Facebook Twitter Google +1     Admin

Tres homilias para el Domingo XVII Ordinario.

Domingo de la semana 17 de tiempo ordinario; ciclo A

 

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

(1 Re 3,5.7-12) "Te doy un corazón sabio e inteligente"
(Rm 8,28-30) "Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para bien"
(Mt 13,44-52) "Saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

En el Angelus (29-VII-1984)

--- Diversas parábolas

--- Unión con María

--- Vacaciones

--- Diversas parábolas

También hoy la lectura del Evangelio según Mateo en la liturgia dominical nos recuerda la verdad sobre el reino de los cielos, según habló nuestro Señor Jesucristo en algunas de sus parábolas:

- en la parábola del tesoro escondido en un campo;

- en la parábola del mercader, que va en busca de perlas finas;

- en la parábola de la red echada al mar para la pesca.

Al mismo tiempo leemos en la Carta de San Pablo a los Romanos esta afirmación: “Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para bien: a los que ha llamado conforme a su designio” (8,28).

--- Unión con María

En la Virgen se realiza de modo más pleno el reino de los cielos. Y también por medio de Ella el Evangelio de Cristo habla a las generaciones de los hombres, que se renuevan siempre.

Recemos, pues, para que crezca en cada uno de nosotros ese amor de Dios del que escribe San Pablo. El amor es la fuente de todos los bienes, porque “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”. El Amor es un don de la gracia divina y al mismo tiempo contribuye a aumentar la gracia. De este modo se realiza también nuestra vocación según el designio de Dios.

Hoy en unión con María imploramos esto para nosotros mismos.

--- Vacaciones

Un pensamiento y un saludo particular quiero dirigir hoy a los jóvenes, a quienes el período de vacaciones ve fuera del marco de las ocupaciones habituales. Quisiera desear a cada uno de ellos que sepan hacer de estas semanas “diversas” una ocasión de crecimiento humano, en el encuentro con ambientes y personas nuevas, en la creación de amistades nuevas, en el contacto regenerador con la naturaleza, de la que la vida moderna aleja por fuerza con demasiada frecuencia. Las vacaciones se manifiestan de este modo como una experiencia tonificadora precisamente por las oportunidades que ofrece de ampliar, por una parte, el círculo de los propios conocimientos y, por otra, de encontrar la lozanía y el gozo de las cosas sencillas y genuinas, a las que la vida “artificial” de cada día nos ha deshabituado. Que de todo esto brote en el corazón un sentimiento de gratitud más viva hacia Aquel que es el Creador sabio de toda belleza visible y es la fuente última de todo amor auténtico.

DP-229 1984


Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Jesús, que comenzó su predicación anunciando la llegada del Reino de Dios con imágenes y metáforas para que, por ser una realidad misteriosa, resultara más accesible a la inteligencia y atractivo al corazón, hoy nos lo ilustra con la parábola del tesoro escondido, que al ser descubierto, gozosos por el hallazgo, se vende todo lo que se posee con tal de conseguirlo; y con la de un comerciante que buscando perlas finas -un experto en joyas- al encontrar una de gran valor hace otro tanto. Estas dos imágenes, el tesoro y la perla, son aplicadas en el AT a la Sabiduría.

La 1ª Lectura narra la aparición de Dios en sueños al joven rey Salomón, al que le dice: “Pídeme lo que quieras”. El rey, anteponiendo la sabiduría para gobernar al pueblo y un corazón dócil para el bien, a la riqueza, el poder y una larga vida, agradó a Dios. El Reino de Dios es la Sabiduría y Bondad infinitas de Dios que quiere introducir a sus criaturas en la felicidad de su Vida intratrinitaria.

El Reino de los Cielos es ver y amar y sentirse amado por Alguien infinitamente mayor y mejor que nosotros mismos pero que nos quiere sentados en torno a su mesa. Es ver y amar al que ha creado lo que vemos y lo que no vemos, ese Universo que vemos parpadear en las noches claras y a través del instrumental técnico que poseemos; es esa inmensa asamblea de ángeles y santos con María, la Madre del Señor y nuestra, a la cabeza; es la felicidad, el amor y la vida para siempre; es lo que “ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó por la mente del hombre lo que Dios tiene preparado a los que le aman” (1 Cor 2,9). Un Reino de justicia, de amor y de paz, tantas veces soñado por los hombres pero imposible de instaurarlo con nuestros propios recursos.

Ante esta realidad fascinante todo otro valor se eclipsa. De ahí que el Señor exhorte: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura. Por tanto no os preocupéis por el mañana” (Mt 6,33). “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mt 7,7). ¡Oración! ¡Lectura meditada y asidua de la Palabra de Dios para hallar ese tesoro escondido y esa preciosa joya y no quedar encandilados con el brillo prestado por Dios a las cosas de este mundo! “Os dirán -decía Juan Pablo II en una audiencia a miles de jóvenes- que el sentido de la vida está en el mayor número de placeres posibles; intentarán convenceros de que este mundo es el único que existe y que vosotros debéis atrapar todo lo que podáis para vosotros mismos, ahora... y cuando os sintáis infelices acudid a la evasión del alcohol o de la droga”.

