experiencia penitencial de la Cuaresma, se encaminen hacia su perfecta identificación con Cristo glorioso (cf. 1 Cor 15,49.51-57; Ef 4,22-24).

San León Magno, en la lectura patrística del Oficio, comentando el episodio, señala tres vertientes del mismo. La primera, «alejar de los corazones de los discípulos el escándalo de la cruz»; la segunda, «fundamentar la esperanza de la Iglesia santa, ya que el cuerpo de Cristo en su totalidad podría comprender cuál habría de ser su transformación y sus miembros podrían contar con la promesa de su participación en aquel honor que brillaba de antemano en la cabeza»; y la tercera, «la confirmación de la fe de todos» en la redención de Cristo gracias al testimonio de Moisés y de Elías y del propio Señor, es decir, por la unidad de los dos Testamentos.

De manera aún más sintética, el prefacio de la misa recuerda también cómo Cristo,

«después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección».

Para completar esta enseñanza fundamental de que «por la cruz se llega a la luz», según el dicho popular, las primeras lecturas proponen la figura de Abrahán, a la vez que evocan otra etapa de la historia de la salvación, la representada por el patriarca padre del pueblo de los creyentes, dispuesto a sacrificar a su hijo único -figura de Cristo- y depositario de la primera alianza. Las segundas lecturas nos hablan de nuestra futura transformación gloriosa a imagen de Cristo y del amor infinito de Dios hacia nosotros:

 Año A Año B Año C
1ª. lect. Gén 12,1-4a Gén 22,1-2.9ss Gén 15,5-12.17-18
Salmo r. 32  115  115  
2ª. lect. 2 Tim 1,8-10 Rom 8,31-34 Flp 3,17-4,1
vers. Mt 17,5 = =
ev. Mt 17,1-9 Mc 9,1-9 Lc 9,28-36
 

Las oraciones de la misa y algunos textos del Oficio divino se sitúan en otro plano, más contemplativo, y piden que la eucaristía, en la que se nos da el cuerpo glorioso de Cristo (posc.), «borre nuestros pecados, santifique los cuerpos y las almas de los fieles y nos prepare a celebrar dignamente las fiestas de Pascua» (superobl.). Es muy significativa esta toma de conciencia de la necesidad de limpieza interior ante el misterio de Cristo transfigurado. En esta purificación juega -¡cómo no!- un decisivo papel la escucha de la Palabra de Cristo, tal como lo manda la voz del Padre, que se deja oír sobre el hijo amado. Esta es la respuesta, hecha plegaria, de la iglesia:

«Señor, Padre Santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el Predilecto,
alégranos con el gozo interior de tu palabra;
y, purificados por ella,
contemplaremos con mirada limpia
la gloria de tus obras» (col.).

Un bello complemento doctrinal y espiritual al contenido de este domingo de Cuaresma lo constituyen los textos de la misa y del Oficio de la fiesta de la Transfiguración del Señor, el 6 de agosto.

 

6. LOS DOMINGOS III, IV Y V DEL AÑO «A»:
LOS SIGNOS DE LA VIDA

Los fieles que han entrado en la Cuaresma siguiendo a Cristo y con él vencen las pruebas contemplando el rostro transfigurado de su Señor, centran su atención en el misterio de su propia transformación interior. Era necesario, pues, que el cuadro cristológico de nuestra asimilación al Hijo de Dios se completase con la iniciación, mejor reiniciación, a los sacramentos que consagran el comienzo de la vida cristiana: el bautismo, la confirmación y la primera comunión. Para el cristiano adulto esta reiniciación pasa necesariamente por la penitencia, segundo bautismo y paso previo para acceder a la eucaristía, especialmente si ha pecado gravemente.

A todo esto están dedicados los domingos III, IV y V de la Cuaresma del año «A», presididos por los evangelios de la Samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro. Se trata de tres pasajes evangélicos que en la antigüedad formaban parte de las misas de los escrutinios cuaresmales de los candidatos al bautismo, las cuales tenían lugar precisamente en estos mismos domingos. Más tarde, al perder importancia el catecumenado de adultos, estas misas fueron desplazadas a los días entre semana, a excepción del evangelio de la resurrección de Lázaro, sin duda a causa de su interés evocativo de la pasión y resurrección del Señor. Este evangelio contribuyó a que el domingo V de Cuaresma fuese popularmente conocido como el domingo de Lázaro. La recuperación de todos estos evangelios ha estado marcada por el deseo de afirmar la temática bautismal de la Cuaresma (cf. SC 109).

Ante la extraordinaria relevancia de estos evangelios, es justo que todo el resto de lecturas, cantos y oraciones no hagan sino profundizar en los aspectos catequéticos, doctrinales y espirituales de cada uno de ellos. El Leccionario de la misa presenta el siguiente panorama en los tres domingos:

Dom.
 1.° lect.
 Salmo r.
 2.° lect.
 Vers.
 Evang.
 

 
 CICLO «A»
 
 
 
III
 Ex 17,3-7
 94
   Rom 5,1-2.5-8
 Jn 4,42
 Jn 4,5-42
 
IV
 1 Sam 16,1ss
 22
 Ef 5,8-14
 Jn 8,12
 Jn 9,1-41
 
V
 Ez 37,12-14
 129
 Rom 8,8-11
 Jn 11,25
   Jn 11,1-45
 

 

El domingo III, basándose en el episodio del pozo de Jacob y en el diálogo de Jesús con la mujer samaritana sobre el don de Dios y el agua viva, se centra en el simbolismo sacramental de este elemento del bautismo, es decir, en el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones (2.° lect.), el manantial que salta hasta la vida eterna (evang.) para colmar totalmente la sed del hombre (1.° lect. y salmo r.). San Agustín comenta bellísimamente este evangelio en la lectura patrística del Oficio, y el prefacio de la misa, inspirado en la liturgia hispanomozárabe, recuerda cómo Cristo, «cuando pidió de beber a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe».

El domingo IV propone otro bello símbolo bautismal: la luz que cura la ceguera de la humanidad, ceguera de nacimiento. Por eso, el bautismo fue llamado sacramento de la iluminación por los Santos Padres. Mientras la primera lectura evoca la elección de David, figura de Cristo, Buen Pastor que guía a su pueblo «aunque camine por cañadas oscuras» (cf. salmo r.), la segunda invita a caminar como hijos de la luz, al tiempo que dice al que está en pecado: «Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. Nuevamente, San Agustín comenta el evangelio, y el prefacio señala también los efectos de la redención de Cristo:

«Porque él se dignó hacerse hombre
para conducir al género humano, peregrino en tinieblas,
al esplendor de la fe;
y a los que nacieron esclavos del pecado
los hizo renacer por el bautismo,
transformándolos en hijos adoptivos del Padre».

La resurrección de Lázaro, en el domingo V, habla de la vida que es Cristo mismo en el misterio pascual en virtud del Espíritu Santo. Ese Espíritu resucitó a Jesús, del mismo modo que puso en pie al pueblo de Israel sepultado en su desgracia (1.° y 2.° lect.). En el bautismo y en la penitencia, el Cristo «que como hombre lloró a su amigo Lázaro, como Dios y Señor de la vida lo levantó del sepulcro», para mostrar cómo «por medio de sus sacramentos» devuelve a los hombres a la vida nueva (pref.).

 

7. LOS DOMINGOS III, IV Y V DE LOS AÑOS «B» Y «C»

Las lecturas, especialmente los evangelios, de los domingos III, IV y V del ciclo «A» pueden tomarse todos los años, si razones pastorales lo aconsejan así. Sin embargo, el Leccionario de la misa, que es lo que configura el contenido celebrativo de cada día, propone los formularios de la liturgia de la Palabra para los ciclos «B» y «C». Cada domingo, por tanto, dentro del respectivo ciclo, tiene unidad propia, la señalada por el evangelio, al que se acomodan las dos primeras lecturas. Por cierto, las del Antiguo Testamento continúan presentando las etapas de la historia de la salvación que iniciaron en el domingo I de Cuaresma. He aquí el cuadro:

Dom.
 1ª lect.
 Salmo r.
 2.° lect.
 Vers.
 Evang
 

 
 CICLO «B»
 
 
 
III
 Ex 20, 1-17
 18
 1 Cor 1,22-25
 Jn 4,42
 Jn 2,13-25
 
IV
 2 Cor 36,14ss
 136
 Ef 2,4-10
 Jn 3,16
 Jn 12,20-33
 
V    
 Jer 31,31-34
 50
 Heb 5,7-9
 Jn 12,26
 
 

 
 CICLO «C»
 
 
 
III
 Ex 3,1-8ss
 102
 1 Cor 10,1-6
 Mt 4,17
 Lc 13,1-9
 
IV
 Jos 5,9-12
 33
 2 Cor 5,17-21
 Lc 15,18
 Lc 15,1-3.11-32
 
V  Is 43,16-21
 125 Flp 3,8-14 Jl 2,12  Jn 8,1-11

    

Los grandes temas del ciclo «B», tomados del evangelio de San Juan, proponen aspectos del misterio pascual a base de las comparaciones que el Señor hace del templo (dom. III), de la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto (dom. IV) y del grano de trigo que cae en tierra para morir y dar fruto (dom. V). En cambio, los evangelios del tercer ciclo, de San Lucas, excepto el último, aunque parece en realidad una página arrancada del evangelista de la misericordia, giran en torno a la compasión divina hacia el pecador: actitud de Jesús ante unos hechos luctuosos (dom.III), el hijo pródigo (dom. IV) y el perdón de la mujer adúltera (dom. V).

En el domingo V, por lo demás, se mira ya a la pasión del Señor, aspecto fundamentalmente destacado por las oraciones de la misa y por la mayoría de los textos del Oficio divino; en concreto, por la lectura patrística, esta vez de San Atanasio, de una de sus cartas sobre la fecha de la Pascua. Así expresa la colecta de la misa los sentimientos de Cristo en vísperas de los acontecimientos centrales de su vida:

«Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude,
para que vivamos siempre de aquel mismo amor
que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte
por la salvación del mundo».

 

8. EL DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR

Es el último domingo de la Cuaresma, a pesar de que da paso ya a la Semana Santa. De nuevo la liturgia y la piedad popular se unen en la síntesis de este día, verdadera celebración dominical de la pasión y, a la vez, conmemoración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Por eso, el título del domingo ha querido unir ambos aspectos, por lo demás perfectamente coherentes, pues la entrada del Señor en la Ciudad Santa, que va a ser escenario de los hechos culminantes de su vida, significa la definitiva visita de Dios a su pueblo (cf. Mt 21,5.9; Lc 7,16; 19,44).

La procesión de los ramos, rito de entrada de la misa, se empezó a celebrar en Jerusalén; de forma que la peregrina gallega Egeria la describe en su Diario de viaje, escrito hacia el año 380. Después se extiende a todo el Oriente, a España (siglo VII, a las Galias y, finalmente, a Roma (siglo XI o XII). La procesión está precedida de la bendición de los ramos y de la proclamación del evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén; detalle importantísimo, porque revela cómo la liturgia no se limita a recordar hechos pasados, sino que actualiza y revive lo que recuerda, de forma que los fieles realmente reciben y aclaman a Cristo, representado en el obispo o en el sacerdote que preside a la comunidad. Por eso, la rúbrica dispone que marche a la cabeza de su pueblo, detrás de la cruz, en la procesión. La lectura del relato evangélico se hace cada año según un evangelio sinóptico.

Sin embargo, el centro de la celebración lo va a ocupar la pasión del Señor, leída también, cada año, según un sinóptico. De este modo, con las peculiaridades catequéticas y de acentos propios de cada evangelista, se prepara la proclamación de la pasión según San Juan, que se hará el Viernes Santo, el relato de más fuerte colorido pascual, reservado por ello para dicho día por la liturgia. La pasión del Señor es el gran tema que la Iglesia medita a lo largo de todo el domingo.

Así, comienza pidiendo en la misa que «las enseñanzas de la pasión nos sirvan de testimonio (col.), para concentrarse en seguida en el tercero de los cantos del poema del Siervo de Yahveh (Is 50,4-7: 1ª lect.) y en el imponente himno de la carta a los Filipenses, que revela el misterio del anonadamiento de Cristo y de su posterior exaltación (Flp 2,6-11: 2ª lect.). Entre ambas lecturas se canta el salmo que recitó el Señor en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Sal 21). Jesús, es, en efecto, el justo perseguido por los impíos, que, no obstante, muere para dar la vida:

«Cristo, nuestro Señor, siendo inocente,
se entregó a la muerte por los pecadores,
y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa,
y al resucitar, fuimos justificados» (pref.).

Por supuesto, la Iglesia no olvida que la pasión desemboca en la resurrección, ni, menos aún, que la eucaristía «actualiza el único sacrificio de Cristo» (superobl.). Esta síntesis entre pasión y glorificación, de la que es un anticipo la entrada triunfal de la misa -la procesión-, aparece continuamente en el Oficio divino. Baste citar, por ejemplo, esta antífona de los Laudes:

«Con los ángeles y los niños
cantemos al triunfador de la muerte:
"Hosanna en el cielo"» (ant. 2).

El Lunes, Martes y Miércoles Santos prolongan este ambiente prepascual del domingo de Ramos. Las primeras lecturas recogen los cantos del Siervo: Is 42,1-7; 49,1-6 y 50,4-9, mientras los evangelios narran episodios que hablan de la inminencia de la pasión: la unción en Betania (Jn 12,1-11), el anuncio de la negación de Pedro y de la traición de Judas (Jn 13,21-33.36-38) y la revelación de ésta (Mt 26,14-25).

 

9. LAS FERIAS DE LA CUARESMA

El tiempo de Cuaresma era el único en contar en la liturgia romana con formularios propios para la misa y el Oficio de cada uno de los días. Esta herencia, naturalmente, ha pasado a los actuales libros litúrgicos, si bien adaptada a la esctructura del tiempo y a la ordenación de los textos dentro de ella. Como hemos hecho con otros tiempos, tan sólo nos vamos a fijar en el Leccionario de la misa y en el del Oficio de lectura.

Las lecturas del período cuaresmal han sido escogidas en función de los temas propios de la catequesis y de la espiritualidad de este tiempo. En la misa, las primeras lecturas pertenecen al Antiguo Testamento y armonizan con el evangelio. Desde el lunes de la cuarta semana se ofrece una lectura semicontinua del evangelio de San Juan, evangelio que ya no se dejará, salvo algún día de la Semana Santa y de la octava pascual, hasta el domingo de Pentecostés. Este uso del cuarto evangelio en las últimas semanas de la Cuaresma y durante todo el tiempo pascual es una característica propia de la liturgia romana.

En las semanas tercera, cuarta y quinta se han previsto unos formularios de lecturas a voluntad, de forma que puedan leerse en cualquier día de aquéllas los evangelios de la Samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro, si solamente se leen en el ciclo "A" en los domingos correspondientes.

En cuanto al Leccionario bíblico del Oficio de lectura, durante las tres primeras semanas se lee de manera casi continuada el libro del Exodo, la historia de Israel a través del desierto, profecía de la Cuaresma cristiana. Esta lectura se completa con pasajes del Levítico y del libro de los Números en la cuarta semana. A partir del domingo V y hasta el mismo Triduo pascual inclusive se lee la carta a los Hebreos, interpretación de la antigua alianza a la luz del misterio pascual de Cristo. Sin embargo, en los primeros días de la Semana Santa estas lecturas se toman de los cantos del Siervo y de Lamentaciones del profeta Jeremías.

Por su parte, el Leccionario patrístico presenta enorme variedad de temas, todos ellos relacionados con la Cuaresma y el misterio pascual. Convenientemente. agrupados, son éstos:

a)La Cuaresma, tiempo de tentación y de victoria
Afraates: miércoles I.
San Agustín: domingo I. martes II.
San Atanasio: domingo V.
Constitución Gaudium et spes: sábado IV.
San Gregorio Nacianceno: sábado V.
San León: domingo II.

b) La Cuaresma, tiempo de gracia y de perdón
San Ireneo: miércoles II.
San Hilario: jueves II.
Teófilo de Antioquía: miércoles III.
Máximo el Confesor: miércoles IV.

c) La penitencia cuaresmal
Clemente Romano: miércoles de Ceniza.
San Gregorio Nacianceno: sábado III.
San León: jueves después de Ceniza.
San Pedro Crisólogo: martes III.

d) La plegaria
San Cipriano: martes I.
San Juan Crisóstomo: viernes después de Ceniza.
Tertuliano: jueves III.

e) La caridad fraterna
San Ambrosio: viernes II.
Asterio de Amasea: jueves I.
San Basilio: lunes III.
Elredo: viernes I.
San Gregorio Nacianceno: lunes I.
San Ireneo: sábado después de Ceniza.
San León: martes IV.

f) Cristo y su misión redentora
San Agustín: miércoles V.
San Andrés de Creta: domingo de Ramos.
San Atanasio: viernes IV.
San Basilio: Martes Santo.
Constitución Gaudium et spes: sábado I.
San Fulgencio de Ruspe: viernes V.
San Juan Crisóstomo: lunes II.
San Juan Fisher: lunes V.
Orígenes: lunes IV.

La pasión del Señor
San Agustín: martes II. Miércoles Santo.
San León: jueves IV. martes V.
San Melitón: Jueves Santo.

h) El bautismo
San Agustín: domingo III. domingo IV.  

i) La Iglesia

Constitución Lumen gentium: jueves V.
San Ireneo: viernes II.

El Año Litúrgico
BAC popular
Madrid- 1984, págs 155-173

Orar en Cuaresma.

ORAR EN CUARESMA

http://www.cipecar.org/
 
 

 

En la Cuaresma la Iglesia nos ofrece 40 días para vivir con Cristo una experiencia de desierto.


Recordamos los 40 años que el pueblo de Israel caminó por el desierto hacia la tierra prometida.


Durante este largo tiempo, el pueblo de Dios, guiado por Moisés, tuvo hambre y sed, a veces se desanimó, pero por encima de todo experimentó la cercanía y la ternura de su Dios.

La Iglesia en este tiempo de Cuaresma nos invita a:

• Vivir con toda la comunidad de creyentes una experiencia de acercamiento e intimidad con DIOS.

• Ponernos en camino para celebrar con un corazón renovado la Pascua del Señor.

• Vivir abiertos a los acontecimientos de la vida, dispuestos y decididos a construir el Reino.
 
La Iglesia en este tiempo de Cuaresma nos ofrece un tiempo de gracia:

• tiempo de oración y alabanza a Dios
• tiempo de conversión, de dejar lo supérfluo y caminar en la verdad
• tiempo de quitar las máscaras y dejar que se transparente la imagen de Dios, que llevamos en el interior
• tiempo de acercarnos a los demás, abriéndonos a sus necesidades.

El Señor quiere reconfortar y salvar a todos.

¿Cómo viviremos este camino de Cuaresma en familia y con los niños?

Este camino de conversión empieza el miércoles de ceniza.
El pueblo de Dios, la familia, cada uno de nosotros tiene que ponerse a la escucha de Dios, orientarse hacia El, cambiar de vida.
Sabemos que es un tiempo largo, y que es necesario alentar y sostener siempre el esfuerzo de los más pequeños.

Lo haremos escuchando y meditando lo que nos dice Jesús, siguiendo sus huellas.

Jesús pasó 30 años en Nazaret donde trabajó como carpintero, en una vida oculta y ordinaria, junto a José y María.
Su vida pública duró solo 3 años. La inició con una experiencia fuerte de desierto, donde superó las tentaciones del maligno.

¿Qué hace Jesús en el desierto?

Ora a su Padre, hace penitencia, experimenta las tentaciones.

Ora Mt 6,5

Tú, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Hace penitencia Mt 6,16

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo
contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

Vence las tentaciones Lc, 4-13

Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan." Jesús le contestó: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan."
Lo llevó después el diablo a un lugar más alto, le mostró en un instante todas las naciones del mundo y le dijo: "Te daré poder sobre estos pueblos, y sus riquezas serán tuyas, porque me las han entregado a mí y yo las doy a quien quiero. Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo."Jesús le replicó: "La Escritura dice: Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás."
A continuación el diablo lo llevó a Jerusalén, y lo puso en la muralla más alta del Templo, diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan; y también: Ellos te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra." Jesús le replicó: "También dice la Escritura: No tentarás al Señor, tu Dios."
Al ver el diablo que había agotado todas las formas de tentación, se alejó de Jesús, a la espera de otra oportunidad.




En nuestro caminar hacia la Pascua

Seguimos sus huellas. Queremos hacer lo que Él hizo.

Oración

Señor,
en este tiempo de Cuaresma, que nos regalas,
enséñanos a
reconocer tu presencia entre nosotros,
agradecer tus dones,
a dominar el egoísmo y el afán de suficiencia,
a repartir nuestros bienes con los necesitados.


Pautas pedagógicas PARA EL CAMINO DE LA CUARESMA

• Leer y compartir la Palabra de Dios con los niños, preguntarles qué es lo que entienden, que lo expresen con sus palabras.

• ¿Cómo llevaremos a la vida lo que la Palabra de Dios nos ha dicho?

• Tener cada noche un momento de oración en familia, leer juntos un SALMO.

• Podemos hacer un "CAMINITO" de Cuaresma en una hoja o en una cartulina, según el modelo que os ofrecemos.

Según la edad de los niños se puede:
- buscar una palabra del Evangelio y copiarla en el cuadro
- hacer un dibujo ilustrando la Palabra de Dios
- los más pequeños, pueden colorear un recuadro con colores cuando se
parecen más a Jesús: ayudo, comparto, perdono, rezo, digo la verdad etc.

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==============================
 
"La Paz De Cristo en el Reino de Cristo"
 
Acción Católica Mexicana Diócesis de Querétaro
http://acm.cjb.net o
http://mx.geocities.com/acm_qromx/
correo: acm_qromx@hotmail.com
 
Jose Luis Aboytes
(
http://groupsp.yahoo.com/groups/reddecatequistas
).

La preparacion y celebracion de las fiestas pascuales.

La preparación y celebración de las fiestas pascuales

Carta circular dada en la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Introducción

1. La renovación de las celebraciones de la solemnidad de Pascua y de toda la Semana Santa, actuada en un primer momento por Pío XII en 1951 y 1955 respectivamente,
fue recibida en general por todas las Iglesias de rito romano con entusiasmo
 1 .

El Concilio Vaticano II a su vez, sobre todo en su Constitución sobre la Liturgia, puso de nuevo repetidamente en relieve, conforme a la Tradición, el misterio
pascual de Cristo, y recordó que de él reciben su fuerza todos los sacramentos y sacramentales
 2 .

2. Del mismo modo que la semana tiene su punto de partida y su momento culminante en el domingo, caracterizado siempre por su índole pascual, así el centro
culminante de todo el año litúrgico resplandece en el santo Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor, que se prepara en el tiempo de Cuaresma
y que se prolonga en la alegría de los cincuenta días sucesivos
 3 .

3. En muchos lugares del mundo cristiano los fieles y sus pastores valoran la importancia de estas celebraciones y participan frecuentemente en ellas con
gran provecho espiritual.

Sin embargo, en algunos países se ha ido atenuando con el pasar del tiempo el entusiasmo y el fervor con que se recibió la instauración de la Vigilia pascual.
En algunas partes se ha llegado a perder la misma noción de "vigilia", hasta el punto de haber reducido su celebración a una mera Misa vespertina en cuanto
al tiempo y el modo como se suele celebrar la Misa del domingo en la tarde del sábado precedente.

En otros lugares no se respetan los horarios convenientes del Triduo santo. Más aún, frecuentemente se colocan en horas más oportunas y cómodas para los
fieles los ejercicios de piedad y las devociones populares; y en consecuencia los fieles participan en ellas más que en los oficios litúrgicos.

Sin duda estas dificultades derivan de la formación todavía insuficiente, tanto del clero como de los fieles sobre el misterio pascual en su realidad de
centro del año litúrgico y de la vida cristiana
 4 .

4. El hecho de que en tantísimas regiones la Semana Santa coincida con el tiempo de vacaciones, así como la mentalidad que de la sociedad actual, añaden
una dificultad más para una participación de los fieles a las celebraciones.

5. Teniendo en cuenta esta realidad, la Congregación para el Culto Divino considera oportuno recordar algunos aspectos doctrinales y pastorales, así como
diversas determinaciones sobre la Semana Santa publicadas en otras ocasiones. Todo lo que, en cambio, se halla en los libros litúrgicos sobre la Cuaresma,
la Semana santa, el Triduo Pascual y el tiempo Pascual, continúan en vigor, a no ser que reciba una nueva interpretación en este documento.

Todas las normas mencionadas son urgidas de nuevo en virtud del presente documento en orden a mejorar la celebración de los misterios de la Redención y
a favorecer la participación más fructuosa de los fieles en las mismas
 5 .

I. El tiempo de Cuaresma

6. "La celebración anual de la cuaresma es un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la Pascua".

"El tiempo de cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos
se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la "elección" y los "escrutinios", como por la catequesis; los fieles, por su
parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales"
 6 .

a) Cuestiones relativas a la iniciación cristiana

7. Toda la iniciación cristiana comporta un carácter eminente pascual en cuanto es la primera participación sacramental en la Muerte y la Resurrección de
Cristo. Por esta razón conviene que la cuaresma obtenga su carácter pleno de tiempo de purificación y de iluminación, especialmente por medio de los escrutinios
y las entregas; la misma Vigilia pascual ha de ser el momento adecuado para celebrar los sacramentos de la iniciación
 7 .

8. Las comunidades que no tienen catecúmenos no dejen, sin embargo, de orar por aquellos que en otros lugares recibirán los sacramentos de la iniciación
cristiana en la próxima Vigilia pascual. Los pastores recuerden a los fieles la importancia que tiene para fomentar su vida espiritual la profesión de
la fe bautismal, que, "terminado el ejercicio de la cuaresma"
 8
son invitados a renovar públicamente en la Vigilia pascual.

9. Durante la Cuaresma hay que organizar la catequesis para aquellos adultos que, bautizados, siendo niños, no la hayan recibido, y que tampoco hayan recibido
aún la Confirmación y la Eucaristía. Al mismo tiempo establézcanse celebraciones penitenciales, que los lleven a recibir el sacramento de la reconciliación
 9 .

10. El tiempo de Cuaresma es también tiempo apropiado para llevar a acabo los ritos penitenciales, a modo de escrutinios para aquellos niños no bautizados
que han llegado a una edad adecuada para la catequesis, y también para aquellos niños, ya bautizados, antes de que se acerquen por primera vez al sacramento
de la Penitencia
 10 .

El obispo tenga sumo interés en promover la formación de los catecúmenos, tanto adultos como niños, y según las circunstancias, presida los ritos prescritos,
con la asidua participación de la comunidad local
 11 .

b) Las celebraciones propias del tiempo de Cuaresma

11. Los domingos de Cuaresma tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan en estos
domingos han de anticiparse al sábado
 12 .
Las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias obligatorias
 13 .

12. Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la catequesis del misterio pascual y de los sacramentos, explicando con mayor profundidad los textos
del leccionario y, de modo especial, las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del Bautismo y de los demás sacramentos, así como la
misericordia de Dios.

13. Los pastores expondrán la Palabra de Dios, más a menudo y con mayor empeño, ya en las homilías de los días de feria, ya en las celebraciones de la Palabra
de Dios, ya en las celebraciones penitenciales
 14 ,
ya en las predicaciones especiales propias de este tiempo, ya en las visitas que hagan a las familias o grupos de familias para su bendición anual. Los
fieles participen frecuentemente a las Misas feriales, y, si no les es posible, se les invitará al menos a leer, en familia o privadamente las lecturas
del día.

14. "El tiempo de Cuaresma conserva su carácter penitencial"
 15 .
"Incúlquese a los fieles por medio de la catequesis la naturaleza propia de la penitencia, que junto con las consecuencias sociales del pecado, detesta
el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"
 16 .

La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: la práctica externa de la penitencia, tanto de los
individuos como de toda la comunidad ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si bien debe acomodarse a las circunstancias y
exigencias de nuestro tiempo, sin embargo no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los hermanos.

No se olvide tampoco de la participación de la Iglesia en la acción penitencial, e insístase en la oración por los pecadores, introduciéndola frecuentemente
en la oración universal
 17 .

15. Recomiéndase a los fieles una participación más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones penitenciales. Exhórteseles,
sobre todo, para que, según la ley y las tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la Penitencia, y puedan así participar
con el alma purificada en los misterios pascuales. Es muy conveniente que el sacramento de la Penitencia se celebre, durante el tiempo de Cuaresma, según
el rito para reconciliar varios penitentes con la confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el Ritual Romano
 18 .

Los pastores estarán más disponibles para el ejercicio del ministerio de la reconciliación, y darán facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia
ampliando los horarios para las confesiones individuales.

16. Todas las diversas manifestaciones de la observancia cuaresmal han de contribuir a mostrar y fomentar la vida de la Iglesia local. Por esta razón se
recomienda que se mantengan y renueven las asambleas de la Iglesia local según el modelo de las antiguas "Estaciones" romanas. Estas asambleas de fieles
pueden ser convocadas, especialmente presididas por el Pastor de diócesis, o junto a los sepulcros de los santos, o en las principales iglesias de la ciudad,
o en los santuarios, o en otros lugares tradicionales de peregrinación que sean más frecuentados en la diócesis
 19 .

17. "En tiempo de Cuaresma queda prohibido adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto"
 20 ,
como corresponde al carácter penitencial de este tiempo.

18. Asimismo desde el comienzo de la Cuaresma hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya en ninguna celebración, incluidas las solemnidades y las fiestas
 21 .

19. Los cantos de las celebraciones, y especialmente de la Misa, así como los de los ejercicios piadosos, han de ser conformes al espíritu de este tiempo
y corresponder lo más posible a los textos litúrgicos.

Foméntense los ejercicios piadosos que responden mejor al carácter del tiempo de Cuaresma, como es el "Via Crucis", y sean imbuidos del espíritu de la liturgia,
de suerte que conduzcan a los fieles a la celebración del misterio pascual de Cristo.

c) Elementos propios para determinados días de la Cuaresma

21. El miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la purificación
del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha mantenido hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, se quiere significar
la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor
se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la Penitencia,
en los días que preceden a la Pascua
 22 .

La bendición e imposición de la ceniza se puede hacer o durante la Misa o fuera de la misma. En este caso se inicia con la liturgia de la Palabra y se concluye
en la oración de los fieles
 23 .

22. El miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y que comporta la abstinencia y el ayuno
 24 .

23. El Domingo I de Cuaresma es el comienzo del venerable sacramento de la observancia cuaresmal anual
 25 .
En la Misa de este día utilícense elementos que subrayen su importancia, por ejemplo la procesión de entrada con el canto de las letanías de los Santos
 26 .
Es conveniente que el Obispo celebre dentro de la Misa del Domingo I de Cuaresma el rito de la elección de los catecúmenos en la iglesia catedral o en
otra iglesia, de acuerdo con las exigencias pastorales
 27 .

24. Las perícopas evangélicas de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro, propias de los domingos III, IV y V de Cuaresma
del año A, dada su importancia en relación con la iniciación cristiana, pueden leerse también en los años B y C, especialmente allí donde hay catecúmenos
 28 .

25. En el IV domingo de Cuaresma ("Laetare"), así como en las solemnidades y fiestas, se permiten los instrumentos musicales y adornar el altar con flores.
En el mencionado domingo se pueden usar ornamentos de color rosado
 29 .

26. La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de las iglesias, a partir del domingo V de Cuaresma, puede conservarse, a juicio de la Conferencia
de los Obispos. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes santo, y las imágenes hasta el comienzo
de la Vigilia Pascual
 30 .

II. La Semana Santa

27. Durante la Semana santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada
mesiánica en Jerusalén.

El tiempo de Cuaresma continúa hasta el jueves. A partir de la Misa vespertina "en la Cena del Señor" comienza el Triduo pascual, que continúa durante el
Viernes de la Pasión del Señor y el Sábado Santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección.

"Las ferias de Semana Santa, desde el lunes hasta el jueves inclusive, tienen preferencia sobre cualquier otra celebración"
 31 .
Conviene que en estos días no se administren los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.

a) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

28. La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio
de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se ha de evidenciar en la celebración en la catequesis del día
 32 .

29. La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando
las aclamaciones y gestos, que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso "Hossana"
 33 .

La procesión sea única y tenga lugar antes de la Misa en la que haya más presencia de fieles; puede hacerse también en las horas de la tarde, ya sea del
sábado ya del domingo. Para ello hágase, en lo posible, la reunión de la asamblea en otra iglesia menor, o en un lugar apto fuera de la iglesia hacia la
cual se dirigirá la procesión.

Los fieles participan en esta procesión llevando en las manos ramos de palma o de otros árboles. Los sacerdotes y los ministros, llevando también ramos,
preceden al pueblo
 34 .

La bendición de ramos o palmas tiene lugar en orden a la procesión que seguirá. Los ramos conservados en casa recuerdan a los fieles la victoria de Cristo,
que se ha celebrado con la procesión.

Los pastores hagan todo lo posible para que la preparación y la celebración de esta procesión en honor de Cristo Rey, pueda tener un fructuoso influjo espiritual
en la vida de los fieles.

30. Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, además de la procesión solemne, que se acaba de describir, el Misal ofrece otras dos posibilidades,
no para fomentar la comodidad y la facilidad, sino en previsión de las dificultades que puedan impedir la organización de una procesión.

La segunda forma de la conmemoración es una entrada solemne, que tiene lugar cuando no puede hacerse la procesión fuera de la iglesia. La tercera forma
es la entrada sencilla, que ha de hacerse en todas las Misas de este domingo en las que no ha tenido lugar la entrada solemne
 35 .

31. Donde no se puede celebrar la Misa es conveniente que se haga una celebración de la Palabra de Dios sobre la entrada mesiánica y la Pasión del Señor,
ya sea el sábado por la tarde, ya el domingo a la hora más oportuna
 36 .

32. Durante la procesión los cantores y el pueblo cantan los cantos indicados en el Misal Romano como son el salmo 23, el salmo 46, y otros cantos apropiados
en honor de Cristo Rey.

33. La historia de la Pasión goza de una especial solemnidad. Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que
sean tres personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya, en su defecto,
por lectores, en cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote.

Para la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al principio el saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, ni
se signa el libro. Tan solo los diáconos piden la bendición al sacerdote
 37 .

Para el bien espiritual de los fieles conviene que se lea por entero la narración de la Pasión, y que no se omitan las lecturas que la preceden.

34. Terminada la lectura de la Pasión no se omita la homilía.

b) Misa crismal

35. La Misa crismal, en la cual el Obispo que concelebra con su presbiterio, consagra el santo Crisma y bendice los demás óleos, es una manifestación de
la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo
 38 .
Para esta Misa ha de convocarse a los presbíteros de las diversas partes de la diócesis para concelebrar con el obispo; y ser testigos y cooperadores en
la consagración del Crisma, del mismo modo que en el ministerio cotidiano son sus colaboradores y consejeros.

Conviene que se invite encarecidamente también a los fieles a participar en esta Misa, y que en ella reciban el sacramento de la eucaristía.

La Misa crismal se celebra, conforme a la tradición, el jueves de la Semana Santa. Sin embargo, si es difícil para el clero y el pueblo reunirse aquel día
con el Obispo, esta celebración puede anticiparse a otro día, pero siempre cercano a la Pascua
 39 .
El nuevo Crisma y el nuevo óleo de los catecúmenos se han de utilizar en la celebración de los sacramentos de la iniciación en la noche pascual.

36. La celebración de la Misa crismal sea única a causa de su significación en la vida de la diócesis, y celébrese en la iglesia catedral o, por razones
pastorales, en otra iglesia especialmente si es más insigne
 40 .

La recepción de los óleos sagrados en las distintas parroquias puede hacerse o antes de la celebración de la Misa vespertina "en la Cena del Señor", o en
otro momento más oportuno. Esto puede ayudar a la formación de los fieles sobre el uso y efecto de los óleos y del Crisma en la vida cristiana.

c) Celebración penitencial de final de la Cuaresma

37. Es muy conveniente que el tiempo de la Cuaresma termine, tanto para cada uno de los fieles como para toda la comunidad cristiana, con alguna celebración
penitencial, que prepare a una más plena participación en el misterio pascual
 41 .

Esta celebración tendrá lugar antes del Triduo Pascual, y no precederá inmediatamente a la Misa vespertina "en la Cena del Señor".

III. Del Triduo Pascual en general

38. La Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención de los hombres desde la Misa vespertina del jueves en la Cena del Señor "hasta las
Vísperas del domingo de Resurrección". Este período de tiempo se denomina justamente el "Triduo del crucificado, sepultado y resucitado"
 42
; se llama también "Triduo pascual" porque en su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este
mundo al Padre. En esta celebración del misterio, por medio de los signos litúrgicos y sacramentales la Iglesia se une en íntima comunión con Cristo, su
Esposo.

39. Es sagrado el ayuno pascual de los dos primeros días del Triduo, en los cuales, según una antigua tradición, la Iglesia ayuna "porque el Esposo ha sido
arrebatado"
 43 .
El Viernes Santo de la Pasión del Señor hay que observar en todas partes la abstinencia, y se recomienda que se observe también durante el Sábado santo,
a fin de que la Iglesia pueda llegar con el espíritu ligero y abierto a la alegría del domingo de Resurrección
 44 .

40. Se encarece vivamente la celebración en común del Oficio de Lectura y Laudes de la mañana del Viernes de la Pasión del Señor y también del Sábado santo.
Conviene que el obispo participe en esta celebración, en la catedral y, en cuanto sea posible, junto con el clero y el pueblo
 45 .

Este Oficio, llamado antiguamente "de tinieblas", conviene que mantenga el lugar que le corresponde en la devoción de los fieles, como meditación y contemplación
de la pasión, muerte y sepultura del Señor, en espera del anuncio de su resurrección.

41. Para la celebración adecuada del Triduo pascual se requiere un número conveniente de ministros y colaboradores, que han de ser instruidos cuidadosamente
acerca de lo que ellos han de hacer. Los pastores no dejen de explicar a los fieles del mejor modo posible el significado y la estructura de las celebraciones,
preparándoles a una participación activa y fructuosa.

42. Tiene una importancia especial en las celebraciones de la Semana Santa y, especialmente durante el Triduo pascual, el canto del pueblo, de los ministros
y del sacerdote celebrante, porque es concorde a la solemnidad de dichos días y también porque los textos adquieren toda su fuerza precisamente cuando
son cantados.

Se invita a las Conferencias de Obispos, en el caso en que no lo hubiesen ya hecho, que tomen las medidas necesarias para dotar de melodías adecuadas a
los textos y aclamaciones que, por su misma naturaleza, reclaman ser cantados. Dichos textos son:

a) la oración universal del Viernes Santo de la Pasión del Señor; la invitación del diácono, si la hace, o la aclamación del pueblo;

b) los cantos durante la ostensión y adoración a la Cruz;

c) las aclamaciones durante la procesión con el cirio pascual y las del pregón pascual, el "Aleluya" responsorial, las letanías de los santos y la aclamación
que sigue a la bendición del agua.

No se omitan con facilidad los textos litúrgicos de los cantos para la participación del pueblo; procúrese que las traducciones de los mismos sean provistas
de melodías adecuadas. Si dichos textos no están todavía disponibles para ser cantados, provisionalmente escójanse textos semejantes. Prepárese un repertorio
propio para estas celebraciones, a ser utilizado únicamente en las mismas. Propónganse especialmente:

a) los cantos para la bendición y procesión de ramos, y para la entrada en la iglesia;

b) los cantos para la procesión con los santos óleos;

c) los cantos para la procesión de preparación de las ofrendas en la Misa "en la Cena del Señor", y el himno para la procesión del traslado del Santísimo
Sacramento a la capilla de la reserva;

d) las respuestas de los salmos responsoriales de la Vigilia pascual y los cantos que acompañan la aspersión del agua.

Prepárense también melodías adecuadas que faciliten el canto de los textos de la Pasión, del pregón pascual y de la bendición del agua bautismal.

En las iglesias importantes utilícese también el abundante tesoro de música sagrada antigua y moderna; téngase en cuenta, sin embargo, la necesidad de una
adecuada participación de los fieles.

43. Es muy conveniente que las comunidades religiosas, clericales o no, así como las comunidades laicales, participen en las celebraciones del Triduo pascual
en las iglesias más importantes
 46 .

Igualmente no se celebren los oficios del Triduo pascual en aquellos lugares donde falte el número suficiente de participantes, ministros y cantores; y
procúrese que los fieles se reúnan para participar en las mismas en una iglesia más importante.

También cuando un único presbiterio es responsable de diversas parroquias, conviene que los fieles de las mismas, en cuanto sea posible, se reúnan en la
iglesia principal para participar en estas celebraciones.

Si un párroco tiene encomendadas dos o más parroquias en las cuales hay una notable participación de fieles y las celebraciones pueden realizarse con la
debida reverencia y solemnidad, para bien de los mismos fieles el párroco puede repetir, teniendo en cuenta lo previsto por la legislación, las celebraciones
del Triduo pascual
 47 .

A fin de que los alumnos de los Seminarios "vivan el misterio pascual de Cristo de manera que sepan después comunicarlo a la comunidad que se les confiará"
 48 ,
deberán adquirir una formación litúrgica competente y completa. Es muy conveniente que, durante los años de su preparación en el seminario adquieran experiencia
de más ricas y completas formas de celebración de las fiestas pascuales, especialmente de aquellas presididas por el obispo
 49 .

IV. La misa vespertina del Jueves Santo en la Cena del Señor

44. "Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella última cena,
en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre
su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en
el sacerdocio también los ofreciesen"
 50 .

45. Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución
del Orden sacerdotal, y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna: son éstos los puntos que conviene recordar en la homilía.

46. La Misa "en la Cena del Señor" celébrese por la tarde, en la hora más oportuna para que participe plenamente toda la comunidad local. En ella pueden
concelebrar todos los presbíteros, aunque hayan ya concelebrado en la Misa crismal, o deban celebrar una misa para bien de los fieles
 51 .

47. Donde verdaderamente lo exija el bien pastoral, el Ordinario del lugar puede permitir la celebración de otra Misa por la tarde en las iglesias u oratorios,
y en caso de verdadera necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo pueden participar en la Misa vespertina. Cuídese
que estas Misas no se celebren para favorecer a personas privadas o a grupos particulares y que no perjudiquen en nada la Misa principal.

Según una antiquísima tradición de la Iglesia en este día están prohibidas todas las Misas sin pueblo
 52 .

48. El sagrario ha de estar completamente vacío al iniciar la celebración
 53 .
Se han de consagrar en esta Misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles
 54 ,
y para que el clero y el pueblo puedan comulgar el día siguiente.

49. Para la reserva del Santísimo Sacramento prepárese una capilla, conveniente adornada, que invite a la oración y a la meditación; se recomienda no perder
de vista la sobriedad y la austeridad que corresponden a la liturgia de estos días, evitando o erradicando cualquier forma de abuso
 55 .

Cuando el sagrario está habitualmente colocado en una capilla separada de la nave central, conviene que se disponga allí el lugar de la reserva y de la
adoración.

50. Mientras se canta el himno "Gloria a Dios", de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el
"Gloria a Dios" de la Vigilia pascual, a no ser que la Conferencia de los Obispos o el Ordinario del lugar, juzguen oportuno establecer otra cosa
 56 .
Durante el mismo período de tiempo, el órgano y cualquier otra música instrumental pueden usarse sólo para mantener el canto
 57 .

51. El lavatorio de los pies, que, según la tradición, se hace en este día a algunos hombres previamente designados, significa el servicio y el amor de
Cristo, que ha venido "no para ser servido, sino para servir"
 58 .
Conviene que esta tradición se mantenga y que se explique según su propio significado.

52. Los donativos para los pobres, especialmente aquellos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto de la penitencia, pueden ser presentados
durante la procesión de las ofrendas, mientras el pueblo canta "Ubi caritas est vera"
 59 .

53. Será muy conveniente que los diáconos, acólitos o ministros extraordinarios lleven la Eucaristía a la casa de los enfermos que lo deseen, tomándola
del altar en el momento de la comunión, indicando de este modo su unión más intensa con la Iglesia que celebra.

54. Terminada la oración después de la comunión, comienza la procesión, precedida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la que se lleva el Santísimo
Sacramento por la iglesia hasta el lugar de la reserva. Mientras tanto, se canta el himno "Pange lingua" u otro canto eucarístico
 60 .
El traslado y la reserva del Santísimo Sacramento no han de hacerse si en esa iglesia no tendrá lugar la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes
Santo
 61 .

55. El Sacramento ha de ser reservado en un sagrario o en una urna. No ha de hacerse nunca una exposición con la custodia u ostensorio.

El sagrario o la urna no han de tener la forma de un sepulcro. Evítese la misma expresión "sepulcro": la capilla de la reserva no se prepara para representar
"la sepultura del Señor", sino para conservar el pan eucarístico destinado a la comunión del Viernes de la Pasión del Señor.

56. Invítese a los fieles a una adoración prolongada en la noche del Santísimo Sacramento en la reserva solemne, después de la Misa "en la Cena del Señor".
En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio de San Juan (cap. 13-17).

Pasada la media noche la adoración debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor
 62 .

57. Terminada la Misa se despoja el altar en el cual se ha celebrado. Conviene que las cruces que haya en la iglesia se cubran con un velo de color rojo
o morado, a no ser que ya hayan sido cubiertas el sábado antes del V domingo de Cuaresma. No se encenderán velas o lámparas ante las imágenes de los santos.

V. Viernes Santo de la Pasión del Señor

58. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo"
 63 ,
la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede
por la salvación de todo el mundo.

59. La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía; la sagrada Comunión se distribuye a los fieles solamente durante
la celebración de la Pasión del Señor; sin embargo, los enfermos que no pueden participar a dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día
 64 .

60. El Viernes de la Pasión del Señor es un día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia por medio de la abstinencia y el ayuno
 65 .

61. Está prohibido celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Penitencia y de la Unción de los enfermos
 66 .
Las exequias han de celebrarse sin canto, sin órgano y sin tocar las campanas.

62. Se recomienda que en este día, se celebre en las iglesias el Oficio de lectura y las Laudes, con participación de los fieles (cf. n. 40).

63. La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres (h. 15). Por razones pastorales puede elegirse otra
hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente: por ejemplo desde el mediodía hasta el atardecer, pero nunca después de las nueve
de la noche (h. 21)
 67 .

64. El orden de la acción litúrgica de la Pasión del Señor (liturgia de la Palabra, adoración de la Cruz, y sagrada Comunión), que proviene de la antigua
tradición de la Iglesia, ha de ser conservado con toda fidelidad, sin que nadie pueda arrogarse el derecho de introducir cambios.

65. El sacerdote y los ministros se dirigen en silencio al altar sin canto alguno. Si hay que decir algunas palabras de introducción, debe hacerse antes
de la entrada de los ministros.

El sacerdote y los ministros, hecha la debida reverencia al altar, se postran rostro en tierra; esta postración, que es un rito propio de este día, se ha
de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación "del hombre terreno"
 68 ,
cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia.

Los fieles durante el ingreso de los ministros están de pie, y después se arrodillan y oran en silencio.

66. Las lecturas han de ser leídas por entero. El salmo responsorial y el canto que precede el Evangelio, cántense como de costumbre. La historia de la
Pasión del Señor según San Juan se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el domingo anterior (cf. n. 33). Después de la lectura de la Pasión
hágase la homilía y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a que permanezcan en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo
 69 .

67. La oración universal ha de hacerse según el texto y la forma establecida por la tradición, con toda la amplitud de las intenciones, que expresan el
valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo. En una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede
permitir o mandar que se añada alguna intención especial
 70 .
De entre las oraciones que se proponen en el Misal, el sacerdote puede escoger aquellas que se acomoden mejor a las condiciones del lugar, pero de tal
modo que se mantenga el orden de las intenciones que se propone para la oración universal
 71 .

68. En la ostensión de la Cruz úsese una cruz suficiente grande y bella. De las dos formas que se proponen en el Misal para mostrar la Cruz, elíjase la
que se juzgue más apropiada. Este rito ha de hacerse con un esplendor digno de la gloria del misterio de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar
la Cruz como la respuesta del pueblo hágase con canto, y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una de las postraciones, mientras el sacerdote
celebrante, permaneciendo de pie, muestra elevada la Cruz.

69. Cada uno de los presentes del clero y del pueblo se acercará a la Cruz para adorarla; dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento muy importante
de esta celebración, y únicamente en el caso de una extraordinaria presencia de fieles, se utilizará el modo de la adoración hecha por todos a la vez
 72 .

Úsese una única cruz para la adoración tal como lo requiere la verdad del signo. Durante la adoración de la Cruz cántense las antífonas, los "improperios"
y el himno, que evocan con lirismo la historia de la salvación
 73 ,
o bien otros cantos adecuados (cf. n.42).

70. El sacerdote canta la invitación al "Padre nuestro", que es cantado por toda la asamblea. No se da el signo de paz. La comunión se desarrolla tal como
está descrito en el Misal.

Durante la comunión se puede cantar el salmo 21, u otro canto apropiado. Terminada la distribución de la comunión, el píxide o copón se lleva a un lugar
preparado de la iglesia.

71. Terminada la celebración se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros. Dispóngase en la iglesia un lugar adecuado (por ejemplo la capilla
donde se colocó la reserva de la eucaristía el Jueves Santo), para colocar allí la Cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla, besarla y permanecer
en oración y meditación.

72. Los ejercicios de piedad, como son el "Via Crucis", las procesiones de la Pasión y el recuerdo de los dolores de la Santísima Virgen María en modo alguno
pueden ser descuidados, dada su importancia pastoral. Los textos y los cantos utilizados, en los mismos han de responder al espíritu de la liturgia del
día. Los horarios de estos ejercicios piadosos han de regularse con el horario de la celebración litúrgica de tal manera que aparezca claro que la acción
litúrgica por su misma naturaleza está por encima de los ejercicios piadosos
 74 .

VI. El Sábado Santo

73. Durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos
 75
y esperando en la oración y el ayuno su resurrección. Se recomienda con insistencia la celebración del Oficio de Lectura y de las Laudes con participación
del pueblo (cf. n. 40)
 76 .
Cuando esto no sea posible, prepárese una celebración de la Palabra o un ejercicio piadoso que corresponda al misterio de este día.

74. Pueden ser expuestas en la iglesia a la veneración de los fieles la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los infiernos,
ya que ilustran el misterio del Sábado santo, así como la imagen de la Santísima Virgen de los Dolores de los fieles.

75. Hoy la Iglesia se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa
 77 .
La sagrada Comunión puede darse solamente como viático. No se conceda celebrar el matrimonio, ni administrar otros sacramentos, fuera de la Penitencia
y la Unción de los enfermos.

76. Los fieles han de ser instruidos sobre la naturaleza peculiar del Sábado santo
 78 .
Los usos y tradiciones festivos vinculados con este día a causa de la antigua anticipación de la Vigilia al Sábado santo deben desplazarse a la noche y
al día de Pascua.

VII. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
a) Vigilia pascual en la noche santa

77. Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor
 79 ,
y la vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como "la madre de todas las santas
vigilias"
 80 .
Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana
 81 .

a) Significado del carácter nocturno de la Vigilia pascual

78. "Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece
antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo"
 82 .
Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que, poco a poco se haya introducido y que suponga la celebración
de la Vigilia pascual a la hora en la cual, habitualmente, se celebran las Misas vespertinas antes de los domingos, ha de ser reprobado
 83 .

Las razones presentadas a veces para justificar la anticipación de la Vigilia pascual, por ejemplo la inseguridad pública, no se tienen en cuenta en el
caso de la noche de Navidad o de reuniones de otro género.

79. La Vigilia pascual nocturna durante la cual los hebreos esperaron el tránsito del Señor, que debía liberarlos de la esclavitud del faraón, fue desde
entonces celebrada cada año por ellos como un "memorial"; esta vigilia era figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación,
en la cual "rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo"
 84 .

80. Ya desde su comienzo la Iglesia ha celebrado con una solemne vigilia nocturna la Pascua anual, solemnidad de las solemnidades. Precisamente la resurrección
de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y por medio del Bautismo y de la Confirmación somos injertados en el misterio pascual
de Cristo, morimos con Él, somos sepultados con Él y resucitamos con Él, para reinar con Él para siempre
 85 .

Esta Vigilia es también espera de la segunda venida del Señor
 86 .

b) La estructura de la vigilia pascual y la importancia de sus diversos elementos y partes

81. La Vigilia pascual tiene la siguiente estructura: Después del lucernario y del pregón pascual (que forma la primera parte de la vigilia), la santa Iglesia
contempla las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo desde los comienzos (parte segunda o liturgia de la Palabra), hasta que, junto a los nuevos
miembros renacidos por el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo, memorial de su muerte y resurrección,
en espera de su nueva venida (parte cuarta)
 87 .

Nadie está autorizado a cambiar a su arbitrio esta estructura del rito.

82. La primera parte consiste en una serie de acciones y gestos simbólicos que conviene realizar con tal dignidad y expresividad que su significado propio
sugerido por las moniciones y las oraciones, pueda ser realmente percibido por los fieles. En el lugar adecuado y fuera de la iglesia, en cuanto sea posible,
se preparará la hoguera destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche.

Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nueva cada año, único, relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda
evocar realmente que Cristo es la luz del mundo. La bendición del cirio se hará con los signos y las palabras propuestas por el Misal o con otras, aprobadas
por la Conferencia de Obispos
 88 .

83. La procesión en la que el pueblo entra a la iglesia se ilumina únicamente por la llama del cirio pascual. Del mismo modo que los hijos de Israel durante
la noche eran guiados por una columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado. Nada impide que a las respuestas "Demos gracias a Dios"
se añada a alguna aclamación dirigida a Cristo.

La llama del cirio pascual pasará poco a poco a las velas que los fieles tienen en sus manos, permaneciendo aún apagadas las lámparas eléctricas.

84. El diácono proclama el pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación. Si fuese
necesario, o por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, puede ser proclamado por un cantor. Las Conferencias de los Obispos
pueden adaptar convenientemente este pregón introduciendo en él algunas aclamaciones de la asamblea
 89 .

85. Las lecturas de la Sagrada Escritura constituyen la segunda parte de la Vigilia. Describen momentos culminantes de la historia de la salvación, cuya
plácida meditación se facilita a los fieles con el canto del salmo responsorial, el silencio y la oración del sacerdote celebrante.

La estructura restaurada de la Vigilia presenta siete lecturas del Antiguo Testamento entresacadas de los libros de la Ley y de los Profetas, ya utilizadas
frecuentemente en las antiguas tradiciones litúrgicas de Oriente y Occidente, y dos del Nuevo Testamento, es decir la lectura del Apóstol y del Evangelio.
De esta manera, la Iglesia "comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas"
 90 ,
interpreta el misterio pascual de Cristo. Por lo tanto, en la medida en que sea posible, léanse todas las lecturas indicadas para conservar intacta la
índole propia de la Vigilia pascual que exige una cierta duración.

Sin embargo, si las circunstancias pastorales aconsejan que se reduzcan aún el número de las lecturas, léanse al menos tres lecturas del Antiguo Testamento,
de manera que estén representadas la Ley y los Profetas; nunca se puede omitir la lectura del capítulo 14 del Éxodo, con su cántico
 91 .

86. El significado tipológico de los textos del Antiguo Testamento tiene sus raíces en el Nuevo y aparece sobre todo en las oraciones que el sacerdote celebrante
pronuncia después de cada lectura; podrá también ser útil para llamar la atención hacia este significado una breve monición hecha antes de la lectura.
Estas moniciones puede hacerlas el mismo sacerdote o el diácono. Las Comisiones nacionales o diocesanas de Liturgia procurarán material apto que pueda
servir de ayuda a los pastores.

Después de cada lectura se canta el salmo con la respuesta del pueblo.

En la repetición de estos diversos elementos manténgase el ritmo adecuado para facilitar la participación y devoción de los fieles
 92 .
Evítese con todo cuidado que los salmos responsoriales sean sustituidos por cancioncillas populares.

87. Terminada la lectura del Antiguo Testamento, se canta el himno "Gloria a Dios", se hacen sonar las campanas según las costumbres de cada lugar, se dice
la oración colecta y de este modo se pasa a las lecturas del Nuevo Testamento. Se lee la exhortación del Apóstol sobre el Bautismo entendido como inserción
en el misterio pascual de Cristo.

Después, todos se levantan y el sacerdote entona por tres veces el "Aleluya", elevando gradualmente la voz, y repitiéndolo la asamblea
 93 .
Si fuese necesario, el salmista o cantor entona el "Aleluya", que el pueblo prosigue intercalando la aclamación entre los versículos del salmo 117, tan
a menudo citado por los apóstoles en la predicación pascual
 94 .
Sigue el anuncio de la Resurrección del Señor con la lectura del Evangelio, culmen de toda la liturgia de la Palabra. Terminada la proclamación del Evangelio
no se omita a la homilía, aunque sea breve.

88. La liturgia bautismal es la tercera parte de la Vigilia. La pascua de Cristo y nuestra se celebra ahora en el sacramento. Esto se manifiesta más plenamente
en aquellas Iglesias que poseen la fuente bautismal, y más aún cuando tiene lugar la iniciación cristiana de adultos, o al menos el bautismo de niños
 95 .
Aun en el caso en que no haya bautizos en las iglesias parroquiales se hace la bendición del agua bautismal. Si esta bendición no se hace en la fuente
bautismal sino en el presbiterio, el agua bautismal debe ser trasladada después al baptisterio, donde será conservada durante todo el tiempo pascual
 96 .
Donde no haya bautizos ni se deba bendecir el agua bautismal, hágase la bendición del agua para la aspersión de la asamblea, a fin de recordar el bautismo
 97 .

89. A continuación tiene lugar la renovación de promesas bautismales introducidas por la monición que hace el sacerdote celebrante. Los fieles, de pie y
con las velas encendidas en sus manos responden a las interrogaciones. Después tiene lugar la aspersión: de esta manera los gestos y las palabras que los
acompañan recuerdan a los fieles el bautismo que, un día, recibieron. El sacerdote celebrante hace la aspersión pasando por toda la nave de la iglesia,
mientras la asamblea canta la antífona "Vidi aquam" u otro canto de índole bautismal
 98 .

90. La celebración de la eucaristía es la cuarta parte de la Vigilia, y su punto culminante, porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del
sacrificio de la cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y pregustación de la pascua eterna.

91. Hay que poner mucho cuidado para que la liturgia eucarística no se haga con prisa; es muy conveniente que todos los ritos y las palabras que los acompañan
alcancen toda su fuerza expresiva: la oración universal, en la que los neófitos participan por primera vez como fieles, ejercitando su sacerdocio real
 99
; la procesión de las ofrendas, en las que convienen que participen los neófitos, si los hay; la plegaria eucarística primera, segunda, tercera, a ser posible
cantada, con sus embolismos propios
 100
; la comunión eucarística que es el momento de la plena participación en el misterio que se celebra. Durante la comunión es oportuno cantar el salmo 117,
con la antífona "Aleluya, aleluya, aleluya", u otro canto que represente la alegría de la Pascua.

92. Es muy conveniente que en la comunión de la Vigilia pascual se alcance la plenitud del signo eucarístico, es decir, que se administre el sacramento
bajo las especies del pan y del vino. Los Ordinarios del lugar juzguen sobre la oportunidad de una tal concesión y de sus modalidades
 101 .

c) Algunas indicaciones de carácter pastoral

93. Cuídese de tal modo la liturgia de la Vigilia pascual que se pueda hacer llegar al pueblo cristiano las riquezas que contienen las plegarias y los ritos;
es necesario que se respete la verdad de los signos, se favorezca la participación de los fieles, y que no falten ministros, lectores y cantores para el
buen desarrollo de la celebración.

94. Es de desear que, según las circunstancias, se plantee la posibilidad de reunir en una misma iglesia distintas comunidades cuando, por razón de la cercanía
de las iglesias, o del reducido número de participantes, no es posible asegurar para cada una separadamente una celebración plena y festiva.

Hay que favorecer el hecho que los grupos particulares tomen parte en la celebración común de la Vigilia pascual de suerte que todos los fieles, formando
una única asamblea, puedan experimentar más profundamente el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial.

Los fieles que, por razón de las vacaciones no pueden participar en la liturgia de la propia parroquia, han de ser invitados a unirse a la celebración en
el lugar donde se encuentran.

95. En el modo de anunciar la celebración de la Vigilia pascual, evítese presentarla como el último acto del "Sábado Santo". Dígase, más bien, que la Vigilia
pascual se celebra "en la noche de la Pascua", y precisamente como una celebración unitaria. Se recomienda encarecidamente a los pastores que en la formación
de los fieles insistan en la conveniencia de participar en toda la Vigilia pascual
 102 .

96. Para poder celebrar la Vigilia pascual con el máximo provecho, conviene que los mismos pastores hagan lo posible para comprender mejor tanto los textos
como los ritos, a fin de poder dar una mistagogia que sea auténtica.

B) El Día de Pascua

97. La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la misma solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua
bendecida durante la celebración de la Vigilia; durante la aspersión se puede cantar la antífona "Vidi aquam", u otro canto de índole bautismal. Con la
misma agua bendecida conviene llenar los recipientes (pilas) que se hallan a la entrada de la iglesia.

98. Consérvese, donde aún está en vigor, o restáurese en la medida que sea posible, la tradición de celebrar las Vísperas bautismales del día de Pascua,
durante las cuales se hace una procesión al baptisterio
 103 .

99. El cirio pascual, que tiene su lugar junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad
de este tiempo, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas hasta el domingo de Pentecostés. Después, ha de trasladarse al baptisterio y mantenerlo con
todo honor para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que
la muerte del cristiano es su propia Pascua.

El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio
 104 .

VIII. El tiempo pascual

100. La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés
se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el "gran domingo"
 105 .

101. Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados como "domingos de pascua" y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier
solemnidad. Las solemnidades que coincidan con estos domingos, han de anticiparse el sábado precedente
 106 .
Las celebraciones en honor de las Santísima Virgen o de los santos, que caen entre semana, no pueden ser trasladadas a estos domingos
 107 .

102. Para aquellos adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de "mistagogia".
Donde haya neófitos obsérvese cuanto prescribe el Rito de iniciación cristiana de adultos, nn: 37-40 y 235-239. En todas partes, además, durante la octava
de Pascua hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el bautismo en la Vigilia pascual.

103. Los neófitos tengan reservado un lugar especial entre los fieles durante todo el tiempo pascual, en las Misas dominicales. Los neófitos procuren participar
en las Misas junto con sus padrinos. En la homilía y, en cuanto sea posible, en la plegaria universal o de los fieles, hágase mención de ellos. Organícese
una celebración especial según las costumbres de la propia región, en las cercanías de Pentecostés, para terminar el tiempo de la mistagogia
 108 .
Es muy conveniente que los niños reciban su primera comunión en estos domingos pascuales.

104. Los pastores han de recordar y explicar a los fieles durante el tiempo pascual el sentido del precepto de la Iglesia de recibir la Eucaristía en este
tiempo a los cristianos que ya han hecho la primera comunión
 109 .
Se encarece que durante este tiempo, y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.

105. En aquellos lugares donde es costumbre bendecir las casas con motivos de las fiestas pascuales, el párroco, o en su defecto otros presbíteros o diáconos
delegados por él, cuidarán de hacerlo, aprovechando esta ocasión para ejercer sus funciones pastorales
 110 .
El párroco acuda a las casas para hacer visita pastoral a cada familia, mantener un coloquio con sus miembros, y celebrar con ellos un momento de oración,
usando los textos de Bendicional
 111 .
En las grandes ciudades véase la posibilidad de reunir varias familias a la vez, para celebrar en común la bendición.

106. Según la diversidad de países y culturas, existen muchas costumbres populares vinculadas con las celebraciones del tiempo pascual que quizá suscitan
una mayor participación popular que las mismas celebraciones litúrgicas. Tales costumbres no han de ser despreciadas, dado que a menudo expresan bien
la mentalidad religiosa de los fieles. Las Conferencias de los Obispos y los Ordinarios del lugar preocúpense para que estas costumbres, que pueden favorecer
la piedad, puedan ser ordenadas del mejor modo posible con la liturgia, se llenen profundamente de su espíritu y guíen al Pueblo de Dios hacia la misma
 112 .

107. El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramados sobre los
apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones
 113 .

Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más
bien de oración intensa según el ejemplo de los apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimemente en la plegaria juntos con María, la Madre de Jesús,
esperando el don del Espíritu Santo
 114 .

108. "Es propio de la fiesta pascual que toda la Iglesia se alegre por el perdón de los pecados que ha tenido lugar no sólo en aquellos que han renacido
por medio del Santo Bautismo, sino también en aquellos que desde hace tiempo son contados entre el número de los hijos adoptivos de Dios"
 115 .
Mediante una actividad pastoral más intensa, un esfuerzo de profundización espiritual por parte de cada uno y con la gracia de Dios, cuantos participen
en las fiestas pascuales, podrán conservar en su vida y sus costumbres la realidad de la Pascua
 116 .

16 de enero de 1988.

+ Pablo Agustín, Cardenal Mayer.
Prefecto.

+ Virgilio Noe, Arzobispo
Titular de Voncaria.
Secretario.

--------------------------------------------------------------------------------

1

Cf. S. Cong. de Ritos, Decreto Dominicae Resurrectionis (9 febrero 1951) AAS 43 (1951) 128-137; SCR, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre
1955) AAS 47 (1955) 838-847.

2

Cf. Concilio Vat. II, Constitución sobre Liturgia Sacrosanctum Concilium, nn. 5, 6, 61.

3

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 18.

4

Cf. Conc. Vat. II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia, Christus Dominus, n. 15.

5

Cf. S. Congr. de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 nov. 1955) AAS 47 (1955) 838-847.

6

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 429.

7

Cf. Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, n. 8; Código de Derecho Canónico, can. 856.

8

Misal Romano, Vigilia pascual, n. 46.

9

Cf. Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, cap. IV, sobre todo n. 303.

10

Cf. Ibidem nn. 330-333.

11

Cf. Caeremoniale episcoporum, nn. 250, 406-407; Cf. Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, n.41.

12

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 5. Cf. Ibidem n. 56f, et Notitiae, 23 (1987) 397.

13

Ibidem. n. 16,b.

14

Misal Romano, Ordenación general, n. 42; Cf. Ritual de la Penitencia, nn. 36-37.

15

Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini. II, 1 AAS 58 (1966) 183.

16

Caeremoniale episcoporum, n. 251.

17

Cf. Ibidem, n. 251; Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 109.

18

Caeremoniale episcoporum, n. 251.

19

Cf. Ibidem, n. 260.

20

Ibidem, n.252.

21

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n.28.

22

Cf. Caeremoniale episcoporum, n.253.

23

Misal Romano, Miércoles de Ceniza.

24

Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini. II, 1 AAS 58 (1966) 138. Código de Derecho Canónico, can. 1251.

25

Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, oración colecta y sobre ofrendas.

26

Cf. Caeremoniale epicoporum, n.261.

27

Cf. Ibidem. nn. 408-410.

28

Misal Romano, Ordo Lectionum Missae, segunda edición 198, Praenotanda, n. 97.

29

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 253.

30

Cf. Misal Romano, rúbrica del sábado de la semana IV de Cuaresma.

31

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 16, a.

32

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 263.

33

Cf. Misal Romano, Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, n. 9.

34

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 270.

35

Cf. Misal Romano, Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, n. 16.

36

Cf. Ibidem. n.19.

37

Cf. Ibidem. n. 22. Para la misa que el obispo preside, cf. Caeremoniale episcoporum, n. 74.

38

Conc. Vat. II, Decreto sobre la vida y el ministerio de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, n. 7.

39

Caeremoniale episcoporum, n. 275.

40

Cf. Ibidem. 276.

41

Cf. Ritual de la Penitencia, Apéndice II, nn. 1-7

42

Cf. S. Congr. de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (6 de noviembre 1955) AAS 47 (1955) 858. S. Agustín, Ep. 55, 24, Pl, 35, 215.

43

Cf. Mc 2, 19-20; Tertuliano, De ieiunio 2 et 13, Corpus christianorum II, p. 1271.

44

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 295; Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 110.

45

Cf. Ibidem, n. 296; Ordenación general de la Liturgia de las Horas, n. 210.

46

Cf. S. Congr. De Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, (25 de mayo 1967) n.26. AAS 59 (1967) 558. N.B. En los monasterios de monjas la celebración
del Triduo pascual se hará con la máxima solemnidad posible en la iglesia del monasterio.

47

S. Congregación de Ritos, Ordenaciones y declaraciones acerca el nuevo Ordo sobre la Semana santa, (1 febrero 1957) n.21; AAS 49 (1957) 91-95.

48

Conc. Vat. II, Decreto sobre la formación sacerdotal, Optatam totius, n. 8.

49

Cf. S. Congregación para la educación católica, Instrucción sobre la formación litúrgica en los seminarios, (17 mayo 1979) nn.15, 33.

50

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 297.

51

Cf. Misal Romano, Misa vespertina de la Cena del Señor.

52

Cf. Ibidem.

53

Cf. Ibidem, n.1.

54

Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 55; S. Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, (25
mayo 1967) n. 31. AAS 59 (1967) 557-558.

55

S. Congregación de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre 1955) n. 9, AAS 47 (1955) 895.

56

Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor.

57

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 300.

58

Mt 20, 28.

59

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 303.

60

Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor, nn. 15-16.

61

Cf. S. Congregación de Ritos, Declaración del 15 marzo 1956, n. 3, AAS 48 (1956) 153; S. Congregación de Ritos, Ordenaciones y declaraciones acerca del
nuevo Ordo de la Semana Santa, (1 febrero 1957) n. 14; AAS 47 (1975) 93.

62

Cf. Misal Romano, Misa vespertina en la Cena del Señor, n. 21; S. Congregación de Ritos, Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre 1955) nn. 8-10
AAS 47 (1955) 845.

63

1Cor 5, 7.

64

Cf. Misal Romano, Viernes santo de la Pasión del Señor, nn. 1, 3.

65

Paulo VI, Const. Apost. Paenitemini, II, 2; AAS 58 (1966) 183; Código de Derecho Canónico, can. 1251.

66

Cf. Misal Romano, Viernes santo de la Pasión del Señor, n. 1. Congregación para el Culto Divino, Declaración Ad Missale Romanum, in Notitiae 13 (1977) 602.


67

Cf. Ibidem, n. 3; S. Congregación de Ritos, Ordenaciones y declaraciones acerca el nuevo Ordo de la Semana Santa, (1 febrero1957) n. 15; AAS 49 (1957) 94.


68

Cf. Ibidem, n. 5 segunda oración.

69

Cf. Ibidem, n. 9; Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 319.

70

Cf. Ibidem, n. 12.

71

Cf. Misal Romano, Ordenación general, n. 46.

72

Cf. Misal Romano, Viernes santo de la Pasión del Señor, n. 19.

73

Cf. Miq. 6, 3-4.

74

Cf. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 13.

75

Cf. Misal Romano, Sábado santo; Símbolo de los Apóstoles; 1Pe 3, 19.

76

Cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, n. 210.

77

Misal Romano, Sábado santo.

78

S. Congregación de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 de noviembre 1955) n. 2, AAS 47 (1955) 843.

79

Cf. Ex 12, 42.

80

San Agustín, Sermón 219, PL 38, 1088.

81

Caeremoniale episcoporum, n. 333.

82

Cf. Ibidem, n. 333; Misal Romano, Vigilia pascual, n. 3.

83

S. Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, (25 mayo 1967) n. 28. AAS 59 (1967) 556-557.

84

Misal Romano, Vigilia pascual, n. 19, pregón pascual.

85

Cf. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n.6; Cf. Rom 6, 3-6; Ef 2, 5-6; Col 2, 12-13; 2Tim 2, 11-12.

86

"Esta noche la pasamos en vigilia porque el Señor ha resucitado y ha dado comienzo en su propia carne a aquella vida que no conoce ni muerte ni sueño; de
tal manera ha resucitado que ya no puede volver a morir ni tiene ya la muerte algún dominio sobre él...Por lo tanto, Aquel a quien cantamos resucitado
mientras celebramos la vigilia, hará que vivamos reinando con él para siempre". S. Agustín, Sermón Guelferbytano, n. 5, 4, PLS 2, 552.

87

Misal Romano, Vigilia pascual, n. 7.

88

Cf. Ibidem, nn. 10-12.

89

Cf. Ibidem, n. 17.

90

Lc 24, 27; Vf. Lc 24, 44-45.

91

Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 21.

92

Cf. Ibidem, n. 23.

93

Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 352.

94

Cf. Hch 4, 11-12; Mt 21, 42; Mc 12, 10; Lc 20, 17.

95

Cf. Ritual Romano, Ritual de Bautismo de niños, n. 6.

96

Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 48.

97

Cf. Ibidem, n. 45.

98

Cf. Ibidem, n. 47.

99

Cf. Ibidem, n. 49; Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, n. 36.

100

Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 53; Ibidem, Misas rituales, 3. En la administración del bautismo.

101

Cf. Misal Romano, Ordenación general del Misal Romano, nn. 240-242.

102

Cf. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 56.

103

Cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, n. 213.

104

Cf. Misal Romano, Domingo de Pentecostés, rúbrica final; Ritual Romano, Ritual de bautismo de niños, Sobre la iniciación cristiana, Ordenación general,
n. 25.

105

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 22.

106

Cf. Ibidem, nn. 5. 23.

107

Cf. Ibidem, n. 58.

108

Cf. Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, nn. 235-237. Cf. Ibidem, nn. 238-239.

109

Cf. Código de Derecho Canónico, can 920.

110

S. Congregación de Ritos, Decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria (16 noviembre 1955) n. 24, AAS 47 (1955) 847.

111

Bendicional, cap. I, II, Bendición anual de las familias en su propias casas.

112

Cf. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n.13. Cf. Congregación para el Culto Divino, Orientamenti e proposte per
la celebrazione dell'anno mariano (3 abril 1987) nn. 3, 51-56.

113

Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 23.

114

Las primeras vísperas de la solemnidad pueden unirse con la Misa, según el modo previsto en la Ordenación general de la Liturgia de las Horas, n. 96. Para
que aparezca con más nitidez el misterio de este día, pueden leerse diversas lecturas de la Sagrada Escritura, de entre las que propone el leccionario,
como facultativas, para esta Misa. En este caso, el lector lee en el ambón la primera lectura. Después el salmista o el cantor proclama el salmo, repitiendo
la asamblea la respuesta o estribillo. Seguidamente, poniéndose todos de pie, el sacerdote dice: Oremos. Después de un breve espacio de oración silenciosa,
dice la oración colecta conveniente (por ejemplo, una de las colectas de las ferias de la séptima semana de Pascua).

115

S. León Magno, Sermón 6 de Cuaresma, 1-2, PL 54, 285.

116

Cf. Misal Romano, Sábado después del domingo VII de Pascua, oración colecta.
(
http://www.multimedios.org
).

¿Que es la Cuaresma?

Autor: P. Antonio Rivero, L.C catholic.net
¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia
 
El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!

Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con toda la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.

Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.

Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.

Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.

Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando...y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.

Si fueramos... la Cuaresma seria...

SI FUÉRAMOS... LA CUARESMA SERÍA...



-Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.
-Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas.
-Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.
-Si fuéramos baterías (acumuladores), la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.
Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas:
-Somos personas que, quizá, muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. De aquí la necesidad de hacer una buena confesión.
-Somos personas que muchas veces nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y que, por lo tanto, necesitamos empezar a pensar en los demás. De aquí la necesidad de la limosna.
-Somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios.
Necesitamos, pues, recobrar la vista. De aquí la necesidad de la oración.
(
http://www.webcatolicodejavier.org
).

Decalogo cuaresmal. Meditacion para las mujeres.

Autor: Pedro Castañera, L.C. | Fuente: Catholic.net
Decálogo Cuaresmal
El tiempo de Cuaresma es un momento de especial preparación interior este decálogo cuaresmal que puede ser una buena guía para cumplir con este propósito
 
Decálogo Cuaresmal

1.    Romperás de una vez por todas con lo que tú bien sabes que Dios no quiere, aunque te agrade mucho, aunque te cueste “horrores” dejarlo. Lo arrancarás
sin compasión como un cáncer que te está matando. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? (Mc 8, 36)

2.    Compartirás tu pan con el hambriento, tus ropas con el desnudo, tus palabras con el que vive en soledad, tu tiempo y consuelo con el que sufre en el
cuerpo o en el alma, tu sonrisa con el triste, tu caridad con TODOS. Examinarás esto con cuidado cada noche. "En verdad os digo que cuanto hicisteis a
unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." (Mt 25, 40)

3.    Dedicarás un buen tiempo todos los días para estar a solas con Dios, para hablar con Él de corazón a Corazón. Será un tiempo de agradecer, de pedir
perdón, de alabarle y adorarle, de suplicar por la salvación de TODOS. Este tiempo no es negociable. “Sucedió que por aquellos días se fue él al monte
a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.” (Lc 6, 12)

4.    Confiarás en Dios a pesar de tus pecados y miserias. Creerás que Dios es más fuerte que todo el mal del mundo. No permitirás que ni dolor, ni pesar
alguno, ni “tu negra suerte”, ni las injusticias y traiciones sufridas te hagan dudar ni por un momento del amor infinito que Dios te tiene. Él ha muerto
en cruz para salvarte de tus pecados. “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.”
(Sal 23, 4)

5.    Mirarás sólo a Dios y a tus hermanos. Mirarte tanto te hace daño, porque te envaneces viendo los dones que nos son tuyos o te desalientas viendo sin
humildad tus miserias. Mira a Jesús y habrá paz en tu corazón. Mira las necesidades de tus hermanos y ya no tendrás tiempo de pensar en ti; te harás más
humana, más cristiana. “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad
a las cosas de arriba, no a las de la tierra.” (Col 3, 1-2)

6.    Ayunarás de palabras vanas: serás benedicente. Ayunarás de malos pensamientos: serás pura de corazón. Ayunarás de acciones egoístas: serás una mujer
para los demás. Ayunarás de toda hipocresía: serás veraz. Ayunarás de lo superfluo: serás pobre de espíritu. “¿No será más bien este otro el ayuno que
yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?” (Is 58, 6)

7.    Perdonarás una y mil veces a quien te ha herido, con causa o sin ella, justa o injustamente, esté arrepentido o no. Un perdón que no será sólo tolerar
o soportar sino que ha de brotar del amor sincero y sobrenatural. Los perdonarás uno por uno, primero en tu corazón y luego, si te es posible, también
con tus palabras. No permitirás que el rencor ni el resentimiento envenenen tu corazón. “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34)

8.    Ofrecerás sacrificios agradables al Señor. Los harás en silencio, sin que nadie se dé cuenta. Buscarás con ello reparar por tus pecados y los de TODOS
los hombres. Querrás con ello desprenderte de las cosas materiales, que tanto te agradan, para poder hacerte más libre y ser una mujer para Dios. Pero
sobre todo ejercerás el sacrificio de vivir con perfección la caridad en todo momento con TODOS tus hermanos. “No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros
mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.” (Heb 13, 16)

9.    Amarás la humildad y procurarás vivirla de la siguiente manera: reconocerás tus pecados; considerarás a los demás mejores que tú; agradecerás las humillaciones
sin dejarte arrastrar por el amor propio; no buscarás los honores, ni los puestos, ni el poder, ni la fama, que todo eso es de Dios; te harás servidora
de todos. “el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos”.
(Mc 10, 43-44)

10.    Anunciarás a los hombres la verdad del Evangelio. Les dirás sin temor que Dios los ama, que se ha hecho hombre por ellos y ha muerto en la cruz para
salvarlos. Les mostrarás que sólo Él los puede hacer plenamente felices. Les harás ver que la vida que tiene su origen en Dios, es muy corta, se pasa rápido
y que Dios es su destino final; vivir por Dios, con Dios y en Dios es lo sensato y seguro. “Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva
a toda la creación» “ (Mc 16, 15)

La diferencia entre el ayuno en el cristianismo y en otras religiones.

La diferencia entre el ayuno en el cristianismo y en otras religiones

El cardenal Cordes presenta el mensaje del Papa para esta Cuaresma

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 febrero 2009 (ZENIT.org).- El ayuno en el cristianismo se distingue de esta práctica en otras religiones, pues tiene por objetivo descubrir a Dios y no descubrirse a sí mismo.

Cuando los cristianos ayunan "no se encierran en sí mismos", más bien "se unen a su Señor que ayuna por cuarenta días y cuarenta noches en el desierto".

Así lo manifestó el cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum", durante la rueda de prensa que concedió este miércoles en la Santa Sede, en la que fue presentado el mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2009.

El sentido del ayuno en el budismo y el islam

Según aclaró el purpurado alemán, que dirige el organismo vaticano encargado de promover y coordinar la acción caritativa en la Iglesia, el objetivo del ayuno tanto en el budismo como en el islam consiste en favorecer el cuidado del cuerpo, oponiéndose a su idolatría.

El cardenal señaló cómo el sentido del ayuno en el budismo consiste en el desapego de los bienes terrenos porque el cuerpo en sí mismo se convierte en origen de sufrimientos: "debe desacostumbrarse a la ’sed’ de cosas creadas, abandonar el deseo y las inquietudes que de él se derivan, matarlas dentro de sí mismo", de esta manera se llega al Nirvana, que consiste la extinción completa de los deseos.

Para el islam, el ayuno es la cuarta columna que sostiene esta religión y una práctica obligatoria durante el mes de Ramadán.

Para los musulmanes existe otra razón para olvidarse de todo lo terreno: "Dios tiene su trono en una distancia infinita. No se le puede encontrar en el mundo. Sólo comunica con la creación y con el hombre mediante su ley, la sharia"; por ello, "sería una herejía escandalosa afirmar que Alá tuviera como hijo un miembro del género humano".

El purpurado señaló que el ayuno en ambas religiones tiene algo en común: "trasciende la dimensión terrena y persigue un objetivo más allá de este mundo: el ingreso en el Nirvana o la obediencia a Alá, Señor del cielo y de la tierra".

En ambas religiones, "se trata de liberarnos del peso de las cosas creadas", aclaró.

El sentido del ayuno cristiano

Por el contrario, para el cristiano "el deseo místico no es nunca el descenso en sí mismo sino el descenso en la profundidad de la fe, donde encuentra a Dios".

Si bien es importante aprender de las demás religiones, los cristianos deben profundizar en "la herencia recibida y conocerla cada vez mejor. La revelación divina dice algo nuevo en cada época histórica; es inagotable", constató.

El cardenal dejó clara la diferencia entre el rechazo del mundo por parte del budismo o las leyes del Ramadán islámico y la Cuaresma cristiana, que "ofrece al cristiano un camino espiritual y práctico para ejercitar sin recortes ni reservas nuestra entrega a Dios".

Señaló que, en su mensaje cuaresmal, el Papa no muestra el ayuno con un tinte negativo: "¡cómo podremos nosotros despreciar nuestra carne, si el Hijo de Dios la ha asumido, convirtiéndose verdaderamente en nuestro hermano!".

Cuando los hombres ayunan con una actitud interior de deseo de conversión, "en Cristo buscan la comunión con el Tú divino. En Él buscan nuevamente el don del amor que renueva el ser cristiano", y se comprometen "en la lucha contra la miseria, convirtiéndose en mensajeros del amor de Dios".

Por Carmen Elena Villa.

09/03/2011 13:43 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. CUARESMA. EL AYUNO No hay comentarios. Comentar.

El camino de la Cuaresma.

El camino de la Cuaresma

 

1.- Las piedras del camino de la cuaresma son las fragilidades

de nosotros. Son los obstáculos que nos impiden vivir totalmente

en Dios y, por añadidura, los que proporcionan sufrimiento a los demás.

El sacramento de la penitencia ayuda a romper con aquellas cargas

insoportables que, Dios, perdona y olvida. Lo que no favorece

a las piedras de la cuaresma es el egoísmo y la soberbia.

 

2.- La arena del camino de la cuaresma es la oración. En nuestro

trayecto hacia la Pascua no vamos solos. Jesús nos escucha y,

además, nos habla. Para ser interlocutor de Dios y, para que Él sea

el nuestro, hace falta que creamos en Él, que esperemos en Él,

que lo sintamos junto a nosotros. El competidor de la arena

cuaresmal es el olvido de Dios.

 

3.- La pendiente del camino la cuaresma es la penitencia.

Nos ayuda a despojarnos de lo que nos paraliza y nos desestabiliza

espiritualmente. Todo atleta, para llegar a la meta, abraza el esfuerzo

como remedio para sus ideales. Nuestro deseo de llegar a la cumbre

de la Pascua la expresamos visiblemente (no para que nos vean)

por la penitencia. El contrincante de esta subida hacia la Pascua

es la pereza, la comodidad.

 

4.- El agua del camino de la cuaresma es la Palabra de Dios.

Jesús tiene Palabras que son agua viva y que se convierten en alimento

que sacia toda sed, en respuesta a todos nuestros interrogantes.

El peor enemigo del agua viva de Jesús son otros sucedáneos que,

desde el borde del camino, nos ofrece la sociedad del consumo.

 

5.- El silencio del camino de la cuaresma es el encuentro personal

con Cristo. Para conocer a un amigo es necesario escucharlo,

pasar horas con él, interesarnos por su vida. La cuaresma nos ofrece

un singular regalo: el silencio como camino hacia la reflexión y como senda

para llegar hasta Jesús. El adversario del silencio es la distracción.

 

6.- El cayado del camino de la cuaresma es la Iglesia. En ella

nos apoyamos y nos sentimos hijos de Dios y hermanos en la misma fe.

En ella celebramos el Misterio Pascual y, en ella, nos sentimos miembros

de un gran cuerpo que es el de Jesucristo. Un gran enemigo

del cayado de la cuaresma es el laicismo puro y duro.

 

7.- La ayuda en el camino de la cuaresma es la caridad. Sin caridad,

la vida cristiana, queda coja y no adquiere el brillo deseado en un cristiano.

El mandamiento del amor es un canto que aprende y repite constantemente

el peregrino que se encamina hacia la Pascua. El adversario

de la caridad es la avaricia personal.

 

8.- El final del camino de la cuaresma es la Pascua. Por ella

nos aventuramos a recorrer y vivir estos 40 días de oración,

ayuno y penitencia. Morir y resucitar con Cristo es lo que vemos

al final del repecho cuaresmal. Aguardándonos la vida no nos importa

ser disciplinados por el camino, desprendidos en el camino y orantes

en el camino. Jesús nos aguarda y, si podemos llegar ligeros

de equipaje, estaremos más aptos para ayudarle a llevar la cruz.

El enemigo de la Pascua es la muerte, el pensar

que ella tiene la última palabra

 

9.- Los abismos del camino cuaresmal son las tentaciones.

La comodidad, el conformismo y la pereza ante el cambio causan

graves problemas de obesidad y de movimiento que nos impiden

avanzar con prontitud. Para vencer a la tentación es necesario

poner a Dios como único Rey y Señor. El enemigo de la tentación: la fortaleza

 

10.- El motor del camino cuaresmal es el corazón. Un corazón

encerrado en la admiración y cuidado del propio yo es un corazón

incapaz de amar. Tenemos que recordar constantemente que el amor

es la identidad de los que son discípulos del Señor Jesús.

El amor nos lleva a compartir con los otros la carrera de la vida

y es ayuda a los rezagados, que han perdido el aliento

o que se han accidentado. El enemigo del corazón

es la falta de sentimientos.

 

P. Javier Leoz
(
http://www.celebrandolavida.org
).

El Miercoles de ceniza.

EL MIÉRCOLES DE CENIZA

 

-CAMBIA EL AMBIENTE: EMPIEZA EL CAMINO CUARESMAL DE LA PASCUA

Todo debe apuntar hoy al inicio de la Cuaresma como camino hacia la Pascua. Los varios elementos clásicos en esta ambientación -que trataremos de nuevo el domingo próximo- deben estar ya presentes desde hoy: el color morado, la ausencia de las flores y del aleluya, el repertorio propio de cantos...

Al comienzo de la celebración se omite el acto penitencial: se reza o canta, por tanto, el Señor ten piedad, sin intenciones.

Y cosas que si siempre son importantes, lo son más todavía cuando se inicia un tiempo con significado más intenso: proclamar de un modo más expresivo y cuidado las lecturas del día, cantar el salmo responsorial, al menos su antífona entre las varias estrofas, y hacer una breve homilía, ayudando a entrar en el clima de la Cuaresma. La Plegaria puede ser una de las de Reconciliación.

-LA CENIZA, UN GESTO QUE PUEDE SER EXPRESIVO

El gesto simbólico propio de este día es uno de los que ha calado en la comunidad cristiana, y puede resultar muy pedagógico si se hace con autenticidad, sin precipitación; con sobriedad, pero expresivamente. Como ya ha resonado y se ha comentado la Palabra de Dios, la imposición de la ceniza comunica con facilidad su mensaje de humildad y de conversión.

El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la cabeza -o se la impone el diácono u otro concelebrante, si lo hay- porque también él, hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la cabeza de los fieles, tal vez en forma de una pequeña señal de la cruz. Si parece más fácil, se podría imponer en la frente, por ejemplo a las religiosas con velo. Es bueno que vaya diciendo en voz clara las dos fórmulas alternativamente, de modo que cada fiel oiga la que se le dice a él y también la del anterior o la del siguiente.

Si no va a resultar complicado, se podría introducir una manera nueva de realizar el gesto.

Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» (que parecería más propio que se dijera en singular, como la otra es más interpelante). Mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Ahora bien, parece que sería más educador acompañar estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. No creo que complique mucho el rito, y podría resultar más expresivo de la doble dimensión de la Cuaresma. Ya se ha experimentado con éxito en algunas comunidades, tanto parroquiales como más homogéneas y reducidas.

-LA CONVERSIÓN Y SUS OBRAS

Las tres lecturas de hoy expresan con claridad el programa de conversión que Dios quiere de nosotros en la Cuaresma: convertíos y creed el Evangelio; convertíos a mí de todo corazón; misericordia, Señor, porque hemos pecado; dejaos reconciliar con Dios; Dios es compasivo y misericordioso...

Cada uno de nosotros, y la comunidad, y la sociedad entera, necesita oír esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos débiles y pecadores, y porque sin darnos cuenta vamos siendo vencidos por la dejadez y los criterios de este mundo, que no son precisamente los de Cristo.

Es bueno que en la homilía se haga notar la triple dirección de esta conversión que apunta el evangelio:

a) la apertura a los demás: con la obra clásica cuaresmal de la limosna, que es ante todo caridad, comprensión, amabilidad, perdón, aunque también limosna a los más necesitados de cerca o de lejos,

b) la apertura a Dios, que es escucha de la Palabra, oración personal y familiar, participación más activa y frecuente en la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación,

c) y el ayuno, que es autocontrol, búsqueda de un equilibrio en nuestra escala de valores, renuncia a cosas superfluas, sobre todo si su fruto redunda en ayuda a los más necesitados.

Las tres direcciones, que son como el resumen de la vida y la enseñanza de Cristo, nos ayudan a reorientar nuestra vida en clave pascual.

J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1993, nº 3

 

-INICI0 DE LA MILICIA CRISTIANA

Cada año la Cuaresma debe ser como un toque de trompeta, la convocación de la comunidad cristiana (cf. Joel en la primera lectura), para que los que se sienten seguidores de Jesús y miembros vivos de la Iglesia emprendan un camino serio de conversión y renovación para celebrar la Pascua anual. Cada parroquia, cada comunidad ha de tener eso muy claro hoy. Decimos: ¡Adelante, emprendamos con ilusión, con pasión, el camino de los cuarenta días que son esfuerzo y lucha, milicia, para hacer, junto con Cristo y con su gracia renovadora, el paso, la Pascua, del hombre viejo al hombre nuevo!

Desde el principio debemos dejar claro qué es la Cuaresma: no es una simple devoción, ni sólo unos días de mortificación, ni mucho menos un tiempo de "tristeza" y aflicción aunque sea por la meditación de la Pasión de Jesús. Cuaresma es un programa, un camino, un esfuerzo y milicia para revisar y renovar nuestro ser cristianos, que consiste radicalmente en vivir la vida de Cristo ya desde ahora, mientras somos peregrinos y testimonios del Reino de Dios.

-CUARESMA BAUTISMAL Y PENITENCIAL

Por tradición sacramental, la Cuaresma es preparación inmediata de los catecúmenos a la iniciación cristiana en la Vigilia pascual y de los penitentes a la reconciliación, que les era concedida inmediatamente antes de la celebración de la Pascua. Esta doble línea debe ser mantenida y propuesta a los creyentes que de verdad quieren entrar en la preparación de la Pascua. Ésta nunca ha de ser considerada como un simple "aniversario" de la Pascua de Jesús, como un recuerdo, una fiesta conmemorativa. La liturgia siempre es actualización, vivencia, mediante los sacramentos que nos injertan en Cristo y nos renuevan esta inserción recibida en la iniciación: bautismo, confirmación y primera eucaristía; el sacramento de la penitencia, como segundo bautismo, nos restituye o renueva y perfecciona nuestro ser Cuerpo de Cristo, estropeado a menudo por el desgaste del pecado.

Si una parroquia o comunidad tiene catecúmenos que han de recibir la iniciación cristiana en las próximas fiestas pascuales, durante la Cuaresma debe acompañarlos, renovando ella misma los pasos del catecumenado: la profundización en la fe y en la conversión por la audición de la Palabra de Dios, por la plegaria, por la revisión de sus actitudes y comportamientos en el mundo.

Pero toda comunidad cristiana, en Cuaresma, es invitada a prepararse a renovar su iniciación (en la Vigilia pascual) y a seguir un camino de conversión para"hacer penitencia" de verdad, es decir, para convertirse de corazón a Dios y a los hermanos. Por eso hoy, y también el domingo próximo, hay que proponer a los fieles el objetivo de la renovación de las promesas bautismales de la Vigilia pascual, que debe ir precedida por un esfuerzo de clarificar qué es ser cristiano hoy en la doble vertiente de la renuncia (conversión) y de la fe, y también por una "programación penitencial", en la que no debe faltar la oferta de la reconciliación personal y la celebración comunitaria penitencial (forma segunda del Ritual), acompañada por otras actividades que demuestren que la comunidad vive la penitencia como conversión.

Se tendría que inculcar a los fieles que ésta sería la mejor respuesta a la pregunta: "¿Cómo forjamos la Cuaresma este año?". Pues profundizando y renovando nuestro ser cristiano (nuestra iniciación) mediante las prácticas que comunitaria y personalmente creamos más adaptadas a este objetivo. Cuaresma catecumenal-bautismal y penitencial, al fin y al cabo.

- LA CENIZA: SIGNO DE CONVERSIÓN Y DE CADUCIDAD

Hoy el signo identificador del inicio de la Cuaresma es la ceniza. En la imposición tenemos dos fórmulas, igualmente tradicionales: "Convertíos y creed el Evangelio", o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". El sentido de la conversión penitencial, ya explicado, y el de la caducidad son igualmente "predicables" al hombre de hoy. Solemos utilizar normalmente la primera, aunque la segunda también es actual: en esta vida breve, hay que ir consumiendo el hombre viejo para alcanzar el fuego y la luz del hombre nuevo, resucitado, en la Pascua.

La bendición e imposición de la ceniza ha de hacerse con dignidad, mostrando el sentido de un rito que abre la Cuaresma, tiempo favorable y día de salvación (cf. 2. lectura), de un rito que responde a una actitud interior filial ante el Padre, que no tiene nada que ver con una obsesión o tristeza o con una práctica rutinaria y puramente exterior (evangelio). Por eso la ceniza no ha de imponerse sin unas palabras (homilía) que clarifiquen y ayuden a discernir, nunca fuera de una celebración.

Hay que tener presente que este rito sustituye el acto penitencial del principio de la misa. Se podrá optar hoy por celebrar la eucaristía o simplemente por ofrecer una celebración de la Palabra de Dios con el rito de la ceniza; depende de las circunstancias y de la sensibilidad de los fieles. En la eucaristía hay que subrayar que "este sacrificio que inaugura la Cuaresma" (ofrendas), es preparación para la celebración de la Pasión del Señor.

PERE LLABRÉS
MISA DOMINICAL 1995, nº 3
(Desconozco a quien ha seleccionado estos textos).

El vivir en Cristo.

El vivir en Cristo


A Pablo le ocurrió lo que Isaías profetizó siglos antes. El Señor dijo por él: “Fui hallado de los que no me buscaban, me manifesté a los que no preguntaban por mí.” Si en alguien se cumplió esa palabra fue en Saulo de Tarso. No andaba buscando al Señor, sino persiguiendo a los que eran de Cristo. Él no preguntaba dónde estaba Cristo, él respiraba amenazas, con cartas de los principales sacerdotes para ir de casa en casa, apresando y forzando a blasfemar a los creyentes. Él era un enemigo de Cristo. Persiguió a la iglesia de Dios. Pero el Señor le salió al encuentro. ¡Gloria al Señor por todos aquellos a través de los siglos, a quienes el Señor les salió al encuentro! A nosotros también el Señor se nos manifestó cuando ni aun preguntábamos por él.

La revelación de Cristo

Y entonces Pablo podrá decir: “Agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre ... revelar a su Hijo en mí”. ¡Bendito sea su nombre! Cristo revelado en el corazón de Pablo. Entonces Pablo comenzó a ver lo que nunca había visto y a entender lo que nunca había entendido. Hizo un descubrimiento inmensa-mente grande, que le revolucionó la vida entera. En seguida comenzó a predicar que Jesús era el Cristo y a demostrar por las Escrituras que Jesús era el Hijo de Dios. (Hechos 9:20-22).

En Damasco, Pablo recibió una revelación acerca de Jesucristo. Aquí en Filipenses, está el vivir de Pablo como un creyente que tiene a Cristo revelado en su corazón. ¡Al Padre nuestro que está en los cielos le agradó que tú y yo tuviésemos al Señor Jesucristo revelado en nuestros corazones! Y en esto no somos menores que Simón, hijo de Jonás. Bien se nos puede decir hoy: “Bienaventurado eres” (Mateo 16:17). Hoy podemos confesar que Jesús es el Cristo el Hijo del Dios viviente.

El fruto de la revelación

Tantas cosas que dice Pablo en Filipenses capítulo 1:1-26: habla de su oración, de su amor, de su gozo, de su dolor, de sus tribulaciones, de sus prisiones, de la liberación que vendrá sobre él en respuesta a la intercesión de los hermanos; habla de la confianza que tiene, y del por qué tiene esa confianza. Al final lo resume todo en una frase: “Para mí el vivir es Cristo”. ¿Por qué este gozo que tengo, este amor, estas prisiones, este clamor, esta confianza? ¡Porque para mí el vivir es Cristo! Es la respuesta de Pablo.

La presencia de Pablo entre los hermanos era una gloria para ellos. ¡Qué gozo! ¡El apóstol viene y nos hablará del Señor! – dirían los filipenses (1:26). Pero inmediatamente el apóstol pone en alto al Señor. “No es por mí mismo que voy. No es por algo mío. Vuestra gloria de mí es en Cristo Jesús. Es decir, si voy a ustedes, voy en Cristo. Y si va a haber gozo en ustedes por mi presencia, en realidad es por la presencia de Cristo en mí. La gloria y el gozo de ustedes, y el gozo mío es en Cristo y por Cristo, y porque él es manifestado. Nada más.” Pablo no está buscando enaltecerse a sí mismo. Él busca enaltecer siempre a Cristo.

Aquí hay un hombre que tiene a Cristo revelado en su corazón. El fruto de esto es que nos encontramos con un hombre rogando con gozo por los hermanos. El gozo de este hombre no está en cosas externas. Él se goza en cosas tan simples como encerrarse en su pieza y orar. Cuando alguien tiene a Cristo revelado en su corazón orar no es una pesada carga, sino que ora con gozo. Es un vivir en Cristo.

Él tiene comunión con los hermanos. Si tiene a Cristo revelado, ¿cómo no va a tener comunión con los hermanos, que también tienen a Cristo revelado? El fruto de Cristo revelado se manifiesta en vida y en comunión con todos los santos.

El entrañable amor de Jesucristo

“Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo”. ¿Cómo es el amor de Cristo? Entrañable. ¿Dónde está ese amor de Cristo? Está en tu corazón. ¿Y por qué está en tu corazón? Porque el Señor está revelado adentro y el entrañable amor de Jesucristo te hace amar. ¡Qué contradicción más grande es, qué feo se ve, cuando un hermano no es capaz de amar a su hermano! Eso demuestra en qué amor anda, en qué camino anda, con qué fuerza anda. Pablo dice: “Os amo, pero no con mi amor. Cristo en mí me produce un vivir en amor. Os amo con el entrañable amor de Jesucristo”. Hermano, ¿está Cristo revelado en tu corazón? Entonces, que se ensanche el ducto para que los ríos de agua viva fluyan por tu interior.

Quitemos todo obstáculo que oprime el libre fluir de ese amor que no es nuestro, sino de Otro. El libre fluir de esa vida que no es nuestra, sino la vida de Cristo en nosotros. La iglesia no puede tener esperanza en otro amor. Si nos amamos, es en Cristo.

Las prisiones en Cristo

Luego dice: “Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio” ¡Qué extraño suena esto! Está bien que el amor y las oraciones de Pablo se hagan manifiestas en Cristo. Pero aquí dice que también sus prisiones se han hecho patentes (manifiestas) en Cristo. ¡Las prisiones! O sea que Pablo no solamente vive una parte de su vida en Cristo. ¡Está preso y todavía está viviendo a Cristo!

Estuvo con la iglesia en Filipos, se regocijó con ellos, después estuvo preso, y siguió viviendo en Cristo ¡y ahora es un prisionero en Cristo! ¡Está con cadenas, pero está en Cristo! En otra ocasión, estando encadenado, casi convierte a un rey, porque estaba encadenado en Cristo. (Hechos 26:28-29). Porque para él el vivir era Cristo. ¿Entiende el mensaje, hermano?

¿Entiende que es poderoso el Señor para producir en un hombre y en una mujer, por deforme que sea, por débil que sea, o –como dice en Isaías 35– por torpe que sea, un vivir en Cristo? No vamos a servir al Señor solamente cuando todo esté externamente bien. ¡Cuando llega el día de la enfermedad y de la prueba todavía estamos en Cristo!

Cristo magnificado en mí

Nuestra vida consiste en tantas relaciones, somos un vecino en Cristo, un médico en Cristo, un mecánico, un esposo en Cristo, una esposa en Cristo, un soltero en Cristo, una doncella en Cristo. ¿Cómo será eso? ¡En Cristo! Un hijo en Cristo, un padre en Cristo. Un administrador en Cristo. Uno que vive a Cristo en todas las áreas de su vida. ¿Por qué es esto? Pablo nos lo dice: “Porque para mí el vivir es Cristo”. Y por eso está confiado. “Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada será avergonzado” (1:20). ¡Qué alta nos dejó la medida Pablo! ¿De cuántas cosas aun nos avergonzamos? Que nos socorra el Señor. “Antes bien con toda confianza como siempre.” “Como siempre” –dice Pablo porque siempre está viviendo en Cristo.

“Como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo o por vida o por muerte” (1:20). “Ahora que estoy preso, ahora que estoy en la peor situación, ahora también será magnificado Cristo en mí ... “cuerpo” dice aquí, pero es en él. “Como siempre, no seré avergonzado. Como en tantas oportunidades, ahora también será magnificado Cristo en mí”. Hermanos míos, estas cosas son vitales.

Pablo tenía clarísima la razón de ser de su vida. El por qué y para qué estaba en el cuerpo. “Ahora también, como siempre, será magnificado Cristo en mi cuerpo. O por vida o por muerte”. ¡Oh, hermano! Para eso está usted aquí, en este planeta. Para esto usted nació en este país. Para eso estamos en este mundo. Hermano, usted está aquí para que Cristo sea magnificado en usted. ¡Qué simple, pero qué profundo! ¡Qué alcance tiene todo esto!

No sé qué es usted, cuál sea su profesión, su trabajo, su vida, su familia, su mundo. Cada cual tiene su pequeño mundo. No sé cuáles sean sus preocupaciones, sus desvelos. Lo bueno y lo malo que le ocurre a usted, pero todo es secundario, todo viene después de esto. Usted está en el mundo para que Cristo sea magnificado en usted. No está por otra cosa. El éxito es secundario. Casarse o no casarse es secundario. Ser feliz o no ser feliz en la tierra es secundario. Que se cumpla en usted y en mí esto. Que sea magnificado Cristo ahora también. Yo no sé con qué se va a enfrentar usted mañana. Que podamos decir: “Ahora también sea magnificado Cristo en mí.” ¡Gloria al Señor!

El ejemplo de Cristo

Consideremos cómo el Padre miraba desde los cielos el caminar de su Hijo Jesucristo en la tierra, cómo lo observaba, como lo guió y lo defendió cuando huyó a Egipto. Cómo lo guardó cuando lo trajo de vuelta. Cuando fue al desierto y triunfó sobre el enemigo y luego en todo su caminar, jamás lo dejaba solo (Juan 8:29), porque ahí estaba el Hijo glorificando al Padre, magnificando al Padre. En sus actos, en sus dichos, en sus pensamientos, en todo su ser, en todo momento, siempre, sin ser avergonzado nunca, Cristo magnificó al Padre que le observaba desde los cielos. ¡Bendito sea su santo nombre! Ahora es tu turno y mi turno. Ahora estamos nosotros en la tierra. Y el Padre quiere ver a Cristo formado en nosotros, a Cristo manifestado y magnificado en cada circunstancia y en cada cosa que te pase y que me pase.

Vivir en Cristo

¿Qué es el vivir, hermanos? Esto es vivir. Me levanto en la mañana, me lavo, oro, tomo el bus o el auto, voy a la oficina, voy a ver los hermanos, paso aquí paso allá, voy a comprar o voy a vender, vuelvo a la casa, almuerzo, me relaciono con mi familia, estoy con los hijos, o estoy en la casa, veo lo que falta, voy y vuelvo, eso es vivir. ¿Qué es el vivir? Es todo lo que hago. Tan simple. Todo lo que hacemos es el vivir. Nos relacionamos con la gente hasta que volvemos a la casa y nos acostamos y dormimos. El vivir es Cristo. Es decir, no soy un creyente de reuniones. No soy espiritual en los Retiros. No es magnificado Cristo en los grandes eventos, sino en todo mi vivir. ¡Tan simple como esto!

Cuando Ud. va a comprar, compre en Cristo, hermano. Cuando usted va con la tarjeta de crédito, hermana, compre en Cristo. Los que manejamos vehículos tenemos que aprender a conducir un vehículo en Cristo. Aun en las horas que dedico al descanso, he de hacerlo en Cristo.

¿Será posible mirar la televisión en Cristo? (¿Será una locura lo que estoy diciendo?) Estoy seguro que si nos sentamos frente al televisor en Cristo sabremos perfectamente cuándo hay que cambiar de canal o cuándo hay que apagarlo. Mírela en la carne y cosechará los frutos de la carne. “Con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mí”, hasta en las cosas más íntimas. ¿De qué cosas tendría que hablar? De todo, pues, hermano. ¿Qué cosas tendría que tocar? Hasta la más pequeña, la más sutil. Pero, ¿será fanatismo eso? Esto es lo que quisiera Satanás susurrar a nuestro oído.

Estamos hablando a los que tienen a Cristo revelado en su corazón. No estamos hablando con los que se conforman con el formalismo religioso, externo, dominical, de reuniones, de cultos y nada más. Estamos hablando de los que tienen a Cristo revelado, confesado, a los que se glorían en Cristo y tienen sus fuentes allá arriba. No porque la ley me lo exija; no porque las demandas de la palabra santa de Dios me obliguen a hacerlo, sino porque tengo una vida poderosa adentro, santa, preciosa, que se manifiesta, gloriosa, en todas las áreas de mi vida.

¿Sabes cuándo contristamos al Espíritu? ¿Sabes cuándo traemos dolor y muerte? Cuando no se ve a Cristo. Cuando Cristo no es magnificado. Cuando mi carne se levanta, entonces hay muerte, hay confusión, hay dolor, hay problemas en la casa, hay ... ¡qué digo, Señor!

Hermano, ¿cómo tratas a tu esposa? Las Escrituras tienen muchas demandas, pero las Escrituras por sí solas no pueden. Aunque tú te sepas de memoria todas las charlas matrimoniales, si la vida de Cristo no tiene una expresión por ti, estás perdido. Aunque vayas a los mejores asistentes, consejeros y siquiatras que existan, si no fluye la poderosa vida de Cristo por ti, te quedarás sólo con las recomendaciones.

¡Para mí el vivir es Cristo! ¡Qué simple suena la frase, pero qué profundo es su contenido! ¿Te das cuenta? ¿Te fijas que por aquí está el rumbo que el Señor nos está trazando? Andemos por este camino, así evitaremos tristeza en la iglesia local, y la obra del Señor no se verá entorpecida.

Cristo, poderoso en nosotros

Amado hermano, entiéndelo. Si lo entiendes, tendrás ganancia. Tú mismo serás irreprensible en el día de Cristo; estarás lleno de frutos de justicia, que son por medio de Cristo. (1:11). ¡Qué terrible es cuando llevamos años en el Señor, y todavía la esposa no aprende a ser una esposa en Cristo, y el esposo todavía no aprende a ser un esposo en Cristo. ¿Dónde están los frutos de justicia que son por medio de Jesucristo? ¿O no está Cristo?

Esta noche yo me quiero asegurar de ser libre de la sangre de todos. Yo no sé si hay alguno aquí que no está en Cristo. Si no está en Cristo, usted está reprobado. ¿Por qué han de haber tantos frutos de muerte? No olvidemos, los frutos son por medio de Jesucristo.

El salmo 93 dice: “Poderoso eres Jehová. Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas.” A Él están sujetos ángeles, principados y potestades. ¡Gloria al Señor! Podemos cantar cánticos espirituales, hablar en nuevas lenguas y exaltar con regocijo hasta quedar fatigados al Señor que está arriba en los cielos. Sí, pero no se olvide que este Dios poderoso en los cielos es también poderoso dentro de nosotros. No se olvide nunca de 2ª Corintios capítulo 13:3: “Pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros.” Hermano, atiende esta palabra, porque es tu recurso. Dijimos que veníamos a este Retiro a llenar nuestros estanques. Mira esta palabra: “Cristo no es débil para con nosotros, sino que es poderoso en nosotros.” ¡El Señor es poderoso en nosotros! ¡Cristo en mí es poderoso!

Sin Cristo, nada

Pero en mí mismo, nada puedo. Mi cultura no me basta, mi educación no me basta, mi título no me basta. Todo lo aprendido no me basta ¡Sólo Cristo me basta!

¿Será posible un noviazgo en Cristo? Abundan los ejemplos malos. Los ejemplos de las estrellas del cine y la televisión. ¡Qué horribles! Bellos rostros, pero sus corazones están llenos de maldición y de amargura. Preciosas figuras externas, pero por dentro no se sacian de pecar. Están llenos de adulterio. ¿Será posible un noviazgo en Cristo? ¿Será posible sentir algo por una persona y que eso sea regulado por Cristo? ¡Es posible! ¿Por qué? Porque está Cristo adentro, y porque es poderoso para socorrer a un joven y a una señorita. El verdadero noviazgo, ese acercamiento, (llamémosle como le llamemos) no puedes hacerlo en tus fuerzas. Porque se supone que para ti, joven, Cristo es tu vida. Si Cristo no es tu vida, vamos a tener que recogerte del suelo. Vamos a tener que sufrir otro fracaso más, y otro dolor más ...

¿Se levantará una nueva generación de jóvenes para los cuales su vivir sea Cristo? Eso quiere el Padre. El está mirando desde arriba y los ángeles están expectantes a ver si alguno de estos jóvenes, si alguna de estas señoritas están dispuestos a decir esta noche: “Yo quiero vivir en ti”.

Hay expectación en los cielos esta noche. Para que tú hermano, para que tú hermana, puedas vivir esta etapa en Cristo. Pero no sólo esta etapa. Los que llevan un año o muchos años, basta de traer dolor, basta de traer amargura, ¡basta ya! Has traído suficiente muerte, has cosechado suficiente muerte por andar en ti mismo, por andar en la carne, por satisfacer los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. ¡Oh, hermano mío, escucha lo que el Señor te habla, y no se endurezca tu corazón! Es posible ser un esposo en Cristo. Es posible ser una esposa en Cristo. Es posible vivir en Cristo. Es posible disfrutar la alegría en Cristo. Que el descanso sea en Cristo, que el dolor sea en Cristo. Incluso a la hora de morir, hay que morir en Cristo.

Cooperemos con el Espíritu Santo

No puedo dejar de hacer un llamado ahora. Que Cristo sea magnificado también ahora. Si no, no tengo razón para vivir.
Hermanos, en el Señor hay perdón. En el Señor hay misericordia. El día de ayer se terminó. Ahora hay otro día, mañana hay una nueva misericordia para nosotros. Tus fracasos y los míos van quedando atrás. El Señor está perfeccionando la obra que él mismo comenzó. Hay una obra de Dios en ti. Cooperemos hoy día con el Espíritu Santo para que nos persuada. ¡Persuádenos, Señor! ¡ Señor, ayúdame, quiero vivir en ti! Que se cumpla en mí tu palabra. Que para mí el vivir sea Cristo
(Desconozco el autor).

09/03/2011 13:46 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. JESUCRISTO No hay comentarios. Comentar.

En la frente... una cruz de ceniza.

En la frente... una cruz de ceniza bendecida
Pero los que están en la fila de la ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia a Dios que está escondido en el Sagrario!
Autor: Ma esther De Ariño | Fuente: Catholic.net



El próximo miércoles 9 iniciaremos la Cuaresma, tiempo penitencial para los católicos y vemos como infinidad de personas, quizá algunas que hace mucho tiempo no han acudido a la Iglesia, se forman en largas filas para que les marquen la frente con una cruz de ceniza bendecida.

Llegan, se forman en la fila, reciben la ceniza y se van... Personas buenas, almas cándidas quizá, que siguen una tradición que tiene carácter de ritual al que pudiera caber, en su entendimiento, algo mágico y que por nada del mundo dejarían pasar esta fecha sin llevar en su frente la huella de la ceniza.

Cosa buena es que esta tradición del Miércoles de Ceniza esté tan arraigada en el corazón de los fieles católicos.

Quizá todos los que estén en la fila sepan qué es lo que significa y que de ninguna manera es, ni obligación ni Sacramento.

Quizá todos vayan meditando -ya que de eso se trata- sobre el punto filosofal de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Quizá todos deseemos empezar la Cuaresma con un acto de humildad y pidiendo perdón por nuestros pecados.

Tal vez, y esto esta muy bien, pero hay "algo" que no está bien.

Veamos: hemos entrado al Templo, estamos en la Iglesia, en la casa de Dios y no parecería posible entrar en esa casa y no saludar al Dueño, al Señor, al Dios Supremo Hacedor de todas las cosas, al Rey de Reyes, el Altísimo Señor, el Omnipotente que está en infinita humildad en el Sagrario en Cuerpo y Alma. Tan auténtico como cuando caminaba por las orillas del Jordán, tan real como cuando se sentó en el borde del pozo para pedirle agua a la samaritana, el mismo Dios, el mismo Cristo.

La puerta del Sagrario está cerrada, una luz roja parpadeante nos anuncia que está ahí el Señor, Dios nuestro.

Las personas están en la fila de la Ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia al Dios que está escondido en el Misterio de amor que es la Eucaristía!

¿Cómo es esto posible? ¿Será más importante llevar en la frente un signo de humildad que caer primero de rodillas ante el Sagrario y aunque no lo veamos con los ojos de la carne, decirle con los del alma: "Creo en Tí, Señor, y te amo", o simplemente con las palabras de Santo Tomás: "Señor mío y Dios mío" ?

Y ya que estamos en este tema diremos que ocurre lo mismo cuando algunas personas entran en la Iglesia y se van derechitas al Santo de su devoción. Se arrodillan, le piden quién sabe que cosa y se van. Tal vez no haya culpa, es falta de formación y de que no nos hayan dicho una y mil veces, hasta que nos cale, que al que tenemos que reverenciar y adorar es al Dios vivo que está presente con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad en el Sagrario. Los grandes santos son intercesores de las gracias que pedimos ante Dios.

Tal vez también sea que creer en esto, es más difícil que creer en el poder del Santo. El culto a los Santos, - como nos dice en sus homilías Mons. George Chevort, no es obligatorio, sino facultativo." Pedirle a los Santos es como una etapa, como un escalón, no un término.

El objetivo de nuestra religión es la Santísima Trinidad que tiene derecho a nuestra adoración y de la cual proceden todos los bienes que necesitamos y el Mediador indispensable es Jesucristo, Hijo de Dios y hombre.

Glorifiquemos a Dios en sus Santos. Ahora bien, la primera de todos los Santos: no fuera de, sino en primer rango y un rango a parte, es la Bienaventurada Virgen María. La primera y aparte porque no solo es obra de Dios, sino que es la obra maestra de Dios. Es la Madre de Dios porque Ella difundió en el mundo la luz Eterna, Jesucristo Nuestro Señor.

¡Cuánta preparación y cuánta información sobre nuestra Fe nos hace falta para vivir y obrar como verdaderos cristianos!. Vivamos nuestra religión con orden y profundidad. Que seamos el ejemplo viviente para los que nos ven, que formándonos y estudiando podremos cumplir con los grandes misterios de nuestra religión tal y como nos lo enseña nuestra Santa Madre la Iglesia Católica y que imitando a los Santos entremos en esta Cuaresma con espíritu de oración y sacrificio.

Guia para la oracion.

Guía para la oración

Esta guía para la oración busca ser un método para meditar en la vida y enseñanzas del Señor Jesús. «La meditación, como señala el Catecismo de la Iglesia
Católica, es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el
Señor pide.» Así, asistidos con la Gracia de Dios buscamos en la oración discernir cuál es su plan de amor para nosotros y nos nutrimos para responder
a el con generosidad. El método de meditación que se propone es un camino que se inicia en la mente, transforma en el corazón y nos conduce a una acción
concreta y cotidiana orientada a nuestra santificación y a la de nuestros hermanos.

1. Invocación inicial:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Preparación:

a. Acto de fe en la presencia de Dios: Consciente de que el Señor está conmigo, explicito en mi fe en Él y mi deseo de abrir mi mente y mi corazón a su
presencia, y de permanecer en ella durante la oración.

b. Acto de esperanza en la misericordia de Dios: Reconozco que soy pecador y me acojo con esperanza a la misericordia de Dios que sale a mi encuentro.

c. Acto de amor al Señor Jesús y a Santa María: Manifiesto mi adhesión a la persona del Señor Jesús y a Santa María, nuestra Madre.

3. Cuerpo:

a. Mente:

- Medito en el en sí del texto: Se trata de una aproximación objetiva. Busco entender qué dice el texto. Me acerco al texto bíblico y lo interpreto desde
y en la enseñanza de la Iglesia.

- Medito en el en sí-en mí del texto: Se trata de una aplicación del texto a la propia realidad. Hago una apropiación del mensaje buscando descubrir qué
me dice la Palabra del Señor en este momento concreto de mi vida.

b. Corazón:

- Elevo una plegaria buscando adherirme cordialmente a aquellos que he descubierto con la mente y abriéndole mi corazón al Señor.

c. Acción:

- Resoluciones concretas: A la luz de lo meditado, pongo medios concretos y proporcionados que me permitan despojarme de aquello que me sobra o revestirme
de aquello que me falta en mi camino de conformación con el Señor Jesús.

4. Conclusión

- Breve acto de agradecimiento y súplica: al Señor Jesús y a Santa María.

- Rezo de la Salve u otra oración mariana.

5. Invocación final:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
(
http://www.multimedios.org
).

09/03/2011 13:48 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. APRENDE A ORAR No hay comentarios. Comentar.

La Cuaresma, camino hacia la Pascua.

La Cuaresma, Camino hacia la Pascua

Invitación a la penitencia


1. Nos encontramos hoy en el primer día de Cuaresma, Miércoles de Ceniza. En esta jornada, al comenzar el de cuarenta días de preparación a la Pascua, la Iglesia nos impone la ceniza sobre la cabeza y nos invita a la penitencia. La palabra penitencia se repite en muchas páginas de la Sagrada Escritura, resuena en la boca de tantos profetas y, en fin, de modo particularmente elocuente, en la boca del mismo Jesucristo: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca» (Mt. 3,2). Se puede decir que Cristo introdujo la tradición del ayuno de cuarenta días en el año litúrgico de la Iglesia, porque Él mismo «ayunó cuarenta días y cuarenta noches» (Mt 4,2), antes de comenzar a enseñar. Con este ayuno cuadragesimal, la Iglesia, en cierto sentido, esta llamada cada año a seguir a su Maestro y Señor si quiere predicar eficazmente su Evangelio. El primer día de Cuaresma –precisamente hoy– debe testimoniar de modo especial que la Iglesia acepta esta llamada de Cristo y que desea cumplirla.

Convertirse a Dios

2. La penitencia en sentido evangélico significa sobre todo conversión. Bajo este aspecto es muy significativo el pasaje del Evangelio del Miércoles de Ceniza. Jesús habla del cumplimiento de los actos de penitencia conocidos y practicados por sus contemporáneos, por el pueblo de la Antigua Alianza. Pero al mismo tiempo somete a crítica el modo puramente externo del cumplimiento de estos actos: limosna, ayuno, oración, porque ese modo es contrario a la finalidad propia de los mismos actos. El fin de los actos de penitencia es un más profundo acercarse a Dios mismo para poderse encontrar con Él en lo íntimo de la entidad humana, en el secreto del corazón.

«Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas... para ser alabados de los hombres... ; No sepa tu izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve lo oculto te premiará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas..., para ser vistos de los hombres..., sino... entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará.

Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas..., (sino)... úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt. 6,2).

Por lo tanto, el significado primero y principal de la penitencia es interior, espiritual. El esfuerzo principal de la penitencia consiste en entrar en sí mismo, en lo más profundo de la propia entidad, entrar en esa dimensión de la propia humanidad en la que, en cierto sentido, Dios nos espera. El hombre exterior debe ceder –diría– en cada uno de nosotros al hombre interior y, en cierto sentido, dejarle el puesto. En la vida corriente el hombre no vive bastante interiormente. Jesucristo indica claramente que también los actos de devoción y de penitencia (como el ayuno, la limosna, la oración) que por su finalidad religiosa son principalmente interiores, pueden ceder al exteriorizan corriente, y, por lo tanto, pueden ser falsificados. En cambio, la penitencia, como conversión a Dios, exige sobre todo que el hombre rechace las apariencias, sepa liberarse de la falsedad y encontrarse en toda su verdad interior. Hasta una mirada rápida, breve, en el fulgor divino de la verdad interior del hombre, es ya un éxito. Pero es necesario consolidar hábilmente este éxito mediante un trabajo sistemático sobre sí mismo. Tal trabajo se llama ascesis (así lo llamaban ya los griegos de los tiempos de los orígenes del cristianismo). Ascesis quiere decir esfuerzo interior para no dejarse llevar y empujar por las diversas corrientes exteriores, para permanecer así siempre ellos mismos y conservar la dignidad de la propia humanidad.

Pero el Señor Jesús nos llama a hacer aún algo más. Cuando dice «entra en tu cámara y cierra la puerta», indica un esfuerzo ascético del espíritu humano que no debe terminar en el hombre mismo. Ese cerrarse es, al mismo tiempo, la apertura más profunda del corazón humano. Es indispensable para encontrarse con el Padre, y por esto debe realizarse. «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Aquí se trata de recobrar la sencillez de pensamiento, voluntad y corazón, que es indispensable para encontrarse con Dios en el propio yo interior. ¡Y Dios espera esto para acercarse al hombre interiormente recogido y, a la vez, abierto a su palabra y a su amor! Dios desea comunicarse al alma así dispuesta. Desea darle la verdad y el amor que tienen en Él la verdadera fuente.

Liberación espiritual

3. Así, pues, la corriente principal de la Cuaresma debe correr a través del hombre interior, a través de corazones y conciencias. En esto consiste el esfuerzo esencial de la penitencia. En este esfuerzo, la voluntad humana de convertirse a Dios es investida por la gracia proveniente de conversión y, al mismo tiempo, de perdón y liberación espiritual. La penitencia no es sólo un esfuerzo, una carga, sino también una alegría. A veces es una gran alegría del espíritu humano, alegría que otros manantiales no pueden dar.

Parece que el hombre contemporáneo haya perdido, en cierta medida, el sabor de esta alegría. Ha perdido además el sentido profundo de aquel esfuerzo espiritual que permite volver a encontrarse a sí mismo en toda la verdad de la intimidad propia. A esto contribuyen muchas causas y circunstancias que es difícil analizar en los limites de este discurso. Nuestra civilización –sobre todo en Occidente–, estrechamente vinculada con el desarrollo de la ciencia y de la técnica, entrevé la necesidad del esfuerzo intelectual y físico; pero ha perdido notablemente el sentido del esfuerzo del espíritu, cuyo fruto es el hombre visto en sus dimensiones interiores.

En fin, el hombre que vive en las corrientes de esta civilización pierde muy frecuentemente la propia dimensión; pierde el sentido interior de la propia humanidad. A este hombre le resulta extraño tanto el esfuerzo que conduce al fruto hace poco mencionado como la alegría que proviene de él: la alegría grande del descubrimiento y del encuentro, la alegría de la conversión (metanoia), la alegría de la penitencia.

La liturgia austera del Miércoles de Ceniza y, después, todo el período de la Cuaresma es –como preparación a la Pascua– una llamada sistemática a esta alegría: a la alegría que fructifica por el esfuerzo del descubrimiento de sí mismo con paciencia: «Con vuestra paciencia compraréis (la salvación) de vuestras almas» (Lc. 21,19).

Que nadie tenga miedo de emprender este esfuerzo.

Ciudad del Vaticano, 7 de febrero de 1979
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Miercoles de ceniza nos ponemos en marcha.

MIÉRCOLES DE CENIZA “Nos ponemos en marcha”

 

                                                           3º, 4º, 5º y 6º de EP

www.reflejosdeluz.net


 


Colocación de los símbolos: En el suelo, en el centro, a modo de camino, la alfombra… Sobre ella un bastón y una mochila entre abierta de la que asoma una Biblia.

La ceniza puede estar sobre el altar.

Cada niño baja un boli y un cuaderno para apoyar el documento y rellenarlo.

 

 (Adaptar el siguiente diálogo a la edad de los niños)

 

El/la que preside la celebración: Buenos días a todos.

¿Alguien sabe por qué nos hemos reunido hoy en la capilla?... A ver, antes de que respondáis os voy a dar dos pistas… es miércoles y ayer acabaron los carnavales.   (…)

Muy bien, porque hoy es Miércoles de Ceniza. Y ¿qué es eso? ¿qué se celebra hoy?   (…)

Exacto: el comienzo de la Cuaresma. Pero ¿qué es la Cuaresma? (...)

Eso es, 40 días de preparación para la Semana Santa, para la Pascua.

Se nos habla de cuarenta días. Para nosotros son el caminar al encuentro de nuestro amigo Jesús. El tiempo que nos resta de aquí hacia su muerte y su resurrección. Es tiempo de estar con nuestro amigo. De acompañarle y de hablar mucho con él.

Y ¿por qué nos imponen ceniza en la frente?

La ceniza es el símbolo de que nos reconocemos pequeños ante Dios y estamos llamados a creer más en Él, a con su ayuda y con nuestro esfuerzo, vivir lo que el nos dice en el Evangelio. Y eso es lo que vamos a intentar hacer durante los 40 días de esta Cuaresma.

 

Profesor/a: Es tiempo de ponerse en marcha: “Durante la Cuaresma –que comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos- los cristianos recordamos que somos un pueblo que está en marcha, que camina con Jesús. Sin descanso, Jesús nos guía por el camino del amor a Dios y al prójimo” Sin descanso, con su Palabra y con su amor, Jesús nos anima a avanzar por el camino de la vida a pesar de los miedos y de las dificultades. Con Jesús, que camina con nosotros, sabemos que el camino nos conduce a la alegría de la Pascua y que esa alegría no se acabará jamás”.

 

El/la que preside la celebración: Durante este tiempo vamos a intentar hacer tres cosas:

Conocer a Jesús más a fondo y conocer el mensaje que Él nos invita a vivir.
Conocernos mejor a nosotros mismos y descubrir nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas.
Conocer el remedio para poner en práctica lo que Jesús nos dice y así mejorar todo lo malo que tenemos y mantener todo lo bueno, de modo que Jesús esté a gusto con nosotros y nosotros seamos felices y así hagamos felices a los demás.
Para ello tendremos que escucharlo más a menudo e intentar poner en práctica todo lo que Él nos diga, para ello contaremos con su ayuda, pero también tenemos que poner de nuestra parte…

 

Alumno/a: En mi mochila he colocado tu Palabra. Dios me habla cada día. ¿Por qué no darme tiempo para escucharlo? Cuando abro el libro de la Palabra es como si se abriera una puerta. Y una puerta que se abre es una invitación. Dios me dice “Acoge mi Palabra, acepta mi Amistad, entra en silencio. ¡Entra y comparte!”

Palabra de Dios: (Lc 10,1-12)

"En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él, y les decía: -La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la  mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega ni alforja ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: ’Paz a esta casa’... comed lo que os pongan, curad a los enfermos... y decid: ’Está cerca de vosotros el Reino de Dios’"

 

Imposición de la Ceniza.

El/la que preside la celebración: Quienes realizan el Camino de Santiago , que se viene recorriendo desde la Edad Media, siguen solicitando, hoy como entonces, antes de salir, un documento acreditativo que debe ser sellado al final de cada etapa, a lo largo de todo el camino, hasta llegar a Santiago.

Es lo que vamos a hacer esta Cuaresma. Vamos a intentar llegar a la Pascua con todas las etapas selladas. Cada etapa nos va a suponer un esfuerzo, un pequeño compromiso que anotaremos en nuestro “Documento de peregrino”. Sólo así, esforzándonos y superando cada etapa, cada semana de la Cuaresma, llegaremos a la meta, a la Pascua… Coge ánimo antes de salir y sé sincero, al comienzo de cada semana, a la hora de comprometerte a hacer algo de lo que Jesús te pide. Sólo así podrás llegar con gozo a la meta.

 

Se reparten los “Documentos del peregrino” y se les dice que si están dispuestos a seguir el recorrido que la Cuaresma nos propone, han de proponerse firmemente ofrecer a cambio su Oración y su Esfuerzo. Por eso, tras poner su nombre y apellidos en el documento, se les lee la pregunta que se les hará al imponerles la ceniza: ¿QUIERES CAMINAR CON JESÚS POR EL CAMINO DE LA VIDA?, si realmente están dispuestos, deben escribir la respuesta (se les dicta), SÍ, CON MI ORACIÓN Y CON MI ESFUERZO.

A continuación se les explica que tengan en clase el documento y que cada semana, en la oración de la mañana del lunes siguiente al domingo indicado en el mismo irán rellenando el compromiso correspondiente: algo que les suponga un esfuerzo para ser un poco mejores y/o para estar un rato más con Jesús.

A continuación van pasando en silencio a recibir la ceniza. Al llegar al que preside la celebración dirán su nombre, y éste le otorgará el bastón de caminante y le preguntará, mientras le impone la semilla:

ü      (N…) ¿QUIERES CAMINAR CON JESÚS POR EL CAMINO DE LA VIDA?

A lo que él/ella, con el bastón en la mano, responderá:

ü      SÍ, CON MI ORACIÓN Y CON MI ESFUERZO.

 

Alumno/a: Nos acaban de dar la señal de salida para recorrer con Jesús el camino de la Cuaresma, su Palabra será nuestro alimento, no olvidemos meterla en nuestra mochila. Que no nos venza la comodidad y que no nos quedemos dormidos entre falsos sueños. Nos esperan 40 días de aventura, de caminar hacia la Pascua. Sigamos a Jesús con generosidad y con alegría. La celebración que acabamos de tener y la ceniza que acabamos de recibir deben despertar en nosotros gozo, paz y ganas de caminar con Jesús.

 

TODOS:

Señor: Queremos recorrer contigo el camino de la Vida. Por eso te pedimos que nos ayudes. Como somos débiles a veces no cumplimos nuestros propósitos y nos apartamos de tu camino. Para caminar con más fuerza llevamos en nuestra mochila tu Palabra, ella será nuestro alimento. Para seguir adelante contamos con tu ayuda y con nuestra oración y nuestro esfuerzo. Ayúdanos a recorrer el camino de la Cuaresma con ilusión, dejándonos guiar por Ti. Que cumplamos todos los buenos deseos y propósitos de esta Cuaresma y que Tú seas nuestro mejor amigo en el camino. Amén

 
 


 
 

 
 

   NOMBRE DEL PEREGRINO: ______________________________________________________

 

   ¿QUIERES CAMINAR CON JESÚS POR EL CAMINO DE LA VIDA?

 

   SEÑOR:                                          ___________________________________________________

   Queremos recorrer contigo

   el camino de la Vida.

   Por eso te pedimos que nos ayudes.                    FECHA SALIDA:

   Como somos débiles                                             Miércoles de Ceniza. 21 febrero de 2007

   a veces no cumplimos nuestros propósitos         COMPROMISO 1ª SEMANA: Domingo 25 febrero

   y nos apartamos de tu camino.

   Para caminar con más fuerza

   llevamos en nuestra mochila                                 COMPROMISO 2ª SEMANA: Domingo 4 marzo

   tu Palabra, ella será nuestro alimento.

   Para seguir adelante contamos con tu ayuda                              

   y con nuestra oración y nuestro esfuerzo.                        COMPROMISO 3ª SEMANA: Domingo 11 marzo

   Ayúdanos a recorrer

   el camino de la Cuaresma

   con ilusión,                                                             COMPROMISO 4ª SEMANA: Domingo 18 marzo

   dejándonos guiar por Ti.

   Que cumplamos

   todos los buenos deseos                                       COMPROMISO 5ª SEMANA: Domingo 25 marzo

   y propósitos de esta Cuaresma                            

   y que Tú seas                     

   nuestro mejor amigo.                                            FECHA DE LLEGADA:

   en el camino.                                                          Domingo de Ramos. 1 abril de 2007

   Amén.

Parabolas de conversion y perdon.

Primera Catequesis

 

PARÁBOLAS DE CONVERSIÓN Y PERDÓN

 

 

§        EL FARISEO Y EL PUBLICANO (RECONOCER NUESTRO PECADO) LC.18, 10-14

§        LOS DOS HIJOS (CONVERSION Y DES-CONVERSION) Mt.21, 28-31

§        LA HIGUERA ESTERIL (UN DIOS PACIENTE Y APREMIANTE) Lc.13,6-9

§        LOS DOS DEUDORES (AMOR CON AMOR SE PAGA) Lc.7, 36-50

§        EL SIERVO SIN CORAZON (PERDON CON PERDON SE PAGA) Mat.18, 23-35

§        LA OVEJA DESCARRIADA(UNA FIESTA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA) Lc.15, 4-7

§        EL HIJO PRODIGO (LA PARABOLA QUE NINGUN HOMBRE SE HUBIERA ATREVIDO A INVENTAR)    Lc.15, 11-32

 

PARÁBOLAS DE CONVERSIÓN Y PERDÓN
 

EL FARISEO Y EL PUBLICANO
Reconocer nuestro pecado.

Lucas 18, 10-14

 

En esta parábola del fariseo y el publicano la parte ostentosa y “mala” la hace un hombre que según la Ley era “bueno”, justo y cumplidor de la Ley.

La parte buena, regia, admirable, la hace un hombre que traficaba con su oficio, un recaudador de impuestos que se beneficiaba con las trampas y el chantaje.

Jesús presenta los hechos de tal manera que nos molesta el hombre justo puesto odiosamente de pie ante el altar y nos resulta en cambio agradable el hombre pecador que se golpea el pecho en el fondo del templo reconociendo su pecado.

En la parábola del hijo prodigo, ocurre algo semejante. El hijo menor, que abandona a su padre y malgasta sus bienes en una vida libertina, es el héroe de esta parábola. En cambio el hijo mayor que aparentemente es bueno, que es fiel a su padre, termina haciendo un papel mezquino.

En la parábola de la oveja descarriada es precisamente ésta el objeto de toda la fiesta. Las noventa y nueve no le dan al pastor tanta alegría.

En la parábola de los obreros de la viña, reciben una dura amonestación los que han trabajado todo el día. Los otros, los últimos, fueron pagados primero y con el mismo salario de los demás.

En la parábola del buen samaritano, el levita y el sacerdote, que llevan una investidura sagrada, se comportan sin corazón ante el herido. En cambio el papel de la perfecta caridad lo hace un pagano.

 

DESPERTAR EN NOSOTROS LA CONCIENCIA DEL PUBLICANO. Nos presentamos como los más justos, los virtuosos y más honorables que los demás. Aceptar que somos pecadores y que estamos en un camino de conversión

Aceptar en lo íntimo de nuestro ser que somos pecadores.

Sin embargo, ser un “buen publicano” implica un paso de conversión: reconocer el pecado y actuar para vencerlo

 

LOS DOS HIJOS
Conversión y desconversión.

Mateo 21, 28-31

 

Sentido histórico de la parábola

Tiene un sentido histórico muy preciso: la clave la da la advertencia que dirige Cristo a los sacerdotes y ancianos del pueblo: les aseguro que los publicanos y las mujeres de mala vida llegarán antes que ustedes al reino de los cielos.

Los dos hijos representan dos tipos de personas: los fariseos, escribas y príncipes de los sacerdotes por un lado; y los pecadores y publicanos por otro.

Estos, después de resistir a Dios, se convierten y se someten a El. Los otros, diciéndose justos, no cumplen la voluntad divina. Esta es la razón de por qué los “pecadores” precederán a los “justos” en el reino de los cielos.

 

Junto al sentido propiamente histórico, la parábola desborda otro sentido                                                                                          más universal e intemporal. Y es el sentido que nace, al margen del contexto, de la actitud en sí y por sí, asumida por los dos hijos que protagonizan el relato de Jesús.

Los dos hijos tipifican, en efecto, una actitud alternada de conversión y desconversión que es variante eterna del hombre.

La mayoría de quienes se entregan a Dios no suelen hacerlo de modo definitivo y perdurable. Con frecuencia la vida es un tejido de conversiones y desconversiones.

Evidentemente nuestro egoísmo y debilidad nos obligan a asumir la conversión como una tarea de toda la vida. Una tarea, humilde y valiente a la vez, en pos de Aquel que “no fue sí y no, sino solamente sí” (2 Corintios 1,19)

Dentro de cada uno de nosotros hay un signo de contradicción: dentro de nosotros pelean Cristo y el Anticristo. Es decir, las exigencias del evangelio que entran en conflicto con nuestros instintos. Con nuestros reflejos animales, con nuestras instancias biológicas.  Hay una lucha entre el amor y el desamor, entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la ambición.

Nadie puede elegir a Cristo sin que Cristo se le convierta automaticamente en signo de contradicción. Acordémonos: “No he venido a traer paz, sino espada”. Y siempre que le damos a Cristo un lugar en nuestra vida, está El luchando con nosotros contra el Anticristo que hay en cada uno de nosotros.

 

GLOSAS PARA ESTA PARABOLA:

Señor, perdóname mi último pecado. Y perdóname también porque no será la última vez que deba pedirte perdón.

Afortunadamente para nosotros, Dios no cree demasiado en nuestros arrepentimientos.

No es en nuestro arrepentimiento en el que se cree, sino en la obra de Dios.

Todo hombre es una cantera de la gracia, Dios trabaja continuamente en ella.

 

 

LA HIGUERA ESTERIL:

Un Dios paciente y apremiante.

Lucas  13, 6-9

 

Esta parábola expresa a la vez la urgencia de Dios en percibir frutos de conversión, y su tolerancia con la planta humana que se los debe dar. Pero en este caso el acento se carga no tanto en la paciencia de Dios cuanto en la exigencia de Dios.

Es al parecer la menos misericordiosa de las parábolas de misericordia. Pero es muy importante para darle dimensión y profundidad al misterio del amor y la misericordia de Dios. No podríamos formarnos una noción completa de estos, si no los pusiéramos en claroscuro con la santidad y la justicia de Dios. Si no mediara la posibilidad de un castigo, la bondad de Dios y su amoroso llamado al corazón del hombre carecerían de relieve, de dramatismo y hasta de seriedad.

La misericordia de Dios es un atributo esencial de Dios, pero no es un Dios débil, zonzo o a la buena, transigente, complaciente de todas las cosas.

Como personas creemos en un Dios serio, fuerte, eficiente, que sabe corregir y amonestar, que pone medios para obtener sus resultados y exige del hombre una contribución real para conseguirlos. Esto es lo que pone de relieve esta parábola.

 

Relatos paralelos:

·        Juan advierte: “Manifiesten su conversión con obras… el hacha está puesta en la raíz de los árboles. El árbol que no produce buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. Mateo.3, 8-10

·        “El árbol que no produce frutos buenos, se le corta y se le arroja al fuego” Mateo. 7, 19.

·        “Al ver una higuera cerca del camino se acercó  a ella, pero solo encontró hojas. Entonces le dijo: Nunca volverás a dar fruto. Y la higuera se secó de inmediato”. Mateo.21,19

 

Es importante para un creyente auténtico, que su relación personal con Dios esté fundada en el amor, no en el temor al castigo eterno. El temor al castigo no puede ser la causa del amor a Dios o de nuestra unión con El. Dios no quiere nuestro mal, está de nuestro lado y lucha con nosotros

 

 

LOS DOS DEUDORES
Amor con amor se paga

Lucas  7, 36-50

 

La clave de esta parábola esta en la pregunta de Jesús: “Quién lo amará más?

Jesús, que es el acreedor que tiene dos deudores, la pecadora y Simón, puntualiza el modo distinto de saldar su deuda el uno y el otro, oponiendo la actitud amorosa, ardiente de la pecadora a la remisa del fariseo, y deduce que, habiendo demostrado mayor amor la mujer, es de suponer que fuera como consecuencia de habérsele perdonado una deuda asimismo mayor. Poco ama, en cambio, aquel a quien poco se le perdona,

El mensaje de la parábola puede sintetizarse así: no se mide la situación real de un hombre frente a Dios, solamente por los pecados –muchos o pocos- que haya cometido. Hay mucha gente que no peca nunca o casi nunca, al menos espectacularmente, y que permanece toda su vida en la tibieza o en la pobreza del amor de Dios. Por el contrario, los amantes apasionados de Dios, se hallan con frecuencia entre los viejos pecadores.

Dos personajes: un fariseo de la burguesía, tiene la moral del hombre que vive bien, cumple la ley etc. Representa un género de creyente sin pasión ni vibración, es de aquellos de quienes la Biblia dice que Dios los “vomita” de su boca porque no son ni frios ni calientes. (Apocalípsis)

Una  mujer pecadora, una amante apasionada, que representa en cambio a quienes, de regreso de una vida desordenada son capaces de amar plenamente al descubrir el valor de lo que aman.

 

 

EL SIERVO SIN CORAZÓN
Perdón con perdón se paga

Mateo 18, 23-35

 

Esta parábola puede  encuadrarse dentro de las enseñanzas del Padre nuestro. Puede ser el comentario a una de las últimas peticiones: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

 

Jesús destaca en esta parábola que la razón por la cual debemos perdonar, es porque nosotros también necesitamos perdón. Somos pecadores. Esto nos debe llevar a una actitud de humildad y de amor.

 

La penitencia es una invitación a todos para que entremos en la dimensión del amor de Dios, de su misericordia, de su perdón a todos por igual. No hay acepción de personas.

Las enseñanzas de Jesús nos llevan a considerar que en el ser humano la caridad debe contar mucho más que la justicia.

 

Recordemos que en un primer tiempo era una Ley de represalia. Ver Génesis 4, 23-24. La venganza de Lemek será  “setenta veces siete”.

En un segundo tiempo la Ley de justicia impuesta es una represalia igual: “ojo por ojo y diente por diente”. Es la Ley mosaica del talión. Exodo 21,23

En un tercer tiempo Cristo impone la caridad y el perdón: No hay represalia y debe haber perdón. Mateo 5, 38-39. “Han oído que se dijo ojo por ojo y diente por diente, yo les digo…”

Escuchemos la pregunta de Pedro: Mateo 18, 21-22. Cuántas veces debo perdonar…?

 

EL MANDAMIENTO DEL AMOR TIENE UNA NOTA ASCENDENTE:

§        Amar al prójimo como a nosotros mismos Mateo.22, 35-39

§        Amar al prójimo como a Cristo Mateo.25,40

§        Amar al prójimo como Cristo nos ama a nosotros Juan.15,12

§        Amar al prójimo como Cristo ama a su padre Juan.17,21-22

 

 

LA OVEJA DESCARRIADA
Una fiesta en el cielo y en la tierra

Lucas. 15, 4-7

 

La conclusión de la parábola es una fuente de esperanza para el pecador arrepentido.

Jesús nos quiere decir que la conversión de un solo hombre a Dios es algo muy grande y valioso

Podemos decir en un lenguaje figurado que esta conversión implica “una fiesta en el cielo”. Hay un regocijo espiritual por una conversión. Aunque es una frase antropomórfica, nos ilumina cómo la bondad y el amor de Dios se pueden manifestar al modo humano de alegría como fue la del padre del hijo pródigo.

 

Hay una fiesta en la tierra desde el punto de vista de que nosotros también nos alegramos de que una persona recobre la paz espiritual y vuelva al buen camino.

A veces dudamos de los buenos propósitos de una persona que quiera iniciar su camino de retorno al Señor. Sin embargo aunque nos cueste trabajo creerlo, deberíamos alegrarnos y sentir el regocijo de quienes recuperan un amigo, de añadir un puesto mas en la mesa para compartir el pan. Es el momento de animar al hermano, de comprometerlo más, de apoyarlo y caminar con él.

Examinemos nuestras actitudes al respecto.

A veces pensamos que esta parábola no es para nosotros, pero fue dicha para todos. Cada uno de nosotros debe dejarse encontrar por el Buen Pastor, dejarse recoger por él para que nos lleve al redil y cada uno de nosotros puede, con su conversión a Dios, provocar una fiesta en el cielo.

 

LA PARÁBOLA DEL PADRE QUE RECOBRA SU HIJO
La parábola que “ningún hombre se hubiera atrevido a inventar”

Lucas. 15, 11-32

 

Esta parábola resume los diversos temas y mensajes de las anteriores parábolas de conversión y perdón que hemos visto anteriormente.

Es una radiografía de todo el proceso de la conversión.

 

PRIMER TIEMPO: PECADO

1.  “Un hombre tenía dos hijos”: Paternidad divina y fraternidad humana.

El mundo de la gracia esta construido sobre un esquema de familia: consiste en la paternidad de Dios y en la fraternidad de todos los hombres redimidos por Cristo.

2.   “El menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde”:

Ruptura con el padre y con los hermanos.

Dentro del cuadro de familia cimentado sobre la gracia, el pecado supone una ruptura con el Padre y con los hermanos.

3.  “Y el padre les repartió sus bienes”. Respeto a la libertad.

La conducta transigente del padre expresa de algún modo la lógica de libertad con que gobierna Dios a los hombres; no quiere esclavos sino hijos.

4.  “Se fue a un país lejano”. El pecado es alejamiento de Dios.

El pecado se completa a través de un doble movimiento: dar las espaldas a Dios y volverse a las criaturas, entregándose al disfrute desordenado de las cosas de Dios en contra de Dios mismo.

5.  “Malgastó todos sus bienes”. El pecado es la ruina de todos los valores.

El pecado reporta como triste consecuencia la quiebra y la pérdida de los valores espirituales y humanos. El hombre retrocede a actitudes de animalidad.

 

SEGUNDO TIEMPO: ANGUSTIA

 

1.  “Comenzó a sufrir privaciones”: Experiencia de carencia y angustia producida por el pecado.

El pecado provoca estados negativos de vacío y penuria que pueden causar reacciones saludables hacia la reconquista de los valores perdidos.

2.  “Entonces fue y se puso al servicio de uno de los habitantes”: Evasión y búsqueda de alternativas de Dios.(alienaciones)

El primer efecto del estado de angustia producido por el pecado puede ser embarcarse hacia nuevas lejanías y buscar sucedáneos del bien infinito que se ha perdido.

3.  “Lo envió a su campo para cuidar los cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas”. Esclavitud y abyección.

El pecado termina en la esclavitud.”El que peca se hace esclavo del pecado” Juan.8,34.

4.  “Pero nadie se las daba”: El pecado aisla, vacío y soledad.

Por mucho que se engañe con sus evasiones, no puede el hombre recibir de los sucedaneos de Dios lo que solo Dios puede darle. El alejamiento de Dios conduce a la nada y al hambre total.

5.  “Entonces volvió en sí”: De la angustia a la reflexión.

A través de las experiencias negativas derivadas del pecado, el Padre ha ido preparando el retorno del hijo rebelde.

 

TERCER TIEMPO: CONVERSIÓN

 

1.   “Yo estoy aquí muriéndome de hambre”. Ansia de Dios, comienzo de conversión.

En el reconocimiento de la propia miseria hay una ansia oculta de Dios que puede llevar a la conversión. Esta no es aun perfecta. Es solo una disposición, que se llama atrición. El pecador está todavía metido en sí mismo. Pero al menos ha comenzado el proceso de conversión.

2.  “Me levantaré e iré a mi padre”: Hacia una mejor conversión.

El proceso de conversión sigue su curso. Ya no solo se contempla la propia miseria, se produce el descubrimiento de Aquel que puede remediarla.

3.   “Le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti”: Es la conversión completa.

El pecador rompe definitivamente el cerco del Yo y se abre a la otra persona: el Tú de Dios. Ya no mira cuanto de deshonroso y negativo ha producido el pecado dentro de él mismo, sino la ofensa hecha a Dios y la ruptura de una relación de amor con El.

4.  “No merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”: La satisfacción por el pecado.

Cuando la conversión es verdadera, busca dar una satisfacción por el pecado cometido. No se quiere ya salvar los privilegios del hijo, sino reparar el daño producido.

5.  “Entonces partió y volvió a la casa de su padre”: Pone en ejecución su conversión

Todo se había desarrollado hasta ahora en el plano de la intención. Ahora se pone en obra la decisión tomada.

 

CUARTO TIEMPO: ENCUENTRO

 

1.  “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vió y se conmovió profundamente”. Dios nos amó primero.

El corazón de Dios, que es siempre el primero en amar, no cambia frente al pecado del hombre, y permanece siempre abierto a la misericordia.

2.  “Y corriendo a su encuentro lo abrazó y lo besó”: El encuentro de Dios y el pecador.

La conversión es un reencuentro vivo con una persona viva, es un gesto amoroso de Dios que busca al pecador, lo “abrasa y le da el beso de salvación”

3.   “El joven le dijo: padre, pequé”: la confesión del pecado.

La conversión verdadera necesita el reconocimiento del pecado, la manifestación del mismo y el rechazo del pecado. El sacramento de la penitencia es el término de la conversión, y responde a la lógica y a la psicología de la conversión.

4.   “El padre dijo a sus servidores”: Podemos ver aquí la mediación de la Iglesia y en ella la de sus ministros, para que en una acogida fraterna, hagan sensible y tangible el perdón concedido.

5.  “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo”: La vestidura de la gracia.

La alusión a la ropa puede representarnos la transformación  obrada por la gracia de Dios en la conversión del pecador.

 

QUINTO TIEMPO: MISERICORDIA

 

1.   “El hermano mayor…se enojó y no quiso entrar”: Incapacidad humana para perdonar.

Los hombres no disponemos de tanta capacidad para perdonar como Dios. El orgullo y el egoismo nos cierran el corazón.

2.  “Su padre salió a rogarle”: Infinita capacidad de Dios para perdonar.

Dios nos invita a superar nuestras actitudes egoístas y a  asumir una conducta generosa para con aquellos que prevaricaron.

3.  “El le contestó: hace tantos años que te sirvo”: El fariseismo de los justos.

El egoismo se asocia al orgullo y al recuento de los propios méritos. Jesús responde también a esto con la parábola del fariseo y el publicano.

4.  “Nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta”: Exigencias a Dios

Egoismo y orgullo hacen “planteamientos” a Dios. Jesús responde también a esto, con otra parábola, la de los obreros en la viña.

5.  “Es justo que haya alegría y fiesta, porque tu hermano estaba muerto y ha resucitado”.

Participar en la alegría de Dios.

“Habrá mas alegría en el cielo por un pecador que se convierta, que por noventa y nueve que no necesitan convertirse” Lucas. 15,7 Otra parábola más para explicarlo: la oveja descarriada.

   

 

TERCERA CATEQUESIS

 

CONVERSIÓN O RECHAZO DE DIOS

DOS ARQUETIPOS: PEDRO Y JUDAS

 

Dos personajes típicos del Evangelio.

 

PEDRO:

·        Hace muchas cosas. Puede decirse que gran parte del Evangelio es un diálogo entre Jesús y Pedro.

·        Aparece mas de cien veces.

·        Pregunta, manda, interrumpe, se acobarda, niega, llora.

·        Habla bajo la inspiración de Dios y también bajo la instigación del Maligno.

·        Es piedra de la Iglesia y piedra de escándalo a la vez.

·        Saca su espada para cortar la oreja del soldado y se acobarda ante la criada de Pilatos

·        Hace todos los papeles del santo y todos los papeles del pecador.

 

JUDAS:

·        Vivió con Jesús, escuchó sus discursos, presenció sus milagros, comió con El, lo traicionó.

·        Se dejó vencer en las tres tentaciones que Jesús rechazó

·        Probablemente Judas quisiera un Jesús que multiplicara los panes y las monedas, que volara sobre las alas de los ángeles y que poseyera todos los reinos de la tierra.

·        Al constatar que Jesús no aprovecha las oportunidades, lo vende por treinta monedas , Tal vez pensó que el Maestro se libraría como lo había hecho otras veces?

·        Cuando es consciente del drama que ha desencadenado con su traición, se arrepiente, pero carece de la humildad y del amor suficientes para pedir perdón y cae en la desesperación.

 

Analicemos ahora el misterio de elección y de gracia, de pecado, de conversión o rechazo, dramáticamente vivido por los dos apóstoles.

 

1- DOS ELECCIONES DIVINAS.

Tanto Pedro como Judas fueron elegidos por Cristo para cumplir una misión relevante en el reino.

        “Llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos a los cuales dió el nombre de apóstoles: Simón a quien puso el sobrenombre de PEDRO…y JUDAS ISCARIOTE, que fue el traidor”(Lucas 6, 13-16)

 

2-  DOS MISTERIOS DE LA GRACIA.

La elección de Cristo implicaba desde luego un misterio de gracia sobre los dos apóstoles. Sin embargo ese misterio se abriría hacia destinos opuestos. ¿Por qué Pedro fue iluminado por el Padre? ¿Por qué Judas no fue atraído? La respuesta puede darla tan solo Aquel que es dueño de la gracia y escruta el secreto de los corazones.

                “Feliz de ti, SIMON, hijo de Jonás, porque no fue la carne ni la sangre quien te reveló esto, sino mi Padre que está en el cielo” Mat. 16,17.

                “Hay entre ustedes algunos que no creen. En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede” Juan 6, 64-65

 

3- DOS RESPUESTAS A LA GRACIA

Cuando el lenguaje de Cristo se hizo “duro” a los oídos de los discípulos, Judas se sumó a los que se distanciaron de El. En cambio Pedro dio un nuevo testimonio de fe.

          “Muchos de sus discípulos se alejaron de El y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los doce: ¿También ustedes quieren irse? SIMON PEDRO le respondió: ¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y estamos convencidos que eres el santo de Dios. Jesús continuó: ¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio. Hablaba de JUDAS, hijo de Simón Iscariote: era él, uno de los doce, el que lo iba a entregar” Juan 6, 66-71.

 

4- DOS CORAZONES Y DOS ACTITUDES ANTE EL PRÓJIMO

Mientras Pedro abría su corazón al mensaje de amor que predicaba Cristo, Judas cerró el suyo en hostilidad y malevolencia.

“Entonces se adelantó PEDRO y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿hasta siete veces? Jesús le respondió: No solo siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Mat.18, 21-22+

“María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. JUDAS ISCARIOTE dijo: ¿por qué no se vendió este perfume en trescientas monedas de plata para darlas a los pobres? Dijo esto no porque se interesara por los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa, robaba lo que se ponía en ella. Juan 12, 3-7.

“Entonces JUDAS fue a ver a los Sumos Sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me darán si se lo entrego? Y le dieron treinta monedas de plata” Mateo 26, 14-15

 

5-   DOS PECADOS

Pedro y Judas sintieron angustia por su pecado. El pecado de Pedro fue de presunción y cobardía. El de Judas, más malicioso, fue de traición premeditada.

“Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó JUDAS, uno de los doce, acompañado de una multitud con espadas y palos...El traidor les había dado esta señal: Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo. Inmediatamente se aproximó a Jesús, diciéndole: Salve, Maestro, y lo besó. (Mateo 26, 47-49) Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? (lucas 22,48.

“Mientras PEDRO estaba abajo en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo; Tú también estabas con Jesús, el Nazareno. El lo negó diciendo: No sé nada. No entiendo de qué estás hablando. Luego salió al vestíbulo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: Este es uno de ellos. Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro: Seguro que eres uno de ellos, porque eres galileo. Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía al hombre del que estaban hablando” Marcos 14, 66-71.

 

6-   DOS ARREPENTIMIENTOS

Pedro y Judas sintieron angustia por su pecado. Ambos se arrepintieron. Pero Judas no traspasó el cerco de su angustia personal. Se replegó sobre su remordimiento. Pedro en cambio orientó su dolor hacia Cristo y se convirtió

“JUDAS, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos diciendo: He pecado entregando sangre inocente” Mat.27, 3-4

El Señor, dándose vuelta, miró a PEDRO, este recordó las palabras del señor, que había dicho: Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Y saliendo afuera. Lloró amargamente” Luc.22, 61-62.

 

 

7-   DOS FINALES.

      Su replegarse sobre sí mismo y su pecado, condujo a JUDAS a la desesperación. En cambio PEDRO, a partir del llanto saludable despertado por la mirada de Cristo, inició un proceso de conversión que culminó en su triple declaración de amor.

“Ellos respondieron: ¿qué nos importa? Es cuestión tuya. Entonces él. Arrojando las monedas en el templo, salió y se ahorcó” Mat.27, 4-5

“Le preguntó por tercera vez: SIMON, hijo de Juan: ¿me amas?, PEDRO  se entristeció de que por tercera vez le preguntara: ¿me amas?, y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” Juan 21,17.

 

 

CONCLUSION:

 

Pedro pecó quizás más veces que Judas. Solamente en la noche de la pasión  cometió tres pecados distintos: Un pecado de presunción “Aunque deba morir contigo, no te negaré”. Un pecado de violencia: le cortó la oreja a Malco. Y un pecado de cobardía: “No conozco a este hombre”. Con todo, en ninguno de los casos se encerró en su pecado. Más allá de su eventual debilidad, su alma pemaneció abierta a la conversión. Quedó al alcance de Dios. No se puso fuera del ámbito de la misericordia divina. Quiso ser perdonado y se mantuvo en condiciones de poder serlo. Eso es lo que lo diferencia de Judas.

 

 

"El cristianismo corrige cuatro maneras imperfectas de concebir el pecado.

 1.- La revelación cristiana afirma que el pecado humano no consiste en el falso encuadramiento de un ser no libre en el orden universal, como afirma el MARXISMO, sino en la mala voluntad de un ser libre.

 2.- El mal no es tampoco en último término, la imperfección de un ser libre, que puede ser corregida por el entendimiento y la aplicación, como sugiere el BUDISMO, sino la aversión, en su sentido de apartamiento, de los hombres y de Dios, que el hombre no puede reparar por sí mismo.

 3.- La maldad fundamental no estriba tampoco en la transgresión de una fría ley suprema, como lo concibe el ISLAM, sino en la violación de un amor personal.

 4.- No se trata, por fin, únicamente de un delito o falla contra el hombre, como enseña el HUMANISMO, sino también, y siempre, de una ofensa a nuestro Creador y Redentor.

 Todo esto se encierra en la palabra cristiana “pecado”. El pecado, es, pues, una ofensa libremente cometida contra el amor humano y divino, que el hombre no puede reparar por sí mismo". (Catecismo Holandés, pg.431)

Por gentileza de
Claudio Blanco
Párroco Catedral María reina
Barranquilla Colombia

Cinco meditaciones del Padre nuestro.

PADRE NUESTRO
CINCO MEDITACIONES

 

Reflexión Primera
Nos atrevemos a decir "Padre Nuestro"

Los seres humanos abrigamos anhelos de plenitud ; deseamos
encontrar un amor sin lagunas y tener la verdad sin sombras para
ser totalmente felices. Pero sufrimos la limitación en todos los
ámbitos, y espontáneamente soñamos con una fuerza superior que
nos ayude a plasmar nuestras naturales aspiraciones. Cuando
acudimos a la divinidad en el fondo lo que buscamos es nuestra
salvación o realización humana completa .

1. Jesús de Nazaret no hizo grandes discursos sobre Dios.
No fue un filósofo especulativo ni un teólogo perdido en
metafísicas sagradas. Fue un hombre que vivió de forma única la
cercanía benevolente de Dios como Alguien que respira ternura e
inspira confianza. No sólo cuida los lirios del campo y goza cuando
las personas humanas son felices; no se aparta de ellas incluso
cuando ellas deciden olvidarlo y hace salir el sol también para los
malvados.

En la experiencia de Jesús, Dios es esencialmente bueno. Su
omnipotencia y su justicia llegan hasta nosotros mediadas por el
amor. No actúa nunca con un poder que paraliza o reprime; su amor
prueba su verdad acompañando eficaz y silenciosamente,
respetando la decisión libre de cada uno, en la paciencia de quien
siempre mira con esperanza. El padre del hijo pródigo no practica la
justicia vindicativa que a cada uno da lo suyo, lo que merece; da más
bien lo que cada uno necesita, más de lo que merece .


2. Dentro de una cultura, Jesús manifestó aquella experiencia
singular de Dios con el símbolo "Padre". El símbolo es camino de
acceso a la realidad; aunque de modo deficiente; cuando una madre
abraza tiernamente a su hijo, en ese gesto simbólico hace presente
algo de su cariño maternal, que sin embargo no se agota en el
abrazo. El símbolo "Padre" nos dice algo de Dios cuya ternura, si
bien podemos gustar, resulta siempre inabarcable. Como todos los
símbolos, también éste no sólo está sometido a la limitación cultural;
puede incluso tener un significado negativo dentro de una
determinada experiencia humana; para un niño cuyo padre ha sido
un degenerado, ese término evocará inevitablemente algo negativo.

Saliendo al paso de una posible interpretación negativa, Jesús
puntualiza que cuando habla de "padre", se refiere a la experiencia
positiva que tienen tantos niños a quienes su progenitor les cuida
con solicitud y da siempre lo que necesitan: "¿Hay alguno entre
vosotros que al hijo que le pide pan, le dé una piedra?"


3. La palabra aramea "Abba", Padre, lleva una carga de confianza
sin límites , refleja los sentimientos espontáneos de un niño pequeño
agarrado a la mano de su papá; se siente con derecho a preguntarle
todo, a pedir todo, a esperarlo todo. Ello explica que los judíos en el
siglo primero considerasen irreverente llamar "Abba" al Dios Altísimo.
Jesús, sin embargo, experimenta que Dios es alguien en quien
siempre se puede confiar, y así lo invoca con ese término. Padre,
madre,amigo, esposo.. Estos y otros símbolos significan ternura,
inclinación gratuita en favor nuestro, calor sincero que siempre
arropa nuestra existencia, y pueden ser mediaciones aproximativas,
aptas, de la experiencia íntima que Jesús tuvo de Dios.

Ya los profetas presentaron a Dios con sentimientos y conducta
maternos: "Efraín es para mi un hijo querido, un niño predilecto; cada
vez que lo amenazo, vuelco a pensar en él; mis entrañas se
conmueven y me muero de ternura hacia él. ¿ Acaso olvida una
mujer a su hijo y no se apiada del fruto de sus entrañas?; pues
aunque ella se olvide, yo no me olvidaré"; como una madre consuela
a su hijo, así os consolaré yo".

La perfección de Dios no se mide por el alejamiento de lo
trascendente e inasequible. Desconcierta y es inabarcable por su
misma cercanía. Es "misericordia entrañable", amor gratuito que se
hace cargo y carga con la miseria de los otros.


4. Los cristianos
hemos sido alcanzados por la experiencia singular de Jesús.
Apoyados en la intimidad del Padre que gustó de modo único aquel
hombre, Jesús, nosotros confesamos que él es el Hijo, la Palabra de
Dios. Pero nuestra fe no es reconocimiento puramente intelectual, ni
nuestra confesión es un frío enunciado de nuestras cabezas. Más
bien es un encuentro interpersonal que nos permite recrear la
experiencia de Jesús: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios
nos tiene y hemos creído en él" (1 Jn 4,16). Alcanzados por esta
gozosa experiencia de Jesús, nos atrevemos a decir "Padre
Nuestro".

Esta novedad evangélica debería empapar nuestra existencia y
actividades. De modo especial en estos días debemos tomar
conciencia de la buena noticia y tratar de actualizarla siguiendo la
invitación de Juan Pablo II en su Carta Tertio milennio adveniente:
"Toda la vida cristiana es como una gran peregrinación hacia la casa
del padre, del cual se descubre cada día su amor incondicional por
toda criatura humana, y en particular por el hijo pródigo".

Al ver los miedos de tantos bautizados cuando escuchan el término
"Dios", no es fácil pensar que miran a la divinidad como Padre.
Sobran temores serviles y falta confianza. No acabamos de creernos
que Dios nos ama, no porque seamos buenos, y sólo en la medida
en que lo seamos, sino porque él es bueno.

Si su amor, que "a todo da vida y aliento", envuelve también a
todas las mujeres y hombres del mundo ¿cómo justificar tantas
discriminaciones y hasta venablos contra los otros en nombre de
Dios? Hay en nuestra sociedad una indiferencia religiosa cada vez
más generalizada. Conviene, pues, que los cristianos nos
planteemos con seriedad el interrogante que lanza Juan Pablo II
viendo esta situación de indiferencia religiosa: "¿Qué parte de
responsabilidad debemos reconocer los cristianos por no haber
manifestado el genuino rostro de Dios, a causa de los defectos de su
vida religiosa moral y social?".

Que estos días de gracia en el año 1999 sean "una gran
peregrinación hacia la casa del Padre". Y que en esa peregrinación
miremos a todos los hombres como hermanos, y así ellos aprenderán
a ver a Dios como Padre.

* * * * *

Reflexión Segunda
Quien ama conoce a Dios


Desde nuestra debilidad humana con facilidad nos imaginamos
una divinidad perfecta en continuidad con los grandes y poderosos
de este mundo, aunque en un grado que a todos sobrepasa. En
tiempo de Jesús los religiosos judíos se imaginaban así a la
divinidad: perfecta en su ley, en su templo, en su trascendencia
deslumbrante. Pero Jesús de Nazaret tuvo otra percepción de Dios y
la ofreció a todos los morales: "Sed misericordiosos como vuestro
Padre es misericordioso" (Lc 6,36). La misericordia es una forma
peculiar de amor que se deja impactar por la miseria del otro y sale
de sí mismo para ponerse al lado de los oprimidos ayudándolos a
superar su postración.


1. Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento hay un artículo central de fe. Es aquél
en que, cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto sufriendo la
opresión de sus capataces, Dios se dejó alcanzar por sus gemidos y,
movido a compasión, intervino para liberarlo. De generación en
generación aquel pueblo celebrará la gesta liberadora del Dios
compasivo, "lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, misericordioso
hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado".
Impresiona también leer en el profeta Oseas 11,9 que, a pesar de
que el pueblo no responde al proyecto de amor diseñado para él,
Dios, en sus sentimientos de padre y de madre, no abriga nunca
venganza: "No dejaré correr el ardor de mi ira, no volveré a destruir a
Efraín, porque yo soy Dios, no hombre; en medio de ti yo estoy, el
Santo, y no me complazco en destruir". Lo peculiar del Inefable, su
perfección, aquello que le distingue de todas las criaturas, es la
gratuidad de su amor, la entrega compasiva de sí mismo hasta las
últimas consecuencias para erradicar la miseria y la muerte que se
oponen a la vida. Eso quiere decir la simbólica trinitaria: las tres
Personas divinas se constituyen no por la lógica de la imposición y
del dominio, sino relacionándose y afirmándose mutuamente. El
dinamismo comunitario, que es todo lo contrario al individualismo
autosuficiente, expresa la condición última de Dios que se ha
revelado como misericordia.


2. Nuevo Testamento.
Esa misericordia, como atributo más entrañable de Dios, se
personificó en la historia de Jesús que pasó por el mundo "haciendo
el bien, curando a todos los oprimidos por el Diablo porque Dios
estaba con él " (Hch 10,38). "Movido a compasión" aquel hombre
curó a los leprosos, abrió los ojos a los ciegos, perdonó a la mujer
adúltera e hizo milagros para dar de comer a las multitudes
hambrientas. Sólo quien respiraba sentimientos de misericordia,
pudo construir las parábolas del buen samaritano, del hijo pródigo,
del buen pastor, o del señor que, compadecido ante la situación
menesterosa de quien le debe dinero, perdona toda la deuda.


3. Don o gracia.
Muchas veces nosotros nos sentimos envueltos y animados por
ese amor de misericordia. Como es un don que se nos regala, lo
llamamos gracia; y ella nos hace encontrarnos aceptados y acogidos
por Alguien que gratuitamente nos ama. Esta sensación provoca en
nosotros gratitud y es invitación a que seamos agradables en
nuestra relación con los demás. Los que han gozado en su vida de
apoyo y ternura, los que se consideran beneficiados por un amor
inesperado, han conocido al Padre misericordioso, y pueden ser
testigos de la misericordia en un mundo cada día más seco y
sediento de gratuidad y de ternura.


4. Dios, rico en misericordia.
Hace unos años, en su encíclica "Dives in misericordia", Juan
Pablo II señalaba la tarea prioritaria para la Iglesia evangelizadora en
nuestro tiempo, que es "profesar y proclamar la misericordia divina
en toda su verdad". En efecto, dado que los hombres necesitan cada
vez más sentimientos y prácticas de misericordia, porque estos
valores apenas tienen audiencia en una cultura de violencia y de
máximo goce inmediato, la Iglesia samaritana puede ser hoy la buena
noticia de liberación.


5. Sentido de la "misericordia".
La verdadera misericordia nada tiene que ver con paternalismos o
maternalismos que hieren la dignidad de los pobres, ni con
asistencialismos que descuidan la promoción responsable de los
beneficiarios como sujetos de su propia liberación. Y es ofensiva del
evangelio la conducta de quienes, para blanquear su conciencia
manchada con negocios inmorales, hacen donativos a la Iglesia para
que ayude a los pobres. Sin embargo, la misericordia como
sentimiento de compasión ante la miseria de las personas y práctica
liberadora en la superación de la misma, es hoy artículo de primera
necesidad. Lo económicamente rentable se impone cada día más
como ley única, y cada vez cuentan menos las personas que no
tienen recursos porque no pueden y no saben. Por eso la tarea
evangelizadora más importante de la Iglesia en esta situación es ser
testigo de la misericordia.

Los cristianos necesitamos acoger esa misericordia que Dios
mismo nos regala. No tenemos derecho ni motivos para deslizarnos
por el mundo como alma en pena con la cara de poco redimidos.
Mientras el fariseo que sube al templo para orar tratando de
manipular a Dios es incapaz de recibir gratuitamente amor, el
publicano que gusta la cercanía misericordiosa de Dios respira
sentimientos de paz y de confianza. El buen samaritano se inclina
con amor hacia el expoliado junto al camino, porque antes acoge y
se deja transformar por la misericordia de Dios que vibra cuando ve
sufrir a los pobres. Más aún, si somos capaces de mirar con ojos
limpios, la creación y la humanidad están, como dice el Vaticano II,
"fundamentadas y acompañadas por el amor del Creador y
liberadas por Cristo". El mundo está trabajado ya por el Espíritu; en
él brotan sentimientos y prácticas de misericordia antes de que la
Iglesia llegue. Tarea y vocación de la comunidad cristiana es acoger
estos signos históricos de gracia, trabajando para que las semillas
den fruto.


6. Ofrecer misericordia.
Ofrecer misericordia en una práctica coherente de vida. Dos
terrenos complementarios demandan aquí el compromiso de los
bautizados.

En primer lugar, el tema de los derechos humanos. Estamos
celebrando el 50ºaniversario de la Declaración Universal publicada
en 1948. Si bien se han dado muchos pasos positivos, las sombras y
vacíos empañan el horizonte no sólo de nuestra sociedad española
sino también de la organización internacional. Si realmente los
cristianos creemos que los derechos humanos tienen algo de divino,
una práctica histórica en la promoción de tales derechos es
imperativo ineludible de nuestra fe.

En segundo término, la opción por los pobres. El compromiso por
los derechos humanos tendrá garantías de verdad y recibirá impulso
con la opción por la causa de los pobres. Quizás esta causa no entró
en el Vaticano II como clave determinante para el diálogo de la Iglesia
con el mundo moderno; y la carencia está repercutiendo en el
individualismo insolidario que desfigura el rostro de nuestra
organización social. Si la comunidad cristiana quiere de verdad
emprender una práctica de misericordia, debe recobrar su vocación
evangélica: ser voz de los pobres.

* * * * *

Reflexión Tercera
Amor que nos libra del mal


1. El enigma del mal.
MAL/ESCANDALO: La existencia del mal en el mundo es un
enigma terrible. Hay males causados directamente por la libertad
humana, pero hay otros muchos que suceden a los hombres por una
especie de fatalidad inscrita en el dinamismo creacional. Ante tanta
negatividad y sufrimiento, muchos concluyen que Dios no existe. Si
existiera, acabaría con tanta deficiencia que tortura inútilmente a las
personas. Los mismos creyentes no se ven exentos de la duda y
también se preguntan cómo está Dios presente y activo en este
mundo tan desfigurado por el dolor y la muerte

La dificultad va directamente contra el poder de Dios. Suponiendo
que él no desea el mal, algo falla en su poder si no hace que las
cosas sean de otra forma. Hay a veces cristianos que, para defender
el poder divino cuestionado, discurren así : Dios puede quitar los
males, pero no lo hace para probar nuestra paciencia y darnos
oportunidad de llegar al cielo. Este es un discurso piadoso pero
ineficaz; en el fondo la divinidad sigue ahí fuera, como poder
arbitrario que juega con nuestro destino, quedándose al margen de
nuestra aventura humana.


2. Dios, Padre.
Antes de confesar que Dios es todopoderoso, en el "Credo"
confesamos que es Padre. Quiere decir que la omnipotencia de Dios
debe ser medida desde su paternidad, y no al revés. Por nuestra
experiencia normal de vida conocemos el poder que funciona como
dominación sobre los demás; y en esta lógica, "todopoderoso"
significa el que puede dominarlo todo; no hay ámbito que se le
resista, y el omnipotente entra en contradicción consigo mismo
cuando permite la existencia de realidades que no quiere. Pero en
nuestra forma de pensar ¿dejamos espacio suficiente al poder
ejercido por el amor? Cuando es auténticamente gratuito, este amor
no impone nada; seduce, sugiere, inspira y provoca, pero nunca
emplea la fuerza del poder coercitivo. Ante la resistencia de personas
o de realidades, ese amor se hace presencia indefectible,
acompañamiento activo, espera paciente; pero nunca se vuelve para
negar la decisión libre o la condición real del ser amado. Con
frecuencia vemos que una madre no quiere la drogadicción del hijo,
pero no puede tampoco evitarla; la verdad de su amor no se prueba
en conseguir lo que quiere sino en su ternura fiel junto y a favor del
hijo. El ejemplo puede servirnos para vislumbrar lo sentimientos y
conducta de Dios ante los males que nos destrozan: quiere que los
venzamos, pero no puede hacerlo silenciando nuestra libertad y
atropellando la condición finita de las criaturas. Precisamente porque
sigue junto a nosotros y con nosotros aceptando ese "no-poder",
pero trabajando con amor en nosotros la victoria sobre el mal,
manifiesta la omnipotencia de su amor.

El ejemplo de Jesucristo es aquí muy elocuente. Siendo el Hijo, se
manifestó "en la condición de servidor". Y su conducta en nuestra
tierra estuvo marcada por la lógica del no-poder. Antes de imponer
nada por la fuerza, de reprimir la libertad de los otros o alterar los
procesos naturales, prefirió estar en medio de los hombres "como el
que sirve", hasta las últimas consecuencias. En aquella conducta
histórica de Jesús "se manifestó la bondad de Dios Nuestro Salvador
y su amor a los hombres" (Tit 3,4). Y en el acontecimiento
"Jesucristo" se revela cómo Dios mismo no puede erradicar el mal
ignorando la condición finita de las criaturas y reprimiendo la libertad
de las personas humanas.


3. Ante el "mal" Jesús no fue indiferente.
No consta en los evangelios que hubiera en tiempo de Jesús
catástrofes naturales llamativas. Pero se cuenta un accidente, la
caída de la torreta de Siloé que dejó dieciocho víctimas.. En la
interpretación del hecho Jesús descarta cualquier castigo divino:
"¿Pensáis que ellas eran más culpables que los demás hombres que
habitaban en Jerusalén?; no, os lo aseguro" (Lc 13,4). El mal no
viene de Dios; queda al otro lado. Es la fe bíblica confesada en los
primeros capítulos del Génesis. Jesús gusta la cercanía de Dios que
quiere la vida en abundancia para todos; su objetivo no es castigar a
los hombres, sino "salvarlos", hacer que lleguen a la plenitud de
vida.

Ante la injusticia social y la enfermedad, Jesús no permaneció
pasivo. "Pasó haciendo el bien" y combatiendo a las fuerzas
diabólicas que dividen a los hombres y tiran por el suelo a las
personas. Pero no acabó con el dolor y la muerte. Al enterarse de
que su amigo Lázaro había muerto, "lloró, se conmovió hondamente
y se turbó". En esas reacciones manifestaba los sentimientos del
Padre compasivo que nos acompaña en nuestros males y es
sensible a nuestro dolor. La encarnación significa la entrada de Dios
mismo en nuestra condición doliente, participando con nosotros del
azote seco de tantos males, del fracaso de tantos empeños fallidos y
de la zozobra de la muerte.


4. Dios hace suyos nuestros males.
Pero Dios no sólo es compañero en nuestros males; hace suyo
nuestro sufrimiento, pues el Hijo, siendo "de la misma substancia del
Padre, sufrió". De poco serviría el mero acompañamiento, si a la hora
de la verdad el mal no fuera vencido ¿Cómo podríamos confiar en un
Dios incapaz de hacer felices a nuestros seres queridos y a nosotros
mismos?
En la conducta de Jesús se revela que Dios está venciendo al mal
en nosotros y con nosotros, fortaleciéndonos y haciéndonos libres en
el sufrimiento. Es significativa la oración de Jesús en Getsemaní,
poco antes de su martirio. Suplica insistentemente al Padre que le
libre de la muerte; pero no se le concede lo que pide. Sin embargo
en su intimidad experimenta una fuerza nueva que le conforta y
sostiene para entregarse con amor y libertad hasta la la muerte.
Dios-Espíritu trabajaba en aquel hombre venciendo al mal y
librándolo de la desdicha en medio del sufrimiento.


5. Dios garantiza nuestra victoria.
"Dios ha resucitado a Jesús" fue posiblemente la primera fórmula
de la fe cristiana en la resurrección. El Padre no sólo nos acompaña
en nuestros males, ni sólo realiza en nosotros y con nosotros
anticipaciones de victoria sobre nuestros sufrimientos. Resucitando a
Jesús, garantiza la victoria definitiva sobre los males de la historia y
sobre la muerte. A pesar de tantas sombras en la existencia y de
tantas contrariedades en el camino, merece la pena empeñarnos en
erradicar el mal, porque todo compromiso de liberación, hecho con
amor, no cae ya en el vacío.

Dejándonos alcanzar por esta presencia vivificante de Dios ya en
nuestra historia, los cristianos pedimos: "Líbranos del mal", deseando
que se haga realidad ya aquí en la tierra esa victoria que será total y
definitiva "en el cielo"; en esa "nueva tierra" que barruntamos, y
expresamos en el "credo" con "la resurrección de la carne".

* * * * *

Reflexión Cuarta
Pasar de siervos a hijos


1. Parábola del hijo pródigo.
PARA/HIJO-PRODIGO: La parábola del hijo pródigo es una pieza
de singular densidad teológica. Cuando ha caído ya en un
lamentable deterioro humano, el hijo, que pretendiendo ser patrono
independiente se hizo esclavo despreciable, recuerda que su padre
no es tan malo, pues se preocupa con solicitud también de los
criados que trabajan en la casa. Decide cambiar de vida y volver a
los brazos paternos. Pero no acepta ser recibido como hijo: "Ya no
merezco ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus
jornaleros". Es tan miope como el hijo mayor que había pasado toda
la vida trabajando como un esclavo, siendo incapaz de mirar y
aceptar a su hermano con amor fraterno.

Pablo escribió a los fieles de Roma una Carta donde celebra con
gozo el inabarcable, gratuito y tierno amor de Dios manifestado en
Jesucristo. Con esa viva experiencia recuerda: "Todos los que son
guiados por el espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis
un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien,
recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar:
¡Abba, Padre! " (Rm 8,14-15). Sin embargo muchos cristianos no
acabamos de creérnoslo, y preferimos seguir mirando a Dios más
como amo que como amor.


2. Dos imágenes de Dios.
No hacen falta profundos análisis para encontrar dos tipos de
bautizados. Unos miran a Dios como a alguien altísimo y
encumbrado, que ha diseñado un determinado programa y lo impone
desde arriba. Esa determinación del omnipotente postula en nosotros
obediencia y cumplimiento de lo mandado. Con nuestra sumisión y
buenas obras haremos méritos, evitaremos el castigo final y
conseguiremos el cielo. Son cristianos, hombres y mujeres, que
ponen su seguridad en las obras que hacen y en su conducta
intachable. Con frecuencia tienen cierta tonalidad de estoicismo y
viven obsesionados por "ser perfectos", entendiendo la perfección
como tarea puramente humana.

En general, esas personas viven pendientes de responder
puntillosamente a todo lo mandado, no son capaces de perdonarse a
sí mismas, viven obsesionadas por presentarse incontaminadas ante
los otros, y, al final, se desploman porque no llegan a la pureza que
se proponen. Son, en el fondo, esclavos de una divinidad que se han
fabricado, a la que contemplan como rival de su libertad humana, y
que no les deja ser felices.

Hay otros cristianos, sin embargo, que se han dejado alcanzar por
un amor gratuito. Se sienten acogidos sin méritos propios, respiran
confianza y actúan convencidos de que Dios es Padre que nunca les
falla. Ocurra lo que ocurra, en cualquier situación pueden volverse y
encontrar ese Amor que siempre regenera y da esperanza. No
necesitan justificarse porque Alguien previamente los abraza y hace
justos. Animados por esa confianza, viven alegres, trabajan en el
mundo, reconocen sus muchas limitaciones, pero no se agobian. El
"espíritu de hijos" que gratuitamente han recibido, suscita en ellos
sentimientos de gratitud y de paz; fomenta su compromiso en favor
de los otros, y les permite mirar confiadamente al porvenir. Hacen
obras buenas, no para ganarse la vida eterna, sino como resultado
de que se sienten acogidos por un amor que da vida.


3. De siervos a hijos.
"No estáis bajo la ley sino bajo la gracia" (Rm 6,14). Es otra versión
de la novedosa experiencia cristiana: "Ya no os llamaré siervos,
porque un siervo no sabe lo que hace su amo; os diré amigos porque
os he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre"(Jn
15,14-15). Y la paternidad de Dios es la confidencia reveladora de
Cristo. Hay que actualizar esta revelación evangélica para renovar a
fondo la moral cristiana.

Impresiona la libertad de Jesús de Nazaret ante los preceptos y
ante los ritos más sagrados; ante las apariencias y ante los fracasos.
Viendo con qué libertad había vivido y fue capaz de morir, el
centurión romano expresó la fe de la primera comunidad cristiana:
"Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15,39). En
realidad , aquel hombre fue tan libre "porque Dios estaba en él".
Lejos de aminorar, oprimir o reprimir a la libertad humana, el
verdadero Dios la reafirma y promueve. La autonomía humana de
Jesús era fruto y expresión de su "teonomía". Porque tuvo la gracia
en plenitud, fue un hombre totalmente libre.

Ultimamente, quizás por el puesto relevante de las persona sobre
las instituciones que ha tenido y está teniendo lugar en la época
moderna, se ha destacado mucho la subjetividad con peligro de una
moral individualista y amenazada de relativismo. Mirando a esta
situación, Juan Pablo II salió hace unos años al paso con la encíclica
"Veritatis splendor". Hay que pasar de una moral simplemente
preceptiva, a una moral indicativa; de la seguridad en unos
preceptos interpretados como absolutos a la confianza que nos da
fuerza para cumplir y al mismo tiempo relativizar los preceptos. La
única forma de no caer en el fanatismo legal ni en el relativismo,
según el cual no hay ninguna verdad objetiva y es igual hacer una
cosa que otra, es despertar y alimentar la "ley de la gracia", la
experiencia de hijos. Por ahí debe ir la renovación de la moral
cristiana.


4. Una gran peregrinación hacia la casa del Padre".
En esto consiste fundamentalmente la vocación cristiana. Por el
bautismo recibimos la filiación, pero el bautismo es como el primer
momento de un viviente que se desarrolla en un proceso histórico
vital. Los bautizados "nacen de nuevo" por la fuerza del Espíritu;
salen de la pila bautismal "como niños recién nacidos" y dispuestos a
rechazar "todo engaño, hipocresía, envidias y toda clase de
maledicencias". Pero tienen que actualizar esa novedad en cada
instante de su vida, y fácilmente abdican de su dignidad de hijos para
caer en la condición de esclavos.

Gustando la novedad cristiana, la primera carta de san Juan (
4,18) concluye así:"No hay temor en el amor; sino que el amor
perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien
teme no ha llegado a la plenitud del amor". Evidentemente se refiere
al temor servil propio de los esclavos. Cuando experimentamos la
cercanía benevolente de Dios como Padre, su justicia se revela como
gracia y no queda ya razón para el miedo a ser castigados; pero esa
confianza que se apoya en la misericordia, se vive históricamente
como proceso de "llegar a ser hijos.

Mientras vamos creciendo en esa filiación, una y otra vez,
funcionamos en el esquema de siervos paralizados por la
desconfianza y el miedo. Iremos acabando con la lógica del
"siervo-amo" y avanzaremos en la relación cálida de "hijo-padre", si
nos dejamos alcanzar y transformar por el corazón de Aquel que
siempre nos espera porque nunca nos abandona: "Estando todavía
lejos el hijo, le vio el padre y, conmovido, corrió, se le echó al cuello y
le besó efusivamente". La parábola del hijo pródigo es una invitación
a pasar del miedo a la confianza. En este paso consiste la conversión
cristiana.

* * * * *

Reflexión Quinta
Orar confiadamente


1. Oración de Jesús.
En su forma de orar Jesús de Nazaret manifestó su experiencia de
Dios. Fue un contemplativo sobre los surcos de la historia, y, en
medio de los conflictos, una y otra vez acudió en la oración al Señor
de la vida y de la muerte. La oración de Jesús fue unas veces de
alabanza, otras de petición y en muchas ocasiones oró para dar
gracias al Padre que hace salir el sol también para los pecadores y
se pone al lado de los indefensos. Sabiéndose amado del Padre, e
inspirado por ese amor, Jesús se dirige "al que todo es posible",
seguro de que se puede confiar en él siempre.

Oró en su bautismo y escuchó la voz del cielo: "Tu eres mi Hijo".
Oró también cuando la incomprensión de las autoridades judías
cuestionaba su misión; en su oración descubrió la presencia del
Padre con su proyecto de salvación para todos, y optó por subir a
Jerusalén arriesgando la propia seguridad. Cuando llegó la crisis
final, en su agonía siguió invocando a Dios como Amor cercano e
incondicional, pero al mismo tiempo escondido en su misma cercanía;
fortalecido por el Espíritu, aceptó el difícil trance de la cruz.


2. Pedid y recibiréis.
Es la invitación que Jesús hace a sus discípulos. Esa oración no
tiene por objetivo despertar a Dios y ponerle de nuestra parte, pues
ya está con nosotros antes de que le invoquemos. Más bien oramos
porque Dios está de nuestra parte y a nuestro lado por un amor
indefectible. San Pablo gustó esa cercanía de quien nos ama
"cuando todavía somos pecadores", y comenta: "El Espíritu mismo
viene en ayuda de nuestra flaqueza; pues nosotros no sabemos
cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo
intercede por nosotros con gemidos inefables, permitiéndonos orar
en la confianza de hijos" ( Rm 8,26).

La oración cristiana es un trato de amistad con el amigo de quien
nos podemos fiar siempre. Con los sentimientos y expresiones que
tiene un niño agarrado de la mano por su padre bueno. Jesús no
enseñó a sus discípulos métodos especiales de oración; pero les dio
la clave de la novedad cristiana: "Cuando oréis decid ´Padre
Nuestro". Implícitamente sugiere: Confiad como hijos que nunca son
abandonados por su Padre.


3. Hija predilecta del Padre.
Así llama el Vaticano II a María, la madre de Jesús. Porque fue
favorecida singularmente por Dios, ella es "la pobre", la que acoge la
Palabra, confía totalmente y sale de la propia tierra sin exigir nada a
cambio. Aquella mujer no vio a Dios cara a cara, y tuvo que ir
descubriendo su presencia en los acontecimientos a veces
desconcertantes de cada día. En ese clima de búsqueda
contemplativa hizo muchas veces oración para mantenerse fiel al
proyecto de gracia. Según Hech 1,14, todavía después de morir
Jesús, permanecía en oración con los discípulos pidiendo la venida
del Espíritu.

Ya en la anunciación María pide luces para descifrar la voluntad de
Dios, y concluye: "Aquí está la pobre del Señor". Pide, no para
cambiar a Dios, sino como expresión de que ella misma se dispone a
cambiar; muestra su fidelidad inquebrantable cuando, en silencio
cargado de amor y de interrogantes, "permanecía en pie junto a la
cruz". El "Magnificat" permite asomarnos a la intimidad singular de
María, delicadamente trabajada por el Espíritu. Las formas de
oración en ese cántico son de alabanza y de acción de gracias.
Dialoga no con una divinidad metafísica y trascendente, sino con
Dios "mi salvador", alguien que vive a nuestro lado y camina con
nosotros; se deja impactar por "nuestra humillación", y se hace
presente a nuestro lado "como salvador".

Aunque tengamos confianza , en la vida no se puede ser ingenuos.
Una y otra vez se impone la ley del más fuerte, y en la sociedad no
queda lugar para los que no saben, ni tienen ni pueden. El círculo
maligno de tal modo se repite que a veces uno se ve tentado a
pensar que la justicia es imposible. María de Nazaret, probada por la
dureza de la vida -" a ti una espada te atravesará el alma"- fue la
primera discípula de Jesús. Creyó y celebró la llegada del reino de
Dios que "derriba a los potentados de sus tronos y libera de la
opresión a los pobres".


4. María, imagen de la Iglesia.
"Imagen purísima de lo que la Iglesia toda entera ansía y espera
ser", María es el icono de la comunidad cristiana, un signo de gracia
para todos los cristianos. La invocamos "madre de misericordia",
porque se dejó alcanzar y transformar por el espíritu del "Padre
misericordioso". Y esa transformación se hizo en la conflictividad de
cada día y en la oscuridad del camino, porque María supo ser
"pobre", creyente y contemplativa. Su oración como expresión y
recurso para seguir a Jesús y poner en práctica su evangelio, queda
como ejemplo de quienes nos hemos empeñado en el mismo
seguimiento. Antes que nosotros, María realizó "esa gran
peregrinación a la casa del Padre", que para nosotros es invitación
especial en estos días de meditación.

JESÚS ESPEJA
DOMINICOS

09/03/2011 13:32 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. APRENDE A ORAR No hay comentarios. Comentar.

Que significa entrar en la Cuaresma.

¿Qué significa "entrar en la Cuaresma"?
La «cruz», por más pesada que sea, no es una desgracia que hay que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net




Queridos hermanos y hermanas:

Mañana miércoles, con el ayuno y el rito de las cenizas, entramos en la Cuaresma.

Pero, ¿qué significa «entrar en la Cuaresma»?


Significa comenzar un tiempo de particular compromiso en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y a nuestro alrededor.


Quiere decir mirar al mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás.


Significa no descargar el problema del mal sobre los demás, sobre la sociedad, o sobre Dios, sino que hay que reconocer las propias responsabilidades y asumirlas conscientemente. En este sentido, resuena entre los cristianos con particular urgencia la invitación de Jesús a cargar cada uno con su propia «cruz» y a seguirle con humildad y confianza (Cf. Mateo 16, 24).

La «cruz», por más pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de una desgracia que hay que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús y de este modo alcanzar la fuerza en la lucha contra el pecado y el mal.


Entrar en la Cuaresma significa, por tanto, renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto a Cristo. La Cruz es el único camino que lleva a la victoria del amor sobre el odio, de la generosidad sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia.

Desde esta perspectiva, la Cuaresma es verdaderamente una ocasión de intenso compromiso ascético y espiritual fundamentado sobre la gracia de Cristo.



Palabras que pronunció SS Benedicto XVI después de rezar la oración mariana del Ángelus, el domingo, 10 febrero 2008.

Revelacion interior.

Revelación interior



El comienzo de la obra de Dios en el hombre es una revelación interior de Jesucristo. Sin ella, otras cosas –doctrinas, tradiciones, énfasis– ocuparán el lugar de Cristo en el corazón, y desvirtuarán el propósito original de Dios, el cual es que Cristo sea el todo en el creyente.

Eliseo Apablaza F.



La revelación interior


Por largo tiempo Dios tuvo un secreto muy guardado en su corazón, un misterio que por largos siglos no dio a conocer. Pero cumplido el tiempo, Dios lo reveló.

La revelación del misterio

Tres frases de Pablo en Colosenses nos ayudan a conocerlo. La primera está en 1:27. Allí se nos dice que este misterio es “Cristo en vosotros...” Nosotros podemos decir: “Cristo en nosotros”. La palabra “en” podemos reemplazarla por “dentro de”. “Cristo dentro de nosotros la esperanza de gloria”. Amado, puede ser que tú no valgas mucho a los ojos del mundo, pero Cristo está dentro de ti y de mí. Esta es nuestra gloriosa realidad.

La segunda está en Colosenses 3:4: “Cristo, vuestra vida.” ¡Cristo, nuestra vida! Esto significa una progresión: “Cristo nuestra vida” es un avance con respecto a “Cristo en nosotros”. Es Cristo nuestro vivir, nuestro movernos, nuestro andar, nuestro reposo, nuestro trabajar, nuestro reír, todo. Es una vida canjeada, ya no más yo, sino Cristo.

La tercera está en Colosenses 3:11: “Cristo es el todo, y en todos”. Esto parece ser la culminación. ¿Qué hay más alto que eso? Si Cristo es el todo en todos, significa que no hay nada aparte de Cristo. Él está al principio y al fin, delante y detrás, adentro y afuera, en lo íntimo y en lo externo. Cristo el todo, y en todos, en la iglesia, en los ángeles, en todos los seres espirituales, en todos.

Pero hay más. Pareciera ser que el propósito de Dios es que también Cristo sea el todo en todo.1 Significaría eso que los árboles, que los ríos, las montañas, los pájaros, los seres pequeños, los seres grandes, las estrellas, las galaxias inconmensurables, todo, ¡todo! expresará a Cristo. ¿Es digno el Señor de ser el todo en todo? ¡Sí lo es!
“Cristo en nosotros”, “Cristo, nuestra vida”, “Cristo el todo en todos y en todo”. Esta parece ser la culminación del propósito eterno de Dios. Propósito alto, sublime, y, sobre todo, centrado absolutamente en la persona de nuestro Señor Jesucristo.
Pero ¿cómo Cristo puede llegar a ser el todo? Para llegar a serlo sobre todos, primeramente ha de llegar a serlo en unos pocos. ¿En quiénes? ¡En los creyentes, en los hijos de Dios! Comencemos, pues, por lo básico. ¿Cómo es que llegó Cristo a estar dentro de nosotros?

La experiencia de Pablo

Quisiera mostrarles la experiencia de Pablo. Ustedes saben lo que le pasó a Pablo en el camino a Damasco, y en Damasco mismo. Pablo tuvo un encuentro dramático con el Señor. Hubo una voz del cielo, una luz cegadora, un ayuno de tres días, y una prodigiosa sanidad.

Esos hechos transformaron la vida de Pablo. Fue un vuelco total, un nuevo hombre salió de esos tres días de oscuridad. Después, cuando Pablo relataba su conversión, él contaba todas estas cosas gloriosas. Sin embargo, lo más importante que ocurrió en esos días no lo contaba a todos, sino sólo a los más íntimos.
En Gálatas capítulo 1 cuenta esa “otra” experiencia de Damasco. No fue la luz cegadora, no fue la voz terrible desde los cielos. Fue algo más profundo, que ocurrió dentro de Pablo: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba (...) Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles...”.

Aquí Pablo habla de una revelación que el Padre hizo en lo íntimo de su corazón. Cuando él relataba su conversión, él contaba hechos externos, pero aquí cuando escribe a las iglesias de Galacia, cuenta un hecho subjetivo.

Es importante notar que cuando Pablo escribe esta epístola, las iglesias de Galacia estaban comprometidas con el legalismo. Ellas se habían desviado del evangelio de la gracia, estaban desligándose de Cristo para caer en las obras. Para corregir esta deficiencia, Pablo necesitó echar mano a toda la autoridad que Dios le había dado. Entonces él dice que no es un apóstol constituido por hombres, que el evangelio no lo recibió de hombres y que la revelación que él tiene de Cristo no la recibió de hombre alguno, sino del propio Dios, que quiso revelar a su Hijo en él.

Amados hermanos, leyendo Hechos capítulo 9, podríamos pensar que lo más glorioso de la experiencia de Pablo fue escuchar la voz del Señor, recibir sanidad y todo eso; sin embargo, lo más glorioso, lo que aquí en Gálatas le otorga a Pablo autoridad apostólica, es haber recibido del Padre una revelación acerca de su Hijo.

La experiencia de los que son de Cristo

Para que Cristo sea el todo en los cristianos, tiene que primero producirse este milagro, este descubrimiento. Tiene que llegar el momento en que los cielos se nos abren, en que Cristo nos es revelado, en que nuestros ojos son tocados con el colirio de Dios, y nos damos cuenta que los milagros no son nada, que las luces no son nada, que conocer una corriente doctrinal no es nada, que tener una moda religiosa no es nada, que tener una tradición no es nada, ¡que sólo Cristo lo es todo!

Esta revelación, sin embargo, es propiedad de Dios. Él la da a quién quiere, sólo Él la administra. No son muchos los privilegiados con esta revelación. Hay muchos haciendo grandes obras, realizando grandes trabajos para Dios, pero no conocen al Señor Jesucristo. En ellos nunca el Señor podrá llegar a ser el todo. Porque la obra de Dios consiste en revelar a su Hijo, porque en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría, en él está toda la plenitud de Dios. ¡Qué gloria más grande! ¡Qué tesoro más inconmensurable! ¡Cristo en nosotros! ¡Cristo revelado por el Padre! ¡Dios ha descubierto el velo! ¡Dios nos ha revelado a su Hijo! Vanamente un atleta podría correr una carrera si no corre desde la partida. Vanamente un constructor podría levantar un edificio si no pone bien el cimiento. ¡Este es el comienzo! ¡Este es el punto de partida para que Cristo llegue a ser el todo en nosotros!

En 2 Corintios 5:16 dice: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. ¿Cómo conocen a Cristo las gentes? ¿Por una película? ¿Lo conocen por una novela? ¿Lo conocen en las páginas de la historia? ¿Lo conocen por algún relato de infancia? Los apóstoles que anduvieron con el Señor Jesús podían decir: “Nosotros le conocimos cuando hizo milagros, cuando fue y cuando vino, cuando salió y cuando entró”. ¿Pero saben? Ni siquiera ese conocimiento que los apóstoles tuvieron en esos tres años y medio con el Señor era el conocimiento fundamental. Ese no era el conocimiento que podía poner el fundamento para una edificación espiritual. El fundamento de la obra de Dios no es conocer a Cristo físicamente, no es conocerlo en un cuadro, o en una película. ¡El fundamento de la obra de Dios es Cristo revelado por el Padre en el corazón del hombre! Amados: Si hubiésemos conocido a Cristo en la carne, habríamos tenido que decir, igual que Pablo: “Ya no lo conocemos así.” El conocimiento que tenemos de él es espiritual. Del Espíritu Santo a nuestro espíritu.

La revelación del Padre

Mateo 16:13. El Señor les pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Las respuestas menudean, cada cuál más errada. Hasta que Pedro dice: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta declaración no fue producto de la inteligencia de Pedro. No fue producto de un curso de Teología avanzado. No fue una enseñanza de Gamaliel, el más versado de los fariseos de la época. ¿De dónde provino? El mismo Señor Jesús nos da la respuesta: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” ¿Podemos decir nosotros esto, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, no porque lo sepamos mentalmente, sino porque sea una realidad espiritual?
No sirve que lo sepamos de memoria. No sirve que lo hayamos escuchado. Sólo nos sirve que el Padre nos haya revelado a su Hijo. “Mi Padre que está en los cielos ...” – dijo el Señor, y agregó: “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Aquí se habla de una roca. La roca aquí naturalmente no es Pedro. Tampoco es Cristo sentado en el trono de Dios. La roca es Cristo revelado en el corazón tuyo y mío, amado hijo de Dios. ¡Esta es la Roca!

¿Hay en la tierra algo seguro, hay algo firme, hay algo imposible de remover? ¿Qué es? Es la revelación que el Padre ha hecho de Cristo en tu corazón. ¡Sí! Aunque vengan las tempestades, o venga Satán con todo su furor, hay algo inconmovible en la tierra. ¡Cristo revelado en ti y en mí! ¡Aunque mi mente lo olvidara, mi espíritu lo recordaría! ¡Aunque mis sentimientos se apagaran, mi espíritu todavía lo proclamaría! ¡Cristo en mí! ¡Cristo revelado por el Padre! ¡Aleluya!

“Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Pedro, tú eres demasiado voluble como para que seas la roca. Cualquier hombre es demasiado pequeño para serlo. ¡Sólo Jesús revelado es la roca!
Mateo 11:25 dice: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.” Estas palabras del Señor fueron dichas en un momento en que se regocijó en su espíritu. ¿Qué dijo el Señor en ese momento de éxtasis? ¡Vean lo que dijo ...! ¡Aleluya! El Padre escondió y el Padre reveló. Los sabios quedaron burlados. Los entendidos quedaron con sus mamotretos inútiles, con sus pergaminos apolillados, con su filosofía arrumbada. Y los niños, es decir, los pobres, los pescadores, los campesinos, los labradores. ¡Ah, los niños, a los niños el Padre les reveló estas cosas! ¡Les reveló a su Hijo amado! ¡Aleluya!

Las instituciones humanas tienen como fundamento un decreto, un organigrama, unos estatutos, una personería jurídica, o una cierta tradición. Pero eso no es el fundamento de la iglesia. No es tampoco la mejor doctrina, ni la mejor teología. Es Cristo revelado por el Padre. Dios revela a su Hijo, y entonces dentro del corazón del creyente se produce un milagro. Dios lo descubre y nosotros lo aprehendemos. Se abren nuestros ojos y vemos. ¿Cuántas veces hemos oído: “Hermano, ahora entiendo, ahora sé, ahora lo tengo. Pasé años enseñando, leyendo la Biblia, orando, años sirviendo aquí y allá, pero ahora veo. Ahora lo tengo, ahora Cristo está en mí”. Eso lo hemos oído muchas veces. Yo también lo he dicho. Ha sido nuestra experiencia.

Pero permíteme decirte: ¿Cuánto hemos tomado de Cristo? ¿Cuánto estamos disfrutando de Cristo? Amado, ¿cuánto está ocupando Cristo en tu corazón? ¿Cuánto de nuestra alma está poseyendo él? ¿Cuántos rincones de nuestro corazón está ocupando el Espíritu de Cristo? Esperamos que en estos días Cristo vaya avanzando para que llegue a ser el todo en nuestra vida. Si hoy comienza por nosotros; mañana lo será en toda la iglesia, en los reinos de este mundo, y después, en el universo entero. Todo expresará a Cristo. Pero hoy es necesario que él sea el todo en nosotros.

Sin revelación de Jesucristo, se pierde el norte

Cuando no hay esta revelación de Cristo en el corazón, entonces se pierde el norte. Hay quienes dicen: “¿Cómo podemos agradar a Dios?” Entonces leen Éxodo 20 y dicen: “¡Ah, para agradar a Dios tenemos que guardar los diez mandamientos!”. Otros leen Hechos 2 y piensan que la obra de Dios consiste en que todos seamos llenos del Espíritu Santo y que hablemos en lenguas. Otros, al leer Hechos 3, tal vez piensen que la obra de Dios consiste en realizar sanidades y milagros.

En el mundo cristiano hay muchos énfasis diferentes. Se toma un versículo de la Escritura o un capítulo, y se hace de eso la verdad fundamental. Y se comienza a trabajar y se invierten recursos para llenarlo todo con esa verdad. Pero todo eso es secundario y no puede reemplazar a la revelación de Jesucristo. El gran problema que tiene el pueblo de Dios es que no está habiendo revelación de Jesucristo. Hay variados énfasis, hay métodos, hay estrategias, hay modas religiosas, hay corrientes diversas, pero no está Cristo, o si está, es apenas un agregado, un complemento.

Hermano amado, hagámonos por un momento un examen: ¿Estamos siguiendo una corriente religiosa? ¿Estamos aquí porque nos gustan las canciones? ¿Cuál es nuestra verdad fundamental? ¿Es una forma de bautismo? ¿Es un énfasis doctrinal? Hermanos, si perdemos a Cristo, lo perdemos todo. ¡Si dejamos de predicarlo, si dejamos de mostrarlo, de enseñarlo, entonces lo perdemos todo!

Quiero decirte algo que tal vez te infunda un poco de temor. Hermano joven: tal vez has llegado a nosotros y estás participando de la vida de iglesia, ¿crees que todo estaría bien si no has visto al Señor? ¿Te parece que todo está bien si no le conoces íntimamente? ¿Te parece que es suficiente con asistir a las reuniones, con cantar estas canciones, y con ofrendar? Amados, si esto es así, tenemos que declarar nuestra mayor necesidad, y decir: “Padre, revélanos a tu Hijo”. Y si ya lo tenemos en el corazón, tenemos necesidad de decir: “Padre, llénanos de él; parece que lo conozco tan poco todavía, que lo amo tan poco todavía. Quiero que él sea el todo en mí”. No podemos conformarnos con las experiencias hermosas que tenemos en el seno de la iglesia. Esas cosas todavía no son el centro. El centro es Cristo.

Hermano, desde aquí declaramos nuestra impotencia. Tú puedes decirme: “Hermano, predícame a Cristo. Yo quiero tener a Cristo revelado. Muéstramelo.” ¿Sabes? Podríamos hacer esfuerzos sobrehumanos, podríamos predicarte todos los días y abrirte las Escrituras del Génesis al Apocalipsis. Pero ¿sabes? si el Padre no te revela a Cristo, entonces habremos perdido nuestro tiempo. ¡Oh Padre, esta es tu obra! ¡Padre, revela a tu Hijo!

La experiencia de Pablo no fue única, no fue exclusiva. Tú, como hijo, tienes los mismos derechos para decirle a Dios que te revele a su Hijo. El día que eso venga a tu corazón, entonces vas a darte cuenta que nada de aquello en lo cual habías puesto tu confianza es suficiente.

¿Hay algo en que tú te apoyes aparte de Cristo? Tal vez eso signifique que Cristo no es todosuficiente para ti. Tal vez te apoyes en que hace muchos años caminas en el evangelio, o en que eres pastor, o en que estudiaste en un Seminario, o bien te apoyas en tu buena conducta. Hermano, si no es Cristo, no es una base suficientemente sólida. ¿En qué se conoce que Cristo está revelado? En que todo lo demás cae. Pon cualquier nombre, cualquier cosa. Cualquier énfasis cae, porque Cristo es demasiado precioso para que algo se le compare. Cristo está ahora aquí por su Espíritu, está hablando a mi corazón y a tu corazón. Para que Cristo sea el todo en tu vida tiene que ocurrir primero este milagro: que Cristo te sea revelado por el Padre. Vamos a asegurarnos en esta noche que esto ocurra con todos nosotros.

Oremos: Padre, te damos gracias por tu amado Hijo Jesucristo. Revela ahora a tu Hijo en cada corazón. Sabemos que este es tu deseo más íntimo.

Te damos gracias, Padre, por este milagro. No los milagros externos que se disipan, que apenas tocan la epidermis. Te damos gracias por el milagro de esta revelación interior.
Padre, los que ya le conocemos, te pedimos: abre nuestro entendimiento para ver a Jesús todosuficiente, perfecto y completo. Para que él sea el todo en nuestra vida; para que mañana pueda ser el todo en toda la iglesia y en todo el universo. Amén.

1 Véase Col.1:20; Rom.8:21; Hebreos 2:9-10 (Biblia de Jerusalén).

Sobre los ocho espiritus malvados.

Sobre los Ocho Espíritus Malvados
La Gula
 1
Capítulo I

El origen del fruto es la flor y el origen de la vida activa
 2
es la templanza
 3
; quien domina el propio estómago hace disminuir las pasiones, al contrario, quien es subyugado por la comida incrementa los placeres.

Como Amalec es el origen de los pueblos, así la gula lo es de las pasiones. Como la leña es alimento del fuego así la comida es alimento del estómago. La
mucha leña alienta una gran llama y la abundancia de comida nutre la concupiscencia. La llama se extingue cuando hay menos leña y la penuria en la comida
apaga la concupiscencia.

Aquel que tiene dominio sobre la mandíbula desbarata a los extranjeros y disuelve fácilmente las ataduras de sus manos. De la mandíbula arrojada fuera brota
una fuente de agua y la liberación de la gula genera la práctica de la contemplación.

El palo de la tienda, irrumpiendo, mató la mandíbula enemiga y la sabiduría de la templanza mata la pasión
 4 .

El deseo de comida engendra desobediencia y una deleitosa degustación arroja del paraíso. Sacian la garganta las comidas fastuosas y nutren el gusano de
la intemperancia que nunca duerme.

Un vientre indigente prepara para una oración vigilante, al contrario un vientre bien lleno invita a un sueño largo.

Una mente sobria se alcanza con una dieta muy magra, mientras que una vida llena de delicadezas arroja la mente al abismo.

La oración del ayunante es como el pollito que vuela más alto que un águila mientras que la del glotón está envuelta en las tinieblas. La nube esconde los
rayos del sol y la digestión pesada de los alimentos ofusca la mente.

Capítulo II

Un espejo sucio no refleja claramente la forma que se le pone al frente y el intelecto, obtuso por la saciedad, no acoge el conocimiento de Dios.

Una tierra sin cultivar genera espinas y de una mente corrompida por la gula germinan pensamientos malignos.

Como el fango no puede emanar fragancia tampoco en el goloso sentimos el suave perfume de la contemplación.

El ojo del goloso escruta con curiosidad los banquetes, mientras que la mirada del temperante observa las enseñanzas de los sabios.

El alma del goloso enumera los recuerdos de los mártires, mientras que la del temperante imita su ejemplo.

El soldado bellaco retiembla al son de la trompeta que preanuncia la batalla, igualmente tiembla el goloso a los llamados de la templanza.

El monje goloso, sometido a las exigencias de su vientre, exige su tributo cotidiano. El caminante que camina con ahínco alcanzará pronto la ciudad y el
monje glotón no llegará a la casa de la paz interior
 5 .

El húmedo vapor del sahumerio perfuma el aire, como la oración del temperante deleita el olfato divino.

Si te abandonas al deseo de la comida ya nada te bastará para satisfacer tu placer: el deseo de la comida, en efecto, es como el fuego que siempre envuelve
y siempre se inflama. Una medida suficiente llena el vaso, mientras un vientre desfondado jamás dirá “¡basta!”. La extensión de las manos puso en fuga
a Amalec y una vida activa elevada somete las pasiones carnales.

Capítulo III

Extermina todo lo que sea inspirado por los vicios y mortifica fuertemente tu carne. Que de cualquier manera, en efecto, sea matado el enemigo, éste no
te producirá más miedo, así un cuerpo mortificado no perturbará al alma. Un cadáver no nota el dolor del fuego y menos aún el temperante siente el placer
del deseo extinguido.

Si matas a un egipcio
 6 ,
escóndelo bajo la arena, y no engordes el cuerpo por una pasión vencida: así como en la tierra engordada germina lo que está escondido, así en el cuerpo
gordo revive la pasión.

La llama que languidece se reenciende si se le agrega leña seca y el placer que se va atenuando revive con la saciedad de la comida; no compadezcas el cuerpo
que se lamenta por la carestía y no lo halagues con comidas suntuosas: si en efecto lo refuerzas se te volverá en contra llevándote a una guerra sin tregua,
hasta que esclavice tu alma y te haga siervo de la lujuria.

El cuerpo indigente es como un caballo dócil que jamás desensillará al caballero: éste, en efecto, dominado por el freno, se somete y obedece a la mano
de quien sujeta las riendas, mientras el cuerpo, domado por el hambre y las vigilias, no reacciona por un pensamiento malo que lo cabalga, ni relincha
excitado por el ímpetu de las pasiones.

La lujuria
Capítulo IV

La temperancia genera la mesura, mientras la gula es la madre del desenfreno; el aceite alimenta la luz de la lámpara y el frecuentar mujeres atiza la llamarada
del placer.

La violencia del oleaje se desencadena contra el mercader mal anclado como el pensamiento de la lujuria sobre la mente intemperante. La lujuria acogerá
como aliada a la saciedad, le dará licencia, se juntará a los adversarios y combatirá finalmente del lado de los enemigos.

Permanece invulnerable a las flechas enemigas aquel que ama la tranquilidad
 7 ,
quien en cambio se mezcla con la multitud recibe golpes continuamente.

Mirar a una mujer es como un dardo venenoso, hiere el alma, nos inocula el veneno y cuanto más perdura, tanto más arraiga la infección. El que busca defenderse
de estas flechas se mantiene lejos de las multitudinarias reuniones públicas y no divaga con la boca abierta en los días de fiesta; es mucho mejor quedarse
en casa pasando el tiempo orando en vez de hacer la obra del enemigo creyendo que se honra las fiestas.

Evita la intimidad con las mujeres si deseas ser sabio y no les des la libertad de hablarte ni confianza. En efecto, al inicio tienen o simulan una cierta
cautela, pero seguidamente osan hacerlo todo descaradamente: en el primer acercamiento tienen la mirada baja, pían dulcemente, lloran conmovidas, el trato
es serio, suspiran con amargura, plantean preguntas sobre la castidad y escuchan atentamente; las ves una segunda vez y levanta un poco más la cabeza;
la tercera vez se acercan sin mucho pudor; tú has sonreído y ellas se han puesto a reír desaforadamente; seguidamente se embellecen y se te muestran con
ostentación, su mirada cambia anunciando el ardor, levantan las cejas y rotan los ojos, desnudan el cuello y abandonan todo el cuerpo a la languidez, pronuncian
frases ablandadas por la pasión y te dirigen una voz fascinante al oído hasta que se apoderan completamente el alma.

Sucede que estas trampas te encaminan a la muerte y estas redes entretejidas te arrastran a la perdición; por tanto no te dejes ni siquiera engañar de aquellas
que se sirven de discursos discretos: en éstas, en efecto, se oculta el maligno veneno de las serpientes.

Capítulo V

Acércate al fuego ardiente antes que a una mujer joven, sobre todo si tú también eres joven: en efecto, cuando te acercas a la llama y sientes una buena
quemazón, te alejas rápidamente, mientras que cuando eres seducido por las charlas femeninas, difícilmente logras darte a la fuga.

La hierba crece cuando está cerca al agua, como germina la intemperancia frecuentando a las mujeres.

Aquel que repleta el vientre y hace profesión de sabiduría se parece a quien afirma que frena la fuerza del fuego con paja. Como efectivamente es imposible
apagar el mutable agitarse del fuego con la paja, así es imposible colmar en la saciedad el ímpetu inflamado de la intemperancia.

Una columna se apoya en una base y la pasión de la lujuria tiene sus cimientos en la saciedad.

La nave presa de las tempestades se apresura en llegar al puerto y el alma del sabio busca la soledad: una huye de las amenazadoras olas del mar, la otra
de las formas femeninas que traen dolor y ruina.

Un semblante embellecido de mujer hunde más que un oleaje marino: aún así, éste te da la posibilidad de nadar si quieres salvar la vida, mientras que la
belleza femenina, tras el engaño, te persuade de despreciar incluso la vida misma.

La zarza solitaria se sustrae intacta a la llama y el sabio que sabe mantenerse alejado de las mujeres no se enciende en la intemperancia: como el recuerdo
del fuego no quema la mente, así ni siquiera la pasión tiene vigor si falta la materia.

Capítulo VI

Si tienes piedad para con el enemigo éste será siempre tu enemigo, y si concedes a la pasión ésta se te revelará.

La vista de las mujeres excita al intemperante, mientras empuja al sabio a glorificar a Dios; pero si en medio de las mujeres la pasión está tranquila no
le des crédito a quien te anuncia que has alcanzado la paz interior
 8 .

El perro justamente menea la cola cuando se lo deja en medio de la multitud, pero cuando se aleja, muestra su maldad. Sólo cuando el recuerdo de la mujer
surja en ti privado de pasión, entonces considérate cerca de los confines de la sabiduría. Cuando en cambio su imagen te empuja a verla y sus dardos cercan
tu alma, entonces considérate fuera de la virtud.

Pero no debes mantenerte así en esos pensamientos ni tu mente debe familiarizarse mucho con las formas femeninas, la pasión es en efecto reincidente y tiene
al peligro junto a sí.

Como sucede efectivamente que una apropiada fundición purifica la plata pero si se prolonga la destruye fácilmente, así una insistente fantasía de mujeres
destruye la sabiduría adquirida: no tengas, por tanto, familiaridad prolongada con un rostro imaginado para que no se te adhieran las llamas del placer
y no queme la aureola que circunda tu alma: así como la chispa, si permanece en medio de la paja, desencadena las llamas, así el recuerdo de la mujer,
persistiendo, enciende el deseo.

La avaricia
 9
Capítulo VII

La avaricia es la raíz de todos los males y nutre como malignos arbustos a las demás pasiones y no permite que se sequen aquellas que florecen de ésta.


Quien desea hacer retroceder a las pasiones, que extirpe la raíz; si efectivamente podas para el bien las ramas pero la avaricia permanece, no te servirá
de nada, porque éstas, a pesar de que se hayan reducido, rápidamente florecen.

El monje rico es como una nave demasiado cargada que es hundida por el ímpetu de una tempestad: tal como una nave que deja entrar el agua es puesta a prueba
por cada ola, así el rico se ve sumergido por las preocupaciones.

El monje que no posee nada es en cambio un viajero ágil que encuentra refugio en todos lados. Es como el águila que vuela por lo alto y que baja a buscar
su alimento cuando lo necesita. Está por encima de cualquier prueba, se ríe del presente y se eleva a las alturas alejándose de las cosas terrenas y juntándose
a las celestes: tiene efectivamente alas ligeras, jamás apesadumbradas por las preocupaciones. Sobrepasa la opresión y deja el lugar sin dolor; la muerte
llega y se va con ánimo sereno: el alma, en efecto, no ha estado amarrada por ningún tipo de atadura.

Quien en cambio mucho posee se somete a las preocupaciones y, como el perro, está amarrado a la cadena, y, si es obligado a irse, se lleva consigo, como
un grave peso y una inútil aflicción, los recuerdos de sus riquezas, es vencido por la tristeza y, cuando lo piensa, sufre mucho, ha perdido las riquezas
y se atormenta en el desaliento.

Y si llega la muerte abandona miserablemente sus tenencias, entrega el alma, mientras el ojo no abandona los negocios; de mala gana es arrastrado como un
esclavo fugitivo, se separa del cuerpo y no se separa de sus intereses: porque la pasión lo aferra más que lo que lo arrastra.

Capítulo VIII

El mar jamás se llena del todo a pesar de recibir la gran masa de agua de los ríos, de la misma manera el deseo de riquezas del avaro jamás se sacia, él
las duplica e inmediatamente desea cuadruplicarlas y no cesa jamás esta multiplicación, hasta que la muerte no pone fin a tal interminable premura.

El monje juicioso tendrá cuidado de las necesidades del cuerpo y proveerá con pan y agua el estómago indigente, no adulará a los ricos por el placer del
vientre, ni someterá su mente libre a muchos amos: en efecto, las manos son siempre suficientes para satisfacer las necesidades naturales.

El monje que no posee nada es un púgil que no puede ser golpeado de lleno y un atleta veloz que alcanza rápidamente el premio de la invitación celeste.


El monje rico se regocija en las muchas rentas, mientras que el que no tiene nada se goza con los premios que le vienen de las cosas bien obtenidas.

El monje avaro trabaja duramente mientras que el que no posee nada usa el tiempo para la oración y la lectura.

El monje avaro llena de oro los agujeros, mientras que el que nada posee atesora en el cielo.

Sea maldito aquel que forja el ídolo y lo esconde, al igual que aquel que es afecto a la avaricia: el primero en efecto se postra frente a lo falso e inútil,
el otro lleva en sí la imagen
 10
de la riqueza, como un simulacro.

La Ira
Capítulo IX

La ira es una pasión furiosa que con frecuencia hace perder el juicio a quienes tienen el conocimiento, embrutece el alma y degrada todo el conjunto humano.


Un viento impetuoso no quebrará una torre y la animosidad no arrastra al alma mansa.

El agua se mueve por la violencia de los vientos y el iracundo se agita por los pensamientos alocados. El monje iracundo ve a uno y rechina los dientes.


La difusión de la neblina condensa el aire y el movimiento de la ira nubla la mente del iracundo.

La nube que avanza ofusca el sol y así el pensamiento rencoroso embota la mente.

El león en la jaula sacude continuamente la puerta como el violento en su celda cuando es asaltado por el pensamiento de la ira.

Es deliciosa la vista de un mar tranquilo, pero ciertamente no es más agradable que un estado de paz: en efecto, los delfines nadan en el mar en estado
de bonanza, y los pensamientos vueltos a Dios emergen en un estado de serenidad.

El monje magnánimo es una fuente tranquila, una bebida agradable ofrecida a todos, mientras la mente del iracundo se ve continuamente agitada y no dará
agua al sediento y, si se la da, será turbia y nociva; los ojos del animoso están descompuestos e inyectados de sangre y anuncian un corazón en conflicto.
El rostro del magnánimo muestra cordura y los ojos benignos están vueltos hacia abajo.

Capítulo X

La mansedumbre del hombre es recordada por Dios y el alma apacible se convierte en templo del Espíritu Santo.

Cristo recuesta su cabeza en los espíritus mansos y sólo la mente pacífica se convierte en morada de la Santa Trinidad.

Los zorros hacen guarida en el alma rencorosa y las fieras se agazapan en el corazón rebelde.

El hombre honesto huye de las casas de mal vivir y Dios de un corazón rencoroso.

Una piedra que cae en el agua la agita, como un discurso malvado el corazón del hombre.

Aleja de tu alma los pensamientos de la ira y no alientes la animosidad en el recinto de tu corazón y no lo turbes en el momento de la oración: efectivamente,
como el humo de la paja ofusca la vista así la mente se ve turbada por el rencor durante la oración.

Los pensamientos del iracundo son descendencia de víboras y devoran el corazón que los ha engendrado. Su oración es un incienso abominable y su salmodia
emite un sonido desagradable.

El regalo del rencoroso es como una ofrenda que bulle de hormigas y ciertamente no tendrá lugar en los altares asperjados de agua bendita.

El animoso tendrá sueños turbados y el iracundo se imaginará asaltos de fieras. El hombre magnánimo que no guarda rencor se ejercita con discursos espirituales
y en la noche recibe la solución de los misterios.

La tristeza
Capítulo XI

El monje afectado por la tristeza no conoce el placer espiritual: la tristeza es un abatimiento del alma y se forma de los pensamientos de la ira.

El deseo de venganza, en efecto, es propio de la ira, el fracaso de la venganza genera la tristeza; la tristeza es la boca del león y fácilmente devora
a aquel que se entristece.

La tristeza es un gusano del corazón y se come a la madre que lo ha generado.

Sufre la madre cuando da a luz al hijo, pero, una vez alumbrado se ve libre del dolor; la tristeza, en cambio, mientras es generada, provoca largos dolores
y sobreviviendo, después del esfuerzo, no trae sufrimientos menores.

El monje triste no conoce la alegría espiritual, como aquel que tiene una fuerte fiebre no reconoce el sabor de la miel.

El monje triste no sabrá cómo mover la mente hacia la contemplación ni brota de él una oración pura: la tristeza es un impedimento para todo bien.

Tener los pies amarrados es un impedimento para la carrera, así la tristeza es un obstáculo para la contemplación.

El prisionero de los bárbaros está atado con cadenas y la tristeza ata a aquel que es prisionero
 11
de las pasiones.

En ausencia de otras pasiones la tristeza no tiene fuerza como no la tiene una atadura si falta quien ate.

Aquel que está atado por la tristeza es vencido por las pasiones y como prueba de su derrota viene añadida la atadura.

Efectivamente la tristeza deriva de la falta de éxito del deseo carnal porque el deseo es connatural a todas las pasiones. Quien vence el deseo vencerá
las pasiones y el vencedor de las pasiones no será sometido por la tristeza.

El temperante no se entristece por la falta de alimentos, ni el sabio cuando lo ataca una disolución desquiciada, ni el manso que renuncia a la venganza,
ni el humilde si se ve privado del honor de los hombres, ni el generoso cuando incurre en una pérdida financiera: ellos evitaron con fuerza, en efecto,
el deseo de estas cosas: como efectivamente aquel que está bien acorazado rechaza los golpes, así el hombre carente de pasiones no es herido por la tristeza.

Capítulo XII

El escudo es la seguridad del soldado y los muros lo son de la ciudad: más segura que ambos es para el monje la paz interior
 12 .

De hecho, frecuentemente una flecha lanzada por un brazo fuerte traspasa el escudo y la multitud de enemigos abate los muros, mientras que la tristeza no
puede prevalecer sobre la paz interior.

Aquel que domina las pasiones se enseñoreará sobre la tristeza, mientras que quien es vencido por el placer no fugará de sus ataduras.

Aquel que se entristece fácilmente y simula una ausencia de pasiones es como el enfermo que finge estar sano; como la enfermedad se revela por la rojez,
la presencia de una pasión se demuestra por la tristeza.

Aquel que ama el mundo se verá muy afligido mientras que aquellos que desprecian lo que hay en él serán alegrados por siempre.

El avaro, al recibir un daño, se verá atrozmente entristecido, mientras que aquel que desprecia las riquezas estará siempre libre de la tristeza.

Quien busca la gloria, al llegar el deshonor, se verá adolorido, mientras el humilde lo acogerá como a un compañero.

El horno purifica la plata de baja ley y la tristeza frente a Dios libra el corazón del error; la continua fusión empobrece el plomo y la tristeza por las
cosas del mundo disminuye el intelecto.

La niebla disminuye la fuerza de los ojos y la tristeza embrutece la mente dedicada a la contemplación; la luz del sol no llega a los abismos marinos y la
visión de la luz no alumbra el corazón entristecido; dulce es para todos los hombres la salida del sol, pero incluso de esto se desagrada el alma triste;
la picazón elimina el sentido del gusto como la tristeza sustrae al alma la capacidad de percibir. Pero aquel que desprecia los placeres del mundo no se
verá turbado por los malos pensamientos de la tristeza.

La acedia
Capítulo XIII

La acedia es la debilidad del alma que irrumpe cuando no se vive según la naturaleza ni se enfrenta noblemente la tentación. En efecto, la tentación es
para un alma noble lo que el alimento es para un cuerpo vigoroso.

El viento del norte nutre los brotes y las tentaciones consolidan la firmeza del alma.

La nube pobre de agua es alejada por el viento como la mente que no tiene perseverancia del espíritu de la acedia.

El rocío primaveral incrementa el fruto del campo y la palabra espiritual exalta la firmeza del alma.

El flujo de la acedia arroja al monje de su morada, mientras que aquel que es perseverante está siempre tranquilo.

El acedioso aduce como pretexto la visita a los enfermos
 13 ,
cosa que garantiza su propio objetivo.

El monje acedioso es rápido en terminar su oficio y considera un precepto su propia satisfacción; la planta débil es doblada por una leve brisa e imaginar
la salida distrae al acedioso.

Un árbol bien plantado no es sacudido por la violencia de los vientos y la acedia no doblega al alma bien apuntalada.

El monje giróvago, como seca brizna de la soledad, está poco tranquilo, y sin quererlo, es suspendido acá y allá cada cierto tiempo.

Un árbol transplantado no fructifica y el monje vagabundo no da fruto de virtud. El enfermo no se satisface con un solo alimento y el monje acedioso no
lo es de una sola ocupación.

No basta una sola mujer para satisfacer al voluptuoso y no basta una sola celda para el acedioso.

Capítulo XIV

El ojo del acedioso se fija en las ventanas continuamente y su mente imagina que llegan visitas: la puerta gira y éste salta fuera, escucha una voz y se
asoma por la ventana y no se aleja de allí hasta que, sentado, se entumece.

Cuando lee, el acedioso bosteza mucho, se deja llevar fácilmente por el sueño, se refriega los ojos, se estira y, quitando la mirada del libro, la fija
en la pared y, vuelto de nuevo a leer un poco, repitiendo el final de la palabra se fatiga inútilmente, cuenta las páginas, calcula los párrafos, desprecia
las letras y los ornamentos y finalmente, cerrando el libro, lo pone debajo de la cabeza y cae en un sueño no muy profundo, y luego, poco después, el hambre
le despierta el alma con sus preocupaciones.

El monje acedioso es flojo para la oración y ciertamente jamás pronunciará las palabras de la oración; como efectivamente el enfermo jamás llega a cargar
un peso excesivo así también el acedioso seguramente no se ocupará con diligencia de los deberes hacia Dios: a uno le falta, efectivamente, la fuerza física,
el otro extraña el vigor del alma.

La paciencia, el hacer todo con mucha constancia y el temor de Dios curan la acedia.

Dispón para ti mismo una justa medida en cada actividad y no desistas antes de haberla concluido, y reza prudentemente y con fuerza y el espíritu de la
acedia huirá de ti.

La Vanagloria
 14
Capítulo XV

La vanagloria es una pasión irracional que fácilmente se enreda con todas las obras virtuosas.

Un dibujo trazado en el agua se desvanece, como la fatiga de la virtud en el alma vanagloriosa.

La mano escondida en el seno se vuelve inocente y la acción que permanece oculta resplandece con una luz más resplandeciente.

La hiedra se adhiere al árbol y, cuando llega a lo más alto, seca la raíz, así la vanagloria se origina en las virtudes y no se aleja hasta que no les haya
consumido su fuerza.

El racimo de uva arrojado por tierra se marchita fácilmente y la virtud , si se apoya en la vanagloria, perece.

El monje vanaglorioso es un trabajador sin salario: se esfuerza en el trabajo pero no recibe ninguna paga; el bolso agujereado no custodia lo que se guarda
en él y la vanagloria destruye la recompensa de las virtudes.

La continencia del vanaglorioso es como el humo del camino, ambos se difuminarán en el aire.

El viento borra la huella del hombre como la limosna del vanaglorioso. La piedra lanzada arriba no llega al cielo y la oración de quien desea complacer
a los hombres no llegará hasta Dios.

Capítulo XVI

La vanagloria es un escollo sumergido: si chocas con ella corres el riesgo de perder la carga.

El hombre prudente esconde su tesoro tanto como el monje sabio las fatigas de su virtud.

La vanagloria aconseja rezar en las plazas, mientras que el que la combate reza en su pequeña habitación.

El hombre poco prudente hace evidente su riqueza y empuja a muchos a tenderle insidias. Tu en cambio esconde tus cosas: durante el camino te cruzarás con
asaltantes mientras no llegues a la ciudad de la paz y puedas usar tus bienes tranquilamente.

La virtud del vanaglorioso es un sacrificio agotado que no se ofrece en el altar de Dios.

La acedia consume el vigor del alma, mientras la vanagloria fortalece la mente del que se olvida de Dios, hace robusto al asténico y hace al viejo más fuerte
que el joven, solamente mientras sean muchos los testigos que asisten a esto: entonces serán inútiles el ayuno, la vigilia o la oración, porque es la aprobación
pública la que excita el celo.

No pongas en venta tus fatigas a cambio de la fama, ni renuncies a la gloria futura por ser aclamado. En efecto, la gloria humana habita en la tierra y
en la tierra se extingue su fama, mientras que la gloria de las virtudes permanece para siempre.

La soberbia
 15
Capítulo XVII

La soberbia es un tumor del alma lleno de pus. Si madura, explotará, emanando un horrible hedor

. El resplandor del relámpago anuncia el fragor del trueno y la presencia de la vanagloria anuncia la soberbia.

El alma del soberbio alcanza grandes alturas y desde allí cae al abismo.

Se enferma de soberbia el apóstata de Dios cuando adjudica a sus propias capacidades las cosas bien logradas.

Como aquel que trepa en una telaraña se precipita, así cae aquel que se apoya en sus propias capacidades.

Una abundancia de frutos doblega las ramas del árbol y una abundancia de virtudes humilla la mente del hombre.

El fruto marchito es inútil para el labrador y la virtud del soberbio no es acepta a Dios.

El palo sostiene el ramo cargado de frutos y el temor de Dios el alma virtuosa. Como el peso de los frutos parte el ramo, así la soberbia abate al alma
virtuosa.

No entregues tu alma a la soberbia y no tendrás fantasías terribles. El alma del soberbio es abandonada por Dios y se convierte en objeto de maligna alegría
de los demonios. De noche se imagina manadas de bestias que lo asaltan y de día se ve alterado por pensamientos de vileza. Cuando duerme, fácilmente se
sobresalta y cuando vela los asusta la sombra de un pájaro. El susurrar de las copas de los árboles aterroriza al soberbio y el sonido del agua destroza
su alma. Aquel que efectivamente se ha opuesto a Dios rechazando su ayuda, se ve después asustado por vulgares fantasmas.

Capítulo XVIII

La soberbia precipitó al arcángel del cielo y como un rayo lo hizo estrellarse sobre la tierra.

La humildad en cambio conduce al hombre hacia el cielo y lo prepara para formar parte del coro de los ángeles.

¿De qué te enorgulleces oh hombre, cuando por naturaleza eres barro y podredumbre y por qué te elevas sobre las nubes?

Contempla tu naturaleza porque eres tierra y ceniza y dentro de poco volverás al polvo, ahora soberbio y dentro de poco gusano.

¿Para qué elevas la cabeza que dentro de poco se marchitará?

Grande es el hombre socorrido por Dios; una vez abandonado reconoció la debilidad de la naturaleza. No posees nada que no hayas recibido de Dios, no desprecies,
por tanto, al Creador.

Dios te socorre, no rechaces al benefactor. Has llegado a la cumbre de tu condición, pero él te ha guiado; has actuado rectamente según la virtud y él te
ha conducido. Glorifica a quien te ha elevado para permanecer seguro en las alturas; reconoce a aquel que tiene tus mismos orígenes porque la sustancia
es la misma y no rechaces por jactancia esta parentela.

Capítulo XIX

Humilde y moderado es aquel que reconoce esta parentela; pero el creador
 16
lo creó tanto a él como al soberbio.

No desprecies al humilde: efectivamente él está más al seguro que tú: camina sobre la tierra y no se precipita; pero aquel que se eleva más alto, si cae,
se destrozará.

El monje soberbio es como un árbol sin raíces y no soporta el ímpetu del viento.

Una mente sin jactancia es como una ciudadela bien fortificada y quien la habita será incapturable.

Un soplo revuelve la pelusa y el insulto lleva al soberbio a la locura.

Una burbuja reventada desaparece y la memoria del soberbio perece.

La palabra del humilde endulza el alma, mientras que la del soberbio está llena de jactancia.

Dios se dobla ante la oración del humilde, en cambio se exaspera con la súplica del soberbio.

La humildad es la corona de la casa y mantiene seguro al que entra.

Cuando te eleves a la cumbre de la virtud tendrás necesidad de mucha seguridad. Aquel que efectivamente cae al pavimento rápidamente se reincorpora, pero
quien se precipita de grandes alturas, corre riesgo de muerte.

La piedra preciosa se luce en el brazalete de oro y la humildad humana resplandece de muchas virtudes.

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1

Lo que hoy llamamos gula, Evagrio llamaba gastrimargía, literalmente “locura del vientre”.

2

“Vida activa” es la traducción más cercana a “praktiké”, la disciplina espiritual que según Evagrio se encuentra al principio del proceso de conformación
con el Señor Jesús y que tiene como fin purificar las pasiones del alma humana. A esto dedica Evagrio su “Tratado Práctico”.

3

Enkráteia, es un concepto mucho más rico que el término “templanza” si por éste se entiende solamente la virtud contraria a la gula. Por la raíz krat, que
significa “fuerza” o “poder”, esta virtud implica “dominio de sí” o “señorío de sí”.

4

Se trata de una comparación oscura, pero el mensaje es claro.

5

El término que usa Evagrio es Apátheia, que en su espiritualidad equivale al estado de plenitud espiritual, alcanzado mediante el dominio de las pasiones
y el silenciamiento del interior.

6

El “egipcio” es el nombre que los padres del desierto daban a un demonio especialmente feroz en la tentación.

7

Se refiere a la paz interior, la tranquilidad del recogimiento o la soledad, en el caso del monje.

8

Otra vez se trata del término Apátheia. Ver nota 5.

9

Philargyria, o amor al oro, al dinero. Evagrio le da especial importancia a este vicio, y presenta su demonio como particularmente astuto, pues presenta
al monje una serie de razonamientos que hacen aparecer la acumulación de bienes como un acto de sensatez y prudencia.

10

Para Evagrio, el apasionado posee en el corazón la imagen del objeto que lo domina.

11

Evagrio utiliza el término Aikhmálotos, que significa “prisionero de guerra”, pero al mismo tiempo hace referencia a la aikhmálosia, que en su teoría espiritual
es el estadio final de esclavitud del alma a los demonios, que llega como consecuencia de dejarse vencer sistemáticamente por ellos.

12

Otra vez , la Apátheia.

13

En la tradición de los monjes del desierto, el abandonar la celda era una de las principales tentaciones de la acedia. Visitar enfermos era, por tanto,
la manera de encubrir bajo el manto de la caridad el deseo de huir de la soledad.

14

El término Kenodoxía deriva de kenós “vacío, vano” y dóxa, “opinión”: una imagen de sí que se proyecta a los demás en base a valores inexistentes o insignificantes
por su trivialidad.

15

El término Hyperephanía proviene del superlativo hypér y phaíno, “lo que aparece”: aquello que aparece como más de lo que es, arrogancia, altanería.

16

Evagrio utiliza el término Demioyrgós, que en la tradición griega equivalía al trabajador manual o a la divinidad que creaba el mundo a partir de una materia
(Evagrio Póntico.
http://www.multimedios.com
).

Otra meditacion sobre La Cuaresma, camino hacia la Pascua.

La cuaresma, camino hacia la Pascua

Subsidio del Movimiento de Vida Cristiana

De la misma manera como el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para poder ingresar a la Tierra Prometida, la Iglesia,
Nuevo Pueblo de Dios, se prepara para vivir y celebrar la Pascua del Señor. A lo largo de cuarenta días nos vamos disponiendo para acoger cada vez más
profundamente en nuestras vidas el misterio central de nuestra fe. A este tiempo especial de preparación para la Pascua lo llamamos Cuaresma.

En efecto, la Cuaresma no es un viejo residuo de anticuadas prácticas ascéticas. Tampoco es un tiempo depresivo y triste. Se trata de un momento especial
de purificación, para poder participar con mayor plenitud del misterio pascual del Señor (ver Rm 8,17).

Tiempo de conversión

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión. Este camino supone cooperar con la gracia para dar muerte al
hombre viejo que actúa en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan
de Dios y, por consiguiente, de nuestra felicidad y realización personal.

En efecto, la vida cristiana no es otra cosa que hacer eco en la propia existencia de aquel dinamismo bautismal, que nos selló para siempre: morir al pecado
para nacer a una vida nueva en Jesús, el Hijo de María (ver Jn 12,24). Esa es la opción del cristiano: la opción radical, coherente y comprometida, desde
la propia libertad, que nos conduce al encuentro con Aquel que es Camino, Verdad y Vida (ver Jn 14,6), encuentro que nos hace auténticamente libres y nos
manifiesta la plenitud de nuestra humanidad.

Todo esto supone una verdadera renovación interior, un despojarse del hombre viejo para revestirse del Señor Jesús. En palabras de Pablo VI: "Solamente
podemos llegar al reino de Cristo a través de la metanoia, es decir, de aquel íntimo cambio de todo el hombre --de su manera de pensar, juzgar y actuar--
impulsados por la santidad y el amor de Dios, tal como se nos ha manifestado a nosotros este amor en Cristo y se nos ha dado plenamente en la etapa final
de la historia".

Esta es la gran aventura de ser cristiano, a la cual todo hijo de María está invitado. Camino que no está libre de dificultades y tropiezos, pero que vale
la pena emprender, pues sólo así el ser humano respuesta a sus anhelos más profundos, encuentra su propia felicidad.

Viviendo la Cuaresma

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica
cuaresmal.

Ante todo, está la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor,
deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre a la acción del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y
generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al sacramento de la Reconciliación y
la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno (ver Sacrosanctum concilium, 110).

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma.
No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar
con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el renunciar a ciertas cosas legítimas nos
ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León
Magno: "estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser,
debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados".

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquel a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. De esta
manera, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de la coherencia con la propia vocación cristiana" (Juan Pablo II).

María modelo

En este camino que nos prepara para acoger el misterio pascual del Señor, no puede estar ausente la Madre. María está presente durante la Cuaresma, pero
lo está de manera silenciosa, oculta, sin hacerse notar, como premisa y modelo de la actitud que debemos asumir.

Durante este tiempo de Cuaresma, es el mismo Señor Jesús quien nos señala a su Madre. Él nos la propone como modelo perfecto de acogida a la Palabra de
Dios. María es verdaderamente dichosa porque escucha la Palabra de Dios y la cumple (Lc 11,28).

Caminemos en compañía de María la senda que nos conduce a Jesús. Ella, la primera cristiana, ciertamente es guía segura en nuestro peregrinar hacia la configuración
plena con su Hijo.
(
http://www.multimedios.org
).

Que es la Cuaresma.

Qué es la Cuaresma

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección

 

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

 

Miércoles de Ceniza

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

 

Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.                                       .                                                                                           



Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es el que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

 

Viviendo la Cuaresma

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial.

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.

2. Luchando por cambiar.

3. Haciendo sacrificios.

4. Haciendo oración.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Consideraciones apasionadas sobre Juventud y Vida Religiosa.

«Gratos son al olfato tus perfumes» (Cant 1,3)

Consideraciones apasionadas sobre
«Juventud y Vida Religiosa»


Gabino URIBARRI
Jesuita, Profesor de Teología
en la Universidad Comillas. Madrid


«Gratos son al olfato tus perfumes;
perfume que se expande es tu nombre;
por eso te aman las doncellas» (/Ct/01/03)1


Los anuncios de TV operan muy calculadamente con la sugestión
de asociar a una marca de perfume o a una colonia un mundo de
ensueño que conecta con nuestros deseos íntimos2. Deseos que
todos llevamos dentro—también los eclesiásticos, religiosos y
religiosas—de ser bellos, atractivos, subyugadores, irresistibles. Su
mensaje no se centra en una descripción detallada de las bondades
del producto, sino que evoca y sugiere la identidad, el escenario
social y el mundo al que dicho perfume transporta. Así, se habla a
la fantasía y al deseo, no a la lógica o a la razón. Estas ofertas de
éxito, de felicidad, de identidad y de prestigio social provocan
resonancia y empatía. En el fondo de nosotros mismos, quizá
inconfesadamente, una parte nuestra nos dice que sería
maravilloso ese mundo de ensueño; pero es sólo un anuncio. Como
dice la sabiduría recogida por el Cantar de los cantares, las
doncellas aman a quien exhala perfumes, aromas y encantos; las
mozas acuden atraídas por la fragancia que encandila, enamora,
enciende, subyuga y apasiona. Esto es una verdad de todo amor:
del amor interhumano y del amor a Dios.

Pues bien, de esta forma de publicidad por todos conocida me
gustaría extraer dos conclusiones para situarnos en nuestro tema.
En primer lugar, el tipo de discurso es simbólico, no racional.
Tampoco se trata de un lenguaje ético ni, mucho menos,
moralizante. En segundo lugar, no se apela a razones, sino a
deseos, a la fantasía y a la imaginación. El mundo evocado por el
producto es más importante que el producto mismo. Éste aparece
como un mediador para entrar en esta esfera de vivencias y de
identidades. Sugiero que el discurso religioso con el que
acercarnos a los jóvenes, o presentar entre ellos nuestro modo de
vida, debería igualmente ser predominantemente simbólico y
dirigido a la fantasía y al deseo. Negativamente, estimo que un
lenguaje preponderantemente racional, lógico y/o ético resulta, de
entrada, menos cautivador y más desencaminado3. Más
radicalmente, y dicho de manera un tanto brusca: el problema de la
abundancia (o escasez) de vocaciones a la Vida Religiosa
finalmente estriba en que nosotros mismos seamos (o no seamos) y
nuestras comunidades y obras sean (o no sean) lenguaje simbólico
que hable a los deseos y a la fantasía de los jóvenes. En una
palabra, que seamos «fragancia de Cristo», en formulación de san
Pablo (cf. 2 Cor 2,15). Parafraseando al autor del Cantar, todo se
juega en que nuestro «perfume» sea grato al olfato de los jóvenes.


En estas páginas ofrezco unas consideraciones en las que
pretendo explorar cómo podemos en la Vida Religiosa ser fragancia
y exhalar un perfume que cautive, hechice, embelese y atraiga a los
jóvenes. Antes de abordar este tema, me parece oportuno explicitar
desde dónde hablo. También daré unas pinceladas sobre el marco
social y religioso que afecta hoy día a la escasez de vocaciones,
que es tema de fondo solicitado para este artículo.

1. Confesión inicial

Parto de las siguientes convicciones.

a) El Dueño de la mies quiere servirse de la Vida Religiosa para
alentar y fortalecer la vida de su Iglesia.

b) El Espíritu sigue activo, mueve los corazones y habla a los
jóvenes. Los jóvenes de hoy no son irreligiosos4, y generosidad no
les falta. Baste con pensar, para lo segundo, en el eco que
despiertan las conductas y los compromisos ecológicos, de los que
no se obtiene ni un beneficio personal ni inmediato. ¿Cuánta gente
se ha volcado por Bosnia o por el 0,7%? Como señala Ukeretis,
más que falta de generosidad escasean los canales concretos para
encauzarla, especialmente para dar respuesta a necesidades
nuevas y desatendidas5.

c) La vocación a la Vida Religiosa puede llenar efectivamente de
gozo y de alegría la vida de un joven.

d) La Vida Religiosa tiene futuro si logramos articular bien tres
elementos: 1. Una relación personal, intensa y gozosa con Dios,
junto con la capacidad de ser mistagogos del encuentro con Dios.
2. Una vida que no sea ajena a los dolores del mundo, sino que, en
medio de ellos y sin desentenderse de ellos, descubra la presencia
del Dios de la esperanza y el consuelo. 3. Un estilo de vida sencillo
y fraternal, que sea una alternativa al consumo y la competencia
avasalladora que genera la sociedad capitalista. Sobre este último
punto volveré más adelante.

Voy a hablar, primero, desde Europa occidental y para Europa
occidental. Segundo, desde una orden religiosa de vida activa y
apostólica, la Compañía de Jesús. Por ello, y en tercer lugar, desde
una perspectiva masculina y clerical. Todo esto tiñe mis
apreciaciones.

2. Pliego de descargo

No todos los factores que inciden negativamente sobre las
vocaciones son achacables a los religiosos ni se remontan a sus
fallos6. Me limito a enumerar algunos de ellos, sin ánimo de
exhaustividad.

a) No cabe duda de que la opción celibataria carece de sustento
y de aprecio social, incluso en círculos creyentes. El voto de
castidad resulta francamente desmesurado e incomprensible.

b)Tampoco parecen evidentes ni fáciles de mantener los
compromisos definitivos: ligarse a un modo de vida, a unas
personas y a una institución de por vida.

c) El número de hijos por familia ha disminuido notablemente. El
clima religioso dentro de las familias de raigambre católica ha
reducido su intensidad en amplios segmentos sociales, si es que no
ha desaparecido por completo.

d) La imagen de la Iglesia que reflejan los medios de
comunicación social suele ser más bien negativa, particularmente
cuando se refieren a la institución eclesial o a sus representantes
oficiales. Frecuentemente aparece como una institución retrógrada,
autoritaria y sexualmente represiva; en una palabra: un detritus
histórico anacrónico.

e) Las Iglesias institucionales no se benefician de un cierto
resurgir ambiental de lo religioso. El lema parece ser: «religión sí,
Iglesia no».

i) Ante una cierta moda teórica de lo solidario, las razones
humanitarias aparecen espontáneamente como válidas y
ejemplares, mientras que las estrictamente religiosas siguen siendo
opacas e impenetrables para la mayoría.

g) La Vida Religiosa o el sacerdocio ya no son tras el Vaticano II
las únicas posibilidades de vivencia radical de la fe.

La mayoría de estos factores escapan a nuestro control. Apenas
podemos incidir siquiera modestamente sobre ellos, excepción
hecha del último.


3. «Somos, en honor de Dios, fragancia de Cristo»
(/2Co/02/15)

Cuando discutimos acerca del problema de las vocaciones, se
suele mencionar la conveniencia de una propaganda más
adecuada o, más tímidamente, de una presentación más atractiva
del carisma de la congregación. Ciertamente, algo de ello será
necesario (cf. Rm 10,14), pero no reside ahí la cuestión. El asunto
está en si vivimos el carisma de forma fiel, auténtica, adaptada,
atractiva, visible, comprensible y asimilable. Es decir, si a través del
don del carisma de nuestro instituto podemos exclamar en verdad
con san Pablo.

«Pero gracias a Dios, que siempre nos hace triunfar en Cristo, y
en todo lugar pone de manifiesto por nosotros el olor (osmé) de su
conocimiento. Porque somos, en honor de Dios, fragancia (euôdia)
de Cristo...» (2 Cor 2,14-lSa).

En el lenguaje cotidiano manejamos el conocimiento por olor.
Entendemos perfectamente frases del estilo: «algo huele a podrido
en algunos sectores de la clase política». O nos atufa la petulancia
de los arrogantes. Los mercaderes huelen el negocio. Igualmente,
hemos conocido y visitado comunidades y familias con un aire
cautivador por su frescura evangélica, su sencillez, su hospitalidad,
la radicalidad de su compromiso lejos de toda arrogancia afectada o
automplaciente; es decir, por su fragancia. Así, puede decir Amós:
«Yo aborrezco, desprecio vuestras fiestas, no resisto el olor de
vuestras asambleas» (/Am/05/21).

Me interesa proponer la metáfora manejada por Pablo. Se está
refiriendo a su ministerio apostólico y a sí mismo, empleando para
ello el plural mayestático: «somos».

Si somos fragancia de Cristo, se debe primero a Dios. No es obra
nuestra; no se explica por nuestras fuerzas ni se reduce a nuestra
pericia. Tampoco es el resultado escueto de nuestro heroísmo ni de
nuestro compromiso.

Si somos fragancia de Cristo, es porque él primero nos ha
vencido. Y como los esclavos que acompañaban el cortejo triunfal
de los cónsules romanos, estamos encadenados a Cristo que nos
arrastra en su triunfo. Por Cristo hemos sido vencidos y humillados;
por Cristo se han deshecho nuestros planes y cálculos; por Cristo
hemos pasado por el escarnio y el hazmerreír; por Cristo hemos
optado por ser eunucos por el Reino de los cielos (cf. Mt 19,12) y
por la desposesión. Por Cristo encarnamos ya ahora el carácter
escatológico (definitivo) del Reino; por Cristo somos incapaces de
compaginar la pasión por Dios y su Reino con cualquier otra cosa
buena y santa; por Cristo somos ofrenda exclusiva para Dios en
favor de su pueblo.

Si somos fragancia de Cristo, entonces Dios nos ha convertido,
por el honor de su Nombre, en instrumento de su gracia y de su
salvación. Hemos sido constituidos en mediación, sacramento,
signo. En un instrumento por el que Dios actúa siempre (pantote) y
en todas partes (en panti topô). En una mediación para
manifestarse (faneroô) Él mismo y darse a conocer. El que se
acerque a nosotros, religiosos y religiosas, percibiendo el aroma
que expandimos y liberamos, entrará en contacto con el «olor del
conocimiento de Dios». Quien visite nuestras comunidades,
nuestras instituciones, habrá de percibir las esencias de este
perfume.

No somos fragancia de Cristo si, habiendo sido vencidos por Él,
mantenemos este elixir celosamente escondido en un hermoso
frasco de alabastro, tapado y bien lacrado, sin osar quebrarlo (cf.
Jn 12,3 y Mc 14,3), no sea que se pierda y disperse el aroma.

No somos fragancia de Cristo si tenemos que explicar con
palabras altisonantes y hueras que estamos entrando la vida por
Jesús Mesías y su evangelio, sin que esto se capte de forma no
verbal, por simple ósmosis.

No somos fragancia de Cristo si hemos de justificar y acreditar
con largas razones y discursos teológicos la bondad y la verdad de
nuestro carisma. No somos fragancia de Cristo que se expande si el
gesto de nuestra vida es una señal difusa, ambigua e indescifrable,
a no ser que se esté familiarizado con un código laborioso de
manejar.

No somos fragancia de Cristo cuando al rezar por las vocaciones
deseamos herederos; cuando al suplicar al Dueño de la mies que
envíe obreros a su viña (Mt 9,38) estamos más preocupados por las
fichas que necesitamos sustituir en nuestros tableros de
planificación pastoral, que movidos por la pena de ver tantas y tan
diversas gentes necesitadas de consuelo y de guías que les
orienten en el camino hacia el encuentro con el Padre de toda
bondad. No somos fragancia de Cristo cuando pedimos a los
jóvenes que pongan «todo su haber y su poseer» a la libre
disposición y determinación de la orden, y nosotros nos esforzamos
en mantener todo atado y bien atado. No somos fragancia de Cristo
cuando lo que ansiamos es que sigan adelante nuestras
fundaciones y obras—naturalmente, concebidas a mayor gloria de
Dios—y no nos duele el alma de anhelar que se mantenga en pie un
estilo radical de vivir consumido por el Reino.

No somos fragancia de Cristo cuando el Espíritu ya no encuentra
ninguna ranura, grieta u orificio por donde colarse en nuestros
edificios, para ponerlos patas arriba y descabalar nuestro orden y
nuestras previsiones sensatas. No somos fragancia de Cristo
cuando hemos fortificado nuestras casas a prueba de vendavales y
huracanes.

No somos fragancia de Cristo si de nuestros poros brota el
agotamiento, el cansancio y el mal humor.

Somos fragancia de Cristo si el contacto con nosotros genera
esperanza, alegría e ilusión. Cuando somos fragancia de Cristo,
nuestra vida resulta un sacrificio de olor grato a Dios.

Para que no quede todo en la abstracción, voy a enumerar
algunos de los ingredientes concretos que, sabiamente mezclados,
sirven para elaborar el divino perfume «fragancia de Cristo».

3.1. Peculiaridad, diferencia y expresión simbólica

En primer lugar no podremos ser fragancia de Cristo sin un
aroma especial, inconfundible, distinto, que se haga notar entre los
miles de ofertas que reciben los jóvenes en el mercado. Si nos
parecemos demasiado a sus padres o apenas nos distinguimos de
los «laicos comprometidos», no tendrá ningún sentido optar por la
Vida Religiosa.

Del estudio ya mencionado de Nygren y Ukeretis se desprende
que no tenemos claridad suficiente sobre el rol de los religiosos8.
Mayor claridad reina entre los contemplativos. No es casualidad que
en Alemania, con una crisis galopante de vocaciones femeninas, las
contemplativas tengan proporcionalmente muchas más que las de
vida activas. Éste es el terreno donde sería más deseable e
importante avanzar; primordialmente en el terreno vivencial, más
que en los aspectos teóricos.

Además, a partir del Vaticano II muchos religiosos y religiosas han
optado por una inserción muy fuerte en las estructuras de la Iglesia
local. Dicho crudamente, se han «parroquializado» y
«diocesanizado» 10. Esto repercute negativamente en las
posibilidades de percepción de la peculiaridad propia de la Vida
Religiosa y del carisma de la congregación en cuestión. Si las
órdenes religiosas surgen en la Iglesia como un soplo renovador del
Espíritu para atender a necesidades nuevas o desatendidas, la
asimilación a las estructuras diocesanas parece seguir el viento
contrario: la incorporación a lo ya existente e inventado. La
asimilación diocesana mina la fuerza profética de la Vida Religiosa.
La parroquialización encubre la misión particular y propia del
instituto. Tendrán más fácilmente futuro las congregaciones en las
que prima el sentido de la propia misión, y lo sepan articular
respondiendo a necesidades reales, críticas y desatendidas.

Los símbolos ostentan un gran poder expresivo. Además, poseen
la virtualidad de significar vivencias. Y no sólo significan
experiencias pasadas, sino que también pueden generar y
engendrar vivencias nuevas. Estas dos virtualidades operan tanto
en la esfera de los subgrupos culturales como en el conjunto de
una sociedad. De ahí la fuerza insustituible de los símbolos para
expresar la peculiaridad y la identidad; lo observamos a diario en
las tribus urbanas juveniles. Muchos religiosos hemos liquidado,
después del Vaticano II, la simbología que nos hacía a primera vista
socialmente identificables y diferentes: vestido (sotana, alzacuellos,
hábito) y tipo de vivienda (convento). Muy posiblemente, era
necesario para romper con un pasado en que aparecíamos
marcados por una teología preconciliar. Indudablemente, el deseo
de «encarnarse» quería derribar los muros de distancia que nos
alejaban de las condiciones normales de la vida de nuestros
contemporáneos. Posiblemente no haya que volver a lo anterior o a
todo lo anterior, pero sí creo que debemos generar una nueva
simbología social que exprese nuestra identidad. Por lo menos,
estas razones abogan en su favor; otra cosa es cómo pueda
concretarse.

Primero, Jesús mismo en el evangelio realiza acciones simbólicas.
Por ejemplo, la expulsión de los mercaderes del templo, el bautismo
en el Jordán, las comidas con los pecadores o la última cena. En
nuestra vida no deberían faltar por completo las acciones
simbólicas. Con ellas nos damos a conocer más que con palabras.
Segundo, los sacramentos ponen muy particularmente de
manifiesto la importancia de los símbolos en el lenguaje y la
experiencia religiosa. Los símbolos hablan a la fantasía y al deseo,
sugieren significados no desglosables en palabras, llegan a niveles
recónditos de la conciencia y arraigan muy en lo hondo de la
manera de sentir la verdad de la vida.

3.2. Mistagogia

MISTAGOGO/QUIEN-ES: Somos fragancia de Cristo si con
nuestro perfume «Dios pone de manifiesto por nosotros el olor de
su conocimiento» (/2Co/02/14b). Si Karl Rahner dijo en repetidas
ocasiones, hace ya años: «el cristiano del futuro será un místico, o
no será nada»", hoy día me atrevo a parafrasearle afirmando: o los
cristianos de hoy somos mistagogos, o no habrá cristianos mañana.
De modo equivalente podemos decir: o los religiosos de hoy somos
mistagogos, o no habrá religiosos mañana. Sólo se dan vocaciones
donde hay una experiencia fuerte y apasionada de Dios.
«Mistagogía» significa conducir al misterio. Más sencillamente, el
mistagogo es aquel que ayuda a la gente a encontrarse con Dios, a
experimentar personalmente el misterio de Diosa. Resulta chocante
y alarmante nuestra incapacidad—y la de la Iglesia en su
conjunto—para generar y transmitir experiencia religiosa originaria y
fundante. Omito un comentario sobre la liturgia y su papel en este
campo. Volveríamos a la importancia de lo simbólico, de un lenguaje
para la fantasía, el deseo y las entrañas.

Comentaba un compañero jesuita que en Guatemala, hace
bastantes años, más de veinte, un padre más bien mayor decía que
los evangélicos les ganarían la batalla a los católicos (en
Guatemala). Los demás se reían de él y no le daban crédito. La
mitad de la población guatemalteca, hoy, es evangélica. Además,
según este compañero, que dirige un programa de educación por
radio, inicialmente es más de fiar un maestro evangélico que uno
católico: es más honrado, más responsable, trata mejor a su familia,
se emborracha menos.

¿Por qué este cambio? Porque los evangélicos generan
experiencia religiosa original y fundante. Eso cambia la vida. No así
la instrucción catequética ni la amonestación moral.

3.3. Vida comunitaria

Somos fragancia de Cristo si nuestro perfume es atractivo, si la
gente quiere regresar embelesada a degustar su olor, si se
encuentra envuelta en un aroma de acogida, de fraternidad, de
espontaneidad, de simplicidad, de hospitalidad, de ternura, de
aprecio sin adulación. A pesar del individualismo de que hace gala
nuestra sociedad, en todos está muy arraigada la necesidad de una
pertenencia. Los jóvenes se asocian tribalmente. El deseo de una
vida comunitaria más intensa y auténtica es uno de los elementos
más buscados por los candidatos que se interesan por la Vida
Religiosa. Podemos ser signo contracultural atractivo.

De nuevo, el problema me parece más nuestro que de los
jóvenes. ¿A cuántas de nuestras comunidades podemos invitar a
un «prenovicio» o a una candidata para que confirme con los
hechos su deseo de vivir en comunidad, acogido, siendo sostenido
por los otros? ¿En cuántas de nuestras comunidades no reina un
individualismo atroz, un respeto excesivo? ¿Cuántas de nuestras
casas no están semiparalizadas en su dinámica comunitaria por
heridas viejas sin cicatrizar del todo? ¿Cuántas decisiones
personales tomamos sin filtro comunitario? ¿Cuánto tiempo
perdemos con los hermanos o hermanas de la comunidad
escuchándoles «inútilmente», sin rendir apostólicamente? ¿Qué
sacrificios hago gustoso por mi comunidad, porque triunfe una
iniciativa común que yo no he propuesto?

3.4. Opción por los pobres

A veces creemos ser fragancia de Cristo, porque estamos
trabajando como Jesús por los pobres y entre los pobres. De ahí la
perplejidad con que constatamos que nuestro perfume no parezca
ser grato al olfato, ni dé la impresión de que se expande su aroma,
ni mucho menos que las doncellas amen este perfume (cf. Cant
1,3). ¿Cómo puede ser esto? Ciertamente es innegable que los
religiosos, y más particularmente las religiosas, han hecho suya la
opción por los pobres preconizada por la Iglesia. Con temor y
temblor, presidido por un respeto enorme a quienes hacen carne
este modo de vida según el santo evangelio, insinúo tímidamente
estas reflexiones.

Primero, no es lo mismo la opción por los pobres en un país
occidental industrializado que en el Tercer Mundo, especialmente
en América Latina. Los pobres de un sitio y otro son muy distintos.
Acercarse a los pobres del Cuarto Mundo es sumergirse en un
ámbito donde «no se generan lenguajes creyentes»14. Así,
inicialmente parece que en el Cuarto Mundo la presencia de Dios es
más tenue y difícil de percibir. Si sólo se dan vocaciones desde una
experiencia intensa de Dios, y aquí Dios tiende a esconderse, es
más difícil que aquí se den vocaciones.

Segundo, no es fácil la integración de la vida espiritual y de fe
con la vida en el Cuarto Mundo. En algunos casos puede privar un
cierto voluntarismo disociado de la propia experiencia espiritual y de
Dios15.

Tercero, a veces surge la sospecha de si no reducimos nuestra
imagen de Jesús a su comportamiento ético. Si fuera así, le
estaríamos asimilando al Bautista. Igual que el precursor, nos
afanamos en denunciar los atropellos y las injusticias, vivimos
ascéticamente con el mínimo indispensable, deseamos como él que
Dios haga de una vez tabla rasa con los pecadores por amor a su
pueblo. Jesús no vivió tan ascéticamente: comía, bebía e iba a
casas de ricos y de explotadores consumados y reconocidos por el
pueblo: los recaudadores (Zaqueo).

También se mezclaba con las autoridades (el fariseo Simón,
Nicodemo). Jesús se acercó a los plagados de dolores y les curó,
pero no cerró su corazón a los ricos. No perdió el candor y la
ternura, no se amargó por tanto mal sin solución. Se alegró de la
preferencia de Dios por los pequeños (Lc 10,21). Si trató con
dureza a alguien, fue a los escribas y fariseos, los eclesiásticos de
la época.

Cuarto, la opción por los pobres es una llamada del Señor, no un
señuelo para las vocaciones16. Parece que Jesús nos dijera, como
a Pedro: «tú sígueme», y que lo que pase con Juan, más joven, es
otra historia (cf. Jn 21,22). Nuestra llamada no incluye como
contrapartida la promesa de una descendencia numerosa, al estilo
de Abrahán (cf. Gn 12,1; 15,5). La opción por los pobres parece
improcedente desde las técnicas del marketing «vocacional».
Según Nygren y Ukeretis: «... el mayor compromiso para trabajar
con los pobres, un valor fuertemente abrazado por la Iglesia y
particularmente entre los religiosos, se encontrará en una joven
hermana [de una congregación] apostólica. Actualmente este grupo
muestra la menor tendencia a aumentar de tamaño»17.

Mas el reclutamiento de vocaciones no es el objeto primordial de
la Vida Religiosa.


4. «Buscad primero su Reino y su justicia» (Mt 6,33)

Angustiarnos por la escasez de vocaciones puede ser muy
paralizante y estéril. Además, esta angustia se percibe en seguida y
repele las posibles vocaciones. El estudio de Nygren y Ukeretis
llega a esta conclusión:

«Si la Vida Religiosa ha de continuar siendo una fuerza vital en la
Iglesia y el mundo, el estudio del futuro de las órdenes religiosas en
Estados Unidos concluye que deben ocurrir cambios dramáticos en
la mayoría de las congregaciones en los Estados Unidos. Fidelidad
al espíritu del fundador y sensibilidad para necesidades críticas y
desatendidas de las personas son cruciales para la pervivencia de
la misión de las comunidades religiosas»18.

Parafraseando libremente una perícopa del sermón del Monte (Mt
6,25-34), podríamos decir: no os preocupéis primero de cuántos
vais a ser, de cómo vais a mantener vuestros colegios,
universidades, centros sociales, escuelas de catequesis,
guarderías, ambulatorios y hospitales. De esto se preocupan los
gentiles, los que no cuentan con la gracia de Dios. Mirad el inicio de
vuestros institutos y congregaciones; mirad los medios con que
contaba el fundador; mirad la confianza de vuestra fundadora en la
Providencia; mirad los pasos que dieron sin cálculo, sin tener todo
atado o claro; mirad la pasión y el amor que tenían a quienes
sirvieron y atendieron; mirad las dificultades en que osaron meterse
y cómo su fidelidad a Dios les proporcionó tribulaciones, angustias y
fracasos, mas en ellos Dios les sostuvo y les llevó en sus alas (cf.
Dt 32,11-12), les dio fuerza, sabiduría, bienhechores, amigos y
compañeros. Mirad los lirios y los pájaros, pues ellos alaban a Dios
sin construir graneros. Dios les alimenta y cuida. Vosotros buscad
primero el Reino y su justicia. Sed fieles a mi llamada. Entregad
vuestra vida ahora con coraje y aplomo. Compartid una misión que
desgarre de entusiasmo vuestras entrañas; una misión y un
entusiasmo de los que broten manantiales de agua viva para mi
pueblo y mi Iglesia. Atended a mi pueblo desamparado, perdido,
angustiado, solo, enfermo, maltratado y alejado de mí. Acercadle a
la fuente del consuelo, de la esperanza, de la Verdad y de la Vida.
Y no os preocupéis del mañana, que el mañana se preocupará de
sí mismo.

Si vivimos así, si trabajamos según este estilo; mejor, si somos así
de manera visible y articulada, con un cierto bizqueo hacia el mundo
juvenil, seremos lenguaje simbólico que hable a su fantasía y a sus
sueños de entrega. Por la gracia del don vivificante del Espíritu,
exhalaremos un perfume que anime a otros a pronunciar,
derrotados, conmovidos, arrebatados, entusiasmados y postrados
junto con nosotros: «El alma se me ha salido en su seguimiento»
(Cant 5,6).

Gabino URIBARRI
SAL TERRAE 1994/06 Págs. 473-485

........................
1. Sigo la traducción de Cantera-Iglesias, BAC, Madrid 19792, quienes
mantienen el texto hebreo propuesto en la Biblia hebraica stuttgartensia.
Otras versiones insertan el primer verso en el versículo 4. La elección de
un verso del Cantar en el título es premeditada. Desde los comentarios al
mismo de Hipólito (comienzos del s. IIl) y Orígenes (ca. 239-247), los
cristianos han leído e interpretado en él su experiencia espiritual,
comunitaria y personal.
2. Me inspiro en R. APARICIO, J. BENAVIDES, J. GARCIA, A. TORNOS,
«La publicidad: la nueva cultura del deseo e interpelación a la fe»:
Miscelánea Comillas 47 (1989) 495-546; X. QUINZÁ, La cultura del deseo
y la seducción de Dios (Cuadernos FyS, 24), Sal Terrae, Santander
1993.
3. J. MARTh4EZ CORTÉS, ¿Qué hacemos con los jóvenes? (Juventud /
sociedad / religión) (Cuadernos FyS 5), Sal Terrae, Santander 19892, pp.
45S, advierte sobre las nulas posibilidades de un discurso arrogante.
4. Ver: J. MARTINEZ CORTÉS, op. cit., p. 37.
5. D. NYGREN, M. UKERETIS, «Futura of Religious Orders in tille United
States. Research Executive Summary»: Origins 22, núm. 15 (sept. 24,
1992), PP. 257-272, aquí p. 261 en el margen. Es el resumen de los
resultados de un estudio sobre el futuro de la Vida Religiosa realizado en
Estados Unidos. Los autores dedicaron tres años de trabajo a la empresa,
contactaron con más de 10.000 hermanos, hermanas y sacerdotes
religiosos utilizando diversos instrumentos de medida para obtener
información: talleres, grupos de trabajo, entrevistas, etc. La investigación
final opera con una muestra aleatoria de 9.999 encuestas, de las que
recibieron un 77,4% de respuestas (7.736). Muchos de sus resultados son
claramente extrapolables a otros países occidentales industrializados. En
adelante me referiré a él como FORUS. Ahora han publicado un libro:
NYGREN & UKERETIS, The Future of Religious in the United States:
Transformation and Commitment, De Paul University, Chicago 1994.
6. Puede verse una lista bastante completa en «A Lineamenta Response
Letter from the National Religious Vocation Conference», escrito por Sister
Catherine BERTRAND, SSND, executive director, pp. 2-3.
8. Cf. FORUS, P. 263. La menor proporción de claridad se registra en
Estados Unidos entre las religiosas.
9. Lo mismo cabe pronosticar en general de las congregaciones monásticas
en Estados Unidos, cf. FORUS, P. 270.
10. Sigo reflexiones y datos de NYGREN Y UKERETTS, FORUS, P. 272.
14. T. CATALÁ. <<Salgamos a buscarlo» Notas para una teología y una
espiritualidad desde el Cuarto Mundo (Cuadernos «Aquí y Ahora» 21). Sal
Terrae. Santander 1992. p 12.
15. Ver FORUS. P 264, además de muchas observaciones agudas de T.
CATALÁ, op cit.
16. Ver T. CATALÁ, op. cit., p. 15.
17. FORUS, P. 264. Traducción mía.
18. FORUS, P. 270. Traducción mía.

El dolor es un maestro.

EL DOLOR ES UN MAESTRO
 
El dolor en sí mismo no es un mal que tengamos que evitar a toda costa.
El dolor es un maestro que nos puede enseñar muchas cosas.
El dolor nos instruye, nos dice que cambiemos, que dejemos de hacer una cosa y emprendamos otra,
que dejemos de pensar en cierta forma y empecemos a pensar en forma diferente.   
 
Y cuando nos negamos a escuchar al dolor y a sus enseñanzas, lo único que nos queda es convertirnos en escapistas.
Efectivamente, lo que decimos es:
  no voy a escuchar,
  no voy a aprender,
  no voy a cambiar.
 
Las personas abiertas y que van creciendo no toman a regañadientes la pedagogía del dolor y buscan el cambio.
 
Intentan respuestas y correcciones adecuadas.
 
Los otros no escuchan las enseñanzas del dolor.
Se contentan con establecerse y vivir con el 10 % de su potencial humano. Se contentan con morir,
sin haber realmente vivido.
 
Mediante las verdaderas y permanentes relaciones del amor, podemos recobrar la aceptación de nosotros mismos, la realización de lo que valemos.
Si poseemos estas dos cualidades, todo lo demás se irá desplazando en dirección del crecimiento, por el sendero de la paz.
 
Cuando faltan el amor y el sentido del valor personal, lo único que queda es una existencia parcial.
Y así solo podremos lograr una fracción de lo que pudimos haber logrado y sido.
 
Aprendamos del dolor.
(Desconozco el autor).

09/03/2011 13:34 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

La gran lección de la vida.

La gran lección de la vida
Lo importante de saber escuchar y ser escuchado, de saber compartir las penas y los sufrimientos de los demás....
Autor: P. Fernando Lora García | Fuente: Catholic.net


Había una vez un anciano, que solo buscaba alguien que lo escuchara. Caminó por ciudades, transitó por caminos buscando siquiera una sonrisa humana.....pero.... era tanta la prisa que todos llevaban....que ni esa sonrisa la pudo encontrar.

Desanimado, y falto de fuerza, se sentó sin esperanza junto a un árbol....allí, precisamente allí, encontró a otro anciano también desanimado porque tampoco había encontrado quien le brindara una sonrisa y lo escuchara.....ambos comenzaron hablar de sus tristezas, de sus amarguras, de su desesperanza. Ambos encontraron el mismo camino de ingratitud, de egoísmo y amargura....ambos terminaron convencido de una cosa: lo importante de saber escuchar y ser escuchado, de saber compartir las penas y los sufrimientos de los demás....


Ambos aprendieron la gran lección que le habían dado los hombres.... el camino del egoísmo sólo lleva a la destrucción de los valores más importantes de la humanidad: amar, compartir y servir.

Aprendamos también nosotros ésta hermosa lección, que estos dos ancianos nos dan: vivir solo para sí ,es el pecado más grave de la humanidad de hoy.

09/03/2011 13:36 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Pensamiento de la eternidad.

Pensamiento de la Eternidad

 

PUNTO I

San Agustín llamaba gran pensamiento al pensamiento de la Eternidad. A la luz de este gran pensamiento, los santos miraban los tesoros y grandezas de la tierra como si fueran paja, fango, humo,basura. Acosados por este pensamiento, huyeron del mundo y se retiraron a las soledades buscando desiertas cuevas tantos anacoretas, y se encerraron en el claustro tantos jóvenes de la más acrisolada nobleza, contándose entre ellos hasta reyes y emperadores. Este pensamiento ha comunicado valor indomable a innumerables mártires para soportar con gran constancia los sacrificios a que fueron expuestos como: las uñas de hierro, las parrillas encendidas, las hogueras y hasta la misma muerte.

No; no hemos sido creados para vivir perpetuamente en la tierra; Dios nos ha puesto en este mundo, para que con nuestras obras merezcamos la Vida Eterna, como lo dice San Pablo a los romanos: Tenéis por fin la Vida Eterna. Por esto llegó a decir San Euquerio que el negocio por el cual debemos luchar es la Eternidad; éste es el único que debe preocuparnos: alcanzar la Eternidad feliz y evitar la Eternidad desgraciada. Si logramos esto, seremos para siempre felices; pero si no acertamos en esto, seremos eternamente desgraciados.

Dichosa el alma que vive siempre con la mira puesta en la Eternidad, y que con firme y robusta fe cree que pronto ha de morir y entrar en la otra vida que nunca acabará. En efecto, el justo, dice, San Pablo, vive de la fe, de esa fe que conserva a los justos en la gracia y amistad de Dios; de esa fe que infunde la vida en las almas, desprendiéndolas de los afectos terrenos y poniéndoles siempre a la vista los bienes eternos que Dios tiene preparados para los que le aman. Decía Santa Teresa que todos los pecados traen su origen en la falta de fe. Para vencer las pasiones y luchar contra las tentaciones, es necesario que avivemos nuestra fe diciendo: Creo en la VIDA ETERNA, creo que después de esta vida, que pronto se acabará, para mí, habrá Otra Eterna, colmada de inefables dulzuras o saturada de exquisitos tormentos, y una de ellas me ha de tocar, según mis méritos o mis pecados.

Decía San Agustín que el que cree en la Eternidad y no se convierte a Dios, o ha perdido el juicio, o ha perdido la fe. ¡Oh Eternidad! exclamaba- quien piensa en ti y no hace penitencia, o no tiene fe, o si la tiene, ha perdido la razón. A este propósito refiere San Juan Crisóstomo que, cuando los gentiles veían pecar a los cristianos, los llamaban impostores o insensatos. Porque si no creéis lo que decís, sois unos impostores; y si creéis en la Eternidad y pecáis sois unos insensatos.¡Ay de los pecadores, exclamaba San Cesáreo, que entran en la Eternidad sin haberla conocido, por no haber pensado en ella! Son dos veces desgraciados, porque las puertas del infierno sólo se abren para recibir a esos miserables, y jamás se abren para dejarlos salir.

 

PUNTO II

Santa Teresa no se cansaba de repetir a sus religiosas: ¡Hijas mías, un alma, una eternidad! queriéndoles decir con esto: Tenemos hijas, un alma; si la perdemos, todo lo hemos perdido; y si la perdemos una vez, está perdida para siempre. Si la Eternidad, si el paraíso o el infierno fueran cosas dudosas o meras opiniones de personas sabias, aun en este caso debíamos de esmerarnos en llevar vida santa y ajustada, con el fin de no exponernos a perder el alma para siempre. Mas en este negocio no se trata de cosas dudosas, sino de cosas ciertas, que nos enseña la fe y que son más ciertas que las que vemos con los ojos del cuerpo. Pidamos, pues, al Señor que se digne aumentar nuestra fe, diciéndole con los Apóstoles: Aumenta nuestra fe y a pensar con fe viva en la Eternidad que nos aguarda, para hacernos santos. Dice San Gregorio que los que piensan en la Eternidad no se ensoberbecen en la prosperidad, ni en la adversidad se dejan abatir: porque nada desean en este mundo, ni tampoco temen cosa alguna. Cuando tengamos que padecer alguna enfermedad o persecución, traigamos a la memoria el infierno, que con nuestros pecados hemos merecido; pensando en esto, nos parecerán livianas las cruces más pesadas, y daremos gracias a Dios, diciendo con Jeremías: Es una misericordia del Señor el que nosotros no hayamos sido consumidos del todo. Digamos también con David: Si el Señor no me hubiese socorrido, seguramente sería ya, el sepulcro del infierno mi morada. Y con Isaías: Tú, Señor, me has librado de la perdición de mi alma. Porque Tú, Dios misericordioso, no me hubieras alargado la mano para arrancarme del infierno, estaría perdido para siempre.

 

RAMILLETE

¡Oh Dios mío!, bien sabes que he merecido muchas veces el infierno; pero, no obstante, me mandas que espere en Ti, y yo quiero esperar en tu misericordia. Mis pecados me atemorizan, pero me dan aliento y esperanza tu muerte y las promesas que has hecho de perdonarme. Te diré, con David, que al corazón contrito y humillado no lo despreciarás, Señor. Te he menospreciado en mi pasada vida; pero ahora te amo sobre todas las cosas y me arrepiento con toda mi alma de haberte ofendido. ¡Oh Jesús mío!, ten compasión de mí, y tú ¡Oh María, Madre de Dios!, intercede por mí.
(Desconozco el autor).

Reflexiones sobre la vida.

Reflexiones sobre la Vida

 

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie,

porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.

 

Acepta la responsabilidad de edificarte a tí mismo,

y el valor de acusarte en el fracaso para volver

a empezar otra vez, corrigiéndote.

 

Nunca te quejes del ambiente ó de quienes te rodean,

hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer.

Las circunstancias son buenas ó malas según

la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

 

Aprende a convertir toda situación difícil

en un arma para luchar.

 

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad

o de tu suerte, enfréntate con valor y acepta

que de una u otra manera son el resultado

de tus actos, y la prueba que has de ganar.

 

No te amargues de tu propio fracaso,

ni se lo cargues a otro, acéptate ahora

o seguirás justificándote como un niño.

 

Recuerda que cualquier momento es bueno

para comenzar, y que ninguno es tan terrible

para claudicar.

 

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo,

de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso.

 

Si tú has sido el ignorante, el irresponsable,

tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido tú.

 

No olvides nunca, que la causa de tu presencia

es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

 

Aprende de los fuertes, de los valientes,

de los audaces, imita a los enérgicos,

a los vencedores, a quienes no aceptan

situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

 

Piensa menos en tus problemas y más

en tu trabajo, y tus problemas sin alimento morirán.

 

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande,

que es el más grande de los obstáculos.

 

Mírate en el espejo de ti mismo.

 

Comienza a ser sincero contigo mismo,

reconociéndote por tu valor, por tu voluntad

y por tu debilidad para justificarte.

 

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza

que todo puede hacerlo; reconociéndote

a tí mismo más libre y más fuerte, dejarás

de ser un títere de las circunstancias,

porque tú mismo eres tu destino.

 

Levántate y mira por las mañanas,

y respira la luz del amanecer.

Tú eres la parte de la fuerza de la vida.

Ahora despierta, camina, lucha.

 

Decídete de una vez y triunfarás en la vida.

¡Nunca pienses en la suerte, porque la suerte

es el pretexto de los fracasados!

 

Pablo Neruda
(
http://www.celebrandolavida.org
).

09/03/2011 13:38 JOSE PORTILLO PEREZ Enlace permanente. MEDITA Y ORA No hay comentarios. Comentar.

Una mujer no es una flor.

Una mujer no es una flor
que puedes llevar a casa por una temporada
para admirarla, cuidarla y lucirla orgulloso
sólo mientras está fresca.
 
Una mujer no es una flor
para que después de disfrutar de su lozanía,
su aroma y sus colores, la dejes cuando esté marchita.
 
Si tú ya tienes compañera y está en casa,
será sin duda para toda la vida, entonces hazla feliz
y agradece a Dios por dejarte vivir al lado de la mujer que amas.
Millones de hombres que no tienen esa dicha,
darían la vida por lograrlo.
 
Pero el tiempo lo destruye todo,
con los años la belleza de tu amada, ya no será la misma,
su alma estará intacta o tal vez haya enriquecido,
pero físicamente comenzarás a verla de otra manera,
y es que su juventud poco a poco se irá alejando.
 
Cuando eso suceda, ojala recuerdes
que ella no es una flor que llevaste a casa por una temporada,
que es la mujer que despertó en ti el más noble de los sentimientos,
la misma jovencita que elegiste para formar un hogar
y que ella dejando todo, se fue contigo.
 
Ojala que el amor en su plenitud,
te haga seguir a su lado para siempre,
juntos como Dios manda hasta el final del camino,
amándola como merece, sin soberbias de juventud,
porque para entonces, tú también habrás envejecido.
(Desconozco el autor).

Ayunar.

AYUNAR

        Ayuna de juzgar a otros;

descubre a Cristo que vive en ellos.

        Ayuna de palabras hirientes;

llénate de frases sanadoras.

        Ayuna de descontento;

llénate de gratitud.

        Ayuna de enojos;

llénate de paciencia.

        Ayuna de pesimismo;

llénate de esperanza cristiana.

        Ayuna de preocupaciones;

llénate de confianza en Dios.

        Ayuna de quejarte;

llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.

        Ayuna de las presiones que no cesan;

llénate de una oración que no cesa.

        Ayuna de amargura;

llénate de perdón.

        Ayuna de darte importancia a ti mismo;

llénate de compasión por los demás.

        Ayuna de ansiedad sobre tus cosas;

comprométete en la propagación del Reino.

        Ayuna de desaliento;

llénate del entusiasmo de la fe.

        Ayuna de pensamientos mundanos;

llénate de las verdades que fundamentan la santidad.

        Ayuna de todo lo que te separe de Jesús;

llénate de todo lo que a El te acerque!
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Ayunare, Senor.

Ayunaré, Señor

 

Porque, sin tenerte cerca de mí,

mi paladar no me permite gustar

ni desear otra cosa que no sea a Ti.

 

Ayunaré, Señor.

Para tener hambre de Ti

y, para que deseándote sólo a Ti,

amanezca pensando en Ti,

camine pensando en Ti,

y descanse soñando en Ti.

 

Rezaré, Señor.

Para que, el maligno, no anide en mí,

y dejándome llevar por tu Espíritu,

salga vencedor en toda tentación

que me aleja de Ti, Señor.

 

Ayudaré, Señor.

Donde exista una mano abierta,

la colmaré con mi solidaridad.

Donde asomen las lágrimas,

intentaré ser la voz de tu consuelo.

Donde aparezca el desánimo,

sembraré en tu nombre la esperanza.

 

Ayunaré, rezaré y ayudaré.

Sabiendo que, en esta subida hacia la Pascua,

eres Tú quien me invita ayunar de lo superfluo,

a orar en mi encuentro personal contigo,

y ayudar a los más necesitados.

Para ello, Señor, conviérteme con tu gracia.

Eso… me basta.

Amén.

 

P. Javier Leoz
(
http://www.celebrandolavida.org
).

El rito de la ceniza.

El rito de la ceniza

 

CASIANO FLORISTÁN
profesor emérito de Teología Práctica
 de la Universidad Pontificia de Salamanca


EL carnaval es un tiempo de regocijo y de inconformismo que surgió en la Edad Media para cristianizar los licenciosos "lupercales" romanos. Durante unos días, año tras año, se permitían toda clase de bromas, imitaciones y críticas, antes de comenzar la cuaresma mediante la imposición de la ceniza, uno de los ritos religiosos más arraigados en nuestro pueblo. Durante los carnavales brillan las caretas y los disfraces, que ocultan gozosa y momentáneamente la dureza de la vida. Al recobrar el miércoles de ceniza los vestidos ordinarios, la cara descubierta y la frente alzada, se vuelve a mostrar lo que de verdad es el ser humano.

El claroscuro de la ceniza

La ceniza -que etimológicamente significa polvo- es residuo purificado de una combustión, lo que queda al extinguirse el fuego. Ampliamente usada en las religiones antiguas, se asocia a la culpa y a la caducidad, al luto y a la penitencia. Simboliza la amenaza constante que tiene el ser humano de retornar a la tierra. Para los griegos, egipcios, árabes y tribus primitivas, esparcir ceniza en la cabeza era un gesto de luto y de humildad. Los yoguis hindúes cubren su cuerpo de ceniza para expresar su renuncia al mundo. En las culturas antiguas, la ceniza es símbolo de muerte y de remordimiento.

Al mismo tiempo la ceniza es un "resto", es decir, algo que parece un final y en realidad es un comienzo, dados los rescoldos que la acompañan. Según la mitología primitiva, de la ceniza se alza el ave fénix a una nueva vida. Es señal de nacimiento y de resurrección.

En la tradición bíblica, la ceniza significa lo mismo que el polvo, a saber, pecado y fragilidad, ya que mancha, es perecedera y no tiene valor. Al mismo tiempo recuerda la pequeñez de la criatura frente a Dios. Se relaciona, de un lado, con el polvo; de otro, con el fuego y la llama. Es, pues, signo de aflicción, penitencia, calor y esperanza. Cenizas son asimismo los restos últimos del cuerpo humano incinerado que se guardan en una urna, se entierran en un cementerio o en un jardín junto a un árbol, se esparcen sobre las olas del mar o se lanzan a los cuatro vientos. En todo caso siempre se respetan o se honran. Son "restos mortales" sagrados.

"Dios formó al hombre del polvo de la tierra" -dice el Génesis mediante una parábola grandiosa-, y gracias al soplo divino se convirtió en un ser viviente. Hasta la reforma litúrgica del Vaticano II decía el sacerdote al penitente en la imposición de la ceniza: "Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás" (Gén 3, 19). Después del Concilio se privilegian la conversión y la renovación cuaresmal, con esta fórmula: "Conviértete y cree en el evangelio" (Mc 1, 15).

Recibida en la cabeza como duelo y penitencia es, pues, imagen de la fugacidad de la vida, reconocimiento público de la condición pecadora del ser humano y exhortación a la conversión. Los primitivos penitentes se ponían ceniza en sus cabezas para indicar públicamente que eran pecadores. La ceniza mancha, aunque es más liviana y menos pegajosa que el barro y el limo. Es símbolo de muerte e inicio de nueva vida. Dios saca vida de las cenizas y de la tierra.

Los cristianos introdujeron en sus ritos penitenciales el gesto de la ceniza. En los s. IV y V la recibían en sus cabezas los "penitentes públicos", aquellos que habían roto con la comunión eclesial por ser culpables de pecados graves, como el homicidio, la idolatría y el adulterio. Desde el s. VI, el rito de la ceniza del miércoles anterior al primer domingo de la cuaresma inaugura este tiempo de conversión. En el s. XI el papa Urbano II extendió su uso a todos los fieles del mundo.

La ceniza, que en principio es polvo o signo de lo transitorio, se convierte en comienzo de trascendencia. La cuaresma empieza para los cristianos con la ceniza de la conversión y acaba con la luz pascual renovadora. Este año celebramos el rito de la ceniza en un clima preocupante de preparativos militares, esperanzadoras movilizaciones y mensajes en favor de la paz, rechazo a la guerra, al terrorismo y a la violencia de género. Juan Pablo II ha pedido a los gobernantes que "hagan todos los esfuerzos por evitar nuevas desuniones en el mundo", tarea que nos incumbe a todos. "Toda guerra -afirma el Papa- es siempre un desastre para la humanidad".

Condición terrena

El número cuarenta, del que procede la palabra cuaresma, significa en algunas religiones un periodo de retiro para favorecer la experiencia de Dios y la comunión con los hermanos. En la Biblia es retiro en el desierto como tiempo de prueba y de tentaciones, en el que los deseos oscuros de acaparar riquezas y poderes deben perecer, para dar lugar a una criatura renovada, transfigurada por la luz de la razón y la gloria de Dios. En las cuarentenas bíblicas hay una lucha entre hambre y saciedad, riquezas y generosidad, poder y servicio, cenizas y purificaciones, tinieblas y luz, guerra y paz, ídolos de muerte y Dios de vida. El creyente pone a prueba la llamada de Dios o su vocación de cara a un compromiso de renovación en la paz, solidaridad y justicia. Recuerda al mismo tiempo la condición terrena del hombre pecador, asediado por mil preocupaciones y tentaciones.

El carnaval y la ceniza reflejan respectivamente la exaltación de lo lúdico y la pesadumbre del sufrimiento, ingredientes que componen la vida popular, por no decir la vida a secas. Cuando se apagan los carnavales, empieza la cuaresma con el "miércoles de ceniza".

El sentido de la Cuaresma.

Cortesía de
www.comayala.es
para la BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL

 

EL SENTIDO DE LA CUARESMA
 

1.      Cuando se plantea la cuestión de qué significa la cuaresma para la gente, si es que significa algo, suele aparecer la observancia (generalmente ligera) de algunas prácticas, como el ayuno, la abstinencia y la ceniza. Frecuentemente, no se le ve el sentido. Sin embargo, más antes que ahora, el asunto crea problemas de conciencia. Tales situaciones hacen actual la pregunta de Jesús: ¿También vosotros estáis sin entender? (Mc 7,18).

2.      De suyo, el ayuno consiste en privarse de todo alimento y de toda bebida durante uno o varios días. Por tanto, lo que nos encontramos son ayunos menores, mitigados por frugales colaciones, de las que se dice que no rompen el ayuno. Así, en la interpretación oficial, el ayuno supone hacer una sola comida al día, pero se puede hacer un sencillo desayuno y otra sencilla comida, además de la principal. La abstinencia se refiere a no comer carne, u otro alimento determinado por la conferencia episcopal (CDC, c. 1251).

3.      En las grandes religiones (por diversos motivos: ascesis, purificación, luto, oración, limosna) el ayuno ocupa un puesto importante. En el Islam es el medio por excelencia de experimentar la trascendencia divina. En el judaísmo se observa un gran ayuno el día de la expiación (Hch 27,9). Su práctica es condición de pertenencia al pueblo de Dios (Lv 23,29). Se ayuna para que Dios lo vea (Is 58,3-5). Los judíos piadosos lo hacen por devoción personal (Lc 2,37); algunos, dos veces por semana (l8,12). Hay quienes ayunan para ser vistos por los hombres (Mt 6,16-18). En los Hechos de los Apóstoles se mencionan celebraciones acompañadas de ayuno y oración (Hch 13,2-3;14,23).

4.      El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) recuerda el mandamiento de "ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia": "asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón" (n. 2043). ¿Y cuándo lo manda la Iglesia? En general, "son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma" (CDC, c. 1250). Son días de abstinencia todos los viernes del año, a no ser que coincidan con una solemnidad. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo (c. 1251). ). "La ley de la abstinencia obliga a quienes han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve" (c. 1252). No obstante, "la conferencia episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad" (c. 1253).

5.   ¿Cuál es la posición de Jesús? Los evangelios dicen que Jesús ayunó en el desierto, antes de comenzar su misión (Mt 4,2). Como Moisés (Ex 24,18) y como Elías (1 R 19,8), pasa cuarenta días, buscando la voluntad de Dios. Sin embargo, como práctica piadosa, Jesús no parece dar al ayuno demasiada importancia. En cierta ocasión, los fariseos y los letrados le dijeron: ¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: ¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Y añadió: Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo en pellejos nuevos (Mc 2,18-22). La práctica de la ceniza no aparece recomendada en el Evangelio. Al contrario: Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6,18).

6.      En otra ocasión, los fariseos y escribas le preguntan: ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen sin lavarse las manos?. Les dice Jesús: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando de lado el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino que lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

7.      Ya en casa, sus discípulos le preguntan sobre la parábola. El les dice: ¿También vosotros estáis sin entender? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado? -así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre (Mc 7,5-23). ¿Entendido?

8.      Así pues, lo que importa es la conversión. Se lee el primer viernes de cuaresma: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados... El ayuno que yo quiero es éste, dice el Señor: Abrir las prisiones injustas..., dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne (Is 58, 6-7).

9.      La cuaresma es tiempo de conversión. Según los casos, será inicial, fundamental o permanente. En los primeros siglos se distingue entre primera conversión (proceso bautismal) y segunda conversión (proceso penitencial). El Concilio Vaticano II invita a recuperar el doble carácter (bautismal y penitencial) del tiempo cuaresmal y a usar "con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal" (restaurando, según las circunstancias, "ciertos elementos de la tradición anterior"), "dígase lo mismo de los elementos penitenciales" (SC 109).

10.  Desde el final del siglo IV, la estructura de la cuaresma es la de los cuarenta días. En ella se situaba la etapa final del catecumenado, de purificación o iluminación, que servía de preparación próxima al bautismo. Era tiempo de discernimiento (escrutinios), de superación de resistencias (exorcismos), de catequesis (entregas del Credo y del Padre Nuestro). Todo ello se realizaba en contexto comunitario, a la escucha de la Palabra y en ambiente de oración. Desde el siglo VI, al menos a gran escala, desaparece el catecumenado, el marco en el que se situaba la cuaresma y en el que puede volver a situarse. En cualquier caso, la cuaresma es tiempo de conversión, centrado en el misterio pascual de Cristo. En la liturgia dominical encontramos: una cuaresma bautismal (ciclo A), una cuaresma centrada en Cristo (ciclo B) y una cuaresma penitencial (ciclo C).

·        Para la reflexión personal y de grupo:

o     ¿De qué hay que ayunar?

o     La cuaresma recupera su marco

o     recupera elementos bautismales

o     recupera elementos penitenciales.

Otra meditacion sobre la Cuaresma.

La Cuaresma
A. INTRODUCCION.
La cuaresma, como su nombre lo indica, es un período de cuarenta
días que la Iglesia ha fijado como preparación a la Pascua.
Comprende desde el Miércoles de Ceniza hasta antes de la eucaristía
vespertina del Jueves Santo.
B. HISTORIA DE LA CUARESMA.
Podemos hablar de dos etapas en la historia de la cuaresma.
1) Orígenes:
Antes que la cuaresma fuera Instituída formalmente por la Iglesia,
ya existían en el pueblo de Israel “prácticas cuaresmales” de
penitencia, ayuno y oración:
+ A.T. El ayuno de Moisés (Ex. 34, 28).
El precepto de la ley (Lv. 16, 29-31).
La penitencia de Nínive (Jo. 3, 1 ss).
+ N.T. Jesús modelo de ayuno y oración (Mt. 4, 1-2).
La primitiva comunidad (Hech. 14, 23).
San Ireneo en el siglo II y la “Didascalia” en el siglo III nos
hablan de ayunos precuaresmales, pero son únicamente algunos días, o
bien sólo durante Semana Santa.
2) Institución formal de la Cuaresma:
Fue hacia fines del siglo IV cuando la Iglesia instituye formalmente
este período de cuarenta días como tiempo de preparación a la
Pascua.
+ Los pendientes públicos: se preparaban a la reconciliación del
Jueves Santo con obras y ritos especiales.
+ Los catecúmenos: se preparaban para recibir el bautismo mediante
una participación más intensa en las instrucciones y celebraciones
propias.
+ Todos los fieles: se preparaban a la Pascua llevando a cabo obras
penitenciales y caritativas, y sosteniendo con su ejemplo y oración
a los penitentes públicos y a los catecúmenos.
Existía entonces la piadosa costumbre de las “Misas estaciones”, que
daban comienzo con la celebración del Miércoles de Ceniza y se
llevaban a cabo en dos templos: el templo de reunión y el templo de
estación, en el camino de uno a otro, los fieles, catecúmenos y
penitentes públicos organizaban procesiones cantando y rezando.
Además de estas celebraciones dominicales, los cristianos se reunían
los miércoles y viernes, en recuerdo de la captura y muerte del
Señor. La finalidad de estas reuniones era dedicarse con más
atención y empeño a la escucha de la Palabra de Dios y la oración.
C. SENTIDO ACTUAL DE LA CUARESMA.
Según la reforma del Concilio Vaticano II, la cuaresma tiene dos
sentidos:
1) Sentido Bautismal: la cuaresma nos recuerda nuestro bautismo y
prepara a los catecúmenos a recibirlo.
2) Sentido penitencial: la cuaresma es tiempo de hacer penitencia
individual y social:
+ Individual: aborrecer el pecado y recurrir con más frecuencia al
sacramento de la confesión.
+ Social: llevar a cabo obras de caridad.
D. CONTENIDO TEMÁTICO DE LA CUARESMA.
Los principales temas que la liturgia cuaresmal nos ofrece son:
1) La Cruz: significa hacer morir en nosotros al hombre viejo
inclinado a los placeres de la carne para renacer a una vida nueva
según el espíritu y la conducta de hijo de Dios.
2) Penitencia: reconocimiento de nuestro propio pecado y pobreza
para buscar con sinceridad nuestra conversión.
3) Bautismo: volver a nacer por el agua y el Espíritu a una vida
nueva, e insertarnos a la Iglesia pueblo de Dios.
4) Ayuno: ascésis física.
5) Oración: más frecuente, fervorosa, humilde, confiada y nutrida de
la palabra de Dios.
6) Caridad fraterna.
7) Escucha de la Palabra de Dios.

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum
www.churchforum.org

La Cuaresma, teniendo a la vista las lecturas dominicales del ciclo A.

La Cuaresma

Diác. Lic. Israel Córdova Osnaya

Revista Accion Femenina, marzo 2011

 

Este tiempo litúrgico que la Iglesia nos ofrece, es considerado como un tiempo penitencial, pero esta característica no es primaria ni mucho menos exclusiva. La Cuaresma depende esencialmente de la Pascua, que por su máxima importancia ha sugerido un período de preparación de cuarenta días. La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su ministerio público.

Efectivamente, la Cuaresma dura 40 días, comienza el miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, el color litúrgico es el morado que significa luto y penitencia; por tanto, es un período de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

TIEMPO DE ESCUCHA Y DE CAMBIO

La Cuaresma, también entendida como un tiempo para escuchar -de manera más frecuente- la Palabra de Dios, de cambio de vida, de practicar obras de misericordia, de muy intensa oración y de ayuno, nos favorece para ir al encuentro de Cristo Resucitado en la Pascua. Por todo ello, la Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a participar en plenitud de la victoria pascual de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte; de lo contrario tendríamos el peligro de alejarnos más de Dios por acción de nuestros pecados.

Hoy en todo pueblo de Dios, en su itinerario sobre la Pascua, revive el recuerdo de su propio bautismo, profundizando su significado y renovando su fidelidad a Dios y de su lucha contra el mal. Y, al mismo tiempo, se reconoce pecador con obras de penitencia y de caridad, listo para acoger el perdón de Dios y la gracia de una vida nueva.

LA IMPOSICIÓN DE CENIZA COMO MIRADA INTERIOR

La liturgia del Miércoles de Ceniza apela a toda la comunidad cristiana para que reconozca sus pecados (la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo, necesita de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación, dice el Concilio Vaticano II en su constitución dogmática Lumen Gentium, núm. 8).

La imposición de la ceniza sobre la cabeza del cristiano es un antiquísimo rito, usado para los penitentes, después se amplió a todos, acompañado de las palabras “conviértete y cree en el Evangelio” o “del polvo eres y al polvo te convertirás”. Estos gestos y palabras quieren despertar la conciencia penitencial de todos nosotros para una revisión de nuestra propia conducta, en otras palabras, es una mirada interior.

LA ESCUCHA DE LA PALABRA PARA DAR FRUTO EN LA VIDA DIARIA

Pero es propiamente en la escucha de la Palabra de Dios que se explica mejor el espíritu de la Cuaresma, porque la Palabra suscita la voluntad de la conversión, despierta la fe, propone el significado del misterio pascual y provoca el diálogo, es decir, la respuesta en la oración.

Las lecturas bíblicas de este “ciclo A” de la Cuaresma, desarrollan una línea histórico salvífica con la evocación de los eventos del Antiguo Testamento, y una línea sacramental con los grandes temas bautismales y los fuertes reclamos a la conversión. Este es un período, en el cual se debe comprender que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4) De la Palabra de Dios, Jesús trae la fuerza para vencer a Satanás y de ella (la Palabra) los cristianos sacamos el vigor y la fuerza para combatir al mal (diablo, odio, avaricia, lujuria, etc.); de ahí la importancia de ir a la celebración dominical (Eucaristía), para ser semejantes a los discípulos que escucharon en viva voz la Palabra de Jesús, para pasar después a recibir su Cuerpo y su Sangre de Cristo que hace capaz de germinar la Palabra-semilla, plantada en nuestros corazones y así, dar mucho fruto en nuestra vida diaria.

TIEMPO DEL PERDÓN Y RECONCILIACIÓN FRATERNA

En los domingos de la Cuaresma, las lecturas que nos presenta la liturgia se concentran en cinco temas fundamentales de este ciclo, que son: la narración de la tentación de Jesús en el desierto, la transfiguración de Jesús en el monte presentada por el evangelista Marcos, la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Estas tres últimas lecturas clásicas utilizadas desde la antigüedad, nos ayudan para explicar el significado sobre el tema bautismal: la vida que surge del agua (samaritana), la iluminación por el don de la fe (ciego de nacimiento) y el paso de la muerte a la vida (resurrección de Lázaro). El descubrimiento del valor del propio bautismo, es una condición irrenunciable para celebrar y vivir la Pascua.

En síntesis, podemos decir que la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
(
http://ar.groups.yahoo.com/group/reddecatequistas
).

Las 29 preguntas mas comunes sobre la Cuaresma.

Estas son las 29 preguntas más comunes sobre la Cuaresma con las respuestas que te harán comprender mejor el sentido de este periodo litúrgico.

¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?
"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" (n. 540).

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
"La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)." (Catecismo Iglesia Católica, n.1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
"Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia." (Código de Derecho Canónico, cánon 1249).

¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
"En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma." (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo." (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).

¿CUÁNDO ES CUARESMA?
La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:
1)El Miércoles de ceniza,
2)Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3)La Misa Crismal y
4)Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?
Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL?
"Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)." (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:
1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3.Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son:

Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Corregir al que yerra.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.
Rogar a Dios por los vivos y los muertos
Las Obras de Misericordia corporales son:
Visitar al enfermo.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Socorrer al cautivo.
Vestir al desnudo.
Dar posada al peregrino.
Enterrar a los muertos.

 ¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).

QUÉ ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
"La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad." (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES QUE CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.
Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1)La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2)La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el cánon. 767, & 3, 3).
3)La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del Sacramento de la penitencia: "son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia" (CEC, n. 1438), haciendo notar que "junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"; y,
4)El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.

Autor:
Redacción Church Forum

Fuente:
Church Forum
www.churchforum.org
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Miercoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma.

Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer en lo posible una sola comida fuerte al día o privarse de algunas cosas (la finalidad de esto es donar esa comida o la plata que me ahorro a alguien que no tenga que comer o este atravesando un mal momento) y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior. La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Esta Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y
evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.
(
http://www.egrupos.net/grupo/diosexiste
).

Origen y significado de la Cuaresma.

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LA CUARESMA

Por José Manuel Bernal Llorente

1. Prehistoria de la cuaresma: primeros apuntes

La primera referencia a una preparación pascual de cuarenta días aparece en un escrito de Eusebio de Cesárea que se remonta aproximadamente al año 332. En ese escrito Eusebio habla de la cuaresma como de una institución bien conocida, claramente configurada y, hasta cierto punto, consolidada. Esto nos permite pensar que a principios del siglo IV la cuaresma era ya una realidad establecida en algunas Iglesias.

Con todo, aún no es fácil determinar con precisión las características de este período de tiempo. Los datos que nos ofrecen los primeros testimonios son muy escasos. La referencia a la cuaresma surge casi siempre de manera incidental, como de paso. De todos modos, esos datos son las únicas fuentes de información de que disponemos y a ellos vamos a referirnos ahora. Veamos primero el testimonio de Eusebio:

        «Celebrando, pues, la fiesta del tránsito, nos esforzamos por pasar a las cosas de Dios, lo mismo que en otro tiempo los de Egipto atravesaron el desierto...

        Antes de la fiesta, como preparación, nos sometemos al ejercicio de la cuaresma, imitando el celo de los santos Moisés y Elías; respecto a la fiesta misma, nosotros la renovamos por un tiempo que no tiene límites. Orientado, pues, nuestro camino hacia Dios, nos ceñimos los lomos con la cintura de la templanza; vigilamos con cautela los pasos del alma, disponiéndonos, con las sandalias puestas, para emprender el viaje de la vocación celeste; usamos el bastón de la palabra divina, no sin la fuerza de la oración, para resistir a los enemigos; realizamos con todo interés el tránsito que lleva al cielo, apresurándonos a pasar de las cosas de acá abajo a las celestes, y de la vida mortal a la inmortal...

        Después de pascua, pues, celebramos pentecostés durante siete semanas íntegras, de la misma manera que mantuvimos virilmente el ejercicio cuaresmal durante seis semanas antes de pascua. El número seis indica actividad y energía, razón por la cual se dice que Dios creó el mundo en seis días. A las fatigas soportadas durante la cuaresma sucede justamente la segunda fiesta de siete semanas, que multiplica para nosotros el descanso, del cual el número siete es símbolo».

Éste es el primer testimonio que conocemos sobre la cuaresma. Ésta se presenta como un período de preparación a la pascua. Desde la perspectiva de Eusebio, cuaresma viene a ser un camino, semejante al de los hebreos por el desierto, que hay que recorrer en un clima de austeridad y de vigilancia ascética. Eusebio lo llama el «viaje de la vocación celeste». Es también un «ejercicio», que supone un esfuerzo y una voluntad de lucha. Los apoyos que se ofrecen a los creyentes para realizar la andadura cuaresmal son la lectura de la palabra de Dios y la oración. Sólo quienes recorren con valentía este camino estarán en condiciones de pasar de las cosas de este mundo al Padre.

Inspirándose en las interpretaciones simbólicas de su maestro Orígenes, Eusebio asegura que las seis semanas de la cuaresma significan el esfuerzo denodado, la lucha ascética. Las siete semanas de la cincuentena, que culminan el día cincuenta, son, en cambio, el símbolo del reposo futuro. Con otras palabras: cuaresma es el símbolo de la vida presente, de la existencia temporal; la cincuentena pascual es imagen del reino eterno.

También Atanasio de Alejandría recoge una breve alusión a la cuaresma en una de sus cartas festales escrita en 334. Se trata, pues, de un testimonio contemporáneo al de Eusebio. Ambos son, sin duda, el eco de una misma tradición:

        «Cuando Israel era encaminado hacia Jerusalén, primero se purificó y fue instruido en el desierto para que olvidára las costumbres de Egipto. Del mismo modo, es conveniente que durante la santa cuaresma que hemos emprendido procuremos purificarnos y limpiarnos, de forma que, perfeccionados por esta experiencia y recordando el ayuno, podamos subir al cenáculo con el Señor para cenar con él y participar en el gozo del cielo. De lo contrario, si no observamos la cuaresma, no nos será lícito ni subir a Jerusalén ni comer la pascua».

También en este caso la cuaresma es interpretada desde la perspectiva de la pascua. De nuevo surge la analogía entre la experiencia del pueblo de Israel en el desierto, camino de la tierra prometida, y la experiencia cuaresmal. Cuaresma es un tiempo de purificación y de adoctrinamiento. Al final del camino se yergue la pascua, representada como un gran festín, junto con el Señor, en el cenáculo. Sólo quienes se han sometido a la prueba cuaresmal, en la lucha ascética y en el ayuno compartirán con el Señor el banquete de la pascua.

Hay que anotar un detalle que considero importante. El mismo Atanasio, que en el fragmento citado se refiere a una preparación pascual de cuarenta días, en alguna de sus cartas anteriores habla sólo de una semana de preparación. Así, en la carta primera, escrita cinco años antes, dice:

        «Comenzamos el santo ayuno el día 5 de Pharmuthi (el lunes de la semana santa) y lo proseguiremos, sin solución de continuidad, durante esos seis días santos y magníficos que son el símbolo de la creación del mundo. Pondremos fin al ayuno el día 10 del mismo Pharmuthi, el sábado de la semana santa, cuando despunte para nosotros el domingo santo, el día 11 del mismo mes».

Este fragmento de Atanasio nos sitúa en el momento histórico en el que la preparación de la pascua se alarga pasando de seis a cuarenta días. Eso nos permite deducir que la cuaresma, en esas fechas, es todavía una institución incipiente. Incluso la simbología de los seis días, imagen de la actividad creadora de Dios, se aplica a las seis semanas de la cuaresma. Éstas, según las palabras de Eusebio anteriormente citadas, indican «actividad y energía». De esta forma, el número seis, que simboliza la acción creadora de Dios, evoca al mismo tiempo el esfuerzo ascético en el que se empeña la comunidad cristiana durante el «ejercicio» cuaresmal.

2. El marco de la cuaresma romana: configuración y estructura

También en Roma el tiempo de preparación a la pascua se ha visto sometido a un prolongado proceso de alargamiento. En tiempos de Hipólito, la preparación pascual se limitaba a dos días: viernes y sábado. Junto con el domingo de resurrección, estos tres días constituyen lo que Ambrosio y Agustín llamarán el triduum sacrum de pascua, o sacratissimum triduum crucifixi et resuscitati. Posteriormente hay vestigios de un ensanchamiento de este primitivo núcleo de dos días a un período de seis días. Eso lo confirma la estructura un tanto arcaica de la semana santa romana, con la asignación de la lectura de la pasión a los antiguos días feriales de sinaxis alitúrgica: el miércoles y el viernes.

Más tarde aparece en Roma un período de preparación a la pascua que dura tres semanas. Hecho extraño y exclusivamente romano. Sobre la existencia de esta preparación de tres semanas nos informa hacia el año 439 el historiador griego Sócrates: «Es fácil ver que los ayunos que se observan antes de pascua se guardan de modo distinto por unos y por otros, pues los que viven en Roma ayunan tres semanas seguidas antes de pascua, excepto el sábado y domingo».

A partir de esta noticia, parece claro que en Roma la preparación a la pascua ocupaba un período de tres semanas, con un ayuno diario, excepto sábados y domingos. Pero ¿a qué época se remonta esta institución prepascual de tres semanas?... Algunos indicios demuestran la existencia de este ayuno prepascual de tres semanas, que estaba ya en uso a finales del siglo III.

La fijación de esas tres semanas estuvo motivada probablemente por el deseo de hacer coincidir la pascua con el inicio cronológico del año. En Roma el año comenzaba el 1 de marzo. Por otra parte, la pascua no podía caer nunca antes del 22 de marzo. Teniendo en cuenta estas fechas, el mínimo de días que podían reservarse como preparación a la pascua era de 21 días; exactamente tres semanas. Es el tiempo que va del comienzo del año (1 de marzo) al posible día de pascua más cercano (22 de marzo). Como se ve, la motivación es estrictamente local. Por eso la tradición de las tres semanas quedó reducida al ámbito del área litúrgica romana.

3. Una experiencia de desierto

La estructura de la cuarentena exigirá desde el principio un enfoque peculiar de este tiempo de preparación a la pascua. Cuando el ayuno prepascual se limitaba a dos días o, a lo sumo, a una semana, las motivaciones de fondo que lo justificaban hacían referencia a la tristeza de la Iglesia por la ausencia del esposo, o respondían a un clima espiritual de ansiosa y vigilante espera, que culminaba cultualmente en la cena eucarística de la noche de pascua. La referencia a los judíos tuvo escasa importancia.

El ayuno cuaresmal -de cuarenta días- tendrá desde el principio unas connotaciones peculiares impuestas, en gran parte, por la misma significación simbólica del número cuarenta. Es altamente significativo que toda la tradición occidental inicia la cuaresma con la lectura del evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto. Este hecho, verificable en casi todas las liturgias de occidente, es una muestra de la importancia que reviste el tema del desierto y de la cuarentena para una interpretación global del conjunto de la cuaresma. El tiempo cuaresmal es, ante todo, una experiencia de desierto prolongada por espacio de cuarenta días.

    a) El ayuno de los cuarenta días

La antigua liturgia hispánica, al iniciar la celebración del primer domingo de cuaresma, invitaba a la comunidad de fieles a recordar el ejemplo de los antiguos padres. Se refiere a Moisés y Elías, los cuales nos enseñaron a santificar la cuaresma con el ayuno y la oración. Sobre todo, se subraya el ejemplo de Cristo, el cual, con su experiencia de desierto, nos enseñó a vencer la tentación y a alimentarnos de lo que sale de la boca de Dios.

Con la alusión a estos ejemplos, la antigua liturgia hispánica recoge una serie de temas fundamentales en los que se resume el talante espiritual de la cuaresma. Son temas tradicionales, clásicos. Constituyen el patrimonio espiritual de la tradición occidental. Me refiero a temas tales como el ayuno, la tentación, el desierto, la cuarentena, la escucha de la palabra de Dios y la oración. Son temas vinculados unos a otros y que la tradición los ha polarizado en torno a la cuaresma.

Hay en primer lugar una referencia clara al Antiguo Testamento. Esta referencia señala la resonancia simbólica del número cuarenta en conexión con la experiencia del desierto. En este sentido hay que tener en cuenta los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto camino de la tierra prometida (Dt 8,2 4; 29,4 5); o los cuarenta días que transcurrió Moisés en la cima del monte Sinaí sin comer ni beber (Éx 34,27 28; 24,18; Dt 9,18); o los cuarenta días y cuarenta noches que el profeta Elías pasó caminando por el desierto hasta el monte Horeb (1 Re 19,8). Todos estos acontecimientos, en los que la experiencia del desierto y del ayuno conecta con el simbolismo del número cuarenta, culminan en la experiencia de Jesús en el desierto. También Jesús se sometió a la tentación y al ayuno por espacio de cuarenta días y cuarenta noches. Todos estos hechos, que por supuesto no han pasado inadvertidos a la tradición cristiana, son los que garantizan un enfoque peculiar de la cuaresma. Más aún: el período cuaresmal hay que interpretarlo a la luz de esos acontecimientos y en conexión con ellos.

Cuaresma es, pues, sin duda, una experiencia de desierto. No es que la comunidad cristiana deba desplazarse a un lugar geográfico especial para vivir esta experiencia. Cuando aquí hablo de desierto, más que a un emplazamiento geográfico, me estoy refiriendo a un tiempo privilegiado, a un tiempo de gracia. Porque la experiencia de desierto es siempre un don de Dios. Es siempre él quien conduce al desierto. Fue él también quien condujo a Israel al desierto por medio de Moisés, y quien condujo a Jesús por medio del Espíritu. Este mismo Espíritu es quien convoca a la comunidad cristiana y la anima a emprender el camino cuaresmal.

El desierto es un lugar hostil, lleno de dificultades y de obstáculos. Por eso la experiencia de desierto anima a los creyentes a la lucha, al combate espiritual, al enfrentamiento con la propia realidad de miseria y de pecado. En este sentido, la cuaresma debe ser interpretada como un tiempo de prueba. Los cuarenta años que Israel pasó en el desierto fueron también un tiempo de tentación y de crisis, durante los cuales Yavé quiso purificar a su pueblo y probar su fidelidad (Dt 8,2 4; Sal 94). También Jesús fue tentado en el desierto. Durante la cuaresma la Iglesia vive una experiencia semejante, sometida a las luchas y a las privaciones que impone la mitilitia Christi. El cristiano vive un arduo combate espiritual. Lo vive siempre. No sólo durante la cuaresma. Pero la cuaresma representa una experiencia singular, una especie de entrenamiento comunitario en el que los creyentes aprenden y se ejercitan en la lucha contra el mal. Casi ninguno de los israelitas superaron la prueba. En realidad fueron muy pocos los que, habiendo salido de Egipto, consiguieron entrar en la tierra prometida. La mayoría sucumbieron en el camino. Hasta Moisés. Cristo, en cambio, salió victorioso de la prueba. El diablo no logró hacerle sucumbir. Los cristianos que realizan seriamente el ejercicio cuaresmal y recorren con asiduidad el camino que lleva a la pascua compartirán sin duda con Cristo la victoria sobre la muerte y sobre el pecado.

    b) Desierto y peregrinación

Al mismo tiempo, el desierto es un lugar de paso. Nadie construye una casa en el desierto. A lo sumo, uno se limita a plantar la tienda. La experiencia de desierto es un estímulo permanente a vivir el espíritu de lo provisional. La experiencia de este mundo, simbolizada en los cuarenta días, es una experiencia de lo provisional. Aquí también estamos de paso. No vale la pena acumular riquezas. Vivimos como peregrinos camino de la casa del Padre. Nuestra morada definitiva no está aquí. Por eso no vale la pena echar raíces. Hay que desprenderse del peso inútil para poder aligerar la marcha. Nuestra morada definitiva está allá, en el reino del Padre. Ésa es nuestra tierra prometida. La cuaresma nos enseña a caminar como peregrinos, viviendo el espíritu evangélico de la provisionalidad.

    c) Desierto y teofanías

El desierto es además el lugar de las grandes teofanías. Allí, en el desierto, es donde Israel ha celebrado los grandes encuentros con Yavé. Allí se reveló a Moisés. Allí se reveló también a Elías. Asimismo, la cuaresma es para la comunidad cristiana una invitación al encuentro con Dios que se revela, sobre todo a través de su palabra. La práctica cuaresmal del ayuno tiene como contrapartida la lectura asidua de la palabra de Dios, verdadero alimento espiritual de los creyentes. Porque el creyente, en cuaresma, se alimenta sobre todo de lo que sale de la boca de Dios: de su palabra. De esta forma, la abstinencia del alimento corporal queda compensada con el pan sublime de la palabra de Dios.

    d) Desierto y oración

Además, en conexión con lo apuntado, la cuaresma es un tiempo especialmente idóneo para el encuentro con Dios en la oración. Esta referencia a la oración aparece en los pasajes citados del Antiguo Testamento en conexión con la experiencia del ayuno. Moisés, al subir al Sinaí, «permaneció allí cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan y sin beber agua» (Ex 34,27 28). Sin embargo, en el Deuteronomio, al narrar la experiencia teofánica del Sinaí, se señala que durante ese tiempo de ayuno Moisés se dedicó a la súplica por los pecados del pueblo: «Luego me postré ante Yavé; como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, por todo el pecado que habíais cometido... Y una vez más me escuchó Yavé» (Dt 9,1819). Por otra parte, la peregrinación de Elías a través del desierto, estimulado prodigiosamente por el alimento que le suministró el ángel, hacia el monte de Dios en Horeb (1 Re 19,8), representa la vuelta al Sinaí, a la fuente misma de la revelación mosaica.

    e) Desierto y transfiguración

La experiencia teofánica, tan vinculada a la cuarentena, al ayuno y al desierto, adquiere una dimensión especial en el hecho de la transfiguración. Es éste uno de los temas característicos de la cuaresma. La nueva liturgia lo ha incorporado al domingo segundo de cuaresma. En la transfiguración reviste una particular importancia la presencia de Moisés y de Elías junto a Jesús transfigurado, en quien culminan la ley y los profetas, representados en los dos personajes. Tanto la montaña, en la que se sitúa el acontecimiento, como la nube que envuelve la escena son elementos clásicos que caracterizan a las grandes teofanías. En este caso, la referencia al hecho de la transfiguración nos parece subrayar la dimensión contemplativa de la vida cristiana. El encuentro teofánico con el Señor, experimentado por Moisés y Elías y culminado en el Tabor, nos invita a interpretar la cuaresma como una llamada a la oración silenciosa y contemplativa, a la lectura reposada, sapiencial, de la palabra de Dios, tal como se ha revelado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Cuaresma debe permanecer siempre como una oportunidad privilegiada para el encuentro con Dios.

4. Tiempo de penitencia

La cuaresma romana ha quedado fuertemente marcada por dos instituciones importantes: la penitencial y el catecumenado. Ahora voy a referirme a la primera. Es éste un aspecto que bien podríamos considerar connatural a la misma. Toda cuaresma, por el simple hecho de serlo, debe ser un tiempo de penitencia. De hecho, ya el mismo Eusebio de Cesarea -el primero que nos habla de la cuaresma- se refiere a ese tiempo de preparación a la pascua llamándolo «ejercicio cuaresmal». Sin embargo, en Roma esta dimensión adquiere unas connotaciones propias. El mismo ayuno, que aparece desde el principio como ingrediente esencial en la preparación a la pascua, reviste en Roma un sentido y unas resonancias que no poseía durante los primeros siglos.

La cuaresma romana, al insistir sobre el ayuno y sobre la penitencia, lo hace desde una perspectiva eminentemente ascética y penitencial. Es una forma de expresar el permanente control que el cristiano debe ejercer sobre sí mismo y la lucha abierta contra las pasiones y las apetencias de la carne que se alza contra las exigencias del espíritu. Al mismo tiempo, las prácticas de penitencia durante la cuaresma son asumidas como una forma de «satisfacción» o castigo para purgar los pecados propios y los ajenos. Hay, por otra parte, una permanente invitación al reconocimiento de los propios pecados y una llamada insistente a una conversión radical y absoluta.

Todos estos aspectos, que caracterizan sin duda la penitencia cuaresmal, sólo se entienden adecuadamente si se tiene presente que durante siglos el tiempo de cuaresma constituyó el cauce canónico oficial para celebrar el sacramento de la reconciliación. La misma estructura cuaresmal dio marco a la institución penitencial. Este hecho, que de suyo cae en la esfera de lo formal y accesorio, impregnó la cuaresma de una dimensión espiritual determinante. Iniciar la cuaresma ha significado y significa asumir las actitudes de fondo que caracterizan al hombre pecador, consciente de su pecado, arrepentido y confiado en la ilimitada misericordia de Dios.

Con la reforma litúrgica del Vaticano II se ha dado un nuevo enfoque espiritual de la cuaresma. No es tanto la penitencia corporal lo que interesa subrayar cuanto la conversión interior del corazón. Los textos bíblicos, extraídos muchos de ellos de la literatura profética, orientan la actitud cuaresmal de cara a una profunda purificación del corazón y de la misma vida de la Iglesia. Hay una continua descalificación de cualquier intento de cristianismo formalista, anclado en ritualismos falsos. La verdadera conversión a Dios se manifiesta en una apertura generosa y desinteresada hacia las obras de misericordia: dar limosna a los pobres y comprometerse solidariamente con ellos, visitar a los enfermos, defender los intereses de los pequeños y marginados, atender con generosidad a las necesidades de los más menesterosos. En definitiva, la cuaresma se entiende como una lucha contra el propio egoísmo y como una apertura a la fraternidad. A partir de ahí es posible hablar de una verdadera conversión y de una ascesis auténtica. Sólo así puede iniciarse el camino que lleva a la pascua. En este sentido, cuaresma viene a ser un tiempo que permite a la Iglesia -a toda la comunidad eclesial tomar conciencia de su condición pecadora y someterse a un exigente proceso de conversión y de renovación. Sólo así la cuaresma puede tener hoy un sentido.

5. Dimensión bautismal de la cuaresma

La cuaresma ha servido además de marco a la preparación inmediata de los catecúmenos antes de recibir el bautismo en la noche santa de pascua. Este hecho ha marcado también a la cuaresma romana, dándole un matiz peculiar y un enfoque espiritual de inspiración bautismal. Es cierto que desde hace siglos no existe ya el catecumenado, tal como lo estructuró la antigua Iglesia romana, y han desaparecido los escrutinios y demás celebraciones prebautismales que existían en los primeros siglos. Sin embargo, el sello bautismal no ha desaparecido nunca de la cuaresma. Más aún, este carácter se ha acentuado a partir de la última reforma.

Las razones de este hecho vienen de lejos. Aparte de las motivaciones teológicas de fondo que vinculan el bautismo al misterio pascual de Cristo (véase Romanos 6 y 1ª carta de San Pedro), la Iglesia fue tomando medidas concretas para dejar patente esta vinculación. Una cosa es decir que «cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte» (Rom 6,3), o que «con él fuimos sepultados por el bautismo en la muerte» (Rom 6,4), o que «nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya» (Rom 6,5), y otra cosa es establecer como fecha para el bautismo el día de pascua. Es entonces cuando la comunidad cristiana experimenta la vinculación entre bautismo y misterio pascual. Entonces se hace patente cómo el gesto de entrar en la fuente, desnudo, para sumergirse en el agua, nos hace compartir la muerte y la sepultura de Cristo. Al salir del agua y vestirse las túnicas blancas, los bautizados se sienten incorporados a Cristo resucitado, el primer hombre nuevo, el primogénito de entre los muertos. Esta celebración bautismal, enmarcada en el contexto de una intensa vivencia espiritual de la noche de pascua, adquiere connotaciones y resonancias realmente impresionantes. Así lo entendió la comunidad cristiana casi desde el principio.

Más tarde, la costumbre de bautizar a los niños inmediatamente después del nacimiento obligará, en los siglos X y XI, a simplificar los ritos y a reunirlos en una celebración única junto con el bautismo.

Las últimas reformas litúrgicas, al introducir la renovación de las promesas bautismales en la vigilia pascual y, sobre todo, al reactualizar el antiguo ritual del bautismo de adultos, han devuelto a la cuaresma la importancia que tuvo en otro tiempo como plataforma para la preparación bautismal. En este sentido hay que destacar la previsión de las tres misas de escrutinios para los domingos 3, 4 y 5 de cuaresma, con sus correspondientes lecturas, la inscripción del nombre al principio de la cuaresma y la solemne celebración, previa al bautismo, el sábado santo por la mañana. Aún en el caso de que no se prevean bautismos de adultos para la noche de pascua, siempre se urge la orientación bautismal de la cuaresma como preparación de toda la comunidad cristiana a la renovación de las promesas bautismales que tiene lugar en la noche de pascua. A este fin siempre es posible utilizar las lecturas bíblicas del ciclo A durante los domingos 3, 4 y 5, pertenecientes a la antigua catequesis prebautismal (la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro) y los nuevos prefacios compuestos para esa circunstancia. De este modo, la cuaresma se convierte para toda la Iglesia en un tiempo de reflexión en el que todos y cada uno de los fieles asumen conscientemente su condición de bautizados, hacen balance sobre el cumplimiento de sus compromisos y deciden ratificar solemnemente su proyecto de vida cristiana al renovar las promesas bautismales en la vigilia pascual.

6. La cuaresma después del Vaticano II

De una manera clarividente y precisa, el Concilio señaló, ya en la constitución Sacrosanctum Concilium (n. 109), la doble dimensión que caracteriza al tiempo de cuaresma: la bautismal y la penitencial. Al mismo tiempo, subrayó que se trata de un tiempo de preparación a la pascua en un clima de escucha atenta de la palabra de Dios y de oración incesante. De esta forma, el Concilio dejó claramente delimitadas las líneas de fuerza que confieren a la cuaresma su propia identidad, al margen de aditamentos superfluos o anacrónicos. Estas son sus palabras:

        «Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la liturgia al doble carácter de dicho tiempo».

Me interesa subrayar aquí que el Concilio, al describir la fisonomía espiritual especifíca de la cuaresma, no ha inventado nada nuevo. Se ha limitado a recoger, con sabio discernimiento, el contenido más genuino de la tradición. Esta visión, depurada y genuina, de la cuaresma ha constituido el punto de referencia, el criterio inspirador que ha permanecido subyacente en la labor de reforma.

La primera tarea consistió, sin duda, en devolver a la cuaresma su simplicidad original. Era necesario proceder a una labor de poda. Así se hizo. Por eso se suprimió el tiempo de la así llamada «pre-cuaresma», integrada por los domingos de septuagésima, sexagésima y quincuagésima. Este período de tiempo había ido anexionándose a la cuaresma progresivamente, aunque en épocas más tardías, de manera artificial y arbitraria.

La supresión de la pre-cuaresma no implicó, sin embargo, la supresión del miércoles de ceniza. Siempre fue ésta una fecha de amplia resonancia popular. Contaba, por otra parte, con una antigüedad venerable. Además, desde un punto de vista pastoral, la liturgia del miércoles de ceniza ofrecía aspectos importantes que podían contribuir a fijar, desde el principio, el enfoque espiritual de la cuaresma como tiempo de purificación y conversión de cara a la celebración de la pascua.

 

A fin de garantizar al máximo la sencillez original de la cuaresma, se suprimió también lo que se había dado en llamar «tiempo de pasión», que comenzaba el domingo 5 de cuaresma y terminaba el sábado santo. De esta manera el tiempo de preparación a la pascua quedaba constituido exactamente por un período de cuarenta días, con una estructura simple, clara y homogénea. Así, al situar la cuaresma entre el miércoles de ceniza y la celebración vespertina del jueves santo, se recuperaba la rica simbología del número cuarenta, de indiscutible peso específico en la configuración espiritual de este periodo de tiempo.

Además de esta labor depuradora, la reforma ha prestado una atención especial a la creación de nuevos textos de plegaria y a la reestructuración del leccionario, tanto de la misa como del oficio. Algunos textos han sido reutilizados, tal como aparecían en el viejo misal o con pequeñas variantes. Otros han sido extraídos de los viejos sacramentarios romanos e incluso de los pertenecientes a otras tradiciones litúrgicas. Otros, finalmente, han sido redactados de nuevo. En todos ellos, de un modo u otro, se trasluce una visión más positiva de la cuaresma, como preparación a la pascua, como tiempo de purificación y de conversión interior y como toma de conciencia del compromiso bautismal.

El trabajo de mayor envergadura consistió, sin duda, en la reforma del leccionario. La selección de textos para la primera lectura dominical, tomados siempre del Antiguo Testamento, sigue un enfoque nuevo. En ellos se hace mención de las grandes etapas que constituyen la historia de la salvación. De esta forma, la cuaresma se revela como un tiempo que, a través de la lectura de la palabra de Dios, nos permite un acercamiento al Dios que ha ido revelándose progresivamente a través de la historia. No es un conocimiento teórico, sino un contacto experiencial con el Dios vivo que ha querido hacerse presente, de manera progresiva, en la historia de los hombres.

Los textos seleccionados para la segunda lectura no constituyen un cuerpo compacto y coherente. Son fragmentos que sirven para complementar e ilustrar los temas contenidos, sea en la primera lectura, sea en el fragmento evangélico.

La temática recogida en este leccionario corresponde, sin duda, a la catequesis cuaresmal: radicalidad de la conversión cristiana, prácticas penitenciales y obras de misericordia, arrepentimiento y necesidad de la reconciliación sacramental. Durante las dos últimas semanas se ha respetado con escrupulosidad la venerable costumbre de la tradición romana de leer fragmentos del evangelio de Juan que recogen los grandes temas de la catequesis bautismal.

De esta manera, la reforma conciliar ha restablecido la estructura de la cuaresma original y ofrece a la comunidad cristiana un marco adecuado para recorrer el camino que lleva a la pascua. Las solemnidades pascuales quedan situadas en el eje medular del año litúrgico y constituyen el punto de referencia tanto de la cuaresma como de la cincuentena pascual. El misterio pascual penetra de esta manera la totalidad de la vida cristiana y se convierte en el elemento dinamizador de toda la acción pastoral.

(Extracto de "Para vivir el Año litúrgico", EVD)

Meditacion sobre San Pedro.

Uno de los personajes de las Escrituras que más me fascina, que más misterios y riquezas envuelven, que más simbolizan la perfecta esencia humana, tan falible, tan sencillamente verdadera, la simpleza que le saca el jugo a las enseñanzas de Cristo a pesar de sus defectos, aquel quien significa la perfecta relación entre Cristo y el hombre... aquel viejo y tosco pescador, protagonista de uno de los pasajes bíblicos que me hace escarapelar la piel de emoción cada vez que lo leo...

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SIMÓN, ME AMAS?

Miles de personas se congregaban en las prédicas de Jesús buscando solamente curación. Miles fueron los que lo recibieron con palmas en su entrada en Jerusalén. Y esos miles fueron los que pidieron luego su muerte y lo cambiaron por un criminal.

De esos miles, sólo unos cientos se le acercaron verdaderamente interesados en su mensaje. Pero ninguno lo defendió en el juicio, nadie pidió su justa libertad ni abogó por su inocencia.

De esos cientos, varias decenas fueron sus discípulos y seguidores creyentes de que Él era el Mesías, pero ninguno se arriesgó a ayudarlo en el camino de su calvario, nadie se le acercó a darle agua o a limpiarle las heridas en la frente y en el cuerpo.

De esas decenas Jesús eligió a 12, los más cercanos, sus discípulos, aquellos que vivían, comían, dormían y andaban con Él, aquellos a quienes pasaba todo el día enseñándoles. Ninguno de estos amigos íntimos pudo mantenerse despierto haciendo guardia ni se quedó con Él en la hora de la verdad, todos huyeron despavoridos cuando lo apresaron, pues no querían morir con o como Él.

De esos 12, el más cercano, el que siempre hablaba con Él, a quien Él dirigía la mayoría de sus palabras y enseñanzas, aquel que le juró nunca dejarlo ni negarlo... Aquel lo negó por miedo, a pesar de su bien conocido coraje y temeridad, lo abandonó también. Aquel, el impulsivo, el tosco, el pescador, Simón Pedro.

-Cara a cara ante Él, después de tragarme mis palabras: “Yo Señor? Negarte?.. ¡Jamás!... te lo juro”. A calor de las brasas en donde buscaba yo calor, en medio de esa infausta noche, Su silueta cruzó el patio y el primer rayo de sol desnudó mi vergüenza ante sus ojos. El gallo cantó. Me miró... Sus ojos me traspasaron las entrañas. La tristeza brotó del alma a chorros. Desesperación... Dolor... Traición... Lo había traicionado, yo... yo que nunca juré dejarlo solo y que pelearía por Él... No me mires así Señor... No quise hacerlo, no quise decirlo... Oh, nooo!! No me mires así, perdóname!!, no te vayas!!!!!! NOOOOO!!!!!!!! ...Oh Dios mío, qué he hecho!!... Quiero morirme. ¿Cómo pude hacerlo?

Horas después lo golpearon, lo torturaron, le hicieron caminar con su cruz a cuestas, lo desnudaron humillándolo... Estaba tan solo, ni siquiera sus amigos más queridos... nadie... Pedro no soportó su traición, huyó también y lloró amargamente.

Al atardecer de aquel día lo mataron, después de torturarlo, le clavaron la carne a un madero.

Tres días después fue una conmoción saber que su tumba estaba vacía.

-¿Él resucitó?, ¿será cierto, su promesa se cumplía?

Corrió a verlo...

-Sí es cierto, la tumba está vacía!!!!

Días después, Pedro estaba pescando junto a seis discípulos más, en su barca... Aún con la tristeza en el rostro, aún con el recuerdo de la mirada del Maestro clavada fijamente en él...

Siempre recordaría su mirada, hasta el último día de su vida, a cada minuto... con cada respiración... con cada latido... su vergüenza, su dolor, su traición, manchando esos tres años a Su lado. Cada vez que viera una silueta cruzar junto a las brasas encendidas por las noches, se acordaría, pensaría que talvez sería Él con su mirada acusadora presta, y lloraría nuevamente... siempre.

Un extraño en la orilla cercana interrumpió su tristeza.

-No, no hemos pescado nada, no tenemos nada para darle!!!!... Qué?... ¿Que mejor echemos las redes para el otro lado? Si, claro!!!!! Mucha diferencia...

Y de repente las redes estaban atestadas de pescado que amenazaba hundir la barca... Como en los viejos tiempos, como aquel día en que conoció al Maestro...

Entonces Juan dijo: “Es Él!!!...”

-No, no puede ser... Si... Maestro... Y ahora que me dirá? Qué hará conmigo después de lo que le hice?...

Y sin pensarlo Pedro se tiró al agua y nadó frenéticamente hacia la orilla, hacia el extraño... El Maestro... Estaba vivo... Era cierto... Llegó a sus pies y los besó. Ya no importaba lo que el Maestro le hiciera, cualquier castigo sería poco, pero no importaba... solamente quería estar a su lado, tenerlo cerca, estar a sus pies, besar sus llagas, llorar en su regazo, pedirle perdón...

Nuevamente ante el fuego de las brasas la silueta del Maestro se le acercaba. Su miradas se cruzaron otra vez, como en aquel negro amanecer. Pedro tenía miedo, pero aceptaría lo que fuese que le dijera el Maestro. Cristo le sonrió y le miró fijamente... Era la misma mirada de aquella noche, siempre esa misma mirada de amor del Maestro... Sólo que esa noche su vergüenza y desesperación no le permitieron contemplar el amor y el perdón... La misma mirada... la misma sonrisa que extrañaba, que recordaba...

Simón, me amas?...

Cuántas veces dicen las Escrituras que Cristo le hizo esa pregunta a Pedro?... Cuántas?... NINGUNA... Cristo le preguntó a Simón, no a Pedro. Pedro era la roca fuerte, Simón era la caña quebradiza, la debilidad, la infidelidad, la traición, la vergüenza. Pedro era el título que le dio Cristo, la confianza. Simón era el hombre... Cristo le hablaba al hombre.

Pedro volvió a llorar, pero esta vez de amor, pues la tristeza que viene de Dios construye a diferencia de la tristeza que viene del mundo, la que destruye. Pedro pudo resarcir sus faltas, una a una, de los mismos labios de Cristo, por la iniciativa del mismo Cristo. Él quiso perdonarlo antes de que Pedro se lo pidiera, Él sabía de su tristeza, de su vergüenza, e hizo lo más grande que se puede hacer por una amigo que sufre en busca el perdón... ir hacia él para perdonarlo. Cristo ya lo había perdonado en la cruz, pero quería escuchar de los labios del mismo Pedro que lo amaba y se arrepentía... y fue a su encuentro en el Tiberiades después de que resucitó.

...Cuántas veces tú y yo resultamos heridos, tristes y avergonzados por la debilidad de nuestro “Simón”, de ese lado débil nuestro que al recordar la mirada de Cristo ante la traición se acongoja y se siente perdido, creyendo que aquel recuerdo triste nos perseguirá hasta la muerte. El perdón no consiste en olvidar, simplemente en dejar de recordarlo con dolor, recordarlo, si, pero como lección aprendida... Ese es el perdón de Cristo, el perdón que nos permite seguir luchando, no importa la falta, el perdón que nos hace crecer...

Simón, me amas?...

...Sí Señor, pero... pero.... yo soy así. Todavía no puedo quitarme este rencor por esa persona, no puedo perdonarme por lo que hice, no me acepto como soy, todavía tengo miedo de tantas cosas...

Simón, dime, me amas?...

...Pero te insulto todos los días, tengo malos pensamientos, obro mal, paro borracho, no te cumplo, le fallo a los míos siempre... no soy confiable...

Sí, sí sí, ya se, pero... me amas?...

Pero...

Nada más contéstame. Quiero oírlo de ti, quiero perdonarte y amarte para que no te duela más...

Sí Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo...

Entonces sígueme, para siempre... Ve y lucha por mi Iglesia que te necesita...

El secreto de la santidad no es tratar de no caer nunca, sino de luchar por mantenerse fiel en el camino, a pesar de lo que somos, aceptándonos y ofreciendo nuestra lucha al Maestro...

¡Sí Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo...!

Autor: JHONNY M.R.

Domingo III de Cuaresma, ano 2011. Catequesis sobre el Bautismo.

   Padre nuestro.

   Domingo, 27/03/2011, Domingo III de Cuaresma del ciclo A.



   Estudio bíblico sobre el Sacramento del Bautismo y la conversión de la samaritana de Sicar.



   Indice:



   -Introducción.

   -1. El Sacramento del Bautismo.

   -1-1. El Bautismo de San Juan el Bautista.

   -1-2. La circuncisión, un símbolo del Bautismo cristiano, mencionado en el Antiguo Testamento.

   -1-3. El Bautismo cristiano.

   -2. La samaritana de Sicar.

   -2-1. Jesús y sus Apóstoles bautizaban a quienes aceptaban el Evangelio.

   -2-2. ¿Podrán alcanzar la salvación los niños que murieron sin recibir el Bautismo?

   -2-3. Jesús dejó la región de Judea y emprendió su marcha a Galilea.

   -2-4. Jesús llegó al pozo de Jacob.

   -2-5. Jesús le pidió a la samaritana que le diera agua.

   -2-6. San Juan justificó a los Apóstoles por no poder satisfacer la sed del Señor.

   -2-7. La samaritana se extrañó de que Jesús le pidiera agua.

   -2-8. El don de dios y el agua viva.

   -2-9. La justificación de nuestra necesidad de recibir el Bautismo.

   -2-10. Pidámosle a Jesús que nos eleve a la condición de hijos de Dios.

   -2-11. Los catecúmenos necesitan hacer penitencia antes de ser bautizados.

   -2-12. ¿Cómo quiere Dios que le tributemos culto?

   -2-13. Jesús  le dijo a la samaritana que El es el Mesías.

   -2-14. Los Apóstoles se maravillaron al ver que Jesús estaba hablando con la samaritana. La rareza de Jesús.

   -2-15. Después de dejar su cántaro, la samaritana se fue a su pueblo, y le dijo a la gente que, probablemente, Jesús era el Mesías.

   -2-16. El cumplimiento de la voluntad de Dios, es nuestro alimento espiritual.

   -2-17. Este es el tiempo en que debemos predicar la Palabra de Dios.

   -2-18. Dediquémonos a sembrar la semilla de la Palabra de Dios en los corazones de nuestros hermanos los hombres.

   -2-19. Prediquemos el Evangelio, teniendo como base de nuestro mensaje la doctrina apostólica.

   -2-20. Predicadores, no ambicionemos el hecho de alcanzar fama como evangelizadores, sino la posibilidad de ser buenas herramientas en las manos de Dios.



   Introducción.



   Estimados hermanos y amigos:

   En los primeros tiempos del Cristianismo, la Iglesia preparaba fervientemente a los catecúmenos, durante el tiempo de Cuaresma, para que recibieran los Sacramentos de la Penitencia, el Bautismo y la Eucaristía. Este año, siguiendo las indicaciones de los Padres del Concilio Vaticano II, sin perder de vista los textos evangélicos que meditaremos los tres Domingos anteriores al Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, vamos a meditar sobre los citados Sacramentos, así pues, en esta ocasión, meditaremos sobre el Bautismo (JN. 4, 1-42), el próximo Domingo, nos valdremos de la curación del ciego de Nacimiento (JN. 9, 1-41), para meditar sobre el Sacramento de la Penitencia, y, el Domingo siguiente, nos valdremos de la resurrección de Lázaro (JN. 11, 1-45), para meditar sobre la resurrección de los muertos, y el Sacramento de la Eucaristía, sobre el cual meditaremos, con mayor profundidad, el Jueves Santo en la Pasión del Señor.



   1. El Sacramento del Bautismo.



   El Bautismo es el Sacramento mediante el cual le pedimos a Dios que nos purifique de nuestros pecados para que, al ser inmaculados, -es decir, limpios de toda afección del mal-, podamos ser Hijos de nuestro Creador, quien no está relacionado con el pecado, y cuya justicia exige nuestra regeneración espiritual (la pureza y el hecho de que nos adaptemos al cumplimiento de la voluntad del Altísimo), para que podamos llegar a ser sus hijos. Por medio del citado Sacramento, nos identificamos con Cristo, en la esfera de su estado de Rey, es decir, de su autoridad y señorío. El don de nuestra purificación no se logra instantáneamente, pues conseguimos el mismo a través de una vida de esfuerzo penitencial. Dado que Dios sabe que nuestra imperfección nos impide igualarnos a El, nuestro Padre común es paciente, por lo que, tanto nuestro deseo de ser totalmente purificados, como nuestro esfuerzo a la hora de perfeccionarnos, le bastan para aceptarnos como hijos.

   La purificación ceremonial que los judíos llevaban a cabo antes de comer, lavándose las manos y los brazos hasta los codos, vertiéndose agua sobre los mismos, puede ser vista como un símbolo del Bautismo.

   "-Es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la  purificación de copas, jarros y bandejas-" (MC. 7, 3-4).

   La palabra "bautismo", es empleada en la Biblia, para simbolizar los padecimientos de nuestro Salvador. Tengamos en cuenta, -a este respecto-, que el proceso de la conversión, no siempre es fácil, pues suele estar caracterizado por dificultades.

   Cuando los hermanos Juan y Santiago, acompañados de su madre, le pidieron a Jesús que en el Reino de Dios, los sentara, al uno a su izquierda, y al otro a su derecha, nuestro Redentor les dijo:

   "«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado" (CF. MC. 10, 38-39).

   La copa de la que Jesús les habló a sus amigos, es aquella que contenía los padecimientos que exterminaron su vida. Nuestro Señor les dijo a dichos hermanos que, al igual que El, ambos sufrirían mucho por causa del Evangelio.

   Jesús describe el proceso de su bautismo, -el cual también es nuestro bautismo, que vivimos en conformidad con la grandeza de la fe que tenemos y ejercemos en el Dios Uno y Trino-, en el siguiente pasaje de la primera obra de San Lucas:

   "«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!" (LC. 12, 49-50).

   El fuego al que Jesús hizo referencia, es el elemento que nos purifica, el cual no es un fuego literal, sino las dificultades, mediante las cuales, somos limpios del pecado, y, por tanto, hechos aptos, para ser hijos de Dios. Dado que Jesús tenía que demostrarnos su amor tanto a Dios nuestro Padre como a los hombres, tenía mucho miedo mientras esperaba enfrentarse a su desesperada Pasión, pero, a pesar de su gran temor, tenía una gran ansiedad por superar esa prueba, porque sabía que, después de vivir su sufrimiento, viviría con la dicha de haber servido convenientemente a nuestro Creador.



   1-1. El Bautismo de San Juan el Bautista.



   El Bautismo de San Juan el Bautista, les era administrado a quienes deseaban ser purificados de sus pecados, para así poder vivir entregados al cumplimiento de la voluntad de Edonay.

   "Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados" (MC. 1, 4-5).

   Quienes eran bautizados por San Juan, debían dar frutos dignos de su arrepentimiento, es decir, debían ceñirse al cumplimiento de la voluntad de Dios.

   "Dad, pues, fruto digno de conversión" (MT. 3, 8).



   1-2. La circuncisión, un símbolo del Bautismo cristiano, mencionado en el Antiguo Testamento.



   De la misma manera que los judíos debían ser circuncidados para pertenecer a su religión, los cristianos debemos ser bautizados, para poder formar parte de la asamblea de los discípulos de Cristo.

   "Dijo Dios a Abraham: «Guarda, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación. Esta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros -también tu posteridad-: Todos vuestros varones  serán circuncidados. Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. A los ocho días s