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Dios escribe recto con lineas torcidas.

Dios escribe recto con líneas torcidas.

Gracias a que, por casualidad, aquella mujer descubrió la carta que él tenía
sobre su escritorio, estalló la crisis. --¿Cómo pude olvidarme y dejar allí
la carta?--, se preguntaba él, mientras salía de la casa en plena
lluvia, --¿cómo pude ser tan torpe e insensato?--, se decía mientras
conducía por aquella interminable carretera...

Con el paso de los años, aquel despiste fue recordado por ambos como un
catalizador que hizo renacer sus vidas y renovar una situación que había
devenido infernal. Poco a poco, lo que pareció ser una maldición basada en
el insólito olvido del documento fue, posteriormente, recordado como el
suceso mágico que daría la vuelta a sus vidas haciéndolas salir del
estancamiento y reabriendo un nuevo ciclo con todas sus consecuencias.

Despistes, errores de dirección, olvidos de algo importante, llegar tarde a
un sitio, tropezarse y romper, perder algo clave, hacerse una herida y toda
una larga lista de aparentes casualidades, a veces, desencadenan
reorientaciones con sabor a destino. Ante ellas, uno aprende que aquel que
en el fondo no quiere fumar, se le olvidan los cigarrillos o bien pierde las
cerillas. Uno aprende a intuir qué incidencias "traerán cola" y cuáles
parecen intrascendentes. Conforme se indaga en la vida de los seres humanos,
se descubren testimonios de despiste que señalan causalidades de "causa", no
de "casual" que, sin pretenderlo, han cambiado el rumbo vital de forma
insospechada.

Y, ¿acaso pensamos que haciendo las cosas con fría previsión y cálculo
habríamos diseñado un guión de la vida futura, mejor que el sucedido tras el
fallo y las consecuencias derivadas?, ¿qué extraña fuerza, al parecer supra
inteligente, mueve al inconsciente personal hacia el "despiste clave"?, ¿qué
mágico poder "desenchufa" el control del sujeto en el momento único e
irrepetible en que se desencadenará el "accidente de diseño"? Más tarde,
cuando todo ha pasado, los sujetos que han logrado darse cuenta del juego
que subyace tras experimentar este tipo de sucesos y reconocen la sutileza
de un Principio de Orden Superior. En otras palabras: Dios. Ese Dios que la
humanidad madura ya no proyecta como una macro-figura personal, sino como
Inteligencia Universal de un Cosmos en el que vivimos, somos y tenemos el
Ser.

¿Por qué muchos de los cambios de rumbo se basan en pequeñas incidencias?,
¿por qué el mundo se renueva tan a menudo a través de sucesos torpes o
geniales, tan pequeños como mágicos?, ¿por qué la aparente desgracia se
convierte más tarde en algo por lo que dar las gracias durante toda la vida?
Las respuestas a tales preguntas entran en el ámbito del silencio, tal vez
porque tratan de revelar la grandeza del Misterio de la vida. Un profundo
silencio es lo único que da respuesta a algo tan inefable como lúcido, capaz
de omni-abarcar todos y cada uno de los infinitos brazos del Universo que la
mente racional, en su pequeñez y miopía, jamás habría logrado contemplar.

Si nos equivocamos, convendrá aprender a reírse, aunque, al principio, no
veamos el luminoso alcance de lo sucedido. La experiencia dice que muchos
despistes que experimentan las personas de carácter controlador suelen estar
cargados de destino. ¿Acaso la mano del Ángel está detrás con su magia
suprema? Una mano blanca que reconduce al durmiente hacia experiencias que
su alma debe vivir en el curso de su aprendizaje. Detrás de los fallos
inocentes se halla la reverberación del Ser. Su escritura, a veces sinuosa e
insospechada, abre la ventana de nuestra vida a las brisas del alba.
(Desconozco el autor).



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