Debemos ponernos en guardia contra la ilusión de buscar un paraíso aquí en la tierra, que es el sueño de todos los materialismos. La experiencia y la razón previenen al hombre contra la tentación de creer que el esfuerzo humano puede lograr un porvenir libre de miserias. Es el sueño de todos los materialismos. La Historia más reciente, ha mostrado que el intento científicamente más ambicioso por lograr un paraíso aquí en la tierra, ha dado a luz un infierno de miseria, de sangre, de injusticias y muertes. Y en un plano más personal: ¡nuestro egoísmo y afán de independencia, no; que es una equivocación! ¡Nuestra sensualidad, no; que nos rebaja al nivel de las bestias, cosificando a quienes debemos respetar y amar! ¡Nuestra soberbia, no; que sería cómica ante la grandeza del Reino de Dios! ¡Nuestros proyectos humanos sólo, no; que aquí todo se acaba, que un día serán cenizas! ¡Cumplir el querer de Dios, sus indicaciones! ¡Vivir en gracia, en amistad con Él, secundando los grandes proyectos que Él tiene sobre la Humanidad: un Reino de justicia, de amor y de paz!

La vida de oración es la mejor garantía para conocer y valorar los dones que vienen de Dios permitiendo a cada uno juzgar con acierto sobre las cosas de esta vida. Sta Teresa estaba segura de la salvación de quien hiciera todos los días un cuarto de hora de oración.


Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«De un tesoro nos podemos apoderar; pero el Reino de Dios se apodera de nosotros»

I. LA PALABRA DE DIOS

1R 3,5.7-12: «Pediste discernimiento»
Sal 118,57 y 72.76-77.127-128.129-130: «Cuánto amo tu voluntad, Señor»
Rm 8,28-30: «Nos predestinó a ser imagen de su Hijo»
Mt 13,44-52: «Vende todo lo que tienes y compra el campo»

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

El Reino de Dios es la mayor realidad de esta vida, el bien supremo para el hombre. El Reino de Dios es la Salvación, la Sabiduría, el Amor de Dios que se nos comunica por Jesucristo.

El Reino de Dios se nos da gratuitamente; el hombre se «lo encuentra», después «va a vender todo lo que tiene». El Reino de Dios necesita un esfuerzo positivo y un ejercicio constante de la libertad personal para seguir a Jesucristo en el día a día de nuestra vida.

La liturgia confirma la enseñanza primera de la parábola con la narración del gesto de Salomón que, por encima de todo, pide al Señor y logra de Él un «corazón sabio e inteligente» y no «vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos» (1ª Lect.).

El Reino de Dios es luz que ilumina al Dios escondido detrás de todos los acontecimientos cósmicos, humanos y sociales (2ª Lect.).

III. SITUACIÓN HUMANA

Nuestra sociedad ha dejado de ser idólatra. Porque la idolatría es propia de grupos religiosos. Ha pasado a adorarse a sí misma en sus intereses. Hoy nadie se plantea sustituir a Dios. Se plantea prescindir de Él. Pero ¿qué es antes? ¿la corrupción del hombre que prescinde de Dios o el abandonar a Dios para que el corazón del hombre corra tras otros tesoros? La respuesta, por retórica, es inútil.

IV. LA FE DE LA IGLESIA

La fe
– Los signos del Reino de Dios: "Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado. Invitan a creer en Jesús. Concede lo que le piden a los que acuden a Él con fe. Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que Él es el Hijo de Dios. Pero también pueden ser «ocasión de escándalo». No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos; incluso se le acusa de obrar movido por los demonios." (548; cf 547. 549. 550).

La respuesta
– La oración cristiana centrada en la búsqueda del Reino: «La petición cristiana está centrada en el deseo y la búsqueda del Reino que viene, conforme a las enseñanzas de Jesús. Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, a continuación lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida. Esta cooperación con la misión de Cristo y del Espíritu Santo que es ahora la de la Iglesia, es objeto de la oración de la comunidad apostólica. Es la oración de Pablo, el apóstol por excelencia, que nos revela cómo la solicitud divina por todas las Iglesias debe animar la oración cristiana. Al orar, todo bautizado trabaja en la Venida del Reino» (2632).

El testimonio cristiano
– «Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino habráíamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: ¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra? En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino! (Tertuliano, or. 5)» (2817).

El Evangelio nos está invitando siempre a revisar nuestra escala de valores. Y a que no pongamos ningún valor por encima del Reino de Dios.
(
http://www.almudi.org
).



Blog creado con Blogia.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris